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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

[Diario] La tripulación del puño caído

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[Diario] La tripulación del puño caído

Mensaje por Luka Rooney el Vie 25 Ago 2017 - 18:41

Nota:
La ubicación temporal de este diario es justo después de este otro. Hay un intervalo de tiempo entre uno y otro, como dejo claro abajo.

La tripulación del puño caído.


La vida tiende a ser sencilla, sin embargo, a veces nos la complicamos nosotros mismos. Otras, nos vienen reveses ajenos a nuestras personas y que difícilmente podemos llegar a controlar.

A mí la vida me trataba de esa segunda manera. Desde que tenía uso de razón, había sufrido diversos reveses. Sin ir muy lejos, en el transcurso de la infancia, la vida no me había tratado demasiado bien. Provenía de una familia humilde y nunca pude ver más allá de nuestra casa: la isla Gyojin. La gente tenía metas, sueños y realizaba multitud de tareas que hacían que la mente estuviera ocupada, evitando así realizar las típicas preguntas que todos nos hacíamos respecto a las hostilidades en contra de los Gyojins. Sin embargo, yo me dediqué a meterme donde no me llamaban, lo cual hizo que tuviera más de una reyerta en las calles de la isla y, a su vez, obtuviese respuesta a más de una pregunta de éste modo.

Continuamente me preguntaba... ¿Por qué todos se contentan con estar encerrados aquí? ¿Por qué las metas de la gente son tan poco ambiciosas? Quería salir. Ansiaba ver el mundo con mis propios ojos. Pero en aquel momento sólo podía esperar a que alguien regresara a la isla para que nos contase las barbaridades que había visto.
Deseaba hacer ver al mundo que los Gyojins son una raza más. Que no somos animales, ni peligrosos por naturaleza. Simplemente contamos con un aspecto diferente y unas habilidades distintas al resto de razas, como es normal.

Durante una gran parte de mi vida tuve esa mentalidad. Ese rayo de luz. Pero poco a poco se fue eclipsando. La oscuridad empezaba a predominar sobre mí.
Las barbaridades de Gyojins que conseguían regresar a la isla empezaron a despertar esa ira. Algunos venían traumatizados, otros venían mutilados… De hecho, no recuerdo algún Gyojin que contase únicamente cosas positivas de su salida. Seguramente nunca haya existido ese Gyojin.

Empecé a odiar al ser humano. Globalicé mi sentimiento hacia cada uno de los humanos. Cuando un hermano llegaba a la isla todos nos esperábamos lo peor. Y parecía que cada vez iba a más.

Nunca podremos cambiar el pasado, pero siempre formará parte de nosotros.

Todo lo que sucedió después forma parte de la historia. Una banda de Gyojins promovidos por el odio ante un mismo objetivo y con un mismo fin.

Afortunadamente, debido a diferentes incidentes, mi mentalidad había cambiado de nuevo con la separación de la banda. Por fín tenía claro que quería hacer en este mundo. Por fín tenía claro mi objetivo y mis metas, las cuales seguían siendo bastantes similares a las que me hicieron partir de la isla Gyojin, solo que menos radicales y con un diferente canal de ejecución.


----------------------------------------------------------------------------------



Ya habían pasado un par de semanas desde el incidente en aquella isla. Aún me preguntaba si realmente todos los esclavos liberados estarían en algún lugar seguro. ¿Y Nazan? ¿Qué sería de Nazan? ¿Estaría a salvo? De ser así, ¿Dónde habría ido?

Confiaba en la fortaleza de Nazan, sin embargo, algo me decía que podía estar en peligro. El mundo es muy grande, y la ira de un humano ante un Gyojin puede ser mayor aún.

Por mi parte, había estado vagando por el mar, sin ningún rumbo. Parando de isla en isla para curar mis maltrechas heridas, aunque sin mucho éxito, pues sólo estaba consiguiendo que no fuesen a más. El material que podía recoger era muy escaso, y en la mochila cada vez había menos.

Hablando de la mochila... La que tanto pesaba... ¿Qué tenía?

Dinero. Únicamente dinero. Había multitud de utensilios sin valor que aparentaban tenerlo, pero a la legua se veía que eran baratijas. Un par de candelabros, unos guantes medio rotos… No tenía mucho sentido conservarlos, por lo que los había tirado en la primera isla en la que paré. Realmente sólo me estaban retrasando.

En ese momento decidí que lo mejor era llevar únicamente los utensilios necesarios, eso me ahorraría un esfuerzo que cada vez me agotaba más. Anteriormente al paso por la casa de subastas, había adquirido utensilios de medicina genéricos, pero no eran suficientes para una travesía tan larga.

Durante las dos semanas deambulando por el mar, conseguí algún que otro objeto más, pero ya empezaban a escasear. En el compartimiento más grande sólo había dinero. Afortunadamente, la mochila aún no se había roto. A ojo en la mochila había cerca de un millón de berries, pero nunca me paré a contarlo por miedo a que me lo robasen. Cada inmersión rezaba por que la mochila siguiese teniendo sus propiedades que la hacían sumergible. Si por algún casual se rompiese, perdería más dinero del que jamás había visto junto.

Respecto al viaje, había que tener en cuenta que la sal del agua producía un efecto antiséptico en mis heridas, a la par que ejercía de antiinflamatorio. Aunque también es verdad que el nadar en aquellas condiciones me agotaba en demasía, por lo que tenía que parar más del doble de veces que en un viaje normal.
Desgraciadamente, cada día el dolor era mayor y estaba más agotado. Hubo momentos en los que era incapaz de nadar por más de 15 minutos sin tener que parar a descansar. El panorama no pintaba demasiado bien.

Es entonces cuando decidí parar. Necesitaba descansar, y para ello necesitaba estar quieto. Todo ello me llevaba a tierra firme, por lo que me decidí a pasar un tiempo en la ciudad. Aquello que intentaba evitar a toda costa se había vuelto la única opción posible. Tendría que volver a tratar con humanos y esperar cierta cordialidad de ellos, algo en lo que no terminaba de confiar.

No recuerdo si después de tomar la decisión paré cuatro o cinco veces. Tampoco recuerdo el tiempo exacto hasta que por fín, a lo lejos, divisé una isla. No sabía dónde me encontraba, pero tenía claro que esa isla o bien salvaría mi vida, o bien acabaría conmigo. Puede parecer un poco excéntrico, pero realmente después de todos los sucesos vividos, pensar aquello era lo más normal del mundo.

Calculé que tardaría 10 minutos en llegar, así que me dispuse a salir torpedeado hacia allí. Desgraciadamente, pronto me dí cuenta de mi estado, y tuve que multiplicar por cuatro la estimación de tiempo. Intentaba propulsarme con las piernas, pero entre los tirones y el cansancio, era imposible ir más rápido. Aquello me recordó a las clases de natación de la isla Gyojin. Cuando los bebés recién nacidos tenían su primer contacto con el agua, antes que con la tierra. Seguro que algún bebé de aquellos hubiera sido capaz de ganarme una carrera en el estado en el que me encontraba.
Los últimos metros se hacían insufribles. Cada 10 minutos tenía que parar a recobrar el aliento. Sentía entumecido todo el cuerpo y, francamente, no creía que fuera a llegar a la orilla de aquella isla nunca.

Conforme iba acercándome, podía divisar un puerto con un par de barcos amarrados. Ambos lucían sendas banderas piratas y parecían estar despejados.

En la isla no se veía gran cosa. Una especie de campanario y un par de edificios grandes. Desde mi ubicación parecía que sería una isla pequeña, pero por el momento no accedería a ella.

Pensé en ese momento que quizá la mejor opción era meterme en uno de esos barcos e intentar saquear los objetos medicinales que pudiera. Sería una operación rápida y sencilla, y lo más importante de todo… Me libraría de entrar en la ciudad.

Ojeé los dos barcos aún desde la lejanía y decidí cuál sería la víctima. Entre pausa y pausa y teniendo en cuenta la lentitud de nado, tuve bastante tiempo para ojear los barcos con detenimiento. Ambos aparentaban un tamaño similar, aunque el de la derecha ganaba por poco. En cuanto al cuidado, ambos estaban en excelentes condiciones, aparentemente. El de la derecha lucía una típica calavera con un látigo bordeando la cabeza. El segundo, era algo más original. Dos huesos entrecruzados en forma de cruz que estaban inmersos en la verdadera calavera. Una enorme con unas distintivas pecas en las mejillas,una larga nariz y un sombrero puntiagudo que me hizo recordar al típico sombrero de brujas.

Tenía que elegir entre alguno de aquellos barcos e intentar conseguir el mayor número de utensilios médicos que pudiera portar. Era eso, o que los humanos me trataran. Y jamás dejaría que eso pasara, estaba seguro que si eso ocurría algún día, los humanos aprovecharían ese momento para hacer experimentos con mi cuerpo. Era algo que no toleraría nunca.

Cuando llegué a los alrededores de los barcos no divisé a nadie vigilando. No sabía muy bien qué costumbres tendrían los piratas respecto a la protección de sus tesoros, pero me olía mal que no hubiese nadie allí. No podía ser tan fácil. ¿Quizá no guardaban nada?

Antes de realizar ninguna acción, preferí hacerme un chequeo rápido. Tenía la mano izquierda algo entumecida, heridas en ambos brazos y piernas, y una herida algo más grande en el abdomen.

Es entonces cuando le hice una llamada al azar y éste me respondió rápido. El barco de la derecha sería mi objetivo.

Tenía que ser rápido, hacer poco ruido y, sobre todo, tenía que conseguirlo a toda costa. Dí un impulso hacia arriba y me colgué de la cuerda del lateral derecho del barco, serpenteando hacia arriba hasta que pude apoyarme en la barandilla, donde conseguí impulsarme más fuerte y caer en la cubierta del barco. Resbalé y tuve que apoyarme con la mano derecha, evitando gritar del dolor sufrido en la muñeca.

"Bueno, este es el primer paso del plan, y parece que no hay nadie vigilando." Aunque realmente no había plan definido, parecía que empezaba a coger confianza en mí mismo.

Miré en todas direcciones en busca de algún humano que estuviese realizando alguna guardia, pero no había nada. Aquello estaba desierto. Fuí entonces en dirección norte, lo que acabó siendo la entrada de los camarotes. Seguí mirando puerta por puerta en busca de aquel cuarto de medicinas. ¿Realmente tendrían? No podía imaginarme un barco sin un lugar donde curar las heridas de guerra.

Entré en otra sala que se encontraba a la derecha, pero era un camarote. Lo ojeé levemente y seguí sin encontrar nada de lo que estaba buscando. La sala contigua a esta última era otro camarote, ésta vez doble.

Proseguí maldiciendo aquel lugar. Después vino una carpintería, una sala con un par de mesas únicamente y una decoración un tanto lúgubre y, finalmente, lo que parecía ser la enfermería.

Aquella sala tenía unas vidrieras con medicinas, una camilla con un par de taburetes y un par de mesas de tamaño mediano. También había un corcho pegado a la pared con notas de lo que parecían ser fórmulas químicas.

Accedí a la sala y cerré la puerta. Me dirigí hacia las vidrieras y ví como todo estaba bastante descuidado, no tenía un orden lógico y predominaba el caos. Todo tipo de medicinas mezcladas. Tanto naturales, como alternativas. Antidepresivos al lado de tranquilizantes, estupefacientes junto a ansiolíticos... Todo era un descontrol.

Pero, al menos, tenían material. Empecé a recolectar todo lo que creía que me haría falta. Gasas, esparadrapo, alcohol, povidona, yodo, lodopovidona... Y un sin fín de calmantes y relajantes musculares.

Cuando ya tenía todo el material en la mochila caí de rodillas debido a un mareo proveniente de las heridas. Me agarré del borde de la mesa para reincorporarme. Veía borroso y no era capaz de andar con normalidad. Ya era la tercera vez que tenía un mareo de aquella talla. Salí por el pasillo y avancé lentamente hasta la barandilla. Allí alguien me estaba esperando.

Noté como una bala perforaba mi hombro y provocaba que cayese de espaldas. Me llevé la mano al maltrecho hombro y empecé a palpar la sangre que la propia bala había producido.

"Mierda... La bala sigue dentro, ha tocado hueso"

- ¡Intruso! - Vociferó alguien a mi alrededor. Pero no podía ver nítidamente, ni siquiera me quedaban fuerzas para levantarme. Parecía estar en serios problemas... Y no poder reaccionar era algo que me dejaba a merced de aquel desconocido.

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Desperté con una extraña sensación. Una sensación de agotamiento. Miré a mi alrededor y no veía nada. Todo estaba oscuro. Además, olía mal. Todo ello me produjo un fuerte agobio.

Intenté moverme, pero no podía. A mis pies, cercanas a mis tobillos, unas cadenas cortaban mi libertad. En mis muñecas, unas esposas cohibían mi voluntad. Empecé a notar un exceso de humedad que empezó a hacerme sudar de una manera abundante.

Nunca había deseado echar a correr tanto como en ese momento. Era una pesadilla, pero a la vez era real. Estaba atemorizado…

Había tenido multitud de pesadillas al respecto durante mi juventud, y ahora tenía miedo de que se convirtiera en realidad. Bueno, ya lo había hecho, pero en mi mente aún cabía la posibilidad de que fuese cualquier otra opción, una que me alejara de la realidad que parecía estar viviendo. Una que me sacase de mis miedos. Una que me diese una explicación a todo lo que estaba pasando.

Noté como en mi hombro había una especie de vendaje, lo cual me hizo sospechar que alguien había venido a curarme. Intenté moverme, pero era incapaz. Las esposas estaban adheridas a la pared y no podía si quiera desplazarlas un poco.Tenía los brazos en cruz, aunque afortunadamente para mí, no estaba lo suficientemente rígido como para que me llegase a incomodar demasiado la posición. Al fin y al cabo, esa máquina de tortura estaría hecha para un humano, y mis dimensiones eran algo más extensas.

Me pregunté cuánto tiempo había estado allí y quién me tendría en tan desdichada posición.

"¿Cómo puede haber gente así?" Pensé desesperado. Realmente no sabía qué hacer.

Mi mente no era capaz de ver más allá. No veía una salida. Intenté divisar algo, pero no había luz alguna. Maldije de nuevo mientras me sonaban las tripas. ¿Habría estado sin comer todo el tiempo? Supuse que sí.

Una serie de continuos movimientos me hizo pensar que aún seguía en aquel barco. Oía ruidos y notaba como el agua golpeaba la madera. Durante un momento las gotas parecían querer decirme algo. Pude sentirlas una a una salpicando la madera. Empecé a deducir que quizá estábamos en mitad de una tormenta, lo cual empezó a crear cierta confusión en mí. ¿Qué pasaría si ese barco se hundía?

Por mucho que fuese un Gyojin y me sintiese como pez en el agua, con aquellas cadenas poco podría hacer. Estaría tan indefenso como un humano. Puede que incluso más.

Intenté pensar alguna manera de escapar de allí, pero parecía estar bastante jodido. Indefenso, herido, amarrado y sin voluntad. Poco podría hacer ante aquella situación.


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Cada día soñaba con el mar, la libertad, con nadar con la única preocupación de buscar comida. Anhelaba el olor a la tierra mojada, la naturaleza, la brisa golpeando mi rostro. Deseaba caminar, andar, comer. Actos que tenemos tan desarrollados que no valoramos. Actos que, de no poder lograr, te destrozan por dentro. Acciones que te dan o te quitan la vida. Porque… ¿Qué es la vida sin la libertad?

Habían pasado ya 5 días desde que recobré el sentido y seguía sin haber comido nada. Las tripas me rugían, cada vez tenía menos fuerza y empezaba a tirar la toalla. No dejé de mirar el suelo durante ese día. Me preguntaba si era aquel mi fin. Si aquella gente dejaría que muriera de hambre… No entendía nada de lo que estaba pasando, pero, ¿Qué importaba que lo entendiese?

En ese momento entró alguien por la puerta. Era menudo y parecía bastante asustado. Lanzó una especie de saco hacia mí y salió corriendo, cerrando la puerta con un portazo. Sólo pude vislumbrar por unos segundos aquel “saco”, que con más detenimiento, parecía un animal.

"¿En serio? ¿Ahora quieren que eso me devore?"

No pude si no lamentar el momento. Instintivamente intenté avanzar para salvar mi vida, pero las cadenas no tardaron en frenarme.

"¿Aún no me ataca?"

Pasaron un par de minutos sin ruidos y me dí cuenta que debí haber alucinado. Sea lo que fuese aquello que habían tirado, carecía de vida.

Conforme pasaban las horas, un olor cada vez más fuerte y desagradable empezaba a distinguirse en aquella sala. La idea de que quizá aquello que habían tirado era mi comida empezó a cobrar fuerza. Pensé y repensé alguna manera para conseguir comerme aquello, pero ninguna parecía viable en ese entorno. Cada vez me notaba más débil y no sabía si aguantaría mucho más… Aunque habría que pensar en positivo, a este paso, si no conseguía llevarme nada a la boca, las manos acabarían cediendo ante las esposas...

Había perdido la noción del tiempo cuando el hombre volvió a entrar, ésta vez se fué acercando poco a poco dando pasos firmes mientras no dejaba de mirarme. Empecé a hacerme el dormido, hasta que metió una llave en las esposas de mi muñeca. Intenté incorporarme muy lentamente, haciéndole ver que realmente estaba despierto. Pero, sin quererlo, ese hecho pareció sobresaltarle hasta tal punto que salió corriendo dejando la puerta abierta y la llave en la esposa.

Intenté abrir la segunda esposa, pero no fue hasta el tercer intento hasta el que lo conseguí.

Sentí un enorme alivio tras ello. Mi sorpresa se dio cuando vi que las llaves de los grilletes de los pies no coincidían con la de las esposas.

"Mierda, estuvo tan cerca..." Maldije a la par que me pasaba las manos por las muñecas, notando la característica marca que las esposas dejan en la piel.

Empecé a estirarme al máximo con la firme intención de coger la carne. Después de todo, era lo que más necesitaba en ese momento. Necesitaba recobrar la fuerza, y aquella carne me ayudaría a conseguirlo. Palpé cada lugar que alcanzaba, haciendo posturas inverosímiles en alguien de mi estatura. Incluso llegué a sorprenderme viendo la flexibilidad que tenía. Puede que esta aumentara en momentos de vida a muerte como aquél.

Tras unos diez minutos eternos, conseguí atraer hacia mí aquel enorme trozo de carne. No sin antes dejar sendas magulladuras en los tobillos debido al esfuerzo.

Empecé a comer como un animal. Como ese animal que debían creer que era. Aquella carne estaba dura y no olía demasiado bien, pero no había problema, había más hambre que ganas de masticar. Ni el mayor de los manjares me hubiera sabido mejor en ese momento. Carne de rey marino, un buen filete a la plancha. Nada me hubiera aliviado más que aquella carne. Incluso me mordí la lengua varias veces masticando debido a la desesperación del momento.

La boca se me hacía agua y el estómago parecía infinito. Comía y comía y no me sentía nada lleno. Quise seguir comiendo pero sólo había huesos. Proseguí relamiendo los huesos e intenté apurarlos al máximo. ¿Qué me estaba pasando? Nunca había comido tanto en tan poco tiempo.

Estaba lleno. Intenté sentarme de la manera en la que los tobillos menos me molestaran. Divisé los grilletes de cerca y pensé cuál sería el siguiente paso.

"Supongo que acabarán viniendo. Tengo que hacerlo lo más rápido posible. Piensa, Rooney, piensa..."

Pero no iba a ser fácil, desde luego. ¿Qué podía hacer? Necesitaba tiempo para descansar, curarme las heridas y, entonces, quizá sólo entonces, podría destruir aquellos grilletes con mis propias manos.

Antes de siquiera pensar algo, una persona entró en la sala. Era más corpulento y, detrás de esta persona, vino el que se asustó.

- Vamos, tienes que hacerlo.- Espetó el corpulento.
- N-n-n-o. -Dijo el segundo, intentando largarse.

No sabía qué intentaban, pero parecía que sólo recibían órdenes. Aún así, ¿Quién secuestra o tortura a otro ser, sólo porque alguien se lo ordena?

Cada día tenía más claro lo inútil que resultaban ser las jerarquías. Obedecer a alguien sólo porque él se cree el líder. No juzgar sus decisiones, simplemente acatarlas. Hasta en algunos casos se les seguía hasta la muerte… Qué tontería.

Durante mi reflexión el rifirrafe entre el corpulento y el otro humano seguía patente enfrente de mí. Finalmente, el corpulento vino hacia mí. Era obvio que sentía miedo, pero era menos notorio que con el otro.

- No sé si serás capaz de entenderme... Pero no quiero hacerte daño. Pronto serás libre.

"Creo que no han visto nunca a un Gyojin. Será mejor que no abra la boca"

Aquel hombre volvió a esposarme. Aún estaba demasiado débil como para intentar nada, por lo que simplemente seguí cada movimiento que hacía con la mirada.

- Pareces noble, la verdad. Siento que tengas que pasar por esto. A nuestro capitán se le ha ido la cabeza… Aunque creo que se me ha ido más a mí aún, intentando hablar con un extraño animal.

“Por alguna razón, parece que me he ganado su confianza” Pensé mientras seguía mirándole sin parar.

- Puede que sea extraño, pero no soy ningún animal. - Espeté mirándole a los ojos.

Su rostro cambió por completo y se quedó paralizado. No sabía qué hacer en ese momento, pero todo pasaba por la reacción de aquél hombre.

- Puedes… ¿Hablar?
- Sí. Creo que no sabes qué tienes enfrente. Soy un Gyojin.
- Así que los Gyojins existen… Nunca había visto a ninguno, y por lo que la tripulación cree de tí, ellos tampoco.
- ¿Por qué me tenéis aquí?
- Es un poco complicado… Se podría decir que…
- ¿Qué haces hablando con el monstruo, Paul?
- Yo… Nada, así le tengo menos miedo. - Comentó el tal Paul a la par que fingía hacer algo con mis esposas.
Robin quiere verte en la enfermería, nos hacen falta un par de hombres más.
- Voy. - Finalizó mientras le ví marcharse durante un par de segundos para después cerrar la puerta y quedarme nuevamente solo.

¿Qué estaba ocurriendo? Aquel hombre parecía derrotado. Parecía que estaba haciendo todo a la fuerza, y lo que es más raro aún, desconfiaba tanto de su capitán… Eso me hacía tener alguna esperanza de escapar.


------------------------------------------------------------------------




Otra semana más había pasado con visitas contadas, sendos tributos en forma de animales que no conseguía distinguir y dolorosas curas, hasta que por fin, el tal Paul volvió a verme.

- Siento no haber podido venir antes. - Dijo mientras cerraba la puerta y le ojeaba levemente. Llevaba una especie de vela, por lo que esta vez sí que era capaz de distinguir algo más que la oscuridad.

Permanecí inmóvil mientras aquella persona me empezaba a liberar de las esposas.

- No pude contártelo y ahora ya vamos tarde. Nuestro capitán ha hecho un pacto con otra banda pirata para comprarles dos espadas Wazamono. Pero no quiere pagarles… Ya sabes, un ladrón que roba a otro ladrón…Su plan es meterte en una enorme caja donde supuestamente estaría todo el dinero de la compra. Cuando abran la caja para comprobarlo… Saldrías e intentarías matarlos, creando una confusión que aprovecharíamos para atacar al resto y huir.
- Así que me usareis de cebo para robar dos simples espadas.
- Queríamos usarte.
- ¿Qué ha cambiado?
- Nadie de la banda quiere seguir más a nuestro capitán. Se está volviendo loco. Le pusieron doce millones de recompensa y se cree el pirata más fuerte del mundo… Nos pondrá a todos en peligro por conseguir dos espadas… Que posteriormente venderá, ya que él no emplea ningún arma.
- ¿Y qué quieres que haga?
- Se supone que te debería pinchar este sedante. Según nuestro médico, te dejará quince minutos dormido. Cuando pasasen esos quince minutos, tendríamos vía libre para abrir la caja y desatar el caos..
- Sigo sin ver el plan.
- Porque aún no lo he terminado. Ninguno de nosotros es lo suficientemente fuerte como para acabar con nuestro capitán. Incluso juntos moriríamos la mitad. Es despiadado y demasiado duro… Pero algo me dice que tú sí podrías con él.
- ¿Y qué gano?
- Ser libre. Y ayudarnos al resto a ser libres, claro.
- Podría ser libre si acabase contigo ahora.
- Tendrías que luchar con nuestro capitán igualmente, está en cubierta, quiere supervisar él mismo que estás bien dormido.

Permanecí un momento en silencio y Paul pareció respetarlo. Intenté divisar todo tal y como se estaba dando, aunque parecía complicado. No sabía contra qué me enfrentaba y ni si quiera tenía por qué hacerlo. No me creía que no fuese capaz de golpear a aquél hombre, salir corriendo y lanzarme al agua. ¿Quién podría cazarme allí?
Pero algo me decía que era la única esperanza de aquella gente. Se lo debía. Debía devolver algo de lo que le arrebaté a los humanos. Aunque ellos tenían más precedentes en ese campo… Pero si quería cambiar la relación entre humanos y Gyojins, este sería un bonito principio.

- Pongamos que te ayudo. ¿Cómo sería todo? ¿Cómo es tu capitán?
- La caja donde teníamos intención de meterte está en su propio despacho. Hay cuatro compañeros ahí fuera que me ayudarán a llevarte a rastras hasta allí, te meteremos en la caja y saldremos. Nuestro capitán es carpintero y se encargará de sellar bien la caja. Incluso la ha recubierto de algún extraño material para insonorizarla, así no te darías cuenta de nada y nosotros no oiríamos cuando despertaras.
- ¿Y no saldrá vuestro capitán a por refuerzos?
- No. Primero, es demasiado orgulloso. Segundo, su camarote es el único que tiene puerta sellada. Nos encargaremos de cerrarla a cal y canto. Depositaremos todas nuestras esperanzas en tí. Por cierto, ¿Cómo te llamas?
- Rooney. Pero eso no importa. Cuéntame algo de tu jefe.
- Fué boxeador profesional y decidió dejarlo porque según él no daba dinero. Lucha de manera básica. Tiene buen juego de pies, potentes golpes y, para que no te pille de sorpresa, es zurdo. Igualmente, tiene muy buen golpe con la derecha.
- ¿Tiene algún tipo de truco o as bajo la manga?
- No le he visto pelear más de cuatro o cinco veces. Sólo sé que se vuelve loco cuando pelea.
- Está bien. - Un segundo hombre irrumpió en la sala.
- Oh, disculpa. Es nuestro médico. Te hará un breve chequeo.

No entiendo. ¿De verdad esta gente está tan desesperada?” Pensé mientras veía la cara estupefacta del médico, que ojeaba atónito mis tobillos y muñecas.

- Sorprendentemente, no están demasiado mal. Tienes magulladuras y heridas varias alrededor de las propias muñecas. Los tobillos los tienes algo peor… Pero no serán un gran impedimento. Eso sí, no sé si serás capaz de permanecer mucho tiempo de pie antes de que te empiecen a fallar.
- Sé de qué va esto. También soy médico. ¿Tenéis algún sedante?
- No, pero tenemos medicinas naturales. Te he traído corteza de sauce. Es el mejor remedio para la atrofia muscular.
- Voy a necesitar mucha agua para ingerir eso.
- También la tenemos. Sepa, señor, que es la única fuente de fé que tenemos ahora mismo. Sálvenos, por favor.

Estiré y flexioné mi cuerpo para notar cómo un escalofrío recorría mi espalda. No estaba en condiciones de pelear, pero, después de todo, ya me había comprometido.

Volví a mirar de nuevo a los azulados ojos de aquél hombre para definitivamente darme cuenta de dónde me había metido. De qué era lo que tenía que hacer ahora. Toda aquella gente, al fin y al cabo, sólo buscaba lo que una gran cantidad de Gyojins: libertad. Sólo buscaban ser libres y actuar en función de sus opiniones y creencias, respetando y teniendo en cuenta las del resto de camaradas. Nada era peor que un líder tirano que no escucha al resto de su tripulación, alguien que actúa sólo y únicamente por el simple hecho de ganar una reputación que para nada le beneficia.

Eso se tenía que acabar, y todo apuntaba a que, en ese momento, yo era el único que podía parar a aquella persona.

Dí un par de pasos para estrechar la mano de Paul.

- Lo haré. Llevadme donde esté.

Rápidamente todos se pusieron manos en la obra y me ayudaron a meterme en la caja. Hicieron un par de agujeros en los laterales para que pudiese respirar, con suerte, el capitán se daría cuenta demasiado tarde.

Una vez dentro de aquel habitáculo, empecé a darme cuenta de lo bochornoso que era. Incluso me planteé la opción de que aquellos humanos me estuviesen intentando traicionar.

Tranquilo, Rooney. Puede que después de todo esto sea más fácil de lo que realmente es. Sólo concéntrate en no vomitar. Tú puedes.

Noté como alguno de los humanos ladeaba en exceso la caja en la que iba metido, lo cual hacía que me agobiase al sentir que estaba perdiendo el equilibrio. Era algo que no podía controlar, y quizá eso hacía que me pusiera cada vez más y más nervioso.

Fueron unos minutos que jamás olvidaré. El corazón cada vez me latía más rápido. Finalmente, consiguieron llevarme hasta el lugar.

- Tome, esta es la dosis, tal y como usted pidió.
- Gracias, Paul. ¿Ha costado mucho?
- No. Entramos todos a la vez como usted pidió. Le lanzamos un dardo tranquilizante y pudimos con él. Aún así pesa demasiado. Cuando le inyecte la dosis llámenos, nosotros cargaremos con él.

En ese momento recordé lo que el médico junto con Paul me habían dicho.

“Me ha pedido prepararte una dosis de sedantes, pero no es lo que haremos. Como hemos dicho antes, hemos estado preparando este golpe durante mucho tiempo. Hemos aprovechado la facilidad de nuestro jefe para moverse por el mercado negro para conseguir un par de  esteroides de energía. Supongo que sabrás lo que es. Potencia tu fuerza y reflejos. Ya de base un Gyojin tiene el doble de fuerza que un humano, si le sumas la píldora… te hará mucho más potente. La hemos triturado y la hemos introducido en la jeringuilla. Debes hacerte el dormido y dejar que te pinche, y en ese momento… lo pillarás con la guardia baja y será tu momento. Con un simple golpe serás capaz de derrotarle”

No pensaba que fuese a ser tan sencillo como un simple golpe. Tampoco había probado nunca un esteroide de energía, aunque sí los había visto en persona. Había visto a gente comérselos y ganar peleas con un par de contundentes golpes. También había visto a gente volverse adicto a estas sustancias y acabar matándose a sí mismos, ya que el efecto secundario de esta droga era demasiado peligroso… Te acortaba la vida. No se sabía con exactitud cuánto ni si siempre era la misma cantidad de tiempo… Pero era cierto que lo hacía.

Me calmé hasta tal punto de bajar mis pulsaciones y sentirme relativamente cómodo en la situación en la que estábamos. Todo tenía que fluir perfectamente para poder asestar el golpe lo más fuerte posible en el momento idóneo.

Noté como la puerta se cerraba, señal inequívoca de que estábamos ahora solos, tanto aquella persona tan odiada como yo. El humano forcejeó unos segundos con la madera hasta abrir la tapa. Noté como el sol incidía en mi cara y mis poros sintieron un enorme alivio al poder respirar de nuevo.

El humano sentía curiosidad por mí. Empezó a palpar las extremidades de mi cuerpo. Se detuvo en la nariz, pasando por el cabello y los dientes, en los cuales profundizó casi en exceso. Aguardé pacientemente al momento, pero parecía no llegar. Sentía una extraña sensación. Parecía notar a los piratas de fuera, a la par que sentía como se movía el líder de la banda alrededor de mí.

“¿Qué es esta sensación?”

La sensación logró desconcentrarme un par de ocasiones más. El humano siguió tocándome y volví a notar de nuevo esa sensación, mucho más notoria. Alguien o algo venía a toda velocidad en dirección hacia el camarote. Y, de repente, ese “algo”, golpeó la puerta y la cerradura se cerró. Oí entre cinco y ocho veces el chasquido de la cerradura cerrando. Aproveché la situación para abrir los ojos e impulsarme y golpear a aquél hombre a la altura del estómago, propinándole un rodillazo en el mismo sitio haciéndole caer mientras miraba incrédulo a la puerta, preguntándome qué había pasado.

“¿Por qué demonios se han adelantado? Tenían que haberme dado treinta segundos más...” Pero a través de aquella puerta no se veía nada.

Mi rival se levantó algo atónito y escupió al suelo, aunque sin rastros de sangre.

- Hijos de puta… Me la han jugado… A mí… Mataré a cada uno de esos bastardos en cuanto logre salir de aquí.

Adopté una pose defensiva ante el lento movimiento de aquel ser humano. Era moreno y alto, mediría quizá dos metros. Tenía un par de cicatrices en el brazo derecho. Se quitó la camiseta y abrió el cajón. Intenté abalanzarme sobre él antes de que sacara nada, pero el tobillo derecho me falló y caí apoyando la rodilla derecha al suelo. No aparté la mirada ni un segundo ante aquél hombre, consciente de que podía sacar algún arma, pese a que Paul me había dicho que no usaba. Entonces, sacó unos guantes con un alambre de espino y se los puso rápidamente.

- En cuanto a tí… Algo en mi interior me decía que era mala idea dejarte con vida. Intentaste robarme… Y ahora te costará la vida.

Permanecí con el semblante serio mientras me levantaba lentamente, ojeando con el rabillo del ojo la clave de mi victoria: La jeringuilla con los esteroides de energía.

En segundos aquél hombre ya estaba a escasos centímetros de mí, realizando combinaciones de golpes con los puños que a duras penas podía esquivar.

Los golpes en mi cuerpo fueron sucediéndose, desde el rostro, pasando por los brazos y finalizando en el estómago. No podía seguir su ritmo, era evidente, pero tampoco sabía si el ritmo de aquél hombre cesaría en algún momento. De no ser así, tenía pocas posibilidades.

Continuó a la carga, ésta vez directo hacia el estómago. Me deslicé levemente hacia la derecha para agarrar su muñeca con la mano derecha y realizar un duro rodillazo sobre el brazo, aunque, cuál fue mi sorpresa, al ver un puño aparecer delante de mis ojos. El golpe consiguió deslizarme un par de metros hacia atrás, logrando emanar un hilillo de sangre procedente de mi rostro.

“Golpea muy duro. Un par de golpes más así en la cara y estoy fuera”

Me incorporé agarrándome del mostrador a la par que intentaba divisar al humano, sin éxito. Había cambiado su posición, y, pese a estar en una habitación cerrada, no conseguía verle por ningún sitio.

En ese momento, me acordé de los esteroides, los cuales debían seguir en la mesita. Estaba en la esquina opuesta, por lo que salí corriendo hacia allí y, cuando estaba a medio metro de la jeringuilla, una mano me agarró del pelo hacia atrás, frenándome en seco. Por instinto, protegí mi rostro como si de un boxeador se tratase.

- Vaya vaya, a alguien le pegaban de pequeño y ahora sólo adopta poses defensivas… Tu golpe fue muy débil. - Comentó mientras se tocaba la muñeca. Claramente le había dolido, sólo intentaba jugar con el factor psicológico. - Lo vas a mandar todo a la mierda… Sólo tenías que crear confusión. La gente huiría de ti, se sorprendería al ver a una criatura así, y aprovecharíamos para conseguir las katanas que tanto queremos.
- ¿Queréis? - Espeté mirándole a los ojos mientras me llevaba la mano al rostro, quedando esta ligeramente bañada en sangre.
- ¿Hablas? Vaya, eso sí que no me lo esperaba... Sí, queremos.
- Deberías hablar más con tus subordinados. Si quisieran lo mismo que tú, no te encerrarían aquí, ¿No crees?- Finalicé lanzándome hacia aquél boxeador con un potente salto y el puño en alto. Sabía que no tenía casi ninguna opción contra él, ni siquiera sabía si en excelentes condiciones podría vencerle en combate singular. Pero tenía un as bajo la manga, y tenía que usarlo. Sólo me llevaría tiempo, aunque desgraciadamente, no sabía cuánto. Ni si quiera si sería suficiente.

Mi ataque fué fácilmente rechazado por el boxeador, que realizó un bloqueo en forma de X, yendo mi golpe directo al punto de cruce entre ambos brazos. Lo único que conseguí fue desplazarle unos centímetros hacia atrás, aunque el boxeador consiguió mantener el equilibrio y realizarme instantáneamente un contraataque idéntico al golpe anterior, lo cual hizo que volase durante unos segundos y cayese al suelo de nuevo.

- Vas a tener que hacer algo más que esto para vencerme.

“Lo sé. Lo que no sé es cuándo podré hacerlo. Ni si quiera sé si podré”

Me levanté con la mirada clavada en mi enemigo. Una mirada llena de ira, la cual me devolvió y se abalanzó sobre mí.

La ofensiva del boxeador cada vez era más potente, realizaba combos muy bien trabajados, nunca repetía patrón, por lo que la defensa era bastante complicada. Seguía bastante concentrado los movimientos con los ojos, pero mis reflejos no eran tan buenos como su ofensiva, por lo que por cada tres o cuatro golpes, recibía uno. La mayoría eran por mi lentitud, por lo que sólo recibía una parte del golpe, pero algunos me daban de lleno y provocaban un chasquido y un gemido de dolor que alimentaba la fuerza del extraño humano. Aproveché un golpe evadido para dar un paso hacia atrás y recobrar el aliento.

“No puedo seguir así. Tengo que conseguir eso ya, si no, estaré perdido”

De lo único que me había dado cuenta hasta entonces, es que en mis dos ofensivas anteriores, la defensa había sido exactamente la misma. Se limitaba a defenderse de una manera y realizar el mismo contraataque: un golpe directo al rostro. Además, el golpe era tan potente que podía lanzarme hacia atrás, por lo que ví una opción para conseguir inyectarme la dosis que Paul había preparado.

“Ni siquiera sé qué es lo que Paul me ha dado, pero si quiero salir con vida de aquí, tendré que poner mis esperanzas en él, al igual que él las ha depositado en mí. Así debería funcionar el mundo, Gyojins y humanos unidos por una lucha injusta.”

Le dí la espalda a la jeringuilla y me dirigí al humano. Esta vez lentamente hasta estar a un metro de él. Previamente había pasado la mano izquierda por mi herida, quedando ésta empapada de sangre

Adopté una pose ofensiva, flexionando las rodillas y ladeando ligeramente la cadera para realizar un leve giro y extender el puño derecho hacia su abdomen. Nuevamente, Paul frenó el golpe, aunque esta vez con alguna dificultad más, y volvió a realizar un contraataque con su diestra hacia mi rostro.

“Ahora, esta es la única opción que tengo”

Cuando el golpe estaba a punto de impactar en mi cara, dí un pequeño salto hacia atrás y apoyé la mano izquierda en el puño del boxeador, aprovechando la fuerza de éste y ayudado por las partículas de la sangre, controladas por el karate gyojin, para lanzarme hacia atrás en un impulso más leve que el anterior, contrarrestado entre ambas fuerzas, consiguiendo así llegar hasta la jeringuilla, aunque dándome un par de golpes antes con los muebles de alrededor durante la trayectoria.

El boxeador permaneció en su sitio sin hablar. Parecía no entender lo que había sucedido en ese momento. Me incorporé y cogí la jeringuilla. El humano seguía impasible.

- No me digas que no soportas más el dolor.

"¿Aún seguirá pensando que es algún tipo de tranquilizante?"

- Sinceramente, he estado en momentos mejores. Pero ahora te tocará sufrirlo a tí.- Terminé a la par que me pinchaba y notaba como el líquido entraba por mis venas.

Pasaron un par de segundos hasta que noté como mi corazón se aceleraba. Fueron otro par de segundos los que mis músculos necesitaron para mostrarse más definidos. Y tres segundos después, mis ojos se tornaron de un color rojizo.

Mis venas empezaron a mostrarse cada vez más y más, y notaba como todo fluía en mi cuerpo. Cogí una botella de agua del suelo, que antes estaba en el mostrador, y me empapé las manos de ella. Tras ello, salí disparado hacia el boxeador, que parecía más atónito aún. Cuando estaba cerca de él, preparé un gancho con el puño derecho dirigido hacia su estómago que impactó de nuevo en su defensa, aunque esta vez, sin retroceder el brazo, forcé más hasta que conseguí impulsar el agua de la mano consiguiendo así desplazarle. El boxeador rodó por el suelo para volver a levantarse.

Parecía bastante picado, y se dirigió hacia mí con otra combinación de golpes que intentaba esquivar de nuevo. Mis reflejos habían aumentado bastante, ya casi esquivaba todos los golpes, aunque la sensación que tenía era bastante rara. Era como si me moviese de forma mecánica. Sin pensar, simplemente esquivaba. De repente, uno de los golpes con su diestra, venía directo al rostro pero, instintivamente, llevé la mano izquierda hacia la zona de impacto y cerré el puño atrapando el suyo. Había parado el golpe sin apenas moverme, ¿Cuánta fuerza tenía en ese momento?

"Ni si quiera noto dolor ahora mismo. Es como si esta fuerza, por alguna razón, supliese el dolor sufrido"

- Dame una razón para que no te aplaste la mano.

El boxeador intentaba zafarse sin éxito, y prosiguió dándome golpes a la altura de las costillas que hizo que llevase mi mano derecha hacia su cuello, elevándolo hasta chocarlo contra la pared a la par que cada vez apretaba más y más su indefenso puño. El boxeador empezó a gritar de una manera desorbitada, hasta tal punto que empezó a dolerme la cabeza.

En ese momento no era consciente de lo que estaba haciendo. Simplemente exhibía mi fuerza. Continué apretando sin fin, notando como se desgarraban los musculos y los huesos empezaban a crujir. Los gritos del boxeador terminaron cesando y, cuando le miré a los ojos, éste parecía haberse desmayado. Su mano estaba destrozada. Lancé su inerte cuerpo hacia el suelo a la par que me dirigía hacia la puerta, propinándole un fuerte golpe que la arrancó de cuajo.

- Ahí tenéis a vuestro lider indefenso. Hacedle lo que queráis. - Finalicé, sorprendiéndome al ver que todos estaban a varios metros y cerca de las barandillas. ¿Acaso pensaban saltar si aquél humano hubiese conseguido vencerme?
- ¡Entrad! Entrad todos y atadle, ¡ahora! - Espetó Paul, quien pareció ser el primero en reaccionar. Éste vino hacia mí y me tendió la mano, la cual estaba llena de sangre. - Te haremos un checkeo y te curaremos. ¿Cómo estás?
- Bien, la cosa se torció, pero cuando tomé los esteroides no fue rival.
- Es una droga muy fuerte. Me alegro muchísimo que nos hayas hecho este favor… Nosotros te haremos otro. Te hemos traído de vuelta tu mochila, así como también hemos preparado un cofre con algunos de los tesoros que hemos ido encontrando. Hemos decidido dejar la piratería, por lo que trabajaremos en la próxima isla que encontremos. Nos hemos quedado una parte, pero a ti también te corresponde otra, al fin y al cabo si somos libres es en gran parte gracias a tí.

Acepté de buena gana mi parte y me pregunté qué harían exactamente esas drogas. ¿Eran más perjudiciales que beneficiosas? ¿Acaso tendrían unos efectos secundarios muy notorios? Desde luego, la parte positiva era que potenciaba la fuerza de una manera considerable, además demasiado rápido. Y, algo me decía, que el no notar ningún dolor era parte de aquellos efectos secundarios también.

Me marché con el médico sabiendo que ese sería mi último día allí. Me curarían, me darían mi parte y me marcharía. No pude evitar esbozar una sonrisa. Al fin y al cabo, lo que había hecho no era ni más ni menos que liberar a alguien de un opresor. ¿No era eso lo que sobraba en este mundo?


”peticiones”:


  • NPC: El líder de la tripulación del puño caido. Conocido boxeador que decidió dejar la profesión porque no le daba dinero. Es nivel: 15. Recompensa: 12.000.000
    Solicito la recompensa por vencerle.

  • Power-Up: Poseidon. Envuelto por la ira, Rooney es capaz de, en situaciones extremas, segregar una gran cantidad de adrenalina que provoca que su fuerza se vea incrementada y su dolor reducido durante una serie de turnos.
    Nivel 10: Fuerza: x1.25. Daño reducido: -3%. Turnos: 2.
    Nivel 20: Fuerza: x1.5. Daño reducido: -5%. Turnos: 2.
    Nivel 30: Fuerza: x1.75. Daño reducido: -10%. Turnos: 3.
    Nivel 40: Fuerza: x2. Daño reducido: -15%. Turnos: 3.
    Nivel 50: Fuerza: x2.5. Daño reducido: -20%. Turnos: 4.
    Nivel 60: Fuerza: x2.75. Daño reducido: -25%. Turnos: 4.
    Nivel 70: Fuerza: x3. Daño reducido: -30%. Turnos: 5.
    Nivel 80: Fuerza: x3.5. Daño reducido: -35%. Turnos: 5.
    Nivel 90: Fuerza: x3.75. Daño reducido: -40%. Turnos: 5.
    Nivel 100: Fuerza: x4. Daño reducido: -50%. Turnos: 5.
    Pasados los turnos, el dolor total reducido se recibirá de golpe dividido entre dos.

  • Dinero: Del botín recibido: 3.000.000 berries.
  • Despertar el haki de observación.

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Re: [Diario] La tripulación del puño caído

Mensaje por Zuko el Miér 30 Ago 2017 - 0:26

Buenas, soy Zuko y hoy seré tu corrector. Antes de nada, me gustaría hablarte de mi ong y su causa. Luchamos por los derechos del Dragón de Oropel, víctima de la peor de las opresiones en las campañas de D&D: El racismo. Cada dia, miles de dragones de oropel son ignorados y excluidos de las campañas de rol de mesa, siendo ensombrecidos por la mano negra sistemática que es la raza privilegiada: Los dragones dorados. Por un mundo de igualdad. #OropelLivesMatter

Ajem, vamos con la corrección. La verdad es que tengo sentimientos encontrados con este diario, así que... Vamos a empezar con lo malo:

Algunos párrafos son bastante cortos y escrito de forma que parece pertenecer al párrafo siguiente, como si un párrafo hubiese sido dividido en varios. Eso hace la lectura un poco difícil, al leerse con pausas innecesarias en una sola escena.

Vi un fallo que me hizo tirarme un poco de los pelos. Lo achaqué en un principio a un fallo al escribir, pero más adelante lo repetiste de nuevo.

"Las esposas estaban adheridas a la pared y no podía si quiera desplazarlas un poco."

Siquiera va todo junto. Sin embargo, como solo ha ocurrido dos veces en el diario, no afecta mucho a la nota, aunque llama la atención. Tenlo en cuenta en el futuro.

Vamos con lo bueno. La trama es simple, pero eso no quiere decir que sea mala. Tiene un objetivo claro y directo, y lo cumple. Me interesa bastante el viaje de Rooney y el como parece poco a poco abandonar ese odio vacío que era presente en el pequeño prologo que recuerda ligeramente a nuestro "amigo" Hody Jones.

En lo que refiere a faltas de ortografía, fuera del si quiera, lo he visto bastante bien. No he notado nada que haga sangrar los ojos y lo cierto es que bastante cuidado. Pero eso. Siquiera, recuerdalo(?)

Tienes un bonito 8 y te llevas:

- 6.000.000 de recompensa por tu cabeza al derrotar a ese señor. Es curioso como se corre la voz.
- El dinero pedido, 3.000.000
- Haki de observación despertado.

Lamentablemente no puedo darte la técnica Poseidon ya que no te alcanza la nota (es un 9)

Tienes derecho a una segunda corrección si no estas de acuerdo con esta

Buenas noches~

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Re: [Diario] La tripulación del puño caído

Mensaje por Luka Rooney el Miér 30 Ago 2017 - 17:26

El maldito siquiera es superior a mí... Lo he escrito 6 veces bien, pero 7 mal. Además, es uno de los fallos del primer diario. Me lo anoto de nuevo.

Acepto la nota y todo lo demás.

Gracias por la corrección.
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Re: [Diario] La tripulación del puño caído

Mensaje por rainbow662 el Miér 30 Ago 2017 - 20:28

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Re: [Diario] La tripulación del puño caído

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