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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

[TS 2017] Promesa

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[TS 2017] Promesa

Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 28 Ago 2017 - 20:47

CAPÍTULO I

El cielo rugía y estaba oscuro, la lluvia golpeaba fuertemente el suelo pavimentado y los techos rojos de madera de roble de Ciudad Plateada. Cada hora que pasaba la temperatura descendía progresivamente por lo que pronto estaría nevando y se convertiría en una ciudad completamente blanca. Mientras la naturaleza mostraba un panorama extraordinario, Katharina estaba enfocada en sus libros, como de costumbre. La luz de la vela apenas iluminaba las viejas y gastadas hojas que reposaban sobre el escritorio de madera.

Katharina pasó sus delicados dedos por sobre el final de la hoja para pasar a la siguiente, la leyó y repitió el mismo proceso. Su mente estaba tan inmersa en lo que el libro tenía para contarle que incluso ignoraba los fuertes truenos. Si no escuchaba los estallidos de allá fuera, ¿qué probabilidad tenía de que pudiera escuchar los pasos de su hermana?

–¿Katharina?

Sintió una ligera mano en su hombro y volteó violentamente.

–Llevas horas encerrada aquí, ¿no te aburre? –Preguntó.

–¿Horas? ¿En serio? Es que descubrí algo importante…

Freya la miró extrañada, siempre que Katharina encontraba algo interesante desaparecía durante meses y volvía completamente distinta. La última vez que descubrió algo interesante terminó enfrentándose a un ex capitán de la Marina.

–¿Si? ¿De qué se trata esta vez? Supongo que te marcharás como siempre, ¿no?

–Vamos, si lo dices así… Esta es una investigación secreta; si el Gobierno se da cuenta de lo que estoy haciendo, seré expulsada de la Marina y probablemente tachada de criminal. Hay textos, documentos prohibidos que necesito estudiar. ¿Cómo es posible que aún nadie sepa de dónde surgieron las Frutas del Diablo? Imagino que la información que busco está en un Poneglyph, pero ya sabes…

–¡Ni se te ocurra! Todos sabemos lo que le ocurre a alguien que intenta leer una de esas cosas, además eres incapaz…

–No, no soy incapaz. Puedo entender cierto porcentaje de lo que dice y tal vez sea suficiente.

Las hojas gastadas y amarillentas que Katharina leía se referían a documentos antiguos que lentamente fueron olvidados hasta el punto de ser casi inentendibles. La mente curiosa de la albina le exigía saber de ellos y sobre todo saber cómo se originaron las frutas del diablo. Como todo en el mundo, nada surgía porque sí y todo tenía una explicación. Simplemente necesitaba encontrarla.

Los próximos días Katharina se dedicó a reunir información y terminó descubriendo que en Luethenia se rumoreaba que había ruinas antiguas y olvidadas cuyos símbolos eran inentendibles, incluso por los más eruditos. “Es lo que estoy buscando”, se dijo a sí misma cuando supo lo de las ruinas. Tuvo que dejar caer unas cuantas monedas en el mesón del tabernero para que aflojase la lengua. Finalmente encontró el lugar de las ruinas: Fuerte Belfort.

Belfort era una enorme ciudadela protegida por gigantescos muros que superaban los treinta metros de altura, nadie ni nadie había podido atravesar esa línea inquebrantable. En esa ciudadela vivían aproximadamente cien mil ciudadanos de Luethenia y lo más interesante de ese sitio era la Academia, un sitio en dónde se reunía cualquier tipo de conocimiento. Sin embargo, lo complicado de toda esa maravilla arquitectónica era la entrada: si no se tenía un pase, era imposible entrar. La única forma de conseguir ese boleto a Belfort era siendo un Noble, comprándolo a una desorbitada cantidad de dinero o presentando un estudio a la Academia. Katharina no era noble ni mucho menos rica como para despilfarrar tanto dinero, pero sí que era inteligente.

Katharina se preguntó qué era lo suficientemente llamativo como para permitirle su entrada a dicha ciudad. No tenía ningún fenómeno en consideración y lo que quería estudiar, las frutas del diablo, era demasiado complicado, de hecho, ellas eran la razón por la que quería entrar a Belfort. Por suerte ella tenía algo que ningún otro humano poseía: magia. La magia podía abarcar cualquier problema y entregar todo tipo de soluciones, y la única que veía Katharina era infiltrarse en Belfort. Tal vez era mucho más sencillo que convertirse en una de las mentes más brillantes del mundo; era eso o conseguir al menos cincuenta millones de berries para entrar a la ciudad más rica de Luethenia.

–¿Has pensado en querer estar en un lugar, pensarlo y estar allí? –Le preguntó un día a su pequeña hermana.

–Sí, lo he pensado. ¿A qué quieres llegar?  

–He estudiado algunos libros que hablan sobre teorías que rompen con las leyes de la física que conocemos. Es todo demasiado complicado, pero básicamente se trata de teletransportar una partícula de un punto A a un punto B. Y eso es justamente lo que planeo hacer en mi viaje a Belfort.

Durante semanas llevó a cabo su investigación para crear un conjuro que le permitiese teletransportarse, pero a medida que avanzaba encontraba más y más problemas. De partida ninguno de sus antecesores pudo descifrar el secreto de la teletransportación, pues rompía uno de los principios esenciales del universo: la relación entre el tiempo y el espacio. Sin embargo, Katharina seguía fiel a la idea de que la magia podía encarar cualquier tipo de problema. Al cabo de cinco semanas llegó a la conclusión de que en realidad era imposible teletransportar su cuerpo únicamente a donde sus pensamientos la querían llevar.

A pesar de encontrar obstáculos en su camino y en muchos momentos quedarse parada sin saber qué hacer, descubrió una respuesta que le permitió avanzar al siguiente paso. Si era imposible teletransportar su cuerpo, crearía algo que sí lo haría. “Sólo necesito conjurar un Portal que me permita entrar a donde yo quiera, pero para ello necesito conocer el lugar al que quiero ir”, pensó mientras escribía un bosquejo del conjuro. Pasó dos semanas más practicando con las almas para configurarlas de tal forma que pudieran crear un portal, pero terminó teniendo otro problema.

–¡Terminé de crear el portal, Freya! –Dijo con su pintoresco ánimo de siempre (sarcasmo)– Experimenté con objetos inorgánicos y sólidos, también con criaturas vivas y algunos cuerpos líquidos. Esto último fue extrañamente divertido… Lancé agua hacia el portal y terminé mojándome a mí misma. Ejem… ¿Dónde iba? Sí, creé el portal, pero hay un problema.

–Siempre tiene que haber un problema, ¿verdad? Si quieres me lo cuentas, tal vez pueda ayudarte.

–El Portal está limitado a mis conocimientos, es decir, si no conozco físicamente el lugar al que quiero llegar, seré incapaz de llegar a él. En otras palabras si no conozco lo que está detrás de esos muros, no podré entrar a Belfort. Además tiene otras limitaciones, pero eso es lo esencial.

Freya frunció el ceño y miró a su hermana como si estuviera enfadada.

–¡¿En serio?! ¡¿EN SERIO?! –Gritó– ¿Creas un Portal capaz de romper las leyes del universo y eres incapaz de ingeniártelas para descubrir lo que hay detrás de una muralla? ¿Acaso se te frieron las neuronas, Katharina? Si eres capaz de levantar muertos, revivir gente y crear portales, de seguro que eres capaz de crear algo, ya sea conjuro o artefacto, capaz de espiar Belfort.

–Freya, eres un genio –dijo Katharina y luego salió corriendo a su habitación.

CAPÍTULO II

Con la revelación de su pequeña hermana Katharina aprovechó de perfeccionar su conjuro de portales y practicarlo unas cuantas veces más para estar segura de que no moriría en el intento de atravesarlo. ¿Romper las leyes del universo? Sólo alguien como Katharina podía lograrlo. Incluso las mentes más inteligentes se complican ante problemas sencillos. La solución fue mucho más sencilla de lo que había imaginado, de hecho, solo necesitó crear un conjuro que le permitiese proyectar su mente a un lugar determinado, aunque tenía ciertas limitaciones.

A través de estudio y práctica, siestas y borracheras, cientos de horas y resacas, terminó formulando los principios del conjuro al cual llamó Mente Absoluta. Según lo que tenía elaborado este no consistía en nada más que proyectar su mente en un radio determinado permitiéndole explorar todo desde cualquier perspectiva, incluso podía poseer temporalmente la mente de un animal para ver a través de sus ojos. Obviamente falló varias veces, incluso había ocasiones en las que terminaba encerrada en la mente de un ratón y no hallaba la forma de salir de allí. Era… desesperante.

Ya tenía lo necesario para adentrarse en Belfort y descubrir lo que allí estaba oculto… Desde que tuvo la intención de infiltrarse en una de las ciudades más seguras del mundo entero habían pasado dos meses, tiempo suficiente para que Katharina desarrollara dos conjuros. Estos no la volvían más fuerte ni nada parecido, pero sí le otorgaban capacidades que ningún otro humano poseía y eso la hacía sentir única. A pesar de sentirse bien consigo misma y estar ansiosa por descubrir lo que los símbolos perdidos decían, tenía cierta tristeza en su corazón, de hecho, era una mezcla entre pena y miedo.

–Trataré de volver cuanto antes, eso te lo aseguro –le confesó a su hermana–. Pero si te soy sincera, algo me dice que este viaje será distinto a todos los demás que he tenido.

–No te preocupes, Katharina. Ve y averigua lo que sea que haya en Belfort –le respondió con una cálida sonrisa–. Siempre serás mi hermana.  

Con aquellas palabras el corazón de Katharina se reconfortó, fue como un dulce baño de esperanza. Aprovechó de pasar todo ese día lejos de los libros y su escritorio para jugar con Freya y enseñarle un par de cosas, además de contarle alguna de sus aventuras. Comieron como nunca e incluso fueron al teatro, un día de ensueño.

Aún no amanecía cuando Katharina partió rumbo hacia Belfort, la ciudadela ubicada a dos semanas de viaje de Ciudad Plateada. El fuerte se encontraba en una región montañosa del noroeste y todos sabían que el viaje debía ser complicado, muy complicado. Además de tener que estar pendiente de los bandidos y depredadores, los rumores decían que por las noches los muertos volvían a la vida y atormentaban a los vivos. Katharina jamás fue una mujer supersticiosa y no creía mucho en lo que los aldeanos decían, pero si estaba en búsqueda de símbolos basados en un rumor también debía escuchar lo de los muertos vivientes.

Eran aproximadamente las cuatro de la tarde cuando emprendió el viaje, se armó de provisiones y compró un caballo. Necesitó de una carpa y un saco de dormir, o algo parecido. En definitiva llevaba su guadaña y un montón de cosas adicionales, incluso el huevo del Behir que consiguió hace un tiempo. Avanzó rápidamente y sin ningún inconveniente, el paisaje era maravilloso y el aire limpio. Los verdes bosques inundaban los montes y los pájaros entonaban sus dulces melodías que calmaban cualquier corazón. Fue entonces cuando llevaba cinco horas de viaje que se topó con algo relativamente sospechoso.

En medio del sendero había un charco de sangre y una carreta destruida, había cadáveres repartidos por todos lados (cuatro personas y dos caballos). Katharina no pudo continuar su camino así como si nada y desmontó para examinar a los cadáveres y ver si podía conseguir algo de información acerca de su muerte. Se trataba de una familia de clase baja, al menos eso decían sus prendas. El hombre de mayor edad tenía cuatro profundos cortes en su zona abdominal y todos ellos eran paralelos entre sí lo que indicaba que había sido víctima de alguna criatura con garras. La mujer que estaba a unos pocos metros más allá tenía un agujero a la altura de su corazón, probablemente fue asesinada por otra criatura un poco más grande y menos discreta. Lentamente Katharina fue imaginando como una película la muerte que había sufrido aquella familia.

Quería saber un poco más de sus muertes, pero no contaba con un conjuro que le permitiese manipular el tiempo para obtener información y tampoco estaba tan interesada como para detenerse a crear un conjuro para hablar con muertos. Claro que contaba con un conjuro que le permitía levantar cuerpos, pero estos no serían más que criaturas sin consciencia incapaces de hablar. Por otra parte, no gastaría energías en revivir a una familia completa. De repente escuchó que algo se movía entre los arbustos y empuñó su guadaña.

–¿Quién anda ahí? –Preguntó como si fuera una película de acción, sin embargo nadie respondió.

Era inútil tratar de burlar la percepción de la bruja puesto que contaba con su haki de observación y este le indicaba que había una presencia allí, claro que no era hostil, pero allí estaba. Se acercó sigilosamente a los arbustos y allí vio a un muchacho de no más de diez años, tenía serias heridas en su cuerpo y un montón de sangre y tierra. Apenas se movía y cuando vio a Katharina intentó correr, pero estaba demasiado débil como para hacer algo.

–Eres el hijo de esta pareja muerta, ¿verdad?

–¿Q-Quién eres…?

El chico cayó desmayado.

Katharina no tenía suficiente fuerza como para cargar con el cuerpo del muchacho, pero sí contaba con su conjuro Telequinesis para depositarlo en el lomo del caballo. Creyó que un entierro correcto haría que la gente descansara en paz así que de alguna forma cavó cuatro tumbas y allí dejó los cadáveres. Era de noche cuando llegó al primer pueblo, un sitio con no más de sesenta casas, una taberna y el edificio del alcalde. Aparentemente no era un lugar muy rico, pero servía para pasar la noche.

–¿Hay algún doctor aquí? –Preguntó tranquilamente cuando estaba sentada frente a la barra del bar.

–¿Un doctor? ¡Hey, chicos! Esta muchachita cree que tenemos un doctor. Nuestras enfermedades se solucionan con muerte y las heridas con acero y fuego.

Katharina odiaba las respuestas burlonas que intentaban humillarla únicamente por hacer una pregunta. No quería problemas ni mucho menos, pero no era de las personas que se dejaban pasar a llevar.

–Lo siento, no estoy acostumbrada a pueblos tan pobres como este. Pensé que al menos contaban con un doctor… Para la otra tendré más cuidado –respondió con dureza.

–Espero que no estés buscando problemas –mencionó uno de los hombres que estaba bebiendo–. Aquí no tratamos bien a los extranjeros ni mucho menos les damos alojo. Te daré un consejo, niña. Deja todo tu dinero en la mesa y puedes marcharte con el niño que tienes montado en tu caballo, parece justo, ¿no?

Katharina miró al hombre y se impresionó mucho. ¿Cómo era posible que un hombre con esas pintas amenazara a alguien que llevaba una enorme guadaña en su espalda? El tipo no medía más de un metro setenta, era gordo y tenía el rostro enrojecido por tanto vino. Apenas podía mantenerse de pie, no significaba ningún problema para Katharina. Sin embargo, segundos después de que el hombre le amenazara se levantó un par de sujetos que sí daban un poco más de miedo… El de la derecha tenía una cicatriz vertical en su ojo derecho y medía un poco más de dos metros, parecía muy musculoso y tenía la barbilla cuadrada. El otro era un verdadero mastodonte, incluso más grande que su amigo.

–No tengo intención de darles nada, caballeros –respondió Katharina–. ¿Acaso nunca han escuchado la frase “nunca hay que juzgar a un libro por su portada”? Espera, ¿saben leer?

El hombre de al medio, sí, aquel gordito, se abalanzó hacia Katharina y atacó con botella en mano. Fue demasiado fácil, casi un chiste, esquivar esa torpe embestida, pero le costó más trabajo evadir los golpes del mastodonte pues para su tamaño era bastante rápido y ágil. El segundo, el hombre de la derecha, atacó con una silla y Katharina no tuvo otra opción que saltar hacia la barra para esquivar el sillazo. Sin embargo, ahí el cantinero le agarró de las piernas y estando inmovilizada era imposible esquivar los ataques de los borrachos de la taberna. No quedaba otra opción.

Katharina conjuró la Telequinesis para mandar a volar a todos los hombres que estaban allí. El cantinero chocó contra una estantería que estaba detrás de él y un montón de botellas cayó sobre su cabeza, provocando que cayera inconsciente. El mastodonte chocó violentamente contra la pared de madera mientras que su amigo, el de la barbilla cuadrada, terminó en la chimenea. Por otra parte, el gordinflón salió despedido hacia fuera de la taberna.

–Te dije que no tenía intención de darte nada –le dijo Katharina–. Creíste que porque era mujer no tenía posibilidades de vencerte, pero no es así. Sal de mi vista inmediatamente.

CAPÍTULO III

Como no encontró hospedaje en el pueblo tuvo que continuar su camino y acampar a unos metros del sendero. Encendió una fogata, no muy grande para no llamar la atención de bandidos e invitados no deseados, y luego se preparó algo para cenar. Por otro lado, gracias a las habilidades mágicas de Katharina las heridas del muchacho se recuperaban con rapidez y pronto despertó de su letargo. Abrió lentamente los ojos y cuando se encontró con Katharina este intentó echar a correr, pero fue detenido por la rápida mano de la bruja.

–Primero que todo no tengo paciencia con niños –le advirtió–. No quiero estupideces ni te hagas el listo, ¿vale? Ahora, ¿cómo te llamas?

El muchacho miró con miedo a la peliblanca.

–Gerard –respondió casi en un susurro–. Gerard es mi nombre.

–Bien, Gerard. Puedes llamarme Katharina-sama y no creas que soy una heroína o algo así. Cuando pueda deshacerme de ti, lo haré –le comentó fríamente, sin importarle lo que el niño había pasado. No todos tenían la suerte de vivir una vida de ensueño, se solía recordar ella–. Deberías descansar, mañana nos espera un largo viaje.

Se despertaron cuando los primeros rayos de sol golpearon el bello y terso rostro de una despreocupada Katharina. Usó un poco de agua para beber y lavarse la cara; luego retomó el viaje. Avanzaron por un tranquilo sendero que se rodeaba de árboles cuyas hojas formaban un paisaje espectacular, algunas eran amarillas y otras rojas, también había verdes y otras moradas. Gerard estuvo en completo silencio durante todo el viaje y la bruja respetaba eso. De ninguna forma le haría hablar si este no quería. Sin embargo, antes de llegar al siguiente pueblo el muchacho habló.

–Mi mamá solía decirme que estábamos bendecidos por los antiguos dioses y yo jamás le creí. Mi padre siempre escuchaba lo que ella le decía y por eso decidimos viajar. Vamos en busca de riquezas y tierras, dijo ella, debes venir con nosotros. Todo iba bien hasta que decidimos parar durante un momento para que los animales descansasen y aprovechar de comer algo –los ojos del niño comenzaron a llenarse de lágrimas y su voz a cortarse–. Aparecieron de la nada: ojos azules y mirada gélida, ¡tenían el aliento de la muerte! En un dos por tres mis padres estaban en el suelo, muriéndose… ¡Quise hacer algo, lo juro! El miedo me dominó y alcancé a correr. Huí, huí lejos… Pero parece que no lo suficiente.

Le costaba trabajo creer que los muertos vivientes de los rumores existían; eso significaba un problema, pero al mismo tiempo alentaba a la bruja a continuar con su viaje. Sin embargo, había una pregunta inquietante que no tenía respuesta: ¿Por qué se detendrían a atacar a una familia de campesinos? Era extraño… Todo era extraño. ¿Por qué dejaron con vida al muchacho? Dejando a un lado esas preguntas, y tras darle unas palabras de ánimo, continuaron el viaje hasta llegar al siguiente pueblo. Los tejados eran anaranjados y las casas de piedra, los niños jugaban en las calles y los hombres trabajaban la tierra. Cuando entró a la taberna esta era un lugar completamente distinto a la taberna anterior, de hecho, hasta olía bien. No había mucha gente, pero todos parecían ser amables. Katharina se acercó a la barra y pidió un vaso de agua para ella y un vaso de jugo para el niño que la acompañaba.

El niño bebía tranquilamente mientras los ojos de Katharina intentaban ver algo más que no podía identificarlo a simple vista. ¿Intuición? ¿Mantra? ¿Sexto sentido? Quién sabe, pero algo le decía a la bruja que había algo extraño en Gerard. Primero que todo sus ojos dorados y su melena blanca, aunque medio sucia, eran rasgos extraños para un habitante de Luethenia. Si bien había tierras de extranjeros, la mayoría de los luethenianos eran de cabellera negra y ojos azules. Por otra parte, la familia del chico no presentaba estos rasgos, sino que parecían ser una familia más del tipo luetheniano. ¿Qué significaba? ¿Gerard era adoptado, tal vez?

–Así que este jovencito lo perdió todo, ¿eh? –Comentó la anciana dueña de la taberna– No es algo fácil de superar, pero debes ser fuerte –le dijo al muchacho y le dedicó una amplia sonrisa, pero Gerard ni siquiera la escuchó, sino que siguió inmerso en su vaso de jugo.

–Yo no puedo hacerme cargo de un niño, ni siquiera me gustan. Estoy pensando en dejar algo de dinero y que se las arregle por su cuenta, pero suena un poco cruel, ¿verdad? –Confesó la peliblanca– Al parecer este niño no tiene ningún familiar al que acudir, pero yo no seré madre a esta edad.

Lucía, la mujer de canas y ojos azules que estaba detrás de la barra, le respondió que una buena idea sería dejarlo en el pueblo, de lo contrario sería enviado a un orfanato y sus posibilidades de llevar una vida normal se reducían a cero. La otra opción era “donarlo” a la guardia de alguna gran ciudad o incluso al ejército de Luethenia, cualquiera de esas dos opciones era mejor que dejarlo en adopción. Sin embargo, Lucía le confesó que siempre había querido tener un hijo, pero por temas biológicos era incapaz de hacerlo. Katharina asintió y decidió quedarse unos cuantos días para ver si la vieja Lucía era una persona de fíar o simplemente se trataba de una embustera.

El tiempo pasó rápidamente y Katharina ni siquiera se había dado cuenta que ya había pasado una semana, tiempo en el que Gerard se encariñó de la bruja. Por el contrario, la albina ya se había aburrido de tener que lidiar con el infante. El niño necesitaba cariño y atención, cosas que ella no podía darle por el simple motivo que pasaba inmersa en sus libros y practicaba a diario conjuros para volverse más fuerte. Por otra parte, a pesar de los esfuerzo de Lucía por simpatizarle a Gerard, el albino simplemente se rehusaba a dirigirle la palabra lo que terminó desmotivando a la anciana a adoptar al jovencito.

El sol se estaba ocultando cuando las campanas del pueblo comenzaron a sonar en señal de alerta: estaban a punto de ser atacados. Apenas había hombres para defender a sus familias y ya no había tiempo para huir, siendo pelear la única opción viable. Fue en ese momento, en las afueras del pueblo, cuando Katharina vio a una figura esquelética acercarse lenta y torpemente a la aldea. No necesitaba ser una experta en el asunto de los muertos vivientes para saber que esa cosa no era natural, sino creada por algo o alguien. Pero ese no era el problema, de momento no.

–No podemos quedarnos y esperar a que nos maten –dijo Lucía mientras comenzaba a empacar sus cosas–. Ese niño es extraño, chica. Yo si fuera tú me alejaría de él, los muertos lo debieron haber matado hace mucho tiempo.

Katharina sabía que el infante era extraño y cosas inusuales ocurrían a su alrededor, pero tampoco era una descorazonada para dejarlo indefenso. Después de tener una discusión con Lucía acerca de lo que debían hacer, la bruja decidió largarse de la taberna y luchar. El pueblo fue dominado por el miedo y el desorden, todos los hombres y mujeres corrían de un lado a otro buscando alguna clase de refugio. Los pocos guardias que había fueron los primeros en huir del pueblo, pero inmediatamente después se escucharon sus gritos de auxilio y posteriormente todo fue silencio.

–Debemos prender fuego –le dijo Katharina a uno de los hombres–. Es la única forma de combatirlos, créeme, lo sé.

–¿Pretendes que luchemos contra… esas cosas? ¿Estás loca? –Respondió otro hombre– No tenemos armas y somos muy pocos. ¡Míralos! ¡Ellos son cientos y cientos!

No era obligación de Katharina proteger al pueblo y a su gente, pero sí necesitaba pelear por ella misma. Podía marcharse y vivir otro día más, pero necesitaba descubrir algunas cosas acerca de esos muertos vivientes. Si no contaba con el apoyo de los aldeanos, lucharía sola y luego reclamaría el botín del lugar, aunque dudaba mucho de su existencia. Inmediatamente invocó al Daemencer y este arremetió violentamente contra un grupo de no muertos, desparramándolos e incendiándolos con sus candentes garras.

–¡¿Qué es esa cosa?! –Gritó uno de los hombres.

–No tengo idea –le respondió otro–, pero con su ayuda podemos ganar.

Algunos hombres se motivaron y cogieron todo tipo de armas: espadas oxidadas, arcos y flechas, lanzas y tridentes. Todo estaba en mal estado, pero serviría para proteger sus propias vidas. Arremetieron contra los no muertos y así dio comienzo a la batalla de la vida contra la muerte. Katharina lanzó una poderosa bola de fuego que desintegró por completo a casi una media docena de criaturas de la muerte. De primeras parecía que el grupo de los vivos estaba ganando, pero los muertos no dejaban de aparecer por todos lados lo que indicaba que había algo que les estaba dando energía, algo los estaba alimentando para que siguieran aparecieron.

Los aldeanos, que no eran soldados ni algo parecido, prontamente comenzaron a caer en combate. Las garras  de las criaturas rasgaban la piel humana y sus afilados dientes comían las entrañas de los pueblerinos. Katharina buscó a Gerard con la mirada, pero no lo encontró en ningún lado. “¡Esta presencia… no es normal!”, pensó ella cuando sintió una presencia demasiado hostil que estaba relativamente cerca de su ubicación. Atravesó el campo de batalla y salió del pueblo para encontrar dicha presencia que cada vez estaba más cerca.

–Así que eras tú –dijo–. Debí haberlo supuesto… ¿Cómo era posible que los muertos no te atacaran a ti? Claro, eres tú quien los controla, Gerard.

El chico de los ojos dorados centró su mirada en Katharina y luego sonrió.

–Lo que estoy haciendo aquí es necesario… Esta gente debe ser purgada –respondió mientras sostenía un cráneo humano en su mano derecha–. ¡Este tesoro prohibido necesita de sus almas!

Katharina no tenía idea de lo que estaba hablando aquel chico, pero necesitaba pararlo a menos que quisiera que todos murieran.

–Te advierto que no tendré piedad contigo. Deja lo que estás haciendo o te unirás a la fila de los muertos.

–¡Entonces empuña tu arma! –La desafió y corrió hacia delante, empuñando una pequeña daga proporcional a su tamaño. El chico era excesivamente débil y lento… Fue derribado por Katharina y luego colocó el filo de su guadaña en la garganta de Gerard.

–Te dije que no tendré piedad… ¡Muere!

Justo antes de que la bruja deslizara el férreo acero de su arma por la frágil garganta del chico, este desapareció dejando nada más que una nube de polvo violeta. No murió, sólo desapareció. ¿Qué había pasado? ¿Dónde había ido? Lo único que sabía era que el ataque había cesado… Pero su corazón le decía que estaba a punto de meterse en algo mucho más oscuro.

Habían pasado cuatro días desde la desaparición de Gerard y el ataque de los muertos. El pueblo le agradeció a Katharina por ayudarles y como agradecimiento, pese a ser pobres y no tener dinero, le regalaron un hermoso broche de bronce. Katharina lo agradeció y volvió al sendero para llegar hasta Belfort y comenzar el verdadero viaje. Finalmente llegó hasta las afueras de la ciudad cuyas murallas amenazaban con tapar el cielo, tenía una única entrada principal y esta era custodiada por varios escuadrones de guardias que se encargaban de revisar a los hombres que entraban. Se viese por donde se viese era imposible entrar sin pase o sin dinero, pero Katharina ya había solucionado ese asunto.

Antes de salir de viaje tuvo que gastar una buena cantidad de dinero en comprar finos vestidos para que todos creyeran que era una noble. Se desvistió en medio del bosque y se colocó un hermoso vestido celeste con bordes dorados que dejaba a simple vista un pronunciado escote. Sus ojos violetas hacían juego con el hermoso rubí morado que colgaba de su cuello. Lamentablemente no podía andar por ahí con su guadaña así que básicamente tenía que conseguirse a alguien que la portara por ella, pero sabía que eso era casi imposible así que de momento esta tenía que estar oculta. No tenía un conjuro de invisibilidad o algo similar, pero sí que tenía una mente creativa y experiencia en tumbas así que hizo una y guardó su arma junto a sus pertenencias, a excepción de los libros; luego marcó la zona con una “x” y comenzó a prepararse mentalmente para infiltrarse en la ciudad más protegida de toda Luethenia.

Cerró los ojos y comenzó a concentrarse en su alrededor para conjurar Mente Absoluta y una vez lo hizo tomó posesión de la mente de un pájaro que iba sobrevolando la inmensa ciudad de Belfort. Esta era mucho más grande de lo que creía y bordeaba una gran montaña por lo que los edificios más importantes se encontraban en lo alto de la ciudad. Belfort estaba dividido, aparentemente, en tres zonas altamente protegidas: la zona de los artesanos y herreros, aquella gente que no tenía mucho dinero; los doctores y gente de más conocimiento y finalmente la zona de ricos y eruditos. Cada región estaba separada por una muralla, si bien no tan grande como la del exterior.

Gracias a su conjuro ya tenía conocimiento de la ciudad y podía usarlo para crear el Portal, por lo que de momento todo estaba resultando bien. Cerró los ojos y recordó todo su entrenamiento, cada hora invertida en la creación de un portal perfecto, todos aquellos sacrificios que tuvo que hacer para que funcionara. Concentró la energía de las almas en una sola esfera que avanzó hacia delante, solo unos pocos metros para empezar a transformarse en una grieta de color morado. La conjuración del portal le cansó mucho más de lo que creyó así que tuvo que descansar durante un rato para atravesarlo y encontrarse en perfectas condiciones; si todo salía bien, el portal estaría abierto durante un buen rato, probablemente un par de semanas. Sólo un idiota intentaría atravesarlo, a excepción de Katharina claro.

Cuando lo atravesó, y después de sentir un enorme vacío en su estómago y un mareo descomunal, llegó a la plaza de armas de Belfort, ubicada en el sector más periférico. Nadie notó que había llegado ni cómo lo hizo, todos andaban muy inmersos en sus pensamientos o en quién sabía qué. De cualquier forma Katharina ya estaba dentro de Belfort y ahora comenzaba su expedición para encontrar los símbolos perdidos de los que tanto se hablaba. El problema era cómo hacerlo, puesto que era bastante evidente que el lugar más sensato para realizar una investigación era la Academia que se encontraba en la zona más restringida de Belfort.

La única forma de llegar hasta allá era atravesando la guardia, pero tras un momento de observación se dio cuenta que cada persona que entraba a la ciudad recibía un pase distinto. El dorado daba acceso a todos los sitios de la enorme ciudadela, el plateado solo hasta el sector de la clase “media” y el bronce al sector más periférico. El problema era que ella no tenía ninguno y no conocía ningún método para falsificar algún pase ni mucho menos conocía a alguien que los elaborara, aunque estaba segura que habría gente de malas costumbres que harían ese trabajo por una modesta cantidad de dinero. Claro, allí había otro problema: solo contaba con diez millones.

Podía intentar nuevamente con la creación de un portal, pero era imposible. Cuando Katharina usaba ese hechizo necesitaba de por lo menos una semana para volver a usarlo, lo que dificultaba mucho las cosas. No podía andar vagando toda una semana en una ciudad desconocida. Con las pintas que andaba pronto sería descubierta y le pedirían que volviera al lugar donde supuestamente tenía que estar, lo que terminaría con la exigencia del pase. Por otra parte, si se quedaba mucho tiempo allí podía ser víctima de algún ciudadano que odiaba a la clase alta.

–Al final terminé fallando…

Katharina pensó en robar un pase, pero sus habilidades no eran tan buenas como para poder hacerlo. Si hubiera contado con su arma, ya habría usada la burbuja de oscuridad para infiltrarse. Tenía un problema que debía resolver a toda costa para llegar a lo más alto de la ciudad, por lo que comenzó a reunir información. Usó sus encantos físicos y una falsa sonrisa para embobar a los hombres de Belfort, quienes con gusto respondían las preguntas de la bruja. Pasaron un par de horas y ahora Katharina se encontraba en una taberna de mala muerte.

–Si has perdido tu pase, dudo que te permitan estar por mucho tiempo aquí, a menos que puedas comprar otro –dijo un hombre fornido y de barba gris–. Hay formas... menos convencionales de conseguir un pase para subir hasta lo más alto, pero pocos toman el riesgo.

Katharina observó al hombre que se presentó como Max Tyrrel, un ex marine que vivía en Belfort –en lo más bajo de este–. Sus ojos grises y cansinos miraban a Katharina; sólo por ser un ciudadano antiguo podía portar un arma. Lamento de Madrugada se llamaba su enorme espada que llevaba en el cinturón.

–¿Cuáles son esas formas? –Preguntó Katharina.

–Creo que ya pensaste en robar, pero no es tan fácil. En Belfort se tiene un riguroso registro de los tipos de pases que son entregados, así que no es tan buena idea... Puedes hacer desaparecer a alguien y hacerte pasar por esa persona, pero tampoco es tan fácil.

¿Cómo un hombre como Max terminó dándole tanta información? Fácil: cerveza y más cerveza. Katharina llevaba un buen rato en la taberna, pero el viejo soldado llevaba mucho más. Era uno de los ciudadanos más antiguos y por ello mismo debía saber muchas cosas. La bruja había pasado toda la tarde preguntando cosas y terminó con un nombre: Max Tyrrel. Si deseaba conseguir un pase sin gastar mucho dinero, él podía ser la solución.

–También puedes ganarte el favor de los de arriba, ¿entiendes? –El hombre dio un buen sorbo a su jarra de cerveza y continuó hablando– Puedo ver que no tienes ningún pase, es por eso que estás tan preocupada. Puedo ayudarte, pero no será gratis.

–Claro, todo tiene un precio –respondió Katharina–. ¿Cuál es el tuyo?

–Si eres capaz de infiltrarte en Belfort, de seguro que tienes las habilidades para... recuperar lo que es mío. Hace un par de semanas perdí una apuesta y tuve que pagar con un objeto que me es muy preciado... Normalmente no pierdo, pero estaba demasiado ebrio y apenas puedo recordar el juego.

–¿Me estás pidiendo que robe tu objeto preciado?

El hombre cerró los ojos y asintió.

–No es más que un reloj dorado con una inscripción de la Marina, fácil de reconocer y portar, no debería ser muy difícil. Sin embargo, lo tiene Alex Montenegro, Regidor del Primer Nivel de Belfort. Es un hombre cruel y no tiene reparos en hacer desaparecer gente con tal de conseguir lo que desea. Su casa es como un fuerte, inquebrantable, pero de eso te arreglarás tú. Si puedes conseguir mi reloj, yo me encargaré de darte un pase dorado para que puedas llegar hasta lo más alto.

Katharina tenía muy poca información acerca de Max Tyrrel, pero hasta el momento era la única persona con la que podía contar. Después de ajustar algunos detalles y conseguir un poco más de información, Katharina aceptó el trabajo. Ahora no solo era una persona indocumentada en Belfort, sino que estaba a punto de convertirse en una ladrona. No tenía idea de cómo lo conseguiría, pero estaba bastante segura que era mucho más sencillo que conseguir lo que tanto deseaba en ese momento. Lo mejor de todo es que el portal permanecía abierto durante un buen rato, así que podía entrar y salir de la ciudad cuando ella quisiese.

Esa misma noche atravesó el portal y luego cogió la guadaña, pues presentía que la necesitaría. Cambió su traje a ropas más cómodas, como una túnica completamente negra y una capucha que le ocultaba el rostro. Tras recordar todo lo que Max le dijo acerca de Alex, cruzó el portal. “Aquella casa es un verdadero fuerte, dijo Max. Es vigilada las 24 horas del día y no hay formas de entrar en ella sin cruzar la puerta principal, altamente protegida por un escuadrón de guardias. No hay conductos de ventilación que permitan infiltrarme ni algo similar”. Nuevamente atravesó el portal y se encontraba en las calles de Belfort, pero ahora estas estaban completamente solas.

Procuró no hacer ruido al caminar y cuando un guardia se volteaba a verla activaba la burbuja de oscuridad por lo que realmente no se veía nada más que una enorme mancha sumergida en las sombras. Estaba tan acostumbrada a trabajar de noche que no tuvo problemas en ver, además que igual había un poco de iluminación. Después de un rato llegó hasta la casa de Alex Montenegro y quedó completamente impresionada: los muros medían cinco metros de alto y eran lo suficientemente gruesos como para resistir una bala de cañón. Guardias custodiaban las zonas de acceso y cada quince minutos volvían a aparecer los soldados que rondaban la propiedad.

Katharina usó su burbuja de oscuridad y se acercó a la pared, pensando en saltarla, pero ciertamente era imposible. “¿Acaso soy capaz de atravesar objetos sólidos?”, se preguntó. Y la respuesta era sí. Gracias a la guadaña mitológica era capaz de manipular su propia sombra y moverla a voluntad para luego intercambiar de posición con ella. Tras unos pocos segundos ya se encontraba en los inmensos jardines de la mansión de Alex Montenegro y por suerte todo estaba oscuro. Anduvo sin problemas hasta que llegó al edificio principal, una enorme estructura altamente protegida.

–Escuché que Alex-sama está pensando en aumentar los impuestos, ¿sabes? –Comentó uno de los guardias de turno– Claro que a nosotros no nos afectará, pero el resto de los ciudadanos no estará muy contento...

–¡Bah! Eso no es mi problema, Guillier. Yo sólo me dedico a proteger esta puerta y nada más, lo que pase fuera de esas murallas no es mi problema. Deberías pensar como yo; la vida se te hará más fácil.

Los hombres desinteresados por cumplir correctamente su papel de guardia no notaron la presencia femenina que se acercaba sigilosamente hacia los muros de la enorme mansión. Katharina brincó ágilmente hacia el muro para usarlo de apoyo y luego, como si fuera un felino, estaba ya en el balcón del segundo piso. Se encontraba frente a un enorme ventanal y tras este todo estaba oscuro; aparentemente la habitación estaba vacía.

–Alex-sama, ¿cree que Lord Aron esté cerca de descubrir el significado de los símbolos?

–Desde luego, estamos a punto de conseguir nuestra pieza definitiva para resolver este rompecabezas.  

 Las voces se fueron alejando hasta el punto en que Katharina ya no podía seguir escuchando la conversación, pero por suerte no atravesó la puerta de primeras. La habitación en la que se encontraba era completamente cuadrada, contaba con una cama y varios muebles. Esperó unos minutos más y luego giró lentamente la perilla. Al cabo de unos segundos se encontraba varada en un ancho e iluminado pasillo, lo que significaba que necesitaba salir de allí cuanto antes. Pero ya era demasiado tarde.

–¿Quién eres tú? ¡Intru-¡

Del otro lado del pasillo, justo cuando este doblaba, apareció un guardia bien armado. Katharina no tuvo más opción que usar su conjuro Rolback y silenciar a ese hombre, golpeándole fuertemente la cabeza con su guadaña. Escondió el cuerpo en habitación que había estado antes y continuó su camino; según las palabras de Max, el reloj dorado debería estar en la oficina de Alex Montenegro. “Debes subir al último piso”, dijo Max, “allí estará su oficina”. Avanzó sigilosamente por el pasillo, subió las escaleras y así continuamente hasta que llegó al último nivel.

Al fondo del pasillo había una doble puerta, distinta a las que había visto antes. No se escuchaba ningún ruido... Demasiado extraño. “Me parece extraño que infiltrarse en una casa conocida por ser un fuerte sea tan fácil... Hay algo extraño en todo esto, demasiado extraño”, pensó Katharina. Pero ya era demasiado tarde para dar marcha atrás: había sido engañada. De repente escuchó el característico sonido del quite del seguro de un arma y luego sintió algo en su espalda.

–Te sugiero que no hagas nada tonto y camines. Alex-sama te recibirá con gusto en su oficina.

Katharina, sin tiempo para defenderse o pensar en alguna escapatoria, siguió las órdenes de la persona que estaba a sus espaldas.

CAPÍTULO IV

La oficina era un lugar extremadamente bello y amplio, contaba con dos confortables sillones y una estantería repleta de libros. También había una alfombra roja de terciopelo y muchas plantas. Tras el escritorio, una enorme y elegante pieza de madera, se refugiaba una figura masculina y grotesca. Alex Montenegro era un hombre alto, probablemente medía dos metros y medio, y de anchos hombros; todo lo contrario a como Katharina se lo imaginaba. El hombre tenía aspecto serio y una frente arrugada, marcada por el paso del tiempo. Su ceño fruncido le daba un aspecto intimidante y sus pequeños y estirados ojos grises miraban a la persona que había irrumpido en su propiedad.

–¿Esta es la infiltrada? –Preguntó con una voz profunda y ronca– No me esperaba a alguien tan… insignificante. Últimamente dudo del criterio de Max. Déjanos –le ordenó al hombre.

El hombre de aspecto desconocido siguió las órdenes de su maestro y salió de la habitación.

–Hay pocas personas que son capaces de infiltrarse en Belfort y casi no hay personas que puedan infiltrarse en mi propiedad. ¿Cómo lo hiciste? –Alex ni siquiera esperó una respuesta y continuó hablando– Supongo que me da igual. Actualmente no estás bien posicionada, muchacha. ¿Cuál es tu nombre?

Katharina sentía un poco de miedo... “Fui tan estúpida para confiar en alguien que no conocía… Sigo pagando caro mis errores, y este debe ser el peor de ellos”, pensó ella.

–Katharina –respondió secamente.

–Bien, Katharina –acentuó excesivamente el nombre de la bruja–, solo con una orden puedo hacerte desaparecer para siempre. Ni el Gobierno Mundial ni la Marina te ayudarán en esto. Se me ha dicho que quieres entrar en la Academia y mi pregunta es por qué.

–Estoy investigando los símbolos, esos de los que cuentan los rumores.

El hombre soltó una sonrisa escalofriante y luego dirigió una penetrante mirada hacia Katharina.

–¿Te estás jugando la vida sólo por unos rumores? No sé si eres muy estúpida o muy valiente –Alex se levantó de su asiento y volteó para ver a través del enorme ventanal que había detrás del escritorio–. Muchos estamos interesados en saber lo que dicen los símbolos perdidos, Lord Aron es uno de ellos, y es quien está financiando toda la expedición. Hemos perdido demasiados hombres y casi nadie quiere unírsele, lo que es un problema para nosotros.

–¿Por qué estoy aquí? –Interrumpió la albina.

El hombre ni siquiera se inmutó en responder la pregunta.

–En las ruinas hay una enorme puerta de origen desconocida la cual no podemos atravesar con ningún método conocido. Hemos probado con explosiones y todo tipo de artefactos, incluso usamos la fuerza de un gigante, pero nada le movía o destruía. Creemos que detrás de esta está la respuesta a nuestras preguntas y aquí es donde entras tú: necesitamos que, de alguna forma, atravieses esa puerta y nos abras. Si lo haces, te perdonaremos la vida y te recompensaremos como corresponde; si fallas, tú mueres.

Mientras Alex hablaba la mente de Katharina trabajaba rápidamente. Desde el momento en el que comenzó a hacer preguntas sobre cómo ascender hasta lo más alto de la ciudad los espías de Alex Montenegro la tuvieron en la mira, de alguna forma supieron que ella no contaba con un pase, pero no quisieron hacer un escándalo y prefirieron probar sus habilidades. Max Tyrrel no era más que un palo blanco y todo eso del reloj no era más que una mentira, pero la desesperación y ansiedad de Katharina por volver pronto a su hogar nublaron su juicio. Finalmente, ahora se encontraba frente a una de las figuras más importantes de todo Belfort... Ahora se encontraba frente a la oportunidad de saber lo que los escritos perdidos decían.

–Puedo hacerlo –respondió al cabo de un rato.

–Bien, me alegra oír esa respuesta –respondió Alex–. Eres una chica lista... Dormirás en una celda, como la prisionera que eres, y mañana comenzarás tu trabajo.

Fue despertada antes de que saliese el sol y una capucha tapó su visión. No le dieron nada de comer ni tiempo para arreglarse un poco, únicamente le pidieron que cargase su arma de ser necesario para el trabajo y que caminase en silencio hasta que la capucha se le fuese retirada. Siguió las órdenes y al cabo de unas cuatro horas ya se encontraba donde Alex quería que estuviese. El saco de tela se le fue retirado y sus ojos lentamente se adaptaron.

Katharina estaba en medio de un salón abandonado repleto de símbolos extraños y pinturas arcaicas, había muchos hombres hablando en distintos idiomas y muchos de ellos parecían ser arqueólogos. Todo estaba oscuro y el sitio era iluminado apenas por unas humildes antorchas, de donde se encontraba ella hasta el techo debían haber por lo menos unos treinta metro. “Ninguna infraestructura humana es tan grande”, pensó. En ningún libro había visto los símbolos que había allí lo que no hizo más que despertarle su apetito de conocimiento. Quiso tocar el suelo, pero estaba esposada (aunque por suerte no eran esposas de kairoseki).

–Bienvenida a las Ruinas de Belfort, Katharina –le dijo alguien–. Mi nombre es Lord Aron.

El hombre era... normal. Delgado y de aspecto débil, medía casi lo mismo que Katharina y a pesar de poseer barba no se veía para nada masculino. Sus ojos redondos y cafés parecían cansados y sus labios se movían demasiado rápidos al momento de hablar, tal vez era la forma de evitar que estos fueran leídos. Vestía una lujosa túnica gris con bordes rojizos y unas botas de cuero, también llevaba una extraña corona en su cabeza lo que indicaba que era el hombre más importante de la ciudadela.

–Esta expedición es un trabajo secreto y nadie sabe de esto, ni siquiera el Gobierno. Algunos agentes han intentado entrometerse, pero ya no están –le comentó, claramente con un tono intimidador–. No te hemos dado nada de comer, lo siento, pero era una forma de asegurarnos que no tuvieras suficientes energías para luchar y huir. Bien, nuestros arquitectos han comentado que esta edificación es de una civilización mucho más antigua que la nuestra, muchísimo más antigua. Los arqueólogos e historiadores dicen que es imposible reconstruir el significado de estos símbolos, pero yo digo que sí es posible. Mi intuición me dice que nuestras preguntas serán respondidas en el momento en que atravesemos esa puerta.

En el fondo del salón había una enorme puerta de metal con algunos detalles de oro, era lo suficientemente ancha como para que pasaran tres gigantes al mismo tiempo. Katharina sentía que no era ninguna puerta normal, estaba lejos de serlo y no era por cómo era, sino que había algo distinto. En el primer segundo en que la vio supo de lo que se trataba, pero no estaba dispuesta a compartir información con hombres que ni siquiera le habían alimentado ni tratado bien.

–Creo que puedo decir lo que pasa con esta puerta, pero mi estómago ruge tanto que no puedo pensar con claridad...

Después de comer y degustar de un montón de manjares Katharina le informó a Lord Aron que la puerta estaba protegida, no con un artefacto ni mecanismo oculto, sino que con magia. Le resultaba extraño que magia estuviese protegiendo una puerta como esa, puesto que ella era la única persona capaz de emplearla “naturalmente”.

–Entonces, ¿esa es tu respuesta? ¿Una puerta está protegida por un hechizo... mágico? –Respondió Lord Aron– Disculpa que no suene tan convencido, pero es que me parece una verdadera estupidez lo que estás diciendo. Querida, estamos en el mundo real. Puede que haya hombres de fuego y dragones volando por los cielos, pero la magia no es algo que hayamos visto. La magia no existe.

Katharina había escuchado tantas veces esa frase que ya no le causaba ningún asombro.

–Las Frutas del Diablo otorgan misteriosos poderes y uno de ellos es dotarle de magia a su usuario. Actualmente hay una persona capaz de emplear la magia a voluntad, pero...

–¿Y ella es la responsable de que no podamos atravesar la puerta? Si es así, dime quien es para traerla de inmediato. No me gusta perder el tiempo.

–No, Lord Aron –respondió Katharina, intentando no perder la paciencia–. Conozco a la persona usuario de la Magi Magi no Mi y estoy segura que no es la responsable de esto. La única respuesta lógica que veo es que...

El magnate de la barba bien afeitada quedó mirando a Katharina y se cruzó de brazos.

–¿Es que...?

–Si la actual “maga” no es la persona responsable de esto, probablemente fue alguien del pasado. La única forma de que permanezca vigente este hechizo protector es que esa persona haya sido lo suficientemente poderosa como para que su magia traspase el deterioro del tiempo.

–Lo que estás diciendo, muchacha, es que hubo un “mago” en tiempos pasados que era capaz de proteger puertas y que esta magia perdurara en el tiempo, ¿no? Si es así, necesitaremos al actual mago para que rompa el hechizo.

Katharina estaba entendiendo algo muy importante: si el conjuro aún permanecía y continuaba con su función, lo que estaba detrás de esas puertas era algo muy valioso o muy peligroso. ¿Qué esperaba conseguir Lord Aron de toda esa expedición? Era algo que la bruja no podía preguntarle directamente, pero conseguiría saberlo tarde o temprano.

–Pero creo que ya estamos frente a ese “mago”... O mejor dicho: maga, ¿verdad? –Dijo Lord Aron.

–Sí, lo están. Romper la protección no será difícil, pero les advierto que lo que hay detrás de estas puertas no será mi responsabilidad.

–Claro, niña, por eso hemos traído a los mejores hombres.

Katharina trabajó en entender la magia que rodeaba a la puerta para encontrar la forma de invertir el proceso. Para ello tuvo que estudiar durante varias semanas y tuvo acceso ilimitado a todas las secciones de la Academia. En realidad encontrar la forma de invertir el proceso no fue algo difícil, después de todo había creado un conjuro que rompía con las leyes del espacio y tiempo. Desde un principio podía hacerlo, sólo tenía que tocar la puerta y absorber el poder de las almas que aún estaba vigente. Sin embargo, eso le hacía muy fácil las cosas a quienes la retenían.

Les prometió que en un mes la puerta estaría abierta y así aprovechó de conseguir importantes libros de historia y frutas del diablo, caridad de la Academia de Belfort. Al principio fue fácil engañar a los hombres, pero con el tiempo empezaban a ver que Katharina no se enfocaba únicamente en romper el conjuro de la puerta, sino que estudiaba otras disciplinas también. No obstante, la bruja fue muy hábil al elegir sus palabras: “La maga soy yo y sé lo que estoy haciendo, por favor, déjenme trabajar”. Al término del mes ya había adquirido suficiente información sobre textos antiguos, frutas del diablo y armas inimaginablemente poderosas. Incluso había tenido tiempo para copiar algunos libros, lo que estaba estrictamente prohibido, claro.

–¿Ya está todo listo? –Preguntó Alex Montenegro y Katharina asintió.

–Prepara a tus hombres –le ordenó Lord Aron a Alex, quien inmediatamente llamó a varios soldados que vestían impecables armaduras y empuñaban imponentes espadas.

Todos se impresionaron con lo fácil que fue deshacerse de lo que a ellos les había detenido durante varios meses. Varios hombres se acercaron a la puerta y comenzaron a empujarla para abrirla; después de varios intentos esta comenzó a ceder y lo que estaba detrás de ella se reveló. Unas expresiones no eran más que de terror y otras de admiración, pero sin duda todos tenían miedo... Incluso Katharina. Sabía que lo que había detrás de esas puertas era indudablemente peligroso y mortífero, pero jamás esperó encontrarse con algo tan... único.

Durante su estadía en la Academia leyó un montón de libros y entre uno de ellos había uno de criaturas mitológicas y perdidas. La quimera era una de las más peligrosas; contar con tres cabezas ya era un problema. Según los libros aquellas criaturas no superaban los dos metros de altura, pero la bestia que había frente a Katharina debía alcanzar fácilmente los cuatro metros de altura y unos ocho metros de longitud. ¡Una auténtica barbaridad!

Los primeros en morir fueron quienes empujaron la puerta, estos fueron quemados y reducidos a cenizas por el mortal aliento de fuego de la quimera. Inmediatamente los hombres comenzaron a disparar sus flechas, pero estas únicamente rebotaban en su cuerpo. Unos intentaron blandir sus espadas, pero no parecían ser más que agujas intentando demoler una montaña. La quimera, a través de su cabeza de serpiente, exhaló tanto ácido que de un solo ataque redujo a la mitad el escuadrón que estaba destinado a la expedición.

–¡Tenemos que retirarnos! –Gritó Alex Montenegro.

–Si esta bestia se libera, cargaremos con la muerte de cientos de miles de personas –refutó Katharina–. ¡Es nuestra responsabilidad! Tú –señaló a Lord Aron– la liberaste, ¿por qué no coges un arma y peleas?

Lord Aron mantenía esa expresión inquebrantable, como si todo estuviera controlado, pero Katharina podía sentir su miedo. El hombre tenía las manos detrás de su espalda y los ojos pegados en la bestia, como queriendo analizarla, pero por más que lo hiciera no encontraría ninguna debilidad. Sólo había una forma de deshacerse de una bestia tan poderosa y única: decapitar cada una de sus cabezas. Era una tarea dantesca, pero no había otra forma.

–¡¿Cómo te atreves a hablarle así, muchacha?! –Intervino Alex.

–No perderé tiempo en discusiones.

Katharina empuñó su guadaña y conjuró sus hechizos Armadura de Mago, Escamas de Dragón y Armamento de Mago. Todo su cuerpo se envolvió de un aura levemente transparente y de color celeste mientras que de sus brazos y piernas salía una considerable cantidad de energía pura. Pareció haberse teletransportado, pero en realidad no hizo más que usar sus pasos veloces a máxima velocidad para aparecer frente a la criatura y realizar un corte horizontal que provocó una pequeña herida en la pata derecha de la bestia, la cual soltó un rugido y centró su atención en Katharina.

La quimera exhaló una fulminante llamarada, pero la maga la esquivó con relativa facilidad. Bastó solo ubicarse bajo el inmerso cuerpo de la criatura para que se sintiera a salvo, luego corrió hacia la derecha y lanzó una bola de fuego. Esta impactó fuertemente en el cuerpo de la inmensa criatura, haciéndola tambalear y retroceder unos pocos centímetros, peo en realidad no había sufrido grandes daños. Katharina aún se encontraba en el aire cuando la quimera lanzó un zarpazo, siendo este imposible de esquivar provocando que la albina saliera despedida varios metros hasta chocar con una de las paredes del gran salón. Sintió un fuerte golpe en su espalda y de no ser por sus conjuros probablemente hubiera muerto, pero solo un fino hilillo de sangre escurría bajo su labio.

Los hombres de Alex Montenegro estaban impresionados al ver cómo Katharina le estaba haciendo frente a una criatura tan mortal como la que tenían en frente, lo que de alguna forma subió la moral y comenzaron a disparar todo lo que tenían. Desde balas de cañón hasta pequeñas piedrecillas cayeron en el cuerpo de la quimera, la cual centró su atención en los soldados. Katharina aprovechó ese momento y conjuró un Meteoro I justo en la cabeza de serpiente de la criatura, esta vez dándole de lleno y provocándole un considerable daño. La bestia soltó un alarido de dolor y cuando las llamas se disiparon todos pudieron ver que aquella cabeza estaba realmente dañada, llena de sangre y feas quemaduras.

El dolor provocó que la quimera perdiera el control y arremetió directamente contra el escuadrón de soldados, exhalando fuego y quemando a varios. Su velocidad aumentó considerablemente con respecto hacía unos segundos atrás y ahora era mucho más violenta. Fijó su atención en Lord Aron, quien estaba paralizado allí contemplado la pelea, y corrió hacia él con la intención de pisotearlo. Fue Alex quien se interpuso entre la bestia y su Rey, frenando el pisotón de esta únicamente con su espada. El Regidor era tan fuerte como el pueblo decía, pero no bastaba con solo frenar uno de sus ataques.

Katharina usó nuevamente sus pasos veloces y dio un enorme salto para ejecutar un corte diagonal con su arma, cortando de cuajo la dañada cabeza de serpiente. La criatura soltó otro alarido y comenzó a exhalar fuego hacia todos lados, provocando algunas quemaduras en el cuerpo de Katharina. La bruja no perdió el tiempo y siguió atacando, lanzando bolas de fuego y explosiones, cortando a su presa y esquivando sus ataques. Pasaron unos cuarenta minutos hasta que, junto a Alex, pudieron deshacerse de la segunda cabeza, quedando únicamente la de cabra.

–Una dura... batalla...

Katharina solo podía ver a través de un solo ojo, pues en el izquierdo recibió un fuerte golpe. Tenía una serie de cortes y moratones repartidas a lo largo de su cuerpo, sus piernas estaban temblando y apenas podía mantenerse de pie, pero no podía negar que estaba disfrutando luchar contra una bestia mitológica, en especial una tan poderosa como la quimera.

–Aún no termina...

Katharina continuó luchando junto a Alex y atacaron con todas sus fuerzas; el espadachín lanzó una poderosa onda cortante combinada con una poderosísima bola de fuego de la maga. La combinación de técnicas dio de lleno en la cabeza de la criatura y no fue la temperatura de la bola de fuego ni la capacidad cortante de la onda, sino que fue el impacto extremadamente potente que terminó por derribar a la quimera.

–Felicitaciones a ambos –dijo Lord Aron, quien estuvo presente en la pelea, pero no hizo nada–. Han vencido a una imponente criatura, les permitiré descansar un rato y luego continuaremos con la expedición.

–Tus hombres han muerto, Lord Aron –respondió rápidamente Katharina–, ¿y a ti solo te importa saber lo que hay detrás de estas puertas?

El hombre de aspecto frágil se acercó a Katharina y le respondió.

–Todos ellos sabían que sus vidas estaban en riesgo cuando decidieron participar aquí, aun así eso no les fue suficiente razón para tomar las bolsas de berries que les dejé. Ellos murieron y ya he enviado órdenes de que envíen a más hombres, quizá con qué nos encontremos más allá.

Katharina detestaba a ese hombre, pero él era quien mandaba y aún podía deshacerse de ella cuando quisiese. No podía desafiarle, no si quería saber lo que había detrás de esa enorme puerta.

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Re: [TS 2017] Promesa

Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 28 Ago 2017 - 20:51

CAPÍTULO V

Tras recuperar sus energías y la llegada del segundo escuadrón, comandado por Max Tyrrel, la “compañía” siguió su camino. Al final, detrás de esa enorme puerta, no había más que otro salón de imponente tamaño y unas escaleras que bajaban. Registraron todo, pero no encontraron nada de valor. Continuaron su camino y descendieron por las escaleras hasta llegar a una estancia altamente iluminada, probablemente gracias a un extraño mecanismo, en cuyo centro había una enorme roca negra y perfectamente cuadrada. Frente a ella había un altar con un libro en él.

La estancia perfectamente circular olía a muerte y descomposición, hacía un frío inhumano y todos compartían un particular sentimiento de miedo. En las paredes del sitio había un montón de escrituras cuya traducción era imposible de lograr... hasta ese momento. Katharina se acercó sigilosamente hasta el tomo que había sobre el altar y descubrió que en realidad era una traducción de todo lo que había en el templo, incluso narraba la historia del lugar y cómo fue construido por humanos.

–Dame el libro –ordenó Lord Aron–. Lo enviaremos a la Academia para que sea investigado.

Katharina no tenía ninguna intención de devolverle el libro, pero de momento tenía que hacerle caso. Unos pocos metros más allá de la enorme roca cuadrada había un cofre dorado, el cual fue abierto por Alex y Max. Allí había más libros, oro y espadas, piedras preciosas y joyas únicas nunca antes vistas. Aparentemente a esos hombres sólo les importaba el dinero, pues ni siquiera se detuvieron a leer lo que decían esos extraños tomos.

Cuando la albina comenzó a leerlos se dio cuenta que en realidad no eran libros cualesquiera, sino que eran grimorios como el Necronomicón y otros que tenía en su posesión. Cuando abrió uno de color negro un escalofrío recorrió su cuerpo, pero la desesperación se adueñó de ella cuando terminó de leer la primera página:

“Estoy verdaderamente satisfecho con lo que aquí he logrado. Antes de morir, me alegra saber que alguien está viendo a través de mis recuerdos.

Mi nombre es Magnus D. Belathron y probablemente la historia me recuerde como uno de los criminales más buscados por el Gobierno Mundial, acusado por un crimen que no cometí. Antes de convertirme en alguien buscado, era historiador, científico y mago. Comí la Magi Magi no Mi y me convertí en un brujo, o mago; eso depende de la concepción de cada persona. Todos decían que era demasiado inteligente para mi edad… Al principio me costó trabajo creerles, pero con el tiempo me fui dando cuenta que tenía habilidades muy especiales.

Comencé mis estudios y me fui abriendo paso a través del maravilloso mundo de la magia, un mundo en el que lo posible solo está limitado por la creatividad. Viajé por incontables mares y aprendí de diferentes culturas, conocí hombres buenos y malos, pero jamás olvidaré la crueldad de la que es capaz de alcanzar el Gobierno Mundial. Era una de las pocas personas que podía interpretar a la perfección el lenguaje de los antiguos y esto fue suficiente razón para tacharme de criminal, pese a que no había roto la ley.

Fui buscado durante toda mi vida, viéndome obligado a esconderme aquí y dejar a mi familia. No tuve miedo en hacerles frente a todos mis enemigos, me daba igual si Almirantes y Agentes del Gobierno Mundial venían tras mi cabeza. Jamás sentí miedo, pero mi familia sí. Fue esa la razón por la que decidí quitarles mi apellido… Los convertí en von Steinhell. Mi nieta pensaba que era una locura, una estupidez, pero realmente funcionó.

Aquel libro que yace sobre el altar se conoce como el Libro de Pandora, uno de mis últimos descubrimientos y uno de los pocos tesoros prohibidos. Es capaz de traer a la realidad nuestras más oscuras pesadillas y convertir a las personas buenas en malas. Es magia y solo alguien que pueda emplearla le sacaría buen provecho al Libro de Pandora, pero también descubrí que hay muchas otras frutas capaces de activar su verdadero poder. ¡Por el bien de la humanidad es mejor que ese libro se quede donde está!

En una de sus páginas encontrarás la traducción del Poneglyph que encontré aquí. Pasé los últimos años traduciéndolo y guardando mi esencia en él. Rox, mi querida mascota, se encargaba de mantener a raya a los invasores. Si estás leyendo esto, ¡te maldigo por haberla asesinado! Era la criatura más leal e inteligente que he conocido

Si quieres descubrir el secreto de tu fruta del diablo, permite que todos sepan lo que dice ese Poneglyph”.


El corazón de Katharina se paralizó durante unos segundos. Una ola de variados pensamientos no la dejaba pensar con claridad, pues lo que había descubierto en aquellas gastadas páginas era algo completamente invaluable. Una vez su madre habló de un tal Magnus, un hombre tan sabio y bondadoso que decidió cambiar el mundo por su propia cuenta. Todo lo que había allí era el recuerdo de su bisabuelo y ahora estaba siendo usurpado por hombres que no comprendían el verdadero significado de lo que allí había. Por ley lo que estaba ahí le pertenecía, incluso el Libro de Pandora, pero sabía que Lord Aron no escucharía sus palabras.

Katharina sabía que estaba herida y cansada, pero aún tenía energías para deshacerse de esos simples hombres. La chica suspiró y luego cerró los ojos. Lo primero que hizo fue invocar a su Daemencer para mantener ocupada a la infantería enemiga y luego usó su conjuro Telequinesis para apoderarse del libro que estaba en las manos de Lord Aron.

–¿Qué significa esto, Katharina? –Preguntó el magnate, como si no estuviese impresionado– Ese libro de allí tiene todas las traducciones...

–Silencio –ordenó ella con expresión gélida–. No necesitan entender mis razones. Me llevaré este libro y todo lo que quiera mientras ustedes caminan rápidamente y vuelven por donde volvieron.

Los hombres que tenían joyas en sus manos y suficiente oro para no volver a trabajar se burlaron de Katharina y la insultaron, pero tanto Max como Alex sabían de lo que la albina era capaz.

–Katharina, es mejor que no hagas ninguna locura –le consejo Max con tono serio–. Yo te metí en esto, en esta expedición y no quiero tener tu sangre en mis manos.

–¿En serio? Desde un comienzo sabía que tenía que venir aquí. No quiero tener tu sangre en mis manos, Max. Ni la tuya, Alex. Este lugar es sagrado para mí –dijo mientras sostenía fuertemente las hojas arrugadas– y ustedes lo perturban. Por ley de herencia todo lo que hay aquí me pertenece y tú, Lord Aron, debes atenderte a las leyes de Luethenia.

El hombre de unos cuarenta años y aspecto frágil dio un paso hacia delante y sonrió burlescamente.

–Lo siento, pero me estoy perdiendo de algo. ¿Ley de Herencia? ¿Acaso todo esto está registrado? ¡Incluso hay un Poneglyph! ¿O también te pertenece? –Los demás soldados se rieron escandalosamente– Todo lo que está aquí es mío, incluso tu vida.

Katharina hizo caso omiso a las palabras de Lord Aron y comenzó a leer las traducciones del Poneglyph, haciendo caso al escrito de su bisabuelo.

–¿Qué estás haciendo? –Preguntó Tyrrel– Vamos, niña, no seas terca. Entrega el libro y..

De repente una onda de fuerza mandó a todos a volar, excepto a Katharina. Fue justo cuando terminó de leer la última palabra de las traducciones, justo en frente del Poneglyph. La albina sintió como una fuerza indescriptible entraba en su cuerpo acompañada de una serie de recuerdos que no eran suyos, sino que de alguien más. “Usa sabiamente este poder”, escuchó en su cabeza. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que todos cayeron al suelo? ¿Un segundo? ¿Tal vez dos? Para Katharina fue una eternidad, una vida entera pasó frente a sus ojos y comprendió que se trataba del conjuro definitivo de su bisabuelo. Fue capaz de bañar de magia una roca y activar su conjuro con un comando de voz que era exactamente la traducción del Poneglyph y transmitir ese poder.

–¡Mátenla! –Ordenó Lord Aron estando en el suelo– ¡No quiero que quede nada de ella! ¡Absolutamente nada!

Los hombres de Lord Aron dudaron si arremeter contra gigantesca criatura que les impedía cumplir con su cometido, pero al ver que Max atacó sin dudar un segundo, estos le siguieron. Por su parte, la bruja comenzó a castear el Portal para largarse de ahí. Esto fue… extraño, pues normalmente tardaba varios minutos en castear el conjuro, pero ahora, quién sabía por qué, apareció inmediatamente. Sin embargo atravesarlo no fue tan fácil pues Alex se encargó de dificultar su huida.

–¡Intenta huir! –Anunció el Regidor.

–¡No hay escapatoria más que esa puerta, Alex! –Respondió Max.

Ya era demasiado tarde para los hombres que intentaron apresarla, pues usó la telequinesis para mandar a volar a Alex y atravesó el portal.



CAPÍTULO VI

Katharina atravesó violentamente la puerta de su casa y se encontró en la sala de estar, estaba tal y como la recordaba, pero no tenía tiempo para empezar a fijarse en detalles. Pronto descubrirían que se encontraba en Ciudad Plateada y Lord Aron enviaría gente a buscarla, de ninguna forma podía involucrar a Freya en sus problemas. Justo antes de subir las escaleras se dio cuenta que ya no era la misma persona que antes, sino que su aspecto físico había cambiado completamente.

–No te lo pude decir antes –escuchó de repente–, pero el Despertar del Alma cambia nuestros cuerpos.

Cuando Katharina volteó se vio de frente con una mujer de cabellos rojos y sonrisa amable; gozaba de unos hermosos y grandes ojos amarillentos con los que miraba inocentemente a Katharina.

–¿Cómo es posible que te pueda ver?

–Realmente no me estás viendo... Pronto comprenderás el verdadero poder del Despertar del Alma.

La visión de Katharina se esfumó y sus ojos se encontraban de nuevo frente al espejo, intentando acostumbrarse a su apariencia física. Su cabello ya no era perfectamente plateado, sino que tenía un rojo intenso que no le acababa de gustar. ¡Incluso parecía tener dos grandes orejas rojas cubiertas de pelo! Sus ojos violetas ahora eran de un color amarillento y unas extrañas líneas del mismo color que su cabello aparecieron a lo largo de su rostro. Estaba abrumada con el resultado de lo que había obtenido al finalizar su “expedición”, pues en ningún momento pensó que su aspecto físico cambiaría.

Luego de que la visión se esfumara una inmensa cantidad de recuerdos llegó a la cabeza de la bruja. En ellos vio a dos niños, hermosos y sanos, y a un fuerte hombre cuyo rostro no podía distinguir bien... Lo único que podía ver era una cabellera roja y desordenada. Sin embargo, estos recuerdos se esfumaron tan rápido como la visión que tuvo. Dejó de pensar en ello y se dedicó a lo que había llegado a hacer.

Cuando subió a su habitación Freya estaba con un palo en las manos y furia en los ojos.

–¿Quién eres y qué quieres? Si me haces algo, te juro que...

–Freya, soy yo: Katharina. Han pasado muchas cosas, ni siquiera yo me he acostumbrado a este cambio. Coge todas tus cosas, debemos irnos ahora mismo.

En el momento en el que el Daemencer desapareciera los soldados de Lord Aron cruzarían el portal y estarían frente a la casa de Katharina. No podía permitirse el lujo de poner en riesgo la vida de su hermana y la única forma de huir era corriendo, pues ya no podía volver a usar el conjuro de portales. Freya no entendía nada de lo que estaba sucediendo, pero como siempre hizo caso a las palabras de su hermana mayor y recopiló las cosas más importantes. Al mismo tiempo Katharina corrió a su habitación y cogió todos sus libros más importantes y los echó a una enorme bolsa; aún estaba a tiempo de huir.

De repente comenzó a escuchar voces; en un principio parecían ser susurros, pero luego comenzaron a ser más escandalosas. Corrió la cortina y vio a través de la ventana: los hombres de Lord Aron habían llegado. Aún no entraban a su casa lo que quería decir que aún no sabían dónde se encontraban  y afortunadamente ninguno de los peces gordos se encontraba allí. No estaba Max ni Alex, mucho menos Lord Aron. Katharina no tenía la intención de causar una masacre, sino que quería huir cuánto antes y estar a salvo.

Corrió a la habitación de su hermana y cuando vio que estaba lista le ordenó que se arrojara por el balcón. “Katharina, son más de tres metros y medio de caída”, dijo ella, “no resistiré el impacto y lo sabes”. Pero la bruja tenía un plan y era usar la Telequinesis para evitar que Freya muriera al caer. Su hermana pequeña siguió las órdenes de la bruja y cuando estuvieron en la calle echaron a correr, pero desafortunadamente uno de los soldados de Belfort vio a una pequeña y delgada chica de cabello plateado: la confundió con Katharina.

–¡Están huyendo! –Anunció a los cuatro vientos– ¡Vamos a por ella!

Las chicas atravesaron estrechos callejones, saltaban los dormidos cuerpos de los vagabundos y esquivaban las bolsas de basura. “Con este aspecto que tengo no puedo acercarme a la milicia de Ciudad Plateada... Soy irreconocible, no puedo pedirles ayuda”, pensó ella mientras corría. Tras atravesar unos cuantos callejones, cruzar un puente y esconderse tras unas cajas de madera, las muchachas advirtieron la presencia de guardias de Ciudad Plateada. Era la única oportunidad que tenían para deshacerse de los soldados de Lord Aron.

–¡Hey! –Saludó Katharina– ¿Qué  pasaría si hay guardias de otra ciudad persiguiendo a un criminal por estas calles?

Los soldados intercambiaron miradas entre ellos; estaban confundidos.

–Pues... No lo sé. Seguramente tendrían que enfrentar la ley de Ciudad Plateada –respondió uno de ellos llevándose la mano derecha al mentón–. Aquí los únicos que tenemos la autoridad para apresar y castigar a alguien somos nosotros.

De un momento a otro las dos salidas del estrecho callejón estaban completamente bloqueadas por la presencia de los soldados de Belfort. Llevaban espadas en mano y unos rostros de furia y determinación; querían darle caza a Katharina a como dé lugar. Los soldados de Ciudad Plateada, Jim y Mike, no vestían las ostentosas armaduras que sus compañeros de Belfort, pero sí que eran valientes. En el momento en que vieron que estaban en problemas desenfundaron sus armas y se colocaron en posición de defensa, flexionando un tanto las rodillas y colocándose de espaldas entre ellos mismos.

–¿Quiénes son ustedes y qué asuntos tienen en Ciudad Plateada? –Preguntó Jim, el soldado de bigote denso y ojos achinados y pardos. Era un soldado fornido de al menos unos dos metros de altura y su calvicie brillaba incluso bajo la luz de la luna.

Uno de los soldados de Belfort se adelantó y respondió rápidamente.

–Bajo las órdenes de Lord Aron tenemos la responsabilidad de atrapar a esa chica de allí –respondió señalando a Freya, claramente confundido–. Ha osado robarle y luego escapar, también ha herido a varios de nuestros hombres.

–Si es cierto lo que ustedes dicen, nosotros mismos nos encargaremos de llevar a estas chicas ante el Señor de Ciudad Plateada. Pueden bajar sus armas y tengan por seguro que ningún crimen quedará impune –aseguró Jim; le sudaban las manos y estaba nervioso pues sabía que no tendrían muchas oportunidades contra quince soldados enemigos.

El soldado que estaba representando la voluntad de Lord Aron se mostró intransigente y respondió que no tenía ninguna intención de dejar a esa ladrona en manos de la justicia extranjera.

–La justicia de Ciudad Plateada es blanda y a lo más le darán unos cuantos años de prisión, pero en Belfort las cosas no funcionan así. Si le robas a alguien importante, pagas con tu vida.

Ninguno de los dos bandos tenía la intención de ceder, pero se estaban olvidando de algo sumamente importante: Katharina y Freya. La principal responsable de todo era la bruja y ella no tenía ninguna intención de pedirle disculpas a alguien tan despreciable como Lord Aron. El hombre únicamente se preocupaba por sus intereses y era algo que a Katharina le molestaba mucho...

–Hey, Jim, parece que estamos en problemas –dijo Mike, un joven de unos veinte años y piel bronceada. Sus almendrados ojos verdes miraban a sus enemigos con cierto dejo de curiosidad; jamás había visto a un soldado de Belfort–. Estoy preparado para morir por el bien de mi ciudad, ¿lo estás tú?

Jim sonrió y respondió:

–Lo estoy desde que me metí a la milicia.

–Parece que no llegaremos a ningún acuerdo... ¡Ataquen!

Katharina lo que más quería evitar era una masacre, pero era imposible y no dejaría morir a Jim y a Mike. Enfrentar a los soldados de Belfort era su responsabilidad y la de nadie más, así que fue la primera persona en atacar. Sus rodillas se flexionaron y parecía tener un arco en las manos, pero realmente no tenía nada. Vio como si todo corriera en cámara lenta, podía escuchar su propia respiración y los latidos de su corazón retumbaban como tambores en su cabeza. Sólo por un segundo cerró los ojos y cuando los abrió se encontraba disparando la primera flecha mágica que atravesó fácilmente la armadura de uno de los enemigos. Volteó rápidamente y disparó la segunda flecha, la cual atravesó el rostro de uno de los soldados de Belfort. Finalmente, la última y tercera flecha la disparó contra el charlatán que creía representar la voluntad de Lord Aron.

Lo que continuó de batalla fue increíble. Tanto Jim como Mike resultaron ser diestros espadachines, tal vez al mismo nivel que Max y Alex; derribaron y derrotaron a muchos hombres de las filas enemigas. Mientras ellos se concentraban en proteger a Freya de los invasores, Katharina se dedicaba a repartir guadañazos por todo el campo de batalla. Los gritos de guerra terminaron llamando a más soldados de Ciudad Plateada y pronto, los sobrevivientes, fueron apresados por las fuerzas aliadas de Jim y Mike. Sin embargo, no todo era especialmente perfecto ya que Freya fue confundida y capturada.

–Le explico que en realidad yo soy Katharina von Steinhell –dijo ella con enojo–. Ella es mi hermana y si hay alguien que debería estar tras las rejas, soy yo.

La mujer gorda y de lentes que se encontraba tras la recepción no hacía más que repetir las mismas palabras de siempre. Parecía no importarle en lo más mínimo la desesperación que estaba sintiendo Katharina en ese momento. Pronto, su pequeña hermana, terminaría en las garras de Lord Aron si no hacía algo. ¿Cuáles eran sus opciones? ¿Infiltrarse? ¿Hacer volar la prisión? Ninguna de esas opciones era tan buenas... No era una súper espía como para infiltrarse y si hacía explotar la prisión, esta desaparecería con Freya.

Resignada, Katharina se sentó en uno de los sillones a esperar que alguien más importante que una recepcionista apareciera. Sabía que ella no le solucionaría ningún problema y no quería perder más tiempo ni energías, ya había pasado por mucho esa noche. Derrotó a una gigantesca quimera, se infiltró en unas ruinas antiguas que solían ser los aposentos de su bisabuelo –uno de los magos más importantes de la historia–, traicionó a Lord Aron y luchó contra sus fuerzas. Normalmente estaría devastada por todo que hizo, por todos los hechizos que conjuró, pero algo hacía que se sintiera extrañamente bien.

Después de un par de horas de espera apareció un hombre que parecía ser importante. Vestía una túnica negra de seda y su cabello blanco era particularmente gracioso. Llevaba unas carpetas en su mano y era acompañado por dos fornidos guardias cuyos rostros eran cubiertos por una gruesa visera y un casco. Katharina inmediatamente se levantó y fue a hablarle, pero los dos mastodontes intervinieron rápidamente y la empujaron, provocando que la bruja se cayera.

–Ningún vagabundo tiene permitido acercarse a Lord Stressuar –anunció uno de los guardias.

¿Vagabundo? ¿Eso era lo que parecía ser? Tenía un poco de sangre en el rostro y la ropa, sus prendas estaban rasgadas y sucias por la batalla, pero podía asegurar que no era una vagabunda. En ese momento quiso estrangular al guardia y arrojar su cadáver por el puente, pero eso no le ayudaría en lo absoluto a rescatar a su hermana.

–No soy ninguna vagabunda –se quejó ella–. Tengo mi casa y te puedo asegurar que es algo que jamás podrás tener en tu vida, soldadito. Lord Stressuar –dijo de repente–, ha habido un error y mi hermana pequeña está tras las rejas cuando en realidad debo ser yo quien esté ahí.

El hombre de ojos negros ni siquiera miró a Katharina y se limitó a susurrarles algo a sus hombres, quienes inmediatamente desenfundaron las armas.

–Lord Stressuar está demasiado cansado para atender tus asuntos. Si quieres hablar con él, puedes solicitar una hora en recepción –habló uno de los guardias.

Ya no había nada que hacer: la única persona que podía ayudarla ni siquiera le dirigió la palabra. Había olvidado cómo funcionaban las cosas en el mundo y si no eras lo suficientemente importante, nadie te escucharía. Había una única forma de entrar a la prisión sin necesidad de pedirle favores a nadie, pero primero tenía que indagar un poco y no actuar desesperadamente.

CAPÍTULO VII

El juicio tardó una semana y finalmente Freya fue acusada de haberle robado un objeto importante a uno de los señores más influyentes de toda Luethenia. Acusada de algo que no cometió fue enviada a la peor prisión de Luethenia: Roca Negra. Esta cárcel era un lugar despiadado y frío en donde solo eran enviados los hombres más crueles y peligrosos. Sus muros exteriores estaban construidos con kairoseki lo que implicaba una imposibilidad para usar los portales, así que Katharina no podía ir y simplemente rescatar a su hermana. Las cosas se estaban complicando demasiado y ella sabía que Freya no tenía mucho tiempo.

Su plan era sencillo: entrar y salir. Sin embargo, nadie en la historia había conseguido huir de Roca Negra, pero Katharina estaba convencida de que sería la primera. Pasó un par de días consiguiendo información relacionada con la prisión y obtuvo varias respuestas. Los guardias eran ex criminales que les gustó tanto el lugar que siguieron estando allí, solo que ahora trabajando del lado de la ley. El director de la cárcel, Iván Redstone, era un hombre demasiado correcto para ser exonerado y muy fuerte para ser vencido en combate. Según contaban los rumores, el hombre había sido vicealmirante durante toda una década.

El primer paso fue elaborar el plan de forma más específica. Ya había terminado la fase de recopilación de información y descubrió suficientes cosas de la prisión y su director. El crimen a cometer ya lo había pensado y sabía que sería descubierta, así que tampoco era un gran problema. Sin embargo, la obtención de los planos de la prisión era algo imposible pues estos habían desaparecido. Algunos decían que Iván Redstone los tenía en su poder, pero otros estaban seguros que habían sido quemados. Sea como fuese, Katharina tenía que estar en prisión y desde allí planear la fuga.

Después de tres días Katharina comenzó con la ejecución de su misión. Se encontraba en la casa de Lord Stressuar y su guadaña estaba en el cuello de este, quien la miraba con temor. Él fue el responsable de que a Freya no se le diese un juicio justo así que era la primera persona que tenía que morir.

–Si hubieses interpretado bien la ley, esto no habría pasado –aseguró Katharina–. Ahora tienes que morir.

El hombre frunció el ceño, tragó saliva y miró desafiantemente a la pelirroja.

–Puedes asesinarme, niña, pero estate segura que la justicia te atrapará y serás enviada a Roca Negra.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de la criatura de orejas alargadas y rojas.

–Es justo lo que quiero –respondió finalmente y luego deslizó la hoja de su arma por la delicada garganta del hombre que ahora estaba muerto en su cama.

Una semana después la responsable del asesinato de Lord Stressuar fue enviada a Roca Negra a cumplir una sentencia de doscientos cincuenta y cuatro años. Katharina había conseguido el primer paso de su objetivo y ahora recién comenzaba lo difícil. La carreta transportaba a varios prisioneros más y todos ellos lucían extremadamente mal. La bruja se sorprendió cuando vio a Mike allí, el soldado que luchó valientemente contra la guardia de Belfort.

–¿Y tú por qué estás aquí? –Preguntó uno de los hombres a Katharina, pero esta ni siquiera le miró– ¡¿EH?! ¿Te crees mejor que nosotros, puta?

Los grilletes de Katharina eran de hierro y zafarse de ellos era una tarea relativamente sencilla, podía deshacerse de todos los guardias y prisioneros de allí, pero no formaba parte de su plan. Tampoco le interesaba dialogar con asesinos, violadores y ladrones. Su única tarea era rescatar a Freya.

–Déjala –intervino Mike–, tendrá sus razones. Todos estamos aquí por una buena razón…

Cuando el vehículo se detuvo Katharina se encontró frente a un enorme castillo cuyos muros medían casi cinco metros y eran completamente negros. Las torres de vigilancia destacaban, pues estas se erguían y sobrepasaban las paredes de la prisión. El portón era de madera, lo suficientemente ancho para que pasasen cuatro carretas al mismo tiempo y aún así sobraba espacio. El paisaje era frío y desolador, desde fuera se podían escuchar los gritos de los prisioneros y fuera del castillo no había un solo árbol. Roca Negra era una prisión que se ubicaba en lo más alejado de la región norte de Luethenia, en lo alto de un acantilado. La única salida posible era el portón o el inminente vacío…

Katharina fue empujada violentamente hacia dentro por uno de los choferes de la carreta y allí dentro enfrentó su nueva realidad. Estando adentro intentó mantener la calma, pero le fue casi imposible. Durante años estuvo luchando para encerrar a criminales y ahora no podía creer que era de las personas que se encontraban tras las rejas. El lugar tenía un patio central y en las zonas laterales había casuchas en las que vivían algunos prisioneros, al fondo del patio casi congelado y cubierto de nieve había un pasillo que conectaba a dos escaleras. La prisión contaba con al menos cinco pisos y dos subterráneos, lo que dificultaba encontrar a Freya entre tanto hombre.

Una de las cosas espectaculares de Roca Negra era que el castillo era una prisión mixta en donde los hombres y mujeres tenían que sobrevivir usando lo mejor y más cruel de sí mismos. En todo caso, a pesar de que fuera una prisión mixta, no se soportaban las violaciones y los embarazos eran castigados severamente. Nadie podía exigir un trato justo, pues los guardias veían a los prisioneros como la peor escoria de la sociedad.

–¡Prisioneros, fórmense! –Ordenó un hombre fornido y tuerto– Soy el regidor de esta prisión, Uthred Handnight. Aquí hay ciertas reglas que deben seguir para continuar con vida. Primero: nadie me desobedece… El que quiera pasarse de listo puede ya estar pensando en perder la cabeza. Segundo: nadie mata a nadie y cualquier asunto que tengan me lo hacen llegar a mí, aunque no me importará en lo absoluto. ¡Tercero! Escapar de Roca Negra no es una posibilidad.

Uthred era un hombre grande y aparentemente fuerte, llevaba un enorme garrote en sus manos y su rostro emanaba maldad. Parecía que le gustaba trabajar como el jefe de los guardias, el que castigaba duramente a los prisioneros. Sus ojos verdes miraban a los demás con curiosidad y su bigote mal cuidado no hacía juego con el resto de su cara.

Katharina observaba a su alrededor, buscando a su hermanita y viendo a los guardias que se paseaban en lo alto de los muros. Caminó lentamente por el patio central ignorando las palabras de los sucios prisioneros y las mujeres que poseían un aspecto lamentable. De repente sintió una mano en su hombro y cuando volteó se encontró con una imponente figura masculina, de cabello lacio y largo y hombros anchos. Tenía la nariz rota y sus ojos negros miraban a la pelirroja con deseo; el hombre presionó fuertemente su mano contra el hombro de Katharina, lo que hizo que esta soltara una mueca de dolor.

–Tú vendrás conmigo y desde hoy dormirás en mi tienda –comentó con su voz profunda.

La pelirroja no sería la víctima sexual de nadie en esa prisión. Intentó quitarse la mano del hombre, pero le fue imposible. “Aquí lo que más importa es la fuerza física, nada más”, recordó. No tenía muchas posibilidades de vencer a ese hombre, pero de ninguna forma lo acompañaría.

–Suéltame –le ordenó Katharina.

El hombre soltó una espeluznante sonrisa y mostró su fea dentadura compuesta por espacios vacíos y dientes rotos y amarillos. Apretó fuertemente y luego le dio un cabezazo a Katharina, provocando que esta cayera al suelo y se llevase las manos al rostro. Soltó un grito de dolor y cuando vio sus manos estas estaban cubiertas de sangre: su nueva realidad había empezado. El hombre no se contuvo ni un poco y sin esperar a que Katharina se levantase le dio una fuerte patada en las costillas, mandándola a volar unos cuantos metros.

Los prisioneros de Roca Negra hicieron un círculo en torno al hombre de cabello largo y la pelirroja. Las mujeres apoyaban al semigigante, quien parecía ser una de las figuras más respetadas y temidas del lugar. Drakar era su nombre y también contaba con el apoyo de los hombres. El criminal tomó a Katharina del cuello y la levantó hasta tenerla a la altura de sus ojos.

–Te dije que vendrás conmigo y dormirás en mi tienda –habló–. Rehúsate y sufrirás, acepta y vivirás.

–No seré la puta de nadie, ¿entendido? –Dijo Katharina con un ojo cerrado y la voz desgarrada.

Drakar se impresionó de la convicción de la chica lo que hizo que su espíritu salvaje lo dominara, lanzando fuertemente a Katharina hacia el suelo. Lo último que recordó ella antes de que todo se volviese negro fue una lluvia de patadas…

Cuando despertó se encontraba en una cama y tenía todo el cuerpo adolorido, de hecho, no podía abrir un ojo. “Parece que sí me han dado una buena paliza”, pensó mientras intentaba averiguar dónde estaba. Probablemente se trataba de la enfermería, pues mirase donde mirase se encontraba con heridos y gritos de dolor. De repente entró una mujer de unos cuarenta años, cabello corto y rubio y ojos azules; tenía una bata blanca y se aproximó hasta Katharina.

–¿Cómo te encuentras? –Preguntó ella– Recibiste una fuerte paliza en tu primer día… Me sorprenda que hayas sobrevivido, cualquiera hubiera muerto. ¿Qué pasó?

La pelirroja no respondió.

–Entiendo que no quieras responder. En todo caso todo lo que pase dentro de la enfermería debo reportárselo a Uthred, así que si quieres protección, es mejor que empieces a hablar.

“Lo único que quiero es encontrar a Freya y saber que está bien”, pensó Katharina. Ella sanaría pronto si usaba sus conjuros, aunque la idea era que nadie supiese de sus habilidades. No necesitaba la protección de nadie, pensaba, pero su corazón parecía decirle que sí. Fue dada de alta un par de horas después y cuando salió al patio todos la miraban como si hubiesen visto un fantasma.

–No pensé que viviría después de esa paliza –comentó uno.

–Si cree que puede sobrevivir a la furia de Drakar, está muy equivocada –le respondió el otro.

A Katharina no le importaba lo que los demás comentaban, solo le interesaba encontrarse con su pequeña hermana. Y fue allí cuando vio a una niña cuyo cabello plateado estaba más corto de lo normal, su rostro siempre lleno de vida ahora estaba demacrado y lleno de cortes y moratones. Los ojos de Katharina exploraron todo su cuerpo y se dio cuenta que le faltaba un dedo a una de sus manos. No sabía si alegrarse por saber que su hermana estaba viva o enfurecerse porque todo lo que le había pasado hasta ese momento era culpa de ella.

Se acercó rápidamente, lo más rápido que le permitían sus cansadas y destrozadas piernas. Cojeaba. Estaba a unos pocos metros cuando la pesadilla de la prisión volvió a aparecer, pero ahora no enfrentó a Katharina, sino que se dirigió hacia la peliblanca que estaba tiritando, muerta de miedo y frío. La mano del semigigante recorrió la cintura de Freya y luego bajó hasta su trasero, lo que hizo que Katharina explotara de furia.

–¡Aléjate de ella! –Le gritó– ¡Aléjate!

Drakar se volteó y en seguida Freya le siguió. La peliblanca se llevó la mano a la boca, completamente sorprendida mientras unas lágrimas caían por sus ojos y escurrían por sus mejillas. Por otra parte, la imponente figura de cabello largo se mostró molesta y tomó del cuello a la pequeña peliblanca.

–¡Si la quieres para ti, deberás quitármela! –La desafió– Pero ya todos sabemos el resultado.

Katharina no podía mostrar sus poderes, aún no, pero necesitaba alejar a su hermana de las temibles garras de Drakar. Estaba preparada para lanzar una Bola de Fuego cuando alguien intervino.

–Te haces el fuerte, pero solo abusas de los más débiles –dijo él–. Hazle caso y aléjate de ella.

El soldado de Ciudad Plateada no le llegaba ni a los hombros al imponente maleante, pero su espíritu de lucha opacaba a cualquiera. El muchacho estaba dispuesto a luchar con todo con tal de salvar a Freya y devolvérsela a Katharina, pues era de esos hombres que se guiaba por el honor. Sin embargo, en las cárceles el honor y los códigos de conducta no eran más que una fantasía, algo inútil. Después de hacer su entrada de súper héroe apareció una banda de hombres y mujeres detrás de Drakar, todos preparados para pelear.

–Mátenlo –dijo tranquilamente Drakar.

Una horda alocada de prisioneros corrió hacia Mike y comenzaron a atacar, pero el hombre esquivaba fácilmente todos sus ataques. Sin embargo no pasó mucho tiempo para que la diferencia de números comenzase a notar; primero fue un duro golpe en la rodilla lo que le hizo caer, luego un fuerte piedrazo en su rostro lo mandó a suelo y finalmente la misma lluvia de patadas que mandó a Katharina a la enfermería.

Katharina no podía continuar viendo esa despiadada escena y atacó sin pensárselo dos veces, pues después de todo Mike estaba siendo golpeado por culpa de ella y su intento de salvar a Freya. Tomó un palo que estaba tirado por allí y golpeó fuertemente a uno de los hombres en la cabeza, pero este ni se inmutó y cuando vio que ella había sido la responsable le quitó el arma y le devolvió el golpe en las costillas. La pelirroja fue abatida nuevamente por la horda de seguidores de Drakar, pero contaba con algo que los demás no.

Fue una cadena de desmayos y por un segundo todo estaba demasiado callado… Extremadamente silencioso. Los ojos de Katharina resoplaban furia y quería asesinar a todos quienes estaban allí. Una onda de voluntad que sobrepasó a las demás, provocando que todos cayeran inconscientes. Pero no todos cedieron ante el Haki del Rey de la Bruja. Drakar estaba mirándola, allí, completamente impresionado por lo que acababa de ver, pero no era el único. Freya y Mike miraron a Katharina con los ojos abiertos de par en par.

–I-Imposible –expresó Drakar–. ¡Imposible que tú…!

No alcanzó a terminar cuando Uthred apareció en escena, claramente cabreado.

–¿Qué acaba de pasar? –Preguntó gritando fuertemente– ¿Cómo es que todos están en el suelo? ¡Este no es lugar para dormir, sucios vagabundos! –Expresó dándole una fuerte patada a uno de los hombres que yacía cerca de Mike, pero este no despertó.

–Entiendo que no seas capaz de entender lo que está pasando, Uthred. Tu trabajo aquí es impedir que los prisioneros se maten los unos con los otros, no pensar. Tú, tú y tú síganme.

Iván Redstone finalmente apareció… Tenía cierto parecido a Rayne Bloodfallen. Su cabello era rojo y lo llevaba despeinado, usándolo hasta la altura de los hombros y cubría completamente sus orejas. Sus azulados ojos miraban a todos los prisioneros con un dejo de tristeza, pero su expresión dura y seria arrancaba inmediatamente esa impresión. Era bastante más bajo y delgado que Drakar, pero aún así su cuerpo era tonificado. Vestía una túnica de terciopelo azul y sobre ella llevaba una capa de piel de animal lo suficientemente gruesa para cubrirse del agonizante frío de Roca Negra.

Cuando Katharina vio al director de la prisión sintió un fuerte dolor de cabeza y una infinidad de recuerdos llegaron a ella. Nuevamente se veía estando con dos niños y un hombre extremadamente parecido a Iván Redstone, pero estos cesaron rápidamente. El Despertar del Alma le estaba dando extraños recuerdos que no sabía de donde estaban saliendo.

A su espalda le seguían Drakar, Katharina y Mike, quienes fueron los principales responsables de la pelea. De alguna forma la bruja se sentía mucho más segura estando en presencia del director de la prisión, pero algo le decía que sería un problema con el que lidiar a futuro… Después de subir hasta el último piso y dar unas cuantas vueltas llegaron hasta la oficina de Redstone. Esta se trataba de un espacio rectangular en el que se encontraban un par de estantes llenos de libros, dos sillas y un escritorio bastante simple.

–No es la primera vez que te llamo, Drakar. Dejarás de abusar de los recién llegados, de lo contrario te castigaré yo mismo y eso no te gustará. ¿Queda claro?

El hombre ni siquiera se quejó, únicamente se limitó a asentir.

–Ahora puedes retirarte, pues tengo cosas que hablar con ellos dos. No esperaba que un criminal contase con algún tipo de haki, mucho menos el Haki del Rey –comentó mirando a Katharina–. Debo decir que te queda mucho por aprender… Según esta ficha tu nombre es Khaimera Ravenge, tienes 22 años y eres  culpable de asesinar a Lord Stressuar. Sin embargo, hay algo extraño en todo esto… No te quedes tranquila porque cuando algo no me calza, lo descubro. Ahora lárgate.

Katharina había usado una ficha falsa para entrar a la prisión, de lo contrario, si usaba su verdadero nombre, sería enviada a Impel Down y ahí sí que todo terminaría mal. De momento su nombre era Khaimera y era la culpable de asesinar a Lord Stressuar. Tenía que decirle cuanto antes a Freya que jamás se le ocurriese llamarle por su verdadero nombre.

Cuando bajó las escaleras y estuvo en el patio central se reunió con su hermana, un encuentro demasiado frío… No podían mostrar ningún tipo de afecto, pues era visto raro en una cárcel y los guardias comenzarían a investigar. Katharina no era la primera persona que entraba a Roca Negra para rescatar a alguien y no sería la última, pero ninguna de esas criaturas tuvo éxito y todos creían que ella tampoco lo tendría.

–Prometo sacarte de aquí, Freya. Lo prometo…

–Sabes que es imposible salir de aquí… Los muros están hechos de kairoseki, así que tus portales no funcionan aquí. ¿Cómo planeas escapar?

–Ya pensaré en alguna forma.

Capítulo VIII

Katharina pasó tiempo estudiando la prisión y pensando en alguna forma de salir, pero también tenía que estar atenta a la vigilancia de los guardias y demás prisioneros. La puerta principal era solo una vía de entrada, pues ningún hombre, a menos que este fuese un dios, podía pasarla debido a la vigilancia que los guardias le daban. Por otra parte, saltar los enormes muros de kairoseki también era un trabajo complicado puesto que eran vigilados constantemente y nadie podía atravesarlos sin ser visto y morir en el intento. La pelirroja jamás consideró la opción de cavar un túnel; era una de las más clásicas, pero sabía que en una prisión así no sería tan efectivo.
Los baños femeninos de la cárcel estaban ubicados en el subterráneo mientras que masculinos en el segundo piso. Katharina se estaba dando una ducha cuando de repente vio una pequeña grieta por la cual se filtraba aire, espió a través del orificio y notó que detrás de este todo era oscuridad. “Recuerdo haber visto un acantilado”, pensó. Si esto era cierto, los baños de las mujeres se colindaban con el vacío del acantilado lo que le podía dar una oportunidad para escapar. Lamentablemente Katharina no volaba, pero sí que podía sobrevivir usando su conjuro Telequinesis.

Había pasado ya una semana desde la pelea con Drakar y la conversación con el director de la prisión, Iván Redstone. Desde ese momento todo estuvo tranquilo para la bruja, aunque tenía cierta inquietud por Mike... ¿Qué le habrá dicho? Pensaba constantemente. El soldado no parecía ser la clase de hombre que terminaba en prisión... Había algo extraño ahí, pero mientras no interfiriera con los planes de Katharina todo estaría bien.

Los prisioneros eran instruidos en el arte de la batalla, pues Iván Redstone decía que en caso de haber guerra contra otra nación o los mismos piratas, los primeros que serían enviados serían los criminales. Al menos morirán con algo de honor, solía decir el pelirrojo. Así fue como Katharina comenzó a entrenar con la espada, claro que estas eran de madera. Los guardias eran soldados pertinentes e inteligentes, no entrenarían a los hombres que tenían que vigilar si no podían frenarlos. El entrenamiento era demasiado exhaustivo y todos, hasta el gigantesco Drakar, quedaban cansadísimos para cuando el sol se oscurecía.

–No lo haces nada mal, chica –comentó uno de los guardias–. Estoy seguro que antes tomaste una espada.

–Jamás en mi vida peleé con una espada –respondió con sinceridad.
Katharina estaba en la fase más básica del entrenamiento y casi todo el día estaba golpeando un muñeco de paja y madera con su falsa espada. Los callos no tardaron en aparecer y luego la sangre en las manos. Pasaba por lo menos seis horas golpeando al mismo muñeco, todos los días. Un día, mientras estaba entrenando con su nuevo mejor amigo (el muñeco), Iván Redstone hizo aparición en el patio de entrenamiento. El hombre caminaba tan majestuosamente como siempre y se detuvo al lado de Katharina.

–Sígueme –le ordenó y Katharina dejó su espada en el suelo y caminó junto a él–. Han pasado tres semanas desde que ingresaste a esta prisión e ignorando la pelea con Drakar has mostrado una excelente conducta. Generalmente los prisioneros se matan entre sí, es por eso que decidimos entrenarlos para que gasten todas sus energías y no tengan tiempo ni fuerzas para pelear.

Iván guió a Katharina hasta la zona del subterráneo que estaba completamente prohibida para los prisioneros.

–Aquí nadie nos escuchará –comentó de repente–. Te he estado viendo y alguien con tus habilidades no hubiera sido capturada tan fácilmente, lo que me hace pensar que quisiste venir aquí por propia voluntad, pero ¿por qué? No hay muchos motivos para entrar en una prisión por cuenta propia... Sin embargo, si yo tuviese a un hermano aquí, también intentaría rescatarlo.

El corazón de Katharina comenzó a palpitar rápidamente mientras escuchaba a Iván, sus manos sudaban y tenía un nudo en la garganta. No esperaba encontrarse con un hombre tan inteligente como él y hasta ese momento con lo único que contaba era el factor sorpresa; nadie sabía por qué estaba allí e intentaba ignorar a Freya para que los demás no sospecharan.

–Pero no son más que teorías, ¿cierto? No te he traído hasta este lugar para que confieses tus motivos de estar aquí, sino para mostrarte algo.

Caminaron un buen rato por un estrecho pasillo, completamente en silencio. Todo estaba oscuro, pero de repente los ojos de Katharina fueron iluminados por un intenso brillo azulado proveniente de una espada que estaba en el centro de la estancia circular. La bruja no pudo ignorar sentir impresión por la belleza del arma, pero no era lo único que había allí. La habitación que estaba protegida únicamente por una débil puerta conservaba todo tipo de tesoros, desde pequeñas monedas de oro hasta descomunales trofeos. Sin embargo, Iván pasó de todo eso y se dirigió hacia un cofre que estaba en el centro.

–Esto es lo verdaderamente importante de aquí –confesó–. Se conoce como El Dorado y es la razón por la que existe esta prisión… Es la razón por la que estoy aquí, y también tú. Hay cientos de leyendas y mitos que hablan acerca de los diez tesoros perdidos de la humanidad y solo unos pocos afortunados pueden dar veracidad acerca de su existencia. Antes de convertirme en el director de esta prisión, el Gobierno Mundial me dio la misión de proteger este cofre y su contenido.

Iván abrió lentamente la caja ornamentada y sacó un libro de tapas negras y hojas amarillentas y gastadas. Tenía unas letras  grabadas en su portada, pero para Katharina eran imposibles de leer.

–Se conoce como el Libro de los muertos y es uno de los diez tesoros codiciados por cualquier individuo de este mundo. La existencia de este cofre y de esta habitación es ignorada por todos los hombres y guardias de esta prisión. No confío en nadie más para la misión que estoy a punto de darte.

–¿Misión? –Preguntó ella, confusa.

–Estaré fuera de Luethenia durante varios meses, pues el Gobierno Mundial cree estar cerca de otro de los diez tesoros. Me comprometí a ayudarles con este asunto… Durante este tiempo quiero que tú protejas este lugar de ojos sospechosos y bocas sueltas. Primero que todo, antes que digas algo, estás completamente obligada a aceptar esta tarea, aunque está claro que recibirás una grata recompensa.

Para Katharina esto resultaba demasiado complicado, pues apenas tenía tiempo para estudiar la prisión y así planear su escape. Estar a cargo de la protección de una mazmorra llena de objetos perdidos y más oro del que alguien podrá tener en su vida era peligroso. Por otra parte, le interesaba eso de la recompensa y también estudiar el Libro de los muertos.

–¿Por qué yo?

–Ya te lo dije antes: eres la única persona de esta prisión en la que puedo confiar. De todas formas no soy tan ingenuo para fiarme a tontas y a ciegas de un criminal. Si le dices algo a alguien, temo que nadie nunca saldrá de Roca Negra… temo que nadie vuelva a respirar. Todo lo que está aquí es confidencial y nadie lo puede saber, ¿entiendes? Absolutamente nadie.

Finalmente Katharina vio lo perturbador que podía llegar a ser Iván Redstone. Estaba a punto de irse cuando el pelirrojo le advirtió de algo.

–Ten cuidado de Mike.

El resto de los días nada nuevo sucedió y Katharina continuaba con sus quehaceres rutinarios. Se levantaba temprano, desayunaba y comenzaba con el entrenamiento. Estaba agarrando cierto gusto por el manejo de la espada, sobre todo desde que vio esa reluciente arma afilada que desbordaba un brillo azul. Con aquel recuerdo, y un intenso deseo de mejorar sus habilidades, golpeaba fuertemente el muñeco de madera que estaba frente a ella. Los demás prisioneros quedaban encantados con la belleza de la pelirroja y su dominio de la espada, aunque también había algunos que aborrecían a Katharina. Muchos guardias estaban celosos de ella por ser la favorita de Iván Redstone, puesto que desde su reunión secreta el ex vicealmirante comenzó a darle un trato completamente distinto.

Un día Katharina pensó que ya era hora de avanzar al siguiente nivel y complicar un poco más las cosas, por lo que le pidió al Maestro de Armas, Jon Cuerno de Dragón, intensificar el entrenamiento.

–Mira, Khaimera, me caes bien y te comportas como corresponde, pero no depende de mí el nivel de entrenamiento que reciben los reos. Para que te dé un entrenamiento apropiado deberás convencer a Redstone-sama… Será algo difícil, te lo advierto. Esto no es el ejército, niña; es una prisión y si los entrenamos es para usarlos como armas, nada más.

Aquella respuesta complació los requerimientos de Katharina, pues la relación que ahora tenía con Iván Redstone era un poco más íntima. La recompensa de la que habló el director de Roca Negra era exagerada, por decir algo. Dentro de todo lo que el hombre prometió, la libertad dentro de la prisión para hacer casi cualquier cosa era un hecho. No pasó ni siquiera una tarde para que Jon Cuerno de Dragón recibiera la orden de entrenar a Katharina y convertirla en un auténtico espadachín.

–No sé cómo lo hiciste, Khaimera, pero Redstone accedió a aumentar tu nivel de entrenamiento. Mañana comenzaremos así que hoy descansa y duerme bien… Si estás de acuerdo, puedo darte una clase teórica antes de comenzar con la práctica.

Jon era un sujeto agradable y demasiado bueno para trabajar en un lugar así, su cabello negro peinado hacia atrás y su espesa y desordenada barba le hacían ver mucho más viejo de lo que en realidad era. El hombre de apenas un metro con ochenta centímetros era un espadachín consumado y tenía varios logros concebidos por el gobierno del norte de Luethenia. Sus ojos negros miraron impacientes a Katharina, esperando su respuesta.

–Claro, me parece bien.

–Para dominar cualquier tipo de arte es imprescindible unir el cuerpo con el alma, es la única forma de romper nuestros límites –dijo. Para enseñarle con hechos a Katharina, el hombre tomó una espada de práctica, esas de madera, y la empuñó con ambas manos–. Los mejores espadachines son hábiles con lo que se conoce como haki de armadura… Para alguien que posee Haki del Rey este no debe ser un término extraño, ¿verdad? –Katharina movió la cabeza horizontalmente, de lado a lado– Bien. Lo siguiente es manifestar nuestra voluntad en nuestra arma y así le otorgaremos mayor resistencia y poder –Jon cerró los ojos y la espada de madera rápidamente se envolvió en un manto tan negro como la noche–. Lleva algo de tiempo dominarlo a la perfección, demasiado diría yo, pero en un par de meses despertaremos y avanzaremos con tu haki de armadura.

Katharina no pudo evitar soltar una sonrisa un tanto burlona.

–No te preocupes por despertar mi haki de armadura, Jon, eso ya está hecho hace un buen tiempo. ¿Te puedo comentar algo? –El pelinegro asintió un poco confuso– Jamás he sido buena con las armas y creo que siempre se ha debido a mi falta de fuerza... Aquí muchos piensan que soy la mejor en todo, pero lo cierto es que no soy mejor que nadie. Sólo soy una criminal, ¿verdad?

Jon se cruzó de brazos y cerró los ojos un buen rato, luego los abrió e inclinó su torso para estar más a la altura de Katharina.

–Te diré algo, Khaimera, aquí todos son malos. Los hombres y mujeres se matan entre sí, ¡hasta hemos tenido que lidiar con caníbales! Tú eres de las buenas y si estás aquí, de seguro que es por error. Todos dicen que mataste a Lord Stressuar, pero de ser así, tendrás tus razones.

–No esperaba que...

–¡Silencio! –Le interrumpió Jon– Ahora hablo yo. ¿Quién te dijo que para dar un buen espadazo tienes que tener fuerza? Lo que debes hacer es concentrarte en lo que cortarás, porque un verdadero espadachín puede cortar una montaña sin necesidad de mover un músculo. Puede que esté exagerando, pero tú me entiendes. Anótalo en tu lista de sueños por cumplir, chica: desde mañana comenzarás a dominar el haki de armadura y tus espadazos serán tan fuertes que ningún idiota se querrá meter contigo.

Finalmente el verdadero entrenamiento comenzó y Katharina jamás se esperó que Jon fuera tan estricto. En los entrenamientos normalmente se relajaba y veía como los demás prisioneros se cansaban, algunos llegaban tan cansados a sus celdas que lo único que querían hacer era dormir. Aún no salía el sol cuando Katharina dio la primera estocada al muñeco de madera que estaba frente a ella. Las palabras de Jon Cuerno de Dragón fueron precisas: “Concentra tu voluntad en la espada”. Era más fácil decirlo que hacerlo, se quejó ella, pero quería mejorar.

Su voluntad era fuerte, decía Jon, pero no lo suficiente para manifestarla físicamente. Tras estar varias horas intentando dominar el endurecimiento, y luego de almorzar, Jon cambió la etapa del entrenamiento a la parte más didáctica: un combate. Los guerreros más antiguos decían que era la mejor forma de mejorar en el arte de la guerra, pues era lo más cercano a una batalla. El hombre de cabellos negros y peinados hacia atrás no se andaba con juegos y empuñó su espada de acero.

–Si no logras endurecer tu arma, temo que sufrirás algunos cortes.

Jon se abalanzó hacia Katharina y atacó con un corte descendente tan fuerte que dejó un pequeño cráter en el suelo. El pelinegro miró extrañado a la bruja: “No hay mejora si solo esquivas los ataques”. De esta forma Katharina tenía prohibido esquivar los ataques y los tenía que frenar con su espada, pero ella solo contaba con una de madera. En esa tarde la pelirroja se llenó de cortes superficiales, astillas y moratones, pero cuando el sol comenzó a caer su espada rebosaba un intenso brillo oscuro y de tonalidades violeta.

–Vaya, no esperaba que lo consiguieras el primer día. ¡Tardé un año en dominar el endurecimiento y tú solo una tarde!

–Tengo un buen maestro –aclaró ella–. ¿Quién te dijo que lo tengo dominado?

Tras ese corto intercambio de palabras Katharina atacó con su espada bañada en haki de armadura y por primera vez en el día esta no era rota en el choque de armas. Estuvieron un rato luchando, intercambiando espadazos y estocadas, y al término de los diez minutos Katharina cayó al suelo, completamente cansada. No tenía fuerzas para levantarse y lo único que quería era su incómoda y helada cama de la cárcel. “Quién lo diría... Yo entrenando en una prisión... Siendo entrenada por uno de los guardias. Vaya chiste, ¿eh?”, pensó mientras era arrastrada por Jon.

El tiempo avanzaba rápidamente y Katharina no se dio cuenta que ya había pasado un mes desde que tuvo la conversación con Iván Redstone. Se estaba acostumbrando al ambiente de la prisión, su relación con los demás reos había mejorado muchísimo y a pesar de las advertencias del director de Roca Negra se amistó con Mike. Sin embargo, todo ello no era normal y estaba lejos de perder su verdadero objetivo: liberar a Freya. La peliblanca, desde la aparición de Khaimera, La Salvaje, comenzó a tener un buen pasar y nadie se le acercaba con malas intenciones. Por otra parte, el entrenamiento otorgado por Jon sí que estaba dando frutos y Katharina lentamente se acostumbraba al endurecimiento y al manejo de la espada. En un principio no lo notó, pero con el tiempo se fue dando cuenta que ya no era tan sigilosa como antes...

De repente la campana comenzó a sonar y eso significaba solo una cosa: todos los reos debían formarse en el patio central. Allí estaban todos: Mike, Drakar, Freya, Katharina... Absolutamente todos los prisioneros de Roca Negra. Después de unos pocos minutos e incontables susurros Ugthred apareció y gritó a los cuatro vientos que tenía algo importante que anunciar.

–Iván Redstone-sama viajará a tierras lejanas y estará fuera durante tres meses, dejándome a mí como director temporal. Serán tres meses de transición y duros cambios se avecinan porque quiero que lo recuerden: ustedes no son más que basura. ¡Eso es todo! –El hombre estaba a punto de voltearse e irse cuando llamó a Katharina– Desconozco el trato que tienes con Iván, pero puedes olvidarte de él.

Algo le decía a Katharina que la presencia de Uthred iba a ser todo un problema, tanto para su huida como para la vigilancia de la sala de los secretos de Iván. Por su parte, la pelirroja no hizo más que mirar al hombre que se retiraba lentamente del patio central y volvía a su puesto de trabajo. No quería enemistarse con nadie, mucho menos con la persona que estaría a cargo de Roca Negra durante tres meses.

–Ten cuidado, Khaimera –le dijo Iván Redstone–. Uthred parecer ser un verdadero estúpido, pero no lo es. Hace mucho tiempo fue un codiciado mercenario que cumplía hasta la más cruel petición y si descubre lo que hay aquí, no dudará en venderlo.

–¿Por qué lo dejas a cargo, entonces? Jon Cuerno de Dragón es un hombre justo y honorable, mucho mejor que Uthred.

El pelirrojo miró a la prisionera.

–Porque sé lo que hará.
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Re: [TS 2017] Promesa

Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 28 Ago 2017 - 20:54

CAPÍTULO IX

Solo había pasado una semana desde el viaje de Iván y las cosas habían cambiado notoriamente, aunque Katharina siguió entrenando con Jon. Ahora los entrenamientos en el patio central eran muchos más intensos y los prisioneros, además, se veían forzados a trabajar en las reparaciones del castillo. Se rumoreaba que Uthred mandaba a llamar a las prisioneras más bellas de toda la prisión para cumplir con sus deseos y eso significaba un problema para Katharina. Durante esa semana había notado como el hombre veía a Freya y a pesar de haberla llamado un montón de veces, la peliblanca nunca fue.

Había un descomunal descontento por parte de los prisioneros, sobre todo por la gente de Drakar. El semigigante repudiaba al director temporal pues este le había quitado todos sus beneficios y lo había humillado frente a los demás reos... Todos estaban entrenando en parejas, un combate para mejorar las habilidades tanto ofensivas como defensivas. Jon les estaba enseñando a cómo defenderse de ciertos ataques y mientras practicaban Drakar fue derribado por Mike. Uthred no dudó un segundo en burlarse del semigigante, riéndose de él por haber sido derribado por un chico de apenas veinte años y de menor estatura.

–¡Además de ser basura eres débil! –Se mofó de él– Estoy seguro que hasta un niño de cinco años podría ganarte. Si te hubieras visto cómo te vi yo, estarías de camino a colgarte.  

Drakar se ganó el respeto de la gente de Roca Negra asesinando a un hombre, pero ahora que el director temporal se burlaba de él los demás aprovechaban de hacer lo mismo. Unos pocos fueron los que se mantuvieron serios e incluso hubo algunos que lo defendieron. Este fue el comienzo del nacimiento del odio hacia el director de la cárcel... Por su parte, mientras todos estaban burlándose de Drakar, Katharina fue hacia la cámara oculta con la intención de leer el Libro de los muertos y practicar algunos conjuros.

Atravesó la débil puerta que había allí y se encontró de frente con la espada de brillo azulado. Era mucho más bella de lo que recordaba y sus ganas de tomarla solo fueron silenciadas por su curiosidad. Se aproximó hacia el cofre y lo abrió, cogió el libro y comenzó a hojearlo. Mientras pasaba rápidamente de página en página una hoja completamente distinta a las demás cayó. Katharina la cogió y al momento de voltearla se encontró de frente con una chica que lucía exactamente igual que ella... Los huesos se le helaron y su corazón se detuvo por un momento, una gota de sudor cayó de su mentón y sus ojos se abrieron de par en par cuando vio lo que estaba escrito en el borde inferior derecho: Siempre te amaré, Iván Redstone.

¿Qué significaba todo ello? Había algo que no quedaba claro. Aquella chica de la foto lucía exactamente como Katharina, pero tras una inspección minuciosa se dio cuenta que la amante de Iván tenía orejas normales. Había algo que estaba ignorando acerca del Despertar del Alma, algo extraño... Sentía la necesidad de descubrirlo todo, salir corriendo de allí y hablar con el ex vicealmirante, pero sabía que aquello era imposible. A pesar de tener los recuerdos de su antepasado no podía descifrar la razón de la foto, a pesar de poder comunicarse con él a través de una vía telepática era incapaz de encontrar algo con coherencia.

Un ruido proveniente del piso superior alertó a Katharina y fue un aviso para que saliera de allí. Había pasado demasiado tiempo desde su desaparición y pronto la empezarían a buscar. Solo faltaban unos pocos minutos para la cuenta y de ninguna forma podía perdérsela. Corrió rápidamente por el estrecho pasaje y cuando ascendió al pasillo colindante con el patio central todo estaba oscuro. Subió sigilosamente las escaleras y al momento de llegar al pabellón de celdas notó que los guardias ya estaban contando a los prisioneros. Esta zona era una inmensa habitación rectangular en donde las celdas estaban ubicadas en la parte lateral. Katharina tenía que atravesar todo el pasillo central para llegar a su lugar de descanso y así ser contada, pero no encontraba la forma de hacerlo.

Caminó sigilosamente por todo el pasillo, acercándose lentamente a los guardias y cuando estaba en mitad del camino uno de ellos comenzó a voltear. No había para donde correr ni esconderse; si el guardia se volteaba, Katharina estaría en graves aprietos. Rápidamente usó la Telequinesis para mover una piedrecilla y hacerla chocar con uno de los barrotes, provocando un ligero sonido y así evitando que el guardia volteara. Continuó caminando hacia donde estaba su celda y ahora solo faltaban unos pocos metros para entrar en ella. Usando el poder de la telequinesis elevó su cuerpo por los aires y pasó por encima de los guardias, estrelló otra piedrecilla con los barrotes y los guardias miraron hacia la puerta de entrada de la habitación, teniendo tiempo así para entrar a su celda.

–Debo estar oyendo cosas, ¿sabes? –Comentó– Como sea... ¿Khaimera Ravenge? Sí, está aquí. Cerraré su celda y me largaré, hoy me espera mi mujer... Dijo que haría un estupendo estofado.

Una vez estando segura Katharina sacó el Libro de los muertos y comenzó a leerlo, iluminando la celda con una pequeña vela. El texto contenía secretos tanto o más oscuros que el mismo Necronomicón, hacía mención a rituales perturbadores y conjuros extremadamente peligrosos tanto para el conjurador como para la víctima. Al llegar a la página cuarenta y cinco descubrió unos extraños planos sobre una construcción que parecía ser bélica... Le llevó varios minutos entenderlo y cuando lo hizo sus ojos se abrieron de par en par, entendiendo por qué era tan importante que el Libro permaneciera oculto para cualquier tipo de persona, entendiendo por qué era uno de los diez tesoros del mundo.

–Algo así... Algo así jamás debe llegar a la superficie –susurró Katharina completamente aterrada.

El día siguiente y el siguiente del siguiente y así sucesivamente Katharina continuó entrenando y perfeccionando su haki de armadura. Podía mantener estable el endurecimiento durante un buen rato y ya se cansaba mucho menos. El entrenamiento de Jon fue llevado a otro nivel cuando este decidió incluir el haki de observación en él, además de enseñarle algunas técnicas para mejorar el uso de la espada. Cuando tu oponente tenga la guardia arriba lo mejor será desestabilizarlo con este pequeño truco, le dijo, de esta forma te aseguro que saldrás victoriosa. La relación entre Jon y Katharina fue mejorando rápidamente y pronto se convirtió en una verdadera amistad.

La bruja estaba en su celda, era de noche y hacía frío. Estaba estudiando el libro de conjuros y practicando con su telequinesis para llevarla a un nivel más avanzando cuando llegó un guardia y se colocó frente a ella. El hombre parecía fuera de sí y un intenso brillo azulado era emitido por sus ojos.

–La Gran Guerra está a punto de comenzar y deberías estar del lado correcto, Bruja. ¡Tú lo viste con tus propios ojos!

La pelirroja frunció el ceño y se puso en posición de defensa cuando vio que el guardia estaba intentando abrir la celda. Un enfrentamiento cuerpo a cuerpo no sería nada fácil, pero no se dejaría asesinar fácilmente. La llave estaba dando la última vuelta cuando otro guardia entró a la habitación y advirtió la presencia del hombre de ojos azulados y carentes de vida.

–¿Eh? ¿Qué estoy haciendo aquí? –Preguntó el mismo guardia, ahora sin esos extraños ojos sin vida– Debo estar sonámbulo...

Cada día era igual al anterior... Katharina terminaba igual de cansada que siempre y se iba a dormir para mejorar su conjuro telequinesis y aprender unos cuantos más. Era de tarde y el cielo amenazaba con una inolvidable tormenta. La bruja estaba practicando con su espada cuando sintió una presencia en su espalda, lo que provocó que se volteara rápidamente e intentara atacar, pero cuando vio quién era bajó el arma y suspiró.

–Freya, no me asustes así, ¿quieres? –Comentó ella– Te dije que no es buena idea que nos vean hablando, no quiero que sospechen de nosotras. ¿Qué sucede?

La peliblanca miró hacia abajo, había algo raro en ella.

–Freya, ¿qué sucede?

Katharina vio sobre el hombro de su pequeña hermana  y allí estaba... Uthred sonreía animosamente y se sujetaba el cinturón. Una morbosa idea pasó por la cabeza de Katharina, deseando que no fuera así, pero cuando vio el lastimado cuello de su Freya no pudo evitar sentir furia y explotar en ella. Sintió como la cólera recorría cada célula de su cuerpo y su corazón comenzaba a palpitar más rápido con cada segundo que pasaba. Estaba haciendo un enorme esfuerzo para no correr hacia el director temporal y pulverizar cada hueso de su cuerpo.

–¡Freya! –Le gritó– ¿Uthred te hizo algo?

La peliblanca no soportó más y quebró en llanto, lanzándose a los brazos de la pelirroja. Katharina también lloró con ella... Todos en el campo de entrenamiento vieron la escena, quedando estupefactos. ¿Acaso era normal que dos chicas aparentemente desconocidas se abrazasen y llorasen juntas? Jon se acercó a la pelirroja y le preguntó lo que estaba pasando.

–Detenme ahora, Jon, de lo contrario mataré a Uthred.

–¿De qué estás hablando...?

Katharina le dirigió una mirada llena de furia; sus ojos amarillentos estaban cubiertos de lágrimas. El barbón entendió inmediatamente lo que estaba pasando...

–Khaimera, soy un guardia de esta prisión y no puedo dejar pasar ningún acto. Uthred es el director temporal de Roca Negra y puede hacer lo que quiere. Todos ustedes son vistos por el mundo entero como la peor escoria... Nadie les ayudará.

–¡Era virgen! –Exclamó Katharina con aún más rabia–Debí haber sido...

–¿Debiste haber sido más qué? –Preguntó desafiantemente Uthred– Si tienes algún problema, puedes... ¡Cierto! No me interesan tus problemas. Se lo haré cuantas veces yo...

Una enorme bola de fuego salió despedida de la mano de Katharina y mandó a volar a Uthred, estrellándolo contra el muro de kairoseki. Rápidamente el aire se llenó de un putrefacto olor a carne quemada y los gritos desgarradores del violador fueron lo único que interrumpió el profundo silencio que provocó el actuar de Katharina. Los expectantes miraban sorprendidos... No sabían si impresionarse por la enorme bola de fuego que salió directamente de la mano de la bruja o por haber atacado a la figura más importante de toda la prisión.

Vencer al viejo mercenario no era una tarea sencilla y luego de quejarse por la enorme bola de fuego que recibió, Uthred se levantó furioso y empuñó el enorme garrote. Comenzó a correr rápidamente hacia Katharina y varios metros antes de llegar hasta ella, dio un fuerte garrotazo al suelo lanzando un haz de energía destructiva que arrasaba con todo a su camino. La bruja se echó para un lado y esquivó fácilmente el demoledor ataque de Uthred, pero este último esperaba que lo hiciera. Ya estaba al lado de ella y la pelirroja no tenía posibilidades de esquivar el destructivo garrotazo que estaba a punto de dar.

Una espada se cruzó en el camino de Uthred y las armas del director y el Maestro de Armas chocaron, liberando una poderosa onda de energía que mandó a volar a varios hombres y mujeres. El viejo mercenario respiraba agitadamente, tenía la mitad del rostro quemado y varias quemaduras más a lo largo de su cuerpo.

–¡Quítate, Jon, es una orden! –Exclamó– ¡Golpearé a esta puta hasta la muerte!

Pero Jon no hizo caso a las palabras de un hombre que no tenía autoridad.

–Por favor, Uthred, detente. Estamos para evitar peleas, no para ocasionarlas.

–¡¿Es que no viste, mierdecilla?! Ella fue la que empezó todo esto. ¡No yo!

–¡Nada de esto hubiera pasado si no le hubieras tocado un pelo a Freya! –Anunció la pelirroja, completamente encolerizada– Te haré sufrir, Uthred Handnight.

El director temporal lanzó un grito de guerra y luego ordenó que todos los guardias detuvieran a Katharina y la enviaran al pozo durante un mes, pero realmente nadie quería acercársele. “Si hubiese sabido que todos me temerían, me habría escapado ya”, pensó la bruja mientras estaba atenta a su alrededor. Sin embargo, con una segunda orden de Uthred los guardias reaccionaron y se abalanzaron hacia Katharina. La bruja sentía decenas de presencias acercarse a ella y sabía que no tenía la suficiente fuerza como para remeter contra todos ellos, por lo que no tuvo más opciones que rendirse. “No podré vigilar el subterráneo si me envían al pozo... No podré proteger a Freya si me envían...”, pensaba mientras era golpeada por decenas de palos.

De pronto una mano la sacó a la luz y se encontraba sobre el hombro de alguien que no podía reconocer. Su cuerpo estaba adolorido y tenía cientos de heridas, razón por la cual no aguantó más y perdió el conocimiento...

Despertó varios días después sin saber lo que había ocurrido, pero al menos sabía que se encontraba en la enfermería. No había podido entrenar ni leer el Libro de los muertos, el cual dejó en su celda; aquello significaba un problema que pronto resolvería. A su lado estaba Drakar con el cuerpo completamente vendado.

–No sabía que habría alguien tan estúpido como para revelarse ante los guardias –escuchó de repente. Aquella voz era ligeramente familiar–. Roca Negra se destaca por ser una prisión de máxima seguridad, pero aparentemente no es así... Gracias a tu enfrentamiento con Uthred pude entrar y créeme que te haré pagar.

La vista de Katharina finalmente se adaptó tras un largo rato de estar inconsciente y vio a Lord Aron frente a ella. Una daga ensangrentada estaba siendo empuñada por él.

–Oh, no te preocupes, esta sangre no es de tu querida hermana. Todo salió como lo planeé, ni siquiera tuve que usar a Mike. Verás... Déjame resumirte las cosas: yo fui el responsable de enviar a tu hermana hasta aquí, yo le di la orden a Uthred de violarla y hacerla sentir vulnerable, y ahora yo te haré pagar por lo que me robaste hace un tiempo... Por todo lo que me hiciste pasar.

Katharina no se asustó con las palabras de un hombre que no podía hacerle frente a alguien como Iván Redstone. La mano del pelirrojo estaba sobre el hombro de Lord Aron, lo que significaba que ya había vuelto del viaje.

–Me han contado todo lo que sucedió y me parece extraño que un hombre como usted esté aquí –comentó tranquilamente–. Le pediré a uno de mis guardias que lo escolte a la salida. ¿Puedes pararte? –Le preguntó a Katharina, quien asintió quejosamente– Mi viaje fue más corto de lo que esperaba y en tan solo un mes y medio recuperé otro de los tesoros. Por lo que me dijo la enfermera recibiste una dura paliza y caíste inconsciente, incluso cuando estuviste desmayada Uthred te siguió golpeando.

–No podía quedarme de brazos cruzados –respondió ella sin dejar su aire desafiante.

–Y lo entiendo perfectamente: si alguien hubiera violado a mi hermana, lo habría asesinado allí mismo –el corazón de Katharina dio un vuelco cuando ella supo que Iván Redstone sabía la verdad de su identidad y las verdaderas razones por las que estaba allí.

–Supongo que me enviarás a Impel Down, ¿no?

El ex vicealmirante se tornó completamente serio y se detuvo de golpe.

–No tengo intenciones de enviarte a esa prisión, aún no. Hay un asunto que tenemos pendiente, acompáñame.


Los dos caminaron en silencio por el frío pasillo de obsidiana, el cual tenía ventanas que daban hacia el patio central. Roca Negra era una magnífica construcción, una verdadera obra de arte, pero fue mancillada en el momento en que el Gobierno de Luethenia decidió transformarla en una prisión de máxima seguridad. En el largo pasaje antes las paredes estaban adornadas con flores y plantas, pinturas únicas y retratos de hombres importantes para el norte de la isla. Sin embargo, ahora no era más que un montón de piedras negras. Al llegar al final del pasillo subieron una extensa escalera de caracol, hasta el último piso.

El último nivel de la torre correspondía a una única habitación con una puerta de madera. Primero pasó Iván y Katharina se detuvo unos segundos bajo el marco de esta, temerosa de lo que el pelirrojo podía decir y hacer. Por lo que sabía, el ex vicealmirante atrapó a peligrosos piratas y jamás mostro piedad; ahora sólo esperaba un milagro. Los ojos dorados de la mujer recorrieron cada rincón de la habitación, explorándola aún más que la última vez.

–El Libro de los muertos fue encontrado en tu celda, Khaimera –dijo de repente, mirando a través del amplio ventanal que daba hacia la cordillera que se cernía más allá del acantilado. Allí todo era blanco–. No estoy aquí para cuestionar lo que hiciste, pues en ningún momento te prohibí su lectura. Supongo que… –el hombre guardó silencio un buen rato y Katharina lo miraba con confusión y ansiedad– Supongo que viste la foto, ¿no?

–No encuentro ninguna explicación –respondió ella con frialdad–. ¿Es tu mujer o algo por el estilo?

Iván volteó y le convidó una mirada repleta de tristeza y nostalgia; tras aquella máscara de seriedad y dureza había un hombre cuyos sentimientos salieron a flote.

–Estuve demasiado tiempo en la Marina, más del que me habría gustado. Todos conocen las historias del honorable Vicealmirante Redstone, todos respetaban mi nombre –bajó la mirada y golpeó con los puños la mesa–. Pero así como muchos me respetaban, había enemigos repartidos por todos lados y uno de ellos era conocido como Espina Negra.

–Conozco su nombre –añadió Katharina–. Acusado del asesinato de una infinidad de civiles, declararse enemigo del Gobierno Mundial y ser conocido como uno de los piratas más crueles de estos últimos tiempos. Por lo que recuerdo hubo un hombre que consiguió su captura, ¿fuiste tú?

–Por desgracia sí… Estaba haciendo el último papeleo para ser enviado a mi última misión: dirigir una prisión durante algunos años. Será sencillo para alguien como tú, solían decir mis superiores. Iba de regreso a mi casa, Eva me esperaba para cenar y brindar por mi última misión en la Marina… El último esfuerzo. Recuerdo detenerme frente a la puerta, mis manos temblaban… De inmediato sospeché que había algo extraño; demasiado silencio, pensé –la voz del hombre lentamente comenzaba a quebrarse. Iván tomó asiento y miró a la pelirroja, quien lo observaba serenamente–. Mis manos temblaron justo antes de girar la perilla, pero finalmente lo hice. Frente a mis ojos… Frente a mis ojos vi la escena más cruel y sanguinaria que había visto en toda mi vida. “La dejaré morir frente a tus ojos”, dijo él con una sonrisa sádica en su rostro –Iván apretó fuertemente los puños y miró hacia la mesa–. Debí haber sido más rápido, las palabras no alcanzaron a salir de mi boca cuando el cuchillo de Espina Negra se deslizaba por la garganta de Eva. El cadáver de mi hijo estaba tendido en el suelo, como si se tratara de una criatura insignificante… Dominado por la furia me abalancé a Espina Negra y ataqué sin piedad...  

Katharina había escuchado historias trágicas, pero la de Iván era injusta. El mismo destino se encargó de arrebatarle lo que más quería y la bruja lo entendía perfectamente, pues ante sus ojos Freya le fue arrebatada. No obstante, tuvo la oportunidad para recuperarla y poder vivir junto a ella.
–Es… Lo siento, no tengo palabras… –confesó ella– Pero esa foto…

Iván sacó del escritorio un hermoso y ovalado espejo cuyo marco dorado brillaba intensamente. A medida que el pelirrojo lo iba volteando, Katharina se daba cuenta que en realidad el espejo tenía un cristal negro en vez de un vidrio capaz de reflejar la luz. “¿Qué sentido tiene…?”, se preguntó a sí misma.

–El Espejo del Destino nos muestra las respuestas que queremos, pero no siempre nos muestra lo que preguntamos. “¿Por qué luce como ella?”, fue lo primero que pasó por mi cabeza –los dedos del hombre se deslizaban por el frío cristal del espejo–. Lentamente este fue revelando una escena que no comprendía, pero finalmente lo hice. Vi una mujer de cabellos blancos y ojos violetas hablar en un idioma antiguo; reconocí el Poneglyph y a Lord Aron, pero no podía saber quién eras tú. Cuando terminaste de recitar lo que estaba escrito en el libro que sostenías con fuerza, todos fueron empujados por una fuerza onda de energía e inmediatamente después lucías como Eva… Aunque con algunas diferencias, claro –aclaró señalando las extrañas orejas de la chica.

Ahora Katharina entendía por qué tenía esos recuerdos y las extrañas visiones acerca de una mujer de cabello rojo que lucía exactamente como ella… como la mujer de la foto. No podía creerlo. No quería. ¿El destino se encargó de darle poder a ella a cambio de la vida de una persona? ¿Así se suponía que estaba escrito? La bruja se negaba a creer eso, convenciéndose a sí misma que solo era una casualidad.

–Pero no entiendo, ¿por qué luzco como ella? –preguntó nerviosa.

–No soy un experto ni un erudito para saberlo, Katharina, pero creo que fue una coincidencia. Lo que sea que absorbiste necesitaba del alma de una persona pura y fuerte, es la única explicación que encuentro –respondió con tranquilidad, como si la peor parte del relato ya hubiera pasado.  

La pelirroja se levantó rápidamente de donde estaba sentada: ahora sabía quiénes eran los niños de sus recuerdos. Una imagen nítida apareció en su cabeza... Estaba ella en una casa de madera, bastante confortable y cálida. Escuchaba las risas de los niños y los veía jugar, el olor a carne rebozaba en la casa y sabía que estaba esperando la llegada de alguien. De repente escuchó un violento golpe en la puerta y en seguida apareció un hombre de aspecto rancio; vestía unos harapos y su cabello ondulado y negro estaba completamente sucio. “¿Qué quieres? No tengo nada de valor aquí...”, recordó decir, “por favor no nos hagas daño”. Sin embargo, el hombre hizo caso omiso a sus palabras y con un martillo pulverizó la cabeza de uno de los niños que no alcanzó a colocarse detrás de ella.

Los recuerdos cada vez eran más nítidos y los veía como si ella misma los hubiese vivido. Recordó lo mucho que gritó cuando el niño cayó pesadamente al suelo, sin vida, recordó lo mucho que se rio el hombre conocido como Espina Negra cuando pulverizó la cabeza del pequeño infante. Tomó un cuchillo de cocina y se abalanzó hacia él, rogándole a su hijo que huyera por la puerta trasera y no voltease. El pequeño de doce años lloraba y lloraba, pero en un intento de ser valiente hizo caso a las palabras de su madre... Lo último que recordó del niño fue desaparecer en la oscuridad. Tras un momento de forcejeo todo se convirtió en negro...

–Creo que hay algo que necesitas saber, Iván: tu hijo puede estar con vida –el pelirrojo centró inmediatamente la mirada en Katharina–. Marcos. Ese era el nombre de tu hijo, ¿no?

El ex vicealmirante no daba crédito a lo que oía. ¿Acaso era posible? Se levantó temblorosamente de su confortable silla y se acercó hacia Katharina, esperando una explicación.


–Imposible –susurró–. Hubo una exhaustiva búsqueda para recuperar el cuerpo de Marcos, pero nadie fue capaz de encontrarlo. Estuve mucho tiempo creyendo que aún permanecía con vida… pero cada vez era más difícil creerlo, hasta que terminé perdiendo la esperanza.  

–Me impresiona que un hombre como tú, fuerte y decidido, haya perdido la fe –sentenció ella sin ningún cuidado–. Ahora tienes la oportunidad de reunirte con él. Puedo ayudarte a encontrarlo.  

Iván cayó a de rodillas y miró hacia el cielo. Las lágrimas caían por sus mejillas mientras un grito desgarrador destrozaba el gélido corazón de Katharina. El hombre lloraba por haberse rendido a su hijo, por no haber sido lo suficientemente perseverante.

–¿Qué clase de hombre soy, Katharina? ¡¿Qué clase de padre deja a su hijo a la deriva, perdiendo la esperanza de encontrarlo vivo?!

 Katharina descendió la mirada hacia donde estaba el destrozado Redstone.

–Eres de los tipos que no lloran de rodillas frente a nadie –respondió crudamente ella–. Levántate y ve a buscarlo. Es lo que yo haría por mi hermana.

Tenía razón. Katharina estaba en lo cierto e Iván lo sabía. El hombre se levantó con determinación en su mirada, se secó las lágrimas y se secó los mocos, luego tomó asiento y miró a Katharina.

–Marcos deberá esperar un tiempo más –respondió después de varios minutos de un incómodo silencio–. Si dejo la prisión para ir a buscar a mi hijo, los infiltrados de Lord Aron acabarán contigo. La única razón por la que no lo han hecho es por mí… Actualmente soy un problema para ese hombre, un gran problema.

CAPÍTULO X

Al próximo día de la conversación con Iván Redstone, Katharina continuó su entrenamiento a como de costumbre. Uthred fue castigado por abuso de fuerza contra una prisionera que “no tenía la suficiente fuerza para defenderse”. Katharina se sintió humillada por la declaración de los altos cargos de Roca Negra, pero al menos el sucio mercenario había pagado. Jon seguía igual de estricto que siempre, atacaba cada día con más fuerza y era más veloz, lo que hacía que la pelirroja tuviera que esforzarse más y más para seguirle el paso. Por otra parte, la bruja tenía suficiente tiempo libre para estar junto a Freya y protegerla. Se arrepentía enormemente por no haberla protegido antes, después de todo era su responsabilidad y culpa todo lo que la peliblanca estaba sufriendo.

A veces había días en que Jon se tomaba un descanso y le daba el día libre a la bruja, pero a ella no le gustaba perder el tiempo. Cuando no entrenaba con la espada se enfocaba en la lectura de los libros que tenía en su poder así como la mejora de hechizos anteriormente aprendidos, como por ejemplo Telequinesis. Sabía que si se esforzaba y era un poco más creativa, con un poco más de concentración podía ser capaz de conseguir cosas más complicadas con ese conjuro. Comenzó visualizando la energía que fluía por su cuerpo y luego, con ambas manos, la liberaba lentamente hasta formar una esfera de energía a lo largo de su cuerpo. Si bien esta no duraba más de un minuto, era un buen comienzo.

Por lo general las cosas andaban bien en Roca Negra y la enemistad entre Drakar y Katharina desapareció en el momento en que la pelirroja supo que fue el semigigante quien la rescató. Coincidencia o no, pasó justo en el momento oportuno. Dos semanas después de la visita inesperada de Lord Aron, Iván recibió una carta firmada con el timbre del Señor de Belfort.

–Khaimera –se había acostumbrado a llamarla así–, te tengo malas noticias. Lord Aron exige que seas entregada para ser castigada por él mismo y que, como compensación por haberle negado ese placer, le entregue el Libro de los muertos. Al final alguien terminó encontrándolo, probablemente mientras estabas inconsciente.

La bruja de cabellos rojizos sabía que Redstone no la entregaría así de fácil, mucho menos al importantísimo Libro que custodiaba. Sin embargo no podía evitar tener un sentimiento de preocupación, presentía que algo horrible estaba a punto de pasar.

–¿Y qué planeas hacer? –Preguntó intentando ocultar el miedo que sentía.

–No pienso entregarle nada –respondió él–. La carta dice que me acusará de haber protegido a una criminal buscada por el Gobierno Mundial por la lectura de un documento prohibido. Este tonto se olvida que fui Marine y mi palabra tiene mucho más peso que la suya.

Katharina continuó entrenando día a día, tanto conjuros como técnicas de combate cuerpo a cuerpo. Su destreza con la espada había aumentado mucho desde que comenzó y ahora dominaba un nivel más del haki de armadura. Jon estaba contento por el progreso de su alumna, tanto así que llegaba silbando al entrenamiento. El comportamiento de Katharina impulsó a otros reos a entrenar con más vehemencia y esforzarse por destacar entre los demás, siendo primera vez que la bruja había influenciado positivamente en alguien más. No obstante, como era de esperarse, había muchos prisioneros que detestaban a la pelirroja y se comportaban salvajemente.

Finalmente lo que el corazón de la bruja temía ocurrió. Otra carta llegó en manos de Iván Redstone y los rumores pronto comenzaron a circular por toda Roca Negra. Lord Aron había conseguido la autorización del Gobierno Mundial para sacar a Katharina von Steinhell de Roca Negra y llevarla a Impel Down, además contaba con el apoyo de los Gobiernos de la isla. Con el bélico asunto los criminales descubrieron la verdadera identidad de la pelirroja, pero realmente a nadie le importó: allí todos tenían recompensa por su cabeza.

Por muy normal que podían sentirse los prisioneros, Iván Redstone se sentía furioso por haber sido pasado a llevar de esa forma. La autorización por parte de ambos gobiernos declaraba que Katharina podía ser extraída bajo cualquier medio, no importaba si Roca Negra era destruida. La pelirroja estaba entre la espada y la pared y lo sabía, pues en el momento en que los demás criminales supieran de la última mención de la carta, harían todo lo posible para deshacerse de ella y continuar con sus vidas.

–No me impresiona que el Gobierno Mundial me haya dado la espalda –comentó un día Iván recorriendo el patio central–. Recuerda que soy ex vicealmirante y la razón por la que ya no pertenezco a la Marina… Ellos me dieron la espalda antes, cuando les pedí ayuda para recuperar el cuerpo de Marcos. La única razón por la que estoy aquí es por seguir la voluntad de Eva: ella creía que los criminales podían convertirse en mejores personas.

Y así el tiempo siguió corriendo sin intenciones de detenerse ni por un segundo. Los ánimos en la prisión andaban tensos y los reos se peleaban entre sí por tan solo un feo intercambio de miradas. Los guardias estaban agotados de tener que separarlos constantemente y Jon también tenía que cumplir su parte, lo que provocaba que Katharina no tuviera demasiado tiempo para entrenar con el pelinegro. Aquella falta de tiempo por parte de Jon hacía que la bruja se dedicara más a sus conjuros y a comprender el Despertar del Alma.

Se oyó un grito proveniente del patio central y todos quedaron mirando al hombre que sostenía del cuello a uno de los guardias para lanzarlo lejos. Su melena roja ondeaba con el viento y sus ojos rojos miraban a cada uno de los presos. Su gélida expresión le era familiar a Katharina y cuando vio la cicatriz en el cuello todas sus dudas fueron aclaradas al instante. Sin embargo, no pudo acercarse a él puesto que tanto Jon como Iván interfirieron.

–Jamás te había visto por aquí –declaró Jon–, y créeme que tengo buena memoria. ¿Quién eres, bellaco?

El hombre de cabellos rojos miró a Jon y luego desvió la mirada hacia la chica peliblanca que estaba parada allí, cerca de Katharina.

–Tú no eres Katharina, pero luces como ella… ¿Tu nombre es Freya? –La hermanita de la bruja asintió nerviosamente, ahora estando más segura por estar en presencia de su hermana– Ah, ya veo. Prefería tu cabello blanco –dijo Rayne Bloodfallen cuyos ojos veían la verdad de la naturaleza.

–¿Es amigo tuyo? –Le preguntó Iván a Katharina.

Katharina se abrió paso entre la gente y se acercó hasta Rayne. La diferencia de alturas había disminuido ligeramente, pero era algo que la bruja percibiría.

–Me ha salvado la vida incontables veces, Redstone –respondió sin mirar al director de la prisión–. ¿Qué haces aquí y por qué lanzaste por los aires a ese guardia?

–He venido a rescatarte, a ti y a tu hermana –confesó. Hubo una ola de susurros y risas entre los prisioneros–. El ejército de Lord Aron se aproxima y pronto Roca Negra arderá en llamas. Tú no eres la única razón por la que ese bastardo quiere destruir esta prisión –declaró–. Deberíamos hablar en otro lado para…

–No me importa qué tan amigo seas de Khaimera, pero esta es mi prisión y aquí las reglas las pongo yo –comentó Iván un “tanto” desafiante–. Nadie saldrá de esta prisión, ¿entendido? Ahora… Si lo que dices es cierto, estamos en graves problemas, pero esto a ti no te concierne. Mi prisión, mis problemas.

Katharina no podía evitar notar un leve grado de celos en la voz del pelirrojo quien creía estar a la altura de una calamidad como Rayne Bloodfallen. La bruja sabía de lo que era capaz ese hombre y podía deshacerse de todos ellos en un abrir y cerrar de ojos.

–Deberíamos escucharlo –intervino Katharina para calmar un poco los ánimos–. Podemos llegar a una solución.


–¡De ninguna forma entregaré el Libro de los muertos! –Exclamó Iván una vez en su despacho– Por este estúpido objeto es que perdí a mi esposa y a mi hijo, no lo entregaré así como si nada.

–En eso estoy de acuerdo –agregó Rayne–. Tu idea de entregarle los tesoros prohibidos a Lord Aron es una estupidez. Sabes muy bien lo que contiene ese Libro y si cae en manos equivocadas, podemos dar por seguro que el mundo dejará de ser como lo conocemos.

El solo hecho de recordar aquellas perturbadoras imágenes hacía que Katharina se sintiera verdaderamente insignificante. Aún no encontraba las palabras adecuadas para describir lo que vio.

–Entonces qué, ¿luchamos? Allí afuera hay 25000 hombres según tú, Rayne. Aquí apenas hay cuarenta guardias fieles que lucharán por Iván, los demás están comprados por Lord Aron.

–Los muros resistirán, al menos tenemos tiempo.

–No tardarán en encontrar alguna forma de entrar –refutó Katharina–. Los muros son de kairoseki, pero el portón principal no y no podemos protegerlo con tan solo cuarenta hombres.

Rayne, quien en realidad prefería huir con las chicas y los tesoros prohibidos, tenía una idea que podía resultar, pero había pocas probabilidades de éxito. Las reservas no dudarían mucho tiempo y los hombres enemigos podían mantener encerrados a los prisioneros y guardias y así matarlos de hambre. Tampoco contaban con suficiente leña para abastecer toda la prisión y probablemente los hombres morirían congelados.

–Sé que has estado practicando con magia oscura y nigromancia, Katharina. ¿Ya dominaste el conjuro Cementerio que creó tu madre? –Katharina se sintió sorprendida por lo mucho que la fruta del diablo de Rayne le permitía ver. La bruja asintió y esperó el plan del pelirrojo– Resistiremos lo que más podamos, incluso si hay que comer ratas y acurrucarnos entre nosotros mismos. Por cada hombre que muera, tendremos un fiel soldado que seguirá tus órdenes, Katharina. Por cada hombre enemigo que caiga en combate tendremos tropas tras los muros para continuar luchando.

–¿Estás proponiendo que deje morir a mis hombres? ¿A los reos? –Intervino Iván Redstone– No conozco tus razones para arriesgar de esta forma tu vida, pero te puedo asegurar que no dejaré que mis hombres mueran para… ¿Para qué usarás los cadáveres? ¿Qué ocurre en tu cabeza?

–Iván, puedo hacer que los muertos vuelvan a caminar. Parece ser un gran plan, pero lo malo es que depende netamente de mí. ¿Qué pasa si caigo en batalla? ¿O si termino mal herida? No podré mantener mucho tiempo a una infinidad de muertos vivientes, Rayne. Debes pensar en algo más.

Katharina tenía razón… Sus conjuros de nigromancia eran lo suficientemente eficaces para derrotar a una infinidad de enemigos débiles, pero eso no significaba que la bruja no se cansara. A pesar de ahora tener mayor resistencia y poder concentrarse sin problema alguno para castear algún conjuro gracias al Despertar del Alma, seguía siendo una humana y probablemente podría pelear un día seguido, pero luego comenzarían los problemas. Su conjuro que permitía reanimar a los muertos de forma permanente era de corto alcance, mientras que Alzar Cadáver solo serviría para reanimar temporalmente a los caídos en batalla.

–Mientras estés descansando para luchar un día más, me preocuparé de defender la prisión. Puedo encargarme de varios hombres al mismo tiempo, de eso no tengo duda.

–Mis hombres te ayudarán, Bloodfallen. Le diré a Jon que te proteja en todo momento; si tú caes, todos caemos.

El trío de pelirrojos descendió rápidamente las escaleras para reunir a los guardias y comenzar el plan de defensa. Sin embargo, cuando llegaron al patio central se dieron cuenta que la mayoría de los soldados de Iván Redstone habían sido tomado prisioneros por los mismos presos. Había unos pocos que no habían sido víctimas del motín y probablemente eran los que seguían a Lord Aron.

–¿Qué significa esto? –Preguntó rápidamente Redstone.

–Significa que nos vamos –respondió Drakar–. Lord Aron nos ha prometido la libertad y una buena cantidad de dinero por entregar a esa muchacha. No es nada personal, Khaimera, pero quiero conocer el mundo.

Rayne, quien no estaba de ánimo para ninguna discusión sin sentido, dio un paso adelante, pero fue detenido por Iván Redstone.

–Puedes hacer todos los planes que quieras, Bloodfallen, pero te recuerdo: mi prisión, mis problemas. ¿En serio crees que te la entregaremos? ¿Eres tan estúpido para pensar que Lord Aron cumplirá su palabra? Te tengo una contraoferta: lucha a mi lado y cuando esta pesadilla termine tú y tus hombres serán hombres libres.

Los hombres que seguían a Drakar se mostraron confusos, pues no conocían a Lord Aron. Lo único que sabían era que Iván Redstone jamás había faltado a su palabra y era un hombre honorable.

–¿Y el oro? –Respondió Drakar, teniendo un cuchillo en el cuello de uno de los guardias– Sin oro no llegaremos a muchos lados. Quiero el doble de lo que nos da Lord Aron.

–No te pases de listo, bastardo –dijo la bruja dando un paso hacia delante–. Puedo matarlos a todos y convertirlos en mis seguidores, ¿qué les parece?

El hombre del rostro quemado y el garrote apareció entre medio de varios reos, sosteniendo del cuello a Freya. Uthred avanzaba lentamente mientras la peliblanca soltaba gemidos de molestia.

–Aquí harás lo que Lord Aron diga, de lo contrario la chica muere –sentenció duramente–. Y tú, Drakar, no seas tan cobarde. Lo único que tenemos que hacer es asesinar a estos indefensos guardias y luego deshacernos de Redstone. Fácil, ¿no?

Katharina no dejaría que Freya fuera dañada por segunda vez. Ahora no tenía que ocultarse y podía usar todo su poder, incluso lo que había aprendido. La bruja le dirigió una siniestra mirada al mercenario y luego sus manos se envolvieron en una intensa energía oscura y malvada.

–No tendrás oportunidad esta vez, hijo de perra.

 El viento comenzó a girar rápidamente alrededor de Katharina, tornándose cada vez más violento y aumentando de radio. Pronto este se tornó de un intenso color violeta y los hombres que eran alcanzados por esta endemoniada esfera de energía maligna, soltaban gritos de lamento y dolor. De la boca de los más débiles parecía salir una extraña sustancia, una figura casi transparente que era succionada inmediatamente por el libro de conjuros de la bruja. Krogla Smrti era un conjuro que robaba el alma de las criaturas débiles de mente y cuerpo para convertirlos en criaturas sin voluntad.

Katharina aprendió muchas cosas estando en la prisión, ya que lo que más tenía era tiempo. Pasó noches enteras revisando cada página del Libro de los muertos y el Libro de Pandora, llegando así a crear este oscuro conjuro que dejó boquiabierto a Uthred, literalmente cagado de miedo. Veía como las vidas de sus compañeros de armas eran arrebatadas por tan solo una mujer.

–¡La mataré! –Vociferó con demencia– ¡Lo haré y no quedará nada de ella!

Inmediatamente después de las palabras del hombre la esfera que giraba a una increíble velocidad se detuvo abruptamente. Los cuerpos de los afectados se tornaron ligeramente violeta y sus cuerpos estaban arrugados, como si toda su agua se hubiese evaporado. Sin embargo, no estaban muertos. Uthred, al ver como sus compañeros se dirigían hacia él con miradas asesinas, soltó a Freya e intentó huir, llegando al portón y pidiendo que por favor alguien lo ayudase. Pero estaba solo.

–Cada noche pensaba en una forma distinta de matarte. ¿Te daría una muerte rápida o lenta? No estaba segura, y creo que aún no lo estoy. ¡Lacayos! –Los hombres cuyas almas fueron robadas por Katharina se dirigieron rápidamente hacia Uthred y empuñaron sus espadas apuntándole– Llévenlo a una celda; tírenlo y átenlo. Luego de ganar esta guerra hablaremos.

Sin poder hacer nada, Uthred fue reducido por los lacayos de Katharina. Ignorando los gritos y maldiciones del viejo mercenario la bruja se acercó a Iván y Rayne; aún había muchas cosas por hacer. O ya no tanto.

–Pelearemos por ti –dijo uno de los prisioneros–. ¿Aún está en pie lo de ser un hombre libre?

Iván asintió y miró a los prisioneros.

–Todos ustedes merecen estar aquí, y lo saben. No son lo mejor que la sociedad engendró… Asesinos, violadores, ladrones y psicópatas. Al menos son algo de eso, pero hoy… Hoy eso cambiará y se convertirán en hombres de honor. Pelearán no sólo por su vida, sino que por la de una mujer a la que no conocen.

Katharina recordó sus noches de lectura y los nombres de los conjuros que aprendió mientras Jon estaba medio ocupado. Este último tiempo había estado dando lo mejor de sí para ayudar como fuese a Freya, estaba dando su máximo para cumplir su objetivo y hacer del mundo un mejor lugar para su pequeña hermana. Cerró los ojos y tomó aire, estando completamente segura que saldrían victoriosos si el plan salía perfectamente. Lord Aron no se esperaba los poderes de la pelirroja, era imposible que conociera sus más recientes conjuros.

Pasaron el resto de la tarde dando los últimos detalles y retocando algunas ideas. Ya a la noche Katharina se encontraba en el muro con la vista clavada en las miles de antorchas que se cernían frente a ella. El corazón le palpitaba rápidamente y no podía evitar sentir miedo; jamás había estado en una guerra como esa, de hecho, nunca antes había estado en una. Como fuese, todo tenía que salir según el plan. Cementerio era el conjuro que daría inicio a la batalla por la conquista de los tesoros prohibidos y la vida de Katharina.

Algo debió haber ocurrido en las tropas enemigas pues estas comenzaron a marchar hacia delante. De repente Katharina vio una roca ardiente volar directamente hacia donde estaba ella y, sin preocuparse, usó la telequinesis para detener el proyectil. Gracias al Despertar del Alma aprender y mejorar conjuros era relativamente más fácil, por lo que ahora podía darle un poco más de complejidad a la telequinesis. Delante de ella formó una pantalla de energía telequinésica que desvió la roca candente hacia las tropas enemigas.

–Bien hecho –dijo Drakar, quien estaba al lado de ella–. Espero que tu plan funcione, de lo contrario estamos muertos.

Katharina se limitó a guardar silencio y asentir completamente convencida que todo saldría bien.

–Por el poder que se me ha concedido sobre la muerte yo los invoco para que vuelvan a luchar una vez más –susurró la bruja mientras sus cabellos eran sacudidos por el viento.

Los ojos de la pelirroja se tornaron completamente negro y su cuerpo comenzó a levitar, irradiando energía oscura y maléfica. Inmediatamente después Katharina emitió una onda de energía… Drakar le vio con preocupación, pues pensó que el conjuro que les salvaría el pellejo no había resultado. Pero claro que lo había hecho. Las afueras de Roca Negra se llenaron de tumbas gastadas y viejas que parecieron salir de la nada, tumbas de las que comenzaron a salir no muertos armados.

Las tropas enemigas se quedaron viendo a las criaturas que emergían del suelo, incrédulos ante lo que veían sus ojos. No pasó mucho tiempo para que el primer enemigo cayera en manos de uno de los soldados no muertos de Katharina. Los hombres vieron que los no muertos estaban atacándoles por lo que no dudaron un segundo más en cargar con todas sus fuerzas, así dando inicio a la primera batalla campal en las afueras de Roca Negra.

El tiempo pasaba rápidamente y los enemigos caían, así como las fuerzas de Katharina. Para seguir convocando tumbas debía concentrarse únicamente en ese conjuro, por lo que fue llevada a un lugar seguro.

–¡Necesito ver a mis enemigos con mis propios ojos y no con los de un muerto! –Protestó ella cuando Rayne la dejó en el subterráneo.

–No podemos arriesgarnos a que seas herida –respondió él–. Este hombre te protegerá.

Al término del primer día Roca Negra había perdido a solo 27 hombres, mientras que las tropas de Lord Aron sufrieron 349 bajas. Los reos hubiesen celebrado, si es que hubiera algo que celebrar. Todos sabían que el primer día sería el más tranquilo de todos y ahora que su enemigo conocía la estrategia idearía un plan para contrarrestarla. Y así fue como transcurrió una semana entera en donde los hombres de Lord Aron atacaban cada dos o tres días, cada vez teniendo menos bajas y aumentando las del bando aliado. Por su parte la bruja ya estaba dominando casi a la perfección el conjuro que le permitía alzar tumbas.

Ya pasada la semana las tropas aliadas sufrieron de verdad, pues Lord Aron se encargó de conseguir un extraño explosivo que derribó gran parte del portón que separaba a los prisioneros de sus enemigos. Así fue como el ruido del acero chocando se adueñó de Roca Negra, así fue como lentamente la prisión se fue transformando en un mar de sangre y cadáveres repartidos por todo el terreno. Katharina, a través de los ojos de sus no muertos, sabía lo que estaba ocurriendo por lo que no dudó un segundo más en subir y comprobar vivirlo con su propia carne: las tropas aliadas estaban perdiendo.

Todos estaban luchando, dando lo máximo de sí. Drakar tenía empuñada una enorme espada que alzaba con ambas manos y cortaba a sus enemigos por la mitad, mientras que Jon se dedicaba a lanzar elegantes y eficaces estocadas. A Rayne todos parecían ignorarle, su mera presencia hacía que sus enemigos temblaran de miedo y se cagaran en sus pantalones. Por su parte, Iván tenía arrinconado a todo un escuadrón de soldados enemigos. Sin embargo, por mucho que las figuras más notables de la prisión estuvieran machacando a sus víctimas, el resto de los prisioneros la estaba pasando mal.

–¡Levántense y vuelvan a luchar! –Ordenó Katharina a los cadáveres que había allí.

Ante sus ojos todo era distinto… La crueldad con la que los hombres se mataban los unos con los otros era opacada por un mar de luces esféricas que brillaban intensamente. Las almas de los caídos formaban ese paisaje. Cerró los ojos y apretó el puño, luego succionó cada alma que había allí y alzó los cuerpos de todos los humanos que cayeron en Roca Negra. Cayó de rodillas al suelo y respiraba agitadamente, pues reanimar al mismo tiempo tantos cadáveres drenó sus energías. Pero gracias a ese acto de valentía los reos pudieron reorganizarse y comenzar a echar a los invasores para así fortalecer el portón.

–Llevamos tres semanas luchando y el alimento se está acabando –dijo Iván–. No podremos resistir mucho más y siguen llegando refuerzos enemigos.

–¿Y qué propones? –Respondió una cansada Katharina– Estoy haciendo lo mejor que puedo… De alguna forma, Lord Aron encontró una forma de destruir fácilmente a mis no muertos. No me sorprende… Es un hombre inteligente.

Al despacho de Redstone entró Rayne, completamente tranquilo.

–¿Y tú? ¿Por qué tan despreocupado? Estamos perdiendo la guerra –expresó la pelirroja con molestia. Tenía unas feas ojeras y el rostro demacrado producto del cansancio.

–Puedo verlo con mis ojos: las tropas enemigas están cansadas de luchar contra sus amigos caídos en batalla. Tu poder está por desmoralizar a nuestros enemigos, Katharina.

Lo único que deseaba la bruja era salir de allí y vivir tranquilamente, lejos de la Marina y el Gobierno Mundial, lejos de los problemas y únicamente dedicarse a aprender más y más. Pero su sueño estaba lejos de cumplirse, pues la campana que alertaba a los habitantes de Roca Negra comenzó a sonar: las tropas enemigas habían vuelto a reunirse en las afueras del castillo. Katharina corrió hacia el muro y vio la terrible abominación que se cernía frente a ella. Se trataba de un poderoso ariete que no podría detener con sus muertos vivientes y estaba demasiado cansada como para usar la telequinesis y frenar el ataque enemigo.

–Si esa cosa destruye el portón, estamos muertos –comentó Drakar–. ¿Cuánto más tendremos que pelear?

–Quisiera saber lo mismo –respondió la pelirroja–. Prepara a los demás. Al parecer tendremos que terminar esto con espada en mano.

Los prisioneros derramaron aceite caliente en las tropas enemigas, pero estas últimas no retrocedieron y siguieron impulsando el ariete que recibía ayuda de un extraño mecanismo interior. Jon era uno de los hombres que estaba sosteniendo, junto a varios más, el portón para que resistiera un tanto más, pero ya era imposible. La fuerza con la que golpeaba el arma enemiga terminó por derribar la puerta y mandar a volar a varios hombres. Los soldados enemigos entraron rápidamente y cargaron furiosos contra los prisioneros por haber tenido que asesinar a sus amigos caídos en combate.

La bruja, cansada y todo, cogió una espada de acero y arremetió contra uno de los soldados que subía las escaleras. Era primera vez en toda su vida que no salía perdiendo en un choque de armas, de hecho, el que perdió fue su enemigo. Bañó su arma en haki de armadura y atravesó la armadura enemiga para decapitar al soldado y así continuar con su siguiente víctima. El duro entrenamiento que recibió por parte de Jon dio sus frutos y estaba orgullosa de ello. Siguió arremetiendo contra sus enemigos mientras la fría tierra se bañaba de rojo.

Quedaban pocos no muertos para poder seguir luchando, los reos estaban agotados y una cansada Katharina no ayudaría mucho para dar vuelta la batalla. Iván sabía lo único que haría que la bruja pudiese volver a usar sus conjuros, por lo que de pronto desapareció y al cabo de unos veinte minutos volvió al campo de batalla con la espada más brillante que los hombres enemigos vieron alguna vez. Los ojos de Katharina reflejaron ese azulado brillo que emitía la espada que Redstone sostenía en sus manos.

–¡Úsala y recupera tus fuerzas, Katharina! –Le sugirió– Es la única forma que ganemos esto. ¡Recuerda el nombre de esta arma pues desde este día te pertenece!

Katharina arrojó la espada de acero bañada en sangre que sostenía en sus manos para tomar la Espada Inmaculada. Cuando atacó a uno de los soldados enemigos esta atravesó la armadura sin cuidado y rasgó la carne, congelando a su presa. De pronto Katharina sintió como recuperaba ligeramente parte de sus energías, como si el arma hubiese robado la salud de la víctima. Ahora comprendía las palabras de Iván: la Espada Inmaculada realmente robaba las energías de las víctimas que eran cortadas por ella.

La bruja atravesó rápidamente el campo de batalla, cortando y lanzando estocadas, bloqueando espadazos y esquivando flechas gracias a su haki de observación. Cada corte que lanzaba Katharina era acompañado por una ráfaga de hielo que quemaba la piel de sus enemigos y cada estocada que perforaba a los soldados de Lord Aron le devolvían energías para reanimar los mismos cuerpos que ella asesinaba. Los demás prisioneros notaron que la bruja había recuperado su poder y eso los impulsó a pelar con vehemencia, expulsando a los soldados enemigos.

La espada de Katharina fue detenida por el arma bañada en haki de armadura de Alex Montenegro, uno de los generales de las tropas de Lord Aron. Intercambiaron miradas durante unos segundos y ambos retrocedieron, buscando distancia.

–Sabes bien que no saldrás vivo de este encuentro, Alex –sentenció la bruja–. De no ser por mí hubieras sido asesinado por esa quimera.

–Y agradezco tu participación, pero recuerda que tú provocaste todo esto. Todas estas muertes caen sobre tus hombros. ¡Es tu responsabilidad!

Alex se abalanzó hacia Katharina y esta frenó su ataque con el filo de su espada de dos manos. Montenegro tuvo que retroceder rápidamente al ver como su arma comenzaba a ser congelada al punto en que el mango de esta estaba cubierto de hielo. El hombre lanzó la inútil espada y cogió una del suelo para atacar de nuevo, esta vez teniendo un poco más de precaución. Sabía que un duradero choque de armas acabaría con sus manos y eso significaba perder el combate y la vida. Sin embargo, en ese momento nadie dijo que era un duelo únicamente de espadas. Katharina no dudó un segundo en usar la telequinesis para elevar cientos de armas del suelo y apuntarlas hacia Alex.

–Morirás empalado por mil armas. Al menos tu nombre será recordado…

La bruja de cabellos rojos lanzó a una gran velocidad todas las armas (espadas, lanzas y hachas) hacia Alex Montenegro, quien estaba mirando el cielo esperando encontrar un milagro. Las primeras que llegaron fueron detenidas por su espada, pero pronto una lanza atravesó su muslo y luego un hacha se incrustó en su espalda. El hombre soltó un gemido de dolor y se incorporó, frenó otra arma y otra, pero una espada atravesó su estómago. Finalmente Katharina lanzó el resto de las armas las cuales empalaron a Alex Montenegro, uno de los importantes generales de Lord Aron.

Cuando volteó la mirada se encontró con Max, quien tenía a la peliblanca sostenida del cuello.

–¿Sabes lo mucho que significaba Alex para mí? –Preguntó él con lágrimas en los ojos– Veo que esta es tu pequeña hermana, ¿no?

–Esto es entre tú y yo. Déjala ir –respondió ella.

Max Tyrrel no cometió el mismo error que Uthred y comenzó a deslizar lentamente su cuchillo por la garganta de Freya. Katharina usó la telequinesis para mandar a volar al hombre y atraer a su hermana a sus brazos.

–¿Estás bien? –Preguntó la pelirroja– No volveré a dejar que nada te pase. Deberías esconderte en las catacumbas, actualmente…

–Katharina –la interrumpió ella con seriedad en el rostro–, si muero, no quiero que me revivas. Prométemelo. Deseo descansar… Este último tiempo he pasado por mucho… Cada vez que cierro los ojos veo a Uthred acercarse hacia mí y encerrarme entre sus brazos, golpearme y empujarme contra la pared… ¡No puedo vivir con ese recuerdo!

–No lo entiendo, Freya. ¿Por qué me haces prometerte esto?

De pronto las manos de Katharina fueron bañadas por un tibio líquido que caía espesamente sobre el enrojecido suelo. Desesperadamente buscó con sus manos alguna herida en el cuerpo de su hermana, quien comenzó a sangrar de la boca y toser. La peliblanca cayó pesadamente al suelo y la bruja se arrodilló al lado de ella, intentando encontrar el origen de lo que provocaba que Freya sangrara.

–Por favor… No –le suplicó ella– Solo déjame morir…

–¡¿Qué estás diciendo?! –Respondió ella con lágrimas en sus ojos– No te dejaré morir. ¡No lo permitiré!

Las manos de Freya se deslizaron suavemente por el rostro de Katharina.

–Por favor entiéndelo… Esta no es tu decisión –aclaró la peliblanca–. Yo morí el día en que Uthred me violó.

Aquellas palabras atravesaron el corazón de Katharina y se quedó sin palabras. Desde el momento en que salió de su casa para emprender su viaje Freya sabía que todo terminaría mal, sin embargo la pelirroja fue demasiado arrogante para creer que su hermana menor tendría razón. Ahora estaba pagando el precio por haberse dejado guiar por sentimientos, estaba pagando el precio por haber enloquecido en el salón de Magnus Belathron. No podía creerlo… ¡No quería creerlo! Pero cada error conlleva un precio y Katharina lo pagaría aún más caro.

Por haberse despistado y haber perdido la noción de la batalla una lanza atravesó su estómago y el de Freya. En un comienzo no sintió dolor, pero luego llegó. Se volteó y encaró al soldado que había osado dañarle y cuando tenía todas las intenciones de hacerle estallar la cabeza, Rayne apareció y perforó el corazón del hombre. El cuerpo del pelirrojo estaba lleno de sangre que no era suya y sus ojos no dejaban de mirar con terror lo que estaba viendo: ambas hermanas a las que había jurado proteger ahora yacían heridas por la misma lanza.

–Esto no debió pasar… Esto no debió haber sucedido –expresó sin creer lo que sus ojos advertían. No era necesario poseer la fruta que revelaba toda verdad para saber que Freya estaba muriendo–. ¿No puedes sanarla?

Katharina, con los ojos llenos de furia y tristeza y los labios temblantes, negó con la cabeza.

–Cumpliré el deseo de Freya –respondió mientras le dirigía una cariñosa mirada a su hermana–. Tu descanso jamás será perturbado, hermana mía.

La hermosa mujer de ojos rojos y cabello blanco sonrió por última vez antes que la luz de la vida se extinguiera para siempre.

Rayne le ayudó a la bruja a quitarse la lanza del estómago y esta última usó su conjuro Sanación para reducir el daño provocado por el ataque. Sin embargo, ya había perdido demasiada sangre y no podía controlar por mucho tiempo más a los muertos vivientes.

–Bajo las catacumbas hay un túnel que nadie ha usado durante cientos de años, es muy inestable y peligroso, pero nos permitirá huir –dijo de repente Rayne–. Esta batalla no puede ser ganada, Katharina. Diste lo mejor de ti, pero no hay nada que hacer. Vámonos.

Al mismo tiempo que la luz desapareció de los ojos de Freya también desapareció de los ojos de Katharina. Estaba choqueada por lo que acababa de presenciar. Quería salir de allí… Se sentía vulnerable. Perdió las ganas de luchar en el momento en que vio morir a Freya, ya no había razón para estar en Roca Negra. ¿Jon? Había sido un buen amigo, pero todos debían morir en algún momento. ¿Iván? Al menos moriría con honor…

–Un último acto de valentía, ¿verdad? –Escuchó de repente y frente a ella apareció Eva.

El tiempo pareció detenerse cuando Eva apareció frente a Katharina, mostrando una amable y cálida sonrisa.

–¿Y qué puedo hacer por ellos? –Preguntó– No tengo fuerzas para seguir levantando cadáveres. Estoy herida y Freya está muerta. ¿Acaso vale la pena luchar?

–Hay suficientes razones por las que seguir de pie y continuar peleando. No le puedes permitir a Lord Aron ganar.


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Re: [TS 2017] Promesa

Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 28 Ago 2017 - 20:55

CAPÍTULO XI

La bruja sabía que si Lord Aron ganaba la muerte de su hermana quedaría impune, pero ya no tenía suficientes fuerzas para continuar luchando. Le dolía todo el cuerpo y lentamente perdía el control de sus no muertos, provocando que los soldados del Señor de Belfort ganaran terreno. ¿Acaso el deseo de venganza era más débil que la muerte? No, no lo era. Y Katharina sabía eso. Sabía que tenía que hacer lo que fuera necesario para ganar aquella batalla.

La pelirroja se arrastró hacia donde estaba la Espada Inmaculada y nuevamente usó el conjuro Sanación para detener levemente el sangrado que tanto le debilitaba. Se levantó y apoyó con la espada para luego mirar a Rayne.

–Si muero, que así sea. No retrocederé –confesó con determinación en su mirada–. ¡Le haré pagar a Lord Aron lo que ha hecho!

El pelirrojo sabía que no había forma de que Katharina cambiase de opinión por lo que solo debía apoyarla hasta el fin. Rayne usó sus increíbles habilidades para acercar a varios hombres y así la bruja pudiera usar la Espada Inmaculada en ellos y recuperar fuerzas. Mientras lo hacía su poder comenzaba a incrementar notablemente, volviendo más fuerte a los no muertos. Estos, en un principio, estaban perdiendo contra los soldados de Lord Aron, pero al cabo de unos pocos minutos comenzaron a ganar terreno. Katharina arremetía violentamente contra sus enemigos, usando las pocas fuerzas que le quedaban, pero ganando más y más con cada espadazo que daba.

La sangre que estaba en el suelo le llegaba a los tobillos a Katharina y los muertos aumentaban con cada segundo que pasaba. Aquello beneficiaba a la bruja, pues esta aprovechaba el poder de la muerte para regresarlos a la vida y continuar luchando contra sus enemigos. Justo en el momento en que estaban preparados para salir de la prisión, Max intervino en la lucha.

–No te dejaré ir –le dijo–. Mataste a Alex, el único amor que he tenido… ¡Ahora pagarás!

Justo cuando arremetió Rayne intervino, mandando a volar al hombre de la espada.

–Ve delante, te alcanzo luego.

Katharina hizo caso a las palabras del pelirrojo y atravesó la puerta de la prisión para encontrarse a tan solo unos pocos metros de donde estaban las últimas fuerzas de Lord Aron. Los no muertos de su alrededor se agruparon para formar un círculo en torno a Katharina y así protegerla de los ataques enemigos, una estrategia impresionante considerando que los soldados de Lord Aron no podían atravesar aquel círculo de muerte. Solo quedaban unos pocos hombres y el Señor de Belfort sabía que estaba a punto de perder, pero nadie le dejaría huir.

La bruja usó su conjuro Telequinesis para acercarlo hasta ella y así tenerlo en frente.

–¡No importa si me matas, puta bruja! Te he quitado todo lo que más te importa. Ahora eres una criminal buscada por todo el mundo, no tienes hermana y…

Un fuerte puñetazo por parte de Drakar hizo callar al asustado Lord Aron.

–Cada noche que pasé en Roca Negra soñaba con este momento… ¿Cómo te mataría? ¿Mis manos atravesarían tu garganta? ¿Acaso sería mi espada? –Una mirada escalofriante y gélida atravesó al desamparado Lord Aron– Acabar con tu miserable vida es demasiado fácil y no estaré satisfecha con ello.

Katharina quería hacer sufrir al miserable hombre que tenía en frente de ella, pero sabía que eso no le haría mejor que él. Y debía ser mejor que todos. Únicamente era por el fuerte deseo de continuar con la voluntad de su pequeña hermana, la mejor persona que alguna vez conoció. Sin embargo, la pelirroja sabía que no podía llegar a ser ni la mitad de bondadosa de lo que era su hermana.

–¡Me alegra que Max haya usado ese veneno que le di! –Vociferó con locura– ¡Tú también morirás, Katharina!

–Veo que ya no te importa salvar tu vida –replicó gélidamente–. Bien, cumpliré tu deseo.

La hoja de Katharina se deslizó rápidamente por la garganta del hombre y este cayó pesadamente al suelo, intentando decir sus últimas palabras, pero le fue en vano. Solo bastaron unos pocos segundos para que su vida dejara este mundo y su alma apareciera frente a Katharina.

–Hemos ganado… –susurró Drakar– ¡Hemos ganado, malditos hijos de puta!

–Aún tenemos un traidor entre nosotros –dijo Iván Redstone. Tenía algunas heridas repartidas a lo largo de su cuerpo, pero no lucía tan deplorable como Katharina–. Mike Rosa de Dragón fue el espía que Lord Aron ingresó a Roca Negra. ¡Él fue la gran causa por la que Lord Aron invadió nuestro castillo!

Todos comenzaron a buscar a Mike, pero nadie lo encontró. Había desaparecido por completo, ni siquiera Katharina pudo encontrarlo usando su conjuro Mente Absoluta. Había sucedido exactamente lo mismo que con Gerard… Simplemente desapareció. Había algo extraño en todo eso… Primero fue Gerard que poseía uno de los tesoros prohibidos, luego el hombre que apareció frente a su celda afirmando que la Gran Guerra vendría pronto y finalmente Mike Rosa de Dragón desapareciendo sin dejar rastros.

Aún había muchas cosas que hacer: castigar a Uthred, encontrar a Marcos y sepultar a Freya. Katharina ya era una criminal buscada por todo el mundo y estaba a punto de dedicarle la guerra al Gobierno Mundial, pues este fue uno de los principales responsables de la muerte de su hermana. Fue Rayne quien le terminó por convencer que eso no era más que una estupidez, aún tenía mucho por aprender.

Estaba nevando y hacía frío, pero eso no importaba. La pelirroja llevaba una gruesa capa de pieles y sus ojos apuntaban sin vida a la tumba que tenía en frente. Todo estaba en silencio y apenas podía escuchar su propia respiración.


–Es momento de que te diga adiós, Freya. Supongo que ya es tiempo de continuar sin ti –las lágrimas cayeron del rostro de Katharina–. Jamás olvidaré tu sonrisa y sabes que jamás me perdonaré a mí misma por lo que pasaste. Siempre supiste que eras todo para mí, ¿verdad? –Apretó fuertemente sus puños intentando contener una lluvia de emociones– Continuaré con mi promesa, hermana. Haré de este mundo un mejor lugar para que gente como tú pueda vivir sin sufrir, haré de este mundo un lugar en donde las personas como yo vivan en silencio y apartadas de los demás. Tu recuerdo seguirá vivo y todos en el mundo sabrán de tu sacrificio.

Unos pasos aproximarse alertaron a Katharina.

–Es tiempo de irse –le dijo Iván–. Pronto llegará la Marina.

Unas hermosas flores blancas cayeron sobre la tumba de Freya von Steinhell.

–Me tengo que marchar, Freya. Nos veremos más pronto de lo que crees.

Peticiones:
Krogla Smrti [Nivel Experto]: La bruja, a través de la magia negra, invoca una cúpula de radio 2’5 metros que va creciendo a una velocidad de 345 metros por segundo. La conjuradora puede mantener activa la magia en sus manos para aumentar la duración de esta esfera y así beneficiar su poder, pero únicamente crecerá hasta 30 metros de radio por turno, hasta un máximo de 120 metros de radio. Todos los individuos que posean la mitad (o menor) del nivel de la bruja perderán su alma durante 3 turnos, lo que provoca que sufran un cambio de aspecto y obedezcan las órdenes de ella. Quienes posean un 50% + 1 del nivel de la bruja podrán resistirse, explicando cómo lo hacen. Si no logra pasar la prueba, perderá su alma durante 2 turnos. Consume 10 almas insignificantes y puede usarse dos veces por combate.


  • Lacayo: Son las criaturas vivas y pensantes que pierden su voluntad temporalmente. Estas seguirán las órdenes de la bruja, pero en ningún momento obedecerán órdenes que atenten directamente a su personalidad. Por ejemplo, si un personaje tiene una férrea creencia de no asesinar a nadie, la bruja no podrá ordenarle matar a alguien.


Portal del Vacío [Nivel Experto]: La bruja tarda dos turnos en invocar un portal que llevará a quienes lo crucen al destino pensado por la conjuradora. Este puede estar activo durante un máximo de 10 turnos y solo tarda 2’25 segundos en ser cerrado. Este conjuro posee algunas restricciones:


  • Debe conocer el destino.


  • No puede atravesar construcciones de kairoseki.

Consume 25 almas insignificantes y puede usarse una vez por combate.

Mente Absoluta [Nivel Experto]: La bruja es capaz de perder temporalmente el control de su cuerpo para controlar el cuerpo de cualquier animal, siempre y cuando este no sea más fuerte que ella. También puede proyectar su mente hasta un máximo de 1.25 kilómetros + 0.25 kilómetros por nivel del usuario. Consume 6 almas insignificantes y puede usarse cinco veces por turno.

Despertar del Alma [PU]: Primero que todo otorga los recuerdos de Eva Redstone, esposa de Iván Redstone, esto (meramente escénico) le permite mostrarse con una personalidad completamente contraria a la suya. A nivel bélico el Despertar del Alma aumenta el poder de todos los conjuros en un 175%, elimina el cansancio provocado por los conjuros (siempre y cuando estos sean lanzados gastando algún alma). Además, el primero de cada tres conjuros lanzados será instantáneo y gratis, pero será un 75% más débil.

Cambio de Profesión: Sigilo -> Poder de Destrucción (Espadachín)

Aumento de nivel de haki de armadura: Actualmente poseo Haki de Armadura despertado, por lo que solicito haki de armadura entrenado.

Telequinesis Mejorada [Nivel Experto]: Mejora el conjuro conocido como Telequinesis. Ahora es capaz de otorgarle formas más complejas y usos más específicos y complicados. En este nivel de maestría es capaz de envolverse en un campo de energía cinética que desviará cualquier golpe que no supere los golpes de un luchador buey (la fuerza se equipara a poder de destrucción) con al menos un 75% del nivel de la bruja, desviará cualquier proyectil lanzado por un tirador con al menos un 50% del nivel de la bruja. Los objetos que pesen a lo más un 50% del peso máximo permitido podrán ser movidos de un lugar a otro a una velocidad de 125 metros por segundo + 0.25 metros por segundo por nivel del usuario; los objetos que posean más de la mitad del peso máximo permitido podrán ser movidos de un lugar a otro con una velocidad máxima de 75 metros por segundo + 0.15 metros por segundo por nivel del usuario.

Cementerio [Nivel Experto]: Lanza un conjuro que abarca un radio de 1250 metros + 10 metros por nivel del usuario. Aleatoriamente saldrán tumbas del suelo (un máximo de 125 tumbas por turno) durante 5 turnos. De estas tumbas aparecerán criaturas no muertas cuya distribución es la siguiente: 25% del total serán espadachines, 50% del total serán tiradores y el otro 25% serán devastadores. De las 125 criaturas, 100 tendrán un 30% del nivel de la conjuradora, 20 tendrán un 75% del nivel de la conjuradora y 5 tendrán un 95% del nivel de la bruja. Hay una mayor probabilidad de que aparezcan más tumbas cerca de la bruja. Consume 1 alma insignificante por cada 10 tumbas y puede usarse una vez por combate.

Objetos:

Espada Inmaculada:  Espada legendaria cuyo paradero se perdió hace mil quinientos años. Se dice que fue forjada por una antigua civilización no humana de herreros, quienes perecieron. Esta arma emite una terrorífica aura azulada capaz de congelar cualquier cosa, pero los historiadores especializados en arsenal perdido afirman que posee un poder tan extraño como oscuro. La Espada Inmaculada jamás se ensucia, ni siquiera con la sangre de los caídos en batalla, pero este no es el legendario y oscuro poder del que quiero hablar. Su acero maldito absorbe la vida de quien corta y se la entrega a su portador, es como si con cada corte robara un fragmento de fuerza vital.

A nivel bélico es un arma de calidad Ryo o Wazamono, puede congelar el agua y ralentizar un 5% a los enemigos que son alcanzados por esta arma. Siempre y cuando produzca un corte o dañe al enemigo, la Espada Inmaculada drenará un 4% de las fuerzas enemigas para sanar las heridas de su portador.

Spoiler:

Cambio de físico: Libero a Syndra de League of Legends para tomar el físico de Xayah de League of Legends.
Cambio de Personalidad
Cambio de Alineamiento
Cambio de Facción: Marine a Ciudadano

Si alguno de los conjuros no me da para la nota, podría nerfearlos para que así no haya errores en la trama de la historia^^

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Katharina von Steinhell
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Re: [TS 2017] Promesa

Mensaje por Alwyn el Vie 8 Sep 2017 - 15:52

Buenas, esto va ser complicado y no sé por dónde empezar……

Bueno, imagino que la ortografía es más corta. Te faltan muchas comas por todo el diario haciendo que algunas frases sean imposibles de leer sin ahogarte, por ejemplo: “Katharina no pudo continuar su camino así como si nada y desmontó para examinar a los cadáveres y ver si podía conseguir algo de información acerca de su muerte”. Además de en frases detrás palabras también. Continuó con algo que no voy a contar a la hora de la nota, pero que me ha sacado mucho de la lectura, los “de” delante del que, no tienes ni uno puesto. Voy a continuar con los acentos, tienes faltas de acentos por defecto y por exceso, por ejemplo “guio” no tiene acento. En cuanto el tema de repeticiones tienes bastantes, sobre todo en cuanto al tema de nombres, usa sinónimos o características en su lugar.

Pasando al tema de historia, no me ha llegado a enganchar, ha sido totalmente imposible. Las continuas incoherencias, faltas y frases sin sentido no me lo han permitido, en especial al principio del diario. Por ejemplo, cuando sacas al tipo de la taberna con telequinesis, luego te pones a hablarle diciendo que salga de tu vista, cuando justo antes decías que salió disparado por la puerta. Otro ejemplo es el siguiente, “Ellos murieron y ya he enviado órdenes de que envíen a más hombres, quizá con qué nos encontremos más allá. “ ¿Qué sentido tiene ese quizá con que nos encontremos? A lo largo del diario se siguen sucediendo, llegando al más destacable de todo a mi entender, siendo la prota marine y bastante lista como para crear un hechizo de portales: ¿por que no crea un maldito portal por el portón que como bien dices no es de kairo? No tiene sentido, al igual que no lo tiene que una reclusa que apena lleva unos meses se gane la confianza ciega del jefe hasta el punto de dejarla encarga de un tesoro mundial.

Bueno, mi nota para ti es un 5, llevándote el cambio a ciudadana, los cambios de personalidad, físico y alineamiento, además de una recompensa por tu cabeza de 10.000.000 por renegar, 10.000.000 por investigación ilegal (Aron informó al gobierno de ello), 10.000.000 por huir de la prisión, y 5.000.000 por derrotar al ejercito del lugar

Puedes pedir una segunda moderación si lo deseas, si quieres todos tus fallos te los puedo mandar por privado.

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Re: [TS 2017] Promesa

Mensaje por Katharina von Steinhell el Sáb 9 Sep 2017 - 22:26

Buenas tardes~

No acepto la nota ni pido segunda corrección. Simplemente haré como si este TS jamás hubiera existido y lo haré como pequeños diarios para obtener lo que quiero.

Gracias por corregir.
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Re: [TS 2017] Promesa

Mensaje por Señor Nat el Miér 13 Sep 2017 - 20:06

Hoja actualizada. Lamento comentar que, al ser un evento, no hay esa posibilidad de ignorar el diario. Puedes volver a narrarlo, pero on rol ha sucedido.

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Re: [TS 2017] Promesa

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