Sangre sobre hierro, hierro sobre hierro. [Priv. Kath & Lance]

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Mensaje por Lance Kashan el Sáb 14 Mar 2020 - 16:59

Cada vez que me encontraba con Katharina, descubría una nueva dimensión de sus poderes, cada vez más curiosa, útil y eficiente. Parecía que su fruta no tenía final y que, con entrenamiento y estudio, podía lograr casi cualquier cosa solo con concentrarse en ello. Es decir, podía generar una gran cantidad de elementos, jugar con la línea que divide la vida y la muerte, alterar su aspecto a puro placer, todo ello en constante evolución y estudio, sin un límite realmente marcado. Y ahora le sumábamos a todo aquel potencial el hecho de que podía preparar, de antemano, conjuros en otras personas, que serían invocados en el preciso instante en el que dijese la palabra mágica, nunca mejor dicho. Ahora, aparte de mis propios poderes, contaba con la posibilidad de, al decir ‘’Viento’’, generar una onda cortante del mismo elemento, seguramente bastante más potente que mi máxima capacidad. Así que más me valía controlarme a la hora de hablar y guardarme aquella potente pieza de mi nuevo armamento para una batalla de verdad, en la que peligrase mi seguridad. Podía valer la pena usarla como un ataque sorpresa o una defensa en un momento de necesidad, así que más me valía controlar mi lengua a partir de ese momento, y evitar frases donde estuviese esa misma palabra.

Asentí al segundo en el que ella ofreció comenzar con la investigación de la zona, ahora ayudados de mi mapa —el cual había estado dibujando durante todo aquel rato previo— y de las indicaciones que el trabajador de las instalaciones había sido tan amable de detallar, especialmente con las rondas y guardias de las personas, y las puertas que debíamos atravesar hasta alcanzar el destino que buscábamos. Con toda aquella información no sonaba a una tarea difícil, al menos no hasta llegar al despacho del que suponíamos que era el jefe de toda esta organización. Todo eso contando con que la gente contratada para proteger el lugar no llegase a suponernos un reto real para ambos, porque si contaban con un nivel de poder como el titiritero de la primera vez, ya podíamos darnos por vencidos en toda esta odisea. Quizás Katharina podía avanzar a base de fuerza bruta o emboscadas, pero yo no tenía esa posibilidad dentro de mi arsenal, así que cruzaría los dedos para que los protectores del arma biológica fueran simples incompetentes que pudiera derribar con cierta facilidad.

Para cuando comenzamos con la exploración, con Katharina teniendo el mapa y el cargo de dirigir el camino frente a nosotros, nada había cambiado en el pasillo que habíamos dejado atrás, causándome una extraña sensación de relajación. De hecho, lo había visto mientras usaba mi radar, pero era mucho más tranquilizante poder descubrirlo mientras usaba mis propios ojos. Caminamos al paso que marcaba la bruja disfrazada, alcanzando en más bien poco tiempo las escaleras que conectaban el tercer piso —aquel en el que nos encontrábamos y que había demostrado ser una pérdida de tiempo a la hora de explorarlo, ya que estaba vacío— con el segundo, el laboratorio animal. Descendiendo los peldaños uno a uno, con el máximo de los cuidados para no hacer más ruido del innecesario, terminamos alcanzando los pasillos de aquella nueva instancia, tan impolutos como los anteriores o más. Sin querer fijarme podía escuchar ya desde la entrada los gritos y chillidos de algunos animales que, a juzgar por el tono que utilizaban, no parecían estar demasiado cómodos en aquel lugar, especialmente con el trato que recibían. Tocando como pude el hombro de Katharina, traté de llamar su atención.

— ¿Vamos a hacer algo en este piso, o nos dirigimos directamente a las escaleras? — Quizás era un poco infantil, pero me daba bastante curiosidad ver qué podían haber logrado con aquellos animales, y si había algo interesante entre toda la crueldad.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Jue 19 Mar 2020 - 21:40

Reflexionó un momento la pregunta de su compañero, escuchando el sonido de los incómodos e infelices animales de prueba. Para la hechicera realmente poco de interesante tenía un centro de tortura, aunque tenía entendido que Lance tenía un gran saber sobre las ciencias. Si bien la misión era peligrosa y demandaba máxima cautela, un desempeño completamente profesional, podía saltarse esos restrictivos requerimientos y echar un ojo. También era cierto que podían encontrar cosas interesantes y útiles para un futuro no muy lejano.

Katharina asintió con la cabeza y, tras dejar que su mantra recorriese el pasillo que tenían en frente, decidió que era un buen momento para seguir avanzando. La habitación era sorprendentemente grande y no sólo había pequeños primates y ratas de laboratorio, sino que también auténticas monstruosidades como, por ejemplo, los gigantescos gorilas púrpuras de tres ojos. ¿Qué pasaba por la cabeza del doctor Watson como para crear algo así…? Bueno, eso suponiendo que era una creación artificial. La naturaleza podía ser muy caprichosa y morbosa cuando lo deseaba. La estancia era de un inmaculado color blanco y, además de jaulas de todos tamaños, había mesones con sustancias potencialmente peligrosas y un montón de… ¿Esas cosas eran computadoras? Vaya, sí que había visto las pantallas, pero nunca esa… carcaza de forma rectangular. Lo suyo era la magia, no la tecnología.

—Vigila la entrada —le ordenó telepáticamente a su esclavo quien, injustamente doblegado a la voluntad de Katharina, se encaminó hacia la misión—. Estate atenta —le susurró a Liliana, haciéndole un gesto con la mano.

Caminó hacia los mesones y guiada por la curiosidad cogió unos papeles que leyó en diagonal. Pura majadería científica. Disoluciones y reacciones entre sustancias iónicas. Proteínas alteradas y bastantes cosas que no conseguía entender del todo. La bruja era culta en muchos aspectos y conocía los principios básicos de las ciencias, pero eso ya era demasiado. Los dejó donde mismo y siguió explorando la habitación. Algunos animales se escondían en las profundidades de sus jaulas al ver pasar a Katharina, mientras que otros rugían temerosos y expectantes. Podía usar el mantra para sentir el profundo sufrimiento al que estaban sometidos los animales, pero estaba ahí para asesinar a un doctor y no para liberar a todas esas alimañas. Una lástima por ellos, pero la hechicera no era su salvadora.

—¿Has visto ya suficiente? —le preguntó a su compañero, esperando que hubiese encontrado algo interesante, o alguna pista que les indicase algo del virus que estaba creando el doctor.

Instantes después, antes de que Lance pudiera responder, escuchó un sonido proveniente del pasillo exterior. Echó un rápido vistazo a la habitación y buscó un lugar donde esconderse: justo detrás de la jaula de un elefante-chimpancé de tres trompas. Les hizo gestos a sus compañeros para que se escondiesen. Oh, maldición. El escondite de Katharina olía fatal, una repugnante mezcla entre mierda recién hecha y comida descompuesta. Cuando los hombres entraron hablando Liliana ya estaba perfectamente escondida; era pequeña y sabía qué hacer en momentos como ese. La verdadera pregunta era por qué el reanimado no actuó en favor de la nigromante.
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Mensaje por Lance Kashan el Dom 22 Mar 2020 - 10:30

Realmente se me había escapado una sonrisa, tapada por la máscara, tras ver como Katharina asentía, dándome a entender que sí, podíamos ver lo que había en aquel laboratorio animal. La bruja se quedó mirando un rato el pasillo y, tras eso, dio paso al interior de aquella sala, comandando aquel delito de allanamiento que estábamos cometiendo. Aunque ya estábamos dentro del edificio para empezar, así que no sabía si el crimen empeoraba o simplemente se mantenía, pero tampoco me importaba.

En cuanto crucé el umbral de la puerta pude escuchar una orquesta de gritos, chillidos y gruñidos. La estancia era mucho más grande de lo que la puerta y su tamaño te podían anticipar, así que eso explicaba la razón de por qué había tanto barullo: estaba llena de animales. Pero cuando digo llena, me refería a que el espacio de trabajo era mínimo, especialmente teniendo en cuenta que no había ni sillas para sentarse a escribir. La saturación de animales, que hacían ruido, se movían, comían y, para qué mentir, hedían, convertía aquel lugar en un infierno para todos los sentidos. Excepto el de la vista.

Di un par de pasos dentro de la habitación y ya la fauna comenzó a atacarme: un cuervo se me lanzó encima. Me cubrí con ambas manos, colocándolas cerca de los ojos para evitar que me dejase tuerto como mi ex-jefe, y descubrí sorprendido como se amarró a mi dedo meñique —el que quedaba más arriba— y se me quedaba mirando, con ojos negros y brillantes. Perdiendo el temor paulatinamente, perdí aquella postura de combate improvisada y bajé los brazos, dándole la alternativa al animal para que se cambiase al dedo índice de la otra mano, ya que iba a girar la primera. Me hizo caso, y ahí estaba, con un cuervo observándome, y yo haciendo lo mismo con él. Me quedé mirándole fijamente, como atontado, hasta que escuché a Katharina mover papeles y volví a la realidad. Acerqué el negro ave a mi hombro y, caminando de una forma ciertamente graciosa, hizo el cambio de posición.

Me centré en buscar como estaba haciendo Katharina: quizás había alguna pista entre tanto documento, o quizás no. Fui tomando y desechando todo aquello que, a primera vista, parecía no interesarme para mi búsqueda, hasta que encontré uno que sí llamó mi atención. Era un planteamiento químico-biológico, en el que estaban planteando, a través del principio transformante de absorción y asimilación, el alterar el ADN de toda una población. Había cálculos estequiométricos, reglas de tres y álgebra por todos lados, con el único objetivo de conseguir una única y sola cosa. Cuando la bruja me preguntó, me vi empujado a responder con lo poco que podía haber descubierto de aquello, pero suficiente como para hacerme una idea del objetivo final.

Justo instantes antes de que mi boca pudiese pronunciar la segunda palabra, un sonido bastante estremecedor a la par que común nos sacaba de aquella atmósfera tranquila que teníamos desde que nos habíamos introducido al complejo. En cuanto vi que Katharina se escondía donde buenamente podía —aunque no parecía estar muy contenta con su elección— yo hice lo mismo, pero de una forma más directa y eficaz: me acerqué a una de las jaulas y, agarrando el frío barrote que la conformaba, aproveché que estaban hechas con acero para volverme etéreo e introducirme en aquel material. Me haría el apaño hasta que se fuese quien sea que pudiera entrar.

Entraron un grupo de tres hombres, muy ausentes de su alrededor por su conversación, a recoger papeles. Dando un par de vueltas por la habitación, buscaron los documentos, pero estos, por culpa de haber estado toqueteándolos y cogiéndolos momentos atrás. Ellos parecieron darse cuenta y comenzaron a mirar de un lado a otro, fijándose en cada detalle, y acercándose peligrosamente a lo que era la jaula donde estaba la bruja escondida, hasta que escuché un graznido. El cuervo salió volando a través de la puerta y, a lo lejos, se escuchó, con una voz aguda pero gutural ‘’Adiós’’.

— ¡Que se nos ha escapado el puto cuervo, cabrones! — Salieron corriendo detrás de él, dejando todo aquello que estuvieran haciendo. Parecía ser que aquel sujeto de pruebas valía la pena.

Entonces, esperé a que cerrasen la puerta para salir de mi escondite y mirar a Katharina de forma seria, y contarle lo que había descubierto:

— Katharina… Es una bomba, pero no mata personas. Mata poblaciones. — Suspiré, acariciando mi cabeza por detrás. — Quieren ser capaces de destrozar la humanidad de una isla completa solo con un artilugio, aunque a la larga. — Miré los papeles para refrescar mi memoria. — Tiene una serie de proteínas que se introducirán en los seres humanos y los volverán infértiles, matando a la siguiente generación de forma silenciosa.



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Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 23 Mar 2020 - 19:45

Como ya no podía seguir soportando esa horrorosa pestilencia decidió aguantar la respiración, y fue entonces que los guardias del complejo científico se acercaron a su escondite. Frunció el ceño y acercó su mano a la empuñadura de Fushigiri, preparada para acabar con la vida de cualquiera que supusiera un problema. Su corazón empezó a latir algo más rápido a medida que los hombres buscaban algo que no parecían saber qué, moviendo telas y moviendo cosas. Retiró unos ínfimos centímetros la espada de la vaina, lista para ejecutar un rápido iaido que cercenaría la cabeza del soldado. Pero no fue necesario, por supuesto que no. Un conveniente graznido del cuervo alertó a los merodeadores y el ave salió disparada por la puerta, perdiéndose entre los pasillos de la instalación.

Cuando ya no había problema aparente, Katharina salió de su apestoso escondite más feliz que nunca: podía volver a respirar. Tomó una gran bocanada de aire y estiró los brazos. Le hizo un gesto a Liliana para que saliera de su guarida improvisada y la jovencita de cabellos rubios se acercó a la hechicera. Aparentemente no había descubierto nada interesante, pero Lance sí que tenía algo importante que decir: tenía una gran idea sobre lo que tramaba el doctor Watson. Escuchó con detención sus alarmantes palabras, reparando especialmente en “bomba” y “poblaciones”. Adoptó una postura pensativa y miró a su compañero. Era una buena estrategia para controlar la demografía de determinado territorio, de hecho, la superpoblación era un problema reciente que se acrecentaba en función del tiempo y llegaría un minuto en el que ya no habría vuelta atrás. Y todo partía desde el irrefutable hecho de que los recursos naturales eran limitados; vamos, la batalla más antigua de todos los tiempos: la supervivencia.

—La verdad es que me esperaba algo más… destructivo, es decir, alguna enfermedad que acabase con las personas en un corto lapso o algo por el estilo. ¿Pero volverlas infértiles…? Seguramente haya algo más, algo que estamos dando por alto —agregó la hechicera sin abandonar su pose pensadora—. Continuemos. Puede que más adelante encontremos las respuestas que buscamos, al menos por ahora tenemos la certeza de que no moriremos en caso de que detonar el… virus, si es que podría llamársele así.

Tenía otro asunto pendiente que tratar: el reanimado. El hombre estaba en el pasillo justo donde le había ordenado que se quedase, pero este no había usado la telepatía para comunicarse con Katharina y alertarle sobre la llegada de los guardias de turno. Lo fulminó con la mirada y pensó en rebanarle la garganta para acabar con su mísera existencia, mas no lo hizo: aún era necesario. Entonces comprendió que ella fue la que había fallado al darle una orden tan sencilla, así que, antes de retomar la caminata, le advirtió que la próxima no se la dejaría pasar y lo enviaría al peor sitio del Reino de los Muertos.

Lideró la marcha como lo había estado haciendo desde entonces, estando muy pendiente de su alrededor y manteniéndose alerta ante cualquier situación. Y para ello empleaba constantemente su avanzado mantra. Al final del corredor vio la escalera que descendía al nivel inferior, y también había una enorme compuerta metálica a mano derecha. No pudo evitar preguntarse qué había del otro lado, así que usó el haki de observación para comprobar si había alguien: nada. Se volteó hacia su compañero y le preguntó en un susurro:

—¿Echamos un vistazo a esta también o prefieres seguir?
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Mensaje por Lance Kashan el Mar 24 Mar 2020 - 23:40

Katharina no pareció muy convencida acerca de mis descubrimientos sobre lo que investigaban los hombres del laboratorio. ¿Qué nos habíamos pasado algo de largo seguramente…? Bueno, a mí me parecía igual de aterrador el condenar a una población a desaparecer dentro de una generación que matarlos con una bomba nuclear. Además, la primera opción era infinitas veces más responsable y concienciada con el medio ambiente, ya que únicamente afecta a la especie del ser humano. ¿Quizás querían simplemente vaciar una isla, pero protegiendo a la fauna que allí habitaba y era endémica? O a la flora, sin irnos mucho más lejos… Miré entonces a mi alrededor, volviéndome a dar cuenta de que estaba rodeado de jaulas con animales en un estado bastante deplorable, y me quité la idea de la cabeza. Ya tendrían que cagar oro en su mejor estado para que a esta gente le interesase tanto proteger a un animal.

Además, sumó al comentario que no tendríamos que sufrir por nuestra vida si utilizaban el arma contra nosotros, o la hacíamos detonar sin buscarlo. Bueno… Era cierto que no tenía planes cercanos de tener descendencia, eso estaba claro, pero el hecho de volverme infértil tampoco me daba igual. Quizás a ella sí, no lo tenía muy claro. A lo mejor simplemente no quería ser madre, pero a mí sí que me ilusionaba pensar en tener un retoño dentro de diez años, así que sufrir exposición a un arma química que me podía negar aquel futuro y aquella posibilidad no entraba dentro de mis planes.

Aproveché que ella era la que lideró la marcha a la hora de salir de la habitación para echar un último vistazo a lo que allí había, asegurándome de que, obviando el cuervo con el que tan buenas migas había hecho, no me interesaba nada. Suspiré mientras dejaba la puerta tan abierta como la habían dejado los propios investigadores, para no levantar demasiadas sospechas, y comencé a andar tras Katharina al mismo ritmo que ella marcaba, notando la tensión aparente entre ella y el zombie. Estaba claro que no se habían llevado muy bien desde el comienzo, y era lógico, pero parecía que aquella relación se había recrudecido y no me percataba muy bien de la razón.

Pasó un rato hasta que la bruja decidió que era un buen momento para parar en seco justo al final del pasillo, desde donde ya podíamos ver las escaleras que nos comunicaban con el piso justamente inferior. Al lado de esta, una compuerta bastante más imponente que la anterior —la que nos había descubierto la habitación de los animales— nos saludaba, como invitándonos a entrar, al igual que hizo Katharina. Quizás algo picado con sus comentarios acerca de que el plan principal no era aquel en el que había pensado, le acepté la propuesta, aprovechando para lanzar una ola de electricidad a través de la puerta y escanear la zona con los ojos cerrados. Genial, estaba vacía. Tratando de abrirla haciendo un gran esfuerzo, ya que la fuerza no era lo mío, se abrió de par en par, dejándome ver un laboratorio hecho y derecho.

Este ya no era un zoológico como el anterior. No, no. Era, como había dicho, un laboratorio de verdad, con sus probetas, vasos de precipitado, matraces y microscopios. Aunque, siendo sinceros, no contaba con la disposición más común: todo lo científico estaba apartado a un lado. Era una especie de encimera que rodeaba toda la habitación, siguiendo a la pared y las esquinas, con una gigantesca isla en mitad de todo, y lo que a mí me interesaba ocupaba solo un espacio. El resto estaba ocupado de papeles muy bien ordenados, a diferencia de la habitación que ya habíamos pisado, excepto la isla, que tenía algo más que interesante encima, ocupando todo ese espacio: parecía una especie de rayo láser, una bomba alargada, o algo con una forma extremadamente futurística. Me tendría que acercar más para descubrirlo, y el adentrarse se lo dejaba a Katharina. Ya sabes, no es cobardía, es procedimiento.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Jue 26 Mar 2020 - 0:30

La compuerta metálica se abrió de par en par luego de que el muchacho hiciese lo que… Bueno, ¿qué había hecho exactamente? Sus habilidades eran como mínimo sorprendentes, cuestión que alegraba a la hechicera. La habitación se reveló ante ella como un regalo esperando a ser abierto. Y su interior no le sorprendió del todo. Había un montón de herramientas científicas, todo tipo de instrumentos cuyos nombres Katharina no conocía. Su fuerte no era la ciencia, sino que la historia y las lenguas perdidas por el paso del tiempo. Casi podía sentirse más cómoda en una antigua ruina en vez de un laboratorio con pintas futuristas. De momento ignoró lo que ocupaba el centro del salón, caminando hacia la pila de papeles y echándoles un vistazo.

La carpeta ponía en unas letras bastante grandes: Experimentos humanos. Ah, que ahora no sólo usaban a los animales de prueba. Maravilloso, ese doctor Watson no tenía ningún reparo ético ni moral. Era increíblemente veloz leyendo, habilidad que había dominado tras años de intensa lectura. El papel explicaba parte de los experimentos realizados en una población de quince mujeres. En principio se les había inyectado una dosis proteica capaz de modificar el ADN de acuerdo a la configuración genética de dicha molécula. Las pacientes número 8 y la 13 murieron a los tres días al no soportar los efectos de la inyección. Dio vuelta la página. Algunas mujeres fueron inseminadas artificialmente y luego se les volvió a aplicar la misma proteína, aunque disuelta en agua. Todas acabaron perdiendo a los bebés y debieron ser sacrificadas por los graves síntomas post traumáticos.

La bruja era una chica fría y poco sensible, pero incluso ella sintió lástima por el fatídico destino de esas mujeres. Dejó los papeles donde estaban y luego reparó en… ¿Qué era eso que ocupaba el centro? Sin lugar a duda, era un cuerpo metálico alargado con la forma de un misil y decenas de cables conectados a este. También tenía una pantalla en la parte inferior y el extremo superior acababa en una alargada y fina punta de a lo menos cuarenta centímetros. Katharina era incapaz de imaginar ni comprender la función de un artilugio así y, de hecho, pensaba que su acompañante podía entender mejor su funcionamiento. Al mismo tiempo que la hechicera inspeccionaba la extraña máquina, Liliana iba leyendo lo más rápido que podía.

—Creo… Creo que esa cosa que está ahí es la encargada de transportar el virus —mencionó la muchacha—. Según esto, el DIVCO-91 tiene una tasa de contagio del 97% y una efectividad del 84%.

Eran cifras sumamente alarmantes… Definitivamente debían destruir esa arma biológica, no sólo porque Kavernish lo había solicitado en el contrato, sino también porque ponía en riesgo al mundo entero. Todos los que estaban ahí podían ser mentes criminales, sin embargo, estaba casi segura de que nadie deseaba tanto mal. Lance, por su parte, incluso se había mostrado preocupado de que el arma pudiese ser activada en pleno laboratorio. Katharina realmente esperaba que no hubiese ninguna alarma en el salón porque tenía pensado destruir ese dispositivo. En menos de lo que tarda un parpadeo, doce esquirlas de hielo de medio metro cada una emergieron de la nada y aguardaron la señal de su creadora. Entonces, las disparó bruscamente hacia el artilugio con forma de misil, atravesándolo y soltando un montón de chispas.
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Mensaje por Lance Kashan el Jue 26 Mar 2020 - 15:35

Katharina hizo el honor de estrenar nuestro paso en aquella habitación, entrando sin ningún tipo de reparo, como si se tratase de su mismísima casa. Aunque mirándola, y siendo una pirata, tampoco estaba del todo seguro que tuviera un hogar al uso, pero eso, si en algún momento me lo cuestionaba, no sería en estos precisos instantes. Liliana y yo la seguimos sin dudar demasiado: si algo había allí, confiábamos en que la bruja se pudiera encargar de él en cuestión de segundos. Tal y como había hecho en nuestro primer encuentro, supuse que si alguien salía a emboscarnos desde la esquina, ella lanzaría un carámbano y lo partiría a la mitad. Algo que, no sé por qué, me proporcionaba una sensación de seguridad bastante curiosa.

De esa forma, entré siguiendo los mismos pasos que mi acompañante daba, investigando la sala con la vista. No me pararía, al menos no hasta que algo me despertase algún tipo de interés, a mirar o leer algo en concreto. Examinaría por encima todo lo que poblaba la habitación ya que, al existir tantos documentos y material científico, pararse por cada uno de ellos no era una opción válida. Si leía aunque fuera el primer folio de cada taco que había allí se moriría el Dr. de viejo antes de que nos apareciéramos por su propio despacho. Aunque éramos tres personas, y podía ser interesante… ‘’No, no’’, pensé, mientras movía mi cabeza para negar aquel pensamiento. Necesitábamos ir rápido y de forma eficiente, y aquella no era una posibilidad.

Cuando estaba por decidirme a tomar uno de los ficheros y ponerme a documentarme, escuché como la voz de Liliana, la cual no solía alzarse más que para refunfuñar, parecía tener información. Quizás había encontrado algo realmente interesante, algo que me había pasado yo de mi largo con mi indecisión o mis prisas. Señaló que aquel artefacto que ocupaba gran parte de la habitación podía ser el vehículo del virus que había mencionado en la anterior habitación, pero algo no me encajaba. A pesar de que mi propio instinto me decía que algo fallaba en toda aquella situación que estábamos viviendo, al escuchar las cifras del virus sentí la necesidad de hacer algo. Katharina pareció tener la iniciativa para encargarse de aquella arma biológica que parecía ser la principal transmisora del tal DIVCO-91. Es decir, si su tasa del contagio era cercana al cien por ciento, y la efectividad era más de los tres cuartos… Sí, valía la pena utilizar cualquier tipo de medida de seguridad contra aquel apocalipsis que parecía poder desatarse conque un genio loco —aquel a por el que íbamos en esta ocasión— se decidiese a pulsarlo, ya fuera por razones más o menos lógicas o un simple capricho.

Katharina generó una serie de armas de hielo alrededor del artilugio, que amenazaron con atravesarlo y partirlo en cuanto impactasen, y no tardó en dar la orden para que cumpliesen aquel mismo cometido. A mí se me escapó un ‘’¡No!’’ mientras pensaba que podía ser un arma inestable o, quién sabía, contener el producto en un estado gaseoso que no tardase en esparcirse por aquella habitación. Se escuchó un fuerte impacto metálico y una serie de ruidos posteriores, tapándome con mis manos por reflejo y cerrando los ojos, perdiéndome el momento del golpe. Para cuando los pude abrir, vi como aquello estaba tirado en el suelo, destrozado, y parecía ser algo completamente inocuo. Confiado por mis conocimientos de química y mi experiencia en laboratorios, controlando productos peligrosos, me acerqué a ver los restos repartidos por la habitación. Tomé uno con la mano y le di vueltas. Era metal, nada más que metal. Repetí con los despojos del pobre arma que estaban cerca de mí, incluidos los más grandes, que eran aquellos que ocupaban el centro. El centro de…

— Maqueta. — Miré el frío metal y lo dejé caer. — Es una maqueta de lo que están planeando hacer. — Di unos pasos hacia lo que quedaba de la isla donde estaba colocada, y vi un trozo muy grande ahí, todavía con detalles que no habían sufrido daños. — Una hecha de metal, no entiendo muy bien por qué, quizás para animar a los trabajadores… — Comencé a dar una vuelta alrededor del centro de la sala. — Una hecha con un tremendo mimo, he de decir. Tiene una cantidad de detalles absurda. — Recordé su forma nada más entrar y suspiré. — Ya decía que… que era demasiada pequeña. Muy poco segura y confiable para una tarea arriesgada como tratar de declararle la guerra a una isla.

Algo frenó mi monólogo cuando iba a seguir hablando. Un ruido mucho más leve y rítmico que la destrucción que había llevado a cabo Katharina, pero por eso mismo me resultaba más preocupante. Principalmente porque no sabía qué lo producía, y no estar controlando toda la situación no me alentaba. Me concentré en un segundo y, haciendo el gesto con las manos, lancé una ola de electricidad muy leve hacia la puerta, que no tardó en desviarse hacia las escaleras y el piso de abajo, permitiéndome leer el ambiente. No me hizo falta pararme a entender los detalles, porque pude ver cómo el pasillo estaba ocupado por una decena de personas. Y bueno… el sonido pertenecía a sus pasos. O, mejor dicho, a la carrera que estaban manteniendo, seguramente para venir a ver qué había causado aquel escándalo. Miré entonces a mi compañera.

— Tenemos compañía. ¿Algún plan…? — Seguiría sus indicaciones como un buen mandado, poniendo mis capacidades y poder a sus manos.


Aviso:
Este aviso te da permiso para, si lo ves correcto o quieres para ayudar a que la trama fluya mejor, utilizar mis poderes por encima o dar cosas por supuestas, que ya me encargaré yo más tarde explicar. Por ejemplo, decir que me encargo de X personas y seguimos andando, y esas cosas.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Jue 26 Mar 2020 - 15:59

No es que hubiese ignorado la obvia posibilidad de provocar un escándalo al atravesar con sus esquirlas de hielo el artilugio metálico ese. Tampoco se había desentendido de que tuviera alguna sustancia en su interior. Simplemente confiaba tanto en sus habilidades mágicas que, pasase lo que pasase, acabaría encontrando la solución con poco más que un chasquido de dedos. Si se hubiese liberado una sustancia gaseosa, habría formado una cúpula de aire y la habría retenido en su interior, por ejemplo. Por otra parte, sus acompañantes —tanto Liliana como Lance, el team Double L— parecían preocupados por los pasos que se aproximaban a la habitación a un ritmo alarmante. ¿Algún plan…? Bueno, en el salón no había demasiados lugares para esconderse. Y tampoco había el tiempo suficiente para volver a la otra habitación, pues serían vistos en el corredor. ¿Acaso había estropeado la misión…? No, eso jamás.

Dejó que su mantra recorriese el edificio como una especie de radar sumamente preciso. Un escuadrón compuesto por siete hombres se dirigía hacia la habitación y en pocos minutos, probablemente unos dos, acabarían llegando. Katharina se volteó hacia el muchacho y lo miró con una sonrisa que rebosaba seguridad. Era consciente de que algún día su arrogancia sembrada por su propio poder terminaría jugándole en contra.

—Yo me encargo de estos idiotas.

Aun disfrazada de una guardia cualquiera, se encaminó al pasillo y allí aguardó a los secuaces del doctor Watson. Los hombres le encontraron y se aproximaron hacia ella. Ninguno parecía ser un verdadero problema, de hecho, sus niveles de poder eran tan ínfimos como el del sirviente que había asesinado hacía pocos minutos. Vestían el típico uniforme y cargaban sables en las vainas y fusiles en las manos. Uno de ellos preguntó qué había sido ese ruido, pero la hechicera no se molestó en responder. Liberó su poderosa voluntad de forma controlada y dirigida, haciendo que cada uno de los guardias cayese desmayado. Luego, le ordenó al no muerto que los ocultase en alguna habitación cercana y asunto solucionado.

—Ya está, ¿avanzamos?

En caso de que ninguno opusiera alguna queja, la bruja caminaría a la escalera que conducía al nivel inferior. El corredor era idéntico al de los niveles superiores y tenía sus respectivas puertas en las laterales; nada fascinante, la verdad. Intentó caminar sin levantar demasiado ruido, pero entonces hizo una seña para que el grupo se detuviese de golpe. Había una poderosa presencia doblando hacia la derecha y, según el mantra de Katharina, rondaba el nivel de poder de Lance. Sería un problema encontrárselo puesto que dudaba de que pudiese dejarle inconsciente con su haoshoku. Miró hacia los lados. Había dos puertas a la izquierda; una a la derecha. Y solo esta última estaba entreabierta, dejando escapar una luz azulada.

—¿Puedes sentirlo? —le preguntó al muchacho—. Como sea un usuario de haki de observación nuestra misión se habrá ido a la mierda y nos veremos obligados a avanzar a base de fuerza bruta. Escondámonos hasta que haya regresado al nivel inferior, o si tienes alguna idea soy todo oídos.
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Mensaje por Lance Kashan el Vie 27 Mar 2020 - 11:43

Katharina, bastante segura de sí misma por lo que podía advertir en su rostro, dejó claro que ella sería la que se encargaría de limpiar el desastre que la misma bruja había causado con su forma de hacer las cosas. Lógico, por otra parte. Tú lo ensucias, tú lo limpias, es un código obvio en el mundo criminal, ya que nadie suele ofrecerse a limpiar tu mierda a menos que le pagues muy bien. De esa forma, y con una sonrisa más pícara que otra cosa, salió disfrazada a la puerta, y ahí se quedó esperando a que vinieran las tropas del doctor. Con calma, sin que pareciera que el hecho de que nos fueran a rodear en nada gente que nos trataría de matar no le preocupase.

En cuanto llegaron al pasillo y vieron a la impostora, le preguntaron acerca de la procedencia del ruido, a lo que ella mantendría un silencio sepulcral. Pero, sin decir una palabra, me dejó muy claro por qué era quien era, y qué hacía yo con ella en un lugar tan peligroso. Era… Katharina. Con una onda que hasta yo mismo sentí vibrar el aire, los guardias cayeron al suelo, uno a uno, golpeándose contra este en el proceso. Supuse que era un cañón de voluntad, tal y como había oído escuchar que tenían unos pocos, pero que no había visto nunca tan de cerca. Alguna vez desde lejos, sí, pero este había sido tan directo, dirigido y pulcro que me sorprendía más el hecho de que lo pudiera controlar de aquella forma que el hecho de que hubiera dejado inconscientes a siete personas en un segundo, sin mover su cuerpo. Dio pues la orden de que nuestro acompañante, el zombie, tomase a sus ex-compañeros y los escondiese donde buenamente pudiera, con el único deseo de que no lo encontraran pronto.

Justo cuando pareció terminar la faena, se giró para mirarme bastante animada, y, como si no hubiera pasado absolutamente nada en aquel corredor, nos invitó a continuar con nuestro viaje. Comenzamos a andar detrás de ella, siguiéndola por las escaleras que hacía nada habían pisado nuestros enemigos, y alcanzando por fin aquel piso. Como toda construcción poco imaginativa y más eficiente, uno se podía dar cuenta de que parecían haber copiado cada piso para hacer el siguiente, y era lógico. Te ahorrabas gastos y todo era mucho más simple y fácil de encajar. Así, este nuevo pasillo era exactamente igual a los anteriores, variando solamente en la disposición de las puertas, suponiendo que dando paso a habitaciones con formas y contenidos distintos a las anteriores vistas.

Para el momento en el que habíamos dado un paso en aquel lugar, Katharina comenzó a hablarme desde su posición, en un tono de confidencialidad y secreto. Me preguntó si sentía algo, y yo negué al instante. ¿Qué debía sentir en aquel lugar más que aburrimiento y tensión a partes iguales? Ella continuó, sin hacer mucho caso a mi respuesta, ya que no llegaba a especificar qué estaba notando que yo no. Por las palabras podía intuir que se trataba de alguien poderoso que estaba más adelante, y me daba miedo pensar que Katharina, teniendo el temperamento que tanto llamaba la atención, se estuviera limitando. La bruja que yo conocía se hubiera lanzado volando a por él y lo hubiera decapitado de un solo chasquido… Miedo me daba.

— No, no, si dices que no avancemos… — La miré y luego me fijé en las puertas de alrededor. — Confío en tu sensibilidad y tu criterio a la hora de hacer las cosas. — Saqué una ganzúa de la camisa que iba tras el traje de Sif y, suspirando, me fijé en las puertas cerradas. ¿Debía de ir a la puerta abierta o mejor las cerradas…? — Ahora entro por la puerta esa. — Señalé de donde provenía la luz azul sin mirar, simplemente con el dedo índice, y me acerqué a la puerta de la izquierda más cercana a las escaleras. Introduje la ganzúa y, con un par de giros, se abrió. La dejé entreabierta, lo suficiente para que uno se diese cuenta con solo mirarla, y fui hacia la luz.

Cuando entré, pude ver una habitación completamente a oscuras excepto por una fuente de luz azul muy intensa, que iluminaba directamente a unos trozos de papel cuadrados, bastante gruesos. ¿Era una habitación para revelar fotos? La luz me parecía extraña, pero quién sabe, viniendo de un señor que quería crear un arma de destrucción biológica, poder crear otro modo de revelar fotos no parecía tan raro. Lo raro sí que era que, pudiendo utilizar cámaras analógicas, simplemente optase por una más antigua… Me acerqué, olvidándome de que debía de estar atento, a las fotos que estaban colgadas ya en la cuerda, secándose, y me puse a mirarlas una a una.

— Ehm… Katharina, deberías mirar esto. — La primera foto en la que me fijé ya daba razones más que de sobra para alarmarse. Era el Dr. Watson, posando muy animado, con un gesto de victoria y satisfacción. Y ese no era el problema, sino el fondo tan grotesco que le acompañaba: un niño de dos metros de tamaño, con lo que parecían ser algunos problemas en el cuerpo. — Creo… Creo que me he confundido al leer los datos. — Recordaba aquel folio que había leído hacía un rato, pasando cada palabra de nuevo por mi mente. — N-No era una fórmula para... para volverles infértiles… — Se me escapó entonces un escalofrío muy intenso. — Gigantización. La próxima generación será de gigantes. — Había asumido, por los datos, que dar a luz con el genoma tan alterado sería imposible, pero se me podía haber pasado un dato: la elasticidad de la genética en las manos adecuadas. Niños que nacían de tamaño normal y que, a lo largo de los primeros años de vida, crecerían de una forma absurda, quebrantando las leyes de la biología. — Quieren hacer un ejército de gigantes, y no les importa hacer monstruosidades para lograrlo. — El resto de fotos eran más bien parecidas, con el doctor en pose triunfante y un niño con malformaciones detrás, pero de un tamaño imponente. Se estaban acercando, eso era obvio, pues los cuerpos cada vez se asemejaban más a un gigante normal y corriente. Me daba mucho miedo la idea de poder crear ejércitos artificiales al gusto, especialmente con el poder destructivo que podía tener este.

Me puse a andar por la habitación, tratando de procesar la información. No, no me debía preocupar. Es más, éramos nosotros los que estábamos allí para encargarnos del problema y arrancar sus raíces, así que era incongruente que yo estuviera afectado por la información. Ya sabía lo que podía ver cuando —por la fuerza o no— acepté el encargo de parte de Kavernish.

Mis pensamientos se volvieron a organizar cuando escuché un paso y, sin necesidad de utilizar electricidad, descubrí que alguien estaba viniendo hacia nosotros. Aguanté la respiración como pude para no hacer ruido, sin tapar la luz y tratando de no llamar su atención, esperando a que pasase frente a la puerta. Entonces, en el instante en el que llegó a ese punto, se giró para fijarse en la puerta abierta, y aproveché el momento para salir de la habitación en forma etérea y, rodeando su cuello con ambas manos, soltar una descarga eléctrica. No estuvo a su máximo nivel, ya que no quería desgastarme antes del combate final, y eso causó que fuera capaz de deshacerse de mi agarre y dar un par de pasos hacia atrás. Entonces contesté, juntando las manos para concentrarme y generar una pared de electricidad tras él, evitando que escapase por las escaleras, y otra detrás de mí para que huyese por el pasillo.

— Katharina, ¿puedes encargarte? — Generé un par de rayos a mi alrededor que se lanzaron a por él, pero los logró esquivar aun siendo un espacio tan reducido. Era muy ágil. Se lanzó a atacarme y yo, volviéndome etéreo, entré en la habitación de las fotos para escabullirme, aún con las paredes formadas. Allí, con un tono suficientemente bajo para que el otro no me escuchase, seguí hablando. — Iré acercando las paredes poco a poco para arrinconar a la rata. Si puedo, lo aplastaré.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Dom 19 Abr 2020 - 6:37

Antes de llegar a la adolescencia había perdido ya las cuentas de cuántos libros habían pasado por sus manos, y ese número no había hecho más que aumentar. Un par de años después de que fuera expulsada de la Marina por cometer traición, y durante una de sus expediciones a unas viejas ruinas, encontró un libro muy especial. Estaba muy bien escondido en el laboratorio de un alquimista en las tierras de Lethuenia, en las lejanas aguas del mar del norte. Estaba escrito en un idioma tan antiguo como olvidado, y tardó cerca de ocho meses en traducir cada una de sus páginas. En ese momento jamás pensó que acabaría encontrándose con la verdad que había desgarrado del papel.

A medida que escuchaba las palabras de Lance, las hojas del libro aparecían una a una en su mente. Había pasado tanto tiempo lidiando con ellas que habían quedado profundamente grabadas en su mente. Y hablaban sobre un experimento ocurrido hacía más de un siglo, un experimento en el que transformaba seres humanos en gigantes. Según lo que recordaba, estos jamás trataron una manipulación del código genético. La ingeniería y la matemática puesta en lo que la imagen mostraba eran fascinantes. El doctor Watson era un hombre tan peligroso como brillante, y la hechicera empezaba a preguntarse cómo funcionaba esa retorcida cabeza.

No sabía exactamente cómo responder, pues tampoco es que esa revelación supusiera algo para los mercenarios. Un hombre con mucho dinero había contratado sus servicios, y este esperaba que la pareja cumpliera con lo solicitado. Destruirían la investigación del científico y meterían su cabeza en una bolsa.

—Hmm, quizás con esta arma biológica pueda ser más alta —fue lo primero que comentó con una postura seria y pensativa mientras observaba la fotografía—. Y tú también, Liliana. Que seas más baja que yo significa que tenemos un grave problema…

La joven de cabellos dorados sonrió y tomó una de las fotografías. En ella se veía a una niña cuya cabeza era casi tan grande como el resto de su cuerpo. Era como si tuviera la nariz rota, formando una especie de “ese”. Tenía un ojo más arriba del otro, y a su derecha se hallaba un hombre sentado con una sonrisa de suficiencia. Si bien la fotografía estaba en blanco y negro, se veía que tenía el cabello negro y una nariz delgada. Cuando Liliana se la enseñó a la hechicera, esta última supo enseguida que se trataba del doctor Watson. Tenía unos veinte años menos en el cuerpo y se le veía muy contento. Ya fuera por la niña que debía andar por los dos metros o el horrible doctor, Katharina había pasado casi directamente de la mujer que miraba el suelo con el semblante ensombrecido y las manos entrelazadas.

—Creo que no estoy entendiendo nada de esto —dejó escapar la bruja en compañía de un suspiro—. ¿Por qué tiene una habitación como esta en el laboratorio? ¿Y por qué ha revelado estas fotografías? Mira esta, Lance. No hay duda de que es muy antigua, lo que significa que nuestro doctor ha estado trabajando por varias décadas en esta investigación. ¿Cuánto crees que Kavernish sepa de todo esto? Es decir, trabajó con Watson un buen tiempo y no parece la clase de hombre que no investiga a sus “socios”. Estoy segura de que está al tanto de los experimentos y, pese a saberlo, no tuvo escrúpulos en trabajar con un monstruo como este. Antes de seguir quiero hacerte una pregunta. —La espadachina se tornó tan seria como de costumbre y sus ojos azul hielo buscaron los de su compañero—. ¿Cuánto vale tu alma, Lance? ¿Podrás conciliar el sueño sabiendo que ayudaste a un hombre que permitió estas monstruosidades? Pregúntate si eres solo un mercenario, o si escondes algo de decencia; luego de que lo hagas toma una decisión.

Los criminales solían autoimponerse códigos de conducta para diferenciarles de matones sencillos o mercenarios desalmados. Carecían de moral y las vidas de los demás parecían no valer más que una moneda, sin embargo, incluso hombres oscuros como ellos aborrecían actos de inhumanidad como el que hacía el doctor Watson. Katharina quería saber con qué tipo de hombre estaba trabajando. ¿Era un mercenario controlado por el dinero? ¿O incluso él tenía unos límites que no estaba dispuesto a pasar? Si cumplían ese trabajo para Kavernish, debía saber que pasarían a ser cómplices tan responsables de los niños de esas fotografías como el propio doctor.

La bruja había mirado por mucho tiempo el abismo, y este acabó devorándole. La huella que había dejado la Orden en ella era imborrable. Y también la razón de que no sintiera nada al ver a esos niños. Sin embargo, con el tiempo y gracias a un montón de personas había conseguido desprenderse de una crueldad que le condenaba allá donde fuera. Quería que Lance tuviera la oportunidad de crear su propio camino e, independiente de la elección tomada, no le juzgaría. Tarde o temprano acabaría dándose cuenta de lo que significaba sumergirse en un mar tan oscuro como denso.

Un intruso no esperó a que el joven ladrón respondiera, apareciendo en la habitación y sorprendiendo a la hechicera. Pero Lance fue más rápido y, desmaterializando su cuerpo, alcanzó la espalda del hombre de ojos rasgados y cabello negro. La espadachina desenfundó a Fushigiri en una fracción de segundos, flexionó las rodillas y salió velozmente del cuarto oscuro. Trazó un corte ascendente, pero la escurridiza rata lo evitó. Y no tardó darse cuenta de qué estaba pasando. El hombre ejecutó un movimiento circular con sus manos y desprendió una poderosa onda de energía que le permitió hacer un hueco en la jaula para huir.

Katharina chasqueó la lengua cuando vio mejor a su oponente. No vestía como los demás, si no que llevaba una túnica roja con un dragón dorado bordado con destreza. Rondaba los cuarenta años y, luego de dejar caer su mantra sobre él, llegó a la conclusión de que era dueño de la presencia que había sentido antes.

—Me encargaré de nuestro pequeño problema, Sif, tú ocúpate de continuar con la misión. Te alcanzaré cuando me haya deshecho de este hombre —le dijo, soltando una sonrisa de confianza—. Tú eres el que debe tomar la decisión, recuérdalo.
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Mensaje por Lance Kashan el Miér 6 Mayo 2020 - 13:16

¿Mi alma tenía precio…? Al ser una persona que nunca se había conducido por leyes éticas ni morales, sino más bien por deseos y objetivos propios, nunca me había planteado aquello. ¿Realmente había algo a lo que, en vista de un buen fajo de billetes, me negase? En su momento me había decidido a, por ejemplo, realizar un trabajo a medias, no matando a todos los animales que se me había ordenado, ocultando el resto. Pero no era por bioética, nada más lejos de aquello, sino porque simplemente representaban unos sujetos experimentales de inconmensurable valor para el gremio científico de la Biología. Y como profesional tenía cierto respeto por el futuro trabajo del resto, igual que confiaba en que ellos lo tuvieran con el mío. Lejos de eso, no había visto impedimento en trabajar de sicario para cualquier tipo de persona, ni en robar a los más mayores. Tampoco en dejar en la quiebra a personas que ocupaban altos cargos en organizaciones, destrozándoles su vida y a lo de sus hijos. Puse mi mano en el pecho mientras corría con el paso más silencioso posible —algo fácil para mí, con mi físico y experiencia en el campo—, recitándome una cuestión a mí mismo que nunca sería capaz de responder: ''Tras todo este tiempo, ¿siquiera tengo un alma del que hablar?''

Moviendo la cabeza de un lado a otro, no en símbolo de negación sino tratando de hacer desaparecer aquellos pensamientos de mi mente, alcancé el final del pasillo. Dejé atrás aquel festival de ataques y ruidos estremecedores, asumiendo que mi parte en aquel trabajo no era ponerme a la altura de aquellos monstruos sino dedicarme a buscar nuestro objetivo. ¿Por qué los llamaba monstruos, en plural? Bueno, era fácil de descubrir que, si aquel ser podía hacerle frente a Katharina, debía estar realmente lejos de mis capacidades. De hecho, mi intento de apresarle junto a ella había resultado ser una inocente ofensiva de mi parte, subestimando demasiado a aquel al que me enfrentaba. De todas formas… ¿Cuál era nuestro objetivo ahora? Es decir, por un lado estaba nuestra meta inicial: destrozar aquella arma o atentado contra la humanidad que el Dr. Watson estaba llevando a cabo desde hacía tantos años. Pero, a juzgar por la reacción de mi compañera, estaba perdiendo la confianza —si en algún momento había existido— en Kavernish. Yo era obvio que si sumábamos lo recién descubierto al intento de darme muerte con el que se había presentado ante mí, su imagen empeoraba aún más. A pesar de ello, en mi cabeza era muy claro lo que tenía que hacer: íbamos a terminar este encargo, cobrando y haciendo un favor a la Humanidad. Después, ya podríamos dedicarnos a pensar en cómo hacerle pagar al contratante por hacer la vista gorda hacia una violación tal a los derechos de cualquier ser vivo.

Había girado una esquina, aun en el mismo piso, y, recordando las palabras que me había dicho Katharina, me fijé en lo que estaba a mi espalda. Quizás había terminado ya su parte, quién sabe, así que valía la pena cubrir esa posibilidad. Aun así, antes de percatarme, terminé chocando contra lo que pareció ser una pared, a la que golpeé de lleno con la cabeza, cayendo al suelo. Miré hacia el frente y allí estaba una mole que podía rozar el centenar y medio de kilos, observándome con un rostro de pocos amigos y una sonrisa que enturbiaba todo el ambiente. Apoyé mis manos en el suelo, sin saber muy bien qué hacer, quizás un poco paralizado aún por la sorpresa y, en cuanto me fijé en que él estaba planeando darme un golpe contra el suelo, di una voltereta impoluta hacia atrás.

— ¿Qué haces aquí, niñato? — Aquella voz ronca se refería a mí con el mayor de los desdenes, sin esperar realmente una respuesta válida. Yo, por mi parte, estiré todo mi cuerpo al final de la voltereta, reincorporándome de forma grácil y mirándolo fijamente. — Bueno, nos puedes servir como sujeto de prue-- — Y, antes de terminar de hablar y de la forma más deshonrosa posible, se lanzó hacia mí con un par de pasos que hicieron retumbar toda la superficie donde nos apoyábamos. Si trataba de que fuera un ataque por sorpresa, no le había ido especialmente bien, teniendo en cuenta que al segundo había pasado entre sus piernas y ahora amenazaba su espalda. Corrí hacia él desde su nuca, saltando a su espalda y entrecruzando las piernas en su tripa, como si de una garrapata me tratase, colocando ambas manos a cada lado del cuello. Esgrimí una ligera sonrisa a la par que sus manos atravesaron mi cuerpo de forma torpe, tratando de tocar lo intangible y, antes de que pudiera comenzar a utilizar haki de armadura, mis palmas estaban transmitiendo un flujo potente y constante de electricidad hacia su torrente sanguíneo. Sus intentos de separarse cesaron repentinamente mientras mis manos dieron el redoble final, provocando que el susodicho gigantón comenzase a vomitar sangre, fruto de la grave hemorragia interna.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Jue 7 Mayo 2020 - 3:39

Un rápido análisis de la situación le hacía pensar que el hombre del dragón no era el único guardaespaldas medianamente decente que había en la instalación. El doctor Watson era un hombre de recursos, así que seguramente podía permitirse contratar a un buen par de matones. Si bien el efecto sorpresa se había ido a la mierda, la misión seguía en pie y acabarían prontamente con todo el problema. Ahora mismo debía confiar en las capacidades de Lance. Sonrió al darse cuenta de que estaba confiando en alguien más que no fuera ella misma. No es que el muchacho fuese extraordinariamente poderoso, pero la profesionalidad con la que actuaba le inspiraba confianza. Prefería encargarse de todo ella misma, sin embargo, era momento de poner a prueba a Lance.

—No deberías distraerte en medio de un combate —sentenció el hombre con una voz grave y se abalanzó sobre la espadachina. Un rápido golpe buscó su rostro, pero le faltó muchísima velocidad para darle.

—La basura no tiene derecho a dirigirme la palabra —respondió, eliminando la sonrisa de su rostro—. Para mí eres como un insecto que camina bajo una estampida de elefantes, completamente insignificante. Muérete luego y no me hagas perder el tiempo.

El guardia frunció el ceño y chasqueó la lengua.

—Te tragarás tus palabras, bastarda.

Y volvió a atacar. Lanzó una ráfaga de veloces puñetazos en distintas direcciones, intentando alcanzar el rostro, el estómago e incluso el pecho de Katharina. Pero sin siquiera moverse de su posición la bruja esquivó todos sus ataques y acabó soltando un bostezo.

—¿Quieres dejar de molestarme?

Frustrado, el artista marcial lanzó una patada horizontal en busca del costado izquierdo de la pelirrosa. Una espada ennegrecida cercenó su pierna a la altura de la rodilla y un charco de sangre tiñó el suelo de rojo. El hombre soltó un grito de dolor, llevándose las manos a la herida tras caer. Eso le pasaba por enfrentarse a una persona a la que no podía vencer ni aunque dios le concediera un milagro. Katharina volvió a soltar un aburrido bostezo y entonces una estaca de roca surgió del suelo, dividiendo el cuerpo del hombre en dos mitades. Una muerte más no suponía ninguna diferencia en la vida de la bruja.

—Mejor me doy prisa antes de que esto acabe se complique —susurró para sí misma, ignorando el hecho de que se estaba hablando a sí misma.

Envainó la espada y dejó el cadáver ahí. Ya no tenía sentido esconder los cuerpos puesto que el efecto sorpresa había desaparecido. Bueno, tampoco era demasiado importante. Podía barrer ese maldito edificio usando sus habilidades mágicas a su máximo poder, pero tampoco era la mejor opción. En fin, retomó la caminata en busca del muchacho y al cabo de un rato encontró a un mastodonte ahí tirado en el suelo. ¿Dónde había ido Lance? Maldición, también se había olvidado de Liliana… Se comunicó telepáticamente con el reanimado para decirle a la muchacha que le estaba esperando al fondo del pasillo.
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Mensaje por Lance Kashan el Vie 8 Mayo 2020 - 15:52

La mole se derrumbó ante mi ofensiva. Primero clavó ambas rodillas sobre el suelo, fruto de la fuerza que había perdido al desangrarse. La rodilla crujió, dando fe de que aquel golpe, provocado por la misma gravedad y el peso del cuerpo, no era para reírse. En un último esfuerzo de búsqueda de venganza, lanzó un manotazo hacia su espalda sin medir las consecuencias, siéndole imposible canalizar haki de armadura en sus palmas por culpa del dolor que le inundaba. Me atravesó y, haciendo gala de una elasticidad de la que buenamente podía estar orgulloso, se golpeó a sí mismo de una forma bastante dura. Teniendo en cuenta su estado previo, tampoco hacía falta demasiada potencia como para lograr lo que logró: empujarse y caer sobre el suelo para no volver a levantar. Había sido menos trabajo del que me esperaba, eso lo tenía por seguro, y me alegraba sobremanera de no haber alargado aquella situación. Menos mal que era un inútil…

Esbocé una sonrisa mientras miraba al cadáver, sin saber demasiado bien qué hacer a partir de ahora. Es decir, Katharina me había dicho que continuase mi camino, ¿pero realmente iba a tardar tanto? No me fiaba tanto de mis capacidades como para sentirme libre en aquel sitio. Cruzaba cada esquina y daba caso por los pasillos con una ansiedad y aprensión tremenda, con la incógnita de no saber con qué se iban a encontrar mis ojos de un momento para otro. Esta vez había tocado aquella masa de músculos sin mucho cerebro, reflejos ni, para qué mentir, resistencia. ¿Pero qué podía ser lo siguiente? No era capaz de discernir las capacidades de la gente como lo podía hacer su compañera, así que cada presencia que sintiese —ya fuese por la electricidad o por su propio mantra— era una sorpresa en el mismo concepto de la palabra. Me quedé allí parado, mirando hacia la dirección desde la que se suponía que la mujer debería venir en cualquier momento, hasta que reuní el valor suficiente como para atreverme a gritar en aquel lugar:

— ¡Katha---! — Sentí algo cálido que apretó mi máscara contra la boca, impidiéndome mover los labios ni la boca lo suficiente como para poder levantar la voz o siquiera pronunciar. Sin verlo, no podía saber qué demonios era. Traté de transformarme en electricidad, pero por alguna razón era completamente incapaz de escapar de aquel agarre que, desde ese momento, me estaba también atrapando con una presa en el brazo. Me arrastró hacia lo que parecía una puerta que llevaba estando entreabierta desde que pasé por allí, entrando y tirándome. Cerró la puerta con un gesto veloz pero silencioso, encadenando el movimiento para elevar la misma mano y darle al interruptor de la luz con el dedo índi… no, coraz… ¿eso era un pulgar…?

— ¡Shhh! — Aquello se llevó la mano, o el intento de serlo, justo frente a la boca. Una desmesurada boca desde la que se derramaba un hilo de baba que, al momento de hacer aquel sonido, cayó al suelo. Sin darle muchas vueltas, pude darme cuenta de que aquel ser, o de forma más educada, humano, resultaba ser uno de los resultados de los experimentos del Dr. Watson. Medía alrededor de un metro setenta, quizás algo más, pero teniendo en cuenta que por sus rasgos rozaría los cinco o seis años, era una monstruosidad. Sus manos parecían haberse fundido en una mezcla de tres únicos dedos, gruesos y de aspecto protésico, grotescos a más no poder. Su cara… Bueno, no creo que sea necesario definirla, ya que en combinación a su poco pelo dejaban ver a un ser realmente extraño. Aun así, su cuerpo parecía estar más o menos equilibrado. En comparación a sus predecesores, claro, pero para ser un organismo en gran parte sintético debía aceptar que era un auténtico logro.

— ¿Qué sucede? — Mi tono era lo más neutral posible, quizás rondando una falsa simpatía para ganarme la confianza de aquel niño. No me interesaba caerle bien, ya que por él no pasaba mi estrategia. Solo quería que se apartase de la puerta, que protegía como el mismísimo Cerbero, pero él se apresuró a responder.

— ¡Shhhhhhhhh! — Había ganado en intensidad, eso estaba claro. Tanto auditivamente como por el tacto, ya que una gota cayó sobre mi hombro. Seguí fijándome en él, conjeturando que fuera de sexo masculino, y comencé a moverme lentamente para acercarme a la puerta. Si no quería que hablase, aunque sea que me dejase marcharme. Es decir, ¿qué quería de mí? No tardó más de un segundo en cruzar los brazos, formando una X, tiznándolos del color de la noche. ''¿Por qué cojones tiene haki de armadura un niño?'' me pregunté a mí mismo, respondiendo al instante con una suposición más que lógica: ''Quieren un ejército del más alto nivel''. Además de gigantes o semigigantes, preparados para una batalla de verdad, no como las que se daban en los Blues.

Chasqueé la lengua, viendo el escenario, y decidí hacer lo más fácil en aquellos instantes: transformarme en mi forma etérea y pasar a través de la puerta, huyendo de aquel ser. Desaparecí en chispas, desplazándome a toda velocidad hacia aquella salida, pero el puño se cruzó en medio, hundiendo el suelo varios centímetros hasta que frenó. El estruendo fue acompañado de un gruñido fiero, algo que no entendía si era él el primero en pedir silencio. ¿Me tenía que cargar a aquel niño por ser un pesado, de verdad?


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Sáb 9 Mayo 2020 - 1:02

Esperó unos pocos minutos a la muchacha, quedándose de brazos cruzados y con la espalda apoyada en la pared mientras contaba los segundos. Liliana apareció poco después, jadeando y descansando con las manos sobre las rodillas. Había escondido todos los cuerpos de los guardias inconscientes, repartiéndolos en diferentes habitaciones para no llamar demasiado la atención. La bruja sonrió y revolvió sus cabellos en una muestra de cariño, felicitándole por su trabajo. A medida que Liliana trabajaba con ella ganaba más y más experiencia, en muy poco tiempo había conseguido un nivel más que decente, aunque aún debía aprender muchas cosas.

—¿Dónde está el muchacho? —preguntó entonces, mirando hacia todos lados en busca de Lance—. N-No es que esté preocupada, pero puede comprometer la misión…

Katharina sonrió y luego abandonó su postura. La bruja no siempre había sido desconfiada, era un rasgo que había adoptado al trabajar para la Orden. Incluso el mundo le había mostrado que era el único camino a seguir para sobrevivir. Sin embargo, el destino le había susurrado al oído que también podía confiar en otras personas, y se lo había demostrado. Confiaba en las habilidades del chico y lo consideraba un profesional; si bien podía cometer errores, pues no dejaba de ser humano, se sentía muy cómoda trabajando con él. Le tenía la suficiente estima como para confiarle el curso de la misión sin sentirse preocupada.

La hechicera cerró los ojos y se centró en las voces que había en el edificio, buscando espacialmente la de Lance. Frunció el ceño cuando vio otra presencia más o menos poderosa que se aproximaba hacia el muchacho. Una cosa era confiar en las capacidades de él, otra muy diferente era ser estúpida.

—Estará bien, aunque es mejor que vayamos los tres juntos y no por separado —respondió, sacando a luz su vergonzoso espíritu proteccionista.

Recorrieron en silencio el extenso pasillo, dejándose guiar por la voz que desprendía el pequeño ladrón. Antes de cruzar cada esquina se detenía, echaba un vistazo y continuaba. No es que alguien en todo el edificio pudiera derrotarle, pero estaba bien ser precavida. Escuchó un estruendoso golpe y volteó la mirada en dirección al ruido. ¿Alguien pretendía llamar la atención de todo el Nuevo Mundo con algo así? Llevó la mano derecha a la empuñadura de Fushigiri y caminó lo más silenciosa que pudo. Se detuvo en la puerta y giró la perilla con delicadeza, encontrándose con un hombre un poco más alto que ella. Vio detrás de él y se encontró con Lance.

Chasqueó la lengua y no dudó en lanzarle una fuerte patada en la espalda, tomándolo por sorpresa y mandándolo a volar. El hombre se estrelló contra la pared, soltando un gruñido a modo de queja. Fue entonces que la bruja entendió lo que pasaba ahí: no era ningún hombre, sino un experimento vivo del doctor Watson. Una criatura deforme e incluso más alta que ella, tenía la fuerza suficiente para detener a Lance y la armadura negra y brillante en sus manos indicaba que no sólo podía usar haki, sino también el endurecimiento. Habían pasado muchísimos años desde la última vez que mató a un niño, aunque no estaba segura de que esa cosa podía considerarse uno. Retiró la espada de la vaina y esta emitió un brillo tan oscuro como la noche, además una llama fantasmagórica y de tonalidades violetas comenzó a fluctuar por el acero de Fushigiri.

—Como muevas un puto dedo te corto la cabeza, ¿me entendiste? —le notificó, preparándose para la embestida en caso de que el monstruo no le hiciera caso—. Eres cualquier cosa menos un niño —susurró casi como queriendo convencerse a sí misma.
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Mensaje por Lance Kashan el Sáb 9 Mayo 2020 - 15:55

Suspiré. ¿Realmente no podía ser esto un camino de rosas? ¿Caminar por pasillos, más pasillos, alcanzar el laboratorio y matar a ese señor mientras rompíamos el artefacto que podía condenar a tanta gente? ¿No, en serio? Parecía que aquellas instalaciones tenían vida, ya que a cada piso que descendíamos se esforzaba en lanzarnos algún problema. Mientras más descendíamos, más y más se complicaba la situación. Quizás era una tonta coincidencia o, si utilizábamos la lógica, a lo mejor se debía a que había más guardia mientras más nos acercábamos a nuestro objetivo. Aunque aquel niño no parecía ser precisamente parte de la guardia del Dr. Watson. Es decir, como científico que soy —aunque no investigaba con seres vivos normalmente, menos de aquel calibre, tamaño y valor—, sé cómo de reticente se debía encontrar aquel hombre acerca de dar libertad a su querido sujeto de pruebas. Por la forma de su cuerpo y la agilidad de la que le dotaba a pesar de las malformaciones, uno juraría que era el que mejor había salido hasta la fecha. Y aquello decía demasiado de los pobres desvalidos que le habían precedido. En estas situaciones solía esbozar una sonrisa, no de tristeza, sino de una felicidad increíblemente egoísta. Me alegraba de no estar en su lugar; de no ser aquel niño que había nacido por y para cumplir los designios de un viejo loco. Podía haber tenido un pasado no demasiado fácil ni simple, podía tener secuelas de aquellas experiencias, pero aun así daba una y mil gracias de no estar en la piel de aquel gigantesco cuerpo.

Antes de que pudiera siquiera tratar de razonar con él, ya que si seguía un comportamiento es porque debía ser mínimamente inteligente, algo golpeó la puerta y, con ella, al sujeto que se interponía en mi camino. Este salió disparado junto a aquel portón hacia el lado contrario de la sala, chocándose contra la pared y, sorprendentemente, no recibiendo daño alguno por parte del impacto. Dejó caer aquella plataforma que lo había convertido en sándwich, descubriendo un recubrimiento de haki en ambos brazos, lo que le había valido de defensa ante aquel ataque improvisado. Apartó la puerta de delante de sus pies con una patada despreocupada, que terminó con esta en la esquina contraria, fuera de lo que iba a ser un campo de batalla. Katharina apareció por la entrada, con un gesto algo impaciente y decidido, desenvainando su arma sin ningún tipo de duda en sus manos o dedos. Muestra de la confianza en sus actos, de su falta de duda acerca de si estaba obrando mal, imbuyó la hoja por completo en algún tipo de elemento que no era capaz de discernir, para terminar amenazando a aquella persona de la forma más directa posible.

Estaba claro, con sus palabras, que eran las de un cristiano que se fuerza a creer. O sea, Katharina no era creyente —o eso suponía—, era una metáfora. Si se repetía mil veces que algo era falso o distinto a lo que ella creía, seguramente su percepción de esa realidad en concreto cambiase. Si se negaba a creer que aquello delante de ella era un niño cuyos únicos años de vida los había pasado enclaustrado, rodeado de guardias bastante fríos y maleducados y del que seguramente se plantase como su padre: el Dr. Watson. Obviamente, un chiquillo que había crecido con aquellos referentes morales difícilmente se podía ajustar a la norma social, aunque yo tampoco era el más apropiado para hablar sobre aquellos temas. De todas formas, había tomado una decisión en mi cabeza, clara como la nieve del mes de Enero.

— Katharina, es un niño. — Me interpuse entre ambos, abriendo los brazos por completo a modo de muro entre los enemigos. Aunque, siendo sinceros, también me estaba exponiendo a que a aquel gigante se le fuera la cabeza y me propinase un golpe directo, haciendo peligrar mi salud en gran medida. Tenía que darle un voto de confianza o mis palabras no tendrían sentido ni valor. — Él es la primera víctima de todo esto. Habías dicho que teníamos que ponernos unos límites morales, ¿cierto? — Bajé el brazo derecho para señalar el suelo con el dedo índice. — Bueno, pues aquí están. — Me di la vuelta para mirar al chico cara a cara, descubriendo un gesto furibundo pero inundado de terror. Su propia mente estaba en discordia y, teniendo en cuenta lo que había pasado y le quedaba por pasar, no era para menos. — No pienso llevármelo como si fuera del grupo, sería ponernos en un riesgo completamente innecesario, pero no perdemos nada por no darle sentencia. Que simplemente se esconda y, cuando terminemos el encargo, ya veremos qué hacemos con él. — Tuve un gesto inconsciente de frotarme el pelo, llevándome la mano a la nuca, pero esta estaba cubierta por el traje de Sif. Suspiré e hice como que no había pasado nada. — Además, creo que tiene inteligencia aunque…, bueno. Ya sabes, eso. — Tampoco quería pasarme de descortés, aunque la realidad era la realidad. — Seguramente nos esté entendiendo en estos instantes y, si no se ha lanzado a mi cuello todavía, por algo será. — Aun así, la mueca de rabia no menguaba. Seguía viendo la misma cantidad de dientes en su amenaza, aunque también podía tener parte de culpa aquella parte de labio defectuoso que tenía el niño. — Volveremos luego, ¿vale? — Fui a pasar por la puerta, acercándome en el momento a la oreja de Katharina para susurrarle. — Tranquila, no tendrá valor como rehén para nosotros. No podemos perder de ninguna de las formas. Entiéndelo como un favor que le hacemos a nuestro karma. — Y, entonces, me dispuse a salir al pasillo por la salida de la habitación, que ya carecía de puerta.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Sáb 9 Mayo 2020 - 20:31

No sabía si sorprenderse más porque Lance estuviera defendiendo a la aberración esa, dándole la espalda y exponiéndose como un novato, o porque lo seguía considerando un niño. Mantuvo el arma retirada de su vaina, preparada ante cualquier movimiento extraño del monstruo. Tampoco necesitaba converse a sí misma para asesinar a alguien, daba igual si era un niño o no; jamás le temblaría la mano. Y se suponía que el malformado que tenía en frente era la aberración. Por otra parte, las emociones estaban cegándole el juicio al muchacho. Le parecía una buena señal que tuviera los huevos para pararse frente a ella y decirle lo que tenía que hacer. Incluso se sentía aliviada al comprobar que no había desecho su alma como ella sí lo había hecho. Sin embargo, debía mantenerse frío y pensar las cosas con la cabeza, no con el corazón.

—Eres tú el que debe tener límites morales, yo ya soy un caso perdido —respondió sin ninguna expresión en el rostro—. Quiero que lo mires, por favor. Míralo y piensa, luego respóndeme una cosa: ¿qué clase de vida tendrá a futuro? Han experimentado cruelmente con él toda la vida, ¿matarle aquí y ahora no es un acto de piedad? —le preguntó, esperando que el muchacho considerara todo el sufrimiento por el que pasaría el “niño” una vez abandonase el edificio—. Pero si aún después de haberlo reflexionado quieres dejarlo vivir, no me interpondré en tu decisión —agregó enseguida, envainando el arma—. Siempre has respetado mis decisiones, y como el compañero que eres no mereces menos. Luego no me pidas que me haga cargo porque tengo cero experiencia con niños, ¿vale? Vámonos, papi Lance —le susurró entonces con una sonrisa divertida en el rostro.

Liliana, quien estuvo observando en silencio la conversación entre sus compañeros, se volteó y comenzó a caminar. Su mirada expresaba confusión y preocupación. La bruja le conocía lo suficiente para saber que algo no andaba bien. Además, era como un libro abierto, tenía una capacidad nula de ocultar sus emociones.

—Puedes contarme lo que sea, ¿sabes? —le comentó mientras caminaban, acercándose a ella.

—¿Este mundo no es un poco cruel…? —preguntó en voz baja, jugando con sus dedos y manteniendo la vista gacha—. Desde que te conocí no he dejado de descubrir una oscuridad que siempre ha estado ahí. No me gusta, Kath, la odio. Si no hubieras sido tú y sí el doctor Watson, habría acabado como ese niño de ahí. —Sus palabras expresaban miedo y dolor—. Creo…, creo que no soy tan fuerte como ustedes dos. Han vivido siempre en este mundo oscuro y aun así permanecen de pie. No es algo que-

—Yo no dejaré que nada te pase, Lil —le interrumpió, acariciándole la cabeza y sonriendo con confianza. Le había prometido lo mismo a su hermana y había fallado, razón por la que se había vuelto más fuerte. Y lo había conseguido—. Da igual cuán oscuro sea un lugar, siempre habrá algo de luz. Encuentra tu propia luz y aférrate a ella, mantenla aislada de toda oscuridad y créeme que podrás hacerle frente a este mundo. Arriba el ánimo, Lil, y piensa en que siempre habrá un par de idiotas ahí para mostrarte que, pese a toda la mierda que hay, no todo es tan malo.

La bruja se detuvo de golpe y les hizo un gesto a sus acompañantes para que se escondiesen en la habitación contigua. Sentía muchísimas presencias, y al menos un par de ellas eran muy fuertes. Frunció el ceño y echó un rápido vistazo. Al final del pasillo había una gigantesca compuerta metálica y robusta con una inscripción en lo alto. ¿Era la sala que habían buscado desde un comienzo? Bueno, de serlo explicaba el por qué había tanta gente fuerte reunida en un solo lugar. Le explicó a Lance lo que creía y luego le preguntó qué debían hacer. Por supuesto, la bruja tenía la fuerza para entrar de frente y cargárselos a todos en una demostración titánica de poder, pero era una apuesta innecesariamente arriesgada. Además, tenía una idea mucho más inteligente en mente.
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Mensaje por Lance Kashan el Lun 11 Mayo 2020 - 11:42

¿Ella no tenía límites morales…? Es decir, era fácil de suponer y hasta lógico que una persona cuya carrera en la piratería hubiera sido tan larga, simplemente hubiera cometido atrocidades sin límite. Pocos eran los que se libraban de algún incidente del que se querrían olvidar o, ya de pleno, borrar de su historia y seguir hacia adelante. A mí no se me aplicaba esa norma, ya que era el primero que, paulatinamente, se estaba convirtiendo en monstruo. Era cierto que no podía juzgar a Katharina en ninguno de los aspectos cuando yo era el primero que, de no ser porque me había tocado la vena sensible de refilón, hubiera cortado su cuello de un solo tajo de mi electricidad.

Por otro lado, me planteaba la serie de dificultades que iba a sufrir aquel chico si realmente salía del laboratorio y trataba de hacer una vida normal… ¿No había gente con peores malformaciones que sobrevivían el día a día? Quizás no fuera la mejor calidad de vida, eso estaba claro, pero, a juzgar por la forma en la que me había tratado, lo más seguro es que prefiriera aquello a la alternativa de morir. Al final, sin tener yo que dar un argumento o expresar lo que pensaba, Katharina aceptó mi idea. Se me escapó una sonrisa y mi corazón empezó a latir con mucha fuerza dentro del pecho en el momento en el que escuché que ella me trataba como un compañero bastante preciado y que, por una vez en mi vida, alguien me respetaba sin tener que ser a la fuerza o por obligación. Se escuchó por el pasillo una carcajada en cuanto mi compañera me llamó papi, caminando hacia delante sin dejar de lado nuestro objetivo.

Entonces se dedicó a hablar con Liliana que, teniendo en cuenta el gesto que ocupaba su rostro, seguramente estuviera algo perturbada por lo que acababa de ver y no la culpaba. Me giré para mirar al chiquillo que dejábamos atrás, que se había quedado allí sentado y, en cuanto se fijó en que tenía mi atención, se acercó a la puerta para cerrarla y esconderse allí. Sin quererlo yo, terminé pegando un poco la oreja a la conversación de Katharina, pero más bien a la parte en la que ella comenzó a hablar. En cuanto terminó su parte, levante mis brazos hacia el techo y, con un tono bajo pero asemejando un grito, dije entre risas:

— Hay que aprender a verle lo bueno a todo, ¿no? — Me giré para mirarla mientras caminaba hacia atrás. — Encantado, soy idiota uno. — Le fui a tender la mano cuando la bruja se frenó en seco y nos señaló una de las tantas puertas que adornaban la pared del pasillo. ¿Más gente aún…?

En cuanto estuvimos decentemente escondidos, suspiré ante las suposiciones de la mujer. Me alegraba de haber llegado ya a nuestro destino, o lo que parecía serlo, pero no estaba realmente preparado para enfrentarme a tanta gente como ella decía. Quizás podíamos tener una oportunidad si echábamos todo el peso de nuestra incursión en Katharina, confiando en que ella se encargase de la mayoría, pero el plan dejaba demasiados cabos sin atar. Es decir, no estaba seguro de poder encargarme de nadie por mi mano y, para empeorar las cosas, teníamos a Liliana. No es que fuera un problema per se, pero era una posible rehén y, si no tenía nada oculto bajo la manga, sería de poca ayuda en la batalla. No, tenía que desechar la idea de una ofensiva directa. Teníamos que jugar con la táctica, la estrategia, la sorpresa y la inteligencia. Desconocíamos si tenían poderes más allá de poder blandir un arma o saber artes marciales, así que tampoco podía ser algo demasiado general; un usuario de akuma no mi nos podía hacer cambiar todos los planes en el último momento o, en el peor de los casos, echarlos por completo a perder.

— Creo que, si esa es la única forma de entrar a la sala que queremos… — Me froté las sienes, tratando de rememorar lo que había visto al analizar la zona hacía ya una hora. — …,que lo es, va a ser imposible utilizar el sigilo. — Mis ojos brillaron por un instante, aunque lo único reseñable desde el exterior de la máscara fue un leve fulgor. — Veo dos posibilidades —hice el gesto con los dedos para darle importancia.—: podemos distraer la acción de los enemigos, dando una falsa alarma en un piso superior, donde nos ayudará nuestro amigo el zombie o… —Bajé el dedo índice, dejando únicamente el corazón subido.— una estrategia de pinza donde yo haga de señuelo y, en cuanto estén en el pasillo, simplemente los barras con una técnica lo suficientemente poderosa para que desaparezcan sin poder dar el aviso. — Suspiré, sabiendo que todo no iba a ser tan simple. — Aun así, estoy seguro que en la primera opción no se marcharán todos. No son tan tontos, para nuestra desgracia. Y en la segunda, bueno, será simplemente una forma de decirle al Dr. Watson a la cara ''Estamos aquí, viejo de los cojones.''. Aunque si tienes una opción mejor, soy todo oídos, la verdad.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Miér 13 Mayo 2020 - 1:56

Escuchó las propuestas de su compañero y pensó. Como él había dicho, el sigilo no era una opción puesto que había una única forma de entrar, así que debían optar por otro camino. Si bien el reanimado obedecía cada una de sus órdenes, había demostrado ser infiel y creía que acabaría encontrando algún hueco en su comando para joder el plan. Debía descartarlo, el puto zombi no era de fiar. Por otra parte, usar a Lance como carnada resultaba más… interesante, y no porque quisiera exponerlo al peligro. Esa idea terminaba calzando mucho mejor con la suya, aunque aún tenía que reparar en algunos detalles.

Katharina podía adoptar la imagen que ella quisiera, cuestión que había usado innumerables veces. Una opción era que se transformase en guardia y arrastrase a Lance como prisionero, presentándolo al doctor Watson y aprovechando la oportunidad para acercarse a él. Era imposible que un hombre sin entrenamiento pudiera reaccionar a un ataque de la espadachina. Sin embargo, le preocupaba el hecho de que hubiera tanta gente relativamente fuerte reunida en un solo lugar. ¿Acaso se habían dado cuenta por los escándalos hechos? Era posible, sí. En cualquier caso, preocupaciones después: debía consultar su plan con el muchacho.

—¿Qué opinas de fingir una captura, Lance? Me transformo en guardia y entramos contigo como prisionero, te acuso de haberte infiltrado en el edificio y luego me los cargo a todos —le propuso, mirándole y hablando en voz baja. No quería que nadie le oyese—. Puedes confiar en mí, no dejaré que nada te pase.

Esperaba que su compañero se mostrase de acuerdo con su idea, aunque aún había otros detalles que trazar.

—Lil, tú deberás entrar cuando hayamos montado un escándalo. Usa todo lo que te he enseñado hasta ahora para defenderte, sé que puedes hacerlo —le comentó, mostrándole que confiaba en su habilidad—. También debes proteger la entrada para que nadie salga ni entre, si el doctor se encuentra en esta habitación es importante que no la abandone.

—Sí, haré todo lo que pueda, pero… ¿Cómo abriremos la puerta? —preguntó la rubia, dándose cuenta de que la compuerta tenía verificación mediante huella dactilar—. Tus poderes son impresionantes, Kath, pero no sé…

Su discípula tenía un buen punto ahí, algo en lo que la pelirrosa no se había dado cuenta. Joder, era un detalle fundamental para iniciar su plan. ¿Qué otra opción tenía? ¿Entrar por la fuerza, destruyendo la puta puerta y dando inicio al festival de sangre? No le apetecía mucho, la verdad. «Al final tendré que depender de ese puto zombi bueno para nada…», pensó la bruja para sí misma. Espera, quizás no. Si bien no era una experta en física ni en asuntos de seguridad electrónica, tenía cierto sentido lo que estaba pensando. Lance era el usuario de la logia de electricidad, tal vez podía desactivar el sistema y abrir la compuerta.

—Lance, ¿puedes encargarte de la puerta?
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Mensaje por Lance Kashan el Miér 13 Mayo 2020 - 9:04

Por los gestos que imperaban el rostro de Katharina, mis ideas no le habían parecido del todo mal. Me alegraba ver que, a diferencia de la gran mayoría, confiaba en mí lo suficiente como para poder darle importancia a aquello que saliera de mi boca y, mejor aún, creerme lo suficientemente profesional como para aportar en esta situación. Poco después, ella participó en la conversación, aportando su granito de arena: prefería utilizar la estrategia del rehén. Por una parte era algo bastante lógico, especialmente teniendo en cuenta que mi compañera podía adoptar la forma de quien quisiese, como la de aquel desdichado al que hacía un rato le había quitado la vida y que se resistía a seguir las órdenes de la chica.

Además, su plan pasaba por un ataque frontal. Seguramente quisiera utilizar mi mala imagen de prisionero para pillar a todos los enemigos por sorpresa, terminándolos en un único ataque. Bueno, yo confiaba en no haber visto todas las dimensiones del poder de Katharina, ya que tampoco habíamos vivido ninguna situación en la que tuviera el tiempo de sobra como para ponerme a observar y disfrutar una de sus peleas. Si ella se creía capaz, especialmente sabiendo que era capaz de leer las auras de los enemigos, yo confiaría en sus capacidades por completo. Pocas veces dejaba algo a la suerte en trabajos más importantes y, más aun, en situaciones en las que mi vida estuviese bailando sobre la cuerda floja, pero esta vez confiaría en ella lo suficiente como para dejarme utilizar. Asentí un par de veces en muestra de afirmación, para que ella se dirigiese ahora a Liliana, la que serviría de guardia para que nadie pudiese escapar de allí. Realmente sería un estropicio si entrásemos allí a enfrentarnos a todo el grupo y nuestro objetivo se agazapase y huyese por los pasillos como una rata con la cola entre las patas.

En cuanto mencionaron el tema de la puerta, una electrónica que jugaba mediante las huellas dactilares para dar paso, se me infló el pecho. Una sonrisa apareció tras la máscara, una de orgullo y suficiencia. Esperé a que ella lo pensase el suficiente tiempo como para darse cuenta por sí misma y, a los segundos, me preguntó si era capaz. Elevé entonces mi mano derecha y contraje un par de veces los dedos para mostrársela.

— ¿Dudas de mis capacidades? Soy el mejor electricista de todo el Nuevo Mundo, y es decir. — Surgieron dos chispas en mi mano que empezaron a orbitar, una alrededor de otra, de un color tenue. — ¿Empezamos entonces? Aunque tú tendrás que hacer el paripé para hacer como que habías puesto la mano o la actuación será muy poco creíble.

Minutos después me encontraba todavía en aquella habitación, pero con una cuerda que me apretaba fuertemente las muñecas. Incluso podía llegar a decir que me dolía, pero supuse que mientras menor lugar a dudas dejase, mejor. Salimos ambos al pasillo, ella ya transformada, conmigo al frente, y comenzamos a caminar hacia la puerta que se erguía al final del pasillo. En cuanto nos plantamos frente a ella, habiendo comprobado que nadie más nos rodeaba y que ninguna cámara nos arruinaría el teatro, miré a Katharina con una sonrisa oculta. Seguramente se estuviera preguntando una y otra vez cómo demonios iba a trucar la puerta si tenía las manos a la espalda. Bueno, a estas alturas era más bien simple: generé una única descarga delante de mí que comenzó a moverse alrededor y, serpenteando, se chocó contra el panel. Este tintineó un par de segundos mientras yo me concentraba en comenzar a recorrer todos y cada uno de esos cables en búsqueda de su funcionamiento. Seguía un camino, no encontraba lo que buscaba y volvía sobre mis pasos, yendo al siguiente. Era de circuito cerrado, así que, aunque fuera seguro para el resto del mundo, a mí me facilitaba el trabajo. Llevé la carga hacia una de las resistencias, que al calentarse activó el interruptor. Curioso funcionamiento, poco convencional y bastante torpe a mi parecer. Entonces, mantuve la postura mientras las puertas se abrían, presentándonos el cuadro frente a nosotros. Había gente, vaya que había gente. Yo me limitaría a dejar actuar a Katharina, manteniendo un porte tranquilo que intercalaría en ocasiones con algún tirón, imitando a un fugitivo que quería zafarse del agarre.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Jue 14 Mayo 2020 - 7:24

Sintió un alivio cuando su compañero aceptó la propuesta que le había hecho, a pesar de que fuera una idea bastante razonable, tampoco pasaría a llevar su voluntad únicamente porque podía hacerlo. Luego de preparar un improvisado nudo que parecía bastante firme, reunió algo de maná para cambiar su aspecto físico. Sus cabellos se volvieron negros y sus facciones afiladas y maduras, rasgos de una mujer de treinta años. No hizo falta alterar el tamaño de sus pechos que, de por sí, ya eran bastante voluminosos. Sus ojos pasaron a ser de un tono escarlata bastante intenso e intimidante. Usó una gorra de guardia para aparentar ser una más del montón y se acomodó el traje, ajustándolo con magia a las necesidades de su figura. Esperaba que la apariencia escogida fuera suficiente para despistar a los hombres que aguardaban en la habitación principal.

—Puedes volver a tu forma etérea cuando quieras, Lance, si te ves en peligro ya nos las arreglaremos.

El chico demostró ser el mejor electricista que había conocido en toda su vida, de hecho, era el primero que conocía. Eso lo convertía indiscutiblemente en el número uno. Su propio dominio de la electricidad era bastante pobre y tardaría bastante en hacer algo como lo que Lance estaba haciendo, aunque, por otra parte, tampoco le llamaba demasiado la atención. En el momento en que comenzó a abrirse la compuerta metálica, de lado a lado, llevó rápidamente la mano al lector y al instante sintió decenas de ojos puestos en ella. Tragó saliva y empezó a caminar hacia dentro, confiando en que Liliana les cubriría las espaldas en caso de verlo necesario. Era una muchacha prometedora y creía en lo que había aprendido los últimos meses.

Se hallaba en una gigantesca habitación repleta de gente con batas frente a pantallas llenas de cifras y palabras que no entendía de nada. Su fuerte jamás había sido la ciencia, cuestión que no le hacía sentirse menos inteligente. En el extremo opuesto de la compuerta se veía un gigantesco tubo de cristal con un contenido líquido y celeste. En este había un niño de casi tres metros de alto y sus facciones indicaban que no debía superar los diez años. ¿Qué clase de monstruo estaba creando ese hijo de perra de Watson…? La hechicera se mantuvo impávida y no dejó que sus emociones interviniesen en la misión. Echó otro vistazo, aunque ahora a los hombres dueños de las presencias más alarmantes. Se encontró con una mujer de metro ochenta y grandes pechos, vestía una bata de científica y llevaba el cabello violeta amarrado en un perfecto moño. Usaba gafas rectangulares y todo indicaba que era esa clase de mujer que miraba a todos por encima.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó el Jefe de Seguridad, José Rodríguez. Al menos eso decía la identificación que llevaba en el pecho. Era un hombre de dos metros y medio, siendo tan robusto como una montaña. Tenía el cabello rubio y la piel medianamente morena. Miró con sus ojos amarillos a la joven guardia que había entrado a la habitación principal.

—Jo, parece que han capturado a una rata escurridiza —comentó de inmediato un chico delgado y de unos quince años, aparentemente. Según el mantra de la bruja, era el que tenía el aura más preocupante de todos ellos. Cabellos rojos y una mirada salvaje, rebosante de fuerza. A diferencia del resto, vestía una camiseta negra sin mangas que dejaba a la vista un engorroso tatuaje de un dragón occidental devorando un fénix—. Cuéntanos qué ha pasado aquí, Scarleth —agregó luego, mirando la falsa identificación que la hechicera había improvisado.

—Debe ser ese idiota de Kavernish que ha enviado a otro novato a matarme, ¿es que aún no se da cuenta de que es imposible que lo haga? Puede tener todos los recursos del mundo, pero soy muy listo. —Katharina escuchó una voz familiar y entonces localizó el rostro que llevaba buscando un buen rato: el doctor Watson. Unas gafas circulares adornaban su rostro bien formado y unos ojos marrones miraban detrás de los cristales. Se pasó la mano por su peinado cabello café y caminó lentamente hacia la hechicera, deteniéndose a unos quince metros de ella.

—Es tal como ha dicho, señor, he encontrado a este espía en la habitación de experimentación con animales. Decidí traerlo inmediatamente para que el jefe Rodríguez decidiera qué hacer con él —contestó, imitando a la perfección un tono casi de soldado.

—Has hecho bien, te lo agradezco. Chicos, encárguense de nuestro invitado. —Los hombres se levantaron al unísono y dejaron caer sus miradas sobre Katharina. Tenía el presentimiento de que todo saldría mal—. Por cierto, señorita Scarleth, ¿quieres que le envíe tu cabeza a Kavernish en una caja de cartón o de plástico?
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Mensaje por Lance Kashan el Jue 14 Mayo 2020 - 22:27

Al menos Katharina me permitía echar por alto la actuación si me veía en un aprieto. Como, por ejemplo, si decidiesen ajusticiarme allí mismo, sin más. Terminamos entrando a una estancia que, por más que me doliese, parecía más un laboratorio que el mío propio. Tubos con líquido por allí, muestras de prueba por allá, batas corriendo de un lado para otro… ¿Por qué el mío no podía ser así en vez de un conjunto de mesas con instrumental? Quizás porque ellos eran endiabladamente ricos en comparación a mí y que, por más que me escociese en el orgullo profesional, no me hacía falta tanto utilitario si simplemente iba a ser un trabajador. No tenía todavía compañero de faena, aunque tampoco había encontrado a alguien que fuese capaz de igualar mi inventiva. Todos eran demasiado simples. Quizás se lo podía pedir a cualquiera de aquellos investigadores que formaban un cuarteto bastante variopinto. No, espera, Lance, son enemigos.

Una mujer alta de pelo violeta bastante voluminosa, lo que parecía ser un humano a las puertas de ser un semigigante de piel morena y pelo rubio y un enano pelirrojo que emitía un aura demencialmente potente. No solía captar la voluntad de las personas sin esforzarme en ello, pero aquel chico la emitía con tal potencia que hasta lograba sobrecogerme. Además, aquel del que debíamos encargarnos había hecho acto de aparición y, en vez de alegrarme por tener mi objetivo allí en frente, me compadecí a mí mismo. Es decir, el primer problema es que todo sería mucho más fácil si nos lo encontráramos en una habitación vacía o, en todo caso, con algún guarda del que nos pudiéramos encargar. Pero ahora estaba allí, rodeado de gente que seguramente pudiera plantarnos frente y, más aún, la conversación estaba yendo por muy malos derroteros. Estaban juzgando demasiado la situación y eso nunca solía terminar para el agrado del que miente. La actuación continuó casi hasta el final, momento en el que se decidieron a encargarse de mí y yo, por propio instinto, adopté una postura atenta y defensiva. Bueno, si pudiera, ya que con las manos atadas a la espalda no era algo posible sin dejarse los hombros. Para rematar el drama, Watson terminó por referirse a la Katharina disfrazada para amenazarla. ''Bueno, hasta aquí nuestro pequeño teatro'', pensé.

Me volví etéreo para ponerme de pie justo al lado de Katharina, mirando a los enemigos. No sabía las capacidades de cada uno, incluido el objetivo, así que lo más prudente era esperar a que ellos mismos los desvelasen. Lanzarme a por un rival sin tener muy claro qué te podía hacer, exponiéndote a que la batalla acabase en un solo asalto, era un riesgo extremadamente innecesario, propio del mayor novato. Llevándome la razón de la forma más pura, aquel niño pelirrojo comenzó a mutar su cuerpo de una forma grotesca. Su brazo comenzó a crecer de forma exponencial hasta que su propio cuerpo perdió por segundos el equilibrio por el desbalance de peso, momento en el que el otro brazo imitó su forma. Eran dos garras de color azabache, pero no haki de armadura. Era pelo. Sus gemelos ocuparon tres veces el espacio que al principio y, momentos después, el chico había crecido un metro, irguiéndose sobre dos patas terminadas en pezuñas. ¿Qué demonios era aquello? Si era una Zoan, no conocía a aquel animal, aunque lo más importante era qué podía hacer ahora que estaba así. Por el otro lado, la mujer se llevó ambas manos a la espalda, bajo la bata, seguramente recogiendo un arma que estuviera oculta por su cuerpo. Por último, el guardia se limitó a dar un par de pasos para cubrir a su jefe, extendiendo ambos brazos y dejando al hombre castaño tras de él. Su ropa se levantó por segundos, dejando ver un par de katanas que seguramente estuvieran bien afiladas, más aun sabiendo que era el encargado de la seguridad de todo el edificio, jefe de aquellos que nos habíamos encontrado por el camino. No emitía un aura tan potente como el niño, pero tenía por seguro que algo guardaba en esa manga para haberse ganado el puesto sobre otros, sobre todo en el Nuevo Mundo.

Viendo que planteaban este encuentro —quizás porque no nos vieran como enemigos reales o porque estaban esperando a algo— como un enfrentamiento doble, nos tocaba repartirnos pareja de baile. Y tenía claro que yo no iba a tocar a aquel ser monstruoso con cuerpo de bestia y cabeza de niño que, más que un humano, parecía una quimera. Ahora bien, ¿era una fruta o fruto de las investigaciones del doctor o cualquiera de sus colegas de la profesión? No me podía importar menos, siempre y cuando se mantuviese a varios metros de mí. Me separé unos cinco pasos de Katharina de forma lateral, sin darle la espalda a ninguno de los dos rivales. Luego, otros cinco. No quería mantenerme cerca de ellos dos cuando comenzasen a lanzarse ataques a gran escala, ya que no sería raro que me viese involucrado y ya había tenido suficiente con nuestro primer encuentro, en el cual terminé casi hospitalizado.

Para cuando me pude dar cuenta, una sonrisa se esbozó en mi rostro al ver que había hecho bien al alejarme de aquel lugar. El niño había saltado hacia Katharina, aprovechando sus increíblemente fuerte patas —o al menos así aparentaban— a una velocidad que solo fui capaz de ver gracias a que mi vista se había acostumbrado a ir a toda prisa en mi forma etérea. Lanzó un puñetazo con las garras a su rival que, por si fuera poco, se habían tiznado de un negro mate.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Vie 15 Mayo 2020 - 6:07

La mentira cuidadosamente preparada había sido destrozada en cuestión de minutos, habiendo cometido un error que cualquiera podía considerar de novato. Debió haber reunido más información para trazar un plan más astuto, sin embargo, tampoco es que cambiase demasiado las cosas. Sólo debía acabar con todos los guardaespaldas y luego cercenarle la cabeza al doctor Watson. Estaba segura de que ninguno de los allí presentes podía contra ella en un combate individual, pero tampoco hacía bien confiarse. Ya no era la misma debilucha que se había enfrentado al guardia de Kavernish en aquella ocasión, ahora por ningún motivo se dejaría lastimar de esa manera.

Una sonrisa siniestra se dibujó en su rostro y rápidamente sus aretes se transformaron en dos katanas que empuñó con firmeza. Su mantra continuamente activo le alertó de los movimientos del monstruoso muchacho que se había transformado en una especie de quimera. «Demasiado lento», pensó para sí misma. Esquivó, haciéndose hacia un lado, por escasos centímetros el poderoso puñetazo que soltó una onda de choque, levantando unas cuantas placas metálicas del suelo. Contraatacó rápidamente con un doble tajo endurecido, sin embargo, una larga cadena negra interrumpió su ataque. La espadachina volteó la mirada hacia el responsable y frunció el ceño al encontrarse con el Jefe de Seguridad. Concentró de tal manera su Espíritu de la Conquistadora que en cuestión de segundos consiguió romper el metal que tenía atado a su acero.

El muchacho soltó un gruñido y atacó a la bruja justo después de que esta rompiera las cadenas. Reaccionó a tiempo para bloquear el golpe con sus dos espadas, siendo lanzada hacia atrás cual misil. Sintió un molesto dolor en la espalda, dejando una abolladura en la pared. Entre maldiciones y quejidos salió de ahí, siendo inmediatamente recibida por el ataque de José Rodríguez. Una rápida patada encontró sus costillas derechas y volvió a ser disparada en dirección del golpe, las cadenas disminuyeron en un instante la distancia recorrida y se enrollaron en el dorso de la espadachina. El Jefe de Seguridad jaló hacia sí mismo y le propinó un puñetazo endurecido en el rostro a Katharina. Entonces, hizo un movimiento de cadera circular y lanzó a la chica directamente al pelirrojo.

—Qué fastidio… —gruñó la espadachina en pleno vuelo.

La quimera humana usó ambos puños a modo de martillo, dándole duro a la bruja e incrustándola en el suelo. Un estruendoso sonido recorrió la estancia al mismo tiempo que el doctor Watson sonreía complaciente al ver la fuerza de sus hombres. ¿Así que eso había sido todo? Su estilo no era dejarse golpear para ver la habilidad de sus oponentes, pero había hecho una pequeña excepción. Se incorporó poco a poco, malhumorada. Los imbéciles le habían dislocado un hombro y le habían roto la nariz, aunque las runas elementales estaban trabajando rápidamente y al cabo de unos pocos segundos el dolor desapareció, así como también sus heridas.

—Creo que es mi turno.
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Mensaje por Lance Kashan el Sáb 16 Mayo 2020 - 15:14

Bueno, parecía que Katharina ya había comenzado una danza violenta y peligrosa que… Bueno, por mi salud, mejor que no mirase demasiado, ya que el comienzo no había sido favorecedor para la señorita. Tanto por seguridad en mí mismo —si no me veía capaz de enfrentarme a uno solo de ellos, como para quedarme solo contra tres— como para no verme involucrado en aquella lluvia de golpes que me podrían dejar fuera de juego con pasmosa facilidad. Di varios pasos a gran velocidad hacia la otra dirección, tratando de ocupar la otra esquina de la habitación para evitar por completo verme en mitad de algún tajo, puñetazo o ataque de aquellos tres.

Estaba tan concentrados en aquellos tres que no reaccioné a tiempo cuando una gigantesca masa negra apareció justo frente a mí. Me atravesó de forma veloz, dejando un reguero de electricidad por donde pasó y un hueco en mi cuerpo. Por un milagro parecía no haber rastro de haki de armadura y mi propio instinto de logia me había salvado de aquel intento de asesinato que, por cierto, había sido silencioso y rápido a más no poder. Escuché ahora, algo más atento a ello, un par de pies tocando el suelo. Allí estaba la mujer de pelo violeta, observándome con los ojos bien abiertos y una sonrisa de superioridad.

— Así que no eres un niñato… — Se relamió la fila superior de dientes, dejando ver la lengua a propósito. — Eres un niñato con akuma no mi. — Empezó a girar, con un movimiento magistral, las dos tonfa que llevaba, creando un pequeño remolino que simplemente servía para llamar mi atención y demostrar su talento. Estaban decoradas con pequeñas joyas y no prometían nada bueno. — Con la Goro Goro más concretamente, ¿cierto? — Estaba claro que no estaba esperando a ninguna respuesta, ya que antes de darme el segundo que necesitaba se lanzó a por mí.

Su velocidad era tal que los pies no eran visibles al ojo humano común, sino que el hecho de que tuviera una vista tan superior a la media y mi experiencia a altas velocidades me permitía advertir sus acciones. Un paso para la izquierda, otro para la derecha… Seguía una trayectoria aleatoria que, por encima de hacerla perder algo de tiempo, la convertían en una persona completamente impredecible. Chasqueé la lengua y apreté la culata de una de las Elektro Gun, pero la solté al segundo siguiente. Utilizarla no era una opción, al menos no en esta situación; me haría demasiado daño para poder seguir combatiendo y nada me prometía que ya hubiera acabado en el encargo. Dejé la capa de Sif caer por encima de las armas, adoptando una postura defensiva y baja, atento por completo a la mujer para poder reaccionar a sus movimientos.

En cuanto notó mis ojos fijos en ella, vio necesario comenzar la ofensiva. Seguramente se aburriese de esperar a que yo tomase la iniciativa, algo que nunca saldría de mí, ya fuera por cobarde o prudente. Dio varios pasos y apareció un paso tras mi hombro derecho, momento en el que yo me giré para mirarla y vi aquella tonfa dirigirse hacia mi cara de forma directa. Puse los brazos en cruz, tratando de frenarla antes de quedarme sin dientes, notando como mis pies dejaban de hacer contacto con el suelo y mi espalda tocaba el acero de una de las paredes un par de segundos después. La sangre manchó el interior de la máscara, cayendo un par de gotas por la parte inferior de esta, donde debería ir el mentón.

— Jopé, me esperaba más de ti, niñito… — Volvió a hacer aquella cosa con los pies, apareciendo frente a mí al instante. Era lógico que no pudiera tomarme por la espalda, ya que esta estaba protegida por la pared. Dirigió ambas hacia sendos brazos, tratando de dislocarlos desde el hombre, tiñéndolas de un negro algo reluciente. No, no podía dejarla. Generé una serie de cinco rayos alrededor de ella y, en cuanto dudó un segundo de qué estaba pasando, aproveché para desaparecer en mi forma etérea, para que me viera justo encima de ella. — ¡Así me gusgsdgadg…! — Mi pie cayó justo sobre su boca, apoyándome en su cara para dar un paso en mitad del aire y caer al otro lado dado un mortal. Sus gafas se partieron por la mitad, pero todavía se apoyaban sobre su nariz. Entonces, los rayos se abalanzaron sobre ella y, con un veloz movimiento, los recibió con las tonfas, cuyas gemas se empezaron a iluminar. — Grac… — Sacó la lengua, dejando ver un pelo que escupió al suelo. Seguramente hubiera llegado ahí gracias a mi calzado. — Mira, déjalo.

Llegó el nuevo asalto, pero algo había cambiado. Sus tonfas cada vez brillaban con más intensidad, algo que no me podía explicar. ¿Había utilizado mi electricidad para alimentar un circuito…? Entonces me quedaba sin ningún as en la manga, ¿no? Ella, en un gesto descarado y orgulloso, chocó su arma contra la pared y esta se empezó a doblar alrededor, tomando un color anaranjado. Se estaba fundiendo y, si era capaz de jugar así con el mismísimo acero, el cuerpo humano debía ser un objetivo bastante más fácil. Comenzó de nuevo aquel taconeo, apareciendo frente a mí y, en vez de dar un ataque directo, simplemente se limitó a tratar de pasar sus armas por mí, aprovechando la temperatura que desprendían. Di un par de pasos hacia atrás, previendo lo que estaba por suceder, pero ella no reculó, sino que volvió a avanzar, dirigiendo un ataque como el de la bienvenida, tratando de clavar el arma en mi pecho. Casi ardiendo y con haki… No era una posibilidad recibirlo si quería salir vivo. Interpuse ambas palmas en su trayectoria, imbuyéndolas de una especie de armadura invisible y una capa de electricidad sólida, siendo ambas destruidas en aquel golpe que me mandó a la otra punta de la sala, pasando volando por medio del combate que se estaba manteniendo. Me levanté, quizás con una costilla rota, escupiendo sangre fuera de la máscara, que ahora se estaba inundando. La buena noticia era que había despertado el haki de armadura. La mala… Bueno, la señorita estaba al otro lado de la habitación, con un gesto que me enervaba, una sonrisa completamente torcida y sádica y, bueno… Sus tonfas ahora estaban ardiendo. En llamas.


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Mar 19 Mayo 2020 - 21:00

Cuando superaba en creces la fuerza de sus oponentes no le hacía falta pensar en una estrategia contundente y perfecta, podía limitarse a humillarles. Sin embargo, tampoco significaba que se abalanzase sobre ellos como una idiota. El Jefe de Seguridad era un hombre diestro con las cadenas, teniendo la ventaja de la distancia; por otra parte, el muchacho era una masa de músculos increíblemente fuerte y veloz. Prefería ir directamente a por el molestoso guardia, pero tenía claro que el pelirrojo no dejaría que lo hiciera. ¿Cómo debía proceder, entonces? A su disposición tenía un arsenal prácticamente ilimitado de habilidades útiles para el combate, debía encontrar la mejor combinación posible para un combate de ese estilo.

A pesar de decir que era su turno, sus enemigos no esperaron a que comenzase su ofensiva y volvieron a atacar. ¿Cambio de estrategia? El hombre de las cadenas movió sus molestosas armas como si de una serpiente se tratase, intentando frenar los rápidos movimientos de la espadachina. Al mismo tiempo que las cadenas zigzagueaban hacia ella, la quimera humana endurecía su puño derecho y desataba un peligroso golpe. Su agudo mantra permitió alertarle de todo, recibiendo una nítida imagen sobre lo que sucedería dentro de los próximos segundos. Así que bastó con hacer un movimiento instantáneo en vertical, esquivando el puñetazo y dejando que las cadenas simplemente siguieran de largo. Lo que no se esperó es que estas últimas virasen hacia sus piernas para luego atraparlas.

—Te tengo —dijo el hombre, girando sobre su propio eje para lanzar a la bruja hacia la muralla con una fuerza arrolladora.

Se acomodó como buenamente pudo para amortiguar una gran parte del daño, pero le fue imposible evitar por completo el dolor que recorrió su cuerpo cuando se estrelló brutalmente contra la pared. Salió del agujero y usó la superficie de este para ejecutar un movimiento muy similar al Soru del Cipher Pol. Apareció en la espalda del guardia de seguridad, quien apenas pudo reaccionar a la veloz patada. Unas cadenas se interpusieron entre su ataque y el dorso del hombre, saliendo despedido varios metros hacia atrás cual misil. El mantra de la hechicera volvió a entrar en modo alerta. Dio un mortal hacia la izquierda para esquivar el puñetazo del monstruo-humano, volvió a dar otro salto para posicionarse en su espalda y lanzó un tajo cruzado endurecido al máximo de su capacidad.

Aparentemente, el muchacho tampoco lo estaba teniendo demasiado fácil con esa mujer. La mayoría de los miembros del equipo de investigación huyeron nada más comenzar la pelea, no obstante, el doctor Watson estaba ahí sentado con las piernas cruzadas y observando en primera línea la batalla que sucedía entre los asesinos y sus guardaespaldas. ¿Debía ayudar a Lance? No, ahora mismo ella tenía sus propios problemas de los que ocuparse. Pese a haber ejecutado ese corte con mucha técnica y fuerza, apenas consiguió rasgar la dura piel de la criatura en la que el pelirrojo se había transformado.

—¿Estás segura de que es tu turno? —preguntó la quimera, volteándose al mismo tiempo que una cola que acababa en un peligroso aguijón nacía de su espalda.

Alcanzó a moverse justo a tiempo para evitar la picadura, pero unas cadenas le tomaron de la cintura y le arrastraron hacia atrás sin poder hacer nada para impedirlo. Sintió un fuerte golpe en su espalda que le arrojó al suelo. Si no hubiera endurecido su espalda, el daño habría sido mucho mayor. Inmediatamente después de librarse de las cadenas se alejó de Rodríguez, pero la quimera ya estaba preparada para atacar. La espadachina bloqueó la lluvia de puñetazos con ambas espadas. Los brazos le dolían producto de la serie de impactos y no tenía tiempo para descansar: el Jefe de Seguridad se preparaba una vez más para el ataque.

Una rápida cadena buscó el cuerpo de la pirata y, en el último segundo, se encendió en llamas verdes. La bruja no tenía idea de lo que suponía el color, pero era una pésima idea dejar que algo como eso le diera. La quimera se alejó antes de que la cadena llegase a la posición de Katharina y, entonces, el metal liberó una llamarada verde. Un grueso muro de hielo se antepuso entre la explosión y la hechicera, salvándole la vida.
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Mensaje por Lance Kashan el Miér 20 Mayo 2020 - 0:18

Katharina parecía no haberme dado especial importancia y, a diferencia de lo que pudiera parecer, daba gracias en mi interior de que me hubiera dejado pasar. Si se hubiera centrado en mí a pesar de su combate solo hubiera convertido esto en un combate de dos contra tres, donde nosotros estábamos en desventaja y, peor aún, me estaría enfrentando a aquel par de enemigos que seguramente me descabezarían de un ataque. Es decir, solo bastaba con fijarse en lo que estaban haciéndole a Katharina…

Me llevé la mano a la cabeza, más concretamente a la parte posterior, frotándome para aliviar el dolor de haberme chocado contra la pared. Me recompuse con cierta velocidad, viendo cómo la mujer tenía un par de arma que portaban un rojo fuego y que no parecía tener ningún tipo de intención de dejarme tranquilo. Comenzó a acelerar hacia mí, deslizándose a mitad de camino para evitar un choque con uno de sus compañeros, que se desplazaba para atacar a la bruja y, en cuestión de tres segundos, estaba a un metro de mí. Bajé mi posición, alterando el centro de gravedad para facilitar cualquier tipo de movimiento y tratando de prever el movimiento que pensase realizar el enemigo. No lo logré a tiempo, pero sí que fui capaz de esquivar el choque con el que trataba de empotrarme con la pared a base de velocidad bruta: me desmaterialicé en ese punto y atravesé la sala hasta el otro punto, tratando de comprar unos segundos para organizar los pensamientos en mi mente. Era obvio que en aquellos momentos no estaba precisamente en un estado de calma y el combate se presentaba como algo básicamente desigual. O sea, tenía un par de armas capaces de absorber mi única baza, aprovechándola para generar algo que me podía hacer daño… ¿No podíamos hacer un cambio de parejas?

Volvió a repetir su estrategia de evitar los golpes con la masa de músculos y el señor de las cadenas, pero esta vez estaba algo más preparado para su ofensiva: tenía ambas manos en las Elektro Guns. En cuanto estuviera a una distancia en la que no pudiera frenar a gusto, desenfundé ambas y las puse justo frente a ella, desencadenando un grito de horror. Apunté justo a su frente y absorbí cierta parte de la electricidad del mecanismo, dejándola casi a la mitad, con solo dos esferas marcas, disparando hacia su frente con seguridad y temple. Su tonfa derecha impactó en mi brazo izquierdo, quemando parte de mi traje y provocando que chasquease la lengua en señal de dolor, pero no evitó que aquellos dos rayos avanzasen hacia ella. Tal y como planeé, no tuvo el tiempo como para poner su armas frente a ella y, como era lógica, no pudo asimilar la descarga de una forma sana: se le escapó un chillido, luego otro. Sus ojos se pusieron blancos por un momento, provocando un ligero olor a chamuscado que invadió la habitación, pero no tardó en volver a la consciencia. Guardé una de las pistolas mientras la otra la sujetaba para cargarla, alejándome un par de metros para ver cómo reaccionaba.

Sus dientes crecieron levemente y sus labios se separaron para emitir un chillido casi ensordecedor, obligándome a taparme las orejas como respuesta. Su piel se había cubierto por una cierta cantidad de pelos pero, a juzgar por la densidad del pelaje no podía afirmar que fuese un usuario de una zoan. Quizás se acercaba más a la morfología del niño pelirrojo. Una quimera. Sus ojos se dilataron sobremanera como los de un felino durante el día y dejé escapar una sonrisa en señal de que me había llegado la inspiración. Siguió sujetando sus tonfas, acercándose de una forma directa a una velocidad mayor aun a la anterior, momento en el que generé siete paredes de electricidad sólida que interpuse entre ella y yo. Juntó ambos antebrazos en vertical y trató de atravesarlas por fuerza bruta, lográndolo con una facilidad pasmosa. Una a una, cada pared se quebraba por la mitad, provocándole ligeras quemaduras por brazos y hombros, pero sin frenarla en un deseo. Salté cuando estaba llegando, aprovechando mi forma etérea para ascender un metro más, aguardando al segundo en el que la señorita se frenase bajo de mí, esgrimiendo una sonrisa que demostraba sus pensamientos: ''Ya te tengo, niñato''.

— ¡Katharina, los ojos! — Generé una pequeña luciérnaga frente a mí que, antes de que la mujer se pudiera dar cuenta, comenzó a dilatarse a un ritmo increíble. Al segundo siguiente, la habitación por completo se hallaba bañada en una luz cegadora, acompañada por los chillidos de dolor y molestia de la ahora ciega enemiga. Seguramente no recuperase el sentido de la vista durante unos cuantos minutos al haber recibido tal intensidad lumínica justo en las pupilas dilatadas, pero no me podía confiar, así que terminaría cuanto antes.

Un sonido de chispa surgió tras la mujer, luego otro y, finalmente, aquello se convirtió en una orquesta de descargas. Un total de veinte rayos distintos de un tamaño de treinta centímetros de largo ocupaban la espalda de la señorita que no vieron impedimento en avanzar a la vez, atravesando la piel y, por un momento, haciéndola parecer un erizo mortal. Con suerte aquello haría el trabajo, pero esos híbridos de humanos con animales eran tan raros que uno no podía tratar de prever sus capacidades, movimientos ni pensamientos.


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