Una calurosa bienvenida [Encargo mítico] [Lance - Ivan]

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Mensaje por Ivan Markov el Lun 20 Ene 2020 - 23:29

Conseguir dinero y aliados era uno de los requisitos para que sus planes saliesen a flote. Una vez tomase el control de Dark Dome necesitaría dinero para asegurar su control sobre la isla, y tras eso suficiente gente como para poder enfrentarse a Émile. A decir verdad, si la primera tarea ya sería una empresa desafiante, la segunda parecía un suicidio en toda regla. Pero Ivan no era la clase de persona que iba a echarse atrás una vez había tomado una resolución, así que había tirado de contactos en el Bajo Mundo y logrado recibir un encargo de un oficial de la Revolución, Giorgio di Pesto, famoso por su receta familiar de salsa. La misión lo llevaría a Greenpeak, una isla en el West Blue. Gracias a su submarino, veloz y capaz de cruzar el Calm Belt sin alertar a los Reyes Marinos, salir de la Red Line y plantarse allí no le llevó más que unos días.

Por lo que sabía tendría un compañero en aquella tarea. Se había ocupado de fijar un punto de encuentro en la isla, una ensenada en la cara este que había localizado en uno de los pocos mapas más o menos completos que había podido adquirir de la zona. Greenpeak era una isla alejada y salvaje, poblada por una tribu local y bestias peligrosas. No estaba afiliada al Gobierno, motivo por el que la Revolución había tomado interés en ella como posible base. La tribu sin embargo era el problema que tenían que solucionar, por las buenas o por las malas, aunque su contacto había dicho que el oficial solicitaba que tratasen de lograr que la tribu se uniese por las buenas a la Revolución.

- Michael, asciende a la superficie. Espera a que haya salido y cerrado la escotilla, y tras eso desciende al fondo. Usa las precauciones habituales: apaga motores y luces, y hasta que contacto contigo mantente a la espera.

El silencioso ghoul se llevó la mano a la frente y se acercó a los controles. Ivan salió del centro de control y subió por la escalerilla. Esperó a escuchar el ruido del submarino rompiendo la tensión superficial del océano antes de desbloquear la escotilla y salir al exterior. Entendió al momento el nombre de la isla: una única montaña de roca verde coronaba su centro. A unos cincuenta metros podía ver la entrada de la ensenada. Curiosamente las paredes de los acantilados que la rodeaban no eran verdes. Cerró la escotilla y alzó el vuelo hacia la playa, mientras tras él, el Leviatán volvía a hundirse bajo las olas. Cruzó la distancia que le separaba de tierra en cuestión de segundos, para empezar frenar en los últimos metros y posarse suavemente en la arena.
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Mensaje por Lance Kashan el Mar 21 Ene 2020 - 21:53

— Traaaaa… — El barco se paró de golpe. — baaaaa… — Y, tal y como se había quedado quieto, volvió a avanzar. — jooooo…

Estaba allí tumbado bocabajo, en mi propia habitación, esperando que aquel encargado de todo avistase la isla a la que esperábamos llegar pronto y nos pudiésemos bajar de una vez. Las razones eran básicamente dos, pero lo suficientemente importantes como para que contasen como veinte: llevábamos demasiado tiempo allí montados y el motor o, mejor dicho, motores, comenzaban a fallar repentinamente. Todo debido a aquella maravillosa idea de tomar un encargo de parte de un contacto que, estando nosotros en el Paraíso, nos ofrecía trabajar en el mismísimo West Blue. Los días pasaban bastante lentos y, cuando uno es incapaz de mirar más allá de una docena de nubes, se alargan aún más. Y lo mismo le ocurría a la maquinaria del barco. Yo me podía ocupar a la perfección de la electrónica, como era Freya o los bots que llevaban a cabo muchas de las tareas, además de la reparación del barco, pero había algunos fallos que ni ellos podían solucionar sin atracar la embarcación. Tampoco parecía la idea más sensata meter las manos en las turbinas, la verdad. Así que el tiempo apremiaba porque, cuando el Ragnarok paraba en seco, mis tripulantes sufrían. Al fin y al cabo, que un barco volador frenase en mitad del aire y amenazase con empezar a caer no era la mejor sensación con la que irse a la cama. Podíamos estar a más de dos kilómetros de altura y comenzar a caer significaría morir irremediablemente, al menos para ellos.

Por eso, cuando el sistema de megafonía se encendió por primera vez en horas, emitiendo aquella estática en el primer momento, me alegré como cualquiera de ellos.

— ¡Gente! — Su tono, rebosante de felicidad, te hacía esbozar una sonrisa aunque uno no estuviese de humor. — ¡Tenemos la isla, coño! — Quizás la última palabra sobraba, pero joder, era razonable que se le resbalase la lengua después de que nuestro barco hubiera atentado contra su vida tantas veces en tan poco tiempo. — ¡Comenzaremos en breves con las preparaciones! — Mientras decía esta frase ya me había vestido como Kirin y estaba corriendo hacia la proa, esperando encontrar aquella maravillosa vista que me acababan de prometer.

Y, en efecto, una isla para nada despreciable se alzaba delante de mí, muy bajo mis pies. A pesar de la altura a la que volábamos se podía distinguir un poco la orografía de la zona, y aquello ya era decir. ‘’Greenpeak, aquí vamos’’ resonó en mi cabeza, mientras miraba hacia la cabina central y sonreía tras la máscara. Haciendo gestos mientras dejaba claras las instrucciones de rigor, comenzamos a preparar el desembarco sobre la isla, con todas las ganas de tocar tierra firme por fin, y de perder aquel terror constante a estrellarnos contra el mar. Solamente cruzábamos los dedos porque aquel gigante no se parase en el peor momento.

Una vez logré que todo estuviese claro y que cada uno supiese su rol, dejando encargados a unos pocos de estar atentos a la próxima reparación del barco, me acerqué nuevamente a proa y miré hacia abajo. Se iba aproximando nuestro destino, y yo ya no hacía falta alguna encima de las tablas del lugar, todo estaba dicho. De una forma bastante más dramática de lo que tenía pensado, salté del barco mientras me despedía de mis subordinados, comenzando con una caída que iba redirigiendo con mi forma etérea. Además, también aprovechaba esto mismo para no sentir el dolor de la presión del aire sobre mi cuerpo. Así, descendí hasta un punto en el cual simplemente me dejé caer, aterrizando como un gato, ágil y sobre los pies, en un punto decentemente llano del lugar.

Aprovechando esto último pude saber con facilidad donde estaba la ensenada, aquel sitio que había elegido mi nuevo compañero de trabajo como punto de reunión. No tenía ni idea de cómo sería pero, si seguía el ritmo de los últimos, no cabía duda de que sería un inútil, un inadaptado o un rarito. Pero era lo que tocaba y quién sabe si en un futuro echaba de menos esa misma ayuda que ofrecía. Me encaminé hacia allí y, si encontraba a alguien en aquel punto, lo saludaría con el brazo bien en alto mientras me aproximaba, dispuesto a que se presentase. Además, diría simplemente mi nombre de Yggdrasil, Sif, y le comentaría que venía a por el encargo, pidiendo algo de información para aclararme un poco más sobre todo aquello.


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Mensaje por Ivan Markov el Miér 22 Ene 2020 - 23:47

La llegada de su compañero vino precedida por un JODIDO BARCO VOLADOR. A pesar de la altura, el lejano sonido alertó al vampiro, que alzó la vista para encontrarse a aquella figura surcando los cielos. Desde allá abajo era tan pequeño que parecía apenas una mota, y de hecho la luz del sol interfería con su vista potenciada a pesar de que la Sortija Lunar le protegía. Para lograr reconocerlo por lo que era tuvo que hacer sombra con la mano y usar la cabeza antes de deducir qué diablos era esa cosa. Finalmente ató cabos una vez recordó el Ragnarok, el barco de Yuu Z. Blade, uno de los aliados de Syxel en Gray Rock. ¿Sería el mismo navío? Por otro lado... ¿cuántos barcos voladores habría en el mundo? Probablemente no llegaran ni a la docena, e incluso fueran bastante menos. Observó el navío todo lo que el molesto astro rey le permitió, esperando que en algún momento descendiera, o bajase... un bote volador o algo así. En su lugar, al cabo de un rato vio algo descendiendo hacia su posición. Cuando lo percibió estaría a unos doscientos metros del suelo, pero lo lógico era pensar que venía del barco. ¿Una persona?

- ¿Caída libre desde las nubes? Suena a planazo - sonrió para sí mismo, con una suave risa.

Creyó captar unos destellos provenientes del extraño cuando este se posó en el suelo, aunque bien podía haber sido un efecto de la luz. Cuando se acercó, saludándole con la mano, pudo comprobar que se trataba de un hombre enmascarado, bastante bajito. Su voz le decía que no debía ser demasiado mayor, más bien joven, de hecho. Se presentó como Sif de Yggdrasil, y le pidió que le pusiera al corriente de los pormenores del encargo. Ivan se levantó de la roca en la que se había sentado y le tendió la mano - Ivan Markov, subcapitán de The Sinners - sonrió amistosamente - oye, ¿no será por casualidad ese barco volador el Ragnarok? ¿Qué tal le va a Yuu? Llevo dos años sin saber nada de él. La verdad no había llegado a tener demasiada relación con él, pero siempre era agradable saber de viejos compañeros. Además, tras la desaparición de Syxel estaba especialmente interesado en retomar contacto con sus viejos aliados. Sobre todo con las tareas que le esperaban.

- Sobre esta tarea, tenemos que asegurar una base para la Revolución en la isla. El principal obstáculo es una tribu local que se opone a cualquier intento. Sería preferible para nuestros contratantes que no fuese por la fuerza, prefieren que logremos convencerlos de que se alíen con la Revolución - se pasó la mano por el mentón y notó algo de pelo en las raíces que le rascó las yemas. En algún momento libre debería pegarse un repaso con la navaja de afeitar. Antes de empezar a hablar se concentró y rastreó la zona cercana en busca de presencias con su haki. A pesar de no notar nada, se volvió hacia la espesura y olfateó en busca de olores humanos antes de darse por satisfecho. Aún así bajó un poco el tono de voz - Por mi parte se me ocurren dos ideas: podemos hacerles pasar por la farsa de que la Marina quiere reclamar la isla para el Gobierno. Uno de los dos haría el papel de oficial marine y el otro de miembro de la Revolución que viene a prestar su ayuda desinteresada a la tribu. La otra sería algo más convencional y menos basada en las triquiñuelas: ofrecerles solucionar algún problema de su tribu a cambio de que permitan que la Revolución se instale y les ayuden con provisiones.
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Mensaje por Lance Kashan el Jue 23 Ene 2020 - 17:07

Mientras más me acercaba al sujeto que parecía ser quien me acompañaría en el encargo que me había sido encomendado, más me asaltaba la duda de si realmente éramos de la misma raza. Es decir, primero estaba yo, con mi estatura bajita y pelo negro, mientras que luego podías fijarte en él y ver todo lo contrario: albino y altísimo. Pero aun así compartíamos las afiladas facciones y, por su cuerpo, podía casi asegurar de que se trataba de un humano como era yo o cualquiera de mi banda. Entonces, una vez me hube acercado lo suficiente, me tendió la mano para presentarse de una forma cordial que, curiosamente, conjugaba a la perfección con la sensación de elegancia y educación que desprendía a simple vista. Se llamó a sí mismo Ivan Markov, subcapitán de ‘’The Sinners’’. ¿Una banda criminal? ¿Una de piratas? ¿Revolucionario…? Bueno, si no conocía dicho nombre solo podía significar que aquella agrupación no me había estorbado en ningún momento pasado, y eso eran buenas noticias. No existían remordimientos.

Tras eso, señaló el barco que, a nuestro lado, trataba de aterrizar sin mi comando, llamándolo por su nombre al instante. ¿Cómo demonios conocía el barco pero yo no sabía de él? Tampoco tardé mucho en descubrir la razón, ya que un nombre que me dejaba un hueco en el estómago surgió de su boca poco después. Yuu. No estaba traumatizado con su pérdida hasta el punto de no poder aceptar la realidad, ni tampoco me encontraba en una espiral de depresión, pero sí tenía que aceptar que su pérdida no me había dejado indiferente. Al fin y al cabo, había sido mi mentor y compañero durante un muy corto periodo de tiempo, pero había sido el primero que había tenido a aquel nivel. Nunca trataba de convivir con gente más de unos días, pero pasar semanas en el barco de otra persona y dar vueltas mientras nos contábamos unos a otros las cosas y, para qué mentir, peleábamos, había sido algo realmente reconfortante.

Luego de aquello, antes de darme la posibilidad de hablar, continuó hablando. Algo lógico por otro lado, porque aun teniendo yo ganas de participar, no desaparecía el hecho de que yo mismo le había hecho una pregunta nada más presentarme. Por una parte me comentó lo que ya sabía, es decir, que tendríamos que ayudar a liberar aquella isla de la agresividad de la tribu que la tenía conquistada, pero ahora se le sumaba el nimio detalle de que cualquier tipo de fuerza hacia ellos estaba desaconsejada. Es decir, querían que hiciésemos de este trabajo un encargo de labia y convencimiento y, sinceramente, yo no era especialmente conocido por mi oratoria. Tras esas palabras comenzó a mover la nariz y a arrugarla, mirando hacia detrás y volviendo al punto inicial, sin dar ningún tipo de explicación. Quizás cuando aceptaba el hecho de que todos mis compañeros solían ser raritos no me equivocaba demasiado, la verdad. Luego, siguió hablando para ofrecer dos ideas: o jugábamos a poli bueno poli malo y les mentíamos a todos, incluyendo a la revolución, o hacíamos una labor bastante parecida a la de un misionero en tierras pobres. Y tenía clara nuestra elección.

Suspirando y acariciando mi nuca para tratar de calmarme antes de hablar sobre el tema que me llevaba molestando un rato, Yuu, traté de contarle acerca de su paradero:

— Supongo que no es fácil decírselo a alguien, y menos cuando lo conocías, pero… — Agaché la cabeza por reflejo. — Yuu ya no está entre nosotros. Falleció. — Levanté la cabeza, tratando de buscar la reacción que esperaba, una tan apenada como la de cualquiera de la tripulación. Y, aunque sus gestos no eran los más fáciles de leer, parecía que pasaba lo que había esperado: estaba algo disgustado con la noticia. — Ahora yo porto su legado. Si tienes cualquier trato o negocio con Yuu, supongo que ahora me encargaré yo de ellos. — Me atreví a decir esto porque no parecía tener una mala relación con él y no la tomaría conmigo por ello. — Por el otro lado, sobre el trabajo… No se me da bien convencer a nadie por las buenas, pero tampoco pienso hacerles daño haciendo teatro. Si la Revolución lo quiere de forma pacífica, así lo haré, porque no tengo ganas de que una organización de esas dimensiones tenga razones para enfadarse conmigo. — No gesticulaba demasiado, sino que estaba más bien inmóvil. — Me parece mejor ayudarles como podamos, al menos como primer recurso. Cuando nos aseguremos de que no podemos, sí veo viable la otra forma.

Creía haber dejado mi opinión lo suficientemente clara, así que ahora tocaba, si él me acompañaba, buscar la ciudad, o mejor dicho, villa, que nos tocaba poner del lado de los revolucionarios.


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Mensaje por Ivan Markov el Dom 26 Ene 2020 - 21:28

La noticia le cayó encima como una losa. ¿Muerto? ¿Qué había pasado en aquellos últimos dos años? Syxel, Zero, Yumiko, Aki, Kodama y ahora, ¿Yuu? Se estaba quedando sin conocidos a un ritmo alarmante. Contuvo un suspiro y dijo apesadumbrado - Lamento oír eso - no se sintió con ganas, fuerzas o motivos para añadir nada más. Por ahora se limitó a escuchar sus palabras. No estaba a favor de la posibilidad de orquestar un engaño, sino que prefería intentarlo a la antigua y ofrecer su ayuda a la tribu. Bueno... podían intentarlo. De hecho, si lograban reunirse con el líder de la tribu podía intentar usar su hipnosis para convencerlo de que les hiciera caso. Su mesmerismo por sí solo no era suficiente para manipular los actos de una persona, pero si sumaba a ellos que se ganasen la buena disposición de aquella gente librándoles de algún problema, podría convencerle de que lo mejor sería firmar una alianza con la Revolución.

- En ese caso, vamos allá. No tengo claro dónde está su tribu, pero creo que podré intentar rastrearles.

Se acercó al bosque y se adentró en este, mientras sus ojos se volvían dorados y su piel palidecía. Al momento el sol, pese a la protección de la Sortija, se volvió insoportablemente brillante. Tocó el interior de su chaqueta y el cuello de esta se convirtió en una capucha que procedió a ponerse para intentar cubrirse un poco de la luz. No tenía muy claro dónde empezar, pero si lograba encontrar el olor de algún humano, podría seguir su rastro. Comenzó a olfatear mientras avanzaba de un pino a otro, tratando de encontrar el aroma a humano. Con sus sentidos mejorados, y tratándose de encontrar a gente, no dudaba en que sería capaz de hacerlo en no mucho tiempo. En su forma completa, como cazador de vidas, localizar sangre humana era tan natural como respirar para un ser vivo.

- Creo que tengo un rastro - dijo al cabo de un momento - Sígueme.

Avanzó a paso rápido. La concentración de olores era fuerte, así que o había gente o era un lugar donde solían pasar personas con asiduidad. Y efectivamente, llegaron a un sendero en el bosque de dónde había captado el rastro. Miró en ambas direcciones del camino olfateando, hasta localizar el camino correcto - A la derecha. - El camino desde ahí fue corto. Algo menos de un cuarto de hora caminando. Antes de ver la aldea pudo captar el ruido lejano de gente, y mucho antes el inconfundible aroma de la concentración humana. Una empalizada bloqueaba su paso, y aunque aún no tenían la puerta a la vista, podía escuchar a los guardias conversando entre sí.

- Hay dos personas guardando la puertas - le informó, antes de que quedasen a la vista. En cuanto los guardias les vieron prepararon sus lanzas, en tensión. Ivan se limitó a quedarse quieto y alzar sus manos, sin decir nada. Dejaría que Sif interactúase, a ver qué tal se desenvolvía. Por el momento ya había trabajado bastante.
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Mensaje por Lance Kashan el Mar 28 Ene 2020 - 22:35

Pareció ser que mis palabras sirvieron para convencerle y hacerle compartir mi opinión acerca de lo que debíamos hacer en la misión si no queríamos acabar con nuestra cabeza en una pica. Dicho esto, se limitó a decir que, aunque desconocía la posición exacta de la villa que debíamos buscar, su capacidad de rastrear sería capaz de suplir la falta de información. ¿Tenía entrenamiento como cazador, alguna fruta que le permitiese oler mejor o…? Bueno, cada uno tenía sus secretos y decidía como guardarlos, siendo yo el primero de todos. Nadie quería jugar mostrando sus cartas al resto de jugadores, y yo no iba a ser menos, por lo que evitaba el uso de mis poderes en cualquier caso que no fuera de extrema necesidad.  Así, como si fuera él solo a la aventura, comenzó a adentrarse en el bosque que conformaba la isla que, aunque no demasiado denso ni profundo, sí que era lo suficientemente poblado como para no dejar caminar con libertad. Yo me limité a mirar su espalda mientras seguía sus pasos, sin dudar demasiado de que podría cumplir con su palabra, ni cuestionarme sus capacidades. No daba la sensación de ser un Don Nadie como para pensar en que fuera débil o incapaz.

Pasados unos segundos, y con el sol en la nuca, tocó su ropa y, al momento, una capucha surgió, que le dejó resguardarse de la intensa luz.  Siguió andando como si nada, para que, en unos instantes, volviese a hablar, siendo mensajero de buenas noticias. Parecía haber encontrado un rastro de aquello que se había convertido en nuestro objetivo y, decidido, comenzó a buscarlo con pasos veloces hasta alcanzar un pequeño sendero que parecía hacer las veces de carretera muy rudimentaria. Bueno, al fin y al cabo, no era llamada tribu por nada. Lo extraño hubiera sido ver algo pavimentado, aceras, losas o señales de tráfico, supongo. Giró la cabeza para decidir si recorrer el camino en un sentido o en otro, decidiéndose por su derecha. Su tono no dejaba rastro de un ápice de duda, sino que hablaba con la seguridad de aquel que sabe a ciencia cierta lo que está diciendo. Ante aquella demostración, no podía pensar en que estuviera mintiendo, así que tocaba nuevamente ir detrás de él.

Pudieron perfectamente pasar veinte minutos, quizás algo más o menos, hasta que aquella persona que tenía por compañero, Ivan, nuevamente decidió que se acababa nuestro camino. Esta vez avisaba que había dos guardianes y, por el tono y el contexto, supuse que iban a ser el primer obstáculo serían ellos dos. Levantó las manos mientras nos acercábamos a su rango de visión para mostrarse indefenso y que ellos no atacaran por miedo y ahí se quedó, como dejando pasar el tiempo. Yo, obviamente, hice lo mismo, aunque por mi tamaño seguramente fuera bastante menos intimidante que el alto albino. Viendo que Ivan no se movía, quizás era su forma de decirme que ahí ya terminaba su parte y comenzaba la mía. Hablé lo suficientemente bajo como para que los guardias no se enterasen, pero sin preocuparme de que se me viera mover la boca debido a la máscara que llevaba:

— ¿Estás seguro de dejarme a mí el tema socializar? —Me reí por lo bajito. — Digamos que una persona enmascarada no suele ser lo que más inspira confianza, pero bueno. — Di un par de pasos hacia delante, lentos, como si les dejara claro lo que iba a hacer en todo momento para que no se sintiesen atacados. Luego di otro par, quedando a una distancia bastante por delante de Ivan, pero sin llegar a atravesar su ‘’esfera’’ de seguridad. —¡Hola! ¡Soy Sif, vengo a hablar con vosotro--! — Un sonido grave me hizo parar de hablar. Una lanza había caído justo a mi lado y, para cuando me pude dar cuenta, otra había hecho lo mismo pero al otro lado. Forzando mi valentía y autoestima, seguí con las manos en alto mientras volvía a mi discurso. — ¡Querríamos ayudaros con vuestros problemas! — En la pausa entre esta frase y la siguiente, di un salto hacia el lado para esquivar una tercera amenaza contra mi vida. — ¡No traemos ningún problema, lo juro! ¡Somos enviados! — Al menos, las armas pararon de caer a mi alrededor, y parecieron atender un poco más. — ¡Nos han mandado a ayudaros, así que por favor, dejadnos hacerlo! — Parecieron mirarse entre ellos mientras soltaban aquello que empuñaban y con lo que querían atentar contra mi seguridad. Entonces, se asomaron al interior de su tribu y volvieron a salir, mirándonos fijamente. Entonces, la puerta de entrada pareció crujir y yo, pensando que estaba en proceso de abrirse, eché la mirada hacia atrás para asentirle a Ivan, con algo de orgullo por haber logrado algo tan inesperado. — Ale, creo que han aceptado.


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Mensaje por Ivan Markov el Sáb 1 Feb 2020 - 2:00

Tal vez no de la manera más eficaz o... menos potencialmente letal, Sif logró que les prestasen atención y abrieran la puerta. No es como si a él le preocupasen unas pocas lanzas tiradas por unos salvajes con habilidad mediocre, pero por un momento le carcomió que hubiese sido mala idea dejarle la diplomacia. Principalmente porque por mucho que pudiese esquivar esas lanzas o regenerar las heridas si le daban, su objetivo allí era lograr dialogar con aquellos salvajes pacíficamente. Sin embargo, aunque con recelos por parte de los lugareños, al final un grupo de ellos armados con escudos de lo que parecían escamas de reptil y lanzas salieron a escoltarles al interior - Bueno, creo que a partir de ahora me ocupo yo de la diplomacia. Buen trabajo, de todos modos - dijo, encogiéndose de hombros. Sus "amistosos" acompañantes les apremiaron para que entrasen en la aldea, colocándose en torno a ellos y echando a caminar al momento. Ivan entornó los ojos y decidió seguirle el juego a aquella gente.

El interior era en buena medida lo que podía esperarse. Tal vez algo más civilizado de lo que otros hubieran esperado, pero para él seguían siendo una tribu perdida más que probablemente apenas estaría descubriendo la escritura. Si es que habían llegado a tanto. Casas de reducido tamaño con muros de adobe y techos de madera con una capa de paja por encima, un pozo en el centro de la aldea y un edificio algo más grande en la zona central. Previsiblemente la vivienda del jefe, chamán, druida o lo que diablos tuvieran. Cerca de la plaza del poco había una pieza de piedra, una suerte de columna o tótem con grabados coloreados con tonos ocres y rojizos. Eso llamó la atención de Ivan. Si el Gobierno o alguien con dinero e interés recibía mención de que había materiales para hacer pigmentos rojos en aquella isla, en seguida habría una expedición comercial acompañada por la compañía de mercenarios de rigor. Aquella isla era un polvorín, y que la Revolución les protegiera era lo mejor que podía pasarles.

Finalmente entraron en el edificio del líder, donde además de los seis escoltas que les seguían, había otros seis guerreros y un hombre más alto que el resto con una imponente hacha de hierro. Tosca, pero grande y pesada. Este estaba situado a la derecha de lo que parecía un cojín de hojas, sobre el que reposaba un anciano delgado y carcomido. Tenía los ojos blancos por cataratas, y unos tatuajes geométricos azules que recorrían su frente de sien a sien. Mientras que el resto iban vestidos con escasa ropa o prendas de cuero, el anciano llevaba una primitiva túnica de algún material menos basto, de color grisáceo y con motivos y símbolos de color rojo que Ivan no supo identificar. Recordando las clases de diplomática que había recibido en Hallstat, aguardó unos segundos prudenciales para ver si el líder hablaba primero, tras lo que se adelantó un único paso e hizo una reverencia.

- Hemos venido a ver al líder de los Axotes. Mi nombre es Ivan Markov, y yo y mi compañero Sif somos representantes de la Armada Revolucionaria. Presentamos nuestros respetos.

Durante un momento el hombre no reaccionó, haciendo dudar a Ivan sobre si no estaría sordo además de ciego. Finalmente comenzó a hablar, con una voz que a pesar de denotar los estragos de la edad, cargaba con una gran autoridad y severidad - Dejamos claro a la Revolución que no les queríamos en nuestra isla. Los extranjeros no traéis más que problemas. Destruis nuestros bosques, escarbáis en los suelos y hacéis que suelos fértiles mueran. Ese grupo al que representáis, por mucho que se acerque con promesas de ayuda y de respetar nuestros suelos ancestrales, viene con la promesa de guerra en sus palabras. No queremos entrar en vuestros conflictos, extranjeros - aunque la respuesta fue desalentadora en inicio, Ivan recordó de sus lecciones un punto fundamental: le había dado una negativa que sonaba a categórica, pero sin embargo no los había echado. No estaba negándose en absoluto a escuchar sus palabras: aún podían negociar. Podía ver además que las promesas vacías no iban a servir con ese hombre. Iban a tener que darle algo más que palabras.

- Hay verdad en vuestras palabras, pero vos mismo decís que os han visitado en el pasado. Venían a robar las riquezas de esta isla, ¿me equivoco? - observó con seriedad al anciano, cruzándose de hombros. Maldijo en su fuero interno que fuese ciego; así no iba a poder hipnotizarlo - Habéis expulsado al invasor antes, pero porque hasta ahora eran simplemente hombres avaros con pocos recursos. El problema vendrá cuando gente avara y con muchos hombres a su servicio se interesen en vuestra isla. No dudo de la bravía de vuestros soldados, pero una aldea con apenas un centenar de defensores no serán rival para la Marina cuando llegue a vuestras puertas.

- He oído hablar antes de esa Marina, en boca de los guerreros de vuestro grupo que capturamos. ¿Por qué iban a interesarse en nosotros?

Ivan vio su oportunidad. Era el momento de ir un paso más allá - Las noticias corren rápido fuera de esta isla. La Marina es el ejército de algo mucho más grande: el Gobierno Mundial. Es el enemigo contra el que el mundo libre lucha. Una unión de centenares de islas bajo hombres que sólo buscan aumentar su fortuna personal y su poder a costa de otros. Esta isla posee riquezas: metales, minerales y... pigmentos. Parecerá estúpido, pero por la capacidad de obtener pigmentos de colores raros para decorar ropajes se han armado auténticas guerras.

- Suena estúpido - sentenció el líder de la tribu - Pero puedo ver en ti una cierta honradez. De acuerdo, os pondré una prueba. Ayudad a mi tribu, demostrad que queréis nuestra amistad, y entonces podremos hablar de verdad.

Ivan se arrodilló, haciendo un gesto discreto a Sif para que le imitara - Estamos aquí para demostrar que somos amigos. Ayudaremos a los Axotes en lo que podamos - como respuesta el líder de la tribu simplemente cabeceó y comenzó a decir - El dios de la montaña está inquieto. Hace días que tiembla y ruge, y tememos que pronto pueda descargar su ira sobre nosotros. Lograd evitar la debacle que se aproxima a mi tierra, y los Axotes serán vuestros amigos.

Se limitó a asentir y levantarse. Sabía que no podía ver su gesto, pero también intuía que presentiría su aceptación. Por sus palabras y su pose comenzaba a entender cosas. Estaba muy seguro de que aquel viejo era un avezado practicante del haki de visión. Se giró hacia Sif - Tenemos ya una tarea pues. En esto no hay guía que pueda dar. ¿Qué tal si nos acercas en tu nave a la montaña?
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Mensaje por Lance Kashan el Sáb 1 Feb 2020 - 22:42

Tal y como ellos salieron de su fortaleza, dándonos una clara invitación de entrar junto a ellos, Ivan emprendió el camino hacia la puerta, no sin antes apreciar mi gran trabajo. Dejó claro que él se iba a encargar de hablar con los lugareños a partir de ese punto, así que tampoco tenía tan claro si había aprobado mi forma de atajar el problema y comunicarme, pero lo prefería así. Me era más cómodo mirar y asentir, y dejar aquellas tareas que no se me daban para nada bien a gente que, al menos, parecía hacerlo mejor que yo. Difícil no era, desde luego.

Dentro, la aldea parecía una aldea. Era la definición más fidedigna, ya que el lugar parecía sacado casi del estereotipo de una tribu. Es decir, casas de materiales bastante poco fiables, pero que a ellos parecían serle útiles y cómodas, y una disposición de las zonas comunes bastante caótica. Bueno, si a ese despropósito se le podía llamar zona común. Eran un conjunto de construcciones propias de una pequeña villa, pero sin ser llevadas a cabo correctamente. Aun así, mi trabajo no era aconsejarles como decorador de interiores, exteriores, descampados, o lo que fuera aquello, sino apoyar a la Revolución, así que más me valía dejar de prestar atención a las nimiedades y centrarme en la tarea.

Nos guiaron hasta la casa más alta y ancha del poblado, que era obviamente del líder o monarca del lugar y, una vez allí, pude ver que media docena de hombres nos estaban esperando junto a un anciano y su guardaespaldas. ¿Por qué sabía que era su guardaespaldas? Bueno, lo primero era que estuviera allí presente, en tal casa, pero también me daba la razón la presencia que él imponía. El tatuaje, la ropa distintiva, la forma de estar, aquella ceguera… Era parte de un todo, que conformaba a un anciano que, aunque bajito y delgado, lograba generar un aura más que respetable. Entonces, Ivan dio un paso adelante e hizo una reverencia, de la cual yo hice eco. No era tonto y sabía que los modales eran importantes en las reuniones de aquel tipo, sobre todo con gente que podía ser susceptible, aunque tampoco sabía si él la podía ver realmente. Tras eso, el albino pronunció el nombre de la tribu, los Axotes, y nos presentó como representantes de la Armada Revolucionaria. Me gustaba cómo sonaba. La respuesta del señor no se hizo de rogar, dejando lo suficientemente claro que estaba en desacuerdo con todo tipo de intenciones que llevasen los extranjeros, pero Ivan trató de arremeter nuevamente, convirtiendo el diálogo en una especie de tira y afloja. Finalmente, y a base de usar el miedo en contra del jefe, este último pareció entrar en razón y aceptar nuestra ayuda a cambio de que nos ganásemos su amistad. Cuando mi compañero hizo ademán de arrodillarse yo lo seguí aun sin necesidad de una indicación y, tras eso, terminó por lanzarnos la que sería la misión impuesta: callar al ‘’dios de la montaña’’.

Terminada la reunión, pudimos salir del salón y en ese punto me ofreció utilizar mi barco para acercarnos a la montaña y ahorrar tiempo, idea que me pareció bastante útil. Viendo sus capacidades y el aura que desprendía, no dudaba que fuese capaz de subir directamente al barco en mitad del aire. La pregunta era la siguiente: ¿Estaría arreglado el barco a estas alturas, o seguiría en el mismo estado? Porque, si estaba roto, no iba a utilizarlo en ningún caso. Prefería cansarme un poco a poner en peligro mi método de transporte. Así, saqué el DDM de mi chaqueta y comencé a llamar, siendo descolgado al instante:

— Chicos, ¿cómo va el barco? — Mi tono era neutro, ni muy animado ni tenso. Al fin y al cabo, tampoco sabía qué sensación le quería transmitir a Ivan.

— ¡Bastante bien, creemos que ya está arreglado! — Suspiré de alivio, preguntándome qué había sido, pero él no tardó en responder por sí solo. — Parecía que se había atrancado un ave en el propio motor. Estaba todo lleno de plumas, putas plumas. — ‘’Agh, qué asco’’, pensé. Menos mal que no me había tocado arreglar ese desastre. — ¿Supongo que quieres que vayamos a recogerte? — Contesté con un seco ‘’Sí’’. — Vale, dime tu posición y estaremos allí en no más de quince minutos. — Y así hice.


No tardó en, como mi subordinado había desvelado, llegar el barco desde el horizonte. Tal y como se acercaba, miré a Ivan y luego alterné la mirada con la embarcación.  — Bueno, Ivan, tengo fe en que puedes subir desde aquí. — Esperé un rato a que él comenzase a ascender hacia la proa para ir después de él en señal de educación, pero si no lo hacía, simplemente me adelantaría, transformándome en mi forma etérea y apareciendo en escasos segundos en la madera de mi barco. Ya arriba, mi tripulación se asomó a saludar, haciendo yo lo mismo. Entonces, señalaría a aquel que había subido conmigo de una forma educada y clara:

— Bueno, chicos, este es Ivan. Va a ser nuestro acompañante durante nuestra estancia aquí, así que tratadlo bien. — Comencé a andar hacia la borda, apoyándome con mis codos en la madera que separaba la proa del vacío. — Vamos a la montaña, anda, que parece que tenemos trabajo allí. — El barco se movió al instante, hacia el objetivo, que se veía claro aún desde la lejanía.


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Mensaje por Ivan Markov el Lun 3 Feb 2020 - 10:40

Una vez fuera de la aldea, Ivan dejó de fingir seguridad para sumirse en una actitud silenciosa y pensativa. El dios de la montaña... ¿qué diablos se suponía que tenían que hacer? Como lo que estuviera ocurriendo fuese simple y llanamente un desastre natural como un terremoto o, en un caso peor un volcán, no podrían hacer nada. Como mucho ayudar a evacuar y poner a salvo a la tribu hasta que el peligro hubiera pasado. Eso debería ser viable entre Leviatán y Ragnarok... pero cabía la posibilidad, en caso de que el jefe quisiera lavarse las manos, de que por no haber cumplido los términos exactos se negase a cumplir su parte. Frunció el ceño, molesto con la situación, y se limitó a asentir con la cabeza a la pregunta de Sif. "El dios de la montaña..." a lo mejor, si tenían "suerte" estaban lidiando con una de esas criaturas de leyenda que había en algunas islas olvidadas. Su padre había encontrado en Ireos criaturas que otros calificarían como monstruos de leyenda. Tal vez, y sólo tal vez, lo que les esperaba en la montaña era una criatura similar. Pero para estar haciendo temblar la isla probablemente sería la clase de monstruo que haría la tarea aún más letal que una simple evacuación.

En cuanto el barco volador estuvo a la vista, Ivan se volvió a calar la capucha y echó a levitar hacia la cubierta. Mientras se elevaban hacia el sitio pudo apreciar que efectivamente no habían sido imaginaciones suyas: mientras levitaba una chispas destellaban en torno al cuerpo de Sif. Debía ser un usuario de akuma no mi. Se le ocurrían otras cosas que pudieran justificar aquello, pero no parecía estar usando ningún dispositivo que pudiera ver. Y aunque en algunos puntos del mundo se habían inventado tecnologías increíbles, ni siquiera en Dark Dome había visto nada capaz de algo similar. Sin embargo no dedicó demasiado tiempo a maravillarse con las habilidades de su compañero, pues ver Ragnarok de cerca era mucho más impresionante e interesante. Se posó con Sif en la proa, observando maravillado el barco. Nunca lo había podido ver tan de cerca; en Gray Rock les había apoyado desde los aires. Saludó a la tripulación con un gesto casi perezoso, y tras echar una última mirada a los mecanismos del navío, se acercó a Sif.

- En caso de que ese dios no sea más que patrañas y supersticiones, tendremos un buen lío entre manos - le dijo, desvelando sus preocupaciones - Esperemos que haya algo de cierto en las palabras del jefe de la tribu, y haya algo que podamos hacer.

En cuanto estuvieron próximos a la montaña, volvió a asegurarse la capucha para cubrirse bien la vista de los molestos rayos del sol y observó desde lo alto la elevación. No toda la montaña era verde, sino que las piedras que la componían comenzaban a serlo más o menos desde la mitad de esta. En esa zona el terreno parecía más erosionado, formando numerosos picos, oquedades y zonas quebradas. Parecía el lugar ideal para esconder a alguien... o a algo. Se subió a la barandilla, diciendo - Dame un momento. Prepárate para bajar en cuanto te de una señal de luz - y saltó, precipitándose desde las alturas. Mientras descendía, sus brazos se alargaron y una membrana comenzó a brotar de estos, mientras salía pelo por su espalda. En cuestión de segundos se había convertido en un enorme híbrido entre humano y murciélago blanco, que descendiendo en círculos, sobrevoló la montaña. A pesar de que la luz seguía siendo un problema, que no viese bien no le molestaba tanto en esa forma. Se limitó a cerrar los ojos y emitir ultrasonidos, escuchado las ondas que la montaña le devolvía y formándose un mapa mental en base al eco. Tras un par de minutos descartando zonas, se posó frente a una cueva recuperando su forma completa. Había localizado otras en la montaña, pero las había ido descartando al percibir que eran poco profundas, simples abrigos o muy angostas. Sacó entonces su dial de fulgor y lo levantó hacia el cielo, dejando que se cargase de luz solar durante un momento para luego liberarla en un rayo de energía lumínica hacia los aires.
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Mensaje por Lance Kashan el Lun 3 Feb 2020 - 14:25

En la postura que había adoptado, Ivan se me acercó tras saludar a mis subordinados y me sumergió en un mundo de dudas. No me había parado a pensarlo realmente, quizás por falta de práctica en este tipo de encargos tan subjetivos, pero tenía razón. Si el Dios de las Montañas era solamente un cuento que en aquella tribu se había heredado de padres a hijos, tendríamos un problema real. Tanto para nosotros, que seríamos incapaces de arreglar la situación, como para ellos, que perderían su oportunidad para unirse a la Armada y evitar mayores problemas con ninguna otra facción.

Pero, si no era un mito, ¿qué demonios era? Es decir, había comentado el jefe que estaba lleno de rabia últimamente, y que esto desencadenaba una serie de temblores y pequeños terremotos por toda la isla. O, al menos, la parte donde la tribu se asentaba. Y un animal, o ser en general, capaz de mover la tierra con tal fuerza y dureza… No conocía ninguno remotamente cercano, al menos fuera de la isla de Little Garden, donde un dinosaurio sí que podría causar algo parecido. Haciendo matemáticas mentales y estimaciones, basándome en lo que mi estudio sobre la física y la biología me permitía, solo podía estar seguro de que aquello a lo que nos enfrentaríamos debía ser grande. Muy grande. Quizás terroríficamente grande. Como mínimo, superaría el tamaño de un gigante o dos, y ya era decir. Aun así, era una clara mejor opción que acercarnos a la montaña y encontrarla vacía, solo para tener que volver a la villa a decirles que estaban mintiendo o que nuestras capacidades de búsqueda eran insuficientes.

Fui devuelto a la realidad de una bofetada cuando, por el rabillo del ojo, pude ver al albino ajustarse su capucha. ¿Le molestaba el sol…? Entonces comenzó a hablar, avisándome de que sería nuestra avanzadilla, y su señal para que descendiese coincidiría con un haz de luz. Sin dejarme momento para responder, vi cómo, imitando aquello que yo ya había hecho en tantas ocasiones, saltó por la borda. Realmente uno lo pasaba mal viendo a alguien tirarse a aquella distancia del suelo, y ahora me sentía culpable por dejarles ese sabor de boca al resto de tripulantes cada vez que tenía que bajar a hacer algo. Pero bueno, ya se irían acostumbrando, ¿no? Al ritmo que su cuerpo descendía, se hacía más y más grande, desarrollando una especie de alas que parecían ser las de un murciélago, y su figura se fue difuminando más y más, hasta que supuse que había aterrizado en aquella montaña bicolor.

— Chicos, en cuanto vea la señal, descenderé. — Alternaba la mirada entre el suelo y las caras de mis tripulantes, esperando una señal de ambos. Entonces, me acordé del mal rato que acababa de pasar. — Ah, y no os asustéis y eso, que no me mataré. Ustedes, hasta mi señal, no aterricen. No sabemos lo que podemos encontrarnos allí abajo, así que estad a vuestras cosas hasta nuevo avis--- — Vi entonces aquel brillo que, de estar cerca, me hubiera cegado y, al instante, salté por la borda realizando un salto de gato, y encaré el viento de la caída con mi forma etérea.

Con una precisión bastante increíble, que me llegó a sorprender hasta a mí, terminé cayendo a escasos metros de Ivan. Transformé mi cuerpo en mi versión habitual y, poniendo la punta del pie derecho y flexionando la pierna contraria, caí de una forma bastante grácil. Para equilibrar, di un paso con el otro pie, como si no hubiera pasado nada. Miré entonces a lo que tenía alrededor, y no tardé en percatarme de la cueva oscura y de grandes dimensiones que nos estaba invitando a entrar. Antes hubiera decidido evitar todo acercamiento a una zona oscura y cerrada como aquella, pero ahora era capaz de brillar con luz propia, y una cueva iluminada dejaba de infundirme el pavor que solía.

— ¿Toca entonces trabajar de espeleólogos? — Me miré las mangas de la túnica, y la ropa en general. — Diría que no he venido demasiado preparado. — Me reí de forma sincera, pero sin llegar a ser cargante. — Bueno, manos a la obra entonces.

En cuanto él diese la señal, entraría a su lado y, generando una variación de las ondas electromagnéticas a mi alrededor, comenzaría a generar la suficiente luz como para poder ver delante de mí y no caminar a oscuras.


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Mensaje por Ivan Markov el Sáb 8 Feb 2020 - 18:28

Tras dar la señal se guardó el dial y se acercó a una zona a la sombra, entre un saliente y la pared. Evitó la tentación de mirar al cielo en busca de su compañero, limitándose a escuchar su llegada. A pesar de que se suponía que debía percibir el ruido de su cuerpo contra el aire, no fue ese el sonido que le precedió, sino una especie de estática. Cuando giró la cabeza lo vio caer hábilmente a pocos metros de él. Comenzaba a sospechar cuál podía ser la akuma que había comido Sif. No es que fuese muy difícil imaginarse su poder tras todas las pruebas que había visto. Indicándole con un gesto de la cabeza que le siguiera, entró en la cueva sacando una de sus desert eagle y cargándola con una ronda de munición rápida. Aprovechando que ya no tenía la molesta luz solar sobre él se quitó la capucha, aliviado.

- No te preocupes, tengo años de experiencia en hurgar en cuevas, aunque normalmente son más pequeñas - contestó, riéndose de su propio chiste. Sin embargo le interrumpió la repentina luz que surgió del cuerpo de Sif, deslumbrándole por un momento y sorprendiéndole - Eres una caja de sorpresas. Empezaba a pensar que serías el usuario de alguna akuma no mi relacionada con la electricidad, tal vez la logia de rayo. Pero, ¿luz? ¿Eres el usuario de la Pika Pika no mi? - arqueó la cabeza, pensativo. Se encogió de hombros y siguió andando. No había caído en que el enmascarado necesitaría luz para ver en el interior de la cueva. En su caso, sus sentidos eran lo bastante finos como para poder orientarse sin problemas. Mientras avanzaban examinó las paredes, suelo y techo en buscar de pistas de que pudiera haber algo ahí. En un primer momento no notó nada... pero entonces un olor fuerte y acre invadió su nariz. Uno muy, muy intenso para su agudo olfato. Arrugó la nariz y se la tapó, asqueado.

- Hay algo en esta cueva, efectivamente. Y no parece que se haya lavado últimamente, el tío guarro.

Probablemente por el olor debía ser un mamífero. No habría sabido explicar racionalmente los motivos más allá de que era lo que le transmitía su olfato. Es decir, carecía de palabras para traducir todas las sensaciones olfativas; el vocabulario humano estaba creado como es lógico en torno a la realidad humana. Una persona corriente no tenía su capacidad olfativa. Así pues, no había palabras para explicar los más refinados giros de aquel sentido. Pero el caso era que los olores de los mamíferos aunque diferentes entre sí, tenían algo en común que él podía captar. Otro dato que podía extraer es que debía ser algo grande. No sabía hasta qué punto, pero apostaría a que no era más pequeño que él mismo. ¿Un oso? De repente un crujido resonó por la cueva, acompañado de un gruñido bestial. Las paredes temblaron con intensidad y por un momento hubo de quedarse quieto y centrarse en no perder el equilibrio. Cuando al fin se detuvo, Ivan ignoró toda precaución y comenzó a avanzar a paso rápido hacia una abertura en el fondo de la cueva. Estaba seguro de que el gruñido había venido de allí. El agujero se abría a una enorme sima oscura.

- Creo que hemos encontrado el origen de los temblores - una sonrisa se atisbó en sus labios - Será más fácil así.
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Mensaje por Lance Kashan el Sáb 8 Feb 2020 - 22:47

Mientras entraba a la cueva, sin dudarlo demasiado, recargó su pistola y se bajó la capucha, dejando su piel albina al aire libre. Entonces, hizo un comentario que me tranquilizó. ¿Era espeleólogo o algo por el estilo…? Porque yo, a juzgar por mi comportamiento, no estaba demasiado familiarizado con los ambientes oscuros y húmedos como aquel.

La cueva se oscurecía más y más mientras nos adentrábamos, hasta llegar a un punto en el que, al estar yo mismo emitiendo luz, no podía perder tanta visión. No era un faro, ni muchísimo menos, pero sí que me las arreglaba para poder ver por donde paseaba y, en todo caso, evitar pisar donde no debiera. Él comenzó a teorizar acerca de mis poderes, dudando entre si contaba con los poderes de la fruta logia de luz o los de la electricidad, algo que tampoco le dejaría claro con mi comentario. Es decir, no ganaba ni perdía nada diciéndoselo, así que era más un juego que otra cosa:

— Quizás ambos, quién sabe. — Me encogí de hombros, en un gesto algo infantil. Le iba a dejar el trabajo de descubrirlo a través de las demostraciones que haría.

Iba alternando la mirada entre el suelo, lleno de pequeños charcos e insectos que se paseaban de aquí hacia allá, despertando mi curiosidad al verlos por primera vez, y el frente que, aunque permanecía oscuro, podía vislumbrar poco a poco. La cueva era ancha, lo suficiente como para caminar con libertad, tanto para entrar como para salir. Se podía definir hasta como un pasillo grande, por la comodidad que presentaba a la hora de recorrerlo. Sin baches molestos, sin desniveles, poco más que algún resbalón tonto. Avanzábamos y avanzábamos, sin más destino que encontrar una pared al final, una desviación o una división de caminos, hasta que Ivan terminó por dar el aviso: no estábamos solos en aquella cueva, y el olor que desprendía no era demasiado agradable. ¿Un reptil que desprendía hormonas o tenía una saliva demasiado asquerosa…? ¿Un mamífero que se había frotado contra las aguas turbias del suelo? ¿Un ave llena de parásitos…? Cualquier tipo de animal, y hasta otra tipo de ser vivo, entraba dentro de aquella descripción. Era lógico que aquel ser oliese mal: vivía en una cueva y no creo que soliese ducharse muy a menudo.

De esa forma, seguimos caminando hasta que causas de fuerza mayor me obligaron a parar en seco y, por desgracia para mis dedos y su higiene, me apoyé en la pared para no caer. La cueva entera se movía y agitaba, como si fuera el intestino de algo vivo, una parte de un todo, hasta que aquello que lo generaba pareció decidir que ya era suficiente, y lo noté por aquel gruñido que cesaba. Con el susto de perder el equilibrio no le había prestado atención a mi oído, pero estaba seguro de que un animal había gritado al momento de surgir el terremoto, y aquella conexión me gustaba y a la vez no. Por un lado, significaba que aquel objetivo que teníamos estaba allí, y existía, pero no quería enfrentarme a nada que pudiera hacer temblar una red de cuevas con aquella fuerza. Seguramente me pudiera aplastar de un puñetazo. Entonces, cortando mi río de pensamientos, vi como mi compañero comenzó a caminar velozmente hacia el grito, que todavía seguía resonando en forma de eco. Yo traté de seguir su paso, viéndome forzado a correr tras de él, pues la diferencia entre el tamaño de las piernas era destacable e incluso cómico.

Terminamos llegando a una entrada que llevaba a una sima, a la cual me asomé, viendo la maravillosa nada, oculta en la oscuridad. El tamaño de aquel lugar era una locura, capaz de albergar a cualquier tipo de animal. Incluso un árbol gigante, parecía, pero solamente eran aproximaciones en referencia al ruido y a lo poco que podía ver. Chasqueé los dedos, algo que fue seguido de decenas de ecos que parecieron responderme, a la vez que una chispa de luz surgía de la nada, como si se tratase de una pequeña y redonda luciérnaga. La mandé volando en dirección recta, como si de una avanzadilla se tratase, protegiéndome de ataques por sorpresa. No pensaba entrar a un sitio donde podía encontrarme con un enemigo gigante, y menos si no era consiente de dónde estaba. Me giré a mirar a Ivan, mientras la esfera seguía avanzando en línea recta.

— ¿Quién va delante entonces? A mí no se me da para nada bien el ataque direct--- — Paré de golpe, al ver de reojo cómo la luz alcanzaba algo que no era del color grisáceo de la triste y monótona roca. Era un tono marrón, tirando a oscuro, y fragmentado en distintas hebras gruesas. Obviamente no era una piedra. — ¿Qué carajos es eso? — Elevé el brazo por instinto, para hacer a la luciérnaga subir con cierta velocidad que no había demostrado hasta ese momento. El resultado no me dejó indiferente: eran pelos. Un pequeño chillido se me escapó, que ahogué con las manos a la fuerza. Una vez me pude controlar, miré a Ivan y aparté la mano para hablar. — ¿C-Cómo demonios vamos a ir a por… eso? — Por lo poco que podía ver, el animal se comenzó a mover, dando un paso y haciendo temblar la tierra hasta cierto punto, pero con mucha menos intensidad que la vez anterior. El animal, que a juzgar por el tamaño de sus extremidades inferiores podía medir una decena de metros o más, causó que otro pequeño grito se me escapase, esta vez sin poder reaccionar a tiempo para que no se escuchase.



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Mensaje por Ivan Markov el Jue 13 Feb 2020 - 12:48

Ivan sonrió al ver la criatura. Al menos quince metros de puro músculo, cuatro brazos peludos y una mandíbula prominente con unos dientes gruesos. Era de aspecto humanoide, aunque su rostro le recordaba más al de un simio. Sif a su lado al principio contuvo un chillido, pero que al subir su luz se le escapó. "Novatos..." pensó despectivamente el pirata, si bien no podía no admitir que la criatura era impresionante. Mientras el ser bajaba la cabeza hacia ellos, Ivan sacó su enciclopedia electrónica y apuntó al ser, presionando el botón de escanear. Al instante en la pantalla empezaron a aparecer datos y fotos, junto con un título que rezaba: "Troll de las rocas del West Blue." Era una criatura extremadamente rara, capaz de vivir siglos y que se alimentaba de rocas magmáticas. No había mucho tiempo para leer, así que se quedó con los datos fundamentales: su tamaño adulto era de unos siete metros, pero podían seguir creciendo indefinidamente mientras se mantuvieran sanos y bien alimentados. Eso implicaba que tenían a un ejemplar increíblemente viejo. Además de eso, eran principalmente nocturnos a los que les molestaban las luces intensas. Guardó la enciclopedia y se dirigió a su compañero.

- ¡No te me asustes, Sif! Este ser es... - un poderoso rugido le interrumpió, haciendo temblar la cueva - ¡Oh, cállate, gorila con sobrepeso! - una mano de proporciones descomunales se dirigió a él para agarrarle. Si semejante bicho le estrujaba, no dejaría ni los restos. Y una pistola como aquella no iba a servir para nada con él; las balas de ese calibre serían como picaduras de mosquito. Iba a tener que ponerse serio si quería acabar entero tras aquella experiencia. Enfundó la pistola en un rápido movimiento y echó mano al interior de su chaqueta, sacando a Vanator. La espada de su padre era una magnífica mano y media con la hoja de color negro y con un filo regular que se iba volviendo dentado a medida se acercaba a la guarda. Empuñó el arma y con una sonrisa fiera, trazó un corte en dirección a la mano, imbuyendo el ataque con su Armamento a un tercio de su capacidad. Una onda azul en forma de media luz salió de su espada, estrellándose contra la palma de la criatura y provocándole una fea y dolorosa herida de la que manó sangre morada. El ser volvió a rugir, esta vez de rabia y dolor.

- ¡Necesitamos luz! La más intensa que puedas hacer. Eso le cegará. ¡Avísame para cerrar los ojos! - acto seguido saltó hacia la sima y echó a volar, dando vueltas rápidamente en torno al troll, para que mantuviese su atención en él. Esquivó un nuevo ataque de otra de las manos y se situó de tal manera que la vista de la criatura estuviese orientada a la entrada. No era muy optimista con respecto a aquella batalla, estaba visto que aquel ser era increíblemente resistente. Aún empleando su busoushoku, su ataque no le había hecho más que un corte que, con el tamaño que tenía esa cosa, no debía haber sido más que superficial. Iba a tener que sacar el armamento pesado para ganar esa batalla, pero en un lugar como aquel debía tener cuidado para no derrumbar la cueva encima suya. A menos que... se centró en la criatura y apretó los dientes, centrando su Voluntad sobre ella. Si el haki de armadura no servía, lo sometería con el poder del haki del rey.
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Mensaje por Lance Kashan el Jue 13 Feb 2020 - 23:15

Obviamente, reaccionó ante el gripo. O sea, ¿qué tipo de animal sería si no reaccionase ante un ruido agudo, repentino y potente? Ya nos podía haber tocado uno sordo, nos hubiera venido muchísimo mejor. O ciego, yo que sé. Porque, mientras más y más subía, podía ver que el cuerpo se iba estirando como si de goma se tratase, hasta alcanzar una cabeza que hacía justicia a su monstruoso cuerpo. Dos pares de brazos, muy poca grasa, una cabeza preparada para destrozar cualquier cosa que tocase sus fauces… Además de caminar de forma bípeda, que ya demostraba cierto capacidad locomotriz que no solían tener muchos seres simplones. A juzgar por las características fenotípicas, cualquiera diría que no era un carnívoro, pero también demostraba ciertos atributos que se les solía atribuir a los asesinos de la naturaleza. Al fin y al cabo, en esta isla, un animal como aquel no necesitaba medir más de diez metros y tener un aspecto tan imponente y aterrador para que los depredadores no tratasen de cazarlo. Eso, o me estaba perdiendo algún escalón en la naturaleza de aquel lugar. No sé, a lo mejor ahora toda la cueva era el interior de un titán, porque aquel ser no parecía pertenecer a un sitio tan tranquilo.

Aparentemente, sin pararse a pensar, Ivan sacó una especie de máquina de no sé dónde y, apuntando al ser, que ahora amenazaba con atacarnos, comenzó a mirar atentamente la pantalla. ¿Qué demonios hacía en una situación como esta…? Lo ignoré por completo mientras me centraba en mirar al mastodonte, tratando de observar sus movimientos para impedir que destrozara mis huesos de un puñetazo, pero la voz de mi compañero me volvió a desconectar de la batalla. Me pidió que no me asustase, algo bastante ilógico en aquella situación y, antes de que pudiese decirme lo que parecía ser el nombre o la condición de nuestro nuevo rival, este opacó su voz con un monstruoso grito que hizo temblar todo a nuestro alrededor. En cuanto vi que su mano se movía, me transformé en mi forma etérea, alejándome con velocidad del alcance que pudiera tener, mientras veía como Ivan se quedaba allí, desafiándolo física y verbalmente. Mientras trataba de enfocar nuevamente la luz para poder ver algo más que no fueran siluetas, Ivan pareció desenfundar un arma y enfrentó al ser con una onda de choque de un color extraño, causando un lamento bastante sonoro de parte de la víctima. La luciérnaga fue capaz de moverse hasta la herida, de la que pareció caer un líquido oscuro. ¿Tenía cobre en la sangre, y no hierro…?

Sin poder moverme más que para huir, Ivan comenzó a hablar nuevamente, gritando con cierto deje de liderazgo, pero también necesidad. Me pedía que utilizase la luciérnaga para dejar ciego al animal, pero, a juzgar por su hábitat, no creo que le hiciera demasiado. Es decir, vivía bajo tierra, ¿realmente le hacía falta los ojos para algo…? Bueno, a lo mejor sí, simplemente estaba acostumbrado a muy poca luminosidad, y así quedaría ciego. Era probar. Mientras yo me acercaba con cierta lentitud y me preparaba mentalmente, el albino no se amedrentó lo más mínimo y se lanzó a la ofensiva sin demasiada premeditación. Más que a la ofensiva, a llamar su atención y distraerle, pero aquello me era más que suficiente para poder preparar mi granada aturdidora. Traje la luciérnaga nuevamente a mi mano y, rodeándola con mis dos palmas, la imbuí con más energía, hasta formar un buen foco de un tamaño considerable. Entonces, aunque más lenta, se desplazó al centro de la sala, más concretamente a la nuca del enemigo, para pillarlo desprevenido con nuestra táctica improvisada.

— ¡Ivan, detrás de él! ¡O ella! ¡O ello, lo que coño sea! — Esperaría hasta que el hombre lo hiciera darse la vuelta, enzarzado en su pelea, como aquel que trata de matar a un mosquito sin mucho éxito. En cuanto lo hubiera logrado, si el animal no se había percatado demasiado pronto, me encargaría de ser un buen compañero. — ¡Si no quieres quedarte ciego, ya sabes! — Conté dos segundos desde el gripo, por si no fuera de rápidos reflejos y, una vez ahí, aprovechando la lentitud del animal, chasqueé los dedos mientras yo mismo bajaba los párpados. La luciérnaga explotó en una bomba de luz bastante intensa que, de no ser por la preparación, podría habernos incapacitado durante minutos y minutos. — ¿Cuál es tu plan ahora…? — Si el animal había perdido realmente uno de sus sentidos, obviamente contaríamos con una gran ventaja, pero eso seguía sin prometernos la victoria, ni mucho menos.


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Mensaje por Ivan Markov el Vie 14 Feb 2020 - 23:58

En cuanto recibió el aviso de Sif, voló velozmente en un arco en torno al troll, situándose a su espalda. A pesar de todo el resplandor lo cegó momentáneamente, intenso como fue. Pero así como él no salió muy bien parado, el monstruo que había recibido el ataque de lleno y mirando directamente a la luz, aulló de dolor y gimoteó, llevándose dos de sus manos a la cara y lanzando golpes a ciegas con las otras. Las paredes temblaron quejosamente al recibir los desesperados manotazos del animal, y algunas piedras de tamaño considerable se desprendieron y cayeron sima abajo. Dos rebotaron contra el ser, que no pareció notarlo, pero aquello le dio una idea a Ivan. Ya había decidido que no quería matar a aquella criatura, sino someterla.

- ¡Usa tu akuma no mi para entorpecerlo! No sé, quémalo, pégale calambrazos o lo que sea que hagas.

Había oído que los usuarios más poderosos de haki del rey podían someter a las bestias y hacerlas obedecerles. De momento el troll no parecía haber reaccionado a su haoshoku, pero no iba a rendirse. Mantuvo la emanación concentrada en su objetivo, buscando no superar su voluntad y hacerlo caer, sino doblegarlo por pura intimidación. Sin embargo estaba el problema de que, siendo su primer intento, no terminaba de pulir la manera de hacerlo. Además la criatura parecía estarse resistiendo, con los chillidos de furia que pegaba... ¿o era por el dolor de las quemaduras? En todo caso, iba a necesitar mantenerlo controlado si iba a intentar eso. No podía apostar toda su mano a una táctica que nunca había probado ni sabía si funcionaría, así que tenía que desgastar al ser por si tenía que matarlo. Sinceramente, no le apetecía hacerlo. La muerte de un animal tan raro de ver y más aún, un ejemplar tan viejo, sería una gran pérdida para el mundo. Pero el trabajo así era.

- Te gusta comer piedra, ¿no, bicharrón?

Voló hacia un punto alto de la sima, buscando algún trozo de la pared suelto, y por el camino envainó su espada. Aprovechando que estaba liberando su haoshoku, dejó el poder de este libre por un momento en forma de una onda que hizo temblar la montaña, agrietando las paredes. Como esperaba unos cuantos escombros volvieron a caer, con la diferencia de que esta vez cogió uno al vuelo. Era tan grande como él, y pese a su fuerza le costaba sujetarlo por puro volumen. Fue moviéndolo hasta encontrar una postura cómoda para mantenerlo, y volvió a recurrir a su haki de armadura. En esta ocasión, en lugar de recubrir su "arma" con un armamento débil para conservar sus fuerzas, concentró en la piedra su más poderoso endurecimiento mientras se elevaba todo lo que podía. La piedra se volvió de un color negro metálico. Con una sonrisa salvaje, descendió desde lo alto a toda velocidad y le estampó la roca en la cabeza al bicho.

- ¡Zertrümmerer!
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Mensaje por Lance Kashan el Jue 20 Feb 2020 - 20:28

Parecía que mi táctica había funcionado. A pesar de vivir en aquellas condiciones de penumbra, seguía teniendo ojos, esta vez adaptados a la oscuridad y demasiado sensibles a cualquier estímulo lumínico, algo que causó que sufriera el resplandor como nadie. Quedó obviamente ciego, usando dos de sus manos para frotarse los ojos y gimotear quejosamente, mientras que las otras dos se encargaban de hacer temblar la zona donde me encontraba a base de puñetazos y palmadas. De hecho, se estaba derrumbando a cada seísmo, quedando el techo cada vez más alto y, el animal, más rodeado de piedras que caían sobre él y llegaban a partirse en su dura mollera. Mientras aquello sucedía, Ivan pareció no dar tregua al enemigo, ni a mí, volviendo a dar órdenes, esta vez incluso un poco más directas que las anteriores. Suspiré, resignado a que debía de ayudarle:

— Espero que te valga. — Me transformé durante décimas de segundo en electricidad, ganando un claro impulso hacia el frente. Quería alargar un poco más la curiosidad del señor, convirtiendo todo esto en un juego que me estaba llegando a divertir, así que me limitaba a usar técnicas que podían dar lugar a la confusión. Aprovechando la inercia, terminé chocando contra la corva del animal, agarrándome del pelo en el momento de impactar y tratando de amortiguar levemente el golpe. Aquella carne estaba demasiado dura para ser real, como si realmente se hubiera mimetizado con la roca que conformaba su vivienda y dieta. — Te puedo dar un rato, creo… — Mi tono no estaba muy seguro, ya que no sabía el grosor ni la dureza de su piel, ni tampoco si sufriría ante el calor, pero había que probar.

Solté el agarre de la mano derecha, quedando únicamente cogido con la izquierda, sufriendo los vaivenes del animal. No paraba quieto, dando torpes pasos de aquí para allá, y agitándose más de lo normal, algo que me dificultaba el no caerme, pero que me las estaba arreglando para soportar. Apoyé la palma diestra en la carne del animal, atravesando la capa de pelo como pude, mientras comenzaba a redirigir la corriente eléctrica de mi cuerpo hacia esa misma zona. Concentrando todo el flujo en el mismo punto, mi carne en dicho lugar comenzó a alcanzar temperaturas monstruosas para un ser humano que, obviamente, yo no sufría. Si fuera un arma de doble filo nunca me hubiera atrevido, pero estaba seguro de que no sufriría más daños que las agujetas de estar montado en lo que parecía ser un toro mecánico. Poco a poco, empecé a oler a quemado, algo que podía comprobar en el momento que notaba como el pelo se había tornado negro ceniza y la carne comenzaba a hervir rápidamente. La víctima gritó de dolor y, antes de que pudiera realizar cualquier movimiento, descargué toda la energía con velocidad en la corva, causando que un pequeño hueco, en comparación al cuerpo, surgiera en ese mismo sitio. El ser volvió a gruñir de dolor, esta vez con gritos, mientras su rodilla, dolorida por la parte trasera, cedía y comenzaba a caer, alertándome de que debía alejarme de allí lo más rápido posible si no quería terminar aplastado. Volviendo a mi forma etérea me desplacé una decena de metros hacia atrás, tocando el suelo de la sima y observando lo que estaba por suceder.

Pero no lo observaba. Me había dado cuenta de que, tras explotar la bola e iluminar toda la sala, no había generado ninguna otra, quedando virtualmente a oscuras, a pesar de que mis ojos estaban algo acostumbrados a ver con tan poca luz. Sin darme cuenta, mi respiración se aceleró, entrecortadamente, mientras el pulso parecía echar una carrera con el primero, y mi mente se desvanecía un poco por el desajuste. Chasqueé los dedos algo mareado y como pude, generando una bola de luz de un tamaño más que considerable, que abracé mientras temblaba, tratándola como mi salvadora. En cuanto pude pensar en otra cosa, volví a mirar por todos lados, tratando de buscar a Ivan, y encontrando lo que parecía ser él, o al menos obra suya, en el techo. Un pedrusco negro caía a gran velocidad en dirección a la cabeza del pobre animal que, arrodillado y cegado, no tenía más margen de acción que recibirlo y, si era lo que pensaba, seguramente morir. Aquellos segundos pasaron con una velocidad vergonzosa, como si el tiempo se estuviera ralentizando paulatinamente, hasta que pude escuchar un estruendo gigantesco y un par de rocas de menor tamaño cayeron encima de mí, obligándome a taparme con los brazos para no quedarme ciego. Para cuando pude mirar nuevamente para arriba, aquel animal seguía en la misma postura, esta vez soltando un gruñido monstruoso que hizo que la cueva temblase y, por segundos, pensase que quizás las paredes a mi alrededor se fueran a derrumbar y nos dejasen atrapados.

La mueca de terror por el mero pensamiento de morir bajo toneladas de rocas se transformó en una de sorpresa combinada con el sentimiento anterior, viendo como aquel animal volvía a ponerse de pie, pero esta vez sin pelo ninguno, o al menos no era visible. Su piel parecía estar recubierta o convertida en pequeños trozos de roca que, aun manteniendo su naturaleza de piedra, le dejaban tener cierto margen de acción.

— Creo que vamos a necesitar algo más fuerte, y mucho me temo que yo tengo poco que hacer en este caso… — ¿Me daría otra orden de nuevo, o simplemente se limitaría a tratar de resolver la situación por él mismo?


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Mensaje por Ivan Markov el Dom 23 Feb 2020 - 15:38

El golpe con el pedrusco fue tan fuerte que por un momento pensó que se había cargado al troll. Levantó la piedra de nuevo y la echó a un lado, dejándola caer sima abajo. Pero el bicho soltó un sonido gutural que hizo retemblar la caverna y volvió a empezar a levantarse. Sólo que ahora ya no tenía piel, sino que una capa de piedra había recubierto su piel. ¿Un mecanismo de defensa? Iba a tener que ponerse serio. Era evidente que iba a tener que dejarse chorradas y de intentar domar al animal con su haoshoku. Si se descuidaba, con un bicho como aquel podían acabar ambos muertos. Desenvainó a Vanator y comenzó a volar de nuevo en torno al ser, trazando veloces curvas.

- ¿Más fuerza? Marchando cocina - respondió, confiado.

Seguía sin tener muy claro cuál era el poder de Sif, pero descubrirlo no era ahora lo relevante. Parecía que él era el fuerte de los dos (así lo percibía con su kenbunshoku por lo menos), así que debía centrarse en mantener al troll ocupado y lanzar los golpes fuertes. Si su compañero lograba herirlo mientras tanto, mejor que mejor. Comenzó a tantear su pétrea armadura lanzando cortes aquí y allá, tratando de evitar que le agarrara mientras tanto. Sin embargo la roca era muy resistente, y aunque llegaba a cortarla, no atravesaba más que medio metro de capa y rasgaba muy poco su piel en el proceso. Peor aún; las rocas volvían a recomponerse lentamente tras ser cortadas. "No creo que pueda mantener esta defensa eternamente, no es su estado natural. Así que... tenemos o que aguantar o lanzar un golpe capaz de atravesar totalmente su defensa."

Se elevó hasta colocarse a la altura del pecho de la criatura. Había estado midiendo la fuerza que necesitaba aplicar para atravesar sus rocas. En un combate en campo abierto podría haberle derrotado con más facilidad empleando toda su fuerza bruta para derribar a la bestia. Pero allí se arriesgaba a que la montaña se les cayese encima, o a causar un derrumbamiento que matase a alguien y enfadase a los aldeanos. No podía arriesgarse. En su lugar intentaría cortarlo con una única onda de gran potencia. Levantó a Vanator y la colocó tras su espalda, empuñándola con ambas manos como si estuviese a punto de desenvainarla desde detrás. El troll rugió y preparó su puño para aplastarlo como si fuese una mosca, pero Ivan fue más rápido. Su espada ascendió y bajó con un destello metálico, y una enorme onda vertical imbuida en su endurecimiento salió de esta, golpeando en todo el torso y la cara del ser.

- ¡Seelenjäger!

Un montón de sangre morada salió de la herida. El golpe había atravesado profundo y herido bastante al ser, que soltó un chillido agónico. Sin embargo a pesar del impacto su puño no se frenó, pillando a Ivan terminando el golpe - Oh, mierda... - apenas tuvo tiempo a cubrir su cuerpo con su haki de armadura antes de que el puño se estrellase contra él y continuase avanzando, empotrándolo contra la pared y encajándolo varios metros en el interior de esta. Entero sólo gracias a su busoushoku, se cayó dentro del agujero echo por el puño, con todos los huesos destrozados y hecho un trapo.

- Au...
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Mensaje por Lance Kashan el Dom 23 Feb 2020 - 22:59

Ivan pareció tomarse al pie de la letra mis palabras cuando desenvainó nuevamente su espada y comenzó a darle vueltas y vueltas, repitiendo mis peticiones. Los tajos volaban de un lugar al otro, al menos desde mi punto de vista, que tampoco me permitía darme cuenta de demasiados detalles por culpa de la nefasta y carente iluminación. Aquella luciérnaga que había creado no daba más que para distinguir formas y, sumando eso a mi oído y al contexto, podía suponer que las piedras que caían al suelo eran fruto de la batalla que aquellos dos estaban llevando a cabo, ajenos a mi presencia. A pesar de que caían kilos y kilos de roca al suelo, no parecían parar ni el ritmo se atenuaba, así que era fácil deducir que aquel animal tenía la capacidad de regenerar la armadura que él mismo había creado con cierta soltura y velocidad. Entonces, quedaba una conclusión más que evidente, y a la que podía suponer que el albino también había llegado: era un todo o nada. O lo hacíamos morir de un golpe penetrante, o aquel ser nos plantaría cara una y otra vez, ya que en una batalla de desgaste obviamente perderíamos.

En un punto dado de todo el intercambio de golpes, aunque Ivan no estaba recibiendo ninguno y el monstruo todos, uno se paró frente al otro. Como si fuera un duelo de miradas, el tiempo se paró mientras ninguno de los dos se movía, hasta que mi compañero terminó por reaccionar ante la ofensiva del gigante. Él lanzó un puñetazo a lo que podía ser una molesta mosca que revoloteaba a su alrededor, mientras que dicho insecto no tardó en levantar la espada y, bajándola en un instante, una media luna salió disparada hacia el cuerpo del animal, cubriendo tanto su rostro como su torso. Por fin emanaba sangre de él nuevamente, pero parecía ser que toda acción tenía su reacción y, en este caso, no era de una forma muy igualada. Ivan recibió el puñetazo de lleno y comenzó a volar contra la pared, creando un agujero que se perdió en la oscuridad y desapareciendo de mi rango de visión. ¿Me había quedado solo contra el animal…?

Una vez que el ambiente se calmó un mínimo, pude cerciorarme de que realmente le había cortado la piel a través de las gotas que caían e impactaban contra el suelo, manchándolas de un tono violáceo. A la vez, escuché al señor que había sido encajado en la pared quejándose y, a juzgar por el gemido de dolor, me tocaba encargarme del trabajo que él había dejado a la mitad. Al ser contra un ser recubierto de roca, no tenía mucho margen de acción. Al fin y al cabo, la piedra no era el mejor conductor eléctrico que conocía, ni tampoco entraba en los primeros mil mejores materiales. Suspiré, valorando mis posibilidades, y encontré únicamente una oportunidad: aprovechar el trabajo que él ya había empezado. Es decir, aquella herida abierta que, haciendo juicios de valor tempranos, debía de seguir abierta y expuesta a convertirse en una más grande y grave. Suspiré, tratando de calmarme para no cometer ningún fallo.

En cuanto pensé que estaba preparado, fijé mi vista en el enemigo, al menos hasta la parte visible, y traté de chiflar como buenamente pude. No fue el mejor ni más elegante sonido, pero me sirvió para que el animal se diera la vuelta y me mirase fijamente, sin saber muy bien qué hacer conmigo. La luciérnaga se acercó con velocidad al punto donde estaba la herida, causando una reacción en el susodicho, tratando de apartarla a manotazos. Concentrándome en esquivar todos los golpes y seguir iluminado, me aseguré de que aquel punto no estaba cerrando ni ocultándose a mi vista, y di varios pasos hacia atrás, hasta que me encontré con la pared, y ahí me apoyé. Tomé mis dos Elektro Guns del cinto y, silbando nuevamente, desencadené que el monstruo se comenzase a acercar, ciertamente encolerizado por la molesta luz que lo perseguía de un lado a otro. Repartiendo mi atención en el control de mi técnica lumínica, para no quedarme a oscuras, y en apuntar al enemigo con un ojo cerrado, terminé por disparar ambas hacia aquel hueco que tenía como objetivo.

Ambos rayos de electricidad condensada se combinaron en uno solo, convirtiéndose en uno más grande y más potente que acabó por impactar donde debía, causando que un chorro de sangre cayera sobre mí. Generé entonces, con un chasquido, una pared de electricidad encima de mi cabeza para no mojarme y, en cuanto pude volver a mirar, fui capaz de distinguir un gran agujero en el cuerpo de aquel bicho. Un agujero de cerca de treinta centímetros de diámetro, ciertamente regular, quedaba en su pecho, dejándolo completamente hueco y haciendo que cayese al suelo, preocupantemente cerca de mí y haciendo toda la montaña vibrar. Traté de separarme de la roca entonces, notando que uno de mis brazos estaba dislocado y, con ayuda del otro, me lo recoloqué de un tirón, dejando escapar un grito bastante sonoro. Entonces me convertí en electricidad, mi forma etérea, y volé hacia el agujero en el que supuse que estaba Ivan, acercándome a él y tendiéndole una mano de ayuda:

— ¿Estás bien o necesitas que te lleve? — Me miré yo mismo y, aunque mi ropa estaba impoluta, no estaba precisamente bien por dentro: me dolía todo. — Aunque yo tampoco creo que esté como para preguntar. — Me reí sonoramente a través de la máscara, sin apartar la mano.


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Mensaje por Ivan Markov el Mar 25 Feb 2020 - 7:47

Sintió la voz de la bestia apagarse y toda la caverna tembló, con tanta fuerza que por un momento pensó que se les iba a venir encima. Sin embargo tras un momento los temblores acabaron deteniéndose. Aunque eso era desde luego un alivio, el dolor de sentir cómo su cuerpo aplastado volvía a recomponerse y los huesos a soldarse entre sí era tal que casi preferiría que la montaña le hubiera caído encima. Sólo casi. Escucho a Sif dirigirse a él, pero apenas pudo emitir un gemido de dolor. Con un sonido extremadamente desagradable de huesos entrechocando, se levantó penosamente más gracias a su levitación que a otra cosa - Sobreviviré... vámonos - recogió su espada del suelo (no sin cierto esfuerzo) y se dirigió a la salida con él. Le sorprendía que hubiese sido capaz de derrotar al troll, probablemente se había equivocado con él y era bastante más poderoso de lo que había pensado. Eso, o había sabido aprovechar muy bien la herida que le había causado.

Una vez fuera de la caverna y tras haber subido al barco volador, Ivan se desplomó en la cubierta y masculló - Ahora si no te importa, voy a morirme un rato hasta que estemos sobre la aldea - y efectivamente, no hizo nada durante unos minutos. Casi incluso se le podría haber confundido con un muerto, si no fuera por los ocasionales ruidos, quejidos y movimientos mientras sus huesos volvían al sitio. Para cuando el barco estuvo de nuevo en posición ya estaba bastante entero; en realidad el mayor problema había sido regenerar y reconstruir su esqueleto. Una vez hecho eso, los músculos dañados por los huesos rotos y los golpes se curaron con bastante rapidez. Se maravilló del progreso que había hecho en el dominio de su akuma, unos años atrás una herida como esa le habría tenido días inmóvil... o semanas, para cuando era aún un novato. Se levantó con un suspiro y dijo:

- Recuérdame que no vuelva a intentar medirme con un bicho que me saca unas cincuenta toneladas en un duelo de "quién pega el hostión más grande" - movió las articulaciones comprobando que todo estaba en su sitio. Tras eso bajó hacia la aldea, bajando frente a la puerta principal para evitar darle un susto a los aldeanos, posándose suavemente frente a los guardias - Hemos cumplido con la tarea que vuestro líder nos ha dado - declaró. Les volvieron a abrir las puertas y escoltarles hasta la cabaña de la anterior vez, en esta ocasión con bastante menos escolta. Pero en su lugar, en cuanto entraron se vieron rodeados por una muchedumbre de aldeanos que los miraban con ojos asombrados y hablaban entre ellos. Ivan no les prestó mucha atención y se limitó a entrar en el salón del jefe. El anciano ciego les esperaba sentado, con expresión ausente.

- Hemos cumplido con la tarea, jefe. Tu pueblo no tendrá que volver a temer al dios de la montaña nunca más.

Durante un momento, como la primera vez, pareció que el hombre no daba señales de haberle escuchado. Entonces comenzó a hablar, con voz ronca - Hemos escuchado a la tierra gritar asustada ante la ira del dios, y por un momento todos temimos lo peor. Sin embargo escuché la voz del dios apagarse, y no volverá a hablar. Habéis cumplido con vuestra promesa, y el pueblo de los Axotes no olvida. Haciendo honor a mi parte, escucharé vuestras palabras, enviados de la Revolución - Tras eso, Ivan procedió a transmitir las peticiones que les habían dado, negociando una alianza entre la Revolución y la aldea. La Revolución protegería a los Axotes de cualquier injerencia externa y a cambio estos les ayudarían si su base era atacada. A cambio, los revolucionarios debían respetar los lugares sagrados de la tribu y no destruir el bosque en busca de minerales o recursos. Tomarían lo que necesitasen para sobrevivir, pero los Axotes no tolerarían la destrucción de su tierra por avaricia. Una vez acabaron, salieron de la cabaña. Ivan le tendió una mano a Sif.

- Ha sido un placer trabajar contigo. Eres un buen combatiente, y sin tu ayuda probablemente habría salido mucho peor parado hoy. Si alguna vez quieres contar con mi acero, aquí tienes mi número - sacó un papel y anotó el número de su den den mushi, tendiéndoselo. Tras eso le miró arqueando una ceja - ¿Podré saber ahora cuál es tu akuma no mi?

Una vez acabadas las despedidas, salió de la aldea y se dirigió hacia la playa, mandando una orden telepática a Michael para que sacase a la superficie el submarino. Mientras llegaba sacó su den den mushi y llamó a su contacto en la Revolución - Señor Pesto, soy Ivan Markov. La tarea ha sido completada, incluso hemos logrado una alianza con la tribu. Os enviaré los detalles luego, pero... ya que hemos logrado un éxito total, me gustaría hablar de mi honorarios. Quiero contar con la ayuda de la Revolución en un futuro no muy lejano. Pronto me enfrentaré a alguien a quien probablemente no consideréis un enemigo tradicional, pero que al igual que el Gobierno, ha causado mucho daño al pueblo y se comporta como un opresor y un tirano. Llegado el momento, cuando esté listo para golpear, os diré de quién se trata y me gustaría contar con vuestra ayuda. No puedo daros aún el nombre, no puedo arriesgarme a que se filtre información y esa persona sepa que voy tras él... me gustaría contar con vuestra promesa de que, salvo que haya motivos de peso para que no queráis que esa persona sea derrotada, cuando llegue el momento acudiréis. ¿Tenemos un trato?
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Mensaje por Lance Kashan Hoy a las 11:56

Parecía que Ivan estaba en mejores condiciones de las que podía haber pensado, especialmente teniendo en cuanto que podía haber recibido un puñetazo capaz de convertirme en polvo con solo rozarme. O bueno, no estaba tan bien. Porque, a pesar de que fue capaz de recoger su arma por él mismo y moverse por los caminos de la cueva sin utilizarme de soporte, en cuanto alcanzó la cubierta del Ragnarok se cayó al suelo y se quedó ahí. Dijo que se estaría muriendo un rato, algo que entendí como que simplemente quería descansar mientras se recuperaba mínimamente de sus heridas pero que, a juzgar por los asquerosos sonidos que provenían de su cuerpo, parecía ser más real que broma. Sonidos óseos y quejidos provenían de lo que ahora parecía un cadáver que sufría de convulsiones, y que la tripulación se esforzaba en ignorar para hacer sus propias tareas, sin llegar a lograrlo por completo. Mientras él hacía aquella especie de… ¿curación?, no sé, aquello, yo simplemente opté por llamar al médico de la tripulación para que me hiciese un examen superficial, aliviando un poco el dolor de mis brazos, y cerciorándose de que mi brazo había sido bien recolocado y no sufriría de secuelas más tarde.

Para cuando la voz del navegante resonó por todo el barco, dando fe de que habíamos alcanzado la tribu, el albino parecía estar bastante recompuesto para como había subido. Soltó una especie de chascarrillo frente al que me reí y, bajando con más tranquilidad y parsimonia que la primera vez del barco, quedamos frente a la puerta de la aldea. Él fue el que comenzó a hablar, informando de nuestro éxito a los guardias que hacía unas horas me habían amenazado con atravesarme el gaznate con sus lanzas, y que ahora nos dejaban pasar sin ningún tipo de inconveniente. Haciendo su trabajo como escoltas, nos comenzaron a llevar a la gran casa que ya habíamos pisado una vez antes, perteneciente al gran jefe de la población, el cual parecía no estar demasiado interesado en nosotros, al menos por el gesto de su rostro. Nuevamente, hizo el favor de dejar claro que aquel ser al que habíamos asesinado, el ‘’dios de la montaña’’, no les molestaría nuevamente, a lo que el ciego comenzó a hablar. Obligándome a esbozar una sonrisa de satisfacción ante un trabajo bien hecho, el hombre aclaró que ahora sí que estaría dispuesto a escuchar nuestras peticiones o, mejor dicho, las peticiones de la Revolución que cargábamos a nuestras espaldas.

Opté entonces por, ya que Ivan estaba encargándose de todo el aspecto social con dichas personas, confiarle el transmitir todo lo que la Revolución nos había pedido que le dijéramos. Es decir, un trato de no agresión, en el que la organización tomaría control de la isla a cambio de protegerlos y respetar sus costumbres y ecosistema; algo beneficioso para ambas partes. Con los revolucionarios asentándose en la aldea para ayudarles a avanzar y a no sufrir más daños de los necesarios, y los Axotes tomando parte en la Revolución, los dos grupos se podían hermanar y buscar un bien común. En cuanto terminó toda la negociación, salimos de la cabaña principal e Ivan me tendió la mano, felicitándome por mi buen trabajo y cediéndome su número de DDM para poder tener tratos en un futuro. Lo tomé y lo guardé, con un par de movimientos bastante incómodos, en uno de los bolsillos interiores del traje que se ocultaba bajo mi túnica, suspirando ante la cuestión que me dirigía. ¿Decirle cuál era mi poder? Bueno, sería fácil, pero eso haría que el juego terminase bastante pronto, y no quería eso.

— Quizás en la próxima ocasión, ¿no crees? — Se me escapó una ligera risa. — Cuando nos veamos trabajando juntos de nuevo, a lo mejor en algo más grande e importante… — Estaba aprovechando para tirar el sedal de mi caña de pescar trabajos, ya que nunca estaba de más tener conocidos en cada lugar que te ofrecieran algún curro decente.

Tras eso, él se marchó de la aldea sin esperar mucho más, mientras que yo me limité quedarme en la puerta mientras veía como su ancha espalda se iba alejando cada vez más y más, hasta desaparecer en el horizonte. Mientras que Ivan estaba siendo mucho más indiferente respecto al trabajo y marchándose en cuanto hubo terminado, yo prefería quedarme allí hasta que la Revolución llegase y se asentase. Hasta que viera con mis propios ojos que el encargo hubiera finalizado y, quién sabe, conseguir alguna recompensa más por estar allí presente, a modo de agradecimiento por un algo bien hecho. Y, en cuanto todo terminase, simplemente tomaría el Ragnarok, encaminándome a cualquier lugar que yo supusiese que me podía traer beneficios.


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