El Poneglyph [Encargo definitivo]

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Mensaje por Katharina von Steinhell el Jue 9 Ene 2020 - 20:26

Los rumores viajaban tan rápido como el viento, y es que incluso estando en Samirn escuchó sobre la existencia de una enorme piedra con inscripciones talladas en ella. Ningún lugareño entendió el verdadero significado del rumor, muchos lo consideraron una idiotez y a los pocos días ya nadie hablaba sobre lo que se escondía en Arbhen. ¿Cómo culparlos? Estaban más preocupados del asalto que había sufrido la Fortaleza Real, algunos creían que el Culto había vuelto para quedarse con el poder, pero en realidad nadie los había visto. La gente siempre se inventaba cosas para alarmar a los demás; tal vez lo hacían por mera diversión. El caso es que había estado buscando los Poneglyph hacía muchísimo tiempo, pues quería encontrar las Armas Ancestrales y usarlas para acabar con el Gobierno Mundial; además, quería saber la verdad oculta en el Siglo Vacío. No por nada pasaba horas estudiando el lenguaje prohibido, la lengua de los que fueron olvidados por la historia. Y estaba segura de que, si se encontraba con una de esas piedras, sería capaz de traducirla.

La gente de Samirn no sabía nada sobre la isla vecina, Arbhen. Unos decían que era tierra de ermitaños; otros, cuna de monstruos sacados de las peores pesadillas. A la bruja le daba igual lo que la gente dijera, pues ya se había metido en la cabeza la idea de visitar la isla y descubrir si efectivamente había un Poneglyph. Creyó que comentárselo a Thawne sería buena idea, después de todo, no sabía qué peligros podría encontrar en Arbhen. El antiguo agente se mostró interesado y, tras soltar su típica verborrea cargada de florituras, decidió acompañarla. Su decisión resultó ser muy conveniente puesto que Thawne tenía un barco volador cuanto menos impresionante. Jamás había tenido la oportunidad de subirse a semejante máquina. Tras comprar provisiones y cuestiones necesarias para el viaje, los criminales partieron rumbo a Arbhen.

El viaje fue más corto del que esperaba y terminaron llegando a una pequeña tribu ubicada muy cerca de la costa sur de Arbhen. El paisaje guardaba una belleza embriagadora, presentando un despejado cielo azul y un mar de araucarias. También había otra clase de coníferas, aunque de menor tamaño. Había árboles de hojas rojas y amarillas, verdes y violetas, ofreciendo unas vistas coloridas y llamativas. El pueblo estaba compuesto por rucas, unas más grandes que otras, pero estaban lejos de considerarse modernas. Y lo que más le sorprendió, incluso más que el propio paisaje, fueron los habitantes. Nada más llegar a Arbhen se encontró con un hombre alto y fornido que tenía la cabeza de un chivo, pero el cuerpo de un humano. También había hombrecillos que medían poco menos de metro y medio, eran robustos y cantaban alegremente de allá para acá, cargando pesadas vigas de madera. Jamás había visto a tantas razas distintas reunidas en un solo lugar y todas ellas parecían convivir en armonía, cuestión aún más sorprendente.

—No quiero imaginarme cómo serán los padres de ese hombre —le comentó a su compañero, refiriéndose al que tenía la cabeza de chivo—. ¿Nos dividimos y hacemos preguntas sobre el Poneglyph? ¿O mejor permanecemos juntos? —le preguntó finalmente, teniendo la esperanza de que alguien sabría a lo que se refería.
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Mensaje por AEG93 el Vie 10 Ene 2020 - 19:23

En un principio, cuando escuchó los rumores acerca del Poneglyph que al parecer se encontraba en una isla no demasiado lejana llamada Arbhen no les dio demasiada credibilidad. La mayoría de ocasiones en que alguien creía haber encontrado uno no era real. Sin embargo el hecho de que Katharina le diese tanta importancia comenzó a hacerle pensar en ello, pues la bruja no era precisamente una persona estúpida ni confiada. Así que cuando le propuso acompañarla en la búsqueda de la piedra no tuvo que pensarlo demasiado antes de aceptar.

Los Poneglyph siempre le habían interesado, desde que de pequeño leyó por primera vez sobre ellos en la biblioteca de la mansión donde creció aquellos extraños monolitos grabados en un idioma perdido mucho tiempo atrás habían llamado su atención. Más adelante había investigado un poco más y descubierto que la mayoría de teorías sobre ellos, aunque nada se sabía con certeza, eran tres: que contaban la historia del Siglo Vacío, la época inmediatamente anterior a la creación del Gobierno Mundial y cuyos acontecimientos fueron borrados de la historia por este; que permitían encontrar las míticas Armas Ancestrales, que nadie sabía qué eran pero sobre cuyo poder se contaban historias desde hacía siglos; y que mostraban el camino hasta Raftel, la última isla del Grand Line. Averiguar estos datos le habíacostado muchísimo, pues no eran temas que al Gobierno le gustase que la gente conociera, pero desde en entonces su curiosidad acerca de estas rocas no había hecho sino aumentar. No había logrado aún dar con nadie que supiese (o admitiese ante otros saber) leerlos, pero estaba convencido de que esa vetusta lengua no se había perdido por completo de que aún quedaba alguien capaz de entenderla.

Cuando se encontraban en su barco volador camino de Arbhen, el calvo aprovechó para preguntar a la bruja lo que llevaba pensando desde que había accedido a acompañarla en busca del Poneglyph:

- ¿Por qué tienes tanto interés en los Poneglyph? ¿Es cuestión de mera curiosidad o acaso sabes interpretar lo que dicen?

Una vez hubieron llegado a su destino arribaron en un poblado compuesto por edificios pequeños fabricados a base de lo que parecía bambú o alguna planta similar y paja. Parecía claro que los habitantes de aquel lugar vivían de una forma extremadamente humilde, pero el entorno en el que se encontraban era realmente idílico. Múltiples árboles con hojas de diferentes tonos contrastaban con el azul del cielo creando un ambiente lleno de paz y de color.

Cuando avistaron a los primeros lugareños la sorpresa de Thawne fue considerable. Todos y cada uno de ellos eran ciertamente peculiares, y la mayoría tan diferentes entre sí como pueden serlo un perro y un atún. Desde un tipo con cuerpo humano y cabeza de chivo hasta el grupito de enanos musculados que cuchicheaban entre ellos en el extremo contrario de la calle. Katharina hizo un comentario sarcástico al respecto del hombre-cabra, para luego preguntar si debían separarse para buscar información acerca del Poneglyph o por el contrario era mejor permanecer juntos:

- Dadas las circunstancias creo que sería más adecuado aprovechar que mi capacidad telepática nos permite estar comunicados a distancia para separarnos, así tendremos más posibilidades de hallar alguna pista mientras seguimos en contacto en todo momento para poder acudir en ayuda del otro en caso de que surja algún problema, ¿no crees?


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 13 Ene 2020 - 1:58

Miró a Thawne y se preguntó a sí misma cuánto debía contarle puesto que cualquier asunto relacionado con los Poneglyph era altamente peligroso. Si bien no tenía problemas en admitir que estaba interesada en los Poneglyph, tampoco gritaba a los cuatro vientos que tenía las capacidades para leerlos e interpretarlos correctamente. Era muy difícil encontrar una de esas piedras, pero fundamental para encontrar el camino al One Piece. Jamás le había llamado la atención toda esa majadería de piratas, pero poco a poco iba cambiando su percepción. Barbablanca lo dijo justo antes de caer: «El One Piece existe». Cuando se ponía a pensar en el pasado, en todo lo que había ocurrido cientos de años antes de que ella siquiera naciese, le entraban ganas de crear una máquina del tiempo y ver con sus propios ojos todo lo que pasó.

—Asumo que alguien como tú sabe muy bien lo que es un Poneglyph y, sobre todo, lo que esconde. Quiero descubrir lo que ocurrió durante el Siglo Vacío, pero lamentablemente he encontrado ninguno que tenga información sobre esto —respondió, dejando escapar un suspiro y encogiéndose de hombros—. Creo…, creo que es mera casualidad, aunque si me pusieras uno en frente podría interpretarlo con algo de tiempo. Supongo que estoy confiando en ti al decirte esto —añadió inmediatamente para luego dirigirse a la cocina del barco y asaltar la despensa.

La gente de Arbhen era muy distinta a la que la bruja conocía, es decir, ¿un hombre-cabra? ¡¿Un puto perro atún?! Dios, estaba segura de que ni siquiera las drogas de Luka dejarían alucinar algo así. El Nuevo Mundo era literalmente un mar de sorpresas, cada isla era más extraña que la otra y única en cierta forma; jamás se cansaría de explorar el vasto mundo.

—Perfecto, reuniré información.

Aceptó el vínculo telepático de su compañero y caminó en sentido contrario, aguzando el oído para detectar conversaciones interesantes, prometedoras. Sabía que había viajado hasta esa isla basándose solo en un rumor que bien podía ser solo eso, un rumor. No tuvo que espiar demasiado para saber que Arbhen se encontraba en una fecha muy importante. Cada año sus habitantes festejaban y daban gracias a la diosa de la lujuria y la fecundación. El extraño pueblo parecía adorar una vieja religión de la cual no se tenía registro, incluso era probable que su nombre jamás hubiese salido de la isla. Afortunadamente, los hombres hablaban lo suficientemente alto como para que Katharina pudiese escucharles gracias a sus dotes de espía. Recopilar información le resultaba muy sencillo y, además, podía obtener detalles muy importantes solo con escuchar el acento de los habitantes, cortesía de sus dotes lingüísticos. Y luego de unos minutos escuchó algo realmente interesante.

—Creo que hemos venido a la isla correcta —le mencionó a su compañero, usando el vínculo telepático.
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Mensaje por AEG93 el Vie 17 Ene 2020 - 18:08

La vaga respuesta de Katharina dejaba intuir una posible capacidad para desentrañar el significado de los Poneglyph. Aquella mujer era una caja de sorpresas. Hasta ahora había encontrado muy pocas personas cuya capacidad y avidez intelectual pudiera sostenerse en una comparación ante la suya, y no solo eso, sino que además la bruja tenía también un poder que no envidiaba en demasía el del antiguo agente. De aquella alianza podían nacer cosas verdaderamente importantes, de eso no le cabía a Thawne ninguna duda. La única posibilidad de que aquello no saliese bien y ambos acabasen enfrentados, que tampoco era nada desdeñable, era que los grandes egos de ambos chocasen hasta tal punto que terminase por no haber vuelta atrás.

Una vez los dos criminales se separaron el calvo se dirigió al mercado. En él decenas de personas, si es que se podía llamar así a alguno de los extraños habitantes de Arbhen, intercambiaban objetos y charlaban animadamente. Al parecer se preparaban para el evento que tendría lugar la noche siguiente, la gran celebración anual de su peculiar religión. Sin embargo, aunque intentó en repetidas ocasiones averiguar en qué consistía exactamente, los lugareños parecían no querer revelar a un forastero ningún detalle al respecto. Parecían sospechosamente recelosos de los secretos de su fe y de los rituales y celebraciones en que participaban. Tanto que, en opinión de Thawne, era casi seguro que escondían algo. Y el hecho de que al indagar en sus mentes para conseguir la información que buscaba no hallase nada no hizo sino multiplicar sus sospechas:

- Creo que su religión y la celebración de mañana por la noche tienen algo que ver con el Poneglyph, pero no consigo que ninguno de ellos me cuente nada al respecto. Ni siquiera mis poderes mentales me han permitido extraer ningún dato al respecto de sus mentes. Esto huele muy raro. -  Contestó el calvo cuando la bruja se puso en contacto con él.

- ¿Has averiguado algo interesante entonces? - Inquirió posteriormente en respuesta a la frase con la que su compañera había iniciado la conversación.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Dom 19 Ene 2020 - 4:55

Las sospechas de su compañero estaban bien fundamentadas, después de todo, incluso la gente de Arbhen debía saber que cualquier cuestión relacionada con los Poneglyph era duramente castigada. Era probable que mantuvieran su existencia en secreto, alejada de ojos extranjeros y oídos curiosos. Hasta ahora no había conseguido mayor información sobre lo que buscaba con tanto ahínco, sin embargo, había escuchado una conversación muy interesante que hacía referencia al viejo lechero de la tribu. No es que fuese una pista realmente prometedora, pero tampoco perdía mucho comprobándola. A juzgar por el tono de la primera voz que escuchó debía tratarse de una mujer hablándole a un hombre. En la conversación le mencionaba que el estúpido lechero había quedado fuera del círculo principal por hablar más de la cuenta con un extranjero. Ese diálogo proveniente de la pareja ubicada a veinte metros de ella le permitió saber que le rendían culto a una “piedra azul”, así es como la describían los habitantes de Arbhen. No obstante, la descripción englobaba tantas cosas que bien podía no tratarse de un Poneglyph.

—Esta gente es muy desconfiada y seguramente esconden algo muy importante. Al parecer hay un miembro de la tribu que no está muy satisfecho con sus compañeros, así que podríamos buscarlo para que nos cuente un poco más de Arbhen —le respondió a su compañero a través del vínculo telepático—. Le expulsaron del “círculo principal” por haber hablado más de la cuenta con un extranjero. Podría responder a “viejo lechero” o “estúpido lechero”, lo que ya nos habla mucho de quien buscamos.

Thawne podía decidir no seguir la pista que había encontrado ella, pero hasta el momento era lo más prometedor que tenían, y ni siquiera era realmente interesante. Probó suerte preguntándole a una pareja de jóvenes sobre la ubicación del lechero, pero estos le miraron con recelo y sin siquiera responder se alejaron. Tuvo que reprimir las ganas de castigarles duramente por su falta de educación, pero prefería invertir esas energías en encontrar el supuesto Poneglyph. Siguió intentando de allá para acá, formulando preguntas que no fuesen demasiado directas. Poco a poco fue reuniendo información sobre la persona que buscaba.

—Dicen que el lechero vive en las afueras de la tribu, apartado de la sociedad. Incluso aquí los borrachos tienen la lengua floja. Podríamos juntarnos y sacarle información sobre el supuesto Poneglyph, o también puedes seguir buscando pistas mientras yo hablo con él.
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Mensaje por AEG93 el Dom 19 Ene 2020 - 21:40

- Me parece buena idea, vayamos a hablar con ese lechero. Al fin y al cabo es quien nos ha traído hasta aquí. - Respondió Thawne tras escuchar la información que su compañera traía. La petición de encontrar el Poneglyph venía firmada por él, y si ese hombre había sido castigado por su indiscreción era lógico pensar que, tras hacer algo que no debía, los demás habitantes de la isla le rechazaron. Por el momento tan solo tenían datos sueltos: una piedra azul, un "círculo principal" y poco más. La piedra podía corresponder al Poneglyph, sin duda, pero también a tantas otras cosas que resultaba muy atrevido darlo por supuesto. Probablemente el lechero podría resolverles esa cuestión. Y en cuanto al "círculo principal", probablemente tuviese algo que ver con un cargo importante dentro de la sociedad local.

Una vez se hubieron enterado del lugar donde el lechero vivía los dos criminales se juntaron nuevamente y se dirigieron hacia allí. Ya fuera del pueblo no tardaron demasiado en dar con una gran finca en la que descansaban gran cantidad de unos curiosos animales que parecían una extraña mezcla entre vaca y caballo. "Vacaballo", pensó al momento el cerebro de Thawne. No sabía si ese sería su nombre, de hecho lo más probable era que no lo fuese, pero había que reconocer que se trataba de un buen juego de palabras.

Al lado de la finca había una pequeña casa de madera. Cuando estuvieron cerca el calvo llamó a la puerta, y a los pocos segundos un hombre aparentemente de avanzada edad con cabeza de macho cabrío, pezuñas por pies y dos cuernos enrollados sobre sí mismos en la cabeza salió a abrir.

- ¿Álvaro "el lechero"? - Preguntó el antiguo agente. Cuando el anciano asintió, dijo:

- Yo soy Anders D Thawne, y quien me acompaña es Katharina von Steinhell. Imagino que habrá oído hablar de nosotros. Venimos para responder a su petición de ayuda y realizar una copia de ese Poneglyph.

El lechero, en apariencia complacido al ver quiénes se habían presentado ante su puerta, les dio varios detalles sobre la cultura de la isla y su particular religión. Al parecer adoraban a una gran piedra azul con palabras escritas en algún lenguaje perdido que nadie sabía interpretar. Según las sagradas escrituras, guardadas en la Cueva de la Verdad, en aquella piedra se hallaba la Verdad sobre el Universo, y debía ser protegida y adorada por cuantos allí habitaran. Para ello el "círculo principal", un grupo de ciudadanos elegidos por su gran aportación a la comunidad y dedicación a su religión durante muchos años, se encargaba de mantener su ubicación en secreto. Dicha localización se encontraba tan solo escrita en el libro sagrado, y solo ellos tenían acceso a dicho texto. Al parecer él fue nombrado miembro del círculo hacía unos meses, y este año iba a ser la primera vez que pudiese ver la piedra. Sin embargo pocos días tras su nombramiento el vino le jugó una mala pasada, aunque sospechaba que el extranjero que bebía con él aquel día rellenó su copa en más ocasiones de las debidas para sonsacarle información. El forastero le habló de los Poneglyph y de cómo supuestamente contaban la verdadera historia del mundo, narrando lo ocurrido durante una época conocida como el Siglo Vacío. La descripción de estas piedras se parecía mucho a la de aquella isla, y el lechero ató cabos fácilmente. Pero al hablar a ese individuo sobre la piedra cometió un gravísimo pecado, y por tanto fue expulsado sin haber tenido ocasión siquiera de pisar la Cueva y leer en las escrituras la ubicación del monolito. Sin embargo no había renunciado a cumplir su sueño de descifrar lo escrito en la piedra azul, aunque para ello ahora tuviese que recurrir a algo que hasta hace bien poco jamás se hubiese planteado: ayuda de extranjeros.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Mar 21 Ene 2020 - 7:16

El señor Álvaro estaba en lo correcto al decir que nadie sabía interpretar ese lenguaje perdido entre el paso del tiempo, olvidado incluso por la misma historia. Sin embargo, aún había voluntades persistentes deseosas de saber lo que ocurrió hace tantísimos siglos. Si bien Thawne era una de esas personas al querer descubrir la verdad del Siglo Vacío, no creía que tuviera el conocimiento para interpretar correctamente el lenguaje de esas misteriosas piedras. En cambio, ella lo había estudiado durante años y era la razón por la que ahora caminaba del otro lado de la acera, puesta en la misma posición de criminales vulgares e ignorantes. En ese entonces ni siquiera era capaz de conectar unas cuantas palabras y aun así fue injustamente castigada, siendo expulsada de la Marina y perseguida por el Cipher Pol y decenas de cazadores. Le costaba trabajo ocultar la alegría que sentía al saber que en Arbhen había un Poneglyph. Por fin tendría la oportunidad de demostrarse a sí misma lo mucho que había avanzado en esa área. Sin embargo, dudaba que este hablara de la “Verdad del Universo”. Era probable que ni siquiera el círculo principal supiera leer esos textos indescifrables.

Estuvo atenta a las palabras del hombre-cabra, reparando especialmente en el extranjero. Que estuviera tan interesado en los Poneglyph era tan sospechoso como peligroso. Había muy poca gente dispuesta a ir en contra de la voluntad del Gobierno Mundial. Quizás podía tratarse de un agente del Cipher Pol, alguien que quería arrebatarles la piedra sagrada a los habitantes de Arbhen. Cuando Katharina le preguntó al señor Álvaro por el extranjero, este tomó una postura pensativa y luego de unos segundos de silencio respondió que se había internado en los bosques de coníferas.

—Aceptamos contentos su petición, aunque permítame ofrecerle algo que nadie más en este mundo podría: la traducción de la piedra sagrada. ¿Desea conocer los secretos que le fueron negados por sus compañeros? Yo podría mostrarle la verdad que tanto parece buscar. A cambio, me gustaría recibir una recompensa aún más cuantiosa —le mencionó al señor Álvaro con los ojos puestos en él—. Aunque perfectamente podríamos traerle únicamente una copia.

El hombre-cabra miró con recelo a la chica que tenía en frente, y luego le dio unas buenas caladas a la pipa de madera.

—¿Y cómo sabré yo que la traducción es legítima?

—Supongo que tendrá que confiar en mí. Me tomo muy en serio el trabajo, señor Álvaro, y jamás le ofrecería una traducción falsa, errónea. Piénselo, por favor.

—Hmm, veré qué puedo hacer. Aunque te advertiré algo: solo un imbécil intentaría engañarme.

Le parecía una buena oportunidad para conseguir unas monedas extra, además guardaría una copia para ella; quizás le terminaría dando una a Thawne. Sería una prueba de confianza. Ya era la tercera vez que trabajaba con ese hombre y parecía ser confiable, aunque cargaba el mismo pecado que ella: traición. En cualquier caso, le comentaría telepáticamente sus sospechas sobre el extranjero.

—Hay que ir con cuidado, no somos los únicos que van por el Poneglyph. Lo sabes, ¿verdad? Puede que no solo tengamos que lidiar con el círculo principal…
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Mensaje por AEG93 el Miér 22 Ene 2020 - 18:28

La respuesta que Katharina dio a Álvaro pilló al calvo un poco por sorpresa. ¿Estaría la bruja diciendo la verdad y confirmando las sospechas de Thawne acerca de sus capacidades lingüísticas o tan solo buscaba aumentar la recompensa recibida? Algo en la expresión de su compañera le decía que no estaba mintiendo.

Sin duda esa teoría sobre la supuesta "Verdad del Universo" que el lechero mencionó como la base de la religión de aquella isla era disparatada, pero existía la posibilidad de que aquella piedra contuviese información importante. Tenían que encontrar ese Poneglyph y descifrarlo pese al empeño de los lugareños en que no fuera así.

Álvaro no parecía confiar en exceso en las palabras de la bruja, pero finalmente parecieron llegar a una especie de acuerdo. Eso sí, parecía claro que si querían de verdad optar a una recompensa mayor que la ofrecida inicialmente iban a tener  que convencer a su contratante de que las palabras que Katharina presentase como traducción del Poneglyph eran reales. Y tal vez aquello no fuese precisamente sencillo.

Una vez salieron de la morada del lechero la bruja le comentó mentalmente sus sospechas, con las que el antiguo agente no pudo sino estar de acuerdo:

- Así es, debemos andar con precaución. Por cierto, no sé si estarás de acuerdo, pero creo que deberíamos buscar esa "Cueva de la Verdad". Es probable que en las escrituras sagradas de estas gentes encontremos datos que nos sean de utilidad. Al fin y al cabo, según las palabras del lechero, es allí donde está escrita la ubicación de la piedra. Y sinceramente, sabiendo que casi todo el resto de la isla está ocupada por el pueblo y tierras de cultivo, creo que no hay mejor lugar donde empezara buscar que el bosque de coníferas.

El otro extranjero que había mostrado interés en los Poneglyph también se había aventurado en aquella dirección, y Thawne dudaba mucho de que lo hubiera hecho simplemente con intención de ocultarse. Era bastante probable que hubiese llegado a la misma conclusión que ellos dos.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Jue 23 Ene 2020 - 4:37

Ya se había acostumbrado a que los aportes del joven agente fueran acertados y bien fundamentados. Estaba de acuerdo en que buscar la Cueva de la Verdad era fundamental para hallar el Poneglyph. Si ella perteneciera al círculo principal se ocuparía de esconder las sagradas escrituras fuera del alcance de cualquiera que pudiera traer problemas. La bruja era consciente de que había gente en busca de las misteriosas piedras con inscripciones indescifrables, pues estas conducían el camino hacia el One Piece. Si Edward Newgate no hubiera confirmado su existencia hacía cientos de años lo tomaría como un mito, una mera leyenda que los piratas se habían inventado para tener una excusa y lanzarse al mar en busca de fama y riquezas. Por el momento, Katharina tenía objetivos mucho más tangibles y realistas que encontrar lo que parecía ser una fantasía. Sin embargo, si en algún momento encontrase un Poneglyph que diese alguna pista sobre este, consideraría ponerse en campaña de encontrarlo, pero aún había otras cosas más importantes por hacer.

Estaba de acuerdo en explorar el bosque de coníferas, sin embargo, era casi imposible encontrar la Cueva de la Verdad en un terreno como ese. En cualquier caso, tenía un plan para conseguir la información que necesitaban, pero primero era necesario llegar al bosque. Así que, si su compañero no se oponía, iniciaría la caminata hacia el interior de la isla. El viento silbaba fuertemente al pasar por entre medio de las hojas de los enormes árboles que se alzaban decenas de metros hacia el cielo. Al pisar, la tierra se sentía blanda y podía oler un aroma fresco. Aún no le había explicado a Thawne la idea que tenía en mente, de hecho, no podía encontrar las palabras para hacerlo. «¡Hey, amigo! Entraré al Reino de los Muertos para hablar con los espíritus y preguntarles dónde está la Cueva de la Verdad». No, era una pésima idea; así no funcionaban las cosas. En todo caso, confiaba en que a su compañero no le costaría asimilar la existencia de una “vida después de la muerte”. Así que buscó un lugar donde sentarse, uno que pareciera cómodo y seguro, delante de esa enorme roca entre medio de dos araucarias.

Intentó hallar las palabras precisas para explicarle a Thawne lo que haría en los próximos minutos, pero no lo consiguió. ¿Es que había una manera de adornar semejante revelación? Tampoco era demasiado agradable para Katharina sumirse en un trance del que no tenía la seguridad de volver. El Reino de los Muertos era un lugar caótico con cientos de seres que harían lo imposible por sentir el calor de la vida una vez más. Si bien su cuerpo físico se mantendría en Arbhen, su alma viajaría a un plano muy distinto. Bueno, ahora sí que le daría una razón a su compañero para entender por qué le decían bruja. Había mucha gente capaz de usar técnicas elementales e incluso alterar el mundo físico, pero ¿usar a los muertos como armas y comunicarse con espíritus?

—Toma asiento, por favor. Necesito decirte algo —le mencionó, tratándolo como si fuera un niño pequeño. Sabía que su forma de hablarle heriría su orgullo, lo que en cierta manera le provocaba una inmensa satisfacción, pero se lo guardaría para ella—. ¿Crees en la vida después de la muerte? —Daba igual si su respuesta fuese negativa o afirmativa, continuaría con la explicación—. Bueno, cuando el alma abandona el cuerpo esta viaja a un plano muy distinto en donde las leyes que gobiernan este mundo no existen. Yo lo llamo el Reino de los Muertos; créeme que no es un lugar agradable, ni siquiera para los propios muertos. No quiero complicarme demasiado, así que lo diré de este modo: el Reino de los Muertos es un reflejo de nuestro mundo que tiene sus propias leyes. Y, a menos que seas un súper guardabosque, pretendo visitar ese bonito lugar para encontrar respuestas. Mientras hago esta incursión necesito que cuides mi cuerpo físico, pero te lo advierto: sabré si abusas de mí. Soy pura, y pretendo serlo por mucho tiempo más.

Sin más dilatación, pues había tardado ya lo suyo en dar la explicación, cerró los ojos y se concentró en su respiración. Reunió maná poco a poco hasta que su alma se despegó de su cuerpo, encontrándose en un mundo brumoso y mortalmente helado. Joder, hacía mucho que no enfrentaba ese frío sepulcral que calaba profundamente. Creó una esfera luminiscente para poder ver más allá de su mano, pues todo estaba oscuro y la puta niebla tampoco mejoraba las cosas. Podía escuchar cientos de voces, susurros que parecían provenir desde lo más hondo de su cabeza. Si no hubiera experimentado antes esa sensación seguramente habría caído en la demencia. Los vivos no estaban preparados para manejar algo así. Sabía que no podía alejarse demasiado de su cuerpo físico, de lo contrario, jamás podría volver y permanecería atrapada en ese horripilante mundo para siempre sin estar viva ni muerta. Sería una experiencia aterradora. Avanzó con el miedo de encontrar algo que no debía estar en una capa tan superficial del Reino de los Muertos. El tiempo en ese mundo corría muchísimo más rápido que en el otro lado. Había pocos espíritus y ninguno parecía saber de lo que hablaba, sin embargo, una mujer muy parecida a un reptil le entregó las respuestas que necesitaba.

Se disponía a volver cuando un escalofrío recorrió su espalda, volteándose inmediatamente y llevando la mano a la cintura en busca de su espada, pero no la encontró. Tragó saliva, nerviosa. Su corazón latía tan fuerte que podía oír sus propios latidos. Frente a ella apareció la fachada de una estructura de piedra con un gran arco a modo de entrada. Sin embargo, no fue el edificio lo que llamó su atención, sino esos horrorosos ojos amarillos que no dejaban de mirarla. Fuese lo que fuese esa cosa, empezó a bajar del techo con movimientos distorsionados, como si apareciera y desapareciera intermitentemente. Mierda, mierda, mierda. No podía encontrarse con algo así en ese minuto. Venciendo el miedo que quería dominar su cuerpo echó a correr en dirección opuesta para regresar. Tenía la sensación de que, en vez de acercarse, hacía todo lo contrario. El sudor caía por su rostro y su corazón latía más y más deprisa. Voltearse y enfrentar a esa cosa sería un error mortal, así que continuó corriendo lo más rápido que le permitían sus pequeñas piernas. Y fue que, en medio de la oscuridad y la niebla, consiguió ver su cuerpo. Se lanzó hacia él con todas sus fuerzas, pero no sin antes sentir un intenso dolor en la espalda.

Tomó una bocanada de aire y retrocedió asustada, chocando con la piedra que estaba detrás de ella. Miró hacia todos lados en busca de lo que había visto. Había luz. Y tampoco hacía frío; había vuelto. La nariz le sangraba y la espalda le dolía una barbaridad. Tenía tres grandes aberturas de un centímetro de profundidad y varios más de longitud, parecía como si algo le hubiera arañado con brutalidad.

—No quiero volver a hacer algo así —dijo con la voz temblorosa, y tras recomponerse agregó—: La Cueva de la Verdad se encuentra oculta tras una cascada, dos kilómetros al norte.
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Mensaje por AEG93 el Dom 26 Ene 2020 - 17:43

Cuando Katharina le pidió que se sentara para justo después hablarle sobre el mundo de los muertos, Thawne tuvo que esforzarse por ocultar una cierta sorpresa. Las habilidades de la bruja eran verdaderamente amplias, siendo capaz de realizar un gigantesco abanico de proezas. Y entre todas ellas caminar entre los muertos tal vez fuese la más difícil de creer. El calvo, basándose en su dilatada experiencia en los mares, había llegado a pensar que debía de pasar algo con las almas de quienes morían, ya que en más de una ocasión se había topado con fenómenos que a su entender no podían deberse a otra cosa. Sin embargo como hombre de ciencia que era continuaba siendo escéptico hasta disponer de una evidencia fehaciente de ello.

Por eso una vez su compañera, tras permanecer varios minutos en una especie de trance, volvió en sí habiendo sufrido varias heridas de cierta seriedad que sin ninguna duda no estaban ahí previamente, se dio cuenta de que tenía ante sus ojos la prueba que necesitaba. Y si, para colmo, la dirección que según decía ella era la correcta y encontraban la Cueva de la Verdad tras la cascada, ya no habría posibilidad de refutación.

- De acuerdo, dirijámonos hacia allí entonces. - Costestó el antiguo agente, lleno de curiosidad por saber si tendría o no razón y, de tenerla, qué encontrarían en la cueva. - Pero primero deja que eche un vistazo a esas heridas. Es posible que nos encontremos con dificultades en el camino y ambos debemos estar en las mejores condiciones posibles.

Dicho esto, si la bruja se dejaba, examinaría sus heridas, buscando así mismo rastros de venenos o cualquier cosa anómala dado que no habían sido causadas físicamente. O al menos no de la manera habitual. Cosería y vendaría con cuidado las que fuesen tributarias de tales medidas y, en los casos en los que no hiciese falta, simplemente recomendaría a su compañera tomar alguna medicación analgésica en caso necesario. Dentro de los grupos de fármacos anestésicos que no afectaban al nivel de consciencia ni al raciocinio, claro.

Acto seguido ambos se dirigieron hacia el lugar indicado por Katharina. Y no mucho después, tras unos minutos de camino, llegaron a la cascada. Poseía una belleza singular, con las claras aguas del pequeño lago contrastando con el verde y el marrón de los árboles que lo rodeaban, y el agua que caía en vertical por la pared rocosa, danzando al ritmo que la gravedad imponía.

Dado que ambos eran usuarios la opción de ir nadando quedaba automáticamente descartada. Para Thawne lo más sencillo era utilizar el Geppou, pero no sabía si la bruja conocía alguna técnica que le permitiese desplazarse por el aire, así que le preguntaría si podía hacerlo y, en caso contrario, se ofrecería a llevarla hasta detrás de la cascada.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Miér 29 Ene 2020 - 22:04

Soportó el dolor a medida que su compañero trataba suave y hábilmente sus heridas, cosiéndolas a un ritmo vertiginoso y con una precisión propia de un cirujano. Si bien pudo haber convocado un halo dorado para sanarse a sí misma, los conocimientos médicos de Thawne eran suficientes e incluso más eficaces. Para cerrar heridas así habría tenido que canalizar un montón de energía mágica, lo cual sería un problema a futuro. Era consciente de que les esperaban desafíos sin igual, incluso más peligrosos que los que superaron en Ur’ Tuban. Una vez terminó de tratar los profundos arañazos movió a modo de prueba los brazos, se estiró y comprobó la fuerza de las suturas. Resistirían, aunque tampoco era prudente realizar movimientos demasiado bruscos. En caso de que las cosas se complicasen prepararía un círculo mágico, aunque deseaba que el tratamiento de su compañero bastase. Luego de agradecerle casi en un susurro comenzó a caminar en dirección a la supuesta cascada, sin dejar de tener en mente aquella aterradora sombra que había visto en el otro lado. Era probable que las fuerzas del caos aún le estuvieran buscando, después de todo, era una de las pocas personas capaces de alterar el ciclo natural de la vida y la muerte.

Se encontraba boquiabierta ante un paisaje sencillamente espléndido. Las claras aguas del río permitían ver todo lo que había bajo estas: peces, algas e incluso las piedras de distintas tonalidades. Era normal que el sedimento se acumulase en esas zonas, mostrando colores opacos y en su mayoría grises, pero en ese lugar había pequeñas y grandes rocas púrpuras, blancas e incluso amarillas, ofreciendo un auténtico arcoíris compuesto por piedras. Las araucarias se alzaban majestuosamente hacia el cielo y, dependiendo del ángulo en el que se mirase, sus copas eran reflejadas en el pequeño lago. Al otro extremo de este se dejaba ver la cascada de casi quince metros de alto, calculado al ojo. El agua al caer provocaba un sonido profundo y estruendoso, al mismo tiempo que relajante. Y tal como señaló su compañero, era imposible que cruzasen el lago nadando pues ambos eran usuarios. Cuánto le hubiese gustado nadar en esas cristalinas aguas de Arbhen. Prefirió rechazar la oferta de Thawne puesto que tenía sus propios métodos para moverse sobre la laguna. Podría componer una verdadera escalera de piedras, pero quería evitar arruinar esa maravillosa vista que la naturaleza le otorgaba. Así que dio un salto y creó una pequeña plataforma de hielo de apenas un centímetro de grosor, casi del tamaño de su pie. Cayó ágilmente sobre esta y dio otro salto. Poco a poco comenzó a cruzar el lago, dando la impresión de que danzaba sobre este. Cuando llegó a la cascada simplemente lanzó una onda de viento cortante, abriéndola temporalmente en dos y descubriendo que una cueva se ocultaba tras el velo de agua.

Podía oler la humedad y había musgos creciendo por todas partes, incluso entre las grietas de las paredes. Del techo colgaban peligrosas estalactitas que alcanzaban hasta los tres metros. Tuvo que crear una esfera luminiscente para poder explorar mejor la cueva, pues la luz del sol no llegaba hasta ella. Se encontraba en una estancia medianamente grande sin nada en particular. Primero les echó un vistazo a las paredes, intentando encontrar algo fuera de lo común, pero no fue hasta que llegó al otro extremo de la cueva que descubrió un pasadizo. Tenía casi cuatro metros de alto y un par de ancho, lo suficiente para que pudiera pasar sin problema alguno. No obstante, se mantuvo quieta y esperó a que su compañero llegase a su lado para señalarle con el dedo el reciente descubrimiento.

—Si no me equivoco tus poderes te permiten ver en las sombras como si se estuviese de día, ¿verdad? —le dijo a través del vínculo telepático que compartían—. Preferiría que tomaras la delantera. Yo cuidaré la retaguardia por si aparece alguien.
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Mensaje por AEG93 el Jue 30 Ene 2020 - 19:00

La entrada de la cueva estaba cubierta de musgo, lo que hacía el suelo extremadamente resbaladizo. Por suerte eso no era un problema para Thawne, tremendamente experimentado en lo referente a desplazarse por superficies no precisamente estables. Tampoco parecía serlo para la bruja, así que ambos llegaron sin demasiada dificultad a un estrecho y oscuro pasadizo. Katharina sugirió que Thawne se adelantase, presuponiéndole una capacidad para ver en la oscuridad que el calvo realmente poseía. Lo más probable era que lo hubiese deducido tras verle transformado en un felino.

- Así es, puedo ver en la noche como si estuviese a pleno sol. No obstante la total ausencia de luz es otra cosa. Mis ojos necesitan un mínimo para poder ver. Así que esa luz tuya no nos vendrá mal de todas formas.

Tras estas palabras el antiguo agente activó su Mantra, tratando de percibir cualquier peligro que pudiese aparecer ante él desde las sombras, y echó a andar por el oscuro túnel. Caminaron durante lo que bien pudieron ser unos trescientos o cuatrocientos metros en línea recta hasta encontrarse de frente con una pared. No parecía haber forma de avanzar ni había ninguna rendija por la que entrase la luz. Incluso la extraña esfera luminosa de la bruja tan solo permitía ver con dificultad, y eso que la agudeza visual del calvo era muy superior a la de una persona normal.

Examinó con atención la pared de piedra sin encontrar ningún saliente ni nada que a simple vista llamase la atención. La palpó con detenimiento, tratando de dar con posibles relieves, botones ocultos o artilugios similares, pero no tuvo éxito. Acto seguido inspeccionó cuidadosamente los alrededores. Las paredes laterales, el suelo,el techo... nada parecía susceptible de ser una forma de continuar. Y de repente lo vio. Las estalactitas. Todas ellas eran iguales salvo una, ligeramente más larga y estrecha, y acabada en una punta notablemente más afilada que las demás. Utilizó el Geppou nuevamente para elevarse ligeramente y ponerse a su nivel y trató de girar el extremo final, tirar de él e incluso empujarlo hacia arriba y moverlo hacia los lados. Todo fue en vano.

Estaba a punto ya de tirar la toalla cuando, al mirar hacia el suelo, pudo ver un minúsculo cráter cóncavo de apenas unos milímetros de profundidad situado justo bajo la punta de la estalactita, en su vertical exacta. Era imposible que llamase la atención de nadie salvo que buscase específicamente los detalles más sutiles posibles, lo que hacía factible que fuese la clave para poder seguir adelante.

El calvo se devanó los sesos durante varios minutos, tratando de averiguar qué debían hacer. Su lógica mente trabajaba a toda velocidad, cruzando cientos de posibilidades y teorías que se le iban ocurriendo y descartando las que menos probables le parecían. Y en mitad de esa vorágine de pensamientos surgió de repente un concepto obvio pero que había pasado por alto. Estaban intentando entrar a un lugar sagrado de cierto culto pagano. Las religiones paganas solían demandar sacrificios a sus fieles. Disponían de un objeto extremadamente afilado y, justo bajo él, un minúsculo recipiente tallado en la piedra. ¿Cómo no se le había ocurrido antes?

Thawne acercó el dedo meñique de la mano derecha a la punta de la estalactita y presionó levemente contra ella, lo justo para que una pequeña gota de sangre cayese sobre el pequeñísimo hueco en el suelo. Todo se quedó en silencio, y apenas unos segundos después la pared se movió, dejando ver lo que parecía la entrada al templo sagrado de aquella religión.

Era una pequeña sala circular excavada en la roca, sin mucho detalle más allá de una puerta en el extremo contrario al lugar por donde habían entrado. Lo único que llamaba la atención era la presencia de dos grandes figuras de piedra que representaban dos soldados que portaban respectivas lanzas. Según su Mantra no había rastro de vida en ellos, ni parecía haber nadie más a su alrededor.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Sáb 1 Feb 2020 - 18:47

Creó una llama de fuego en su mano izquierda mientras la esfera luminiscente revoloteaba en torno a ella. La oscuridad dentro de la cueva era absoluta. Luego de que su compañero explorase a fondo la caverna, encontró con un mecanismo que, luego de ser activado, movió una de las paredes para dar paso a una habitación pequeña y circular de unos siete metros de alto. Salvo la puerta, que estaba al otro extremo, y las enormes estatuas no había nada llamativo. Se acercó para ver mejor los hombres de piedra que parecían proteger la entrada al templo. Llevaban lanzas y andaban por los tres metros cada uno. Carecían del fino detalle propio de un buen escultor, mostrando una figura tosca y mal trabajada. ¿Por qué tenía un mal presentimiento acerca de todo esto? En la fortaleza de Ur’ Tuban también pelearon contra estatuas que protegían una entrada, así que tenía razones para creer que sucedería lo mismo. Con la mano cerca de la empuñadura de la espada envainada, se acercó hacia la puerta y antes de que estuviera a cinco metros de ella las estatuas rompieron su inmovilidad, cerrándole el camino con sus lanzas. Descendieron la mirada hacia la bruja y una de ellas habló:

—Somos los guardianes de Ampillú, soberano del tiempo y el destino. —La voz de la criatura de piedra era profunda y grave, incluso solemne. —Si pasar quieres, resolver el acertijo debes.

Grandioso, una prueba intelectual. Era especialmente buena con toda clase de preguntas de ingenio, así que sería más fácil de lo que había imaginado. Bueno, en realidad lo más sencillo hubiera sido abrir la puerta y ya. Asintió con la cabeza para demostrar que estaba dispuesta a resolver el acertijo, esperando que al menos fuese interesante.

Cuando apenas nazco, mi vida se consume al punto; jamás soy el primero de todos, pero lo sigo por todo el mundo —habló la otra estatua sin mover la lanza.

El problema de los acertijos era adecuarlos en el contexto correcto pues, así como lo decía, podía ser prácticamente cualquier cosa. Reparó en la primera oración: «Cuando apenas nazco, mi vida se consume al punto». ¿Se refería a una persona? No, imposible; era demasiado genérico para referirse a algo tan específico. Incluso parecía no hablar de algo vivo. «Jamás soy el primero de todos, pero lo sigo por todo el mundo». ¿Qué quería decir con algo como eso…? De pronto, su mente se iluminó y la respuesta llegó a su cabeza. La clave estaba en el saludo del guardián y no en el propio acertijo, pues en este primero estaba el contexto que necesitaba: Ampillú, soberano del tiempo y el destino. Solo había una cosa que se consumía nada más nacer ni jamás era la primera en llegar, pero siempre sucedía al otro.

—El tiempo ha terminado —anunció una de las estatuas, cayendo de la plataforma hecha de pura roca.

—¿Cómo es eso de que el tiempo ha terminado? ¡Jamás hablaste de que había un tiempo límite! —se quejó la bruja con el presentimiento de que no sería escuchada—. Ya tengo la respuesta, es el… —Sus palabras fueron interrumpidas por un estruendoso sonido proveniente desde el techo. ¿Por qué le daba la impresión de que este caí hacia ellos? Maldición, odiaba a los tramposos.

La estatua blandió su gigantesca lanza en contra de Katharina, trazando un corte descendente que destrozó la tierra. La bruja consiguió echarse hacia un lado para esquivar, desenvainó rápidamente a Fushigiri y arremetió contra el guardián. Incluso entre la oscuridad podía verse ese brillo carmesí que manaba el arma. Golpeó con tal potencia que cortó en dos mitades perfectamente iguales a la estatua. Se preparaba para atacar a la otra cuando se detuvo en seco, abriendo los ojos de par en par para luego fruncir el ceño y chasquear la lengua. Las piedras que conformaban el cuerpo del guardián comenzaron a unirse poco a poco hasta recuperarse por completo. Era imposible que fuera tan sencillo, ¿no?
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Mensaje por AEG93 el Dom 2 Feb 2020 - 18:51

Cuando Katharina se acercó a la puerta las dos estatuas se movieron repentinamente, obstruyendo el paso con sus lanzas. No solo eso, sino que comenzaron a hablar, anunciando que eran los guardianes del "Soberano del Tiempo y el Destino". El título del tal Ampillú sonaba realmente grandilocuente, incluso para una deidad, pero eso no disminuyó la curiosidad de Thawne por averiguar qué había más adelante y si el supuesto libro que se allí se encontraba podía guiarles hasta el Poneglyph.

Acto seguido los soldados pronunciaron un extraño acertijo que hizo que tanto el antiguo agente como la bruja se pusieran a pensar. El cerebro del calvo trabajaba a gran velocidad, tratando de deducir a partir de la frase de la estatua a qué podía referirse. Tratándose de un templo religioso debía de tratarse de algo relacionado con sus creencias, de las que sabían bien poco. Algo que moría nada más nacer... nunca el primero y siempre persiguiendo al anterior. Tenía que ser algo continuo pero al mismo tiempo efímero, algo como...  

- El tiempo ha terminado.

Las palabras de la estatua se adelantaron en apenas centésimas de segundo a la respuesta que el calvo iba a dar. Lo que pedían como respuesta se consumía excesivamente rápido, sin dejar que ni siquiera dos prodigios como ellos pudiesen contestar antes. Parecía claro que había que saber de antemano lo que se iba a preguntar si se quería seguir avanzando.

Katharina parecía aún más ofuscada que él, dando a entender que también había encontrado la respuesta correcta, pero no pudo mostrarlo demasiado, pues rápidamente uno de los pétreos guerreros la atacó. La bruja reaccionó rápido y lo cortó en dos, pero este no tardó en recomponerse. Parecía que los habitantes de la isla se tomaban muy en serio la tarea de mantener los secretos de su religión a salvo. ¿O serían acaso medidas tomadas por quien escondió allí el Poneglyph para salvaguardarlo de los extraños?

Su reflexión se vio interrumpida por la acometida de la otra estatua. Esquivó el lanzazo girando sobre sí mismo y avanzó estirando por completo su brazo derecho, que imbuyó en Haki. Acelerando a la velocidad del Soru pasó al lado de la estatua, segando su cuello con el antebrazo. La cabeza gris salió despedida varios metros hasta hacerse pedazos contra la pared, pero instantes después todos los fragmentos volaron hacia el cuerpo del soldado y se unieron a él nuevamente.

Para colmo el techo había comenzado a descender poco a poco, lo que significaba que se había iniciado una cuenta atrás que concluiría inequívocamente con ambos muertos a no ser que lograsen salir de aquella habitación a tiempo. Al ritmo que iba Thawne calculaba que faltaban unos cinco minutos para que ya no pudiesen caminar erguidos, y como mucho siete para que falleciesen aplastados.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Dom 2 Feb 2020 - 20:22

El guardián de piedra terminó por formarse frente a la intrusa, blandiendo la enorme lanza. Sin previo aviso ni palabra alguna, cargó con fuerza y dejó caer brutalmente el arma. La espadachina se hizo a un lado, cubriéndose el rostro con el antebrazo para que las piedrecillas que saltaron por el impacto no le golpearan. Su compañero estaba luchando contra el otro guerrero pétreo y tampoco parecía que lo tuviera fácil. Sintió un fuerte dolor de cabeza que retrasó su reacción. Sin tiempo a esquivar, se protegió con la espada que empuñaba en su mano derecha. La lanza cayó con tal fuerza que, a pesar de haberse defendido, la punta de esta le rasgó el hombro izquierdo. Soltó un grito ahogado y retrocedió, chocando torpemente con una de las paredes. Tuvo que crear rápidamente una llama y mantenerla en su mano disponible para ver a través de las sombras. Esquivó la estocada y trazó una trayectoria ligeramente curva, buscando la espalda del soldado. Imbuyó su espada en haki y ejecutó un corte horizontal con precisión quirúrgica, destrozando el cuerpo del oponente y dividiéndolo en dos mitades iguales. Sin embargo, antes de que su parte superior cayese como debía hacerlo, terminó uniéndose al tren inferior para luego girar y de un manotazo mandó a volar a Katharina.

Debía haber un mecanismo que les permitiese regenerarse a tal velocidad, pero ¿dónde se encontraba? Tampoco podía ver demasiado bien dentro de la cueva, por lo que buscar cualquier cosa que le ayudase era cuanto menos difícil. Thawne tampoco lo tenía fácil, pero no era el momento de preocuparse por otros cuando ella misma estaba teniendo un duelo complicado. Y a pesar de todo, soltó una sonrisa que rebosaba confianza: los desafíos le encantaban. Dio un pequeño salto hacia la derecha para esquivar la lanza del guardián y tomó algo más de distancia. Reunió energía mágica para canalizarla en forma de aura, envolviéndose en un manto celeste. A través del vínculo telepático le advirtió a su compañero que no se le acercase demasiado. Poco a poco el suelo bajo sus pies comenzó a congelarse al mismo tiempo que la temperatura dentro de la sala descendía gradualmente. Hubo un poderoso choque entre el acero de su espada y la lanza de piedra, haciendo temblar la habitación. Esquivó el puñetazo que buscaba su rostro y sostuvo con fuerza el brazo del oponente, congelándolo casi instantáneamente. Aprovechó la oportunidad para cercenarle la extremidad. Daba igual la capacidad regenerativa del soldado, no podría volver a unir su brazo congelado. Eso había pensado, pero el hielo comenzó a ser resquebrajado y segundos después el guardián de piedra recuperó su extremidad, preparándose para el ataque.

Chasqueó la lengua, molesta. Tenía la suficiente fuerza para destrozar la capa de hielo, y esta tampoco mermaría sus fuerzas al tratarse de una criatura técnicamente no viva. Al ver que su aura congelante sería más un problema que una ayuda decidió anularla. Y antes de que el soldado de roca hiciera movimiento alguno, Katharina canalizó energía mágica para generar ocho grandes pilares que sostuvieron el techo. Así contarían con unos minutos extras antes de que este cayera sobre ellos. Había una cuestión curiosa, y es que a pesar de que su enemigo estuviese compuesto por roca no podía manipularlo. Era como si fuese invulnerable a su magia. Joder, las cosas se complicaban más y más. Tampoco podía hacer movimientos demasiado bruscos, considerando que había sufrido graves heridas en la espalda y no quería que las suturas se rompieran. Se echó hacia abajo para esquivar la lanza que pasó a escasos centímetros de su cabeza y un pilar de roca salió disparado hacia su oponente, empujándole y haciéndole caer. Si no hubiera sido por la esfera lumínica que revoloteaba en torno a la bruja jamás habría visto esa extraña pieza metálica en la planta de su pie. Antes de que el guardián pudiera recomponerse lanzó una pequeña onda cortante hacia esta, más por curiosidad que por otra cosa. Escuchó un pitido muy agudo y se colocó en posición de defensa, esperando el movimiento de su oponente. Sin embargo, luego de que cortase esa placa de metal el soldado no volvió a levantarse. Y tras descubrir la debilidad de este, se lo comunicó a su compañero a través del vínculo telepático.
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Mensaje por AEG93 el Lun 3 Feb 2020 - 10:54

Thawne intentaba sin éxito encontrar la manera de derrotar al guardián pétreo, que cada vez que era destruido volvía a regenerarse. Y para colmo daba la sensación de que iba aprendiendo, pues en cada ocasión reaccionaba antes a los movimientos del calvo, como si tuviese memoria y fuese integrando el estilo de combate de su oponente progresivamente. De este modo poco a poco resultaba más difícil no ser alcanzado por él, y en una de sus acometidas el antiguo agente se vio forzado a detener el ataque y girar sobre sí mismo hacia su derecha lo más rápido que pudo. Aún así no pudo evitar que la punta de la lanza rozase su costado, abriendo una pequeña herida en su piel. Era muy superficial, pero lo que preocupaba a Thawne no era la herida en sí, sino el hecho de que a cada segundo que pasaba el soldado de piedra combatía mejor. Si no encontraba la forma de vencerle más pronto que tarde llegaría un momento en el que pudiese anticipar cada uno de sus movimientos. Contra aquel ser inanimado ni su mantra ni su veneno servían, por lo que tan solo contaba con sus capacidades físicas para pelear.

El antiguo agente dejó que su cuerpo comenzase a mutar, adoptando su forma de Rákshasa en un intento de avasallar al guardián con sus capacidades, ahora mejoradas. Katharina, que también estaba experimentando serias dificultades, había intentado ganar algo de tiempo para ambos creando ocho columnas de roca que detuviesen el avance del techo, pero apenas unos segundos después la fuerza de este hizo que, con un sonoro estruendo, los pilares se derrumbasen.

Parecía claro que, o conseguían salir de allí en los dos minutos siguientes, o podían darse por muertos. El felino redobló sus esfuerzos, desplazándose a enorme velocidad en torno a su oponente y lanzando poderosos puñetazos, patadas, zarpazos y toda clase de golpes imbuidos en Haki que, aunque en muchos casos conseguían destrozar al soldado pétreo, no impedían su regeneración.

De repente unas palabras de Katharina resonaron en su mente. Al parecer había encontrado la debilidad de los soldados. Una extraña placa metálica en la planta del pie izquierdo. ¿Se trataría de alguna clase de tecnología tremendamente avanzada? Resultaba extraño que hubiera tal cosa en una isla perdida, pero claro, si allí se encontraba un Poneglyph era probable que quien quisiera mantenerlo escondido no escatimase en medidas.

Sabiendo dónde tenía que apuntar el tigre demoníaco se enfrentó nuevamente a su adversario, lanzando un croché con su puño derecho para forzar al soldado a esquivar hacia atrás. Así lo hizo, quedando con el pie izquierdo como parte más adelantada de su cuerpo. Y Thawne, esperando un movimiento como aquel, nada más finalizar su anterior movimiento se había lanzado hacia abajo con el dedo índice  de su mano izquierda extendido y brillando con el poder de la negra armadura del Haki. Su brazo superó la barrera del sonido, generando una pequeña onda que acompañó el Shigan. Su dedo atravesó el pie de la estatua, que súbitamente dejó de moverse.

Sin embargo, apenas tuvo un momento de calma el antiguo agente se dio cuenta de un pequeño detalle. Ni la puerta se había abierto ni el techo se había detenido.

- Parece que al no haber resuelto el acertijo a tiempo no tenemos permitido avanzar. Pero no tenemos mucho tiempo antes de que el techo nos aplaste, tenemos que encontrar la forma. - Comunicó a su compañera.

Miró a su alrededor, escudriñando cada rincón de la sala en busca de algún detalle que pudiera ayudarles a salir de allí, pero por más que lo intentó no vio nada. Parecía que solo quedaba una opción: debían romper la puerta.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Mar 4 Feb 2020 - 5:36

A pesar de haber levantado varios pilares de roca para sostener el techo, la fuerza de este los terminó por romper y continuó descendiendo al ritmo de siempre. En pocos minutos morirían aplastados. Incluso cuando su compañero derrotó al guardián restante la trampa no detuvo su avance. Tenía mucha razón al mencionar que la única manera de avanzar era entregando la respuesta correcta, pero en esas circunstancias ya daba igual. Acercó la esfera lumínica a la puerta de piedra que tenía en frente e intentó moverla haciendo uso de su magia. Nada, esta simplemente no respondía. Metiéndose en temas técnicos, parecía que su frecuencia era muy diferente a la que estaba acostumbrada y le resultaba imposible sintonizarse a ella. Se acercó a la puerta y la estudió con la mirada, intentando encontrar alguna manera de atravesarla. Posó sus manos sobre esta, tocando allá y acá; nada.

—Si seguimos aquí moriremos aplastados y regresar por donde vinimos tampoco parece ser una opción —le comentó a su compañero tras ver que la compuerta por donde habían entrado se encontraba cerrada—. La única opción que nos queda es usar la fuerza bruta y abrirnos paso, aunque llamaremos muchísimo la atención, si es que ya no lo hicimos…

Esta vez dejaría la democracia a un lado y simplemente actuaría puesto que no había tiempo que perder en discusiones. El techo se les acercaba a cada segundo y si los pilares de roca no pudieron sostenerlo, de ninguna manera ellos podrían. Conocía hechizos con un poder destructivo impresionante, pudiendo convocar tornados de fuego e incluso lanzar formidables disparos de llamas y electricidad. Sin embargo, lo último que quería era morir aplastada y que esa cueva fuese su tumba. Así que se apresuró en reunir la energía mágica suficiente para conectarse con la tierra bajo sus pies y alzar un verdadero puño pétreo. Como si este fuera un auténtico ariete lo estrelló contra la puerta, pero solo fue este el que se destrozó. Lo intentó una vez más, cubriendo el puño en haki e incrementando la magia puesta en él para así aumentar su fuerza. Un estruendoso golpe recorrió la habitación y el falso ariete se redujo a nada más que escombros, pero había una buena noticia: la puerta estaba agrietada.
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Mensaje por AEG93 el Mar 4 Feb 2020 - 20:40

Katharina llegó a la misma conclusión que él, y creando un gran puño de roca golpeó la puerta. No tuvo éxito, siendo el puño reducido a gravilla, pero no cejó en su empeño. Lo intentó de nuevo, esta vez imbuyéndolo en Haki, aunque con un resultado no muy diferente. Salvo por un pequeño detalle, una minúscula grieta en la fría puerta de piedra. No era gran cosa, apenas una muesca, pero había conseguido debilitarla mínimamente.

La parte mala era que se estaban quedando sin tiempo. El techo estaba situado ya apenas a quince centímetros de su cabeza, y continuaba descendiendo. La sensación empezaba a ser claustrofóbica, y el riesgo de un desenlace fatal era inminente. No podían demorarse más. Si una pequeñísima grieta era todo lo que habían conseguido, con ello tendrían que trabajar.

Cubriendo sus puños en Haki, utilizando toda la fuerza de su voluntad, Thawne descargó una auténtica andanada de golpes sobre la puerta, tratando de golpear lo más cerca posible de la grieta. Sin embargo sus ataques fueron igual de inútiles que el primer puño de roca de la bruja. No quedaba otra opción, debía poner toda la carne en el asador.

Tras utilizar el Soru para alejarse de la puerta cubrió ambos brazos de Haki hasta los codos, y echando ambos brazos hacia atrás se lanzó contra la puerta a tanta velocidad como fue capaz. Al llegar a ella llevó ambos puños hacia delante, estirando ambos brazos mientras gritaba el nombre de su técnica más poderosa:

- ¡Hasshoken Ougi: Ryu No Ikari!

Una poderosísima onda de choque se sumó a su ataque, y el calvo notó cómo la puerta se fragmentaba poco a poco hasta finalmente estallar en mil pedazos. El impulso le llevó a la sala contigua, aterrizando sobre ambos pies tras realizar una voltereta.

Mirando a su alrededor pudo ver que el suelo estaba formado por varias baldosas, que se disponían como un cuadrado de cinco por cinco. Algunas tenían una X grabada, otras un círculo, un cuadrado o un triángulo, y otras eran totalmente lisas. Al final, un altar de piedra en el que se descansaba un libro considerablente grueso y con aspecto de ser ya bastante antiguo, abierto más o menos por la mitad. Al lado de la puerta, una inscripción: "Tan solo el camino singular lleva al destino, hay un momento para cada símbolo".

¿Qué significaría aquello? El tamaño de las baldosas parecía hacer ver que desde cada una tan solo se podía avanzar a la inmediatamente siguiente o a las adyacentes a esta.

Baldosas:
Kath y Thawne (pueden empezar desde la baldosa que deseen).

Cuadrado-Equis-Círculo-Nada-Triángulo.
Triángulo-Equis-Círculo-Cuadrado-Nada.
Círculo-Nada-Triángulo-Equis-Cuadrado.
Cuadrado-Círculo-Nada-Triángulo-Equis.
Triángulo-Equis-Nada-Círculo-Cuadrado.


Solo Equis parece lo suficientemente cerca del altar como para llegar hasta él.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Mar 4 Feb 2020 - 23:45

Los esfuerzos de su compañero lograron destrozar la puerta de roca e inmediatamente después corrió hacia la habitación que le seguía, encontrándose en una extraña sala cuyo piso estaba compuesto por diferentes baldosas con una simbología minimalista. Equis, círculos, triángulos y cuadrados, ni más ni menos. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que estaba frente a una especie de puzle y, al otro extremo de la habitación, se hallaba un libro de proporciones escandalosas sobre un altar de piedra. Este carecía de detalles ni suponía ser demasiado ostentoso, sino más bien todo lo contrario: bastante sencillo. Luego de reparar en lo que, de primeras impresiones, era lo más interesante se fijó en la inscripción que yacía al lado de la entrada: «Tan solo el camino singular lleva al destino, hay un momento para cada símbolo». La bruja soltó un suspiro. Era la segunda vez que debía resolver algo así en un lapso medianamente corto, y algo le decía que más pruebas intelectuales le esperaban en el camino. Podría resolverlas todas y cada una de ellas siempre y cuando no hubiera trampas.

Analizó con detención la principal pista que tenía, dividiendo la frase en dos partes para contextualizarla y obtener un resultado de esta. La primera estrofa indicaba que había solo una ruta correcta, así que supuso que, de fallar, algo tan malo como que el techo comenzase a caerse pasaría. Por otra parte, la segunda estrofa hacía referencia a que se debía pasar solo una vez por cada baldosa, es decir, no podía pisar dos de estas que contuvieran un círculo, por ejemplo. De momento las reglas eran fáciles de entender, pero el verdadero desafío se encontraba en el puzle que estaba frente a sus ojos. En un espacio compuesto por veinticinco celdas había muchas posibilidades, aunque la inscripción reducía algunas de estas considerablemente. Antes de avanzar y hacer cualquier cosa estudió con atención la prueba intelectual. Afortunadamente, era muy buena resolviendo toda clase de puzle y encontrando patrones en cualquier cosa.

—Usaré esta ruta —le dijo a su compañero, estando muy segura de su decisión.

Dio un paso hacia la baldosa que contenía un cuadrado, la primera del extremo inferior izquierdo, y luego avanzo hacia la que tenía el triángulo. Avanzó de manera diagonal hacia la celda que no contenía ninguna figura y luego hacia la del círculo. Nada extraño había sucedido, por lo que supuso que había elegido el camino correcto. Finalmente, dio un paso hacia en frente y el libro quedó al alcance de su mano. Este tenía las hojas tan arrugadas que debía moverlas con sumo cuidado para no estropearlas, pero tenía experiencia trabajando con textos antiquísimos en peor estado que ese. No se sorprendió al ver que la escritura pertenecía a una lengua olvidada por la historia, aunque tampoco era tan extraña como la de los Poneglyph. De todas maneras, un lector lo suficientemente inteligente y observador podría darse cuenta de que las ilustraciones eran una especie de mapa, pero la bruja estudió las palabras para obtener una ruta precisa hacia la piedra que buscaba el señor Álvaro.

—Los primeros párrafos hablan sobre los orígenes del cosmos, el cual fue producto de una colisión de dimensiones incomprensibles para la mente humana —comenzó a contar la bruja al mismo tiempo que descifraba la escritura que tenía en sus manos—. Antes de que el universo fuera como es hoy en día este era gobernado por algo llamado… Dioses Primigenios, criaturas divinas que controlaban cada aspecto de un todo. Hubo un momento en el que una de estas poderosas entidades fue corrompida por sus deseos de superioridad, rebelándose contra los demás y dando origen al Caos. —Katharina pasó suavemente de página—. La guerra duró cien eones y terminó con la aparente destrucción de los Dioses Primigenios, aunque, según dice aquí, sus hijos aún caminan entre… nosotros.

Siguió investigando el libro hasta llegar a la parte que les interesaba a los criminales: la ubicación del Poneglyph.

—Los hijos de los Dioses Primigenios ocultaron la «verdad de todas las cosas» en grandes piedras indestructibles, y una de ellas se encuentra en Arbhen. —Comenzaba a notar la emoción en su pecho y poco a poco traducía con más precisión y velocidad—. Entre bosques y piedras se halla la verdad de Ampillú solo donde la luz de la luna alcanza. Aquí se habla sobre un templo ubicado en el centro de la isla. ¡Y estamos muy cerca!

Dejaría que su compañero —si estaba cerca de ella— le echase un vistazo al libro y luego lo tomaría meramente por curiosidad. Lo tomaría prestado indefinidamente, algo así. Lo último que le importaba era afectar negativamente a un culto religioso.
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Mensaje por AEG93 el Miér 5 Feb 2020 - 18:13

Sabía a lo que se exponía utilizando su técnica más poderosa para derribar la puerta. Iba a pasar un tiempo sin tener acceso al Rokushiki ni sus técnicas derivadas, pues el "Ryu No Ikari" consumía muchísima energía. Esto suponía un importante riesgo en caso de cruzarse con algún enemigo, pero no le había quedado más remedio. De no haber recurrido a ello habrían muerto, por lo que había sido la decisión correcta.

El extraño suelo de baldosas era en realidad una especie de puzle. La bruja no tardó en adelantarse y, mientras Thawne aprovechaba para descansar un momento, logró resolverlo. Llegó hasta el libro y comenzó a leerlo, comentando los datos de interés que iba encontrando en voz alta. Aquello de los Dioses Primigenios, una gran guerra y los hijos de aquellas deidades caminando aún hoy día entre la gente de a pie... Sonaba un poco a fantasía, pero quién sabe, tal vez tuviese alguna relación con la verdad de lo ocurrido durante el Siglo Vacío, aquello que el Gobierno Mundial se afanaba con tanto celo en mantener en el olvido. En cuanto a la localización del Poneglyph, según el libro se encontraba en un lugar cercano, en el centro exacto de la isla. Hablaba de un templo y de que solo la luz de la luna llegaba a él. No tenía muy claro qué quería decir eso último, aunque daba la sensación de que la noche sería el momento más apropiado para buscarlo si se hacía caso a aquellas palabras.

El calvo esperó a que la bruja terminase de leer. Para su sorpresa, una vez hubo acabado esta cogió el libro, llevándose en las manos las escrituras sagradas de aquella religión. No podía decir que le pareciese mal, al fin y al cabo las religiones no eran sino formas de tener al pueblo llano domesticado, pero resultaba cuanto menos curioso.

- Vámonos entonces. Cuando antes localicemos el Poneglyph y hagamos la copia mejor. No creo que los aldeanos estén muy contentos con nosotros si se enteran de que hemos robado su Libro Sagrado.

Y diciendo esto caminó hacia la entrada de la cueva junto a Katharina. El techo de la sala anterior había vuelto a su altura original, aunque ahora no había ni puerta ni guardianes de piedra protegiendo el camino. Finalmente salieron a la superficie, donde la luz del sol y el suave sonido de la cascada contribuyeron a que la mente de Thawne se relajase un instante. Sin embargo una voz desconocida, que procedía del otro lado de la cascada, provocó que se sobresaltase ligeramente:

- Al fin habéis salido, pensé que no ibais a conseguirlo.

Casi instintivamente el antiguo agente activó su mantra, justo a tiempo para darse cuenta de que una poderosa onda cortante se dirigía hacia ellos. Se apartó rápidamente con una ágil voltereta y acto seguido dio un puntapié al aire para elevarse. Corriendo por las alturas rodeó la cascada y aterrizó en tierra firme, observando al hombre que les había atacado. Y reconoció su rostro al instante. No porque se hubiera encontrado antes frente a él, sino por su cartel de "Se Busca". Siempre uno de los más nombrados en Ennies Lobby, en el Cuartel General del Cipher Pol. Un pirata solitario de quien se decía que no tenía demasiado que envidiar a un Yonkou en términos de poder. Un hombre conocido por su crueldad y falta absoluta de piedad o remordimientos, y entre los agentes más poderosos del Cipher Pol por buscar con ahínco los Poneglyph y ser capaz de descifrar su significado, aunque este hecho era mantenido en el más riguroso secreto. Alguien lo suficientemente peligroso para el Gobierno Mundial como para tener una recompensa de mil quinientos millones de berries por su cabeza. El infame Darius Welham.

Con el pelo, negro y liso, recogido en una larga coleta, la túnica gris que cubría todo su cuerpo y su rostro enjuto y pálido en el que ya se marcaba más de una arruga, aquel legendario pirata miraba fijamente al calvo katana en mano.

- Este hombre es muy peligroso, Katharina. Es Darius Welham, probablemente uno de los piratas más poderosos del mundo. No le quites los ojos de encima. - Avisó a su compañera mediante su conexión telepática.

En cuanto puso sus ojos sobre la bruja, el veterano corsario abrió los ojos hasta el punto de que estos estuvieron a punto de salirse de sus órbitas. Con la mirada fija en el libro, soltó una estruendosa carcajada y dijo:

- Así que habéis tenido la deferencia de traerme el libro... Esto es aún mejor de lo que imaginaba. Me acabáis de dar tal alegría que estoy considerando mataros de forma rápida e indolora.

Y acto seguido, transformando la mitad inferior de su cuerpo en lo que parecía un denso humo blanquecino, se lanzó a gran velocidad sobre Katharina dispuesto a atacarla con su katana.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Vie 7 Feb 2020 - 9:04

Descontando las pruebas intelectuales, el pedido del señor Álvaro estaba resultando cuanto menos sencillo y, de alguna manera, decepcionante. Salieron de la habitación y la bruja creó otra esfera luminiscente para poder ver dónde pisaba. Todo había vuelto a la normalidad y minutos después se encontraba fuera de la caverna. Iba ensimismada en el libro que llevaba en su mano, preguntándose si los miembros del culto religioso le echarían de menos. Qué pena, ni siquiera le importaba. Atravesó la cascada envuelta en una cúpula de viento para que el agua no le cayese encima y usó el método de las plataformas de hielo para volver a tierra firme. Una voz divertida y varonil le sacó de sus pensamientos, alzó la mirada y vio a un hombre que le resultaba extrañamente familiar. Pelo negro y liso recogido en una coleta, facciones afiladas y escuálidas, y unos ojos rasgados que eran casi tan turbios como esa permanente sonrisa. ¿Por qué tenía la sensación de que había visto a ese hombre en algún lado? Quizás era famoso o algo, quién sabe.

Fue entonces cuando su compañero despejó las dudas de su cabeza. ¿Cómo pudo olvidarlo…? Bueno, había pasado un largo tiempo desde que estuvo en un cuartel de la Marina. En ese entonces ya se hablaba de Darius Welham, aunque como estaba fuera del alcance de la mayoría de los marines de ese cuartel tampoco se le daba demasiado énfasis. No, ese hombre estaba reservado para las grandes élites. ¿Quién iba a pensar que terminaría encontrándose con alguien de ese calibre? Al final sus sospechas resultaron ser ciertas: había un pirata interesado en el Poneglyph de Arbhen. A juzgar por sus palabras, que fueron bien específicas, no tenía intenciones de negociar. Grave error, por muy poderoso que fuese no tenía idea de con quién se estaba metiendo. O quizás sí. Luego de terminar su discurso pobremente preparado se abalanzó hacia la bruja a una velocidad impresionante. Apenas le dio tiempo a desenvainar la espada y defenderse, pero el impacto le hizo retroceder varios metros. Tanto la mano como el brazo le dolían; ese ataque, aparentemente simple, había sido muy poderoso. Ni siquiera necesitaba usar su mantra para darse cuenta de que ese tal Welham estaba a un nivel completamente distinto, y todo indicaba que sería un combate muy difícil. El hombro aún le sangraba y las suturas de la espalda le tiraban dolorosamente.

—El muy hijo de perra viene tras el libro —le dijo a su compañero, resultandos ser una observación bastante obvia pero no por ello menos comentable—. No me gusta la idea, pero debemos combinar nuestras fuerzas para derrotarle. Estoy medio herida y creo que necesitaré algo de ayuda si sigue viniendo por mí.

Sin quitar esa sonrisa burlesca del rostro, el pirata se volvió a abalanzar sobre la bruja deshaciéndose en una nube de ¿humo? Apareció en su espalda y ejecutó un corte diagonal a velocidades altísimas. ¿Cuándo había llegado ahí…? Apenas tuvo tiempo para mover su cuerpo hacia la derecha, esquivando por los pelos el ataque enemigo. Se volteó para enfrentarle y revistió su espada en haki, recreando el mismo movimiento de su oponente. Sin embargo, en el momento de alcanzar su cuerpo este simplemente se desvaneció. Ya no había duda: era un usuario logia. Chasqueó la lengua, preguntándose cómo es que había evitado su ataque. Darius volvió a tomar la ofensiva, lanzando una ráfaga de cortes realmente rápidos. La espadachina pudo reaccionar a cada uno de ellos; apenas necesitaba unos cuantos segundos para acostumbrarse al ritmo del adversario gracias a sus habilidades como duelista y bailarina. Y esa misma ventaja terminó jugándole en contra. Instintivamente asumió que su oponente atacaría usando únicamente la espada, pero tras bloquear el último ataque enseguida recibió un corte en el estómago causado por una daga de humo solidificado. Si no gozara de una agilidad sobrehumana la herida que tenía hubiese sido muchísimo más profunda.
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Mensaje por AEG93 el Vie 7 Feb 2020 - 21:21

La velocidad de Welham era verdaderamente impresionante, hasta el punto de que Thawne no había visto nunca a nadie capaz de competir con él en ese sentido. Y estaba utilizándola para hostigar a Katharina hasta tal punto que la bruja probablemente no fuese a resistir demasiado. Así que el antiguo agente, consciente de que debían colaborar para deshacerse de tan peligroso enemigo, utilizó su Soru para llegar lo más rápido posible al punto donde ambos combatían. Se interpuso entre su compañera y el pirata mientras creaba una barrera de Haki ante sí.

El espadachín golpeó la barrera, que pareció contenerlo durante un instante. No obstante su katana, negra como el azabache, apenas necesitó un segundo para atravesarla. Ese tiempo fue todo el que necesitaron los dos aliados para evitar el golpe, pero dejaba una prueba más del tremendo poder de Welham.

Thawne, decidido a no dejarle tomar la iniciativa, lanzó un potente Rankyaku contra él para, una vez establecida una conexión con su mente, adivinar hacia dónde se iba a mover para esquivarlo. Previendo que el pelinegro se disponía a desplazarse convertido en humo hacia su izquierda para después contraatacar desde el lateral, se anticipó y se lanzó contra él a la velocidad que el Soru le proporcionaba. Con ambas manos imbuidas en su voluntad, manifestada a través de la negra armadura que las cubría, estiró los dedos índice y ejecutó a una velocidad casi imposible de seguir doce Shigan. Convertido en una verdadera ametralladora humana, y esperando pillar por sorpresa a su oponente, no fue capaz de prever lo que ocurrió a continuación.

Haciendo gala de unos reflejos más allá de lo que jamás había visto, Welham fue modificando la forma de su cuerpo, creando agujeros en él apenas una diezmilésima de segundo antes de cada golpe lanzado por Thawne. De este modo ninguno de los Shigan logró alcanzarle, y no solo eso, sino que moviéndose con una rapidez endiablada se situó tras Thawne y descargó su katana sobre él.

Un ligero cambio postural, que fue todo lo que tuvo tiempo de ejecutar, unido al uso defensivo del Haki en su espalda, salvó al calvo de perder la vida al instante, quedando no obstante tendido en el suelo boca abajo. Abundante sangre manaba de la herida recién abierta, que iba desde el hombro derecho hasta la espina iliaca izquierda. El dolor era tal que le costaba incluso respirar.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Dom 9 Feb 2020 - 5:34

La barrera de su compañero frenó el poderoso ataque del pirata, permitiendo que la bruja retrocediera y pudiera analizar rápidamente a su oponente. Según había visto, era un espadachín formidable como ningún otro y era poseedor de una habilidad muy complicada. Incluso teniendo haki los usuarios logia siempre daban problemas, sobre todo los que eran tan hábiles como Darius Welham. En un instante, su compañero previó de alguna manera los movimientos del espadachín y pareció convertirse en una auténtica ametralladora humana, pero el pirata les demostró estar en un nivel completamente distinto al separar con suma precisión cada parte de su cuerpo antes de ser golpeada por las balas del antiguo agente. Sin apenas inmutarse, el enemigo se posición tras Thawne y ejecutó un corte limpio y veloz que le rajó la espalda sin que la bruja pudiera hacer nada para evitarlo. Chasqueó la lengua y frunció el ceño. Si no supiera que su compañero poseía habilidades regenerativas impresionantes se habría preocupado, pero en cualquier momento la herida cerraría. O eso quería creer.

El hombre se preparaba para alzar una vez más su arma y quitarle la vida al señor del crimen cuando la bruja se abalanzó sobre él, intentando tomarle desprevenido. Trazó un movimiento circular con su espada, aprovechando el rango que le daba esta. El espadachín respondió con una sonrisa e interpuso el acero de su hoja, bloqueando con una facilidad increíble el veloz ataque de la pirata. Le resultaba humillante la sencillez con la que estaba llevando el combate contra dos criminales extremadamente peligrosos. Incluso teniendo la ventaja numérica no habían sido capaz de hacerle un solo rasguño. Si su compañero no estuviera cerca podría usar libremente sus habilidades más poderosas, pero de nada servía considerar tal posibilidad.

Con el fin de demostrarle que era mejor espadachina que el pirata decidió usar la Cuarta Danza, adoptando una postura más o menos extravagante para un duelo. Flexionó ligeramente la pierna izquierda mientras la derecha pasaba completamente extendida por detrás de esta, permitiéndole la posibilidad de realizar giros fluidos y veloces. Sostenía a Fushigiri en su mano derecha en una posición elevada por sobre de su cabeza. Welham le miró intrigado, como si estuviera intentando entender las intenciones de la muchacha que tenía en frente, y entonces atacó. Transformó la mitad inferior de su cuerpo en humo y se impulsó hacia Katharina. La espadachina reaccionó rápidamente, moviendo su pierna derecha hacia el lado para dibujar una circunferencia y girar ágilmente, esquivando la embestida de su oponente. En cuestión de un instante, se volteó y ejecutó un rápido corte vertical prediciendo el movimiento de su enemigo. Cuando el hombre se volvió humo, dejando que la espada simplemente se deslizase sin cortar ninguna cosa, del suelo surgieron numerosas estacas ennegrecidas. Si bien pudo desmaterializar algunas partes de su cuerpo antes de que estas le alcanzaran, una de ellas le atravesó el antebrazo izquierdo y la sangre comenzó a escurrir.

—Ha pasado un buen tiempo desde la última vez que vi mi propia sangre —comentó completamente serio, borrando esa sonrisa burlesca que tenía grabada permanentemente en el rostro. Y, sin pronunciar una sola palabra más, transformó la tierra circundante en humo, formando así una serie de lanzas que comenzaron a girar vertiginosamente como si fueran verdaderos taladros. El espadachín se volvió a abalanzar sobre la bruja, esta vez trazando un corte ascendente y realmente poderoso que la chica apenas pudo sostener.

Obligó a Katharina a retroceder para esquivar la lanza de casi cinco metros que buscaba su flanco derecho. ¿Cuánto había perfeccionado su habilidad para manipular mentalmente esas armas de humo solidificado? Blandió su espada para bloquear otra de estas que venía por el frente, sintiendo un agudo dolor que recorrió sus brazos. Un presagio llegó a su cabeza y dio un salto hacia la derecha. Pero Welham había previsto los movimientos de la bruja y se anticipó a esta, lanzando una estocada que atravesó su estómago.
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Mensaje por AEG93 el Dom 9 Feb 2020 - 14:10

El dolor era atroz, tanto que cada movimiento le costaba lo indecible. Por suerte, dado que no parecía tener ningún déficit neurológico, había logrado evitar que su médula espinal fuese dañada por el brutal ataque. No obstante seguía estando gravemente herido. Mientras se ponía en pie con enormes dificultades pudo observar cómo Katharina se veía en muchísimos apuros para seguir el ritmo de aquel hombre hasta que, finalmente, la katana de Welham penetró en su estómago.

Thawne, reuniendo toda la fuerza que fue capaz de encontrar, dejó que su cuerpo comenzase a cambiar en un último intento por salir con vida de aquella isla. Poco a poco fue creciendo hasta alcanzar los ocho metros de estatura al tiempo que múltiples brazos brotaban de su torso y su cabeza se dividía una y otra vez. Sintió cómo su herida comenzaba a sanar, disminuyendo notablemente el dolor y permitiéndole pelear de nuevo.

Se abalanzó sobre el espadachín, acudiendo en ayuda de su compañera, y trató de alcanzarle con un poderoso puñetazo. Sin embargo este, veloz hasta el punto de que incluso al calvo le costaba seguir sus movimientos, se movió lo justo para esquivarlo y descargó un espadazo que segó el miembro con pasmosa facilidad. Al momento este comenzó a regenerarse, creciendo milímetro a milímetro mientras la batalla proseguía.

La sobrehumana rapidez de movimientos de Welham resultaba verdaderamente difícil de combatir, y estaba suponiendo un auténtico reto para Thawne. Pese a su gran habilidad a la hora de predecir los movimientos de sus oponentes el pirata era tan veloz que casi no tenía tiempo de reaccionar. Una y otra vez estuvo a punto de alcanzarle, e incluso en varias ocasiones logró herirle. Por suerte la capacidad regenerativa de aquella forma estaba fuera de lo común, de lo contrario probablemente a esas alturas tanto él como Katharina estarían muertos.

Cuando el pirata acometió nuevamente contra él supo que iba a tratar de segar dos de sus cabezas, las dos situadas más a la izquierda. Y decidió que lo mejor era no tratar de evitarlo. De ese modo cuando el frío acero cortó el cuello a la primera de las dos Thawne lanzó sus brazos imbuidos en Haki hacia delante, tratando de agarrar y atrapar a Welham. Uno de ellos se asió a su tobillo derecho, mientras que otros dos aprisionaron su tronco. Reuniendo toda su fuerza el antiguo agente movió sus brazos hacia abajo, golpeando duramente el cuerpo de su oponente contra el suelo. Acto seguido lanzó dos Shigan, poniendo en ellos todo su poder, dirigidos hacia el pecho y la cintura del corsario con dos de los brazos que aún le quedaban libres. Sin embargo el espadachín logró finalmente deshacerse de su presa y escapar, aunque no completamente a tiempo. Los ataques de Thawne, pese a no alcanzar la zona de su cuerpo a la que iban dirigidos, sí consiguieron dañarle.

Uno de los Shigan atravesó su muslo izquierdo, dejando oír un chasquido que hablaba a las claras de que su fémur se había fracturado. El otro tan solo logró acertar ligeramente en su costado izquierdo, rompiendo algunas costillas pero sin causar daños realmente graves. Cojeando de forma ostensible, el pirata miró a Thawne con odio y rabia. No obstante, su expresión y su actitud dejaban claro que el combate no estaba ni mucho menos acabado.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Dom 9 Feb 2020 - 19:41

Fue una decisión inteligente guardarse los hechizos de sanación que conocía para un momento como ese. La intervención de su compañero, transformado en una gigantesca bestia de múltiples cabezas y brazos, le dio la oportunidad para canalizar magia y envolverse en un velo dorado que alivió el dolor, sanando cada herida que tenía sin siquiera dejar una cicatriz. Por otra parte, empezaba a acostumbrarse a la velocidad de su oponente y, si bien era incapaz de igualarla, sus ojos conseguían seguir sus movimientos. Thawne tuvo que sacrificar dos de sus cabezas para tenderle una trampa al espadachín, atrapándolo con sus poderosas manos y luego azotarlo brutalmente contra el suelo. Tras recibir un duro castigo por parte del antiguo agente, el pirata consiguió levantarse con un dejo de dolor en el rostro. Y cuando este estaba en proceso de incorporarse, la bruja ya corría en su dirección para finiquitar el combate.

Movió justo a tiempo la cabeza hacia atrás para evitar que la espada se la cercenase, aunque le fue imposible adelantarse al siguiente movimiento. Por obra de magia, una katana de hielo mal formada pero increíblemente filosa e imbuida en haki apareció en la mano izquierda de Katharina. La hoja se deslizó finamente por el pecho de su oponente, cortándole y congelando inmediatamente la herida que le causó. El espadachín ignoró el dolor y contraatacó. Si no hubiera alcanzado repetidamente a la bruja, esta habría pensado que se trataba de un acto desesperado, un intento de terminar el duelo de manera precipitada. Katharina se defendió usando la espada de hielo, pero la fuerza de su enemigo la destrozó y la punta de su arma rasgó superficialmente su pecho. Tomó la oportunidad y la bruja ejecutó un tajo circular en busca del dorso de su oponente, pero este desmaterializó su cuerpo antes de ser alcanzado. Y, al mismo tiempo que volvía a su forma original, las lanzas de humo creadas anteriormente surcaron el cielo para ir tras los criminales. Cuatro de ellas se dirigieron hacia la enorme bestia de múltiples cabezas; el resto, hacia Katharina.

El primer proyectil golpeó con tal fuerza que rompió la defensa de la bruja tras desviarlo. Rápidamente formó un grueso muro de hielo en frente suyo, deteniendo el avance de la lanza giratoria. Sin embargo, a pesar de que el espadachín enemigo cojeaba molestosamente, su velocidad no se había visto demasiado afectada. Y, mientras aún luchaba contra la lanza de humo, este se posicionó detrás de Katharina y ejecutó un rápido corte en forma de equis para luego ir tras su cabeza. Fue en ese momento que desplegó su devastadora voluntad, haciendo retroceder al enemigo. Su cuerpo desprendía un manto de sombras que parecían auténticas llamas vivas, danzando al son de la batalla.

—¿Haoshoku…? Impresionante —comentó el espadachín con el sudor corriéndole por la sien—. Si me entregas el libro permitiré que tú y tu amigo salgan vivos de Arbhen. Ambos son fuertes, he de admitir, pero aún no pertenecen a las ligas mayores.

—Solo lo dices porque estás acorralado —respondió la bruja con el ceño fruncido, dedicándole una mirada salvaje, asesina—. Puedes ser rápido, pero no te basta para controlar el combate como lo hacemos nosotros. Caerás más pronto que tarde, eso seguro.

—La juventud suele hacer oídos sordos a los consejos de los mayores, pero está bien. Les demostraré la diferencia que existe entre nosotros.

Una figura de humo comenzó a formarse poco a poco hasta adoptar los rasgos del espadachín, habiendo creado un clon completamente igual. Entonces, el cuerpo de quien debía ser el original empezó a desprender una ingente cantidad de humo hasta generar una gigantesca cúpula en donde no se podía ver más allá de un metro. Como consecuencia, el aire se había vuelto increíblemente pesado y una tarea básica como el respirar se había vuelto un trabajo agotador.
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