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Czerwonak [Primera parte]

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Mensaje por Yoldin Sutade el Jue 30 Abr 2020 - 17:06

Cuando la distante sombra del volcán de Bonborte apareció en la distancia Yoldin apenas pudo contenerse de pegar saltos de alegría. No hubiese sido conveniente volcar el bote que había sido su único hábitat durante 7 días. Había eludido con maña todas las islas posibles y había tenido la suerte de no encontrarse con ningún barco durante aquellas jornadas en las que había sobrevivido a base de los botes de conservas que llevaba en la mochila.

Al acercarse a la isla un barco sólo un poco más grande que el suyo le detuvo y los militares que lo tripulaban (a juzgar por su uniforme) le pidieron motivos de su viaje y pertenencias. Él contó la información que había recibido: para cruzar al lado más oriental del North Blue había que enfrentarse a unas corrientes que no cualquier barco sobreviviría, así que en algunas islas se ofrecían ferries para transportar a los viajeros que lo necesitasen. Tras unos instantes de deliberación y escrutinio quien parecía ser el oficial le dio el visto bueno y Yoldin pudo llegar sano y salvo al puerto. Todo aquel intercambio le resultó extraño, pero lo descartó pensando que sería un chequeo rutinario.
En el embarcadero las cosas no eran menos tensas. Había mucha vida, comercios se abrían por toda la zona vendiendo cualquier tipo de productos, pero también había varios puestos militares repartidos por toda la zona, vigilando cuidadosamente las actividades de la ciudadanía. A Yoldin esto le generó mayor desconfianza, pero afortunadamente en sus planes no se encontraba el quedarse mucho tiempo en esa isla, si podía irse ese mismo día mejor.

Con brío se dirigió a una taberna a pedir información, pues quería tener el menor contacto con las fuerzas de la autoridad posible. No había manera de que supieran que era un pirata, pero nunca le agradaron esos órganos entre los humanos. El tabernero estaba especialmente hablador aquella mañana y se mostró más que proclive a darle al recién llegado la información que necesitaba:

-Buenos días, forastero, ¿en qué puedo servirle?

-Saludos. Vengo a por una cerveza bien fría y algo de información. ¿Sabe dónde puedo coger el ferry que conecta con Ireos?

-Oh, por supuesto. ¿Qué haría si no un extranjero con prisa en éste lugar?-dijo soltando una corta risotada. Hizo una pausa para servirle la cerveza.- No está muy lejos y llegas a tiempo, sale a las 12:00, aún te quedan un par de horas para cogerlo. Espero que los guardias no te supongan mayor problema.

-Sí que he notado la exagerada cantidad de ellos que hay. Cuando me hablaron de Bonborte y su gobierno de monjes me imaginé una nación menos bélica ciertamente.

-Oh, y lo es. Al menos lo es normalmente. Pero son tiempos oscuros los que corren y no todos los líderes de las naciones son hombres de paz y sabiduría. Bonborte es muy rica en muchos aspectos: la tierra es buena, los pastos crecen sanos y fuertes, respetamos la naturaleza y ella nos recompensa con piedras preciosas de todo tipo… Eso nos hace brillar entre todas las islas de la zona. Y lo que brilla llama mucho la atención de los cuervos.

-¿A qué se refiere exactamente? -el relato había interesado profundamente a Yoldin, aunque tras la semana solo en alta mar habría escuchado con atención hasta la lista de la compra.

El tabernero, consciente de ser buen orador y regodeándose de ello hizo una pausa para incrementar el suspense. Agarró el taburete que tenía detrás de la barra y se sentó en él pesadamente, apoyando los codos y enredando sus dedos.

-Abadana, la isla de los cretinos, poblado por gente con el cerebro tan seco como sus tierras nos ha declarado la guerra. El cretino mayor, Jethro Greyshot, pretende conquistarnos para alimentar sus deseos expansionistas y ha convencido a sus habitantes de que la causa de las hambrunas que asolan ese país es nuestra culpa por no ser “más solidarios” y darles nuestra comida gratis mientras ellos no hacen más que invertir en maquinaria de guerra. Un auténtico charlatán psicópata. Y lo peor de todo es que cuentan con el respaldo del Gobierno Mundial con el que cuentan, que como no pasamos a formar parte del mismo les deja cometer todos los crímenes de guerra que quieran.

Yoldin, encendido ligeramente por la cerveza (no era un gran bebedor), asentía efusivamente mientras el tabernero seguía despotricando acerca de sus vecinos Abadaneses, contándole toda clase de inverosímiles historias con todo lujo de detalle acerca de la familia Greyshot.

-…y finalmente consiguieron sacar la cabeza de Julin Greyshot del retrete, aunque una mancha marrón se adhirió a su piel permanentemente, es por eso que tiene aquel feo lunar en la jeta. ¿Oye tú no tenías que coger un ferry? Sale en 30 minutos.

De repente el chaval salió de esa especie de trance fanático anti-abadano y se dio cuenta de qué hora era. Llevaba fácilmente una hora y media hablando con ese señor y tenía que darse prisa si quería llegar. Agradeció profusamente con una propina al tabernero (a pesar de que escaseaba de dinero) y recogiendo las cosas como pudo salió pitando del lugar.

Afortunadamente consiguió llegar al barco a tiempo. No le costó mucho encontrarlo por la larga fila de gente muy dispar entre ellos que esperaba su turno para montar. La embarcación era un gran Nao con las velas blancas y naranjas, los colores de Bonborte. En lo alto de cada mástil ondeaba al viento la bandera naranja con un lobo blanco en el centro. El mascarón de proa lo adornaba la cara de otro lobo de grandes colmillos que amenazaba al mar con comérselo.

La tripulación constaba de 20 hombres, habiendo capacidad para unos 30 pasajeros. Éstos le parecieron a Yoldin más dispares todavía de cerca. Junto con los locales había una agrupación de hombres morenos del oeste con tatuajes tribales sobre la piel y unos adustos norteños prácticamente descamisados, sudando como pollos ante esas temperaturas a las que tan poco acostumbrados estaban. Por suerte consiguió ocupar una de las últimas plazas, y tras pagar el coste del viaje le enseñaron los camarotes. Eran compartidos, 5 hamacas en cada uno con un pequeño baúl para guardar sus pertenencias.

Sus compañeros se quejaron de lo poco cómodo que resultaba aquello, amparándose en el consuelo de que el trayecto solo duraría un día, pero Yoldin no esperó mucho antes de dormir a pierna suelta, pues aquello comparado con la fría y dura madera de un bote era una maravilla.

Unos gritos le despertaron. Venían de arriba, parecía que había mucho movimiento. Alarmado cogió su porra de su mochila, pero entonces bajó uno de sus compañeros, uno de esos morenos tatuados y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

-Hemos encontrado a un par de náufragos ahí fuera, ven a echarles un vistazo.
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Mensaje por OstenArd el Vie 1 Mayo 2020 - 17:31

Se hizo de noche, el viento había parado y con él la embarcación en la que estaban Kristoph y él. Se pusieron a comer un poco antes de dormir, ya que sin viento poco podrían hacer, y todavía faltaban un par de días para llegar a Bonborte.

Mientras cenaban, una suave brisa empezó a levantarse. Levantó la mirada al cielo y sus temores se hicieron realidad, unas nubes negras empezaron a tapar la luna y las estrellas. Se levantó rápido, como si se hubiera sentado en un erizo.

-Kristoph, en marcha, se aproxima tormenta. -Dijo tratando de conservar la calma.

El mar empezó a agitarse con fuerza, se puso al timón y con Kristoph controlando las velas y el resto de cosas parecía que tenían controlado el tema. De pronto pudieron observar cómo una ola enorme se abalanzaba hacia ellos, estaban de costado y con gran esfuerzo, Osten consiguió enderezar el bote.

Estaban en mitad de la ola cuando ésta empezó a bajar. Se agarraron a lo primero que pillaron, la ola golpeó con fuerza, Kristoph salió despedido y lo último que recordaba era golpearse con la cubierta.

Amanecía un nuevo día, Osten tardó unos instantes en comprender dónde estaba, se levantó un poco confuso, la noche anterior hubo una gran tormenta y el esfuerzo por controlar el bote en el que viajaba con Kristoph terminó por pasarle un poco de factura. Estaba pensando en ésto cuando de repente empezó a mirar alrededor asustado, recordó cómo su amigo había saltado por los aires cuando una ola golpeó la embarcación.

Suspiró con un poco de alivio, estaba echado en una de las paredes, en medio de un charco. "Hay que drenar este agua, si no cogeremos frío." Pensó Osten mientras le daba pataditas a Kristoph.

-¡Vamos, despierta! -Le gritó mientras lo zarandeaba, mientras lo hacía se dio cuenta de que el charco había crecido un poco.

-¡Despierta, nos hundimos! -Exclamó cuando comprendió lo que pasaba.

Se puso a buscar una cuba que, acertadamente, decidieron dejar en la balsa, pues ya habían tenido que hacer reparaciones en otras ocasiones.
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Mensaje por Koldwood el Vie 1 Mayo 2020 - 19:59

Kristoph se despertó sobresaltado, lo último que recordaba era el agua salada inundando sus fosas nasales y gigantescas olas generadas por el viento de la tormenta. Se relajó al notar la mullida cama en la que estaba acostado ¿Estaría muerto? Desde luego su cielo sería dormir en una cama así sin tener que levantarse jamás.

Abrió los ojos definitivamente y echó un vistazo alrededor, preocupado por Osten, fue un alivio encontrarlo en la cama contigua. Kristoph se puso en pie y alguien entró en la oscura habitación, haciendo que la luz del día inundara la sala.

Era una mujer, algo entrada en años, tenía el cuello arrugado por la edad, pero lucía un bonito cabello ondulado color cobre. Iba vestida con lo que parecía un uniforme de marinero, blanco y con mangas y pantalones cortos.

- Parece que ya estás despierto, se ve que la tormenta de anoche os pasó factura a tu amigo y a ti. Si tienes alguna molestia no dudes en decírmelo, soy el médico de este ferry y yo misma te trataré. - La voz de aquella mujer sonaba amable, casi maternal, se notaba que sabía cómo tratar con enfermos.

- Yo estoy bien, gracias ¿Mi amigo está bien? - Kristoph estaba preocupado por Osten, ya que aún no había despertado.

- Tu amigo está fuera de peligro, debería despertar en cualquier momento. Tus pertenencias están en uno de los camarotes, yo puedo guiarte hasta allí. - Kristoph asintió y siguió a la doctora.

Salieron del camarote, Kristoph se fijó en el cartel de la puerta, donde podía leerse la palabra "Enfermería" tallada en la madera. En la cubierta se encontraron con algunos de los tripulantes, que saludaron con entusiasmo a la doctora. Cruzaron la cubierta y descendieron una escaleras, apenas había iluminación allí, salvo por algunas rendijas que dejaban pasar los rayos de sol. La doctora se detuvo en una de las puertas, tenía tallado un gran "7" en la madera.

- Este será vuestro camarote, lo poco que llevábais encima tu amigo y tú está aquí dentro. - Dijo señalando un baúl al junto a las hamacas. - Además, tenéis que compartir camarote con otros tres pasajeros.

- Nos rescatáis y nos dais cobijo sin pedir nada a cambio, ¿Dónde está la trampa?

- No hay trampa, chico, no íbamos a dejaros morir ahogados en el mar, solo es eso. -La voz de la doctora se había endurecido, claramente molesta por la pregunta de Kristoph. - Cuando tu amigo despierte, lo guiaré hasta aquí, tú deberías descansar un poco más. - Dijo la doctora mientras cerraba la puerta y se marchaba.

El camarote era igual de oscuro que el pasillo, apenas iluminado salvo por los pocos rayos de sol que entraban a través de una rendija, que al parecer tenía un mecanismo que permitía cerrarla manualmente. Kristoph comprobó que tanto sus pertenencias como las de Osten se encontraban en el baúl y se tumbó en una de las hamacas.

Antes de darse cuenta, sus ojos se cerraban mientras caía en un profundo sueño.
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Mensaje por Yoldin Sutade el Vie 1 Mayo 2020 - 23:47

Todo aquello olía a chamusquina que tiraba para atrás. En un principio Yoldin se había prometido no involucrarse mucho con los dos nuevos grumetes, quería evitar meterse en problemas que no le incumbían, así que se había limitado a observarles discretamente desde la distancia. Sin embargo cuantas más vueltas le daba más extrañas le parecían las circunstancias de su encuentro. Era imposible que se hubieran metido de cabeza en aquella tormenta involuntariamente así que o aquello era una especie de jugarreta o les hacía falta un climatólogo urgentemente. Además, uno de los náufragos tenía unas pintas de pirata que llamarían la atención de un marine desde kilómetros de distancia. Así pues se aplicó el dicho de "ten a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca" y a la hora de la cena se decidió a hablarles.

Se había formado otra cola para llenar los cazos que se les habían dado con el contenido de una gran cazuela que un tripulante, aficionado a la comida como atestiguaba su gran panza, había preparado. Procuró propiciar que se encontrase justo detrás del curioso dúo y les llamó la atención exagerando sus sentimientos:

-¡Ese puchero huele de maravilla! Vosotros sois los que se encontraron tomando un baño en pleno océano, ¿no? Apuesto a que no habéis probado algo así en días. A propósito, me llamo Yoldin y no he podido evitar preguntarme qué sucesos podrían llevar a dos marineros solitarios al ojo de una tormenta - dijo rematando con una sonrisa amistosa.
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Mensaje por OstenArd el Dom 3 Mayo 2020 - 16:41

Se despertó en una cama blanca, la habitación en la que se encontraba también era blanca, pero podía deberse a la cantidad de sol que entraba por las ventanas. No sabía cómo había llegado allí, pero imaginaba que los marineros del barco lo habían llevado, lo último que recordaba era el haber subido a Kristoph al barco que los había rescatado con ayuda del personal del barco.

Miró en derredor por si había alguien, en la habitación había otras tres camas, con armarios llenos de material médico y un escritorio simple lleno de papeles. En él había una mujer mayor, escribiendo apresuradamente, como si la hubiese llamado, levantó la vista del papel y miró fijamente a Osten, sonriéndole mientras se levantaba del asiento y se acercaba a la cama.

-Buenas tardes marinero. -Dijo afablemente. -Has estado todo el día durmiendo, imagino que por agotamiento.

-Gracias por los cuidados. ¿Mi amigo está bien? -Preguntó preocupado al no verlo allí.

-No te preocupes, se despertó hace un rato y lo he llevado al camarote que el capitán os ha asignado. -Explicó con tono tranquilizador. -Ya casi es hora de cenar, así que te recomiendo que vayas a la cantina y te encuentres allí con tu amigo.

Osten se despidió de la mujer dándole las gracias nuevamente y se dirigió al comedor. Por el camino se encontró con varios marineros que se interesaron por su salud y gracias a sus indicaciones pudo llegar con facilidad al comedor. En la puerta había ya varias personas, civiles en su mayor parte, estaba claro que estaba en una embarcación de recreo. Pudo reconocer a Kristoph haciendo cola y se acercó por detrás.

-Ya veo que no pierdes tiempo para venir a comer. -El sobresaltó que tuvo hizo que Osten se riera.

Entraron en el comedor, tipo bufet, y pasando por las vitrinas empezaron a servirse comida en cantidades ingentes, con lo que el resto del pasaje se quedaron mirando fijamente. Había un cocinero que estaba repartiendo un guiso, asegurándose de que gabía para todos.

-¡Ese puchero huele de maravilla! Vosotros sois los que se encontraron tomando un baño en pleno océano, ¿no? Apuesto a que no habéis probado algo así en días. A propósito, me llamo Yoldin y no he podido evitar preguntarme qué sucesos podrían llevar a dos marineros solitarios al ojo de una tormenta. -Dijo alguien en voz alta detrás de ellos.

Al darse la vuelta se encontró con un tipo que pretendía ser calvo, con unos ojos azules penetrantes y llevaba una capa en la que parecía que ocultaba algo.

-Sí, nosotros somos los naufragos, y si con un pequeño bote crees que puedes hacer gran cosa para evitar una tormenta, me gustaría que me dijeses cómo. -Contestó Osten de manera brusca.
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Mensaje por Koldwood el Lun 4 Mayo 2020 - 19:42

El jaleo en los pasillos despertó a Kristoph, Osten aún no había llegado al camarote, pero olía bien y Kristoph apostaría lo que sea a que todas esas pisadas tras la puerta se dirigían al comedor en busca de comida. Osten no era tonto, o al menos no tanto, si despertaba seguramente iría al comedor. Se frotó los ojos, se levantó y abrió la puerta para ir al comedor.

El camino no tenía pérdida, había bastantes pasajeros yendo en fila al comedor, Kristoph se limitó a seguirles confiando en que le condujeran a su destino. Salieron a cubierta y bajaron otras escaleras, nada más bajar, a la derecha, estaba el comedor. Al parecer era un buffet libre.

Kristoph se puso en la cola, era bastante larga, quizá demasiado para el hambre que Kristoph arrastraba.

-Ya veo que no pierdes tiempo para venir a comer. - Tal como Kristoph predijo, Osten no tardó en llegar, cuando vio a Kristoph en la cola simplemente ignoró a todos los que habían llegado antes y se colocó justo detrás de Kristoph, un muchacho rapado con una capa se colocó detrás de ellos.

-¡Ese puchero huele de maravilla! Vosotros sois los que se encontraron tomando un baño en pleno océano, ¿no? Apuesto a que no habéis probado algo así en días. A propósito, me llamo Yoldin y no he podido evitar preguntarme qué sucesos podrían llevar a dos marineros solitarios al ojo de una tormenta. - Kristoph no entendía por qué aquel desconocido les hablaba ¿Acaso parecían accesibles?

-Sí, nosotros somos los naufragos, y si con un pequeño bote crees que puedes hacer gran cosa para evitar una tormenta, me gustaría que me dijeses cómo. - Osten, como de costumbre no ocultaba su mal carácter.

- Osten, no deberías ser así de borde con los desconocidos, tu carácter es una maldición que debemos soportar aquellos que te conocemos.
- Bromeó Kristoph, relajando un poco el ambiente.
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Mensaje por Yoldin Sutade el Mar 5 Mayo 2020 - 0:42

Arrugó la nariz ante aquella reacción, que no se encontraba para nada entre las que había previsto.

-Para empezar cierta previsión y mirar al cielo si te vas a meter en el mar en algo poco mejor que una balsa estaría bien.

No sabía por qué se seguía decepcionando con los humanos, ya le habían demostrado ser gente maliciosa y suspicaz en mil ocasiones, pero nunca dejaban de sorprenderle lo metidos en sus propios ombligos que podían llegar a ser.

Para hacer las cosas peores sus sospechas no hacían más que acrecentarse con el barbudo y como no parecía que acercarse a él fuese a resultar tendría que volver a su plan original de observarles cuidadosamente desde la distancia. Pero ahora no. El mal humor del náufrago le había roto los esquemas y teniendo en cuenta el historial de soledad de Yoldin el recibir una respuesta mal encarada cuando había intentado mostrar la versión más simpática de sí mismo le había hundido más de lo que le hubiera gustado admitir.

-Bueno, disfrutad de vuestra comida, sobre todo tú -dijo refiriéndose al joven de pelo largo, que parecía más simpático - debe ser agotador soportar las inclemencias del mar... y lo que no lo son.

Dicho ésto salió de la cola, dio media vuelta y se dirigió al camarote. Se le había quitado el hambre totalmente, ni siquiera el seductor olor del puchero le sobornaba para que se quedara. Quería estar en soledad y pensar cuales serían los siguientes pasos de su aventura una vez llegase a Ireos. Tumbado en la cama reflexionaba, tendría que conseguir un barco si realmente quería llegar al Grand Line, y uno de buena calidad, pues según había oído ese mar era un verdadero cementerio de navíos. Y con el barco tendría que conseguir una tripulación para tripularlo, lo cual significaba muchísimo dinero que gastar. Y su tesoro distaba mucho de ser impresionante. Claro, era un pirata, podría atracar otras embarcaciones, ¿pero con qué barco lo haría, y cómo evitaría tener que cargar con todo? Era una pescadilla que se come la cola. Vaya gracia, un pirata sin barco. Así, cavilando pesimistamente acerca de sus oportunidades cayó presa del sueño.

Se despertó por un golpetazo súbito. Abrió los ojos sin moverse para ver, iluminado bajo la tenue luz de la luna que entraba a través de un ojo de buey, que sus compañeros de camarote yacían todos en sus camas menos uno, que acababa de patear torpemente uno de los baúles cuando intentaba salir de la habitación. Soltó un improperio bien alto y se desapareció tras el marco. "Vaya desgraciado, fijo que ha despertado a todos los de la habitación solo con el golpe, con el insulto habrá levantado a medio barco" pensó el joven, realmente molesto.

Le rugió el estómago, su decisión de no cenar le pasaba factura y seguramente fuera un gran impedimento para dormirse de nuevo. Ahora que lo pensaba el hombre que se acababa de ir ("a mear seguramente", pensó Yoldin) juraría que era el pasajero que les había preparado la cena. Cómo echaba de menos ahora el agradable aroma de aquel estofado, lo que daría por un buen cuenco caliente. Quizás hubiese sobrado algo y un tazón le estuviese esperando en la cocina, listo para un ataque nocturno. Lo pensó mientras daba vueltas en la cama. No tardó mucho en decidirse, pues la tripa le rugió de nuevo, ésta vez con más fuerza. "Entre ésto y el soplapollas de antes ya estarán todos desvelados, es mi momento de actuar". Se irguió y se calzó los zapatos.

Espera. Algo andaba mal. Aún con todo el barullo ninguno de sus compañeros había movido un músculo, todos roncaban a pierna suelta. Extraño. Muy extraño. Sobre todo teniendo en cuenta que hace unas horas se habían quejado cuantiosamente acerca de lo mal que dormirían esa noche. Se acercó a uno con cautela, el que más se había quejado entre todos, un tipo de los norteños con cara de emparanoiado que había tenido la valentía de soltar que nunca pegaba ojo durante los viajes de pasajeros con extraños, por si las moscas. Más sopa que un abuelo después de comer. Entonces algo acabó de romperle los esquemas.

-¡EEEEEEH! ¡AQUIIIIII!


El grito sonaba apagado, pero perfectamente audible. Era la voz del pasajero que se había levantado "a mear". Por alguna razón había decidido ponerse a gritar en la cubierta superior a pleno pulmón.

Yoldin decidió que aquello eran suficientes misterios y agarró su garrote dispuesto a pedirle explicaciones al gordo ese. Ya no tuvo cautela para salir del camarote, y ni una queja de los habitantes. Se dirigió rápido a la escotilla, que estaba abierta despreocupadamente. Fuera se veía una luz. El cocinero había encendido una lámpara de aceite y levantándola hacía aspavientos mientras gritaba cosas como "venid", "estoy aquí" y "vamos".

Con un cuidado renovado Yoldin salió fuera. Tan rápido como pudo se escondió tras el mástil mayor, fuera del posible rango de vista de aquel hombre. Por suerte aún miraba el mar y estaba demasiado concentrado en su afán de llamar a alguien. A lo lejos el joven espía pudo ver al fin con horror a qué llamaba con tanto ahínco aquel alborotador nocturno. El mar era iluminado por una embarcación que se dirigía lentamente en aquella noche sin brisa hacia su posición. Era más pequeña que aquella en la que estaban montados pero parecía más intimidante, era más angulosa, completamente negra y lo peor de todo, un Jolly Roger de una calavera roja rodeada por plumas blancas coronaba el mástil mayor.

Fue entonces cuando terminó de atar cabos. Su intuición de que había algo raro en el viaje había demostrado ser cierta, pero había desconfiado de las personas equivocadas. Ahora toda la embarcación estaba bajo los efectos de no-se-qué droga e iban a ser asaltados por una banda de piratas.

Tuvo que pensar rápido. Si había alguna oportunidad de sobrevivir a ésto el plan empezaba por acabar con el mensajero. Puso su garrote en ristre y se inclinó hacia delante para tomar impulso, si se acercaba lo suficiente a aquel matón daba igual que le sacase 2 cuerpos, el combate terminaría de un golpe. Pateó el suelo para acortar la distancia que le separaba de la señal de luz y fue entonces cuando recabó en su gran error. "...la capa..." Con las alas al descubierto podía ser el depredador más preciso, pero con ellas impedidas por la cuerda que las ataba y la capa que las aplastaba era un verdadero desastre. Trastabilló y fue a dar de bruces con el suelo.

El gordo pirata se sobresaltó al oír aquel batacazo a sus espaldas, dejó caer la lámpara al mar en su susto y se giró para ver a un hombre despatarrado que intentaba levantarse y le miraba, sorprendido. No tardó nada en echar mano a la pistola que escondía en su cinturón y le apuntó a la cabeza.

-Vaya - dijo sabiendo que tenía la situación dominada- no quisiste comer de mi puchero al parecer. Ahora te toca comer plomo.

Yoldin se le quedó mirando resignado. Después de tanta preparación y pensamiento iba a morir en la situación más tonta y humillante que se le pudiera ocurrir. "Asaltar los cielos...heh" le dio tiempo a pensar, permitiéndose un último momento de ironía antes de que su ejecutor apretara el gatillo.
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Mensaje por OstenArd el Miér 6 Mayo 2020 - 3:13

-Para empezar cierta previsión y mirar al cielo si te vas a meter en el mar en algo poco mejor que una balsa estaría bien -dijo Yoldin.

Yoldin se despidió de Kristoph y se fue sin comida, ¿Yoldin o Yuldan? No estaba seguro de cómo había dicho que se llamaba, pero le dio igual, que un desconocido pusiera en duda sus conocimientos no era de las cosas que mejoraran el humor de Osten. Gruñendo un poco siguió a Kristoph a una mesa que había libre, en mayor parte por acompañarlo, se le fue el apetito y lo único que hizo con la comida fue darle vueltas con la cuchara.

-Deberíamos dormir todo lo que podamos, así nos recuperaremos antes -le dijo a su amigo.

Se levantó de la mesa y fue derecho al camarote que les habían asignado, se alegró de que Kristoph ya hubiera estado en él. "Éstos barcos grandes que se suponen que llevan pasajeros son unas ratoneras" pensó mientras seguía los pasos de Kristoph.

-¿Estás bien? Tienes mala cara -le preguntó mirándolo fijamente. -Deberías no comer tanto, te empachas con facilidad -dijo reprendiéndole suavemente.

Llegaron al camarote y se acostaron enseguida, cinco minutos después ya se había dormido Kristoph, sin embargo Osten no pudo dormir, echado en catre vio cómo el resto de ocupantes del camarote llegaban y se dormían de momento. Había algo en ellos que no le gustó, era más una sensación.

A mitad de la noche pudo escuchar un ruido en otro camarote, alguien se había levantado y parecía que se había tropezado, se dio media vuelta en el camastro e intentó dormirse, pero el intento fue como las veces anteriores, seguía despierto como si se acabase de levantar.

-¡EEEEEEH! ¡AQUIIIIII!

Escuchó ese grito con claridad, parecía que había alguien en cubierta llamando a otra persona. Y seguía gritando. Miró alrededor y se sorprendió al ver que no reaccionó nadie, esos gritos eran suficientes para despertar a todo el barco.

-Kristoph, despierta. Algo pasa fuera, voy a ver qué es -dijo Osten zarandeándolo.

Subió a cubierta y oyó al que estaba gritando, parecía que hablaba con alguien.

-Vaya, no quisiste comer de mi puchero al parecer. Ahora te toca comer plomo -dijo esa persona.

La conversación no le gustó y salió al tiempo que vio al tal Yildan abalanzarse sobre el ¿cocinero?, pero tropezó y se dio de bruces contra la cubierta. El cocinero sacó una pistola, al tiempo que Osten sacaba la suya, y se acercó a Yuldan encañonándolo. Osten fue por detrás y cogiendo la pistola por el cañón, le dio un mamporrazo al cocinero en la cabeza, éste se desplomó de inmediato.

-¿Estás bien? -preguntó al tiempo que se agachaba junto al cuerpo desplomado del cocinero.

Estaba insconsciente, tumbado bocabajo, un hilillo de sangre le salía donde le dio con el trabuco y un poco de baba caía de su boca también. Levantó la vista para ver si Yeldin estaba bien.

-¿Qué ha pasado? Vas a tener que explicarme por qué intentaba matarte -dijo mientras rebuscaba en el cuerpo del cocinero.

Pero antes de que éste pudiera decir nada, por instinto Osten se dio la vuelta y vio cómo un barco se acercaba, llevaba la enseña de la calavera roja con plumas blancas alrededor. Por un momento parecía que había vuelto a su aldea, hacía doce años, cuando vio esa enseña por primera vez.....

Sin pensar en otra cosa, agarró a Yoldin por la capa y arrastrándolo lo metió en el pasillo que daba al camarote en el que estaba con Kristoph.
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Mensaje por Koldwood el Jue 7 Mayo 2020 - 21:16

-Bueno, disfrutad de vuestra comida, sobre todo tú -Dijo Yoldin mirando a Kristoph - debe ser agotador soportar las inclemencias del mar... y lo que no lo son. -Definitivamente aquel marinero le estaba cayendo cada vez mejor, Kristoph no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa, casi imperceptible.

Al parecer Osten, como era ya costumbre, estaba molesto y no quería comer, por los dioses, era igual que un niño pequeño. Kristoph aprovechó para atiborrarse también con la comida de Osten.

Kristoph terminó de comer, eructó fuertemente en mitad del restaurante y salió junto a Osten. En realidad, nada más salir del comedor empezó a sentirse un poco aturdido y mareado.

-¿Estás bien? Tienes mala cara. Deberías no comer tanto, te empachas con facilidad. - Osten regañó a Kristoph, pero Kristoph lo escuchaba como lejano, estaban llegando ya al camarote y Kristoph se echó a dormir nada más llegar. Justo cuando estaba a punto de dormirse fue cuando se dio cuenta de que algo no encajaba, aquellos síntomas no eran los típicos de un empacho.

- ¡Mierda! Me han drogado. - Pensó mientras perdía las fuerzas y caía en un profundo sueño que le impidió advertir a su compañero.

Kristoph despertó con un hormigueo en todo el cuerpo, le costaba mover un solo dedo. Estaba cubierto de vómito, poco a poco Kristoph cobraba conciencia de su entorno, y entonces fue cuando volvió a su mente la idea de que había sido drogado.

- ¿Estarían las raciones medidas? Si es así, el haber comido mi ración y la de Osten me ha hecho vomitar, igual que cuando te intoxicas con demasiado alcohol. Al parecer eso me ha despertado. -Dedujo Kristoph, observando inmóvil su propio vómito, que descansaba a su lado derecho, afortunadamente el sentido del olfato aún no le había vuelto.

Kristoph vio la puerta abrirse, entraron dos figuras que no alcanzó a distinguir, pero enseguida escuchó la voz de Osten y la de otro hombre, aquella voz le sonaba, pero no sabía decir a quién correspondía.

Todo el cuerpo le hormigueaba, y era doloroso intentar moverse, aún así, Kristoph se forzó.

- O-Ost-en - Balbuceó Kristoph en un intento de llamar a su amigo.

Se ve que su amigo no escuchó en absoluto su llamada, afortunadamente, el entumecimiento estaba despareciendo poco a poco y los sentidos de Kristoph volvieron, aunque aún no podía moverse. Se forzó y consiguió mover el dedo gordo del pie.

- Ne-Necesito a-gua y gr-granos de caf-é. - Esta vez su amigo sí que le escuchó, ya que Kristoph ya podía hacer acopio de algo más de fuerza, si todo iba bien, la cafeína le ayudaría a despabilarse y el agua le despejaría la mente.
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Mensaje por Yoldin Sutade el Jue 7 Mayo 2020 - 23:50

Todo había pasado muy rápido. Cuando había visto aparecer la barba del náufrago pensó que quizás no había estado tan desencaminado en sus sospechas, pero cuando el cocinero cayó redondo quedó profundamente desconcertado. Pegó una bocanada de aire profundo, dándose cuenta de que había aguantado el aire desde que cayó.

Su salvador habló, pero estaba demasiado absorto como para escucharle. Una avalancha de pensamientos le nublaba la mente, muchas posibilidades, muchos posibles finales para lo que estaban viviendo. Él no parecía una amenaza, pero había un barco lleno de piratas dirigiéndose a su posición con aviesas intenciones (eran piratas, ¿qué intenciones iban a tener si no?) y ellos eran solo 2 personas, los iban a barrer del mapa. De repente aquel hombre paró de hablar. Yoldin levantó la vista y supo reconocer en su cara una mezcla de sentimientos que reconoció fácilmente pues cada vez que se rememoraba lo ocurrido 4 años atrás lo sentía en sus carnes. Un terror que acongojaba hasta su propio corazón, sí, pero también el odio, la rabia y la decisión necesarios para cambiar el mundo. Pareció  entrar en fase y le agarró de la capa sin mediar palabra. Yoldin trastabilló levantándose pero consiguió seguirle.

Los pensamientos seguían corriéndole por la cabeza mientras él corría por los pasillos del navío en siguiendo a aquel hombre sin nombre, y cada vez se hacían más claros. Era obvio cual había sido el plan de los piratas: la comida estaba envenenada, todo el mundo yacía drogado hasta el cuello, navegando los mares del sueño. Su salvador seguramente habría decidido no comer por cualquier razón, ése era el por qué de su vigilia. Probablemente luego los piratas vendrían a matarles a todos y despojarles de todas sus pertenencias, quizás echarlos al mar y quedarse con el barco. Desde luego era mejor del que traían ellos, si la tripulación hubiese estado despierta no habrían tenido oportunidad y ellos lo sabían, por eso era que habían recurrido a ese plan. Menos mal que había fallado... ¿menos mal que había fallado? ¡Eso es! Aún tenían una oportunidad de salir con vida de aquello.

Entre tanto habían llegado a un camarote, aquel en el que seguramente habían dormido aquel hombre y su acompañante. Un olor fétido le golpeó nada más cruzar la puerta, era horrible, como si alguien hubiera cogido el puchero de hace unas horas y lo hubiese aliñado con excrementos de gallina. Pero Yoldin no tenía tiempo que perder, no podía permitirse el lujo de investigar el misterio de aquella peste.

-¡Espera, tú! ¡Se me ha ocurrido una idea! Aún podemos repeler a los piratas. Ellos confían que todo su plan ha sido un éxito, pero ¿y si les demostramos que no lo ha sido? ¡Tenemos que arreglarnoslas para hacer todo el ruido que podamos, hay que meterles tantos cañonazos como sea posible! ¡que piensen que toda la tripulación está en pie, es noche cerrada, podría funcionar!

-O-ost-en - le pareció oír a Yoldin por lo bajo.

Miró por encima del hombro de su guía y reparó en su acompañante, que yacía en una hamaca al lado de lo que parecía ser la fuente del olor. Misterio resuelto, parece que al fin y al cabo sí podía permitirse algunos lujos. Genial, más personas conscientes aumentaban de manera exponencial su probabilidad de éxito. Posó la mano sobre el hombro de Osten, contento de al fin saber su nombre, y mirándole directamente a los ojos para transmitirle confianza le dijo:

-Osten, me has salvado la vida y estoy en grata deuda contigo. Ocúpate de tu amigo e id a la cubierta superior. Ahí fundidles a cañonazos hasta que se den la vuelta. Como que me llamo Yoldin Sutade que vamos a salir de esta.

Después se dio la vuelta y antes de echar a correr en dirección a la cubierta inferior donde seguramente hubiera más cañones aflojó el nudo de su capa y de las cuerdas que le oprimían las alas. No cometería el mismo error dos veces.
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Mensaje por OstenArd el Sáb 9 Mayo 2020 - 18:30

Estaban en su camarote otra vez, habían bajado en silencio para no despertar al resto de pasajeros, Kristoph seguía sin despertar. No podía creerse que pudiera seguir durmiendo, le había zarandeado y allí seguía, en la misma posición que lo había dejado.

-¡Espera, tú! ¡Se me ha ocurrido una idea! Aún podemos repeler a los piratas. Ellos confían que todo su plan ha sido un éxito, pero ¿y si les demostramos que no lo ha sido? ¡Tenemos que arreglarnoslas para hacer todo el ruido que podamos, hay que meterles tantos cañonazos como sea posible! ¡que piensen que toda la tripulación está en pie, es noche cerrada, podría funcionar! -le dijo Yulvan.

Era un plan demasiado arriegado, pero lo que decía parecía tener sentido. Por eso no se había levantado Kristoph, se acercó a él en el momento que Kristoph le susurró algo de café.

-Osten, me has salvado la vida y estoy en grata deuda contigo. Ocúpate de tu amigo e id a la cubierta superior. Ahí fundidles a cañonazos hasta que se den la vuelta. Como que me llamo Yoldin Sutade que vamos a salir de esta -le dijo Yoldin mientras salía por la puerta.

-Vamos, no es hora de tomar café -le dijo a Kristoph a la vez que tiraba de él para ponerlo en pie. -Nos están atacando, es Czerwonak, Está aquí.

Salieron del camarote, Kristoph estaba completamente ido, parecía que iba siguiéndolo por inercia. Se dirigieron a la cubierta superior, como le había dicho Yuldan. Éste no le había dejado contestar, así que no tenía sentido hacer otra cosa.

El tiempo pasaba muy despacio y muy deprisa, todo a la vez. Era una sensación extraña, quería abordar aquel barco, y matar a todos los que había en él. Pero sabía que la probabilidad de que eso pasase era nula, así que se apresuró todo lo que pudo. De momento, se contentaría con ahuyentarlos, en ese barco había muchos inocentes.
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Mensaje por Koldwood el Dom 10 Mayo 2020 - 10:29

Pese a que Kristoph había escuchado la conversación entre Osten y aquel desconocido, en su aturdida mente no conseguía atar cabos, así que corría tras Osten, tambaleándose de un lado a otro y conteniendo las ganas de vomitar que iban en aumento.

Llegaron a la cubierta superior y fueron hacia los cañones, vomitó junto a uno de ellos y Osten le hizo una señal para cargar todos los cañones que pudieran.

Agarró una bola de cañón y a duras penas la levantó sobre su hombro y la introdujo en el primer cañón, cuando Kristoph acabó de cargar su primer cañón, Osten ya había cargado siete y para cuando terminó de cargar el segundo, su amigo ya había terminado de cargarlos todos.

- ¿Qué son esssas lucess? - Preguntó mirando unas bonitas luces que bailaban a lo lejos.

Prendieron el primer cañón, el sonido de la explosión retumbó en la cabeza de Kristoph y embotó sus oídos, pero el sobresalto parecía haberle despertado algo más.

- ¿Un barco? ¡Esspera! ¿Czerwonak? ¿Essa quién esss? - Ahora su cabeza empezaba a atar cabos y a comprender lo que había escuchado en el camarote, y por momentos iba entendiendo lo Osten le había dicho mientras lo ponía en pie.

Más explosiones sonaron, esta vez venían justo de la parte inferior del barco ¿sería el desconocido del comedor? Él se había ido sin comer ¿Cómo se llamaba? ¿Yoldin?
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Mensaje por Yoldin Sutade el Dom 10 Mayo 2020 - 18:46

Yoldin casi voló por los pasillos de madera, las puertas de los camarotes se quedaron atrás en cuestión de segundos. Las alas extendidas en su máximo esplendor le permitían una versatilidad de la que hasta el momento no había podido hacer gala y de la que tendría que aprovecharse al máximo si quería sobrevivir ésto. De hecho eso era lo único que le privaba de disfrutar de la sensación de libertad que le inundaba cada vez que deshacía sus ataduras.

Pronto llegó a la zona de la cubierta inferior más exterior y efectivamente ahí reposaban una hilera de cañones apuntando al exterior. Tenía que operar rápido. Se asomó para ver por donde llegaba ya el barco enemigo y respiró profundamente con algo de alivio al ver que aún se encontraba a unos cientos de metros de su posición. Tenía algo de tiempo todavía. Se volvió y buscó entre los barriles deispuestos por la sala uno lleno de pólvora, y efectívamente lo encontró al lado de las mechas y los proyectiles. Aseguró la tapa y con esfuerzo lo tiró al suelo para poder maniobrar más sencillamente. No era un hombre fuerte, eso lo sabía, antes de haber hecho todo el trecho con el barril y los proyectiles estaría completamente exhausto. Así pues movió el barril al centro de la sala, estaría ahí durante toda la operación.

Después improvisó un capazo con los restos de unas cajas y fue cargando tan rápido como pudo todos los cañones de la sala. Era muy importante que hiciera el mayor ruido posible en el menor tiempo, para así dar la impresión de que había toda una tripulación trabajando, es por eso que primero cargaría y luego dispararía todos. No le hacía falta siquiera apuntar, y menos mal porque no había apuntado con un cañón en su vida, ya que sus esperanzas residían en espantarlos antes de entrar en pleno combate naval.

Cuando acabó con todo y puso los proyectiles en su lugar comenzaron a sonar estallidos sobre su cabeza. Bien, aquello significaba que Osten había conseguido despertar a su compañero, era hora de soltar la gran andanada. Buscó en lo más profundo de sus bolsillos hasta encontrar el viejo dial térmico que había conseguido rescatar de su isla, menos mal que había decidido guardarlo consigo. Presionando su botón una pequeña llama surgió del extremo de su concha con la que encendió el primer aparato , y después el segundo, así hasta prender los 10 cañones que componían aquella destructora formación.

La andanada resonó en el océano, terrible como si un antiguo dios hubiera decidido desatar su ira en aquellas calmadas aguas. Yoldin perdería la audición por casi media hora después de aquello, pues en su prisa no tuvo tiempo de taparse los oídos. Aún así, temeroso de que aquello no fuera suficiente agarró un rifle que descansaba con el resto de la artillería y asomándose por los ventanucos comenzó a disparar a la par que gritaba a pleno pulmón. Pudo ver que al menos dos bolazos habían alcanzado su objetivo: la luz del interior de la embarcación se colaba a través de los sendos boquetes abiertos en su quilla. No apreciaba a diferenciar mucho más pero habría asegurado que el más absoluto caos reinaba entre los piratas en esos momentos.

Pronto el barco comenzó a virar a babor, habían reaccionado rápido, y Yoldin dejó de actuar como un maníaco y se detuvo a observar atentamente sus movimientos. Un pitido persistente resonaba en lo más profundo de sus tímpanos que le impedía pensar con claridad. Es por eso que cuando ellos respondieron no se dio cuenta de qué estaba pasando hasta que una bola de plomo destrozaba por completo la pared a uno metros de él y las astillas volaban clavándosele en la cara y los brazos al tratar de protegerse. Iluso de él, había esperado que no respondiesen, pero eran piratas, ¿qué otra cosa iban a hacer? Tenía que ir acostumbrándose de cómo funcionaban las cosas en alta mar, cuando la anarquía impera y uno es dueño de su propio destino.

Tambaleándose huyó de aquella zona tan expuesta. Si iba a haber pelea se sentía más seguro con sus armas, y le faltaba Rompeolas. Corriendo de vuelta tambaleante, aturdido y sordo se sorprendió al ver a gente en el pasillo. Los norteños, los más grandes y los soldados encargados de la seguridad del barco (en definitiva, aquellos con mayor constitución) salían torpemente de los camarotes venciendo el poder anestesiante de la droga, vomitando por las esquinas y desplomándose a cada paso.

-¡TODOS SUBID A LA CUBIERTA SUPERIOR, HAY QUE REPELER A UNOS PIRATAS! -juró que decía Yoldin. No lo podía asegurar porque el pitido seguía, persistente en sus oídos.

La mayoría no podía hacerse una idea de qué estaba pasando a su alrededor, pero algunos le miraron inquisitivamente detrás de las nieblas de la droga y con cada cañonazo (tanto suyo como de sus enemigos) despertaban un poco más con la adrenalina haciendo el devolviéndolos a la lucidez.

Yoldin no pudo parar para auxiliarles. Además de su instinto de supervivencia había una cuestión más egoísta y banal que le preocupaba, toda aquella gente estaba viéndole sin su capa puesta. Por eso, en cuanto vio el número 7 entre los camarotes se apresuró para recoger su capa y ponersela, rezando para que nadie estuviera lo suficientemente sobrio para recordar su naturaleza celestial. Después, más lento y torpe, corrió a su propio camarote y se cargó a Rompeolas a la espalda.

Una vez en el exterior se encontró con Osten y su drogado amigo, que tras algunas peripecias que más tarde le contarían seguían cargando y disparando cañones tan rápido como podían. Yoldin se maravilló al ver que incapacitado como estaba el joven de pelo largo tenía una puntería bastante envidiable, consiguiendo acertar con alguno de los proyectiles a sus enemigos. Les ayudó con ello, además de continuar disparando cualquier cosa que hiciera el suficiente ruido. Poco a poco la cubierta se iba llenando de gente que entre tropiezos y vómitos ayudaban en las tareas ofensivas y pronto sus esfuerzos parecieron dar sus frutos: los piratas siguieron virando y pronto les dieron la popa, batiéndose en retirada con unos cuantos agujeros de más en la quilla.

Yoldin se desplomó pesadamente sobre el suelo, exhausto y jadeante, mientras los hombres que estaban en pie celebraban como buenamente podían su victoria dado su estado. Le dolía la cara de todas las astillas clavadas y le rugía la tripa más que nunca. Aún así recogió las fuerzas que le quedaban y agarró del cuello de la camisa al despojo que se encontraba lloriqueando en el suelo a quien horas antes habían llamado cocinero. Asustado, éste no se resistió. Se levantó y siguió a Yoldin, como un perro cogido por la correa hasta el grupo de hombres que celebraban. Lo tiró a sus pies como la basura que era y anunció con voz grave:

-Éste es el responsable de vuestro estado. Es presumible que es un pirata y si hubiera sido por él creo que nuestros cuerpos estarían flotando en el mar boca abajo en estos momentos. Decidid qué hacer con él.

La multitud, que poco a poco habían recobrado sus sentidos prorrumpió en un estallido de ira y improperios contra el prisionero. De no haber sido por los soldados que se acababan de despertar a Yoldin no le cupo duda de que se lo habrían ventilado de la manera más cruel en aquel mismo instante.

-¡Alto en nombre de Bonborte! Ahora él es un prisionero de guerra de la nación y como tal todas las responsabilidades sobre él recaen en el Sumo Sacerdote. Será llevado al calabozo y escoltado de vuelta a la isla, puede tener información valiosa para nuestros intereses.

Quien había hablado era el que parecía el oficial a cargo del barco. Un hombre bajo y regordete vestido con el uniforme de la guardia de su nación (¿había dormido con él?), con bigote perfilado y perilla puntiaguda que se había hecho paso entre las gentes hasta posicionarse al lado de Yoldin.

-En cuanto a ti y tus dos amigos creo que tenéis mucho que contarme. Si no me equivoco os debemos el seguir con vida, pero necesito que me contéis absolutamente todo lo pasado durante la noche. Al alba os espero en mi camarote. Por el momento descansad, la guardia nos encargaremos de vigilar por si se les ocurriera volver a los delincuentes.

Yoldin agradeció mucho sus palabras y se retiró a descansar. Había sido una noche movida y al parecer la mañana siguiente también tendría sus problemas. Pero cuando estaba a punto de cruzar la puerta de su camarote su tripa volvió a rugir con fuerza, recordandole que debía meter combustible para que la máquina siguiera funcionando. Así pues se fue a la cocina, donde encontró a otro de los héroes de la noche.

-¡Osten! A recargar las pilas tú también, ¿eh? Oye, muchas gracias por toda la ayuda, sin ti y tu compañero no habríamos vivido para ver un nuevo amanecer ni de coña. Pero hay una cosa que me preocupa, conocías esa bandera, ¿verdad?

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Mensaje por OstenArd el Dom 17 Mayo 2020 - 0:38

La noche fue dura, con grandes dificultades consiguieron ahuyentar al barco de Czerwonak. Estaba sorprendido con Kristoph, incluso drogado fue capaz de hacer un par de buenos tiros que lograron impactar al objetivo. Una vez el barco pirata dio media vuelta huyendo de ellos, Osten logró convencer a Kristoph para que se fuera a la cama y se recuperase en lo que quedaba de noche.

Se dirigió a la cubierta inferior con intención de coger al cocinero e interrogarlo, necesitaba saber dónde estaba la base de Czerwonak e ir en su búsqueda. Prácticamente toda su vida había esperado esta oportunidad, que ahora se le presentaba de forma tan inesperada. Llegó tarde para coger al cocinero, Yulvan ya lo había cogido y lo arrastraba por el pasillo de cubierta, los siguió para ver cómo se lo entregaba a los oficiales de Bonborte.

Una vez se fue Yuldan de allí, se acercó al sargento, estaba escoltado por dos soldados que en esos momentos se llevaban al cocinero a un camarote que usarían como celda.

Sargento, soy Osten, cazarrecompensas reconocido por el Gobierno Mundial —se presentó estrechando la mano del sargento.

Sargento Buettiso, acepte mis más sinceras felicitaciones y me gustaría daros las gracias en nombre de todo el pasaje —dijo formalmente el sargento. —Como ya le he dicho a tu compañero, mañana al alba me gustaría hablar con los tres, en estos momentos tengo mucho trabajo que hacer.

No las merecen, pero el pirata capturado pertenece a una banda liderada por Mary Czerwonak. Necesito interrogarlo para descubrir su paradero —dijo también de manera formal.

Lo siento, pero como le he dicho a todo el mundo es un prisionero de guerra que será juzgado por el Sumo Sacerdote en Breat Falls y hasta entonces no tendrá contacto con nadie —el tono del sargento se endureció y Osten estaba empezando a enfadarse.

Como ya le he dicho, trabajo directamente para el Gobierno Mundial y esa banda está siendo perseguida por todas las fuerzas del mismo. Si no me lo entrega para que le haga un interrogatorio supondré que se está enfrentando a la soberanía de la Marina, y todas las fuerzas del orden que componen el Gobierno.

Se arrepintió en el momento que profirió semejante amenaza, el sargento Buettiso se puso rojo de ira. Así pues, sin darle tiempo a reaccionar de ninguna manera, Osten salió de la sala. Pasó por la cubierta intentando hallar la manera de acceder al cocinero, cuando su tripa empezó a protestar.

Naturalmente, no había cenado nada y el esfuerzo de la mini batalla le había despertado el estómago, que ahora rugía como un león protestando por conseguir algo de comida. Se dirigió a las cocinas en busca de algo de comida, no había nadie, por supuesto, así que asaltó el arcón de la comida, con una bandeja empezó a llenarla con la comida que ya había preparada.

Se sentó en una de las mesas, pero no le había dado tiempo de acercarse la primera cucharada a la boca cuando la puerta se abrió de pronto.

¡Osten! A recargar las pilas tú también, ¿eh? Oye, muchas gracias por toda la ayuda, sin ti y tu compañero no habríamos vivido para ver un nuevo amanecer ni de coña. Pero hay una cosa que me preocupa, conocías esa bandera, ¿verdad? —dijo Yalvan cuando lo vio sentado.

Ya veo que eres muy directo Yaldun, no te preocupes te voy a responder —dijo mientras se llenaba la boca de comida. —Sí, tengo mucha hambre. De nada, también te tenemos que dar las gracias a ti. Y sí, esa bandera no la voy a olvidar nunca.

Al terminar de responder todas las preguntas que le había hecho, se quedó mirándolo. Tenía un aire que le resultaba familiar, ya había visto a esa clase de personas en otros sitios.

He visto tipos como tú, no me refiero a las alas. Me refiero a la naturaleza de tu personalidad, pareces un buen tipo. Así pues me voy a aventurar a suponer que perteneces a la armada revolucionaria o eres un pirata —hizo una pequeña pausa, observando la posible reacción de Yuldin, que se removió un poco en el asiento. —Sea lo que sea, no intentes engañarme. No soporto que intenten engañarme. Yo soy un cazarrecompensas y mi compañero también, me metí en este mundillo en busca de esta banda, pero a lo largo de las misiones que he realizado, he visto muchos tipos de criminales. Buenos y malos, y sólo estoy interesado en los que hacen daño a personas inocentes. Y por mi compañero, no te preocupes, le interesa más el dinero que las cuestiones morales.

Después de ese largo discurso sonrió y esperó que el hombre que tenía delante lo asimilara todo.

Como te veo bien dispuesto te voy a hacer una propuesta, ¿quieres ayudarnos a atrapar a Czerwonak? —le preguntó antes de que le diese tiempo a hablar.
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Mensaje por Koldwood el Mar 19 Mayo 2020 - 13:34

Solo escuchaba un fuerte pitido que reverberaba en sus oídos como si un par de abejas hubieran decidido vivir en ellos. Osten lo mandó de vuelta al camastro y Kristoph pensó que ya habría pasado todo, aún bajo los efectos de la droga, no tardó en volver a dormirse.

Despertó con un fuerte dolor de cabeza, la luz del sol le molestaba tanto que era casi incapaz de abrir los ojos, podía moverse con normalidad. Salvo por algunas leves náuseas, el dolor de cabeza y la aversión a la luz, estaba perfectamente, a primera vista parecía una resaca normal y corriente.

Recordó la bandera de Czerwonak ondeando en el horizonte y a Osten cargando los cañones y disparándolos a toda prisa, recordó la buena puntería que había tenido incluso bajo los efectos de la droga que el cocinero les había dado ¿qué habría sido del cocinero? Obviamente formaba parte de la tripulación de Czerwonak. Aquellos piratas atacaron Engion, su isla natal cuando apenas era un crío, Osten y él se hicieron cazarrecompensas solo para matarlos... y ahora que por fin habían encontrado a esos malditos piratas, Kristoph no estaba dispuesto a dejarlos marchar... y apostaba todo el oro del mundo a que Osten estaba de acuerdo.

Lo primero era saber qué pasó con el cocinero, si seguía en el barco y con vida, podría sacarle información. Salió del camarote y fue al comedor, cogió toda la comida y bebida que pudo y, mientras se ponía las botas, preguntaba a todo el que pasaba por el paradero del cocinero.

- Está sano y salvo en los calabozos, va a ser juzgado en Breat Falls, la capital de Bonborte.

- Iré a hablar con él, entonces. Gracias. – Se levantó sin terminar su desayuno y fue directo al camarote, esperando que Osten estuviera allí.

En efecto, Osten estaba en el camarote, tumbado en el camastro con la boca abierta, se podía ver que su almohada estaba empapada de babas.

- ¡Eh, despierta! Tenemos que hablar con el cocinero para que nos lleve hasta Czerwonak.
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Mensaje por Yoldin Sutade el Miér 20 Mayo 2020 - 15:03

Aquel hombre había sido muy directo, demasiado. En cuanto mencionó las alas Yoldin le fusiló con la mirada, ¿acaso no se daba cuenta de que las llevaba tapadas por una razón? También se sorprendió de que pensara que era un criminal, casi lo tuviera por seguro, pero no quisiera hacer nada en su contra. Un hombre extraño a decir verdad. Y todo se tornó mucho más raro cuando mencionó casualmente que era caza recompensas. Él de momento no tenía una sobre su cabeza, pero sabía que era cuestión de tiempo y que estos tipos solían odiar a muerte a los de su calaña. Pero su tensión se desvaneció cuando le explicó su manera de ver el mundo: al parecer él había entrado de lleno en la categoría que Osten consideraba "los buenos". Estaba bien, de momento a Yoldin aquello le parecía más que suficiente.

-Como te veo bien dispuesto te voy a hacer una propuesta, ¿quieres ayudarnos a atrapar a Czerwonak?

Aquello ya le terminó de romper los esquemas. Aún sabiendo que era pirata le pedía su ayuda. Realmente se había ganado su confianza tras la trifulca de aquella noche. Y bueno, a decir verdad él también se fiaba bastante más de Osten que cuando se conocieron. Le había salvado la vida, nada más y nada menos, y habían luchado codo con codo (o cañón con cañón para ser más exactos) durante toda la noche, esos son el tipo de cosas que sellaban la confianza en aquel mundo de barcos y tesoros.

-Me pides que nos enfrentemos solos contra toda una tripulación de gente que seguramente lleva años en la piratería, realmente es una empresa suicida -hizo una pausa tanto para añadir dramatismo a la escena como para meterse un mendrugo de pan en la boca, el hambre no desaparecía a base de propuestas al fin y al cabo- pero realmente estoy en deuda contigo así que no me queda más opción que acompañarte hasta que te la pague. Aún así ten en cuenta qué implica lo que me estás diciendo: ellos han desaparecido, lejos de nuestro alcance, necesitaríamos un mapa que nos indicase dónde se dirigen o en su defecto un guía, y no creo que quieras secuestrar al cocinero, ganándote así la enemistad de toda la nación de...

No llegó a acabar la frase. Según estaba pronunciando esas palabras a Osten le empezaron a brillar los ojos con picardía. Estaba diciendo exactamente cual era su plan. Yoldin sonrió, parecía que el tipo no era un estirado cumple-normas más del gobierno mundial. Bien, pues ya estaba todo dicho, ahora solamente hacía falta un buen plan por el que llevar a cabo el secuestro.

Pero el joven ángel literalmente no podía más con su alma. Una vez aplacó el hambre que le acuciaba le sobrevino el cansancio que significaba el no haber pegado ojo y estar salvando un barco entero prácticamente solo.

-Bueno, parece que lo tienes muy claro. Pero por ahora simplemente descansemos merecidamente, mañana antes de hablar con el oficial hablaremos todo lo que tengamos que hablar. Además supongo que querrás esperar a tu compañero. ¿Cómo decías que se llamaba?... Conque Kristoph, ¿eh? Realmente nos han hecho falta unas presentaciones adecuadas. De cualqueier manera, Kristoph parece que aún sigue bajo los efectos de la droga y parece que hasta mañana no podrá estar en plena posesión de sus facultades. Así que buenas noches Osten, hablamos mañana.

Y con esto se retiró a su camarote.

La noche pasó sin más incidencias. La tripulación se dedicó a arreglar los daños sufridos durante la noche mientras los pasajeros dormían en sus camarotes. El ruido hubiese sido un problema de no ser porque estaba tan muerto que podría haber dormido encima de un cañón de gran calibre.

A la mañana siguiente unos toques en la puerta de su habitación le despertaron. Salió y vio que Osten y Kristoph le esperaban. Subieron a desayunar (solo Osten y Yoldin, al parecer Kristoph se les había adelantado) y para hablar de la situación. Al parecer Osten había puesto ya al corriente a Kristoph y a éste se le había ocurrido una idea.

-¿Y qué tramas, moreno?-preguntó Yoldin al enterarse de la noticia.
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Mensaje por Yoldin Sutade el Miér 29 Jul 2020 - 22:19

Los cazadores le explicaron con detalle sus planes con cuidado de que nadie les oyera. Al parecer Kristoph armaría una distracción para que Osten y Yoldin liberasen al preso, más tarde él se les uniría. Parecía arriesgado pero la determinación del par le contagió los ánimos que le faltaban. Estaba en esto con ellos, estaba decidido a llevarse por delante a los despreciables piratas que tanto habían atormentado a su salvador.

En una ciudad habría sonado la tercera campanada cuando todo el plan se puso en marcha. La calma que sucede a la comida se vio interrumpida por gritos de "¡Fuego, fuego!" que se expandieron por todo el barco más rápido que lo que llamaban y pronto todos los que estaban a bordo corrieron para apagar el súbito incendio. ¿Todos? No. Kristoph había sido inteligente y había incendiado un camarote vacío, en el extremo más meridional del barco, lo más alejado posible del calabozo donde Yoldin y Osten en ese momento forcejeaban con el único guardia que había quedado. No tardaron mucho en noquearle juntando fuerzas y sin dilación abrieron la puerta de la prisión.

El cocinero, acurrucado en una esquina no daba crédito a lo que veía. ¿No eran aquellos sino los dos malditos que habían frustrado sus planes por pura suerte? ¿Qué querían ahora de él, habían cambiado de bando en el transcurso de medio día? Pero todas esas ideas se deshicieron de un plumazo cuando se acercaron a él con aire siniestro portando una mordaza y un rollo de cuerdas. Y el preso, pensando que aquello eran represalias y que esos dos se estaban tomando la justicia por su mano atentando contra su vida quiso gritar, patalear y retorcerse, pero pronto conoció el mismo destino que su guarda y cambió su condición de preso de guerra a saco de patatas en un instante.

Ahora venía la parte más complicada. Tenían que conseguir marcharse sin llamar la atención, y huir de un barco armado hasta los mástiles sin provocarles lo más mínimo. Osten, Yoldin y el saco de patatas habían llegado satisfactoriamente a la cubierta y esperaban agazapados tras el bote que siempre había preparado en caso de emergencia a que llegase su otro compañero del crimen. Pero tardaba mucho.

—Osten, ¿y si le han cogido?¿seguiríamos adelante o nos enfrentaríamos a toda la tripulación? —preguntó Yoldin tratando de anticiparse a la situación.

Osten no dijo nada, simplemente miraba serio, calmado e impasible el humo que asomaba por la otra parte del barco. Y esa mirada dijo más que mil palabras.

Por fortuna momentos después la cabeza de Kristoph asomaba en la cubierta, y los otros dos se pusieron en marcha. Cargaron su saco de patatas y Yoldin su equipaje en la barca y comenzaron a accionar las poleas para bajarla a la superficie del agua. Kristoph corrió hacia ellos pensando que estaban a salvo, pero aquello fue un error que todos pagarían caro. De repente alguien gritó y todo se puso patas arriba.

—¡Los naufragos están robando un bote, son ellos los que empezaron el fuego!

Había sido uno de los norteños, que subía tras Kristoph a todo correr y había hecho una rápida y correcta deducción. Yoldin azuzó a sus compañeros para que se dieran prisa y saltó al bote que ya estaba en el agua pero el norteño dando dos poderosas zancadas se abalanzó sobre Kristoph derribándole y enzarzándose con él en un violento forcejeo. Yoldin ésto lo dedujo por los sonidos y miró, consternado, a Osten, que todavía estaba junto a la barandilla y en su campo de visión. Él le devolvió la mirada y le sonrió para entonces darse la vuelta y no volver ya más. De nuevo esa mirada le había dicho  todo lo que tenía que decirle y supo que se quedaría a defender a Kristoph y que ya no se volverían a ver.

El ángel asintió para sus adentros y se puso manos a la obra con los remos para alejarse de ese lugar. El fragor de la batalla crecía por momentos y parecía una mucho mejor distracción que cualquier fuego que pudieran hacer. Y para cuando la distancia entre el bote y el navío era ya considerable vio cómo la voluta de humo había crecido, y supo entonces que aquel para eran más fieros de lo que parecía. Pero ahora su compañero era otro y la historia había cambiado considerablemente. Miró al saco de patatas y cogiendo agua con ambas manos se la echó en la cara, promoviéndolo de nuevo a prisionero, ya no de guerra sino de un pirata.

—¿Q...Que?¡Alto, no me hagas nada, no era nada personal, solamente negocios, nosotros solamente os ibamos a tomar como rehenes!—dijo una vez Yoldin le quitó la mordaza.

—Tranquilo vaquero. Te explico que ha pasado. Se te ha revocado la condición de prisionero de guerra y necesito tu colaboración ¿Ves eso de ahí? Es el barc.o de donde venimos y si no remamos nos volverán a cazar y solo nos esperará la horca, ¿entiendes? Así que ahora coge esta pala y rema, rema como si nos persiguiera el diablo pues es posible que si no lo hacemos le vayamos a conocer.

Y el cocinero obedeció y remó con la fuerza de cinco para sorpresa y alivio del chaval.

Pasaron las horas y comenzó a anochecer. Ya no había ni rastro del navío y lo único que se extendía a su alrededor era la bastedad del océano. Fue entonces cuando Yoldin ordenó un descanso y el cocinero se atrevió a hablar al fin.

—Oye no se por qué lo haces pero gracias. Lo de anoche ya sabes que no era personal, solamente cumplía órdenes y me quería salvar el culo, no se cuales son tus motivos ahora para salvarme pero gracias.

Yoldin le miró de arriba a abajo sin creerse lo que estaba escuchando. Aquel señor había entendido completamente al revés la situación, por alguna razón pensaba que hacía eso por su buena voluntad. Sonrió para sus adentros y quiso jugar un poco con él. Con un movimiento dramático del brazo se deshizo el nudo de sus espaldas y dejó al descubierto sus enormes alas, que estiró en toda su amplitud disfrutando de la sensación de libertad.

—¡Un... un ángel! ¡Ahora lo entiendo todo, tú eres mi ángel de la guarda, lo de anoche fue una prueba! Oh lo siento, lo siento mucho, cuan benevolente eres al velar de nuevo por mí después de todo. Prometo que a partir de ahora seré mejor persona, aprovecharé lo mejor posible ésta segunda oportunidad.

Hilarante. Toda la situación estaba siendo una delicia, además de terriblemente conveniente. Era mucho mejor tenerle como rehén sin que él lo supiera para que no intentase hacer nada raro. Y además... aquella sensación le gustaba. Esa persona ahora mismo estaba arrodillada frente a él, devoto como si estuviera frente a un dios, completamente maravillada con su presencia. Para Yoldin esto era algo muy nuevo, acostumbrado siempre a tener las alas escondidas por miedo a la reacción de la gente.  Quería disfrutarlo un poco más.

—Te perdono. Pero ésto aún no ha acabado, la prueba sigue. Necesito que me guíes a vuestra base, la base de los piratas Czerwonak.

—¿Allí? ¿Pero qué pretendes hacer ahí tu solo? Son una tripulación temible, la capitana y los contramaestres son verdaderos monstruos, prácticamente invencibles.

—¿Acaso no lo entiendes? Todo lo que pasó anoche fue puro teatro. Soy un ángel venido de los cielos, yo solo hubiera bastado para destruir el barco entero en que vinisteis.

El cocinero le miró confuso, recordando como anoche cuando pensaba que le tenía arrinconado había perdido el conocimiento. Además había sido completamente inmune a la droga que había puesto en la comida. Para más inri había visto cómo había dejado el barco del que habían escapado, le había prendido llamas y seguramente habría enfrentado a toda la tripulación. Sin duda aquel era el poder de un ángel. ¿Pero por qué él?¿por qué entonces?

—Oh... Lo entiendo. Quieres que tenga una mejor vida... Quieres acabar con los Czerwonak para que la tentación no me corrompa más, ¿no es así? Cuan honorable, señor ángel. Pues sí. Le llevaré a su encuentro como penitencia por mis pecados. Será complicado sin las herramientas necesarias, pero mis capacidades como navegante son aún mejores que como cocinero. Además Concicia no está muy lejos, podremos llegar en un día de remo como hoy. Pero gracias a tu gran poder seguramente podamos llegar hoy mismo, antes de que se ponga el sol, ¿no? Alza el vuelo con tus poderosas alas y yo te guiaré.

—Wow wow, no tan rápido. Ésta sigue siendo parte de la prueba. Desde luego que podría volar y llevarte conmigo a la isla pero aún tienes que redimirte. De hecho a partir de ahora serás tú el que reme. Además no todo el mundo tiene el privilegio de volar llevado por un ángel, ¿sabes?

El hombre le miró entusiasmado y asintió. Menos mal, la retahíla de trolas había colado. Pronto miraba el cielo con expectación esperando ver las estrellas que le ayudarían a orientarse, pero el sol aún se estaba poniendo así que el esfuerzo era fútil. Pero ésto le dio a Yoldin un tiempo para pensar en su siguiente movimiento.

Ciertamente su objetivo ahora era acabar con la banda de Czerwonak, se lo debía a Osten y más importante, ya se le había metido entre ceja y ceja. El problema era que estaba más solo que la una. Desde luego, tenía a su recién adquirido acólito, pero se le antojaba más un cero a la izquierda y un potencial riesgo a la larga, cuando se diera cuenta de sus mentiras. Pero por el momento esos problemas se los dejaba al Yoldin del mañana, ahora tenía un descanso bien merecido bajo la protección de su fiel.
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Mensaje por Ashlyn Blake el Vie 21 Ago 2020 - 19:39

La habían contratado para apresar o acabar con na banda de piratas, unos piratas cuyo nombre era Czerwonak, desde luego cada día se ponían nombres peores y más raritos. Le importaba más bien poco o quienes fueran, simplemente era trabajo y si le iban a pagar por cargárselos o por llevaros con vida a una comandancia de la marina era suficiente para ella. Le molestaba, no podía negar lo que era más que evidente, tener que buscar gente era un verdadero aburrimiento. Por suerte para ella conseguir información nunca había sido un problema para la vaquera. Tenía sus métodos para hacer que la gente hablase por las buenas o por las malas.

Le dijeron que la ultima vez que los vieron partían de un puerto del North Blue, tal vez su base estuviera en aquel mar, ahora bien, no es que hubiera pocas islas en el jodido Blue, pero bueno, se conformaría con esa información por el momento. Después tendría que ir de puerto en puerto preguntando si habían visto algo sospechoso o si habían oído hablar de aquella banda de piratuchos de tres al cuarto. Sin embargo cuando navegaba por mar abierto pudo ver algunas señales de un naufragio, eso solo podía significar una cosa. Una tormenta o un asalto pirata a un barco de comerciantes o algo por el estilo. No perdía nada por investigarlo así que siguió las pistas que habían ido dejando y que el mar por suerte no maltrataba demasiado. Parecía más o menos reciente.

Siguiendo el camino que había tomado pudo ver a lo lejos un bote de remos ¿enserio? ¿pretendían llegar a una isla en un bote de remos? Suspiro de forma larga mientras se acercaba con el barco y después saco una de sus pistolas por si las moscas, no sabía quienes eran después de todo y en alta mar cualquiera era enemigo. No dejo ver el arma pero la tenía bien preparada por si tenía que utilizarla en cualquier momento — vaya vaya, pero mira lo que tenemos aquí, dos naufraguitos ¿os pillo una tormenta de camino a casita o a lo mejor otra cosa? — la sonrisa en el rostro de Ash no se hizo esperar, se notaba de sobra que la mujer era un poco picajosa, le gustaba molestar a la gente, estaba en su naturaleza y le costaba mucho evitarlo.

— ¿Por que no subís a bordo? Dudo que en un bote de remos lleguéis muy lejos la verdad — se encogió de hombros esperando una respuesta por parte de los dos hombres en el bote. ¿Qué hacían allí? Eso era algo que descubriría en breves, las cosas se habían puesto interesantes y era posible que esos dos pudieran darle una pista de los piratas que estaba buscando. Puede que hoy fuera un día de suerte para nuestra cazadora, si las cosas salían bien podría ir de vuelta a casa antes de lo previsto y descansar un poco después de tanta aventura. Últimamente entre misiones con la marine y con el cp apenas tenía tiempo para respirar o para vaguear un rato.
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Mensaje por Yoldin Sutade el Dom 23 Ago 2020 - 17:30

El sol al fin se ocultaba en el horizonte cuando Yoldin, disfrutando de las ventajas que le daba el ser alguien divino, ´cayó en la cuenta de que el punto negro que se observaba recortarse contra el sol no era ninguna ilusión óptica sino más bien una nueva embarcación que iba exactamente a su encuentro. Alarmado ordenó al cocinero, quien hacía llamarse "Sharky" que dejara los remos y se preparase para posiblemente entrar en combate y éste guiado por su ciega devoción y la emoción que le suponía ver a un verdadero ángel desvelar sus habilidades de combate enarboló uno de los remos de manera agresiva.

Pero cuando la embarcación llegó lo suficientemente cerca el ángel caía en lo ridículo de la situación, pues pretender enfrentarse con un garrote y un remo a una embarcación de esas magnitudes era como tratar de apagar el sol con una pistola de agua. Era un navío más pequeño que aquel del que acababan de huir pero mucho más intimidante si cabía, aunque por lo menos no había bandera negra que lo enarbolara. Se detuvo a unos metros de ellos y por la baranda asomó el rostro de una mujer que con cierto rentintín preguntó qué demonios hacían allí. Sharky fue el primero en contestar.

—Cuidado con cómo hablas, que estás en frente de un ángel venido del cielo para ayudarme a poner buen rumbo a mi vida— dijo apuntándola con un remo amenazadoramente.

A Yoldin esto no le gustó un pelo. Con toda la emoción había olvidado cubrir sus alas y ahora estaban bien a la vista, algo que siempre trataba de evitar. Además una cosa era engañar a un pirata de tercera, otra a la capitana de tan imponente barco. Por suerte les ofreció subir a bordo donde pudieron hacer mejor las presentaciones. Una vez arriba le ofreció la mano a su anfitriona para que se notara su buena fe, no era una opción ponerse belicoso.


Muchas gracias por la ayuda, me llamo Yoldin y mi compañero Sharky. Estamos tratando de llegar a una isla que pilla por aquí cerca, y él es mi guía. Tenemos... ciertos asuntos que arreglar con unos piratas. Si tuvieras la amabilidad de acercarnos nos facilitarías la vida bastante, la verdad.

—Señor, con todos mis respetos pero no necesitamos ir de humildes. Con tu poder podemos apropiarnos nosotros de éste barco y no tener que depender de nadie, luego les partimos el lomo a los Czerwonak, conseguimos toda su flota, y si continuamos... ¡Podríamos hacernos con el North Blue en su totalidad!

Mala cosa. Vaya pedazo de bocazas. Si esa mujer se lo tomaba a malas aquello podía ser game over para ellos, tenía que hacer algo. Se volvió hacia su compañero y frunciendo el ceño comenzó a gritarle, airado.

¡Sharky, ¿es que no has aprendido nada?! ¡Tu vida de pillaje y maldades han terminado! Ahora eres un hombre nuevo, tienes que empezar a centrar tus esfuerzos en huir de la mala vida, conseguir una familia y ser útil para la sociedad. Parece que habrá que ser más severos contigo... ¡20 flexiones como castigo, ahora!

—¿Como? Pero...

¡Ya si no quieres sentir en un instante todas las represalias de una vida oscura! —respondió, severo.

Sharky, temiendo la ira de los cielos se echó sobre el suelo de madera y comenzó a hacer su castigo (por otra parte mitigado por su oronda barriga, que tocaba con el suelo y hacía de soporte).

Bueno, disculpa el comportamiento de mi acompañante, somos buena gente, se lo aseguro. ¿Nos llevará a Concicia?.
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Mensaje por Ashlyn Blake el Miér 26 Ago 2020 - 17:38

Arqueo una ceja ante tanta palabrería por parte de ambos. ¿Qué clase e fetiches extraños tenía últimamente la gente? Bueno ese no era asunto suyo, pero al escuchar hablar de aquella banda de piratas los ojos de la albina brillaron y sonrió complacida mientras le estrechaba la mano al joven con algo de fuerza. Después de todo ella siempre estrechaba de forma firme y en ocasiones un poco demasiado fuerte, aunque eso era otro asunto. No es que quisiera intimidarle ni mucho menos, pero así era Ash, era su modo de pensar y su forma de actuar y no tenía pensado cambiarla.

— Así que vamos buscando a la misma presa, bien, en ese caso sed bienvenidos al barco, no se por que los estáis buscando vosotros pero si os parece bien colaborar por mi estupendo — les indico que podían moverse por la cubierta del barco a placer, pero nada de entrar en el puesto de mando y mucho menos de bajar a su bodega aunque la puerta estaba bien cerrada con llave. Si alguno se acercaba les daría una lección que no iban a olvidar en mucho tiempo. La vaquera por las buenas era una mujer de lo mas agradable, pero por las malas era un puto demonio y era mejor no cabrearla.

Después de eso saco una botella de Whisky para darle un trago largo a la misma. Siempre funcionaba mejor con una copa encima, después de todo el alcohol para la mujer era como agua. Emborracharla era imposible y por supuesto tenía una resistencia magnifica a drogas variadas. — Mi nombre es Ash y más te vale pórtate bien Sharky, puedo entregarle tu cabeza a cualquier marine si el angelito no consigue enmendar tu camino lleno de pecados — dejo salir una risilla mientras sus rojizos ojos mostraban una mirada de lo más aterradora.

Ella conocía a los habitantes del cielo y sabía de sobra que aquel chiquillo no era ningún ángel, pero no diría nada. Aunque pensándolo bien, si aquel chico era un ángel ella era un demonio. No sería la primera vez ni la ultima que se lo digan, después de todo su fruta del diablo era la representación de un demonio. Tras decir eso puso rumbo a la isla indicada, esperaba encontrar pronto a esa banda de piratuchos para terminar pronto aquella misión. Le daba una pereza tremenda tener que capturar a una banda entera, pero teniendo en cuenta que era una petición expresa del gobierno no podía hacer más que aguantarse los improperios y seguir la misión encomendada.
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Mensaje por Yoldin Sutade el Lun 31 Ago 2020 - 2:27

Se acomodaron en la cubierta como la mujer dijo y decidieron pasar la noche antes de llegar a la isla. Sharky además ayudó a orientar el barco en la dirección de la isla, que era tan desconocida que no aparecía en muchos mapas.

A la mañana Yoldin se acercó a la capitana al fin y se dispuso a dejar clara cual era la situación.

Hola... ¿Ash era? Curiosa coincidencia, yo mismo me considero un cenizo de cuidado. Esperemos que tú seas quien trae la suerte en esta asociación, si es que la creamos— tomó una segundo para regodearse en su mal juego de palabras—Bueno, al caso. Me gustaría saber qué es lo que tienes con Czerwonak. Valoro mucho tu ayuda, sobre todo pareciendo todo tan fuerte, pero he de informarte que mi intención con quien sea el capitán del barco puede no resultar del todo legal. Quiero su cabeza. Se lo debo a un amigo.

Dejó que Ash le contara lo que tuviera que contar, si tenía algo, pero pronto la voz de Sharky se hizo oír sobre toda conversación.

—¡TIERRA! ¡YA SE VE CONCICIA! ¡EMPIEZA LA FIESTA!

Yoldin, alertado por las palabras de su acompañante fue corriendo a la barandilla para observar qué les esperaba. A lo lejos se comenzaba a vislumbrar el indicio de una isla pequeña, y pronto por la velocidad del navío pudo ver toda la vida que contenía. Una masa verde cubría todo hasta varios metros por encima del nivel del mar. Apenas se veían los troncos de los árboles, parecía todo de una densidad espectacular, como si la isla tuviera sentido de la estética y hubiera decidido tener un peinado "afro". De dentro toda clase de ruidos animales se oían, pero sobre todo pájaros. A esas horas de la mañana y el ruido ya era bastante ensordecedor, al menos hasta que te acostumbrabas.

Sharky corrió entusiasmado al lado del ángel y también llamó a su anfitriona antes de comenzar a hablar como una ametralladora:

—Muy bien cabrones pues así van las cosas por aquí. La isla del demonio esta está dividida en dos por un río anchisimo que le pasa por el medio. Los Czerwonak están en el lado opuesto a este, lo se porque... bueno, cuando lo veáis será bastante obvio. Lo malo es que cuando llegamos a la islita ya estaba ocupada por unos indios que son la mar de puñeteros, a nada que les cortas un arbol o les quemas algo de prao ya están tirándote flechas y dardos los muy desgraciados... Y ya ni te cuento si tocas a una de sus muje... — miró a Ash y trató de recular, ya demasiado tarde —bueno no nos entretengamos con tonterías, el caso es que son unos desgraciados que pueden llegar a ser muy letales. Y están especialmente enfadados desde que llegamos así que éste lado es muy peligroso. Además...

Yoldin lo interrumpió ya que tuvo la necesidad de esclarecer algunas cosas.

Sharky ha hablado como si perteneciera a los piratas estos porque en otra época sí engrosaba sus filas, pero ha hecho un voto de dejar su vida de pirata atrás así que podrías darle una oportunidad de redimirse. Es por eso que me guía hasta ellos y los conoce tan bien.

—Por supuesto, por supuesto, ya no rompería un plato, a no ser que sea en la cara de algún desgraciado que se atreva a mirarme mal... En defensa propia, por supuesto. Bueno, que me voy por las ramas de nuevo. Lo que iba a decir que desembarcar donde los piratas puede ser igual o más letal si cabe. No es por menospreciaros, sobre todo a usted señor ángel, pero enfrentarnos con un solo barco a una pequeña flota es una locura. Además el contramaestre Garlic hace poco hizo una gran caza que añadió a su colección y ha hecho treméndamente más peligroso el acercarse por el agua a su zona. Y si está la capitana... Ella es realmente fuerte, ¿sabéis? Bueno, habría una tercera opción... Remontar el río y desembarcar en el medio, pero en ese caso nos arriesgamos a encontrarnos con ambos grupos a la vez...

Creo que la decisión final la debería tomar la capitana. Ash, ¿donde crees que deberíamos atracar?
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Mensaje por Ashlyn Blake el Mar 1 Sep 2020 - 18:39

Pasaron la noche en el barco mientras navegaban, Ash se quedo despierta para asegurarse de que no se desviaban, ella no era muy buena navegante y teniendo en cuenta que Velkan no estaba en aquel momento con ella podía resultar un poco problemático si se terminaba perdiendo. Una vez salió el sol escucho las palabras de aquel chiquillo que había recogido y arqueo una ceja. Eso podría ser un problema, después de todo ella iba a por esos piratas para cobrar su recompensa y si él se quedaba con la cabeza perdería dinero y eso no le hacía ninguna gracia a nuestra cazadora.

— Verás, su cabeza es lo más valioso para mi querido, después de todo a eso me dedico, a cazarlos y entregarlos a la marine para cobrar sus recompensas — una sonrisa ligeramente peligrosa adorno sus labios. Ash podía dar realmente un poco de mal rollo, era alguien imponente que siempre había demostrado ser peligroso y aunque intentaba no salirse del lado bueno de la ley siempre podía causar estragos en cualquier momento. — Entiendo ese rollo de las venganzas y todo eso, pero para mi el dinero va primero no se si me explico — sin embargo cuando iban a seguir hablando del tema fueron interrumpidos por el otro cachorrito que había recogido, uno impertinente y un poco molesto.

Pudo ver la isla y tras escuchar la larga explicación que le había dado el tal Sharky suspiro un poco cansada de tanta palabrería — no me interesa pelearme con los indios y perdona que te digan están en su derecho a partiros la puta cara si entráis en sus tierras sin permiso — le miro con el ceño fruncido y por un momento sus ojos cambiaron de color a dorado y luego volvieron al rojo. ¿Quería asustarlo? Por supuesto, si creía que el chico de las alitas era un ángel tenía que tener claro que ella era un demonio con todas las palabras. Después de todo era lo que su akuma representaba y no solamente lo que le gritaba su madre cuando estaba harta de ella.

— Desembarcaremos en el lado de los piratas pero un poco alejados de su base, iremos a pie hasta encontrarlos y entonces empezara la cacería — no permitiría que le jodieran el barco, le había costado mucho conseguir un barco como aquel y no dejaría que se lo destrozasen. Además, si se les ocurría hacerle cualquier cosa al barco les pegaría un tiro, si alguno de los dos que viajaba con ella se le pasaba por la cabeza traicionarla, no verían el amanecer de un nuevo día. Puede que Ash por las buenas fuera una persona maravillosa, pero por las malas era un autentico demonio y no le temblaba la mano a la hora de volarle la cabeza a cualquiera que quisiera pasarse de listo. Así que se dispuso a llevar el barco a esa zona para el desembarco.
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Mensaje por Yoldin Sutade el Jue 3 Sep 2020 - 17:51

El veredicto final no caló bien en Sharky. Caminaba de arriba a abajo en la cubierta del barco, frotándose las manos y murmurando para sí un monólogo ininteligible, aunque por las miradas que echaba de cuando en cuando a la albina se podía adivinar que no se estaba desviviendo en elogios precisamente. De cuando en cuando se giraba a Yoldin y le susurraba con aire secretivo:

— Oye Don Ángel, ¿está seguro de la decisión? Muy bien que vosotros seáis bien fuertes y podáis con todo lo que se os eche, pero piense un poco en el pobre Sharky, soy un humano de lo más normal, no me parece que una ofensiva tan descarada sea la solución... Mire, podemos pillar un bote y desembarcar donde los indios, que por muy tocapelotas que sean no son nada comparados con los Czerwonak, dejemos que ella vaya despejando el camino, ¿no le parece?

Él por su parte se limitaba a reprenderle por sus conspiraciones, diciéndole que no era una conducta honorable e imponiéndole algún castigo leve, pero la verdad es que en el fondo también tenía sus dudas. No sabía si aquella mujer se había tragado el cuento de que era un ángel superpoderoso, pero poco iba a importar cuando en un campo de batalla se enfrentase a la muerte cara a cara, dependería de la realidad y ésta no era tan fuerte como su ficción. Además el temor de Sharky sabía que no era infundado, no había nadie que conociera mejor las habilidades de una banda que un tripulante de la misma. Si les tenía tanto miedo era porque eran verdaderos monstruos.

Sin embargo Ash parecía bien segura de sí misma, el que no dudase ni un segundo en tomar una decisión como esa podía significar dos cosas: que ella también era terriblemente fuerte o que estaba como una auténtica regadera. Solo dios sabía cual era la verdad, pero Yoldin prefirió confiar en su intuición y optar por la primera, así que se preparó para desembarcar.

Se acercaron más y tuvieron ocasión de echarle un mejor vistazo de a la isla. Las playas eran muy pequeñas en la mayoría de lugares, siendo principalmente rocosas y dando rápidamente paso a la enorme vegetación que lo cubría todo. Así, más de cerca, se podía adivinar mejor el tamaño de los árboles y al ángel le sorprendió ver que la gran mayoría de ellos superaba los 10 metros de altura con ramas, pero tenían unas hojas tan grandes (del tamaño de la circunferencia de un balón) que no se podía ver absolutamente nada de lo que había dentro. Aún así todos tuvieron la certeza de que había una infinidad de seres escondidos tras ellas y que muchos tenían los ojos clavados en el barco.

Desde el lado Este (por donde llegaron) la isla se iba elevando y elevando, llegando a tener unos acantilados importantes que sustituyeron rápidamente a las playas pedregosas. Lo curioso es que solo un observador atento se habría dado cuenta de que aquello era pared y no árbol pues en su totalidad estaban cubiertas por el mismo tipo de hojas, que descendían descolgándose de largas y fuertes lianas desde allá arriba.

Llegados a un punto vieron como los acantilados desaparecían y daban paso al famoso río que atravesaba la isla. Sin embargo no se parecía en nada a lo que Yoldin se había imaginado. Las paredes de roca tenían una hendidura que daba paso a un desfiladero lo suficientemente grande como para que dentro pasaran dos barcos en paralelo por donde salía el caudal de agua dulce. Al pasar perpendicularmente a ella y poder mirar dentro del  corte un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. A pesar de la apertura superior la luz de la mañana no penetraba por completo aquella gruta, por lo que una relativa oscuridad reinaba dentro. Aún así por entre las rocas se adivinaban maderos y tablones que llevaban a uno a pensar en desgraciados navíos estampándose contra las imperturbables paredes.

Yoldin miró alarmado a su guía. Al pasar al lado del desfiladero había parado su paseo de nerviosismo y se había detenido a mirar, embelesado y con un aire solemne la estampa.

¿Has pretendido que atraquemos en aquel sitio? ¡Aquello es una promesa de muerte!

—No es lo que parece. Esta isla tiene sus secretos y yo conozco algunos. Ahora es relativamente seguro, y hay maneras de salir a la superficie. Cuando llegamos sí que era peligroso, perdimos no menos de dos barcos intentando entrar, pero el contramaestre Garlic se hizo cargo... Lugares oscuros y tenebrosos como éste son el hogar de las más extrañas criaturas, ¿sabes?

Pero esos tablones...

Sharky se limitó a apuntar hacia arriba.

Entre los dos lados de la isla había un pequeño puente colgante que los unía. Parecía la única manera de cruzar de un lado a otro. Sin embargo se notaba que no siempre había sido así. Gran cantidad de los restos de otras construcciones similares se descolgaban de los extremos del acantilado, golpeándose contra las rocas a merced del viento. Parecía que habían sido cortados hace relativamente poco y algo le decía que era obra de los piratas. Una mirada a Sharky confirmó sus suposiciones.

Finalmente atravesaron ese trecho y encontraron el lugar idóneo para esconder un barco. Una pequeña hendidura en el perfil de la isla, sin muchas rocas alrededor y un buenos asideros para amarrar la nave. El único problema era que la accesibilidad a la isla era horrible, tocaba escalar el acantilado. Por suerte contaban con la ayuda de las lianas que caían repletas de hojas, pero aún así Yoldin llegó arriba resoplando, y Sharky se tuvo que tumbar un buen rato pues creía que se le salía el corazón por la boca.

Finalmente estaban arriba. Miró la gran cortina que se cerraba ante ellos, que les cerraba el paso y ocultaba celosamente los secretos de la isla. Detrás se escondía la historia que estaban por vivir, una vez se abriese el telón no habría vuelta atrás y pasase lo que pasase primaría el lema del teatro: "the show must go on". Sharky al fin se levantó y entre resoplidos miró sonriente a sus compañeros.

—Uff... Ahh... Preparaos para... para flipar.

Y con paso decidido se traspasó la cortina. Yoldin ahora, a solas con Ash recordó la conversación en el barco, antes de que se les interrumpiera.

Antes de que comience todo, déjame decirte que tranquila, la cabeza física de Czerwonak la puedes tener tú. Lo que yo quiero es su vida.

Y se internó en el lugar.

Las lianas y las hojas se le enredaban en todas partes, las extremidades, las alas, sus armas, el cuello... y las hojas no le permitían ver nada. Avanzó un paso a ciegas, dando manotazos a su alrededor y por un momento se agobió pensando que toda su experiencia en el lugar sería así. Pero de pronto sacudió su mano y no encontró resistencia, dio un paso en esa dirección y atravesó por completo la barrera. Abrió los ojos y poco después no pudo evitar que los acompañara la boca.

Unos metros más delante Sharky se peleaba con trozo de liana enrollado en su brazo, soltando maldiciones y amenzas al mundo y más allá el bosque más extraño que había visto se alzaba lleno de vida. Al fin se podían ver los troncos de los árboles, gruesos y marrones, majestuosos todos ellos que se elevaban hasta el techo donde comenzaba a formarse el grueso velo de vegetación. Sus ramas eran muy numerosas y se extendían en todas direcciones, suficientemente gruesas como para aguantar el peso de varios hombres adultos y llenas a su manera de vegetación. Muchas veces esas ramas llegaban hasta el siguiente tronco de árbol, confundiendo las barreras entre individuos y dando la apariencia de que toda la arboleda era un solo ser.

Lo más curioso de todo es que parecía que la cortina respetaba los límites de la isla, dando una sensación muy despejada al interior, dándole una apariencia más de cueva que de bosque. Por dentro solo algunas ramas estaban pobladas de hojas y lianas, decorando de cuando en cuando la cueva con su verde vivo. Además a pesar de la apariencia opaca que daba desde fuera aquella membrana protectora permitía a la luz pasar desde algunos espacios en lo más alto, bañándolo todo de una luz tenue excepto en los lugares puntuales en los que un rayo de sol completo conseguía traspasarlo todo.

En el suelo la vegetación era abundante en flores y sorprendentemente baja haciendo muy fácil caminar por aquellos lugares donde no había alguna rama caída o donde nacía uno de los gruesos troncos. Además la tierra estaba nutrida y era blanda, amortiguando el peso de las pisadas.Y las plantas no eran los únicos seres vivos que poblaban el bosque. Los pájaros culpables de todo el ruido que se escuchaba desde fuera volaban por entre las ramas alegrándolo todo con sus colores, que incluían todo el espectro. Alguna especie de felino saltaba detrás de ellos, intentando  cazarlos sin éxito. Abajo alguna manada de mamíferos pastaba a lo lejos, ajeno a las preocupaciones del resto del mundo.

Sharky , que se había conseguido desatar la liana se volvió hacia Yoldin y Ash (si había acabado de cruzar) y extendiendo los brazos y declaró:

—Bienvenidos a Concicia.
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Mensaje por Ashlyn Blake el Mar 8 Sep 2020 - 19:59

Ash no era una mujer que temiera enfrentarse a piratas o maleantes, lo había hecho durante toda su vida y uno más que otro no sería problema. Si los allí presentes tenían miedo a luchar era su problema. En su caso, si sabía donde estaban sus presas era mas sencillo actuar, si no se habían dado cuenta de que ella era una mujer que preparaba el asalto perfecto tampoco era su problema. Parecía que estaban realmente preocupados y alarmados con la idea de ir de frente contra los piratas, pero en su caso Ash tenía un plan. Aún así dejaría que se volvieran locos pensando en que ir de frente no era la mejor opción y una vez llegasen ya se encargaría de hacer su trabajo.

No por nada Ash Blake había llegado a ser una cazadora famosa, había conseguido atrapar a una cantidad considerable de piratas y había entregado sus presas ganando una cantidad de dinero considerable. Cuando llegaron pasaron con cuidado por aquella gruta, desde luego parecía de lo más peligrosa, pero teniendo cuidado y usando un poco de pericia lograron pasar sin problema. Una vez escondido el barco tuvieron que escalar una pared de roca hasta llegar a lo más alto donde una maraña de lianas y de vegetación les estaba esperando para dificultarles el camino. Desde luego aquel lugar era un jodido infierno y más valía que mereciera la pena la cabeza de aquel pirata o se iba a cabrear.

— Acabo de llegar y ya odio esta isla — maldijo en cuanto salió de entre los matorrales. Se arranco un trozo de liana que tenía pegada a la pierna derecha y entonces avanzó hasta colocarse al lado del tipo con las alitas. Sonrió levemente mientras miraba el lugar, era bonito, eso tenía que admitirlo. Antes de que pudieran avanzar mucho una flecha paso por el lado derecho del rostro de Ash que por suerte pudo mover un poco la cabeza y tan solo le rozo con la punta hasta clavarse en un tronco. Su mejilla comenzó a sangrar suavemente por el arañazo que le habían hecho y la cazadora sonrió.

— Parece que por aquí también tenemos comité de bienvenida, ¿no decías que solo había indios en el otro lado de la isla? — aunque ella no quería hacerles daño. Tal vez los indios podrían servir de ayuda si hacían un trato con ellos, después de todos ellos querían librarse de los invasores y Ash quería volarles la tapa de los sesos para luego entregar sus cadáveres en el primer cuartel marine que viera. Suspiro un poco estirándose esperando ver de donde saldría la próxima flecha — tal vez si se calman un poco podríamos hablar con ellos — una sonrisa algo siniestra adornó sus labios mientras sus ojos cambiaban de color a unos dorados y perturbadoramente brillantes.
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Mensaje por Yoldin Sutade el Dom 13 Sep 2020 - 15:24

De la nada salió volando una flecha, luego dos y luego más. En cuestión de segundos una andanada de flechas y dardos salieron de la nada. Sharky comenzó a correr en dirección de los recién llegados a trompicones y maldiciendo a gritos todo lo maldecible.

Cuando pasó al lado de Yoldin éste lo agarró de un brazo para que se pusiera detrás de él y sacó a Quebrantaolas de su espalda. Usando la tabla de surf como un escudo consiguió cubrir a ambos de la lluvia de proyectiles que rebotaban en la dura superficie de su versatil arma.

El ángel trató de adivinar su procedencia pero parecía que todo aquel enjambre se materializaba en el aire. El cocinero le sacudió un hombro y gritó al lado del oído:

—¡Mierda, pensaba que ya se habían cargado a todos los indios de este lado del río! ¡Arriba, en los árboles! ¡Los hijosdeputa se camuflan de cojones!

Dirigió la mirada a la maraña del ramaje que se abría sobre sus cabezas y entonces lo vio: un hombre pequeño pero musculado cubierto de pinturas de los colores del entorno y con matojos de hierbas atados a la cabeza y en las extremidades se acababa de levantar y tensaba un pequeño arco curvo.

Yoldin pensó rápido. Tenía la pistola que había conseguido hace poco en el bolsillo, esa era el único arma a largo alcance de la que disponía. Sin embargo si le daba más que probablemente entre la bala y la caída se le cargaría, y había escuchado las palabras de Ash. Realmente estaban en su mismo bando: su enemigo común eran los Czerwonak. Así pues cogió ésta ocasión su garrote de propulsión.

Cuando lo sostenía con la mano libre Sharky se le quedó mirando con incredulidad. Las tuercas en su cabeza giraron y una bombilla se le iluminó. ¿Acaso lo iba a hacer? ¿El ángel finalmente iba a enseñar su poder? ¿Volaría para derrotar a todos esos enemigos que acechaban en las alturas?

Por su parte Yoldin le dijo que sujetase él el escudo. Iba a hacer una verdadera majadería con muy pocas probabilidades de éxito pero hay que reconocer que si funcionaba quedaría realmente guay. Hurgó en la tierra hasta que encontró lo que quería y se preparó para su ataque. Esperó a un momento en el que la lluvia de proyectiles se detuviera y entonces de un salto salió del refugio. Entonces fijó la vista en su objetivo: el indígena se sorprendió y cargó de nuevo su arco, apuntándole. Estiró la mano del garrote preparándose mientras la otra se ceñía a lo que había cogido del suelo: una simple piedra. Lanzó la piedra al aire y con su arma la bateó accionando el dial de propulsión que tenía incrustado. Bateó la piedra con una fuerza desmesurada y se convirtió en un proyectil que viajaba a una velocidad pasmosa.

La piedra salvó la distancia que los separaba antes de que el arquero pudiese reaccionar, zumbó amenazadoramente y... milagrosamente dio en el blanco. Pero no el que esperaba. Pasó rozando al objetivo original pero justo en ese momento otro indígena a su lado se levantó y recibió tal pedrada en la cara que tras tambalearse unos instantes le tiró de la rama. El ángel sin apenas poder creerse su suerte gritó a Sharky:

— ¡Cógelo, rápido!

El expirata reaccionó rápido: dejó caer el escudo, se lanzó a hacer su caza y justo antes de que el inconsciente indígena golpease el suelo dio un salto y lo cogió amortiguando la caída. Captura completada. Sin embargo ahora Yoldin se encontraba completamente al descubierto y cuando el arquero al que había apuntado en un primer momento salió de su sorpresa dijo con una voz autoritaria que denotaba su liderazgo:

— ¡Disparad!

Y toda una nueva andanada fue dirigida desde todas las direcciones hacia el indefenso ángel que ahora fue el que no tuvo tiempo a reaccionar.
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