El maldito día en el que puse las manos en el mar. (Reiko & Kaworu L. Nagisa).

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Mensaje por Kaworu L. Nagisa el Jue 3 Mar 2016 - 19:43

La eterna noche era bastante calmada, todo lo que se podía encerrado en una isla de barcos rotos, con unos mafiosos habiendo rondado antes por las inmediaciones, un compañero de viaje alocado que solía meterlo en bastantes problemas y sin saber qué ruta tomar para avanzar hacia la siguiente isla.

Pese a que pudiese parecer lo contrario, estaba bastante sosegado. Había pasado lo peor, o al menos eso era lo que quería creer. El día anterior había sido perseguido por la marina lo que significaba el primer contacto en mi vida como pirata. Estaba nervioso, bastante y tenía miedo a lo que podría suceder a partir de ahí, algo en lo que no parecía coincidir Ibarenko, su compañero.

Estaba jugueteando con un diario de abordo que había puesto sobre un barril, tras haber leído con detenimiento las últimas palabras de la navegación y cómo otro barco de piratas había acabado con todo, arranqué las hojas y me dispuse a escribir. Quizá un diario fuese una buena opción para desahogarse, los tiempos eran duros y aunque pareciese una tontería le gustaba que su historia estuviese escrita en algún lugar por si moría tontamente.

"Embarqué un día antes en la Isla Ohara tras un fuerte encontronazo con la marina y subí al bote que había preparado anteriormente en el puerto. Todo había sido demasiado rápido, un odioso tipo del que había estado intentando alejarme a lo largo de aquel día había vuelto a llamar la atención, sí, pero esta vez era diferente. Había llamado la atención de varios capitanes de la marina. Todo por sus estúpidos intentos de asesinato sin motivo aparente."

Me quité la gorra de la cabeza y la sacudí con fuerza antes de volvérmela a poner en su sitio. Estaba llena de sudor algo que me repugnaba, aunque prefería que estuviese así antes que agujereada. Suspiré con fuerza y me dirigí de nuevo hacia donde estaba el bote, llevando conmigo el tintero, la pluma y el diario. Traté de alejar los malos recuerdos del día anterior, algo realmente imposible. Me acerqué al mismo con lentitud, total "¿De qué sirven las prisas en un cementerio de barcos?" pensé para mis adentros. Tomé asiento en el lateral de la barcaza que quedaba bastante cerca de la orilla, ella era lo primero que recordaba en aquel súbito e inóspito viaje y me traía buenos recuerdos. Traté de ordenar mis pensamientos para saber hacia qué isla seguir, pero, aquello tan sólo provocó que los momentos volviesen a brotar en mi cabeza por lo que continué escribiendo.

"Cuando preparé aquel bote y me dispuse a marcharme un hombre me sorprendió, no hablamos de un amigo de confianza sino de una grotesca casualidad del destino. El hombre al que traté de asesinar estaba volviendo con toda una cuadrilla de marines a sus espaldas, llegó a mí y subió a mi barco. Remé lo más deprisa que pude y me alejé hacia los mares, desconozco si me han reconocido como un criminal y si reconocerán los cuerpos muertos de la marina que me cerraron el paso en aquel callejón."

Las líneas escritas me ayudaban a relajarme y sabía que había tenido algunas repeticiones, pero, llevaba demasiado sin escribir por lo que aquello sería un sencillo borrador.

Mi pequeña embarcación estaba situada en la zona noreste de la isla, oculta tras la vela mayor de una flota digna de reyes, por su tamaño. Tras todos aquellos enormes desperfectos mi bote de 3 personas parecía ser un escombro más, o los restos de algún barco por lo que estaba bastante bien oculto allí.

Tomé de nuevo la pluma entre mis dedos y me dispuse a continuar la escritura cuando sentí una presencia más en aquella zona, me sorprendí dirigiendo mi atención hacia el frente ante la caída de un barril, aunque no vi a nadie en los alrededores por lo que pensé que serían imaginaciones mías. Me pregunté dónde podría estar Ibarenko, había desaparecido sin dejar rastro, aunque, estaba cerca del barco y preparado porque conociéndole era capaz de volver a traer a aquel tipo extraño con sus mafiosos, y no precisamente de manera amistosa. Temía más por mi seguridad que por la suya, pero, era mi primer compañero de viaje y sentía un mínimo de empatía por él.

Dirigí de nuevo la atención a mi diario para así continuar con mi intento de escritura.
Kaworu L. Nagisa

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Mensaje por Reiko el Jue 3 Mar 2016 - 21:04

Y allí estaba ella. Interfiriendo entre aquel hombre y la mujer. Era la primera misión seria que le habían encomendado. La violencia y los robos habían aumentado los últimos meses en el pueblo, así que Reiko se hizo voluntaria para llevar a cabo la misión. No le importaba las consecuencias que ocasionase. Las respondería todas por sí misma. Alguien que se escaqueaba de sus responsabilidades no tenía honor. Y eso iba más bien por los altos cargos, quería llegar pronto a ellos y demostrar su valía, pero las cosas no iban en su favor.

Se encontraba separando a una mujer de un hombre. La mujer tenía aspecto de alguien que superaba la mediana edad, el hombre, en cambio, no parecía más que un jovencito tratando de atracarla. De todas formas le había hecho falta sacar su espada para poder separarlos. Se quedó mirándolos con el rostro serio.

Las historias hay que contarlas por el principio. Reiko había llegado hacía tan solo un par de horas a Baristán. Su objetivo era permanecer hasta una semana e impedir que se extendiese la violencia y las revueltas de los ciudadanos contra el gobierno. Venía muy preparada y con las ilusiones de hacerlo bien, pero no esperaba que estuviesen tan mal las cosas.

Aquel día comenzó mirándose al espejo. Habían llegado al atardecer. Reiko apenas había dormido para pasar su primera noche en vela y en cuanto los rayos de sol empezaron a irse de la pequeña ventana que poseía en su camarote la muchacha se levantó y miró a su alrededor. Podía ver las luces de las casas encendidas. Le resultaba una estampa bonita.

Ya estaban atracando en el puerto. Reiko llevaba puesto una fina camiseta blanca de manga corta, bastante grande, con el símbolo de paz que realzaba sus pechos y caderas. Cogió su uniforme del baúl y se quitó la camiseta. No tardó mucho en colocarse la vestimenta apropiada dándose una vuelta ante el espejo. Pasó una mano sobre su cabello y bostezó. Tenía bastante sueño por culpa de la emoción de su primera misión.

Fue hacia la mesilla y recogió la diadema de brillantes. Entrelazó sus manos en el cabello hasta reunirlo y sujetarlo con el objeto. Se miró por última vez al espejo y fui hasta la puerta. Allí recogió su espada, una de sus posesiones más preciadas, y salió. Al llegar a cubierta había varios reclutas recibiendo las órdenes del capitán. Reiko se unió a las filas y, en cuanto llegaron todos, después de dar las explicaciones necesarias extendieron la pasarela. Ahí comenzaba su misión.

Reiko se quedó sola a la hora de vigilar las calles. El resto se habían ido en grupos de tres y de dos, no es que la muchacha no fuese sociable, simplemente le costaba encajar en un lugar así. Reiko pensaba que las cosas no serían tan difíciles, y más si acababa de llegar y era una simple novata. Se equivocó, claramente. Nada más atravesar una calle se topó con un muchacho amenazando a una mujer. Reiko corrió y sacó su espada interfiriendo entre los dos.

-¡Basta! – Su tono demostraba seriedad y, a la vez, algo de enfado. En su guardia no iba a dejar que ocurriese nada. El muchacho al ver la espada se resistió un poco y cesó sus amenazas. Reiko miró a la mujer.  –Puedes irte, yo me encargaré de él. – La mujer se lo agradeció y se fue de allí rápidamente. Ayanami guardó su espada sin perder de vista al muchacho. – Debería entregarte a la marina por lo que estabas haciendo. – La cara del chico tomó una expresión de miedo. – Pero no lo haré. Te dejaré ir con la condición de que no vuelvas a hacer nada así o iré a por ti. ¿Entendido? – El chico asintió y la marine, sonrió un poco. – Anda, vete.

Tras aquel incidente el maleante desapareció de su vista y Reiko siguió con su camino. La luna llena brillaba con fuerza así que le resultaba bien ver sin ayuda de la luz, cuando regresó al puerto vio una especie de sombra moverse. Con curiosidad, ella fue hasta allí para saber que estaba ocurriendo.
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Mensaje por Kaworu L. Nagisa el Jue 3 Mar 2016 - 21:37

Desde hacía bastante tiempo el candil estaba puesto con aceite en su interior y una pequeña llama iluminaba la estancia. Había continuado mis escritos durante un poco más y ahora los leía en voz alta.

"Tras unos días en alta mar en los que tuve que alimentar a aquel gañán, vi una niebla a lo lejos y entonces una fuerte tormenta me sorprendió. Jamás se me dio bien navegar y por ello me di cuenta de lo que significó tomar aquel bote de una forma tan precaria.

La tormenta nos cogió desprevenidos, la lluvia empapó nuestros ropajes y vi la luz originada creado por los relámpagos a mi alrededor, muy cerca de nosotros. Estaba en el centro de aquella vorágine en el mar, aunque, la suerte aquella mañana estuvo de nuestro lado. El fuerte impulso del viento y del agua nos alejó del rastro de destrucción de la tormenta y nos re-dirigió hacia nuestra ruta principal, o al menos a donde nos deparase el destino.

Llegué entonces a una isla completamente llena de restos de barcos, aquí, justo donde me hallo. Uní el barco a la costa con unas cuerdas y me aseguré de que los fuertes restos de los anteriores barcos no cediesen por mi barcaza. Cuando quise darme cuenta Ibarenko desapareció.

Dejé mi cómoda madera flotante de escape atada en aquellas circunstancias y me destiné a buscar a aquel maldito tipo, que rápidamente encontré, pero no estaba sólo, por desgracia."

Finalicé de escribir aquella parte del diario e inmediatamente lo guardé en el interior del baúl junto con las herramientas de escritura. Tomé el candil y me aseguré de que estuviese bastante bien cerrado, no sabía cómo de precario era el tiempo en aquella isla ya que tampoco había permanecido allí durante demasiado tiempo, por lo tanto no quería que me sorprendiese una lluvia repentina que me dejase a oscuras.

A medida que me alejaba de mi barca intentaba recordar el camino que estaba tomando, no me alejé de allí por un simple impulso, me movía el saber dónde estaba aquel garrulo. No tardé demasiado en visualizar a lo lejos una zona de luces, sitio que me extrañó ver. "¿Cómo puede ser que haya habido eso allí y no lo haya visto cuando llegué a la isla?" Pensé recordando que no había ni explorado ni además había visto la misma durante el día. Por lo tanto la curiosidad me hizo dirigirme hacia aquella zona, me dirigí con bastante precaución ya que no sabía de qué se trataba exactamente.

Tras caer varias veces escalando escombros de barcos, casi romper el candil contra el suelo y hacerme una herida menor de un resbalo en la rodilla conseguí acercarme lo suficiente para distinguir que lo que veían mis ojos era una zona habitada. Me quise aventurar a entrar en el mismo y a caminar por sus calles armado con un mosquete y una katana sin si quiera imaginarme que allí estaba la marina, pero era demasiado desconfiado así que me dirigí hacia la zona de la costa deseando ver qué barcos habían allí anclados.

Mi sigilo no era demasiado bueno y el estar en una superficie de maderas rotas de barcos tampoco ayudaba, así que allí donde ponía un pie significaba un crujido, además, el tener el candil encendido tampoco ayudaba demasiado a pasar desapercibido. Desistí la idea de caminar sigilosamente y recordé que no tenía recompensa (que yo supiese). Me dirigí por lo tanto hacia el interior de aquel sitio, pasando ahora por alto el ser silencioso pero tampoco pregonando mi llegada. Algo en mi interior parecía insistir en que allí encontraría a mi compañero de viaje, probablemente metido en líos por asesinato, poner su nombre en sangre por las paredes o quizá armando escándalo, cualquier cosa podía esperarse uno de él...

Tras recorrer varias calles y tomar lo que me parecieron "atajos" llegué hacia la calle principal del pueblo. Me quedé allí parado, sujetando un candil en mitad de la oscuridad, sintiéndome estúpido por no saber cómo continuar desde allí.
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Mensaje por Reiko el Vie 4 Mar 2016 - 23:40

La noche había resultado ser bastante fría. Reiko se cruzó de brazos mientras avanzaba por la oscura calle. ¿Qué estarían haciendo sus compañeros? Se preguntaba todo el rato. A ratos pensaba que debía haberse unido a ellos, por lo menos podía entablar una agradable conversación, pero para qué, nuestra chica era demasiado orgullosa. Puede que no encajase mucho con los reclutas, pero sabía que debía ayudarles si lo necesitaban. Era su obligación si quería mantener su código de honor. Este código era bastante estricto desde que se lo había propuesto y, aunque a veces no quería realizar alguna acción, se veía en la obligación. Solo así podía comprender tal código.

Reiko caminó con paso firme por aquel puerto. Nada más adentrarse en él un escalofrío la recorrió por completo como si un jarro de agua helada hubiese caído sobre ella. Se detuvo un momento y miró hacia su alrededor. Estaba rodeada de silencio. Escuchaba perfectamente los latidos de su corazón acompasados con el crujir de la madera de los barcos. Cuanto más avanzaba un hedor repugnante inundaba el lugar, le recordaba a la verdura pocha, pensó que lo mejor era irse a un sitio con claridad y más tranquilo, pero la curiosidad siempre era mayor, es algo que nunca llegaba a controlar del todo. Siguió avanzando un poco más, pero tuvo que detenerse por culpa del olor, el cual era más fuerte. Este emanaba de la madera podrida de todos los barcos encallados en Baristán. Reiko observó los restos desechados y cada vez se iban acumulando más.

La rubia pensaba que deberían limpiar todos los escombros, más bien por salud y, quizás, por futuros barcos. Este pueblo tenía un gran futuro, pero los problemas que padecía le impedían prosperar debidamente. Reiko suspiró y se dio la vuelta. La sombra de antes debió haber sido una alucinación suya, o algún animal abandonado en busca de pescado para poder alimentarse, aunque tal y como estaba el agua del mar en esa zona le resultaba extraño que hubiese vida en ella.

Respiró profundamente y salió de aquel infernal puerto. No tenía palabras para describir semejante horror. De todas formas el silencio la acompañaba en aquella noche en vela. El tacón de las botas de Reiko resonaba con eco cuando esta pisaba con fuerza sobre la piedra del camino. Caminó recto hasta salir del puerto y luego se dirigió a la calle principal. Allí vio a una persona con un candil, el cual alumbraba poco. Reiko sintió la necesidad de ir hasta él. Mientras llegaba, dedujo que se trataba de un hombre. Se quedó detrás apoyando su mano derecha sobre la empuñadura.

-¿Necesitas ayuda? – Inquirió con un tono imponente. - No es muy común ver a gente quieta a estas horas de la noche. - A Reiko le costaba fiarse.
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Mensaje por Kaworu L. Nagisa el Sáb 5 Mar 2016 - 0:43

Estuve durante un buen rato meditando la respuesta del problema que tenía ante mis ojos, "¿Qué hago...? ¿Hacia dónde voy...? ¿Dónde demonios estará el tío éste?" continué pensando para mis adentros sin darme cuenta de la presencia que había llegado a la zona, tan inmerso estaba que no me percaté del sonido de sus taconazos al caminar. Un fuerte escalofrío recorrió mi cuerpo y cuando quise darme cuenta escuché su voz.

-¡Aaaagh!-

Grité en mitad de la noche dando un fuerte salto que casi hace que se me caiga el candil de las manos, entonces me di la vuelta algo malhumorado y le grité.

-¡¿Se puede saber por qué das estos sust...!?-

Me detuve al ver que se trataba de un soldado raso de la marina, algo que quedaba más o menos claro por su vestimenta aunque al principio no reconocí el sexo del marine por la poca claridad. Al segundo escuché el crujir de las pisadas en las casas de los alrededores, los habitantes de aquella calle se estaban despertando por el jaleo formado y se asomaban por las ventanas para ver lo sucedido. Recé para que aquella mujer no me reconociese como un pirata.

-Pu...pu...pu...es... mi...mi...mi... no...no...m...bre... es...-

"Mierda tío, inventa algo rápido, no le digas tu nombre real." Pensé rápido tratando de no parecer muy sospechoso.

-Esbrenom...-

Susurré en voz baja recordando mis últimas palabras dichas pero al revés.

-¿Ha...ha... vis...to a... mm...mi... a...mi...go?-

Le volví a hablar sintiéndome estúpido, recordando el momento en el que Ibarenko le dirigió la palabra al mafioso lo que me hizo sentirme más estúpido aún. No quise abrir más la boca por el momento para no decir más de la cuenta. Inspiré una gran cantidad de aire y tras ello la expiré buscando relajarme. Me fijé de que aquel soldado se trataba de una mujer, una bastante bella para ser sinceros. Sin embargo se trataba de la marina y tendría cuidado con ella, sabía que el ir armado levantaría sospecha, algo que quedaba claro por su acción de mantener la mano en la empuñadura de su arma.
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Mensaje por Reiko el Lun 14 Mar 2016 - 12:05

El muchacho no se había percatado de la presencia de Reiko hasta que esta apareció detrás suya. Tanto fue el susto que incluso la joven se apartó un poco, pero volvió a acercarse a él. El ruido llamó la atención de las casas en las cuales comenzaron a verse movimientos de actividad nocturna así como unas voces por culpa de las personas. Reiko movió la cabeza de un lado a otro en señal de negación y se cruzó de brazos. No quería liarla nada más llegar, pero parecía que le iba a resultar imposible.

-Tranquilízate. - Pidió la joven rubia.

La muchacha se sorprendió al ver que el hombre se presentaba. Su nombre era Esbrenom. Arqueó una ceja al ver lo extraño que era, aunque no se había percatado de aquella manipulación de letras debido a que estaba inmersa en el nerviosismo del hombre. Escuchó atentamente su pregunta. De todo el tiempo que llevaba en esta isla sólo había visto a aquel maleante, no tuvo oportunidad de encontrarse con nadie. Apoyó sus manos en las caderas.

-Mi nombre es Reiko. - se presentó. - No he tenido el gusto de verle por aquí, acabo de llegar hace unas horas, pero puedo ayudarte a buscarlo. - Puso la mano sobre la empuñadura de la espada. - Es mi deber, al fin y al cabo.

A los alrededores se estaba formando más bullicio y algunas personas salieron a la calle. La joven rubia se giró para observar el ambiente. Las mujeres parecían asustadas mientras que algunos hombres estaban perplejos de lo que pudiese ocurrir.

-No ha sido nada señores, pueden regresar a sus casas. - Sugirió con una sonrisa. Se dirigió hacia Esbrenom. - Sígueme, te ayudaré a buscar a tu amigo por el pueblo. ¿Dónde lo viste por última vez? - Inquirió. Tras esto se puso a caminar a paso lento, para que el muchacho le siguiese el ritmo. El resto de las personas se habían adentrado de nuevo en sus casas aunque algunas se quedaban observando desde las ventanas.
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Mensaje por Kaworu L. Nagisa el Jue 17 Mar 2016 - 19:00

Me sentí un poco más relajado ante el hecho de no haber levantado "sospecha aparente" en aquella mujer, sin embargo, sabía que aquello sería ni más ni menos que el comienzo de un largo quebradero de cabeza, no me molesté en si debía caminar detrás de ella ya que salir corriendo levantaría aún más sospecha, quizás un "no se preocupe, lo encontraré yo mismo" habría sido la respuesta más correcta, en cambio, si hacía eso perdería la oportunidad de averiguar si Ibarenko había sido arrestado o no. No quise abrir el tema de conversación sin antes meditar profundamente las palabras, cualquier comentario fuera de lugar o que diese indicio a sospecha podría ponerme en peligro.

Me percaté del molesto interés del poblado en averiguar qué sucedía en la calle y digo molesto porque una interrogación a la fuerza no tendría lugar en esas condiciones, si por casualidad cometía la imprudencia de agredir a un marine ante la vista de tantas personas estaría cometiendo un error bastante grande. Me sentía bastante nervioso, demasiado, la situación no era para menos, desde luego, aun así el hecho de que ya tuviese una tapadera me proporcionaba una extraña relajación. De camino hacia el destino al que ella se dirigía me percaté del repugnante olor de aquella isla, el hecho de haber estado huyendo de la marina y casi haberme visto envuelto en un tiroteo de "yakuzas" no me había dejado apenas tiempo para pensar sobre ello, definitivamente me tapé la nariz con mi mano derecha, la que tenía libre, mi mano izquierda sujetaba el candil que iluminaba con levedad aquellas calles tan oscuras.

Un extraño ruido me despertó de mi estado de meditación, el grito de un hombre había sonado a escasos metros de nuestra posición continuando en la misma calle, la poca luz iluminaba la escena de un crimen. En el suelo un soldado raso de la marina yacía abatido, el marine se tapaba con dificultad una herida en el costado, al parecer había sido apuñalado por un hombre que se daba a la fuga.

- ¡Capturadlo! ¡Corred, es el criminal que estamos buscando!

Gritó con fuerza dejando caer por sus labios un torrente de sangre.

- Tsk...

Chasqueé la lengua con fiereza dejado el candil justo al lado del cuerpo del marine, entonces desenfundé mi amada katana con la mano derecha y corrí detrás del objetivo, Ibarenko era conocido por sus extraños asesinatos por lo que aquel probablemente fuese él, no me interesaba lo más mínimo que aquella mujer capturase a aquel tipo por la sospecha de quien podría ser, por esa razón el iría a capturarlo y de no ser su amigo lo entregaría a la marina.

- ¡Encárgate del cuerpo, iré yo a buscarlo!

Le grité a la marine siguiendo el rastro del asesino, sin embargo, no fui el único que le gritó una orden a la rubia.

- ¡Ve tras él! ¡Mi vida no es importante, es nuestro deber capturarlo, si él le toca siendo un simple ciudadano estará cometiendo una infracción!

Escuché la orden del compañero raso a la muchacha y deseé a mis adentros que ella cuidase a su compañero en vez de cumplir su deber, en el caso de que aquel asesino no fuese quien creía que era tendría una conversación con aquellos marines. No me costó seguir el ritmo al asesino quien poco a poco fue aminorando el paso y tomando caminos secundarios, finalmente, lo acorralé en un callejón en el que se había encerrado él mismo.

Ante mis ojos estaba presente una figura encapuchada de metro noventa de altura, complexión normal tirando para delgada aunque atlética, sus rasgos faciales estaban tapados por una capucha negra que le hacía sombra, sus ropajes eran simples, portaba una túnica negra anudada a la cintura con una cuerda y calzaba unas getta de madera. En sus manos portaba dos espadas cortas, lo que me llamaba la atención en su vestimenta era la extraña relación con la vestimenta de las sectas demoníacas por lo que pensé que pertenecería a una, algo que podría cuadrar en una isla no protegida por el gobierno mundial.

En resumidas cuentas, aquel no era Ibarenko por lo que me esperé una respuesta hostil por su parte, me posicioné en guardia alta de kendo flexionando con levedad mis rodillas, descendiendo la hoja hasta que desde mi vista quedase entre sus ojos y la empuñadura a la altura de mi ombligo, posicioné la mano derecha, la hábil, en la zona superior de la katana y la izquierda, la poco hábil, en la zona inferior de la empuñadura.

- Reza lo que sepas...

Me burlé de él deseando que le afectase de pertenecer a una secta satánica esperando una reacción ante la provocación, me percaté de que en su cuerda caía una daga metida en una vaina ensangrentada por las uniones, en resumen, el arma del crimen.
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Mensaje por Reiko el Vie 25 Mar 2016 - 22:06

Las luces de las casas del alrededor comenzaron a encenderse de nuevo, debido a que las familias habían regresado a sus casas. Parecían ser muy cotillas en este pueblo, pero la joven rubia no los culpaba, en el fondo ella también hubiese salido a preguntar que ocurría y si se necesitaba ayuda, no por cotillear como hacían el resto de ciudadanos. En el fondo nuestra chica era muy servicial, como siempre. Se giró mirando a ver si el muchacho la seguía o no, pero antes de poder comprobarlo un grito los envolvió a los dos.

Reiko fue hacia adelante apresuradamente. Se había olvidado del chico y de los ciudadanos durante unos segundos. Unos metros más adelante se encontró un compañero suyo, del cual se había separado en el barco. Se arrodilló y posó sus manos alrededor de la herida del hombre. Este tenía una apuñalada en el costado y de esta estaba brotando mucha sangre. Las ropas de color celeste se tiñeron de marrón por culpa del carmín de la sangre.

¿Un criminal? La joven rubia estaba perpleja, al parecer si que había bastante violencia en este lugar, creía que era solo una exageración. El marine le pidió que se dirigiese en busca del criminal que le había atacado. Reiko estaba paralizada al ver como la sangre brotaba y se sentía indefensa al no poder hacer nada. La voz del muchacho yendo tras el maleante alarmó a la joven rubia. Se encontraba en una encrucijada. Ayudar a su compañero marine o ir en busca del chico.

Reiko pasó una mano porsu hombro para ayudarlo a levantarse, este le pedía que fuese tras el muchacho, pero para Reiko primero era la vida de una persona. A lo lejos pudo ver un candil acercarse, y en cuanto tenía un ángulo de vista perceptible, vio que era otro de sus compañeros. Este le ayudó a mover al marine y lo apoyaron hacia una pared. El otro marine sabía algo de medicina así que podía hacerle un torniquete para evitar seguir perdiendo sangre.

-Iré tras el muchacho, no pueden haber ido muy lejos. - Comentó la marine. Tras eso, salió corriendo de aquella calle.

Llegó a unas zonas intransitadas en las que gobernaba en silencio. Reiko, con la respiración agitada, disminuyó sus pasos para ir en busca de los dos. Caminó durante un buen rato hasta que escuchó unas voces. Se coló por un callejón y desenvainó su espada. Sigilosamente llegó hasta ellos dos.

-¡Deteneos! - Ordenó la muchacha con un tono muy serio. - ¿Cómo te atreves a ir tras un criminal? Podría haberte matado. Y tú, ¿quién eres? - Exclamó acercándose. La búsqueda había sido difícil, pero por lo menos ya tenía en sus garras a los dos.
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Mensaje por Kaworu L. Nagisa el Miér 30 Mar 2016 - 19:02

La llegada de la marine a sus espaldas no le sorprendió, menos lo hizo aún aquellas palabras de... ¿Preocupación?, no entendía bien cómo me había visto enredado en aquella situación, sin embargo, no estaba dispuesto a enfundar mi arma frente a un enemigo. Sabía que llamar la atención frente a un marine podría no ser buena idea, sin embargo, no sabía cuán habilidosa sería su "compañera" para enfrentarse a un luchador como tal, tampoco conocía la fortaleza del mismo para ser sinceros.

Por un momento pensó en la idea de retirarse de aquella zona y dejar a la marine contra él, total, aquel no era su amigo y perdía el tiempo combatiendo contra él, sin embargo, podría sacar algo de información sobre la pregunta que inundaba su menta... ¿Qué hacía la marina en una isla en la que no tenía la obligación de ofrecer protección?, aquella pregunta le era un enigma, tanto que pensó en la posibilidad de que aquel barco que hubiese desembarcado fuese uno de los que trató de darles caza en Ohara, estaba bastante claro que habían llegado en barco por el simple hecho de que en aquella isla no existía ningún cuartel de la marina.

Chasqueó la lengua con fiereza y se apartó con levedad del camino dando dos pasos hacia la izquierda para así dejarle espacio para encararse con el objetivo.

- No estoy dispuesto a dejar que me maten, muchacha.

Le respondió a la primera pregunta sin moverse del sitio.

- No conocemos la fortaleza del enemigo, deberemos enfrentarnos los dos contra él.

Le intentó razonar sin apartar la mirada de él quien cruzó sus espadas cortas en el aire, frente a sus ojos, quizás buscaba intimidarles, en cambio, el enemigo no le respondió a la marine. La situación parecía estar volviéndose bastante tensa, sobretodo porque tanto Kaworu como el asesino rehusaron de obedecer a la marine.

El joven pirata esperó que la soldado se colocase de su parte sino estaría metido en un pequeño aprieto, entonces fue cuando se acordó de aquel soldado que había sido herido por el asesino, ¿lo habría dejado abandonado a su suerte, muriendo?
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