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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

Jugando al gato y al ratón en casa del perro.

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Jugando al gato y al ratón en casa del perro.

Mensaje por Peporro el Jue 10 Ene 2013 - 15:39

Diario Profesional

Prólogo

Seguía con mi espíritu pirata con una meta, conseguir ser un pirata temido por la Marina y respetado por el resto de saqueadores. Sólo esperaba prosperar en la historia de la piratería intentando ser de los más fuertes, o conseguir un puesto de Shichibukai y poder dar a mi banda un alto el fuego del Gobierno Mundial. No soy de esos piratas que buscan el One Piece como aspiración personal, yo me conformo con tener mis ratos de cacería de vez en cuando: guerras, combates, devastaciones y cosas así. Son pequeños detalles que hacen que mi oficio me sea más entretenido. Mi propósito era dejar mi huella en la historia, me daba igual como fuese, o si tenía que morir para conseguirlo. Sólo quería que mi nombre fuese recordado por todo el mundo y que, con el tiempo, se contaran historias de mis batallas y logros. Por eso escribo este diario, para que algún día todo el mundo sepa como fui, y como era mi vida.
Capítulo 1. Negocios que atender.

8 de Enero de la Nueva Era Pirata, 12:37pm.
Localización: Cerca de Jaya.


Me encontraba en galería de artillería del navío de los Akai Ryu, mi actual banda. Solía pasarme mi tiempo libre limpiando y poniendo a punto todos y cada uno de los cañones del barco. Incluso en ratos largos de soledad mientras los preparaba le otorgaba nombres a cada cañón y, aunque todos eran iguales, podía reconocer cada uno de esos cañones y recordar su nombre, incluso si estuvieran en otro barco. Me quedaba la mitad de la tira de cañones de estribor, y con eso habría acabado toda la faena diaria y dejado el navío listo para combate. Normalmente, dejar a punto toda la galería de artillería con su correspondiente trabajo, me solía llevar un promedio de dos a tres horas: ordenar la munición, colocar los cañones, revisar las correas de agarre, limpiar los cañones exterior e interiormente, etc. Para mí más que un trabajo era como un pasatiempo, porque era una tarea que disfrutaba haciendo cada día. Pasados unos veinte minutos, ya había acabado con la artillería, y me despedía de cada cañón mientras salía del compartimento hacia la cubierta, como si fuesen amigos que veía todos los días.

Una vez en cubierta, me senté encima de una caja cerca del mástil principal y apoyé mi espalda sobre éste dejando mi cabeza ligeramente inclinada hacia arriba pudiendo ver el sol brillante a lo lejos y las gaviotas sobrevolando el barco. A penas habían nubes en el cielo y corría una pequeña brisa marina con olor a agua salada que me relajaba después de mi jornada de trabajo diario. Tal era la relajación que llegué a quedarme dormido por un tiempo y, debido a la hora, no tardó mucho mi capitán en venir a buscarme para comunicarme que la comida ya estaba lista y que todos estaban esperando.

Me levanté de la caja y fui al comedor acompañado del capitán. Al llegar ya estaban todos sentados en la mesa hablando sobre cómo les había ido el día. Me senté en la mesa y podía ver mi reflejo en el plato de sopa que había frente a mí. Todos empezamos a comer y a intercambiar impresiones sobre pequeños detalles que nos habían ocurrido ese día. La rutina se mascaba en el ambiente, pero observé a mi capitán un poco pensativo, y me intuí que en breve tendría algo que decir. Ciertamente, no me equivoqué. A los pocos minutos de empezar a comer, el capitán se levantó y pidió silencio y atención a todos los componentes de la banda que allí nos encontrábamos.

- Caballeros, pido silencio y atención por favor. He estado pidiendo últimamente un listado de recursos disponibles tanto de comida, como de armamento y demás cosas. El resultado ha sido un poco escaso y, dado que nos encontramos en una posición con islas cercanas, voy a hacer un lista de lo que va a tener que encargarse cada uno de vosotros y qué debe recolectar, comprar o saquear, me da igual el método que empleéis, pero pido que seáis un poco discretos. Después de comer quiero a todo el mundo en mi despacho para dejar claro vuestra misión.

Después de esta pequeña charla, todos continuamos comiendo. Antes de que todos termináramos, el capitán se retiró a su despacho para preparar los informes de cada uno de nosotros. Al terminar, salimos todos del comedor y salimos al pasillo en fila de a dos apostando qué tarea nos tocaría a cada uno. Yo la verdad es que me daba igual lo que me tocase hacer, lo único que no me gustó fue lo de “ser discretos”, ya que tenía ganas de armar una buena tangana en algún lugar, pero bueno, por algo le llaman órdenes.

Uno a uno íbamos entrando en el despacho del capitán. Algunos les tocaba quedarse a vigilar el barco, otros tenían que recoger comida, etc. Finalmente entré yo, el capitán se quedó mirándome y me dijo:

- Camus, por tu experiencia, te voy a pedir que seas el que lleve a cabo la misión de traer materiales para la reparación y mantenimiento del barco por si alguna vez tenemos que hacer unos arreglillos en alta mar. Aquí tienes una lista detallada de todo lo que debes traer, aunque no es mucho, te pido que lleves precaución y no llames mucho la atención. Tienes una semana para recolectarlo todo, al séptimo día con las primeras luces del alba espera en el mismo puerto en el que te dejemos.

A lo que yo respondí:

- De acuerdo capitán, intentaré ser todo lo preciso y cauteloso posible.

Cogí la lista y salí del despacho en dirección al camarote por el mismo pasillo por donde había venido. Al llegar a mi habitación, me senté en la silla y cogí unos cuantos folios para ir apuntando datos importantes y organizarme para poder recogerlo todo en el plazo de tiempo acordado. La lista decía:

Lista de recursos a recolectar en la isla de Jaya:

- Madera de ciprés.
- Planchas de acero de 1.5m x 1.5m x 0.05m
- Cubos de 5 litros de pintura amarilla, cyan, blanca, negra y magenta.
- Munición de cañón de 500mm.
- Munición de pistola y rifle en bala y perdigón.
- Engrasante.
- 50m de tela de vela.
- 500m de cuerda trenzada de lino.

Cogí un mapa de la Isla de Jaya y fui haciendo anotaciones de dónde podría conseguir cada una de las cosas. Algunas de ellas, posiblemente tendría que preguntar a los civiles en qué lugar podría conseguirlas, pero la gran mayoría estaban bien localizadas en el mapa.

Tras tener toda la documentación en orden, cosa que me llevó aproximadamente una hora, me dispuse a prepararme el equipo para dicha misión: mochilas de alta capacidad, ropa cómoda, ropa y equipo de combate (por si la situación se alegraba), algo de dinero y brújula.

Tardé varios minutos en recogerlo y ordenarlo todo y entre la reunión de la comida, la misión y prepararme las cosas, ya se me había pasado gran parte de la tarde y me encontraba algo cansado por el trabajo que había desarrollado por la mañana. Como tenía el resto de día libre, decidí acostarme a dormir para poder levantarme al día siguiente con las pilas cargadas para comenzar mi misión.


Última edición por peporro el Mar 15 Ene 2013 - 19:57, editado 2 veces
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Re: Jugando al gato y al ratón en casa del perro.

Mensaje por Peporro el Lun 14 Ene 2013 - 1:02

Capítulo 2. Vuelta a las andadas.
9 de Enero de la Nueva Era Pirata, 06:16 am.
Localización: Jaya.

Me acababa de despertar de un largo y cómodo sueño de unas once horas aproximadamente y estaba descansado y listo para llevar a cabo mi misión. Abrí los ojos y veía el techo de madera encima de mí aunque un poco borroso, entonces me llevé las manos a la cara y me froté los ojos para poder ver mejor. Me quité las sábanas de encima y me senté en el borde izquierdo de la cama, me incorporé para ponerme de pie y fui al lavabo para lavarme la cara. Comencé a vestirme poniéndome los pantalones de camuflaje verde y las botas reforzadas, después me puse una camiseta de tirantes negra con un agujero en el pecho para poder sacar por ahí mi dispositivo ciborg, luego me puse mi chaleco marrón oscuro de piel y terminé con los accesorios: collar, correa, pulseras, pendientes, guantes, etc. Tras esto, me peiné mi cresta y me puse las gafas de sol, cogí el equipaje y salí por la puerta en dirección a la cubierta.

Al llegar a cubierta, me di cuenta de que estábamos a aproximadamente un kilómetro de la isla de Jaya. Me acerqué al bote de madera con el que solía desembarcar del navío siempre que tenía que hacer una salida, y lo hice bajar con una cuerda y la polea. Una vez estaba el bote en el agua, eché una escalera de maderas y cuerdas y bajé hasta éste. Me senté en el bote y dejé las mochilas delante de mí para equilibrar el peso del bote, cogí los remos y me puse a remar en dirección a Jaya. Tras varios minutos remando, llegué al puerto de Jaya y desembarqué dejando mi bote bien atado en un pilón de madera del puerto. Cargado de mochilas y en tierra, comencé a andar en dirección al pueblo para alojarme en alguna posada y comenzar a moverme para recolectar cosas. Tardé relativamente poco en encontrar una posada en la que alojarme, El Pony Pisador. Entré y fui a hablar con el dueño que estaba detrás de una barra como de bar, el tipo parecía tener alrededor de cincuenta años, entonces le dije:

- Buenas, ¿tiene alguna habitación simple disponible?
- Sí, ¿Quiere reservar una?- Me dijo.
- Sí, quisiera reservarla para una semana, día y noche, pero sin servicio de hostelería.- Le respondí.
- De acuerdo, tome la llave, es la puerta con el número treinta y siete grabada en la puerta, son ochenta berries.

Le di el dinero, cogí la llave y me fui a mi habitación a dejar mi equipaje. Subí por unas escaleras de madera que crujían un poco hasta llegar a una planta superior. Encontré la puerta y la abrí, en ella había una mesa de madera y una silla de madera con respaldo y una cama que tenía pinta de ser cómoda pegada a la pared y justo debajo de una ventana que daba a la calle y por la que entraba la luz del sol difuminada por una pequeña cortina de ganchillo. Dejé las mochilas a los pies de la cama y salí para cerrar la puerta con llave y salir a la calle a empezar a recoger las cosas que me habían mandado.

En el bolsillo derecho del chaleco llevaba la lista con las cosas que tenía que recoger, y en el bolsillo izquierdo un minimapa del pueblo con la localización de algunos locales donde encontrar algunas de las cosas. Comencé yendo a una armería a comprar las municiones para cañón, pistolas y rifles. Cogí la calle principal a la izquierda en dirección al noreste para ir a la armería. Tras unos veinte minutos andando y perderme dos veces, encontré la armería en un callejón que estaba conectado con la calle principal por la parte derecha. La tienda presentaba una fachada de piedra y cemento y un cartel con un saco de pólvora y un sable y un rifle cruzados detrás del saco, grabados en una tabla de madera colgando con cadenas de metal de un poste de hierro que sobresalía de la fachada.

Entré y me dirigí al mostrador a preguntarle al dependiente por la munición. El dependiente me asintió con la cabeza y me indicó el pasillo y la estantería donde podría encontrar la munición de pistola y rifle en cajetillas. Fui a la estantería y al ver que había gran cantidad, comencé a llenar una mochila de las que llevaba. Me dirigí al mostrador para dejar la mochila llena y mientras el dependiente hacía la cuenta le pregunté por las balas de cañón y me volvió a indicar la dirección. Para esta munición una mochila se me iba a quedar corta, así que creé un carro de un metro y medio de ancho, largo y profundidad con ruedas de uranio bastante compacto para poder aguantar el peso de las bolas de cañón. Fui arrastrando la carreta hasta encontrar las bolas de cañón, y comencé a llenar la carreta. Para poder levantar dicho peso, hice salir de mi espalda seis brazos más para tener más fuerza para arrastrar la carreta. Fui con la carreta hasta el mostrador y le pedí la cuenta al dependiente. Este lo contó todo y me dijo:

- 20 cajas de munición de perdigones, 15 cajas de munición en bala, y 30 bolas de cañón. Todo esto aplicado al descuento del 20% por compra de cantidad son… unos 478,50 berries.

Le dejé el dinero en el mostrador y recogí la mochila con las balas, agarré la carreta y salí por la puerta en dirección a la posada. Al llegar a la posada, el dependiente me miró asombrado por el cargamento que llevaba. Deshice la carreta transformándola en cajas de uranio con unas cinco balas de cañón en cada caja unidas a mí por más brazos de uranio para poder subirlas por las escaleras que crujían aún más que antes debido al peso que cargaba. Entré a la habitación y lo dejé todo dentro de una caja fuerte de uranio macizo y compacto para evitar que hubiese percances con dicho armamento.

Volví a cerrar la habitación y me fui a comer que entre buscar la posada, encontrar la armería y volver a dejarlo todo, ya me había llevado unas horitas y había llegado la hora de comer. Me fui a buscar un bar o restaurante baratillo para comer. Estuve unos siete minutos paseando cuando encontré una taberna que parecía ser una buena opción para comer algo.

Entré y fui a la barra a preguntar que había para comer. Ese día el menú del día era pollo al horno con patatas salteadas. Me decidí por probar el menú del día y una jarra de cerveza. Me senté en una mesa redonda de madera con un eje y cuatro patas de araña en su parte inferior con una silla. La mesa era para una persona debido a su reducido tamaño en el que cabía el plato, la bebida y poco más.

Mientras esperaba la comida cogí un periódico para leer las últimas noticias de la zona. Mientras estaba leyendo, escuché a varios hombres encapuchados murmurando algo en una mesa cercana a mí. Puse bien el oído para enterarme de lo que estaban hablando.

Oí algo sobre que necesitaban a alguien para saquear y construir un “prototipo”, pero casi todas las personas desconocidas que nombraban, tenían un pero por el que no se las veía capacitadas para ese trabajo. Entonces siguieron hablando y dijeron de contratar a alguien. Mis oídos saltaron de alegría al oír la palabra “contratar”, porque para mí eso significaba “dinero”, y era algo que nunca estaba de más tener. Entonces descaradamente me levanté de mi silla y me senté en su mesa. Todos los tipos me miraban con cara seria y de no tener muchos amigos. Entonces al sentarme les dije:

- No he podido evitar escuchar toda vuestra conversación y me parece que necesitáis a alguien para un trabajo. Y como yo estoy falto de fondos, creo que puedo ser vuestra persona indicada.
- ¿Quién eres?- Dijo uno de ellos.
- Soy un tipo que os puede ser de ayuda pero no diré nada sobre mí sin que antes me digáis quienes sois vosotros.- Le respondí.

Uno de ellos se puso violento y me dijo casi gritando:

- ¡¿Vienes aquí a pedir favores y exiges que descubramos nuestra identidad a cambio de la tuya?!
- Tranquilo, creo que nos puede ser de utilidad.- Dijo uno de ellos.
- Somos revolucionarios y necesitamos a alguien que nos ayude a una pequeña misión. No voy a decirte nada más hasta que no digas quien eres.- Añadió.
- Soy un pirata, Camus Killer, soy un tirador cualificado y un buen espía e ingeniero, aparte de buen combatiente, sobre todo en distancias lejanas y sigilosas.- Contesté.
- Bueno Camus, creo que eres una buena opción, ven con nosotros a algún lugar más íntimo y te contaremos de que va la cosa.
- Perfecto, si no os importa, quiero terminar de comer antes de ir con vosotros.

Entonces vino el camarero con mi menú y lo dejó encima de la mesa. Yo me levanté de la mesa de los revolucionarios y me fui a mi mesa anterior a comer.

Al terminar de comer, me levanté y fui a pagar al tabernero. Los revolucionarios se levantaron también y salieron delante de mí y unos diez metros más adelante para no llamar la atención al vernos a todos juntos. Tras unos minutos caminando y siguiendo a los revolucionarios, entramos en un callejón sin salida en el que sólo había una caja de madera. Uno de ellos abrió la caja y pulsó un interruptor que había dentro. Entonces la pared que delimitaba el callejón se abrió lateralmente hacia la izquierda y todos pasamos dentro. Al pasar, la puerta secreta se volvió a cerrar y fuimos caminando por un pasadizo alumbrado por antorchas y una lámpara de aceite que portaba uno de los revolucionarios. A los pocos minutos entramos en una sala que parecía como un centro de mando con un armario de comunicaciones de radio y varias mesas con papeles que parecían reflejar planos de estrategias y construcción de dispositivos.

Nos sentamos en una mesa y el mismo tipo volvió a decirme:

- Bueno, esto es nuestro centro de mando de Jaya, aquí es donde nos comunicamos con el resto de revolucionarios de la isla. Desde aquí tendremos contacto contigo durante la misión mediante un DDM que ahora te entregaremos. Bien, el plan es el siguiente: En Navarone, un fuerte marine no muy lejos de aquí, tienen varios materiales para construir un arma muy potente que nos vendría de perlas para nuestro ejército, los guardan en un almacén dentro de la central del fuerte. Tu misión es infiltrarte, encontrarlos, traerlos aquí y ayudarnos a construir dicha arma.
- Acepto. ¿Cuándo empiezo?- Dije convencido.
- En cuanto estés preparado.- Dijo el revolucionario mientras todos me miraban con cara de asombro por mi decisión.
- Mañana por la mañana vendré a primera hora a por el equipo que tengáis que entregarme y a por las últimas indicaciones sobre el plan de huida. Ahora me voy a descansar para estar preparado para mañana ya terminar de recoger unas cosillas.

Salí de aquella especie de base secreta por el mismo lugar por el que había venido, con la diferencia que para salir tenía que bajar una de las antorchas del principio del pasadizo para que se abriera la puerta. Al salir, volví a coger la lista de materiales de mi bolsillo y la consulté nuevamente para recoger unas cosillas antes de volver a descansar.

Primero fui a una carpintería a por varias maderas de ciprés de tamaños y grosores diferentes. No tardé más de cinco minutos en encontrarla y al entrar le pedía una buena diversidad al dependiente para agilizar el trabajo. Volví a crear otra vez la carreta de uranio para meter las maderas y pagué al dependiente de la tienda por ellas. Mientras volvía, pasé por delante de una tienda de diseño y pregunté si tenían botes de pintura como los que necesitaba. Estaba de suerte, tenían en el almacén varios botes de los distintos colores que había en la lista, así que los compré y los eché a la carreta. Como sólo había maderas y unos pocos botes de pintura, la carreta no pesaba mucho y la podía llevar tranquilamente.

Al llegar a la posada, volví a repetir el proceso anterior para subir las escaleras, así que volví a crear cajas de uranio conectadas a mí por brazos de uranio y subí por las escaleras hasta mi habitación. Abrí la habitación y dejé todas las cosas en la esquina derecha pegada a la puerta para que no estorbasen al entrar. Como ya se había hecho un poco tarde, decidí acostarme a descansar para la misión que me esperaba el día siguiente. Aquello tenía pinta de que iba a ser una gran experiencia.
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Re: Jugando al gato y al ratón en casa del perro.

Mensaje por Peporro el Mar 15 Ene 2013 - 1:01

Capítulo 3. En la boca del lobo.


10 de Enero de la Nueva Era Pirata, 08:00 am.
Localización: Jaya.


Acababa de despertarme y de prepararme para mi nueva misión en dos días consecutivos. Salí de la habitación con la duda de si volvería, pero sabía que, al menos, me lo iba a pasar bien saqueando a los marines. Fui a la base de los revolucionarios para que me llevasen hasta Navarone. Desde allí fuimos hasta el puerto y emprendimos rumbo al fuerte marine. Por el camino me dijeron que iba a contar con un equipo de diez hombres más como apoyo que me ayudarían a infiltrarme y robar los materiales. Nos dieron trajes de marines y nos disfrazamos para poder entrar con un bote por la puerta principal. Cuando quedaba poco para llegar, nos montamos en un bote e hicimos el resto del camino remando para no levantar sospechas llevando un barco revolucionario hasta la misma puerta de la Marina.

Tuvimos que remar unos minutos hasta llegar a la puerta. Entonces unos marines se asomaron por unas ventanas de búnker que se encontraban dentro del muro de roca del anillo exterior del fortín. Vieron que éramos “marines” y nos preguntaron el porqué íbamos en bote y no volvíamos con nuestro barco y tripulación. Nosotros nos limitemos a contestar que nos habían atacado un gran número de piratas en dos buques y que habíamos sido de los pocos sobrevivientes del ataque.

Tras esto, abrieron la puerta y bajaron para llevarnos hasta una oficina dentro del muro exterior para interrogarnos sobre lo sucedido en dicho ataque. Uno de los espías que estaba con nosotros, se encargó de inutilizar los DDM vigilantes rápidamente con una bola de tinta que le lanzó. Al mismo tiempo, los demás nos encargamos de los tipos que iban a interrogarnos y escondimos sus cuerpos dentro de un armario que había dentro de la oficina. Abrimos la puerta con cuidado y sólo dos guardias custodiaban la puerta. Entonces todos salimos en fila y tranquilamente por la puerta y yo portaba las llaves de la oficina en mi bolsillo. Los guardias al ver que salíamos nosotros diez solos, sospecharon y entraron a la oficina para revisarla. En ese instante, aprovechamos para cerrar la puerta y dejarlos encerrados dentro.

Al ser una habitación de interrogatorio, estaba totalmente insonorizada y, aunque gritasen, nadie los oiría a no ser que les abrieran la puerta. Seguimos andando por los pasillos en formación intentando buscar algo que nos indicara como llegar al centro de la base. Tras unos minutos paseándonos por los pasillos, nos encontramos con otros dos guardias que nos preguntaron qué hacía un pelotón andando por allí. Yo les contesté que estábamos buscando la cocina, porque éramos nuevos reclutas y nos habíamos perdido. Los guardias nos indicaron la dirección y nosotros procedimos a seguirla. Tardamos aproximadamente una hora en llegar a la cocina y no parábamos de cruzarnos con más pelotones pero, por suerte, estábamos pasando desapercibidos.

Por fin estábamos en la cocina y, por tanto, en el centro de la fortaleza. Lo fácil ya había acabado, ahora quedaba lo más complicado, saquear y escapar. Como no sabíamos dónde se encontraba exactamente los materiales para el “arma”, nos sentamos en el comedor a almorzar con el resto de marines que allí había para intentar saber algo más. Nos dividimos cada uno en una mesa para aumentar las posibilidades de interceptar la información. Todos terminamos y nos volvimos a juntar para sacar algo en claro, cada uno teníamos una versión diferente y las posibilidades de encontrar la correcta a la primera eran bajas. Todos discutíamos en dónde podría estar escondido aquello que buscábamos. Cada uno se decantaba por un lugar: los almacenes, los despachos de capitanes, en el cuarto de armas, en la habitación de limpieza… Pero ninguno nos poníamos de acuerdo. Entonces uno de los marines se acercó y nos preguntó sobre que estábamos hablando, por un momento todos pensábamos que nos habían descubierto y le dijimos que hablábamos sobre el “arma” que buscaban los revolucionarios, porque nos habían mandado hacer guardia y no sabíamos conde teníamos que ir. El marine nos dijo dónde se encontraba, e incluso que era una caja del tamaño de un melón de color verde con los bordes reforzados de oro.

Yo quedé exhausto por la confianza que había en esa base, pero luego me di cuenta de que nadie había conseguido infiltrarse desde la entrada de los Mugiwaras. Yo se lo agradecí y todos nos movimos rápido para intentar llegar a la hora de comer en el cambio de guardia y poder entrar. No sabía porque, pero tenía un mal presentimiento, ya que la infiltración había sido muy fácil, por no hablar del tiempo que habíamos tardado en recaudar información. Tras unos pocos minutos andando, por fin llegamos al lugar indicado, era una recámara donde permanecían guardados todos los tesoros requisados a piratas o encontrados por cruzadas de la Marina.

Había aproximadamente unos seis guardias custodiando la entrada. El equipo de espías nos escondimos en un pasillo y lanzamos una piedra delante de nosotros para llamar su atención y hacer que viniesen a por nosotros a husmear. Cuatro de ellos vinieron a ver de dónde procedía el ruido y al doblar la esquina, los cogimos de la cabeza tapando sus bocas y asesinándolos de un tajo limpio en la nuca. Cuatro de nuestros hombres les quitaron la ropa, armas e indumentaria y se disfrazaron de ellos para llamar a los dos restantes como señal para pedir ayuda. Los otros dos guardias abandonaron su posición y, fusil en mano, vinieron a la señal de ayuda. Al llegar y doblar la esquina del pasillo, rápidamente transformé mis dos brazos en machetes de un metro de largos y les propiné una puñalada a cada uno de abajo hacia arriba desde la mandíbula hasta el cráneo atravesando sus cabezas y sacando el filo por la parte superior de ellas. Cogimos los seis cuerpos y los escondimos en el respiradero que había en el techo introduciéndolos por la rejilla y cerrándola posteriormente para que no los descubrieran.

Con seis de nuestro quipo disfrazados de guardias y el resto como marines, sólo tuvimos que abrir la cámara con las llaves que los guardias llevaban encima, esperamos a que nadie pasara ni nos viera y actuamos rápidamente. Entramos y cerramos la puerta para no levantar sospechas y nos pusimos a buscar la caja rápidamente por todos lados, no llegó a pasar ni un minuto y vi la caja al lado de un montón de oro y de tesoros. La cogí y aproveché su pequeño tamaño para introducirla dentro de mi cuerpo de uranio y dimos un par de pequeños golpes en la puerta para salir. Entonces desde fuera, nuestros compañeros nos abrieron la puerta y salimos sin ningún problema.

Ahora nos tocaba salir de allí sin que se dieran cuenta de los cuerpos y de les faltaba algo que nosotros poseíamos. Yo comencé a pensar cómo se podría construir un arma tan poderosa con una caja tan pequeña, yo esperaba tener que saquear medio almacén, pero no, toda la importancia la tenía una caja que apenas superaba el medio metro de largo por cada uno de sus lados. Todos escapamos por la ruta más corta a la puerta principal intentando no ser demasiado sospechosos. Cuando estábamos cruzando un puente que comunica la parte central de la exterior, un pelotón de guardias preguntó que donde iban seis guardias y cuatro novatos. Uno de mis compañeros disfrazado de guardia, le dijo que nos estaban acompañando al resto de nuestro pelotón porque nos habíamos perdido. Los guardias no pudieron evitar sospechar pero nos dejaron continuar.

Tras cerca de otra hora caminando por fin llegamos a la puerta principal y encontramos nuestro bote atado en un pequeño aparcadero cerca de la puerta. Uno de mis compañeros, les dijo a los ingenieros de la puerta que abrieran para dejarnos salir porque éramos geólogos e íbamos a ver un tipo de planta que sólo crecía en las paredes exteriores del fortín y que ellos venían a acompañarnos. Al no saber nada al respecto, los ingenieros nos abrieron una pequeña escotilla en la puerta para pasar con el bote. Al fin estábamos fuera y habíamos completado la misión con éxito. Fuimos remando hacia el barco de los revolucionarios y volvimos en él hasta Jaya.

Al llegar a Jaya, fuimos directos a la base y le entregué a aquel tipo la caja. Miró la caja con asombro, no se creía que estuviese en su poder. Entonces me miró y me dijo:

- Has hecho un trabajo impecable. Mañana a primera hora vuelve para ayudarnos a montar el “arma” y habrás cumplido tu parte del trato.

Yo asentí con la cabeza y me volví a poner mi ropa. Estaba cansadísimo de la misión por la tensión que llevaba encima y por la pateada que me había pegado andando de un sitio hacia otro, así que me fui a la posada a descansar.
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Re: Jugando al gato y al ratón en casa del perro.

Mensaje por Peporro el Mar 15 Ene 2013 - 19:57

Capítulo 4. Trabajo duro.


11 de Enero de la Nueva Era Pirata, 08:00 am.
Localización: Jaya.

Me levanté temprano a la misma hora que el día anterior para terminar el trabajillo que tenía pendiente por hacer. En cuanto estuve preparado, salí de la posada como una exhalación para trabajar en el proyecto del “arma” de los revolucionarios. Tenía ganas de saber que era ese “arma”, y más ganas aún tenía de construirlo. Entre en su base y el revolucionario me llevó a una galería inferior. Cuando entré en dicha galería oscura y grande como un anfiteatro, me quedé insólito de ver lo que había debajo de la ciudad. El revolucionario encendió las luces y ante mí apareció un obús tan grande como un edificio de cinco plantas. Me dijo que ese obús era aquello que disparaba lo que fuera he hubiese en aquella caja. Me dijo también que no estaba terminado porque en los planos no venía nada de dónde se tenía que colocar el contenido de la caja, pero esa era mi parte.

Cogí los planos y comencé a dar vueltas por los andamios del Obús con los planos en una mano y la caja en otra. Me situé en una mesa en una plataforma del andamio y comencé a darle vueltas al plano. Estuve pensando y revisando los planos casi dos horas, pero nada, no tenía ni idea de cómo terminarlo. Entonces seguí paseándome por los andamios con la caja en la mano y bajé abajo donde estaba el revolucionario sentado esperando. Le dije que no conseguía saber cómo terminar de construirlo. No puso muy buena cara pero le dije que por lo menos quería saber que había dentro de la caja. Busqué la forma de abrir la caja pero tampoco había forma. Entonces me desesperé y le pegué una fuerte patada a la caja que salió disparada hacia el obús.

Al impactar con el obús, se abrió una pequeña escotilla trasera situada en la parte inferior. Yo me quedé mirando al revolucionario y decidí coger la caja y entrar por aquella escotilla. Según el revolucionario, sus ingenieros habían construido el obús entero, pero una vez construido, no había forma de volver a abrirlo y ponerlo en funcionamiento porque faltaba una pieza, que era la que contenía la caja. Subí por unas escalerillas que había dentro hasta subir unos cinco metros y al subir vi como una especie panel con engranajes y un hueco semiesférico. Había un grabado en el panel del obús y me puse a leerlo en voz alta. Entonces la caja comenzó a temblar y a abrirse como si necesitara palabras mágicas para ello. Se abrió y dentro yacía una esfera de color naranja del tamaño de un pomelo pero con un interior raro, parecía como si tuviese dentro un Sol en miniatura. Yo procedí a depositar la esfera en el hueco del panel del Obús y éste se puso en funcionamiento.

Salí corriendo del Obús y cerré la escotilla. Me puse al lado del revolucionario éste me felicitó por mi trabajo. Entonces me dijo que mi misión había acabado y que podía recoger la recompensa y marcharme cuando quisiese. No me lo pensé dos veces, y en cuanto tuve el dinero en mano volví a la posada para terminar de comprar las cosas que quedaban con el dinero que acababa de ganar. Con ese pedazo de cañón debajo del pueblo, sólo tenía ganas de salir de allí e irme con mi banda por si acaso sucedía algo inesperado.
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Re: Jugando al gato y al ratón en casa del perro.

Mensaje por Crimson el Miér 16 Ene 2013 - 14:47

Me ha gustado mucho la historia, y la detallas a la perfección, pero no me ha convencido el final, acaba muy de pronto, igualmente te pongo un 7. Felicidades

Premios:
Por crear un diario bueno:
2000 de Exp y 1400 Berries ademas de uno de estos elejido por los dados:
1- Power Up
2- Haki Armadura
3- Haki Mantra
4- Objeto con Akuma no mi
5- Objeto de Kairouseki (Con este te podes crear un objeto 100% o a conveniencia de los usuarios de Akuma, una parte puede estar echa de otro material para no caer bajo los efectos de tocarlo)

Número aleatorio (1,5) : 5

Los premios los posteas aquí.

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Re: Jugando al gato y al ratón en casa del perro.

Mensaje por Peporro el Miér 16 Ene 2013 - 15:46

Objeto de Kairouseki: Un arco de caza con poleas de alta precisión. El arco es de kairouseki pero con empuñadura y una linea de acero que recorre el arco desde la empuñadura hasta sus extremos.



Las flechas son de kairouseki con la punta y las plumas traseras de acero interconectadas por una linea de acero que las une desde dentro de la varilla. Es decir, la flecha en si es de acero, pero la varilla está recubierta de kairouseki.

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Re: Jugando al gato y al ratón en casa del perro.

Mensaje por Crimson el Miér 16 Ene 2013 - 16:08

Arma aceptada, disfruta de tu arco y flechas de kairoseki
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Re: Jugando al gato y al ratón en casa del perro.

Mensaje por Nocturne93 el Miér 23 Ene 2013 - 12:52

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