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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

Una misión inesperada. La investigación prohibida del oeste. (Privado Dretch/Kaito) (Pasado pre-evento)

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Una misión inesperada. La investigación prohibida del oeste. (Privado Dretch/Kaito) (Pasado pre-evento)

Mensaje por Kaito Takumi el Jue 12 Jul 2018 - 20:45

La isla de Uzzle tenía un clima apetecible, perfecto para unas vacaciones veraniegas, pero a sus conciudadanos jamás se les hubiera pasado por la cabeza aprovechar esto para el turismo. Demasiado pequeña y austera como para que las grandes potencias económicas  invirtieran su capital y esfuerzo en una población de analfabetos pescadores, la ínsula había vivido apartada del resto del mundo… Pero hacía ocho años, un patrón con una enorme visión de futuro supo aprovechar el potencial de la isla que había pasado desapercibida ante los ojos de todos.

Así, bajo la mano y dirección del gran Dr. Elm, lo que había sido un pueblucho de mala muerte pasó a ser una compacta y eficaz ciudad a la total disposición de su alcalde.  Lo único que tuvieron que darle sus habitantes a cambio, además de su agradecida fidelidad, fue la zona oeste de la isla, donde levantó sus instalaciones privadas, vetadas a cualquiera que no fuera de su completa confianza.

Desafortunadamente, Kaito no conocía nada de esto, y tras más de quince días navegando en solitario buscando la siguiente isla con las gaviotas como única guía, dio a parar al puerto prohibido para cualquier turista.

Zona Oeste de la isla de Uzzle / Muelle - Noche sin luna.

Pasos apresurados repiquetearon sobre la piedra del embarcadero. Los cinco guardias llevaban el uniforme reglamentario, un mono estándar verde con diversas protecciones de grueso cuero marrón, botas altas y un casco abierto con un símbolo grabado en la frente, una especie de pica regordeta sin rabillo. Armados con largos y enjutos rifles de repetición, apuntaron a la destartalada y herrumbrosa barcaza de pantano mientras su líder, distinguible solo por una pequeña placa metálica sobre el pectoral izquierdo, iluminaba la embarcación con el potente farol eléctrico.

-Baje lentamente con los brazos en alto y no saldrá herido- advirtió con voz ronca el capitán Jenkins, un cuarentón tan duro y áspero como los callos de sus pies.

El gyojin sintió el calor de los focos en su espalda arqueada mientras acariciaba el rugoso morro de la horrible criatura que le acompañaba. A Suchu no le gustaban los extraños y dejaba esto patente con un suave y terrorífico siseo de advertencia. Tras darle un toque para exigirle silencio a su peculiar y enfadada mascota, Kaito giró su rostro constreñido por el exceso de luz.

-Ahora mismo, pero si baja la intensidad para que vea por donde voy…-respondió amargamente, extendiendo los tentáculos lentamente por la astillada madera buscando a tientas la firme piedra de la dársena. Levantando lentamente sus brazos y alzando su bichero horizontalmente, esperó a que el comité de bienvenida le diera más instrucciones antes de proceder.

El tiempo se dejó llevar con la brisa marina. Dentro del joven domador la paranoia y la tensión se arremolinaban echándose la culpa entre ellas y a él. “¿Por qué carajo no hacen nada? ¿A qué están esperando?”, pensó sin atreverse a cambiar de postura dada la desagradable ventaja de los que podían convertirse en sus enemigos.  

Jenkins susurró algo a través de su comunicador a sabiendas de que hasta la mañana siguiente no obtendría una respuesta clara. Las normas dibujaban un camino claro y lleno de sangre, uno que ya se había repetido otras tantas veces en su carrera, pero él sabía que a veces la trasgresión de las mismas podía volver a proporcionarle otro buen ascenso.  

Sus peones acariciaron los gatillos previendo una orden que tardaba en llegar.

-¿Eso es un cocodrilo marino?-preguntó el jefe de la patrulla bajando la intensidad de su linterna y de su voz.

-Así es- confirmó el pulpo pelirrojo sin cambiar su postura lo más mínimo.

-¿Y tú eres?

-Un tritón pulpo, obviamente.

La risa del capitán Jenkins era un sonido desagradable y repetitivo mezcla del rasgar de periódicos junto al chirriar de un tenedor sobre un plato.  Tras la carcajada ordenó a sus hombres bajar las armas con la mano y se acercó al muchacho.

-Me refiero a tu nombre, chico.

-Kaito, señor.- Sopesó la oportunidad que tenía de golpearle con su arma, dejándolo ahí mientras usaba su cuerpo para bloquear la seguida lluvia de balas… Sin duda no valía la pena el riesgo.

-Bien, Kaito, yo soy Tom Jenkis… Bienvenido a Uzzel- Sonrió, dejando la mano caer sobre su hombro izquierdo-. Has atracado en una zona militar, perdona por el susto, pero nunca se sabe qué puede llegar en medio de la noche… Ya puedes bajar los brazos-terminó de decir divertido por la tensa actitud de su nuevo amigo.

Volviendo a una postura más relajada y echándose su excéntrica arma al hombro, el sireno intentó vislumbrar su futuro en los brumosos ojos grises del capitán.

-¿Estoy arrestado?

-No,no, tranquilo… Tan solo te llevaremos al puerto civil, y quizás mañana te pidamos que vengas a explicarle a mi jefe que la alarma de invasión era falsa. ¿No querrás invadir Uzzle, verdad?

-En absoluto.

-Genial. Seguro que la Raiz Truncada aún tiene habitaciones disponibles, incluso podría decirle a Eloisa que te prepare algo.

-Se lo agradezco.

-No es nada. Mis compañeros remolcarán tu… nave con una lancha. ¿Ese animal nos dará problemas?- Señaló a la escamosa criatura.

Suchu, notando la alusión y el gesto, bufó y arañó aún más la lamentable madera de su hogar en señal de amenaza.

-Se quejará, pero me aseguraré de que no les haga nada.

Notas de Personaje:

Nivel Efectivo para el rol: 15


Nota de Edit:
Cambiado el título por petición de Dretch de "Un zoo peculiar. Primera parte." a "Una misión inesperada. La investigación prohibida del oeste."


Última edición por Kaito Takumi el Lun 16 Jul 2018 - 16:16, editado 1 vez
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Re: Una misión inesperada. La investigación prohibida del oeste. (Privado Dretch/Kaito) (Pasado pre-evento)

Mensaje por Dretch el Vie 13 Jul 2018 - 19:54

En algún lugar, cerca del concurrido puerto civil de Uzzle, un hombre caminaba absorto en sus propios pensamientos. Un joven pálido como la nieve; definitivamente un extranjero, llevaba una horrible camisa hawaiana azul con las faldas por encima del pantalón vaquero y unas gafas de pasta negra que le daban cierto aire intelectual, sobre su cabeza descansaba un horrible sombrero de paja y sobre su pecho colgaba una enorme cámara fotográfica digna de ser expuesta en cualquier anticuario. A pesar de que Dretch tenía un gusto impecable de la estética y la moda, no le quedaba más remedio que asegurarse de que su vinculación con la Cipher Pol y el Gobierno no se descubriera. Una vez mas se encontraba explorando los márgenes de la legalidad y, aunque había pasado ya más de un mes desde su última pillería, no se había olvidado de lo sucedido. El Mundo le debía unas arañas y removería cielo y tierra para dar con su merecida recompensa.

Sobre su mano derecha descansaba un panfleto, sobre él se podía leer con letra estilizada y elegante el siguiente eslogan «¡La fantasía del ayer es nuestro presente! Descubre tu lado más salvaje en Uzzle, te esperamos». Sobre el papel había ilustrados no menos de una docena de animales sacados de la mente de cualquier niño. La variedad era abrumadora, desde seres mitológicos hasta divertidas parodias o incluso algunos ya extintos. Aquel último detalle fue el que había captado la atención del agente. No tenía ninguna prueba, pero si una corazonada. Podría dedicar toda una vida a perseguir a los esquivos brokers de los Bajos Fondos para encontrar una pista confiable, sin embargo, aquello no le haría estar más cerca de sus arañas. Miró de soslayo el panfleto una vez más para cerciorarse de que no había vuelta atrás y finalmente se encaminó hacia la tapia del Zoológico.

¿Podría haber entrado en el Zoológico por la mañana? Probablemente, pero como una herida de guerra que se negaba a cicatrizar, aun recordaba la conversación que había mantenido al mediodía con uno de los empleado de la taquilla.

«Una entrada de adulto, por favor» había pedido en un marcado acento norteño, el cual hacía años que ya había perdido. Pero si quería crearse un personaje no le quedaba más remedio que actuar, aunque aquello supusiera en ocasiones tener que sobreactuar.

«Claro, aquí tiene. Serán diez mil berries ¿Pagará el señor en efectivo?» Cuando el precio llegó a los oídos del agente, sintió por un momento desfallecer ¿Diez mil berries por una mísera entrada? ¿Qué era lo que comían aquellos animales? ¿Caviar y champagne? Aquello era indignante, un insulto.

Miró a ambos lados de la tapia para asegurarse que nadie se había percatado de sus intenciones y, con una pasmosa agilidad felina, se encaramo sobre la tapia y saltó hacia el otro lado. Bueno, más bien sería lo que habría hecho de no ser porque no gozaba de una agilidad felina y mucho menos del calzado adecuado para escalar aquella tapia. Cuando el agente cayó contra el suelo, se apresuró a salir de allí lo antes posible antes de que él ruido del impacto pudiera llamar la atención de ojos y oídos indeseados. Tendría que esperar al día siguiente y pagar la puñetera entrada como el que más.

Notas del Personaje:

Nivel efectivo para este rolsito: 36
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Re: Una misión inesperada. La investigación prohibida del oeste. (Privado Dretch/Kaito) (Pasado pre-evento)

Mensaje por Kaito Takumi el Lun 16 Jul 2018 - 13:07

A diferencia de la zarrapastrosa embarcación del gyojin, la lancha de la guardia de Uzzle era fruto de la más precisa ingienería naval. Incluso a pesar de tirar de la barcaza de pantano, su motor permanecía tan silencioso como las negras aguas que surcaba en dirección al puerto civil.

Desde la proa de su nave, Kaito dedicó una última mirada al embarcadero prohibido lamentando por encima de todo haberlo encontrado. Ahora no solo se había buscado más problemas de la cuenta, sino que también le esperaban muchos más a la hora de descubrir qué demonios pasaba en aquella isla. Cualquier otro podría haberse marchado de aquella isla, al menos cualquiera lo suficientemente inteligente como para ver las pistas, pero por desgracia, y aunque el sireno las había visto y mascado amargamente, sabía que no podría dejar de pensar en otra cosa hasta resolver aquel maldito enigma.

Suchu bufó advirtiendo a su dueño de que el intruso se acercaba. Jenkins dio un respingo al ver al animal girarse con la boca abierta hacia él, y aunque más de dos metros les separaban no pudo evitar encañonarle.

-Mantén controlado a tu bicho, Kaito.

Aún contemplando cómo la silueta del misterioso lugar se perdía en la oscuridad, el pelirrojo le dedicó una mirada por encima del hombro.

-Estás en su territorio, Jenkins. ¿Qué clase de amo sería si reprimo del todo sus instintos? Mucho es que le he convencido para que os deje estar en la popa remolcando- explicó, y cuando volvió la vista al mar ya no quedaba rastro alguno del muelle. Se dio la vuelta para notar cómo Jenkins le prestaba más atención a él que a su bestia. Todo aquello le escamaba.

El suave susurro de la brisa acompañado por el agresivo gorgojo reptiliano dominó el incómodo silencio entre los dos hombres. Uno sospechaba de todo, y el otro tan solo de la propia sospecha.

-Estás demasiado tenso… y tú no eres el que tiene que preocuparse de un cocodrilo marino.

"Ahí está otra vez", pensó Kaito, "esa innecesaria y precisa nomenclatura".

El sireno entrecerró los ojos e hizo girar el bichero entre sus dedos. Encontró una excusa, una que no lo era del todo.

-Los humanos nunca han sido buenos con los hijos del mar, así que no puedo evitar ser extremadamente cauto… y prejuicioso.

-Qué malo es ser racista- bromeó el capitán intentando romper la brecha que les separaba.

-Peor es ser esclavizado, mutilado o secado al sol.

-Touché.- Supo que debería esforzarse más para labrarse su confianza.

Uzzle 3:33

La ciudad de Uzzle aún estaba despierta a aquella alta hora de la madrugada. Bares de copas, discotecas y restaurantes satisfacían los distintos apetitos de los turistas que venían a aquella apartada isla a pasar sus vacaciones. Los hoteles plagaban la costa de arena blanca, y los chiringuitos se repartían gustosos los beneficios del perenne veraneo. A pesar de que era temporada baja, Kaito pudo notar la emergente economía del lugar como una imperiosa y desagradable necesidad de reducir la población.

-¿No le vas a poner una cadena a tu mascota?- preguntó Jenkins, que venía de dar unas peculiares órdenes a sus soldados. Se quedaría solo con el tritón a pesar del recelo de sus subordinados.

-Me gusta llevarlo suelto- comentó el pelirrojo metiendo las pocas pertenencias de las que disponía en el caldero de hierro forjado que colgó de la punta de su bichero.

-¿Perdona?

-No voy a dejar a Suchu aquí para que algún borrachuzo con más alcohol en sangre que sentido común acabe muerto por hacer el gilipollas.

El capitán Jenkins sabía que toda bestia peligrosa que llegara o abandonara la isla necesitaba de métodos de contención personalizados para evitar posibles accidentes, pero ya había tomado una decisión. Esperaba que su juicio, y su suerte, acertaran de nuevo.

-Supongo que tampoco querrás dejarlo en el zoo aprovechando que está cerrado...-aventuró el gendarme.

Interesado, Kaito invirtió un momento para sopesar la oportunidad de ver la colección de especies. Sin duda iría, pero no a costa de enjaular a Suchu, de su descanso, ni desde luego de privarse de la luz solar para ver bien a los animales. Si el zoo no estaba abierto de noche, no habría nada interesante a aquellas horas.

-Mañana mejor- decidió-. ¿No habías dicho algo de un hospicio con nombre de raíz?

-La Raiz Truncada, una posada- le confirmó-. Sígueme, será mejor que demos un rodeo para no perturbar a la ciudadanía.
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Re: Una misión inesperada. La investigación prohibida del oeste. (Privado Dretch/Kaito) (Pasado pre-evento)

Mensaje por Dretch el Mar 7 Ago 2018 - 17:26

No había tiempo para explicaciones si no quería tener detrás a todo un desfile de los miembros de la seguridad privada del zoológico. Dretch trató de proteger la cámara con su cuerpo tras la caída y, algo magullado, salió de aquel lugar tan rápido como le fue posible. Dobló varias esquinas, cruzó decenas de calles e incluso se topó con algún que otro callejón sin salida. Cuando su cuerpo comenzó a entrar en calor debido a la repentina huida, se detuvo en uno de aquellos callejones de mala muerte. Lo último que había logrado ver de sus perseguidores fue a un grupito de unas doce personas armadas hasta los dientes que estudiaban con detenimiento el estúpido sombrero de paja que había abandonado tras su caída. Y aunque rezaba para que no dispusieran de sabuesos capaces de seguirle el rastro, no podía permitirse el lujo de descansar durante demasiado tiempo en aquel callejón. Tenía la espalda muy rígida y dolorida, los pies le dolían sobremanera y cojeaba debido a la caída. Lo que con la ayuda de la Cipher Pol habría sido un juego de niños, por su cuenta se convertía en una sima insondable.

- Dretch Buerganor, derrotado por una triste tapia – se dijo a sí mismo, molesto por su torpeza – Será mejor que encuentre algún lugar con el que poder mezclarme entre los locales y rápido. Si la mitad de lo que ese folleto decía es cierto, estoy seguro de que tendrán cosas peores que sabuesos para darme alcance.

Gruñó levemente al volver a ponerse en marcha, mientras seguía caminando hacia adelante por el laberinto de calles. Apenas estaban frecuentadas a aquellas horas de la noche. El calor y la humedad le habían resfriado y, por lo mucho que lo intentaba, apenas era capaz de contener los estornudos. Era un blanco fácil mientras permaneciera afuera. Nervioso, miró a ambos lados de la calle, el eco de botas pesadas retumbaba tenuemente sobre los adoquines en la lejanía. No tardarían en darle alcance.

El agente hizo una pausa, giró su cabeza hacia la fachada del edificio más cercano y miró una de las ventanas con aire nervioso. No tenía elección. Se llevó la mano derecha hacia uno de los bolsillos interiores de su camiseta hawaiana y extrajo una prenda de color morado perfectamente doblada, una bufanda. Se enrolló la tela en torno a su mano izquierda y le lanzó un directo hacia el cristal. Sin embargo, en cristal no cedió, ni tan siquiera se resquebrajó. Las pisadas cada vez sonaban más cercanas, estaba acabado si no conseguía colarse en aquel edificio. Se posicionó una vez más frente a la ventana, cerró su ojo y volvió a lanzar su puño contra el cristal. Para cuando lo abrió, se encontraba al otro lado de la ventana, no había rastro alguno de cristales rotos y la ventana permanecía impoluta. Levantó la cabeza y estudió su nueva ubicación. se encontraba en unos baños de caballeros, puede que de alguna de las posadas locales ¿Qué acaba de ocurrir? Ni el mismo lo sabía, pero no iba a quejarse. Si eso había sido cosa de su akuma o no… Sería algo con lo que tendrían que lidiar sus perseguidores.
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Re: Una misión inesperada. La investigación prohibida del oeste. (Privado Dretch/Kaito) (Pasado pre-evento)

Mensaje por Kaito Takumi el Jue 9 Ago 2018 - 11:38

A mitad de camino, el peculiar trío se encontró de bruces con una de las patrullas que llevaban ya unos minutos recorriendo las callejuelas. Apuntándoles rápidamente con sus subfusiles, los soldados encañonaron al Capitán Jenkins para inmediatamente después pedirle perdón por su osadía. Kaito notó un brote de hostilidad hacia él y su criatura, pero, por suerte para todos, este fue segado por el militar que le acompañaba con un simple movimiento de brazo. A pesar de todo, ambos seres marinos permanecieron tensos, preparándose para responder un posible ataque.

—¿Se puede saber qué está pasando? —exigió saber el autoproclamado líder del trío sin siquiera molestarse en alzar la voz.

Los soldados se miraron los unos a los otros por un instante, ninguno de ellos era lo bastante valiente o estúpido para contestar. Sus órdenes eran claras, demasiado.   Jenkins no tardó mucho en suponer que el patán de Morrigan les había dicho que no informaran del asunto. Sonrió, el destino le había brindado una oportunidad más de humillar a su adversario.

—Supongo que se trata tan solo de un simulacro…¿verdad? —comentó amable, casi risueño—. Entonces id volviendo a la base, habéis hecho un buen trabajo y no hay nada de lo que preocuparse en esta noche tan apacible…

—Pero… —Aquel muchacho torpe y sincero no siguió hablando después de ser atravesado por la mirada gris del capitán.

—¿Acaso hay algo de lo que quieras informar, recluta? —No contestó. Nadie lo hizo—. A la base pues.

Sin querer pasar un segundo más bajo la abrumadora presencia del recién ascendido líder portuario, la milicia de Uzzle se dio la vuelta sobre sus talones y comenzaron a marchar ordenadamente hacia el zoo. No llegaron a dar cinco pasos hasta que la carrasposa voz del capitán les detuviera en seco.

—¿A dónde creéis que vais? He dicho que vayáis a la base… Está en la otra dirección, panda de inútiles.

Y una vez más se giraron con la misma disciplina militar con la que ya lo habían hecho, cumpliendo así el mandato del superior con un rango mayor incluso que el de su propio jefe. Al menos en el largo camino de vuelta tendrían tiempo para pensar qué demonios iban a decirle al Teniente Morrigan.

Suchu no le quitó ojo de encima al pequeño regimiento, y girándose con su boca abierta les bufó amenazadoramente hasta que el bichero de su amo le golpeó la punta del morro. Refunfuñó, volviéndose hacia su dueño y desafiando su orden al negarse a cerrar del todo sus fauces repletas de dientes.

—¿No podríamos habernos quedado en el barco? —sugirió Kaito, con los ojos puestos en los de su mascota para contestar el desafío—. Podría haberme quedado allí con él, vigilándole para asegurarme de que no hiciese nada malo.

El sireno pulpo notaba el peligro arañándole la nuca, que mezclado con las cosas que había visto, pasaba de ser una simple impresión a convertirse en una realidad casi tangible. No quería alejarse del agua demasiado, por su propio bien y el de su querido reptil, y tampoco quería estar más tiempo del que fuese necesario con el curtido capitán.

Tom Jenkins percibió la incomodidad en el alma del hijo del mar, pero ya no podía dar marcha atrás a su plan. La excusa estaba ahí, esperándole pacientemente a que tomase una decisión crucial. Pelearse contra un pulpo y un cocodrilo no le apetecía en absoluto, no cuando sabía que la ayuda más cercana para transportarlos una vez los hubiera derrotado le pertenecía a Morrigan. Escogió la ruta más pacífica para actuar.

—Ya estamos casi al lado, está al final de la calle —le contestó apremiándole con una pequeña sonrisa—. Si quieres puedes seguir tu solo y yo llamo por den-den para que te tengan una habitación preparada y todo. ¿Te parece mejor?

Sin duda se lo parecía, pero aquellas palabras zumbaron tras la oreja del pelirrojo como un molesto tábano listo para picarle. Asintió, y golpeando de nuevo y con suavidad a su animal para silenciar del todo su rebeldía, continuó calle arriba buscando el hostal. Cuando llegó a la entrada decorada con tallas que simulaban los raigones de un árbol, la idea que le rondaba le aguijoneó el cerebro. Se contuvo de mirar por donde había venido, allá donde escuchaba el tenue murmullo del militar que hablaba a través de su caracol. Pensar que aquel hombre fuese capaz de leerle el pensamiento le dejaba la sangre más fría que la de su saurio. “¿Es eso posible?”. Dudó si debía llamar a la puerta.

La Raíz Truncada – 3.44 AM

Que un sámara llamara a tu casa en mitad de la noche era una señal de mal agüero. También era un honor, uno que ningún habitante de la isla podía rehusar. A pesar de estar medio dormida, Julia Racine logró entender más del ochenta por ciento de la conversación con su tío antes de que este le colgase sin despedirse. Debía darle una habitación a un gyojin que no tardaría en llegar a su puerta, el cual, para desgracia de su alergia, tenía alguna mascota a su cuidado.

La posadera bostezó, estirándose sin querer caer de nuevo en el suave abrazo de su cama y se echó el camisón encima para comenzar su lenta y torpe caminata hacia la entrada principal. Terminó de despertarse al golpearse el meñique izquierdo contra la recepción que separaba su vivienda del resto del local, y maldijo en voz alta para librarse del dolor sabiendo que no tenía más clientes que el que estaba a punto de recibir. A la pata coja, se dirigió hacia la puerta buscando a tientas la pesada llave de hierro forjado en el llavero escuchando el repiqueteo contra la recia puerta de roble.

—Ya va, ya va— se colocó los largos tirabuzones rubios tras las orejas y se preparó unos segundos para dar la mejor impresión antes de abrir la cerradura—. Bienvenidos a la Raíz Truncada…

Todo rastro de la amable sonrisa de bienvenida en el rostro de la joven Julia quedó sepultado bajo la súbita mueca de terror y el tropiezo en su infructuosa huida. Sintiendo la debilidad de su presa y el temor que conllevaba la desagradable sorpresa, Suchu se lanzó instintivamente hacia delante para acabar con la res antes de que escapara con el resto del ganado. La poderosa dentada del animal fue detenida por los tentáculos a escasos centímetros de los tiernos gemelos de la muchacha, que no tardó en retroceder arrastrándose por el suelo hasta golpearse la sien con una de las mesas bajas del salón de la taberna.

—¡Qué demonios! ¿¡Quién en su sano juicio tiene un caimán como mascota!? —chilló sintiendo que su corazón se le salía del pecho y que su nuca todavía vibraba del impacto.

—Suchu malo —le reprochó el dueño cerrando la puerta tras de sí mientras dedicaba una mirada al local, ignorando la pregunta de la pechugona medio desnuda.

Para el excéntrico ningyo, la joven de cuerpo de reloj de arena, labios carnosos y cara de ángel no era de mayor interés que para su mascota. En cambio, el pequeño bar en torno a él que separaba el camino hasta la recepción le parecía la mar de cuco. De muebles rústicos y terrosos que contrastaban con las paredes pintadas de celeste claro, el pequeño salón-comedor estaba decorado con útiles marinos, mandíbulas de tiburón y algún que otro caparazón de tortuga. También había fotos colgadas, pero a la tenue luz de la entrada eran poco menos que pequeños borrones enmarcados.

—Me ha dicho Jenkins que podía hospedarme aquí—expuso el pelirrojo calmadamente, sosteniendo aún bajo su peso al revoltoso reptil que se negaba a darle un momento de tregua.

Levantándose con dolor, molestia y un rastro de miedo, la señorita Racine apretó los labios en señal de disgusto. El escamoso animal no solo era un peligro, sino que además estaba rayando el suelo nuevo con su pataleta.

—¡Coge a tu bicho antes de que destroce el parqué! — ordenó la muchacha, señalando a la molesta criatura a la vez que retrocedía un poco más.

—Yo…no puedo hacer eso. Bueno, podría, pero sería mucho peor— explicó Kaito con una calma inusitada mientras aguantaba al espasmódico cocodrilo—. Tengo que esperar a que se canse, reforzando mi posición como dominante.

Irritada, la posadera pisoteó de vuelta hasta el mostrador de recepción y arrancó una de las llaves de las habitaciones en la planta superior. Al sostenerla fuertemente en la mano, prácticamente clavándosela, se dio cuenta de que renovar la escalera sería mucho, pero que mucho más caro. Lamentaba no poder echarles a patadas, sillazos o lo que le pillara de por medio.

—Os quedaréis aquí, no admito animales en las habitaciones y no vas a dejar solo a ese lagartejo para que me destroce el local— mangoneó devolviendo el llavín a su recuadro—. Cierra y tírame la puerta desde allí.

—¿La puerta?— repitió el hijo del mar, confuso—. ¿Te refieres al manojo, no?

¿Li pirti? Ti rifiris il miniji,¿ni? Claro que sí.

Tras echar el cerrojo con uno de sus reos, Kaito le lanzó el llavero a los pies. Julia no tardó ni diez segundos en cogerlo y atrincherarse en su cuarto dando un portazo. “Al menos se le ha olvidado cobrarme”, pensó Kaito como consuelo mientras terminaba de poner en vereda a su mascota. Ambos estaban atrapados.
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Re: Una misión inesperada. La investigación prohibida del oeste. (Privado Dretch/Kaito) (Pasado pre-evento)

Mensaje por Dretch el Dom 12 Ago 2018 - 18:33

Dretch se incorporó y tras un minuto de eterna observación se obligó a ponerse en movimiento, comenzando por volver a doblar su bufanda y guardarla de nuevo en su bolsillo. Los baños estaban a oscuras. sin embargo, tan solo por precaución, inspeccionó una por una las maltrechas cabinas para asegurarse de que se encontraba solo. Finalmente, algo más confiado, el agente se dirigió a uno de los lavabos.

Mientras llenaba el mugriento lavabo con agua tibia, se miró en el espejo. Entonces se vio reflejado en el cristal y contempló a un hombre de piel pálida, con pronunciadas ojeras, con una horrible cicatriz en el lugar donde se suponía que debía estar su ojo izquierdo y pelo canoso. Estaba hecho un asco. Lo primero era lo primero. Se quitó la camiseta y la lanzó al cubo de la basura. Se enjabonó las manos y se quitó la suciedad de la cara, el cuello y los brazos. Se echó algo de agua por el pelo y permaneció pensativo frente al espejo.

“Si yo regentará una posada como esta ni tan siquiera me hubiera dejado entrar a mí mismo con esta pinta” – reflexionó mentalmente mientras realizaba una mueca de forma inconsciente frente al espejo.

Antes de volver a peinarse el tupe, puso las manos a ambos lados del lavabo y agitó la cabeza ¿Qué le había conducido allí? Recordaba vagamente haber interrogado a varios conocidos de Killian Vane, pero no le habían dado demasiadas pistas sobre los hombres de la capitana Nyra ni de su cargamento de perdido de arañas. En aquel momento, ni tan siquiera estaba seguro de que los Brokers de los Bajos Fondos estuvieran involucrados en el robo. Obligándose a volver al presente, contempló la miseria a su alrededor. La puerta del baño tenía toda la pinta de haber sido echada abajo y luego atornillada al marco de nuevo. Incluso alguien había garabateado unas iniciales en la superficie interior de la puerta. Una grasienta lata casi vacía de pomada estaba colocada en el saliente donde el lavabo se unía a la pared. En el suelo había un cigarrillo a medio fumar, tan seco que debía de tener al menos diez o doce años.

Dretch separó sus manos del lavabo y las colocó frente a su abdomen colocándolas de tal forma que emularan un cuenco. Trató entonces de canalizar la energía de su Chōetsu-teki Katsuryoku, su energía vital, para llevarla a las palmas de sus manos. Frunció el ceño y fijó la vista de su ojo sano en la línea que unía sus dos palmas, intentando concentrarse en un solo punto. Pero no notaba nada. No quería perder la concentración, pero con el rabillo del ojo pudo contemplar como varias sombras titilaban al otro lado de la puerta del lavabo. Se obligó a sí mismo a centrarse y, ahora sí, puso toda su atención en sus manos. Se imaginó como si su Chōetsu-teki Katsuryoku se tratase de un enorme ovillo de lana situado en su pecho y que sobre sus manos descansaba una minúscula aguja de costura. Y entonces, algo sucedió. Empezó a sentir una energía vibrante en su pecho. Se esforzó aún más y, redirigiendo aquella energía sobre las palmas de sus manos, enhebró un cordel de  energía en su aguja imaginaria ¿De verdad había funcionado? Emocionado, alzó la vista hacia el espejo y como si de sencillas costuras se trataran, redirigió aquella energía hacia cada una de las fibras de su pelo. En apenas cuestión de segundos, su veteado cabello se irguió adoptando su característica forma de pincel. Lleno de orgullo, se guiñó un ojo a sí mismo a modo cumplido y, sin previo aviso, su pelo volvió a quedar chafado sobre su frente. Por algún motivo había perdido el control de su energía. Frutado, trató de volver a concentrar su energía, pero esta vez no hubo ningún tipo de respuesta.

Un gruñido quedo salió de sus labios mientras se terminaba de peinar hacia atrás el pelo con sus manos desnudas.

Afuera, las luces habían vuelto a apagarse y ahora reinaba el silencio. Ignorando por completo el espejo, se acercó hacia la puerta del lavabo de caballeros y apoyó su oreja sobre la superficie de madera. El silencio era total. Dejó caer su mano sobre el picaporte y comenzó a girarlo mientras tiraba de la puerta lentamente. Necesitaba algo de ropa limpia y sobretodo descansar. La alternativa de ser descubierto y de tener que dar explicaciones sobre su intrusión en aquel lugar eran motivo más que suficiente para no querer llamar la atención.
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