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Luces, cámara y nieve [Privado][Pasado]

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Mensaje por Katharina von Steinhell Vie 3 Ene 2020 - 19:32

Según el noticiero nunca antes había nevado en Mirrorball, el hombre de cabellos negros tras la pantalla anunciaba que esto provocaría graves cambios en la fauna y flora de la isla, las cuales no estaban preparadas para enfrentar las bajas temperaturas. Los científicos aún no habían descubierto la razón del cambio meteorológico, pero decían estar trabajando duramente para revertir la situación y que todo continuara como de costumbre. Por otra parte, a Katharina le fascinaba que estuviera nevando justo cuando se encontraba de pasada en la isla. Si alguien le preguntase, prefería mil veces el frío en vez del calor; odiaba con toda el alma estar sudada y no poder desprenderse de ese agobiante calor. Además, las calles de Mirrorball, muy modernas, se veían elegantes y hermosas al estar teñidas del blanco inmaculado característico de la nieve.

La bruja estaba en una cafetería ubicada a cuadras de la gran cúpula, veía el noticiero mientras bebía un buen chocolate caliente; perfecto para un día frío. El lugar era sencillo y, si bien no era particularmente ostentoso, estaba muy bien adornado. Los primeros tres tercios del edificio eran de ladrillo, mientras que el resto estaba hecho con tablas de madera dispuestas horizontalmente. Unas pequeñas lámparas de araña colgaban del techo y ofrecían una suave iluminación cálida y anaranjada. Sobre la mesa cuadrada descansaba un mantel blanco ordenado en forma de rombo. La bruja tenía una novela abierta y a medio leer, Tres metros bajo la estrella, la cual narraba la historia de un chico malo que se enamoraba de la tía de su mejor amigo.

—Aquí tiene —dijo la mesera, una joven pelirroja y medio bajita, depositando con mucho cuidado el pastel de chocolate sobre la mesa.

Katharina agradeció con un sencillo gesto de cabeza y siguió escuchando al periodista. Le impresionó que el hombre solo hablara cinco minutos sobre el fenómeno meteorológico, pasando a temas más “importantes”. Leonardo Pitt estaba a punto de estrenar su nueva película: Bastardos renacidos. La bruja dejó de escuchar puesto que no tenía ningún interés en el cine, de hecho, eran muy pocas las películas que había visto. Ella provenía de un mundo muy pobre, tecnológicamente hablando. Su fuente de diversión se encontraba en los libros y, a veces, en el teatro. Solía pensar que, si los jóvenes de hoy en día dedicasen más tiempo al estudio y a la lectura, no serían tan idiotas como lo son. Igual no esperaba que alguien alcanzase su nivel intelectual, quizás Thawne, pero era muy difícil encontrarse con una persona digna de considerar su rival.

Fue entonces que a la cafetería entró un hombre bien vestido, muy elegante y de buena pinta. La mesera que había atendido a la bruja soltó un grito y pareció derretirse en su posición, cayendo sobre sus rodillas. Katharina no le prestó demasiada atención; «es solo un hombre», pensó y volvió al libro. Sin embargo, el dulce y varonil aroma que desprendía el tipo ese delató que se acercaba a la mesa donde ella comía. Al estar cerca, la bruja cerró el libro y alzó la mirada, encontrándose con dos ojos del color de la esmeralda.

—Hey, yoh, ¿te gustaría participar en mi película? A una chica tan guapa como tú le irá muy bien en compañía de alguien como yo.
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Mensaje por Rainbow662 Miér 15 Ene 2020 - 18:12

¿Quién me manda a mí decir que sí? De todas las malas decisiones que se han tomado a lo largo de la historia, seguro que asentir como una idiota esta noche ha sido una de las más estúpidas. "Kaya, ¿quieres probar el Combinado Flamante?". "Sí, claro. Parece estar bueno". "Kaya, ¿pedimos esos chupitos de colores a los que les prenden fuego". "¡Claro, venga!". "Kaya, ¿crees que es buena idea darle de beber al Den Den Mushi altavoz?". De eso último casi no me acuerdo, pero imagino que también dije que sí; de otro modo no habría acabado con baba de caracol por todo el pelo.

Ahora tengo tanto sueño que podría tirarme sobre la nieve y dormir ahí hasta que se derritiese. Lo malo es que creo que si me tumbo en la nieve, me moriré en ella. Maldita Early. Es culpa suya que haya acabado tan echa polvo. Ella y sus puñeteros descuentos en las "copitas", que terminaron convirtiéndose en una ruina tanto para mi cuerpo como para mi economía. He revisado la bolsa y he descubierto con espanto que he gastado mucho más de lo que pensaba; ahora tendré que racanear con la comida los próximos días, hasta que pueda conseguir algo de dinero aquí o allá. O también podría robar algo, como todos los piratas. No es que sea una ladrona, pero no creo que los dueños de la posada donde me alojo echen de menos un par de magdalenas y una caja de pasta.

Es una lata no saber que hora es. Y es una lata porque, aunque yo creía que apenas habría amanecido, en la planta baja, ocupada por una cafetería, ya hay gente. En lugar de entrar por ahí, lenta y pesadamente me tambaleo por las escaleras traseras de camino al cuarto piso, donde está mi habitación. Cada escalón hace que me retumbe la cabeza y se me revuelva el estómago. Suerte que los oídos me pitan demasiado como para oír mis propios quejidos lastimeros.

Tras lo que me parece una eternidad, encuentro mi llave. Tumbarme en la cama y dormirme es todo uno. Ahora mismo no podría importarme menos acostarme con el vestido, el abrigo y los zapatos; tan solo quiero olvidarme de todo y dejar los problemas de la resaca a la Kaya del futuro. ¿Emborracharse es siempre así?

No tengo ni idea de cuánto tiempo he dormido. Solo soy consciente de despertarme de vez en cuando, hacer una rápida visita al baño y volver a tumbarme en una especie de trance. Hasta que alguien llama a la puerta. Quién o para qué no puede importarme menos, pero, por dios, ¡ese ruido infernal! ¿Puede a alguien explotarle la cabeza? La mía está a punto. Por alguna razón, quien sea que llame se toma mi silencio como una invitación para seguir llamando, esta vez más fuerte. Una banda de música monta un concierto en mi cráneo, usando mi cerebro como tambor.

-Por todos los diablos, ¡¿quieres irte ya a la...?!

Crack. Las patas de la cama crujen con un chasquido que parece burlarse de mi resaca.

"Oh, joder. Otra vez no".

Tener poderes es un engorro; tener poderes que a veces no controlas es peor aún. Por suerte, estoy acostumbrada, así que, cuando la familiar sensación de mi peso aumentando de forma descontrolada llega a mi conciencia, solo pienso en lo cara que me va a salir la noche de hotel. La cama se hace añicos bajo mis -según un cálculo rápido- cuarenta y cinco toneladas de peso, el suelo se agrieta y empieza mi desenfrenada caída. Un piso, dos, tres... Convertida en un yunque humano dejo un agujero en cada planta de la posada hasta aterrizar, junto con una comitiva de escombros y camas hechas trizas, en la cafetería de abajo.

Lo bueno es que, de un golpe, se me ha pasado la borrachera. Je.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Vie 17 Ene 2020 - 1:35

Soltó un largo bostezo como primera respuesta al comentario del hombre, quien buscó la mirada de Katharina con sus grandes ojos avellanas. Vestía una camisa blanca a medio botonada y unos pantalones negros ajustados. Le observó con aburrimiento y puso atención a su aura, a lo que el hombre era más allá de una cara bonita. Nada, no había realmente nada interesante en él; era como un caparazón vacío. ¿Acaso no se daba cuenta con quién estaba hablando? Había sido una mala idea actuar con tanta arrogancia, como si fuese beneficioso estar a su lado. El café era más digno de atención que ese estúpido personaje famoso, y muchísimo más apetitoso. Cogió con suavidad la taza y le dio un delicado sorbo, sintiendo ese delicioso amargor propio del café.

—Ejem, creo que no me has escuchado. Te he encontrado muy guapa y…

—¿Quieres callarte y dejarme comer en paz? —le espetó, frunciendo el ceño.

El hombre parpadeó dos veces, completamente perplejo. Al parecer jamás lo habían rechazado o, peor aún, ignorado con tanta crueldad. Era un imbécil. Si fuese un poco más culto, se daría cuenta de que le hablaba a una criminal buscada por el Gobierno Mundial. Bueno, igual era probable que su nombre aún no fuese tan conocido en el mar del este. En todo caso, no solía usar su imagen para imponer respeto puesto que, generalmente, bastaba con hacer un par de trucos de magia y listo.

—¿No te das cuenta de con quién estás hablando, jovencita? —intervino el hombre que lo acompañaba, un anciano bien parado y de ojos profundamente grises; con esas pintas que llevaba parecía un mayordomo cualquiera—. Don Leonardo es el hombre más importante del cine contemporáneo, ha ganado ya cuatro premios y ha sido nominado todos los años desde hace una década. Yo me pregunto en qué mundo vives para no saber quién es…

—Gracias, Buenardio. ¿Ahora entiendes la importancia de…?

Un estruendoso sonido ocultó sus palabras y enseguida algo cayó sobre el bueno de Leonardo, cubriéndolo de escombros, madera e incluso un gato. Katharina quedó boquiabierta luego de ver que una chica apareció del… techo. Así por mera curiosidad, le echó un vistazo al agujero que quedó y descubrió que había sido una caída muy alta. No sabía si impresionarse más por la chica, o porque el maldito personaje se estaba abriendo paso entre los escombros. Ni sangre ni huesos rotos, ni una puta herida. Como si nada, se quitó de encima un trozo de techo que debía andar por los cincuenta kilos, así calculado al ojo.

—Madre mía, he tenido mucha suerte. Menos mal los escombros…

Un pedazo de fierro le golpeó la frente, haciéndole perder el conocimiento. Leonardo cayó dramáticamente al suelo y una de las meseras gritó desesperada, como si en realidad le importase más el desmayo que la destrucción del edificio. Por otra parte, alguien había arruinado la comida de Katharina, y seguramente esa persona tenía nombre y apellido. Indignada y con el puño apretado, se levantó y echó hacia atrás la silla. Miró con el semblante ensombrecido a la muchacha, y luego intentó levantarla de la camiseta.

—Has destruido medio edificio vaya a saber dios cómo, y la verdad es que me da igual, pero… ¿En serio tenías que cargarte el pastel de chocolate? ¡Págamelo!
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Mensaje por Rainbow662 Mar 21 Ene 2020 - 13:04

Los oídos me pitan. Es como un agudo y gélido taladro que se introduce en mi cráneo y se mueve como una batidora para removerme el cerebro. No es por la borrachera ni por la caída, sino por el maldito grito que da una señora cuando... bueno, cuando una pila de escombros conmigo encima cae a medio metro de su careto polioperado.

-¿Qué ha sido eso? -dice alguien.

-¡Me ha tirado el café! -protesta otra voz.

-¡Le ha dado a Leo!

Justo en el centro de la cafetería... Si es que lo mío es mala suerte. Si al menos hubiese un sótano más abajo me habría ahorrado que se me quedasen todos mirando como si fuese un mono del zoo que ha aprendido a hacer ecuaciones. Y, sobre todo, me habría evitado quedar envuelta en el olor de las tostadas y los croissants recién hechos. Tengo un hambre atroz, pero no creo que quieran invitarme a desayunar.

Muchos de los clientes me fulminan con la mirada. ¿Es por haber estado a punto de matarlos? Supongo que podría ser algo lógico. Sin embargo, no me preocupan. Todos están aún conmocionados por lo sucedido. Todavía tengo algo de tiempo para escabullirme y... Y ya no.

-Has destruido medio edificio vaya a saber dios cómo, y la verdad es que me da igual, pero… ¿En serio tenías que cargarte el pastel de chocolate? ¡Págamelo! -dice la mujer.

Es mucho más intimidante que el resto. A pesar de ser aparentemente inofensiva, tal vez incluso más bajita que yo misma, y dar la sensación de que cualquiera podría levantarla en volandas y cargársela al hombro como un saco, en cierto modo rebosa fuerza. Esa mirada de desdén y superioridad, ese tono déspota y tiránico, esa sensación de que el cielo podría fulminarme con un rayo si ella lo ordenase... Me cae mal de inmediato. Pero es solo una impresión. Esto es el East Blue; aquí no hay nadie que pueda causarme problemas.

-¿Un pastel? ¿En serio?

"No digas tonterías, Kaya". Pero es que, ¿qué clase de estupidez es preocuparse por una maldita tarta en esta situación? Por lo que ella sabe, soy la víctima de un espantoso accidente, ¿no? ¿A qué viene recriminarme lo de su puto postre? Y encima con ese tono. Alguien debería decirle cuatro cosas a esta energúmena. Antes de poder pararme a pensar en lo que hago, alargo la mano para pellizcarle una lorza -cosa que no me resulta fácil, por cierto- y dejarle claro que no puede tratar así a la gente.

-Deberías comer menos chocolate, cerda.

Y ahora, a pensar en cómo largarme de aquí antes de que se den cuenta de que no tengo dinero ni de cerca para pagar los destrozos.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Miér 22 Ene 2020 - 23:35

A excepción del cabello violeta y el parche en el ojo, la chica que tenía en frente parecía ser muy normal. El aliento le olía fatal y cuando se fijó en sus uñas casi le entraron ganas de vomitarle encima; parecía que alguien desconocía la palabra «higiene». Aún se preguntaba cómo había caído desde tan alto, habiendo atravesado varios pisos en el proceso. Tampoco se explicaba cómo es que no había sufrido daño alguno. Sin embargo, todo pensamiento desapareció de la cabeza de Katharina cuando la chica le pellizcó el estómago, intentando decirle que estaba gorda. La vergüenza se apoderó de su cuerpo y su rostro se tornó tan rojo como un tomate, pero enseguida esa sensación se transformó en ira. El que le hubiera tocado sin permiso no le molestaba tanto, después de todo, era bien delgadita y entrenaba casi todos los días para mantenerse en forma. Pero que le hubiese tratado de cerda jamás se lo perdonaría. Sí, disfrutaba de una buena comida y nunca dejaría el chocolate solo porque una idiota se lo pedía, pero estaba muy lejos de siquiera ser gorda.

En un intento de demostrarle que tenía mejor figura que ella, le pellizcaría fuertemente una lorza de la misma manera que la chica lo había hecho.

—Me veo mil veces mejor que tú, vagabunda —le espetó con los ojos azules puestos en la chica—. ¿Y qué es ese olor de mierda que traes encima? ¿Te meó un borracho o le temes a la ducha?

Al estar demasiado ocupada en la chica del parche no se dio cuenta de la señora que se les acercaba con el semblante enfurecido. Era la dueña del local, y seguramente esperaba que alguien respondiera por los daños. La mujer robusta y grande, quizá de unos dos metros, usaría sus grandes manos para que las muchachas se dieran un cabezazo.

—Me importa una soberana mierda esta discusión de niñas malcriadas, dejarán caer los billetes para arreglar mi cafetería o pueden empezar a vender sus cuerpos —gruñó, arremangándose la camisa y enseñando un bíceps fofo y grande, como si con él pudiera partirle la cabeza a un gigante.

—¡Yo ni siquiera la conozco! —protestó Katharina—. Soy la víctima aquí, estaba desayunando y de pronto esta vagabunda lo arruina todo. ¡Ni siquiera quiere pagarme el pastel de chocolate!

—¡Ya dije que me importa una puta mierda! ¡Suelta los billetes o…!

—Tranquilas, señoritas, tengo la solución perfecta —intervino Leonardo, levantándose pesadamente y con las piernas temblorosas. La cabeza aún le sangraba por el trozo de fierro que le había caído—. Me haré cargo de la reparación de la cafetería, pero a cambio quiero que participen en mi película. Dos jóvenes hermosas junto al hombre más importante de la industria cinematográfica; será maravilloso. Pero primero tendrán que bañarse, huelen como si las hubiera meado un pirata.
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Mensaje por Rainbow662 Jue 23 Ene 2020 - 13:50

¿Cómo se atreve a decir que huelo mal? Vale, un caracol me babeó la cabeza, pero ¿cómo se atreve a decirlo? Esta puerca chalada se va a enterar.

-Oh, me sorprende que puedas oler algo teniendo en cuenta el enorme moco que tienes ahí -le digo, disfrutando del rubor que cubre sus mejillas e ignorando el de las mías-. Deberías saber que la humanidad ha avanzado mucho en cuanto a pañuelos de papel desde que te bajaste de una rama y aprendiste a caminar como el resto de chimpancés.

De una cosa estoy segura, y es de que nadie me gana insultando. Llevo haciéndolo desde que tengo memoria, y yo tengo memoria literalmente desde siempre.

-¿Quieres una banana, macaco o antes tengo que untarla de choc...?

Auch. Una fuerza arrolladora hace que nuestras frente se encuentren en un brutal choque que hace que durante un segundo vea las estrellas. Qué cabeza tan dura tiene esta señora... Ha sido todo culpa de la camarera, que ahora parece mucho más grande -y desde luego más enfadada- de lo que la recordaba cuando le pedí una habitación. Y sus músculos también; esta mujer es como un gorila, y yo soy la que se ha meado en su nido. Lo único bueno es que también le grita a la zampabollos, así que al menos no estoy sola en este asunto.

Respondo a la camarera al mismo tiempo que la otra, dando sinceras explicaciones a voces sobre cómo no he tenido la culpa de nada. Vale, casi sinceras, pero lo que no voy a hacer es decirle que no tengo dinero. No quiero acabar fregando platos o... ¿acaba de sugerir que vendamos nuestros cuerpos? Vieja pirada.

-Tranquilas, señoritas, tengo la solución perfecta -dice el rarito que, por algún milagro, se ha levantado después de caer sobre él una lluvia de escombros.

Nunca una simple frase me había resultado tan extraña. ¿Industria cinematográfica? ¿Película? ¿Trabajar con él? ¡¿Trabajar con ella?! No es como si entendiese del todo lo que este tipo quiere, pero un trabajo implica dinero, y eso implica saldar la deuda con la gorila. Y mejor aún, salir de esta cafetería supone que en algún momento podré largarme antes de que alguien me arreste por montar este follón. ¿Será buena idea aceptar? Es una pregunta irrelevante, porque no tengo muchas más opciones. Es o eso o pelear con todo el mundo para salir de aquí, dejando atrás mi equipaje y empeorando mi horrendo dolor de cabeza, que poco a poco va volviendo con fuerzas renovadas.

-Será un placer participar en su película -Sea lo que sea eso-, señor. Voy a asearme y enseguida vuelvo -le digo con una sonrisa falsa. Ojalá se me diera mejor sonreír falsamente.

Subo a mi habitación, o a lo que queda de ella, y allí me cambio de ropa después de una relajante ducha. La idea era coger mis cosas y salir de aquí en secreto, pero la maldita gorila no me ha perdido de vista. Suerte que me ha dejado echar la cortina de ducha, porque casi parecía dispuesta a meterse conmigo solo para que no me escapase. Está claro que la fuga es imposible por ahora. Voya tener que jugar a su juego.

¿Se enfadará mucho si le pido algo de desayunar?
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Mensaje por Katharina von Steinhell Sáb 25 Ene 2020 - 5:57

Se ruborizó incluso más que antes y, con un gesto imperceptible al ojo humano, se quitó el pequeño e indignante moco que se le había asomado. Quería matar a esa chica. Si la señora no hubiera intervenido, le habría enseñado cuál era su lugar en el mundo. Mira que compararla con un mono. Debía agradecer que aún tenía la cabeza pegada al cuerpo, podía cercenársela sin que la muy bruta si quiera se diera cuenta, pero tampoco se rebajaría a usar su espada en alguien tan indecente. Quería decir muchas cosas, pero la gente no dejaba de meterse en la discusión. Y seguía sin entender por qué la habían involucrado en todo ese asunto, es decir, ¿cómo eran tan imbéciles? Punto uno: no tenía nada que ver en la destrucción del edificio y ella era la principal afectada. Punto dos: tenía dinero de sobra para mandar a construir mil cafeterías si así lo quisiera. Punto tres: con un sencillo gesto de mano podía reparar la estructura y demostrarle a esa tonta cuán superior era. Se rehusaba completamente a trabajar con ella, no le interesaba la industria cinematográfica ni estaría al servicio de nadie. No obstante, una idea muy tentadora se le pasó por la cabeza: venganza.

—Genial, puedes darle el papel de la marginada con retraso mental; ten la seguridad de que toda su actuación será fluida y natural. Y tú deberías alegrarte: podrás brillar en algo que se te da muy bien —le espetó a la chica con una sonrisa que rebosaba arrogancia—. Bien, iré a quitarme el polvo de encima y me cambiaré de ropa.

Arrugó la nariz y frunció el ceño en una expresión de disgusto absoluto cuando vio que la chica tenía la habitación de al lado. Decidió ignorarla y entró a la suya. Ordenada, perfectamente aromatizada, elegante. Incluso se había tomado las molestias de modificar un poco su “hogar temporal” y volverlo algo más agradable a la vista. Joder, ¿por qué no podía quitarse de la cabeza la imagen de esa tonta? Imaginaba que su habitación, además de rota, estaría sucia y hedionda como ella misma. ¿Y tenía el descaro de compararle con un mono? Caminó hacia el armario y sacó una camiseta blanca un tanto holgada, se puso una falda a cuadrille y, bajo esta, unas calzas marrones. En el bolso de mimbre guardó un par de cosas útiles como una bolsa de pañuelos. No volvería a pasar una vergüenza como esa. Se perfumó y finalmente salió de la habitación para regresar con el idiota de Leonardo, otro gran personaje de esa fabulosa cafetería. Estaba teniendo un día que daba gusto; esperaba volver a repetirlo en algún futuro cercano, quizás cuando esa chica tuviese algo de decencia, es decir, nunca.

—Jamás olvidaré esto —le dijo a la mesera con los brazos cruzados—. Hundiré esta cafetería de mierda.

—Sí, sí, como si una flacucha como tú pudiera hacerlo… Ve a trabajar, sé útil y paga lo que tu amiga rompió.

—¡Antes muerta que ser amiga de esa… cosa! ¡Es rara, huele mal y tiene un parche! —repuso de inmediato—. Joder, ¿por qué ahora me parece familiar?

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Mensaje por Rainbow662 Sáb 25 Ene 2020 - 14:53

A pesar de la vigilante mirada de la gorila, consigo cambiarme con algo de intimidad. Tengo que meterme otra vez en la ducha, con la cortina corrida, para poder vestirme sin que esta loca forzuda me vea, pero con algo de intimidad. Elijo unos pantalones cómodos, zapatos planos y un chaleco púrpura con abundancia de bolsillos sobre la única camiseta que no ha quedado arrugada y bañada en polvo. Menos mal que he podido cambiarme; habría hecho el ridículo si hubiese ido dos días seguidos con el mismo parche. Decido coger uno en el que bordé la cara de un cerdito fumando un puro. Esa vieja bruja puede tomárselo como quiera.

Cuando salgo, el tal Leonardo ya está esperándonos para guiarnos a lo que el llama "plató". No le pregunto qué es exactamente lo que vamos a hacer porque no pienso darle la satisfacción de demostrarle mi ignorancia al respecto. Eso de las "películas" debe ser algo típico del East Blue. Mares distintos, costumbres distintas.

Dentro del edificio que contiene el plató hay una gran actividad: un grupo de operarios monta lo que parece ser parte de un decorado teatral; aquí y allá, se pintan los últimos detalles y se da de comer a un nutrido grupo de Den Den Mushi de distinto tamaño. Los trabajadores van de un lado para otro cargando telas, postes, disfraces y papeles. Todos parecen bastante agitados.

-Vamos, vamos, tenemos prisa. Oh, por favor -dice Leonardo al verme. ¿No es increíble que el tío ni me haya mirado desde que salimos de la cafetería?- No podemos grabar así. ¡Eleanor! ¡Maquillaje! Esta va a hacer de Rómula.

Antes de darme cuenta, una mujer de unos sesenta años me arrastra del brazo y me sienta en una silla frente a un espejo. Eleanor, pese a ser maquilladora, es... bueno... fea. Y además escupe un montón al suelo. Suerte que alguien llega y le pone una escupidera al lado.

-Vale, vamos a ver qué podemos hacer, niña. Lo primero es quitarte esa cosa. Podemos ponerte un ojo falso si hace falta.

Le agarro la muñeca cuando va a quitarme el parche. ¿Es que está loca? Vieja atrevida... Le dejó bien claro con un fuerte apretón y una mirada gélida que se está equivocando. Ella me mira con odio, pero se resigna con un suspiro y lanzando una flema al cubo. Luego empieza a maquillarme. Polvos, pinturas, lápices... jamás he tenido mucho interés en estas cosas, aunque Sid insistía a menudo en que probase a maquillarme para "no parecer un tejón enfadado". Eso siempre me hacía enfadarme más.

Al final, tengo que reconocer que he quedado bastante bien. Casi parezco una de esas princesas de cuento tan odiosas.

La maquilladora me manda de nuevo ante el director para que me diga de qué va mi papel. Creo que ya entiendo en  qué consiste el trabajo, y no puede ser peor. ¿Voy a tener que actuar? ¿Y encima van a grabarme con esos caracoles? Esto no puede salir bien. Será mejor que me largue de aquí.

-Así estás mejor -afirma Leonardo-. Ahora maquillarán a tu amiga. Ella hará de zombie, así que tardará más porque tienen que pudrirle un poco la cara. En fin... ¡guionista!

No puedo evitar una sonrisa maliciosa. ¿La mona glotona haciendo de no-muerta? Igual sí que es divertido esto de las películas.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Lun 27 Ene 2020 - 2:54

Había decenas de cámaras-caracol apuntando hacia distintos escenarios, hombres moviéndose de allá para acá y un anciano tocando el saxófono para amenizar el ambiente. Habían pasado unos buenos años desde que escuchó por primera vez el término «película». Se trataba de algo parecido al teatro, pero mantenía una diferencia sustancial: una película es, en realidad, una grabación. Los actores debían transmitir sus sentimientos a través de una pantalla en vez de hacerlo en vivo. Si bien la bruja no era fanática del teatro, sí que había asistido a un par de funciones y una película le parecía algo… superfluo. Un poco más allá, sobre una gran plataforma, había muchos instrumentos musicales esperando ser usados por la banda que se acercaba a estos. Al menos la música tendría un toque natural en vez de ser computarizada. Otro término extraño que usaban las sociedades modernas.

Soltó una risita maliciosa al ver a la retrasada esa ser maquillada por una vieja de apariencia asquerosa. En vez de trabajar tanto debía ir al doctor para dejar de escupir. Joder, ¿cómo el imbécil de Leonardo no contrataba una maquilladora menos turbia? Bueno, daba igual, mientras la tonta del parche se lo pasase mal… La mujer le había pintado el rostro de blanco, los labios muy rojos y le había perfilado las cejas. ¿Cuál era el propósito de hacerle ver como una geisha? Había quedado muy graciosa; se lo estaba pasando muy bien. Pero sus impresiones cambiaron cuando escuchó al hombre decir que Katharina actuaría de zombi. No. Definitivamente no se dejaría mancillar así. Era ella quien levantaba a los muertos para que luchasen bajo su estandarte, no al revés. La mujer-escupo se le acercó y le pidió que se acercara al mostrador, rehusándose tajantemente. Leonardo suspiró y convocó a dos grandes hombres que intentaron tomarle de los brazos para llevarla al camarín que nada tenía de uno.

—¿Quieres que te ayude a pagar la deuda o no? —preguntó Leonardo con los brazos cruzados, mirando fijamente a Katharina.

—¡Pero si yo no tengo nada que ver en eso! —volvió a protestar, luchando incansablemente con los gorilas esos—. Joder, ¿por qué nadie me escucha? ¡Ella es la responsable, no yo! ¿Es que no saben quién soy?

El cineasta miró el guion que tenía en la mano y respondió:

—Por supuesto que sé quién eres: Alicia, La Emperatriz Zombi. Eres la mala de la película, ¿entiendes? Bueno, en realidad solo del relleno porque las partes importantes las haremos los profesionales. Deberías mostrarte más…

—¡Suficiente! —le interrumpió la bruja con un grito que hizo temblar el suelo, desplegando su poderosa voluntad—. No sé en qué momento el mundo ha dejado de tomarme en serio, esto parece una estúpida parodia, pero no lo seguiré tolerando —sentenció, transformando uno de sus pendientes en una larga katana desenvainada que desprendía un aura carmesí. Estaba tan ocupada en la discusión con Leonardo que no se dio cuenta de que había varios caracoles-cámara filmando el momento—. ¿Quieres una puta película de zombis? Como no quites a estos imbéciles de mi camino…

—¡Esos efectos especiales son buenísimos! —gritó emocionadamente Leonardo, pareciendo que de sus ojos brotaban estrellas—. Por favor, dime cómo lo hiciste.

Le habían colmado la paciencia; no se dejaría humillar así. Pudo haberles acompañado hasta el plató para formar parte de esa estúpida película porque tampoco tenía algo mejor que hacer, pero ¿rebajarse a actuar de zombi? ¿Y encima como un personaje secundario? Todo era culpa de la retrasada del parche, pero a ella también la habían arrastrado a toda esa mierda; por muy responsable que fuera también era una víctima. De pronto, el ddm del director comenzó a sonar y este respondió la llamada, largándose a su oficina.

—Vamos, niña, no hagas tanto drama y déjame maquillarte. Quedarás un poco fea, pero el maquillaje sale con agua. No seas caprichosa.

Uno de los hombres, ya enfadado por el show que estaba montando Katharina, intentó cogerle del hombro y llevarla al mostrador. Con un gesto imperceptible al ojo humano le cortó el brazo y le atravesó el corazón con la espada. El corte fue tan preciso y limpio que ninguna gota de sangre cayó al suelo. «¿Quieren una película de zombis? Yo les daré una». Le lanzó una esfera violácea con la consistencia de una nube al cadáver que estaba a dos metros de ella. El tipo empezó a levantarse poco a poco hasta quedar completamente de pie. Sus ojos habían perdido el brillo de la vida. Las emociones que la bruja había descargado en ese hechizo terminaron afectando su composición. El cadáver, en vez de esperar directamente las órdenes de Katharina, se abalanzó hacia la señora de los escupos y le mordió el cuello.

—¿Qué mierda…? —se preguntó a sí misma, mostrándose tan sorprendida como todos los demás. Y se impresionó aún más cuando la vieja gorda y fea se levantó con expresión vacía—. Ay, mierda, creo que la he cagado.

De un momento a otro el caos dominó el plató y poco a poco los cadáveres fueron abalanzándose sobre los vivos, aunque todos pasaban de Katharina; era como si no estuviera ahí. Era extraño, es decir, cuando reanimaba un cuerpo este no convertía a los demás en no muertos mediante mordidas. Cuando uno de los zombis se acercó hacia la retrasada del parche la bruja reaccionó rápidamente. Un puto muerto no le quitaría el placer de humillarle. Creó una bola de fuego en su mano derecha y se la lanzó a este, haciéndolo arder.

—Todo esto es tu culpa, si no hubieras aparecido esto jamás habría pasado —le dijo a la chica—. Bueno, al menos estos imbéciles tendrán la película de zombis que tanto querían. Aunque me caigas mal no dejaré que mueras hasta que resolvamos lo nuestro.
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Mensaje por Rainbow662 Vie 31 Ene 2020 - 15:41

Es posible que se deba solo a que mi papel es menor, pero este texto es un asco. No importa lo galardonado que sea este tipo ni lo buen director que haya sido en el pasado, este guión es una mierda. Farragoso, infantil, hortera y pretencioso. Menos mal que no tengo demasiadas de estas frases horribles, porque puede que acabe vomitando en el plató. Por eso y porque actuar no es precisamente mi fuerte.

Me han metido en un camerino multiusos que comparto con otras dos actrices secundarias. Sus personajes ni siquiera tienen nombre; sus frases son solo gritos. Y bien que los practican. Dentro de un par de armarios están los accesorios, el atrezzo. Ropa, sombreros, armas falsas, paraguas, gafas, armas de verdad... Hay multitud de cajas etiquetadas según su contenido, pero también hay unas cuantas en las que pone "Varios". Me han dicho que coja un par de cosas y que luego el director les dará el visto bueno, pero todo esto es basura. Aunque sí que me llaman la atención unas botas. Parecen nuevas y de buena calidad. Y caras... Las cambio por mis zapatos desgastados confiando en que nadie se dé cuenta cuando me las lleve. Luego sigo preparando mi papel. Las otras actrices no dejan de dar voces mientras intento que mis expresiones parezcan realistas. No es que me importe mucho el resultado de la película, pero ya que estoy aquí, pienso bordarlo. Si es que me deja esta escandalera.

Salgo fuera para buscar algo de silencio, pero aquí también hay montada una buena. Todo el mundo está chillando y gritando incoherencias, corriendo de acá para allá. Veo a un par de personas que se abalanzan sobre los demás, con sangre manchando sus ropas y sus caras, mordiendo y arrancando pedazos de carne en un pandemonium de vísceras y alaridos que me pone los pelos de punta. ¿Será parte del espectáculo? No, eso es una estupidez.

-¿Cómo ha pasado esto?

Uno de los locos se acerca corriendo hacia mí. Ojos inyectados en sangre, la boca entreabierta, babeante, la mandíbula moviéndose de un lado a otro desacompasadamente. Corre en mi dirección como un depredador que localiza a una presa. De algún modo, es exactamente eso lo que parece. No parece una broma, ni tan siquiera un malentendido. Aquí está ocurriendo algo serio y... Bum. De repente, el loco estalla en llamas como por arte de magia y cae al suelo envuelto en largas lenguas de fuego. Tras él, con la mano aún humeante, está la glotona.

-¿Qué...? -"No te alteres. Tendrá una habilidad", me digo. Lanzar fuego no es lo más raro que he visto-. ¿Qué está pasando aquí?

-¡Socorro! -grita Leonardo, que huye mientras los que antes habían sido sus operadores de sonido le persiguen dando mordiscos al aire. Uno de ellos aún sujeta el Den Den Mushi micrófono sujeto a un largo poste.

¿Qué hago? ¿Le ayudo? Es un idiota, pero dejarlo morir no estaría... Vale, ya da igual, porque el muy memo está corriendo hacia nosotras y cada vez atrae la mirada de más de esas cosas. Ya no queda más remedio. Miro de reojo a la vieja lanzallamas y me aseguro de darle un buen espectáculo.

"Toma nota, chimpancé".

Salto por encima de Leonardo y aterrizó sobre la cabeza de uno de los locos caníbales. Me inclinó hacia atrás y el mordisco del que viene detrás devora el aire justo antes de que le incruste el puño en la sien. No dejo que caiga. En su lugar, lo agarro de la ropa y pivoto sobre un pie para lanzarlo contra sus tétricos compañeros, que se lanzan a morderle. Ahora me arrepiento un poco de haber hecho eso...

-Yo me largo de aquí -digo-. Al diablo con la película -Echó un vistazo al plató infestado de locos que bloquean la única puerta. Luego miro a Leonardo, pero está tirado en el suelo, desmayado. No me queda más remedio que preguntar a esta odiosa mujer-. ¿Sabes si hay otra salida?
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Mensaje por Katharina von Steinhell Sáb 1 Feb 2020 - 19:17

Jamás tuvo la intención de convocar el caos dentro del plató ni mucho menos que sus no muertos anduviesen comiéndose a los vivos. Está bien, quería darle un pequeño susto al imbécil de Leonardo. Y a la retrasada del parche también, pero ¿en qué momento sus zombis infectaban a los vivos? Solo se le ocurría una explicación, y es que su hechizo fue alterado por sus sentimientos negativos involucrados a la hora de ser canalizado. Vale, podía equivocarse; tampoco es que tuviera un doctorado en artes mágicas o algo por el estilo, de hecho, ni siquiera había profesores o gente que le pudiese ayudar a saber más sobre sus poderes. Daba igual, ya no podía hacer nada para evitar la masacre que estaba teniendo a lugar en el recinto. Y, de alguna manera, la loca del parche parecía saber defenderse lo suficientemente bien para deshacerse fácilmente de un operador de sonido con el muslo a medio comer y un ojo colgándole. Era… repugnante. Lo peor de todo es que no tenía control sobre los zombis recién creados, así que poco podía hacer para evitar que la infección continuara propagándose.

No hacía falta ser demasiado listo para deducir que había otra salida, es decir, cualquier edificio de tal magnitud debía tener una de emergencia. ¿O acaso nadie previó que el plató sería atacado por una horda de no muertos? Novatos. Ahora, una cosa es que estuviera segura de que había una forma de salir del edificio; otra, saber exactamente dónde estaba. En todo caso, ¿no sería más responsable eliminar a los zombis para evitar que la infección se propagase por toda la ciudad? Mejor dejar de meter mano y que las fuerzas armadas de la isla se encargasen; era su problema, después de todo.

—Debe haberla —respondió su pregunta sin ser demasiado específica—. De acuerdo, trabajaremos juntas para salir de este enrollo. Y, si te crees tan lista, luego resolveremos lo nuestro en un juego de ajedrez.

Antes de dirigirse al extremo opuesto de la única entrada visible, escuchó un gruñido que provenía de muy cerca. Volteó la mirada y se encontró a Leonardo. Estaba de pie, mirándoles fijamente con las pupilas dilatadas como si fueran grandes aceitunas. La bruja estaba segura de que el hombre era rubio, entonces ¿por qué tenía el cabello negro y su piel ahora era… morena? ¡¿Y cuándo se había puesto ese ridículo traje naranja?! Oh, espera. No puede ser; lo habían mordido. Entonces comenzó a sonar una musiquita bien rítmica que se escuchaba en todo el plató. Y de un momento a otro, los zombis comenzaron a formarse ordenadamente tras Leonardo mientras movía los hombros, adaptándose al ritmo de la música. Incluso a los que les faltaba una pierna hacían el esfuerzo por mantenerse de pie. Todo pareció una broma increíblemente ridícula cuando los no muertos empezaron a bailar, como si hubieran preparado esa coreografía por años.

—No me quedaré a ver esta estupidez —espetó la bruja con el ceño fruncido, marcándosele la vena de la sien—. Busquemos una salida en la parte trasera antes de que la idiotez me contagie.
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Mensaje por Rainbow662 Mar 4 Feb 2020 - 22:03

Me considero una persona difícil de impresionar, pero tengo que admitir que este extraño espectáculo es, con diferencia, lo más impresionante que he visto nunca. En un sentido repulsivo y triste. Una primitiva parte de mí casi prefería la carnicería desenfrenada por parte de unos locos; eso, al menos, era algo que podía comprender. Pero, ¿esto? Un deplorable espectáculo musical es lo último que me esperaba. Y lo digo yo, que convivo con una concha que cobró vida al comerse una fruta mágica.

-¿Sabes? Yo... -Ni siquiera sé qué decir. La glotona sugiere marcharnos y me siento tentada de aceptar su oferta. Ahora mismo, cualquier cosa me parece mejor que quedarme aquí-. Vámonos de una vez.

Encontrar la puerta trasera no me lleva mucho tiempo. No es que no pueda abrirme paso entre la horda de bailarines dementes, es más que no quiero ni acercarme a tal encarnación de la vergüenza ajena. Ni siquiera la horrenda compañía de esta vieja bruja malhablada puede competir en repulsión con la de esta gente.

Hay unas cuantas personas fuera del plató. Supongo que serán curiosos atraídos por el ruido o trabajadores que no han llegado a entrar, por suerte para ellos, da igual. En cuanto a mí, una vez pongo el pie en el exterior del edificio, termina mi primera y, espero, última experiencia peliculística, si es que se dice así. Ha sido breve, pero intensa en su decadencia. Espero no volver a verme en una parecida en lo que me queda de vida.Tanto rollo para haber sacado solo unas botas robadas. Menos mal que son cómodas.

-Pues... Ha sido raro, ¿no? -comento a la mujerzuela-. Y estas cosas... ¿te pasan a menudo?

-A veces le pasan, sí -interrumpe alguien.

Con paso lento y una pinta de lo más normal, un hombre joven, tal vez de unos veintitantos años, se nos acerca con total tranquilidad. Gafas cuadradas, camisa a rayas, mocasines relucientes... La viva imagen de lo anodino. No lleva ningún arma encima, al menos visible, y a juzgar por sus palabras una podría pensar que se desmayaría nada más ver una

-Perdón, siento molestar. Es que cuando veo a una figura tan famosa como usted, señorita Setinhell... ¿O es von Steinhell? Nunca he estado del todo seguro -¿Quién es este tío? ¿Un fan de la zampabollos?-. Verá, llevo mucho tiempo queriendo verla.

Mientras habla me fijo en que algunos de los que parecían inocentes ciudadanos se nos van acercando. Dejan caer algunas de sus prendas de ropa y dejan a la vista un atuendo muy poco usual entre las gente de a pie. Y armas, un montón de armas.

-Permítame presentarme: soy Elver. A mis amigos y a mí nos gustaría pasar un tiempo justo a usted. Llevamos muchas millas recorridas para conocerla, pero sin duda usted lo vale. Su cabeza lo vale -El hombre sonríe educadamente. Cada vez me parece más siniestro. Sus compañeros, con mucha más pinta de cazarrecompensas que él, se van agrupando, rodeándonos. ¿Quién es esta tía?-. Espero que no lo considere muy atrevido, pero ¿sería tan amable de darme su autógrafo?
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Mensaje por Katharina von Steinhell Miér 5 Feb 2020 - 6:00

Jamás pensó que estaría de acuerdo en algo con esa chica que resultaba ciertamente desagradable como ninguna otra persona que había conocido. Era maleducada, olía mal y tenía un parche. Esto último no importaba tanto, pero le recordaba a ese idiota de Arribor Neus. Así que, mientras Leo y sus compañeros no-muertos terminaban la coreografía para luego seguir con la masacre, siguió en silencio a la muchacha. ¿Sería buena idea presentarse? No porque la otra desconociera los modales significaba que ella se comportase de la misma forma. Había veces que debía dar el ejemplo; además, a los animales había que enseñarles. Si bien no le daba demasiada importancia a su linaje aristocrático, tampoco podía faltar a todo lo que sus padres le enseñaron en la mansión.

—Soy Katharina, por cierto —dijo finalmente, esperando que su nombre no se convirtiese en alguna especie de burla. Le gustaba un montón, era bonito y sonaba bien.

Aunque parecía no importarle en absoluto el futuro de la ciudad, se preguntaba que sería de esta una vez los zombis lograsen salir del plató. ¿Debía incinerarlos para arreglar su error? Tampoco podía negar que le causaba cierta intriga saber lo que sucedería una vez el caos reinase y los no-muertos pasasen a ser incontenibles. Quería pensar en que se trataba de un castigo divino impuesto por ella misma, un castigo a ese imbécil de Leonardo por darle un papel secundario. Ahora sabía que no tenía futuro en la industria cinematográfica, si es que ese era su nombre.

Fuera del edificio se había reunido la muchedumbre, seguramente la curiosidad les había ganado y querían saber qué ocurría dentro del plató. ¿Estarían grabando una nueva película? ¿O se trataba de una escena con efectos especiales superrealistas? Meditó un momento la pregunta de la chica. Ciertamente jamás le había pasado algo como eso. Si bien no era la primera vez que caminaba entre tantos no-muertos, nunca había existido ningún contagio de zombi a humano. En algún minuto exploraría más esa posibilidad, pero ahora no era el momento ni el lugar. Estuvo a punto de responderle cuando un hombre —si es que podía llamarle como tal— interrumpió la conversación. Su aspecto casi le daba progeria, no en un sentido literal, claro. Y siguió hablando, siendo incluso más asqueroso que la maquilladora esa que tenía complejo de guanaco. Un escalofrío recorrió su espalda cuando le escuchó decir que llevaba mucho tiempo queriendo verla. No sabía qué era más repugnante: el gigantesco grano en la nariz o los desagradables vellos que salían de su cara. Menos mal era lista porque si no hubiera creído que la fealdad se le pegaría si pasaba un segundo más cerca de esa bazofia. Incluso parecía mejor idea pasar una vida entera con la loca del parche. Joder, ¿cuántos idiotas podía haber en una sola ciudad…? Podía intentar tolerar todo lo asqueroso que era ese tal Elver, incluso que estuviese rodeado de tipos que claramente parecían cazarrecompensas. ¿Pero hablar de millas…? ¡¿Qué clase de retrasado no usaba el sistema métrico hoy en día?!

—Eres ñoño, repugnante y encima retrasado. ¿Qué hiciste en tus vidas anteriores para que el destino te castigara tanto en esta? Por favor, mírate. Haz el esfuerzo en mirarte al espejo y preguntarte cómo es que no te has suicidado ya. Si yo fuera tú lo habría hecho hace tiempo —le espetó ya sin entender ninguna cosa—. Lo único que considero atrevido es tu existencia, Elver, incluso me parece ofensiva. ¿Qué clase de nombre es ese? ¿Es que acaso no tienes nada bueno? Por lo que más quieras desaparece de mi vista y llévate a tus amigos, estoy teniendo un mal día y si paso un segundo más contigo no me haré responsable de las vidas que quitaré.

Sus palabras carecieron de humanidad y no tuvo ningún reparo en hacer trizas la autoestima del joven Elver. Sus ojos se humedecieron y comenzaron a enrojecerse, las lágrimas se asomaron por estos y los mocos empezaron a caer. Fue en ese minuto que la paciencia de Katharina desapareció. ¿En vez de desaparecer como le había ordenado se puso a llorar? ¡Completamente repugnante! Sin ser capaz de tolerar nada más, rápidamente creó una espada de hielo en su mano derecha y ejecutó un corte destinado a su cuello. Sin embargo, el llorón de Elver miró enfurecido a la bruja y de sus manos salió un rayo de color violeta que ralentizó los movimientos de la pirata.

—¡Vamos, chicos, esos 600 millones serán nuestros! —vociferó el ñoño.
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Mensaje por Rainbow662 Lun 10 Feb 2020 - 14:41

Esta mujer es cada vez más agradable... Incluso teniendo en cuenta su armada y peligrosa compañía, me da algo de pena el tipo de las gafitas. ¿De verdad hacía falta lanzarle todo ese chorro de bilis verbal? Puede que yo hubiera hecho algo parecido, pero... Nah, yo soy más simpática.

La panda de cazadores de recompensas forma un compacto muro de carne, armas y chalecos de cuero con púas a nuestro alrededor. Es curioso, nunca había visto de cerca a ningún cazador. No sabía que tenían un estilismo tan... rompedor. Las tachuelas y las calaveras parecen gustarles casi tanto como las hombreras. A su lado, el hombrecillo diminuto que se ha acercado a la tal Steinhell casi parece su contable. Tal vez lo sea. Imagino que alguien tiene que repartir el dinero como es debido entre tanto bruto. Parezco una enana a su lado.

Lo bueno es que a mí me ignoran. Es de esperar que no les interese una pirata novata como yo, a la que ni siquiera conocen. Para ellos debo ser poco más que una molestia, una ciudadana que casualmente está en el lugar equivocado en el momento equivocado. Lo cual me viene muy bien. No pienso meterme en ningún fregado más por culpa de ésta. Además, si su cabeza de verdad se paga a seiscientos millones de berries -cosa que no sé si creerme o no-, seguramente pueda encargarse de todo este asunto sin demasiados problemas. Solo espero que no se pongan a bailar.

Estoy a punto de irme cuando una luz rosada surge de algún lugar. ¿Ha brotado de la mano de Elver? No puede ser, nadie puede... Nadie puede llegar a pesar una tonelada o mover su sangre como por arte de magia. Vale, tal vez este hombre tenga algún poder especial.

Steinhell no se mueve. O mejor dicho, parece que se mueva a una velocidad ridículamente lenta. Su pecho sube y baja al ritmo de una respiración casi inexistente, como si su corazón se hubiera ralentizado hasta el esperpento. Una mosca que pasaba por allí aletea estática en el aire, con sus alas marcando el ritmo de los cambios de estación. ¿Es éste su poder? ¿Ralentiza los movimientos? Es perturbador. Y lo es aún más cuando pide a uno de sus hombres un puñal y lo coloca bajo la barbilla de la pirata indefensa.

-Un placer, señorita Steinhell -dice-. Diga en el infierno que va de mi parte.

"No es asunto mío", razona la parte más sensata de mi cerebro. No suelo hacer caso omiso a esta parte a menudo -o al menos, no suelo reconocerlo-, así que me sorprende incluso a mí misma lo que hago a continuación: pongo la mano sobre el brazo extendido del hombre y carraspeo para llamar su atención. Para llamar la atención del peligroso cazarrecompensas con un poder terrorífico acompañado por su banda de bárbaros pistoleros al completo. Kaya: 1 - Sentido común: 0.

-Oye...

¿Qué se dice en estos casos?  "Déjala, tío". No, demasiado vulgar. "Piérdete o te machaco", me gusta, pero es como escupir contra el viento; al final, me volverá a la cara y tendré que machacarlo, y no es que esté muy segura de poder hacerlo. "Olvídalo, haz lo que quieras". Sí, eso podría estar bien, pero no lo haré. Al fin y al cabo, si un observador hipotético viera esta situación desde el prisma adecuado, podría alegar que la pirata zampona está en este lío por mi culpa.

-Va, a la mierda.

Como no sé qué decir, actúo. Mi peso aumenta hasta una perfecta, redonda e inaguantable tonelada. El suelo se hunde cuando mi poder me empuja hacia abajo, hundiéndome en él hasta los tobillos. "Bien, Kaya, ningún hueso roto, nada de dientes por los suelos. Vas mejorando". En cuanto mi peso crece, lo hace también el de mi mano, por supuesto, que cae con fuerza arrancando al hueso de Elver un satisfactorio crujido. El hombrecillo, con el brazo roto por, calculo, un par de sitios, aferrado contra el pecho, da la orden de matarme a mí también.

Vale, ya está, ya me he metido en un lío. No volveré a beber.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Dom 16 Feb 2020 - 23:31

Un fino hilo de sangre se deslizó por la fría hoja de acero cuando Elver condujo su arma al cuello de la bruja. Tenía un poder muy molesto, aunque no perfecto. Si bien había frenado su avance y había evitado una muerte prematura, le era imposible frenar su poderosa voluntad que comenzaría a desplegarse en cualquier segundo. Estaba enfadada, no solo porque hubiera una decena de cazadores buscando su cabeza, sino por todo lo que representaba ese hombre. Sin embargo, algo inesperado ocurrió: la chica del parche intervino y le ayudó, destrozándole unos cuantos huesos al pobre ñoño. Justo en el momento en que lo hizo la ralentización desapareció, recuperando por completo el movimiento. Los hombres de quien aparentemente era el líder reaccionaron a sus órdenes, levantando sus armas en contra de la muchacha. Uno de los cazarrecompensas —que parecía un vil bandido sin ninguna gracia— encontró su espalda y alzó su espada en un intento de cortarle la cabeza.

Como le había ayudado no le dejaría morir fácilmente, además tampoco quería sentir que estaba en deuda con ella. Su espada de hielo creció rápidamente, interponiéndose en la trayectoria del arma oponente. El cazador chasqueó la lengua y frunció el ceño, preparándose para atacar de nuevo. No obstante, una estaca salió disparada de la espada de la bruja, atravesándole el pecho y quitándole la vida en el acto. El hombre cayó pesadamente y un charco de sangre comenzó a formarse bajo este. Sus compañeros rugieron furiosos ante la pérdida de Mike, El Buenachón. Al mismo tiempo que se abalanzaban hacia las chicas la puerta del plató colapsaba. Cuando esta cayó una horda de cadáveres vivientes se dispersó por las calles de Mirrorball.

—Vaya, parece que terminaron de bailar —comentó la espadachina, observando cómo estos atacaban a todo lo que tuvieran en frente—. Puedo sacarte de este desastre de isla, a menos que prefieras quedarte a jugar con los zombis.

Los cazarrecompensas disparaban sus fusiles y empuñaban sus espadas en un intento de contener la horda de no muertos, pero eran tantos que poco a poco perdían terreno. Era cuestión de tiempo para que estos perdiesen la batalla y la enfermedad se propagase por toda la ciudad. ¿Debía hacer algo para evitarlo…? Era su responsabilidad, sí, pero tampoco es que le importase demasiado el destino de una isla de mierda como esa. Desde su llegada solo había pasado rabias, y la mayoría de ellas por culpa de la chica del parche.

¿Aló? ¿Ivan? Sí, necesito que vengas por mí. Estoy en Mirrorball, en el East Blue. No, estoy bien. ¿Cómo que no estás en el submarino? Ya, Mike servirá. Dile que venga lo antes posible, creo que la he cagado un poco y en cualquier momento empieza un apocalipsis zombi. ¡¿Qué?! ¡No he tomado una sola gota de alcohol! Solo dile a Mike y ya.

Un cazarrecompensas pensó que sería buena idea atacar a una bruja desprevenida, pero todo culminó en un cuerpo dividido en dos mitades perfectamente iguales. Dios, qué repugnancia. Los zombis del plató se abalanzaron sobre el trozo de carne ensangrentada que había en el piso y comenzaron a devorarlo brutalmente.

—Si te ayudo a salir de aquí estaremos a mano.
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Señor de la Piratería
Katharina von Steinhell

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Mensaje por Rainbow662 Lun 17 Feb 2020 - 17:49

Suerte que esta chica devuelve los favores, porque no me da tiempo a girarme cuando veo de reojo que una espada viene a encontrarse violentamente con mi cabeza. Su portador termina en el suelo con un agujero nuevo en el pecho. Intento ignorar la vista de la sangre que mana de su herida y centrarme en el resto de vivos que todavía pueden liquidarme. Sus armas siguen firmes en sus manos, sus pechos continúan intactos y ahora parecen mucho más cabreados que antes. Y todo empeora cuando la marabunta de muertos, olvidada ya su absurda danza, destroza las puertas del plató y se abalanza sobre nosotros como una jauría de chacales rabiosos.

La verdad es que no son muchos, no más de unas pocas docenas -¿cuánta gente podía trabajar ahí?-, pero parecen todo un ejército. Una masa vociferante con colgajos de sangre cayendo de sus fauces abiertas y hediondas, con heridas mortales por todo su cuerpo y una ira homicida grabada en cada gesto violento y cada zancada en pos de sus presas. De nosotros.

Los cazarrecompensas se olvidan de cobrar y empiezan a pelear por sus vidas. Elver lanza uno de sus rayos y paraliza a un buen puñado de locos, pero sus muchachos parecen superados. No me extraña. Hasta yo empiezo a tener ganas de salir corriendo, y eso que los he visto bailar sin ningún tipo de dignidad. Qué coño, creo que voy a salir corriendo.

-Espera, espera, ¿vas a irte? -le digo a Steinhell al oírla hablar-. ¿Cómo vas a dejar esto así?

No puedo creerme que piense largarse. Vale que lo haga yo, pero ¿esto no es culpa suya? Creo... No tengo muy claro cómo ha podido provocar este estallido de furia mortal -literalmente-, pero no creo que su presencia sea casual. Tengo poca fe en las casualidades, y menos aún en las casualidades que implican a chalados que quieren morderme las tripas. Y no es que quiera hacerme responsable de ésta, pero... digamos que la idea de que estas cosas se esparzan por toda la isla no me gusta. Tengo amigos aquí -vale, una amiga- y no quiero que acaben como uno de ellos.

-Mira, si los metes a todos en el edificio -le propongo, tragando saliva. ¿Por qué no dejo de buscarme líos?- yo me ocupo del resto. Solo asegúrate de que entren y se queden dentro. Haz ruido, atráelos, monta un show musical o algo así. Y luego... luego nos largamos.

"Antes de que vengan a arrestarnos".

Si la señorita Seiscientos Millones puede hacer eso, yo solo tendré que derrumbar el edificio sobre los locos rabiosos. Eso no será un problema, creo. Derrumbar cosas es mi maldita especialidad.
Rainbow662
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Rainbow662

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Mensaje por Katharina von Steinhell Jue 20 Feb 2020 - 3:43

Aunque dejase Mirrorball en manos de una hora de no-muertos podría dormir sin tener el más mínimo cargo de consciencia, pero la chica del parche tenía un punto. Poseía la fuerza y la habilidad para impedir que la infección continuara propagándose por las transitadas calles de la ciudad, pero implicaba una cosa: seguir involucrándose en una isla de mierda cuyo futuro no le importaba. Ciertamente tenía una cuota de responsabilidad por permitir no solo que los zombis enfurecidos salieran del plató —cuando pudo haberlos calcinado a todos—, sino que fueron sus poderes los que originaron tremendo quilombo. Por otra parte, le sorprendió de cierta manera que la chica se mostrase preocupada por el destino de Mirrorball. No sé, igual le gustaban las películas y la industria cinematográfica.

Soltó un suspiro de resignación y miró a su acompañante. Parecía tener un plan, aunque no uno demasiado elaborado. Sin embargo, si tenía tantas ganas de actuar correctamente y encargarse de los putos zombis, le echaría una mano. Solo una, luego ella veía qué hacía con ello. Le había pedido que encerrase a todos los no-muertos en un edificio; esperaba que tuviese algo en mente porque estos tenían la fuerza suficiente para romper puertas y ventanas. ¿Acaso no era más sencillo acabar con ellos uno por uno? Los cazarrecompensas lo estaban haciendo, aunque ya la mayoría de ellos tenía las tripas al aire y el cuerpo a medio comer. Excepto Elver. Ese hombre seguía luchando por su vida, ralentizando a los zombis y permitiendo que sus compañeros los liquidasen.

—Está bien, te ayudaré —le respondió tras pensar un poco las cosas—. No es que me importe lo que te vaya a pasar, pero no juegues a ser la heroína.

Afortunadamente, los no-muertos continuaban en la concurrida calle del plató donde había suficiente alimento humano para quedarse un buen rato. Calculó al ojo —no de una manera extremadamente precisa— la distancia que había entre ella y el último cadáver andante. Solo cien metros, nada mal. Había distintos pasajes perpendiculares a la avenida, así que lo primero era cerrarlos y evitar que estos escapasen por vías alternativas. El maná comenzó a fluir por sus venas y, cuando lo hubo canalizado, dejó caer sus manos sobre el suelo. Grandes muros de roca destruyeron el pavimento, provocando un sonido estruendoso y obstaculizando las entradas de los pasajes. Repitió una y otra vez el mismo proceso para luego levantar una muralla aún más alta y ancha que las demás, negándoles el acceso hacia el norte de la isla. Ahora solo tenían una ruta posible y era directamente hacia donde estaba la chica del parche.

Le sonrió a la muchacha desde su posición, como queriendo decirle «aprende, así se hacen las cosas». Levantó otro gran muro frente a ella, habiendo formado una enorme caja de roca en la que los zombis continuaban comiéndose todo lo que alcanzaban y luchando con los supervivientes. Como los no-muertos le ignoraban, pues por sus venas corría directamente una infección de origen mágico, caminó tranquilamente hacia la muralla opuesta y, tocándola con su mano derecha, transmutó un pequeño espacio de esta para crear una puerta. Cuando estuvo junto a su acompañante volvió a colocar las manos sobre el suelo. Las venas de su sien se hincharon al mismo tiempo que fluía una gran cantidad de maná por su cuerpo, manifestándose en un aura celeste y casi translúcido. La gigantesca muralla hecha de pura roca comenzó a reducir el espacio interior del cajón, y el rugido pétreo era tan intenso que opacaba los gritos de los cazadores. Poco a poco le fue dando la forma de un edificio no demasiado alto, pero sí cerrado por todos lados.

—Ahí tienes, ¿contenta?
Katharina von Steinhell
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Señor de la Piratería
Katharina von Steinhell

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Mensaje por Rainbow662 Jue 20 Feb 2020 - 22:56

"Vale...", me digo. Intento tranquilizarme y no darle muchas vueltas a las inesperadas habilidades de construcción o de magia o de lo que sea de las que hace gala esta pirata. "Edificio de piedra mágico. Guay".

¿Cuántas probabilidades había de que se juntasen tres usuarios de fruta en la misma isla del East Blue? Yo solo he visto tres hasta ahora, y dos de ellos tenían la misma cara. No me esperaba volver a presenciar cosas así hasta que mi viaje me llevase más allá de la entrada de Grand Line. O al menos hasta encontrarme a algún usuario en un circo. Y no obstante, aquí estamos, en Mirrorball, tierra de muertos carnívoros y muros de roca que nacen del suelo como árboles acelerados. Seguro que es poético en algún sentido.

Los cazarrecompensas han desaparecido entre la confusión. O mejor dicho, los pocos que quedaban vivos la última vez que me he fijado. La mayoría de ellos está cargando contra los escasos compañeros que les quedan, con la boca entreabierta, los ojos inyectados en sangre, un perpetuo rictus de ira en el rostro y heridas mortales de necesidad repartidas por su cuerpo milagrosamente animado. Los rayos de Elver aún se distinguen por aquí y por allá, pero ahora mismo me importa poco lo que haga ese tipo.

La prisión de roca se cierra. Los muros se mueven a voluntad de su creadora, encerrando dentro a la jauría de cadáveres andantes. Elver y unos pocos más quedan atrapados también. No creo que duren ni un minuto. Pueden oírse los gritos y los golpes de los furiosos depredadores que luchan por escapar. Y ahora, ¿qué?

Vale, a ver, calma. ¿Pueden salir de ahí? A juzgar por la grieta que empieza a crecer y reproducirse ante mí, no tardarán mucho en conseguirlo. ¿No puede Steinhell aplastarlos a todos directamente? Seguro que puede, pero si no lo ha hecho yo no pienso pedírselo. Es parte del trato, ¿no? Ella los encierra y yo los machaco. Me parece bien. Así son las cosas entre piratas.

Los piratas somos idiotas.

De un salto, llego a lo alto del mausoleo de piedra; dentro, los muertos claman inquietos. Me coloco en el centro de la estructura sin dejar de imaginarme que de alguna forma alcanzan hasta aquí y atraviesan el techo para agarrarme de los tobillos. Mis botas nuevas manchadas por mi propia sangre. Qué mal rollo. Mejor acabo rápido.

Doy un saltito, como si estuviese en una cama elástica. Otro y me elevo un poco más. Con cada salto me separo más de la jaula de piedra. Con el décimo, ya alcanzo una altura satisfactoria. Aumento mi peso y contengo la respiración. Esto nunca es agradable.

Convertida en un meteorito de cincuenta mil kilos, caigo sobre el endeble edificio improvisado. La roca se agrieta por mil sitios y los escombros llueven sobre los pobres y muertos desdichados. O eso creo, porque tengo la cabeza metida entre los brazos para no descoyuntarme. Durante unos segundos estoy aturdida por el golpe. Cuanto mas peso, peores son las caídas. Como prueba, los moratones que acumulo cada vez que mi poder sale a pasear. Suerte que mis músculos aprenden a aterrizar mejor que yo misma, o de lo contrario mi esqueleto ya no se podría aprovechar ni para un puchero.

Tardo en caer más de lo que esperaba. Tras atravesar la roca de arriba, debería haber tocado el suelo ya, ¿no? Las doce contingencias que he preparado mentalmente para ese momento en que aterrizase entre los muertos así lo requieren. Abro los ojos y me veo flotar. ¡Flotar! Abajo, una alfombra de cuerpos aplastados e inmóviles. Excepto uno. Excepto Elver, cuya mano extendida, aún envuelta en luz rosa me apunta. "Vaya cagada". En cuanto caiga, me matará, eso está claro. Vuelvo a mi peso normal, pero no sé si podré eviar que ese tipo me acierte con su poder otra vez. Y entonces la gravedad vuelve a tirar de mí con fuerza. Mierda, mierda, mierda. ¿Y ahora qué cuernos hago? ¿Cómo voy a...? Oh.

Cuando quiero darme cuenta, floto. De mis flamantes botas robadas surgen pequeño chorritos de fuego azul que me mantienen en el aire. No caigo, solo floto. Es una sensación rarísima. Nunca un robo fue más rentable.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Vie 21 Feb 2020 - 18:49

Ahora todo estaba claro como el agua: había resuelto el misterio. Siempre pensó que la chica del parche tenía algo que ver con la destrucción de la cafetería, aunque no esperó que esta fuese una usuaria. Cuando le vio saltar a la cima del mausoleo y convertirse en un verdadero yunque humano se despejó de toda duda. Vale, no era la mejor comparación del mundo, pero tampoco estaba mal. Creo. Existía la posibilidad de que aún no controlase del todo su poder y por eso había destrozado el edificio donde desayunaba. Quería pensar en esa opción y no asumir que lo había hecho intencionalmente. De alguna u otra forma, le sorprendió su manera de resolver los problemas usándose a sí misma para hundir la jaula de roca, aunque… ¿Tenía un cuerpo extraordinariamente resistente o algo? Ni siquiera con sus hechizos defensivos podría ignorar ese choque.

Entre la nube de polvo y el montón de escombros que había pudo distinguir los rayos violetas de Elver. El muy cabrón había sobrevivido y ahora había ralentizado a la del parche. ¿Acaso tenía una razón para ayudarle? Ya Le había salvado una vez la vida y también había seguido su idea de juntar a los zombis. Así que no entendía por qué estaba inclinando el cuerpo hacia delante y colocando la mano sobre la empuñadura de la espada envainada. Como la niña esa se encontraba suspendida en el aire —al parecer las botas que llevaba tenían propulsores o algo— no había riesgo en usar una de sus habilidades más poderosas y cargársela en el proceso. Al momento de desenvainar el arma realizó la Séptima Danza y lanzó una descomunal onda cortante vertical. Su ataque dividió el cuerpo de Elver en dos mitades perfectamente iguales y cada una cayó de lado contrario, dejando un charco de sangre y vísceras. ¿Se había excedido? Sí. ¿Pudo haberse deshecho del hombre de una manera menos escandalosa? También, pero es que no lo soportaba. Tampoco iba a dejar que se cargase a la muchacha porque sí.

—Ya está, asunto arreglado. Cazadores muertos, zombis eliminados.

Vale, Mirrorball era una isla independiente al Gobierno Mundial; no estaba afiliada a ninguna facción, a decir verdad. Puede que esa fuese la razón por la que no entendía la aparición de la Marina del otro lado de la calle. Era un escuadrón de casi cuarenta hombres. Todos llevaban fusiles y sables, aunque ninguno destacaba demasiado. Espera, ¿por qué se parecían tanto los unos a los otros como si fuesen los extras de una película…? Ah, no. Había uno que sí que destacaba: una mujer de dos metros cuyos brazos les llegaban a las rodillas. Genial, una deforme. Según el uniforme que llevaba la bruja pudo reconocer que tenía el rango de capitán. Había unos cuantos repartidos en los blues, pero ninguno de ellos era excepcionalmente fuerte. O eso pensaba.

—¡Katharina von Steinhell, quedas arrestada por crímenes de piratería, agresión a nobles y destrucción del bien público! Muchachos, encierren a la que le acompaña —ordenó la marine de cabellos negros y ojos azules.

Así que habían venido a por ella… Bueno, normal. Sin importar que se encontrase en una isla no afiliada era un grave error ignorar a una pirata de su calibre y peligrosidad, una verdadera negligencia.

—Dije que te sacaré de esta isla y no soy de las que rompen su palabra —le gritó a la chica del parche—. Puedes quedarte a jugar con los marines o venir conmigo, tú decides.
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Mensaje por Rainbow662 Vie 21 Feb 2020 - 19:33

Hay ciertas cosas que la gente que utiliza botas voladoras no cuenta cuando presume de que utiliza botas voladoras. Para empezar, volar gracias a tu calzado es raro de narices. Es decir, ¿en serio? Mis malditos zapatos me están haciendo mantenerme a varios metros sobre el suelo. Guardaban dentro propulsores que no sé ni cómo se han activado, pero bien podrían haber tenido metida una bomba, un dispensador de espuma o una jeringuilla usada. Da miedo. Por otro lado, es estúpidamente difícil mantener el equilibrio. Al fin y al cabo, yo no vuelo, solo mis malditas botas. Y no puedo decir que el aire sea mi entorno natural. En tierra puedo mantener el equilibrio en cualquier parte, pero ¿aquí arriba? Como un gato en una hamburguesería.

Caigo hacia atrás sin poder evitarlo. ¿Cómo se manejan estas cosas? Mis piernas se mantienen elevadas mientras que el resto de mi cuerpo sucumbe a la inoportuna ausencia de misteriosos propulsores. Cuando me quiero dar cuenta, estoy boca abajo, con los tobillos doblados y el careto de Elver partiéndose en dos frente a mis narices. Chorros de sangre, vísceras y fragmentos de hueso me salpican asquerosamente. Contengo las ganas de vomitar tan solo porque ya vomité bastante esta mañana, pero jamás nada me había dado tanto asco como esto.

Las botas se desactivan y me dejan caer al suelo. El golpe no duele tanto como el de antes, contra el techo de piedra, pero es bastante más humillante. Durante unos segundos me quedó ahí, preguntándome qué nueva desgracia caerá sobre mí ahora. Menudo día de mierda está siendo.

Me lavo la cara con algo de nieve para dejar de parecer una asesina caníbal y me levanto con la espalda dolorida. La caída de antes me va a dejar un buen moratón, pero al menos se ha acabado el peligro. Como dice la pirata: cazadores muertos, zombis eliminados. Y todo por una mala resaca.

Los marines aparecen en el momento menos oportuno. Seguramente hayan estado esperando agazapados detrás de una esquina a que todo se acabara para poder aparecer sin arriesgarse a mancharse sus blancos y limpitos uniformes. Si yo fuese un poco más sensata igual habría hecho lo mismo. Si yo fuera más sensata la vida me iría un poco mejor. Si yo fuera más sensata, tal vez no sería también un objetivo de los marines.

-Espera... ¿Qué he hecho yo? Yo no conozco a...

Si ya me lo dijo el viejo: "El universo te paga todas tus buenas acciones con patadas en el culo". Debí hacerle caso.

La tropa se acerca y las primeras balas ya pasan silbando más cerca de lo que sería recomendable. ¿Qué hago? ¿Huyo? Bueno, claro, obviamente voy a huir, pero ¿huyo sola? Sin barco, ni pertenencias y cubierta de sangre no iré muy lejos. ¿Acepto la oferta de la chim... de Steinhell? Puede que sea una borde malhablada, pero al menos me ha salvado el culo. Si fuese de las que devuelven los favores, tal vez le debería uno. No, no, no quiero tener nada que ver con una pirata tan famosa. Seiscientos millones son muchos. Aunque... Oh, qué coño. Soy pirata. Hago lo que quiero. Y esta mujer no es la criminal más peligrosa, más cara ni más malhablada que he conocido. Puede que, por ahora, no sea mala idea ir con ella.

-Vale, acepto tu oferta. Vámonos antes de que empiecen a acertar algún tiro.

No tengo ni idea de dónde me estoy metiendo. Supongo que ahí está la gracia de la vida de pirata.
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