El alba de una historia

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Mensaje por Balagus el Jue 28 Sep 2017 - 21:34

Anotación:
Este es un diario conjunto (por llamarlo de alguna forma), con mis camaradas Silver (enlace) y Nailah (enlace). Es una misma historia contada desde el punto de vista de cada uno, por lo que recomendaría leer los tres para disfrutarlos correctamente.

El pequeño grupo de marines se dispuso en cubierta como un solo hombre, y apuntaron sus rifles al unísono hacia el sujeto que acababa de irrumpir en su barco. Con disciplina militar, una docena de armas de fuego chasquearon simultáneamente, listas para hacer fuego.

Y lo siguiente fue un imponente grito de guerra que retumbó en sus oídos y les forzó a encarar una mole de músculos y violencia de más de cuatro metros de alto y otros tantos de ancho. Atónitos y paralizados ante tan imprevisto asalto, los reclutas trataron de reposicionarse a empujones para detener al furibundo semigigante que se cernía sobre ellos. Sin embargo, ya fuera por su lenta reacción, por la velocidad que el atacante había adquirido de la nada, por un juego de tamaños y perspectiva, o por todo ello a la vez, mis hachas encontraron escasa resistencia en su camino hacia el interior de sus enemigos.

Y también estaba Misha, mi fiel osa parda gigante. Llegando por detrás de mí, llena de ímpetu y energía, parecía querer superarme en ruido, brutalidad, eficiencia y destrozos a la hora de combatir.

La carnicería duró casi tanto como lo que necesitó para iniciarse, y mi compañera se encargó de cerrar la huida a los pocos capaces de emprenderla. Recuperando el aliento tras el breve pero intenso esfuerzo, eché una mirada a mi capitán para comprobar su buen estado.

Con cierta vergüenza ajena y resignación, bajé la mirada negué con la cabeza, bufando suavemente. Bajo otras circunstancias, habría estado más que dispuesto a dar caza a cualquier grupo de marines en su propio barco, pero el tener que hacerlo a causa de la ebria euforia de Silver al llegar al Grand Line le quitaba casi todo rastro de gloria épica.

Siendo justos con el capitán, y ateniéndonos a los hechos, la fiesta montada en el barco a raíz de nuestra reunión y del ascenso exitoso a través de la Reverse Mountain resultaba totalmente lógica y entendible. Además, pasarme casi todo el rato entre fogones para tener a punto la comida y la bebida no se me había hecho pesado en absoluto.

Siendo justos, ningún barco de medio pelo de la Marina tendría que haber estado vigilando la entrada al Grand Line, exponiéndose a un ataque que no pudiera rechazar.

Pero, siendo justos todavía, alguien tendría que haber vigilado mejor a Noah para evitar que se colara otra vez en la despensa y aprovechara para saquearla en lo que él llamaba “un arranque de celebración loca y desinhibida”.

En medio de un festejo, con escasez de comida y un capitán con debilidad por el alcohol, también era cierto que nos podía haber ido mucho peor.

Un rugido de Misha, alertándome de la presencia de nuevos enemigos en cubierta, me devolvió a la realidad con la suavidad de un martillo golpeando un yunque. Desganado por las bajas posibilidades que ofrecían aquellos combates, arrojé mi arma izquierda hacia los recién llegados sin casi mirarles. El sonido de la carne siendo atravesada por el metal, los gritos de dolor y agonía resultantes y el satisfactorio tacto del hacha de vuelta en mi mano consiguieron levantarme un poco el ánimo y darme media sonrisa.

Acomodándome mis herramientas de destrucción en las manos, eché a correr hacia otro grupo de marines reclutas recién llegados, dirigidos por lo que parecía ser un sargento bastante cabreado. Con un silbido, mi fiel compañera animal captó mis intenciones y saltó por los aires, hecha un ovillo, contra mis objetivos.

Con una carcajada divertida, salté sobre mis enemigos y di comienzo al desmadre. El oficial, más duro y mejor entrenado, consiguió repelerme un par de veces y ganar tiempo para reorganizar a sus subordinados. No obstante, su superioridad numérica no fue suficiente, ni de lejos, para compensar la inferioridad física y de poder en la que se encontraban: tras un minuto escaso de combate, los reclutas yacían, violentamente derrotados por Misha, y su sargento vivía sus últimos instantes con el filo de mi gran hacha clavado desde la frente hasta el esternón.

Inmediatamente después de mi pequeña victoria, y sin dejarme tiempo para disfrutar de ella, el barco entero tembló con violencia. Alarmado, miré a mi alrededor para descubrir la fuente de aquel extraño acontecimiento: una figura, de gran tamaño y presencia, acababa de hacer un hueco sensible en la recia cubierta. Más allá de él, estaban, tirados en el suelo, Silver, con aspecto de haber esquivado por muy poco la muerte, y Nailah, con aspecto de haber empujado a su capitán recientemente.

Las piezas conectaron rápidamente en mi cabeza, y sólo tuve que valerme de mi instinto y del boquete recién abierto para deducir que aquel tipo no era precisamente un don nadie. Sin vacilar un segundo, aumenté vertiginosamente la velocidad de mi carrera, me aupé sobre Misha y salté hacia el nuevo enemigo, enarbolando ambas hachas de guerra sobre mi cabeza y bramando a pleno pulmón.

El oficial marine se dio cuenta de mi ataque con suficiente antelación, y , a pesar de no ser tan grande como yo, consiguió detenerme con sus manos desnudas sujetándome por las muñecas. Apreté los dientes, intentando hacer toda la fuerza posible para romper el pulso, pero en el rostro grave del marine no se dibujó una sola mueca ni hizo acto de presencia una gota de sudor.

Eventualmente, apartó a un lado mis brazos y me golpeó directamente en la cara y en el vientre. A duras penas, contesté con unos tajos horizontales para quitármelo de encima, y entonces sacó sus verdaderas armas: unas hojas katar sujetas a sus ante brazos y afianzadas en sus manos.

Con ágiles y velocísimos movimientos, deshizo mi defensa en segundos y me golpeó con la parte plana de las cuchillas en la mandíbula, alcanzándome con un salto. Aturdido, caí sobre el suelo de madera con la cara por delante, justo antes de oír a Misha abalanzarse con furia sobre mi enemigo.

En mi cabeza había una palabra, grande y brillante, que había visto brevemente durante la lucha en el uniforme del marine: Contraalmirante.

Entre la neblina de mi mente, pude ver a mi querida osa siendo derribada y con una fea herida en el costado. De inmediato, el fuego de la ira creció en mi pecho, pero en esta ocasión controlados por el reciente recuerdo del lobo de mi madre, al que maté en mi último acceso de furia salvaje, y cuya piel vestía como capucha.

Dejando caer el pelaje de Dientehielo en el suelo, me levanté y encaré de nuevo al marine, que había dirigido su atención sobre mis compañeros. Encontré con que Misha había logrado hacerle un buen arañazo en el costado, a través de su uniforme, y relancé mi ofensiva hacia ese punto.

Mi capitán, repentinamente devuelto a la sobriedad, vio inmediatamente mis intenciones en la mirada y acometió con rapidez y contundencia. Nailah, por su parte, tardó en darse cuenta de lo que pasaba, pero se unió a la trifulca tan pronto como comprendió nuestra coordinación.

El combate fue brutal y terrible, con violentos golpes y derribos por doquier. Un katar logró abrirme tajos en ambos brazos y en el costado derecho, más nuestras habilidades, hakis y ataques conjuntos comenzaron a superar al oficial. La increíble fuerza de nuestro enemigo llegó a forzar a Silver a usar los macabros poderes de su akuma no mi, invocando a la oscuridad misma y a un ejército de muertos, de paso, en lo que bien podría definirse como un espectáculo de pesadilla.

No sabría decir quién asestó el golpe crítico, pero el Contraalmirante cayó de rodillas al suelo, intentando contener en vano la sangre que brotaba sin cesar de una herida mortal en el pecho. El gigantesco mástil, que había recibido varios hachazos en el transcurso de la lucha, terminó de partirse tan pronto como arranqué mi hacha de él.

La enorme pieza del barco dio contra la cubierta con una ominosa lentitud casi teatral. Silver y el marine intercambiaron palabras, mas no me preocupé en escucharlas ni en responder a ellas: Misha seguía viva y necesitaba cuidados, y mi capucha permanecía tirada en las cercanías. Lo único a lo que sí atendí, fue la orden de mi capitán de traer un cañón del propio barco marine.

Reunidos los tres, y tras haber reunido yo a mi animal y uno de los cañones, levantamos la bandera de la Marina, traída por Nailah, sobre la cabeza de Silver. Y entonces, él la quemó, ante los ojos atónitos de los supervivientes y del moribundo oficial. Cuando la tela se rasgó en dos y las ascuas comenzaron a amenazar nuestras manos, la arrojamos de vuelta a la cubierta.

Nuestro último acto fue disparar el cañón frente a nuestro enemigo para rematarlo por fin, sirviéndonos del retroceso del mismo para salir los cuatro despedidos por la borda hasta nuestro cercano barco.
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Mensaje por Deathstroke el Sáb 30 Sep 2017 - 22:58

Buenas, soy Deathstroke y voy a moderar este diario.

Sin duda eres un semigigante que apoya a su capitán hasta el final, algo digno de nombrar, has servido de buen apoyo para salvar a tus camaradas, dándoles el tiempo justo para que se recompusiesen y te ayudasen. Por ello, tras unos días navegando tras el incidente llega una gaviota con un mensaje en una pata:

anonimo:
Los actos que habéis hecho hace unos días no han pasado desapercibidos, alguien os ha observado aunque no lo hayáis visto, y gracias a él habéis sido invitados para la búsqueda de un nuevo Yonkou tras la captura del capitán Legan Legim.”

Enhorabuena, has pasado a la siguiente fase.

PD: el contra almirante no ha muerto, aunque haya sido un 3 vs 1 los contra almirantes son un rango muy poderoso, y dos niveles 40 y pico y un nivel 12 tendrían un combate mucho más igualado. dicho esto tu te llevas 23.000.000 por derrotarlo, más 10.000.000 por el buque, y 30.000.000 por la bandera quemada; lo que quiere decir que te llevas 63.000.000.


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