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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

El Arte Del Combate [Time 2017]

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El Arte Del Combate [Time 2017]

Mensaje por Krauser K. Redfield el Dom 16 Jul 2017 - 10:46

Capítulo 1: El Oficial De La Niebla.

- Si uno de nuestros equipos principales ha desaparecido en esa isla pienso ir por ellos pase lo que pase. Todo aquel que quiera venir conmigo está invitado.

Las palabras del demonio fueron dichas en un tono alto y bastante serio. En aquella sala de reuniones había unos veinte revolucionarios y todos parecían estar algo nerviosos. Hacía una semana, el grupo de la rebelión conocido como “El Destello” había desaparecido en una isla del Norte conocida como Kiyonda. Era terreno del gobierno mundial, pero también había algunas fuerzas que luchaban contra ellos. Eran los datos que Krauser tenía de aquel sitio. Sus sospechas indicaban que la marina o los agentes del CP habían arrestado a los revolucionarios. Era posible que ni estuviesen en la isla, pero no iba a perder nada por intentarlo. Muchos no se atrevían a hablar con el oficial desde hacía unos días, pues sabían que no estaba en su mejor momento. La traición del ex demonio blanco había sido un golpe duro y Samegure ya se había ocupado de informar a sus hombres.

- Veo que nadie dice ni una sola palabra. El barco partirá en dos horas conmigo dentro, tenéis ese plazo para uniros. Nadie está obligado. – Terminó de decir al mismo tiempo que salía de la sala.

El demonio de la niebla ya tenía todo su equipaje listo en el barco. En esos momentos vestía con una camiseta negra de manga corta, unos pantalones militares verdes y unas botas. Llevaba sus típicos vendajes cubriéndole la boca y la nariz. A su espalda portaba aquella enorme funda y a los lados de la cintura sus machetes. Mientras avanzaba hacia la salida sacó su comunicador. Marcó el número de Osuka y en cuanto tuvo señal habló en un tono calmado.

- Estoy a punto de salir de Baltigo hacia el Norte. Informa al resto de demonios que estaré fuera un tiempo. Ya sé que no te gusta esta frase, pero cuida de todos si yo no vuelvo. Cambio y corto.

Lo siguiente que hizo fue apagar aquel objeto para no recibir llamadas, tenía que centrarse en su objetivo. En cuando salió al exterior pudo ver que el cielo estaba nublado. Soltó un pequeño suspiro y continuó caminando, pero en ese momento escuchó unos pasos a sus espaldas. El demonio se dio la vuelta y pudo ver a Hydro y Richard. Formaban parte de su escuadrón y eran de sus hombres más fieles. El diablo se mantuvo en silencio unos momentos mientras esperaba paciente. Entonces pudo ver en los rostros de ambos una sonrisa que le agradó. No tardó son reír por lo bajo y continuar caminando, ya eran tres. Con el arquero y el joven luchador de su lado podrían hacer aquel trabajo de forma rápida y fácil.

No tardaron mucho en llegar al barco, el cual estaba anclado en el puerto y con unos cinco hombres a bordo. Ellos iban a ser los que llevasen a Krauser y a los suyos hasta la isla. En cuanto pasó el plazo de tiempo aquel vehículo se puso en marcha. Para sorpresa del oficial de la niebla, una chica se había unido al grupo. Sus cabellos eran blancos como la nieve y sus ojos rojizos como la sangre. Era de estatura media y vestía con un kimono azulado. Había oído hablar de ella, se trababa de una espadachín que ostentaba el puesto de sargento. Su nombre era Jaku. El tiempo no parecía mejorar y unas gotas empezaron a caer en la cubierta del barco. En unos minutos más, una tormenta se había desatado. Pese a todo aquello, el demonio de la niebla se mantenía serio y con la vista al frente. Se notaba que Redfield había dado un pequeño cambio después de lo pasado en isla de Síderos. El viaje iba a durar unos días y el oficial aprovecharía para informar a su equipo sobre las formaciones que tomarían y las palabras clave. Le gustaba que todo saliese bien y por ello se pensaba esforzar al máximo en los detalles.

Esa misma noche en el salón del barco…

- Creo que esta partida es mía, chicos. Trío de nueves. – Dijo Hydro al mismo tiempo que dejaba las cartas sobre la mesa.

Las miradas de los otros tres miembros del escuadrón pasaron a ser un poco serias. Los cuatro estaban disfrutando de una partida de póker con comida, algunas bebidas y música. Krauser disfrutaba de aquellos momentos junto a los suyos. Entonces el demonio observó a los otros dos retirar sus cartas de la mesa, pero él no lo hizo. Sus ojos se clavaron en su soldado y después de unos segundos le respondió.

- Si estás tan seguro de que has vencido ¿Qué te parece subir las apuestas antes de que te demuestre mis cartas? – El demonio parecía muy convencido de lo que estaba haciendo.

El joven al ver aquello cerró los ojos unos segundos y aceptó el trato. Apostó todo lo que le quedaba. Entonces miró a su jefe con una sonrisa siniestra. El Gran Espada mostró sus cartas, las cuales le daban un trío de cuatros. Hydro mostró una sonrisa al ver que había vencido y después soltó una pequeña carcajada. El plan de Krauser había fracasado, pero no estaba picado ni nada por el estilo. Se alegraba de que el joven no se achantara ante sus palabras y fuera firme hasta el final. Incluso jugando a las cartas podían aprenderse cosas de las demás personas. Las mejoras de aquel chico eran asombrosas y eso dejaba a Redfield bastante orgulloso. Iban a ser cuatro hombres, pero con eso bastaba.

La joven de cabellos blancos se levantó y lo primero que hizo fue colocar el pie sobre la mesa donde estaban jugando. Una sonrisa siniestra invadió su rostro y lo siguiente que hizo el demonio de la niebla fue cerrar los ojos y centrar su haki de observación en ella. Quería saber de sus intenciones, pero no había nada hostil. Una lástima, habría sido gracioso noquearla delante de los otros dos. Entonces la joven alzó el puño decidida y se puso a hablar.

- ¡Propongo que el jefe nos cante una canción!

- No te lo crees ni tú. – Respondió el oficial alzando una ceja mientras colocaba sus manos por detrás de la nuca.

Las palmadas de los otros dos chicos no tardaron en escucharse en aquella sala. Estaban animando la idea de Jaku para que él tuviese que ponerse a hacer el ridículo. El demonio cerró los ojos despacio y después soltó un suspiro. Estaba claro que no iban a parar en un buen rato, pero él no daría su brazo a torcer. Debía mostrar que no podían lograr que hiciera algo aunque todos estuviesen de acuerdo. Tomó las cartas que había en la mesa y tras barajarlas de nuevo empezó a repartir. Los rostros de aquellos tres eran de decepción, pero no le importaba para nada. Se estiró un poco y después de unos momentos soltó un enorme bostezo. Le estaba empezando a entrar el sueño y lo suyo era llegar frescos a la isla. Aunque había empezado una nueva ronda… Daba igual.

El asesino se colocó en pie y empezó a caminar hacia la cubierta. Debía preguntarle al piloto cuando tiempo quedaba para llegar a aquel sitio. Cuando obtuvo respuesta se puso a planificar los horarios de sueño. Su destino estaba a doce horas más o menos, por lo que estaría despierto otras dos como mínimo. Volvió a la sala donde estaban los tres miembros principales del equipo y se quedó mirándolos.

- Jugar al veo veo me parece un poco aburrido a estas alturas, de modo que es hora de contaros las batallitas del gran Krauser-sama.

- Me temo que no hay batalla que no sepa sobre ti, jefe. – Dijo la peliblanca con una mirada seria.

Aquello hizo al revolucionario ladear un poco la cabeza. No podía creerse que tuviese una fan con semejante fanatismo. Si eso era cierto y conocía las de la marina también, empezaría a preocuparse un poco. Tal vez se estaba volviendo un poco paranoico. Después de la traición de Ai ya no se fiaba mucho de los demás. Se fijó en que Richard estaba mirando fijamente a la chica y eso le hizo sonreír de forma un poco pícara. Tal vez debía echarle una mano en ese sector. Krauser entonces les dio la espalda unos momentos.

- Hydro, ven conmigo a la cocina un momento. Quiero explicarte una receta nueva que me interesaría probar.

Sabía que el pequeño luchador era buen cocinero y de aquella forma tal vez dejaba solos a los otros dos unos veinte minutos. Se notaba que el demonio de la niebla se preocupaba por los suyos en todos los temas, así era él. Aunque ahora que lo pensaba sería bueno comer algo rico, por lo que le pediría algo de verdad. Unos buenos alones de pollo con salsa picante podían ser perfectos para aquel caso.

Capítulo 2: Tomando El Liderazgo.

Krauser empezó a caminar por el muelle del puerto en cuanto llegaron. La isla se veía de tamaño mediano, había zonas boscosas, pueblos y algunos ríos. Los tres soldados principales del demonio le seguían en todo momento. Frente a ellos pudieron ver a un grupo de treinta personas, cosa que hizo a Redfield alzar una ceja. No tenían pinta de marines y era como si les hubiesen estado esperando. El asesino entonces se frenó cuando estuvo a unos tres metros de ellos. Del enorme grupo surgió un tipo de cabellos oscuros, bigote enorme y ojos color café. Era de complexión delgada y portaba una vaina en su lado derecho de la cintura. Dicha persona se colocó frente al oficial y mostró una sonrisa confiable.

- Mi nombre es Marco, señor. Somos del grupo especial que se dedica a combatir con el gobierno en esta isla. Sabíamos que iban a llegar y queríamos saludarle, señor Redfield.

El revolucionario al escuchar aquellas palabras miró a sus hombres de forma seria. Esperaba que no hubiese un puto topo entre ellos o dentro del barco. La chica de cabellos blancos podía ser una candidata, pero tampoco iba a decirle nada sin pruebas. Volvió a dirigir su mirada hacia el hombre de cabellos oscuros y le habló con calma.

- ¿Cómo han obtenido esa información?

- Me temo que eso es cosa nuestra. Disculpe, pero cada bando tiene sus propios secretos. También veníamos a negociar con usted y su equipo. Estoy seguro de que una alianza podría ayudarnos muchos a ambos grupos. – Mencionó con un tono serio.

El demonio de la niebla mostró una expresión seria al escucharle. Una alianza con ellos podía ser de ayuda durante la búsqueda, pero no sabía lo que ellos deseaban. Seguramente querrían dejar al gobierno fuera de la isla y eso ya era meterse en un lío considerable.

- Estamos aquí para buscar a una patrulla revolucionaria que desapareció. Mi objetivo es llevármelos a casa ¿Sabéis algo de eso? ¿Qué buscáis vosotros?

- Nuestro líder fue apresado por los marines y está en una cárcel de seguridad considerable. Dicha prisión está en esta isla, seguramente si vuestros hombres han sido apresados estén allí también.

Tenía lógica. El demonio de la niebla no se fiaba mucho debido a que ellos sabían sobre el viaje suyo a la isla y eso no le hacía gracia. Pasó unos segundos callado y mirando a los ojos a aquella persona. Estaba claro que si colaboraban deberían decidir quién sería la cabeza principal, el que liderase ambas tropas. Tenía que dejar claro aquel punto antes de continuar con la conversación de alianzas y demás.

- Alguien deberá manejar la situación entonces ¿Cómo ves ese punto?

- Te imaginaba más alto, demonio. No creo que seas el indicado para dicho puesto, se te ve a la legua lo que quieres.

Esa voz no fue de Marco. El oficial entonces ladeó la cabeza y observó el enorme grupo de hombres. Uno de ellos empezó a caminar hacia su posición. Se trataba de un tipo de unos dos metros y medio, no tenía ni un solo pelo en la cabeza. Sus ojos eran dorados y su expresión siniestra. No llevaba camiseta, dejando ver de esa forma un cuerpo musculoso. Dicho hombre se acercó a Krauser con una expresión arrogante. Marco trató de pararle agarrándole el brazo, pero se llevó un empujón de aquel tipo.

- Jax, estate quieto. No hemos venido a buscar problemas con la revolución.

- Tan solo quiero asegurarme de que no dejes mandar a este mequetrefe. Krauser Redfield fue marine, no hay que fiarse de él. Seguro que no tiene ni media hostia.

Richard llevó su mano derecha a su arco, pero Hydro le paró de inmediato. No estaban allí para luchar, pero ese hombre se la estaba ganando. El demonio de la niebla se quedó mirando a aquella persona con tranquilidad. Se notaba que hablaba demasiado. Fue en ese momento cuando el revolucionario tosió un poco y después de unos momentos dio un paso hacia aquella persona.

- No es que me importen tus palabras, pero será mejor que vigiles tu tono. Mis hombres podrían reaccionar de mala manera en cualquier momento y no me siento muy generoso hoy como para pararlos. De todas formas, mientras no sea tu peluquero el que nos lidere… – Dijo mirando su calva cabeza.

Jax pareció mosquearse bastante con aquel comentario y entonces fue cuando trató de meterle un puñetazo en la cara al demonio. El oficial entonces interpuso la palma de su mano izquierda, parando el golpe como si nada y mirándole de forma calmada.

- Tanto músculo te está afectando cerebralmente. Estás atacando a un oficial de la revolución, a un ex almirante de la marina y a un hombre que le gusta desayunar arroz con queso fundido. No creo que te convenga volver a intentarlo.

Aquel hombre frunció el ceño al escucharle y de nuevo trató de pegarle otro puñetazo, pero esta vez con su otro puño. Se notaba que aquel tipo empleó toda su mala leche para el golpe. Cuando sus nudillos estuvieron a centímetros del ex marine, Krauser se deshizo en niebla. Jax cayó al suelo quedando en ridículo tras aquello y el demonio entonces se formó de nuevo a su lado.

- Una gilipollez más y te arrancaré la cabeza, después te la meteré por donde no brilla la luz del Sol ¿Ha quedado claro?

- Señor Krauser, perdónelo. Está un poco alterado después de lo de nuestro líder y apenas piensa con la cabeza. No queremos ningún tipo de problema. – Respondió Marco tratando de calmar las cosas.

El oficial miró entonces al moreno y soltó un pequeño suspiro. No sabía cómo tomarse aquello. Cierto era que no tenían un lobo alfa después de que tenían a su líder en la prisión. El ex marine entonces se quedó un poco pensativo. Notó entonces un potente impacto en la pierna que le hizo clavar una rodilla en el suelo y soltar un quejido de dolor. Ese cabrón sin pelo le había atacado a traición. Le dio una patada con bastante fuerza desde el suelo. Jax entonces se colocó en pie y trató de impactar la suela de su boca en la cara del revolucionario. Su sorpresa llegó cuando Redfield paró su pie con la mano y lo miró a los ojos con el ceño fruncido. El demonio se levantó a una velocidad sorprendente y entonces hundió su puño en el estómago del musculitos. Aquel hombre puso los ojos en blanco y quedó encorvado. A continuación, el asesino aprovechó para alzar su pierna todo lo posible. Su pie golpeó la mejilla de Jax. El enorme tipo cayó de espaldas al suelo y quedó allí tendido. Lo siguiente que hizo el demonio fue mirar a Marcos, el cual se acercó un poco.

- No sabe cuánto lo siento ¿Hay algo que podamos hacer para no perder su confianza? – Mencionó algo avergonzado.

- Que nuestro amigo aquí tumbado desaparezca de mi vista. A parte de eso, si queréis unir fuerza no voy a recibir órdenes. Suelo hacer esto a mi manera ¿Lo ha entendido totalmente, Marco?

Aquel hombre asintió entonces con la cabeza.

- ¿Qué hacemos con este idiota, jefe? – Preguntó Hydro mientras se cruzaba de brazos.

- Dejadlo ahí tirado. Comunicad a los hombres del barco que se larguen, debemos empezar cuanto antes.

*****

Tras unos veinte minutos andando llegaron a una especie de edificio con forma de cuadrado. La entrada parecía ser una enorme cochera que se abrió cuando Marco sacó unas llaves doradas y tocó un botón que llevaban incorporado. El interior estaba lleno de vehículos militares, de varias puertas que darían a distintos sitios y taquillas. Krauser no entendió el motivo de ir a pie, pero viendo que ellos eran treinta se hacía una idea. Con su haki de observación notó que había muchas más presencias en aquel edificio. El oficial se acercó despacio hasta un vehículo similar a un todoterreno descapotable. Tenía un blindaje bastante bueno y un lanzamisiles incorporado. Acarició la puerta despacio y después mostró una expresión calmada.

- Esta preciosidad os ha debido costar lo suyo montarla. – Dijo mientras se daba la vuelta y miraba a Marco. – Voy a necesitar una lista de todos los hombres disponibles y sus habilidades. Mientras que la elaboras yo voy a salir un rato, dame las coordenadas de esa prisión.

Capítulo 3: Un Peligroso Oponente: El Demonio Del Dolor.

El edificio parecía normalito. En la puerta parecía haber siete guardias armados y en lo alto del tejado otros tres o cuatro. La seguridad era buena, pero estaba claro que no llegaba ni a una décima parte de lo que era Impel Down. Podría colarse fácilmente si se lo proponía, pero su haki de observación detectaba ciertas presencias poderosas dentro. Algunas podían estar al nivel de un Vice-Almirante. Estando en una pequeña isla fuera del Nuevo Mundo y el Grand Line, no entendía el motivo de semejante idiotez ¿Guardaban algo más? El demonio empezó a caminar hacia la entrada con toda la calma del mundo. Alrededor había algunas casas y un parque de tamaño considerable. Apenas había gente, lo que le daría una buena ventaja. Tal vez la idea de que no supieran que estaba allí era mejor, pero Krauser solía llamarse él mismo el peor espía del mundo. En cuanto estuvo a una distancia considerable alzó la mano saludando a los guardias. Estos al verlo no pudieron evitar alterarse.

- Buenos días, camaradas. He venido a buscar a una patrulla revolucionaria que pasó por esta isla. Serían ustedes muy amables si me dejaran entrar a echar un vistazo.

El sarcasmo era de lo mejor que tenía el demonio de la niebla, el cual ahora se mantuvo tranquilo mirando a los pobres marines. Se notaba que tenían un miedo considerable, pero entonces los pudo ver relajarse y sonreír ¿Con qué motivo?

- Es un placer conocerte, Krauser Redfield…

Aquella voz hizo al asesino abrir los ojos como platos. Tenía a alguien a su espalda y su puto mantra no lo había… Si, lo hizo. Pero esa presencia hubiera jurada que estaba dentro de la prisión, era imposible que hubiese llegado allí tan rápido. Pegó un giro violento al mismo tiempo que sacaba su machete de kairouseki y trataba de lanzar un tajo a la persona a su espalda. Cuando quedó de frente a ella se dio cuenta de que no le había dado. Era un tipo de altura similar a la suya, pelo oscuro recogido por una cola de caballo, ojos azulados y de unos treinta años. Vestía con un kimono negro y en cada mano poseía una katana. Un escozor considerable empezó a molestar al revolucionario. Se miró la zona abdominal y se dio cuenta de que tenía un corte superficial en ella. Frunció el ceño sabiendo de sobra quién había sido el causante. Ese hombre no era un tipo cualquiera. Notaba en él un poder admirable, muy cercano al suyo, se atrevía a decir que incluso similar.

- Zed Reborn, más conocido como el demonio del dolor. Supongo que sabes sobre los señores de la caza, pues podría decirse que soy uno de los aspirantes.

- Me atrevo a decir que tu experiencia con las espadas te hacen más digno de aspirante al puesto de rey. Supongo que vienes por mi cabeza.

El moreno asintió con una sonrisa mientras miraba al demonio de la niebla. Demasiadas preguntas le llegaban al revolucionario a la mente ¿Qué coño hacía ese tipo dentro de la prisión antes? ¿Por qué estaba en una isla así pese a su poder? Krauser ya había deducido que sabían que iba a llegar.

El espadachín desapareció de la vista del demonio, el cual tuvo que sacar su segundo machete y darse la vuelta a toda velocidad. Bloqueó las armas de su oponente con las suyas y ambos empezaron a intercambiar tajos violentos. La velocidad de ambos era admirable y los marines observaban el espectáculo emocionados. Los filos de las katanas chocaban contra los de los machetes. El delicioso sonido que surgía en cada encuentro parecía hacer disfrutar al cazador. Las miradas de ambos mostraban diversión, pero en el caso de Krauser había también algo de preocupación. Tras unos veinte segundos de intercambio de golpes, ambos saltaron hacia atrás de forma sincronizada y se miraron. El moreno parecía estar intacto, mientras que el Gran Espada tenía algunos cortes por el torso.

- ¿Te duele mucho? – Preguntó Zed con una expresión algo sarcástica.

- No tanto como me gustaría…

Incluso el demonio de la niebla sabía cuándo un rival era admirable. Ese tío tan solo era un poco mayor que él, pero su velocidad y manejo de las armas era superior al suyo. Al menos parecía tener honor, pues no le atacó por la espalda. También se había presentado y demás. Cuando un enemigo era tan confiado, era debido a que tenía un poder exagerado o que era un imbécil. La segunda opción parecía estar descartada. Su oponente podía ser un poco engreído, pero había mostrado una faceta relajada y social en todo momento. El revolucionario entonces imbuyó sus armas y brazos en haki armadura. Su oponente hizo lo mismo y eso preocupó algo más al castaño. Ambos corrieron el uno a por el otro. En cuanto estuvieron cerca empezaron de nuevo a intercambiar tajos. El sonido de los metales chocando de aquella forma resultaba ser emotivo para ambos. Estaba claro que las espadas de Zed tenían buena calidad, o de lo contrario habrían caído ante los machetes del demonio. Esta vez la cosa pareció estar un poco más equilibrada, pues el revolucionario logró realizar una pequeña herida en el hombro izquierdo de su rival. No tardaron mucho en separarse, siendo esta vez Redfield el que salió mejor parado.

- Lo has hecho bien, oficial ¿Continuamos con la diversión?

- Oe… Parece que no te estás esforzando ¿Qué cojones planeas?

Mientras que Krauser respiraba de forma agitada, ese tío parecía estar como nuevo. Antes de que el demonio pudiese reaccionar, el moreno pasó por su lado derecho a una velocidad que ni siquiera el ojo del ex marine pudo seguir. Un poco de sangre salpicó entonces el suelo y el Gran Espada clavó una rodilla en el suelo soltando un quejido de dolor. El líquido carmesí salía de su costado. Lo supuso, ese hombre no estaba usando ni la mitad de sus habilidades. El ceño del demonio se frunció un poco y después de unos momentos miró hacia su oponente.

- Está claro que me esperaba un poco más ¿Vas a usar tu niebla? ¿Tal vez tu enorme shuriken destructor? Déjame adivinar, tu espada especial…

Increíble. El revolucionario mostró una leve sonrisa dándose cuenta de que ese imbécil había estado estudiándole muy a fondo. Estaba seguro de que tenía trucos para contrarrestar a todos los que él hiciese, estaba puteado. El ex marine entonces se colocó en pie con calma y mostró una expresión algo calmada. Fue en ese momento cuando apretó con fuerza los mangos de sus machetes y corrió de nuevo a por su rival. No le quedaba otra que usar aquel tipo de armas si quería vencer. El duelo comenzó de nuevo entre ambos, pero esta vez el resultado iba a ser muy distinto. El revolucionario pisó el suelo con fuerza de repente. Una pequeña onda expansiva se formó entonces. El moreno se desequilibró lo justo para que el castaño aprovechase y dejase un potente corte en la zona de su pecho. Zed se quejó del dolor y después trató de clavar una de sus armas en la cara del demonio, el cual evadió el ataque echando la cabeza a un lado. Un pequeño hilo de sangre se formó en su mejilla. Krauser respondió lanzando un doble tajo en forma de equis. Dicho corte fue parado por la otra katana de su oponente.

- ¡Más! ¡Esto me está encantando! – El cazador parecía estar emocionándose demasiado.

- ¡Deja de jugar! – Le gritó el demonio al mismo tiempo que lanzaba un par de ataques más hacia él, siendo estos parados por Zed.

Al ex marine le molestaba que su rival no estuviese esforzándose al máximo. La velocidad que empleaba en sus burlas era muchísimo mayor que la que usaba en los intercambios de golpes. Krauser entonces una presencia conocida algo más cerca de lo normal. Enseguida guardó sus machetes y sonrió. El moreno ladeó un poco la cabeza sin entender lo que hacía. Pareció enfadarse un poco, pues lo tomó como una rendición.

- No pienso terminar, coge tus armas ¡No me jodas la diversión!

- Nunca he sido de duelos honorables, colega. No te acomodes mucho, no hemos terminado nuestra pelea, Zed-chan.

Una flecha quedó clavada entre ambos combatientes. Redfield la miró unos segundos y entonces sonrió de nuevo. Salió corriendo hacia el bosque a lo máximo que le permitía su velocidad. El moreno trató de seguirlo, pero entonces la flecha emitió un agudo pitido que le distrajo. El pequeño proyectil estalló dejando una increíble humareda en su lugar. El espadachín cayó de espaldas al suelo debido a la impresión. Frunció el ceño al darse cuenta de que no era una explosión hecha para dañar. Cuando se despejó el humo no había rastro del demonio de la niebla por ningún lado. Eso hizo que Zed soltase un pequeño suspiro.

- Con lo divertido que estaba siendo…

Capítulo 4: El Dolor De La Traición.

Krauser y Richard corrían a toda velocidad por el bosque. El arquero había seguido a su jefe sin consentimiento y le había salvado de una buena. El demonio estaba muy agradecido y contento al mismo tiempo, se notaba que elegía a muy buenos hombres. Iba a tener que trazar un plan muy bueno si querían vencer a aquel tipo. Su habilidad con las espadas era demasiado buena y su velocidad superaba por mucho a la de cualquier hombre del bando del demonio.

- Eres un jodido genio, Richard. Te debo la maldita vida, hermano.

- Supongo que con un par de barriles de cerveza me apañaré. Ese tío daba demasiado miedo, no sé cómo diablos vamos a derrotarlo.

Redfield entonces se dio cuenta de algo ¿Su mantra sería bueno? No había podido predecir la flecha de su compañero, ni siquiera se dio cuenta de que había una presencia así de cerca. Tal vez esa era la clave después de todo. Tendría que comprobarlo en el próximo encuentro, pero por el momento debían reunirse con el resto de hombres.

*****

Los revolucionarios se frenaron en seco al darse cuenta de que el enorme portón que permitía la entrada a la base estaba reventado. El demonio al ver aquello empezó a correr hacia el interior. Su compañero le siguió al momento.

Cuando el ex marine vio lo ocurrido no pudo evitar abrir los ojos como platos. Todo estaba lleno de cadáveres por todas partes. Entre ellos reconoció a Jax, el idiota que se puso idiota en el puerto. Tenía un corte mortal en el cuello. El resto de hombres también parecía tener heridas mortales. El revolucionario no entendía lo que había pasado. Justo en ese momento se fijó en una de las paredes. El cuerpo de Marco estaba allí clavado por una lanza de color rojo. Aquello era una masacre en toda regla. Richard parecía estar bastante mosqueado. El demonio de la niebla empezó a correr por la zona buscando a Hydro y Jaku por todas partes. Finalmente pudo ver el cuerpo del joven luchador sobre una de las mesas. Se acercó a toda prisa y se fijó en que todavía estaba vivo. La sangre salía de su boca y su mirada ya casi se había apagado. Krauser lo tomó en brazos y lo miró a los ojos.

- ¡Hydro, aguanta! ¡Voy a ayudarte, hermano!

- Krauser-san… Me temo que ya es demasiado tarde para mí…

El joven tenía varios cortes por todo el cuerpo y algunos bastante profundos. Era imposible curarle debido a la enorme cantidad de sangre que ya había perdido ¿Tan reciente había sido el ataque?

- Me alegro de haber aguantado lo suficiente, para despedirme de la persona que consideré un padre…

- ¡Hydro! – Gritó con fuerza el demonio mientras lo depositaba despacio en la mesa. – ¡Richard, trae un puto botiquín! ¡Date prisa, joder!

- Jefe… Me temo que no se puede hacer nada… Esas heridas son demasiado graves. – El arquero cerró con fuerza los ojos mirando hacia otro lado.

Krauser apretó los puños con rabia, clavó incluso las uñas en la carne. La sangre empezó a salir de sus manos y las venas de su frente se marcaron de forma exagerada. El demonio sentía un dolor bestial invadirle. Estaba hasta los cojones de sentir aquella sensación. Primero fue con Karl, después con Minako, con Alex, con sus antiguos compañeros, con Ai… No paraba de perder a todos sus seres queridos. Aquel chico lo consideraba su padre y él no había tenido el poder para salvarlo.

- K-Krauser-san… Tengo frío…

El revolucionario abrazó al chico con fuerza. Notó las lágrimas del joven en sus brazos y no pudo evitar empezar a llorar también. Su mano se desplazó hasta la cabeza de su soldado, acariciándole despacio empezó a contener sus llantos. Su haki de observación estaba centrado en el chico y notaba su alma apagarse lentamente.

- Fuiste uno de mis mejores amigos, Hydro… No voy a olvidarte nunca, mi fiel compañero. Tan solo espero que puedas llegar a perdonar a este gilipollas… Nunca debí dejarte aquí solo…

- No fue su culpa… Tengo una cosa que pedirle. Tengo un hijo recién nacido en Baterilla… Por favor, que no le falte de nada. – Fue lo último que dijo antes de cerrar sus ojos definitivamente.

- Tienes mi palabra… – Respondió Krauser asombrado de que con apenas diecinueve años tuviese un crío.

El demonio miró el cuerpo del chico y no pudo evitar empezar a sollozar ¿Cuántos más iban a tener que perder la vida para que el puto gobierno de mierda fuese cambiado? ¿Quién había sido el hijo de puta que organizó aquella masacre? El revolucionario clavó una rodilla en el suelo mientras colocaba su mano en la mejilla del chico. Por un momento imaginó la misma situación con algunos de sus hombres, como Osuka o Ryuken. De hecho, cuando pensó en Edward negó con la cabeza. Si veía también al rubio perecer, su mente colapsaría. Empezó a sentir miedo por los suyos. La imagen de Minako le vino a la cabeza y no pudo evitar golpear el suelo de forma bestial con su puño derecho. Lo siguiente que hizo fue estampar su frente contra la puerta de uno de aquellos todoterreno. Richard al ver aquello se acercó a él y le colocó la mano en el hombro despacio.

- Deja de torturarte, por favor… ¡Ya está bien que asumas todas las responsabilidades! ¡No tienes la culpa de esto!

La sangre empezó a bajar desde la frente del demonio hasta sus cejas. Una sonrisa irónica invadía el rostro del oficial. Claro que era culpa suya, no había podido salvar a casi nadie por mucha habilidad que tuviese. Empezaba a pensar que no debía tener tantos escrúpulos a la hora de dejar a sus rivales con vida. Ellos eran unos cabrones y las vidas de los revolucionarios no les importaban lo más mínimo. Trató de tranquilizarse y después de unos segundos se colocó en pie.

- Richard ¿Por qué sucede todo esto? Nosotros no somos así de cabrones. Atacamos a herir y nunca a matar ¿Qué coño le pasa a la supuesta justicia?

- Somos de la rebelión por algo, no consideramos justicia a esa basura. Solo con unos asesinos que visten bien y disponen de mucho dinero. Ahora céntrate, jefe. Mi haki me está indicando que queda una presencia con vida… – Sus palabras fueron dichas en un tono que mostraba enfado.

Ambos rebeldes expandieron su mantra al máximo y miraron hacia la posición de la que venía aquella presencia.

La peliblanca del cuartero rebelde les miraba con una sonrisa calmada. En su mano derecha se hallaba una katana llena de sangre. Richard apretó los puños con rabia y Krauser dio un paso hacia ella mientras terminaba de secarse las lágrimas con su mano derecha. La joven parecía muy tranquila y no tardó nada en empezar a reírse un poco. El sonido de su risa resultaba extremadamente molesto para el demonio de la niebla, el cual frunció el ceño mirándola. Debió imaginarse que era la culpable de todo. Jaku ni siquiera debía de ser su verdadero nombre. Se fijó en que su poder era mucho más grande que el que habitualmente tenía su alma ¿Podía ocultarlo así de fácil? El asesino se mostró furioso con aquello y no tardó en sacar su machete eléctrico.

- Bueno, Krau-chan… Déjame presentarme como es debido. Soy Jakia Rousell, Vice-Almirante de la marina y experta en el arte del espionaje. Vas a tener el placer de ser asesinado por la marine más bella de los mares.

- Cierra la puta boca. Voy a terminar contigo ahora mismo.

La marine de cabellos blancos salió corriendo hacia el demonio con una sonrisa siniestra en su rostro. Cuando estuvo lo más cerca posible él, trató de lanzarle una estocada al corazón. La velocidad de la pinchada fue impresionante, pero no llegó a su objetivo. Los ojos de la joven se abrieron como platos cuando el oficial agarró con su mano imbuida en haki la hoja de la espada. Ella trató de tirar, pero el demonio usó su fuerza para partir el arma. Lo siguiente que hizo fue estampar su puño derecho en el rostro de la mujer, la cual salió disparada hacia atrás. Se levantó algo aturdida y sangrando por la nariz.

- ¡Osas golpear a una mujer! ¡Eres escoria!

- Tú no eres una mujer, solo eres una zorra. – Sus palabras fueron frías como el hielo.

Richard observaba la pelea con una calma increíble. Sabía que el combate no debía ser interrumpido, la marine no tenía nada que hacer contra Krauser, había ido de sobrada. No hacía falta ser un genio para saber que la traidora no iba a salir viva de aquel edificio.


Última edición por Krauser K. Redfield el Mar 18 Jul 2017 - 18:55, editado 1 vez
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Re: El Arte Del Combate [Time 2017]

Mensaje por Krauser K. Redfield el Mar 18 Jul 2017 - 18:59

Capítulo 5: El Líder De La Quimera.

- Me tenéis harto ¿A quién cojones creéis que os enfrentáis? No paráis de joderme de una forma u otra. No soy un simple marine que se largó ¡Fui un puto almirante! Tenéis los cojones de oro, pero se os va a quitar la gilipollez de raíz. – Krauser empezó a correr hacia la chica a toda velocidad.

En cuanto el asesino llegó a su posición empezó a lanzar numerosos tajos hacia la joven, la cual evadía de la mejor forma posible. Hubo un momento en el que parecía que iba a recibir uno en el cuello, pero la albina formó una especie de espada de energía azulada con su mano derecha y bloqueó el corte. El demonio impactó su pie en la rodilla de ella, haciéndola soltar un quejido de dolor considerable. Sin dejarla a reaccionar, la tomó por el cuello con su mano derecha y la lanzó de forma violenta contra uno de los coches. La espadachín quedó allí echada con ambos ojos cerrados. El asesino se acercó a ella y la miró a los ojos.

- Soy el líder de la Quimera, debiste saber a quién ibas a joder, miserable.

El hoja del machete de Krauser atravesó la garganta de la marine de forma cruel. Tras aquello impactó su puño derecho en la cabeza de ella usando toda su fuerza. Desactivó su haki tras aquel ataque y soltó un pequeño suspiro. Le había reventado el cráneo. El demonio miró entonces a Richard con una expresión seria. El arquero entonces comenzó a mirar los destrozos más detenidamente.

- Últimamente nos encontramos con muchos enemigos capaces de cambiar sus auras con facilidad. La cosa se está complicando mucho para nosotros, Richard.

- Me he dado cuenta de ello, jefe. Supongo que nos vamos ¿No? Seguir con la misión nosotros dos solos y con ese cabrón en la prisión es un poco imposible. Deberíamos venir otro día con más refuerzos y un plan mejor organizado.

- Me temo que no. No podemos arriesgarnos a que los trasladen a otra prisión peor, tan solo ese tío es el que vale. El resto son débiles comparados con nosotros. Si logramos vencer al tal Zad, habremos cumplido nuestra meta. – Sus palabras fueron bastante serias.

- ¿Cómo lo vamos a hacer entonces? Los traslados llevan tiempo, pero entiendo que no quieras arriesgarte. Supongo que has de tener algún plan.

- Sólo déjame mejorar mi último poder al máximo. Si logro un haki armadura similar al de Dexter, creo que podría tener una posibilidad contra ese monstruo.

El demonio abandonó aquella base junto a su compañero. Llamó a varios de sus hombres tan solo para que se llevaran los cuerpos de los muertos. Él creó otra pequeña base en otro bosque de la isla, una pequeña cueva, pero lo suficiente alejada de la prisión para que alguien con haki no los detectase. Durante las siguientes semanas el asesino estuvo entrenando físicamente como una bestia. Realizaba todo tipo de ejercicios como abdominales, flexiones, e incluso pequeños combates con Richard. Solía pedirle a su soldado que le golpease con palos en la espalda o zona abdominal. Todo lo hacía para mejorar su cuerpo al máximo. Si no podía vencer en velocidad, tendría que hacerlo en resistencia. El dolor que soportaba cada día era considerable, pero nada a comparar con el que sentía por dentro. Esos putos marines iban a pagar por todo. Liberaría a sus hombres, terminaría con la vida de sus oponentes y dejaría el honor de Hydro bien alto. Debía terminar aquella misión por él. Ya había ordenado a unos cuantos soldados ir a Baterilla y buscar al crío y a su madre. Había enviado diez millones de su cuenta personal. Ya iría en persona cuando terminase con aquello.

Los combates contra Richard le estaban haciendo mejorar bastante. Él apenas atacaba y solo se centraba en bloquear con su cuerpo. También tenía la manía de irse a correr durante horas con una botella de agua y algo de comida. Sabía muy bien lo que debía usar de alimento para no convertirse en una masa de músculos. Estaba satisfecho con los que tenía y no deseaba aumentar su grosor. Como asesino no podía permitirse aquello. Él se centraba en su agilidad corporal para moverse en los combates y convertirse en un blanco más grande no entraba en sus planes.

Vigilaba bastante la prisión, cada día lo hacía. El cabrón de Zed continuaba por allí y las medidas de seguridad habían sido subidas en los puertos. Era como si supiesen que ellos estaban allí. Bastante suerte tuvo el oficial al lograr que sus soldados se llevasen los cuerpos. Ahora estaban acorralados y cada día que pasaba llegaban más marines ¿Qué ganaba el puto cazador con todo aquello? No pudo evitar pensar que tenía algo contra él. Quizás su maldita emoción de darle caza. Por lo que supo de él, era una persona que disfrutaba luchando. No parecía ser usuario de ninguna fruta del diablo y su haki armadura era similar al de Krauser. Sospechaba que no tenía mantra y además, usaba armas de muy buena calidad. Ese capullo también conocía todas sus técnicas.

Krauser trató de unir las piezas de la traición. Algo le dijo que Jaku actuó por cuenta propia, pues si hubiese sido inteligente habría huido tras asesinar a todos. Seguramente los marines de la prisión sabían que él iba a ir gracias a la peliblanca ¿Habrían contactado directamente con Zed? Era algo que le tenía en vilo todas las noches.

Los entrenamientos del demonio de la niebla continuaron. Más semanas habían pasado y él continuaba mejorando su cuerpo todo lo posible. Por el momento había logrado aumentar su resistencia hasta un punto bastante alto. Aquello podía servirle para muchísimas cosas, pero sobre todo para aguantar un combate muchísimo tiempo. Su fuerza también era superior, pues al mejorar sus brazos obtuvo un aumento considerable. También solía levantar troncos de árboles a modo de pesas. Las habilidades de su compañero Richard también habían mejorado de forma impresionante. Era como si la puntería del arquero fuese mejorando con el tiempo, si es que eso era posible. El moreno se fabricó unas flechas sin punta que usaba para atacar a Krauser en los entrenamientos. El torso del demonio terminaba cada día lleno de moratones, pero todo eso era necesario para continuar con sus mejoras. No pensaba parar hasta alcanzar el haki perfecto.

El demonio no se fiaba ni un pelo de Zed. Podría vencerlo usando su niebla tal vez, pero una persona que sabía tanto sobre él debía tener trucos eléctricos. No podía arriesgarse a quedar frito por culpa de un idiota con espadas. Algo le decía que el espadachín no era un cazador movido por el dinero, más bien por la diversión. Él iba a dársela en un encuentro final en el que ambos lucharían a muerte. Mientras tanto Richard podría ocuparse del resto de marines, ese iba a ser el plan. Entrarían a saco y sin pensárselo. Al menos eso pensaba el oficial de la Quimera. Esperaba que no hubiese ningún tipo de incidencia que le jodiese los planes.

Un mes después…

- Hijos de puta…

Krauser se hallaba dentro de la cueva, bastante enfadado y mirando el suelo. Según las últimas investigaciones de Richard, se habían enterado de que iban a realizar el traslado de los rebeles al día siguiente. Eso solos les dejaba unas horas para actuar. Al menos el último mes habían mejorado ambos bastante, pero el demonio no había logrado hacer su haki perfecto. Algo le decía que todo iba a terminar bastante mal. Eran las diez de la mañana y tomó la decisión de no entrenar el último día. Debían ir ambos bien descansados. También era cierto que el dinero empezaba a ser un problema, pues sus entrenamientos requerían muchas proteínas y cada día se llevaban cantidades considerables de la tienda. Era una suerte que aquella isla tuviese establecimientos donde podían comprar con un mínimo de discreción. El arquero no tardó en entrar a la cueva, parecía haberse dado un baño en alguno de los lagos.

- Jefe, pase lo que pase mañana, daremos todo lo que tenemos.

- Eso no lo dudes. Como le dije a Jaku, no somos rebeldes normales. Somos demonios principales de la Quimera, la mayor división revolucionaria. Somos los más fuertes, los más listo y tenemos una enorme responsabilidad. Mañana se decidirá todo…

Ese día se lo tiraron tirados en la cueva, hablando y comiendo. Estuvieron haciendo bastantes planes para el ataque final. Krauser no podía parar de pensar en Zed. Nunca antes se había enfrentado a un oponente tan poderoso. Confiaba en poder derrotarle si se esforzaba, pero sabía de sobra que iba a terminar muy mal. Tan solo quedaba esperar al día siguiente para ver lo que pasaba.

Capítulo 6: Krauser Vs Zed.

Los dos revolucionarios se hallaban frente a las puertas de la enorme prisión. El arquero tenía su arma y sus flechas con él. Krauser tan solo portaba ambos machetes, ni siquiera llevaba consigo la camiseta o los vendajes. Sabía que su pelea iba a centrarse en velocidad y quería ir lo menos cargado posible. El haki del demonio ya estaba activado y no tardó mucho en detectar el de Zed. De todas formas, aquel tipo no empezó a moverse hasta que los guardias de la puerta avisaron. El oficial chasqueó los dedos y su compañero salió corriendo hacia uno de los laterales del edificio. El Gran Espada se deshizo en niebla y subió a lo alto de la azotea. Se volvió a formar allí y se dio cuenta de que había mucho espacio. Tan solo un par de marines como enemigos, a los cuales derrotó de un par de puñetazos. El terreno parecía estar listo y ya solo faltaba que el sujeto adecuado acudiese.

Una expresión seria apareció en el rostro de Redfield cuando sintió el aura de su enemigo acercarse por la espalda a una velocidad increíble. Se dio la vuelta a toda velocidad y paró una estocada de su oponente con uno de sus machetes. Con un ágil movimiento bloqueó otro corte usando el otro y tras aquello saltó hacia atrás. Las miradas de ambos eran totalmente contrarias. Uno estaba serio, el otro parecía contento.

- Al fin estás aquí, Krau-chan. Esta vez no te largues, dame diversión hasta el final ¿Sí? – Parecía realmente emocionado.

- Te doy una última oportunidad para que te vayas. Esto se ha convertido en algo personal con los marines de este lugar. No pienso tener piedad con nadie.

La respuesta de Zed fue la de lanzar una onda cortante hacia el demonio. Krauser cortó dicho ataque con su machete eléctrico, momentos después entrecerró los ojos. No había remedio, tendría que vencer a aquella persona o morir en el intento. El moreno entonces empezó a reír al mismo tiempo que se lanzaba hacia él. El revolucionario imbuyó todo su cuerpo en haki armadura y se preparó para aquello. El moreno no tardó en imitarle y entonces comenzó a lanzar una lluvia de cortes contra él. El castaño centró todo su haki de observación contra su oponente y empezó a bloquear los ataques como podía. La velocidad de ambos era asombrosa, pero se notaba que Zed era un experto en lo suyo. Las heridas comenzaron a aparecer en el torso del demonio, en sus brazos, hombres y demás. No podía seguir la velocidad de aquel tipo.

El demonio se separó en cuanto pudo rodó hacia un lado. Se levantó de inmediato y empezó a formar niebla alrededor de los dos. El moreno al ver aquello imbuyó su mano derecha en un aura eléctrica, cosa que hizo a Krauser fruncir el ceño. Enseguida anuló su poder y chasqueó la lengua, aquel tipo hizo lo mismo, pero sonriendo ante todo. Su mejor arma estaba anulada. Tal vez con su Kiri Kirishite podía evadir los rayos, pero con la velocidad de aquel hombre era mejor no arriesgarse. Ambos se miraban a los ojos.

- Esta vez no te dejaré huir, Krau-chan. – Mencionó el moreno al mismo tiempo que lanzaba un corte hacia el cielo.

Una especie de onda rosada surgió de su espada. Aquel poder estalló en el cielo y una serie de agujas hechas de energía salieron despedidas hacia el ex marine. El oficial al ver aquello rodeó su brazo derecha de niebla rojiza, la cual empezó a formar un puño de medidas increíbles. Lo endureció con haki armadura e impactó un puñetazo contra aquellos proyectiles. No tardó mucho en darse cuenta de que Zed ya no estaba en su posición. El haki le advirtió de un ataque mortal a su cabeza y por ello se apartó de forma violenta hacia un lado. El filo de aquella arma realizó un corte considerable sobre el hombro derecho del demonio. Krauser frunció el ceño y anuló el enorme puño de niebla. Sus ojos se clavaron en su rival. Mostraba un enfado tremendo. La sangre empezó a bajar por pecho, por la espalda y por el brazo. Escocía bastante, eso debía admitirlo.

- ¡Sigue sangrando para mí!

Aquel hombre se desplazó de nuevo hacia el revolucionario, lanzándole bastantes tajos y cada vez más rápido. Krauser le costaba seguirle y se defendía lo mejor que podía. Su haki no se había mejorado del todo, el faltó tiempo. Bloqueó la mayoría de ataques de aquel tipo, pero volvió a llevarse heridas. Cuando estaban a punto de separarse, el cazador estiró la pierna hacia arriba e impactó su pie en el rostro del oficial. Redfield salió disparado hacia atrás. Quedó tirado en el suelo con los ojos cerrados y con algo de sangre saliendo de su boca. Las risas de Zed martilleaban su cabeza una y otra vez. Era muy incómodo luchar de aquella forma. Contuvo la respiración unos momentos y canalizó su energía curativa hacia su cuerpo. Una especie de aura verde lo recorrió totalmente e hizo que todas sus heridas mejorasen un poco. Tras aquello se colocó en pie como pudo y miró al espadachín.

- “No puedo ganar esta pelea. Ganaré tiempo hasta que Richard salve a los rebeldes” – Pensó mientras agachaba la cabeza.

Su haki de observación de nuevo le indicó un ataque del moreno. Cuando Zed se desplazó a toda velocidad hacia él, Krauser pisó el suelo de forma violenta. Formó una onda expansiva que repelió a su rival hacia atrás. El cazador entonces ladeó un poco la cabeza. Estaba bastante confuso con el comportamiento del demonio de la niebla.

- ¿Qué cojones te pasa? Tan solo estás alargando lo inevitable de esa forma.

- No te lo niego. Este va a ser mi último combate, no puedo vencerte. He sido derrotado, pero te daré el gusto de luchar hasta mi muerte ¿Te parece bien? – Krauser le dedicó una sonrisa sarcástica a su rival al decir aquello.

- Así da gusto luchar. Prometo recordarte, Krau-chan. Me esforzaré al máximo como prueba de mi respeto hacia ti como oponente.

El moreno se rodeó entonces de una terrible aura negra que le hizo empezar a temblar. El demonio de la niebla sonrió entonces. Ese tipo tenía más poder guardado, era imposible derrotarlo. En menos de un segundo se había colocado a la espalda del rebelde. La sangre salpicó el suelo y los ojos de Krauser se cerraron. Cayó al suelo sintiendo un dolor insoportable. No había que ser un genio para saber que se había llevado un corte considerable. Ni siquiera su haki pudo predecir las intenciones de su oponente. No había nada que hacer, pero entonces decidió jugar su última carta. El ex marine se colocó en pie lentamente. El moreno le miraba sonriendo en todo momento, deseando que volviese a atacarle de alguna forma. Redfield colocó sus manos en el suelo, dejando los machetes a un lado. Todo empezó a llenarse entonces de niebla. Esta vez inundó la zona en la que ambos estaban luchando. El moreno realizó un rápido movimiento con sus espadas y despejó un poco la zona de combate con viento. Tenía bastantes energías de canalización. Ahora tan solo los exteriores del edificio estaban llenos de niebla. Zed activó su aura eléctrica en la mano y le dedicó una mirada siniestra a Krauser.

- ¿Estás seguro de eso?

- Completamente ¿Hacia dónde huirás ahora?

Krauser tomó el machete eléctrico con la mano izquierda y alzó la derecha hacia arriba. Un enorme shuriken hecho de energía cortante comenzó a formarse en su palma. Las cinco cuchillas abarcaban casi toda la azotea. Aquello hizo al moreno ladear un poco la cabeza. Entonces se dio cuenta del plan del demonio. Abrió los ojos como platos y desactivó su aura eléctrica.

- ¡Maldito loco! Si lanzas eso aquí, ambos vamos a estallar. No soy tan imbécil como te piensas, me da igual entrar en tu niebla si debo salir de esta.

- Entonces la electrocutaré… Lo siento, pero esta pelea no ha terminado. Ambos somos conocidos como los demonios… ¡Vamos a ir juntos al infierno! ¡Resultará irónico que entremos al mismo tiempo! – Gritó entonces el asesino de la niebla entre risas.

- Has perdido la cabeza… ¡No voy a permitirlo!

El moreno entonces se lanzó a toda velocidad hacia el rebelde. Krauser prefijo sus intenciones, esta vez usó el miedo a favor. Su oponente enseguida pensó en su estrategia y el mantra del revolucionario hizo el resto. Redfield lanzó la enorme estrella en línea recta, aunque sin mucha potencia. Pudo ver a su rival evadirla por debajo, pero fue entonces cuando él cerró su puño derecho. El ataque explotó formando una inmensa esfera cortante de siete metros a la redonda. El demonio trató de lanzarse a su niebla al mismo tiempo que la apartaba a su paso gracias a su Kiri Kirishite, pero no fue lo suficiente rápido. Parte de la explosión lo cogió y lo tiró de forma violenta al suelo. Su cuerpo estaba lleno de cortes y su brazo izquierdo inutilizado. Se había dañado la pierna derecha por la caída y encima estaba aturdido. Anuló la niebla entonces y quedó tirado en el suelo bocarriba.

- ¡Estás muerto, cabrón!

Zed se hallaba frente a él.

Capítulo 7: Hasta Siempre…

El estado del espadachín era mejor que el suyo, pero no había quedado intacto. Estaba sangrando por varias zonas de su cuerpo y parecía portar tan solo una espada. Pudo ver también que cojeaba de una pierna, por lo que ambos estaban con dificultades para moverse. Una sonrisa se formó en el rostro del demonio de la niebla. Cerró los ojos despacio y notó algo extraño en su rostro, había empezado a llover.



El demonio de la niebla escupió un poco de sangre y después empezó a reír despacio. Era como si le importase todo una mierda. Pudo ver al moreno acercarse a él con el ceño fruncido. Krauser soltó un pequeño suspiro y empezó a recordar lo que más amaba. En aquella situación en la que todo iba a terminar quería pensar en la persona que le hizo feliz. A saber dónde se encontraba su pelirroja, era posible que pateando traseros o pillando información de la marina. No pudo evitar pensar en la última vez que la vio. Recordó aquel abrazo, el beso, las caricias… Era una pena, pero no iba a poder verla más.

- Me olvidaba del tigre, menos mal. Se entera de que no he pensado en él y no me lo perdona… – Susurró hablando consigo mismo.

Todos los rostros de la gente que quería empezaron a acudir a su mente. La sonrisa de Ed era algo molesta, le daba pena dejar solo al chico. Osuka no merecía quedarse todo el trabajo, los Colmillos eran novatos, Dexter no podría jugar a las cartas sin él ¿Ya está? ¿Tan poca gente tenía? Olvidó que el resto habían muerto. Recordó entonces la promesa que le hizo a Hydro. Una pequeña sonrisa se formó en su rostro y negó un par de veces. Le iba a ser imposible cumplirla, pero al menos vería a su compañero en el infierno. Al menos eso quería, pero si existía ese sitio, el cielo también estaría y claramente, él iría a un lado e Hydro a otro. Sintió la presencia de Richard en el interior, apenas quedaba vida allí dentro. Al menos le iba bien.

El demonio de la niebla se levantó entonces de la mejor forma posible. Tomó el machete con su brazo izquierdo y notó un intenso dolor en la pierna. No podía moverse, estaba perdido. Una última apuesta, era todo lo que le quedaba por hacer. Tenía fama de hacer muchos faroles en el póker, tal vez era el momento de arriesgar una última vez.

- Lo siento, Zed-kun. Me queda un brazo todavía, supongo que no eres tan buen espadachín como pensaba.

- ¿Quieres ver cómo desaparece?

Krauser asintió con una sonrisa tranquila y después entrecerró los ojos. Su mantra le alertó de las intenciones de su oponente. Aquel hombre pese a tener una pierna herida se desplazó a una velocidad increíble hacia él. La hoja de Zed atravesó el bíceps del demonio de la niebla, terminando de dejarle los dos brazos inutilizados. Entonces se fijó en que el arma no estaba en la mano del revolucionario. Un impacto seco en su cuello le hizo abrir los ojos como platos. Redfield tenía el mango de su machete en la boca, la punta estaba atravesando el cuello de su oponente. A continuación, el Gran Espada soltó su arma y mostró una sonrisa cansada.

- Dexter tiene razón, los faroles se me dan fatal…

Fue lo último que dijo antes de caer al suelo de espaldas y quedar inconsciente. Una pierna dañada, los brazos inutilizados y todo el torso lleno de cortes. Krauser había usado lo último que le quedaba para terminar con su enemigo, los dientes.

*****

Los ojos del rebelde se fueron abriendo muy despacio. Estaba en una sala médica bastante iluminada. Se hallaba tumbado en una camilla, tenía bastantes cables unidos a su cuerpo y una mascarilla de oxígeno. No tardó mucho en soltar un enorme suspiro, estaba vivo. Aquel sitio le sonaba bastante, se trataba de Baltigo. Había tenido que dormir unos cuantos días entonces. Notó miles de presencias en los alrededores, pero había una a su lado que reconoció al momento. Richard estaba sentado en una silla, dormido y con una revista en la mano. A juzgar por la portada, era erótica. Una gota de sudor bajó por la cabeza del demonio, el cual tosió de forma violenta repetidas veces, hasta que logró despertarlo.

- ¡Coño!

El arquero rápidamente quitó la máscara del rostro de su jefe con cuidado. El castaño empezó a respirar con tranquilidad y parpadeó unas cuantas veces. Todo parecía estar en orden, salvo por el enorme dolor de brazos. El derecho respondía al movimiento, pero el izquierdo parecía estar muy dañado por el momento. El asesino cerró los ojos con fuerza y soltó un suspiro considerable. No hacía falta preguntar por lo pasado, Richard se habría ocupado de todo por sí mismo y con eso le bastaba.

- Lograste vencer a Zed al final, admirable. Me ocupé de recoger tus armas y demás, pero antes quisiera preguntarte algo ¿Cómo venciste sin usar los brazos?

- No me siento orgulloso del método, pero supongo que mis dientes fueron la clave. Si él no hubiese bajado la guardia en el último momento, no estaría aquí. – Mencionó al mismo tiempo que soltaba un pequeño quejido de dolor.

- Todos los revolucionarios están a salvo. He enviado una patrulla a Baterilla para recoger a la familia de Hydro. Mandé también una carta a Minako-san para informar de su estado también. No creo haberla cagado ¿No?

Una gotita de sudor bajó por la cabeza del revolucionario cuando escuchó aquello. Era totalmente innecesario preocuparla a ella. Conociendo al puto arquero, capaz era de haber exagerado las cosas y haber escrito que estaba sin brazos. Se llevó la mano derecha al rostro y después de unos momentos empezó a quitarse cables del cuerpo. Tenía que estrangular a Richard un poco. El moreno pareció darse cuenta de sus intenciones y salió corriendo de la sala médica. El demonio se colocó en pie y empezó a caminar despacio hacia la salida. Su pierna le dolía bastante, pero nada que no pudiese soportar. Se dio cuenta de que tan solo vestía con un pantalón corto de color blanco ¿Le habían desnudado? Malditos pervertidos.

- ¡Vuelve aquí, sabandija! ¿¡Qué diablos has puesto en la carta!?

- ¡Nada, jefe! ¡Se lo prometo! – Gritó el arquero mientras continuaba corriendo por los pasillos de la base a toda velocidad.

El demonio sabía de sobra que no podría alcanzarlos por vías normales, por lo que se deshizo en niebla y salió disparado tras él. No tardaron mucho en llegar al comedor principal, donde muchísimos revolucionarios estaban comiendo tranquilamente. Cuando el asesino volvió a su forma normal se quedó mirando a todos con una expresión calmada. La mayoría alzaron las manos empezando a aplaudir, eran el equipo “Destello”, la división que había salvado con Richard. La fama no era para él y una gotita de sudor bajó por su cabeza. No podía estrangular al arquero delante de toda aquella gente. Alzó la mano derecha sonriendo un poco indicando que todo estaba bien. La fiesta era considerable en el comedor, pues había música, tartas y bastante marcha. Buscó al moreno con la mirada y se dio cuenta de que el cabrón estaba corriendo hacia los baños.

- Mira la rata…

Krauser empezó a cojear un poco mientras caminaba hacia ellos, hasta que una joven de unos veinte años le paró. Ojos azules, cabellos rubios como el oro y mirada dulce. El demonio alzó una ceja y se dio cuenta de que tan solo estaba ofreciéndole una bebida. Tomó el vaso y lo olió un poco, se trataba de vino sin alcohol. Aquello le hizo sonreír, empezaban a conocer sus gustos. Le dio las gracias a la chica y después le dio un enorme trago al vaso. El sabor era bastante bueno, segundos después empezó a escuchar aquellos cánticos que tanto le ponían nervioso.

- ¡Tito Krau! – Gritaba la gente. No pudo evitar soltar un pequeño suspiro y subirle el volumen a la música. Se divertiría con ellos aquella noche, pero a Richard le esperaba una buena en cuanto saliese del baño.

Capítulo 8: La Rutina De Un Oficial.

Los entrenamientos por parte del demonio de la niebla habían continuado desde su recuperación. Que su brazo y pierna estuviesen listos llevó unos meses, pero en aquel momento se encontraba perfecto. Había continuado reventándose físicamente para obtener el máximo nivel de su haki armadura. Al estar en su base disponía del equipo adecuado para hacerlo. Las máquinas del gimnasio le eran de mucha utilidad, sobre todo en el levantamiento de peso. Los sacos de arena eran perfectos para golpearlos con sus nudillos y demás. Se podía decir que allí tenía bastante claro que iba a completar su entrenamiento de una maldita vez.

Cada noche se iba a correr para continuar mejorando su resistencia. Estaba seguro de que con el paso del tiempo iba a lograr mejorar su haki y su resistencia hasta puntos increíbles. Tenía la meta de ir por Mihasy en cuanto pudiese, por lo que solo era cuestión de tiempo. Tenía que prepararse bien para combatir contra el emperador de la piratería. Tan solo Dexter le parecía el único legal dentro de lo que cabía. No tenía nada que ver su amistad, si el demonio lo eligió como hermano fue por conocerlo como de verdad era. Para él no era un pirata, más bien un héroe escondido tras una máscara que lo tachaba de delincuente. Mihasy un asesino que debía terminar en prisión o muerto. El peliblanco ya había sido arrestado, por lo que no lo contaba. El último era el peor, Emile. Ese chico inocente al que conoció y juró proteger. Si iba a por él sería una enorme falta de respeto a Karl… Pero joder, ese niñato se había convertido en el mal. Sus fechorías eran famosas en todo el mundo y por mucho que le iba a doler, trazaría un plan para terminar con sus días. Jin también era prioridad. Tenía demasiados objetivos ahora que se fijaba.

Tal vez los últimos peligros para la humanidad eran aquellos sujetos. Después tan solo deberían librar la guerra contra el gobierno sin que terceros se metiesen a divertirse. Debía empezar a trazar sus jugadas y para ello había decidido hacer un enorme mapa. En un lado colocó una casilla azulada, la cual representaba a los Blue Rose. Otra amarilla al lado, la Quimera. Al otro extremo dejó una roja, los yonkous. Al lado derecho puso la blanca y la negra, las cuales eran la marina y el gobierno. Dejó una morada en la esquina izquierda del mapa, Jin. Finalmente dentro de las filas enemigas dejó un pequeño punto naranja, Al. El tablero estaba listo para empezar la partida.

El demonio estaba pensando ya en su estrategia contra el punto rojo. Vencer a Mihasy sería el primer paso y así dejaría claro que su poder estaba a la par de uno de los cuatro emperadores. También dejaría claro que él iba tan solo por los cabrones, no por personas inocentes. En la pelea no metería a los demonios de ninguna manera, iría solo a ese objetivo. No podía arriesgar sus vidas y demás, iba muy confiado. Debía admitir que los títulos de Yonkou no le parecían para tanto. Él mismo había vencido ya a dos, aunque uno fue con bastante ayuda. Tal vez también mejorar un poco sus armas, más de lo que estaban. Era el momento perfecto para comenzar a conquistar terrenos también. El barco del Grand Line, aquel buque siniestro que ahora era su base de operaciones era solo el comienzo. Teniendo en cuenta que tenía una base en el Nuevo Mundo, otra en el Paraíso y una en el Sur, sería bueno un puesto en la Red Line.

Tras unas cuantas semanas, el demonio había decidido hacer un informe de los miembros de su Quimera. Tendría que buscarles unos apodos acorde a ellos y no solo el color seleccionado. También les iba a dejar algunas zonas que proteger y tener vigiladas para poder controlar todo el sector posible. Estaba claro que a Osuka le iba a tocar el cuidado del barco. Thriller era un sitio que no iba a darse el lujo de perder nunca. A Edward le asignaría seguramente la siguiente captura en la Red Line, Ryuken se ocuparía de Saint junto a Galia. Mordred y Kid serían los vigilantes de la próxima base del Grand Line. Él mismo se ocuparía de Baltigo y Dranser junto a Valia del resto en general. Taito podría tener algún puesto de vigilancia en el Norte y su chica continuaría de espía en la marina. Todo estaba bastante bien planeado. Richard iría al Oeste y por la zona del Este tendría contacto directo con Drake.

Los entrenamientos físicos continuaban realizándose, pero Krauser sabía que si no se esforzaba más no iban a tener mucho efecto. Tomó el nuevo ejercicio de dedicarse a golpear enormes rocas con el haki armadura únicamente activado en los nudillos. Los impactos le hacían sentir dolor en las manos y muñecas. De esa forma también se acostumbraba a la textura de la piedra, entrenar contra Osuka sería más fácil. Cada vez podía pasar más tiempo con su haki activado y eso era una enorme ventaja. Si hubiese enfrentado a Zed en aquel momento habría vencido sin tener que recurrir a la provocación. Así continuaron pasando los días, hasta que finalmente el demonio logró completar su entrenamiento de una vez por todas.

Una noticia llegó hasta el oficial. En esos momentos él se hallaba en su despacho rellenando informes, pero había recibido una carta de Dranser. El espadachín había terminado de hacer sus cosas y quería reunirse con él. Había ordenado ya que le hicieran saber que podía aparecer por allí cuando quisiera. Le hacía gracia tener más control de la situación siendo un rango menor, pero Silver era demasiado vago como para querer mandar. Tampoco es que aceptase órdenes de él y si las recibía tendría una seria charla con él. Podía ser superior en la jerarquía, pero mientras que fuese un miembro de la Quimera tenía que atenerse a lo que Krauser dijese. El demonio sabía que había algo de pique entre ellos, sobre todo por su procedencia. Uno era un rebelde desde pequeño y el otro había llegado después de servir a la marina durante años.

- Adelante.

Alguien había pegado a la puerta y por ello el asesino dio permiso para que entrase. Su aura no le sonaba mucho. Krauser había acostumbrado a dejar su haki de observación activado todo el tiempo salvo a la hora de dormir. Estaba claro que un tío que no se fiaba de nadie debía tener que mantenerse alerta.

Cuando la puerta se abrió, pasó una joven. Era la chica rubia que le había dado el vaso de vino en cuanto se presentó en el comedor. El demonio se quedó un poco confuso. Desde lo de Jaku no se fiaba una mierda de las mujeres rebeldes, aunque ellas no tuviesen nada de culpa. Soltó un pequeño suspiro y dejó de escribir. Colocó ambas manos tras la nuca y le dedicó una mirada calmada a la joven. Esperó entonces a ver lo que ella tenía que decir.

- Oficial Krauser, me gustaría mucho unirme a su división. He traído todos mis datos conmigo, incluido mi historial de misiones. Sé lo que pasó hace meses y no quiero que se me meta en el mismo saco que a Jaku…

- Muy bien, les echaré después un vistazo. Te avisaré de mi decisión en un par de horas ¿Me harías mientras un favor? – El demonio de la niebla sacó del cajón de su escritorio un pequeño folio. Acto seguido, se lo tendió a la rubia. – Me gustaría mucho que algún miembro del equipo científico me ayudase a crear esta armadura. Llévalo a uno de los laboratorios si no te importa.

La joven asintió de inmediato y después se retiró con una sonrisa en los labios.

Krauser por su parte cogió todos los papeles de la chica y se puso a leerlos detenidamente. Se dio cuenta de que su padre era un comandante conocido de Baltigo, con eso no habría problema. Al menos sabía que no tramaba nada raro. Se veía que era una experta en el uso de las armas de fuego. Bueno, él no era un opresor. Si la chica quería unirse a la Quimera, seguramente la dejaría. Ella solía tener alojamiento en la base principal, por lo que podría entrenarla sin problema. Miró unos segundos a una de las paredes y no pudo evitar reír por lo bajo. Recordó cuando Dark hizo allí un agujero y entró diciendo que quería reclamar venganza contra la marina. Ese tipo estaba como una cabra, a saber dónde se hallable en aquellos momentos.

Tras unos segundos, el asesino se colocó en pie y guardó las cosas en el cajón. Los informes de la joven en el primero, sus cosas personales en el segundo y el resto de archivos en el tercero. Tenía todo bien ordenado, como siempre.

Capítulo 9: La Reunión De Oficiales.

Ambos rebeldes de alto rango se hallaban uno frente al otro. Estaban en uno de los enormes salones de aquella base. La sala estaba formada por una enorme mesa, varios sillones rojos y algunas estanterías con libros. Dranser tenía en su mano derecha una copa de vino, mientras que el demonio no poseía ninguna bebida. Krauser debía admitir que el espadachín se veía un poco cambiado. Su expresión era más engreída que de costumbre y tenía los pies sobre la mesa. Él pensaba que el depredador tenía más educación. El rango de general tal vez le había subido los humos un poco. Le había concedido la reunión y ahora solo faltaba ver lo que deseaba decirle aquella persona.

- Quiero combatir contigo, Redfield. Esta vez no quiero que sea un simple entrenamiento, algo más bestia. Que se permitan las amputaciones y heridas graves podría hacerlo mucho más divertido.

- ¿Te has vuelto tonto? No pienso luchar en ese plan con uno de mis hombres. Te recuerdo que nuestro poder es demasiado alto, si vamos en serio terminaremos en un hospital. Si tenemos mala suerte, incluso bajo tierra. – El ceño del oficial estaba fruncido, no entendía la maldita obsesión del espadachín.

- No me jodas, anda. Está clarísimo que podemos sobrevivir, pero sería algo divertido sin duda alguna. No me hagas pedírtelo de rodillas… – El depredador mostró una expresión siniestra al mismo tiempo que llevaba la mano lentamente al mango de su espada.


Krauser no había visto antes aquella arma, parecía algo más grande que las katanas que Silver acostumbraba a usar. Notó con su haki de observación que el aura del chico estaba algo alterada ¿Qué diablos estaba pasando allí? Cerró los ojos despacio al mismo tiempo que suspiraba. Él no tenía allí sus armas, pero teniendo en cuenta que hasta un cenicero podía ser mortal en sus manos, no es que las necesitase. Esperaba que el espadachín no planease hacer ninguna locura. Si tenía que enfrentarlo en un arrebato de locura no iba a poder salir bien parado. Ya tenía experiencia con espadachines rápidos, pero Dranser era distinto a Zed. El estilo del domador era muchísimo más bruto y atacaba a puntos mortales. Tal vez estaba pensando mal de su soldado, no creía que aquel cerebro de chorlito hiciera nada raro.

Fue en ese momento cuando Silver desenvainó aquella espada y trató de lanzarle un corte sin aviso alguno. Krauser quedó sorprendido ante aquello, pero su haki le había advertido. Imbuyó su brazo derecho en haki armadura y bloqueó el tajo con bastante facilidad. Sus pardos ojos se clavaron en los de la persona que tenía delante. El líder de los Espadas parecía mostrar una sonrisa calmada, como si aquello que había hecho fuese lo más normal del mundo.

- Una tontería más y serás castigado severamente. Estás atacando a un superior desarmado y encima tras decirte que no lo hagas.

- ¿Te recuerdo quién tiene más rango? No seas tonto. No amenaces con castigos a alguien que puede mandarte al calabozo unos días. – Le respondió Dranser de forma chulesca.

¿Qué cojones le había pasado? Aquellas palabras hicieron al demonio de la niebla apartar la espada de forma violenta con su antebrazo. Lo siguiente que hizo fue mirarlo con una seriedad increíble. Aquello no le estaba gustando ni un pelo. Sabía que ese hombre no era un infiltrado, su odio por el gobierno era demasiado alto. Estuvo pensando en la opción de darle un puñetazo. También se replanteó darle aquel combate, pero era demasiado arriesgado. No entendía la razón de pelearse con un compañero de aquella forma.

- Vamos a hacer una cosa ¿Vale? Te vas a relajar. Vete ahora mismo de esta sala, date una ducha fría, come como un cerdo, acuéstate y mañana vienes a verme con mejor actitud.

- ¡Hahahahaha! Relájate, hombre. Siempre tengo rivales mejores que tú en el otro bando, no voy a morirme por no poder enfrentarte. Aunque ahora sé que el poderoso Krauser Redfield tampoco es para tanto.

- Por eso estás en mi equipo ¿No? Una palabra más y estás fuera de la Quimera. Ahora sal de mi vista de una vez. – Su tono fue bastante amenazante.

Ambos hombres se miraron a los ojos. La mirada del espadachín continuaba expresando diversión, el cabrón se lo estaba pasando en grande. Krauser por su parte estaba bastante serio y tenía ganas de lanzarle una estantería a la cabeza. El silencio continuó por algunos minutos, llegaron incluso a pasar cinco. Se miraban fijamente, pestañeando de vez en cuando. Cualquier que estuviese allí se hubiese sentido incómodo. El demonio de la niebla no le gustaba perder el tiempo y como aquello se alargase unos minutos más, él mismo se iría de la sala. No soportaba a los chulos y Dranser ya se estaba pasando de la raya. Fue entonces cuando se levantó del sillón y le dio la espalda al espadachín.

- No salgas de la sala, Redfield. Yo soy el que debe hacerlo. – Dijo entonces el espadachín levantándose también. Pasó por su lado y le colocó la mano en el hombro. – Algún día espero que me des ese combate, jefe. – Terminó de decir de forma
siniestra antes de abandonar la sala.

El asesino se quedó un poco confuso. Era como si Silver se hubiese vuelto bipolar ¿Ese cambio de humor tan repentino? Esperaba que todo le fuese bien. Soltó un pequeño suspiro y miró el vaso de vino que había sobre la mesa ¿Desde cuándo bebía? Lo tomó despacio y olió el contenido. Bebió un poco y no notó nada raro. Dejó la copa allí y salió de la sala. La reunión no le había gustado, había salido mosqueado. No iba a hacer nada al respecto, le gustaba arreglar las cosas por sí mismo. Eso de hablar con los superiores no iba con él.

Pasaron unas cuantas semanas más y el demonio había terminado de forjar aquella armadura junto a los científicos rebeldes. Era un pedido del Demonio Celeste y pensaba dársela como prometió. También terminó sus entrenamientos y dejó todo listo para la siguiente conquista. Lo único que faltaba era que sus hombres aparecieran de una maldita vez.


Peticiones:
Haki Armadura Nivel Perfecto.

Power Ups Pasivos: Fuerza y Resistencia: X4

Npc nuevo, la rubia.

Recompensa si pillo que lo decida el mod, debido a que ya tengo mucha no sé si pillo algo.

Armadura Water-Strong: Se trata de una armadura completa de calidad Ryo Wazamono.
Es completa y viene con grebas, guanteletes y coraza. Es de color plateada con detalles rojos en forma de dragón. Tiene dureza 8 en escala moh, tenacidad del titanio y su poder especial es el de imbuirse en una capa de agua que la rodea totalmente (la coraza)
Esto solo dura dos post, a no ser que el usuario tena metodos para formar mas (esta pensaba para un Gyojin)
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Re: El Arte Del Combate [Time 2017]

Mensaje por Alwyn el Dom 6 Ago 2017 - 17:04

Veamos, en general la historia me ha gustado, pero me quedan algunos flecos como por ejemplo que paso con el líder de los muertos, o como la vice, alardeando de ser la mejor espía hace una cagada de 1º de espía y más habiendo que vienes de la prisión y es muy probable que te hayas cargado al caza o que has podido huir de él. Con el resto, los entrenamientos están correctos, los tiempos son suficientes y tu locura y kamikazismo son los de siempre.

En cuanto a las faltas, algunas palabras mal escritas, errores de teclado, falta de s al final de algunas palabras, nada que otra revisión no hubiera mostrado. Hay también una frase entera que no pega: El demonio se separó en cuanto pudo rodó hacia un lado. Falta algo en ella, una coma o cambiar rodo por rodando, no se algo, léela en alto veras como algo anda mal con ella. Por lo tanto, mi nota es un 9 llevándote todo lo que pides, también puedes pedir una segunda corrección si lo deseas.

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Re: El Arte Del Combate [Time 2017]

Mensaje por Krauser K. Redfield el Lun 7 Ago 2017 - 5:19

Me ocuparé de que esos errores no vuelvan a suceder. Acepto la nota ^^
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Re: El Arte Del Combate [Time 2017]

Mensaje por Señor Nat el Vie 1 Sep 2017 - 12:33

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Re: El Arte Del Combate [Time 2017]

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