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[Misión Épica - Paraíso] El ataque de los dinosaurios mutantes del espacio

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Mensaje por StaffOPD el Jue 11 Jun 2020 - 22:49

Contratante: Vicealmirante Con D. Oriano

Descripción de la misión: No sabíamos lo que eran esas gigantescas embarcaciones hasta que abrieron las compuertas. Grandes puentes de metal alcanzaron los muros del cuartel del G-2 y liberaron una horda de dinosaurios mutantes. Lo que es peor, parece que a muchos de estos los habían mejorado con implantes ciborg o directamente tenían puestos con piratas disparando desde ellos. Ya han asediado el muro Sur, se están adaptando a las armas que usamos y no sabemos si duraremos más. Solicitamos ayuda urgente.

Objetivos secundarios o alternativos: Hundir las embarcaciones para que no escapen.

Recompensa: Medalla al mérito de ser marine o 70.000.000 de no serlo. De cumplirse el objetivo secundario os presentaremos a Charles Offensten, apodado Midas, el entrenador estrella de la marina, quien os ayudará a desarrollar una técnica épica propia.
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Mensaje por Iulio el Jue 18 Jun 2020 - 3:41

Surcábamos el mar a lomos de la Madre Loba, pues así se llamaba el barco del capitán Zor-El. Había tenido que abandonar mi no demasiado cómodo asiento sobre un barril situado junto al palo mayor, pues las columnas de humo habían revelado la posición del cuartel del G-2 mucho antes de que la extensión de tierra que ocupaba fuese distinguible a lo lejos.

El aviso... No, el mensaje de socorro del vicealmirante Con D. Oriano nos había llegado hacía ya varios días y, para mi desdicha, habíamos tenido que partir inmediatamente por orden directa del lagartijo. Hasta para mí, alguien casi permanentemente afiliado a la pereza y la desidia, resultaba evidente que los estremecedores sucesos que se estaban desarrollando en torno a aquellos marines no admitían dilación alguna.

Lo cierto era que la información de la que disponíamos era cuanto menos perturbadora. Dinosaurios modificados de tal modo que podían poner en serios aprietos a una base de la Marina al completo... No sólo eso, sino que debían haber sido domesticados por algún criminal con unas dotes impresionantes, ya que la petición de auxilio afirmaba sin lugar a dudas que también servían como aterradores transportes para quienes habían hecho de la fortificación su objetivo.

Era probable que el muro Sur hubiese caído ya, pues no sabía hasta qué punto habrían podido defenderlo ante semejante amenaza. De cualquier modo, conforme nos fuimos acercando quedó claro que en aquellos momentos debían encontrarse en una de los numerosos momentos de paz que acontecían durante las batallas; mucho más cuando se prolongaban tanto en el tiempo.

Alcanzamos la base por el extremo norte, el contrario al que había sido elegido para el ataque. Tal vez mostrase más vulnerabilidades, pero aquel detalle era algo que los arquitectos del Gobierno Mundial tendrían que encargarse de analizar cuando aquello acabase ―si es que lográbamos que lo hiciese bien para la Marina―.

Los uniformados de bajo grado que habitualmente se encargaban de las recepciones no se encontraban allí, pues todo indicaba que hasta la mano más inútil podía resultar relevante en aquella situación. Por el contrario, la contralmirante Maseda fue la encargada de recibirnos junto a dos oficiales de menor graduación que ella. No tardó en informarnos de que el vicealmirante no había podido recibirnos en persona al encontrarse planificando la nueva defensa que a todas luces estaba a punto de comenzar.

Tampoco resultaba un problema, pues nosotros no estábamos acostumbrados a la forma de proceder de aquella gente. Desconocíamos qué clase de maniobras acostumbrarían a poner en práctica, de modo que terminaríamos resultando un estorbo más que una ayuda si nos incorporásemos a las mismas. No. Estábamos allí como solución radical, como efectivos destinados a romper por completo cualquier idea que el enemigo se hubiese formado en torno a la forma de proceder de los asediados. Y es que el vicealmirante afirmaba que parecían estar adaptándose a sus contraofensivas.

―Acaban de traspasar el muro Sur, pero los hemos conseguido contener en los pasillos más cercanos al exterior. En algunas zonas se ensanchan y forman pequeñas plazas, pero es cuestión de tiempo que pasen las defensas que hemos establecido en la zona. Parece que han venido con la intención de quedarse, porque los barcos que trajeron a esos monstruos se han quedado anclados frente a las puertas. Si conseguimos salir de ésta tenemos que asegurarnos de que no escapen. Desconocemos si hay más dinosaurios a bordo, pero es mejor prevenir que curar. Sospechamos que pueden haberlos capturado en Little Garden antes de convertirlos en máquinas de matar mecánicas, pero no hay nada confirmado.

Mucha información de golpe, pero el contexto no se prestaba para otra cosa que no fuese optimizar el tiempo, de modo que asentí y apreté el paso para seguir el ritmo de los demás marines. Observé a Eric durante un momento, considerando si se alegraría de que semejante asalto hubiese tenido lugar. Dudaba que el "Eric, rompe" volviese a gozar de mayor respaldo por nuestros superiores que en aquella ocasión.
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Mensaje por Eric Zor-El el Vie 19 Jun 2020 - 21:37

El salvaje estaba molesto por la misión que le habían encomendado. No solo le habían interrumpido su día de merecido descanso, después de una larga semana instruyendo a ineptos que no sabían lo que era un simple Akilupo o un Olilaboa, sino que le habían llamado porque esa vez si necesitaban a alguien de métodos poco ortodoxos. ¿El significado de eso para Eric? No lo sabía. Pero no le gustaba que usaran con él palabras tan complicadas.

Junto al Mayor bombilla se subieron en el ilustre navío de Eric, la Madre Loba, y pusieron rumbo al G-2. Por lo que le habían dicho aquello estaba siendo un caos, repleto de lagartos gigantes que lo destrozaban todo y piratas. Apenas habían pasado unos pocos días, cuando varias columnas de humo se pudieron ver en el horizonte.

—¿Cuánto quedar para llegar a cuartel? —preguntó Eric a uno de sus hombres con voz seria

—Si seguimos con esta velocidad, capitán… —hizo una pequeña pausa para pensar—. En veinte minutos estaremos allí. Tal vez menos.

—Querer llegar en quince, ¿entender, soldado?

—Pero capitán…

—No aceptar no por respuesta —le interrumpió—. Las vidas de tus hermanos compañeros estar en juego. Yo participar en muchas guerras, y si piratas atacar directamente a nosotros, la marina, es porque estar seguros de ganar —alzó la mano y señaló a la cabina del timonel—. Así que decir a hombre de timón que aumentar velocidad. Sino, tener que volver conmigo a bosque de animales grandes y a vosotros no gustar eso, ¿verdad?

En los ojos de Eric pudo verse malicia, mientras en su cara dibujaba una sonrisa sádica. En el fondo le gustaba poner al límite a sus soldados, pese a que eso no le trajera buena fama. Quería prepararlos para cualquier evento extraño y oscuro que pudiera ocurrir, y eso implicaba tener que ser muy exigente.

Dejando a un lado la forma tan extraña que tenía de instruir a los marines que les habían encomendado por su rango, cuando el barco llegó a la zona norte de la isla se acercó a Iulio para bajar del barco. Como le había aconsejado Zuko, sobre su poncho llevaba su gran chaquetón de capitán, posado sobre sus hombros de tal manera que no se callera con ningún movimiento al caminar, pues llevarlo encima le daba más autoridad en aquella batalla. No obstante, pese a que eso fuera cierto, Eric solo hacía caso a quienes los merecía. ¿Desacato a la autoridad? Podría decirse que un poco.

—¿Cuántos hombres tener en zona sur? —preguntó el salvaje sin andarse con rodeos.

—Dos pelotones comandados por el comandante Lerman en los flancos izquierdos y derecho, y una sección como núcleo del ataque comandados por mi mano derecha, la capitana Melisa Sabattini.

—¿Y tú porque no estar allí? —inquirió, clavando una fría mirada sobre el contraalmirante—. Usted tener casi mismo rango que lagar… que Vicealmirante Zuko. Su deber es estar en primera línea. No aquí llorando como infante.

—Modere su forma de hablar, capitán Zor-El —El tono de voz del contraalmirante cambió a uno muy serio. Parecía que le había molestado las palabras de Eric, pero muy en el fondo sabía que tenía parte de razón—. Alguien debe planear los asaltos y cómo defender el cuartel. Si no lo hago yo, no puede hacerlo nadie.

—Vamos, tu ser un roedor de librería, ¿no? —Dijo Eric—. Bien. Poner a nosotros al día con todo. Luego, Iulio y yo ir a atacar. Y no. A mí no gustar planes tácticos. Yo ser más de golpear.
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Mensaje por Iulio el Lun 22 Jun 2020 - 19:55

¿Infante? ¿No sería más apropiado decir infanta? Tal vez Eric no fuese el mejor orador del mundo, pero acertaba a distinguir entre hombre y mujer a la hora de hablar. Tuve que dedicar unos segundos a contemplar las facciones de quien nos había recibido para descubrir que quien se había equivocado había sido yo. Una figura extremadamente esbelta, angulaciones suaves en su rostro y su larga melena, unido todo a ello a una voz ciertamente carente de gravedad, me habían confundido por completo. Era el vicealmirante Maseda, no la vicealmirante.

De cualquier modo, nuestro superior no tardó en cumplir las exigencias de Eric y ponernos al día. Omitió deliberadamente los detalles técnicos del dispositivo de defensa organizado, respetando con cierta molestia el práctico enfoque que el zarvahe hacía. Lo cierto era que a mí me interesaban sobremanera, pero no ostentaba el mando y debía aguantarme con lo que me tocase.

―Como os decía, el resumen es que el cuartel está a punto de caer. De hecho el vicealmirante ha comenzado a considerar la estrategia que deberíamos seguir para abandonar la base con el menor número de bajas posibles. Cuando enviamos el mensaje de socorro nos hicieron saber que probablemente los refuerzos no llegarían a tiempo, así que nos pusimos en el peor escenario posible. No sé si tan pocos efectivos serán suficientes, de cualquier modo ―expresó sin un ápice de acritud o reproche en su voz, albergando lógicas dudas acerca de cómo se desarrollarían los acontecimientos―. En fin ―Apretó el paso―, visto que no queréis perder ni un segundo ―Tampoco es que pudiésemos― os llevaré hasta la acción.

Nos guió por los pasillos y corredores que conformaban un laberinto, causando que me perdiese irremediablemente y que me llegase a preguntar si estaríamos dando vueltas en círculo. No, no podía ser. Si el contralmirante nos conducía por aquella zona era porque debía ser la ruta más rápida para llegar a nuestro destino.

Efectivamente, rugidos provenientes de otro tiempo, disparos y explosiones no tardaron en golpear nuestros tímpanos. Todo apuntaba a que los piratas habían vuelto a la carga, buscando no dejar ni un segundo de respiro a quienes defendían las instalaciones de la Marina. Maseda volvió a acelerar en cuanto el primer sonido llegó hasta él, llegando a jadear levemente antes de detenerse frente a un gran arco cercano al estruendo.

―En cuanto lo crucéis sólo encontraréis caos, muerte y unas criaturas que parecen salidas del mismísimo infierno. Mucha suerte ―se despidió―; yo iré a continuar organizado la defensa. ―Y se marchó sin mediar ni una palabra más, escoltado por sus hombres de confianza y volviendo a desaparecer en los pasillos.

No esperé a perderlo de vista y crucé el arco. Conducía hasta un segundo nivel cuyo centro, carente de suelo, permitía observar a la perfección lo que sucedía bajo nosotros. Tal y como nos habían descrito, grandes animales cuyo tamaño sólo era comparable a la estancia que los albergaba desfilaban en formación mientras criminales disparaban desde sus lomos. Los marines de la base del G-2 habían dispuesto barricadas que a duras penas retrasaban su avance. Estos últimos abrían fuego sin descanso, pero los elementos metálicos de aquellas criaturas actuaban como protección y aseguraban el avance de las fuerzas enemigas del orden. Por si no fuese suficiente, los pasillos que conducían hasta allí desde la zona sur del cuartel transportaban un infernal sonido, uno que garantizaba que había más como aquellos.

―¿Y bien? ―pregunté. Eric no se dejaba llevar excesivamente por los formalismos de la Marina, de modo que habitualmente no ponía inconveniente si me dirigía a él de un modo cercano y obviando los "señor", "a sus órdenes" y demás fórmulas habituales.
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Mensaje por Eric Zor-El el Jue 25 Jun 2020 - 1:11

Aquel contraalmirante, que para el salvaje había pasado a llamarse roedor de librería, narró con todo lujo de detalles el estado en la que se encontraba la base. La situación les había llegado a pensar en abandonar la base, y eso es algo que enfado a Eric. No dijo nada, pero con la mirada que clavó sobre el marine no hizo falta. En la cabeza del salvaje no cabía la idea de retirada o abandonar el asentamiento sin luchar hasta la muerte. ¿Qué se puede huir y luego volver? Sí. Pero el factor campo siempre era una ventaja que no debía de perderse.

Les indicó como llegar a la zona de batalla, pero las columnas de humo y los alaridos eran las únicas indicaciones que necesitaba Eric; y luego se marchó a pensar una estrategia.

Llegaron a una gran explanada repleta de escombros y franjas de tierra cavada protegidas con placas de metal. En los libros de estrategia militar había leído que se les solían llamar trincheras, aunque para él no tenía sentido meterse en un boquete en la tierra en lugar de atacar de frente. Desde allí podía verse gigantescos monstruos, en cuyos lomos había maleantes disparado armas de fuego. «Op’liuyihje», que en su idioma natal significaba «malditos tiradores».

—Primero tener que encontrar a vicealmirante —respondió Eric, cruzado de brazos y contemplando el percal—. El tener mismo cargo que lagarto, ¿no? Porque no atacar de frente. Ellos ser grandes, pero nosotros ser más numerosos. Si conseguir poner bajo sus pies, seguro que lagartos gigantes no poder atacarnos bien, y una vez allí golpear hasta morir, ¿no crees? —le preguntó a Iulio.

Una vez Iulio le respondió se adentró en una de las trincheras y se puso a buscar al vicealmirante. Todo el suelo estaba plagado de marines heridos, con extremidades de menos y con muchas quemaduras. Todos les indicaron que fueran a la trinchera central, en cuyo interior, en una especie de piso inferior, se encontraba el vicealmirante Con D. Oriano. Era una estancia pequeña, de apenas tres metros cuadrados, con una mesa con varios mapas y un par de den den mushis.

Al contrario que los soldados, el hombre no parecía tener ni una herida de combate reciente, y eso mosqueó a Eric.

—¿Tú ser vicealmirante? —le preguntó.

—¿Vosotros sois la única ayuda externa que nos han mandado? Necesitamos a un maldito pelotón, no al salvaje del poncho y su amigo el de la túnica —comentó. Mirando con decepción a los dos integrantes de los Justice Riders—. Y sí. Yo soy el vicealmirante Con D. Oriano, pero podéis llamarme Oriano.

—¿Y qué hacer que no combatir de frente contra monstruos, orinal?

—¿Qué me has llamado?

Entonces, una luz de emergencia empezó a parpadear en aquella improvisada estancia. Uno de los caracoles sonó y avisó de que estaban atacando desde el costado diestro. Un dinosaurio de los grandes, a los que llamaban alfa como nombre en clave.

—Creo que vamos a tener que pedir la retirada… —comentó Oriano por el aparato.

Pero entonces, Eric se lo quitó de las manos.

—Aquí Eric Zor-El, caudillo de la marina del gobierno mundial y heredero del clan del Lobo. Nada de pedir retirada. Decir a vuestros hombres que esperar. Iulio y yo ir allí para acabar con monstruo —Y colgó—. ¿Preparado bombilla? Es hora de hacer caer a primer monstruo.
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Mensaje por Iulio el Jue 25 Jun 2020 - 17:42

―Suena bien, pero no creo que sea tan fácil ―respondí ante la simple y directa iniciativa del de pelo blanco. Estaba habituado a sus planteamientos sencillos, aunque no por ello menos efectivos, por lo que desde el primer momento había tenido claro que terminaríamos zurrándonos ―posiblemente en solitario― con los asaltantes que pretendían hacerse con el control de las instalaciones militares.

Mis cejas se alzaban un poco más con cada palabra que salía de la boca de Eric, aunque no tanto como las del vicealmirante Oriano y sus subordinados. Yo estaba acostumbrado a aquella actitud, así como el resto de la brigada, pero probablemente aquellas personas jamás hubiesen asistido a una manifestación más evidente de flagrante insubordinación. ¿Que Eric llevaba razón? Eso estaba claro, pero por desgracia en muchas ocasiones el buen juicio no era lo que primaba a la hora de actuar en la Marina.

El zarvahe le arrebató de las manos el Den Den Mushi al oficial al mando del G-2, informando a quienes se dejaban la piel por defender la base de la Marina de que nos dirigiríamos hacia la zona del conflicto. La moral de las tropas debía estar por los suelos, y una nueva retirada sólo contribuiría a minarla aún más. No. Debíamos dar un paso hacia delante y, visto que quienes llevaban la batuta no estaban demasiado dispuestos a tomar la iniciativa, los encargados tendríamos que ser nosotros.

―¿Cómo que bombilla? ―me quejé, molesto, tras despedirme del mando con un leve movimiento de cabeza y seguir al capitán―. Una bombilla es lo que cuelga del palo ése que no sé de dónde has sacado. Yo soy una persona que brilla de vez en cuando, sin más.

De cualquier modo, mi superior no parecía demasiado dispuesto a escuchar mis palabras o recular en lo referente a su comentario. Tampoco se salía de la norma, así que me limité a resignarme y centrarme en el entorno tanto como él. El sonido nacido del fragor de la batalla se había ido haciendo cada vez más intenso hasta que finalmente habíamos alcanzado el epicentro del conflicto.

Allí, una criatura de proporcionas antológicas y lomo surcado de espinas rugía y barría con su cola a todo aquél que se atrevía a ponerse demasiado cerca. Sobre su espalda, usando como lecho el rosario de letales prolongaciones, se había montado una suerte de tienda desde la que media docena de hombres no dejaba de disparar. Por si no fuese suficiente anomalía, la mitad del rostro de la bestia parecía haber sido sustituida por metal y, del mismo modo, varias placas adornaban la zona de su abdomen.

―Para mí los de arriba, supongo ―comenté tras asegurarme de que los encargados de la defensa de aquel sector nos habían visto. Si no eran testigos de nuestras acciones, si no conseguíamos arrojar un rayo de esperanza sobre su visión de la situación, estaríamos inevitablemente condenados al fracaso―. Dame unos segundos y te podrás acercar sin que nadie te dispare... o eso espero ―comenté para, acto seguido, brillar con fuerza y desaparecer ante los ojos de todos.

Nadie esperaba que volviese a materializarme sobre el contingente de ataque. Los destrozos de las cercanías orientaban a que se habían sufrido ataques más poderosos que ése, a que los enemigos creían tener la situación bajo control y estaban dosificando los efectivos que mandaban al ataque. Probablemente su enfoque de la ofensiva cambiase tras aquello, pero por el momento debíamos deshacernos de la amenaza más inmediata.

Tres láseres nacieron de mis dedos antes de que comenzase a caer sobre los tiradores. La mitad cayeron abatidos, siendo seguidos por un cuarto que no esperaba que el talón de mi mano golpease su cuello con tanta velocidad y potencia. Quedaban dos, pero no podrían disparar mientras yo me encontrase frente a ellos.

―¡Ahora, Eric! ―exclamé, abriendo las piernas para que el bamboleo del dinosaurio no me derribase. Los dos que quedaban plantearon una firme resistencia, valiéndose de sus armas de fuego para dispararme o, en su defecto, golpearme con ellas. Sin embargo, los proyectiles y envites traspasaron mi cuerpo como si éste realmente no se encontrase allí. Debía admitir que la mueca de incomprensión y miedo que aparecía en las caras de mis adversarios cuando aquello sucedía me divertían en cierto modo, pero no podía permitirme el lujo de disfrutar del momento. Los dos tiradores que quedaban en pie no tardaron en caer junto a sus compañeros, dejando a la criatura como único ser capaz de continuar con el ataque. Pero eso era cosa del capitán.
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Mensaje por Eric Zor-El el Jue 25 Jun 2020 - 22:42

—Tu deber tener más respeto por Hulio, mi palo —Bromeó el salvaje, no sin antes dejar su capa de capitán en manos del vicealmirante—. Cuidar capa, que estar nueva y no sé si romper dar otra.

Dicho aquello salió de aquella improvisada sala de mando y puso rumbo hacia el sector más oriental de aquel lugar, o lo que era el costado derecho de todo el sistema defensivo de los marines. Desde lejos podía verse la gigantesca cabeza de un lagarto de proporciones absurdas, con cinco hombres subidos a su lomo disparando a diestro y siniestro.

Las trincheras estaban repletas de gente temblando de miedo, algo que no gustaba para nada al salvaje. «¿En serio se hacen llamar guerreros?», se preguntaba, pensando en lo poco que duraría frente a los bastos animales que poblaban su isla natal. No podían tener miedo de un lagarto por grande que fuera. Ellos eran seres humanos y estaban en la cima de la pirámide alimenticia. También eran el ser más destructivo de la existencia, y tenían que demostrarlo en momentos como ese.

—Tú evitar que yo convierta en colador y yo encargar de lagarto —dijo, mientras subía por una escalerilla hacia la parte exterior de la trinchera.

—¡Es inútil! —le gritó uno de los marines que allí se encontraban. Tenía el cuerpo repleto de vendas, heridas en los brazos, las piernas y la cara, aunque seguramente el cuerpo también se encontrara repleto de magulladuras. Podía ver el miedo en sus ojos, pero el salvaje tan solo se limitó a sonreír—. ¿Qué te hace tanta gracia?

—Tú ver abismo de la muerte a los ojos y tener miedo de caer en él. Tener miedo de morir. Yo mirar a la muerte a los ojos y aullarle como haría la madre loba, pues es ella quien guían mis designios.

Y habiendo dicho eso, accionó el botón de sus botas para que comenzaran a levitar y esperó la señal de Iulio. No habían acordado nada de una indicación, pero llevaban más de una decena de misiones juntos, más de una guerra luchando codo con codo, y conocían perfectamente la forma de batallar que tenía cada uno. Y entonces, le llamó.

Dio un golpe en el suelo y redujo la distancia que había entre él y el lagarto gigante en menos de un segundo, gracias a sus botas con propulsores. Si algo había aprendido de Zuko es que los lagartos eran más débiles por el torso que por arriba, era carne blanda y lo aprovechó con tesón. Concentró el poder de su fruta del diablo en su mano, creando una especie de hipocentro en la que las vibraciones emergían y giraban alrededor de su mano, esperando ser usadas por su portador. Echó el brazo hacia atrás y le propinó un golpe al lagarto, creando una onda de choque que lo levantó un metro del suelo. La onda transmitió por todo su cuerpo las vibraciones que era capaz de crear el salvaje, haciendo que el dinosaurio cayera al suelo.

Una vez allí, gritó con rabia y golpeó en la cara a uno de sus tripulantes, mientras que agarraba al otro por la pierna y lo zarandeaba de un lado hacia el otro, para luego devolverlo a territorio enemigo.

—¡Encargar tú de terminar con vida de lagarto! —Le dijo, sonriente—. ¡Esta noche nosotros cenar rica sopa!

Luego, cogió al primero que golpeó y lo dejó inconsciente de una patada en la siente.

—Tú ser prisionero de guerra.
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Eric Zor-El

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Mensaje por Iulio el Vie 26 Jun 2020 - 1:58

―¿Yo? Yo no pienso acercarme a ese bicho. ―Fue entonces cuando la criatura rugió de nuevo, recuperada tras el golpe de Eric, e intentó erguirse para volver a la lucha―. Ah, no. Yo no me acerco, pero tú a mí tampoco. ―Orienté los canalizadores de luz hacia la bestia, apuntando al lado de su rostro que no estaba cubierto por la superficie metálica. Disparé sin más, provocando que exhalase por última vez antes de pasar a mejor vida.

Eric, por su parte, se había dedicado a golpear a los piratas que aún no habían perdido el conocimiento e informarles a su manera de que pasaban a estar bajo arresto. Tal vez devolver a uno de ellos junto a los suyos no fuese la mejor opción, aunque, bien visto, que contase a su gente que sólo dos hombres habían conseguido tumbar a una de aquellas bestias tal vez nos proporcionase cierta ventaja moral. ¿Acaso habría tenido eso en cuenta el capitán antes de arrojarlo como si de un simple hueso de manzana se tratase? ¿Ocultaba realmente una concepción estratégica y una fría capacidad de análisis bajo una máscara de aparente brutalidad? No, no podía ser. Le había visto comer y sólo una fiera salvaje podría hacerle semejante atrocidad a un muslo de pollo.

―La sopa de reptil te la vas a comer tú, que lo sepas ―comenté mientras volvía a la trinchera. El semblante del vicealmirante lucía notablemente enfadado antes de que nos separásemos, pero confiaba en que se hubiese suavizado después de acabar con la amenaza―. No me acerco a ellos cuando están vivos, así que imagínate la ilusión que me hace comérmelos. Ni hablar.

Efectivamente, Oriano había depositado la capa de Eric junto a él y no abría la boca. Se mostraba enfadado y tan altivo como previamente, pero en cierto modo se podía intuir que había aceptado que tal vez el del poncho y el de la túnica podrían resultar de utilidad. Dejando a un lado ese detalle, a nadie se le escapaba que una base de la Marina jamás podría haber sido asaltada por un único dinosaurio montado por seis tiradores. Los ataques previos debían haber sido mucho más poderosos, temibles y difíciles de repeler. Tenía claro que aquella misión entrañaría más dificultad de lo que cabría esperar dada nuestra intervención, pero ya llegaría el momento.

―Mi superior tiene una cultura un tanto... diferente ―comenté una vez llegamos a la posición del líder del G-2―. Habrá podido comprobarlo, y es algo que tiene tan arraigado que forma parte de él. Por otro lado, su entrega en cuanto al cumplimiento de la ley está fuera de duda y creo que ha quedado claro que sus habilidades pueden ser de gran ayuda. En cuanto al idioma, bueno, algunas palabras le cuestan... De ahí la confusión con el nombre.

¿Que por qué excusaba al zarvahe y explicaba su comportamiento? No me apetecía tener el ceño fruncido de un vicealmirante taladrando mi nuca mientras estuviésemos allí. El rostro del oficial aún mostraba desconfianza, pero cabeceó afirmativamente antes de indicarme con un altanero gesto de mano que nos retirásemos.

***

No tenía ni idea de por qué demonios le habían hecho caso a Eric, pero el hecho era que el plato contenía la esencia del monstruo cuya vida había segado. Clavé mis ojos en la blanca melena de mi compañero y superior, situado junto a mí, en un vano intento de taladrar su cerebro y darle su merecido castigo. ¿Podría lanzar láseres por los ojos? ¿Y si lo intentaba? No, mejor no. Fuera como fuese, la noticia de que los dos nuevos habían acabado con un alfa por sí mismos había corrido como la pólvora. Como consecuencia habíamos tenido que sentarnos en una de las alargadas mesas sin compañía alguna. Las miradas furtivas nos analizaban y recorrían una y otra vez, aunque debía admitir que aquello no era algo que me molestase demasiado.

―¿Crees que si pido algo más normal me lo darán? ―pregunté mientras movía la sopa con la cuchara―. No pienso comerme esto ni aunque me paguen.
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Mensaje por Iulio el Dom 28 Jun 2020 - 23:42

Lo cierto era que el vicealmirante Oriano tampoco tenía planeado dejarnos tiempo para que escogiésemos el menú y, de hecho, tampoco para comer. La mayoría de los allí presentes había engullido con ansia sus correspondientes raciones antes de que el oficial al mando del G-2 decidiese hacer acto de presencia en el comedor. Carraspeó en un par de ocasiones, aguardando a que sus subordinados reparasen en su presencia allí para al fin empezar a hablar:

―Como sabréis, y si no lo sabéis os lo digo yo, hemos pasado las últimas horas considerando la opción de abandonar la base para volver con refuerzos y así poder retomarla. No obstante, salta a la vista que la situación ha dado un vuelco en las últimas horas. ―No nos miró, aunque todos sabían que hablaba de nosotros―. Hasta hace un rato no habíamos sido capaces de abatir a uno solo de esos condenados alfas, y haberlo conseguido ha hecho que nuestros enemigos vuelven a ponerse en guardia. Los informes señalan que una nueva fuerza de combate ha sido organizada más allá del muro sur y que todo apunta a que atacarán en unas horas.

Los murmullos se extendieron entre los oyentes, obligando al vicealmirante Oriano a guardar silencio hasta que la calma volvió a reinar. Entonces nos miró directamente, haciéndonos partícipes y responsables de lo que estaba por acontecer con su simple y recia expresión.

―La huida ha sido descartada tras una larga deliberación, pues no creemos ser capaces de llevar a todos los efectivos a bordo a salvo antes de que nos alcancen. Los últimos acontecimientos nos dan una alternativa de la que hasta ahora no habíamos dispuesto: atacar antes de que ellos lo hagan.
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Mensaje por Eric Zor-El el Miér 1 Jul 2020 - 22:42

La sopa de lagarto estaba era verdaderamente sabrosa, aunque los tubérculos usados para acompañar la carne estaban un poco duros. El salvaje saboreó cada una de las cucharadas, sorbiendo el caldo del plato justo antes de terminar con la carne, la cual desmenuzó con las manos y acompañó con algo de pan moreno.

—Si no querer… —El salvaje cogió el plato de Iulio—. Más pa’mi.

El jefe de la base comenzó a hablar en voz alta, dando un pequeño discurso sobre como en poco tiempo parecía haber cambiado el giro de los acontecimientos. Eric no estuvo muy atento, pero si algo sabía era que los héroes de aquel día habían sido ellos. No solo habían conseguido derrotar a uno de los llamados alfas, que eran los monstruos más poderosos, sino que habían conseguido la cena para todos y cada uno de los marines.

Una vez termino la cena, Eric se quedó pensativo y muy callado, mirando por una ventana hacia fuera de la base. En la mano sujetaba su preciada pipa y un hilo de humo salía de la boca de la misma.

—¿Saber si vicealmirante interrogar a prisionero de guerra? —le preguntó, haciendo una pausa para dar una calada antes de seguir hablando con Iulio—. Porque yo querer hablar con él.

Espero a que Iulio dijese que opinaba, para luego adentrarse en la zona este de la base, el lugar en el que se encontraba el acceso a los calabozos. En la puerta se encontraban dos reclutas rasos, haciendo guardia con sus rifles muy firmes.

—¡Reposar, novatos! —exclamó en voz alta—. Aquí capitán Zor-El y Mayor Bom… Iulio. Querer ver a prisionero de hoy.

—No va a poder ser, señor Zor-El —le dijo el marine.

Eric clavó los ojos sobre el que había hablado.

—Yo ser capitán y tú solo ser soldado raso… —comenzó a crujirse los nudillos de la mano derecha tan solo apretando el puño—. Si no querer pasar toda vuestra existencia pelando tubérculos mejor que tú hacer a un lado. ¿Entender?
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Mensaje por Iulio el Jue 2 Jul 2020 - 18:05

―Pues si te digo la verdad no tengo ni idea. Supongo que sí, ¿no? ¿Para qué serviría haberlo capturado si no? ―respondí a Eric, que no pareció quedar demasiado conforme con mi respuesta. Aquello podía salir mal, muy mal, y no hacía falta ser un vidente para darse cuenta.

No tardó en levantarse del lugar en el que se había sentado, dirigiéndose hacia la zona donde habían encerrado al criminal capturado por nosotros hacía algunas horas. Si la actitud de mi superior era inusual en un marine cualquiera ―aunque no en él―, la de los reclutas me extrañó aún más. Por supuesto, ellos sólo se hacían eco de las órdenes que les habían dado. Pero ¿de quién o quiénes vendrían?

El zarvahe jamás aceptaba un no por respuesta, así que en cierto modo se podría decir que su contestación fue de lo más previsible. Una poco sutil amenaza ―bastante más suave de las que habituaba a enunciar, todo sea dicho― fue la llave maestra que finalmente nos permitió acceder a la sección donde se encontraban los calabozos. Algunos grupos de marines patrullaban la zona, asegurándose de que todos los presos que permanecían allí actuasen como se esperaba de ellos.

¿De verdad se habían planteado abandonar la base del G-2 sin más? Si por cosas del destino todas aquellas personas, peligrosos delincuentes en su mayoría, hubiesen pasado a engordar las filas de los asaltantes la Marina se habría encontrado ante una firme amenaza, una aún mayor de la que ya enfrentaba.

Habían confinado al sujeto que buscábamos en la última celda, custodiado por dos reclutas más que permanecían estáticos como si realmente no fuesen más que estatuas increíblemente realistas. Sus semblantes reflejaron sorpresa al vernos aparecer, y algo en su actitud corporal me indicó que no se encontraban en absoluto cómodos con la situación en la que sabían se acababan de ver envueltos. Claro que aquello podría no ser más que una errónea apreciación por mi parte.

―Venimos a hablar con el preso ―dije sin más, anticipándome a Eric en aquella ocasión. No podíamos andar amenazando a todos y cada uno de los marines que mostrasen alguna reticencia hacia nosotros.

―No puede ser, señor ―respondió el de la izquierda―. Nos han dado órdenes de que nadie se comunique con él en espera del juicio pertinente. Señor.

―Entonces ya han hablado con él, ¿no? ¿Le habéis sacado algo importante?

―Lo siento, señor, pero esa es una información de la que no dispongo. Sólo nos han ordenado que impidamos el paso a cualquiera que quiera dirigirse a él.

¿Impedir? Intuí que aquella palabra no le habría gustado demasiado al capitán, así que respondí enseguida con la intención de no sembrar más discordia entre aquella gente. Los muchachos sólo cumplían con su cometido, al fin y al cabo.

―¿Y se puede saber quién ha dado la orden?

―La contralmirante, señor.

―¿Y el vicealmirante está al tanto?

―Lo desconozco, señor.

Suspiré, consciente de que poco más podía hacer para que nos permitiesen entrar por la buenas. Me encogí de hombros, dirigiendo una mirada cargada de lástima y comprensión a los reclutas antes de dar un paso atrás y dejar que fuese Eric quien siguiese con la conversación.
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Mensaje por Iulio el Dom 5 Jul 2020 - 17:29

Eric hizo gala de su poco dialogante actitud para permitirnos el acceso a la celda en cuestión y así poder hablar con el criminal que habíamos capturado. El sujeto nos recibió en una esquina, con su espalda apoyada sobre los húmedos adoquines de piedra que conformaban el espacio al completo. Pese a lo que habríamos podido esperar estaba bastante tranquilo.

―¿Qué tal todo? ―pregunté.

―He estado mejor, la verdad, pero es cuestión de tiempo que salga de aquí ―respondió al tiempo que nos obsequiaba con una sonrisa en la que destacaba la ausencia de varias piezas dentarias―. Ya le he dicho a la mujer que no pienso deciros nada, y creedme si os digo que ha sido bastante vehemente.

―Nosotros no somos ella ―contesté, intuyendo que se refería a la contralmirante―. ¿Por qué la base del G-2 y no cualquier otro lugar? Hay puntos más relevantes estratégicamente y bastante peor defendidos. Atacar un lugar tan lleno de marines no puede ser algo decidido al azar. Sabemos que hay algo oculto detrás de esta ofensiva, y tal vez podríamos hablar con las autoridades para que fuesen más benevolentes contigo.

―Ni de coña ―replicó tras liberar varias carcajadas―. Los tres sabemos que ésa sería mi sentencia de muerte en el mejor de los casos. Prefiero equivocarme y que defendáis la base a deciros algo y que no podáis. Creo que unos cuantos años de cárcel son un buen precio a pagar si con ello me aseguro de seguir vivo cuando todo esto acabe.

No parecía haber mucho que rascar en esa dirección, así que opté por probar otra estrategia. Me senté sobre el camastro destinado a acoger el sueño del reo, dándome cuenta enseguida de que el colchón dejaba mucho que desear.

―¿De dónde habéis sacado esos bichos? Es algo que acabaremos averiguando más tarde o más temprano ―comenté, bastante seguro acerca de mi afirmación. Ya sospechábamos su procedencia, pero si podíamos ahorrarnos trabajo la información sería bien recibida.

―De Little Garden ―Fue la respuesta. El sujeto sabía cuáles eran sus cartas y cuáles podía jugar, de eso no cabía duda―. Costó atraparlos, pero una vez hechas las modificaciones han resultado ser muy útiles.

―¿Y quiénes sois vosotros? No es demasiado frecuente que un grupo de maleantes tenga entre sus filas a gente capaz de hacer algo así con los seres vivos.

―No tenéis ni idea de lo que se os viene encima, muchacho. Es algo grande, mucho, más de lo que jamás podríais imaginaros. No pienso decir nada más.

Realicé varias preguntas más, pero la boca del hombre parecía haber sido sellada a cal y canto. Terminé por callar, aguardando para ver si Eric tenía algo que añadir al interrogatorio.
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Mensaje por Eric Zor-El el Miér 8 Jul 2020 - 19:59

Al parecer el remilgado contraalmirante de aquella base había prohibido que cualquiera se acercase al prisionero, y eso no gustó a Eric, que cuando se mosqueaba tendía a gruñir y maldecir en voz baja en su dialecto natal. Dejó que su compañero continuara hablando con los marines, pero no consiguió nada.

—Tú decirle a contraalmirante que yo no seguir ordenes de roedores de librería, ¿entender? —Dio un paso hacia adelante y clavó una fría mirada sobre el recluta que parecía llevar la voz cantante—. Quitar de mi camino… ¡Ahora!

Por un momento creyó que el recluta iba a continuar en sus trece, pero se encogió de hombros y se hizo a un lado.

—Pero, ¿qué haces? —intervino el otro recluta—. Una orden es una orden.

Eric se acercó a él.

—Yo ser quien derrotar a lagarto grande, mientras tu estar aquí dentro lloriqueando como un bebé. Así que si yo querer ver a mi prisionero de guerra, yo verlo por mucho que otros decir, ¿tu entender a mí?

El marine asintió.

—Nada más que decir —dijo Eric, apartando a los dos marines con los brazos y tratand de abrir la puerta que daba paso a los calabozos, pero estaba cerrada—. Si vosotros dos hacer el favor.

Una vez la puerta estuvo abierta se adentraron hasta llegar a la celda del prisionero, la cual tuvo que ser abierta por otro marine que custodiaba las llaves, aunque él no puso hincapié alguno en que pudieran hablar.

—Agradecido me hallo —le dijo Eric, mientras Iulio hablaba con el pirata—. No entender porque contraalmirante dar orden de que no poder hablar con nadie —comentó, cruzándose de brazos y dando la espalda al carcelero.

Como de costumbre, Iulio fue el primero en tratar de hablar con el preso para sacarle información, pero no fue capaz de conseguir que dijera nada. Solo decía tonterías sin sentido, sobre que algo grande les iba a caer. ¿Cómo iba a caer algo del cielo sin saber qué es? Se vería a simple vista. Finalmente, el mayor bombilla se calló y lanzó una mirada cómplice al salvaje. Ambos eran conscientes de que era el momento de usar las ortodoxas maneras de Eric, así que respiró hondo y se adentró en la celda.

—Yo no ser mi compañero, ¿tú entender? —le preguntó, mas como respuesta tan solo recibió una carcajada—. ¿Qué hacer gracia a ti?

—¿No sabes hablar o qué? —le dijo entre risas—. Pareces tonto —volvió a decir.

Eric gruñó, cerró el puño y le golpeó en la cara estrellándolo contra la pared.

—Akk’ilopau hayy’jamari batu kilombo —espetó de malas maneras, agarrándolo del cuello de la camiseta y elevándolo hacia arriba. Por el tono de voz que había usado el shandiano no había que ser muy listo para saber que se estaba acordando de todos y cada uno de los familiares habidos y por haber de aquel hombre.

Y en ese momento entró el contraalmirante.

—¿Qué demonios están haciendo aquí? —preguntó con rabia—. Soltadlo inmediatamente. No somos salvajes, somos seres humanos —Miró a Eric al decir esas palabras.

Eric lo soltó, aunque estrellándolo contra la pared que había al otro lado.

—Usted decir que yo soltar, pero no decir cómo —le dijo, saliendo de la celda sin tan siquiera mirarlo—. Venir conmigo, Iulio. Yo tener que hablar contigo.

Rara vez Eric llamaba a su compañero por su verdadero nombre, pero cuando lo hacía era porque había alguien en quien no confiaba dentro de una habitación. Caminó hasta llegar a las afueras de la base, concretamente a la zona más oriental. Era una noche tranquila, y parecía no haber nadie.

—Contraalmirante no ser grano limpio, tú opinar igual, ¿no? —le preguntó—. Primero incitar a dejar base, segundo no querer que nadie hable con prisionero de guerra… No gustar. Creo que nosotros deber infiltrar en base enemiga antes de que ellos atacar a nosotros, ¿tú que opinar?
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Mensaje por Iulio el Sáb 11 Jul 2020 - 19:20

La oportuna aparición de la contralmirante había frustrado el poco amistoso interrogatorio de Eric, lo que en cierto modo me había aliviado. No sabía hasta dónde podría llegar el capitán, pero el preso estaba comenzando a irritarme incluso a mí y no me hubiera extrañado que al del pelo blanco se le fuese la mano.

―Sí, todo es muy raro ―comenté en cuanto mi superior enunció sus inquietudes. El proceder de la segunda al mando de la base del G-2 resultaba demasiado extraño, tanto que me hacía plantearme si las advertencias ―o amenazas― del cautivo sobre lo que estaba por venir podrían a ser creíbles―. Vista la situación creo que es lo mejor, la verdad. Dudo mucho que nos dejen hacer nada que no sea esperar a que esos bichos se nos echen encima y, a la luz de cómo han estado gestionando la defensa, no creo que sea la mejor opción.

Estando ambos de acuerdo no había demasiado que añadir, de forma que nos pusimos en marcha y nos encaminamos hacia la zona sur de la edificación de la Marina. Los muros apenas dejaban una delgada extensión de tierra entre ellos y el mar, pero dos hombres de nuestra complexión podíamos caminar por el sendero sin problema.

Llegado el momento alcé la mano para detener al zarvahe. Habíamos girado en la esquina que unía los muros exteriores este y sur. Cubiertos por grandes rocas que nadie se había molestado en retirar de allí, pudimos apreciar a la perfección cómo los asaltantes ultimaban los preparativos para la que pretendían fuese la ofensiva final.

―Un momento ―dije, pues corríamos el riesgo de que lanzarnos al ataque sin más se tornase en una reprimenda por desacato o algo aún peor. Debía situarnos en otro contexto, uno que no luciese premeditado, así que extraje mi Den Den Mushi y susurré―. Aquí el Mayor Cornelius. Me encuentro junto al capitán Zor-El. Hemos salido para tomar el aire y ver la situación en los alrededores y los atacantes se han puesto en marcha. Una decena de dinosaurios ha abandonado los barcos y está a punto de lanzarse al ataque. Atacaremos por el lateral para colaborar en la defensa de la base. Corto la comunicación.

Guiñé un ojo a mi compañero antes de volver a mirar hacia el enemigo. Tal y como había descrito, al menos tres alfas se disponían a encabezar la ofensiva y ya estaban listos para marchar. Aun así, aguardaban a que las demás bestias fuesen cargadas con los pertinentes efectivos y armas.

―Yo les doy la bienvenida ―musité para, acto seguido, desaparecer ante mi superior y recuperar mi forma corpórea sobre los adversarios. Un aluvión de láseres nació de mis dedos, dando comienzo a la batalla que decidiría el futuro inmediato del G-2.
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Mensaje por Eric Zor-El el Mar 14 Jul 2020 - 19:16

Rara era las veces que el bombilla estaba de acuerdo con Eric en uno de sus planes, llegando a sorprenderse en demasía en el momento en el que accedió a adentrarse en territorio enemigo. Como de costumbre, él volaba raudo por los cielos como un haz de luz, mientras que el salvaje iba dando tumbos usando su mono aéreo.

Llegaron a un muro, en el que Iulio le paró antes de llegar a saltar. Había un cúmulo de rocas amontonadas, lo que en su momento fueron parte de la primera muralla defensiva del la base marine.

—Para hablar eso mejor no decir nada —comentó el salvaje, para luego contemplar el espectáculo de luces que se cernieron sobre los enemigos. E

Eran como las estrellas fugaces que se veían en el firmamento durante las noches más despejadas. Un espectáculo precioso, aunque lo que vino después fue una masacre. Explosiones y bramidos de dolor por parte de sus enemigos. Muchos estaban durmiendo, pues los ropajes que llevaban así lo hacía ver.

—No esperar esto, ¿verdad? —preguntó Eric, en el momento que se encontró con el primero de los piratas al descender por las rocas.

Llevó su brazo hacia atrás y lanzó una poderosa onda de choque que recorrió varios metros en un segundo. Su potencia era tal que levantó la tierra que había frente a él, creando una pequeña zanja de apenas medio metro de grosor. Tras eso, le atacaron por la derecha. Era un sujeto alto, fornido y de piel enfermiza. Le faltaba moreno. Trató de golpearlo, pero el salvaje lo bloqueó con la mano.

—Notar que tú siempre luchar en sabroso lagarto y con arma de fuego —El salvaje apretó con fuerza el puño de su enemigo y empezó a transmitirle ligeras vibraciones—. Tú no estar preparado para combate de hombres.

Tras eso, con la mano libre le golpeó en la boca del estómago y dejó incosnciente.
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Mensaje por Iulio el Jue 16 Jul 2020 - 1:20

Eric había comenzado a moverse a mis espaldas, pero no tenía tiempo para detenerme a comprobar cuáles eran sus movimientos. El capitán atesoraba suficiente fuerza como para enfrentarse a cualquier adversidad sin ayuda alguna. Por mi parte, mi movimiento había cogido por sorpresa a los asaltantes y estos no habían tenido tiempo de reaccionar apropiadamente a la ofensiva.

Los haces de luz se cernieron sobre criaturas y hombres sin distinción, alcanzando a abatir a uno de los dinosaurios de menor tamaño junto a los hombres que había sobre él. Al menos habíamos frustrado la solidez del ataque que planeaban realizar, pero ¿por qué no acudían refuerzos desde el interior de la base? Habíamos informado de nuestra posición y lo que habíamos presenciado. Cualquier oficial con dos dedos de frente habría dado la orden inmediata de lanzarse a por el enemigo con el fin de obligarles a retirarse.

Numerosos disparos nacieron de las armas que portaban los piratas. Muchos de ellos procedían de los efectivos que habían tomado tierra con el objetivo de asaltar el G-2, pero los que aún permanecían a bordo no habían dudado en incorporarse al ataque. Me atravesaron sin más, colisionando violentamente contra los muros de la fortificación de la Marina. Sabía perfectamente que cualquier banda que se preciase en el mar en el que nos encontrábamos tendría artimañas para enfrentarse a usuarios de Akuma no Mi, por lo que no podía confiar en mi intangibilidad de forma permanente.

Me desplacé de nuevo, apareciendo sobre uno de los cuatro barcos fondeados frente al muro sur. Si conseguíamos eliminar los posibles refuerzos que pudieran acudir cortaríamos cualquier vía de escape y les impediríamos una hipotética huida. Claro que, para ello, primero teníamos que vencer. Fueron tres los bucaneros que se abalanzaron sobre mí en cuanto descubrieron que me encontraba a bordo. El primero de ellos cayó de un único golpe seco en el cuello, mientras que los sables de los otros dos atravesaron mi torso sin mayores repercusiones. Aprovechando la cercanía y la incomprensión que reinaba en sus rostros, golpeé el lateral de la cabeza de uno de ellos con un codo y tumbé al tercero de un rodillazo en el rostro.

Sin mediar palabra, me lancé a por los demás sin preocuparme ni un instante por la situación de mi compañero. No obstante, era consciente de que en cualquier momento percibiría un violento estruendo que me anunciaría que también se había puesto manos a la obra. A fin de cuentas siempre actuaba de un modo similar al que yo esperaba, ¿no?
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Mensaje por Eric Zor-El el Vie 17 Jul 2020 - 18:59

En un instante todo se había vuelto un absoluto caos de explosiones y disparos, aunque por raro que parezca no le apuntaban a él, sino a su compañero Iulio. Eso le dio ligera ventaja para poder moverse por aquel lugar con total soltura. Podía verse una gran cantidad de tiendas de campaña militares, repartidas en distintos sectores de la costa de la isla. Abarcaban casi toda la playa, pero su epicentro parecía estar en un barco que estaba atracado allí. Tenía un extraño emblema que eran unas gafas con dos plumas de escribir cruzadas. ¿Qué tenía eso que ver con reptiles mutantes y piratas? El salvaje era incapaz de procesar dicha pregunta.

Una potente alarma estaba resonando, y cuando quiso darse cuenta un hombre estaba a su lado lanzándole un arma.

—Pilla uno de los beta y prepárate, novato —le dijo, haciendo que Eric le mirara extrañado—. ¿No me has oído? ¡Corre!

Lo cierto era que Eric no vestía como un marine normal y corriente, y mucho menos cuando no llevaba algo que le identificara como un miembro de la marina del gobierno mundial. En aquella improvisada incursión que había realizado junto a Iulio, tan solo llevaba unos pantalones azules, unas botas marrones con diales de aire incorporados y su poncho. Nada más.

—Siento yo… —hizo una pausa para tratar de elegir bien las palabras—. Yo estar algo bebido. No encontrar bien.

—¿Y? —le preguntó—. Ve a la zona noroeste y súbete encima de uno de los malditos dinosaurios beta. Es una puta orden.

Eric asintió con gesto serio, y marchó hacia el lugar indicado. Curiosamente, Iulio estaba atacando al lado contario al que estaban los bichos, así que el salvaje pensó que era su oportunidad de liarla por su cuenta y conseguir más comida para el día siguiente.
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Mensaje por Iulio el Lun 20 Jul 2020 - 13:46

«Uno menos», me dije al acabar con el último tripulante del navío que había abordado. Me tomé unos segundos para respirar y observar la situación desde mi posición en la retaguardia del enemigo. Haciendo un excesivamente lento despliegue de medios, la guarnición del G-2 finalmente había hecho acto de presencia y, aún desde el acceso sur, comenzaba a abrir fuego contra los invasores. Algo era algo, pero lo cierto era que yo no tenía tiempo de detenerme a ver el espectáculo.

Pese a que no hubiese quien manejase el barco en el que me encontraba en esos momentos, dejarlo a flote hubiera significado mantener viva una vía de escape, y eso era algo que bajo ningún concepto iba a hacer. Localizando la siguiente embarcación que convertiría en mi objetivo, me lancé hacia ella sin dejar de acumular una ingente cantidad de luz en mi mano derecha, la cual apuntó al navío que acababa de abandonar en cuanto pisé madera fresca. Shining Bullet condenó a mi víctima al naufragio. Fuera como fuese, los piratas que comenzaban a abalanzarse sobre mí ―que no dejaban de ser un grupo muy reducido en comparación con los que se disponían a atacar la base de la Marina sobre los dinosaurios― me dejaban claro que no se rendirían sin más.

Acabar con los efectivos de cada uno de los barcos y hacerlos saltar por los aires o provocar que comenzasen a hundirse fue un proceso bastante lento y difícil. Cada uno de ellos era de proporcionas más que considerables, como no podía ser de otro modo vistas las criaturas que debían transportar. En consecuencia, me tomó algo más de tres cuartos de hora dar por finalizado mi primer cometido y centrar mi atención en las puertas del cuartel.

Los dinosaurios se habían organizado y sus pasajeros abrían fuego sin descanso, obligando a las fuerzas de la Marina a retroceder poco a poco. Algunos bucaneros habían caído, pero lo cierto era que los gritos de los marines demandando atención para los heridos eran bastante más frecuentes y estremecedores. ¿Dónde demonios se había metido Eric? La última embarcación había comenzado a hundirse, pero disponía de unos segundos para observar la situación con perspectiva antes de que el agua tocase mis pies.
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Mensaje por Eric Zor-El el Miér 22 Jul 2020 - 22:54

Caminó hasta llegar al establo en el que estaban los dinosaurios. ¿Sería correcto denominarlo establo? Después de todo se trataban de reptiles, no de caballos o vacas, pese a que estuvieran igual o más sabrosos que los dos últimos. Su carne era extraña, algunos se atreverían a decir que sabía a pollo, pero el salvaje le encontraba más parecido al pescado muy hecho. Su estómago rugió con fuerza, aunque con el jaleo que estaba armando el bombilla paso muy desapercibido.

«Debí comerme un tercer plato», pensó para sí mismo.

Al llegar no había ni un solo reptil, se habían dividido en dos grupos, yendo uno para la base y el otro para la zona de costa en la que estaba Iulio. El plan improvisado del que no habían hablado lo suficiente parecía estar siendo un éxito, después de todo eran la élite de la marina del gobierno mundial en lo que a “armar jaleo” se refería. Sin montura alguna, se dio media vuelta y contempló una tienda de campaña bastante más grande que el resto. Fue hacia ella y en su interior había un hombre hablando, ¿o era una mujer? No lo tenía muy claro, pero era muy parecido al contraalmirante de la base marine.

Eric se acercó, demasiado cauteloso para ser él, y le golpeó con tanta fuerza en la nuca que lo dejó inconsciente. Por suerte no había nadie en los alrededores, le quitó la correa de los pantalones y lo maniató de la mejor forma posible. Tras ello, salió de allí, con la mente fijada en ir a la base, pero, al ver el juego de luces que se encontraba junto a Iulio, no pudo evitar en ir a ver a su compañero.

—¡Tú, bombilla! —gritó—. Mirar que encontrar. Doble de contraalmirante amigo de libros.
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Mensaje por Iulio el Vie 24 Jul 2020 - 17:12

―¡Que es una mujer, Eric, no un hombre! ¡La contralmirante! ¡Mujer! ―exclamé desde lo alto del último naufragio para, acto seguido, dirigir mi mirada a la costa del G-2. Hundir los navíos no había sido tan difícil como consecuencia de la escasez de efectivos a bordo, ya que la mayoría había desembarcado para atacar la base de la Marina.

Aquello sólo implicaba que el verdadero problema estaba por ser afrontado. Así lo indicaban el retroceso de las fuerzas defensivas del Gobierno Mundial y los rugidos de las mecánicas bestias que, sin pausa pero sin prisa, avanzaban con el firme propósito de rendir el objetivo. El sonido de los disparos me rodeó en cuanto aparecí junto a los uniformados, los cuales respondían como buenamente podían al fuego enemigo tras sus improvisadas barricadas.

Fue en ese momento cuando caí. ¿A qué demonios se refería Eric con que había encontrado a la doble de la contralmirante? Repasé los galones de los marines más cercanos hasta encontrar a uno que debía ser teniente y, según parecía, el encargado de liderar el pelotón. Animaba con ímpetu a los suyos, aunque sus ojos reflejaban con toda claridad que veía la situación tan complicada que el temor estaba cerca de inmovilizarle.

―¿Y la contralmirante? ―le pregunté.

―No lo sabemos, señor. Lleva horas sin dar señales de vida; por eso hemos tardado en llegar. Hemos venido por iniciativa propia ante la ausencia de órdenes.

―¿Y el vicealmirante?

―La contralmirante ha sido hasta ahora la encargada de coordinar y organizar todo lo referente a la defensa.

¿Y si...? Con tanto estruendo dudaba que el zarvahe escuchase el sonido del Den Den Mushi, por lo que tendría que buscarle en persona para transmitirle mis sospechas. Alcé la cabeza por encima de la mesa que me servía de cobertura, descubriendo que las fuerzas invasoras habían ganado varios metros y no estaban dispuestas a detener su avance. A juzgar por su tamaño, un alfa y dos betas encabezaban la comitiva. Tal vez pudiese matar dos pájaros de un tiro.

Me esfumé ante los ojos de mis compañeros para tomar posición sobre el contingente transportado por el alfa. Por desgracia para mí, aquella vez sí me esperaban. Conseguí abatir a dos de los integrantes del grupo, el cual estaba conformado por una docena, pero fue en ese momento cuando quien no podía ser otro que el líder del destacamento se lanzó a por mí. El color negro que caracterizaba su espada me dejó claro que mi suerte se había acabado.

Me atacó por la espalda, atravesando mi hombro derecho por completo y obligándome a gemir de dolor antes de separarme de él. El brazo pendía a un lado, conservando su sensibilidad y capacidad de movimiento pero fijo inconscientemente como consecuencia del dolor.

―Ya decía yo que no podías ser invulnerable ―bramó con una sonrisa antes de lanzarse de nuevo a por mí. Tal vez esperase que adoptase mi forma etérea de nuevo, pero no lo hizo. Me desplacé hacia un lateral como lo haría cualquier persona, golpeando en el proceso el rostro de uno de sus subordinados antes de enfrentarme de nuevo a él. Sólo quedaban ocho y el jefe. Si conseguía salir airoso de mi incursión dejaría vivo al alfa, pues tal vez pudiese servirnos para dar la vuelta a la situación.
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Mensaje por Eric Zor-El el Sáb 25 Jul 2020 - 12:24

—¡Y yo volver a repetir, Iulio, que tener dudas! ¡Contraalmirante ser hombre, no mujer! —gritó el salvaje a su compañero, mientras usaba el cuerpo del pirata que tenía entre las manos como si fuera un arma y golpeaba a los pocos maleantes que estaban a su alrededor. Miro de nuevo hacia arriba, pero el bombilla se había marchado sin decir nada. «Op’iukijio», maldijo para sus adentros, pues esperaba que al ser más rápido cargara con el cuerpo del doble del contraalmirante de la base.

Golpeó con suelo con rabia, enviando pequeñas vibraciones casi sin darse cuenta y logrando agitar el entorno del lugar, justo antes de dar un salto y usar su mono aéreo para ir detrás de su compañero. Iulio era un amor de persona, vago como él solo, quizás algo lento de entendederas, pero lo que más molestaba al salvaje era que era demasiado rápido. Iba de un lado al otro sin despeinarse, mientras que él, muchas veces, se ve obligado a parar y tomar algo de aire. La madre loba no había sido del todo justo con él; o eso era lo que pensaba.

Cuando llegó al centro de la batalla, tres veintenas de marines se estaban enfrentando a los piratas sin mucho éxito. Las pérdidas humanas del lado del gobierno eran superiores a las que provenían del otro bando. Eric se acercó a un sujeto, que por su aspecto parecía ser de un rango intermedio. Se encontraba dando órdenes sin ton ni son, enviando a los sus aliados a las zonas erróneas.

—¿Pero tú que hacer, muchacho? —le preguntó—. ¿Cómo coordinar ataque de esa manera? —Eric se encontraba estupefacto. Estaban atacando a los reptiles de frente, cuando la parte blanda estaba bajo ellos. ¿En serio no habían aprendido nada de él en el poco tiempo que llevaba allí? Aunque era cierto que no les había explicado nada, y esa podía ser la razón—. ¿Tú cómo llamar?

—Soy el teniente Piñata, señor —se presentó, irguiendo su cuerpo.

—Si querer acabar con esos bichos, tener que jugar con estrategia —vio como el teniente asentía—. Primero enviar a hombres más resistentes de frente y por lados, mientras que tiradores escurrirse por debajo y disparar balas más grandes. La parte blanda estar abajo, cerca de estómago. Cuando bicho caiga al suelo… ganar la guerra. ¿Tú entender? —le preguntó.

—Sí, señor.

—Por cierto, cuidar este prisionero de guerra —dijo en voz alta. Por suerte de los golpes su cara se había hinchado un poco, por lo que no se parecía tanto al contraalmirante—. Ser valioso prisionero de guerra, así que cuidar con vuestra vida. ¿Entender?

—Entendido, capitán Zor-El —le dijo, justo antes de mandar a un par de reclutas a amordazar a aquel doble.

—Tú recordar que la madre loba no aúlla a la noche oscuro por placer, sino por proteger a la manada de Baki’lopiyus.

Dicho eso, contempló como uno de los alfas estaba acercándose a gran velocidad por el frente. Eric agarró una gran roca que había cerca y la lanzó a modo de distracción, mientras cargaba su puño y se abalanzaba contra el monstruo de frente. Sí, él era la distracción y si el teniente había aprendido algo, seguramente, mandaría a alguien a atacar al bicho por debajo. El puño de Eric brillaba con intensidad y cuando soltó el golpe, una poderosa onda de choque espiritual se aproximó a su enemigo, aumentando también la velocidad de la roca que, llegado a cierto punto, se fragmento en trozos más pequeños.

—¡POR LOS BAAL’SHA! —gritó Eric, mientras contemplaba como los tripulantes de aquel reptil caían al suelo.

Pero entonces, alguien le atacó por la espalda y lo incrustó en el suelo.

“Eso doler”

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Mensaje por Iulio el Sáb 25 Jul 2020 - 17:25

Todo retumbaba a mi alrededor, incluso la piel de la criatura sobre cuyo lomo me encontraba. Las vibraciones procedían de mi derecha, y un fugaz vistazo me sirvió para identificar a Eric. Su presencia allí significaba que ese flanco estaba cubierto, por lo que el problema residía en el otro lado. Los rugidos de las bestias no cesaban durante su avance. En un momento de tensión como aquél me sentía incapaz de asegurar si lo que mis ojos veían eran alfas, betas, gammas, omegas o cualquier letra olvidada, pero sin duda eran una amenaza.

―¿Qué te crees que estás mirando? ―rugió quien se había erigido como mi oponente. Llevábamos algunos minutos intercambiando golpes, los cuales había aprovechado para abatir al resto de los viajeros que había encontrado al aterrizar sobre el dinosaurio. Tener que dedicarles algo de mi atención había causado que el jefe del escuadrón pudiese alcanzarme en varias ocasiones. La hoja negruzca de su arma había conseguido provocar tres cortes en mi cuerpo. El primero, más superficial que los otros dos, se situaba sobre mi muslo derecho, mientras que los otros dos no dejaban de sangrar a la altura de mi torso.

Mi enemigo mostraba una amplia sonrisa de satisfacción, pues se creía vencedor de la disputa. Agité la mano en el aire para desprenderme de parte de la sangre que la recorría, irguiéndome con esfuerzo para encarar al sujeto. Sin distracción alguna, el combate acababa de dar un giro de ciento ochenta grados; una lástima que él no lo supiese aún.

Volvió a la carga, lanzando un violento corte que amenazó con hundirse en mi hombro derecho. En los anteriores envites, alguno de los subordinados de aquel tipo había aprovechado el momento para atacarme y abrir una grieta en cualquier defensa que pudiese hacer. Ése y no otro era el origen de mis heridas. Fue por ello que conseguí apartarme de la trayectoria de la hoja, recibiendo un corte superficial en el brazo que no me impidió usar el talón de mi mano para golpear el cuello del pirata. Pude notar cómo su tráquea se rompía ante la potencia de mi golpe, precipitándose su dueño a continuación hacia el suelo desde los varios metros de altura que medía aquel bicho.

―Vamos a acabar con esto ―musité, jadeando y tomándome unos segundos para recuperar el aliento. No tardé en posicionarme en la zona delantera del sistema que los corsarios empleaban para montar a los reptiles, suficientemente grande como para que grupos bastante numerosos pudiesen moverse sobre sus grupas. Efectivamente, allí se encontraban las riendas que, clavadas en su extremo distal cerca de los ojos de las criaturas, servían para dirigirlas―. ¡Vámonos con tus amigos! ―exclamé, tirando con fuerza de las riendas para conducir al animal hacia la zona en la que no se encontraba Eric.

No eran pocos los dinosaurios que se encontraban frente a mí, pero, al menos en apariencia, ninguno de ellos poseía el tamaño ni la actitud amenazante que podrían caracterizar a otro alfa. El depredador embistió y arrasó con todo aquello que encontró a su paso, comenzando por fin a decantar la batalla a nuestro favor.
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Mensaje por Eric Zor-El el Mar 28 Jul 2020 - 15:56

Al levantarse del suelo notaba como su boca le sabía a una mezcla extraña de arena salada y sangre que no le gustaba nada. Tosió dos veces y escupió al suelo. ¿Quién había osado atacarle por la espalda de esa forma tan ruin? Miró a las personas que tenía a su alrededor y todos tenían cara de culpables. Gruñó, y bajo sus pies todo comenzó a temblar con relativa intensidad. Pocos eran los reptiles capaces de aguantar en pie, dado que las vibraciones que generaba el salvaje se expandían con rapidez en un radio de cincuenta metros.

Fue en ese entonces, cuando alguien apareció de nuevo a su espalda, sobre el aire con la intención de golpearle en la nuca con la pierna. Esa vez, casi por instinto, el salvaje pudo preverlo, así que torció su tronco unos cuantos grados, elevó su brazo y bloqueó el golpe.

—Así que tu ser roedor traicionero —le dijo, aprovechando el momento en el que el choque entre ambos parecía paralizar el combate durante un instante y agarrarle por la pierna. Una vez lo consiguió, lo zarandeó de un lado al otro, estrellándolo en el suelo varias veces hasta dejarlo inconsciente—. Para que tú aprender.

Tres dinosaurios del tamaño de un caballo empezaron a rodearlo, sobre ellos se encontraban piratas armados con garrotes de madera. Eric flexionó las piernas, cerró los puños y se puso en guardia. Tenía que trazar una estrategia, pero primero tenía que ver de que eran capaces aquellos jinetes. Y de pronto, un rugido enmudeció la isla de golpe.

—¿Qué ser eso? —preguntó Eric—. No sonar como reptil grande—. Y los jinetes se marcharon de allí rápidamente. De la nada apareció un reptil volador tan grande como dos galeones, en cuya cabeza se encontraba sentado el contraalmirante de la base, con una especie de consola de mandos. En el pecho de la bestia parecía haber dos cañones, cuyo disparo no tardó en destruir media playa, incluyendo a sus propios compañeros—. Tilampatum… —musitó el salvaje, que era incapaz de creer lo que estaban viendo sus ojos.
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Mensaje por Iulio el Vie 31 Jul 2020 - 15:38

No me lo podía creer. Montado sobre uno de los alfas, había conseguido llevarme por delante buena parte de uno de los flancos de los asaltantes. Nuestras fuerzas, por otro lado, se habían envalentonado al comprobar que la victoria era posible y habían comenzado a demostrar cierta iniciativa. Abrían fuego sin descanso para abandonar la cobertura que les proporcionaba la estructura de la base del G-2, buscando con ello desplegarse frente al cuartel y cubrir más terreno. Eric... Todo vibraba, así que no podía estar demasiado mal.

Cuando llegué al final de la formación del enemigo tiré con fuerza de las riendas de la gran bestia, que gritó antes de detenerse en seco y dar media vuelta. Los cuerpos de un sinfín de piratas yacían en el suelo, mientras que otros reptiles mecanizados sufrían considerables heridas como consecuencia de la estampida de mi montura. Sin embargo, lo más preocupante de todo era el estruendo que había llegado hasta mí desde los cielos.

―Eso lo explica todo ―me dije en voz baja al ver quién montaba al dinosaurio volador. Ya no hacía falta confirmar ninguna sospecha, pues era la contralmirante quien sin duda montaba a la criatura. Ni una doble ni cualquier otra explicación que Eric encontrase desde su particular inocencia podían confundir lo que mis ojos veían. Por eso habían demostrado en todo momento una actitud tan pasiva; por eso se habían llegado a plantear abandonar el enclave; por eso todo había ido tan mal hasta nuestra llegada.

Fuera como fuese, los refuerzos para el zarvahe ―si es que los necesitaba― tendrían que esperar un poco. Tiré con fuerza de las riendas, reconduciendo a mi particular caballo para que enfrentase la retaguardia de los criminales. Allí se encontraba otro alfa, el cual, con excepción probable del bicho volador, debía ser el último en pie además del que yo mismo conducía. No tenía demasiado claro cómo lo habíamos logrado, pero si acababa con la amenaza que tenia frente a mí y Eric hacía lo propio con la contralmirante la batalla se habría decantado completamente a nuestro favor.
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Mensaje por Iulio el Lun 3 Ago 2020 - 3:55

Un beta y algunos reptiles de menor tamaño cayeron sin oportunidad de defenderse ante el poderío de mi montura. Su cuerpo repleto de por sí de incontables púas era en sí mismo una temible arma, la cual había sido llevada al siguiente nivel con las modificaciones que se le habían hecho y los elementos metálicos que servían de refuerzo. La bestia rugía durante su estampida, agitando la cabeza y aplastando todo cuanto encontraba a su paso. Todo a excepción del último alfa que quedaba en pie, una criatura bípeda de brazos cortos algo más alta que el ser que yo dirigía.

El dinosaurio colocó las manos frente a él, deteniendo el avance de mi arma viviente tras ser arrastrado varios metros. Algunas púas consiguieron clavarse en diversos puntos de su cuerpo, pero la mayoría fueron repelidas por las chapas metálicas que lo cubrían como una tenaz armadura. Chasqueé la lengua, consciente de que los muy condenados habían dejado uno de los más poderosos animales para cubrir la retaguardia y sentenciar la batalla llegado el momento.

Aquella cosa rugió, abriendo sus fauces y precipitándolas sin clemencia sobre la posición que yo ocupaba: el pequeño campamento ―lo cierto es que no tenía muy claro cómo llamarlo― destinado a transportar a los criminales durante el ataque. No podía quedarme allí, así que solté las riendas y abandoné mi montura para moverme hasta una posición segura, a unos siete metros del de mayor tamaño.

Desde allí pude ver cómo acababa con la vida del ser que tan bien me había servido, aunque lo cierto era que no le guardaba el menor aprecio. Fuera como fuese, lo cierto era que no tenía tiempo para detenerme a comprobar cómo el monstruo daba buena cuenta de su congénere. El de las púas había caído, inerte, y el encargado de guiar a la bestia ya tiraba con fuerza de sus riendas para orientarla hacia mí.

Sabía a la perfección que el verdadero problema no residía en la criatura, pues sin nadie que la guiase no sería más que un pozo sin fondo de ira y ansia homicida sin objetivo claro. Fue por ello que, mucho antes de que el bípedo reptil se abalanzase sobre mí, volví a aparecer en las alturas para dejarme sobre caer sobre su grupa. La visibilidad del terreno allí era ostensiblemente menor debido a que ese ser caminaba sobre dos patas, al contrario que el que yo mismo había montado. Teniendo que salvar el escollo de su grueso cuello y teniendo en cuenta que yo no planeaba ponerle las cosas fáciles, el dinosaurio no tardó en perder cualquier rumbo y golpear cuanto encontraba a su alrededor.

El jinete, consciente de la situación, soltó las riendas y me encaró. Mantenía el equilibrio de forma magistral, lo que no dejaba de colocarme en una situación desventajosa. De una funda que aguardaba junto a él extrajo un gran hacha, la cual blandió hacia mí antes de descubrir que había abandonado mi posición. Lancé un golpe hacia su garganta que fue esquivado con soltura y él volvió a la carga. El combate se prolongó durante varios minutos que a mis ojos transcurrieron como segundos, ya que la adrenalina del momento anulaba cualquier precisión en la observación del tiempo.

De un modo u otro, el enfrentamiento finalizó cuando, malherido, conseguir arrojar al conductor para que muriese aplastado por una de las gigantescas patas de su vehículo. Hecho eso, sólo hube de coger la riendas y encaminar a la bestia hacia el mismísimo mar. Tal vez llevarla a las embarcaciones habría sido una buena idea de no ser porque ya habían sido destruidas. Aun así, lo cierto era que sólo quedaba que Eric zanjase la situación de una vez para que pudiésemos afirmar que habíamos salvado la base del G-2.

Me senté sobre una piedra a varios metros de un cúmulo de cuerpos de piratas. Apenas quedaban unos pocos en pie y, a decir verdad, para ese momento la Marina les superaba en número y terminarían siendo apresados. Sólo restaba observar con detenimiento al capitán y comprobar que no necesitaba ayuda. Estaba malherido y extenuado; necesitaba descansar. Aun así, nada me impediría servirle de apoyo llegado el momento. ¿Cuánto podía tardar en recorrer la distancia que nos separaba?
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