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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

¿Arthur en la isla de las amazonas? Imposible [Diario Time Skip]

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¿Arthur en la isla de las amazonas? Imposible [Diario Time Skip]

Mensaje por Arthur Silverwing el Jue 24 Ago 2017 - 21:42

Los rayos del sol se colaban entre el espeso follaje del bosque, la suave brisa matutina agitaba las ramas creando un coro de susurros que armonizaban con la tranquilidad de aquel lugar. Hace tiempo que el sol se había alzado sobre el horizonte, pero parecía que el bosque todavía no había despertado… de momento.

Un silbido seco rompió aquella calma, seguida de un chillido ahogado por una muerte rápida. Como me habían enseñado, una flecha certera, directa a la garganta de un desafortunado jabalí, asegura una muerte rápida sin apenas sufrimiento para el animal, así como una sabrosa cena para todas, piel para ropa y hueso para herramientas. Nada se desperdicia, es el respeto que tenemos que mostrar a los animales cuyas vidas tomamos.

Examiné el cadáver, la flecha no se había roto, la extraje con sumo cuidado y, tras limpiarla la deposité en el carcaj. Me puse el arco al hombro y me dispuse a atar bien a la presa para poder llevarla hasta la aldea. Mis hermanas solían cazar en grupos, pero me gustaba ir sola, no, me sentía más cómoda cazando sola, el sentimiento de tu respiración al son del viento, el corazón palpitando al ritmo de la naturaleza, ese hermoso silencio que sólo la soledad puede lograr. En la aldea estoy a gusto con mis compañeras, pero a la hora de cazar el bosque es mi mejor aliado.

Cargué a la bestia a la espalda sujetándola con la cuerda tomé el camino de vuelta a casa, hace mucho que no cenábamos carne de jabalí, seguro que esto les alegrará el día.

Poco más de una hora después llegué a la aldea, hoy Silvia y Rose hacen guardia, eran una de las guerreras más imponentes y formidables de las que disponíamos.

- Oh. Buenos días Saphira. ¿Qué tal la caza de hoy? – Preguntó Rose con tono amable.

- Júzgalo tú misma. – Dije mostrando mi presa orgullosa. – Esta noche nos pondremos las botas. ¿Os apetece uniros?

- Nos encantaría, pero tendremos que hacer guardia esta noche. Al parecer se doblará la guardia como medida preventiva. – Dijo Silvia.

- ¿Doblar la guardia? ¿Ha pasado algo?

- ¿No te has enterado? Pensábamos que al estar en el bosque habrías visto algo.

- Hoy han vuelto las piratas Kuja. De camino aquí avistaron un navío marine no muy lejos de la isla, aunque al no llevar un rumbo directo a ésta dedujeron que estaba de paso a otra isla.

- Pero lo extraño empieza ahora. –Continuó Rose.- Las cazadoras que fueron al bosque Este encontraron un área con árboles quemados y un pequeño cráter, como si algo hubiese impactado en la zona. No creemos que sea cosa de los marines, no poseen un cañón capaz de disparar desde tan lejos y que impacte sin hacer ruido. Tampoco ha habido ninguna tormenta estos días. Nadie tiene ni idea de qué puede haber sido, así que ante la duda se ha decidido mantener la guardia alta.

Toda esa historia era extraña, es más, árboles quemados, pero no había habido ningún incendio que se hubiera propagado por el resto del bosque. Pero no era hora de pensar en eso, las piratas Kuja habían vuelto, y mi hermana con ellas. Esta noche sería perfecta, cenaríamos jabalí mientras Ruby nos contaba sus aventuras en alta mar.

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El Calm Belt hace honor a su nombre, ni una ola, ni una pizca de brisa, todo lo que queda fuera de este barco es como un gigantesco espejo que se extiende hacia el horizonte. La mayoría de marineros se lo pensarían dos veces antes de entrar en estas aguas, pero hace tiempo que la marina no tiene ese problema gracias a los cascos revestidos de kairoseki de sus embarcaciones.

Un suspiro se me escapa mientras miro al horizonte, el viaje es bastante largo y monótono, aunque hay que estar alerta, a pesar de la protección que tenemos no estamos a salvo del ataque de un rey marino.

- ¿Me puedes repetir por qué estamos haciendo esto? – Preguntó Zinogre en mi cabeza.

- Trabajo. – Dije de forma seca sin apartar la mirada del mar.

- No es sólo trabajo. Es raro que te apartes de esa marea de papeleo sin hacer y la brigada para venir al otro lado del mundo. Había algo en ese informe que te llamó la atención.

- Si lo sabes ¿por qué preguntas? No era sólo raro… era demasiada casualidad, creo que hay algo más detrás de esto, sentía que algo saldría mal si no me encargaba personalmente.

- Como con los informes, o incluso la limpieza del cuartel. – Bromeó aquella voz que siempre me acompañaba.

Mientras discutíamos para pasar el rato mi mente no pudo evitar recordar aquel momento, algo no estaba en su sitio y no paraba de pensar el ello.

Todo sucedió hace una semana aproximadamente. Me encontraba en mi despacho encargándome del papeleo que la brigada había dejado en mi ausencia a causa de la gestión del Gobierno de Síderos. Entre los informes de presupuesto, autorizaciones de permisos y demás rollos de carácter burocrático encontré un informe que me llamó la atención. Hablaba de la presencia de una fuente de energía, descubierta gracias a las investigaciones de Vegapunk hace más de un siglo, al parecer se descubrió que los resultados de la investigación cayeron en su momento en manos de los Mugiwara, lejos de lo que cabría esperar de los piratas que marcaron una era, decidieron ocultarlos en la isla de Amazon Lili en medio del Calm Belt, una información demasiado específica para tratarse de un rumor. El informe databa de dos meses antes de que regresara, pero lo curioso es que poco menos de una hora después recibí una visita inesperada.

La puerta de mi despacho se abrió y cuatro marines entraron disponiéndose dos a cada lado de la entrada en pose firme. Tras eso una figura alta y delgada, trajeada de forma impecable y con un sombrero en lugar de la clásica gorra del uniforme marine, accedió a la sala, nada más ni nada menos que Odric Blackwish, uno de los vicealmirantes más enigmáticos de la marina. Inmediatamente me puse de pie para saludar a mi superior.

- Puede sentarse capitán Silverwing. –Dijo haciendo un gesto con la mano para que uno de sus subordinados cerrase la puerta. – Me alegra volver a tenerlo de vuelta entre nuestras filas, da gusto ver que por lo menos esta brigada tiene alguien competente.

- Con el debido respeto, creo que mis idio… compañeros poseen unas habilidades destacables en sus respectivos campos. – Respondí con el tono más formal posible.

- ¡Insensato! – Gritó uno de los marines. - ¿Cómo te atreves a dirigirte a un superior con la cara oculta tras una máscara?

- No tiene importancia. – Dijo Odric dirigiendo un gesto a su subordinado para que callara. – Es más, me pica la curiosidad por saber qué historia esconde esa máscara, pocas personas fuera de la brigada le ha visto sin ella desde que volvió. ¿Es un objeto preciado? O ¿quizás oculta alguna cicatriz? – Dijo mientras se inclinaba para poder ver más de cerca mi máscara.

- En realidad no es nada de eso. – Dije mientras me quitaba la máscara revelando mi rostro. – No parezco humano ¿verdad? Si los reclutas me ven sin ella no podrán evitar pensar cómo acabé así, en cambio si la llevo sólo pensarán en la máscara y en que soy un capullo.

- Fascinante. Algún día me gustaría escuchar la historia que hay detrás de ese… cambio. Pero ahora vamos al grano. – Hizo una pequeña pausa al ver los documentos que había sobre mi mensa. – No me esperaba menos, ya estabas al tanto de esa supuesta fuente de energía. Tenemos pensado enviarte en una misión a investigar la veracidad de ese informe.

- Suena más al trabajo del CP que al trabajo de un marine.

- En efecto, el CP se hubiera encargado de este asunto de no ser por cierta información que nos llegó ayer. ¿Te suena la banda Skull Gear?

- Unos piratas con cierto renombre originarios del Mar del Norte, ¿qué pasa con ellos? No creo que una banda tan pequeña tenga preocupado a un vicealmirante.

- El caso es que ya no es tan pequeña. Durante la guerra en el North Blue se aprovecharon de la situación y atacaron varios barcos de la marina cuando regresaban del frente. Se hicieron con cuatro fragatas y un acorazado capaz de cruzar el Calm Belt, aparte de la información y tecnología clasificada que tenían dentro. Durante estos años y tras el conflicto de Síderos han viajado por el mundo reuniendo nuevas tecnologías para mejorar su flota. Hace poco un infiltrado del CP nos informó que se enteraron de la existencia de esa fuente de energía. Es cuestión de tiempo que lleguen a Amazon Lili.

- Y quiere que me enfrente a ellos antes de que se conviertan en una amenaza mayor.

- Exacto, así como recuperar nuestros barcos. Te enviaremos a ti y a un destacamento de mis mejores hombres para montar guardia en la isla y…

- Con el debido respeto, no funcionará.

- Explíquese.

- Las Kuja son unas guerreras natas, entrenadas desde que son niñas, sin mencionar de que esa isla es su hogar. No tardarían en detectar un barco de la marina en sus aguas, cuando los botes con el destacamento llegasen lo mínimo que harían serían acribillarlos, si no se lo comen antes los reyes marinos. Yo puedo llegar a la isla por mi cuenta si me acercan, permanecería escondido hasta que el enemigo apareciese, es ese momento avisaría a la flota para que los interceptase.

- ¿No cree que será una tarea demasiado grande para un solo capitán?

- No hubiera recurrido a mí si me considerase un simple capitán.

- Hm los rumores hablan de es usted una persona altamente irascible pero veo que es bastante más perspicaz de lo que parece. Descanse Silverwing, partirá al mañana al amanecer.

Antes de que me diese cuenta me llamaban de la cubierta. Al parecer estábamos cerca de la isla. Bajé y pasé por mi camarote para coger mis cosas, básicamente todo lo necesario para sobrevivir unas semanas en el bosque. Procuraría ir volando y aterrizar lejos de la aldea para que no me detectasen. Mientras estuviese en la isla no sólo tendría que vigilar por si aparecían los piratas Skull Gear, también investigar el paradero de esa fuente de energía.

No sería nada fácil, tendría que estar alerta día y noche, así como evitar que las amazonas me descubrieran. No creo que me den muchos problemas en caso de enfrentamiento, pero conviene que se involucren lo menos posible. De todas formas, no me han dicho lo que harán si lo que la marina busca se encuentra de verdad en esa isla, puede que las esté ayudando contra unos piratas para que el gobierno termine invadiendo la isla. No me gusta esa idea, así que me tomaré la libertad de hacer las cosas un poco por mi cuenta.

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Era un día gris… bueno, como los últimos cuatro. Un par de días después de que Ruby y las piratas kuja llegaran empezó a llover, y hasta ahora no ha parado. No es que sea raro que llueva en una isla como esta, pero odio cuando pasan días y días sin que despeje. No se puede cazar bien en estas condiciones, la lluvia borra los rastros, las huellas y los olores, además de que el arco y la humedad no se llevan bien.

En fin, dado que ni mi hermana ni yo teníamos gran cosa que hacer decidimos ayudar a la anciana Pashiri a hacer la limpieza de la biblioteca de la aldea. Era un sitio casi tan aburrido como el clima, docenas de estanterías con cientos, miles de libros y pergaminos, algunos más antiguos que el propio edifico, aunque todos igual de polvorientos.

De vez en cuando tomaba un pequeño descanso y me paraba a echar un vistazo a alguno de los libros que me llamaban la atención, algunos de ellos hablaban de las antiguas líderes de las Kuja, otros provenían del mundo más allá de la isla. Me gustaría poder leerlos más a fondo, pero el polvo no se limpia solo, y quedan muchas estanterías y pasillos por limpiar.

- Buen trabajo chicas. Apuesto a que os morís de hambre.- Nos felicitó Pashiri sirviéndonos la comida. Vivía en una casa pequeña al lado de la biblioteca, un lugar bastante modesto teniendo en cuanta que en su día lideró la isla.

- ¡Qué buena pinta! –Exclamé mientras clavaba mis ojos en el plato antes de atacar. Un estofado de pescado, un plato caliente para un día algo frío.

- Qué recuerdos… No exagero si digo que hace años que no tomo este plato, por lo menos cocinado por ti.- Dijo Ruby mientras partía tranquilamente el pescado para que se enfriase. Siempre había sido más calmada y educada que yo.

Solía ayudar a Pashiri en mis días libres, pero hace tiempo que no comía en su casa, más tiempo aún desde que no comíamos las tres juntas. Para mí estos momentos de calma tenían un valor incalculable.

- Hoy ha vuelto a pasar. –Dijo Ruby en tono serio.

- ¿Otra vez? ¿No serán imaginaciones suyas? – Dije en tono escéptico.

- Si fueran novatas comprendería esos reportes, muchas pueden confundir al principio un rastro o un ruido en el bosque y pensar que hay cosas que no están ahí. Pero las que han hecho los reportes son veteranas, mis propias compañeras de tripulación… -Hizo una pequeña pausa para tomar otro bocado. – Ellas han visto algo en el bosque, algo raro que no debería estar ahí…

- Pero esos reportes no tienen ni pies ni cabeza, no hay criatura en el bosque que deje esos rastros… ni siquiera un humano.

- No subestimes lo que un humano puede hacer jovencita. – Intervino Pashiri trayendo una bandeja con tres copas de una infusión de hierbas, eran buenas para la digestión. – He visto personas obrar prodigios que, hasta entonces, se consideraban imposibles. Esta isla tiene un invitado indeseado, eso te lo puedo asegurar, que sea amigo o enemigo, es otra cosa.

Aquel tema nos dio para debatir gran parte de la tarde. Desde que regresaron las piratas kuja, las cazadoras y guardianas informaban de extraños rastros en el bosque, también escuchaban sonidos poco naturales, había algunos árboles cortados, incluso, alguna de ellas aseguraba haber visto algo de color rojizo moverse entre los árboles. Sea lo que sea nos evitaba, bien sea por miedo o por precaución, aunque más allá de los avistamientos no había hecho nada más que dar un tema del cual hablar en la aldea.

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Había estado lloviendo durante casi una semana seguida, en todo este tiempo apenas había salido de la pequeña cueva en la que nos refugiábamos, solamente para cazar o pescar algo. La lluvia ocultaba mi rastro, pero las amazonas ya daban señales de alerta, cada día las notaba más cerca de la zona donde actuaba. Si los Skull Gear no aparecían era cuestión de tiempo que me encontrasen las Kuja, y en ese caso no creo que me dieran mucho margen a explicarme pero… estábamos solos, podía hacer las cosas a mi manera. Hasta entonces no había mucho más que hacer y estar alerta.

Durante este tiempo había estado tratando de hacer esa cosa que hacen los otros de la brigada, ese otro haki, ¿el de observación era? No me había interesado mucho hasta ahora, confiaba en mi instinto a la hora de luchar, pero en estos casos en los que te dan caza la verdad es que percibir a cualquiera que se acerque es una habilidad que podía llegar a ser útil.

Traté de empezar a “entrenarla” como pude, una vez escuché que sólo se necesitaba un lugar tranquilo (como una cueva) y algo de meditación para establecer las bases. Me senté encima de una piedra y cerré los ojos para empezar a meditar. Procuré vaciar mi mente para poder percibir mejor mi entorno, como tratando de encontrar un sexto sentido.

Durante un par de minutos estuve en silencio, completamente inmóvil, sin pensar en na- “goteo” … como he dicho, sin pensar en “goteo”… Sin pen- “goteo”… “goteo” … “goteo”

- ¡AAAAAARGH. Así no hay quien se concentre! - Grité mientras daba un golpe a una estalactita por la cual no paraba de gotear agua. Tras eso el goteo se volvió más abundante, empezando incluso en otros puntos de la cueva. Así nadie podía concentrarse.

- Quizás deberías dedicar el tiempo a otra cosa. – Comentó Zinogre de forma clamada. - ¿Qué te parece eso en lo que pensamos en su momento?

- ¿La división?

- Si, ahora que estamos solos puede ser un buen momento para intentarlo.

La división era una posibilidad de nuestro poder que habíamos planteado pero que nunca nos habíamos molestado en desarrollar. Su base era que, dado que éramos dos mentes en un cuerpo con la capacidad de “generar” sólidos, se podía delegar las funciones de un cuerpo generado a uno de los dos, al igual que uno de los dos controlaba los dos brazos extra de la armadura Kaibuster. Se podía intentar.

Casi había pasado un mes desde el comienzo de los rumores, y los informes de avistamientos cada vez tenían menos sentido. Árboles y rocas con partes incineradas, en días de lluvia. Reportes simultáneos en varias zonas de la isla del avistamiento de figuras de aspecto humano, una bastante más pequeña que la otra.

Los rumores poco a poco comenzaron a generar paranoia y, tanto la tripulación de las Kuja como las guardianas y las cazadoras se habían propuesto hacer barridos regulares de la isla para detectar a esos esquivos intrusos. Hoy había otra partida de caza esta vez con más hermanas de lo normal, querían poner fin a aquello de una vez por todas.

Quería ir, quería ser parte de ello, pero Ruby no me dejaba, decía que era peligroso. Algo o alguien que ha sido capaz de eludir a las amazonas en su territorio durante un mes entero podría poner en peligro mi vida. Me sobreprotegía, ya no era una niña, de hecho era una de las mejores cazadoras de la isla.

Enfadada fui a la biblioteca de Pashiri de nuevo mientras la anciana tenía una reunión con el consejo. Hoy no había nadie dentro por lo que por lo menos estaría tranquila. Cogí la llave de la casa de la anciana, un anexo de la biblioteca, y fui a prepararme algo de té.
Pasaron las horas y seguía sin noticias de la anciana ni mis hermanas. Seguramente les llevaría todo el día y parte de la noche. Yo mientras tanto me entretenía con un libro sobre el pasado de la isla. En concreto trataba sobre la época de Monkey D Luffy y cómo la entonces reina estaba perdidamente enamorada de aquel que se proclamaba futuro rey de los piratas. Con la lectura perdí la noción del tiempo y antes de darme cuenta me había quedado dormida.

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Esta vez iban en serio. Estos últimos días me había pasado un poco con el entrenamiento, y puede… sólo puede que dejara demasiado rastro. Antes de que me quisiera dar cuenta aquellas cazadoras habían rodeado la zona alrededor de la cueva (y mira que procuré esconderla bien moviendo rocas)

De todas formas no tardaron en darse cuenta del truco e intentaron entrar. Antes de que pudieran hacer nada reventé la roca de la entrada y herví el agua dentro de la cueva para generar una pantalla de vapor que me ocultase.

Había conseguido que perdieran mi rastro, Zinogre que poseía el cuerpo más grande y de colores más llamativos salió el primero llamando su atención. A su vez yo me alejé volando a la montaña del centro de la isla. El lugar donde se encontraba la ciudad de las amazonas. Tal y como esperaba no había ningún guardia en la montaña, era demasiado escarpada como para que alguien escalase ese muro.

No era la primera vez que hacía esto. Las otras partidas de caza que montaron fueron bastante más llamativas y pude esconderme a tiempo, incluso volar hasta aquí para reconocer el terreno.

Desde lo alto pude ver la ciudad y su distribución, edificios en las paredes verticales de roca sin entradas aparentes denotaban la existencia de túneles que los comunicaban. Aprovechando que la mayoría de guardias estaban persiguiendo a Zinogre por la isla descendí con cuidad y comencé a moverme por los tejados para no ser visto.

De pronto una de las construcciones llamó mi atención. Era algo más antigua que las demás, no parecía ser una vivienda pero tampoco era algo tan austero como un almacén. De una de las ventanas salía un olor con el cual era familiar: polvo y papel viejo. Una biblioteca, puede que encontrase información útil dentro.

Sin hacer mucho ruido me colé dentro por la ventana del piso superior. El interior estaba bastante oscuro a causa de las escasas aberturas con las que contaba la fachada, así que acumulé calor al lado de mi cabeza para que se generara una pequeña esfera de llamas.

Eché un vistazo a las estanterías, la mayoría eran libros y pergaminos antiguos, los temas no tenían pinta de ser de mi interés, no por el momento. Buscaba las sección que tratase de la historia de la isla, puede que entre esos libros hubiese pistas de dónde se encontraba esa supuesta fuente de energía milagrosa.

Tras unos minutos buscando encontré la sección dedicada a los libros de historia, estaban bastante cuidados y bien ordenados, desde las primeras fundadoras a la última reina. Pero había uno que faltaba, el que trataba de la historia de hace siglo y medio. No importa por dónde mirase, justo tenía que faltar ese número.

Mi mirada recorrió estanterías enteras buscando el libro, pasando por temas que no tenían nada que ver, más libros, más pergaminos, más temas inútiles, una chica de ojos azules, más libros…

Mierda.

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Levanté la cara de entre las páginas y miré cómo había manchado de babas un par de páginas.

- Esto a la anciana no le va a gustar. – Dije para mí algo nerviosa, era uno de sus libros favoritos.

Traté de limpiarlo con la capa evitando correr la tinta, pero gran parte del daño estaba hecho, esta vez me iba a caer una buena bronca. Miré a un lado y a otro, no había nadie. Cerré el libro con las páginas casi secas y me dispuse a llevarlo a su sitio, confiaba que nadie lo consultase en muuuucho tiempo.

Vagué entre las estanterías hasta la zona de historia, una luz emergía de entre las estanterías, tragué saliva, si era la anciana esperaba que no quisiera revisar este libro.

Me armé de valor, y me dispuse a actuar normal, si alguien preguntaba aquí no había pasado nada. No había pasado nada. No había pasado nada… Para mi sorpresa no era la anciana, sino una chica peliroja, no muy alta. Aunque la verdad es que para una chica su complexión y músculos estaban muy marcados, no tenía mucho pecho, vestía con ropas que nunca había visto y sus facciones eran más marcadas y angulosas de lo normal, con unas extrañas protuberancias negras. Me miró sorprendida con sus ojos verdosos, una pequeña bola de fuego flotaba sobre su hombro derecho mientras sostenía uno de los libros.

Espera, eso no era una chica… Eso era un chico, no podía ser, era el intruso.

Sin mediar palabra llevé mi mano al puñal de mi cintura y se lo lancé. Un blanco perfecto, directo a la cabeza la cual se echó hacia atrás a causa del impacto. ¿Lo había matado? Pronto esa pregunta tendría respuesta. Mi daga se encontraba entre sus dientes, me miraba con un brillo rojizo en los ojos que destacaba en la penumbra de la biblioteca a la vez que reventaba el metal con sus dientes.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo a la vez que salía corriendo en dirección a la cocina donde tenía mi arco. Doble una esquina tras otra entre las estanterías tratando de confundirle mientras llegaba a mi objetivo.

Entre en la cocina dando un portado y eché la mano a mi arco. Con una habilidad y pericia que sólo años de entrenamiento podían lograr saqué una flecha y en menos de un segundo me di la vuelta para lanzarla detrás de mí, donde suponía que estaba el intruso.
La flecha voló al lado de su mejilla mientras este se abalanzaba sobre mí como una bestia sedienta de sangre.

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La había cagado, esta chica me había visto y había intentado matarme, tal y como esperaba, no iban a dejar que me explicase.
¿Y ahora que hacía? Estaba encima de ella tapando su boca con mi mano tratando de inmovilizarla mientras se retorcía y trataba de gritar para pedir ayuda. No quería matarla, tenía que evitar el conflicto a toda costa, al fin y al cabo si los piratas de Skull Gear se presentaban podrían ser unas poderosas aliadas.

Si la soltaba gritaría o me intentaría matar, o ambas. Así que solamente tenía que hacer que se calmase, ahora podía explicarme bien si esta chica y esa anciana escuchaban… ¿Cuándo había llegado la anciana allí?
Bajé mi guardia y la chica liberó su boca.

- ¡Anciana Pashiri corra, pida ayuda! - Gritó la chica.

Traté de levantarme pero la anciana parecía no inmutarse, estaba bastante tranquila, demasiado… De pronto noté una presión en el pecho, me costaba respirar, como si su mirada me perforase. Su presencia… era sobrecogedora. Durante un segundo pensé que me iba a desmayar, se me iba la cabeza arriba y abajo… cerré los ojos y noté algo blando, como una almohada pero más suave. Abrí los ojos y encontré mi cabeza en el pecho de la chica que todavía no daba crédito a lo que veía. Por mero impulso me levanté me puse alerta contra la pared.

- N…no es lo que parece. – ¿Pero qué…? Eso no era propio de mí.

La anciana me miró mientras la chica se levantaba sonrojada con las manos en el pecho. Ahora podrían pedir ayuda y me tocaría lidiar con toda la isla, no quería recurrir a esto pero tendría que pedirle a Zinogre que volviese, tocaba luchar.

- Ah la juventud… - Dijo la anciana para sorpresa de los dos. – Luego me dirigió una mirada seria. – Joven… sabes bien donde estás. Dime, qué te ha traído a este lugar en el que sabes que los intrusos no son bien recibidos, mucho menos los hombres.

- Deme un poco de ese té y se lo explicaré todo. – Dije volviendo a mi seriedad habitual.

Durante los siguientes minutos les conté el motivo de mi presencia en esa isla y la razón por la cual no me había mostrado hasta ahora (algo fácil de comprender pues es de sentido común). Mientras la anciana y yo tomábamos el té tranquilamente la chica de cabellos azulados no me quitaba ojo de encima apuntándome con el arco constantemente.

- Esa historia no tiene sentido. Para empezar ¿dónde lo esconderían? Y si es cierto ¿cómo es que nadie ha oído hablar de ello hasta ahora? – Cuestionó la chica.

- Por eso se llaman secretos ¿no? Lo que me rechina de esto es que ese rumor haya llegado a oídos de la marina en un momento tan oportuno. Si no he pedido refuerzos es porque hay algo de todo esto que no huele del todo bien.

- ¿Y esperas que te creamos por ese detalle? Además podrías no ser marine, podrías ser miembro de esa tripulación pirata y…-

- Saphira basta. – La interrumpió la anciana. – Sabes perfectamente que si hubiera mentido yo lo sabría.

- Pero… y su historia. Es algo ridículo.

- Te recuerdo que he sido reina de esta isla, y una no es reina sin conocer todos los capítulos de la historia de su pueblo. Lo que dice él puede ser cierto. Obviamente algo como eso no está reflejado en ningún libro, pero es un secreto pasado de madres a hijas. A lo largo del tiempo se ha perdido mucha información pero todas sabemos que todavía hay algo escondido en esta isla. Además esta isla está muy aislada tanto social como a nivel de acceso y comunicaciones. Es el lugar perfecto para esconder algo importante.

- Si los rumores son ciertos entonces hay todavía más motivos para preocuparnos. Desde hace un mes hay una pequeña flota patrullando los alrededores de la isla su formación conecta varias rutas para hacer parecer que están de paso. Si la flota de esos piratas llega a la isla daría el aviso para iniciar un ataque por su retaguardia.

- Si todo eso es cierto entonces ¿Cómo hacemos para que las demás nos crean? – preguntó Saphira ahora algo más relajada.

- Hmm… Emerald es una reina bastante inflexible, jamás permitiría que movilizásemos todas nuestras fuerzas por los comentarios de un hombre. Es más seguramente lo enviaría directo a la arena nada más…

- Me entere de que está en esta isla. – Dijo una voz en la entrada. Se trataba de una mujer alta de mediana edad con un cuerpo esbelto. Su vestido verde encajaba con el color de su pelo y unos ojos de un azul profundo similares a los de Saphira. – Desde hace tiempo notaba una presencia extraña en la ciudad y decidí ir a comprobar qué era, pensaba que estaríais en peligro pero veo que estabais tomando tranquilamente el té con el enemigo.

- Madre no lo entiendes…

- No hay nada que entender. Habéis quebrantado uno de los mayores tabús que hay en esta isla. Pensaba dejar que te unieses a tu hermana este año, pero me has decepcionado. – Con un gesto de su mano cinco amazonas irrumpieron en la sala apuntando con sus arcos a mi cabeza. – El hombre será condenado a muerte y ejecutado en la arena. Pashiri es demasiado blanda así que seré yo quien decida tu castigo… agradece que no te envíe allí con él.

Pude haberme resistido, pero en ese momento una lucha hubiera hecho más mal que bien. Ya tendría tiempo de explicarme en la arena. Tras eso fui tomado prisionero y escoltado hasta los calabozos. Mi ejecución pública sería en tras dos noches.

La primera noche fue bastante solitaria nadie pasó por delante de mi celda, tan sólo las guardias cuando hacían turnos. Se podía distinguir a las más novatas por las miradas rápidas, se notaba que nunca habían visto a un hombre. Tuvieron la decencia de quitarme mis ropas sucias y cambiarlas por harapos… sucios.

La segunda noche no fue muy diferente, tampoco habían traído nada más que un par de cuencos con agua, la suficiente para que no muriese. Pero a mitad de la segunda noche escuché unas voces fuera de mi celda, en el pasillo. La anciana les estaba diciendo algo a las guardias. Tras eso se presentó ante mí.

- Mañana es el día, no pareces nervioso.

- No tengo motivos para estarlo. – Respondí secamente.

- Si sobrevives puede que la reina te escucha. Es terca como una mula, pero es una buena reina. – Dijo antes de llevar la mano a un fardo y sacar un par de bolas de arroz. – No puedo soportar ver a un joven pasar hambre.

- Agradezco el gesto. – Dije tomándolas.

- Por cierto, La arena fue remodelada hace ya más de un siglo, el mosaico de piedras que la adornan es bastante bonito, procura no echarlo a perder.

- … No prometo nada. – Dije pegando un bocado a una de las bolas de arroz antes de que volvieran las guardias, sin duda esta anciana tenía una manera muy peculiar de condimentarlas.

El día había llegado, los rayos del sol me cegaron cuando accedí por una de las puertas a la arena. Como cabía esperar se accedía por una pasarela de metal que pronto retirarían. Era de planta circular, y una sola altura. Las gradas estaban separadas por un profundo foso de unos 5 metros de anchura. La primera fila no eran espectadores sino guerreras listas para impedir cualquier intento de fuga. No llegaba a ver el fondo pero suponía que no había nada bueno. Como dijo la anciana el mosaico de piedra que adornaba el suelo estaba bastante bien elaborado, con motivos espirales y simetrías axiales recordando a un grupo de serpientes arremolinadas.

- Como ya sabréis durante las últimas semanas este hombre ha estado merodeando por nuestra isla. No sólo ha invadido nuestro santuario, sino que ha evadido a nuestras mejores soldados y cazadoras durante este tiempo y ha accedido a la biblioteca pudiendo tener acceso a muchos de nuestros secretos. Por estos crímenes ha sido condenado a muerte. – Y tras esas palabras tomó asiento en su trono.

– Que comience la ejecución.

Tras eso un par de plataformas se elevaron desde el fondo del foso. Sobre ellas había dos lobos gigantes uno de piel blanca y otro de piel negra. Ambos tenían el pelaje erizado y en su lomo se podían distinguir algunos pelos más gruesos de lo normal y de color más parduzco. Había escuchado que cerca de esta isla había una con bestias gigantes bastante fuertes. Lo más seguro es que las enviase primero antes de tener que mancharse las manos. Bueno… si pude tratar con Skarl y “domesticar” a la brigada puedo con un par de animales más.
Estaba prácticamente desnudo y desarmado, desde su punto de vista sería como ver a dos bestias devorar a un pobre hombre. O pude que no, eran dos, bastante grandes, lo más seguro es que se tratasen de bestias bien entrenadas. No creo que me estuviesen subestimando, simplemente no sabían de lo que era capaz.

El lobo negro se lanzó hacia mí con la boca abierta, agarré sus mandíbulas para evitar que me engullese de un bocado. Mientras el otro se acercó rápidamente y pasó por mi espalda para propinarme un zarpazo. Tres líneas rojas se dibujaron en mi espalda las cuales no tardaron en empezar a sangrar. Necesitaba algo de distancia así que no tardé en patearle en hocico para saltar un par de metros. Mientras estaba en medio del aire el lobo blanco agarró una de mis piernas con la boca y me estampó contra el suelo. Sin duda no eran moco de pavo. El negro encajaba los golpes y hacía de distracción mientras en blanco desgastaba al objetivo a golpes y trataban de inmovilizarlo… o eso es lo que pienso que hacen.

Una vez en el suelo el lobo blanco no soltaba mi pierna, de no ser por mi haki de armadura seguramente me la hubiese partido, el lobo negro puso una zarpa en mi pecho clavándome las garras en la carne. Abrió la boca encima de mi cabeza, dispuesto a dar el golpe final. Es hora de ponerse medianamente en serio.

Apreté mi puño y lo golpeé en la mandíbula, lo que hace que saliese despedido con un gemido. Su hermano me soltó antes de que le diera un golpe. Los pelos de ambos se erizaron aún más mientras corrían a mi alrededor, tras eso saltaron por encima de mí girando y lanzando pelos duros como el acero. Estos se clavaron en el suelo y en mi carne, irritando mis heridas, creo que tienen alguna clase de veneno. Es hora de acabar con este juego.

Cogí a uno de ellos en medio del aire y haciendo gala de una fuerza sobrehumana lo estampé contra su compañero. Intentaron levantarse pero di un golpe con el codo en su costado, aplastando a ambos contra el suelo…

Han pasado lo que calculo que son horas y las amazonas se habían quedado sin bestias, o por lo menos no querían enviar más. Mi cuerpo estaba lleno de heridas, cortes y moratones, aunque la verdad es que parecía estar en peor situación de lo que en realidad estaba, muchas de esas heridas ya habían cicatrizado.

- Veo que eres hábil. Pero es hora de que te enfrentes a unos oponentes diferentes. – Dijo la reina mientras se levantaba del trono. – El otro día me decepcionó como madre, pero como reina le daré la oportunidad de redimirse. Tus próximos oponentes no serán bestias, te enfrentarás a mis dos hijas. – Dicho esto las dos plataformas trajeron a la arena a dos mujeres, a una ya la conocía, Saphira, la chica de la biblioteca, la otra era una mujer pelirroja, joven pero algo más mayor que la peliazul, pero con sus mismos ojos. – Saphira, si dar el golpe de gracia no sólo te perdonaré, sino que te permitiré que te unas a la tripulación de las Kuja.

Las gradas estallaron en vítores hacia las recién llegadas y también palabras menos alentadoras hacia mí. Estaban equipadas con los atuendos típicos de las amazonas, Saphira llevaba un arco de madera, mientras que la pelirroja llevaba su serpiente-arco.

- Sigo sin estar de acuerdo en que te unas. Y no me creo que tú y la anciana estuvieseis de cháchara con un hombre. – Dijo la pelirroja.

- La anciana confiaba en él, y la conoces, sabes desde pequeña que no puedes mentirle y madre también… Estoy preocupada por lo que ha dicho, si es cierto todas estamos en peligro.

- Ya pensaremos en eso más tarde, ahora céntrate, ya has visto lo que le hizo a ese mastodonte con las manos desnudas.

- ¿Vais a seguir de cháchara o vais a venir a por mí? – Pregunté con aire indiferente.

- Veamos cuánto dura tu actitud, Saphira cúbreme. – Dijo la pelirroja antes de disparar su arco.

A duras penas esquivé la primera flecha que se clavó a escasos metros de mí dejando un pequeño cráter. Otro combate contra una pareja.

La pelirroja comenzó a lanzarme un aluvión de flechas imbuidas en haki, las cuales trataba de esquivar o desviar. Traté de acercarme a toda velocidad para agarrarla con una mano, pero de pronto noté como algo se clavaba en ella. Otra flecha con el haki suficiente para perforar mi carne. De pronto esta desplegó unos pequeños garfios, miré atrás y ahí estaba Saphira, la flecha tenía un cable de acero trenzado unido a un gancho que ella clavó en el suelo. Trataban de limitar mis movimientos.

Ruby lanzó otra flecha hacia mi cabeza, la cual desvié creando una placa de hielo con mi sangre y endureciéndolo con haki. Lejos de mostrarse sorprendida continuó disparando, hasta que otra flecha se clavó en mi muslo derecho. Siguieron así un rato. Otra flecha con cable en mi costado, tras eso otra en mi brazo libre… antes de que me quisiese dar cuenta tenía siete flechas con cables que me impedían moverme y otras tantas heridas producto de defenderme.

- Es hora de acabar con los juegos. – Dijo la pelirroja apuntando su arco a mi cabeza. – No sé cuáles son tus motivos pero no podemos dejar que sigas vivo.

- Tienes razón. – Dije con una sonrisa ladeada. – Se acabaron los juegos.

Antes de que pudiesen reaccionar activé mi Trans Am tomando energía del ambiente. El repentino subidón de energía fue suficiente para tirar de todos los cables a la vez, los que no se soltaron arrancaron el suelo sobre el que estaban fijados haciendo que las dos hermanas tuviesen que apartarse para no ser golpeadas. Generé calor dentro de mi cuerpo para quemar las flechas y fundir el metal, dejando espacio libre para que las heridas cerrasen.

Bien, era la hora ya había visto de lo que eran capaces así que no era necesario que me siguiese conteniendo más. Miré a la pelirroja, me agaché para esquivar una flecha y otra me dio en la otra mano conectada a un cable. Cerré la mano y tiré trayendo a la piliazul para lanzarla contra Ruby. Ambas chocaron y retrocedieron unos metros hasta el borde de la arena.

- Es la hora ¡Zinogre! – Exclamé alzando un brazo al cielo.

Un brillo rojizo apareció en el firmamento el cual cada vez se hacía más y más grande por momentos hasta tomar la forma de una persona, o más bien una armadura de cristal roja empuñando un glaive. La reina Emerald se levantó de su trono empuñando una espada, de pronto dio un salto imposible yendo al encuentro del intruso. Las armas chocaron en el cielo y el estruendo resonó por todo el estadio. De pronto la armadura comenzó a deshacerse, lanzando su arma antes de terminar de desaparecer.

El glaive se clavó en mi pecho, pareciendo que me había dado un golpe fatal, pero nada más lejos de la realidad. Ahora volvíamos a estar juntos de nuevo, y a plena potencia. El arma carmesí se fundió con mi carne para luego aparecer entre mis manos con una forma algo más compleja que antes.

- Y bien… creo que es hora de que las niñas se larguen. Vamos a hablar los mayores. – Dije con un tono desafiante mirando a la reina.

- ¿Qué significa esto? ¿Acaso has estado jugando todo el rato con nosotras? – Dijo Ruby

- Yo no juego… solamente estaba probando la fuerza de las amazonas… y estoy algo decepcionado.

- Entiendo. En ese caso no creo que tengas problema en enfrentarte a mí. – Dijo la reina Emerald.

- Pero madre nosotras…- Dijo Saphira.

- Silencio. Está claro que este no es un rival con el cual podáis mediros. Dudo siquiera que sea humano… ningún portador de armas vivientes sigue siéndolo por mucho tiempo. – Dijo la reina.

- Entonces sabes sobre Zinogre. Si no te importa me gustaría hacerte unas preguntas más tarde.

- Si sobrevives responderé a lo que quieras. Hombre. – Respondió Arrastrando la última palabra antes de lanzarse empuñando una segunda espada.

Su pericia era sin duda digna de la reina de las amazonas, lanzando golpe tras golpe, cada movimiento aprovechaba el momento del anterior generando una cadena de tajos que se retroalimentaba. Aprovechaba de forma perfecta su peso y su fuerza casi sin darme lugar a descansar. En el momento en el que intenté dar un golpe desvió mi arma con la mínima superficie de contacto posible para no recibir daños y me dio una patada en el pecho para poner unos metros de distancia. Tras eso juntó las espadas para crear un arco con el que dispararme una flecha agrandada por una extraña luz. Respondiendo a su ataque lancé un tajo con el que corté con cierto esfuerzo por mi parte la flecha por la mitad. Ambas mitades impactaron contra el borde de la arena a ambos lados de las hermanas que trataban de encontrar una posición segura.

Me concentré para formar una armadura ligera a mi alrededor, a su vez la hoja de Zinogre se alargó hasta los 3 metros. Una vez terminada la transformación me lancé al ataque, encadenando tajos los cuales ahora eran mucho mayores que antes. Sin embargo la reina no parecía tener dificultad en esquivarlos.

- Puedo ver a través de todos tus movimientos joven. Tienes fuerza y técnica, pero eres demasiado predecible. – Con estas palabras cargó otra flecha imbuyéndola en una luz más brillante que la anterior y la lanzó justo a la zona a que me estaba moviendo.

Un estallido de luz devoró el campo cegando a las espectadoras. Había logrado bloquearla pero tenía el brazo izquierdo bastante dañado. Veía que no sería capaz de dañarla con métodos convencionales así que probaría con otra cosa. Rápidamente moví la temperatura hacia el exterior de la arena generando una cúpula de hielo que dejaba sólo los bordes libres. Tras eso liberé la temperatura haciendo que ésta se regulase mediante explosiones de aire caliente generadas de forma aleatoria. No era algo que controlase, así que su mantra no podría predecirlos. Tras eso usé el Force Step para acercarme a ella generando una onda de choque al llegar a donde estaba. Gracias a las explosiones, la onda y mi movilidad lograba ponerla a la defensiva, pero no conseguí a dar ningún golpe importante.

- Es hora de poner fin a esta estupidez. – Dijo la reina con tono serio.

Tras eso unos nubarrones cubrieron el cielo rápidamente y un rayo impactó sobre ella. Su cuerpo comenzó a transformarse, un cuerno salió de su frente mientras su piel se volvía azulada con extraños motivos espirales brillantes sobre él. De la luz que imbuía sus armas comenzaron a salir pequeñas descargas eléctricas mientras su arco aumentaba de tamaño a la vez que la flecha que estaba preparando. Esto era serio, tenía que prepararme, reuní toda la energía que pude para hacer que mi cuerpo actuase como un reactor. Activé mi Burst Mode para llevar mi fuerza al límite. Mientras tanto un rayo que supuse que había convocado ella impactó encima de mío, mis músculos estaban aturdidos, pero me había cargado de energía térmica, la cual concentré en el filo de mi arma sin dejar que escapase nada, agrandándolo más si cabe y haciendo una hoja de calor puro.

La reina liberó la enorme flecha cargada de electricidad en mi dirección a la vez que me preparaba para interceptarla con mi cuchilla de calor. El impacto resonó por toda la isla, haciendo temblar la arena y llenándolo todo de humo y polvo.

Justo antes de que pudiera proseguir con el combate otro estruendo se escuchó, pero lejano… no, amortiguado por algo. Luego otro y otro más como si algo se estuviera desmoronando. Vi cómo la arena se agrietaba y grandes bloques de piedra caían al vacío. A partir de ahí todo ocurrió muy rápido. El suelo se hundió de golpe, activé el 0 Raiser para poder volar pero la corriente de aire me arrastraba hacia abajo. Ruby estaba aferrada a una roca y Saphira estaba agarrada a ella, Emerald saltó en su ayuda pero la peliazul resbaló cayendo al vacío.

- No acabo de reunirme contigo y ya la has armado. – Dijo Zinogre en mi cabeza.

- Todo parte del plan.

- Y dime, ¿salvar a esa chica es parte del plan?

- Parte de la parte improvisada del plan.

- Todos tus planes acaban siendo improvisados.

- En fin vamos a salvarla y exploraremos un poco… tengo la impresión de que hemos descubierto algo suculento.

La joven Saphira por fin despertaba. Abría los ojos y miraba confusa de un lado a otro sin saber exactamente qué había pasado. De pronto pareció recordar los últimos momentos antes de desmayarse y miró su cuerpo, palpándolo en busca de heridas, en efecto, salvo algunos rasguños estaba intacta. Por fin se percató de mi presencia, tras eso buscó sus armas con la mirada, echó mano al carcaj pero faltaba algo.

- ¿Buscas eso? – Pregunté señalando con el pulgar medio arco aplastado bajo una enorme roca. Me encontraba sentado sobre uno de los escombros esperando a que despertase.

- ¡Mi arco! Con lo que me costó hacerlo…

- Eh, esa hubieras sido tú si no te hubiese cogido al vuelo.

- Si esperas que te agradezca el haberme salvado no pienso hacerlo. – Dijo con voz seria. Sin duda se parecía a la reina con esa mirada.

- En fin supongo que eso es lo que menos debe preocuparnos ahora. – Comenté señalando con el índice hacia arriba.
Nos encontrábamos en una sala redonda algo más grande que la arena, con un montón de escombros en el centro y un agujero en la cúpula por el que se colaban algunos rayos del sol. La oscuridad hacía difícil distinguir más cosas pero a juzgar por el buen estado de las piedras y el metal que lo conformaban me atrevería a decir que no podía tener más de dos siglos y que las personas que han pasado por aquí se podían contar con los dedos de las manos.

- Este lugar es bastante interesante. Voy a explorar un poco. ¿Te vienes? – Pregunté señalando la única salida visible, un arco de piedra de unos tres metros de alto.

- ¿Estás loco? Este sitio puede estar lleno de trampas, es más seguro quedarse aquí, además estoy segura de que mi madre no tardará en venir a rescatarme.

- Calculo que la caída ha sido de más de 300 metros y has estado inconsciente aproximadamente media hora. Si tuviesen algún medio no convencional de venir a rescatarte lo habrían hecho hace tiempo. Si lo hacen por medios convencionales tardarán mucho más que unas horas, sin contar con que el terreno de la arena está todavía inestable, no van a arriesgarse a bajar pudiendo haber más derrumbamientos que sentenciase a más personas… Es sentido común. – Dije con aire algo indiferente, mientras veía como levantaba el dedo queriendo decir algo, tras pensar un poco que calló aunque algo me decía que mi respuesta no le había hecho gracia. – Si te quieres quedar por mí perfecto, pero yo no me arriesgaría a que más escombros caigan y me aplasten.

Tras eso, y un poco a regañadientes cogió lo poco que le quedaba de su equipo y se fue conmigo. Aquel lugar era extraño y simple a la vez. Un agujero de bajada, una sala redonda, ahora un pasillo largo sin giros, simple y austero. Las piedras y los pilares no tenían nada remarcable, eran planos sin ninguna marca ni talla en especial. Sobre mi hombro había una bola de fuego pequeña que hacía de antorcha para iluminar el camino. Aquel sitio parecía pensado para evitar que ningún indeseado entrase, pero tampoco había ninguna trampa ni alarma… nada.

Tras unos minutos caminando por fin llegamos a una sala… si es que podía llamarse así. Al llegar a la salida miré la pared, era todo una gran cúpula, o suponía que lo era, la oscuridad tragaba la poca luz que generaba mi esfera. A mi derecha algo rompía la monotonía de las paredes y suelo. Un pequeño atril de piedra con forma de prisma hexagonal con una sección en ángulo en la cara superior. En la piedra había labrada un pequeño vacío, una marca con forma hexagonal y tres puntas equidistantes emergiendo de la geometría principal. Me llevé la mano a la boca y extraje ante la mirada atónita de Saphira un pequeño colgante azulado con la misma marca que la piedra. La abuela sí que tenía unas especias raras en su cocina. Encajé el colgante en el hueco pero nada… Tras pensarlo un poco se lo lancé a la peliazul.

- Espera… ¿Qué esperas que haga con esto?

- Inténtalo tú.

- Es una bobada.

- No perdemos nada por probar.

Ante ese argumento la chica se acercó y puso el colgante en su sitio. En un principio no pasó nada, pero tras eso un brillo azulado emergió del colgante, luego del prisma, por último la luz se extendió por unas líneas en la piedra plana siguiendo unos patrones geométricos. Primero el suelo, luego las paredes, por último una gran estructura esférica que se encontraba en el centro, en medio de un foso de unos tres metros de ancho al cual podíamos haber podido caer de no haber andado con cuidado. Antes de darnos cuenta la sala entera estaba iluminada y, sin exagerar podría afirmar que la cúpula tenía cerca de 70 u 80 metros de alto y la esfera tendría unos 40 metros de radio quedando el ecuador de esta a la altura del suelo que pisábamos.

- Esto… Em…

- Arthur. – Dije adivinando que no sabía mi nombre.

- Ha salido algo aquí.

Dirigí la mirada a donde señalaba, encima del prisma había una especie de pantalla holográfica con escritura que nunca antes había visto.

- ¿Lo reconoces?

- Creo que es Kuja antiguo, reconozco algunos caracteres y palabras.

- ¿Crees que puedes leerlo?

- Dice algo sobre una luz… algo que genera luz dentro de… 12 capas y…

De pronto la chica se desmayó, me apresuré a cogerla para que no se golpease la cabeza con el suelo, pero había algo raro. Estaba inconsciente eso fijo, pero a pesar de estar echada hacia atrás parecía no caerse, como si algo hiciera que mantuviese el equilibrio o la sujetase. Miré el colgante  ahora brillaba más que antes y las líneas del suelo se extendían por sus manos hasta sus ojos. Me apresuré a apartarla de ahí pero mi mano se detuvo en seco.

- Espera. – Dijo Zinogre en mi cabeza.

- ¿Qué ocurre?

- Creo que sé lo que está pasando… si estoy en lo cierto ahora esto depende de ella.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

De pronto las letras me envolvieron, nada tenía sentido, la oscuridad, letras por todas partes, resplandores, un mundo que no conocía, un castillo en las estrellas, la nada… No tenía ni idea de en qué lío me había metido ese canijo, pero estaba segura que nada de lo que estaba ocurriendo era mínimamente normal, esto no era un sueño, no era una ilusión, se sentía todo… tan real.

- Hm… Esta vez han nombrado a una joven. – Sonó una voz en la nada.

- ¿Quién habla? ¿Quién o qué eres? ¿Qué haces en mi cabeza? – Pregunté confusa.

- Silencio niña. Esta no es tu cabeza y aquí las preguntas las hago yo. Para empezar preséntate si te han enseñado modales. – Ordenó la voz con tono autoritario.

- Esto es muy extraño…

- ¿Quién… Eres?

- Soy Saphira, hija de Emerald reina de las Kuja.

- Espera, ¿No eres la reina?

- No… y no creo que lo fuera, mi hermana Ruby es la mayor, ella heredaría el trono de ser digna.

- Esto es algo serio pequeña. Se supone que me debe portar la reina de las Kuja, es el trato que hicimos… pero por alguna circunstancia he llegado a tus manos.


- ¿A mis manos?... Espera ¿Eres ese extraño colgante? Arthur lo escupió, dijo algo de las bolas de arroz de la abuela y… Pashiri lo sabía todo.

- Pashiri es mi anterior portadora, si ella ha juzgado oportuno que yo esté a tu cuidado confiaré en su juicio.

- Pero ¿por qué yo? Arthur te ha tenido en su boca.

- Sólo una Kuja puede portarme, además… ese chico ya tiene un contrato hecho.

- ¿Contrato? No entiendo nada.

- Lo entenderás con el tiempo. Ahora despierta.

Y como una ráfaga el aliento regresó a mí. Desperté con un grito seco. Vi al chico pelirrojo, me miraba algo preocupado. La sala había cambiado por completo, si es que podía llamárselo sala, esta cúpula era gigantesca, no podía creerme que estuviese debajo de la isla todo este tiempo. La voz de antes comenzó a hablar en mi cabeza de nuevo, tan enigmática como siempre, como un pensamiento ajeno a mi mente, pero sin ser intrusivo, casi como una compañera.

Mis manos se movieron en la pantalla pulsando letras y palabras que comenzaba a comprender. La esfera de piedra reaccionó a los comandos. Los bloques se movían de un lado a otro, parecía estar formada por varios aros segmentados, los cuales como un gran puzle se reorganizaban constantemente.

- La primera capa está abierta. – Anuncié casi sin saber a lo que me refería. Al momento un puente de piedra salió de la esfera conectando con una entrada del tamaño de una persona a su interior.


Última edición por Arthur Silverwing el Jue 24 Ago 2017 - 21:51, editado 1 vez

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Re: ¿Arthur en la isla de las amazonas? Imposible [Diario Time Skip]

Mensaje por Arthur Silverwing el Jue 24 Ago 2017 - 21:51

Saphira despertó de golpe. Casi al mismo tiempo comenzó a trabajar en la pantalla. La esfera se movía según sus comandos reconfigurándose a su voluntad. Pronto anunció que la primera capa estaba abierta. En efecto ahora había una entrada a la extraña estructura.

Me dispuse a entrar. Estaba seguro que esto no iba a ser tan fácil como pintaba. Una extraña luz azulada bañaba el interior de lo que parecía el principio de un pasillo. Al otro lado había una pared, supuse que esa era la segunda capa y ella debía abrirla para pasar.

Di un paso al interior, casi en ese instante la esfera se movió de nuevo para desbloquear la segunda capa. El pasillo continuaba al frente, el interior era fascinante pero inquietante, el pensar que todo lo que me rodeaba eran piezas móviles y que, si Saphira quisiese o se equivocase podría aplastarme. Ahora comprendía el hecho de que no hubiese trampas, esta esfera en sí era un dispositivo de seguridad lo suficientemente disuasorio.

La tercera capa se abría ante mí, tras ella una cuarta, una quinta y una sexta. Cada vez había más tiempo entre ellas así que supuse que reconfigurarlas era cada vez más complicado. Por lo tanto los requisitos para acceder a aquella cosa parecían ser: ir a Amazon Lily, llegar a estas instalaciones escondidas en el lugar menos esperado, traer a una Kuja contigo, seguramente de linaje real, y que esta tenga la cabeza suficiente como para resolver este puzle.

Varios minutos pasaron entre la séptima y la octava, media hora entre la octava y la novena, dos horas entre la novena y la décima, cuatro minutos entre la décima y la onceava (seguramente porque no todo estaba hecho con tan mala leche) y medio día de estar pensando los dos para abrir la doceava capa.

Por fin podíamos acceder al centro de la esfera. Yo iría y ella se quedaría en el panel por si acaso pasaba algo. La sala central era puramente blanca, no, mejor dicho las paredes emitían una luz blanquecina monótona. En el centro flotaba un extraño dispositivo, parecían ser dos conos juntados por la base y unas extrañas aperturas en y entre ellos.

Extendí la mano para coger el artefacto. Era ligero y de una estética y naturaleza sorprendentemente familiares. De pronto la luz de la sala se volvió roja.

- ¿Arthur? – Me llamó Saphira desde fuera.

- Dime.

- ¿Has tocado algo?

- Si. Creo que no debí hacerlo ¿Qué está ocurriendo?

- Al parecer aquí pone algo parecido a “Contacto no autorizado violación del protocolo de seguridad”

No me gustaba cómo sonaba eso y pronto descubriría la razón. Al instante noté como una extraña fuerza tiraba de mí hacia abajo. Una especie de gravedad artificial me amarraba al suelo mientras la sala se comenzaba a reconfigurar haciéndose más y más pequeña por momentos.

Como pude me arrastré por el suelo. Activé mi Trans Am y el Burst Mode incluso estando cansado del anterior uso, aun así apenas podía moverme como una persona normal. Tras atravesar unas tres capas en camino a la salida estas comenzaron a moverse para impedir mi marcha, moviéndome de arriba abajo sin pausa, un par de veces estuvieron a punto de aplastarme, pero poco a poco me abría paso hacia lo que pensaba que era el exterior. Parecía que estaba en una centrifugadora, las secciones cada vez adquirían más velocidad, si uno de esos bloques me golpeaba ni siquiera yo lo viviría para contarlo. Llegó un punto que no veía la forma de salir, ni siquiera estaba seguro de dónde se encontraba el exterior. De pronto dos bloques comenzaron a moverse a toda velocidad de arriba abajo. Ya está, no había salida, moriría ahí seguramente.

La luz roja volvió a ser blanca de nuevo. Me quedé con cara de tonto mientras la esfera se reconfiguraba para volver a la normalidad y antes de que me diese cuenta estaba en medio del pasillo en la segunda capa. Caminé atónito a la salida con el artefacto entre mis brazos.

- ¿Qué has hecho? – Pregunté confuso y todavía con el corazón en la garganta.

- Escribir la contraseña. – Dijo ella con aire orgulloso.

- ¿Cuál era?

- Bueno… este sitio data de hace más de un siglo de la época de Boa Hancock. Así que deduje que la contraseña sería algo así como Monkey D Luffy.

- Pues Luffy casi me mata, y lleva un siglo muerto.

Ambos reímos ante la broma. Era extraño que me riese ¿tanto me había cambiado aquella experiencia al borde de la muerte?
De pronto callamos ante un estruendo amortiguado seguido de un pequeño temblor. Este vino seguido de otro, parecía venir de la superficie. Algo estaba ocurriendo y me temía lo peor. Rápidamente corrimos camino al lugar por el que habíamos llegado. Miré arriba, no se veía tanta luz como antes pero los sonidos venían claramente del agujero por el cual habíamos llegado.

- Toma esto. – Le dije a Saphira confinándole el artefacto. – Escóndelo, vamos a subir. Si ocurre lo que yo creo que está ocurriendo busca un lugar seguro. Si algo me pasa a mí o a las guerreras de la isla quiero que busques la manera de regresar aquí y dejarlo donde estaba, si no encuentras la manera procura esconderlo donde nadie lo encontraría.

- Crees que son… - Dijo ella dejando la frase en el aire.

- Los Skull Gear.

El humo cubría el fuego y reflejaba la luz de las llamas que devoraban el bosque. Dentro de la ciudad una luz rojiza lo bañaba todo mientras las amazonas que no podían luchar buscaban refugio. La montaña que rodeaba la ciudad era un muro bastante útil en estos casos, convirtiendo este lugar en una fortaleza admirable. Veíamos a pocas amazonas armadas, por lo que supusimos que la mayoría estaba fuera luchando.

- ¿Esto es…?

- Lo que os dije que pasaría. Supongo. Sólo espero que el humo haya servido de señal y la flota de la marina lo pueda ver. Voy a ir afuera, tu busca refugio en algún sitio, pase lo que pase ellos no pueden poner las manos en el artefacto. – Ordené a Saphira, tras eso activé e O Raiser para volar fuera de la ciudad y ver con más claridad lo que estaba pasando. Aunque a medio del vuelo notaba algo más de resistencia de lo normal. Pude que estuviese verdaderamente cansado de antes. Miré a mi pierna y ahí estaba ella, aferrada cual lapa.
– Pero ¿No te dije que te escondieras?

- ¡No! Estoy harta de esconderme y de que todos me vean como a una niña.

- Este no es momento para encontrar tu verdadero valor o algo así, ahí afuera están luchando, seguramente hay gente muriendo. Podrías perder la vida.

- ¡No me importa! – Dijo con una mirada llena de determinación. – Por una vez quiero ayudar, quiero luchar.

- …En fin. No te separes de mí entendido.

Aterrizamos en la parte del bosque que las llamas todavía no habían devorado, con el viento a nuestras espaldas para evitar que el fuego llegase a nosotros, y comenzamos a avanzar hasta la playa.

En esta las Kuja mantenían a raya a los invasores, tras la cobertura del bosque cercano y las rocas, lanzaban andanada tras andanada de flechas tratando de impedir el avance de los que rápidamente identifiqué como piratas de Skull Gear por su equipo y las marcas de su bandera una calavera con dientes de engranaje en lugar de mandíbulas.

Los piratas desembarcaban en barcas acorazadas y cargaban contra las amazonas, cubiertos por el fuego de unas extrañas máquinas. Estas tenían cuatro patas mecánicas bajo las cuales se distinguían una amalgama de tendones y músculos carnosos con tubos y cables, en la parte superior había una especie de cabina y una plataforma. El contenido de la plataforma variaba, siendo a veces un cañón o varios piratas disparando armas automáticas. Sin duda habían adaptado bien la tecnología de Síderos.

La batalla en tierra estaba más o menos igualada, pero en el mar era algo diferente. Los barcos de las amazonas se batían en retirada gravemente dañados o a punto de hundirse, algunos soltaban el cadáver de una de sus serpientes marinas para que no fuese un lastre. En medio de estos se encontraba una auténtica mole. Un Behemoth flotante, un barco que superaría con facilidad los 500 metros de eslora. Su estructura era definida pero caótica, como si fuera una amalgama formada por varios barcos, todos fusionados encima de un casco metálico. Pude distinguir entre los restos de los barcos que lo formaban formas y patrones en la madera que sólo los barcos de la marina poseían (ahí habían acabado todos) Los cañones estaban dispuestos de forma irregular, pero perfectamente coordinados a la hora de disparar. El morro de la máquina poseía una mandíbula con dientes metálicos de entre los cuales salía un incandescente brillo rojizo y las chimeneas que emergían por encima de las torretas emanaban un espeso humo negro. El barco no poseía velas, pero se movía, como mínimo a la velocidad de una fragata.

Ante tal visión no pude hacer otra cosa más que sonreír.

Lo primero era encargarse de las tropas de tierra. Salté hacia una tropa que avanzaba hacia un grupo de amazonas en retirada, barriendo las tropas con un par de tajos con fuerza sobrehumana. Uno de los caminantes acorazados (nombre provisional) trató entonces de aplastarme con una de las patas. ¿Qué parte de fuerza sobrehumana no había entendido? Me dolían los músculos, pero aun así no tuve problemas en empujar hacia arriba para volcarlo. Tras eso clavé a Zinogre en la base de lo que deduje que era el chasis e hice un corte hasta la cabina para luego saltar. Aterricé delante de las confusas amazonas con una explosión a la espalda.

- Sé que todavía no confiáis en mí.  Lo comprendo, no me importa, pero esos tíos están intentando mataros y yo no, así que creo que tendréis el suficiente sentido común de… ¡MOVER EL CULO Y DEFENDER VUESTRO HOGAR! – Grité dejando clara la situación y usando un poco de haki para darles valor a las Kuja.

Al principio parecían algo reticentes a cooperar, pero una serie de cañonazos que impactaron a sus espaldas bastaron para hacer que se movieran. Traté de posicionarlas en lugares más seguros. No detrás de las piedras o el bosque, esos elementos eran demasiado obvios, así como blancos fáciles. En su lugar sugerí que se cubrieran en los cráteres a modo de trincheras. La arena amortiguaba los impactos y a diferencia de los árboles no ardía.

Con algo de dificultad traté de organizar una formación de media estrella, ofreciendo la máxima superficie de fuego posible para sobrepasar la ofensiva del enemigo y empujarlos, aunque esta sólo podía valer para la defensa, era una formación estática. Yo me encargaría del ataque.

Una vez aseguradas las guerreras en algo que en la brigada calificaría como chapuza improvisada me dispuse a cargar en medio de las filas del enemigo. Me situé en medio de cuatro caminantes los cuales me apuntaron con las armas. Al disparar las balas se encontraron con una mole de cristal rojizo. La armadura Kaibuster era lo suficientemente resistente para aguantar cañonazos directos. Los cuatro brazos de la armadura se movían de un lado a otro bloqueando disparos y golpeando metal para despedazar aquellas máquinas. Las tropas no tardaron mucho en comprender la situación en la que estaban cuando una andanada de flechas barrió a todos los que no estaban en un vehículo. Las amazonas habían aprovechado el tiempo y ahora disparaban a matar a todo lo que estuviera a su alcance.

De pronto el humo dio paso a las nubes de tormenta y antes de que me diera cuenta había comenzado a diluviar apangado el incendio del bosque. Encima de uno de los árboles se encontraba Emerald con el mismo aspecto extraño que tenía la última vez que luchamos.

- Nadie te ha pedido ayuda hombre. Nosotras podemos valernos perfectamente solas. – Dijo la reina arrastrando la palabra hombre de nuevo (el padre de las niñas debía ser una joya)

- Tampoco te la he pedido yo a ti… majestad. Yo solo podía encargarme de estos patanes. – Contesté clavando mi arma en el motor de un caminante.

- No creas que esto hará que perdonemos tu intrusión.

- Nadie ha pedido tu perdón. Yo hago mi trabajo, tú el tuyo, dejémoslo como está.

- ¿Acaso esa arrogancia te ha llevado a alguna parte?

- Un puesto como integrante del mayor grupo de gañanes de la Marina.

Antes de que pudiéramos seguir discutiendo un caminante mucho mayor que el resto emergió de las aguas apuntándonos con sus cañones. Nos pusimos en guardia, pero antes de que nadie se moviera dos destellos azulados entraron en sus cañones haciendo que explotaran. Mientras la bestia mecánica se tambaleaba otra andanada de proyectiles del tamaño de una lanza se clavaron en su superficie perforando carne y metal. Ante nuestra mirada atónita la máquina se desplomó tan rápido como había aparecido. Detrás de nosotros estaba Saphira portando un arco de tres brazos con motivos cristalinos familiares. Sus ojos tenían un reflejo más brillante de lo normal y las venas alrededor de ellos brillaban con una luz azulada.

- Zinogre eso es… - Dije en mis pensamientos.

- Otro arma viviente. – Contestó completando mi frase. – El colgante no sólo era la llave, era otra arma.

- Saphira… ¿Cuándo has…? – Quiso preguntar la reina.

- En el agujero madre, en el agujero que el enano y tú hicisteis.

- ¿Pero desde cuando puedes…? – Quise preguntar yo.

- Llevo todo el rato disparando, estabais tan enfrascados en la discusión que ninguno se ha fijado. Es bastante fácil de usar, Selvala me lo ha ido explicando. – Explicó ella, supuse que Selvala era el nombre del arma.

Tras unos minutos de lucha conseguimos barrer a las tropas invasoras, pero había algo raro, no hablaban entre ellos, no gritaban, no mostraban sentimiento. Sólo se movían como comandados por una fuerza mayor.

Examiné el cuerpo de uno de ellos. Todo parecía normal hasta que le quité la parte superior de la ropa. Justo entre los hombros había una serie de protuberancias metálicas fusionadas con la carne, deduje que estas estaban conectadas directamente a la médula espinal. Al tocarlo el cuerpo comenzó a convulsionarse. Un examen más exhaustivo reveló un tatuaje de la marina. Otro de ellos llevaba ropas del mar del norte y otro mejoras cibernéticas siderianas. Estaba claro que no eran simplemente desertores, sino prisioneros siendo controlados con ese dispositivo.

Mi sangre comenzó a hervir al pensar que podía haber matado camaradas sin querer, incluso so ya estaban muertos, el hecho de controlar sus cuerpos y enviarlos como carne de cañón era… algo simplemente rastrero.

- Hm… He tenido más bajas de las esperadas. – Dijo una voz de mujer por encima de nuestras cabezas. – Hay más factores especiales en la isla de los que predije. Un hombre… Así que, en efecto los Skull Gear tenían un espía del Gobierno en sus filas después de todo.- Continuó pensando en voz alta junto al mismo tiempo que mirábamos.

Era una mujer, bueno o lo parecía. Tenía la piel cubierta por varias placas óseas de aspecto suave y delicado, algo artificial, pero sin duda con un toque orgánico que las hacía parecer naturales. Aquella persona presentaba cuatro brazos, dos alas de extraña estructura y una cola bífida cubierta por más de esas placas la cual no sabría distinguir si era parte de su cuerpo o de su atuendo. Por lo que vi no es que fuese una persona que había adaptado la tecnología sideriana, era una sideriana.

- ¿Cuál es el nombre de la insensata que se atreve a invadir nuestra isla? – Preguntó la reina conteniendo su ira.

- Normalmente y por educación uno se suele presentar primero… aunque viendo los hechos creo que la educación sobra en esta situación. Mi nombre es Atraxa, en Síderos era considerada una de las figuras más cercanas a la pretora de Balt, la suma inquisidora. Tras la guerra no las políticas del país cambiaron y me vi obligada a ir camino del exilio junto con una flota de mis hombres más “leales”. Por desgracia o por fortuna por el camino me encontré con unas alimañas bastante molestas y decidí tomar prestada su flota… para darle mejor uso por supuesto.

- ¿A dónde quieres llegar? – Pregunté algo cansado de que nos contase su vida.

- Es simple. Tú sabes lo que quiero. Ella sabe lo que quiero. Dádmelo y prometo que me marcharé sin causar más problemas, este conflicto ha hecho que ambos perdamos fuerzas en vano y me gustaría reservarlas para otros propósitos.

- Déjame adivinar… quieres tomar la fuente de energía que se esconde en esta isla para mejorar todavía más una flota que estás construyendo, o esa mole de ahí. – Dije señalando el barco que flotaba a poco más de un kilómetro de la costa. – Una vez lo hagas pondrás rumbo a Síderos y la atacarás para instaurar un nuevo orden acorde a tus ideales ¿Me equivoco?

- Eres bastante perspicaz. Más o menos ese es mi objetivo señor…

- Silverwing, Arthur Silverwing.

Tras decir eso el rostro vagamente humano de aquella mujer se torció en una mueca de desprecio. Movió uno de sus brazos rápidamente, antes de que me diese dar cuenta uno de los brazos de la armadura Kaibuster se precipitó al suelo con un corte limpio, si hubiera sido uno de los brazos reales lo hubiese perdido.

- Ya veo. Me has ahorrado mucho tiempo. Tanto tú como cada uno de los extranjeros que cambiaron mi patria en los tronos de los pretores sois un objetivo prioritario antes de volver a Síderos. Arthur, Dexter, Sans, Krauser y Bleyd. Pienso matarlos a todos… Especialmente a Bleyd.

- Entonces perdona, lo que quieres en poder y venganza. – Comenté haciendo énfasis en el “Y”

- Me da igual lo que quiera. Nadie se marcha vivo de esta isla tras esta ofensa. – Dijo Emerald cargando su arco para lanzar una flecha de relámpagos.

La flecha voló y Atraxa pareció desviarla sin problemas con una de sus alas. Tras esta varias flechas de cristal la siguieron, provenientes de Saphira y otras tantas normales del resto de las Kuja lideradas por Ruby. La inquisidora no movió ninguno de sus brazos, las colas se movieron a una velocidad vertiginosa interceptando todos los proyectiles.

- Veo que la solución pacífica está fuera de…

Se aventuró a decir pero en medio de la frase tenía la punta de Zinogre a escasos centímetros de la cara. La agarró con dos de sus brazos sin que se cortase con la hoja parándola en seco. Incluso ella parecía poner cierto esfuerzo en contenerme.

- Se me la historia. Incluso si te llevases lo que quieres y me matases acabarías masacrando la isla. He visto cómo piensan los de tu clase. – Dije mientras forcejeaba con Atraxa.

Me aparté para dar pie a otra andanada de las Kuja. Tras eso un relámpago impactó en el mar tras nosotros y la reina lo blandió formando una espada con él. Se lanzó a por Atraxa lanzando tajos con una espada, luego lo dividió en dos para aumentar la velocidad. Le estaba lanzando una auténtica tormenta de golpes, los cuales la inquisidora bloqueaba o esquivaba con gran maestría. Entre una lucha tan frenética no veía hueco para meterme. Quería activar el Trans Am o el Burst Mode para poder estar a su altura, pero una tercera activación en un día sería una imprudencia viendo que Atraxa no había mostrado todas sus cartas. Si resulta que sobrevivía me quedaría indefenso ante un golpe fatal.

La reina lanzó las espadas de relámpago como si fueran jabalinas. Atraxla las paró con las alas desviándolas, una de ellas directa a mí. Deshice el vínculo con la armadura Kaibuster y salí por debajo para ver cómo toda la parte superior quedaba destrozada.

El combate se prolongó durante varios minutos los cuales nadie se atrevía a intervenir, mientras tanto procuraba sacar la máxima información posible de nuestra adversaria. Al parecer su cuerpo entero estaba modificado a niveles que nunca antes había visto, incluso por encima de alguno de los pretores de Síderos, volviéndola una perfecta máquina de guerra.

Ambas contrincantes parecían estar a la par, pero algo me rechinaba. Atraxa apenas había mostrado de lo que era capaz, casi no había atacado, limitándose a esquivar y bloquear, mientras que la reina no paraba de atacar sin pausa, combinando cortas ráfagas de golpes cuerpo a cuerpo con abrumadores ataques a distancia. La pregunta era… ¿Cuánto tiempo podría aguantar ese ritmo?

Emerald lanzó la misma flecha que usó conmigo contra Atraxa, esta de pronto comenzó a mover los brazos de forma extraña, envolvió la electricidad de la flecha con ellos y empezó a girarlos haciendo una bola que luego lanzó hacia Saphira. Me dispuse a ir pero la reina se me adelantó apartando la bola de rayos con una golpe de una de sus espadas. La inquisidora aprovechó el momento y con una velocidad pasmosa atravesó el vientre de Emerald por la espalda. El brillo de esta se extinguió mientras regresaba a su forma humana. Con sus escasas fuerzas se separó para ir con el resto de las amazonas. Con una mirada similar a la de una bestia acorralada se llevó la mano a la herida casi sin poder ponerse en pie.

-Este es el final Kujas. – Sentenció Atraxa antes de lanzar una onda cortante.

La onda viajó por el aire al encuentro de las mujeres pero fue parada por una hoja carmesí de cristal. El aire se ondulaba a mi alrededor reflejando las altas temperaturas que me rodeaban, casi como un complemento a una mirada y un rostro que eran la encarnación de la furia pura. Al momento un brillo rojizo me envolvió y un segundo después este dio paso a uno azulado. El calor se acumuló en la hoja de mi arma generando una cuchilla de calor puro. Lo estaba poniendo todo en este momento, si no la derrotaba en los próximos minutos estábamos jodidos.

Sin mediar palabra me lancé lo más rápido que pude con el arma por delante intentando atravesarla. Ella se apartó para tratar de esquivar el golpe a lo que respondí cambiando el agarre del arma y poniéndola en perpendicular sin cambiar el movimiento. Una línea humeante se dibujaba en una de las placas de un brazo de la pretora, una cicatriz negra en su impoluto aspecto pálido. Pareció lanzarme una mirada furiosa tras la corona ósea que tapaba los ojos de los fieles de Balt, tras lo cual sus alas cambiaron a una forma más espinosa, sus colas se erizaron y los dedos de sus manos adoptaron forma de garras.

- Acabo de cambiar de planes. No pienso matarte, te desmembraré despacio, y cuando acabe llevaré los trocitos a la nave para re ensamblarlos a mi gusto. Te convertiré en un guerrero mucho mejor que estos inútiles.  

- Palabras… palabras. No vas a conseguir nada diciendo lo que vas a hacer.

- En eso estamos de acuerdo.

Dicho esto sus extremidades se movieron a una velocidad pasmosa. Tuve que llevar mi haki al límite para no acabar hecho cachitos. Tras eso lanzó un ataque frenético en el cual trataba de golpearme con todo lo que tenía. Era capaz de rechazar la mayoría de los golpes, pero muchos llegaban a conectar, llenándome de cortes. Paró por un momento para darme una patada y tratar de alejarme para que no pudiera responder, pero tenía una mano lista para agarrar su pierna.

- Te tengo. – Dije con tono algo confiado.

- Hablas muy pronto. – Tras eso una de sus colas atravesó mi abdomen como si fuera una lanza y las púas de una de sus alas se clavaron en la carne de mi hombro izquierdo.

- No me refería a eso. – Aprovechando el contacto congelé las partes que estaban en contacto conmigo, fijándolas a mí.

Di un tajo con Zinogre y una de sus colas y parte de su ala derecha fueron seccionadas limpiamente. Un grito de dolor salió de sus labios al mismo tiempo que se apartaba unos metros y yo me sacaba su cola y púas de la carne para que las heridas cerrasen.

- Veo que no eres sólo palabras. – Dijo ella mientras evaluaba los daños. – Si fuera sólo por nosotros acabase como acabase este combate el ganador quedaría en pésimas condiciones. Pero hay un factor que no has tenido en cuenta.

- Dime cual genio.

Como respuesta a mis palabras un ruido emergió del barco, un chirrido metálico seguido por una cacofonía de maquinaria poniéndose en marcha. La mole giró dejando un costado apuntando a la playa. De pronto un estruendo anunció que había abierto fuego.
Poniendo al límite mis poderes alargué la hoja de calor todo lo que pude y di un tajo junto con el cual estallaron gran parte de las balas de cañón. Los disparos que no detuve golpearon la playa a los lados de las amazonas que estaban tratando de atender a su reina.
- Veo que la munición normal no basará… A lo mejor la de alta velocidad.

No me gustaba cómo sonaba eso. Otro sonido de maquinaria se escuchó y unos compartimentos se abrieron en el costado del barco. Sea lo que fuere estaba claro que no iba a poder detenerlo yo solo. Blandí mi arma y lancé un tajo al mar con todas mis fuerzas separando las aguas y levantando dos grandes olas quedando yo en medio. Casi al instante usé mis poderes para congelar el agua generando dos grandes muros de hielo. Otra detonación se escuchó, otra vez el barco había abierto fuego. Me dispuse a parar lo que fuera y tras eso la oscuridad.

La voz de Zinogre me llamaba. Parecía lejana, al igual que el resto de los sonidos. Al principio no veía nada, poco a poco las imágenes y los sonidos regresaron. Me encontraba tumbado en medio de un charco formado encima de un montón de hielo. Los muros que había formado estaban destrozados. En ellos había incrustadas columnas de metal de más o menos mi tamaño. Miré a un lado, las amazonas parecían estar bien, pero Saphira parecía intentar detener desesperadamente a Atraxa mientras sus compañeras evacuaban y la inquisidora desviaba casi sin esfuerzo sus flechas.

Traté de levantarme pero mis piernas no me respondían, fue entonces cuando miré mi cuerpo. Mi brazo derecho estaba hecho girones, seguía unido al cuerpo casi únicamente por el hueso y, a pesar de no notarlo, seguía agarrando mi arma. Mis piernas estaban bastante dañadas, pero la izquierda parecía que se movía, la única extremidad decente era el brazo izquierdo que parecía haber evitado gran parte del daño. Una de las columnas metálicas me aprisionaba contra el hielo, me había atravesado entrando por el pecho, destrozando un pulmón y seguramente más órganos hasta salir cerca del riñón derecho y quedarse clavado en el hielo.

Traté desesperadamente de moverme, a pesar de mi estado, a pesar del dolor, no podía rendirme. Había visto lo que esa persona podía hacer, si dejaba que se saliera con la suya miles de vidas correrían peligro. Hice toda la fuerza que pude con mi brazo bueno hasta que, con un gran esfuerzo, conseguí separarme del hielo. Como pude me arrastré casi por instinto. Atraxa, quien estaba a punto de dar el golpe de gracia a Saphira, la soltó para mirarme.

- Estoy sorprendida. No esperaba que con tales heridas siguieras vivo.

Las palabras querían salir de mi boca pero se ahogaban en la sangre de mi garganta, resultando en un gorgoteo furioso. Con una sola pierna me incorporé casi milagrosamente y alcé el brazo para dirigir un puñetazo a Atraxa.

- Patético. – Dijo esta. Tras eso mi brazo izquierdo se desprendió con un corte limpio. – Duerme niño. Cuando despiertes tendrás una nueva vida como mi adalid.

Tras decir eso volví a perder la consciencia.

- Arthur. – Me llamó la voz de Zinogre en mi cabeza.

- La he cagado. – Admití sin decir nada más.

- Eso no me importa. Podemos salir de esta.

- ¿Cómo? Sabes perfectamente cómo está mi cuerpo. Es inútil. Lo más seguro es que muera en los próximos segundos.

- ¿Arthur sabes por qué llevo años limitando nuestro poder?

- ¿Has estado limitando nuestro poder?

- Sobretodo el tuyo… el tuyo al usarme.

- No pierdo nada por escucharlo.

- ¿Has visto lo que sucedió en Stargazer?

- Si. Tras eso mi aspecto cambió y nuestro poder incrementó.

- Arthur, los usuarios de armas vivientes no permanecen siendo humanos durante mucho tiempo. Cuanto más me usas, cuanto más poder extraes de mí más se estrecha nuestro vínculo, pero a la vez pierdes más humanidad.

- Me estás diciendo que, si estrecho mi vínculo contigo aún más… podré salir de esta.

- Hay un método. Pero para ello tengo que asegurarme que eres apto como hice con Casval. Respóndeme ¿Eres un peón o eres el rey?

Sabía que la pregunta tenía truco. Ser rey era obviamente mejor, pero decir rey podía connotar que estoy ansioso por obtener el poder. En cambio escoger el peón me ponía en una situación que daba a entender que no era nada ambicioso. Durante lo que pareció una eternidad vacilé entre la respuesta correcta, Zinogre no parecía apremiarme a contestar, seguramente no quería que contestase de forma apresurada. El peón, el rey, dos fichas de un mismo juego. El primero era la base del juego, eran prescindibles pero fuertes en grupo, pequeños pero capaces de ganar una partida. El segundo era la pieza central del juego, la que decantaba la victoria y la derrota, importante pero muy limitado. Pensé en situaciones en las que ponían a prueba el valor de las dos piezas, los movimietos y sus posibilidades, pero más allá de lo que sabía de ajedrez no tenía ni idea de a qué se refería ni qué tenía que ver la pregunta con esto. Sólo eran dos piezas que…

- El peón y el rey son dos piezas.

- Si…

- Pero las dos son iguales ante algo.

- ¿El qué?

- Yo no soy ni el peón ni el rey. Soy las dos, soy el caballo, la torre, el alfil y la reina, soy el juego y el jugador… yo soy la mano que controla.

- Esa es… la respuesta correcta.

Tras eso dejé de escuchar su voz en mi cabeza, pero por alguna razón lo notaba más cerca que nunca, estábamos más unidos que antes, mis pensamientos no eran ni los míos ni los suyos… eran los nuestros.

Abrí mis ojos, Atraxa se dio la vuelta para volver a por las amazonas, lo que habían parecido horas en mi cabeza habían sido segundos. No notaba dolor, no notaba el abrazo de la muerte, me sentía vivo. Más vivo que nunca.

Zinogre había desaparecido de mi mano derecha. El brazo derecho se cubrió de un negro puro e insondable que se extendía por la piel cerrando las heridas. Mientras esa extraña oscuridad se extendía por mi cuerpo llevé la mano al pilar metálico que atravesaba mi caja torácica. En una grotesca escena tiré de él y lo arranqué, sacándolo de cuajo y dejando un agujero que la oscuridad no tardaría en engullir.

Atraxta volvió a mirarme sólo para encontrarse con un brazo que la golpeaba en la cara. Por primera vez pareció verdaderamente sorprendida al verme blandiendo mi brazo amputado como un arma, sin parar de darle golpes. Tras eso una patada bastó para apartarla. Cogí mi brazo y lo coloqué conde debía estar, la oscuridad de mi piel se extendió en protuberancias de aspecto cristalino que perforaron la carne y la invadieron tomando de nuevo la parte del cuerpo que me pertenecía.

Las amazonas parecían aterradas. Miré a un charco de agua para sorprenderme con mi reflejo. Mi cuerpo ahora estaba cubierto por una capa de negro, mi aspecto ahora era más feral con un rostro de formas angulosas que acababan en dos grandes orejas puntiagudas, cuatro brillantes ojos de un blanco rojizo, pies y manos acabados en garras y una larga cola eran algunos de los aspectos más destacables.

Me agazapé como un felino a punto de lanzarse a por su presa y Atraxa se puso en guardia. Antes de que esta pudiese reaccionar salté a toda velocidad a ella propinándole un p violento puñetazo en el abdomen. Mis manos y mis piernas comenzaron a calentarse hasta adoptar un brillo blanco incandescente, a su vez varios cristales ardientes comenzaron a formarse en mis brazos y sobre todo en la cola. Volví a adoptar pose de combate y me lancé de nuevo hacia mi enemigo, girando en el aire a gran velocidad y dando un tajo con la cola. Uno de los brazos de la inquisidora salió volando.

- ¿Qué… Qué es esto? Acaso tú también eres un ascendido. No. Esas no son marcas de un elegido, no es ciencia sideriana ¿Qué eres? – Dijo con una voz ansiosa.

- Aquel a quien no debiste haber cabreado. – Contesté con una voz grutal.

Volví a la carga lanzando tajos con la cola y zarpazos con brazos y piernas. Parecía que había cambiado completamente mi estilo de lucha, pero era simplemente el mismo, ahora yo era el arma. Atraxa parecía ahora estar abrumada por una fuerza y una velocidad que no podía igualar.

En un acto de desesperación lanzó una onda cortante a las amazonas que todavía atendían a su reina, la cual paré con un golpe de cola. Cuando me quise dar cuenta había emprendido el vuelo hacia el barco. Di unos tranquilos pasos para alejarme de las chicas más y me agaché mirando a la nave. Puse todas mis fuerzas en las piernas para impulsarme hacia ella, con mi despegue se levantó una onda de choque y un estallido resonó por toda la isla al atravesar la barrera del sonido.

Atraxta miró perpleja mi pierna justo en el momento en el que le daba una patada que la mandaba directamente contra el barco, destrozando una de las torres. Por un momento hubo calma, pero luego pude ver cómo entraba por una escotilla al interior de la nave. De pronto el ruido de maquinaria lo envolvió todo a la vez que la mole comenzaba a transformarse. Lentamente las secciones del barco se separaban y reorganizaban para adoptar una forma vagamente humanoide, con dos piernas y dos brazos enormes, quedando el mascarón de proa con la enorme mandíbula como cabeza.

La bestia mecánica abrió fuego con sus cañones. A diferencia de antes ahora podía ver aquellos extraños proyectiles alargados, los cuales golpeé y corté para derribarlos. Tras eso un enorme brazo se abalanzó sobre mí para aplastarme. Un Impacto enorme contra el agua levantó una ola de varios metros de altura. El metal de éste comenzó a retorcerse y a combarse mientras me abría paso por dentro cortando y destruyendo todo lo que había dentro. En un minuto aquella monstruosidad se había quedado sin un brazo y yo salía volando para atacar de nuevo.

De pronto la bestia “rugió” y una especie de zumbido me perforó los tímpanos a la vez que me quedaba quieto en el aire. La vibración me había paralizado en un campo anti gravedad a la vez que el morro de la nave se abría, revelando un extraño y complejo dispositivo, como un rotor gigante que brillaba de forma incandescente. Salían relámpagos del interior de la bestia mecánica mientras su arma cargaba.

- No tengo ni idea de qué eres, pero esta arma fue pensada para aniquilar ejércitos enteros. Te destruiré a ti y a esa isla en el proceso. – Dijo la voz de Atraxa desde el interior de la máquina.

El morro del barco emitió un brillo cegador tras lo cual disparó un haz de energía pura en mi dirección. Extendí un brazo y la paré en seco, o más bien la absorbí. Durante unos segundos eternos redirigí la energía de ese arma al interior de mi cuerpo. Cuando terminó me vi liberado de aquel dispositivo anti gravedad (o lo que sea). En mi mano se formó un pequeño sol, una esfera de brillo imposible, la cual se extendió varias decenas de metros hacia arriba, formando una hoja brillante como un astro. Con un simple tajo corté por la mitad la cabeza y parte del cuerpo del barco devolviéndole toda la energía disparada.

Las explosiones se sucedían en la mole que colapsaba sobre su peso cada vez más rápido. Por el rabillo del ojo pude ver como una malherida inquisidora trataba de escapar volando de nuevo pero dos flechas se clavaron en ambas alas. Miré a la isla y pude ver a Saphira con el arco Selvala. Volé directo a Atraxta para captarla antes de que cayera, agarrándola por el cuello.

- Desaparece. – Y tras esa palabra puse la otra mano en su pecho, liberando de golpe la energía que quedaba en mi cuerpo antes de que esta pudiese mediar palabra.

Los restos carbonizados de la inquisidora quedaron esparcidos por la corriente de energía térmica, desintegrándose en el aire en pocos segundos.

Una sensación de satisfacción me embargó al volver. Aterrice delante de las amazonas, las cuales me miraban con una mezcla de admiración y desconfianza. Mi cuerpo volvió a la normalidad, pero poco después no pude evitar caer al suelo inconsciente al notar cómo las fuerzas me abandonaban.

Abrí los ojos lentamente, el sol de la mañana se colaba por los huecos de una cortina. Me encontraba tumbado en una cama sencilla y tapado con una simple sábana. En una silla al lado se encontraba Saphira dormida tapada también con otra sábana similar. Me levanté  de la cama y salí de la sala. Caminé por un pasillo hasta llegar a una cocina, tenía un hambre bestial. Casi sin pensarlo busqué lo que fuera para prepararme algo rápido como un bocadillo y un café decente… mataría por un café en condiciones. Me di la vuelta cuando tenía algo parecido a un desayuno potente para encontrarme con la mirada de Saphira.

- Arthur has desperta… - Su cara se puso roja al instante y se tapó los ojos. Por fin me percaté de que estaba desnudo, creo que toda mi ropa ardió en la anterior batalla.

- Meh. Es sólo un pene, hay muchos por el mundo, será mejor que te acostumbres. – Dije con aire indiferente mientras caminaba a su lado dándole un bocado al sándwich de cinco pisos que había improvisado.

- Sí, pero no hay mucha gente que se dedique a caminar desnuda por ahí.

- No entiendo por qué, es cómodo.

Continuamos discutiendo durante un rato hasta que llegaron la abuela Pashiri, Ruby y Emerald, la cual tenía varios vendajes. Al parecer había estado dormido cerca de una semana. Los barcos de la marina se presentaron varias horas después de la batalla. Preguntaron por mí pero las amazonas dijeron que me mantendrían como rehén hasta aclarar la situación, como seguro de que la marina no intentaría nada.

La reina continuaba con su tono autoritario a la hora de hablarme, aunque ya no me trataban como a un criminal. Según ella no dejaba de ser una amenaza para la isla, pero tampoco quería que las amazonas tuviesen fama de desagradecidas, por lo que autorizó que me tratasen hasta que pudiese irme. Estuvimos hablando durante la mayoría de la mañana, tiempo el cual aproveché para ponerme al día de los hechos. Los restos  de aquel barco transformista todavía estaban a unos cientos de metros de la costa, elevándose unos 200 metros sobre la superficie del mar.

- Y bien ¿Dónde lo escondiste? – Le pregunté a la peliazul una vez las demás se fueron. La chica se llevó la mano al carcaj del cual extrajo el artefacto.

- Lleva ahí desde la batalla, a nadie se le ocurrió mirar en ese sitio.

- ¿Y qué piensas hacer con él? Mi misión en llevármelo ¿Estás de acuerdo?

- En un principio no quería que te lo llevases… Pero lo pensé mejor esta semana, ahora que el rumor se ha extendido tendríamos estos problemas más a menudo. Así que te lo daré con una condición.

- Habla.

- Quiero que me lleves contigo.

- ¿Disculpa?

- No me malinterpretes, simplemente quiero asegurarme de que he tomado la decisión correcta y… ver mundo. Estoy harta de que me digan que soy demasiado joven o que no estoy preparada para ser pirata. Pero nunca dijeron nada de ser marine.

- Es decir que te vas a unir a la marina por despecho.

- Dicho así suena muy feo.

- Hmm… Está bien. Pero estarás bajo mi mando y entrenamiento directos. Así que ni te preocupes. Dentro de poco serás mejor que cualquier Kuja.

Un par de días después me dieron un bote para ir al marco marine apostado cerca de la isla. Había hablado con la reina Emerald para que autorizase el tránsito de barcos marines en la zona a cambio de no desembarcar en la isla y quitar de en medio los restos de la nave de los Skull Gear. Una vez realizada la tarea las relaciones Marina-Kuja volverían a la normalidad. Obviamente nadie le dijo nada sobre lo de su hija, quien vino en el bote escondida.

Los siguientes dos meses fue un no parar de viajes de ida y vuelta, así como un infierno en cuanto a papeleos y gestión de materiales y personal. Tras mi vuelta entregué los informes de la misión a Odric quien parecía satisfecho por el resultado y exigí que el laboratorio donde se analizó el artefacto estuviera bajo mi directa supervisión.

El artefacto no era una fuente de energía, sino un dispositivo de almacenamiento masivo de datos. Tardamos un tiempo en tener acceso a estos y algo más en descifrarlos. Entre tanto desmontamos y analizamos la nave destrozada de Atraxa, la tecnología Sideriana era extraña incluso para mí, pero lo que me interesaba era el método que habían empleado para que algo tan masivo y pesado flotase o más aún, no colapsase sobre su peso.

La rutina durante los meses antes de tener los datos fue sencilla: levantarme, levantar a los reclutas, entrenamiento intensivo con ellos, volver al despacho, gestión de papeleos y análisis de los restos. Nada emocionante. Durante ese tiempo me enteré de que Odric era en realidad un ex CP que había logrado “jubilarse” accediendo a la Marina. Así que un día me acerqué a su despacho para hacerle una petición.

- Adelante. – Dijo su voz desde el interior del despacho.

- Vicealmirante Odric. – Dije saludándolo al entrar.

- Puede ahorrarse las formalidades conmigo Arthur, no soy alguien que le de mucha importancia.

- Bien, entonces podré ir al grano. He escuchado que fue CP antes de entrar en la Marina.

- Correcto. Pero eso fue hace tiempo. No te lo creerás pero este puesto en la marina es bastante más tranquilo que el que tenía en el CP.

- Puedo suponer que sabe usar haki, en específico uno llamado de observación o mantra.

- Supones bien, es casi un requisito obligatorio para llegar a donde yo llegué.

- ¿Podría enseñarme a usarlo?

- Puedo intentarlo si tanto interés tienes. Pero mis métodos de entrenamiento, al igual que los suyos, son poco ortodoxos.

- Perfecto ¿Cuándo empezamos?

Casi no terminé la frase y Odric estaba delante de mí con la punta de su pluma clavada en la piel de mi garganta. Salté hacia atrás por instinto y me puse en guardia.

- Se nota que no lo usas, tenía intención de hacerlo desde que comenzamos a hablar.

- Eso no vale… Otra vez. Esta vez no me pillarás desprevenido.

- Me temo que el entrenamiento por hoy ha concluido, puedes marcharte.

- Pero…

- He accedido a enseñarte. A partir de ahora una vez al día intentaré “matate” y tú tendrás que evitarlo. Si estoy en lo correcto con el tiempo deberías poder adaptarte.

Y el vicealmirante cumplió su palabra. Todos los días sin falta, en el mismo momento que bajaba la guardia, aparecían del lugar menos esperado para atacarme sin que pudiese hacer nada. Un día salió de las letrinas, impoluto, DE LAS LETRINAS DE LA BRIGADA.

Pasaron un par de meses y por fin habíamos comenzado con los primeros progresos y pruebas de los nuevos modelos de motor y reactores. De vez en cuando alguna prueba se vio interrumpida por cierto Vicealmirante. Entre tanto entrenaba a las tropas de la brigada y a los más nuevos como Leiren y Saphira, quienes vieron que mis amenazas nunca son en vano.

Casi cinco meses habían pasado desde que regresé de la isla de las amazonas. Los prototipos de motor estaban completos, pero en ese momento no me importaban una mierda. Llevaba días casi sin dormir, furioso por no ser capaz de detectar a Odric y que siempre me pillara por sorpresa. Ese viejo se lo estaba pasando en grande, sin duda. Pero por esa época advertí cierto cambio en mi entorno. Los pájaros se callaban cuando pasaba, los perros salían con el rabo entre las piernas y los gatos huían de mí. Al principio pensé que no tenía mano con los animales, pero luego caminando por el cuartel me di cuenta de que algunos oficiales y superiores me miraban raro. Cuando fui a hablar con otro capitán este se agazapó y diciendo “Por favor en la cara no” todo era muy raro. Pero justo ese día Odric no apareció para intentar “matarme”.

Al día siguiente fui a verle para pedirle explicaciones. Estaba en su despacho, tomando una copa como de costumbre mientras leía el periódico.

- Ah. Arthur pasa.

- ¿Desde hace cuando sabe que estoy aquí?

- Días… es casi imposible no saber dónde estás. Tienes a los usuarios de mantra de la isla locos.

- ¿Podría explicarse mejor?

- Bueno, mi entrenamiento ha dado resultado en cierto sentido pero no es el que querías. Verás, durante estos meses he llegado a la conclusión de que seguramente eres naturalmente incapaz de desarrollar en mantra. Pero, sin querer has desarrollado un escudo contra estos usuarios. Al principio era algo residual, pero ahora cada vez que uso en mantra para averiguar tus intenciones sólo noto un instinto de agresión. Pero no uno concreto, sino hacia mí, hacia mi guardia en la puerta, hacia Al Naion, incluso hacia este periódico.

- Está diciendo que mi… personalidad enmascara mis intenciones.

- Más o menos. Ahora mismo para los usuarios de mantra eres como una bengala en medio de una noche sin luna. Todos saben que estás ahí, pero eres tan brillante que nadie puede ver nada en concreto. Incluso puedes enmascarar a otras personas.

- Es decir que soy un inepto para el mantra pero no contra él.

- Correcto.

No era el resultado que quería pero estaba algo satisfecho.

Medio año tras mi vuelta de Amazon Lily aprendí a controlar más o menos la imagen que daba a los usuarios de mantra, aunque la mantenía medio activa para los curiosos. Fue durante ese tiempo que me metí de cabeza en un nuevo proyecto que me había sugerido Al hace ya tiempo. Un barco para la brigada. Me dijo que tenía que ser discreto, pero bueno, ese punto podía saltármelo. Ante mí tenía los planos de una auténtica bestia. Con las anotaciones que había sacado del barco de Atraxa y los nuevos usos que tenía pensados para los reactores de horno solar, el resultado podía ser bastante interesante.

La construcción fue un trabajo bastante largo y tedioso, dada la escala del proyecto. Durante esa época pude ver que mis poderes eran bastante útiles en el campo de la innovación. Para empezar podía controlar la temperatura de los reactores evitando que entrasen en un bucle que desencadenase en fallo catastrófico. Era bastante difícil controlar todos los pequeños componentes pero no podía permitirme un fallo que retrasase el proyecto varios meses.

Gracias a mis poderes mejoraron los análisis de rendimiento y las anotaciones, así como las mejoras de los prototipos hasta llegar a un modelo estable a pequeña escala del resultado final que sería instalado en el barco que estaba construyendo. Poco a poco me di cuenta de que era consciente de la temperatura de los elementos que me rodeaban, no sólo de aquellos en los que me concentraba. Estaba desarrollando una especie de sentido térmico, pero a diferencia de los de algunos animales como las serpientes, este era algo general, no sólo aquello a lo que estaba mirando.

A pesar de ello los accidentes no podían ser evitados y hubo algunos fallos en los modelos que resultaron en explosión. Si no me hubieran tenido a mí ahí para contenerla varias personas podrían haber perdido la vida.

A los nueve meses tras mi regreso por fin terminó la construcción del dique seco con las medidas que había pedido. Dentro de este recinto se gestaría una de las mayores obras de ingeniería de la historia de la marina. Lo primero era la base del barco, la quilla y el armazón interno. Durante estos meses de planificación descubrí un método de ensamblaje que permitiría a la estructura aguantar su propio peso y mucho más, así como nuevas aleaciones presentes en el barco de Atraxa bastante resistentes pero ligeras. Lo único del ensamblaje de la estructura principal era que requeriría mi participación directa si no quería que tardase varios años.

La grúa cargó la gran viga de metal para colocarla justo ente dos piezas machihembradas. Una neblina blanquecina caía de la pieza cubierta de escarcha. El gran trozo de metal entró perfectamente en la sección del casco correspondiente como parte de un gigantesco puzle. Tras eso usé mi poder para calentarla lentamente y de forma uniforme, haciendo que se expandiese y quedase encajada entre las piezas hermanas. Una vez acabado el trabajo unos operarios con soldadores cubrían las juntas. Ya que estaba metido procuré ayudar en lo que pude.

Me acerqué a las piezas metálicas e imbuí mi mano derecha en haki de armadura. Procuré hacer lo que hice en Amazon Lily, aunque lo hice casi sin querer me di cuenta de que si el haki de armadura puede ser usado para endurecer tu cuerpo, puede ser usado para ablandar otros. Me concentré para que las moléculas de mi mano vibrasen a alta velocidad, calentándola. Ahora tenía un soldador en el dedo.

Miré arriba, había pasado una semana y habíamos acabado cuatro secciones del casco y la quilla. Quedaban 38 por montar y ensamblar, y eso sólo para el casco, luego quedaban las divisiones internas, la cubierta, la torre de mando, las instalaciones, las armas y los motores. Con unos seis meses bastaría.

Pasaron varios meses y la construcción avanzaba a buen ritmo (Seguro que vistos a cama rápida sería visualmente alucinante), habíamos acabado el casco a dos meses de la fecha límite y estábamos empezando a montar la cubierta y la estructura interna. Dado que sólo se me necesitaba con el casco, a partir de ese momento tuve algo más de tiempo para mí, así que inicié cierto régimen de entrenamiento propio al margen de mis reclutas. El cual compaginaba con las obras de construcción cargando metales pesados (sin el uso de Trans Am o Burst Mode), levantándolos o lanzándolos a sus correspondientes sitios. Yendo y viniendo de un almacén a otro corriendo y transportando materiales, sosteniendo los modelos experimentales de los reactores en vez de anclarlos al suelo. Sip… eso era entrenamiento del bueno.

Poco a poco nuestra creación tomaba forma. Habíamos acabado todas las estructuras y sólo quedaban las instalaciones internas. Todos los días varias docenas de curiosos que paseaban por ahí se asomaban para admirar el tamaño del barco que estábamos haciendo. Con sus más de 300 metros de eslora y 45 de manga no dejaba indiferentes a ningún otro barco hasta la fecha. Uno de los aspectos más destacables era su falta de velas. Este barco estaba completamente motorizado, con dos motores de horno solar gemelos que, no sólo generarían todo el impulso necesario, sino que también generarían la energía suficiente para alimentar el resto de funciones básicas.

Las torretas las cuales estábamos terminando de instalar eran otra maravilla que había tomado inspiración del barco de Atraxa, combinándolos con la tecnología de los marines de los cañones de Buster Call. El resultado eran unos largos cañones de 460mm cuya onda de choque al disparar destrozó el cuerpo de un cerdo durante las pruebas (Ningún animal ha resultado herido o muerto durante las pruebas de este barco). El barco poseía más sorpresas, pero esas eran las más llamativas a primera vista.

Había pasado algo más de un año desde mi regreso y hoy era el gran día. Tras cientos de exhaustivas horas de trabajo (y entrenamiento) y docenas de pruebas, almacenes llenos de prototipos fallidos, por fin íbamos a inundar el dique seco. Era el momento de que este pequeño saliese a flote. La verdad es que era un día importante, pero por razones de seguridad tardaron horas en llenar el recinto de agua.

La maquinaria se puso en marcha y los motores rugieron, nada había estallado y no había nada en llamas, así que era un punto a nuestro favor. Me encontraba en la cubierta del barco viendo de primera mano cómo mi bebe daba sus primeros pasos. Por fin su enorme cuerpo salió del recinto que lo vio nacer para el primer viaje de pruebas. Por ahora solamente una vuelta a la isla y comprobación de rendimiento, otro día y lejos de lugares habitados pondríamos a prueba otras de sus funciones.

Había pasado un mes desde el viaje inaugural del Deucalión, la mayoría de sus funciones se habían puesto a prueba de manera exitosa. Ahora me centraba en algo que podía ser entretenido, reunir a una tripulación merecedora de esa maravilla. Debían tener un conjunto muy específico de habilidades, pero no pasaba nada si no las tenían, me encargaría personalmente de que en los próximos meses las adquirieran. Saphira y Leiren se “ofrecieron voluntarios” como era de esperar en gente sobre la que deposito tanta confianza.
Eran las 7 de la mañana, los reclutas que habían sido convocados formaban en frente de una tarima en medio del patio de entrenamiento. Todos se pusieron firmes y saludaron cando subí a la tarima.

- Damas y caballeros, supongo que saben para qué los he llamado. Han sido seleccionados cuidadosamente para formar parte de la tripulación de uno de los barcos más vanguardistas hasta la fecha. Aunque, claro, tal y como están ahora no los admitirían ni un pesquero de Jaya. Por eso se me ha encomendado la tarea de entrenarlos personalmente para que en dos meses sean aptos para el trabajo. Quiero verlos a todos esta tarde en el puerto con todo lo necesario para una marcha de dos días. Descansen.

Y con esto comenzó su infierno. Todo empezó con una marcha de una semana por las montañas sin que yo les “viese”. Si lo hacía llamaría a la artillería. Una vez acabaron comenzó su entrenamiento de asedio, en unos segundos tuvieron que cavar un agujero en la nieve para cubrirse del fuego de mortero. La moraleja: en el campo de batalla la artillería es tu dios.

Tras eso pensaron que se habían ganado unos días de descanso en unas aguas termales… idiotas, esa fue la excusa perfecta para llevarlos a las afueras para comenzar su entrenamiento de interrogatorio, donde fueron sometidos a algunas de las torturas más comunes usadas por piratas y revolucionarios. A todos se les dio un número que memorizar, si cantaban eran expulsados inmediatamente del programa.

Otra de las pruebas era una batalla campal de tres días seguidos. Las balas eran de pintura, pero me esforcé lo máximo posible en que muchos de ellos acabasen con SEP. No es que tuviesen que enfrentarse entre ellos, sino que tenían que enfrentarme a mí.

Entre medias metí lo clásico, entrenamientos físicos duros pensados para llevar su cuerpo al límite, con sus correspondientes castigos a todo el escuadrón para meter en sus cabezas el concepto de la responsabilidad de grupo.

Tras esa maravilloso “campamento de verano” como me gustaba llamarlo apenas quedaban un par de docenas de personas. El resto se habían retirado, los retiré o acabaron hospitalizados. Pero había merecido la pena, el resultado era un grupo especializado, una tripulación pensada para asaltar al enemigo, entrenada en las condiciones más duras y, por encima de todo, que sabía preparar un café en condiciones. Admiré mi creación con orgullo mientras subía a la misma tarima que hace dos meses.

- Damas y caballeros, cuanto me encomendaron vuestros culos a mi mando erais el grupo más lamentable del que he tenido el honor de abusar. Quiero que os miréis ahora, sois soldados de élite, lo mejor de lo mejor. No me llegáis a la suela de los zapatos, pero tenéis potencial de mejorar. Será un honor trabajar con todos vosotros de ahora en adelante. Descansen, se han ganado una semana libre.

Y dicho esto me retiré a mi despacho. No me vendría mal un pequeño descanso. Al llegar me encontré con una sorpresa. Una pila de papeles, informes a primera vista, amontonados y rellenados encima de mi escritorio. Todos tenían la firma de Jack con corazoncitos en las “i” y las “j”. Al ver esto decidí no tocar nada, salí inmediatamente y llamé al escuadrón de artificieros para que examinasen el montón.
Tras media hora salieron conformando que no había peligro. Revisé de nuevo los papeles para cerciorarme de que todo estaba en orden. Si, sin duda ese patán los había rellenado todos, no sabía si tomarme esto como una mejora o un motivo para preocuparme.

- Saphira.

- ¿Si. Arth… Señor? – Dijo ella entrando en el despacho.

- Archiva esto por favor, en un lugar en el que no lo vea.

- Me apunté a la marina para ver mundo, no para pasar un entrenamiento infernal y ser tu secretaria.

- ... Vale sí. Tienes razón, puede que me haya pasado un poco estos días. ¿Qué os parecen unas vacaciones? Después de todo lo que he hecho no me costará conseguir un mes de permiso.
Peticiones:

X 3 Pasivo en Fuerza
X 3 Pasivo en Resistencia.
Mejorar el haki de armadura de Superior a Perfecto.
PU de haki de armadura: Armadura Ardiente: Puedo hacer que mi haki de armadura arda hasta los 500º, esta temperatura se puede incrementar en 500º reduciendo niveles de haki. Ejemplo: 500º Base -> Haki Perfecto/ 500º Base + 1000º -> Haki Desarrollado.
Saphira como NPC subordinado relevante.
20 Marines entrenados como NPCs irrelevantes.
1 Acto heroico al derrotar a Atraxa.
El barco Deucalión para la brigada: http://www.onepiece-definitiverol.com/t18145-deucalion?highlight=deucalion
Unlimited: Arthur se fusiona temporalmente con Zinogre, obteniendo una gran variedad de mejoras físicas. Durante el primer turno obtiene un bono del 50% en todos los PU activos, el segundo de 100% y el tercero de 200%. Tras eso puede liberar su energía en un estallido de calor a su alrededor. Durante este estado su regeneración mejora hasta el punto de volverse prácticamente inmune a la muerte salvo que se traten de heridas mortales inmediatas (Decapitación), pudiendo cerrar heridas medias de forma inmediata y graves en un turno. Las amputaciones cicatrizan en un turno y los miembros amputados pueden re-ensamblarse en el mismo turno siendo totalmente funcionales en un turno. Este PU sólo puede usarse tras tres turnos de combate y cuando termina Arthur es incapaz de moverse.
La imposibilidad definitiva de entrenar mantra.
Sentido Térmico que me permite captar la temperatura de todo a 30 metros a la redonda.
Aura de Violencia: Arthur emite constantemente un aura de violencia perceptible por todos los usuarios de mantra. Arthur no puede esconder esta aura, pero los que la perciban no pueden distinguir otra cosa que no sea un instinto agresivo hacia todo en general.
Clone Shell: Arthur es capaz de usar una de las armaduras (Knight Armor, Slayer Armor y Kaibuster) para darle un cuerpo temporal a Zinogre con el cual tiene plena libertad de movimiento en un rango de 3km a la redonda. En el momento de usarla eligen quien se queda con el arma original, el otro puede hacer una réplica idéntica en aspecto pero con dureza de 8,5 en la escala de Mohs. Zinogre cuenta con las mismas estadísticas de Arthur con 20 niveles menos y las mejoras de estadísticas de PUs activos y pasivos se aplican con la mitad de su valor. Arthur no puede usar Burst Mode ni Unlimited, así como ninguna de las armaduras mientras permanezcan separados. Si Zinogre resulta destruido el cuerpo desaparecerá y estas limitaciones se extenderán dos turnos más. Para volver a juntarse tienen que hacer contacto físico y consumen una acción del turno (movimiento, ataque, defensa)

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Re: ¿Arthur en la isla de las amazonas? Imposible [Diario Time Skip]

Mensaje por rainbow662 el Vie 8 Sep 2017 - 20:42

Hola, encanto. Confío en que disculpes que sea breve porque estoy... esto... secuestrado. Sí, eso es. No es que esté cansado ni nada de eso. Ea, pues al meollo.

A nivel de escritura, he visto unos cuantos fallos: comas que se echan de menos o, al contrario, que habría ido mejor cambiarlas por un punto, frases en las que te has comido una palabra, palabras en las que te has comida una letra, alguna que otra repetición... Al principio son más bien escasos pero van aumentando hacia el final. Quieras que no, al final terminan molestando al leer. Además hay momentos en los que empiezas a narrar en presente pero luego te pasas a hacerlo en pasado. Sí que es cierto que es algo que ocurre sobre todo en la primer aparte y luego no lo haces más. 

En cuanto a la trama, debo decir que me ha gustado. Está bien escrita y empieza con gancho. Tiene acción, humor y una inevitable dosis de clichés, como el Síndrome del Súper Saiyan (a punto de morir, el prota desarrolla un poder con el que hacer su perra al enemigo aparentemente invencible). Si tengo que decir algo malo sería que la mayor parte del argumento es pelear y luego entrenar y construir el barco. Cuando Saphira habla con el colgante y todo eso, el argumento pasa a ser mucho más simple. La chicha del diario está en lo que son prácticamente los primeros días, y lo demás es para la construcción del barco esencialmente. Claro que eso no quiere decir que sea mala.

Bueno va, me dejo de rodeos. Tu nota es un 9. Te llevas las cosas menos el barco, que ya son ganas de pedir uno de nota 10. Puedes pedir segunda corrección, o no, y editar para ir a por el 10, o no. Y a esto solo me queda añadir: En la cara no!!!
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Re: ¿Arthur en la isla de las amazonas? Imposible [Diario Time Skip]

Mensaje por Arthur Silverwing el Vie 8 Sep 2017 - 23:28

PUES APRIETA LOS DIENTES QUE EN LA CARA SI IOPUTA XD. Dicho esto, prefiero editar para intentar alcanzar el 10 y tener el barco desde el que catapultar a Leiren. A parte de eso me gustaría solicitar reducir algunas de las características del barco para que lo pueda obtener mas fácilmente (La capacidad de vuelo sub-orbital, por ejemplo).

Un saludo y gracias por la moderación.

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Re: ¿Arthur en la isla de las amazonas? Imposible [Diario Time Skip]

Mensaje por Señor Nat el Lun 25 Sep 2017 - 15:55

Ding Ding Ding!! Ya han pasado dos semanas, por lo que me toca actualizarte la hoja. El mundo no se para. Para el Deucalión, recuerda pasar por moderación de objetos si quieres intentar sacarlo con nota 9.


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Re: ¿Arthur en la isla de las amazonas? Imposible [Diario Time Skip]

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