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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

El primer paso (Privado Kath, Zenox, Yzak)

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Re: El primer paso (Privado Kath, Zenox, Yzak)

Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 6 Ago 2018 - 23:42

La Orden de Argharis tuvo su origen hace más de cuatrocientos años y nació en el seno de lo que ahora era Skyros. Se hacían llamar guardianes de la verdad y defensores de la justicia, algo que recordaba el actual Gobierno Mundial. Desde sus comienzos hasta ahora solían vestir armaduras negras como la obsidiana y levantaban el estandarte de un lobo plateado como las estrellas. Una vez tuvieron la confianza de la familia real, pues demostraron tener habilidades increíbles. No obstante, y debido a la obsesión que mostraron por los objetos antiguos, hubo un rey que decidió exiliarlos. Desde ese entonces, y hasta ahora, los guardianes de la verdad habían vagado por el mundo buscando reliquias y poderosos artefactos que les devolvieran la gloria que una vez tuvieron. O eso decía un libro escrito en una lengua olvidada por el mundo entero.

Katharina ahora sabía suficiente de los soldados que arremetieron en la taberna, lamentablemente no tenían ninguna relación con el rey y ahora sus “compañeros” debían enfrentar el juicio real. Se infiltraron por nada. «Debieron haberme esperado. Era obvio que yo encontraría las respuestas…», pensó la bruja. Se decía a sí misma que no les preocupaban sus vidas, pero era mentira. Les había cogido… cierto cariño. De alguna forma, los veía como si fueran sus hermanos pequeños. Sin embargo, con la misión que tenía en mente, no podía permitirse el lujo de distraerse con esas pequeñeces. Sabía que una organización con reputación de busca tesoros iba por la misma arma que iba ella. Debía ser más rápida, más astuta e inteligente. Al menos ella tenía acceso a la biblioteca del Rey de Skyros, aunque no sabía cuánto duraría esa ventaja.

Phillip dejó un par de libros más en la mesa de madera de raulí y luego suspiró.

—Cuando desperté en la mañana, jamás imaginé que terminaría siendo asesinado, revivido y luego convertido en una rata de biblioteca —comentó el soldado con una sonrisa melancólica en el rostro—. Respetarás tu promesa, ¿no es cierto?

La bruja dejó de leer y volteó la mirada hacia el no muerto, quien le miraba con preocupación.

—Debieras preocuparte porque todo termine bien y no por si cumpliré mi promesa o no —le respondió—. No tengo ninguna intención de llevarte conmigo, así que podrás pasar una larga vida de aburrimiento con tu familia. ¿Contento? Bien, ahora ayúdame a encontrar la ubicación del Dies Irae. Ahora que sé quiénes son mis enemigos…

—Esos chicos se han arriesgado por nada y tú lo sabías —increpó el soldado—. El Rey no es una persona precisamente benevolente, menos con extranjeros. Si mueren, su sangre estará en tus manos.

Katharina cerró de golpe el libro y arrugó la frente, mostrándose molesta ante las acusaciones de su sirviente.

—Tienes una boca demasiado suelta para ser un simple soldado, Phillip. Ellos sabían a lo que se enfrentarían aquí dentro e incluso les advertí, les dije que era una mala idea, pero ellos decidieron venir de todas formas. No son niños, Phillip, son hombres. Son piratas y como tal, deben hacerse responsable de sus decisiones —respondió duramente la bruja.

—Algo me dice que esas palabras son más para ti que para mí.

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Re: El primer paso (Privado Kath, Zenox, Yzak)

Mensaje por Yzak el Miér 8 Ago 2018 - 17:21

Aquel hombre nos llevó hasta la sala del trono. Realmente, dependíamos del estado de ánimo del rey. Unos extranjeros se habían colado en su palacio, y al ser por razones desconocidas no nos dejarían irnos tan fácilmente, puede que incluso se inventasen las razones para matarnos; todo podría ser, y en mi cabeza me puse en lo peor. Allí lo primero que hizo Calígula fue ordenar a uno de sus soldados que nos pusiese unas esposas. Éstas parecían ser de acero porque al comprobar su dureza, me di cuenta de que no podríamos romperlas. La única solución era conseguir las llaves del soldado que nos las había puesto. Nos sentaron en el suelo, uno al lado del otro y bajo las escaleras de donde estaba el rey, apenas a unos 3 metros de él. Miré al rey a los ojos, éste totalmente serio se nos quedó mirando, era un hombre increíblemente mayor pero su mirada parecía la de alguien experimentado, propio de alguien que había tenido que tomar decisiones importantes toda su vida.

–Calígula, ¿Quiénes son estos jóvenes? - Preguntó el rey.

–Son dos intrusos que han entrado en el palacio, majestad. Por el color de pelo de este chico, y por los modales de ambos, deben de ser extranjeros. –Respondió Calígula.

No sabía que era lo mejor. Decidí mantenerme callado hasta que me hiciesen cualquier pregunta, hablar solo empeoraría el estado anímico del rey y eso era algo que no podíamos permitirnos, ya estábamos con la soga al cuello. El rey tomó una decisión.

–Llévatelos “allí” y que los interroguen. Necesitamos sacarles toda la información que sepan sobre “eso”.

Rápidamente, dos soldados nos levantaron y nos llevaron por una puerta que se encontraba al costado de la propia habitación. Allí caminamos por unos cuantos pasillos de piedra hasta llegar a una especie de celda. Nos dejaron en ella por unos cuantos minutos y aprovechamos para hablar. Llegamos a la conclusión de que nuestra prioridad era conseguir las llaves porque quizás, una vez consiguiesen la información que buscaban de nosotros, nos matarían. Al cabo de cinco minutos volvieron, no tuvimos mucho tiempo para hablar. Al parecer aquellos dos soldados serían los encargados del interrogatorio. Nos sentaron en dos sillas y empezaron a preguntar. Sus próximas palabras me sorprendieron.

–¿Qué sabes de Dies Irae? ¿Dónde está Katharina von Steinhell, la supernova?

Tras esas dos preguntas miré a Zenox sonriente. Él podría entender perfectamente lo que estaba pensando, éramos muy parecidos en este tipo de cosas. Tras eso miré desafiante y con una sonrisa a los interrogadores.

-No pienso decírtelo- dije con una pequeña carcajada.

En mi opinión, cualquier persona que me escuchase sabría que estaba mintiendo, pues el tono que había puesto al contestar había sido muy irónico o de burla. Podrías llamarnos cualquier cosa, pero no traidores. Si de algo estábamos seguros es que nunca traicionaríamos a alguien que nos había ayudado como Katharina. Ante aquella respuesta, el soldado me golpeó con fuerza en la cara, haciéndome un pequeño corte en el labio y haciendo que cayese un poco de sangre al suelo.
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Re: El primer paso (Privado Kath, Zenox, Yzak)

Mensaje por Zenox el Miér 8 Ago 2018 - 19:37

El rey nos miró fijamente. Yo estaba nervioso, ahora que todo dependía de ese hombre arrugado, subió mi estrés. Antes de cualquier otra cosa, unos soldados nos pusieron unas esposas para que no montásemos ningún tipo de alboroto. Tras una pequeña presentación a su majestad hecha por Calígula, nos llevaron a una gran celda donde empezaron rápidamente el interrogatorio. Cuando nos hicieron las dos cuestiones consecutivas de donde se encontraba la mujer y que era aquella cosa en latín llamada Dies Irae, sonreí. ¿De verdad creía que íbamos a traicionar a la mujer? Preferiría morir allí que traicionar alguien que si bien es cierto me parecía sospechosa, nos había ayudado a entrar al castillo y realmente para nosotros ya era alguien a quien llamar amiga. Miré a Yzak, su cara era un retrato que me mostraba lo que pensaba con todo detalle. Ambos pensábamos lo mismo, no la íbamos a traicionar aún si moríamos en proteger su secreto, aunque por supuesto, no pensaba dejar que mi amigo ni yo mismo muriésemos allí.

Yzak respondió a la pregunta del soldado de forma burlona, queriendo molestarles para que se dieran cuenta de que jamás hablaríamos del tema. Entonces uno de ellos, golpeó la cara de mi compañero con un buen puñetazo. El pelirrojo debido al golpe empezó a sangrar por el labio, cosa que me hizo cabrearme, pero era consciente de la situación y la decisión que ambos habíamos tomado por lo que no hice nada, simplemente pasase lo que pasase no revelaríamos su paradero. Ahora era yo, al que preguntaban.

–Bueno chico, si te haces el valiente como el parcheado lo vas a pasar muy mal- Añadió el soldado.

–No vamos a decirte nada, marioneta. Búscate a otros para interrogar, ni siquiera vale la pena que te mire a la cara, escoria – Dije cabreado, probablemente por el golpe que habían atajado en la cara de mi amigo. –Oye Yzak, tu sangre pega con tu pelo- Dije estaba vez riéndome relajado.

Entonces lo que parecía ser un den den mushi sonó en el bolsillo de uno de los soldados. La voz que sonaba por él les decía que volviesen un momento a la sala del trono, al parecer algo pasaba aunque seguramente fuese una tontería y volverían en apenas unos instantes. Pero por las prisas aquellos idiotas se dejaron todas las llaves que portaban en un solo llavero en nuestra celda. ¿Es qué todos los soldados de aquel castillo eran estúpidos? Vi nuestra vía de escapé. Cogí las llaves de las esposas para, por si volvían no notasen que faltaban, solo quitando dos del llavero parecería inapreciable que faltaban las de nuestras esposas. Nos las quitamos, pero nos mantuvimos de la misma forma, sentados y con las manos hacia atrás aparentando que seguíamos con las ellas puestas. Entonces volvieron, apenas habían tardado cinco minutos.

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Re: El primer paso (Privado Kath, Zenox, Yzak)

Mensaje por Katharina von Steinhell el Dom 12 Ago 2018 - 4:57

El soldado dejó caer un pesado y viejo tomo sobre la mesa, levantando una pequeña nube de polvo. El libro era de tapas grises y tenía extraños símbolos grabados en su portada, mientras que las páginas amarillas y gastadas estaban escritas en un lenguaje olvidado por muchos. Únicamente un historiador podía descifrar el misterio que se ocultaba entre la pila de papel. Katharina le echó una rápida ojeada y se detuvo momentáneamente en una ilustración. Se trataba de una mujer invertida y colgando de una cuerda, justo encima de un gigantesco recipiente negro calentado al vivo fuego. Recordó que había culturas que creían en brujos y brujas, criaturas con poderes sobrenaturales que, en el resto del mundo, se conocen como usuarios de frutas del diablo. Continuó leyendo el extravagante tomo hasta encontrar las palabras que tanto buscaba: Dies Irae.

Según la escritura, se trataba de un arma tan poderosa como legendaria, capaz de erradicar guerras completas solo con blandirse. Pese a dar una detallada descripción de la leyenda, el libro no decía nada acerca de la forma de esta. No obstante, siguió leyendo. Cada palabra era más interesante que la anterior y pronto perdió la noción del tiempo, habiendo aprendido algunas cosas de Skyros y otras del arma que tanto buscaba. Finalmente, cerró el libro de golpe y sonrió satisfactoriamente. No había descubierto la ubicación del Dies Irae, pero sí de algo igual de interesante. Por ahora, lo mejor era abandonar la biblioteca y ponerse a trabajar.

—Debemos salir del palacio —le comentó a su sirviente, mientras guardaba varios libros en su bolso de cuero, pero se detuvo cuando notó la inquietante mirada de Phillip—. ¿Qué miras?

El hombre se cruzó de brazos y frunció el ceño.

—No está bien robarle al Rey —comentó con dureza.

—¿En serio? Entonces los devolveré —respondió con fingida inocencia, pero enseguida guardó otro más y sonrió maliciosamente—. Desde hace mucho tiempo que dejó de importarme lo que está bien y lo que no, Phillip. Ten, carga mis cosas. No se ve bien que una preciosa chica como yo cargue ese pesado bolso, ¿verdad?

A Katharina le importaba poco llevar sus propias cosas, pero debía actuar de acuerdo a la sociedad de Skyros. Los hombres podían ser tratados como verdaderas bestias de equipaje y no tenían derecho a quejarse. Si ella misma cargaba el bolso, la posibilidad de levantar sospechas era alta.

—¿Qué harás con los chicos? —preguntó Phillip.

—Creo que fui bastante clara. Sus problemas no me incumben —aclaró tajantemente y sin rasgo de compasión en su voz—. Como vivan o mueran, dependerá de ellos y del Rey. No de mí. ¿O acaso quieres que sea la heroína de esta historia, arriesgue mi vida y me rebele contra toda la Guardia Real? No suena demasiado inteligente. Venga, vámonos.

De pronto, Katharina escuchó pesados pasos acercarse hacia su puesto. «No creo que sea el bibliotecario», se percató. Transformó la Hoja de Argoria en un pequeño puñal y lo guardó entre sus reveladores ropajes. Pocos segundos después llegó un grupo compuesto por cinco soldados bien armados y protegidos. Aparentemente eran liderados por un hombre de cabellos rojos y mirada sombría, una cicatriz le cruzaba verticalmente el ojo derecho y usaba un ridículo bigote. Era casi tan alto como Phillip y el doble de robusto. Por suerte, no fue Calígula quien llegó a molestar. Lo único que esperaba Katharina era que las cosas no se complicasen… ni para ella ni para ellos. Si actuaban violentamente, no le quedaría otra que luchar, pues no había ninguna salida más que arrasar con ellos.

—Hace pocos minutos me enteré de que unos hombres habían sido capturados por el propio Capitán y llevados ante el Rey. Sin embargo, no pude evitar preguntarme si solo eran dos —expresó el del bigote pelirrojo, acercándose poco a poco hacia la bruja. Por cada paso que daba hacia delante, Katharina retrocedía uno—. No te había visto por aquí, jovencita. Perdóname si parezco demasiado desconfiado, pero en estos tiempos no podemos darnos el lujo de fiarnos de caras desconocidas. Así que dime, ¿quién diablos eres?

La pelirrosa frunció el ceño y dejó de retroceder, provocando que tanto el hombre como sus acompañantes se pusieran en posición de defensa, preparados para desenfundar sus espadas ante cualquier peligro.  Sin embargo, en ese momento se le ocurrió un arriesgado plan.

—Soy Selene Sardothien —mintió—, y te sugiero, soldado, que no me hables con tal altanería. Tanto tú como tu familia lo podrían pasar muy mal.

—¿Me estás amenazando? Jamás había escuchado ese apellido.

Katharina sonrió y se cruzó de brazos sin siquiera inmutarse ante la presencia del pelirrojo, quien estaba a menos de un metro de ella.

—Está bien. Si tu voluntad es arrestarme, que así sea —anunció finalmente, sorprendiendo completamente a Phillip.

Los soldados encadenaron a la bruja y a su guardaespaldas sin reconocer que se trataba de un hombre del Rey. La llevaron a las mazmorras, un lugar frío y húmedo que apestaba a muerte. El larguísimo pasillo de ladrillo era iluminado únicamente por la calidez de las antorchas. Fue empujada violentamente hacia el interior de una celda, justo en frente de los dos muchachos con los que había estado antes.

—¿Se puede saber en qué pensabas al dejarte arrestar?

—Quédate tranquilo. No tengo ninguna intención de pasar un minuto más en este apestoso lugar —respondió con frialdad. Enseguida cerró los ojos y sus manos emitieron un pulso carmesí, entonces Katharina susurró unas palabras y, de pronto, los grilletes cedieron ante la inesperada fuerza de la bruja.

No tardó en liberar a su guardaespaldas y forzar la reja, todo gracias a su hechizo que aumentaba notoriamente su fuerza. Cuando el soldado del bigote rojo apareció, Katharina supo que si se entregaba voluntariamente sería destinada a las mazmorras para luego ser enjuiciada por el Rey. En el mejor de los casos se encontraría con los chicos que le acompañaban, y así resultó ser. Por otra parte, su plan dependía directamente de su habilidad para recordar pasillos y salidas, así como ventanas y puertas. En ningún momento perdió el sentido de la orientación y estuvo concentrada para no perderse de ningún detalle que pudiera significar la diferencia. Esa habilidad había sido el producto de años de trabajo como ladrona y asalta tumbas. Finalmente, forzó la celda y sonrió.

—Vámonos, no tenemos mucho tiempo —le dijo al pelirrojo y a su amigo.

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