La bestia anda suelta [Privado: Suzaku y Rayder]

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Mensaje por Rayder el Lun 11 Mar 2013 - 15:14

Un barco mercante de pieles y seda surcaba el West Blue, acercándose cada vez más a la periferia de Ohara. Sus mercancías serían un buen objeto de trueque o venta en la ciudad noble que se situaba en esa isla, donde a parte del gran árbol de la sabiduría y las montañas gigantes que habitaban bandidos, unas edificaciones se encontraban amuralladas en uno de los puntos más altos de su situación. Una vez que encalló, los tripulantes comenzaron a bajar todos los objetos que habían estado cargando desde la última isla en que rellenaron sus alimentos, sin darse cuenta de la presencia de un polizón que se había escondido en lo más oscuro y profundo de su barco, navegando sin pagar hacia la nueva isla. Fuera de su isla, no era nadie conocido, más bien incluso más de uno le tacharía de un imbécil con ganas de aventuras. Pero su mirada seria decía lo contrario, pues huía de los recuerdos de su pasado y esperaba forjar otros nuevos que reparasen las grietas de su corazón.

Solo hubo que esperar media hora más para que el barco quedase vacío, momento que aprovechó tapándose con sus oscuros ropajes para salir al exterior, con mucha cautela y haciendo todo lo posible por no ser visto en ninguna parte. Avanzó como una sombra, bajando por la pasarela principal a gran velocidad hasta el suelo, donde se hizo el desentendido sobre lo que había pasado. Vio a un grupo de gente cargando cajas y llevándolas por una colina hacia la puerta de entrada a la ciudad, así que decidió unirse a ellos para pasar desapercibido. Se acercó al grupo y, sin que se dieran cuenta, cogió una pequeña caja de manzanas verdes y frescas, cargándolas con un poco de dificultad y uniéndose a la cola que se dirigía hacia el interior de la ciudad. Lo más asqueroso de todo podría ser el hedor que emanaba de unos cuántos cadáveres que se encontró a las afueras, así que no hubo que pensar mucho para adivinar que aquel recorrido estaría lleno de peligros, y era por eso que los mercantes siempre viajaban en grupos bastante grandes. Muchos de los bandidos que habitaban aquel sitio no parecían tener suficientes escrúpulos como para robar directamente la mercancía e irse. No, tenían que matarlos también. Entonces la voz del joven susurró para sí mismo.

- Ojos bien abiertos, sentidos siempre alerta - Recordando los consejos que su tutor del dojo de espadas le enseñaba de pequeño.

¿Quién podría vivir en aquellos lugares? Desde luego había veces que no podía entender a la gente. Incluso tenía que ser infeccioso. De todas formas, no siguió pensando en esas cosas, sino que continuó su camino, hacia la entrada de la ciudad.

Un tiempo más tarde, en dicho lugar, fue cuestión de paciencia a que los guardias nos dejasen pasar, reteniendo las cajas de mercancías que pareciesen sospechosas y haciéndolas esperar en una cola de examinación apartada de la mía. Por suerte, el guardia que me supervisó a mí solo se fijó en las manzanas, y no en la marca que dejaba mi katana en mis oscuros ropajes, por lo que a un paso rápido avancé, no fuera a ser que se arrepintiese de su decisión o se diera cuenta de lo otro. Una vez en el interior de la ciudad, me separé del grupo principal en cuanto tuve oportunidad, moviéndome hacia una oscura calle, donde dejé la caja de fruta en el suelo y cogí una de ellas para comer algo, puesto que los últimos días había estado viviendo de lo que podía robarles a los tripulantes del barco. Una vez que terminé dicha manzana verde, tiré el hueso que quedaba de ella al suelo, mientras que, sin quitarme la capucha de mi gabardina, examinaba que mi katana seguía sujeta a mi cinto, pues temía perderla. Me erguí de espalda y me acerqué a la salida del callejón, pegándome a su pared para examinar bien todo lo que acontecía.

- Bien, creo que es hora de comenzar - Afirmó el chico de presencia oscura, dando pasos a la luz de las calles y abandonando el callejón, mientras que la gente le miraba como si fuera un bicho raro solo por ir encubierto.


Última edición por Rayder el Jue 21 Mar 2013 - 9:49, editado 4 veces
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Mensaje por Suzaku el Jue 14 Mar 2013 - 20:42

Hacía tiempo que no había vuelto a visitar la isla de Ohara, y eso era algo que no podía permitir, pues era un paraje que encantaba. El Árbol del Conocimiento seguía siendo el principal reclamo de la gente que iba a aquella isla, tanto por lo bonito que era como por lo que representaba. Alrededor del árbol hay un lago y, un poco más lejos, una pequeña población. La isla no es que sea muy grande, pero es atractiva. Y yo había vuelto a sucumbir a sus encantos.
Me encontraba en el único núcleo urbano con población de toda la isla. No tenía ningún tipo de objetivo allí, tan solo pasar un buen día de vacaciones, sin hacer absolutamente nada y disfrutando de la isla. Me crucé con un par de señoras que hablaban sobre sus maridos; unos niños jugando al escondite entre risas; un hombre que buscaba vender sus pertenencias a la gente que pasaba por allí gritando sus ofertas como reclamos... Lo normal en una ciudad. Entonces, pasé cerca de un callejón. Como siempre, miré hacia allí, pues siempre miraba a todas las calles cuando me cruzaba con ellas, y pude ver a un hombre bastante extraño. Iba totalmente cubierto con ropajes bastante oscuros.

Menudos tíos hay por el mundo, pensé.

Vi que estaba comiendo una manzana y que tiró el corazón al suelo tras acabar de comérsela. Me acerqué a aquel hombre.

Perdona. ¿Te importa recoger la manzana que has tirado? — dije, señalando el hueso que estaba en el suelo y que aquel hombre acababa de tirar. — Hay que mantener la ciudad limpia.

Y sonreí. Quería parecer amable, pero no iba a permitir que no recogiera la manzana que había tirado.


Última edición por Suzaku el Mar 19 Mar 2013 - 20:43, editado 2 veces
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Mensaje por Rayder el Vie 15 Mar 2013 - 10:33

¿Qué podía hacer en aquellos instantes? Lo único que quería era dirigirse hacia una taberna, o cualquier lugar en el que pudiera conocer a las féminas de Ohara. Pero hasta que el sol no cayera y se hiciera de noche, la gente no saldría a tomar una cerveza ni a disfrutar de compañía ajena. Por tanto, sólo le quedaba pasar el día de una forma aburrida, bien fuera paseando y buscando algo que atrajera su atención, o entretenerse con actos delictivos propios de un pirata. ¿Quién sabe? Incluso a lo mejor se le cruzaban los cables y llamaba a los marines para que vinieran a perseguirle. Cualquier cosa era mucho mejor que estar parado, era una de las reglas mentales que el joven Rayder siempre tenía en su cabeza. Mas pronto salió de su ensimismamiento, al escuchar una voz demasiado cerca de él, recriminándole que cogiera el hueso de la manzana que previamente había devorado y la depositase en un lugar adecuado. Dirigiendo sus ojos incoloros hacia la persona que tenía a su lado, clavó su vista como si de unas espadas se tratasen en el rostro de su acompañante. La mirada era seria, pero tranquila a la vez. Difícil de mostrar sentimientos, más aún de reconocerlos. Una mirada intrigante, por así decirlo. Aquel que había hablado era un chico que podría tener su misma edad, de cabello rubio y una barba que no pegaba nada a su aspecto físico. Sus ojos eran del color del mar, ambos personajes eran muy distintos. Parecían dos caras de la misma moneda, cara y cruz, o incluso como la noche y el día.

Imposibilitándole la salida a la calle exterior de aquel callejón, Rayder simplemente se agachó con serenidad y recogió con su mano enguantada el hueso de la manzana, para luego mirar a su alrededor y observar una papelera que no estaba demasiado lejos. Girándose y calculando con cuidado, lanzó dicho objeto con una trayectoria parabólica, cuya aceleración iba en aumento conforme bajaba hacia abajo. El hueso pasó a través de la rendija de la papelera con un no muy estruendoso sonido de golpeteo, mientras que Rayder mostraba una sonrisa de satisfacción y volvía a mirar a su "asistente social", esta vez con un poco de ironía.

- Gracias por recordármelo, es mucho más interesante probar el "tiro a la papelera" que el "tiro al suelo", ya que en el segundo caso siempre vas a acertar, cosa que en el primero no se puede asegurar - Soltando una tímida carcajada, mientras que se fijaba bien en aquel chico que tenía delante de él.

Tuvo que alzar bastante su cabeza para poder verle bien, el tipo era bastante alto, casi parecía un semigigante. Una camisa blanca abierta, que dejaba entrever su tronco superior; pantalones marrones anudados con una cinta azulada a la cintura, y unas sandalias de un color de madero que combinaban con los pantalones anteriormente mencionados. Sin embargo, había algo en su brazo izquierdo que llamó la atención del pelinegro. ¿Era medio-cyborg? Y es más, ¿en el West Blue? ¿Qué clase de hombre era aquel con el que se había cruzado por delicias del destino?

Mas otra pregunta surcaba la mente del joven ex-noble, ¿a qué facción pertenecería el gigante-metálico? Era un buen mote para él, relacionado con su altura y su brazo antinatural. Un recluta u otro rango de la Marina quedaba descartado, pues siempre vestían el apropiado traje blanqui-azul con la gaviota en el pecho. ¿Agente del Gobierno? Eran sofisticados, enfundados en trajes de corbata. ¿Cazarrecompensas, Pirata, Revolucionario o Civil? Pff ... Ahí la cosa ya estaba mucho más difícil de discernir. Pero el chico no qquería deshacerse tan pronto de él, ciertamente había llamado su atención y quería conocerle más. Así que, girando su cabeza a los lados, de forma que crujieran los huesos de su cuello, le dijo con una mirada imperiosa.

- Soy nuevo en la ciudad, y veo que tú te preocupas mucho por ella, de lo que puedo deducir que la conoces mejor que yo. ¿Te importaría enseñarme alguna taberna de Ohara que se llene por las noches? Esta noche tengo que cazar, tú ya me entiendes - Añadiendo un guiño del ojo derecho, dándole a entender que me gustaba demasiado perseguir a chicas por las noches.

Aunque claro, un depredador siempre tenía que ir en busca de una presa ... Y en aquellos momentos, Rayder tenía mucha "hambre". Sin más dilación, hizo una semi-reverencia de cabeza, presentándose y alargando la mano derecha para estrechar la de su confidente.

- Rayder Backstraw, un placer conocerle ... Señor ... - Haciendo una pausa para tomar aire y a la vez para que el joven diera paso a su presentación.

No le importaba dar su nombre a la primera de cambio. No le importaba que todo el que le conociera supiera que era un parricida, aunque técnicamente matar a un padre no biológico, para él no cuenta como delito. Es más, a lo mejor nadie sabía de él afuera de Lvneel, pero un pirata tenía que ir ganando poco a poco una reputación. Y sería en Ohara donde crearía su primer caos como hijo del mar.


Última edición por Rayder el Jue 21 Mar 2013 - 9:49, editado 1 vez
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Mensaje por Suzaku el Mar 19 Mar 2013 - 22:13

Aquel hombre de pelo moreno al que había pedido amablemente que echara su hueso de manzana a la papelera, obedeció sin reparos. Incluso con alegría, pues dijo que era más divertido tirar a la papelera, emulando el baloncesto, que tirar al suelo. Tras aquello, me di cuenta cómo aquel tipo se fijaba en mi detenidamente, hasta que reparó en mi brazo derecho. Sonreí.

Sí, amigo. — comencé. Aquí tuve un brazo cyborg, aunque hace tiempo que volví a una forma humana total, sin nada de robot en mi cuerpo.

Había estado observando que se quedó observando fijamente mi brazo, así que había decidido explicárselo. Pasaron unos segundos de silencio en los que ninguno de los dos dijo ninguna palabra, hasta que el moreno me preguntó si le podía enseñar alguna taberna que se llenara por las noches para ir en busca de chicas. Luego, me guiñó un ojo. Aquel gesto me recordó a mi hermano Hayato: siempre buscando damas que conquistar, aunque se le daba fatal. Pensé un poco y recordé que, a no mucha distancia de donde nos encontrábamos, había un pequeño bar que, aunque su capacidad era limitada, siempre se llenaba de bellas damiselas que iban a desahogar sus penas cada sábado. Y, casualmente, aquel día era sábado.

Claro, conozco el lugar perfecto.

Fui a ponerle la mano en el hombro para invitarle a que me acompañara y dirigirle hacia el camino correcto cuando, de repente, hizo una pequeña reverencia con la cabeza y se presentó como Rayder Backstraw. Aquel gesto no me gustó demasiado.

Rayder, ¿eh? — dije, confirmando la presentación de aquel tipo. — Quiero que sepas que no soy ningún estirado ni ningún alto cargo de nada. Soy exactamente igual que tú, así que no vuelvas a hacerme reverencia ninguna. De donde yo vengo, saludamos así.

Y me acerqué a él para darle un abrazo, seguido de un par de palmaditas en la espalda. Todo eso mientras espetaba una sonrisa de oreja a oreja en mi cara. Al separarnos, le volví a sonreír, para que viera que éramos exactamente iguales y nadie tenía que reverenciar a nadie. Entonces sí, le invité, con un gesto de la mano, a que me acompañara.

La taberna a la que voy a llevarte no abrirá en un rato. — expliqué. ¿Qué te parece si disfrutamos de un paseo?

Había algo en aquel tipo que se presentó como Rayder que me calmaba. Era como si lo conociera de antes, aunque estaba seguro que jamás me había cruzado con aquel individuo. Tal vez sería la calma y tranquilidad que desprendía por todos los poros, pero era algo que hacía que su compañía fuera cómoda y agradable, aunque lo acababa de conocer hace a penas diez minutos.

Éste puede ser el principio de una gran amistad, pensé.

Y bueno, cuéntame algo de ti. ¿Viajas solo?
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Mensaje por Rayder el Miér 20 Mar 2013 - 9:44

Respondiendo a todas las preguntas que no me atrevía a formular por simples modales, el chico de pelo rubio y ojos azules confirmó que había tenido un brazo robótico, pero que se había deshecho de él para regresar a una forma completamente humana. Él no era promovedor de esos artilugios de la ingeniería, puesto que a pesar de tener grandes ventajas, todo llevaba su inconveniente. Además, si intentas enjaular metálicamente a un depredador, terminará por romper su prisión con las fauces. Y no estaba como para gastar dinero de esa forma. Instantes más tarde, el chico cuyo nombre todavía desconocía le comentaba que conocía tabernas para enseñarle, y que olvidase esas reverencias con él, quería ser tratado de una forma más campechana. Dándole un abrazo con algunas palmaditas al pelinegro, este respondió de la misma forma. Era agradable volver a sentir el calor humano de otra persona, y podría decir que aquel chico era muy amable y amistoso, cualidades que hacía mucho tiempo que creía que habían sido olvidadas por la humanidad. Sus siguientes frases dieron a entender que era demasiado temprano como para que las tabernas estuvieran abiertas. Claro, normalmente la gente solía ir a beber tarde, cuando ya era de noche; si no era muy difícil aguantar hasta la hora de dormir con una buena borrachera. El joven pelinegro giró su cabeza y miró al cielo, intentando descifrar el horario como le habían enseñado en las clases de navegación. Según la altura del sol, su sombra se proyectaba más larga o más corta, y con ello se podía indicar más o menos, con una cierta imprecisión, la hora en la que se encontraba el día. No faltarían más de una hora y media, como mucho dos, para que la luna se alzase sobre sus cabezas. Y si había algo que siempre le había gustado, eso era la noche.

- Hasta que anochezca, hay tiempo suficiente para que demos un paseo, no me parece mal - Comentó el pelinegro mientras comenzaba a andar al lado de su nuevo compañero de fiesta.

De reojo, el chico veía cómo el pelirrubio sonreía, sintiendo algo extraño en su interior. No creía en las reencarnaciones ni nada por el estilo, pero algo en su interior le decía que ya conocía a ese hombre, que no era la primera vez que hablaban, reían o beberían juntos. Tal vez un dejavú, un falso sentimiento que se crea cuando no se es capaz de distinguir realidad de ficción. O tal vez presentimientos acertados, eso no lo podría saber nunca. De todas formas, salió de su ensimismamiento en cuanto el chico le preguntó acerca de su vida, a modo de romper el hielo para comenzar una conversación. Con una voz calmada pero de tono firme, Rayder empezó a hablar mientras seguía caminando:

- No hace mucho tiempo que empecé a viajar, tal vez un mes o mes y medio. Renegué de mi pasado, y ahora solo me preocupa lo que está por venir. En la isla de la que provengo no era más que un hijo bastardo de una familia noble, aunque tuviera todos los derechos que eso conlleva. Pero cuando uno ve que puede tener algo mucho mejor, abandona esa vida y se va a forjar la suya propia, como es mi caso. En la actualidad surco los mares buscando aventuras, llámame pirata si quieres, y algún día espero que mis sueños se hagan realidad - Dijo con un poco de melancolía, recordando los momentos de su infancia en Lvneel, los cuáles se irían borrando de su mente con el paso del tiempo.

Mientras que seguían paseando por las callejuelas de Ohara, el joven se dio cuenta de que en una pared de cierto establecimiento había carteles de recompensa de piratas y revolucionarios, así que tras avisar a su compañero, no dudó en acercarse para ver si su cabeza tenía un precio o seguía valiendo lo mismo que cuando vivía en su ciudad natal. Rostros, rostros y más rostros desconocidos, era lo único que divisaba. Números debajo de nombres, que señalaban la importancia que tenían en la lista de captura de la Marina y el Gobierno Mundial. Era un asco cómo los repudiaban simplemente por no tener la misma mentalidad que los llamados "defensores de la paz", que no dudaban en hacer explotar una isla como Ohara simplemente porque había personas que podían descifrar la llamada "Era Oscura". Fue hace mucho tiempo, pero los libros de historia siempre cuentan como la familia de arqueólogos de dicha isla del West Blue fue brutalmente asesinada en una Buster Call de la Marina. Malditos asquerosos .. Siempre tendrían su odio, nada más. Volviendo a la situación, se dio cuenta de que realmente se había enojado un poco, y los puños se habían cerrado en sí como si fuera a golpear algo. Dio un gran respiro para calmarse, y luego siguió mirando carteles hasta que vio uno que le llamó la atención.

- Suzaku Shakkin, 1.410.000 Berries ... - Confirmó el pelinegro con una gran sonrisa felina en sus labios. - Sí que lo tenías bien calladito, compañero - Dándole una leve palmada en la espalda.

Una vez que hubo visto demasiado sobre ello, y que sabía que su amigo Suzaku estaba en contra de sus enemigos, la cosa volvió a la normalidad. Sin darse cuenta siquiera, la noche había caído sobre ellos, y no tardarían mucho en abrir las puertas de las tabernas. Incluso podía oler con sus sentidos felinos cómo las féminas se perfumaban en el interior de las casas, preparándose para salir afuera. Y él estaría al acecho de cualquiera que le llamase la atención. La hora de la verdad pronto llegaría. Y así, comenzó a andar de regreso hacia la taberna que indicaba su compañero, dejándole a él ir delante para que le mostrase el camino. No conocía la ciudad, y necesitaba un guía que le pudiera ayudar a todo, como si fuera una persona invidente que necesitase de un animal de compañía para andar. Al igual que él hizo antes con Rayder, fue esta vez el pelinegro el que comenzó la conversación:

- Veo que ya has tenido tu momento de gloria en los Blues, ¿qué puedes contarme acerca de ti? - Haciendo una pausa para tomar un poco de aire y añadir. - La piratería es la mejor forma de vida, ¿no crees? - Mostrando una sonrisa de oreja a oreja, disfrutando de aquella compañía, mientras que las estrellas comenzaban a brillar en lo alto del cielo, al lado de luna.


Última edición por Rayder el Jue 21 Mar 2013 - 9:49, editado 1 vez
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Mensaje por Suzaku el Miér 20 Mar 2013 - 17:49

Durante el paseo que di con aquel hombre que se había presentado como Rayder, me estuvo contando ciertas pinceladas sobre la historia de su vida. Parecía ser que Rayder había pertenecido a una familia noble, aunque era un bastardo. Ésto le llevó a abandonar aquel lugar y lanzarse a la mara para forjarse una vida él mismo y, por qué no, una reputación. No sabía por qué, pero la forma de hablar que tenía aquel hombre de pelo moreno me recordaba a mi hacía unos cuatro años, cuando comencé mi viaje. Yo también empecé lleno de ilusiones y esperanzas y, aunque no tenía la misma ilusión que el primer día, aún mis sueños estaban intactos. Y mis esperanzas también.

Una infancia dura, ¿verdad? — dije, para que mi compañero de paseo notara que le estaba escuchando.

Seguimos hablando durante un rato, a la vez que caminábamos por las calles de Ohara. Nos cruzamos con un par de mujeres que nos sonrieron con una actitud muy sugerente, a lo que yo le di un pequeño codazo cómplice a Rayder para que se diera cuenta que habíamos ligado. Una era pelirroja y la otra morena, ambas con preciosos ojos verdes y bastante parecidas entre ellas. Tal vez fueran hermanas.

Yo me quedo con la pelirroja, está claro, pensé.

Cuando pasaron de largo, me giré para mirarles el culo, aunque ellas también se giraron y me pillaron de lleno. Pero la respuesta que dieron ante mi mirada furtiva fue notablemente diferente a la que me esperaba.

A ver si nos vemos esta noche por ahí, guapos. — dijo la morena, levantando la mano derecha para saludarnos.

Miré a Rayder y sonreí.

Decidido: esta noche hay que buscar a esos dos bombones y llevárnoslas a dar una vuelta. — dije, en tono sugerente para que Rayder se diera cuenta de que quería fiesta de la buena.

Tras aquel encuentro fugaz, Rayder se acercó a una pared donde había varios carteles de Wanted. No sabía si aquel hombre con el que estaba dando un paseo sería fácilmente comprable, pero mi cabeza valía casi un millón y medio, lo que era una recompensa muy suculenta para cualquiera que se encontrara conmigo, aunque, por su reacción, parecía que no había problema con eso.
El sol dio paso a una luna llena preciosa que inundaba las todas las calles de Ohara con la luz que reflejaba del astro rey. El tono blanquecino que se reflejaba en las paredes era muy emotivo. Seguimos caminando, esta vez en dirección a la taberna a la que había prometido llevar a Rayder. Durante el camino, mi compañero me preguntó acerca de mi. No sabía por donde empezar, pues había vivido bastantes aventuras.

Pues, como bien sabes, soy Suzaku Shakkin, uno de los cuatro hermanos Shakkin. — comencé. — Soy pirata como has podido ver en el cartel, y la Marina me busca. He navegado por casi todos los mares que existen y he visitado innumerables islas en las que he vivido mil y una aventuras. Soy el capitán de mi propia tripulación, Los Piratas de Barba Rubia, y tengo mi propio barco, el Kazoku.

Cada vez me estaba emocionando más y más mientras contaba mi historia. Aquel hombre tenía algo especial, y tal vez le propusiera unirse a mi tripulación, pero aún tenía que conocerle un poco más. En los tiempos que corrían, no podías fiarte casi ni de tu sombra.
Casi sin darnos cuenta, habíamos llegado a la taberna de la que habíamos estado hablando. Abrí la puerta y le hice un gesto a Rayder para que pasara delante de mi. Una vez dentro, me acerqué a la barra y, levantando la mano derecha, llamé a la camarera. Era una mujer bastante guapa, de pelo moreno y ojos oscuros. Llevaba puesta una camiseta azul y unos pantalones verdes.

Mala combinación de colores, nena, pensé.

A mi me pones un whisky doble con hielo, y a mi amigo... ¿qué quieres? Invito yo. — le dije a Rayder.

El lugar era una taberna bastante grande, con unas diez o doce mesas para que la gente se sentara alrededor de ellas. La barra tenía casi ocho metros de largo. Detrás de ella, había estanterías con decenas de botellas de alcohol. Las paredes estaban acabadas con tonalidades anaranjadas, lo que le confería al lugar un cariz muy familiar y acogedor. Los taburetes, sillas y mesas eran de madera de roble con un fino acabado. De hecho, aquella taberna era famosa por su alto standing. A parte de nosotros, en el bar había una pareja sentada en una mesa y un hombre en la barra, en la otra punta de donde Rayder y yo nos encontrábamos.
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La bestia anda suelta [Privado: Suzaku y Rayder] Empty Re: La bestia anda suelta [Privado: Suzaku y Rayder]

Mensaje por Rayder el Jue 21 Mar 2013 - 9:48

Antes de proseguir con la historia, en aquella noche en la que el fuego devoraría las maderas de la taberna en la que ambos piratas se encontraban, y en la que el único sonido procedente de las calles eran las voces de alarma de la Marina para poner en busca y captura a ambos individuos, debo comentaros algo que había pasado por alto anteriormente. Mientras que Suzaku y Rayder, dos personas que acababan de conocerse, pero que seguramente tendrían una férrea amistad en el futuro, seguían caminando por las calles de Loguetown hablando sobre sus vidas y demás cosas, se toparon y cruzaron con dos bellas damas que encandilaron los ojos de cada uno.

Una de ellas era pelirroja, parecía que había sido besada por el mismo fuego, una mujer ardiente de ojos verdáceos de la cuál quedó prendado su compañero. Por otra parte, una morena de piel blanquecina, con unos ojos igual de preciosos que su amiga, parecía uña y carne del mismo Rayder. Cada uno tenía un objetivo ya para aquella noche, y su euforia llegó a uno de sus puntos más altos cuando ambas les dijeron que les gustaría verlos aquella noche en otro lugar. Sin querer, habían ligado, y eso era algo que extrañamente pasaba. En otras islas, las mujeres solían ser mucho más tímidas, y era el hombre el que tenía que cortejarlas hasta que por fin conseguía una cita de sus propias palabras. Pero bueno, nunca está mal que ellas afiancen el camino, que lo hagan más fácil. Así ninguno perderá más tiempo del que se necesite, tal vez unas copas de más y todo listo. Contento por lo que acababa de ocurrir, el espadachín pelinegro miró y sonrió a su compañero, el cuál decía alguna que otra frase graciosa. Por tanto, el ex-noble se rió a carcajadas, además de responderle de la misma forma:

- Si ellas quieren Suzaku y Rayder, los tendrán esta noche - Guiñándole un ojo mientras que metía sus manos en sus bolsillos del pantalón, andando más cómodamente.

Ambos seguían caminando por aquellas calles, hablando de sus antiguas vidas y de las nuevas. Suzaku era ya un pirata con experiencia, que había probado las aguas de varios mares con su barco propio y junto a una tripulación fundada, los Piratas de Barba Rubia. Podía notarse a la perfección el sentimiento en su mirada cada vez que hablaba de ello, realmente parecía emocionarle. Era agradable que un pirata estuviera tan a gusto con su vida, la mayoría de las veces muchos se encerraban en sí mismos y se volvían uraños e imbéciles. Este no era el caso. Además, le comentó que tenía otros tres hermanos, los cuáles pertenecían también a la familia Shakkin.

Ese era un placer del que Rayder no había podido disfrutar nunca. Él siempre había sido hijo único, y había estado solo. Sus únicos amigos que le apartaban de la soledad eran los libros de navegación y las clases prácticas con la espada. También se relacionaba de vez en cuando con algunos muchachos de su edad, pero su nivel aristocrático sólo lo permitía con personas de su mismo rango social. La mayoría de ellos eran unos incompetentes y resabidos, cosa que frustraba demasiado al pelinegro. Tal vez fueran aquellos comportamientos los que le hacían rechazar una y otra vez las proposiciones de asistencia a bailes en la gran ciudad de Lvneel. Y muchas veces había deseado haber nacido en otra familia, haber podido relacionarse con gente con la que se pudiera llevar bien. Ahora, sin ataduras sociales ni burocráticas, podía hacer lo que quisiera, hacer amigos de cualquier rango social. Por una vez en su vida, él también se sentía a gusto.

- Tener hermanos es una suerte. A pesar de tener que cuidar de ellos, siempre sabrás que están ahí para lo que sea, bueno o malo. Son importantes pilares de apoyo en la mentalidad de uno mismo. Yo no tengo esa suerte de mi parte, nací, crecí y maduré técnicamente solo - Dijo mostrando algunos detalles más de su infancia.

Entonces fue cuando ambos llegaron a la taberna que marcaría sus días, entrando en ella y sentándose en una de las varias mesas que había distribuidas por todo el establecimiento. Tenía una ambientación un poco desaliñada y anticuada, con reflejos de madera por doquier y muchas, pero que muchas botellas detrás de la barra principal. Nada más ver la señal que hacía su compañero, la camarera, una adorable chica, fue a pedirles qué querían tomar. Y una vez que su amigo lo hizo y le preguntó qué quería él, respondió:

- Un whisky solo en jarra de cerveza. Necesitaré combustible para esta noche - Siempre le habían encantado las bebidas alcohólicas en grandes proporciones.

La mayoría de la gente solía tomar el whisky en pequeños vasitos no demasiado grandes, pero él lo prefería en jarra. Aunque le cobrasen un poco más por ello, podría disfrutar de mucha más bebida de una sola sentada. La chica apuntó todo lo que querían en un papel y se dio la vuelta para prepararlo en la barra. No tardó demasiado en traerlo, un vaso de tamaño medio para Suzaku, y una jarra de medio litro para el espadachín. Tras darle las gracias, con guiño incluido, a la camarera, y tras dejar que esta se sonrojase, tomó su jarra y comenzó a beber. El sabor de aquel licor en su interior hacía que tuviera que dar pequeños tragos para que su garganta no comenzase a arder.

- Cuánto tiempo sin tomar algo de alcohol, la última vez que lo hice creo que me estamparon una silla contra la cara, pero no recuerdo por qué- Sacando un tema con el que romper el hielo en aquellos momentos.

Sin embargo, no necesitó hacerlo, porque unos minutos más tarde entraron por la puerta las dos bellezas que se habían cruzado en la calle. Como Rayder estaba sentado mirando hacia la puerta de entrada, colocó sus labios en una posición regia y silbó, llamando la atención de las dos chicas y las de todos los clientes del bar. Nada más verlos, fueron hacia su mesa y se sentaron con ellos, después de darles dos besos a cada uno. Olían genial.

"Si Suzaku no estuviera aquí ya le estaría arrancando la ropa con los dientes", pensaba el espadachín pelinegro, conteniendo su libido para no causar algún alboroto visual en aquel lugar.

- Parece que nos habéis estado esperando toda la noche, sois muy amables - Dijo la morena, que se acercaba al pelinegro, mientras que su compañera pelirroja se sentaba cerca de Suzaku.

- Ha valido la pena, por lo que veo ~ grr - Le dijo Rayder mientras que hacía una especie de rugido sensual, además de guiñarle un ojo.

Esta vez fue él el que llamó a la camarera, que vino hacia ellos con una mirada un poco triste. Tal vez se hubiera querido unir a ellos antes de que las chicas hubieran llegado, pero ya era tarde. Atendió lo que querían las féminas y lo trajo al cabo de un rato, mientras que la morena se iba acercando cada vez más al pelinegro, y la pelirroja comenzaba a rozarse con Suzaku. Directas, guapas, buen cuerpo y olían bien. ¿Qué más querían aquellos dos hombres con suerte?
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Mensaje por Suzaku el Jue 21 Mar 2013 - 11:05

¿Un whisky en jarra?

Nunca había visto una extravagancia como aquella. Whisky solo en una jarra de cerveza. Ahí había casi una botella entera. Era imposible que Rayder se la bebiera sin sufrir las consecuencias, y, si volvían aquellas damas, no sería capaz de aguantar el ritmo que le pidieran. Después de tener nuestras bebidas nos sentamos en una mesa a tomárnoslas.

Menudo tanque de alcohol, amigo mío. — le dije a Rayder al ver aquella bañera que tenía entre las manos.

Entonces, Rayder silbó con fuerza, lo que me sobresaltó a la par que me molestó a los oídos. Cuando lo hizo, instintivamente me tapé los oídos con las manos para paliar el daño. No entendía por qué había hecho aquello, pero cuando vi cómo se acercaban las dos mujeres que nos habíamos cruzado hacía unas horas, lo entendí perfectamente. Pelirroja… morena… ojos verdes… cuerpo precioso… buen olor… Aquellas mujeres tenían todo lo que un hombre pudiera desear de una fémina. La morena nos dijo, entre sonrisas, que parecía que habíamos estado toda la noche esperándolas y, aunque no iba a decírselo, la verdad es que así era. Sonreí con picardía a la pelirroja, la cual me devolvió el gesto. Las dos chicas nos dieron dos besos y luego se sentaron con nosotros. Rayder llamó a la camarera para que trajeran lo que las chicas quisieran.

Esta mujer es preciosa, pensé, admirando la belleza de la pelirroja.

La pelirroja empezó a acercarse a mi sugerentemente, y no iba a ser yo quien le quitara las ganas de estar conmigo. Estábamos silla con silla, pegando, así que levanté mi brazo izquierdo y se lo pasé por detrás de la espalda, abrazándola por los hombros.

Dime, preciosa, ¿cómo te llamas? — pregunté, con una voz seductora, aunque camuflada en una sutil inocencia.

Aquella mujer me gustaba mucho y algo me decía que yo a ella también. Tal vez su lenguaje corporal, los gestos, las miradas… No sabía qué era, pero había conexión entre nosotros. Cogí la copa de whisky y le di un largo trago.

Bueno chicas, ¿de dónde sois?
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Mensaje por Rayder el Jue 21 Mar 2013 - 13:04

Como no, Suzaku se sobresaltó un poco al ver aquella cantidad incoherente de alcohol en una jarra de cerveza. No era el único, puesto que la mayoría de los clientes del bar abrieron en demasía los ojos cuando la camarera trajo el pedido en el lugar en el que nos habíamos sentado. Una riquísima jarra de medio litro, rellena de whisky de buena graduación. ¡Hmm! Perfecto para entrar en calor en una noche fría de invierno, perfecto para quitarse aquella vergüenza y ser directo y sincero con las mujeres. Perfecto para el comienzo de la noche. Mientras que el pelinegro tomaba otro sorbo y dejaba su vaso en la mesa, le comentaba a su compañero con una gran sonrisa en sus labios:

- Siempre necesito grandes cantidades para cogerme esa "chispilla" especial, parece ser que tengo mucha resistencia al alcohol - Se rió, cerrando un poco los ojos y mostrando una expresión agradable y simpática.

Tras eso, y una vez que las chicas estuvieron con ellos, comenzó la verdadera fiesta. La pelirroja, sentada al lado de Suzaku, comenzó a acercarse demasiado. Había veces que incluso apoyaba su cabeza sobre el hombro de él. Esa caía esta noche fijo, pero vamos. Ni un vidente podría obviar la verdad. La morena, por contraparte, también se sentía tentada de hacer lo mismo con el joven pelinegro, pero se mostraba un poco más recatada. Tal vez fuera un poco más tímida, pero aquello lo único que hacía era que le gustase más. Siempre le habían gustado aquellas personas inalcanzables, que tuviera que trabajárselas para poder ganarse su respeto. Era lo que él llamaba "el camino a la cama". Primero empezabas preguntándole su nombre, de dónde era ... Blablablá ... Hasta que con el paso del tiempo, la confianza entre ambos había aumentado. Con unas copas de más y unas palabras sutiles pero no demasiado directas, llevársela a la cama era lo más fácil que había hecho en la vida. Y Suzaku fue el que comenzó preguntando el nombre de su chica, la cuál le respondió con una sonrisa pícara:

- Me llamo Rose, ¿y tú? - Llevándose uno de sus dedos índice a las comisuras de los labios, jugando con él.

Volviendo a su chica, ambos también habían comenzado de una manera similar. Y una vez que se había presentado Rayder, preguntó el nombre de la que estaba sentada a su lado. Vestía con un top ajustado que hacía que se le marcasen las caderas y los pechos. ¡Y QUÉ PECHOTES! Buff. Calculando rápido, el pelinegro no esperaba menos de una copa 95. Sería una noche feliz. Cuando habló, la morena mostró una sensualidad innata, que hizo que el chico se ruborizase:

- Yo soy Asuka, encantada - Acercándose a Rayder para darle un segundo beso, esta vez muy cerca de los labios. Lo suficiente como para dejarle entusiasmado y esperando que otro beso más llegase.

La velada seguía su ritmo, el paso del tiempo hacía que las copas se terminasen y se pidieran nuevas. Las chicas explicaron que eran de Loguetown, nacidas en aquella misma isla, y que les gustaba dar vueltas por la noche en busca de tipos guapos como Suzaku y Rayder. Claramente, el alcohol por ambas partes ayudaba a que las parejas estuvieran más íntimas, y no tardó mucho en que Asuka y Rose dieran los primeros besos en los labios a los chicos suertudos que se las habían topado horas atrás en la calle. Reían, cantaban las canciones de una pequeña banda que se había puesto sobre un mini-escenario y tocaba con sus instrumentos, e incluso alguna vez les instaron a bailar con ellas. La noche parecía larga y nunca terminaría, pero siempre hay un final. Y esta historia lo tiene.

Entrando con un aire sombrío, un hombre calvo de no más de cuarenta años, uniformado con el traje blanqui-azul de la Marina se dejó llevar hasta la barra del bar, sentándose en uno de los taburetes. Una vez que pidió una cerveza y se la sirvieron, se dio la vuelta y quedó mirando hacia el centro de la estancia, descansando. Y en cuanto vio a las dos jóvenes con los dos apuestos piratas, dejó caer la jarra de su cerveza, estallándose contra el suelo, a la vez que gritaba:

- ¡¿Qué coño hacéis con mis chicas?! - Enfadado, con la cara roja, y con algunas venas marcadas en su expresión facial.

En ese momento, Rose se escondió detrás de la espalda de Suzaku, al igual que Asuka hizo lo propio con la del pelinegro. Al oído de cada una de sus parejas, las chicas susurraron que era uno de los borrachos de la ciudad. Un hombre que, como pertenecía a una organización de la justicia, tenía el ego demasiado crecido para lo que en realidad era. Por consiguiente, trataba a todas las señoritas de la ciudad como si fueran de su propiedad, e incluso se rumoreaba que había matado a una por haber hablado con otro hombre días atrás de haber pasado un tiempo con él. Entendiendo aquello, era como un "proxeneta obsesivo", que se levantó y desenfundó de su cartuchera un revólver cargado con balas de plomo, el típico que llevaban los marines consigo.

- ¡¡Os volaré la cabeza si no os alejáis y os váis por vuestro camino!! - Apuntando con sus armas tanto al pelirrubio como al pelinegro.

Posando una de sus manos en el mango de la espada que llevaba sujeta al cinto, Rayder miró con unos ojos incoloros bastante temidos al marine que había osado estropearles la noche. Además, se giró para ver a Suzaku, esperando una reacción por su parte. Echando la cabeza un poco para atrás, el pelinegro habló con su chica, diciéndole en voz alta para que todo el mundo de aquel bar pudiera escucharle:

- Espérame en la mesa, cariño, Suzaku y yo tenemos que sacar la basura - Dándole una cachetada leve en el muslo a la chica, la cuál fue a por su amiga y la llevó del brazo a una de las mesas donde se habían reunido la mayoría de la gente.

Solo quedaban Suzaku y Rayder de pie, plantados a menos de cuatro metros del hombre que había roto toda la confianza que habían estado trabajando con las chicas. Un completo imbécil, eso es lo que era. Con un asentimiento de cabeza, le indicó a Suzaku que iría a por él. Y así, el joven espadachín se impulsó, moviéndose rápidamente, dando comienzo al suceso que haría arder las calles de Loguetown.
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