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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

Tormenta Final [Time 2017]

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Tormenta Final [Time 2017]

Mensaje por Madara Uchiha el Miér 14 Jun 2017 - 3:01


Capítulo 1: Los Planes.


El mercenario había terminado de enviar aquella carta a sus hombres. En aquellos precisos momentos se hallaba tumbado en la entrada de una de las cuevas de Galuna. Era su primera base y le encantaba estar allí.  En su mano derecha poseía un enorme bocadillo de atún y jamón cocido. Masticaba con ganas mientras se relajaba. La guerra de Síderos había sido demasiado fácil en su opinión, pues tan solo tuvo que hacer polvo una estatua gigante. El resto fue coger el dinero y largarse. Empezaba a pensar que el mundo no era un ser tan terrible como decían los demás. Si uno era fuerte y entrenaba duro como él había hecho, todo era fácil y agradable. Soltó un pequeño suspiro y pensó en todo el dinero que poseía. Sin duda, tras vender todo y quedarse con el material   de Zilda su fortuna ostentaba casi los dos millones de berries. Se consideraba ya una persona millonaria, pero él deseaba mucho más. Madara no tenía límites y el tiempo le había enseñado que el dinero movía el mundo. Si no podía estar con ninguna chica de forma permanente por el cabrón de su hermano, tan solo le quedaba disfrutar de la vida.

La dulce venganza era uno de sus platos favoritos y por fin después de tantos años iba a terminar con los cabrones que destruyeron su clan. Ese sin duda era el postre, la parte que todo el mundo esperaba con ansías. En su rostro se formó una sonrisa siniestra y entonces soltó una pequeña carcajada. Aquellos cabrones estaban en el Grand Line, cerca de Isla Banaro. Uno de sus mercenarios había conseguido la información y según lo que había contado, el líder de aquellos idiotas era tan temido como él. No le interesó ni saber el nombre, Madara prefería que fuese una sorpresa. Si quería pasarlo bien vengando a los suyos, debería llevarse sustos también. Hacía tiempo que nadie podía herirle, aunque nunca perdió un combate. De hecho ¿Había peleado con alguien fuerte? El hombre gusano del Sur, aquel que le cortó el brazo hacía ya unos años fue el último. Dejó de pensar en aquello y se comió el bocadillo por fin. Tal vez debía darse una vuelta por la isla antes de partir. No sabía cuánto tiempo le iba a llevar aquello y deseaba pasar una buena noche antes de nada. Bueno, esperaba que su preciosa Kaori se lo perdonase. Su adorable agente del CP.

El enorme dragón se colocó en pie y se estiró un poco. Su altura era algo digno de admirar para ser un humano. No tardó mucho en poner rumbo al centro de la isla. Lo primero que haría sería pasarse por la taberna donde se encontraba su gente. Tan solo iba vestido con un pantalón rojo y unas sandalias. Su torso estaba desnudo, dejando ver un cuerpo fornido y musculoso. El shichibukai tenía claro que iba a necesitar su equipo especial de combate, formado por su guadaña, espadón y armadura. Con eso le bastaría para terminar con todo de una vez por todas. No tardó mucho más en llegar a aquel local y una vez abrió la puerta se dio cuenta de la poca gente que había. Tal vez era debido a que era la una de la mañana. Soltó un enorme bostezo y empezó a caminar hacia la barra con toda la calma del mundo. Nada más llegar se sentó en ella y pidió un trago de lo primero que pillase el camarero. Al dragón le daba igual en ese momento lo que le pusiera. En muchas islas todo el mundo iba a las tabernas sobre aquellas horas, pero Galuna parecía ser un caso especial.

- ¿Ya has vuelto de la guerra?

Madara alzó una ceja al escuchar aquellas palabras. Miró hacia atrás y pudo ver a aquella chica que le observaba. Era rubia, de ojos azulados y cuerpo delgado. Vestía con una camiseta negra ajustada y unos pantalones excesivamente cortos. Él ya la conocía bastante. Se había enrollado con ella algunas veces y sabía que su dinero era la causa de aquel logro. La última vez que la vio fue hacía ya unas semanas. El moreno simplemente mostró una expresión tranquila y asintió con la cabeza. Sus rojizos ojos se clavaron en los de la muchacha, la cual caminó despacio hasta sentarse a su lado. El dragón mostró una sonrisa simple y acto seguido acarició su cabeza con la mano derecha.

- ¿Qué es de ti, Erika? No me esperaba que a estas horas siguieses en pie ¿No tienes suficiente para un par de cervezas?

La joven no dijo nada y pasó de estar en su sitio a sentarse sobre la rodilla derecha del mercenario. El Uchiha entonces sonrió de lado mientras negaba un poco con la cabeza. Nunca habían llegado a nada más, pero estaba harto de tener que invitarla a copas por ese precio tan bajo. Fue ese momento cuando el dragón le dedicó una mirada pícara y entonces colocó su mano en el trasero de ella. A la rubia no pareció molestarle y simplemente sonrió colocando sus manos en el pecho de él mientras le sacaba la lengua.

- ¿Qué pretendes, shichibukai?

- Estoy un poco juguetón esta noche y bueno… ¿Dejamos los besos y caricias de una vez? Me apetece algo más excitante y con menos ropa de por medio…

La joven no pudo evitar sonrojarse un poco. El moreno por su parte estaba totalmente tranquilo y calmado, pues él no tenía vergüenza para aquellas cosas. La chica miraba una y otra vez a Madara de arriba abajo. Era normal que se lo pensase considerando la altura que tenía semejante monstruo. Después de unos momentos ella le miró con una expresión apenada.

- Yo lo haría, Madara-sama… Pero hay un collar de perlas que la tienda de la esquina que es muy hermoso… ¿Tú podrías…?

Una gota de sudor bajó desde la frente del moreno hasta su mejilla. Ya se esperaba algo similar, pero aquella chica le daba demasiado morbo y por ello asintió con la cabeza. Justo en ese mismo momento, la pared del local estalló por los aires, formando una intensa llamarada que avanzó un par de metros hacia el interior. El camarero se tiró al suelo y la chica gritó con fuerza mientras se escondía tras una de las mesas. Madara por su parte se quedó tranquilo y miró con calma hacia el lugar de la explosión. Era increíble que no se coscase mucho con aquel tipo de cosas, pero era su forma de ser. Cuando el humo se despejó, frente él había dos figuras. Vestían con cascos y armaduras de acero. El color de las piezas de uno eran rojas y las del otro blancas. Ninguno poseía armas o al menos no las llevaban a la vista. El moreno se quedó un poco confuso mientras los miraba. Cada uno debía medir unos dos metros, pero seguían siendo bajos al lado del dragón. El Uchiha se cruzó de brazos al mismo tiempo que entrecerraba los ojos. Algo le decía que el dúo de payasos que tenía frente a sus ojos no estaba allí por la caja fuerte del local.

- ¿No podéis contratarme sin armar todo este jaleo? Está claro que nadie es tan subnormal de atacarme en mi puta cara.

Las palabras del mercenario no tuvieron respuesta. El tipo de rojo simplemente caminó hacia él y cuando estuvo cerca trató de impactarle una patada en toda la cara. Su sorpresa fue cuando el dragón negro interpuso el antebrazo izquierdo con toda la calma del mundo. El atacante retrocedió al ver que no había logrado nada. El otro por su parte, lanzó un puñetazo al aire formando una onda de que choque que fue directa hacia el moreno. Madara notó un leve empujón, pero nada que le hiciera cambiar su postura. Soltó un pequeño suspiro debido al aburrimiento y se colocó en pie lentamente. Los tíos de colores se miraron entre ellos unos segundos y asintieron con la cabeza. Clavaron una rodilla al mismo tiempo en el suelo y agacharon la cabeza en señal de respeto. El devastador estaba un poco confuso con aquellos actos y por ello frunció el ceño. Le gustaban las cosas claras desde el principio y no de aquella manera.

- Discúlpenos, Madara-san. Resulta que nuestro jefe nos mandó a comprobar si era usted un pelele con mucha altura… Se ve que piensa que los shichibukais son idiotas. Lo de la pared será pagado de inmediato, pero queríamos hacer esto lo más creíble posible.

- Hace muchos años que nadie tiene huevos a atacarme a la cara, ese fue vuestro error. De todas formas, tengo cosas que hacer. No estaré disponible hasta unos cuatro meses o cosa así. – Respondió estirando la mano y cogiendo una botella de vino. Por dentro se moría de ganas por saber quién había sido el pringado que había hecho ir por él a aquellos inútiles.

- Estamos dispuestos a esperar, señor. Necesitamos su ayuda sea como sea y está claro que el dinero no será un problema.

Insistió aquel hombre. El moreno entonces soltó un pequeño suspiro y después se quedó mirándolos. Tal vez debía hacerles el favor, pues sentía pena de que tuviesen un jefe tan idiota. De todas formas, aquello sería cuando terminase con sus asuntos, por lo que simplemente les dio su número. Él tenía cosas que hacer.


Capítulo 2: El Ataque Del Dragón.


El cielo estaba nublado. La isla que habían descrito al dragón se hallaba frente a sus rojizos ojos y la zona en la que estaba el clan enemigo también. Con el paso del tiempo la cosa había evolucionado bastante y en lugar de vivir en casas de madera, parecían hacerlo en extraños edificios en forma de cubo. Todos rodeaban lo que parecía ser un pequeño castillo. Aquella isla estaba habitada por aquellos cabrones que exterminaron a los Surfer hacía tiempo y ahora era el momento de la deliciosa venganza. El enorme ser alado no se lo pensó ni un poco y sin previo aviso abrió la boca todo lo que pudo comenzando a cargar su aliento. Todos eran asesinos que vivían huyendo del gobierno, por lo que no habría problema alguno con las bajas. Todo estaba decidido y Madara no iba a frenarse.

El monstruo sobrevoló el castillo y dejó caer un cañonazo de ácido que impactó de forma violenta sobre el tejado, algunas ventanas, y parte de la estructura. Los gritos desde el interior del enorme edificio no tardaron mucho en escucharse. Al cabo de unos segundos, una enorme cantidad de guardias comenzó a salir al exterior para ver lo que ocurría. El alado ser aterrizó despacio sobre el tejado de una de aquellas extrañas casas en forma de cubo. Su cuerpo empezó a cambiar hasta adoptar su forma humana. El viento empezó a ondear sus cabellos. Las miradas de los guardias parecían serias. El silencio fue intenso y ni siquiera el terrible mercenario dijo nada. Algunos hombres no se lo pensaron y dispararon contra él. La piel del shichibukai tomó un color negro metálico y los proyectiles rebotaron como si nada. La sonrisa del Uchiha se amplió muchísimo más y lo siguiente que hizo fue saltar al suelo. El impacto de sus pies contra este provocó un leve temblor.

- ¿Dónde está vuestro líder? – Dijo con un tono serio mientras llevaba la mano derecha al mango de su enorme espadón.

Aquella enorme arma hizo temblar a algunos de los soldados. Nadie parecía hablar, pero el moreno no tenía paciencia para aquellas cosas. De un potente golpe partió en dos a varios hombres que se llevó por delante. Los gritos empezaron a escucharse y la sangre empapó al devastador, el cual miraba de forma seria al resto. Los guardias corrieron hacia él con sus espadas, pistolas y demás armas. Uno tras otro iban siendo asesinados por el poderoso shichibukai. Ninguno de aquellos insectos podía compararse a su poder. Tras unos minutos, aquella zona estaba cubierta de cadáveres y el dragón avanzaba despacio hacia el interior del castillo. Escupió a un lado y empezó a subir las escaleras, pues su haki le decía que la presencia más poderosa se hallaba en lo más alto. No tardó en llegar a una habitación enorme con algunas estatuas de hierro dispersadas por ella. En una silla podía verse una persona sentada y mirándole a él de forma seria. Sus cabellos eran blancos como la nieve y el color de sus ojos azulado. Mediría unos dos metros y poseía un espadón similar al de Madara, pero algo más pequeño.

- ¿Has venido a por mí cabeza, Uchiha Madara? – Preguntó aquel hombre poniéndose en pie y mirando a su rival. Sus ropas consistían en una túnica roja y unas sandalias de madera.

- Surfer Madara, sería lo más correcto. – Respondió el dragón con una sonrisa siniestra.

Los ojos de aquel hombre se abrieron algo más de lo normal y después de unos momentos se puso en pie. Reconoció perfectamente aquel apellido, pues fue el clan que masacró hacía ya algunos años. No llegó a imaginarse que el dragón negro fuera uno de los supervivientes. Ya sabía sobre el tenebroso Jin Surfer y esperaba con ansias su llegada, pero ahora había aparecido un mal posiblemente mayor. Esperaba poder vencerlo. Ya sabía que sus hombres habían sido derrotados, pero era un ser cruel y tampoco le importó mucho.

Aquel hombre tomó su mandoble y lanzó un poderoso tajo buscando el torso del dragón. Madara respondió metiendo por medio la hoja de su propia arma y bloqueándolo sin problemas. Las miradas de aquellos dos hombres estaban clavadas la una en la otra. La expresión del shichibukai era bastante calmada, mientras que la del peliblanco era bastante seria. De nuevo, volvieron a intercambiar un par de choques de espadas que terminaron sin heridas para ninguno de los dos. Poco a poco aquel hombre parecía empezar a divertirse. Madara mostró una sonrisa confiada. Incluso Jin podría haber matado a aquel imbécil sin dificultades. Debía de haber algún error en el haki de observación, pues para el moreno era un simple idiota más. El mercenario entonces lanzó un tajo mucho más violento y cuando aquel tipo interpuso su espada de por medio, salió volando debido a la fuerza del dragón. El oponente del Uchiha quedó tirado en el suelo tras la caída y soltó un pequeño quejido de dolor.

- Creía que eras fuerte, pero parece ser que tan solo eres un gusano debilucho. – Mencionó acercándose a él con una expresión calmada.

Aquel hombre entonces empezó a reír. El mercenario ladeó la cabeza un poco y empezó a pensar que había enloquecido, pero ese tipo no tardó mucho en imbuirse en una especie de aura rojiza. La mirada del dragón negro se volvió bastante seria, pues el aura de aquella persona había crecido de forma exagerada. Aquello parecía un jodida técnica de sellado, pues era como si su poder hubiese aumentado diez veces. Madara pensó que debía tratarse de un farol, pues no conocía técnica que incrementase tanto las habilidades de una persona. Entonces se lanzó a por su oponente y trató de cortarlo en dos de una vez. Aquel peliblanco se movió a una velocidad increíble y desapareció de la vista del Uchiha. Lo siguiente que notó el mercenario fue un potente golpe en la zona del costado derecho, lo cual provocó que cayese al suelo debido al violento impacto. Los ojos del shichibukai se abrieron un poco más de lo normal, se estaba mosqueando. Miró a su rival, el cual parecía estar conteniendo la risa.

- Borraré esa estúpida sonrisa de tu cara… – Susurró al mismo tiempo que imbuía todo su cuerpo en su haki de armadura. Para su sorpresa, su rival hizo lo mismo.

Ambos hombres se miraban a los ojos fijamente. El moreno se colocó en pie al mismo tiempo que dejaba su energía fluir por todo su cuerpo. Una especie de aura azulada comenzó a invadir totalmente su cuerpo de forma exagerada. Madara rugió con fuerza y una especie de humanoide surgió de su espalda. Era un ser hecho de energía y medía siete metros de altura, por lo que hizo el techo pedazos. En cada mano poseía una espada y parecía mostrar una expresión siniestra. El dragón quedó protegido introducido en aquella cosa, en la zona del estómago. Era una especie de escudo gigante. Aquel ser entonces empezó a lanzar poderosos tajos hacia el peliblanco. Aquel tipo bloqueó algunos golpes con facilidad, pero no pudo evitar llevarse algunas heridas. Él solo tenía un arma y aquella cosa disponía de dos. Su rival entonces salió disparado hacía él y lanzó un poderoso corte hacia la zona en la que estaba el shichibukai. El escudo se rompió al momento y obligó al mercenario a cubrirse de nuevo con su espadón. El enorme humanoide se deshizo entonces.

- Gabriel… Es el nombre de la persona que va a terminar con tu vida…

Dijo aquel hombre mientras su aura rojiza tomaba más fuerza. El moreno frunció el ceño y por primera vez en mucho tiempo se puso serio. Un par de alas negras surgieron de su espalda, y de la parte baja surgió una larga cola terminada en una cuchilla. Los colmillos del shichibukai se afilaron y sus ojos tomaron un leve brillo rojizo. Una sonrisa se formó en su rostro y a continuación su hocico se alargó, su cuerpo entero se recubrió de escapas y dos cuernos surgieron de su cabeza. Había entrado en su forma híbrida y por lo tanto, su tamaño pasó a ser de cuatro metros. Aquel ser miró entonces a su presa y empezó a reír de forma sádica.

- Nombre de Ángel… ¡Es irónico que vaya a matarte un demonio! – Gritó entonces el dragón.


Capítulo 3: Emperador De La Oscuridad.



Los dos se lanzaron el uno a por el otro. Las espadas volvieron a chocar de forma violenta, pero esta vez la fuerza mayor fue del mercenario. El peliblanco cayó al suelo de espaldas y el shichibukai decidió aprovechar aquello. Se le echó encima lo más rápido posible y empezó a lanzarle tajos violentos uno tras otro. Gabriel rodaba, bloqueaba y esquivaba, se notaba que lo estaba pasando bastante mal. Logró colocarse en pie e impactó una patada en el rostro del dragón, el cual rugió con fuerza y retrocedió un par de pasos. El ceño de la bestia se frunció y eso provocó que el peliblanco aumentase su aura de nuevo. El haki de Madara notó el aumento de fuerza de nuevo y eso no le gustó nada. Aquel tipo parecía no tener límite y esperaba que aquella técnica no durase mucho. Si quería ganar iba a tener que usar sus jugadas más sucias y no era algo que le importase. No había honor en la venganza. El dragón entonces se mantuvo quiero en todo momento y esperó que fuese él quien ejecutase su movimiento. Aquel hombre entonces trató de lanzarle otro tajo, en ese momento, la boca del enorme ser mitológico se abrió dejando salir un gas verde intenso.

Gabriel gritó de dolor cuando aquella cosa hizo contacto con su piel. Se tiró al suelo y empezó a golpearlo con fuerza mientras se quejaba. El ácido gaseoso de Madara era muy peligroso y no había tenido reparo en utilizarlo. El peliblanco se levantó de nuevo. La mitad de su rostro estaba deformado y su ojo izquierdo cerrado. Ese tío debía ser muy duro para no haber caído inconsciente por el dolor, pero el Uchiha ya sabía que aquello era obra de la jodida aura roja que tenía. Entonces el hombre dragón volvió a la forma humana y frunció el ceño.

- ¡No tienes honor!

- ¡No tienes derecho a decirme eso, escoria! ¡No hay honor ninguno en arrasar un clan de personas inocentes! ¡Tú provocaste la muerte de los Surfer! Por tu culpa mi hermano se volvió un hijo de la gran puta, mi hermana terminó como esclava y mi padre murió… ¡No pretendas sobrevivir después de haber masacrado a los míos!

El mercenario saltó sobre su enemigo al mismo tiempo que cambiaba a la forma completa. Sus alas derribaron las paredes de aquella sala y con su boca atrapó al peliblanco por la cintura. Aquel hombre gritó de nuevo notando los dientes de aquella bestia clavarse en su carne. Su espada cayó al suelo al verse incapaz de continuar sujetándola. El enorme dragón salió disparado hacia los cielos mientras ejercía cada vez más fuerza en el cuerpo de aquel tipo. El enorme monstruo entonces empezó a segregar ácido para empezar a corroer sus ropas y sus piernas. Los gritos de dolor eran exagerados, pero el moreno no pensaba parar en ningún momento.

- ¡Piedad! ¡Por favor!

Gritaba aquel hombre entre algunas lágrimas. Madara soltó su cuerpo entonces, dejándolo caer al vacío. Esperó unos segundos y después volvió a la forma humana, pero manteniendo las alas en su espalda. Viendo a aquel imbécil aproximarse al suelo, salió disparado hacia él de nuevo. Cuando estuvo lo suficiente cerca lo miró a los ojos por última vez.

- Pídesela a los míos en el infierno…

Madara entonces lo agarró de la cabeza y continuó bajando a toda velocidad hacia el suelo de la isla. Cuando estaban a unos diez metros, el dragón lo lanzó con toda su fuerza hacia abajo. Él por su parte realizó una pirueta y volvió a subir. La cabeza de Gabriel reventó contra el suelo y su cuerpo quedó en un estado pésimo. Los trozos de carne y de cerebro adornaban el lugar, pero no fue algo que desagradara al mercenario. El Uchiha mostró una sonrisa que mostraba satisfacción y lo siguiente que hizo fue volver a la forma completa. Estando todavía con su haki armadura activado, se estampó contra lo que quedaba del castillo y lo hizo añicos. El enorme monstruo entonces voló hacia uno de los pequeños edificios en forma de cubo y aterrizó sobre el tejado en forma humana. Su mirada se clavó en los trozos de carne de Gabriel y después de aquello sonrió. Su venganza se había cumplido y ahora tenía algo menos que hacer.

- Nunca debiste meterte con la familia del emperador de la oscuridad, mendrugo. – Dijo entonces limpiándose el polvo de sus ropas.

El dragón saltó al suelo y empezó a caminar despacio hacia los restos de carne de aquel idiota. Tal vez había algo valioso en sus ropas. No pensó en registrar el castillo antes de cargárselo y ahora le daba mucha pereza buscar entre los escombros. Para su desgracia, no encontró nada que pudiera serle de utilidad. El dragón negro entonces soltó un suspiro y se estiró un poco. Tal vez iba siendo hora de volver a casa. De hecho, recordó que tenía un contrato que hacer con aquellos dos tíos de las armaduras que irrumpieron en el bar de Galuna. Lo mejor ahora era volver a lo de siempre, ganar dinero y fama. Soltó un pequeño bostezo y se tumbó en el suelo. Antes de continuar se daría el lujo de descansar un poco, pues se lo había merecido. También debía enviar un mensaje al gobierno informando de que había terminado con todos, pues aquellos cabrones eran criminales. Unos más buscados que otros, pero eso le daba lo mismo. El principal había quedado irreconocible y por una vez en la vida le daba lo mismo el dinero. Había disfrutado su venganza. Tenía unos meses libres antes de reunirse con aquel dúo tan raro y se lo pasaría bastante bien. Soltó una pequeña carcajada y después cerró los ojos. Desactivó el haki de observación y tranquilamente se acomodó.

Unos meses después…

- ¡Ryu-black! – Gritó Madara con todas sus fuerzas mientras estampaba su puño derecho contra el suelo.

Estaba en una especie de desierto. Era el momento perfecto para entrenar un poco ahora que tenía tiempo libre, pues quería continuar aumentando su poder. No podía dejar que hubiese personas mucho más fuertes que él. El sudor caía por el cuerpo del mercenario, el cual vestía tan solo con un pantalón corto de color blanco y unas zapatillas para no quemarse con la arena. El calor era horrible, pero esa era parte de su entrenamiento. Cada vez que golpeaba el suelo la arena saltaba por los aires. Cerraba los ojos al hacerlos por razones obvias. Su pelo estaba lleno de aquellos jodidos granos, pero ya se daría una ducha. Había comprobado que había varios largos en la zona Sur de aquel sitio. Era una isla cercana a Banaro y contaba con una zona seca y otra bastante tropical.

El moreno cambió entonces a su forma híbrida y empezó a correr por el desierto de la mejor forma posible. Continuaba sudado y cansado, pero ese era el mejor momento para entrenar, pues así ponía a prueba su resistencia también. Quería ver cuál era su límite. Llevaba ya un tiempo allí y se alimentaba de lo que compraba en un pequeño pueblo que había cerca de la zona tropical. Dormía en las posadas, pues dinero no le faltaba. Si cambiaba de forma era para ir acostumbrándose a ellas, pues de esa forma podría mantener una palea de cambios constantes sin problema. Pasar de medir dos metro y medio a cuatro era una putada los primeros segundos y eso lo notó en la palea con el peliblanco. Madara sabía perfectamente que si lograba acostumbrar bien a sus formas, todo podía cambiar bastante. También entrenaba una vieja habilidad que pensó hacía ya tiempo. Sabía que los agentes podían cambiar algunas cosas de su cuerpo, él planeaba hacer lo mismo.

Medir dos metros y medio era una putada, planeaba terminar con aquello. Cada noche se mantenía unas doras horas sentado y tratando de canalizar la energía por su cuerpo. Su objetivo era contraer los músculos y disminuir la masa muscular. Tal vez le costaba perder fuerza, pero aquello era necesario para poder realizar sus objetivos. No podía ligar con tranquilidad, ni tampoco dormir en camas normales. Así también invitaría a sus oponentes a subestimarle y poder divertirse más. Podía sonar un poco cabrón, pero era la parte más divertida, pues él nunca se consideró una hermanita de la caridad. Cuando despertaba por las mañanas se iba a pasárselo bien al pueblo, pues muchos le conocían y había mujeres de muy buen vez. El cabrón no podía evitar ponerse a ligar en todo momento cuando estaba en las tabernas. Ya se había llevado a más de una a su cama, pero tan solo mantuvo relaciones sexuales con dos. Las otras simplemente… Bueno, durmió con ellas abrazadito. Era bastante mimoso en aquel tipo de cosas.


Capítulo 4: Volviendo A Las Guerras: Madara Ha Llegado.


Aquella sala no terminaba de convencer al dragón negro. Era bastante pequeña y tan solo había una ventana pequeña que daba al exterior. Frente a sus ojos había una estantería llena de botellas de vino. Él se hallaba sentado en un sofá y a su lado había un tipo de edad avanzada, cabellos castaños y ojos verdes. Dicho hombre vestía con un traje elegante y su mano derecha estaba totalmente vendada. Habían pasado un par de meses más y Madara había mejorado mucho sus habilidades. Ahora estaba con el jefe de los dos tipos que le asaltaron en Galuna. Se habían reunido allí para hablar del trabajo, pero el dragón debía admitir que aquel sitio era incómodo, poco espacioso y encima ambos estaban demasiado cerca. Estaba a nada de levantarse y coger una botella de vino. Tan solo esperaba que ese hombre mayor no quisiera hacerle un blanqueamiento anal.

- Esperaba unas chicas hermosas, un sitio espacioso y unos aperitivos. Nunca imaginé que la reunión fuese en la bodega ¿De verdad usted tiene dinero para contratarme? – Le preguntó el dragón algo confuso.

- Aquí me siento muy relajado, Madara-san. El dinero no va a ser un problema, pero mi pregunta es la siguiente ¿Podrá usted cumplir el encargo? – Ese hombre parecía algo preocupado y eso fue algo que el dragón notó con facilidad.

El mercenario se colocó entonces en pie y se acercó a los vinos. Si el dinero no era problema, supuso que no pasaría nada por beberse una botella. Estuvo buscando la mejor marca posible y no tardó mucho en encontrarla. Tuvo la suerte de conocer todas aquellas. Agitó bien el vino y después descolchó la botella. Lo primero que hizo fue darle un enorme trago y después limpiarse la boca con la mano derecha. La mirada de aquel hombre mayor no cambió en lo más mínimo. El mercenario entonces se dio cuenta de que el asunto era más grave de lo que pensaba. Era como si ese tipo tuviese ganas de llorar. No tardó mucho en colocar la botella sobre una pequeña mesita de madera que había y después soltó un pequeño suspiro.

- Empiece a contarme todo. – Dijo entonces de forma seria.

- Desde hace años yo y mi pueblo hemos recibido la visita de un hombre conocido como “El Coloso”. Es un pirata con una fuerza asombrosa y tiene unos veinte hombres a su servicio que son terribles. Cada mes se llevan nuestro dinero, parte de nuestra comida y toman a algunas mujeres. Siempre hemos tenido la amenaza de que si alertamos al gobierno nos matarán a todos… Pero no quiero que esto continúe pasando. Escuché sobre usted y envíe a mis dos mejores hombres a comprobar su poder. Cuando me dijeron lo fuerte que era decidí arriesgar mi vida y llamarle…

Madara cerró los ojos durante unos segundos y se puso a pensar. Si esos dos idiotas eran los más fuertes de aquella isla estaban un poco jodidos. Algo le decía que el dinero que ese hombre le iba a ofrecer sería una birria comparado con los otros trabajos que él solía realizar. Sintió algo de lástima por la situación, pero entonces cayó en una cosa: El Coloso. El Uchiha mostró una sonrisa algo siniestra. Podría pedirle poco al anciano, pero a cambio quedarse con el cuerpo de aquella persona. Sabía que aquel tío tenía ochocientos millones por su jodida cabeza. Podría quedarse con cuatrocientos debido a su puesto de shichibukai. Se rascó un poco la barbilla y lo siguiente que hizo fue mirar fijamente a aquella persona.

- ¿Cuánto puede ofrecerme sin que signifique la ruina para la isla?

- Hemos ido escondiendo pequeñas cantidades durante estos años por si nos decidíamos a hacer algo como esto… Tenemos cincuenta millones… – Dijo algo tembloroso.

- Los cincuenta más la cabeza del Coloso ¿Hay trato? – Contestó Madara sonriendo de forma algo arrogante.

En otra ocasión habría pedido un mínimo de doscientos, pero aquellas personas parecían estar pasándolo fatal y eso le recordó a su clan. Además, el dinero que ganaría con el cuerpo de aquel pirata sería suficiente. El anciano al escuchar sus palabras se levantó emocionado y asintió con la cabeza. Sus ojos se humedecieron por unos segundos y eso hizo al moreno soltar un suspiro. Ese tipo debía ser el líder de aquellas personas. Tal vez era su alcalde, consejero o algo por el estilo, no pensaba preguntar.

- ¿Cuánto queda supuestamente para que lleguen esos malnacidos?

- Unas dos semanas más o menos…

Una sonrisa siniestra se formó en el rostro del moreno. Tendría algo más de tiempo para continuar entrenando sus poderes de dragón y de paso aquella habilidad para hacer su tamaño más pequeño. Estaba claro que pediría habitación gratis en una posada y comida también, era lo mínimo según pensaba. El dragón le dio un enorme trago a la botella de vino y después soltó una pequeña carcajada. Recordó cuando aquellos dos tíos raros de las armaduras dijeron que el dinero no era problema, capullos. Lo siguiente que hizo el mercenario fue caminar hacia la salida, pero no sin antes decir unas últimas palabras.

- Cuando veíais que aparecen, ocultaos todos aquí dentro. No quiero ayuda de ninguna persona. No tengo nada más que decir.

Doce días habían pasado ya desde aquel día. Madara se hallaba en uno de los bosques de la isla. Vestía tan solo con un pantalón corto, pero debido a que no había arena tenía esta vez unas sandalias de madera. El dragón lanzaba golpes al aire, saltaba y daba patadas aéreas. Realizaba ejercicios duros como flexiones, abdominales, y corría por el bosque. Se notaba que estaba entrenando al máximo sus capacidades físicas. No pensaba dejarse derrotar por nadie. El mercenario no usaba su haki armadura en ningún momento, pues así sentiría todo el dolor en sus propias carnes. Por muy raro que fuese, el mercenario no se había tirado a ninguna joven. Bastante mal lo estaban pasando como para ahora querer ligar. Eso sí, no iba a permitir que aquel cabrón volviese a tocar a las chicas de la isla. Él y su banda de insectos estaban condenados.

Como cada noche, se quedaba meditando y canalizando la energía a través de su cuerpo para poder realizar la técnica que buscaba, pero la cabrona se le escapaba de las manos. Tan solo había podido bajar algo el grosor de sus músculos, pero para nada era suficiente. Tal vez debía buscar otro método distinto para aquel tipo de cosas. Debía realizar un entrenamiento parecido al de los agentes, pero desconocía aquello. Entonces pensó en lo que Jin le dijo una vez. El ifrit estuvo infiltrado muchos años y le explicó algunos de los entrenamientos. Empezaría a emplearlos para poder combinarlos con su idea actual y así lograr lo que buscaba. El dragón tenía muy buenas ideas a veces. Su memoria para aquellas cosas era realmente buena y lo acababa de demostrar.

El día no tardó mucho en llegar. El anciano había avisado a Madara de que el barco enemigo se acercaba y todos se habían ido a aquella pequeña casa. Todo el pueblo no entraba y muchos se quedaron fuera, viendo el espectáculo desde bastante lejos. Aquello incomodó un poco al moreno, pues podían tomarlos como rehenes si eran unos putos cobardes. El Uchiha se hallaba frente a la entrada del pueblo, cruzado de brazos y con una expresión seria. Llevaba su armadura roja de placas y sus dos armas, Aosame y Akaisame. El dragón soltó entonces un enorme bostezo. Eran las siete de la tarde y a las dos se había hartado de comer, se echó una siesta hasta las seis y después estuvo en el bar tomándose unas cuantas bebidas gaseosas. Podía decirse que estaba en perfecto estado para combatir.

Los que parecían ser sus objetivos empezaron a acercarse. Venían del puerto y eran un puto grupo de veinte hombres, todos bien armados. Una sonrisa se formó en el rostro de Madara. Iba a tener que darlo todo contra aquellos idiotas. Pudo ver a uno que sobresalía sobre todos los demás. El Coloso era un tipo de dos metros y medio como él. Era un especialista en el combate con guadaña y se sabía que poseía canalizaciones de fuego. El resto de sus hombres eran mera basura, salvo un par de ellos, los cuales tenían auras considerables. Todos se frenaron a unos siete metros del shichibukai. Entonces aquel enorme tipo se acercó un poco más. Era totalmente calvo, tenía una barba bastante poblada, ojos azules y una musculatura parecida a la de Madara. En su mano derecha poseía una guadaña acorde a su tamaño y con la hoja pigmentada en rojo. Su expresión era bastante seria.

- ¿Qué hace aquí un miembro del Ouka? Encima el mismísimo Uchiha Madara. Parece que unas ratas están a punto de perder la vida. – Dijo escupiendo a un lado.

- Tiene gracia, yo iba a decir lo mismo. – Contestó el mercenario tomando con su mano izquierda su propia guadaña, la cual era marrón y roja.


Capítulo 5: Volviendo A Las Guerras: El Número Uno Del Ouka.
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Re: Tormenta Final [Time 2017]

Mensaje por Madara Uchiha el Miér 14 Jun 2017 - 20:10

Las miradas de los dos enormes guerreros se clavaron la una en la otra. El dragón sabía que aquel combate no iba a ser fácil, pero si lograba ayudar a aquella gente y llevarse el cuerpo de aquel tipo, se daría por satisfecho. Madara pudo fijarse en que algunos de aquellos tipos empezaron a apuntarle con rifles. Una sonrisa exagerada se formó en su rostro y aquello provocó que Coloso mostrase una similar. La situación era demasiado graciosa, pero estaba claro que el mercenario tenía planeada ya su estrategia. No pasaron más de cinco segundos cuando el shichibukai empezó a reírse. El enorme pirata frunció un poco el ceño al ver el pasotismo de aquel tipo.

- ¡Hahahaahaha! Que os jodan a todos, tío… – Terminó de decir el dragón negro mientras liberaba su haki del rey a la máxima potencia posible.

Más de la mitad de los hombres de aquel tipo cayeron al suelo fulminados, otro par quedó temblando y otros cuantos se estremecieron. El mercenario se impresionó que los soldados del Coloso fueran tan idiotas e inútiles. Al capitán de ellos no pareció hacerle gracia aquello y por ello imbuyó su guadaña en llamas. Los datos de Madara eran correctos y ese tipo usaba canalizaciones de fuego. Aquello hizo que el Uchiha apretara con fuerza el mango de su guadaña. La tensión se notaba en el ambiente, pero el dragón sonreía ante todo. Se notaba que estaba muy seguro de sus habilidades.

- El dragón del Ouka y el pirata más temible del mundo. De aquí no va a salir nada bueno, Uchiha ¿Por qué no dejamos esto como si no hubiese pasado nada?

- No veo a Dexter por la zona, me temo que eso del pirata más temible del mundo te lo has inventado. Bueno, prometo no matar a tus hombres si me ofreces tu rendición generosamente, saco de billetes. – Dijo el dragón entonces.


Aquellas palabras no fueron del gusto del Coloso. La mirada de aquel hombre pareció pasar de seria a sádica, pues una sonrisa enfermiza se formó en su boca y a continuación se relamió despacio. La tensión continuaba siendo la misma y ninguno parecía dar el primer paso. El pirata finalmente dio un paso hacia Madara y trató de partirlo en dos con su arma. La guadaña del dragón bloqueó entonces la de su rival, pero la capacidad mágica de Akaisame hizo que se produjese una pequeña explosión que hizo que algo de polvo se levantase alrededor de ellos. El Uchiha usó su mano libre para canalizar energía en ella y a continuación sonrió de forma arrogante.

- Yoroi…

Una especie de grietas salieron por la piel del mercenario, el cual vio su fuerza aumentada y su dureza corporal mejorada. De una potente patada hizo retroceder a su oponente unos dos metros, pero aquel gigante ni siquiera se inmuto. Aquello iba a ser más complicado de lo que pensaba y más sabiendo que ese tipo tenía fama por su fruta del diablo del tipo zoan. Sabía que se trataba de una especie de hiena, pero no recordaba exactamente cuál. Debía forzarlo a convertirse cuanto antes, pues no quería luchar al máximo hasta que su rival lo hiciese. De nuevo, las guadañas volvieron a chocar entre ellas. El combate de tanques iba a ser bastante largo al parecer. Justo en ese momento, el mercenario abrió la boca dejando salir un potente cañonazo de ácido que fue rumbo a su rival. Coloso se apartó lo más rápido que pudo y se dio cuenta de que aquella sustancia impactó en varios de sus hombres. Los pobres diablos empezaron a gritar y a rodar por el suelo y eso hizo al pirata fruncir el ceño.

- ¡Uchiha! – Gritó mosqueado aquel hombre.

- Dime. – Respondió el dragón negro de forma perezosa.

El bucanero no pareció tomarse aquello muy bien y por ello volvió a lanzar un par de cortes hacia él, los cuales fueron bloqueados de nuevo. Coloso finalmente rugió con fuerza y cambió a su forma híbrida. Una especie de hombre hiena de unos tres metros y medio. Su pelaje era marrón oscuro y sus ojos dorados. Una sonrisa se formó en el rostro de Madara entonces.

- ¡Impakuto! – Gritó formando una especie de costillas azules hechas de energía a su alrededor. Sus ojos brillaron un poco y su sonrisa se ensanchó.

La hiena no tardó en lanzarse de cabeza contra aquella especie de escudo, pero entonces el mercenario activó todo su poder y aquel enorme humanoide azulado surgió de la nada. Dicho ser interpuso sus dos espadas en la trayectoria del ataque de Coloso. Justo entonces Uchiha desactivó su poder y se lanzó a por él. De un potente puñetazo en el rostro lanzó al animal carroñero a unos tres metros de distancia. Su haki de observación le alertó de las intenciones de los piratas de aquel hombre. Las balas de los rifles comenzaron a ser disparadas contra él. El dragón entonces activó su haki armadura a su máximo poder. Una capa de color morado oscuro invadió todo su cuerpo. Los proyectiles rebotaban como si nada en su piel. El shichibukai a continuación desenvainó su espadón Aosame y empezó a atacar a aquellos idiotas. No tardó mucho en asesinar a más de la mitad con unos simples ataques, pero entonces se dio cuenta de que el hombre hiena corría hacia los aldeanos.

El moreno hizo salir dos alas negras y escamosas de su espalda y a continuación salió despedido hacia su oponente. La gente gritaba de terror al ver a aquel tipo cada vez más cerca de ellos. Cuando estuvo a unos cinco metros de la primera persona, Madara impactó su pierna derecha en la cabeza de aquel idiota, tirándolo al suelo con fuerza. El mercenario entonces aterrizó en el suelo y clavó sus rojizos ojos en aquel imbécil. Coloso parecía un poco aturdido, pero entonces golpeó el suelo con fuerza. El mantra del dragón le alertó de lo que planeaba y por ello se echó a un lado lo más rápido posible. Una lanza de energía surgió del suelo y se clavó en el hombro izquierdo del devastador. El moreno gritó de dolor y permitió que su guadaña cayese al suelo. Si esa cosa había podido atravesar su haki y su piel, quería decir que las técnicas de canalización de aquel pirata eran monstruosas. El ceño del mercenario se frunció y lo siguiente que hizo fue gruñir un poco. La hiena volvió a hacer lo mismo, pero esta vez fueron dos lanzas y atravesaron a dos personas, matándolas en el acto.

- ¡Necio! ¡Estás muerto!

Gritó Madara al mismo tiempo que cambiaba su forma híbrida. El combate ahora iba a ponerse muchísimo más peligroso para el Coloso. El dragón se lanzó a por él a toda velocidad y comenzó a lanzar violentos tajos con su espadón. La hiena se esforzaba por bloquear los ataques con su guadaña y su haki, pero en uno de los bloqueos su arma fue cortada por el kairouseki de Aosame. Los ojos del pirata se abrieron como platos al ver lo que había pasado y lo siguiente que hizo fue tratar de golpear el suelo de nuevo. Cuando lo hizo, tres lanzas surgieron del suelo rumbo al dragón negro. El shichibukai activó su escudo azulado de nuevo, bloqueando dos de ellas con facilidad, pero la tercera atravesó su defensa y se clavó en su armadura por la zona del pectoral izquierdo. La dureza del Yoroi, la pérdida de fuerza de la lanza y el haki armadura del mercenario pararon a tiempo el ataque antes de que llegase a su carne.

- Creo que no entiendes que soy el número uno del Ouka.

Dijo el mercenario de forma arrogante. La sangre surgía de su hombro debido a la herida anterior, pero parecía darle lo mismo. El shichibukai entonces se lanzó de nuevo a por su rival. Esta vez impactó un corte en su pecho, provocándole una herida considerable que hizo a la hiena caer al suelo volviendo a su forma humana y gritando de dolor. La mirada del moreno se clavó en la de aquel ser y acto seguido pisó su pecho con fuerza. El mantra le hizo ver que ese idiota planeaba repetir lo de las lanzas, pero esta vez él fue el primero en actuar. Lanzó un nuevo tajo que cortó el brazo derecho de aquel pirata de cuajo. Su presa empezó a retorcerse de dolor y fue entonces cuando el Uchiha sentenció atravesando su cabeza con la punta de Aosame. Una vez hizo aquello volvió a la forma humana.

- Fin del juego.

Capítulo 6: El Retorno Del Shichibukai.

Madara se hallaba tendido en el suelo. Los piratas que quedaron con vida se habían retirado, que fueron unos dos o tres. Había algunos cuantos más inconscientes. El mercenario estaba algo cansado, aunque la pelea con Gabriel había sido más dura. Su poder empezaba a ser bastante alto. Apenas había oponentes que pudieran hacerle frente. El anciano del pueblo empezó a caminar hacia él con una bolsa bastante grande. Cuando estuvo cerca la dejó a su lado y después clavó una rodilla en el suelo. Agachó la cabeza en señal de respeto y le habló con un tono amable.

- Muchísimas gracias, Madara-san. Hemos perdido a dos bellas personas, pero has salvado al resto. Siempre le estaremos agradecidos, es usted una buena persona.

El dragón soltó un pequeño suspiro y se colocó en pie despacio. Cogió su guadaña y después la bolsa, la cual estaba llena de dinero. Entonces se quedó un poco pensativo y miró el cuerpo del pirata. Se llevaría a unos cuantos pueblerinos para que le ayudasen a cargar todo en el barco. Tenía bastantes cosas que llevar y además presentarse en Enies Lobby cuanto antes.

- Lo primero de todo, no soy una buena persona. Lo segundo, siempre cumplo con mis encargos. Me alegro de que el resto de gente esté bien. Esos idiotas no volverán a molestaros. Ahora necesito que un par de hombres me ayuden a cargar unas cosillas en el barco, debo presentarme en la isla judicial cuanto antes.

El hombre asintió con la cabeza entonces. Era el momento de cobrar el rico dinero, pues Madara tenía algunos entrenamientos que completas por el momento. Soltó un pequeño suspiro y fue entonces cuando miró hacia el cielo. Unos feos nubarrones se acercaban, pero tampoco era la gran cosa. Su barco estaba hecho para aguantar aquello y más. El devastador entonces se rascó la cabeza y decidió darse prisa. No quería tardar más en tener sus billetes entre las manos. Pensaba contarlos todos como buen avaro que era y delante del que le diese la pasta. El rey de la avaricia, ese era Madara.

Al día siguiente en Enies Lobby…

El dragón volvía a estar sentado en la silla de un despacho, pero este era bastante grande. Había varias estanterías llenas de libros, un enorme escritorio de madera y tras este último un hombre de unos cincuenta años. Era un tipo de estatura media, de cabellos grises y ojos azulados. La expresión de aquella persona era muy calmada. El mercenario le miraba bastante relajado y con la pierna derecha por encima de la izquierda. El dinero ya había sido cargado en su barco y el cuerpo del Coloso entregado. Un bostezo salió entonces de la boca del devastador y a continuación empezó a rascarse un poco la cabeza.

- Bueno, creo que ya sabes lo que voy a decirte. Un trabajo asombroso como siempre, estamos contentos contigo, bla bla bla.

- En verdad solo quería el dinero ¿Por qué me ha llamado? – Preguntó el mercenario mientras se estiraba un poco.

- Bueno ¿Sabe usted lo de su soldado Bleyd? Hombre, fue hace un año y pico, me imagino que sí. Fue un acto un poco cobarde.

El mercenario no tardó mucho en soltar una ligera carcajada. Estaba claro que no se fiaba para nada de aquella persona y menos con lo que sucedió hacía ya bastante en aquel bar de mala muerte. Ese tipo ya no era un Yonkaikyo, tuvo la cobardía de no querer luchar contra un simple desconocido que además era manco. Tenía planeado avisarle en cuanto terminase el entrenamiento para ver cómo le iba. Madara había trabajado solo en los últimos meses, pues no se fiaba una mierda de nadie. Por el momento podía decir que tan solo Vilya le generaba cierta confianza, pero el motero no. Su actitud chulesca, sus victimismos y demás no agradaban al dragón negro.

- Sé que fue expulsado por cobarde, pero espero que eso no me afecte a mí de ninguna forma. Estoy seguro de que sabéis que yo no tengo culpa de que solo se me peguen tontos. El chico estaba perdido y yo le di una oportunidad de trabajar para mí, no veo el problema.

- Tranquilo, solo quería recordarle esa información para decirle lo que viene ahora. El hombre sin brazo no identificado resultó ser Jin Surfer.

Madara no cambió la expresión de su cara en ningún momento, pero un escalofrío le recorrió el cuerpo. Su hermano… ¿Fue el causante de que echaran a Bleyd? Ese cabrón continuaba jodiéndole, pero su soldado no era tan listo para haberlo sabido. Se podía decir que su cobardía fue su salvación. Se llevó la mano derecha a la barbilla y después miró de nuevo a aquella persona de cabellos grises. Ya se estaba haciendo a la idea de que le iban a pedir algo. El moreno entonces puso ambos codos sobre la mesa y después observó a aquella persona que tenía delante de sus ojos.

- Estoy seguro de que Bleyd no conocía ese dato, la retiración de su puesto fue algo muy acertado por vuestra parte, debo admitirlo. – Dijo tratando de dejar mal a aquella persona.

- La cosa es que nadie atrapa a ese cabrón ¿No puedes hacer nada al respecto? Sería fantástico que pudieras entregarlo o cargártelo, llevamos demasiado tiempo tras él y el dinero que se paga es una cantidad que podría atraerte mucho.

Madara no tardó mucho en bostezar. Sabía de sobra que aquella misión era imposible para él, pues nunca dañaría a su hermano pequeño. Era una suerte que el gobierno no conociera los lazos entre ellos y si algún día se enteraban de que el dragón era un Surfer, tan solo diría que no tenía culpa de tener un hermano gilipollas, que él mismo quería matarlo. El moreno entonces miró de nuevo a aquella persona del gobierno y se cruzó de brazos.

- Llevo muchísimo tiempo tras su cabeza, créame. Pero me temo que es imposible, sus técnicas de espionaje lo hacen alguien invisible al resto del mundo. De todas formas, Jin Surfer es uno de mis objetivos principales. – Mencionó entonces de forma seria.

El agente de cabellos grises asintió con la cabeza y después de unos momentos sacó del cajón de su escritorio una especie de documento. Se puso a leerlo con Madara allí mismo y tardó un par de minutos. El silencio fue bastante incómodo, pues aquellas preguntas no le gustaban al shichibukai. Hablar de su hermano en su presencia solía mosquearle, pues no le gustaba nada que le enviasen a cargarse a alguien de su sangre. Tampoco le agradaba escuchar insultos sobre él, aunque él mismo supiera lo hijo de puta que era. Como hermano mayor, él estaba convencido de que era el único con derecho a meterse con él. El dragón entonces cerró los ojos y se relajó. El hombre de cabellos grisáceos entonces mostró una sonrisa calmada.

- No conozco muy bien los detalles de tu ascenso, Madara ¿Cómo fue? Digamos que yo en esa época estaba en otras cosas.

- La guerra de los putos peces. Participé con mi grupo al completo con la intención de ganar todo el dinero posible y de paso echar una mano al gobierno. Eliminé a uno de los cabecillas y derroté a bastantes de ellos. Me ofrecieron el puesto esa misma noche, señor.

- Si no tuvieses dicho puesto… ¿Seguirías cazando para nosotros? – Dijo entonces aquel hombre mirándole fijamente.

Madara no tardó mucho en darse cuenta de la indirecta. El dragón negro abrió los ojos despacio y después los clavó en aquella persona. Algo de tensión se formó entonces en el ambiente. Ese tipo pensaba que era un cazador o algo así y estaba muy equivocado. Entonces el dragón negro mostró su sonrisa más siniestra posible y le respondió.

- No soy un cazador, soy un mercenario. Actualmente y desde hace un par de años trabajo solo para el gobierno mundial. En caso de no estar en dicho puesto, debería ejercer trabajos para todo aquel que me contrate… – Tras aquello se puso en pie y miró al agente con una expresión seria.

El hombre de cabellos grises soltó un pequeño suspiro y después asintió con la cabeza. Madara era demasiado listo y estaba claro que si lo echaban del puesto en algún momento, tendrían un enemigo similar a un yonkou. Ni de coña querían aquello. El agente entonces rio un poco indicando que estaba de broma y le hizo una señal con la mano para que abandonase el despacho. Madara entonces asintió con la cabeza y sin decir nada empezó a caminar despacio hacia la salida. No tenía nada más que hacer allí.

Capítulo 7: Finalizando El Entrenamiento.


El mercenario se hallaba en mitad de uno de los bosques de Galuna. Su altura actual era de unos dos metros, pues al fin había logrado controlar aquella habilidad que le hacía tener un tamaño menor. Le había costado lo suyo y al igual que el control de sus formas, había merecido la pena. Faltaban un par de meses para que hubiesen pasado dos años desde que tuvo la visita de aquellos dos tipos de armaduras de colores. Soltó una pequeña carcajada al recordarlo, pero después continuó a lo suyo. Se había dado cuenta de que apenas estaba envejeciendo, pese a tener casi treinta años seguía aparentando veinticinco o cosa así. Tal vez el poder del dragón le hiciera no envejecer por fin. Llevaba mucho tiempo tratando de averiguar cómo realizar aquella habilidad, pero tan solo tenía que esperar al parecer. Estaba bastante contento por ello. Ahora estaba tratando de mejorar una última técnica que aumentase su fuerza a la máxima potencia.

Trataba de canalizar la energía en todo su cuerpo y después llevarla a los músculos. Era algo bastante complicado y llevaba unas semanas deseando aprender aquello. Cada día que pasó desde que volvió a Galuna salía a correr, a realizar ejercicios físicos y todo aquello mientras trataba de estar siempre imbuido en su energía. Debía lograr despertar el poder que planeaba utilizar contra sus enemigos. Él mismo lo comprobó cuando enfrentó a Kedra hacía ya bastante tiempo. El cadejo negro poseía un poder que le daba aumentos de fuerza exagerados. Aquel capullo de Gabriel también tenía aquel poder y él no quería quedarse atrás en aquel aspecto. En el bosque nadie le estorbaba y podía entrenar tranquilamente. Por las noches se iba a su posada favorita y se hartaba de comer, beber y dormir. También ligaba con las chicas de la zona como era costumbre en él. Cuando terminase aquel último entrenamiento final se reuniría con Vilya de una vez.

El dragón entonces canalizó su energía en los brazos y lanzó dos poderosos puñetazos al suelo, haciendo que este se agrietase bastante. Sabía que ese día no lo iba a conseguir, pero iba a quedarse muy cerca de hacerlo. Junto a uno de los árboles había una enorme mochila con comida y a unos metros más a la derecha una tienda de campaña de tamaño considerable. Pensaba quedarse aquella noche al aire libre. El mercenario entonces soltó un suspiro y se sentó en el suelo mientras recuperaba el aliento. Había llamado a su forma de luchar “Estilo Emperador” y quería mostrar lo bueno que era ejecutándolo. Estaba harto de que sus rivales usaran extraños poderes para aumentar sus características. Ahora él haría lo mismo y los dejaría temblando a todos. Una siniestra risa surgió de su boca entonces.

- ¡Noto como va quedando poco! – Gritó.

Una semana más pasó desde aquel día. Había hecho mejoras increíbles, pero ese día estaba a punto de dominar aquella habilidad. Estaba sobre uno de los acantilados que había en la zona montañosa de la isla. Sus ojos estaban cerrados y una tenue aura plateada lo envolvía ligeramente. Tan solo vestía con un pantalón largo de color rojo. Estaba bastante concentrado. Estaba a punto de anochecer, pero antes despertaría su poder. Había estado a punto de hacerlo en los últimos días, pero aquel sería el intento decisivo. El mercenario comenzó a canalizar su energía en los músculos y finalmente sus ojos se abrieron. El aura plateada se hizo mucho más intensa y sus bíceps aumentaron un poco. Entonces el dragón gritó con fuerza al mismo tiempo que lanzaba un potente pisotón al suelo.

- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaagh!

Su voz retumbó por gran parte de la isla y el suelo se agrietó debido a su fuerza. Había activado aquel poder finalmente. Al estar en el borde de un acantilado… Empezó a caer al vacío. Cuando estuvo a nada de estamparse en el suelo, cambió a su forma completa y alzó el vuelo lanzando un rugido brutal. El enorme dragón había cumplido por fin con su entrenamiento. La enorme bestia voló hasta llegar a la plaza principal de Galuna y aterrizó de forma elegante. En cuanto lo hizo volvió a la forma humana y empezó a caminar hacia la taberna. Abrió la puerta con toda la calma del mundo y después de unos momentos buscó al tabernero. Parecía estar sirviendo una copa de vino a un joven vestido con traje. Él por su parte se sentó en la barra y después dio unos leves toques con el puño sobre ella.

- Quiero un pollo asado entero y una buena botella de vino.

El hombre asintió con la cabeza y dio la orden a las personas que estaban en la cocina. El shichibukai por su parte mostró una sonrisa calmada y soltó un bostezo. Se había terminado el entrenar durante un buen tiempo. Tenía dinero, había aumentado su poder y completó su venganza. No podía pedir más, todo le estaba saliendo sobre ruedas. Su comida no tardó mucho en llegar y como si fuese un animal salvaje empezó a comer a toda velocidad. El sabor era delicioso y la salsa que le habían servido estaba exquisita. Tomó la botella con su mano izquierda y le dio un enorme trago. Tan solo le faltaban unas hermosas mujeres por allí, pero el ambiente parecía estar un poco pobre. Entonces percibió un olor que le resultaba bastante familiar. Por la puerta entró Erika y eso hizo que el moreno se colocase en pie. Ella quedó algo impresionado al ver que medía muchísimo menos. Se acercó a él a paso calmado y le miró a los ojos. Vestía con una camiseta de tirantes blanca y un pantalón largo. El mercenario entonces le dedicó una sonrisa calmada. Debido a la interrupción de los tíos de las armaduras de colores, no pudo terminar con lo que había empezado. El dragón la tomó de la mano despacio y después la cogió en brazos.

- Hacía tiempo que no me deleitaba con tu belleza, Erika.

La joven se abrazó a él y asintió con la cabeza. El dragón se dio cuenta de que en su cuello estaba aquel collar de perlas que le había pedido a él hacía tiempo. Seguramente la cabrona había atrapado en sus redes a algún ricachón o algo por el estilo. Ambos se quedaron callados por unos instantes y entonces la chica trató de acariciarle el rostro. Él simplemente cerró los ojos. Pese a que esa rubia utilizaba a la gente, él sabía que entre ellos siempre había habido algo más. Nunca tuvieron nada más que simples besos, pero el Uchiha se negaba a decirle lo que sentía. Su maldición era estar solo hasta que Jin muriese. Su hermano asesinaba a todos sus seres queridos sin piedad y ya iban tres mujeres, no quería que hubiese una cuarta. La miró algo apenado y después de unos momentos la colocó en el suelo. Ni todo el dinero del mundo le era útil para aquel tipo de cosas.

- Madara-san ¿Qué le ha pasado? Ha encogido. – Dijo ella con una sonrisa dulce mientras se pegaba un poco a él.

El dragón negro simplemente llevó su mano derecha a la frente y permaneció callado. La vida seguía siendo muy injusta pese a todo. Lo siguiente que hizo fue darle otro enorme trago a su botella de vino. No quería dejarla sin respuesta y por ello le contestó mientras sonreía.

- He aprendido a controlar mi tamaño mediante un entrenamiento especial. Creo que ahora no te será tan incómodo estar a mi lado, preciosa.

- Nunca lo ha sido, de hecho ¿Una cena en mi casa? – Le dijo ella sonriéndole.

Madara soltó un suspiro. Se acababa de comer medio pollo y ella había sido testigo, pero se notaba que buscaba algo más. Él entonces la miró de arriba abajo unos segundos. La deseaba demasiado y llevaba mucho tiempo queriendo tomarla para sí. Asintió con la cabeza y pagó lo que había pedido. Ella tomó la mano de él y ambos empezaron a caminar hacia la salida. La noche era preciosa y el cielo estaba estrellado. El dragón le hizo gracia aquello. Salía de las guerras y los espectáculos sangrientos para meterse en citas románticas con chicas hermosas. Estuvo a punto de reírse por ello, pero pudo contenerse. No tardaron mucho en llegar a la casa de la joven. El mercenario no tuvo ni tiempo ni ver cómo estaba decorada, pues ella se le echó encima. Juntó sus labios con los de él y se abrazó a su cintura con las piernas. El moreno le pilló aquello un poco repentino, pero no tardó mucho en dejarse llevar. La colocó contra la pared y pegó su entrepierna todo lo posible a la de ella. Después de unos segundos separó sus labios de los de ella y después la miró a los ojos de forma pícara.

- Esta noche eres mía, preciosa.

Capítulo Final: Epílogo.

Los rojizos ojos de Madara se abrieron cuando la luz del Sol entró por la ventana. Estaba tumbado bocarriba y totalmente desnudo. Junto a él estaba Erika, tapada por las sábanas y con los ojos cerrados. El shichibukai entonces soltó un pequeño suspiro. Había sido una noche increíble con ella y tuvo que admitir que la mejor que había tenido. Esa chica conocía unos movimientos que volvieron loco al dragón. El Uchiha se puso despacio en pie y se colocó su pantalón. Se acercó a ella despacio y dejó un beso en su frente. Lo siguiente que hizo fue mirar por la ventana. La gente ya estaba en la calle haciendo sus quehaceres y una leve brisa de viento corría por la zona. El mercenario miró hacia la joven de nuevo y después de unos momentos se tiró por la ventana. Antes de caer al suelo usó su forma completa para salir volando hacia los cielos con una expresión seria en su rostro en todo momento. Todo había empezado esa mañana. Era el momento de reunirse con los suyos de una vez. Bueno, tal vez solo con Vilya y puede que con Ushi si continuaba vivo.

- Espero que les haya ido bien.

Dijo aquel dragón con una voz bastante grave. No tardó mucho en llegar al puerto y aterrizar en forma humana sobre la cubierta de su enorme barco. Era el momento de enviar unas cuantas cartas y para ello tenía que escribirlas. En su camarote podría hacerlo tranquilamente y sin que nadie le molestase. Caminó despacio por los pasillos de su enorme navío y después de unos momentos llegó a la cocina. Tenía la nevera llena desde hacía un par de días y pensó que era hora de desayunar. Las cartas podían esperar. Sacó un enorme pedazo de tarta de manzana y un cartón de leche. Mostró una sonrisa bastante arrogante y después miró hacia la puerta. Aquello estaba demasiado vacío para su gusto.

- Incluso en un mundo tan cruel como este, hay esperanza. Es el momento de empezar con objetivos más altos… – Susurró.

Abrió el cartón de leche y le dio un enorme trago. Lo siguiente que hizo fue caminar despacio hacia su camarote. La primera carta era para su preciosa dragona, esa cabrona que le volvía loco con su mirada y su “chulería”. Mostró una expresión pícara y después de unos momentos se sentó en su mesa. Sacó algo de papel y se quedó pensativo. Debía empezar de una forma original. No sabía cómo hacerlo, pero entonces se le ocurrió una buena manera. El dragón empezó a reírse de forma exagerada y después de unos momentos comenzó a escribir con una sonrisa en sus labios.

- “Querida dragona sexy, que sepas que en este tiempo me ha crecido la…”

FIN.


Peticiones:
- 450.000.000 Berries. Los cincuenta por la misión del Coloso y los 400 por entregar al Coloso, que valiendo ochocientos y yo siendo Shichi se me quedaría a la mitad.

- Longevidad: Madara como usuario de una fruta mitológica de un dragón no envejece como un humano normal, más bien como uno de estos seres. Por lo que puede llegar a vivir lo mismo que un dragón negro.

- Dragón Verdadero: Después de un duro entrenamiento brutal en todas sus formas, los stats de la tabla de dragón de Madara pasan a ir en torno a él en lugar de un humano normal. Lo que le da unas habilidades increíbles. [Tiene 3]

- Body Perfect: Madara ha controlado una técnica parecida al Semei Kikan de los agentes, pero sin llegar a tanta perfección. Es capaz de cambiar el tamaño de su cuerpo aumentándolo su altura veinte centímetro o rebajando su cuerpo hasta 1,85 si lo desea. Conserva sus habilidades en cualquier tamaño. [Escénico]

- Lord Silver: Con esta técnica, Madara canaliza su energía en sus músculos y forma una especie de aura plateada a su alrededor. Aumenta su fuerza durante dos post un 200%, después puede volver a activarlo tras dos post de descanso.

- Pasivos: X4 de fuerza / X4 de resistencia / x3 Velocidad.

Un saludo al hermoso Mod o adm que haya leído.

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Re: Tormenta Final [Time 2017]

Mensaje por Azula el Mar 20 Jun 2017 - 1:11

Madara, Madara, Madara... ¿Por dónde empezar? Voy a ser directa. Si quieres que te pase todos los fallos házmelo saber por privado. Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes. Es una noche calurosa, así que toma asiento y disfruta de un buen refresco, pero ten cuidado con los mosquitos.

Lo primero que quiero recalcar es la historia en sí. Ha estado bien, pero algo normalucha para mi gusto. He leído cosas tuyas y sé que puedes hacerlo mucho mejor. Dicho esto, hay partes que son un poco difíciles de entender, sobre todo cuando aparece Gabriel, haces un salto temporal y apareces matándolo, deberías haber profundizado un poco en como llegó hasta él por ejemplo.

Otra cosa que me llama la atención es la relación entre Erika y Madara. No está mal, pero creo que un poco de sentimiento o profundidad en la "relación" de ambos hubiese estado mejor. Hablo desde mi punto de vista, soy una romántica de la vida.

Y... poco más. Tengo que decir que está muy hecho a las prisas y se nota en la cantidad de fallos gramaticales, por ejemplo alguna frase mal construida o palabras mal escritas así como fallos ortográficos. Creo que con una lectura habrías podido quitar la gran mayoría.

Lo mejor del todo ha sido el final. La última frase es sublime. Los entrenamientos también han estado bien.

Y... tu nota es... un ¡5.5!

Spoiler:
Es bromi. Tienes un bonito 8,5 y te llevas todo lo que pides.

____________________________________________


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Re: Tormenta Final [Time 2017]

Mensaje por Señor Nat el Mar 27 Jun 2017 - 3:15

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