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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

Yo Voy A Ser La Reina Marine. [Time 2017]

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Yo Voy A Ser La Reina Marine. [Time 2017]

Mensaje por Hikaru Surfer el Vie 18 Ago 2017 - 23:08

Capítulo 1: Capturada.

- Dadle otra descarga.

Hikaru empezó a gritar de dolor de nuevo mientras se retorcía en aquella máquina. Algunas lágrimas caían por el rostro de la rubia mientras temblaba una y otra vez. Se hallaba en una especie de tanque de laboratorio, con una enorme cantidad de cables pegados al cuerpo y tan solo con la ropa interior. Su piel estaba llena de cortes, bastante quemada y por si fuera poco estaba siendo electrocutada sin compasión. La chica estaba en sus límites y no sabía cuánto más iba aguantar aquello. Fuera de aquel objeto había unos diez hombres vestidos con batas blancas que la observaban de forma seria. Uno de ellos destacaba por encima de los demás, pues era el único que tenía una especie de medalla dorada en la zona de su hombro. Poseía una larga melena oscura y ojos rojizos como la sangre. Era de complexión delgada y tenía unas ojeras bastante notorias.

- Continuad.

Dijo de forma seria. Uno de aquellos tipos bajó una palanca que había al lado de aquel tanque y una intensa descarga volvió a recorrer el cuerpo de la joven. Hikaru apretó los puños al mismo tiempo que gritaba de dolor y se retorcía de forma exagerada. Estaba muerta de miedo y no paraba de temblar mientras miraba hacia todas las direcciones.

- Keith… Por favor… ¡Keith! – Gritaba y una vez casi ronca mientras suplicaba porque el chico apareciese. No podía estar pasándole aquello.

- ¡Silencio zorra! ¡Nadie va a salvarte de esto si no hablas de una puta vez! – Gritó aquel tipo mientras golpeaba la mesa de al lado con su puño. A continuación, miró a otro de los hombres y le dio un empujón violento. – ¡Aumentad la potencia!

- Pero eso podría…

- ¡Silencio!

Aquel hombre hizo caso y subió la fuerza de la electricidad, para que la siguiente descarga fuese mucho más fuerte. Los rojizos ojos del moreno estaban clavados en ella y parecía estar muy mosqueado. Hikaru continuaba temblando sin tener respuesta alguna para lo que le estaban preguntando. Ella no tenía nada que ver con sus hermanos, de hecho, solo quería continuar con su vida de marine.

- Te lo voy a preguntar una última vez… ¿Dónde está Uchiha Madara? Deja de proteger a ese hijo de puta. Voy a arrancarte la cabeza si no hablas y después se la arrancaré a él.

- No lo sé… Lo juro…

Contestó la joven entre lágrimas y temblando de forma exagerada. Ella tan solo veía a su tripulación en la sala aunque no estuviesen presentes. Eran su familia y deseaba volver con ellos, aunque tal vez eso nunca llegaba a pasar.

La cosa era ¿Cómo había empezado todo aquello? Hikaru se hallaba en una importante misión asignada por uno de sus superiores. Tan solo debían escoltar a unos nobles hasta una pequeña isla del Este. Entonces fueron atacados por una pequeña flota de barcos. Lo último que ella recordó fue el sonido de una explosión y un fuerte golpe. Cuando abrió los ojos estaba metida allí dentro y rodeada de aquellos hombres. El moreno era el cabecilla y no había parado de preguntarle cosas sobre sus hermanos. Sobre todo tenía especial interés en el shichibukai más que en el asesino. Ella no sabía nada de ninguno y no podía responder. Una de sus mayores penas era saber que todos los demás marines habían muerto.

- Me temo que tu nueva vida va a ser recibir dolor cada día. En algún momento tendrás que hablar, perra. No puede ser que no sepas nada de tu propia familia.

- ¡Ellos no son mi familia! Mi familia son Inmortals…

Respondió con furia mientras sus dorados ojos mostraban ira por primera vez en mucho tiempo. Quería darle un buen puñetazo a aquella persona en toda la cara, pero se veía impotente en aquellos momentos y no podía hacerlo. Miró hacia una de las mesas del final de la enorme sala y pudo ver sus armas. Hikaru trató de moverse un poco, pero entonces el moreno pulsó un botón verde. El cristal del tanque se abrió y aquel tipo la tomó entonces de la barbilla mientras se acercaba a ella. Con su mano libre sacó una pequeña aguja. No tardó mucho en clavarla en el cuello de ella, inyectándole una especie de líquido de color negro. La rubia al sentirlo empezó a sentirse bastante mareada. Al cabo de unos momentos, el moreno le dio una bofetada en la mejilla y volvió a cerrar la puerta.

- Pasará una noche horrible. Si en unos meses no habla le borraremos la memoria. La haremos creer que es una esclava sumisa y obediente. Entonces podréis divertiros con ella unas semanas y desahogaros un poco. Después le cortaremos el cuello y la tiraremos por un barranco.

- Eso que le ha inyectado… ¿La mantendrá despierta dos días enteros sin poder dormir? Si no me equivoco es el componente setenta. – Preguntó uno de aquellos hombres algo confuso, a lo que el moreno asintió con la cabeza.

No tardaron mucho en irse de la enorme habitación y en dejarla totalmente sola. La chica pasó toda la noche sollozando y pensando en dónde podría esta su dragón. Temblaba muchísimo de miedo y empezaba a tener frío también. Se concentró en intentar dormir, pero le era imposible. El dolor de cabeza que tenía era increíble y todo el cuerpo le dolía a horrores. Empezaba a desear la muerte incluso. Las horas pasaban y ella continuaba sufriendo.

A la mañana siguiente escuchó unos pasos acercarse a aquella sala. Los ojos de la chica estaban enrojecidos y apenas podía continuar llorando. La puerta se abrió dejando pasar a aquel hombre de cabellos oscuros, el cual parecía bastante mosqueado. Ese tipo no parecía estar de muy buen humor nunca, o eso al menos pensó ella en el poco tiempo que le había visto. No dijo nada y simplemente miró a su captor con una mirada suplicante. Los rojizos ojos de aquella persona la observaron sin piedad alguna.

- ¿Dónde está Madara? Estoy seguro de que no quieres que desayune mosqueado. Dímelo de una puta vez. – Su tono fue bastante siniestro.

Hikaru negó un par de veces al no saber nada y eso provocó que aquella persona frunciese el ceño. El moreno se colocó un guantelete de un material que parecía ser similar al acero, de hecho, ella creía que se trataba de hierro o algo así. Aquel hombre miró un momento a los lados y acto seguido impactó su puño derecho en la mejilla de ella. La joven notó un dolor considerable y a él no parecía haberle pasado nada. El kairouseki de los huevos. La rubia escupió algo de sangre a un lado y soltó un pequeño sollozo. Otro puñetazo volvió a impactar en su mejilla y en menos de un segundo otro en su estómago. Ella se retorció como pudo empezando a toser de forma violenta. Algunas lágrimas recorrían sus mejillas, pero aquel tipo no se detenía. Un nuevo golpe impactó en el rostro de la rubia, haciéndola sangrar por la nariz. El moreno la tomó del cabello de forma violenta y pegó su frente a la de ella.

- ¡Habla maldita zorra! ¡Habla de una puta vez!

- Keith te va a matar… – Dijo únicamente mientras mostraba una sonrisa débil.

Aquel hombre se enfureció de nuevo. Tras darle otro puñetazo en el rostro y cerrarle un ojo, le dio la espalda y se fue de la sala. La rubia temblaba. Sentía muchísimo dolor en su cara y estaba bastante mareada. Era como sintiese que iba a abandonar aquel mundo. No quería irse sin ver a su dragón. Quería abrazarlo, dormir pegada a él, darle besos y mimarlo. Estaba muy apenada, pero parecía ser que no le quedaban lágrimas. Empezó a reír irónicamente y después soltó un enorme suspiro. Aquello iba a ser más duro de lo que pensaba. Debía escapar de allí lo antes posible, pero no había forma de hacerlo. Estaba muy débil y aunque se librase de las ataduras… No había comido nada. El destino había sido muy cruel con ella. Volver a la esclavitud no estaba en sus planes. Escupió algo de sangre y después jadeó un poco. Esperaba que a aquella persona le sentase mal el desayuno.

Pudo ver entonces a una persona distinta entrar. Se trataba de una joven de cabellos rosados, ojos del mismo tono y bata blanca. Tendría unos veinte años y se veía enfadada. Hikaru la miró débilmente con el ojo que no tenía dañado. Ante todo, la rubia le dedicó una sonrisa dulce. Ella no había hecho nada malo por el momento. La científica apartó la mirada y salió de aquella habitación. Fue en ese momento cuando la marine soltó un pequeño suspiro y terminó por cerrar su ojo.

Capítulo 2: Un Verdadero Infierno.

El total de meses que pasaron fueron de unos cuatro. En ellos, la joven fue maltratada cada día por aquel hombre, el cual parecía llamarse Roger. Soportó puñetazos, guantazos, insultos, drogas en su cuerpo y todo tipo de barbaridades. Por lo menos, tuvieron la decencia de no hacer nada sexual con ella. La rubia con el paso de las semanas fue sintiéndose cada vez con menos ganas de vivir. Las humillaciones eran enormes y las ganas de empezar a matar rondaban su cabeza. Ella odiaba ese estilo, el cual empleaba Katharina. Pero, debía admitir que deseaba cortar en dos al moreno que la trataba así. Se podía decir que lo único bueno entre comillas, fue el despertar del haki armadura por parte de Hikaru. Incluso llegó a activarlo a conciencia en alguna ocasión, pero el mineral del guantelete de Roger era su debilidad.

Debido a que también se quedaba muchas noches sin dormir con drogas en su cuerpo, su despertar del mantra también se hizo presente. Ella misma no se creía cómo no había perdido la cabeza ya. Sus alimentos consistían en bocadillos pequeños con algo de embutido y muy de vez en cuando alguna fruta. De beber le daban agua. Para ir al baño usaban una cadena atada a su cuello como si fuese un perro, de esa forma no podía escapar. Ella ya no estaba acostumbrada a su nombre, más bien a apodos como zorra, guarra, puta y demás humillaciones. Era una persona muy inocente, pero su mentalidad estaba sobreviviendo ¿Los genes de los Surfer? Era muy posible. Madara siempre fue el más resistente mentalmente. No caía en las provocaciones de Jin y demostraba mucha madurez. Kotaro parecía tener el don de no enfadarse nunca… Y su hermano psicópata directamente no tenía sentimientos. Era posible que ella también tuviese alguna característica mental que la hacía fuerte a todo aquello.

Recordó que fue una esclava muchos años, pero nunca recibió insultos así. Ella tan solo quería salir de allí para ver de nuevo a los suyos. Se imaginó más de una vez abrazada a su dragón. Él era el motivo por el que continuaba sonriendo cada día. Esperaba que no se hubiese ido con otra capitana y tuviese besos con ella. No entendía mucho de ese tema, pero pasó muchas noches llorando al pensar que la persona que amaba podía estar con otra chica ya. Aquel infierno había sido muy largo para ella, pero parecía ser que iba a llegar a su fin.

Ella estaba amarrada como de costumbre. Eran las doce de la noche y había escuchado a Roger decir que a la mañana siguiente se terminaba todo. Dijo algo de borrarle sus recuerdos y hacerla una esclava sexual para sus hombres. Después mencionó que la iba a matar. Los científicos hablaban cosas que ella no entendía, como usar sus dos agujeros al mismo tiempo o bañarla en semen. Su rostro era calmado como siempre. Fue en ese momento cuando escuchó un ruido. Parecían ser pisadas y se dirigían a la sala donde estaba ella. Tras unos segundos, la chica de cabellos rosas se colocó frente a ella con una llave en su mano. Era la única persona más o menos buena, negó. Recordó que había un par de doctores que no estaban de acuerdo con lo que le hacían. Igualmente, ahora estaba muy confusa y miraba a la chica esperando algunas palabras.

- Te llevaré a la salida de este sitio. Intenta que no te vuelvan a capturar ¿Vale? – Dijo la chica liberándola y mirándola con seriedad.

Hikaru trató de levantarse debido a la emoción, pero entonces cayó al suelo, o al menos eso habría pasado si la pelirrosa no la hubiese abrazado. Se apoyó en aquella chica de bata blanca y la miró con algo de debilidad.

- ¿Es en serio? Muchas gracias…

Unas lágrimas cayeron desde los ojos de la rubia hasta sus mejillas. No podía creerse que fuese a ser liberada. Quería saber más de esa persona ¿Cuál fue el motivo? Sabía que estaba jugándose la vida por salvarla a ella. Esperaba que no hubiese cámaras en la sala ni nada por el estilo. Se apoyó en la científica mientras sentía por primera vez algo de cariño en muchos meses.

- No perdamos más el tiempo ¿Vale? Te llevaré hasta la salida y allí te contestaré a tus preguntas. Ahora no hagas nada de ruido y sígueme.

La chica ayudó a Hikaru a poder estabilizarse. No solo la llevó hasta la salida del lugar. También le dio una mochila llena de alimentos, agua y objetos de utilizad. Le preparó sus armas y algo de ropa limpia. Cuando atravesaron la última puerta, la marine pudo ver el paisaje. Se encontraban en una isla selvática. Al menos, ella solo veía árboles frondosos alrededor. Lianas, arbustos enormes y demás. Entonces vio que el edificio tenía forma de pirámide y además, era realmente enorme. Miró entonces a la chica de cabellos rosas y le dedicó una sonrisa llena de dulzura, incluso le acarició el rostro.

- ¿Ahora puedes contármelo? – Preguntó ilusionada.

- ¿En serio quieres un motivo? El bruto de Roger está fatal de la cabeza. Pretendían violarte y matarte ¿Cómo iba a permitir eso? He aguantado bastante ya. Lo mejor será que huyas cuanto antes. Hay doce lanzas ocultas en una cueva marina el Este de aquí.

- ¿Qué es violar? ¿Por qué querían matarme? – Se notaba bastante apenada.

La chica de cabellos rosas soltó un pequeño suspiro y entonces sacó de su bolsillo un pequeño panel. En él podía ver los pasillos principales de la base, por lo que supuso que no habría problema por estar allí un rato más. Se sentó en las escaleras y le indicó a la rubia que se pusiera a su lado. Debía admitir que no se creía que ella no supiese lo que era una violación, pero lo otro tal vez podía decírselo.

- Violar es que te obliguen a hacer sexo con ellos. Querían usar sus penes para… ¡Bueno, dejemos este tema! – Se llevó las manos a la boca al ver que había alzado la voz. – Querían matarte por una razón. Ponte cómoda, es una historia intensa.

Hikaru al escuchar aquellas palabras asintió con la cabeza. Abrió la mochila muy despacio y sacó una pequeña lata. La abrió viendo que era atún y entonces empezó a comérselo sin ni siquiera quitarle el aceite. Había dos motivos. El primero fue por el hambre que tenía, le daba igual. Lo segundo, no pensaba dejar pruebas, era lista pese a su apariencia. Cuando la pelirrosa vio aquello la miró de forma amable y después le acarició el cabello. La marine cerró los ojos mostrando una dulce mirada y esperó a que ella empezara a hablar.

- Nosotros teníamos tratos con el shichibukai Uchiha Madara. Roger pretendía hacer con él un intercambio muy importante. Pensaba darle un cargamento entero de drogas a cambio de dinero. El jefe estaba muy ilusionado y acudió con algunos hombres más al punto de la cita. – Hizo una pequeña pausa y acarició un poco la espalda de la rubia. – Allí se encontró a Madara con una siniestra sonrisa y dos comodoros de la marina.

- Me hubiese gustado mucho ver la cara de Roger en ese momento. – Cortó la Surfer mientras disfrutaba de los mismos que le daba aquella chica de cabellos rosados.

- Como imaginas, Roger fue arrestado. Pudo escaparse finalmente, pero perdió tanto las drogas como el dinero. Resulta que tras aquello fue seguido por el shichibukai, el cual terminó de arrasar con la base y darle la paliza de su vida. Finalmente lo dejó ir por una suma enorme de dinero. El orgullo del jefe quedó roto y bueno… Su odio cada día fue consumiéndole más, hasta que llegó hasta ti. Supo de tu existencia y trató de usarte. Es un imbécil, cree poder enfrentar a tu hermano.

Hikaru mostró una expresión triste. Llevaba muchísimo años sin ver a sus hermanos. Sabía que dos de ellos continuaban con vida, pero eso no quería decir que no pensase que el tercero también estaba bien. Kotaro siempre había sido una persona que iba a lo suyo y sabía que era muy astuto. Dejó de pensar en aquello y de nuevo se quedó mirando a la chica que la había liberado. Ella se acercó hasta la rubia y le dio un leve beso en la mejilla. Eso hizo que la sargento mostrase una expresión animada y se lo devolviese.

- Hikaru ¿Verdad? Yo tampoco pretendo estar mucho más tiempo aquí. Hace mucho que dejó de gustarme esto… De modo que… ¿Escapamos juntas? – Terminó preguntándole mientras le guiñaba el ojo.

- Eso no tienes que preguntármelo, pero solo quiero una cosa a cambio. Tu nombre.

- Zuli. – Respondió ella con una sonrisa.

Estaba claro que entre ellas se había formado una bonita amistad. Ambas parecían ser muy cariñosas, lo que sería una ventaja, pues tenían personalidades similares. Se entenderían bastante bien, pero se notaba que Hikaru era muchísimo más inocente que ella.

Capítulo 3: Convivencia Perfecta.


Ambas habían tenido que vivir escondidas en aquella isla, al menos en la zona de la jungla. ¿Motivo? Las lanchas de la cueva Este habían desaparecido. Al parecer, habían tenido la mala suerte de que la noche de la escapada habían sido trasladadas a otro sitio y Zuli no pudo enterarse. La pelirrosa pudo volver e investigar, pero decidió quedarse con la rubia. Estuvieron unas semanas escondidas en una pequeña cueva que encontraron y se alimentaron a base de frutas y pequeños animales. La científica era buena cazando y cocinando. Todo había pasado muy rápido y habían llegado a una conclusión. La única forma de salir de allí era enfrentando a Roger o bien hallando algún comunicador, de esa forma Hikaru podría avisar a la marina.

Cabe decir que no perdieron el tiempo. Las dos jóvenes estuvieron entrenando. Sabían que iba a ser una locura luchar sin entrenamiento contra tantos hombres. Hikaru ya había despertado ambos haki, pero estuvo perfeccionándolos. Para el armadura se golpeaba contra los troncos de los árboles. También usaba la zona ancha de sus katanas para golpear las piedras más grandes. Los ejercicios como abdominales y levantamiento de peso no faltaban. Sin embargo, Zuli le cocinaba cosas que harían que no cogiese masa muscular. Opinaba que no era algo lindo en una joven como ella. La sargenteo no cesaba en su intento de mejorar sus cualidades y por ello seguía sus indicaciones a la perfección. En cuanto a lo de mejorar musculatura, le daba lo mismo. Para aquello ya estaba su dragón. Esperaba poder verle pronto, él la estaría esperando. Si Keith se enteraba de su situación, sabía que no tardaría en llegar golpeando a todos.

Los entrenamientos con los que realizó su mejora personal del mantra fueron la meditación y los esquives. Correr por los bosques con los ojos cerrados siempre era una buena opción. Prefería el primer método en el que muchas veces se quedaba dormida, pero tratar de sentir las presencias mediante sus sentidos le parecía interesante. Ella lo tomaba como una ventaja para saber quién iba a la nevera del barco. Así cuando volviese evitaría que tocasen su comida. La culpa de todo era de Keith. El dragón comía como una ballena y sabía que él era el causante de todo. Sus bollos no desaparecían solos. Zuli muchas veces creía que Hikaru le tomaba el pelo, pero la triste realidad era esa. La rubia vivía en su maldito mundo y pensaba de aquella forma.

Las semanas continuaban pasando y ambas llegaron a hacerse muy amigas. Hablaban de todo tipo de temas y Zuli le explicó a Hikaru todo acerca del sexo y demás. Le costó muchos días, pero la marine por fin entendió la mayoría de cosas. El maldito asesino de cigüeñas… Keith… ¡No le había dicho esas cosas! Ya tendría una charla muy seria con él cuando volviese. También entendió lo que quería decir el dragón con solo gente querida. El motivo verdadero era compromiso con una sola persona. La rubia al fin entendía muchas cosas. Aunque ahora estaba segura de que ella quería estar con su dragoncito y nadie más. Aquel pensamiento hizo que los entrenamientos aumentaran su intensidad. Hikaru hacía el doble de cosas. Meditaba más horas, se esforzaba mucho más físicamente en el tema de lanzar espadazos a las rocas. Menos mal que usaba la parte ancha y el haki, o las habría roto hacía ya tiempo.

En más de una ocasión estuvieron a punto de ser descubiertas por los exploradores de la zona. La rubia sabía muy bien que por el momento no estaban listas. Aunque ella con el poder de su fruta tendría una ventaja abismal sobre sus objetivos. De hecho, se sentía con ganas de enfrentar a Roger ella sola. Zuli cada día estaba más cariñosa que el anterior, pero ella lo interpretaba como una bella amistad. Hubo algunos momentos en los que trató incluso de besarla, pero la sargento se negaba diciendo que ella solo haría eso con una persona. Incluso la pelirrosa trató de convencerla de que ese tal Keith ya estaría con otra, pero ella no hacía caso. La cabezonería de la sargento era legendaria. Parecía demasiado colada por aquel marine y lo estaría siempre. Fue la única persona que la cuidó y que se preocupó por ella. Quitando a su sensei Xemnas, todos se metían con ella, por lo que con él se sentía protegida.

Más meses pasaron, al menos tres más. Ese día, la rubia se hallaba frente a unas piedras enormes. Estaba golpeándolas con sus puños. Los nudillos de ella sangraban, pero parecían darle lo mismo. El dolor no era importante en aquel momento y parecía estar feliz ante todo. Era una chica muy difícil de enfadar. A unos seis metros de ella, Zuli estaba preparando unas cuantas hierbas para luego hacer una sopa. La científica parecía bastante feliz también. La rubia entonces saltó con fuerza y metió una enorme patada contra el árbol de al lado. Notó una especie de color negro invadir su pierna y al principio se asustó un poco, pero luego Zuli le explicó de qué se trataba aquel tono. Tenía suerte de tener una maestra tan generosa. Aunque más que eso, la veía como una buena amiga. La sargento tomó algo de aire y empezó a trotar entre los árboles de la zona con los ojos cerrados. Sabía bastante bien aquel recorrido, pero continuaba tropezando con algunas raíces todavía. Se veía bastante concentrada.

- ¡Yo voy a ser la reina de los marines! – Gritó ilusionada entonces.

Era un sueño que no pensaba quitarse nunca de la cabeza. Era una de sus metas en la vida y posiblemente la más importante por el momento. Cumpliría su promesa con aquel hombre que la salvó de la esclavitud. De hecho, estaba deseando volver a verle. El viejecito era un tipo muy agradable y fue el que le regaló sus espadas. También tenía que ver a Madara. Demasiadas cosas que hacer en muy poco tiempo. Fue en ese momento cuando entonces escuchó un ruido. Era similar a unas pisadas, por lo que pensó que sería la pelirrosa. El sonido de un disparo se escuchó también. Los ojos de la rubia se abrieron de golpe y se frenó en seco. Había un hombre armado con una katana persiguiéndola. Lo reconoció al momento. Era uno de aquellos tipos del laboratorio. Ella rápidamente desenvainó a Surha y bloqueó el tajo de su enemigo. Realizó un rápido movimiento y de un potente golpe con la zona ancha de la espada en la cabeza, lo dejó inconsciente. Algo de sangre surgió de aquel tipo. Le abrió una brecha al parecer, pero le daba lo mismo.

- Nos han encontrado…

Rápidamente salió corriendo hacia la zona del campamento donde entrenaba el haki armadura. Sus ojos estaban muy abiertos. Cuando llegó no pudo evitar clavarse de rodillas. Zuli estaba tirada en el suelo, con un tiro en su frente. Hikaru desplegó su mantra lo mejor que pudo y detectó un aura humana a unos cuantos metros a su derecha. No se lo pensó. Salió corriendo con el rostro ensombrecido hacia aquella posición. No tardó en ver a otro de aquellos hombres armado con una pistola y de espaldas. No era ella misma, no se controlaba. Estaba a punto de romper a llorar, pero antes tenía algo que hacer. Usando su katana lanzó un corte por la espalda de aquella persona. El tipo soltó un quejido de dolor y clavó una rodilla en el suelo. La rubia se giró y sin piedad alguna atravesó la frente de su rival. Los ojos de la marine mostraban ira, rabia y tristeza. Era la primera vez que ella mataba a una persona. Pudo ver la sangre salir de la zona del corte y después los ojos en blanco de aquel tipo.

- ¡Os mataré a todos! – Gritó fuera de sí mientras fulminaba con la mirada el cuerpo.

La agradable rubia había desaparecido. Aquella faceta solo la tuvo estando encarcelada y ahora la había sacado de nuevo. Esa rabia en su mirada era muy poco común en ella. Corrió entonces hacia el cuerpo de la pelirrosa y se arrodilló ante ella. La abrazó con fuerza y empezó a temblar un poco. Algunas lágrimas bajaban por sus mejillas y sus manos temblaban. El culpable de aquello tenía nombre y lo iba a pagar con su vida.

- ¡Roger! – Gritó la sargento con toda su fuerza.

La espera había terminado. Era el momento de terminar con aquella tontería de una vez. Iría hacia el edificio, derrotaría a todos sus rivales y llamaría a los suyos. Logró relajarse y después de unos momentos tragó saliva. Se sentía mal por haber matado a una persona, pero ella no había tenido culpa. Se colocó en pie y miró hacia el Norte mientras desenvainaba su segunda espada. Llegaba el momento de la batalla.

Capítulo 4: Todo Surfer Tiene Su Lado Oscuro.

La joven se hallaba frente a aquellas horribles escaleras. Portaba una katana en cada mano y su ceño estaba bastante fruncido. Unas feas nubes negras empezaron a acercarse a la isla y el viento aumentó su fuerza. La rubia no tardó en empezar a correr hacia arriba. Parecía estar muy mosqueada e iba a meterse en la boca del lobo sin pensar en las trampas que podía haber por aquel lugar. Una vez llegó a la entrada, lanzó un corte al pomo y después empujó con fuerza la puerta. Para su sorpresa, estaba abierta. Cuando escapó no se fijó mucho en la seguridad, pero ahora que se daba cuenta, era una basura. Era como si a aquellos canallas les diese igual su propio bienestar. Miró el pasillo que había frente a ella y pudo ver un guardia armado con una porra negra.

- ¡Eh tú! – Gritó corriendo hacia ella.

Hikaru esperó el momento adecuado para bloquear con Surha el golpe de su oponente y noquearlo de un ataque violento con Ucher. El hombre quedó tirado en el suelo y con los ojos cerrados. Los potentes y bestiales porrazos que metía la rubia con la zona ancha de sus katanas eran considerables. No tardó en llegar hasta la sala científica, lugar donde la esperaban unos diez hombres armados. Al parecer, debía de haber alarmas silenciosas por el sitio y la habrían pillado. Empezaron a disparar a la chica, pero entonces Hikaru usó su fruta. Frunció el ceño y los proyectiles fueron repelidos en la dirección en la que vinieron, por lo que impactaron en la mayoría de soldados. El resto fueron abatidos por la espada de la joven, la cual dio algunos cortes esta vez. Se había dejado de estupideces y aunque le estaba doliendo, era lo correcto. Tenía que salir de allí con vida, pues aquellos tipos habían intentado usar sus miembros para dañarla… Encima, habían matado a su amiga.

Mientras la rubia avanzaba notó un extraño olor. Era como si oliese a quemado. Dobló una de las esquinas y pudo ver algo que la hizo tragar saliva. Roger la esperaba sentado en una pequeña habitación parecida a una enfermería. En su mano derecha portaba una espada de tamaño considerable, de la cual había bastante fuego. La mirada de aquella persona mostraba bastante odio. La joven tragó saliva y después de unos momentos alzó sus katanas.

- No voy a perdonar lo que le habéis hecho a Zuli…

- ¿Qué le ha pasado a esa traidora? Que hayas venido hasta aquí solo me dice una cosa… Que mis exploradores han cumplido su trabajo. Ahora prepárate para morir, Hikaru Surfer.

- Te aplastaré… ¡Como hizo mi hermano! – Gritó tratando de enfadarle todo lo posible, de esa forma lo podría desconcentrar y podría usar los huecos que dejase desprotegidos su oponente.

Roger frunció el ceño y se desplazó hacia ella a toda velocidad. La enorme espada ardiente chocó contra las de la rubia, la cual miraba con seriedad a aquella persona. Ambos espadachines comenzaron a intercambiar golpes lo más rápido posible. Como si estuviesen sincronizados, los dos activaron el haki armadura al mismo tiempo. Los filos de acero chocaban con fuerza una y otra vez. Finalmente, la joven aprovechó el tener dos katanas para bloquear con una y atacar con otra. De esa forma logró hacerle a su oponente un corte considerable en la pierna derecha. Roger soltó un quejido y dio un par de pasos hacia atrás. El ceño de la chica se frunció entonces.

- ¡Sonnicus!

Hikaru empezó a dar pinchadas al aire con ambas espadas. Por cada una que dio se formó un pétalo rosado que salió disparado hacia su rival a gran velocidad. Era energía cortante imbuida en haki. Iban un total de diez. El moreno bloqueó los que pudo y después corrió hacia ella. Tenía algunos cortes en sus brazos y torso. Se notaba cada vez más enfadado. Cuando estuvo cerca de ella trató de cortarla en dos de un potente espadazo. Ella usó sus dos armas para bloquear y después continuó canalizando energía.

- ¡Ra! – Gritó esta vez.

Lanzó un corte al aire y una especie de esfera blanca salió despedida hacia el moreno. Era del tamaño de un balón de baloncesto. Cuando Roger la bloqueó con su espada, una explosión de calor y energía se formó. El tipo notó su mano quemarse y tiró su arma al suelo rápidamente. El dolía bastante y eso se notaba a juzgar por sus gritos. La rubia jadeó un poco debido al cansancio. Estaba usando muchísimas técnicas en muy poco tiempo.

- ¡Doom!

Lanzó otro corte al aire y esta vez se formó una enorme onda cortante blanca. El moreno se movió a un lado lo más rápido posible, pero su velocidad no fue suficiente. Su brazo fue cortado totalmente. La rubia no le dio tiempo a quejarse. Salió corriendo hacia él y saltó con fuerza hacia su objetivo. Alzó la pierna impactando una patada en su cara y lo tiró de espaldas. Lo siguiente que hizo fue atravesar su mano con Ucher y dejarla pegada al suelo. Colocó a Surha cerca de su cuello, dándole igual si le quemaba con las llamas de la katana.

- ¡Se terminó! Dime ahora mismo donde hay un Den den mushi, o te cortaré el otro brazo…

- ¡Maldita zorra! ¡No voy a…!

Antes de que terminase de hablar, la rubia le pegó una patada en la boca con fuerza. Sangre voló unos veinte centímetros sobre la cabeza del moreno y algún que otro diente quedó tirado en el suelo. Los dorados ojos de la chica se clavaron de nuevo en los suyos y acercó su espada ígnea algo más a su cuello. Los quejidos del moreno hicieron que la retirase pronto, pero continuaba esperando que le dijese la ubicación del objeto. Roger entonces señaló una pequeña mesita de la sala. Ella sacó su espada del frío de la mano de aquel parásito y caminó hasta el mueble que le indicó. Abrió los dos cajones que había. En el primero había equipo médico, mientras que en el segundo estaba el caracol. Lo tomó con cuidado y después envainó a Surha. Apuntó con Ucher hacia aquel idiota y frunció el ceño.

- ¡Nombre de esta isla!

- Títalus…

Hikaru llamó directamente a Xemnas, pero al ver que no lo cogía probó suerte con uno de los comodoros que conocía. Suspiró de alivio al ver que respondía. Tener buena memoria para los números era una ventaja enorme. Enseguida la contó resumido todo lo sucedido y que esperaba recogida. El hombre entonces le dijo un dato que hizo a la rubia ladear la cabeza. Roger costaba actualmente doscientos millones. Ya se hacía una idea de la cantidad que le debió pedir Madara para dejarlo huir. Ella sonrió y pensó en sus deliciosas medallas. Tras un pequeño suspiro y hablar unos momentos más colgó. Nada más hacerlo pudo ver al moreno mirar a otro lado. Se acercó y frunció el ceño.

- Mereces pudrirte por todo lo que me hiciste. Con tu nivel actual no podrías compararte con Uchiha Madara. Aunque, me habría gustado verte intentarlo. – Mencionó de forma fría.

Aquel tipo se había ganado su odio de forma permanente. Todo lo que tuvo que pasar no se lo deseaba a nadie, fue un infierno. Con su haki de observación detectó una presencia acercarse. Otro de los soldados estaba allí. Seguramente era uno de los que ya había vencido. Este poseía una katana dorada, con la que lanzó una onda cortante hacia ella. Hikaru estiró su mano hacia delante y dicho ataque fue reflejado hacia su dueño. El tipo cayó de espaldas recibiendo el corte en el pecho y ella suspiró. Tendría que esperar a que llegase la patrulla más cercana. Pensaba pedir un análisis de todos y cada uno de aquellos tipos. Buscaba ascender para ser la reina de los marines y necesitaba medallas.

La sargento notó un pinchazo enorme en su pie derecho. Gritó de dolor y se giró. El causante había sido Roger, el cual tenía un puñal en su mano. Él también se pudo a dar voces. Había olvidado seguro que la joven podía reflejar el dolor de forma pasiva. Hikaru clavó una rodilla en el suelo y finalmente miró al moreno de forma seria.

- ¡No te perdonaré eso!

De un puñetazo en el rostro le echó abajo otro par de dientes, pero esta vez lo dejó inconsciente. Se sentó en el suelo y pegó la espalda a una de las paredes. Cerró los ojos despacio y se llevó la mano lentamente hasta la herida. Se acarició despacio y después se dirigió cojeando a la mesita de antes, pues allí había visto equipo médico. No había que ser un genio para echarse agua oxigenada en una herida y ponerse un par de gasas, por lo que fue a ello. Después se vendó el pie. Dejó su calzado a un lado y permaneció allí sentada. Pronto llegarían los marines. Mientras tanto vigilaría el cuerpo de aquel imbécil y descansaría. Si alguno de los guardias despertaba de nuevo… Lo dejaría inconsciente de nuevo. Estaba claro que Hikaru no se iba a andar con tonterías hasta sentirse a salvo de nuevo. Deseaba volver cuanto antes a su vida de marine.

Capítulo 5: ¡El Demonio Dorado! Estalla La Ira De Hikaru.

- ¡Llévame enseguida a su celda! – Gritó la marine clavando sus nudillos en la mesa de madera de aquella persona.

Los ojos de la rubia mostraban un odio poco común. Ni siquiera se había cabreado tanto con lo pasado hacía ya un par de meses en la isla donde estuvo presa. Se había llevado dos recomendaciones, una por parte del hombre al que llamó y otra por Xemnas. En aquellos momentos todo le importaba una mierda. Estaba en un despacho de un teniente comandante llamado Urgot. Era un tipo alto de al menos dos metros. Sus cabellos eran azulados y el tono de sus ojos dorado. Vestía con el uniforme típico de su rango y poseía una guadaña blanca.

- Deja de montar el espectáculo, sargento Kineko. No se puede liberar y tampoco tengo muchas ganas de hacerlo. Estamos en Marineford, no en uno de los pequeños cuarteles, por lo que muestra algo de respeto.

- ¡Keith es mi soldado! ¡Libera a mi hombre o te juro que lo vas a pagar muy caro! – De nuevo estampó su puño en la mesa, aunque esta vez logró hacerla temblar.

La sangre bajaba por los nudillos de la espadachín hasta la mesa. Urgot parecía estar algo enfadado y eso se notaba en su mirada. El ceño de la rubia estaba bastante fruncido y estaba a nada de coger una de sus espadas. Las venas de su frente estaban muy marcadas. En los últimos meses no paraban de enfadarla y cada vez se estaba haciendo más a estar de mala leche.

- Bueno, es posible que pueda hablar con el culpable de su encierro… Pero a cambio necesito que hagas una cosa por mí, Kineko-chan.

- Habla de una vez.

- Esto quedará entre nosotros… Debes ponerte de rodillas bajo mi escritorio, bajarme los pantalones y usar esos pechos para…

Veinte segundos después…

Urgot salió disparado hacia el pasillo derribando la puerta de su despacho. Su espalda quedó pegada a la pared y tenía un corte serio en el hombro derecho. El peliazul soltó un enorme quejido y empezó a pedir ayuda. La rubia salió tras él con Surha en su mano derecha y con el ceño fruncido. Al verle llamar a los demás marines sintió un leve escalofrío recorrerla, pero enseguida se le pasó. Apuntó al superior con su katana y enseguida sintió varios brazos sujetándola. Soltó su espada, la cual cayó al suelo y después de eso empezó a repartir puñetazos a todo el que se le acercaba. Más de un recluta terminó en el suelo sangrando y alguno que otro sin dientes. Su fuerza no era mucha, pero debido al enfadado que poseía, parecía un maldito tanque.

- ¡Voy a pisarle el cuello a ese inútil! ¡Eres un enfermo pervertido!

- No sé de qué está hablando… ¡Está loca! – Gritó Urgot.

Las venas de la frente de la joven se marcaron mucho más y entonces se liberó lo justo para darle una patada en la boca a aquella persona. El peliazul empezó a gritar de dolor. Tras unos momentos se colocó en pie y cogió el fusil de uno de los reclutas. Apuntó a la chica directamente al pecho y después colocó el dedo sobre el gatillo.

- ¡Ha intentado matarme, lo habéis visto! ¡Debe morir!

Los soldados enseguida soltaron a la rubia. No se atrevían a ser cómplices de lo que iba a pasar. La chica activó su haki de observación y recogió su katana. Clavó sus dorados ojos en aquella persona y frunció el ceño. La tensión era palpable en el ambiente. La joven entonces pudo ver a una persona acercarse entre la multitud y no tardó en sonreír de forma siniestra. Se movió lo justo para que el balazo no la matase, pues predijo el movimiento del teniente. La bala impactó en su hombro y ella cayó al suelo dolorida. Contuvo las ganas de gritar y cerró los ojos con fuerza. El peliazul pareció olvidarse del poder de la fruta de la chica y notó aquella horrible sensación también. Soltó un enorme quejido y entonces notó una presión en su cráneo. Su rostro se vio estampado contra el suelo de forma violenta. Los marines retrocedieron al ver al causante.

Se trataba de un hombre de cabellos rubios, chaqueta negra, enorme espadón y mirada seria. El vice-almirante Xemnas Death. El marine pisó con fuerza a Urgot y después desenvainó su enorme espadón. Lo colocó cerca de su cabeza y fulminó con la mirada a aquella basura. Nadie podía tocar de aquella forma a su alumna.

- ¡Reviéntalo por tonto!

Dicha voz pertenecía al brazalete del rubio. Sirius, el pájaro mitológico que Al le había regalado. La rubia entonces tragó saliva y después se colocó en pie como pudo. El devastador no dijo ni una sola palabra. Chasqueó los dedos y después señaló la herida de la chica. Varios marines lo entendieron como que la curasen. Acarició la cabeza de su pequeña y después le dedicó una sonrisa. El vice-almirante cogió de la pierna derecha al peliazul y empezó a caminar hacia los calabozos. La joven no tardó mucho en ser revisada y curada. La palabra de Xemnas valía más que la de un estúpido como Urgot. Cuando ella estuvo lista decidió ir a los calabozos a por su soldado. Le habían puesto unos vendajes, pero le dolía bastante y le costaba mover el brazo. Lo siguiente que debía hacer era poner rumbo a aquellos sitios de mala muerte. No podía creerse que su dragón estuviese allí encerrado.

La puerta de la enfermería se abrió entonces antes de que ella pudiese hacer nada. El interior entró aquella persona con la que la joven había hablado un par de veces tan solo. Un joven alto de cabellos largos y rojizos como la sangre. La última vez que le vio tenía un parche, pero esta vez parecía disponer de sus dos ojos, los cuales eran azulados. Vestía con camiseta negra, un chaleco verde táctico y unos pantalones oscuros. Si estaba en lo cierto, su rango era el de teniente y su nombre se lo sabía de sobra.

- Teniente Venom…

- Comandante. – Dijo él con un tono frío mientras caminaba hacia ella.

El marine parecía venir de una pelea, pues tenía algunos cortes por el cuerpo, aunque no eran gran cosa. La rubia se quedó mirándole fijamente sin saber lo que hacer o decir. Sabía que Keith y él tenían una especie de rivalidad muy rara. Tal vez era uno de los culpables de que su dragón estuviese encerrado. Frunció el ceño y entonces trató de plantarle cara poniéndose de puntillas. El comandante serpiente simplemente alzó una ceja y con su mano la empujó unos centímetros hacia atrás. Ella chasqueó la lengua ofendida y se quedó mirándole. Venom notaba que estaba bastante enfadada.

- He venido a verte, debido a un par de cosas. Eres la capitana de Keith, de modo que toma esto y ve enseguida a los calabozos. – Dijo teniéndole un papel.

- ¿Esto qué es? – Preguntó ella algo confundida mientras le miraba a los ojos.

- Una orden de permiso del comandante Slicerin D. Venom. También tienes la amistad de Xemnas, por lo que eso debería servirte. Ve cuanto antes y recupera a tu soldado de una vez.

- ¿Cuál es la otra cosa? – Dijo entonces ilusionada mientras tomaba aquel papel y lo escondía en su escote.

El marine permaneció unos momentos en silencio. Le hacía algo de gracia decirle aquello, pero pensó en que sería lo correcto. Le encantaba meter mierda y si se chivaba de algo que… Bueno, ella tampoco tardaría mucho en enterarse. Todos los marines del lugar lo iban comentando por los pasillos del enorme cuartel.

- Ahora eres conocida como el demonio dorado, por tu supuesta mala leche y humor de perros.

- ¿Eso es malo? – Preguntó ella de forma inocente.

El pelirrojo negó con la cabeza y le dio la espalda. Un mote no merecido sin duda. No había visto con sus propios ojos lo sucedido, pero era imposible que alguien como ella fuese así. Demasiados exagerados eran los rumores. Sin decirle nada más, el comandante caminó hacia la salida a paso calmado. Abrió la puerta y salió de allí.

- ¡Oe, respóndeme! – Gritó la chica cruzándose brazos.

Al ver que Venom pasó de ella hinchó los mofletes. Al menos ahora podía ir a los calabozos sin llevarse una bronca. Bastante se estaba librando ya y todo por conocer a Xemnas y ser su alumna. Le sentaba un poco mal aquello, pero ya continuaría subiendo por ella misma.

Epílogo


El calabozo estaba sucio con narices. Vio unas cuantas telarañas en las esquinas de la enorme sala y bastante polvo en los muebles. Al fondo del pasillo había un hombre guardando una puerta marrón. Todo estaba bastante bien iluminado, pero igualmente seguía siendo un sitio feo. El mero hecho de que ni siquiera hubiese ventanas lo hacía odioso para la rubia. Finalmente llegó a la puerta y pudo ver a aquel hombre, el cual tenía unos cabellos pinchudos y de color blanco. Sus ojos eran azulados y vestía con un traje blanco. Que llevase aquel tipo de ropa sorprendió a la joven, pero supuso que eso era algo que no tenía nada que ver. Se colocó delante de él y tendió el papel que Venom le había entregado. Aquella persona lo cogió y tras leerlo se lo devolvió a ella.

- De modo que tienes buenos amigos, Demonio Dorado… Te has hecho famosa en muy poco tiempo, pequeña. – Mencionó con un tono siniestro.

- No me gusta que me llamen así. He venido a por Keith, solicito que me deje pasar enseguida. No voy a consentir que esté encerrado más tiempo aquí.

- Sargento Kineko… Bueno, no creo que continúes mucho en ese puesto después de tu hazaña. No sé si te han comunicado, que quitando a Roger de la lista, había unos cuatro hombres de treinta millones cada uno. Has cosechado una buena cantidad de medallas, Hikaru-san. – Su sonrisa se amplió bastante.

La rubia simplemente se quedó callada y mirándole a los ojos de forma seria. No le interesaba aquella conversación, lo único que ella deseaba era ir a por su soldado de una maldita vez. Apretó los puños y tomó aire. Se relajó todo lo que pudo y después le habló, pero con un tono algo más respetuoso.

- Quiero pasar, por favor.

- Pasarás enseguida, tan solo quería felicitarte. Espero que sepas que todo lo que el dragón haga estará bajo tu mando, ¿verdad? Tú pagarás todos sus errores. De modo que te lo voy a preguntar una última vez… ¿Estás segura de esto?

- ¡Completamente! – Gritó algo ya enfadada.

Aquel hombre no tardó mucho en soltar una pequeña carcajada y después de unos segundos en silencio abrió la puerta. No se quitó de en medio, por lo que continuaba bloqueándole el paso a la joven. Hikaru no tardó en apretar los puños. Estaba empezando a cansarse muchísimo de las estupideces de aquella persona.

- Hikaru Surfer… Te voy a tener muy vigilada… No quiero que el día de mañana nuestra querida marina sea traicionada o algo por el estilo.

- Deja de insinuar cosas. No me juzgues por mi apellido, hazlo por mi trabajo. – Parecía bastante ofendida por las palabras de aquella persona.

- Lo que tú digas, Demonio Dorado. – Terminó de decir antes de empezar a andar hacia la salida de aquel lugar y con ambas manos en los bolsillos.

- Tss…

Hikaru frunció el ceño y después de unos momentos negó con la cabeza. No pensaba dejarse afectar por las palabras de un idiota. Atravesó la puerta marrón sin pensárselo y pudo ver una celda al final. Aquella sala al contrario que la anterior, estaba iluminada solo por antorchas. Avanzó lo más rápido posible hasta allí y se quedó mirando al carcelero, el cual era un tipo alto, calvo y gordo.

- Abra la celda de Keith ahora mismo y déjele salir.

- ¿Ha hablado con…?

- ¡He hablado con todo el mundo ya! Exijo enseguida la liberación del dragón. Soy Hikaru Surfer, capitana de Inmortals. Keith está bajo mi tutela, de modo que… ¡Libéralo de una vez! – Gritó enfurecida.

Finalmente, el hombre se colocó en pie y empezó a abrir la celda con una llave dorada. Hikaru no esperó más y entró en aquel sitio con el ceño fruncido. Miró hacia su dragón y mostró una sonrisa calmada.

- En pie, nos vamos.

Dato:
Siento dejar el final así de abierto, pero la continuación es un rol de isla con Keith, gomen ^^

Peticiones:
Pus pasivos fuerza, resistencia y velocidad: x3

Haki observación y armadura: Los pido entrenados, pero si el mod ve coherente darlos un poco mas altos no me quejaré.

Medallas al mérito: 6 (2 por roger y 4 por los soldados de 30 millones)

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Re: Yo Voy A Ser La Reina Marine. [Time 2017]

Mensaje por Alwyn el Vie 25 Ago 2017 - 20:07

A ver, a ver, a ver, por donde empiezo con esto.

Bueno, lo primero son los fallos de ortografía, hay unos cuantos de esos repartidos por todo el diario como comas que faltan, palabras que les falta una letra, están intercambiadas o le sobra una y varias repeticiones que, a veces llegan a ser algo pesadas. Por lo demás hay algunas frases que no cuadran como, por ejemplo:
- En su mano derecha portaba una espada de tamaño considerable, de la cual había bastante fuego
Ese había ahí queda muy raro, quedaba mucho mejor salía o algo similar.

Pasando ya a la trama hay algunas cosas que rechinan como la que ya te comenté, mantener a la marine viva es mucha mejor opción que lo otro. Además, en su lucha contra Roger le lanzas una bola explosiva cuando justo el momento anterior estabais pegados, por lo que la explosión también debería haberte afectado. O cuando pones que todo el dragón haga estará bajo tu mando, que imagino que sería que todo lo que haga será bajo tu responsabilidad. A parte de eso, ha habido momentos en los que las trama se me ha hecho algo pesada y lenta.

Por todo lo anterior, mi nota es un 8

Pus pasivos fuerza, resistencia y velocidad: x3 x2 solo dos de ellas, la otra nada.

Haki observación y armadura: Entrenados

Medallas al mérito: 6 (2 por roger y 4 por los soldados de 30 millones) Concedidas

Dos recomendaciones: La del superior y la de Xemnas. Concedidas

Acto heroico al acabar con todos a solas. Concedido

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Re: Yo Voy A Ser La Reina Marine. [Time 2017]

Mensaje por Hikaru Surfer el Vie 25 Ago 2017 - 21:20

Acepto ^^
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Re: Yo Voy A Ser La Reina Marine. [Time 2017]

Mensaje por Señor Nat el Vie 1 Sep 2017 - 12:52

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Re: Yo Voy A Ser La Reina Marine. [Time 2017]

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