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Todas las imágenes utilizadas en el foro a excepción de los avatares de los propios users y sus creaciones pertenecen a One Piece (ワンピース Wan Pīsu?). Este es un manga japonés creado por Eiichirō Oda y llevado a la versión anime por Kōnosuke Uda, actualmente el anime es realizado por Toei Animation y se transmite en Fuji TV. Comenzó a publicarse en Weekly Shōnen Jump desde el 4 de agosto de 1997.

[Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

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[Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Rayder el Sáb 1 Jun 2013 - 18:22



~ El Paraíso también puede ser pasional ~
El viento mecía su cabello, apartándolo de su frente y llevándolo hacia los lados. A pesar de que dicho efecto climatológico hiciera acto de presencia, el calor era la principal característica de aquel día y aquella isla. Con las manos apoyadas en la borda de su barco, el pelinegro miraba en dirección a su próximo destino: la isla Banaro. Las olas empujaban el navío hacia las orillas de dicho lugar, con un movimiento lento pero seguro. Alejándose con una sonrisa y una cara tranquila de esa zona del transporte, se dirigió a su habitación para recoger todo objeto que pudiera servirle en su viaje. Tomó la bolsa con los distintos Diales que había adquirido tiempo atrás; sus espadas que colgó con mesura y cuidado en el cinto, en la parte derecha de su cadera; y los abalorios que siempre solía llevar puestos: el anillo de su familia en uno de los dedos de su mano derecha y el pendiente que le catalogaba como noble de Lvneel en su oreja izquierda. Vestido únicamente con camisa y pantalón, lo primero remangado hasta los codos y lo segundo en conjunto con sus zapatos que toda persona admiraría, salió de su camarote para dirigirse hacia la parte superior del Fifty Stars, el barco de su tripulación. Apostado cerca de uno de los mástiles, apoyó su espalda en él y cruzó los brazos mientras que el navío se iba acercando cada vez más a la costa. No quedaban más de cincuenta o sesenta metros cuando decidió ponerse en marcha, crujiendo los huesos de su cuello con un movimiento de dicha articulación hacia los lados, diciendo tras parpadear alguna que otra vez:

- Ya estoy harto de esperar - Transmitiendo energía a la planta de sus pies y comenzando a levitar, mientras que su pelo y ropajes se movían por la acción del viento en su cuerpo. Pronto dejó de estar en contacto con el suelo de la cubierta, y se desplazó por el aire a una gran velocidad. Recorrió la distancia que separaba la isla Banaro del barco en apenas cinco o seis segundos, y aterrizó levantando una nube de arena en la orilla de la playa. Apoyado con una rodilla y una mano en el suelo, alzó su vista para levantarse con cuidado y erguir su espalda. Por fin, había llegado a la isla, y solo quedaba visitarla a fondo. Una nueva y fina sonrisa se dibujó en su rostro, mientras que inspiraba en una pose propia de él. - Veamos qué cosas nos aguardan más allá de las montañas - Comentó, apoyando su mano derecha en el mango de una de sus espadas, concretamente la que le regaló Hayato tiempo atrás.

Así, los pasos del pelinegro empezaron a encaminarle hacia el interior de Banaro. Atravesó un pequeño bosque en el transcurso de unos diez o quince minutos, en los cuáles se fijó sobretodo en la fauna y flora de aquella isla. Multitud de pájaros, ardillas, conejos y animalillos disfrutaban corriendo de un lugar para otro, sin ningún motivo que pudiera complicar o aterrar su simple vida. Conforme caminaba por dichos lares, podía notar la humedad del ambiente, a pesar de que el clima fuera tórrido en el exterior. Una isla tropical, por así decirlo. Dejando de lado los lugares donde había tenido que abrigarse hasta la nariz, debido al frío insustancial que se repartía por doquier, aquel tipo de islas eran las que más le gustaban. A pesar de tener una piel tan blanca y que un contacto prolongado con la luz del sol podía ponerle rojo y quemarle, no podía negar que eran las zonas más agradables para la visita. Y una vez que salió del bosque, se topó con las grandes montañas, que cercaban la ciudad que se encontraba en el centro exacto de la isla. Usó sus poderes energéticos para volar por los aires y atravesar la gran altura de dichas creaciones geológicas, situándose a muchos pies de altitud. "Bingo ~ Ahí está mi objetivo", pensó, mientras que sus ojos despigmentados se clavaban en una pequeña civilación dentro del círculo de montañas. Girando su cuerpo en el aire, cambió la trayectoria ascendente que había llevado anteriormente para dirigirse a gran velocidad hacia el lugar, como si de una bala humana se tratase. Reduciendo la velocidad y mejorando el control a la hora del aterrizaje, simplemente posó sus pies en el suelo y siguió andando, mientras que los que habían observado su "caída del cielo" se asombraban de que un extraño personaje hubiera aparecido en su apacible y sereno pueblo.

- ¿Te ha gustado, eh? - Dijo, con cierto tono socarrón e irónico impregnando sus palabras. Se dirigía a una mujer de unos cuarenta o cincuenta años que no le había quitado el ojo de encima, estaba colgando la ropa y se había quedado muda al contemplar lo que sus ojos habían presenciado de gratis. Volteando su cabeza, el pelinegro siguió caminando por las calles que conformaban la estructura de la ciudad de Banaro, la cuál no era demasiado grande ni extensa. - Creo que el día va a ser muy aburrido ... Pero espero equivocarme - Afirmaba en voz alta para sí mismo, aunque seguramente todo el mundo le escucharía. El lugar no tenía nada de especial. No parecía que hubiera casinos, y pocas tabernas mostraban sus carteles de oferta a los ojos de todos los lugareños.

Había ido a topar con la tranquilidad idealizada, cosa que no le gustaba para nada. A pesar de que siempre se pudiera mostrar sereno y paciente, era una persona que le encantaba el "peligro" y el "juego", en cierto modo. Una ciudad que no podía darle emociones fuertes no era para nada su estilo, pero era lo que tocaba aquel día. Ya que había llegado hasta ahí, al menos inspeccionaría bien todas las calles que formaban Banaro, para no irse con nada entre las manos. Qué menos que la información que sus orbes incoloros pudieran recoger en forma de imágenes que se quedasen grabadas en su mente para la posteridad. Mas pronto escuchó unos pasos a su espalda, y un leve perfume embriagó sus orificios nasales. Cerró los ojos y aspiró, mientras que su mente pensaba insconscientemente: "¿Podría ser ... ?". Sin terminar siquiera dicha frase, se dio la vuelta, puesto que conocía aquel olor. La sonrisa que siempre llevaba consigo se hizo más radiante, ya que había encontrado algo por lo que valía la pena pasar el día en un lugar tan aburrido.
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Megumi Murasaki el Lun 3 Jun 2013 - 23:01

Una suave brisa acarició mi cara, el olor a agua salada entro por mi nariz despertando mis cinco sentidos. Abrí los ojos lentamente para mirar alrededor. Estaba en una cama con sábanas blancas, las ventanas dejaban entrar el viento en la habitación agitando las finas cortinas que de ellas colgaban. Aparté las sabanas y me estiré llegando a tocar los extremos del colchón, me incorporé apoyándome sobre las palmas de mis manos y me quedé sentada en la cama mirando por el gran ventanal que tenía frente a mi. El dulce aroma a mar era realmente relajante, y aquella forma de despertarme había sido muy relajante. Respiré hondo y solté un suspiro.

-Todas las mañanas podría despertar así, me ayudaría a llevar mejor el día. Dije hablando para mí mientras miraba el mar a través del ventanal.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba a abajo al ver un pájaro negro de pecho blanco posándose en los barrotes del balcón de la habitación. Me eché de nuevo en la cama, entrecruzando mis manos tras la cabeza y doblando ligeramente mis piernas.
Había estado navegando unos días con el hermano de mi madre, Kaminari, siempre se prestaba a ayudarme en mis viajes por aquellos mares. Vi desde su barco aquella isla rodeada por rocas y decidí pasar unos días allí, así descansaría de mi viaje. Me encontraba en un pequeño Hostal en lo alto de una montaña del pueblo de Isla Banaro. Tenía reserva para cuatro noches; aquella había sido la primera y en esa habitación se dormía de lujo.
Me levanté de la cama y me dirigí al baño para darme una ducha y así poder aprovechar el día entero. Cuando acabé, me peiné y me vestí con una camisa rosa sin mangas, una falda gris y mis bambas negras preferidas. Cerré la habitación y salí del Hostal para buscar un lugar donde desayunar algo rico y dulce.

Me apetece algo dulce... ¿Dónde puede haber alguna tienda por aquí?

Me dispuse a caminar por el pequeño pueblo sin perder detalle de lo que me rodeaba. La gente parecía muy tranquila y seria, las mujeres hacían sus compras y los pocos hombres que caminaban por allí parecían no tener ni un ápice de mala fe. A los pocos pasos encontré un parque con un grupo de niños jugando, ya que a los niños les gustan los dulces, sería buena idea preguntarles por alguna tienda donde vendieran algo rico y dulce, mi tripa estaba quejándose mucho ya. Me acerqué a uno de los niños, el cual parecía llevarse bien con todos, y amablemente me dispuse a preguntarle.

-Perdona chico, ¿me puedes ayudar un momento? Le dije enseñando mi amable sonrisa. -Me gustaría saber si conoces alguna tienda por aquí cerca en la que vendan dulces.

El chico amablemente me contestó y me indicó que siguiera una calle muy larga y que al llegar al final llegaría a una plazoleta en la cual hay una tienda en la que él compraba unos dulces muy deliciosos. Le di las gracias y me dirigí hacia aquel lugar con paso lento. Casi había llegado a la plazoleta de la que me había hablado en muchacho, cuando vi unas cuantas mujeres admirando algo entusiasmadas.

A lo mejor hay un espectáculo o algo...pero a estas horas de la mañana, me parece un tanto extraño.

Me acerqué por detrás de un par de mujeres escuchando lo que decían "¿Has visto eso? ¿De dónde ha salido ese demente?". Pasé por delante de ellas y me fijé en que todas miraban a un hombre de pelo negro que estaba en medio de aquel lugar. Su camisa remangada hasta los codos me parecía familiar, y aquella pose un tanto chulesca con las espadas en el cinturón, lo era aún más. Acercándome un poco a aquel chico, escuché su voz diciendo algo, y en ese instante descubrí quien era; Rayder, el pelinegro que había conocido en el desierto de Saint Reia tiempo antes. Me acerqué a él por detrás eufórica y de un salto me coloqué delante suya. Sonreí emocionada y me lancé sobre él abrazándole por encima de sus brazos y apretándole fuerte.

-¡Rayder! Grité muy contenta mientras acababa el abrazo y me quedaba en frente suya. -¿Qué haces aquí? Nunca imaginé verte por aquí, y menos volver a verte tan pronto.

Sonrojada por los nervios, miré a los ojos del pelinegro, aquellos ojos seguían siendo igual de especiales que cuando le conocí. Sin esperar respuesta, empujé ligeramente con mi mano derecha al pelinegro por su pecho riéndome mientras le decía:

-Todas estas mujeres te están mirando, ¿se puede saber que has hecho? Pregunté con voz sensual. -Me alegro de que estés tan guapo como siempre.

Le saqué la lengua con gesto burlón, y me quedé cerca suya para escuchar su llamativa y varonil voz mientras no apartaba mi miraba de sus labios.
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Rayder el Mar 4 Jun 2013 - 10:48

Un cuerpo apresó en un abrazo al pelinegro, embriagándole con su perfume encantador. La sorpresa llegó de la mano de una persona a la que conocía bastante bien, a su parecer, y de la que se alegraba volver a disfrutar de su compañía en un lugar tan aburrido como podía ser la isla Banaro. Inmóvil ante la presa realizada por la joven, simplemente sonrió y se dejó llevar por el momento, mientras que pensaba para sí mismo: "Ya decía yo que ese olor me sonaba, desde luego es único". ¿Mas quién era aquella persona que lograba sonsacar la mejor sonrisa de Rayder aunque fuera un triste día? Ella era Megumi, Megumi Murasaki, la dulce peliviolácea conocida tiempo atrás, en un desierto del cuál tenía muy buenos recuerdos. Aquella a la que había besado y le había pegado un tortazo, la única que había tenido el suficiente carácter como para plantarle cara y no dejarle salirse con la suya. Una característica que impresionó en su momento al pelinegro, mas aquel día no se repetiría como en su último encuentro. ¿Besarla? Era una posibilidad que no descartaba, pero no nada más verse. Esperaría un poco, para dejarla más intrigada e impaciente todavía. Como todo buen vendedor, él mismo debía saber cómo patrocinarse, y por el momento simplemente pasaría su rato con ella. Levantó una ceja cuando le preguntó qué hacía por allí, y que no había esperado encontrárselo tan pronto desde su última estancia juntos. Ante ello, él respondió agradablemente, con aquella voz que intentaba volver loca a su receptora:

- La querida flor siempre aparece otra vez, por lo que veo - Comentó, en aquel tono misterioso y con ciertos tonos irónicos, pero nada para molestar a la chica. Con las manos, debajo de aquel abrazo que le impedía moverlos correctamente, las situó en las caderas de la señorita, acariciándola lentamente con mucho cariño. No porque quisiera hacer nada malo con ella, simplemente como saludo "tierno". Mirando directamente a sus ojos, siguió respondiendo a las afirmaciones que exclamaba la chica. - ¿Qué tiene de malo que me pase a dar una vuelta por aquí? Tampoco es que sea el principal atrayente de problemas, haha - Tomando aire a la vez que Megumi terminaba el abrazo y se colocaba enfrente de él. Inclinando un poco la cabeza, terminó por añadir. - A mí se me ha hecho eterno el tiempo que no nos hemos visto, preciosa ~

Mostrando aquella sonrisa que salía a la luz cada vez que miraba a los azulados ojos de la señorita Murasaki. Haciéndole una señal con la cabeza, le instó a que empezasen a andar por aquel poblado, para alejarse de los posibles malentendidos que pudieran surgir. Además, como había mil y un cotillas rondando por la zona, lo mejor sería encontrar algo más íntimo donde pudieran hablar tranquilamente sin preocuparse por lo que pudiera pasar. Pero antes de aquello, tomó una de sus manos con cuidado y depositó un beso en el reverso de esta, como todo buen caballero que era y como tal debía comportarse con ella. "Tal vez haya estando persiguiéndome todo este tiempo ... Eso nunca se sabe", pensaba, un poco presumido. La gente les seguía mirando, pero tan pronto como avanzaron por las calles de Banaro, los ojos dejaron de posarse sobre la pareja. Parecía que aquellos habitantes eran relajados, que solo iban a lo suyo y a poco más. En cierto modo, eso era bueno para ambos. La joven volvió a preguntar porqué todo el mundo estaba pendiente de sus pasos, así que él, ni corto ni perezoso, respondió:

- No todos los días se ve a un hombre caer del cielo, cariño - Recordando su, tal vez, excesiva y teatral entrada a Banaro. Además, la joven le dijo que estaba tan guapo como siempre, a lo que no pudo evitar sonrojarse y mostrar una de sus mejores sonrisas. - Teniéndote a ti al lado, cualquier símbolo de belleza queda pequeño y anticuado. Seguro que eres la envidia de los mares - Mirando de reojo a la chica, afirmando y dando fe con su propia cabeza. La verdad es que Megumi era bastante guapa, y una de las pocas personas que habían sabido "entrar en el juego" de Rayder y conseguir estar a la cabeza del asunto. Una digna rival a la que encantaría someter conforme el tiempo les diera más confianza y la pasión aflorase. Pero para ello, todavía había que esperar, puesto que las cosas rápidas nunca terminan bien. Como ejemplo, el beso en la taberna. Un tortazo y listo para irse a casa. Pero por lo menos, había dado un paso de iniciativa y se ganó una pequeña recompensa que le gustó en exceso.

Continuando con el paseo, el pelinegro paró frente a una tienda de dulces. Se mostró pensativo, posando dos de sus dedos en la barbilla. Tal vez a la señorita Megumi le gustasen aquellas delicias de la hostelería, y no estaría nada mal que le concediera dicho capricho. Así que se cruzó de brazos y se dirigió lentamente hacia la puerta de entrada. Un olor a goloseo inundó sus fosas nasales, y tuvo que abrir la boca para no ahogarse en tal divino olor. Girando medio cuerpo, miró a la chica para que entrase con él en aquel lugar. Abrió la puerta para que pasase ella primero, y luego se colaría él por detrás. El interior era bastante agradable, y había distintas baldas de madera sobre las que reposaban los distintos dulces que se vendían en el establecimiento.

- No sé si te gusta lo que venden aquí, pero en una ocasión te dije que "A nadie le amarga un dulce" - Recordando aquel momento, cuando la besó en Saint Reia. Los días sucesivos a aquella sensación fueron bastante obsesivos, en los que la chica no desaparecía del pensamiento del pelinegro. - Tranquila, no te cohibas ... Invito yo ~

Alzando una de sus manos, dejó que la chica rondase por la tienda para comprar lo que quisiera. Mientras tanto, él se apoyó meditabundo en una de las paredes, con aquella sonrisa que no desaparecía cuando la tenía a su lado. Los ojos incoloros estaban fijos en su figura, y pronto olvidó todo lo que acontecía a su alrededor para fijarse únicamente en una persona: Megumi.
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Megumi Murasaki el Mar 4 Jun 2013 - 17:57

El pelinegro correspondió mi abrazo gratamente, acariciando mis caderas con sus manos. Aquello me transmitió mucha alegría, ya que demostraba que se alegraba de verme y que el tortazo que le dí cuando nos conocimos no era de demasiada importancia. Cual caballero que era, alabó mi presencia allí comparándome con una flor. Tras acabar nuestro sentido abrazó, añadió que para él, el tiempo sin verme se le había hecho eterno. Me sonrojé rápidamente, y todo mi rostro parecía del mismo tono que mis rosados labios. Su atrayente sonrisa volvió a iluminar su cara, y mi tez volvió a su tono habitual.

Había olvidado esa sonrisa tan seductora...pero hoy, no me dejaré seducir haga lo que haga.

Mientras pensaba para mis adentros y recordaba el primer beso que me robó en Saint Reia, el pelinegro me hizo un gesto para caminar por aquel pueblecito. Antes de empezar a movernos de aquel lugar, cogió una de mis manos y la acercó ligeramente a su cara, posando un beso en el reverso de ésta. Le correspondí con una amplia sonrisa que irradió felicidad y empecé a caminar junto al pelinegro por las calles de Banaro. A los pocos pasos, empezamos a pasar desapercibidos entre la gente del pueblo, y aquellas mujeres dejaron de mirar tan descaradamente a mi apuesto amigo. Todos volvieron a sus tareas.
Mientras caminábamos por aquellas calles de piedra y casas tradicionales, Rayder me explicó el porqué de que aquellas mujeres le miraran con gesto de sorpresa. Resulta que había llegado hasta aquel lugar por medio de su levitación, y claro, eso no se ve todos los días. A continuación, de su boca salió una de las frases más bonitas que me habían dedicado nunca, "Teniéndote a ti al lado, cualquier símbolo de belleza queda pequeño y anticuado. Seguro que eres la envidia de los mares". Tras escuchar aquel precioso halago que el pelinegro me había dedicado, le empujé ligeramente con mi hombro. -Tonto...- Dije mirando de reojo su simpático gesto. La verdad, es que aquel pelinegro se había ganado mi confianza a base de caballerosidad; cosa que no veía a menudo por los lugares donde navegaba los últimos dos años. La sonrisa tan sincera que me dedicaba desde el primer contacto entre nuestras miradas, también contribuyó mucho en la confianza que se había ganado con solo una toma de contacto.

-Rayder...no me halagues de esa forma que me sonrojas. Además, no conseguirás conquistarme así. Dije guiñándole un ojo al pelinegro, a la par que rocé una de sus manos con la mía en señal de broma.

Al cabo de unos minutos paseando por Banaro, el pelinegro se detuvo frente a una tienda de dulces. Yo, entusiasmada por haber encontrado una tienda en la que poder saciar mis más dulces deseos, me asomé por una ventana de la tienda mirando la cantidad de cosas que tenían allí dentro.

Se me cae la baba solo de pensar en comerme todo eso....

El caballero pelinegro se dirigió hacia la puerta de aquella tienda y me esperó abriendo dicha puerta para que yo pasara cómodamente. Una vez dentro, cada dulce iba captando mi atención, todos tenían una pinta estupenda. El pelinegro recordó una frase que me dijo cuando nos conocimos, y en esta ocasión tenía toda la razón. Girando mi cabeza para mirarle, se dispuso a invitarme, por lo que me puse a mirar cada dulce del lugar para elegir unos cuantos.

-Muy amable por tu parte Ray. Contesté mientras que el pelinegro se apoyaba en una de las paredes del establecimiento, y añadí. -Pero ya que invitas tú, elegiré algún que otro dulce para que disfrutes conmigo.

Revisé todos los dulces de aquella tienda, y elegí los que mejor aspecto tenían, dos para mi, y dos especialmente llamativos para Rayder. Me acerqué donde estaba el pelinegro, y agarré su mano derecha con mis dos manos para tirar de él hacia la dueña de la tienda para que pagara. En ese momento me fijé en una pequeña cajita de bombones de licor, que por supuesto se me antojaron, e indiqué a la vendedora que me los pusiera también. Miré a Rayder con cara dulce y dije:

-Ray, ¿compartimos esos bombones?

Seguidamente dejé que el pelinegro pagara los dulces y salí de la tienda feliz. Una vez fuera, acompañada de mi caballeroso y amable amigo, se me ocurrió ir al Hostal en el que me hospedaría aquellos días, y tomar los dulces allí tranquilamente. Así que me dirigí hacia él para exponerle mi idea.

-Gracias por los dulces, eres muy amable. Comenté. Seguidamente besé su mejilla levemente y volví a mi posición. -Si quieres, podríamos ir al Hostal en le que me quedo estos días, mi habitación tiene un balcón con vistas muy bonitas, y debajo hay una pequeña terraza del Hostal con césped. Allí podríamos estar tranquilos sin que nadie nos molestara.

Con mi mano izquierda sujetaba la bolsa de papel oscuro en la que llevaba los dulces con mucho cuidado. Señalando la fachada de mi Hostal con el dedo índice de mi mano derecha a pocas manzanas de donde nos encontrábamos, empecé a caminar de lado mirando a mi apuesto amigo mientras ponía cara de pena para convencerle.
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Rayder el Miér 5 Jun 2013 - 12:57

Un dulce y cariñoso insulto por parte de Megumi indicó que las palabras que Rayder le lanzaba le gustaban en cierto modo. Notó su sonrojo a la legua, ante lo que no pudo evitar alegrar sus facciones faciales. Seguidamente, le comentó que con palabras bonitas no la conquistaría, mas la mente del pelinegro ya estaba preparando una afirmación ante dicha frase: "Cariño, si hubiera querido cortejarte, tú y yo no estaríamos comprando golosinas". La peliviolácea guiño un ojo, muy provocativo, a la par que rozaba la mano del pelinegro con la suya. ¿Estaba intentando enturbiar su mente? La tontería se quitó de su mente cuando ambos entraron en la tienda de chucherías, donde él se apoyó en una de las paredes del establecimiento y cruzó los brazos por debajo de sus pectorales, mientras que la chica se paseaba por todos los corredores y pasillos y buscaba diferentes cosas para comprar. Al cabo de unos minutos, su acompañante traía en las manos dos golosinas para ella, y otras dos para él. Tiró de su mano para dirigirse hacia la zona de pago, adonde se dejó llevar sin ningún problema. La dependienta miró lo que llevaban encima y la caja de bombones de licor solicitada por Megumi, así que echó cuentas y le dio la cifra que tenía que ingresar el ex-noble. Este, sacando una bolsita de cuero grisáceo del interior de su gabardina, pagó el importe de todo lo que habían tomado aquel día, dejándolo encima de la mesa para que la señora lo cogiera y lo guardara en su caja fuerte. Tras darle los buenos días, el joven abrió la puerta para salir después de la peliviolácea. Ante eso, dijo con una cara un poco sonrojada:

- ¿Estás segura de compartir bombones de licor conmigo? Puede que acabemos muy mal ... - Dijo con una irónica y sensual sonrisa en su cara, tomando la bolsa para que la chica no tuviera que cargar con ella. La sola idea de compartir bombones con ella le resultaba tentadora y atrayente, mas su mente no podía evitar pensar más de lo que podía percibir. Se imaginó a él mismo dándole un bombón a Megumi, y ella dándole uno a él con sus delicados y tiernos dedos. Ambos sentados en una cama, donde nada podía ser más perfecto para la intimidad. Suspiró y se relajó, puesto que no quería empezar a "señalar" a todos los que se cruzaran con él. Sugiriendo ir al Hostal en el que se asentaba ella, Rayder alzó una ceja mientras que decía. - Me parece bien, querida. Vayamos a ese lugar, y me enseñas las vistas de tu balcón. Y tranquila, si alguien intenta molestarnos, ya me ocuparé de que dejen de hacerlo. Para un día en el que me vuelvo a encontrar contigo, solo quiero aprovechar el momento y disfrutar de tu compañía - Agregando una pequeña carcajada, además de que sus pasos comenzaban a alejarles de la tienda de golosinas en la que habían entrado previamente.

Dejándose llevar por las calles que la chica transitaba, llegó a ver la fachada del edificio que ella le señalaba. Ya sería imposible que se perdiera buscándolo, pues sabía a dónde tenía que ir. Por tanto, ambos continuaron con aquel paseo, mientras que Rayder pensaba para sí mismo: "Bombones y me invita a su habitación del hostal. No es por pensar mal, pero parece que es ella la que quiere conquistarme". Sus labios se estiraron en una sonrisa, mientras que su mirada de ojos incoloros se percataba de cómo Megumi le miraba de reojo. Su carita de pena era demasiado dulce, suficiente como para enternecer el corazón de cualquier persona. ¿Cómo iba a decirle que no con esos ojos azulados tan preciosos? No podía, sencillamente. Atravesaron con el paso del tiempo las distintas calles hasta salir a la manzana correspondiente del hostal. Alzando la vista, el pelinegro se dio cuenta de que aquel lugar era bastante grande, suficiente como para tener tres o cuatro plantas de habitaciones. Megumi debería de tener una buena paga o suma de dinero para poder costearse su estancia en dicho lugar. Moviendo su cabeza y haciendo una mueca con su boca, expresó su consentimiento en pasar su tiempo allí dentro. La chica parecía tener buen gusto, y aquel establecimiento debería de tratarla como si a una Reina. Aunque claro, incluso el mismo pelinegro la trataría de esa forma, pocas mujeres habían conseguido llegar tan profundo en su corazón como ella.

- Las señoritas primero, tú eres la que se hospeda aquí - Comentó con un guiño, mientras que le abría la puerta para que pudiera pasar al interior del hostal, con la mano que no sujetaba la caja de bombones y golosinas que habían comprado en la tienda. Tras subir unos pequeños peldaños de escaleras, llegaron al hall principal de aquel hostal. Un hombre aguardaba detrás de una barra, con las llaves de las habitaciones a su espalda en distintos cubículos para guardarlas. El pelinegro giró la cabeza, para dirigirse a la señorita Murasaki y preguntarle. - ¿Llevas las llaves o tenemos que recogerlas? No puedo imaginarme entrar en tu habitación, me estoy poniendo un poco nervioso y todo - Le dijo con una sonrisa de medio lado, cruzando los brazos por delante de su cuerpo y dejando que la bolsa colgase de sus antebrazos.

Por tanto, solo quedaba esperar a ver qué hacía la peliviolácea en aquella situación. Una vez que tuvieran las llaves de su apartamento, si es que no las llevaba encima, solo tendría que enseñarle el camino a su pequeño nido de intimidad. Los ojos de Rayder brillaban con un cierto toque misterioso y sensual, puesto que por su mente pasaban miles de imágenes sobre lo que podría desembocar la relación entre ambas personas en aquel día. Siempre se decía que los bombones compartidos podía ser tan pasionales, que una cama al lado era un indicador claro de lo que ocurriría. Sus mejillas se ruborizaron, pero se dio la vuelta y comenzó a andar por el hall intentando evitar esos pensamientos, además de para que la chica no lo viera. Haciendo como que cotilleaba las distintas paredes y los cuadros que había colgado de cada una de ellas, suspiró. Lo que pasara aquella noche estaba tanto en las manos de Megumi como en las suyas. Dependiendo de lo que hiciera, podían terminar en el cielo o en el mismísimo infierno. Había que ser cuidadoso, pero es que la ocasión era bastante prometedora.
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Megumi Murasaki el Miér 5 Jun 2013 - 20:44

Una vez fuera de la tienda de dulces, el pelinegro cogió la bolsa con los dulces para que yo no los tuviera que cargar. Él barajaba la posibilidad de que los dos acabáramos mal si compartíamos aquellos bombones de licor que se me habían antojado, más su irónica sonrisa daba a entender que aquello no le importaría lo más mínimo. Gracias a su comentario, por mi cabeza empezaron a rondar los posibles finales de aquello que podía llegar en cualquier momento. Lo que pasara o no pasara, dependía de los dos, aunque el grado de licor de aquellos dulces contribuiría un poco. Mi risa vergonzosa y a la vez picarona asomó por entre mis labios unos segundos, mientras mi compañero aceptaba encantado la propuesta de ir al Hostal en el que me hospedaba para estar tranquilos y relajados disfrutando de los dulces.

-Mi habitación es la que mejor vistas tiene de todo el Hostal. Dije sonriendo mientras comenzaba a andar hacia el Hostal. -Además, ya que has preferido ir a mi habitación a ir al jardín del Hostal, es bastante improbable que nos moleste nadie.

Los pocos minutos que duró nuestro trayecto se basaron en silencio, y sonrisas cómplices. Al poco rato, llegamos a nuestro destino. El sol brillaba en cantidad por allí, y no se veía ningún peligro alrededor del Hostal. Rayder hizo un gesto de conformidad con el lugar y se dispuso a abrirme la puerta añadiendo una frase caballerosa al tiempo que yo pasaba suspirando por el calor que hacía en la calle. Una vez dentro, subimos unos escalones llegando al hall principal en el que el recepcionista guardaba la llave de mi habitación. Iba a acercarme a la recepción a por mi llave, cuando Rayder me expresó sus nervios por entrar en mi habitación. Acaricié su mejilla con el reverso de mi mano para que se calmase mientras le dedicaba una sonrisa, y me acerqué a la barra en la que pedí la llave de mi habitación. El recepcionista de aquel Hostal era un hombre bonachón y muy amable, el poco tiempo que yo llevaba hospedada allí lo había pasado sonriendo a todo el mundo que pasaba por la recepción. Una vez que tuve las llaves en mi mano, hice un gesto al pelinegro para seguirme por las escaleras. Éste estaba caminando por el hall un tanto pensativo.

A saber que estará pensando ahora... Suspiré.

-Vamos Ray, por aquí. Sólo son tres plantas. Dije sonriendo al tiempo que comenzaba a subir los escalones.

Mientras subíamos los blancos escalones del interior del Hostal, los nervios empezaron a llegar a mi cuerpo, el hecho de que un hombre tan apuesto pudiera estar en mi cama aquella misma noche era algo que hacía mucho tiempo que no vivía. Para olvidarme de los nervios y calmar la situación, decidí comentarle al pelinegro mi última hazaña para conseguir dinero rápido. Giré un poco mi cara para verle, ya que el subía un paso tras de mi y así verle mientras le hablaba.

-¿Sabes? Este Hostal es un poco caro, normalmente no podría habérmelo permitido. Pero justo después de aquel día en Saint Reia, me gané un dinerillo ayudando con un pirata que buscaban unos ricos navegantes de estos mares. Comenté con gesto serio.

Aquello hizo calmar mis nervios. Una vez acabaron las escaleras, me dirigí a la puerta de mi habitación, seguida por el pelinegro que llevaba nuestros dulces. -Aquí es.- Dije. Introduje la llave en la cerradura, abrí la puerta y pasé dentro dejando las llaves en una mesita junto a la puerta. Una vez que Rayder entró y cerró la puerta, abrí los ventanales de la habitación para dejar que entrara el aire fresco y moviera las cortinas, y me giré mirando al pelinegro mientras me acercaba a la linda cama que allí se encontraba.

-Bueno, pues esta es mi habitación. La que tiene mejores vistas del hostal y la más bonita. Dije elevando mis brazos para enseñar la habitación.

Una vez acabé, me descalcé dejando mis bambas sobre una alfombra de estilo étnico y me tumbé boca arriba en la cama añadiendo un suspiro de tranquilidad. Después, me senté cómodamente en la cama y me dispuse a hablar al pelinegro un tanto sonrojada por la situación.

-Ponte cómodo, no te preocupes por nada. Comenté con una gran sonrisa en mi cara. -Mira, ahí hay un pequeño minibar con una botella de whisky, vino, cava y algunos refrescos. Y en la parte de abajo, hay hielos también. Añadí señalando el minibar que constaba de cuatro vasos de cristal. -Puedes servirte algo si quieres, yo probaré los bombones, no puedo resistir.

Me acerqué al borde de la cama, acercándome a Rayder, y cogí la bolsa con los dulces para después abrirla. Saqué la cajita de bombones, y dejé los demás dulces en su bolsa sobre una de las mesitas de noche.

No me puedo resistir...quiero saber que va a pasar con Rayder.

Abrí la bolsa de bombones, sacando uno y acercándolo a mi boca mientras miraba los ojos incoloros de mi guapo acompañante, para después darle un mordisco y deleitarme con el dulce licor que había en su interior. Mi cara de satisfacción lo decía todo, aquel bombón era mejor de lo que esperaba. Pero todavía estaba por ver si pasaría algo con el pelinegro que me hiciera aún más agradable aquel día.
Alargué mi mano hacia Rayder ofreciéndole la otra mitad del bombón que había cogido rápidamente a la par que pasaba la lengua por mi labio superior.

-¿Quieres probar? Dije con tono sensual mientras esperaba una respuesta del pelinegro.
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Rayder el Jue 6 Jun 2013 - 14:04

Notando el nerviosismo que sacudía el cuerpo del pelinegro, Megumi acarició su cara para tranquilizarle. Ante aquello, Rayder tragó con fuerza y siguió andando por el hall de recepción, de forma que no se quedase quieto ni el más mínimo instante. La dulce peliviolácea tomó las llaves del hombre tras la barra y le señaló que su habitación se encontraba en la tercera planta. Normalmente, las zonas de reposo más lujosas se erigían en las zonas más altas de los hostales, de forma que las vistas fueran mucho más superiores que en las plantas bajas. Así que ambos empezaron a subir, siendo el ex-noble el que pisaba los talones a la chica. Esta, para romper un poco el hielo que se había formado debido al intimismo y nervios, le comentó que después de su "aventura" en Saint Reia estuvo trabajando para unos piratas como navegante. Alzando una de sus cejas, Rayder se sorprendió de que tuviera algo más en común con esta chica. "Así que también le gusta lo relacionado con la navegación, ¿eh?", pensó para sí mismo, puesto que él era un cartógrafo bastante experimentado. El tiempo le había dado mucho conocimiento con respecto al campo de la dirección marítima, por lo que soltó una pequeña carcajada irónica a la cuál no argumentó nada a su favor. En cierto modo le resultaba gracioso aquella forma de ganar dinero, mas no sabía el porqué. Mirando a la nuca de la chica, puesto que esta estaba subiendo las escaleras y no podía mirarle, le dijo con una media sonrisa en su cara:

- Te podías haber venido conmigo, yo te hubiera pagado igual o mejor que ellos. Incluso mi trato hubiera sido magnífico contigo, querida - Dijo mientras sujetaba con fuerza la bolsa de bombones y golosinas, subiendo escaleras que nunca parecían terminar. Incluso en un momento dado, terminó por decir. - Sí que está alto, pero espero que las vistas sean tan buenas como me has comentado antes - Dijo a la par que terminaban de llegar al tercer piso, donde supuestamente estaría la habitación de la peliviolácea. Pasó su mano libre por la melena, apartando algún que otro pelo que se había rebelado contra su cara y había tapado sus ojos con respecto a la subida. Con aquellos dos orbes incoloros bien mostrados, se quedó detrás de la chica para que abriera la puerta de su zona íntima.

Empujando aquella entrada, ambos pasaron al interior de la habitación, mientras que los ojos del pelinegro recorrían cada esquina y cada metro cuadrado, como buen observador que era. Fijándose en cada detalle, mientras que Megumi abría las cortinas y dejaba que entrase la luz, no dejaba que nada se escapase de su percepción. La cama parecía bastante mullida, y se sonrojó otra vez, como ya era habitual en aquel día, por lo que parecía. Tras darle la bienvenida a aquel lugar, Megumi se descalzó y se tumbó sobre la cama, indicándole que había un minibar con varias bebidas, vasos e hielo por si quería tomar algo. Comentándole que se pusiera cómodo, eso fue lo que hizo. Desanudó su cinturón, de forma que las katanas que llevaba colgadas de este se salieran del cinto. Las tomó con ambas manos y las colocó verticalmente apoyadas contra una esquina de la habitación. Hizo lo mismo con la bolsita de Diales, justo al lado de sus armas. Sin nada más que su ropa oscura, se encaminó hacia el minibar señalado por la chica, de forma que abrió su puerta y revisó el contenido líquido que podrían tomar aquel día. "Tal vez el whisky sea algo desagradable para ella. Hace demasiado calor para el vino, y el cava parece ser una buena opción que conmemore este encuentro", pensó, decantándose por esta última elección.

- Ya que nos hemos encontrado de casualidad, Megumi ... ¿Qué te parece brindar por ello? - Tomando dos copas finas y la botella de cava. Dándose la vuelta para que la chica no lo viera, hizo que de su dedo índice naciera un "sacacorchos" de sustancia oscura, poder propio de su Akuma No Mi. Clavándolo en el tapón, tiró para atrás, abriéndolo con un sonoro "Chop". Tras verter el interior de aquel recipiente en los vasos, dejó la botella en el interior del minibar y se giró con una copa en cada mano para darle la correspondiente a la peliviolácea. El simple hecho de verla tumbada en la cama comiendo bombones le resultó de lo más excitante y tentador, mostrando una media sonrisa que para nada tenía matices nerviosos característicos.

Acercándose a la cama, se sentó de medio lado, sin llegar a tumbarse por completo. La chica le había tendido su mano, para darle la mitad de uno de los bombones que estaba comiendo. Y aprovechando que tenía las dos manos ocupadas, simplemente cerró los ojos y acercó su boca hacia los dedos de Megumi, tomando el bombón con sus propios labios y tragando suavemente. En aquel acto rozó inintencionadamente los dedos de la chica, notando su piel delicada y femenina. "Sabe mucho mejor de sus manos", pensó. El sabor de aquel chocolate era bastante bueno, y notó el regustillo del alcohol en su interior. Aquello se lo tomó como una sensual provocación, así que dejó las copas de cava en la mesita de noche y se tumbó en la cama lentamente, de lado, para que la chica pudiera verle directamente a los ojos. Dirigiendo su mano hacia la caja de bombones, tomó uno de ellos y se lo llevó a la boca. Mordiéndolo para partirlo a la mitad, tragó únicamente la parte que estaba más en contacto con su garganta, mientras que la otra la dejó en sus labios.

- Una tú, una yo, preciosa - Dijo, esperando a que Megumi se acercase para quitarle el bombón de los labios. Sus ojos se clavaron en los orbes azulados por los que la chica veía todo a su alrededor, a la par que sus mejillas se sonrojaban. No por el alcohol que contenían los bombones, sino por la tensión del momento. Era demasiado sensual, muchas veces había soñado Rayder con que aquello pasase con la chica. Y es que parecía estar a un solo paso de conseguirlo, pero lo veía demasiado fácil. Alguna trampa tendría que haber, o a lo mejor se estaba imaginando cosas que no podían suceder de ningún modo. De todas formas, solo el que lo intentaba podía conseguir algo, y él no sería menos. - Y no te olvides del brindis - Comentó de añadido, guiñándole un ojo lenta y sensualmente, mientras que hacía su primer movimiento.

Acomodándose en la cama, quedó a unos escasos centímetros de Megumi. La proximidad que ambos tenían le permitía respirar el perfume de la chica, al igual que el sabor a chocolate impregnado en sus labios. Así se quedó, apoyado con un codo y con la "tentación" entre sus labios. ¿Se lanzaría la peliviolácea? ¿O lo cogería con las manos? Dependiendo de lo que hiciera, tal vez pudiera dar un segundo paso o no. Pero para eso, primero tenía que examinar. Ya se había equivocado una vez besándola sin su permiso, y no quería volver a seguir ese camino. Aquel día, las cosas saldrían perfectas.
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Megumi Murasaki el Jue 6 Jun 2013 - 19:45

En lo que yo estaba probando los bombones de licor, el peliazul había servido un par de copas de cava. Yo me encontraba en la cama ofreciéndole medio bombón para que lo probara, pero no podía evitar pensar lo guapo que estaba Rayder con dos copas de cava en las manos y mirándome tan tiernamente. Dentro de mi se revolvió algo y me quedé mirando al pelinegro embobada mientras se acercaba a la cama. Mi mano sujetaba el medio bombón para Rayder a la espera de que lo probara y me diera su opinión, pero simplemente se acercó a mi mano y robó el bombón de mis dedos sensualmente. Me ruboricé. Sus suaves labios habían rozado mis dedos tan levemente que casi me produjo cosquillas.

Que sensual es este chico siempre...hasta con un simple roce de sus labios en mis dedos es incitante.

Observé sonriendo como el pelinegro degustaba el bombón y depositaba las copas sobre la mesita de noche. La elección del cava era algo significativo para mi, ya que quería brindar por nuestro encuentro, pero si en nuestro segundo encuentro brindábamos con cava y bombones, no quería pensar que pasaría en los siguientes encuentros, si hubiera.
A continuación, el pelinegro se tumbó con cuidado en la cama cerca de mí. Acercó una de sus manos a la cajita de bombones, cogiendo uno y llevándoselo a la boca. Mientras no perdía contacto con mis ojos, mordió el bombón, dejando una de las mitades en sus seductores labios. "Una tú, una yo, preciosa". Rayder quería que cogiera en bombón de entre sus labios, su mirada lo decía todo. Yo tenía varias opciones de hacerlo, cogerlo con mis manos, o con mis labios; lo segundo era demasiado atrevido para mi, pero...

¿Quién sabe? Estoy segura de que estaría muy bien disfrutar del momento.

Las copas de cava esperaban burbujeantes nuestro brindis, pero aquel bombón era lo más importante en aquel instante, así que me dispuse a coger aquello que se me había ofrecido. El pelinegro acercó su cuerpo al mío mientras me miraba con la "tentación" en sus labios y actué. Giré mi cuerpo levemente y me fui acercando a su cara poco a poco, con una sonrisa picarona en mi rostro. Seguí acercándome hasta dejar mis labios a pocos centímetros de los suyos, notaba su respiración y el olor del licor del bombón sobre sus labios. Solté una pequeña carcajada mirando a sus incoloros ojos, a continuación desvié mi mirada a sus dulces labios mientras seguía sonriendo. Entonces, acerqué mi mano izquierda a su boca y cogí el bombón rápidamente, y lo llevé a mi boca para después degustarlo mientras reía. Pero aún seguía a centímetros de sus labios, y un impulso me acercó a la comisura de sus labios y a besarle ligeramente. Después me alejé riéndome .

-Bueno, es hora de brindar, ¿no crees? Dije acabando de saborear el bombón.

Las copas de cava estaban en la mesilla del lado de Rayder, por lo que me acerqué a ellas por delante del pelinegro sin mover mis piernas de la cama y las cogí con cuidado volviendo a mi posición. Alargué una de mis manos ofreciéndole una a Ray mientras me sonrojaba por el pequeño beso que le había regalado segundos antes.

-Emm...brindemos por...por nosotros.

Alcé la copa para brindar con mi compañero mientras colocaba mi mano izquierda inconscientemente sobre la pierna del pelinegro y sonreía mirándole a los ojos. Quería que no le diera demasiada importancia al beso, ya que era realmente difícil para mi besar a alguien con tanta naturaleza, pero la ocasión lo brindaba y aquel chico era un caballero de los pies a la cabeza, y muy guapo. Ese beso había sido para mi realmente delicioso, sus labios tenían el sabor del licor y una textura única que solo Rayder tenía. Empecé a tener un calor que subía por mis piernas hasta mi pecho. La culpa era de mi mente, que en esos momentos estaba imaginándome totalmente pegada al pelinegro.

Su cuerpo junto al mio...sus labios besando los míos...sus manos acariciando mi cuerpo....

Mientras mi mente me hacía ponerme nerviosa, mi mano sujetaba la copa de cava a punto de brindar con el apuesto pelinegro.

¿Qué estará pasando por su cabeza en estos momentos?
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Rayder el Jue 6 Jun 2013 - 21:44

Con el bombón en los labios, Rayder simplemente esperó a que Megumi hiciera su movimiento. Observó cómo esta se desplazaba de su posición original milímetro a milímetro, hasta que quedaron el uno del otro tan cerca que pudo notar un aceleramiento en el bombeo de su corazón. Cuanto más cerca de él estaba, nuevos sentimientos hacían latir con más fuerza el órgano vital más importante del pirata. Estaba por adelantar su cabeza para conformar aquel acto cuando una rápida mano de la chica tomó el bombón entre sus dedos y se lo llevo a la boca, con una leve carcajada. Ante aquello, el pelinegro mostró su sonrisa, cayendo en la cuenta de que la chica seguía siendo tan juguetona como la última vez que la vio. Sin embargo, fue el siguiente acto el que lo descontrolaría mentalmente, puesto que sus labios se unieron durante un brevísimo instante. Como si estuviera en las nubes, se dejó llevar por aquello, mas cuando quiso darse cuenta de la realidad, Megumi ya estaba suficientemente alejada de él como para lamentarse. "Esta vez ha sido ella la que me ha besado a mí ... ¿Estará jugando conmigo o quiere ir en serio?", pensaba para sí mismo, extrañado. Cada acto que realizaba la chica lo conducía por un camino del cuál no sabía orientarse. Unas veces parecía que quisiera tener algo más que una simple amistad, y otras es como si quisiera mantenerla. Dicha intriga de saber en qué podía terminar la relación era lo que dejaba más misterio en el interior del pelinegro, preguntándose a cada instante los verdaderos motivos de la forma de actuar de la chica.

- Eres muy impredecible, señorita Murasaki. Hay veces que pienso que te conozco, pero me sorprendes con cosas como esta ... Y no saber lo que puede ocurrir es algo que me inquieta, pero a la vez me encanta - Se sinceró con la chica, expresando un poco más de lo que se le pasaba por la mente. Ella dijo de tomar las copas de cava y brindar, que era el momento exacto para hacerlo. El pelinegro fue a girarse para coger dichas bebidas, pero se sorprendió por segunda vez al percatarse de que el cuerpo de la peliviolácea se movía para pasar por encima del suyo. Agarró las copas con sus dulces manos y volvió a la posición inicial. Tendiéndole una de las copas a Rayder, este la aceptó de buen agrado y con una sonrisa, mientras que le respondía con una voz susurrante, pero que pudiera oír perfectamente. - Por nosotros, querida - Pasando su mano de la copa alrededor de su brazo, de forma que se entrelazaran ambos y quedasen bastante cerca el uno del otro.

Levantando su brazo lentamente, sus labios rozaron el borde del cristal. Con sensualidad y sin ninguna prisa, dejó caer un poco de cava en su garganta, mientras que sus ojos no se apartaban de los de Megumi. Le encantaban esos orbes azules, eran como el mar: libres, fuertes, rebeldes, con carácter. Mientras que el cava se hacía paso por su interior y encendía levemente sus mejillas, la joven puso una mano en su pierna. Quedándose quieto unos instantes, el pelinegro dio un sorbo más largo del cava, terminando completamente su contenido. Desenlazó aquella "trenza" con el brazo de Megumi, y giró su propio cuerpo para dejar el vaso en la mesita de noche. Libre y sin ataduras, se encaró hasta quedar muy cerca de la chica. Sus orbes incoloros intentaban ver a través de su pensamiento, y un silencio se levantó entre ambos. La poca luz que entraba por la ventana indicaba que se estaba haciendo de noche en Banaro, mas todavía se podían ver algún que otro rayo de sol que iluminaba la estancia. "Anochece y estoy en una cama con una chica ... ¿Por qué estoy tan nervioso?", pensó. Estar tan cerca de ella era muy tentador, y se estaba aguantando como nunca para no hacer algo insensato. Con una pequeña sonrisa en sus labios, acercó una de sus manos hacia la barbilla de Megumi. Con dos dedos, la levantó para que estuviera mirándole directamente a él y solo a él. Su cara era tierna, muy suave. Instantes más tarde, aquella mano se desplazó hasta su cuello, acariciándolo de arriba a abajo con cariño y seguridad. Como si quisiera hacerle saber a la señorita que no tenía nada que temer, que no iba a hacerle daño.

- Te conozco desde hace muy poco tiempo, pero te has hecho un buen hueco en mi corazón, Megumi. Me llamas mucho la atención, y cada segundo que estoy contigo me invita a saber más de ti, pasar más tiempo contigo - Mientras que sus labios tornaban en una pícara sonrisa. Era la hora de hacer su próximo movimiento, el cuál esperaba que surtiera efecto en la peliviolácea.

La mano se desplazó desde su cuello hacia abajo, recorriendo el hombro de la chica y terminando en la cadera. No hizo ningún tipo de esfuerzo sobre ella en ningún momento, sino que lo hizo todo con premura y sencillez. Simplemente, quería darle a entender que no haría nada que ella no quisiera. Pero como todo buen pícaro y galán, no podía contentarse con una velada y unos bombones, además de un poco de jugueteo. Debido a la proximidad que ambos compartían, no tuvo nada más que acercar su cara para besar los carnosos y jugosos labios de Megumi. Su mano volvió al cuello, acariciándolo suavemente. Sus labios hablaban por sí solos, querían más de la chica. El calor comenzó a inundar su cuerpo, y Rayder se dejó llevar por la situación. Cerró los ojos, se abandonó a la pasión y el sentimentalismo. Para él, no había nada más que la presencia de aquella chica que lo volvía loco en metros a la redonda, nada importante que no fuera ella.

- Me vuelves loco ... - Dijo, entre beso y beso, con susurros que esperaba que escuchasen los finos oídos de la chica. Siguió acariciando y besando, bebiendo de los labios de la señorita Murasaki. - No puedo controlarme ... Si estoy tan cerca de ti ... - Teóricamente, estaba completamente seducido. Aunque la verdadera pregunta que rondaba por su mente era: ¿Lo estaba ella?
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Megumi Murasaki el Vie 7 Jun 2013 - 19:31

El pequeño beso que le había dado al pelinegro instantes antes, me había puesto realmente nerviosa. Pero mi estrategia para que quedara solo en eso, un beso, surtió efecto, ya que él aceptó el brindis que yo había propuesto por los dos. El pelinegro me hizo saber que mi forma de actuar le inquietaba pero que en el fondo le encantaba, mi forma de actuar en este tipo de momentos por fin le gustaba a alguien, y me alegraba de que dicha persona fuera Rayder, el encantador pelinegro con los labios más sensuales de aquellos mares. Me había acercado a coger las copas de cava y sujetaba ambas, ofreciéndole una al pelinegro, el cual la aceptó encantado con una sonrisa en su rostro. Los dos estábamos de acuerdo en brindar por lo mismo, así que entrecruzó el brazo con el que agarraba su copa con el mío, haciendo una trenza para beber aquella copa burbujeante de forma original.

-Por nosotros entonces.- Dije mientras inclinaba mi brazo para echarle un trago a la copa. El pelinegro no apartó su mirada de mi, cosa que yo vi ya que estaba haciendo lo mismo. El cava empezó a pasar por mi boca poco a poco, hasta que se acabó. Siempre me habían gustado mucho las burbujas que tenían ciertos refrescos, por lo cual podía beberme aquella copa de un trago sin ningún problema. El pelinegro de ojos incoloros acabó su copa de dos sorbos, al tiempo que yo acabé la mía, así que desenlazó su brazo del mio con cuidado y dejó su copa sobre la mesilla. Cuando Rayder se giró para dejar su copa, miré de arriba a abajo su cuerpo ligeramente tumbado en mi cama, aquella situación cada vez se estaba volviendo más tensa para mi, y los nervios se palpaban. Malditas tentaciones... El pelinegro se giró tras dejar su copa en la mesilla, mirándome fijamente sin pestañear, se acercó un poco más a mi. Su cara quedó a pocos centímetros de la mía, y su cuerpo desprendía un ligero calor que noté por su cercanía. Sus ojos tornaban de una transparencia diferente al resto del día, la luz del cielo anocheciendo en Banaro podía reflejarse en sus orbes cristalinas; además de poseer un brillo especial tras aquel sensual jugueteo con los bombones.

Está tan sensual con esta luz...que sería capaz de entregarme a mis impulsos completamente. La copa de cava seguía en mi mano, vacía, así que me eché un poco hacia atrás y estiré mi mano hasta dejarla en la mesilla. No quería girarme ya que podía perder cualquier detalle de aquel momento tan bonito. Una vez dejé la copa, volví a acercarme al pelinegro a la distancia que él se había puesto segundos antes. Acercó una de sus manos hasta mi barbilla, la cual levantó para que el contacto visual fuera únicamente entre mis ojos y los suyos. Después bajó su mano hasta mi cuello, acariciándolo delicadamente, lo cual me transmitió mucho cariño y paz. Mi cuerpo empezó a llevar un gran escalofrío por todas mis extremidades, acabando en mi cuello y poniendo éste con piel de gallina. Rayder comenzó a hablar, haciéndome saber que me había hecho un hueco en su corazón y en su mente, a pesar de conocernos tan solo de cuando nos conocimos. ¿Será casualidad que el pelinegro también haya empezado a hacer sentir cosas dentro de mi en tan poco tiempo? No lo creía.

Mi cara estaba completamente sonrojada, el pelinegro era un conquistador nato, solo esperaba que no fuera así con todas las mujeres que conocía. Una sonrisa que denotaba vergüenza en mi cara, aumentó cuando el pelinegro bajó su mano acariciando delicadamente mi hombro hasta llegar a mi cadera. No hizo ningún gesto de acercarme a él bruscamente ni nada parecido, simplemente acarició mi cuerpo sintiendo cada milímetro de mi erizada piel.

-Ray... Rayder... Dije con la voz temblando por los nervios.

Su mano en mi cadera estaba poniéndome más y más nerviosa por momentos, y una sonrisa en su cara parecía querer decirme algo, pero de entre sus labios no salió ninguna palabra. Rayder empezó a acercarse a mi lentamente, y mis ojos bajaron hasta mirar sus sensuales labios acercándose a los míos; no hice nada por evitarlo, simplemente cerré los ojos y dejé que el pelinegro me besara. El sabor del cava se podía saborear en sus dulces labios. Su mano subió desde mi cadera hasta volver a mi cuello, para acariciarlo cariñosamente mientras nos fundíamos en la pasión. Solamente un par de frases salieron de sus labios desde que empezó a besarme, "Me vuelves loco. No puedo controlarme." Sonreí mientras decía aquellas palabras tan tentadoras. Pero no quería que dijera nada más en aquel momento.

-No digas nada... Susurré haciendo una pausa entre aquel beso tan pasional. -Simplemente disfruta como lo estoy haciendo yo.

No era propio de mi besar a alguien con tantas ganas y tan cálidamente, pero aquel chico había sabido conquistar el pequeño corazón de esta pirata. Pasé una de mis manos detrás de su cuello mientras comencé a besarle, ésta vez con más ganas; y subí ligeramente mis dedos hasta enredarlos en su pelo y acercarle más a mi. Mis intenciones eran claras, quería que el pelinegro me besara mientras yo estaba tumbada en la cama, acariciando su suave cabello. Lo acerqué a mi hasta conseguir que se dejara llevar y apoyara su peso sobre mi. Estaba disfrutando completamente del momento, y el calor de su cuerpo, cada vez mayor, entró en contacto con el mío haciéndome sentir una fiebre que se propagó hasta mis labios. Abrí los ojos un momento para ver su dulce cara y aproveché para morder su labio inferior suavemente, ésto lo repetí dos veces, añadiendo un risa vergonzosa al final.

-Me gustas mucho Rayder... Cuando me besas haces que no me importe nada más que tus labios y tus manos acariciándome tan cariñosamente. Susurré mirándole a los ojos. -Me gustas mucho.

Añadí un pequeño beso tierno tras exponerle mis sentimientos y empecé a rozar mi nariz contra la suya. Aquella situación me había puesto muy juguetona. Paré a los pocos segundos y bajé la mano que tenía entre su cabello hasta su pecho, para después desabrochar un par de botones de su camisa y acariciar su suave y blanca piel mientras sonreía mirándole a los ojos y pasando mi lengua por su labios rápida y sensualmente. Mi otra mano estaba acariciando su espalda con la yema de los dedos de arriba hacia abajo. Rayder parecía tener aún más calor que yo, algo pasó por mi mente, la opción de desabrochar su camisa era muy buena, pero aquello era demasiado atrevido. A no ser que el pelinegro estuviera dispuesto a calmar su calor sin alejarse de mi.
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Rayder el Sáb 8 Jun 2013 - 17:09

Momentos previos a su roce, el ambiente se caldeaba por momentos en aquella lujosa habitación del hostal de Banaro. Tanto Megumi como Rayder habían terminado sus copas de dorado cava, y las depositaron en las mesitas de noche que había cerca de ellos. Tumbados en la cama, mirándose el uno al otro, fue cuestión de tiempo que el chico se lanzara a los labios de la peliviolácea que tanto le atraía. No sabía qué era lo que tenía, pero había algo en su interior que decía con respecto a ella: Quiero más. Cada segundo que pasaba a su lado era tan especial que se quedaría grabado en su mente durante toda la vida, y dudaba de que pudiera olvidar las distintas situaciones en que se encontraría con la joven. Acercó su cuerpo al de ella, de forma que quedasen completamente solapados, como si de un rompecabezas se tratase. Podía sentir el calor que emanaba de la esencia de Megumi, y pronto su garganta comenzó a resecarse un poco. Los labios, debido a que estaban en contacto con los de ella todo el rato, se mantenían bien humedecidos y con un sabor que muchos matarían por probar. Intentaba mantener su respiración en cada lapso de tiempo que se dejaban ambos para tomar aire, además de tragar un poco de saliva. "Dejaría que me pegase todo el tiempo que hiciera falta, mientras que pudiera seguir estando así con ella", pensó. Daría lo que fuera por seguir viviendo aquellas sensaciones, por seguir besando aquellos labios que le volvían completamente loco. Unos labios perfectos.

Su mano derecha se acercó al cuerpo de la chica, pasándola por la pierna que quedaba más por encima. Abriendo de cuándo en cuándo sus orbes cristalinos e incoloros, se fijó en que Megumi estaba completamente sonrojada. Aunque por eso no debía de preocuparse, pues él mismo notaba el enrojecimiento en sus propias mejillas. Estar tan cerca de ella, sintiéndola, probándola ... Muy frío debía de ser para no sacar a relucir los sentimientos. Y abandonándose a aquella sensación, pronto le pasó las manos por el cabello, que caía lacio y negruzco por sus hombros. Sus palabras dijeron que estaba disfrutando, a lo que Rayder enarcó una media sonrisa que se fugó en cuanto volvió a besar los labios de la chica. Instantes más tarde, esta mordió sensualmente el labio inferior de Rayder, que cerró los ojos y se dejó llevar. Se mostraba receptivo, y él mismo le devolvió a la peliviolácea el mismo gesto. Acercando su boca a la de ella, tiró sensualmente de su labio inferior, habiéndolo mordido previamente con suavidad.

- No eres la única que contiene el deseo, querida - Comentó, en el momento justo en el que se separaban un poco y la chica rozaba su nariz con la de él. Un gesto agradable y cariñoso, al que decidió corresponder de la misma forma.

Sus dos cuerpos estaban juntos, no había la menor distancia posible entre ellos. El calor había subido por todo su cuerpo, y su corazón latía mucho más que antes, como si se le fuera a salir del pecho. Dejó de notar el enrojecimiento de sus mejillas, puesto que ya se había acostumbrado a ello. Ahora, no había nada más para él que Megumi. Y sus palabras le sacaron una nueva sonrisa, cuando afirmó que le gustaba mucho y que le hacía sentir muy especial. Escuchándola atentamente, con una dulce mirada que solo a ella podría dirigir, respondió con una voz que parecía un susurro.

- Me pasa lo mismo contigo, Megumi ... No soy capaz de sacarte de mi cabeza - Comentó, en el momento justo en el que se separaban un poco y la chica rozaba su nariz con la de él. Un gesto agradable y cariñoso, al que decidió corresponder de la misma forma. Pasando sus manos por su espalda, la atrajo todavía más hacia sí mismo, mientras que apoyaba su frente contra la de la chica. Lentamente, se fue desplazando hacia su oído, de forma que sus labios estuvieran en contacto con él. - No te vayas, quédate conmigo esta noche ... - Diciéndolo con suavidad, no demasiado alto. Las palabras intentaron colarse por su conducto auditivo, mientras que Rayder daba un sutil beso en su cuello. Momentos más tardes, volvió a la posición inicial, donde siguió abrazando, acariciando y besando a Megumi.

Sorprendiéndole, como solía hacer casi siempre desde que la conocía, bajó su mano del pelo hasta el pecho, desabrochando algún que otro botón de la camisa oscura de Rayder. Jugueteando luego con él, siguió acariciándole mientras que otra mano pasaba por su espalda y su lengua se relamía en los labios finos del pelinegro. El ex-noble solapó su boca con la de la peliviolácea, mientras que dejaba que sus dos lenguas jugasen entre sí. El simple contacto entre ambos músculos resultó de lo más excitante para él, notando cierto endurecimiento en una parte concreta de su pantalón. "Uff ... Está empezando a hacer demasiado calor aquí", decía interiormente. Un poco sofocado, seguía manteniendo el contacto físico y cariñoso con aquella preciosidad de ojos azulados, en un momento que esperaba que nunca terminase.

Fue entonces cuando se movió, dejando la posición de lado para apoyar sus dos manos en la cama. Colocándose encima de la chica, pero sin dejar caer su peso sobre ella para no agobiarla, sigo besándola como lo había hecho los minutos pasados. Los músculos de los brazos se le tensaban debido a aquella posición, pero es que estar tumbado no le permitía explayarse como él quisiera. En un momento determinado, se impulsó con fuerza para quedar levantado y lejos de la chica, pero todavía encima de ella. Las mejillas sonrojadas y el movimiento rápido de su pecho indicaba que estaba bastante emocionado, y llevó sus dos manos a los botones de la camisa. Sensualmente, comenzó a desabrocharlos a la par que la piel blanquecina y fibrada que se escondían tras aquellas telas salía a la poca luz que iluminaba la habitación. Pasándose la lengua por los labios, y mordiendo sutilmente estos últimos de vez en cuando, terminó por quitarse la prenda. Dejándola caer por su espalda, se sacó las mangas y la tomó con una de sus manos, lanzándola hacia la zona donde estaban sus espadas y otras pertenencias. La camisa cayó al suelo, mientras que Rayder volvía a apoyarse, esta vez con el torso superior al descubierto, en la cama. La nocturnidad que se estaba desarrollando le daba a su piel un matiz propio, que llamaba la atención. Incluso podía notarse perfectamente dónde terminaba un músculo y empezaba otro. Los abdominales se comprimieron cuando volvió a juntar su cuerpo con el de Megumi, para decirle a la vez que la miraba a los ojos:

- Perdona, pero esta es la única manera para refrescarme un poco - Acercándose a sus labios y volviéndolos a besar. Se podía visualizar sin ningún problema cómo su pecho se movía con fuerza, debido a la calidez del momento. Únicamente estaba concentrado en el sabor de la peliviolácea, en su cuerpo contra el suyo, en la inexistente distancia entre ambos.

Recostándose un momento a su lado, dirigió una de sus manos hacia la camisa de la chica. Bajó hasta la zona más baja y coló lentamente la mano en su interior, de forma que la palma de su mano pudiera estar en contacto con la piel de ella. Así, con cada beso que le daba, además iba levantando poco a poco su mano, y por ende, la camisa de la chica. No es que quisiera quitarle la ropa, que no le importaría, pues eso era algo que tenía que salir de ella. Él se contentaba suficientemente con aquel amor que Megumi le estaba tendiendo, todo aquel cúmulo de detalles que le hacían sentirse especial a su lado. Siguió besándola, acariciando su cuerpo y su mejilla con ambas manos, notando la calidez de su temperatura corporal. No quería alejarla de él, aquella noche y todas las que pudiera compartir junto a ella. Simplemente, es como si hubiera nacido para aquella chica, y ella hubiera nacido para él.
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Megumi Murasaki el Lun 10 Jun 2013 - 19:45

La pasión era la protagonista del momento. Las intenciones de Rayder no llegaban mas allá que besarme. Y como besaba. Sus dulces y jugosos labios eran los más deliciosos que había probado nunca, me besaban con la misma ansia con la que yo bebía de ellos. Su respiración era caliente, al igual que su cuerpo, que cada vez más cerca de mi encendía mis más excitables deseos. Pasó una de sus manos por mi muslo, acariciándolo y acercándolo más a él con suavidad pero a la vez firme y decidido. Aproveché esa situación para acariciar lentamente su pierna con mi pie, y acercarle más disimuladamente a mi. No quería que se notaran mis ganas de él, y así, disimuladamente, saciaría un poco mi sed de cariño. Entre beso y beso, el pelinegro miró dulcemente mi cara sonrojada, no quería que viera aquello así que coloqué la mano que acariciaba su espalda ahora entre su pelo para no separar sus labios de los míos. Jugueteé unos instantes con sus labios, cual niña pequeña, pero él respondió bien devolviéndome los delicados mordiscos que le había dado instantes antes. Rayder se estaba conteniendo, y mucho; no solo lo supe por sus palabras, si no también por las ganas con las acariciaba cada parte de mi piel. Erizaba toda mi piel con solo una caricia en mi pierna, y aquella situación cada vez se estaba poniendo más tensa, y mi cuerpo cada vez necesitaba más aire, pero no dejaría que Rayder se apartara de mi lado, no ese día, no esa noche. Entonces paró el beso lentamente, y se acercó hasta mi oído para después soltar unas palabras muy directas. "No te vayas, quédate conmigo esta noche." Sus labios rozaron sensualmente mi oreja bajando por mi cuello, cosa que era muy sensible en mi, y no pude evitar suspirar ante tal excitante ataque.

-Rayder...eres malo. Susurré.

No sabía que pasaría aquella noche, pero simplemente quería disfrutar del momento como había hecho hasta entonces. Volvió a posar sus labios en los míos para comenzar a besarme más sensualmente, a la par que desabrochaba dos de los botones de su camisa dejando allí mi mano sobre su caliente y firme pecho. Nuestras lenguas jugueteaban vergonzosas entre beso y beso, y mi mano volvía a su lacio pelo para traerle más hacia mi. Noté como el músculo más caliente de su cuerpo rozaba mi pierna, a la vez que el pelinegro, ligeramente sofocado y sonrojado seguía trayendo cada vez más calor a mi cuerpo. Parecía ser que el pelinegro sentía una atracción bastante fuerte hacia mí, pero nada superaba a un chico de tez clara, pelo negro, ojos incoloros y penetrantes, y con unos labios de sabor tan afrodisíaco.

-Me encanta la forma en que me besas, y...veo que te alegra tenerme tan cerca tuya. Las palabras salían difícilmente de mi boca, los nervios empezaban a desaparecer pero el calor no me dejaba articular palabra. Entonces el pelinegro se giró, colocándose encima de mi, pero sin llegar a apoyarse, y siguió besándome mientras algunos de los mechones de su oscuro pelo lacio acariciaban mi piel. Yo me encontraba boca arriba con las manos sobre la cama, cuánto más tocara su cuerpo más ganas de intimar con él sentiría en esos momentos. A los pocos minutos, el pelinegro se levantó, quedando apoyado en la cama, y empezó a quitarse los restantes botones de su camisa negra dejando reflejar la poca luz de la habitación en su fibrado torso. solté un suspiró a la vez que agarraba con mis manos las sábanas de la cama debido a la excitación del momento. Aquel hombre tenía un cuerpo realmente curtido. Uff...no me creo que este hombre esté en mi cama. Mordí mi labio inferior a la vez que recorría su torso desde su cuello hasta su ombligo. Acabó por quitarse la camisa y la dejó caer lejos de la cama, volviendo a tumbarse a mi lado ya más a gusto. Continuó besándome, dirigiendo una de sus manos hacia donde acababa mi camisa y metiendo lentamente su mano por ésta. Acariciando mi cintura y subiendo cada vez más por mi piel, que tornaba caliente y brillante.

Sin parar de besarle, acerqué una de mis manos a mi camisa, desabrochando los botones uno a uno, despacio, y sin abrir rápidamente la camisa. Cuando terminé por desabrochar el último botón, posé mi mano sobre la que el pelinegro tenía sobre mi cintura, subiendo por todo su brazo hasta llegar al hombro, donde después bajé mi mano deslizándola por todo su pecho, para acabar en su cadera y tirar de la parte superior de su pantalón hacia mi. Paré de besarle unos segundos para observarle con mi mejor mirada sensual, para después apartarle despacio de mi y sonreirle. -No juegues...- Cogí impulso con unos de mis brazos y me coloqué encima del pelinegro con las rodillas flexionadas alrededor de sus caderas. Una vez me acomodé, aparté mi melena hacia atrás y puse mis manos sobre los fibrados pectorales de Rayder.

-Esto es lo máximo que vas tener esta noche, picarón. Dije sonriendo.

Mi camisa desabrochada dejaba ver parte de mi ropa interior superior y mi piel brillante. Bajé mis manos suavemente por el pecho del pelinegro hasta llegar donde estaban las suyas, las cuales agarré con fuerza entrelazando mis dedos con los suyos, y me acerqué despacio a Rayder, dejando mi cara a pocos milímetros de la suya.

-Puedes quedarte esta noche conmigo si quieres, pero antes de decidirlo ten el cuenta que no voy a dejar que pase nada más allá de lo ocurrido hasta ahora. Susurré mientras miraba los ojos del pelinegro fijamente. Besé su nariz dulcemente, volviéndome a incorporar y quedar sobre él. Solté sus manos y alargué una de ellas a la caja de bombones de licor, para después coger uno. Debido a la postura, mi piel desnuda quedó a los ojos del pelinegro sin yo darme cuenta.

-Tú decides, si comes el bombón, te puedes quedar esta noche aquí conmigo, teniendo en cuenta las condiciones que te he puesto; pero si no lo comes, dejaré que te vayas solo sin poder disfrutar de una noche romántica y tranquila conmigo. Comenté. -Pero yo no quiero que te vayas...- Seguidamente coloqué el bombón entre mis labios, sujeté mi pelo con ambas manos y me acerqué de nuevo a Rayder, esta vez con el bombón en la boca.

Si decidía quedarse esa noche conmigo, simplemente disfrutaría de buena compañía, de lo contrario, pasaría la noche lejos de la chica que tanto quería tener consigo.
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

Mensaje por Rayder el Lun 10 Jun 2013 - 21:56

Con cada beso que se daban, y con cada minuto que pasaban tan cerca el uno del otro, el calor propio de cada uno se intensificaba a niveles infernales, casi ardientes. El pelinegro no recordaba una noche tan caliente desde su inicio de conciencia, y sencillamente estaba disfrutando como el que más. Los susurros que la chica profería no hacían más que aumentar su libido, al igual que en un momento puntual hizo alusión a la excitación física que mostraba bajo los pantalones el ex-noble. Con una sonrisa en los labios, pasó su lengua por los labios de la chica, haciendo un alto y pensando para sí mismo: "Imposible no estar contento contigo al lado, y respondiéndome como lo estás haciendo". Cierto era que el recibimiento que había tenido aquella cama, y el uso que le estaban dando, podía alterar la mente de cualquier persona normal que se decantase por los gustos carnales. Pero aquel era su momento, el cuál estaba disfrutando única y exclusivamente con Megumi. El recuerdo de aquella noche permanecería en el interior de ambos como una fotografía tomada juntos. Al menos, por parte de Rayder. La atracción que sentía hacia la chica era comparable a la de los dos distintos polos de un imán. Si estaba a menos de una distancia prudente de ella, no podía evitar sentirse atraído a besarla. Y a partir de ese momento, podría contenerse mucho menos por lo que ambos estaban compartiendo. Cada uno de ellos abría su corazón para mostrar sus sentimientos, y era la chica la que se reafirmaba en lo que le encantaban los besos del pirata.

- No es intencionado, créeme. Aparece cuando menos te lo esperas ... haha - Sonreía, lleno de picardía e ironía, intentando romper el hielo con aquella frase absurda. Así, también aprovechaba para respirar y controlar su rápida respiración, puesto que el corazón latía tan rápido como cuando se encontraba en pleno fragor de la batalla. Además, pasó sus dedos índice por los labios de la chica, mirándolos fijamente, como si los estuviera admirando. - A mí me encantas tú, Megumi - Dijo, retirando su mano y dirigiendo su vista hacia los azulados ojos de la chica. Aquellos dos orbes azules eran su centro de atención en aquel momento, para luego acercarse a ella y tomarla entre sus brazos, volviendo a posar sus labios en los de la peliviolácea.

La chica llevó sus manos hacia los botones de su propia camisa, por lo que Rayder olvidó aquella cruzada que había comenzado para quitarle la ropa. Poco a poco, el torso superior de Megumi fue quedando a sus ojos, mientras que la excitante presión ejercida sobre sus pantalones apretaba más que antes al ver lo que se postraba ante él. Tragó con fuerza, mientras se recostaba un poco para ver a la chica en toda su plenitud. "Dios mío, y luego quiere que no me alegre ...", pensaba, suspirando y deseando volver a rozar su piel, tanto con las manos como con sus labios. La ropa interior de la peliviolácea estaba a la vista, y pronto volvieron a unirse en aquel eterno abrazo que duraría para siempre, si de él dependiera. Empleando un poco de su fuerza, la señorita se posicionó encima del pelinegro, concretamente de la parte alegre que había mencionado antes. Sentía calor, mucha calor. Tenía que respirar por la boca, pues la lujuria del momento había taponado sus fosas nasales, abrumadas por el perfume de la chica. Sus manos se posaron sobre los pectorales de Rayder, para luego afirmar que no darían un paso más aquella noche. Aun encima de él, parecía poco probable que la chica quisiera poner fin a la relación que ambos estaban teniendo, pues su sensual mirada pedía a gritos que la volviera a tumbar y se colocase él encima. Mas él no era quien para presionarla, y si su decisión era aquella, había tenido suficiente diversión por aquella noche. Poco a poco, la pasión que ambos compartían terminaría por llevar las cosas a otro nivel. Y si era con Megumi, no le importaba esperar días, meses o incluso años. Por ella, lo que fuera necesario.

- Ha sido intenso, querida. Tendré tu sabor en mi boca durante mucho tiempo, y eso es algo de agradecer - Comentó, con un guiño incluido, mientras que sus manos se paseaban por el cuerpo de Megumi. Estando en un inicio en sus caderas, concretamente en la parte media de las costillas, fue bajando las manos por su cadera. En apenas cuestión de segundos, que intentó que pasasen lenta y suavemente para la joven, terminó por dejar las manos al final de su espalda, rozando aquella falda que le volvía completamente loco. - Y no soy para nada un picarón, simplemente digamos que me dejo llevar por el momento ... Me has hecho ser picarón - Sonrió, mostrando aquellos dientes blanquecinos que encajaban a la perfección en su mandíbula, relamiéndoselos con su lengua y pensando en lo que tenía apoyado encima de sí mismo.

Las manos de la chica descendieron por su pecho hasta tomar las suyas, alejándolas de su parte trasera y acercando su cara a la de Rayder. Dando un beso tierno en su nariz, le propuso una interesante prueba para saber hasta dónde estaba dispuesto el pelinegro a llegar con la joven. Tomando un bombón de licor más, se lo puso entre los labios para que él lo tomase. Si lo hacía, podría quedarse a dormir con ella toda la noche; si no lo hacía, simplemente podría irse por donde había venido y lo que habían tenido en el interior de la habitación no sería más que un recuerdo pasajero en sus mentes. "Pero yo no quiero que te vayas...", fueron las palabras que consiguieron abrir del todo el corazón del pirata ante la chica. Elevando su torso superior lentamente, mientras que los abdominales se marcaban con fuerza con el movimiento, acercó su boca hacia la de la chica. Cogió el bombón con sus propios labios, y además beso los de la chica antes de volver a tumbarse sobre la cama. Guiñándole de nuevo su ojo derecho, encerró el bombón en la jaula que era su boca, y lo mordió hasta que fue tragado en el interior de su cuerpo. "Esta noche es especial, y me sorprende que hayas dudado sobre si prefería quedarme o irme. Veo que todavía tengo que conquistarte, preciosa", pensó. No podía tirarlo todo por la borda. Todo lo que había acontecido en el interior de aquella sala había sido de lo más gratificante para él, y no quería dar la espalda a la relación que estaba empezando a crear con dicha joven. La única joven para la que tenía ojos. ¿Sería ella la que "enderezaría" el camino mujeriego de Rayder? Posiblemente, ella fuera la ganadora del juego.

- Ven conmigo, quiero enseñarte algo - Susurró el pelinegro al oído de la chica, mientras que acariciaba su cuerpo una vez más.

Recostando con cuidado a Megumi, puesto que estaba encima de él, se movió hasta quedar al borde de la cama. Apoyando sus manos en ella, se levantó mientras que sus músculos se marcaban. Aun sin camisa, comenzó a pasearse por la habitación hasta las cristaleras que separaban aquella estancia de la terraza exterior. Abriéndolas con cuidado, salió al exterior para tomar un poco de aire, mientras sentía en su propio cuerpo el gran calor que había tenido instantes atrás. Aquella brisa fresca que se había levantando con el anochecer era muy agradable, así que se quedó allí unos instantes. Pasó sus piernas por encima de la barandilla que separaba la terraza del vacío, quedando sentado en aquella parte, al borde de la caída. Girando su cabeza hacia atrás, le hizo una señal a la chica para que se acercase. "Voy a probar cuánto le importo ... A ver si me sorprende", pensó. Esperó a que la joven estuviera cerca de él para realizar su plan de comprobación. Se inclinó hacia delante, cayendo por el filo de la barandilla hacia abajo. La rapidez del movimiento esparció sus pelos por toda su cara, y cuando fue difícilmente visible para la clienta del hostal, empezó a emanar energía de la planta de sus pies, flotando como si de un pájaro se tratase. Elevándose rápidamente, volvió a la parte donde se encontraba la habitación de Megumi, con una gran sonrisa en su mano y acercándose, todavía levitando, a la barandilla de la que anteriormente había caído.

- ¿Quieres que demos una vuelta? La Luna está preciosa, pero no tanto como tú - Dijo, girando su torso superior desnudo para mirar al astro que reinaba en el cielo. Volviendo su mirada a la chica, le tendió su mano derecha para que la tomase, mientras que con una sonrisa y unos ojos sinceros, le decía. - No te preocupes, no te dejaré caer ~
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Re: [Pasado] Pasión sin límites. Lujuria incontenible [Privado - Megumi Murasaki y Rayder]

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