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Buscando un arqueologo. Moderado para Aleksandar. Level six

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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Dom 13 Mayo 2018 - 20:18

¡Sí, estaba funcionando! A pesar de su carencia de práctica con armas de fuego había acertado sin problema los disparos a su objetivo. Tres balas de tres, un cien por ciento de éxito en su trayectoria como tirador, si se podía tomar así. Tres agujeros mal formados adornaban ahora la cabeza de aquella cosa, y esa sangre esmeralda empezó a burbujear del alargado cráneo… El cráneo… ¿No había reventado? Habría jurado que el rifle tendría un calibre lo bastante bueno para dejar un bonito vacío sobre el cuello de cualquier persona… Claro que esos monstruos no eran personas.

Todo empezó a ir mal, de mal en peor. Si las balas no habían sido capaces de arrancar trozos de hueso, menos iba a hacer su espada, cosa que, por desgracia, comprobó de buena mano. El filo se deslizó sin causar mayor daño a la criatura que, si bien terminó por soltar a Hyatt, no se quedó mucho tiempo sin hacer nada. Atrapó al vagabundo con su cola para colocarlo delante de su rostro sin ojos.

Y entonces, todo dejó de funcionar.

Su válvula de adrenalina estaba seca, vacía, todo sentido había desaparecido, ni uno solo de sus tendones le funcionaba, se había quedado helado del miedo. No era sino puro pánico lo que sintió al mirar de frente a aquel monstruo. No tenía ojos, no tenía nariz, solo tenía… Dientes… Dientes, dientes y dientes… Como Page decía. Ahora comprendía perfectamente la incapacidad del mercenario para decir algo más. Era su fin, todo se volvía negro…

Hasta que vió la luz.

Una luz preciosa, blanca, cegadora, tan solo duró un instante y fué acompañada de un estruendo inconfundible. Era la explosión del cañón de un arma de fuego. Van había reventado la cabeza del montón de dientes con patas que le había apresado, la ensordecedora sinfonía de su salvación le devolvió los sentidos de golpe. Se recompuso, recogió de nuevo sus armas del suelo y se quedó cerca de Van, le había salvado la vida, por la razón que fuera, y le devolvería el favor como fuera, ahora no podía permitirse morir ahí, ni iba a permitir que Van muriese, de ninguna manera.

Sin embargo, el capitán no parecía pensar, ni de lejos, lo mismo que él. No cabía duda, había perdido el juicio, estaba sujetando una granada de mano, la cual, por infortunio para ellos, pensaba hacer lo que temían que hicieran.

Todo fue demasiado rápido, rápido y desorientador, ni siquiera tuvo tiempo a que los gritos de advertencia resbalaran por su lengua en un inútil intento de disuadir al capitán. La explosión resonó por toda la habitación, una combinación de luz, fuego, pólvora y muerte se arremolinaron provocando el derrumbe de las paredes. A continuación fue todo polvo. Polvo y escombros, y un insufrible pitido tintineando en sus oídos.

No tenía ni idea de cómo había sobrevivido a la lluvia de escombros. ¿Un golpe de suerte, quizás? Se arrastró por el suelo como pudo, su mente se encontraba muy lejos de su cuerpo, tardaría un poco en recobrar la compostura, y mientras ocurría, se imaginaba a su par de dioses favoritos. Al misterioso dios Destino y a la caprichosa diosa Fortuna, ambos jugando en un ajedrez macabro donde decidían los movimientos de las criaturas que habitaban el mundo. Esos dioses a los que siempre culpaba de todo lo que le pasaba, ya fuese para bien o para mal.
Pero no, esta vez ni Destino ni Fortuna tenían la culpa. Casi muere, y toda la culpa la tuvo el imbécil del capitán. Podía ver su cara, su cara de idiota desquiciado sujetando la granada en su mano y detonándola, sin preocuparse siquiera por la seguridad de sus socios. Que no lo hiciera por él vale, era el forastero, se conocían desde hacía pocas horas… ¿Pero y los otros? ¿Es que no eran amigos?

-Hijo de…

Se mordió la lengua, apretó firme pero con cuidado cuando el rostro de su madre le llegó a la mente. ¿Desde cuando insultaba a la gente en voz alta? ¿Desde cuando le faltaba el respeto a los difuntos?

-Hijo de… -Apartó a su madre de sus pensamientos, esta vez no podía callárselo.- ¡Puta! ¡Hijo de puta! ¡Hijo de puta, hijo de puta! Puto descerebrado de mierda… ¡Espero que te pudras en el infierno, cabrón!

Continuó pataleando los escombros y golpeando las paredes mientras soltaba una retahíla de insultos contra el ahora fallecido capitán Sealey antes de respirar profundamente al menos una docena de veces y recuperar la calma. Ya tendría tiempo de quejarse de la estupidez de un muerto más tarde, si conseguía salir con vida de aquel agujero del infierno.

-¿Van? -Empezó a gritar- ¿Hyatt? ¡Quien sea, si estáis vivos contestad!

La salida estaba bloqueada, adentrarse solo en la galería de túneles sería un suicidio, más sabiendo que el rifle se quedaría en algún momento sin munición y su espada no iba a lograr atravesar el exoesqueleto de esos monstruos si se los volvía a encontrar.

Comenzó a remover escombros sin parar de llamar a los mercenarios por si quedaba alguno con vida, con un poco de suerte daría con alguno de ellos con vida, o con el cadáver del capitán que, si tenía algo más de suerte, le quedarían un par de granadas más que podría usar para remover rápidamente los escombros o… Qué demonios, igual conseguía excavar lo suficiente para abrir una salida y escapar de allí en cuanto pudiera. Un agujero del tamaño de una rata le serviría, después de todo estaba delgado.

Ya no iba a perder más tiempo, era hora de escapar de allí.
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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Lun 14 Mayo 2018 - 21:01

Tras un rato removiendo escombros empezaban a dolerle las manos, las yemas de los dedos se le estaban enrojeciendo y pronto empezarían a escocer si no paraba. La excavación no fue productiva, apenas pudo localizar la vaina de su katana que se había quedado por el suelo antes de la explosión, pero nada más.
Un ruido sonó a su espalda. Cerró los ojos -de poco le servirían en la penumbra- trató de concentrarse en los sonidos para orientarse sin llevar su mano demasiado lejos de la empuñadura de su espada. Pero se detuvo, un haz de luz le dio de pleno en los párpados y las voces que escuchó terminaron de confirmarle que se trataba de un superviviente del equipo. Un par de ellos más bien.

Pudo reconocer las voces de Hyatt y Van.

El haz de luz que vislumbró empezó a moverse de un lado a otro mientras la fuente de la luz se acercaba más. La linterna, claro. Con los nervios se le olvidó que él mismo llevaba una en el bolsillo, y al ver la de Hyatt se llevó la mano al bolsillo para comprobar que estuviera intacta… Pero una vez más su sistema nervioso le falló.

No se esperaba en absoluto que la chica fuese a abrazarlo, en ningún momento había tenido la sensación de que fuese esa clase de personas, pero lo que menos se esperaba era que… ¿Había estado a punto de hacer lo que le había parecido?

-Eh… Sí, lo mismo digo -Sin saber muy bien que estaba haciendo, y tratando de disimular el rojo de su cara apartando la mirada fuera del alcance de la luz, rodeó a Hyatt con un brazo en una especie de abrazo sin terminar, dando un par de golpecitos suaves en su cintura-

Miró a la mercenaria de soslayo antes de dirigir la mirada a Van, hacia su ennegrecida silueta, al menos.

-Van, lo he escuchado y vas a llamarme imbécil pero… ¿Cómo te encuentras?

No solo el mercenario, cualquiera que escuchase esa pregunta en una situación parecida tendría ganas de llamar idiota o similares al que la hubiese formulado, aunque fuera solo por cortesía o preocupación.

-Ya, tu brazo… Hyatt ¿Puedes alumbrarme un momento? Veré que puedo hacer.

Se quitó la chaqueta, o mejor dicho, el andrajoso trapo de mezclilla azul que llevaba de casaca. Usó su espada para cortar las mangas -pasaría más frío a partir de ahora si salía de allí con vida- y procedió a dárselas de médico.
Era algo muy improvisado, pero usando la misma vaina de la katana y las mangas cortadas para sujetarla, pudo inmovilizar el brazo de Van. Ni siquiera estaba seguro de que ese fuese el procedimiento de primeros auxilios para un brazo roto, pero era mejor que nada, y detestaba sentirse un inútil.

El vuelo de unos murciélagos hizo que el grupo tuviese una idea en conjunta, aunque tampoco hacía falta ser un genio para pensar en seguir a los animales, es ley de vida en la naturaleza.

Al poco de seguir a los murciélagos, esperando llegar a alguna salida, acabaron en una habitación enorme. Era bastante pintoresca a decir verdad, muy distinta al complejo de túneles que dejaron atrás. Un par de gigantescas estatuas casi tapaban el que, aparentemente, era el único camino que podían tomar para continuar avanzando, pero lo que realmente le llamó la atención a Alek fueron los extraños símbolos de las paredes.

Quería fijarse bien en ellos.

Apretó su espada contra su costado usando el antebrazo para tener la mano libre para sujetar la linterna que traía en el bolsillo. Lamentó no tener nada a mano para poder apuntar aunque fuesen unos pocos, al menos procuraría memorizar lo que pudiera, su corazón de arqueólogo se lo pedía a gritos.

Avanzó con cuidado por toda la sala fijándose en cada dibujo, no era capaz de comprender mucho y solo lograba hacerse una ligera idea -seguramente muy lejana a la realidad- de lo que significarían, pero le resultaba fascinante. Casi había olvidado que podían estar rodeados de más de aquellas cosas.

-Chicos, voy a investigar un poco… Procuraré no tomarme demasiado tiempo, dentro de poco esta será nuestra única fuente de luz -Señaló la linterna de Hyatt- Puede que haya… No se, alguna puerta oculta o algo, y sinceramente prefiero esa posibilidad antes que volver a un túnel… Aunque no nos quedará de otra si no encontramos algo relevante

Se acercó más a las paredes para poder tocarlas, no fuera que algún relieve revelase alguna palanca -poco le sorprendería viendo donde se encontraban-. Primero buscaría algo de interés, indicaciones en los símbolos, alguna reliquia, lo que fuera. Después de explorar, si no había más remedio, avanzarían.

-Por cierto, creo que ya de poco sirve ocultarlo. ¿Vais a explicarme ahora que os trajo a este lugar apartado del mundo?
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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Mar 15 Mayo 2018 - 21:13

La voz de la chica le sacó del ensimismamiento. Miró hacia ella para volver la mirada a la pared y señalar cada uno de los pocos símbolos que suponía entender.

-Esto es… No lo sé con seguridad, pero es algo importante… ¿Divinidad? Esto de aquí -siguió señalando- indica un lugar… Un lugar destacable ¿Sagrado?.

Continuó moviendo la mano por encima de los símbolos, sorprendiéndose a sí mismo de la seguridad con la que hablaba.

-Y esto… Ah… Fuego, creo… ¿Quemar? Vaya… Tiene pinta de una ofrenda o algo parecido. Tampoco puedo confirmarlo, solo son intuitivos.

Algo es algo, pensó. Sin mucho más que descifrar -poca cosa más había que fuera relevante- enfocó con su linterna al túnel tras las estatuas. Hyatt respondió a la pregunta que tanto tiempo llevaba pidiendo, aunque a esas alturas la respuesta no le sorprendió.

-¿Así que esas cosas ni siquiera pertenecen a este mundo? Pensaba que eran… Bueno, no se, criaturas autóctonas de esta isla. En cuanto a lo de la tecnología lo entiendo, pero no esperaba que vinieseis de parte del…

Se calló al notar como sus botas pisaban algo blando, viscoso y resbaladizo. Enfocó, era una sustancia negra que no fué capaz de reconocer, pero era una señal de que algo había estado allí antes que ellos.

-Puaj... En fin, hora de…

Algo le vino a la cabeza. ¿El mismo instinto de antes? No se entretuvo a descifrar a qué se debía, no era el mejor momento, se limitó a hacerle caso a ese pálpito de su cabeza. Tenían que salir de ahí sin perder tiempo. Miró el túnel, y luego a los mercenarios. Podía escabullirse el primero por el túnel y aprovechar aquel instinto mientras durase para orientarse, después de todo estaba seguro de que sus zancadas eran más rápidas que las de sus compañeros… Pero se odiaría eternamente si les abandonase ahí mismo. Después de todo Van le había salvado la vida, y Hyatt había sido la única que hizo el esfuerzo en llevarse bien con él…

Seguramente se arrepentiría de esto.

-Van… -dijo dándole su linterna para poder sujetar sus armas con tranquilidad- al túnel, ve tú delante y alumbra el camino, os cubro las espaldas. Hay que salir de aquí. ¡Ya! ¡No hagais preguntas, corred!
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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Vie 18 Mayo 2018 - 19:11

Echó una mirada rápida a sus compañeros, asegurándose de que llegaban hasta el final del túnel, en cuanto vió que estaban cerca se giró con una mirada incomprensiblemente decidida mientras se daba golpecitos con el codo en los riñones, pensando que de esa manera abriría un grifo de adrenalina dentro de su cuerpo o algo por el estilo. Era más que consciente de que el cuerpo humano no funcionaba así, pero era su manera de relajarse y engañar a su mente, haciendo creer a esta que de esa manera liberaría en su cerebro las sustancias que hicieran falta para mantener la concentración y evitar que su cuerpo sufriese la parálisis por el miedo de antes. No… De ninguna manera se iba a quedar congelado.

Apenas disponía de un par de segundos para pensar en algo y actuar. Un par de segundos que en su cabeza inundada de sustancias segregadas a mansalva por su cerebro le parecieron una eternidad para pensar:

No podría con todos él solo en una habitación donde apenas había luz, eso estaba claro. No podría disparar pensando en acertar en una sala tan grande con unos enemigos tan ágiles y rápidos teniendo en cuenta su práctica de literalmente 3 disparos a bocajarro hacía apenas un rato. Pero quizás… si conseguía que le siguieran al interior del túnel… Claro, en un espacio tan reducido con tantos objetivos no haría falta tener puntería, con una cadencia de disparo continuada acertaría con un 100% de probabilidad, además, al otro lado estaban Hyatt y Van, con sus armas listas. Hyatt no tendría problema en tomar posición y disparar, pero Van solo podía mover un brazo, su eficacia disminuiría una vez tuviese que apuntar a los que hubieran quedado vivos.

Por otro lado estaba el problema de la dureza de esas cosas. Su espada rebotaría en sus cráneos, justo como antes. La única manera de que esta fuese eficaz sería sujetándola con ambas manos y comenzar un análisis de ensayo y error con los cuerpos de aquellas cosas. El cráneo estaba descartado, como siempre era de los huesos más duros del cuerpo. Aún podía probar en el cuello, parecía más delgado aunque costaría acertar, sus brazos, parecían más bien enclenques y cercenándolos limitaría sus movimientos y su capacidad de matar. ¿La cola? Ya había sufrido el agarre de esos látigos huesudos y era consciente de la fuerza que tenían, pero tal vez fuesen fáciles de cortar.

Tenía todo el cuerpo de aquellas cosas para probar anatomía extraterrestre, y tenía muy claro que tomaría nota de aquello si salí de allí con vida… Pero para ello tenía que sobrevivir primero.

Tardó apenas medio segundo en colgarse el rifle a la espalda por la correa, sujetó su espada con ambas manos… Y dejó que una mezcla entre temeridad y estupidez hicieran acopio de su cuerpo

El plan era sencillo pero arriesgado, daría rienda suelta a sus piernas para correr como un condenado, escondería el filo de su katana hasta el último segundo como solía hacer, iría a cortar y moverse, cortar y moverse, cortar y moverse… Cortar y moverse manteniendo toda la atención posible en mantener despierto aquel sexto sentido que despertó en su cabeza. Si quería salir de allí con vida contaba con ello.

Probaría una primera ronda, memorizaría las zonas más frágiles del cuerpo de aquellas cosas y daría un rodeo como buenamente pudiera para correr como una bala hacia el interior del túnel mientras volvía a cortar en las zonas frágiles. Si lograba llegar hasta allí con vida, sacaría el rifle de nuevo y vaciaría el cargador sin siquiera apuntar, simplemente dejando el cañón del arma tras de sí y apretando el gatillo como si el mundo se acabara en caso de que dejase de hacerlo. Dentro del túnel se uniría a Van y Hyatt para vaciar una lluvia de plomo en el estrecho camino. Si alguna de esas cosas sobrevivía no le quedaba de más que confiar en su katana, su instinto y los dos dioses que siempre jugaban con él… Y si algo de eso fallaba…

-Al menos moriré haciendo lo que me gusta… -Musitó recordando el cadáver del arqueólogo… Y se lanzó a la acción, dispuesto a ejecutar ese plan improvisado de su cabeza.

¿Tenía el libro de Destino un capítulo más sobre el joven vagabundo? ¿Tendría Fortuna más juegos pensados para él?... Estaba a punto de averiguarlo.
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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Sáb 19 Mayo 2018 - 22:40

El plan era bueno, al menos así lo interpretó su cerebro, la clásica idea del típico héroe de las historias que solía leer de pequeño. Se lanzaba de lleno al combate y siempre salía triunfando, simplemente porque era el protagonista… Pero la realidad era muy distinta de los cuentos.

Aquello no era una novela fantástica, ni él era un héroe, ni mucho menos el protagonista… Era una cueva real, con peligro real, y él era simplemente un idiota que no dejaba de fantasear pese a su edad.

Todo el plan salió mal, peor que mal, fatal. Para empezar, aquellas cosas eran más rápidas que él, eso debió haberlo calculado, pero no lo hizo. Una de ellas saltó encima suya, pudo reaccionar a tiempo para atravesarle la caja torácica, pero no fue suficiente. Debió haber tenido en cuenta la posible resistencia al dolor de aquellas cosas viendo como antes una de ellas siguió como si nada tras recibir tres balazos en el cráneo. Debió calcularlo, pero no lo hizo.
El combate se redujo a un forcejeo que acabó haciendo que ambos cayeran al suelo. Sí, también debió haber calculado la fuerza física de los monstruos, pero no… por supuesto que no lo hizo.

Tampoco calculó que en caso de atravesar sus cuerpos, contaban con un arma interna, el ácido corrosivo que les fluía por las venas, que, como pudo comprobar, acabaría por hacer mella en la estructura metálica de su katana, que estaba empezando a descomponerse.

Y sin siquiera tener tiempo para darse cuenta de cómo sucedió, se vio en el suelo luchando desarmado contra una criatura que pesaba más que él, era más veloz que él, más fuerte, le había mordido con una segunda boca interna la punta de la nariz… Y una vez más a punto de morir.

Y sin embargo distaba mucho de sentirse como hacía un rato. Antes se hubiera quedado petrificado, ahora, por alguna razón, era incapaz, su sangre estaba hirviendo… Eso o era el calor del ácido que le estaba salpicando. Pero fuera lo que fuese, lo que más debería sentir en aquel momento era lo único que misteriosamente no sentía: Miedo.

¿Le había entrado fiebre? ¿Se había vuelto loco?

No lo sabía con certeza, lo único de lo que era consciente era de que ahora notaba frío en la cabeza… Frío… ¿El toque de la muerte?

No… de haber muerto no debería estar sintiendo nada. Todavía no le había llegado la hora, al señor Destino aún le quedaba tinta por gastar. Entonces… ¿Qué pasaba?

Van. Una vez más le había salvado en el último momento. Había apoyado la culata de su arma en su cabeza -qué remedio con un brazo herido, y oportuno a la vez- y había clavado el cañón de esta en la boca del monstruo, el cual acabó instantes después reducido a un montón de sesos y ácido.

Adiós a mi espada…” fue lo primero que le pasó por la cabeza, seguido de una broma en señal de agradecimiento a Van por haberle vuelto a salvar, hasta que se fijó en la herida de su brazo, provocada por el látigo de sierra que aquellas cosas tenían por cola.

-Gracias… Joder, tu hombro…

Sabía de sobra que no era el momento más indicado para ponerse a charlar, tenían que salir de ahí y Hyatt estaba… ¿Qué estaba haciendo? Parecía estar ahuyentando a la criatura con…

-... Fuego…

Recordó el mural de las paredes. Fuego, quemar… Estaba seguro de que se trataba de algo de eso, las piezas empezaban a encajar. ¿Un lugar sagrado y fuego? ¿Y si se trataba únicamente de eso? A lo mejor si lograban encontrar el punto sagrado y encender un fuego conseguirían espantar a aquellas cosas, tenía que tratarse de algo de eso, al menos eso le pareció lo más lógico… A menos que el mural hablase de…

-Van, aguanta un poco, vamos con Hyatt -Se pasó el dorso de la mano mojado en su propia saliva por la herida de su nariz y se quitó el rifle de la espalda para sujetarlo- Procura mantenerte consciente, tienes mejor puntería que yo. Está distrayendo a esa cosa, no será difícil.

Ayudó a Van a moverse como buenamente pudo, preparó el arma y se esperó a estar lo suficientemente cerca de la criatura para poder apretar el gatillo con seguridad, una y otra vez, confiando en que Van hiciera lo mismo.
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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Miér 30 Mayo 2018 - 21:54

La idea se torció un poco, aunque, por fortuna, para bien esta vez. O tal vez tampoco para bien, simplemente fué… distinto. Cargar con Van era como intentar llevar a un borracho a hombros, cosa que, aunque no hubiera hecho de primera mano, sí que había visto cientos de veces. La diferencia era mínima, un estado de semi inconsciencia, falta de soltura, tambaleos… Le pareció que hubieran tardado toda una vida en cruzar el túnel. Una vez a la altura de Hyatt estaban listos para disparar, pero la chica tenía otros planes. Habiéndose asegurado de que estaban fuera del túnel, lanzó con todas sus fuerzas una granada en dirección a la base de las gigantescas estatuas de la entrada, provocando el derrumbamiento de esta, tapando el camino y asustando a la criatura que mantenía entretenida, la cual huyó con un espantoso siseo. La explosión les alcanzaba lejos, no perderían más equilibrio del que ya les costaba mantener. El ruído ahuyentó también a los murciélagos, los cuales llamaron la atención del grupo y alcanzaron a ver la única salida posible de aquel infierno, o la más cercana, al menos… Si es que a eso se le podía llamar cercano.

Una abertura en lo alto de la maldita cueva, era imposible escalar la pared, era lisa, estaba húmeda, no tenía huecos accesibles… Y aunque los tuviera, Van no podría trepar. ¿Y si se adentraban más en la cueva? Vale, estarían ignorando la salida más cercana, pero tal vez pudiesen encontrar otra, más accesible… Teniendo que cruzar en la dirección por donde huyó el monstruo.
No, de ninguna manera, ya habían tenido suficiente de aquellas cosas. Necesitaba encontrar un modo de salir de allí, pero.. ¿Cómo?

Ten, usa esto

Como siempre. tenía que ser alguien más quien le diese la respuesta. Hyatt le pasó una cuerda y una pistola con gancho. El plan era factible, y tenía sentido, pero… ¿Cuánto tardaría aquella cosa en volver? Suponiendo que volviese, lo cual era casi seguro, era muy posible que no lo hiciera sola. No quería vender a Hyatt, pero… ¿Qué otra opción le quedaba?
Podía atarse la cuerda a la cintura, atar a los mercenarios a ella y trepar usando el gancho, pero eso seguramente solo les dificultaría la escalada, y seguramente el cable se rompería.
También podría… No… Tal vez sí… Tampoco iba a funcionar… Quizás… No, no, maldita sea, no tenía sentido que se lo pensase tanto, la idea de Hyatt era la más sensata, pero faltaba algo, algo, una especie de seguro o…

Rebuscó en su chaqueta, todavía guardaba el dispositivo de localización y la pistola de bengalas. Sí… ¡Sí, eso podría funcionar! Si lo activaba ahí mismo empezaría a mandar la señal, y cuanto antes la recibieran, antes se moverían a su ubicación. Si llegaban a tiempo podrían tirar una escalerilla, y si lo veía demasiado urgente ataría la cuerda a esta y pediría que despegaran. ¿Qué demonios? Igual hasta venían armados para cubrirles desde el cielo, aunque quedase poca luz los focos iluminarían aquel sitio y no habría problema para apuntar.
No se lo pensó dos veces, activó el dispositivo antes de hacer nada más y se lo volvió a guardar en su chaqueta.

Se volvió a acomodar el rifle en la espalda y apuntó lo más certeramente que pudo hacia el hueco.

Ya faltaba poco, solo tenía que asegurarse de que el gancho se ajustaba en algún lugar que soportase su peso y empezar a correr como buenamente pudiera por la pared mientras recogía el cable del gancho. Si conseguía llegar arriba solo le faltaría disparar la bengala… ¿La roja? Vale, no venía con el objetivo, pero no iba a marcharse solo… ¿Debería disparar la púrpura para avisar de que se marchaba sin el objetivo? Maldita sea ¿Qué importancia tenía aquello? Dispararía las dos si lo viese necesario, le bastaba con que supieran con mayor exactitud dónde se encontraba y que llegaran lo más rápido posible.

Disparó el gancho, su intención era trepar lo más rápido que pudiera, suplicar a su cuerpo que le diese un último subidón de adrenalina para aguantar el tramo, no podía perder ni un segundo, necesitaba llegar a lo alto, tirar la cuerda, subir a Van lo más rápido posible y volver a dejar la cuerda para que Hyatt subiera, y solo entonces, solo cuando Hyatt estuviese fuera junto a ellos dos, entonces podría descansar.

Miró a los mercenarios, los miró a ambos fijamente a los ojos, no tenía intención de mentir, quería asegurarse de que supieran que no les estaba mintiendo.

-No tardaré.

Y hecha la promesa, disparó hacia arriba, ascendiendo hacia la libertad.
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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Vie 1 Jun 2018 - 16:21

El “cling” del gancho al aferrarse a la superficie sonó como una campanada celestial anunciando la llegada al paraíso, un paraíso al que tendría que llegar a puro ejercicio físico. Si bien la escalada en general le llevó menos tiempo del esperado, no fue precisamente poco, las piernas se le cansaban, debido a los resbalones se le quedaban colgando varias veces de camino a la cima, los brazos le ardían, no estaba acostumbrado a tanto esfuerzo, y su abdomen… Mejor no hablar de lo que sentía en la zona abdominal, era insufrible, como si le hubiesen clavado varias docenas de agujas al rojo vivo, tenía que soportar todo el peso de su cuerpo en la cintura si quería llegar deprisa, y le estaba costando.

Trató de distraerse, apartó la mente de la situación para evitar el estrés contínuo y se imaginó recibiendo el pago de la operación. Se vió a sí mismo entrando en unos baños públicos, quitándose la mugre de encima, vistiéndose después con ropa limpia y nueva, se imaginó entrando en una posada para poder llevarse algo caliente al estómago y durmiendo en una cama cómoda, aunque en comparación a cómo estaba acostumbrado a dormir, un montón de heno con una manta por encima le hubiera bastado para dormir hasta el próximo invierno si fuese capaz de pagar el hospedaje de antemano.

Casi sin darse cuenta había llegado a la cima. Sintió como si la suave brisa de aire fresco que recibió en la cara le hubiese devuelto las energías. Abrió los pulmones y tragó tanto aire como pudo antes de soltarlo lentamente y dejar que su cuerpo empezase a enfriarse, lo cual no debería dejar pasar, necesitaba sacar a Van y a Hyatt de aquel maldito agujero, solo daría un par de bocanadas profundas para relajar los músculos y… ¿Qué demonios era aquello?

Algo captó su atención eliminando por completo su capacidad para concentrarse en cualquier otra cosa, haciéndole olvidar lo que hacía ahí arriba. No se explicaba qué pintaba ahí, pero reconoció enseguida que se trataba de un altar. Su cabeza hizo memoria, los grabados de las paredes debían referirse a ese mismo altar, el fuego… Sí, sin duda el fuego era utilizado para realizar sacrificios a lo que fuera que los realizaran.
No había rastro de fuego, a excepción de las cenizas impregnadas en la piedra, y sin embargo podía notar bastante calor, lo suficiente para notar una temperatura bastante agradable en sus pies, atravesando la piel desgastada de sus viejas botas. Habían varias armas desperdigadas en derredor del altar, no se pudo resistir a agarrarlas y comprobar su calidad, su peso, su equilibrio… Eran maravillosas.

Un cuenco lleno de oro y joyas coronaba la piedra, e, increíblemente intacto, algo parecido a un hatillo de cuero aguantaba sostenido a la estructura. No se lo pensó dos veces, de hecho no se lo pensó ni una antes de agarrar el saco y empezar a llenarlo, podría sacar un buen pellizco extra. Un colgante repleto de gemas y oro, podría permitirse el alojamiento en una taberna durante unos pocos meses. Un brazalete de plata incrustado de otras joyas, tal vez podría incluso abrir su propia taberna y regentarla. Y…

- … ¿Una fruta?

De entre todos los tesoros que pudo encontrar, ese era especialmente raro, sobre todo porque no tenía nada que ver con el resto. Era… extraña. No reconocía de qué podía tratarse, era parecida a un mango a la mitad, pero estaba llena de espirales y de formas extrañas, por no hablar de su color. Lo cierto es que no le pareció precisamente apetitosa, pero no dudó  en guardarla también, para más tarde, igual por el camino de vuelta le rugían las…

“¡BANG!”

El ruído le sacó de golpe de su ensimismamiento, como si hubiese agarrado el fantasma de su consciencia y lo hubiera arrastrado de golpe de vuelta a su cuerpo. ¿Qué demonios estaba haciendo?
Se asomó al agujero, Van y Hyatt estaban teniendo problemas y él no había hecho más que perder el tiempo después de prometerles que sería rápido. Un sonido zumbante y repetitivo empezó a escucharse a la distancia, el helicóptero se estaba acercando, por fin, su salvación. Tan cerca y a la vez tan lejos…

¡BANG! El segundo disparo lo escuchó como si hubiesen apretado el gatillo al lado de su cabeza. El tiempo apremiaba. Lo primero que pensó fue en esperar a que la escalera terminase de bajar, amarrar la cuerda a esta y que el helicóptero hiciera el trabajo, pero tardaría demasiado y necesitaban su ayuda ya.

Por un momento titubeó… Podía marcharse ahora, después de todo ni tan siquiera les conocía bien, no eran más que un par de mercenarios que habían tenido la suerte de sobrevivir hasta ahora a una incursión suicida… Pero ese par de mercenarios le había salvado la vida más de una vez en tan solo un día, ni por todo el oro del mundo se iría de allí sin ellos, o sin intentarlo, al menos.

Por una vez su cerebro fue más rápido que de costumbre. Se dirigió al altar, aseguró la cuerda en la estructura haciendo un nudo bastante enrevesado para ser un principiante en esto, no era una atadura profesional, pero dudaba muchísimo que fuera a desmoronarse como si tal cosa. Asegurada la cuerda se quitó lo que quedaba de su chaqueta y la hizo un muñón sobre su mano, se iba a deslizar por esta para bajar y no serviría de nada si llegaba con la palma de la mano quemada. Haciendo caso omiso al asco que sentía su cuerpo, sujetó una de las espadas de sierra con los dientes mientras que usando el brazo que le iba a quedar libre agarró como buenamente pudo una espada más y un par de naginatas. Armado literalmente hasta los dientes pateó la cuerda por el agujero y se dispuso a deslizarse con el muñón de su chaqueta.

Llegando abajo sería hora de darlo todo, tocaría luchar, y esta vez no cometería los errores de antes. Dejaría que los mercenarios se encargasen de las armas de fuego, después de todo, estas solo eran un estorbo para él, por su parte tenía más o menos claro las zonas más vulnerables de aquellas cosas, y no iba a perder el tiempo zigzagueando, correría en línea recta, con el filo de la espada tras el brazo, como estaba acostumbrado, y apuntaría simplemente a las partes vitales más conocidas. Rebanaría cuellos, atravesaría cajas torácicas o partiría en dos mitades a esos monstruos.

Recordó las palabras de su maestro del dojo, “tienes un juego de pies excelente, esa es tu mayor ventaja, úsala a tu favor”. E iba a usarla. Tenía muy claro que iba a salir de allí con vida, costara lo que costase.

Hora de luchar.
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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Dom 3 Jun 2018 - 15:08

Tarde… Demasiado tarde…

Esperaba llegar a tiempo para la acción, esperaba encontrar a sus compañeros defendiéndose, esperaba poder unirse a ellos a tiempo y salir de aquel sitio con vida. Todos con vida… Pero no fue así.

Van ya no estaba, solo quedaba Hyatt, impotente, cabizbaja, con ríos de lágrimas resbalando por sus mejillas, su voz temblando… No quedaba ni rastro de la chica decidida que había conocido unas horas antes. Era como mirar a una carcasa vacía y desconsolada de la mercenaria.
Casi igual de desolador era mirar al vagabundo en ese momento, paralizado, sin saber qué hacer, sin terminar de creérselo… Asimilando que todo había sido culpa suya. ¿Por qué no tiró la cuerda de inmediato? ¿Por qué no la usó como polea para subirlo en cuanto pudo? ¿Por qué demonios se entretuvo como un idiota mirando aquel altar en lugar de hacer primero lo que tenía que hacer? Por qué, por qué…

Si no hubiese perdido el tiempo tal vez Van todavía podría seguir vivo. Si hubiese bajado nada más asegurar la cuerda podría haber evitado todo esto… El sentimiento de culpa le invadía, sin duda le dejaría huella, una huella difícil de borrar, difícil de olvidar, y más aún en aquel momento.

Hyatt se le acercó, necesitaba desahogarse y le acabó empapando de lágrimas. Le pareció que su brazo pesase cientos de veces más de su peso real cuando quiso calmar a la chica, sin prestar demasiada atención a lo que hacía, pues le resultaba imposible estar del todo centrado en algo. Con el minúsculo atisbo de consciencia despierta que le quedaba intentó estirar su mente a la oscuridad una vez más, por si por algún casual, por difícil que fuera, pudiese notar el más mínimo indicio de que Van se encontraba por ahí, a sabiendas de que aquello iba a ser algo imposible.

Quería gritar, quería darse cabezazos contra la pared hasta caer inconsciente, deseaba haber sido él y no Van quien hubiese acabado así. El mercenario le había salvado la vida, él le había hecho una promesa de volver rápido para sacarlo de aquel maldito agujero, y le había fallado. Quería hacer tantas cosas, tantísimas cosas inútiles y sin sentido que solo le aliviarían la rabia unos instantes, y sin embargo su cuerpo no le podía responder, no mientras siguiera pensando que todo había sucedido por su maldita culpa.

Tampoco le salían las palabras, cuando tenía la sensación de que las tenía en su boca, listas para salir, se atragantaba con ellas y las dejaba ahí, sin sacarlas de sus pensamientos.

Un ruido seco y un grito atrajo su atención, miró hacia arriba, finalmente el equipo de rescate había aterrizado en el techo.

Incapaz de articular palabras rodeó su brazo derecho con la cuerda, soltó las armas que seguía abrazando con el izquierdo y sujetó a Hyatt como pudo, quien no parecía tener intención de moverse, por puro miedo irracional -¿Y quién iba a juzgarla?-. Una vez se preparó, tiró un par de veces de la cuerda, como señal para que sus rescatadores comenzaran a subirlos. Pronto habría acabado todo. Pronto estarían en el aire, lejos de aquella isla asquerosa…

Se aseguraría de recoger el morral que dejó arriba,no estaba seguro de qué hacer con todo aquello, dudaba mucho que las personas de a pie, y mucho menos los marines pensaran que alguien con sus pintas había conseguido todo eso de forma honrada. Pero no era el momento para pensar qué hacer con el botín, ya lo decidiría más tarde. De momento solo quería llegar arriba, subir al helicóptero y no pensar en nada, en absolutamente nada hasta volver a aterrizar lo más lejos posible de allí.

-Nos vamos, Hyatt. Se acabó.
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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Dom 10 Jun 2018 - 17:49

-Id subiendo, voy enseguida.

Fue lo que dijo después de una incómoda y silenciosa subida hasta la superficie. La mirada vacía, pesar en su cabeza, no podía dejar de pensar que, de no ser por su lentitud, Van podría seguir vivo y ya estarían los tres a salvo en los cielos, recibiendo los primeros auxilios, descansando de tanta mala suerte…
Sacudió la cabeza intentando aclarar sus ideas por un momento. Una vez llegaron a la cima, les indicó a Hyatt y a la tripulación del helicóptero que se preparasen para salir volando mientras él se agachaba a recoger el botín, aunque realmente poco le importaba ya salir de aquel espantoso lugar con las manos vacías.

-Por mi puedes quedarte esto, Hyatt, yo no lo voy a…

CLICK

Un calambrazo y un sudor helado recorrieron su columna vertebral. No era un experto en reconocer sonidos, pero ese era inconfundible… Se dio la vuelta despacio, dejando el morral en el suelo, confiando en lo más recóndito de su imaginación que habría una explicación lógica por la que había escuchado el seguro de una pistola detrás de su cabeza… Pero no la hubo.

-Hyatt… Qué… -La incertidumbre se reflejó en su rostro para poco después dejar paso a la incredulidad. Todo cobró sentido ahora. No había rastro de sangre alguna, no pudo notar rastro de donde podría encontrarse porque ya no estaba precisamente cerca, tampoco había huellas, ni nada que revelase el más mínimo indicio de su posible posición. Lo cual quería decir… - No… Tú… Van… -Las palabras le tropezaban en la boca, le costaba encontrar un orden lógico para pronunciarlas- ¿Por qué?

La mercenaria comenzó con las explicaciones, revelando una pequeña grabadora que contenía información de las criaturas que se habían cruzado y de una especie de experimento con ellas, o una investigación… No le prestó demasiada atención, ese sexto sentido que le había acompañado durante todo el día le avisó de que los problemas no habían hecho sino aumentar. Pudo detectar algo detrás de Hyatt mientras esta se mofaba de sus planes y de cómo le había facilitado una vía de escape. ¿Qué demonios era esa cosa?
Su piel palideció, sus ojos se abrieron de par en par, su brazo empezó a temblar, tuvo el instinto de alargar la mano hacia una de las armas desparramadas por el suelo pero temía que de hacer un movimiento en falso, Hyatt apretase el gatillo y aquel horripilante espectáculo fuese lo último que viera.

-Hyatt… Detrás… Date la vuelta y corre…

Incluso después de que le hubiese traicionado quiso intentar salvarla, pero todo resultó en vano.

En apenas un instante algo enorme agarró a la chica, quien inútilmente trató de escapar de la presa y de disparar para que le soltara, y antes de que pudiese siquiera asimilar lo que estaba ocurriendo, atravesó el pecho de la mercenaria matándola al instante.

El vagabundo no pudo sino contemplar horrorizado cómo la ironía mutilaba el cuerpo de la traidora. De por sí no tenía corazón, y ahora lo reflejaba.

Quería escapar, necesitaba escapar, poco tenía que hacer él solo contra aquella monstruosidad de otro mundo. Una luz rojiza captó su atención haciendo que mirase de soslayo a la procedencia de esta. Al parecer, el disparo de Hyatt había conseguido hacerle una herida a aquel monstruo, el cual, al igual que sus congéneres más pequeños, tenía sangre ácida fluyendo por sus asquerosas venas. Esta cayó en el suelo, revelando un flujo de lava bajo la corteza terrestre. Eso explicaba el calor que sentía.

De pronto la electricidad se apropió de su cerebro, atravesándolo de sien a sien. Una idea le vino a la cabeza.

Sus opciones eran muy limitadas. Podía intentar huir, ser atrapado y morir… O podía intentar acabar con aquella cosa, y en el hipotético caso de salir con vida de la refriega salir de aquella isla del demonio de una vez por todas.

Acercó su mano a una de las naginatas del suelo sin hacer movimientos bruscos, la giró en su mano ocultando la cuchilla de esta detrás de su espalda. Era hora del todo o nada…

-Juegos de pies, Sasha… -dijo en voz baja repitiendo la manera cariñosa de su madre al llamarlo -Juego de pies…

Y corrió como nunca antes había corrido, mirando a la muerte a los ojos.

En el momento en el que puso pies en polvorosa le hizo señales al helicóptero para que despegara y se mantuvieran a salvo, o de lo contrario no tendrían manera de escapar de la isa, esperando que entendiesen de manera implícita que se mantuvieran a una altura decente para que, en caso de sobrevivir, le rescatasen.

La estrategia era evidente, pero no por ello sencilla. La naginata fue la elección más apropiada para el enfrentamiento, pues la distancia de seguridad era crucial para no acabar siendo devorado en un instante. No pretendía matar a aquella cosa a base de cortes y puñaladas, no, aquello era impensable. Sin embargo, las heridas, por mínimas que fueran, derramarían sangre, la cual derretiría el suelo, y si conseguía destapar suficiente tierra podría provocar un paso en falso en la bestia y hacer que cayese al magma, acabando con ella.

Que Destino y Fortuna hicieran de nuevo lo que quisieran con él, y que su juego de pies le ayudase a saltarse las normas del bizarro juego de la divina pareja.
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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Dom 17 Jun 2018 - 15:34

Un amasijo de sustancias se liberaron en su cerebro, no sabría decir qué era exáctamente, pero lo único que podía sentir era… euforia. En un instante, aquel chico sin experiencia ni suerte en la vida que no habría dudado en correr por su vida ante cualquier peligro había desaparecido, en su lugar se encontraba una persona de mente fría, decidida y con la concentración de un maestro espadachín. El primer envite no había salido precisamente bien, las garras de aquella monstruosidad le habían despedazado los trapos que le quedaban por camiseta y había llegado a hundir lo suficiente las garras para provocarle heridas notorias por casi todo el cuerpo, aunque por suerte no eran especialmente graves, nada que no pudiera sanar en unas pocas semanas, con cicatrices o no, de todas formas no podía verse la espalda, no serían heridas que le torturaran visualmente.

Esos eran los daños colaterales del enfrentamiento, por su parte había logrado alcanzar el cuerpo del monstruo, hundiendo la hoja de la naginata en la caja torácica de este. “Parece que aguanta” pensó al ver como el metal resistía los ácidos de la sangre, tal vez estuviera fabricado de una aleación resistente a la corrosión, lo que explicaría que ni siquiera mostrase óxido después del tiempo expuesto a la intemperie.

Como un grifo de muerte la sangre del monstruo empezó a derramarse sobre el suelo, disolviendo este y destapando el río de lava de debajo. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de que su plan suponía también un peligro para él, destapar magma no sería un inconveniente solo para el monstruo, sino también para él, a menos tierra quedase menos sitio habría para correr, aunque contaba con la ventaja del tamaño, él siempre necesitaría menos espacio para salvarse. Procuró no pensar en aquello, apartó todo pensamiento sobre los inconvenientes de su plan y decidió que lo mejor sería improvisar a medida que se desarrollaba la encarnizada refriega.

Tocaba retroceder, en aquella posición el enemigo tenía ventaja, necesitaba alejarse un poco para volver a tener a la vista los puntos exactos para golpear y dónde esquivar… Pero no iba a ser tan fácil. La criatura le alcanzó de un salto que amenazaba con aplastarlo y convertirlo en su cena, pero pudo evitar a tiempo el alcance letal quedando bajo su pecho chorreante de ácido. La confianza le pudo y se olvidó de la segunda boca que poseían aquellas cosas, la cual le arrancó parte de la piel. Sin embargo, contrario a distraerlo, aquel último mordisco no hizo sino devolverle la concentración al combate. Teniendo toda la facilidad del mundo hundió de nuevo la naginata en el negruzco exoesqueleto de su oponente y sujetó el arma con toda la firmeza que le permitieron sus manos mientras abría un nuevo surco en el monstruo a medida que quemaba sus piernas del esfuerzo que le producía correr.

La escena se redujo a un cuadro bizarro. Por un instante pareciera que cazador y presa se hubieran invertido. El antes indefenso vagabundo estaba causando la despiadada muerte de lo que hace unos minutos era el acechador perfecto, ahora medio postrado de dolor, casi suplicando misericordia mientras el odio hacia el rubio viciaba el aire que respiraban. De haber tenido un espejo delante no se habría reconocido, su semblante, su confianza y, sobre todo, aquel fuego en sus ojos… No eran las llamas de ilusión que siempre lucía con orgullo, no. Era un fuego de pura convicción, un fuego que ayudaba a que sus ojos, acostumbrados a hablar por sí solos, gritaran su voz. Su mirada solo reflejaba un grito: Eres mío.

El suelo regurgitaba magma, como si el mismo infierno hubiese abierto sus fauces y reclamase lo que estaba a punto de ser suyo. El único camino hacia la salvación que no cruzase por el magma se encontraba custodiado por la enorme cola de látigo de aquella cosa. Agarró la empuñadura de la naginata, la hizo girar a la velocidad de las aspas del helicóptero que se encontraba unos metros por encima del suelo, no sabría reconocer cuál de los dos ruidos de hélice era el suyo y cuál el del helicóptero. El movimiento le permitió esparcir el ácido que seguía borboteando, salpicando el suelo y las patas del monstruo por igual.

Dió un par de zancadas en dirección a la cola, la única vía de escape. La cortaría mientras lanzaba cortes giratorios a las patas traseras de la bestia y saldría de allí, con la ventaja de la posición y la movilidad. De ser necesario, treparía a la espalda de aquella cosa y le terminaría de clavar la naginata en su cabeza carente de facciones.

El pecho le ardía, le suplicaba que rugiera el odio que tenía dentro, su propia voluntad de vivir, el grito de guerra de la victoria… y no se pudo contener…

-¡CAE!

Rugió, tan fuerte que le retumbó en su propia cabeza, sintió que el grito hubiese rajado su garganta, y sintió como si aquel grito hubiese tenido algún efecto en el monstruo que, a sus ojos, seguramente de la euforia, parecía paralizado.

Se sentía invencible, se sentía indestructible. Al borde de la muerte se sentía capaz de someter al mundo solo con su voluntad… ¿Se habría vuelto loco?
De ser así, que su locura le revelase el resultado del combate.
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Mensaje por Aleksandar Mostovoi Miér 20 Jun 2018 - 23:22

Y lo hizo.

En ningún momento pensó en nada de lo que hizo, no planificó movimiento alguno, tampoco se guiaba por el instinto ni el azar, era algo distinto. Era como si hubiese visto sus propios movimientos antes de realizarlos, como si sencillamente se estuviese guiando por un patrón ya marcado por él mismo, como si estuviese replicando movimientos que veía en su cabeza… Como si simplemente su cuerpo se estuviese moviendo más lento que el rastro que ya hubiera dejado.

Algo extraño de explicar, pero para él era sencillo de entender. Era como si estuviese viendo lo que sucedería medio segundo antes de que ocurriese.

La naginata giraba en sus manos, repelía el ácido y lo esparcía. Un giro, un corte, otro, otro, otro giro, tajo a la pata, carrera, otro tajo, sangre verde, ácido, suelo desmenuzándose…

Consiguió sujetarse a la cola, repleta de relieves que recordaban a los dientes de una sierra. El monstruo estaba mareado, sus movimientos eran lentos, torpes, carentes de gracia alguna, mientras que Aleksandar se encontraba más vivo y más despierto que nunca, casi fuera de sí mismo. La criatura no fue capaz siquiera de hacerle perder el equilibrio y el vagabundo avanzó firme y decidido sobre el lomo de aquella cosa. A cada paso sentía como si su cuerpo fuese a estallar en cualquier momento debido al desborde de emociones que sentía, pisaba la espalda de su rival como si le perteneciera.

Llegó a la altura de la cabeza, sujetó el arma con ambas manos… Y hundió la hoja en el oscuro caparazón óseo de aquella aberración soltando el rugido de la victoria, contemplando cómo la criatura chillaba una mezcla de dolor, súplica de piedad y odio puro.

Debido a un desesperado movimiento, la criatura lanzó al rubio por los aires, sin darse cuenta de que aquello no hizo sino alejarlo de la inminente muerte que se cernía sobre ella.
El peso, el suelo corroído, los movimientos entorpecidos debido a los cortes en las extremidades y el creciente derrame sanguíneo de su cabeza se hilaron en una mortaja de olor a azufre y roca fundida que acabó acunando al monstruo en las llameantes fauces del infierno.

El grotesco cuadro se reflejaba en los vidrios del océano azul verdoso de los ojos del rubio quien, recuperando el aliento como podía, lucía una mezcla entre incredulidad y felicidad en su cara que difícilmente podrían plasmar los mejores artistas de los mares.
Alzó la mirada hacia el zumbido del helicóptero que llevaba un rato sin escuchar, sumergido en el fervor del combate, y contempló las escaleras al cielo que le sacarían de aquel nido de muerte.

Levantó una mano, solo sería un momento. Recogió el morral de antes, incluyendo la extraña fruta con forma de medio mango de color turquesa, no estaba seguro de que le entrase nada en el estómago en aquel momento, pero tal vez más tarde le vendría bien para matar el gusanillo.

Recogido todo trepó las escaleras, que en ese momento le pareció la cosa más hermosa que podía existir sobre la faz de la tierra, alcanzó balanceándose la base del helicóptero, se incorporó y se desplomó en el asiento con una creciente sonrisa en su cara.

Estaba vivo.
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