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Medicinas para las masas [Privado - Pasado Katherina & Sayumi]

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Mensaje por Sayumi Asagiri Miér 19 Feb 2020 - 21:35

Me encontraba en Little Paradise completamente muerta de aburrimiento con Kumi haciendo sus cosas debido al trabajito que hicimos en este lugar por lo que ahora mismo sinceramente, después de vestirme con mis ropas habituales, y tomar algunas de mis armas no me quedaba otra cosa que pasear, miraba a mi alrededor y la verdad para estar hasta los topes de piratas este sitio no estaba nada, pero nada mal, con solo tener la guardia un poco subida podría caminar sin preocuparme de esos sucios marines.

Hice una pequeña pausa en el camino un momento para relajarme, en este lugar donde casi cualquier podía conseguir comprar cualquier cosa, un lugar donde los mercados estaban a la orden del día, y más aun sin el gobierno mundial dando por culo, eso me daba una idea, tal vez fabricar y vender algo, algo que cualquier pirata compraría, medicinas para su tripulación, aun no sabía el que, pero sabía que necesitaría capital para llevarlo a cabo y conocía alguien con los bolsillos profundos, una vieja amiga. Tome mi Den Den Mushi y marque el número de Katharina. -Cuanto tiempo Katharina, soy Sayumi, hace tiempo que no nos vemos... en fin no te llamaría si no tuviera algo importante que contarte, estoy en Little Paradise y tengo una idea para ganar una buena suma de dinero sin ningún tipo de peligro, pero necesitare de tus recursos. ¿Te apuntas? Espere su respuesta en silencio, sabía que ella era una mujer de armas tomar y peligrosa, tal vez por eso tomamos caminos separados, en cualquier caso, creo que era hora de volver a verla y esta oferta de unos buenos berris tal vez seria justo una buena excusa.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Vie 21 Feb 2020 - 18:10

Hacía poco había vuelto al Paraíso puesto que se había enterado del estreno de «Una historia de verano», la segunda parte de la novela romántica que tanto tiempo llevaba esperando. Tuvo que amenazar a unos piratas para que cumpliesen sus caprichosos deseos y la llevasen hacia donde ella quisiera. No fue demasiado difícil, considerando que su nombre era ya conocido en una buena parte del Grand Line, aunque no tanto en el Nuevo Mundo. Si no se hubiera unido a la banda de Zane, seguramente su opinión sobre la piratería seguiría siendo la misma: vagabundos que solo daban problemas. Bueno, tampoco es que hubiera cambiado demasiado, pero ahora sabía que había otro tipo de piratas. A pesar de que el Gobierno Mundial le acusaba de crímenes de piratería, jamás se sintió parte de esa facción hasta entender lo que verdaderamente significaba: libertad. Eso sí, había que defenderla a punta de espada porque las reglas de la piratería eran duras y crueles.

Se encontraba ahora mismo en Little Paradise, tenía pensado pasar un par de días allí para que sus nuevos vasallos comprasen provisiones antes de dirigirse a Dark Dome. La bruja, fuera de sus atuendos cotidianos, había optado por una túnica negra con capucha que realzaba su figura. De la cintura colgaban sus dos armas: la Hoja de Argoria, transformada en una larga katana con una vaina negra, y Fushigiri. También llevaba una enorme mochila que no terminaba de contrastar con su vestimenta, pero era necesaria puesto que en ella tenía todo tipo de objetos, como un cuerno de unicornio que había conseguido hacía poco tiempo. Ciertamente resultaba interesante, pero su poder distaba de serle útil. Ya conocía métodos para librarse de toda clase de venenos, además poseía un anillo con una función similar. El caso es que pretendía pasar desapercibida y no meterse en problemas. Era consciente de que la isla era gobernada por piratas y las leyes no existían en ese lugar. ¿Cuán salvajes podían ser los hombres para no atenerse a las reglas? Era lo único que les diferenciaba de los animales, a decir verdad. Tampoco es que fuese una fiel seguidora de las normas, pero intentaba respetarlas dentro de lo posible; al menos las propias.

Caminaba por la avenida principal que comunicaba al centro de la ciudad con el puerto, observando las casas de madera y de piedra que había en ambos lados. Fue entonces que su simpático caracol comenzó a emitir ese característico sonido. Este tenía un sombrero de bruja sobre los ojos y unas largas pestañas, además de los labios pintados. No había demasiada gente que tuviese su contacto, así que… Escuchó la voz del otro lado: era Asagiri Sayumi, una antagonista de todo lo que se conocía por cordura. Le conoció en Hallstat y por un momento pensó en que era un diamante en bruto, pero ya no estaba segura de su primera impresión. Con el tiempo lo pensó detenidamente. Esa brutalidad con la que se enfrentó a las guardias de la ciudad por una cuestión tan… nimia no le terminaba de convencer. Demasiada imprudencia en una sola persona.

—Sí, ha pasado un tiempo —respondió desanimadamente—. Vaya las casualidades del destino, también me encuentro en Little Paradise. Si dices tener un negocio entre manos, puedo permitirme gastar tiempo en escucharte. —Buscó con la mirada una taberna y luego continuó hablando—: Estaré en «Romporto», cerca de la plaza central de la ciudad.
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Mensaje por Sayumi Asagiri Vie 21 Feb 2020 - 21:42

Las palabras de Katharina no sonaban muy animadas, habíamos tenido desavenencias, pero no creo que fuera para tanto ponerse así, habíamos tomado rutas separadas por incompatibilidades, no es que no pudiéramos ser amigas, a sus palabras simplemente me encogí de hombros, cosa que a través del Den Den no era perceptible. Para mi suerte también se encontraba en esta Isla, lo que hacía que no necesitara esperar a que esta llegara lo cual me saco una sonrisa, probablemente ella no se esperaba que llegara al Grand Line tan pronto o incluso que me hubiera matado mi imprudencia en cualquier caso le conteste. -Ohh perfecto, no me encuentro demasiado lejos, llegare enseguida.

Minutos más tarde me encontraba ya llegando a esa taberna. Parecía un buen lugar, tranquilo, sin problemas, no creo que ocurriera aquí ninguna desgracia, al entrar no tarde en localizar a Katharina, ella resaltaba, se pusiera lo que se pusiera, me senté junto a ella y comencé mis explicaciones. -Hola Katharina, bueno a ninguna nos sobra el tiempo por lo que iré directamente al grano. Hice una señal para que me sirvieran una copa la cual no tardaría en llegar. -Estamos en un puerto comercial con cientos de viajeros diarios, y da la casualidad de que soy una experta en el arte y la elaboración de medicinas, por lo que venderlas en este lugar sería muy beneficioso. Di un trago a la copa que me llego para seguir lubricando mis palabras. -Te estarás preguntando a estas alturas donde entras tú, sencillo. No poseo nada lo suficientemente llamativo para ser una tienda única en este lugar, necesito algún material exótico o dinero para comprarlo, y siendo quién eres, o tienes una o tienes la otra, además si queremos dar la campanada un nuevo ser de química me vendría estupendo para hacer la medicina aún mejor. Acabe por terminarme la copa para finalizar. -Si está conforme con mi idea podemos empezar a tratar las condiciones y los porcentajes. Mi idea era altamente lucrativa, pero claramente tenía sus fallas, por lo que la necesitaba a ella para poder llevarlas a cabo.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Sáb 22 Feb 2020 - 23:48

La fachada de la taberna estaba dividida entre piedra y madera con ventanas cuadradas que daban hacia una de las avenidas importantes de Little Paradise. Al entrar se encontró en una habitación clásica, como si las tabernas se copiasen las unas a las otras: muchas mesas de madera, una pequeña plataforma donde tocaba un dueto de músicos, una barra y tras esta una estantería repleta de botellas. Hacia la izquierda estaban los baños y, en sentido contrario, las escaleras que conducían a la segunda planta. Nada impresionante, a decir verdad. Al menos no olía a vómito ni había une exceso de borrachos.

Cuando la bruja entró los clientes se voltearon a mirarle. Hubo quienes le dedicaron miradas agresivas; otros, lascivas. Lucían como piratas, es decir, llevaban sombreros y atuendos propios de uno. Y la mayoría tenía un loro en el hombro que no dejaba de cacarear. Les observó con sus ojos azul hielo y los estudió con su mantra, llegando a la conclusión de que ninguno suponía un problema para alguien como ella. Perfecto, entonces. Si bien siempre estaba preparada para luchar, prefería mantenerse tranquila y fuera de los problemas. Buscó un puesto disponible y una mesera —una joven de curvas espectaculares y un gran culo— se le acercó para solicitar su orden. Miró la carta y suspiró decepcionada; no había nada que resultase interesante. Bueno, tendría que contentarse con una taza de té y pastel de chocolate.

Esperó cerca de quince minutos cuando Asagiri llegó al lugar, luciendo tal y como la había conocido. Parecía… un poco más fuerte, aunque aún estaba muy lejos de jugar en las grandes ligas. Incluso la propia Katharina estaba fuera del alcance de esos verdaderos monstruos. Dexter Black había muerto, pero seguía habiendo calamidades capaces de cambiar el curso del destino: Zane D. Kenshin y el Almirante Al Naion eran buenos ejemplos. Alcanzarles era una cuestión de orgullo y por ello se esforzaba cada día en volverse más fuerte, desvelando nuevos misterios arcanos y descubriendo posturas impresionantes.

Agradeció que la chica fuese directamente al grano, pues dudaba de que pudiera presentarle un negocio digno de su atención. Soltó una sonrisa burlesca cuando le escuchó llamarse a sí misma «experta en el arte y la elaboración de medicinas». Un verdadero genio era Therax Palatiard, su antiguo compañero. Pero no le diría nada; ¿cuál era el sentido de estropearle la autoestima? Justo cuando Asagiri terminó el monologó la bruja acabó con su taza de té. Alzó la mano para que la mesera se le acercase una vez más, solicitando otra.

Así que no se trataba de ningún trabajo ilícito, sino más bien el inicio de una sociedad en la que Asagiri sería la principal mano de obra. Pero necesitaba los recursos de la bruja. Ni siquiera habían estipulado las bases del negocio y quería ponerse a discutir las condiciones y los porcentajes. Demasiado precipitada, en su opinión. Ciertamente poseía el dinero y los materiales para la elaboración de medicinas. Sin embargo, tampoco era un rubro que le interesara en demasía. Hacía poco había adquirido objetos realmente interesantes en una subasta del bajo mundo y podía sacarles provecho. Bueno, ¿por qué no intentarlo? Si le ofrecía dinero a cambio, por ella perfecto. Aunque dejaría claro que no intentaría esforzarse en lo más mínimo; sería su proveedora y poco más.

—Conque medicinas, ¿eh? Ciertamente estamos en un lugar concurrido donde la influencia del Gobierno Mundial no tiene poder. Todos los días llegan cientos de aventureros, piratas o criminales, que buscan comprar provisiones y cualquier cosa que les resulte útil para el viaje —le respondió para luego darle un sorbo a la taza de té—. Tengo un cuerno de unicornio y, según el vendedor, posee propiedades medicinales impresionantes. Podría prestártelo para que lo inspecciones, aunque seguro que esto tardará días y entenderás lo mucho que vale mi tiempo. Sin embargo, te estaría entregando un objeto tan raro como caro y no me vale solo tu palabra. Ya sabes, entre piratas hay que desconfiar, ¿no? ¿Qué me ofreces a cambio de dártelo para que lo inspecciones, además de la promesa de elaborar una medicina con la que podremos lucrar?
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Mensaje por Sayumi Asagiri Dom 23 Feb 2020 - 0:14

No podía contar en el honor entre piratas, ni en ella tampoco, ella no confiaba en mí y yo no tenía razones para las cuales desconfiar de ella, porque de nuevo ella al fin y al cabo se había portado bien con mi hermana y conmigo así que ella realmente tenía una buena dosis de mi confianza, aun así ese tono prepotente, como dejando claro que yo no estaba a su altura, o a la altura de sus expectativas, como si el haber nacido antes le daba el derecho a creerse mejor que yo. En cualquier caso, aun con las ganas que tenia de callarle la boca me gustara o no reconocerlo la necesitaba y ella lo sabía, así que ahogue mis palabras en la copa que me trajeron en cuanto la rubia pidió que le sirvieran otra taza de té.

Ella menciono que tenía exactamente lo que estaba buscando un material ultra raro, que tenía las características que justamente necesitaba. Un cuerno de unicornio nada menos, aun así, ella dijo que necesitaría días para saber si quiera como usarlo, de nuevo arrogancia y de nuevo quería estampara su preciosa cara en la taza de té que estaba tomando, y no solo eso, sino que además me pedía garantías además de la promesa de ganar dinero, vale que éramos piratas, pero creo que estaba exagerando. -Katharina te voy a ser completamente sincera, la garantía es el dinero, quieres unas cuantas botellas para ti está bien, pero ni voy a tardar días en saber lo que hace el cuerno, ni voy a darte nada más que tu parte. Esta vez me termine la copa con muchísima más prontitud que la primera, más que nada porque de nuevo me estaba subestimando y aquello me cabreaba bastante. Yo soy la mano de obra, y si busco una socia es para ganar más dinero que el que podría ganar por mi cuenta. Trabajando por mí misma con mis propios materiales, podría desarrollar medicina a un precio razonable, lo que busco es con las mismas horas de trabajo ganar diez veces más.

Quería garantías ahí tenía garantías, la garantía más clara es que la necesitaba solo para multiplicar las ganancias, porque incluso repartiendo con ella el dinero aun ganaría cuatro o cinco veces más que por mi cuenta, ella quería tener la saeten por el mango, pero no la necesitaba tanto como ella creía, si tenía que apañármelas sola lo haría, y con lo ganado por mi cuenta, compraría más material, y mejoraría mis ganancias, pero no me metí a pirata para trabajar honradamente, si no para lucrarme rápido con el menor esfuerzo posible, pero si por eso tenía que bajarme las bragas ya se podía ir olvidando.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Dom 23 Feb 2020 - 19:01

Desde muy joven que tenía problemas con la gente que no entendía las cosas y, en el caso de Asagiri, resultaba como mínimo desconcertante. ¿Debía explicarle paso a paso por qué el dinero no era una garantía a tener en cuenta? A ver, era el objetivo principal del negocio. Cierto. Pero en caso de que no pudiese extraer apropiadamente las propiedades medicinales del cuerno de unicornio se lo estaría cediendo por nada. Podía entender que le faltasen dedos para el piano, pero no dejaría pasar esa clase de estupidez que le hacía pensar que estaban igualadas para hablarle de esa forma. ¿O acaso debía dejarle claro lo fácil que sería rajarle la garganta y transformarla en una esclava para el resto de la eternidad, siendo poco más que un zombi? De momento no lo haría puesto que creía, por alguna razón que no conseguía comprender del todo, que Asagiri acabaría entendiendo el panorama.

Vació el té hasta la mitad y le dedicó una mirada gélida a su acompañante. Si la muchacha que tenía en frente fuese la mitad de confiable que Anders D. Thawne, seguramente le entregaría el cuerno de unicornio sin apenas dudar. Pero no era el caso. El preciado objeto le había costado cincuenta millones, no había motivo para entregárselo a una persona con la que había compartido poco más que una masacre. Sin embargo, de pronto se le ocurrió una idea a la que podía sacarle mucho juego. Ya fuese por diversión o conveniencia. Había que enseñarles a los animales a comportarse, a reconocer las diferencias existentes entre una mascota y un ser humano.

El maná comenzó a fluir por sus venas hasta manifestarse en un trozo de hielo irregular, deforme, tosco. Lo sostuvo en su mano y volvió a canalizar maná para transformarlo en una hermosa rosa con detalles impresionantes, como si hubiese sido esculpida por el mejor artesano.

—Seguramente eres consciente de los poderes que manejo. Hacer algo como esto me cuesta casi tanto como pestañar. ¿Puedes imaginar los límites de mi habilidad? Probablemente no. He podido sobrevivir hasta ahora porque ciertamente confío en un pequeño puñado de personas, y tú no formas parte de ellas —comenzó a contarle con la mirada clavada en ella y la rosa simplemente desapareció. Pero enseguida apareció un círculo mágico de colores violáceos y una esfera gaseosa del mismo color empezó a flotar en su mano—. Te prestaré el cuerno de unicornio por tres días, luego me informarás tus progresos y demostrarás sus efectos. Pero antes de que te emociones déjame comentarte algo: acabo de maldecirte. —Katharina soltó una sonrisa maliciosa y lanzó una mirada penetrante—. He puesto una Bomba de Muerte en tu cuerpo, así que puedes empezar a desobedecerme y explotar en un charco de sangre. Y cuidado con hacerlo cerca de tu hermana, quizás te la cargues a ella también. Podría demostrártelo, pero implicaría la destrucción de esta taberna y no quiero más problemas de los que ya tengo. Soy una bruja, ¿sabes? Puedo hacer cosas que rozan lo absurdo y las maldiciones son mi especialidad. Como no has querido darme una verdadera garantía me he tomado las molestias de preparar una yo misma.

Se acercó la taza a sus suaves labios rosados y luego buscó entre sus objetos el cuerno de unicornio, sacando un largo objeto punzante de unos ochenta centímetros y tonalidades blancas para ponerlo sobre la mesa.

—¿Quieres comenzar las negociaciones, Asagiri?
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Mensaje por Sayumi Asagiri Dom 23 Feb 2020 - 21:38

El despliegue de poderes de Katharina una de las piratas más infames con una recompensa de 875 millones por su cabeza podría impresionar a muchos de hecho el lugar casi se vació por completo en el momento en el que la rosa de hielo se formó en su mano, pero sinceramente a mí no me importaba un carajo, poderosa si, peligrosa bastante, pero cada palabra que decía para amedrentarme sinceramente me daban igual, sabes que es más poderoso que una amenaza un acto, ella había sacado poco más que unas luces y me había dicho que una maldición ahora estaba en mi cuerpo y que ni si quiera se me ocurriera pensar en traicionarla que esa sería su garantía. Puede que fuera por mi flagrante desprecio por mi seguridad, por mi incapacidad de tomar buenas decisiones, o porque en toda mi vida no me he tomado algo con seriedad, pero lo pensé entonces y lo pienso ahora a esta mujer ni le importo ni le importa su cuerno de unicornio de 50 millones.

Que podría volar toda esta taberna conmigo dentro sin pestañear si quiera, pues no la estaba viendo hacerlo, eran unas amenazas muy bonitas, preciosas amenazas, probablemente iba en serio lo de matarme si la traicionara, pero una maldición en base a su Akuma que dura de forma indefinida a distancias inimaginables, y que puede volarme en pedazos a mí a todo lo que tenga cerca, por favor si tuviera ese poder no estaría aquí hablando conmigo si no conquistando el mundo a su paso, si con solo estar cerca y en unos pocos segundos puede convertir a las personas en bombas pues Endgame, nadie podría pararla. Ella debía verme como una completa estúpida si de verdad creía que me iba a creer esas patrañas, pero mira mi aspecto inocente me ha ayudado en más de una ocasión, y esta no parecía distar mucho de las anteriores, me estaban infravalorando de nuevo, y lo mejor de que te infravaloren es que se creen tan superiores que no pueden ver que son ellos los que se estaban metiendo en una trampa, así que ante sus palabras solo hice lo que ella esperaría que hiciera, golpee con fuerza la mesa en una aparente furia.

-Eres una desgraciada, vine a por ti de buena fe, en fin creo que por esta maldición no puedo tampoco negarme a llegar a un trato contigo, o me volaras en pedazos. Mis palabras estaban cargadas de furia, mientras pensaba en la clase de hechizo que me había lanzado, posiblemente fuera tal vez de localizan para tenerme vigilada, o cualquier cosa de esas, en cualquier caso mi intención no era traicionarla, porque necesitaba el dinero, hacerle creer que me tenía justo donde quería sería una buena forma de negociar. -Comencemos a negociar entonces. Tu poseerás el cuerno de unicornio y será tuyo pudiéndotelo llevar si gustas, pero la fórmula de la medicina será solo mía, nunca la plasmare en papel ni tendrás una copia, el porcentaje de las ganancias será un 70% para mí y un 30% para ti. Mi mirada se notaba un poco temerosa, pero lo primero que se veía en ellos era furia. -Cada una de nosotras dispondrá de su parte tantas botellas como quiera de la medicina a coste cero, y ninguna de las dos podrá irse por su cuenta porque si no la medicina no podría ser fabricada. Los porcentajes son inamovibles, yo pongo mi cerebro y la mano de obra, tu solo me estas alquilando el cuerno, seremos socias en esto, ninguna por encima de la otra, puedes tomarlo o dejarlo. Estaba siendo respetuosa, pero negociando de forma agresiva, cosa que Katharina podría atribuir a mi furia por su amenaza, claramente sabía que los porcentajes los iba a mover si es que acaso accedía, en cualquier caso, los porcentajes eran una fachada, mi baza para mantener la formula, que era lo que en verdad quería, así que bueno, ahora sabía contra quien estaba jugando, y que no estábamos bajo sus reglas si no las mías.
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Mensaje por Katharina von Steinhell Lun 24 Feb 2020 - 1:37

Soltó un bostezo, aburrida. ¿Sería buena idea hacer una verdadera demostración de poder para resultar más convincente? Un poco abusivo, por un lado, pero divertido. Quería hacerle sentir terror, aunque lo veía innecesario. La chica que tenía en frente no suponía ningún problema ni lo supondría en siglos. Además, tenía un punto: solo le había hablado para negociar. Bueno, ahora le estaba enseñando cómo se hacían las cosas. Sin embargo, le fue imposible contenerse al ser humillada de esa forma al proponerle un 30% de ganancias. ¿Es que Asagiri sólo usaba las neuronas para matar y poco más…? El cuerno de unicornio tenía propiedades extraordinarias que ningún fármaco podría imitar. La verdadera inversión la estaba poniendo ella, además no estaba tomando en cuenta un factor decisivo: Katharina no le necesitaba. Si quería abrirse paso entre el mundo farmacéutico, podía contratar a cualquier otro hombre o mujer con habilidades muchísimo más avanzadas que las de esa pirata. Joder, odiaba tratar con gente tan lenta… Ya ni le apetecía divertirse.

—¿Sabes lo que es ser una desgraciada? Contactarme, proponerme un negocio y escupirme en la cara un 30% de ganancias —le espetó, molesta. Ahora comenzaba a actuar en serio y Asagiri no quería verle enfadada. De verdad no quería—. Solo por respeto a lo que alguna vez pensé de ti y de tu hermana me permitiré explicarte cómo funcionan las cosas: tú me necesitas a mí, no yo a ti, ¿entendido? Yo soy la que posee este milagroso cuerno y me sería realmente sencillo contratar a otro farmacéutico para que extraiga sus propiedades. Ahora respóndeme una cosa: ¿en qué parte del mundo la mano de obra se lleva una porción mayor a la del inversionista? No pretendas verme las que no tengo, Asagiri.

El fuerte de la bruja era el mundo académico: la historia y el arte. Los negocios y las financias jamás fueron su fuerte, además tampoco había profundizado en el tema. Pero no había que ser un genio para entender que las condiciones de Asagiri eran absurdas. ¿Un 30% de ganancias cuando era ella la prescindible? Eso le pasaba por prestarle oído a una novata… Tenía entendido que recién había comenzado su viaje, recibiendo una recompensa de 30 millones de berries; felicidades por ella, una gran cifra. No obstante, la propia bruja ya estaba aspirando a lo más alto: convertirse en Emperatriz del Mar. Había una diferencia inigualable entre ellas. Si bien podía sacarle años de experiencia, había un factor trascendental que las distinguía: Katharina era un genio. Y siempre iría un par de pasos por delante.

—Primero, minimizas mi préstamo de un objeto que no podrías conseguir en ningún otro lugar y, segundo, me ofreces un porcentaje de ganancias cuanto menos indignante. No solo eso, también pretendes amarrarme a este negocio cuando lo que más odio son las cadenas —continuó hablando, cruzándose de piernas—. Invertiremos los porcentajes y te daré 30 puntos. Podría encontrar un mejor trato en cualquier otro lugar y créeme que hay mucha gente dispuesta a trabajar conmigo. Tengo contactos, Asagiri, y casi te estoy haciendo un favor al permitirme negociar contigo. Ahora, si vas a proponer otra cifra absurda, ahórrate las palabras y deja de hacerme perder el tiempo.
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