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Una función muy larga de escribir [Dexter-Astartea]

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Mensaje por Dexter Black Jue 7 Mayo 2020 - 20:22

- No creo que esto le guste al bueno de Vladimir -comentó Jody, una joven de cabello ambarino y ojos verdes, entrando distendidamente por las puertas del principal brudel de Amstel-. No le va a gustar nadita.

- Bueno, nunca me ha importado enemistarme con nobles -respondió Matt Robins, un muchacho lampiño de como mucho unos diecisiete años; más músculo que cerebro, y tampoco se podía decir que tuviese mucho de lo primero. Aunque se le daban bien los explosivos-. Si Romanov viene a por mí... -Empezó a hacer aspavientos con las manos, imitando una torpe paliza contra un sujeto que solo estaba en su imaginación.

- ¿Qué le harás? -El chicó soltó un respingo cuando una voz firme y profunda sonó tras él, helándole la sangre-. Vamos, Matty. ¿Qué le harías?

Stephan Wolf era un hombre ya mayor, musculoso y de piel tostada. No era moreno, pero años en el mar habían arreciado su cuerpo. Lleno de cicatrices desde la punta de los dedos hasta el centro del pecho y bronceado por el sol, apenas quedaba un leve atisbo de su palidez en la incipiente coronilla que ocultaba, casi siempre, bajo un gorro. Había luchado desde que era un niño, primero contra el hambre y más tarde contra otros hombres; siempre había sido el más fuerte, se había hecho un nombre en el bajo mundo y... ¿Para qué? Al final, tras una vida de crímenes y robos, se había enrolado en la Armada Revolucionaria. No era especialmente inteligente, pero era consciente de ello y poseía, sin embargo, una gran capacidad de improvisación que lo había llevado a convertirse en hombre de confianza de mucha gente. Si le preguntabas tal vez nunca te lo dijese, pero estaba allí para evitar que nadie más tuviese que pasar por su vida; para que nadie más necesitase ser fuerte y malo tras él. Tal vez por eso, solo tal vez, era el hombre con el que Dexter mejor se llevaba.

- No te metas con el chico -le instó, cargando cajas y cajas de alcohol para sacarlas a la calle-. Tiene ilusión, y si lo entrenases con suerte...

- Dejaría la armada -concluyó Matt, con una sonrisa torva.

No tenía muy claro por qué, pero la gente lo seguía. No lo intentaba, ni tampoco tomaba mucha confianza con el resto, pero cada día más y más nuevos cadetes pedían formar parte de su escuadrón. ¿Así se había sentido Krauser tras dejar la Marina? Por momentos le agobiaba, pero Stephan tenía el suficiente mal carácter como para ahuyentar a la mayoría, y los que se quedaban tendían a ser los más valiosos con el tiempo.

Su equipo constaba de diez personas: Stephan Wolf, el más veterano, que ya era veterano cuando los veteranos de la armada se habían enrolado, era el responsable táctico, y al saberse un poco tonto repasaba cada plan concienzudamente reconstruyéndolo por cada brecha que Dexter le encontraba; Jody Fawkstar era la médico del equipo; Matty, que era el artillero principal de la formación, era... Especial; Jack Melvin, que estaba fuera coordinando a la turba furiosa para echar a las tropas del zar, solía ser el experto en infiltración -de hecho habían entrado tan fácilmente a Amstel gracias a él-; Arming Tamzarian, que no tenía ninguna habilidad en concreto, era ese tipo que siempre ayudaba eficientemente en todo lo que se le pedía y, los otros cuatro, en realidad, todavía no recordaba sus nombres, aunque habían demostrado ser muy aptos en el asalto a la ciudad.

- Venga, gandules, que ahora toca justo la parte que más os gusta -dijo, antes de salir por la puerta-. Es hora de celebrar.

Habían pasado casi una semana allí, sin contar el mes de preparación que Stephan había necesitado para concretarlo todo, y por fin podían relajarse. No era como si todo el mundo fuese feliz tras su entrada, pero con su llegada habían desarmado al ejército y habían, de facto, robado el control de la ciudad al emperador. Claro que no podían evitar que las putas siguiesen prostituyéndose, pero haber encarcelado a los proxenetas les daba cierta libertad para vender su cuerpo a quien querían y solo si querían. Los camellos a sueldo de Vladimir habían sido expulsados de Amstel, y una vez Jack terminase su tarea -la cual, a juzgar por los irritantes cánticos grandilocuentes, estaba a punto- la ciudad estaría bajo total control de la gente. Primer paso para liberar la isla, cumplido.

En la plaza mayor prendieron varias hogueras donde improvisaron asadores, y los irritantes cánticos grandilocuentes se volvieron cada vez más molestos y desacompasados. La gente empezaba a emborracharse y, poco a poco, gran parte de la gente se iba uniendo a la fiesta. Mientras tanto, Dexter se alejó a una esquina para beber tranquilo.Aunque le gustaban las fiestas no podía evitar pensar que al día siguiente necesitar todos sus sentidos; Un emperador no renunciaba a sus tierras así como así.



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Mensaje por Astartea Shikei Vie 8 Mayo 2020 - 2:55

-Señorita, se lo digo de verdad, este no es un sitio para alguien como usted.- El hombre que la había dejado en la zona que empezaba a festejar, no pudo evitar tragar grueso, luchando profundamente por bajar el nudo en la garganta. Era una mujer hermosa, de apariencia delicada y tierna, y estaba por meterse en la boca del lobo.- No se preocupe… Las apariencias engañan.- El cochero no sabe cómo entender eso, pero está demasiado preocupado en salir de allí como para averiguarlo. Ella por su parte tiene demasiadas cosas en mente y sus dedos llevan un rato jugueteando con su bolso.

Es la primera vez en su vida que es consciente de que todos y cada uno de sus planes pueden fastidiarse si no tiene cuidado, y aunque quiere tenerlo, no sabe exactamente que esperar.

Sus zapatos negros tocan el suelo, mientras sus orbes de sangre se deslizan por el panorama de gente alegre. Una sonrisa suave pinta sus labios, y aunque aquello le recuerda a una versión más viva y alegre de su ciudad, sabe que no puede dejarse engullir por la situación, aunque aquella noche se da el placer de disfrutarlo en cierta manera.

Un tirón suave y la túnica negra se deslizan por su cabello, sus hombros, el calor de las hogueras hace que sea cómodo caminar por allí. Sus mechones plateados se deslizan como una ligera extensión de la luna, deslizándose por aquel vestido a dos colores. Era pasado a la rodilla con algo de volumen pero no demasiado, blanco con encaje negro al final, las mangas suaves y pomposas, los lazos, el faldón negro. Aquellas rosas enganchadas a un lateral de su cabello albino ligeramente retirado a un lado le daban un aspecto inocente y dulce, mezclado con la sinuosidad de aquellas curvas de demonio y aquel pecho marcado.

Dejó la túnica en su bolso, mientras se adentraba tranquilamente entre la gente. Le ofrecieron comida, le pidieron bailar, una sonrisa calmada, un gesto dulce y seguía su trayecto, aun cuando no sabía exactamente a donde iba. Se paró en la zona de la barra para pedir algo y la amable mujer la atendió al momento. Tras un par de minutos había entablado amistad con ella y la señora de la barra se reía divertida.- Muchacha, como te quedes aquí más tiempo vendrán más hombres a pedirte bailar, así que date prisa para irte o acepta el baile, cuanto más alcohol de por medio, más veces te lo van a preguntar.- La mujer avisó a la dama de cabellos albinos y ella negó con un gesto calmado, cruzando las piernas sobre sus calcetines altos.- Tranquila querida, se cuidarme sola.- La mujer no lo duda, pero aun así siguió a su trabajo, servir copas.

Astartea se dio el placer de tomarse una, siendo total y plenamente consciente de que era peligroso, no solo por su tolerancia al alcohol si no por todas y cada una de las cosas que podía significar. Fue justo al bajarla que lo vio y se forzó a volver a la realidad, estaba vivo y coleando y toda información o leyenda que le habían dicho, se hizo realidad.

Pagó a la mujer la copa, dándole algo de propina y una sonrisa cómplice, estaba caminando hacia la zona, antes de ser interrumpida al llegar cerca de nuestro protagonista.- Lo siento, no creo poder bailar contigo.- Una leve inclinación de cabeza como disculpa, una sonrisa neutra y se gira sobre sus talones, quedando al lado del famoso Dexter Black, rozándole suavemente el hombro con el suyo, al acercarse a la barra.- Punto para ti querida… Punto para ti, dame otra copa mejor.- La mujer de la barra empezó a reír sabiendo que claramente la tenía, y entonces sus orbes de color sangre miraron al hombre.- Lo siento, he venido en un intento de escapar del gentío pero creo no me ha funcionado.- Una sonrisa tranquila, un gesto sincero y le extiende la mano en un saludo.-Astartea, encantada, acabo de llegar a la ciudad y parece que en el mejor momento.

¿Qué clase de hombre era? ¿Era cierto que podría leerla como si fuera un libro abierto y destrozar todas y cada una de sus páginas? Era el momento de comprobarlo.
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Mensaje por Dexter Black Vie 8 Mayo 2020 - 14:11

La música subía y bajaba a medida que la gente se unía y abandonaba el improvisado coro. Desde el extremo de una improvisada barra podía ver a la gente bailar, intimar e incluso apostaría por que Matty había liga... Ah, no. La chica peliblanca lo había rechazado. Tampoco era algo de lo que pudiese culparla; él era un adolescente atolondrado un poco idiota y, si se dejaba guiar por una valoración numérica -aunque odiaba aquello-, era un seis intentando llevarse al nueve. Se trataba de una mujer muy atractiva, también adolescente probablemente, quizás un par de años mayor que Matt, pero sin duda mucho más desarrollada que él. Si hubiese sido otro, tal vez le hubiese silbado, pero él no era otro. Tal vez fuera por eso que ella lo había mirado un par de veces.

Dexter siempre había sido sumamente sensible a los estímulos. Tenía buena vista y oído, además de gran capacidad para procesar en su mente todo como si fuese un continuum; explicarlo resultaba sumamente complicado, pero de forma sencilla él sentía las imágenes fijas cuando veía una película. Aquello se aplicaba a todos sus sentidos, también al Haki de observación, razón por la que en ocasiones su cabeza simplemente se saturaba. Cientos de personas divirtiéndose, emociones cruzadas, presencias aquí y allá que aparecían y se desvanecían... Normalmente hacía uso de una habilidad que nadie percibía, achacándola a que él era, normalmente, despistado: La abstracción. Se concentraba en una única cosa, en algo que pudiese mantenerle la mente ocupada, y desconectaba del resto. En aquella ocasión, quizá por lo llamativo de su cuerpo o por la mala espina que le producían aquellos ojos de color rojo sangre, estaba inmerso en observarla a ella.

No era del lugar, estaba claro, pues la ropa cara en Amstel era un lujo reservado a prostitutas de alto nivel y, aunque seguramente pudiese haberlo sido de desearlo, no parecía una prostituta. Dado su albinismo -algo de lo que él, por lo que le tocaba, entendía- era probable que fuese del norte, dado que estadísticamente había más en ese mar, así como tenían mayor probabilidad de supervivencia. Su lugar de origen concreto era difícil de determinar, pero con un vistazo a sus manos podía ver que no era pobre, precisamente. Eso, sumado a sus andares y ropa, confirmaban que probablemente perteneciese a una isla con marcados estratos sociales, y aunque eso limitaba bastante las posibilidades, se negó a creer que aquella chica fuese una Markov. Al fin y al cabo, podría perfectamente ser la princesa de Lyneel o una Alta Noble de cualquier otro lado. No obstante, si fuese de tan alta cuna, ¿qué pintaba allí? Cierto era que en ocasiones los caminos de uno eran caóticos e insondables, ¿pero tanto? Había algo que se le escapaba o, como mínimo, una pieza que faltaba.

Se sorprendió mirando a los ojos que lo miraban, o más bien ella lo vería contemplarla al posar su mirada en él. No trató de disimular, tampoco ella al rozar su hombro de forma perfectamente meditada lo había hecho, y correspondió a su sonrisa con lo propio justo antes de que ella le tendiese la mano.

- Te diría que has llegado justo a tiempo para el peor -respondió, encogiéndose de hombros, pero sin dejar de sonreír-. Aunque sin duda tu presencia lo mejora.

¿Iba a coquetear con una adolescente? Iba a coquetear con una adolescente.

Siendo justos, ella había comenzado. Siendo honestos, había algo en ella que no encajaba. Parecía inocente, pero su forma de expresarse, de moverse, de gesticular... Tal vez demasiado perfecta, quizá extremadamente imperfecta. Todo el mundo poseía detalles delatores, pequeños tics, mínimos exabruptos... Él no era un experto encontrándolos, pero sí podía detectar cuándo algo era demasiado bueno. También veía el futuro, aunque cuando no se concentraba en ello eran simples visiones momentáneas de un par de segundos adelante.

Pero era justo por eso que mientras le tendía la mano derecha, en lugar de dársela, la evadió en el último momento. Definitivamente había algo detrás de ella que, aunque le habría encantado decir que ocultaba, no parecía tener ningún interés en disimularlo. Le habría sido fácil tratar de seducirlo, hacerlo a escondidas, esperar a que se durmiese o cualquier otra cosa. ¿Estaba frente a una idiota? No, estaba frente a un enigma. Astartea, la hermosa mujer peliblanca de ojos rojos, era simplemente un rompecabezas que, como él, tenía un plan. Nada más justificaba aquella ataraxia; estaba segura de que le iba a funcionar. Y eso era algo que a cualquiera le daba miedo. Él no era, ni sería, la excepción.

Pero no iba a dejar que se notase.

- Eso está feo -atinó a decir, antes de presentarse formalmente-. Mi nombre es Dexter Black; aunque parece que ya lo sabías, ¿no?

Con mirada suspicaz se clavó en ella, escrutando cada movimiento, concentrándose en su mente. ¿Qué sentía tras aquel ligero contratiempo? Quería indagar en lo que pudiese de aquella cabecita, la cabecita más peligrosa de todo Amstel.

- Normalmente, antes de pedir la mano a una dama - hizo un aspaviento, llevándose la mano al pecho en gesto dramático- hay que invitarla a cenar primero. Y, si te vas a saltar eso... Por lo menos pídela por favor, querida.

Le guiñó un ojo, burlón, y dio un trago a su bourbon.



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Mensaje por Astartea Shikei Vie 8 Mayo 2020 - 14:59

Ella siempre había tenido algo que como un imán y dependiendo de la polaridad, atraía o alejaba a la gente. Era uno de esos mecanismos que Ash le decía que activaba casi  de forma imperceptible, una forma de evitar el daño que estaban acostumbradas a que llegara. Una forma fría, dura y sin escrúpulos de manejar lo que nadie más podía manejar y había aceptado aquello con todo lo malo que pasaba por su cabeza.

Rechazar a jovencitos no era un problema, quizás ella se veía mayor debido a que había estado casada desde los diecinueve, a veces se le olvidaba que su cumpleaños marcaba tan solo veintitrés años. Quizás era debido a que siempre había tenido que crecer muy rápido o que su inteligencia siempre había crecido a una velocidad superior a la de su cuerpo. El genio médico, la mujer casada, la mujer viuda, la marine con gran futuro, tantas formas de llamarla a lo largo del tiempo.

Y aun así, solo una persona la había llamado Tea, y se había olvidado del resto. No podéis saber lo mucho que se alegra de que este muerta y no pueda ver en que se ha convertido.

Aceptó sus palabras con una sonrisa divertida, podía decir muchas cosas de Dexter Black con tan solo verlo, la principal y evidente que era guapo. Nuestra dama no era de esas que se volvían locas por un cuerpo y una cara estilizadas, quizás debido a que sus instintos solo salían con un par de copas o una subida de tensión.

-Muy amable, pero mi presencia aquí destaca y desencaja demasiado, aunque tengo que admitir que es parte de mi encanto.- Se encoge suavemente de hombros, aceptando la copa que la mujer le pone delante. Cruzan miradas un momento, la mayor alza una ceja y Astartea le sonríe ligeramente divertida, tras ponerle la copa se va y ella no puede evitar pensar que la gente es demasiado tonta. A veces como algo bueno, a veces como algo casi dulce, pero nunca tomaban sus advertencias en serio.

Cuando le había dicho que podía cuidarse sola lo decía en serio, aunque cuidarse era una cosa y sobrevivir a Dexter Black algo totalmente diferente.

Es entonces que en ese momento que él quita la mano, sus ojos se entrecierran levemente , mostrando una de esas sonrisas que hablan más de demonio que de los ángeles que podrían haber pintado su cara.- Vaya, y yo que esperaba poder engañarte.- Un chasquido de lengua, un suave movimiento de hombros y la clara mentira sobre el engaño en sus palabras, sabía de sobra que no iba a poder engañarle, por eso había ido directa.

-Eres algo famoso como para no conocerte, pero queda feo decir que te conozco y que quiero que me regales una mano, intento tener modales.- Algo de indignación en unos labios que se tuercen suavemente en un puchero, antes de darle un trago a aquella copa con la esperanza de no pensar demasiado. Como intentara complicar todo aquello, iba a ser peor, ya que intentar manejar o manipularle se descartaba.

-¿Si lo hago me la darás? Lo dudo mucho…- Pero como no perdía nada, se giró suavemente, colocándose de lado en la barra, ladeando el rostro. La larga marea de plata se deslizó suavemente por su hombro y lanzó el más directo de sus ataques.- ¿Me dejas tu mano para hacer una copia con fines puramente médicos? Me vale un dedo realmente, pero por pedir ya que estoy.- Cruza los brazos bajo el pecho, con algo de duda y una sonrisa ladeada.

Había venido a jugar, era tarde para andarse con tonterías.
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Mensaje por Dexter Black Vie 8 Mayo 2020 - 16:12

No es que la máscara se cayese, sino que se la había quitado tranquilamente. A mucha gente se le iban rompiendo pedazos, dejaba entrever pequeñas facetas de su verdadero yo, de quién era... Ella no. No sabía si sería la opción más inteligente, o si lo hacía con todo el mundo, pero desde luego parecía una situación excepcional a la que no llegaba todos los días. Eso abría ciertas preguntas mientras arrojaba luz sobre otras, aunque en la suave penumbra de las respuestas que hallaba no tenía muy claro el haber llegado a una idea clara de a quién tenía realmente delante.

Se trataba de un puzzle en el que, cada vez que encajaba una pieza, aparecía otra. Un rompecabezas sin solución o quizá con una no tan obvia como la de mucha gente, pero había una cosa que sí podía ver: Quería ser resuelto. Aquella fachada tan bien construida, aquel porte encantado y esa inocencia tan bien fingida... ¿Era fingida? Dexter no entendía demasiado bien el funcionamiento de la mente, pero siempre había sospechado que detrás de cada gran actuación había un poso de verdad. Astartea estaba pidiendo a gritos ser resuelta, y si eso era cierto, no se había quitado la máscara: Se la acababa de poner.

Su cabeza se abarrotaba de teorías, de pensamientos, y tal vez si dispusiera de un momento a solas habría meditado un rato tratando de hilar sus posibles futuros encuentros, tratando de desgranar en interacciones que quizá nunca tendrían posibles rasgos de una personalidad que todavía no tenía claro si existían o no. Pero no tenía tiempo ni quería creer que todo estuviese determinado de antemano aunque, según las leyes de la probabilidad, en cierta medida lo estaba. A veces saber era terrible.

- Lo haces -contestó, entrecerrando los ojos con complacencia por un instante. "No sabes cuánto".

Lo último no lo había dicho, limitándose simplemente a escuchar y observar. La inocencia de su rostro contrastaba enormemente con la voluptuosidad de su cuerpo, cubierto pero no disimulado por un vestido; la infantil rabieta que fingía con lágrimas de cocodrilo chocaba con la macabra petición que acto seguido acababa de hacerle, de la facilidad con que se había recompuesto para, con una cierta cautela, terminar preguntándoselo directamente.

No pudo evitar soltar una risotada cuando la escuchó. Aquello significaba mucho para alguien que intentaba comprenderla, más aún cuando aquella reacción parecía despejar más dudas de las que incitaba. Aquella chica, independientemente de todo, era alguien muy especial.

- Si fuera una dama créeme que lo haría. -Arqueó una ceja mientras fruncía los labios, en una mueca más cómica que terrorífica-. Pero claro, ¿por qué no? Sin embargo...

No tendió la mano para dejar que la tomase, pero apoyó el brazo sobre la barra. El porqué de desear su carne podía responder a muchas cosas, pero había muy pocas que fuesen buenas. Intentar clonarlo con una muestra de ADN no parecía la opción más inteligente, aunque seguramente sin conocerlo muchos pensasen que saldría un bebé con melena y marcados músculos. La realidad era más triste y decepcionante, habiendo nacido él con menos peso del razonable, totalmente albino y sin apenas color en los ojos. Sin embargo eso era algo que, para saber, había que conocerlo, y nadie lo conocía. Nadie se había molestado en ello nunca. Tal vez por eso estaba a punto de dejarse arrancar una mano para alguien que, aunque fuese de forma macabra y quirúrgica, deseaba conocerlo. Pero no se la iba a dar tan fácilmente, claro.

- ¿Qué gano yo con todo esto? -preguntó-. Asumamos que te la doy; ¿qué me darás tú a mí?



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Mensaje por Astartea Shikei Sáb 9 Mayo 2020 - 3:16

Ella prefería hacer las cosas a su ritmo, si dejaba que otro lo marcara se acabaría perdiendo, sus pies se liarían y seguramente tendría que reconstruirse después de todas y cada una de las caídas. Si ella lo comenzaba, ella lo terminaba, si le daba a Dexter el poder de entrar por una de sus aberturas, él decidiría cuando empezar a tirar de ella y cuando parar.

De esta forma ella decidía cuanto avanzaban las heridas, hasta donde, que tan profundo y cómo manejarlas.

No vamos a negar que una sonrisa de satisfacción alce las esquinas de sus labios cuando él admite que lo hace. Aunque una parte de ella teme esa palabra más de lo que puede imaginarse, pues si dice eso de su realidad, puede que este empezando a ver los cadáveres que se encuentran en el suelo. Puede que se agache, meta la mano entre la sangre, el barro, el odio y el dolor y se dé cuenta de que el cuerpo que se encuentra allí es el de ella.

Perdida entre lo que queda de sus verdades, sus mentiras, sus alas rotas y sus plumas manchadas.

Descarta la idea pestañeando suavemente, y decide que son sus miedos y sus fantasmas los que han tomado rienda de ella por un instante. La posibilidad de que de verdad pueda ver todo eso es una que definitivamente, no quiere contemplar.

-Ya, es una lástima que no lo seas, serías totalmente mi tipo.
-Decidió tomar sitio con calma en uno de los taburetes a su lado. Un movimiento elegante, calmado y calculado, cruza suavemente las piernas y acomoda el vestido con los dedos. Estaba lista para lo que fuera, pero desgraciadamente la vida está llena de peros y tantos tenía él con ella, sobretodo el más importante de todos. Era el momento de dar el siguiente paso a delante.

-Lo que quieras, siempre y cuando se encuentre dentro de mis posibilidades, seamos realistas, aunque mi akuma da para bastante no hago milagros, soy una mujer de ciencia.- Admite con calma, mientras sus dedos pasan calmadamente por la barra, hasta dejar el codo en la misma, casi como si burlonamente le ofreciera un pulso, cosa que no se le pasaba por la cabeza ni en broma, pero era un desafío.- ¿Acaso tienes miedo de lo que pueda hacerte? Y sabes perfectamente que no me refiero a tu mano.- Unas palabras demasiado sinceras, una mirada demasiado intensa y un choque tan directo como toda ella.

Sabe de sobra que la gente puede tener miedo a relacionarse de cierta forma con otras personas, ella misma se encuentra a veces temiendo que demonios puede pasar si se desliza demasiado, si el botón no se presiona correctamente. Y aunque sospecha que no hay botones que funcionen con este hombre, sabe que tiene la valentía para enfrentarlo con la mirada alta y el corazón en un puño. Hace tiempo que no teme a la muerte, y aunque si pueda asustarle el daño que pudiera hacerle estaba preparada.

O eso piensa al menos, recordemos que nuestro querido Dexter Black es tan fascinante como impredecible y algo le dice que sería capaz de dejarla k.o de un derechazo acertado. Y no, no me refiero a físicamente, seguramente para eso solo necesitara una uña, era algo que iba más lejos que todo eso. Quizás era por su temor a lo desconocido y que él fuera el misterio más grande de la humanidad, tal vez debido a que había decidido hacía tiempo que él sería su espécimen más raro. El más poderoso, el más peligroso y el más complicado.

Tal vez había cientos de dudas en su cabeza, pero si estaba un paso más cerca de conseguirlo, tendría una preocupación menos al morir. Y esa fecha se acercaba cada vez más rápido con el pasar de los días.
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Mensaje por Dexter Black Sáb 9 Mayo 2020 - 14:56

Dexter solía pedir lo mismo a todo el mundo, aunque nadie le daba nunca nada igual. "Algo que solo tú puedas darme" era una apuesta arriesgada, pues del mismo modo podía surgir algo increíble como, simplemente, una banalidad estúpida. También había gente que ofrecía oro, regalos, extraños objetos... No comprendían el concepto de tesoro en lo más mínimo. Algo que él pudiese robar, algo que si quisiese pudiera conseguir sin ayuda o intercesión de su dueño no era digno de estar en su colección; y si bien conservaba recuerdos de Kirito y Zero, así como de la chaqueta de Karl, todo aquello tan solo marcaba el momento exacto: El momento exacto en que había atrapado a Kirito, el momento exacto en que Karl había desafiado al mundo, el momento en que Byakuro y él se habían convertido en la mayor amenaza para la delincuencia en los mares.

¿Por qué le había preguntado a ella entonces qué le daría? Quizá esperaba aquella respuesta; que alguien, por una vez, le preguntase qué quería. Llevaba ya tantos años negándose a sus necesidades, a sus deseos, que la oportunidad de liberarlos aunque fuera por un instante resultaba excitante, más cuando estaba cara a cara con el peligro. Inocente e inofensiva, como una sinuosa serpiente enrollada al árbol de la ciencia, pero retorcida como un demonio mientras le tendía una manzana que deseaba tanto como temía morder. ¿Tenía acaso miedo de sus propios deseos? Nunca se había considerado alguien reprimido, pero en los últimos tiempos sí que había contenido su vena más hedonista todo lo que había podido. Era lo que el mundo necesitaba, al fin y al cabo.

Tal vez también el lo necesitase; tal vez tendría que salvarse a sí mismo para poder salvar al mundo, pero eso nunca había pasado por hacer pactos con el diablo. A lo mejor sí que tenía algo de miedo, pero no tanto a lo que ella pudiese hacer sino a todo lo desconocido que ocultaba tras de sí. A sus sombras y luces, a su falta de miedo... No apreciaba la vida, o al menos no valoraba su vida por encima de nada. Una herramienta, eso era para ella la vida, no concebía que sin esa herramienta no quedaba nada. Aunque todo eso eran elucubraciones banas en base a una simple frase, en base al desafío de una niña frente a un dragón. ¿Por qué era ella la más temible de los dos?

- Sí. -Asintió, exagerando la inclinación de su cabeza un par de veces-. Eres alguien a quien vale la pena tenerle miedo. -Se llenó el vaso de nuevo, aunque no bebió-. Vienes hasta aquí con el disimulo justo y un objetivo claro. Rechazas a bastante gente y te quedas un rato cerca de mí, intentando llamar mi atención -se ahorró mencionar el hecho de que lo hubiese conseguido- para, presentándote como una chica inocentona. No mucho, lo justo para atraer todavía más el interés. Y, sin embargo, todo tu plan pasaba por robarme la mano descaradamente. Mi mano, a estas alturas, solo puede ser un señuelo. Porque o eres mucho menos inteligente de lo que pareces o tienes una mente demasiado brillante como para entenderla de un vistazo. En ambos casos, tienes la palabra "peligro" grabada en la frente. ¿Qué es lo que deseas, realmente?

El peligro era excitante. Levantar las cartas... Un imperativo para seguir jugando. Astartea parecía esa clase de persona, similar a él, tan lista que en ocasiones despreciaba la inteligencia de los demás, tan audaz que acababa por simplificar sus planes involuntariamente para que alguien pudiese llegar y decirle "no eres para tanto". Todos los genios necesitaban que alguien les cortase las alas de vez en cuando, pero tampoco estaba seguro de que ella hubiese llegado buscando aquello. Su seguridad, su altanería... Estaba dominando la situación, y aunque a Dexter no le molestaba en lo más mínimo, le intrigaba.

- Verás, cuando alguien llega pidiéndome algo... Yo suelo pedir algo a cambio. Concretamente, algo que solo esa persona pueda darme. ¿Tienes algo que sea solo tuyo y que nadie pueda obtener si tú no se lo das? Porque ese es mi precio, y no aceptaré nada por debajo de eso.

Tenía la sensación de que el miedo era mutuo, pero no terminaba de entender el suyo.



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Mensaje por Astartea Shikei Dom 10 Mayo 2020 - 3:56

La respuesta de nuestro dragón no hizo más que causar una sonrisa en nuestra noble princesa, mientras rueda suavemente los ojos. Si tan solo se diera cuenta que en el cuento, no era la princesa encerrada y asustada, si no la malvada villana que había preferido escribir un camino en sangre antes de dejarse encerrar en una torre.

-Me alegra que te des cuenta, pero mucha gente ya me ha tenido miedo antes… Totalmente justificado, claro.- Admite que tiene algo de culpa, recuerda esas noches con Annabelle torturando a las criadas que hacían las cosas mal, destrozando cadáveres, tratando a ladrones, piratas y villanos como sujetos de prueba. Sus vidas eran solo pequeños péndulos oscilantes en sus manos que ella decidía cuando cortar.- De intentar nada, algo me dice que he llamado tu atención, o no llevaríamos tanto tiempo hablando.- Pestañea de forma calmada, mientras su sonrisa dulce amenaza peligrosamente con hacer aparecer sus tintes demoníacos.

Es divertido, no va a negarlo, nota la mirada de algunas personas en ella con una mezcla entre desconcierto y duda, incluso el muchacho que le ha pedido bailar antes parece buscar fulminar con la mirada a su acompañante. No es más que la extraña incógnita de aquella noche.- Me sobrestimas querido, solo soy una pobre médico buscando respuesta, conocimiento y algo en lo que entretenerse mientras dura su vida.- Se cruza de brazos, quitando la mano de la mesa, mientras sus orbes del color de la sangre no pestañean ni tiemblan, aunque no paran de chocar con los suyos.-No negaré que soy peligrosa, pero dudo mucho serlo para ti, nunca me deshago de los sujetos más interesantes.- Un gesto calmado, aparta un mechón de cabello plateado detrás de su propia oreja y mira hacía el frente, suspirando.

Menudo dolor de ovarios que podía a llegar a ser el hombre, era como estar en constante tensión esperando un golpe que nunca llegaba. Cuando llegó finalmente, se dio cuenta de la razón de que aquel hombre le diera tanto miedo.

Era la persona capaz de mirar debajo de todas sus mentiras, sus engaños, sus errores, sus máscaras y sus paredes. La persona con la que si dudaba, mentía o engañaba iba a negar antes de que lo pensara, la persona capaz de destrozar aquel botón mágico en su cabeza, y lo supo desde el primer momento que miró aquel jodido cartel de búsqueda. Las leyendas sobre lo que era capaz de hacer, de lo que podía hacerle a tu cabeza o de su ingenio, por eso lo había situado el primero de su lista, por eso había realizado más rituales que con cualquier otra presa.

Por eso estaba terriblemente asustada.

-Eso es fácil…- Admite, ha conseguido que vuelva a mirarle, que se gire en aquel taburete mientras acorta ligeramente las distancias entre ambos. Solo tiene que tirar suavemente del banco  para que su hombro roce el brazo del hombre, para que ligeramente sus cabellos rocen su brazo, su hombro. Es casi como si fuera a contarle un secreto que solo él pudiera saber, y así era después de todo.- Podría ser la daga de mi familia, pero la vendería sin pestañear por el dedo de los sujetos número dos o tres.- Admite con calma, demostrando que no era demasiado importante, mientras sus dedos se pierden en los bucles de plata que forma el final de su cabello.

Finalmente decide decírselo, cortando tensiones o tonterías, momentos extraños o incómodos, solo una mirada fija y una seguridad que es tan real como todo lo que ha enseñado hasta el momento, es decir, nula.- Yo, yo sería…Eso.- Admite con una sonrisa algo más agacha, apartando la mirada un instante en el que sin darse cuenta, ha flaqueado.- Nunca me doy realmente, solo finjo que lo hago, solo engaño a la gente haciéndole pensar que me tiene… Pero dejare que me uses, y me tengas, te convertiré en el jugador por una vez.- Apoya el codo en la barra, el mentón en la mano, y en aquella ligera intimidad de su cercanía, le mira, sonriendo.- Dejaré que tomes de mi tanto como yo tome de ti, aunque espero no lo hagas literal, odio clonar mis propias manos, es molesto.- Admite recordando un suceso anterior, negando rápidamente.- Pero digamos que cumpliré tus peticiones… ¿Qué te parece?

Y aunque Dexter quizás no lo sabe, y debería temer los pactos con el diablo, aunque en esta ocasión es el mismísimo el que ofrece su alma, debe tener cuidado con lo que hace con ella en las manos. Después de todo no hay nada más oscuro, corrosivo y destructivo.
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Mensaje por Dexter Black Dom 10 Mayo 2020 - 12:47

- Eres preciosa -dijo, en un tono casi paternal-. Podría estar hablando contigo solo por eso, ¿no te parece? Querer llevarte a la cama y, para eso, inflarte un poco el ego. Charlar como cortejo, fingir ser más listo de lo que soy... Y seguro que funcionaría con casi cualquiera.

Dio un sorbo de su vaso, en silencio. Claro que no la halagaba caprichosamente, pero la asunción de que había conseguido captar su atención -correcta, por otro lado- no era, ni más ni menos, la confirmación de que era con diferencia la chica más guapa del lugar. Las manos iban al pan y los ojos devoraban la belleza, impregnándose de ella todo lo que podían. También era cierto que no había resultado la chica tonta que cualquiera hubiese esperado, pero no podía ninguno de los dos despreciar el hecho de que, si hubiese sido una muchacha más normal, con un rostro menos divino y un cuerpo no tan escultural, ni siquiera se habría distraído más de un par de segundos con ella. Visto así, ¿era alguno de los dos realmente tan interesante?

Tampoco es que ella pudiese quejarse de que su físico fuera lo más atractivo a simple vista. No al menos mientras ella había ido buscando, de forma más literal que figurada, adueñarse de su cuerpo. Tal vez ninguno de los dos debiera sentirse particularmente especial por una conversación entre tantas otras que probablemente llegaría al mismo lugar que todas las demás. Aunque cabía la posibilidad de que aquel encuentro tan poco fortuito fuese, simplemente, una oportunidad de serlo por una vez.

- ¿Si no lo fuera te desharías de mí? -preguntó, con fingido pesar-. Eso significa que lo nuestro tiene fecha de caducidad muy cercana. Lo único especial en mí es que avanzo. Nada más.

Se encogió de hombros. Sí, podía ser muy fuerte, y muy listo; podía haber diseñado trastos más allá de la imaginación y bártulos extraordinariamente prácticos, pero no era nada que otro no pudiese haber hecho. Tal vez hubiese tardado más, quizá su poder se midiera de otra forma, pero no había un secreto tras su leyenda. Solo dedicación y constancia, solo un objetivo. Y ahora, además, un plan.

Había crecido sin sombra: Desde sus inicios había llegado a una recompensa explosiva, lo habían nombrado shichibukai con una mentira enmascarada de promesa... "Con cada caza tu recompensa irá bajando", le habían dicho, pero de cuatrocientos millones cuando se había congelado hasta los mil quinientos cuando volvieron a perseguirlo había cuentas que, si bien no las había analizado profundamente, no cuadraban. Pero siempre había sido así. Todo el mundo viendo el peligro que representaba, el poder desmesurado que había domado; nadie preguntaba nunca por qué era así, cómo es que nadie había intentado igualarlo.

Lo habían achacado a un talento innato y no a la voluntad que lo impulsaba. Dexter Black, el grande y todopoderoso, el peligrosísimo... Pero nadie más había intentado frenar la guerra en Mariejoa. Nadie más había intentado detener a Derian. Nadie, nunca, había desafiado al Gobierno en sus propias narices. Si había algo especial en él no estaba, desde luego, en su cuerpo. Una mano no iba a ayudar a nadie, por muy médico que fuese, a entenderlo. Aunque, a decir verdad, querer estudiarlo no significaba lo mismo que desear entenderlo, no al menos fuera de lo puramente físico. Astartea podría encontrar en su mano una piel dura como el diamante, una finísima pero extraordinariamente densa capa de grasa y fibras musculares hipertróficas, trenzadas en una extraordinaria tensión que las hacían casi imposibles de destruir. Cualquiera de esas cualidades por separado sería suficiente para una vida de investigación, y replicarlo en tejidos -o mismo en algún otro individuo- un éxito rotundo, ¿pero los tres juntos? Sin duda alguna el Shangri-La de la ciencia médica. ¿Pero tenía algún objetivo más allá de conocer? Porque sin objetivo, la ciencia no servía de nada.

- La daga puede robarse -sentenció, intentando robarle con un movimiento apenas perceptible una de las rosas de su cabello-. Pero... ¿Tan poco valoras tu vida que vas a regalarte?

Era una cosa que todo el mundo podía ofrecer, aunque muy pocos podían cumplirlo de verdad. Astartea, sin embargo, era una mente nihilista que poco parecía pensar en su bienestar. Estaba obsesionada, tal vez, con adquirir conocimiento, y el conocimiento estaba siempre por delante de todo. ¿De pedirle que se matase lo haría? Capaz, tras terminar de hacerlo, se suicidaría con una sonrisa de plenitud. Aquella mujer le daba escalofríos.

- El mayor problema que veo aquí es que difícilmente llegaremos a un trato justo. -le tendió la mano, abierta, con la flor en su interior-. A ti te interesa mi mano, pero a mí no la tuya. Tendría que pedirte algo que tenga el mismo valor, un cambio equivalente.

Mentiría si dijese que no le interesaba su cuerpo, pero su interés era más carnal que científico, y ni siquiera un sátiro daría el mismo valor a semejantes frivolidades que al conocimiento científico. Sin embargo había algo que podría pedirle; algo terrible y que nadie en su sano juicio aceptaría. Pero si algo tenía claro es que esa chiquilla no estaba en su sano juicio.

- Elige lo que desees y quédatelo. Pero yo a cambio, en algún momento, podré pedirte una única cosa. Cuanto más me quites, cuando llegue el momento, más te quitaré yo a ti. Te conformas con un dedo, quieres una mano... Pero por pedir... ¿Qué pedirías?



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Mensaje por Astartea Shikei Dom 10 Mayo 2020 - 17:15

-Casi te agradezco el cumplido, casi.- Le dice con calma, alzando suavemente una ceja, jugando con el vaso entre sus dedos.- Es fácil llevarme a la cama, me gusta disfrutar de los placeres de la vida y pasearme de una en otra nunca ha sido un problema, hasta jugar fuera de ella.- Era una de esas cosas que cierta princesita siempre había odiado, pero Astartea siempre había sabido que estaba hecha para el pecado.- Lo que muchos hombres y mujeres encuentran difícil es sacarme de ella, Dexter.

Lo dice tan tranquila como siempre, no se está haciendo la interesante o decorando una realidad para alzarla, sabe que es verdad lo que dice ya que es algo que siempre le ha molestado hasta cierta medida. La capacidad de la gente para aferrarse a algo obviamente malo para ellos, toxico, podrido, perdido, pero aun así tan necesario para ellos casi como respirar. Astartea se volvía algo único y necesario para vivir en sus vidas, antes de que ella desapareciera sin dejar rastro alguno.

Ella nunca se quedaba demasiado tiempo, si lo hacía alguien podría llegar a importarle de la misma forma y eso no podía perdonárselo. Era una mezcla entre miedo y culpa, una parte por no desear enfrentar algo tan doloroso, otro por no merecerlo después de tanto.

-No lo creo… Nunca me deshago de las personas que me resultan curiosas e interesantes, y tú lo eres bastante.- Se encoge suavemente de hombros, mientras deja finalmente de jugar con la copa. Sabe de sobra que todo aquello es una manera de mantener su mente lo suficientemente distraída como para que él no pueda meterse en ella. Un mecanismo de defensa bastante penoso, o tal vez una forma de asegurarse de que controla la situación y su cabeza.

Entonces pasamos al tema de la daga, los robos y todas esas cosas. Se da cuenta de la rosa que le falta simple y llanamente porque mantiene su cabello parcialmente ordenado. No puede evitar fruncir el ceño al ver como justo en ese momento, los hilos de plata comienzan a deslizarse por el lado que había mantenido agarrado, perdiéndose contra sus hombros, contra su ropa. Los bucles se deshacen como los rayos de la luna que los iluminan y ella toma la rosa que queda con el ceño ligeramente fruncido. Odia tanto el desorden como el hecho de que su cabello es tan indomable como sus miedos.

-Eso no era necesario, he tardado mucho en conseguir dejarlo como quería.
- Se rinde, pasando los dedos para acomodarlo, deshaciendo cualquier peinado o molde, solo plata en finas hebras deslizándose.- No es como si de todas formas fuera a vivir demasiado, al menos tengo la libertad de saber que haré lo que me plazca con lo que queda de ella, incluso si decido simplemente regalártela.- La capacidad de usar su vida como quería, de hacer con ella, de regalarla, romperla , matarla o destrozarla, era lo único que le quedaba de todo aquello.

Podría haber hecho trampas, rozar con los dedos más de la cuenta, pero sabía de sobra que era innecesario y una estupidez. Agarró la rosa con evidente queja, dejándola junto con su compañera, ya vería luego que hacer con su cabello.-Ya te he dicho que mientras pueda cumplirlo, puedes pedir, deja de darle tantas vueltas al asunto.- Rueda suavemente los ojos, mientras juega ahora con las  rosas entre sus dedos.

Es en ese momento que Dexter hace su oferta, quizás no se da cuenta de con quien anda hablando, tal vez aún no ha visto la realidad debajo de todo aquello. Darle al demonio todo lo que quisiera era sencillo, solo tenías que darle una cosa.- Todo… Si lo puedo tener, lo quiero todo, soy un demonio egoísta.- Una sonrisa ladeada pinta su rostro, eleva sus labios, y mientras sus dedos acarician los pétalos de la flor, sus ojos se clavan en los suyos.- Aunque algo me dice que tú te lo cobraras de la misma manera, pero me parece justo.

Después de todo, ella no tenía valor alguno.
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Mensaje por Dexter Black Lun 11 Mayo 2020 - 18:35

No pudo evitar alzar una ceja. ¿Eso era una indirecta? Podía serlo, pero Astartea había demostrado ya un sentido del humor y las relaciones un tanto retorcido que a ratos se le escapaba; sin embargo, era bastante directa. Si quisiera llevarlo a la cama seguramente hubiese dicho "Dexter, quiero sexo" o, tal vez de forma más sutil, "me gustaría ver tu habitación". No obstante, de lo que sí se había dado cuenta era de que la había ofendido. Casi agradecida; casi. Casi molesta, aunque no lo demostrase, casi indignada aunque su rostro no se hubiera ni siquiera inmutado por un segundo.

- Te queda mejor despeinado As... ¿Tea? -preguntó-. Astartea es muy largo; ¿puedo llamarte solo Tea?

La chica perfecta era demasiado perfecta en ocasiones. Perfectamente vestida, majestuosamente conjuntada, brillantemente arreglada... Dexter le había robado una flor, pero particularmente le había quitado un poco de su pulcro control sobre todas las cosas que había en su vida. Una chica frágil, después de todo; dominarse por completo por el miedo de qué podría suceder si no lo hiciera. Triste, sí, pero inevitable en ocasiones. Él también se controlaba muchas veces, aunque no llegaba a ese nivel de obsesión; o a lo mejor sí, pero no había llegado a darse cuenta. Al fin y al cabo, robarle el control de la situación a él había sido imposible incluso para el Gobierno Mundial.

- No creo que tenga de interesante mucho más de lo que tienes tú -correspondió.

Desvió la mirada hacia la barra, recogiendo su mano. Se le formó una sonrisa triste en el rostro, aunque no habría sabido explicar por qué. A él tampoco le quedaba mucho tiempo de vida, probablemente, y si bien era algo que había aceptado no era algo que terminase de asumir. ¿Cómo hacerlo? Una vida que iba a terminar, y él sabía cómo y cuándo debía suceder. Esa vez sin excusas, sin jugarretas, sin trucos ni ases bajo la manga. Con la destrucción del Gobierno Mundial todos los dragones caerían, celestiales y terrenales. Estaba escrito; él lo había escrito. No había lugar a los tachones en esa historia.

No era mentira que le quedase bien el cabello algo más suelto. Era demasiado perfecta, le faltaba algo de naturalidad en ese exuberante cuerpo tan finamente preparado. Un poco más de holgura en el cuello, aunque el escote no era necesario, o un mínimo doblez en su falda; no había nada que delatase humanidad en ella, aunque si su teoría era cierta solo estaba enmascarando su verdadera fragilidad. No quería romperla, claro, tampoco tenía la oportunidad ni los ánimos, pero sí le habría gustado conocer a la Astartea real. A la que uno querría conocer, no a la que se pintaba de monstruo y trataba de esconder sus miedos tras una fantasía autodestructiva. Dexter debía morir, pero a ella aún podían quedarle muchos años de vida por delante.

- Te he dicho lo que quiero -contestó-, y parte de lo que quiero es no pedirlo hoy. Tal vez tampoco mañana, ni dentro de un año. Pero quiero saber que si te pido algo cuando lo busque voy a tenerlo.

Miraba el vaso, casi sin saber cuándo se había puesto arisco. Tardó unos segundos antes de caer en que había adelantado los hombros a su pecho, abalanzándose sobre la barra como si se ovillara. ¿Por qué se había puesto tan a la defensiva? No comprendía. Había algo en ella que lo hacía sentir vulnerable, apabullado, como si fuese extraordinariamente pequeño y las palabras bonitas que le había dedicado fuesen solo instrumentos para llegar a un destino concreto. A agradarle, tal vez, pero a conseguir lo que había venido a buscar seguro. Una mano que estudiar; eso era él para ella. Todo el coqueteo alrededor... No podía saber si era real. Quizá lo fuese, aunque probablemente no.

- Está bien, terminemos con esto. -Apuró el vaso de un trago, como si aquello le diese un valor que no despertaba de otra forma, y se levantó frente a ella con ambas manos adelantadas a la altura de su pecho. Casi podía tocarlo, pero se aseguró de mantener una distancia lo más caballerosa posible-. Sabes mi precio, ahora cógeme.

Cerró los ojos, tratando de visualizar si en algún momento iba a poder reclamar ese favor que estaba vendiendo.



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Mensaje por Astartea Shikei Mar 12 Mayo 2020 - 2:58

Sus dedos frenaron entre las hebras de su cabello. Dejó que por un instante su mirada fuera totalmente bloqueada y lo agradeció. Aquel nombre había vuelto a fracturar algo en ella, escucharlo en los labios de alguien le pellizco el pecho, el estómago, una mezcla entre náuseas y lágrimas se apodero de ella.

Hacía más de cinco años, pero seguía doliéndole, ni todos los cadáveres o muertos del mundo le quitarían eso y se sintió patética, destrozada y rota. Aun la seguía extrañado, su muerte seguía siendo algo, y aunque se había negado a llamarlo error, lo era. Su corazón parece saltarse un latido al recordarlo y ella tuerce el gesto, mientras suspira.- Claro… Hace años que nadie me llama así.- ¿Entonces por qué le estaba dejando a él que la llamara así? Tal vez extrañaba el sonido de aquel nombre, tal vez necesitaba sentirse viva, que su existencia era real.

Pensar que no era simplemente un demonio en la mente de la gente, un ángel en un recuerdo turbio o algo que fuera a desaparecer sin dejar rastro en el mundo. Tal vez cuando ella se fuera, Dexter la seguiría recordando, aunque fuera por ser extraña, por un nombre demasiado raro o un valor demasiado retorcido.

Pero alguien recordaría que existía, y entonces quizás, no caería en el olvido.

-¿Eso tu forma de decir que no soy interesante? ¿Una manera de despreciarte a ti mismo usándome, tal vez? No te pensaba de esas personas que se pierden en sus heridas y malos momentos, pensé que al menos lucharías.- Reconoce esa sonrisa, esa expresión que declara tantas cosas que no necesita ser psicóloga para entenderlo. Es entonces cuando ella le da la espalda, cierra los ojos intentando invocar en su cabeza todo lo que puede logar calmarla, lo intenta, tira de todas y cada una de las emociones que puede controlar, clava las uñas en las palmas de sus dedos. Incluso aunque le suplica a su akuma que haga desaparecer esa sensación, no hay restas suficientes para algo tan grande.

Sabe que las lágrimas están quemando sus ojos, pero siente de alguna retorcida manera que llorar es aceptar una derrota que aún no ha admitido.

Por una vez, por un momento, alguien le hizo sentir el peso, la realidad de ser un monstruo consecuente de todas y cada una de sus acciones. Lo vio ovillarse en la barra, herido, sabiendo que ella ha presionado o apretado algo que no debería, siendo consciente de que ella ha despertado en ambos demonios que no puede controlar. Aunque ya no le da la espalda, agradece que su cabello siga tapando sus ojos, generando una sombra que impida que pueda verlos.

El cadáver se levanta del barro, abriendo los ojos al escuchar su nombre y no puede evitar pensar por un instante, que hubiera estado bien no tener que bañarse en sangre para evitar todo aquel sufrimiento.

-Nunca rompo una promesa…-Sus dedos arrugaron la tela negra de aquella falda, empujó el nudo que estrangulaba sus palabras, se siente pequeña, más de lo que es, mucho más y no puede evitar desear desaparecer en aquel instante. Quiere decirlo, antes de que toda aquella tensión que la mantiene estable se rompa finalmente.- Y quiero cumplirla aunque tengo miedo a darte un poder tan grande...-Lo ve allí, dispuesto con los ojos cerrados, tomando valor, casi como si ella fuera un verdugo dispuesto a terminar todo aquello.

-Pero…-Sus dedos rozaron su mano, la agarraron, dejando que notara el suave tacto, el roce de su piel de porcelana. No sabe qué demonios está haciendo, su parte racional intenta presionar aquel jodido botón con todas sus fuerzas.

Pero cuando Tea levanta la cabeza del barro, es demasiado tarde.

-No mereces que te haga esto…-Cierra las manos del hombre con un gesto, nota que las lágrimas han goteado en el suelo, y para cuando él abriera los ojos o alzara la miradas, Tea pasaría por su lado, buscando irse de aquel lugar, calmarse, reconstruirse.

Necesita desesperadamente que Astartea retome el mando, pero es quizás demasiado tarde, a medida que las lágrimas bajan de sus ojos sabe que algo se está resquebrajando demasiado rápido como para que pueda unirlo. Quizás por eso, antes de que se dé cuenta, está huyendo, quiere intentarlo.

Tirarse de la capucha, correr, perderse entre la gente… Necesita saber qué demonios está pasando, necesita volver a hundir sus cadáveres en el barro. Y es total y plenamente consciente de que no podrá hacerlo mientras Dexter la siga mirando.
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Mensaje por Dexter Black Mar 12 Mayo 2020 - 15:48

Elucubrar sobre el futuro siempre era complicado. En primer lugar, porque no podía simplemente preguntarse "¿volveré a verla?" y encontrar una respuesta; debía seguir cursos de acción alternativos, casi infinitos, en los que sus acciones decidían si volvía a cruzarse con ella o no. En segundo lugar, incluso si aparecía casualmente en un destino concreto, su presencia no dependía exclusivamente de sus acciones sino del cruce entre las suyas y las de Astartea; y de ello se sacaba que deducir a pequeñas pinceladas lo que pasaría entre ambos más que un esbozo del futuro era casi imposible. En tercer y último lugar, tal vez mucho más importante, apenas la conocía: Al no saber cómo se comportaría en determinadas situaciones no podía deducir qué cursos de acción de sí mismo tenían mayor probabilidad de llevarlo hasta ella de nuevo. Solo sabía que era una niña frágil en una coraza y que no valoraba su vida demasiado.

- Tal vez ninguno lo seamos -dijo, con los ojos cerrados y voz firme-. Tal vez tú seas interesante solo para mí; tal vez yo solo sea interesante para ti. Quizá ambos lo seamos, pero no sabemos apreciarlo porque lo vemos cada día en el espejo. Puede que no todo el mundo sea capaz de mover montañas con las manos, pero seguramente solo un par de personas en el mundo podrían hacerlo con la voz. -Caviló por un instante, meditando la importancia de sus siguientes palabras, tratando de hacerlas ver como lo que eran-: Tal vez nunca haya luchado queriendo. Tal vez, simplemente, me hayan obligado a luchar. Quizá nunca me haya gustado hacerlo.

Se había hecho cazarrecompensas hacía media vida, y ya entonces odiaba pelear. Sentía que con aquel trabajo protegía a alguien, pero cuando trató de hacerlo de verdad algo explotó. Toda su vida desde aquel momento se había debatido entre dejar la lucha y hacer que nadie tuviera que luchar más. Pero era algo que nunca había confesado a nadie, y sin duda algo que resultaba difícil ver teniendo en cuenta que, al final, llevaba toda su vida peleando. Héroe o criminal, ángel o demonio... Daba igual quién contase la historia y a qué lado de la balanza lo pusiesen, siempre peleaba. Pero nadie le había dado la opción de elegir.

Quizá por eso era tan importante su petición en aquel momento. Fuera lo que fuese, elegirlo él cuando lo quisiera... Habría dado su vida por esa oportunidad, y si solo iba a costarle una mano podía asumir el precio fácilmente. Aunque, por lo visto, a ella le pareció que estaba a punto de cobrarle demasiado.

Abrió los ojos cuando Astartea le cerró las manos. Tenía un tacto suave, pero en aquel momento parecía porcelana rota. Porcelana rota que trataba de escapar.

La mano que no quiso coger atrapó su brazo al vuelo, evitando que corriese lejos. No necesitaba ver el futuro para saber que, si la dejaba ir, no habría un segundo encuentro. No sabía por qué le importaba, pero había en él algo de caballero andante más que de bestia asoladora; por eso cuando Matty y Stephan pararon en seco clavando su mirada en él Dexter se la devolvió con una serena furia y un gesto para que siguieran a sus cosas. Él, por su parte, acercó suavemente a la mujer hasta su pecho.

- Gracias por preocuparte, Tea -dijo, envolviéndola en un abrazo. Sabía que tal vez podría resistirse, pero dudaba que pudiese escabullirse de él-, pero déjame elegir mi destino.

Había notado a través del Haki el pinchazo que recorría a Astartea cuando pronunciaba aquel diminutivo, pero había obtenido su permiso para usarlo y no pensaba utilizar ningún otro. Ella había querido una mano; él le ofrecía más; ella huía. No tenía ningún sentido. Tampoco abrazar a una desconocida. Y sin embargo, ahí estaba.

- Eres extraordinaria.



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Mensaje por Astartea Shikei Mar 12 Mayo 2020 - 17:41

No se atrevió a devolver aquel discurso, a pelear sus palabras, a responderle con esa sonrisa ladeada burlona y traviesa. No tenía manera alguna de responderle aquello, igual que tampoco quería reconocer que matar nunca le había gustado, era una manera de sobrevivir. Matar antes de morir, matar para vivir, pero eso sería patético, le restaría el valor a aquellas vidas y tal vez sería un monstruo aun peor.

Una muchacha que había matado a cientos de personas simplemente por el miedo, simplemente porque estaba asustada.

Esquivó sus ojos, su mirada, intentó pasar por su lado, deshacerse, perderse, pero él tenía otros planes para ella. Se tensó de golpe, sus ojos se abrieron, le miró, miró alrededor, notó a la gente contener el aliento un instante y luego dejar de mirarles. Astartea quiso gritar, sabiendo que si lo hacía quizás alguien la sacara de allí. Engañar de nuevo sería fácil, seguir llorando, estaba asustada, lo haría todo más sencillo, mucho más creíble.

Sin embargo un gesto demasiado suave, un acercamiento demasiado lento, un tacto demasiado cálido.

-Suéltame…- Se lo pide en un susurro, controlando la voz que no es más que un hilo, aguantando esas lagrimas que parecen querer desbordarla, pero ella mantiene a raya un instante.- Dexter no sabes de lo que estás hablando, no sabes qué demonios estas eligiendo…¡Suéltame! No tienes ni idea de lo que podría ser capaz de hacerte.- Es una tontería, aunque apoya las manos en su pecho no tiene manera de crear una separación entre ambos.

Restar su cuerpo, irse, podría intentar otras cosas, pero el pulso rápido y descompasado de su corazón, el nudo en la garganta, la respiración ahogada, le recuerda en cierta manera que no tiene sentido escapar. No era como si él no pudiera perseguirla, agarrarla, no tenía nada que hacer.

-Soy un monstruo y siempre lo he sido… Elegí serlo, no soy nada extraordinario, a lo largo del mundo hay muchos como yo.-Se rinde, apoya ligeramente su frente en su pecho, relaja los hombros, cierra los ojos. -Ponemos de excusa las circunstancias de nuestras vidas, nuestro pasado, nuestro presente, futuros hipotéticos, todo mentira…-Alza ligeramente el rostro, abriendo los ojos, buscando que chocaran contra los suyos. Hay una calma demasiado triste, una oscuridad demasiado solitaria, un dolor demasiado denso.- No hay excusa, decir que matar para que no te maten justifica segar vidas, no lo hace, hacer daño para que no te lo hagan, no te salva o te protege… Simplemente te destruye a largo plazo.-Un movimiento más calmado, un gesto suave para apartarse el pelo, una sonrisa que esconde entre rotura y tristeza.- Supongo no importa cuando sabes que no vas a vivir demasiado, esperas que la muerte llegue antes que la realidad.

Ella hace demasiado tiempo que se ha rendido, quizás por eso aunque ha buscado soluciones a lo largo y ancho del mundo, decide que es momento de esperar, sentarse calmadamente y ver cómo llega su final. Prepararse para descansar, para cerrar los ojos y nunca más abrirlos, no ha vivido demasiado, lo sabe, pero el peso en sus hombros, la tristeza en su estómago, el dolor en su corazón… Le dice que es suficiente.

Quizás por eso, inconscientemente y llegado a un punto, ha empezado a alejarse de la gente, a marcar más aquellas distancias. Ella siempre cumple sus promesas, pero si Dexter espera demasiado, ella sabe la realidad.

No hay forma de que aquello que quiere pedirle, pueda cumplirlo un cadáver.
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Mensaje por Dexter Black Miér 13 Mayo 2020 - 0:56

- Seguro que eres capaz de empaparme la camisa -respondió, quitándole hierro al asunto.

Era consciente de que Astartea era peligrosa, ¿pero y qué? En aquel momento no era mucho más que un pajarito herido; tal vez un pajarito extremadamente impredecible, pero un pajarito al fin y al cabo. Asustada quién sabe de qué, aterrada ante la perspectiva de algo que no terminaba de entender del todo. ¿Tenía miedo por haberla descubierto? ¿Miedo de que utilizase un diminutivo? Era posible que, al fin y al cabo, sí que hubiese una máscara delante de su rostro.

Hizo un recuento mientras la escuchaba, tratando de recrear la compleja fachada que cubría a Astartea. ¿Cuántas capas la componían? La exterior que había conocido dejaba entrever demasiada perfección, y la siguiente -tal vez puesta, quizás quitada- había mostrado a una mujer extremadamente fría y calculadora, distante y controladora, pero sobre todo muy, muy inteligente. Las trazas de su personalidad transversales a todo lo que conocía eran esa brillante inteligencia y el desapego absoluto, casi un autodesprecio patológico. Era lógico pensar que tenía entre sus brazos a la Astartea real, y que la verdadera Astartea era una chiquilla vulnerable que se creía un monstruo. Que se había convertido en monstruo.

Él entendía aquella sensación; él era el monstruo. Todo el mundo lo temía, todo el mundo le seguía sin rechistar, todo el mundo... Él también había matado por sobrevivir, pero sobre todo por furia. Nunca había intentado justificarse, y aunque ella sí, ambos habían llegado a la misma conclusión: No podían. Por eso llevó su mano hasta recogerle la nuca y la acercó a su bajo pecho.

Quería consolarla. No le iba a decir que no importaba, porque sí importaba, pero no estaba sola. Decirle que podía parar, que podía cambiar de la noche a la mañana... Incluso decirle que era débil por no hacerlo, no valdría de nada. No le gustaba estar consolándola, pero quería hacerlo porque, aun si era una asesina, sabía que hacerlo la consumía. Tal vez en algún momento se había dejado convencer por una de sus máscaras de que lo disfrutaba, o quizá lo usaba como forma de matar la desazón que en algún momento había sentido. Incluso cabía la posibilidad de que jugar a ser una asesina sanguinaria fuese una forma de lidiar con una inteligencia tan extraordinaria que le venía grande. Nadie, al fin y al cabo, había nacido para ser un genio. Con suerte algunos aprendían a serlo.

- La realidad, Tea... -Con la mano libre hiló los mechones despeinados de su melena, trenzándolos entre los dedos para dejar un bonito recogido-. La realidad está aquí. Y no duele, ¿verdad? Puede ser dura y no dejarte escapar, pero no te va a morder. No te va a atacar, ni te va a perseguir si todavía quieres marcharte. -aflojó su abrazo. Si ella quería, podría escabullirse-. Todavía puedes coger la mano de la realidad, estudiarla y ver... Que es real. Y tal vez descubras que no estás sola; no eres la única que se ha sentido así.

No tenía muy claro qué acababa de ofrecerle, pero por alguna razón Astartea le inspiraba ternura. Era una muchacha insegura, un poco caprichosa y demasiado inteligente hasta para sí misma. Había enfocado su genialidad de otra manera, era muy joven y había tomado malas decisiones. Tal vez él no fuese el mejor guía al que ella podía acceder, pero si se lo pedía intentaría ser el mejor.

- Hazme daño. Vete. Acabamos de conocernos, ¿qué importa? Si tan ordinaria eres en unos días serás solo una anécdota, y en unas semanas ni eso. ¿Pero es eso lo que quieres? No pareces la clase de persona que realmente desee acabar mal; mucho menos la que quiera ser irrelevante. ¿Por qué te esfuerzas en fingirlo?

¿Le iba a doler que se fuera? No lo tenía claro, no es que sintiera por ella mucho más que curiosidad, pero desde luego no lo iba a dejar indiferente. Había ido hasta allí para robarle una mano y terminaba huyendo de él. Huía como si él fuese el peligro, tal vez porque había despertado en ella a su verdadero ser y se daba cuenta de que a ella misma no le gustaba quién fingía ser. ¿Así era él? ¿Tan fácil lo tenía para hacer que todo se tambalease? Más aún, ¿tan difícil lo tenía para evitar que todo cayese en pedazos?

- Tea... Yo he confiado en ti. Ahora te toca confiar en mi.

La soltó completamente y dio un paso atrás. Podía irse o acercarse a él; no había más opciones.



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Mensaje por Astartea Shikei Miér 13 Mayo 2020 - 2:50

Cada pequeña palabra, cada pequeño gesto, una forma de intentar calmarla, de consolarla, como si en cierta forma le dijera que no necesitaba hacer aquello. No tenía razón para romperse, no tenía que preocuparse. No era tan duro, no dolía tanto, él no pensaba hacerle daño, ella podía intentar hacérselo a él. No pasaba nada, pero ella no podía dejar que se acercara de aquella forma.

No podía arriesgarse a que después de aquello, fuera él quien saliera corriendo hasta perderse en el horizonte.

Finalmente toma aire. Las lágrimas ya no queman sus ojos, su expresión es tranquila, neutra, de nuevo algo fría. Pero es lo que tiene que hacer, es lo que se repite, reconstruirse es fácil si solamente recuerdas el daño que te han hecho.- Dexter…-O el que aún pueden hacerte.-La realidad me está haciendo daño.- Pasa los dedos por su cabello, quitando aquel recogido, deshaciendo el rastro de sus dedos, de su pequeña marca. -Sé que no soy la única que se ha sentido así, ya te lo dije, no estoy sola en este desastre, muchos lo han cometido… Tú incluido, pero eso no quiere decir que quiera tu lastima.- Antes de que intente aclarar algo sobre la lastima, le mira, se nota algo de enfado en aquella marea de sangre. Lo detiene alzando suavemente la mano.

Sin embargo está decidida.- No me conoces de nada, estás viendo en mí una patética versión de ti mismo que simplemente no es capaz de aguantar sus partes rotas, y crees que por ello podrás enseñarme a aceptarlas…Pero no me conoces de nada.-La realidad, la que se está diciendo ahora mismo, aunque parezca que sabe todo ella y que puede desnudarla o destrozarla con la mirada, no es cierto.- Me llamo Astartea, Astartea Von Castle de soltera, Astartea Takashiro de casada, Astartea Shikei como viuda, como lo que soy, parte de la marina desde hace seis meses, como lo que significa…Una sentencia a muerte, no creas que por llamarme Tea sabes lo que hay detrás.- Dios sabe, Satán lo grita y lo reconoce, no sabe el porqué de todo aquello, la razón de que le esté contando precisamente todo eso.

Quizás es para que se dé cuenta de lo peligrosa que es, para que finalmente la suelte y se rinda ante la estúpida idea de que de verdad puede salvarla. Para que comprenda que todo es mucho más retorcido de lo que piensa. -Pero tal vez eres tú el monstruo de los dos después de todo… ¿Por qué intentas salvarme cuando no puedes hacer nada por ti? ¿Qué te hace pensar que no acabaré por rematarte? -Agarró su mano, la apretó levemente, pero no hizo nada con ella, simplemente lo miró.- ¿Por qué confías en mi como si tuviera la capacidad de salvarte, Dexter? ¿Qué te hace pensar que no te dejaré solo a mitad del camino? -Se quedó callada, ahogo aquella pregunta, pero cuando la dijo en su mente, supo que no habría forma de que él no la escuchara en ella o entendiera.

¿Qué harías si me muero mucho antes de todo eso?

-¿Es por qué sabes que eres el peligroso de los dos?- Sabe que es verdad, lo sabe, que aquel hombre podría romperla con un gesto, con un abrazo, con unas palabras amables. Sus dedos se separan levemente de los suyos, exprime suavemente el momento sin darse cuenta, el roce muere cuando la distancia hace su parte.- Yo soy consciente del daño que puedes hacerme… ¿Eres tú realmente capaz de decir que no vas a hacérmelo? No mientas, sabes que incluso con tu capacidad para leer a la gente, es imposible.-No había forma de que fuera posible, nada de aquello podía serlo, por eso se colocó a su lado, dispuesta a alejarse. Ella era consciente de que él podría hacerle sentir algo que ha olvidado, pero tal vez él era el que no sabía realmente lo que significaba aquel sentimiento.

-Es imposible que me hagas juntar las piezas, pero luego tú pretendas quedarte en pedazos, que me hagas quedarme a tu lado cuando sé que tú no estás aquí realmente.
- Miró su mano, su hombro, subió suavemente por su rostro, sus dedos rozaron suavemente los suyos y una sonrisa se perdió en sus labios.- Pero supongo que tiene que ser así…Supongo que eres tú el que tiene el derecho a romperme, por eso debo entregarme como regalo, ¿no?
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Mensaje por Dexter Black Jue 14 Mayo 2020 - 2:36

No habría esperado jamás que tras aquellas palabras Tea rozase su mano. Mucho menos habría esperado que, tras aquel discurso, se acercase. Ella no quería confiar en él, pero aun así le daba la opción. ¿Era él quién debía dar aquel paso? ¿Decirle que debía confiar en él a pesar de cualquier posible consecuencia? Sentía su miedo, aunque no sabía a qué demonios podía temer. Nada le iba a hacer daño mientras se encontrase en ese lugar.

Aunque no tenía claro por qué le importaba tanto ella. Podría pensar -de hecho ella lo veía así- que tenía delante a una versión más joven de sí mismo, una segunda oportunidad de hacer las cosas como era debido, pero no había nada más lejos de la realidad. Tampoco creía que hubiese pena ni lástima en lo que pretendía darle, tan solo empatía y comprensión; lo que él habría querido recibir cuando estuvo en esa situación. Porque sí, si bien no eran iguales su dolor era bien parecido; su situación, metafóricamente hablando, similar. Y no es que pudiese prometer que nada iba a dañarla, pero lidiar con el dolor parecía una asignatura pendiente para ella. Él, por su parte, lo había aprendido por las malas.

- Yo no te voy a hacer daño nunca -le dijo.

Dexter no solía mentir, y en aquella ocasión no hizo una excepción. Él podía medir poco sus palabras en ocasiones, llegar a ser un poco brusco, pero... No hacía daño a la gente. Lo más probable era, de hecho, que si se involucraba con alguien, fuese él el que acabase siendo dañado. Sin embargo él había aprendido a recomponerse; tal vez no de la mejor forma, tal vez no siempre como él querría, pero había aprendido a sobrevivir.

También había aprendido a no implicarse.

Nadia, Karis y Alice habían muerto las tres, siempre con un único propósito: Hacerle daño. Se lo habían hecho de una forma descontrolada y rabiosa dos de ellas, mientras la otra había sido el frío desconsuelo el que lo había abrazado. Se había comprometido a no acercarse a nadie más, a no acercarse para evitar que corriesen la misma suerte que todas las demás.

No era un destino reservado a sus amores, también sus amigos habían pasado por lo mismo: Byakuro, Alex, Krauser... Todos ellos habían terminado por desaparecer tarde o temprano, y aunque técnicamente Krauser estaba vivo lo más piadoso habría sido rematarlo antes de dejarlo ser un vegetal. De alguna forma, todas las personas con las que tenía contacto acababan mal, y ya temía bastante por Akagami, Mura y Deathstroke. Lo habían seguido en una aventura que todos sabían no acabaría bien, pero habían depositado una fe que él no podía simplemente despreciar: Les debía seguir; les debía ganar. Costase lo que costase, para que nadie más tuviese que sufrir.

En otra escala, también en otro contexto, Astartea formaba parte de ese objetivo. La mujer desconsolada, que no apreciaba su vida, que temía cada giro del destino, que buscaba la seguridad del no sentir... Él no sentía porque no debía, pero nunca porque eso le protegiese. Sabía que cerrarse era malo para él, que le negaba disfrutar de cosas que antes lo hacían feliz, que lo convertían en más monstruo de lo que ella sería nunca. Porque, en eso ella sí había acertado, él era el monstruo. No era un mal monstruo, tampoco le gustaba serlo, pero era lo que debía mientras lo necesitase. Total, que él fuese feliz era irrelevante una vez todo concluyese.

- Nadie tiene derecho a romperte. -Era la verdad. Nadie, y mucho menos él, tenía derecho a hacer daño a nadie, mucho menos a romper a alguien. Toda aquella aventura empezaba y terminaba en evitar el daño, en construir un mañana mejor, en hacer a la gente feliz-. Yo solo quiero que seas feliz. Pero, si quieres algo de mí, yo quiero lo mismo de ti.

Sus dientes eran como perlas blancas, y su pálida piel extremadamente suave. Sin embargo, de alguna manera no vislumbraba una estratagema en sus manos. ¿Era aquella la dulce capa que había sospechado? Eso, o por lo menos más cercana a lo que ella era. La aferró entre los dedos.

- Lo que yo soy y cómo esté marca el futuro que te espera si sigues dejándote romper. -Le devolvió la sonrisa mientras escalaba hasta sus hombros-. Pero, roto o no, nunca he dejado de estar.



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Mensaje por Astartea Shikei Jue 14 Mayo 2020 - 19:27

Quería llamarle iluso, hubiera estado bien decirle que no siempre se controla el daño que se le hace a la gente, que llegado el momento ni él sería capaz de controlar aquello. Tampoco se atrevió a decirle la realidad, ella iba a hacerle daño, incluso aunque él pensara que no, incluso aunque ella no quisiera.

Antes de que se diera cuenta la posibilidad hizo que dudara de nuevo, lo que ella podía querer de un hombre así era tan complicada y turbia como su propia mente, como sus ideales, como lo que quería o necesitaba. Como la posibilidad de que todo aquello fuera una forma de conseguir lo que de otra manera no podría, quien sabe.

Tal vez solo estaba destruyéndose para ver si encontraba aquello que siempre había querido, pero luego recogería sus piezas y sería como siempre.

-Quizás soy feliz a mi manera…
-Se encoge suavemente de hombros, mientras sus ojos de sangre se deslizan suavemente por la barra, evitando mirarle directamente. Aunque sabe que no es verdad, o que es una de esas verdades a medias prefiere pensar por un momento que es todo lo que importa. No es como si el futuro fuera algo tan lejano para ella después de todo.

Notó finalmente como agarraba su mano, causando que aquella vez sí que tuviera que mirarle, sus ojos rojos se clavaron en los grises y aunque no quería mirarle, por aquella vez y como siempre que lo enfrentaba, dejó sus ojos clavados en los suyos.

-Si tú quieres que sea feliz, tendré que hacerte feliz…Esas son las normas de este trato, que todo lo que te quite, me quitas, que todo lo que me des, te daré.- Ladea suavemente el rostro, sabe que está loca, sabe que está mal, sabe que de nuevo y contra todo pronóstico está haciendo algo que a la larga le hará daño a ambos. Pero nadie dijo que tuviera que pasarse ese tiempo lamiéndose las heridas, tal vez podía disfrutar.

Tal vez pudiera darse el lujo de preocuparse por su vida, independientemente de cuanto le quedara a esta.

La dama de cabellos albinos bajó la mirada suavemente por sus manos, entonces se dio el lujo de entrecerrar los ojos suavemente. Tomó aire un momento, intentando calmarse, sabía que podía ser peligroso hacer aquello después de cómo había actuado, pero se tomó un momento para hacer algo diferente a clonar su mano, o su dedo.

Se adentró en la marea de emociones, de sentimientos del hombre y notó una marea negra, espesa y densa. No supo ver demasiado en ella, pero poco a poco, ella empezó a dividir aquellas cosas, a volverlas más pequeñas. Comenzó a relajar su enfado, su tedio, su melancolía, su temor, empezó a reducirlos poco a poco, como si presa de su curiosidad quisiera ver que escondía aquella bruma tan solitaria y oscura.

Llegado a un punto, paró, soltando su mano levemente y abrió los ojos. Nota su propio pulso acelerado, y sabe que como siga abusando de aquello va a volver a sangrar por la nariz, marearse o a saber qué. Ya había dado el espectáculo por aquella noche, nada de cosas raras por el momento.- Lo siento…No pude evitar pensar, bueno, quería saber…Quería saber que había debajo de aquella bruma, pero supongo que debí de pedir permiso.-Sonríe levemente, algo apenada por eso.- Y el tema de robarte algo…¿Puede ser en un sitio más privado? Antes no nos miraban tanto, pero siento que tus hombres me van a abrir un boquete en la espalda.-Suspira, dándose el lujo de mirar directamente hacia ellos y saludar con la mano, causando que rápidamente apartaran la cara.

-Lo que te hice… Son solo veinticuatro horas, no tienes que preocuparte, no es nada malo.-Le explica, sabe de sobra que el hombre ha podido notar los cambios, pero ella no se ha atrevido a ponerle nada que no estuviera allí antes. Podría haber avivado su interés, podría haber aumentado su pasión, pero sería tan falso como cualquiera de sus máscaras o interruptores, en cierta parte dividir era solo un alivio temporal, quizás igual de falso.

Pero siempre había sido muy curiosa, demasiado, así había empezado aquella historia y quería saber que tanto escondía aquel dragón.
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Mensaje por Dexter Black Vie 15 Mayo 2020 - 1:27

Simplemente creerla no era posible. Ella tampoco lo hacía, aunque se forzaba a ello. Quería ser feliz, tal vez, pero no parecía tener muy claro cómo conseguirlo, o de saberlo prefería negar. Total, ¿para qué ser feliz si su vida iba a terminar de manera apresurada? Solo significaba una agonía más intensa en un ocaso prematuro. La naturaleza de ese final se le escapaba, pero el nihilismo desesperado y la conciencia de un final implicaba algo. Y tal vez eso era lo que, a fin de cuentas, evitaba que ella surgiese en ninguna visión de sus futuros.

Sonrió con cierta tristeza. Ella no iba a hacerle feliz. Tampoco él a ella, en un sentido estricto. Su lucha era por el mundo, pero cuando el mundo no lo necesitase él, simplemente, se iría. Y mientras no lo hiciese no podía permanecer pendiente de ella, era imposible. Tampoco importaba mucho porque a fin de cuentas no era lo que deseaba, ¿pero y si sí? Hacía tiempo que el control de su destino se le escapaba: Era una herramienta, el arma de un bien mayor.

- Si crees que puedes... -dijo, igualmente, retándola. Sabía que no podría, pero si dar esperanza a una moribunda era suficiente para que sonriese con sinceridad enfrentarla a un reto imposible no era un crimen tan cruel-. Pero tampoco puedo darte demasiado; no más de lo que ya querías, al menos.

Sus manos terminaron de llegar a su espalda y cayeron por ella mientras la abrazaba. Era extraño asumirlo, pero no quería que se fuera. Era la primera persona en mucho tiempo con la que podía hablar. No intercambiar palabras, sino pensamientos. En cierto modo era como él, aunque completamente diferente; había tomado un camino oscuro sin cuestionarlo... Al menos en principio, aunque él estaba seguro que cada vez que hacía el mal algo se rompía en ella. Tal vez tuviera un objetivo, e ignoraba el dolor supeditándolo a este, pero sacrificaba su integridad por las prisas de una meta que había valorado más que su vida, probablemente ante la noción de que esta, por breve, carecía de valor. Así sobrellevaba Tea el sufrimiento; lo sepultaba baja un sinfín de máscaras y se hacía creer que una de ellas, tal vez la peor, era la única real. Tan real como el dolor.

Lo que no era real era el breve paréntesis que ella intentaba dibujarle. Podía sentir aquel poder antinatural, podía detenerlo... Pero no lo hizo. Mentiría si dijese que le gustaba aquello, pero del mismo modo a medida que el resentimiento y la ira se iban disipando, se sintió libre. Seguía recordando a Alice, también a Byakuro, pero pensar en ellos no era como bucear en una herida abierta. Seguía doliendo, no sabía si porque guardaba demasiado dentro o porque esa extraña habilidad no llegaba más hondo, pero ya no ardía tanto. Había asumido tiempo atrás que todo aquello viviría con él y moriría con él. Había asumido que estaría ahí siempre, y de pronto... Todo era tan sencillo.

Empezó a llorar. No se derrumbó; tampoco sollozó. Pero sí lloró. Nunca había tenido tiempo de llorar a la gente que perdía. Siempre tenía otra cosa que hacer, un desafío por superar, alguien a quien ayudar. O tal vez simplemente era tanto lo que soportaba que su mente era incapaz de racionalizarlo. Por un segundo, se sintió enormemente desdichado.

Apenas percibió su pulso acelerado mientras su mente se liberaba poco a poco. Su cara se enrojecía, sí, pero a medida que las lágrimas iban deslizándose por su rostro su cabeza, al principio por completo embotada, se iba relajando hasta dejar una cierta serenidad; una cierta placidez.

- Deshazlo, por favor -le pidió, en un hilillo de voz-. Devuélvemelo todo.

Tal vez ella no fuese quién de comprenderlo, pero seguramente sí lo hiciera. Guardaba una inmensa oscuridad dentro de él, un dolor inconmensurable y una tristeza que para muchos sería, simplemente, imposible de imaginar. Claro que no disfrutaba con ella en su interior, ni sería feliz mientras esta permaneciese con él, pero le gustaba que no estuviese. Si ella podía quitárselo, si ella podía hacerle sonreír aunque fuese por un instante, corría el peligro de necesitarla, corría el peligro de volverse adicto a ella. O, más bien, al efecto de su poder en él. Y nadie merecía convertirse en una herramienta para otro. Él, por lo menos, no lo iba a consentir.

- No te van a hacer daño, pero podemos alejarnos un poco si quieres. -Se separó un poco de ella, limpiándose los ojos con el dobladillo de la chaqueta-. Van a pensar un poco mal de ti, aunque dudo que imaginen lo que de verdad vas a hacerme.

Terminó de apartarse y se colocó a su altura, con la mano todavía sobre sus hombros. Era bastante bajita, aunque no lo mencionó; simplemente apretó levemente su carne, indicándole que podían ponerse en marcha.

- Tú guías, Tea.



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Mensaje por Astartea Shikei Vie 15 Mayo 2020 - 2:43

Notó la mentira en sus palabras, en su sonrisa y en su esperanza y deseo decirle que mentía, demasiado, y que intentaba hacerlo para no hacer daño, pero que al final siempre lo hacía de alguna manera. La albina simplemente sonríe a medio camino, dejándole que la rete mientras sabe de sobra que es cierto.

Ella nunca ha hecho feliz a nadie, pero queda mejor decirlo que negarlo simplemente.

-No suelo pedir demasiado, con lo que quería inicialmente me valdrá, Dexter.
-No quería involucrarse hasta el punto en el que retroceder acabara haciendo daño, pero le gustara o no, cada vez que daba un paso atrás, el dragón avanzaba.

Se dejó abrazar, ella relajó ligeramente el cuerpo, cerró los ojos y si, admitió la realidad que la marina siempre había dicho. Dexter era un monstruo, cruel y problemático, y después de aquello no iba a ser ella la que lo negara. Era un experto en darte lo que querías, conseguir que tengas una buena relación con él, que hasta cierto punto te relajes y creas que lo necesitas.

Luego sin embargo, podías notar las medias tintas que se escondían en sus abrazos, en sus caricias o en sus sonrisas. En aquellos ojos que al igual que la bruma escondían demasiado, Astartea lo sabía, se dio cuenta desde que herido, aun así, se había entregado a ella.

Aquel hombre sería capaz de matarse si con ello hacía feliz al país, y viendo el camino que llevaba, era lo que tenía en mente. No se daba cuenta lo cruel que sería para las personas que se ataran a él, lo cruel que sería para ellos tener que vivir con el mismo odio y dolor que el cargaba. Todos ellos perderían un ser querido, y Astartea… Bueno, quizás un amigo, si es que podía llamarlo de esa manera.

Después de todo, nada le aseguraba que ella no fuera a morir antes que él.

Fue entonces que alzó la vista, para ver como destrozaba lentamente al hombre que nadie podía destrozar, simplemente haciéndole feliz. Quitándole aquellas emociones había descubierto la realidad de sus mentiras, y la razón de que Dexter la retara sabiendo que era imposible que ganara.

-No… No voy a hacerlo.- Se sorprendió a ella misma diciendo aquello, pero se dio cuenta de que era lo que quería hacer. Aprovechó que seguían juntos, retomó aquello, poco a poco retomó aquella división, mirándole fijamente, mientras comenzaba a restar aquellos sentimientos.-¿Por eso es imposible hacerte feliz, verdad? Simplemente no quieres serlo, tienes miedo de que si lo eres, no puedas cumplir tu misión…O lo que sea que tengas planeado.-Sus dedos agarraran su mano y sus ojos no se apartaron de los suyos.

Empezó a notar el temblor leve de su cuerpo, como su propia respiración se enturbiaba, se forzó a pestañear lentamente, a controlar su respiración. Apretó los labios cuando el sabor a sangre subió por su garganta y se obligó a devolverla a su sitio, quería evitar que Dexter la forzara a apartarle, pero sabía que de hacerlo, podría.

Lo soltó finalmente cuando sus ojos, turbios se cerraron y ella se apoyó suavemente en la barra, dándole la espalda. Se llevó la mano a la boca, tras sacar el pañuelo del bolsillo y limpiar la sangre que escapaba de sus labios. El latido inestable de su corazón le retumbaba en los oídos, sin embargo y por un instante.

Temió más la mirada de aquel hombre que la muerte.
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Mensaje por Dexter Black Vie 15 Mayo 2020 - 12:12

- Nunca he dicho eso -apuntó.

Claro que no disfrutaba la infelicidad; ¿quién sí? Perderse en mareas de desolación no era propio de él, pero incluso a él le costaba afrontar los momentos más oscuros de su día a día. Las noches, mientras todos dormían, o el tiempo a solas meditando y planificando. Sentía el dolor antes de que llegase, sentía el dolor que nunca llegaría, sentía cosas que sabía nunca se harían realidad. Pero igualmente dolían.

La felicidad era una droga. Al principio de perderla había gritado, desesperado; había sufrido, pasado por un síndrome de abstinencia casi letal antes de hacerse a la idea de que nunca, jamás, volvería a serlo. Normalmente con el tiempo despuntaba algo positivo, aunque cada vez requería más para vadear aquel valle de lágrimas. Finalmente, había asumido que lo óptimo era simplemente esperar. El dolor no se iba a ir, el rencor tampoco. La ira solo podía ser eclipsada, pero tampoco lo abandonaba, y la tristeza y melancolía habían escarbado una madriguera en su corazón tan profunda que atravesaba todas sus entrañas. ¿Pero y lo bien que se sentía ser feliz? Si fuese a serlo para siempre, si todo lo malo no pudiese volver... ¿Por qué negarse? ¿Por qué decir "no" a ser el que una vez había sido? Dolería más la inevitable caída, pero viviría hasta ella más intensamente.

Pero iban a ser veinticuatro horas.

Sentía cierta angustia, una mala ansiedad que mordisqueaba su nuca, un "qué pasará" en forma de ardor intenso. Cuando su tiempo terminase, ¿sería un retorno momentáneo? Si sentía años de sufrimiento en unos minutos tal vez colapsaría; si sentía todo lo que de pronto había dejado de sentir, iba a necesitar dejar de sentirlo de nuevo. Por eso, no es que no quisiese ser feliz, es que no podía aceptar ese regalo porque, al final, era una maldición. La maldición de estar ligado una vez más a una persona, pero ni siquiera por amor, no: Por adicción. Por necesitarla para estar bien en un sentido tan instrumental que le aterraba, y si algún día tras meses o años de aquel toque liberador se enamoraba, ¿podría alguno de los dos creer en la sinceridad de sus palabras? ¿Podría alguno de los dos que amaba a Tea y no al demonio que lo sanaba? Aunque tal vez solo a él le importaban los porqués y los cómos. Tal vez era él quien daba demasiadas vueltas y no había nada de malo en aceptar aquella ayuda mientras durase.

Aunque lo dudaba mucho, y más desde que olió la sangre.

Podía ignorar su pulso acelerado; al fin y al cabo, podía ser excitación. Podía llegar a ignorar el tambaleo; todo el mundo se mareaba en ocasiones. Pero la suma de factores poco a poco se aglutinaban en su mente confirmando algo que lejanamente había sospechado en esa actitud autodestructiva: Estaba enferma. De pronto no importó que se hubiese negado, ni que en contra de su voluntad hubiese tratado de hacerlo feliz -captó la ironía- ni tampoco que de alguna manera sintiese miedo por él y no por su sobreesfuerzo.

Habría querido decirle que era una mocosa estúpida, una criaja irreverente y que no entendía el daño que le podía hacer si se iba después de robarle aquello. Pero no era lo que Astartea, ni desde luego tampoco Tea, necesitaba. Independientemente de ese segundo asalto por puro revanchismo había comenzado buscando hacerle bien; había intentado mostrar una compasión por él que nadie nunca se había molestado en ofrecerle. Y eso era motivo suficiente para tragarse el orgullo e intentar ayudarla.

- ¿Estás bien? -preguntó, ignorando que estaba así porque había tratado de abarcar demasiado-. Deja que te eche una mano...

Trató de cogerla entre los brazos. No sería difícil por el peso, en ningún caso superior a los sesenta o sesenta y cinco kilos. Tampoco sería difícil evitar que se resistiese, pero si ella no le dejaba desistiría. Sin embargo, de no hacerlo, pasaría la mano izquierda por detrás de sus rodillas mientras su brazo derecho mantenía recta su espalda, sujetando su cabeza con la mano para evitar que se desnucase. Si ella se abrazaba a él, si tenía fuerzas para ello, buscaría una forma menos precaria de transportarla.

En el momento solo se le ocurrió encaminar sus pasos hacia la apartada cala donde I.S.L.A. reposaba. No solía utilizar el submarino, pero en aquella ocasión debido a la naturaleza de sus objetivos había buscado ser, al menos durante un tiempo, lo más discreto posible.

En el submarino tenía una cama cómoda y nadie los molestaría o, más bien, nadie la molestaría a ella, pues en cuanto la dejase sobre la cama iría a buscar un médico.

- Sea feliz o no, cuando deba enfrentarme a mi destino no dudaré -le diría, a mitad de camino-. Lo que no quiero es depender de alguien por lo que me quede de vida.

Esperaba que lo entendiese, aunque más le valía no intentar devolverle sus emociones en ese momento o la noquearía. Necesitaba descansar.



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Mensaje por Astartea Shikei Vie 15 Mayo 2020 - 16:35

Astartea asintió suavemente, esperando hacerle entender que estaba bien, aunque la sangre había acabado por bajar de su boca por culpa del esfuerzo, cada pequeña respiración lenta, retenía los latidos. El problema fue cuando dijo que iba a echarle una mano, y es que Astartea no encontró las fuerzas ni las ganas de luchar contra él, y se dejó levantar como si nada, mirándole sorprendida.

-Dios Dexter, estoy bien… Solo he abusado algo de mi akuma.
- Se excusó levemente, había parado de toser y con ello la sangre. Dobló el pañuelo con cuidado y lo dejó en su propio bolsillo, sin embargo estaba demasiado cansada como para rebatirle lo que fuera que pasara por su cabeza.

Se dio el lujo de como siempre, hacer lo que le daba la gana y pasó los brazos por los hombros del hombre, se inclinó suavemente contra su pechó y dejó el mentón en su hombro, mientras cerraba los ojos.- Me rindo…-Damas y caballeros, el demonio había dado la victoria al dragón y le dejó hacer lo que quisiera.

No se inmutó cuando comenzaron el camino y puedo deciros que ignoro todas y cada una de las miradas que habían contemplado aquel cruce como si de una telenovela se tratase. Ella estaba cansada, y cada segundo que pasaba así recuperaba poco a poco las fuerzas, si sus cálculos no le fallaban en un par de minutos estaría bien.

-Entonces… ¿Por qué te preocupas por mí, Dexter? ¿No es eso cruel? -Gira suavemente el rostro, mirándole directamente a los ojos, pestañeando despacio.- Si te sigues acercando tanto, quizás sea yo la que dependa de alguien hasta que muera… Y es cierto que puede ser pronto, pero puede no serlo.-Cerró los ojos, derrotada, pensó en el día en que le llegó la noticia de Annabelle e inconscientemente se acurrucó más contra él, cerrando los ojos.- Estoy cansada de ver morir a la gente que me importa, y los dos tenemos una bandera de muerte en la frente.

Esa era quizás su máxima preocupación, pero prefirió no seguir metiendo el dedo en la llaga y quedarse callada. Estaba ya casi calmada, y con ello el estrés de su corazón se redujo, los mareos cesaron y su respiración se calmó del todo. Podría haberle dicho que ya estaba bien y que la bajara, pero había decidido aprovecharse un poco de la comodidad y calidez del mayor.

-Lo siento Dexter, en serio…Volverán poco a poco, los símbolos internos irán quitándose, son muchos procesos y te los quitaría ahora mismo -Le mira de reojo, antes de apartar la mirada escapando de su juicio.- Pero algo me dice que capaz hasta me golpearías. –Refunfuñó por lo bajo, antes de darse cuenta de que no tenía idea de a dónde demonios la estaban llevando, pero bueno, se había rendido así que independientemente de a donde fuera, lo acabaría descubriendo.- Y gracias por todo, ya me encuentro mucho mejor, en serio.

No es que quisiera preocuparle, y lo que menos ganas tenía era imaginarse a aquel hombre rumbo a un hospital lleno de inútiles del que Astartea saldría con un tic en el ojo y armando un revuelo. Mejor evitarlo.
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Mensaje por Dexter Black Sáb 16 Mayo 2020 - 12:34

No se había resistido. Eso, en cierta medida, ya era un éxito. Había intentado quitarle hierro a su problema, pero se había dejado llevar. Sabía que en realidad nada sería tan fácil, pero había podido llegar hasta el submarino y dejarla tumbada sobre la cama; allí podía al menos reponerse de ese agotamiento que "su fruta provocaba". Como usuario, Dexter sabía que una fruta del diablo no agotaba tanto, aunque tampoco tenía claro del todo que fuera de las zoan, cuyo poder explosivo consistía en una transformación que luego realmente mantener requería un esfuerzo nulo, esa regla se mantuviese.

Lo que tenía claro era que nadie sangraba de agotamiento, y si bien los tambaleos y el pulso acelerado habrían sido relativamente comunes en un usuario novato -Astartea perfectamente podría serlo, aunque parecía bastante consciente de sus habilidades- las hemorragias eran algo peligroso. Algo de lo que incluso él, lego absoluto en cuestiones médicas, sabía que debía preocuparse.

- No lo había pensado de esa manera -había confesado mientras abría la escotilla-. Siempre que alguien se va duele, pero nunca he culpado a nadie por desaparecer.

Tal vez fuese distinto cuando una persona pensaba irse, aunque nunca se había planteado qué podrían sentir sus compañeros el día que él no estuviese. Sabía que a Berthil no le gustaba la idea, y pese a que no sabía cómo iba a reaccionar Mura se la imaginaba escarbando en su tumba para pegarle una paliza a su cadáver. Solía pensar que el mundo mejor del que intentaba ser arquitecto valía la pena ese sacrificio, sin pararse a pensar qué sentirían sus seres más cercanos. Deathstroke aceptaría su decisión, Worgulv lloraría mientras bebía para olvidar... ¿Quedaba alguien fuera de su tripulación con quien se relacionase? Zane, quizá, pero dudaba que el pájaro sintiese más que una lástima reverencial por su marcha.

Había intentado, desde que su decisión estaba tomada, no tener relación con nadie más allá de lo imprescindible. No más amigos, no más gente que dependiese de él, no más nada. Sin embargo, le seguía perdiendo su vena de héroe. "Nada te va a pasar mientras yo esté cerca", decía sacando pecho. "Te protegeré", sugería su respiración pausada y firme. "No tienes nada que temer". Había visto en Tea un pajarito herido al mismo tiempo que el recuerdo de sus propios pasos, una colección de errores que en cierto modo sentía era su obligación moral evitar que ella cometiese. ¿Estaba dándole una esperanza vacía? Él no había creído, siquiera desde un primer momento, haberla esperanzado. Tenía algo que hacer e iba a hacerlo, claro, pero eso era algo que ella no tenía por qué saber. ¿Qué podía contestarle?

- Por lo menos tú sabrías que lo que sentiste era real -respondió, bajando el tono, casi a modo de reproche-. Significaría que te he dado algo bueno que recordar, y que en el fondo no te hice tanto mal como podría haberte hecho. Querría decir que lo que sintieras seguirías sintiéndolo siempre, pero la pena y la rabia terminarían yéndose. Yo no sé pasar página, o no me han dejado, pero tampoco intento mentirte: Si nuestra historia fuese una novela, su final ya está escrito. Podrías elegir entre llegar al final y sentir la desazón algún día o simplemente no leerlo. Pero, sabiendo el final, lo único que te pierdes al no abrir un libro es todo lo que va antes. ¿Que algún día moriré? Sí; tal vez antes, tal vez después de ti. Pasara lo que pasase uno de los dos acabaría llorando tarde o temprano.

Suspiró profundamente y acercó el sillón del dormitorio a la cama, tirándose desaforadamente sobre él. En la cama, Astartea se veía como una dulce princesa, aunque en realidad fuese más como un demonio.

- Voy a corregir mi afirmación -dijo, finalmente-. Solo te haré daño una vez, y no voy a prometer nada que no pueda darte, o nada que no sepa que puedo darte. Quizá no te quiera nunca, o puede que te quiera ya; puede que lleve tanto sin poder sentir nada que ya no sepa lo que siento. Pero de alguna forma ya me he implicado contigo, y mientras esté en mi mano hacerte feliz serás feliz.

No tenía muy claro a qué demonios se estaba comprometiendo. Era muy probable que ella no viese las cosas como él, pero tampoco estaba seguro de que ella fuese a aceptar lo poco que le daba. Bueno, poco o mucho, le estaba dando algo; era más de lo que había dado a nadie en años.



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Mensaje por Astartea Shikei Dom 17 Mayo 2020 - 18:40

-Estaría bien creérselo, pero yo tampoco sé si mis sentimientos son reales la mitad del tiempo…-La había dejado en aquella cama y ella suspira calmadamente, nunca le ha gustado que la traten como una invalida, pero no va a pelear a esas alturas, se ha rendido después de todo.- Tengo la capacidad de falsificarlos, apagarlos, encenderlos, hacerlos reales, falsos, podría morirme de amor por ti y al día siguiente… Que no quedara nada.-Siempre había sido así, le había hecho dudar de la realidad misma, de su cabeza, de su propia estabilidad mental pero al final, Astartea lo había transformado en un arma más.

Con calma se incorporó en la cama, mientras miraba al infinito, quizás estaba metida demasiado en sus pensamientos, en esa cabeza llena de desastres.- Me gustaría decir que no siempre me funciona, pero siempre lo hace, antes cuando no podía hacerlo tenía un límite, ahora es complicado no pensar que me miento demasiado a mí misma, pero quizás eso hace todo más fácil.- Se había dado cuenta sin embargo, que todo aquello podría no funcionarle con aquel hombre, tampoco funcionó con Annabelle en su momento. Una mirada, una franqueza arrolladora y la habilidad de no ser engañados por nadie. Ellos sabían cuando Tea mentía, incluso cuando ella no sabía si lo hacía.

-Sea como sea, contigo no funcionan mis mentiras, así que supongo que tendré que asegurarme de que sucede lo mismo contigo, tendré que hacerlo real.- Se encoge de hombros sin muchos problemas, mientras se comienza a acomodar. Primero tira levemente del lazo de su cuello, quitándolo y dejándolo en la cama, suelta varios botones del cuello del vestido, al menos para que no le asfixie ni presione. Deja ver entonces el comienzo de un escote demasiado notorio, pero no le está prestando demasiadas cuentas.

Usando el lazo que se ha quitado se agarra el pelo en una coleta alta, apartándose el pelo del rostro en un estilo mucho más desenfadado. Aparta un mechón hacía atrás, se levanta un poco el vestido, parece que se ha olvidado totalmente de que no está sola, pero ella nunca ha sido especialmente vergonzosa. La tela blanca con encaje negro se arremolina a mitad de sus muslos y ella desliza tranquilamente aquellos largos calcetines, pasándolos por su piel de porcelana hasta dejarlos con sus zapatos, fuera de la cama. Se levanta un momento, deslizando sus dedos por los lazos de la espalda que mantienen juntos el faldón negro con el resto de la ropa, deslizando la tela negra para dejarla en la cama..

Una blusa blanca con encaje negro y una amplia falda negra, un estilo mucho más simple y desarreglado que el que le gusta llevar, pero es cierto que se siente incómoda y se agobia ligeramente con tantas cosas encima. Se sienta al borde de la cama, cruza ligeramente las piernas y le mira, directamente a los ojos.-Agradezco tu proposición, y estoy segura de que la cumplirás… Pero deja de verme como si fuera un cachorro herido al que tuvieras que adoptar, eso primero.- Alza una ceja suavemente, aunque ella se hubiera derrumbado delante suya, no era una mujer especialmente débil.- Yo también tengo que pelear por mi propia felicidad, ¿no?- Le sonríe divertida, aceptando su proposición a su manera, mientras se inclina suavemente hacía delante.

-Dame cinco minutos, y tendré tu mano en una bolsa… Y te podré devolver lo que te he robado sin permiso.- Admite, sabiendo de sobra que quizás aquel momento es demasiado extraño para los dos. Quizás es su forma de romper el hielo o de calmar un poco las cosas para ambos, sea como sea, es un comienzo.

No está mal para aquella que solo cosecha finales.
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Mensaje por Dexter Black Lun 18 Mayo 2020 - 13:47

Todo lo que sucedía en la mente de una persona, absolutamente todo, era real. Y a la vez, no. Tea creía haberse erigido capaz de pulsar una especie de botón de apagado para sus sentimientos, algo así como un seguro que podía activar cada vez que tenía miedo o comenzaba a implicarse con alguien. Una habilidad como esa no podía existir; simplemente era imposible. Una persona sentía o no, pero la capacidad de alterar el propio inconsciente -tal vez por lo poco que entendía de la psique humana- se le antojaba cuanto menos incoherente. Sin embargo, repetirse mil veces una mentira era muy sencillo. Él podía hacerlo en un par de segundos, aunque solía ser demasiado pasional como para llegar a hacerlo más de dos veces y nunca terminaba de creerse antes del millón; Astartea había construido un palacio de mentiras en su propia cabeza que, aunque merecía reconocimiento, él no podía respetar.

Creérselo lo hacía real, pero en sus propias palabras a veces la realidad era más fuerte que la voz de sus adentros. No era infalible, y si no era infalible no era real. No existía ese botón; tal vez Tea se dijese mil y una veces que podía activarlo, en una mentira que invocaba al demonio de Astartea para protegerla en un mantra desolador. Casi era triste pensar que alguien necesitaba estar alerta frente a todo o, más bien, era triste pensar que una estrategia tan mal formulada le hubiese funcionado, por regla general, tan bien. ¿Cómo podía estar todo el mundo tan ciego? Quizá se debía a que querían ver solo lo que se mostraba y nunca más allá. ¿Se habría dado cuenta él, acaso, de las verdaderas intenciones de aquella muchacha si no fuese por su capacidad precognitiva? Quería pensar que sí, pero no podía estar seguro.

- Debes ser muy inocente para creer eso -respondió Dexter, mostrando una media sonrisa algo cansada-. Es extremadamente difícil mentirse a uno mismo. Requiere esfuerzo, ganas, tesón... Y aun teniéndolo, es agotador y pierdes una infinidad de oportunidades para ser feliz. Negarte esa felicidad solo te salva de un instante de dolor, pero en el momento en que te cierras dejas de vivir para solo existir.

"Por eso me alegra que no funcionen conmigo", se ahorró decir. Él había pasado por ese encierro; estaba en él hasta hacía unos minutos. Estaba vivo, pero no vivía; se encontraba encerrado en un paréntesis de inexistencia. Y aunque no sentir esa presión atenazando su pecho constantemente era liberador le producía cierta desazón imaginar cuando, de pronto, todo volviese. ¿Podía tener aquella habilidad un efecto rebote? De pensar mucho en esos sentimientos, ¿podían multiplicarse en él y ser más intensos que nunca una vez los genuinos volviesen? El regalo de Astartea tenía un lado bueno, pero un sinfín de malas caras que no tenía claro hasta qué punto eran deseables.

Aquel torrente de pensamientos se vio interrumpido cuando ella comenzó a, al menos aparentemente, desnudarse. No iba a negar que se trataba de una mujer muy atractiva, y de hecho resultaba un tanto erótica la idea de apartar la vista y mirar de refilón, pero en su lugar mantuvo los ojos clavados en los suyos, imperturbables. Hacía tiempo que había dejado de ser un adolescente y, a esas alturas, no desviaba la mirada por menos de un desnudo integral. A excepción, claro, de aquel suave vuelo de un lazo rojo desde la cama hasta el cabello, aferrando en una coleta su larga melena que, desde luego, le quedaba mucho mejor que el perfecto recogido con el que se había presentado.

Viva. Esa era la palabra. Tea era como una muñeca de cera, perfectamente tallada y pulida, hecha para ver y no para tocar. Sin embargo, cuando esa suntuosidad se rompía en un detalle tan clave como el cabello resultaba en un contraste espléndido. Eso, sin mencionar las piernas desnudas o el escote que, aun sin mirarlos activamente, lo dejaban maravillado. Todo arte debía tener en suma belleza y toque, y Tea había enfocado todo a esa belleza. El desarreglo le daba, finalmente, un toque mágico. Eran esas mínimas imperfecciones las que, como veladuras o manchas de pintura, hacían un cuadro técnicamente correcto en una obra de arte intemporal.

- Por un momento me ilusionó que este despliegue continuase -confesó, entrecerrando los ojos, cuando ella se sentó frente a él. Se había quitado el faldón, desabrochado parte de la camisa y, de forma cuanto menos sensual, retirado sus calcetines deslizándolos por sus largas piernas. Tal vez de ser tan alto había perdido la perspectiva, pero seguía viéndola bajita pese a saber su altura exacta-. De todos modos, no te preocupes; no te voy a adoptar. Odio que me llamen papi.

Tal vez era una broma algo inadecuada, pero confió en que la confianza del momento que estaban compartiendo la hiciese reír por un instante.

- Solo la mano. Con el resto ya lidiaré cuando llegue el momento. -Tenía una idea compleja. No sabía si sería capaz de llevarla hasta sus últimas consecuencias, pero desde luego iba a intentarlo-. Pero de momento descansa; te vendrá bien.

Se estaba implicando, y eso podía tener consecuencias nefastas. Tampoco le importaba, y eso podía tener consecuencias aún peores. ¿Le preocupaba? Ni lo más mínimo.



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