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Mensaje por Eris Takayama el Lun 15 Dic 2014 - 20:36

Inmediatamente posterior a…

Ni en sus peores pesadillas imaginaría que aquel día llegaría “tan pronto”. Aunque tan pronto eran tres años. Sabía que ambos habían cambiado mucho y, desde luego, que quizás ni siquiera la reconocería. Ella no lo hacía desde tiempo atrás, allá por la guerra. Ya no llevaba aquellos bonitos vestidos y faldas. Y tampoco se molestaba en peinar su cabello lacio y sin volumen. ¿Ni hablamos de cortarlo, no? Era más cómodo para entrenar el mantenerlo largo. Pero aquello no era en lo que pensaba Eris aquel día bien entrada la mañana. Estaba entre sus edredones y blancas almohadas, con el felino tumbado a sus pies vigilante de espaldas a la puerta. Ella sabía que no le hacía falta tener su poder activo pues cualquier peligro sería afrontado por el animal. Por ello, simplemente estaba dándose cierto descanso. La consumía el abuso de poder que durante estos años había acometido debido a su sordera. Y pensando en eso, se pasó las manos por los oídos… Nada. Ni una pizca de sonido.

Sentada de espaldas a la puerta no podía esperarse lo que la deparaba. Sabía que tenía que pasar, un día de esos, pero no que fuera ese. Quizás por eso estaba tan tranquila. Mientras tanto un Marine le había pedido al peliblanco que lo acompañara de manera amable y le habría hecho subir a un transporte. Una vez llegado al edificio central de aquella ciudad, lo habría conducido pasillos arriba observando todos los corrillos de gente que trabajaban en aquella residencia o mejor dicho, complejo. Porque en realidad podría considerarse como el referente de gobierno. No obstante, la última de las habitaciones en la planta más recóndita de aquella torre austera de cemento, era de Eris. Había mucha luz en el cuarto, siendo casi ecléptico excepto por la ropa negra que había esparcida y por el felino, por supuesto. También destacaba en la pared una gran funda doble negra, en la cual se albergaban sus dos espadas y que habían desarrollado específicamente para su persona, metiendo en ella una bobina. Y en su mente poco a poco iba recopilando que diría y que haría al ver a Haine.

Como le explicaría las nuevas cicatrices en su cuerpo, su sordera y su nuevo puesto. Como le explicaría que le había hechado mucho de menos y que había entrenado un montón de nuevas habilidades por él. Y de nuevo, la debilidad. Cuando comenzaba a pensar en Haine y casi por regla general, Eris acababa llorando. Sabía que se trataba de una pequeña depresión por la propia presión a la que ella misma se sometía de lo que Haine pudiera llegar a pensar sobre su persona. ¿En otras palabras? Que le daba miedo lo que Haine pudiera pensar de ella y de su avance y que, por supuesto, le echaba de menos. No más lejos de la realidad estaría todo lo demás. Realidad… Tan lejana para la pelinegra, que no hacía más que jugar con sus propios demonios.

Lo que no sabría es que si Haine entraba en la habitación, Gato lo tomaría como un amigo y con su típico pasotismo, no se movería ni un ápice, dejándola desprotegida y sorda.


Última edición por Eris Takayama el Miér 31 Dic 2014 - 2:12, editado 1 vez
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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Haine Rammsteiner el Lun 22 Dic 2014 - 21:05

Just after this...

Al principio no se lo creyó cuando un guardia le pidió que lo acompañara para ver a Eris. Soltó una carcajada y dio un paso atrás mientras Shiro se acercaba a donde estaba Haine y el aerodeslizador de Haine avanzaba hasta él trayendo una esfera de metal consigo. Sin embargo y debido a la seriedad de aquel hombre no pudo sino enarcar una ceja y montar en su aerodeslizador, comenzando a seguir a aquel hombre que sin duda no le daba buenas vibraciones. ¿Acaso Eris estaba en la cárcel y lo había vendido a los guardias? No, eso no era posible, ella jamás haría algo así... Pero entonces ¿por qué estaba un guardia de la ciudad guiándole hasta la persona a la que había ido a buscar? Cuando Eris le pidió que preguntara en el puerto pensaba que sería porque estaba alojándose en alguna posada o se había hecho pescadera o vete tú a saber qué pero... Jamás habría esperado lo que ocurrió a continuación. No solo fue llevado hasta la ciudad en la que había vivido sus peores días y en la que había nacido, sino que además lo llevo a un lugar en el que nunca había estado. El primer anillo, la zona donde los nombres y "el consejo de sabios" vivía. —Oye, no creo que alguien de mi clase deba estar aquí...— mencionó Haine recordando los antiguos prejuicios, a lo que el guardia se rió como si le hubiera hecho una buena broma.

Y así pues junto a Shiro y aquella extraña esfera de metal se adentró en lo que una vez había sido el Palacio Real, montado en el aerodeslizador para evitar cansarse lo más mínimo. Tantos medios de transporte lo habían vuelto un poco vago, pero no descuidaba su físico y por ello no le daba importancia. Avanzó por anchos pasillos -gracias a Dios que eran anchos, sino Shiro no habría podido entrar- hasta llegar a una enorme puerta cerrada en la que supuestamente estaba Eris. El guardia se despidió y Haine lo miró con cara escéptica, como si le estuvieran contando que ahora aquellos seres superiores aceptaban a la calaña de barrios bajos y medios en sus terrenos, más no se hizo más preguntas pues estaba ligeramente nervioso. Bastante nervioso. Muy nervioso. Si no fuera porque el aerodeslizador tenía un sistema para evitar las vibraciones y el desequilibrio de lo que cargaba Haine tendría que entrar en aquella sala arrastrándose. Shiro lo notaba y quizás era por eso que estaba notablemente más feliz de lo normal, pero la verdad era que también se alegraba de ver tras tanto tiempo a la mujer a la que ya podía olfatear desde ahí.

La puerta se abrió con un estruendo bastante considerable por lo que dio por supuesto que todo el mundo en aquel castillo se habría enterado, incluyendo a Eris. Por eso no hizo ademán alguno de llamar a la puerta o algo por el estilo, sino que avanzó unos pocos metros hasta ver a Eris sentada dándole la espalda, y a un gran animal que inmediatamente reconoció como "Gato" a su lado. Se mantuvo unos segundos en silencio intercambiando miradas con el felino, como si este le estuviera juzgando por las palabras que estaba a punto de decir a la espera de si estas eran acertadas. Abrió la boca como si fuera a decir algo pero se quedó inmóvil observando el pelo largo de la muchacha, totalmente en blanco mientras sentía la mirada de las dos mascotas a la espera de que se pronunciara. —Qué largo.— dijo por fin refiriéndose a su cabello y, dado que fue lo primero que le pasó por la cabeza y algo sumamente estúpido, deseó que la tierra se lo tragara y rezó por volver atrás en el tiempo y haber pensado un poco más lo que le quería decir.

Como intento de solventar la situación, Haine comenzó a decir lo primero que pasaba por su cabeza, y eso fue el culpable de que varias cosas que salieron de su corazón se colaran en la conversación. —Hey, Eris. He vuelto. Sí, ya se que sabías que iba a volver pero vaya, de alguna forma tengo que presentarme, ¿no? ¿O prefieres que entre diciendo "¿Papi ha vuelto?" ¿Eh? Jajá, no creo que eso te haga mucha gracia teniendo en cuenta que tu padre... Pero vaya, que yo también te he echado mucho de menos. Bueno, a ver, tanto como mucho no, a veces me acordaba cuando estaba fabricando aburridos robots de cómo el viento mece tu flequillo acariciando tu frente... O de lo bien que hueles siempre... ¡O de lo estúpida que puedes ser a veces, quería decir! O sea, ya sabes, esas cosas que se dicen cuando dos personas se reúnen tras mucho tiempo, como... ¡Cuánto tiempo! ¡Te veo más delgada! o... ¡Menudo pelo más largo! Porque sí, ¿eh? Menuda cabellera cae sobre tus hombros, deslizándose suavemente por tu espalda y... ¡Qué color más negro! ¿te tiñes? Ah, y veo que Gato también está bien, ha crecido un montón. ¿Le has puesto nombre? Como verás Shiro está un poco más alto, pero supongo que ya te lo imaginabas por la carta y...

Bueno, perdona por no venir antes, tenía miedo de que corrieras peligro o yo que se... Si por mí fuera habría ido mucho antes porque te echaba de menos y... Porque me siento bien cerca de ti. ¡Por eso de la fortuna de tu familia, digo! ¡Menudo pellizco te has debido llevar! ¿Cuánto? ¿Cinco mil? Espero que te hayas comprado algo bonito que pegue con tu mirada, tu mirada es una de las cosas que... ¡O sea! ¡El color! ¡La respuesta es el color! Ains... ¿Pero qué digo...? Por carta es mucho más fácil no ser un completo idiota... Me alegro de verte, Eris.— le dijo, tras lo que miró hacia los lados buscando una milagrosa jarra de agua que aliviara la sequedad de su garganta. "Tierra trágame", le habría gustado pensar, pero había visto tantas cosas raras que mejor no desear ese tipo de cosas por si acaso se cumplían. Mantuvo la mirada baja evitando ver a Eris pues estaba claro que se iba a dar la vuelta y le iba a contar lo patético que era, y eso lo avergonzaba. Lo que Haine no sabía es que, debido a la sordera, ella probablemente no hubiera escuchado nada.

Entonces Shiro como si estuviera desfilando pasó por el lado de Haine casi riéndose de él y se acercó hasta donde estaba Eris, colocándose a su lado y olfateándola a modo de saludo. Un susto de infarto seguro, al menos para alguien que no hubiera visto a Shiro con su nuevo aspecto físico. Con un ligero rubor en las mejillas y sentado en su aerodeslizador se acercó hasta quedarse a tan solo un par de metros de donde ella estaba sentada rascándose la sien y esperando las palabras que, aunque le avergonzara decirlo, tanto esperaba escuchar. No le gustaba reconocerlo pero su voz era una de las cosas que más había añorado en sus tres años de separación y aunque fueran insultos, reprimendas o incluso gritos estaba deseando que abriera sus labios. Sus añorados labios.
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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Eris Takayama el Lun 22 Dic 2014 - 21:50

Había hecho de todo para matar el tiempo. Se había encontrado con un viejo amigo incluso y ni eso había hecho mejorar lo que Eris iba sintiendo. Pero todo se le había vuelto insípido. Por eso cuando el peliblanco entró en la sala acometió una gran alegría de manera general en todas las salas colindantes. Aunque comenzó a cundir el pánico en cuanto el chico se puso a hablar sin haber avisado a la joven. Ayudantes comenzaron a correr tras la gran puerta abierta de un lado a otro terriblemente asustados. ¿Cómo reaccionaría ella? ¿Cómo reaccionaría él? Todos se lo estaban preguntando, pero lo único que se oía era un murmullo generalizado bastante grande. Por eso, alguien se acercó corriendo. Había un hombre, uno de los más cercanos a Eris por ser su segundo en la comandancia del ejército. —¡Alto, joder, alto! ¡Que alguien le pare antes de habl… Mierda!— exclamaba el hombre mientras subía corriendo por las escaleras. Sin duda, había algo que le molestaba y quería que parasen a Haine como fuera. Pero cuando habló ya se encontró en la posición en la que Haine estaba tan solo a unos pocos metros de la chica. Alzó una ceja al ver que el felino no había reaccionado como con el resto de personas que de manera usual se solían acercar a ella. Incluso él, si se acercaba tanto, solía reaccionar.

Parece que tú eres Rammsteiner. No esperes que te conteste después del largo discurso. Parece que la Señorita Takayama no le ha contado muchas cosas. ¿Es usted el de todas aquellas cartas, verdad?— preguntó, el hombre, sin saber que apenas ella le había mandado tres a pesar de haberle escrito muchas a diario. Pero hizo una pequeña reverencia. —Déjeme que le explique brevemente un poco antes de que ella se entere de que está aquí, dado que el leopardo no a reaccionado...— le indicó. Tenía cierto tono burlesco y su parche en el ojo no decía nada demasiado bueno de él. —Me llamo Carlo, segundo al mando de Eris y ni siquiera yo estaba presente cuando se quedó sorda, pero sí cuando todos comenzaron a tomarla como una Diosa. ¿Qué sabes… De su poder?— preguntó, dando un paso hacia delante para quitarse un colgante que llevaba. Parecía de una piedra negra y tenía como un botón central. Se lo tiró a Haine, con cierto gesto de aprecio, no obstante. —Contigo aquí, creo que esto no te hará falta… Es una onda que siempre entra en su frecuencia a pesar de que, como ahora, esté “apagada”. Eso la hará prestar atención cuando el leopardo no la avise de que la estás diciendo algo— determinó. Pero de pronto, Carlo salió despedido hacia atrás, chocando fuertemente contra la pared. Y en su lugar, Eris.

No me hacen falta tus inventos— siseó ella, apareciendo en su lugar mientras agarraba con fuerza una de las puertas, haciendo que estas se cerraran de nuevo con un estruendo gigante. Tenía miedo de girarse, porque ahora sí la mujer estaba enterada de que Haine, la persona a la que había estado esperando estaba allí. Y sí, a pesar de la breve fracción en la que había podido observarlos parecían bien. Shiro y él. Muy bien. Sobre todo Shiro. Mucho más… Alto. Cosas inteligentes que se le ocurrían a ella en ese momento. Pero ella no se giró, sino que se movió con aquella velocidad que había comenzado a adquirir hasta estar delante de él. No se subió sobre aquel aerodeslizador por miedo, pero acarició con suavidad la superficie del mismo, suspirando. —¿Llevas mucho tiempo aquí?— preguntó en bajo, mirando disimuladamente a sus labios para poder leérselos si él decidía hablar, pero también tratando de mirar disimuladamente la ropa que llevaba para ver si cubrían todas y cada una de las marcas que ella deseaba ocultar. —Te he echado de menos, Haine— susurró al final.


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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Haine Rammsteiner el Vie 26 Dic 2014 - 13:07

Le sorprendió la llegada de ese hombre que, sin ningún tipo de contemplación ni piedad ante la vergüenza de que alguien lo hubiera escuchado había entrado directamente a la sala. Se puso algo nervioso y se mantuvo callado con la boca abierta, demostrando estar sorprendido, escuchando las palabras que aquel hombre tenía que decir y tomando el colgante con sus manos. Lo observó un segundo mientras analizaba lo que le había dicho y, en el instante en el que iba a responderle a la pregunta el hombre salió volando por la puerta y una figura a gran velocidad se encargó de cerrar esta tras de sí. La cara de Haine era un poema, pero no porque estuviera sorprendido de ver algo moverse tan rápido pues estaba bastante acostumbrado, sino por el hecho de que hubiera mandado a esa persona por los aires. —Oye, oye... No creo que mereciera tal castigo...— mencionó simplemente, pero entonces los engranajes de su cabeza empezaron a funcionar y comprendió la situación.

Eris se había quedado sorda. Se había vuelto popular también y al final había acabado con el control de toda aquella ciudad, no, de toda la isla. Era una mujer fuerte, con decisiones que ayudaban a todo el mundo y herida en una batalla por defender la isla de una invasión, un mártir. Se sentía un poco estúpido de no haberlo descubierto antes pues estaba escrito entre aquellas cartas que le mandó, pero no había sido capaz de leer entre líneas. Shiro -el cuál se sentía ligeramente ignorado- fue a saludar a Gato quedándose a su lado y olfateándolo ligeramente pero sin acercarse demasiado. Las orejas del animal incluso se movieran en dirección en la que Shiro olfateaba, al fin y al cabo un perro gigante olfatea una masa de aire mucho mayor. Entonces y mientras ella se acercaba a donde Haine estaba con su Aerodeslizador escuchó su pregunta de si llevaba mucho tiempo allí lo que le hizo tomar una gran bocanada de aire ligeramente aliviado, al menos no había escuchado sus estupideces.

Pero aquello no le gustaba, prefería mil veces haber quedado como un idiota que una lesión como esa... Prefería que su padre siguiera vivo y la tuviera encerrada en casa, teniendo que volver antes de las nueve, pero en su lugar tenía una sordera bastante avanzada por lo que podía ver. Haine bajó de su máquina y la empujó ligeramente con el pie mientras lo hacía, provocando que este flotara como un peso muerto hasta quedarse en un rincón y se apagara. La esfera que flotaba a su lado, sin embargo, permaneció en el aire mientras Haine daba un paso hacia adelante y la abrazaba con fuerza. Lo primero que sintió fueron los huesos de su espalda, ella nunca había estado gorda y sentir su estructura ósea de alguna manera lo reconfortaba, pese a que no se abrazaran mucho. En segundo lugar notó su figura, cómo su delgado cuerpo era abrazado y acuñado hacia su torso mientras Haine acercaba la cabeza hacia su cuello como si quisiera reposar. Y por último sintió su perfume, el aroma natural que emanaba de sus cabellos y de su cuello y que no le provocaba sino ganas de morderla cariñosamente, besarla lentamente y dejar que el tiempo pasara con aquella sensación.

Yo también te he echado de menos...— mencionó el albino en respuesta a sus últimas palabras antes de aquel abrazo. A aquella distancia, con sus labios casi pegados a su oreja, pensaba que quizás sí pudiera oírle pues las vibraciones podrían llegar de una forma u otra hasta su cabeza... Al menos siempre y cuando lo que estuviera dañado del oído fuera el oído interno, no el canal auditivo. Por si acaso y tras unos segundos, repitiendo sus palabras sinceras se apartó para que pudiera leerle los labios. Esta vez había sido algo más risueño y menos melancólico pues la primera vez sí había sido mucho más significativa. Estaba seguro que, por cómo había hablado y la cantidad de aliento que había salido de su boca ella podría saber lo que le habría dicho incluso cuando estaban abrazados. Era uno de esos momentos en los que no hacen falta las palabras, es algo que se lleva dentro y se sabe pese a que a veces se olvide o no se quiera recordar.

Su mano se deslizó ligeramente por su mejilla convirtiendo aquella escena en, a los ojos de cualquiera que pudiera verlo, incluso romántica. Si fuera una peli en el cine la gente estaría esperando el beso de reencuentro tras tres años pero la realidad era diferente. Tras una muy leve caricia el rostro de Haine pasó de llevar una sonrisa a llevar todo lo contrario, frunciendo el ceño y apretando los labios. —¿Quién te hizo esto?— preguntó el albino demostrando así su actitud barrio-bajera. Tenía que hacerle pagar a quien hubiera sido, y si estaba muerto esperaba que estuviera bien enterrado o de lo contrario su espíritu se iba a revolver en el más allá. —¿Qué ha pasado? ¿Por qué no me dijiste que necesitabas mi ayuda? Si hubiera sabido que las cosas estaban tan mal habría venido de inmediato, aun si tenía que llevarme todos los médicos de Meunier conmigo.— aseguró con el rostro serio.

¿Y esto? ¿Emite algún tipo de señal o algo así?— mostró el colgante que había permanecido todo el rato en su mano y mantuvo pulsado el botón con una ceja alzada, mirando a Eris por si asentía de alguna forma. Se mantuvo expectante a la espera de que ella hiciera o dijera algo más, todavía se sentía un poco estúpido por las palabras que había dicho. Palabras que la habrían confundido a ella de la misma forma que lo habían confundido a él. Aunque era su hermanastra no podía evitar sentir cierto cariño que de alguna manera sabía que pasaba el término "hermana"... Pero no podía pensar en nada más allá de lo que normalmente hacían y lo atribuyó al tiempo sin verla. En cualquier caso estaba muy satisfecho al por fin escuchar su breve pero preciada voz.
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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Eris Takayama el Vie 2 Ene 2015 - 12:50

Ni siquiera escuchó las palabras de Haine, no aquellas que pronunció cuando ella estaba todavía de espaldas al peliblanco. Pero en su fuero interno también sabía que había sido ligeramente brusca al empujar a aquel hombre así. Más él era fuerte, si no, no sería su segundo al mando. Solo se llevaría un poco de polvo en las ropas y un enfado monumental. Y raro era el momento en el que aquel hombre no estaba enfadado. Así que esa última parte podría llegar a menospreciarse si se prefería. Pero ella ahora se había hecho reina de los silencios. No había pasado por alto el gran tamaño que había adquirido Shiro. Supuso que sería parte del tratamiento que le había dado Haine contra la enfermedad esa que le mencionó durante sus cartas no obstante, no quería hacerle caso ahora. Y sin embargo, Gato movió las orejas hacia él cuando se acercó un poco a olisquearlo. Dio un saltito para atrás al notar la fuerza de succión de la nariz de can, bufando ligeramente. Y tan ligeramente. Ronroneó después, quizás asociando el olor a uno de “su infancia” y se acercó para frotarse contra la nariz del mismo, que todavía se mantenía en pose de olisqueo. Pero le invitó con la pata, rascando ligeramente la cama, a que tomara parte de asiento en ella. No cabría ni aunque le dejase todo el sitio, pero era una manera de darle la bienvenida.

Eris vio como el pecho de Haine variaba. Parecía haber cogido aire, así como las ondas le indicaban que este había sido expedido de su cuerpo por los labios. ¿Había suspirado? Eris se preguntaba si lo había hecho por decepción. Y se le cayó su mundo de nuevo. No quería decepcionar a Haine. Le vio bajarse además de aquella máquina, dandole un pequeño toquecito con el pie para que esta flotara hasta uno de los lados de la habitación, en un sitio donde no molestaba. Y allí lo tenía. Lo que tanto había soñado durante tres años. Y cuando ella pronunció que le había echado de menos, y él la abrazó sintió ganas de llorar -de nuevo-, a pesar de que las retuvo, para que no la viera como una persona débil. Cerró los ojos, apoyando la cabeza en el hombro de él, el cual se le quedaba un poco grande. Rodeó también su cuerpo, apretando sus manos contra la espalda de él como si quisiera atraerlo hacia ella. No obstante poco duró, porque notó unas ondas provenientes de la boca de él y movió la cabeza, para ver como pronunciaba de nuevo aquellas palabras. Sonrió de forma queda, aunque fuese solo una mueca que deformara su rostro dado que en realidad hacía mucho que no sonreía de verdad. Podía fingir una sonrisa, sí, pero con él.. Con él parecía no salirle.

Dio un pequeño respingo algo asustada cuando sintió la mano de él sobre su gesto. Pero trató de no echarse hacia atrás, observando de nuevo sus labios para ir leyendo lo que decía. Y le dejó hablar, porque no podía responder al menos a la primera pregunta. Nunca supo quien la dejó sorda, aunque sí sabía quien la había utilizado. Por eso sacudió la cabeza, mirándle de medio lado después cuando siguió con aquella ronda de palabras, expresando que hubiera venido antes de haberlo sabido. Pero asintió, en última instancia, cuando le dijo si aquel aparatito verde, de jade, emitía alguna señal. —Es como un silbato para perros. Aunque mi poder esté atenuado, hay sonidos que lo despiertan… Y este es uno de ellos. Gato ha demostrado ser buen guía, excepto con la gente que va conociendo o que sabe que no me harán daño… Y si él no me avisa de que hay alguien a mi alrededor cuando estoy en reposo… Bueno, eso— porque hasta ahora nadie había tratado de hacerla daño pero, de quedarse en aquella isla, seguramente pasaría. Indicó, casi a pie de balcón, unos sillones por si acaso quería sentarse con él. —Debes estar cansado...— los viajes eran largos, sí, aquello era algo de lo que era consciente ella.

Fue una bomba la que me dejó sorda. Creo que… Si no antes, poco después de la primera carta. Estaba atendiendo a un herido junto con el médico que vivía al lado de casa y no la vi venir ni estaba en una actitud de intagibilidad...— comenzó ella —, y me miraron muy por encima. No se sabe si realmente es una sordera que durará para siempre o volveré a escuchar algo— siguió —, porque incluso después acabado el asedio, no he querido médicos. Los médicos no entendemos del todo el cuerpo humano y cuando es algo tan cercano a la cabeza… Sinceramente el tiempo dirá. Ya por lo menos no supura sangre— admitió la chica, esbozando ahora sí una sonrisa más falsa. —Y no te lo dije, lo siento, pero no quería que te preocuparas. Me dijiste que Shiro estaba enfermo… Y tenías que cuidar de él. Han pasado… Muchas cosas, Haine. Quizás algunas no te gusten pero yo ahora… Yo ahora no estoy en posición de poder llevar a cabo venganza alguna porque bueno, yo...— dudaba de cada palabra que decía, y era bastante lógico que lo hiciera. Quizás Haine se enfadaría de saber que ahora gobernaba aquella isla, o que había sido usada cual objeto para defenderla. Pero sus palabras fueron nuevamente interrumpidas por la puerta, abriéndose.

Eris, firma los malditos papeles, no tenemos todo el día. ¿Has desayunado? ¿Y Rammsteiner? Gato, esto… Amigo de Gato. He abierto las puertas norte para que podáis salir. He traído además un escudo real para que lo porte el… ¿es un perro? y que la gente no se asuste— dijo Carlo, algo más cortado y zarandeando una banda enorme. Gato se puso en pie, dando saltitos al saber que era su hora de cazar. —Déjala en la puerta. Ya veremos si bajamos. Quizás salgamos, los papeles… ¿En el despacho? Lo hago después— determinó ella, seria, esperando a que Carlo dejase la banda en uno de los pomos y se fuera. —Lo siento, no conoce el término de “llamar a la puerta”... Si quieres, Shiro puede salir con Gato, pero yo que tú le pondría la banda o la gente se asustará...— determinó ella, que en realidad tenía algo de miedo de acercarse al perro.

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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Haine Rammsteiner el Dom 4 Ene 2015 - 15:30

Shiro observó la invitación de aquel felino para ponerse a su lado, parecía que se podían comunicar perfectamente sin apenas decir una palabra y eso era algo extraordinario en la vida humana. Haine lo observó y supuso que era algo normal entre ellos, pero no pudo evitar sonreír de medio lado al verlo "sentarse" como lo hizo. Se tumbó en el suelo ocupando gran parte de la sala, cerca de ese cojín en el que estaba el felino. Apoyó su pata derecha en el cojín ocupando gran parte de lo que Gato le había ofrecido. Al parecer aquel cachorro le recordaba a algo de su niñez, su olor, y por eso no le importaba cuán grande se hubiera vuelto. Probablemente ambos se hubieran echado de menos o así era con Shiro, pero el reencuentro había dejado claro que su relación era ligeramente fría el uno con el otro, se querían pero tampoco iban a ponerse a jugar juntos. Quizás lo de que la mascota se parece a su dueño no fuera falso del todo, aunque en ningún caso los dos animales fueran tratados como una mascota en lugar de un amigo.

El albino escuchaba atentamente mientras ella explicaba el funcionamiento de aquel "silbato de perros", asintiendo con la cabeza pues lo había entendido con claridad y facilidad. —Vaya, me esperaba que fueran unos nanobots implantados en tu cerebro que emitían señales cuando el portador de este colgante, por ser de algún material específico, se acercaba a una distancia establecida.— añadió entre sus palabras demostrando lo que él había hecho, aunque quizás no con su hermanastra. Entonces el relato de la bomba llegó hasta sus tímpanos, lo que le hizo pensar que tenía que ser muy extraño hablar sin poder oír lo que dices y esperar que los demás te hayan entendido. Cuando parecía que iba a decirle lo más importante de aquella conversación la puerta se abrió de nuevo y una voz interrumpió la de la Presidenta. Él le habló de firmar unos papeles y Haine no necesitó que la joven terminara su conversación para saber en lo que Eris se había convertido.

Deberían colgarle de los dedos pulgares por no llamar a la puerta, ¿no ve que estamos reunidos?— dijo en voz alta de forma que incluso aquel hombre pudiera escucharlo. No, Haine no iba a ser el agradable hermano que algunos quizás esperarían, un tipo capaz de tranquilizar a Eris en sus momentos de "mala leche". Haine iba a ser mucho peor, y si Eris era la reina de aquel cotarro él iba a ser el Rey. Se avergonzó al escuchar esas palabras en su cabeza y rápidamente añadió que sería el Rey, pero no tendría nada raro con la Reina. Rey Hermano, eso sonaba mejor. Shiro se levantó de donde estaba y avanzó hasta la puerta, tomando con la boca aquella banda y colocándosela por encima de la espalda. —No hace falta que te humilles con eso Shiro, no tenemos por qué ser agradables con esta gente.— le dijo su nakama desde el suelo mientras miraba aquella "prenda" que prácticamente estaba obligado a llevar. Shiro sin embargo siguió a Gato con prudencia, para no pisar nada, ignorando completamente a Rammsteiner.

Bah, tú verás... En fin.— mencionó e hizo uso de sus poderes para demostrarle a Eris cuánto había mejorado. Una ventana cercana fue poseída e inmediatamente el marco de la misma se transformó en una diabólica dentadura, dándole el aspecto de un verdadero demonio. Sin embargo la ventana se abrió simplemente y el mueble perdió su posesión y por tanto aquel macabro aspecto. Haine no había tocado en ningún momento la ventana, y si Eris se daba cuenta de eso podría saber que ya no necesitaba tocar nada para poseerlo. Acto seguido tomó a Eris del hombro y, sin preguntar antes de hacerlo ni pedir nada, el suelo se elevó haciendo que los dos jóvenes comenzaran a flotar. No había sido el suelo realmente lo que se había alzado, sino una alfombra sobre la que estaban apoyados. La razón por la que la había tomado del hombro era para que no se desequilibrara, pues la ahora poseída alfombra podía llegar a ser un poco difícil de manejar en cuestiones de mantener el equilibrio.

Haine se sentó y tiró del brazo de Eris para que lo hiciera, obligándola a sentarse a su lado a la par que cruzaba los brazos y cerraba sus ojos. —Vamos, tengo que enseñarte algo.— mencionó el albino, y sin comprobar si la muchacha se había acomodado la alfombra comenzó a volar hacia la ventana. —No hace falta que digas nada, Eris, el haberme criado contigo hace que tenga la horrorosa sensación de conocerte un poco.— bromeó con palabras algo duras, pero que de sus labios sonaban como una simple burla para picarla. —Se perfectamente lo que está pasando, te has convertido en el guardián de esta ciudad debido a tus poderes y, por lo que he visto, posees un status bastante alto. Por lo que, con bastante seguridad diré que...— había errado con sus palabras, pero lo que estaba a punto de hacer era bastante peor. Se puso serio, como si le doliera decirlo y sin apenas separar su dentadura mientras apretaba los dientes mencionó unos pocos fonemas. —Estás embarazada.

Sobrevolaban el Palacio presidencial, pero pronto se alejaron recorriendo los barrios altos y medios de la ciudad. Su vuelo no era demasiado peligroso, más bien se encontraban a gran altura para no chocar con ningún edificio y se alejaban cada vez más de aquel edificio central. —Está claro, no puede ser otra cosa. Te has tirado al Presidente y ahora te tiene firmando sus porquerías. Seguro que está en algún burdel poniéndote los cuernos... Arg... Como odio esta ciudad. La gente cree que puede hacer lo que quiere como si nunca fueran a darse de bruces contra una pared.— sus palabras eran firmes, pero equivocadas. Si Eris era lista y comprendía un poco de la personalidad de Haine quizás se riera de él por ser tan esstúpido, pero conforme se encontraba su reacción era impredecible. Siempre la miraba para que pudiera leerle los labios, tampoco es que el muchacho fuera tan despistado como para olvidar su sordera.

En realidad le dolía pensar eso, que ella pudiera estar... O que simplemente ella pudiera haber hecho algo con... Eris era su hermanastra pero desde hacía tiempo sentía que era mucho más, parte de algo que no quería que fuera dañada. Su protegida, alguien que por nada sería dañada si Haine podía evitarlo. Cambió de tema, no estaba seguro si quería saber nada más acerca del tema pues le ponía mal cuerpo la sensación de que quizás iba a ser tío. —En fin, antes de llegar aquí me enteré de que marines y piratas estaban peleando por un tesoro en... Tsunaba... ¿Sunaba? No se, una isla perdida. Me desvié un poco para echar un vistazo y ahora... Bueno, digamos que tengo algo más de oro. Concretamente, los estúpidos piratas y marines que peleaban por el tesoro se llevaron una mierda, yo fui el ganador de ese "evento". Además tengo un par de "reclutas" más, una banda de animales que desde que los derroté no hacen nada más que seguirme como si fuera su líder. Cuando lleguemos al barco te enseñaré las arcas.— fue todo lo que dijo mientras, poco a poco, se acercaban al borde de la ciudad de lo que podía ser considerado un medio de transporte mágico o, incluso, romántico.
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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Eris Takayama el Jue 8 Ene 2015 - 11:03

No puedo llevar nanobots. Ya lo intentaron, pero mi cuerpo los… Bueno, los funde— admitió Eris en bajo. Sí, ya había pensado en múltiples posibilidades a pesar de no haber consultado a muchos médicos. Por tanto, ya había agotado casi todas aquellas oportunidades. No obstante la interrupción se hizo patente y no puedo evitar esgrimir una sonrisa cuando Haine habló. Ese era el hermano que recordaba: irónico e irreberente. Carlo bufó por la amenaza que el peliblanco le ofreció, descartándo decir nada en contestación. El hombre, aunque no lo pareciera, sabía mantenerse en su lugar. Pero el perro y el leopardo no tardaron en desaparecer. Era como una llamada “a comer” de una madre y una estampida hacia la mesa. El abrir ese portón indicaba que tenían via libre para cazar. Aunque Eris se reía para sí misma pensando en lo molesto que estaría Gato cuando Shiro le espantara a todas sus presas. No se dio cuenta entonces de que el marco de la ventana había cambiado. Se encontraba mirando en una dirección contraria y a pesar de unos movimientos, no simbolizaba para las hondas nada. Aunque sí cuando se abrió la ventana.

Ahí sí que se ladeó para mirar en esa dirección, temerosa de que hubiera más noticias que alterasen su tranquilidad aquel día. Cuando la tomó del hombro ella se tambaleó, dándose cuenta de que habían perdido el contacto del suelo, aunque no de la alfombra. Y se sentó a su lado, pegado a él, cuando se lo indicó. Haine no había cambiado demasiado. Seguía siendo brusco en sus formas… Solo que ahora Eris tenía que pensar en no chamuscarlo cada vez que se movía. Miraba sus labios, para no perder detalle de lo que él estaba diciendo. “¿Horrorosa?” pensó ella decepcionada al escucharle. Aquello le había dolido pero tuvo que concentrarse. Asintió ligeramente cuando volvió a hablar pues claramente estaba acertando en sus palabras. Hasta que la jodió. Eris se llevó la mano a la frente, mirándole de reojo como si estuviera realmente abochornada. ¿Cómo podía pensar eso de ella? Suspiró, sin decir nada. Estaba demasiado dolida, incluso para hablar.

Pero él siguió hablando, y hablando, y hablando. ¿Es que no iba a parar nunca? Resopló. Pero no dijo nada. Se quedó completamente callada y seria. En realidad dolida. Se centró más en cruzarse bien de piernas y en bajar las mangas de su sudadera, para que no viera las marcas de sus muñecas. Hasta que le habló del tesoro. Así que el haberse hecho con parte de las arcas en realidad no había tenido mucho sentido… Otra decepción. Y ya iban dos. Una detrás de otra. Lo normal. Pero se tensó ligeramente al llegar al borde de la ciudad. —No salgas, Haine— determinó. “Está el mar y no quiero morir todavía”, quiso añadir, señalando entonces un pequeño pueblo alejado de aquella ciudad, al lado de las minas. Había un montón de casas rústicas de nueva construcción. —Vamos allí— susurró, esperando que el albino tomase ese rumbo y no otro que les pusiera en peligro.

Una de las primeras cosas que hice fue liberar a los esclavos y darles derechos. También les he dado educación, cobijo y un sueldo digno con el que poder mantenerse. Las casas.. Bueno, se que estéticamente no queda muy bien que sean todas iguales, pero era una manera de abaratar en diseño, para así poder construir más cantidad— susurró. —No estoy embarazada, Haine. Ni me he follado a nadie para estar donde estoy. Abusaron de mi poder, no de mí, pero fui elegida para rehacer el gobierno de Johota y estar al frente— le indicó ella. —Lo que a mí me horroriza es que no me veas capaz de llegar hasta donde estoy por mis propios medios y pensando que me he quedado embarazada cual trepa— siguió. No había querido decirlo así, pero le había dolido. “[b]Lo he hecho por ti[/i]”, quiso añadir.

Por cierto, tengo un dragón. Alguien a quien por cierto ayudaste en nosequé... Da igual. Es un amigo y lo he invitado a quedarse en la isla como protector. Pero llevando una cámara acorazada tan repleta, él te vendría bien en tu tripulación— admitió. Quizás si ella le pedía que se uniera a Haine lo haría. No estaba segura, pero tampoco perdía demasiado en intentarlo. Se había dado cuenta que quizás lo mejor era quedarse allí y morir en aquella isla, como el resto de su familia. La persona por la que había luchado tanto había… Simplemente la había herido con sus palabras, haciéndola llegar a pensar que si quizás todo eso no había sido en vano. Pero no lo había sido. Que él pensase eso de ella no quería decir que hubiera errado para con los habitantes de la isla. Y sí, con lo último había tratado de cambiar un poco de tema. Sabía que si seguían con el mismo aquel romántico paseo en alfombra voladora se acabaría porque ella se tiraría por el borde. No se puede romper algo que ya está roto.

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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Haine Rammsteiner el Jue 8 Ene 2015 - 14:30

Cambió el rumbo extrañado cuando ella se lo pidió, no comprendía por qué no quería ir hacia el puerto. Total, aquella alfombra estaba poseída y tenía una maniobrabilidad perfecta, mejor que cualquier máquina que un hombre pudiera hacer. Aunque como Eris se pusiera nerviosa la alfombra podía salir ardiendo, o si discutían podía caerse alguno de los dos... Pero quitando eso, y que quizás el viento pudiera lanzarlos por los aires, era el mejor transporte del mundo. En cualquier caso hizo lo que le pidió y fue dirección a las minas de Jade, había oído hablar de ellas de pequeño pero nunca las había visitado en persona. Asintió con cierto desinterés cuando escuchó cómo había arreglado la vida de todos aquellos esclavos dándoles una casa, educación, y más cosas que sus oídos no llegaron a escuchar. Pero lo que sí que captó con sus orejas fueron las palabras "no estoy embarazada", haciendo que su cuello se girara como por un resorte al pronunciar las palabras mágicas.

Primero puso gesto de negación, como si no se lo creyera. Acto seguido este gesto cambió a duda, pues entre sus cejas parecía leerse "¿de verdad no estás embarazada?". Y por último y mientras una pequeña sonrisa se iba formando llegó la aceptación, haciendo que las siguientes palabras fueran mucho menos dolorosas para su orgullo masculino al haberse equivocado por algo. —¡Eso es maravilloso! Quiero decir...— y la dejó terminar asintiendo cada poco mientras aguantaba una sonrisa en su cara. Pura felicidad. Pero su rostro se tornó serio cuando habló de un dragón, esa no se la esperaba. Además decía que "lo había ayudado en no se qué", y no sabía muy bien a qué se refería. Frunció el ceño unos segundos intentando recordar, mas rápidamente olvidó ese tema y volvió a sonreír de nuevo. —Eso es genial Eris, ya pensé que tú te... Bueno, pues que te gustaba o... Coño, que no me gustan los niños, eso quiero decir.— mintió Haine tratando de enmascarar la verdad.

Vaya, vaya... Así que gobernadora de Johota... ¿Quién lo habría pensado?— y sonrió con picardía. —¿O sea que todo esto está bajo tu mando? ¿Y qué pasó con los nobles? ¿Se fueron sin más?— la acosó a preguntas, pero tras un segundo de silencio añadió las palabras mágicas. —Sabía que lo conseguirías.— afirmó con verdadera confianza. Y es que por mucho que la pinchara, por mucho que se equivocara, por mucho que creyera conocerla y por mucho que bromeara... La realidad es que era la persona en la que más confiaba del mundo, y de las pocas en las que en realidad lo hacía. Y aunque ella no pudiera apreciar esto o se lo tomara a broma era uno de los mayores cumplidos que Haine le podía hacer a nadie. Hubo un momento de silencio en el que Haine esperó una respuesta, algo que satisfaciera su curiosidad, mas pronto volvió a abrir la boca. Sin duda las palabras que había dicho de alguien a quien había ayudado no dejaban de resonar en su cabeza.

¿Que yo ayudé a alguien? Pf, por favor, Eris, parece que no me conocieras... ¿A un dragón encima? Pff... Solo me faltaba eso, ayudar a un dragón para que luego me coma. La única vez que recuerdo haber ayudado a alguien fue por el hecho de trabajar con esa tecnología, le ayudé con un brazo robótico a un tipo enorme con el pelo azul. Tenía unas cejas super gordas, y parecía el típico que come más de un camión por día... Pero vaya, que seguro que no era un dragón. Y bueno, supongo que también lo ayudé porque en cierto modo... Me caía bien. ¡Y siempre es bueno tener aliados en todas partes, más si son fuertes!— añadió para no parecer tan débil. Estaba seguro que el hombre al que había ayudado no era un dragón, pero entoncs ¿quién quedaba en este mundo que pudiera conocer Haine en esa situación? No lo comprendía y esperaba más explicaciones por su parte para poder entenderlo todo.

Por último hizo una curva muy pronunciada haciendo que ambos cuerpos se inclinaran hacia el lado de Haine por la gravedad y retomó el rumbo a la gran ciudad Celestia. Estaba preparado para recibir un pequeño impacto si ella se caía sobre él, pero no se lo tomaría como nada más que un movimiento del "vehículo". —Hey hey, tranquila, si te caes no te pasará nada, estás hecha de rayo, ¿recuerdas?— le dijo Haine con tranquilidad pues la había visto algo molesta con lo de ir al Puerto. Ahora volverían a la ciudad salvo que Eris quisiera seguir con su paseo, que si bien era bonito e incluso romántico, para Haine no podría pasar de un simple viaje de reconocimiento por los alrededores. Por mucho que dentro de él le picara y quisiera ser otra cosa.



Mientras tanto, no muy lejos de allí...


Una bestia acechaba entre unos matorrales bastante altos, una presa apoyada en el suelo tratando de recoger alimento sin darse cuenta de lo que se avecinaba. La muerte rondando aquella criatura a tan solo un salto de distancia. El viento calmado, todos los músculos relajados, se avecinaba el salto letal y... —Woofh!— se escuchó un sonoro ladrido en toda la zona, ladrido que alertó a todos los animales de la zona y probablemente de la ciudad que se alzaron al vuelo alejándose de la bestia asustados. Decenas de aves que volaban hacia arriba para evitar el alcance del depredador más temido, mientras que el ser que los había avisado los observaba volar con interés.

Era Shiro, con sus cinco metros hasta la cabeza, sentado en el suelo y con la lengua fuera y una expresión de boba felicidad. —Woofh, woofh!— dijo de nuevo mientras miraba al depredador con curiosidad, esperando una respuesta a una pregunta nunca formulada. Le había espantado toda la caza, no con mala intención, pero sus ladridos habían alertado a todos los animales de los alrededores y tardarían un rato en volver a buscar alimento. Sí, desde luego a Gato no le debía hacer mucha gracia que algo tan grande y tan poco sigiloso tratara de "cazar" con él.
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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Eris Takayama el Miér 14 Ene 2015 - 0:20

Un rugido rasgó el aire poco después de que el perro asustara las presas del leopardo. Este bufó, mirando a can, pero se acabó acercando a él para apoyarse en una de sus patas, mulléndole el pelo de la misma con las garras, despacio. Es algo que solía hacer con Eris por lo que no había posible daño alguno que se pudiera acontecer. El felino entendía que no pudiera cazar con alguien tan grande, así que se rindió, moviéndose despacio y volviendo a rugir, tratando de llamar la atención de Shiro para que le siguiera de vuelta a la ciudad. Hacía mucho tiempo que no tenían que cazarle nada, pero no… No sería posible. Y menos con aquellos nuevos implantes que le habían puesto recientemente y por los que andaba algo adolorido. Por eso pasó de nuevo al edificio central, pendiente de si el perro iba con él o no, y bajó hasta la sala de entrenamientos. Allí se había creado casi un hábita propio. Hacía incluso algo más de calor -cosa que para él era maravilloso- y sobre todo era grande (aun techado) y no había nadie que pudiera molestarles.

Al otro lado de la isla.

Cuando el chico comenzó a alegrarse de que no estuviera embarazada sintió una punzada en el corazón. Y más cuando le dijo que no le gustaban los niños. Es como si Haine hubiera decidido aquel día que bailar clacké sobre su cuerpo adolorido sería lo adecuado. Pero la mujer sonrió, triste, como gran parte de las muecas que había hecho hasta el momento, solo para expresar algo de sentimiento. Sobre todo porque había hecho que sus sueños se rompieran. Eris hubiera querido tener una familia de varios miembros con Haine. Hubiera querido disfrutar de los pequeños y mundanos placeres de una vida tranquila. Aunque sabía que esos sueños estaban condenados al fracaso, quizás ella esperaba que hubiera ocurrido un poco después. Pero era un como un cubo de agua fría: refrescante y ciertamente avivador. Sí, porque había activado a Eris en el sentido de que no debería enamorarse de alguien por quien podría morir tan fácilmente. Si no es eso lo que quería.

Toda la isla, sí— susurró ella, a modo de contestación. Se colocó el pelo y sobre todo el flequillo, que se había ido poniendo como buenamente podía por el hecho de ir en una alfombra voladora. —Se disolvió el consejo y se convocaron elecciones. Se vieron demasiado presionados por otros nobles y el resto de la población en general. Ellos desperdiciaban comida cuando nosotros nos moríamos de hambre allí fuera… Y el resto, creo que puedes imaginártelo— supuso la chica, a pesar de que era consciente de que no. De que Haine, de imaginar algo, metería la pata hasta el fondo y porque no había más sitio donde meter, que si no, también. Aunque algo le hizo gracia. —¿Lo sabías? ¿Es eso algo así como “confío en tu poder”? Porque estás jodido si es así...— susurró ella, encogiéndose de hombros. No. No confiaba ni en ella misma ni en su poder. Pero aquello la había ayudado a vencer un asedio y sus propios entrenamientos, que no eran desmerecedores de atención.

Y entonces escuchó aquella descripción del brazo robótico y de que no era un dragón. Le restó importancia a lo de ayudar y… Sí, así se dio cuenta Eris de que realmente había conocido a Mark. Y era interesante en el sentido de que dos personas que se habían convertido para ella en importante -una antes que otra, mucho antes, por supuesto- se hubieran conocido por otro lado. Era casi hasta gracioso. —Mark. Se llama Mark. Y sí es un dragón… Azul, por cierto. Bastante bonito— susurró ella. —Usuario de Zoan, como puedes suponer...— terminó. Solo porque quería aclarar el hecho de que no era un dragón de verdad. Todos tenían sus trucos: ella una logia, él una paramecia, Mark una zona… Distintos tipos de frutas con resultados francamente asombrosos, como se podía comprobar. —Técnicamente… Electricidad— susurró ella, chocando un poco contra él en aquella pronunciada curva. Y suspiró. Aquello era lento. No estaba acostumbrada a moverse a esas velocidades. Pero tenía que…

Alzó su mano, rozando la mejilla de Haine y notando cierta corriente, muy pequeña pero perceptible. Aquel hombre siempre sacaba lo peor de ella. Y lo peor era no saber controlarse. Parecía que calaba hasta el hueso. —Te espero en mi despacho de nuevo— susurró ella, moviéndose deprisa de allí solo para que no pudiera decirla nada que le cortase el camino. Cierta ondulación se produjo en la alfombra, breve, pero del primer paso que la joven había dado… Y sí, no tardó tanto en llegar. De hecho, fueron segundos. Se sentó en un sofá, cogiendo una de las mantas debido a que por el clima, hacía algo de frío fuera… Y había dejado la ventana abierta -vaya, no la había cerrado de antes- para que Haine pudiera entrar. Y se dedicó a firmar aquellos papeles. Mirando de reojo como Carlo observaba la estancia desde la puerta. —He emitido un comunicado, por el perro— determinó él. —Gracias— le contestó ella, extendiendo los papeles para que tuviera que acercarse a recogerlos. —¿Es él?— preguntó entonces, el allegado. —¿Él? Sí, es mi hermano. El cuarto de los Takayama, adoptado, pero el cuarto— contestó ella, alzando una ceja. Su segundo al mando se rió, negando. —Sabes que no hablo... — comenzó él. —Y prefiero no saberlo— fue tangente ella. Y tanto, que hizo encogerse de hombros al chico antes de rendir y salir de allí.

Así que se había quedado sin papeles y, básicamente, sin compañía.

Aunque esperaba que Haine no se demorara demasiado.

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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Haine Rammsteiner el Vie 23 Ene 2015 - 19:14

Ese rugido hizo que Shiro se sintiera mal, quizás porque entendía que se había quedado sin comer por su culpa. No obstante no iba a permitir eso, le iba a devolver el favor por haber ahuyentado a sus presas. Miró hacia adelante, había una gran roca y por encima de esta varios pájaros volando de los que habían salido ahuyentados. Tomó carrerilla y se impulsó hacia el cielo en dicha roca, elevándose más de una docena de metros y mordiendo el aire con fuerza para atrapar a dos presas. Cayó con soltura, haciendo un ruido que seguramente alertaría al felino pero Shiro no tardó en seguir a su compañero hasta lo que parecía ser una “sala de entrenamiento”. Una vez allí abrió la boca y dos pájaros muy asustados cayeron al suelo, completamente babeados y sin poder volar porque sus alas pesaban demasiado con la saliva. Asqueroso, pero era una ofrenda de paz por parte del perro hacia el que de alguna forma era su anfitrión. Quién sabe, cuando se secaran quizás podrían ser un buen alimento o incluso caza, si el recinto estaba cerrado. Shiro comenzó a respirar por la boca con la lengua fuera, era su forma de regular la temperatura de su cuerpo. Allí hacía algo de calor.



Haine no entendía a Eris, era superior a él. Le estaba diciendo que se alegrara de que no tenía que cuidar a un mocoso de algún noble inmundo y ella le había dedicado una mueca de asco. Porque sí, Haine se había dado cuenta, Eris parecía de todo menos contenta con sus palabras. Pero no dijo nada, simplemente arrugó el morro y miró hacia adelante con las manos entrelazadas tras su nuca. La escuchaba, pese a que le gustaba que sus palabras fueran otras. No es como si la ignorara, pero decidió omitir algunas de sus palabras para no enfadarse. Cuando decía que confiaba en ella es que confiaba en ella, y no aceptaba que se lo desmintiera cualquier otra persona. Sin embargo logró llamar su atención con el tema del dragón, así que era una zoan de dragón… Era interesante, el brazo robótico que le había fabricado era bastante poderoso y no le importaría tenerlo a su lado en combate. Entonces ella decidió que sería buena idea desaparecer de la alfombra con la velocidad del rayo, alejándose de allí antes de que Haine pudiera decir “¡Espera!”. Eso le había resultado molesto.

Apenas un minuto más tarde algo pasó a toda velocidad por la ventana, segundos después de que el asistente de Eris saliera por la puerta. Era Haine en su alfombra voladora, la cuál se estampó contra la pared arrugándose por completo mientras que su piloto aterrizaba en el suelo con fuerza. Era suficiente ágil para no romperse nada por eso, aunque por la cara que traía parecía algo dolido. Se levantó del suelo -pues había caído con una rodilla y una mano en este- y se dirigió hacia la muchacha observando como ahora estaba tapada con una manta. Nada más verla la ventana se cerró tras de él con suavidad, como si al verla abrigada se hubiera dado cuenta del frío que hacía. Se quedó a tan solo un paso de ella, realmente cerca, y alzó la voz mientras señalaba a la ventana que acababa de poseer. —¡Si tanta prisa tienes por separarte de mí puedo irme otros tres años, solo tienes que decírmelo!— dijo cabreado mirándola a la cara.

Tras aquello resopló y se peinó con los dedos, tenía la cara congelada de haber viajado a tanta velocidad y apenas sentía los dedos. Ya se le había olvidado el frío que podía llegar a hacer en el Mar del Norte, y especialmente en Johota. Sin embargo notaba los labios calientes como si las palabras le hubieran estado quemando en la garganta durante todo el camino hasta aquel despacho en la alfombra voladora. Pero se dio cuenta que lo último que quería era dañar a Eris con sus palabras por lo que rápidamente cerró la boca y miró para otro lado con los dientes apretados los unos contra los otros. Volvió a mirarla esperando que su sordera hubiera hecho efecto y no hubiera escuchado nada, pero sabía que ni aunque estuviera sorda como una tapia se habría saltado eso. La volvió a mirar e hizo lo inesperado.

Sus brazos la rodearon y la estrujó contra su cuerpo hundiendo la cabeza entre su corto cabello. A su nariz le llegó el aroma desde su cuello y cerró los ojos dolido por lo que él mismo había dicho. —Joder, Eris...— comenzó a decir, pero entonces se acordó de que ella estaba sorda. Se colocó delante de ella para que pudiera leerle los labios y repitió. —Joder, Eris, no quiero que te separes de mí. Casi me doy la vuelta cuando te quedaste aquí para meter a tu madre en el barco y que vinieras con nosotros, casi dejo a Shiro en su rehabilitación cuando me enteré de lo que pasaba aquí. Llevo mucho tiempo sin verte y no quiero que vuelva a pasar eso de nuevo. Al fin y al cabo es raro estar sin ti, sin nuestras bromas, sin nuestras puyitas, y sin nuestros momentos raros...— se expresaba sin pensar lo que decía. Los momentos raros, por supuesto, eran todos aquellos en los que Haine y Eris estaban en una situación incómoda y que de alguna forma lo hacía el doble de incómoda que fueran hermanos.

Le dio un beso en la frente, un beso de cariño absoluto. Tragó saliva tras darlo pues había estado cerca de ir unos cinco centímetros más abajo, a sus labios, pero mantuvo la compostura y siguió hablando. —Te aprecio mucho, hermanita, y desde ahora no dejaré que te pase nada malo.— dijo así confesando parte de sus sentimientos. El hecho de llamarla de esa forma era para quitarse la visión de su cabeza del beso de unos segundos antes. Y tras esto esperó su respuesta, fuera cual fuera, pues temía tener que llamar al Typhoon para salir por la ventana volando de nuevo.
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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Eris Takayama el Mar 27 Ene 2015 - 13:30

Shiro había cazado para gato un par de pájaros, babeados y aturdidos, que salieron de su boca cuando el can decidió expulsarlos, apareciendo tambaleantes y medio muertos por las babas. El felino le observó recostaste y abrir la boca jadeante. Cuando quiso acercarse, el aliento del can lo tiró para otro lado. Sí, había que tener en cuenta su tamaño y la fuerza de los jadeos. Fue entonces cuando Gato se acercaría a las aves y, con una patita así en plan de uñas extendidas, les daría unos cuantos toquecitos, ronroneando. Estaba agradecido, asqueado pero agradecido. Por eso, cuando terminó de dar su toquecitos de reconocimiento, se volvió, subiendo de un único salto hasta el lomo del perro, donde comenzaría a mullirle despacio, buscando él también un sitio donde sentarse. Puede que él estuviera cómodo allí, por su temperatura y demás, pero seguramente no su compañero. Gato, en general, solía pasarlo algo mal en cuanto salía fuera con el frío que hacía. No era un animal de un clima frío, a pesar de que se había acostumbrado a ello.

xxx

Se había dejado caer del romántico transporte de Haine y había casi “aparecido” en su salón. Su breve conversación con Carlo la había dejado enfadada, así como la rápida firma de papeles. Aunque no le dio tiempo a descargarlo antes de girar la cabeza para ver como Haine entraba en aquella habitación por la ventana, saltando de la alfombra que se estampaba contra la pared sin más remedio. Se quedó callada, leyendo las palabras que salían de los labios del hombre, frunciendo los suyos propios. La dieron ganas de llorar. Y los ojos se le llenaron de lágrimas. No quería ni escuchar el hecho de pasar otros tres años separada de él. Quizás nunca deberían haber emprendido esa travesía juntos el día que se re-encontraron y debieron mejor quedarse con el amargo saludo final -sangriento- que de niños se dieron. Pero ahí estaban. Ya bastante adultos, siendo todavía hermanastros y en una clara posición social diferenciada. Él era ciudadano, ella gobernante. Quizás eso no era lo único que no los hacía igual, pero Eris nunca había querido estar por encima de él en ninguna de las maneras. Hasta que la levantó.

Literalmente, Haine estrujó a Eris, provocando que esta no solo se asustara ligeramente, sino que rodeara al albino con sus brazos para recostarse sobre su cuerpo, dejando caer la manta que le caía. Detectó como decía algo, apoyando sobre su hombro, con la cabeza entre lo que debía de ser su pelo. Pero poco después el albino levantó la cabeza, emitiendo unas ondas similares que se transformaron en un “Joder, Eris”. Sí, ella pensaba lo mismo. Antes era una mujer fuerte e independiente, que no dudaba en viajar sola y que no añoraba a nadie. Se había transformado en una persona débil y dependiente, deprimida. Así que cuando leyó lo que tenía que decirla, sumado a ese beso y ese “hermanita” se hundió un poco más en ese pozo de debilidad y falta de superación. Como se escucha, debilidad y falta de superación. Y cerró los ojos, frotándoselos con una mano, mientras se soltaba para volver a sentarse en el sofá, estirando un poco de la camisa del hombre para que se viniera a sentarse con él y poder taparle, dado que no hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta de que estaba helado. —No me abandones más— respondió en bajo, tratando de no llorar.

No llores, venga, no llores.” Porque sí, como se podía entender, eso era lo que la pelinegra estaba pensando. —Todo esto es para ayudarte— confesó. Porque si él le había dicho que la había echado de menos, ella no podía cuanto menos, decirle que había hecho todos aquellos progresos para él, para que pudiera disfrutar de las ventajas de un gobierno justo y, quizás establecerlo como base. —La isla, el gobierno, el dinero, el dragón...— porque incluso había invitado a Mark a quedarse allí solo para que uniera a ellos. ¿Qué sería mejor que tener un dragón entre sus integrantes? A parte de asustar a los aldeanos con leyendas. Pero suspiró, cerrando los ojos y buscando taparle también con la manta en tanto podía. —Se que no eres una persona que esté en tierra demasiado, pero… Pero he creado algo similar a una regencia para… Para poder ir contigo— porque quería aclarar de una vez por todas que si él se decidía a salir de allí, ella iría tras él. Bajó la cabeza después. Estaba avergonzada. Avergonzada de ser tan débil para alguien que se había preparado tanto.

Y eso que su trabajo no podía quedarse atrás. Había sido diario, quizás excesivo, quizás extenuante, pero reconfortante al pensar en que quizás no se sentiría como se estaba sintiendo en ese mismo momento. Todo había fallado, incluso ella.

Pero se abrazó al que había sido y era su hermano -aunque no sintiera lo mismo- resoplando después en bajo y tratando de quitarle algo de hierro al asunto. —¿Es que acaso no has comido en tres años?— susurró, sin levantar la cabeza que se mantenía apoyada sobre el pecho de él. Sí, Eris no podía esperar que un musculado Haine volviera montado en un corcel blanco a salvarla y liberarla de todos sus males. Era flacucho y fibroso, y por montura tenía un perro. Pero vaya, no todos los cuentos son como se desean.


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Re: [Priv] After everything. After the sounds.

Mensaje por Haine Rammsteiner el Miér 4 Feb 2015 - 17:48

Inmediatamente se dio cuenta de que lo que había dicho había sido muy egoista. De que aquella chica a la que quería más que a nada acababa de recibir una puñalada en su pecho y que tenía que haber sido mucho más suave. Entonces le confesó que todo lo había hecho para ayudarle, que había ganado la guerra por él. Y no solo eso, sino también el posible aliado con el que se había encontrado y todo para cumplir su sueño. Había entrenado, se había hecho fuerte… Eris quería acompañar a Haine, y eso era algo para lo que el albino no estaba preparado. Antes la joven no tenía ningún lugar a donde ir, pero ahora que era la Reina -o lo que fuera- de Johota podía quedarse allí perfectamente. Y aún así ella quería acompañarlo.

Por ello la atrajo contra su torso en señal de cariño durante el abrazo. Escuchó unas palabras que le provocaron un pequeño espasmo de risa, pero en realidad solo trataba de ocultar un par de lágrimas para que ellas no las viera. No dejó que levantara la cabeza para verlo, no hasta que controlara un poco más sus impulsos y emociones. —Te quiero...— susurró inconscientemente, pero sin dejar que ella pudiera leer sus labios. Tras eso soltó su abrazo y se dio la vuelta, alejándose unos pasos de ella como si no le hubiera afectado aquel abrazo tanto como lo había hecho. Pero Haine estaba decidido, se lanzaría al mar con Eris… No como piratas ni como marines, sino como personas. Y en aquel instante, con el discurso que estaba a punto de soltar, nació Morgenstern.

Marcharemos rumbo a lo desconocido.— comenzó a decir mirando de nuevo a Eris. Las ganas de besarla lo sorprendieron, pero fueron reprimidas por la necesidad de seguir hablando. —Juntos cumpliremos nuestros sueños, Eris. Buscaremos a personas que nos puedan ayudar a nosotros y les ayudaremos a ellos, siempre que sus sueños no busquen meternos en problemas a todos. Seremos una organización que cumpla los sueños de los demás… Avisa a ese dragón para que venga, si es un soñador como yo podrá ayudarnos y le ayudaremos.— estaba decidido. Tenía un barco, tenía un tesoro, tenía un sueño y tenía soñadores. Pero espera, aún había algo que no cuadraba…

Si Eris iba con él tendría que tener un sueño… Algo que confiar a otra persona y algo que cumplir entre todos, ese era el trato. Por tanto la miró con el gesto convencido pero dubitativo, cruzándose de brazos mientras trataba de responder a la pregunta que aún no había realizado. —Eris… ¿Cuál es tu mayor deseo? ¿Cuál es tu sueño?— le preguntó, nunca se había preguntado qué quería la muchacha de esta vida. Podrían ser joyas, pero ya tenía minas de jade y riquezas. Podría ser poder, pero con la Goro Goro era cuestión de tiempo y esfuerzo… ¿Entonces cuál era? Se quedó inmóvil como una piedra, esperando la respuesta que sin duda podría cambiar su vida… Si es que ella se atrevía a decirla. Pero la curiosidad no era suficiente para que con su instinto de metiche empezara a tocarlo todo.

La alfombra fue poseída y volvió a su sitio, la puerta se cerró con llave casi “mágicamente” y la silla de aquel despacho se echó ligeramente hacia atrás. Hace unos minutos había estado sentada Eris pero ahora fue él quien ocupó ese puesto, reclinándose hacia atrás mientras esperaba la respuesta. Los cajones del despacho se abrieron solos producto de la posesión de aquel usuario de akuma que tenía que indagar en todo. —¿No tienes alguna botella de alcohol? Para brindar por el nacimiento de… Hm.— parecía pensativo, una pierna en el reposabrazos del asiento y los brazos cruzados, aunque acariciándose la barbilla con la mano derecha. —¿Cómo deberíamos llamar a algo así?— preguntó, refiriéndose a la organización.

Entonces a su cabeza le llegó el recuerdo de cuando de muy niño ella le daba mantas y abrigo contra el frío, de cómo lo cuidaba a pesar de la mala actitud de Haine en casi todo. Juraría que incluso lo había invitado a comer algo caliente. Entonces en su cabeza resonaron unas palabras que salían de su propio corazón: “Tú me protegiste a mí de niño… Ahora te protegeré yo a ti.” Y tras ese pensamiento procedió a picarla un poco, tenía que pasar página o se pondría a llorar de las emociones que provocaban esos recuerdos. —¡Venga Eris! ¡Sácate el whisky del bueno, no seas agarrá!— le espetó con un tono de “mal humor” pero que se notaba a la legua su verdadera intención, así como la sonrisa que mostraba en su rostro.


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No muy lejos de allí, el gran perro blanco se había tumbado en el suelo con la mandíbula apoyada en su pata derecha y el felino apoyado en su espalda. Parecía que, a pesar del calor, se había adaptado a aquella condición y estaba esperando el siguiente movimiento de aquel felino. Aunque siguiera siendo un perro juguetón las condiciones no eran las mejores para él, y estaba en un terreno que “no era suyo”. Por eso esperó a que fuera el otro animal el que hiciera el primer movimiento.
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Mensaje por Eris Takayama el Miér 11 Feb 2015 - 14:48

Unas pocas ondas llegaron al oído de Eris. Sabía que el hombre había dicho algo en bajo, cuando la abrazó de aquella posesiva manera pero, al ver que no se retiraba para decírselo de nuevo dejó de darle importancia. No, realmente lo único que ahora le importaba era aquel calor de cercanía que emanaba el peliblanco. Pero no tardó en volver a alejarse. No, sus contactos nunca duraban lo suficiente para ella. Y con eso, la fue informando de lo que pasaría: se irían, lejos de allí, a buscar esas aventuras de las que tanto había visto soñar a Haine. En parte estaba feliz, pero asustada, porque sabía que bordear la ley para ambos sería muy peligroso, ahora que ella era Gobernadora de aquella Isla. Si renunciara.. Si renunciara quizás podría contar con algo de más tranquilidad. Pero es que había descubierto en la política una pequeña pasión que hasta ahora la pelinegra no había tenido. Por eso, frunció los labios, mirándole, quedándose callada. No quería contrariarlo. No quería decirle que lo más seguro es que se quedaran allí. —Claro, hablaré con él— determinó en bajo, sobre todo respecto de lo del Dragón, Mark. Hablar con él de si se quería unir a ellos era más que fundamental. No obstante, suspiró, cerrando los ojos unos instantes cuando la preguntó cual era su sueño. ¿Era su momento de mentir? ¿Era momento de decirle que “ninguno que se pudiera cumplir”? Porque ella ya había asumido que sus sueños nunca se cumplirían. Era más posible que muriera antes.

Una vida tranquila aquí— respondió únicamente, en bajo. Tan bajo que momentaneamente dudó de si el hombre debía de haberla escuchado. No era para menos, ella se estaba embarcando al aceptar en todo lo contrario a su sueño. Pero estaba dispuesta, porque sería capaz de rechazar a todo lo demás por él. Y volvió a colocar su despacho: se cerró la puerta de la terraza, se colocó la alfombra… Eris sonrió, quedamente, pensando en lo sencillo que serían para él todas aquellas tareas diarias “del hogar”. Aunque sinceramente no le veía haciéndolas. —Morgenstern— contestaría, a lo del nombre. ¿Por qué? Era una forma bonita de representar los sueños. Los sueños, después de todo, están en las estrellas, ¿no? Aunque fueran de mar. Pero Eris se levantó, pasándose la mano por la barbilla ante la petición de él. ¿Alcohol? Ella no podía beber alcohol por la recomendación médica, dado que si lo ingería, aquellas heridas de muñecas y tobillos no cicatrizarían con la rapidez con la que deberían, dentro del hecho de que ya estaban siendo bastante lentas. Pero abrió uno de los armarios amueblados de la pared.

Le bastó con empujar ligeramente hacia dentro lo que parecía una pared lisa. Había muchas botellas de agua y, tras revisar levemente, encontró un par de botellas de Ron, quizás algo añejo por lo años que llevaría allí. Sacó una copa, para él, cogiendo además y poniéndosela bajo el brazo una botella de agua. Porque sí, ella bebería agua aunque quedase muy tópico. Le llevó la botella hasta la mesa, dejándosela encima, y poniendo al lado el vaso. —Es lo mejor que tengo. Si quieres, puedes pedir algo más. Ahí tienes un comunicador— señaló un aparatito que había sobre la mesa, con un botón. Porque Eris no solo tenía a su mano derecha, sino también a un secretario. Y ella se sentaría frente a él, tras la mesa, haciéndole recordar cuando ella pisó por primera vez aquella estancia. Era ostentosa y llena de grandes cortinas rojas de seda. Pesadas, en su mayoría. El oro y el jade también eran recurrentes. Y ella, estaba muerta de miedo. Ahora, seguía muerta de miedo, pero por lo menos había creado un ambiente un poco más ecléctico.

xxx

Gato siguió con aquel capilar masaje por todo el lomo del can, buscando no solo relajarlo a él, sino relajarse él. Tampoco es que el felino estuviera ya acostumbrado a la compañía que debía de ejercer aquel animal a su alrededor. Había vivido mucho tiempo solo, pues seamos sinceros, Eris tampoco es que fuera el alma de la fiesta. Por eso, estaba sin saber muy bien qué hacer. Pero no tardó bastante en descubrir lo que necesitaba. Varios hombres fuertes comenzaron a entrar, mirando al perro y mirando el tamaño del bol que le habían traído. Supieron que con eso no tendría ni para empezar. Así que todo se puso en marcha. Un gran equipo trajo limpio un par de los vagones de utilizaban para sacar el jade de las minas. Posteriormente a limpiarlos bien, sirvieron agua con una manguera de incendios y llegaron el otro, de comida, para el perro.

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