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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

De Visones va la cosa [Madara-Edrik]

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De Visones va la cosa [Madara-Edrik]

Mensaje por Invitado el Miér 27 Abr 2016 - 2:09

Era un nuevo día en Galuna. El dragón negro por fin había vuelto de su cansino viaje en Arabasta. Había logrado todo el poder que necesitaba por el momento y estaba bastante orgulloso de sí mismo. Lo único que lamentaba en el mundo, era no poder ser querido por la persona que él más apreciaba, su hermano pequeño. Hacía tiempo que no sabía nada de él, tan solo que planeaba infiltrarse en la marina el muy terco. La verdad es que a veces pensaba en cómo podían ser tan distintos. Uno era la maldita encarnación del mal, mientras que el otro simplemente se divertía disfrutando de los placeres de la vida. Últimamente estaba muy mosqueado con el gobierno, la muerte de Bisu le había jodido muchísimo. Era uno de sus hombres, aunque no tenía muy claro que el tiburón fuera muy fiel a él. Muchas veces no se atrevía a dormir cerca, pero aún así él era distinto con los suyos.

En aquellos momentos se hallaba sentado en la barra de uno de los muchos bares de la isla. Portaba un chaleco purpura que solía usar para algunas de las misiones. Unos pantalones negros y unas sandalias. En la espalda portaba una enorme funda, en la cual llevaba su enorme espadón. Un arma hecha de kairouseki que podía usar para joder vivos a los usuarios. No parecía estar de mal humor pero tampoco parecía estar feliz. Más bien poseía una expresión calmada. En su mano derecha había un vaso de ron con algunos trozos de hielo. – Señor Uchiha ¿Le pasa algo? – Dijo de repente el camarero mientras limpiaba uno de los vasos. El moreno en ese momento clavó sus rojizos ojos en aquel tipo y mostró una sonrisa ladeada. – Solo hecho un poco de menos a cierta persona. No es nada, si ves a alguno de mis hombres por aquí, diles que Madara les busca. Me he dejado el den den mushi en mi barco… – Mencionó simplemente mientras tomaba otro trago de aquella bebida.

El sitio no estaba a rebosar de gente pero tampoco vacío. Habría unas quince personas en total y en la barra unas tres. El moreno dejó un billete en la barra y guardó la cartera en el bolsillo derecho, portaba unos diez millones allí. Toda su inmensa fortuna no cogía en su cuerpo y por ello la tenía bien escondida. En cuanto se terminara la bebida pensaba ver un poco la cueva para comprobar que todo estaba bien. Si en esos dos años le habían ocupado el sitio, iba a tener que recuperarlo por las buenas o por las malas. En ese momento escuchó como uno de aquellos tipos no podía pagar su bebida, decía que no encontraba su cartera. El dragón soltó un suspiro y colocó otro billete en la barra. – No te preocupes, invito yo. – Aquel tipo le dio las gracias y le hizo una leve reverencia. Siempre solía tratar bien a las personas de aquella isla. No era un mal tipo, tal vez un poco cabrón con los que se metían en sus metas. Pronto iba a lanzar el reto a los demás shichibukais, no le convenía enemistarse con el gobierno debido a su puesto, pero un combate amistoso era simple diversión. Sus trucos ya los haría usando para ello a terceros, como había hecho hasta el momento.

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Re: De Visones va la cosa [Madara-Edrik]

Mensaje por Ichimura Hachiro el Miér 27 Abr 2016 - 6:01

"Esta vez me he pasado... ¡robar a un Shichibukai!" pensé, cargando mis pistolas y devolviéndolas a sus escondites con el seguro puesto. Cierto era que para alguien de mis habilidades, robar a un hombre por poderoso que fuese no debería ser particularmente complejo. Sí notoriamente más peligroso pero, ¿acaso no lo hacía eso más divertido? Por no hablar del gran premio que le esperaba. Nada más y nada menos que una akuma no mi... si aquella preciosidad caía en mis manos podría volverme rico o consumirla y obtener increíbles poderes. No podría volver a nadar pero, ¿no valía la pena? La gente que tomaba aquellas frutas se volvía increíble. Nunca había visto ninguna, pero había escuchado las historias y por lo que sabía el mismísimo Emperador había sido usuario de una, y se había valido de sus poderes en sus conquistas. Tenía muy claro que ambas opciones me valían la pena por igual, al fin y al cabo... ¿riquezas al momento, o riquezas a medio-largo plazo empleando la akuma? Para mi no había diferencia, no tenía prisa ninguna en obtener el dinero. El quid de la cuestión se hallaba en si quería o no consumir una akuma no mi.

Me hallaba en Galuna, la base del Shichibukai Madara. Tras visitar las aldeas y enterarme "discretamente" de la posición de la guarida, lo que viene a significar sobornos y mi habitual labia, me dirigí a las afueras y me dispuse a revisar todo mi equipo. Comprobé el buen estado de mis ganzúas, que mis armas estuvieran listas y afiladas y que la cuerda estuviera bien anudada al gancho y en perfectas condiciones. Por suerte parecía ser que no la iba a necesitar hoy, pues el refugio de Madara era una cueva. Bueno, por suerte o desgracia, dado que aquello no hacía si no volver aquella "pequeña" apuesta más arriesgada. No conocía la zona ni tenía tiempo para explorarla, por lo que si el Shichibukai regresaba me pillaría con los pantalones bajados metafóricamente hablando, claro. Tal vez literalmente si me paraba a echar una meada sobre sus pertenencias, lo que podía ser una gran anécdota que contar y un pequeño logro personal. Resumiendo: no tenía plan de huida, conocimiento previo de la zona y desconocía si había guardias o alguna clase de trampas. Una situación perfecta para acabar muerto.

Me llevó alrededor de dos horas de caminata llegar del pueblo a la base de la montaña donde se hallaba la cueva. El problema para que tardara tanto fue que desconocía el camino apropiado más allá de las indicaciones recibidas, y el terreno agreste me complicó un poco el avance. Aun así acabé localizando el lugar, el cual aparentaba ser una caverna natural perfectamente normal. Improvisé una antorcha con una rama, resina y corteza seca y la encendí con un mechero que le había cogido prestado a un tipo del pueblo. Tal vez lo echara de menos, pero culpa suya por llevarlo en el bolsillo. ¿A quién se le ocurría? Era como tentar a los ladrones para que se lo quitaran. ¡Eso era ir provocando! A lo que iba, con la antorcha en la siniestra y mi kukri en la diestra, me adentré en las profundidades de la montaña. El camino era amplio, pero el techo un poco bajo y lleno de estalagmitas. Un poco claustrofóbico para mi gusto; casi parecía que me estuviera metiendo en el interior de la boca de un monstruo gigantesco. Ahora me hace gracia mi ocurrencia, pero en el momento toqué el suelo y la pared para comprobar que era piedra. Tras mi breve y comprensible paranoia, me encontré en una gigantesca gruta en la que había una gran estatua de un hombre de nueve ojos en el fondo. A parte de esta, lo único que había era colchones con mantas, diferentes cachivaches de escaso valor como pesas, botellas que apestaban a licor, aperitivos y una enorme armadura roja. Era lo único que parecía caro, pero era demasiado aparatoso para cargarlo conmigo.

- ¡Vamos! En algún sitio tendrá que estar - murmuré para mi mismo, nervioso ante la idea de que Madara apareciera.

Tras rebuscar durante unos minutos entre las cosas sin encontrar nada más que bolsas de malvaviscos, botellas con todo tipo de bebidas alcohólicas (algunas bastante malas) y otras cosas sin valor, vi algo dentro de la armadura. Al momento supe que era lo que buscaba, pues se trataba de un cofre asegurado con cadenas. Sonreí, contento por mi logro, y apoyé la antorcha en el rocoso suelo. Saqué mis ganzúas y una daga, y tras comprobar el tipo de cerradura seleccioné la más apropiada y me dispuse a forzarla. La impaciencia y los nervios, provocados por la idea de quedarme sin luz en la guarida de un hombre peligroso, dificultaron la tarea. Hasta un profesional puede verse perjudicado por estos en situaciones de tal riesgo, y admito que sentí auténtico miedo. Sin embargo, finalmente escuché el ansiado "clic" y las cadenas se soltaron, permitiéndome abrir el cofre y observar mi deseado premio: una naranja amarilla llena de espirales moradas.
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Re: De Visones va la cosa [Madara-Edrik]

Mensaje por Invitado el Miér 27 Abr 2016 - 6:38

El moreno no tardó mucho más en tomarse su bebida para después ponerse en pie. Era la hora de pasearse un poco por su base antes de buscar a los demás. En ese momento el camarero le dedicó una sonrisa y además le dijo que volviese cuando él quisiera. El dragón asintió con la cabeza para después echar a caminar hacia el exterior. Justo cuando lo estaba haciendo, un tipo con un pasamontañas en la cabeza y con una pistola en la mano trataba de entrar. El shichibukai simplemente lo agarró por la cabeza con toda la calma del mundo y lo lanzó contra una fuente. El tipo quedó chorreando y se levantó lo más rápido posible, asombrado por la fuerza que tenía aquel hombre. Entonces se dio cuenta de que era el Uchiha y trató de dispararle. Las cinco balas rebotaron como si nada al entrar en contacto con una especie de barrera en forma de costillas azuladas.

El devastador entonces agarró un banco con una sola mano y lo lanzó contra aquel tipo de forma violenta. El objeto de madera impactó contra el criminal, dejándolo tirado en el suelo mientras sus ojos quedaban en blanco. El dragón entonces se acercó con toda la calma del mundo y se quedó mirándolo con calma. – En mi isla se hace lo que yo diga. – Una vez dijo aquello, le quitó el pasamontañas para ver su identidad. Se trataba de un simple joven de no más de diecinueve años. Frunció el ceño al ver a lo que se dedicaba con aquella edad y no dudó en lanzarlo contra unos arbustos. Le quitó la pistola y la hizo pedazos, no iba a consentir que atracaran a los hombres de la taberna sin motivo. De hecho tal vez le hubiese dado igual pero el arma de fuego no le convenció y una muerte no iba a permitirla en Galuna. Su propio hermano comenzó a matar incluso antes de llegar a los dieciocho, pero aquel enfermo era un caso aparte. Decidió no hacer nada más contra el joven y se puso en marcha a su cueva.

Alzó el vuelo usando su forma completa y comenzó a volar hacia su preciosa cueva. Debido a la rapidez del enorme ser, no tardó mucho en llegar. Bajó de forma calmada y en la entrada volvió a la forma humana. De repente alzó una ceja pues notaba un olor bastante raro. No se trataba ni de Nokotori, ni Qui Gon ni el niño. Alguien estaba en la cueva y su preciosa armadura allí con quién fuera. Se llevó ambas manos a la boca y abrió los ojos como platos. – ¡Mónica! – Una botella de alcohol carísima y muy complicada de comprar debido a su valor. El moreno corrió al interior a toda prisa, sus pisadas resonaban en todo el lugar. No tardó en llegar a la enorme cavidad y ver su armadura en el suelo. Pasó de ella y se acercó a una de las paredes. Lanzó un tremendo puñetazo atravesándola y haciendo un agujero considerable. Metió la mano empezando a buscar nervioso y se alivió cuando notó que estaba allí. La sacó con una expresión de felicidad y en ese momento se dirigió a por sus cosas pues era el momento de salir.

Se puso su armadura con toda la calma del mundo para después quedar un poco confuso. No estaba el cofre que les había robado a aquellos piratas. – Nokotori, serás cabrón. Te voy a meter un hostión que lo vas a flipar. – Mencionó entonces para después activar su mantra, tratando de localizar a aquel capullo amante del arroz. En lugar de eso detectó otra presencia que no conocía. Se quedó mirando fijamente al sitio en el que se escondía y alzó la ceja. – No jodas, el que esté ahí ¿No me habrás chorizado el cofre no? ¡Ah! Y los cinco billones de berries tampoco están. – Obviamente lo último era una trola pero si colaba… Sin esperar respuesta se puso en la entrada de la cueva para evitar posibles salidas y se cruzó de brazos mientras abría a Mónica y le daba un trago. – Vamos, me has pillado de buen humor, sal de ahí, puta. – Terminó de decir para después relamerse despacio.

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Re: De Visones va la cosa [Madara-Edrik]

Mensaje por Ichimura Hachiro el Jue 28 Abr 2016 - 0:05

¿Alguna vez has estado en una situación similar a una encerrona? ¿Conoces esa sensación de angustia cuando sabes que no tienes escapatoria? Como cuando eres niño y te escondes en el armario tras hacer una travesura, y escuchas a tu padre llamarte a gritos y la puerta de la habitación abriéndose. Pues bien, aquello fue mil veces peor. Cuando escuché el grito y el eco de pisadas apresuradas, entré en pánico. Comencé a pisotear la antorcha hasta que se apagó, cerré el cofre y agarré ambas cosas. Me di cuenta de que había luz en la estancia, aunque escasa, proveniente de agujeros en el techo. Parecía que iba a poder ver a pesar de apagar la antorcha, pues. Miré a mi alrededor buscando un escondrijo, rezando para que el tipo no me localizara. No viendo otra opción corrí lo más silenciosamente que pude tras la estatua y me agazapé, temblando. Entonces escuché un fuerte estruendo seguido de ruido de rocas rompiéndose y desmoronándose y luego, silencio. No se cuánto tiempo permanecí ahí, a la espera y en tensión. De fondo podía escuchar de vez en cuando sonidos metálicos, que fueron seguidos de una voz grave e iracunda.

No fue uno de mis momentos más gloriosos. De hecho no es algo que me guste recordar; he tenido momentos malos, pero rara vez me he acobardado tanto. Aunque nunca me había visto tan muerto como en aquella ocasión, todo sea dicho. Las palabras del Shichibukai, aunque intimidantes, carecían de sentido para mi, pues mencionó a un tal Nokotori y le amenazaba con darle un golpe. ¿Se creía que le había robado alguien de su tripulación? Extrañado, procuré no hacer ruido alguno y me mantuve escuchando a ver si por casualidad decía algo más. Y entonces pronunció las palabras que me hicieron morderme las uñas de frustración. ¡¿CINCO BILLONES?! ¿Y los había dejado escapar? Ay, lamenté mi estupidez y falta de ingenio largamente, y todo miedo fue sustituido por frustración. Poco me duró, pues en cuanto Madara me invitó "amablemente" a salir recordé mi situación.

Pensar que supiera exactamente donde me hallaba parecía... ¿ilógico? ¿Irracional? Pero en fin, ahora mismo tenía una fruta que poseía poderes sobrenaturales. Así pues, dejar al azar la posibilidad de que Madara pudiera o no estar marcándose un farol era arriesgarse demasiado. Dejó cuidadosamente la antorcha apagada en el suelo, y saquéí la akuma no mi de la caja. "Aun puedo salir vivo de esta, y llevarme un premio. Si muerdo la akuma y la devuelvo sin terminar al cofre, podré entregárselo y fingir rendirme. De un hombre como él dudo que pudiera escapar fácilmente, así pues debería intentar obtener su perdón. Y si las cosas se ponen feas, intentaré darme a la fuga." Mordí la fruta, y al instante sentí un sabor horrible, como si estuviera comiendo un cacho de pan podrido y manchado de barro. Tuve una arcada, y bastante seguro de que esta me había delatado, tragué y devolví la akuma al cofre dejando el lado mordido boca abajo.

- V... voy. Estoy desarmado, no me ataquéis por favor. Me rindo.

Bajé la tapa y salí de mi escondite, con el recipiente en las manos. Madara resultó ser... impresionante, cuanto menos. Era un hombre bastante alto y con una larga cabellera negra. Sus ojos rojizos, la armadura y la impresionante guadaña de su espalda contribuían a darle aquel aire de poder. Definitivamente no era alguien a quien quisiera molestar, aunque aquella pesada coraza posiblemente limitaría sus movimientos. Tal vez fuese factible una huida después de todo. Como suelo hacer en esa clase de situaciones, aproveché el instante para trazar mi plan de huida, fijándome en cuáles de los diferentes cachivaches que había tirador por el suelo podrían serme útiles, y cuál sería la ruta más corta entre los colchones y objetos hasta el pasillo evitando a Madara. Le tendí el cofre, fingiendo una expresión de temor reverencial, y una vez lo hubiese cogido retrocedería un paso. Un brillo atrajo mi atención, y entonces me percaté de un agujero en la pared, junto al que había un montón de rocas como si hubiese sido... ¿demolido? En el interior había una única botella. ¿Madara había entrado pensando que buscaba aquello? Igual el gran tesoro no eran la akuma y los berries...
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Re: De Visones va la cosa [Madara-Edrik]

Mensaje por Invitado el Jue 28 Abr 2016 - 21:21

El moreno escuchó un sonido extraño, le recordaba a cuando los borrachos bebían más de la cuenta y estaban a punto de vomitar. Esperaba que aquella persona no llenase la parte de atrás de su estatua de trozos de chorizo o algo así. Le había molado muchísimo y si alguien la manchaba le pensaba obligar a limpiarla o al menos a intentarlo. Esperó pacientemente a que aquella cosa o persona saliese de allí de una vez. Su expresión era seria pero para nada violenta, no iba a atacar si no resultaba atacado. Tan solo esperaba que no se le hubiese colado en la base otro agente del gobierno, tal y como había pasado hacía ya un par de años. El puto Etsu jugó mal sus cartas contra Madara y fue pillado a los dos días de su ingreso en Kyofu. Por suerte o desgracia, falleció en la batalla contra los Trilobites, el dragón se ahorró el trabajo de erradicarlo pues sabía demasiado. En los últimos meses había conseguido ser mucho más fuerte y además con el abandono del Zafiro, ahora él era uno de los shichibukais más fuertes. Tal vez se atrevía a decir que el más bruto, pero había un par que le llamaban la atención, como Yazori.

Dejó de pensar en aquello y se centró en la estatua demoníaca de nueve ojos. En ese momento salió un tipo algo más bajo y que decía rendirse. En su mano poseía el cofre y no tardó en entregárselo. El devastador lo tomó con tranquilidad y se dio cuenta de que habían forzado el candado. Lo abrió y pudo ver la fruta en perfecto estado, acto seguido cerró el objeto con toda la calma del mundo. No se había dado cuenta de que le faltaba un pedazo debido a la posición de la fruta. La dejó en el suelo y se quedó mirando a aquella persona a los ojos. Tampoco iba diciendo por ahí cual era su cueva, aquel hombre quizás no tenía culpa de haber encontrado casualmente aquel sitio. De hecho a lo mejor podría haber pertenecido a otro tío en vez de a él. De todas formas debía hacerse respetar y alzó la mano hacia arriba. La luz que entraba por los agujeros del techo empezó a disminuir, debido que el dragón acababa de oscurecer los cielos. Ahora se veía con más dificultad pero al menos podía verse y no necesitaban luces ni fuego. Ahora venía la parte divertida, entablar conversación con aquel hombre y saber un poco sobre él.

Lo que al Uchiha le impresionó fue su sensatez. Horas antes un capullo de cabellos rubios y ropas marrones, le había atacado pese a haberle dicho que era un Dios. Se había llevado su colleja correspondiente. En Arabasta a todos los enemigos del reino les dio por intentar atravesarle con espadas, lanzas y demás. Pensaba que la gente no lo tomaba en serio, pero aquel tipo parecía ser distinto. Tomó la botella Mónica con suavidad y se la tendió al hombre tras dar un paso al frente. – Tranquilo, socio. Soy el shichibukai, Uchiha Madara. Esta es una de mis casas por así decirlo. Dale un trago a esa monada… – Una vez dijo aquello metió la mano en el bolsillo y sacó un den den mushi. En ese momento se quedó pensativo pues no sabía a quién llamar. Su hermano probablemente tendría otro número, Bisutomaru estaba muerto y Kedra quería matarle. Sus hombres seguramente continuarían entrenando. Soltó un suspiro y lanzó el caracol a un lado. Acto seguido empezó a caminar hacia el exterior de la cueva, haciéndole una señal a aquel tipo para que le siguiese a fuera y no se quedara dentro.

El tiempo ahora estaba bastante malo debido a la habilidad del dragón, igualmente tampoco era para echarse a llorar. – No había cinco billones ni de coña ¡Jajajajaja! Todo el dinero lo guardo en otro sitio. Por cierto ¿Te vienes conmigo a ver a unas amigas? – Le mencionó entonces el moreno mientras sonreía de lado. Se sentía un poco solo y no le iba a venir mal compañía femenina y de paso con un posible socio. El mero hecho de no ser atacado por él, ya le hacía confiar un cinco por ciento más que en el resto. – También me gustaría saber tu nombre. – Dicho aquello empezaría a andar por el bosque hacia el pueblo. Obviamente si el tipo no le seguía se frenaría pues temía que tratase de chorizarle más cosas. No sabía nada sobre él y pensaba que era un ciudadano perdido, aunque para el Uchiha, tenía toda la pinta de un cazador. No sabía el por qué de aquel pensamiento, pero le venía a la mente.

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Re: De Visones va la cosa [Madara-Edrik]

Mensaje por Ichimura Hachiro el Mar 17 Mayo 2016 - 2:32

Mi primer encuentro con Madara fue... intimidante, cuanto menos. En aquel entonces aun no era consciente de que aquel hombre y yo íbamos a hacer buenas migas, y que sería un gran compañero de negocios, con lo que es de entender que hasta un genio del noble arte de salir por piernas como yo estuviese un poco inquieto. De hecho en el momento en que el Shichibukai alzó su mano y la escasa luz que entraba del exterior disminuyó, mi viente sintió la imperiosa necesidad de liberarse de algo de peso. Vamos, que me estaba cagando de miedo, hablando en plata. Entonces el tipo se acercó, botella en mano, y justo cuando estaba a punto de disponerme a lanzarle una daga a modo de distracción y salir disparado hacia la salida me tendió el licor. Como es lógico eso me dejó confuso, anodadado, atontado si lo preferís. No contento con pisotear mi orgullo logrando sorprender a alguien que vive de confundir a otros, coge el tío, ¡y me invita a beber un trago! Obviamente desconocía aun que el ofrecimiento de Madara era sincero, y no pude evitar desconfiar de él.

- ¡Os agradezco la oferta, oh poderoso Shichibukai! Pero tristemente he de rechazarla. Mucho me temo que la comida me ha sentado mal...

Vaya elección más torpe de palabras por mi parte. Hasta los profesionales cometemos errores en momentos de tensión. Al momento fui consciente de que aquello podía ser interpretado como náuseas tras comer la akuma, lo que podría desencadenar que el Shichibukai revisase el contenido del cofre. Si este lo hacía y descubría que la fruta había sido mordida, estaría en serios problemas. Sin embargo era consciente de que debía actuar con normalidad, seguirle la corriente e intentar averiguar sus intenciones al tiempo que buscaba una manera de huir. Nuevamente Uchiha me sorprendió con su siguiente reacción, si bien no tanto como antes. Esta vez se rió y dijo que esos cinco billones no existían. Una sensación amarga me invadió, por un lado por haberme dejado engañar y por otro porque he de reconocer que aun albergaba esperanzas de echarle mano a un fajo o dos de billetes en mi huida. Así pues, dejé de registrar disimuladamente con la mirada el lugar como había estado haciendo hasta ahora, y me centré totalmente en mi huida. Notaba algo raro en la zona de la nariz... un extraño picor. Contuve las ganas de frotarla y contesté a la pregunta de mi amable captor.

- Sería todo un placer acompañaros, caballero, aunque mucho me temo que no tengo nada suelto para invitaros como correspondería tras mi poco honroso acto invadiendo vuestra... - dudé sobre qué palabra decir... como pobre había vivido en toda clase de lugares insalubres, pero, ¿un Shichibukai llamando hogar a una cueva? ¿Cómo era que no se había instalado en una mansión? - casa.

Si Madara hubiese deseado hacerme prisionero o matarme, podría haberlo hecho ya. Eso no quitaba que pudiera tener alguna clase de plan en mente, pero en todo caso el viajecito por el bosque sería el momento perfecto para... un momento, ¿por qué estaba la habitación agrandándose? ¿Y por qué había crecido Madara varios metros, además de aumentar repentinamente la luz? Involuntariamente solté un chillido... el más agudo y extraño que había emitido en toda la vida, y acto seguido salí corriendo a cuatro patas entre las piernas del Shichibukai y me alejé a toda velocidad a la salida, sin reparar en que acababa de transformarme... ¡en un animal! Para cuando me di cuenta, decidí que no era momento de pararse a pensar en qué ocurría y aceleré el trote, huyendo como alma que lleva el Diablo.
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Re: De Visones va la cosa [Madara-Edrik]

Mensaje por Invitado el Mar 17 Mayo 2016 - 4:43

El hombre al final no aceptó el trago de aquella bebida. Tal vez se pensaba que estaba envenenada o algo por el estilo. Tenía cierto sentido al ser un desconocido, de todas formas, así el dragón tocaba a más para él. Aquella botella podía llegar a valer muchísimo dinero, debido al buen alcohol que tenía dentro. Había oído a personas pujar incluso un cuarto de millón por ella. Sin embargo, aquel ejemplar era solo suyo. Por suerte el pequeño Ragerok no se la había robado. Teniendo en cuenta el escondite, también era normal que no la hubiese descubierto antes. Lo que más tenía preocupado a Madara, era la opción de que aquel hombre tuviese que hacer sus necesidades en la cueva. Si estaba mal de la barriga, podía ser un peligro. De hecho cuando un miembro de Kyofu debía ir al baño, tenía que correr al pueblo. La mayoría de las veces, aquello resultaba un cachondeo.

El tipo no tardó en afirmar que no tenía dinero para invitarle, cosa que por el momento le daba lo mismo. Después de su buen trabajo en Arabasta, tenía suficientes fondos como para comprar cien barcos o más. No se iba a morir por invitar a un hombre a comer. De todas formas, estaba mal de su estómago y tal vez pedía pocas cosas. A veces no entendía como podía ser tan tacaño y del día a la mañana tan generoso. Le daban distintos “ataques” de personalidad cuando se aburría. Cualquiera podía tildarle de bipolar o algo el estilo, aunque sinceramente, le daría totalmente lo mismo. Tenía cosas mejores en las que pensar. No se iba a poner a llorar por qué la gente dudara de su capacidad mental. Las personas de Galuna sabían de sobra que era un tipo agradable y protector. Al menos aquello les daba a entender a ellos para ganarse su confianza.

Justo entonces pudo ver algo extraño. El sujeto frente a sus ojos, se había transformado en un jodido bicho peludo. De repente salió corriendo entre sus piernas, a una velocidad considerable. El moreno alzó una ceja, quedando confuso unos cinco segundos. – Joder ¿era un usuario? – Susurró al mismo tiempo que un escalofrío le invadía. Tuvo un mal presentimiento y caminó hasta el cofre. Lo abrió de nuevo y pudo ver la fruta intacta. Si llegaba a comérsela, podía haber muerto al poseer ya una. Entonces suspiró y la cogió con toda la calma del mundo, dándose cuenta de la realidad. Una gota de sudor bajó desde su frente hasta su mejilla. – Qué cabrón… – Dijo en ese momento. Lanzó el objeto contra una de las paredes y miró a la entrada, era el momento de jugar un poco. Si se había comido el tesoro del mercenario, iba a tener que pasarlo un poco mal o al menos compensarle.





Madara cerró los ojos para después comenzar a cambiar físicamente. Su piel se volvió escamosa y totalmente negra. Su cuerpo empezó a crecer de forma rápida. De su espalda surgieron un par de alas y de la parte baja una enorme cola. Se colocó a cuatro patas y de su cabeza salieron dos cuernos. Su hocico se alargó y sus dientes crecieron. Estaba en su forma completa. Salió disparado contra una pared, haciéndola pedazos y soltando un enorme rugido. – “Hostia, la entrada” – Pensó al ver como un pequeño derrumbamiento sucedía. Se había emocionado demasiado. Ahora trató de localizar al pequeño ser, por desgracia no se había quedado con su presencia. De modo que empezó una pequeña caza, sobrevolando los bosques y lanzando cañonazos de ácido a zonas al azar. No pensaba que hubiese personas por allí. – ¡Sal de ahí! ¡Juguemos juntos un poco! – El enorme monstruo reía y lanzaba rugidos de vez en cuando, tratando de darle emoción a la cosa.

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