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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

La isla elemental (TS Danio 2017)

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La isla elemental (TS Danio 2017)

Mensaje por Danio Rerio el Jue 24 Ago 2017 - 15:27

Capítulo 1: Los caprichosos del mar.

Ya con los diseños del nuevo cuartel debía partir hacía el nuevo mundo. Mi objetivo, una isla de gran valor estratégico y seleccionada por mi líder de división, Al Naion. Estaba sentado en la cubierta de aquel gran buque viendo cargar a los marines montones de cajas, viandas y armas. Aún tardaríamos varias horas en partir y no había sitio mejor para mí que aquel asiento. Podía dirigir todo sentado y a gusto, mi vagueza era conocida por todos, al igual que mi capacidad para observar lo que pasaba a mi alrededor incluso pareciendo dormido. Esta vez no llegué a cerrar los ojos, pero tampoco pasó nada extraño. Cuando todo estuvo en las bodegas, se comenzaron las comprobaciones. Todos los marines deberían estar en sus puestos mientras los encargados de cada sección del barco comprobaban que todo estuviera en orden y todo el personal en su sitio. Por mi parte, me levanté despacio para ir al puente de mando, donde el capitán del navío me esperaba. Era él el que dirigía todo el barco, yo estaba allí de pasajero, pero debido a mi rango debía acompañarlo en aquel lugar para las comprobaciones. Cuando llegué todos se pusieron firmes, les mandé descansar y me senté en un lateral de la estancia. El buque partió del puerto en cuanto todos los oficiales le dieron al capitán el visto bueno de sus respectivas secciones. Por fin estábamos rumbo a una nueva construcción.

El viaje estaba siendo tranquilo, con la ventaja añadida de que al ser Marines teníamos rutas que otros no podían tomar para viajar al nuevo mundo. Estas rutas hacían que el viaje fuera mucho más rápido y seguro. Aunque, con la caída de uno de los Yonkou, todos los piratas detestables se habían lanzado en una carrera por conquistar los territorios, o hacer méritos para ser los nuevos señores de la piratería. Nuestro buque era uno de los más grandes que poseía la marina, y eso era bueno por nuestra potencia de fuego, y malo por ser un objetivo jugoso. Y que yo viajara en el barco aumentaba aún más nuestras posibilidades de tener que luchar. Por todo ello, nada más entrar en el nuevo mundo se doblaron las guardias, y dejé de bajar a la cocina para estar todo el tiempo que podía en el puente. Lo días pasaron sin incidentes, pero cuando estábamos a falta de dos jornadas de viaje, nos atacaron con una pequeña flota. La batalla fue encarnizada, casi teníamos destruidos sus barcos cuando una bestia apareció. Era un tipo de rey marino bastante extraño, pues parecía más una sepia que un pez. Eso era una gran ventaja, puesto que nuestro recubrimiento de kairousheki nos hacía indetectables para él desde abajo. El problema llegó cuando un potente chorro de tinta impactó de lleno en nuestro costado. El ataque había ido dirigido a uno de los barcos piratas, pero la potencia que tenía era tal, que atravesó a los piratas y nuestro barco en el proceso. Traté de controlar la vía de agua, pero la sección delantera del barco ya se había separado y pronto se hundiría. Podía hacer que nuestro hundimiento fuera más lento o nulo, y con la sala de máquinas de nuestro lado podíamos tratar de llegar a una isla cercana, pero sería un trabajo duro.

-Capitán, haga saltar a los de la sección delantera a esta parte, mientras, yo contendré las vías aquí. Cuando estén de la orden de avanzar. No puedo garantizar cuanto podré mantener esta parte a flote, por lo que sugiero desviarnos a la isla más cercana.

Rápidamente todos comenzaron a dar órdenes, mientras, yo me ponía al borde de las maderas rotas a formar una barrera de agua para impedir la entrada de más liquido al interior. Me apoyé en mi ámbito de hielo para helar las partes más profundas y ahorrar energías, aunque sería duro, muy duro, hacer el trayecto en esas condiciones. Por suerte, el tiempo era apacible y no debía cubrir toda la estructura expuesta del buque, o no habríamos logrado llegar. Me mantuve firme lo poco que quedaba de noche, con la llegada del alba pudimos divisar una gran isla. Parecía tener una gran zona montañosa, aunque nuestro rumbo nos acercaba bastante a ellas, las dejaríamos a la derecha. Le grité al capitán para que no disminuyera mucho la velocidad, si podíamos meter el barco dentro de la playa, lo podríamos usar de cuartel hasta que nos vinieran a recoger. Según me informó un recluta, el capitán había accedido a hacerlo, por lo que toda la tripulación estaba prevenida, en la parte trasera y bien agarrada. Por mi parte, me imbuí en haki armadura y me pegué a la cubierta con agua y hielo, esperando no salir despedido, y de hacerlo, minimizar el golpe. El choque fue bastante violento, y aunque el hielo aguantó sobre mí, no me libré de darme un buen coscorrón.

Capítulo 2: Los pantanos misteriosos.

Me desperté escuchando el ruido de los serruchos y los martillos. Cuando traté de incorporarme uno de los marines se apoyó en mi pecho tratando de que no lo hiciera, pero era un poco débil y no consiguió evitarlo. Trató de convencerme de que volviera mi posición de recostado, pero tampoco fue muy convincente. Al parecer, con el golpe había salido despedido y chocando contra un árbol cayendo al pantano que empezaba justo al terminar la playa. Según lo que pudo contarme el marine, si no hubiera sido un gyojin hubiera muerto ahogado antes de que me hubieran podido encontrar. También me dijo que había estado inconsciente durante dos días enteros. Salí de la improvisada tienda, la mitad del barco con la que nos estrellamos estaba semienterrada en la arena. Los marines estaban cortando y recolocando tablones para poder usar la gran estructura como cuartel hasta que fuéramos recogidos. Se había empezado a talar algunos de los árboles del límite del pantano para comenzar la construcción de edificios y defensas fuera del barco. Parecía que la mayoría de los marines se habían salvado, cosa que me agradaba mucho.

-¡Marine! ¿Dónde se encuentra el Capitán? – Le pregunté al primero que pasó cerca mío, que se paró, saludó y respondió señalando con la mano hacia el barco.

-Suele estar en su despacho señor, es lo poco que da del puente, señor. -Respondió junto con el gesto.

De camino al barco todos los hombres se paraban a hacer el saludo militar a mi paso, además de inclinar ligeramente la cabeza como agradecimiento. Si antes no tenía el respeto de muchos de ellos, ahora sí. Si había conseguido que vieran a mi especie, aunque fuera un poco mejor, ya podía darme por satisfecho. Cuando empecé a subir por las escaleras provisionales hasta los restos del navío pude ver un poco del pantano y las montañas, ¿Estaría esa isla deshabitada? Me pregunté mientras terminaba de observar el majestuoso paisaje. Cuando entré, me fijé en que los cambios no solo se hacían fuera, dentro se estaba remodelando también el sitio. Se estaba cambiando los suelos y la distribución casi al completo. Según avanzaba hacía el despacho del capitán, fui dando alguna indicación gracias a mis conocimientos de arquitectura. Casi todas las indicaciones se basaban en muros de carga y distribución de fuerzas para evitar que colapsara alguna de las partes. Entre unas cosas y otras el camino hasta el despacho duró casi una hora, para ser un tramo tan pequeño. Cuando llegué hasta la puerta llamé y esperé que me diera paso el oficial.

-¡Buenos días Capitán! – Saludé en cuanto me dejó pasar dentro de la estancia. – Veo que tiene todo contralado por aquí. Me gustaría un informe completo de daños, perdidas, reparaciones, proyectos, zona circundante, exploradores y cualquier cosa de interés, si no es molestia.

-Buenos días Vicealmirante. – Me respondió al saludo con el gesto militar, que rápidamente le dije que quitara. – Los daños han sido catastróficos, hemos perdido la mayoría del recubrimiento de kairousheki, que seguramente repose en el fondo del mar. Un quinto de los marines ha muerto en el ataque o durante la llegada a la isla. Nuestras reservas de alimentos y agua potable son mínimas. En cuanto a las reparaciones, sería imposible hacer flotar este barco de nuevo, y no disponemos de armador para fabricar uno nuevo para tanta gente. Así que lo estamos transformando en edificio, usaremos lo motores para dar energía al edificio, a la ventilación y la calefacción. Fuera estamos haciendo algunas casas de madera que sirvan de barracones y una empalizada rudimentaria para defendernos de posibles ataques humanos o animales. -Cogió un vaso de agua y bebió un poco para no quedarse sin voz. – La zona circundante son pantanos, los exploradores no han avanzado demasiado, pero no han visto nada destacable lo que les alcanzaba la vista. Lo único interesante, es la cascada que parecen haber oído algunos de los chicos, pero no se ha confirmado. A parte de eso, ni rastro de piratas, actividad humana o de animales peligrosos.

-Bien, tomaré unos cuantos de los exploradores e iremos hacia el este, si hay alguna cascada cercana estará en esa zona, al pie de la montaña. Me he tomado la libertad de dar algunos consejos a sus chicos para que esto no se caiga, intente que los cumplan.

El capitán no se opuso y salí de su despacho en dirección a los barracones en construcción, les echaría un vistazo antes de marcharme a explorar la zona. Parecían estar en mejores manos que los interiores, por lo que no tuve que dar instrucciones extra y fui a buscar a los exploradores. Pedí cinco voluntarios para ir a explorar los pantanos de más al norte, los cercanos a las montañas para buscar una fuente de agua potable. Tuve que elegir a los más rápidos, pues todos ellos levantaron las manos. En cuanto estuvieron preparados para partir nos dirigimos al borde del campamento, por ese lado apenas eran unos troncos levantados, pero ya empezaba a parecer una defensa. En cuanto estuvimos fuera les expliqué el procedimiento, iríamos todos juntos hasta la base de la montaña, momento en que nos dividiríamos y haríamos una búsqueda de cascadas o lagos medianos para sacar el agua. Le indiqué también el tiempo máximo que teníamos, puesto que quería estar al anochecer en la base.

El camino al borde del pantano no era excesivamente complicado y menos para aquellos hombres preparados para esas tareas. Yo me mantenía en la parte más arenosa, por la que me sentía más cómodo que por la tierra. Casi todos veían mi marcha como algo extraño, solía ser más pasota, aunque en esta ocasión se requería de mí. Puede que los depósitos de agua que buscábamos no estuvieran a simple vista y mi capacidad de percibir el agua, mayor que la del resto sería un factor determinante. Las montañas se acercaban rápidamente, al parecer, no habíamos acabado tan lejos de las mismas como yo pensaba. Aunque no llegamos a las mismas, puesto que el sonido de agua fluyendo y saltando un desnivel llegó a nuestros oídos. Nos desviamos hacía el interior, siguiendo el sonido. Cambiamos la formación a fila india, dejándome ir primero a mí por si el terreno cedía ante nuestro peso. Si yo caía al agua y me enredaba podía seguir respirando bajo la misma, el resto no, por eso ninguno protesto ante la decisión. Tardamos poco en llegar hasta una zona más o menos extensa de agua, en la que por una pequeña cascada de no más de un metro de altura se vertía gran cantidad de agua. Teníamos nuestra fuente de agua, más cerca de lo esperado y con un buen acceso, aunque habría que allanarlo y ensancharlo un poco. Uno de los chicos avistó algo interesante, un hombre sentado en la orilla contraria a nosotros en posición de meditación, o al menos eso parecía por los conocimientos que yo tenía.

-Quiero que os quedéis aquí, cubriros en esas plantas y estar atentos a cualquier movimiento extraño que pueda haber. Yo me acercaré al hombre desde el agua, atajando por medio del lago. Tú, ve a la base e informa del hallazgo, diles que preparen una partida para mañana, tenemos que empezar a llevar agua y arreglar un poco este camino.

En cuanto el explorador se fue y el resto se ocultó en los arbustos, me metí despacio en las claras aguas del lago. No era muy profundo, apenas unos tres metros, pero tenía gran variedad de algas y peces. Ninguno de ellos trató de comerme, lo que fue un alivio. Tarde muy poco en atravesarlo con mi velocidad de nado, saliendo despacio por la otra orilla. Había activado el mantra por el camino, el hombre aparentaba tener mucha menos fuerza que yo, aun así, me mantuve precavido. No se inmuto con mi salida, ni cuando me acerqué caminando lentamente hasta él. Sin embargo, si que levanto la mirada cuando me paré a un metro suyo.

-Tú no eres como el resto de los elementales de agua, nunca había visto ninguno como tú. Dime, sabes comunicarte como los guardianes o eres como tus parientes más mundanos. – Su mirada estaba clavada en mis ojos, tenía cierta ilusión en ella, parecía encantado de mi presencia.

-Creo que me está confundiendo señor. Me llamo Danio Rerio, pertenezco a la marina. Nuestro barco encalló aquí tras un ataque en alta mar. Aunque no se equivoca en algo, mi afinidad por el agua. La especie a la que pertenezco vine del fondo marino y estamos muy ligados a este elemento.

-Ya veo jovencito, en ese caso he de darte la bienvenida a nuestra isla, aunque es probable que no todos lo hagan de tan buen gusto como yo. Dices que habéis encallado, puedo ofrecerte mis servicios como curandero, quizás hasta aprendas algo más de ello. Solo te pido comida caliente y alguna historia a cambio.

El nivel de poder del anciano no había cambiado, seguía siendo débil hasta para los soldados que me acompañaban, pero estábamos faltos de material médico y de médicos, por lo que alguien que pudiera ayudar con remedios naturales y enseñar el uso de las hierbas de la isla a los nuestros estaría bien, y además solo por comidas e historias.

-Muy bien, por favor acompáñeme por aquí, dije señalando a la orilla del lago.

Mientras caminábamos por la orilla le pregunté acerca de los elementales que había mencionado antes, por sus camaradas, por cómo era la isla en general. La charla continuó una vez nos reunimos con los exploradores que seguían ocultos. Durante todo el camino el hombre respondió de forma animada a nuestras preguntas. Así averiguamos lo especial que erala isla, al menos muchas de sus criaturas y de cómo estaba organizada en cuatro centros principales. Era un lugar muy singular sin duda alguna. Esperaba aprender más de aquel tipo, pero una vez llegamos al campamento fuimos directos a la enfermería, aunque con la escolta doblada.

El anciano no pareció ofenderse con este hecho. Cuando llegamos hasta el primer herido pidió algo de agua en una palangana y girándose hacía me comentó que no perdiera detalle de los movimientos que iba a usar. No había dejado de hacerlo en todo el camino, ni le quitaría mi haki mantra de encima. Cuando llegó el agua su fuerza aumento bastante, aunque no supondría un problema para mí aún. Sus intenciones tampoco eran hostiles por lo que de momento no actué. El hombre concentró sus energías en el agua, desplazándola en el aire con un aura verdosa. Como era posible, los humanos no podían hacer eso, era imposible. Todos los soldados estaban boquiabiertos, algunos incluso a punto de desenfundar. El lugareño siguió a los suyo ajeno a todo. El agua comenzó a reposar sobre las heridas de la pierna del marine tendido en la camilla. Tras unos instantes, la herida había desaparecido, y el hasta hace nada herido hombre comprobó que podía caminar y estaba en perfecto estado. El resultado calmó un poco la tensión de hacía unos instantes. Mandé a unos de los oficiales a hablar con el capitán, quería organizar una cena a solas entre los tres para averiguar más acerca de aquello, mientras, el anciano siguió curando soldados bajo mi supervisión. Durante las horas que estuvimos allí traté de averiguar la manera que empleaba para curar con agua. Parte de la técnica debía basarse en el agua nueva, puesto que no repetía palangana con agua con ningún marine. Cuando finalizó con el último me miró fijamente, y me dijo que sabía que tenía dudas y preguntas, que me las contestaría todas a su debido tiempo. Tras eso, se nos convocó para la cena con el capitán dentro del buque estrellado.

Nos dirigimos juntos al interior de la estructura de madera y metal, acompañados por la guardia militar. Nuestros vigilantes se quedaron en la puerta de la estancia donde estaba esperando el capitán. Este se encontraba detrás de una mesa de madera negra con tres juegos de platos puestos sobre ella. Se levantó cuando entramos, más que por el anciano, por mí, haciendo el saludo militar. Cuando se lo devolví se sentó indicando con las manos para que hiciéramos lo mismo. Tras unas presentaciones básicas, comenzamos con la cena y el silencio. Nuestro invitado fue el primero en romper el hielo preguntando por como habíamos acabado en aquel lugar. Me alegró que lo preguntara, así podría encadenar la conversación con alguna de mis dudas con respecto a él. Le conté lo que nos ocurrió, no así nuestro origen o destino. El hombre se quedó impresionado ante la historia, por lo que dijo a continuación pocos entre los suyos podían lograr tal control sobre el líquido elemento. Casi todo lo que podían hacer pequeños controles destinados a algún fin, como el con el agua curativa.

-Me gustaría saber lo siguiente, no he conocido a ningún humano que puede siguiera a controlar una gota de agua, ¿Qué tenéis vosotros de especial, que os hace diferentes? – Le pregunté sin dejar que el capitán pudiera hacer la pregunta que parecía tener en los labios.

-Según nuestras tradiciones, el primero de nuestra tribu fue un venido del mar. Este invitado se enamoró, caso y tubo descendencia con una mujer de nuestra tribu, desde entonces todo su linaje ha podido controlar el agua. Hasta que te he visto a ti pensaba que se trataba de un náufrago como vosotros, como vosotros, pero si ese hombre era alguien de tu especie todo cobraría sentido, muchas de nuestras dudas se disiparían.

-Ermitaño Hin, Como puede ser posible que no se dieran cuenta sus antepasados de la naturaleza de vuestro ancestro, me refiero, para perpetuar el poder tuvo que ser alguien que dominara muy bien el poder del agua, sin embargo, no muchos semigyojin son capaces de ello. Lo pregunto, más que nada, por curiosidad de cómo era aquel hombre.

-Verá Capitán Ferin, por las pinturas de aquellos tiempos, nuestro ancestro parecía totalmente humano, además nosotros no conocíamos más raza que la nuestra. En esas circunstancias no podíamos sospechar nada raro. Por otro lado, el dominio sobre el agua de aquel hombre según las historias era prodigioso, fue el primero en hablar con el guardián, forjando el primero de los cuatro pactos elementales. Mañana podemos partir para ver al jefe de la tribu y el guardián, pero serán al menos dos jornadas de viaje hasta allí.

-Imagino que querrás ir tu Danio, por lo que adelante, me quedaré dirigiendo esto, a ver si terminamos pronto los barracones y la reordenación interior. Llévate los hombres que creas oportunos, de momento esta posición parece segura y no creo que nos ataquen los lugareños por lo que veo.

-Por supuesto que quiero ir, me llevaré a algunos hombres, puede que sean necesarios. Por lo que he visto la isla es grande y si hay más pactos elementales me gustaría verlos. Seguramente tardemos algo más de un año en recorrer la isla entera. Si consigue contactar con la marina en ese tiempo puede pedir evacuación, aunque si es posible me gustaría dejar aquí una pequeña base si las negociaciones llegan a buen puerto.

La cena terminó con algunas historias más, aunque estas ya no eran tan relevantes. Acompañé al terminar al ermitaño hasta su cuarto, por la mañana nos esperaban grandes cosas, un pueblo que descubre sus orígenes y una nueva isla para explorar. Esa noche tuve sueños moviditos, rememorando la noche del ataque primero, mis días en el templo en la isla Gyojin después y finalmente con la curación de los soldados. Me propuse aprender esa técnica como fuera, para ello, le pedí a Hin por la mañana, justo cuando salíamos, que me enseñara. Con los entrenamientos diarios de los soldados que nos acompañaban y las diversas lesiones que se podían ir produciendo por el camino no me faltarían pacientes para practicar. El ermitaño estuvo encantado de enseñarme, siempre y cuando le contara más cosas de mi hogar. Ya había vistos los movimientos básicos de la curación, el Tai Chi sería perfecto para compaginarlos y adaptarlos a mi forma de hacer las cosas. Por el camino al templo vimos a las criaturas que llamaban elementales, seres casi hechos por completo de agua que se movían por los pantanos. En su mayoría no nos prestaron atención, aunque alguno si se acercó mientras practicaba la curación con algún esguince.

Capítulo 3: Los monjes del agua.

Al llegar a la base del templo el anciano nos pidió que no fuéramos bruscos, que a pesar de su hospitalidad y bondad poca gente había estado donde nosotros estábamos ahora mismo, y por ello, podían llegar a ser desconfiados. A la entrevista con el guardián y el anciano de su tribu solo podría entrar yo, mis chicos deberían esperar en la base junto al ermitaño. Antes de entrar al templo les pedí que se comportaran, nada de bulla, alardeos ni nada parecido, esta era una oportunidad única y el que la fastidiara tendría un problema grave. Eran muchos marines y sería difícil controlarlos a todos si los oficiales fallaban. Le pedí a Hin que practicara con ellos la meditación, era una tarea titánica con tal cantidad de gente, pero estaba seguro de que se las apañaría con ayuda de los mandos. Subí las pocas escaleras que me separaban de la entrada del templo. En su interior vi una gran extensión ajardinada con fuentes y estanques por doquier. Al final, un edificio de techo rojo y sin paredes de varios metros de altura. Supuse que sería el lugar donde se encontraban el guardián y el anciano.

Llevaba el mantra activo en todo momento, había sido muy amable con nosotros el ermitaño, pero eso no implicaba que todo los fueran. Las presencias que comencé a percibir al frente eran prodigiosas, difícilmente podría ganarles en un combate, ya fuera juntos o por separado. Con ello en mente me acerqué con todo el respeto que pude hasta la entrada, sin entrar dentro de la edificación. El anciano y el ser acuático se giraron hacía mí, se quedaron allí quietos, esperando, evaluando. Yo me mantuve en mi posición esperando, puede que no pudiera ganarles, pero si hacerles algo de frente para que mis chicos pudieran huir, o fueran tan locos como para intentar venir a ayudar. De pronto, la voz del hombre mayor me sacó de mis pensamientos, me invitaba a acercarme hasta ellos y sentarme en el cojín que tenían delante. Una vez lo hice me hizo varias preguntas relacionadas con nuestra llegada, con nuestra presencia en el templo, con mis habilidades con el agua, en general, con todo lo que tenía que ver conmigo y nuestra estancia allí. Le respondí a todo con la verdad, no podía permitirme ofenderles, no en ese momento. Al parecer, no solían recibir visitas, y menos gente que pudiera usar sus habilidades con el agua. Llegados a un punto de la conversación se centraron mucho en saber más de los semigiojin, así como de los gyojin. Cuando quedaron satisfechos realicé yo mis preguntas acerca de los elementales y sus habilidades con el agua. Sobre los elementales no hablaron mucho, solo que estaban allí antes que los humanos y que los únicos que se comunicaban con estos eran los guardianes. Estos elementales enormes eran algo así como los líderes de su raza. Por lo que sabían, no morían, solo volvían a renacer en algún punto dentro del territorio de su elemento. Ya con todo hablado les hice una propuesta.

-Me gustaría visitar el resto de la isla acompañado por mis hombres mientras nos recogen y aprender de vosotros el manejo de los elementos. Además, me gustaría poder hacer algo para que nos permitierais mantener el naufragio que se ha convertido en nuestro cuartel de forma permanente en la isla como símbolo de amistad entre vosotros y el gobierno mundial.

-Eres libre de moverte por la isla con esos pocos hombres, mientras no lastiméis a los habitantes o a los elementales que no os sean hostiles. Comunicaré al resto de templos vuestra estancia como invitados y que sois de fiar, si en algún momento hacéis algo inadecuado, volveréis para recibir vuestro castigo, ya sea por la fuerza o por vuestro pie. En cuanto a la base permanente deberás hablar con el gran maestro, aunque antes deberíais visitar todas las zonas y aprender lo suficiente para agradarle. No puedo hablar por el resto, aquí podréis montar vuestro campamento a las afueras, tratando de evitar dañar lo más posible todo a vuestro alrededor.

A partir de eso momento levantamos unas tiendas básicas, respetando lo posible el suelo y usando de suelo maderos para aislarnos en parte de la humedad. Varios monjes se unieron a nosotros por las historias, a cambio comenzaron a entrenar con los marines. Los ejercicios que realizaban no se basaban en el control del agua, puesto que ninguno de mis chicos podía conseguirlo, eran más relacionados con la agilidad del cuerpo, su flexibilidad y su movimiento. Algunos monjes lo llamaban yoga. Mientras los soldados hacían eso, yo ayudaba al ermitaño con las labores de curación. Era sorprendente la cantidad de heridas cotidianas que se podían producir en una comunidad de ese tamaño. Según pasaban las semanas mi habilidad con la curación aumento en gran medida, tanto que Hin ya me dejaba por mi cuenta. Los chicos estaban aumentando su agilidad bastante, y cada vez aprendían más y respetaban más a aquellos monjes.

Al acabar el segundo mes de estancia allí el guardián me llamó, quería comprobar mis habilidades y que probara a hacer varias cosas. Las pruebas fueron cada vez más exigentes, hasta que el ser dio por contento. Había algunas técnicas que no había podido enseñar a los monjes por falta de control o habilidad y quería tratar de enseñarme una de ellas. Por lo que ahora por las mañanas acudía a las clínicas o trataba a mis marines y por las tardes acompañaba al anciano y al guardián a un lago trasero del templo. Allí, el gigantesco ser me hacía controlar grandes cantidades de agua, levantarla, moverla y moldearla. Terminaba el día exhausto, incapaz de controlar más agua. Con el paso de los días mi cansancio era cada vez menor, me estaba acostumbrando a manejar tales cantidades de líquido. Al comienzo del tercer mes comenzamos con la enseñanza en sí. Parecía que era algún tipo de movimiento para lanzar gran cantidad de agua, una inundación por así decirlo. Seguramente me viniera muy bien contra usuarios de fruta si la conseguía dominar. Reunir el agua ya era fácil, ahora debía dirigirla y acomodarla a lo que pretendía, gran ancho y poca profundidad y velocidad o menos ancho, más profundidad y velocidad del agua. Cada forma la practicaba en sitios diferentes al principio. La primera en los jardines, anchos y espaciosos, la segunda en uno de los pasillos, más estrechos y altos. Los días siguieron pasando, mis hombres estaban cada vez mejor, no habíamos tenido problemas quitando a un oficial que fue expulsado y mandado a la prisión de los monjes por un intento de violación. Yo seguía mejorando en la curación, había conseguido reparar hasta un hueso, dejando alucinado a Hin. Con el guardián la cosa también iba bien, ya podía provocar una buena inundación, aunque para ello debía de disponer de agua en abundancia.

Cuando el final del cuarto mes llegó los marines habían cuadriplicado su agilidad, eran mucho mejores en flexibilidad y en concentración. Habían aprendido muchas cosas de los monjes y sus historias, además de sobre su modo de vida. Por mi parte, había dominado la habilidad de curación, aunque sería una cosa que no dejaría de practicar en cada sitio al que fuera para mejorarla aún más. Además, ahora, si tenía la suficiente cantidad de agua, podía hacer que esta se moviera como si de un rio en crecida se tratara. Este momento fue también uno triste, puesto que a la mañana siguiente partiríamos hacia el templo del fuego. En aquel lugar si era posible todos aprenderíamos el manejo de ese elemento y de ser necesario mejoraríamos nuestra fuerza para ser dignos. Hin se ofreció a acompañarnos a todos los templos a modo de peregrinaje, por lo que fue una despedido menos que soportar. Esa noche se hizo una fiesta, algunos monjes y marines intercambiaron regalos y en general fue momento de celebración más que de tristeza.

Capítulo 4: Los salones de fuego.

El sol acababa de alzarse en el horizonte cuando partimos hacía las montañas de fuego. La comitiva de marines que viajaba detrás nuestro lo hacía más rápido que antes, se notaba que sus movimientos más agiles les ayudaban a pasar los obstáculos del camino más rápido. Los cincuenta marines que quedaban conmigo estaban divididos entre dos comandantes. Dentro de esos dos subgrupos había otras dos divisiones, cada una a cargo de un sargento. El avance lo realizamos de forma ordenada, aquellos hombres estaban aprendiendo a trabajar en equipo mejor que ninguna otra unidad de marines. La ascensión hasta el inicio del territorio del fuego fue dura, tardamos casi dos días en llegar a una altura decente. El cambio había sido bastante brusco, pues habíamos pasado de una zona llena de agua, marismas y pantanos a otra ocupada por bosques de árboles altos y hojas olorosas que despejaban la nariz. No era una zona seca y quemada como me esperaba por el nombre, tenía ríos, plantas, vida. El sendero, marcado en piedras negras era bastante mejor que el que atravesaba los pantanos. Al medio día de la tercera jornada salimos a un claro y pudimos ver el templo del fuego en lo alto de una colina dentro del valle entre las cumbres. Era un lugar impresionante, un gran edificio que ocupaba toda la ladera de la colina con edificios blancos y en la parte superior lo que debía ser el templo en sí, en color rojo brillante.

A mitad del recorrido que nos separaba de la ciudad un grupo de monjes nos detuvo. Se presentaron como miembros de la orden de la llama de obsidiana, una sociedad secreta que se ocupaba de que todo fuera bien en aquellas tierras. Nos pidieron que los siguiéramos por un sendero que nos separaba de la ciudad principal, cosa que me resulto extraña y poco confiable. Antes de hacer nada miré fijamente a nuestro guía con ojos inquisitivos en busca de algo de ayuda para tomar la decisión. Según lo que el ermitaño contó al ver mí mirada, resultó que eran un grupo en favor de la estabilidad y la paz y no corríamos ningún riesgo acompañándolos. Acepté el ofrecimiento y ordené avanzar detrás de aquellos monjes. El camino se desviaba al este de la ciudad, conduciéndonos hacia una formación rocosa en el lateral de la ciudad. Cuando pasamos junto a la misma pudimos ver los restos de las erupciones en las capas de las rocas que formaban un veteado de tonalidades diferentes del negro o el gris. Continuamos aún unos kilómetros más, alejándonos de la ciudad hasta lo que parecía un pequeño pueblo. La gente nos recibió con poco entusiasmo, siendo esto una notable diferencia con el recibimiento brindado por los monjes del agua. Nos condujeron al edificio de más tamaño del asentamiento, que debía ser la residencia de los monjes. Dentro, nos esperaba un hombre bastante mayor que debía ser un viejo amigo del ermitaño a juzgar por el efusivo abrazo que se dieron nada más verse.

-Este es el líder de la Orden de la llama de obsidiana, el antiguo gran maestro del fuego Yhji. Actualmente la ciudad está sumida en un desconcierto total. Se encuentra dividida entre los partidarios de convivir con los extranjeros y los que se oponen a ello y quieren una política de aislamiento de todo el mundo. El guardián de fuego está en medio de todo ello, absteniéndose de hablar con ninguno de los bandos, cosa que supondría un empujón a la campaña del afortunado. Si esta situación se prolonga mucho la situación se volverá insostenible y los elementales podrían volverse peligrosos.

-Cierto ermitaño, pero estas cosas son problema de nuestro pueblo, no vuestro. Sed bienvenidos a este pueblo, aquí nadie os atacará ni se opondrá a vosotros mientras seáis pacíficos. Sé que habéis estado aprendiendo en compañía de los monjes del agua, aquí podréis hacer lo mismo mientras aprendéis nuestras costumbres.

-Será un honor aprender junto a vosotros, acamparemos en la parte de atrás intentando que no se nos vea demasiado desde la ciudad, no queremos causar problemas o agravar la situación.

El antiguo gran maestro inclino la cabeza conforme y mandé salir a los hombres para empezar a preparar el campamento. Tenía muchas ganas de aprender de aquellos hombres, sobre todo porque mi habilidad con el fuego era casi ridícula comparada con la de viento y sobre todo agua. Esperaba poder empezar esa misma tarde o como muy tarde a la mañana siguiente. Había encontrado algo que me entusiasmaba casi tanto como cocinar, lo que hacía que no me sintiera para nada vago en eso momentos. Incluso, podría decirse que me sentía con fuerzas hasta para estar varios días seguidos de ejercicios para controlar ese elemento. Había tenido algunos problemas usando el viento en zonas muy secas y el modo de control de estos monjes podría ayudarme a eliminar esos problemas. Aunque lo primero era terminar el campamento, tratando de disimularlo lo más posible. Para ello ideamos las tiendas de tal modo que quedaran pegada a las paredes traseras de las casas y el pabellón justo tras el edificio de la orden. Sin un estudio a conciencia de la zona con algún instrumento de aumento sería complicado que se viera el campamento desde la ciudad. Solo faltaba que la gente del sitio fuera tan de fiar como creía el anciano y no delatara ninguno nuestra posición, no es como si fuéramos enemigos de aquel pueblo o proscritos, pero lo mejor era evitar tensiones innecesarias.

Por la mañana nos levantamos temprano para hacer las labores matinales pronto y comenzar con el entrenamiento antes de que el sol llegara a lo más alto del firmamento. Yhji, a pesar de su corta estatura y gran edad, tenía una velocidad y agilidad impresionantes, y lo que era más importante, una presencia imponente. Los movimientos del pequeño monje eran mucho más directos y toscos que los gráciles y fluidos movimientos de los monjes del agua. Parecían ser mucho más del agrado de muchos de mis chicos, cosa que no me extraño, los devastadores siempre llevaban mal la agilidad. Para mí no fue complicado adaptar los golpes de krâv maga a este estilo, parecían estar hechos para este manejo de lo bien que pegaban. A pesar de ello, la mañana fue bastante frustrante, pocos conseguimos controlar algo más que la llama de una cerilla, que comparado con las hogueras del miembro de la orden era una mierda. Con esta sensación y poco progreso avanzaron los días siguientes. El duro ejercicio hacía que solo entrenáramos, comiéramos y durmiéramos sin mucho tiempo para relacionarnos con el pueblo, a parte de los pocos que venían a comer algún día que otro.

Un par de semanas después unos cuantos comenzamos a destacar, principalmente los devastadores y yo mismo. El antiguo gran maestro nos cogió entonces aparte, dejando al resto a cargo de algunos de sus subordinados. Nuestro entrenamiento cambio, se volvió mucho más físico y agotador. Esto fue debido a que lo realizábamos en una sala rodada de llamas, lo que aumentaba mucho la sensación de calor y la temperatura real de la misma. Estas nuevas lecciones incluían el control de las llamas mientras realizábamos algún entrenamiento físico, mientras nos enfrentábamos en combate los unos a los otros. Nuestro control avanzó a pasos agigantados. Al acabar el primer mes ya podíamos dominar cantidades parecidas a una hoguera, dándole formas de dificultad media y usar el elemento acompañando nuestros golpes. Los marines parecían estar la mar de contentos, sobre todo comparados con el resto que apenas llegaban al control de una antorcha. Con solamente medio mes por delante en aquel lugar, Yhji me llevó aparte. Quería que hiciéramos un entrenamiento algo diferente. Cada día bajamos por una escalera de caracol hasta una sala cuyo suelo enrejado mostraba una corriente de lava. En esta sala me hacía controlar los fuegos emanados de unos cristales que unían la lava con la sala, por raro que pareciera, estos no se fundían. El fuego que los envolvía era mucho más complicado que el normal, no se sentía de la misma forma, no servían los mismos movimientos. Tuve que usar una mezcla de mis dos artes marciales principales para dar con los movimientos correctos. Según las lecciones del antiguo gran maestro esas piedras eran una variante de la obsidiana, a partir de las cuales la orden recibía el nombre. Su fuego era más caliente que el normal y podía arder incluso encima de las piedras por un periodo de tiempo. Los ejercicios con ese fuego continuaron, alternándolo con el normal para que no perdiera la práctica.

Con los cuatro meses cumplidos, partiríamos pronto hacía el siguiente territorio, el del aire. Todos habíamos conseguido dominar el elemento en mayor o menor medida. El ermitaño estaba encantado, al igual que Yhji, con nuestro progreso y nuestra actitud. No habíamos tenido problemas con la gente del pueblo y no había habido visitas desde la ciudad que estaba igual de revuelta según lo que nos contaba cada día el anciano monje. Para ir hacia nuestro siguiente objetivo debíamos atravesar muy cerca del centro de la isla, lugar de residencia del monje supremo y jefe de toda la isla. Aunque de momento no pararíamos, al menos no hasta haber conocido y aprendido de las cuatro zonas principales. Por el camino fui probando a usar movimientos del fuego combinados con los del aire para usarlo en ambientes secos, cosa que hasta ahora no había podido hacer al estar más relacionado con el karate gyojin.


Última edición por Danio Rerio el Jue 24 Ago 2017 - 17:15, editado 2 veces
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Re: La isla elemental (TS Danio 2017)

Mensaje por Danio Rerio el Jue 24 Ago 2017 - 15:27

Capítulo 5: Los vientos aullantes.

El camino fue algo más duro, pasamos muy cerca de la zona volcánica que separaba la zona de fuego y tierra, un lugar muy poco agradable y confortable. Pudimos ver a lo lejos el gran templo central, una construcción magnifica y que estaba deseando ya ver por dentro. Continuamos nuestra andanza hacia el sur, llegando a las grandes praderas características de esta zona. El ermitaño fue contándonos por encima cómo funcionaba allí el clima y lo peligroso que podía resultar si no teníamos cuidado o pasábamos por una de las zonas con mayores vientos. No pillábamos una de las épocas más malas, pero tampoco la mejor. Había momentos en los que los vientos parecían querer arrancarnos de la tierra y mandarnos volando a través de las praderas. Por las noches descansaba poco tratando de contrarrestar los vientos usando el domino del karate del aire. Las primeras noches perdimos varias tiendas y casi a dos hombres. Después fui consiguiendo reducir los problemas hasta que la semana de nuestra llegada a las puertas de la gran ciudad que rodeaba el templo, trece días después, era capaz de formar un ligero escudo de aire. Este eran apenas unas corrientes que distorsionaban lo suficiente los vientos como para frenarlos algo y que no causaran problemas.

La urbe de los monjes del aire era de la más grandes, se encontraba en una zona muy rica y con el mar más o menos cerca, lo que hacía que fuera un lugar de comercio los meses del año que no la azotaban los intensos vientos de la zona. Nuestro campamento lo instalamos dentro de la zona de altares de gran altura que rodeaban la ciudad, el ermitaño nos dijo que los usaban para proteger la ciudad de los vientos del denominado invierno. Según sus datos la zona de la ciudad debía estar finalizando esta estación, aunque estas a veces no seguían patrones fijos. El gran maestro del templo nos recibió con mucha alegría, y más al saber que queríamos aprender de todas las zonas y que en la de fuego no nos topamos con muchos problemas. El templo era como los exteriores, pero mucho más alto, estando en la parte superior el guardián. En los pequeños, habitaban elementales menores que activaban un escudo de corrientes de aire sobre la ciudad cuando el viento era demasiado fuerte, siempre ayudados por el guardián y el gran maestro. El anciano se ofreció a ayudarme con mi intento de escudo, mientras que algunos de sus seguidores comenzaban la instrucción física y elemental de los marines.

Los entrenamientos con los monjes de aire estaban muy orientados a la agilidad, estos maestros de los vientos hacían increíbles virguerías con los vientos y sus movimientos. Los luchadores y tiradores de nuestro grupo serían los grandes beneficiarios, no así los devastadores que esta vez quedarían algo relegados. El control del elemento sería muy básico para realizar todas las tablas que los monjes imponían a los marines. Cada uno adaptaba los movimientos realizados a los hechos con sus propias armas, siendo los tiradores los que quedaban a la zaga, dado que sus armas no eran las mejores para encadenar golpes consecutivos. Las primeras semanas los observé junto con el maestro que tenían, podía permitírmelo por el esfuerzo realizado hasta la ciudad y por mi grado de control de dicho elemento. Se esforzaban y eran buenos alumnos, la suerte me había sonreído al elegir aquel variopinto grupo para que me acompañara por aquella isla. Los monjes se portaban muy bien, hacía celebraciones y nos contaban grandes historias del viento y las estaciones.

Con el inicio de la tercera semana me puse a trabajar con el anciano maestro del aire en el escudo del elemento. Le mostré como lo había estado haciendo, además de comentarle mi pequeño problema con muy poca humedad. Los ejercicios que me puso a practicar variaban desde una esfera de aire de varios tamaños hasta corrientes circulares que variaban su dirección al encontrarse con otra para contrarrestarla. Eran ejercicios duros, me exigían mucha concentración y uso de energía para hacerlo todo a la vez. Por si todo eso fuera poco, me hacía practicar en una sala con bastante poca humedad puesto que la usaban de secadero. Las variaciones que me hacía el maestro de aire mientras hacía los ejercicios me hacían sudar la gota gorda. Controlar esferas de aire, mientras que regular los movimientos para que sean menos dependientes del agua era algo difícil de llevar acabo y muchas de las esferas terminaban en medias o cuartos de esferas. Con el paso del tiempo estos cambios eran cada vez menores, pero a cambio ahora las esferas eran más grandes y debían ser huecas. Dentro de poco ya podría usarlas de escudo, pero las necesitaba más grandes, más potentes. Tenía que poder soportar los vientos de la llanura con él y a la vez ser capaz de avanzar.

Con esas premisas en mente forcé cada más mi cuerpo y mi concentración, respetando siempre las instrucciones del anciano y dejando un día a la semana para ver a mis hombres avanzar en el entrenamiento. Al final del mes, ya casi no necesitaba agua ambiental, y las esferas podían dar cabida a dos personas. El guardián del templo se ocupaba de crear las ráfagas de viento para que probara la resistencia del escudo y lo mejorara. Era la segunda vez que un guardián me ayudaba con el entrenamiento, aunque mi alegría duro poco, los vientos de invierno llegaron y el muro de aire alrededor de la ciudad requirió de toda su atención, y por unos días las mía. Me acercaba a los templos pequeños a ver a los elementales hacer los movimientos. Podía aprender más de ellos viéndolos que con meses de trabajo y entrenamiento. Un par días entrenamos junto a ellos, imitando sus movimientos mientras en el exterior la tormenta rugía y soltaba descargas eléctricas. Al final del cuarto mes, fecha de nuestra partida podía hacer bien los escudos y mis chicos podían usar el viento como ayuda en la carrera o en sus golpes, todo un orgullo. Nos despedimos de los monjes, teníamos varias semanas de camita hasta el templo de la tierra, última parada antes de visitar al señor de la isla.

Capítulo 6: La tierra de la roca.

El camino hacia el templo de la tierra era complicado, primero debíamos volver a recorrer las llanuras vendaval, luego atravesar un desierto y finalmente las colinas de aquel territorio. Los vientos cuando iniciamos el camino no eran nada del otro mundo, parecían querer respetar nuestro camino. Aunque siempre estábamos vigilantes, como nos habían contado los monjes, allí el viento era caprichoso y podía pasar de ser tu mejor aliado a toda una pesadilla rugiente. Mientras avanzábamos le pedí información al ermitaño de los monjes de la tierra. Según lo que pudo contarme eran excelentes agricultores y maestros canteros. Sus ciudades solían estar talladas en la misma roca, moldeadas con multitud de adornos de gran belleza. Las colinas que bordeaban sus ciudades se encontraban llenas de campos de cultivo, arados con sus artes milenarias y productores de los mejores vinos del nuevo mundo, o al menos eso dijo el anciano. De carácter intermedio entre los habitantes de la zona de agua y fuego, costándoles confiar un poco al principio, pero muy amigables y generosos después. Sería una tarea dura ganarse la confianza de aquellos monjes, aunque sin duda no tanto como hubiera podido serlo en el templo del fuego sin la aparición de la llama de obsidiana. Cuando parecía que todo saldría bien, teniendo ya delante el desierto, los vientos comenzaron a levantarse. Su aumento fue gradual, aunque parecían querer evitar que saliéramos de las llanuras para entrar al desierto. Necesité usar el escudo de aire que había aprendido del guardián y el gran monje del aire. Con el activado era más difícil avanzar, puesto que, con los movimientos necesarios para mantenerlo, apenas si avanzaba unos centímetros cuando el paso normal sería mucho más largo.

Los minutos se convirtieron en horas y el vendaval no pasaba, necesitamos encontrar un refugio, no podía aguantar mucho más con nuestra defensa. Todos los marines estaban al borde de las corrientes de aire que formaban la cúpula, trataban de encontrar alguna cueva o señal de algún refugio. El ermitaño colaboraba lanzándome de vez en cuando agua por encima, tratando de que me mantuviera hidratado y no sufriera tanto por el calor del lugar y el que estaba produciendo yo con el esfuerzo. Varios minutos más tarde uno de los hombres grito algo mientras hacía gestos indicando una dirección. Parecía haber encontrado un refugio, o más bien, las ruinas de lo que podía haber sido uno. Cuando entramos en el mismo note como la presión del aire contra la barrera que había generado se reducía bastante. Con todos dentro de las ruinas varios de los marines crearon muros de aire en las entradas, permitiéndome eliminar el escudo y descansar. Era una suerte que todos hubiéramos aprendido de los monjes, no todo el peso de estas situaciones recaía sobre mi persona. Deje al mando a uno de los comandantes mientras yo me echaba a dormir un poco, necesitaba recuperar fuerzas, si esa tormenta no amainaba tendríamos que seguir en algún momento.

Cuando desperté la luz del sol iluminaba las ruinas donde habíamos parado a descansar y se notaba un calor horrible. La tormenta había pasado unas horas atrás y ahora teníamos por delante las abrasadoras arenas del desierto. Viajar por aquel sitio me resecaba la piel, me cansaba más de lo normal y por momentos creí que me desmayaría. Gracias a los diales de agua pude sobreponerme la mayor parte del viaje, aunque sin duda necesitaría un baño bastante largo al salir de aquel terreno para recuperar la forma. Tardamos casi tres días de sufrimiento, calor, espejismos y demás peligros del desierto en cruzar aquella vasta extensión de arena. Cuando acabo, nos esperaban verdes colinas llenas de vida y vegetación que hacían de barrera frente al avance del desierto. El camino a partir de entonces fue mucho más llevadero, algunos trozos del mismo estaban cubiertos por árboles, lo cruzaban algunos arroyos y se podían ver canteras a cielo abierto perforando alguna de las colinas, un paisaje curioso sin duda alguna. Pasamos por delante de varios poblados formados en las colinas, y alguno hasta fortificado con una muralla de piedra. Tardamos una semana más en llegar hasta la ciudad donde se encontraba el templo. Nos hicieron acampar fuera de la muralla de la misma, sería muy complicado entrar por la fuerza en un sitio así. Habían cuidado mucho donde la edificaban, ocupando cuatro colinas con un rio atravesándolas por la mitad. Justo en mitad de ese rio, el templo de la tierra. No estaba seguro de que las colinas fueran del todo naturales, pero sabiendo de los poderes de esa gente me podía esperar cualquier cosa.

A la mañana siguiente, ya con el campamento montado a la sombra de la impresionante muralla y descansados, pudimos entrar a la ciudad. Acompañados por los monjes guerreros atravesamos las calles de la ciudad, que cada vez estaban más llenas de curiosos. Parece que esas poblaciones no solían recibir muchas visitas, y menos de soldados extranjeros. Al templo solo se nos permitió acceder a Hin y a mí. La impresionante estructura del templo se elevaba desde las aguas formando otra especie de colina. Habían detenido el curso del agua y formado un lago artificial. Seguramente usando su control lo habían levantado todo desde el fondo de la cuenca fluvial. Subir todas las escaleras era una tarea titánica, no era en vano la fama de los hombres más resistentes la de aquellos monjes. En la parte de arriba un nuevo grupo de monjes guerreros nos acompañó hasta la sala del guardián y el gran monje de la tierra.

-Bienvenido Hin, ha pasado mucho tiempo desde tu última visita a nuestro templo. Este debe ser el hombre pez del que hemos tenido noticias, parece que ya dominabas dos elementos con soltura antes de llegar hasta aquí y un poco del otro. ¿También está la tierra en tu repertorio?

-Lo siento gran maestro, la tierra de momento se me ha resistido, espero que con su ayuda pueda estar a la altura de sus alumnos. – Le respondí al anciano. Si algo había podido aprender en ese tiempo es que la educción en aquel lugar era muy importante y más refiriéndose a los líderes de cada zona.

-Yo doy fe de las buenas intenciones y el gran trabajo realizado por estos hombres en su recorrido por la isla. – Comentó el ermitaño justo detrás de mí.

-Bien, tendréis una oportunidad porque él parece responder por vosotros, pero a la primera que rompáis nuestras leyes tendréis que abandonar nuestra tierra, ¿Entendido?

Con una inclinación de cabeza di a entender que aceptaba el trato. Me mando a reunir a mis hombres para llevarlos a una de las plazas donde seriamos adiestrados. Sin duda alguna este sería el más difícil de todos los elementos. Se requería de una gran resistencia y control de las emociones para manejarlo. Los primeros ejercicios así lo corroboraron, series físicas bastante duras y largas. Todo ello sobre la dura piedra de la plaza, insistieron mucho en que la sintiéramos y la fuéramos conociendo durante los ejercicios, ya que sería fundamental más adelante. Al acabar la jornada apenas podíamos llegar al campamento antes de caer rendidos en las tiendas. Hin no volvió con nosotros, seguramente tendría que quedarse de invitado unos cuantos días en el templo, o puede que tuviera cosas que hacer. Al fin y al cabo, prometió acompañarnos a los cuatro templos y ya había cumplido su promesa. Nosotros continuamos con nuestra nueva rutina de entrenamientos físicos durante el primer mes de estancia en la ciudad. Durante ese tiempo no hubo incidentes y la gente comenzó a fiarse de nosotros, algunos incluso se unían a nuestros ejercicios en la plaza. No hacíamos mucho más, puesto que no teníamos casi energías al finalizar las sesiones más que para comer y dormir.

Al inicio del segundo mes Hin volvió a aparecer, junto con el gran maestro de la tierra. Con su llegada comenzamos los ejercicios de dominación básicos. Estos variaban desde el control de pequeños guijarros hasta su creación a partir del suelo. No era una tarea sencilla, ni siquiera para mí que ya dominaba tres de los elementos. La plaza se llenó con el repiquetear de los guijarros cayendo contra el suelo. Muchos de los ciudadanos que se habían unido a nuestros ejercicios ahora nos ayudaban a mejorar. Nos explicaban las cosas una y otra vez como lo harían a sus hijos en la escuela. Era una buena sensación, nos sentíamos acogidos por aquella gente y eso nos daba fuerzas para hacerlo lo mejor posible en las sesiones de trabajo. Con estos ejercicios fue pasando el segundo mes de nuestra estancia allí. Este nuevo entrenamiento era menos exigente y permitió que comenzáramos a hablar más con la gente de la ciudad y con los monjes guerreros. Consiguiendo hacer buenas migas con gran parte de la población durante este segundo mes, asistiendo a fiestas, teatros y ritos varios celebrados por toda la ciudad. El equinoccio de verano, o fiesta de la cosecha para ellos marco el inicio de nuestro tercer mes de estancia. La fiesta duró una semana en la cual se ofrecían al guardián diferentes alimentos recolectados en el campo, así como varios barriles del vino del año anterior para que ayudara con las cosechas del año siguiente. Estos días se contaba con multitud de actividades como la de pisar la uva en la plaza, campeonato de pesca en el lago y creación de esculturas en piedra. Una vez finalizaron volvimos a nuestros entrenamientos de control, pasando ahora ya al control de cantidades mayores que un guijarro.

Los movimientos para el control, mucho más complejos y en su mayoría secuenciales eran todo un reto y más sin poder relacionarlos directamente con una de las artes marciales que conocía. Tenía ventaja sobre mis hombres, la práctica de muchos más años con movimientos del estilo, aunque eso solo afectaba a lo rápido que aprendía los movimientos, no a la cantidad a dominar. Las series de movimientos junto con la energía requerida para alzar, controlar y moldear la piedra hacía de esta nueva parte algo más cansada que la anterior. Incluso debíamos tener más cuidado al aumentar el riesgo de accidentes por el peso del material que estábamos controlando, que debía tenerse en cuenta. Los elementos anteriores eran algo menos concretos, más volátiles por llamarlos de alguna manera, si perdías en control de alguno de ellos no corrías el riesgo de aplastar a una persona o partirle algún hueso. Como mucho hubiéramos producido alguna quemadura, pero al nivel en el que estábamos en aquellos momentos no hubiera sido muy grave. Por motivos de seguridad nos dividimos entre dos plazas y los lugareños eran mucho más cautos al acercase a nosotros en esos entrenamientos. Al finalizar el mes ya podiamos mover grandes cantidades de piedra y darles formas básicas como cubos, esferas o prismas. Ahora nuestros ejercicios se centrarían en el moldeado de la materia prima que teníamos, lo que podría darnos una gran ventaja en los enfrentamientos. Los artesanos empezaron a colaborar con nosotros en este aspecto ahora que se suponía que éramos capaces de trabajar el elemento sin peligro para los demás.

Los artesanos nos enseñaban las variaciones de los movimientos básicos que habíamos estado usando para que nuestras creaciones fueran algo más complejas que formas fáciles de geometría. Estas variaciones afectaban sobre todo al movimiento de las muñecas y dedos. Cuanto más control sobre los mismos tuviéramos mejor sería la calidad de nuestro moldeado. Los que teníamos una noción algo mayor de arte avanzamos mucho más rápido que el resto, pasando a la cantidad una vez controladas las formas más avanzadas. Por motivos varios no nos enseñaron la creación de cenefas u ornamentos más elaborados, puesto que estos solían ser enseñados de padres a hijos y no se compartían fuera de la familia. Finalizado el mes, momento que marcaba nuestra partida hacía el centro de la isla para conocer al regente, fue momento de fiesta. Festejamos durante varios días lo bien que lo habíamos pasado todos juntos en esta experiencia, siendo uno de los lugares favoritos para la mayoría de los marines que prometieron volver allí en cuanto pudieran. Alguno se llevó algo más que el agradecimiento, puesto que llegó a intimar con alguna de las ciudadanas con el beneplácito de las familias. Las fiestas fueron similares a las anteriores, solo que sin ofrendas ni pisado de las uvas.

Capítulo 7: El secreto del regente.

El camino de regreso fue más tranquilo. Al estar nuestro objetivo en el centro de la isla nos evitábamos la mayor parte del desierto. Según el ermitaño había un paso entre los volcanes y el desierto que podíamos usar. Sin duda la ayuda de Hin estaba siendo inestimable en el viaje. Además de saber todo lo necesario de cada zona que visitábamos, tenía un gran conocimiento de la orografía de la isla. Eso, unido a sus poderes de sanación junto a los que aún practicaba yo cuando tenía tiempo, nos habían ayudado a poder hacer muchos de los entrenamientos sin tantos problemas físicos como hubiera pasado normalmente. El recorrido fue bastante ameno, todos estaban muy contentos con la experiencia vivida en la zona de tierra. Muchos de ellos incluso practicaron por el camino el moldeado de formas, dejando los bordes del camino repletos de estatuillas u obras abstractas. Tal y como dijo el anciano ni siquiera nos acercamos a los volcanes y la parte desértica fue de apenas unos kilómetros y por que quisimos atajar un poco. El gran templo central se encontraba ya a la vista, no tardaríamos demasiado en bordearlo para llegar a la entrada.

El templo era una bonita estructura más o menos redondeada fabricada en mármoles blancos y remates de oro que al darle el sol de la tarde lo hacía brillar enormemente. Varias estatuas adornaban la entrada principal que además poseía una gran puerta de metal blanco con exquisitos labrados. Varias torres se erigían por los laterales, adornadas con unos salientes de mármol amarillento. En los laterales reposaban varias estatuas más de gran tamaño también. Nadie parecía salir a nuestro encuentro, y no era raro puesto que según Hin solo el maestro de maestros vivía allí. El ermitaño nos llevó hasta la puerta, abriéndola con suma facilidad a pesar del tamaño de la misma. Entramos al gran hall del templo, los adornos eran increíbles, pero lo eran aún más las estatuas que bordeaban la sala entera, parecían tener vida propia del detalle que poseían. El anciano nos pidió que esperáramos allí mientras avisaba de nuestra llegada. La arquitectura de sala era algo excepcional, algún día yo sería capaz de imitar esos modelos y crear algo a la altura. Me asomé a una de las puertas, la sala al otro lado esa extraña. Tenía representación de los cuatro elementos y en el centro un pedestal. Me imaginé que sería algún tipo de sala de meditación, aunque no entendía muy bien del por que tener allí los elementos.

No dio tiempo a mucho más, Hin bajo las escaleras vestido con una túnica de verde apagado y un bastón de color dorado. Al parecer el maestro de maestros nos había acompañado todo el viaje. Sin duda su presencia nos había evitado muchos problemas y abierto puertas, pero ahora quedaba saber por que lo había hecho. Le dejamos bajar hasta abajo antes de acercarnos, todos estábamos bastante perplejos y con muchas preguntas rondándonos por la cabeza. El maestro pareció verlo porque levanto la mano para que ni siquiera comenzáramos a hablar. Llevaba ya mucho con nosotros y nos conocía demasiado bien.

-Todo tiene un porque en esta historia y poco a poco lo iréis descubriendo. Cuando me encontrasteis en el lago estaba en uno de mis paseos de meditación, la curiosidad me pico y os acompañe. Después de veros y ayudaros a sanar a los heridos me parecisteis buena gente, al menos la mayoría. Tras nuestra charla en la cena me empecé a plantear seriamente dejaros quedar, pero para ello necesitaba que vierais todas las zonas, que comprendierais a todos los pueblos, que aprendierais lo que sabemos, y lo más importante, que pudierais respetar a todos incluso los que abiertamente os rechazaran. Tengo que deciros que lo habéis hecho muy bien, mejor de lo esperado. Tenía miedo de que en la zona de fuego pudiera haber algún tipo de conflicto, por eso fue la segunda en nuestro camino. Si no hubierais podido manteneros serenos y hubierais echo algo contra los que se os dijo, no habríamos proseguido el viaje. Me alegra mucho decirte Danio que podéis mantener la base aquí, pero es necesario que os ciñáis a las normas y que estos chicos sean los que se queden. Ahora saben todo lo necesario y están instruidos para usar los elementos, son los únicos preparados para ayudar en esta isla. Aun así, un emisario de cada tribu vivirá con vosotros para continuar la formación de los chicos y de los nuevos reclutas, evaluando a estos últimos también.

-Muchas gracias maestro de maestros Hin, será un honor poder contar con un destacamento que ayude a mantener la paz y a mejorar las relaciones de la isla con el gobierno. Lo más seguro es que ya hayan podido contactar con algún buque que pasara cerca de la isla y el tiempo que le pedí al capitán expira pronto, creo que deberíamos volver y darle las buenas nuevas.

-Perfecto, antes de que te vayas tengo algo para ti, me has sorprendido pudiendo aprender los cuatro elementos y de manera tan magistral. Aunque he de reconocer que ya antes de salir del templo del agua te tenía cierto aprecio y les encargué algo a los monjes. El capitán ha colaborado también con el material del barco. - Sacó una capa de vicealmirante de una caja bajo la escalera. – Está hecha del mineral marino e hilo normal, te pesara un poco más pero seguro que te ayuda en tus viajes.

-Será un honor llevarla maestro hin. – Le dije a la vez que bajaba la cabeza en señal de respeto hacia él.

Nos despedimos del anciano, todos estábamos encantados, pero era hora de volver a la base y ver como iban las cosas por allí. Lo más seguro es que la mitad de los soldados ya hubiera podido partir, y yo lo haría en cuanto llegará el siguiente barco, dejando al mando a uno de los comandantes de esta brigada elemental, además de dejarla formada legalmente. El capitán y yo deberíamos seguir hasta Dressrosa para presentar los informes, además yo debía construir la sede de mi brigada allí. Aún estaba a tiempo de hacerla en el tiempo que tenía previsto, aunque para ello hubiera que agilizar los trámites y contratar más mano de obra para hace el trabajo por turnos y que no se parara la construcción.

Capítulo 8: Despedidas y llegadas.

Cuando llegamos a nuestra base esta tenía ya un aspecto formidable, los muros ya no eran troncos en mal estado sino muros de piedra, las puertas de entrada de metal y varios soldados de guardia. Dentro ya teníamos barracones, enfermería, comedor y varios locales más. Los restos del barco ahora ya tenían aspecto de oficinas, aunque aún se distinguía la forma original. Había menos personal, al menos aparentemente, por lo que ya debían de haber empezado con la recolocación del personal militar. El capitán salió a nuestro encuentro, parecía encantado con nuestra llegada. Mientras la brigada elemental se marchaba a sus barracones, yo acompañe al oficial hasta la parte de atrás del barco partido. Habían conseguido hacer un puerto allí. Hablamos largo rato de lo que habíamos visto y aprendido en la isla, además de comentarle que la brigada nueva se quedaría allí permanentemente y que tendríamos a cuatro emisarios de forma continua. Él a su vez me contó que no habían tenido problemas con los lugareños ni con la fauna. Habían conseguido contactar hacía algo más de medio año con un buque de los de patrulla. La recolocación era lenta debido a que eran muchos para poco espacio en los buques. El siguiente transporte estaría a punto de llegar y quería saber si me marcharía en él.

-Sí, necesito llegar a nuestro destino original. Puedes acompañarnos si lo deseas, el comandante a cargo de la división elemental puede tomar el mando e ir haciéndose a él en nuestra ausencia. También puedes quedarte y enseñarle como se hace, aunque eso ya es decisión tuya.

-Creo que me quedaré hasta el siguiente transporte, aunque el comandante tome el mando. Me gustaría ver como lo hace, además, esto pueden ser mis vacaciones, este lugar me encanta. De hecho, consideraré pedir el traslado definitivo a este lugar.

El transporte no tardó más de dos horas en llegar. Me uní al mismo junto al siguiente contingente asignado para la partida. La isla de destino la tuve que cambiar, mi destino estaba algo más lejos que el puerto donde los marines debían de quedarse. Al capitán del navío no le hizo demasiada gracia, pero no tuvo más remedio al ser su mando superior. El transporte fue bastante normal, quitando los refunfuños del capitán hacía mi persona. Los marines a los que estábamos sacando de la isla se paraban de vez en cuando por mi camarote para preguntarme acerca de lo vivido y de cómo era el resto del sitio que estaban dejando, alguno incluso mostrando interés por volver. Apuntaba a todos los interesados, aumentar nuestra presencia allí tendría que ser de forma gradual. Primero debíamos consolidar la relación con las tribus, en especial con el fuego. Cuando llegamos a Dressrosa me fui directo a la base, necesitaba iniciar los trámites para la construcción cuanto antes. Seguidamente me fui a las empresas constructoras para hablar de los honorarios y los turnos de trabajo, además de enseñar los planos de la torre. Había añadido todo lo pedido por mis compañeros y una sala como la que vi en el templo para mi meditación personal.

Capítulo 9: La construcción y la meditación.

Apenas una semana tardaron los permisos para comenzar con la obra. Tendríamos por delante siete meses de trabajo continuado para acabar la base de operaciones a tiempo. Mi trabajo ahora sería controlar que todo se hiciera como venía en los planos. Me empleaba a fondo tratando de conseguir los mejores resultados posibles. Las bases de la torre, varios sótanos para laboratorios, almacenaje y garajes avanzó mucho más rápido de lo que esperaba, seguramente debido a mi ayuda con la roca y su retirada, lo que me servía de practica a la vez que hacía avanzar el proyecto. Los obreros hacían tres turnos de trabajo para mantener la obra siempre activa. Los de la noche contaban con potentes focos y cables de tamaño considerable para proporcionar la luz necesaria en las profundidades. Los sótanos eran la base de todo, y debían estar perfectamente hechos para que el resto del edificio pudiera mantenerse en pie. Los materiales, juntas, soldaduras y en general todo era controlado al milímetro. Los capataces y yo mismo estábamos atentos a todo, ellos por no perder millones en contratos y yo por que la torre no se callera más adelante. Cuando comenzaran los trabajos sobre tierra podría relajarme un poco más y centrarme en la meditación y el entrenamiento. Los trabajos estaban realizándose en el tiempo correcto, se terminó con los sótanos en tres meses. Los cuatro restantes habría que hacer la parte aérea de la torre, empezando por la estructura metálica de la misma.

Con los trabajos en metal llevándose acabo pude comenzar a meditar en las cercanías del edificio. El ruido hacía que fuera más complicado, pero eso ayudaría mejorar mi concentración en situaciones difíciles. Meditaba cerca sobre una roca al lado de una fuente y encendía varias velas alrededor. Esta simulación barata de la sala que esperaba construir y de la que había visto en el templo sería de ayuda en estos primeros pasos. Durante la meditación quería centrarme en los elementos, tratando de sentirlo como hacía con las personas. Era algo complicado y en lo que debería trabajar mucho, pero seguro que a la larga valía la pena. Los primeros días no conseguía nada, ni siquiera usando el mantra como base. Tenía que probar diferentes cosas, eso me pasaba por no preguntar a Hin por aquella sala. A la semana, con las vigas del primer piso ya puestas cambié la forma de hacerlo, usaría el tai chi. Acompañaría mis movimientos mezclados con los de control y todo acompañado por el mantra. En un principio tampoco pasó nada, pero ya sabía que estas cosas van lentas. Con el paso de los días empecé a percibir un leve zumbido, un rumor. Me pareció algo a tener en cuenta por lo que seguí con ese método.

La base de la torre ya estaba tomando forma y los metales comenzaban a alzarse hacia el cielo con el segundo piso. El trabajo continuó estaba dando sus frutos y la torre llevaba un ritmo muy bueno. Pronto se comenzarían a poner los paneles exteriores de la primera planta, lo que marcaría el inicio de las obras interiores junto con la creación del suelo de la segunda planta y los metales de la tercera. La meditación seguía avanzando, el zumbido apenas imperceptible seguía ahí, cada vez algo más fuerte. Cada forma de control emitía un zumbido algo diferente, aunque fuera solo eso, un zumbido. Deduje que esta meditación sería una de las bases para la comunión elemental de los maestros. De ser así, que podría esperar de la fuera de la isla elemental, allí no había elementos vivientes ni grandes maestros que me ayudaran o con los que hablar. Las semanas siguieron avanzando y los pisos de la torre aumentando. No habíamos tenido ningún tipo de retraso de momento. Las plantas inferiores ya estaban terminadas y equipadas, si los miembros de la brigada venían a la isla ya tendrían un lugar donde estar, siempre que no tuvieran miedo de estar en un lugar en construcción. Los zumbidos de la meditación habían incrementado algo su intensidad, aunque seguían siendo solo ruido. Necesitaba algo para compararlos, algo para saber cómo usarlo.

A pocas semanas de terminar la torre llegó un barco con uno de los soldados de la nueva brigada acompañando al capitán del navío que se quedó allí para ayudar. Las cosas marchaban bien por allí y el comandante al mando lo hacía bastante bien por lo que me contó el oficial. El marine de la brigada estaba allí para recoger a unos cuantos reclutas, había pasado tiempo suficiente para intentar entrenar a más miembros de la división. Mientras esperábamos se me ocurrió una idea, le pedí al marine que realizara alguno de los ejercicios de control mientras yo activando el mantra me concentraba. Además de sentirlo a él, también pude percibir el zumbido del elemento que estaba usando. Cerrando los ojos le pedí que fuera alternando los movimientos, que yo trataría de adivinar que estaba usando de aquella manera. Fue algo más complicado de lo que esperaba, pero resultó bastante bien. Tenía mucho trabajo por delante aún, pero ese primer paso me serviría d base. Cuando todo estuviera en orden aquí con la torre planeaba visitar la isla de nuevo y hablar con el maestro sobre el tema. Cuando al fin la torre estuvo lista me dispuse a esperar la aparición de mi jefe para la inauguración. Esperaría un par de días por si surgían problemas con la torre a pleno uso y luego le avisaría.



Peticiones:

1 Técnica de curación con agua: Similar al manual de la tienda, pero con tiempo de reutilización de un post más uno por cada grado de la herida curada. [Heridas superficial un post de recarga, heridas leves dos, etc]

2 Técnica de inundación: control de gran cantidad de agua que provoca que al lanzarla junta la zona hacía la que se mueva se llene de agua a diferentes velocidades, cuanto más estrecha la zona más velocidad.

3 Karate elemental fuego:

  Nivel 60:  Puede controlar cantidades moderadas de fuego usando las mismas en sus golpes o creando formas medias. Las llamas estarán a las temperaturas del sitio del que se sacaron.
  Nivel 70:  Puede endurecer las llamas como si de acero se tratase, aunque estas seguirán quemando las cosas con las que impacten
  Nivel 80:  Las formas de sus llamas pueden ser mucho más elaboradas, pudiendo llegar a crear muros o pinchos.
  Nivel 100:  Puede controlar grandes cantidades, llegando a crear grandes incendios con las llamas, o a apagarlos. Las llamas que controle podrán alcanzar un tercio más de su temperatura normal.

4 Mejora karate aire: independiente de humedad. Gracias al entrenamiento este karate puede usarse en ambientes extremadamente secos.

5 Escudo de aire: escudo de corrientes de aire con la velocidad máxima que pueda controlar que puede tener un radio máximo igual a un tercio del nivel del usuario. Podrá durar como máximo cuatro turnos con tres de recarga.

6 Karate elemental tierra:
  Nivel 60:  Puede controlar hasta tres toneladas de piedra y darle formas simples. Puede usar los movimientos del karate para levantar secciones de tierra o lanzar piedra a sus adversarios.
  Nivel 70:  Puede aplicar los Pu del karate gyojin a este karate.
  Nivel 80:  las formas que le puede dar a la piedra controlada son de dificultad alta. Puede controlar cantidades moderadas de tierra, no más de la mitad que de piedra.
  Nivel 100:  Llega a controlar diez toneladas de piedra y dos tercios de tierra, puede hacer estos materiales tan duros como el titanio.

7 Comunión elemental básica: Danio puede usar su mantra para sentir cuatro zumbidos básicos, uno por elemento. Esto le ayuda a identificar si los ataques que puede predecir van ligados a algún elemento de estos cuatro básicos.

8 Fuego de obsidiana: Permite convertir parte del fuego controlado en este fuego. El fuego de obsidiana se encuentra al doble de grados que el normal y puede mantenerse encendido durante un post sin necesidad de quemar nada, por ejemplo sobre la roca o el agua.

* Notas de los karates

Capa kairo

División karate elemental para la marina (NPC a crear, cantidad especificada abajo)

Torre de la división kiritsu

Medalla al mérito y una recomendación por los actos al principio del diario salvando a la mayoría de marinos del barco.

Aclaraciones: Tripulación del barco inicial 1000 marines (la aproximada en un buque de buster call según la serie), supervivientes que llegan a la isla 800, escuadra que se va con Danio 50 {dos comandantes, 4 sargentos})
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Re: La isla elemental (TS Danio 2017)

Mensaje por Azula el Dom 27 Ago 2017 - 21:46

Buenas noches Danio. Hoy seré tu correctora. Toma asiento en esta agradable noche de verano y agárrate porque vienen muchas curvas. Tantas que te vas a caer. ¡Empecemos!

Normalmente suelo empezar por una parte bonita en todos los diarios, siempre suelen tener alguna parte agradable a la que alabar o cosas buenas que mencionar. Aquí no tengo nada que halagar. Ni siquiera he tenido una trama que me atraiga o me mantenga atenta a la lectura. Pesada, difícil de leer y bastante pobre para mi gusto. Se nota que lo has escrito a las prisas porque no te paras mucho para darme detalles o introducirme las cosas como es debido. La primera batalla apenas me la has descrito. Y debo decir, que me ha recordado mucho a Avatar esta historia, sobre todo porque cada legado elemental va pasando de persona a persona. Además, puede que tenga que ver con la 1º persona al escribir, pero no es necesario que tenga tanto ego durante toda la historia.

He apreciado muchas incoherencias a lo largo del diario, así que las enumeraré:

1)
El problema llegó cuando un potente chorro de tinta impactó de lleno en nuestro costado. El ataque había ido dirigido a uno de los barcos piratas, pero la potencia que tenía era tal, que atravesó a los piratas y nuestro barco en el proceso. Traté de controlar la vía de agua, pero la sección delantera del barco ya se había separado y pronto se hundiría. Podía hacer que nuestro hundimiento fuera más lento o nulo, y con la sala de máquinas de nuestro lado podíamos tratar de llegar a una isla cercana, pero sería un trabajo duro.

Te has marcado un titanic. ¿Cómo puedes navegar un barco partido a la mitad? En serio, explícamelo porque creo que es imposible. Eso se hundiría si o sí.

2)
-Ermitaño Hin, Como puede ser posible que no se dieran cuenta sus antepasados de la naturaleza de vuestro ancestro, me refiero, para perpetuar el poder tuvo que ser alguien que dominara muy bien el poder del agua, sin embargo, no muchos semigyojin son capaces de ello. Lo pregunto, más que nada, por curiosidad de cómo era aquel hombre.

-Verá Capitán Ferin, por las pinturas de aquellos tiempos, nuestro ancestro parecía totalmente humano, además nosotros no conocíamos más raza que la nuestra. En esas circunstancias no podíamos sospechar nada raro. Por otro lado, el dominio sobre el agua de aquel hombre según las historias era prodigioso, fue el primero en hablar con el guardián, forjando el primero de los cuatro pactos elementales. Mañana podemos partir para ver al jefe de la tribu y el guardián, pero serán al menos dos jornadas de viaje hasta allí.

¿Cómo sabe el capitán el nombre del ermitaño y como sabe el ermitaño el nombre del capitán?

3)
Se presentaron como miembros de la orden de la llama de obsidiana, una sociedad secreta que se ocupaba de que todo fuera bien en aquellas tierras.

-¡Alto! ¡Policía secreta!
-¡Pero no me lo digas!

4)
-Imagino que querrás ir tu Danio, por lo que adelante, me quedaré dirigiendo esto, a ver si terminamos pronto los barracones y la reordenación interior. Llévate los hombres que creas oportunos, de momento esta posición parece segura y no creo que nos ataquen los lugareños por lo que veo.

Esto no tiene que ver con la nota ni nada, pero quiero hacer hincapié en el detalle. Se supone que estáis encallados y bueno, eres un gyojin, entiendo que seas tu el que vaya a esa misión porque eres el protagonista de la historia. Pero me rechina que todo sea un trato tan bueno hacia él, supongo que esos marines son la excepción y les caes bien, pero me sigue pareciendo ilógico ver a un gyojin en la marina. A fin de cuentas todo es racismo.

5) Aquí menciono todo lo relacionado con la llegada a las diferentes ciudades de los elementos. Como ya te mencioné es muy rápido todo y apenas te paras en detallar. Llegas y los guardianes te reciben como si nada cuando se supone que son muy rigurosos con la entrada de la gente. No sé, deciden enseñarte de la nada porque si. Lo siento, pero podrías haberte buscado alguna excusa mejor que eso. Podría haber sido una buena trama si supieses plasmarla como es debido.

6)
No dio tiempo a mucho más, Hin bajo las escaleras vestido con una túnica de verde apagado y un bastón de color dorado. Al parecer el maestro de maestros nos había acompañado todo el viaje.

¿Cómo sabes que es el maestro de maestros solo por llevar una túnica y un bastón?


Dejando de lado las incoherencias... Vamos a continuar con la libreta del dolor. Hay una cantidad enorme de palabras sin acento en el diario, te pondré algunos ejemplos. Las comas más de lo mismo, pausas innecesarias que traban la lectura.

se comenzaron las comprobaciones

Sobra ese "se".

Lo días

Los días.

Kairousheki

Kairoseki, kairoseki.

liquido

Acentillos.

Me apoyé en mi ámbito de hielo para helar las partes más profundas y ahorrar energías

No te apoyes en ámbitos.

contralado

Controlado.

protesto

Más acentillos.

cubriros en esas plantas y estar atentos

¡Estad! ¡Estad!

La especie a la que pertenezco vine

Viene.

-Muy bien, por favor acompáñeme por aquí, dije señalando a la orilla del lago.

Los guiones.

erala isla

En fin.

hacía

Hacia.

a los suyo

A lo suyo.

la conversación con alguna de mis dudas con respecto a él.

Ahí sobra el con.

que puede siguiera a controlar

Siguiera.

Hin, Como

Después de coma no va mayúscula.

que me resulto extraña

Resultó.

la educción

La educación.

tierra, ¿Entendido?

Después de coma minúscula.

El equinoccio de verano

Solsticio...

Y esto ha sido todo. Cualquier duda más pregúntame por privado. He estado pensando muy bien la nota que ponerte y tendrás un 6,5 abriendo mucho la mano. Te llevas la técnica de curación con agua y la de inundación. Consigues también la división npc de karate elemental y la torre de la división Kiritsu. Me temo que no puedo darte nada de todo lo anterior porque no llega la nota para los entrenamientos. Respecto a la medalla y los méritos me temo que no puedo concedértelos porque la incoherencia de navegar con un barco partido.

Si no estás conforme puedes pedir segunda moderación~

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Re: La isla elemental (TS Danio 2017)

Mensaje por Danio Rerio el Dom 27 Ago 2017 - 22:09

Acepto la nota, gracias por tu tiempo.
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Re: La isla elemental (TS Danio 2017)

Mensaje por Señor Nat el Sáb 2 Sep 2017 - 13:11

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Re: La isla elemental (TS Danio 2017)

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