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[PRIVADO] Encuentro con un Oficial Superior (Hamlet/Lion L. Kai)

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[PRIVADO] Encuentro con un Oficial Superior (Hamlet/Lion L. Kai)

Mensaje por Hamlet el Jue 11 Ene 2018 - 11:23

Golpeaba repetidamente el saco de boxeo, con un ritmo feroz y constante del que quizás todos los presentes se percataban. Las cintas alrededor de mis nudillos amortiguaban los mazazos de mis puños contra el coloso de tela, a cada cual más potente. A pesar de que ya comenzaba a sudar copiosamente, hasta el punto de no poder ver por un ojo debido a la constante caída del líquido, no paré con el ejercicio, en lo que podía parecer un empeño en derribar el objeto. Me daba igual que me mirasen con extrañeza. Diablos, eso era lo que llevaban haciendo desde el mismo momento en el que crucé las puertas del cuartel para enrolarme.
Desde aquel día, yo solo había disfrutado de tareas de carácter rutinario y completamente exasperantes. Había limpiado suelos, trasladado cajas de equipamiento a barcos, pasado a limpio informes de diversa índole... De hecho, lo más interesante que había hecho hasta el momento había sido vigilar la celebración de un acto festivo.
Sentía un particular desprecio por este anodino modo de vida. En el mundo había criminales muy peligrosos que desestabilizaban naciones y reducían las filas de los guerreros de la ley, y yo tan solo podía ayudarles tachando pleonasmos y hórridas faltas de ortografía por parte de algún recluta especialmente patoso. ¿No examinan estos aspectos antes de aceptar a alguien dentro de la Marina?
Por supuesto, fuera del cuartel me sentía hasta peor. Había decidido instalarme en los barracones, ya que el que fue mi hogar cuando mis padres seguían conmigo se me hacía un mundo, y no podía evitar sentirme bastante disgustado con el solo hecho de poner un pie allí. Ni siquiera me había molestado en regar las flores plantadas cerca de la tumba de Madre. No obstante, como bien sabía, iban a morir de todos modos bajo mi cuidado.
Tras lo sucedido hacía año y medio, pocos me dirigían miradas carentes de miedo. Oficialmente, yo era el chaval que había cargado despreocupadamente contra unos piratas especialmente problemáticos y le había cortado las manos a su líder antes de decapitarlo. Esa última parte no era más que una extensión de la historia para volver la figura del tal Wyrm algo más adementradora, pero no hubiese habido mucha diferencia con decir que tan solo le había degollado.
No había tenido tiempo ni ganas de visitar a JL después de lo de aquel día. Yo sabía que había recibido algunos disparos en diversas partes del cuerpo, quizás, la más importante, aquella que perforó su hígado. A JL no le hacía particular gracia esto, pues le habían prohibido el alcohol por tiempo indefinido. Si yo hubiera sido un mejor amigo, quizás le hubiese consolado, o hubiera emitido una burla amable. Pero no lo soy. Seguí serio y estoico junto a él. No sabía si quería volver a verle después de esto.
Pensar en esto me inspiró la suficiente rabia como para golpear el saco con aun más potencia y velocidad, hasta el punto de desgastarme muy rápidamente. Me detuve, especialmente cansado, y me mareé ligeramente al tratar de enderezarme, jadeante. Pasé el antebrazo por mi frente, secándola de sudor. Repentinamente, mi torso, desnudo con el fin de no ensuciar la parte superior de su uniforme, fue apuñalado por agujas de frío, por lo que me dirigí al banquillo donde reposaba mi toalla. No fue hasta el momento en el que la coloque sobre mis hombros cuando escuché la puerta del gimnasio abrirse, acompañado por pasos solemnes que resonaban por todo el recinto.
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Re: [PRIVADO] Encuentro con un Oficial Superior (Hamlet/Lion L. Kai)

Mensaje por Lion L. Kai el Vie 12 Ene 2018 - 19:03

Castigos y recompensas. Parecía ser la única manera que tenían de trabajar en el Cuartel General. Retornaba de su permiso y le reparaban y actualizaban su armadura, realizaba un par de operaciones bien en el Nuevo Mundo y le daban el nuevo prototipo de transporte. Cometía el leve error de confundir a un inspector con un conocido y empujarlo "de broma" por las escaleras y lo mandaban a un condenado cuartel provincial en North Blue a hacer inspección. Así no había manera, ¿cómo podía saber él que el hombre era tan endeble como para no reaccionar a tiempo y tan frágil como para hacerse un esguince por una caída de nada? A él no le hubiera salido ni un moratón por aquella chorrada. Pero en fin, allí estaba, en el puto culo del mundo manteniendo aburridas conversaciones con diferentes miembros de la base y visitando a oficiales cuyos nombres ni le importaban ni le interesaban lo más mínimo. El cabrón de Minato lo tenía calado... el peor castigo que podían ponerle era aquella clase de tareas, y ya hacía tiempo que el Almirante de Flota se había percatado de ello. "Una buena forma de darme la bienvenida de vuelta tras mis vacaciones" pensó con un pesado suspiro. El aburrido informe que estaba escribiendo incluía datos sobre el pésimo estado de las instalaciones y la necesidad de refuerzos urgentes. Aquel lugar estaba que daba pena; ya no solo por los calabozos con cerraduras deterioradas o barrotes oxidados, o las paredes comidas por la humedad. Desde el mismo momento en que puso un pie fuera del avión fue consciente de lo débiles que eran todas las Voces que escuchaba en la zona. Ni siquiera el capitán podría durarle dos asaltos.

- Si los restos del Imperio de Hallstat o los soldados de Mianna decidieran invadir la isla, se comerían con patatas a estos pobres diablos - musitó mientras alisaba el papel.

De todos modos para eso estaba el cuartel principal del Norte, ¿no? Para actuar en caso de peligro. Seguramente esa sería la respuesta de los encargados de intendencia del Cuartel General, burócratas estúpidos que preferían ahorrar veinte berries en materiales de construcción y con ello poner en peligro una fragata de guerra de veinte millones. ¿De qué servía que los refuerzos recuperaran la isla si las ciudades ya habían sido saqueadas? ¿De qué serviría a los huérfanos que el Gobierno retomara el control de la isla? ¿Quién les explicaría que sus padres habían muerto porque se prefirió escatimar en fondos a prevenir una posible invasión? Y él estaba haciendo todo ese trabajo para nada. Frustrado tiró el bolígrafo a un lado de la mesa y se frotó las manos. Aquel maldito clima del norte era horrible. Por más que  se ocupaba de cerrar cada ventana y alimentar el fuego de la hoguera no lograba entrar en calor. En el pasado no había tenido problemas con el clima, aunque eso había sido antes de aquello... suspiró y cogió la botella de cerveza que reposaba junto al informe, rematándola de un trago.

- Necesito despejarme - soltó para sí mismo.

Se levantó bruscamente y lanzó la botella vacía al catre, donde reposaban otras siete. Tomó su gabardina de vicealmirante del perchero y se la echó sobre los hombros mientras bostezaba ruidosamente. Debía acordarse de pedirle a algún recluta que le limpiara la habitación o algo, porque aquello comenzaba a estar hecho un poco un asco. Había descuidado un poco de más el orden, pero es que si ya estaba desganado para cumplir con su tarea, más aún para mantener el cuarto que le habían asignado limpio. Que por cierto se habían pasado de cutres, ya que les visitaba un Vicealmirante podrían haberle cedido unas estancias mejores. Mientras recorría los pasillos silbando se planteó ir a dar un paseo por las afueras, pero no era lo que más le interesaba en aquel momento salir al frío... no, sería mejor hacer algo para entrar en calor. "No he visitado el gimnasio aún. Ya que voy a hacer algo de ejercicio dejo esa parte cubierta." Tras perderse y acabar por tercera vez frente a los servicios, cogió por banda al primer recluta que encontró y le ordenó escoltarle. El marine, un chiquillo que no debía tener ni los veinte cumplidos, se cuadró ante él con gesto serio, aunque Kai casi podía leer la incomprensión en su mirada. Un oficial de alta graduación que le sacaba tres cabezas en todas las direcciones pidiéndole que le escoltara era casi hasta gracioso a la par que terriblemente irónico.

Finalmente llegó hasta la puerta del dichoso gimnasio, donde despidió con un desganado saludo militar al joven, que se quedó firme frente a él hasta que hubo entrado. Tanta formalidad y disciplina... echaba de menos la camaradería informal de la flota 83. Con un amago de sonrisa lacónica y amarga, entró en el recinto. Casi al instante al menos una decena de marines se pusieron firmes ante él. Negando con la cabeza con cierta decepción, les hizo un gesto para que descansaran. No consideraba correcto interrumpir el ejercicio físico sin buena razón; las perogrullas muestras de respeto y convenciones sociales de la Marina poco le importaban. Esperaba de sus hombres lealtad y respeto, pero no que se comportaran como si estuvieran ante un rey o alguna chorrada así. Por favor, si tanto le daba si se cuadraban o se tiraban un pedo para saludarle. Aunque en el último caso tal vez le cayera una colleja al responsable si el gas venía con regalito. Comenzó a pasearse por el lugar observando las máquinas, tratando de decidir con qué empezar. La verdad es que no había gran cosa para elegir; su principal problema es que ahí no había nada que sirviera para hacerle entrar en calor siquiera. Levantó una haltera rascándose la barba, tratando de valorar si le serviría de calentamiento si ponía dos o tres pesos más en cada lado.

- Esto no me va a servir para nada ni aunque cuadruplicara el peso - masculló molesto, tirándola a un lado - Vamos a ver, ¿quién tiene bemoles a entrenarse conmigo? Podéis venir todos a la vez si queréis - dijo, lanzando a un lado su gabardina y comenzando a estirar las piernas - Os dejo usar armas reales si lo consideráis oportuno. Uno contra uno, uno contra veinte... me da igual mientras logréis hacerme sudar.

Podría sonar a que se estuviera tirando de la moto o alardeando, pero nada más lejos de la realidad. Había llegado a un punto en que una espada corriente empuñada por un espadachín mediocre no podía cortar sus músculos. Dudaba siquiera que todos juntos lograsen herirle severamente ni aunque lo intentaran con ganas, pero sería un buen ejercicio para su haki tratar de anticiparse a una multitud, en caso de que se atrevieran. Nunca había intentado nada similar.
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Re: [PRIVADO] Encuentro con un Oficial Superior (Hamlet/Lion L. Kai)

Mensaje por Hamlet el Vie 12 Ene 2018 - 20:24

Tan pronto como sonaron los pasos solemnes entra en el gimnasio un marine de alto rango en el que no pude evitar fijarme. Al observar su vestimenta, compruebo que se trata de nada más ni nada menos que un Vicealmirante. Pese a mi lamentable aspecto, me pongo firme, como corresponde hacer con oficiales de este calibre. Se le debía respeto. Debía de haber sido un magnífico defensor del orden.

Por inercia, los burros de mis compañeros me imitan, mirando al oficial. Escruto en sus rostros y veo pavor. Veo ese miedo que se tiene ante lo imponente, ese exacerbado y cerval temor que tendrían los corderos ante su carnicero. Son patéticos. Pero yo también lo soy. Me falta demasiado por recorrer.

Con gesto frívolo, aquel superior nos ordena descansar. Esos eran los peores. Daba la sensación de que habían perdido toda voluntad por mantener la disciplina de sus subordinados. No me gustaba nada. Esa no es la manera en la que se supone que un superior debería comportarse. Pero, otra vez, ¿quién soy yo para juzgar con tanta facilidad?

Me siento en el banco, con la toalla sobre mis hombros. La presencia de aquel tipo parecía haber puesto en tensión a todos los reclutas. Sin duda, se trataba de uno de los grandes de la Marina, pero aquella reacción era exagerada. Los pocos que habían retomado el ejercicio físico seguían observándole por el rabillo del ojo, y los que no entrenaban no fingieron disimulo alguno a la hora de mirar a aquel marine. Un ente endiosado por su propio aspecto. Es enorme y especialmente musculoso. Y, visto lo visto, muy excéntrico. Aquel tipo no parecía conformarse con ninguno de los pesos que encontraba, ni siquiera los más pesados. Los levantaba sin esfuerzo alguno. En cambio, yo apenas podía con el que acababa de lanzar, uno de los más pesados.

Uno de los reclutas se me acerca y trata de comunicarse a susurros conmigo:

-Oye, ¿has visto a ese...?

Interrumpo su frase con un cortante chasquido de lengua mientras le miro con algo de enojo. Instantáneamente, el tipo vuelve por donde había venido. Iba a conseguir que me doliese la cabeza.

Tras esto, el Vicealmirante comienza a lanzar gritos por toda la sala. Genial, ahora sí que iba a conseguir ese dolor de cabeza. Nos insta a entrenarnos para el combate con él. Menudo fanfarrón. ¿Quería demostrar que era superior que nosotros? ¿No le bastaban acaso sus malditas insignias? Peor aun, reta a la sala entera. Con armas. Debía de sentirse especialmente generoso.

Los reclutas comenzaron a soltar murmullos entre ellos, bastante sobresaltados. Otros empezaban a apostar entre ellos, a espaldas del oficial, por supuesto. Se lanzaban pullas, se desafiaban, se gritaban... Salvajes. ¿Este es el ejemplo que va a dar la Marina en los próximos años? ¿Estos son los defensores del orden? ¿Se puede confiar en ellos?

No voy a permitir que quede así. Yo no soy como los demás. Así pues, dejo la toalla y busco junto a mi camisa de recluta el arma que me seguía a todas partes. El machete. De espaldas al Vicealmirante, desenvaino el arma, consiguiendo que los reclutas que se encontraban cerca de mí emitiesen gemidos ahogados. Resoplo y me giro, consiguiendo que muchos de los soldados me vean, emitiendo exclamaciones de sorpresa por lo bajo. Ese oficial tendría lo que quería. Corro hacia él a gran velocidad, en dirección a su lateral izquierdo, el que estaba más cerca de mí. A muy corta distancia, alzo el machete y doy un tajo descendente a gran velocidad. Tendrá lo que ha venido buscando.
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Re: [PRIVADO] Encuentro con un Oficial Superior (Hamlet/Lion L. Kai)

Mensaje por Lion L. Kai el Miér 17 Ene 2018 - 1:40

Por un momento se decepcionó enormemente. Ni siquiera planteándoles enfrentarle todos a la vez armados contra él sin nada parecían atreverse. No necesitaba usar su haki para percibir sus emociones; podía ver el miedo escrito en sus miradas. ¿Tanto imponía el rango? ¿Realmente temían que su poder fuese suficiente para ser derrotados o sólo las posibles represalias por herir a un alto rango? Negó con la cabeza y suspiró, con una mueca de frustración. Parecía que allí no iba a encontrar lo que venía buscando y dado que en la sala no había nada más que le sirviera para entrenar ni que revisar, no tenía nada que hacer allí. Ya había visto suficiente para terminar su informe, en el que pensaba mencionar el lamentable estado del gimnasio y la falta de máquinas para ejercitar el cuerpo. ¿Tal vez se hubiera vuelto algo melindroso con los años? El cuartel en que había comenzado su carrera en el East Blue estaba peor equipado en cuanto a material de entrenamiento. Por culpa de su estancia en Marineford se había acostumbrado a algunos lujos que una base menor de un Blue no se podía permitir. Aunque de todos modos, ¿no era lo correcto que los soldados tuviesen el mejor equipamiento posible para prepararse? Estaba tan ensimismado en sus pensamientos mientras se dirigía a la puerta que hasta que no captó por el rabillo del ojo el fugaz movimiento su izquierda, con el machete ya comenzando a descender, no se percató del ataque.

- Vaya, vaya... - una sonrisa se dibujó en su rostro.

Al menos una decena de formas de desarmarle y contraatacar pasaron por su mente, tanto tácticas no letales como llaves de ejecución. Y podría haber reaccionado pese a percibir tan tardíamente la acometida. Y sin embargo, no lo hizo. ¿Por qué? Ni él tenía claro el motivo. ¿Había decidido honrar el valor del recluta permitiéndole alcanzarle? Fuese el motivo que fuera, cuando la hoja del machete golpeó sobre su costado tensó los músculos, formando una protección natural. El acero cortó su camisa y "resbaló" sobre su cuerpo, cortando ligeramente la piel sin ser capaz de atravesar su fornido torso. Unas gotas de sangre cayeron al suelo ante la sorprendida mirada de todos los marines presentes. Por un momento la sala se quedó en silencio, mientras Kai se pasaba un dedo por el corte, ligeramente sorprendido. "Vaya, ha logrado cortarme la piel. Supongo que eso no puede entrenarse... ¿o sí?" Forzándose a no divagar y volver al presente, se giró hacia el recluta dispuesto a felicitarle por su valor, cuando uno de los hombres dio un paso al frente cuadrándose. Pudo reconocer por sus galones que era un sargento.

- Señor, permiso para arrestar a este felón por atacaros por...

La dura mirada del Vicealmirante lo silenció al momento. Por un instante una tensión extraña se adueñó de la sala, mientras el sargento comenzaba a temblar bajo el atento escrutinio del gigantón. El aire comenzó a vibrar y un poco de polvo cayó del techo, mientras el marine se desplomó soltando espumarajos por la boca. Kai suspiró y se mesó la barba. No se había esperado que su voluntad fuera tan débil, sólo había querido amedrentarlo. "Me falta algo de práctica." Buscó con la mirada hasta reconocer las insignias de otro de los marines.

- Cabo, coja a ese hombre y métalo en los calabozos. Unas seis horas creo que bastarán para hacerle recapacitar sobre su actitud. No se preocupe por su estado, probablemente despertará en unos minutos.

- Sí, señor - dijo llevándose la mano a la frente.

- En cuanto a ti... - continuó Kai, girándose hacia el recluta del machete - Te felicito por tu valor. Has sido el único se ha atrevido a plantarme cara en todo el gimnasio. Creo que te has ganado una lección. Si eres tan listo como valiente, tal vez aprendas una cosa o dos - sonrió con fiereza - ¡En guardia!

Retrocedió de un salto, tomando aire con fuerza y llevándose una mano a la barriga. Esta comenzó a hincharse notoriamente, y poco después los mofletes del Vicealmirante hicieron mismo. Parecía como si se estuviese preparando para soplar muy fuerte. Nada más lejos de la realidad; Kai guardaba unas cuantas sorpresas desde su viaje a Síderos. Su encuentro con el genio había sido muy productivo, y había desarrollado un par de truquitos con el poder que este le había concedido. Lástima que no hubiese aprendido también a apuntar. De repente hizo presión con su mano por el abdomen, y su boca se abrió violentamente comenzando a soltar una lluvia continuada de proyectiles a presión. La técnica era cuanto menos intimidante, si no fuera por la nefasta precisión del luchador y del método en sí que estaba usando para disparar. Al final buena parte de los proyectiles acabaron en direcciones bastante diferentes a la pretendida, obligando a los otros marines a esquivarlos como podían. Pese a todo, no pocas de las balas fueron en dirección a su objetivo. "Si no sabes apuntar... usa una cantidad abusiva de munición." De repente uno de los reclutas abrió los ojos como platos.

- ¿Q...qué? ¡¿Son putos cacahuetes?!
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Re: [PRIVADO] Encuentro con un Oficial Superior (Hamlet/Lion L. Kai)

Mensaje por Hamlet el Miér 17 Ene 2018 - 20:33

El Vicealmirante mantuvo una pose estoica a pesar del machetazo. Este apenas había logrado abrir una hendidura poco profunda en su torso. Que decepción. Era de esperar que algo como esto sucediera. Tras el ataque, di un par de pasos hacia atrás, en guardia. En un combate amistoso había que conceder la distancia para el duelo. Pura cortesía. El oficial se pasó los dedos por la herida, sonriendo con picardía. Ya había llamado su atención.

El cateto del sargento apareció. Oh, no. El muy palurdo iba a intentar arrestarme por atacar a aquel marine. ¿No había estado pendiente de que aquello había sido un reto? Para ser justos, yo no le caía precisamente bien. Seguramente buscaba una excusa para mandarme al calabozo. Era tan poco inteligente que resultaba insultante.

Todo cambió con una mirada del Vicealmirante. El sargento no tardó en desplomarse, espasmódico, mientras toda la sala parecía haber reaccionado ante aquella mirada. Quedé bastante estremecido y comencé a notar mis piernas temblando. Si aquello era lo que creía que era, había hecho mal en subestimar al oficial.

Cuando esta terrorífica andanada de poder cesó, el Vicealmirante ordenó al cabo sacar de allí al sargento. Seguidamente, se volvió hacia mí, sonriente. Tras halagarme, procedió a declarar que podría aprender algo de él. Una lección. Bien, eso era algo que buscaba de este enfrentamiento.

A continuación, obtuve una visión perturbadora. El Vicealmirante comenzó a hincharse, tanto como un globo. No sabía que esperar de esto. Repentinamente, el oficial posó su mano sobre el abdomen y abrió la boca. Con la velocidad de un arma automática, una ráfaga de pequeños proyectiles que no alcanzaba a distinguir surgió de esta. Maldije mis lentos reflejos. Sabía que debía tratar de esquivarlo, pues aquel ataque tenía seguramente como objetivo cegarme. Pero no pude permitirme reaccionar con tanta rapidez. En su lugar, caí en su juego. Soltando el machete, puse mis brazos en forma de cruz frente a mi rostro y cerré los ojos. Notaba todos y cada uno de los impactos de los diminutos proyectiles. El primero fue soportable, pero de ahí en adelante comencé a notar dolor allí donde impactaban, como un rápida erosión de mi carne, máxime teniendo en cuenta la velocidad a la que eran disparados. ¿Era aquello el poder de una Fruta del Diablo?

De repente, escuché la familiar voz de uno de los reclutas, entonando una frase que iba a ser humorísticamente lapidaria:

- ¿Q...qué? ¡¿Son putos cacahuetes?!

¿Qué coño estaba pasando? ¿Cacahuetes? ¿Eso era lo que me estaba lanzando? Tendría que esperar a que dejase de disparar para poder saber a qué me enfrentaba.
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Re: [PRIVADO] Encuentro con un Oficial Superior (Hamlet/Lion L. Kai)

Mensaje por Lion L. Kai el Vie 16 Feb 2018 - 4:09

El Vicealmirante respondió a la exclamación del recluta con una amplia sonrisa. Eructó un último cacahuete sobre su mano, y tras examinarlo con gesto dubitativo, se encogió de hombros y se lo comió. El recluta no había reaccionada como esperaba, se había limitado a recibir el ataque. ¿Se habría pasado con la intensidad? Tal vez, haría bien en tener en cuenta que iba a tener que bajar mucho más el nivel. "De todos modos... no le viene mal una probada de lo que es el poder real. Bajo presión un soldado saca a relucir sus luces y sombras. Veamos si realmente tiene madera." Resopló y se puso en una guardia alta, que recordaba a una pose de boxeo por la colocación de los brazos. Observó los malheridos brazos del chico por un instante, pero no pareciéndole muy graves las heridas decidió ignorarlas. Consideraba que hubiese sido atentar contra su orgullo sugerirle parar a revisárselas; y en el peor caso él era médico. Podía atenderle una vez acabaran de entrenar si se le iba de las manos, y probablemente bastante mejor que el doctor de pueblo que tuvieran en aquella base perdida de la mano de dios. Ahora la pregunta era cómo tantearlo; aquella era una situación delicada para él, pues era como intentar manipular un copo de nieve con guanteletes de acero. En el momento en que hiciera un movimiento algo más brusco de la cuenta... pero confiaba en su capacidad para regular la fuerza de sus golpes.

- Cuando dos hombres se enfrentan, lo correcto es dar tu nombre. Yo soy Kai, el Puño Rojo.

Tras la presentación, se echó rápidamente a un lado con una voltereta lateral, en un movimiento tan rápido que a los que presenciaban el combate les costó seguirle con la mirada. Así como sus pies volvieron a tocar el suelo, comenzó a desplazarse lateralmente en torno al recluta, ágil como el viento, para repentinamente dar un quiebro y cambiar de dirección. Su velocidad no es que fuese realmente extraordinaria; ni siquiera era su máximo, pero era suficiente para abrumar a una persona corriente y lograr que al ojo no entrenado le costara seguirle. Era su intención, pues, tratar de confundir a su rival. Así mediría su capacidad de reacción y de pensamiento analítico en situaciones de estrés. No prolongaría mucho tiempo las cabriolas, pues tampoco quería burlarse de él ni presumir de sus habilidades.

- Cada ocasión de atacar desaprovechada es un regalo al enemigo. No vuelvas a dejar caer tu arma.

Con un mortal cayó a un metro de él, mientras se incorporaba con gesto fiero inspirando hondo. De repente su piel pareció chispear y por un instante una etérea armadura de escamas doradas la recubrió. Mientras preparaba su palma derecha, unas palabras acudieron a su mente: "Mantén firme tu objetivo en la mente, retenlo y libéralo en tu golpe. Deja que tu determinación fluya a través de tu puño y golpee a tu enemigo en tu lugar. Recuerda que el guerrero más hábil no es aquel capaz de destruir a mil enemigos, si no de romper sólo lo que desea sin tocar nada más." Una sonrisa se dibujó en su rostro mientras en un avance proyectaba su palma hacia delante, buscando alcanzar el pecho del recluta. Su intención no era hacerle daño, de hecho de darle sólo lo empujaría. Sin embargo su brazo comenzó a brillar en dorado mientras activaba su técnica, y por un instante su mano asemejó las fauces de un dragón.

- ¡Kogane Ryuuken!

técnica:
Puño debilitante del dragón dorado: El puñetazo y las ondas que envía se ven imbuidas con un aura debilitante, que debilita física y mentalmente al objetivo, además de provocarle ligeras náuseas.

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Re: [PRIVADO] Encuentro con un Oficial Superior (Hamlet/Lion L. Kai)

Mensaje por Hamlet el Sáb 17 Feb 2018 - 2:46

Notaba mis brazos muy doloridos, pero afortunadamente la ráfaga de cacahuetes cesó, dándome un merecido respiro. Como no quería que me tomase por sorpresa otra ráfaga de esas, tomé varios segundos antes de descubrir mi rostro.

El Vicealmirante no se había movido del sitio desde el que había comenzado a disparar sus proyectiles. Allí estaba, sonriendo con sorna. Mis antebrazos habían quedado severamente enrojecidos e incluso algunos cacahuetes habían penetrado en mi piel. Pese al aspecto ridículo de la técnica, era muy peligrosa. Rodeándonos, los reclutas coreaban, gritaban o, simplemente, observaban enmudecidos.

El oficial alzó sus brazos, poniéndose en guardia. Tras aquel feroz ataque, me invitaba a devolverle el favor. Que así fuera.

Aquel marine se presentó, sin variar en un ápice su posición. En ese momento, flexioné las piernas y cerré los puños con fuerza. Si mostraba de primeras mi pierna dominante, podría predecir con mayor facilidad mis ofensivas.

-Soy Wyrm -respondí impasible.

Antes de poder pensar en algún ardid con el que impactar a mi contrincante, este comenzó a dar vueltas a gran velocidad a mi alrededor, consiguiendo sobresaltarme. Aquel hombre debía haber captado mi falta de reflejos a la hora de reaccionar a situaciones poco predecibles. Quizás podría condicionarle a tomar una acción que pudiese preveer, pero desconocía si tenía algo en su arsenal que evitase precisamente eso. Fuera como fuera, aquel tipo era increíblemente rápido.

Sin parar, aquel hombre me instó a recoger mi arma, algo que no desobedecí, estirando raudo mi brazo y volviendo a mi posición de guardia. De un salto, aquel hombre aterrizó frente a mí, con gesto amenazador. A continuación, un aura dorada le envolvió. Estaba claro que pretendía lanzar una técnica, o, al menos, intimidarme. Esbozando una confiada sonrisa, el Vicealmirante se abalanzó contra mí apuntando la palma de su mano derecha contra mí. Esta comenzó a inundarse de un fulgor dorado.

- ¡Kogane Ryuuken! -gritó el oficial.

Evalué mis opciones. ¿Su flanco derecho? Acabaría amenazado por un revés de su palma derecha. ¿El izquierdo? Si bien era más probable, podía rotar su cuerpo entero para darme, aun así, con la palma. ¿Por encima? Eso no solía terminar bien. ¿Hacía atrás? No conocía el alcance de su ataque.

Genial. Atacar como la torre era algo bastante desdeñable, sobre todo contra alguien que me superaba con creces. Por suerte, podía reaccionar a este ataque. Lo había visto venir.

Sin demorarme, me impulsé contra él, con el arma preparada para asestar un tajo a su mano derecha. Por supuesto, necesitaba un pequeño extra. Ese extra vino en forma de un aura verde que le rodeo rápidamente y extendió las marcas de sus dedos hasta sus codos. El vaho verdáceo también cubrió el arma, dotándola de aquella siniestra habilidad.

-¡XIV: Death Sonata! -exclamé para mis adentros.

Cuando tuve al Vicealmirante Kai a mi alcance, asesté un potente tajo horizontal contra su mano. Solo uno prevalecería.
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Re: [PRIVADO] Encuentro con un Oficial Superior (Hamlet/Lion L. Kai)

Mensaje por Lion L. Kai el Jue 8 Mar 2018 - 16:54

"El gato saca sus garras al fin" pensó con cierto entusiasmo al ver una especie de humareda verde brotando de Wyrm, al tiempo que unas marcas crecieron desde sus nudillos recorriéndole los antebrazos. El Vicealmirante sonrió con fiereza. Se le ocurrían al menos cinco formas diferentes de desarmarlo y otras tantas de evitar el golpe y darle igual. También era consciente de que si simplemente recubría su palma con haki o aumentar la velocidad del golpe, desviaría el machete sin problemas. Sin embargo... no estaba allí para humillarlo o lesionarle, sino para probarle. Así pues mantuvo el rumbo del golpe, y las fauces del dragón chocaron contra el siniestro acero con un restallido. La mano de Kai se frenó ahí, pero el dragón de energía se separó de esta continuando su rumbo hacia el marine. Aparentemente era un dragón dorado semitransparente, un añadido meramente visual; pues se trataba de una onda de choque. Retrocedió de un salto notando un molesto picor en la mano, al tiempo que esta empezaba a brillar de nuevo. El pequeño corte del machete parecía rezumar aquella extraña aura verde, pero con un último destello dorado se desvaneció por completo. "La protección del dragón... ¿un ataque debilitante? Me he encontrado con alguien realmente curioso." El marine frunció el ceño y se cruzó de brazos, evaluándolo con la mirada.

- Tienes defectos, pero me has demostrado tener potencial - se llevó la mano a la pitillera y sacó un cigarro - Sin embargo creo que tendrías más futuro en un lugar más grande que en un cuartel como este. Así pues, voy a hacerte una pequeña oferta, si estás dispuesto a aceptarla. Puedo conseguir que te trasladen a un nuevo destino si lo deseas, tal vez incluso a Paraíso... sin embargo, creo que primero necesitas que alguien te ponga en forma - levantó la mano derecha subiendo tres dedos - Me quedan tres días más aquí. Si en ese tiempo mejoras lo suficiente, te conseguiré un traslado a un destino mejor.

Con un chasquido de dedos generó una chispa bajo el cigarro, dando una calada para hacerlo prender. Aquel chico... en cierto modo no acababa de gustarle algo en él. Algo parecía muerto en su expresión y en todo lo que hacía, era casi como tratar con un robot. Por un momento pensó en tratar de percibir sus emociones con su haki, pero decidió no hacerlo. ¿Para qué? Prefirió respetar su privacidad y limitarse a tratar de comprenderle por lo que mostrase. En cualquier caso, aquel cuartel estaba muerto. Era un desperdicio tener a un marine tan prometedor en un sitio tan alejado, donde sus posibilidades para ascender o destacar serían bajas. Más aún, una persona no podía volverse realmente poderosa sin enfrentarse a grandes desafíos, cosa que no iba a encontrar allí salvo que a los de Hallstat se les diera por volver a dar guerra. Y en ese caso, era más probable que no estuviera preparado para los desafíos que le esperaban. Algo que había dicho era en mentira: en teoría podría acabar al mismo día siguiente con la visita y largarse, pero pasar dos días más dedicado a aquella tarea no sería tiempo perdido.

- Bien, señoritas, se acabó el espectáculo - dio dos fuertes palmadas - Volved todos a vuestros asuntos o me encargaré de buscaros yo mismo una tarea. Seguro que en la cocina agradecerán que alguien vaya a buscar hierbas al monte.

Nadie se atrevió a contradecir al Vicealmirante y todos se apresuraron a ponerse a hacer algo o se marcharon del gimnasio. Contuvo una risa y dio una nueva calada al cigarro, jugueteando con el humo en la boca. Echó tres anillos de este al aire y los atravesó con una humareda en chorro. Tras eso volvió a mirar al recluta con interés.

- Dime, ¿en qué te especializas en combate? Un par de intercambios no bastan para evaluar a un combatiente por completo. Según tu respuesta... podré hacerme una idea de cómo adiestrarte.
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Re: [PRIVADO] Encuentro con un Oficial Superior (Hamlet/Lion L. Kai)

Mensaje por Hamlet el Sáb 14 Abr 2018 - 13:55

El choque de ambos ataques era inminente, y en esos breves instantes solo pude pensar en que quizás hubiera sido un error. Pero nada más podía hacerse a estas alturas, salvo asumir lo inevitable. Aquel oficial era obviamente superior a mí en todos los sentidos. No obstante, las órdenes eran precisamente eso, un imperativo de un mayor que no podía ignorar.

Finalmente el puño terminó por chocar con mi arma, bloqueándola por completo. Sí, debía de tratarse de ese poder. La sonrisilla del Vicealmirante resultaba delatora. El choque de fuerzas, aunque estas pareciesen haberse anulado la una con la otra, no evitó que la energía con forma de dragón que envolvía el puño del marine de mayor rango siguiese avanzando, impactando contra mi brazo. Noté una gran tensión en todos los músculos de la extremidad, seguida de un dolor sordo que se extendió desde el codo hasta el hombro. ¿Me había roto el brazo?

Ahogué el grito que debí haber soltado apretando los dientes con fuerza, notando la muela de hierro clavándose más aun en la encía. El haber tratado de parecer que no había sufrido daños se saldó con una tos sanguinolienta y yo cayendo sobre una rodilla aferrándome al brazo, con el machete todavía colgando de este. El VIcealmirante, entretanto, parecía haber retrocedido unos metros y se miraba el puño con curiosidad. Tras haber pasado unos segundos haciendo esto, se volvió a acercar, de brazos cruzados, con mirada inquisitiva.

Aunque me latían los tímpanos por el dolor, pude escuchar como el oficial parecía hacerme una oferta, mientras colgaba un cigarrillo entre sus labios. Este parecía interesado en entrenarme para posteriormente trasladarme a un mejor cuartel.

Era interesante, sin duda. Johota estaba completamente muerta para mí y allí no podría hacer nada. Sería mejor si pudiese llevar el orden a lugares donde las condiciones fueran más propicias: con un control menor del Gobierno, que escudaría al corrupto y al esclavista, y con una mayor criminalidad que combatir. No obstante, lo realmente interesante de su propuesta fue su invitación a entrenarme. Acababa de dejarme completamente claro que, tal y como estaba, no podría hacer frente a prácticamente nadie. Debía mejorar si quería acabar con los criminales realmente capaces.

-Sea así, Vicealmirante -respondí con un hilo de voz mientras me levantaba-. Agradezco su oferta.

Había algo que resultaba tranquilizador y firme en el porte del Vicealmirante, pero no dejaba de pensar que, en cierto modo, me estaba juzgando. Quería probarme y ver mis límites, pero, ¿por qué un recluta como yo? No destacaba en absolutamente nada. Estaba completamente seguro de que, buscando con más cautela, encontraría a mejores personas que yo, en todos los sentidos, hasta debajo de las piedras. Me resultaba francamente surrealista.

De un par de palmadas, el Vicealmirante espantó a todos los demás soldados de la sala. Tras esto, siguió fumando, dejando pasar el tiempo. Francamente, no resultaba agradable ni el humo del tabaco ni su regodeo. Además, en esta sala estaba prohibido fumar. Pero era la autoridad, al fin y al cabo. Ni le iba a toser. Para empezar, porque era mi superior. Por otra, porque valía mucho más que yo como persona.

Cuando terminó su fumígero jugueteo, volvió a dirigir su analítica mirada hacia mí, preguntándome por mi estilo de combate. Normalmente, no respondería a nadie si me preguntase por ello, pero ya quedaba visto que había podido vencerme sin necesidad de que le revelase nada, así que, algo reticente, comencé:

-Normalmente uso los puños y los codos en rápidas y potentes sucesiones de golpes para poner al enemigo en jaque el máximo tiempo posible hasta agotar su defensa. También soy capaz de usar las piernas, pero limito a hacerlo cuando el enemigo tiene su parte inferior muy desprotegida. En cuanto al machete -continué, mostrándoselo-, no es más que un viejo recuerdo, y solo lo uso cuando necesito agililizar el combate y atacar con cierta rapidez, o intentar moverme más. Finalmente... Usted ya ha visto lo de antes. Solo lo uso cuando no queda otra alternativa.

Me detuve, esperando su respuesta. Lo cierto era que, francamente, sentía algo de miedo de su respuesta. No quería volver a ser una decepción para nadie, otra vez no. Todo menos eso. Recé por que el pensamiento no hubiera traído una expresión adusta a mi rostro, aunque si que creía haber palidecido un poco.

-¿Dónde y cuando prefiere empezar? -pregunté con cierta incomodidad-. Hay una buena multitud de lugares donde podríamos comenzar los entrenamientos.
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