Conectarse

Recuperar mi contraseña

Mejores posteadores
Señor Nat (7160)
 
Nocturne93 (5176)
 
Lion L. Kai (3020)
 
Legim (2814)
 
Ikaru (2793)
 
Ryuta L. Fiamma (2313)
 
AlexEmpanadilla (2192)
 
Sawn (2161)
 
Alwyn (2139)
 
Drake Lobo Ártico (2058)
 

Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

Dead sea TS 2017

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Dom 6 Ago 2017 - 23:07

PRIMERA PARTE: INTRODUCCIÓN

1º Mundos separados (Sam Caldwell).

—Sam, cariño, ¿puedes oírme?

La estática y la imagen en movimiento apenas permiten vislumbrar a la mujer que se encuentra en la pantalla. Lleva camisa blanca y una chaqueta color beige, sus rasgos son hermosos y su cabello está pulcramente peinado, el flequillo cae sobre su oreja izquierda.

—La señal es terrible, prueba moviéndote un poco.

La recepción de la señal mejora con el movimiento y me permite ver el fondo de la estancia, las altas taquillas con una blanca luz en su cerradura son lo único llamativo de la habitación.

—Eso está mejor— Comenta ella con una sonrisa.

—Lo siento, Lexine, estaba cerca de una estación de recarga. Estás llamando por lo que sucedió anoche, ¿verdad?

—No. Eso no sería una sorpresa. Estoy enfadada contigo, Sam Caldwell.

—¿Por qué?—respondo con un tono de preocupación en la voz.

—Porque de algún modo te has olvidado de decirme qué vas a hacer hoy — Lexine se aproxima a la pantalla y puedo apreciar sus ojos, están maquillados con una bonita sombra oscura y lucen, no enfadados, pero sí algo decepcionados, seguramente esperaba que le hubiera informado de los acontecimientos ese mismo día.

—Sólo es una excavación rutinaria…—Mi respuesta viene con un tono de cansancio, como si fuera algo demasiado obvio para tener que ser nombrado.

—¿Rutinaria? ¡Estás extrayendo un Poneglyph! Mi supervisor, Leon, está eufórico con el descubrimiento. Esto es un gran hallazgo.—Parece que su supervisor no es el único emocionado y eufórico, Lexine apenas puede contener su júbilo.

—Leon siempre está eufórico, de todas formas no sabemos si es un Poneglyph o tan sólo una roca muy dura. Por eso estamos haciendo esto, para que los científicos tengan algo en que trabajar.

—Sam Caldwell, si tuvieras algo de imaginación sería muy peligroso.—esta chica sí que es de armas tomar, no tiene pelos en la lengua y sabe dejarte a la altura del betún con una simple frase.

—Eso lo comprobarás esta noche.

—¡Oh! Lo estaré esperando. Tengo que irme, cariño. Te quiero.

—Yo también te quiero, hasta luego—son las últimas palabras dichas en la conversación, mientras, Lexine se levanta y abandona la videoconferencia. La pantalla desaparece quedando en negro con un puntito blanco en su centro que se esfuma gradualmente.

Un cartel luminoso, de color amarillo y con las letras “trabaje con cuidado hoy” en su centro, luce en la estancia en que me encuentro. Está situado justo encima de una puerta de metal con cierre inteligente que se abre por presión. A su izquierda, un par de trajes de diario colocados en perchas e iluminados por focos desde el techo. Delante de mí, un compañero vestido con su traje de faena. Este traje se encuentra reforzado con bandas de metal y es autónomo además de estanco, puede aguantar durante varios minutos el vacío y la inmersión completa.

—Sam, vamos, vístete o la única cita que tendrás será con el trabajo extra.

Me vuelvo, mientras el compañero avanza hacia la puerta. La voz que acabo de escuchar proviene de mi espalda. Sobrepasándome, otro compañero con el traje ya puesto, puedo ver su rostro detrás del cristal verde de protección. En la espalda del traje un IDR resplandece sobre la zona de la columna vertebral con un bonito color azul celeste. Este dispositivo nos informa de los daños que ha sufrido el portador bajando la cantidad de luces y cambiando a amarillo o rojo cuando los daños amenazan su vida.

—No digas más, Lexine ya está enfadada. Me matará si no llego a tiempo.

—Bueno, todos los de esta sala te estamos aguardando, así que no esperes que te excusemos si te quedas trabajando hasta la noche.

Me dirijo a la izquierda, en donde los trajes de protección están colocados por partes en una balda y me coloco el casco, la última pieza que me faltaba. Salgo por la puerta con mi compañero. El viento sopla fuerte e inmisericorde, tenemos que pasar por una rampa ascendente que tuerce a la derecha a los cuatro metros. En la esquina de esa curva está nuestro segundo compañero, que salió antes que nosotros, ya vociferando a través de los transmisores integrados en el casco.

—Vamos, daos prisa—está cruzado de brazos, resguardado del viento en un saliente y visiblemente impaciente.

—De acuerdo, vamos a hacerlo—al final de la rampa se encuentra un páramo azotado por fuertes vientos salidos de los respiraderos. Nos encontramos en una caverna colosal excavada bajo
el lecho oceánico. Huellas de botas y rodadas de vehículos se unen en la arena a cables eléctricos, está oscuro y no puedo ver más que las luces verdes y blancas de los distintos objetos que se encuentran en la excavación.

El traje lleva integrado un modulo cinético que lanza un pequeño rayo tractor capaz de atraer diferentes objetos, normalmente se utiliza para arrastrar maquinaria pesada o recoger objetos que han quedado inalcanzables en alguna grieta, o simplemente por acelerar las cosas y no tener que ir a la mesa cercana donde está todo. Lamentablemente, no es capaz de devolver las cosas con suavidad en su lugar, las lanza con bastante potencia. Un fallo que hay que arreglar.

—Sterling, soy Cooper, ya hemos llegado, ¿dónde demonios estáis, chicos?

—De camino, jefe, estaremos allí en un minuto.

Caminamos despacio a causa del viento. Mientras, nuestro jefe y compañero contacta con el resto de la cuadrilla. Estamos pasando por una grúa inmensa cuando las inquietudes de Cooper salen a la luz.

—¿Habéis visto ese vídeo del Poneglyph que circula por la red? La gente de aquí casi ha empezado a adorarlo.

—Sí, según he oído están creando un culto y todo, pero parece que viene de hace tiempo. Se hacen llamar los Uniólogos. Espero que no pase a mayores…

Después de escuchar a Cooper y compañía, llegamos a la localización del Poneglyph. Se encuentra aún semi-enterrado e irradia una mortecina y temible luz de un color rojo brillante.

—Y aquí está. Es mayor de lo que me imaginé—comento a los muchachos, parece medir unos tres o, tal vez, cuatro metros de alto. Tiene una geometría perfectamente cúbica y está totalmente lleno de símbolos extraños que nadie parece entender. Se han colocado focos alrededor de su base para iluminarlo, desde el suelo hacia arriba. Las innumerables huellas en la arena denotan la cantidad de gente y vehículos que han pasado.

Una pasarela ha sido preparada para llevar al Poneglyph dentro de la instalación y un par de compañeros se encuentran revisando el panel de control para que todo funcione perfectamente. Nos acercamos a ellos y empezamos el trabajo.

—Justo a tiempo. Échale a Banks una mano, está teniendo problemas revisando la pasarela y el cargador.

—¿Nosotros tres?—responde sorprendido Cooper.

—Maldita sea. Si esta cosa recibe un sólo arañazo el jefe Barrow nos tendrá a todos limpiando respiraderos todo el mes.

No quiero discutir, así que me acerco a Banks. En el corto camino me permito apreciar la magnificencia que inspira el Poneglyph.

—Hey, Banks, ¿qué necesitas?—pregunto con calma.

—El viento ha arrancado algunos aparejos de la pasarela. Rivet ha ido al lugar a solucionar el destrozo, pero va a necesitar ayuda.—Sigo a Banks, es una chica, por si no lo había comentado, aunque con estos trajes la única diferencia se aprecia en el rostro, así que poco se puede decir de su fisionomía.

No tardamos ni veinte segundos en llegar al principio de la pasarela. Allí saco mi remachadora y coloco cuatro remaches en la plancha que el fuerte viento ha arrancado para que la cargadora pueda pasar por la guía hasta el Poneglyph sin ningún problema.

Mis compañeros sujetan los brazos de carga y los aseguro con más remaches, ahora es tiempo de mover la cargadora. La cual arrastro con el rayo tractor hasta el Poneglyph.

—La cosa luce bien, el contrapeso funciona y el estabilizador está en línea. Estamos listos para la maniobra de carga. Manteneos a la espera. Comienzo la carga en cinco, cuatro, tres, dos, uno.

Los brazos mecánicos se desplazan hasta la enorme estructura del Poneglyph y lo sujetan mientras lo levantan para transportarlo encima de la cargadora y llevarlo a las instalaciones.

De pronto, un sonido brutal, como un aullido. Y un resplandor de luz pura que me ciega. Me desoriento, veo como en intermitencias. Parpadeo mientras el Poneglyph aulla. ¿Cómo diablos grita un objeto así?

—Los sistemas electrónicos alrededor del Poneglyph están cayendo, nos marchamos de aquí. Banks, Sam, nos retiramos hasta que se pase. No quiero ningún herido, hay que arreglar los anclajes gravitacionales de la plataforma.

—De acuerdo, Cooper, vámonos.

Dicho esto, corremos hacia las instalaciones a la espera de que el incesante aullido cese.

—¿Qué ha sido eso?—me pregunta el resto del personal.

—Vamos, chicos, tenemos que salir de aquí.

—Sterling a central, estamos fuera, ¿podéis decirme que ha sido esa caída del sistema?— Sólo se recibe estática.

—¡Maldición! El flash habrá dañado las comunicaciones también.— Activo el control que cierra la puerta blindada que da al exterior. Poco a poco, la gigantesca puerta desciende verticalmente y el sonido del viento cesa en nuestros oídos. A su vez, otra puerta idéntica a la anterior se eleva dejando paso al complejo. Estas puertas sólo permiten el acceso a la plataforma de carga, nosotros tenemos que pasar por unas puertas de tamaño humano. La sala es una cámara estanca para evitar que los residuos del exterior penetren más allá de este punto de forma descontrolada.

Las luces están apagadas y no se ve demasiado. Tal vez el pulso fuera electromagnético y haya frito los sistemas. Tendremos que ir al almacén de suministros para hacernos con unas linternas.
Entramos en la instalación. A nuestra derecha recogemos una linterna de fosforescencia, sólo necesita un buen agitado para iluminar con un resplandor verdoso las proximidades. Con cautela, avanzamos entre las sombras. A nuestra derecha están los raíles en un hueco, en el suelo. Por suerte, la barandilla nos ofrece protección y guía mientras caminamos a través de la luz espectral de la linterna. Por fin llegamos al último tramo de accesos pasando el carril de la cargadora por un pequeño puente. En este punto, podemos quitarnos los cascos, otra enorme puerta vertical aísla el camino hacia el Poneglyph. Deberíamos estar bien a partir de aquí.

La última compuerta asciende y nos permite acceder, a un nuevo recinto desde donde no llegan gritos…

—¡Joder! Suena como si alguien estuviera en apuros. ¡Aguanta!—nos apresuramos a abrir la puerta, que lo hace con un sonido suave.

—Espera un segundo, no sabemos qué está ocurriendo allí—replica Cooper.

Entramos. Intentamos ver qué sucede. A nuestra izquierda, pasada la sección por la que se desplazaría la cargadora no hay nada. Pero más adelante, a unos doce metros, tiene lugar una escena dantesca: un compañero está golpeando a otro con una especie de hacha. La sangre salpica a cada golpe y los gritos retumban en la sala.

—¡Zochenko! En nombre de Dios, ¿qué demonios estás haciendo? ¡Apártate de él!—Cooper lo ha reconocido a pesar de la sangre que le cubre de pies a cabeza.

Se levanta emitiendo sonidos guturales, como si estuviera poseído, y actúa como un maníaco drogado. Se tambalea, pero recupera el equilibrio y nos mira con los ojos desorbitados e inyectados en sangre.

—¡Zochenko, para! ¡Te… te destriparé! Sabes que estás remachadoras son como un maldito puñetazo.

Cooper apunta su arma. Zochenco avanza acuclillado, como un animal que se aproxima a una presa. Ahora puedo ver el arma que lleva, es un pico de energía. Lo usamos para cavar y cortar a través del duro mineral que encontramos en nuestras perforaciones. Un silbido corta el aire y Zochenko da varios pasos hacia atrás agarrándose el hombro. Deja caer el pico. Cooper ha cumplido su amenaza, le ha remachado el hombro. Sin embargo, poco le dura el dolor. Se vuelve contra nosotros más agresivo aún.

—¡Joder! Ayudadme, está fuera de sus cabales.

Miro a Banks, está asustada y retrocede. Cuando vuelvo mi mirada, me encuentro a Zochenko atacando con sus manos desnudas a Cooper. Se mueve rápido, pero consigo derribarlo de un tiro a la cabeza. El cuerpo cae decapitado al suelo, unos últimos espasmos lo mueven violentamente.

—Oh, tío, no puedo… no puedo creer esto—Sterling se encuentra doblado, vomitando en el suelo tras lo sucedido.

—Sam, recoge el pico, puede que lo necesitemos—obedezco a Cooper y recojo el arma del suelo.

—Jesús, hemos matado a Zochenko. No puedo creerlo—Cooper parece muy afectado por la situación. Tiene las manos alrededor de la cabeza, está nervioso, también puede ser que el golpe le diera en esa parte. O puede que ambas cosas.

—No tenemos tiempo de preocuparnos por eso ahora. Tenemos que arreglar lo que esté sucediendo con el Poneglyph o podría llevarse toda la instalación consigo. Y a nosotros con ella—Banks pone las cartas sobre la mesa. Lo peor es que tiene razón. No tenemos tiempo para esto.

Avanzamos por la sala hasta el cadáver destrozado de la víctima anterior, acuchillada por el pico. Yace sobre un charco de su propia sangre. La puerta del fondo es nuestro destino, se abre y otro de nuestros compañeros aparece corriendo, emitiendo gritos, viene a por nosotros.

—¡Atención! ¡Hay más! ¡Todos se han vuelto locos!—aviso a mis compañeros al tiempo que disparo mi remachadora y me retiro hacia atrás.

No es el único, más allá de las vías, otro psicópata corre hacia nosotros. Por suerte, ambos están desarmados. Con las prisas, fallo el tiro. Me golpea y creo que me ha roto la nariz. Noto la sangre manar a borbotones. No me da tiempo a recuperarme. El otro se me tira encima y me araña con las manos. Sin pensar, golpeo con el pico hasta sacármelo de encima, sus entrañas se disparan por el suelo. Reviento con la remachada la cabeza de su compañero de un disparo, por fortuna se encontraba a un metro haciendo casi imposible el fallar.

Nos movemos al otro lado de las vías. Nos adentramos rápidamente en el complejo por la puerta de acceso. Una escalera de caracol desciende a los pisos inferiores. Mientras examino el camino, observo la carencia de luz de la zona y noto el aire caliente que surge de las tuberías situadas en al fondo de la escalera.

—Ok, chicos. Vamos a ello.

Abro el camino y cubro a mis compañeros mientras intentamos llegar a la estación de control para salir de aquí.

—Por allí, ¿lo veis?

La puerta de acceso está bloqueada. Una banda roja de closed ilumina el panel de control amarillo situado sobre ella.

—Está cerrada, parece que alguien también ha tenido problemas aquí abajo.

—Esto es una mala idea. No deberíamos haber cogido este camino.

—Sam, cálmate. Corta la línea de seguridad usando el pico de plasma. Eso debería abrir la puerta.

Al principio no sé a que se refiere. Pero cuando avanzo, lo veo: una línea de seguridad puesta sobre un socavón en la estructura. El agujero se ha llevado por delante varias tuberías y la línea está puesta para evitar accidentes, o eso creía. Uso el pico con rapidez para mandar al diablo la seguridad. Tomamos carrerilla y saltamos la corta distancia hasta el otro lado.

—¡Date la vuelta, Sam! ¡No vayas más lejos!— creo oír la voz de Lexine resonando clara en mi cabeza, me advierte de que no continúe. Puede que sean imaginaciones mías.

—Han debido de poner las barreras para evitar que pase la gente por aquí—comenta Cooper al ver otra barrera que impide el acceso a niveles todavía más por debajo de nosotros.

—No puedo creer que estemos haciendo esto…

Continuamos el descenso después de atravesar la siguiente barrera. Ante nosotros, arrodillado en el suelo y apoyado en la pared, un trabajador. Luce cansado y ensangrentado. Es una mujer. Ríe en cuanto nos acercamos, lleva una piqueta y de improviso empieza a apuñalarse el vientre. Qué locura.

—¡No lo hagas! ¡Detente!

La sangre fluye como un río. La mujer se incrusta el metal en las entrañas una y otra vez. Cae al suelo boca arriba, pero no se detiene y, mientras, gime de dolor. Por fin muere, quedando inmóvil en el suelo. Ninguno de nosotros es capaz de hacer el más mínimo comentario.

Nos desplazamos en silencio hacia la puerta que da acceso a las instalaciones. Pero, al intentar abrirla, las letras cambian y son sustituidas por los caracteres que cubrían la superficie de todo el Poneglyph. Sólo dura un instante. Me encuentro aturdido. Pero no puedo parar, tenemos que continuar. La puerta se abre elevándose sobre sus guias, una sala en semi-oscuridad nos da la bienvenida. Tiene una pasarela la cual cruza la estancia sobre un abismo de negrura impenetrable. Sólo las pequeñas luces de la base de la plataforma iluminan el camino hacia el fondo de la sala, donde una anaranjada luz de emergencia brilla débilmente.

Llegamos al final de la pasarela, e iluminamos el cartel de direcciones.

—Tenemos que arreglar los anclajes, vayamos a la izquierda.

—Se acerca, tío… nos está llamando…

—¡Shh! ¿Oyes eso? Hay alguien atrapado. Iré a mirarlo y os veré en la sala de anclaje. Cooper conmigo, Sam y Banks, arreglad el maldito problema. ¡Vamos!

Cooper y Sterling se alejan en la dirección opuesta a nosotros. Banks no se ve muy bien, está como ausente. Seguramente le esté costando procesar todo lo que está ocurriendo.

—Es la muerte, Sam… ¿no lo ves? Necesita nuestra ayuda…

—Banks, ¿de qué demonios estás hablando? Haz el favor de tranquilizarte…—Banks me está asustando. Mientras, avanzamos por la oscura plataforma a varios metros sobre el nivel del suelo, nuestro destino es la sala de anclajes gravíticos para arreglar el problema con la placa tectonica. En frente, iluminada por focos, una escalera de mano que nos llevará a una plataforma. De allí a la sala de control.

—Pero Zochenko… ¡le hemos matado!

—¡Ya lo sé! Pero has visto lo que pasó allí. Era… ¡era como si no fuera él!

Banks se toma un momento para respirar. Se lleva las manos a la cara. Esto está siendo muy duro para ella. Por suerte, localizo una cortadora de plasma apoyada en una caja, es un aparato de perforación que lanza un corte lineal y que perfora en tres puntos, con modalidad vertical u horizontal. Es muy útil para penetrar la piedra y sacar bocados de las paredes rocosas.

—Vamos, Banks, no quiero perder más tiempo aquí abajo.

Accedemos a la plataforma por las escaleras. El suelo está manchado de sangre y encontramos un cadáver partido en dos frente a nosotros, iluminado por lo escasos focos de la plataforma. Me vuelvo para ayudar a Banks a subir justo a tiempo de ver cómo se le escapa la remachada de la mano y cae al vacío.

—Mierda, ¡no! Mi remachadora, ¡maldita sea!

Mala suerte. Sin embargo, un ruido hace que devuelva mi atención a la plataforma. Un trabajador se ha acercado hasta mí en silencio. Empieza a gritar como un loco en cuanto lo veo. Se abalanza sobre mí pero yo levanto la cortadora de plasma sin pensarlo y lo decapito limpiamente.

—¡Suéltame!— el cuerpo cae hacia atrás con un ruido sordo.

—Dios, ¿qué coño está pasando?

Recargo el arma y compruebo a Banks.

—¡Banks! ¿Estás bien?

—Nos necesita… nos necesita para… devolverles la vida…

—¡Deja de parlotear! Hagamos esto y larguémonos de aquí.

Pero el peligro no ha pasado. Más compañeros furiosos corren hacia nosotros para acabar con nuestra existencia.

—Cuidado, ¡hay más! —advierto a Banks mientras blando la cortadora para acabar con esto. Dos por la derecha. Banks permanece inmóvil, en shock—¡Mierda! ¡Ponte detrás de mí!—una voz resuena en mi cabeza: está loca… Banks está loca… todos están locos.

Acabo con otro desgraciado que atacaba de frente y Banks empieza a preocuparme seriamente. Un flash me ciega durante unos segundos, el resplandor está cargado de esos malditos caracteres que cubren el Poneglyph.

—¡Mierda! ¡Banks! ¡Para! ¿Qué coño estás haciendo?—Banks me ha empujado al suelo, empieza a cambiar a peor.

Me levanto y me alejo de ella. Está histérica.

—¡No puedes pararlo! ¡No puedes luchar contra él!—se abalanza sobre mí y me derriba de nuevo.

Mi casco sale disparado y me echa las manos al cuello. Intenta estrangularme con todas sus fuerzas mientras me grita como una posesa. Intento librarme de su presa, pero no puedo deshacerme de ella. Se me nubla la vista, pero puedo ver sus ojos llenos de ira y la locura asomando en sus pupilas a través del cristal de su casco de seguridad. Es como si hubiera perdido la bondad, como si no albergara ni un mísero sentimiento amable. Con un último esfuerzo consigo apartarla de un empujón.

—No… no me obligues a dispararte Banks—jadeo recuperando el aire y el arma del suelo—¡Por favor!

Ella se levanta, vuelve a atacarme. Se lanza sobre mí con todas sus fuerzas y un grito desgarrador. No me queda más remedio. Tengo que ejecutarla disparando con la cortadora, convirtiéndola en un amasijo de vísceras y sangre para salvar la vida.

—Mierda… lo siento, tía… de verdad, lo siento.

—Sólo quería ayudar… necesita nuestra ayuda, Sam.—Otra vez la maldita voz en mi cabeza… ¿qué demonios está pasando? Abandono la plataforma y camino temblando por la pasarela en dirección al centro de control de gravedad. Hasta que suena la radio.

—Caldwell, aquí Cooper. No puedo contactar con Sterling ni con Banks. ¿Cómo lo lleváis?—su voz está alterada, espero que vaya todo bien.

—Algo malo ha pasado. Banks se ha vuelto loca… todos aquí intentan matarnos. Banks está muerta…

—La señal está fallando, apenas puedo oírte. ¡Llega hasta ese anclaje antes de que inicie un bucle de autoalimentación y se lo lleve todo por delante, maldita sea!

Alcanzo al fin la puerta de la sala de control, iluminada por una luz roja de amenaza a causa del fallo.—No te fíes de ellos. No confíes en nadie.— La voz en mi cabeza no me deja en paz. La puerta de acceso se abre para mí. La sala está sin luz, pero los arcos voltaicos surgidos de unos cables pelados iluminan la zona con un tono azulado. No es una visibilidad perfecta, pero no está mal. Al fondo, a la izquierda, el último de los generadores está roto, los cables se mueven sin control a causa de la corriente y sueltan chispas con cada latigazo que dan contra el suelo y las paredes. ¿Qué está pasando?

—¡Atrás!—disparo sin contemplaciones cuando veo a una figura correr hacia mí. No voy a dejar que me maten… un grito agudo raspa el aire cuando secciono sus piernas con un tiro de la cortadora de plasma. Es increíble ver como continúa avanzando, se arrastra por el suelo, intenta alcanzarme como si fuera inmune al dolor, como si una furia irracional guiara sus actos. Tengo que reventarle la cabeza para que finalmente se derrumbe.

Un compañero se encuentra de pie, balanceándose débilmente adelante y atrás, cerca del segundo generador, al fondo de la sala. Me acerco con cuidado hasta él.

—¿Estás bien?

Gira de repente y veo en su rostro una horrible mueca de ira y rabia.

—Oh, vamos… otro no… no me obligues a hacer esto, tío. ¡Intento salvarte!

Intento fallido. No me deja más remedio que eliminarlo en cuanto se mueve para atacarme. Tengo que sobrevivir, a cualquier precio. Así que aparco el dolor que esto está causando en mi alma y sigo adelante. —Ayúdame Sam… tengo miedo…— Ahí está otra vez, la voz de Lexine, me estoy volviendo loco yo también. Dios… guarda la compostura, Sam.

Me acerco al generador estropeado, pero los cables electrificados me impiden acceder al control. Maldita sea…

—Central a Caldwell, los módulos de estabilización son una herramienta estándar para todo el personal de mantenimiento. Sé que no ha sido entrenado en su uso, pero si encuentra uno, le vendrá bien.

Busco por la sala revisando cada rincón. Por fin lo encuentro en la esquina del fondo, al lado de un cadáver destrozado está el maldito módulo de estabilización. Con él en mi poder, me acerco a los cables eléctricos.

—Vale… tengo que estabilizarlo en el momento justo…—activo el aparato y un disparo de energía sale despedido ralentizando el movimiento de los cables y permitiéndome acceder al panel. Examino el panel y veo qué ha ocurrido. El pulso ha hecho saltar los conmutadores. Tendré que soldar las pistas del circuito a contra reloj.

—Vale, puedo hacerlo.— Con cuidado, termino la soldadura y reactivo el panel. Me alejo entonces hacia el control central y reactivo el sistema. El generador dañado vuelve a funcionar en condiciones óptimas. Suspiro aliviado.

—¡Caldwell! Espero que puedas oírme, las comunicaciones están jodidas fuera. Buen trabajo con el anclaje, los sistemas vuelven a ser estables. Vamos de camino a almacenar el maldito Poneglyph. Nos vemos allí, ¿vale?

—Recibido. Caldwell. Corto.

Abandono la sala y camino por la pasarela de vuelta a la plataforma donde Banks yace descuartizada por mi cortadora láser.

—Todos tienen que morir, lo sabes, ¿verdad?

—¡Fuera de mí cabeza!

Camino por la plataforma esquivando los cadáveres y desciendo por la escalerilla rumbo al cruce donde se encuentra la señal de indicaciones.

—¡Sam! ¿Estás bien?—esta vez la voz de mi amor procede del comunicador, lo miro y puedo ver su rostro en la pantalla.

—¡Lexine! Dios… cómo me alegro de oírte. Las cosas aquí están bastante jodidas…

—No, quiero decir, ¿lo has oído? ¡Unos uniólogos se han suicidado en Union Square! Hay fotos, ¡es horrible! Leon estaba allí…

—La gente se está volviendo loca en toda la colonia. Nos han atacado, y luego Banks se ha vuelto loca… he tenido que matarla, ¡Lex!

—¿Qué…? Sam… ¿qué estás diciendo?

—¡He matado a Banks! ¡Intentó matarme, no he tenido otra opción!—veo el desconcierto en su rostro tras escuchar mis palabras cargadas de amargura.

—Tengo miedo… Alguien me ha dicho que algunos sectores también pierden electricidad.—Cambia de tema después de un silencio que se me ha hecho eterno, intenta mantenerme concentrado, se lo agradezco sin decir nada.

—Espera, eso ha podido ser por la explosión.—intento pensar—La sala de energía del complejo no está lejos.

—¿Crees que está allí el problema?

—Espera allí, nena… lo arreglaré, te lo prometo.

Lex me da un motivo para mantener la calma. Un objetivo para sobrevivir a esta locura. Corto la comunicación y avanzo hasta la señal de direcciones. A mi izquierda veo la sala de energía, tengo que darme prisa. Otro resplandor. Dios… acabará por dejarme ciego y…

—¡No! ¡Alejaos de mí!

Más atacantes. Vienen de la sala de energía. ¿Cuándo va a acabar esto? Derribo a esos desgraciados al amputarles las piernas y me abro camino a mi objetivo.

—Vas por el mal camino… la muerte es la respuesta, Sam. Es tan obvio…— Ignoro las voces de mi cabeza. Están amenazando con llevarse mi cordura.

—Sala de energía…—hablo en voz alta para concentrarme—Es por aquí.

Abro la puerta y entro en la zona de control, empiezo a revisar el sistema. Alguien ha estado trasteando con él. Tiene piezas destrozadas y cables arrancados. Con suerte, tal vez pueda reiniciar el sistema y saltarme la interfaz para que se active de forma manual. Tardo mis buenos diez minutos, pero por fin consigo que el módulo de energía arranque y funcione como dios manda. Respiro con alivio y me dirijo de nuevo hacia la salida.

—¡No se lo digas a Lexine! ¡No le digas nada!— Malditas voces… tengo que concentrarme. Se activa el comunicador y encuentro a una Lexine radiante de alegría. Cómo añoro su rostro, estoy deseando refugiarme entre sus brazos.

—¡Sam! ¡Lo conseguiste! La electricidad vuelve a funcionar. ¿Cuándo vas a volver?

—Ya voy, cariño. No consi… no consigo concentrarme…

El rostro de Lexine se desfigura. Cambia. Cuando me doy cuenta ya no la estoy mirando a ella, sino que en su lugar estoy mirando la cara de Banks a través de la pantalla de cristal del comunicador.

—¿Por qué me has matado? No soy un monstruo—la imagen parpadea, cambia, entre una y otra, llevándose con cada imagen un fragmento de mi mente.

—Sam. ¡Sam! ¿¡Qué ocurre!?

—Lexine… Nada… no pasa nada. Procura que no te vean, ¿vale? Volveré pronto.

—Ten cuidado, Sam… te quiero.

Corto la comunicación con Lex. Intento salir de los niveles inferiores y todo se vuelve confuso.— Te quiere… él te quiere…— Las voces… otra vez las voces en mi cabeza.
—Dejadme en paz.— Grito al tiempo que caigo de rodillas, pero no tengo tiempo. Un loco viene hacia mí, no puedo reaccionar, lo tengo encima.

—¡Ah…!

Otro resplandor cargado de símbolos. Y la nada. No hay ningún atacante, no hay ningún loco deseando mi muerte.

—¿Qué demonios?—me incorporo y emprendo el camino hacia la libertad, tambaleante e inseguro.

—¿Puedes oírlo? ¿Por qué no escuchas?— La maldita voz no me abandona, me persigue, continúa intentando robarme la cordura.

—¿Por qué me dejaste solo, Sam?—la voz de Cooper en mi cabeza—¿Por qué?—no puede ser. Tengo que salir de este agujero infernal.

La plataforma de elevación está a cien escasos metros. He de llegar hasta ella y salir de aquí. Pero no todo es tan fácil. Hay más locos. Otro me bloquea el paso. Lo abato con un disparo en el pecho.  Mis sentidos me traicionan. Otro resplandor revela a Sterling tirado en el suelo. Agoniza.

—La muerte… es la respuesta, Sam—balbucea con la respiración entrecortada, escupiendo sangre—Ya lo verás… no podemos… pararlo…

Escucho sus últimas palabras mientras la vida se escapa de su cuerpo a causa de mi disparo.

—¿Sterling? Oh, dios… pensé que eras… tengo que sacarte de aquí. Tengo que volver con Lex… ¡hay que detenerlo!

Dejo el cadáver atrás y me aproximo a mi escape.

—¿Esto es real?

Una horda de trabajadores avanzan hacia mí desde todas partes. Sus rostros están cenicientos y sus ojos brillan con un tono rojizo de maldad inconmensurable.

— No son reales… no pueden ser reales.— Otro resplandor blanco lleno de criptogramas del infierno. Veo borroso, me defiendo como puedo de los malditos monstruos.— ¡Vamos a morir todos aquí abajo!.— No hago caso a la voz de mi cabeza. Veo bajar la plataforma desde los pisos superiores.

—¡No voy a morir!—grito de pronto, sintiéndolo desde el fondo de mi corazón. Pero las voces de mi cabeza no quieren dejarme ir.

—¡Cuidado, te han rodeado!—Ahora es la voz de Lexine, quiere distraerme.

—Tienes un trabajo que hacer… y ya sabes cuál es…—Sterling, se une a la cacofonía que se celebra en mi mente.

-¡No... no! ¡Dejadme en paz! Tengo que llegar hasta Lexine, ¿me oís? ¡Necesita mi ayuda!

La plataforma finalmente desciende y me apresuro a abordarla.

-¡Aaah!

No se que ocurre. Me falta el aire, no puedo respirar.

—¡No! Lexine… ayúdame…—cuatro personas se acercan a mí, sé que acabarán conmigo.

—¿Qué? Tú… no eres…

—¡Amenaza abatida! Repito, ¡amenaza abatida! Buen disparo, señor—habla un hombre de color, calvo, con una pistola en las manos. A su lado una mujer blanca, rubia. Detrás de ellos, se adelanta un hombre con camisa y corbata. Tendrá unos treinta y se nota abatido y triste.

—Disparar a uno de los tuyos nunca es bueno, ni siquiera lleva un arma.

—Me toma el pelo. ¿Este es el tío que ha asesinado a todo su equipo?

—¿Por qué lo has hecho, hijo? Todas esas personas no te han hecho ningún daño.

—Lex…

—Ha muerto. Llama al comandante James, y que el doctor Sciarello baje hasta aquí. Va a tener un día muy largo.

—Sam… te quiero.—La voz de Lexine resuena una ultima vez sin que nadie pueda oírla.


Última edición por Bleyd el Miér 23 Ago 2017 - 20:08, editado 3 veces
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Lun 7 Ago 2017 - 15:07

2º Otro día en la oficina (Nathan McNeill)

Días después del Incidente de la extracción, el detective Nathan McNeill está en su despacho, saturado de informes de homicidios, cuando una cara conocida viene a verle...

La anaranjada pantalla de cristal líquido brilla mostrando a Sam Calwell fallecido, muerto a causa de un disparo. Abatido por un oficial cuando se acudió a las plantas inferiores a detener una revuelta. Guardo el archivo y me vuelvo hacia mis colegas de trabajo, no sé qué paso allí abajo pero la locura se ha incrementado en la ciudad muy rápido. Tenemos más homicidios y asesinatos en estos días que en todo un año. La cosa está realmente mal.

La sala es amplia, tenemos una preciosa cristalera que nos permite ver la ciudad. La cúpula de piedra en la que la han excavado siempre me ha maravillado. Los ordenadores se acumulan en línea a mi izquierda y las taquillas a mi derecha, junto a la entrada. Mi puesto de trabajo está pegado a una de las paredes cortas del rectángulo que es la sala, de unos ciento cincuenta metros.

El ordenador empieza a buscar familiares o conocidos del fallecido Sam, que según las fuentes fue el primer asesino hace ya varios días. Una coincidencia: Lexine Murdoch. Alguien me llama antes de poder seguir consultando sus datos.

—Detective Nathan McNeill.— Es un hombre alto de metro ochenta, pelo castaño cortado a cepillo y traje de las fuerzas de seguridad de la ciudad, color gris, y pistola en su cartuchera con chaleco de protección. Me extiende la mano y yo se la estrechó con firmeza.

—Dichosos los ojos, Gabe Weller. Cuando pedí ayuda a Meln no pensé que vendrías tú.

—Me transfirieron hace seis meses. Ha pasado mucho tiempo, Nate.

—Me alegro verte. Aquí abajo es un infierno, siempre viene bien una mano.

—Lo siento, nada de deberes policiales. Tenemos una diligencia.

—¿Una diligencia? Gabe, tenemos asaltos, asesinatos, suicidios... Casi sesenta muertos y docenas de heridos. Nadie de aquí ha visto nunca nada como esto. No podemos hacer frente.

—¿Hacer frente? ¿No fuiste tú el que me sacó de un tiroteo múltiple en Balt? ¡y luego volviste dentro a plantar lapas! ¿Ahora unos mineros locos te quitan el sueño?

—No es tan simple. Aún así, ¿cual es la diligencia?

—¡Baines! ¡Hutchins! Tú también, novato. Tenemos que ir al depósito de cadáveres. ¿Podrás hacer frente a llevarnos hasta allí?

—Os llevare. Tenía que dejar esto en el almacén de pruebas, de todos modos.—Agarro la cortadora de plasma que se encontró en manos de Sam Caldwell, que descansaba en mi escritorio. —¿Qué quieres del depósito?

—El capitán nos envío para recuperar los cuerpos del suicidio de Union Square antes de cerrar la instalación. Pero, no digas nada, ¿vale?

—Oh, tranquilo. Tu equipo es muy discreto. ¿Nos vas a presentar?—un chico de color y una mujer rubia se paran a nuestro lado. Visten igual que Gabe, solo que el chico lleva las mangas recogidas y la chica camisa corta y la coleta le cae sobre el hombro derecho.

—Baines y Hutchins, dos de mis mejores hombres.—dice poniendo la mano sobre el hombro del chico Hutchins–Y aquí Karklins, es mi novato.—el novato es un chico joven unos veinte años y está en posición de firmes, al contrario que sus compañeros, que se encuentran más relajados.

—Es un honor, señor. El sargento Weller habla muy bien de usted.—Comenta el muchacho un tanto vacilante.

—Por dios. No dejes que te llene la cabeza con sus historias machistas, hijo. Sólo soy un detective.

—Baines, Hutchins, id a preparar el vehículo y esperadnos.

—Sí, señor.—dice Hutchins con aire marcial. Baines da un ligero asentimiento con la cabeza y parten hacia la puerta de salida.

Dejo mi escritorio cerrando el ordenador y la ficha de Sam. Pero, en el camino, escucho un informe médico bastante interesante.


Dr. Warwick (Director psiquiátrico)

Harris duerme tras la ingesta de un fuerte sedante. Parece literalmente incapaz de dormir sin ayuda química. La mayoría de la gente sucumbe al agotamiento después de cincuenta horas de vigilia, aunque pretendan permanecer despiertos. Pero Harris no.
Su explicación de los eventos de la instalación es también muy extraña, y apunta al mismo tipo de paranoia que hemos visto en la colonia. Sin duda, es culpable, dos agentes de seguridad estaban presentes cuando tomó como rehén al profesor Sciarello y asesinó a la enfermera Evans, y no niega sus acciones. Pero insiste en que no fue un crimen y no se siente culpable.

Dejo de lado los cotilleos y camino hacia la salida pasando por el área de taquillas en dirección a la puerta. La abro y salgo a los pasillos, donde los compañeros van a sus quehaceres y charlan animosamente. Paso un ascensor, un tablero de información y entablo conversación con Karklins.

—Así que tu eres el novato, ¿eh? Eso explica porque te ha tocado el trabajo de transportista.

—En realidad, estoy aquí porque el sargento Weller no quiere cargar con los cadáveres.

—Supongo que hay cosas que nunca cambian.

—Si tío, ríete.—comenta sarcásticamente Weller.

Continuamos nuestro camino cruzando el bloque de celdas en dirección al ascensor del depósito. Entramos en el ascensor, más bien parece un montacargas, es enorme. Cuando comenzamos a descender, recibo una llamada de un compañero.

—McCabe para McNeill. Nate, ¿estas allí?

—Aqui McNeill. ¿Qué pasa?

—Asaltos múltiples en el comedor de tu sector. Parece que hay disturbios. ¿Puedes ocuparte?

—Ahora mismo no. Pero creo que Higgins podría encargarse.

—De acuerdo, gracias. McCabe, fin.

—Te dije que las cosas aquí abajo eran una locura, Gabe.

Llegamos al depósito de cadáveres. Mesas de cirugía, cámaras frigoríficas, todo impoluto, aunque hay una escasez de luz bastante preocupante: tan solo las luces de las mesas de operaciones reconfortan en la oscuridad que reina.

—¿Seguro que este es el depósito correcto?—pregunta Gabe extrañado al no ver ningún cuerpo en la sala.

—Este es el único. Ayer estuve aquí y estaba hasta los topes.

—Pues ya no. Necesitare ver un registro. Al capitán no le va a gustar…

Minutos más tarde, mi viejo amigo el sargento está disgustado y se pasea por la sala, incrédulo, buscando alguna pista de qué ha podido pasar con una marea de cuerpos que se almacenó aquí y que parece haberse esfumado.

—Señor, aquí hay una etiqueta de pie... Abbott, D.— Comenta el novato.

—¿Te suena, McNeil?

—Es el chalado hijo de puta que dirigió el suicidio en masa. Espera, lo sacaré.

Dirijo mis pasos al ordenador de control. Selecciono la Zona 0209 en la cámara frigorífica, donde se almacenan los cuerpos y echo una ojeada.

—Está registrado, pero no hay indicios de que lo hayan transferido. Debería estar por aquí.

—¡Tú! ¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¡Fuera!—grita de improviso un enfermero, o tal vez el doctor de la morgue. Acaba de entrar desde el fondo de la habitación, seguramente estuviera en el despacho y se ha sobresaltado al vernos.

—¿Doctor? ¿Está bien?—pregunto visiblemente preocupado. El doctor se apoya en una de las mesas y esta se desplaza haciendo que el médico caiga al suelo. El doctor se levanta y camina hacia nosotros esgrimiendo un bisturí, está lleno de sangre y completamente loco.

—¡Mierda, está ido! ¡Ayuda!— Grito al verlo acercarse. Entre los tres lo inmovilizamos fácilmente.

—Esta K.O. ¿Qué opinas? ¿Crees que ha colocado los cuerpos en alguna parte?—pregunta el sargento a su novato, seguramente esperando que aprenda algo de esta situación.

—Quizás. Vamos a comprobarlo.

Las luces de toda la habitación se apagan. Sólo las de emergencia continúan funcionando.

—¿Qué demonios? ¿Esto normal?—interroga Karklins.

—No del todo, no... Espera, tengo una linterna fosforescente.— Agito la herramienta y se carga con un brillo azulado. Dirigimos nuestros pasos de vuelta al ascensor. Adivina qué. No funciona.

—Mierda, ¿también el ascensor,McNeill? .

—Perfecto. Sin linternas, sin ascensor, sin cuerpos, y una instalación entera de gente loca.— Golpeo las puertas del ascensor con visible rabia.

—¿Señor? ¿Que está pasando?

—Cálmate, soldado.

—Sargento Weller para Meln. Adelante, Meln.—El sargento intenta contactar por radio con Meln en busca de ayuda pero no tenemos respuesta. Sólo estática. Mierda…

—Podemos llegar cruzando el pabellón médico. Vamos.—Animo a mis compañeros a seguirme a través del complejo médico en el que nos encontramos.

Sin embargo nuestro médico recobra el conocimiento y nos esta atacando de nuevo. El sargento parece no tener tiempo para lidiar otra vez con él. Le dispara antes de que pueda herirnos. Cae al suelo fulminado.

—Esa mirada en sus ojos... Me recuerda a un chico que se volvió loco la semana pasada. Un simple ingeniero, se le cruzaron los cables...

Pongámonos en marcha, la zona de investigación es la primera a cruzar, no quiero tener que lidiar con más locos si es posible...

Salimos de la morgue y nos encontramos con que las puertas han sido bloqueadas con camillas. Todo está manga por hombro. El sargento toma posición en la esquina, acuclillado, mira al otro lado intentando averiguar qué ocurre.

—¿Qué demonios esté pasando ahí? ¿Otro motín?

Giramos la esquina para encontrarnos otro bloqueo. El pasillo está bien iluminado pero, a parte de la cama atravesada delante de la puerta del final del pasillo, parece que todo se encuentra bien.

—Nos está llamando. A la muerte, y… y más allá…

—¿Qué estás diciendo?—pregunta el sargento extrañado a su novato. Empieza a ser preocupante.

—Eh… Perdón, nada, señor.

—Este es el único camino para llegar. Estate atento para hacer frente a cualquier cosa, Karklins.

Nos apostamos en el marco de la puerta lateral y nos preparamos para lo que pueda estar pasando al otro lado. La puerta se abre deslizándose de forma vertical. Un hombre está en pie con una pistola. Amedrenta a una mujer y a otro hombre, se encuentran sentados con las manos en la nuca visiblemente aterrorizados. El mobiliario está bastante dañado: un sofá, un árbol en medio de la sala con su correspondiente maceta… y varios carteles que o se han caído al suelo o cuelgan de la pared como si nadie se hubiera preocupado jamás de asegurarlos.

—¡Cállate! ¡Estoy intentando pensar!—grita el hombre a la mujer que se encuentra a su lado.

—¡Seguridad! ¿Qué está pasando aquí?—pregunto al hombre con autoridad.

—¡Quédate al margen de esto, poli! ¡No es de tu incumbencia!—el hombre responde con agresividad, se vuelve hacia mí y me apunta con su arma.

Me acerco despacio, con cautela, y examino la situación. El hombre agarra a la mujer del cuello y me apunta. El otro rehén se encuentra a un par de metros de su agresor y mira el suelo aterrado.

—Solo dime cual es el problema, hijo. No quieres herir a nadie. ¿Verdad?

—¡No! Estás… Estás intentando engañarme… Me va a estallar la cabeza…—el hombre se lleva la mano del arma a la cabeza, visiblemente afectado, no parece estar fingiendo.

—Haré que le mire uno de los médicos, ¿vale? Sólo camina hacia mí, despacito y con calma.—Paso a paso, el hombre armado dirige sus movimientos hacia mí,. Se mueve tambaleante, como si estuviera borracho o bajo los efectos de alguna droga.—Así está mejor, tranquilo… —el hombre llega a mi altura. Se altera de repente.

—¡No! ¡Fuera de mi cabeza!—me golpea el lado derecho del cráneo con su arma en un impacto lateral. Caigo al suelo a causa del impacto. Me levanto lo más rápido que puedo. Oigo cómo el sargento le avisa.

—¡No des otro paso!

Sin embargo, el hombre hace caso omiso de la advertencia. Entre el sargento y su novato lo abaten, convirtiéndolo en un colador.

—¡Te avise!—el cuerpo del hombre cae al suelo boca abajo. La sangre se extiende por las baldosas.

—Gracias chicos.—voy a ver cómo se encuentran los rehenes de ese loco, ahora fiambre.

—Jesús… Weller, vete a seguridad, recto por el vestíbulo, y después gira a la plaza. Yo me quedaré aquí y me ocuparé de estos chicos.

—¿Quiere que me quede con usted y le ayude, señor?

—No.

—Vamos, novato. Te veo luego en la oficina, McNeill.

Mis compañeros, el sargento y su novato, abandonan la sala por la puerta del fondo y yo me quedo con los rehenes. Aún se encuentran en el suelo visiblemente afectados, se agarran la cabeza y gimen doloridos.

—Oh, mierda. Vosotros también no…

Los rehenes se levantan del suelo y avanzan hacia mí dispuestos a atacarme. No es momento de contemplaciones. Sin pensar, reacciono por instinto, les disparo a las piernas y gritan de dolor. No parece que les afecte. Continúan avanzando. Puedo ver el ansia de sangre en sus ojos, los ojos de la mujer. Una vez debieron ser hermosos, ahora se ven desorbitados y rojos, inyectados en sangre.

Acabo con sus miserias y abandono con presteza la sala por la misma puerta que mis compañeros. Tengo que llegar hasta ellos. Pero algo hace que me detenga un segundo. El brillo de un datapad. Lo recojo y lo examino, no es muy largo pero sí informativo.


Informe de estado:
Sargento. Sizze, J. (Comisaria 12)

Respondido a llamada de disturbios públicos en Union Square. Central informada de varios casos de intimidación, posesión de armas, vandalismo, llegamos a la escena con el agente Shey; no… había un disturbio en progreso; enviamos un nuevo informe de estado a la central, múltiples posibles homicidios y/o suicidios; sospecho que sea un suicidio en masa; la mayoría de las víctimas mostraban signos de traumatismo por objeto contundente o hemorragias arteriales, varias víctimas tenían aparentes heridas de bala; hay restos de azul colonial en la boca y nariz de una de las víctimas, aunque no se sospecha que los narcóticos sean la causa.

—Mierda. Tengo que avisar a Weller y Karklins…

Blanco. Todo se vuelve blando de repente. Una brutal ráfaga de luz me corta la visión cuando estoy saliendo por la puerta. Pierdo el mundo de vista durante un par de segundos. Mi visión se recupera conforme la luz blanca desaparece, sólo persisten unas pocas estrellitas parpadeantes. Finalmente también se disipan y sólo queda el ruido sordo en mi cabeza, un silbido continuo durante unos segundos.


Salgo de la habitación a un pasillo. Sillas y habitaciones a la derecha. Un manchurrón de sangre empapa el suelo a mi izquierda.

—¡Si hay alguien aquí, salid fuera… identificaros!

Nadie responde. Camino con cuidado, cubriéndome con los elementos del mobiliario derribado. Hay multitud de cristales esparcidos por el suelo, seguramente provenientes de las luces rotas del techo. Un cuerpo se encuentra tumbado de espaldas a la pared, parece que lo han cosido a tiros… ¿habrán sido el sargento y su novato? Un segundo flash de luz. Me ciega parcialmente, me tambaleo hacia atrás justo cuando un cuerpo cae frente a mí, acompañado una lluvia de cristales. Alzo la vista y veo un cuerpo empalado en los metales del techo. Una mujer se precipita desde las plantas superiores al suelo. Cae como una piedra. El ruido del impacto es como una nuez aplastada. ¿Qué está sucediendo?

Alcanzo el final del pasillo y tuerzo la esquina. Llego a la clínica de la instalación, es el camino que me conduce a la plaza. La puerta se abre y los misterios de la nueva sala se descubren ante mí. Está bien iluminada, lo primero que veo es un escritorio, tal vez lo usen para la recepción de pacientes. En el suelo un archivo de datos reciente. Observo a mí alrededor y lo recojo con cautela.


Registro científico:
Del Dr. Kyne, T (Director científico)
ATN: Capitan  Mathius, B

Después de nuestra última conversación, debo pedirte que retrases la extracción del poneglyph del fondo del mar un día o dos. Sabes que me interesa más que a nadie el estudio minucioso y comprendo tu urgencia, teniendo en cuenta los acontecimientos en la colonia, pero te lo pido porque lo que está ocurriendo aquí es tan… incomparable, sin precedentes… En resumen: necesito tiempo para estudiar sus causas y sus efectos.
A raíz de un debate que he tenido con el Dr. Mercer, me gustaría reunirme con los doctores Sciarello y Welland para estudiar sus observaciones
-Terrence.

Este registro hace que me plantee demasiadas preguntas, pero he de continuar. Tengo dos puertas a la derecha y dos a la izquierda, y una más grande al fondo. Tendré que rodear el escritorio y la estación de trabajo de detrás. Me muevo por la derecha, una de las puertas está atravesada en su marco y no hay forma de que alguien se mueva a través de ella.

No avanzo mucho. Un alarido estridente me sorprende. Una mujer está agachada sobre un cuerpo. Está devorándolo. Mi presencia la ha alertado y levanta su cabeza ensangrentada. Huye rápidamente de mí hacia una de las habitaciones de la izquierda. Me muevo hasta tenerla enfrente. No sé que estará ocurriendo, pero a mi alrededor oigo gritos, ruido, golpes y sabe Dios qué más. Algo muy gordo y escabroso está sucediendo…

Abro la puerta trasera, me da acceso a la plaza donde tendré que encontrar a mis compañeros. La escena es dantesca: acabo de ver a un hombre degollarse con un cristal roto, mobiliario ardiendo, paredes rotas, árboles tumbados, y gente luchando entre sí… como si fueran animales.

Jesús… Toda la colonia se ha ido al garete… Giro para ver la plaza, donde están los cuarteles y veo más destrucción… Una torre eléctrica esta derribada y los arcos voltaicos saltan de aquí para allí con un bonito color azul. Lamentablemente me impide el acceso a la central. La gente corre enloquecida, no sé si intentando atacarse o salvarse. La gente se mata delante de mí, usan palos piedras, chatarra, incluso las propias manos. Camino por la plaza, que forma un cuadrado compuesto por dos niveles y barandillas que los delimitando. El caos reinante es descomunal, un guardia se suicida de un tiro en la cabeza. Desciendo las escaleras de la plaza intentando alejarme de todo para llegar a los cuarteles.

Un atacante me bloquea el paso. Los escombros de un estanco ubicado en el centro me impiden tomar otra ruta. Le disparo en el pecho intentando acabar con él.

Demonios, no se detiene… Continúa su aproximación arrastrándose por el suelo. El ruido de los disparos atrae a más locos sedientos de sangre que intentan acabar conmigo.

—¡Seguridad! ¡Retírense, ahora!—mis gritos no funcionan… no van a detenerse. Abro fuego a discreción y descargo una lluvia de proyectiles.  Matar o morir.

Una voz me llama tras del tiroteo.

—¡McNeill! ¡Por aquí!—corro sin pensármelo dos veces hacia el sargento y su novato. Por fin una cara amistosa.

—Me alegro de volver a verte. ¿Estaba así cuando llegaste?

—Peor. Hemos tenido que luchar por el camino.

—Parece que tu novato está perdiendo la cabeza.—Karklins habla solo y hace movimientos sin sentido.

—Sí. Me temo que lo que le ha pasado a todos los de aquí abajo le está afectando a él también.

—¿No deberías retirarle el arma?

—Pff. Si se viene abajo, trataré con él. El día que no pueda tumbar a un novato será el día que cuelgue mis botas…—no ha terminado de pronunciar estas palabras y el novato le propina un terrible golpe en la nuca que lo tira al suelo. Me lanza a mí un puñetazo, me golpea en el rostro.  Me tambaleo hacia atrás y me alejo de él lo justo para ver como carga contra mí hecho una furia, como un  salvaje, igual que el resto de locos que he encontrado. No tengo elección y lo ejecuto con un tiro limpio en la cabeza.

—Gracias por la ayuda weller. Tu novato ha perdido la cabeza y ha intentado matarme.

—Me ha atizado por la espalda. No puedo creer que Karklins lo hiciera.

—Ninguno de nosotros es tan joven como antes.

—¡Mierda! ¿De dónde vienen esos tipos?— Una marea de gente está reuniéndose en el centro de la plaza y parece que no les caemos muy bien.

—Al infierno con esto, Weller ¡Entremos en la oficina de seguridad! ¡Podemos atrincherarnos allí!

—¡Me parece una idea cojonuda!

Nos damos la vuelta y corremos a las puertas de la oficina deseando que se abran deprisa. Nos lanzamos dentro nada más abrir y respiramos aliviados cuando comienza a cerrarse. La horda no tendrá tiempo de llegar. Pero el alivio nos dura sólo unos segundos, parece que el destino tiene otros planes, la puerta se queda a medio metro de distancia entre una hoja y la otra. Weller intenta tirar y empujar las hojas de la puerta doble.

—¡No la puedo cerrar!  

La horda esta encima de nosotros luchando por entrar a través del estrecho hueco.

—¡Mantenla cerrada! ¡La sellaré yo mismo!

Lo más rápido que puedo, arranco un panel de metal de los respiraderos de la ventilación y lo coloco en el hueco.

—Ten, necesitaras esto.

Weller me pasa una remachadora y la uso con rapidez para sujetar firmemente el panel a ambos lados de la puerta improvisando el cierre.

—Ya está. No atravesaran esto.

—Entonces vamos a tu oficina para llamar a Meln. A ver si el jefe Vincent tiene alguna respuesta.

Avanzamos en dirección a los pisos superiores. Escuchamos disparos entre la masa de locos de fuera.

—Disparos. ¿De dónde vienen?

—Arriba, creo. Mierda, quizás haya entrado alguien antes que nosotros.

—Bien, pues nos acabamos de encerrar. Sea lo que sea, ahora es nuestro problema.

Pasamos la sala de recepción hasta el ascensor. Llega una llamada de improviso.

—¡Aquí Jones, llamando a todos los agentes de seguridad! ¡Prestad atención! ¡Los disparos al cuerpo no hacen que esas cosas se detengan! ¡Apuntad a las extremidades, romped las articulaciones para inmovilizarlos!

—¿Qué “cosas”? ¿De qué está hablando?

—No lo sé. No ha nombrado a los de la colonia…  ¿Hay algo más aquí?

—O eso, o está alucinando… como todos.

Subimos en el ascensor y regresamos finalmente a la oficina. Los disparos se siguen escuchando y nos acercamos con cuidado.

—Weller, ¡Cuidado!

Un horrible ser de unos dos metros de altura cae del techo, no lleva ropa. Es una criatura grotesca parecida a un humano, pero de su boca salen tentáculos de unos pocos centímetros, sus antebrazos son increíblemente largos y una cuchilla que parece de hueso sale de cada palma de las manos. Un par de bracitos que me recuerdan a los de un T-rex salen de su estomago.

No me lo pienso, le disparo en la cabeza. La criatura cae hacia atrás, se da la vuelta y se mueve por el suelo hacia nosotros. Tengo que convertirla en un amasijo de carne para que deje de moverse… lo mejor es que me acabo de quedar sin munición.

—Jesús.

—¿Los alienígenas existen. E intentan matarnos.? La vida puede ser maravillosa…—comenta el sargento con sarcasmo mientras contempla el horror que es la criatura que yace ahora inmóvil.

Entramos en la sala, alli intentaremos pedir ayuda. El sitio está atestado de esas criaturas, algunas llevan harapos en sus cuerpos, otros ropas ensangrentadas. Tengo que recurrir a la cortadora de plasma que tengo como prueba del incidente de las minas. Resulta que es mucho más efectiva que la pistola contra estos seres; su rayo de energía me permite seccionar extremidades de un solo disparo. Limpiamos la sala y encontramos a una mujer hecha un ovillo en un rincón. Nos aproximamos con precaución.

—¿Quién demonios eres?

—Calma Weller. No es de seguridad.

—Soy McNeill. ¿Cuál es tu nombre?

—L-Lexine… Lexine Murdoch.—tartamudea ella asustada.

—Bien, Lexine, eres una chica afortunada.

—¡¿Afortunada?! Mi novio fue asesinado la semana pasada… Mi padre está desaparecido, ¡¿y ahora esto?!—estalla.

—Un momento… Te conozco. Eres el contacto de emergencia de Sam Caldwell.

—Sam… era mi novio.

—Escucha, siento lo ocurrido. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Mi padre desapareció. Lo hizo a la vez que todos estos uniólogos se suicidaban… vine para ver si había alguna novedad. Pero… entonces esas… cosas… esas cosas vinieron y empezaron a matarlos a todos. ¿Qué está pasando?

—No estoy seguro. Pero no es bueno para nadie.

—¡Meln! ¡La colonia está siendo atacada por hostiles desconocidos! ¡Responded, maldita sea!

Weller intenta contactar con una de las consolas sin éxito. En su rabia, golpea el panel de control con ambas manos. Meln no contesta, no contesta nadie. Pierde la esperanza y empieza a rendirse.

—Las comunicaciones habrán caído con el resto de aparatos electrónicos. Estamos abandonados a nuestra suerte.

—Espera… ¿Eres del buque?—pregunta la chica de pronto.

—Si. Fuerza especial de seguridad.

—¿Entonces por qué no vamos para allá? Debes tener un batiscafo, ¿verdad?—Lexine es lista, o lo parece.

—Ella tiene razón. Baines y Hutchins estarán esperándonos. Vamos, McNeill.

Asiento y comienzo a caminar hacia la salida. Puede que tengamos suerte, al fin y al cabo, tal vez logremos salir de aquí… puede que incluso salgamos de aquí ilesos.

—Espera, ¿Qué pasa conmigo?—pregunta ella de pronto.

—Ve a casa, cierra las puertas y espera ayuda.

—¿Casa? ¿Estás loco? ¡He perdido todo!—mira al sargento con los ojos desorbitados.

—Lo siento, bombón, pero no puedes venir con nosotros.

—Sabes Weller, seguridad está muy diezmada. No podemos llevar otro caso de desaparición…—se me ocurre una idea.

—¿De qué estás hablando?

—…y por eso debería venir con nosotros. ¿Cierto, sargento?—no quiero dejarla aquí.

—Ella es tu responsabilidad—dice el sargento, al menos me he salido con la mía.

—Perfecto. No se arrepentirá, sargento. Vayámonos.

Después de los intentos infructuosos de contactar por radio y la charla, nos ponemos en camino con un nuevo objetivo en mente: encontrar a los hombres de Weller y salir al buque insignia Meln. Salimos al pasillo, temerosos de lo que podamos encontrar. A estas alturas, la tensión es la única cosa que nos mantiene alerta.

—¿Tú también eres del buque?—me pregunta Lexine.

—No, soy un detective de seguridad. Nate McNeill.

—Bueno. Pues gracias. Nate McNeill.—¿he notado algo de humor en su voz? Habrá sido la situación. Esto es demencial.

Llamo al ascensor de nuestra izquierda y agradezco con una sonrisa las palabras de la chica. Parece una compañía agradable. Lástima que haya tenido que pasar por tanto en tan poco tiempo.

—Sólo hago mi trabajo.

Descendemos a la entrada donde sellamos la puerta. No es un buen sitio, pero la armería esta allí. La puerta está cerrada. No me lo pienso. Disparo a los fusibles y me cargo la cerradura electrónica. Munición a mansalva en el interior, cogemos cuanto podemos cargar, una ametralladora ligera, y munición extra-grande ideal para reventar a esos malnacidos. Va a ser una fiesta.

Salimos enfrente de las puertas con la rejilla remachada preparados para acabar con todo lo que se mueva… No hay nada fuera. El silencio es desconcertante. Arrancamos los remaches para poder salir. Las puertas se abren y vemos una plaza decorada en rojo. No hay ningún cuerpo, ningún atacante… sólo sangre en cantidades ingentes.

—¡Santo Cielo!—exclama Weller.

—Oh, Dios mío—susurra Lexine.

—No han podido hacerse esto entre ellos. Probablemente pensaron que estarían a salvo en la oficina de seguridad. Y los hemos dejado fuera.

—Intentaron matarnos. Recuérdalo.

Todo está en silencio. No puedo soportar semejante tensión. Nos adentramos en la plaza, despacio, atentos a cualquier movimiento sospechoso.

—Me siento observada.—dice ella.

—Porque a lo peor lo estamos. Estad alerta.

Nuestros pasos resuenan en la plaza. Puedo escuchar nuestras respiraciones. Todos mis sentidos me indican que corra… que salga de aquí como si mi vida dependiera de ello.

—¡McNeill! ¿Has visto eso?—señalo una especie de… monstruo volador. Se parece a una manta-raya.

La criatura está levantando un cuerpo tras unas cristaleras y no podemos ver mas allá de su silueta entrecortada. Disparo mi arma contra ella, pero el cristal blindado detiene los proyectiles.

—¿Qué demonios está haciendo?

La respuesta viene en segundos cuando el cuerpo vuelve a la vida y sale a por nosotros atravesando el cristal. Disparo con la ametralladora, la munición impacta en su cuerpo pero es como lluvia contra un diamante pulido. Decido cambiar al cortador de plasma. Corta la piel, carne y huesos como si fueran mantequilla. La criatura cae derribada y un segundo disparo le secciona los brazos y la deja inmóvil en el suelo. Weller por su parte ha abatido a base de tiros a la criatura voladora.

—No son monstruos… son personas—Lexine está asustada… mejor dicho, aterrada, ante el descubrimiento. Aunque el sargento, mucho más curtido no parece demasiado afligido.

—“Eran” personas. Sea lo que sean ahora, ya no son humanos.—sentencia.

—¡Vamos! al batiscafo de Mission Square; moveos.

Avanzamos hasta encontrar una enorme barricada en un acceso. Está fabricada con chatarra soldada, desde paneles a sillas, bancos e incluso un carro de la compra.

—¿Qué opinas de esto, Weller?

—Alguien intentaba mantener fuera a los malos. Vamos a tener que limpiarla.

Comenzamos la tarea de limpieza del muro intentando abrir un hueco por el que arrastrarnos. Pero, por supuesto, esas endemoniadas criaturas no nos dejan trabajar tranquilos. Es desesperante. Salen de todas partes…

—Seguid, yo os cubro.—y preparo la cortadora de Caldwell.

La marea de seres empieza a llegar de la plaza. Apunto a las extremidades, primero las piernas, que no puedan avanzar. No tengo tiempo de pensar y disparo un tiro tras otro de la cortadora liquidando a las criaturas que no parecen acabarse. Es como si se multiplicaran. Los segundos parecen horas. Los gritos de los monstruos suenan aterradores en su desesperación por alcanzarnos.

—McNeill, tenemos un acceso, ¡rápido!.

Me lanzo al pequeño hueco gateando. Tengo la adrenalina por las nubes. Los monstruos me siguen, pero les llevo una buena ventaja. El estrecho agujero es largo, son cuatro metros mal contados de longitud… pero se me están haciendo eternos.

—¡McNeill, fuera de ahí! ¡Está a punto de derrumbarse!

Lexine me ofrece su mano. El ruido del metal cediendo empieza a resonar en nuestros oídos. Tomo su mano y me saca de un fuerte tirón justo a tiempo de que todo se venga abajo. Respiro aliviado. Menos mal que decidí traerla con nosotros…

—Al menos no tenemos que reconstruirla.—dice el sargento con sorna.

—Y pensaba que yo era el optimista, sargento.

—Mission Square está justo delante. Tenemos que seguir avanzando.

El pasillo donde nos encontramos está iluminado y libre de sangre. Parece una buena señal, aunque no hay sitios donde apostarse. Sólo hay un puñado de bancos en línea a nuestra derecha.

—Recuerdo este lugar. El puerto está en la plaza, ¿Verdad?—pregunta Weller señalando hacia adelante.

—Así es.

—Bien. ¡Baines! ¡Hutchins! ¡Informad!

—En el batiscafo esperando, sargento. Esto es un puñetero caos. He tenido que partir un par de narices para impedir que vinieran con nosotros. Todo el mundo busca una salida.

—¡Mirad! ¡Hay un submarino saliendo!—efectivamente la visión de Lexine no le engaña, un submarino de carga está saliendo del puerto en este mismo momento, es una maquina inmensa y seguramente este llena hasta los topes de personas.

—Un regalo para la vista. ¿No crees, McNeill?

—Espera weller, algo no va bien…

—¡Se va a estrellar! ¡Al suelo!

Nos tiramos al suelo esperando lo peor. El submarino cae en la plaza, lejos de nuestra posición. El agua entra a raudales durante unos momentos hasta que el sistema de emergencia cierra las grietas.

—Oh, no… Miralos… Toda esa gente, muerta…—Lexine está desorbitada.

—Todos los batiscafos del puerto y submarinos, destruidos… ¡Maldicion! ¡Baines y Hutchins estaban ahí! ¡Al carajo con este maldito lugar!—el sargento está enojado y desesperado, pero continua en pie de guerra. El tío es admirablemente duro.

Nos acercamos al lugar del siniestro. Los daños son bastante menores de lo que pensamos, sólo una pequeña parte del submarino ha impactado contra el complejo, el resto ha quedado encallado en el lecho marino. Entre los restos distinguimos un superviviente.

—Un hombre con suerte. ¿Cómo se llama?—pregunta Lexine.

—Warren… Warren Eckhardt. Director ejecutivo de las operaciones mineras.—es un hombre mayor, de unos cuarenta y cinco años, calvo, sin barba, de piel blanca. Viste un traje beige bastante elegante, aunque ahora se encuentre sucio y arrugado.

—Vaya carguito. Tiene suerte de seguir con vida después de esto.—comento sorprendido de la supervivencia del hombre.

—Los batiscafos…

—Han desaparecido. Estamos aquí atrapados.—el sargento suspira.

—No necesariamente. Hay un batiscafo en el puerto de mantenimiento del sector 8.

—¿Estás seguro?

—Y tanto. Ayer monte en él, desde el Meln.

—¿Eres del buque? ¿Qué estás haciendo aquí?

—Asuntos de la pretora. No le incumben, sargento.—lo que me faltaba, estos dos acaban de declararse la guerra. Su actitud los hace parecer dos gallitos pretendiendo marcar sus posiciones. Menos mal que Lexine interrumpe las hostilidades.

—¿A quién le importa? ¡Busquemos el batiscafo y punto!—la chica tiene carácter.

—Por lo que sabemos, esas cosas están por toda la colonia, ¿Estás listo para abrirte paso entre ellos?

—Puede que no haga falta. Aquí mismo tenemos el conducto 12, va por debajo de la colonia y seguro que tenemos una salida al puerto de mantenimiento.—comento pensativo, más hablando para mí que para el resto.

—¿Y cómo entramos en ese conducto?

—Hay un elevador más adelante, señor Warren. Nos llevara directos abajo.

—¿Y a que estamos esperando? Ya he perdido a demasiada gente.

Removemos los escombros que cubren el ascensor y descendemos hacia las oscuridades de la tierra sin saber qué nos deparará el destino.


Capitulo 3: De vuelta a los conductos.


Descendemos a las oscuras profundidades de la colonia, aquí es donde las venas y arterias del complejo tienen su hogar. Aquí es donde hace una semana falleció el novio de Lexine.

—¿Estamos a salvo?—Pregunta Warren, el nuevo integrante de nuestro grupo, ha asegurado que en el puerto de mantenimiento hay un batiscafo que podemos usar para evacuar este infierno.

Nadie responde, la tensión en el ambiente se puede cortar con un cuchillo, todos preferimos callar hasta sentir el suelo bajo nuestros pies, al final del ascensor.

Tras de unos angustiosos minutos que se hacen eternos, el ascensor se detiene en el suelo. El paisaje está dominado por la oscuridad, solo las luces de emergencia rompen el manto de negrura que cubre toda la zona.

Salimos poco a poco del ascensor, atentos a cualquier ruido o movimiento que delate a esas monstruosidades. Justo en frente, el ruido de una chapa al caer nos alerta. Parece un muchacho.

—¡Alto ahí!—Ordena nuestro sargento apuntando con su arma.

—¡No dispare, estoy de su parte! ¡Sólo me escondía de esas... cosas!—el chico levanta las manos sobre su cabeza visiblemente asustado

—Por poco tiempo. Nos siguen la pista.

—¡¿Qué?! Entonces bajen la voz, nos van a oír...

—Espera, ¡¿dices que están aquí?!

El sargento apenas acaba la frase cuando de un conducto de ventilación a nuestra espalda comienzan a salir criaturas. Una tras otra, salen por el agujero. Weller y yo las enfrentamos con nuestras armas; por fortuna, no pueden surgir del respiradero lo suficientemente rápido como para representar un peligro real. En cuestión de segundos abatimos media docena de esos seres y la tranquilidad vuelve a reinar.

—Tenemos que mantenerlos fuera.—Explico con premura cuando los gritos de las criaturas llegan de nuevo a nuestros oídos.

—¡Coge esa plancha y colócala en la escotilla! ¡Venga!—el muchacho, que se ha unido a nuestro grupo, saca una remachadora y con nuestra ayuda tapa el respiradero usando planchas de acero. Resulta necesaria una plancha con cuatro refuerzos para soportar las embestidas de las devastadoras criaturas.

—Eso debería aguantar. Tenemos que ir al puerto de mantenimiento del sector 8. Allí está el batiscafo para salir.—Suspiro, tratando de evaluar la situación. Quién sabe cuánto tiempo aguantará el tapón que hemos hecho, o si esos bichos encontrarán otra forma de acceder.

—¿De verdad? Por aquí. ¡Seguidme!—la noticia de una posible salvación ha animado a nuestro más reciente miembro, se ofrece a guiarnos a través de estos complejos túneles. Caminamos hacia el sector ocho, pero el camino está bloqueado por lo que parecen tendones... Por llamarlos de alguna manera.

—¿Qué demonios es ésta cosa? Apesta a vómito, ¿cuánto tiempo lleva aquí?

Nuestro último fichaje se presenta como Denvers, trabaja en mantenimiento aquí abajo y nos da un informe sobre las extrañas secreciones que infestan estos túneles.


Registro de mantenimiento
Denvers, Q.

Re: Brote orgánico en los conductos.
El brote no identificado descubierto la semana pasada y al que no se le dio importancia ha sido visto en otras partes de la instalación y ha llegado a los conductos. No sé qué diablos puede ser... parece como si alguien hubiera desparramado sus vísceras por toda la pared, pero se extiende tan rápido que no podemos interrumpirlo, lo que en sí mismo es una contrariedad. Ya está en la rueda del motor de ventilación, y si no encontramos una forma de detenerlo llegará a la cámara principal pasado mañana. Espero que los doctores lo estén investigando, porque a mí me sobrepasa.

Denvers se adelanta, corta los tendones con un pico de energía permitiéndonos avanzar. La pasarela en la que estamos tendrá unos cincuenta metros y esa maldita secreción está por todas partes. Avanzamos despacio, evitando tocarla siquiera, sabe Dios qué podría contagiarnos.

—Sargento, aquí Baines. ¿Está ahí?—la radio rompe el silencio que nos rodea.

—¡Baines! ¡Dios, pensaba que estabas muerto!

—Si no hubiéramos entrado en el batiscafo estaríamos muertos. Aunque ahora está destrozado, así que no iremos a ninguna parte con él. ¿Dónde está?

—En un conducto, de camino al puerto de mantenimiento del sector ocho, hay un batiscafo que podemos usar. Pero hemos sellado la entrada, ¿puedes encontrar otra ruta?

—Lo intentaremos, sargento. Le veo allí.—Esta llamada ha mejorado el ánimo de mi viejo compañero de fatigas, el silencio de la radio y no poder contactar antes con ellos le había dejado tocado, ahora puedo ver el alivio reflejado en su cara. Sin embargo, aún no estamos a salvo y continuamos por la pasarela hasta llegar a una plataforma más adelante.

Ésta plataforma está iluminada por focos y es un auténtico matadero, ocho... tal vez doce cuerpos están tirados en duro metal, piernas y brazos arrancadas. El suelo es un verdadero cenagal de sangre y vísceras.

—Dios mío, ¿qué ha pasado aquí?—este espectáculo parece haber impresionado a Warren, hacía tiempo que guardaba silencio, posiblemente demasiado conmocionado para decir algo.

—No lo sé... tío, aquí hay muchos cadáveres.

—Pero ninguno es humano.—Puntualiza Denvers, al tiempo que analiza la escena en busca de  un significado para semejante matanza.

—Esperad, ¿qué es esto?—Lexine se agacha tras unas cajas, que ha encontrado algo.

En sus manos trae una pantalla, parece un mensaje de vídeo grabado antes de la masacre.


Aquí Amanda Castle, topógrafa de Sideros. Me preocupa la demencia que está sufriendo la gente. Nada más traer el artefacto dentro, el "Poneglyph", como lo llaman los Uniólogos, el equipo de extracción se ha vuelto loco. Los de arriba creen que es coincidencia, pero no lo es ni de coña. ¡Ahora la mitad de los mineros sufren de alguna extraña demencia, pero nadie se atreve a sugerir que es por el artefacto! Bueno, pues yo sí. Y no me gusta a dónde va esto.

—¿Demencia? Interesante.—Warren habla bajo la atenta mirada de Denvers, estoy seguro de que si se atreviera le daría un collejón, yo mismo le golpearía si de verdad cree que toda esta locura es interesante...

—¿Por qué? Todos lo hemos visto, lo que ella habla.—El sargento está comprensiblemente irritado con Warren.

—Cierto. ¿Y por qué no nos estamos volviendo locos?

—Tiene razón. A ninguno nos ha afectado.—Lexine se une a la conversación, espera poder disipar sus temores.

—Supongo. A menos que esté loco y todos seáis productos de mi imaginación.

—No tienes tanta imaginación, Weller.—Le suelto con sorna, pienso que gastarle una pequeña broma puede ayudar a pasar este mal momento.

—¿Podemos darnos prisa y encontrar el sector 8? Podréis haceros los loqueros cuando estemos fuera de aquí.

—Denvers tiene razón, no hacemos nada aquí parados. Movámonos.—Weller saca su vena de oficial y comienza a dar las órdenes pertinentes, he de reconocer que tiene razón. Me acerco a Lexine, la noto rara, creo que le ocurre algo.

—Lexine, ¿estás bien?

—Sí, estoy bien es... es que me preocupa mi padre. Trabajaba aquí, en los conductos.

—¡Eh!, aún es pronto para darle por muerto. Podía estar en una de las naves que han salido. Le buscaremos cuando lleguemos al barco.

Después de darle ánimos, evalúo la situación: tenemos dos caminos, uno lleva a una habitación, un pequeño almacén donde según comenta Denvers podríamos obtener munición y tal vez algún arma extra; el otro camino consiste en bajar por unas escaleras de mano en dirección al sector ocho.

—Vosotros quedaos aquí. Voy a echar un vistazo.-dejo a mis compañeros solos y me adentro en la pasarela que lleva a la habitación con la esperanza de encontrar las municiones.

El camino es angosto y está plagado de esas horribles secreciones, pero por fortuna es corto y tan sólo he de lidiar con una criatura extraviada para poder acceder finalmente al almacén. Cargadores para el cortador de plasma y un viejo recorte de periódico.


¿Unidos... Ascenderemos?  Capitulo uno:
¿Se trata la Uniología de una nueva esperanza o sólo un engañabobos más?

Por Carrie Van Ottken. Si ha vivido fuera de Sideros los últimos doscientos años, puede que se haya perdido el auge del movimiento religioso más intenso de la historia.
La uniología tiene ya cientos de seguidores, entre los que se encuentran poderosos directores ejecutivos de empresas, y dispone de setenta y ocho mil millones de berrys en acciones de compañías.
Desde sus orígenes como culto a la personalidad, la uniología se ha convertido en una respetada y asentada religión.  

Vuelvo con mis compañeros lo más rápido que me dan mis piernas.

—¿Que has encontrado?—pregunta Weller.

—Munición y poco mas... Esta limpio. ¡Vamos!

Abro el descenso por la pasarela hacia la zona inferior. Es otra plataforma que nos permitirá seguir avanzando hacia el sector 8.

—Agente Hutchins a sargento Weller. Adelante, señor.

—Aquí Weller. ¿Cuál es su estado, Hutchins?

—Estamos en los pasillos del centro. Hay una extraña sustancia por todas partes... parece... carne creciendo de las paredes.

—Aquí tenemos lo mismo, pero parece ser inerte. ¿Algún problema ahí arriba?

—Negativo, señor. Apenas hemos encontrado algo. Creo que nos vigilan, pero eso es todo.

—Esperemos que siga así. Weller, corto.

Abro el camino por la pasarela hacia el sector ocho, un ruido nos sorprende y todos nos ponemos en guardia.

—Eso no suena normal…—murmura Weller, permanecemos todos en silencio, atentos, tratamos de ver de dónde sale el sonido, es como un lamento animal grave y prolongado.

—¡Ahhhh! ¡Socorro! ¡Haced algo! ¡Disparadle! ¡Nate! ¡Ayuda!— Lexine grita aterrorizada.

De una tubería rota del techo ha surgido un tentáculo que termina en tres más pequeños. Ha agarrado a Lexine, parece querer llevársela por los aires y ahora se encuentra balanceándola sobre el piso.

Sin pensar, disparo el rifle de pulsos contra el tentáculo, el desgraciado no parece inmutarse hasta que acierto en un punto de un color anaranjado, como si fuera una infección en el propio organismo. El tentáculo suelta su agarre y Lexine cae con un ruido sordo mientras se escucha el gemido de la criatura. Denvers se acerca rápido a ayudarla y sacarla de allí. Pero la suerte no está con él... La criatura vuelve a atacar, esta vez engancha al pobre Denvers de la cintura arrastrándolo hacia el agujero junto con Lexine ¡creía que la había soltado! El tentáculo desaparece en la tubería, tan solo el cuerpo de Denvers evita que se lleve consigo a la chica.

Denvers grita de dolor, horror y pánico a partes iguales, pero sigue agarrado a Lexine como una sanguijuela, dispuesto a arrastrarla consigo.

—¡Suéltela, Denvers! Mierda, no la va a soltar... ¡McNeill, tendrás que dispararle!

Weller tiene razón, el tentáculo es inmune a los disparos y no podemos rescatar a Denvers. No podemos perderlos a los dos. Le disparo sin dudarlo, al menos puedo darle una muerte mucho más amable que la que le espera en manos de esos bichos. Su cuerpo casi se parte en dos cuando es arrastrado por el agujero... El sonido de la columna al astillarse aún resuena en mis oídos. Gracias a Dios que Lexine está a salvo y no ha sido en vano. Warren corre a socorrerla, debe de estar en shock.

—¡Joder, gracias por ayudar, tíos! ¡¿Dónde estabais?!

—¡Aquí mismo, con nuestros propios problemas! ¿Qué quieres, una medalla?—Weller está enojado conmigo, es mutuo, podría haberme ayudado... Tal vez hubiera sido posible salvar a Denvers.

—¿Podéis dejar de discutir, por el amor de Dios?

—Lexine tiene razón. No hay motivo para luchar contra esas cosas si también vamos a pelear entre nosotros.—La puntualización de Warren hace que nos callemos y continuamos nuestro camino con el dolor de la perdida de Denvers, difícil de olvidar.

—McNeill, encontré esto en el suelo, seguramente se le caería al pobre Denvers, puede serte útil.—Con cuidado, Warren me entrega un módulo estabilizador, un aparato realmente útil que puede ralentizar objetos y seres vivos,  y una remachadora.

—Muchas gracias Warren, ahora mejor... ¡Ssh, escuchad!

Un aleteo precede la llegada de una manta que pasa volando sobre nuestras cabezas. Lexine esta asustada.

—¡Oh, Dios! ¿Cómo vamos a estar seguros si esas cosas pueden volar?

—Quedaos entre Weller y yo. Os protegeremos.

Abro el paso por la pasarela, atento a cualquier cosa que se mueva.

—Atento McNeall. Están por encima de nosotros.

Efectivamente, a nuestra izquierda en una pasarela han aparecido un par de monstruos surgidos de los conductos de ventilación del techo. Se mueven muy rápido y me cuesta atinarles con la cortadora de plasma, consigo desmembrar a uno pero he de dejarlo en manos de Weller, otro monstruo con forma de escorpión aparece justo en frente. La criatura tiene el torso humanoide pero las piernas se han fusionado en una larga y prensil cola de tendones que acaban en una cuchilla de hueso.

La monstruosidad no se toma ni un momento y elevándose con sus brazos ejecuta un giro sobre si misma para usar su afilada cuchilla. Ante semejante velocidad uso mi módulo de estabilización, la criatura se torna azulada y su velocidad queda reducida a una pequeña fracción de lo que era permitiéndome eliminarla con mayor seguridad.
Las cosas vienen desde abajo trepando por la pasarela, están empezando a abrumarnos con su número, no puedo tomarme ni un momento para recargar. Cambio a la pistola y al rifle de pulsos, se me agota la munición. No tengo un segundo de descanso, más monstruos con forma de escorpión siguen saliendo de los conductos de ventilación, trepan por el techo y las paredes como si fueran arañas, su velocidad es muy superior a la de los que parecen más humanos, he de usar hasta el límite el modulo de estabilización para poder desmembrarlos a todos.

—¡Seguid adelante! ¡Si paramos, estamos muertos!

Nos lanzamos a la carrera por la pasarela pasando a otra plataforma, siempre en dirección al sector 8. Nuestra suerte no mejora, está dañada y tiembla bajo nuestro peso y el de las criaturas que nos siguen. Despacio al principio, el suelo se inclina hacia la izquierda, cubro al equipo  para que salten a la pasarela hasta que están todos a salvo.

—¡Mierda!

Me he quedado corto, tengo que agarrarme con una mano y veo cómo las criaturas y la plataforma caen a la oscuridad del vacío.

—¡Aguanta!—Weller ha venido a mi rescate, tira de mí y consigue subirme a la plataforma... Estoy sin resuello, pero vivo.

—Dios... ya estoy mayor para esto.

—Lo estás haciendo bien soldado. Le cubro las espaldas.

Todos nos tomamos un momento para respirar tras la carrera y el pánico de caer a una muerte segura.

—Chicos creo que tenemos un problema... Estamos atrapados, no podemos salir de aquí sin la pasarela.

—¿Ahora que? No podemos volver... McNeill.

—Cálmate Weller, podemos usar los conductos de ventilación. Atraviesan todo el complejo.—Lexine tiene una idea.

—¿Estás loca? ¡Los monstruos también estarán en los conductos!—un punto para Warren.

—Sargento, aquí Baines.

—Aquí Weller. ¿Cuál es tu estado?

—Muy cerca del puerto de mantenimiento, peo esto se pone serio. Hay un grupo de hostiles delante, y no hay otro camino. Tendremos que pasar a través de ellos.

—Tened cuidado. Quiero veros vivos a los dos cuando lleguemos...

—Tranquilo, sargento. Baines, corto.

—Bueno, eso lo decide todo. ¿Cómo llegamos a los conductos?

—Hay un panel de acceso por allí, pero no sé si tengo el nivel de acceso para abrirlo…—La voz de Lexine suena preocupada, la idea es buena pero sin ese nivel de acceso...

—A la mierda el nivel. Yo me encargo.—Me adelanto hacia el panel de acceso situado en la pared del fondo, todos estamos nerviosos por los sucesos acontecidos pero hemos de perseverar, si nos derrumbamos jamás saldremos de esta con vida.

Me concentro en arrancar la tapa del panel de control y cortocircuitar los cables, a ver si consigo romper el cierre magnético que bloquea la puerta.

—¡Déprisa! ¡Les oigo acercarse!

—Pensaba que no querías ir por los conductos, Warren... ¡Ahora déjame concentrarme!

—¡Si bueno, Tampoco quiero estar aquí a la hora de comer!

Con un chispazo, la puerta se desbloquea permitiendo el acceso a los conductos de ventilación.

—¡Ya esta, venga, entrad!

Al tiempo les ordeno entrar descubro un soplete abandonado en una repisa, es bastante interesante. Por lo que sé, lo usan para fundir pequeños depósitos de mineral mediante un flujo constante de hidracina, será ideal para una incursión en los túneles de ventilación... Espero que no se prenda todo en llamas.

Los conductos son angostos y oscuros, un laberinto de túneles. Muchos de ellos están sellados con rejas, apenas llevamos dos minutos en los túneles cuando empezamos a oír ruidos poco agradables.

—¡Silencio! ¡Escuchad!—ordeno para poder saber que no lo he imaginado.

—Oh, no. Eckhardt tenía razón... Están aquí dentro.—Lexine no hace más que aumentar nuestra inquietud remarcando lo obvio.

Freno en cada esquina para asegurarme de que no hay ninguna de esas criaturas acechándonos, esperando el momento propicio para atacarnos. El camino se hace lento y tortuoso y todos tenemos los nervios a flor de piel. En una intersección, oímos un aullido y uno de esos bichos desaparece en los túneles.

—¡Joder! ¡Estamos rodeados! ¡Movámonos, rápido!

Gateamos por los conductos entre oscuridad y tuberías, rejillas que funcionan como respiraderos y tejido infeccioso por demasiados lados. Una bifurcación en frente, dos posibles caminos y dudo sobre cuál escoger.

—¡McNeill! ¡Elige de una vez!—una cuchilla perfora el techo justo delante de mí. Tengo que darme prisa y escoger de una vez.

Me lanzo sin pensarlo por la izquierda, esquivando las garras que surgen desde el exterior y que perforan la chapa metálica, he de abrir paso entre tendones de carne infecciosa para continuar avanzando.

—Vamos. No podemos estar lejos, pero cuidad donde pisáis.—Toda esta sección de túneles está totalmente infectada de carne putrefacta, algunos caminos están totalmente sellados por los cartilaginosos tendones que se extienden en una vasta red.

—¡Cuidado!

Las criaturas parecidas a escorpiones vienen a por nosotros a una endiablada velocidad justo por delante. Por fortuna para nosotros es un túnel y, por qué no, una trampa mortal.

Disparo el soplete. Lleno toda la zona por donde se desplaza la criatura de fuego, el monstruoso ser grita y se retuerce cuando lo engullen las llamas, no tarda mucho en convertirse en una pila de carne chamuscada. Sin detenerme, gateo por los túneles alumbrando con las llamas y desencadenando un maldito infierno de fuego ante el más mínimo indicio de movimiento... Derecha, en frente, izquierda e incluso al maldito techo. Las criaturas atacan una tras otra sin piedad, sin descanso, salen de los túneles sin dar tiempo a respirar, tan solo espero que el combustible aguante el tiempo suficiente.

Apenas hemos tardado unos minutos, pero parece haber pasado un siglo. Por fin podemos salir de los túneles de ventilación. Nos encontramos en una habitación limpia y bien iluminada y, lo que es mejor, sin rastro de las criaturas.

—¡Este cuarto está junto al puerto de mantenimiento! ¡Hemos llegado!—declara Warren y todos suspiramos con alivio.

Salimos por la puerta y podemos ver con alegría que nuestro vehículo esté justo delante.

—¡Ahí está el batiscafo! ¡Gracias a dios. ¡Estamos a salvo!

Pero algo no está bien. Detengo a mis compañeros justo a tiempo.

—No tan rápido McNeill. Atrás. Todavía no hemos acabado, está lleno de ésos cabrones.

Al fondo defendiendo el batiscafo de las criaturas un hombre y una mujer abren fuego indiscriminado aguantando la posición estoicamente.

—Esos son tus hombres Weller.

—Baines, aquí Weller. Estamos detrás de ti.

—¡Le veo, sargento! ¡Nos encontramos un problemilla al llegar! El batiscafo está cerrado. ¡No podemos entrar!

—Mi código de acceso la abrirá.  

—Esperemos que así sea Warren. ¿Preparados para correr?

El sargento está listo para lanzarse al combate yo por mi parte protegeré nuestro billete de huida.

—Iré delante. Eckhardt, péguese a mí.

—¡Ya!

A la orden de Weller salimos escopeteados hacia el batiscafo. Es una explanada de unos cien metros sin coberturas ni obstáculos hasta nuestra salvación. Tan sólo tenemos que liquidar a las criaturas que emergen desde los respiraderos en las paredes. Y correr. Correr sin mirar atrás y sin dejar de disparar.

Se oye un rugido y el suelo tiembla. Un tentáculo gigantesco emerge del suelo hacia arriba, se retuerce golpeando el techo y el suelo, su tamaño y poder son incalculables...

—¡¿Qué demonios es eso?!—oigo gritar a Lexine aterrada

—¡Eckhardt, sígame! ¡Corra!

Protejo a Lexine y a Weller lo mejor que puedo, he de lidiar con las criaturas que atacan por los lados mientras el colosal látigo amenaza con aplastarnos... No es una tarea fácil, pero consigo llevarlos al control que nos permite el acceso al batiscafo.

—¡Ya está! ¡Todo el mundo adentro, ahora!

—Eckhardt, suba y póngase de copiloto. Puedo pilotar, pero no se comprobar la nave.

El tentáculo no está conforme. No parece gustarle la idea de que salgamos de allí y golpea la nave haciendo que el metal aúlle por los impactos.

—¡Cierra la puta puerta! ¡Weller tu eres el piloto, sácanos de aquí!

La puerta se cierra mientras un espectáculo dantesco aparece ante nosotros. Una monstruosidad colosal está emergiendo del lecho marino, no podría describirla más allá de un monstruo gigante con múltiples bocas, tentáculos y bulbos amarillos por todo su cuerpo. El muy cabrón nos persigue mientras la nave abandona el puerto sumergiéndonos en el agua. Los compañeros, sentados a los mandos, hacen un trabajo maravilloso esquivando por los pelos a la monstruosidad. Finalmente, escapamos de su alcance y salimos hacia la superficie, donde podemos ver el buque insignia Meln sobre las olas.


Última edición por Bleyd el Miér 23 Ago 2017 - 18:52, editado 4 veces
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Miér 9 Ago 2017 - 16:51

2º PARTE: BLEYD HUNTER


CAPITULO 1: RECIEN LLEGADOS


Misión de Sideros BM529
Informe de estado…


Usg Kellion rumbo al [Clasificado]

Miembros principales de la misión:
Bleyd_Master - Especialista medico
Kendra Daniels - Especialista informatica
Zack Hammond – Oficial jefe de seguridad

Directriz A: Localizar el buque insignia Meln
Directriz B: Evaluar y reparar el bloqueo de comunicaciones
Tiempo al punto de contacto: 3 minutos…


“Bleyd. Soy yo. Ojalá pudiera hablar contigo. Lo siento… Lo siento por todo. Ojalá pudiera hablar con alguien. Aquí todo es un caos. No puedo creer lo que está ocurriendo. Es extraño… cómo una cosa tan pequeña…”

La imagen de la pantalla se aclara poco a poco de la estática que la inunda, durante unos segundos puedo apreciar el bello rostro de la mujer. Es Erika Konstantine una gran y vieja amiga. A pesar de que los colores son imposibles de distinguir a causa de que la imagen aparece satinada en azul, puedo apreciar sus rasgos perfectamente: cabello a dos aguas, ojos cansados y una preciosa nariz encima de unos labios carnosos. Apenas tengo tiempo para seguir apreciando su belleza, la transmisión se corta. Nunca llego a ver su final, el mensaje parece estar corrupto.

—¿Cuántas veces has visto ese video? Sé que la echas de menos. No te preocupes; ya casi hemos llegado. Podrás buscarla cuando estemos a bordo.

Me habla Kendra Daniels, tiene rasgos orientales y el pelo largo y castaño recogido en una cola de caballo. Tiene más tetas que cabeza y un culamen de infarto, una chica de toma pan y moja. Viste camisa blanca con corbata naranja, guantes negros y pantalones ajustados.

—Ya hemos llegado. Aproximémonos al buque insignia.

Habla Zack Hammond. Un negro calvo de dos metros. Es el jefe de seguridad, además de ser el encargado de que yo no destroce nada y de que Fluffle no se meta en ningún lío cuando estemos a bordo del buque Meln. Ahora mismo nos encontramos en el puesto de mando de un modernísimo buque fabricado en Sideros hace diez años. Todo cortesía de la tecnología de Sharka… Aunque puede que me equivoque, nunca he sido bueno para los nombres.

Estoy sentado, viendo el espectáculo que ofrece la enorme cristalera frente a mí. El océano está repleto de icebergs, no sé qué ocurrió en ese buque, las comunicaciones cayeron hace demasiado tiempo, lamentablemente nadie se preocupó en investigar a causa de la guerra.

—Todo este jaleo por ese trozo de chatarra.

—La minería submarina es un negocio lucrativo, señorita Daniels; el fondo del mar es una mina de oro según el informe del explorador: cobalto, silicio, osmio, kairoseki… Ahí está. Tenemos contacto visual—Zack ha conseguido encontrar el buque en la lejanía, oculto por enormes bloques de hielo.

—¿Así que ese es el Meln? Impresionante.—Nuestra princesita parece emocionada al ver el enorme buque que surca el mar entre témpanos de hielo de miles de toneladas.

—El Meln. El mayor buque extractor de su clase. Y yo diría que lo han estado celebrando.

—¿Por qué está tan oscuro? No hay luces.

—Lo averiguaremos cuando lleguemos Cabo. Acércanos para establecer contacto. Y aléjate de esos cubitos. Estamos aquí para reparar su nave, no la nuestra.

—Buque Meln, aquí el equipo de mantenimiento de emergencia de Sideros respondiendo a su señal de socorro. Responda, Meln.—El piloto de la nave intenta contactar sin éxito, no estoy seguro qué habrá pasado pero en poco tiempo podremos averiguarlo.

—No creía que una cosa de estas bloqueara las comunicaciones. Con mil personas a bordo, alguien responderá al den-den mushi…—Nuestra informática se muestra bastante despectiva ante el hecho de que las comunicaciones estén muertas.

El sonido de la estática inunda el puente de mando.

—Será una antena averiada. Suena como si tuviera problemas con el codificador. Llévenos allí y lo arreglaremos en 48 horas como máximo.

—Has oído a la señorita. Acércanos. Veamos qué hay que arreglar.–Ante la orden de nuestro ‘querido’ jefe de seguridad, el cabo pone rumbo al puerto interior del buque.

—Rayo tractor acoplado. Acoplamiento automático listo.

De pronto un iceberg perdido impacta en babor y la nave se tambalea sobre las aguas.

—¡Señor! El acoplamiento…

—¿Qué pasa?

—¡Nos hemos desviado! ¡Chocaremos contra el casco!

—¡Activa escudos de protección! ¡Su anclaje guía está dañado! ¡Cambia a manual, Ya!

—¿Dentro del campo magnético? ¿Está loco? ¡Aborte!—el piloto parece a punto de entrar en pánico.

—¡No! ¡Podemos conseguirlo! Cabo. ¡He dado una orden!—Hammond no se rinde con facilidad.

La tensión se vuelve insoportable, nos acercamos a toda velocidad contra el buque, contenemos la respiración y confiamos en el piloto. Finalmente acata la orden de Zack y activa los escudos. La cristalera y el casco de la nave se recubren de gruesas planchas de metal que en teoría evitarán que la colisión alcance el grado de ‘desastrosa’ para nosotros. Un flash acude a mi mente y, de repente siento alivio: Fluffle está durmiendo en la bodega, si no hubiera sido así ahora estaría entrando en pánico. Nos agarramos con fuerza y recibimos el impacto. Es brutal. Durante unos segundos me cuesta enfocar, pero, al margen del caos provocado por la maniobra temeraria, parece que todos estamos bien.

—¿Qué…? ¿En qué demonios pensaba? ¿¡Es que quiere matarnos!?—grita Daniels. Parece que ese culito sexi no es tan duro como pretendía.

—¡Nos he salvado el culo, señorita Daniels! Si hubiéramos parado a esa velocidad y a esa distancia, estaríamos aplastados contra el lateral del Meln. Cálmese y manos a la obra. Cabo. ¡Informe!—Hammond no pierde el tiempo.

—No hay lecturas del repetidor del puerto y hemos perdido las comunicaciones y el piloto automático. Tardaré en solucionarlo.—Responde el cabo haciendo su trabajo.

—Bien hecho, a ver si alguien de la cubierta de mantenimiento nos ayuda.

Mientras ellos hablan, me coloco el casco y me preparo para investigar el puerto. Éste se encuentra en una gran penumbra… espeluznante.

—Adelante. Todavía tenemos trabajo que hacer. En marcha.

A la orden de Hammond, todos abandonan la nave. Yo me dirijo a la zona de carga; allí encuentro metido en una jaula con todas las comodidades posibles a mi pequeño compañero Fluffle, aun está dormido. Pero lo saco. No tarda ni tres segundos en desperezarse y abrazarme, así que lo llevo encima todo el camino hasta la salida de la embarcación, cuando Fluffle se abraza nunca quiere soltarse. Hasta que bajo de la nave. Entonces el muy bribón salta a la barandilla y corretea hacia Kendra.

—¡No perdimos la señal del repetidor del puerto, sino el mismísimo repetidor! ¡Increible! – culito sexy acaricia a Fluffle y se encamina, completamente indignada, hacia la compuerta de acceso, al fondo de nuestra posición. La pasarela en la que estamos tiene sitio para aparcar embarcaciones a derecha e izquierda. Lo curioso es que hay varios paneles doblados y rotos y no hay casi nada de luz.

—¿No habrá energía en ningún sitio? Bleyd, ven y piratea el panel de la puerta.

—Ehm… bueno… sí piratear, ahora mismo.

No me lo pienso dos veces. Pirateo la puerta de un puñetazo con haki. El ruido que se produce al forzar los paneles para separarlos es estremecedor, el metal grita ante la potencia de tracción que está sufriendo. Por fin abro un hueco lo suficientemente grande como para que podamos pasar. La habitación del otro lado se ilumina en cuanto entramos. No hay nada interesante: sillas y bancos junto a maletas abandonadas, parece una sala de espera.

—Todos tenían prisa por hacer las maletas. ¿No crees Hammond?

—Aquí debería haber un equipo de seguridad.

—Bien, pues no está. Aquí no hay nadie. No capto ninguna transmisión.

—La consola de seguridad sigue activa. Bleyd, conéctate a ver qué encuentras. Kendra, haga que ese ascensor funcione. Cabo, controle a Fluffle y evite que saquee esa máquina expendedora.

—Hammond, no hay energía. No puedo.—Kendra está resultando irritante, tiene una facilidad encantadora para frustrar a Hammond.

—¡Restablezca la maldita energía, Kedra! Si todos cooperamos, acabaremos antes con esto. Bleyd, intenta encender la pantalla de ese ordenador.

Asiento con la cabeza y me pongo a ello. Entro en una pequeña cabina para trastear lo mejor que pueda con el ordenador. El informe de daños está resaltado en la pantalla, no sé que ha podido pasar aquí, pero la nave está en muy mal estado, han saltado múltiples alarmas y varias luces de emergencia parpadean en un plano trasversal de la nave.

—Esto… no tiene buena pinta, ha sufrido muchos daños. El sistema de monorraíles está desactivado. Será difícil moverse.—Informo según voy observando daños. Presiono un boton para restablecer la circulación del aire. —Parece que el aire fluye por todo el buque. Ya es algo.

Antes de que pueda respirar tranquilo, las luces se apagan y son sustituidas por una horrible alarma y luces de emergencia. Una alerta de cuarentena salta a la pantalla del ordenador. Mis compañeros miran a todas partes nerviosos.

—¿Qué coño ha sido eso?—pregunta Kendra.

—La cuarentena automática se habrá activado al reiniciar el sistema de filtración.—Escucho el suspiro de alivio de mis compañeros—Tranquilicémonos todos…

—Hammond ¿Qué ha sido eso? ¡¿Lo habéis oído?!— a Kendra le tiembla la voz, parece especialmente nerviosa, cómo no.

—No estoy seguro Kendra…

De repente escuchamos un sonido de fractura, sinuoso pero firme, como si algo se hubiera desprendido del techo. Nos quedamos paralizados, escuchando.

—¿Pero qué leches?—susurra Kendra.

—No lo sé. En esta habitación hay algo…—murmura Hammond.

No tengo tiempo de avisar al cabo. Una sombra entrecortada por la luz de los rotativos se ha posicionado a su espalda. Está armada con lo que parecen ser espadas y las esgrime por encima de su cabeza en una extraña posición… parece como si fuera una especie de mantis religiosa, gigante y espeluznante. Todo sucede muy deprisa, pero percibo la situación como si ocurriera a cámara lenta. No tengo tiempo de reacción. La sangre salpica el cristal de mi habitación y Hammond saca su arma alarmado.

—¡Dios santo! ¡Abrid fuego! ¡Disparad! ¡Kendra! ¡Energía!

—Vamos… vamos. ¡Lo tengo!

—Bleyd, sal de ahí ¡YA!

¿Qué está pasando? La habitación ha comenzado a llenarse de seres… son rápidos y los rotativos no ayudan a visualizarlos. Puedo ver a uno de ellos deslizarse de un salto hasta los conductos de ventilación. Una idea cruza fugaz mi mente: no puedo volver con Fluffle por donde he venido. He de desviarme por una puerta lateral y alejar a esos bichos de él.

Abandono la sala de seguridad. El pasillo exterior está en penumbras, apenas iluminado por chispazos producidos por cables pelados y las intermitentes y anaranjadas ráfagas de los rotativos de emergencia, que fastidian más que ayudan. El ambiente está cargado. Masas de aire caliente, surgen de las tuberías rotas. Corro por el pasillo, que tuerce a mi izquierda, sin ver bien por donde camino. El techo revienta. Me cubro la cabeza del susto. El camino se inclina con un descenso de unos dos metros. En frente, un conducto de ventilación justo a nivel del suelo. El camino vuelve a nivelarse y el pasillo hace otro giro a mi derecha. Allí el suelo está teñido de rojo, justo en la esquina del siguiente tramo. No paro de correr. De pronto oigo un rugido o aullido a mis espaldas. No voy a pararme a mirar… veo la cuesta arriba ante mí, se me hace eterna mientras trato de alcanzar el ascensor que se encuentra en la siguiente estancia. Puedo verlo iluminado por una luz blanca, como si fuera una señal de salvación.

Activo el interruptor del ascensor y siento a mi corazón palpitar dentro de mi pecho mientras las puertas se abren, perezosas, lentas… No puedo esperar más y me arrojo dentro por puro instinto justo en el momento en que una monstruosa criatura intenta ensartarme por la espalda. Golpeo el panel de control del ascensor y éste cierra sus puertas. Suspiro aliviado y me dejo caer al suelo. Sin embargo, el ser no se da por vencido. Introduce sus brazos acabados en cuchillas entre las puertas del ascensor. Las chispas saltan mientras la criatura forcejea y lucha contra la máquina por vencer el pulso que mantienen. El ser empuja con fuerza las puertas, introduce su cuerpo y finalmente lanza las puertas contra sus guías. Sangre y diversos fluidos salen de su cuerpo mientras se agazapa para saltar sobre mí. Cierro los ojos y me cubro la cabeza con el brazo izquierdo cuando las puertas del ascensor se cierran como un par de guillotinas, segando el cuerpo de la criatura y esparciendo sus restos por el suelo.

El ascensor baja una planta y me encuentro en una estancia amplia, iluminada por una tenue luz que proviene de la puerta que se encuentra frente a mí. A mi izquierda puedo ver una mesa de trabajo, tal vez allí pueda obtener algo útil. A su derecha hay un cuerpo humano acuchillado y ensangrentado en diversos sitios, la causa de la muerte sin duda alguna fueron las laceraciones que sufrió, unido a la pérdida masiva de sangre. En un cartel escrito en sangre puedo leer “corta sus miembros”. Tal vez el último aviso de un moribundo en un intento de ayudar a los que vengan detrás de él. Sin embargo, el cartel es revelador. En la mesa de trabajo hay una cortadora de plasma, un dispositivo de doble uso, el cabezal gira poniéndose vertical u horizontal; cuando se presiona el gatillo dispara un haz de luz azul que perfora en línea las superficies.

De repente, oigo gritos de auxilio que resuenan en la estancia. Alguien suplica para que abra la puerta. Destrozo el sello de energía que se encuentra cerca de la puerta bloqueada. La puerta se desliza sobre sus goznes emitiendo el característico sonido del metal arrastrado. Ante mí, un evento que puedo percibir a cámara lenta: un hombre cae de espaldas contra el suelo chillando por su vida, tiene encima una de esas formas de vida tan extrañas. El bicho le arrebata su último aliento. Nada más acabar con la vida del pobre desgraciado, el monstruo se mueve endiabladamente rápido y, de un salto, se ha plantado frente a mí. Retrocedo lo más rápido que puedo. Mi puño se recubre en haki armadura y le atizo un puñetazo justo en el espeluznante rostro. La cabeza sale volando por los aires, pero el cuerpo no se detiene. El terror me inunda, el ser aprovecha mí sorpresa y me clava sus cuchillas en los hombros. Lo embisto para alejarlo y hago que caiga a tierra. Sin pensarlo, saco la cortadora de plasma y le disparo a las malditas extremidades seccionando piernas y brazos.

La monstruosidad deja de moverse en cuanto se queda sin extremidades. Respiro con cuidado y me tapono las heridas producidas por sus cuchillas, cuchillas que han perforado armadura y carne limpiamente. Tengo que encontrar algo con lo que curarme y, sobre todo, alejarme de esos bichos. La curiosidad me puede, así que por el bien del interés científico examino el cadáver… tal vez en un tiempo fuera humano, pero ahora es una especie de quimera putrefacta y maloliente cubierta de sangre. Las mandíbulas se han ensanchado y ha perdido el pelo; las costillas han reventado el pecho y los brazos parecen haber sido suplantados por extremidades óseas que le dan el aspecto de una horrible mantis religiosa. Espera, no, los brazos originales han quedado adheridos al abdomen… solo las muñecas tienen alguna movilidad, como si fueran las repelentes mini manitas de un T-rex. Joder, he visto muchas cosas en mi vida, pero estos bichos son toda una novedad repugnante.

Asqueado, decido continuar mi viaje antes de que se me revuelva el estómago. Además... he de rescatar a Fluffle, tenemos que salir de este espeluznante infierno. Los pasillos son oscuros y el vapor escapa de las tuberías. En mi camino, llego a la sala de control del monorraíl del buque en donde encuentro un archivo de datos, parece que alguien dejó un registro sonoro en él.

—Aquí Benson. ¡Escuchadme! ¡Utilizan los respiraderos para moverse por la nave! Manteneos alejados de ellos…
—¡Cuidado!
—¡Regresad! ¡Regresad!
—¡guahhhhh!

La estática inunda el resto de la transmisión. Está claro que fueron atacados, pero a juzgar por la ausencia de cadáveres, seguramente consiguieron huir…  Un pensamiento pasa rápido por mí mente y me pregunto: ¿podría ser el hombre que vi morir ante mis ojos hace apenas unos instantes? Despejo mi cabeza y alcanzo la sala de control, que se encuentra en penumbras. La radio de la armadura se activa con una transmisión.

—¿Bleyd? ¡Bleyd! Increíble, lo ha conseguido. —Es Kendra, junto con Fluffle y Hammond.

Puedo verles en la proyección que surge de la radio y al fondo de la sala a través de una cristalera. Acaban de llegar a la estación del monorraíl, yo por mi parte estoy en la sala de control de este sin forma de llegar hasta ellos desde mi posición actual.

—Bleyd, nos hemos topado con más de estas cosas de camino. ¿Estas bien?—me pregunta Hammond, aunque tampoco parece muy preocupado.

—Si, Hammond, estoy bien… unos rasguños nada más.

—¡¿Más qué?! ¿Qué narices son esas cosas? ¡¿Son la tripulación?!—Kendra sigue alterada, parece que vive alterada.

—¡Baja la voz niña! Sean lo que sean, no parecen amistosos. —Hammond la sermonea, estaría bien que fuera capaz de relajarse y concentrarse antes de sacarle de quicio—Muchas puertas de la nave están bloqueadas por la cuarentena. Hay que llegar al puente, pero habrá que reparar el sistema de monorraíles.

—Estas loco. Hammond. Vas a hacer que nos maten a todos.—Ella insiste.

—Si me escucha, la sacaré de aquí con vida. —Hammond continúa. —¿Qué pasa con el monorraíl?

—El panel de datos está frito pero habrá otro en la plataforma de mantenimiento.—Comento ignorando los nervios de mi compañera.—Y hay un monorraíl estropeado bloqueando el túnel, habrá que repararlo. ¡Maldita sea! Todo está al otro lado de la cuarentena. No podemos llegar desde aquí.

—Nosotros no podemos. Pero tú sí. Bleyd. Si llego al puente, tendré acceso a los archivos del personal. Arregle el monorraíl y te ayudaré a encontrar a Erika.

—Dalo por hecho Hammond, cuidad a Fluffle. Volveré lo antes posible. Bleyd, cambio y corto.

Con toda la conversación no he tenido tiempo de examinar la sala. Así que aprovecho antes de ponerme en marcha. Es rectangular, con cristaleras que dan visión a la zona del monorrail. Su inmenso hueco me separa de mi adorable Fluffle… y de mis compañeros. Tengo un par de máquinas expendedoras de refrescos y una toma de ventilación, es un punto de riesgo desde que sé que esas criaturas los usan para moverse, así que me alejo de él. Encuentro algunos berrys y munición para la cortadora de plasma en unas taquillas al fondo junto a la puerta que me lleva a mantenimiento.

El camino se bifurca en dos direcciones, no sé por dónde ir, así que me decido por tomar el de la izquierda. Multitud de maletas y trastos están tirados por el suelo, incluso una de esas criaturas está tumbada y retorcida en una posición inhumana. No me confío, alguien tiene que cuidar de Fluffle, así que disparo antes de acercarme. Mis sospechas son correctas. La monstruosidad se levanta visiblemente hostil, no es un gran problema ahora que sé cómo eliminarlas.

“Benson, ingeniería de monorraíl. Hemos dado con su punto débil. ¡Smith ha matado a uno! Olvidaos de dispararles en el cuerpo, tenéis que cortar las extremidades. Conseguid algún objeto cortante. ¡Despedazadlos!”

La transmisión del archivo sonoro se acaba con un corte limpio, se encontraba debajo de la criatura que acabo de abatir. Me alegra ver que Benson sobrevivió para seguir transmitiendo su sabiduría. Pero por desgracia para mí este camino es un callejón sin salida y he de volver sobre mis pasos para continuar por el camino de la derecha.

La puerta que se abre hacia mantenimiento me deja una horripilante sorpresa… Un cuerpo cae desde el conducto de ventilación, justo sobre mí. No sabría decir si estaba allí escondido o si algo lo arrastró a las alturas. El cuerpo está desfigurado y mutilado, le han arrancado el rostro, tiene el abdomen abierto y se ve claramente que los órganos internos no están. Apesta a  descomposición... todo el lugar apesta. Prefiero bajar corriendo la cuesta, antes que soportar semejante tufo.

La zona por donde pasa el monorraíl está limpia de cuerpos… o eso pensaba, hasta que la puerta de acceso que me lleva al nuevo sector revela el cadáver de un desgraciado y un monstruo, el primero decapitado y el segundo partido por la mitad. El causante de la atrocidad: la puerta corredera, sus circuitos se han averiado y se abre y cierra violentamente machacando una masa viscosa que puede que en algún momento fueran las vísceras de las víctimas. Debió de partir al monstruo por la mitad cuando este arrastraba la cabeza de su trofeo, no sé muy bien cómo haré para cruzar…

La puerta automática se torna de color azulado cuando la energía del dispositivo de estabilización la golpea. La velocidad a la que se mueve se reduce y me permite el paso. Puede que no sea muy honroso registrar a los muertos, pero en situaciones de guerra un registro puede salvarte la vida… y el último cadáver me ha proporcionado este dispositivo. No sé que habría hecho sin él.

Asciendo por una cuesta en dirección a la zona de reparaciones. El camino es tétrico, pero por fortuna nada se interpone en mi camino, sólo la oscuridad y un par de desvíos bloqueados por la cuarentena.

La sala de reparación es rectangular, con un sistema de pinzas que se estiran y enganchan el vagón averiado para traerlo al muelle y dejar libre la vía, por desgracia no consigo que uno de los brazos se quede en su sitio, parece que está estropeado. Tendré que buscar cómo repararlo, así que registro la sala buscando un manual o algo que me indique cómo conseguir que esa chatarra se mueva. Encuentro un data pack encima de una mesa auxiliar.

“Atención, el coche ocho ha chocado. Lo hemos traído a la zona de reparación pero el cargador automático está frito. Un módulo de estabilización aquí... ¡Ya! Si no sacamos esa mierda de las vías ¡colapsará todo el sistema!”

Ahora lo entiendo, parece que sólo tengo que activar el gancho que funciona y después el estropeado… y, cuando enganche, ralentizarlo con el estabilizador. Dicho y hecho. Las pinzas se quedan en su sitio el tiempo suficiente para activar la secuencia y logro retirar el vagón estropeado.

—Sustituyendo el monorraíl averiado. Espere unos segundos. —La voz surge del sistema de la nave. Es un fantástico aviso para las criaturas ocultas.

Un ruido sordo resuena en la sala y una marea de esas criaturas comienza a salir de los respiraderos a toda pastilla. No pienso quedarme para ver si quieren invitarme a cenar, así que salgo de la sala como alma que se lleva el diablo, en dirección a la sala de control del monorraíl pasando por la puerta averiada. Estoy casi seguro que no podrán cruzar esa guillotina sin un módulo de estabilización. O eso espero.

—Bleyd. ¡Lo has conseguido! El monorraíl bloqueaba todo el sistema. Cuando conectes el ordenador, podrás enviarnos el vehículo desde la sala de control. Cuanto antes, mejor. Oigo algo arrastrarse ahí fuera…

A duras penas percibo el mensaje de Kendra mientras corro… sólo cuando traspaso la puerta asesina me tomo un momento para respirar. Estoy sin aliento y me arden los hombros justo donde me han clavado esas garras.

—Vamos ¡no me jodas!

Desde el suelo, a través de una trampilla, están saliendo más criaturas. Menos mal que estas son lentas y poco numerosas. Pero hay algo más. Una de las criaturas parece diferente: se desplaza tumbada y no tiene piernas, en su lugar tiene una cola que termina en una cuchilla de hueso; se mueve a una velocidad asombrosa, incluso se impulsa hacia delante con gran efectividad… Parece un escorpión gigante. Será mejor que deje de asombrarme y la destroce antes de que me convierta en su cena.

—Bleyd, me colé en el sistema de seguridad de la cubierta. He desbloqueado la puerta de la plataforma de mantenimiento. El panel de datos debería estar por ahí.

—Gracias, Kendra… cuida de Fluffle, por favor. Ahora estoy un poco ocupado para atenderte.—Por fin una buena noticia.

—No te preocupes, no va a pasarle nada. Por cierto, la puerta del almacén está bloqueada. Puede que encuentres una llave en la plataforma de mantenimiento.

Despacho a las criaturas con ayuda de la cortadora convirtiéndolas en una pestilente masa de vísceras, sangre y carne putrefacta y desando mis pasos hasta la bifurcación, hasta el callejón sin salida. Gracias a Kendra, el ascensor inoperativo funciona, así que me precipito a su interior deseando encontrar el panel de datos necesario para poner en funcionamiento el dichoso monorraíl.

El ascensor abre sus puertas y me revela una estancia con múltiples pasarelas, incluso hay un vagón de monorraíl suspendido del techo que no parece muy seguro. Exploro la sección y puedo ver un contenedor inflamable tirado en el suelo de la pasarela, tal vez sea útil…

Los respiraderos acaban de estallar en una lluvia de fragmentos y tres criaturas humanoides me han emboscado: delante, detrás y a la izquierda… tengo a la derecha la pared, no tengo mas forma de pasar que por encima de sus pestilentes cadáveres. Me lanzo a la carrera por la izquierda, embisto a la criatura y me preparo para reducirlas en cuanto llegue al extremo opuesto de la pasarela, donde se encuentra el montacargas. Lo activo y me vuelvo para ver a los monstruos que se me acercan babeando, uso el módulo de estabilización sobre la primera, se ralentiza y bloquea el paso de las otras facilitándome el blanco. Disparo al contenedor… una, dos, tres veces, hasta que por fin le acierto y detona. Se produce la deflagración unida a una onda expansiva y lanza a las criaturas por encima de las barandillas precipitándolas al vacío.

La zona es bastante amplia, al fondo puedo ver la sala donde se encuentra el recambio del módulo de datos pero, como bien dijo Kendra, está cerrado. Tengo que encontrar la llave de acceso, así que opto por subir en el montacargas, en este nivel no he visto nada, tal vez tenga más suerte en el piso superior. Me elevo sobre mi anterior posición. Esta sección del complejo es mucho más pequeña que la inferior, tan solo una pequeña habitación al fondo. Muevo un cuerpo tirado en el suelo y finalmente encuentro lo que andaba buscando: la llave.

Vuelvo a la planta de abajo y me adentro en la estancia del panel de datos, con él en mí poder ya puedo regresar a activar el monorraíl. Una llamada entrante me sorprende en el momento en que salgo de la habitación, otra vez Kendra:

—¡Eso es, Bleyd! Trae el panel hasta el control de monorraíles e introdúcelo en el sistema informático. Se supone que con eso volverá a funcionar.

Camino por el complejo eliminando a las criaturas que surgen una tras otra… este desastre se está empezando a convertir en rutina. Por suerte no parecen coordinarse, aparecen esporádicamente, como vagabundos errantes. Freno su movilidad seccionándoles las piernas y cuando caen al suelo remato arrancándoles los brazos, es sencillo y efectivo, es casi como una coreografía. Con este sistema, consigo volver a la sala del monorraíl y conecto el panel en el ordenador de control.

—Sistema de monorraíles del buque reiniciado. Los vagones están operativos. Monorraíl llegando a la cubierta de atraque.

Los altavoces de la nave responden ante mis acciones informando de lo que acontece paso a paso en su sistema.

—Genial, ya estamos a bordo, vamos dirección al puente. Buen trabajo Bleyd.—Dice Hammond.

—Cuarentena levantada.—Escucho el aviso por megafonía.

—Qué raro… Se ha levantado la cuarentena… ¿Qué opinas Hammond?—Kendra duda de la transmisión.

—Lo que hubiera en la cubierta de atraque se habrá ido. Mejor para todos.—Hammond es impasible, no parece querer dar importancia al aviso.

—Vuelve a la zona de embarque y prepara el vehículo para navegar. Averiguaremos lo que podamos en el puente y te veremos allí.

—Si llegamos vivos.—Kendra suspira frustrada—Esto es demasiado hasta para ti, Hammond. ¡Es un suicidio! Vamos… a morir aquí.

—Ya se ha encargado de hacerme saber que no confía en mí, señorita Daniels,—Hammond se enfada, le está costando gestionar las dudas de la señorita.—Pero tengo una misión que cumplir y es exactamente lo que voy a hacer. Con usted o sin usted. ¿Me explico?

—Sólo sáquenos de aquí con vida.—Ella se rinde al fin.

La transmisión se corta, pero puedo ver por última vez sus rostros. Mi querido Fluffle descansa en la cercanía de Hammond; por suerte, parece que ellos no han tenido muchos problemas. Aseguro la sala y me tomo unos momentos para curarme las heridas, con tanta historia he pasado completamente de atenderme como está mandado, me toma un buen rato quitarme la armadura y curarme las heridas, finalmente Hammond contacta conmigo.

—Bleyd, llegamos al puente. Esto es una pesadilla… No hay supervivientes. Vamos a intentar acceder al ordenador del centro de mando. Deséanos suerte.

—“Suerte, chicos…” suspiro.

Es sobrecogedor, pero me pongo en marcha. Los pasillos son un hervidero de sonidos y sombras moviéndose, pero no paró hasta llegar a la embarcación, el truco está en seguir adelante sin pensarlo. Entro en su interior huyendo de una de las criaturas con forma de escorpión, cierro la puerta y me tomo unos segundos para respirar aliviado. Entonces descubro algo terrible: el casco se encuentra en estado crítico y le quedan dos telediarios… tal vez menos… mal asunto.

Un ruido atroz. Calor. Un estallido… todo sucede demasiado deprisa. Me precipito hacia la puerta. Una deflagración. Luz cegadora, un zumbido en mis oídos. Abro la puerta casi arrancándola del fuselaje. La embarcación explota en una bola de llamas. Desapareciendo en el dique del Meln. Por mi parte, salgo despedido un par de metros y aterrizo contra el suelo rascando la pintura de la armadura. Saltan las alarmas.

—¡Alerta! Colisión en la plataforma principal del hangar. Notificada a los servicios de urgencia. —Los altavoces resultan sarcásticos.

Intento levantarme y las veo, una horda de criaturas acaban de aparecer en la plataforma atraídas por el ruido. Me encanta tener compañía.
Los gritos de las criaturas se funden con el sonido de mis disparos.

—¿Qué ocurre ahí abajo? ¿Qué ha pasado con la embarcación?—Hammond, esto es el colmo, voy a necesitar siete brazos para atender a la videoconferencia y a los monstruos.

—Es nuestro billete a casa. La única salida de esta nave…

—Kendra… Hammond. —Grito perdiendo los nervios en medio de la masacre.—La embarcación se ha ido a pique, los motores y el casco estaban demasiado dañados por el impacto… Estamos atrapados y yo ademas estoy jodido.

Algo está pasando al otro lado del comunicador. Intento prestar atención, pero tengo que mantener a esos monstruos a ralla. Así que apenas puedo escuchar su confusa conversación entre mis compañeros.

—Kendra…

—¡No, Hammond! ¡Esto lo cambia todo!

—¡Déjeme pensar! ¿Puede acceder al ordenador del centro de mando?

—….. Esto tiene mala pinta. Hay un bloqueo ejecutivo de todos los sistemas principales. Necesitamos la autorización del capitán para acceder a ellos.

—¿Y bien? ¿Dónde está el capitán, Daniels?

—Aquí está. Capitán Benjamin Mathius. Ubicación… laboratorio. Estado… fallecido.

—¿Qué? ¿Cómo?—Hammond está visiblemente sorprendido por no decir en shock. Se nos empiezan a acumular los problemas y yo sigo atrapado a la espera de que se pongan de acuerdo y tomen una maldita decisión.

Otro escorpión volatilizado… como tarden mucho acabaré sirviendo de merienda para estos bicharracos.

—No puedo acceder a esta información. Encuentre al capitán y tendrá su chip. Con sus códigos de autorización, podré entrar en el ordenador.—Kendra al fin parece tener una idea.

—¡Maldita sea!—parece que Hammond ha tomado una decisión—Bleyd, mandaré el monorraíl hasta tu posición. Ve a la cubierta médica y encuentra ese maldito chip.

—De acuerdo, encontrare ese maldito chip, ustedes cuídense y protejan a Fluffle.

—¿Qué fue eso?—la voz de Kendra suena alarmada.

—¡Mierda! ¡Vamos, sal de ahí Kendra!

La transmisión se corta. Lo último que puedo ver es a una criatura saltando sobre la silla en la que se encontraba Kendra unos segundos antes. No hay forma de saber qué demonios ha pasado. Al menos no hasta que encuentre el chip y pueda reunirme con ellos. Así que me pongo en marcha. Camino de regreso, dirección al comienzo de este Infierno, hacia el lugar donde me separe de Fluffle. Ahora puedo acceder a la sección del barco donde mi querido amigo y mis compañeros se encuentran. Espero llegar pronto.

Cruzo el pasillo hasta el ascensor y bajo de nivel a la zona del monorraíl. La estancia no es más que una pequeña zona de descanso con poco más que una docena de bancos. El andén es bastante grande y da acceso a los vagones del monorraíl. En un hueco en la pared, veo un extraño dispositivo, de unos dos metros de altura por uno de ancho y profundo, cuando me acerco se despliega un panel táctil con diversos materiales disponibles…

—¡Que me aspen! ¡Es una tienda!—Munición para la cortadora de plasma, un rifle de asalto militar con un elevado índice de disparo, mejora de armadura… me siento afortunado.

Me decido por munición para la cortadora, lamentablemente no tengo suficientes berrys para obtener nada más y esta maldita tienda no me deja sacar nada sin meter saldo primero. ‘Ventajas’ del progreso. Subo al monorraíl y parto hacia la zona médica en busca del cuerpo del capitán Benjamin Mathius.


Última edición por Bleyd el Mar 22 Ago 2017 - 18:09, editado 1 vez
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Lun 21 Ago 2017 - 19:17

CAPITULO 2: CUIDADOS INTENSIVOS.

Bajo del monorraíl después de un breve y veloz trayecto. La estación del departamento médico está bastante iluminada y limpia. Bueno, salvo por un cadáver ensangrentado en medio del camino , una mujer viva a su lado y varias bolsas para cuerpos en la zona de espera. Lo que es más preocupante es la  mujer, parece que está atendiendo al difunto y habla con él. Me apresuro a socorrerla con una luz de esperanza en mi pecho, tal vez pueda encontrar a Erika Konstantine, mi vieja amiga de misiones.

—Shhh, shhh todo en orden. McCoy… Ya está aquí… No hay nada que temer… Sabía que volverías… Como dijiste… He guardado esto para ti.

Su voz es entrecortada, el cansancio y el dolor han hecho mella en ella, es obvio que me confunde con otra persona. En cuanto me acerco, me ofrece un objeto que saca de su bolsillo pero que cae al suelo resbalándo de sus manos al mismo tiempo que ella se derrumba.

—¿Puedo…irme ya? McCoy quiere…, llevarme…, a los botes de salvamento…

Me apresuro a tomarle el pulso, pero ha fallecido. Examino su cuerpo en busca de la causa. Entonces me doy cuenta de algo estremecedor: no tiene ojos, algo o alguien se los ha arrancado. La falta de tratamiento provoco una infección letal. Parece que resistió un tiempo, seguramente a fuerza de voluntad. Me gustaría poder darle un entierro digno, pero lo único que puedo hacer es depositar su cuerpo en los sofás de la estación para que descanse.

Después, recojo el objeto que dejó caer al suelo. Parece ser una especie de rayo tractor, acoplándolo en el guantelete izquierdo puedo atraer objetos y mantenerlos en el aire a medio metro de mí, además tiene una opción para lanzar las cosas atraídas a gran distancia… puede resultarme muy útil en esta misión. Sin perder más tiempo, me pongo en marcha hacia la zona médica, el camino está ensangrentado por todas partes, hay bolsas de cadáveres apiladas y desperdigadas en los lugares más inesperados, esto es una catástrofe, además de una locura. Entro en el pabellón médico y me da un vuelco el corazón. Hammond no ha podido elegir un lugar más adecuado para llamar por sorpresa. El día menos pensado me va a matar de un infarto.

—¿Bleyd? ¿Estás ahí? ¡Nos han atacado! ¡Kendra y Fluffle han desaparecido! Estaban aquí, y después… No puedo creer que los haya perdido. Podemos lograrlo. Consigue los códigos del chip del capitán y encontraremos a Erika.

—Hammond…—Encima malas noticias, esto empieza a mosquearme seriamente—busca a Fluffle y encuéntralo o estas cosas serán el menor de tus problemas.

—Está bien, lo haré. Por otro lado—creo que ha pillado la amenaza, al menos intenta cambiar de tema—parece que la tripulación bloqueó la puerta del ala de urgencias. Vuélala para llegar hasta el depósito. Coge explosivo termita del almacén médico y un desfibrilador portátil de la zona de terapia, seguro que puede suministrar la energía suficiente para detonar el explosivo. Debería estar pasillo abajo.
—De acuerdo… Cambio y corto.—suspiro… creo que Hammond me ha tomado por un boy scout o algo por el estilo…

Me acerco a ver la barricada. Es una buena construcción, multitud de planchas metálicas apuntaladas y soldadas. Pero, dadas las circunstancias, es evidente que es para evitar que algo salga, no para evitar que algo entre. No me cuesta mucho usar el haki armadura para golpear el metal y hacer que toda la estructura se combe y desestabilice hasta ceder. Los golpes resuenan en la estancia y con cada uno aprieto los dientes deseando que ninguna de esas criaturas lo escuche. Derribo la barricada sin incidentes y me dedico a examinar la sala al tiempo que espero. Si las criaturas han escuchado los golpes, seguramente vengan como moscas a la miel.

Localizo un ordenador y con una oreja puesta en el ruido ambiental, lo activo con curiosidad esperando que su contenido arroje algo más de luz acerca de las preguntas que flotan sobre el incidente.

“Por fin conseguí que Jurgens me mostrara la señal de video de la colonia. Y lo que vi fue glorioso. Imponente. Los mineros se transformaban en algo extraordinario. Tengo que saber más… Incluso el creyente dentro de mí quiere convertirse en uno de ellos… Y el científico desea descubrir sus secretos. Tengo que estudiar uno de esos necrótidos, nombre clínico con el que los bautizó Kyne. Necesito ser testigo de esta infección… Quizás aquel paciente de la colonia…”

El mensaje ha sido corto y aterradoramente esclarecedor, para mi fortuna las criaturas denominadas necrótidos no han aparecido. Por otro lado parece que aun puedo acceder a algún otro archivo. Así que sigo investigando con un archivo sonoro:

—Has encontrado algo ahí abajo, ¿verdad?
—Sí… encontramos algo…
—¡Así que los textos decían la verdad! Todo este tiempo…
—Yo no estaría tan seguro de eso. No había nada divino en lo que yo vi.
—¡Tenemos que asumirlo! ¡Somos los primeros testigos!
—Mathius no dejará entrar a nadie en la colonia. Está en cuarentena hasta que sepamos algo más.
—¡Al Infierno con el capitán! Él mejor que nadie debería saber que esto es más importante que él o la misión, incluso que Sideros. ¡Esto es nuestra liberación!
—¡Deja de gritar de una vez! Hay gente muriendo ahí abajo…
—Sólo los despreciables y los infieles. Pero yo tengo fé. Terrence, ¿tú tienes fé? ¿la tienes?

El siguiente archivo es un vídeo que reproduzco sin miramientos:

—¡Por dios santo! ¿Qué pasa ahí abajo?
El hombre que habla parece ser un oficial médico, seguramente un alto cargo.
—Ha dado en el clavo, doctor. Es obra de Dios.
La cámara hace zoom en su interlocutor y revela a una persona bien trajeada, con gorra; por sus galones puedo deducir que se trata del capitán de la nave. Perfecto, así sabré identificarlo cuando lo vea.
—No estoy tan seguro… Seguro que los problemas de la colonia están relacionados en cierto modo con el Poneglyph.
—Puede dar por hecho lo que quiera, pero yo no lo haré. El Poneglyph es glorioso, divino… ya lo sabe.
—Los caminos del Señor son inescrutables…
—De todas formas, mañana lo tendremos a bordo, y podrá investigar lo que quiera. ¿Por qué está tan preocupado?
—¿Preocupado? Capitán, la gente se muere ahí abajo. Se matan unos a otros. ¿Es esta locura la “transformación” que nos enseña la uniología?
—Doctor… Terrence… Siempre hay un riesgo cuando las apuestas son altas. Y aquí son altísimas. Podría cambiarlo todo.
—Por eso me preocupo.

Después del vídeo aparece una información seguramente escrita por el mismo doctor.

REGISTRO PERSONAL
DR. KYNE. T. [DIRECTOR CIENTÍFICO]

Los registros de vídeo de la colonia son de baja calidad, pero el artefacto parece ser un Poneglyph auténtico, ansío el momento de subir al batiscafo y estudiarlo con más detenimiento.
El potencial es incalculable. No solo para mí, aunque es cierto que he soñado con un descubrimiento de esta magnitud durante décadas, sino para Sideros y para la Iglesia de la Uniología en particular.
Este Poneglyph puede suponer el comienzo de una nueva era para la humanidad, y yo contribuiré en lo que pueda a que así sea. Sé que la iglesia lo agradecerá, pero el verdadero reconocimiento será de toda la humanidad. En este día, somos bendecidos.

Archivos y más archivos… Quien fuera el responsable de este ordenador recopiló todo lo que pudo… Pero ¿con qué objetivo?. Sigo investigando.

REGISTRO MÉDICO
Dr. Warwick (Director psiquiátrico)
INFORME DE OBSERVACIÓN PSIQUIÁTRICA
PACIENTE: HARRIS, B. (EMPLEADO #PN-19026-EH)

Harris duerme tras la ingesta de un fuerte sedante. Parece literalmente incapaz de dormir sin ayuda química. La mayoría de la gente sucumbe al agotamiento después de cincuenta horas de vigilia, aunque pretendan permanecer despiertos. Pero Harris no.
Su explicación de los eventos de la colonia es también muy extraña, y apunta al mismo tipo de paranoia que hemos visto en la colonia. Sin duda, es culpable ya que dos agentes de seguridad estaban presentes cuando tomo como rehén al profesor Sciarello y asesinó a la enfermera Evans, y no niega sus acciones. Pero insiste en que no fue un crimen y no se siente culpable.
Es el clásico comportamiento sociópata, pero Harry no muestra síntomas. Es amable y afectuoso, capaz de empatizar y expresar emociones. Sin embargo, si se le pregunta por el asesinato, se muestra retraído e intransigente, y muestra un comportamiento esquizoide, Sufre también períodos intermitentes de alucinaciones, de nuevo similares a los experimentados por otros colonos.
Harris afirma que amenazó al doctor porque “tenía que poner fin a los sueños y a las caras”,  que mataría de nuevo para “devolvernos a la vida”. Aún no he determinado su significado. Es un caso de lo más fascinante.

Doy por terminada la lectura, visionado y audición de los informes  y suspiro aliviado al comprobar que aún en mi estado de absorción informativa no parece que ninguna de las criaturas se haya dignado a hacer acto de presencia. Qué decepción. Abro conversación con Hammond, el único que está en línea desde hace rato… temo por la integridad de Daniels y, sobre todo, de Fluffle.

—He despejado el camino Hammond, voy a por el chip.

—Bleyd. El camino hasta el depósito estará despejado. Recuerda, los códigos están en el cadáver del capitán.

La puerta que conduce a la morgue es doble y sus hojas se desplazan sobre el suelo a derecha e izquierda permitiéndome el acceso. No doy ni dos pasos cuando encuentro un registro sonoro brillando en un rincón. Más información.

—Aquí la oficial médico superior, Erika Konstantine, transmitiendo para todo el buque. ¡Necesitamos ayuda! No tenemos recursos para atender a tantos casos. Nadie nos dice qué ocurre, estas heridas… No tenemos el equipo necesario para esto… Dios mío… ¡Pónganlo en la mesa! ¡Sujételo! ¡Enfermera, sujételo!
—¡AHHHGGG!
—¡Dios! ¡Fin de la grabación!

—Bleyd, aquí Hammond.—su voz interrumpe el silencio sepulcral en el que el audio me ha sumido—Era Erika, ¿verdad? No veo desde aquí cuándo se hizo ese registro… Seguro que está por alguna parte.

—Eso espero Ham…  eso espero.

Corto la transmisión y corro por los oscuros pasillos apenas iluminados por las luces de emergencia. Accedo a la sala de espera, que se encuentra pobremente iluminada, huellas de manos ensangrentadas y escritos de ayudadme están en las paredes por todas partes. Se me revuelve el estomago de rabia y asco pensando en lo que puede haber pasado. Pero no he de desanimarme, si no avanzo no ayudaré a nadie. Me interno en la morgue, radiografías salpicadas de sangre, mesas de operaciones teñidas de rojo escarlata, pero ningún cuerpo en ellas. Da mala espina.

De repente, una salva de proyectiles silba a mi lado. La presencia de un flexo me salva de quedar ensartado. Miro a mi alrededor, en la pared cerca del techo una pequeña criatura del tamaño de un perro se encuentra disparando espinas de hueso a través de tres largos y prensiles cartílagos que salen de su espalda. El ser es amorfo y tiene el rostro de un niño pequeño… aunque está deformado, se pueden apreciar esos rasgos infantiles tan característicos.

Apunto y disparo, la criatura recibe el impacto en el cuerpo sin inmutarse; sin embargo un tiro afortunado secciona uno de los apéndices mermando su fuego y haciendo que los retraiga en su interior antes de huir por un conducto de ventilación. Aprovecho el momento para salir de la sala en dirección a mi objetivo, total, a enemigo que huye… puente de plata ¿no?

Las puertas del pasillo se abren y al fondo puedo ver huir a mi ‘pequeño amigo’, pero no es más que una trampa: vuelve con refuerzos, un necrótido de los de forma humana… Ralentizo al más grande con el dispositivo de estabilización y le arranco un brazo. El pequeño despliega sus tentáculos cuando estoy atrapando con el rayo tractor la cuchilla cercenada de mi enemigo. Soy un segundo más rápido; le disparo con la hoja de hueso empalándolo en el suelo, un par de disparos y desmembramientos después he conseguido abatir a los dos atacantes.

La instalación es un matadero: sangre por todas partes, camillas destrozadas, restos de cadáveres… El olor a sangre no me es desconocido, pero esto se sale de lo habitual y es sumamente desagradable.

“¿Hola? ¿Alguien puede oírme? Me llamo Eileen Fisk. Acabo de despertarme y todo el mundo ha desaparecido… No sé que ocurre… ¿Por qué se han ido? Intentaré encontrar a alguien… Si alguien oye esto, por favor, vengan a por mí… Oigo algo arañando las paredes… ¿Ho…Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Eres médico? Por qué todo el mundo… Espera, yo te conozco. ¡Tú eres Harris! ¡El prisionero de la colonia! Tú mataste a aquella enfermera… ¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude! ¡Por favor! ¡Por favor!”

La transmisión se corta de repente, tal y como ha comenzado, con la suplica llena de terror de Eileen. Guardo el registro sonoro, estaba tirado en el suelo cerca de una camilla, esperaría que sobreviviera pero quién sabe si Harris no se cobró una nueva víctima. El pasillo está saturado de fluidos y algún que otro cuerpo totalmente destripado, no me detengo a examinarlos… Continúo sin mirar atrás.

Casi he llegado, un par de salas más y alcanzaré mi objetivo.  Acabo de encontrarme con una mujer, de espaldas, pienso que es una medico superviviente hasta que la oigo, riendo como una histérica mientras disecciona con una sierra de mano un cuerpo que se agita débilmente. Vuelve su rostro hacia mí, su expresión es vacía, sin vida, carente de toda emoción, escalofriante. Sin mediar palabra, se degüella ella misma con la sierra, su cuerpo cae al suelo entre estertores en un desesperado intento de conseguir aire. Nunca me había dejado una tía sin habla de esta manera. Maldita sea… el destino parece emperrado en ponerme las mieles del éxito delante para arrebatármelas:

El cuerpo que se encuentra en la mesa está despellejado del todo, ha sido sometido a una tortura brutal. La mujer le abrió las costillas exponiendo los pulmones y le extrajo parte de los intestinos, todo ello manteniéndolo con vida… Lo único que puedo sentir es auténtica lastima por el pobre diablo. Pero no todo es una pérdida, encuentro otra pieza del puzzle de la historia de esta nave.

REGISTRO MÉDICO
DEL: DR KYNE, T (DIRECTOR CIENTIFICO)
ATN: CAPITÁN MATHIUS, B

Benjamin:
Después de nuestra última conversación. Debo pedirte que retrases la extracción del Poneglyph del fondo oceánico un día o dos.
Sabes que me interesa más que nadie el estudio minucioso, y comprendo tu urgencia teniendo en cuenta los acontecimientos de la colonia, pero te lo pido porque lo que está ocurriendo aquí es tan… incomparable, sin precedentes… En resumen, necesito tiempo para estudiar las causas y sus efectos. A raíz de un debate que he tenido con el Dr Mercer, me gustaría reunirme con los Drs. Sciarello y Welland para estudiar sus observaciones.
Terrence.

Eso fue todo lo que pude sacar del registro… lo que está claro es que aquí se juntaron demasiados intereses religiosos y todo se fue al garete… Continúo mi camino, el pasillo sigue ensangrentado pero está bien iluminado y nada se encuentra en su superficie, a excepción de otro fragmento sonoro. En el momento que lo recojo, un aullido revienta los cristales de ambos lados del pasillo, la sucesión de las roturas indica que procede de algún lugar justo delante. No tengo ninguna gana de ver qué demonios ha podido generar semejante onda sónica.

Registro científico, del director general del departamento científico.
Dr. Kyne. Estoy muy preocupado por los problemas de la colonia. Sé que están relacionados de alguna forma con el descubrimiento del Poneglyph, pero desconozco la naturaleza exacta de esa conexión. Casi el 40% de los colonos experimenta alguna forma de demencia. Los síntomas obvios son depresión aguda, insomnio y alucinaciones. El índice de violencia, incluso asesinatos, indica paranoia extrema. El Dr. Mercer ha recomendado subir algunos afectados a bordo para su estudio. El Dr. Welland, el psiquiatra de la colonia, ha informado de que su análisis ha sido fructífero. Me preocupa depender del Dr. Mercer en este momento, pero necesito su experiencia. Necesitamos una solución y rápido.

Entro finalmente en la morgue. Al fondo, tras una cristalera puedo ver el cadáver del capitán de la nave. Estaría contento de verle si no tuviera encima a una de esas asquerosas criaturas. Abro fuego con la cortadora de plasma, el cristal soporta los disparos, seria un desperdicio de munición reventarlo. Observo en silencio el desarrollo de la situación para aprender un poco más sobre mi enemigo. Parece una manta raya, uno de esos animales marinos, pero en vez de nadar vuela agitando sus alas en una imitación que resulta burlesca. Zarandea el cadáver en el aire hasta que lo rodea por completo y cae a tierra. Veo como le clava un apéndice que sale de su boca justo en el cráneo, las embestidas son violentas y con delicadeza cero. Me siento impotente. La manta se retira y el cuerpo del capitán muta ante mis propios ojos. El estómago revienta, los brazos generan un segmento más, los huesos se fracturan y forman las cuchillas en las manos, en cuestión de segundos, la nueva criatura está formada y en pie, dispuesta a matar.

Pero el monstruo es distinto de todos los que he encontrado hasta ahora: tiene un color negro tirando a púrpura, un color característico que conozco demasiado bien… Todo su cuerpo esta imbuido en haki armadura y parece de alto nivel. Esto no me gusta nada.

Con una embestida, revienta el cristal y se me planta en frente antes de que pueda siquiera apuntar. La monstruosidad salta contra mí con sus cuchillas por delante, tiene la intención de ensartarme sin ninguna contemplación. Rápidamente interpongo entre nosotros una de las mesas de disección, las cuchillas atraviesan el metal como si fuera papel al tiempo que retrocedo hasta la pared, las patas de la mesa impiden que su cuerpo pueda alcanzarme. La abominación se esta abriendo paso por el metal de la mesa abriendo un boquete. Golpeo el brazo izquierdo con haki directo a la articulación del codo, en sentido contrario al que se dobla a ver si se parte. La carne podrida y el hueso se comban en un angulo inhumano, el monstruo ni se inmuta. Me hago con su brazo roto y se lo atravieso en el cuerpo haciendo que la cuchilla salga por el cráneo.

La criatura logra apartar la mesa y atacar, sin protección consigue atravesarme el pecho a la altura de la clavícula con su brazo libre. Arrima su rostro en descomposición a mi casco y abre sus fauces apestosas. Trato de ignorar el dolor lo mejor que puedo y le vacío a bocajarro el cargador de la cortadora de plasma justo en la rodilla. Oigo un intenso crujido cuando le cerceno la pierna. El puñetero bicho no me suelta, pero su agarre y apoyo se han ido a tomar por saco y ya poco puede hacer contra mí… O eso pensaba. ¡Maldito, bicho! Desde sus entrañas, regurgita un ácido que se come mi armadura; peligrosos vapores tóxicos me llegan a la cara; menos mal que la armadura se sella y administra oxígeno para impedirme respirar esa mierda.

—Me tienes hasta las pelotas, bicharraco—golpeo su rostro usando la cortadora de plasma, una, dos, tres… después de una veintena de golpes su cráneo se convierte en una pulpa sanguinolenta y la criatura se ha detenido. Respiro con dificultad. Me deshago del monstruo. Arranco la cuchilla de mi cuerpo. El dolor es aterrador y la herida quema como el infierno. Algo demoledor impacta contra mí y me encuentro tirado en el suelo, forcejeando contra algo que no logro ver. El dolor invade mi espalda, algo punzante perfora armadura, haki, piel y carne. Consigo reponerme lo suficiente para incoporarme y agarro el apéndice que me está acuchillando. Piso la cola de la criatura y con un movimiento de torsión, le arranco ambas partes.

Estoy machacado y hecho un cromo… mi sistema regenerativo está saturado y ni siquiera la curación Micaiah es capaz de reparar la cantidad de daños que tengo…

—Hammond… Aquí Bleyd. Lo tengo, me ha costado pero tengo el chip, esas… esas cosas son la tripulación… Intentaré regresar, pero estoy hecho polvo.

—Bien, Bleyd, recuerda que eres médico y aunque sea la morgue seguro que puedes conseguir medicamentos y botiquines… te espero aquí. Hazlo por Fluffle. Por cierto, códigos recibidos y tienen buena pinta. Gracias a dios. Voy a acceder a los informes del capitán ahora mismo. Dirígete a la estación del monorraíl; allí me pondré en contacto contigo. Voy a averiguar qué demonios le pasó a esta nave…

La transmisión se corta. Tiene razón, no puedo rendirme aquí… he de volver con Fluffle sea como sea. He sido muy descuidado al no proveerme de elementos médicos, es hora de enmendar eso… vuelvo a ponerme en marcha y quince minutos después estoy cosiéndome lo mejor que puedo la cuchillada que me atravesó el pecho. He necesitado antisépticos, morfina y unos doscientos puntos de dentro a fuera para cerrar la herida. Con la espalda no puedo hacer nada más allá de vendarme, ponerme sedantes y regeneradores celulares. Al menos mientras me coso tengo un poco de entretenimiento con el informe de defunción del capitán.

REGISTRO MÉDICO
DR. DOMUSS. G (EXAMINADOR MÉDICO)
INFORME DE DEFUNCIÓN EN EL BUQUE
SUJETO: CAPITÁN MATHIUS. B

Es mi triste deber declarar la muerte oficial del capitán Benjamin Mathius.
Los informes de las circunstancias exactas que rodean su muerte son confusos, y van más allá del alcance de mis funciones. Mis informes se centran únicamente en el cuerpo.
El sujeto tenía en general buena salud para su edad, aunque un análisis de sangre superficial indica que su recuento leucocitario era muy bajo, y en concreto indica una casi total ausencia de eosinófilos. Su examen físico pre-embarque no mostraba estos problemas, lo que demuestra que este déficit se desarrolló a gran velocidad. Sin embargo, no parece que haya influido en su muerte.
Múltiples contusiones en brazos y manos indican que se produjo un breve forcejeo pre-mortem. Una ligera contusión entorno a la caja torácica sugiere que el pecho fue comprimido de alguna forma.
La causa de la muerte fue un único trauma prolongado en el globo ocular que continuó a través de la cavidad hasta el lóbulo frontal provocando un neurotrauma agudo, convulsiones y muerte.
La fuerza necesaria para realizar una punción ocular de esta magnitud es considerable, y la probabilidad de que se lo autoinfligiera es muy baja.
Por lo tanto no tengo más alternativa que registrar el veredicto preliminar de MUERTE ILEGITIMA. Si ha sido deliberada o accidental está fuera de mi jurisdicción.

Me levanto de la camilla en la que he estado remendándome. Hago un esfuerzo y me coloco de nuevo la armadura, ya está bastante dañada. Voy a salir de esta sala de muerte. Me fijo en que la puerta tiene algo escrito con sangre, multitud de criptogramas y símbolos incomprensibles decoran cada centímetro de su superficie, pero no tengo ni idea de qué son… me temo que son caracteres Poneglyph.

Recorro despacio los pasillos, la pérdida de sangre me ha dañado y quiero un bocadillo… Si estuviera aquí Fluffle compartiría conmigo los dulces y tacos que siempre lleva consigo.

—¡Bleyd! Aquí Hammond. No sé cómo, ¡Pero uno ha entrado en el refugio del capitán! He conseguido retenerlo en una cápsula de escape averiada. Levanto el bloqueo ejecutivo… He encontrado los registros de la cubierta. Lo que sea que anda por aquí, salió del fondo del mar. Se extendió por la colonia y llegó al buque. Bleyd, no es una infección. ¡Es una forma de vida desconocida! ¡Mierda! Tenemos problemas. ¡Los motores de la nave están desconectados y corremos peligro de colisión contra los icebergs! Ve a la cubierta de ingeniería enseguida mientras averiguo desde aquí el problema.

Abandono el pabellón médico en dirección al monorraíl. Las cosas no hacen más que mejorar… por fortuna en el andén está la tienda, allí podré comprar munición y reparar la armadura. Espero.


CAPITULO 3 CORRECCIÓN DEL RUMBO

Despues de abastecerme dejo atrás el monorraíl y su andén internándome en otra sección de este gigantesco buque, tan sólo para recibir la transmisión de mi compañero Hammond.

—Bleyd. ¡Tenemos dos problemas! ¡Vamos mal de tiempo! Uno: no hay combustible en los motores debido a lo cual nos hemos salido del rumbo. Dos: el propulsor principal está desactivado. Así que un par de cientos de toneladas de roca nos empujan… Necesito que lo arregles, repostes el motor principal y lo pongas en marcha para evitar que nos hundamos.

—Entendido—resoplo con resignación—; me pongo manos a la obra.

Corto la comunicación y parto hacia las tripas de este mastodonte mecánico. Dejo atrás el andén y la sala de espera del monorraíl, es casi una práctica habitual últimamente. Como dato curioso, se puede decir que esa sala, en concreto, estaba bien iluminada y sin rastros de lucha o muerte. Tal vez sea un buen comienzo… o no. Recorro el zigzagueante pasillo en dirección a Ingeniería. ¡Anda! otra sala perfectamente iluminada y me gustaría decir que libre de lucha… pero algún fallo tenía que tener: en el centro de la sala, sentado, se encuentra el cuerpo ensangrentado de un trabajador. A sus pies, tal vez sus últimas palabras:

Registro personal del ingeniero jefe en funciones. Jacon Temple. Han pasado dos días desde que abrieron el fondo oceánico… desde que el capitán murió. El pánico, los disturbios… nada comparado a lo que vino después. Nuestros amigos, nuestros colegas, volvían… cambiados. Volvían para matarnos, para arrastrarnos con ellos. Rucker desapareció esta mañana; supongo estará muerto, mi tripulación… se viene abajo. Intento estar pendiente de ellos, pero tengo problemas mayores. Perdemos combustible y el motor principal se ahoga. Danvers y yo intentaremos llegar al depósito de combustible para poder arreglarlo. Cambio y corto.

Está claro que no consiguieron su objetivo… ahora es mi turno enfrentarme a la muerte. Dejo atrás la sala de control y abro la única de las tres puertas que funcionan. Unas escaleras me internan en la descendente oscuridad de la nave; acabo la bajada de las escaleras después de descender alrededor de un piso, en frente hay una reja reventada y a mi derecha una zona de vestuarios; será un buen sitio para buscar herramientas.

Unos gritos resuenan en la sala cuando activo el nuevo registro de datos que he encontrado en una taquilla:

—¿Qué diablos ocurre ahí abajo? ¡Danvers!
—Es, es Henderson... ¡Se ha vuelto loco! Se… ¡Se está arrancando los dientes!—los gritos se intensifican como si estuviera sufriendo un dolor extremo.
—¡Henderson! ¡Por amor de dios!—los gritos se juntan con ruidos de forcejeos antes de apagarse en un sollozo.
—Dios mío… ¿Está muerto?
—Tranquilo, está vivo. Pero se golpeó muy fuerte contra la puerta.
—Tío… ¿Por qué haría algo así? No lo entiendo…

Parece que la locura se expandió por todo el buque. Pobre gente, perdieron la cordura y acabaron suicidándose o matando a sus conocidos y a la gente cercana. Suspiro con tristeza mientras descarto el resto de objetos del vestuario: monos de trabajo algún destornillador… nada útil en este momento.

Cruzo la reja, está arrancada hacia afuera. Intento pasar en silencio por las esquinas. He de rodear la valla protectora de un pistón del tamaño de un gorila. Es increíble la cantidad de textos que he conseguido recoger y, seguramente, sean una pequeña parte de toda la historia que pasó aquí, pero recopilaré cada prueba y cada historia que dejaron atrás los tripulantes, es su legado y no puedo negárselo.

REGISTRO DE CUBIERTA
HALLOW. F

No sé que está ocurriendo. Alguien ha comentado que la embarcación estaba siendo atacada. ¿Quién diablos iba a atacarnos aquí? ¿Primero el capitán muere, y ahora nos atacan? Carmack dice que alguien del personal del puente lo mató. No es posible. Ahora todo es un caos. No puedo acceder al puente. No puedo acceder a nadie. Todo el mundo corre. Intentando salir de aquí. Quizá debería unirme a ellos.

Uno más para la colección, estaba abandonado en una mesa de reparaciones esperando ser encontrado.

La puerta de acceso se desliza como una de tantas. Un pasillo oscurecido por la falta de luz revela un cuerpo entre sus paredes, derribado y abatido por esos monstruos que pueblan todo el barco. Me topo con un cruce de caminos en forma de “T”. Decido ir a la derecha, es un camino corto hasta que me encuentro con una zona diáfana de gigantescas dimensiones. El vapor y el humo no permiten ver más allá de tres o cuatro metros, pero la altura y la profundidad son aterradoras. Me alejo de la barandilla siguiendo el camino que me lleva a una pequeña terraza, un almacén y una ruta de acceso a una plataforma estropeada. Dejo a un lado el ingenio mecanico y continúo explorando. Una serie de rampas me permiten acceder a niveles superiores… y ahí viene la fiesta: una horda de diminutas criaturas se mueve hacia mí, no corren mucho pero parecen ser fragmentos de carne que reptan por el suelo. Los despacho con facilidad abusando de la distancia y continúo mi camino.

—Secuencia de repostaje activada.

No me ha tomado mucho tiempo encontrar la palanca que prepara la gigantesca manguera que dará combustible al motor. El problema ahora será iniciar el proceso de repostaje.

Me dirijo a la plataforma y la atraigo con el rayo tractor que genera el módulo cinético. La plataforma es poco más que cuatro palos con suelo y barandilla, suspendidos gracias a un cable que va por el techo. Puedo adivinar qué me espera al otro lado con sólo ver el cuerpo sin vida que descansa en el suelo. Suspiro paciente, me armo de valor y activo el viaje hacia las brumas de lo desconocido.

Los rugidos de una marea de criaturas inundan mis oídos tras medio minuto de trayecto. No puedo verlas por el vapor, pero las escucho claramente. Tengo unos pocos segundos antes de llegar al otro lado, segundos que aprovecho para derribar a todos los monstruos que puedo. Las puertas se abren y las criaturas cargan contra mí. No sé cuántas son, pero uso todo lo que tengo.
Ralentizo a la primera bloqueando el paso del resto; con el arma, apunto a las piernas y comienzo la disección, los miembros salen cortados al tiempo que los monstruos golpean el suelo con un ruido estremecedor. Una tras otra, las monstruosidades se amontonan y cada vez están más cerca. Por fortuna para mí, el pequeño hueco que hay para entrar a la cabina hace que su número se vuelva contra ellos. El problema son las recargas, cada vez que disparo el último cartucho, mi corazón da un vuelco.

—No debería vivir. No deberíamos permitírselo.
—¡Cállate, Danvers! ¡Cállate! Registro de ingeniería. Informa Temple. Alguien ha cortado los tubos de combustible del motor principal y, mientras lo hizo, daño las válvulas. Tenemos que repararlas para poder volver a abrirlas, pero el tiempo corre. Con el motor desconectado, la placa tectònica nos arrastrara en menos de diez horas. No puedo entender quién haría algo así. Si ha sido uno de esos capullos de la Uniología le romperé el cuello.
—Henderson dijo que venían de camino. No debí dejarle vivo.
—Cállate, Danvers, y ayúdame con las herramientas. Cambio y corto.

Me he arrastrado hasta la base de unas escaleras, estoy sangrando… De nuevo junto a otro pobre diablo que no consiguió superar este infierno, ¿quién sería? Henderson, Danvers o puede que Temple, lo cual ahora ya no importa, el desdichado no se levantará, al menos me dejo algo interesante para escuchar. Subo las escaleras e intento no perderme por el pequeño laberinto de pasillos y paneles, mi objetivo es la palanca que activará la secuencia de repostaje.

—Secuencia de repostaje activada. Hay suficiente combustible para activar el motor principal.—La voz electrónica puede que carezca de emociones, pero ahora me parece una de las cosas más hermosas que hay en este lúgubre mundo. Ahora sólo he de darle marcha al motor principal y habré cumplido.

—No sé que has hecho, Bleyd. ¡Pero funciona! Recibo la lectura del combustible. Tenemos un cuarto de depósito, suficiente para restaurar el rumbo cuando enciendas el motor…¿Pero qué…? Falsa alarma. Creí haber visto algo…

—Ten cuidado, sigo con el motor, deséame suerte.

Corro; cojo y hecho polvo, pero corro. Las pequeña criaturas lanzadoras de espinas están tras de mí: suelo, paredes y techo, han venido en marea a cazarme. Mi única opción es dejarlas atrás usando la plataforma móvil. Accedo a su interior y presiono los mandos con frenesí. Me parecen horas hasta que se pone en marcha. Las criaturas ya se han colocado en posición de ataque y disparan sus mortíferas púas contra mí. El movimiento de la plataforma y la exigua barandilla me ayudan a evadir los proyectiles. Intento controlar mi respiración, la cual se ha disparado a causa del frenético esfuerzo. Poco a poco recupero la tranquilidad y llego a mi destino al otro lado del abismo. Salgo y subo las rampas que me llevarán de vuelta a la sala de control. El camino se hace lento y pesado a causa de las heridas, sin embargo no puedo parar o todos nos hundiremos en el fondo del mar.

He tomado el ascensor hacia el acelerador. Al salir de allí, veo taquillas tumbadas y cristales rotos por impactos de bala. Está claro que aquí se generó un combate. Un poco más adelante, a la derecha, hay una sala sellada, como si fuera una zona de transito. La ignoro por el momento y saqueo las taquillas del fondo de la habitación. Necesito avituallamiento.

—Aquí Temple. ¡Los motores están desactivados! Con un par de cientos de toneladas de hielo empujándonos los necesitamos para equilibrar la nave… Me dirijo hacia allí. Espero arreglarlo…

De nuevo un archivo sonoro de nuestro amigo Temple… Creí que había muerto intentando repostar los motores, tal vez lo consiguió, pero el combustible volvió a agotarse mientras llegábamos a reparar la nave… Alejo los pensamientos de mi cabeza, está claro que no consiguió resolver este problema y ahora es mi trabajo. Entro en la sala. Es una zona totalmente metálica, con un panel de control en medio y puertas de reja correderas, tiene aspersores en el techo y el suelo está lleno de respiraderos del tamaño de un bolígrafo.

El panel brilla con las palabras "cámara de desinfección", parece ser que para abrir la puerta del fondo tengo que activar el proceso de limpieza. Ejecuto el programa y la sala se sella, las rejas cierran puertas y ventanas impidiendo el acceso, pero eso no detiene a las repugnantes y retorcidas criaturas que se cuelan por los conductos de ventilación. Llevo lo que parecen horas despedazando a estos seres inagotables. Pero por el motivo que sea continúan viniendo uno tras otro sala por sala de forma incansable, y yo continúo despedazándolos cada vez más exhausto para poder avanzar y reencontrarme con Fluffle.

He salido de la zona de limpieza y camino por los sinuosos pasillos de la nave. Todo está tranquilo, pero me sorprendo al encontrar un boquete en un par de paredes del tamaño de un coche. Todos los bordes están hacia fuera y llenos de restos de sangre, fuera lo que fuera estoy totalmente seguro que no era humano.

Accedo a la sala de motores. A simple vista, puedo ver lo que sucede: los cigüeñales que dan vida al motor están desacoplados y giran locos a los laterales del mismo; el problema puede radicar en mover el gigantesco cigüeñal, seguro que pesa sus buenas cincuenta toneladas. Un rugido me saca de mis pensamientos y sé que he debo darme prisa. Las criaturas se acercan y no creo que sean muy amistosas, sería toda una novedad. Uso el módulo de estabilización para reducir la velocidad lo suficiente como para permitir el acople. Ahora tan sólo he de arrastrarlo con el módulo cinético hasta su lugar.

La operación es sencilla y se ejecuta sin mucha complicación, pero se me han echado encima las criaturas con forma de escorpión. La verdad, nunca me han agradado esos bichos, no siento ninguna pena cuando les detono una bombona de propano en la cara. Ya me tienen más que harto. La detonación les envuelve en una oleada de llamas al tiempo que la onda expansiva los manda contra la pared. No presto demasiada atención, voy a conectar el siguiente cigüeñal al motor para poder terminar mi trabajo.

Abandono la sala con el trabajo hecho y varios monstruos cabreados trepando por las paredes en un intento de seguirme. Lo llevan claro, yo me largo de aquí. Me queda activar el motor y rescatar a Fluffle.

—¡Ahhhh!—grito de terror y resuena por todo el pasillo.

Una masa de carne con forma de tentáculo me agarra el pie. La monstruosidad es inmensa, medirá más de siete metros de largo, y parece estar hecha de puros tendones fusionados… tira de mí con una fuerza abrumadora, no puedo resistirlo. Me tira al suelo, me arrastra por el pasillo, no quiero saber a dónde me lleva. ¡Oh dios, de verdad no quiero! La masa de carne me arrastra y no parece inmune a los disparos que le endilgo, se mueve demasiado como para cortar semejante masa de un tiro o dos. Entro en desesperación cuando veo a dónde me lleva: el enorme agujero que vi al llegar, es justo de donde sale el tentáculo. Si me consigue encerrar allí estoy muerto. Entro en pánico, intento aferrarme a algo pero es inútil. Antes me arrancará la pierna. ¿Qué es eso? Lo veo brillando en un color amarillento… un quiste infeccioso, un punto donde los tendones no son tan gruesos, si consiguiera colocar un tiro allí tal vez pudiera seccionar la masa de carne de una vez. Apunto y disparo… y disparo y sigo disparando. Un par aciertan; el resto o bien salen desviados o son bloqueados por la masa cartilaginosa que no para de revolverse, tan solo me queda un cartucho en la cortadora de plasma, es ahora o nunca…

Respondo a la llamada, sigo tirado en el suelo con los restos de la masa de carne aun enrollados en mi pie. Sera mejor que me ponga en marcha antes de que vuelva.

—¿Bleyd? ¿Puedes oírme? Soy Kendra… me atacaron… corrí… y Hammond… él… desapareció.

—¡Kendra! ¿Dónde estás? ¿Se encuentra Fluffle contigo? ¿Está bien?

—Me he atrincherado en el núcleo informático. Los oigo moviéndose ahí fuera. Pero creo que no saben que estoy aquí… Puedo entrar en cualquier sitio desde aquí. He pirateado la raíz y he encontrado algunos informes de la colonia. Incluso antes de abrir el fondo oceánico, los colonos empezaron a experimentar trastornos generalizados. Parece tener relación con algún artefacto que encontraron. Seguiré buscando. Tengo tu posición. Desbloquearé la puerta del almacén de combustible. Desde ahí podrás llegar a la cámara del motor. Fluffle esta aquí conmigo, se encuentra sano y salvo y te manda recuerdos, está muy triste y preocupado por ti… La verdad no tienes buena pinta, pero después de lo que has tenido que pasar… He de dejarte, ten cuidado allí afuera.

—Tú también. ¡Fluffle, voy por ti pequeño! ¡no te separes de Kendra!

Kendra ha desbloqueado el almacén de combustible y puedo finalmente acceder a la ruta que me llevará a los controles. Lo curioso es que esta sección del buque está infestada por… a falta de un nombre mejor diría que es… ¿carne? Paredes, techo y suelo están totalmente infestadas de esta sustancia, parece carne en semidescomposición, algo totalmente asqueroso. Se me han quitado las ganas del bocadillo. Mi destino está en los niveles inferiores. La sala es cuadrada, con una enorme oquedad en el centro protegida por una barandilla para evitar caídas y accidentes. Tengo la ruta de bajada a mi izquierda y a la derecha una sala de descanso, primero echaré allí un vistazo, a ver si encuentro una gaseosa sin abrir… aunque sea.

REGISTRO DE INGENIERÍA
DANVERS, C.
(Actualización)

El brote no identificado visto en otras partes del barco ha llegado a ingeniería. No sé qué diablos puede ser… parece como si alguien hubiera desparramado sus vísceras por toda la pared, pero se extienden tan rápido que no podemos interrumpirlo, lo que en sí mismo es una contrariedad.
Ya está en la rueda del motor, y si no encontramos una forma de detenerlo llegará a la cámara principal pasado mañana.
Espero que los doctores lo estén investigando, porque a mí me sobrepasa.

Al menos, ahora ya sé qué causa el problema en el motor. La verdad es que me ha tocado el gordo… ¡he encontrado una maquina de café, un paquete de galletas de chocolate y un jamón! Me he tomado un buen rato descansando y comiendo, al tiempo que le daba a la lectura. Pero ahora es el momento de continuar avanzando. Con las energías renovadas, puedo continuar esta locura de misión. Salgo en dirección a la puerta de enfrente.

No tengo mucha visibilidad pero sí lo suficiente para ver resplandecer una luz a una altura de medio metro. Me acerco y encuentro un registro de sonido, otra pista mas para mi colección:

—Aquí Temple. Que le den al motor. No puedo reiniciarlo solo, y con toda la mierda que está pasando, es obvio que es un sabotaje. Me dirijo al puente. Debo encontrar a Elizabeth y sacarla de este barco. No es seguro…

Me quedo un poco sorprendido de que Temple al final se rindiera, espero que consiguiera encontrar a su chica y salir de aquí con vida… Ahora a lo importante: ¿dónde demonios está la bajada?

Desciendo en un monta cargas que se encontraba pegado a la pared. Con la cantidad de mugre y vísceras que tenía encima, se me había pasado de largo… un cuidadoso examen me lo ha revelado, el descenso es bastante silencioso y la llegada me deja sin palabras, la paredes han desaparecido bajo una ingente cantidad de tripas… Horribles nervios crecen por la superficie del suelo y me dan ganas de prenderle fuego a todo con tal de limpiar este sector… sí, bueno, un incendio no es lo más recomendable. Soñar es gratis.

La sala del motor está justo en frente; sin embargo, tres monstruos la dominan, uno de ellos arrastra un cadáver por los pies, llevándoselo a quién sabe dónde… No han captado mi presencia y no voy a dejar que lo hagan. Así que me deslizo entre la sombras lo más sigilosamente posible, buscando algo con lo que hacerles frente, gasté mi último cartucho al liberarme del tentáculo. Veo en la sala un par de botellas de oxi-corte llenas de un gas volátil y muy inflamable, perfecto para mis propósitos. Con el módulo cinético, elevo la botella. Tras atraparla en el rayo tractor, apunto con cuidado y la lanzo directamente contra el suelo donde se encuentran las criaturas. La explosión las hace pedazos al tiempo que las manda por la habitación desparramando sus miembros por el suelo. Salgo de las sombras y me acerco a la consola de control, al fondo de la sala, un poco más lejos de donde se encontraban las criaturas. El suelo retumba en el momento  en que una nueva forma de vida se manifiesta ante mis ojos. Ha salido de un conducto de ventilación y no es nada que haya visto antes. Parece un gordo seboso, la carne de su estomago está cubierta de grasa y las piernas son diminutas, tanto que juraría que no tiene ni rodillas. A pesar de ello, es rápida y se mueve cargando contra mí. Sus brazos, al igual que los demás, son dos cuchillas de hueso.

Lo tengo encima y estoy sin munición, las cosas no pintan nada bien.

—Secuencia de ignición activada. Espere.

Creí que ralentizando a la criatura y activando el panel podría irme sin más preámbulos pero no… la realidad está empeñada en hacerme la puñeta. Las criaturas salen de los conductos de ventilación y no me queda más remedio que correr, intentar perderlas por la sala mientras busco un instante en el que usar las cuchillas de los muertos como arma.

—Motores preparados. Confirme ignición.

Han sido los dos minutos más largos de mi vida, no he podido parar de correr entre los paneles, y las criaturas no han dejado de salir. He utilizado las bombonas de oxi-corte, las cuchillas de los muertos e incluso golpes físicos para despedazar a estas criaturas, pero no hay manera, no dejan de venir, espero que sólo tenga que presionar un maldito botón para poder salir de este infierno.

—¡Vamos!, vamos…

—Motores activados.—La angelical voz de los altavoces casi me hace llorar. Me precipito hacia la salida tomando una ruta por la sala que me he ocupado de despejar a base de mobear criaturas.

Abro la puerta de seguridad de la sala, más bien lo intento, las cerraduras gustan de ser lentas. Tengo una marea de esas criaturas detrás de mí, lo ultimo que necesito es que me ralentice una condenada puerta. Se abre ¡al fin! me catapulto al interior dejando atrás el motor y la marea de criaturas.

A Hammond le falta tiempo para contactar conmigo.

—¡Está… funcionando! ¡En línea y funcionando! Por fin, buenas noticias. Ve en monorrail hasta el puente, Bleyd. Colocaré la embarcación de nuevo en una zona segura.

—Recibido, Hammond, voy para allá. Por cierto, Kendra está atrincherada en el núcleo informático con Fluffle, en cuanto nos reunamos vamos a por ellos. Cambio y corto.

De improviso Kendra se une a la conversación.

—¡Espera! ¡Espera! Aún no estamos a salvo. El sistema de defensa contra reyes marinos está desactivado. Cuando nos desplacemos, tendremos que atravesar un nido… Nos harán pedazos, a menos que lo reinicies.

—¡Maldita sea! Empezaré a trabajar en ello desde aquí. Bleyd, reúnete conmigo en el puente. Kendra sigue averiguando cómo arreglarlo.

Continúo recorriendo los pasillos en el interior del vientre de esta bestia de metal. El camino es ascendente. Abandono la zona más baja en post de alcanzar el monorraíl. Desde que dejé atrás a las criaturas no he vuelto a sentirlas, tal vez el ruido del motor esté atrayéndolas… Sea lo que sea, me está siendo útil.

—Bleyd… Bleyd… ¿Dónde estás? Soy yo… Erika…—Me deja pasmado.

—¿¡Erika!?—grito sobresaltado—Sí, ¡soy yo! He venido a sacarte de aquí.

La emoción me inunda al escuchar durante unos instantes la voz de mi vieja amiga y compañera, pero eso es todo: una breve voz en el sistema. Después, nada más que estática. Pero sé que aún sigue viva, he de encontrarla, a ella y a Fluffle, y salir de este maldito barco.

Desando todo el camino que hice hasta llegar a la estación del monorraíl. Me alivia ver la tienda con energía, sabe dios que sin munición estoy acabado. Compro toda la que puedo cargar y me hago también con suministros de primeros auxilios. Por el momento tendrá que valer.


Última edición por Bleyd el Miér 23 Ago 2017 - 18:50, editado 12 veces
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Mar 22 Ago 2017 - 17:08

CAPITULO 4 EXTERMINIO INMINENTE

He usado el tiempo en el monorraíl para cambiarme los vendajes y ver cómo están mis heridas. Parece que van bien… Sin embargo, creo que estoy forzando mi factor curativo, tendrá que aguantar lo que pueda… Ahora voy a ver a Hammond.

—Bleyd, adelante. Kendra tiene razón. El SDRM (Sistema Defensa Reyes Marinos) está destrozado. Necesito tu ayuda para arreglarlo. Kendra, si puede oírme, intente entrar en los informes de la nave. Parece que tiene mejor acceso que yo.

—¿Cuándo ibas a hablarnos del artefacto, Hammond? ¿Ese Poneglyph?—grita Kendra acalorada.

—No sé nada de esa cosa. Aparece en los informes del capitán. Lo extrajeron del fondo de mar…

—¡¿Está en la nave?!

—A bordo.—Confirma Hammond—Creen que es una pieza invaluable. Pero no tengo ni idea de por qué.

—¿En serio Meln no sabía nada de esto? Miente…—Kendra parece exasperada.

—Calma. Yo no soy de los malos… Todos estamos nerviosos. Tendrá que confiar en mí cuando digo que no sé nada sobre esto. ¡Hemos entrado en el nido! Ven al refugio del capitán. Te lo explicaré todo más tarde. Cambio y corto.

Bien… El grupo comienza a hacerse añicos. En qué maldito berenjenal me he metido esta vez. Lo mejor será seguirles la corriente. Estos dos, a pesar de comenzar a odiarse, saben cómo mantener esta cáscara de nuez a flote, seguiré su juego mientras sea así.

No me entretengo en ver la estación de monorraíl, es casi idéntica a las otras que he visto en mis viajes por este buque, está empezando a resultarme preocupantemente familiar. El camino al puente de mando es corto, sólo un pasillo y estaré allí.

Parecía muy bonito… pero el susto que me acabo de llevar no me lo quita nadie: una garra de mi tamaño acaba de atravesar la pared izquierda, casi me empala… ¡Qué bruto! Ha dejado un agujero como mi cabeza de grande. No hay que ser un genio para saber que hay algo al otro lado, así que me pego a la pared contraria y puedo ver cómo la monstruosidad introduce sus fauces por el boquete intentando hincarme el diente. Debo de resultarle apetitoso.

Trago saliva. Veo que la criatura parece estar en el puente de mando, el giro no deja lugar a dudas, tan solo espero que esté aislada…

Entro en el puente de mando, es una sala descomunal con un enorme pilar central, paredes repletas de cristaleras que ofrecen una magnífica vista del mar y pantallas que muestran “SISTEM FAILURE”. Qué manía de cambiar los idiomas. Exploro poco a poco la zona, Estoy tenso por el susto de antes y la certeza de que ese bicho está cerca, pero si no se me ha tirado encima, es que no puede llegar a mí… por ahora.

Puente, ¡adelante! ¡Nos han abordado! Repito. ¡Nave abordada! ¡Nos atacan! Qué diablos son, han aniquilado a casi todo el personal de cubierta necesitamos refuerzos ya, las armas no sirven, no podremos retenerlos mucho tiempo…

Otra grabación de pánico venida de los niveles inferiores. Está claro que el puente fue de las últimas zonas en caer, seguramente por su lejanía con los muelles. Continúo explorando las mesas de trabajo sin encontrar nada útil. Un ascensor se halla en medio de la sala, no me percaté en un principio porque está empotrado en la columna central. También veo la habitación donde creo que está mi enorme nuevo amigo… Mejor ni arrimarse, no sea que se enfade y me salude. Después de la exploración, voy hacia el refugio del capitán, queda a la vista debajo del puente de mando. Accedo a él a través de unas escaleras que bajan un piso y después un montacargas. Cápsulas de salvamento, cuatro nada menos; según sabemos, todas menos una se lanzaron cuando empezó todo este espinoso asunto. El refugio del capitán es una estancia circular, con un magnífico asiento parecido a un trono que domina la estancia. Tiene un mapa holográfico de la superficie marina y sus alrededores informando del movimiento de los icebergs. Aquí se encuentra Hammond comprobando las lecturas.

—¡Bleyd!, joder, me has asustado. Este lugar me pone de los nervios. Escucha, sé que Kendra no confía en mí, pero no sé nada de ese Poneglyph ni de nada. Se suponía que iba a ser una misión de reparación, sin más. Ese desastre es el sistema de Defensa Contra Reyes Marinos. Podré reparar los paneles, pero el conducto de energía está caído; tendrás que redirigir la energía de forma manual desde por lo menos tres cajas de derivación para activar el cañón principal. —Hammond no se corta dándome instrucciones—Primero, activa los ascensores del atrio desde la zona de seguridad del puente. Así podrás llegar a las cajas de derivación. Por cierto, Bleyd, ten cuidado. He visto algo por ahí. No sé qué. Solo fue un instante, pero era grande. Muy grande.

—Sí—suspiro con resignación asimilando la información— yo también lo he visto. Está atrapado en una habitación anexa al puente de mando, parece que no tiene escapatoria… Al igual que nosotros.—comento cuando recojo un listado del asiento del capitán, son multitud de personas, todas ellas fallecidas.

Marcho sin darle tiempo a réplica posible, mejor así. Por suerte, el nombre de Erika Konstantine no estaba entre ellos.

En la sala de cápsulas de salvamento, la criatura que Hammond encerró sigue con vida, pero parece ser que ella misma se ha soltado y ha sido lanzada al mar. Dudo que esa cosa pueda sobrevivir allí afuera mucho tiempo. Lo mejor es centrarme en mis objetivos actuales si quiero salir de aquí con Fluffle.

Parece que mi “nuevo gran amigo” está inquieto… me lo encuentro golpeando la puerta blindada como si fuera papel y la está combando… ¡No me jodas! Acaba de arrancarla de los goznes. ¡Dios! Qué cosa más fea. La criatura parece un gorila gordo y cebado; si comparamos el tamaño de sus brazos con el de las piernas, los primeros son el doble de largos, camina usando las… manos, o pinzas en su caso, está cubierto por placas de exoesqueleto, pinchos y el muy bastardo se refuerza con haki. Los disparos simplemente rebotan en su piel.

—¡Mis armas no atraviesan la armadura de esta cosa! ¡Hammond!—grito al intercomunicador.

—Te veo por las cámaras, Bleyd. ¡Dispárale en la espalda!

Uso mi dispositivo de estabilización esperando que funcione. Efectivamente, la monstruosidad se queda congelada en el sitio y puedo rodearla. La espalda de la criatura está totalmente desprotegida. Disparo a las articulaciones de los brazos con la clavícula, que son la parte más característica e inmensa. La sangre mana a borbotones con cada impacto mientras mantengo la congelación para poder librarme de este bicho. He de gastar las tres cargas del estabilizador para seccionarle el brazo derecho, pero aún así no está incapacitado, sólo ralentizado. A pesar de su tamaño, se mueve con soltura y de un salto hacia delante sale de mi línea de fuego. Usa su pinza izquierda para clavarse en el suelo y efectuar un giro de noventa grados contra mí, me  embiste con la fuerza de un tren de mercancías y caigo de espaldas con un ruido sordo, escupiendo sangre, creo que me ha fracturado alguna costilla.

Alzo la vista y lo veo elevar la cabeza exponiendo su tórax… Seguro que no es nada bueno, de donde se supone que tendría que estar el estómago, salen disparadas con unos espasmos musculares unas esferas de aspecto amarillento. Ruedo por el suelo lo más deprisa que puedo, no quiero que esa mierda me toque. Las esferas detonan contra el suelo extendiendo ácido por el suelo, no puedo tomarme ni un descanso mientras el monstruo carga contra mí intentando arrollarme. Sin pensar y con la adrenalina del momento, apoyo mis manos en su gigantesca espalda y salto por encima dejándole pasar. Éste es mi momento, no puedo desaprovecharlo. Me dejo caer contra el suelo al tiempo que giro y disparo a la espalda de semejante aberracion, la pierna derecha es mi objetivo siendo la mitad que el brazo seguramente cueste menos.

La criatura yace muerta finalmente, con las extremidades cercenadas y decapitada. No hay forma de que vuelva a levantarse. Fue una pelea dura, pero en el momento en el que perdió brazo y pierna derechos, apenas podía arrastrarse por el suelo y fue presa fácil.

He ido a activar el ascensor del puente, lo más terrorífico del día ha sido ver a Erika en todas las pantallas del puente de mando diciendo. –Bleyd… devuélvenos a la vida.—no quiero pensar en ello y he de tratar mis heridas antes de continuar.

—¡Esto es un motín! ¡Os juzgarán a todos por amotinamiento! ¡Kyne, hazles entrar en razón!

El capitán, con el jefe médico y dos hombres de la tripulación, parece que están teniendo una discusión. Me pregunto qué pieza del puzzle me revelará este vídeo abandonado en el ascensor del puente.

—Tranquilízate, Ben. ¡Sujetadle! Por el artículo 5469 de la ley marítima, declaro al capitán Benjamin Mathius incapacitado.
—¡El Poneglyph debe ser entregado a la iglesia! Terrence, por favor…
—Lo siento, Ben, pero no dejaré que hagas esto.
—¡Traidor! ¡Hereje!
—Sujetad su cabeza.
—¡Asesino!
—¡Aaarrrggghhh!

Esto sí que no lo esperaba. Parece ser que el doctor, en un intento de ponerle al capitán algún tipo de sedante, acabó por clavarle la aguja en el ojo provocándole la muerte…

Desciendo en el ascensor para llegar a mi primer objetivo, la caja de fusibles que dará energía a los cañones se encuentra en frente. Activo la energía y la respuesta de Hammond no tarda en llegar.

—Caja de derivación de los sistemas de la nave restablecida. Hago progresos con la red de rastreo… Uno de los cañones me lo pone difícil. No te detengas.

Vuelvo al ascensor y de allí al nivel 2; mientras estoy en el ascensor, la radio rompe el silencio, es Kendra.

—Bleyd, escucha. He revisado los informes médicos. Estas cosas son Biorrecombinadoras. Cogen el tejido muerto, lo absorben y lo moldean con formas nuevas. Hay una cepa que parece tener como único objetivo infectar cadáveres… El resto, bueno, hacen los cadáveres. El tejido corporal que hay en las paredes es parte de estas cosas también. En un informe encontré que es un intercambiador de hábitats.

—¡Prtttt!

—Por cierto, Fluffle te manda saludos, ten cuidado allí afuera.

Abandono el ascensor en post de una de las muchas salas de descanso que pueblan el buque. Asientos y papeles por el suelo, me reconforta no ver manchas de sangre en esta estancia. La sala de administración está en frente. Según las indicaciones que Hammond me ha dado, el panel de energía está aquí. Sólo tengo que entrar, activarlo y volver… al menos esa es la idea, estoy seguro que estos tipos tan feos prefieren descuartizarme. La sala es bastante grande, unos veinte metros cuadrados, con separaciones de metal que hacen de biombos. El suelo está ensangrentado para variar y hay varios cadáveres con muy mala pinta, menuda carnicería. No sé si la criatura que se lanza contra mí con asombrosa velocidad fue el causante, pero no creo que me responda… estoy hasta las narices de bichos. Por suerte, velocidad no significa táctica o estrategia, sólo está cargando en línea recta; más fácil no puede ser: cinco metros sin viento, hasta un ciego le daría sin esforzarse.

No me contengo, sé que esta clase de criaturas son más duras al usar el haki armadura. Me cuesta un cargador amputarle el brazo a la altura del codo, eso no hace mucho, quitando el hecho de molestarle, pero ese segundo de molestia es todo lo que necesito para recoger su brazo con el rayo tractor y devolvérselo. La cuchilla empala a la criatura, que sale disparada hacia atrás para chocar finalmente contra una mampara y quedarse allí colgando como un jamón. Cruzo la sala en busca de la caja de derivación y la activo. Con esto el problema debería estar solucionado.

—¡Aquí Hammond! Caja de derivación de los sistemas de control restablecida. ¡Estoy recibiendo una lectura! Ya lo tengo…

La señal se corta de improviso, espero que esté bien y que sea sólo una pérdida temporal. Por otro lado, tengo compañía. De los respiraderos han surgido varias criaturas, no tengo tiempo que perder con ellas, así que lo mejor será intentar dejarlas atrás. Utilizo los biombos de metal para obstruir el camino de mis enemigos, puede que sean rápidos pero carecen de una inteligencia amplia, vuelvo al ascensor y bajo al último piso.

Las puertas se abren y en frente, a unos siete metros, veo una figura humana. Está un poco arqueada y, a pesar de ser un contorno en las sombras, se ve que no es uno de esos monstruos.

—Devuélvenos a la vida.

Otra vez… dicha la frase el hombre desaparece por un pasillo a su derecha, no quiero precipitarme en seguirlo, quién sabe si será una nueva cepa de criatura. Salgo del ascensor y recojo un registro sonoro del suelo.

Aquí Temple. El puente está hecho polvo. No sé qué ha pasado por aquí pero no pienso quedarme a esperar a que vuelva. Voy al sistema hidropónico a buscar a Elizabeth.

Temple… ¿Qué tan lejos llegaría por rescatar a su amada? Supongo que igual de lejos que yo por rescatar a Fluffle y a Erika. Continúo mis andanzas por el pasillo por donde desapareció la figura. La escasez de luz ya es un hábito, pero lo que es un poco extraño es volver a encontrar un hinchado, no había visto otro desde mi incursión al motor. La infecta y gorda criatura es mucho más lenta que sus semejantes y no me resulta difícil abatirla; sin embargo, cuando cae al suelo su vientre se abre liberando una horda de pequeñas criaturas… son como fragmentos de su carne que tienen consciencia propia. Las pequeñas criaturas se lanzan contra mí, están intentando arrancarme la armadura. Ruedo por el suelo en un intento de chafarlas, me cuesta un minuto el arrancar todas las criaturas de mi traje. Aquí ya solo me queda cumplir con la misión abriendo la caja de derivación. Subo el último interruptor del sistema eléctrico que necesita Hammond para poner el sistema de defensa en línea.

—Bien. Tenemos energía.—Hammond parece contento—El sistema de objetivo automático se ocupará de repeler tanto a los icebergs como a los reyes marinos. Ya podemos ir a buscar a Kendra.

—¡Un momento!—interrumpe la voz de Kendra—Bleyd, Hammond… No lo vais a creer. Los niveles de toxinas están creciendo. Algo envenena el aire de la nave, y está llenando la cubierta superior con esa cosa orgánica. Pronto no podremos estar en el interior del buque. Pero si he entendido los informes del laboratorio correctamente, podré crear un veneno para destruirlo. Id a la cubierta médica. Debería haber allí todo lo que necesitáis.

—¿Esto no va a acabar? Bleyd, ve a la cubierta médica y mezcla todo lo que te pida Kendra. Yo iré hasta el sistema hidropónico. Si puedo ralentizarlo, quizá podamos respirar lo suficiente para combatir.

—De acuerdo, tener cuidado ambos, voy al pabellón médico. Bleyd fuera.—Estoy empezando a tener complejo de trompo…

Comienzo a desandar el camino hacia el ascensor, un ruido a mi izquierda hace que me vuelva justo para ver una pelota abalanzarse contra mí. ¿Pero qué carajo…? Poderosos tendones se enroscan en mi garganta intentando asfixiarme. El causante es un cráneo que ha enredado sus tendones en mi cuello. Intento soltar su agarre, pero es inútil. Pierdo aire y el mundo se oscurece, golpeo a la criatura con la culata de la cortadora de plasma, un tono negruzco recubre su superficie mientras el haki la rodea. Finalmente la abominación afloja su presa y la arranco de mi cuello. Entro en el ascensor recuperando el aire y la visión, no me entretengo mucho, el tiempo apremia y he de crear la maldita toxina para limpiar el sistema de aire del interior de la nave.

Abandono el ascensor y dejo atrás el puente de mando en dirección de nuevo al monorraíl.


CAPITULO 5 DEVOCIÓN MORTAL


La cubierta médica… vuelvo aquí ¡otra vez! Si la primera visita me gustó poco, esta me temo que me gustará menos… Los cadáveres que había en el andén han desaparecido. Me gustaría creer que han sido devorados por esas criaturas, pero, para qué engañarme, seguro que se han levantado como más monstruos.

—¡Joder, Bleyd!—Kendra, no suena nada reconfortante—Huelo el aire contaminado desde aquí. ¡Se extiende más rápido de lo que pensaba! Intento aislarlo pero no ganaremos mucho tiempo. ¡Tenemos que sacar esa cosa de la nave! Los productos químicos están en el laboratorio. Te abriré cuando llegues.

Me pone un mapa por la videoconferencia, ahora sólo tengo que pasar a través de lo que sea que me espera, para variar. Recorro el pasillo que me lleva al pabellón médico, donde derribé la barricada. Aquí también faltan las bolsas de cadáveres. Mal rollo. Entro en el pabellón sin oposición, con los pelos de punta, la luz blanca que tenía en esta sala ha desaparecido, está apenas iluminada por las intermitentes luces de emergencia. Genial, así parece mucho más escalofriante.

—No puedes cambiar los planes de Dios… el orden natural… ¿estás… estás ciego, como el resto?

—Kendra, ¿has oído eso?

—Sí. Parece que, además de estar en el sistema de megafonía, ha reprogramado las cerraduras en esa cubierta. Y hace poco. Creo que no estamos solos. Alguien no quiere que pases a esa parte de la nave.

—De acuerdo, me dirijo a diagnóstico por imagen, a ver qué puedo encontrar.

—Buena suerte Bleyd, yo cuidaré de Fluffle.

El pasillo que lleva a los diagnósticos está oscuro no… lo siguiente. Es una maldita boca de lobo. Hasta ahora, no lo había necesitado, pero este me parece que es un buen momento para activar la visión nocturna de mi casco. Eso me permitirá ver en la oscuridad, la pega es que si me encuentro una fuente de luz mientras la uso me dejará deslumbrado en el acto. Correré el riesgo.

Empiezo a cruzar el pasillo despacio y alerta, lo cual es sabio, pues dos pequeñas criaturas lanzadoras de hueso corretean por la pared en mi dirección. Apunto y espero a que extiendan los tentáculos que salen de su espalda, entonces disparo la cortadora de plasma horizontalmente segando las tres extremidades de un solo disparo. Las criaturas caen a tierra con un aullido, no sé si de dolor o de frustración. Puede que las dos cosas.

El pasillo me lleva a la sala de diagnósticos, donde una gigantesca máquina, que estoy seguro es un escáner, se mueve descontroladamente, aunque no impide el acceso… tan solo parece estropeada. Recojo con el módulo cinético un balón de oxígeno y pienso encasquetárselo al primer desgraciado que encuentre en esta maldita oscuridad. Camino hacia el fondo de la sala dejando atrás el escáner. Mi objetivo es un pequeño montacargas al final de la sala, sin embargo, una nueva criatura hace acto de presencia. Parece ser un gordo pegado a la pared mediante esa mierda que crecía en la sala de motores. Nada más verme, aúlla y cuatro tentáculos de dos metros salen de su estomago… cualquiera se acerca. Pero no tengo que hacerlo. Le disparo el balón de oxígeno directo al pecho y el impacto hace que detone, la presión contenida en la botella hace saltar en pedazos a la criatura. La cabeza cuelga inerte y los tentáculos han sido arrancados, su cuerpo sigue adherido a la pared. No me fío mucho, así que paso de acercarme.

El montacargas me lleva a los pisos superiores y después de girar un par de esquinas encuentro de frente el área de terapias.

—Estás cerca de la estación química. Allí, vas a necesitar una muestra de ADN de las criaturas. Revisaré los informes a ver si hay alguna.

—De acuerdo, Kendra, voy a para allá.

Bajo en otro montacargas y por fin puedo desactivar la visión nocturna. No es que haya mucha luz, pero es suficiente para ver. Recojo con cautela un registro sonoro abandonado encima de una mesa.

Informe personal del Dr. Challus Mercer.

—Ya tengo un sujeto vivo para mi estudio. Estoy impaciente por confirmar mi teoría sobre la regeneración de los tejidos.—Apenas es audible pero puedo escuchar de fondo la voz de alguien… Suplicando.—El encierro inicial supuso un problema, pero ahora el paciente descansa plácidamente. Él confía en mí, Dr Kyne. ¡Pone su vida en mis manos! Sabe cuál es su papel en todo esto; entiende lo que voy a hacer, ya se ha lavado y marcado la frente…
—¿Qué vas a…?¿Qué vas a hacer con eso?
—… Y ahora intentaré crear una entrada para insertar la muestra de tejido…
—¡No!¡No!¡Noooooooooooooooooooooooooo!

Vale parece que tenemos un doctor loco que sacó al Dr Kyne de su encierro después de matar al capitán y que, usando… por el ruido de la grabación yo diría que un escalpelo circular, le abrió en canal y le insertó parte de esos monstruos… Asqueroso.

Entro en la sala de química y a mi izquierda veo flotando, en un tanque de formol, dos figuras: una es humana, le han arrancado la piel del cuerpo; y la otra es una de las abominaciones que pueblan la nave, aunque es una especie que aún no me he encontrado. Parece inerte, mejor no molestar. A mi derecha hay una puerta bloqueada y una cristalera, delante mi objetivo: la mezcladora con la muestra que necesito.

Activo la máquina que procesa la solicitud y me entrega un compuesto antígeno en una cápsula. Me la llevo. Al volverme, veo un ser humano tras la cristalera. Es un varón de color, tiene barba y viste de blanco como la tripulación de la zona médica.

—¿Qué crees que estás haciendo?—dice el tipo—Tu lucha por la supervivencia es admirable pero inútil. Y aun así, sigues intentándolo. Me hace pensar que teníamos esperanza como especie. ¿Soy el único que ve que morimos hace mucho tiempo? Aún no lo hemos asumido. Deja de correr, abandona tu lucha. Tu futuro, el futuro de nuestra raza en extinción, acaba aquí. Deja que te presente al futuro de la humanidad. Los hijos que nos sustituirán. Nuestra mayor creación.

El tío comienza a pirarse después de soltar su discursito siniestro y estoy seguro que no es para traerme bombones.

—¡Maldito psicópata hijo de puta!—grito sólo para quedarme a gusto—, cuando te ponga las manos encima te voy a hacer tragar tu asquerosa sangre fría, ¡vuelve aquí! todavía no he acabado contigo…

No puedo seguir recriminándole cosas, la criatura que se encontraba en el formol comienza a agitarse. Ha encontrado apoyo en las paredes del tubo y se impulsa haciendo añicos el cristal reforzado. Es más voluminosa que las demás, pero acabaré con ella como con todas las anteriores. Sigo el sistema de ralentización y desmembramiento hasta dejar solo el tórax, ahora tengo que salir de aquí… si pudiera, pues ése maldito cerdo tarado me ha dejado atrapado.

Un ruido de huesos rotos y sangre salpicando el suelo hacen que me vuelva con terror. El bicharraco se está levantando otra vez. Cabeza, brazos y piernas le han vuelto a nacer a una velocidad monstruosa. Insisto en erradicarla y, por segunda vez, la criatura vuelve a regenerarse desde cero.

—¡No puedes matarlo, Bleyd!—Kendra me devuelve a la realidad—¡Va a seguir regenerándose! Sal de ahí ya… ¡Corre!

Tengo que salir de aquí. La puerta por la que he venido se abre gracias a que mi compañera aún vela por mi seguridad. Echo a correr sin mirar atrás. Los rugidos de esa cosa me persiguen, puedo escucharla tras de mí pero no le veo…

La transmisión de Kendra es interrumpida por la voz de Hammond.

—¿Hay alguien ahí? ¡Repito! Adelante, Bleyd… ¡Kendra! ¿Hay alguien ahí?—por fin se manifiesta.

—¿Hammond? ¡Donde coño has estado?

—He llegado al sistema hidropónico. No hay nada que hacer… ¡es un caos! ¡Casi no puedo respirar! ¡El material orgánico crece por todos lados! Me pican los ojos… creo que estoy viendo cosas.

Ni me molesto en responder, necesito atravesar diagnóstico lo más rápido posible y dejar atrás a ese monstruo. Dejo de oír sus rugidos cuando llego al pabellón médico y me doy un instante para tranquilizarme.

—Tienes que encontrar una muestra de ADN del tejido.—Kendra me sigue enviando instrucciones, en cierto modo es un consuelo tenerla al otro lado del comunicador… sé que Fluffle está con ella y eso me reconforta y me ayuda a concentrarme—Según los informes de laboratorio, hay una muestra inerte en la UCI. Parece que un tal Dr. Mercer estuvo investigando sin descanso. He intentado mantener el contacto con Hammond pero ahora sólo oigo interferencias. Bleyd, tienes que darte prisa.

—Sí, estoy en marcha. Por cierto, he conocido al buen Dr, Mercer o supongo que era él, esta como una regadera… creo que fue quien creó el bicho regenerativo.

—Aléjate de esa monstruosidad Bleyd, buena suerte.—Sabio consejo que pienso acatar sin rechistar.

Me adentro nuevamente en la clínica del Meln, traspasando la barricada. Ya estuve aquí cuando fui camino a la morgue, aunque ahora tengo otro objetivo. Entro en la sala de espera y tras las cristaleras, en otra habitación, está mi querido Dr.

—Tu persistencia me fascina. Te aferras al último aliento para encontrar una salida. Te agarras con uñas y dientes a lo que un día fue tu mundo. Pero ahora pertenece a estos hijos. Alégrate de saber que tu muerte… ¡les dará la vida! ¡Escucha! ¿Lo oyes? Ya viene… reza todo lo que sepas.

El doctor vuelve a alejarse de mi alcance, puede que esté como una regadera pero en una cosa tiene razón: la criatura está cerca. Entro en la zona médica tristemente iluminada, lo de siempre: camillas, sangre y algún cuerpo decoran la estancia. No sé a qué me voy a enfrentar, pero mejor estar preparado. Las criaturas no se hacen esperar, empiezan a irrumpir a través de los conductos de ventilación. Me atrinchero en una cabina de examen, que solo tiene una puerta… Mala elección, yo mismo me he atrapado y, aunque me permite erradicar a mis ya conocidos enemigos, tengo un puto tapón que me impide salir. Algo me golpea por detrás y veo cómo la sangre cae a chorro por mi costado. La cuchilla de la criatura ha seguido la línea de la costilla, pero no ha conseguido rompérmela. Embisto al ser contra la pared y pateo su rodilla con toda mi frustración y mala hostia, el hueso se fractura con un horrible crujido, pero no impide que busque mi carne con sus fauces. Me abrazo al esperpento y me giro en el mismo instante que el regenerador atacaba… sus cuchillas se clavan en la carne de mi rival y, sin ninguna piedad, el regenerador divide en dos partes al monstruo.

No quiero ser su siguiente víctima, así que uso el módulo de estabilización para ralentizarlo, eso me da tiempo de rodearlo y salir de esa trampa mortal. La sala está plagada de criaturas, podría pararme a contarlas, pero prefiero correr lo mejor que puedo y evitarlas mientras busco una salida que no existe. Ese hijo de perra me ha encerrado a cal y canto.

—Alguien está bloqueando el protocolo de la puerta.—mi compañera se esfuerza—He pirateado el cierre. ¡Vamos!

—¡Kendra! Gracias al cielo.—empiezo a apreciarla, aunque sea una histérica.

Me hago con una bombona de oxígeno y la lanzo contra el grueso de las criaturas antes de arrojarme por la puerta que me sacará de la infesta sala de emergencias. No me interesa saber qué ha sucedido, sólo correr antes que la adrenalina me baje y esté reventado.

Corro por el pasillo y me refugio en un pequeño almacén a mi derecha. Cierro la puerta, me siento en el suelo e intento calmar mi respiración, que se ha disparado. Me falta el aire y estoy cubierto de heridas. Registro el almacén y encuentro regeneradores celulares, alcohol, gasas y vendas, suficiente para hacerme un apaño. También me pimplo un buen puñado de componentes vitamínicos, necesitaré energía para lo que viene… ya descansaré cuando salga de aquí, o cuanto esté muerto.

Salgo de la sala aún tambaleante, me tiemblan las piernas, pero he de continuar. Si no consigo ese antígeno el barco entero será una zona letal… vale más de lo que ya es.

A mi derecha, está la zona de camas en donde los pacientes se supone que descansarían antes o después de las diferentes intervenciones. Lo curioso es  que hay una figura parada al fondo del pasillo, no puedo verla muy bien, pero estoy seguro de que no es una de esas criaturas. Me acerco apuntando con mi arma, poco a poco descubro qué es en realidad.

Se trata de una mujer de color, de unos veintitantos. Está ensangrentada de pies a cabeza y no sabría decir si ríe o llora. La cama frente a la que se encuentra está igual de sucia, a su lado en el suelo el cuerpo sin vida de un joven. Lamentándolo mucho, no puedo hacer nada por él, y por lo que veo tampoco por la mujer, está en un estado catatónico y no responde a ningún estimulo ya sea físico, sonoro o visual. Me rompe el corazón dejarla aquí, pero no tengo más opción, no puedo cargar con ella o tal vez sí…

Me he atado a la chica a la espalda, no pienso dejarla atrás. A pesar de llevarla conmigo, sigue riendo histérica. Si consigo sacarla de aquí, estoy seguro de que con la terapia adecuada podría recuperar su salud. Atravesamos las distintas salas hasta el laboratorio del Dr. Chiflado.

La habitación es un caos: cabezas en frascos y sin ellos, sangre en las paredes y el suelo… extraños símbolos de demencia pintados por todas las superficies, me dan ganas de vomitar.

Informe personal del doctor Challus Mercer.

El espécimen sigue respondiendo bien a mis experimentos. Su fortaleza celular, y no digamos su elasticidad, son sobresalientes. Estoy seguro de que el Doctor Kyne no lo aprobaría. Pero no adelantemos acontecimientos, ya que el buen doctor está ocupado con el Poneglyph… ¡como si eso importara ahora! Ha sucumbido a la misma demencia que infectó la colonia. Ayer mismo me dijo que había hablado con su esposa… pero Amelia Kyne lleva muerta muchos años. El sujeto comienza a agitarse. Paciencia. Tu hora llegará pronto… Muy pronto.

La risa estridente a mi espalda se combina con el plan desquiciado del doctor… Parece un chiste de muy mal gusto, aunque ahora he de mezclar la muestra con el compuesto químico y pronto habré acabado.

—¡Eso es, Bleyd!—Kendra me anima un poco—Ahora termina de mezclar el veneno.

—¡Esto ha ido demasiado lejos! ¡Asume tu papel en los planes de Dios! ¡Abraza tu propia extinción!—el puto doctor vuelve a tocarme las narices.

—¡Joder! ¡Es Mercer, está en las transmisiones! Kendra ¡sácalo del maldito sistema!

—Alerta. Fallo en el sistema de ventilación en la cubierta médica. Evacúen inmediatamente.—lo que nos faltaba…

—¡¿Que cojones ha hecho ese capullo?!

—Bleyd, ha desactivado la ventilación—la voz de Kendra suena alarmantemente seria— el veneno se está esparciendo por toda la cubierta y no tengo acceso a esos sistemas. ¡Todo el aire está infestado! Podrás arreglarlo desde la estación de seguridad. ¡Pero no tienes mucho tiempo!

Desafortunadamente, mi acompañante muere entre toses y risas psicóticas. El aire cargado de veneno ha acabado con su vida. Dejo el cuerpo con una mezcla de lástima, pena y algo de alivio. Pena por no poder sacarla de este infierno, alivio porque al menos no tendré que cargar con ella y eso me lo pondrá un poco más fácil, espero… Al menos la armadura lleva un soporte vital que me proveerá de aire durante un breve período de tiempo que aprovecharé para arreglar este desaguisado. Será suficiente si me doy prisa.

Desando todo el camino hacia el ala médica, tendré que volver a la zona química. Lo malo es que he de cruzar la habitación de urgencias una vez más y no creo que las criaturas se hayan ido… Efectivamente, allí están. Reaccionan al instante abalanzándose sobre mí, no tengo tiempo para lidiar con ellas. Ralentizo al regenerador y salto por encima de las demás en dirección a la salida. Lo consigo. Dejo atrás esa zona de muerte, entro en el pabellón médico y puedo activar la ventilación para purgar este aire infecto.

—Buen trabajo Bleyd. Tienes todo lo que necesitas para hacer el veneno. Vuelve al laboratorio químico.—oigo a Kendra una vez más.

—Lo que vaya a hacer… hágalo ya. Casi no puedo respirar.—es la voz de Hammond.

—Hammond, ¡pierdo la señal! Intentaré cambiar de canal… ¡Mierda! ¡He perdido la señal! Seguiré escaneando su posición…—Kendra lo intenta desesperada—¡Tienes que mezclar ese compuesto!

—De acuerdo…—estoy agotado, pero no hay tiempo que perder—No me hace ninguna gracia volver a ese sala, el regenerador esta por aquí.

—Bleyd, es la única manera. Solo tú puedes hacerlo.—lo sé Ken… lo sé.

Suspiro y me pongo en marcha de nuevo, alguien tiene que hacerlo. Los pasillos siguen tan oscuros como la primera vez que pasé por aquí, vuelvo a activar la visión nocturna, no tengo mucho problema para llegar a la sala de diagnósticos por imagen.

—Tengo más información sobre la atmósfera.—Kendra informa—Un superviviente dejo registrado que una criatura descomunal entró en la cubierta del sistema hidropónico. A partir de ese momento, el aire comenzó a deteriorarse. El superviviente lo llamó… el leviatán.

He regresado a la sala donde conseguí la muestra y donde conocí a mí peor enemigo: el regenerador. Tengo que hacer la mezcla y podré ir a buscar a Hammond. Los segundos que tarda la máquina en completar el proceso parecen minutos pero, finalmente, tengo la mezcla completa.

—¡Buen trabajo, Bleyd! ¡Espero que ese veneno funcione! Regresa a la estación de monorraíles y ve hacia el sistema hidropónico cuanto antes. Sigo sin respuesta de Hammond, ¡así que ten cuidado! No sabemos el grado de contaminación que hay en esa cubierta.—recibido, Ken.

Intento salir por donde he venido, pero la puerta está bloqueada, mis sospechas se confirman cuando la radio vuelve a encenderse.

—Lo cierto es que comienzo a admirar tu espíritu… ¡aún extraviado como está! Creo… creo que deberías contemplar… todo el plan. No deberías rechazar las ofertas de la Gnosis Colectiva. Te mereces ser testigo de esto, al menos.

La puerta de la cristalera donde vi por primera vez al doctor está ahora desbloqueada. Sé que es una trampa, pero no puedo hacer otra cosa. Me adentro en lo desconocido una vez más en busca de un monstruo peor que los que recorren este barco. A ver qué me encuentro.

La sala es una nevera, parece una sala de almacenaje. Varios especímenes están conservados en hielo, puestos en hilera unos al lado de los otros, tal vez una cámara de criogenización. Al fondo de esta, de nuevo detrás de unas cristaleras, el Dr. Mercer.

—Ahora puede que entiendas…—dice el muy cretino—mi trabajo debe continuar… ¡y lo hará! ¡Yo, el Dr. Challus Mercer, me sacrificaré por la salvación de nuestra especie! Estos especímenes regresarán a Sideros conmigo, ¡y extenderé su gloria divina por todo el planeta! Te dejaré con mi creación. Acepta lo inevitable.

—¿Ni siquiera te vas a quedar a ver el espectáculo?—lo miro con desprecio, cada vez me tiene más harto—Maldito cliché de villano, déjame aquí a que me mate tu creación… ¿Sabes cómo acabará esto? Yo te lo diré: contigo muerto. ¡Cabrón!

El doctor abandona la pequeña sala donde se encontraba por una puerta lateral. Justo en ese momento, el regenerador entra en escena saliendo del suelo, atravesando las planchas de metal como si fueran de papel. Me retiro fuera de su alcance entrando en la sala de control. He de ralentizarlo con el estabilizador y presionar el botón de inicio… esto, ¿dónde diablos está ese boton? Me muevo raudo por la sala, buscando el panel de control del sistema de criogenización. Finalmente, lo veo un clásico botón grande y rojo, aunque ahora he de volver a jugar con el regenerador para que entre en la cabina sin destriparme. Menos mal que el chico no es muy listo y me sigue como un perrito faldero… grande y con intenciones asesinas, pero sin conocimiento de lo que le rodea más allá de paredes y seres vivos. Le cerceno la pierna usando la cortadora a base de insistir en el mismo punto. El golpe contra el suelo cubierto de escarcha resuena en la sala, pero no me dejo impresionar. Lo ralentizo nuevamente y me dirijo con premura al interior de la sala de control. Activo el ciclo de criogenización.

—Ciclo de congelación completado. Transportando paciente.- el altavoz de la sala me indica que mi plan ha funcionado.

Unas enormes pinzas se llevan al regenerador convertido en polo a un hueco en la pared, ahora la criatura no es más que un cubito de hielo gigante.

—Espero no volver a ver una de esas… cosas. Conseguí anular el bloqueo de Mercer. Tienes cerca una estación de monorraíles secundaria que te llevará al sistema hidropónico. Espero que tengamos tiempo.

—Gracias Kendra, estoy camino a la estación. Llegare lo antes posible a hidroponía.


Última edición por Bleyd el Miér 23 Ago 2017 - 18:49, editado 1 vez
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Mar 22 Ago 2017 - 19:15

CAPITULO 6 PELIGRO AMBIENTAL

Desciendo a la estación del monorraíl después de un viaje en el que he intentado curarme lo mejor posible. Tengo dos costillas rotas y supongo que necesitaré tiempo para que sanen; cortes, hematomas… y no hablemos del lamentable estado de la armadura, está que se cae a pedazos, pero mientras cumpla con su cometido tendré que apañarme. He intentado evitarlo, pero creo que voy a necesitar comprar esa actualización que vi en la tienda, así que busco en la estación la tienda que nunca me ha fallado… hasta ahora. No tengo tienda justo cuando más la necesito. En su lugar parece que hay unas cuantas cajas sobre las que encuentro un registro de voz. No pierdo nada por escucharlo.

Registro del sistema hidropónico.
Dra. Elizabeth Cross. Me alegra decir que estamos trabajando a casi plena capacidad. La flora está sana y desarrollándose, y los campos han dado excedentes de alimento. Pensaba transferir el excedente a la colonia, pero el capitán ha dado la orden de no navegar. No estoy de acuerdo con esa orden. Todos saben que ahí abajo tienen problemas y no conseguirán nada negándoles excedentes.

—Bueno, al menos a alguien le iban bien las cosas antes de que todo se fuera al infierno.—Pienso en voz alta. Aunque, ese nombre… ¿de qué me suena? ¡Ah! Es la chica de Temple, el ingeniero que logró escapar de la zona de motores. Espero que consiguiera encontrarla aunque por el aspecto que tiene este sitio… parece que aquí no ocurrió una carnicería como en los otros y, si Hammond pudo pasar, seguramente no habrá muchas criaturas. Vale, retiro lo dicho. ¿Qué demonios pasó aquí!

En los baños, a mi derecha, se apilan los cadáveres. Puedo verlos sin la necesidad de entrar y, la verdad, no tengo ninguna gana de inspeccionar esa estancia. Mejor paso de largo y continúo mi camino. Entro en el ascensor que me lleva a hidroponía. La primera sala es una zona de descanso bastante bonita: asientos y un enorme cartel de tomates con una familia feliz. Lo bonito es que realmente hay tomates cultivados en la tierra, incluso el ciclo de riego funciona, sé que no es el mejor momento pero desde esos donuts y el café no he comido nada, así que…

—Pues están buenos estos tomates.—Sí, he de acordarme de recoger algunos a la vuelta para comer en el monorraíl.

Cruzo la estancia hacia el interior de la cubierta de hidroponía. En el suelo, encuentro por fin a Hammond, bastante hecho polvo, pero aún vive. Lleva con él una ametralladora ligera.

—Bleyd… me alegro de verte de una pieza. No te quites el casco… el aire es pútrido.—Hammond jadea—Pude verlo… es enorme… no lo creerías. Se encerró en el almacén de alimentos. La tripulación de esta cubierta… creo que es la causa del aire contaminado. Se han transformado… vi a uno de ellos… Hinchado, inflamado. Son generadores de veneno… tenemos que sacarlos fuera mientras podamos respirar…

—¡Hammond!—la primera vez que Kendra parece contenta—¡Pensé que habías muerto! ¡Tienes que ir en busca de aire limpio! No podrás ayudar a Bleyd en esas condiciones. Bleyd, estoy escaneando la zona. Es verdad. Hay algo muy grande en el almacén de alimentos, pero no puedo obtener una buena lectura… La escala del monitor no alcanza… Tened cuidado.

—Vamos, Hammond—le digo tendiéndole una mano—te llevaré a la sala de al lado, allí estarás mejor, tienen asientos y el aire es más potable

Me toma un momento levantar a Hammond y llevarlo a la sala anterior, espero que esté bien mientras soluciono el problema. Ahora tengo que pasar por los cultivos de calabazas y melones hacia la puerta que da acceso de la zona de información.

—A tu derecha esta la puerta del almacén de alimentos. Pero no puedo anular todo el bloqueo. Destruye a las criaturas que menciono Hammond para que la calidad del aire tenga un nivel aceptable. Después podrás pasar y utilizar el veneno contra el leviatán.—Escucho la guía de Kendra, ya me he acostumbrado a tenerla en mis oídos como un mapa sonoro.

Esta sala es una intersección de caminos, pero lo más importante es que tiene una tienda. ¡Por fin! No me lo pienso dos veces y accedo a su sistema para comprar la mejora de la armadura y de paso repararla. Nada más pagar con los berrys que he ido saqueando desde hace tiempo de las diferentes salas, una reja se pliega y me deja entrar. Con temor, accedo al interior para ser retenido magnéticamente mientras la maquina hace su trabajo.

Unos segundos después, salgo con una armadura nuevecita y totalmente impoluta de un bonito y elegante color blanco. Según sus especificaciones, está preparada para trabajar en ambientes tóxicos, acidos y subacuáticos, dispone de pies magnéticos y las cualidades de mi anterior armadura que se han conservado, una bagatela. También veo una mejora para la cortadora de plasma, un cañón lineal, perdería la posibilidad de un disparo vertical pero ganaría potencia de penetración y como disparo secundario eyecta una mina temporal que detona a los cinco segundos y se lleva todas las demás en un área de tres metros por efecto simpatía. Ricas golosinas. No me lo pienso, actualizo mi armamento  y, finalmente, termino de arruinarme comprando más munición.

Dejo la tienda y me centro en la exploración de lo que me rodea. La sala tiene un enorme panel central con indicadores de pureza del aire. Ahora mismo está rojo, con el símbolo de peligro biológico… Muy halagüeño, será mejor que me ponga manos a la obra. Entro en la antecámara de la zona de plantaciones.

—Supongo que debería alegrarme de que Hammond esté vivo, pero sigo sin confiar en él. Creo que oculta algo sobre el Poneglyph—Kendra me va a acabar mareando con sus conspiraciones judeo masónicas… estamos todos en el mismo barco, nunca mejor dicho.

Accedo a la zona de plantaciones. La primera estancia consiste en unos gigantescos recipientes, tal vez sea abono. Por lo que puedo observar, hay muchos pequeños almacenes con productos para la huerta y la jardinería, nada que me sea útil ahora mismo. Subo en un montacargas a la zona superior por encima de los contenedores de abono líquido y accedo finalmente a la cámara de cultivos.

La sala es de las más grandes que he visitado, si no la más amplia tanto en altura como distancia: macetones e invernaderos dominan la zona, tomates, calabazas, maíz, trigo… toda clase de verduras y hortalizas se cultivan aquí. La parte mala es que también hay un criadero de monstruos. Puede verse el movimiento a través de los invernaderos cruzando los altos tallos del maíz. No lo dudo ni un instante y uso el cañón lineal, a la altura de mi cadera. Un haz azulado sale disparado en línea recta y atraviesa la plantación de lado a lado llevándose por delante mazorcas, hojas, carne y huesos sin hacer ninguna diferencia. No quiero arriesgarme, uso el secundario para minar el área delante de mí y me alejo mientras las criaturas me persiguen sólo para escuchar la detonación y contemplar durante un segundo los cercos en el maíz y las monstruosidades convertidas en espectaculares y macabros fuegos artificiales de vísceras y sangre. Me refugio de la marea de criaturas supervivientes en un almacén cercano y allí lo veo: es un hombre envuelto en una miasma tóxica que hace que mi traje tenga que usar el oxígeno de emergencia. El monstruo está sentado sobre sus talones, en la espalda le han crecido unos gigantescos y horribles pulmones que exhalan el veneno en el aire; los brazos se le han soldado con las piernas a base de tiras de piel y tendón, seguramente apenas podría moverse. Acabo con su sufrimiento a golpes, no necesito tirar la munición con esta basura.

El aire se vuelve menos tóxico en cuanto la criatura da su último aliento. Ahora debo encontrar al resto de seres y eliminarlos, tal vez se escondan en un almacén, hay cinco repartidos por la zona. Además, en el centro de la sala hay un montacargas que lleva a los niveles superiores, por encima de los cultivos. Después de registrar los almacenes con escaso éxito, pues sólo tuve que eliminar a otro infeccioso en uno de ellos, asciendo con la intención de tener mejor vista. Y vaya si la tengo… aquí arriba hay más salas que aún no he explorado, tal vez en ellas encuentre más seres infecciosos como el anterior. Efectivamente, la sala está llena de vapores tóxicos y, junto a los varios cadáveres que pueblan el suelo, no dan una buena primera impresión. Camino con cuidado hacia el fondo de la sala buscando a la criatura. Sin ningún aviso, el rostro de Erika salta en una pantalla de ordenador justo a mi izquierda, dejándome de una pieza.

—Bleyd… devuélvenos a la vida…—su voz suena triste, apagada y sólo dura unos instantes. Rezo para que esté bien hasta que llegue a ella.

La criatura se escondía detrás de un panel. No ha sido difícil localizarla, el problema es que, mientras yo ejecutaba al infeccioso, dos mantas han irrumpido por detrás y han comenzado a reanimar los cuerpos muertos que había en la sala. Disparo el cañón lineal en modo secundario. Una vez plantada la mina de energía entre las criaturas y los cadáveres, abro fuego con el disparo primario una, dos y tres veces, hasta que la mina detona empujando los cuerpos y los monstruos por la sala, las mantas no han soportado el castigo y yacen en el suelo sin vida, pero los reanimados usan haki y continúan en pie de guerra. Uso el módulo de estabilización cuando saltan contra mí y los ralentizo en medio del aire pudiendo apartarme de su camino y dejando que se estampen contra la pared del fondo. No les dejo tiempo para recuperarse y los despedazo con el cañón lineal.

Salgo de nuevo a la plataforma situada en las alturas de los invernaderos y me dirijo a explorar lo desconocido. La puerta me da acceso a un largo pasillo lleno de gases y tuberías por el que camina un esquelético monstruo. Sus piernas se han fusionado en una sola extremidad y su brazo derecho se ha alargado para poder caminar con ella… mientras que en el derecho un bulbo brillante de color amarillo anaranjado ha crecido desproporcionadamente. Disparo con el cañón lineal atravesando la criatura de lado a lado. Pero en seguida me doy cuenta de que no debería haberlo hecho. El brazo izquierdo no es otra cosa que una gran bomba, acaba de volatilizar a la criatura en un instante. Será mejor no dejar que se acerquen. Limpio mi camino fácilmente de estas criaturas. En solitario no representan ningún peligro, pero si me cogieran desprevenido esa detonación podría costarme la vida.

Unos minutos después, llego al sistema de filtración de aire, aún sigue activo. La sala son tres enormes cañones lanzallamas en los que entraría perfectamente. Parece que están trabajando a toda potencia para eliminar las toxinas a base de fuego purificador… o tal vez no.

Entro en la sala de control esperando poder apagar o ralentizar el sistema. En su lugar, un nuevo registro sonoro, una nueva pieza en la historia de la nave.

¿Hola? ¡Hola! ¡Seguridad! Gracias a Dios. Soy la Dra. Cross, estoy en el sistema hidropónico. Intento localizar al subingeniero, Jacob Temple ¡No puedo llegar hasta ingeniería! ¡Claro que sé que hay una alerta médica! ¡Por eso intento localizarlo! No, estamos a salvo. El monorraíl no funciona y no llegamos a las cápsulas salvavidas. ¡Hola! ¿Ho… hola?

La transmisión se corta con un grito agudo y estática… parece ser que no llegó a conseguirlo. Desde la sala puedo ver al maldito infeccioso. Bueno, al menos veo el aire tóxico que genera a través de las grietas del suelo. La única ruta que me queda es cruzar por los cañones de fuego, una tarea arriesgada pero… quién dijo miedo. Es cuestión de vida o muerte, así que rompo los sellos de seguridad que me dan acceso al interior de los cañones de fuego disparando a los sellos protectores de los dos conductos adicionales. Calculo el tiempo entre fogonazos y corro atravesando el primero, tengo que esperar seis segundos y se encenderá el tercer quemador, dos segundos y se apagara, uno más y estará encendido el segundo. No me preocupo de las criaturas que me han seguido a los conductos, me limito a ralentizarlas y dejarlas atrás: el fuego se encargara de ellas. Yo me encargaré del tóxico que está al final de tan peligroso recorrido.

Lo conseguí. He acabado a golpes con la criatura que envenenaba el aire en la zona de filtrado  y ahora estoy descendiendo en un ascensor en dirección a los cultivos. Una alerta salta por los altavoces.

—Alerta. Detectada masa de diez kilotoneladas en el almacén de alimentos.

Diez kilotoneladas… eso es una maldita salvajada ¿que demonios hay metido allí dentro?

Salgo del ascensor sin perder más tiempo y dejo atrás la sección de cultivos oeste. Cruzo los tanques de abono y llego a la encrucijada. Ahora me falta limpiar de envenenadores esta área. He encontrado un informe sobre corrupción en la entrada a la sala de cultivo este:

INFORME DEL LABORATORIO QUÍMICO
DE: PROF. JAGERWALD. H
ATT: DR. CROSS. E
Elizabeth.
No hay duda de que estás al corriente del brote orgánico que se ha encontrado en ciertas partes de la nave. He examinado la sustancia y he pensado que los resultados podrían serte interesantes.
Las células se parecen a bacterias con comportamiento vírico. Al igual que las bacterias, el organismo infecta a otras células por ósmosis, a continuación muta y se reproduce de forma asexual.
Lo más sorprendente es la velocidad de propagación. Un sola bacteria se reproduce veinte veces en un minuto. Nunca había visto nada igual. No apostaría mi reputación en ello, pero creo que puede ser una forma de vida prehistórica por no decir alienígena.
El profesor Hawley cree que puede ser un transformador de hábitat. Los niveles de producción gaseosa son enormes, razón por la que desprende ese fétido olor, pero desconocemos la finalidad. Te mantendré informada.
-Heinrich.

Entro en la habitación anexa a la cámara de cultivos este. Es una sala idéntica a la que crucé antes, con enormes depósitos de fertilizante o lo que quiera que sea eso, ya no puedo estar seguro. Sin embargo, la carne parasitaria infecta el suelo y las paredes, incluso hay una ‘embarazada’ en la pared. Este tipo de criatura ya lo vi ya en la zona médica… he decidido llamarla así porque su forma de ataque es, literalmente, parir fetos por el estómago que generan un tentáculo que a su vez dispara púas de hueso… sí, lo sé, es muy bizarro pero es lo que tenemos.

En resumidas cuentas, he despachado a la embarazada de la pared usando el cañón lineal mientras me desplazaba de derecha a izquierda como un beodo. Las simientes no tienen mucho tiempo de vida y no llegan a agolparse más allá de cinco, aunque ese número es bastante peligroso, pues tienen una buena cadencia de disparo.

Asciendo a los niveles superiores en dirección a la sala de cultivo este, cruzo la pasarela que me lleva a la que supongo será otra inmensa sala llena de cultivos. O eso tendría que ser, sin embargo, la vista es desoladora… no hay ninguna planta viva, la luz escasea y la sustancia cárnica invasora crece por las paredes y el techo.

No he andado cuatro pasos hacia el montacargas central, cuando una mole prácticamente idéntica a la que tuve que liquidar en el puente de mando embiste como un miura enfurecido. No tengo tiempo ni dónde refugiarme para esquivarlo. Planto los pies en el suelo usando los pies magneticos y absorbo la potencia de la carga. La criatura continúa avanzando, arrastrándome por el suelo, pero yo no cedo y continúo resistiendo, intentando contrarrestar su abrumadora fuerza. No puedo con él, así que aprovecho su propia inercia para levantarlo y hacerle una llave. La criatura pasa por encima de mi cuerpo y la estampo de cabeza contra el suelo, sé que eso no le hará nada, pero me la he quitado de encima.

Uso el módulo de estabilización para dejarla quieta en el suelo, intentando levantarse. Disparo el cañón lineal en su espalda libre de blindaje, la monstruosidad se vuelve y se protege con los brazos formando un escudo de hueso. No tengo forma de atravesar esa defensa, pero él tampoco ataca. Aprovecho esos segundos para intentar rodearle, pero creo que es mejor dejarle una sorpresita, así que le adhiero en los brazos y hombros tres minas con el disparo secundario. Para cuando la criatura rompe su defensa, las minas detonan llevándose con ellas brazos y cabeza en una triple explosión que acaba con la mole.

Tras unos minutos de recuperación, regreso a mi objetivo de localizar y exterminar a los infecciosos que hay en esta área. El primero está dentro de uno de los almacenes, solitario y desprotegido. No cuesta mucho hacer que deje de respirar. El siguiente está encerrado en el almacén de depósitos de nutrientes. He de activar el proceso de intercambio de contenedores, para poder tener un tiro limpio. Ahora puedo ascender a los niveles superiores con el elevador. Las barandillas y pasarelas parecen estar en buen estado y estoy escuchando una de esas infecciosas criaturas, pero no consigo localizarla, en mi búsqueda he localizado otro registro de voz.

Registro del sistema hidropónico.
Dra. Cross.
Algo enorme ha chocado en el casco, cerca del almacén de alimentos, no era un iceberg, sé como suenan… Pero era grande, y pesado. Volveré a informar cuando sepa algo más.

La doctora seguramente se refiera al leviatán, tal vez fue un rey marino que fue infectado y quedó atrapado en el almacén de comida. De todas formas, he de encontrar al infeccioso que estoy escuchando, según parece, está en la última planta… Qué curioso, la plantación oeste sólo tenía dos alturas, o eso o se me pasó investigarla. Efectivamente, al acceder al tercer y último piso veo a la criatura en un rincón polucionando el aire con su veneno. La ejecuto sin miramientos y regreso al segundo nivel en pos de continuar mi búsqueda a través de los pasillos y salas de esta plantación.

El pasillo que me lleva al último lugar de la plantación está infestado de esa materia carnosa, tan sólo la pared derecha está libre. Por medio del pasillo, puedo ver hasta pilares… como si una estalactita y una estalagmita se hubieran juntado. Desde las profundidades del pasillo, a una velocidad irreal, un tendón del tamaño de mi cuerpo hace acto de presencia. Se ha acercado a mí y, sin tener tiempo para reaccionar, me agarra con la mano de la que está provisto en su extremo y me zarandea como un muñeco, golpeándome contra el suelo. El impacto es atroz y el cañón lineal se escapa de mis manos. Intento recuperarlo con desesperación, revolverme de su agarre, pero cierra más la presa y tira de mí alejándome del arma. Introduzco mis dedos entre los suyos usando todo lo que tengo para intentar liberarme. No hay manera, continúa arrastrándome, a pesar de mis esfuerzos. Puedo ver el destino final que me aguarda: un agujero en la pared por donde a duras penas pasa esta aberración. No puedo dejar que me arrastre más. Y entonces lo recuerdo: uso el módulo de estabilización ralentizando a esta cosa, necesitaré todo el tiempo posible para usar el modulo cinético y recuperar mi arma. Apunto al brillante cañón lineal que ha quedado atrás, tirado en el suelo a unos tres metros, y activo el rayo tractor. Recibo mi arma y no pierdo ni un segundo. Disparo contra la anaranjada protuberancia que tiene en su cuerpo. La azulada energía traspasa la blanda carne infectada y provoca una reacción en cadena que hace detonar la infección y destroza el tendón que queda seccionado en dos partes.

Me levanto del suelo y me alejo del agujero. Invadido por el pánico, abro la puerta que da a la sala de refrigeración y me lanzo dentro apuntando en todo momento al pasillo que he dejado atrás. Me dejo caer de espaldas cuando la puerta se cierra y me da el ataque de risa histérica de mi vida.

Me ha llevado unos minutos recobrar la compostura lo suficiente como para continuar. Pero me repongo y sigo adelante. Me encuentro en una pequeña antesala. No es más que un pequeño pasillo para unir ambas secciones, supongo que no es fácil construir un barco de esta magnitud sin hacer un puto Tetris. Sea como fuere, aquí tengo a otro infeccioso, lo mando al otro barrio como todo lo que me he ido encontrando en este infierno. La sala está infestada de la materia orgánica y tengo que retirar un puñado de esa mierda para recoger un nuevo registro sonoro.

Aquí Temple, ingeniero jefe en funciones. He bajado para buscar a la Dra. Elizabeth Cross pero no está aquí. De hecho, no hay nadie. Solo más basura orgánica por todos lados… iré a la cubierta de extracción… creo que ahí no he mirado todavía.

—Bleyd, ese era el último. Hay un interruptor en el control ambiental para reiniciar el reciclado de oxígeno. Cuando el aire esté limpio, podrás entrar en el almacén de alimentos. He leído los informes. Toda la tripulación de la nave comenzó a tener alucinaciones. Y ahora, bueno… creí haber visto a mi hermano en un monitor de seguridad. Y eso no es posible…—Ay, Kendra… céntrate y acabemos con esto.

Encamino mis pasos hacia control ambiental, la encrucijada que me ha llevado a las plantaciones este y oeste. Paso veloz el pasillo infestado de carne, mirando hacia atrás en cada momento, temiendo que en cualquier instante reaparezca ese monstruo. Sólo me queda volver más tranquilamente a las plantas inferiores en dirección al interruptor de control ambiental situado en la encrucijada de caminos, al lado de la puerta que da al almacén de alimentos.

—Bleyd… ¿Dónde estás? Ayúdame…

El intercomunicador se ha activado, y es la voz de Erika. ¡Sigue viva!

-—¡Erika!—la llamo desesperado—¿Dónde estás?... ¿Erika?

No hay respuesta. Esté donde esté, la encontraré. Con esperanzas renovadas accedo al panel del control medioambiental y reinicio el sistema de purificación del aire.

—Purgando todos los respiraderos. Restaurando niveles de nitrógeno y oxigeno. Almacén de alimentos desbloqueado.

El indicador de pureza del aire ha pasado de rojo a verde y el símbolo de peligro se ha ido con él, ahora no deberíamos tener problema con el aire del interior del buque.

Bien, es hora de matar al monstruo. Me encamino a la puerta del almacén de alimentos y la visión es un tanto diferente: para llegar al almacén, primero he de pasar un pasillo tubular plagado de materia cárnica invasora; por suerte, el suelo está elevado y esa basura no ha llegado a crecer sobre él, o no habría visto el que puede ser el último registro de voz que encuentre en hidroponía.

Registro del sistema hidropónico.
Dra. Cross.
Me… Me resulta difícil creer lo que estoy viendo. Es una verdadera locura. Iré a la cubierta de extracción. Es donde se reúnen los supervivientes. Jacob… espero encontrarte allí.

Bien por ellos, deseo que llegaran a encontrarse en la cubierta de extracción y salieran vivos de este infierno… Pero bueno, a lo que vamos, coloco el antígeno en el sistema de filtración que se encuentra antes de entrar en el almacén. Puedo ver, rodeando la puerta, tendones de carne, vibrando y creciendo poco a poco… Espero que esto acabe con ellos. El veneno se filtra en el sistema y los tendones se agitan y pudren en cuestión de segundos.

—¡Maldita sea! El veneno no era lo suficientemente fuerte. ¡Sigue vivo! Entra ahí y mátalo antes de que contamine toda la nave.

—De acuerdo, Kendra, seguramente el veneno lo ha dejado para al arrastre. ¿Qué tan malo puede ser?

Abro la puerta circular al almacén de alimentos. Es una habitación tubular de unos veinte metros de altura y está completamente a oscuras. Puedo ver brillar algún objeto aquí y allá pero poco más, eso es hasta que las luces se encienden… Un maldito y gigantesco monstruo ocupa todo el fondo de la sala, desde el suelo hasta el techo, un maldito gigante con tentáculos y una boca con pico… Seguro que lo que golpeó la nave fue un kraken y mutó combinándose con esta mierda. Sí que podía ser tan malo.

—¡NOP!—me doy la vuelta intentando salir de ese horror, pero la puerta está bloqueada—¡Kendra, abre esta maldita puerta!

—Bleyd, tienes que acabar con él—está de coña—ánimo tu puedes campeón, que ya es tuyo.

—¡Si, claro!—no está de coña—Mi pellejo también es mío, ¡no te jode! Esa cosa es gigantesca, ¿cómo cojones mato a ese bicho?.

—¡No lo sé! ¿Improvisa?—qué fácil lo ve desde allí…

El monstruo ni se espera a que acabe de hablar, no tiene el más mínimo respeto, pero sí muchas ganas de arrancarme la cabeza. Usando un tentáculo como el que me arrastró antes, golpea el suelo y me persigue arrastrando la extremidad por toda la sala, como quien limpia unas miguitas de la superficie de su mesa. No puedo hacer otra cosa que correr con esa mierda pisándome los talones. Por suerte las botas son magnéticas y puedo correr por las paredes. Justo cuando va a golpearme, opto soltarme y caer de arriba abajo evitando el ataque. Me concentro en el punto débil, el quiste de color anaranjado que hay en todos los tentáculos, cerca de su base. Me cuesta un par de intentos, pero finalmente secciono uno. Parece que no le ha gustado nada. De la boca, situada justo en su centro, comienza a lanzar lo que parecen ser piedras del tamaño de una mesilla de noche… No hay que decir que un objeto de ese tamaño a una velocidad más que considerable no es beneficioso en sentido alguno para la salud, sobretodo si es explosivo.

Me desplazo lateralmente mientras disparo una y otra vez al interior de la boca. No sé si le hago algo, hasta que un chillido de dolor llena el ambiente. El monstruo se repliega dolorido. En su intento de acabar conmigo, lanza los tentáculos contra mí, golpeando la superficie de metal con furia visigoda. Corro por mi vida, subo por las paredes y el techo, la monstruosidad cambia de ataque y hace un doble barrido desde dos direcciones distintas. Me dejo caer del techo al suelo simplemente por gravedad. La criatura se irrita conmigo y aúlla cuando sus extremidades chocan en un impacto atronador. Por mi parte, caigo de pié y me llevo una bonita galleta a causa de la altura. Estoy desesperado, no puedo correr para siempre, voy a matar a Kendra… necesito algo que mande esa cosa al infierno de donde salió. Entonces vuelve a dispararme sus malditos proyectiles gigantes. Esta vez, aprovecho la oportunidad y gracias al módulo cinético agarro el proyectil y puedo devolvérselo, la detonación en su boca inicia una reacción en cadena. La criatura, debilitada por la toxina, no puede más y cae muerta entre espasmos de dolor, devorada por las detonaciones sucesivas en su interior.

-—Bleyd, ¡lo conseguiste!—Kendra grita eufórica mientras recupero el aliento—¡Hammond! ¿Me recibes? Los niveles de oxígeno vuelven a la normalidad. ¡Joder!—y se le pasa la euforia, sustituida por una nueva oleada de frustración, echo de menos a Fluffle—¡Lo he vuelto a perder! No hay señal de su radio… Todo depende de nosotros. Tengo un plan para salir del barco. He localizado una baliza de socorro en la cubierta de extracción. Si puedes llegar hasta allí y activarla. Enviaremos una señal de socorro. Señor… No sé cuánto tiempo podrá aguantar esa puerta…

—Ha de resistir,—intento animarla—ya falta poco enviamos esa baliza y nos largamos de aquí todos juntos, Bleyd fuera.

Finalmente, puedo salir de hidroponía tras resolver el pequeñito problema que representaba el quedarnos sin aire respirable en el interior del barco. Mi siguiente destino: la cubierta de extracción…


CAPITULO 7. AL MAR

Desciendo del monorraíl. Me he tomado la libertad de ponerme morado de sandía y melón, al menos el viajecito a hidroponía tuvo algo bueno y he calmado el hambre y la sed. El andén de extracción es típico: tiene su mampara y sus asientos, aunque no hay señales de violencia. Eso es raro. Mientras me adentro por los pasillos, Kendra se pone en contacto conmigo:

—Puede ser la última oportunidad de salir de aquí con vida, Bleyd.—Siempre tan dramática—Hay un iceberg cargado en la plataforma de extracción esperando a ser fundido. Si sujetas la baliza de socorro al bloque de hielo, podrás lanzarla fuera de la nave para que la transmisión sea clara. La baliza está en la cubierta inferior de mantenimiento. Lánzalo desde la sala de control.—Otra pausa dramática—Mierda, la sala de control está bloqueada. Parece que hay una clave de acceso de emergencia en la cubierta inferior de procesamiento. ¿Por qué es todo tan difícil? No sé cuánto tiempo podremos aguantar aquí Fluffle y yo.—Qué tía… me ha dado en la fibra sensible, así que me pongo en marcha sin rechistar.

La primera sala que me encuentro es bastante amplia. A la derecha, cruzando una puerta, hay una pequeña sala de vida, taquillas, pesas, cintas de correr. En la izquierda, repisas y mesas de trabajo con herramientas por doquier. Al fondo, un ascensor, aunque está en la planta baja tiene energía, así que funciona y puedo llamarlo. Sube con un ruido de destartalado, parece que el mantenimiento no se lo han pasado muy a menudo. Tengo cuatro cubiertas: preparación, procesamiento, extracción y mantenimiento. Empiezo por procesamiento, piso inmediatamente inferior a donde estoy.

Comienzo el descenso, pero, como era de esperar, el cacharro se cae a pedazos. Fragmentos del techo se desprenden a causa de los traqueteos. O eso pensaba… hasta que las criaturas comienzan a atravesarlo una tras otra. No tengo muchos sitios para huir así que me atrinchero en un rincón y disparo contra todo lo que va apareciendo. Los tiros traspasan y seccionan la carne de las criaturas, partiendo su cuerpo y haciendo que usen sus brazos para caminar en un intento de alcanzarme, no voy a dejar que eso pase. La lucha es breve, me alejo del ascensor dejando en el suelo cinco cadáveres.

Puedo ver otro registro de audio caído justo debajo de una señal que dice “la seguridad empieza con el trabajo en equipo”; lo recojo con ansias de saber qué información puede darme y esto es lo que encuentro:

-Aquí Temple. Encontré a Elizabeth, ¡pero no hay ni una sola barca en toda la maldita plataforma!
-Jacob, ¡date prisa! ¡Tenemos que encontrar una baliza!
-Tiene que haber alguna por aquí…

Me alegro por ellos, parece que sí fueron capaces de salir de aquí. Me gustaría poder encontrarme con ellos algún día, ya casi forman parte de mi historia con todo lo que llevo aguantado aquí. La cubierta es un pequeño laberinto de pasillos y salas donde los cadáveres se encuentran tirados, la sangre reina en paredes y suelos. Las criaturas estaban ocultas, esperando a alguien que las alertara. Sobra decir que ese alguien he sido yo. Doblo esquinas para perderlos mientras disparo y corro. En un espacio tan grande puedo atacar y huir sin ponerme en riesgo hasta que todos estén desmembrados y bien muertos.

He acabado con las criaturas de la sala y continúo adentrándome en la planta de procesamiento. Puedo ver que aquí se produjo algún tipo de accidente, hay un enorme boquete en la pared y está todo encharcado. Me asomo por el hueco de la pared y veo un enorme rayo de calor en el centro de una sala helada. Varios bloques de hielo del tamaño de un coche flotan en el aire. Me fijo en un cadáver que aún sostiene un módulo de datos consigo y lo tomo para echarle un vistazo:

REGISTRO DE LA CUBIERTA DE EXTRACCION
KREUZ. G.

La situación ha empeorado. El fallo gravitatorio sobrevino al intercalar icebergs y uno se liberó del rayo tractor. Colisionó contra el muro, mató a dos operarios y se partió en varios pedazos. Ahora flotan al libre albedrío en la sala de procesamiento y no podemos restablecer la gravedad para recuperar la llave maestra hasta que desaparezcan. Nos vendría bien algo de ayuda de ingeniería.

Según esto, he de quitar los bloques de hielo y todo volverá a la normalidad. La verdad es que es divertido flotar por el aire en gravedad cero… tengo que enterarme de cómo funciona esta tecnología, seguro que pueden dársele muchos usos. Comienzo mi trabajo con delicadeza, arrastro con el módulo cinético los enormes bloques de hielo hacia el rayo de calor haciendo que estos se derritan casi instantáneamente. Después de unos pocos minutos, soy capaz de restablecer la gravedad en la sala y acceder a la sala de control.

He llegado a mi objetivo: la sala de control; en el suelo, al lado de un cuerpo sin vida encuentro la llave que necesito.

—Esa es la llave, Bleyd.—Gracias Kendra—Con ella entrarás en la sala de control para poder lanzar el iceberg. ¡Pero no te olvides de acoplar primero la baliza! Leí otro informe sobre la demencia de los colonos. Empezó después de llevarse el Poneglyph del fondo del mar. Dios sabe cuánto llevaría ahí abajo.

Regreso dejando atrás la sala de control, la nevera con el rayo de calor y la sala de procesamiento junto con una marea de monstruos que parece que se han puesto de acuerdo para destriparme. No quiero mirar hacia atrás, son una verdadera horda, tal vez sean una treintena o más, así que voy dejando minas temporizadas conforme avanzo hacia el ascensor. Ya no me interesa si no doy a nadie tan sólo quiero salir de aquí.

Pulso el botón de mantenimiento con saña… en ese preciso instante me vuelvo para rechazar a las criaturas que se agolpen en la entrada, los arcos azules destellan en el aire mientras las criaturas rugen y gritan deseando llegar hasta mí, pero no será en este momento. Las puertas se cierran dejando fuera a los monstruos, que chillan frustrados al sentir que su presa desaparece de su alcance. Mala suerte…

Las puertas se abren en mantenimiento, pero la visión es otra vez repulsiva y repelente. La infección de material orgánico ha crecido por el suelo justo delante. La pequeña bajada en cuesta está plagada de esa repulsiva sustancia asquerosa. Por suerte, hay un camino lateral, así que lo tomo… he de bajar un par de escaleras para poder verlas: dos mantas están levantando cadáveres en esta sección. Si las dejo terminar, seguro que estaré metido en problemas. Planto una, dos, tres minas sobre ellas, y a su alrededor, ya no me importa mucho donde caigan, su radio de acción es lo bastante grande como para que abarque cadáveres y monstruos por igual. Además, para estar seguro, disparo a las criaturas mientras están en el proceso de levantar a los muertos. El resultado es una bonita disección explosiva: los cadáveres y las mantas vuelan por los aires en multitud de diminutos y sanguinolentos fragmentos… hermoso. Reviso la sala en busca de más amenazas. No encuentro ninguna, pero sí que encuentro cosas útiles y un registro de voz más.

—¡Kyne! ¿pero qué demonios vas a…? ¡Aaaaaaaah!-un grito se escucha de fondo como si alguien hubiera recibido un fuerte golpe.
—¡Atrás! Acércate y… ¡y le dispararé! ¡dame los códigos de acceso a la plataforma de carga!
—Pero serás ¡estúpido! Esto es ¡procesamiento! ¿Por qué demonios iba a tener los códigos de carga?
—¡No me mientas! ¡Estoy harto de que todos me mientan! ¡Es fundamental que me haga con el Poneglyph! ¡Dame los códigos!
—Yo no ¡los tengo! ¿Fue esto lo que le hiciste al capitán? Adelante, dispárame si tienes ¡pelotas!
—¡Idiotas! Es la única forma de detenerlo… ¡de detener todo esto!
—Está completamente fuera de sí… ¡Que alguien llame a seguridad!

Avanzo hasta llegar a una plataforma colgante, he de atraerla con el módulo cinético. Una vez dentro, la activo y puedo apreciar un paisaje desolador y asqueroso: las paredes están cubiertas de carne y embarazadas pegadas. Escucho sus gritos de agonía mientras expulsan los fetos. La plataforma apenas son cuatro barandillas y me ofrece muy poca protección. He de ocuparme de los fetos mientras se mueve, es la única forma de que no se acumulen demasiados y puedan asaetearme como si fuera un pato. El trayecto, por fortuna, es corto y llego al otro lado con apenas algún susto al oír silbar los proyectiles a mi espalda y el estómago ligeramente revuelto.

En la otra orilla, tras una plancha, se mueve algo. Preparo mi arma para disparar, pero no es necesario. Mi corazón da un vuelco cuando veo a la joven mujer rubia que hay ante mí. Lleva el uniforme blanco de la tripulación no demasiado limpio pero, al menos, no está ensangrentado. Es una superviviente… y no cualquier superviviente: es Erika, llevo tanto tiempo buscándola…

—¡Bleyd! ¿Eres tú de verdad? Ha pasado mucho tiempo. Te puedo ayudar… sígueme.

—Erika, dios, ¡espera! Tengo que sacarte de aquí, esto es un infierno.

—Lo sé, pero lo primero es lo primero, vamos.

Tan cabezota como la recuerdo, siempre el deber primero. Estoy tan impresionado de haberla encontrado que ni siquiera me siento capaz de cuestionarla. Sólo quiero sacarla de aquí. La sigo, yo por mi lado y ella por el suyo, ambos completamente inaccesibles el uno para el otro desde nuestra posición actual. Tal vez más adelante pueda reunirme con ella.

—La baliza está en el almacén que tienes a tu lado. Puedo inutilizar el cierre desde aquí. ¡Espera!

Se pone a manipular una consola de mandos en su lado y, mientras, busco desesperado una forma de cruzar el maldito abismo que nos separa. El módulo cinético es inútil, no puede cargar seres vivos, y no veo ninguna pasarela ni escala ni nada que pueda usar para cubrir esa distancia. Pero no tengo tiempo, las criaturas están saliendo en el lado de Erika, intentan alcanzarla, no estoy dispuesto a permitirlo.

—Erika, continúa, yo te cubro.

Las criaturas caen desde el techo una a una, puedo eliminar fácilmente a la primera y con ayuda del módulo cinético recojo su brazo seccionado y empalo a otra dejándola clavada en la pared. Los problemas surgen cuando una bestia aparece en mi lado por un conducto de ventilación. Justo al mismo tiempo en que aparece otro monstruo donde Erika. No tengo tiempo, he de elegir deprisa. Sin pensar, ralentizo la monstruosidad de mi lado y paso a prestarle atención al otro, las criaturas no dejan de venir una tras otra. Los pequeños disparadores surgen para posicionarse en la pared y no doy abasto, pero lo primero es lo primero: he de proteger a Erika. Las recargas se me hacen eternas y he agotado el módulo de estabilización congelando el movimiento de las criaturas, pero he conseguido proteger a Erika a costa de llevarme algún que otro corte. La peor parte se la ha llevado la armadura y mi haki… como siempre.

—Vale, puerta desbloqueada, Bleyd. No consigo olvidarte… pero encontraré la forma. Te quiero… esto terminará pronto.—La voz de Erika me llega del otro lado dejándome confuso.

—¿Qué? ¿Cómo que olvidarme, cómo que terminará pronto?¿A qué te refieres? ¡Erika!

Como si no existiera, Erika se va cruzando una puerta que hay en su lado, la sigo por el mío pero ya no está, se ha ido… Su recuerdo me atormenta mientras regreso a la sala, ahora desbloqueada. En ella recogeré la baliza, tendré que ponerla en el iceberg y lanzarlo fuera.

—¡Eh, Bleyd! Perdí tu señal durante un rato. Me tenías preocupada…—Kendra me saca de mis pensamientos—Veo que ya tienes la baliza, así que ve a la cubierta de extracción y acóplala al iceberg. He realizado los cálculos de trayectoria y, si lo lanzamos pronto, quizá alcance una distancia segura para empezar a transmitir. Sigo sin señal de Hammond. En su estado, no creo que siga vivo…

—Kendra. Hablando de vivos, he visto a Erika, está aquí.

—Vamos, Bleyd,—suena preocupada—también has empezado a ver alucinaciones. Oye… sé lo mucho que la querías, pero no es ni remotamente probable que sobreviviera a… bueno, a esto.

—¡Si! Maldita sea.—Ahora me siento confuso y frustrado—Me abrió la puerta del almacén en el momento que tu perdiste mi señal, ¡te lo juro! está viva y pienso encontrarla.

Cierro la comunicación de mala hostia, por incredulidad de Kendra. Mierda. Yo sé lo que vi y lo demostraré. Vuelvo a la pasarela y desando el camino, ahora es más difícil, los pequeños monstruos se han unido a las embarazadas para proporcionarme una bonita ensalada de tiros. No puedo con todo y he de moverme en el pequeño reducto que es el transporte para intentar no ser un blanco estático. Por si fuera poco, en la otra orilla me esperan dos bicharracos como comité de bienvenida. Recojo con el módulo cinético una bombona de propano y se la tiro a esos dos lanzándolos por los aires en dirección al hueco por el que transcurre la plataforma colgante. He de recurrir continuamente al haki para evitar que las púas de hueso me traspasen de lado a lado. Aun así, a estas alturas parezco un cactus recubierto de pinchos.

He vuelto al ascensor y he puesto rumbo a la cubierta de extracción.

—Por el ascensor vas a la cubierta inferior de minería.—Kendra me informa—Era un bloqueo de seguridad, aunque no creo que ayudara. Ahora que tienes la baliza y la llave, dirígete hacia allí. Parece que el iceberg está sujeto por una especie de amarres de gravedad. Tendrás que derribarlos para poder lanzarlo.

—Recibido Kendra, por cierto, dos cuestiones: una… ¿no sería más putamente fácil crearnos una chalupa y saltar al puto mar abierto? Estoy empezando a estar hasta las pelotas de toda esta mierda.

—Si hiciéramos eso, aparte de que el agua está a una temperatura de cuatro grados, esta zona es de anidación de reyes marinos… sería mucho más sensato saltar directamente sin más contemplaciones—al menos mi compañera tiene sentido del humor.

—Ya… Vale, bien. Segunda cuestión ¿cómo está Fluffle?

—Bien, lo mandé a dormir, estaba muy pesadito… te echaba de menos y quería ir a buscarte.

—De acuerdo, procura que esté bien. Me pongo en marcha.

Corto la transmisión algo más relajado y asciendo en el ascensor hacia un nuevo e inexplorado nivel. El aire en esta zona está plagado de… polvo. Sabía que el Meln era un extractor, pero esto es ridículo.

La sala se encuentra llena de polvo arrastrado por la corriente que surge de los respiraderos, apenas se puede ver entre ráfaga y ráfaga. No quiero arriesgarme, pero prefiero derrochar munición antes que llevarme otra hostia. Mino el suelo por delante de mí y dejo que la detonación limpie el camino de monstruos… si es que hay alguno acechando. Me adentro en la nube de polvo y apenas puedo distinguir una habitación a mi derecha: cajas y un montacargas, no hay mucho que digamos, hay dos rampas a mi izquierda, puede que allí encuentre algo útil. Uy sí, qué suerte la mía: una mesa de trabajo con una sierra circular ensangrentada y un registro de voz.

Registro de procesamiento.
Informa el segundo ingeniero supervisor. Dallas. Este será mi último informe. He visto lo que les hacen… a los cuerpos. En lo que se convierten. No quiero que eso me ocurra a mí. Creo que si me corto alguna extremidad no podré matar a nadie cuando esté infectado. Por favor, decidle a Dawn… y a los niños que los quiero.

No sé cómo sentirme ante semejante acto de valor o estupidez. No sabría decir si de verdad llegó a hacerlo, porque no hay restos de brazos o piernas, pero sonaba desesperado y seguro de sí mismo. La siguiente bifurcación, a la izquierda, me ofrece un montacargas. Es el segundo en esta sección y es tan bueno como el otro. Activo el pulsador y desciendo a un pasillo serpenteante, parece que esta es la zona donde está el bloque de hielo que ando buscando. Efectivamente, una pequeña salita me da acceso a otra muchísimo mayor, por no decir inmensa, donde un gigantesco iceberg de unos veinte metros de diámetro de forma esférica descansa atrapado mediante unos anclajes gravíticos. Registro la mesa para ver si puedo anular los cierres desde aquí, pero solamente encuentro datos de trabajo.

REGISTRO DE MINERÍA
DALLAS, A. (SUPERVISOR, 2º INGENIERO)

La extracción del lecho oceánico ha ido bien por esta parte, aunque parece que la colonia ha tenido problemas y hemos perdido el contacto temporalmente.
La primera bola de roca se extrajo de la placa tectónica aproximadamente una hora después de la extracción, ya se había procesado, refinado y fundido.
Los resultados han superado las estimaciones iniciales más optimistas. El resultado normal es de 35% de mineral, 5% fósil, 60% residuo, pero los materiales de la primera bola han sido de 65% de mineral y 0% fósil, según lo esperado.
Eso supone 6,5 toneladas de mineral de una bola de diez toneladas. Si damos por hecho que no es una anomalía, hemos topado con un gran yacimiento.

No me queda otra que hacerlo a lo bruto, a tomar por saco. Abro la puerta y entro en una zona de gravedad cero, la verdad es que es la mejor forma para tratar con estos ingentes pesos. Comienzo a cargarme los dispositivos de amarre que sostienen la esfera en su sitio. No soy electricista, pero seguro que arrancar algunos cables hace que pierda potencia. Dicho y hecho, al descuajaringar los cables de alimentación el primer cierre deja de funcionar.

Por desgracia para mí, eso ha llamado la atención de las criaturas escorpión que vienen desde paredes y techos… tenía que haberlo pensado antes. Me impulso y salto en dirección al techo alejándome de las criaturas. El vuelo en vacío es bastante entretenido… al menos, si no fuera por mis perseguidores, aunque han cometido el error de seguirme por el trayecto largo de suelo a techo y con un certero disparo puedo detenerlos en seco, dejándolos flotando en el aire. Es curioso, casi poético, ver como apenas se mueven del sitio, pero es mejor que los despedace antes de que puedan volver a atacarme. No me lleva tiempo descuartizarlos y en seguida puedo continuar con mi tarea.

El segundo anclaje está en la pared derecha. Aún faltan otros dos, pero no consigo encontrarlos. Después de un tiempo pensativo me doy cuenta de que entre el bloque de hielo y las paredes hay un hueco lo bastante grande como para moverme sin problemas. Uso las botas magnéticas y salgo al exterior del buque. Me alegra ver el mar y sentir el aire fresco en la cara. Pero esas cosas no me dejan en paz, pequeños aguijoneadores corren pegados a la cubierta del barco en mi dirección. Calculo que serán una docena, tal vez más. No me ando con sutilezas y disparo al primero de los cierres, después camino lo más deprisa que puedo por la superficie metálica hasta tener a tiro el ultimo. Con un disparo, el anclaje detona en una explosión de chispas y llamas.

—Alerta. Se ha soltado el anclaje de la carga 8772. El personal sin preparación deberá abandonar la zona inmediatamente.

Por supuesto que sí, es hora de volver. Me cubro con el descomunal cacho de hielo mientras regreso al interior del barco, a la zona de gravedad cero, y coloco la baliza en su superficie. Después de un corto vuelo, me he desorientado un poco, no sé muy bien dónde está el techo y dónde el suelo, aunque finalmente me reubico y puedo salir de la estancia en el momento en que los aguijoneadores irrumpen por las rejillas de ventilación.

He regresado lo más rápido que he podido al montacargas, ahora tengo un problemilla: los conductos de aire están soltando llamaradas a intervalos irregulares. Una de esas me convertiría en churrasco, aunque parece ser que estas llamaradas las he causado yo… ¿tal vez sin quererlo activé el proceso de calentamiento para fundir el material?
Puede que no lo averigüe nunca. Ahora he de cruzar este mar de llamas en dirección al último montacargas. Según el mapa que me enseño Kendra, ese me llevara a la sala de control para soltar el iceberg al mar.

Efectivamente, después de armarme de valor y calcular el patrón, he llegado al montacargas y de allí a la zona de control. He tenido que usar la tarjeta de acceso que conseguí anteriormente para abrir la estancia y ahora sé por qué. Los ocupantes de la sala están muertos, tres pobres diablos que no consiguieron salir de su lugar de trabajo, seguramente sorprendidos por los monstruos. Activo el control y la carga se suelta al océano.

—¡La baliza está en camino!—anuncio por el comunicador.

—Lo veo, Bleyd.—me dice Kendra— Buen trabajo. Las funciones son normales y la transmisión amplia. Ahora a esperar que alguien la escuche. Colocaré el receptor de la antena. He visto a mi hermano otra vez. Me saludó como si no pasara nada. Bien, dejare este canal abierto. ¿Qué? ¡El receptor de la antena de comunicación no responde! Bleyd. ¿Puedes volver al puente?—me mordería el puño si no llevara puesto el casco, así que me contento con aguantar el resoplido— Esa antena debe estar conectada o no recibiremos la señal de ninguna respuesta de la baliza.

—Bien…—intento armarme de paciencia—Volveré al puente a arreglar el nuevo desaguisado.

—Forma de vida anómala detectada, cuarentena activada.

—Bleyd, ¿Qué ha ocurrido, se ha activado una cuarentena en tu sala?

—¡No me digas!—el colmo—¡No me había dado cuenta de que estos malditos bichos están invadiendo la sala!—mi paciencia empieza a agotarse

La puerta y la ventana que proporcionaba la visión del iceberg han sido selladas con una barrera de acero y las criaturas están entrando a raudales por el techo y un conducto de ventilación. La sala es apenas un cuadrado de tres metros de lado con un par de escritorios en medio y el panel de control central en frente de la ventana.

—¡Kendra!¡Desactiva la cuarentena, o no salgo de esta!

Erradico con precisión al primero que surge del respiradero pero, uno de ellos me apresa por la espalda y clava sus fauces en la armadura. La sangre mana de mis heridas, he de luchar cuerpo a cuerpo. Derribo a la criatura y le aplasto el cráneo de un pisotón. Pero más criaturas continúan entrando una tras otra, ralentizo a la primera de ellas para entorpecer su avance y el de las demás que van por detrás. Eso me da tiempo para lanzar una mina entre ellos, esta vez desde el lateral una de las criaturas cargada en haki me acuchilla sin piedad. Su fuerza y potencia es aberrante, la mina detona lanzándonos a todos al suelo. Estoy aturdido y no veo bien, disparo desde el suelo a ciegas limpiando mí alrededor en un desesperado intento de acabar con estos bichos.

—Cuarentena levantada. Que tengan un buen día.

—¡Bleyd! ¡He levantado la cuarentena sal rápido!

Me levanto como puedo y salgo de la sala con el sonido de las criaturas detrás de mí. Me vuelvo un momento cuando entro en el montacargas y veo que la criatura negra se desplaza por el suelo arrastrándose. Por lo que parece, un tiro afortunado le seccionó una pierna. Vuelvo al ascensor tan rápido como puedo, no siento el brazo izquierdo y estoy sangrando por la pierna también.

Esquivo las llamaradas y llego al ascensor, más a salvo que sano. Me dejo caer en un rincón mientras intento recuperar el aliento, pero esto no ha acabado, no quieren dejarme ir así como así. Desde el techo, otra de las criaturas imbuida en haki cae al ascensor atravesando el techo. No estoy preparado para responder a su ataque con mi arma, pero sí puedo ralentizarlo cuando salta con sus cuchillas por delante en mi dirección. El impacto ralentiza su movimiento en pleno vuelo, y me da los segundos necesarios para recargar y freírlo a tiros. El haz de luz golpea al monstruo haciéndole retroceder, hasta que el cuarto tiro lo hace caer al suelo con las piernas partidas. Ese mal nacido se niega a rendirse, su tenacidad es admirable, usa los brazos para avanzar y no ceja en su empeño de acabar con mi vida, necesito tres disparos más para acabar con él.

Salgo, del ascensor a la zona de vida de los obreros, allí busco algo que pueda serme útil para tratar mis heridas, los suministros que llevo se están agotando. Saqueo un armarito de primeros auxilios y me hago con vendas y alcohol, lo justo para salir del paso. Abandono la sala en dirección al monorraíl sin mirar atrás. Ya estoy bastante hasta las pelotas de todo esto.


Última edición por Bleyd el Miér 23 Ago 2017 - 18:48, editado 1 vez
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Miér 23 Ago 2017 - 14:54

CAPITULO 8. BÚSQUEDA Y RESCATE

Esto seguro que me dejara cicatriz. He tenido que coserme la herida del brazo, un poco más y me lo hubiera seccionado. No estoy en mi mejor momento, pero he de continuar. Así que bajo del monorraíl para recibir información de Kendra.

—¡Las cosas se ponen mejor! Un buque de la marina acaba de responder. El USM Valor. No sé qué hacía ahí fuera, pero acaba de recibir nuestra señal de socorro. No hablaremos con ellos hasta que arreglemos esa antena. Desbloquearé la puerta de Comunicaciones. Entra y encuentra la estación de control.

—Kendra, no sé si voy a poder aguantar mucho más. Estoy funcionando a base de componentes vitamínicos voy a necesitar un descanso.

—Ánimo, tú puedes, ya sólo te queda esto.

Corto la transmisión para que no pueda oírme, inspiro y suelto el aire en un bufido para desahogarme:

—Sí, sólo esto, y después aquello y luego lo de más allá… me estás tocando mucho las narices, compañera.

Me encamino al puente dolorido y con el ánimo por los suelos. Regreso a la gran habitación del puente de mando. ¡Qué bien… otro comité de bienvenida! Una media docena de monstruos con brazos explosivos… por fortuna, son fácilmente eliminables: un disparo que atraviese su brazo y desaparecen en trocitos. No me entretengo mucho con ellos, pero sí me llama la atención que los paneles de control del puente hayan dejado de tener “Sistem Faliure” y ahora muestran diferentes valores e imágenes. Producto de mi trabajo arreglando el barco.

—Bleyd, la puerta de Comunicaciones está abierta. Pero hay picos extraños de retroalimentación en las comunicaciones locales… creo que alguien nos escucha así que ten cuidado.

—Podría ser mi amigo el Dr. Chiflado… no temas, lo tendré, de todas formas ya me deshice de su criatura.

La puerta del ascensor se abre y veo a una nueva criatura repugnante, parece un humano dentro de lo políticamente correcto: dos brazos, dos piernas y una cabeza, sin ninguna extravagancia más allá del pequeño y sutil detalle de que mide unos dos metros, tiene los brazos extremadamente largos y está totalmente desnudo… y no me refiero sólo a la ropa, está completamente desprovisto de piel; el cráneo está a la vista y le falta carne en el vientre, puedo verle los putos intestinos, realmente repugnante, en serio, nuevo y repugnante.

Hora de la acción, mientras yo lo contemplo, esa cosa corre hacia mí. No quiero ni que se me acerque, así que lo ralentizo y despedazo sin compasión. Sin más miramientos, continúo mi camino… y no doy tres pasos cuando soy atacado por los restos de la criatura. El cráneo, las vísceras y los brazos, se mueven independientemente y me atacan en conjunto, sus malditas partes saltan y rebotan en las paredes como si fueran de goma, no puedo apuntar bien y he de utilizar una mina explosiva para sacármelos de encima. Por sí solos no son gran cosa, pero en conjunto eran una fuerza a tener en cuenta.

Un montacargas me llevará a la sala de la antena, que tendré que reparar para poder transmitir… Qué curioso, creo recordar que este era el problema principal, el cual habíamos venido a solucionar en primera instancia. Me entretengo en el montacargas escuchando un registro sonoro abandonado allí mismo:

Registro de comunicaciones.
Informa el primer operador de comunicaciones Bailey. Atacan la nave pero el capitán Mathius ha denegado las solicitudes para enviar una señal de socorro. No lo reconoce, pero en el puente sabemos por qué… Es una misión ilegal en un cuadrante prohibido. Lo hemos sabido durante meses y no hemos abierto la boca. Pero se acabó… ¡Mayday! ¡Mayday! ¡Mayday! Aquí el USG Meln. Esto es…

La transmisión se corta de repente. ¿qué diablos habría ocurrido…? ¿Otro sabotaje, como en los motores?

—Pero, ¿qué demonios?—me encanta que Kendra me comunique buenas noticias—¡No puedo creerlo! ¡Se ha caído el sistema de comunicaciones! Esto ha ido demasiado lejos… cambio y corto.

Llego finalmente a la sala de la antena. Desde aquí puedo ver un enorme cristal con los emisores dispuestos de forma circular para generar una buena transmisión. Lamentablemente, la pantalla muestra que hay nueve rotas, dos desaparecidas y seis funcionales.

—La antena de comunicaciones está tocada. Necesitamos por lo menos seis parabólicas operativas para una señal fuerte, alinéalas simétricamente, que no haya intervalos de energía.

—De acuerdo Kendra, qué haría yo sin ti.

—Seguramente morirte, y no del asco precisamente. Tú eres el único que puede hacer estas cosas y yo soy la que ha de decirte cómo hacerlas, es lo que se llama equipo. Ahora manos a la obra.

Me siento en el sistema de control de la antena y puedo ver que los controles son fáciles. Una inmensa pinza me permite recoger las parabólicas dañadas y sustituirlas por otras, todo el sistema es semi-automático, así que sólo tengo que indicar cuáles quiero extraer y la máquina lo hace por mí, por fin algo fácil y sencillo. No tardo más que unos minutos en recolocar las parabólicas para que formen un círculo.

—La antena de comunicaciones se ha realineado. Ahora se pueden recibir mensajes.—Anuncia megafonía.

—¡Kendra! ¿Lo has oído? Esto ya está listo y preparado.—Una oleada de júbilo me inunda por dentro.

—¡Eso es!—por fin algo de ilusión—¡Funciona! Ahora utiliza el panel de control para enviar nuestras coordenadas al USM Valor.

—Recibido jefa, nos largamos de aquí.

Activo el control para mandar las coordenadas y el mensaje no se hace esperar.

—Al habla el USM Valor, transmitiendo en todas las frecuencias para el USG Meln en respuesta a su SOS. Hemos recogido su cápsula de escape numero 47 y nos dirigimos a su posición. Este mensaje se repetirá cada treinta segundos hasta que respondan.

—¿Qué?—y aquí se acaba el sueño y vuelve la pesadilla—¿No es la cápsula de escape de la que se deshizo Hammond? ¡Una de esas cosas iba a bordo! ¡No! ¡No puede estar pasando! ¡USM Valor! ¡Adelante, Valor! Nuestra señal no es intensa. Abriré las puertas blindadas para enviar la señal.

—Error: bloqueo en las puertas blindadas detectado. Solicite reparación.—Megafonía se une a la fiesta.

—¡Joder! Bleyd, parece que hay algo grande en el casco de la nave, encima de la antena de comunicaciones. Algo orgánico. No sé lo que es, ni me importa. Tenemos que abrir las puertas para contactar con el USM Valor. Desde el cañón 48 del SDRM podrás hacer un disparo limpio. Ve al cañón, ¡y lanza esa cosa al mar!

—¡Mierda, joder! Voy a destrozar a ese cabronazo. Cuida a Fluffle, Kendra.—Sea lo que sea se va a comer toda mi maldita ira.

Regreso al vestíbulo anterior de esta sala y de allí tomo un ascensor que me lleva al cañón 48. Es un cañón doble del calibre cuatrocientos, o puede que quinientos, no lo sé. Solo sé que gasta municiones gigantescas. Me siento en el puesto de control y las planchas blindadas de protección se mueven para dejarme ver a la criatura que está pegada al casco, parece una anémona gigante, cinco enormes tentáculos se alzan al viento rozando el agua con sus movimientos. No tengo tiempo que perder y no me ando con delicadezas. Abro fuego sobre la monstruosidad de más de veinte metros de diámetro, intento arrancarle los tentáculos y reventar su cuerpo, funciona con los pequeños, espero que también con los grandes…

—Abriendo puertas blindadas de la antena de comunicaciones.

Tal y como esperaba, ha sido relativamente fácil acabar con esa cosa. La distancia impedía que pudiera golpear el cañón con sus tentáculos, sólo podía servirse de sus propios proyectiles explosivos para intentar dañarme pero, con esta cadencia de disparo, no he tenido ni que preocuparme: ha sido un tiro al pato en toda regla. Ahora puedo ver cómo la monstruosidad se suelta del casco y cae al mar sumergiéndose en las profundidades oceánicas.

—USM Valor, al habla Kendra Daniels a bordo del USG Meln, ¡Cambio! ¡No abran la cápsula de escape! USM Valor, al habla Kendra Daniels a bordo del USG Meln, ¡cambio! ¡No abran la cápsula de escape! ¡Maldita sea, respondan!

Una video transmisión llega desde el Valor, en ella puedo ver a un marine siendo asaltado por una de las criaturas… lo que también me da una muy mala sensación es ver su barco dirigirse en rumbo de colisión con el nuestro. Y la fiesta no se acaba aquí.

—¿Por qué coño tuvieron que abrir la cápsula? Mierda… ¡Bleyd! ¡Bleyd! ¡Tenemos que salir de aquí! Va a chocar contra el barco.

Efectivamente, el Valor impacta de frente contra el Meln. La fuerza del golpe me lanza fuera del asiento y acabo tirado en el frío suelo.

—Ojalá pudiera hablar con alguien. Aquí todo es un caos.

La voz de Erika me saca de mi inconsciencia. Me levanto del suelo viendo puntitos blancos por todas partes y con el cuerpo machacado. Su rostro, hermoso y sin mácula es sustituido por la fea y negra cara del maldito Hammond. Joder, ya me había olvidado de él.

—¡Bleyd! ¡Estás ahí? ¡Gracias a Dios que estás bien! ¡He intentado contactar contigo! Han bloqueado mi señal por control remoto. El choque debió interrumpir la señal.

—¡Hammond! ¿Dónde has estado?—pregunto mientras me repongo.

—Sobreviviendo, como he podido. Encontré algunas medicinas y me hice unos apaños. Escucha. Vamos a abortar la misión. Que le den a Sideros y a la cadena de mando. ¡Tenemos que salir de aquí como sea! Creo que he localizado un batiscafo en la cubierta de la tripulación. El registro de vuelo dice que necesita una placa de control nueva, pero la tomaremos del Valor. Su popa sobresale por un lateral del Meln. Voy hacia allá para encontrar una entrada. ¡Te veo allí! Cambio y corto.

—Bleyd, si tiene razón sobre el batiscafo, todavía tenemos una oportunidad de salir de aquí. Dirígete a la plataforma de carga para ayudar a Hammond. En su estado, no vivirá mucho más…

—Venga ya… es un tipo duro, vivirá. Sólo tengo que reunirme con él, aún tengo algunas medicinas conmigo. Kendra… si puedes, hazme un favor e intenta localizar a Erika, sé que está viva en alguna parte.

No quiero escuchar ninguna excusa, así que cierro la comunicación. Vuelvo al ascensor y de ahí al siguiente y, finalmente, al puente de mando. No tengo ganas de lidiar con otro monstruo esqueleto que se parte en cachos, así que lo ralentizo y lo dejo atrás mientras corro en dirección al monorraíl. Espero que el impacto no haga que el barco se hunda.

CAPITULO 9. INGRESO CADÁVER

He viajado en el monorraíl a la popa del barco, cerca de los motores, en esta zona se estrelló el Valor.

—¿Bleyd? ¡Bien! Conseguiste llegar… Escucha,—Hammond tiene novedades—he encontrado el registro de municiones del Valor. No creo que su presencia aquí fuera coincidencia. No estaban de patrulla ni en misión de reconocimiento. ¡El barco estaba preparado para una guerra! ¡Tenían orden de localizar y destruir! ¿Me recibes?

Pierdo su señal, y me preocupa su integridad. Por lo que vi en la transmisión, se encontraba en la zona del accidente.

—Bleyd. ¡Lo he vuelto a perder! No hay señal de Hammond… ¡Busca esa placa de control para poder salir de aquí!

Dejo a Kendra y compro en la tienda del andén municiones y algo de material médico para primeros auxilios, después recorro los pasillos hasta la zona de impacto.

—Kendra, he llegado, ni rastro de Hammond.

—Bleyd, una de las armas del Valor se abrió en el impacto. Esas esferas verdes que ves son altamente radiactivas, aléjate de ellas.

Efectivamente, por el suelo hay unas esferas verdes del tamaño de un escritorio, me sorprende que no haya tres metros de agua a causa del boquete que hay en el casco pero, después de un examen rápido, veo que un sistema de emergencia ha sellado los huecos con una espuma expansiva flexible, pero muy dura.

Trepo como puedo entre los jirones de hierro y las pasarelas destrozadas. Tras un arduo camino, consigo llegar a una exclusa y acceder al barco. El interior está bastante bien, después del golpetazo apenas unas llamas aquí y allá. No está mal.

—¡La pieza que buscas está en la sala del motor, en la parte de atrás de la nave! Las lecturas indican grandes daños, así que busca una ruta alternativa para llegar. Ten cuidado allí, Bleyd.

El interior del pequeño navío es una matanza: está plagado de cuerpos de marines desmembrados allí donde se encuentra la cápsula de escape del Meln que inocentemente rescataron. Puertas bloqueadas por mamparos derruidos y llamas saliendo de tuberías rotas, espero que esto no estalle en mil pedazos.

Continúo mi camino entre restos de muebles y arcones de material caídos, de improviso al fondo de la sala en una pantalla, puedo ver a Erika, su cara esta triste como si le faltara algo, instantes después su rostro es remplazado por un cráneo para volver a ser ella.

—Bleyd… devuélvenos a la vida…

Su voz es tan real… Creo que yo también estoy perdiendo la chaveta. La imagen de Erika desaparece remplazada por la voz de Hammond.

—Bleyd, estoy rastreando tu posición pero parece que no puedo contactar contigo. Este maldito barco casi se rompe por la mitad. He llegado al puente… Es un caos. Estos pobres estúpidos no tuvieron escapatoria. Voy a desbloquear todas las puertas para que puedas entrar en la sala del motor. Te veré allí.

Avanzo hacia la sala del motor, cruzo salas y laberínticos pasillos sin tener ni el más mínimo contacto con la tripulación. Si no contamos a los muertos, por supuesto. Subo en un ascensor que me lleva a la cubierta de popa, donde espero encontrar la pieza de recambio que me hace falta. Una transmisión de vídeo entrante me deja anonadado. Es un tipo un poco regordete, su cara es redonda y tiene papada, no llega a estar calvo, pero ya gasta algunas entradas.

—¡Bleyd_Master! Necesito hablar con usted. Me llamo Terrence Kyne. Doctor Kyne. Escuche, no queda mucho tiempo… Si puede reparar el batiscafo, lo podemos usar para algo mejor que huir. Debe entender que aquí las obligaciones en el trabajo son… más importantes de lo que imagina. Si abandona ahora… ¡condenará a toda la humanidad! El planeta nunca se detendrá, no descansará, a no ser que devuelva el Poneglyph. ¿No lo ve? ¡La iglesia se equivoca! ¡Es una trampa! Lo he visto… Por favor, ¡tiene que ayudarme!

—Bueno doc, he leído mucho sobre usted. Créame, si hay alguna forma de evitar que esta maldita plaga se extienda, haré lo posible para encontrarla, ahora he de conseguir esa pieza de repuesto. Ya hablaremos luego.

Corto la comunicación para centrarme en mi objetivo. Veo varios cuerpos de monstruos triturados, seguramente Hammond siguió este mismo camino hacia el puente de mando. He encontrado una galería de tiro, parece ser que aún funciona. No tengo que perder, pero cerca del tablero de control hay un archivo sonoro, decido escucharlo mientras practico un poco la puntería.

¡Aquí el comandante Cadigan! ¡Hay intrusos a bordo! ¡Esto no es un simulacro! Los intrusos son monstruos, repito, monstruos…¡Y extremadamente peligrosos! ¡Tened las armas preparadas para disparar a discreción!

Recojo munición para el cañón lineal de la galería de tiro, algo bueno he sacado de disparar a los blancos. La siguiente sala es la zona médica, es una habitación espaciosa con un brazo robot que se ha vuelto loco y ahora mismo está disparando rayos láser de manera continua, rotando de posición cada dos segundos. Una criatura sale corriendo hacia mí desde el fondo de la sala sólo para ser troceada al cruzarse en el camino de los láseres. Ralentizo el brazo y creó una vía de acceso hasta el siguiente tramo del interior de la nave.

CONFIDENCIAL- PRIORIDAD NEGRA
DE: JEFE DE PERSONAL
CP0
ATT: COMANDANTE CADIGAN, F.
OPERACIÓN LUZ BLANCA
ESCENARIO: SIDEROS, MAR ABIERTO
OBJETIVO: LIMPIEZA PROFUNDA

El buque de Sideros, el Meln, ha contravenido las órdenes gubernamentales. Se cree que han recuperado el Poneglyph 3A.
Operaciones especiales ha confirmado la isla, pero no ha podido establecer la ubicación en el mar.
El CP0 solicita precaución.
Si han recuperado el Poneglyph 3A, la amenaza de infección por un organismo letal es plausible.
Pongan rumbo a Sideros. Colóquense en posición alejada del alcance local y esperen señales del Meln para confirmar su posición.

En una de las salas anexas a los motores he encontrado el registro de misión del Valor. Me temo que el gobierno ha tenido durante mucho tiempo el conocimiento de este Poneglyph y sus consecuencias… No conozco su forma de trabajo pero estoy seguro que intentaran no dejar cabos sueltos, y uno de esos cabos soy yo. Puede que las conspiraciones judeo masónicas de Kendra no estuvieran tan erradas, al fin y al cabo.

Llego a la sala de motores pero, para llegar al recambio, he de cruzar la zona de combustión. Si no fuera por las enormes llamaradas que generan sería fácil. Subo en el montacargas y accedo a la zona de combustión. Arrastro mediante el módulo cinético un recambio de motor para usarlo como escudo frente a las brutales llamas. Poco a poco, voy destruyendo las bujías situadas en el motor, hasta que este queda en silencio y apagado, ahora puedo reclamar mi premio.

—Fallo de energía en el motor.—Los altavoces de emergencia comienzan a reproducir el mensaje.

Mientras, una reacción en cadena se extiende y sucesivas explosiones comienzan a sacudir el barco ya de por sí dañado.

—¡Bleyd! ¿Es lo que creo? ¡La tienes! ¡Dios, la tienes! ¡Lleva la pieza a la cubierta de la tripulación!

Kendra, me muestra un plano del Meln con la ruta a seguir hasta la cubierta de la tripulación. Aún tengo que salir de este infierno. No puedo regresar por el montacargas… acaba de convertirse en una bola de fuego, he de cruzar la zona de motores y destrozar el cristal protector para pasar. Al llegar, la puerta de acceso se abre y aparece Hammond, arma en ristre.

—¡Bleyd! ¡Por aquí! Intenté contactar, pero mis comunicaciones se cayeron. Has encontrado la pieza… Nuestro billete de salida… ¡Llévalo al batiscafo! ¡No esperes por mí! Oh, joder… ¡Arrrrgggg!

El arma de Hammond abre fuego contra la gigantesca criatura, ya he visto este espécimen antes, en el puente de mando y en hidroponía. Pero este ejemplar es distinto, es más grande y está totalmente recubierto en haki armadura. El arma de Hammond abre fuego mientras grita, pero los disparos no hacen mella en él. Con un crujir de huesos, Hammond es aplastado contra el cristal reforzado. La criatura le pone una pata encima haciendo que la sangre brote de todo su cuerpo,  con la otra agarra su pierna izquierda y tira de ella como un niño arrancándole las alas a una mosca. Hammond aún patalea cuando la monstruosidad le arranca su pierna, pero no puede hacer nada, la aberración lo golpea con su descomunal masa una y otra vez. Finalmente, cuando ha dejado de moverse, lo agarra de la cabeza y usa su cuerpo para llevarse el cristal por delante rompiéndolo en un millón de fragmentos. El cuerpo sin vida rueda por el suelo al igual que una marioneta a la que le han cortado sus hilos.

No voy a esperar a ser el siguiente. Ya he permanecido parado el tiempo suficiente, así que abro fuego contra el motor de mi izquierda cuando el bicho carga contra mí. El combustible prende y la detonación manda a la criatura al otro lado de la sala. En ese momento, aprovecho que está aturdida para dejarle caer encima uno de los cigüeñales que tiene justo encima. Un par de tiros en cada punto de unión y la ya dañada pieza cae partida sobre la criatura. Intenta levantarse, araña el suelo queriendo salir y alcanzarme, con un poco de tiempo tal vez escapara, pero eso es algo que no tiene. Me tomo el gusto de ejecutarlo lentamente, agoto cargador tras cargador sobre su cuerpo, que se niega a romperse. Después de tres interminables minutos de constantes disparos, no es más que un cadáver desmembrado.

—¡Kendra! Voy a alojamiento, ¡Hammond ha muerto!

—Oh Dios… Nos va a pasar lo mismo, Bleyd.—Mierda, se me había olvidado lo aprensiva que puede llegar a ser, ahora está asustada.

—¡No!—intento tranquilizarla—Saldremos de aquí, te abriré un camino seguro hasta el batiscafo. Tú céntrate en Fluffle y confía en mí.

Contemplo con tristeza el cuerpo de Hammond y le dedico una rápida plegaria antes de abandonar la sala de motores. La nave está en llamas y las explosiones se suceden una y otra vez sacudiendo la embarcación mientras el sistema de alerta suena repetidamente.

—Alerta. Fallo catastrófico en el depósito de combustible. Evacuen la nave inmediatamente.

Me abro camino entre los muertos sin parar de correr. Hasta que finalmente llego a la esclusa por la que entré, salto desde la considerable altura de la que me encuentro y no miro atrás. El sistema anti incendios del Meln se ha activado e intenta apagar inútilmente el barco que quedará convertido en cenizas en pocas horas.


CAPITULO 10. EL FIN DE LOS DÍAS

He tomado el monorraíl a la cubierta de la tripulación. La pérdida de Hammond ha sido un duro golpe. Mientras camino, empiezo a darle vueltas a las cosas. No sé quién sería, pero alguien quería aislarlo de mí. Su posición, su radio… alguien estaba interfiriendo con él. Pero, ¿por qué? Podría haber sido uno de los dos doctores supervivientes de la nave o alguien desconocido… Pero como averigüe quién ha sido, que se agarre.

—Bleyd, antes de que bajes… he localizado el batiscafo que encontró Hammond. ¡Malas noticias!—qué novedad—Está caput. Alguien ha extraído las cartas del sistema direccional. Vete a saber por qué… hay tres desperdigadas por la cubierta. Estoy localizándolas. No puedo acceder a las puertas así qué necesitarás una clave de tripulación. Si encuentras esas piezas, ¡pondremos el batiscafo en funcionamiento! Te mando el plano de su localización. Buena suerte. Yo cuido de Fluffle.

—Eso espero.

Bajo del monorraíl y el andén está sumido en la oscuridad, sólo unas pocas velas en el suelo arden con mortecina luz. Sigo el camino de luces como si fueran migajas de pan dejadas por un niño. Pero no es un niño lo que encuentro… sino una matanza. Diez cadáveres cuanto menos en la sala, todos ellos con la cabeza envuelta en tela blanca y ejecutados de un solo disparo. No veo ligaduras ni síntomas de forcejeo. Esto tiene toda la pinta de haber sido un maldito suicidio ritual. El suelo y las paredes están escritos con extraños caracteres que no entiendo y en las mesas hay pequeñas reproducciones de un Poneglyph.

Abandono esta sala de muerte en dirección al piso superior con ayuda de un montacargas. En la planta superior, tirado en el suelo veo un archivo de datos:

¿UNIDOS ASCENDEREMOS?

¿Se trata la Angiología de una nueva esperanza, o sólo un engaña bobos más?
CARRIE VAN OTTKEN. Si ha vivido fuera de Sideros los últimos doscientos años, puede que se haya perdido el auge del movimiento religioso más intenso de la historia.
La Uniología tiene ya cientos de seguidores, entre los que se encuentran poderosos directores ejecutivos de empresas, y dispone de setenta y ocho mil millones de berrys en acciones de compañías.
Desde sus orígenes como culto, la Uniología se ha convertido en una respetada y asentada religión. La mayoría de la gente conoce la historia. Hace 200 años. Michael Altman, un profesor de lingüística, tiró de la manta de un asunto que él mismo denominó “la mayor patraña encubierta del gobierno”, el descubrimiento de una piedra o Poneglyph que demostraba más allá de toda duda la existencia de armas masivas en el planeta. El gobierno tachó a Altman de demente, pero su afirmación captó el interés de muchos, y su misteriosa muerte poco después alimentó ese interés. Los uniólogos creen que los Poneglyph contienen un código: la clave de la vida eterna, por medio del renacimiento y la ascensión a los cielos (el truco está en que antes hay que morir). Se dice que el gobierno oculta los Poneglyph en alguna parte y guarda sus secretos para sí. A lo largo y ancho del planeta, los uniólogos veneran el martirio de Altman y esperan el día en que Dios vendrá a llevarlos a su nueva vida más allá de la muerte.
Todo suena bastante inocuo pero, como en todos los cultos, hay un lado oscuro.
Los uniólogos tienen “rangos” dentro de la iglesia. Nadie habla de ello, pero la mayoría de los analistas creen que hay al menos tres rangos por encima del feligrés medio, o “iniciado”. En cada nuevo ascenso se revela más información sobre el funcionamiento interno de la iglesia y sus investigaciones al adepto. Y para conseguir esos rangos no hay más que un criterio: dar dinero y poder a la iglesia.
¿Les parece que perder todo su dinero es malo? La iglesia exige a los miembros, además, que donen su cuerpo después de la muerte. ¿Por qué? ¿Qué hacen con ellos? Nadie lo sabe, y los intentos de infiltración en el círculo más cerrado han fracasado. Con tanto interés en la “transformación” y en el “renacimiento” puede que la respuesta no nos gustase demasiado.
Un rumor que nunca llega a acallarse indica que la iglesia lleva a cabo un programa secreto de construcción aeroespacial. Hay quien dice haber visto una estación, pero no existen pruebas documentales al respecto.

—Madre mía, cómo está el patio…

Intento no pensar en ello y continúo hacia el primero de mis objetivos. Abro la puerta que lleva al comedor y puedo apreciar que el suelo de la estancia está infestado de carne. Lo más curioso es que, tras la cristalera que tengo delante, puedo ver a un inquietante hombre sentado. Mi corazón da un vuelco al ver a otro superviviente. Lamentablemente, mi alegría muere rápidamente al ver entrar en la escena al Dr. Challus Mercer. Sin pensarlo, disparo contra su persona una y otra vez, el cristal se agrieta pero resiste y no consigo atravesarlo.

—¿A qué te vas a aferrar cuando todo lo que te rodea es un nido de desesperación? La doctora Cross era una creyente. Tenía fe. Y ahora espera su transformación y renacimiento. ¿Estás preparado para ascender, Temple? Claro que lo estás.

—Joder… Es… ¡Temple!. Suéltalo hijo de puta,—este tío me cabrea de verdad—te mataré, juro que voy a patear tu maldito cadáver hasta hacerlo añicos.

—No temas. Pronto llegará tu momento, soldadito. ¡Serás testigo de la convicción de un verdadero creyente!

El maldito bastardo no se corta un pelo y, aunque continuó disparando contra el cristal cargado de ira en un vano e irracional intento de salvar a Temple, el doctor hunde una piqueta de medio metro en el cráneo del pobre sub-ingeniero, que tan solo quería huir de este infierno con su esposa.

—¡Ya están listos! ¡Tomadlos! ¡Abrazadlos!

Challus Mercer abandona la habitación por mi derecha desapareciendo de la vista. En el suelo veo el cadáver de Temple y a su lado a su novia, la Doctora Cross. Caigo de rodillas golpeando el cristal a mi lado mientras la frustración se apodera de mí. Eran buena gente, buenas personas que intentaron salvar este barco, y en última instancia solo querían salir con vida de este infierno. Ahora yacen muertos, al otro lado de un cristal a causa de un loco. Me levanto con fuego en la mirada. Voy a cazar a ese sádico y le voy a meter los ojos por el culo para que vea las cientos de patadas que voy a darle.

Entro en el comedor. Es una sala enorme con un bar cuadrado en medio. Puedo ver toda clase de bebidas tras la barra, pero lo primero es lo primero, así que me acerco a los dos cuerpos y con delicadeza les rindo respeto dejando que yazcan juntos cogidos de las manos, es lo mínimo que puedo hacer por ellos ahora.

Me acerco al bar y me pego un buen lingotazo de zumo… tenía la boca seca desde que dejé hidroponía y me atiborré de melón. También saqueo unas pipas y cacahuetes que hay para picotear. Saciado el apetito, desciendo a la planta baja del comedor por las escaleras. En medio de la oscuridad puedo sentir que algo acecha, no me fío un pelo y prefiero curarme en salud bombardeando la oscuridad con las azuladas minas energéticas. Efectivamente, en la oscuridad acechaban dos aberraciones de las que se desmontan en fragmentos, prefiero derrochar munición a tener que ver cómo las tripas de esas criaturas comienzan a danzar a mi alrededor intentando estrangularme y eviscerarme. Siembro todo de detonaciones hasta que los movimientos de las criaturas y sus partes se acaban. Al fondo de la sala, en un bar independiente, encuentro la llave de la tripulación que me hace falta para acceder a donde se encuentran las distintas partes de las cartas del sistema direccional necesarias para arreglar el batiscafo.

—¡Bleyd! De verdad…—otra vez el tío gordo de la papada—¡Tengo que hablar con usted! Estoy muy cerca de su posición, y… y sé que quiere oír lo que tengo que decir. ¡Puedo explicarlo todo! ¡Sé lo que ha pasado! Cuando tenga las cartas del sistema direccional, tendrá acceso a la estación de seguridad. Tenemos que hablar. ¡Dese prisa!

—¡Joder! ¡Terrence! Es usted un turras, pero… está bien, le veré en la estación de seguridad, pero ha de saber que a la mínima amenaza me lo cargo.

Le cuelgo así, sin contemplaciones, y me dirijo al ascensor, donde uso la llave de acceso de la tripulación. No hay ni rastro de Mercer, pero pienso encontrarlo y hacerle comerse sus dientes uno por uno.

La salida del ascensor es una sala cuadrada. Parece ser una pequeña zona de vida que da acceso a otras salas y cuartos. Aunque la puerta de acceso a la que he de ir está bloqueada, me dirijo hacia la habitación del control del bloqueo siguiendo el mapa de Kendra. Nada más entrar en la sala adyacente, un gigantesco brazo tentáculo intenta apresarme pero, esta vez estoy preparado. Salto hacia atrás al tiempo que ralentizo a la ingente extremidad. Tres disparos a su punto débil son suficientes para seccionarlo en dos y librarme de ser arrastrado y golpeado.  Entro en la sala y desbloqueo el acceso para entrar y recuperar la primera de las tarjetas.

—Error en el control térmico. Situación peligrosa. Contacte con un especialista.

Esa sección tiene la temperatura estropeada y el aire está congelado, no creo que aguantara más de dos minutos allí dentro, parece el maldito Polo. Me armo de valor y echo a correr, he de encontrar esa carta y rápido. Entro en la sala, al menos está perfectamente iluminada, aunque el suelo y las paredes con una capa de hielo no son de mi agrado… Voy por la puerta de la derecha, hacia el bloque de dormitorios. No me paro a ver lo que me persigue, en su lugar, mino mi camino esperando que las detonaciones acaben con lo que sean o al menos que los frenen. La tarjeta está encima de una mesilla de noche, escondida entre las literas que pueblan la sala en forma de C. Para mi desgracia, otra horda de criaturas aparece tras mis pasos, así que recojo la tarjeta y continúo hacia la salida a la primera sala. De allí a la zona segura, lejos de este frío tan intenso. Los proyectiles de hueso se clavan muy cerca de mí y puedo escuchar los gritos de los monstruos justo a mi espalda. Consigo alcanzar la salida y huyo como alma que se lleva el diablo.

La siguiente sala es una zona de taquillas, habrá unas cien. También hay una sala con duchas y, más allá, veo la cancha de baloncesto. En el suelo, en medio de la cancha, se encuentra el siguiente fragmento de las cartas. Lo recojo y voy a por el que falta.

Accedo a la última sección, donde se encuentra la pieza y, a una sala de distancia, ya puedo oír al maldito Doctor Siniestro…

—¿Cómo puedes dar la espalda a la iglesia en este momento crucial? ¡No abandones tu fe! Lo que está pasando en la colonia no es una tragedia…¡Es la obra de Dios! ¡La verdad es mucho más maravillosa! En el fondo del mar, bajo nuestros pies, ¡hemos encontrado un Poneglyph! ¿No ves que los planes de Dios transcurren y nosotros somos sus herederos? Ascenderemos, ¡como siempre supimos que íbamos a hacer! ¡La Uniología es la verdad! Vuestras muertes serán la primera fase de esta transformación. Que no te disuadan los métodos físicos de la transformación. Pronto habrás pasado a otra forma de conciencia. Debes tener fe en el proceso.
¿Adónde vais? ¡Idiotas! ¡Esto es lo que hemos buscado todos estos años! ¡Es lo que hemos estado esperando! ¡No les escuchéis! ¡Volved! ¡Volved!

Una maldita grabación de video, puesta en bucle una y otra vez. Me he quedado con las ganas de abrirle en canal por todo lo que ha hecho… de todas formas mi objetivo está en la habitación de al lado. He de mover unas cuantas literas pero, finalmente, llego a la sala donde está la última de las cartas. Nunca sabré si la gente que decora el suelo con su sangre se refugió aquí o vinieron a cometer un suicidio ritual alentados por las tonterías de la Uniología. Recojo mi premio y me precipito a dejar esta dantesca habitación.

—Esta vez no tendrás escapatoria, amigo mío. Hasta ahora, siempre has sido muy hábil, pero mi creación es libre… renacida de la temible pasión de la propia vida. Ahora, cumple tu papel…

—¡Mierda! Maldito hijo de perra. Has soltado al regenerador.

—Bleyd, ¡eso no es todo!—Kendra me reconforta, aunque sólo sea por oír su voz, porque las noticias no son buenas—¡acaba de bloquear las puertas! Intentaré hacer una derivación… ¡Aguanta!

—Eso es fácil decirlo… ¡Joder!—estoy rodeado de locos y encima me tienen encerrado con el bicho en cuestión. Se me agota la paciencia.

Corto la transmisión e intento evadir al regenerador dando vueltas por la sala cuadrada. Utilizo los cristales para confundirle y, mientras tanto, acabo con sus monstruosos compañeros. Por fortuna, dos minutos después de jugar al corre que te pillo con el regenerador, Kendra me da ¡por fin! buenas noticias.

—Perfecto… ¡Lo he conseguido! Sal de ahí ¡YA!

Ni me lo pienso. Ralentizo al regenerador y huyo de esa sala maldita poniendo tierra de por medio. Y entonces me contacta mediante la radio el Dr., Kyne. Esto parece una auténtica asamblea de majaras.

—¡Un trabajo excelente, Bleyd! Excelente. Ahora… Reúnase conmigo en la zona de mando. La puerta está abierta. Rápido.

—Bleyd,—susurra Kendra produciéndome un escalofrío—ten cuidado con el Dr. Kyne. Mucho de lo que he descubierto hasta ahora viene de sus informes… ese hombre se ha vuelto loco. Puede ser inestable, incluso violento.

—Después del susto de allí atrás, créeme cuando te digo que si se mueve más de la cuenta lo fulmino.

He desandado mis pasos hasta la sala del suicidio ritual, una vez allí me he encaminado a la sala de control para la entrevista con el tal Doctor.

El tipo se encuentra encerrado en una habitación adyacente, puedo verlo por las mamparas de cristal balbuceando…

—Amelia, estaba seguro de que sabías lo que tenias que hacer. Lo sabía. Te quiero tanto…

Cuando me ve, se vuelve y en su rostro se ve una genuina felicidad que lo hace aún más extraño y siniestro.

—¡Lo conseguiste! Gracias a Dios, lo conseguiste… He seguido tu evolución. Sé que quieres arreglar el batiscafo de mando y escapar de este lugar… Pero eso es imposible llegados a este punto. El motor está destruido. Pero no, no, no, no pierdas la esperanza. Nunca… Yo la llegué a perder. Intenté sabotear la nave, los sistemas… pero Amelia… Ella cambió las cosas. ¡La iglesia! Piensan que el Poneglyph es divino, ¡pero desconocen lo que ha pasado aquí! ¡Lo que se ha desatado! Mira, mira, mira… Mira esto.

El doctor me muestra un archivo de vídeo, puedo ver a un colono huyendo de una monstruosidad gigantesca, tendrá como cuarenta, tal vez cincuenta, metros de alto y eso sólo la parte que se ve.

—Eso fue lo que encontramos en el fondo del mar… Mercer lo llama la Gnosis Colectiva. Es la fuente… ¡controla telepáticamente a los monstruos! ¡Hemos sido tan estúpidos! ¡Pero Amelia lo sabía! Sabía que se podía detener… ¡devolviendo el Poneglyph a su ubicación! El Poneglyph la contenía en el fondo del mar. ¡Devolved el Poneglyph y sellad la Gnosis colectiva! Por favor, lo siento, Amelia… tenía demasiada responsabilidad sobre esta tragedia. Ahora asumiré la responsabilidad de acabar con esto y redimir mis pecados. ¡Pero tienes que ayudarme! Si arreglas el batiscafo y subes el Poneglyph a bordo… acabaremos con esto. Para siempre.

El buen doctor, a pesar de estar un poco tocado y reconocer que saboteó el barco, tiene razón en que hay que poner fin a esto. Si esa cosa saliera a mar abierto e infectara a los reyes marinos sería una catástrofe. Sigo las indicaciones del doctor y accedo a los dormitorios de mandos. Por el pasillo puedo ver los insignes retratos de los mandos del Meln. La sala comunal es preciosa: butacones, moqueta roja, decoraciones de la mejor calidad, detalles en madera de roble y dorado… Entro en el cuarto del capitán y encuentro otro registro de audio.

Registro personal del capitán.
Quiero aclarar el informe. Cuando hayan escuchado este registro, mis acciones estarán exoneradas. Pertenezco a la Uniología. Ya no es un secreto que no deberíamos estar en este mar, era un trabajo más de extracción ilegal para la compañía… Hasta que la colonia encontró el Poneglyph. Ahí la iglesia se interesó y me eligió para dirigir esta peregrinación. Incluso se aseguraron de que parte de la tripulación de la misión fuera devota. Mi orden principal era sacar el Poneglyph de la colonia y subirlo a bordo del Meln. El Dr. Kyne, director general del departamento científico, es un experto de los Poneglyph y debe descifrar este. Dice que hace progresos. La decisión de poner la colonia en cuarentena es inamovible. Parece que hay una especie de epidemia y no puedo permitir que el barco se infecte, y menos con la valiosa carga que llevamos a bordo. ¡No cuando estamos tan cerca! La extracción será mañana. Seguiremos descifrando el Poneglyph y, cuando regresemos a casa, entregaremos nuestros descubrimientos y el Poneglyph a la Iglesia. El gobierno no va a encubrir esta misión. Alabado sea Altman…

Finalmente he descubierto la verdad sobre el capitán. Ahora tengo que llegar al batiscafo, tendría que estar un par de salas más lejos. Ya falta poco…

El batiscafo es enorme, lo suficiente para sacar de este barco a una docena de personas tranquilamente. Entro y coloco las piezas que le faltan. Instantes después, el Dr. Kyne contacta conmigo:

—¡Excelente! ¡Excelente! Espérame ahí, voy de camino.

Mientras espero, hago una prueba del encendido de motores del batiscafo. La enorme nave prende los motores llenando la pasarela de fuego. Es precioso ver cómo todo funciona bien por una vez. Aunque los momentos de mágica perfección se rompen con el sonido de un conducto a mi espalda. No tengo que volverme para saber qué es: el regenerador me ha encontrado de nuevo. Lo desmiembro gracias a la ralentización y salgo a la pasarela, los motores han dejado su rastro de fuego como brillantes hileras flamígeras. Atraigo a la criatura. Cuando está en posición, lo ralentizo y descuartizo otra vez; vuelvo a ralentizar su cuerpo y corro a encender los motores por última vez… Las llamas se alzan de color azul y naranja y devoran ávidas el cuerpo infame de la monstruosa criatura que no puede huir. Con deleite, contemplo cómo poco a poco se deshace en un fino y ennegrecido polvo de ceniza que es arrastrado por la potencia del fuego. La criatura cae al suelo medio calcinada, intenta escapar de las llamas desesperadamente, pero sus brazos ya no son más que ígneos restos consumidos. Unos segundos después no queda ni rastro de la abominación que llegó a ser.

—¡Jodete, maldito bicho! Arde cual cirio pascual que a un servidor le da igual.—Qué a gusto me he quedado.

Pero no tengo demasiado tiempo para celebrarlo, el Dr. Kyne aparece, observando el batiscafo. Y me da muy mala espina.

—¿Funciona?—pregunta encogiéndose de hombros, como si no tuviera importancia—Bueno, ¡funcionará! ¡Hay tiempo para hacer las cosas bien! Tenemos que soltar el batiscafo para lanzarlo… La plataforma de control. ¡Allí! Ayúdame a desatracar mientras inicio los motores del batiscafo.—Permanece en silencio un instante y añade, en un susurro apenas audible:—Esto nos devolverá a la vida. ¡Deprisa! ¡Llevaré el batiscafo a la cubierta de atraque donde guardan el Poneglyph!

No me gusta un pelo que el Dr. se vaya sin mí, Fluffle y Kendra, pero activo los amarres para soltar el batiscafo.

—Voy a la cubierta de atraque. Reúnete allí conmigo y subiremos el Poneglyph a bordo. Sí, Amelia. Pronto nos llevará a casa.

—No sé si Kyne está loco—susurra Kendra—pero necesitamos ese batiscafo. Procuremos que siga de nuestra parte, por ahora…

—Al final vas a tener razón Kendra… Esperemos que no nos traicione.

Regreso por donde he venido en dirección al andén del monorraíl. De pronto, a medio camino, una señal de vídeo salta en mi sistema, es el Dr. Mercer, seguramente haciendo el gilipollas otra vez.

¡Ha llegado vuestra hora! ¡No hay nada que temer! ¡No hay razón para luchar! Muchos han partido antes que nosotros, pero es hora de que hagamos este viaje juntos, más allá de la muerte… Y dejar que el futuro siga su curso. ¡Uníos a mí mientras contemplo el rostro de Dios!

El vídeo termina con una manta abalanzándose sobre Mercer, que se arrodilla ante ella, maldito pobre diablo… Tenía que ser yo quien le hundiera el cráneo sobre sus hombros… Ahora ya solo será una abominación sin cerebro más. Pero no he de dejarme llevar por el odio; salir de aquí es la prioridad.


Última edición por Bleyd el Miér 23 Ago 2017 - 18:47, editado 2 veces
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Miér 23 Ago 2017 - 18:14

CAPITULO 11. SOLUCIONES ALTERNATIVAS

Suspiro profundamente. Parece que este viaje va a terminar exactamente en el mismo punto donde comenzó: el muelle de atraque. Bajo del monorraíl dispuesto y lo que me asalta al poner los pies en el andén es otra llamada del Dr. Kyne:

—Bleyd, me estoy acercando al hangar atraque. Debe… debe encontrar el camino hacia la plataforma de carga. Allí es donde guardan… el Poneglyph. Hay un montacargas que puede usar para traerlo hasta el hangar. ¡Por favor! ¡Tiene que ayudarme! Es la única salida.

Me aventuro por los pasillos que recorrí hace casi ocho horas. Parece mentira que se haya hecho esta aventura tan eterna. Nada más abrir una puerta, me llevo el primer susto al ver a uno de los monstruos de brazo explosivo. Aunque parece que también lo he asustado, desaparece como un rayo por un conducto de ventilación. Me alegro de que haya sido recíproco. Paso con cuidado, sin perder de vista el conducto por el que hace horas salían las primeras hordas de monstruos infectos y continúo mi avance hacia la sala de carga. No es muy difícil, es la única puerta. Esta mañana estaba cerrada, ahora el Dr. ha tenido a bien desbloquearla.

La zona de carga es una sala inmensa. Puedo verla casi en su totalidad desde la plataforma elevada en la que me encuentro. Desde aquí, veo a un monstruo explosivo caminar despreocupadamente por las pasarelas que rodean unos huecos en los que supongo que se encuentra el Poneglyph. Tengo demasiada distancia para acertar a la criatura desde aquí, menos en movimiento. Será mejor bajar y plantar cara a lo que sea que me espera allí abajo.

Tomo el montacargas y desciendo a los pasillos que conforman un cuadrado. El comité de bienvenida no se hace de esperar, pero llevo toda la mañana entrenando para esto. Un gordo inflado camina con sus tambaleantes pasos hacia mí. Descubro que ya ni siquiera me sorprende, ni me preocupa. Apunto y me tomo una milésima de segundo para observar mi blandengue blanco en torpe movimiento y le sirvo el menú: de primero, un tiro certero le cercena las piernas; de segundo, otro tiro que lo atraviesa de lado a lado; y de postre, una mina se encarga de las pequeñas criaturas que salen de su cuerpo al morir. Uso el módulo cinético, le arranco una cuchilla y se la lanzo a un caminante explosivo. El impacto lo manda volando por encima de la barandilla perdiéndose en las negras profundidades. Junto a la barandilla, veo el control de carga: una pantalla azul que activo para recuperar el Poneglyph mediante un electroimán.

—Entrega del cargamento 782. Se requiere de módulo cinético para el transporte del cargamento.

Mi siempre atento altavoz me comenta el procedimiento necesario para llevar el Poneglyph. Y como era de esperar, esta actividad ha atraído a los curiosos. La sala se va llenando de monstruos que se agolpan y apiñan como si pretendieran alcanzarme a la vez. Entre ellos, veo una nueva mutación que mide como dos metros y tiene cuatro brazos. Los superiores  están armados con cuchillas como los de sus congéneres; pero los otros tienen garras y son totalmente funcionales. Además, superan la velocidad de los anteriores. De momento están bastante lejos y creo que podré evitarlos con la plataforma. Tengo que coger la carga y salir de aquí. Arrastro el  Poneglyph por los raíles y un monstruoso apéndice como los del leviatán surge de las profundidades y golpea la plataforma con una fuerza descomunal haciendo que vibre. En su ataque, abolla también las pasarelas buscando la forma de aplastarme.

Me alejo de su radio de acción y encaro primero a los monstruos que vienen por el largo pasillo de mi derecha. Un disparo basta para seccionar las piernas de las monstruosidades que vienen en fila india. Un disparo más a cada criatura, es suficiente para arrancarles las cuchillas y eliminarlas. Me lleva un tiempo llevar el cargamento hasta el ascensor donde será trasladado al muelle de atraque. Los malditos tentáculos son duros y se bambolean como los brazos de un enorme muñeco hinchable. Pero no es nada que no pueda manejar a estas alturas con suficiente terreno para correr y líneas de visión sin coberturas. Veo desaparecer el Poneglyph por el techo, subiendo a la planta de arriba. Ahora es mi turno de ir y cargar en el batiscafo ese pedrusco.

—¡El montacargas ha llegado! El Poneglyph está en la plataforma del hangar. Súbela a bordo del batiscafo. ¡Aprisa!

—Bien Dr. Kyne, voy para allá antes de que mi vida valga menos que nada.

Las criaturas parecen estar bastante molestas. Salen por todas partes al mismo tiempo, los conductos de ventilación las escupen como si las generaran ellos mismos. No miro atrás, cruzo corriendo la pasarela e incluso me arriesgo a dar un salto atravesando el vacío para evitar el bloqueo de los monstruos. Al otro lado, la multitud de criaturas no hace más que aumentar. Pero no me iré sin dejarles un regalito de despedida… no sería educado por mi parte. Así que activo el montacargas y, mientras huyo de su alcance, vacío el cargador de minas y se las envío. Las detonaciones se suceden unas con otras, lanzando miembros y cuerpos por todas partes en una preciosa masacre que hace que me suba la adrenalina.

Salgo del hangar y me dirijo con decisión hacia la plataforma de atraque. La esperanza crece dentro de mí, juraría que, finalmente, saldré de este maldito infierno.

—¡Bleyd! Soy Kendra. Ve a la plataforma del hangar y sube el Poneglyph al batiscafo. Me dirijo hacia la cubierta de atraque. Dios, allá vamos. Deséanos suerte…—Ella también suena esperanzada.

—Suerte. Kendra, trae a Fluffle sano y salvo.—No puedo evitar preocuparme.

Regreso de nuevo a la primera sala y la contemplo un momento. En este sitio se desencadenó el horror sobre nosotros al romper la cuarentena. Da escalofríos sólo de pensarlo. Sigue igual que estaba hace apenas unas horas, bueno, salvo por las manchas del suelo. Dios… se me ha hecho eterno. Salgo al muelle, donde nuestro anterior barco se fue a pique. Ahora descansa en el fondo del dique seco.

—¡Perfecto! Atracaré el batiscafo. Hay que tener mucho cuidado… mucho…

La transmisión del Dr. Kyne hace que mire hacia las puertas del muelle. Estas se abren y el batiscafo hace su entrada.

—Atraco el batiscafo. Los controles de carga automática no responden. Activa el dique seco de la plataforma del hangar y coloca manualmente el Poneglyph directamente en la parte inferior de la nave.

Obedezco raudo al Dr. Kyne, accedo a los controles y vacío el agua del muelle, lo que me permite bajar por una escalerilla a la zona de carga. El Poneglyph está esperando a ser cargado, pero antes he de ocuparme de unos cuantos pequeñines que se empeñan en dispararme en un intento de impedir que suba el Poneglyph a bordo, empleo el módulo cinético con unas bombonas de gas y les mando al infierno hechos pedazos. Arrastro el Poneglyph y lo coloco al fin en su lugar.

—De acuerdo. Ya está en posición. Pero sigo teniendo problemas con los malditos controles de carga. Bleyd, restablece el agua en la sala. Así podremos salir de aquí.

Regreso a los controles por la escalerilla y abro las compuertas haciendo que el dique se inunde con el agua del mar y el cargamento suba a bordo del batiscafo.

—¡Esta a bordo! Por favor, venga conmigo. ¡Juntos podremos detener a la Gnosis Colectiva! Terminar con esta pesadilla…¡Por fin!

—Voy en un instante Dr. Kyne.

Me tomo un segundo para abrir todos los canales disponibles.

—A toda persona viva en la nave Meln, Erika, Kendra, en el muelle de atraque hay un batiscafo listo para salir, si alguien me escucha que responda.

Nada… sólo la estática me responde. Siento mi corazón encogerse al no recibir respuesta de Kendra… Cruzo a toda velocidad los pocos metros que me separan del batiscafo. En el muelle, al lado de la pasarela puedo ver al Dr. Kyne.

—¡Por aquí! Corra, no perdamos tiempo, hagámoslo…

Desde el batiscafo, un tiro revienta el pecho del Dr. Kyne, que se desploma en el suelo sangrando. Me acerco al Dr. mientras la pasarela se retira y la puerta del batiscafo se cierra. Intento salvar al Dr. pero no tengo el equipo necesario y sólo puedo escuchar sus últimas palabras:

—Espera… Amelia, adónde vas… espera.

Mientras tanto, mi restante oportunidad de salvación se aleja. Una transmisión se activa, es Kendra, la maldita traidora está pilotando el batiscafo y ha acabado con la vida del Dr. Kyne. Y lo que es peor: se lleva a Fluffle.

—Lo siento, Bleyd, pero no podía dejarte seguir con esto. Supongo que debo agradecerte que encontraras el Poneglyph. Lo conseguimos sin la ayuda del USM Valor… Gracias por ayudarme a encontrarlo. Mi departamento del CP0 ha buscado este lugar durante mucho tiempo. Lo que Kyne no sabía es que fue el gobierno quien empezó todo esto. El propio Sideros era un gran experimento. ¿El Poneglyph? ¿Esa “reliquia divina”? Obra del ser humano. Un artefacto dejado atrás durante la era oscura, algunos relatan la historia perdida... otros indican la localización de armas ancestrales, pero este, este es en sí el arma ancestral. El gobierno lo desenterró, lo estudió. Lo trajeron a Sideros y lo activaron. Y ya has visto los resultados. El tipo de pesadillas. Sellaron Sideros pensando que nadie se enteraría. Pero, entonces llega Meln y mete la pata, empieza a destrozar el fondo marino. Y después de que llegó la guerra civil… tú como pretor te metiste donde no debías. El experimento seguía vivo. Kyne tenía razón acerca de la Gnosis Colectiva. El  Poneglyph la mantendría a raya ya que es lo que la creó, pero eso no importa ¿o sí? Ya tengo Poneglyph y con él, el poder del arma ancestral que encierra y todo este mar puede irse al infierno. Si te sirve de consuelo, hiciste un gran trabajo. Ya nos veremos… o no. Posdata, me llevo tu ovejita rosa, es adorable y te prometí que cuidaría de ella.

Se corta la transmisión y la sucede el silencio. Y con el silencio, los latidos de mi sangre encendida en mis venas… puedo sentir cómo la ira y la frustración se agolpan y oigo el palpitar acelerado en mis tímpanos. Esa zorra histérica que ha pasado todo este tiempo por mosquita muerta… resulta que es una perra traidora y se aleja con mí Fluffle. Tan campante.

—¡Bleyd!—una voz familiar resuena por encima de la ira y me obliga a concentrarme—¡Soy Erika! Necesito tu ayuda. ¡Ayúdanos! ¡Ya! Estoy… estoy en la sala de control de embarcaciones. ¡Date prisa, Bleyd! Por favor. Te amo…

La transmisión se corta y me deja en shock durante unos instantes. Era ¿Erika? No tengo tiempo que perder, tengo que ir allí y averiguarlo. Si es ella tengo que encontrarla, ya tendré tiempo para vengarme de esa arpía si salgo de aquí con vida. Me lanzo como una centella hacia la cercana sala de control, subo por las escaleras saltando sobre los peldaños de tres en tres desde el control de muelle de atraque. Delante de mí está la sala de control de embarcaciones. Accedo a ella con el corazón en un puño. Manchas de sangre en la entrada y oscuridad… contengo la respiración, temo lo que pueda encontrar. Si será ella de verdad, si estará viva, si será otra trampa, si le habrá pasado algo… Doblo la esquina y las pantallas de control se encienden a mi paso con un color rojo. Allí está Erika, de pie, al lado del control central.

—¡Bleyd! ¿Eres… eres tú?—me mira y titubea durante un instante, me quedo en el sitio, en silencio, sin saber cómo responder—Nunca creí que volviéramos a estar juntos… ¡Dios, lo siento! Siento mucho lo que hice… nunca quise hacerte daño… tienes que traerlo de vuelta, Bleyd.

Las pantallas de la sala están en rojo, al tiempo que la estática las recorre, me parece percibir símbolos o signos parpadeantes, son demasiado rápidos como para distinguirlos, pero no importa. Joder. Suspiro con alivio y abrazo por fin a Erika. Una paz me embarga al volver a sentir el calor de su cuerpo, su perfume… la aprieto fuerte entre mis brazos y me reconforta sentir cómo ella me devuelve el abrazo. Después de tanto tiempo.

—Bleyd—susurra Erika obligándome a soltarla—desde aquí puedes pilotar el batiscafo por control remoto. ¡Devuélvenos a la vida! ¡Devuélvenos a la vida!

La miro detenidamente. La expresión de sus ojos, su nariz, su boca. Absorbo sus palabras. La suelto despacio, gravando cada uno de sus rasgos en mi memoria y me dirijo a los controles. Tiene razón. Ejecuto el programa de control remoto y me centro en lo verdaderamente importante ahora mismo: salvar a Fluffle, recuperar el Poneglyph y partirle las piernas a esa traidora de Kendra. Seguro que fue ella quien puteo a Hammond. Y quería envenenarme la cabeza con sus teorías judeo masónicas para que estuviera de su parte. El batiscafo comienza a dar la vuelta al fin y se escucha a Kendra por la radio.

—Bleyd, ¿se puede saber qué estás haciendo?

—Que te follen bruja. No tienes derecho a llevarte a Fluffle a ninguna parte, es mío. Y quiero que sepas que voy a salir de este puto infierno con vida, le pese a quien le pese.

—Cometes un gran error. ¡Esto no ha acabado!—suena alarmada. Pero hace bien en tenerme miedo… creo que nunca me ha visto cabreado de verdad.

La transmisión se corta y el sistema de altavoces se activa retransmitiendo el último suceso del batiscafo.

—Cápsula de escape lanzada, transbordador de tripulación USG-09. Repito expulsada cápsula de escape.

—No importa. En su destino no está escapar… En el de ninguno—la miro fugazmente, parece estar muy tranquila, siempre tranquila.

—No digas eso, Erika, vamos a solucionar esto y vamos a salir de aquí con vida.—Le prometo con firmeza.

—¡Aquí viene! Reprogramaré el batiscafo para que nos lleve a la colonia. Estamos muy cerca, Bleyd. ¡Ahora vete! ¡Sube al batiscafo! ¡Te veré allí!—dice ella lanzándose a los mandos del control.

Desde la sala, puedo ver llegar el batiscafo. La miro una última vez, tan decidida, y parto siguiendo sus instrucciones. Subo a la nave tras de una breve carrera, me siento a los mandos y unos instantes después Erika se sienta en el sitio del copiloto.

—Estás haciendo lo correcto, Bleyd—puedo ver una perfecta sonrisa en sus labios.— Por fin estamos juntos, como siempre debió ser. Sabía que regresarías a buscarme. Ahora ya nada nos podrá parar…

CAPITULO 12: MAR DE MUERTE

He recorrido el mar desde su superficie hasta el fondo. Por el camino, he visto algo que me ha llamado la atención, algo que solo conocía por mensajes escritos y de audio. Levantada desde el fondo oceánico, un fragmento de placa tectónica yace soportada por el Meln, arrancada del suelo y elevada mediante poderosos rayos tractores. Ahora sé por qué era un buque extractor…

Salgo del batiscafo detrás de Erika. Estamos en una esclusa de aire. La tecnología permite que un campo de fuerza controle el agua del fondo del mar y su increíble presión, permitiendo a submarinos y batiscafos entrar a la colonia sin ningún peligro.

Mientras observo las guías que recorren el suelo y las enormes edificaciones, Erika se ha puesto manos a la obra.

—¡Bleyd! Usa un montacargas para bajar el Poneglyph del batiscafo.

Raudo como el viento, recojo un montacargas con el módulo cinético. Éste se mueve entre raíles y, a ambos lados, tiene remachados un par de brazos automáticos que recogen el Poneglyph y lo aseguran cuando lo tiene encima. Ahora vuelvo a desplazar el Poneglyph con el montacargas de vuelta a la colonia, de donde jamás debió de salir. Pero no nos podían faltar los problemas, la puerta que da acceso al complejo está sin célula de energía, así que tendré que buscar una en el almacén más cercano. Entro en el edificio y puedo ver carteles de Uniología en los que leo “que Altman esté contigo”. Justo debajo del cartel, un par de cuerpos ejecutados como los que encontré en el Meln, un suicidio ritual para alcanzar la vida eterna… idiotas crédulos. Detrás de una puerta de seguridad, veo la célula de energía que me hace falta y un par de mantas, una de ellas está agarrada al cristal como si fuera un pez ventosa en una pecera.

—Bleyd, hay que llevar el Poneglyph de vuelta a la cámara del pedestal. Utiliza el montacargas para llevarlo y luego colócalo en el pedestal. Repón lo que nos fue robado, y devuélvenos a la vida.

Atiendo a Erika que me da un poco la chapa; ya sé qué tengo que hacer y lo primero será surtirme de munición en la tienda que hay en este edificio, he estado quemando cartuchos desde que abandoné el Valor.

Tomo mis precauciones. Antes de abrir la puerta de las mantas, el primer paso ha sido alejar los cadáveres de la habitación de esos bichos. No me ha costado mucho moverlos, es mejor soportar su fétido olor que verlos levantarse en monstruos asesinos. Abro la puerta y no doy tiempo a las mantas a escapar, las hago pedazos a base de disparos seccionándoles la cola y las alas, dejándolas en el suelo sin posibilidad de moverse.

Recojo del suelo la célula de energía y me hago con un registro sonoro que estaba en la misma habitación:

¡Aquí el sargento Neuman, sector P! ¡Hemos perdido los submarinos! ¡Uno despegó hace un segundo, cayó y se estrelló en la plataforma! Se llevó con él a cientos de personas y el resto de submarinos… Si alguien escucha esto, ¡no atraquen!

¿Pudo ser un sabotaje, o se les coló un monstruo en el submarino? Puede que nunca lo sepa, pero ahora he de volver con la célula para abrir las puertas y rápido. Coloco la célula de energía en su lugar y la enorme puerta de metal se eleva dejando paso al Poneglyph. Uso el módulo cinético para introducir en las instalaciones la carretilla elevadora. Entro por una de las puertas laterales y activo la entrada al complejo. La siguiente puerta se eleva mientras a mi espalda se cierra el camino, parece una buena medida de seguridad. La sala que se encuentra ante mí es amplia con un raíl en forma de “L” invertida por donde ha de pasar el Poneglyph. El problema son tres puentes que impiden el paso. Tengo que elevarlos y ralentizarlos con el módulo de estabilización para poder arrastrar el conjunto por los raíles con la ayuda del rayo tractor del módulo cinético. Me tomo unos instantes para apreciar en las paredes los extraños símbolos pintados con sangre cuando se les debió de acabar la tiza blanca… Son idénticos a los del Poneglyph. Si tuviera más tiempo podría copiar los símbolos para buscarles una explicación en cristiano, pero no lo tengo, así que, en vez de dedicarme a la preciosa tarea de traducción, continúo atravesando salas y arrastrando el Poneglyph. Introduzco el conjunto en otra sala de seguridad como la anterior, la puerta es doble y cierra por un lado para dar acceso al siguiente.

—Bleyd, ya casi has llegado… Tienes que restablecer la energía en los puentes para mover el Poneglyph por esta zona. Encontrarás una estación de control al final del conducto de mantenimiento.

—Recibido Erika.—Ahora ella es mi guía, su voz es mucho más agradable que la de Kendra.

Me acerco al enorme acceso situado a mi derecha, pero está guardado por dos embarazadas que lanzan sus fetos contra mí en cuanto hago acto de presencia. Me parapeto tras una columna y desde ella secciono con puntería quirúrgica sus tentáculos uno a uno. Tras acabar con las madres, me tomo un tiempo hasta que los fetos mueren por sí solos. Cuando el peligro ha pasado, abro la puerta de seguridad, que está totalmente recubierta de carne en donde se encontraban los monstruos adheridos a la pared.

El conducto es más como un enorme tubo de aire acondicionado. Por fortuna, es metálico y puedo pegarme a él con las botas magnéticas. Cruzo dos enormes ventiladores desactivados por la falta de energía hasta que llego a un habitáculo al otro lado. Localizo el interruptor de energía, que se encuentra apagado, y subo la palanca del diferencial para que no salte cuando la conecte. El efecto es instantáneo, una fuerte corriente de aire se genera de los ventiladores que han vuelto a la vida. Ralentizo el primero y cruzo para encontrarme con un comité de bienvenida formado por media docena de pequeños lanzadores de hueso y tres escorpiones. Ya no tengo ni que pensarlo, me doy la vuelta y cruzo el ventilador; en el último instante, las aspas vuelven a su velocidad normal y comienzan a soltar aire y aspirar por el otro lado, donde se encuentran las criaturas. El ruido de trituración junto con una lluvia de sangre pulverizada puede llegar a ser una bonita melodía cuando sabes qué es lo que has metido en la batidora.

Ahora sí, vuelvo a ralentizar las aspas y cruzo al otro lado hasta el siguiente ventilador. Y así sucesivamente hasta que del conducto, me encuentro cubierto de sangre, pero eso es lo de menos. Me dirijo a la cargadora para hacerla cruzar esta sala de puentes, cuando una monstruosidad igual a la que acabó con la vida de Hammond se me echa encima. Salto a un lado en el último momento y se estampa contra la pared. El metal se abolla con la fuerza de su embestida. Pero no dejo que se recupere y paso a la acción. Comienzo a dispararle en el rostro. El haz de corte del cañón lineal alcanza sus hombros y la criatura toma una postura defensiva tapándose la cara y el cuerpo con sus robustos brazos. Le ralentizo y le rodeo para dispararle en la espalda, su punto débil. A pesar de tener todo el cuerpo en haki armadura, la espalda no puede resistir semejante ensalada de tiros, la sangre salta a borbotones con cada disparo, pero la ingente monstruosidad no se da por vencida y carga contra mí. Me alejo de ella jugando con los puentes, es brutal y veloz pero no puede tomar las curvas con la misma agilidad que yo, tarda mucho tiempo en encararse hacia donde me encuentro, lo que me da la ventaja que necesito para acabar con ella por saturación de disparos.

Con la monstruosidad muerta y los puentes cargados de energía solo me queda levantarlos para pasar con el Poneglyph a otra sala de seguridad. Activo por tercera vez la gigantesca puerta y me encuentro otra sala en forma de “L”, esta está mal iluminada y apenas puedo ver algo mas allá de las luces de las puertas. Continúo arrastrando la carretilla por las guías hasta una última puerta de seguridad en la que puedo leer “Puesto de excavación”. Activo los controles y las puertas se abren. El paraje es desolador, el fondo oceánico está desecado y fuertes corrientes de aire producidas por los respiraderos azotan la tierra. Al fondo, a unos trescientos metros veo a la Gnosis colectiva, sus tentáculos son de proporciones inimaginables. Las guías acaban finalmente cerca del borde de un gran cráter, allí es donde dejaré el Poneglyph y sellaré a esa cosa para siempre. Antes de arrastrar la cargadora hasta el final del recorrido veo un panel que indica el estado de la extracción de la placa tectónica del fondo del mar que flota a varios kilómetros de distancia de nosotros. Debió ser de aquí de donde la extrajeron.

Me llevo la cargadora al final del recorrido, ignorando la ingente marea de criaturas que está saliendo por los conductos de ventilación. Se acercan en masa, pero he de dejar el Poneglyph primero. Con desesperación activo la cargadora, que finalmente deposita su valiosa carga en el pedestal de donde fue robada. Me giro y comienzo a acribillar a las criaturas que vienen en línea recta, decidido a acabar con sus ansias asesinas a base de tiros que las desmiembran. No es hasta que el Poneglyph empieza a generar una intensa luz entre roja y amarillenta que las criaturas se paran como si no supieran qué ocurre. No les voy a dejar recuperarse, prefiero destriparlas cuando están quietas.

—Gracias, Bleyd. Siempre he creído en ti. Siempre supe que regresarías a mí. Nos has devuelto a la vida. Bleyd. A la vida…—la voz de Erika suena alta y clara, pero algo no marcha bien… mi intercomunicador no se ha activado… ¿qué demonios está pasando?

—¿Erika? Responde Erika, aquí Bleyd, responde…

La radio sigue muda cuando unas ondas de color rojo provenientes del Poneglyph cruzan el aire. En su lugar, una alerta mucho más peligrosa suena en los altavoces.

—Alerta: anclajes de gravedad georbital desconectados. Carga tectónica liberada. Impacto inminente. Evacúen la zona inmediatamente.

Ante tal advertencia me veo obligado a tomar la vía rápida hacia la zona de embarque, donde espera Erika con la batiscafo… La sala es semicircular, con una cristalera que aislada del exterior. Cuando entro, se activa un programa de descontaminación sellando las puertas. Entonces la veo , es Kendra caminando por la plataforma como si nada, acompañada de mi aterrado Fluffle.

—Bleyd, Bleyd… no pensarías que me iba a ir sin más, ¿verdad? No puedo hacerlo. El Poneglyph se viene conmigo. Es una pena… Empezabas a gustarme… Incluso ahora que estás loco. ¿Qué? ¿No me crees? Échale un vistazo… Échale un vistazo al vídeo de Erika que no has dejado de ver… Pero ahora, hazlo hasta el final. Tú, bola peluda, estate quietecito y despídete de Bleyd, no lo volverás a ver.

En la pantalla de comunicación de mi traje se reproduce el vídeo de Erika, es el mismo que veía cuando estaba llegando al Meln. Detrás de mí, el Poneglyph deja su plataforma y Fluffle llora sin poder alcanzarme.

Bleyd, soy yo. Ojalá pudiera hablar contigo. Lo siento… lo siento por todo. Ojalá pudiera hablar con alguien. Aquí todo es un caos. No puedo creer lo que está ocurriendo. Es extraño… cómo una cosa tan pequeña… Al final, todo se reduce a esta cosa de nada… No quería que esto acabara así. Quería verte de nuevo, una vez más. Te amo… Siempre te amaré.

El final del video muestra cómo Erika se suicida mediante una inyección letal. Veo su cabeza caer sin vida sobre su pecho cuando el cuerpo pierde la fuerza para mantenerla.

—¡Ves!—Kendra se ríe histérica—Estás loco. Como Kyne, como el capitán. Erika ha estado muerta todo el tiempo. Da igual lo que hayas visto… Y eso tiene la culpa. Eras su títere. Pero no te preocupes. Ahora pasará a estar en buenas manos, lejos de este maldito lugar. Adiós, Bleyd.

Kendra huye con Fluffle y el Poneglyph y yo me quedo en blanco, atascado en esta maldita sala de descontaminación, sin poder creer en lo que me ha revelado.

—¿Tiene Kendra razón… estoy perdiendo la cabeza…? Erika ha estado muerta todo este tiempo. Una alucinación creada por el Poneglyph. Todo este tiempo era el Poneglyph que me impulsaba a regresar al fondo del mar. Es consciente… está vivo de algún modo. Y ahora Kendra lo tiene otra vez. ¡Tengo que volver al batiscafo, rescatar a Fluffle y salir del fondo del mar antes de que la placa choque con la colonia!

De pronto, la puerta de salida se desbloquea y me lanzo a la carrera por el pasillo, según las indicaciones, esta vía es una ruta rápida a donde está atracado el batiscafo.

Me lleva menos de un minuto recorrer los pasillos y salir a la pequeña habitación donde encontré la célula de energía para la primera puerta. Salgo a la pista donde descansa el batiscafo con el mar soportado por la barrera de energía, sin embargo, algo ha cambiado, dos enormes contenedores yacen volcados en el suelo taponando el camino hacia la plataforma de atraque. Apenas queda un pequeño hueco por el que pasar, seguro que ha sido cosa de Kendra. El suelo tiembla cuando me acerco a la rampa de acceso al batiscafo, me tambaleo y caigo al suelo de culo mientras observo cómo Kendra intenta abordar la embarcación con Fluffle debajo del brazo. Pero no le da tiempo a entrar, un látigo orgánico de diez metros de longitud la golpea y derriba de la rampa. Fluffle es más afortunado y es desplazado al interior del batiscafo hecho una pelota. Kendra cae sobre la plataforma con un ruido sordo, rueda por el suelo un metro y queda tumbada boca abajo, se intenta levantar pero el látigo está sobre ella buscándola, se deja caer sobre su cuerpo con una horripilante fuerza y, no contento con eso, la restriega contra el suelo al tiempo que hace presión y acaba lanzando a la desafortunada Kendra contra la pared más próxima, dejándola estampada en ella como si fuera una pegatina.

El látigo se desenrosca desde el exterior de la cúpula de energía y se coloca perezosamente en forma de círculo impidiéndome huir a causa de su gran tamaño, tendrá dos metros de alto por ancho, además, un segundo látigo surge desde el mar acompañado por una monstruosidad del tamaño de una catedral. La Gnosis Colectiva emerge de las profundidades aullando. Su imagen es aterradora y asquerosa, parece estar formada por carne de millones de cuerpos; su pecho, si se puede llamar así, parece tener una veintena de costillas que protegen los anaranjados y débiles ojos de esta criatura. Donde tendría que estar la cabeza, cinco protuberancias me contemplan ordenadas de forma pentagonal, vacías y carentes de cualquier sentimiento humano o animal. Sus enormes apéndices se mueven sin orden ni concierto. Pero ya basta de estar parado sin hacer nada, si he de caer, caeré luchando.

La Gnosis planta su rostro a un escaso medio metro de mí, sus fauces abiertas y repletas de dientes, su fétido aliento cargado de muerte es insoportable. Pero no dejo pasar la oportunidad y comienzo a acribillar uno de sus ojos, si no va a tener piedad yo tampoco.

El ojo estalla en una explosión de sangre y carne, la criatura aúlla de dolor y lanza sus apéndices contra mí. Es inmensa, pero es bastante lenta y puedo esquivarla con facilidad, el golpe da en la plataforma de metal, que vibra y se resiente por el tremebundo porrazo de varias toneladas lanzadas con fuerza sobre su superficie.

La monstruosidad acorta la distancia de nuevo intentando devorarme con sus fauces. Lo único que consigue es volver a irse con uno de sus ojos reventados a causa de mis disparos. Pero la criatura no está ni mucho menos acabada. Enrosca su látigo orgánico alrededor de mi pierna y me arrastra, no puedo luchar contra su fuerza y acabo cabeza abajo zarandeado delante de su boca, listo para ser comido. Apunto a sus ojos lo mejor que puedo mientras me zarandea y la criatura se mueve de lado a lado. Consigo destrozarle el tercer ojo de su fea cara. Se harta y, dolorida, me aproxima a sus fauces, no me corto un pelo y cuando veo la oportunidad le lanzo una mina a los ojos que detona llevándoselos por delante en una explosión de sangre.

La monstruosidad se debate en dolor y me suelta desde la gran altura en la que estaba. Caigo al suelo dándome un bofetón de campeonato. Por suerte, la armadura y el haki han amortiguado el impacto. Recojo mi arma y apunto al pecho de la Gnosis que. En su dolor y ceguera, ha expuesto sus restantes ojos a mis disparos. Llena de dolor, golpea la plataforma una y otra vez buscando aplastarme como lo hizo con Kendra. Reviento otro de sus ojos. Cegada como está no es capaz de verme y ha de exponerse nuevamente para calcular mi posición, aprovecho para, con el módulo cinético, recoger una bombona de acetileno y lanzarla contra su pecho abierto. La explosión y las llamas consumen los ojos de la criatura, que se debate entre el dolor y conseguir a su presa. Entre agónicos estertores, se deja caer sobre la plataforma en un último intento de chafarme para luego, derrotada, volver arrastrándose al agujero del que salió a lamerse sus heridas, llevándose su horrible apéndice con ella. Finalmente, me deja libre el acceso al batiscafo.

Entro en la nave como una exhalación, la cabina está bloqueada, así que la golpeo con fuerza hasta que se abre. Dentro esta Fluffle, que ya ha preparado todo lo necesario para partir. Desde el puesto de copiloto, veo el Poneglyph, que no llegó a ser cargado en el batiscafo. Salgo de la colonia a mar abierto rumbo a la superficie pasando junto a la placa tectonica arrancada del fondo del mar. Las turbulencias sacuden el batiscafo de lado a lado pero, finalmente, he escapado y veo como la gigantesca piedra se pierde en las profundidades oceánicas, seguramente llevándose consigo a la Gnosis colectiva, la colonia y el maldito Poneglyph.

Me retiro el casco y me tomo unos instantes para evaluar las coordenadas y poner rumbo a Sideros. Creo que voy a dormir una semana entera. Por su parte, Fluffle no deja mi lado ni un segundo. Reproduzco por última vez el video de Erika desde el principio. Ojalá que todo esto fuera sólo un mal sueño.

Bleyd, soy yo. Ojalá pudiera hablar contigo. Lo siento… lo siento por todo. Ojalá pudiera hablar con alguien. Aquí todo es un caos. No puedo creer lo…

Apago el video dejando mi pasado atrás. Acaricio a mi querida mascota. He perdido muchas cosas allí, pero no a mi querido amigo. Entonces me vuelvo al vacío asiento del copiloto, pero…veo a una figura ensangrentada, un rostro que conozco demasiado bien, un rostro que grita en agonía mientras terribles destellos de luz me ciegan. Es Erika y está furiosa.


EPÍLOGO


Las autoridades arrestaron hoy a un sospechoso relacionado, con la reciente serie de ataques revolucionarios el USG Meln, el USG O`Bannon. Y una pequeña colonia en Sideros. Isabel Cho, una oficial médica asignada al O`Bannon fue rescatada de un bote salvavidas, recuperada después del sabotaje de los ingenieros al O`Bannon y la destrucción de la nave. Los integrantes recibieron una confesión de la señora Cho, y la sentencia fue programada la semana siguiente…

La transmisión de la pantalla es acallada por uno de los dos individuos de la estancia.

—La historia está funcionando bien.
—La gente cree en la que quiere creer, Dr. Edgards.
—Si. Ah, al parecer el Dr. Stross ha llegado.

Un enfermero empuja una cámara de éxtasis puesta en una camilla.

—Excelente. Con este son dos que entraron en contacto.
—¿Dos? ¿Quién es el segundo?
—El médico que destruyó el Poneglyph.
—Lo encontramos medio loco en un batiscafo a la deriva, imagine nuestra suerte. Sea gentil con el paciente. Su mente es la llave a los secretos del Poneglyph.
—Sí señor. Bienvenido a su nuevo hogar, Nolan. Bienvenido a la estación“Sprawl”

El enfermero guarda la cámara de éxtasis en un hueco de la pared almacenando al paciente al lado de muchos otros. En la cámara adyacente puede leerse: Bleyd Master

625 días después:


El vídeo se repite una y otra vez. El bello rostro de Erika me llama.

—Bleyd. ¿Estás ahí? Responde Bleyd…

Mi propia imagen aparece en la videoconferencia, estoy acostado, medio dormido a causa de la hora.

—Oh, dios, lo siento mucho, Bleyd… Olvidé la diferencia horaria. Te llamaré más tarde…

—No, no, está bien. Está bien. ¿Cómo te va?

—Bien. ¡Tenías razón, Bleyd! ¡El Meln es un buque fantástico! Tengo muchísima suerte por poder trabajar en él.

—Disfrútalo mientras dure. El año que viene lo retirarán del servicio.

—Bleyd. Gracias.

—¿Por qué?

—Por… obligarme a hacerlo. Si no hubiera sido por ti nunca habría llegado tan lejos. Tú me animaste a seguir adelante…

—Recuerda que te he dejado ir seis meses para que puedas hacer esto. Además, ser el pretor en funciones de una isla entera tiene sus ventajas.

—Creo que el transmisor se está quedando sin cobertura. Bleyd… ¿Me oyes? Escucha, te llamaré otra vez en cuanto pueda. ¿Vale?

La pantalla se vuelve estática y el vídeomensaje desaparece. Sentado frente a mí hay un doctor, sé que lo es por el traje blanco que lleva. No puedo verle muy bien la cara, una maldita lamparita me deslumbra, pero sí puedo saber que es calvo y lleva la sombra del bigote y la barba, los ojos están hundidos seguramente a causa del constante trabajo.

—¡Bleyd! ¡Bleyd! Se ha dejado llevar durante un momento, Sr. Bleyd. Me estaba hablando de sus pesadillas sobre su… sobre su novia fallecida…¿cómo se llamaba?

—Erika.

No hago más que nombrarla y Erika se manifiesta detrás del doctor, envuelta en brumas. En su mano lleva una jeringa hipodérmica. Está sentada tal y como la recuerdo. Ella me habla, nunca ha dejado de hacerlo.

—No quería que esto acabara así. Quería verte de nuevo, una vez más. Te amo… Siempre te he amado.

Intento moverme, alejarme de ella, pero me es imposible. Tengo una camisa de fuerza y estoy totalmente sujeto a la silla. Mi fuerza es casi nula y siento la cabeza ida, estoy drogado en niveles peligrosos, temen que me libere, temen lo que les haré si escapo. Hacen bien en temer.

—Sí. Erika Konstantine. Era oficial médico destinada a bordo de un buque de extracción…

Erika desaparece en las sombras y allí donde se encontraba todo se vuelve oscuridad, me centro de nuevo en la conversación con el loquero y le digo el nombre que quiere saber.

—El Meln.

—El USG Meln, sí. Era parte de una operación minera en Sideros. Tengo entendido que se perdieron las comunicaciones tras su llegada. Usted formaba parte de la misión de reparación. Fue como voluntario, ¿es verdad? ¿Qué fue lo que encontró en ese buque, Bleyd?

¡No! Las visiones, los recuerdos, el Meln, sus angostos pasillos, la sangre, los cuerpos… los monstruos, el Poneglyph. Todo ello se aparece en la sala como si fuera una cinemática de la que no puedo huir.

—Encontraron algo…—la imagen en mi mente parpadea y veo el cubo de piedra que es el Poneglyph, alejado e inalcanzable.

—¿Qué encontraron en ese barco, Bleyd?

—Un Poneglyph.

De nuevo la imagen ha destellado, ahora puedo ver el Poneglyph brillando con su intensa luz roja, delante veo a una mujer vestida como Erika, no puedo ver su rostro. Sé que es ella.

—¿Entró en contacto con ese… Poneglyph Le provocaba visiones. ¿Cierto? Visiones que no quería tener.

El doctor habla al vacío mientras el Poneglyph se acerca a mí un poco más a cada parpadeo que da. Está a medio metro de mí, puedo ver su estructura, su ilegible lenguaje y frente a él, en una oscuridad irreal, Erika. Despacio, casi con delicadeza abandona las sombras y se aproxima a mí, su ropa está ensangrentada, su carne es cadavérica, desprovista del tono rosado de la vida, blanca como el mármol, salteada aquí y allí de un rojo profundo a causa de la sangre reseca. Erika se sienta a horcajadas sobre la mesa y veo cómo su rostro se aproxima al mío. Puedo ver la sangre correr por sus facciones, las manchas en su ropa, su pelo desaliñado y sucio.

—Me hablaba…—susurro apenas al doctor.

—¿Qué le decía, Bleyd?—oigo su voz como a lo lejos, cargada de infinita paciencia.

Como si estuviera en la misma conversación, Erika habla dándome la respuesta a la pregunta del doctor.

—¡Devuélvenos a la vida!—dice, y sus ojos y su boca se iluminan como si el interior de su cabeza almacenara un sol cargado de luz brillante.

—¡Bleyd! ¡Bleyd! ¿Me oyes? ¿Bleyd?

Todo se vuelve blanco. Pierdo la visión del mundo. Erika aúlla.

—¡DEVUÉLVENOS A LA VIDA!




—¿Bleyd? Bleyd, ¿me oyes? ¡Diana, he encontrado a Bleyd Master! Repito. ¡Lo tengo!

Despierto en una celda, atado a una silla y con camisa de fuerza. Puedo ver otra celda al fondo de la sala, no distingo mucho, pero sí veo garabatos y escritura por toda la pared. El pasillo está en penumbras, iluminado débilmente. El chico que me ha despertado es de color, lleva una linterna y una radio, no tendrá más de veintitrés años. Luce entre preocupado y aliviado. La radio le responde inmediatamente.

—Buen trabajo. Franco. Ten cuidado, ha estado inconsciente mucho tiempo.

El chico me suelta de la silla y me ayuda a levantarme.

—Bien, tranquilo. Quieto, quieto. Tenemos que quitarte esta camisa de fuerza.

—¿Dónde, dónde estoy?

El chico mira hacia atrás por encima de su hombro con inquietud, visiblemente preocupado.

—Sé que ahora mismo estás confuso. Puedo explicártelo todo, pero debes confiar en mí. ¡Escucha! ¡Corres un grave, gravísimo peligro!

Un rugido, una explosión visceral. El pecho del pobre tipo acaba de ser atravesado por un objeto afilado, su sangre me salpica la ropa mientras es elevado medio metro del suelo y se agarra a mí. Tres gigantescos dedos prensiles le agarran por el hombro mientras una monstruosidad de carne viva trepa por su espalda. Puedo ver lo que antaño fue una mandíbula cerrándose en la cabeza del desafortunado. Cuatro apéndices le sujetan el rostro y un quinto, mucho más largo y flexible acabado en un aguijón, baila sobre su frente un segundo antes de clavarse con una fuerza letal hasta el cerebro. Sus ojos se ponen en blanco mientras la criatura le perfora el cráneo introduciéndole su perverso apéndice una y otra vez.

La manta, una vez hecho su trabajo, abandona el cuerpo. El chico continúa agarrándome y vuelve su cara hacia la mía. Su expresión es de terror en estado puro, los ojos perdidos y la boca abierta de par en par en un grito mudo. Un pequeño apéndice comienza a formarse por el agujero de su frente, su rostro cambia del terror al dolor, aprieta los dientes y su expresión se endurece mientras la sangre literalmente sale a chorros de su espalda. De pronto, una extremidad de hueso se forma de dentro a afuera, le sigue otra inmediatamente, ambas acabadas en cuchillas de afilado hueso. Su rostro comienza a transfigurarse en más y más apéndices, pequeños latiguillos de carne que surgen de la boca, de la nariz y del agujero del cráneo. Su cabeza se estira hacia arriba como si fuera una tortuga hasta que el cuello se rasga en una templada y espesa lluvia de sangre viscosa. Sus manos me agarran la mandíbula con fuerza y acerca su rostro mutante hacia mí. La mandíbula inferior se le ha partido en dos y los dientes se han afilado, la carne de la nariz, la frente y los ojos han estallado de dentro a afuera. Veo caer sus glóbulos oculares fuera del cráneo como si fuera a cámara lenta. Sus nuevos y asquerosos apéndices de carne tocan mi rostro y hacen que sienta nauseas. Hecho mi cabeza hacia atrás y le meto un cabezazo usando el haki. Consigo que me suelte y tropieza cayendo al suelo mientras la transformación se completa.

—¿Franco? Franco, ¿Qué ha pasado? ¡Bleyd! ¡Bleyd Master, si me oyes corre! ¡CORRE!

Salgo de la celda de contención y lo veo mientras corro por mi vida. De las celdas comienzan a irrumpir monstruos, vestidos aún con sus camisas de fuerza de cuando estaban vivos. El infierno me ha encontrado una vez más.

Peticiones:

Pasar regeneración naciente a, regeneración creciente.
Mediante la canalización, de la energía curativa te curas una herida dos grados, esta técnica tiene un colldown de 2 turnos y no puede utilizarse sobre la misma herida  hasta transcurridas 24 horas..

Haki armadura Perfecto

Haki observación invertido despertado. En vez de: Permite escuchar la voz de los seres vivos de forma muy limitada. Concentrándose en un objetivo, el usuario podría prever sus acciones hostiles con un cuarto de segundo de antelación. Llegar a este nivel no requiere un entrenamiento, tan sólo llegar a una situación en la que pueda ser despertado.
El usuario pierde la capacidad de escuchar a los seres vivos que da el haki, Tampoco podrá prever acciones hostiles. En su lugar no podrá ser escuchado ni sus acciones hostiles prevenidas con un cuarto de segundo de antelación.

Locura Poneglyph: Después de estar en contacto con el Poneglyph estos pueden comunicarse con el mediante alucinaciones.

Desenfundado rápido: Puede tener su arma empuñada, como si siempre hubiera estado allí en un movimiento totalmente imperceptible.

Tiro limpio: Es diestro con la cortadora de plasma y el cañón lineal, pudiendo usarlos perfectamente.

Reflejos X5 agilidad X3, resistencia X5, fuerza X2

Pantalla de Humo: Todos los conocidos de Bleyd, recibirán una carta de parte del gobierno confirmando el fallecimiento de este en el USG Meln. Después de los sucesos, lo que seria unos días después del comienzo del TS (Destacar Solamente Madara Uchiha)

Se notifica el fallecimiento de Bleyd Master a bordo del USG Meln. Lamentamos profundamente su perdida:

Atentamente G.M

Resistencia al miedo. Puede soportar momentos de miedo o tensión  y no entrar en pánico total.

Si el moderador ve a bien dar algo mas o cambiar alguna cosa pues apañado (comento por que se me dijo que igual se ponía recompensa y esas cosas)

avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Señor Nat el Sáb 9 Sep 2017 - 1:15

Buenas noches, soy Nat y hoy vengo a corregir tu Gameplay. Diario. Quería decir diario. Antes de seguir debo decir que podrías sobornarme o seguirme en Twitter, pero eso no variará mi moderación. Dicho esto, comencemos:

En primer lugar debo decir que la escritura y la ortografía han sido poco menos que perfectas. No te confundas, ha habido errores ortográficos poco frecuentes, pero los ha habido. Aparte he podido encontrar algunas repeticiones por ahí (bastantes) y poco más, comas mal puestas a veces. Vamos, que una mejora muy considerable respecto a las faltas que sueles tener, espero que esto marque un punto de inflexión y empiece a ver a Bleyd, el todopoderoso señor del rol.

Respecto al ritmo de la historia... Es lento. Para qué negarlo, es muy lento. Todo lo que has descrito es total y completamente descriptivo, pero la acción avanza muy despacio, por lo que se hace un poco pesado de leer a ratos. Muy concreto, muy específico, pero algo aburrido si esperas acción.

Yendo con los cambios de persona, lo cierto es que debo decir que me ha llegado a liar un poco que tanto Sam como Bleyd estén siempre en primera persona, y me ha impedido hacerme con la lectura debidamente. Por otro lado, la parte de Sam, aunque relevante, en realidad no importa demasiado y podrías haber dado más protagonismo a Bleyd desde un principio, que un cuarto del diario está totalmente desaparecido. De hecho, si me hubieras puesto la primera escena de Bleyd y en retrospectiva me pones Sam Caldwell... Me habría gustado bastante más. Pero bueno, eso es un gusto personal y si te quito es porque la cámara no se ha centrado en Bleyd, aunque puedo pasarlo por alto. Lo que no puedo pasar por alto es lo siguiente:

No puedo darte puntos por originalidad ni por la trama. Te explicaré: Originalidad es un baremo de en tu texto cuán original has sido, cuánto te has ido a historias famosas, tópicos... Pero bueno, el problema es que no es que te hayas ido a tópicos, sino que podría verme un gameplay de un videojuego en lugar de leerlo. Y la trama, los giros... Tiene que ver, dentro de tu historia original, y recalco ORIGINAL, cuán buena es. Que no digo que sea mala, pero si no es original no puedo valorarla.

En fin... El plagio es una actividad reprochable tanto en la vida como en el foro, pero lo que tú has escrito no es exactamente un plagio. Has trabajado mucho, y se ha notado el esfuerzo, por lo que no veo razonable castigarte, pero sí dar un aviso. Las historias deben ser originales y, por otro lado, voy con algunas aclaraciones:

Los Phoneglyphs no te vuelven loco. Sé que en DS tiene sentido porque son efigies lovecraftnianas, pero en One Piece nunca se ha visto eso (y mira que hay Phoneglyphs sueltos).

Bueno, finalmente, como muestra de respeto al esfuerzo que has puesto en describir detalladamente cada escena (que no sé si lo fuiste jugando o viendo Gameplays, aunque en ambos casos es titánico), te voy a dar un 5. Salvo recompensa por tu cabeza astronómica (cerca de 150 millones por la huida y haber estado tan peligrosamente de una fuente de dolores de cabeza para el WG), no puedo darte nada. Puedes pedir una segunda corrección si no estás conforme, o editar el diario para adecuarlo a las premisas de originalidad y demás, pero sólo tendrías dos semanas para esto (o se solapan eventos, vaya). También tengo que darte un toque de que no hagas más calcos literales o sí que se penalizará.

Buenos días.

____________________________________________

Siempre en el corazón:
The big Spender:
NO LO OLVIDES OPD:


aHORA EN SERIO:


avatar
Señor Nat
Vicealmirante
Vicealmirante

Mensajes : 7160
Fecha de inscripción : 08/04/2014
Edad : 23
Localización : Al lado de un Oso Panda

Hoja de personaje
Nivel:
101/150  (101/150)
Experiencia:
170200/790000  (170200/790000)
Berries: 700.133.361

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Sáb 9 Sep 2017 - 13:11

bueno, voy hacer pues la continuación de donde se quedo, como nuevo TS. Aver si me da tiempo dia 22 fecha limite. Si no se acepta la nota y tan felices.
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Señor Nat el Sáb 9 Sep 2017 - 13:14

Me refería a como diario normal, pero vaya. Me parece correcto.

____________________________________________

Siempre en el corazón:
The big Spender:
NO LO OLVIDES OPD:


aHORA EN SERIO:


avatar
Señor Nat
Vicealmirante
Vicealmirante

Mensajes : 7160
Fecha de inscripción : 08/04/2014
Edad : 23
Localización : Al lado de un Oso Panda

Hoja de personaje
Nivel:
101/150  (101/150)
Experiencia:
170200/790000  (170200/790000)
Berries: 700.133.361

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Jue 21 Sep 2017 - 0:05

Capitulo 1 Atrapado.




Atravieso corriendo los pasillos sin posibilidad de sacarme la camisa de fuerza. Me encuentro desorientado, cansado y en baja forma, pero si paro, soy pasto de esos bichos. Los pasillos son largos y están atestados de material médico, camillas, sillas de ruedas. Corro zigzagueando entre ellas con la muerte pisándome los talones, salen de los conductos de ventilación, ansiando ensartarme con sus garras.

Los sistemas de alarma comienzan a funcionar implorando para que la gente no pierda la compostura.

-Mantengan la calma. Todo el personal preséntese en sus dependencias para la evacuación.

Una calma que no puedo mantener. Una de las criaturas, todavía con una camisa de fuerza, se ha abalanzado sobre mí. Estoy en el suelo, forcejeando como puedo, para liberarme de ella mientras intenta atraparme en sus fauces con desesperación.

Se apoya en el suelo con la única extremidad superior que tiene libre, levantando su cuerpo, dispuesta para abalanzarse y ejecutar un ataque de magnitudes letales.
Ruedo sobre mí mismo a la izquierda, haciendo que su punto de apoyo se tambalee. La criatura intenta mantenerse estable pero no se lo permito, recojo las piernas y la lanzo lejos de mí, que cae al suelo con un ruido seco.

No me importa lo que pueda sucederle, tan solo tengo que correr y salir de allí.
Mis pasos me llevan hasta una área restringida. Una enorme reja con puerta, me separa de la que posiblemente sea una zona algo más segura que esta. A su lado tiene una pequeña garita de guardia, la cual tiene visión por un ventanuco apropiadamente enrejado y acristalado. Ante mí presencia el vigilante acude.

- Paciente, vuelva a su celda, todo esta bajo control.

No puedo ni responderle, la sangre se esparce por doquier al tiempo que sus ojos se ponen en blanco cuando una cuchilla de hueso le atraviesa el cráneo, la criatura le ha atacado desde un conducto de ventilación del techo y el pobre no ha tenido ninguna oportunidad. Esta se lleva a su víctima, desapareciendo a través del techo envuelto en horrible oscuridad.

El suelo retumba y el miedo me invade. Siento las vibraciones correr desde mis pies hasta la cabeza. No sé que es pero estoy seguro que no es nada bueno. Me oculto en una esquina entre los desechos médicos y la oscuridad, rezando que sea lo que sea pase de largo.

Un juggarnaut irrumpe en la estancia atravesando la reja como si fuera papel, la criatura es una abominación de carne muerta y dos metros de altura. Su rostro carece de ojos y mandíbula inferior, está fuertemente blindada con hueso en su rostro y brazos, los cuales son el doble de largos que las piernas. Camina como si de un gorila se tratase, carece de manos y en su lugar tiene unas pinzas parecidas a las de un crustáceo. No es la primera vez que veo a esta especie de criatura, una de ellas mató a mi compañero Hammond.
Acaba de destrozar la reja y si fuera posible diría que olisquea el aire tratando de encontrar mi rastro. Permanezco inmóvil mientras se pone en marcha y finalmente desaparece por el pasillo del que vine, arremetiendo contra camillas y cajas por igual.

Atravieso tan silencioso como puedo la reja, arrancada de sus goznes y doblada a causa del impacto. A mi izquierda se encuentra la pequeña garita del guardia, que fue asesinado ante mis ojos. Un escritorio, una taquilla, varios monitores de seguridad y un plano de evacuación.
Miro a mi alrededor para asegurarme que nada me persigue y me tomo un segundo para observar las cámaras de vigilancia.

Agentes de seguridad abren fuego contra las criaturas, parece que se desenvuelven bien, o lo parecía hasta el momento que son atacados por un escorpión. Esta criatura es más ágil que el resto y es capaz de trepar por techos y paredes, sus piernas se han fusionado en un tendón elástico rematado en una cuchilla.

Dejo la habitación y cruzo el pasillo. Paso de largo el boquete hecho por el juggarnaut y me encamino a una puerta bloqueada con luces intermitentes de emergencia. Un pequeño escollo que evado al abrirla de una patada.

Un rastro de sangre recorre el suelo hasta un conducto de ventilación por el que veo desaparecer las piernas de otra víctima, cazada por algún monstruo sediento de sangre. Tomo el camino de la derecha y encuentro a otro superviviente, parece ser que ha conseguido librarse de su camisa de fuerza.

- Por aquí hay una salida, vamos sígueme.

Corro hacia el hombre que me espera para tomar un corredor en la izquierda. Puedo oír los gritos de las victimas a través de las paredes.

-Joder hermano, esto es un infierno- El hombre es una persona de color, bastante esmirriada, con el pelo canoso y una pequeña perilla

- Me llamo Hoob. Estaba en el bloque “C” cuando toda esta mierda comenzó. Compañeros míos de bloque enloquecieron… Más de lo usual… Tú me entiendes… Se ahorcaron en sus celdas y nadie vino a ayudar. Hasta que aparecieron los monstruos.- El hombre saca un cuchillo y con un cuidadoso corte siega las ligaduras de mi camisa.- Bien ahora tenemos que salir de aquí no quiero que esas cosas me atrapen.

Me froto las muñecas y los brazos intentando llevar la circulación nuevamente a mis extremidades.

-¡Gracias! muchas gracias. ¿Sabes salir de este sitio Hoob? – Pregunto con visible nerviosismo.

-Si, por aquí llegaremos a la zona de evacuación.  

El hombre sale raudo por el pasillo, yo me pongo en marcha siguiéndolo hacia lo que parece la libertad. Una libertad que Hoob jamás alcanzara, el techo se derrumba encima suyo, sepultándolo bajo una marea de escombros. Los gases salen de las tuberías y las chispas eléctricas amenazan con volver el derrumbe en un infierno. Abandono el pasillo obstruido. He de encontrar otro camino.
Continuo por el corredor adyacente. El derrumbe ha hecho que todas las luces se apaguen y he de caminar casi a oscuras, alumbrado solamente por las titileantes luces de emergencia. Un cristal protege el acceso al ala quirúrgica. La puerta, también de vidrio, es la única zona iluminada del pasillo por el que quiero avanzar.

Por el pasillo aparece un médico, ataviado en su inmaculada bata blanca, llega corriendo.

- Menos mal que he logrado llegar a psiquiatría. Allí dentro es un infierno. Aléjate voy a abrir la puerta.

Me aparto unos pasos dejando que el médico introduzca con nerviosismo su tarjeta de acceso. La puerta se abre, una vez roto su bloqueo electrónico, pero no es lo bastante rápida como para igualar a las criaturas. El médico es ensartado por la espalda y dos enormes cuchillas asoman por su vientre, la sangre fluye sin control por la herida y el preciado líquido carmesí aflora por su boca mientras un grito de dolor, cruza el silencio sepulcral que reina en el pasillo. La criatura lanza el cuerpo contra la pared y desaparece en los conductos de ventilación.

Me adentro con temor en la zona quirúrgica, solo sé que la muerte me ronda y que he perdido a Fluffle.



Capitulo 2 Cirugía.




Los pasillos de cirugía, antaño de color blanco inmaculado, lucen sucios y carmesís. Huellas inequívocas de donde alguien falleció por causas no naturales.
Me encuentro en un quirófano, trasteando con un dispositivo cinético. La mesa de operaciones inmoviliza al paciente usando rayos tractores. Si pudiera desacoplar uno, tendría una forma de combatir a las criaturas.

Me adentro en el complejo, cargando mediante la cinética una afilada cuchilla de hueso, arrancada del cuerpo de una de las monstruosidades que conseguí abatir usando estacas de metal como proyectiles.

Subo por el ascensor a la zona de observación del quirófano, una multitud de gradas puestas en semicírculo como si fuera un teatro desde el que observar las operaciones.
Zigzagueo entre los asientos evitando enfrentarme al numeroso comité de bienvenida que se encuentra aquí, huyo de la sala por un acceso lateral dejando a las criaturas atrás, rugiendo y aullando de frustración.

Mis pasos me llevan por pasillos en donde los cadáveres se apilan en el suelo, monstruos sin piernas aun en las sillas de ruedas donde fueron abatidos, la visión es asquerosa y el olor a muerte inunda el aire.

-Muere de una maldita vez, estoy hasta los cojones de vosotros.

El sonido de los disparos en ráfaga resuena en las paredes.
Una puerta a un par de pasos de mí se abre de golpe. Un guarda de la instalación ataviado con su armadura de combate y un rifle de impulsos aparece arma en mano, apuntándome.

-¡Quieto o te liquido! ¿me escuchas psicópata?- El tipo baja el arma un instante- Al infierno con el protocolo, todo se ha ido a la mierda, ahora mismo prefiero a los lunáticos del pabellón que a esas aberraciones de la naturaleza. Tenemos más posibilidades de sobrevivir si estamos juntos, pero si no haces exactamente lo que te digo, te vuelo ese melón que tienes por cabeza. Con todas las luces apagadas necesitaremos una linterna, ve a la sala de descanso al fondo del pasillo y recógela… Yo… yo no puedo volver allí. No temas no hay peligro.

Obedezco raudo porque no quiero que en un ataque de locura me dispare. Camino por el pasillo sembrado de cadáveres, cuento tres guardias y cuatro monstruos abatidos, seguramente mi actual jefe se encontraba con sus compañeros en la sala de descanso cuando fueron interrumpidos por las criaturas. Supongo que no querría volver a ver los cuerpos de sus camaradas muertos.

Entro en la sala de descanso, es una habitación de unos siete metros cuadrados, espaciosa, con un billar, sofás y televisión, también hay alguna taquilla donde guardar las pertenencias y maquinas de café. No recuerdo cuando fue la última vez que bebí algo decente, puede que no sea el mejor momento pero devoro una caja de donuts y un café, antes de recoger una linterna que se encuentra en un pequeño estante encima de la mesa.

Con la linterna en mi poder, vuelvo con el guardia, con suerte podremos salir de aquí con vida.

-Bien ya tienes la linterna, tenemos que bajar las escaleras para salir de cirugía, y será mejor que no pienses en jugármela o te liquido.

-Tranquilo, lo que menos ganas tengo es de volver a quedarme solo. Me llamo Bleyd, Bleyd Master.

-No me interesa tu nombre. Ahora andando, si conseguimos llegar al complejo gubernamental estaremos a salvo.

Obedezco y camino delante de él, no es muy amable dejarme ir a mí en primera línea, pero seguro que espera que así, si se escapa un tortazo, me lo lleve yo.
Bajamos las escaleras, optamos por las situadas a la derecha, también podríamos tomar las de la izquierda, ambas llevan al mismo sitio. El pequeño pasillo antes de la bajada tiene algún manchurrón de sangre, una camilla y una silla de ruedas obstruyendo el paso, no es un gran inconveniente apartarlas a un lado.

De improviso las alarmas de emergencia comienzan a sonar, las luces intermitentes se activan alertando nuestros sentidos.

-Alerta: Bloqueo de seguridad. Las contenciones del hospital se están cerrando. Manténgase a distancia.

-¡¿Qué demonios es eso?! Responde escoria o te vuelo la cabeza.

-¡No lo sé! Puede que sea un cierre de emergencia por cuarentena.

-Lamento decepcionarle Señor Bleyd. En realidad esto es debido puramente a mis acciones.- Una voz se escucha por la radio del traje de mi acompañante.- Es usted una persona peligrosa, no puedo dejar que escape, en cuanto a usted… Agente Mauro Salmeron, ejecute en este instante a su acompañante, le facilitaremos una ruta segura hasta el área gubernamental y un ascenso.

-Vamos tío, no creerás lo que dice… Puede ser cualquiera.- Me vuelvo hacia él mientras doy unos pasos atrás pegándome contra la pared.

-Al contrario, soy Kryptman el director de esta instalación. Agente, le ordeno ejecutar al paciente Bleyd Master.

-Lo siento, no es nada personal, solo son ordenes.- El guarda me apunta con el rifle de impulsos, puedo ver como un color negro recubre el arma cargándola con Haki y no piensa darme ni media oportunidad.

-Yo también lo siento- Estoy demasiado débil como para aguantar la traca de disparos, pero no lo bastante como para no pensar con la cabeza, con mi propio Haki genero una pequeña barrera justo en el gatillo del rifle y me lanzo contra él.

-No puedo ver su rostro pero estoy seguro que el susto ha sido monumental, descubrir que tu víctima se abalanza sobre ti y que tu arma no funciona, me da un factor sorpresa indispensable para poder derribarlo.

Por fortuna, mi embestida funciona mejor de lo esperado, Mauro da un traspiés y acaba tropezando con la silla de ruedas que aparté hace un rato, perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo. Por desgracia para mí no suelta el arma.

Aprovecho su confusión para huir escaleras abajo, buscando un refugio o un arma con la cual defenderme. El lugar es una sala de espera de grandes dimensiones, una recepción se encuentra en el centro con forma semicircular y cristalera cubriéndola, a ambos lados un par de puertas que permiten el acceso, en frente de esta, una enorme puerta bloqueada gracias al cabrón de Kryptman. Y entre esta y la recepción un par de bancos con macetas.

No tengo tiempo que perder pensando, me precipito a la carrera por la puerta adyacente a la recepción, La puerta se eleva lentamente, demasiado para mi gusto, escucho silbar los proyectiles, y me lanzo por debajo de esta. Siento las esquirlas golpearme, arrancadas de las baldosas del suelo a causa de los disparos.

Ruedo hasta la esquina de la puerta de urgencias y la activo con premura. He de intentar bloquear su línea de visión o estaré en un gran problema.

La enorme puerta se abre revelando su interior, un cuerpo se encuentra tirado en el suelo sobre un charco de su propia sangre, he visto demasiada muerte como para que me afecte, cruzo lo más rápido que puedo los pasillos, intentando ignorar el hecho de los cadáveres que pueblan los pasillos. Mis pasos me llevan a estabilización, una sala con cuatro camas de moderna tecnología que mantienen quieto al paciente y varios biombos que garantizan la intimidad. Cruzo la sala intentando llegar a la puerta del otro lado, una vía de escape que me es negada. La puerta cuenta con un reconocimiento de identidad y se cierra impidiéndome salir.
No tengo donde huir y me oculto detrás de uno de los biombos que tapan las camas de miradas indiscretas.

Finalmente oigo a mi perseguidor entrar en la estancia, lleva el rifle preparado para disparar.

-Sal de aquí Bleyd. No hagas esto más difícil, no puedes escapar.

No me quedan muchas cartas bajo la manga pero he de hacer un “all in”. Trasteo con la cama de estabilización mientras las chispas saltan al juntar los cables aleatoriamente. La súbita subida de potencia crea un efecto cadena haciendo que las cargas de estabilización en las camas exploten, generando una oleada de extasis. Siento como no puedo moverme más rápido que un diminuto caracol, he ganado unos instantes mientras mi rival y yo, nos encontramos inmóviles e imposibilitados.

Un sonido de metal roto inunda el silencioso ambiente. Una monstruosidad acaba de salir desde el conducto de ventilación, es un caminante. Esta criatura tiene un brazo extremadamente largo y el otro es un tumor anaranjado explosivo, su cráneo esta partido en dos verticalmente y puedo ver que su cerebro asoma, las piernas se han fusionado en un apéndice, como una cola la cual le impide caminar, para ello usa su brazo extragrande como segunda pierna.

La criatura se acerca despacio, se toma su tiempo entre paso y paso hasta llegar al alcance deseado, realiza un golpe descendente con su apéndice explosivo este impacta sobre el cuerpo de Mauro. La detonación manda volando a mi atacante hasta el fondo de la sala y despedaza al caminante. Siento como la estabilización pierde su efecto y puedo volver a moverme con normalidad.

Lo mejor y más rápido que puedo examino al agente del gobierno, la detonación le ha arrancado una pierna y una mano, ya no puedo hacer nada por él. Recojo su arma y me tomo un rato para piratear el núcleo central de la sala.

Me ha llevado tiempo y he sido interrumpido en varias ocasiones, pero finalmente he conseguido desacoplar el generador de estabilización, por suerte es el mismo modelo que tuve ya en el Meln y no ha sido demasiado complicado extraerlo… Aunque he dejado las maquinas para el arrastre.

Salgo de la habitación ralentizando la puerta, dejando atrás el cadáver del agente.

Mi vista se difumina en un naranja suave como si viera a través de un filtro.

-¿Me pregunto qué serás, en el cielo o en el mar, un héroe o un villano de verdad?

En el pasillo oculta entre las sombras un rostro ya familiar, Erika, con su boca y ojos iluminados en un azul espectral.

-¡Devuélvenos a la vida!- El grito resuena en mis odios, siento que me va a explotar la cabeza. Pero tan rápido como llegó se fue, dejándome otra vez a solas en la tenue oscuridad.

Continúo mi camino por las salas plagadas de material quirúrgico, aprendí de la última vez a saquear estos departamentos, botiquines y regeneradores celulares siempre serán bienvenidos en mi inventario junto a los berrys que pueda saquear de cuerpos y taquillas.

-¡Pero qué diantres…! -Una escena sobrecogedora se encuentra ante mí, no es nada que hubiera visto antes. Algo que no sabría catalogar si en aterrador o en desesperante.

Una simple cristalera me acaba de romper todos los esquemas. Puedo ver grandes edificios, envueltos solamente en oscuridad y titilantes estrellas. Me acerco incrédulo hacia el cristal y puedo confirmar mis temores, pintada en azul, blanco y verde, una masa de dimensiones astronómicas se mantiene en el firmamento. Con el planeta ante mí no es difícil imaginar donde me encuentro. La estación espacial está construida directamente sobre la superficie lunar.

Me recuesto un momento sopesando mis opciones. -Estoy en la maldita luna, rodeado de una infestación de monstruos… ¡Otra vez! No tengo armadura y Fluffle está desaparecido. -Me irrito conmigo mismo al hablar solo y descargo un golpe contra la pared.

-Pero no estás solo, nunca estarás en soledad.- La figura ensangrentada de Erika me habla desde detrás del cristal, flotando en el vacio del espacio.

-¡No! Tú estás muerta, aléjate de mí.

-¡Tú me mataste! ¡Es tu culpa! ¡Devuélvenos a la vida!- El grito de Erika viene acompañado de la fractura del cristal que estalla en millones de pedazos, la succión del vacío es aberrante y clavo mis manos en el suelo atravesando baldosas y metal en un desesperado intento de agarrarme a algo. Bancos, camillas, trozos de techo y tuberías, toda la sala está siendo arrastrada al espacio por la descompresión, los objetos me golpean y pierdo agarre, siento como salgo despedido a la infinita oscuridad del espacio.

Súbitamente todo vuelve a como era, estoy tirado en el suelo hecho un ovillo, las alucinaciones están empeorando y no sé si podre manejarlas…

Me despejo la cabeza lo mejor que puedo y continuo mis andanzas por el pabellón médico, los planos de las instalaciones colocados en las paredes son un buen material para poder orientarme, aunque muchas rutas están selladas, espero poder llegar al muelle de atraque de urgencias. Con suerte podre robar una ambulancia y salir de aquí por la puerta grande.



 Capitulo 3. Desesperación




La última sala antes del muelle es el vestuario de los enfermeros, taquillas alineadas junto con un almacén idéntico a los que estaba en el buque Meln.

Registro personal de Poyo Ollon

Hoy el doctor Marcus Velo ha organizado un escándalo, se pudo a gritar con el coordinador de Psiquiatría en medio del pasillo. Me extrañó mucho porque es un buen profesional y hacer esos altercados es bastante inusual. Por lo que pude oír, Psiquiatría es una regencia aparte y nadie en el hospital sabe que sucede en su sector. No me gustan las habladurías pero ese es el único lugar al que nadie puede acceder sin ser de su equipo. Espero que esto no pase a mayores, el personal ha tenido los nervios a flor de piel desde hace unos días, y tenemos más trabajo del que podemos soportar.

He localizado un registro sonoro en una de las taquillas, por experiencia propia sé que el gobierno estaba encubriendo las atrocidades que se ejecutaban en psiquiatría… He aprovechado para cambiarme de ropa, el traje de enfermero al menos está limpio y es más llevadero que está sucia y horrible camisa de fuerza.

Abandono el vestuario y ante mí se abre el muelle de urgencias, es una enorme bóveda con tres accesos sostenida por ocho pilares, las luces funcionan a la perfección y al fondo de la sala veo la cosa más bonita del día. Colores blancos y rojos, con una cruz en su costado y una luz rotativa en el techo, la ambulancia está, en apariencia, perfectamente.

No me preocupo del resto de puertas y me lanzo a abordar la flamante nave.

La nave es atacada por dos gigantescos apéndices acabados en un enorme pincho, el fuselaje cruje y chirría ante semejante potencia al tiempo que es arrastrado al vacio del espacio. Con asombrosa facilidad la nave es convertida en un amasijo de hierros.

-¡No! ¡Nooo! ¡Maldito hijo de perra bastardo!

Sé que la criatura que entra desde el exterior a través del campo de energía no puede comprenderme, pero he de sacar mi ira y frustración. Parece una gigantesca araña de cuatro patas, enormes y flexibles tentáculos de tendón se agitan en su espalda, descomunales placas de hueso cubren su cuerpo y la punta de las patas, medirá unos cinco metros de altura y cuatro de ancho. No puedo esperar derrotar a esa cosa con este rifle…

Me doy la vuelta y huyo. Corro sin mirar atrás, zigzagueando entre los pilares, puedo sentir el retumbar de los pasos del monstruo, el sonido de los pilares rompiéndose en mi espalda como si no fueran nada más que papel mojado. Me lanzo por puro instinto a un lado justo a tiempo para que la criatura se estampe contra la pared, no puedo huir, he de liquidarla o no cesará en su persecución.

Uso el modulo de estabilización y la ralentizo mientras esta empotrada en la pared. Disparo a los tentáculos que se agitan en su espalda. Necesito todo el cargador para seccionar un par y el efecto del estabilizador se está pasando, la criatura se libera y parece enojada. Se vuelve contra mí y retira sus protecciones como una flor, tras las placas de huesos puedo ver su infecto interior. Cuerpos humanos se agitan en lo que podría discernir como sus fauces, los dientes no son más que una ingente cantidad de costillas, ante mi estupefacción la lengua surge de tan obscena cavidad, es un tendón acabado en una cuchilla de hueso y en el cuerpo central de esta, veo con repugnancia lo que antaño fue un bebe, aun puedo discernir sus extremidades fusionadas con la carne de esa criatura. Una aberración contra natura, la suma de diferentes cadáveres unidos por la malicia de un arma ancestral que tendría que estar destruida.

Uso el modulo cinético y atrapo una barra de corrugado, este hierro se ha desprendido de las paredes con la embestida de la criatura, apunto y lanzo el proyectil contra la lengua, la barra de metal atraviesa el cuerpo central generando una pequeña detonación al partir el cuerpo del bebe. La lengua cae al suelo mientras da unos últimos coletazos producto de los espasmos.

La aberración no se queda quieta, cierra su boca y efectúa un barrido de derecha a izquierda con su pata delantera. Entonces lo veo, su punto débil, ubicado detrás del escudo de hueso, en la punta, el anaranjado color de los tumores nunca me ha fallado. Me tiro en segada dejando que el pincho me sobrepase y la ralentizo por segunda vez, con el modulo cinético le lanzo una bombona de oxigeno, la detonación le arranca la pata dejando solo una amalgama de tendón y musculo agitándose en el aire.

La monstruosidad retrocede privada de un punto de apoyo, retira las placas de hueso de su boca y me lanza una esfera de medio metro de radio formada por huesos y tumores explosivos.

Por otro lado yo no me duermo en los laureles, recupero el proyectil en plena trayectoria con el modulo cinético y se lo devuelvo a mi atacante. Puedo ver como detona en el interior de su boca, carne y huesos salen despedidos por doquier mientras la criatura se tambalea, una reacción en cadena se produce en su interior dando como resultado a una detonación cataclísmica.

-¡Joder!- Estoy otra vez cubierto de vísceras y sangre, sin munición y con el ánimo por los suelos. Busco inconscientemente a Fluffle y vuelvo a cerciorarme de que estoy solo.
Dejo salir mis lágrimas mientras una risa psicótica se apodera de mí.

No sé cuánto tiempo he estado tirado en el suelo riendo y llorando por mi situación. Ahora he conseguido recomponerme un poco y camino dispuesto a salir de este infierno. La araña mutante se ha cargado el único camino que tenia disponible y he de arrastrarme por los conductos de ventilación, angostos, ruidosos y sucios, apenas puedo ver por donde camino y el hedor que surge es vomitivo.

He llegado al final del conducto y golpeo la reja hasta arrancarla de la pared. Me encuentro en una zona de mantenimiento, varias cajas de herramientas y monos de trabajo se encuentran colgados de perchas.

Pero lo más importante puedo ver una tienda, del mismo estilo que las que se encontraban en el Meln, me sorprende que esto se encuentre aquí. Accedo a su consola de controles y puedo ver los productos disponibles.

Sin pensarlo dos veces compro el traje de ingeniería. Es parecido al que tuve en el Meln, Tan solo cambia el hecho de que parece más voluminoso y pesado.
He vendido el rifle de impulsos y la linterna a favor de un cañón lineal. Sé que es mucho más efectivo contra la gran mayoría de criaturas que me encontraré en este loco viaje.

-¡Bleyd! ¿Aquí Diana me recibes?- La radio integrada en la armadura acaba de activarse. La voz de una mujer bastante alterada suena al otro lado.

-Aquí Bleyd ¿Quién demonios eres, como me has encontrado?

-Yo soy quien te ha sacado de esa celda en psiquiatría, mande a mi primo Marco a por ti. Te he podido localizar en cuanto has adquirido el traje.

-Bueno, lamento tu perdida, Marco no lo consiguió.- Dejo un pequeño instante para que acepte la información, una información que ya sabría hace mucho. -Ahora necesito respuestas. ¿Por qué me has rescatado? ¿¡Como he acabado en la luna!?

-Soy una infiltrada de la revolución, el gobierno de la tierra te trajo a esta instalación hace casi dos años. Según informes, te encontraron en un batiscafo a la deriva, en estado de locura.

-Espera… ¿¡Dos años!? ¿Por qué demonios no recuerdo nada?

-El gobierno de la tierra te ha estado utilizando para reproducir el arma ancestral.

-¿Cómo es eso posible? Se supone que destruí el Poneglyph.

-Si, pero el Poneglyph tan solo guardaba el arma ancestral, tu cabeza está llena con los datos de creación y reproducción del arma. Han estado usando supresores de memoria para que ningún recuerdo nuevo borrara lo que sabes.

-No puede ser…

-¡Si puede! ¿Acaso no has visto el desastre que tenemos aquí? ¡El gobierno ha creado otro arma ancestral!

-Vale, bien, te creo. Eso explica por qué se ha desatado un brote de necromorfos. Diana, una última cosa… Yo tenía conmigo un compañero, un poni pequeñito de un metro, muy peludo. ¿Sabes algo de el?- Mi corazón se encoje esperando la respuesta.

-Si. La verdad es que si… aunque no creo que te guste la respuesta.- Diana toma aire y puedo sentir la congoja acechándome.- Creo que lo buscas es un changeling. Un juguete que salió un tiempo después de que tú llegaras, arraso en tiendas, podías cambiar su color y longitud de pelo, a los niños les encantaba. Aunque eran mucho más pequeños de lo que tú dices.

-¿Por qué hablas en pasado?

-Fueron retirados del mercado hace un tiempo, nadie sabe el motivo. Tengo una lanzadera esperando en la cima del sector residencial. Si consigues llegar aquí, podre sacarte de la luna. Te mando un plano con la ruta más rápida… Aunque no será la más segura.

-Si bueno mira, no es por menospreciarte, pero tengo mi propia forma de tratar con estas cosas.

-¡Que! Estás loco, esas cosas te mataran, tienes que salir de aquí cuanto antes. ¿No entiendes lo valioso que eres?

-Ya lidié con esos apestosos una vez y viví para contarlo. Puedo volver a hacerlo, si tú eres lo bastante rastrera como para anteponer la vida de gente inocente por mi maldita existencia, entonces eres poco más que escoria. Ayuda a la gente a huir con esa nave. Tengo un poni que rescatar.

Corto la comunicación con una seguridad que hacía tiempo que no experimentaba. Fluffle está en esta estación espacial, puedo sentirlo.

-Espérame Fluffle voy por ti.

Salgo por la puerta de mantenimiento armado con el cañón lineal, avanzando por el pasillo exterior en dirección al monorraíl, hacia el complejo gubernamental.



Capitulo 4: Huida apresurada  




Salgo del almacén a un pasillo bloqueado por maletas abandonadas, enseres dejados atrás ante el pánico de ser atrapados por los monstruos que han asolado este lugar.

-Atención. Soy el Directo en jefe Kryptman. Se ha declarado el estado de emergencia. ¡Que todo el personal civil evacue la instalación! ¡Repito, todo el personal no militar ha de evacuar inmediatamente!

Los altavoces suenan en bucle una y otra vez con el mismo mensaje de alerta, por las cristaleras que dan al exterior veo partir un sin número de naves, todas ellas huyendo de la aniquilación total, portando en su interior aterrados ciudadanos que tan solo quieren salir con vida de este infierno.

Me apresuro a seguir el reguero de maletas abandonadas hacia la zona de evacuación. Las puertas se abren dándome acceso a una plaza desde la que puedo ver varias alturas. La gente corre histérica huyendo de las abominaciones. El tiempo parece detenerse como si todo el mundo hubiera sido atacado por un rayo de estabilización.

-El renacimiento esta cerca. ¿Acaso no puedes verlo?- Erika se está paseando entre los muertos y los monstruos. Su ensangrentado rostro no desentona para nada con ninguno de los anteriores.

-Estás muerta, tan solo eres una alucinación. ¡¿Qué quieres de mí?!

- Quiero que comprendas. -La figura de Erika parpadea unos instantes mientras un grito escalofriante se propaga por mi psique.

El grito de Erika es remplazado por los gritos de las personas que intentan sobrevivir a la ingente marea de necromorfos. No pierdo el tiempo y comienzo a abrir fuego contra los atacantes, disparo minas contra una manta que está levantando un cuerpo, amputo piernas ralentizando el movimiento de los monstruos, auxilio a un mujer y su hijo abatiendo a un escorpión, poco a poco los supervivientes se vuelven más escasos, huyendo hacia las rutas de escape, los monstruos se centran en mí, me encuentro solo en la plaza central, una enorme estatua domina el centro y  una amplia cristalera dividida en secciones cuadradas aporta una esplendida vista del espacio profundo y el planeta.

Las puertas del fondo revientan ante la carga de una nueva especie. La criatura es gigantesca, medirá unos seis metros, es cuadrúpeda, su rostro está compuesto por tres cráneos de afiladas mandíbulas, la espalda es una zona blanda en donde puedo ver los cuerpos de una decena de personas, todos ellos fusionados en una horrenda masa salpicada de capilares y nervios de color morado. Por si fuera poco despliega dos cuchillas de hueso desde ella, como si fueran las antenas de un insecto. Placas óseas cubren su cuerpo a excepción de esta última, en donde los cuerpos de sus victimas aúllan como espectros.

-¡Omg! ¡Nop!- Me doy la vuelta en cuanto veo a ese maldito tren de mercancías viniendo directamente a por mí. Consigo refugiarme detrás de la estatua mientras la horda de criaturas me cercan poco a poco. La base de la estatua vibra a causa de un impacto descomunal, resquebrajando su superficie mientras la inercia la tambalea hacia atrás. Esta comienza a caer a plomo, ganando velocidad en el trayecto, lo bastante como para caer al suelo con gran estruendo y golpear la vidriera reforzada que da al espacio. Grandes grietas aparecen en el cristal justo donde ha recibido el impacto… Puede ser una locura pero no creo tener otra salida, me lanzo de cabeza contra el vidrio al tiempo que disparo el cañón lineal, apuntando contra la intersección de las grietas.

El haz de energía, diseñado para perforar menas de metal y rocas, acaba fracturando el cristal y salgo despedido al espacio exterior. La fuerza de succión absorbe a los monstruos lanzándolos sin posibilidad de retorno al espacio profundo o en dirección al planeta en donde se convertirán en polvo a causa de la reentrada en la atmósfera.

Mi traje se sella herméticamente, en cuanto detecta el vació del espacio. Está diseñado para el mantenimiento, va provisto de un sistema de impulso que me permite moverme por gravedad cero y un soporte vital, esto, unido a los pies magnéticos me permitirá pegarme a la estructura de la estación y buscar una salida… o eso me gustaría poder hacer, si tuviera tiempo y tranquilidad, por desgracia para mí parece que no voy a tener ninguna de esas cosas.

El gigantesco monstruo acaba de ser volatilizado en el espacio a causa de un misil. Una nave de combate lo ha hecho trizas con la explosión generada, los restos de la criatura salen despedidos en todas direcciones, dejando un cumulo de sangre flotando en el espacio, el cual desaparece debido a una sublimación a causa del vacío.

Lejos de sentirme reconfortado sé que una nave de combate posicionada cerca mío no significa nada bueno.

La nave se vuelve hacia mí mientras intento alejarme, los rotores de sus cañones automáticos disparan una salva de proyectiles de energía en mi dirección, tengo el tiempo justo para refugiarme en una oquedad de la estructura, la lluvia de muerte arranca paneles y perfora planchas de metal. Cualquier lugar es mejor que este ahora mismo, me impulso por uno de los huecos que ha dejado la salva de disparos.

Caigo deslizándome por un respiradero, la inclinación y las paredes lisas no me permiten agarrarme, puedo sentir una potente corriente de aire y me estoy acercando a ella rápidamente. Ante mi se descubre un ventilador de tamaño descomunal, sus aspas tendrán cinco metros de envergadura y giran a una velocidad endiablada. Al otro lado de la sala hay un modulo de control situado encima de un pequeño saliente. Si consiguiera llegar allí, evitaría ser triturado.

Aprovecho la inercia de la caída y me impulso hacia adelante en dirección al saliente, uso los propulsores del traje para ganar más distancia. El potente chorro de aire que surge del ventilador, es lo bastante potente como para mantenerme flotando, permitiéndome así llegar hasta el otro lado, salvando una distancia de unos diez metros. Con un poco de control consigo aterrizar en el suelo sin darme el castañazo padre.

En la pared, oculta en las perpetuas sombras que reinan este lugar se encuentra la puerta de acceso. Me tomo unos segundos para calmarme y tomar aliento antes de atravesar el umbral dispuesto a enfrentarme a lo que pueda encontrar.

Una intersección de pasillos en la que las puertas están bloqueadas, tan solo una ventana rota me permite continuar avanzando, el problema es que la sala está inundada por unas tuberías rotas y el cableado eléctrico se ha desprendido del techo, así que la corriente fluye en el agua convirtiendo está en una trampa mortal.

La sala parece una pequeña zona de descanso, me adentro saltando por la ventana hecha añicos, como un canguro avanzo de un mueble a otro hasta finalmente llegar al conducto de ventilación. La rejilla de protección aun está en su sitio, pero no es nada que una buena patada no pueda arreglar.

El túnel es angosto y apenas puedo reptar por su interior, por fortuna no es muy largo y tras un minuto de arrastrarme llego al otro lado. No sé donde estoy pero el aspecto general ha cambiado bastante, las paredes son de hormigón y a mi derecha veo una reja metálica, custodiada por un hombre uniformado. Tal vez sea agresivo, tendré que ir con cuidado…

Me acerco con precaución al tipo apuntando con el cañón lineal en todo momento, sin embargo el destino tiene otros planes, del umbral de la pared aparece una de las criaturas, le faltan las piernas y se arrastra por el suelo usando sus garras, no me lo pienso lo mas mínimo y abato al monstruoso ser.

-No sé quién eres pero gracias, pensé que era el fin, llevo sin munición demasiado tiempo. Me llamo Belthenton, de seguridad privada, por favor ábreme, estoy atrapado aquí.- El tipo es un hombre de unos cuarenta, regordete pero fuerte de brazos y pecho, tiene una coleta estilo mohicana y se le nota cansado.

-Si bueno, Belthenton antes dime ¿Para quién trabajabas?

-¡¿Enserio?! ¡¿Ahora?! Está bien, está bien. Trabajo para un alto cargo, un científico del gobierno, el tío era un paranoico, jamás se fiaba de nadie. Por ello siempre recurría a una escolta externa para cada viaje que hacía.

-Bien, por lo que dices y tu situación, parece ser que tu jefe ha pasado a una peor vida. ¿Sabes cómo llegar al sector gubernamental?

-¡Si! ¡Si! Pero déjame salir, oigo a esas cosas acercarse.- El nerviosismo del hombre ha crecido y temo que se vuelva agresivo. Abro la reja desde mi lado para que pueda salir de allí y calmarse un poco.

-Vale, ahora escúchame, la única salida es llegar al sector gubernamental. Desde allí podremos coger una nave y…

-¡No! ¡No! La zona gubernamental es un infierno. Los están matando a todos, están exterminando a todos los supervivientes, de seguro quieren encubrir este fiasco.

-Entonces, ¿tienes una idea mejor?

-¡No! Yo… ¡Oh! Dios, solo quiero salir de aquí con vida.

-Entonces ven conmigo, sin munición no aguantaras mucho allí afuera. Vamos hacia el monorraíl, con el podremos llegar al sector gubernamental. Se lo que digo, el hospital y los bloques de viviendas son solo un matadero infectado de esas cosas. Si queremos salir de aquí tenemos que seguir adelante.

Belthenton parece sopesar un poco sus opciones, finalmente accede a venir conmigo.

-Tienes razón, sin munición seré pasto de esos bichos… Voy contigo.

-Bien dicho, ahora en marcha.

Me adentro por los pasillos de donde mi compañero apenas salió con vida. Los cuerpos de las criaturas yacen muertos y sin vida en el suelo. No puedo, sino contemplar con asco y horror lo que son.

Siguiendo el camino hemos llegado a una intersección, el problema es que un ejército de monstruos acampa en el sitio, parecen hormigas apilando cadáveres uno encima de otro, mientras un par de manta rayas se dedican a devolverles la vida como monstruos asesinos.

-Espera, parece que tendremos que tomar una ruta alternativa, no podemos enfrentarnos a tantos.

-¡Ves, te lo dije! ¡Vamos a morir aquí!

-Nadie va a morir aquí Belthenton. Subiremos por los conductos. Venga, te ayudo.

Hago pie a mi compañero para que alcance una rejilla de ventilación que se encuentra en el techo, después con su ayuda consigo subir.

El conducto de ventilación está lleno tendones de carne, me cuesta bastante trabajo cortarlo a mano, pero no me quiero arriesgar a disparar aquí. Hacemos el trayecto en silencio, temerosos de que cualquier ruido de más atraiga la atención del ejército de criaturas que vimos en la intersección.

La luz al final del túnel nos indica que hemos llegado a la salida, arranco con cuidado la rejilla metálica, y me asomo observando que no haya nada que nos aceche.

La sala está llena de enormes cajas apiladas, a la derecha un pasillo que seguramente lleve a la intersección donde los monstruos cosechan cadáveres, y al fondo, puedo ver una rampa con un cartel electrónico que reza, “Evacuación inminente-ultimo transbordador”

-¡Si! ¡Estamos salvados! ¡Podemos conseguirlo!

Belthenton esta eufórico y se apresura a subir la rampa, le sigo de cerca hasta que gira la esquina. El sonido de un tiroteo, la sangre salpicando paredes y suelo, el cuerpo desmenuzado de Belthenton. Me paro en seco mientras todo vuelve a quedar en silencio, tan solo el sonido del goteo de la sangre reciente y los lejanos aullidos de las criaturas son audibles. Estoy en estado de shock, los restos de mi compañero yacen desparramados por el suelo, acribillado por munición de alto calibre.

-Dios… ¿Pero qué cojones…?

Me asomo mínimamente por la esquina intentando observar que ha ocurrido.
Solo tengo un instante, pero es suficiente, parece ser una torreta automática programada para disparar indiscriminadamente contra todo lo que pase por delante.

Con cuidado me vuelvo a asomar pero esta vez es para usar el modulo de estabilización, el rayo de energía azul, impacta en la torreta haciendo que su velocidad caiga en picado, ahora soy libre de cruzar sin ser abatido.

Tras la torreta están los ascensores que conducen al nivel superior en donde se encuentran, pulso el botón, y espero… Continúo esperando y nada sucede… Finalmente arto y con la mala ostia a causa de que mi compañero yace en cachitos fuerzo las puertas metálicas del ascensor.

Ahora puedo ver el problema. El ascensor yace en el fondo aplastado y en llamas, tengo que tomar carrerilla y saltar hasta la escalera que hay en la pared del fondo. El salto va bien, y consigo agarrarme, sin embargo la escalerilla esta en mal estado y se parte por la mitad cuando subo en ella, quedo colgado en el aire tan solo agarrado a un peldaño. Finalmente consigo izarme y trepar hasta la parte superior de la escalera, en la planta del monorraíl.

He abierto la puerta desde el interior del hueco del ascensor, el pasillo que comunica al andén está plagado de carteles luminosos publicitarios en ambos lados. Sangre y bolsas de viaje han quedado en el suelo, un recordatorio siempre constante del desastre que aquí aconteció.

Camino en dirección a las vías, en donde puedo ver el vagón de pasajeros. Las pantallas de anuncios se vuelven locas y sus imágenes son reemplazadas por vibrantes símbolos.

-Puedes verlos, necesitas comprender, necesitas saber.- Nuevamente la voz de Erika resuena en mi cabeza, llevándose mi cordura a cada instante, insistente en que comprenda… Pero el que.

-¡No! ¡Déjame tranquilo, estas muerta!

-Comprenderasssss…- La voz de Erika se esfuma de mi cabeza dejando un zumbido en mis sentidos.

No puedo detenerme y me precipito a abordar el monorraíl, el andén es una estancia de unos diez metros, los asientos para los pasajeros están colocados simétricamente, puedo contar seis bancos de cinco personas, sería más agradable si no fuera por los cadáveres y la sangre, junto a una ingente cantidad de maletas, todas ellas abandonadas de cualquier manera. A cada lado de de la sala se encuentran las vías, el andén de la derecha es el único que tiene el vehículo estacionado y puedo ver el porqué.
El vagón se encuentra lleno de monstruos atrapados en su interior, mi presencia los ha excitado y están lanzándose por las ventanillas tratando de llegar a mí. No les otorgare ese placer.


Última edición por Bleyd el Vie 22 Sep 2017 - 12:14, editado 3 veces
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Jue 21 Sep 2017 - 23:21

Capitulo 5: Perdido y encontrado



Los altavoces suenan cuando pongo en marcha el monorraíl.

-Monorrail 12 con destino al sector gubernamental, esta haciendo su salida. Aléjense de las puertas.

El vehículo comienza a coger velocidad y se aleja de la estación, desde la cabina de control puedo ver el túnel por el cual circula el vagón. La infección de carne se ha propagado por las paredes y el techo, siempre he odiado esa masa infecciosa que crece por doquier. El tren sigue ganando velocidad y siento que algo va mal. Los frenos no funcionan y no puedo disminuir la velocidad. El túnel se acaba y salgo al espacio abierto mientras pasamos de un sector a otro.

-Esto ha ido demasiado lejos. Bleyd. Reconozco que eres persistente, pero esto se acaba aquí y ahora.- El director Kryptman, maldito cabrón…Está en el sistema de altavoces, seguramente controle el monorraíl a distancia.

Desde la cabina de control observo con pavor como una nave de combate me adelanta y dispara sus misiles contra la guía volándola en pedazos.

-¡Me estas jodiendo! ¡Kryptman!

-Adiós, Bleyd

El tren descarrila al perder el raíl guía. La gravedad artificial desaparece y todas las luces se van, dejándome en la oscuridad, tan solo unos focos seguidos de detonaciones y salvas de disparos de energía iluminan el vagón, lo cual seria un alivio si no estuvieran intentando matarme.

Me recubro en Haki y huyo de la cabina, flotando por el interior del vagón, mientras este es sistemáticamente despedazado mediante disparos y misiles. El vagón comenzó a escorar con el primer impacto, pero ahora gira sin control. No pasa mucho hasta que el vehículo impacta contra una de las paredes del complejo, estoy aturdido y no se que demonios ha pasado, solo sé que he de salir de este amasijo de hierros. Una alerta del traje me hace preocuparme aún mas, algo ha perforado este y estoy perdiendo aire, por si fuera poco la nave no cesa en su empeño de desintegrar el monorraíl a pesar de estar estrellado.

El tiempo corre mientras intento contener la perdida de aire y salir del accidente. Me quedan poco mas de cuarenta segundos hasta que el vacío acabe con mi vida. El tiempo corre y no alcanzo a ver una salvación, la nave esta despedazando los últimos vagones, los cuales, por fortuna, están lejos de mi posición La desesperación se apodera de mí cuando veo emerger a las criaturas parecidas a niños, estas pequeñas aberraciones se desplazan a cuatro patas y son capaces de disparar espinas de hueso gracias a tres apéndices que salen de su espalda… Entonces vislumbro  la salvación, si las criaturas están saliendo es que hay un conducto de ventilación Con apenas veinte segundos de margen, activo los propulsores del traje y vuelo directo al punto donde vi aparecer a los monstruos, mi presencia no pasa desapercibida para nadie, y como si fuera un chiste malo monstruos y humanos se unen para intentar acabar con mi exigua vida.

Los misiles y las púas de hueso surcan el espacio, hacia mi posición, yo intento alcanzar una posiblemente inexistente salvación. Lo ultimo que siento es una onda expansiva que me lanza contra la pared.

-Bleyd. Despierta Bleyd. Estoy tan contenta de que me consiguieras el trabajo en el Meln.- Erika esta sentada frente a mi, envuelta en las sombras, detrás suyo el Poneglyph brillando con sus letras en un rojo sangre resplandeciente. Sobre su superficie se proyectan las imágenes de cuando estaba viva, tan agradable tan dulce.

Sin embargo lo bueno no dura demasiado, el dolor inunda mi cuerpo mientras Erika grita.

–¡Tú me mataste!

Me levanto del suelo. Este está encharcado y lleno de putrefacción y desechos, tengo el traje de combate hecho unos zorros, y sangro abundantemente por el brazo izquierdo, también me he desencajado el pie, algo que compruebo cuando caigo al suelo con un dolor terrible, en cuanto echo peso en el. Respiro con dificultad y grito de dolor en el momento que me coloco el pie en su sitio. El dolor es extremo pero se que pasara rápido.

Examino el lugar en el que me encuentro, parece ser un vertedero, basura de todo tipo y tamaño esta apilada aquí de cualquier manera, es difícil caminar en mi estado y me hago con una muleta improvisada, un cacho de tubo me ayuda a caminar. Pero no puedo portar el cañón lineal ahora mismo, por fortuna no parece haber ningún monstruo aquí.

He estado explorando la enorme sala iluminada tan solo por un hongo fluorescente que crece en paredes y techo, el problema es que la salida se encuentra a seis metros de altura situada en un saliente. He estado trabajando penosamente, acumulando desperdicios y basura para formar una pendiente y poder encaramarme a la reja del suelo.  Pero se que aquí hay algo. Algo que me observa, no creo que sea uno de los monstruos… esas cosas atacan inmediatamente sin pensar. Esto es distinto, lleva rato desplazándose a mi alrededor escondiéndose en la basura y las sombras.
He de salir de aquí cuanto antes… He tardado un buen rato pero finalmente puedo trepar hasta la salida.

He dejado de sangrar y el pie ya no molesta, por suerte mi viejo factor curativo sigue en marcha, pero esta sensación de que algo me observa es inquietante. Asciendo con cuidado intentando no echar abajo la montaña que me permite alcanzar la salida. Finalmente llego a encaramarme y consigo subir a base de fuerza bruta al saliente, me dejo caer de espaldas en el suelo, con la puerta metálica a mi derecha. Incrédulo observo como una bola de mugre se mueve desde mi pierna hasta mi pecho, tiene unos veinte centímetros de diámetro y si no fuera por que se ha movido no hubiera sido capaz de discernir que no era basura sin mas.

La pelota se para en mi pecho, apesta como el excremento de un jabalí con flatulencias… La hubiera retirado de un manotazo si no hubiera dado un saltito, justo cuando un ¡Prttt! Sonó en la estancia, reverberando en las paredes del basurero.

-¿Fluffle?- Estoy sorprendido, alegre, extasiado… Lo desconozco, solo se que esto no puede ser una alucinación, siento las vibraciones que produce al dar los saltitos sobre mi. Me incorporo y lo pongo en el suelo delante mio, mientras acaricio la bola de fango que es.

-Misión r--c-t-: Compl---d- inici-ndo: Dir--triz Bl--d_m-st-- -ctiv-d-. Inici-ndo protocolo m---tro.- Si definitivamente estoy alucinando, esta cosa acaba de “Hablar” si se le puede llamar así, parece que tiene estropeado el sistema de vocalización y no pronuncia las “a” las “e” y la letra siguiente a esta. Puedo ver como ahora esta intentando escalar por mi pecho, con cuidado y algo de repelús le ayudo a subir a mi hombro en donde se apoltrona, las patitas le cuelgan por delante y por detrás, puedo verlas a través de la maraña de mugre que le cubre.

-Bien no se quien eres, pero si eres quien creo, tenemos mucho trabajo que hacer.
Salgo del vertedero acompañado de mi nueva y pequeña bola de mugre, el pasillo es un área de servicio, observo los carteles situados en una intersección cercana.
Piscina, lavandería, plaza de la unión...

-De seguro encontraré los caminos al sector gubernamental en la plaza, pero primero necesitamos un baño… tú sobretodo.

La pequeña pelota de mugre me da unos golpecitos en el pecho en señal de aprobación, o tal vez de frustración al comentar lo obvio.

Tomo el camino hacia la piscina, allí encontraría duchas en donde poder limpiar toda la suciedad que llevábamos encima. El camino está despejado, no veo indicios de ataques o monstruos, la piscina es una instalación enorme, ideal para acoger una gran cantidad de personas, ignoro por el momento la piscina tamaño olímpico y voy en dirección a las duchas, el vapor del agua caliente inunda la zona, no hay cuerpos, pero eso no significa que nadie fuera atacado aquí. El agua ha podido limpiar la sangre perfectamente, no me alejo mucho de la entrada, no me es necesario para ponerme bajo el agua caliente.

Un aclarado y diez enjabonados mas tarde salgo de las duchas con un resplandeciente mini Pony en mi hombro, le faltan partes del pelo pero es una cucada, ademas veo como su color cambia varia entre todas las tonalidades de marrones. Salgo de las duchas para abandonar la piscina y dirigirme a la plaza.

-Bien. Vámonos pequeño, tenemos que salir de aquí.

-Protocolo m---tro, loc-liz-r origin-l.

-Wuo, wuo… Espera ¿tu sabes donde esta Fluffle?

El pequeñín asiente con la cabeza soltando una pedorreta.

-Socorro estoy atrapada, por favor, sáquenme de aquí.- Un grito de suplica viene desde el fondo de la piscina, parece ser la voz de una mujer. Acudo raudo a auxiliar y rescatar a quien grita de esa forma.

-¿Dónde estás? No te veo.- Busco con la mirada la localización de la mujer.

-En las taquillas, me encerré huyendo de esas cosas.

Abro la taquilla forzando el metal, parece ser que un golpe la atranco desde fuera. La chica esta desnuda, tan solo una toalla de color blanco tapa su cintura, desde los pechos hasta las rodillas, tiene el pelo castaño y los ojos azules, no sabría decir si tiene un ataque de ansiedad o de felicidad.

-Bien señorita…

-Ellie.

-Ellie, Soy Bleyd, no se como ha logrado sobrevivir hasta ahora, pero ha sido toda una hazaña. Este pequeñín de mi hombro es… Umm, aún no le he puesto nombre.- Mini Fluffle se levanta de mi hombro y salta a los brazos de Ellie, refrotandose en sus manos.- Bueno parece que le gustas, ¿por que no te lo quedas? Hacéis una buena pareja. Ahora bien, hemos de seguir, tenemos que llegar al sector gubernamental y salir de aquí. ¿Algo antes de partir?

-Bueno, me gustaría conseguir algo de ropa… no creo que pueda moverme demasiado con una simple toalla. Por otro lado creo que llamare a este pequeñín Max, siempre quise tener uno, pero eran extremadamente caros y un día sin ton ni son, los retiraron del mercado y desaparecieron, fue algo bastante extraño. ¿Dónde has encontrado a este?

Ellie ha aprovechado a cambiarse con ropa de las taquillas mientras conversaba conmigo. Ahora luce una chaqueta de cuero sobre una camiseta blanca, pantalones largos negros, y botas de caña alta. Max se ha asentado entre sus pechos… Mejor no le digo donde lo encontré.

-Realmente el me encontró a mi, lo mejor sera que comencemos a movernos. Es extraño que esos bichos no hayan aparecido en todo este tiempo…

Salimos finalmente de las duchas en dirección a la plaza de la unión, los pasillos aquí tienen todas las luces funcionando y apenas tienen sombras, tampoco hay manchas de sangre que indiquen una evisceración. Sin embargo cuando llegamos a la plaza la realidad nos golpea como un camión desbocado. Un mar de cadáveres yace en el suelo. Necromorfos de todas las especies, abatidos de todas las maneras posibles. Aquí se desarrollo un combate sin precedentes, una linea de defensa formada por ametralladoras automáticas destrozadas, y tras ellas tiradas por el suelo rifles de impulsos una cantidad exagerada de estos. Fue una matanza.

-Bleyd. Mira lo que he encontrado.

Me acerco a ella, sostiene en sus manos un registro de vídeo y un rifle de impulsos. Me muerde la impaciencia de saber que ocurrió aquí.

El vídeo muestra la plaza limpia e inmaculada, una muchedumbre esta pasando por las barricadas ordenadamente llevando sus maletas mientras los agentes de seguridad terminan de colocar las defensas. En una esquina superior puedo ver la hora del día.

8:00 am

-Aquí Agente del CP 8 Mc Cardigan. Informando al director en jefe Kryptman.
La evacuación va bien, hemos colocado defensas automatizadas en los sectores designados, estamos conteniendo la infección y rescatando a los supervivientes, hay suficientes lanzaderas para todo el mundo, y la operación avanza sin problemas, a este ritmo podremos entrar a recuperar el sector medico.

9:00 am

-La gente está cada vez mas nerviosa, vienen heridos y han comenzado a aparecer los primeros hostiles, nada que no podamos controlar pero está cundiendo el pánico, voy a necesitar más agentes, con solo doce personas no creo poder contener esta marabunta de civiles.

9:38 am

-Esto es una locura, tenemos que luchar contra monstruos y civiles por igual, se han vuelto locos, hemos tenido que abatir a una docena de personas, antes de poder restablecer la calma, ni siquiera tenemos tiempo para retirar los cuerpos.

10:00 am

-Aquí Mc Cardigan. He recibido la orden de exterminatus, nada entra nada sale. Esta es la ultima linea de defensa para el sector gubernamental. He puesto las torretas en modo automático dispararan a cualquier cosa que se mueva y he mandado a todos los hombres capaces de regreso, tan solo los incapacitados para andar se han quedado conmigo, defenderemos este puesto hasta el ultimo hombre. Que este vídeo sea una prueba de nuestro valor.

Mc Cardigan deja el vídeo en automático, puedo ver como se aleja de la pantalla, la plaza es un hervidero de criaturas, salen de los conductos de ventilación, los pasillos y las diferentes plantas de la plaza. Todas cargando contra la barricada, las torretas automáticas escupen fuego y los defensores alternan entre disparar y amunicionar, aguantan estoicamente contra los mas pequeños, todo es inútil cuando irrumpe un gorila, puedo ver la carga a través de las torretas, abriendo un camino para el resto de abominaciones que se lanzan contra la barricada.

Tan solo Mc Cardigan sobrevive, parece ser un usuario y esta usando todo lo que tiene, su cuerpo se ha transformado en nieve y repele como puede los ataques de las criaturas, usando Haki y Tenkkai por igual, todo es inutil, cuando los escorpiones imbuidos en Haki le atacan con su velocidad, Mc Cardigan cae al suelo y es instantáneamente rodeado por las criaturas, parece un festín de pirañas.

El vídeo continua grabando a una manta que levanta los cuerpos, Mc Cardigan es transformado, pero no es algo normal… es un monstruo que conozco demasiado bien, una abominación que es imparable. El regenerator ha renacido.



Capitulo 6: I + D



Hace unos veinte minutos que hemos abandonado la plaza de la unión, las noticias no son halagüeñas. Descubrimos la razón por la que apenas nos hemos encontrado criaturas en el camino, desde la plaza pudimos ver los exteriores del sector gubernamental. Se encontraban allí… todas las criaturas estaban convergiendo en el mismo punto, atraídas por sabe dios qué. En este momento habrán rodeado el edificio imposibilitándonos el acceso a nuestra salvación. Estaba a punto de derrumbarme cuando Ellie comentó que hay una forma de entrar en el sector sin pasar entre las criaturas.

Debajo de la superficie existe una serie de cavernas que se han usado durante años como minas. Según sus conocimientos el camino mas rápido es por un montacargas en I+D, se usaba para enviar material y muestras a los laboratorios.

Caminamos por los pasillos desiertos del complejo de investigación y desarrollo.

-Dime Ellie. ¿De que te ocupabas en esta estación?

-Soy piloto, me dedicaba al movimiento de materiales y personas. ¿Tú?

-Digamos que… estaba en el lugar más horrible, en el peor momento posible.

Sin previo aviso Max sale de las reconfortantes tetas de Ellie y se tira al suelo, sin dar tiempo a nada sale corriendo, desapareciendo por los pasillos del complejo.

-¿Deberíamos seguirlo? -Pregunta Ellie con cierta suspicacia.

-¡Si! Creo que quiere mostrarnos algo, antes habló de cierto protocolo, no lo entendí muy bien, tal vez sea eso lo que ha de mostrarnos.

Seguimos a Max por los pasillos, hasta llegar a una puerta, el pequeño esta rascando su superficie, intentando entrar desesperadamente. La observo, es de metal, maciza con un doble cierre de seguridad.

-Bien creo que es allí donde quiere acceder. La pregunta es ¿Cómo entramos?

-Aparta Ellie, déjame hacer el bruto.

Me crujo los nudillos mientras me preparo para intentar derribar la puerta a base de pura fuerza bruta.

-Aparta… ¡Hombres! Siempre haciéndose los machitos, esto requiere un acercamiento mas sutil.- Ellie se coloca delante del cierre de seguridad y con cuidado y paciencia lo desmonta, la señorita se toma tu tiempo para trastear las tripas del dispositivo. Finalmente con un sonido de presión las puestas se abren para nosotros.

-¡Eh! Buen trabajo. ¿Dónde aprendiste eso?

-Estudie mecánica e ingeniería, créeme, nunca querrás quedarte varado en el espacio sin saber hacer una derivación de energía a tu nave.

Max se nos adelanta entrando en la sala. Las luces se encienden a medida que se adentra entre las enormes estanterías que la pueblan, cada una de ellas llena a rebosar de cajas meticulosamente ordenadas.

-¡Guau! Esto es inmenso… ¿Qué crees que hay en esas cajas?

-No lo sé, pero sigamos a Max o lo perderemos de vista, en marcha Ellie, luego podremos investigar un poco.

Con premura seguimos al pequeño Max, que se adentra entre las hileras de estanterías. Sus pasos nos guían por un laberinto de pasillos, hasta que finalmente se detiene. El pequeñín salta y hace cabriolas intentando alcanzar algún estante por encima de su cabeza. Alzo al peludito y finalmente sabemos que es lo que desea. Una caja cerrada en la tercera balda. En su superficie, dentro de un plástico hay unos papeles, seguramente la descripción del articulo que guarda.

Ítem 5K234B  

El elemento 5K234B fue un éxito arrollador, desde que fue requisado por los chicos de Kryptman nos hemos dedicado a aplicarle ingeniera inversa. El resultado fueron unos pequeños de las mismas características y el mismo patrón de computación que el original. Lamentablemente durante el volcado de datos algo fue mal, con el tiempo las copias comenzaron a huir de sus dueños y a adentrarse en la instalación. El director en jefe ha prohibido su difusión y la captura de estos se ha vuelto prioritaria desde que encontraron uno en la zona de psiquiatría, nadie sabe que hacia tan lejos de una zona civil. Hemos guardado el original hasta recibir nuevas ordenes sobre como proceder. También se nos entregó una gran cantidad de información clasificada del incidente Meln. La hemos archivado en el estante junto al elemento 5K234B.

Dejo a Max en la estantería y con ansias recojo la enorme caja, se me ha desbocado el corazón, las manos me tiemblan mientras la deposito en el suelo y a punto esta de resbalarseme, manejo con cuidado el contenedor, y lo abro con premura.

En su interior, embalado perfectamente mediante corcho pan y papel de burbujas, una bola de pelos de color rosa y olor a algodón de azúcar descansa impoluta.

-¿Eso es otro Max en tamaño gigante?

Ellie se muestra confundida, pero yo irradio felicidad, saco a Fluffle de la caja y lo abrazo con cariño. Me toma un minuto darme cuenta que mi pequeño compañero se encuentra desconectado, me lleva unos momentos rebuscar entre su pelaje el dispositivo de arranque. Fluffle abre los ojitos en mis brazos y me mira somnoliento, se toma un instante para observar a su alrededor y entonces me devuelve el abrazo al tiempo que me lame la cara. Max se sube trepando por mis piernas hasta la cabeza de Fluffle.
- Protocolo m---tro: Compl-t--o. Misi-n exitos-

Max se cuadra en la nariz de Fluffle y este le devuelve el saludo como si fueran los mas adorables soldados.

-¡Chicos! No me gusta interrumpir esta escena tan emotiva pero… Tenemos que llegar a las minas.

-Lo siento Ellie, permíteme que os presente, este es Fluffle, mi amigo y compañero. Fluffle esta es Ellie, trátala bien y no le pongas ojitos, ya se que no hay chica que se te resista.

El pequeño pony se lleva las patitas a la cara sonrojándose, Max se baja de la nariz de Fluffle y pide volver a ser colocado entre las tetas de Ellie.

-¡No! Fluffle… Tu no cabes. –Tengo que detener a Fluffle antes de que salte al pecho de Ellie intentando hacerse sitio junto a Max, había olvidado lo adorable que es este pequeño bribón.

-¿Crees que esa cosa puede ayudarte? ¡¿Piensas siquiera en como me siento?!- Vuelvo la cara a Erika mientras Fluffle corretea a mi lado.- ¿Esperas que el dolor se apague tan solo por ellos? Los perderás, ninguno saldrá, de aquí con vidaaaaa.

Un Flash recorre mi mente, las delicadas luces del almacén son sustituidas por un naranja intenso, lleno de letras y números, el resplandor dura tan solo un instante pero es lo suficiente como para preocupar a mis compañeros de viaje.

-Tranquilos no es nada… Hemos de salir de aquí, ¿Ellie por donde se va a las minas?

-Tendría que estar pasando los laboratorios, a poco mas de cinco minutos.

-¡Bien! En marcha equipo.- Me tomo un segundo para recoger los archivos clasificados almacenados junto con Fluffle.

Nos ponemos en marcha cruzando el laboratorio de I + D, la cantidad de enemigos es mínima, tan solo algún rezagado atrapado en salas sin conductos de ventilación. Es fácil llegar hasta el montacargas que baja a las minas y activarlo, este desciende a la oscuridad, llenando de nerviosismo a Ellie.

-Bleyd, ¿crees que lo lograremos?

-No es la primera vez que esto me ocurre, pasé por una experiencia igual en el buque insignia Meln.

-Espera, eso no es posible. El Meln sufrió un ataque terrorista.

-¡¿Esa es la versión oficial?! Ellie, te puedo asegurar que el Meln sufrió una invasión de estas mismas criaturas. Aunque esa es una historia para otro día, ahora concentrémonos en atravesar las minas.



Capitulo 7: Luz al final del túnel




Hemos descendido a las profundidades de la Luna, estructuras hechas de metal forman mamparos sobre los cuales caminar sin llegar a tocar el suelo de dura roca, las paredes están protegidas con mallas metálicas puestas en prevención de desprendimientos o pequeños derrumbes, la cueva está sujeta por una bóveda formada por roca maciza y vigas de metal. La electricidad llega aquí abajo y los focos iluminan las tétricas pasarelas de metal unas encima de otras.

Caminamos por las pasarelas mientras el ruido de nuestras pisadas resuenan en los fantasmagóricos túneles. En el nivel inferior podemos ver a las abominaciones, se están desplazando en dirección al sector gubernamental, agolpándose en sus paredes, guiados por una fuerza extraña.

-shhhh, bajad la voz. Aun no nos han detectado. ¿Ellie por donde?

-Dame un segundo… Necesito un momento para calmarme.

-Ellie, estás sudando ¿Te encuentras bien?

-Si, no te preocupes. Es solo que no se si podremos sobrevivir a eso…- Nuestra chica señala a las criaturas que se desplazan como si fueran un océano de carne muerta.

-Si tomamos el camino de la izquierda llegaremos al almacén de suministros, allí encontraremos nuestro billete de salida.

Asiento con la cabeza y abro la marcha alejándonos del rio de criaturas. Nuestros pasos desembocan en una gruta escavada por la mano del hombre, en su centro, una monstruosidad de mas de doce metros de altura, gigantescas mandíbulas plagadas de metal impiden ver a este prodigio de la mecánica en toda su gloria, conforme me acerco puedo ver que dispone de orugas en vez de ruedas, La cabina de mando esta protegida tras las mandíbulas, que no son mas que dos gigantescos rodillos con púas de metal, para acceder a esta se ha de trepar por una escalerilla de mano, situada en el lateral de la maquina.

-¡¿Qué demonios es esa cosa?!

-Eso es una tuneladora, la llamamos Bethsi, yo ayude a traer el motor, con la vieja Bethsi podremos perforar la luna y llegar hasta los mismísimos cimientos del sector gubernamental esquivando a todas esas criaturas.

-Es maravilloso, pongámosla en marcha y…

Aun no he acabado de hablar cuando puedo observar a Fluffle y a Max que se han montado ya en la tuneladora y están haciendo como que la pilotan.

-¿Pero como y cuando han…?

-Es Fluffle, Ellie, no le busques lógica o acabaras como un cencerro.

Nos acercamos a la tuneladora. En su lateral cerca de la escalerilla de acceso puedo leer una pequeña pegatina informativa.

Betshi: Velocidad máxima 50km sin perforar, 10 segundos cada metro funcionando a plena capacidad. Sustituir dientes de kairoseki cada diez kilómetros

-Subiré con esos dos, no quiero que rompan nada, ademas alguien ha de pilotar a Betshi.

-Vale.- Espero unos instantes hasta que mi compañera ha subido junto con Fluffle y Max.- Ellie,  ¿Puedes arrancarla?

-No, faltan las llaves y parece ser que no tenemos energía, intentaré hacerle un puente, mientras tanto trata de encontrar una batería para este bicho.

-Bien.

Investigo el otro lado de la caverna, las paredes de roca se funden con la carne que crece sin orden alguno. Me adentro por un pasillo infecto, lleno de esa sustancia hasta los topes, al fondo he visto una puerta, tal vez sea un almacén

Lamentablemente mis pesquisas no llegan a buen puerto, el cuarto no era un almacén sino una bóveda escavada a mano. La zona esta tenuemente iluminada por focos a pilas, el techo se ha derrumbado en algunas partes, y las rocas yacen apiladas ocupando el espacio. Aun así la zona es fácilmente transitable, a mi derecha una tuberia de gas esta ardiendo, añadiendo su luminosidad a las débiles luces producidas por las lamparas que se encuentran distribuidas pobremente por la zona.

El suelo tiene planchas de metal, caídas del techo a causa de algún derrumbe o un fallo en la construcción. Una gigantesca roca se desprende del techo, el polvo llena la estancia y soy incapaz de ver durante unos instantes.

Me abro paso entre el polvo y las rocas, es un trabajo duro y cuidadoso, no quiero que un desplazamiento de piedras y tierra me sepulte, me toma cinco arduos minutos pasar al otro lado, el camino se ensancha formando una caverna natural, el suelo y el techo están cubierto de estalactitas y estalagmitas.

Sigo un camino natural es descendente y se desvía a la izquierda, el espectáculo ya no me impresiona, un grupo de cadáveres apiñados unos con otros, murieron atrapados y en la oscuridad, tan solo iluminados por el resplandor de un taladro neumático.

Dejo los cuerpos después de hacerme con la batería del compresor que tiene el taladro, con un poco de suerte servirá para arrancar la tuneladora. Retorno por el túnel siguiendo mis propias huellas, por fortuna ahora el camino esta despejado.

La radio se activa con Ellie al otro lado.

-Bleyd, he logrado puentear la tuneladora, pero necesitaremos la batería para poder arrancarla, ¿Cómo vas tu?

-Bien tengo la batería estaré allí en breves.

Acelero el paso hasta llegar a la tuneladora, finalmente conecto la batería y espero que sea suficiente para que la monstruosidad de metal arranque. Con un primer petardeo que crece hasta un rugido la enorme máquina se pone en marcha.

-Bleyd! !Lo logramos! Tenemos a Betshi ronroneando como un gatito. Sube a bordo, vamos a poner la primera.

Asciendo a la cabina de mando, allí se encuentran Fluffle y Max, pegados a la ventanilla contraria a mi, impacientes por que arranque y disfrutar de lo que ellos creen sera un bonito paseo. En el centro, manejando los controles de dirección, Ellie. Aseguro la puerta y le doy el visto bueno a nuestra piloto.

-Cuando quieras Ellie, estamos listos. Por cierto… Dijiste que eras piloto de naves, ¿estas segura de saber como funciona este mastodonte?

-Yo piloto lo que sea, ahora vámonos.

Ellie pisa el acelerador y la descomunal Betshi se pone en marcha, los rodillos con dientes giran , las orugas se desplazan en ruidosa armonía, La pared de roca chilla cuando el duro metal comienza a perforar su superficie, las rocas son despedazadas y arrancadas de cuajo, despacio Betshi se abre camino por las profundidades.

-Madre del amor hermoso…

Ante nosotros se abren los túneles de las minas, decir que están infestados de cuerpos seria quedarse corto, paredes y techos son irreconocibles, pústulas de carne, tendones y vísceras se han desarrollado sin control. Por su superficie, los pequeños monstruos con forma de niño aúnan fuerzas con los escorpiones en un intento de derribar al colosal intruso que penetra en sus dominios. El suelo es un hervidero de criaturas, apenas puedo distinguir algo en la marea de garras y cuchillas.

-¡Ellie! ¡Son cientos!

-¡Tal vez miles!

-Acelera, tenemos como medio segundo antes de que empiecen a abordarnos.

-Nuestra piloto obedece y acelera, el motor ruge mientras aumentamos la velocidad, los débiles cuerpos de carne y hueso no pueden hacer nada contra la monstruosidad mecánica que es Betshi.

-Esto va mal, Bleyd, Betshi no aguantara esta velocidad, la pared es demasiado densa.

-¡Bien! Reduce. Ganaré algo de tiempo

-¡¿Estás loco?! ¿Vas a salir allí afuera? En la lista de malas ideas esta es una de las mas horribles.

-¿Si? Pues no te alejes, estoy lleno de malas ideas.

Salgo de la cabina y me coloco en el techo de Betshi. Es una pequeña plataforma diseñada para cargar materiales y repuestos. Medirá cuatro metros cuadrados y esta rodeada de una pequeña valla para evitar accidentes. Nuestros visitantes no se hacen de rogar, las criaturas comienzan a posicionarse por el techo del túnel que estamos cavando ahora mismo. Mientras apunto a los tentáculos de los niños las barandillas son asaltadas por criaturas vagamente parecidas a un humano.

Disparo a los tentáculos que tenía a tiro antes de retirarme y encarar a las criaturas que suben por los laterales. Corro por el espacio que tengo disponible, intentando no ser un blanco estático. Las criaturas están comenzando a abrumarme, no puedo eliminar a los tiradores de las paredes al tiempo que cubro las vallas.

Betshi acelera, nos desplazamos por una caverna natural y no ha de perforar tanto como antes. Comenzamos a dejar atrás a los tiradores, un buen momento para acabar con el resto de cabrones que intentan subir a la plataforma.

-¡Bleyd! ¡Agárrate!

-¿Por qué?

Pierdo pié y casi caigo de espaldas contra la cabina, tan solo las botas magnéticas han impedido que me partiera el cráneo contra Betshi.

-¡Ellie…! ¡Ellie! ¿Qué diablos ha ocurrido?

-¡Bleyd! ¿Estas bien? Hemos chocado contra el subsótano del complejo gubernamental. Betshi esta acabada, me adelantare con Fluffle y Max tu intenta llegar hasta aquí, ¡Rápido! Las criaturas no tardarán en abrirse paso a través de Betshi.

Intento quitarme un poco el aturdimiento antes de observar el paraje que me rodea.
Bethsi esta empotrada en el hueco que cavamos, se encuentra medio suspendida en el aire. No podíamos saber a que altura estábamos perforando. Yo por otra parte me encuentro en la planta superior, Betshi ha despedazado la pasarela, pero puedo con un poco de cuidado llegar a los pasillos superiores.

La videoconferencia se activa, puedo ver por primera vez la cara del director Kryptman. Es un calvo, con bigote y perilla, tiene los ojos hundidos con bolsas bajo los párpados.

-No sé que clase de dios te protege, Bleyd, pero esto llega a su fin. Dispongo de doscientos efectivos. Entrégate voluntariamente y te garantizo que se respetará tu vida.

-Váyase al cuerno señor director. ¿Se cree que voy a confiar en un cerdo ávido de poder como usted? Me encerró dos años y tiró la llave. Lleva intentando acabar con mi vida desde el momento que desperté. ¡No! yo me largo de aquí y que le jodan a usted y a su arma ancestral.

-Lamento disentir, usted no irá a ninguna parte. Tengo fijada su localización, nos ha costado horas localizar su aura, es casi imperceptible, pero tengo aquí a los mejores y usted es el único con vida allí afuera, eso facilitó mucho las cosas. Si sale de esta estación espacial, no recorrerá ni un kilómetro, lo abatiré antes, si aún sigue con vida es por que no quiero volar el sector gubernamental.

-Voy a por ti, y no hay fuerza en esta instalación que impida que te mate.

Corto la transmisión y acelero mis pasos hacia la posición de Ellie, aún no he llegado a la puerta de acceso cuando Ellie contacta conmigo.

-¡Bleyd! La he encontrado ¡Tenemos una nave!

-¿Qué? ¿Tiene algún daño?

-¡No! ¡Saldremos de aquí con vida! Mueve el culo hasta aquí, comenzaré las comprobaciones del sistema.

Corro por los pasillos luminosos e impolutos, un contraste agradable después de ver sangre y putrefacción a cada paso. Abro las compuertas, siguiendo la misma ruta que Ellie. El pasillo da acceso al área de evacuación, una solitaria nave está preparada para el despegue con nuestra querida piloto a los mandos, Fluffle y Max están corriendo por su interior, puedo verlos a todos a través de los cristales.

Accedo al panel de control y empiezo la secuencia de lanzamiento.

-Eh, Bleyd… ¿Qué haces?

-Lo siento Ellie, esta es la única manera. El director Kryptman jamas me dejará abandonar la instalación. Si subo a bordo, nos derribará sin compasión. Cuida de Fluffle.

Activo el lanzamiento y la nave despega, alejándose del anclaje que permite el acceso a esta.

-Es tu mejor opción Ellie, Kryptman jamás me dejara ir. Tienes comunicaciones, soporte vital y eres una piloto cojonuda, pon rumbo al planeta y sálvate.

Veo a través de las cristaleras como Ellie comprende que es la única opción, observo como la nave se aleja, con Fluffle, este acaba de darse cuenta de lo que sucede, el pequeño esta alterado e intenta salir de la nave aporreando el cristal.

-Adiós Fluffle…

El cristal del tragaluz se aproxima a mi cara, mi cabeza golpea contra este mientras siento que me levantan del cuello. La presión se incrementa mientras me zarandean como un muñeco.

Consigo volverme lo justo para ver a mi agresor, es Erika, me sujeta con una sola mano como si no fuera nada mas que un muñeco de trapo. El pasillo desaparece bajo una tormenta de letras y números mientras que el rostro de Erika se enciende en llamas azules.

-¡La hora de la verdad, Bleyd! ¿Quien soy? ¿Soy tu amiga? ¿Tu amante? ¿Tu pequeña y adorable mascota que ilumina tu existencia? ¿O soy tu culpa? Quién convierte tu vida en un infierno porque no puedes asumir que estoy muerta y te sientes responsable. ¿Por que te resistes?

-Por que eres una maldita alucinación, creada por una desquiciante arma ancestral. Una abominación que tan solo quiere que entienda los planos que ha mandado a mi cerebro para replicarse y extender su infección por todo el mundo… y… Dios lo comprendo… Comprendo los símbolos, puedo verlos.

La orgía de números y letras parece haberse detenido, como náufragos que se dejan caer en la arena de una playa. Cada uno ocupando un lugar, puedo ver letras y palabras, comprendo individualmente los signos y los símbolos, pero en conjunto es una formula indescifrable para mi, un maldito galimatías matemático fuera de mi alcance.

Aquí y allí puedo ver elementos periódicos, sumas y restas de valores algebraicos, todo diseñado para construir un arma ancestral. Necesitaría años y una ingente cantidad de recursos para comprender en su totalidad las formulas… Tiempo y dinero que el gobierno ha usado para construirla…

La figura de Erika cambia en un instante, ya no es el monstruo que me ha atormentado desde que pise el Meln, ahora es la delicada y grácil chica que conocí hace años, tiempo antes de que se embarcara en ese maldito barco. Su pelo rubio, sus adorables ojos azules, esos labios cargados de sensualidad.

Sin delicadeza me suelta y caigo al suelo de culo.

-Has comprendido, ahora devuélvenos a la vida.

Su voz es tan triste y dulce, suplicando que haga algo que esta totalmente fuera de mis posibilidades.
Me levanto del suelo y camino hacia el interior del sector gubernamental, para enfrentarme a un ejercito de los mejores hombres del gobierno.

-No puedo.



Capitulo 8: Muerte y destrucción




Me he colado por los conductos de ventilación, quizás pensé que era una buena idea. La verdad, me equivocaba, apenas he penetrado cien metros a hurtadillas cuando han comenzado los disparos, ahora me encuentro atrapado entre los agentes del gobierno y una horda de monstruos con total desprecio por la vida. Mi única opción ha sido volver sobre mis pasos, los hombres de Kryptman me buscan y no me darán cuartel. La única alternativa que me queda es continuar por los túneles que recorren las paredes del complejo gubernamental hasta encontrar un acceso que no este fuertemente custodiado.

He encontrado algo interesante en los túneles, enormes cables eléctricos plagan las paredes, he decidido seguirlos para ver a donde desembocan.
He llegado a una estación secundaria de energía, yo buscaba poder acceder a la principal, pero es imposible hacerlo sin que me localicen. Con sutileza y paciencia, comienzo a trastear el panel de distribución.

-¡Vamos! ¿Qué tan difícil tiene que ser esto…?

La puerta de entrada cae con estrépito contra el suelo, un grupo de agentes se precipita por ella portando escudos anti disturbios y ametralladores.

- Es Bleyd, disparad.

Abren fuego sin pensárselo dos veces. Los disparos me han cogido desprevenido y me alcanzan mientras me lanzo de cabeza al conducto de ventilación, la armadura y el haki se llevan la peor parte, los proyectiles de energía apenas han conseguido perforarme la carne y astillar alguna costilla, duele como el demonio.

-Fallo de energía en el sector C. Alerta: Bloqueo magnético desactivado.

Los altavoces anuncian la alarma, parece ser que no he sido el único en recibir los disparos, si llego a saber que solo tenia que destruir el panel de distribución… En fin, de nada sirve llorar por los huevos rotos, ahora he de salir de aquí. Comienzo a desplazarme verticalmente, siguiendo los conductos que van por encima del techo.

- A todas las unidades agrupense en la entrada del sector C y que alguien arregle la energía. Muévanse señores tenemos una brecha de seguridad.

Desde mi escondite puedo escuchar a Kryptman, no parece estar muy contento, y sus hombres tampoco. Acaban de lanzar una granada al conducto de ventilación, la detonación vuela parte de la pared, hasta mi llegan las llamas generadas por la deflagración. Por fortuna es tan solo un instante y apenas es efectivo contra mi armadura.

Por las rejillas de ventilación puedo ver como los soldados empiezan a llegar, reuniéndose en la entrada. Los gritos de las criaturas no se hacen esperar. Cargan hacia adelante con total desprecio por su seguridad. Con la energía desactivada pueden entrar con total impunidad. Los agentes protegen la sala de derivación seguramente alguien esté trabajando ya para arreglar la energía.

La carnicería comienza, los agentes abren fuego con ametralladoras, lanzallamas, cañones de energía, y toda clase de armamento disponible. Se han protegido con un muro de escudos antidisturbios, los monstruos están siendo contenidos, despedazados a causa del intenso fuego ejercido por medio centenar de hombres armados. Parece que van a contenerlos hasta que irrumpe un gorila. La criatura carga como un miura enfurecido, a pesar de que los agentes lo desmiembran en cuestión de segundos, han necesitado concentrarse demasiado en el, protegidos por su avance los escorpiones han comenzado a saltar desde las paredes a las lineas de los guardias, el caos comienza a esparcirse cuando estas ágiles criaturas saltan entre los hombres vivos. La marea parece no acabarse nunca y los agentes están retrocediendo sistemáticamente, vendiendo caro cada metro de terreno. Pero esto solo puede acabar de una manera…

Dejo a los valientes defensores atrás, tal y como están de ocupados no repararan en mi.
Por fin puedo adentrarme en el complejo sin que una ensalada de tiros sea mi bienvenida, salgo de los conductos de ventilación y me dirijo al corazón del sector gubernamental. No se bien por donde tengo que ir y creo que estoy dando vueltas en círculos

-Bleyd, ¿Qué haces?

Ante mi se encuentra Erika amable y dulce, apoyada contra una puerta.

-No lo se… Improviso sobre la marcha.

-Ven déjame guiarte.- Erika se aproxima a mi y toma mi mano, una linea de color naranja se aparece en el suelo.- Síguela, te llevara a tu destino.

No se por que diantres hago caso a esa aparición… Se que es el arma ancestral jugando con mi mente, pero estoy seguro que mientras pueda servir a sus planes me ayudara. El problema es que no se que quiere.

Corro por el complejo gubernamental, nadie parece prestarme mucho caso, las pocas personas con las que me he encontrado parecían científicos y se encontraban en un estado de nerviosismo muy grave. Me desplazo por los pasillos adentrándome cada vez mas en el complejo. En varias ocasiones he tenido que esconderme al lado de algún fichero o maquina de dulces para evadir un grupo armado, todos ellos corriendo seguramente al sector C.

Finalmente llego al término de mi camino. Una enorme puerta cerrada a cal y canto. No soy muy bueno con la electrónica, pero algo he de haber aprendido… es como unir venas con cartílagos y arterias con vasos sanguíneos.

Me toma cinco largos minutos y demasiadas descargas conseguir romper el cierre de seguridad. Entro en la habitación y ante mi se despliega lo que sin lugar a dudas es la central de energía de toda la sección gubernamental. Se que es una idea pésima, seguramente horrible, pero es lo mejor que puedo hacer ahora mismo. Me dirijo a desactivar el generador de energía y dejar entrar a todas las criaturas en el complejo.

-Ni se te ocurra dar un paso mas. Esto ha durado demasiado Bleyd, entrégate.

Me doy la vuelta, conozco esa voz demasiado bien a estas alturas.

-Lo siento Kryptman, pero no me dejas opción- Apunto mi arma contra el reactor.- No soy físico, pero las reactores nucleares no suelen soportar muy bien las detonaciones.

-Alto, si disparas al reactor volaras la instalación entera.

-Si he de morir será bajo mis propios términos- Puedo ver el pánico en su cara cuando presiono el gatillo. Cierro los ojos esperando una detonación, una deflagración de energía pura como el sol. Pero lo único que recibo es un golpe en el rostro que me lanza volando contra la pared, el cañón lineal se resbala de mis manos.

-Lo siento por ti, pero me has costado demasiado, he perdido muchos hombres, tenía que haberte matado cuando tuve la oportunidad. Pero los científicos dijeron que te necesitábamos, que tu mente era la mas pura, sin ti, hubiéramos perdido los secretos del arma ancestral.- Kryptman se coloca sobre mi arma y la patea fuera de la sala.

Me levanto del suelo dispuesto a partirle la cara con mis propias manos a ese cerdo.

Cargo contra su persona con el hombro por delante, intento darle un placaje usando mi masa, tan solo para ser golpeado nuevamente y caer al suelo rodando.

-Esfuérzate todo lo que quieras, jamas podrás alcanzarme la energía es mi esclava. Tan solo eres un cobarde al que el mundo ha olvidado.- Kryptman se pasea por la sala manteniendo las distancias.- No puedes lograr nada. Huiste de Hallstat, renunciaste a tu puesto de Yonkaikyo.

-Puede ser que no me guste pelear, pero ¿Quién sobrevivió en el Meln ante los necromorfos? ¿Quién destruyó el arma ancestral y salió con vida?
Fui yo, y lo que es mejor, lo haré de nuevo.

Cierro los ojos un segundo y me concentro, enfocando toda mi rabia, mi amor y mi odio para dejarlos salir sobre mi rival. El haki del conquistador cae sobre él, con una presión desbordante, camino hacia su persona dispuesto a golpearle en su fea cara con toda mi fuerza.

Una descarga eléctrica recorre mi cuerpo, el maldito rayo se mantiene quieto en el aire mientras la luz parece converger en ese punto, la temperatura de la sala ha comenzado a descender, puedo ver el aliento de Kryptman.

La batalla de voluntades continua, mientras me acerco paso a paso a él. Siento como mi corazón se desboca, temo que me dé una taquicardia ante semejante descarga eléctrica. Pero es cada vez mas débil, mi sistema de regeneración está trabajando a toda potencia intentando mitigar sus efectos.

Dejo de canalizar el Haki del rey en Kryptman, el cambio de presión lo desequilibra un instante, es lo único que necesito. Cargo con todo lo que tengo, manual Micaiah junto con Prisa, tan solo me separa de él medio metro, la distancia suficiente como para golpearle estirando el brazo.

-Shigan.- Kryptman sale disparado hacia adelante, cargando con el dedo imbuido en haki, directo a mi corazón. La sonrisa de su cara es de triunfo, su dedo se encuentra profundamente enterrado en mi carne, y la sangre gotea del punto donde ha impactado.

Las luces se apagan, los altavoces aúllan la emergencia.

- Alerta. Fallo en el suministro eléctrico. Medidas de contención apagadas.

Me fijo en la cara de Kryptman, estoy seguro que ahora mismo esta sufriendo un ictus, el pobre tipo creyó que me atravesó el corazón, pero bloquee su ataque con la mano derecha, el dial de rechazo absorbió la gran mayoría del impacto, pero acabo destrozado y perforo armadura y mano. Su confianza se acabó cuando lo congelé, y lo he mantenido así, quietecito, mientras apagaba el generador, ahora es tiempo de terminar esto.

-Esto es por robarme a Fluffle.- Golpeo en la nuca a Kryptman con la mano izquierda, puedo sentir como rompo sus huesos. Acabando con su vida sin dolor ni sufrimiento físico. Registro su cuerpo y encuentro un mensaje grabado. Me siento en el suelo mientras espero que las criaturas vengan a mí y acaben con mi existencia, escuchare las ultimas palabras de Kryptman para amenizar la espera.

-Aquí el director Kryptman, informando a los apóstoles. El arma ancestral está operativa y se ha completado el exterminio sistemático del 99%  de los no creyentes. Tan solo restan unos pocos supervivientes que no tienen ninguna posibilidad de escape. Cualquier nave de salvamento ha sido inmediatamente derribada. La estación espacial es nuestra ahora, y junto con el arma ancestral podremos barrer a la facción del gobierno mundial que no nos apoya.

Su siempre leal servidor.

-Increíble… ese maldito hijo de puta no dejó escapar a nadie. Todo el mundo en esta maldita estación a muerto para que un grupo de uniologos tocados de la cabeza consiguieran un arma.

-Gracias.

-¿Por qué? Erika- No me molesto ni en mirarla, tan solo me tapo la cara con la mano sana.

-Por devolvernos a la vida.

Una onda de energía sacude la instalación entera, seguida de otra y otra mas. El ritmo se incrementa cada vez, paredes, suelo y techo tiemblan ante las terribles vibraciones.

-¡Bleyd!¡Bleyd! Dios mio, responde Bleyd.

-¡¿Ellie?! ¿Eres tu? Te dije que te marcharas.

-No tienes ninguna opinión en esto Bleyd. Necesito tu ayuda algo esta ocurriendo. Algo horrible.

-¿Cómo? ¿Qué esta pasando?

-Ya lo veras. Reúnete conmigo en donde abordamos la nave deprisa.

-Bien, estoy en camino.- Saco fuerzas de flaqueza al ver mi rescate posible. Poder volver a abrazar a Fluffle es toda la motivación que necesito.

Corro por los pasillos, hasta dar con uno plagado de criaturas, su número es incontable. Retrocedo con precaución, no puedo combatirlos a todos… Pero algo anda mal. No me prestan atención, tan solo caminan hacia el interior del complejo, pasan a mi lado, me ignoran. Me introduzco en los conductos de ventilación y gateo por ellos, sigo lo mejor que puedo el camino hacia el sector “C”.

Finalmente llego a donde deje a Ellie, ha atracado la nave para que pueda subir a bordo.
Con alegría Fluffle se me tira a los brazos en cuanto abordo, el pequeño irradia felicidad, aunque le falta tiempo para darme con un periódico enrollado.

-Vale, bien, lo siento Fluffle.

-Vosotros dos, dejad eso, tenemos un problema muy gordo.

-Cierto Ellie, ¿Qué sucede? y gracias por volver, sin ti… estaría muerto.

-Si, bueno, primero tendremos que solucionar eso.

Ante nosotros en el espacio se esta formando una masa informe de carne y hueso. Los estallidos de energía han derribado las paredes que protegían el arma y los monstruos están siendo usados para alimentar la creciente nueva aberración

-¡Por los clavos de cristo! ¡Como cojones matamos esa cosa? Si sigue creciendo a ese ritmo podría tragarse el planeta entero.

-Por eso necesito tu ayuda, Bleyd, no sé que hacer, no hay arma lo bastante grande en el planeta como para matar a esa cosa.

-En el planeta no, pero tal vez…

-Ellie, ¿tenemos alguna especie de radar en la nave?

-Si, ¿Por qué?  

-Busca cualquier satélite que esté en órbita al planeta. Si mi corazonada es cierta tal vez podamos acabar con esa cosa antes de que pueda desplazarse.

Ellie conecta el radar y busca con desesperación

-¿Qué diablos estoy buscando?

-Eso. Vamos, rápido, rumbo a ese. - Digo señalando un punto en la pantalla.

-¿Qué tiene ese de especial?

-La ruta, solo ese pasa justo por encima del gran line. Hace cinco años vi caer un haz de luz del cielo que arraso todo lo que tocó. No creo que fuera Dios, así que tuvo que ser cosa de algún hombre.

-¿Crees que un viejo satélite de hace cinco años es un arma de destrucción?

-Si no lo es… Estamos condenados.

Llegamos hasta el satélite, es bastante grande, lleno de paneles solares, dándole un aspecto extravagante.

-Ellie, voy a salir, a ver si puedes guiarme en como activarlo… Recemos que sea lo que creo que es.

Salgo de la nave hacia el espacio, llevo conmigo un traje cósmico nuevo, la nave tenia un par para casos de reparaciones y emergencias. No es una armadura pero sirve para no morir en el vació del espacio. Pongo la cámara en posición, para que Ellie pueda ver lo que yo veo.

-Ellie, creo que hemos acertado, no se mucho de satélites pero sí de armas, tiene toda la pinta de ser un láser de gran tamaño y potencia, veamos si puedes hacer que dispare.

-De acuerdo, lo intentaré. Primero tendrás que acceder a algún panel de control, seguramente tenga uno en alguna parte de la superficie, protegido por una placa.

Obedezco a Ellie y busco con cuidado el panel de control.

-Lo tengo, Ellie, lo abro.

-De acuerdo, tendrás que hacer una derivación con el portátil que tienes en las herramientas, usa las pinzas para conectarte a su sistema, cable rojo con la pinza azul y cable negro con la pinza amarilla. Eso es, perfecto, ya estamos dentro.

Ellie se toma un rato mientras explora los datos del satélite.

-Bien, parece ser que un tipo llamado el inmortal construyó este aparato. Voy a poder engañarle para hacer un disparo concentrado, pero tendrás que orientarlo manualmente.

-Recibido, me pongo a ello.

-Justo al lado de la pantalla de control hay cuatro válvulas para controlar la salida de gases y mover manualmente el satélite.

Con delicadeza apunto a la criatura, que ya ha doblado su tamaño. Tentáculos enormes salen de ella y puedo jurar que veo unos ojos enormes en su superficie. No queda mucho tiempo antes de que esa cosa pueda comerse la luna entera.

-Ellie, ya está. Dispara cuando quieras.

El cañón dispara un rayo concentrado sobre la criatura que calcina su carne y desintegra sus huesos. Sin embargo no parece inmutarse, la descomunal abominación se vuelve hacia nosotros y puedo verla avanzar, desplazándose a pesar de que el rayo quema su cuerpo.

-¡Dios! ¡No esta funcionando! ¡Esa cosa no se detiene!

-Calma Ellie, tengo una idea, si esto falla estamos acabados.

Redirijo el rayo del satélite en dirección a la estación espacial, justo en el sector gubernamental. Una detonación cataclísmica sacude la luna, la explosión del reactor nuclear sumada a la potencia del satélite acaba de borrar de la faz de la luna todo rastro de los humanos.

La criatura se detiene en el espacio, muerta y sin vida.

-¿Qué ha ocurrido? ¡Bleyd! ¿Hemos ganado?

-Si, Ellie. Está muerta. Sin el arma ancestral para controlarla, la criatura no es mas que un enorme cacho de carne, friamosla con el satélite y marchémonos a casa.



Epilogo




Atado, con esposas y rodeado de marines armados hasta los dientes. La situación no pinta nada bien.

Ante mi se encuentra el almirante en jefe Luchs, a su lado, como escolta y protector el vicealmirante Al Naion.

-Señor Bleyd. Comprenderá que tan solo esta aquí porque gente de confianza como el capitán Arthur Silverwing y kodama, han mediado por usted. También hemos tenido en cuenta que antes fue usted un Yonkaikyo y ahora es parte de la tripulación del Shichibukai Madara Uchiha.- El hombre hace una pausa y continua hablando tras observarme de arriba abajo.- El CP emitió un comunicado de su fallecimiento hace dos años… Ahora usted esta con nosotros, ¿Tal vez es usted un mago? ¿Alguien capaz de regresar de entre los muertos sin necesidad de Akuma? No señor mío, usted es alguien muy peligroso, alguien que el CP quería muerto. Como comprenderá esto me ha interesado enormemente y he tenido que pedir muchos favores e informadores para descubrir los hechos que acontecieron.

El Almirante en Jefe hace una seña y un asistente le entrega unos documentos.

-Hace dos años usted fue como voluntario a reparar el buque insignia Meln, llamado así en honor a la ciudad que usted mismo regentaba como dirigente a las ordenes del capitán Arthur Silverwing. Según el CP usted falleció en un ataque terrorista en el que toda la tripulación fue aniquilada. Sin embargo mis informes me han desvelado que usted fue capturado por el CP como autor de esos hechos. -Su voz es suave, calmada y acompasada de suaves gestos, aunque a mi no me transmite esa sensación.

Se le trasladó a la base lunar para investigar un caso de paranoia extremo del cual estaba aquejado.
Hace unas cien horas un segundo sol lució en el cielo. Todas las comunicaciones con la estación se cortaron, no hubo supervivientes. Sin embargo aquí esta usted, vivito y coleando después de haber acabado con una de las mayores instalaciones secretas del gobierno mundial y asesinado a un millón de personas, contando agentes del gobierno, científicos, médicos y operarios, todos ellos junto a sus familias.- El hombre golpea la mesa furioso, puedo ver la rabia surgir en sus ojos. -Tienes tres segundos antes de que yo mismo aplique la pena capital sobre ti, aprovéchalos.

Trago saliva y pongo una grabación. Es la que saqué del cuerpo del fallecido director Kryptman, al cual yo mismo eliminé, al final de esta puede verse como Ellie, Fluffle, Max y yo usamos el satélite para matar a la colosal criatura.

Acabada la grabación, miro con toda la valentía que puedo al Almirante en jefe. La verdad es que solo se puede ver terror y pánico en mi mirada. Un miedo totalmente fundado hacia ese hombre. Pero intento mantenerme firme y estoico contra la adversidad.

-¿Han comprobado la veracidad de la grabación?- Su voz está mas calmada, pero aún puedo sentir la rabia y la ira en sus palabras.

-Si señor, nuestros científicos y forenses la han examinado cinco veces, es autentica. Ademas el Señor Bleyd tiene una ingente cantidad de escritos, archivos sonoros y vídeos de lo acontecido en el Meln y la estación espacial. Ademas varios testigos, una piloto superviviente de la base, y un par de robots, Todo ello ha sido comprobado hasta la saciedad, y puedo afirmar sin ningún tipo de duda que la información es autentica.

El ayudante, corrobora la veracidad de las palabras. Luchs se levanta del asiento y da dos pasos antes de volverse hacia mi.

- Muy bien chico, venir aquí y entregarte es una de las cosas mas estúpidas y valientes que he visto. Tienes mi atención. Ahora, cuéntame tu historia.

Narro mi historia con todo lujo de detalles. Los ayudantes van poniendo los archivos en los momentos oportunos, poco a poco se reconstruye la historia del Meln y lo que aconteció en sus profundidades. Tan solo me guardo para mi el hecho de que puedo ver y entender los símbolos poneglyph. Después de aproximadamente cuatro horas, he acabado mi relato.

-Bien. Si creyera lo que dices. ¡Que, no lo hago! Habrías sido encarcelado injustamente por el gobierno. Serías un jodido héroe y habrías sobrevivido a un maldito infierno. Así que ¿Si pudieras pedir algo como recompensa o compensación que sería?

Miro a los ojos a mi interlocutor antes de hablar.

- Solo quiero poder salir de aquí como un hombre libre para reunirme con Fluffle.

El almirante en jefe se mesa la barbilla, sopesando la petición. Tras unos instantes habla con voz autoritaria.

-He decidido que….







Historia adaptada del videojuego Dead space 2





peticiones:


Piedad y que no me maten...

Salir sin recompensa.

Npc. Ellie (nivel a dictaminar por moderador)

Mini mascota MAX

Nave espacial. Para darme garbeos de isla en isla y al espacio si me da la gana. No dispone de armas, tiene, soporte vital comunicaciones y videojuegos.

Pasar regeneración naciente a, regeneración creciente.
Mediante la canalización, de la energía curativa te curas una herida dos grados, esta técnica tiene un colldown de 2 turnos y no puede utilizarse sobre la misma herida  hasta transcurridas 24 horas..

Haki armadura Perfecto

Haki observación invertido despertado. En vez de: Permite escuchar la voz de los seres vivos de forma muy limitada. Concentrándose en un objetivo, el usuario podría prever sus acciones hostiles con un cuarto de segundo de antelación. Llegar a este nivel no requiere un entrenamiento, tan sólo llegar a una situación en la que pueda ser despertado.
El usuario pierde la capacidad de escuchar a los seres vivos que da el haki, Tampoco podrá prever acciones hostiles. En su lugar no podrá ser escuchado ni sus acciones hostiles prevenidas con un cuarto de segundo de antelación.

Haki del rey entrenado

Locura: Después de estar en contacto con un arma ancestral esta puede comunicarse con el mediante alucinaciones (normalmente escénico, hasta que el máster quiera putear u ayudar).

Lectura de poneglyph: Puede leer los extraños caracteres poneglyph y entenderlos.

Conocimiento prohibido: En su cabeza tiene la información necesaria para construir un arma ancestral, (me sirve con tener la informacion, no quiero construirla)

Desenfundado rápido: Puede tener su arma empuñada, como si siempre hubiera estado allí en un movimiento totalmente imperceptible.

Reflejos X3 agilidad X3, resistencia X3, fuerza X3

Cañon lineal. Arma de energía que lanza un haz de energía a 30 m maximo, su disparo secundario son minas de energía que detonan a los tres segundos.

Armadura de Ingeniero: mejora de armadura de la ostia del copón bendito (vease ficha), puede trabajar, en el vació del espacio y en el fondo del mar. Dispone de pies magnéticos y pequeños propulsores, así como alerones desplegables para maniobrar con ellos. Cuenta con su propio sistema de soporte vital. Comunicaciones y protección contra radiación y pulsos ionicos y electromagnéticos. Resistente al ácido, al fuego. Soporta temperaturas de 200º y -50º sin peligro para el portador.

Modulo de estabilización: Dispone de tres cargas y lanza un rayo a velocidad de 3 metros segundos, que baja la velocidad de lo que impacta, dejandole un 1% de la velocidad los proyectiles se ralentizan en pleno vuelo. Después de 1 post recuperan su velocidad normal.

Modulo cinético: Un rayo tractor, capaz de atrapar objetos y acercarlos al usuario. Estos objetos pueden ser lanzados como proyectiles a 3 metros segundo.

Resistencia al miedo. Puede soportar momentos de miedo o tensión  y no entrar en pánico total.
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Señor Nat el Mar 26 Sep 2017 - 22:41

Bueno, como ya me conoces y me curré presentación más arriba si la quieres te la lees. Lo que sí te voy a recordar es que puedes sobornarme o seguirme en Twitter, pero ello no cambiará mi valoración. Dicho esto, comencemos:

La historia sigue siendo muy del estilo de la anterior, pero por lo menos en este caso se demuestra que hay más trabajo por tu parte. No es totalmente originalidad, pero me gusta leer cosas así, más personales. En cualquier caso, también se nota que hay un mayor descuido en el repaso y bastantes faltas de ortografías se te han colado. También te comentaré que en una sala de siete metros cuadrados no cabe una mesa más varios sofás. Pero eso.

En fin, voy a ser bueno y darte un 7. Sin embargo, vamos a hablar de las peticiones:

Haki inverso: Es muy extraño. No obstante, que a cambio de no tener Haki estar como una puta cabra te permita camuflarte mejor del haki de observación de otros. En fin, respecto a no ver tu aura... Cualquiera con un haki superior al tuyo podrá verla, y del mismo modo restas tu "tiempo" de haki de observación a lo que otros pueden prever.

Regeneración: Okey.

Locura Phoneglyph: Vale, pero sólo te dirán locuras (como recetas de tarta de calabacíon o cosas súper turbias).

Desenfundado rápido: Lo veo correcto.

Tiro limpio: Vale, pero necesitarás apuntar. Lo que te permite esto es manejar bien armas de gran calibre.

Power Ups: No bro. No te da.

Pantalla humo: Esto no es Pokemon, así que... Bueno, no la aprendes. Pero la carta llega.

Por cierto, un pequeño error de lógica es que Al estaba retirado durante el Time Skip, pero lo dejo pasar porque podría ser Jaimito Jalapeño. En fin, Luchs te ofrece la oportunidad de pasar un tiempo en prisión (al fin y al cabo has cometido crímenes), pero como has demostrado tu inocencia intentará darte la condena más leve.

Dicho esto, a efectos de rol significa que caes en el nivel 1 de ID, pero puedes en este caso concreto narrar tu salida pacífica en el diario de inscripción. Recuerda que tras completar los papeles te sedan y te llevan a una isla poblada, como si nunca hubieras pisado ID.

Creo que eso es todo, así que me despido.

Buenos días.

____________________________________________

Siempre en el corazón:
The big Spender:
NO LO OLVIDES OPD:


aHORA EN SERIO:


avatar
Señor Nat
Vicealmirante
Vicealmirante

Mensajes : 7160
Fecha de inscripción : 08/04/2014
Edad : 23
Localización : Al lado de un Oso Panda

Hoja de personaje
Nivel:
101/150  (101/150)
Experiencia:
170200/790000  (170200/790000)
Berries: 700.133.361

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Bleyd el Mar 26 Sep 2017 - 23:58

Hola Nat. a ver. acepto la nota y todo eso pero he de decirte que como cambie el moderado también cambie y añadí algunas cosas a las peticiones. Son sobre todo objetos que aparecen en ambas partes del TS. Pero que en el primero como acababa en manicomio no tenia sentirlo pedirlas. Eso y alguna cosilla mas como habilidades de lo aprendido en ambos.


Haki inverso: Es muy extraño. No obstante, que a cambio de no tener Haki estar como una puta cabra te permita camuflarte mejor del haki de observación de otros. En fin, respecto a no ver tu aura... Cualquiera con un haki superior al tuyo podrá verla, y del mismo modo restas tu "tiempo" de haki de observación a lo que otros pueden prever.(me parece bien, es mas lo veo correctisimo) que uno mayor pueda verlo y eso.

Regeneración: Okey. (perfecto)

Locura Phoneglyph: Vale, pero sólo te dirán locuras (como recetas de tarta de calabacíon o cosas súper turbias). (Esto es mas interpretativo, para sacar al fantasma a tocarme la moral y poco mas, perfecto)

Desenfundado rápido: Lo veo correcto. (perfecto)

Tiro limpio: Vale, pero necesitarás apuntar. Lo que te permite esto es manejar bien armas de gran calibre. (Esta es otra peticion que cambie, esta fue por los cambios en las clases)

Power Ups: No bro. No te da. No problem. algun dia sacare alguno

Pantalla humo: Esto no es Pokemon, así que... Bueno, no la aprendes. Pero la carta llega. (Esta en las peticiones del Ts corregido por ejemplo no esta.)


Piedad y que no me maten... (cumplido gracias)

Salir sin recompensa.(cumplido Gracias)

Npc. Ellie (nivel a dictaminar por moderador) (faltaria si viene al caso)

Mini mascota MAX (faltaria si viene al caso)

Nave espacial. Para darme garbeos de isla en isla y al espacio si me da la gana. No dispone de armas, tiene, soporte vital comunicaciones y videojuegos. (faltaria si viene al caso, esto no creo que de la nota XD)

Pasar regeneración naciente a, regeneración creciente. (cumplido gracias)
Mediante la canalización, de la energía curativa te curas una herida dos grados, esta técnica tiene un colldown de 2 turnos y no puede utilizarse sobre la misma herida hasta transcurridas 24 horas..

Haki armadura Perfecto (quedaria por mirar, no se si daria la nota)

Haki observación invertido despertado. En vez de: Permite escuchar la voz de los seres vivos de forma muy limitada. Concentrándose en un objetivo, el usuario podría prever sus acciones hostiles con un cuarto de segundo de antelación. Llegar a este nivel no requiere un entrenamiento, tan sólo llegar a una situación en la que pueda ser despertado.
El usuario pierde la capacidad de escuchar a los seres vivos que da el haki, Tampoco podrá prever acciones hostiles. En su lugar no podrá ser escuchado ni sus acciones hostiles prevenidas con un cuarto de segundo de antelación. (conseguido gracias)

Haki del rey entrenado (no da la nota)

Locura: Después de estar en contacto con un arma ancestral esta puede comunicarse con el mediante alucinaciones (normalmente escénico, hasta que el máster quiera putear u ayudar). (conseguido)

Lectura de poneglyph: Puede leer los extraños caracteres poneglyph y entenderlos. (faltaria mirar)

Conocimiento prohibido: En su cabeza tiene la información necesaria para construir un arma ancestral, (me sirve con tener la informacion, no quiero construirla) (faltaria mirar)

Desenfundado rápido: Puede tener su arma empuñada, como si siempre hubiera estado allí en un movimiento totalmente imperceptible.(conseguido)

Reflejos X3 agilidad X3, resistencia X3, fuerza X3 (no da nota)

Cañon lineal. Arma de energía que lanza un haz de energía a 30 m maximo, su disparo secundario son minas de energía que detonan a los tres segundos. (falta por mirar)

Armadura de Ingeniero: mejora de armadura de la ostia del copón bendito (vease ficha), puede trabajar, en el vació del espacio y en el fondo del mar. Dispone de pies magnéticos y pequeños propulsores, así como alerones desplegables para maniobrar con ellos. Cuenta con su propio sistema de soporte vital. Comunicaciones y protección contra radiación y pulsos ionicos y electromagnéticos. Resistente al ácido, al fuego. Soporta temperaturas de 200º y -50º sin peligro para el portador. (falta por mirar)

Modulo de estabilización: Dispone de tres cargas y lanza un rayo a velocidad de 3 metros segundos, que baja la velocidad de lo que impacta, dejandole un 1% de la velocidad los proyectiles se ralentizan en pleno vuelo. Después de 1 post recuperan su velocidad normal. (falta por mirar)

Modulo cinético: Un rayo tractor, capaz de atrapar objetos y acercarlos al usuario. Estos objetos pueden ser lanzados como proyectiles a 3 metros segundo. (falta por mirar)

Resistencia al miedo. Puede soportar momentos de miedo o tensión y no entrar en pánico total. (falta por mirar)
avatar
Bleyd
Ciudadano
Ciudadano

Mensajes : 1052
Fecha de inscripción : 09/01/2015
Edad : 31
Localización : zaragothan

Hoja de personaje
Nivel:
91/150  (91/150)
Experiencia:
276130/790000  (276130/790000)
Berries: 60.477.001

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Señor Nat el Lun 2 Oct 2017 - 22:02

Hoja actualizada. En un rato edito con las cosas de las técnicas.

Ahora veamos... NPC y mascota, sí.

Nave espacial: Poca autonomía, así que te dará para poco más que abandonar la atmósfera.

Haki perfecto: No te da.

Lectura Phoneglyph: Nope. Para esto tienes tus alucinaciones, leer Phoneglyphs es una excelencia de Historiador.

Info del arma... Bueno, tu conocimiento no te lo puede quitar nadie, pero de ahí a que sepas explicarlo gráfica o fónicamente hay un trecho.

Cañón lineal: Las minas serían munición, así que te tocaría pasar por creaciones y crearlas si te da. Por otro lado, desde que disparas hasta que sale el rayo de luz pasa medio segundo (por eso de que nadie puede esquivar un haz de luz, vaya).

Armadura de Ingeniero: Okey.

Módulo de estabilización: Supongo que tres veces por rol. Okey, lo veo.

Rayo tractor: Objetos, no estanterías o barcos.

Respecto a la resistencia al miedo, no te funcionará contra efectos de una voluntad (Haki), pero no habrá nada que te haga huir (excepto las pelis de terror).

____________________________________________

Siempre en el corazón:
The big Spender:
NO LO OLVIDES OPD:


aHORA EN SERIO:


avatar
Señor Nat
Vicealmirante
Vicealmirante

Mensajes : 7160
Fecha de inscripción : 08/04/2014
Edad : 23
Localización : Al lado de un Oso Panda

Hoja de personaje
Nivel:
101/150  (101/150)
Experiencia:
170200/790000  (170200/790000)
Berries: 700.133.361

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Dead sea TS 2017

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.