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¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

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¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Dharkel Asrai Nymraif el Mar 4 Abr 2017 - 0:13

¿Cómo diablos había acabado aquí? Lo último que recordaba era estar en compañía de una mujer joven y… ¿pelirroja? No podría afirmarlo con seguridad. También recordaba una extraña figura humanoide en la lejanía, aunque lo más probable es que hubiese sido una alucinación producida a raíz de algún tipo de droga que la mujer me había suministrado. Sí, tenía que ser eso. La alternativa me aterraba…

- Perfecto, simplemente perfecto… - me dije a mí mismo, irónico, casi en un susurro.

Unos grilletes de acero se aferraban a mis muñecas, negándome la libertad que tanto anhelaba. Las rejas y la amplia seguridad tampoco ayudaban a mi causa. Al menos entraba algo de luz desde un pequeño orificio en la pared. Si algo había aprendido de las diversas cárceles del mundo en las que había tenido el honor de pasar alguna noche, es que siempre podía ser peor. Al menos las ratas se habían negado a mostrar su presencia.

En la sala, por llamarlo de alguna forma, tan solo había otro prisionero conmigo. Éste parecía temeroso, como si fuese su primera vez. ”Novato…” – pensé.

- Tranquilo, en un par de días nos liberarán. No es conveniente para las arcas del estado mantenernos demasiado tiempo encerrados. Suponemos un gasto que no pueden permitirse – argumenté con la intención de calmar los ánimos del hombre.

Minutos después, varios uniformados se presentaron ante la puerta, abriéndola.

- Bien, este es el siguiente – dijo uno de ellos mientras miraba a mi silencioso acompañante.

Dos de sus compañeros se internaron en la celda y sin demasiada dificultad se lo llevaron a rastras. El tercero de ellos me inspeccionó detenidamente con la mirada y se marchó echando de nuevo la llave. No había sido una mirada precisamente larga o inquisitiva, sin embargo, me dio la suficiente información como para saber que mi integridad física corría grave peligro. O al menos así lo había juzgado en mi interior. No tenía mucho tiempo que perder.

Cavilé detenidamente mis opciones para proceder con la fuga. Aún continuaba encadenado, pero porque yo así lo deseaba. No me convenía despertar sospechas, y mucho menos delatar mis capacidades sobre humanas. Había considerado la opción de pedir un pollo como alimento y aprovechar los finos huesos para forzar las cerraduras. No obstante, ¿qué probabilidades había de que me concediesen tal petición? ¿Y emprender la huida con las manos desnudas? No duraría mucho ahí fuera, no sin mis armas.

Muy a mi pesar, la única opción viable que tenía para salir indemne de allí era usar el poder de la Yurei Yurei no mi, aunque conllevase grandes riesgos. Si me descubrían, no debía dejar testigos, pero primero debía descubrir dónde habían dejado mi equipo. Esperaba que hubiesen tratado la reliquia con sumo cuidado.

Me puse en pie y me le dirigí unas palabras al funcionario más cercano:

- Disculpe estimado caballero, en el hipotético caso de que consiguiese forzar los grilletes, la puerta y pasar por tamaña seguridad, ¿dónde debería ir para encontrar mis posesiones?

- ¡¿Te estás burlando de mí?!

- Para nada. Jamás me cuestionaría vuestra eficiencia. Sería un necio si intentase algo tan absurdo. Es meramente una curiosidad. ¿Podrías concederle esa última voluntad a un pobre mendigo?

El guardia se mostró vacilante durante unos segundos.

- Supongo que tienes razón. De todas formas, jamás saldrás de aquí. No al menos con vida – puntualizó -. Todas las pertenencias de los presos se guardan en un almacén del sótano.

- Y ese sótano, ¿se encuentra muy lejos de aquí?

- Para nada, está justo un par de plantas por debajo. ¡Ahora cállate y deja de molestarme si no quieres que tu siguiente comida sea una papilla!

A veces me preguntaba si la profesión de guardia de prisiones era tan aburrida y solitaria como para intercambiar palabra con un recluso. Yo personalmente, de estar en su lugar, me habría mantenido en silencio. Poca gente comprendía que no se debe subestimar a alguien por su apariencia, y mucho menos, que la información era uno de los mayores poderes que residían en nuestro mundo… al menos en el mío.

Sin perder más tiempo, concentré mi energía y pasé a la forma completa, la cual me otorgaba invisibilidad y lo que era más importante, la capacidad de pasar a través de los objetos sólidos. Nunca me había gustado la sensación que ello conllevaba y probablemente nunca me acostumbraría. Era como si te removiesen el alma y la sustituyesen por un vacío frío, asolador, incapaz de encontrar el calor de la vida.

Intentando hacer caso omiso de aquel oscuro sentimiento, me “zambullí” en el suelo y continué así hasta que llegué al sótano. Frente a la que consideré la puerta del almacén había apostados dos vigilantes, perfectamente armados y firmes.

“¿Acaso no se relajan nunca? Ni que hubiese alguien vigilándoles…” – pensé.

Me acerqué a ellos rápidamente, volviendo a la forma humana en el momento justo para arrebatarles las espadas y perforarles el estómago con ellas. Una vez postrados en el suelo, agonizantes, deslicé el filo por sus gargantas ocasionando un gran charco de sangre.

- No puedo dejar testigos – dije casi a modo de disculpa. Aunque ya no había nadie allí para escucharme.

Cogí el manojo de llaves de uno de ellos y abrí la puerta con cautela. Como bien me habían enseñado el paso de los años, y la experiencia. Nunca sabías dónde podía haber una trampa oculta. Por suerte, no había ninguna.

Tardé más de lo que me hubiese gustado reconocer en salir de allí. Nunca debías desaprovechar una oportunidad como aquella para hacerte con un botín extra, por poco que fuese como era el caso. A parte de mis posesiones tan solo encontré un juego de dados y varias joyas brillantes que debería tasar con más calma. También me apropié de un par de dagas, una para cada bota. Debía viajar ligero y no podía llevar todo el arsenal conmigo, por mucho que me hubiese gustado.

Ahora solo quedaba una cuestión por resolver. Un medio para salir de la isla sin ser visto o perseguido.

Volví a concentrar mis energías para pasar a la forma fantasmal y así poder salir de la prisión sin mayor problema. El problema era que no sabía durante cuánto tiempo tendría que mantenerla operativa, y el gasto energético que aquello supondría.

Vagué por la playa durante varios minutos que parecieron una eternidad. Y todo para pasar desapercibido. Finalmente divisé un barco en un puerto no muy lejano. Haciendo acopio de fuerzas volé hasta él y me interné en su bodega. Una vez más, me tocaba viajar de polizón.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Syxel el Miér 5 Abr 2017 - 2:16

Apenas habían pasado unas horas desde la salida del sol cuando vi nuestro barco aparecer en el horizonte. Un par de horas después ya se encontraba atracado en el puerto que habíamos acordado. Elegí ese lugar por su discreción, ya que se encontraba convenientemente alejado de los principales focos de población de la isla, lejos de miradas curiosas. Después de todo, mi estancia en Síderos ya había durado más de la cuenta.

Esperé en el mismo muelle hasta que la embarcación estuvo debidamente amarrada y los hombres colocaron el tablón. Antes de subir, di un último vistazo atrás y sonreí. Había presenciado algunas cosas realmente extrañas en ese lugar, sorprendentes incluso para los estándares a los que estaba acostumbrado. Y, aunque en general la experiencia no fue como esperaba en un principio, podría considerarlo un viaje satisfactorio. Así pues, despidiéndome en silencio y esperando no volver jamás, recorrí la pasarela seguido de Noah.

En cuanto puse mis pies sobre la cubierta, notando bajo ellos el leve balanceo que la marea provocaba, sentí como una sensación reconfortante recorría todo mi cuerpo. Satisfecho, recorrí el lugar con la mirada, buscando entre la tripulación algunas caras en concreto. El primero en el que reparé fue Balagus, lo contrario habría sido difícil, pues medía más de el doble que cualquier otro de los allí presentes. Intercambiamos una mirada y ambos asentimos. Siempre me ha resultado curioso cómo él, más que cualquier otro, me entendía siempre sin necesidad de intercambiar palabras. Continué avanzando hasta encontrarla, de pie junto al timón, clavándome esa mirada amenazante que tanto me gustaba. Me acerqué a ella y le ofrecí la mejor de mis sonrisas.

- Vamos, no ha sido para tanto - me excusé con tono relajado. - Solo hemos estado fuera un par de semanas, y al final parece que todo ha salido bien. Además, Nassor sigue fuera por mi encargo, seguro que has disfrutado estando al mando. Puedes dar órdenes a todo el mundo, y poner nervioso a Jish, ambos sabemos que eso te encanta.

Durante apenas un segundo me pareció ver en su rostro un atisbo de sonrisa. De hecho estaba casi seguro de que, aunque durante un breve instante, había sonreído.

- Te has reído, me he librado - añadí.

Sujeté la punta frontal de su sombrero con un par de dedos y tiré de ella hacia abajo, descolocándoselo con el único fin de hacerla rabiar un poco. Luego eché a andar de nuevo.

- ¡Muy bien muchachos, vayámonos de aquí antes de que me haga viejo en este puerto! - grité a pleno pulmón, asegurándome de que todos los presentes pudiesen oírme. - Si alguien me necesita, estaré en mi camarote.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Airok Bonny el Miér 5 Abr 2017 - 16:16

Y ahí estaba por fin... Cómo odiaba quedarme al mando de toda aquella panda... la de trabajo que me daban...

Durante toda la travesía me había mantenido junto al recluta que mejor sabía navegar, para asegurarme que no hiciese de las suyas y respetase el rumbo, pero una vez había llegado Syxel, con una mirada ordené a aquel hombre a que se retirase, ya lo había tenido su olor y su espantoso léxico cerca de mí el tiempo suficiente. No lo aguantaba más.

Como siempre, al acercarse a mí trató de quitar hierro al asunto y si, teniendo que darle la razón, era cierto que me encantaba poner nervioso a Jish, a veces incluso lo hacía a propósito. Se me escapó un resoplo de aire a modo de carcajada que, por supuesto, él había sabido interpretar y le agradecí sus palabras amables evitando cabrearme demasiado cuando me descolocó el sombrero.

Puse mis ojos en blanco, cogí aire, y tomé posición esperando sus indicaciones para el siguiente puerto.

Esperé a que terminase de hablar con la tripulación y fue entonces cuando me dirigí directamente a él para preguntarle sobre su estancia en la isla, aunque no sabía muy bien cómo formular la pregunta

-- Tu querida tripulación es un auténtico circo... son todos una panda de salvajes-- Me miró entonces con un aire burlón y con cara de que se esperaba mi comentario.

Tras quedarme unos segundos callada me decidí por preguntar directamente

-- Ha ido bien supongo, estáis aquí... --

-- Ya te lo contaré luego-- Me respondió, a la vez que me dedicaba una sonrisa.

Esbocé en mi rostro el gesto más amable que podía esbozar en general. Sólo necesitaba saber que estaba bien y por lo que estaba comprobando, no tenía de qué preocuparme.

Caminé entonces por la cubierta buscando alguna zona lo más solitaria posible. Al estar al mando durante las anteriores semanas, no había podido despejarme ni un minuto. ya que los reclutas necesitaban órdenes constantemente... y a veces me daba la impresión de que Jish no terminaba de ayudar y de involucrarse del todo... " Entiendo que tal vez yo sea difícil de entender y de pillar cuando estoy o no de malas, pero en tanto tiempo... ¿no debería ya de saber cuando le toca a él ponerse las pilas? Parece que sólo está alerta cuando está Syxel, y cuando no me parece que se pierde"

-- Quizás todo funciona porque él tiene ese punto de carisma y liderazgo que hace que funcione -- Continué mis pensamientos en alto, ya sólo me escuchaba el viento

Pero a pesar de todo, tenía muy claro que me necesitaba, y que esto conformaba el mejor equipo del que yo podía formar parte. "No viene mal un poco de carácter"

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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Balagus el Miér 5 Abr 2017 - 18:04

Aspiré aire profundamente y dejé caer sobre mi gaznate un generoso trago de cerveza de la jarra que me había servido hace escasos momentos. Una jarra del tamaño de una cazuela, si es que acaso no era una en realidad.

Los detalles no importaban. Jish había tratado de tranquilizarme asegurándome que ya estábamos cerca de la costa, pero que se me llevaran los demonios si algún día me fiaba de aquel hombre. El alcohol, por el contrario, era un arma más segura y eficaz contra mi fobia al agua, y sentir el peso de una de mis hachas amarradas en mi espalda me confería cierta confianza. Aunque no esperábamos problemas, la experiencia me había enseñado que todo lo referente a Silver implicaba imprevistos de una u otra forma.

Por fortuna, sí estábamos donde me aseguraron, y sólo tuve que concentrarme en la cercana masa de tierra para olvidarme del horrible horizonte acuoso que había por detrás. Tan pronto como el barco hubo atracado, ayudé a echar el ancla y colocar el tablón desde nuestro lado. Bebí otro trago de cerveza antes de que el capitán subiera al navío y le mantuve la mirada unos segundos cuando pasó frente a mí. Por lo que veía en sus ojos se me ocurrían muchas cosas que decirle, y ninguna de ellas agradable. Sin embargo, todo lo que hice al final fue asentir con él y limitarme a beber de nuevo de mi jarra.

De tantas experiencias y turbulentas emociones que podrían sacudir al extraño pirata que nos dirigía, la única que me había transmitido era hambre. Mucha hambre.

Inicié el proceso de partida, pues no dudaba en que Syxel, ahora hablando con Airok, deseaba salir de allí lo antes posible. Recogí el ancla y retiré la pasarela del puerto usando mi fuerza natural, de forma que cuando se ordenó nuestra partida sólo quedaba extender las velas y maniobrar el navío. Tareas que dejé a los demás mientras me internaba en los camarotes, huyendo discretamente de la presencia del océano. Al menos todo lo discretamente que podía un tipo de mi envergadura.

"Hora de comprobar nuestra despensa. Espero que no hayan vuelto a asaltarla otra vez, estos bastardos tragones..."

Con esta idea bajé a la bodega, terminándome la cerveza en el camino. Los pasillos me resultaban demasiado pequeños, y casi siempre tenía que avanzar agachando la cabeza y ocupando todo el ancho disponible, mas el trayecto era rápido y directo y yo, gracias a los dioses, no padecía claustrofobia.

El olor de las carnes secas y en conservas, junto al de las diversas especias, pescados, frutas y verduras me saludó cálidamente nada más entrar en la bodega de carga. Para mi desagrado, la despensa junto a la cocina del barco era demasiado pequeña como para que yo cupiera y menos aún para que entrasen allí todas las reservas que yo hubiera querido guardar, por lo que guardábamos todo allí abajo con cierto caos pero no sin un mínimo orden, que yo mismo había impuesto con tal de poder controlar los accesos indiscriminados y no autorizados.

Vagabundeé un poco por la estancia, buscando algo que me apeteciera cocinar hoy, cuando algo extraño me hizo detenerme de golpe. Un leve olor, algo que a cualquier otro se le habría pasado por alto, me advirtió de que no todo andaba como debiera en el lugar. Con cautela, solté el hacha de su sujeción y la porté en la derecha mientras me movía despacio entre el cargamento, buscando el intruso que, a juzgar por lo que ya sabía de otras ocasiones, no se trataba de ninguno de mis compañeros.

- Dónde estás, pequeña rata... -Murmuré para mis adentros con un hilo de voz apenas audible.

Un breve movimiento al fondo de la bodega, entre las cajas y sacos desperdigados, me guió al instante. Mi presa parecía haberse dado cuenta de que estaba siendo cazada, y buscaba la salida a toda prisa. Desgraciadamente para ella, mi altura no sólo me hacía más fácil de ver, sino que me daba una posición ventajosa por encima de casi todos los cargamentos.

Usando toda mi fuerza, salté con un par de zancadas hasta la posición del intruso, sorteando sin dificultad todos los pequeños obstáculos a mis pies. Escondido detrás de unas cajas encontré el origen del pestilente olor que al llegar había detectado: un hombre harapiento y sucio con pinta de haber pasado sus mejores días sin haber visto la luz del sol. Ni ninguna luz, de hecho. Y posiblemente sin comer más que pan enmohecido.

Era una imagen verdaderamente lastimera y penosa. Si en aquel momento no estuviera enfurecido por ver invadida la bodega donde guardaba la comida, tales sentimientos habrían conseguido que tirase al polizón por la borda sin más.

Pero todo lo que deseaba en ese momento era descuartizar a aquel pobre diablo y comérmelo a la brasa. Y el bramido que le pegué pareció estar de acuerdo con la idea.

Describí un arco descendente con mi hacha, justo donde se encontraba su cuello, mas esta sólo encontró la dura y gruesa madera de una caja próxima, a mi derecha, al final de su trayectoria. El humano había desaparecido entre mis piernas, rodando en una imprevista muestra de agilidad, y huía entre tambaleos hacia la salida con relativa rapidez.

Tiré de mi arma para sacarla, pero ella había decidido clavarse con determinación en su nuevo alojamiento. Con un gruñido busqué algo que pudiera servirme como proyectil improvisado con el que pudiera detener a aquel desarrapado.

El jamón de cerdo que encontré más cerca impactó de lleno en la espalda del desdichado, derribándolo instantáneamente. Bufé, esbozando media sonrisa, y liberé mi hacha tras soltarla un poco de la madera astillada. Aturdido y contusionado, el polizonte se removió entre quejidos en el suelo, sin poder moverse por el trozo de carne seca y salada que lo sepultaba.

- Muy bien, hombrecito, -Me dirigí a él mientras me lo echaba al hombro, apartando el jamón de encima.- vamos a ver si el capitán quiere variar un poco el menú de hoy.

Regresé sobre mis pasos, satisfecho porque, en cierto modo, había encontrado algo que cocinar. Cuando salí a cubierta de nuevo, todos, o casi todos, estaban ya allí, expectantes y alarmados por el escándalo que acababa de montar.

- Hoy tenemos carne fresca. -Expliqué, mientras dejaba caer al sujeto atrapado al suelo . Aun a pesar de su estado, decidí no arriesgarme y le inmovilicé con mi pie derecho sobre sus costillas, cuidando de no dejar caer mi peso para no rompérselas.- Para que luego me digáis que no os doy variedad.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Jish el Miér 5 Abr 2017 - 19:31

Blablabla por aquí y blablabla por allá. Era cerrar los ojos y mi mente se extasiaba con apasionantes conversaciones acerca de tipos de nudos, tiradas de dados invalidadas porque el resultado no era conveniente y por supuesto las clásicas conversaciones sobre el clima... Toda una delicia auditiva. Lástima que el barco estuviera en perfectas condiciones pues incluso habría pagado por tener a varios reclutas clavando tablones a mi lado.

Un sudor frió recorrió mi espalda, abrí los ojos e intente ubicarme. Aun permanecía tirado sobre la cubierta del barco ¿Pagar? No se como había llegado esa palabra a mi cabeza, pero desde luego no era cosa mía.

Al parecer uno de los marineros se apiado de mi cara de susto y se acercó a mí con el fin de tranquilizarme.

- No son enemigos, es el Capitán. No tardará en subir abordo- comentó, sin embargo no se estaba alejando ¿Por qué no se estaba alejando?- ¿No se supone que tu eres el encargado de fregar la cubierta? Hay como dos dedos de polvo, colega.

- Eeehmm tranquilo, tengo un plan ¿En algún momento tendrá que llover no?- respondí indiferente.

Pues para haber ido de misión especial ultra secreta tanto Syxel como Noah volvían con lo puesto, mas pobres que una rata. Si las cosas seguían su curso en breve volveríamos a zarpar. Amagué con levantarme una vez más. Al menos esta vez conseguí levantarme de la cubierta y sentarme apoyando la espalda contra el mástil.

El mundo volvió a ponerse borroso y los blablabla comenzaron de zumbar de nuevo en mi cabeza. Silenciosos e imperceptibles al principio pero al cabo de unos minutos se tornaron furiosos como si de un enjambre de moscas se tratara. Sin pensar demasiado me descalcé y lancé la bota con todas mis fuerzas a fuente del ruido.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Aridam H. Taito el Miér 5 Abr 2017 - 23:54

Un suspiro aliviado escapó de mi boca al comprobar por décima vez que el barco estaba en perfectas condiciones. No es que no me fiara de mi criterio (que también), pero poco más había para hacer allí mientras esperábamos el regreso de Syxel y Noah. ¿A qué coño habrían venido a una isla tan remota, de todas formas?

Como ya venía pareciendo costumbre, mientras el tritón de forma perezosa se acercó al timón y comenzó a dar instrucciones para poner de nuevo el navío en marcha, el peligris le dedicó una mirada silenciosa al semigigante que iba a bordo y este empezó a hacer de las suyas, hasta desaparecer hacia el interior. Y luego le tocó al capitán intentar calmar a la irritada Airok, aunque de eso yo ya quería saber más bien poco. Nunca era buena idea entrometerse en los asuntos de un hombre y una mujer, pero en el caso de esos dos era por razones muy diferentes.

Llevaba poco tiempo en aquella tripulación, y ya podía ver ciertos patrones. El capitán es un liante, el timonel es un gyojin, la intendente se enfadaba con casi tanta facilidad como yo, el cocinero es del tamaño de mi antigua casa (y el más propenso a rugir cabreado de los tres), y Jish estaba por ahí tirado sin hacer nada. Como una familia, sí señor, sinergia perfecta. Nótese la ironía.

Yo por mi parte estaba ayudando con las tareas para desplegar velas y sacar de nuevo a la preciosidad bajo mis pies hacia el mar. Prefería hacer el trabajo físico cuando Balagus no me lo quitaba, pues me mantenía en forma y me aseguraba de estar en primera fila asegurándome de que los materiales eran tratados con el debido cuidado.

- ¡Tengo hambre, que ha sido un día agotador! - Dijo Noah mientras manejaba el timón y miraba al cielo. - ¿Cuánto falta para la cena?

- Pues para haber sido tan agotador pareces bien fresco, puto pez. - Contesté con sorna.

- A ti si que te voy a dejar fresco en cuanto ponga el barco en buen rumbo, cucaracha. - Me respondió en el mismo tono.

Tras el intercambio de insultos habitual, comenzamos a reírnos como si fuera el chiste más gracioso del mundo, hasta que nos interrumpió un bramido salido del más espantoso de los infiernos.

- Hoy tenemos carne fresca. - Comentó Balagus mientras soltaba e inmovilizaba frente a él a un hombre que no reconocí. ¿Un polizón?

- Bieeen, ¡mi favorita! - Exclamó emocionado el tritón. Aún no estoy seguro de si ambos hablaban en serio o no. - ¡Me pido una pierna, que parece del tipo que suelen corrar y las tendrá bien desarrolladas! - Mencionó babeando. No parecía importarle demasiado las pintas de desarrapado que tenía el intruso.

- Hombrecillo, como puedes ver no te has venido a meter en la mejor de las situaciones. - Le dije por mi parte al supuesto polizón. - Te sugiero que cooperes, o acabarás de verdad en el plato de esta noche. - Entre líneas se podía leer en mis palabras que "no era una idea que me apeteciera mucho, así que por favor explícate."
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Dharkel Asrai Nymraif el Jue 6 Abr 2017 - 1:05

Sin saber exactamente por qué, comencé a marearme. Probablemente se debería al ligero vaivén del barco sumado al conjunto de olores que despedían las cajas de suministros para posteriormente agolparse en mis fosas nasales. “Hoy no me falles” – pensé mientras me llevaba una mano al estómago.

Minutos después, agazapado entre las cajas intentando que mis jugos gástricos siguiesen donde debían, escuché cómo una voz preguntaba la ubicación de una rata. ¿Acaso ese era el motivo por el que la bodega oliese de aquella manera? ¿O acaso la rata era yo y me habían descubierto? Pero cómo… Mis dotes para el sigilo eran envidiables, o al menos eso era lo que me decía a mí mismo. “¡Putos barcos!” – pensé mientras me puse en pie, bamboleante.

Ante mí se erguía una monstruosidad que nunca antes había visto, ocupando cualquier ruta de escape.  Al parecer las historias podían ser ciertas. Pero aquel no era el momento para elucubraciones. Tenía que huir, y tenía que hacerlo rápido.

La idea de convertirme en fantasma y matar aquella bestia rondó mi mente, mas estaba demasiado debilitado como para volver a hacer uso de sus capacidades. Opté por la estrategia más antigua de todos los tiempos: correr.

Gracias al uso del haki, y al bramido previo del ser, pude prevenir su embestida agachando la cabeza. Rápidamente, y aprovechando la abertura ocasionada, me deslicé entre sus piernas haciendo gala de una agilidad que dejaba mucho que desear. En tierra podía hacer gala de mis extraordinarias habilidades, según yo mismo las había calificado, pero en el mar era un asunto muy diferente. Varias personas habían opinado que parecía un pato mareado. Y no les faltaba razón.

Tropecé un par de veces durante el proceso de huida. “Alguien debería enseñarles cómo colocar los suministros de forma apropiada” – cavilé en mi interior – “Esto es un puto desastre”. Aquella fue mi última reflexión antes de que un trozo de carne seca me derribase.

Antes de que pudiese reaccionar, la bestia me cogió como si de un saco de patatas me tratase, agitando aún más mi maltrecho estómago. Éste no pudo evitar liberar su contenido, manchando la espalda de mi captor de vómito, aunque no pareció haberlo notado.

Tras recorrer varios pasillos y salas finalmente me llevó a cubierta, donde esperaba expectante el resto de la tripulación. Me dejó caer y puso su pie sobre mi torso para impedir mi huida.

- ¿Cooperar? Pero si no me habéis dado tiempo… - dije indignado. Tampoco me convenía cabrearles demasiado. Al parecer me encontraba entre una banda de caníbales, y no tenía ninguna intención de ser su aperitivo.

Mi comentario no pareció caer bien entre los allí presentes, algunos de los cuales seguían demandando mi carne como cena.

- Solicito audiencia con la capitana del barco – mi mirada se clavó en la mujer pelirroja. Ese sombrero sin duda denotaba autoridad. Sólo los capitanes eran dignos de llevarlos. Al menos los que había conocido hasta ahora.

Hurgué en los bolsillos de la capa con discreción, algo que no pareció gustarle al medio gigante, el cual hizo aún más presión sobre mis costillas. Emitiendo un ligero quejido de dolor saqué las manos. En la izquierda portaba el juego de dados recién adquirido, y en la derecha la bolsa de joyas, algunas de las cuales debido a mi posición horizontal cayeron sobre el suelo, relucientes.

- Permíteme jugarme la vida en los dados. La recompensa será sustancial para las dos partes – dije volviendo a dirigirme a la mujer e intentando no parecer desesperado, aunque lo estuviese –. Si pierdo, me uniré a ti y aceptaré vuestros peculiares gustos culinarios… Si gano, me daréis paso seguro hasta el siguiente puerto – acto seguido, hice un amago de volver a vomitar, pero esta vez por suerte, conteniéndome.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Airok Bonny el Jue 6 Abr 2017 - 20:01

En mi maravilloso minuto de retiro de aquella panda de salvajes, empecé a escuchar una escandalera un tanto fuera de lo normal y algunos alaridos y risas que no lograba entender. Al girarme, vi a la tripulación concentrada en un mismo punto, como en reunión todos mirando hacia el orco o hacia el suelo "Mucho me había durado ya la calma" Pensé con cierta irritabilidad.

Me acerqué en silencio hacia el grupo mientras se iban apartando ligeramente hasta que me detuve a una cierta distancia que me permitía ver todo el panorama. Un hombre escuálido y de aspecto desnutrido no muy bien parado debajo del pié de aquel orco, el cual por lo visto quería ampliar sus dotes culinarias, y para añadir más leña al fuego, Noah secundaba la idea de Balagus ante la mirada y alaridos del resto de presentes.

-- Ve a buscar al capitán -- Le dije al oído a Jish, que se veía que se acababa de incorporar al bululú.

Me miró como si suplicase que rectificase mi petición, -- Dile que bajaré en un rato y que necesito hablar con él-- respondí con una cara aún más seria que la que tenía, lo que provocó que, muy al pesar del chaval, fuese cabizbajo a obedecer la orden que le había dado. Sabía que no le gustaba el mal despertar del capitán, pero mucho menos hacerme a mi enfadar.

Aquel escuilche, incluso en el suelo y sin posibilidades de ningún tipo, tenía aún las agallas de dirigirse a mí como si fuese la Capitana del barco, y no solo eso, sino que además había intentado comprarme... aunque he de admitir que de una forma bastante acertada.

Me acerqué hacia él y me incliné hasta estar lo más cerca que pude de su cara.

-- Primero, no sé por qué extraña razón crees que si te gano a los dados permitiré que sigas con vida. Segundo, en tal caso, no serás tú quien imponga las condiciones de qué se hará o no contigo, y tercero, yo no soy la capitana -- dije eso último mientras me incorporaba y ne dirigía al resto de la tripulación.

Syxel me había dicho multitudes de veces el cómo hacer bien mi papel de intendente, y la manera de actuar y de tener en cuenta la opinión del resto de la tripulación por mucho que me molestase o no estuviese de acuerdo. Mi elocuencia al hablar no era una de mis virtudes, el tono de mi voz no era precisamente dulce y amigable, y la mitad de las veces ni siquiera contemplaba el tener en cuenta la opinión del resto, pero en este era un claro ejemplo para hacer uso de esa "democracia" de la me había hablado tantas veces y sabía que tenía que pensar y actuar con cabeza. Tenía la confianza de la tripulación pendiente de un hilo y esta era la oportunidad perfecta para intentar empezar a forjarla.

-- El capitán está cansado debido a un largo viaje -- Comencé a hablar para hacer tiempo mientras pensaba -- ya hemos emprendido el rumbo y dudo que ninguno quiera dar la vuelta para devolverlo a puerto -- Todos gritaron a mi favor.

Aproveché la agitación para pedir a Taito, que se encontraba a su lado, que me alcanzara los dados y la bolsa de joyas que había traído. No podía negar que me gustaban bastante pero, ¿Qué clase de autoridad tendría si me dejase sobornar de esa manera?

Veía en sus caras que ninguno sabía por dónde quería ir del todo, debía esforzarme bastante más... Decidí intentar hablar lo más parecido a Syxel posible cuando daba sus discursos, siempre explicaba muchas cosas y conseguía que los demás lo siguieran, así que asumí que mi discurso debía de ser parte mis pensamientos en alto, en un vano intento de que me entendiesen.

-- Este hombre, que no ha querido siquiera dar su nombre, se ha infiltrado en nuestro barco, en nuestra bodega, dentro de la despensa si no he entendido mal -- Miré al orco buscando una confirmación y, satisfactoriamente, obtuve el primer movimiento de cabeza afirmativo que me había dado, por lo que tal vez me crecí un poco. -- Este ser, se ha colado ante la mirada de todos, por lo que no sólo se ha burlado del capitán, sino que también de mi, de Balagus, y de todos y cada uno de ustedes. Bajo mi opinión, debe de ser, como mínimo -- hice hincapié en estas últimas palabras -- juzgado como cualquier delincuente que haya allanado la propiedad privada --

Esperé unos minutos, viendo la aceptación de mi público y cogí aire. Hasta ahora siempre me había dirigido a los reclutas por separado, y ésta era tal vez la primera vez que lo hacía con todos a la vez. Aún así, mi preocupación estaba dirigida a conseguir la aceptación de aquellos brutos.

-- Sin embargo, no creo que sea la mejor idea comernos a esta... cosa -- sus harapos y sus pintas sinceramente parecían de todo menos apetitosas -- puede que incluso nos contagie algo --

Tras esta frase escuché alguna que otra carcajada, que sinceramente me sorprendió, ya que lo menos que pretendía era ser graciosa y dediqué una mirada severa buscando aquellas risas. Una vez volvió el silencio proseguí.

-- Termino ya preguntando si se le debería entonces escuchar y hacer caso a sus exigencias y de sus sobornos -- dije alzando ligeramente las manos con los dados y la bolsa de joyas, consiguiendo un fuerte alarido de enfado de la muchedumbre.

Bajé las manos de nuevo, me acerqué al orco, que levantó del suelo a aquel desdichado, y concluí mi alegato

-- Aún con todo, este hombre ha pedido audiencia con el Capitán, y como somos gente honrada se la vamos a dar -- hice una pequeña reverencia con la cabeza.

La idea de la partida de dados me había gustado pero mi liderazgo dejaba mucho que desear y no podía arriesgarme a tomar la decisión equivocada...

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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Aridam H. Taito el Jue 6 Abr 2017 - 21:33

Para decepción de algunos, y jolgorio de otros, Airok había evitado caer en las maquinaciones de aquel polizonte y simplemente amenazó con juzgarle como a un delincuente. Tuve que reprimir un bufido de sarcasmo, pues por muy bonito que sonara en un discurso, siendo piratas creo que era lo menos apropiado precisamente a lo que alegar. Todos los presentes acabarían en el mar si de repente tuviéramos un juicio por allanamiento, de eso no me cabía ninguna duda.

No obstante, no servía de nada mencionar ese desliz, salvo para ponerme en el punto de mira de la intendente. No es que le tuviera miedo precisamente, me confiaba lo suficientemente fuerte como para plantarle cara si se diera la necesidad, pero fomentar malas relaciones internas creo que no era precisamente lo más acertado, dado que iba a tener que convivir con aquella gente durante mucho tiempo. Me tendría que comer las ganas de gresca y acatar la autoridad de aquella que Syxel había considerado digna de confianza. Me pidió que le alcanzase lo que el intruso mendigo había sacado de su bata, y no sin cierta reticencia acaté la indicación.

Al tener los dados en mi poder no pude evitar investigarlos un poco primero. No parecían tener nada raro, estar trucados ni nada por el estilo, si bien determinar algo como aquello de forma fiable escapaba a mi entendimiento de la materia. Lo que sí podía asegurar es que se trataba de una buena madera aquella en la que se habían tallado. Si no fuera porque Airok parecía tener los ojos echados en ellos, me habría adelantado a pedir quedármelos para mí mismo. De joyas sí que no entendía, así que al final acabé entregando ambas cosas a la intendente, con una mezcla de decepción y curiosidad por ver lo que ocurriría a continuación.

Quizá tenía que haber prestado algo más de atención a Noah, que para cuando me vine a dar cuenta había desaparecido de la vista.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Balagus el Jue 6 Abr 2017 - 23:27

El alboroto atrajo rápidamente a toda la tripulación, tal y como había sido mi intención. El hombrecillo de dientes afilados mostró su interés por mi propuesta de servir humano en la comida, a lo que no pude evitar responder con media sonrisa divertida. Si bien entre mi gente no eran comunes ni el canibalismo ni la antropofagia, tampoco eran prácticas que no se contemplaran en caso de necesidad. Y en este caso, yo sentía la necesidad de resarcirme contra el recién llegado y de causar el mayor revuelo que hubiera podido.

Taito quiso acercase antes que la capitana en funciones, algo que no me gustó un pelo y que a punto me tuvo de gritarle que se hiciera a un lado. Por fortuna para él, el pequeño intruso intentó articular una serie de palabras con dificultad, pidiendo ver a quien estuviera al mando. Poco me faltó para apretar más mi bota contra su pecho de no ser por la rápida intervención de Airok.

A lo que, no obstante, si reaccioné de inmediato, y sin que nadie me intentara detener por ello, fue al amago del prisionero a sacar algo de sus ropajes, si bien tan sólo sacó unos dados y un puñado de gemas y alhajas. Su proposición subsiguiente no consiguió sino enfurecerme más de lo que ya estaba.

- ¿Intentas engañarnos con tu negociación truculenta? -Bramé, levantando mi hacha para partirle el cráneo en dos.- ¡Teñirás las aguas con...!

De nuevo, Airok me detuvo con un gesto y una mirada, antes de inclinarse sobre el sujeto y ponerle muy hábilmente en su sitio. Bajé el hacha y la guardé en signo de conformidad ante la exposición de los hechos de la mujer, mas en mi fuero interno anhelaba regresar a tierra firme y asentar mis pies en el suelo húmedo de los bosques.

Sin fiarme todavía del extraño revolucionario que nos acompañaba, le seguí con la mirada mientras entregaba el exiguo botín a la jefa. No se me pasó por alto cómo estudiaba, sin muchos frutos al parecer, tanto los dados como los objetos de valor recaudados. Asentí cuando Airok me pidió confirmación sobre la llegada del desharrapado, y mostré una sonrisa complacida cuando declaró querer juzgar al prisionero.

"Debería juzgarle yo. Ha entrado en mi despensa. Debería aplicarle una Mak'Gora, si este humano tan lamentable no fuera tan indigno de ella."


Que la idea de servir carne humana en el menú fuera desechada causó risas entre algunos presentes, y la desilusión en el devora hombres. Yo no reaccioné en absoluto, pues entendí rápido, por su expresión facial y por lo que conocía de ella, que lo que parecía un chiste escondía un reparo importante en contra del canibalismo y, más aún, de probar una carne tan aparentemente desmejorada.

Por el contrario, no dudé en mostrar mi desagrado junto al resto cuando Airok  preguntó si debería ceder al soborno de un extraño. Tras ello, dio por finalizado su pequeño discurso y pude alzar al desaliñado intruso en el aire y cargármelo una vez más al hombro cual saco de patatas, encaminándome detrás de ella hacia el camarote del capitán, a donde supuestamente había ido Jish a enfrentarse con el despertar de Silver.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Jish el Vie 7 Abr 2017 - 0:43

El barullo era tan intenso que desistí de reposar la vista. Al parecer habían pillado a un polizón haciendo cosas de polizón, y a pesar de las amenazas y acusaciones nadie parecía dispuesto a mojarse en el asunto salvo Balagus.

Caminé aleatoriamente por la cubierta hasta encontrar mi bota, la cual había ido a parar a escasos metros de Airok. Aun no me habían lanzado por la borda así que deduje que, por fortuna, no la había alcanzado. Iluso de mí nada mas verme me encargó que fuera a "llamar" al capitán por lo que me encaminé al castillo de popa a regañadientes.

Me detuve con la mano a pocos centímetros de la madera oscura. Sentí un cosquilleo al entrar en contacto con el picaporte. Tras unos instantes retiré la mano ¿Por qué llamar a la puerta? Con todo el alboroto sabría perfectamente porque estaba allí. Levante la pierna y abrí la puerta de una patada en medio de una lluvia de astillas y metal retorcido.

- Te lo advertí, el orco se ha vuelto loco y para colmo se sigue empeñando en no lavar la comida- comenté- Airok dijo que estaba de acuerdo en esto, vas a tener que decirle algo.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Syxel el Vie 7 Abr 2017 - 4:45

Tras cerrar la puerta del camarote a mi espalda me dejé caer hacia atrás, apoyándome contra la misma. Alcé ligeramente la cabeza y exhalé con resignación, dejando que todo el aire del interior de mis pulmones saliese al exterior. Acto seguido inspiré profundamente, y volví a soltar el aire enseguida, para terminar dando un par de leves cabezazos a la madera. Como si de alguna forma esos simples actos me ayudasen a sacarme de dentro y así olvidar todos los quebraderos de cabeza que había vivido en esa isla.

Terminado el improvisado, e inútil, ritual decidí optar por una solución mucho más efectiva, con la que ya estaba familiarizado. Di un par de pasos por la estancia hasta detenerme frente a un pequeño mueble, abrí la puerta del mismo y paseé mi mano por varias botellas, indeciso. Acabé escogiendo una al azar, y tras sacarla le di un largo trago.

- Esto ya es otra cosa - murmuré satisfecho.

Continué paseando por la habitación y poco a poco las preocupaciones iban desapareciendo de mi cabeza, casi tan rápido como se iba vaciando la botella... una curiosa casualidad, supongo. Me descalcé, dejando las botas junto a la cama, las espadas sobre la mesa y el abrigo colgado de una silla. Luego me dejé caer sobre el colchón, con una segunda botella en la mano y pensando en cual debía ser nuestro próximo destino. Antes de cerrar los ojos, alcancé a oír un grito de Balagus, el cual achaqué a una nueva invasión de Noah a la cocina, o quizás a la bodega. Así que no le di importancia y acabé por quedarme dormido.

Poco después el estruendo de la puerta al chocar contra la pared me hizo levantarme de un salto. Alcé la mano, dispuesto a lanzar la botella que aún sostenía al pobre desgraciado que hubiese sido tan estúpido como para despertarme de esa manera. Mi mirada se encontró con Jish atravesando el marco de la entrada, pero reconocerle no me hizo cambiar de opinión así que lancé el improvisado proyectil. Torpemente interpuso las manos tratando de atraparla, y aunque la botella impactó primero en las mismas perdiendo la mayor parte de la fuerza, rebotó al no ser capaz de sujetarla y le golpeó de lleno en la frente. Una mueca de dolor se dibujó en su rostro, en incluso diría que contuvo una lágrima, pero no se atrevió a quejarse. En su lugar, comenzó a hablar de algún problema con Balagus y la comida, dando a entender que debía ir a solucionarlo.

Me llevé la mano a la cabeza y me rasqué la parte posterior. Aún estaba algo dormido, y siendo sinceros me daba una tremenda pereza encargarme de algo así en ese momento. Pero supuse que de no hacer algo al respecto la cosa podía complicarse más de la cuenta, así que me tocaba intervenir. Así pues eché a andar, no sin antes agenciarme otra botella, y salí de la habitación tal cual estaba, vestido tan solo con un pantalón negro y una camisa holgada de color blanco.

Caminé descalzo por la cubierta hasta detenerme junto al mástil, haciendo una señal a Jish para que se quedase a mi lado. Frente a nosotros, en el centro del barco, me encontré con Airok dando un discurso para toda la tripulación. Ese hecho si que me sorprendió, por lo que decidí quedarme tras el tumulto y escucharla. Al ver como poco a poco se iba abriendo al resto, aunque solo fuese en ese tipo de situaciones, no pude evitar que una sonrisa de satisfacción se dibujase en mi rostro. Además enseguida me di cuenta de cual era realmente el problema, entendiendo que el elemento que tenía a mi lado había soltado lo primero que se le pasó por la cabeza para hacerme salir.

Cuando terminó de hablar, nuestro amable semigigante se cargó al polizón al hombro como si de un saco de patatas se tratase y ambos se encaminaron hacia mi camarote. Tras despejarse el grupo de reclutas allí reunidos para darles paso nos encontramos de frente, y ambos se detuvieron con las miradas fijas en mi. Y aunque no presté atención, juraría que no eran los únicos que esperaban alguna decisión por mi parte.

"Esto podría ser divertido". Pensé mientras daba un par de pasos al frente.

- Balagus, deja a ese pobre hombre en el suelo. - Cumplió mi petición sin rechistar, aunque a su manera. Y continué avanzando hasta detenerme frente al desconocido.

- Mi nombre es Syxel, y por lo que tengo entendido soy el capitán de este barco - me presenté con una simple broma, tratando de restar seriedad al asunto para todos los presentes. Luego ofrecí una mano al pobre hombre, ayudándole a levantarse y esperando que también se presentara.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Dharkel Asrai Nymraif el Vie 7 Abr 2017 - 20:51

Al parecer había errado en mi juicio sobre aquella mujer. Quizás no sería la capitana del navío, pero sin duda tenía cierta autoridad. Mi propuesta de salvar la vida sí o sí, parecía haber marchitado sin oportunidad de florecer. Había subestimado su inteligencia, o más bien no había caído en la cuenta del error que suponía airear tan libremente las joyas.

- Me parece una falta de respeto para con los prejuicios establecidos que lleves ese sombrero si no ejerces la capitanía - dije mirándola -. Tampoco me habéis preguntado el nombre. Os habéis limitado a sacar conclusiones precipitadas – el tono de indignación era más que notable en mis palabras, aunque éstas parecieron caer en el vacío. Todos estaban expectantes ante el discurso de la pelirroja.

“¿En serio pretenden cebarse conmigo? ¿Ni si quiera se cuestionan cómo he acabé allí? La seguridad de este barco es lamentable…” – concluí para mis adentros.

Finalmente, acabando su discurso, la mujer accedió a concederme una audiencia con el capitán. Por lo poco que había visto de todos ellos, debía ser algún tipo de bestia come hombres que imponía su autoridad mediante el miedo y no la disciplina. Sinceramente, no tenía ninguna esperanza en que fuese un hombre razonable.

Mi captor me liberó del peso de su bota y volvió a elevarme en el aire. Aquel repentino movimiento removió mis entrañas una vez más, esta vez dándome tiempo a poner la mano sobre la boca, vomitándome encima. Prefería avergonzarme a mí mismo a cabrearle aún más. Al fin y al cabo, ya estaba acostumbrado a la humillación pública. Y quizás así, se replantearían servir mi cabeza en un plato. No había que infravalorar el poder del asco. Apenas unos segundos después, volvió a agitarme en el aire, esta vez posándome sobre el suelo frente a un hombre descalzo. El hombre se presentó como Syxel, el capitán.

- Al fin alguien con modales... - dije todavía indignado -. Me llamo Dharkel, autodidacta de la vida y preso reciente - acto seguido le apreté la mano a modo de saludo con la mano “limpia” mirando de reojo a sus subordinados. No podía fiarme de aquella gente.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Syxel el Vie 7 Abr 2017 - 20:52

- Al fin alguien con modales... - comentó con cierto tono de indignación, aunque estaba claro que se contenía. - Me llamo Dharkel, autodidacta de la vida y preso reciente - se presentó, acompañando sus palabras de un apretón de manos. Aunque sin dejar de mirar al resto de reojo. Después de que le hubiesen pillado colándose en el barco, me imaginé lo que habría visto o escuchado, así que tampoco podía culparle.

Me tomé unos instantes para observarle con detenimiento, estudiándolo también con mi haki de observación. A simple vista parecía un vagabundo cualquiera, y su aspecto encajaba con su afirmación de haber estado durante un tiempo a la sombra. A pesar de ello su constitución, aunque ligeramente desmejorada, aparentaba un cierto nivel de entrenamiento. Y por si fuera poco, la presencia que detectaba con mi haki distaba mucho de la que poseían la mayoría de los allí presentes. Aunque se empeñase en ocultarlo ese hombre era más de lo que aparentaba.

- ¿Sabes empuñar una espada? - le pregunté, y aunque tan solo me miró con cierta reticencia, tampoco iba a esperar una respuesta. Así pues me dirigí a uno de mis hombres. - Trae un par de espadas, muchacho.

Un par de minutos después nos encontrábamos todos reunidos de nuevo en el centro de la cubierta. Con el tal Dharkel frente a mi, y el resto de la tripulación a nuestro alrededor, expectantes. Me remangué la camisa para que no molestase, tomé una de las alfanjes y se la ofrecí a mi oponente, empuñando yo la otra en mi diestra mientras sostenía la botella con la mano libre. La alcé, como si fuese a brindar con todos los presentes y luego di un buen trago.

- ¡Demos a este buen hombre la oportunidad de luchar por su vida! - grité con entusiasmo.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Dharkel Asrai Nymraif el Vie 7 Abr 2017 - 20:53

“¿Por qué me mira tan fijamente? ¿Acaso quiere mi autógrafo?” – pensé irónico mientras me estudiaba detenidamente –. “¿O simplemente está tan borracho que no es capaz de prestar atención?” – medité mientras observaba la botella que llevaba consigo. No obstante, descarté la última opción. No le había notado los síntomas comunes de la embriaguez, aunque sí un cierto olor a destilería.

- ¿Sabes empuñar una espada? - preguntó. Me limité a mirarle con cierta reticencia -. Trae un par de espadas, muchacho.

¿Qué se proponía? Tenía una ligera idea, pero esperaba equivocarme. Estas últimas semanas había tentado demasiado a la suerte… Un par de minutos después uno de los tripulantes trajo las armas solicitadas. Syxel me ofreció una de ellas. Tras aceptarla, me dio la oportunidad de luchar por mi vida. Bajo mi criterio merecía ser capitán. Era el mejor de todos ellos. Quería ejecutarme, sí, pero al menos tenía la decencia de no escupírmelo a la cara y de darme una oportunidad, por ínfima que fuese.

- Mi estimado señor, por mucho que me gustaría mostrarle mis dotes para con la esgrima, carezco de las habilidades necesarias para enfrentarme a alguien de su magnitud – dije intentando evitar una confrontación física. El elogio solía funcionar mejor que la intimidación y deseaba que en este momento así fuese. Si la fuerza, energía o como quisiesen llamarlo fuese una unidad de medida monetaria, en ese momento me encontraba en bancarrota. El simple hecho de mantener mi cuerpo firme era un reto.

Mi fútil intento cayó en saco roto cuando el hombre se abalanzó describiendo un arco horizontal desde su diestra. Por suerte, la debilidad de mis piernas y el oscilar del barco me derribaron antes de que su espada se encontrase con mi carne, esquivando así el primer golpe, mas el segundo impactó de lleno en mi nariz, rompiendo la botella de cristal sobre ella y generando múltiples cortes en mi cara. Por suerte, ningún fragmento llegó a los ojos y aquello parecía haberle hecho perder el equilibrio. Después de todo, quizás sí iría en estado de embriaguez.

Arrodillado y con la cabeza gacha intenté mantener la calma mientras la sangre se deslizaba desde mi rostro para encontrarse con los restos de jugos gástricos hasta finalmente caer sobre la madera de cubierta. Me estaba empezando a costar respirar y los vítores de la tripulación hacia su cabeza visible no ayudaban. Era una imagen lamentable, aunque no la peor que me había visto obligado a protagonizar. “La masacre de Nanohana” aún me impedía conciliar el sueño correctamente.

- No necesitabas mostrar un espectáculo si querías ejecutarme… – dije tornando el tono lo suficientemente serio y bajo como para que solo pudiese oírme el espadachín. El tiempo de la indignación y las buenas palabras había finalizado -. Aunque supongo que es bueno para reforzar tu autoridad y la moral de las tropas. No puedo culparte, yo habría hecho lo mismo – finalicé intentando ponerme en pie con la ayuda del alfanje.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Balagus el Sáb 8 Abr 2017 - 22:31

Un par de pasos fue todo lo que Airok y yo llegamos a dar antes de que el corro de tripulantes se abriera y dejara a la vista a nuestro capitán. Durante un instante pensé en resumirle lo ocurrido, pero me detuve sin abrir siquiera la boca al recordar dos hechos importantes: la identidad del hombre que tenía ante mí, y la botella vacía que sostenía en su mano.

- Balagus, deja a ese pobre hombre en el suelo.

Al momento, dejé caer al individuo con algo menos de delicadeza que las veces anteriores, pues algo empezaba a oler realmente mal con aquel mendigo. Y no precisamente en un sentido figurado.

Silver se presentó, a su manera como era habitual, y el polizonte hizo lo propio, definiéndose de una manera que e hizo un bufar con desprecio y ningún disimulo. Tras unos segundos, durante los cuales entendí que mi capitán estaba estudiando al recién llegado, el primero hizo una pregunta al segundo y mandó traer unas espadas. Sonreí, pues entendí de inmediato lo que estaba por acontecer, y ayudé a Airok a reubicar a la tripulación para volver a formar un amplio corro en cubierta.

"Tal vez este deshecho de hombre sea indigno para la Mak'Gora, pero sin duda esto será un castigo más apropiado y divertido."

El combate comenzó sin apenas ceremonias. Jaleé con algunos gritos a mi capitán, aun a sabiendas de que no le supondría ningún reto derrotar a quien yo había capturado sin dificultad. Mientras tanto, una idea empezó a rondar en mi mente: ¿Cómo había conseguido colarse aquel pobre diablo en la bodega sin llamar la atención de nadie? El único en subir al navío había sido Silver, y era imposible por completo que hubiera pasado por la cubierta con toda la banda en ella.

Traté de pensar en cualquier posible vía de entrada aparte de la más obvia, pero todas las que se me ocurrieron quedaron rápidamente descartadas a tenor del lamentable estado físico del pordiosero. Ahora, el mal olor del llamado Dharkel había dejado de ser un mero hecho literal.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Aridam H. Taito el Sáb 8 Abr 2017 - 23:41

El intruso se había arrojado encima lo poco que contenía aún su estómago, dando una imagen francamente vergonzosa y deplorable. Pero ciertamente, no estaba seguro de que vomitarle encima al semigigante hubiera sido una mejor idea para su integridad física, por lo que tampoco pude culparle por ello.

Tras la aparición de Syxel, sin embargo, las cosas parecieron cambiar un poco. El hombre con pintas de mendigo hablaba de forma ligeramente impropia para alguien de sus supuesto rango social. Era débil, sí, como si no tuviera apenas fuerzas para proferir unas palabras, pero un mendigo no suele tomarse la molestia de adornar con palabrería y titulaciones vagas su presentación cuando su vida pendía de un hilo. Ni tampoco solía usar tal verborrea a la hora de negarse a combatir. Algo no me cuadraba, y a pesar de que la idea de vapulear sin piedad a alguien indefenso como él iba en contra de todos mis ideales, decidí quedarme a observar, mosqueado.

Al principio la cosa fue tal como esperaba. Syxel no tuvo ningún problema en derribar al polizón, al cual le costó levantarse e incluso tuvo que usar su espada como apoyo. Lamentable, sin duda, y para nada un duelo honorable. Aquello era una simple ejecución. Y si no conociera mejor al peligris, diría que hasta estaba disfrutando con el espectáculo que pretendía dar. Tal vez hubiera pasado por algo complicado en aquella isla, y quería desquitarse con aquel infeliz, no podía descartar la posibilidad, y me resultaba eso más creíble que la idea de que realmente Syxel fuera tan sádico en secreto.

Pero seguía sin poder quitarme de la cabeza el pensamiento de que aquel mendigo ocultaba algo. ¿Cómo había entrado, de todas formas? Con tantas vueltas que dí por el barco para comprobar su estado una y otra vez, ¿y no lo había visto? No, la cosa me escamaba y cada vez iba a peor. Tal vez debería intervenir, tal vez debería sugerir que interrogáramos al infiltrado en lugar de acabar con su vida. ¿Debía hacerlo? Interponerme entre Syxel y su presa solo podía acabar mal para mí, tanto físicamente como en mi estatus. No quería mellar la confianza que habíamos forjado entre ambos, y precisamente apelando a dicha confianza debía creer que el peligris también se había dado cuenta de lo mismo que yo. Con suerte, el alcohol no le habría afectado lo suficiente como para nublar su juicio (y por lo que sabía de él, era bastante resistente a la bebida).

¿Qué opinarían los demás? ¿Se habrían dado cuenta también? Balagus parecía entusiasmado con la idea de acabar con el indigente, de eso no había duda. ¿Y Jish? No podía verlo desde mi posición, así que no estaba seguro. Noah seguía sin dar señales de vida, y no estaba seguro de querer acercarme a Airok más de lo necesario, teniendo en cuenta que parecía verdaderamente irritada en esos momentos. Tal vez que su capitán la ignorase tuviera que ver.

En completo silencio, crucé los brazos y me mantuve expectante. A la menor señal de que algo fuera a salir mal, no pensaba contenerme. Como dije, aquel "duelo" tenía tanto de honorable como Jish de trabajador, así que no me extrañaría que el intruso se sacara algún sucio truco de la manga. Si se diera el caso, nadie podría echarme en cara que interviniera para evitar un mal mayor, ¿verdad? Aunque dudaba que fuera a tener la ocasión, el hombre simplemente parecía estar sujetándose a las últimas hebras del hilo de la vida.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Airok Bonny el Dom 9 Abr 2017 - 11:13

Venía con una idea preparada en la cabeza de cómo estructurar y resumir la situación en una sola frase para que, una vez frente a Syxel, simplemente informarle y proceder a interrogar al nuevo prisionero para decidir qué hacer... pero como siempre, Syxel hacía lo que quería.

-- Por el amor de una madre, estás borracho -- Nada más verlo sabía que se habría bajado de una un par de las botellas que tenía en la mano, el alcohol no solía hacerle efecto por lo que esa cara indicaba claramente que habían sido más de dos... segurísimo

El capitán, ignorando por completo mi indignación, siguió hablando con el prisionero, llegando a pedir dos espadas.

-- ¿No deberíamos interrogarlo primero? -- No me preocupaba que Syxel resultase herido, incluso en aquellas condiciones podría ganar a aquel pobre hombre sin demasiado esfuerzo, pero el no saber cómo se había colado sí que me tenía en cierta tensión -- Si no sabemos cómo se ha colado puede volver a pasar -- Y como si de la madera me tratase, Syxel empezó a prepararse para el combate.

Cogí aire fuertemente y lo solté tratando de relajarme. Había discutido con Syxel innumerables veces pero definitivamente aquel no era el momento.

-- Vamos a despejar la cubierta para que nadie más salga herido en esta locura-- Le dije a Balagus, que seguía allí de pie sin mediar palabra.

Enseguida conseguimos hacer una especia de corrillo asegurándonos que nadie quedase interpuesto en la trayectoria de alguna de las espadas. Sinceramente temía mucho más la de aquel indigente, ya que era el más propenso a perder el control y las fuerzas.

Mientras pensaba en lo innecesario que era todo aquello, me dirigí a Balagus, que llevaba un rato dando un olor nauseabundo gracias a la pequeña escoria, y lo más probable era que quisiese ir a lavarse.

-- Ey, tu -- La delicadeza sin duda no era mi fuerte -- No tienes que estar aquí obligatoriamente. Sé que el Capitán siempre quiere que veamos estas cosas pero te aseguro que esto durará un rato. Puedes ir a lavarte si te apuras --


Podía parecer siempre que estaba enfadada con todos ellos, y así era la mayor parte del tiempo, pero tantos años con Syxel explicándome cómo tratar a las personas, demostrándome en quienes se puede y no confiar, me estaban ablandando un poco el carácter, aunque sólo con los que llevaban más tiempo en el grupo.

Seguí entonces pendiente a aquel combate. El recluta hacía lo que podía por defender su vida, no estaba siquiera segura de si podía ver, ya que el entre el pelo y la sangre a penas se podía distinguir su cara.

Syxel en cambio, no dejaba de tambalear. No tenía muy claro qué pretendía conseguir con todo aquello. Ya le había estrellado la botella en la cara y había desperdiciado numerosas ocasiones de rajarle el cuello a aquel indeseable. No tenía muy claro si esos "despisten" eran por su estado o si, al contrario, lo estaba haciendo a propósito simplemente para comprobar las habilidades del vagabundo.

La tripulación no dejaba de gritar y de vitorear a su capitán, como era lo normal. El barco tenía rumbo encaminado y una pelea era siempre mucho mejor que estar en los camarotes sin hacer nada esperando a llegar al destino. Me encantaban aquellas situaciones como a cualquier otro, pero no podía relajarme pensando en que un polizonte se había colado en el barco, bajo mi supervisión, y tan siquiera me había percatado lo más mínimo hasta que Balagus lo encontró... ¿Cuánto tiempo llevaría escondido en la bodega? ¿Entró junto con Syxel y Noah sin que lo viésemos ni nosotros, ni ellos? ¿Habría utilizado el final de sus fuerzas para entrar nadando? No saber nada ni poder controlar la situación me irritaba sobremanera, y mientras más lo pensaba, más respuestas necesitaba. Respuestas que no obtendría si Syxel acababa con el fruto de mis dudas.

Temía que volviese a pasar. Si un vagabundo podía por qué no una flota de alguna tripulación enemiga, mucho más fuertes y preparados que éste... algo se me escapaba y no sabía qué era.

De pronto, el escuálido polizón arremetió contra el capitán como para intentar derrumbarlo, pero Syxel se giró consiguiendo esquivarlo y quedar a su espalda.

"Es el momento, ya acabó. Aunque solo le deje caer la espada sobre la espalda, lo matará seguro... Y no sabremos cómo ha entrado"

Esa escoria estaba tan débil que no podría aguantar un golpe así en la espalda, eso seguro.

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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Jish el Dom 9 Abr 2017 - 15:13

Me froté la frente dolorida mientras seguía los inestables pasos de Syxel. Si este era el temido y respetado capitán que esperaban encontrar la decepción seria mayúscula ¿Qué clase de influencia poseía? Por más que le diera vueltas al asunto era incapaz de entender las motivaciones que todos ellos tenían para seguirlo ciegamente.

Nos detuvimos junto al palo de mesana, desde aquella posición podíamos escuchar y observar la situación como agentes externos sin alterar el curso de los acontecimientos. Airok estaba en mitad de una arenga la cual pretendía arrojar algo de civismo a la situación, aunque no sabría decir si con resultados. Durante unos segundos estudié a Syxel ¿Con esta cara como va a estar observando algo?

Aun no había interrumpido haciendo una aparición estelar de las suyas, ergo eso solo podía significar una cosa. Y así fue, tan pronto como hizo su aparición ya había provocado una pelea con el polizón. Tanto daba el resultado, tanto si el mendigo ganaba como si perdía le aguardaba la misma recompensa.

Negándome a ser partícipe del circo mediático me senté sobre la cubierta, a varios metros de distancia del circulo que se había formado para acotar la zona de duelo. De vez en cuando se escuchaba algún abucheo o grito de sorpresa.

Se había armado un buen revuelo con un simple polizón, si hubiera estado en mi mano hubiera esperado a estar en alta mar para arrojarlo por la borda sin más. Por otro lado, si tuviéramos que lanzar por la borda a todos los que se habían intentado colar en la despensa a robar comida…

- ¡Estamos parados sin rumbo! Mi tiempo vale dinero ¿Vamos a tener que esperar mucho hasta que te decidas a sacar la basura? - me limité a gritar por encima del barullo general.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Syxel el Lun 10 Abr 2017 - 3:01

Trató de excusarse, adornando sus palabras con elogios en un vano intento de hacerme cambiar de opinión. Mas por mi parte la decisión estaba tomada. Era plenamente consciente del estado en el que se encontraba, y de que a ojos de la mayoría, lo que estaba haciendo no tenía sentido alguno. Aún así sabía que mis camaradas confiaban en mi lo suficiente como para no intervenir, y esperaba que al menos ellos no creyesen que hacía esto por mera diversión. Después de todo, había algo en ese hombre que despertaba mi curiosidad, y esa era la única forma que se me ocurría de comprobar si estaba en lo cierto.

Viendo que él no iba a hacerlo decidí tomar la iniciativa, dejando clara mi postura. Con un par de pasos llegué hasta él enseguida, descargando un golpe horizontal con la espada en cuanto le tuve a mi alcance. Me aseguré de no atacar con excesiva fuerza, pues creí que trataría de bloquearlo. Sin embargo, de alguna forma logró evitar el ataque agachándose. Por desgracia para él eso me pilló por sorpresa, haciéndome perder momentáneamente el equilibro. Di un par de pasos hacia delante para evitar caer al suelo, con tan mala suerte que la botella que llevaba aún en mi mano tuvo un agresivo encuentro con la cara del pobre desgraciado.

Pude oír como la mayoría de los hombre vitoreaban, pues creerían que lo había hecho a propósito. Pero tampoco les presté demasiada atención pues mi vista estaba fija en Dharkel. Le observé inmóvil, viendo como trataba de ponerse en pie. Y escuché las palabras que me dirigió.

- ¿Ejecutarte? - le respondí en el mismo tono. No pude evitar sentirme notablemente molesto, quizás incluso algo cabreado. Así que me acerqué a él y, sujetándolo por un brazo, lo puse en pie con cierta brusquedad. - ¿Es que estás tan ciego que no lo ves? - Retrocedí un par de pasos. - ¡Espabila! - exclamé elevando el tono, al tiempo que lanzaba un nuevo ataque. Esta vez si que interpuso su espada, logrando bloquear la mía, aunque el impacto le hizo retroceder. Sin detenerme continué lanzando tajos y estocadas, de los que se defendía como podía, mientras seguí hablándole - Si te quisiera muerto ya lo estarías. Me bastaba con dejarles hacer lo que quisiesen contigo. - Detuve la acometida durante un momento, dejando que recuperase el aliento y la posición, para enseguida continuar hablando - Pero estoy tratando de demostrar algo. O mejor dicho, estoy tratando de que tú demuestres algo.

Durante unos segundos ambos permanecimos en silencio, y todo a nuestro alrededor pasó a un segundo plano, como si no hubiese nadie más allí. No se si mis palabras significaron algo para él, o si fue simple desesperación, pero finalmente decidió hacer algo. Haciendo acopio de las que probablemente fuesen sus últimas fuerzas, sujetó su espada con ambas manos y arremetió contra mi. Sin embargo, con tan solo echarme a un lado puede evitar su ataque, quedando a su espalda. Con una mueca de desaprobación golpeé con mi pierna la suya, haciéndole caer de rodillas sobre la cubierta. Estiré mi brazo, apoyando mi hoja contra su cuello.

- Supongo que me equivoqué contigo - comenté decepcionado justo antes de alzar la espada, con intención de descargar un último golpe que pusiese fin a tan lamentable situación.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Dharkel Asrai Nymraif el Mar 11 Abr 2017 - 0:13

Mientras intentaba recuperar el poco equilibrio que podía permitirme para ponerme en pie, el duelista me agarró del brazo y me puso en pie con una sutileza que dejaba mucho que desear, aunque tampoco podía esperar un trato cortés, no después de lo que había visto y escuchado.

“¿Ciego? ¿Qué espabile?” – pensé ante su respuesta. Sin ninguna duda el capitán del navío parecía empeñado en humillarme una y otra vez. ¿Cómo se suponía que debía presentarle batalla en tales condiciones? O aquel hombre era un sádico que disfrutaba denigrando a sus adversarios, o bien tenía una seria falta de criterio.

Por suerte, y a duras penas, logré bloquear la trayectoria de su espada con la “mía”, lo que me hizo retroceder bamboleante. Apoyé lo más rápido que pude el arma en el suelo a modo de bastón para evitar caer nuevamente. Una serie de sucesivos ataques y suertudas defensas se repitieron durante unos minutos. Ni si quiera tenía oportunidad.

- N… no… ten… go… que… demos… trar… nada… a… nadie… - respondí jadeante cuando al fin me dio un respiro. Apenas podía respirar debido a la sangre acumulada y a otros factores externos. Las palabras se atragantaban, negándose a salir. No obstante, agradecí esos segundos de cortesía.

“Acabemos con este espectáculo…” – consideré para mis adentros. Si la diosa suerte definitivamente había decidido abandonarme, era absurdo alargar aquel sinsentido.

Haciendo acopio una vez más de las escasas fuerzas que tenía a mi disposición, así la espada con ambas manos y lancé un corte diagonal, fallando estrepitosamente y colocando a Syxel a mi espalda. Éste me hizo caer una vez más de rodillas con un simple movimiento y apoyó su hoja en mi cuello, amenazante. En aquel preciso instante el mundo se paró para mí. Llevé la diestra al hombro izquierdo y me aferré al tatuaje del candado y la pluma.

“Lo siento…” – pensé mientras los recuerdos de Alias y Olav se agolpaban en mi mente, levantando la mirada al cielo – “Pensé que algún día sería lo suficientemente fuerte… Parece que no podré cumplir la promesa durante más tiempo…” – lo que muchos insensatos habrían considerado una lágrima brotó de mis ojos.

Todo era igual que la última vez: un hombre de gran poder abusando de la debilidad de sus oponentes para acabar con sus vidas. Y allí estaba yo, en el centro de ambas situaciones, impotente, inútil, desesperado… Mi corazón comenzó a latir rápidamente, oprimiéndome el pecho y dificultándome aún más la respiración, como si instintivamente supiese que aquellos serían sus últimos latidos.

Pero de nada me valía aquel sentimiento, no lo necesitaba, no lo quería… ¿Qué importancia tenía si la llama de mi vida estaba a punto de extinguirse? Cerré el puño y golpeé ligeramente el suelo, intentando volver a la “realidad”. Di un largo suspiro intentando morir con la poca dignidad que podía quedarme y cerré los ojos. Sin previo aviso, se hizo el silencio.
Nota:
Para los despitados, el personaje activa el haki del rey (lo tiene despertado) sin saberlo e instintivamente para intentar salvar la vida. Cosas de la chetomancia (?)
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Syxel el Miér 12 Abr 2017 - 4:26

Alcé el brazo, deteniéndome momentáneamente cuando la hoja de la espada alcanzó su punto álgido. Estaba casi seguro de lo que había sentido en ese hombre. Pero tanto si me había equivocado, como si su voluntad de vivir no era lo suficientemente fuerte, alargar la situación no tenía sentido alguno. Dejé escapar el aire de mis pulmones, resignado, al tiempo que me dispuse a bajar nuevamente el brazo y reunir mi espada con su cuello.

No era la primera vez que lo sentía, y aún así no sabría como explicar la sensación que me invadió. Era como si algo hubiera explotado justo frente a mi y la onda me hubiese alcanzado de lleno, pero sin moverme del sitio. Un escalofrío recorrió mi espalda, y la madera de la cubierta se agrietó bajo nuestros pies. Observé el filo de la espada, que se había detenido a escasos centímetros de su carne, y luego miré a mi alrededor. La mayoría de los miembros de la tripulación comenzaron a caer desplomados, uno tras otro, ante la atónita mirada de los que permanecían en pie.

- Tan solo están inconscientes. - Me dirigí a la tripulación, tratando de tranquilizarlos. - Despertarán en un rato.

Di un par de pasos, rodeando a Dharkel hasta quedar frente a él. Solté la espada, y el sonido del metal al chocar contra la madera resonó en el silencio que se había formado. Luego le tendí la mano para ayudarle a levantar.

- Parece que al final si que has demostrado algo. - Comenté con cierta satisfacción, y una sonrisa en el rostro.

Me pareció que quiso decir algo, pero no lo hizo. Me dio la mano y trató de ponerse en pie, mas aparentemente no le quedaban fuerzas para ello. Le sujeté del brazo con la otra mano y tiré de él, con más cuidado que la última vez. Lo llevé hasta el mástil más cercano prácticamente arrastrándolo y lo dejé de nuevo en el suelo, sentado y apoyado contra el mismo.

- Traedle algo de comer - exclamé en voz alta, mirando de reojo a Balagus. Luego me dirigí a Jish, quién sorprendentemente seguía en pie. - Y tú ve a por un cubo con agua. - Por último, volví a mirar a Dharkel. - Si va a viajar con nosotros, al menos tendrá que lavarse un poco.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Airok Bonny el Miér 12 Abr 2017 - 15:25

Al ver la patada que le propinó Syxel por la espalda ya me había quedado del todo claro. No eran simples sospechas, como buen capitán trataba de que no se notase, pero sin duda no estaba ni de lejos luchando en serio.

Seguí observando en silencio el resto del combate, sin entender el por qué de todo aquello, hasta que finalmente Syxel tuvo la oportunidad perfecta para separar la cabeza del cuerpo de aquel polizón. Miles de pensamientos se me pasaron por la cabeza durante los segundos en que Syxel no terminaba de responder "¿Cómo piensa salir de esta si no es su intención matarlo?"

De pronto, como si de un peso muerto se tratase, mi cabeza tiró de mi cuello como si me fuese a quedar dormida. Me sujeté fuerte de la barandilla tratando de mantener la compostura y despejarme. Incluso la vista se me había nublado pero no entendía por qué. Algunos de mis compañeros directamente cayeron al suelo y parecían hacer perdido el conocimiento de repente.

Atónita, me incorporé lentamente observando el panorama, Syxel comenzaba a dar órdenes para atender a aquel vagabundo y yo no podía hacer más acercarme a ellos.

-- Qué demonios ha sido eso -- Le pregunté a Syxel mientras miraba al nuevo individuo -- Y cómo se supone que se llama el nuevo recluta -- Concluí con cierto resquemor
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Balagus el Miér 12 Abr 2017 - 17:22

La lucha, que en un principio me hubo parecido una buena forma de ejecutar al intruso, se había convertido golpe tras golpe en un espectáculo deplorable y por completo carente de interés. El capitán parecía querer alargar el enfrentamiento en exceso, ya fuera porque no quería acabar con su vida o porque disfrutaba atormentándole. Ninguna de las posibilidades me encajaba con mis recuerdos del pirata que tenía delante.

"Tal vez este tiempo por su cuenta le ha cambiado. Tal vez no sea el mismo nunca más..."

Observé cómo ambos intercambiaban palabras ocasionales, mas el jaleo de los reclutas de alrededor me impidió escuchar con claridad la totalidad de las mismas. Solté aire con fuerza por la nariz, cada vez más hastiado de lo que contemplaba. Pensé en hacer caso a Bonny y marcharme a lavarme, pues un líquido espeso, de naturaleza no tan indeterminada si se pensaba que estaba cerca del hombro sobre el que me cargué al intruso anteriormente, estaba empezando a enfriarse. Además, todavía tenía que cocinar algo.

Como por obra de la providencia, Silver finalmente doblegó al perjudicado mendigo. Aunque había sido vagamente consciente de todo lo ocurrido hasta entonces, me encontré con que mis propias preocupaciones sobre todo lo acaecido habían apartado mi mente lo suficiente como para no recordar la mayor parte de los detalles de la lucha. Finalmente, el capitán sí parecía dispuesto por completo a eliminar al sujeto, ahora arrodillado sobre la cubierta, con un rápido tajo sobre el cuello.

Agradecido porque por fin pudiera ponerse un punto y final a aquella farsa, di la espalda al corro y me quité la capucha-máscara de lobo negro, dirigiéndome a la cocina para llenar un barreño de agua y limpiarme la espalda.

Apenas había dado un par de pasos cuando noté un extraño escalofrío masivo por todo mi cuerpo, avanzando como una ola de atrás hacia delante. Sin explicación alguna, me encontré sin aliento alguno y temblando ligeramente, como si alguien acabara de caminar sobre mi inexistente tumba o si le hubieran dado una ducha de agua fría a mi alma misma. Tras un instante de confusión, giré media vuelta en el sitio para encarar el corro que pretendía dejar atrás.

Todos los reclutas se desplomaban sin razón aparente. Sólo Syxel, Jish, el revolucionario y alguno más parecía haber aguantado por completo aquel extraño suceso. El capitán parecía súbitamente interesado de nuevo en el mendigo, que seguía vivo y coleando, pues no sólo lo miraba con su típica sonrisa y le ayudaba a incorporarse, sino que le llevó hasta el apoyo del mástil para sentarlo de nuevo y ordenó traerle comida y agua.

Sabiendo perfectamente que lo primero me lo dirigía a mí, reanudé mi camino hacia la cocina y salí de ella con un barreño de agua que me vacié por encima. Dejé la capucha en el mismo contenedor para lavarla luego y marché hacia la bodega. Sin detenerme, volví a las cocinas con varias chuletas, dos piernas de cerdo y una ristra entera de salchichas.

Dejé que mi actividad frenética entre los fogones alejara todas las preguntas que se agolpaban en mi cabeza, exigiendo una reflexión lenta y exhaustiva para responderlas. Mi tamaño me permitía abarcar dos cocinas enteras y el aceite a la vez sin problemas, y las salpicaduras de éste al freír la carne apenas conseguían atravesar mi piel fuerte y endurecida. Sal, unas patatas, algunas hierbas extra y una bandeja para servir primero las chuletas y las salchichas con una hogaza de pan, y la primera ración rápida estaba terminada.

Dejando que las dos patas de cerdo se asaran bien en los hornos, regresé a la cubierta con lo preparado y lo dejé frente a Dharkel, como así se había presentado, sin mediar palabra. Con el mismo mutismo, clavé mis ojos sobre mi capitán, esperando alguna aclaración por su parte.

A juzgar por Airok en las proximidades, no parecía haber sido yo el único con aquella intención.
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Re: ¿Pero dónde me he metido? Prefiero volver a la cárcel...

Mensaje por Aridam H. Taito el Miér 12 Abr 2017 - 20:38

El amago de combate había llegado a su fin. El intruso estaba en el suelo, vendido, y Syxel tenía la espada preparada para decapitarlo. Suspiré pesadamente, mientras apoyaba la espalda en el mástil y me prepraraba para usarlo como cobertura para que la sangre no me salpicase. Al final no obtendríamos respuestas después de todo...

O eso pensé. apenas unos momentos más tarde, la sangre se me heló en las venas y una sensación como no había sentido en mucho tiempo me oprimió por dentro. Era como una presencia, una fuerza de voluntad que doblegaba la propia atmósfera en la que me encontraba y me intentaba someter. Solamente gracias a mi propia voluntad pude evitar caer al suelo como el resto de miembros de la tripulación, la mayoría abrumados por aquella onda de poder puro e inconscientes, si bien aun así tuve dificultades para recuperar el control de mi cuerpo, ya no digamos la compostura.

- Eso era... ¿Haoshoku? - Susurré.

El Haki del Rey, la Voluntad del Conquistador. Tiene muchos nombres, pero todos aluden a lo mismo. Aquel don presente en tan pocas personas del mundo, y que ya había sufrido en mis carnes años atrás. Esperaba encontrar a más usuarios de tal capacidad cuando navegáramos por los mares más peligrosos, pero nunca imaginé que uno de ellos sería un hombre débil y con pintas de vagabundo que se hubiera colado en nuestra despensa.

En cuanto me di cuenta de que tenía los ojos abiertos como platos, me sacudí por completo para terminar de sacarme aquella invasiva sensación del cuerpo, y me apresuré a apartarme del mástil para dejar que Syxel apoyara en él al polizón. En cuanto empezó a ordenar que le trajeran comida y bebida para que recuperara fuerzas, empecé a encajar las piezas del puzzle, aunque no dije nada porque esperaba que me lo confirmara el propio capitán pirata, antes de tomar conclusiones precipitadas.

A todas estas, ¿cómo se llamaba nuestro "invitado"? Me suena que lo mencionó, pero no le presté mucha atención, y ahora me arrepentía de ello. Sí que recordé que había mencionado algo de haber estado preso. ¿Puede que fuera esa la explicación de su estado y aspecto? Pero si estaba preso sería por algo, ¿no? En fin, de nuevo estaba haciendo asunciones antes de tiempo. Mejor dejar que se calmara un poco primero y nos contase su historia más tarde.

Mientras Balagus preparaba la comida, me dediqué a intentar despertar a los inconscientes reclutas piratas, de los cuales nadie parecía haberse preocupado. La mayoría se mantuvieron en un estado catatónico incluso tras un par de bofetadas, pero poco a poco conseguí levantar a unos pocos que solo terminaron con dolor de cabeza. Unos cuantos cubos de agua de mar más tarde, hasta los más débiles de voluntad (y por ende los más afectados) lograron recuperar el conocimiento. Con la tripulación confundida y expectante, y el semigigante saliendo de la cocina con aquel pedazo de plato de carnes y patatas, todos acabamos mirando a Syxel esperando una bien merecida explicación. Ya habría tiempo de obtener respuestas del otro cuando se terminara aquel banquete.

Y hablando de banquetes y carne, cómo se nota que el hijoputa tiene un olfato de la ostia. Porque aquel tritón que había desaparecido por la cara de repente apareció a mi espalda sonriente, chorreando agua y preguntando:

- ¿Ya es la hora del almuerzo? Me muero de hambre.
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