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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

Human Body, Soul Demon [Time Skip 2017]

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Human Body, Soul Demon [Time Skip 2017]

Mensaje por Osuka Sumisu el Lun 7 Ago 2017 - 21:08

Leer antes de empezar:
Antes de nada, gracias al mod por tomarse las molestias de corregir este humilde(pero kilometrico) TS. Hay que decir que dicho diario es la continuacion de este, pero he hecho todo lo possible para que no tener que leerlo para entender la trama(mas o menos(?))

Un abruzo~

PROLOGO

En mitad de un océano de arena, un oasis lleno de vida que parecía oponerse a la muerte de los acalorantes rayos del sol. Entre la vegetación, había un pueblo, y en este, gente. Desde niños hasta ancianos de todas las edades. Todos parecían hacer algo en aquel lugar; algunos cogían agua, otros volvían de cazar, un par vendiendo productos exóticos caseros…
Metiéndose más profundamente en el oasis, entre la vegetación, una señora que rozaba la vejez llevaba a un grupo de niños, que iban cogidos de la mano para no perderse.

- Muy bien pequeños, el trabajo de hoy será encontrar algo que os guste y hacerle un dibujo.- comentó la señora mientras repartía una libretas junto a unos lápices.- Haced parejas de dos y no os alejéis mucho, no vayáis a perderos.

Los chiquitines armaron escándalo durante dos minutos, hasta que parejas de niños se iba en múltiples direcciones con libretas y lápices en mano. La maestra por su parte, se sentó en el tocón de un árbol.

El lugar se había quedado vacío. Excepto por una niña de cabellos rosados y tez blanca.

- Ains, parece que hoy tampoco tienes compañero, Irie –suspiró e intentó levantarse, pero mostraba cierta dificultad debido a su edad-. Tranquila, ya me encargo de ser tu compañera…

- Señorita Jonia -interrumpió la niña-. Puedo ir sola, no me importa.

- Eso ya lo sé, pero no quiero que vuelvas a ir a ya-sabes-donde -le dijo con dedo acusador-. Sabes que está prohibido acercarse sin permiso.

- Buenooo… Valeee… No me acercareee… -prometió con tono vacilón e se iba.

Deambulando entre la vegetación, iba despreocupada ya que le habían enseñado que todos los bichos peligrosos solo salían de noche. Al sumergirse más entre la maleza llegó a un pequeño claro, donde una pequeña cueva en el centro de allí. Sin vacilarlo, la niña se adentró en la caverna, que en realidad era una cueva subterránea más grande de lo que aparentaba por fuera. El lugar estaba lleno de escrituras e imágenes grabadas en las duras paredes de piedra y cada ciertos metros había armaduras de todos los tipo, cada una más extravagante que la anterior. Irie miraba fascinada a la vez que cogía la libreta que le había dado la profesora  y empezaba a dibujar garabatos. Entre que continuaba por el túnel y se quedaba embelesada con los artefactos, llego al final de este tras varios minutos. Era una sala circular, en aquella había tres armaduras muy lustrosas; una de mujer, otra de hombre  y una última llevaba demasiado blindaje como para saber el género de su antiguo portador. La única y más increíble razón por la que aquellas armaduras destacaban más que las anteriores; detrás de cada una se erguían imponentes estatuas, muy diferentes entre ellas pero compartían detalles importantes. Las tres estatuas tenían rasgos inhumanos, por no decir que inclusos unos demonios impondrían menos.

Por impulsó, la niña se fue acercando poco a poco a una de las armaduras a la vez que alzaba el brazo para tocarla con la palma de la mano. A los pocos centímetros de tocarla, un temblor recorrió toda la cueva, aunque este pareció venir del exterior. De repente algo le cogió del brazo e inevitablemente soltó un chillido de miedo. Al girarse vio que era su profesora, con cierta cara de enfado.

- ¿Qué te dije? ¡Te prohibí explícitamente que entraras! ¿Sabes el castigo que nos pueden dar por estar aquí dentro?

- P-pero señorita…

- ¡Ni peros ni peras! -le interrumpió-.  ¡Reza para que ese temblor no fuese el enfado de los dioses!

Cogiéndola bruscamente del brazo salieron rápidamente del lugar. En cuestión de minutos, estaban fuera, la entrada tenía una par de escombros desperdigados que por suerte no afectaron a la salida. Lo que encontrarían en el exterior las dejaron perplejas; una gran figura carmesí, que descansaba apoyada en la entrada de la cueva. Estaba hecha añicos y mostraba figuras por todas partes, y en la zona pectoral, que estaba totalmente destrozada, se podía ver cómo había un alguien dentro. Un hombre joven de pelos anaranjados y un vendaje cubriéndole el ojo derecho, se encontraba inconsciente y con graves heridas.
Mientras que la niña la miraba con curiosidad, la anciana le estaban empezando a fallando las piernas del asombro.

- N-No puede ser…

- Señorita, se parece mucho a las esta…

- Irie –la profesora cogió de los hombros a la niña y la miro fijamente.- Corre hacia el pueblo y avisa al patriarca. Dile que ha vuelto.

- ¿Qué ha vuelto el qué?

- ¡Tú ve! ¡Él sabrá de lo que hablo!

La niña sin comprenderlo mucho, se fue entre los arbustos mientras la señora se quedó embelesada mirando al coloso rojo.

- Después de tantos años… Ishi…


Horas antes…

CAPÍTULO 1

Los intensos rayos del sol eran desesperantes debido a que las nubes eran inexistentes en aquel territorio hostil. Grandes llanuras de arena convertían el desierto en un maldito horno donde parecía que nada podía sobrevivir, pero por ahora, si que había alguien aguantado ese sofoco mortal.

Osuka se encontraba en medio de esa caja de arena gigante, vestido con la vestimenta típica de un nómada del desierto. En su espalda cargaba una bolsa con bastantes víveres, donde cada ciertos minutos, el revolucionario sacaba una cantimplora y le echaba un trago.

- ¿He… comentado… que he empezado a cogerle mucho asco… a la arena…?

- Si -asintió una figura pelirroja, del mismo aspecto que el demonio plateado. La única diferencia entre los dos, además del cabello, era bastante simple; se movía por el aire, flotando con sutileza y en postura tumbada–. Lo has dicho exactamente… Cincuenta y dos veces.

- ¿Cincuenta y dos? Creía que habían sido cincuenta y cuatro…

- Bueno, alégrate, mucha gente se vuelve tarumba en mucho menos tiempo

El pelianaranjado le respondió con una mirada sarcástica.

- Por supuesto, hablar con un ser imaginativo flotante idéntico a mí no es de estar tarumba.

- Eh, eh, eh. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo para que me creas de una vez?

- No sé, ¿cincuenta y cuatro?

- Si, cincuenta y cuatro veces que te he dicho que no soy tu maldita imaginación. ¿Qué os pasa a los humanos con las desconfianzas? Joder, que no es la primera vez que una akuma se aparece delante del usuario, pero claro, como los zoan esos de pacotillas son los que se aparecen siempre a la primera de cambio, los paramecia quedamos como unos pringaos. ¡Ja! ¡A ver qué tal está ser un hombre-cosa cuando un paramecia le tire una montaña encima con dos cojon…!

- ¿Pero qué coño estás diciendo?- le interrumpió, mientras intentaba asimilar lo que estaba diciendo Ishi.

- ¡No lo sé, este calor es una mierda y si te fríe el cerebro, me lo fríe a mi!



Desde la lejanía, un grupo formado por una docena de hombres, vestidos con túnicas beduinos, guardaba distancias con el revolucionario. Todos iban montados en curiosas aves bípedas de buen tamaño, pero uno de ellos destacaba por su mayor altura a pesar de su cuerpo delgaducho y llevar algún que otro adorno lujoso en la silla del animal. Este miraba a través de un catalejo decorado con colores dorados y plateados.

- Tres días solo en el desierto y aun sigue vivo. Impresionante, aunque ya empieza a hablar solo. O puede que no tan solo -presiono ambos lados del catalejo, haciendo que el largo instrumento se redujera su tamaño a un tercio del original-.  Traedlo aquí.

Entre dos hombres, dejaron a los pies del hombre un joven de piel morena y pelo negro. Su brazo derecho parecía estar hecho de metal, pero al igual que su cara estaban hechos polvo. Su manos estaban atados de tan ruda manera que la fricción de las sogas le había hecho sangrar la muñeca izquierda

- Dime Víctor, ¿El que mató al agente de gobierno fue ese individuo?

- Si señor… - afirmó mientras intentaba aguantar consistente a duras penas - Él sólo consiguió derrotar a todo mi escuadrón…

- ¿Tu escuadrón? -le interrumpió- ¡Dirás MI escuadrón! ¡Más de cincuenta hombres, desaparecidos…! - a través del turbante se podía ver como su cara se había vuelto roja de la furia que mostraba y a la vez, le daba repetidos puntapiés, directos al estómago del moreno - ¡POR UN REVOLUCIONARIO DE MIERDA!

Mientras el moreno agonizaba, el grandullón tomo un poco de aire mientras se calmaba. Flexión las rodillas hasta quedarse a altura de su pobre víctima y le cogía barbilla con la mano para que le mirase a los ojos.

- El único motivo por el que sigues vivo es que me dijiste sé un usuario de piedra y tú eres el único que queda para decirme que poder tiene ahora mismo. Dime, ¿cuál es la norma que impuse cuando encontraras a alguien con esa akuma?

- A-Avisarte sin perder tiempo.

- Chico listo, sigue así y a lo mejor algún día serás algo que compense a mis cincuenta hombres.

De la bolsa que colgaba de los arneses de la montura saco un pequeño cartucho con una mecha en un costado. Uno de los hombres que le acompañaban le dio una cerilla, ya encendida. Cogiéndola, la acercó a la mecha y empezó a brotar chispas y sin esperar un momento, la tiró lejos.

- Volved en un par de horas, cuando la fiesta haya terminado. Si ha muerto, buscad en todos los sitios con árboles frutales o inspeccionar a todos los comerciantes que pasen cerca de aquí. Matad o saquear lo que haga falta. ¡Quiero la Ishi Ishi en mis manos!

Tras aquello, todos dieron media vuelta y se alejaron.



- Pero cómo vas a tener tu calor?

- Ah, no sé. ¡¿PUEDE QUE SEA QUE HAY UN PUTO SOL ENCIMA DE NOSOTROS?!

- ¡PERO NO PUEDES TENER CALOR SI NI SIQUIERA EXISTES EN EL MUNDO FÍSICO, CACHO IMBÉCIL! -a ese nivel, ya ni él entendía lo que estaba diciendo.

Iban a continuar su curiosa discusión, pero una explosión en la distancia los sorprendió.

- ¿Quién se dedica a tirar petardos aquí?

- Ay, mierda.- dijo Ishi al ver que el suelo empezaba a temblar-. Mierda, Mierda, Mierda, Mierda, Mierda, Mierda…

- ¿Qué te pasa?

- ¡Devoradores, eso es lo que pasa! ¡Corre, maldita sea!

En aquel momento, el revolucionario no le parecía correcto desobedecer a la Akuma, por lo que empezó a correr tanto como sus piernas podían.

- ¿Qué demonios es un Devorador? –al hacer aquella pregunta, unos colmillos negros y afilados salían del suelo, haciendo retroceder al demonio plateado. La criatura de casi dos metros emergió de la arena; su aspecto de insecto y reptil parecía resultado de una noche loca entre una hormiga y un caimán-. Vale, ESO tiene pinta de ser un Devorador.

- ¡Ese “petardo” a despertado a la colmena entera! -varias de aquellas extravagantes criaturas emerguian alrededor de Osu mientras huía - ¡Y odian mucho que les jodan las siestas!

- ¿¡Qué hacemos entonces!?

- ¡Dos opciones; rezamos mientras corremos para que no nos coman el culo, o podemos liarnos a hostias!

Se frenó en seco, derrapando unos  centímetros y se quedó mirando a las bestias negras. Sabía que huir no era un opción, sobre todo cuando te perseguían criaturas adaptadas a los suelos arenosos. Los Devoradores mantuvieron la distancia ya que notaban como el revolucionario los estaba desafiando. Un ligero temblor hizo salir dos montículos de piedra. Sujetando cada uno con las manos, empezó a absorber el material.

- De acuerdo, pues a hostias será -afirmó el demonio plateado.

Uno de los Devoradores más osado, y por su aspecto de los más jóvenes, emitió un gruñido y se lanzó a abalanzarse contra su presa a la vez que sus compatriotas seguían emergiendo del suelo.
El ataque se detuvo. El insecto gigante fue apresado por un brazo pétreo gigantesco y lanzado violentamente contra el suelo. El revolucionario ahora era un coloso de ocho metros de piedra, imponía respeto incluso a las salvajes bestias que trataban de buscar el momento de atacar, como si tratase de una bandada de lobos intentando cazar a un oso.

Los devoradores empezaron a atacar en todas direcciones, subiéndose sobre el gigante mientras este los despachaba con dificultad. Por cada par que derrotaba, salía media docena más de aquellos monstruos. Si aquellas mandíbulas que partían la piedra como papel no fuera suficiente, el ácido que emanaban por la boca les hacía la faena más fácil la tarea.

- ¡Maldición…! –grito mientras intentaba zafarse-. Son demasiados…

- Necesitamos algo que resista a estos cabroncetes -recalcó Ishi-  ¡Habrá que sacar al “chiquitín”!

- ¿Es necesario? -respondió, sabiendo a lo que se refería-.

- Depende, ¿te gusta que te despedacen unas hormigas gigantes?

Las bestias empezaron a rodear el cuerpo,  convirtiendo una amalgama negra de bichos, que debido al peso de todos, consiguieron tumbar al coloso. Tras unos segundos el montón de devoradores salieron volando en diversas direcciones en una explosión de piedras y arena.
Cuando se dispersó la nube de polvo que se había ocasionado aparecio una figura de color carmesí, aunque más reducida que su precedente, mostraba un aspecto más monstruoso y ofensivo acompañado de un color carmesí. Emitiendo un rugido, logró intimidar a la mayoría de los devoradores.

Aquellas criaturas aterrorizaban las dunas de toda la región, pero sin embargo le tenían miedo a aquel demonio rojo. Parte de ellos huyeron en desbandada, quedando un reducto muy pequeño que siguió atacando a Osu. Desde que había descubierto la Bloodstone y luego le había ayudado Ishi a medio controlarla, era la mejor adquisición de su vida. Podía notar cómo podía partir por la mitad la columna de aquellas bestias con solo agarrarlas con sus gigantescas manos y apretar con fuerza.

Los devoradores llevaban rato levantando demasiado sus aullidos escalofriantes más de la cuenta, dándole al revolucionario una señal de mal augurio. Como si de instinto animal se tratase, se apartó rápidamente de la arena bajo sus pies antes que emergieron unos colmillos gigantescos; del mismo tamaño que un devorador entero. Una criatura casi colosal de unos 15 metros salió entre rugidos heladores; un devorador titánico con garras como una mantis y ácido salpicando todo el rato.

- No digas nada. La madre de la colmena, ¿verdad?

Ishi, a pesar de su carácter vacilón continuo, asintio con una expresión seria, inusual en el. Tras aquello el coloso rojo soltó un rugido y cargó contra la criatura de frente.

…..

Todo estaba confuso, su mirada estaba enturbiada, apenas se mantenía consciente y sin embargo parecía estar moviéndose a pasos torpes. No podía controlar sus movimientos, por no decir que no podía ni moverse. Lo único que podía ver era lo que sus ojos eran capaces sin mover la cabeza. El desierto se había convertido en un campo de batalla; donde los devoradores y su matriarca yacían muertos, aun retorciéndose entre sí de forma desagradable.
Por otra parte, el golem de Bloodstone había sufrido varios daños; le faltaba el brazo derecho y el izquierdo estaba en las últimas. El tórax estaba destrozado, dejando al aire el cuerpo del revolucionario que tenía un montón de heridas no solo superficiales. Le ardía el cuerpo en aquel momento, el ácido de las criaturas se había filtrado en los cortes y lo estaban destrozando poco a poco.
Podía escuchar levemente una voz a su alrededor. Parecía la de… Ishi.

- Solo aguanta… un poco más…-le costaba hablar, como si estuviera tan perjudicado como Osu-. Como te desmayes… Vamos apañaos...

Sus ojos empezaban a verse borrosos, ya solo lograba ver el dorado de las arenas y el azul del cielo. Poco a poco, mientras sus ojos se oscurecían, podía ver un manchurrón verde y notaba como por su nariz pasaban fragancias diferentes al polvo del desierto. Cuando todo a su alrededor era verde y podía escuchar las hojas pisoteadas, su fuerza flaqueo y su mirada se cansaba. Ishi se había dado cuenta; el coloso rojo se estaba ralentizando de nuevo.

- Solo los dioses… Sabrán qué destino te aguarda el futuro…

La voz de Ishi se apagaba, al igual que la mirada de Osu. Su aliento se extinguía. Su vida no podía acabar, no así, muriendo por unos estúpidos bichos. No quería irse sin despedirse de todos; de sus compañeros, sus amigos, su hermano…


CAPÍTULO 2

Una sala blanca, el silencio era eterno y el viento inexistente. Vagando como un ser errante, Osu avanzaba, sin saber lo que se encontraría. De repente, encontró a un niño sollozando fuertemente de espaldas. Al acercarse pudo visualizar como el chiquillo, que aún no vio su cara, rodeado por un charco de sangre y una pistola al lado aún humeando.

- Snif, snif… Yo no quería hacer esto… -exclamaba entre lloros aquel niño.

El demonio plateado se acercó lentamente, dispuesto a tocar el hombro del infante con su mano, cuando el silencio se rompió en tormenta y la sala se convirtió en un tifón de oscuridad e el niño desaparecía en polvo sin ni si quisiera poder haberle podido ver de frente. La oscuridad, en cuestión de segundos, se abalanzó sobre el revolucionario y le devoró, volviéndolo todo negro.

Osuka se sobresaltó. Empezó a toser, hasta el punto de que la bilis casi se le subía por la garganta. Le costaba respirar, lo cual necesito un rato para volver a coger aire tranquilo.

- Estúpidas pesadillas, ¿cuando acabarán? -se preguntó a sí mismo.

Miró a su alrededor, un poco desconcertado, no le sonaba aquel lugar. Parecía una casa, de pinta humilde, con paredes hechas de ladrillo y piedra. Por otra parte, su cuerpo estaba vendado por todas partes e incluso la venda que tenía en el ojo había sido cambiada por una nueva. Se podía ver en una mesita un montón de hierbas y medicinas medio vacías, que supuso que había ingerido el. Eso explicaría el porque ahora mismo no estaba reunido con su padre en el más allá. Intentó ponerse de pie. En un principio no pudo evitar caer de bruces contra el suelo, por su débil estado o por aquellas medicinas. Después de un segundo y tercer intento, se mantuvo en pie, aunque con las piernas temblando.

En aquel momento una mujer joven, con ropas propias de la región, entró con un bol de agua lleno y una esponja. Durante un segundo intercambiaron miradas hasta que bruscamente soltó el recipiente, el cual se hubiese roto en mil pedazos si no fuese de metal, y se fue corriendo para fuera. Intentar alcanzarla era inútil; ya le costaba caminar, como para perseguir a alguien.

- Vaya, justo me espabilo en la hora del baño. Lastima -el sentido del humor aun lo conservaba, era buena señal.

Se empezó a notar mucho escándalo fuera, incluso parecía que les estuvieran atacando. Eso podría ser malo, muy malo, sobretodo si Osu estaba en esas condiciones. Quiso preparar un puño de piedra de bienvenida para el posible ataque, pero simplemente no podía. Asustado por creer que había perdido su poder, se fijó que su tobillo estaba rodeado por un cerrojo de metal.

- Kairoseki, ¿en serio? -meneo la pierna inútilmente, con la esperanza de que se soltara.

El silencio había vuelto, aunque se podían oír murmullos desde fuera. Quizás lo peor había pasado y era seguro salir, pero quedándose dentro no iba hacer nada. Tras ser cegado por la luz, que posiblemente no había sentido en días, recibió la cálida recepción de varios habitantes, sarcásticamente hablando, que apuntaban al demonio plateado con rifles y lanzas.

- Vale… -estuvo unos segundos de silencio, con las manos a la altura de la cabeza a la vez que intento acercase despacio-. A ver, gente. Creo que hay la posibilidad de que podamos discutir esto como personas razo….

No le dejaron terminar la frase, debido a un disparo de uno de los rifles directo a la arena delante de los pies del revolucionario.

- ¡Uy, ¿Pero qué haces?! ¡Casi me das con ese trasto!

- ¡Quieto ahí! ¡No habrá segundo disparo de advertencia! -advirtió el tirador mientras tiraba del pestillo de su arma, cargando con un nuevo proyectil y retirando el casquillo vacío del anterior.

- ¡BECERROS! -una tercera voz, algo ronca, se escuchaba a lo lejos.

Entre la multitud de soldados, un viejo se abría paso a base de golpes de su gran bastón. De altura menuda y unas cejas tan pobladas como su bigote; expresaba una cara de muy mala leche que contrastaba con su túnica espiritual.

- ¿Acaso no sabéis quién es este?

- Pero, Sumo Sacerdote. Fue el capitan Albretch el que indicó que…

- ¡Sus padres aún no tuvieron siquiera la idea de reproducirse y tenerle antes de que yo tuviera autoridad! -con una furia demoníaca, empezó a repartir bastonazos entre las cabezas de los soldados mientras estos se retiran en desbandada-. Estos inútiles no duraría ni dos días en mis tiempos…

El viejo se giró hacia Osu, que aún tenía cara de estupefacción debido a la escena que había presenciado. Pululo alrededor suyo un par de veces. A veces, levantaba una extremidad con bastón para verlo. Al terminar, sin previo aviso, le propinó un golpe con el bastón en toda la frente.

- ¡Ay! ¿Pero qué coño os pasa a todos conmigo?

- ¡Aun sigues débil! El solo levantarte podría haberte matado. O no. No se -dudo el viejo. Para cambiar de tema, le cogió del brazo e intentó llevárselo-. Venga, ven conmigo.

- ¿Eh…? Oye, agradezco que me habéis salvado y todo eso, pero un servidor tiene un camino que hacer...

- Eso ya lo suponía -esa respuesta desconcertó a Osu-. Con lo bocazas que eres seguro que no te importara hablar con el Patriarca.

- ¡O-Oye! ¿De qué patriarca hablas? -pregunto sin recibir respuesta. Para tener casi un siglo sobre sus hombros, el anciano tiraba de Osu con gran fuerza.

……..

- ¿Habéis encontrado algo?

- No señor, hemos registrado por todos los alrededores a dos kilómetros a la redonda -le respondieron.

Una cabaña gigantesca, de paredes hechas de pieles animales cosidas entre sí. Eran contrastadas de su estilo rústico con las riquezas de oro y platino que la decoraban en un elenco de muebles, lámparas y estatuas. El hombre que había formulado la pregunta se encontraba sentado una silla, que parecía más un trono, mientras su flaco cuerpo descansaba en él y sus huesudas manos se apoyan sobre los reposabrazos, sosteniendo en un su derecha una copa con licor de color carmesí. Su cara marcaba un aspecto esquelético, su pelo canoso eran cascadas de plata hasta sus hombros y su mirada apagada no dejaba de incomodar por sus ojos rojos.

- Amplía la búsqueda a cinco kilómetros.

- Señor, ahora estamos faltos de hombres. Además, el hecho de que destrozara a toda una colonia de devoradores, no nos muestra que tengamos muchas posibilidades con… -no llegó a terminar la palabra, ya que su respiración se entrecorto por la mirada asesina del hombre sentado en el trono-. ¿C-cinco kilómetros ha dicho? ¡N-no hay ningún problema!

Como un rayo, el que recibió la orden se fue a toda prisa, más por miedo que por obediencia. Tuvo un pequeño choque al salir, ya que entraba una persona joven de pelo moreno y pelo oscuro. Ni siquiera cruzó miradas con ese individuo, para quedarse en frente del hombre sentado en el trono.

- ¿Por qué les mareas tanto la perdiz? -pese a que el otro hombre había estado atemorizado, este no mostraba miedo, pero tampoco aprecio. Posiblemente por el hecho de que todas las heridas que tenía eran culpa de aquel hombre.

- Porque no puedo pensar con esos mendrugos a mí alrededor, su estupidez se expande como la peste. Tú procura recuperar el respeto que perdiste contra ese revolucionario. Si el gobierno no me engaño cuando trajeron a ese agente, las tornas cambiaran a mi favor muy pronto.


…….

CAPÍTULO 3

- Venga, que para ser tan jovenzuelo te pesa el culo - exclamó el anciano, tirando de Osu.

El revolucionario fue llevado a la fuerza hasta el edificio más imponente del pueblo, con el acoso de las miradas curiosas de los pueblerinos desde lejos. El sacerdote le empujo para que entrara, pero Osuka se repitió como un gato se resiste a que le metan en una bañera.

- ¡O-Oiga, exijo al menos una explicación!

- Si quieres explicaciones… -de un bastonazo, le dio un golpe directo a la rodilla, que acabo cediendo por el empuje-. ¡Que te las de él!

Cayendo de bruces y escuchando como aquel viejo había cerrado la puerta, quedándose él fuera, asegurándose de que no iba a salir. Levantó la cabeza, y como si hoy todo el mundo le tuviera manía tenía una pistola apuntándole a escasos metros. La empuñaba un hombre de mediana edad, su calva brillaba con la tenue luz y ojos marrones mostraban desconfianza. Una segunda persona apartó el arma. Su pelo era blanquecino y una barba bien recortada le daba incluso aires de nobleza.

- Tienes que dejar de apuntar a los invitados, Albrecht.

- Pero es un criminal, Louen. No podemos fiarnos -recalcó el alopécico.

- Piri is in criminil, Liuin. Ni pidimis fiirnis -le respondió. Un tono bastante infantil a pesar de ser el más anciano de los tres que había en la sala-. Si se pone rebelde ya me encargo yo.

El barbudo le metió la mano en el bolsillo del otro individuo y sacó una pequeña llave de bronce. Se la pasó al revolucionario, que la cogió torpemente. Evidentemente tendría que tratarse de la llave de la cerradura de kairoseki. Tras quitarse aquel metal de la pierna, compartió miradas incómodas durante unos instantes.

- Venga, enseña tus golpes -era un desafío, su mirada lo pedía a gritos-. Voy a enseñarle al cabeza pelada que no eres para tanto.

- Em… Mira tío, me parece muy bien este rollo del abuelo más guay del barrio, pero… -dispuesto a devolverle la llave y el kairoseki, aquel hombre le cogió del brazo. Antes de reaccionar, ya estaba dando vueltas en el aire y estampándose dolorosamente contra el suelo-. AUCH. Vale, eso no ha sido guay.

Se levantó mientras le crujían los huesos. Un poco más y le hubiera dislocado el hombro, como si estar aún débil y medio drogado por los analgésicos no fuera suficiente. Aquel hombre llamado Louen se arremangó y alzó los puños. Aún tenía ganas de jugar con el revolucionario.

- ¿Estás seguro de que vale la 100 millones? -le pregunto a Albrecht, aunque este le respondió con una expresión de indiferencia-. Para mí que se le colaron un par de ceros en la imprenta


Osu preparó sus puños mientras hacía un ágil juego de pies. Si aquel señor quería guerra, la iba a tenerla. Dio varios golpes, alternando entre sus dos puños. El barbudo los esquivaba con movimientos laterales de forma sencilla. Aprovechando el momento para ponerse detrás y darle una patada en el trasero, a modo de burla.

- ¿Solo usas los puños? ¿Qué diferencia hay entre tú y simple matón de tres al cuarto?

Osu no pudo evitar gruñir. Aquel viejo le estaba vacilando de forma exagerada, cosa que no iba dejar que siguiera así. Envolvió sus brazos de piedra y los tiñio de rojo convirtiéndola en Bloodstone. El alopécico se quedó con ojos como platos mientras que el contrincante del revolucionario sonreía safictactoriamente. Cargo contra él, pero este salto por encima, usando la cabeza del demonio plateado como soporte. Mientras, una estela de tela rota volaba de la camisa del barbudo. Un microsegundo más y le hubiese dado un buen golpe en todo el dorso. La inercia del movimiento aéreo de su contrincante hizo estamparle con la pared más próxima y dándose de morros. Había sido una derrota en toda regla, y precisamente rápida. El anciano se acercó de forma calmada.

- Para haber estado puesto de veneno de devorador como para tumbar a un caballo te ves bastante bien –su intento de consuelo no era muy eficaz aunque le explico al menos como había acabado en ese estado. Saco un collar singular del bolsillo; una cuerda entrelazada con una gema esférica en ella-. Póntelo por favor, es la última cosa que quiero comprobar de ti.

En principio le daba mala espina ponerse aquella cosa con aire siniestro, pero aquel hombre le insistía en que se lo pusiera. No tardo en arrepentirse, dado que nada más ponérselo empezó a moverse y a hacer ruidos. La parte delantera de la gema se abrió mostrando un ojo que infundía miedo, por no decir que “acojono” al revolucionario cuando empezó a hablar.

- *bostezo* Ains… ¿Ya te han dado la paliza? Un momento… -era Ishi, o al menos eso parecía por su característica manera de burlarse de Osu-. ¿Aun conserváis este trasto? Con la gracia que hace que solo te oiga uno y crean que este loco…

- Veo que tu carácter sigue siendo igual que siempre, akuma.

- Vaya, vaya, vaya, si es el pequeño Louen –el ojo se movía según hablaba, dando más grima-. Estas igualito que cuando eras un criajo. Aunque más viejo. Y más hecho mierda. Y más cerca de estar mue…

- Por favor, haz que se calle –pidió Albrecht, con cara de nerviosismo al rechazo que le tenía al carácter de la akuma.

El demonio plateado se estaba perdiendo en la conversación. ¿De qué conocían a la akuma? Y no de hace poco precisamente. El barbudo se había dado cuenta de aquello.

- ¿No le has contado nada?

- Bueno, esto… -el ojo miro al revolucionario como podía, al estar en su cuello-. Sorpresa…

- Oh, discúlpanos. Seguramente estarás muy confundido.

- Por mucho que os disculpéis sigo sin pillar lo que está pasando –menciono Osu mientras se rascaba el cogote.

El anciano lo acompaño a la salida. Cuando abrieron la puerta, la gente estaba de nuevo conglomerada, como ratones a las puertas de una despensa. El anciano con bastón estaba haciendo de antidisturbios, abriendo el paso entre la muchedumbre. Era increíble como la gente le tenía miedo a ese palo de madera, ya que no hacía poco daño y aquel bigotudo era de gatillo fácil, o bastonazo fácil en aquel caso.

- Que no te asuste Volkmar. Parece hostil, pero amenázale con confiscarle el bastón y se queda manso como un cachorrito –le comento Louen-. Quizá te estés preguntando porque te estamos acosando el pueblo entero.

- Se agradecería la verdad – respondió Osu. Aunque por dentro decía un “GRACIAS” bien fuerte, dado a que quería aclarar lo que pasaba.

- Puede no parecerlo, pero tu akuma ha sido traspasada generación por generacion por estas tierras durante siglos. Solo ha desaparecido dos veces en medio milenio, aunque agradecemos que esta vez no sea un pirata.

- No será un rollo de estos de “Pues ahora te mato y recuperamos el legado familiar”, ¿verdad?

Louen solo se limitó a reírse, mientras que el talismán donde estaba la akuma suspiro por la credulidad de su usuario.

- Si fuera así no te hubiésemos salvados, y menos que te bañara una de las jovencitas del pueblo -carraspeo con una sonrisa-. Es poco probable que un hijo herede la akuma de un padre. Es Ishi quien elige, cosa que es bastante sencillo con ese collar  bocazas. Antes la única manera que teníamos era que el usuario hiciera de intérprete, pero dice cosas demasiados raros.

- Eh, ¿pero las risas que os echáis que? -recalcó Ishi, mientras se zarandeaba.

- ¿Entonces fui escogido?

- Nop -respondió rápidamente la akuma-. Fue pura chiripa. Mírate, si eres un pringado.

- Bueno, ¿Y si no fuera así? -cuestionó Louen-. Dado a que estas casi recuperado, creo que es hora de ocuparse de la nueva generación. ¿Te interesaría?

Se tomó la molestia de pensárselo un rato mientras seguían caminando. Llegaron a una casita de aspecto viejo; el polvo y las telarañas tenían invadido todo  el hogar. Al tardar tanto en formular una respuesta, el patriarca quiso romper el silencio.

- Mira, si te parece bien estoy todos los días paseando por el oasis. Si decides aceptar dirígete ahí. No tiene pérdida -abrió la puerta delicadamente y metió a Osu dentro-. Dado a que viendo que ya no necesitas cuidados, puedes instalarte aquí. No es un palacio, pero al menos tendrás donde descansar. Hasta tendrás una compañera de piso muy maja.

Cerró la puerta y dio un largo suspiro a la vez que Alberch le dedicaba una mirada seria.

- Sigo sin fiarme de ese chico.

- Ves problemas donde no los hay, Al.

- Te recuerdo que aún hay gente que no quiere pisar Dressora para que no los juzgen por el individuo de hace siglo y medio. Aquel titán que arrasó medio reino se ha vuelto un recordatorio de que la Ishi Ishi no puede caer en malas manos.

- Si la situación fuese la misma que con aquel miembro de la familia Donquixonte, habría dejado que el veneno de devorador hiciera su trabajo. Además, ¿vistes lo joven que es? En los registros nunca Ishi había contactado con un usuario con menos de treinta años.

- Al menos no puede ser peor… que “el” -casi a punto de mencionar un nombre, la voz de Albrecht se atascó.

- Por eso mismo quiero que este rumor no salga del pueblo, si se entera de que ha vuelto... - le vino un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo-. No sabemos qué tontería podría hacer si se enterase.

- Bueno, caso a aparte… Tenemos media docena de casas libres, ¿por qué con ella?

- Porque… Quiero que aprenda la mejor lección de todas.

…..

Le habían cerrado la puerta rápidamente. Aunque se podía abrir, se iba a quedar dentro un rato. Era una casa bastante diminuta y la suciedad no estaba ausente, dándole cierto picor en la nariz debido al polvo. Las paredes estaban ausentes de decoraciones y la pintura era necesaria renovarla.  

Las ventanas silbaban al estar entrecerradas mientras Osu caminaba tensamente por el pasillo. Si no había escuchado mal a Louen, había comentado que había una chica viviendo  allí. Podía ser una oportunidad para echarse un ligue. Se repeino el cabello, rehaciéndose la coleta de nuevo y se quitó el sarro de los dientes rascándose con una uña. Se puso la mano en la boca y echo el aliento. Mucha bañarle con esponja, pero se les había olvidado el cepillo de dientes. Oyó un murmuro en la habitación derecha del pasillo. Dio dos toques esperando respuestas. Solo hubo silencio. Entro acompañado del chirrido de las bisagras oxidadas de la puerta. Era un comedor con una pequeña mesa en el centro, acompañadas de sillas diferentes tipos. En un costado, había un espacio que parecía la cocina. En el horno de piedra salía humo desde las cenizas que hasta hace poco habían sido leña o carbón. Alguien había estado aquí hace poco.

Se iba a disponer a registrar el resto de la casa, cuando se escuchó un pequeño estornudo. El origen provenía de un gran armario de dos puertas pegado a la pared. Se acercó con cuidado, maldiciendo el momento en que no le pidió a Krauser el desarrollar el mantra para estas ocasiones. Sin titubear, agarró ambas manecillas y abrió el armario con brusquedad. Un trapo le golpeó seguido de más prendas de vestir y otros trastos, todo acompañado de un agudo chillido.

Cuando el bombardeo de cosas cesó, el revolucionario pudo ver claramente quien era un agresor, o en todo caso agresora. Metida dentro del armario, un chiquilla de pelos rosados como el chicle y unos hermosos ojos celestes. Respiraba agitada mientras sostenía con una mano la percha de madera que tenía por arma.

- Pero bueno, ¿qué es esto de atacar a alguien de esa manera?  -preguntó mientras se quitaba un calcetín que se le había quedado en el hombro-. ¿Tú eres la chica que vive aquí?

- ¿Acaso me ves como un chico? –hincho los mofletes mientras se agarraba de las dos coletas que tenía.

- Pero si eres una niña, apenas tienes cinco años. ¿Qué haces viviendo sola?

- ¡Tengo siete! –intento golpearlo con la percha, pero él se echó para atrás-. ¡No soy un bebe! Vivo sola porque mis padres están de viaje.

- ¿Te han dejado sola siendo tan…? -volvió a esquivar otro perchazo, más rápido que el anterior-. ¡Vale! ¡Vale! ¡Eres una chica responsable y adulta! ¡Suelta esa cosa! Si tengo que compartir casa contigo no quiero estar pendiente de que me hagas comer la percha esa.

Dejo la percha en la base del armario y a la vez que se calmaba, mostró una cara de arrepentida por el conflicto que había provocado.

- Perdón, tito Volkmar me dijo que vendría a quien encontré en el oasis, pero no sabía que eras tú -estaba cabizbaja sin mírale los ojos, como si todo su valor se hubiese ido con el viento.

“¿Tito Volkmar?, desde luego tiene la misma mala leche que el viejo ese”-pensó Osu. Aunque la chiquilla ahora mostraba una personalidad más pacífica para el agrado del revolucionario.

- Eh, mendrugo –le llamaba Ishi desde el collar, haciendo que la pelirosa se diera un sobresalto-. Pude llevarte de milagro hasta las afueras del pueblo, pero creo que la pelo fresa es la nos encontró.

- Pues muchas gracias, esto… -agradeció el revolucionario.

- Irie, me llamo Irie.

- Un placer pequeñaja -doblo las rodillas para ponerse a su altura-. Yo soy Osuka, aunque me gusta que me llamen Osu. El ojo bocazas es Ishi.

- En la escuela nos han hablado mucho de él. Aunque nunca mencionaron a alguien con un pelo de color tan raro.

De otra persona le hubiera parecido molesto ese comentario, pero la inocencia con la que lo había dicho aquella peque le parecía incluso adorable. Osu se limitó a soltar una carcajada y la siguió Irie con una dulce risa.

CAPÍTULO 4

Había amanecido un nuevo día, las primeras flores de arbustos y árboles frutales se abrieron, y el calor se volvió de nuevo el dominante del territorio tras una noche helada.
Louen descansaba bajo la sombra de una palmera mientras usaba el tronco para descansar la espalda. En su mano derecha sujetaba un pipa, del cual salía un pequeño hilo de humo. Le dio una bocanada y expulso el humo mientras mostraba una cara de satisfacción, de estar disfrutando el sabor del tabaco.

Ladeo la mirada, el revolucionario había quedado justo cuando le dijo el patriarca que estaría. Sin moverse lo miro de arriba a abajo. Luego se limitó a sonreír y mirar al frente.

- Veo que has tenido una buena noche con Irie –le dio otra bocanada a la pipa y le dio par de golpecitos para que cayese la ceniza-. ¿Tendría que haberte comentado que era una chiquilla?

- Hubiese preferido que me dijeras que tenía que prepárale la cena –alzo las manos; cubiertas de tiritas y quemaduras-. Sobre todo cuando no he cocinado en mi vida.

- Normalmente ancianas del pueblo suelen turnase cada semana –le hizo un gesto para que le siguiera-. Pero ahora que estás tú nos ahorramos líos.

Anduvieron andando varios minutos, hasta encontrarse en la entrada de una caverna. Un escalofrío le recorrió por todo el cuerpo al revolucionario al mirar dentro desde el exterior. El collar de Ishi se le escapo una pequeña risa al notar lo que le había pasado al demonio plateado. Louen le dio una última calada a la pipa y vacío el contenido al suelo, apagándolo de un pisotón. Entró y Osu le siguió sin rechistar. Los pasillos de aquel lugar no tardaron en llenarse de pinturas, esculturas, armas y armaduras.

- La llamamos la Cripta de los Sucesores. Todo usuario de la Ishi Ishi del último milenio ha sido registrado junto a todos sus logros -caminaba con cautela, con cuidado de no darse con las antorchas que iluminaban el lugar-.

El tiempo pasó hasta llegar una sala amplia, decoradas por tres armaduras e imponentes estatuas. Las armaduras eran de una calidad nunca vista, hechas con técnicas que no se podían imitar, o al menos eso le decía el ojo de herrero que tenía Osu.

- ¿Porque estos tres destacan tanto? -pregunto Osu mientras seguía observando su alrededor-. ¿Las estatuas son sus Golems de usuario?

- ¿Sabes por qué veo esperanzas en ti? -Osu no respondió, esperando la respuesta-. Solo ha habido cuatro usuarios capacitados a hacer un Titán Carmesí. Tres están muertos y el cuarto acaba de entrar a la sala.

- ¿Titan Carmesí? -dubitativo, se dio cuenta que se refería a un Golem de Bloodstone. Era claro que aquí no tendrían el mismo nombre que los que puso el-. ¿Acaso quieres que sea como ellos?

- No digas tonterías. No puedo convertirte en ellos fueron, pero puedo convertiré en lo que tu serás.

- Eso no tiene sentido -acusó tras un momento de silencio.

- Puede que sí, o puede que no –respondió con un toque vacilón-. ¿Dime, con qué crees que se escriben los libros?

- Esto… ¿con tinta? –Osu contesto de forma extrañada, sin saber a qué venia esa pregunta.

- Pues imagina lo mismo, pero con sangre –carraspeo-. La sangre ha sido la tinta de los libros que han escrito nuestras historias. Ishi tiene guardado un milenio de historia por todas las sangres catadas en este tiempo.

- ¿Y eso significa…?

- Tu prueba a acercarte a algunas de las tres armaduras –le insistió con un pequeño empujoncito-.

Sin discutir mucho más, hizo lo que le pidió empezando por la armadura de la izquierda. Su tamaño era increíblemente grande, casi doblando la altura del revolucionario e iba fuertemente acorazado. Era imposible que alguien pudiera llevar semejante armatoste encima y poder moverse sin pesar una tonelada. Las yemas de sus dedos acariciaron levemente el peto, que tenía cierto tacto rugoso al no haberla pulido en décadas.

Un intenso calambrazo le recorrió todo el cuerpo, y de repente, todo se volvió blanco.

…….

El revolucionario abrió los ojos, notando como le bombardeaban copos de nieve y granizo. A su costado vio a Ishi fuera del collar, el cual había desaparecido de su cuello, mirando a su alrededor.

- ¿Dónde nos hemos metido ahora? –cuestiono Osu.

Tanto el revolucionario como Ishi habían aparecido en un desierto helado, donde una ventisca poderosa retumbaba por todo el territorio. Sin embargo, no había frio que le rasgara la piel al estar tan ligerito de ropa.

- Dado a que estamos en lo que parece un sitio muy, pero que muy al norte… -se puso a contar con los dedos y a balbucear en voz baja-. Pues estamos en territorio de Garnus. Que gracia.

- ¿ALGUIEN A PRRONUNCIADO MI NOMBRRE? –una voz se escuchó de todas direcciones.

El suelo comenzó a temblar y la ventisca a disiparse. Antes de darse cuenta, ambos se estaban elevando un montón de metros del suelo a velocidad estrepitosa. Cuando la tormenta de nieve desapareció, dejando una tranquila nevada, se dieron cuenta que estaban en la mano de un coloso de decenas de metros, rozando incluso las nubes. De lo que parecía la cabeza surgió un único ojo de color rojo rocoso que se puso a mirar fijamente al revolucionario y a la akuma.

- VAYA, VAYA, VAYA. UNA CARRRA NUEVA Y UNA… CARRRA IGUAL PERO CON EL PELORRROJO –se limitó a soltar una carcajada que le dio dolor de oídos a Osu-. NO ME DIGAS QUE ERRRES TU, ISHI

- Hey, Garnus. Me alegra saber qué aun sigues tan escandaloso como siempre.

El coloso soltó otra carcajada, provocando desprendimientos de rocas que caían al vacío.

- VEO QUE HAS ENCOTRRRADO A OTRO MUCHACHO PARRRA AL QUE INCORRRDIAR.

- Yep, no aguantaba tu “ERRRES” tan exageradas –le respondió Ishi, aunque el coloso se siguió riendo.

Un temblor estremeció a todo el coloso durante unos segundos. Luego, donde estaba el ojo de piedra se abrió como una puerta. De su interior apareció un ser gigantesco, pese a ser un humano, que le sacaba varias cabezas al revolucionario. Portaba un abrigo de pieles de distintos animales, entre ellas de lobo y oso, ya que lo que antes eran las cabezas de esas bestias, ahora le decoraban la cabeza y el hombro respectivamente. Aunque, no se podía saber dónde acababa la piel de animal y empezaba el hombre por la cantidad de barba que tenía. Sujetando con una mano, portaba una gran hacha con símbolos rúnicos grabados en la hoja, las cuales brillaban con una luz tenue, casi mística.

- Es grrratificante conocer a algún sucesor después de tantos siglos –se tiraba  de la barba hasta la mitad de ella de lo larga que era-. Soy Garnus, gran jefe de la tribu de los Varg, Herrraldo del Fuego y también me llaman el Sucesor del Poder. ¿Siguen temblando cuando oyen mi nombrrre en el mundo de los vivos?

- Lo siento, primera vez que lo oigo –le respondió sinceramente el revolucionario-. ¿Fuiste un usuario?

- ¿Tantos enemigos derrotados bajo mi hacha y ya se han olvidado? Qué pena –carraspeo-. Y sí. Crrreia que habéis venido para aprrrender de mí, ¿no?

- Esto… -Ishi le hizo un pequeño gesto para que le siguiera el juego-. Claro, ¿qué conocimientos tiene para mí?

El nórdico soltó una risa y miro hacia el horizonte. Alzo su brazo derecho y apretó el puño, el coloso imito su movimiento de forma costa. Emitió un gruñido a la vez que su pulso empezaba  temblar y el titan empezaba a temblar de la misma manera. Al mirar al brazo del coloso, se podía visualizar como empezaba emitir humo y la nieve que caía sobre este se derretía rápidamente. De repente, Garnus hizo un grito parecido al de una bestia y el brazo del coloso se convirtió en un amasijo de magma e fuego. Por su parte, Osu se había quedado con la boca abierto y ojos como platos.

- ¿Sorrrprendido, muchacho?

- Bueno, ahora sé por qué lo del Heraldo del fuego…

Garnus, como ya de costumbre pego una risotada.

- Me caes bien, chaval –adulo mientras miraba su reflejo en el costado de su hacha-. Disfrrruta del don.

- Espera –interrumpió el revolucionario-. ¿Así sin más? ¿Ni una prueba, ni entrenamiento ni nada?

- Que yo sepa has tenido que recorrer un desierrrto lleno de bestias y otros peligrrros. Todas esas cicatrrrices que tienes son prrruebas suficientes –golpeo el suelo bajo sus pies con el mango de su hacha-. Te deseo suerrrte en el resto de tu camino. Espero que cumplas de las expectativas de los otrrros dos.

Hizo un gesto de despedida y se volvió a la puerta de la que había salido. La ventisca volvió a arreciar y convirtió la visión del revolucionario en blancura total de nuevo.

...

- Osuka…  Osu…  -una voz estaba llamando al demonio plateado.

Su mirada estaba confusa, pero el resto de los sentidos los notaba por dos. El ruido le taladraba las orejas y el rugoso suelo le estaba haciendo polvo. Cuando la vista se le fue aclarando, puedo reconocer como Louen le estaba llamando y chasqueaba los dedos.

- Te has dado una buena siesta.

- Me duele mucho... la cabeza -se llevó las manos a la sien, tratando de aliviar el dolor.

- ¿Has conocido a Garnus?

- Yo “dirrria” que sí -imitó el acento del nórdico, dandole una prueba irrefutable.

- ¿Entonces has recibido el Saber del Fuego?

- Es imposible que sepa eso con solo haberlo soñado o sea lo que haya pasado... -trato de imitar el movimiento que hizo el nórdico-. De qué manera voy a convertir la piedra en mag…

Un estruendo le interrumpió, ya que uno de los numerosos bustos que decoraban la estancia literalmente exploto. De donde antes estaba una cabeza, ahora había un montón de roca fundida salpicando por el suelo.

- Vale, culpa mía –se disculpó aun con la cara de sorpresa.

….

Hombres vestidos con telas oscuras se amontonaban en la entrada de una tienda de tela, armando un gran escándalo debido a sus murmuros. Un hombre de cabellos oscuros se abría paso a base de empujones.

- ¿Qué diantres pasa aquí?

- Hola Victor –le saludo uno de los presentes-. El jefe lleva diciendo cosas raras desde hace dos horas.

- Vale, se acabó la fiesta –grito a los cuatro vientos-. Todo el mundo a sus cosas, ¡largo de aquí!

Se metió en la tienda mientras la turba se desperdigaba. Con una tenue luz roja, el ambiente estaba cargado de aromas artificiales desagradables, tales como el sulfuro.  Una risa malévola se rumoreaba en el aire, que helaba los huesos. De repente la risa ceso.

- ¿Qué tal ha ido la búsqueda, Victor? –de entre las sombras apareció el individuo de melena plateada.

- Lo siento, señor. Hemos mirado bajo cada piedra en casi diez kilómetros, pero no hemos encontrado nada.

- Olvida eso. La akuma no ya no será necesaria -en su mano sujetaba una pequeña maceta, coronado con un tallo violáceo y hojas grisáceas-. Tengo algo mucho mejor…


CAPITULO 5

Han pasado un par semanas desde el encuentro de Osu con el primer sucesor. La venda que le cubría el ojo derecho, que le dificultaba la vision, ahora era una cicatriz que le recorría desde la frente hasta él mentón. En aquel tiempo, el revolucionario estuvo practicando con su nuevo don. Aunque siempre lejos de las casas del pueblo, para no fundir alguna, por segunda vez. Louen había quedado con él en un claro del oasis, acompañado de Albretch, observaba a cierta distancia.


- ¿Qué tal llevas tu nueva habilidad?

- Bueno, he dejado de reventar cosas ajenas así que bien –bromeo-.

- Me comentaste que has estado preparando algo nuevo. ¿Puedes enseñárnoslo ahora?

Osu asintió a la propuesta de Louen y se preparó para ello. Dejando cierta de distancia con su objetivo, en aquel caso piezas de frutas  colocadas ordenadamente encima de una roca de varios palmos de altura. El demonio plateado recubrió su brazo derecha con piedra y apunto al objetivo con el dedo índice y corazón, como si tuviese una pistola. Una esfera de pocos centímetros de diámetro empezó a concentrarse en la punta de los dedos. Esta comenzó a girar sobre si misma de forma acelerada, hasta obtener un color anaranjado  brillante y una estela de humo. Sin dejar de girar, la esfera salió disparada. Una de las manzanas usadas como diana fue atravesada limpiamente, explotando en trozos llameantes por la fragilidad de la fruta. De fondo se escuchaba como Louen daba unos aplausos y mientras Albretch ponía los ojos en blanco.

El revolucionario, motivado por el disparo certero, decidió probar a hacer un segundo tiro igual de bueno. Repitió el proceso del primer disparo, apuntando a una piña, la cual era la segunda diana. Parecía que iba a ser un buen tiro, pero su visión le hizo una mala pasada. Vio como en su mano había aparecido una pistola de verdad y voces se escuchaban en su cabeza como almas en pena.

…sufrirás las consecuencias…
…nadie tiene que salir herido…
…¡He dicho que sueltes el arma!...

El pulso le tembló, su cara se había vuelto pálida y el sudor le recorría la frente, como si hubiese visto un fantasma del pasado. El proyectil de magma se le descontrolo y salió disparado sin rumbo fijo. El revolucionario cayo de culo y una palmera, detrás de las dianas, se desplomo al partirse por el impacto. La respiración se le había agitado, Louen lo miraba con sorpresa y Albretch con una de decepción. Sin decir nada, Osu se fue hacia la maleza rápidamente. Tras unos minutos andando a ciegas, se detuvo. Cogió aire con fin de relajarse, pero de seguida pillo una rabieta.

- Aggggh. ¡Ya basta! –se acercó al árbol más cercano y le empezó a darse cabezazos con el tronco repetidamente-. ¡Cerebro, han pasado veinte putos años! ¡No me abras más ese puto cajón de mierda!

- Te veo nervioso –la voz de Louen se escuchaba detrás de él-. Por lo que has dicho hay algo de tu pasado que te atormenta.

- No es solo el pasado –Osu se giró para mirarle. Un hilo de sangre le recorría de la frente-. Hace poco, me vi metido en metido en una guerra absurda.

- ¿Acaso no te referirás a la de Siderios? Las noticias de lo que paso llegaron hasta aquí, aunque no imagine que te encontraras ahí –saco su pipa, aunque no se puso a fumar-. No fue un juego de niños precisamente según los rumores

- Fue una carnicería, resultado del egoísmo y el poder. Vi cientos de personas morir. Personas que no conocía, pero que tenían familia, amigos o conocidos –le dio un puñetazo al árbol el cual le había dado cabezazos, casi rompió en dos-. No quiero que nadie al que aprecio le pase eso y menos si es culpa mía, no otra vez.


Louen suspiro. Saco de su bolsillo una bolsita llena de yerbas secas y las metió en el orificio de la pipa. Con una cerrilla, la encendió con la planta de su zapato y la encendió.

- Te preocupas demasiado por lo que ya fue, y por lo será –le dio una calada mientras miraba al cielo-. El ayer es historia, el mañana es un misterio. Sin embargo el hoy es un regalo.

Se alejó a la vez que le acompañaba la estela del humo del tabaco. Osu se quedó mirándole en silencio y pensaba.

- Por algo se le llama “presente”

...

Ya de vuelta en el poblado, la noche hacía acto de escena y la oscuridad conquistaba el cielo menos por la cálidas luces de las casas que se iban apagando una por una según avanzaba el tiempo. El revolucionario había terminado la sesión de entrenamiento y llevaba una bolsa con varios alimentos que había comprado de los puestos del mercado antes de que cerrasen.
Había meditado profundamente las palabras del patriarca. ¿En qué sentido quería que entiendes lo que le había dicho? Estaba harto que le hablasen con todas esas estúpidas metáforas.

Al llegar a la puerta de la casa de Irie, pudo notar algo cerca de él. Su mantra no estaba desarrollado, lo cual le avisaba una de las veinte veces.  Aunque lo agradeció a localizar al individuo que había detectado. Pudo reconocerlo. Esa túnica negra y sus ojos como rubíes malditos. Era el tipo que colaboró con el CP que casi mata a su hermano y que al final el demonio plateado le dio muerte, además de ser el causante de la cicatriz que tenía ahora en el ojo derecho. La bolsa cayó al suelo, haciendo un ruido de alguna conserva rompiéndose. Recubrió su brazo derecho con bloodstone y no dudo en hacer unas garras afiladas.

- ¿Has venido a acabar la faena que no terminaste?

- No he venido a pelear, revolucionario -se quitó la capucha, mostrando un largo pelo negro carbón-. Puede que haya cometido atrocidades, pero hay alguien que nos llevará al desastre a todos. El mismo que casi te sirve de bandeja de plata a los devoradores.

- ¿Solo has venido a contarme ese rollo para asustarme? -intentaba no estar tan tenso, pero el rencor que le tenía era demasiado.

- Creo que no te das cuenta de esta situación. Estoy de tu lado -cruzó su brazos, a la vez que la garra de metal de brazo derecho brillaba por el reflejo de la luna-. Si no fuera por mi ya te habrían encontrado hace tiempo. Ándate con pies de plomo, Sumisu.

- ¡Un momento! -le dijo cuándo el pelinegro iba a desaparecer entre las sombras-. Primero intentas matarme y ahora quieres salvarme, ¿Que ganas con todo esto?

- Que salgamos todos vivos en poco más de un año de la locura de ese hombre. -tragó saliva-. Gelt, Balthazar Gelt. Procura mantener esto callado por ahora.

En lo que tardó en pestañear, el moreno desapareció en la noche sin dejar rastro. Osu, agarró la bolsa por debajo para que no se rompiera, ya que se había roto una botella de aceite y humedeció el fondo de aquella bolsa de papel. Al entrar en la salita para dejarlo todo en la pequeña cocina, se encontró con Volkmar tomando un té.

- Hola jovenzuelo, ¿Que tal el entrenamiento de hoy?

- No esperaba visita. -dijo con cierto grado de sorpresa, aunque seguramente la niña pelirrosa le había dejado pasar-. Hoy he tenido alguna que otra incidencia, pero por lo demás bien. ¿Irie está dormida en el otro cuarto?

- Si, duerme como un tronco a pesar de ser tan hiperactiva.

Osu dejo las cosas sobre la encimera. Tiro el aceite roto y la bolsa empapado al cubo que había. Tras eso, se quedó tirado en justo al lado de la mesita y dio un largo suspiro.

- Hace poco que estoy con la chiquilla esa, pero voy a echar de menos cuidarla cuando sus padres vuelvan.

El silencio hizo acto de presencia, cosa que incomodo al demonio plateado al no recibir respuesta. Levantó la cabeza y miró al anciano el cual estaba con aire de tristeza.

- Porque volverán, ¿no?

- ¿Acaso no te has fijado en su tono de piel comparado con el de los demás niños? -le pregunto, lo cual Osu hizo memoria y se daba cuenta que Irie tenía un tono mucho más claro-. Ella no es de los nuestros. Puede que naciera en esta isla, pero su familia era de clase alta.

- ¿Como que “era”?

- Hace siete años la encontramos en los escombros de un vehículo que había sido asaltada por bandidos. Estaba en los brazos de su madre ya fallecida, usando su propio cuerpo para proteger a su hija. Ni siquiera soy su tío de verdad, pero la estado cuidando como si así fuera.

- Engañandola con que sus padres volverán algún día solo empeorará las cosas.

- Puede ser así, pero procura no hablar de esto delante de ella.

- Desde luego, vaya día me lleváis entre todos… -musito.

- ¿Por?

- ¿Eh? Nada, olvídalo.


Última edición por Osuka Sumisu el Mar 29 Ago 2017 - 19:50, editado 4 veces
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Re: Human Body, Soul Demon [Time Skip 2017]

Mensaje por Osuka Sumisu el Jue 24 Ago 2017 - 20:59

CAPITULO 6

Pasaron los meses donde Osu entrenaba casi todos los días. Poco a poco se había convertido en alguien más de la comunidad. Los que antes le veían con temor debido a su akuma,  ahora lo trataban como a un vecino y amigo. Por otra parte, tenía dos secretos guardados; la verdad sobre los padres de Irie, y la conversación con el asesino moreno. Lo segundo solo lo sabía él. No se fiaba de su palabra, pero había algo que le hacía creerle. Sin embargo, si le había engañado, se lo haría pagar.

Durante esos meses quiso volver a la Cripta de los Sucesores. Fascinado con el poder que le había dado Garnus, deseaba saber cómo sería el encuentro con los otros dos. El único que se lo impedía era Louen, que le decía que siguiera entrenando de forma normal. Hasta hoy. Dentro de la Cripta, era Albretch quien acompañaba en aquella ocasión debido a que Louen. Ya en la gran sala circular, iba ir ahora a por la estatua de la derecha, ya que empezó la otra vez con la izquierda.

- ¿No me vas a dar ningún consejo antes? ¿Vas a responder con un silencio taciturno, o con un comentario cruel? –ni siquiera le estaba mirando. Le estaba ignorando descaradamente-. Pues silencio taciturno…

La armadura era claramente de una mujer, adornado de bonitos colores morados y con pinta de ser más ceremonial que de combate. Agarro firmemente del brazo izquierdo de la armadura, cuando su vista volvió al limbo de nuevo

…..

El sentido del olfato le hacía captar el olor a viejo. Abrió sus parpados, pero la oscuridad aun le envolvía aunque no tan intensamente al estar tenuemente iluminadas por farolas con velas en su interior. Era un lugar cerrado de forma circular, pero inmenso. Eran varios pisos de estanterías repletos de libros cubriendo todas las paredes. Una escalera adornada con pasamanos dorados y estatuas la entrada de cada piso le daba la pinta de un palacio más que la biblioteca que era.
Subió piso por piso. Ya que por cada metro que subía, más luz hacía en el entorno. Si alzaba la cabeza, en la zona más alta, estaba coronada por una cristalera de alegres colores.

- Vaya diferencia de ambiente comparado con el otro, ¿verdad? -Ishi le pidió su opinión desde el colgante-.

- Oye, ¿no se supone que aquí puedes estar fuera del collar?

- Bueno, es que Zeldur es una mujer que da bastante… miedo.

Al llegar al último piso, que tenía el triple de altura que el resto, observó algo inusual. El entorno estaba rodeado de hilos de metal, de un mate plateado, formando una telaraña con un patrón hermoso. El revolucionario trago saliva, ya que sufría de aracnofobia. Algo bastante vergonzoso cuando se había criado en una isla de insectos gigantes. Sin poder evitarlo, con dos dedos, tiro de uno de los hilos. Lo soltó repentinamente, al comprobar en su propia carne como de afilado que estaba, y la telaraña empezó a bailar como las cuerdas de una guitarra mientras le acompañaba una música metálica. Aquello duro cerca de medio minuto, cuando el silencio se hizo presente de nuevo. El revolucionario retrocedió para volver abajo, ya que aquello le daba malas vibraciones.

- ¿Te vas a ir ya tan pronto? Es bastante… decepcionante –exclamo una voz desde arriba-.

Al alzar la cabeza, al revolucionario se le acelero el corazón al ver como una extraña criatura descendía de uno de los gruesos filamentos de metal. Su cuerpo superior se asimilaba al de una mujer con insinuantes curvas, pero la inferior era un tórax de insecto con ocho patas. Era como una fusión maligna de un centauro y una araña. Al igual que con el titan de Garnus, la aracne era de piedra carmesí, aunque sus piernas estaban cubiertas de hierro, que hacia un ruido metálico al caminar. Osu intento pronunciar algunas palabras, pero estaba intentado no gritar.

- ¿Qué te pasa? ¿Se te ha comido la lengua el gato? –su voz sonaba fría, pero elegante-. ¿Acaso mi cuerpo es demasiado provocativo? ¿O es que infundo cierto miedo?

Una de sus patas delanteras se puso en la garganta del revolucionario a la vez que este evitaba el contacto visual.

- Veo que llevas el collar de Ishi. Sé que me está escuchando aunque me esté ignorando tan descaradamente –tiro suavemente del collar, para acercárselo un poco. El ojo del colgante permanecía cerrado y en silencio-. Yo mismo lo fabrique y se cómo funciona. Bienvenido a la biblioteca de Yousai, lugar de culto en corazón de la capital. O al menos lo era cuando la inauguré hace medio milenio. Ninguno de mis sucesores ha tenido la vergüenza a visitarla estos quinientos años… Panda de ignorantes. Aunque tú… Pareces más espabilado. No pareces un ser inteligente por naturaleza, pero aunque sí de los que tiene buenas ideas. ¿Acaso deseas el saber del sucesor de la sabiduría como muchos han deseado?

Osuka asintió, se estaba empezando a acostumbra al siniestro aspecto de Zeldur. Al contrario del nórdico, esta no mostraba su verdadero aspecto por alguna razón. Si no mal recordaba, Garnus tenía de mote “sucesor del poder”, por lo que parecía que las sucesores tenían una características a destacar para el revolucionario. Poder, sabiduría y un tercero aún desconocido.

- Para dominar el don de controlar los metales a mí antojo, busque uno por uno en estos libros para saber lo que tenía que hacer y ahora forman parte de esta gran colección. Tarde cinco años de mi vida en descubrirlo –señalo un gran reloj de arena que adornaba la pared entre dos estanterías. Este hizo un ruido tosco y dio media vuelta a la vez que la arena empezaba a caer-. Tú tienes que encontrarlo antes de que termine de caer toda la arena.

Se cruzó de brazos y sus ocho piernas se replegaron al punto de sentarse sobre su propio torax. La cara  de Osu era todo un poema en aquel momento. Debía encontrar la respuesta antes de que se acabase el tiempo entre un millón de libros. Una tarea casi imposible. Fue rápidamente a una de las estanterías a revisar los textos, pero el contenido de fue incluso más absurdos que la prueba en sí. Completamente en blanco. Libro tras libro, todos estaban ausentes de palabras, imágenes e fotos. Los libros se desperdigaban por el suelo mientras los leía, por no decir que solo estaba pasando las páginas para encontrar algo que no fuera blanco puro. Las horas pasaban, aunque no sabía cuánto tiempo seria aquello en el mundo real.  La luz ámbar de la tarde no llegaba nunca a pesar de que el revolucionario había contado ya doce horas. Había registrado unas tres plantas empezando desde la más alta y yendo para abajo. Cerca de diez mil libros cubrían el suelo, pero sin embargo, no había encontrado nada. Un tañido de una campaña resonó en todo el edificio. Era una clara  señal de que se había terminado el tiempo.

- ¿Has logrado encontrar la respuesta? –Zeldur descendió hasta la planta donde estaba el demonio plateado con un hilo de metal mientras mantenía una posición bocabajo

- ¿Cómo diantres voy a encontrar una respuesta? –tanto tiempo buscando para nada hacía que le diese igual que estuviese hablando con un ser que le asustaba-. A menos que sea que no hay respuesta no sé qué diantres quieres que te diga…

En aquel mismo instante se dio cuenta de lo que había dicho. ¿Acaso había encontrado la respuesta a aquel enigma?

- ¿La respuesta es que no hay respuesta?

- ¿Esa es una decisión final?- los dedos de la mano derecha bailaban en el brazo izquierdo, al estar cruzado de brazos. Era como si estuviera tocando un piano.

- Quizá fue eso, no hay ningún secreto ni truco que aprender. Todo es cuestión de crear dicho secreto por nosotros.


El silencio se hizo incómodo. A lo mejor se había equivocado y ahora sería comida de araña, cosa que le entro un escalofrió por todo el cuerpo.

- Si no sirve la respuesta diré que te aprovechas de las impurezas de los metales o algo, pero no me comas. Por favor –expreso con se cubría a medias por si fuese a ser castigado.

- Respuesta correcta, por no decir ambas. Y no voy a comerte, becerro –lo decía con tono insultivo, pero no daba esa sensación de frialdad con la que se había expresado antes-. Eres un joven más sabio de lo que esperaba. Espero que uses el Saber del Metal con la misma astucia.

Los libros que estaban desperdigados por el suelo comenzaron a dar vueltas en el aire alrededor de los dos. Las hojas se convirtieron en un torbellino que acabaron por volver blanca la vista del revolucionario.



Despertándose en la Cripta, no le dolía la cabeza tanto como la otra vez. Era tan solo una pequeña migraña. Notaba una molestia en el pecho. Una nota de papel, con la letra de Albrech. Especificaba que tenía que reunirse con Louen inmediatamente. Arrugo el papel hasta hacerlo una bola y se la metió en el bolsillo, yendo enseguida a buscar al patriarca.


CAPITULO 7

Osu entro en la casa del patriarca. Estaban todos; Albrecht, Volkmar y Louen, pero había una cuarta persona. Era el moreno de la garra metálica, que llevaba encima una cara de preocupación bastante seria. Por su parte, el revolucionario estaba bastante sorprendido con encontrárselo.

- ¿Por qué diantres esta esté aquí? –estaba enfadado aun con ese individuo, pero no quería montar un espectáculo.

- Este es Victor –lo presento Louen-. Aunque creo que ya os conocéis.

- Por supuesto que lo conozco, me dejo un buen recordatorio para no olvidarle –se señaló la cicatriz que tenía en la cara.

- Sé que habéis tenido unos roces los dos, pero no es momento para discutir – el revolucionario puso los ojos en blanco cuando Louen menciono “roces”-. Todos estamos trabajando contra un enemigo común.

- Ese tal Baltasar, ¿verdad? –respondió Osu.

- Lo que se mencione aquí solo sabemos nosotros cinco, estamos en alerta máxima.

- Louen –aviso Volmark-. Tendrías que poner al tanto de Gelt. Saber solo su nombre le causara más dudas.

- Tienes razón –afirmo el patriarca.



Gelt y yo éramos hermanos. Hermanos de armas. Nos criamos juntos y crecimos como los mejores amigos. En su tiempo servimos al emperador de la capital en las guerras contra otros reinos. Éramos imbatibles. Mientras yo estaba en primera línea, Balthasar actuaba como uno de los estrategas del ejército. Su inteligencia y ansia de conocimiento era digna de admiración en todo el reino, pero no había momento en que no demostrara que era uno de los guerreros más hábiles pese apenas entrar en combate.  

Una vez acabado nuestro servicio militar, fuimos condecorados con altos honores de manos del mismísimo emperador. Aunque ya seriamos conocidos en nuestro pueblo como héroes, aún quedaba algo para incluso convertirse en una leyenda. Eso era heredar la Ishi Ishi. Cuando la vida de un usuario empezaba a marchitarse, aquella vez por simple vejez, escogía entre los más capaces de los nuestros. Evidentemente, tanto Gelt como yo fuimos los escogidos a heredarla, pero hubo algo que hoy en día sigo teniendo escalofríos. Balthasar, al igual que muchos jóvenes, era ambicioso. Demasiado ambicioso. El pensar en que podría hacer si consiguiera semejante poder solo conseguía ennegrecer su corazón.

El ansia de poder convirtió al mi amigo en un ser codicioso. Ishi y el usuario se dieron cuenta de esto. No querían saber que locuras podría hacer teniendo a la tierra y la roca de su lado.

Cuando al usuario estaba a punto de fallecer, dio su decisión final. Yo sería quien iba a heredar la akuma, cosa que no le sentó nada bien a Gelt. No tuvo ni la vergüenza de hacer caso de la última voluntad de aquel pobre hombre, diciéndole mil barbaridades y mucho más, pero la discusión había terminado. El usuario abandonaría nuestro mundo en la noche y yo la consumiría con el primer rayo de sol del día.  

Lo que hizo Gelt en aquel momento fue imperdonable. Durante la noche, robo la fruta del ya fallecido usuario y desapareció. Al poco tiempo supimos que se la vendió al Gobierno a cambio de protección e recursos. En ese momento, y hasta hoy, Gelt ha tenido la mentalidad de que la Ishi Ishi era indigna para él, y no al revés.


- Entonces él fue el causante de que perdierais la akuma la última vez.

Louen asintió, pero no podía evitar cara de preocupación. A Osu lo desconcertaba. Desde que le conocía, el patriarca acostumbraba a ser un hombre siempre positivo y despreocupado. Apenas podía reconocerle.

- Ahora lidera una banda de mercenarios que atemorizan a toda la isla. Si no se le pone fin, no dudara en conquistar la capital y gobernar mientras el Gobierno Mundial le cubre las espaldas.

- Louen fue el que me encargo vigilar a Gelt –dijo Victor-. Tuve que ganarme su confianza para acércame a su elenco personal de maneras de las que estoy poco orgulloso. En un principio desconocía quien eras en realidad, por lo que te pido disculpas. Ahora tenemos un caso que nos atañe mucho peor.

De su bolsillo saco una pequeña bolsa de cuero, que por la forma, contenía algo circular. De esta saco un fruto morado, de espirales grises.

- ¿Es una akuma?

- Más bien una akuma artificial, había dos decenas más como esta –respondió Victor-. Desde aquello, ha estado experimentos para poder crear Ishi Ishi’s artificiales perfectas.

- Pero se supone que una akuma artificial es mucho menos poderosa que una autentica.–recalco Volkmar con cara de incredulidad.

- Ahí está el problema –Victor trago saliva mientras el sudor le caía de la frente-. Esta es de las pruebas experimentales, pero consiguió hacer una copia perfecta, incluso mejor. Usando la sangre de Osu. Cuando lucho con los devoradores, mando hombres a recolectar la sangre que tuviesen esas bestias de  haberle provocado heridas.

Los nervios se desataron entre ellos. Lo que tanto temían había ocurrido. Volkmar y Albrecth discutían entre quedarse a luchar o huir, Louen meditaba cabizbajo y Victor mostraba una cara de impotencia.

- Yo me encargare de él –pronuncio Osu en voz alta, haciendo que se callasen todos-. Puede que tenga la piedra de su parte, pero yo además también tengo el fuego y el metal. Además, una persona tarda tiempo en adaptarse a su fruta al cien por cien.

- Conociéndole, no me extrañaría viniera aquí a saldar cuentas –Louen había recuperado la calma, volviéndose de nuevo en el hombre sereno que era-. En todo caso, ¿Cuánto tiempo tenemos antes que eso ocurra?

- Una semana –respondió Victor-. Puede que menos.

- Entonces no tenemos tiempo que perder –carraspeo el patriarca-. Para mañana quiero el pueblo evacuado y a los soldados listos. Victor, tu mantenme al tanto.

Albrech, asintió y se fue por la puerta, dado que él era el encargado de la fuerza militar. Victor por su parte salió tras de él.

- Yo me encargare de los ciudadanos, le pediré a uno de los pueblos vecinos que les den cobijo –menciono Volmark que también marchaba a hacer su tarea.

- Osu, te quiero esta tarde de vuelta en la cripta. Quería que hoy descansases, pero tendremos que arriesgarnos –ordeno Louen, a lo que el revolucionario

…..

- ¿Tan problemático puede llegar a ser ese Baltasar? –le pregunto Osu mientras pasaban por el camino subterráneo de la cripta-. Estamos hablando de solo un hombre y unos cuantos seguidores. ¿Llegaría al punto de conquistar la capital de un país entero?

- Gold D. Roger también fue solo un hombre y mira donde llego.

- Esto… si no me equivoco, le ejecutaron.

- Ya sabes a lo que me refiero –ladeo los ojos el patriarca por aquella respuesta.

Solo quedaba la armadura del centro. Parecía más moderna que las anteriores, pero nadie le podría quitar los trecientos años que tuviera. Su estilo se parecía mucho a la de guerreros samurais de Wano y su color verde esmeralda seguía resplandeciendo con la luz.

- ¿Es seguro hacer esto? Es decir, la otra vez hubo meses de diferencias.

- No debería –respondió Louen con cierta duda-. Por ahora necesitamos todo lo que podamos contra ese hombre. Por probar no perdemos nada.

El revolucionario trago saliva, dubitativo, y toco con delicadeza la decoración con forma de cornamenta del casco con el fin de no romperlo. De aquella manera, sería un viaje directo hacia el más allá.


CAPITULO 8

Sentía una sensación extraña comparada con las otras veces. No había ni nieve que cayese sobre él ni olor de libros viejos. Simplemente no había nada. Una habitación completamente blanca. Al girar la cabeza; encontró detrás suyo un pequeño estanque, el cual recibía sombra de un cerezo inmenso en flor. Miro a su alrededor intentando encontrar al sucesor que le faltaba.

- Te veo un poco perdido –dijo una voz.

El revolucionario alzo la cabeza para ver la procedencia de la voz. En lo alto del árbol; un samurái de verde armadura limpiaba una katana con un trapo de seda.

- ¿Tú eres el sucesor? –la respuesta era obvia, pero quería asegurarse.

- ¿Acaso ves a alguien más por aquí? –respondió después de mirar a su izquierda y a su derecha-. Por lo que veo, ya te la has visto con Garnus el bárbaro y Zeldur la listilla.

Ladeo la cabeza de arriba abajo para afirmar lo que había dicho.

- Soy Linkar, heraldo del Valor. En los últimos trescientos años he visto a muchos como tu intentar esta prueba y todos han fracasado. El poder de Garnus le llevo a convertir su tribu entre las más poderosas del norte y colonizar lo que ahora es Yousai. La sabiduría la Zeldur se convirtió en una de las personas más sabias del mundo, convirtiéndose en un ejemplo a seguir para muchos eruditos hoy en día. Aunque… ¿Poder? ¿Sabiduría? Solo es una manera de decir lo de “cuerpo sano mente sana” de forma intimidatoria. Un guerrero de verdad no lucha ni con los músculos ni con cerebro. El guerrero utiliza su espíritu. Pues es el único que alberga el valor.

- ¿Y a que prueba vas someterme?

El samurái chasqueo los dedos. En un abrir y cerrar de ojos, estaban en una habitación de aspecto humilde. Osu tuvo un tic nervioso en el ojo sin creerse la mala jugada que le acababan de hacer. La escena estaba congelada en el tiempo. Había cuatro personas en la escena: Osu con apenas cinco años, que sujetaba una pistola en sus manos de forma torpe.  Su madre de cabellos pelirrojos, su padre tuerto de pelo negro y un soldado uniformado de la marina con rifle en mano.

Era lo peor que le podían enseñar, el momento donde disparo a un marine que quería llevarse a su padre por ser un oficial revolucionario. Desde entonces no ha sido capaz de arrebatar una vida de nuevo y menos empuñar un arma de fuego. De repente el tiempo volvió a fluir y la escena comenzó como si no estuviera ahí presente.

- ¡Suelta a mi papá ya!

- Niño, no hagas ninguna tontería o sufrirás las consecuencias…-. Amenazó el marine.



- No… quiero ver esto…


- Hijo, ten cuidado con eso, nadie tiene que salir herido-. Dijo el tuerto para intentar calmarlo, pero el uniformado no parecía tener la misma paciencia.


- Detente por favor…


- ¡He dicho que sueltes el arma! -grito, metiéndole miedo al chiquillo.




- ¡BASTA! –grito el revolucionario, a la vez que la escena se congelaba de nuevo. En sus ojos se podían ver miedo mientras salía una pequeña lagrima.

La habitación desapareció como polvo con el viento, tornando de vuelta al lugar blanco junto al cerezo. El samurái descansaba en el pie del árbol con los brazos cruzados. Pese a llevar casco que le cubría el rostro, el revolucionario podía notar sus ojos de decepción.

- Tu alma sigue agitada por ese recuerdo. Mientras sigas temiendo a tu pasado y te poseea el miedo no serás digno de superar la prueba del Valor. Vuelve cuando te sientas preparado.

Metiendo la katana en su vaina, esta produjo un golpe mecánico al encajarse. Un poderoso viento empezó a azotar y las flores del cerezo empezaron a volar violentamente convirtiéndose en una niebla rosa, azotando al revolucionario de lleno.



De vuelta a la realidad, Osuka sentía como la cabeza le daba vueltas. Era como si un castigo por haber fallado la prueba.  Iba a preparase para darle la mala noticia a Louen cuando se percató que no estaba, aunque enseguida se preocupó por otra cosa. El aire estaba demasiado caliente y olía a quemado que tiraba para atrás. Salió apresuradamente para llevarse la gran sorpresa de que el oasis estaba en llamas. Había anochecido, pese a que casi no se notaba por la luz que emitía el incendio, por lo que habría pasado cerca de dos horas en trance.

Antes de pensar la manera de volver al poblado sin chamuscarse, recibió un tirón desde detrás y como un brazo le estaba ahogando. Un segundo individuo se le apareció por delante con cara de pocos amigos. Forcejeo unos instantes, levanto uno de los pies para tirar al suelo de una patada al de delante y un codazo en el estómago al de detrás para liberarse. Se dio la vuelta y le dio un par de puñetazos hasta dejarlos inconsciente. Mirando su vestimenta era parecida la que usaba Victor. Intuyo enseguida que debían de ser hombres de Baltasar, pero a la vez se preguntaba que diantres hacían allí. El otro individuo pillo por sorpresa cuando le lanzo una piedra de gran tamaño, la esquivo por los pelos mientras alzaba una ceja. Al menos ya sabía dónde habían acabadado las akumas artificiales que comento el moreno.

El individuo preparo otra roca de forma torpe y se la tiro violentamente. De un movimiento giratorio y usando el poder de su akuma, lo devolvió dando de lleno al mercenario y dejándole fuera de combate. Si había más como tendría un grave problema.

Tras abrirse paso entre el fuego llego al poblado que no se encontraba en mejor situación. Los soldados que no estaban luchando yacían muertos por el suelo al igual que ciudadanos, que para su pésame, de todas las edades. Era un verdadero rio de sangre, provocándole una mezcla de ira, impotencia e nauseas.

Sonidos de pisadas rápidas se escuchaban acompañados de salvajes gruñidos. Para cuando se dio cuenta está rodeado de mastines, pero no eran normales cuando los miro de cerca. Eran perros hechos de piedra, manchados de sangre de sus víctimas. De entre los canidos, escondido entre el humo de las casas ardiendo apareció un hombre de pelo plateado. Su cara era delgada y sus ojos rojos parecían los de un demonio. No había duda, se trataba del famoso Gelt.

- Por fin nos conocemos, nuevo usuario. ¿Te gustan mis nuevos mastines de guerra? Cuando uno se pasa la vida estudiando una akuma se sabe controlar aun sin consumirla –su voz sonaba fría pero con cierta satisfacción-. Ya tenía ganas de volver a oír el humor absurdo Ishi.

- Y yo que un Rey Marino te hubiese comido hace años–respondió Ishi desde el collar enfadado.

- Lo dicho, eres la monda –su sonrisa ladeada que tenía cambio por una expresión seria-. Traed a esos dos.

Aparecieron cuatro hombres armados, cada par con una persona agarrada por los brazos; Louen y Irie. Osu noto como un quinto mercenario le dio con un arma detrás de la rodilla, haciéndole quedar de rodillas.

- No hemos podido hacer nada Osu –le dijo Louen con cara de apenado-.  Solo he conseguido tiempo para que Volkmar y parte del pueblo escapase.

- Qué bonito reencuentro para todos –interrumpió dando un par de palmadas en forma de aplauso-. ¿Por qué no le damos gracias al que me lo dijo todo para hacerlo posible?

Entre los mercenarios apareció Albretch con gran cara de culpa.

- Al… ¿por qué has hecho eso?

- Lo siento… Él  tiene a mi mujer y a mi hijo –se giró hacia Baltasar, sin contener la cara de vergüenza que tenía por sus actos-. ¡Ahora déjeme ver a mi familia!

- Claro… Un trato es un trato… -súbitamente, con su mano derecha moldeo una guadaña de piedra y de un tajo limpio decapito al alopécico, dejando una fuente de sangre a la vez que Louen y Osu miraban horrorizados e Irie rompía a llorar-. Creo que tendría que haberle comentado que su familia llevaba muerta meses. Bueno, ya para la próxima.

- ¡Eres un monstruo! –grito Osu lleno de ira. Pese a que Albetch le trataba con enemistad, solo era porque estaba siendo chantajeado, cosa que le hacía enfurecer más.

- Baltha, acaba esta locura –le suplico Louen-. Aun estas a tiempo de redimirte de tus errores.

- ¿Acabar? Esto solo acaba de empezar, hermano –metamorfoseo la guadaña en una espada y atravesó el estómago de Louen hasta que salió por el otro lado. Tras unos segundos, el cuerpo del patriarca cayó muerto a la vez que más mercenarios acudían a sujetar al revolucionario que estaba entrando en ira-. Siempre fuiste un estorbo. Pensar en que una vez quise ser como tú me repugna.

- ¡Maldito hijo de puta! ¡Voy a matarte! –las lágrimas empezaban a salir de sus ojos mientras seguía resistiéndose a sus captores.

- Eso es, alimenta ese sentimiento de odio lo necesitaras muy pronto –acerco a Irie y puso la espada en el cuello de la pelirrosa que lloraba sin parar-. Mañana tengo una tarea muy especial para ti.

Mientras los mercenarios le aguantaban, uno uso la culata de su rifle y golpeo al revolucionario en la cara, dejándole inconsciente.

CAPITULO 9

El aire estaba enardecido  y se notaba la suciedad. Osu se despertó debido a que le dio un ataque de tos. El lugar no estaba muy iluminado, pero tenía pinta de ser una especie de calabozo. Estaba en rodeados de paredes de ladrillo, excepto por la de la entrada que tenía unos barrotes de aspecto oxidado. Intento acercar la puerta, que pese a tener un candado, no parecía muy resistente. Algo le detuvo en seco y se dio cuenta de que estaba encadenado al suelo. Intento usar su akuma, pero fue inútil. Los grilletes que tenía en manos y pies eran de kairoseki, eso hacía que el revolucionario maldijese por dentro. El collar de Ishi seguía en su cuello, pero este permanecía inerte debido a los efectos del mineral marino.

Visualizo su alrededor. Aquel lugar era claustrofóbico; solo había una sábana que se supone que sería la cama y un cubo que deseaba que no fuera el retrete. No era el único por ahí, en las demás celdas había personas agrupadas en pequeños grupos que compartían una cara apenada. La mayoría los reconocía como habitantes del pueblo. En la celda del lado se oía un sollozo de niña, que reconoció al instante.

- Irie, ¿eres tú? – se acercó a la pared lo máximo posible para hablar mejor-. Gracias al cielo a que estés bien.

- O-osu, c-creía q-que estabas muerto…  -decía entre lágrimas.

- Tranquila pequeña, soy muy cabezota a la hora de morirme –intentaba bromear pese la situación para intentar calmarla-. Sé que esto puede ser muy duro, pero necesito que seas fuerte.

- V-vale, l-lo intentare –su voz no paraba de temblar, a punto de romperse en cualquier momento.

- Eso, llénala de esperanzas para luego romperle el corazón.

Apareció Balthasar acompañado de dos de sus hombres, armados con fusiles. Su ropa era muy elegante y de gran calidad que contrastaba con la tosca manera de vestir de sus acompañantes.

- Veo que le tienes mucho aprecio a esa pequeña bastarda –mostro una sonrisa siniestra-. Sería una pena que le pasase algo.

- ¡Ni se te ocurra tocarla, desgraciado! –quiso abalanzarse contra él, pero las cadenas se lo impedían.

- Por supuesto, solo si cumples mis condiciones –con osadia se acercó a los barrotes porque sabía que no podría acercarse-. Han venido unos invitados del mismísimo Gobierno. Ellos me ayudaron a financiar las akumas artificiales y ahora les tengo enseñar lo que ha costado décadas de esfuerzo. Hoy, demostrare que la Ishi Ishi original no puede contra las creadas por manos humanas, pero no quiero arriesgarme. La pequeña Irie será libre cuando tú caigas en el enfrentamiento que tendrás contra mí. Tú decides, o mueres tu o muere ella.

Le miro a los ojos, inspiraban temor, pero podía notar miedo. Su comportamiento egocéntrico ocultaba su inseguridad, pues quería se dejase ganar mediante el chantaje de la misma manera que hizo que Albretch para que le ayudase en sus planes. No podía hacer mucho más por lo que, cabizbajo, asintió en forma de aceptación. Gelt se limitó a sonreír de manera malévola y se marchó con sus dos guardaespaldas.

Pasaron cerca de diez minutos, cuando un soldado con la cara cubierta le trajo un bol con estofado. Olía decentemente, hasta tenía un aspecto sabroso, parecía que iba a ser su última comida.

- ¿Te digo donde puedes meterte la sopa esa? –dijo Osu, rechazando evidentemente el plato de alimento.

- Idiota, si no comes no vamos a poder salir de aquí –respondió el soldado, el cual Osu reconoció al instante. Se quitó la capucha; era Victor.

- ¡Victor!, ¡pensaba que habías acabado como Louen!

- El viejo me mando la misión de acabar con los planos de ese desgraciado y voy a cumplir su última voluntad –le acerco de nuevo el plato, y esta vez, Osu empezó a devorar el estofado como si no hubiese comido en días-. El único momento en que podrías acabar con él seria en el enfrentamiento que tendrás contra él.

- Pero mataran a Irie como no me deje ganar.

- Está bien, está bien… Todos los mercenarios de Gelt estarán observando el combate, por lo que la seguridad será mínima –le dio un pequeño dispositivo y le indico que se lo pusiera en la oreja-. Cuando tenga a la enana a salvo, te avisare por este comunicador.


Osu suspiro. Sabía que, pese no gustarle la idea, tenía que matar a Baltasar. Iba contra sus leyes morales acabar con la vida de otra persona, pero ese hombre ya no se podía considerar una persona. Hoy iba a matar a un demonio.

CAPITULO 10

Le taparon el rostro con una bolsa de pana, costaba respirar aunque así lo prefería pues los podridos alientos de los mercenarios eran asquerosos. Pese al material, podía ver a través de ella. Eran todo tiendas de campañas y edificios derruidos. Como si los mercenarios hubiesen fundado un pueblo encima de unas ruinas, que posiblemente habían provocado ellos mismos. El paseo duro media hora, que fue más corto a medida que escuchaba como le insultaban sobre lo horrible que sería su muerte. Parecía que iba más a una ejecución que a un combate.

Al llegar a su destino le quitaron la capucha y recibió la molesta luz del sol en los ojos, para entonces abrirlos como platos. Aquellos tipos habían construido un coliseo a partir de una deformación tectónica con forma ovalada. El tejado estaba cubierto de vigas de hierro y acero donde colgaban focos y luces, además de altavoces. En las gradas había soldados vitoreando mil barbaridades, pero en el que se consideraría el mejor sitio para ver el “espectáculo”. Había hombres trajeados con uniformes blancos, marines. Debían de ser los invitados del gobierno.

Le llevaron hasta el centro de la arena donde ya esperaba Balthasar. Este sostenía un micrófono en la mano. Le dio un par de toques y carraspeo, provocando el silencio del público.

- Mis queridos servidores, sé que os habéis dedicado en cuerpo y alma en complacer mis demandas. Tengo que decir que estoy orgulloso de vosotros, ya que hoy por fin lograremos nuestro objetivo. Cuando el Gobierno Mundial nos dé luz verde tras esta demostración, ¡podremos atacar la capital y reclamarla como nuestra!

Los mercenarios vitoreaban con entusiasmo, cosa que le preocupaba al revolucionario. Definitivamente esos hombres estaban tan locos como al que seguían. Con una mano, hizo un gesto para que se calmaran y pudiera proseguir con el discurso.

- Hoy, es un gran día, amigos míos. Hoy acaba la generación de los usuarios corrientes, se acabó el pagar grandes fortunas para conseguir una, se acabó sentirse amenazado por hombres con un poder superior. ¡HOY NOS CONVERTIREMOS EN DIOSES!

El público gritaba como loco hasta el punto de ensordecer al demonio plateado. Le soltaron de sus grilletes y lo dejaron solo contra su contrincante. Se toqueteo el dispositivo que tenía dentro de la oreja, disimulando como si se la estuviese rascando.

- Victor, ¿tienes a Irie ya?

- Voy a tardar un rato en liberarlos –se escuchaba algo de estática pero la señal era buena-. Tendrás que ganar tiempo.

- De acuerdo –suspiro-. Pero date prisa.

Balthasar lanzo el micrófono y se quitó la parte superior de la ropa, mostrando un cuerpo totalmente cicatrizado. Pese a triplicar la edad del revolucionario, sus músculos eran compactos. Parecía partir melones solo con la mirada. El público vitoreaba su nombre, como si ya hubiese ganado el combate. Le dedico al demonio plateado una sonrisa siniestra y comenzó su primer movimiento.

Hizo emerger dos piedras del tamaño de un auto y las lanzo directas hacia el revolucionario. Rodaban a gran velocidad, aplastando el terreno por el que pasaban. Osu lo esquivo dando una voltereta, aunque pudo notar el viento que dio por la velocidad que iba. Con la segunda no tuvo mejor suerte, dándole de lleno, pero logro resistir al impacto. La rueda seguía girando sobre si misma a la vez que empujaba a Osu para aplastarlo, el cual aguantaba usando sus manos cubiertas en haki. Cuando disminuyo la velocidad, logro apartarse y desviarlo, estrellándolo contra los muros que rodeaban la arena. El pelocanoso no parecía molesto, aun no, tenía ganas de dar más espectáculos y haber acabado con Osu con el primer golpe no hubiese sido divertido.

De un chasquido hizo aparecer de la tierra cuatros mastines de piedra que empezaron a correr a por el revolucionario como si de un conejo se tratase. El primero que se lanzó se rompió en pedazos por el puñetazo imbuido en haki del revolucionario, otro cayo al hacer emerge unas estacas del suelo. Los otros dos se tiraron encima, intentándole morderle el cuello. Lograron tirarlo al suelo, pero Osu agarraba la mandíbula de uno mientras le daba patadas al otro. Debido a que estaban hechos de piedra, el solo contacto le permitió hacerle añicos la cabeza. Con el último mastin, imbuyo su pierna en haki y le dio dos patadas; uno para apartarlo y otra para partirlo en dos de un pisotón.

Balthasar se relamió. Era hora de ponerse serio. Creo una espada de piedra, la cual parecía cortar hasta el viento. Echo una pequeña carcajada malévola a la vez que cargo de frente a una velocidad endemoniada. De un golpe rápido, le hizo un corte en el biceps. Ahora que estaba de espaldas, le dio un corte en gemelo, dejándole de rodillas tras un grito de dolor.

- Ha llegado tu momento, usuario. Tu sangre será lo que se use para escribir la historia de la nueva era –con la empuñadura, le dio un golpe en la frente y lo dejo en el suelo-. Disfrutare mucho cuando envíe tu cabeza al ex almirante Redfield. Los vientos dicen que eras uno de sus mejores hombres en la revolución. Y cuando venga en busca de vengnza, morirá ante mí poder también. ¿Unas últimas palabras?

Todo parecía perdido. ¿Acaso este era su final? Si era así nunca se podría haber despedido de sus compañeros; el inocente de Edward, el mandón de Krauser, el capullo de Ryu o la bipolar de Galia. Ni siquiera volvería a ver a su hermano. En el fondo solo podía expresar disculpas por morir de aquella manera.

Pero hoy no iba ser ese día.

Por el comunicador se escuchó estática muy molesta, que ensordecieron el oído izquierdo del revolucionario. Era la voz de Victor

- ¡Osu, tengo a Irie! Estoy liberando a los demás cautivos, pero repito, ¡Irie está a salvo!

Hubo unos segundos de silencio, cuando de repente el revolucionario empezó a soltar una carcajada. Baltasar se limitó a levantar una ceja.

- ¿Tan divertida te parece la muerte?

- No, no, para nada. Es solo que…

- ¡Que putada es eso del karma, ¿Verdad?! –termino la frase Ishi desde el collar, ya despierto, con gran satisfacción.

Antes de que enterase de que iba aquello fue golpeado con un puño de piedra del tamaño de un camión, que le mando volar varios metros. Al caer al suelo, uso la espada para clavarla al suelo y detenerse de la inercia de la caída.
Al mirar al revolucionario, este se había puesto de pie y se crujía los nudillos. Una capa de piedra le recubrió hasta convertirse en un golem de ocho metros. Por su parte, Gelt saco un Den Den del bolsillo.

- Matad a esa puta niña –no recibió respuesta, lo que le hizo gruñir de forma furiosa-. Maldito seas, iba darte una muerte rápida, pero ahora sufrirás hasta ahogarte en tu propia sangre.

- Ven e inténtalo, capullo.

Baltasar rugió de ira, convoca a más de sus mastines y cargo contra ellos. De un corte limpio, rebano el brazo del coloso de piedra, pero este se regenero de inmediato y lo agarro. El golem empezó a golpearlo contra el suelo repartidas veces a la vez que destrozaba a los, ahora ridículos por la diferencia de tamaño, la bandada de mastines con el otro brazo. Como último golpe, lo lanzo contra la pared de la arena, dejando un gran boquete que casi se le cayó encima.


- ¿Te crees importante, revolucionario? ¡Llevo esperando décadas para este momento y no vas a fastidiármelo! ¿A eso le llamas poder? –de su manera manaba sangre en grandes cantidades y era más que seguro que tuviera algún hueso roto-. ¡Yo te enseñare el verdadero poder!

Osu abrió los ojos como platos al ver sus intenciones. Este empezó a usar la sangre que caía de su cabeza para que la tierra lo absorbiera. Esta le trago y empezó a convertirse en una amalgama carmesí que tan grande como un edificio, doblando el tamaño del golem del revolucionario. Este empezó a adoptar forma y se convirtió en una criatura quimérica con tres cabezas; un león, una serpiente y un insecto. Los mercenarios del público empezaron a huir debido a la aparición de semejante criatura, al igual que los marines invitados.

- ¡No puedes contra mí, tengo el poder definitivo! -con una de las garras de su inmensa pata trato aplastar al golem del revolucionario, pero este aguantaba mientras el suelo se agrietaba-. ¡Me convertiré en el dios de este triste mundo si hace falta!

La cola de aquella inmensa le golpeo debido a que estaba inmovilizado por el otro ataque. Por el gran tamaño de ese ataque el golem salió disparado, haciéndose añicos.

Osu perdió la conciencia, debido a semejante impacto. No podía moverse, ese golpe le había dejado fuera de combate, pero en el momento en que recordó lo que estaba en juego volvió en sí, donde se encontró delante ni más ni menos a Linkar, el sucesor del valor.

- Veo que te has metido en un lio de los gordos.

- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has…?

- No es tiempo de preguntas, pero he visto tus intenciones. Pese que aun tienes miedo por el ayer, sigues luchando por el ahora. Estas luchando con una bestia 10 veces mas grande y aun así no has huido. Me has demostrado que un guerrero puede tener temor a algo, pero no por eso vive con miedo. Eres más merecedor del título de sucesor del Valor que yo.

- G-gracias –le dolía ciertas partes del cuerpo pero mantuvo la compostura-. Ahora no me vendría mal el saber que posees.

El samurái limito a reírse.





- Escúchame, nuevo sucesor, yo no tengo ningún saber, pues todo mi poder y el tuyo –se señaló el corazón-. Proviene de aquí.

El samurái hizo una postura de despedida de respeto. También estaban Garnus y Zeldur, además de cientos de guerreros más, los cuales imitaron la postura y desaparecieron con el viento.

- ¡Ahora soy invencible, pequeña cucaracha! ¿Quién te creías que eras? –la voz de aquella forma monstruosa era sumamente grave con cierto tono artificial-.

- Bonita pregunta –el golem de Osu se levantó pese a estar medio destruido y se fisuraba por todas parte-. ¿Soy una cucaracha? ¿Soy un revolucionario?

El golem empezó a romperse, dando a mostrar al coloso de Bloodstone reluciente. De cinco metros, era menos intimidatoria que ese monstruo colosal.

- Soy Osuka Sumisu, pero yo tengo otra pregunta para ti. ¡¿QUIEN COÑO TE CREES QUE SOY?!

El golem de Blodstone avanzó a gran velocidad, esquivando en zigzag los ataques de la quimera. Aprovecho a un ataque con la cola para subirse por esta y escalar la espalda. La criatura de Baltasar empezó a zarandearse y estamparse contra todo con tal de zafarse de el. La arena empezaba a temblar y a desmoronarse rápidamente. Una de las cabezas, la de insecto, intento agarrarle con los colmillos que tenía, pero al mínimo contacto la hizo explotar en magma, provocando el aullido de las otras dos. La cabeza de serpiente se abalanzo sobre el pero una viga de acero que caían del techo lo atravesó, provocando que se quedase inmóvil y se desprendiese por su propio peso más el del metal. Usando el mantra localizo donde estaba el cuerpo de Baltasar, justo en el pecho, pero en ese instante recibió un impacto que le mando a volar hacia arriba.

- Desgraciado, ¿no te das cuenta? ¡Soy un ser inmortal!

- Inmortal, lo dudo –el brazo derecho del golem de Osu se volvió un taladro que recubrió en haki armadura-. ¡Pero invencible menos!

El taladro empezó a girar en gran potencia mientras bajaba a gran velocidad, era su última baza. Ese último golpe improvisado iba a ser la que acabaría con todo. Este golpee iba dedicado por todas quellas buenas gentes que acompañaron a Osu a lo largo de su vida; a la Venganza de la Quimera, a su hermano, a todo el pueblo del oasis e incluso al propio Ishi. Esto iba por ellos.

El taladro atravesó la mano que intento bloquear el ataque, dando justo en el pecho de la bestia que empezó a soltar chispas hasta romper la coraza. Este atravesó hasta que salió por la parte baja del estómago a la vez que Balthasar grito de dolor por última vez al ser alcanzado y apagarse su vida, tal y como le indicaba el mantra.

La quimera se quedó inmóvil e empezó a desmoronarse en cachos al igual que la arena. El golem de Osu había desaparecido en polvo debido a la energía que uso, pero se preocupó de eso luego. Ahora tenía que salir antes de que se le cayese todo encima.


….


Victor tenia sujeta a Irie a su espalda, cuando vieron como el estadio y toda la formación  tectónica de esta se derrumbaba, provocando una humareda de polvo que no los pillo de milagro.  Victor trago saliva y de inmediato intento contactar mediante el comunicador del oído.

- ¿Osu?, ¡Osu! ¡Responde por favor!

- No puede ser… -los ojos de Irie empezaron a humedecerse a punto de llorar al temerse lo peor, pero no lo hizo.


De la nueve de polvo, apareció una figura humanoido que resulto ser Osu hecho unos zorros mientras cojeaba y con una mano en el abdomen por una herida. Irie se bajó de la espalda de Victor y corrió hacia Osu para darle un abrazo a la vez que le saltaban lágrimas, pero de felicidad.


EPILOGO


Han pasaron los meses desde el enfrentamiento de Osu con el líder de los mercenarios. Los restos de Balthasar fueron enterrados en santa sepultura junto a la de Louen, dado que así lo decía su testamento. Pese a su locura, Louen sabía que aun podía quedar algún resquicio de la humanidad de su hermano de armas. En cuanto a la Ishi Ishi artificial perfecta, se perdió entre las ruinas y todas las pruebas de investigación fueran quemadas por el bien de todos. El pueblo poco a poco se fue recuperando gracias a los pueblos vecinos y a la revolución, a petición de Osu.

Por otra parte, Volmark regreso con los pueblerinos evacuados y se convirtió en el nuevo patriarca hasta encontrar a alguien adecuado para ello. Albretch, pese a estar muerto, fue llevado a juicio debido a sus crímenes por colaborar con los mercenarios, pero el mismo Osu testimonio en este y lo declararon inocente. Tras eso, lo enterraron junto a los restos de su familia.

En cuanto a Osu, la marina aumento su recompensa por haber huido de los marines que vinieron por Gelt. Irónicamente, fueron ellos los que huyeron y no al revés.



- Bueno,  pues esto ya está –Osu iba vestido con ropas de viaje. Estaba metiendo bosas en el maletero de un todoterreno.

- ¿Seguro que tienes que irte? Te vamos a echar de menos –comento Volmark. Su ropa de ceremonias ahora era parecida a las que portaba Louen-. Esto no será lo mismo sin ti.

- Lo siento, pero ya llevo dos años aquí. Tengo que volver con los míos, pero prometo visitaros cuando pueda. Además, ahora la revolución protege este pueblo así que estaré cuando me necesitéis –se giró hacia el vehículo-. Víctor, ¿ya has terminado con la baca?

- Yep –respondió Víctor. Su aspecto era muy diferente sin el traje de mercenario-. ¿Quién diría que me acabarías metiéndome en la cabeza que entrase en la revolución?

El revolucionario alzo los hombros y se dedicó a reírse. Ya se había despedido de todo el mundo, por lo que era momento de marchar. Entro en el coche, llevándose la sorpresa de que Irie estaba de copiloto.

- Quiero ir contigo.

- La revolución no es un sitio para niños… -le respondió.

- ¡Que no soy una niña! ¡Ya tengo nueve años! –hincho los mofletes, recordándole al revolucionario buenos recuerdos-.

- ¿Y no vas a esperar a que vuelvan tus padres?

- Yo ya se lo que les paso a mis padres –Osu trago saliva mientras una gota de sudor le pasaba por la frente-. Os oí a ti y a tito Vol… digo al Patriarca una noche.

- ¿Acaso no estas triste por no conocer a tu padre o a tu madre?

- En un principio sí, pero… ahora he encontrado a alguien mejor –le dijo mientras le miraba.

Por un momento quiso llorar mientras abrazaba a esa niña, pero no sabía si estropearía al momento. Se puso a meditarlo por un momento hasta que se dirigió a Victor.

- ¿A ti no te importa sentarse detrás? –le pregunto e instantáneamente le respondían que sí.

- ¿Es un sí? –pregunto eufórica.

- Pues claro pequeñaja –le dedico una sonrisa mientras arrancaba el coche.

- Espera, espera, espera –le interrumpió Ishi, ladeándose en el collar de un lado a otro-. ¡Vamos a estar parando cada dos por tres por su maldita vejiga de crio!

- Bueno, no todo iban a ser ventajas –rio Osu.


Iba a ser un viaje de vuelta bastante lento. Las paradas de hacer pis de Irie y los refunfuños de Ishi lo hicieron eterno. Una historia con un final bastante raro, aunque toda la historia ha sido así, pero desde luego… Habrá historias incluso más particulares.
PETICIONES:


Haki Observacion hasta Entrenado

PUs pasivos:

Agilidad x3
Fuerza x3
Velocidad x3

Objetos;
Collar de Ishi: Medallón fabricado con misteriosos materiales, creados por una alquimista de hace medio milenio. Cuando un usuario de la Ishi Ishi la porta, esta permite que el espíritu de akuma se canalice en esta y cobre vida (Cuando eso pasa, el medallón se abre como un ojo ), permitiéndole comunicarse con cualquier persona (Solo uso escenico)

Tecnicas;
Tengen Toppa: Creando un taladro de piedra imbuido en haki, este gira a gran velocidad mientras se golpea con él. Dependiendo del tamaño será menos o más devastador. Usable solo una vez en rol/combate.

PUs akuma;
Saber del Fuego: El usuario puede hacer que la piedra entre en un estado de auto fricción, elevando su temperatura hasta el punto de convertir el material en magma. Antes del punto de fundición, puede ser disparada como proyectiles para lanzar una salva de fuego durante la trayectoria.

Saber del Metal: El usuario puede manipular cualquier metal que tenga restos de piedra en su interior, por lo que un metal con pureza muy alta no servirá.(Tales como el Oro o la Plata)

NPC’s

Victor; Asesino Sombra nv 50. Sera el explorador/espia personal a las órdenes de Osu o cualquiera que el mismo diga.
X NPC’s (la cantidad según la nota) del pueblo que se unen a la revolución por los actos de Osu.
Irie; npc irrevelante. Osu la adopta y se convierte en tutor legal.

Miscelanea
Condicion de ascenso: “Teniente: Haber eludido a al menos a un Viajero de los cuatro mares del Gobierno” Eludido a un vicealmirante y dos capitanes (Yo creo que un vicealmirante puede ser mayor de 60) xD
Recompensa: 60 millones por huir de un vice y los dos capitanes


Mejora de PU: Repressed BloodMoon Demon: Con esta mejora, puede adoptar la forma Bloodmoon demon durante 3 post (+1 cada 25 niveles) antes de descontrolarse.

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Re: Human Body, Soul Demon [Time Skip 2017]

Mensaje por Neo Aran el Miér 6 Sep 2017 - 22:19

Buenas, soy Neo, puede, o al menos eso creo... Si te soy sincero no soy persona a estas horas de la noche... Al caso, y hoy seré tu moderador.

De acuerdo, pues a hostias será —diría Neo mientras se sentaba a leer el diario.

:

Osu-chwan escribió:En mitad de un océano de arena, un oasis lleno de vida [1]que parecía oponerse a la muerte de los acalorantes rayos del sol. Entre la vegetación,[2] había un pueblo[3], y[4] en este, gente.
Ay por dios... LA PUTA PRIMERA ORACIÓN Y YA HAY UN FALLO. A LA MIERDA, YA NO QUIERO JUGAR A ESTE JUEGO. *recoge las maletas, las tira por la ventana y se tira tras ellas.*

*vuelve a las horas, algo más sosegado* Vale. Te comento: ese que en 1 sobra, totalmente. Al ponerlo das la sensación de que la oración es adjetiva, de esas que sirven para describir la principal, y que después de la misma habrá más texto. Algo así: "En mitad del un océano de arena, un oasis lleno de vida que parecía oponerse a la muerte de los acalorantes rayos del sol se abría paso resistiendo día tras día a su perdición." En deifnitiva, el "que" ese está abriendo una segunda oración, por lo que la principal "un oasis lleno de vida" no tiene verbo, y qué nos enseñan siempre en primaria? Toda oración necesita verbo.

Sigo que me voy por las ramas. En la segunda sobran las comas 2 y 3, y falta en 4, ya que los incisos van entre comas: Entre la vegetación había un pueblo y, en este, gente. Es un inciso cuando, al quitarlo, no cambia el sentido de la oración, justo como acabo de hacer yo con "al quitarlo".

Osu-chwan escribió:Metiéndose más profundamente en el oasis, /entre la vegetación/
La segunda vez en apenas tres oraciones. Ten cuidado con las repeticiones~.

Osu-chwan escribió:parejas de niños se iba
IbaN. Plural.

Osu-chwan escribió:La maestra[1] por su parte, se sentó en el tocón de un árbol.
Inciso, por lo que falta coma.

Osu-chwan escribió:No me acercareee
La primera "e", aunque pongas muchas seguidas, sigue llevando tilde.

Osu-chwan escribió:Deambulando entre la vegetación
Me apuesto todo el dinero que no tengo a que hay sinonimos a punta pala para "entre la vegetación".

Osu-chwan escribió:Al sumergirse más entre la maleza llegó a un pequeño claro, donde una pequeña cueva en el centro de allí.
Tienes un problema con las oraciones adjetivas... Repito, toda oración necesita un verbo, la segunda no lo tiene.

Osu-chwan escribió:Sin vacilarlo, la niña se adentró en la caverna,
Sin vacilar a quién? O a qué? Ves por dónde voy? El "lo" sobra.

Osu-chwan escribió:había tres armaduras muy lustrosas; una de mujer
Cuando vas a enumerar se usa el doble punto, no el punto y coma.

Osu-chwan escribió: Lo que encontrarían en el exterior las dejaron perplejas
Aaaahh... Los tiempos... Los números... *le da una embolia*

A ver, no voy a ponerme a explicar qué tiempos cuadran con cuales, porque no me da la vida, pero te digo: Lo que encontrarían en el exterior las dejaría perplejas o Lo que encontraron en el exterior las dejó perplejas, pero no una combinación extraña con verbos fuera de lugar. Hola, no te lo digo a ti "dejaron".

Osu-chwan escribió:Flexión las rodillas
Flexionó, no flexión. EXASPERACIÓN.

Osu-chwan escribió:y se lanzó a abalanzarse contra su presa
O se lanza o se abalanza, pero no ambas. Porque me he imaginado algo muy turbio que no voy a decir.

Osu-chwan escribió:Tras unos segundos el montón de devoradores salieron
Aunque parezca que es devoradores, el sujeto de la oración es "montón", y montón es singular, por lo que el verbo es salió, no salieron.

Osu-chwan escribió:si quisiera poder haberle podido ver de frente.
Poder haberle podido ver. Te juro que me lo voy a poner de estado en el WA.

Osu-chwan escribió:la iba a tenerla.
O un la o el otro, pero no ambos.

Osu-chwan escribió:Anduvieron andando varios minutos
O estuvieron andando o anduvieron, pero, de nuevo, no una mezcla extraña.

Osu-chwan escribió:Solo ha habido cuatro usuarios capacitados a hacer un Titán Carmesí. Tres están muertos y el cuarto acaba de entrar a la sala.
Oye, pues teniendo en cuenta que solo una persona puede tener la akuma y que para que la tenga otro el primero debe morir... PUES NO SÉ, ME PARECE BASTANTE LÓGICO QUE LOS OTROS TRES ESTÉN MUERTOS.

Osu-chwan escribió:la noche hacía acto de escena
ACTO DE PRESENCIA O ACTO EN ESCENA. ¿QUÉ COÑO ES ACTO DE ESCENA?

Osu-chwan escribió:- Si, duerme como un tronco a pesar de ser tan hiperactiva.
Detalle: de hecho, los niños hiperactivos tienden a dormir más profundamente porque gastan mucha más energía.

Osu-chwan escribió:Dentro de la Cripta, era Albretch quien acompañaba en aquella ocasión debido a que Louen.
En serio, yo te mato.

Osu-chwan escribió:De la nueve de polvo
Yo tengo escalera de polvo, gano la mano. *recoge las fichas de la mesa*

Osu-chwan escribió:Han pasaron los meses
QUE PUTA MANÍA DE PUTO MEZCLAR COSAS. NO ERES ALQUIMISTA, DEJA DE MEZCLAR COSAS.

—Piri is in criminil, Liuin. Ni pidimis fiirnis <---- Solo por esto te daba el puto diez, pero me han dicho por el pinganillo que tengo que ser... Cómo se decía? Ah, sí, imparcial. Pff...

Al caso. Ya has visto justo arriba varios —muchos— de los errores que has cometido en el diario. He de decir que esa lista es mucho, pero que mucho más larga. Tienes errores de todos putos tipos: tienes errores tipográficos, por escribir rápido o no releer el diario; tienes errores ortográficos, tanto de escribir mal alguna que otra palabra como de MUCHAS tildes, sobre todo en los putos verbos en pasado; tienes errores gramaticales, sobretodo relacionados con los tiempos verbales, haciendo mezclas super turbias y haciendo que el diario se vuelva super raro, y un largo etcétera.

Tienes muchos errores escribiendo... Pero tienes buenas ideas. Me ha gustado el hilado general de la trama, bastante, la verdad. Me ha gustado mucho como has añadido momentos cómicos en los sitios que debían ir; algunos llevados mejor que otros, pero buenos en general. Me ha gustado tanto la razón como el tramado de las cosas que llevan a Osu a quedarse en el pueblo con el resto de gente. Quizá me falta un poco de interacción extra con los personajes principales, Louen e Irie; quizá algún momento más extenso de redención con Victor, esa persona que Osu creía mala pero no era; y, sobretodo, un final un poco mejor descrito, en sensaciones y emociones. Pero en general no está nada mal pensado.

No tengo mucho más que decir, ciertamente. Bueno, a ver, miento, podría darme para una corrección puto larga, pero no es cuestión. Así que te digo, tienes un 7, y estoy siendo muy generoso —qué generoso estoy siendo hoy...—, y te llevas lo siguiente: El haki entrenado, los pasivos, el collar de Ishi, el Tengen Toppa, los dos saberes (aunque te advierto, ninguno puedes ni usar ni controlar a más de 20 metros de ti, PU's para aumentar si eso), a Victor,  10 NPC si son gente para luchar, aprox de nivel 30~40, 25 si solo son gente que van a hacer tareas del hogar, a Irie (la cual me encargaré yo de corregir si haces ficha) y el PU de Bloodmoon. Sin embargo no te llevas el ascenso ya que realmente nunca huyes de nadie, la gente simplemente se va antes de que te vayas.

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Re: Human Body, Soul Demon [Time Skip 2017]

Mensaje por Osuka Sumisu el Miér 6 Sep 2017 - 22:36

Acepto la nota~

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Re: Human Body, Soul Demon [Time Skip 2017]

Mensaje por Señor Nat el Miér 13 Sep 2017 - 19:47

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Re: Human Body, Soul Demon [Time Skip 2017]

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