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[Misión mítica-Isla Gyojin] Los prolegómenos de la Justicia

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Mensaje por StaffOPD el Miér 27 Mayo 2020 - 18:05

Contratante:Pérez Troita

Descripción: ¿De verdad debemos quedarnos sentados observando cómo una tirana levanta un reino del terror delante de nuestras narices? ¿De verdad vamos a cruzarnos de brazos mientras el miedo se apodera de nuestras mujeres y niños? Y de nosotros, para qué negarlo. ¡Pues yo rehúso! Desde ahora insto a todo hombre, mujer, niño, persona no binaria, animal con cierta inteligencia o vegetal antropomorfo con conciencia a unirse a la Rebelión de la Isla Gyojin; no podemos consentir que esa  vulgar mujerzuela nos aparte de lo verdaderamente importante: La fe de Joy Boy.

Objetivos: Conseguir un grupo de gente valiente y dispuesta a enfrentar a las tropas del terror de Hipatia Stix y el malévolo rey Augustus.

Objetivos secundarios: Construir una gran catedral a Joy Boy para representar nuestra fe y resistencia que se elevará hasta el cielo.

Premios: El apoyo de la Rebelión Gyojin y 4 puntos de entrenamiento para técnicas físicas.

Premios por objetivos secundarios: Conocimiento único y un rosario.
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Mensaje por AEG93 el Vie 29 Mayo 2020 - 12:10

Los viajes de Ryuu le habían llevado finalmente a la Isla Gyojin. En su caso no era solo una vía para atravesar la Red Line y llegar al Nuevo Mundo, sino que se trataba del hogar ancestral de su añorado padre, la isla de donde procedía toda la rama paterna de su familia. Lógicamente no sentía por ella el arraigo que tenía hacia Wano, pues allí era donde se había criado mientras que jamás había pisado la isla sumergida, pero a su modo también era importante para él. Y deseaba conocerla.

Lo malo era que hacía apenas unas semanas la descendiente de un antiguo gobernante había urdido un complot para, con ayuda de un malévolo gyojin pez gota, dar un golpe de estado e instaurar una sangrienta tiranía. La población vivía ahora oprimida por la nueva y cruel reina, pero el coraje de los gyojin, legendario en los siete mares, no había tardado en resurgir. Una nueva alianza había nacido en la clandestinidad, la llama de una revolución que traía esperanza a los oprimidos y prometía derrocar a aquella tirana usurpadora que se había hecho con el poder a sangre y fuego.

Por desgracia se trataba de un grupo aún muy pequeño, y su líder, Pérez Troita, había hecho una petición para que personas de cierto renombre que quisieran comprometerse con la causa ayudasen a reclutar un mayor número de individuos que estuviesen dispuestos a luchar hasta el final por recuperar la paz y la justicia en la Isla Gyojin. Y al samurái le convencía la idea, pues no soportaba pensar que las gentes de aquel lugar, al que estaba unido por lazos de sangre, sufriera de aquella manera, privada de su libertad. Por ello aceptó a reunirse con Troita, que le citó en un almacén abandonado en las afueras del Distrito Gyojin.

El pirata acudió al lugar indicado y esperó. No sabía cuántas personas aparecerían allí, si algún otro individuo con cierto renombre querría ayudar también o incluso si se trataría de una trampa de la nueva reina para eliminar a posibles opositores, pero confiaba en que no se tratase de esa última opción.
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Mensaje por Luka Rooney el Sáb 30 Mayo 2020 - 7:51

El Den Den Luka había sonado en varias ocasiones un par de semanas atrás, y los motivos siempre eran los mismos. La Isla Gyojin estaba al borde del colapso, y el motivo no era otro que la corona. Parecía que alguien estaba formando un complot para, de alguna manera, tiranizar a todos los habitantes del mar. Algo que se daba en muchas islas ya, pero que francamente, sería el final de la civilización subacuática.

El gyojin se había alegrado cuando contactaron con él. Toda la isla sabía que si alguien podía frenar aquello, ése era él. Se había ganado el cariño de sus hermanos de sangre durante años, e incluso habían construido una réplica de Luka a tamaño real en la entrada de la isla por todas aquellas veces que la había salvado. Y esta parecía ir por la misma línea.

Todas las llamadas aseguraron que estaban juntando a todas las personalidades importantes que podían, y que ya contaban con algunos gyojins y tritones que querían rebelarse de la reina tirana. Pérez Troita parecía ser quién estaba detrás de todos los planes, y les había convocado en el distrito Gyojin, bastante conocido por el tiburón.

Le faltó tiempo al pirata para dejar la isla en la que se encontraba y poner rumbo a su isla natal. Tan solo se llevó la mochila acuática con algunas medicinas naturales, otras no tanto, y algo de comida. Según sus cálculos tardaría tres días en llegar, pero posiblemente fuese algo menos si se daba prisa.

***


Cuando Luka llegó a la isla la notó más apagada de lo normal. Caminó por sus calles y algún que otro vecino le saludó. Se pasó por las tabernas, y estaban casi desiertas. Fué a saludar a Klen, pero su taller estaba vacío. La carpintería de Rodman también lo estaba. Agachó la cabeza y se dirigió al distrito Gyojin, aquél en el que vivió toda su niñez.

Probablemente fuese el sitio que menos había cambiado de la isla, seguramente porque seguía siendo igual o más pobre que antes. Algunas casas semiderruidas estaban al borde de caer, y a priori, Luka no reconoció ninguna casa nueva.

- Luka, vienes… ¿Vienes por eso?
- Hombre Tommy, ¿qué tal? No sé, ¿qué es eso?
- Bien bien, por aquí bien. Frengy me va a pillar si no vuelvo pronto a casa, así que me voy a ir. Eso es lo de… Lo de Pérez.
- Ah sí, claro.
- Es la nave cerca del dojo, no creo que tengas problemas, ya te sabes el camino.
- Sí claro, gracias Tommy. Saluda a tus padres de mi parte.
- ¡Vale!

El pequeño Tommy seguía siendo igual de pequeño. Le habían detectado una enfermedad de crecimiento, y pese a que ya tenía veinte años, seguía aparentando cinco o seis. Quizá, fruto de ello, su psicología seguía el camino de un niño de esa edad. Sus padres estaban desesperados, y habían perdido la fe en que su hijo madurase. Casos como aquellos los había a miles en la isla, y la gran mayoría en el distrito Gyojin, el más pobre con diferencia. Quizá, aquella reunión clandestina podría servir para unificar todos los barrios en uno solo, donde la diferencia de clases no existiese. Aunque puede que fuera mucho pedir.

El tiburón caminó por las calles hasta llegar al lugar indicado, abrió la puerta y observó a unos veinte tipos hablando entre ellos. Reconoció a algunos, sin embargo otros parecían nuevos, o al menos no se habían criado en la isla.

- Bueno chicos, aquí estoy, pero no tengo mucho tiempo. ¿A quién y dónde le tenemos que reventar la cara?

El habitante del mar no tenía otra intención que tranquilizar a aquella gente con su presencia. Él mismo sabía que la seguridad en la guardia real había aumentado en los últimos años, en parte por su esfuerzo y dedicación en ello. Quizá actuar con la fuerza fuese la última de las soluciones, pero para Luka, siempre era la primera.
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Mensaje por AEG93 el Sáb 30 Mayo 2020 - 9:29

Pérez Troita no tardó en aparecer, acompañado de casi veinte hombres con aspecto de ser bastante fuertes. Era un gyojin pez globo, extremadamente gordo y cubierto por multitud de púas de gran tamaño. Debía de medir unos tres metros de alto, y casi lo mismo de ancho. Sus rostro reflejaba la experiencia de quien está curtido en mil batallas, y en sus ojos podía verse una extraña melancolía que, no obstante, no lograba opacar la esperanza.

Se acercó a él y comenzó a hablar, aunque apenas le había dado tiempo a presentarse y a preguntarle su nombre cuando un gyojin tiburón de apariencia inconfundible entró en el local, preguntando a quién tenían que partir la cara. Todas las miradas se volvieron hacia él, y no era para menos, pues se trataba probablemente del gyojin más famoso en los siete mares, uno de los piratas más conocidos de la actualidad y hasta hacía no mucho uno de los oficiales del recientemente proclamado como uno de los Cuatro Emperadores del Mar Zane D. Kenshin. Incluso se especulaba con que pudiera seguir formando parte de dicha banda. Luka Rooney, una de las personas más queridas en la Isla Gyojin y más odiadas y temidas por el Gobierno Mundial. Troita comenzó a reír a carcajadas al ver al tiburón. Acercándose a él, le dio una fuerte palmada en la espalda mientras decía:

- Me alegro mucho de que estés aquí, Luka. Si has decidido apoyarnos, nuestras posibilidades de triunfar aumentan ostensiblemente. Pero no es momento aún de reventar la cara de nadie. Lo primero es construir nuestro ejército, así como proporcionar un sitio donde podamos retomar las enseñanzas de Joy Boy. Quien olvida el pasado esta condenado a repetirlo, y parece que poco a poco las buenas gentes de esta isla lo están haciendo. Esta nueva reina usurpadora pretende acelerar este proceso y tiranizar la isla, pero no lo permitiremos.

Su rostro tenía una expresión severa, tratando de hacer partícipes a los demás de la extrema gravedad e importancia de la situación y de su cometido de cara al futuro de la Isla Gyojin. Entonces miró al semigyojin y posteriormente al tiburón y continuó hablando:

- Ryuu, Luka. Con dos piratas de sangre gyojin tan célebres y poderosos como vosotros de nuestro lado nuestras posibilidades aumentan, pero tendremos que trabajar codo con codo y esforzarnos mucho para lograr nuestros objetivos. Inicialmente son dos, y ambos requieren de vuestra influencia en la gente y vuestra capacidad para inspirarles. Es prioritario convencer a cuanta más gente preparada para luchar de que se una a nosotros. Sabemos que la mayor parte de la isla estaría dispuesta, pero por diversos motivos no se atreven a hacerlo. Vuestra misión es persuadirles de que deben dejar el anonimato y colaborar con nosotros, pues solo así lograremos expulsar a esa tirana. Además necesitamos un nuevo lugar de culto a las enseñanzas de Joy Boy, pues esa zorra destruyó el anterior. Para ello hay que convencer a nuestro famoso arquitecto Rod Thorne. Solo él sería capaz de  dirigir a una cuadrilla de trabajadores para construir un edificio digno en el tiempo necesario.

El líder de la Rebelión continuó arengando a sus hombres, tratando de infundirles el coraje necesario, hasta que finalmente se despidió y abandonó el lugar, no sin antes desear a Luka y Ryuu la mejor de las suertes. Cuando se quedaron solos el samurái se acercó al otro pirata y se presentó:

- Mi nombre es Ryuu Akiyama. Me alegro de conocerte, Luka. No hay gyojin o semigyojin en el mundo que no haya escuchado tu nombre.
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Mensaje por Luka Rooney el Sáb 30 Mayo 2020 - 12:01

El pirata fue recibido como merecía. La gente se acercó a él y le dió un baño de cariño que, sinceramente, necesitaba. Algunos de los presentes le preguntaron que qué tal le iba, otros optaron por añadir algo de salseo y preguntarle por Zane y los rumores de su salida de la banda, pero él se limitó a responder de manera escueta y asegurando que cuando todo se calmase daría su versión a los suyos. Lo importante en ese momento era lo que Pérez decía.

Iban a empezar a organizar el ejército en primera instancia, y tras ello retomar las enseñanzas de Joy Boy, para la cual necesitaban a un célebre arquitecto, ya que la reina había derruido el edificio.

- Siempre que haya un problema en esta isla, mi misión será venir a ayudar -comentó a la par que le devolvía la palmada a Pérez Troita, aunque él lo hizo en el hombro-. Ahora bien, no me llames cuando tus chiquillos se pongan revoltosos, que nos conocemos.

Algunos hermano de sangre comentaron más cosas sobre las causas que les habían llevado allí, sin embargo no fueron más de diez minutos de charlas dispersas, tras lo cual, Pérez Troita dió por disuelta la reunión.

Cuando el gyojin se dispuso a salir, Ryu se acercó a él, presentándose y alagándole. Luka no sabía mucho más allá de lo que le habían contado cercanos sobre Ryu y lo que había leído en algún periódico, pero evidentemente era un placer que un semihermano de sangre representase a la isla del modo que Ryu lo hacía.

- Encantado, Ryu. Tú vas por el mismo camino -comentó guiñándole un ojo como su ex-capitán lo haría, algo que no terminaba de salirle bien-. Ya ves que Troita piensa lo mismo. Había pensado en pasarme por un par de sitios a convencer gente. Sitios estratégicos por donde pasa más gente aún, ya sabes… El dojo, el bar, algún taller, la tienda de Marcus… Qué me dices, ¿vienes o prefieres buscar a más gente por otros medios?

Independientemente de que Ryu aceptase o denegase su invitación, Luka iría al dojo, en busca de Tom, su mentor y al que el tiburón consideraba lo más cercano a un padre que había tenido. Si Ryu hubiera aceptado su invitación, le preguntaría sobre sus andanzas en los siete mares, gente famosa que hubiera conocido, anécdotas, y todas esas batallitas de bar por las que los piratas se juegan la vida.

Una vez llegase al dojo, llamaría a la puerta con su típico saludo, imitando una melodía de una famosa canción que un bardo tocó en la isla hacía más de veinte años, y por la cual fué golpeado por la ya famosa ira del gyojin, provocando la risa de todos los presentes. Menos del bardo, claro.

A los pocos segundos Tom abrió la puerta, y empezó a reírse al verle.

- Así que lo de la revuelta es cierto. Solo vendrías a esta isla si hay pelea, jodido musculitos.
- Cada día tardas más en abrir la puerta, viejo. ¿Qué tal todo?
- Bien bien, pero creo que sabes a lo que vengo… ¿no?
- Sí sí, entra entra, tenemos mucho de lo que hablar.

Si el tiburón iba acompañado del semi-gyojin, le presentaría a Tom como el dueño del dojo de la isla. Y entraría a la casa. Casi se le había olvidado la decoración más que obsoleta que Tom había mantenido durante más de cuarenta años. Cada rincón de la casa era cálido y te hacía sentir como en el hogar de un familiar, de eso no había duda, pero quizá renovarse empezaba a ser una necesidad.

- Pues a ver, Tom, te cuento. Vamos a derrocar a la reina esta, que por lo que dicen es un poco tirana.
- Un poco bastante, sí.
- Pues eso. Te iba a pedir que fueses tanteando a la gente en el dojo, que tus trabajadores lo hagan también. Necesitamos gente, y por el dojo pasa mucha, ¿no?
- Nadie ama más una revolución ciudadana que yo, Luka. Pero… Ya perdimos a mucha gente en la última guerra. Y matarnos entre nosotros…
- Si te soy sincero, no sé muy bien el plan de esta gente, Tom. Pero quizá, lo único que te puedo decir, es que… Muerto el perro…

Tom sonrió al ver la determinación del tiburón, y tras ello, le preguntaría a Ryu, en caso de que hubiese venido, qué le parecía todo aquello y qué podían aportar los demás a la revolución que se estaba gestando.
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Mensaje por AEG93 el Sáb 30 Mayo 2020 - 13:08

El tiburón parecía haber oído hablar de él, por lo que comentó. Era cierto que su nombre había aparecido en la mayoría de los periódicos como el de uno de los piratas de la nueva generación que habían mostrado un mayor poder y potencial, pero también lo era que todavía no había llevado a cabo nada verdaderamente digno de mención. Aunque esperaba que eso dejase de ser así pronto.

El famoso pirata le propuso acompañarle a una serie de sitios en los que, según dijo, era más probable encontrar mucha gente dispuesta a unirse a la causa. Dándose cuenta de que Luka conocía la isla muy bien, y consciente de que él era un recién llegado a ella, decidió aceptar y acompañarles. Por el camino este le preguntó por sus andanzas y la gente con la que había coincidido hasta aquel momento, a lo que este contestó:

- Pues por el momento no he conocido a muchos piratas famosos. Las dos personas con las que más he coincidido son Moja "Wordless", uno de los más nuevos pero más célebres miembros de los Jigoku no Kaizoku, y Dark, un tipo peliblanco que está ganando mucho renombre y que según dicen los más veteranos se parece excesivamente a un antiguo Vicealmirante de la Marina. Además di por casualidad con el antiguo oficial de cubierta mi padre y descubrir así que seguramente esté preso en Impel Down. Seguro que te suena su nombre, Kenji Akiyama, era el más grande entre los piratas gyojin hasta que fue capturado hace cuatro años.

Poco después llegaron al Dojo, donde fueron recibidos por Tom. Al parecer él y Luka se conocían desde hacía mucho y setenían en gran estima, o eso podía deducirse de la forma en que hablaban entre ellos. El veterano maestro parecía compartir su opinión acerca de la rebelión, pero tenía ciertas reticencias sobre todo debido a que aquello podía fácilmente desembocar en una guerra civil que los gyojin no podían permitirse. De todas formas pareció muy conforme con lo que el tiburón le contó y, tras terminar de escucharle, preguntóal samurái por su opinión. Este, sacando a relucir su labia y su don de gente, sonrió y contestó con decisión:

- Es cierto que el pueblo gyojin no puede permitirse verse diezmado por una guerra civil tal y como están las cosas. Sin embargo lo que proponemos no es eso. Casi toda la población está, según los informes de la rebelión, muy descontenta con la irrupción de Hipatia Stix y Augustus Makintosh en el poder. Los consideran demasiado cruel y sanguinaria a ella y demasiado tonto y feo a él. Es por eso que, si jugamos bien nuestras cartas, la mayoría social a nuestro favor será tan amplia que prácticamente el único escollo a salvar será el Ejército Real, e incluso es posible que parte de este escuche las palabras de Luka. Pero nuestro pueblo necesita estar unido en esto. Con una reina como Hipatia la Isla Gyojin jamás recuperará las buenas relaciones con los humanos, y no solo eso, sino que cualquiera que ose alzar la voz sufrirá un destino terrible. Esa mujer convertirá este glorioso reino en un cementerio de sangre y huesos en el que tan solo quedarán quienes la obedezcan ciegamente, arrebatando la dignidad y la libertad al pueblo gyojin. No podemos consentir eso.
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Mensaje por Luka Rooney el Dom 31 Mayo 2020 - 6:44

El gyojin escuchó atentamente todo lo que su nuevo compañero tenía que decirle. Todos tenían una historia detrás, y la de Ryu parecía estar empezando por buen camino.

Ya en el dojo, Tom preguntó al propio Ryu sobre su opinión al respecto, y lo cierto era que el ex-Arashi quedó sorprendido ante la habilidad con las palabras del semi-gyojin. Tenía todo bien pensado, y parecía que se había preparado el discurso. No dejó ningún cabo sin atar, y dió una pincelada por cada problema que la isla tenía en ese momento.

- Como ves, parece que no tendremos que llegar a las manos por ahora -comentó el habitante del mar con cierto rintintin-. Pero tendremos que estar preparado por lo que pueda surgir.
- Ya veo… Muchas gracias por tus palabras, Ryu -comentó Tom a la par que se levantaba, tendiendote la mano-. Contad con el apoyo del dojo. Extenderemos la palabra e intentaremos que ese ejército que estáis preparando sea suficiente para derrocar a esos autoproclamados reyes.

Con un suave gesto, por si el de levantarse y tender la mano no había quedado claro, Tom señaló hacia la puerta con una inconfundible mueca. Tras estrechar la mano del anciano, Luka salió por la puerta esperando que Ryu hiciese lo mismo. Una vez fuera, ambos caminaron hacia la plaza más cercana.

- Deberíamos buscar al arquitecto ese. En esta plaza -hizo una pausa para mirar con detenimiento-, vivían dos de los mayores exportadores de mercancías de la isla. Creo que eran las dos empresas locales más grandes. Surtían de distintos materiales a los siete mares, pero no solo eso. También al pequeño comercio de la isla. Quizá no esté de más que ellos también propaguen este mensaje. Conocí a uno de sus jefes, pero murió hace años, así que aquí no podré ejercer de nexo de unión, y creo que ha quedado claro que tú te desenvuelves mejor con las palabras, ¿no?

Sin duda, si Ryu accedía aquella sería la última parada antes de ir en busca del arquitecto. Teniendo al dojo de lado, y una o dos de las mayores empresas de la isla, la voz correría a gran velocidad. Lo que el tiburón se preguntaba es cómo habían propagado hasta la fecha el mensaje los habitantes de la isla. ¿Acaso habían ido uno por uno?
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Mensaje por AEG93 el Dom 31 Mayo 2020 - 14:21

Tom pareció muy convencido al escuchar las palabras de Ryuu. Era cierto que jugaba a su favor el carisma innato y la facilidad de palabra y para caer bien que el pirata poseía, pero es que además en este caso la causa hablaba por sí sola. Resultaba muy sencillo defender cosas como la libertad, la paz o los derechos humanos ante otras personas, pues al fin y al cabo eran cosas que todo el mundo (o casi) quería.

El líder del dojo no fue una excepción, pues aceptó encantado colaborar con ellos y extender sus ideas entre quienes allí acudieran. El samurái sonrió, feliz por su éxito. Por aquel edificio pasaban muchos de los mejores luchadores de la isla, y si lograban que personas tan válidas en el combate se unieran a la causa todo resultaría mucho más sencillo. Ahora estaban mucho más cerca de derrotar a la tirana y su malvado consorte.

Cuando abandonaron el dojo Luka le habló sobre dos empresas muy importantes, que daban trabajo a una enorme cantidad de gente y tenían entre sus clientes a la mayoría de pequeños comerciantes. Una vez conseguido el apoyo de gran parte de los luchadores de élite, lograr también que el pueblo se pusiera de su parte era el siguiente y más lógico paso. Pero la gente no les seguiría solo a través del boca a boca. Debían convencerles personalmente. Y para ello nada mejor que un discurso público. Debían convencer a la población de acudir a un lugar donde Troita, en calidad de líder de la Rebelión, y destacados seguidores de la misma como Luka, Tom o él mismo pudieran dirigirse a ellos cara a cara y pedirles su apoyo. Eso sí, para darle repercusión a dicho evento y que acudiera cuanta más gente mejor nada como que una de aquellas empresas hiciera que se corriese la voz. Así que el semigyojin se mostró de acuerdo con Luka en que acudir allí sería la mejor opción.

Al entrar les recibió un gyojin trajeado. Era un salmón, y su elegante vestimenta mostraba que se trataba de alguien importante. Se presentó como Marcus, vicepresidente de la empresa Open Your Eyes & Sea, también conocida por su acrónimo OYES. Ellos eran desde hacía unos años la mayor exportadora de productos del mar al exterior y, como tal, tenían mucho que perder si por culpa de la nueva reina el Reino Ryugu volvía a cortar sus relaciones con el Gobierno Mundial por completo. Por ello accedió a escuchar lo que aquellos dos piratas tenían que decir. Ryuu tomó la palabra, mostrando de nuevo todo su carisma y su confianza en sí mismo:

- Me alegro de que nos haya recibido, Marcus. Estamos ante un momento decisivo para la Isla Gyojin. Un punto de inflexión en el que las gentes de este reino deben decidir si quieren volver a las oscuras épocas del aislamiento y el profundo odio interracial, a la enemistad total con los humanos, o si por el contrario prefieren continuar por la vía de la reconciliación que durante los últimos años se ha estado llevando a cabo. Estoy seguro de que un gran empresario como usted comprenderá la importancia de esta decisión, y entenderá por qué nos oponemos con tanto ímpetu a la usurpadora y a su futuro consorte. Su unión, así como su gobierno, solo pueden traernos miseria, aislamiento y terror. Es por eso que queremos dirigirnos a las buenas gentes de este reino dentro de tres días al caer el sol en la plaza del Distrito Gyojin. Aquí la influencia de la reina es muy baja, pues considera este barrio marginal y no le presta atención, luego los ciudadanos podrán acudir sin miedo. Ha llegado la hora de la Rebelión.

El samurái miró a su interlocutor con ojos que expresaban esperanza, decisión y confianza. Sus palabras deberían servir para convencerle, pero no podía estar seguro de ello hasta que no lo escuchase de sus labios. Aquellos segundos en los que el empresario se quedó callado, meditando lo que acababa de escuchar, parecieron eternos a ojos del pirata.
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Mensaje por Luka Rooney el Dom 31 Mayo 2020 - 14:55

El gyojin tenía bastante claro que si algún día necesitaba un portavoz contrataría a Ryu sin importar su tarifario. Tras convencer a Tom, hizo lo propio con Marcus, el CEO de OYES. Pese a que el empresario se mantuvo unos segundos sin mediar palabra tras el discurso del semigyojin, se veía en sus ojos que estaba totalmente de acuerdo. Pese a ello, Luka se decidió a aportar su granito de arena, aunque no contaría con la labia de su compañero, sí que podría decir las cosas más directo.

- Marcus, encantado de conocerte -comentó mirándole a los ojos-. Sabes que tu padre y yo fuimos grandes amigos. Cuando le faltaba pasta, recurrió a mí. Cuando le robaron, yo traje su cargamento de vuelta. Cuando secuestraron a tu hermano, yo fuí por él. Cuando murió… Le fallé. A él y a muchos más. Durante la guerra protegí tantas vidas como pude, pero fallé en muchas otras también. Tu padre era un buen tipo, y tenía muy claras sus ideas. Levantó un imperio de la nada con dedicación, esfuerzo y alegría. Siempre vivió por y para sus trabajadores, y supongo que tú has heredado esos valores. Tienes una de las familias más grandes de esta isla, y como tal, creo que debes pensar en ello aún por encima de tu negocio -el tiburón miró a Ryu para después proseguir su diálogo con Marcus-. Ayúdanos a promover el mensaje que te ha dicho mi compañero. Hagamos que tu familia, tu negocio, el pueblo y tú mismo seamos libres.

Por alguna razón Marcus torció ligeramente el rostro. Miró a los dos piratas se levantó. Caminó unos pasos y volvió sobre ellos. Mantuvo el semblante pensativo durante unos segundos más y se giró hacia Ryu.

- Muchas gracias por la oferta, chicos. Estoy en un periodo muy crítico en mi empresa. Estamos expandiendo el negocio aún más y… Cualquier inestabilidad puede repercutir en él. Y no solo eso -suspiró, mirando a Luka-. También lo haría en muchos puestos de trabajo de mi gente. Mi familia, como la has llamado. Está bien. Esta tarde tenemos un comité de empresas, y estaremos varios empresarios de la isla allí. Dejadme que de el mensaje e intentaré que todo el mundo se apunte.

- Perfecto, Marcus. El lugar será el antiguo taller de costura de Lorens, que ahora está abandonado.

- Así lo diré. Y… Luka… Nunca te lo perdonaré. Nunca te perdonaré que dejases morir a mi padre. Él… Lo era todo para mí, y no supiste protegerlo. No eres el héroe que todos dicen que eres. Solo eres… Una farsa. Una maldita farsa.

El tiburón apretó el puño con rabia ante lo que Marcus le estaba diciendo. Se contuvo, como buenamente pudo, y dió la vuelta, aunque antes de marcharse no pudo evitar soltar unas últimas palabras.

- Da el mensaje, Marcus. No quieras cargar con la misma losa que yo cargo.

Y tras ello salió por la puerta sin esperar a Ryu, con una ira en su interior que le costaba no sacar. Si bien era cierto que su padre murió cerca de Luka, él no tenía la culpa. Fue una maldita guerra, se interpuso en cada golpe que pudo, perdió la cuenta de todos los rivales que abatió, y sin embargo, muchos de los ciudadanos de la isla le echaban la culpa de los caídos en batalla. ¿Y todo por qué? Por ser el gyojin más famoso de la isla.

- Le toca el turno al arquitecto. Y después me iré a tomar unas copas -comentó en tono serio una vez Ryu estuviese cerca suya-. Creo que deberíamos empezar por la plaza principal, quizá alguien sepa dónde se encuentra ese tipo. ¿Te parece?

La verdad es que el día se había torcido por culpa de Marcus, pero ciertamente no podía culparle por pensar lo que pensaba. Era imposible volver al pasado, y de poder hacerlo, quizá evitar su muerte causara más entre su pueblo. Aquella losa le acompañaría por el resto de su vida.


Última edición por Luka Rooney el Lun 1 Jun 2020 - 13:31, editado 1 vez
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Mensaje por AEG93 el Lun 1 Jun 2020 - 12:46

Tras el discurso de Ryuu fue Luka quien tomó la palabra, hablando a Marcus acerca de su amistad con su padre, así como de su arrepentimiento por haberle fallado. Habló de una guerra en la que, al parecer, el progenitor del empresario había fallecido y el tiburón no había sido capaz de evitarlo. No obstante también recordó a Marcus su importancia dentro de la isla debido a la gran cantidad de personas que dependían de él y cómo debía tomar la decisión correcta no solo por sí mismo, sino por todos y cada uno de ellos.

El hombre de negocios agradeció su sinceridad y su oferta, y dejó claro que aquella tarde en la reunión de la junta y la mañana siguiente iba a animar a todos sus empleados a acudir allí, así como a indicar que el mensaje se distribuyera por toda la isla. El pirata no pudo evitar sonreír de oreja a oreja, pues aquella era una excelente noticia. La intervención de Marcus podía perfectamente establecer un antes y un después en la lucha de la Rebelión Gyojin contra la tirana Hipatia.

No obstante lo que dijo después le borró la sonrisa de la cara de un plumazo. Con una expresión sombría y de profundo dolor y tristeza el empresario el rencor y la enorme rabia que sentía hacia Luka por no haber logrado salvar a su padre, así como el hecho de que le consideraba una farsa. Sus palabras eran, con toda probabilidad, injustas, aunque no dejaba de ser una reacción en cierto modo lógica de alguien que había perdido a su padre hacía no demasiado tiempo.

Luka parecía abatido, y abandonó el local sin mediar palabra. Ryuu se despidió de Marcus con rapidez, agradeciendo su colaboración y asegurándole que sería tenida en cuenta y siguió al tiburón al exterior. Este anunció que, una vez hubiesen hablado con el arquitecto, se iría a tomar unas copas. Consciente de que el poderoso pirata iba a necesitar olvidar y desahogarse, el samurái le contestó:

- Si, cuando hayamos convencido al arquitecto nos iremos a un bar y beberemos. Salvo que prefieras estar solo, claro.

Seguro que el tiburón agradecía la compañía en un momento como aquel. Además, a él también le apetecía tomar algo. Tanto discurso motivador buscando mover las emociones de la gente era agotador. No porque no fuesen sinceros, sino porque tener que improvisar todo aquello era realmente complicado incluso para alguien con su don de gentes por mucho que creyese verdaderamente en lo que decía. Así que, con muchas ganas de terminar su labor por aquel día, se dirigió junto a su compañero a la plaza esperando que no les fuese muy complicado encontrar al arquitecto.
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Mensaje por Luka Rooney el Lun 1 Jun 2020 - 13:45

No era muy común que Luka sintiese un nudo en el estómago, pero lo era aún menos que se sumase uno cerca de la garganta. Se sentía mal, cabizbajo y realmente desolado. No le gustaba estar así, y mucho menos que los demás supieran interpretar alguna emoción en él que no fuera alegría o ira. Así que asintió ante Ryuu, aceptando su compañía.

- Ya he pasado muchos meses solo -comentó a la par que caminaban hacia la plaza-. Supongo que unas cuantas copas en compañía no me vendrán mal.

Una vez llegaron a la plaza, el pirata se acercó hasta la tienda de Poren. En ella vendía todo tipo de semillas, plantas y de más reliquias de la flora marina. Y era uno de los principales camellos de Luka, pero aquello no venía al cuento.

- ¡Hombre Poren! ¿Qué tal?
- ¡Luka! Hacía mucho que no nos visitabas. Tengo dos pedidos normales tuyos. Semillas de ocho tipos de opiáceos, dos de ellos artificiales creados por un servidor. También tienes los analgésicos más raros que he encontrado en años ah y…
- Espera espera Poren -susurró el tiburón a la par que giraba ligeramente el cuello en dirección a Ryu-. Luego hablamos de ese tema.
- Ah, perdona. Creía que venías solo. Decidme, ¿qué queréis?
- Nada, no te preocupes. Él es Ryu, un colega. Estamos buscando a un arquitecto. Rod Thorne.
- Un… ¿Arquitecto? Supongo que será el de la calle trece. Un tipo bastante singular, la verdad. Su casa está al lado de Vianny, la veterinaria. Aunque bueno, cuando lleguéis pronto sabréis qué casa es. Es igual de rara que el propio arquitecto.
- Vale, perfecto, pues iremos allí. Guárdame eso, que vendré más tarde.

El tiburón abrazó a Poren mientras metía la mano en su bolsillo, dejando un sobre de dinero por valor de la mercancía que recogería más tarde. Lo cierto era que Luka no tenía temor alguno por contar lo que estaba haciendo, pero le gustaba darle a las cosas ese toque enigmático, y era casi una obligación cuando trataba algún tema de drogas.

Cuando salieron, el ex-Arashi acompañó a su compañero hasta la calle trece, y desde lo lejos ya tuvieron claro qué casa era la del arquitecto. Una grande y blanca, con enormes vidrieras y una forma hexagonal bastante impropia de la isla. El habitante del mar golpeó un par de veces la puerta antes de darse cuenta que había una especie de timbre. A los segundos, un señor mayor abrió la puerta, preguntando qué querían.

- Hola. Estamos buscando a Rod Thorne, tenemos que hablar con él. Yo soy Luka, y este es Ryu.
- El señor Rod está ocupado, y no recibe visitas.
- Yo creo que sí las recibe -espetó el gyojin a la par que interponía su mano entre la puerta y el marco, evitando que se cerrase-. Podemos contar hasta tres e ir a ver a Rod, o podemos contar hasta tres y tirar abajo la bonita casa de Rod.
- Vale, vale, le diré que baje.
- Mejor subimos nosotros.

El gyojin empujó la puerta y entró, instando a Ryu a hacer lo mismo. El señor mayor, que parecía el mayordomo, les señaló la escalera que debían subir mientras pedía por favor que no hicieran nada.

La casa era una mansión, ya nada más entrar se podía ver un jardín bastante cuidado, con algunas plantas impropias de la isla. Los materiales parecían de gran calidad, y una vez dentro el salón era gigantesco. Tenía un montón de sofás y muebles, y las mesas eran de una madera maciza. La escalera por la que subieron tenía un posamanos con bastantes adornos, y estaba cubierta por una alfombra de piel. Cuando llegaron arriba, allí se encontraba el que parecía ser Rod, en un despacho con una mesa gigantesca llena de papeles. Era un tipo de mediana edad, con el pelo canoso y trajeado. La mesa, a parte de papeles, tenía bastantes herramientas como compases, lápices y reglas.

- Así que es verdad que estás aquí. Qué huevos tienes -comentó el tipo sin siquiera dejar de mirar el papel que sujetaba-. Me pillas un poco liado, la verdad.
- Ya vemos. Perdona haber entrado así, pero necesitamos un favorcillo.
- ¿Un favorcillo?
- Sí, necesitamos que emplees tu arte en diseñar algo nuevo. Un lugar de culto a las enseñanzas de Joy Boy.
- Ya me enteré que alguien tiró el último, ¿verdad?
- Eso parece. Bueno qué, ¿nos ayudas?
- No lo sé, ¿qué saco yo a cambio?

El tiburón sabía que no podía decir nada de valor en ese momento, por lo que se limitó a mirar a Ryu para que su don de la palabra les ayudase en ese momento.
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Mensaje por AEG93 el Mar 2 Jun 2020 - 15:35

El tiburón le guió hasta la plaza, donde se detuvo ante una tienda a cuyo dueño, a juzgar por la efusividad de su saludo, conocía muy bien. Preguntó a este sobre el arquitecto al que buscaban, y para sorpresa de Ryuu el tipo tenía información interesante al respecto. Al parecer estaba casi seguro de que Rod Thorne vivía en la calle trece, al lado de una veterinaria. Incluso les dijo que se trataba de un tipo muy raro y que su casa no tenía pérdida, pues era tan extravagante como él mismo.

Tras esto se despidieron y abandonaron la tienda, no sin que antes Luka dejase un sobre con dinero a cambio de una mercancía que más tarde recogería. Al entrar le había parecido oír algo de semillas y analgésicos, pero no estaba seguro. De todas formas, quedaba claro que el pirata tenía algún tipo de negocio entre manos con el tal Poren.

Una vez en la calle trece, el samurái se vio obligado a dar la razón al comerciante al encontrarse frente a una casa hexagonal de blancas paredes y con una enorme vidriera. Después de que Luka llamase a la puerta un gyojin de avanzada edad les abrió, pero anunció que el arquitecto no aceptaba visitas. El tiburón no se tomó esta respuesta muy bien, y tras pronunciar una intimidante amenaza logró que les dejase pasar. El semigyojin no estaba demasiado de acuerdo con aquel método tan brusco, pero por lo menos había conseguido su objetivo, así que le siguió al interior de la casa, que casi podría llamarse mansión. La opulencia que mostraba era clara señal de que su propietario era alguien muy rico.

Un gyojin sardina de mediana edad, cuyo pelo empezaba a encanecer y que vestía con un elegante traje les saludó con desgana, hablando con cierto desdén al tiburón. Quedaba claro que aquel tipo era Rod Thorne. Escuchó, a priori sin demasiado interés, la petición de Luka y, tras sopesarla unos instantes, preguntó qué ganaría él a cambio. Al ver que su compañero se quedaba sin palabras, Ryuu se adelantó y, tras carraspear ligeramente para aclararse la garganta, habló con voz firme:

- Perdonadme, señor Thorne. Yo soy Ryuu Akiyama. Si le digo la verdad, es sencillo saber qué puede ganar usted al llevar a cabo el proyecto que Luka le plantea. En primer lugar y no por ello menos importante, el favor de todas las buenas gentes de la Isla Gyojin que desean seguir siguiendo las enseñanzas de Joy Boy. En segundo lugar, y como es lógico, el favor de la Rebelión por desempeñar un papel vital en su triunfo, lo que podría a su vez generarle futuros encargos y una gran influencia. Y por último, la posibilidad de sumar su nombre a la corta lista de arquitectos que pueden presumir a lo largo de la historia de haber construido el mayor templo de la Isla Gyojin en su época. Piense en todo lo que eso le reportaría. Además, no podemos olvidarnos de que la construcción de dicho edificio dará mucha moral a la Rebelión y servirá para cohesionar y motivar más a sus hombres, aumentando las posibilidades de que la tirana sea derrocada.

El arquitecto titubeó, pensativo. A juzgar por la expresión de su rostro la oferta le resultaba tentadora, aunque por algún motivo no terminaba de estar lo suficientemente seguro como para lanzarse a aceptarla. Viendo que pasaban dos y tres minutos sin que nadie hablase, el samurái decidió romper aquel incómodo silencio:

- ¿Qué le ocurre, señor Thorne? - Preguntó con una amable sonrisa en la boca. - ¿Qué es lo que le genera tantas dudas?
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Mensaje por Luka Rooney el Miér 3 Jun 2020 - 9:43

El tiburón escuchó todo lo que Ryuu tenía que decir. Nuevamente trazó una línea imaginaria entre él y el arquitecto, y la coloreó de vínculos y emociones. Tocó casi todos los palos posibles, el favor de la gente y la rebelión, generándole ello un nombre aún más grande y mayor relevancia, y, por si fuera poco, cubrió el ego del tipo dándole a entender que podía construir el templo más grande jamás construido.

Luka sonrió a la par que miraba el semblante de Thorne, que parecía un poema. Pasaron los segundos y los minutos y nadie decía nada. El pirata aprovechó para ojear la estancia en busca de algo de comida, pero no la encontró. Y entonces Ryuu volvió a preguntar, instándole al gyojin sardina a responder sus temores.

- Nunca he sido muy querido -dijo, con el semblante serio-. Pensé que podría hacerme un hueco entre la gente del pueblo, pero no lo he logrado. Nací pobre, ¿sabéis? Y sin embargo, ahora tengo mucho más dinero del que podría contar. De pequeño no tenía amigos, y pensé que podría conseguirlos de igual manera que el dinero, pero me equivoqué.

El hombre se levantó de la mesa y se acercó a Luka, sin perder de vista a Ryuu. Lo miró de arriba a abajo y sonrió antes de hablar.

- Yo era vecino de Lumberg, en el distrito gyojin. El niño al que asesinaron los humanos, ¿recuerdas?
- Recuerdo -susurró Luka.
- Muchos os fuisteis a vengar su muerte, pero yo no tenía valor. Algunos me dieron de lado en ese entonces, y otros directamente se rieron de mí. ¿Cómo puedo ganarme a esa gente ahora?
- No todos valen para luchar, Thorne. Mira a este tipo de aquí -comentó señalando a Ryuu-. ¿Tú crees que podría vencer a alguien sin esa espada? Para que él luche y venza, alguien la ha tenido que fabricar, ¿no? Y tú eres mucho más importante que esa espada. Esa espada podrá matar a toda la guardia real si quiere -torció la mirada ante Ryuu-. Aunque si lo hace este puño se enfrentará a él, y ya te digo yo que es superior a toda la guardia real -comentó con una sonora risa. Nadie le podía quitar el protagonismo a Luka, ¿no?-. Pero lo realmente importante es cuántas vidas vamos a salvar con este movimiento. A cuánta gente que vive en la calle vamos a meter en un edificio que considerará su casa. A cuantos heridos trataremos en un hospital. Esto va mucho más allá de hacer un templo de culto, Thorne. Te prometo que si nos sigues, tendrás mucho más trabajo que hacer, por y para los nuestros. Hagamos de la Isla Gyojin una nueva ciudad, un nuevo proyecto. Uno en el que todos tengan su hogar, convivan en paz y muestren al exterior lo que realmente somos. Una familia que no doblegará la rodilla ante ningún inútil. Y créeme que los reyes actuales lo son.

Aquellas palabras salidas del corazón del tiburón podrían costarle caro. El habitante del mar no era una persona con pelos en la lengua, pero en aquél momento tenía la sensación de que su discurso podía estar a la altura del de Ryuu. Aunque habría que esperar unos segundos para ver la reacción del arquitecto. Con suerte todo iría bien y tendrían un importante aliado más, tanto en esa guerra como, en caso de ganar, en la futura isla Gyojin.
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Mensaje por AEG93 el Miér 3 Jun 2020 - 15:49

Si las palabras del samurái habían dejado ya pensativo al arquitecto ante la idea de todo lo que podía conseguir a cambio de construir aquel templo, el discurso de Luka terminó de convencerle. Para cuando el tiburón dejó de hablar los ojos de Thorne brillaban de la emoción, a punto de desbordarse en lágrimas. Si bien era cierto que el afamado pirata había aprovechado el momento para dejar claro que él era la persona más fuerte de la isla, o al menos eso pensaba, probablemente no andase muy alejado de la verdad. Ryuu era muy poderoso, si, pero todavía estaba lejos de poder compararse a un oficial de un Yonkou.

El gyojin sardina tardó un par de minutos en serenarse y ordenar sus ideas y, posteriormente, comenzó a hablar con la voz aún temblorosa:

- Tienes razón. No necesito saber combatir para jugar un papel importante en esta lucha tan decisiva para nuestra raza. Todos podemos encontrar nuestra forma de contribuir si tenemos el valor suficiente, sin necesidad de lanzarnos a una muerte segura en el campo de batalla. Lo haré, diseñaré y dirigiré la construcción del nuevo templo de la fe de Joy Boy.

Mientras hablaba su voz había ido adquiriendo un cariz muy distinto, expresando orgullo y decisión. Daba la sensación de que su ánimo había subido de manera espectacular al comprender que las guerras no solo podían ganarse luchando, y que incluso alguien sin la menor habilidad en batalla como él podía desempeñar un papel esencial en la que se avecinaba. De ese modo además se ganaría el afecto de sus vecinos, afecto que había echado enormemente en falta en los últimos años. Daba la sensación de que acababan de ganar un muy importante colaborador para su causa.

Tras dar las gracias en repetidas ocasiones al arquitecto y asegurarle que su vital contribución no sería olvidada, el semigyojin se despidió educadamente y abandonó la casa, esperando que Luka lo hiciera tras él. Una vez en la calle propondría ir a tomar algo, como el tiburón había manifestado necesitar antes de visitar a Rod. Si este aceptaba le seguiría hasta el local que escogiera, ya que él no conocía ninguno. Al llegar pediría una pinta de cerveza bien fría y, una vez estuvieran sentados y ya bebiendo, le diría en tono de broma con respecto a lo que había mencionado en casa del arquitecto:

- Que sepas que esta espada no me la ha tenido que fabricar nadie. Los samuráis de Wano, o al menos los de verdad, no solo sabemos combatir sino que forjamos nuestras propias espadas. De hecho no hay mejor herrero que los nacidos en Wano.

Dejaría de hablar durante unos segundos por si el tiburón quería comentar algo al respecto para después preguntarle acerca de lo sucedido con Marcus. Probablemente el gyojin necesitase desahogarse después de aquello.

- Luka, ¿qué ocurrió en aquella guerra de la que hablasteis y por qué Marcus te culpa de lo sucedido? Personalmente solo he escuchado cosas buenas sobre tus acciones en la Isla Gyojin, así que no entiendo nada.
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Mensaje por Luka Rooney el Jue 4 Jun 2020 - 5:12

Thorne consiguió ablandarse lo suficiente para entender lo que estaba en juego, y tras las palabras de Ryuu y después las de Luka, aceptó a ayudar y colaborar en todo lo que pudiera. Parecía bastante animado y seguro de lo que iba a hacer, así que el gyojin asintió, dió las gracias y salió tras el camino del semigyojin.

- Sí, claro. Vamos a la almeja borracha, está a un par de calles de aquí. Sirven buena cerveza y mejor ron. Y son generosos con la comida.

Los dos piratas caminaron cinco minutos por la isla hasta llegar a la taberna. Desde fuera parecía idéntica a la última vez que el habitante del mar la había visto, sin embargo, por dentro era totalmente nueva. Los sillones y taburetes tenían otro tapizado, uno beige clarito, y parecían bastante cómodos. La encimera de la barra tenía brillo y un color burdeos, y la decoración era del estilo de un bar punk, aunque quizá poco cargado.

Al llegar, Ryuu pidió una pinta de cerveza, y Luka se apuntó al carro pidiendo lo mismo. La verdad es que el tiburón no conocía al camarero, pero al ver el semblante de éste cuando tomó nota, sí que debía conocer al pirata.

- Pues parece que te ha salido muy bien -comentó con una sonora carcajada-. Es curioso cómo en algunas islas predominan ciertos oficios, ¿no? Pasa lo mismo con los carpinteros de Water Seven, por ejemplo. Yo pensaba que los nacidos en Wano tenían un don para usar esos chismes -comentó haciendo alusión a la katana-, pero no para fabricarlas.

Justo tras su última palabra, el camarero trajo las dos pintas acompañadas de una ración de patatas fritas y otra de humus con pan.

Antes de dar el primer sorbo a la cerveza, el tiburón se sacó un par de pastillas del bolsillo, y le tendió una al semigyojin.

- Si te tomas esto antes de irte a la cama, mañana no tendrás resaca.

Y entonces, propuso un brindis en el cual parte de su cerveza cayó sobre el humus. Tras beber un par de tragos, Ryuu sintió curiosidad por lo ocurrido con Marcus. Y el rostro del tiburón se torció. No era ningún secreto lo que pasó en aquella guerra, y probablemente cualquier gyojin de la isla le pudiera contar lo mismo que él, pero quizá no desde la misma perspectiva. Así que, tras beberse la mitad de la cerveza de un trago y pedir otras dos, Luka se confesó ante su nuevo compañero.

- No te aburriré contándote cómo fue mi vida antes de ser pirata. Pero te lo resumiré brevemente. Crecí en el distrito gyojin, durmiendo en la calle y peleándome para ganar algo de dinero. Hasta ahí es una historia normal, propia de la pobreza del mundo. Pero entonces empecé a desarrollarme, gané músculo, entrené en el dojo con Tom, peleé con gente incluso diez años mayores que yo… Y empecé a hacerme un nombre en la isla. Antes de irme, ayudé a frenar bastantes saqueos de humanos aquí, y después me uní a una banda cuyo único fín era el de tumbar barcos de humanos que intentaban acceder a la isla. Y… tras ello salí al mar. Formé parte de los Arashi, peleamos contra todo dios, y una parte del mundo era nuestro. Peleé contra un vice-Almirante, meé sobre un Almirante, y me interpuse entre un Yonkou y mi capitán sin importarme lo que pudiera suceder. Y fruto de esa temeridad… Pasó lo que pasó en aquella guerra. Los Arashis nos dimos un tiempo, y decidí entrenar aquí. Y un día… El capitán de uno de los barcos que años atrás habíamos impedido entrar en la isla vino para vengarse. Y lo hizo con diez embarcaciones. En aquél entonces teníamos buenos contactos con Sahaboday, y nos chivaron con un par de horas las intenciones de aquella gente. ¿Y quién decidió que era buena idea plantarles cara? Toda la isla quería huir, llevarse sus bienes y volver un par de días después. Pero no, Luka no huye, y su cabezonería mató a cientos de sus hermanos -comentó casi sin inmutarse y bebiendo de nuevo. Con el tiempo había aprendido a no mostrar mucho sus sentimientos, pero no mentiría si diría que tenía ganas de llorar-. Me puse en primera línea. Tom, Luk, y yo. Probablemente los tres mejores guerreros de la isla allí presentes, y cuando vimos el primer barco llegar, pudimos con él prácticamente solos. Pero después vino el segundo, y el tercero, y el cuarto… Y así hasta diez, casi todos a la vez.

Luka dejó de hablar unos segundos, recordando aquél instante y pidiendo un ron cargado para intentar olvidar. En su cabeza no podía quitarse aquellos recuerdos, y por un momento pensó en no terminar la historia. Pero tenía que hacerlo.

- Acabé exhausto, sin poder moverme del suelo. Los músculos no me respondían, y solo podía ver sangre por un lado y por otro. Algunos miembros mutilados, gente llorando… Lo peor de una guerra, supongo. Costó más de dos meses limpiar la sangre del asfalto. Llevó casi cuatro restaurar la plaza donde tuvo lugar la masacre, y eso que todos los gyojins de la isla colaboraron. Conseguimos un botín impresionante cuando examinamos los barcos, pero a qué precio… Cuando nos vayamos, pasaremos por esa plaza, y podrás hacerte a la idea de todos los caídos viendo la estatua que nos hicieron a Tom y a mí, donde abajo aparecen todos los caídos. Qué curioso, ¿verdad? En esta vida no dejamos de ser héroes para algunos y villanos para otros. Y cada vez que recuerdo esta historia, no puedo evitar sentirme el peor villano de todos.
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Mensaje por AEG93 el Vie 5 Jun 2020 - 12:45

El samurái decidió confiar en Luka y aceptar la pastilla que le ofreció antes de comenzar a beber. El tiburón había mostrado hasta el momento ser un tipo honesto y de fiar, por lo que no dudó de él cuando le aseguró que esa píldora evitaría que la mañana siguiente tuviese resaca. Acto seguido tomó un trago de su cerveza y escuchó la historia que su compañero le contó con atención. La melancolía con la que hablaba era contagiosa, y poco a poco Ryuu fue sumergiéndose en la historia hasta que, cuando terminó, posó su mano sobre el hombro del gyojin y le dijo:

- Entiendo que te duela no haber podido evitar que algunos murieran, pero tienes que pensar que salvaste a muchos más. Si ellos se quedaron en la isla no fue por tu culpa, tú solo cumpliste con tu papel como guerrero luchando con valentía contra tus enemigos. En absoluto eres un villano, amigo.

Ahora entendía mucho más al tiburón, tenía otra perspectiva diferente de su forma de ser. El samurái era consciente de que aquel gyojin se había convertido en un amigo, no solo en alguien junto a quien debía completar una tarea concreta. Ambos continuaron toda la noche bebiendo y charlando, y Ryuu le habló acerca de sus intenciones de rescatar de algún modo a su padre de Impel Down, donde llevaba cuatro años prisionero. Si es que seguía vivo, claro.

Ya salía el sol cuando el semigyojin se acostó, y apenas se tumbó sobre la cama cayó profundamente dormido. Cuando despertó era ya por la tarde. Sorprendentemente lo que Luka le había prometido era cierto, y no notaba absolutamente nada de resaca. Cuando se reunieron se lo dijo, dándole la enhorabuena por aquel fantástico remedio. Después acudieron al lugar donde Rod Thorne había comenzado a realizar la obra de lo que iba a ser el templo de Joy Boy. Una vez allí Ryuu le preguntó cómo podían ayudarle. De algún modo tenían que matar el tiempo hasta el gran discurso público, que tendría lugar dos días después.

- Por ahora podéis ir cavando en las líneas pintadas en el suelo y ayudando a transportar materiales. - Le contestó el arquitecto, agradeciendo su oferta.

Asintiendo, el joven comenzó a trabajar. De ese modo, el éxito de la Rebelión estaría un poco más cerca. Ya faltaba menos para el momento decisivo.
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Mensaje por Luka Rooney el Vie 5 Jun 2020 - 16:17

Ryuu no solo tenía siempre buenas palabras, sino que también sabía escuchar. Y mejor aún, consolar. Era lo que necesitaba el habitante del mar en ese momento, alguien que le quitase de encima la idea de que había sido un villano. Alguien que viese todo lo positivo como él lo había visto. Y aquél gesto solo pudo traer de nuevo al Luka normal, que respondió con una sonrisa y con un golpe en el hombro de su compañero.

Cuando ya llevaban varios tragos de más, el gyojin escuchó a su nuevo amigo contar historias y sueños por cumplir. Uno de ellos le llamó especialmente la atención, el samurai estaba pensando en rescatar a su padre de Impen Down, ni más ni menos. Luka no pudo evitar reirse, y empezó a dar palmadas como un loco sobre la mesa.

- Yo me apunto. Te conozco de dos días, y no sé a quién pretendes salvar, pero me apunto. Estos son el tipo de cosas que a mí me gusta hacer, y siempre me frenaban las alas. Es más, te voy a dar algo -el gyojin miró entre su mochila y le entregó un Den Den Luka-. Marca cuando lo necesites, y acudiré.

Quizá visiblemente afectado por el alcohol, y puede que también por las emociones vividas en los últimos minutos, el tiburón le había hecho entrega de uno de sus teléfonos a alguien que acababa de conocer. Pero es que el vínculo que había creado con él era tan fuerte, que la ocasión lo merecía.

Cuando el luchador había perdido la cuenta de las copas y había pagado una cuenta estratosférica, se marchó hacia el distrito gyojin. Probablemente no fuera consciente de nada de lo que pasaba a su alrededor, pero había logrado tantas veces volver a casa tras una gran borrachera, que había aprendido el camino de manera incosciente. A mitad del camino se acordó que estaban en la pensión “Globos”, así que paró cuando llegó y señaló, mirando a Ryuu. Cada uno tenía una habitación, y por razones que desconocía les tocó pisos distintos. Luka estaba en el dos y Ryuu en el uno. Se despidió de su amigo tomándose la pastilla y se echó a dormir, tardando unos simples segundos en alcanzar un sueño profundo.

Ya por la tarde el gyojin, tras una larga ducha y ponerse ropa cómoda bajó hasta la entrada, esperando a su compañero. No tardó mucho en llegar, y lo primero que hizo fue darle las gracias por la pastilla anti-resaca, algo que el pirata sabía que haría. Sonrió y le susurró unas palabras que no sabía muy bien cómo se tomaría el semigyojin.

- Tengo algunas más que tienen otros efectos, cuando quieras experimentar algo, seguro que tengo lo que buscas.

Y tras la proposición, ambos marcharon hasta una de las zonas cercanas al almacén donde habían tenido la primera reunión. Allí estaba el arquitecto, organizando todo para empezar. Ryuu se ofreció voluntario, y al tiburón no le quedó otro remedio que hacer lo mismo.

Utilizando su Gyojin Karate, Luka creó cuatro brazos acuáticos en su costado, y cogió una pala con cada par de ellos. Mientras un obrero mojaba la tierra, el gyojin empezó a ahondar en la tierra con sus tres palas. Una vez consiguiera lo que Thorne quería ayudaría con cualquier otra tarea. Sorprendentemente le estaba gustando, por lo que al día siguiente se apuntaría también. Además, Thorne había puesto un par de mesas para comer, y hacer nuevas amistades en la isla no se antojaba un mal plan.
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Mensaje por AEG93 el Dom 7 Jun 2020 - 11:58

Tras dos días trabajando a destajo los avances en la construcción fueron más que notables, en parte gracias al gran esfuerzo de Luka y Ryuu, quienes trabajaron más que nadie. En particular el tiburón, con su descomunal fuerza y los brazos extra de agua que creó, rendía más que diez obreros juntos.

Finalmente el día del gran discurso llegó, y el semigyojin se dirigió hacia el lugar indicado. La plaza del Distrito Gyojin estaba irreconocible, con un pequeño escenario en su extremo norte desde el que Pérez Troita daría su discurso. Cuando Ryuu llegó, pese a que aún faltaba una hora para el momento indicado, ya se habían juntado más de cuarenta personas allí, y poco a poco el número de asistentes fue creciendo hasta que, minutos antes de comenzar, no cabía un alma en la plaza. El líder de la Rebelión no cabía en sí de gozo ante la enorme afluencia de gente, y así se lo agradeció al samurái y al tiburón. El primero de ellos le guiño un ojo y, con tono alegre, le contestó:

- ¡Encantados de ayudar a la causa! Eso sí, si al pago quisieras añadir un entrenamiento personal de Kárate Gyojin contigo estaría genial.

Pocos minutos después el discurso dio comienzo. Ryuu, situado en el extremo derecho del escenario, miró a Luka, que ocupaba la posición opuesta. Su presencia allí tenía la intención de hacer ver que había gente importante, conocida y poderosa dentro de la Rebelión, personas a los que los hombres de a pie pudieran identificar y seguir fácilmente. Pero pronto Troita se convirtió en el centro de todas las miradas. Habló acerca de la honradez y la valía del pueblo gyojin, de cómo durante siglos habían sido en ocasiones duramente discriminados pero aún así jamás habían perdido su orgullo. De cómo en los últimos años la relación entre gyojin y humanos se estaba recuperando lenta pero progresivamente y, finalmente, de cómo el golpe de estado perpetrado por la infame Hipatia Stix y su prometido, el revolucionario Augustus Makintosh ponía en riesgo solo eso. Y no solo eso, sino la libertad, la justicia y la misma existencia del pueblo gyojin. Definitivamente era algo que no podían tolerar.

El discurso seguía su curso tranquilamente cuando el joven samurái vio algo que le llamó la atención. Un extraño y tenue brillo proveniente de la parte central del escenario. Uno de los cuatro gyojin más cercanos a Troita, que en teoría debían actuar como sus guardaespaldas, había sacado de su manga con gran disimulo un pequeño cuchillo. En ese momento todos los sentidos de Ryuu se dispararon. Acumuló agua en las plantas de sus pies para, en apenas un instante, salir disparado a tal velocidad que el ojo humano no era capaz de seguirle mientras llevaba su mano izquierda al pomo de Kirisame y la derecha a la vaina.

Pero el tipo también comenzó a moverse a gran velocidad y casi sin hacer ruido. Todo ocurrió en décimas de segundo. La katana de Ryuu chocó contra la daga de aquel gyojin calamar que, en cuanto vio que su ataque había sido detenido, escupió un chorro de negra tinta al rostro del samurái y le asestó una puñalada en el costado. Este, incapaz de ver prácticamente nada, no pudo defenderse de ella y la recibió directamente, logrando tan solo adaptar ligeramente la posición de su cuerpo para amortiguar un poco sus efectos.

Cayó, teniendo que apoyar la rodilla derecha en el suelo, pero se negó a rendirse. Haciendo un esfuerzo descomunal y chillando de dolor se puso nuevamente en pie, decidido a enfrentar al traidor. Para ello se concentró al máximo hasta que una incorpórea armadura de samurái de color azul apareció en torno a su cuerpo. La tinta había ya caído, por lo que volvía a ver con cierta nitidez. No con total precisión, ya que sus ojos aún tenían que recuperarse, pero sí lo suficiente para ver que otro de los guardaespaldas de Troita yacía muerto ante él.
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Mensaje por Luka Rooney el Lun 8 Jun 2020 - 6:04

Todos los hermanos de sangre se habían dejado la piel trabajando aquellos dos días. Al tiburón le dolían todos los huesos, pero al fin y al cabo había sido por una buena causa, por lo que se limitó a sonreír cuando el resto de los allí presentes hacía bromas con su fuerza.

Y allí estaban ellos, en la plaza del distrito gyojin, donde apenas cabía un alfiler. Habían montado un pequeño escenario donde Pérez Troita daría su discurso, y había nombrado a algunos miembros a subir a su lado. Por un lado los guardaespaldas, por otro Ryuu y finalmente el propio Luka.

El líder de la rebelión se fundió en un abrazo ante los dos gyojins que habían orquestado todo aquello, Ryuu y Luka. Les agradeció lo que habían hecho y les propuso relajarse y escuchar el discurso que venía.

Y el discurso comenzó. El tiburón estaba contento de oír lo que oía, seguro que Pérez no había dormido la noche anterior. Habló sobre honradez, la posición jerárquica de los gyojins, y el maltrato que había sufrido su pueblo durante años. Comentó que tenían que despertar, y que cualquier movimiento como el suyo, lo conseguiría. Se restó algo de importancia durante una parte del discurso, animando al resto de sus hermanos a continuar si algo malo ocurría. Y finalmente, llegó la parte interesante, el derrocar a Hipatia Stix y Augustus Makintosh. Luka sonrió a la par que aplaudía, como si estuviese entre la multitud.

Pero entonces algo se torció. Ryuu estaba en el otro lateral, y el pirata observó cómo se movía a gran velocidad hacia el centro del escenario. Y, al mirar en este, vió cómo uno de los teóricos guardaespaldas tenía una especie de daga o cuchillo sobre la mano. Al mirar al resto de los guardaespaldas, el tiburón percibió cómo el del otro lado sacaba un rifle y apuntaba hacia el líder de la rebelión.

Con una gran agilidad, Luka se desplazó sobre el escenario hasta llegar frente a su rival, un gyojin manta que al verse sorprendido, cambió su objetivo y apuntó hacia el habitante del mar. Pero no fue lo suficientemente rápido, y cuando se encontraba a una distancia cercana, el tiburón agarró con fuerza la muñeca de su rival y la desplazó hacia arriba, evitando que sus disparos diesen en el objetivo. Pero entonces, a su espalda se produjo otro disparo, y cuando el pirata quiso mirar, el tercer guardaespaldas había asesinado al cuarto.

Volviendo a su combate, el rival que tenía delante había aprovechado la distracción del disparo para agarrar una nueva pistola con la otra mano, con la cual disparó en dos ocasiones a quemarropa contra el estómago del gyojin, que recibió los dos impactos de lleno. La sangre empezó a manar por su cuerpo, y la ira se apoderó de él. Apretó con más fuerza aún la muñeca del gyojin manta mientras agarraba la segunda con la mano libre, y no cesó hasta oír los huesos romperse. Tras ello, golpeó con la rodilla el estómago de su rival, y una vez éste se dobló ligeramente, lo agarró del cuello y lo alzó, mostrándolo ante la plaza. Quiso hablar, dar un mensaje a su pueblo, pero no pudo. El reciente disparo lo había dejado casi sin aire, así que se limitó a lanzar el cuerpo ante la plaza para que los demás hiciesen el resto. No estaba de más que todo el mundo se uniese a aquello. Y finalmente giró el cuello, observando al tercer guardaespaldas, que lucía algo más nervioso que al principio, y apuntaba a Pérez y a Luka.

Con un fuerte impulso, el tiburón se abalanzó sobre él, placándolo y haciéndole que soltara el arma. Con los dos en el suelo, golpeó su cara un par de veces y miró a Ryuu, invitándole a que se uniera cuando ya acabara con su víctima.
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Mensaje por AEG93 el Mar 9 Jun 2020 - 5:36

Pese a que no tardó mucho en recuperar la visión, dado que la tinta del calamar cayó pronto por su propio peso, los ojos le picaban. Cuando el asesino se lanzó nuevamente al ataque el samurái bloqueó su estocada sin mucha dificultad. Sin embargo una intensa punzada de dolor en el costado le obligó a encorvarse y llevarse la mano derecha a la herida, momento que aprovechó su enemigo para echar a correr hacia Troita buscando asesinarle.

Ryuu, sacando fuerzas de flaqueza, se sobrepuso al dolor y trazó un veloz arco con su arma. De esta nació una onda cortante que avanzó con rapidez y en apenas un instante recortó la distancia que le separaba del asesino, alcanzándole en la espalda. Su grito de dolor y agonía llenó el ambiente mientras caía al suelo. Pocos segundos después dejó de moverse.

El semigyojin entonces envainó su espada y, pese al gran dolor que sentía y la pérdida de sangre, se irguió cuan largo era y estiró su brazo izquierdo hacia arriba, con el puño cerrado en alto en señal de resistencia frente a la tiranía. Su brazo derecho, doblado en ángulo recto, estaba situado de forma que el antebrazo presionara la herida recibida, tratando de minimizar la pérdida de sangre. Se encontraba ligeramente mareado, pero aguantó. Todas aquellas personas habían acudido allí por un motivo, luchar por la libertad, y ellos no podía  fallarles.

Luka había dado cuenta de los otros dos sicarios que, con total seguridad, habían sido enviados por Hipatia para acabar con el líder de la rebelión. Un intento fallido que con toda probabilidad daría aún mayor empuje a su causa. La tirana se sentía amenaza y había intentado clavarles una daga en el corazón antes de que se diesen cuenta, pero habían desbaratado su intento. La guerra era inminente. Eso si, una vez finalizara aquel evento multitudinario iba a necesitar asistencia médica si quería estar listo para ella.
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Mensaje por Luka Rooney el Mar 9 Jun 2020 - 8:35

El tiburón volvió a ojear a su compañero y le vió con el puño en alto, ajeno a todo lo demás, mientas de algún lugar de su torso manaba una gran cantidad de sangre. Preocupado, el habitante del mar terminó por golpear con más contundencia aún al rival que tenía sobre el suelo hasta dejarlo inconsciente y se tapó las heridas del estómago con su chaqueta, aunque pronto esta fue cogiendo un color rojizo. Tras ello, corrió hacia Pérez y Ryuu. Aprovechó cómo la multitud estaba aplaudiendo para unir a los tres partícipes de lo que era aquella revolución. Por un lado, Pérez cogió con su diestra el puño de Luka, mientras que con la siniestra cogió el de Ryuu.

La multitud estalló celebrando aquello como un triunfo ante un vano intento por parte de la corona por frenar lo que realmente parecía imparable; Una revolución como nunca antes la hubo. Luka agradeció el discurso de Pérez Troita y agarró a Ryuu mientras le susurraba algo.

- Que nadie te vea débil. A mi me han herido también, pero para esta gente tenemos que seguir siendo superhéroes.

Tanto el gyojin como el semigyojin salieron del lugar, despidiéndose de todos los allí presentes. Luka sentía un fuerte dolor en la zona de los dos disparos, mientras que Ryuu parecía estar mareándose por momentos. Juntos llegaron hasta la casa de Luka, una gran mansión que un amigo de la infancia había construido. Allí tenía un pequeño cuarto que usaba como enfermería. Hizo que Ryuu se tumbase allí y empezó a mirar sus heridas. Sin duda la más peligrosa era la del costado, por lo que fue la primera que trató. Mientras lo hacía intentó sacar algo de conversación para evitar que Ryuu se desmayase.

- Has estado bien ahí, ¿eh? Será importante que estemos más atentos la próxima vez. Y más aún si al final esto se convierte en una guerra.

Cuando el pirata trató al herida de su compañero, fue hasta el estante donde tenía los colirios, y tras indagar sobre algunos de ellos, cogió un frasco y le echó un par de gotas en cada ojo. Finalmente, le llevó hasta la cama de invitados y le invitó a descansar un rato. Mientras tanto, se trataría sus propias heridas y tras ello el tiburón iría a dormir a su habitación.

Aquellos días habían dado para mucho, pero parecía que lo más importante estaba al llegar.
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