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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

La guerra contra los infieles (Primer TS)

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La guerra contra los infieles (Primer TS)

Mensaje por Liv L Astrid el Jue 24 Ago 2017 - 21:57

Aclaraciones:
Con fuerza de Balder me refiero al haki de armadura.

Con visión de Heimdal me refiero al haki de observación o mantra.

Crusaders es el plural de krysset.


Capítulo I El fin de una guerra, el comienzo de otra




La guerra por el trono de Síderos había concluido, había conseguido sobrevivir y había recibido buenos obsequios de los dioses, algo que me hizo pensar que posiblemente hubiese conseguido honrarles con mi actitud y mis combates, aunque estos fueron escasos. Estaba contenta de mis méritos, aunque solo me había faltado uno, acabar con el agente que tanto me estuvo provocando. También me había demostrado que no debía de estancarme, pues me había enfrentado a una gran cantidad de oponentes bastante más poderosos, tanto como los que me habían ayudado y sin los cuales era posible que no hubiese sobrevivido. También me había reencontrado con mi mentor, Worgulv, después de tanto tiempo, y tal como me había esperado, estuvo en una imponente guerra y casi había dado su vida en honor a los dioses. Esto hizo que le admirase mucho más, además conocí a algunos de sus compañeros, los cuales eran también bastante fuertes, aunque no eran seguidores de los dioses.

Todo esto me había dado que pensar, principalmente que debía de entrenar mucho más para estar a la altura de mi mentor y que este se sintiese orgulloso de mi fuerza y pasión por los dioses. Sin embargo, el fin de una guerra significaba para mí el ir a festejar el haber sobrevivido a la batalla, así como beber en honor por mis aliados caídos, aunque no consideraba que hubiese muerto alguien que considerase cercano. Por este motivo, antes de volver a mi isla natal para reorganizar las cosas antes de que me reubicasen para una nueva misión, me detuve en otra isla del Paraíso para el festejo. Por suerte, encontré en el barco que me llevaba unas ropas casi iguales a las que usaba cuando hacia otros trabajos que no eran propios del gobierno, y mejores para mis estudios. Además, usé estas ropas para reemplazar el traje del gobierno que estaba hecho una pena, debido a los numerosos ataques que había recibido. En esta isla en la que me quede un par de días debido a mis festejos, había acabado en la cárcel local. Por suerte, no me habían reconocido como una agente del gobierno, aunque si me habían quitado mis armas, pero no fue problema el recuperarlas. No tarde mucho en salir de esta cárcel, además conocí a un tipo extraño, que, aunque yo no soy muy fan de socializar salvo para mis pequeños estudios, me cayó en gracia y acabe formando una amistad con él, la cual concluyó con una invitación a una organización, digamos que especial.

Esta organización me llevaría a otros niveles en los que buscar especímenes para mis estudios, y por ende me permitiría avanzar más rápido en el libro que escribía. Pensando en aquello, estaba deseosa por seguir investigando más sobre el cuerpo humano, pero era realmente difícil a gente dispuesta. Mucha de la gente que veía que me ayudaría eran vagabundos medio muertos de hambre que posiblemente no aguantasen mucho trote, yo necesitaba cuerpos sanos, gente que luchase para intentar salir con vida. Cuando los festejos terminaron en la isla me marché de esta y en poco tiempo llegué a la isla donde vivía, lista para descansar, y quizás para estudiar un poco.

Daba gusto volver a casa después de viajes así, pero la guerra te deja secuelas en la cabeza, en mi caso de ganas de más batallas y combates memorables y junto a estos honrar a los dioses, aprendiendo de estos. Quería enfrentarme a alguien que fuese digno de mis habilidades, así como yo para las suyas, combates en igualdad de condiciones y por algo que valiese la pena luchar, como el honor. Pero aquello eran fantasías de una joven, mientras permaneciese afiliada al Gobierno sus misiones posiblemente me mantuviesen fuera de las pocas costumbres de mi cultura, cosa que me alejaría de mi mentor.

Como me había imaginado desde que dejé la isla de Síderos, en cuanto el Gobierno se enteró de que volvía a estar en mi residencia habitual mandaron a alguien a entregarme la siguiente misión. Era otra misión fuera de aquella isla, cosa que se estaba volviendo frecuente tras haber ascendido dentro de la organización, pocas veces permanecía en el mismo sitio durante más de uno o dos meses. Recogida la misión recogí unas cuantas cosas y todas mis armas, me puse un traje propio del Gobierno y marché al puerto donde me esperaba un barco que me llevaría hasta mi destino.

El barco era capitaneado por un agente del Gobierno perteneciente al CP-9 casi el grupo más poderoso dentro de la organización, el hombre era serio y no me miró con mucho aprecio cuando subí al barco, no sabía qué tipo de cosas le habían contado de mí, pero parecía que no le hacían gracia. Cuando el barco terminó de reponer la comida y demás víveres levó anclas y puso rumbo a la extraña isla, la cual se situaba en el Grand Line. Tras un tiempo estudiando la navegación dentro de los mares, sabía que en este mar se necesitaba de loge pose, el cual se guiaba por el magnetismo de las islas, y siendo un mar en el que no funcionaban las brújulas corrientes. Por otra parte, estaban los eternal loge pose que siempre marcaban la posición de la isla a la que pertenecían, sin embargo, cuando hable con el timonel del barco me dijo que el viaje sería con uno normal, y tras un par de islas un contacto nos daría el que nos llevaba a la isla.

Aquello cada vez apestaba más, no sabía cuánto tiempo tardaríamos en llegar a la isla y durante ese tiempo no podría hacer nada, me encontraba encerrada en un barco, pero esto solo duró unas horas. El agente del CP-9 se acercó a mí cuando salí de la sala del timonel y me dirigía por la cubierta para ir de nuevo a mi camarote, este se presentó como Sato, y me explicó que lo habían enviado como mi maestro. No necesitaba a alguien así, ya tenía a Worgulv, aunque ellos lo viesen mal, lo que pretendía Sato era mejorar mi control sobre el Rokushiki. Sabía que había conseguido aprender algunas de las técnicas pertenecientes a este, pero aún no había aprendido la gran cantidad de posibilidades que aquello podía darme a la hora del combate, incluso para realizar un posicionamiento ventajoso sobre el enemigo. Esto último lo dijo mostrando un arma profana, por lo que me mostré algo más reticente de querer aprender, pero terminó su explicación con “es una orden” y no podía oponerme a aquello por mi bien.

Al día siguiente comenzó el entrenamiento, en el que me enseño el fundamento para realizar una técnica con la mano, la cual llamaban Shigan, esta mezclaba el Tenkkai y el Soru, dos habilidades que controlaba bastante bien, y las usaba para que con un dedo clavárselo a un oponente, como si fuese un clavo o algo similar. La explicación la acompaño con un ejemplo práctico sobre un muñeco de madera de práctica, el cual acabó con un agujero de la perforación del dedo del hombre en este. Sin duda era una técnica que podía estar interesante, pero prefería el combate con mis armas.

Tras la demostración me pidió que lo intentase hacer yo, y como fue normal, no conseguí nada, salvo mucho dolor en el dedo índice al golpear al muñeco de madera. Durante los siguientes días el entrenamiento que fui siguiendo con el agente consistió en usar el Soru tan solo con mi brazo y poniendo la mano en la posición adecuada. Fue un entrenamiento de repetición hasta que me dio por correcto el movimiento, la siguiente parte del entrenamiento consistió en usar el Tenkkai en la mano que usaría para el ataque, pero solo en esa zona del cuerpo. Esto me costó algo más y tardé una semana y media en lograrlo, aunque lo realmente difícil fue el tener que conseguir moverme mientras mantenía la habilidad activada, por lo menos durante un breve periodo de tiempo, por lo que para empezar a manejar esto lo primero fue el mover el brazo poco a poco con el Tenkkai activado, y una vez lo lograse debería aprender a usarlo a la vez que el Soru.

Para cuando conseguí moverme con el Tenkkai activado habían pasado unas tres semanas desde que había iniciado mi viaje, habíamos parado en una isla por el camino, pero no conseguimos el eternal loge pose que necesitábamos, en la cuarta semana comencé con el entrenamiento de usar a la vez las dos habilidades, cosa que al conseguir moverme me resultó más sencillo de lo que creí, pudiendo usar esta técnica al final de la semana sin ningún problema. Su truco era que el Tenkkai solo había que utilizarlo en el antebrazo y la mano, para mover el brazo como lo requería la técnica del Rokushiki no hacía falta mover esa parte del brazo casi lo hice de forma natural. Aquel dominio tan rápido pareció agradar al agente del CP-9 quien sin perder tiempo pasó a la siguiente habilidad una vez le demostré que podía hacer sin problema un agujero en el muñeco de madera igual que había hecho él.

Lo siguiente que me quiso enseñar fue algo extraño pues no entendía bien la lógica de como una persona normal podía saltar en el aire sin necesidad de ningún tipo de apoyo, haciendo ver que esa persona parecía que volase. La técnica era el Geppou y parecía que requeriría más entrenamiento del que pensaba comparado con lo otro, y el agente no me dio mucha más información de que consistía en saltar en el aire. Durante las siguientes dos semanas, no tuve ningún tipo de avance en la técnica, lo cual me estresaba bastante, normalmente en ese tiempo siempre conseguía algún tipo de avance, pero con eso era distinto, tan solo me pasaba del día saltando e intentando dar un segundo salto en el aire. En la siguiente semana entrenando esto, sin saber muy bien cómo, cuando intenté dar un segundo salto en el aire, de alguna forma mi caída se ralentizaba mínimamente. Aquel hecho se lo comenté al CP-9 para ver si era normal, lo que me confirmó, eran los primeros pasos para poder dar un salto en condiciones y así evitar una caída. Pero durante el tiempo que seguí entrenando no logré avanzar nada, y no fue hasta que, durante un combate de entrenamiento contra el mentor que tenía en la cubierta, en el cual me mandó volando de un poderoso golpe que conseguí controlarlo por primera vez.

Tras salir volando por el golpe, vi como pasaba por encima de la barrera de la cubierta, lista para caer al mar, pero me posicioné verticalmente en el aire y di un golpe con los pies a este justo antes de tocar el agua y salí casi un metro despedida hacia arriba, por miedo a volver a caer al agua salté cinco veces más quedando por encima de la cubierta y quedando en una posición en la que si caía lo haría sobre la madera del barco. El agente del CP-9 aplaudió al ver aquel dominio que había mostrado, pues sabía que apenas una semana antes había conseguido empezar a utilizarlo.

-Impresionante dominio del Geppou, sin duda has entrenado para lograr eso – dijo acercándose a mí – aunque tampoco hubiese pasado nada si te cayeses al agua.

-Gracias – le respondí con una respiración agitada como si acabase de haber estado corriendo de forma intensa – pero acabo de descubrir que podía hacerlo, tenía miedo de caer al agua, no se nadar, aunque la navegación me encanta.

El agente comenzó a reírse, parecía hacerle gracia que me había salvado el miedo de morir de aquella forma, aunque cuando terminó de reír me comentó que me habría sacado del agua si veía que no podía nadar. Desde ese día, comprendí más o menos el funcionamiento de aquella habilidad y comencé a usarla casi todos los días para afianzar aquel conocimiento, además realizaba pruebas para ver durante cuánto tiempo podía usarla. Además, cuando practicaba lo usé con mi akuma no mi activada y de forma que no la viese nadie del barco con esta podía aguantar mucho más tiempo y resistía mejor el cansancio. Durante el tiempo en el que conseguí manejar esto a la perfección habíamos pasado por un par de isla y en la última nos habían dado la extraña brújula que nos llevaría por fin a la isla, a la que tardaríamos en llegar cerca de tres semanas según el navegante del barco.

El agente del Gobierno se cansó de verme saltar todos los días y me avisó de que comenzaríamos el siguiente el cual era casi similar al Shigan que había aprendido hacía un par de meses. Sin embargo, este en vez de usar el Tenkkai usaría el Geppou para lograr producir una onda cortante hacia donde quisiese, era una forma de atacar a distancia con algo bastante potente. Esta técnica era el Rankyaku, y cuando mi mentor me mostró sus efectos, el muñeco de madera quedó decapitado por un corte limpio, como si lo hubiese realizado un espadachín con gran precisión. El entrenamiento de esta técnica me resultó más sencilla que las otras, en el primer mese de viaje había aprendido a usar dos habilidades hala vez y esto era igual solo que fusionando ambos. Al principio tan solo realizaba el movimiento propio de uno de las dos habilidades e intentaba añadirle la otra, pero no conseguía nada. Los días que me supervisó el CP-9 me dijo que debía de usar el mismo principio que el con el Geppou a la hora de dar una patada a la que le añadiese la velocidad del Soru. El poder usar el Geppou significaba que tenía una gran potencia en las piernas para poder realizar aquellos saltos en el aire, por eso cuando se juntaba con el Soru, se podía crear aquella nueva forma del Rokushiki. Aquella explicación era bastante obvia, pero a la vez ilustradora de cómo se conseguía producir aquello, lo que básicamente era cortar el aire con la pierna, produciendo que el aire cortado avanzase unos metros.

Gracias a esto durante las semanas que tardamos en llegar a la isla pude aprender a usar aquella técnica, siendo algo interesante, y sin duda, todas estas habilidades que había aprendido durante los tres meses de viaje tenían cierta utilidad, y entre ellas la que menos provecho le veía era el Shigan, pero como arma en momento de necesidad podría servirme. Una vez en la isla se me dieron las instrucciones de nuevo, debía de acabar con los líderes de unas tribus de la isla, todos ellos se habían negado a alzar la bandera del Gobierno, así como luchar por ellos, y dado que, según lo líderes del Cipher Pol, era unos bárbaros que despreciaban a todo aquel que no siguiese sus costumbres no merecían seguir por allí. Por otra parte, el agente del CP-9 tenía otra misión en otra isla, por lo que me quedaría sola en la isla, y siendo una misión sencilla en poco tiempo podría acabar con mis objetivos.

-Siempre hay varias formas de hacer las cosas, de forma rápida y directa o dando un rodeo – me dijo el agente antes de que me marchase –. Completa la misión tan rápido como puedas, y recuerda buscar siempre el máximo beneficio para el Gobierno, es lo único que importa pues él es la justicia – terminó de decir.

No sabía bien que quería decirme con eso, pero aprendí aquellas palabras por si en un futuro las necesitaba. Desembarqué en una zona de la isla sin puerto, parecía ser que las relaciones con la gente de la isla eran bastante malas si no querían que nos viesen atracar en la isla. En la isla me quedé junto con media docena de hombres, los cuales me ayudarían a completar la misión. Saqué un mapa de la isla en la que me encontraba, esta parecía una estrella de cinco puntas, y tenía una sola montaña en el centro, los hombres que me acompañaban me informaron y marcaron en el mapa los lugares en los que se encontraban las tribus principales de estos bandidos, una en cada rama de la isla estrella. Parecía una isla con un clima bastante frío, aunque la temperatura a mi opinión no era del todo mala, además, disponía de un buen bosque y llanuras bastante grandes, aunque por lo que se veía desde aquel lugar poca población.

-A ver que clase de salvajes hay que matar – dije en voz alta al grupo poniéndome en camino hacia la localización del objetivo más cercano.

Según el mapa que tenía nos dirigiríamos a la punta de la estrella que la llamaban Vest Jorden, en la cual desde donde nos encontrábamos podíamos ver una pequeña cordillera junto a la costa y un buen bosque. Cuando la compañía nos introdujimos en el bosque se hizo el silencio, dejando como único sonido para nuestros oídos el de los pájaros que se movían en las copas de estos, aunque no escuchamos ningún animal más, quizás fuese porque al caminar hacíamos bastante ruido y estos se alejaban de nuestros sentidos. Tras cuatro días caminando por el bosque pudimos vislumbrar la salida de este, los recursos con lo que nos habían dejado se habían reducido bastante, por lo menos los de mis compañeros, quienes en pocos días necesitarían volver a abastecerse. La tierra que nos encontramos al salir fue una tierra rica, estaba llena de verde y pequeñas arboledas a pesar de no ser unas tierras que estaban regadas por ningún río, lo que me hacía pensar que debía de ser una zona rica en lluvias.

Tras un momento de deleite mirando el bello paisaje nos pusimos de nuevo en camino hacia el extremo de aquella “punta de estrella” donde se encontraba la ciudad del objetivo. Durante nuestra camina pude apreciar que los pueblos eran bastante escasos, por no decir inexistentes, lo más parecido que vimos a un pueblo fueron los restos de uno de estos, con casas quemadas y medio destruidas. Las casas eran de madera con una ornamentación tallada en ella, pero imposible de ver por lo negra que estaba la madera, la cual al cogerla con un poco de fuerza se desmenuzaba. No nos entretuvimos demasiado con estas cosas, tan solo ver si había alguna persona viva en los pueblos y en una semana llegamos a la ciudad. No entramos directamente en esta y nos mantuvimos cerca, los hombres que me acompañaban fueron los que estuvieron buscando el mejor momento para atacar, los que me contaron más o menos la gente que había en esta. Todos ellos llegaron a la conclusión de que debíamos hacerlo por la noche pues, por el día nuestros trajes llamarían demasiado la atención de los habitantes. No me gustaba la idea, pero por lo que decían podía ser cierto, una noche mientras ellos dormían y yo hacía el turno de guardia fui hasta la aldea, quería ver con mis ojos lo que me habían contado.

-Liv, estos hombres te han mentido, no son salvajes bárbaros, no vikingos, normal que le dijesen al Gobierno que no querían nada de ellos -me dijo Trece a mi lado viendo el pueblo.

-Tienes razón, y lo más despreciable sería acabar con un enemigo mientras duerme, yo no soy así, mañana iremos a la ciudad y acabaremos con el líder en un duelo.

-¿Y si hablas con él? No sé, te dijeron que a veces había otras formas de hacer que el Gobierno saliese beneficiado.

-De momento me acataré a las órdenes, además, date cuenta que ya habrán visto a gente con estos trajes y no creo que les apetezca escucharme.

No estuve mucho más tiempo viendo el pueblo, en breves tendría que cambiar turno con otro de los agentes y debía de parecer que había estado allí de continuo, aunque por la mañana les haría saber que había estado viendo la aldea. Por la mañana, cuando me levanté, les expliqué que la mejor opción que teníamos era el ir de frente a por el objetivo, pues en caso de que fallásemos la condena sería menor dadas sus costumbres y el odio hacia el deshonor que era atacar por la espalda o a traición. Como fue normal, ninguno estuvo de acuerdo con eso, pues ellos tenían otro tipo de pensamiento acerca de ello. Sin embargo, pasé de ellos y me dirigí a la aldea, iría a retar a aquel hombre de frente y sin miedo. Cuando entré en esta, todo el mundo comenzó a mirarme en silencio, incluso salió gente de las casas, no sabía exactamente el por qué, pero no me inspiraba confianza.

Cuando llegué a la plaza central de la aldea la gente hizo un circulo a mi alrededor, impidiéndome seguir, algunos guerreros desenfundaron sus armas como si en cualquier momento fuesen a saltar al ataque. De pronto un tipo alto, de cerca de los dos metros entró en el círculo, llevaba una armadura de hacerlo con numerosos cráneos colgados de esta, incluso el esqueleto del tórax clavado en una lanza. Era pelirrojo, con el pelo de los lados de la cabeza rapada y con una barba espesa, su piel era blanca, aunque invadida por la suciedad. En su mano portaba una espada con la punta rota, pareciendo ésta bastante pesada.

-He venido a retarte, o eso me han ordenado que haga – le dije al hombre.

-No es buena idea, parece mucho más fuerte que tu – me dijo Trece.

-Hahaha – rio el hombre – los perros del gobierno se creen que pueden venir aquí a por mi cabeza, que ilusos – dijo en un idioma distinto al común pero que conocía perfectamente.

-No soy un perro del Gobierno, solo estoy con ellos por conveniencia – le respondí en el mismo idioma que él usó haciendo que me mirase sorprendido.

-¿Y qué hace un infiel con un arma como esa? – me dijo señalando el hacha que tenía en la espalda.

-Es mía, Los dioses me la enviaron – le respondí desenfundándola – se llama fløyen av gudene y solo obedece a un verdadero creyente – dije tirándosela a los pies.

El hombre la recogió y la estuvo observando, el arma era casi tan grande como él y pesaba bastante, pero en sus manos no parecía la gran cosa y la manejaba bastante bien. De pronto de un rápido movimiento se puso en posición para atacarme con esta, momento en el que pronuncié el nombre del hacha y ésta vino a mis manos soltándose de las del vikingo. El hombre quedó sorprendido por aquel efecto, el cual intentó hacer él pues era creyente también, pero no lo logró, el arma solo me obedecía a mí. Tras darme su aprobación como alguien no infiel aceptó el combate, y preparando su armase lanzó al ataque, a duras penas pude evadir el ataque a la vez que desenfundaba mis espadas. El hombre era más rápido de lo que parecía, pero no tanto como yo, sin embargo, atacaba tan seguido que me era imposible mantener una defensa perfecta contra él incluso con la akuma activada. Durante el combate usé todos los trucos de los que disponía, incluidos los que había aprendido con el agente del CP-9, pero el hombre consiguió evadir todos y cada uno de mis ataques como si me leyese la mente, y por ello en relativamente poco tiempo el hombre me desarmó y derrotó.

-Bueno, tu cabeza adornará también mi armadura, me has entretenido – me dijo acercándose a mí mientras arrastraba su arma.

-¿Vas a matar a alguien que al menos ha tenido las pelotas de venir de frente en vez de atacar por la noche mientras dormías? – le pregunté levantándome como podía –. Sí, tengo unos compañeros deshonrosos, y si no me equivoco vendrán esta noche, te apuesto mi vida.

-¿Vas a apostar tu vida por unos infieles? – dijo en un tono sarcástico.

-No, me juego la vida a que ellos atacarán, y por mí los podéis matar, pero si acierto con el ataque, me gustaría que os replanteaseis el dejarme vivir. Si te interesa, su plan era atacar de noche mientras dormías y acabar contigo, pero cuando me enteré de que vuestras costumbres decidí venir de frente, como haría alguien con honor.

-Mmm, está bien te mantendré con vida – me dijo, luego se dirigió a un par de hombres –. Atadla a unos troncos y que nadie se le acerque para nada – volvió a dirigirse a mí – tus armas las guardaré yo.

Los dos hombres a los que se dirigió se acercaron a mí me agarraron por ambos brazos y me llevaron a un extremo de la plaza, una vez ahí uno de ellos me dio un puñetazo en la boca del estómago que hizo que cayese a plomo al suelo dando bocanadas de aire pues sentía que no podía respirar, aunque eso duro unos segundos. Cuando volvieron clavaron formando una “x” dos tablas de madera y de los extremos superiores me ataron por las muñecas, el cansancio del combate sumado al último golpe me había dejado para el arrastre, necesitaba descansar para reponerme, pero de aquella forma me resultaba difícil hacerlo. EL día fue pasando y tal y como había ordenado el líder de la aldea nadie se acercó a mí, mientras yo tuve activada la marca rúnica de mi akuma y la torné en un color verde para que poco a poco me fuese curando. A media tarde comenzó a llover con bastante fuerza, lo que hizo que prácticamente todos los aldeanos se resguardasen en sus casas dejando sus labores, y cuando cayó la noche el resto de habitantes hicieron lo mismo resguardándose en sus casas.

Una hora después de que el último habitante se fuese a su casa era el momento propicio para el ataque que planeaban los otros agentes, además la lluvia haría que sus pisadas no se escuchasen o por lo menos que quedasen camufladas por el ruido de la lluvia. No me equivoqué y apenas unos minutos después pude ver sus siluetas, de las cuales dos vinieron hacia mí y las otras se quedaron vigilando. Los hombres me dijeron que solo habían entrado para rescatarme, el ataque debíamos de prepararlo de otra manera. Sin embargo, de alguna forma les convencí de que accediesen a la casa del líder y lo matasen, y que para ello debían de ir todos. Lo había hecho principalmente para demostrarle a aquel vikingo que no era alguien que mintiese y que era de fiar. Tras una hora, de pronto salió el vikingo contra el que me había enfrentado acompañado de otros dos y arrastraban seis cuerpos. El hombre se acercó a mí dejó los cuerpos que llevaba en el suelo y me desató.

-Tenías razón, me atacarían hoy y te estoy agradecido por habérmelo dicho, ahora los ejecutaré porque como no te importaba – dijo dejando la frase como inacabada esperando a que le dijese algo. Sin embargo, no dije nada y fueron matando a todos de uno en uno hasta que quedó uno.

-Espera – le dije justo cuando lo iba a matar.

-Sabía que intentarías salvar a alguno.

-No es lo que piensas, quisiera saber que sucede cuando le bajas mucho la temperatura a alguien – le respondí intuyendo la respuesta a lo que había dicho – ¿me permites?.

El hombre se apartó y me dejó vía libre hacia el agente al cual agarré por el cuello según me puse a su altura, activé la marca, la cual quedó visible en mi mano, mi brazo pues el traje estaba roto y en mi cara, luego hice que se volviese de un color blanco, el cual se notaba incluso con sobre mi piel blanca. El agente al verlo, me llamó traidora, a lo que le contesté que era lo que le pasaba a la gente sin honor y además infiel, entonces liberé el poder que tenía la marca con ese color y el hombre poco a poco comenzó a temblar por el frío que tenía, pues su temperatura estaba bajando mucho hasta que de pronto dejé de notar pulso en la mano con la que le cogía. Había muerto en apenas unos minutos de hipotermia que le había provocado, solté el cadáver y me caí al suelo inconsciente por falta de fuerzas, había gastado las últimas en aquel agente.

Cuando me volví a despertar vi el techo de una habitación completamente hecha de madera y al momento pude escuchar los pasos de alguien caminando sobre madera. Me incorporé con rapidez y vi a una mujer que no prestó atención en mí, sin embargo, unos instantes después vino con una tabla de madera con un cuenco de comida, que me lo dejó al pie de la cama.

-¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy? – le dije en el lenguaje común.

La mujer tan solo me miró, pero no dijo nada por lo que supuse que no me había entendido y le repetí las preguntas en el idioma había utilizado el líder vikingo cuando me enfrenté a él. Esta vez la mujer me entendió y me respondió sin problemas en el mismo idioma. Parecía ser que el jefe de la aldea me había llevado a la curandería cuando caí desmayada y de eso había pasado un día, también me dijo que iría a buscarle para que él dictaminase lo que me sucedería. Le agradecí la información y en cuanto salió de la habitación cogí el cuenco y comencé a comer con voracidad, era un simple estofado de carne y patata, pero hacía muchas horas que no probaba bocado y cualquier cosa la habría comido con gusto. Cuando terminé de comer volví a dejar el cuenco en la tabla, me levanté y di una vuelta por la instancia. La parte superior de las paredes estaba adornada con escudos redondos con dibujos de dragones o simples letras en estos, con colores verdes y rojos. Por otra parte, la madera usada para la construcción de la casa estaba muy bien trabajada dejando un remate final perfecto, algo digno de grandes maestros artesanos.

No pude contemplar mucho más la estancia pues el vikingo pelirrojo entró en la habitación, esta vez no iba con su armadura y las calaveras colgando, pero aun así su presencia era imponente. Incliné la cabeza en señal de respeto y le di las gracias por lo que había hecho por mí y este no dijo nada respecto a eso, me rodeó y me explicó lo que me ofrecía y é actuaría dependiendo de lo que eligiese. La primera opción era la de que avisase a mis líderes de que la misión estaba cumplida y que me fuese de la isla, lo cual sabía que no se creerían, y la otra opción era que me quedase y retomase las costumbres propias de mi cultura, las cuales, me dijo que parecía que las conocía pero que no las había vivido correctamente. A esto último les expliqué cuál había sido mi caso y como había comenzado a seguir aquellas costumbres, y el hombre entendió muchas cosas.

-Si te quedas, seguro que hay algún motivo oculto que no te ha dicho para utilizarte – me dijo Trece.

-Lo sé, pero es nuestra única opción – le respondí.

-¿Perdón? ¿Decías algo? – me preguntó al escucharme.

-Escojo la segunda opción, me quedaré, hay muchas cosas que quiero aprender.

El hombre sonrió y me dijo que le acompañase mientras salía de la habitación. Salimos de la curandería y recorrimos el pueblo, mientras me iba explicando los lugares más notables de la aldea, como la herrería, la peletería o el mercado, me explicó como era el día a día en la aldea y los “tipos” de habitantes que había. Sin duda alguna, con lo que más me identificaba era con los guerreros y los exploradores, pero según Gothmog para que el resto de guerreros y gente de la aldea se fiase de mí debía de ganármelos mediante la ayuda en las tareas agrícolas, artesanas, curanderas, y caza, por lo que me quedaba un largo camino por delante. Ese mismo día Gothmog informó en un acto público que comenzaría a vivir con ellos allí para buscar el respeto de ellos. Durante los primeros días mi escasa carisma entre ellos hizo que no encontrase nada en lo que quisiesen mi ayuda, quizás fuese porque las ropas que aún usaba eran el traje destrozado del gobierno y eso hacía que los aldeanos evitasen hablar conmigo.

Visto eso, me dirigí a la peletería de la aldea donde el vendedor al principio se mostró reticente a hablar conmigo al principio. Al ver el poco caso que me hacía incluso hablándole en su lengua, saqué el puñal que era la única arma que se me había permitido tener y la clavé en el mostrador de este, mi intención no era amenazarle, por lo que al hacerlo le ofrecí como pago el puñal a cambio de algo de ropa. El hombre cogió el puñal y lo observó mirando la calidad de este y cuando dio el visto bueno me sacó algo de ropa, esta me quedaba bastante justa, pero si con ella la gente del pueblo me comenzaba a dar algo de trabajo no me importaba. Además, tampoco tenía un sitio en el que vivir y dormía a la entrada de alguna casa para resguardarme de la lluvia, y la comida que había conseguido por el momento eran algunas sobras de la taberna.

Por suerte para mí, el hombre que llevaba la taberna me ofreció que trabajase para él durante un tiempo sirviendo comidas y bebida. Evidentemente y sin dudarlo acepté el empleo, no me parecía un trabajo difícil y el haber estado en mi infancia como sirvienta de una casa. Durante el trabajo pude comprender mejor como eran los festejos, la dieta que tenían, la cual principalmente eran piezas de caza, siempre acompañada de néctar de los dioses. También dado que estaba en la taberna de continuo descubrí que clase de moneda y aproximadamente su valor, dejándome una idea clara del precio de las cosas que veía. Durante mi estancia en la taberna, al no tener ningún arma comencé a intentar desarrollar con mi akuma algún tipo de arma para poder usarla. Durante medio mes, las cosas fueron bastante bien, la gente de la aldea comenzó a conocerme y a aceptarme dentro de la aldea, y por otra parte iba entrenando con la akuma para hacer que la marca tomase algo de volumen fuera de mi cuerpo, haciendo cosas que fuesen simples, aunque nunca separadas de mi cuerpo y siempre muy pequeñas.

Con el poco dinero que iba ganando en la taberna, poco a poco me compré alguna pieza de vestir mejor que la que tenía, así como algún complemento más, además, pude empezar a pagarme una pequeña habitación en la posada que incluía una ración de comida al día. Con respecto al poder de mi marca poco a poco avanzaba, habiendo conseguido formar bisturís de una calidad media, no siendo muy buenos para hacer trabajos precisos. Por lo general los días en la taberna se pasaban bastante tranquilos, habiendo todas las semanas un par de días que había más juerga de la normal y la gente se emborrachaba. Uno de esos días, cuando llevaba ya casi dos meses y mi habilidad con la akuma me permitía hacer cosas más grades que un simple bisturí, uno de los vikingos que solía emborracharse me tocó el culo, mi reacción creo que nadie se la esperó pues nunca había mostrado aquel carácter delante de la gente. Con toda la rapidez que pude le cogí por la muñeca y le retorcí el brazo haciendo que el vikingo cayese al suelo sin poder defenderse y mientras aún le sujetaba el brazo en alto, justo en el límite para dislocarlo, me agaché y con la otra mano cree con la marca un puñal de caza que acerqué a su cara. Todo el mundo se había callado y no se escuchaba nada, tan solo miraban que pasaba, fue entonces cuando le amenacé con dejarle sin mano si lo volvía a hacer, luego le solté y deshice el puñal. La gente tras unos segundos mirándome como volvía al trabajo comenzó a reírse del hombre al que había amenazado y todo volvió a la normalidad.

Tras unos días más trabajando allí el tabernero me dijo que ya no requeriría de mis servicios, al parecer me había contratado solo porque su mujer estaba embarazada y tras el parto volvía al trabajo. De nuevo, me había quedado sin nada, pero esta vez fue por poco tiempo, pues un par de miembros de un grupo de cazadores de la aldea me ofrecieron el unirme a ellos para que aprendiese como cazaban. Sin embargo, lo que más me llamó la atención de eso, fue que las presas que yo cazase podría usar su cuero para pedir que me hiciesen alguna armadura. Parecía que las cosas iban mejorando rápidamente, incluso más de lo que me había imaginado al principio, y para mejorar las cosas, no perdía la oportunidad de preguntar alguna cosa o pedir que me dejasen hacer algo.

En las primeras cazas tan solo me dejaron observar para que aprendiese sus movimientos, así como los de los animales que cazaban. No me costó aprender todo eso mucho, pero de alguna forma eran capaces de ir a lugares donde sabían que había el animal a cazar, era como si los hubiesen visto desde hacía mucho tiempo. En cambio, yo no detectaba a las bestias hasta que lo hacían mis ojos, y me intrigaba el cómo lo hacían, por lo que acabé preguntándole al líder de caza que parecía ser el que más controlaba aquello, siendo el primero en detectar a las bestias. La respuesta fue bastante sencilla, Odín le había permitido poseer Visión del mismísimo Heimdal para poder saber dónde se encontraban sus enemigos y saber por dónde le atacarían estos. Su explicación me dejó sin palabras, era otra persona que había recibido una bendición de los dioses, aunque esta estaba enfocada a otro factor del combate que no era el ataque como la bendición que yo poseía. Poco a poco todos los días le preguntaba cuando volvíamos de la caza por aquella bendición. Esta bendición, por lo que me dijo, no solo la tenía él, sino que todo el mundo podía llegar a controlarla, solo había que tener la creencia lo suficientemente poderosa. Y para usarla había que permitir que Heimdal se adentrase en la mente y te dijese lo que veía, lo que, si era cierto, algo hacía mal pues, aunque creía en él, nunca me había pasado nada parecido.

A medida que pasaban las cacerías, conseguí convencer al líder de estas de que me entrenase en aquel poder que Odín nos había entregado a los mortales. Después de cada cacería, el hombre me explicaba como lo hacía él, dejando la mente libre y dejando que su vista interior le permitiese ver lo que sucedería en el siguiente momento. Aquello me resultó extraño ya que de alguna forma debía de ceder mi cuerpo para poder moverlo después de ver el siguiente momento. Las prácticas que realizaba con el vikingo no eran difíciles, enseñándome aquello como hacía con los niños pequeños, un entrenamiento progresivo con el que poco a poco conseguía desarrollar aquel poder. Y tras medio mes entrenando y cazando comencé a notar la presencia de mis presas antes de verlas por mí mismo, el ir de caza y después entrenar con aquel hombre hacía que el desarrollo de aquella bendición fuese más rápido de lo normal. Por esto al mes desde que empecé su control, mi mentor vikingo comenzó con otro entrenamiento, el cual se pasó en el combate cuerpo a cuerpo con él. Sin embargo, el entrenamiento no fue tan sencillo como aquello, pues me puso un casco que me impedía la visión teniendo que guiarme usando la vista de Heimdal para saber dónde se encontraba mi mentor.

Durante estos combates, por lo menos durante los primeros, lo único que hice fue recibir golpes por todas partes sin saber de dónde venían. Sin embargo, poco a poco y si me centraba en la presencia del mentor, notaba por dónde vendría su próximo golpe, aunque apenas me daba tiempo a reaccionar a este y me llevaba el golpe igualmente en la mayoría de las ocasiones. Pasó una veintena de días hasta que el mentor dio por bueno mi control de aquella vista y con ello me permitió intentar cazar mi primera presa. Durante las siguientes cacerías no detecté ninguna presa que me pudiese interesar para impresionar al mentor y a Gothmog por ser el líder y quien me podía dejar ser una guerrera de la aldea. Además de conseguir que me devolviese mis armas.

Sin embargo, durante varias cacerías no conseguí nada, el invierno estaba llegando y el número de animales que había se estaba reduciendo pues migraban a otras zonas. Esto fue así hasta que un día noté una presencia extraña, fui la primera de detectarla y por ello me separé del grupo para ir a investigarla. No tardé en poder ver la procedencia de aquella presencia, era una persona y no parecía alguien de la isla. La información que había recopilado en este tiempo no introducía a nadie con aquellas pintas. Era un hombre con ropas de tela gruesa, de color negro con una cruz roja en que iba a los extremos de la prenda y debajo de esta había una malla de acero con la que se podía defender de ataques de espadas normales bastante bien.

-Se que estás ahí, salvaje, sal y da la cara – dijo el hombre mirando hacia mi posición.

-Vaya también tienes la visión de Heimdal – le respondí mientras salía de mi escondite.

-¿Heimdal? ¿Es uno de tus falsos dioses? – dijo el hombre.

-¿Falso dios?, no tengo dioses falsos, ¿Qué haces en esta isla, infiel?

-No le incumbe a una salvaje como tú – dijo desenfundando un mandoble – pero ya que lo preguntas, reúno información para nuestro ejército, cuando vengamos acabaremos con todos vosotros, ¡Deus vult!.

Y con esas palabras el hombre se lanzó al ataque, el cual pude predecir con facilidad incluso sin la visión de Heimdal, las armas de aquellas proporciones eran más complicadas de manejar y sus movimientos más lentos lo que las hacía predecibles. Sin embargo, el ataque continuó aprovechando el movimiento que había generado en el primer ataque, y gracias a que estuve atenta pude evadir el ataque. Con rapidez cree un puñal con la marca y lo cubrí con el poder que me habían otorgado los dioses para potenciar el poder de mis armas y ataques. Aunque pude defenderme sin problemas, la potencia del ataque hizo que tuviese que retroceder un par de pasos. El hombre volvió a la carga, pero esta vez sus movimientos parecieron por un momento más rápidos que antes, incluso el arma cambió de color y se tornó de un color negro cuando volvió a atacar. La visión de Heimdal me ayudó en la evasión de los ataques de aquel hombre. Debía de acabar rápido con él para volver a la cacería.

-¿Quizás deberías capturarlo y llevárselo a Gothmog? – me dijo Trece mientras evadía otro corte del extraño hombre.

-Tienes razón – le respondí a Trece en voz alta - ¿Cuántos cortes crees que necesitaré para que quede inmovilizado?.

-Mmm, no sé, compruébalo.

En ese momento cambié mi forma de combatir a una más agresiva y usando el puñal que había creado y habilidades del Rokushiki, comencé a hacer piruetas con este mientras bloqueaba y evadía los ataques de mi oponente. Además, estas piruetas iban acompañadas de cortes hacia zonas del cuerpo con tendones, como lo eran las axilas, y las flexuras del codo y rodillas. El combate se prolongó más de lo que había pensado, pero conseguí mi objetivo dejando al hombre sin poder moverse y consciente. Ahora tan solo debía de llevarlo y para evitar que agarrase algo con las manos también le corté los tendones de la muñeca dejando al hombre completamente inútil.

-Ocho cortes – le dije a Trece al ver al hombre en el suelo tras cortarle lo tendones de las muñecas – diez si contamos con los dos que acabo de hacer.

Tras mostrar una sonrisa cogí a aquel tipo por una pierna y lo arrastré en dirección a la aldea. De camino, me encontré con el resto de cazadores, quienes me preguntaron el por qué había desaparecido de repente a lo que les mostré el cuerpo de hombre, quien soltó un sarcasmo que tras pensarlo no entendí lo que quiso decir, aunque me importó poco. Uno de los cazadores hizo el amago de matarlo tras el comentario, pero aparte al hombre antes de que lo matase. Todos se asombraron de ello y les expliqué que solía hacer cuando tenía atrapado a un enemigo, en este caso lo llevaría a Gothmog para que le contase lo que me había dicho a mí sobre la invasión por infieles. A regañadientes mis compañeros aceptaron mi decisión y me ayudaron a llevar al prisionero a la aldea, una vez en ella todo el grupo fuimos hasta la casa de nuestro líder. Cuando este salió y vio al hombre con aquel traje con cruz pude ver como comenzó a cabrearse, sin embargo, todo sucedió más o menos como me imaginaba. El líder del grupo de caza le informó de lo que había pasado y quien lo había capturado, luego le conté lo que me había dicho a mí, lo que después corroboró interrogando al prisionero.





Capitulo II Comienzan las alianzas




Gothmog interrogó al hombre durante unas horas y cuando vio que no podía dar más información lo mató. Por mi parte, estuve durante el interrogatorio dado que había sido yo quien le había capturado y dado mi interés por el cuerpo humano probé un par de cosillas las cuales funcionaron bastante bien. Tras tener toda esa información Gothmog decidió llamar a su segundo al mando, uno de los vikingos más poderosos que había en el territorio de Gothmog. El segundo al mando, un vikingo llamado Azog, era un hombre imponente, tan alto como Gothmog, moreno, de rasgos duros, que solía llevar siempre puesta su armadura de guerra hecha principalmente de cuero, pero con bastantes partes de hierro que le aumentaban el peso notablemente, y como arma un mandoble que cargaba en la espalda.

Las ordenes que le había dado eran las de entrenarme para el combate, aunque no pensé que necesitase eso dado que ya lo había demostrado frente a la aldea entera en el duelo contra el líder.

-Ten – me dijo Azog lanzándome mi hacha y mis espadas – si quieres combatir las necesitarás. Por cierto, después del entrenamiento de hoy ve a la herrería y que te afilen esas espadas. Su filo es bochornoso.

-No creo que haga falta – le respondí desenfundándolas para volver a sentir su peso en mis manos.

El vikingo vino hasta mí pensando que le estaba tomando el pelo y decirme el porqué debía de hacerlo señalándome los problemas de las espadas. Sin embargo, este se quedó sin palabras cuando las vio, estaban en perfecto estado, incluso mejor que la mayoría de las que había en la armería. Cuando terminé de prepararme Azog me llevó hasta una zona un poco apartada de donde entrenaban el resto de guerreros, quería probarme por él mismo para saber desde qué punto debía partir en mi instrucción. Gracias a esto comprobó que mi dominio con las espadas era bastante fluido, mejorable, pero no era nada malo. Por otra parte, mi dominio con el hacha de dos manos era pésimo, algo que dijo varias veces mientras demostraba lo que sabía. Por último, me preguntó por mi control sobre las bendiciones de Odín, haciendo referencia a la visión de Heimdal y la que me permitía potenciar mis ataques y defensa, aunque no sabía que el guerrero tuviese conocimiento de la tenía. Más adelante me explicó que al igual que la visión de Heimdal, mi otra bendición también la poseíamos el resto de mortales, lo cual acompañó volviendo negra su arma y su brazo, ellos la llamaban la fuerza de Balder con la cual uno se podía defender o atacar.

Cuando terminó el día, el hombre me dijo a que hora debía de presentarme allí de nuevo y mientras él pensaría en un entrenamiento que me ayudase a mejorar. Y tal y como me dijo, al día siguiente estuve puntual esperándole. Azog llegó poco después al lugar, iba igual que ayer, y mientras se acercaba, sin un saludo me explicó que mejoraría mi manejo del hacha y a la vez la fuerza de Balder, pues, aunque la sabía usar creía que no lo suficiente. No le discutí, dado que él iba a ser el que me entrenase, el entrenamiento se desarrolló de una forma bastante dinámica en la que me enseñaba poco a poco movimientos con el hacha para saber cómo moverla, y luego me decía que siguiese el movimiento como si fuese a hacer un ataque, de forma que quedase lo más natural posible. No me fue sencillo el conseguir esto último dado que el movimiento lo hacía bastante mal y necesitaba de repetirlo un par de veces para que me saliese. Cada día me enseñaba un movimiento nuevo y era lo único que hacía con el hacha, hasta que al final del día a base de la repetición del movimiento me salía bastante bien. Por otra parte, la fuerza de Balder me hacía tenerla activada todo el tiempo que pudiese, dejándome agotada cuando no podía más. Además, Azog aprovechaba para bloquear el movimiento de mi hacha cuando hacía un movimiento, como si se estuviese defendiéndose de un ataque, pero por mi parte sabía que no lo era y no le di importancia.

Pasaban los días y tras una veintena aprendiendo movimientos, Azog me hizo volver a empezar con estos movimientos, esta vez golpeando tocones de madera los cuales, tras media docena de golpes acababan rotos en varios cachos debido al hacha recubierta de la fuerza de Balder. Sin embargo, pasaron otros veinte días y la rutina volvió a comenzar, esto me molestó dado que los movimientos ya los hacía a la perfección a la primera y no veía que me sirviesen para el combate, siendo la mayoría pequeñas “acrobacias” seguidas de un movimiento a mi elección que lo continuase. Lo único que había conseguido de aquel entrenamiento fue para aumentar la duración del uso de la fuerza de Balder y cortar madera. Cuando me quejé al guerrero este desenfundó su arma y me dijo que le atacase. No estaba muy confiada de esa orden, pero le hice caso y ataqué intentándole dar un hachazo a la altura de la cintura mientras usaba la fuerza de Balder, el hombre lo bloqueó sin problemas y comenzó a realizar su ataque, al verlo y sin perder ni un segundo moví el hacha mientras yo giraba sobre mí misma y hacía que esta se interpusiera en el ataque del vikingo desviándole el arma. Este movimiento lo seguí con otro movimiento del hacha en el que recuperaba parte del mango cogiéndola casi a la altura del filo e intentaba golpear con el extremo opuesto en la cabeza de mi objetivo, quien tuvo que esquivarlo.

Aquella evasión me permitió seguir con otro ataque que hice de forma muy fluida pues seguía al peso del arma como si esta me llevase, pero en realidad lo hacía para mantenerla fuerza del ataque anterior y aumentarla en el siguiente que hiciese. El combate duró cerca de una hora, hasta que Azog dijo por fin que era suficiente, ambos sudábamos del ejercicio que habíamos hecho. Luego soltó una sarcástica frase de que no había aprendido nada, al ver que no entendí el sarcasmo del todo, me explicó que había usado en aquel combate todos los movimientos que él me había enseñado. Aquello me sorprendió pues casi ni lo había notado, me habían salido de forma tan natural que no me lo creía. Además, me dijo que la fuerza de Balder había aumentado también.

Al día siguiente, Gothmog llamó a todos los guerreros del territorio que controlaba, así como cazadores y resto de aldeanos, todos ellos deberían prepararse para la guerra que habría contra lo que él llamó Crusaders. Gente infiel que intentaba imponer su falso dios a los nuestros, con esta orden ordenó a los guerreros de los pueblos que deberían instruir a los aldeanos de donde vivían para que fuese más rápida la mejora en combate. Cuando terminó aquel discurso, fui a hablar con él.

-¿Quizás deberíamos hablar con los otros clanes? Quiero decir, quizás estando todos juntos sea más sencillo el defender la isla del ataque.

-¿Qué?, ¿formar una alianza con otros Jarls?. Somos el clan con los guerreros más fuertes de la isla, el resto son unos simple domadores, forjadores, jinetes, labradores y cazadores.

-Eso me suena a que como ejercito podría ser uno completo, junto a los labradores que podrán proporcionar alimento a todos y ayudar a preparar estratagemas para cuando se enfrente los ejércitos.

-No, Hvit Livet, no lucharé junto a ninguno de esos Jarls, nos bastamos solo.

-No deberías despreciar esa posibilidad, Gothmog.

-¿¡Por qué debería hacerle caso a una extranjera que apenas ha llegado hace apenas unos meses!?, ¡Largo de aquí! Y no vuelvas a mencionarlo de nuevo.

-De acuerdo – le respondí, sus palabras me habían dolido, pero no eran mentira tampoco – al menos envía a alguien para avisarles.

-¡No! ¡Largo te he dicho!.

Salí de la habitación sabiendo lo que tenía que hacer, largarme de allí, no porque quisiera, pero era lo que me había dicho el Jarl del lugar. Fui a la posada donde me hospedaba, recogí mis cosas en un petate, dejé pagada la cuenta al hombre que la llevaba y me marché de la aldea. Nuevamente no tenía nada, solo la misión con la que había llegado a la isla, por lo que decidí seguir con ella por la zona de la isla llamada Nord Jorden, la punta del norte de la isla. Mi avance era bastante bueno gracias a mi akuma, la cual llevaba activada de continuo, casi me había acostumbrado a ello, usándola para ir a cazar cuando lo necesitaba mientras avanzaba hacia mi destino. En casi dos semanas llegué a la aldea principal de aquel territorio, donde entré sin miedo, y nuevamente siendo el centro de atención de las miradas de los aldeanos.

-Sabemos de dónde vienes, mujer – me dijo un hombre a mis espaldas – fuera de estas tierras, o morirás.

-No lo haré, he venido a ver al Jarl – respondí mientras me giraba hacia el hombre que me había hablado, un hombre alto y musculado, de pelo castaño y ojos negros, tenía una barba mal cuidada y larga. Iba con el torso desnudo y en su espalda llevaba un arco y flechas y un escudo de madera, mientras que en su cinturón descansaba un hacha de una mano, sus pantalones eran de una piel gruesa junto a unas botas bastante resistentes.

-Yo soy el Jarl, Huan, el mejor cazador.

-Traigo información y me da igual que sepas de dónde vengo.

-¿Información? Acaso has traicionado a Gothmog, me extraña que no estén tras de ti por tu cabeza.

-Hace un par de meses me encontré con un krysset dijo que vendría un ejército de Crusaders. Le propuse que formaseis una alianza, no solo entre vosotros, sino entre todos los Jarl de la isla para hacer frente a esta amenaza, pero se negó en rotundo y luego me dijo que me marchase.

-¿Y por qué debería de creerte?.

-Porque la misión con la que llegué a esta isla era para acabar con la vida de todos los Jarls por no querer unirse al Gobierno, sin embargo, considero que no debo matar a mis hermanos, sino ayudarles. Me he propuesto conseguir que luchéis todos juntos.

-Eres bastante graciosa. Unir los clanes. La única manera que veo posible es que fuerces un duelo con los Jarl y los derrotes, y sinceramente no te veo futuro si lo haces.

-¿Pues a qué esperamos? – le respondí desenfundando el hacha y tirando el petate a un lado – te reto, si gano, lucharás para mí, tú y tu gente, por el contrario, si me ganas podrás hacer conmigo lo que quieras.

-Bueno, bueno, eres muy atrevida, acepto. Tu cabeza quedará bien adornando mi casa – me respondió sacando su hacha.

El combate comenzó y al principio pareció igualado, al entrar en la aldea había desactivado la marca y había comenzado a luchar también sin su poder. Al ver que el hombre me superaba ligeramente en velocidad y posiblemente en su control sobre la visión de Heimdal, tuve que activar la marca incrementando en gran medida mis habilidades, por lo que pude pasar a unos movimientos más agresivos y los de mi oponente más defensivos. Con esto pude comprobar que Huan era más débil, en cuanto a poder de combate cuerpo a cuerpo se refería, que muchos de los guerreros del Jarl Gothmog. En pocos movimientos más valiéndome de la visión de Heimdal para atacar a mi objetivo tras el que me hiciese mi oponente, conseguí vencerle. Le tiré al suelo y le inmovilicé de forma que no pudiese levantarse, quedando este a mi merced. Huan no quiso rendirse y prefirió que le matase, pero le dije cuál era el trato del duelo, en el que él lucharía para mí junto a su pueblo.

Cuando el Jarl aceptó su derrota lo solté y dejé que se levantase, luego me pedí que convocara a sus más leales subordinados, quería explicarles a todos más detalladamente lo de los Crusaders y cual sería mi plan desde ese momento. Este plan debía de realizarlo lo más rápido posible ya que no sabía cuánto tardaría el ejército enemigo en aparecer. Les pedí que consiguiesen caracoles para comunicarnos dado que el Jarl se quedaría en la aldea como si no hubiese pasado nada y entrenaría a sus hombres y aldeanos para la guerra. En cambio, yo me llevaría dos de sus mejores vikingos como apoyo y que dieran testimonio de la veracidad de lo que quería.


Última edición por Liv L Astrid el Jue 24 Ago 2017 - 22:14, editado 2 veces
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Re: La guerra contra los infieles (Primer TS)

Mensaje por Liv L Astrid el Jue 24 Ago 2017 - 22:04

Lo de los caracoles fue algo que les extraño escuchar en un principio, no sabían de la existencia de estos y para comunicarse usaban halcones bien adiestrados, eran rápidos y leales, además de que en la isla no había otra ave que ellos conociesen que les hiciese frente. La reunión tuvo que realizarse unos días después de mi combate contra el Jarl, pues los hombres que cumplían con las características que le había pedido, por suerte sus hombres fueron raudos para volver a la aldea. Tras contarles el plan todos aceptaron bastante bien las nuevas, así como dos de ellos se ofrecieron en acompañarme, ambos dos, también grandes cazadores. Era el momento de ponerse en marcha sabía de buena mano que un vikingo no rompería su palabra, por lo que imaginaba que Huan sería igual y me respetaría al igual que sus hombres.

Partimos sin caballos y con lo justo encima, es decir, las armas y algo de comida y bebida para al camino. El frío ya se notaba y a medida que avanzábamos hacia la punta de la “estrella” de nominadas Dette Jorden. Aquella parte de la isla era controlada por Thorondor, líder de los vikingos con bestias, eran los únicos de la isla que sabían cómo domar algunas de las bestias de la isla, convirtiéndolas en extraordinarios compañeros en el campo de batalla. Durante el camino los cazadores que me acompañaban me enseñaron nuevas formas de caza que bajo el mando de Gothmog no había aprendido, ni tan siquiera visto. Un día mientras avanzábamos por un pequeño bosque en la ladera de la montaña recibimos un ataque, aunque no de parte de guerreros del Jarl Thorondor, sino de un enorme oso. Casi nos pilló a todos desprevenidos, aunque por suerte lo vimos a tiempo cuando se intentó abalanzar sobre nosotros. Los cazadores que me acompañaban retrocedieron hasta poder cubrirse y sacar el arco, pero necesitaban a alguien que les cubriese para que les diese tiempo a prepararse.

Me planté delante del oso, el cual se irguió sobre sus patas traseras dejando ver su enorme tamaño de casi tres metros de alto. Al ver que no me retiré el oso soltó un rugido bastante potente y me lanzó un veloz zarpazo, el cual fui a bloquear usando tanto la marca como la fuerza de Balder. Cuando iba a recibir el golpe, concentré toda la marca en la misma zona del cuerpo que la recibiría, el brazo izquierdo, como si aquello me fuese a defender mejor del ataque del oso, incluso llegué a pensar en poder devolverle el ataque, cosa que veía imposible. Sin embargo, cuando recibí el golpe noté que, aunque fue poderoso, no tuvo tanto poder como me imaginaba. Además, que no siguió su continuidad el movimiento, sino que volvió por donde había venido como si algo lo hubiese empujado hacia atrás.

Me retiré un poco para ver que es lo que me había provocado el ataque del oso. Realmente lo único que había recibido daño había sido la piel que llevaba en el brazo para protegerme del frío, y una sensación de golpe en el brazo, pero sin herida. El oso, ahora a cuatro patas, comenzó a avanzar hacia mí, pero dos flechas volaron hacia este frenándolo, estas le impactaron en la zona del hombro y en el lomo. Las flechas no parecieron hacerle nada pues de un zarpazo que quitó la flecha del hombro y volvió a avanzar hacia mí. Desenfundé el hacha y me preparé para recibir el siguiente ataque del oso, el cual fue otro zarpazo, pero esta vez no sería tan poderoso pues lo realizaba desde abajo en vez de hacerlo desde arriba que podía dejar caer su peso para aumentar el poder del golpe. Al igual que antes, use la fuerza de Balder y la marca para defenderme, y junto a esto el hacha. Pude bloquear el ataque sin problemas, pero no use la visión de Heimdal por falta de costumbre en esta bendición y no pude esquivar el siguiente ataque del animal, pero si bloquearlo con la marca. El golpe me tiró al suelo, pero sucedió algo similar al primer ataque que me hizo, me rasgó la ropa, pero apenas un golpe y un rasguño en la zona en la que me golpeó.

El siguiente ataque de los cazadores fue más certero, dándole una de las flechas en un ojo, dándome el tiempo necesario para incorporarme de nuevo y alejarme del animal. El oso comenzó a rugir por el dolor de la flecha y se la intentaba quitar mientras iba retrocediendo poco a poco. “No te escaparás” pensé mientras avanzaba decidida hacia el enorme animal. Cargué el hacha para hacer un ataque descendente con el mayor arco que pude para ganar más fuerza de ataque, y cuando empecé el movimiento activé sobre el arma la fuerza de Balder. El hacha impactó con un golpe seco y sordo en el centro de la cabeza del oso, el cual se quedó quieto al instante y luego tras tambalearse un poco cayó al suelo muerto.

Con el animal en el suelo apoyé el pie sobre su cráneo y saqué el hacha de este que se había hundido casi por completo. Los cazadores se acercaron con una flecha cargada por si la bestia se levantaba, pero no lo hizo. Los dos hombres me pidieron ayuda para mover al enorme oso y dejarlo tumbado bocarriba, lo iban a despellejar y a coger toda la carne que pudiesen para lo que restaba de camino. Mientras los cazadores le realizaban los cortes necesarios para quitarle la piel lo más intacta posible yo le arranqué uno de sus colmillos, me lo quedaría de recuerdo al igual que había hecho con el del hombre que derroté en la isla de Síderos. Los cazadores, fueron bastante rápidos y en unas horas terminaron de despellejar al oso, luego se tomaron unas horas más para sacarle unos cuantos trozos de carne. Yo nunca había probado aquella carne, pero ellos decían que tenía un fuerte sabor, pero lo principal por lo que la cogían era que nos quedaba poca comida.

El ir acompañada hizo que el avance fuese algo más lento de lo normal, pero yo lo había querido así por lo que no me quejaba. Durante los días siguientes los cazadores me preguntaron cómo había conseguid hacer que los golpes del animal rebotasen cuando chocaban contra mí, peor era algo que no sabía contestarlo tampoco. Les expliqué el poder que tenía por una fruta del diablo y como llegué a consumirla, ellos no se creían que ese tipo de poderes existiesen y lo tomaron como bromas que hacía Loki para divertirse mientras nos observaba escondido. Las conversaciones solían centrarse en mi poder incluso me decían cosas que quizás pudiese utilizar, no eran malas ideas, incluso pensaron formas en las que había conseguido el extraño poder.

Los cazadores, desde el día que cazamos al oso, me propusieron intentar controlar de alguna forma el hacer rebotar los ataque y para ello no se les ocurrió otra cosa que usarme como diana. Evidentemente les di una negativa a su forma de intentar volver a conseguir ese efecto, aunque no descarté la idea y en vez de dispararme con flechas que lo hiciesen con piedras. Por culpa de esto, nuestro paso hacia la aldea de Thorondor se hizo algo más lenta, y en unas semanas conseguí saber cómo volver a lograr aquel efecto sobre ciertos ataques. Aunque tampoco conseguía controlarlo a la perfección y parte del golpe de la piedra pasaba. Otra de las ideas que se les pasó por la cabeza fue que usase los distintos colores que podía tener la marca rúnica. No parecía algo complicado y además quizás fuese útil en el futuro, por lo que como tenía la marca activada de continuo intentaba poco a poco hacer que una parte de mi mano en la que tenía la marca tuviese un color y la otra parte la de otro color.

Al principio no conseguí gran cosa, pero con la práctica diaria, cada vez era más sencillo y la parte de otro color que le añadía al color principal de la marca se iba haciendo más grande. Para cuando tuvimos a la vista la aldea de mi objetivo, casi había sido un mes, sin duda era la aldea que se encontraba más en el extremo de la punta de la “estrella” que era la isla. Según nos acercábamos pude notar también el olor del mar, un olor que abría las fosas nasales y que me encantaba. La aldea se encontraba al final de una cordillera que recorría la costa de aquella parte de la isla. Cuando llegamos a la aldea, pude ver que todas las personas tenían una vestimenta diferente, con un cuero y pieles mejor trabajados que en otros lugares, incluso los que parecían guerreros con unas armaduras simples de cuero, parecía que la armadura era más resistente que una normal.

La aldea estaba en lo alto de un acantilado, dejando fuera de la ciudad el puerto. La aldea tenía altos muros y estaban bien vigilados de forma que cuando llegamos a la puerta los guardias nos pararon mientras no apuntaban con las lanzas. Los cazadores que me acompañaban se pusieron en guardia y se prepararon para combatir.

-Quietos, si empezáis un combate nos matarán – les dije al ver su reacción.

-¿Qué te esperabas? Son vikingos, no suelen pararse a pensar – me dijo Trece desde detrás de los guardias de la aldea a lo que solté un suspiro.

-He venido para hablar con el Jarl, es importante para el bienestar de la isla.

-¿Eres la nueva Jarl de Nord Jroden? – me preguntó uno.

-No, sigue siendo Huan.

-¿Te envía él?.

-No, he venido con el propósito de unir todos los pueblos de la isla por un bien mayor, ahora, por así decirlo soy superior al Jarl.

-Avisa a Thorondor de que hay enemigos en la entrada – le dijo a su compañero y cuando pasó por la puerta salieron media docena de hombre más acompañados de lobos y perros.

Los cazadores parecían un poco nerviosos de ver a tantos enemigos frente a ellos, por mi parte estuve lo más tranquila que pude hasta que vi salir por la puerta un hombre junto con un oso de algo más de la mitad de tamaño que habíamos cazado durante el viaje. Un hombre cubierto de pieles, pelo castaño oscuro y largo, al igual que su barba, con una armadura de cuero que no dejaba ver ni una pequeña parte de su piel a excepción de la cara. Con él llevaba un hacha que me doblaba la estatura de un solo filo, pero este era enorme. Hombre y bestia se detuvieron delante de nosotros incluso el Jarl se acercó más a mí hasta quedar a apenas a metro y medio el uno del otro. Tenía la vista fijada al frente cuando salió de la aldea, pero al acercarse tanto tuve que mirar hacia arriba casi forzando el cuello un poco. El hombre aquel debía medir cerca de los cinco metros, si no los superaba.

-Jooder – dije con la boca pequeña y no muy alto – gracias por venir gran Thorondor – dije subiendo mi tono normal de voz un poco para que me escuchase mejor.

-Que quiere una insignificante mujer hablar conmigo.

-Una invasión, Jarl.

-¿Pretendéis invadir mi territorio? – dijo sonriendo.

-No, los Crusaders – le respondí, y por lo que pude ver aquella respuesta no le gustó y frunció el ceño.

-¿Acaso sois infieles disfrazaos?.

-Thorondor – dije en un tono más serio – sé que puedes notar mi hacha, solo la pueden notar los fieles, y solo uno de los fieles usar su poder, es decir, yo.

-Entonces a que has venido, se me acaba la paciencia.

-Quiero que os unáis a mí, tú y tu gente para hacer frente a esta amenaza, lideraré los cinco clanes hacia la victoria en el campo de batalla junto a la ayuda de los Jarl. Además, de esa forma quiero quitaros de en medio al Gobierno Mundial.

-No seguiré a nadie que sea más débil que yo – respondió, a lo que mostré una sonrisa, provocarles era más sencillo de lo que me había pensado en un principio –. Además, ¿qué quieres de mi gente en esa guerra?.

-Sencillo, las armaduras. Son del mejor cuero que he visto en esta isla. De hecho, empezaría vistiendo una armadura que fuese hecha por tu gente.

-No es un mal trato, pero dudo que otros Jarl accedan.

-Huan es ahora mi aliado – dije señalando a los dos cazadores que me acompañaban, los cuales asintieron y corroboraron lo que decía.

-Déjame probarte entonces – me dijo Thorondor dando un par de pasos hacia atrás.

Sus hombres se retiraron unos metros hacia atrás y por mi parte le ordené a los cazadores que hiciesen lo mismo. Cuando hubo suficiente espacio Thorondor y su oso se plantaron frente a mí en posición de combate, por mi parte, desenfundé ambas espadas y dejé el hacha en el suelo. Consideraba que aquel combate lo decidiría la velocidad más que la fuerza, además tampoco quería enfrentarme a fuerza bruta contra un semi-gigante. El primero en iniciar el duelo fue el oso, el cual comenzó a avanzar corriendo hacia mí. En cuanto lo vi comencé a usar la vista de Heimdal, y corrí hacia el animal con las espadas preparadas para el ataque, sin embargo, cuando estaba casi a la altura del oso la vista de Heimdal me permitió ver un ataque desde arriba y tuve que cambiar mi movimiento a uno más rápido por lo use el Soru como un sprint colocándome detrás del oso, al cual le intenté hace un corte por todo su lateral cuando pasé a su lado.

Cuando detuve mi movimiento miré a mis espaldas. Delante del oso y justo donde había estado hacia apenas un segundo había un enorme pilar de hielo, “¿Qué narices había pasado? ¿Thorondor podía hacer eso?” pensé mientras avanzaba hacia el Jarl. Sin embargo, este al verlo realizó un movimiento con su hacha para atacarme y cortarme por la mitad, me detuve y usé la fuerza de Balder en mis armas las cuales crucé sobre mi cabeza. El ataque duró un par de segundos, el filo del hacha de mi oponente chocó contra mis espadas, las cuales resistieron el ataque sin problemas, incluso yo también lo había aguantado, en cambio, el suelo se había hundido donde se encontraban mis pies. Me recuperé del golpe bastante rápido, pero no pude moverme del lugar, pues el oso había aprovechado el ataque de su domador para acercarse a mí por la espalda, por suerte la vista de Heimdal me permitió ver por dónde vendría el ataque del oso y poder evadirlo. Sin duda ambos dos contendientes sabían coordinarse a la perfección, estando los dos atacando no podía centrarme en ninguno, pues si lo hacía el otro me atacaba.

Tras cerca un rato combatiendo me acostumbré a su ritmo y a su combinación de ataques, por lo que había llegado la hora de pasar al ataque. Estando en una posición similar a la del principio, el oso comenzó a correr hacia mí, esa vez en vez de ir hacia él realicé un corte con el Rankyaku en dirección al oso, este era horizontal y a la altura de medio cuerpo por lo que, aunque se agachase no podría evadirlo. Thorondor al verlo, interpuso su arma entre mi ataque y el oso, hecho que aproveché para usar el Geppou para ascender un poco e intenté usar el Soru una vez llegué a la altura de su cabeza para ir hacia él. Por alguna razón noté que el movimiento con el Soru había sido mucho más ligero que en otras ocasiones y gracias a esto había quedado justo delante de la cara del Jarl al cual le di una potente patada en la cara. Mi oponente no retrocedió, pero si desvió la cara de la potencia del ataque. Tras mi golpe, usé el Geppou para saltar hacia atrás y coger un poco de espacio. Sin embargo, no le di descanso y cuando se comenzó a recuperar de la patada, volví a usar la misma estrategia y salté en el aire intentando alcanzar la velocidad del Soru. Cuando llegué a la altura del pecho del Jarl le di una patada nuevamente que hizo que este cayese de espaldas al suelo, con toda la velocidad que pude usando el Geppou fui hasta mi oponente y subida sobre el apoyé una de mis espadas en su cuello justo en la yugular avisándole de que no se moviese. Esto hizo que incluso el oso se detuviese.

El vikingo aceptó su derrota y avisó a sus hombres de que ahora sería bienvenida en la aldea junto a los cazadores. Tras el combate Thorondor me estuvo enseñando la aldea, incluso me presentó al mejor trabajador de pieles que había en su territorio, a este hombre le dejé la piel de oso para que me curtiese el cuero para una armadura. Después esto, el enorme Jarl nos invitó a su casa para que pudiese contarle más detalladamente lo que tenía en mente y el problema de los invasores. Además, aproveché que estaba allí para pedirle que le mandase un comunicado a Huan diciéndole que se había unido a la lucha, también le expliqué que para favorecer aquel pato sería bueno que intercambiasen mercancías. En el caso de Huan debería mandarles pieles con las que incentivarían el trabajo de su pueblo y por otra parte él le mandaría cuero curtido de gran calidad, así como armaduras ligeras del mismo material que ayudarían a los hombres de Huan a defenderse para la guerra. Aquello, al Jarl, le pareció un movimiento extraño, pero era cierto que tenía una parte en la que salía ganando.

Todo no fue tranquilidad pues tras unas semanas de formar la alianza con Thorondor llegó uno de los exploradores del Jarl, parecía que había en la frontera movimiento de enemigos, aunque no supo decirnos de que bando eran, pues de pronto lanzaron una lluvia de flechas hacia donde él estaba y ante la duda de que le hubiesen descubierto se marchó.

-Eso no es bueno Liv – me dijo de pronto Trece –. Si son tropas vikingas, habrá problemas para formar más alianzas.

-Tienes razón – le respondí sin prestar atención de que estaba a mi lado quien me ayudaba con mi entrenamiento de nuevas facetas de la akuma. Gracias a él, había descubierto que cuando concentraba en un punto la marca y pensaba en evitar el daño como hice con el oso, podía desviar o devolver ataques que me hiciesen, en el caso del Jarl podía devolverle los ataques que hacía con hielo.

-¿Sobre qué tengo razón? – me preguntó.

-Lo siento, no te lo decía a ti, Loki me “bendijo” con poder ver mi yo cuando era una niña y a veces me habla. Yo le puedo escuchar y hablar, pero el resto del mundo no.

-Hahaha – se rió el Jarl ante mi contestación –. Ese Loki.

-Me decía que si aquel movimiento pertenecía a un ejército era posible que se arruinasen las negociaciones con otros Jarls.

-Mmm, Idril, aunque impulsiva al combate. Nunca empezaría una guerra, sabe que su poder ofensivo no es tan potente como el de otros Jarls.

-Aun así, deberíamos ir a comprobarlo. Reúne parte del ejército y vayamos allí. Si no es Idril es posible que sean Crusaders. Además, Huan ha enviado cazadores para ayudarte a mantener a bestias y aldeanos, podemos llevar algunos. Además, si son enemigos, ¿no deberíamos ir a darles una bienvenida como se merecen?.

Aquellas últimas palabras parecieron convencer al hombre quien en unos minutos comenzó a recorrerlas calle avisando a bastantes soldados para empezar la marcha cuanto antes. Por mi parte, hice algo similar, pero con unos cuantos cazadores. Ese mismo día según pasaba por la peletería del hombre que me estaba haciendo la armadura me avisó de que ya la había terminado. Cuando terminé de avisar a los cazadores, quienes se apuntaron emocionados por la idea de ir a otro tipo de caza, fui a por mi armadura nueva, la cual me iba como anillo al dedo. Tenía un buen grosor y era resistente gracias a su procedencia y lo bien curtida que estaba, esta constaba de una pechera más ancha y resistente a la altura del tórax, tanto por delante como por la espalda. A la altura del abdomen era un poco más fina, pero daba un mayor juego para movimientos, además se podía abotonas con la parte de atrás y proporcionaban protección en los laterales. Los hombros tenían como dos capas, ambas de un cuero tratado de otra forma de forma que quedaba más rígida, ambas hombreras tenían unas cintas que se ataban bajo la axila del brazo opuesto, en una zona puesta en la pechera donde se podía sujetar la cinta y así que no provocase rozaduras en la axila. La parte superior de los brazos estaba desprotegida completamente, pero en el antebrazo había un brazalete de buen grosor el derecho parecía más resistente que el otro, algo normal pues con la derecha se sujetaba el arma y con la otra el escudo. En la parte inferior de la armadura era una falda tachonada, esta cubría la parte delantera y trasera hasta las rodillas y los laterales eran un poco más largos, las partes delantera y trasera solo se unían a las laterales casi a la altura de la cintura, lo que permitía movimientos amplios y naturales usando esa prenda. Finalmente, también tenía unas espinilleras tan gruesas como la pechera.

Tardé un rato en ponerme toda aquella armadura, sin embargo, el resultado me pareció increíble y me la dejé puesta para ir dándola un poco de sí antes de la batalla, a la cual partimos al día siguiente de enterarnos por el explorador sobre el ejército enemigo. La marcha del pequeño ejército se hizo más lenta de lo que había pensado, al ir tan cargado con armas y provisiones, los soldados tenían que hacer más paradas para descansar. Por mi parte, solía adelantarme un poco para reconocer el terreno que había delante y avisar de alguna posible trampa o emboscada por parte del enemigo, aunque, los cazadores, al tener más libertad de movimiento, avanzaban más rápido y más lejos.

Tras casi dos semanas de viaje uno de los cazadores volvió hasta el ejército para informarnos de que el lugar al que nos dirigíamos era ahora un campo de batalla entre dos ejércitos, Thorondor y yo nos imaginamos rápidamente lo que había sucedido. El cazador, también nos dijo que el ejército de los Crusaders, era el doble de gran que el otro. Aquello no me gustó demasiado, si todos los soldados de los Crusaders eran tan poderosos como el que me enfrenté yo era posible que fuesen derrotados los vikingos que les hacían frente, por lo que insté a las tropas a moverse más rápido, yo me adelantaría para comenzar a dar apoyo y ver exactamente la situación.

Sin perder el tiempo salté al aire y una vez en el aire usé el Soru, saltando cada pocos metros en el aire con el Geppou, y a cada salto que daba, notaba como mi velocidad con el Soru se veía incrementada un poco. Gracias a esto, en apenas media hora llegué al lugar donde se desarrollaba la cruenta batalla. Por el momento, el bando de los vikingos se veía más escaso que el de los Crusaders, quienes al ser más numerosos comenzaban a rodear a su enemigo. Sin pensarlo un segundo, salté por el aire a mi mayor velocidad hacia el campo de batalla, concretamente hacia un circulo de los Crusaders en el que había una mujer combatiendo rodeada. Según llegué desenfundé el hacha y realicé un golpe similar al que le hice al oso sobre un krysset que iba a atacar a la vikinga por la espalda. El golpe cortó la cabeza por la mitad, solté mi arma y desenfundé las espadas y comencé a atacar tan rápido como podía. La chica morena y yo nos pudimos abrir paso por entre los enemigos hasta juntarnos con el resto de vikingos que combatían, y tras casi hora y media combatiendo las tropas de Thorondor y los cazadores se unieron al combate por la retaguardia del enemigo.

Al verse superados, los Crusaders que se encontraban en una zona más interna de la isla comenzaron a huir del combate adentrándose en la isla. Ambos ejércitos comenzaron a perseguir a los hombres que huían, sin embargo, llegó cierto punto en el que se detuvieron y dejaron de seguirles, no entendía el porqué y cuando fui a seguirles por mi cuenta, la joven junto a la que había luchado me detuvo poniéndome una mano en el hombro.

-No los puede seguir, eso son tierras sagradas y no podemos adentrarnos en ellas – me dijo la chica –. Por cierto, soy Idril, Jarl de la zona Sørrøst Jorden, gracias por la ayuda cuando me dejaron sola, me salvaste la vida.

-No hay problema, soy Liv Astrid – le respondí mirando como los infieles seguían corriendo tierra a dentro –. Me gustaría hablar una cosa sobre ellos – le dije señalando a los infieles.

-Tú dirás, Liv.

-Estoy formando una alianza entre los Jarl de la isla con la intención de acabar con todos los infieles. Porque este no va a ser el único ataque que hagan.

-Por eso están luchando juntos cazadores de Huan y los guerreros de Thorondor, ya veo. ¿Y de quién más tienes el apoyo?. De Beorn, de Gothmog, son posiblemente los hombres más cabezones que conozco, no darán su brazo a torcer, creerán que pueden con todo ellos solos.

-Cuando llegue el momento me batiré en duelo contra ellos si es lo que necesitan para que me hagan caso. Y a Gothmog ya lo conozco, me acogió en su aldea cuando llegué a la isla, creo que será el más complicado. ¿Entonces nos ayudarás? Seguirás siendo la Jarl, mi función solo será uniros a todos y si luego lo deseáis, lideraros, pero no creo que sea mi estilo.

-Sí, nos uniremos a tu alianza, me has salvado la vida y gracias a que habéis venido muchos de mis hombres se han salvado. Por ello os invito a mi casa a celebrar la victoria contra los infieles.

Tanto Thorondor como yo aceptamos la propuesta, por parte del Jarl mandó de vuelta a prácticamente todas las tropas salvo un par de soldados que fueron sus guardaespaldas, también algunos de los cazadores de Huan nos acompañaron como representantes de este último. El viaje hasta la aldea de Idril fue más corto que el que hicimos desde la aldea de Thorondor, aun así, tardamos cerca de una semana en llegar. La aldea era ligeramente diferente al resto, sus casas tenían el mismo tamaño y ornamentación, aunque pude ver más fraguas que en otras zonas, incluso excedentes de armas que se acumulaban en las forjas. Sin embargo, tampoco le quise decir nada en ese momento, era hora de los festejos y ya luego se hablaría de otros temas.

Tras los festejos, Huan vino a la aldea de Idril, los tres Jarl que ahora formaban una alianza se habían juntado y era el momento para comenzar a preparar los ejércitos, así como prepararlos para un posible nuevo ataque de los infieles. Les propuse a los tres que tanto el pueblo de Idril como los mejores forjadores, como el de Thorondor vistiesen al ejército con prendas que fuesen resistentes y ligeras para el combate. Como ejemplo de esto, le pedí a uno de los herreros de Idril que mejorase mi armadura, y este lo que hizo fue reforzar partes como la pechera, las hombreras y los brazaletes con metal alrededor de estos, dejando un mejor acabado. Por otra parte, entre todos los pueblos se irían entrenando más guerreros aptos para el combate, y se permitiría tanto a hombres como mujeres.

Por mi parte, decidí por un tiempo entrenar mi control sobre la vista de Heimdal y la fuerza de Balder. En ambas bendiciones mi control era el justo para aguantar combates cortos, pero en cuanto a potencia de estos o combates individuales, no eran suficiente. Esto lo pensé al recordad mi combate contra Gothmog, quien si se mantenía tan poderoso como hacía casi un año me seguiría superando en poder y era posible que me tuviese que enfrentar a él en un tiempo. Así como yo entrenaba, el resto de guerreros tampoco paraban, entrenaban y hacían preparativos, y se separaban en grupos para hacer reconocimientos de terreno para asegurarse de que los infieles no aparecían, tanto por el interior de la isla como en las costas.

Para mejorar mi control de la fuerza de Balder usaba mis armas golpeando árboles, cortando sin querer alguno, y a medida que iba pasando el tiempo necesitaba menos golpes para cortar el árbol que golpeaba, hasta que con el paso del tiempo en un par de golpes el árbol caía al suelo. Visto que tras muchos días entrenando me estaba provocando una tala indiscriminada de árboles, cambié mi forma de entrenar y comencé a hacerlo con Thorondor, esto entrenamiento, al igual que otras veces fue para resistir los ataque de este mientras usaba aquella bendición. El entrenamiento de la Fuerza de Balder lo compaginé con un desarrollo del kempo en el que usaba el Soru mientras usaba a la vez el Geppou, de esta forma conseguía aumentar la velocidad del Soru, pero debía de permanecer en el aire para ello. Un entrenamiento intensivo para lograr ambas cosas, hizo que en apenas un par de meses fuese capaz de mejorar el control de ambas cosas, ganando además el conocimiento de que cuando mis ataques los hacía usando el nuevo kempo podía hacer más daño a mis oponentes.

Durante esos dos meses, los gruesos de los ejércitos comenzaron a moverse y a juntarse, y poco a poco todos ellos iban mejorando en aspectos propios de otras tierras, algunos de los cazadores consiguieron domar pequeños y grandes lobos que les ayudaban con la caza. Los soldados de Idril redujeron el peso de sus armaduras gracias al apoyo de los peleteros de Thorondor. Todos los bandos se entrenaban los unos a otros y los ejércitos poco a poco fueron mejorando. En este tiempo nos llegaron algunos informes de que se habían avistado naves enemigas abandonadas en las costas, así como grupos de vikingos que habían emboscado con éxito pequeños grupos de Crusaders. Y tras este tiempo fue cuando se me ocurrió como darle salida a todos los árboles que había cortado.

-Necesitamos naves – dije un día que nos reunimos los tres Jarls y yo – todos son grandes navegantes, y el tener una buena defensa antes de que llegue el ejército enemigo.

-No es una mala idea, pero son pequeños grupos los que vienen, no deberíamos preocuparnos demasiado – respondió Huan.

-Son pocos los que llegan, llaman menos la atención y se mueven mejor, pero ese no es el problema, se están reagrupando en tierra sagrada, no deberíamos permitirlo. Con barcos podríamos conseguir que es ejercito que se forma en el interior no crezca más.

-Supongo que tienes razón – dijo Huan – mandaré un halcón ahora mismo para que comiencen los preparativos.

-Haré lo mismo – respondió Thorondor.

Por su parte, Idril llamó a algunos de sus hombres y les ordenó marchar a los puertos del territorio para que comenzasen a producir también. Unos días después, cuando la producción de naves comenzó pasé a entrenar la vista de Heimdal, y para ello entrenaba con los cazadores, quienes me disparaban flechas y cuando podía con Idril y Huan en combate de ambos contra mí, eran de movimientos más rápidos que Thorondor, y aquello me obligaba a intentar ir más allá de lo que mi visión me permitía, muchas veces los movimientos que hacían eran impredecibles y debía adivinar por donde vendrían por la visión de Heimdal. A medida que iban pasando los días los dos Jarls, comenzaban a compaginarse bastante bien y combinaban ataques entre ambos que resultaban muy difíciles de evadir incluso detectándolos con tiempo por lo que me tocaba hacer alguna acrobacia, aunque no salía bien pues antes de que pudiese moverme de nuevo están realizando el siguiente ataque.

Por ello comencé a desarrollar un mejor uso del Geppou, con el cual en medio de un salto y estando en el aire en una posición en la que no podría usar bien el Geppou para quedar en una posición ventajosa, lo comencé a usar con otras partes del cuerpo, como las rodillas, las manos o los codos. Esto me permitió hacer movimientos más extraños en el aire pues si estaba realizando un movimiento podía cambiarlo radicalmente con otra parte del cuerpo. Esto me permitió conseguir esquivar los ataques que antes no me daba tiempo, aunque los predijese, sin embargo, esto requería de bastante energía, con lo que tras unas horas de combate mi agotamiento se hacía notar bastante, de forma similar al entrenamiento con la otra bendición, las mejoras del control en la bendición de la vista de Heimdal se hicieron notables en poco tiempo estando quizás algo más de dos meses para lograrlo.

La guerra parecía ir desarrollándose bastante bien, al mes siguiente de comenzar la producción de naves, los informes de nuevos barcos atracados en la costa cambiaron por navíos que habían sido interceptados. Aunque no siempre nuestras naves salían victoriosas, y perdíamos alguna, pero las bajas eran mínimas en comparación con las enemigas. Era hora de ir a hablar con el Jarl de Sørvest Jorden, por la información que me habían proporcionado los otros Jarl, Beorn, era un hombre con bastante carácter, aunque siempre se podía razonar un poco con él, siempre que no estuviese en su modo de oso gigante, pues resultaba ser un usuario con esa capacidad. Además, siempre solía estar en combate, ya fuese contra el pueblo de Gothmog, a quien le quemaba pueblos que solían ser abandonados cuando veían a sus hombres, quienes los llamaban los fire-legged morderé por ir a caballo, siendo casi lo únicos que lo hacían en toda la isla.

Cuando fue el momento de prepararse para marchar decidí que lo mejor sería en barco, nos permitiría acercarnos más a la aldea sin necesidad de entrar en combate con los hombres de este, pues imaginaba que preferirían combatir a dejarnos pasar. Además, aunque fuese por poco tiempo podría pensar en una manera para poder aguantar el enorme consumo de energía que producían las técnicas nuevas que había desarrollado. El viaje duraría unos días así que me relajé durante este tiempo, aunque no por mucho tiempo, ya que durante nuestro pequeño viaje en un par de ocasiones tuvimos la suerte de interceptar un par de barcos enemigos. En estos ataques yo hacía un abordaje al barco enemigo usando el Soru y el Geppou, mientras que desde nuestro barco se barría la cubierta con una lluvia de flechas. Tras los abordajes, una vez volvía al barco, necesitaba un tiempo en el que tenía que descansar para recuperar. La mejor manera para recuperarse del agotamiento era dormir, pero al ser algo que no me podía permitir cada vez que usase esas técnicas, solía meditar. Me sentaba en la proa del barco y cerraba los ojos, como si me fuese a dormir, aunque lo único que hacía era relajarme hasta el punto de poder quedarme dormida, pero sin hacerlo. Esto me requería de bastante concentración, por lo que con casi cualquier cosa me sacaba de este “trance”.

Durante el viaje lo realicé bastantes veces al día, pues, aunque no atacase otros barcos, seguía usando las habilidades para sentirme más cómoda usándolas, y con ese gato de energía después necesitaba la meditación. Tras un par de semanas navegando por la costa e intentando no ser vistos por nadie conseguimos llegar a un sitio para atracar. En aquella misión, me acompañaría un pequeño escuadrón de guerreros, todos ellos como representantes de los Jarls, quienes se habían quedado en una aldea que quedaba de forma céntrica para los tres. El barco nos dejó justo en la punta de Sørvest Jorden y la aldea en la que debíamos encontrar a Beorn se encontraba en la mitad de su territorio.

Cuando nos adentramos apenas unas leguas, la presencia de otros vikingos se hizo presente en el lugar, y comenzamos a ver, por suerte desde la distancia, bastantes jinetes que iban de un lado para otro, y siempre con armaduras y armas. Parecía que la guerra se había hecho notar en el territorio de Beorn; los hombres estaban alterados e iban de un lado para otro agitados, y mientras recorrimos la costa hasta encontrar un paso entre las montañas pudimos ver clavados en estacas a hombres con las ropas de los Crusaders, sin duda una amenaza para que no se acercasen. El avance de los guerreros y mío era bastante lento, y el que llevase un arma que se hiciese notar por los fieles, hacía que el avance fuese aún más cuidadoso que de normal. Durante unos días pudimos pasar desapercibidos, pero después, se incrementó el número de soldados que rondaban en nuestras cercanías obligándonos a no movernos durante algún día. Tras pasar las montañas lo siguiente fue una tierra llana y casi sin árboles que permitía ver a kilómetros de distancia con bastante claridad, esto podía ser un problema si nos veían, pues nos llevarían a un combate seguro.

Tras unos días recorriendo aquellas tierras ocurrió lo que había pensado. Los jinetes que vigilaban las tierras nos acabaron encontrando y aunque no huimos de ellos, sino que seguimos el camino a la aldea, estos nos alcanzaron y cortaron el paso. Alguno hizo el amago de atacarnos, aunque realmente no hicieron nada a parte de impedirnos el paso y quitarnos nuestras armas para que no intentásemos luchar. Los guerreros que me acompañaban al principio se mostraron reticentes a darlas, pero al ver que yo lo hacía con total tranquilidad las dejaron en el suelo. Tras unas cuantas horas de retención escuchamos el sonido de unos cascos de caballo, y cuando se juntó al resto un hombre bajó del caballo.

-¿Qué hacen unos vikingos de tierras tan lejanas dentro de mis tierras? – preguntó el hombre.

-Venimos para hablar, Beorn, la bestia indomable – le respondí añadiéndole aquel título por lo que me habían contado.

-¿Vikingos de tres clanes distintos y una niña que parece pertenecer a los tres? – preguntó un poco irónicamente – más bien parece una avanzadilla para reconocer el terreno para invadir.

-No, señor de las bestias. Si ese hubiese sido el caso no nos habríamos rendido, habría sido una deshonra – le respondí respetuosamente – lo que me lleva a decirle que buscamos una alianza, aunque sea temporal con el rey de las bestias. – terminé señalándole.

-Tienes buena labia, niña – me dijo poniéndose delante de mí – pero, porqué debería hacerlo. Desde que mis hombres patrullan mis tierras no se han vuelto a ver a los Crusaders.

-¿Hace cuánto que los descubrieron?.

-Apenas hace un par de meses, dejaron el rastro de haber matado a unos hombres.

-Pues están viniendo desde hace más de un par de meses, quizás un año. Los pueblos de Huan, Thorondor e Idirl unidos ya derrotaron un pequeño ejército que se atrevió a entrar en la isla. Sin embargo, parece que ahora vienen en pequeñas naves y pocos, luego se adentran en la isla hasta tierra sagrada.

-¿No lo dirás en serio? – preguntó algo incredulo.

-Tan en serio como que estamos hablando ahora, estos hombres pueden dar fe de ello, pues lucharon contra ese ejército enemigo – le afirmé al igual que hicieron los guerreros.

-Mmm, es más serio de lo que me imaginaba – dijo mesándose la barba como si pensase en algo – mientras estén en aquella tierra no podremos atacarles, pero ellos tampoco podrán huir.

-Necesitamos tu ayuda para acabar con los infieles, Beorn. No hace falta que respondas ahora – le dije para no meterle presión – pero esto es algo que debemos hacer unidos. Eso sí me gustaría pedirte que nos devolviesen nuestras armas y un lugar donde descansar hasta que marchemos hacia las tierras de Gothmog.

-¿Intentarás convencer a Gothmog?.

-Por supuesto, he dicho que esto se hará con todos unidos, por lo que él entra dentro de todos. Si es necesario meterle la realidad en la cabeza a golpes eso haré.

-Eso me gustaría verlo, con lo pequeña que eres no creo que dures mucho.

-Jaja – reí siguiendo la gracia –. Incluso te podría derrotar.

-¿Qué has dicho? – dijo en un tono mucho más serio.

-Era una broma hombre.

Beorn acabó riendo se de mi último comentario y nos dejó ir hasta su aldea donde descansaríamos un tiempo antes de partir a las tierras de Gothmog, aunque no nos devolvieron las armas hasta que estuvimos aposentados en una posada. Cuando llegamos a la aldea habían pasado unos cinco días desde que nos habían encontrado los jinetes del Jarl y nos tomamos un par de ellos para seguir descansando. Aproveché para mandar un halcón a los otros Jarl e informarles de lo que había pasado. En la aldea el Jarl nos trataba como invitados, siendo este un gran anfitrión que incluso se animaba a entrenar conmigo en las bendiciones de los dioses. Las pocas veces que entrenaba con Beorn solíamos hablar bastante, más bien el solía hacerme un pequeño interrogatorio para saber más acerca de la alianza de los otros clanes y lo que se iba a hacer, aunque eso no se lo revele, por no saberlo no lo sabían ni los otros Jarls. Pensaba que era algo que debía debatirse entre todos los isleños dado que posiblemente tuviésemos que acabar con lo Crusaders que se habían infiltrado, y si no estaban todos de acuerdo podría provocar una guerra interna que les debilitaría.

Tras unas semanas en las que me comuniqué con los otros Jarl de la isla exceptuando a Gothmog decidimos mártir, el resto de los Jarl me acompañarían a visitar a Gothmog acompañados de una veintena de hombres de cada uno. Esto se lo había contado a Beorn y decidió apuntarse a la alianza, según él, le di suficientes motivos para unirme a la alianza el primer día que nos conocimos, pero prefirió esperar para ver si mi determinación y fuerza eran lo suficientemente fuertes. Cogió a veinte de sus mejores jinetes y nos entregó unos caballos a los guerreros y a mí para movernos más rápido. No teníamos mucha prisa pues realmente los otros Jarl tardarían cerca de un mes o un poco más, el no poder pisar la tierra sagrada les obligaba a dar un rodeo de bastantes leguas.

Durante el avance, mientras nos deteníamos a descansar, Beorn y yo entrenábamos intentando llevar al oponente a sus extremos y que este se superase, pero pocas veces llegábamos a eso. Sin embargo, las veces que en mi caso tuve que superar mi límite, conseguí que las ondas cortantes del Rankyaku fuesen más poderosas que de normal, aunque cada vez que lo usaba notaba como mis energías se reducían bastante de golpe y casi me dejaba fuera de combate. Por eso intenté conseguir una forma en la que pudiese aumentar el poder de mis ataques, pero sin gastar toda esa energía, y más o menos lo fui consiguiendo de la misma forma que con la fuerza de Balder, intentándolo una y otra vez hasta que salía y a partir de ahí intentaba volver a hacerlo replicando aquellas sensaciones. Para poder llevar un entrenamiento constante de esto, me vino muy bien la meditación que aprendí a usar hacía poco tiempo, por lo que mis energías se recuperaban con facilidad, casi la misma con la que las gastaba.

Dentro del territorio de Gothmog, en una zona que yo sabía que no solían explorar, o eso por lo menos cuando vivía allí, nos encontramos con el resto de Jarls. Estos nos estuvieron poniendo al día de lo que estaba pasando en sus tierras, principalmente que las embarcaciones enemigas habían reducido a casi cero sus movimientos, las únicas costas que quedaban por asegurar eran las de Gothmog. Imaginé que el Jarl habría sido previsor y habría impedido cualquier llegada de los Crusaders a la isla en su territorio, o por lo menos puso en alerta a su gente nada más encontrar al primero de los infieles. El mayor problema que veía yo era el conseguir que nos apoyase, no daría su brazo a torcer fácilmente, y con suerte no iniciaría un combate de su ejército contra el nuestro. Al día siguiente de reunirnos nos pusimos rumbo a la aldea, y a un cuarto de legua de esta detuvimos a las tropas, y avanzamos los Jarl y yo. Cuando estuvimos a escasos metros de la puerta salió Gothmog, iba armado como cuando me enfrenté a él, pero tenía una cara de odio y me miraba fijamente.

-¡Traidora! – gritó apuntado su espada rota hacia mí – Abandonaste tu pueblo para unirte a otro.

-No fue lo que pasó Gothmog – le respondí acercándome un poco – tú me dijiste que me marchase. Literalmente me gritaste “largo de aquí” – continué haciendo referencia a nuestra última conversación.

-Entonces eres imbécil de remate, no me refería a que te parchases de la aldea, sino de la estancia.

-¿En serio?, puede ser, a veces no entiendo las frases como esa y me las tomo de forma literal. Lo siento por la confusión, habría seguido contigo, pero las cosas se han desarrollado de otra forma.

-Eso parece – dijo algo más calmado al ver mi error –. ¿Qué te trae de vuelta Hvit Livet? ¿y por qué ellos te siguen?.

-En este año han pasado muchas cosas. Tú te negaste en su día a la propuesta de comenzar unas relaciones con otros Jarls. Pues bien, he conseguido que se unan en contra de los Crusaders – le dije señalándoles – tenemos a los mejores en sus campos, y para derrotar a los infieles nos queda el más importante factor.

-¿Sí? ¿cuál es? ¿Acabar conmigo para controlar a mis hombres? Y supongo que serás tú la que les lidere por ser la única sin tierras.

-Te equivocas, queremos que tu lideres a tus hombres en esta guerra, yo no pinto nada controlando territorios, soy extranjera, pero necesitamos que los mejores guerreros de la isla enseñen al resto del ejército lo que es el combate, una unidad entre hermanos luchando, no cada uno por su cuenta, por bueno que sea perderá.

-Y cuando derrotemos a los infieles, ¿qué? ¿Nos matamos entre los que quedemos?, será una alianza que os ayude a crecer entre todos. Por lo que no os atacareis entre vosotros a no ser que uno incumpla el pacto.

-¿Y qué haremos sin guerra en la isla? Deberías saber que es una parte esencial de nuestra cultura.

-La guerra la tendréis de continuo, desde que llegué cada poco ha habido incursiones de infieles. Además, siempre podríais entrenaros entre vosotros y expandir el territorio a islas cercanas o incluso quien quiera crecer por encima de los límites que tiene por la isla puede marcharse y unirse a otros, el mentor que me introdujo en el mundo es el hombre más poderos que he visto, y los había más poderosos aún.

-¿Un mentor que es más fuerte que cualquiera de nosotros?.

-Sí, más fuerte incluso que tú y que yo. Sin embargo, y aunque no me guste reconocerlo, he conocido a un tipo que pretende hacer algo grande, una guerra que cambiará el mundo. Luchad conmigo y cambiad el mundo a uno sin infieles.

-Eso suena más interesante – dijo Gothmog para soltar después un suspiro –. Está bien, nos uniremos a la alianza, porque si no esta isla llenará de infieles. Pero antes muéstrame si eres digna de liderar un ejército, Hvit Livet.




Capitulo III: la recta final


Sin dudarlo ni un momento, acepté el reto y en seguida comenzamos a combatir, sin duda durante el tiempo que había estado en la isla había mejorado notablemente, pues los ataques de mi oponente eran más fáciles de leer, así como mis ataques eran más efectivos y además podía golpearle, algo que antes casi no podía hacer. Este combate duró poco tiempo, apenas media hora en la que el Jarl y yo cambiamos golpes, donde él tuvo que esforzarse más que en último combate, por no decir que lo llevé bastante al límite, por otra parte, yo le mostré todo lo que había aprendido en un año. Tras el combate el Jarl abrió las puertas de la aldea e invitó al resto de Jarls a pasar, así como a sus tropas y una vez todos acomodados comenzados a contar lo que se había estado haciendo, confirmando lo que había imaginado por parte de Gothmog.

-Jarls, he de decir una cosa, y antes de que me juzguéis pensadlo bien antes de responder – les dije cuando un par de días después nos habíamos puesto al día con todo lo referente a la guerra – Debemos de entrar en la tierra sagrada para poder destruir a los infieles que pisan esa tierra – les dije con total tranquilidad, la cual le siguió un par de segundos de silencio.

-¿¡Qué!? – dijeron todos a la vez -. ¿Te has vuelto loca?

-No, hay que echar a los infieles de esas tierras y como no van a querer salir debemos entrar. Será una batalla por la honra de nuestros dioses y para que vean que nos preocupamos por mantener su territorio libre de profanación.

-Nos sigue pareciendo una barbarie. Nadie en los siglos de esta isla ha puesto un pie en esas tierras – dijo Beorn por todos.

-Déjame preguntarte algo ¿si los infieles estuviesen creando una civilización adoradora de un falso dios los dejarías tranquilos?.

-Qué clase de insulto es ese hacia nosotros – dijo alterándose y levantándose.

-No es un insulto, es lo que podrían estar haciendo en estos momentos y es lo que debemos evitar. Además, solo será ofrecer la vida de los infieles a los dioses en su propia tierra.

-Y cuál es tu plan – me preguntó Thorondor, a lo que le respondí con una sonrisa.

En ese momento les comencé a preguntar por lo que sabían sobre la deidad a la que seguía nuestro enemigo, de lo cual no sabían demasiado, aunque lo necesario para llevar mi plan a acabo. Este consistiría en conseguir que el ejército enemigo saliese de donde se escondía hacia un lugar que nos beneficiase a nosotros. Además, le propuse a los Jarl el ir a ver cómo era la zona para poder saber que lugares eran los mejores para el combate de un ejército o para emboscadas continuas. Al principio se mostraron reticentes a que lo hiciese, aunque cuando les recordé mi habilidad para moverme por el aire sin necesidad de pisar el suelo me lo permitieron. Durante el tiempo que yo me encargué de explorar la tierra sagrada, los Jarl comenzaron a dar órdenes para la preparación de los ejércitos, así como un llamamiento para todos los ciudadanos que quisiesen participar. Para cuando volví con los Jarls con el terreno reconocido por completo y con la ubicación del ejercito enemigo habían pasado casi tres semanas. Teniendo aquella información, pudimos empezar con los preparativos de la guerra, y saber dónde estaría el mejor lugar para el combate. El enemigo se encontraba en el extremo opuesto de donde nos encontrábamos los líderes del ejército vikingo, por lo que decidimos mover todas las tropas a nuestra posición y si surtía efecto mi plan, los Crusaders, abandonarían aquella posición para ir hacia la nuestra, provocando cansancio antes del combate a nuestro enemigo. Mientras todos los guerreros que llegaban al lugar comenzaban a entrenar en varios aspectos de otros clanes, aunque los que más trabajo tuvieron fueron los guerreros de Gothmog, pues eran los mejores y tuvieron que adiestrar a muchos de los llegados. Por otra parte, mientras hacíamos nuestros planes y preparativos para la guerra los Jarls y yo entrenábamos para no perder nuestras habilidades y pulir las que ya conocíamos.

En un par de meses el ejército entero estuvo preparado, un ejército que portaba armaduras creadas entre los artesanos de Idril y Thorondor, armas creadas por herreros de Gothmog y Huan y jinetes bien preparados por parte de Beorn. Todos los guerreros habían tenido un intensivo entrenamiento por parte de los otros clanes, mejorando sus formas de combate, así como muchos descubrieron que era lo que mejor se les daba. Listo y reunido todo el ejército comenzamos el avance hacia la tierra sagrada en busca de expulsar a los infieles de esta, cada Jarl tenía bajo su mando cerda de quinientos guerreros, entre aldeanos que se habían querido unir y guerreros reales. En un par de semanas llegamos al lugar dispuesto para la batalla, nos mantendríamos ocultos en un bosque, dando inicio con mi puesta en escena para atraer al enemigo, en mi tienda cambié mis ropas y armadura vikingas por ropas más típicas de las creencias de los infieles. Un vestido de tela fina, hecho de una pieza, que quedaba bastante suelto y sujetado por unos tirantes en los hombros, era de color blanco, sin duda, una prenda que no me pondría, por lo menos siendo así, los vestidos no me parecían mal. Cuando estuve vestida, saqué por la espalda utilizando la marca de mi akuma un par de alas para simular a lo que los infieles llamaban Tenshis, unas criaturas humanas con alas que descendían del cielo para transmitir lo que su dios decía.

Salí volando usando el Geppou y las alas que había creado, las cuales torné en un color blanco, y evité que la marca se viese en la zona que enseñaría a los Crusaders. Mi viaje duró cerca de dos días y para aparecer frente a estos debía de hacer una entrada que fuese lo más llamativa posible por si que apareciese una mujer volando con alas blancas no fuese suficiente para ellos. Por este motivo, aunque llegué en un par de días al lugar donde se encontraba el ejército enemigo tuve que esperar un día más pues en el cielo apenas había nubes y se me había ocurrido algo que podría dar más credibilidad a mi escena. Al día siguiente la cantidad de nubes había aumentado y habían dejado casi todo el cielo cubierto, era el momento, usando el Geppou subí por encima de las nubes y después descendí a gran velocidad usando el Geppou con el Soru y las alas, consiguiendo que cuando terminé de atravesarlas quedase un agujero en la nube por el que pasaban los rayos de luz directamente al suelo- seguí descendiendo a menos velocidad hasta quedarme a una altura de unos cien metros.

Todos los hombres del ejército de Crusaders comenzó a mirar hacia mi posición por la repentina entrada de luz a través de las nubes, y me vieron. Desde mi posición solo veía caras de alucinación y sorpresa por lo que veían y poco a poco fueron llamando a todos los soldados que no me habían visto. Por mi parte me mantenía en el aire a la misma altura usando el Geppou mientras movía las alas para hacer que era por estas el que volaba, dándome la luz en mi espalda y ocultando de esa forma mi rostro y cuerpo a los soldados quienes veían mi silueta de forma más llamativa.

-Es hora de acabar con la herejía y profanación que han provocado en esta isla. El enemigo se agrupa hacia el noroeste de la isla, tras el pilar de Deus – dije improvisando sobre la marcha intentando hablar como lo hizo el krysset que capturé – Id, acabad con el enemigo y se os recompensará, Deus vult.

El ejército de Crusaders de pronto comenzó a gritar mis últimas palabras, parecía que habían caído en el engaño. Y mientras seguían mirándome comencé a ascender a toda la velocidad que pude por el agujero en las nubes que comenzaba a cerrarse. Había hecho mi trabajo, ya solo quedaba volver al campamento y prepararme para la batalla final, tardando el mismo tiempo en volver al campamento, un par de días. Cuando llegué les estuve contando a los Jarl lo que había hecho, algo que sacó unas cuantas carcajadas de todos. Una vez informados y bridado por el éxito de la escenita me fui a cambiar por fin, cuando entré en la tienda, mi armadura tenía un nuevo complemento, un caso con un par de cuernos. Me acerqué a este y lo cogí para verlo mejor, en ese momento entró Gothmog, en la tienda y me dijo que era un regalo de su parte, pues sabía que en mi armadura llevaba algo proveniente de todos los Jarls y solo quedaba una del suyo, tras darle las gracias el hombre salió. Tardé unos minutos en cambiarme de ropa y ponerme toda la armadura, cuando terminé los Jarls se encontraban dando un pequeño discurso a las tropas para subir la moral, para luego comenzar a prepararlas.
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Re: La guerra contra los infieles (Primer TS)

Mensaje por Liv L Astrid el Jue 24 Ago 2017 - 22:13

Los guerreros y los domadores de Idril, Thorondor y Gothmog se quedarían en vanguardia para resistir el frente enemigo, mientras los jinetes de Beorn atacarían desde los flancos y la retaguardia acompañados de los cazadores de Huan. De esa forma que le cortaría al ejército de Crusaders toda posibilidad de huida y recibirían un gran daño desde el inicio del combate. Los días iban pasando y la tensión del ejercito comenzó a hacerse palpable, el ejército enemigo, que por lo que había visto era algo superior en número al nuestro, hacía que avanzasen lento, tardando casi dos semanas en llegar al punto que teníamos preparados, cuando los vimos aparecer, se dio la voz de alerta y comenzó el final. Los guerreros y domadores comenzaron a marchar junto a Idril, Gothmog y yo, quienes les dirigiríamos, según entramos en la explanada los guerreros tocaron el cuerno de guerra para subir la moral y avisar a las otras partes del ejército, las cuales estaban dirigidas por Thorondor y Huan los flancos y Beorn la retaguardia.

Según se fueron acercando los ejércitos, pudimos escuchar que el enemigo repetía una y otra vez “Deus vult”. Cuando estuvimos a medio kilómetro de distancia ambos ejércitos, los líderes de los Crusaders avanzaron hacia la mitad del campo subidos en caballos, por nuestra parte comenzamos a avanzar hacia ellos.

-Rendiros y retiraos, si no, todos pereceréis – dijo el que estaba en el centro de sus líderes cuando llegamos.

-¿Y por qué deberíamos? – respondió provocativo Gothmog – quizás deberíais hacerlo vosotros.

-¡Jamás! Deus nos ha elegido para liberar esta isla de la herejía., pero como somos benevolentes os damos la opción de marcharos.

-Pues a la batalla – dijo Idril.

-Así sea.

Los jarls y yo nos dimos la vuelta para volver a nuestras filas. Al hacerlo, no fie de que nuestros enemigos y activé la vista de Heimdal, y menos mal que lo hice, pues de pronto noté un ataque sobre mí. Activé la marca y la concentré en la palma de la mano, me giré con rapidez y en ese momento sonó un disparo con un arma profana. Pude detectar el disparo con facilidad, y con la marca activada defenderme de este, hice que la bala golpease en la palma de la mano donde había concentrado la marca y esta rebotó hacia quien había realizado el ataque. La bala golpeó en el pecho de este, aunque como su ropa era negra apenas se notó, y en pocos segundos el hombre cayó al suelo del caballo. Se llevó la mano al pecho e intentó levantarse, pero acabó cayendo a suelo muerto, notando como su presencia desaparecía.

-Uno menos – dije cuando murió el hombre –. Eso es lo que os pasa por usar armas profanas.

Mis palabras parecieron molestar a los otros hombres pues comenzaron a cabalgar hacia nosotros, desenfundé las espadas y usando el Geppou y el Soru al mismo tiempo fui hasta mis enemigos y acabé con ellos casi en un abrir y cerrar de ojos. Aquello enardeció a ambos bandos, al nuestro le subió la moral y me vitorearon por haberlo hecho, en el caso de los Crusaders aumentó su odio y ganas de derrotarnos. Entonces los líderes que quedaron del ejercito enemigo comenzaron a avanzar hacia nosotros con la intención de combatir, y nuestro ejército hizo lo mismo. Yo me había quedado donde me encontraba esperando a que llegasen nuestros soldados.

-¡Vanguardia, cubriros con los escudos, usan armas profanas! – grité para que todos me escuchasen, y al momento se escuchó un ruido de que habían levantado los escudos para cubrirse.

A escasos metros el ejército enemigo realizó un barrido con las armas profanas disparando a toda la línea delantera, pero estos la resistieron sin problemas. Al haberlas conocido anteriormente, sabía de lo que eran capaces y le pedí a Idril que reforzara la parte trasera de todos los escudos con una placa de metal para evitar que las balas traspasasen. En un momento, todo se sumió en el caos, en aquel momento, el ejército enemigo nos duplicaba en número, incluso más, pero se habían confiado por ello y nos habían atacado sin tomar ninguna precaución, le quité el cuerno de guerra a uno de los soldados que tenía al lado y lo hice sonar un par de veces. En medio del caos se comenzó a escuchar un sonido de los cascos de los caballos y los gritos de los cazadores que avanzaban hacia la retaguardia del enemigo. El ejército enemigo pareció entrar en pánico al ver que salían desde ambos flancos los jinetes y los cazadores cerrándoles la retaguardia. Esto provocó que algunos entrasen en pánico e intentasen huir, lo que resultó en un final para sus vidas, quienes perecieron por los jinetes. Por su parte, los cazadores cuando estuvieron a rango, soltaron un par de descargas sobre los soldados enemigos.

Ambos ataques inesperados para los Crusaders, resultaron en que el tamaño de su ejército se redujo a casi la mitad. Era el momento para entrar en acción y divertirse un rato. No fui la única que pensó en ello, pues pude ver como los Jarls avanzaban hasta la vanguardia y comenzaban a combatir junto a sus tropas, Beorn hasta se transformó en su forma animal, quedando en un oso de unos tres metros estando a cuatro patas con la armadura que llevaba en forma humana. La ferocidad que mostraban todos era digna de los dioses y no me quedaba atrás, usando todo lo que había aprendido en estos años y en la isla me movía por el campo de batalla de forma casi extraña, y con daca movimiento realizaba un corte, que no sabía si mataban al enemigo, pero este era seguido de otro corte en el mismo sitio que profundizaba el anterior.

Durante el combate, hubo un momento en el que Gothmog y yo nos adentramos demasiado en las filas del enemigo, quedándonos rodeados por estos. El vikingo usaba su espada rota, mientras que yo usaba el hacha de combate, y ambos nos cubríamos las espaldas con movimientos rápidos. En un momento, pude ver como la espada de Gothmog salía volando, sin embargo, seguía notando u presencia, pronuncié su nombre mientras realizaba un corte con el hacha y dejaba que esta la cogiese mi compañero, quien me entendió a la primera y comenzó a combatir con el arma. Por mi parte, desenfundé las dos espadas y seguí con la carnicería que estábamos provocando. Tras cerca de una hora las filas aliadas alcanzaron nuestra posición, lo que nos permitió retroceder un momento para recuperar fuerzas y descansar un momento. La batalla parecía ir tal y como se había planeado.

Mientras descansaba miré al cielo y pude ver que estaba atardeciendo, el combate había sido largo, pues desde media mañana que habíamos empezado, habían pasado cerca de siete u ocho horas y parecía que ya estaba llegando su final. Tras una hora más pudimos derrotar finalmente al enemigo, había sido una gran victoria, era hora de revisar los cuerpos de los caídos, intentar salvar a los vikingos aún estuviesen vivos, y terminar con la vida de los Crusaders que aún quedaban con vida. Por ello, encendimos unas hogueras y siendo de noche revisamos el campo de batalla, y, la verdad es, que no encontramos apenas supervivientes a la guerra, de ninguno de los bandos enemigos. Al día siguiente de la batalla, los vikingos comenzaron a recoger a sus muertos, les querían dar un entierro digno por lo que habían hecho, eran muertos en combate, los más honorable que se podía hacer, incluso los Jarls decidieron que se les haría un entierro por todo lo alto y que se cantarían grandes gestas de lo que habían ayudado a conseguir. En cambio, los muertos enemigos, fueron dejados en la tierra para que alimentasen a los gusanos y el resto de animales.

Durante la siguiente semana a la batalla, se realizaron grandes fiestas para todos los ciudadanos, donde el néctar de los dioses corrió por todos lados, y la comida abundaba mientras la gente cantaba por sus caídos. Los Jarls que no estaban en sus tierras mandaron halcones a estas para informar de que todo había sido un gran éxito. Sin embargo, no todo fue alegría y diversión, cerca de la costa en la que nos encontrábamos apareció un barco con la bandera del Gobierno. Quizás hubiesen venido a buscarme, o para ver si debían acabar con los que ahora consideraba mis hermanos. A las pocas horas de ver el barco atracó en la costa y un bote con una docena de hombres fueron hasta la playa. Pude reconocer al agente del CP9, y antes de que el hombre comenzase a acabar con los vikingos fui hasta él, vestía con ropas propias de los vikingos, pero el hombre me reconoció. De una manera resumida le conté los que había estado haciendo en aquella isla. El hombre pareció parecerle bastante bien, aunque necesitaba hablar con los Jarls y oírlo de sus propias bocas el que no se opondrían al Gobierno.

Pensé que aquello saldría mal, no había hablado de nada de esto con lo Jarls y si decían algo contrario a lo que yo le había dicho al CP este no confiaría en mí y, además, era posible que acabase con los Jarls. Sin embargo, todos los jefes, después de que el agente les hiciese las preguntas sobre lo que harían, estos se pusieron a debatir entre ellos en su lengua vernácula y cuando llegaron a una conclusión se la dieron al hombre. Decidieron que no le causarían problemas al Gobierno, y lucharían a mi lado, pero solo podía ser yo la única que tuviese contacto con ellos por parte de la organización, pues era en la única en la que confiaban. El agente, se quedó sorprendido por su respuesta, sabía que las veces anteriores que se había intentado llegar a ese punto con ellos, estos lo habían rechazado sin pensarlo. Tras la reunión, el agente les entregó un Den Den Mushi a cada uno de los Jarls, y junto a él mi número para que pudiesen contactar conmigo. Finalmente, el agente se levantó y se marchó, aunque cuando llegó a la puerta, me ordenó regresar a mi casa, donde debía de esperar hasta la próxima misión que se me entregase. Me hubiese gustado decirle que me quedaría allí como mi nueva base, pero al Gobierno no le parecería correcto que uno de sus agentes estuviese en aquellas tierras, por ello me despedí de mis hermanos y me marche. Durante el viaje de vuelta le estuve dando un informa más detallado al agente, además de contarle los kenpos que había desarrollado durante mi estancia. Echaría de menos aquella isla, pero algún día volvería de nuevo para ver a mis hermanos, a no ser que tuviese que llamarlos para algo antes de eso.




Peticiones:
-TÉCNICAS
Redirigir ataques energéticos: (tipos de energías: cinética, térmica [frío o calor]): Este tipo de técnica requiere de una gran habilidad en cuanto al uso de la akuma no mi como en el uso de las capacidades físicas del usuario. Esta técnica tiene dos requisitos para que funcione, el primero, es que la marca esté activada, y el segundo, es que el ataque deber ser recibido por algo que tenga la marca en su superficie (el cuerpo, un objeto o un objeto creado por la marca). Podrá redirigir ataques en los que el creador de estos tenga el mismo o menor nivel que Liv, la nueva dirección que tome el ataque la podrá decidir Liv. Si recibe el ataque de alguien que le supera en nivel el ataque pasará y no podrá redirigirlo, aunque si reducirá su poder un poco. Añadir, que el ataque redirigido será del 50% de la potencia del original, este porcentaje irá subiendo un 10% por cada 5 niveles que suba Liv con límite en 100%. (Cada vez que suba el porcentaje editaré la ficha para que quede bien informado) (Entrenada con Thorondor tras conseguir que este se uniese a la alianza).

Smiing: La marca puede usarse para otras cosas como la creación de objetos simples (puñales, agujas, bisturís, etc). También para crear extensiones de extremidades del usuario o de otros animales en el propio usuario para que le ayuden, aunque su funcionalidad sería básica, por ejemplo, tener dos brazos más, unas alas (solo podría planear), etc. (Entrenada cuando iba de caza con los cazadores de Gothmog).

Resten: Si Liv se para en medio de un rol a meditar esta podrá recuperar stamina, regenerando un 10% por cada turno meditado (si medita no puede usar la acción de atacar o de moverse, solo defenderse perdiendo la concentración, puede usar técnicas que no requieran movimiento y los hakis exceptuando el del rey). (Entrenado antes de conseguir el apoyo de Beorn).

økt makt: Por cada 10% que gaste de su stamina guardada para realizar un golpe o corte, su potencia aumenta en un 20%. (Entrenado antes del combate contra Gothmog).

Mejora de Reservekraft: sean cuales sean las acciones de Liv, esta solo gasta el 1% de la stamina total que posea. (Durante todo el diario usando la habilidad de la akuma durante toda a historia).

Blanding til: con esta técnica Liv puede combinar de distinta forma los distintos colores de su marca rúnica, con un máximo de 2 a la vez. (Entrenada en el viaje desde la aldea Huan hasta la de Thorondor).


-HAKIS
Haki de armadura: desarrollado - superior
(A desarrollado con el segundo al mando de Gothmog poco después de llegar a la isla; a superior tras conseguir a Idril de aliada).

Haki de observación: entrenado - desarrollado (A entrenado cuando salgo de caza con los cazadores de Gothmog; a desarrollado tras conseguir a Idril de aliada).

-ROKUSHIKI:
-Kenpo del rokushiki, basado en el Kami-e.
Este kenpo permite a Liv poder contorsionarse como si de una gimnasta olímpica se tratase mientras maneja sus armas, aumentando en gran medida su peligrosidad en combate. (Desarrollado en casi todos los combates).

-Kenpo del rokushiki, basado en el Geppou. Este kenpo permite a Liv poder usar el Geppou con cualquier parte de su cuerpo que pueda generar movimiento piernas, brazos, cabeza, codo y rodillas. (Desarrollado cuando entreno el mantra a desarrollado).

-Kenpo del rokushiki, basado en el Soru y Geppou. Este kenpo permite a Liv moverse en el aire mientras usa estas dos habilidades a una velocidad base de 30 m/s, sin embargo, ha de estar en el aire para lograrlo dado que la técnica se basa en un menor rozamiento, es decir, si toca el suelo, o cualquier otra superficie la velocidad pasará a ser la normal hasta final de turno. (Desarrollado justo antes de que Idril se una a la alianza y entrenado poco después).

-Geppou
-Shigan
-Rankyaku

(Los tres durante el viaje a la isla)

-Estilo de combate con el hacha

-Tropas: 1000 vikingos (haré ficha para los 5 generales).
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Re: La guerra contra los infieles (Primer TS)

Mensaje por Invitado el Vie 1 Sep 2017 - 1:53

Buenas, soy Drake, tu corrupto favorito. Voy a ser rápido que mira la hora que es y tú eres mi último diario.

Caja del Lobo:
-Es mía, Los dioses me la enviaron – le respondí // Ese los creo que es en minúscula.

parece mucho más fuerte que tu // tú.

A ver que clase de salvajes // Qué.

-Se que estás ahí, // Sé

con cruz pude ver como comenzó a // cómo.

hombre me dijo a que hora debía // qué.

Eso me suena a que como ejercito // ejército.

retiré un poco para ver que // qué.

alguna forma el hacer rebotar los ataque y // los ataques.

había estado hacia apenas un segundo // hacía.

– se rió el Jarl ante // rio. Creo vamos, pero este no lo tendré en cuenta.

, concretamente hacia un circulo de los Crusaders // círculo.

conseguir que es ejercito que se // que ese ejército.

siendo casi lo únicos // los únicos.

preguntó algo incredulo. // incrédulo.

acabar con lo Crusaders // los.

Todos los hombres del ejército de Crusaders comenzó a mirar // comenzaron.

cayendo a suelo muerto, // al suelo.

En fin, hay fallos como ves, pero lo voy a decir. Nunca me había leído una historia de guerras entre vikingos y demás, tan solo jugar al skyrim (y ni eso se acerca) Me ha molado mucho la historia. Los entrenamientos me han parecido perfectos y pese a los fallos te voy a dar un 8.5 Te llevas todo lo que has pedido, ya que te da para todo y está bien hecho. Si consideras esta moderación mala, no sé, que ha habido tongo o cualquier cosa, puedes pedir segunda. Un saludo y le deseo buen noche. Se despide, Drake.

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Re: La guerra contra los infieles (Primer TS)

Mensaje por Liv L Astrid el Vie 1 Sep 2017 - 1:58

Acepto la nota encantada, para haber hecho el diario en tan poco tiempo (me despisté y casi se me pasa la fecha) no puedo quejarme para nada. anoto los fallos y los intentaré evitar para próximas ocasiones.
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Re: La guerra contra los infieles (Primer TS)

Mensaje por Señor Nat el Vie 1 Sep 2017 - 12:44

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Re: La guerra contra los infieles (Primer TS)

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