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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

La Última Esperanza. [Time 2017]

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La Última Esperanza. [Time 2017]

Mensaje por Taiga Redfield el Miér 9 Ago 2017 - 7:22

Capítulo 1: Revólver

- Matad a ese idiota.

Fueron las palabras dichas por el guarda de seguridad de aquellas instalaciones.

Una enorme jungla, un edificio con forma de cuadrado, unos cuantos soldados uniformados custodiando la entrada y un chico de cabellos rubios. Aquella persona se trataba del agente especial del gobierno Taiga Redfield. Sus pintas no le delataban mucho, pues vestía con una camiseta blanca de tirantes, unos pantalones negros y unas botas. En su espalda llevaba una mochila y en su mano derecha un taco de billar azulado. Su expresión era amable como de costumbre, pero había cometido un pequeño error.

Su misión era terminar con la asociación criminal conocida como Revólver. Según sus propias investigaciones había deducido que estaban en aquella isla. Había acertado de lleno y había enviado el correspondiente mensaje al gobierno. Ahora había cometido la cagada de pedir permiso para entrar a ver las instalaciones diciendo ser un vendedor ambulante. Una gilipollez enorme teniendo en cuenta que la isla supuestamente estaba poblada solo por criaturas salvajes. Además, se notaba que estaba riéndose un poco de ellos. Eso había provocado que el guardia jefe, aquel que llevaba una medalla plateada en su hombro, se mosquease. Habían dado la orden de matarle y ahora todos le apuntaban con armas de fuego. El chico simplemente mostró una pequeña sonrisa y alzó ambas manos.

- No me matéis, hombre. Ya os he dicho que soy vendedor y quiero ofrecer unos frutos secos deliciosos a vuestra asociación, Revólver creo que era…

- ¡Matadle ya! – Gritó de nuevo el jefe de seguridad al ver que sabía incluso el nombre de su asociación.

Aquel hombre estaba mosqueado. Era un tipo algo con cabellos oscuros, barba poblada y bigote prominente. Medía unos dos metros y portaba lo que parecía ser un espadón dorado. Su uniforme oscuro con aquella medalla que le distinguía como alto rango y sus zapatos blancos. No pegaban ni con cola… Igualmente, Taiga no juzgaba las vestimentas. Él mismo se había presentado de aquella forma debido al enorme calor que hacía en la isla. Había tenido que aguantar ataques de osos, de tigres y demás criaturas antes de llegar allí. Sin duda, había sido un viaje peligroso.

Unos doce hombres empezaron a dispararle al chico con sus armas sin piedad alguna. El sonido fue realmente una molestia para los oídos del lobo, el cual soltó un suspiro mientras metía sus manos en los bolsillos. Cuando el espectáculo paró, Taiga miraba con una calma asombrosa a los soldados. Los ojos del líder se abrieron como platos al ver que no tenía ni una sola herida. En lugar de eso, todo el cuerpo del rubio estaba cubierto por un color morado azabache. Reconoció enseguida el haki de armadura y frunció el ceño.

- Maldito seas… Vendedor mis cojones. Dime enseguida quién eres…

- Taiga Redfield, agente especial del gobierno mundial. – Respondió mostrando una sonrisa amable mientras sacaba su mano derecha del bolsillo.

Aquel hombre ordenó a uno de sus hombres avisar a las personas de dentro del edificio. Él mientras tanto salió corriendo hacia el rubio con su espadón en mano. Cuando estuvo lo suficiente cerca trató de partirlo en dos por la cintura. El chico alzó su pierna un poco y paró el filo con la rodilla. El agente tras aquello se quedó frente a frente con aquel hombre. No había mucha diferencia de altura.

- He venido a deteneros, por lo que pido por favor que os entreguéis sin armar jaleo. Habéis cometido robos, asesinatos y habéis amenazado públicamente a muchas islas. No puedo permitir que esto continúe.

- ¡Te diré lo que opino de eso! – Gritó el hombre furioso mientras trataba de lanzarla otro corte, pero este iba directo a su cuello.

Taiga impactó su puño contra el filo del arma. Los fragmentos de acero saltaron en pedazos. Los ojos de aquel hombre se abrieron de forma exagerada. Era imposible que aquel chico tuviese era bestial fuerza, pero así era. El rubio entonces miró directamente a los ojos de aquella persona. Su rostro ahora mostraba una despreocupación increíble. Era como si pese al peligro que corría, estuviese caminando por su casa. Más sonidos de disparos se escucharon, pero pasó lo mismo. Las balas rebotaban en el cuerpo del chico como si nada.

- Su haki está muy avanzado… Es un monstruo…

- No puedo creer que después de vuestros crímenes yo sea el monstruo aquí. – Mencionó el agente frunciendo un poco el ceño.

Una explosión se formó entonces a escasos centímetros del agente. Taiga cerró los ojos sin entender lo que ocurría. Notó un olor muy fuerte que le hizo clavar una rodilla en el suelo. Se dio cuenta de que le estaba entrando muchísimo sueño. Debían estar usando alguna droga de diseño. Un leve humo morado le estaba empezando a rodear. Se fijó en que había sido un soldado desde el tejado. Tenía algunas esferas azules en sus manos. Escuchó entonces las palabras del líder.

- ¡Bien hecho, Kolei! Ahora podremos sacarle todo lo que sabe…

- “Parece que no tienen intención de matarme…” – Pensó sonriendo.

Cierto era que Taiga podía morderse y debido al dolor librarse de aquello. También esparcir el humo con una onda de choque, pero prefirió recurrir a otro plan. Quería ver al jefe de aquel sitio, al verdadero claro. Cerró los ojos y quedó tirado en el suelo mientras dejaba aquella trampa hacer efecto en su cuerpo. Echaría una buena siesta. No tenía nada relevante en su mochila, pues incluso el Den den mushi se le cayó a un rio. Era una persona torpe en aquellos aspectos. Los soldados al verle dormido suspiraron de alivio. El moreno del prominente bigote empezó a reír al mismo tiempo que sacaba un puro de su bolsillo. Lo encendió y lo metió en su boca mientras alzaba su puño derecho en señal de victoria.

- ¡Esto es todo lo que puede hacer el gobierno mundial! – Gritó emocionado mientras sus hombres reían también de forma exagerada.

*****

Los ojos de Taiga se abrieron lentamente. Se dio cuenta de que estaba en una especie de laboratorio, pues todo estaba lleno de hombres trabajando. Vestían de con batas blancas y había muchísimas mesas llenas de cosas de químicas. Tubos de colores raros, bolsas de sangre, animales pequeños y demás. Le sorprendía el silencio que había. Todos estaban callados y apenas hacían ruido. ¿No había una mazmorra oscura o una sala de torturas? No, le habían puesto en ese sitio…

Se encontraba atado a una pared con… Joder, ¿cuántas cadenas le habían puesto? Tenía cada brazo incrustado en una especie de placas y encima las manos atadas. Las piernas estaban amarradas con unos cordones muy gruesos y hechos de distintos metales. Parecían los que se usaban para las grúas más modernas de la capital del agua. En aquel caso eran usados para tirar de las piezas más grandes sin peligro desde otra máquina. La tecnología avanzaba mucho. Trató de romperlo todo usando toda su fuerza, pero fue en vano incluso para él. Sonrió al ver que todo iba bien, así no destrozaría todo sin querer. El lobo entonces notó también una presión en el estómago. Una especie de hilos de acero le presionaban y al final de ellos había dos cubos del tamaño de un contenedor de basura. Joder, sí que se habían currado las ataduras. Una sonrisa se formó en su rostro. Se fijó en que tampoco llevaba la camiseta. Esperaba que no le hubiesen violado.

- ¡Ya estoy despierto! – Gritó de forma ilusionada como un niño pequeño.

Eso provocó que algunos de los científicos le mirasen con seriedad. Uno de ellos abandonó aquella habitación, seguramente iba a informar a sus superiores. El rubio escuchó un leve gruñido y miró hacia abajo. Había sido su estómago. Recordó que llevaba sin comer un día entero. Encima, no sabía cuánto tiempo llevaba dormido. Estaba hambriento y seguramente pediría algo rico a sus captores. Si no podían ofrecerlo, terminaría con aquello rápidamente. Esperaba saber de una vez quien era el jefe. Se dejó capturar por ello, pues no quería que mientras él peleaba con el resto su objetivo huyese. Soltó un enorme bostezo y agitó un poco la cabeza. Quería estirarse, pero no podía debido a todas las ataduras que tenía por el cuerpo. Era una suerte que no le hicieran tanta presión como para hacerle daño.

La puerta no tardó mucho en abrirse. Dos hombres aparecieron por ella. Uno era el jefe de seguridad de la entrada. El otro parecía ser un hombre de unos cuarenta años. Tenía un parche en el ojo derecho. Su cabello era azulado y su orbe izquierdo dorado. Vestía con una camiseta blanca y una chaqueta de cuero negra. Su expresión era bastante siniestra. El rubio entonces mostró una sonrisa agradable y esperó a que se acercasen. Algo le decía que iba a ser muy divertido. En cuanto el dúo estuvo en frente de él, mostró una sonrisa amable.

- Tengo hambre.

Capítulo 2: ¿Son Todos Los Redfield Unos Monstruos?

- Me temo que no tendrás comida hasta que nos cuentes todo lo que deseamos saber. – Mencionó el tipo de cabellos azules con un tono serio.

- Vamos, hombre. Tan solo deseo un poco de carne asada con queso… No es mucho pedir, mi querido prisionero-chan. – Respondió Taiga con un tono calmado.

El hombre del parche frunció el ceño ante sus palabras. Él era quien estaba prisionero y no toleraba que le vacilara de aquella forma. Trató de pegarle un puñetazo en el estómago y lo logró. El lobo tosió un poco y después escupió a un lado. El golpe había sido fuerte, pero nada que no le hiciera perder la sonrisa. El hombre de la barba empezó a reírse un poco mientras sacaba de nuevo un puro de su bolsillo. Aquello hizo que el lobo riese un poco por lo bajo y después le mirase.

- Es un poco injusto que a él le dejes fumar y a mí comer no. Las cosas no van así, colega. Alimentarse es muy normal, lo suyo mata.

- Estás demasiado gracioso, agente. Podríamos matarte enseguida y se acabarían tus gilipolleces de una vez. Ahora cuéntanos todo. Quiero saber cómo has llegado hasta aquí y quien es tu superior.

- No digas palabrotas…

El peliazul soltó un suspiro. Después de unos momentos volvió a golpearle. Taiga soltó un leve quejido y después empezó a reírse. Tal vez ya había pasado el tiempo adecuado. Notó su haki listo para ser activado en cualquier momento. El luchador entonces soltó un enorme suspiro y se quedó mirando fijamente al tipo que le maltrataba.

- Entonces deberé ir yo mismo por la comida…

- Si crees que puedes liberarte es que eres más tonto de lo que pensaba. – Dijo el tipo del puro en la boca con un tono serio.

Taiga mostró una sonrisa amigable y después de unos momentos cerró los ojos. Los abrió al momento mostrando en ellos un ligero tono azulado. Sus brazos aumentaron el grosor y una intensa aura celeste le recorrió. Con el Soul North abierto aumentó su fuerza de forma absurda. Las cadenas se partieron al mínimo tirón. Las ataduras de su estómago y brazos reventaron y la placa tras él se rompió. Los ojos de sus dos captores se abrieron como platos al ver lo que había pasado. El hombre moreno trató de desenfundar su espadón, pero el puño derecho del lobo se estampó en su pecho. Salió volando hacia atrás, atravesando una pared y quedando tirado en el suelo con los ojos cerrados.

- ¿Quién se supone que eres? – Mencionó el peliazul dando un paso hacia atrás.

- Agente Taiga Redfield. – Respondió con calma.

- ¿Redfield? ¿Estás emparentado con el demonio de la niebla? – Preguntó aquel hombre frunciendo el ceño de forma algo exagerada.

- Me temo que no.

Taiga ya estaba acostumbrado a aquella pregunta, pero su respuesta siempre era la misma. Se mantuvo calmado mientras observaba al hombre que tenía delante de sus ojos. Llevárselo podía ser difícil, principalmente debido a que debía llevarse a otras cincuenta personas más. No había sido muy buena idea ir solo. Aunque en su forma completa podría cargar con todos… Era muy arriesgado. Mejor llevarse al líder. Avanzó un poco hacia el hombre peliazul, pero él dio unos pasos hacia atrás.

- Se supone que el gobierno suele evitar muertes y preocuparse por la gente… ¿No es así, señor Taiga? – Mencionó aquel tipo.

- Es justo como dices, en mi caso al menos. De todas formas, si vienes por las buenas no voy a agredirte en ningún momento.

- En ese caso no sigas avanzando…

El peliazul cogió a una de las científicas por el cuello y sacó una especie de daga plateada. Colocó el filo cerca del corazón de la muchacha y mostró una sonrisa siniestra. El lobo al ver aquello frunció el ceño de forma notoria. Era imposible que fuese tan miserable. Era una persona de su equipo. Lo peor de todo, la joven no parecía quejarse. El agente entonces dio un paso hacia él sin miedo alguno y después mostró sus dientes, los cuales ya estaban afilados.

- No vas a matarla…

- Todos estos hombres son fieles a los tres cabecillas de Revólver, por lo que no les importa morir si es por una causa importante. Si continúas avanzando la mataré.

- Como lo hagas me aseguraré de que no salgas de aquí con todos los huesos sanos. – Dijo entonces el rubio con un tono algo frío.

Aquel tipo entonces atravesó sin piedad el corazón de la joven. Los ojos de Taiga se abrieron como platos, pues no creía lo que había pasado. El tuerto tiró el cuerpo al suelo y enseguida cogió a otro de los científicos como rehén de nuevo. Su sonrisa se ensanchó y empezó a reír de forma un poco fingida, como si aquello le estuviese divirtiendo. Se notaba bastante nervioso en realidad.

- Esto es para mostrarte que no voy de farol. Ahora retrocede o esta persona correrá la misma suerte que la chica.

- Era tu compañera…

- ¿Qué dices? Habla más fuerte, idiota.

- ¡Era tu compañera! – Gritó el rubio desapareciendo de la vista del peliazul.

Debido al buen uso del soru, se las arregló para colocarse tras él. Taiga lo agarró por la cabeza y sin pensárselo, lo estampó contra el suelo de forma violenta. La gente de la sala empezó a murmurar cosas entre ellos. El tipo que había estado también a punto de morir se apartó un poco. El lobo se acercó entonces al cuerpo de la joven y comprobó la herida. Estaba muerta… Los ojos del rubio pasaron a ser dorados. Clavó su mirada en el peliazul y avanzó hacia él con el ceño fruncido. Cuando estuvo cerca lo agarró del cuello y lo alzó unos centímetros del suelo.

- ¡Acabas de matar a una persona delante de mis ojos! ¡No voy a perdonarte lo que acabas de hacer, monstruo! – Gritaba con furia.

Aquel imbécil empezó a reírse entonces. El agente salió corriendo con él agarrado todavía del cuello. Colocó su cuerpo en el extremo de una de las mesas más largas y lo arrastró por toda ella, chocándolo con todos los objetos que había. Lo tiró después de forma violenta contra la pared y terminó pegándole una potente patada en el estómago. Aquel tipo empezó a vomitar debido al poderoso golpe y después de unos segundos recuperó el aire. Miró a Taiga desde el suelo y jadeando.

- Todos los Redfield son unos monstruos… No puedo creerme que un agente sea tan poderoso. – Tosió un poco de sangre.

- Yo me esperaba más del líder de Revólver. No eres más que una rata detestable y arrogante. Ahora vas a responder ante la justicia.

- Líder dice… Hay otras dos personas por encima de mí…

- Entonces me gustaría mucho saber su ubicación. Eso si quieres continuar respirando…

Una risa siniestra salió entonces de la boca de aquel hombre. Estiró su mano pulsando un botón situado bajo uno de los escritorios y una luz roja bañó toda la sala. El sonido de una sirena comenzó a sonar y eso hizo al lobo fruncir el ceño. Miró al peliazul con rabia y lo volvió a coger por el cuello. Lo alzó y pegó la espalda de aquel imbécil a la pared. Mostró sus colmillos afilados y después chasqueó la lengua.

- Muy cliché el activar el sistema de autodestrucción. ¿Cuánto tiempo tengo para salvar a todo el mundo? Estoy seguro que con tu mente retorcida menos de un minuto.

- No pienso pasar mi vida en la prisión de máxima seguridad… ¡Mátame de una vez!

- No te voy a dar ese gusto…

El rubio arrojó el cuerpo de aquel tipo contra el suelo y después de aquello notó un molesto olor. Se trataba de gas al parecer. Encima, una especie de objeto negro salió por un agujero del techo y cayó al piso. Una lucecita roja se encendió en él y empezó a emitir un leve pitido. El agente rápidamente cambió a su forma completa y mediante el soru salió del edificio llevándose consigo tres o cuatro paredes por el camino. El enorme lobo de dieciocho metros de alto arrasó medio edificio por lo menos. La terrible explosión le produjo algunas quemaduras en las patas, pero tampoco fue para tanto en aquella forma. Su velocidad y tamaño le habían salvado. Fue una verdadera lástima que el resto no se hubiesen salvo. El luchador entonces volvió a la forma humana mientras miraba aquel sitio.

- Maldita sea… Vamos a ver si tus dos compañeros no son tan débiles como tú, miserable escoria. – Susurró apretando ambos puños mientras miraba el lugar en llamas.

Si los seguidores de Revólver eran así, es que eran muy tontos. Más que un grupo criminal parecía una maldita secta. Escupió a un lado y tras unos segundos empezó a caminar rumbo a la jungla con ambas manos metidas en los bolsillos. Sabía que su mochila se habría quemado, pero no llevaba nada valioso para él dentro de ella. Tal vez las latas de atún fueron la perdida más importante de sus cosas.

Capítulo 3: La Decisión Del Puño Helado.

- Eres peor de lo que imaginaba…

El puño de Taiga se estampó contra un árbol de la zona. Estaba en una isla bastante grande, compuesta de bosques y pequeños pueblos. En aquellos mismos instantes él se hallaba en un parque. Había estado investigando los últimos meses sobre la localización de más bases de Revólver y sus investigaciones le habían llevado hasta allí. El motivo por el que estaba mosqueado era totalmente distinto a cualquier cosa que tuviese que ver con aquella misión. Había hablado con Milena por el nuevo comunicador que compró de camino y…Se enteró de que había perdido a su hijo. No podía evitar echarle la culpa al imbécil de Ushio por no haber estado allí. Él mismo le dijo que no se acercara, pero la impotencia le hacía pensar así. No podía creerse que su amigo fuese una rata tan hija de puta. Empezaba a sentir más asco hacia él que otra cosa. Incluso le perdonó cuando se presentó en Fiordia para darle aquella paliza frente al país.

Las venas de la frente del agente estaban bastante marcadas. Habían pasado algunos meses desde lo sucedido en la jungla. No se había estado quieto. Había entrenado una mejora para sus habilidades físicas. El entrenamiento realizado fue el de canalizar su energía en la zona de los codos. Dominaba el control del flujo desde hacía un año, por lo que no le costó mucho moldear sus poderes en aquella zona. La canalización de energía era un arma peligrosa y él la dominaba a la perfección. Lo que pudo formar no fue otra cosa que unas enormes cuchillas de color verde, las cuales estaban formadas por energía cortante. No era un maestro de las espadas, pero al estar unidas a sus brazos podía tener un dominio bastante bueno de ellas. Los objetivos con los que probó aquella habilidad no fueron otros que los árboles de la zona.

No llegó a pasar mucho tiempo entrenando aquella cosa. En cinco días había logrado más o menos tener un control moderado de la habilidad. Lo malo era el tiempo que duraba, pues era bastante poco. La motivación que tenía con aquello era poder parar los cortes de los espadachines con aquellas hojas de energía. Aunque el hecho de que estuviesen en la zona de los codos podía ser algo complicado. Taiga era un gran luchador y no le costaba hacer movimientos rápidos, pero tendría que trabajar mucho más en ello. Dichas armas tenía el filo curvado y tenían una longitud de cuarenta centímetros, más diez de ancho.

Ya que se encontraba allí decidió probar su poder. No parecía haber nadie en la zona del parque, por lo que no llamaría mucho la atención. Cerró los ojos concentrándose y canalizando energía que fue rumbo hacia los codos. Lentamente, una especie de cuchillas verdes nacieron de aquella zona. El rubio lanzó un poderoso corte hacia el banco de su derecha. El objeto de madera quedó partido por la mitad. El esfuerzo fue mínimo, pero se veía que aquella cosa funcionaba. Abrió los ojos de nuevo y anuló su poder mientras miraba su mano derecha despacio. Cerró el puño y después soltó un suspiro. Llevaba un pequeño rato dándole vueltas a una cosa. Tragó saliva y después miró hacia el cielo. Parecía tener una expresión seria en su rostro. Había tomado una decisión y no iba a retractarse de ella.

- No voy a permitir que continúes haciendo daño a la gente que quiero, Ushio. Si vuelvo a verte acercándote a alguien de los míos… Yo mismo me ocuparé de ti…

Metió la mano derecha en su bolsillo y cogió su comunicador. Era el momento de informar al gobierno de sus progresos. Llevaba meses sin llamarles y estaba seguro de que lo estarían dando por muerto. Esperó a que la persona que había al otro lado de la línea lo cogiese. Estaba llamando a uno de los pocos superiores con los que tenía un poco de confianza. El resto los tenía como idiotas. Desde aquel día que dudaron sobre él por su apellido había decidido confiar en sí mismo y en unas pocas personas. Cuando escuchó la voz de aquella persona preguntando quién era, él sonrió.

- Agente Taiga Redfield.

- ¿Qué coño ha pasado? ¿Dónde mierda te has metido estos meses? Más te vale tener una buena excusa o vas a tener el mayor problema de tu vida.

- Derroté a uno de los cabecillas de Revólver. Me he dedicado a investigar por mi cuenta y ahora estoy en la isla donde están los dos líderes. En unos cuantos meses más estaré ahí. Debe confiar en mí.

- Está bien. Quiero un informe en cuanto vuelvas. Pero no te vas a librar de la bronca. Más te vale cumplir tu objetivo, Taiga-kun. – Colgó.

El rubio soltó un pequeño suspiro y después de unos instantes miró de nuevo hacia el cielo. De hecho, ni siquiera estaba totalmente seguro de que aquellos imbéciles estuviesen allí. Iba a tener que dar lo mejor que tenía para enterarse de todos los rumores de la isla. Por suerte, no era muy de llamar la atención cuando investigaba. Había alquilado una habitación en una de las posadas más baratas de la isla. Lo siguiente que haría sería comprar algo de ropa y planear su estrategia. Esa gente tenía un grupo bastante numeroso y eso sería debido que tendrían gente fichando personas. Debido a la perdida de aquella isla selvática, estarían buscando personal. Se dio cuenta que salvo los guardias, el resto eran todo científicos. Soltó un suspiro y empezó a caminar hacia la posada con una expresión seria en su rostro. Tenía mucho que hacer y muy poco tiempo.

En efecto… Tras cuatro días, el rubio se había enterado de unos hombres que estaban reclutando gente. Ofrecían buen sueldo y buscaban expertos en física, química y medicina. El lobo vio aquello como una buena oportunidad para infiltrarse. Primero confirmaría si aquellos hombres eran de Revólver. Se había puesto esa noche una camiseta de tirantes blanca, una chaqueta negra que llevaba abierta, unos pantalones oscuros y unas botas. No llevó ningún tipo de arma u objeto consigo. Quería ser lo menos cantoso posible. Según tenía entendido, solían hacer los fichajes en una pequeña casita de las afueras.

Aquellos cuatro días estuvo tratando de mejorar personalmente el uso de sus cuchillas de energía. Las necesitaría si aquellos dos hombres que lideraban el grupo criminal eran expertos en el uso de armas de filo. No podía continuar pensando que su haki era el más potente del mundo. También se dedicó a crear una identidad con la que poder trabajar. Estudió todos los detalles del personaje que había inventado. Ahora solo faltaba lograr cumplir su meta y que aquella gente le llevara directo hacia los líderes de Revólver. Lo mejor de todo aquello era que las cámaras de la base en la jungla estallaron. No había pruebas que indicaban que él fue el agente que se cargó todo. De hecho, tal vez ni sabían que fue una persona… A lo mejor lo tomaron como un accidente. Fuese como fuese, él pensaba ir con mucho cuidado y midiendo bien lo que decía en cada momento.

Llegó por fin a las afueras del pueblo y pudo ver una cola de al menos unas treinta personas. Aquello le hizo alzar una ceja. Iba a tardar un poco más de lo que pensaba, pero él no iba a colarse. Se colocó el último y se cruzó de brazos. Mejor evitaría posibles conversaciones. Era posible que hubiese algún soldado entre aquella gente para poder pillar a posibles marines o agentes. Se mantuvo callado toda la caminata y con su haki de observación activado. Siempre era bueno tenerlo listo en aquel tipo de casos. Finalmente, con el paso de los minutos llegó hasta la puerta. Nadie más había ido desde su llegada. Unos doce hombres se fueron, pero el resto no había salido. Tampoco parecían ser tan selectos después de todo. Más de la mitad lo habían logrado después de todo. Cuando le dijeron que podía pasar entró en la casa.

La primera impresión que se llevó del sitio fue buena. Había una chimenea que emitía calorcito agradable. Frente a ella podía verse una mesa de madera con una única persona allí sentada. También había una puerta abierta que daba a unas escaleras por lo que veía. Iban hacia abajo y aquello le dio a entender que podía haber un sótano oculto. De hecho, quizá había una base allí. Mostró una sonrisa y se sentó en la silla frente a aquella persona. No vio ningún símbolo que delatase al grupo criminal, pero eso iba a ser lo siguiente que intentaría averiguar.

Capítulo 4: El Deber De Un Agente.

La persona que tenía frente a sus ojos parecía tener una expresión bastante seria. Sus cabellos eran plateados, cortos y pinchudos. El color de sus ojos era rojizo como la sangre y no parecía medir mucho. En su mano derecha portaba un lápiz y sobre la mesa tenía una libreta con algunas anotaciones. El rubio detectó las presencias de la gente debajo de ellos. Notó unas cuarenta, por lo que había más gente de la que había en la cola. Era normal… Sería estúpido dejar a los nuevos allí solos. Esperó callado unos momentos y entonces aquel tipo le habló. Su voz era bastante grave.

- ¿Qué puedes aportarnos?

- Medicina, soy un gran médico con conocimientos de cirugía muy avanzados. Experto en medicamente y operaciones.

- Tan solo hemos recibido hoy un médico, por lo que nos vas a venir genial. El sueldo será bastante bueno, por lo que espero que des lo mejor de ti. Ahora quiero que me cuentes un poco sobre ti.

Taiga asintió con la cabeza. No podía creerse que hubiera sido tan fácil. Estaba seguro de que algo fallaba en todo aquello, pero por el momento se mantendría tranquilo. Ahora debía usar su mentira para formar una historia que le dejase como una persona neutral. Mostró una sonrisa un poco arrogante y después colocó ambos codos sobre la mesa.

- Me llamo Kalisto. He sido médico para algunas mafias del Oeste, pero la casualidad de que todas eran débiles me llevó a quedarme sin trabajo muchas veces. No me considero una hermanita de la caridad, por lo que curro por el dinero que me ofrecen. Mientras esté contratado soy la persona más fiel que usted pueda imaginar. No sé si daré el perfil adecuado para su… ¿Organización?

- ¿Estás de broma? Bienvenido a Revólver, chico. Alguien con tu visión será muy útil. Mientras te paguemos todo irá bien, supongo. – Dijo entonces sonriendo y apuntando su nombre en aquella libreta. – ¿Apellido?

- Ferdibort. – Respondió sonriendo.

Tras aquella pequeña entrevista, el hombre de cabellos plateados le señaló la puerta que vio anteriormente. Él asintió con la cabeza y se colocó en pie. Lo siguiente que hizo fue empezar a bajar aquellas escaleras con una parsimonia increíble. Ahora que estaba dentro, procuraría encontrar cuanto antes a los jefes. Ese tipo parecía por ejemplo alguien importante, pero no creía que fuese un miembro del dúo que buscaba. Metió ambas manos en los bolsillos y continuó bajando. Ya llevaba como unos treinta escalones y aquello no se terminaba. Para subirlas iba a darle una pereza increíble. Al menos, empezaba a sentir las presencias cada vez más cerca. Cada ciertos metros había más faroles que iban iluminando el camino. Con lo fácil que era poner bombillas… Pues no, aquella gente le gustaba hacer las cosas de forma tétrica por lo que estaba comprobando. Tampoco era asunto suyo, al fin y al cabo.

Cuando por fin llegó al final de las escaleras pudo ver un pasillo. Lo siguió y finalmente llegó a una sala enorme. Era un laboratorio gigantesco. La gente que había en la cola ya habían recibido sus correspondientes uniformes. Fue entonces cuando pudo ver a un tipo enorme en un extremo de la sala. Mediría al menos unos tres metros. No portaba camiseta, dejando ver un cuerpo exageradamente musculoso. Era calvo y en la boca poseía una especie de bozal de acero. Ladeó un poco la cabeza y después miró a su alrededor.

- Es el segundo al mando de este sitio, compañero. Él último supongo, ¿no? – Le preguntó entonces un hombre situado a dos metros a su izquierda.

El lobo lo miró de forma calmada. Era un tipo de estatura cercana a la suya. Sus cabellos eran bastante largos y de un color morado azabache. El tono de sus ojos le llamó la atención, pues era una especie de azul muy claro. Asintió a sus palabras y se alegró para sus adentros de que le hubiese hablado. El enorme monstruo que había allí era otro de los cabecillas. Iba a tener que andarse con muchísimo ojo a partir de ese momento si quería que todo le saliese bien.

- Así es, soy Kalisto, médico. – Estiró su mano hacia él.

- Encantado entonces, chico. Mi nombre es Jairo y soy el fundador de esta enorme organización. Siempre me gusta recibir personalmente a los nuevos. – Respondió estrechándosela.

El agente al escuchar aquello hizo una rápida reverencia ante él, fingió sorpresa y trató de fingir que estaba nervioso. En realidad, estaba bastante contento. La suerte estaba de su parte y tenía a los dos últimos peldaños que le quedaban para terminar aquella misión frente a él. El pelimorado al ver la actitud del rubio sonrió y le indicó que levantase la cabeza.

- Me gusta tu respeto por tus superiores. Nos vamos a llevar bastante bien nosotros dos, Kalisto-kun. Ahora pasa a la sala del final y te darán tu uniforme de médico.

Taiga asintió con la cabeza y empezó a caminar despacio hacia aquel lugar. El siguiente movimiento lo haría tras hacer una llamada a su superior. Arrestarlos allí mismo podría ser difícil, pues ambos parecían ser bastante fuertes. Además, había bastante gente… ¿Inocente? No habían hecho nada por el momento, pero trabajaban para criminales. ¿Ellos sabrían que Revólver eran delincuentes? Habían salido muchas veces en los periódicos… Estaba un poco confuso. Aquel tipo de situaciones eran demasiado complicadas. Ser un agente del gobierno era duro en algunas ocasiones.

El uniforme que le brindaron fue todo lo contrario de lo que esperaba. Era una bata de color negro con el emblema de una serpiente dorada en la espalda. El diseño estaba bastante currado y a Taiga le gustaba, pero era una lástima que fuese usado con malos fines. Una vez se cambió volvió a la sala anterior. Tenía curiosidad por saber la razón de que el segundo al mando tuviese un bozal de acero en la boca. Debía tener algún trastorno mental y mordería a la gente, pero entonces no debería tener aquel rango. Jairo parecía una persona mucho más razonable que todos los miembros de aquel grupo. Estaba deseando tener un momento libre para llamar a los suyos, pero parecía que la cosa se iba a complicar un poco. Justo entonces un hombre bajito entró por la puerta. Estaba sangrando bastante por su brazo.

- Necesito ayuda… Un puto oso de la zona me ha atacado de camino hasta aquí…

- Yo me ocupo. – Dijo Taiga en voz alta mientras sonreía.

Aquello hizo que Jairo mostrase una expresión de aprobación. Enseguida le indicaron al lobo cual era la sala médica. Le dieron los aparatos que pidió y no tardó mucho en cerrarle la herida a aquella persona. Desinfectó, cosió, limpió… Era un verdadero experto en aquel tipo de cosas. Una vez terminó con todo, el hombre le dio las gracias y se fue a descansar. Se trataba de uno de los guardias de seguridad que tenían dispersados por la isla. Taiga se sentó en una silla y se quitó los guantes. Acaba de curar a una criminal, pero debía hacer un papel perfecto para continuar infiltrado hasta que pudiese hablar con su jefe. Mantuvo una mirada seria por unos momentos y después se limpió el sudor de la frente. Empezaba a tener bastante calor pese a estar en el Norte. Esperaba que cada habitación tuviese un ventilador al menos.

- Muy buen trabajo, Kalisto. Me alegro de que te hayas unido a nosotros. – Dijo Jairo al mismo tiempo que entraba por la puerta.

- No ha sido nada, jefe. Curar es algo que me es relativamente fácil, por lo que me gusta explotar ese potencial al máximo. Que me paguen por algo que me gusta es genial. – Mencionó mirando la mesa que había utilizado.

El hombre de cabellos morados paseó unos momentos por la sala y terminó de observar todo lo que había alrededor. Los vendajes manchados, el agua oxigenada, las agujas… Mostró una expresión de satisfacción y después de unos momentos miró al rubio a los ojos. El lobo mantuvo su mirada también en él mientras esperaba algunas palabras. Se notaba que a Jairo le gustaba hablar bastante.

- Será mejor que vayas a descansar. Es tarde y mejor empezar a trabajar por la mañana. Cada persona tiene un cuarto individual, para que os quejéis ¿eh? Os tratamos como reyes.

- Eso debo admitirlo. – Contestó el rubio mostrando una sonrisa amigable.

Por un momento pensó que debería compartir habitación, pero cuando supo aquello se alegró bastante. Igualmente, la llamada pensaba hacerla desde otro sitio. No podía arriesgarse a que hubiese cámaras. El exterior era el sitio adecuado. Con la excusa de ir a dar una vuelta para tomar el aire podría hacerlo. Con el mantra podría asegurarse de que nadie le siguiera y si eso fallaba tenía su olfato. Esperaría unas dos horas más antes de pedir permiso para salir. Esperaba que no le pusieran escolta o algo por el estilo.

Capítulo 5: Paciencia Destruida.

Tres meses más pasaron, pero… ¿Qué ocurrió? Taiga había informado todo a su superior, el cual le dijo que permaneciera un tiempo infiltrado. Cuando menos se lo esperasen, debía dejar inconscientes a los dos cabecillas y llamar a los refuerzos. Habían mandado unos doce agentes a la isla para que el lobo los tuviese cerca por si las moscas. El plan estaba bastante bien pensado. El problema era encontrar un momento con aquellas dos personas separadas. Dejar a uno fuera de juego, llamar a los refuerzos y ocuparse del otro entre todos. Taiga habría hecho todo él solo, pero al enterarse de que el segundo al mando era un usuario de las frutas mitológicas… No pensaba arriesgarse tanto. A saber la clase de poderes que tenía Jairo entonces.

En aquel tiempo, el luchador estuvo mejorando su habilidad con el kami-e. Cada día practicaba para poder mejorar en su uso. Aquella técnica le venía a él bastante bien. El mero hecho de hacerse flexible cuando fuese necesario era demasiado útil. Para un tiroteo debía de ser la hostia, pero mucho más para evadir golpes físicos. En aquel preciso momento se hallaba en una de las salas de entrenamiento de los miembros de seguridad. Había obtenido permiso para estar allí y entrenar de vez en cuando. A Jairo le pareció fabuloso que un médico supiese luchar, por lo que no puso pega alguna. El rubio no era vigilado debido a la confianza que le habían cogido, por lo que podía usar sus habilidades secretas allí sin problemas. Se enteró de que tan solo había cámaras en los pasillos y en el cuarto de baño femenino… Había que ser sinvergüenzas. Aquella información no la sabían las científicas…

Taiga se movió velozmente a un lado mientras mantenía sus ojos cerrados. Ya había hablado hacía tiempo con Castor sobre los kempos del rokushiki. El kami-e resultaba ser uno de los más difíciles de lograr. Llevaba dos meses practicándolo, por lo que suponía que no iba a tardar mucho en dominarlo del todo. Se lanzó al suelo y tras unos segundos se levantó. Se movió de nuevo hacia su derecha y trató de cambiar a la izquierda de forma brusca. Realizaba algunos ejercicios de flexibilidad también. El entrenamiento le estaba costando lo suyo en realidad. Había tardado mucho menos en dominar otro tipo de técnicas, como el haki por ejemplo. Recordó que lo entrenó apenas un mes la primera vez. La segunda, lo hizo dos semanas y terminó de hacerlo muy poderoso. Taiga estaba hecho para cosas más brutas.

Pasadas siete horas de ese día fue llamado hacia una de las salas de pruebas. Algo le decía que iba a tener que curar a alguien. En total habría ayudado a unas doscientas personas en aquel tiempo. Hubo algunas que se le costaron, pero otras fueron realmente sencillas. Las operaciones más complicadas eran las intervenciones a corazón abierto, la cual solo tuvo una por suerte.

Entró en aquella enorme sala llena de camillas vacías. El final de la sala estaban los dos líderes y parecía haber alguien tumbado en la cama. Era un chico joven de piel oscura. Estaba atado y tenía una especie de tubos conectados a sus venas. El líquido que el administraban era de color blanco y eso extrañó mucho al agente. Jairo se quedó mirándole con una expresión seria y después le colocó una mano en el hombro.

- Quería que vieses esto, Kalisto. Se trata de un componente que han inventado nuestros científicos. Llevamos veinte minutos administrándole la sustancia, en un par de más debería tener la primera reacción…

- ¿Cuál es? – Preguntó con curiosidad.

- La muerte, claramente. Pretendemos mejorarlo para que mate en unos segundos, pero primero debemos comprobar que funciona. Lanzar una bomba de esto sobre un cuartel marine debe de ser genial.

- Señor, pero este chico… No creo que matar a una persona de apenas quince años esté bien. Podría usarlo en animales, piénselo bien.

Taiga estaba bastante preocupado. Nunca habían matado allí a nadie, no al menos delante de él. Ahora planeaban cargarse a un chaval… El rubio notaba cierto temblor en las manos. Aquel crío estaba consciente y parecía estar pasándolo mal. A saber lo que le habían dicho para que no se resistiese. ¿Habrían amenazado a su familia? El agente tragó saliva.

- Prefiero que sea en humanos. De todas formas… Tan solo es una vida. – Dijo aquel hombre con un tono realmente arrogante.

El puño del lobo se estampó entonces en la cabeza de Jairo. El tipo de cabellos morados salió disparado a una velocidad impresionante contra una de las paredes. El impacto le hizo atravesarla y quedar tirado en el suelo. Sus ojos estaban cerrados y algo de sangre salía de su cabeza. Estaba inconsciente. La paciencia de Taiga se había terminado al escuchar aquellas palabras. De un potente golpe hizo pedazos la máquina que suministraba aquella cosa al chico de piel oscura. Entonces fue cuando recibió un codazo en la cara por parte del enorme segundo al mando. El rubio cayó se espaldas de forma violenta y terminó algo mareado. La bestia se arrancó el bozal y mostró unos dientes afilados. El luchador había flipado con la fuerza de aquella cosa, pues nunca pensó que sería tan exagerada.

Se levantó como pudo y notó una sensación húmeda recorriendo sus labios. Se llevó la mano a la boca y pudo ver sangre. Hacía muchísimo tiempo que nadie le provocaba sangre en su rostro. Se relamió despacio y miró al enorme ser de tres metros.

Tenía al líder inconsciente, debía terminar rápidamente con el segundo al mando y llamar a los refuerzos. Aquel tío le rugió de forma provocativa y lentamente empezó a cambiar físicamente. Dos cuernos le salieron de la cabeza, su piel se volvió marrón y su tamaño aumentó hasta los cuatro metros. La bestia tuvo que encorvarse para no pegarse con el techo. Se había convertido en un minotauro.

- Tengo que darme prisa…

Taiga soltó un enorme rugido al mismo tiempo que su cuerpo empezaba a imbuirse en su haki armadura más poderoso. En lugar de ser un color morado azabache, fue uno rojo metálico, el cual era la marca personal del agente. Su aura azulada se activó dándole cuatro veces más fuerza que antes y canalizó su energía hacia los codos. Aquellas espadas curvadas de color verde se formaron. Sin decir nada más, se lanzó hacia el enorme monstruo. De un patada logró lanzarlo hacia atrás un par de metros, pero el terrible ser se levantó como si no le hubiese pasado nada. El toro iluminó sus ojos en un color rojizo intenso y corrió hacia él. Todo su cuerpo cambió a un color negro metálico. Taiga alzó una ceja y volvió a lanzarse hacia su rival. Ambos empezaron a intercambiar puñetazos a una velocidad asombrosa. El rubio sabía que aquel ser no hablaba y eso le hacía pensar varias cosas. No entendía cómo podía liderar de aquella forma cuando Jairo no estaba…

Una palmada en su pecho hizo al agente salir disparado hacia atrás. Su espalda chocó contra la pared del lugar y quedó clavado. Se fijó en que el chico de piel oscura se había ido ya y eso le hizo sonreír. Los músculos del agente aumentaron su grosor. El hocico del chico se alargó y una serie de dientes afilados se formaron en su boca. La altura que tomó fue de seis metros, por lo que tuvo que colocarse de cuclillas para no reventar el techo. Sus dorados ojos miraban al toro de forma seria. Ambas bestias se lanzaron rumbo a su oponente. Los puños chocaron con fuerza, pero esta vez fue el segundo al mando de Revólver quien cayó al suelo de forma bestial. Taiga le había roto los nudillos. En aquella forma, la fuerza del agente Redfield era una monstruosidad. Pudo escuchar un quejido de dolor en su rival, pero se sentía incómodo. Volvió entonces a la forma humana. No podía moverse mucho en aquel sitio. Encima estaban en una base subterránea y con un error de cálculos podía echarlo todo abajo. Un lobo de veinte metros era demasiado para aquello.

- Tendré que valerme de todo mi conocimiento del rokushiki para salir de esta. – Susurró para sí mismo mientras fruncía el ceño.

- ¡Voy a matarte! – Gritó entonces aquel monstruo.

El rubio sonrió entonces. Al fin podía conocer su voz, la cual intimidaba lo suyo. Escupió a un lado y alzó los puños esperando las acometidas de su rival. Activó el mantra y se relamió. Cuando aquel tipo trató de atacarle usó el soru para apartarse de allí. La enorme vaca chocó contra la pared de detrás. Provocó un agujero que lo llevó a uno de los laboratorios. El rubio corrió hacia allí siguiéndole y pudo ver a todos los científicos apartándose. Era una pena no poder controlar su tamaño, ya que el techo allí era un poco más alto, pero no lo suficiente.

Capítulo 6: El Gran Combo De Taiga Redfield: ¡Speed Wolf!

- ¡Tekkai! – Gritó el rubio recibiendo un rodillazo del enorme monstruo en el torso.

El agente retrocedió unos pasos mientras se quejaba. La fuerza de aquella cosa era bestial y él no podía convertirse sin arriesgarse mucho. Apretó los puños sintiendo algo de rabia y se lanzó a por el toro. Lanzó tres codazos buscando cortarle con sus espadas, pero aquella cosa agarró un par de mesas y las colocó en medio. Tras unos momentos, ambos estaban de nuevo intercambiando golpes a la mayor velocidad posible. Hubo un momento en el que Taiga saltó hacia atrás y pateó el aire. Con el geppou subió hasta una de las lámparas. Una vez en ella pegó dos patadas. Un par de rankyakus fueron directos a la bestia, la cual los bloqueó con los brazos. Algo de sangre salió de ellos y eso hizo al agente sonreír. Lo siguiente era pensar un método para poder dejarlo en fuera de juego.

Los ojos del lobo se abrieron como platos. La sala de entrenamiento tenía una altura de unos siete metros y pico. Allí podría luchar sin preocuparse. Rápidamente salió corriendo hacia allí, pero entonces el minotauro tomó a uno de los científicos y lo atravesó con uno de sus cuernos. El rubio frunció el ceño y se frenó en seco, ¿por qué había hecho eso? Ahora entendía bastantes cosas. Jairo era quien controlaba a aquella cosa. Ahora que el líder estaba fuera de juego, esa cosa era libre de hacer lo que quería. La bestia arrojó el cuerpo del hombre al suelo y miró hacia otro de los científicos. Cuando trató de agarrarlo, Taiga se interpuso en medio y de un puñetazo en el hocico lo tiró al suelo.

- Salid todos de esta base. – Ordenó con autoridad mientras se quitaba la túnica y quedaba con el torso al descubierto.

La gente hizo caso al momento y empezaron correr hacia la salida. Aquello no agradó al enorme hombre toro, el cual corrió de nuevo hacia el rubio. Redfield sabía que no podía ganar en fuerza sin usar sus formas, por lo que tendría que explotar su velocidad. Mediante el soru empezó a moverse por la sala apartando los obstáculos para tener más sitio libre. No iba a lograr que aquel tipo le siguiera por lo que veía. Notaba su aura azul disiparse y eso provocó que chasquease la lengua. Activó su ámbito gélido y enfrió sus puños. Tras aquello se movió hacia la espalda del toro y de dos rápidos puñetazos lo hizo gruñir. Volvió a apartarse de nuevo con el soru y se fue al otro extremo de la sala. Notó entonces el agarre de aquella cosa en su cuello. ¿Cómo demonios se había movido tan veloz? Cerró los ojos con fuerza y empezó a mover las piernas. El monstruo estaba brillando en un tono rosado, por lo que supuso que usó alguna técnica de canalización.

Taiga entonces se dio cuenta de que por muy cerdo que fuese lo que iba a hacer… No tenía otra opción. Lanzó una potente patada directa a la entrepierna de la vaca. El toro le soltó en el acto y retrocedió quejándose. El agente decidió no perder el tiempo y rápidamente se colocó frente a él con el soru.

- ¡Speed Wolf! – Gritó entonces con fuerza.

El lobo activó el Aoneko y el Nodo para mejorar sus atributos y por supuesto, la velocidad. Empezó a golpear con sus puños en el abdomen de su oponente. No paró en ningún momento y continuó encadenando su ataque. Puñetazo tras puñetazo fue avanzando hacia delante mientras el monstruo retrocedía. Su haki era más poderoso que el de aquella cosa y los aumentos de fuerza que utilizó le ayudaron. Hubo un momento en el que su rival trató de apartarle de una palmada, pero debido al kami-e kempo pudo evadirlo. Los segundos pasaban y los golpes de Taiga continuaban impactando en el cuerpo de su rival.

- ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! ¡Toooooooooooooooooooooma! –

EL último grito lo pegó cambiando un solo instante a la forma híbrida. El cuerpo de aquel tipo salió volando y atravesó unas cuatro paredes. El rubio una vez volvió a la forma humana clavó una rodilla en el suelo. Tuvo que agacharse en el momento del cambio. Notó el aura de su rival moviéndose y salió disparado de nuevo usando el soru. No pensaba darle cuartel. Saltó con fuerza y de una patada en la barbilla lo hizo escupir algunas gotas de sangre. Giró sobre su propio eje e impactó una palmada en su pecho, pero esta vez liberó también una potente onda de choque.

- ¡Kemono!

El cuerpo de aquel monstruo de nuevo salió despedido, pero él continuó corriendo tras su oponente. Cuando lo alcanzó, pegó tres cuchillazos con sus espadas en su cuerpo y finalizó el poderoso combo agarrándolo de ambos cuernos. Había usado el geppou para llegar. Dejó ambos pies en la cara del monstruo y de un movimiento violento lo lanzó contra el suelo. El agente miró a la bestia con el ceño fruncido. Los ojos del ser parecían estar cerrados, pero de nuevo se abrieron. Chocó su pie de nuevo con su rostro y lo volvió a lanzar unos cuantos metros. Después de unos segundos se dio cuenta de que ya estaba inconsciente. El rubio cayó al suelo jadeando debido al cansancio.

- Se terminó…

Se levantó cuanto antes y empezó a caminar hacia su habitación. Lo siguiente que debía hacer era coger el comunicador para informar a los agentes cercanos de que fueran para allá. Revólver al fin había caído. Debía atar cuanto antes ambos cuerpos y de paso asegurarse alguna forma de que no pudieran escapar de sus ataduras. Más que nada lo pensaba hacer por el segundo al mando, ya que de Jairo no había visto nada. Era muy posible que ni fuese buen peleador… Bueno, él había cumplido.

*****

- Kasai, vuelvo a casa. ¿Qué te parece quedar en la plaza principal de la capital del agua? En media hora habré llegado, compañero.

Taiga se hallaba montado en un enorme navío del gobierno mundial. La maldita organización había caído al fin y él había sido el héroe de aquella hazaña. Se hallaba en la cubierta del barco con el Den den mushi en la mano. Después de al menos unos dos años con aquella jodida misión, le apetecía estar un rato con los suyos. Primero estaría con el cazador y al día siguiente se iría con Castor y Milena. Escuchó entonces un ruido a su espalda. Se giró despacio y miró a aquella persona con una sonrisa. Era un hombre de cabellos blancos, bigote exagerado y ojos dorados.

- Te han concedido el permiso, agente Redfield. Tienes dos semanas de vacaciones. Será mejor que las aproveches, ya que a los de arriba les interesa mandarte a misiones más avanzadas.

- ¡Me parece genial! – Gritó entusiasmado.

No estaba feliz por el hecho de las misiones, más bien por los días libres. Tampoco se iba a quejar. Él mismo sabía que empezaba a serle demasiado fácil combatir con los criminales a por los que le mandaban. Si hubiese podido usar sus formas desde el principio habría derrotado a aquellos dos en un momento. Al menos se había ocupado de arrestar a todos los hombres que trabajaban para Revólver. El chico de piel oscura había vuelto con su familia y ahora el dúo principal estaba arrestado. Fue una suerte que los agentes llegasen rápido con kairouseki, o de lo contrario les habría sido imposible mantener atado al segundo al mando.

Jairo confesó ser un poderoso espadachín, pero fue bastante fortuito que no pudiese mostrarlo. Taiga lo noqueó a tiempo antes de que eso sucediera. Ahora había una terrible organización fuera de juego. El rubio había recibido la noticia de que Castor estuvo una temporada por la isla buscándole. Si se hubieran reunido, aquello habría sido muy fácil. El rubio entonces soltó una pequeña carcajada y se sentó en la borda. Ya podía ver la capital del agua desde su posición. Se rascó un poco la cabeza y después soltó un suspiro.

- Por fin vuelvo a casa después de tanto tiempo. Me muero de ganas de pasar una buena noche con mis amigos…

Mostró una expresión bastante feliz mientras decía aquellas palabras, se notaba por lo ensanchada que estaba su sonrisa. Un leve brillo dorado pasó por sus ojos unos leves segundos. Estaba por convertirse en su forma completa y salir volando ya, pero no era lo correcto. La gente no estaba preparada para ver un lobo de veinte metros sobrevolar sus cabezas. Soltó una carcajada pensando en lo divertido que podía ser el resultado. Finalmente, se colocó en pie y metió ambas manos en los bolsillos.

- El siguiente paso será ascender lo más rápido posible. No puedo dejar el gobierno en las manos actuales. – Fue lo último que susurró antes de cerrar los ojos.


Peticiones:
Soul Blade: Taiga es capaz de canalizar su energía mediante “el flujo” aprendido durante años. Esta vez ha logrado mantenerlo en la zona de los codos. Es capaz de formar dos cuchillas curvadas de unos cuarenta centímetros de largo y diez de grosor. Tienen una dureza 8 en escala moh están bastante afiladas. Son de color verde y una leve aura eléctrica las recorren (escénico) Puede mantenerlas dos post y necesita otros dos para volver a usarlas.

Kamie Kempo: El usuario ha desarrollado de manera extraordinaria el uso del Kamie, llegando al punto que puede volver su cuerpo tan flexible como el quiera y también tan ligero como deseé. Su capacidad de infiltrarse, ocultarse, escabullirse o huir es impresionante, difícilmente alguien le notará pues al ser tan ligero no hace ruido con sus pasos. Se vuelve mucho más veloz y severo al momento de ejecutar ataques, e incluso puede atacar muchas veces, pareciendo que su brazo desaparece en el ataque por ejemplo, debido a la gran agilidad que ha adquirido
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Re: La Última Esperanza. [Time 2017]

Mensaje por Señor Nat el Dom 27 Ago 2017 - 17:03

Buenos días, soy Nat y el gran Dios dado ha decidido que suspendes. No obstante, yo no creo en el azar y me he leído tu diario. He de decir que, como siempre, puedes sobornarme o seguirme en Twitter, aunque eso no cambiará mi valoración. Dicho esto, comencemos:

Suspendes.

Vaaaaaale... Bueno, tengo que decir poco del diario. Si tal que me ha dejado un poco frío la historia, que no era especialmente original y algo plana, pero está bastante bien realizada y ha tenido sus puntos interesantes (especialmente humorísticos). Tienes errores tipográficos, pero puedo perdonarlos un poco, y... Poco más.

Te llevas un 7,5 y todo lo que pides.

Puedes pedir una segunda moderación si lo deseas.

Buenos días.

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Re: La Última Esperanza. [Time 2017]

Mensaje por Taiga Redfield el Dom 27 Ago 2017 - 17:06

Acepto la nota, muchas gracias por su corrección ^^
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Re: La Última Esperanza. [Time 2017]

Mensaje por Señor Nat el Vie 1 Sep 2017 - 12:50

Hoja actualizada.

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Re: La Última Esperanza. [Time 2017]

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