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[Misión Común] El mercader del alba [Jenio, Kaito y Zuzu]

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Mensaje por Zuzu el Mar 22 Ene 2019 - 11:09

Habían pasado varios días desde que Sky se encontraba en el West Blue, un mar que no conocía tan bien como East Blue, pero el olor a mar le hacía sentirse uno más, pasando ligeramente desapercibido entre la multitud. Se encontraba en la plaza central, mirando el bonito y salvaje baile de la bandera que reflejaba la grandeza y orgullo de la isla llena de vida, Illusia.

Bajó la vista y estiró las manos con pereza, sujetando la espada con la zurda y girando levemente el cuello a ambos lados. Sus ojos se detuvieron sobre un trozo de papel que había pegado en la pared que tenía al lado. A pesar de estar en la plaza, los carteles no pasaban desapercibidos. Cerca se encontraba el Teatro. En un lugar como ése, lleno de vida y de exploradores del mar, era importante tener actividades. Pues sin ellas, era fácil que el ambiente se calentara con soltura y escuchar borrachos buscando pelea. Ese no era el caso, ya que el cielo estaba despejado, el olor a café recorría la Plaza y la gente estaba feliz, lejos de los conflictos.

En el cartel había poca información, pero la suficiente como para atraer la atención del pelinegro. Su pelo luchaba entre un azul oscuro y un negro mate, dependiendo de cuanta luz podía filtrarse entre su indomable peinado.  Se trataba de un encargo, una misión de guardaespaldas. Arrancó la hoja de la pared y la acercó para leerla mejor.

Descripción de la misión: Se necesita la presencia de una persona lo suficientemente fuerte como para que pueda embarcarse desde Illusia hasta Diamuird.

Firmado: MacMillan


Inspiró aire lentamente quedándose pensativo un momento. Si mal no recordaba, la poca información que conocía de Diamuird, era que la carne de caza abundaba y había gran variedad. Le encantaba comer, a pesar de no hacerlo tan a menudo, así que salió en dirección al puerto. Encontrar a MacMillan podría necesitar su tiempo, pero estaba decidido a hacerlo. Además, era su forma eficaz de viajar. Convencer a comerciantes a dejarle algún rincón de sus barcos a cambio de servicios fácilesde cumplir como ayudar en la cocina, barrer y limpiar la cubierta, ayudar con las velas cuando el tiempo empeoraba. Sus conocimientos no eran de los mejores, pero algo sabía. A veces recordaba aquellos tiempos, cuando sus padres vivían y jugaba escalando sin hacer caso a los gritos de su preocupada madre.

- Decidido, esta vez tocará hacer algo mas peligroso de lo normal, pero creo que merecerá la pena si puedo visitar Diamuird - dijo para sí mismo mientras alguien pasó a su lado con prisa y le tiró el papel al suelo.

Se trataba de un chaval ligeramente más alto que él que llevaba un gran martillo. Levantó una ceja en señal de desaprobación. Le molestaban las prisas, y más cuando se le cruzaban en el camino.

- Eh tú, hay sitio para todos - dijo Sky con una voz ronca y ligeramente enfadado. Su rápido enfado se trataba del hambre que se hacía notar cada vez más, y en casos parecidos, la paciencia formaba parte de él, pero siempre había alguna grieta por donde se escapaba una que otra queja. Levantó el papel nuevamente y lo agitó con rapidez para quitarle el polvo.

-¿Es que tengo monos en la cara? - suavizó su tono de voz, pero lo mantenía firme al ver que el chaval se le quedó mirando, siendo más precisos, estaba mirando el trozo de papel que llevaba en la mano.
Zuzu

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Mensaje por Jenio el Mar 22 Ene 2019 - 19:20

Pol, cuando se dio cuenta, fue invadido por una emoción incontenible, al punto de casi romper a reír de la pura alegría. Había llegado a aquella isla entre trabajito y trabajito, tratando de poder financiar así la empresa que se traía entre manos, y quién sabe por qué, acabó pasando por aquella plaza en el momento exacto. Le había llamado la atención el cartel que había pegado a una pared e, impulsivo, se acercó empujando a otro que lo observaba. Aquel anuncio no representaba otra cosa que un viaje pagado a la mismísima Diamuird, la isla donde se crió. Aquello eran muy buenas noticias, había soñado con tener una excusa para volver a aquel lugar desde hacía mucho, no en vano no había tenido la oportunidad de ir ni una vez en el último año. Desde luego que la vida en el mar era dura... Pero aquello no fue el origen de tal felicidad, sino darse cuenta de a quién era al que había empujado.

-Eh tú, hay sitio para todos - había dicho.

En un principio lo ignoró, centrandose en aquel que sería su próximo viaje. Pero hubo algo en su voz que le recordó a otro tiempo, a otro lugar, antes de todo esto... Se giró para mirarlo.

-¿Es que tengo monos en la cara? - preguntó el chico.

No podía ser. ¿Cuál era la posibilidad? ¿1 entre un millón? Tuvo que esforzarse por no perder la compostura. Jamás habría soñado siquiera con volver a encontrarse con el chaval de pelo negro que le miraba, interrogante, y menos en aquel mar, pues tenía entendido que hace un año, cuando se conocieron, solo estaba de paso. Se llamaba Zuzu Sky, y le había sido de gran ayuda en otra época, cuando navegaba con lobos y se enfrentó a enemigos temibles que aterrorizaban a la gente. Pero aquello es otra historia. Habían cambiado muchas cosas desde entonces. No pensaba igual, no obraba igual, ni siquiera lucía parecido, no era de extrañar que no le hubiese reconocido.

Animado, Pol decidió poner final al silencio incómodo que había surgido entre los dos, que seguían mirándose fijamente.

-¿Qué pasa, Zuzu? -dijo, como si se hubieran visto ayer, esgrimiendo una sonrisa de oreja a oreja, demasiado tarde como para reparar en lo estúpido que parecería.
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Mensaje por Kaito Takumi el Mar 22 Ene 2019 - 22:25

Cuando alguien intenta deshacerse de los muchos carteles de encargo tirándolos al mar, no se espera que estos lleguen a un nuevo competidor.

Kaito pinchó el empapado gurruño con su bichero y lo colocó sobre la fría piedra del puerto. Lentamente fue desgajando el apelmazado ovillo, extrayendo la humedad de los documentos y colocando uno al lado de otro para contar cuantos ejemplares de aquel pequeño póster habían sido recolectados. Había más de treinta, todos iguales.

—Qué interesante… —susurró el ningyo—. Id hacia Diamuird, ya os veré allí —le dijo a un miembro de la tripulación, dejando allí sus pertenencias bajo la buena guarda de su feroz cocodrilo—. Suchu, pórtate bien.

Despidiéndose de su fiel mascota, el pelirrojo decidió vestirse y estrenar parte de sus recientes adquisiciones. Envuelto en la larga capa negra de interior carmesí y sosteniendo el bichero de madera a una mano, arrastró su ser por el puerto de Illusia como un lánguido y silencioso espectro.

El barco de MacMillan no destacaba en absoluto de la miríada de navíos de transporte que entraban y salían de la bahía comercial, y como la mayoría de las embarcaciones de la ciudad llevaba la cabeza de un dorado león rugiente estampada en sus velas. En la entrada de acceso de la carabela había un trío de indeseables que discutían comparando sus fuerzas entre sí bajo la juiciosa mirada del que parecía ser el patrón del navío, un viejo hombre de mar de aspecto feroz y ojos turulatos.

—¡Yo soy el más fuerte de todos! ¡Tú ni caso a estos parguelas!

—¿A quién te crees tú que llamas parguela, piltrafilla?

—¡El más fuerte es El Macho! ¡El Macho os lo enseñará a todos!

La sombra del mar esperó desde las sombras a su momento. Deseaba ver cómo la competencia, la poca que había llegado a aquel punto, se eliminaba a sí misma.

Aclaración:
Soy una figura encapuchada de 2.5 metros de altura, bastante malrollera.
Kaito Takumi

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Mensaje por Zuzu el Miér 23 Ene 2019 - 12:04

Tardó casi un segundo en reconocer al sujeto que tenía enfrente. Sus ojos se abrieron ligeramente y contestando la sonrisa de Pol con otra igual de entusiasta dijo:

- Maldita sea, ¡te encuentro hasta en la sopa! - finalizó la frase soltando un par de carcajadas y acercándose más hacia su viejo amigo chocando las manos con fuerza, mostrando afección y alegría por el inesperado encuentro.

- ¿Qué pasa Sky? - dijo Pol con su alegre voz.

- Me pillas de camino hacia Diamuird, tengo la posibilidad de viajar gratis, ya sabes como soy. - Levantó la vista al cielo y respiró hondo con una gran sonrisa en la cara. No podía creer que Pol estaba allí. Sabía que era de la zona, pero el mar es vasto y largo, y un aventurero como él los estaría surcando a gran velocidad hacia la cima.

Le golpeó un par de veces en la espalda en señal de amistad empujándole ligeramente hacia la dirección del puerto.

- ¡Vamos, acompáñame! - Su entusiasmo era pegadizo y notaba como su compañero esbozaba esa gran y peculiar sonrisa.

Recorrieron las calles, bajando desde la plaza hacia el puerto. No había tiempo que perder y, más que eso, no sabría si MacMillan seguiría  esperando. Sky puso al día a Pol con su último año, contándole los mejores momentos ya que, los peores eran básicamente dormir hambriento al pie de árboles en el camino. Su chaqueta estaba ligeramente desgastada y los pantalones tenían marcas de barro, que ahora seco estaba dejando sólo una sombra de polvo. Sus zapatos en cambio estaban en mejor estado. Los había limpiado previamente con hojas recién caídas de los árboles.

Paró en seco cuando escuchó un pequeño alboroto en un barco que tenían a su derecha. Lanzó una larga mirada y vio 3 personas en la entrada, antes de pasar al pequeño barco que ondeaba una orgullosa bandera del león dorado.

¡El más fuerte es El Macho! ¡El Macho os lo enseñará a todos! - dijo uno de los presentes, con una voz tosca y agria. Sky entrecerró ligeramente los ojos, haciéndolos más pequeños y concentrándose en el que balbuceaba idioteces. Era normal tener competencia. Nadie esperaría que un comerciante tenga una cita con un desconocido sin antes ver a muchos sujetos intentar conseguir el encargo.

- Disculpa caballero - dijo al acercarse lo bastante cerca como para sentir el aliento helado que desprendía el pelinegro al hablare al Macho.

- ¿Podrías apartarte? - Cogió su Katana y la sacó no más de un tercio de la funda. La hoja empezó a desprender un vapor blanco, como el que se ve en verano al abrir el frigorífico.  Había activado su ámbito Iceberg meramente escénico para ahuyentar a la broza. Sus ojos apagados y calmados de un azul oscuro estaban brillando esta vez de un azul intenso con fiereza. Su mirada era aguda y penetrante. Podía percibir las cosas de una manera diferente al resto de gente normal. Su Haki de observación despertado le permitía ver que el que tenía enfrente no era más que un hablador. Un marinero curtido en el puerto, pero que de luchador tenía poco. En cambio había alguien más en el barco que no consiguió leerle bien. Se trataba de una figura alta cubierta por una capa oscura. No conseguía verle la cara y eso generó cierto interés. No quería pasarse de listo, ya que si el Macho tenía los huevos puestos como se daba a entender podrían complicarse las cosas...

- El Macho tiene otras cosas que hacer - dijo finalmente tras una pausa de varios segundos en el que se escuchaba el mar golpear con suavidad la madera del barco mercantil.

- ¡Vayámonos! - dijo con calma, aunque el agudo oído de Sky notó cierta irritación y una pizca muy pequeña de miedo.

Los tres se perdieron entre la marea de gente que visitaba el puerto ya sea por comprar pescado fresco o simplemente seguir con su vida. Volvió a guardar la Katana y vio que Pol se relajaba también. Su simple presencia también infundía respeto. Al fin y al cabo era un esbelto guerrero, alto y con la suficiente fuerza como para mover el martillo gigante que tenía colgado a su espalda. Eso le hacía gracia a Sky, ya que no pegaba mucho con el alegre y entusiasta carácter que lo definía.

Sus ojos volvieron a apagarse al calmado azul y giró sobre sus talones para esta vez presentarse ante MacMillan. Tensó los labios en una sonrisa y barriendo con la mirada la cubierta del pequeño barco dijo:

- Soy Sky. Lo único que necesitas saber es que tu vida no va a correr peligro mientras la persona que me acompaña y yo viajaremos contigo. En el cartel no dice mucho, podrías decirnos cuando partimos? ¿De cuanta gente necesitas para este viaje? Y... lo más importante - hizo una pequeña pausa para acariciarse la tripa y fruncir el ceño - ¿Tienes algo de comida?

Miró en dirección al desconocido encapuchado con seriedad pero sin maldad.

-¿Tienes pensado acompañarnos? Me gustaría saber si vas a participar también en el encargo, y de ser así... ¿serás de ayuda? - al terminar de hablar caminó varios pasos acercándose hacia el otro lado de la cubierta y se sentó en el suelo apoyando su espada a su izquierda con el mango hacia arriba.  Sky no era una persona tímida, aunque siempre calculadora. Cualquier indicio de peligrosidad por parte del desconocido pondría los sentidos del pelinegro en alerta como los de un gato. Quedó a la espera de la respuesta de MacMillan y la del desconocido.

Vio que Pol también había entrado en el barco mercantil, siguiéndolo por detrás.
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Mensaje por Jenio el Jue 24 Ene 2019 - 22:10

Pol metió las manos en los bolsillos y admiró el gran mástil. Hacía tiempo que no pisaba una carabela, y aún más que no pisaba una en tan buenas condiciones. Aún así, se sintió como en casa nada más oír el crujir de la madera bajo sus botas, llevaba demasiado tiempo en tierra firme, no estaba acostumbrado. Tal era su embelesamiento que no se dio cuenta de que realmente estaba entrando en propiedad privada, y ni siquiera se había presentado a su anfitrión, y aún tardó unos segundos más en reparar en su falta de educación mientras caminaba despreocupado por la cubierta baja ante la atenta, confusa y crecientemente cabreada mirada de MacMillan. No fue hasta que, en su improvisada ruta, admirando la baranda, bien decorada y recién pintada, casi tropieza con el enjuto hombre.

-Oh... ¡Oh! !Perdona la intromisión! Me llamo Jenio, también vengo a por lo de proteger el barco - prefirió no dar su nombre real, el mote iría mejor en una situación como esta.

-Hmmmm... Con que Jenio y Zuzu. Parecéis lo suficientemente fuertes... ¿qué hay de ti, muchacho? - dijo refiriéndose al misterioso encapuchado que aún estaba hablando con Sky.

* * *
Una vez hechas las presentaciones y negociaciones, un insistente sonido empezó a retumbar en algún lugar del interior del barco: "Bere bere. Bere bere. Bere bere". El viejo capitán se sumergió en las profundidades del navío a contestar al Den Den Mushi que reclamaba su atención, y a los dos minutos volvió a salir, con el ceño fruncido y murmurando por lo bajo. Cuando llegó con el resto del grupo anunció:

-Escuchad, mi socio me acaba de decir que tenemos que darnos prisa, el reparto tiene que llegar en un día menos de lo acordado, así que vamos a tener que zarpar ya, ¿alguna objección?

El grupo permaneció estoico, dando a entender que ningún problema.

-Bien, pues hay que darse prisa, que el tiempo es oro.

Se giró y empezó a llamar a gente. Del mismo sitio de donde se había sumergido apareció la escasa tripulación que capitaneaba. Una serie de lánguidos jóvenes con cara de acabar de despertarse, 5 en total, se pusieron en fila a la espera de ordenes. A Pol ahora le cuadró que aquel barco necesitara de protección, aquellos chavales no parecían haber blandido un arma en su vida. Se dieron órdenes de recoger la pasarela, levar anclas, izar velas, etc.

-¡Esperad! ¿Es éste el barco de MacMillan? ¡Yo también estoy interesado!

En el puerto, un hombre alto, ancho de espaldas, con el pelo negro y cicatrices en el rostro movía el brazo para llamar la atención a la comitiva. El aludido se asomó por la baranda.

-Ya somos muchos, ¿qué es lo que puedes aportarnos?

Pol se asomó también. El hombre llevaba una prenda con forma de X que le cruzaba el pecho, de color marrón, y tras sus hombros asomaban los mangos de dos armas. Nada más fijarse en ellas, el hombre agarró una de ellas y reveló la cabeza de un hacha de mano, con una forma curiosa que Pol nunca había visto: la hoja se curvaba , y el mango también, dando la apariencia de que estaba doblada, rota. Pero, con un poderoso movimiento de brazo, lanzó el curioso hacha en dirección al barco. Todos a bordo se quedaron perplejos, ¿qué pretendía? ¿abrirles un boquete antes de empezar? Pero el hacha no impactó. Todo lo contrario, justo antes de golpear el hacha paró en seco y volvió a la mano de su lanzador ante la asombrada mirada de sus espectadores.

El derroche de fanfarronería y habilidad desde luego impresionó a MacMillan.

-Con que a distancia... No nos viene mal, salta, salimos ya.

El hombre, obediente, saltó dentro. Se presentó como Niro. Cuando estrechó la mano de Pol éste apreció que llevaba guantes, y el tacto a los mismos le resultó sorprendentemente frío, supongo que ahí reside el secreto de su "magia". A parte de esa curiosidad, le pareció un hombre muy afable, jovial y activo.

Y con esto los preparativos estaban conclusos, el equipo formado y preparado para zarpar en busca de aventuras.
Jenio

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Mensaje por Kaito Takumi el Vie 25 Ene 2019 - 20:13

Mientras llegaba más competencia, Kaito caminó sin llamar la atención y saltó sigilosamente al costado del barco. Trepando como una oscura araña, llegó a la cubierta desde no dejó de observar el irremediable devenir de los acontecimientos. De cinco solo quedaban dos, y uno de ellos parecía tener un poder la mar de interesante.

Entonces los dos humanos subieron a cubierta, revelando su posición al anciano. Aquel que todos creían que era el contratista frunció el ceño y se cruzó de brazos. No parecía agradarle la presencia de aquella sombra que había aparecido de repente en su hogar sin presentación ni invitación. No dijo nada.

—¿Por qué iba a estar aquí si no? –preguntó con un desagradable sarcasmo— ¿Y no debería ser yo quien preguntara sobre vuestra utilidad? Vosotros habéis llegado después –contestó el encapuchado con un frío desapego frente a los que serían sus compañeros de misión.

Finalmente, el viejo lobo de mar tuvo la decencia de dirigirse a Kaito para preguntarle su nombre; le había hecho gracia su desagradable crudeza.

—Mi nombre no importa en absoluto. Vengo a cumplir un contrato, y a cobrar cuando este llegue a término.

Las personas que tenían tanto que ocultar como para no revelar su nombre no eran de agrado del capitán, pero realmente el contexto de aquel muchacho no le importaba en absoluto siempre que cumpliese su trabajo. Aunque, por supuesto, no iba a dejar pasar la oportunidad de reírse durante todo el viaje.

—Está bien, pero si no tiene nombre a partir de ahora le llamaré… Meneillos.

Un largo gruñido de desagrado surgió de debajo de la capucha.

Entonces el cambio en los planes de la empresa y el itinerario del navío vinieron de sopetón, seguidos por la escuálida tripulación y los rápidos preparativos, así como el ingreso de un nuevo miembro al elenco de protectores. El moreno lanzador de hachas extendió su brazo hacia Kaito como lo había hecho con el vivaracho Jenio, pero esta vez no encontró respuesta a su gesto, solo una mirada fría y analítica oculta tras la capucha.

—Muy interesantes esas hachas… ¿pero qué harás cuando impacten? —escupió con desprecio ante el diestro malabarista. Luego se dio la vuelta y se dirigió a las entrañas del navío—. Si ninguno tiene problemas, iré preparando el desayuno… Alguien tenía hambre. —Encogiendo sus dos metros y medio como un extraño muelle para caber por el umbral, el encapotado marchó guiado por su olfato.
Kaito Takumi

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Mensaje por Zuzu el Dom 27 Ene 2019 - 17:47

Sky tornó sus ojos hacia arriba en señal de reproche ante la borde respuesta del desconocido oculto tras su capa. Tenía razón. No había un motivo para que todos los participantes se cojan de la mano y salten de alegría cantando en círculo canciones piratas. Se trataba de negocios, y él estaba allí por el transporte que ofrecía hacia la siguiente ciudad. La respuesta que le dio fue un silencio corto y vulgar.

Cerró los ojos y apoyó la cabeza en la madera que formaba el casco de la carabela. Tratando de descansar, mantener los ojos cerrados le iba siendo cada vez mas difícil; el ajetreo se multiplicó por 5. Había ruido de pasos inquietos y veloces en todas direcciones. A pesar de ser un barco normal y viejo, la vida que tenía era asombrosa. Cada cual de la tripulación sabía hacer su trabajo en gran medida. De vez en cuando se escuchaba alguna carcajada por parte de los más experimentados al ver a los jóvenes cometer estúpidos errores.

- El nudo se hace así, capullín - gruñó uno de los más viejos. Su piel curtida se parecía a la árida tierra de zonas desérticas. Sus ojos casi apagados mantenían la mirada dura de un marinero con muchos años en alta mar.

Lo que le hizo abrir los ojos no fue otra cosa que la palabra comida. Su sonrisa apareció al instante y miró agradecido hacia el borde desconocido. No había manera más eficaz de perdonar que llenar un estomago. Agradeció a la vida en su interior y complacido, siguió sentado. Al fin y al cabo se trataba de una misión de proteger... y la calma mantenía su balada aquella mañana en pianissimo.

Pol seguía como siempre, manteniendo una conversación con el recién llegado, invitado por él. Le hacía gracia ver como el otro no tenía escapatoria. Una vez que Pol empezaría a hablar... bueno, Sky ya había pasado por eso hará cosa de un año.

La tierra empezaba a perderse en el horizonte y todos tenían sus deberes en orden. Estiró las piernas en un intento de desperezarse pero el hormigueo se extendió desde la rodilla hacia arriba. Tenía el muslo entumecido y eso requería un poco de movimiento para despejarse. Se levantó y con agilidad saltó sobre varias cajas en dirección al mástil mas grande. Se agarró en unas cuerdas y como un ágil gatete llegó a estar contemplando el panorama desde lo más alto que se podía llegar. Eran unas vistas preciosas. La brisa tenía el tempo bien marcado y las nubes bailaban a son de la dulce melodía que generaban los sonidos de las velas. Las gaviotas eran cada vez mas escasas y el barco estaba rumbo hacia Diamuird. Se trataba de una ruta segura, mercantil. No debería haber problemas. ¿Entonces por qué MacMillan contrataría a desconocidos para protegerle? Si era un viejo lobo, tendría contactos. ¿Quizás estaba transportando algo secreto? ¿Sus amigos y conocidos tratarían de sabotearlo a cambio de lo que llevaría en ese momento?

Sky salió de su ensimismamiento cuando dos motas de negro se hicieron notar en el horizonte. No era fácil identificar qué era pero enfocando lo máximo posible, consiguió ver que se trataba de dos barcos no más grandes que el que ellos tenían. Se mordió el labio inferior mientras se remangaba la camisa. Comprobó tener su espada colgada del hombro cuando saltó hacia abajo. Siguió el mismo circuito pero esta vez más rápido.

- Pronto tendremos visita - dijo con una voz firme mientras aterrizaba en el centro de la cubierta. Toda la tripulación paró durante un segundo y miraron a MacMillan para después volver a sus rutinas. Ese segundo de vacilación confirmó de que había algo que los presentes aventureros desconocían. Sky inspiró hondo y fijó su mirada en el viejo. Éste no hizo más que gruñir mientras se rascaba la cabeza. Tenía una frente arrugada y los labios torcidos. Estaba claramente dudando sobre qué es lo que haría a continuación. Sin decir nada, desapareció por la misma puerta que la alta figura había desaparecido antes en busca de la cocina. Tras él se escuchó un portazo dejando la cubierta con una tensión invisible entre la tripulación.

A pesar de la situación actual Sky estaba normal, mirando en dirección a los barcos que surcaban el mar en su misma dirección. A él le reconfortaba la idea de comer pronto. ¿Qué sería lo que estaba preparando el sujeto de antes? ¿Estaría bueno? En verdad cualquier cosa le valdría. No era un crítico culinario precisamente, incluso las amargas cáscaras de naranja servían de postre en caso de necesitad. Miró en dirección a Pol sonriendo y dijo con un tono infantil:

- Parece que todos los viajes que hacemos juntos están destinados a ser moviditos, joder - la última palabra fue mas sutil. No quería ser sincero, pues le encantaban las situaciones adversas. Primero había que ver quiénes eran y qué es lo que buscan del barco. Lanzó una mirada rápida al barco y vio que éste no estaba muy preparado. Las defensas escaqueaban. Si las cosas se pondrían interesantes, ellos tendrían que actuar como defensa. Cualquiera que fuera la mercancía, su misión era protegerla junto al barco. Sonrió mientras tensó los músculos de las piernas para impulsarse hasta el borde. Esta vez estaba con los brazos cruzados, mirando al mar y con la mirada seria. Su cuerpo estaba diciendo: aquí estoy. ¡Venid a por mí!
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Mensaje por Jenio el Miér 30 Ene 2019 - 21:27

Pol corrió a ver de qué se trataba aquello por lo que se veía tan excitado Zuzu, y en efecto, corroboró que en el horizonte se vislumbraban dos navíos, aunque no supo decir qué hacían, al menos por lo que veía. Lo que oía le confirmaba que aquellos dos barcos estaban batallando, pues cuanto más se acercaban mejor se oían los cañonazos.

-¿Deberíamos ayudar? - preguntó al aire, sin dirigirse a nadie en concreto.

Él en lo personal tenía ganas, había pocas cosas que le pusiesen más las pilas que un combate en alta mar, pero al parecer la emoción de su compañero de pelo negro no se había contagiado al resto de los tripulantes. Nadie parecía muy interesado en contestar a su pregunta, y reinó el silencio por unos segundos, lo suficiente como para impacientar a Pol y empezar a caminar en dirección a los botes, para acercarse.

-Ni se te ocurra, jovencito, tú y yo tenemos un contrato.

Pol se paró en seco, aquello le pilló desprevenido. No solo por el tono autoritario de la voz, sino más bien por el timbre, demasiado agudo como para provenir de una garganta con nuez. Miró en la dirección de donde provenía la orden y la confusión no hizo más que aumentar. Una señora muy voluptuosa que rondaría los 60 años le apuntaba amenazantemente con un bastón, mientras avanzaba a pasitos cortos, haciendo repiquetear con gracia los taconazos que llevaba sobre los que parecía imposible sostenerse, y menos en un barco. También llevaba una falda gris de tubo, que acababa en unas caderas tan anchas que parecían de dos personas, y no solo de una. Su cintura estaba embutida con un corsé, y sus pechos, grandes como balas de cañón, parecían estar a punto de reventar el botón que luchaba para que no se abriese el chaqué que llevaba. Para poner la guinda al modelito un gran y elegante sombrero coronaba su cabeza, con un tocado con forma de león, igual al que había dibujado en las velas del navío.

-Si vas a pegarte con la gente de esos barcos nuestro trato acabará, ¿entendido?

A base de sus pasitos cortos e insistentes había alcanzado al alto guerrero, que la miraba desde arriba, tratando de adivinar cómo una señora que parecía venir de la fiesta de Lord Nosequien, amo y señor de las tierras de Nosedonde, había aparecido en aquel lugar. Ahora le pudo ver bien el rostro, el cual estaba pintado cual lienzo, sin dejar siquiera un centímetro de piel al descubierto, pero aún con toda la sombra de ojos, todo el colorete y todo el pintalabios, debajo Pol pudo ver aquellas facciones adustas, aquellos ojos turulatos, y aunque no tuviese bigote, aquella cara pertenecía a...

-¿Señor McMillan?

Su cara, blanca por el maquillaje, adquirió al instante un color rojo potente a la par que sus facciones se crispaban. Su bastón se alzó en el aire y antes de que Pol pudiera salir de su estupor le golpeó en la cabeza.

-SEÑORITA McMillan, ¡sin vergüenza!

La puerta se abrió de nuevo y de ella salió McMillan, "el otro" McMillan.

-Macarena, por dios, deja de golpear a nuestros empleados.

-¿Te lo puedes creer, Marius? ¡Éste jovencito acaba de llamarme "señor" a mí, Macarena McMillan, la Soltera de Oro del West Blue! ¡Es inadmisible, una ofensa, una injuria, una...!

Pol, mientras que la "señorita" McMillan se desahogaba en improperios y bajo la mirada de la descojonada tripulación, se rascaba la cabeza, preocupado por si aquel castañazo le había causado una contusión, pues creía ver doble.

Tras unos instantes de intensa bronca Marius consiguió calmar a su clon, pues parecía más que acostumbrado a sus rabietas. Cuando consiguió que el pobre chaval estuviera fuera del peligro y del alcance del bastón habló dirigiéndose a los recién llegados.

-Disculpad por las molestias - y los bastonazos, pareció querer añadir - Ésta es mi hermana, Macarena McMillan. Ella es realmente la mercader que contrató vuestros servicios, yo sólo soy el capitán del barco. Ha estado... indispuesta últimamente, es por eso por lo que no la habéis visto hasta ahora.

-Cosas de mujeres - añadió su hermana, que mostraba su indignación con el mundo cruzando los brazos y mirando para otro lado.

Pol dudaba que fueran cosas de mujeres debido a la avanzada edad de la susodicha, pero prefirió quitarle hierro al asunto.

-Nah, no pasa nada, gracias a dios soy de cabeza dura - Se dio unos golpecitos con los nudillos para ilustrar sus palabras - perdona por llamarte señor, Macarena.

La excéntrica mujer seguía con su pose de indignación, pero ante la acuciante mirada de su hermano, acabó por decir atropelladamente algo así como "perdonaprelbastazo". Marius miró a Pol con cara de exasperación, dándole a entender que poco más iba a conseguir. Éste, que no era mucho de guardar rencores, lo dejó pasar encogiéndose de hombros. De cualquier manera se empezaba a hacer a la idea de lo infantil que era aquella señora.

-Bien, pues las órdenes son de no acercarnos a esos barcos. Necesitamos llevar estas mercancías cuanto antes y no podemos arriesgarnos a dañar el barco, tampoco. Por cierto, ¿dónde está Meneillos?


Jenio

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Mensaje por Kaito Takumi el Jue 31 Ene 2019 - 12:12

El barco de McMillan era una nave de dos palos, tres velas y más de cuarenta años. Se lo había comprado hacía seis meses a su hermano y legítimo dueño, el Capitán  Marius McMillian Tornasol, que había perdido casi todo cuanto poseía por las deudas de juego y su carácter tosco y sincero, y justo tras hacerlo comenzó a arrepentirse. La ola de mala suerte que había sufrido él se le contagió, y no tardó en perder la mayoría de sus efectivos a manos de sus competidores del gremio. Este viaje era la última oportunidad que tenía Macarena McMillian para devolver un buen nivel de vida a su familia, a toda ella, y no pensaba desaprovecharla.


—¡¿Qué demonios?! ¡Ocupado! —gritó la mujer a medio maquillar, roja de ira y de pelo, desde el pequeño tocador. Pero la sombra introdujo la cabeza para ver el pequeño baño al completo y lanzarle una mirada de pies a cabeza— ¡Cierra la puerta! —chilló cubriéndose a pesar de estar vestida. Le lanzó el peine con fiereza, pero el proyectil se quedó a medio trayecto.

Kaito salió una vez dado el vistazo, cerrando como le habían mandado, y continuó investigando puerta por puerta para saciar su curiosidad y preocupación. Había encontrado la cocina que actuaba también como comedor en la primera sala tras la escalera, pero no iba a dejar pasar la ocasión para explorar cada astillado resquicio del viejo navío con la excusa de que faltaba harina para el desayuno. Trazado el mapa mental de aquella nave prácticamente vacía, decidió que dormiría, llegado el momento, en una de las cajas de la bodega de bajocubierta.

—Estamos jodidos con tanta gente y tan pocas provisiones. Qué bien —ironizó al ver la escasez y las malas decisiones de compra-. Será un problema para estos seres de agua dulce… —comentó con desagrado agarrando una botella de leche abierta, que no tardaría en perecer, y un pequeño saco de harina—. Mira que no tener un cocinero en condiciones… Así están de escuálidos...

El ningyo volvió por el estrecho pasillo pensando qué podría prepararle a aquella pequeña pero hambrienta tripulación con los pocos materiales de los que disponía. El mayor problema realmente no era la falta de víveres –lo que tampoco ayudaba-, sino la escasez de variedad. Todos de lo que disponía eran bienes imperecederos o relativamente perdurables: panes duros, harina, habichuelas, un par de embutidos a medio roer, media docena de huevos, patatas, zanahorias y cebollas viejas y… bueno, media botella de leche que alguien habría comprado al llegar a Illusia. Había poco con lo que trabajar para una travesía de…

—¿De cuanto? ¿Una semana? —masculló el pelirrojo colocando las manos sobre la cocina de piedra que ocupaba todo el fondo de la habitación. Suspiró.

Tenían agua como mucho para tres días, y eso si no utilizaba ni una gota para cocinar. Pero si utilizaba agua de mar, tanta sal acabaría por darles la suficiente sed como para estropear las cuentas. Pensó recetas mientras abría cada cajón y compartimento de la estación de trabajo buscando algo que pudiera serle de ayuda, pero solo pudo encontrar un par de latas de frutas en almíbar, un bote de saladas aceitunas y una caja de pescado seco.

Kaito se echó hacia atrás hasta que la larga mesa que ocupaba los dos tercios de la angosta sala se le clavó en la espalda. La cocina estaba bien equipada, pero seguía siendo un antiguo recuerdo de cuando la electricidad y los diales no se habían extendido por los mares. Finalmente se decidió por aceptar la situación e intentar sacarle el máximo partido.

Sacó las pesadas ollas de hierro forjado de la alacena y arrastró una de ellas hasta la puerta justo antes de darse cuenta del error que hubiera sido salir. No solo tendría que cargar con la olla llena de agua salada, sino que para llenarla y acarrearla tendría que prescindir de llevar la capa bien colocada para no revelar qué ni quién era. Necesitaba buscar otra opción, y su cerebro no le defraudó.

La figura encapuchada salió de la cocina sin nada más que lo puesto, dejando su bichero de madera con el cuchillo atado detrás de la puerta. Subió las escaleras sigilosamente, haciéndose a un lado cuando el capitán bajó con prisas en los pies y preocupación en el rostro, y se deslizó sobre la cubierta mientras las atenciones del resto de la tripulación se depositaban en el horizonte. Sin ser advertido, bajó por el costado del navío y tocó el limpio oleaje con uno de sus rejos, haciendo subir este por su cuerpo rápidamente hasta formar una densa y bulbosa armadura de agua salada bajo la tela. Su manejo del líquido elemento era más útil que cualquier recipiente, aunque reconoció que este no era de demasiada ayuda a la hora de levantar los sesenta kilos extra de peso. Cuando traspasó la balustrada, se detuvo un momento a recuperar el aliento antes de volver al interior del navío. Debía comenzar su larga labor como cocinero del barco.

—Bien, pues las órdenes son de no acercarnos a esos barcos. Necesitamos llevar estas mercancías cuanto antes y no podemos arriesgarnos a dañar el barco, tampoco. Por cierto, ¿dónde está Meneillos?

—¿Meneillos? —preguntó la mujer conteniendo la risa—. ¿Quién es ese?

Acercándose al grupo en su retorno a la cocina, Kaito decidió presentarse de paso.

—Presente. Estoy preparando la comida —añadió sin querer detenerse ante el retorno de la ira al rostro de la que para él era, y probablemente solo para él, una hermosa madurita.

—¡Ese pervertido abrió la puerta del baño sin llamar! ¡¿Pero qué clase de hombres estás contratando, Marius?! ¡Sabía que debía encargarme yo, como de todo! ¡Seguro que tiene ese nombre porque es un baboso! ¡Un pulpo! ¡Un tocón toqueteador!

El ningyo pasó de discusiones decidido a terminar con su trabajo.

Primero comenzó con lo esencial e indispensable, conseguir agua potable. Colocando la única tetera que había sobre los infiernillos y creando un pequeño repositorio con una cazuela y su tapa en frío, improvisó un destilador del que ir recolectando el preciado líquido. Puesto eso a fuego, el cual tardó en encender a partir de las yescas y los restos de madera con ceniza que quedaba, prosiguió por el desayuno.

Harina, algo de almíbar, un poco de agua salada, leche y, sobre todo, mucha mantequilla eran los ingredientes para las tortitas que fue amontonando plato tras plato acompañadas por un trozo de melocotón y un tenedor. Decidió que aquello sería suficiente para la primera comida del día, a falta de tiempo y el material adecuados.

Antes de volver a subir a cubierta con la buena noticia de que la comida estaba servida en la mesa, Kaito puso en remojo las legumbres para el guiso que tenía pensado hacer el medio día. Ahí no importaba tanto que el agua fuera salada, aunque mezcló la poca agua destilada que fue sacando para que el condimento no estuviese en exceso. Con un puñado de costras de sal sacadas de la tetera, volvió escaleras arriba jugueteando y apelmazando aquella esencia del mismo mar bajo su capucha. Silbó, moviendo su cabeza a un lado para indicarle a la tripulación que entraran para comer. Él prácticamente ya lo había hecho al picotear para asegurarse de que todo estuviese, al menos, aceptable.

Esperó atento a las reacciones de la tripulación y al devenir de los acontecimientos que había ignorado deliberadamente mientras realizaba su importante oficio, al cual debería volver más tarde para asegurarse de que el guiso de almuerzo y cena llegaba a buen puerto.
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Mensaje por Zuzu el Jue 31 Ene 2019 - 16:25

El sonido de las olas fue interrumpido de golpe por una voz ronca y aguda. Giró la cabeza y se frotó los ojos frenéticamente ya que le parecía absurdo. Se trataba de una anciana modernita con unos pechotes que apenas le cabían en la ropa. Frenó el instinto de arrodillarse y rezar que el botón no se rompiese y verle las jamelgas así de gratis. Apretó los labios con fuerza para no reírse en voz alta. Pensar de esa manera le hizo gracia.

Sky se quedó callado y escuchó lo que Macarena dijo. Averiguó el nombre tras comprobar que el capitán era en verdad el hermano de MacMillan, y que esta, era la persona que en verdad les habían contratado. Miró alrededor y vio que la tripulación la miraba con cariño y anchas sonrisas. Se notaba que a pesar del carácter explosivo, la anciana tenía buen corazón y se impregnaba en la confianza de su gente. Eso le gustó al pelinegro. Dejó el lado infantil que se había adueñado por un instante de sus pensamientos y tosió una vez de manera seca para volver a llamar la atención.

- Señora... MacMillan - dijo despacio. No tenía claro como dirigirse a una persona tan peculiar como ella.

- Me puedes llamar Macarena, chato - contestó al instante con un tono de choni. Esas pintas y esa manera de hablar era más común en la gente que había crecido en ciudades desarrolladas. Cada vez que movía la boca hacía gestos exagerados con las manos y ahora entendía porqué su hermano no se había acercado tanto a ella cuando salió por la puerta y la llamó por su nombre.

- Entiendo que nuestra misión es proteger lo que sea que estén transportando. Tienes que entender que la seguridad del barco depende únicamente de las acciones que debemos tomar una vez encontrado el peligro, sino que la eficacia y éxito de nuestra misión se basa en ser precavidos - habló con su mueca seria, con esos ojos casi sin pestañear y sin perder por ningún instante el contacto visual con Macarena. Su forma de hacer las cosas, su convicción se basaba en la labia y seguridad en sí mismo que poseía.

- Por tanto, si seguimos así vamos a tener compañía non grata muy pronto. Acabamos de salir del puerto hace una hora escasa y la probabilidad de que nuestro barco se vea afectado ha crecido considerablemente.

El discurso se vio interrumpido por un silbido el cual provenía desde la puerta que conducía hacia la cocina. Se trataba del sujeto de antes que había desaparecido hacía poco más de media hora. Sky miró a Pol con su mejor sonrisa y se alegró de conocer a alguien. Le dio un toquecito a su gorra cuando pasó a su lado en dirección a la cocina.

- Veo que te llevas bien con la señora, quizás la convenzas de lo que he comentado antes. Si el capitán está de acuerdo, deberíamos desviarnos ligeramente del rumbo y seguir en paralelo a la ruta principal. Estoy seguro de que evitaremos la mayoría de los peligros ya que la gente mala acecha las rutas en busca de barcos débiles como el nuestro.

Sea cual sea la decisión de Pol, el joven espadachín desapareció por la puerta guiado por un olor exquisito. El estómago rugió sin piedad al estar enfrente de lo que para Sky en ese momento, parecía una obra de arte. Seguir unas instrucciones para moldear la materia comestible y conseguir una delicia como aquella tenía mérito.

- ¡Gracias! - fue lo único que se le escuchó tras lanzarse hacia su plato y comer las tortitas que había. El sabor era divino, suave y esponjoso. Le encantaba comer aunque no era lo más común que podría hacer.

- ¡Está riquísimo! - trató de sonreír pero le fue imposible con la boca llena. El melocotón lo dejó como último acto. Disfrutó con cada mordisco y la suavidad y jugo que desprendía le hizo chuparse los dedos para no dejar nada más que unas migas. Con el estómago lleno se veían las cosas de otra manera. Aquel encapuchado de repente parecía menos borde. Cualquiera que haga de comer para otros no puede ser tan mala persona... pensó mientras le llegó el olor de las verduras en remojo. Se quedó mirando de manera pensativa para luego darse cuenta de que lo que estaba viendo podría perfectamente tratarse del proceso de preparación de la siguiente comida.

Marius interrumpió los chasquidos que hacían los tenedores al enganchar las tortitas con unas palabras. Su voz se tornó seria y su mirada recorría cada par de ojos en los presentes.

- Como os habréis dado cuenta todos, esta tripulación significa mucho para nosotros. Son décadas en los que hemos navegado en este pequeño barco y simboliza los lazos que hemos creado. No son grandes aventuras, pero son recuerdos preciosos que no han de caer en el mar del olvido... - sus ojos brillaban y el temblor de su voz se iba notando más.

- ... por lo tanto os pido por favor, si tenemos cualquier actividad sospechosa que no os cuadre, cualquier acción que os parezca fuera de lugar hacérmelo saber. Necesito transparencia por parte vuestra. Es la política de nuestra tripulación y me gustaría compartirla con vosotros en este viaje. El barco significa mucho para nosotros y... - tosió hasta que calmó su garganta con el poco agua que tenía en su petanca. La llevaba enganchada al cinturón.

- ...perdonad. Y me gustaría llegar a Diamuird en la condición en la que nos encontramos. Sin bajas en nuestra tripulación y sin daños en el barco. Un desperfecto mayor podría suponer el cancelamiento de nuestro contrato.

Sky asintió y tranquilizó al hombre con unas palabras.

- No se preocupe, Marius. Nos encargaremos de llevarle a usted y a su tripulación de manera segura.

- Bueno tronco, ¿vas a comerte esas tortitas o se las das a tu ama y señora? - dijo Macarena mirando el plato de su hermano. Sin esperar confirmación lanzó su mano hacia su plato y con un movimiento único consiguió enganchar las tres últimas.

- ¡Que te den! - soltó Marius tras levantarse precipitadamente y salir con una mano tapándose la cara para no ver que empezaba a llorar.

- Siempre he sido la más fuerte - dijo orgullosa mientras se desabrochaba el cinturón ya que había comido casi por dos.

El sonido de los cañones era cada vez más fuerte. Sky salió rápidamente a cubierta y vio que los dos barcos habían ganado en distancia. Tenían las velas en posición de máxima velocidad. Ambos trataban de escapar hacia el mismo lado, tratando de hundir al otro. Eran dos barcos no mas grandes que el que estaban navegando ellos. La brisa del mar se hacía mas espesa y, cuando se quiso dar cuenta, se trataba de una niebla poco espesa. Lo suficiente como para intentar perderse y salir del rango de visión de aquellos ajetreados desconocidos.

- ¡Marius! Coge el timón y sácanos de aquí - gritó tras verle salir también a cubierta. Le había preocupado el fuerte sonido igual que a Sky. Corrió un poco cojo hacia el timón y empezó a girar con velocidad hacia la derecha. Los dos contuvieron la respiración durante unos instantes, preocupados viendo que el barco no estaba girando.

Alguien había saboteado el control de dirección del barco. Se trataba de una pieza de madera que unía el timón con la parte inferior. No era difícil arreglarlo, pero la cuestión es ¿quién había hecho eso?
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Mensaje por Jenio el Dom 3 Feb 2019 - 0:59

Definitivamente se habían confiado, no había sido buena idea perder de vista la trifulca marina y ponerse a comer. Era un error que normalmente no habría cometido Pol, que se preguntaba seriamente si aquel bastonazo cortesía de doña McMillan le había afectado gravemente. Para colmo estaba el tema del timón, que había desaparecido.

Rápidamente y como si se hubiera pulsado un interruptor toda la tripulación se activó aún con la comida sin digerir. Aquello, lejos de ser una iniciativa organizada, fue el caos más absoluto. Los barcos se acercaban inequívocamente en su dirección y el fuego cruzado aún seguía, anticipando el impacto de una bala perdida que diese al barco del comerciante y un posible hundimiento. Fue en medio de aquel caos que Marius, haciendo gala de la templanza otorgada por los años y años de experiencia propuso la primera idea sensata (primera, porque ya se había propuesto por parte de algunos de los defensores el enfrentar a ambos navíos). Ordenó que se armaran los cañones de cubierta y se arriaran las velas y además, ante la sorpresa de todos, ordenó que se registrara hasta el último rincón del barco. Los encargados de lo primero fueron, cómo no, los defensores, quienes en cuestión de segundos armaron toda la artillería, quienes observaban con creciente agitación cómo los navíos enemigos, que insistente y futilmente trataban de hundirse mutuamente, se hallaban ya a alrededor de una escasa centena de metros de ellos. Entonces Marius dio la orden y dispararon una andanada de salvas de cañón, a las que no habían añadido los proyectiles pues no era su intención entrar en batalla sino avisar de que no dudarían en entrar en ella si no paraban. Aún así el ensañamiento no paraba y aquellos barcos no parecían tener intención de desviar su curso. Y entonces pasó lo peor. Los que se hallaban en cubierta oyeron un silbido mucho más cercano de lo normal, ante lo cual, al menos Pol, sólo pudo echarse al suelo hecho un ovillo y esperar la explosión. Pero algo inesperado ocurrió, una sombra pasó a una velocidad vertiginosa a su lado justo cuando él se echaba al suelo y se oyó la explosión, sí, pero ni violentas vibraciones ni madera astillada ni olor a madera y pólvora quemada. Jenio se alzó justo a tiempo para ver a Niro, quien estaba con un pie apoyado en la barandilla, agarrar una de sus hachas al vuelo con un semblante entre fiero y triunfal. Había conseguido evitar el impacto. Había lanzado aquel hacha con tanta fuerza que había cortado la bala en dos, y aquello al parecer no le había resultado ningún esfuerzo. Aquel hombre desde luego era fuerte.

-¡No os distraigais, cargad otra andanada, esta vez con proyectil, que vean de qué estamos hechos! - gritó Marius

Pol se repuso rápidamente de aquello y cargó, y a la orden, disparó de nuevo. Aún así, su bala no impactó (no era tirador ni de lejos), aunque pareció que aquel aviso fue más efectivo. Los barcos dejaron de bombardearse y poco a poco cambiaron el rumbo, entendiendo que no podían meterse ahora en un combate a tres bandas y menos con al menos un hombre que puede partir balas como pudding. Pasaron a los lados del barco de los McMillan y por un momento éstos temieron que los que hasta hace poco se trataban de matar volcasen su odio contra ellos, pero la angustia duró poco, pues aquella pausa estaba siendo bien aprovechada por las dos tripulaciones para recargar y prepararse para la continuación de la refriega. Una vez pasaron al barco de McMillan volvieron a la carga, y la carga se recrudeció, pero se alejó rápidamente.

Cuando el peligro hubo pasado una nueva noticia emergió de las profundidades de la carabela, habían encontrado encontrado la parte perdida del barco. Estaba escondida de mala manera detrás de las escasas pertenencias de uno de los grumetillos. Cuando se expuso aquél hombre se derrumbó y rompió en llanto. Clamó lleno de pena y rabia que lo había hecho porque amaba a Macarena con locura, pero que aquella noche ella le había despechado, y claro, si no la podía tener él, no la podía tener nadie. Ni siquiera había organizado bien aquél sabotaje, simplemente vio la batalla y se le ocurrió, rezando por que aquellos enfrentados les enviasen al fondo del mar. A pesar de la gravedad del asunto el asunto se despachó rápido. Marius le partió la cara al ruin marinero, Macarena le insultó de la manera más pintoresca posible y los marineros le metieron en una habitación que haría las veces de celda bajo la promesa de entregarle a la marina según llegasen a tierra.

Por suerte, a pesar de aquella tan accidentada mañana que había resultado larga como una semana, el resto del día pasó como una hora, sin mayor sobresalto que la deliciosa cena que Kaito se encargó de cocinar. Cayó la noche envolviéndolo todo en su oscuro manto, e igualmente se envolvieron los marineros en sus sábanas, descansando en sus hamacas y jergones (menos cierto siniestro personaje, que prefirió las mullidísimas tablas del suelo de la despensa) dispuestos a afrontar el nuevo día.

Jenio

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Mensaje por Kaito Takumi el Dom 3 Feb 2019 - 16:59

Kaito siguió al hambriento grupo hasta la cocina, pero se quedó en el umbral de la puerta escuchando cómo los miembros de la tripulación devoraban ansiosos lo que había preparado. Sonrió, pero aquella reconfortante sensación duró más bien poco; sabía que tendría que hacer malabares para que todos tuviesen su justa ración durante aquel viaje.  Se limitó a observarles en completo silencio, analizándoles, diseccionando fríamente cada detalle:  la regresión del viejo lobo de mar que volvía temporalmente a llorar como si tuviese cinco años, el drástico cambio de humor del espadachín al comer, el periódico rascar del pequeño chichón de Jenio, las sonrisas y los robos entre los platos de los miembros de la tripulación y la natural inclusión del lanzador de hachas como si fuese un miembro más de aquella familia. Cada trozo de información era engullido y asimilado más rápido que las esponjosas tortitas.

Entonces aquel precioso remanso de paz fue cruelmente invadido por el atronador sonido de la guerra. Todos se pusieron en marcha bajo los gritos del viejo lobo de mar. Todos menos Kaito.

—¡¿Qué haces?! ¡Muevete, Meneillos! —exigió la vieja de un chillido-. ¡Si no ayudas las condiciones del contra…!

—¿Qué contrato ni qué puñetas? —espetó el encapuchado de mala manera-. Ha tenido que pegar carteles por ahí para que viniese gente, se han plantado cuatro desconocidos aquí y no ha tenido tiempo ni de evaluarlos para ver si alguno es responsable del sabotaje. Toda esta mierda es culpa de su mala planificación, por no hablar que las provi…

Nadie le hablaba así a Macarena MacMillan sin ganarse un bastonazo, y mucho menos un mirón de tres al cuarto, por mucho que endulzase su desagradable presencia con aquellas endiabladas tortitas. Aquel impacto al costado hubiera doblegado a un humano de tres al cuarto, o a incluso uno decente, pero bajo la capa no había rastro alguno de aquella miserable humanidad. El ningyo, acostumbrado a soportar el peso del mar y forjado bajo la férrea disciplina de un padre poco cariñoso y un destino cruel, se giró agachándose como una negra ola de oscuridad.

—Supongo que con ese palazo termina nuestro negocio, señorita MacMillan —susurró el espectro—. Cocinaré para pagar mi travesía, y nada más.

—¡Eres un cobarde! ¡Gracias por facilitarme la decisión de a quién tenía que pagar! ¡Imbécil!

El siguiente palazo y el último tras de este fueron esquivados con una inusitada soltura. Macarena MacMillan no era una guerrera fuera del ámbito comercial, y el ímpetu de la furia no podía cargar con el peso de la edad y un estilo de vida fundamentalmente sedentario. Aceptó su derrota maquillándola con una gruesa capa de autoengaño, el mismo que usaba frente al espejo a diario.

El resto de la batalla pasó bastante rápido sin más incidencias que el asombroso despliegue de habilidad de Niro. Aquel hombre no solo era fuerte y hábil, sino que también ocultaba un oscuro secreto bajo la manga. Secreto que la inquisitiva actitud del ningyo no tardó en perfilar. Al fin y al cabo, su reconfortante “Te lo dije” había sido tirado al traste cuando la parábola del hacha que había cortado la bala cambió con una total innaturalidad para volver a las manos de su dueño.

Tras la cena, un reconfortante y especiado guiso de habichuelas, carne y patatas, Kaito aprovechó para hablar personalmente con el último de los contratados para la misión. Lo hizo en una de sus idas nocturnas al baño, pues se había quedado despierto durante la primera guardia para terminar los preparativos de la comida del siguiente.

—¿No te lavas las manos? —preguntó descaradamente mientras repasaba las cicatrices visibles del moreno.

Niro tardó un momento en contestar, molesto por la intrusión de aquel silencioso encapuchado.

—No me hace falta usar las manos —comentó orgulloso—. ¿Qué quieres? ¿Acaso tiene Macarena razón en que eres un mirón? —Sonrió fanfarrón.

—Quiero saber cómo funciona tu truco. Y no soy esa clase de mirón.

La feliz y desconsiderada mueca del moreno desapareció, se cruzó de brazos.

—Se trata de un simple giro de muñeca. Lleva años aprenderlo.

—Y voy yo y me lo creo —escupió con desagrado—. ¿Cómo haces para activar los guantes? ¿Y cómo controlas que solo sea el hacha lo que atrae? Ese magnetismo selectivo no tiene ni pies ni cabeza.

—Ya te he dicho que es un giro de muñeca —dijo haciéndolo a un lado, deseoso de volver a la cama y de librarse de aquel molesto cocinero—. Buenas noches, Meneillos.

El pelirrojo se quedó en el pasillo un buen rato, haciendo un esfuerzo por empujar aquella sed de conocimiento al fondo de su ser. Si quería respuestas, debía pensar una manera mejor para sonsacárselas. No tardó en venirle la inspiración, pero debía esperar al momento adecuado, probablemente una vez abandonase a aquella tripulación que prefería dejar la ley en manos de los marines.

El ningyo durmió poco, lo que le vino de perlas para dejar preparadas las empanadas de carne que había dejado como desayuno. Al ser portátiles, la tripulación podría comerlas sin detener sus actividades ni el continuo e inexorable avance del navío. Mientras el resto de miembros estaba a lo suyo, Kaito decidió aprovechar el momento para pescar el almuerzo usando los restos de masa y verduras como cebo, aunque el movimiento del barco no le ayudaba en absoluto. Sostuvo la caña prestada ocultando el agarre de sus tentáculos bajo la capucha, contando el tiempo haciendo girar el bichero de madera entre sus manos.
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Mensaje por Zuzu el Lun 4 Feb 2019 - 18:29

Sky miró con inquietud hacia la tripulación de Marius y Macarena. Los MacMillan tenían una tripulación que arriesgaban su vida a diario, aquella insignificante vida. La batalla ya había ocurrido y pasaron cosas que levantaron una ligera sombra de sospecha que iba creciendo mas y mas en el corazón del pelinegro. Marcó una sonrisa forzada sin mucho ánimo de convencer a nadie cuando dejó atrás el llanto del culpable marinero que se lo estaban llevando a una de las habitaciones con la puerta reforzada con tiras horizontales de metal y una llave que estaba en posesión de Marius.  Al fin y al cabo él era el capitán del barco.

Durante su solitario paseo observó los cuatro cañones que tenía el barco. Con anterioridad el muchacho no los observó porque estaban tapados por unas lonas y había mucha cuerda encima. Eran viejos y la corrosión había saltado debido al reciente uso. El olor a pólvora seguía siendo fuerte en el ambiente y eso le hizo arrugar la nariz. Saltó con la ligereza de un gato y aterrizó con la diestra encima del pequeño y sólido cañón que estaba en la proa. Seguía escuchándose de fondo a Pol y al resto, el ajetreo después de lo ocurrido cesaba con exagerada lentitud, igual que la noche cubría las saladas aguas del West Blue. Sky quería estar solo para recapacitar. Aquel desconocido, del que sólo conocía su nombre que era Niro y la habilidad con el hacha que le asombró al ver la bola de cañón cortada en dos como su fuera un pan duro de tres días de antigüedad.  Era muy interesante cómo era capaz de lanzar el hacha y de manera sobrenatural conseguir que vuelva con tanta precisión. Sky le estuvo observando durante toda la tarde desde que ocurrió el incidente y ahora que seguían el rumbo correcto gracias a la pieza encontrada, observó como Niro trató de relajar los aires y difuminar la atención que se había centrado sobre él y su habilidad.

Sus sentidos se activaron cuando escuchó la exhalación precipitada detrás de él y el tabaco tardó muy poco en llenar la cubierta de su característico olor. Sky giró la cabeza y se encontró con el sujeto en cuestión. Niro tenía una composición fuerte, con unas manos grandes y duras como la piedra. Sus bíceps podían compararse con pequeños melones y sus patas cortas y gruesas ayudaban a construir aquella sólida imagen. Le lanzó una larga mirada seguida de un silencio helado. Quizás Niro quería estar a solas también y en un barco como ese sería un poco difícil. La conversación marcada por silencios de 4 tiempos duró dos compases donde la ausencia de palabras marcó la incomodidad como la estrella del momento. El pelinegro acarició el metal del cañón con sus dedos girando otra vez la cabeza hacia el frente, hacia la luz de la luna casi llena que flotaba sobre la oscuridad con su majestuosidad.

—Eres interesante Niro —murmuró casi para sí mismo, pero el otro le había escuchado—. ¿Qué hace un hombre como tú, en un pequeño barco como este?

El fornido se tomó su tiempo para contestar. Dio dos caladas más al cigarro antes de lanzar la ceniza al mar. Seguido se adelantó unos pasos hasta poder apoyarse en la valla de madera que servía de anti caída al usar los cañones con las prisas de una batalla.

—Dime la verdad muchacho, ¿cuál es la intención de tus preguntas? —contestó con su voz ronca y casi arrastrando las palabras.

—Siendo francos, no me fío un pelo de ti. — Sky no tenía pelos en la lengua cuando se trataba de su instinto. No era la primera vez que el muchacho se encontraba con gente como él en alta mar y precisamente por eso tenía la guardia alta.

—¡Ja ja ja! —rió a carcajadas—. Me gustas muchacho, eres directo y no tienes miedo. Pero ten cuidado, ese orgullo podría hacerte perder la vida algún día de estos — sus palabras quedaron silenciadas por el ruido del cigarro apagándose en el oscuro mar. La silueta de Niro se perdió con rapidez en la oscuridad y Sky se quedó solo. Su vista se alzó hacia el cielo y pudo ver estrellas que acababan de nacer y con suerte, durante un instante vio el parpadeo de una que estaba a punto de morir.

—Será mejor que busque un sitio para dormir. Aquí fuera hace frío —dijo para sí mismo mientras dejaba al cañón disfrutar de la noche en soledad. Sky apareció de nuevo junto al resto de la tripulación y se perdió por la puerta que conducía a la cocina. En lugar de girar en aquella dirección pudo llegar a la esquina que conducía hacia la puerta reforzada. Se trataba de un pasillo corto, de apenas 5 metros con olor a madera vieja y crujidos a cada paso que daba. Se dejó caer lentamente hasta que quedó sentado de culo. Cruzó las piernas y metió las manos debajo de los sobacos para calentarse. Era una posición neutral para dormir en la intemperie y aquel barco no es que tuviera camarotes de lujo precisamente. Su cometido era vigilar aquella habitación. La mercancía estaba ahí, y no corría peligro con el marinero ya que desde el otro lado de la puerta solo se escuchaban sollozos. Su corazón seguía deseando a Macarena y el silencio amplificaba la melancolía de la situación. Era como si un fuego se echara gasolina a su base. El hombre no paraba de llorar. Dentro de la habitación se encontraban varias cajas de madera que contenían un tipo raro de metal. Era lo único que Marius le contó mientras Sky le ayudaba a cargar los cañones. No podía hacer más ya que su puntería podría compararse al nivel de una tortuga borracha. ¿Qué tipo de metal era ese? ¿Por qué lo transportaban ellos? ¿Cómo lo habían conseguido? ¿Para qué servía? El pelinegro se quedó dormido pensando en todas aquellas preguntas. No eran de vital importancia ya que su misión era únicamente proteger la carga y su destino o cometido no era parte del trato.

Abrió los ojos de golpe y agarró la espada con rapidez, justo a tiempo para esquivar un cuchillo que había sido lanzado hacia él con el fin de dejarle durmiendo para toda la eternidad. El chasquido metálico y la pequeña luz que se produjo con las chispas fue suficiente como para ver a dos sujetos nuevos. Tuvo suerte ya que despertó con el crujir de la madera que era inevitable desde varios metros atrás. No tuvo tiempo de reconocerlos y se levantó con agilidad y de un solo impulso redujo la distancia del corto pasillo.

Se encontraba solo de nuevo y sus sentidos estaban agudizados al máximo. Su mirada viajó a través de todos los ángulos posibles desde esa posición y no vio nada. Salió despacio a la cubierta, intentando adivinar qué estaba pasando. Sus pasos se detuvieron al ver a dos hombres que estaban vestidos igual que Niro. ¿Acaso se trataba de parientes suyos? Estos no imponían tanto como él, pero ambos tenían cicatrices y el pelo largo y suelto. Estaba grasiento y pegado a la frente. La luz de la luna era tenue ya que el sol estaba saliendo de nuevo como para distinguir sus expresiones faciales. Ambos tenían ojos saltones y dientes podridos. Pudo ver que la higiene personal no era lo más importante para aquellos bandidos. Lo que Sky tuvo claro es que no podría permitir alarmar a nadie con la presencia de los nuevos invitados. Tampoco sabía lo fuertes que eran. Como precaución activó su Haki de observación y con eso era capaz de sentir mejor su entorno. Calcular las posibilidades como pequeñas rutas de escape o esquive, así como la posibilidad de utilizar los objetos cercanos en su favor. Su vista no se despegaba de ellos y tensó todo su cuerpo para ponerse en guardia.

¿Acaso los otros defensores de la mercancía se habían enterado de la intrusión?
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Mensaje por Jenio el Jue 7 Feb 2019 - 14:22

Pol lo había conseguido. Después de tantas peripecias y tal cantidad de aventuras su duro trabajo había dado sus frutos. Frente a él se hallaba la legendaria isla, la perdida, aquella a la que nadie había conseguido llegar desde los tiempos de Monkey D. Luffy. Había llegado a  Raftel. Ansioso, desembarcó antes de llegar a la isla e hizo los últimos metros a nado, la intriga por saber qué sería el One Piece le carcomía por dentro. Y entonces lo vio. Al no poder creerselo, se acercó, se frotó los ojos y volvió a mirar. Sí, no había margen de error, la vista no le estaba fallando, alguien había llegado antes que él:

-Ajá, yo, la Soltera de Oro del West Blue, me acabo de convertir en LA SOLTERA DE ORO DEL MUNDO. - Macarena McMillan tenía una corona encima de su sombrero y se bañaba en oro, completamente desnuda, celebrando su reciente coronación como Reina de los Piratas...

Un sonido despertó a Pol. "Dios mío, que sueño más raro" pensó arrebujándose entre las mantas en la hamaca que había ocupado para dormir. Miró a su alrededor y sus ojos tardaron unos instantes en acostumbrarse a la oscuridad. Estaba en el dormitorio común, una estancia poblada por varias hamacas y algún que otro jergón, sobre los que dormían apaciblemente los marineros de MacMillan. Suspiró con alivio al asegurarse de que Macarena no estaba a su alrededor, y mucho menos desnuda y dándose un chapuzón entre sus riquezas. Aquel sueño podía costarle una noche en vela fácilmente. Resignado, salió del cobijo de sus mantas y se dirigió a la cocina a por un vaso de agua. Fue entonces cuando volvió a oír el ruido. Ésta vez fue uno metálico, un chasquido que retumbó en el silencio de la noche y que le pusieron los pelos de punta. Sonó exactamente igual que 2 armas chocando. Rápidamente, echó mano a su martillo, que reposaba al lado de su cama, y se dirigió a la cubierta, intentando ocultarse entre las sombras por si acaso. Mientras buscaba la fuente de las perturbaciones su cabeza volaba intentando buscar una razón para aquello. Lo más probable era que Niro estuviese afilando sus hachas mientras pasaba su turno de guardia, aunque para que él lo hubiese oído tendría que haber bajado de su puesto de vigía. Bueno, lo mismo necesitaba ir al baño o algo. Pero había algo que le olía mal, y no era el hedor de las botas de los grumetes precisamente.

Cuando quiso darse cuenta llegó a la altura de la salida hacia la cubierta inferior, y sus peores sospechas se vieron confirmadas cuando, a través de la trampilla pudo ver un mástil con el que no contaba, coronado por una bandera negra. Los habían invadido. ¿Pero cómo Niro no había dado la voz de alarma? ¿Se habría dormido? Levantó ligeramente la trampilla para ver el exterior, y vio a dos tipos de espaldas a él, los únicos dos que estaban a la vista, así que supuso que serían los únicos que habían abordado el barco todavía. Desde la distancia a la que estaba podía asaltarle fácilmente a uno y reventarle el cráneo de un golpe, y sólo tendría que enfrentarse a uno, pero aquello era demasiado arriesgado. Mejor volvía, avisaba a todo el mundo y organizaban una defensa mejor...

Pero entonces vio a una figura que salía de la nada y enarbolaba su katana en posición de ataque. Aquellos hombres estaban viéndole, y desenvainaron sus espadas al unísono. Pol reconoció la figura que retaba a los corsarios, Sky, y al momento supo lo que debía hacer. Esperó pacientemente al acecho hasta que el samurai se lanzaba al ataque, y coordinándose con él saltó de su escondite a la espalda de uno de los bandidos, dirigiendo el martillo a su cabeza. Pero su arma no alcanzó su objetivo, ágilmente su contrincante se giró y logró interponer su sable entre los dos. Vio por el rabillo del ojo cómo Zuzu cruzaba su arma con el otro. Aquellos tipos eran buenos, tendría que esforzarse. Saltó hacia atrás alejándose de su enemigo y buscó la mirada de su amigo, que había hecho lo propio. No sabía cómo, pero Zuzu siempre sabía qué iba a hacer a continuación cuando estaban luchando, y por lo tanto tenían muy buena sinergia a la hora de hacerlo en equipo, como había comprobado hace un año. Por lo tanto, aquella mirada fue todo lo que necesitaron para entenderse, Pol avanzó con el martillo en ristre, pero descargó el golpe antes de llegar al bandido, a quien saltó de una grácil cabriola apoyándose en su arma. Cuando aterrizó, golpeó al adversario de Zuzu por la espalda, noqueándole, y vio cómo efectivamente su amigo cortaba a quien enfrentaba él hace unos segundos.

-¿Sabes qué ha pasado, quienes eran? - Pol preguntaba ésto con el semblante completamente serio. Nada quedaba de su actitud vivaracha cuando se enfrentaba a un contratiempo.

Pero no tuvieron tiempo para recuperar el aliento, pues cuando el revolucionario estaba respondiendo, alguien cayó desde las alturas, aterrizando violentamente contra el suelo. Pol pegó un respingo por la sorpresa y se quedó mirando cómo la figura, que estaba acuclillada por el efecto de la caída, se levantaba poco a poco. Era Niro.

-Oye, qué demonios estás haciendo, ¿no ves que nos están abordando?

Por respuesta Pol solo recibió una sonora carcajada. Aquello no pintaba nada bien.

-Niro... es tu culpa, ¿no?

-Por el poder que me otorgan estas dos - desenvainó las hachas- tomo en mi posesión este barco y sus pertenencias. Rendíos  o preparaos para morir.
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Mensaje por Kaito Takumi el Vie 8 Feb 2019 - 20:05

Uno a uno los miembros del turno de noche fueron volviendo al interior del navío para disfrutar de su merecido descanso. Habían conseguido acercar la nave aún más rápidamente a su destino, pero para Kaito nada de lo que habían hecho compensaba lo que eran. Más bocas que alimentar conllevaba que los calculados menús en los que había invertido su tiempo y esfuerzo se habían ido al traste. E incluso con el parón de un par de horas hasta el siguiente turno, dudaba que tuviese la suerte de pescar algo que pudiese preparar para el desayuno del resto de la tripulación. Por no mencionar el agua.

Frustrado, el ningyo intentó concentrarse en la brisa marina y el entrechocar del oleaje contra el casco para hacer pasar el tiempo y su enfado. Los peces no picaban, y no era de extrañar, pues un avispado jurel había cogido hacía ya rato el cebo sin perturbar el delicado equilibrio de la boya. Cuando Kaito recogió el sedal media hora después y comprobó aquello, lanzó el vil instrumento humano a un lado. Era hora de pescar como un auténtico hijo del mar, y no como un patético ser de tierra firme. Aunque para ello primero debía hacer algo crucial.

Esperó pacientemente a que el vigía en lo alto le diese la espalda, y solo entonces se dejó caer lentamente por el costado del navío usando sus muchos y pegajosos miembros. Entró al agua, pasando inadvertido tanto por Niro como por el propio mar. Los ninjas marinos tan duchos como él eran capaces de desplazar el líquido elemento de tal forma que la tensión superficial no delataba su inmersión, y una vez sumergidos continuaban moviéndose en un parsimonioso silencio bajo el que actuaban con precisión y rapidez.

La lengua de mar que manó de su legítimo hijo, una poderosa y firme extensión de su control acuático, nadó como una lenta sierpe marina bajo el oscuro mar aún impávido del astro naciente. Conteniendo el cebo en su punta, aquella estructura acuática bailó alrededor del barco extendiendo el aroma en las aguas llenas de presas. Y mientras tanto el pescador esperaba, oculto entre las sombras. Uno tras otro, los rápidos y esquivos peces familiarizados con los anzuelos se lanzaron a por el bocado exento de metal, dispuestos a arrancar con su velocidad cuanto más mejor. Pero no todos fueron capaces de salir de la trampa invisible, pues aquellos que se lanzaban en la dirección justa entraban en el canal creado por el dueño de aquella técnica, impidiéndoles moverse en cualquier otra dirección que no fuera hacia su muerte. Al fondo de aquel tubo de agua semisólida les esperaba un preciso bichero, unos dedos ágiles y una burbuja donde el alarmante olor a sangre se concentraba impidiendo que el resto de sus hermanos percibiesen su cruel destino. Al doceavo pez que pasó a ser pescado, Kaito se dio por satisfecho y terminó de enarbolarlo en su cruel guirnalda introduciendo la larga y fina cuerda por sus agallas. Gracias a él tendrían comida para dos días más, y por ello concluyó que se merecía un premio.

—¿Qué demonios? —dijo con la boca medio llena de los deliciosos ojos frescos. El navío que hacía un rato era poco más que una mancha en el horizonte estaba ya a apenas cien metros. El ningyo supo que algo no iba bien, y juzgando por lo estático del barco de los MacMillan, aquello se quedaba corto.

Curioso por naturaleza, el pelirrojo permaneció expectante hasta que la oxidada nave enemiga estuvo a distancia de abordaje. Solo entonces, y a la vez que un par de sombras cruzaban entre las embarcaciones, se atrevió a abandonar la oscuridad que proyectaba el vientre hinchado de la carabela. Trepó por el otro lado, en silencio, despojándose a si mismo y a su ristra de pescados de la delatadora y goteante humedad.

En cuanto a dimensiones, ambos barcos eran sumamente parecidos, pero el pirata cargaba anclados en sus costados tanto hierro en forma de cañones que casi hizo dudar a Kaito sobre las leyes que lo mantenían a flote. Poseyendo tanto poderío mecánico, al humilde hijo del mar le pareció sumamente extraño por qué no les habían hundido cuando habían podido. Pronto, de las voces de los roñosos marineros que se amontonaban en la baranda de babor y le daban la espalda, halló la respuesta.

—¡Qué manía tiene con lucirse el capitán!

—¿Y de qué te quejas? Menos trabajo para nosotros.

—¡¿Quién apostó a que caerían?! ¡Yo no!

—Estos dos siempre igual. No van a llegar al nivel de Niro ni… de lejos.—Aquel rufián se inclinó hacia sus compañeros— ¿Lo pilláis? Ni. Niro. Ni de lejos.

—Eso me ha hecho tanta gracia como tu cara.

El horrible y joven muchacho se fue llorando como una magdalena al interior del barco, y su huida fue coreada por una larga y vil carcajada de los que se suponían que eran sus compañeros. Y con aquel estúpido y melodramático gesto, aquel feo desgraciado se salvó del afilado cuchillo del ningyo.

Uno a uno Kaito fue silenciando a los miembros de la embarcación, empezando por los que no habían encontrado sitio a tiempo y terminando por aquellos que estaban demasiado distraídos con el cruel juego del capitán. Toda la carne muerta que yacía bajo los tentáculos del asesino podía aprovecharse, pero estaba seguro que su contratista castigaría aquel acto de horrible canibalismo. “Aunque en realidad no lo sea”, pensó para sí. Sin esperar a que el tiempo y el fin de los vítores y el combate le delatasen, reculó hasta el interior del navío para comenzar la importante búsqueda de tres preciados artículos.


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Mensaje por Zuzu el Dom 10 Feb 2019 - 17:14

Sky se lanzó sin pensárselo dos veces. El mas alto, el primero de los dos se había lanzado también hacia él. Las espadas chocaron en la oscuridad con un ruido metálico y desolador.  El muchacho sintió el choque en sus brazos de manera agresiva. El otro tenía fuerza y no se trataba del marinero común. Eran piratas. Por las cicatrices que fugazmente llegó a ver se dedicaban a los saqueos nocturnos.

Unos pasos rápidos y sigilosos, pero no lo suficiente como para evitar girar la cabeza, se escucharon desde detrás. Al conseguir enfocar mejor en la oscuridad vio la silueta de Pol. Éste había chocado armas con el otro. Aprovechó la confusión del momento de los dos piratas que no sabían quienes estaban en cubierta y atacó con astucia. Sus miradas se cruzaron durante un segundo y lo demás pasó muy rápido. Pol avanzó con su martillo y lanzó el ataque a centímetros del contrincante que había saltado hacia atrás evitando el golpe que probablemente habría sido mortal. Pero hizo un error, y ese fue no contar bien la distancia debido a la oscuridad. Había aterrizado sobre su compañero de armas y con un golpe seco y probablemente doloroso en la nuca, lo dejó K.O.

Sky no tardó en reaccionar. Sus brazos se tensaron y agarrando la espada con fuerza flexión los músculos para mover con rapidez la espada de abajo arriba realizando un corte profundo desde el centro del abdomen hasta el hombro izquierdo. Había cortado al enemigo de Pol. La sangre no tardó en brotar de manera salvaje, El enemigo no llegó a gritar ya que se desmayó del dolor. La ropa y espada del muchacho se mancharon de sangre. La agitó con suavidad pero destreza para limpiarla. La ropa se quedó tal como estaba, desprendiendo un olor a hierro que le era familiar.

–Creo que son los de ant.. –su voz quedó eclipsada por el sonido que produjo la madera tras aguantar la caída de Niro. Al principio sólo se parecía, pero una vez inmóvil era la de él inequívocamente. Pol fue el primero en descubrir el pastel. Niro, el fuerte luchador con hachas no era un simple guerrero tratando de cumplir un contrato. Se trataba de Niro, un completo desconocido con la intención de saquear al barco y la carga que llevaba.

Sky pensó con rapidez. Repasó que estaba amaneciendo. Seguramente la tripulación estaba rascándose el culo mientras soñaban con sirenas. El capitán en su camarote, pensando en lo desgraciado que era al tener a una hermana así y Macarena... la verdad es que no sabría decir qué estaba haciendo la vieja. El corazón del espadachín latía con fuerza mirando casi sin pestañear a Niro. Todo pasó deprisa y desde el estado de sueño hasta ese momento no habían pasado más de dos minutos.

Se escuchó el silencio del mar, la tensión del ambiente y la ausencia de todo. Era raro que Kaito, que poco conocía no se haya percatado. Tenía un aura poderoso aunque desconocido. Quizás lo haya malinterpretado el pelinegro.

Niro miró hacia los dos presentes; uno sujetaba un gran martillo y el otro una espada que reflejaba la luz que todavía emitía la luna. No era fuerte, pero todavía predominaba más que la iluminación rojiza que hacía el intento de asomarse por donde empieza el horizonte.

–¡Tendremos que hacerle frente, Pol! –exclamó mientras se ponía en guardia. La sinergia de los dos muchachos era bastante buena y quizás así tendrían alguna posibilidad. Escuchó el silbido del metal en el aire y se impulsó con fuerza hacia la izquierda, llegando a golpear con la cadera la valla de la cubierta. Niro había lanzado un hacha con fuerza y velocidad y Sky llegó a esquivarla debido a los reflejos que tenía. Sus ojos se abrieron de golpe, y fue porque se acordó de la especial habilidad que poseían sus hachas. En efecto, ésta había vuelto a su dueño atravesando un barril y cortando una cuerda por el camino. Sky aprovechó el momento y saltó agarrando la cuerda para balancearse hacia Niro.

–¡Pol! Atácale por la izquierda, yo voy por el otro lado. – gritó quebrajando la costra del silencio que había dominado sobre el barco aquella noche. Estando en lo alto, durante el salto consiguió ver el otro barco y una silueta moverse con rapidez generando caos y silenciando vidas. El salto duró un instante, pero por la similitud de la silueta y la altura, se parecía demasiado a Kaito, el desconocido. No pensó más en eso ya que aterrizó muy cerca de Niro. Sujetando la espada con ambas manos, giró ciento ochenta grados desde el lugar de aterrizaje para tratar de cortar por la mitad al enemigo. Éste había bloqueado su ataque con el hacha recién recuperado mientras vio a Pol avanzar con velocidad y atacar también. Ya sea que el ataque de Pol impactó o no, Sky se retiró tres metros hacia atrás y su pierna impactó con algo duro. Bajó la mirada con rapidez y sonrió al ver que se trataba de uno de los cañones que había en cubierta. A su lado todavía había una caja de munición debido al ataque de antes. Se le había ocurrido una idea, pero no podría hacerlo solo. Necesitaría de la astucia de Pol también y aún así, no sabría si sería suficiente para acabar con un enemigo tan poderoso como Niro.

Las miradas de Pol y Sky se curaron de nuevo, y los ojos del muchacho hicieron señas hacia el suelo, donde yacía el cañón. Sonrió y hizo una carrera hacia el flanco del enemigo, para evitar posibles sospechas alejándose de lo que podría ser una herramienta importante en aquel combate.
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Mensaje por Jenio el Dom 10 Feb 2019 - 21:14

Tardó unos momentos en pillarlo pues el constante danzar de las mortíferas hachas apenas dejaban tiempo para pensar en otra cosa que dónde sería el siguiente lugar donde se movería para evitar acabar decapitado. Donde antes había palabras afables y buena compañía ahora solo quedaba la fría mirada de alguien que sólo te ve como un obstáculo a eliminar para conseguir su objetivo. Tiempo atrás aquella repentina traición le habría chocado, le habría sentado como un jarro de agua fría, pero con el tiempo se empezaba a acostumbrar a lo que era la vida en el mar, y sabía que encontrarte con gente así formaba una parte tan natural de ella como las tareas de limpieza del barco. Y también sabía que la única manera de hacerle frente era de la misma manera, viendo a Niro simplemente como un simple obstáculo, dejar de lado lo que podía haber pensado de él y centrarse en su nuevo objetivo, eliminarlo. Y la idea que había tenido su compañero era una manera de lo más divertida para hacerlo.

La mente de Pol corrió veloz buscando formas en las que aquel plan pudiera llevarse a cabo. La velocidad que demostraba aquel pirata al esquivar todos y cada uno de sus martillazos mientras intercalaba mortíferos ataques que silbaban pasando peligrosamente cerca de sus objetivos hacía pensar que pudiera esquivar con facilidad el cañonazo, así que tendrían que mantenerlo distraído mientras otro cargaba el arma y le apuntaba. Pero Niro mostraba una maestría y experiencia en los combates que parecía imposible hacer que se centrase en uno de ellos, pues parecía más que suficiente para despacharlos a los dos. Entonces lo comprendió. Si no podían ganarle físicamente tendrían que engañarle.

Zancada a la izquierda, rodar por el suelo para evitar el afilado proyectil, saltar a la baranda para evitarlo de nuevo cuando volvía a la mano de su lanzador... La complicada coreografía seguía su curso, Zuzu y Pol se las arreglaban a duras penas para evitar todos sus ataques, pero parecía imposible acercarse a ese hombre, y algo en su expresión daba a entender que aquello no era más que un juego para él, pues aunque poco a poco iba retrocediendo por las incesantes tentativas de aquellos chavales, una media sonrisa asomaba permanentemente en su boca, dándole un aspecto burlón en todo momento. Aquello ponía de los nervios a Jenio, que decidió que era buena idea empezar a llevar a cabo su plan. Lo primero era avisar a Sky, así que en cuanto vio una oportunidad entre el entresijo de hachas se lanzó en su dirección. Pasó por detrás de él, lo suficientemente cerca como para asegurarse de que le oía y susurró:

-Hazte el muerto.

Seguido, intentando disimular aquel inusitado sprint, saltó de nuevo a la baranda e intentó atacar nuevamente a Niro, pero cuando sus ojos se posaron sobre el objetivo notó que algo había cambiado. La sonrisita se había borrado completamente de su rostro y se preparaba para su ataque, mirándole fijamente y con las hachas firmemente agarradas por los mangos. Ésta vez no intentaría esquivarle.

Cuando se dio cuenta de su error ya era demasiado tarde, estaba en el aire y le era imposible cambiar de trayectoria. Se había confiado. Viendo que el impacto era inminente descargó un golpe con todas sus fuerzas sobre aquel pirata y el martillo se encontró con sus hachas liberando una lluvia de chispas por el contacto metal con metal, que iluminaron la cara lo suficiente como para que Pol leyese la palabra "muerte" escrita en sus pupilas. Desesperado, saltó hacia atrás, pero no lo suficientemente rápido como para esquivar el tajo que pronto tiñó de rojo una diagonal en su pecho. De nuevo su mente corrió intentando adaptarse a las nuevas circunstancias. No sabía cuan profundo era aquel corte, pero inspiró profundamente para asegurarse de que no había dañado sus pulmones antes de trastabillar y caer de espaldas. Cambio de planes, el muerto sería él. Así pues cerró los ojos, cruzando los dedos deseando engañar a Niro y esperando que Zuzu comprendiera el plan y resistiera durante el tiempo suficiente como para que le diera tiempo a cargar la artillería.
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Mensaje por Kaito Takumi el Lun 11 Feb 2019 - 12:07

Kaito recorrió cuidadosamente las cubiertas de proa a popa cuchillo en mano. El barco de los seguidores de Niro, antiguamente los “Heavy Metal”, aunque bien equipado, había sufrido constantes y chapuceras reformas para que el barco pudiera subsistir las heridas que se había ganado en el Grand Line. Aunque la mayor pérdida que tuvo la banda en ese mar fue la de su tripulación, perdiendo dos tercios de ella. Aunque el ningyo no podía saber aquello, podía deducir que se había quedado prácticamente solo por la cantidad de camas vacías y la ausencia de toda vida aparte del llorica encerrado en el baño.

Dejando de lado al hombre encerrado, investigó estancia por estancia para una curiosa devoción hacia el metal. Algo que vio reflejado no solo en la cantidad de armas y curiosas decoraciones de chatarra, sino también en la sala-forja, algo poco común en navíos de aquella talla, y la cocina de brillantes tarimas y grandes hornos en la que hacía mucho tiempo se habían preparado banquetes para celebrar los primeros y exitosos asaltos bucaneros. En esta última estancia encontró el primer ingrediente de su lista de tres, aunque realmente aquel artículo lo conformaban muchos otros. Al fin y al cabo los muertos no necesitan provisiones. Dejándolas allí, pues cargarlas y volverse un blanco lento y grande era de lo más estúpido, el pelirrojo continuó con su lista de la compra y fue directamente al pasillo donde sabía que iba a encontrar el resto de mercancías.

Llamó a la puerta dos veces, pero los dramáticos gritos de “Marcháos” y “Siempre me hacéis lo mismo” no ayudaban para nada a su propósito. Así no conseguiría ni sus respuestas ni acabar con la vida de todos aquellos piratas, pero era algo que podía retrasar o, más bien, reordenar. Niro seguía vivo, y sin saber si aquellos dos habían conseguido derrotarle, no podía entretenerse a echar la puerta abajo para conseguir aquello que ansiaba.

Kaito volvió a la cubierta principal tal y como había bajado: en silencio, alerta y desapercibido. O al menos eso creía.
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Mensaje por Zuzu el Miér 13 Feb 2019 - 8:28

Todo pasó con rapidez. Mientras Sky estaba organizando sus ideas dejó atacar solo a Pol y este, lo pagó caro. Su ataque quedó bloqueado por el pesado hacha del pirata y en forma de combo le propinó un corte diagonal. Desde aquella distancia era difícil analizar la profundidad de la herida pero sus ojos no le engañaban. Pol estaba en el suelo, con la marca de la herida en su pecho y sangrando, tampoco pudiendo apreciar si la sangre salía de manera lenta o rápida. Lo que sí se veía a duras penas era el color de la sangre.

El cañón debía esperar. Era el as bajo la manga que podría ser mortal utilizado en el momento adecuado y así pues, Sky dio un salto con rapidez hacia su derecha, aterrizando en un barril de madera que se tambaleó un poco en el impacto. Niro giró sobre sí mismo y ensanchó la sonrisa cuando sus miradas se cruzaron.

–Bien.. –dijo muy bajo, consiguiendo lo que quería; Niro alejó sus hachas de Pol y la posible sospecha del cañón.

Agarró la espada con ambas manos flexionando las rodillas para coger impulso. Ésta se había recubierto de hielo endureciendo sus propiedades y aumentando su daño. El color de ojos del muchacho se tiño de azul intenso, casi eléctrico. Sky vivía con intensidad, pero cuando activaba su ámbito Iceberg el corto periodo de tiempo que podía mantenerlo, la intensidad se multiplicaba. Su capacidad de concentración era mejor y a pesar de la poca visibilidad y el poder de Niro, Sky podía hacer gala de sus habilidades de improvisación y reflejos.

Relajó todo su cuerpo menos las manos que seguían sujetando la espada con fuerza. El hielo ayudó al agarre de la espada. El primer impacto se escuchó como un cigarro apagándose en el agua. Niro había lanzado uno de sus hachas y Sky lo desvió con un golpe contundente. Sus manos estaban recubiertas de una capa negra. Había activado el Haki de Armadura que le daba más consistencia a sus golpes. Niro abrió los ojos dejando salir la sorpresa al ver que el joven no era un cualquier luchador de bar sino que, podría pertenecer a algo mucho mas grande. El pirata no tenía ni idea de que estaba frente a uno de los soldados de la revolución y eso podría salirle caro.

Finalmente el joven pelinegro se lanzó con decisión hacia Niro. La carrera duró un segundo y durante esta tuvo que desviar la cabeza para dejar que el hacha volviera a su dueño. Sky lanzó un corte de arriba abajo para después agarrar la espada con una sola mano y lanzar una embestida de ataques rápidos apuntando a las manos del pirata. Durante su ataque lanzó una fugaz mirada hacia Pol. Fue un alivio ver que desde más cerca la herida no parecía tan grave. Seguro que el muchacho seguía vivo y algo tramaría.

Niro era poderoso y tenía agilidad y fuerza pero, llegó un momento cuando la velocidad de los ataques repetidos de Sky superó durante un instante al del pirata y le provocó un corte en la muñeca izquierda. La sangre empezó a salir a borbotones. Había tocado una vena y la mirada de sorpresa y desesperación se clavó en su rostro como una máscara de Halloween. Sky exhaló el aire que retenía y aprovechó la sorpresa realizando un corte bajo, diferente a los de antes. Hasta ahora no había atacado las piernas por eso Niro no se lo esperaría y tuvo éxito en cierta medida. El pirata consiguió saltar hacia atrás a tiempo para que un corte mortal quedara en un rasguño en el muslo. Niro estaba cerca del borde del casco y cerca del barco que había al lado y por alguna razón nadie invadía.

Unos sollozos hicieron que Sky girara la cabeza con rapidez hacia la puerta que daba acceso a los camarotes. Una gran parte de la tripulación estaban escondidos detrás de la puerta mirando con horror la escena. Macarena y Marius estaban en primera fila observándolo todo desde la oscuridad que les protegía. El rostro de Macarena estaba manchado de maquillaje corrido. ¿Acaso estaba llorando porque no podría ligarse a Niro porque ahora es un malote? No pudo evitar que se le escapara una sonrisa en pensar en aquella absurda idea.

¿Qué pasaría a continuación? ¿Niro saltaría a su barco o volvería para continuar luchando? Estaba herido y sangrando. No podía parar la hemorragia en ese momento y Sky caminaba lentamente en su dirección. Atento a todos los movimientos de Niro.
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Mensaje por Jenio el Jue 14 Feb 2019 - 23:29

Mientras tanto Pol, herido, reptaba por el suelo tratando de no dejar un reguero de sangre tras de sí. Tras palparse había visto que la herida no era para tanto, al parecer había conseguido esquivar la mayoría del filo del hacha con aquél último salto y ni siquiera le había roto una costilla, pero aún así dolía como el demonio y poco a poco la sangre brotaba en un flujo constante así que tendría que darse prisa en llevar a cabo su plan antes de desmayarse. La parte buena es que había caído de espaldas, así que la gravedad hacía su trabajo y dificultaba ligeramente el manantial que brotaba de su pecho, aunque hiciera más complicado el moverse por la cubierta.

Su plan era sencillo, Niro se entretenía con Sky y Pol le volaba en mil pedazos con el cañón. O así hubiera sido si aquel misterioso chico no hubiera sacado de dentro de sí aquél potencial con el que milagrosamente estaba vapuleando a su enemigo. Primero aquel extraño cambio de aura, aquellos ojos gélidos y esa renovada precisión. Luego sus brazos cambiaron a un extraño color metálico, haciendo sus golpes más poderosos aún. El herido estaba anonadado ante aquel derroche de medios, nunca acabarían de sorprenderle. Pero tenía que seguir avanzando. Aún no sabía qué podía ocurrir que cambiase el rumbo de la batalla.

Niro, por su parte, llegó un momento en el que estaba acorralado en aquel barco. El chaval desde luego era bueno, no podía permitir jugársela. También reparó en que aquellos a quienes había prometido proteger se amontonaban detrás de una puerta y que su propia tripulación no daba señales de vida.

-¡Qué coño hacéis, abordad el barco ya! - gritó dirigiéndose al suyo propio.

Pero nadie respondió.

-¡Vagos, al abordaje!

Pero nadie respondió.

Un escalofrío recorrió su espalda. El joven de pelo negro le miraba, atento a cualquier movimiento, y al corsario se le ocurrió que aquel podría ser el último. Aún podía plantarle cara, pero tampoco sabía si guardaría algún otro as en la manga, alguna otra habilidad tan peligrosa como aquel haki... Optó por volver a terreno seguro. Desde luego que con sus hombres acabaría aquello más rápido. Y además estaba aquella habilidad...

Pol llegó al fin al cañón. Renqueante se escondió detrás, y poco a poco lo fue moviendo para apuntar en la dirección deseada. La pólvora estaba al lado, igual que la munición, así que no tardó nada en ponerlo todo a punto. Pero para cuando quiso apuntar en la dirección de su objetivo él ya no estaba allí. Alcanzó a ver cómo Zuzu le seguía a su propio navío. Mierda, todo ese esfuerzo para absolutamente nada. Fue entonces cuando reparó en Macarena y compañía, que salieron en tropel de  detrás de su cobertura, con ánimos renovados ya que habían echado al enemigo.

-¡Jenio, chico, menos mal, pensaba que ese hijo de puta se había librado de ti! Hay que tratar esa herida de inmediato, ven para acá - dijo el capitán, aliviado.

-No hay tiempo para eso. La batalla no ha acabado, Zuzu está en el barco enemigo y no sabemos nada de Meneillos. Que todo el mundo se vaya a sus puestos. Les cubriremos con estas preciosidades.
                                                                     


En el otro barco la visión resultó pesadillesca para Niro. Los cuerpos sin vida de sus subordinados poblaban la cubierta y la sangre salpicaba hasta el último rincón de su querida nave. No parecía que quedase un alma con vida en el lugar.

Zuzu llegó poco después y se le encontró arrodillado en el centro del navío, con la mirada alzada hacia un cielo cada vez más azul. Sus armas reposaban a los lados de su cuerpo, en el suelo, y las lágrimas fluían como antes había fluido la sangre de sus compañeros. En la puerta del camarote vio también una sombra que se paraba en el marco, y en ella distinguió la gran figura de su compañero. Poco más pudo dilucidar, pues Niro había comenzado a hablar.

-Tanto tiempo... Tanto esfuerzo... Tanto sufrimiento para acabar así... -se apoyó en una rodilla según decía esto y paulatinamente fue irguiéndose - Me lo habéis quitado todo... Mis sueños, mis esperanzas, mis amigos... Todo... - se plantó de pie y alzó ambos brazos- Y vais a pagar por ello.

Cuando acabó de hablar hizo un gesto brusco con las manos, parecido al que hacía cuando lanzaba las hachas, pero sumamente más amplio y complejo. A su orden, todas las armas de sus aliados caídos empezaron a vibrar en el suelo, repiqueteando alrededor de él, por toda la cubierta, y en un instante con otro movimiento todas las armas volaron desde todas las direcciones posibles hacia él, atravesando en su trayecto a todo lo que se interponía en su camino y suponiendo un grave riesgo para todo aquel que estuvieran en ese lugar. Cuando parecía que aquel remolino de armas iba a empalarle hizo otro movimiento y la maraña metálica se detuvo un instante y fue lanzada con violencia de nuevo en por donde había venido. Parecía que, aunque dificultaba su control por la cantidad de utensilios, tenía control sobre todas las armas de sus tripulantes.

-Que el caos metálico comience.
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Mensaje por Kaito Takumi el Vie 15 Feb 2019 - 14:12

Justo antes de que el ningyo cruzara el umbral, otro cruzó el que los distanciaba. Alúm “Feo” Inato no era lo suficientemente poderoso para haber desarrollado el haki de observación, pero había escuchado como las risas se habían ido extinguiendo conjunto a los vítores. Alguien había asaltado el barco, responsable de silenciar a sus compañeros, y ahora sería él quien le acallara. Para él no era un acto de venganza, aunque sí apreciaba cierta justicia poética en aquel acto de vil supervivencia.

Corriendo para acabar con la vida de aquel desgraciado encapuchado de una puñalada, el pirata no escuchó nada más que los tambores de su furioso y herido corazón. Apuntó al cuello, mas para cuando quiso clavar el filo en su rival, el cuchillo había salido volando dejando aquel gesto como un simple e inocuo golpe de karateka.

—Mierda.

Kaito giró con sus muchas patas, y usando parte de ellas para trepar sobre la pared del umbral de la escalera, se escurrió por el estrecho hueco que dejaba su frustrado asesino. Era más ágil que él, pero serlo no era tan importante como ser más rápido que los proyectiles. El ningyo se lanzó peldaños abajo mientras el cuerpo del penúltimo miembro de la banda recibía toda la peligrosa metralla de dagas, espadas, pistolas y hoces que habían formado parte del inventario de sus compañeros. Arrastrándose por el suelo, el pelirrojo giró a un lado dejando que el cuerpo del pobre desgraciado cayese, pero no lo hizo.

La siguiente onda explosiva ya estaba siendo preparada y el retorno magnético de las armas clavadas en el cadáver luchaba contra su peso y la distancia para volver de nuevo con el capitán. Pero Kaito no iba a permitírselo. Dolorido tras el testarazo de la caída, el ningyo enganchó los restos mortales del muchacho y avanzó por el pasillo tirando de él para intentar sacarlo del rango de su poder.

—Joder…—gruñó notando como el esfuerzo del ejercicio se aliaba en su contra con los músculos vapuleados por la escalera.
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Mensaje por Zuzu el Dom 17 Feb 2019 - 21:40

Sky llegó a tiempo para escuchar las dolorosas palabras de un hombre derrotado en su espíritu. Aunque esa clase de guerreros eran muy peligrosos. Un hombre que ha perdido su tripulación no tendría miedo a morir y el auge de su ira llegaba incluso a olerse en el ambiente.

Vio a Niro alzarse con una voz temblorosa y con un grito de rabia acumulada lanzó una onda llena de armas en todas direcciones. Sky no entendía como Niro era capaz de tener control sobre aquellas armas. pero vio que siempre hacía complejos movimientos con las manos. ¿Acaso los guantes que llevaba el pirata ayudaría a su control? El pelinegro saltó detrás del mástil para bloquear dos espadas mientras que con su Katana golpeó hacia abajo otra que voló en dirección a su cabeza. Miró en dirección a Niro entrecerrando los ojos y corrió con agilidad evitando otras armas de metal. El sonido que provocaban era casi el mismo a pesar de tener distintas formas. Eso quería decir que la composición y aleación metálica debería de ser muy similar. ¿Acaso la tripulación de Niro tenían las armas fabricadas con el mismo material que sus guantes para así fortalecer la habilidad de su capitán?

Giró sobre sus talones para volverse hacia Pol.

—¡Vamos a acabar con él mientras recarga! —espetó pero ya era demasiado tarde. Todas las armas empezaron a temblar y a volver hacia Niro.

Aprovechando su arma reforzada saltó como un gato de caja en caja evitando las armas con alguna acrobacia llegó a menos de 2 metros de Niro. Agarró con fuerza su espada y lanzó un corte hacia el hombro. El pirata consiguió bloquear el golpe con una espada voladora, pero no tuvo tanto éxito como le hubiese gustado. Al impactar, el arma de Sky se deslizó en dirección al brazo del enemigo. Vio la posibilidad de infligir más daño y flexionando los músculos de los brazos con fuerza consiguió el impulso necesario para llegar hasta la muñeca derecha de Niro y cortarla.

La sangre empezó a salir con fuerza manchando la cubierta de un color rojo intenso, visible a pesar de la oscuridad de aquella imprevista mañana.

Saltó hacia atrás con fuerza mientras el hielo caía como una costra de su espada. El efecto había acabado pero su Haki de Armadura todavía seguía activo y consiguió agarrar el intento de ser atravesado por una espada. Niro tenía su mano extendida hacia él y pudo observar que le costaba.

Sky se perdió en la oscuridad detrás de unas cajas de madera. Siguió una ruta a escondidas hasta llegar cerca de Pol.

—Está debilitado pero hay que mantenerse en alerta. Debemos acabar con él. ¿Tienes algún plan rápido y eficaz?
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Mensaje por Jenio el Mar 19 Feb 2019 - 19:34

Se había hecho el caos en el otro barco, las armas no paraban de salir disparadas en todas las direcciones y volver, creando una espiral de destrucción que hubiera acabado al instante con cualquier persona normal. Pero ante la estupefacción de la tripulacion MacMillan para aquellos dos monstruos el peligro no había significado nada, ni un rasguño. Más boquiabiertos quedaron cuando la certera hoja de Zuzu cercenó la mano de Niro, haciendo que su sangre se uniera de manera casi poética a la de sus compañeros, esparcida por la cubierta. Aún así se esforzaron por sobreponerse a la sorpresa cuando se giró para pedir ayuda.

En lo que los poderosos guerreros batallaban en territorio enemigo, Pol había comandado a los marineros para que preparasen los oxidados cañones y apuntasen en dirección al ojo del huracán, donde un enfurecido y sanguinolento capitán desolado aún trazaba movimientos cada vez más enloquecidos en el aire, aumentando la velocidad del letal vórtice y destrozando todo lo destrozable que se hallase en la cubierta. O casi todo. Cuando estaba todo listo, Jenio desvió la mirada en dirección de su otro colega, el misterioso Meneillos, pero lo que vio no fue para nada lo que esperaba. Varios tentáculos salían por debajo de sus ropajes y agarraban un cuerpo inerte, atravesado por toda suerte de instrumentos filosos, y lo alejaban de la escena donde ocurría la pelea. Sólo consiguió vislumbrarlo por unos segundos, pero lo suficiente para asegurarse de que no eran imaginaciones suyas. Desde luego había hecho equipo con dos monstruos.

Al fin todo estaba preparado, sólo faltaba la orden.

-¡Zuzu, salta del barco, ahora! -gritó a pleno pulmón Pol como señal de fuego.

No pensó en Meneillos, pues tras aquella extraña visión tuvo la impresión de que sin duda resistiría aquel ataque. Los cañonazos volaron y destrozaron certeramente la cubierta, mandando a volar todas las armas con las que se encontraban y astillando la madera donde impactaron, destrozando completamente el lugar donde antes se encontraba Niro. Era imposible que hubiera sobrevivido al embite. Todo había acabado.
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Mensaje por Kaito Takumi el Jue 21 Feb 2019 - 12:49

Cuando Sky segó la mano del capitán pirata, el control de este sobre las armas del extraño metal de su isla natal menguó. Lo hizo lo suficiente como para que el ningyo que luchaba contra este tirando del cadáver tropezara por el cambio de fuerzas y se diera de bruces contra el suelo.  Frunció el ceño estampado contra la madera, levantándose con una mano en el dolorido rostro; tenía suerte de que su raza fueran tan duros como el mismo mar.

—¿Qué demonios…? —Soltando el cuerpo, Kaito se asomó por el hueco de la escalera prudentemente para ver un puño amputado unos escalones más abajo del inicio de la escalera. Un puño que aún tenía su guante. Uno a apenas unos metros de la atmósfera de cuchillas que, aunque menor que antes, giraba con la rabia de un tifón.

Nadie en su sano juicio se arriesgaría a subir poniendo en peligro su vida para conseguir un artículo tan extraño, pero en ese trozo de carne se escondía una de las cosas que había venido a buscar; una que no podría encontrar ya dados los acontecimientos. Empujado por su curiosidad, Kaito gateó pegado al suelo y cogió la terminación del miembro amputado tras hacerlo caer escaleras abajo con toquecitos de su bichero.

—Po perfe —dijo reculando con sigilo momentos antes del estruendo de los cañones.

Astillas y madera rota llovieron sobre el pelirrojo cuando las bolas de hierro forjado atravesaron la cubierta sin encontrar ninguno de los chapuceros refuerzos que cubrían gran parte de los laterales del barco. La primera salva había sido fatal y la herida de su corazón había perforado todas las salas centrales hasta la quilla. Se hundiría rápido, llevándose consigo todos los secretos y bienes que ocultaba tan recelosamente… llevándose a todas las almas bajo las aguas de un mar que acababa de despertarse.

La tripulación de Macarena, porque había que reconocer que ya era más suya que de su hermano, se permitieron celebrarlo cuando el pecio exhaló la última burbuja de aire que contenía. Nadie se acordaba del pobre y desagradable pasajero que había matado a toda la tripulación a sangre fría, ni pretendían hacerlo mientras comenzaban los pocos preparativos para continuar el camino que quedaba hasta Diamuird. La gran solterona del mar del este tenía cosas más importantes que pensar y hacer, como mandar al navegante que anotara las coordenadas del naufragio, para preocuparse por un mirón de tres al cuarto.

—Yo me cago en vuestra putísima vida —dijo el ningyo subiendo a cubierta y anclándose en la barra dejando bien a la vista sus muchos y espeluznantes miembros.

Permaneció allí unos segundos, observando. Había tenido que esperar a que el torrente de agua llenase el barco por completo y cesase para poder salir. Había perdido su ristra de peces y la oportunidad de conseguir las provisiones que tan desesperadamente necesitan los hijos de la tierra, por no hablar de su paciencia y “buen humor”. Intentó desprenderse de su cabreo, pero recordó que la respuesta que tan desesperadamente buscaba se había perdido no en el fondo del mar, allí podría haber llegado, sino del verdadero plano de existencia.

Caminó lentamente bajo las miradas de sorpresa, asco y terror hasta llegar al dueto de guardias contratados que, según él pensaba, no tenían razones para mentirle. Se levantó la capucha no solo para verles mejor, sino para que ambos pudieran ver la fría seriedad de su rostro y el anaranjado brillo de sus ojos.

—¿De quién ha sido la estupenda idea de usar los cañones conmigo dentro? —ironizó, pasándose entretanto con uno de sus reos la mano segada hasta las suyas propias. Se entretuvo en desnudarla para luego comprobar que el guante le quedaba bastante grande-. Lo digo porque me gustaría preguntarle cómo sabía que iba a sobrevivir… O cómo sabía que era un hijo del mar… O bien si es que realmente sabía algo o simplemente es un puto inconsciente.
Kaito Takumi

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Mensaje por Zuzu el Dom 24 Feb 2019 - 15:47

La ola de poder latente junto a las armas volaban libres y peligrosamente precisas a pesar de la reducción casi a la mitad del poder de Niro tras perder una de sus manos. Una pequeña sonrisa se asomó por la comisura de Sky, recordando el momento del corte. No fue fácil, pero supo aprovechar la oportunidad y causar un daño preciso y rápido, lo suficiente para entorpecer al pirata.

Sus pensamientos se congelaron durante un instante. El grito con la información por parte de Pol tardó casi un segundo entero en ponerse en orden y tener sentido para así girar la cabeza en su dirección abriendo mucho los ojos. El repentino ataque le pilló por sorpresa también, y si no fuera por esa reacción ágil, una bola le habría arrancado la cabeza. Sky flexionó sus rodillas y se impulsó con salvaje fuera hacia delante, agachándose para así evitar la peligrosa bola. La había visto venir lo justo para poder reaccionar. Es cierto que el Haki de Observación hizo su parte, pero de forma natural. Sky todavía no era tan bueno como para controlarlo a ese nivel a su voluntad. Fue un golpe de suerte junto con una parte de sus habilidades y agilidad muscular lo que le salvó de la muerte. Aunque el muchacho evitó una de las bolas del cañón cabe decir que no fue la única aquella sangrienta mañana. Casi al instante, como un compás viejo y oxidado sonaron las bolas al destrozarlo todo a su paso. La madera crujía y se partía como las astillas de una rama seca. El olor a pólvora impregnó la atmósfera dejando una humareda de polvo blanco grisáceo en el barco de Macarena, mientras que el barco pirata quedaba cada vez menos de lo que una vez fue un barco entero. No se quedó observando la escena. Tenía que salir de allí pitando.

El maldito Pol casi se lo carga también, pero no se lo iba a reprochar. En tiempos difíciles las medidas drásticas eran necesarias. Aquel era un contrato, pero jugarse la vida era algo distinto y con Niro, aquella situación se había vuelto crítica. Adelantó una mano y consiguió agarrarse de la valla del barco de Macarena., tras saltar hacia su barco. Justo después Marius, le agarró el brazo y le ayudó a subir. Su otra mano estaba ocupada sujetando la Katana. Sus brazos se volvieron del color de la carne perdiendo aquella propiedad que el Haki de Armadura propinaba en forma de color negro.

Una lengua sucia y afilada soltó bravuconas palabras a su izquierda. Sky desvió la mirada lo suficiente como para observar de quien se trataba. Lo primero que pudo distinguir era la familiar capa de la alta silueta. Esta vez iba acompañada por unos tentáculos y por un ser que no era humano. Sky había visto hombres del mar antes aunque no recordaba cuando fue el último. Su sorpresa fue la habilidad que Meneillos había demostrado en su capacidad de ocultarse como tal. El pelinegro cerró los ojos y sonrió para sí mismo, aceptando el hecho de que no fue capaz de haberlo averiguado antes. Cierto era que la misión no fue tan tranquila como se lo esperaba. La vida daba sorpresas en los sitios y momentos menos esperados.

–He sido yo el de la idea– dijo hacia el sujeto debajo de la capa. Sky lo miró directamente a los ojos de manera desafiante. Parecía que el tiempo se había parado y lo único que no se había detenido era el color de sus azules pupilas. No había ni pizca de miedo. Para el joven pelinegro la raza no era una excusa para que sea tratado con ese desprecio. Fuera quien fuera aquel gyojin, debería aprender a utilizar unas palabras mas acertadas a pesar de la tensión de la situación. Pero tras sostenerle esa mirada seria sonrió y se llevó la mano a la cabeza jugueteando con su propio pelo, sacudiendo las astillas que se habían colado durante su carrera hacia el barco donde se encontraba ahora mismo. La situación se relajó un poco.

–Aunque no he sido yo el que ha disparado los cañones, además, ¿quién sabía que tu estabas allí? Yo juraría que te gustaba la cocina y que a estas horas quizás habrías encontrado alguna receta secreta con la que sorprendernos en el desayuno. –suspiró– aunque ya veo que no ha sido así.

–No pongas mala cara, que estás vivo. No podemos decir lo mismo de los que están besando el suelo marino ahora mismo. También quiero añadir un "que te follen". Eres un maldito pez y sabes nadar. ¿De qué te quejas si vas a escondidas en los barcos de los demás?– esto último lo dijo un poco en broma, pero escondía verdad. En el mar has de estar siempre preparado para jugarte la vida y más cuando te cuelas en un barco pirata.

Tras esa conversación Sky se alejó hasta encontrar un punto de la cubierta que tenía el suficiente espacio como para permitirle tumbarse. Estaba cansado y necesitaba dormir. Ya quedaba poco para llegar a Diamuird. El resto del viaje solo sirvió para que la tripulación repasara los hechos y quedaran asombrados de salir vivos de esa. Sky estaba deseando llegar ya.

¿Qué tipos de aventura le esperarían en Diamuird?
Zuzu

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