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At your service, mademoiselle. [Priv. Lilith & Liam] [Pt.1]

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Mensaje por Liam D. Griffith Miér 17 Jun 2020 - 12:09

— Una gota de sudor al suelo… — Y así sucedió. — Otra a la arena… — Y el líquido atravesó los granos, oscureciendo su color. — Y veinte más. — Por suerte no ocurrió al momento, pero sí que pasaría de ese momento a una hora. — Soy un chico de English Garden, joder… Allí llueve todos los días, ¿qué hago yo aquí? — Elevé el mentón buscando el cielo, fijándome en aquella esfera ardiente que me saludaba con un disparo en la rodilla. — Menos mal que tuve un poco de cabeza y compré un turbante en Yuba, si no hubiera muerto de un golpe de calor horas atrás. — Podría haber usado el dinero de la familia para comprar un camello o al menos alquilarlo, ¿sabes? — Y antes de que nadie pregunte, no. No había nadie a mi lado. Solo me acompañaba la soledad en aquel viaje de una ciudad de Arabasta a otra, por más triste que pudiera sonar. Quizás simplemente me estaba volviendo loco por el efecto de los rayos del sol en mi nuca o cara tras un par de horas, por el cansancio o había venido así de fábrica. — Sigh… — Suspiré, dejando escapar un aire que retomé al segundo siguiente, entrecerrando los ojos con la esperanza de vislumbrar la figura de algún edificio a lo lejos. Pero claro, la vida no podía ser tan amable conmigo, ¿no?

''¿Qué hago yo aquí...?'' me pregunté por vigésima vez desde que di el primer paso a las afueras de la ciudad, enterrando el zapato en la arena que conformaba el suelo. Y, a continuación, me respondí una vigésima ocasión, tratando de convencerme a mí mismo de que aquello que estaba haciendo tenía sentido. Que debía de realizar el trayecto, que se me necesitaba y no era una posibilidad darme la vuelta y volver al mar para dejar el Paraíso de lado. Era una de las primeras veces que lo pisaba, ya que todavía estaba siendo entrenado por las manos de mi tutor de cuartel, y no me estaba llevando la mejor de las impresiones. Quería volver a los Blues. Allí al menos no había cangrejos gigantes cuyas pinzas amenazasen con decapitarte por la única razón de hacerlo o, como mínimo, no había tenido el placer de comprobarlo.

Aun así, era mi deber como marine. Había llamado una compungida señorita debido al robo de sus joyas y, si aquello no fuera razón suficiente como para presentarme lo antes posible, me había mencionado a mí como aquel que se debía ocupar del problema. No me pararía a pensar acerca de aquel último detalle, ya que demasiadas vueltas le había dado en el barco con el cual había atravesado el Calm Belt. Su nombre no me sugería nada; no estaba para nada emparentada con mi isla de procedencia ni con la familia de los Griffith. No había llegado a ninguna conclusión lógica por la cual me conociese y, más aún, hubiese reclamado mi presencia, pero el destino solía ser caprichoso y no cometería desacato.

— ¿Eso de ahí es…? — Mi boca se movió antes de que lograse pensar nada; una sombra apareció al fondo del horizonte y, a diferencia de los espejismos que me habían acompañado durante todo este tiempo, parecía bastante sólida. — Menos mal, ya no tengo que ahorrar el agua. — Me llevé la mano a la espalda, hacia la mochila, abriéndola y tomando la botella. — Oh, cierto, que ya me quedé sin…

Una hora después…
━━━━━━ ◦ ❖ ◦ ━━━━━━

— El cielo no es blanco, ¿cierto? — Dije nada más abrir los ojos, elevando el puño con intención de tocarlo. Obviamente no lo alcancé, por lo que giré mi cuello para fijarme en lo que me rodeaba: una habitación inmaculada, decorada con un señor barbudo que me saludaba agradablemente a la par que negaba, sonriendo. — Entiendo que esto es una clínica y yo casi un fiambre. — Y, esta vez, asintió.

— Te desmayaste a un par de kilómetros de Alubarna y te recogió la vigilancia. — En cuanto se fijó en que estaba agachando la cabeza en señal de vergüenza, se apresuró a matizar la situación. — ¡No, no! ¡No te preocupes! — Movió las manos con velocidad, reforzando sus palabras para negar. — Tenemos la vigilancia para esto mismo. No son pocos los que se quedan a las puertas de la ciudad. El desierto no está precisamente hecho para vivir en él, ¿no? — Y empezó a reírse, siguiéndole yo con un par de carcajadas.

— Está claro que no. Muchísimas gracias, de verdad. Me habéis salvado la vida, literalmente. — Y nos empezamos a reír ambos nuevamente. — ¿Cuánto sería? — Me llevé la mano al bolsillo, buscando la cartera, pero este se negó en rotundo. — ¿Está usted seguro? — En cuanto vi que no estaba interesado en mi ofrecimiento, me reincorporé y puse ambos pies en el suelo, irguiéndome en cuestión de segundos y dejando muy por debajo en altura al señor. — Entonces, si no tiene ningún otro problema, me gustaría marcharme, que tengo trabajo por delante. — Le dediqué una sonrisa mientras tomaba la mochila, asentada sobre una silla cercana a la puerta. La levanté un poco, mostrándola. — ¿Sabe dónde podría llenarla de agua? No me gustaría tener que hacerle otra visita. — Me señaló al exterior, a una fuente bien visible desde la calle.

Rellené el recipiente de aquel néctar, bebí casi un litro y volví a hacerlo, hidratándome para poder seguir con la tarea. Me descolgué la mochila del hombro, deslizando la cremallera y tomando un pequeño bloc de notas. Levanté las tres primeras hojas y ahí estaba: la dirección a la que debía ir. Pregunté a una señora mayor que pasaba por allí, mostrándole el escrito si no lo pronunciaba bien y, tras mirarme de arriba abajo un par de segundos y tragar saliva, me dio las indicaciones con una claridad más que decente. Era hora de ponerse manos a la obra, así que me la guardé en el bolsillo, recoloqué las asas en mis hombros y emprendí el camino hacia donde debía marchar.
Liam D. Griffith
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Mensaje por Lilith Blair Miér 17 Jun 2020 - 15:19

Había comenzado aquel juego con la familia Griffit, el problema es que en aquella partida, la única que conocía las reglas y como se movían las piezas era ella. Puede que fuera un poco egoista por su parte, cualquiera podría decir que estaba haciendo trampas ya que no estaba ofreciendo la información necesaria a sus contendientes, pero nunca nadie dijo que Lilith fuera alguien del todo honorable. Su personalidad caprichosa la hacía una persona complicada y en cierta forma eso tampoco le molestaba, quien quisiera estar a su lado debía comprender que la madame era alguien difícil. Su personalidad era un reflejo de la crianza que había tenido y además, por los sucesos que habían transcurrido durante su infancia.

Pero por el momento estaba relativamente contenta, las cosas en sus locales iban bastante bien, tenía un nuevo socio bastante interesante, el negocio que había comenzado con su amiga Yasei iba viento en popa y ahora comenzaría con la investigación sobre los Griffit y sobre ese libro maravilloso que contenía información sobre las Akuma no mi. Quería saber que tenía entre las manos, después de todo, había oído muchos rumores, había leído sobre ellas en muchos libros, pero ninguno sabía decirle cuales eran los misteriosos poderes que poseía la fruta que tenía en su posesión. Esperaba que el muchachito llegara entero hasta la mansión, pensó en enviar a buscarlo, pero eso no sería divertido ¿verdad? Sería darle demasiadas facilidades y seguramente podría levantar las sospechas de su familia si llegaban a enterarse.

— Leo, avísame en cuanto sepamos algo del muchacho de los Griffit — su guardaespaldas asintió y rápidamente fue a dar algunas ordenes para que estuvieran todos atentos a lo que pudiera pasar. El lobo se mantenía totalmente pegado a su dueña mientras esta trabajaba, en su caso estaba tumbado en el suelo al lado de su silla enroscado sobre si mismo mientras ella se dedicaba a revisar documentos, facturas e informes de personas y situaciones vividas en sus locales. Clientes nuevos y joyas que enviar a Yasei para seguir con aquel trato que se traían entre manos. Todo aquello en ocasiones le daba dolor de cabeza, le gustaba tener sus propios negocios, pero tampoco podía dejar de lado la empresa textil que heredo de su padre o la empresa naval que heredo de su difunto marido.

En ocasiones pensaba en contratar a alguien de confianza para que le llevara todas las cuentas o mejor aún, designar a alguien en quien ya confiara para dicho trabajo. De repente se le vino alguien a la cabeza, aquella mujer era perfecta para el puesto, después de todo había sido perfectamente educada por la madame en cuanto la chiquilla cayó en sus brazos. Bianca la hermana de Leonardo, de su querido guardaespaldas sería la candidata perfecta para tomar ese cargo, después de todo siempre era bueno tener a alguien que contase con tu plena confianza para tratar ese tipo de asuntos. Aquella chica había demostrado ser alguien que podía llamarse incluso amiga de la madame al igual que su hermano y sabía que ninguno de los dos la traicionaría jamás, por lo tanto, podía confiarle aquel trabajo sin temor a que algo malo pudiera ocurrir.

Empezaba a pensar que tal vez si que debería haberle mandado buscar teniendo en cuenta las horas que eran y que aún no daba señales de vida. Bueno, esperaba que el chico sobreviviera al crudo desierto. Por su parte hizo llamar a Bianca para hablar con ella de su propuesta. Al principio la chica estaba bastante sorprendida e incluso un poco temerosa de hacer las cosas mal y que Lilith pudiera enfadarse con ella, pero ella la tranquilizó — no temas querida, estoy segura de que podrás hacerlo, yo te enseñare paso a paso, necesito que me ayudes, ¿no quieres hacerlo? sabes que respetare tu decisión y no te obligare nunca a nada, pero me gustaría que fueras tú quien hiciera este trabajo. Después de todo no puedo confiarle a cualquiera algo tan importante — le dedico una leve sonrisa y la chica emocionada y aún algo temerosa asintió.

— Si señora, haré todo lo que pueda para poder ayudarle, espero aprender mucho de usted — Bianca siempre había parecido mas mayor de lo que en realidad era, más que nada por su modo de vestir y de maquillarse, pero era una chica joven que había pasado por demasiadas penas. Al escuchar al fin aquella afirmación Lilith dio por zanjado el asunto y entonces fue cuando le anunciaron que el chico había llegado y que acababa de llamar a la puerta. — Ve a recibirlo Bianca querida, yo recogeré un poco aquí mientras tu lo traes — la chica asintió y fue a la puerta a buscar al muchacho, no sabía que se traía su jefa entre manos, pero todo lo que ella quisiera hacer estaba bien para ella, después de todo le debía su vida y la de su hermano.

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Mensaje por Liam D. Griffith Miér 17 Jun 2020 - 20:16

El camino no fue precisamente largo o, en la comparación respecto a mi excursión por el desierto, fue un camino fácil, recto y para nada cansado. Para cuando pude leer en una de las paredes el nombre de la calle a la que tenía que ir, pude notar cómo la densidad de casa por allí disminuía sustancialmente. Me recordaba a English Garden y a casi cualquier ciudad donde la riqueza se repartía de aquella manera: unas partes de la ciudad tenían una casa tras otra, otras… una cada calle. Mientras más grande era el hogar y más espacio consideraba el dueño que necesitaba para hacer vida, más abarcaban los muros de cada parcela. El lujo brillaba por sí solo y se hacía destacar el brillo del oro con el resplandor del sol que placaba con dureza contra las tierras de Alubarna. Había estudiado que antaño, siendo una de las islas que pertenecían a los fundadores de la marina, había encontrado paz y modestia, pero parecía que esta no había aguantado con el tiempo y había caído nuevamente en la desigualdad.

— Ains… — Susurré, para mí mismo, tratando que ninguno de los huéspedes de las casas cercanas me escuchase. — Liam, habla tu yo de tu época de estudiante de los Griffith, compórtate. — Eran ideas que se me pasaban a menudo por la cabeza, pero yo solía ser el primero que aspiraba a más y no se consideraba alguien libre de pecado. Al fin y al cabo, no negaba mi paga al final del mes.

A pesar del tamaño de las construcciones, no carecían de ningún tipo de detalle, y aquella en la que terminé era el claro ejemplo de cuidado y mimo: arenisca, mármol, granito y decenas de materiales de construcción palidecían frente a lo hermoso de aquella estructura. Era una casa de color clara, aunque llamarle ''casa'' no era hacerle justicia en ninguno de los sentidos. Era de tejado plano, tal y como solían los edificios de lugares cálidos, rodeada de un jardín con palmeras y setos perfectamente cuidados. Capiteles con detalles acerca de Arabasta relucían, sujetando cada techo, además de algunas inscripciones sutiles que recorrían paredes y un entramado de piedras que conformaban un suelo que olía a trabajo duro. Desde el exterior se podían advertir una iluminación tenue en el interior y algún que otro arco en herradura que sujetaba el edificio por completo. Hasta la más mínima cincelada parecía hecha con todo el amor y la dedicación de la que uno podía disponer. Agité la cabeza, tratando de hacer desvanecer aquellos pensamientos; me debía centrar en el trabajo y terminar antes de que cualquier otro ataque de calor me dejara fuera de combate. No estaba cómodo con aquel ambiente, pero lo camuflaba bien. Dejé caer el turbante a mi espalda, sujeto por sus hilos al cuello para no perderlo y, tras asegurarme de que mi aspecto era el correcto, me decidí a tocar a la puerta. Esperé unos segundos que se me hicieron realmente largos, sumándose hasta a lo mejor alcanzar el minuto, momento en el que una mujer de ojos miel, pelo arreglado moreno y ropa sugerente me recibió con cordialidad:

— ¡Bienvenido, sr. Liam! — La señora realizó un gesto de cortesía y yo correspondí con una reverencia. Me habían realizado una breve descripción de la señorita a la que tenía que tratar y no se parecía en nada a aquella que me había saludado, por lo que me ahorraría formalidades pesadas. — ¡Le estábamos esperando! — Y, entonces, pareció darse el permiso para fijarse en mí de pies a cabeza, parándose lo que veía necesario en cada parte, esbozando una sonrisa. Supuse que dudaba de mí ya que aquel trabajo era importante y no cualquiera podría entrar en un lugar como el que se presentaba frente a mí.

— Mis más sinceras disculpas. Tuve una serie de… — Mis ojos me traicionaron y terminaron yendo hacia el suelo, evitando la mirada de mi interlocutora. — …de obstáculos. No estoy acostumbrado al desierto, para serle sincero. — Ella se rió durante un par de segundos, tapándose la boca de una forma elegante, y me miró con un gesto feliz, dando un par de pasos para alejarse de la puerta, señalando con la mano abierta al interior.

— Pase usted. La señorita Lilith le está esperando.

— Con su permiso. — Atravesé el umbral de la puerta y entré a aquel edificio, el cual destacaba más por dentro que por fuera. Las lámparas de araña iluminaban cualquier rincón de la casa que se atreviera a oscurecer, arcos polilobulados conectaban los distintos pilares y cuyos pasillos comunicaban unas estancias y otras. Por un segundo me arrebató una sonrisa ya que, aunque solo supiera de la arquitectura por el estudio en la casa de los Griffith, era un artista y sabía valorar toda manifestación aunque no estuviera en mis especialidades.

— Acompáñeme. La reunión será en el segundo piso. — Y como si no tuviera conciencia propia, agasajado por lo que me rodeaba, comencé a subir las escaleras, siguiendo de cerca a la morena mujer que me hacía de guía, con destino al despacho de la señorita.

Si todo iba bien, parecía que llegaría dentro de poco, por lo que me limitaría a pasar tras mi acompañante y, al estar en el centro de la habitación, sin siquiera pararme a fijarme en aquella que me había llamado para cometer la tarea que me pedía.

— Señorita Lilith, Liam Griffith. Encantado. — Mi rodilla diestra besaría el suelo mientras que la zurda formaría un ángulo de noventa grados, exactamente como me habían enseñado. El brazo derecho pasaría frente a mi pecho, abrazándolo, y el izquierdo por mi espalda, haciendo gala de toda la caballerosidad que pudiera reunir. — Estoy aquí para servirle en cuanto necesite.
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Mensaje por Lilith Blair Jue 18 Jun 2020 - 0:46

Cuando Bianca salió de la habitación y cerró la puerta tras de si, Lilith se levanto para comenzar a recoger los papeles que tenía dispersos por la mesa. No quería que el chiquillo de los Griffith pudiera ver nada que lo pusiera sobre aviso de los negocios oscuros que tenía la chiquilla. Recogió todo aquello que pudiera ponerla en un compromiso y lo guardo en la caja fuerte que tenía destinada para ellos. Después de todo había que evitar que cualquiera pudiera tener acceso a esos documentos y aunque su casa era como un bunquer cuando las cosas se ponían serias, era mejor tener las cosas guardadas bajo llave para evitar sustos innecesarios.

Una vez tuvo esos papeles bien guardados y ordenados se dispuso a recolocar tranquilamente y de forma distraída aquellos documentos que tenían que ver con sus negocios limpios. Aquellos que tenían que ver con su empresa textil y con su empresa naval. Además de eso le pidió a uno de sus chicos que le trajera un té con un poco de miel, le apetecía algo dulce en aquel momento y el té era algo que disfrutaba mucho tomando así que unir ambas cosas era sencilla y muy agradable. Se acomodo un poco mejor en su silla mientras el lobo levantaba un poco las orejas al escuchar como Bianca se acercaba a la puerta, sabía que la chica no tardaría mucho en traer al invitado hasta su presencia, después de todo, su trabajo era servirla y era alguien leal y muy servicial al menos con la joven madame.

Lilith levanto la cabeza para verlo entrar, no esperaba que fuera así, la verdad es que esperaba un jovencito altanero e incluso demasiado pomposo o creído. Pero parecía ser un chico bastante normal y eso había logrado llamar su atención. Se quedo observando sus movimientos, viendo como hincaba la rodilla y se presentaba ante ella como todo un caballero de English Garden. Aquello la hizo sonreír levemente, parecía que a lo mejor engañarlo iba a ser más fácil de lo que creía inicialmente. — Me alegra mucho ver que has podido llegar, estaba preocupada por que tardase tanto ¿tuvo algún problema? ¿tal vez debería haber mandado a buscarle? menudo despiste por mi parte...debería haberlo hecho, lo siento mucho — utilizó una voz de jovencita acongojada y muy apenada mientras se levantaba de la silla y daba un par de pasos hacía aquel hombre.

Quería verle un poco mejor, antes de que él levantara la cara, le hizo un gesto a Bianca para que se marchara y otro a León para que se ocultara, no quería que el muchacho se sintiera intimidado por aquellas dos presencias, después de todo sus ojos eran como clavos ardiendo que no se le despegaban. Era su forma de protegerla, pero en ocasiones era mejor que sus presencias no fueran visibles para poder evitar que las personas con lasque la madame hablaba se sintieran intimidadas y en cambio en otros momentos era eso justamente lo que la mujer de ojos amatistas quería. Pero ese no era el caso, por ahora era mejor que el chiquillo pelirrojo se sintiera cómodo y tranquilo en aquella situación.

¿Qué era lo que quería la madame? Por ahora quería conocer mejor al heredero de la casa Griffith para ver si de alguna forma podía hacer que él o su familia, terminase accediendo a prestarle aquel libro, con poder echarle una ojeada estaría mas que satisfecha, pero temía que siguieran negándose, así que de alguna forma necesitaba ganarse el afecto de aquel muchacho para conseguir sus propositos. — Por favor, levantaos, no es necesaria una reverencia, venid por favor, sentaos conmigo, ¿queréis una taza de té o algo de comer? — de nuevo volvió a usar una voz dulce, normalmente la tenía de por si así que tampoco tenía que fingirla especialmente, quería que el chico la "ayudara" con el robo de las joyas y de paso así podría conocer como se movía y la capacidad de actuación que poseía el chico. Además mientras buscaba las joyas haría que se quedara en su casa y de ese modo podrían "conocerse" mejor.
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Mensaje por Liam D. Griffith Vie 19 Jun 2020 - 19:45

La señorita se disculpó respecto a lo que ella tildaba de ''error''. Negué con la cabeza aún orientada hacia el suelo, sin mirarla de frente, dejando claro que nada de aquello era su culpa. No intervine verbalmente porque me pareció que con el gesto quedó suficientemente claro, pero aquella situación había devenido de mi propia debilidad e incapacidad para hacer un buen trabajo. Si no hubiera demostrado tal debilidad en el desierto, nada hubiera sucedido más allá de llegar a tiempo y ahorrarles disgustos a todos en aquel lugar. «Debo entrenar más en ambientes calurosos…» repetía una y otra vez en mi cabeza, martirizándome. Pero no, no era el momento, así que apreté los párpados mientras nadie los podía ver y me esforcé en borrar aquella serie de pensamientos de mi cabeza cuanto antes.

Noté claramente cómo ella se levantaba de su asiento y se acercaba con lentitud y, tal y como aclaraba el protocolo, uno nunca levantaría la cabeza si no se le daba el permiso expreso. La noté justo frente a mí, casi inerte como si hubiera desaparecido, pero con un leve movimiento de cabeza era capaz de vislumbrar su fino calzado frente a mí. Luego volví a escuchar pasos, esta vez en la dirección contraria a mí, volviéndose cada vez más suaves hasta desaparecer por completo. Y, segundos más tarde, llegó la orden que tanto ansiaba: que me irguiera de una vez por todas. Sin pausa pero tampoco con premura utilicé el apoyo de mi zurda para que la otra pierna se pudiera levantar y, en cuestión de un momento, levantarme con suavidad, manteniendo aquella postura que tanto me caracterizaba.

Esbocé una sonrisa sin pensarlo mientras mi cabeza dejaba de fijarse en el suelo para poder verla a ella de frente y, sin darme cuenta, esta acreció. Aquella señorita que había frente a mí, presuntamente Lilith Blair, mi contratante, parecía no ser siquiera una persona; generaba a su alrededor un ambiente de palacio. No me sorprendería verla en la vitrina de la más exquisita tienda de muñecas, ocupando por completo el escaparate como el plato principal de toda la colección. Una altura para nada desdeñable y una finura sin precedentes. Su pelo, del color de la malva, no hacía sino hacer brillar aquellos dos ojos que reinaban sobre su cara, grandes y llamativos por su color de iris y forma. Sin conocerla, apostaría porque su procedencia se encontrase en una isla de invierno, lejos de las temperaturas del desierto. No entendía como la belleza de una piel así podía tolerar los rayos de sol tan intensos que plagaban Arabasta, pero aquello sería un secreto para otro capítulo. Aun así, no me pude percatar hasta pasados unos valiosos segundos de que el color carmesí reinaba mis mejillas y orejas, combinando con mi cabellera, y no precisamente por quemaduras solares. Para cuando pude volver al plano de los mortales, me percaté de que me había hecho una pregunta.

— S-Sí. — «Oh, mierda, ya se me ha escapado», pensé para mis adentros. No estaba para nada cómodo relacionándome con señoritas, menos si eran como aquella. La belleza me imponía y, sumado a la sorpresa y vergüenza de haberme quedado absorto observándola, habían desencadenado en unos nervios algo difíciles de controlar. «Liam, piensa, es una pregunta de varias opciones, no de sí o no» medité una y otra vez hasta que llegué a una conclusión. A pesar de que mi mente se hubiera nublado, con algo de esfuerzo podía poner la máquina nuevamente en funcionamiento y eso logré. — Un té, por favor. — Logré componer la frase; habían ganado mis ansias de beber por fin algo que no fuera agua con sabor a metal de cantimplora. Llevaba desde que se me agotó el cargamento del barco sin probar mi querida bebida, típica de English Garden. — Con su permiso… — Todavía no se borraba el rubor de mi faz, pero al menos mi mente comenzaba a pensar con claridad nuevamente.

Sin más dilación, después de que Lilith emprendiese la marcha hacia su asiento, la seguiría, sentándome justo frente a ella y cruzando las piernas, quedando la derecha sobre la izquierda. Esperaría entonces a que diese las órdenes que viese necesarias o, en cualquier caso, hiciese lo propio para que llegasen las bebidas a la mesa. Mientras sucedía o no, aprovecharía el silencio de una habitación únicamente poblada por nosotros dos para dar comienzo a la reunión cuyo objetivo era descubrir lo máximo posible acerca de mi encargo.

— ¿Podría ampliar la información acerca del robo y las joyas? — Aprovecharía el momento para, con un gesto casi más propio de un ilusionista que de un marine al uso, recoger la libreta de mi ropa y colocarla en mi zurda, elevándola. El bolígrafo apareció en mi diestra y, siendo mecánico, me valí de un movimiento de pulgar para que la punta apareciese. Fijé mis ojos en el papel para evitar la vergüenza de mirar directamente a Lilith, aunque parecía ser que no funcionaba. — Si no le es inconveniente claro.
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Mensaje por Lilith Blair Sáb 20 Jun 2020 - 17:34

Definitivamente aquel chiquillo iba a ser más interesante de lo que pensó primeramente. Sus modales eran exquisitos, eso era algo que no podía negar, pero además de eso, se notaba que era un hombre agradable, le esperaba bastante prepotente y en cambio le estaba demostrando que no era ese tipo de noble. Se preguntaba como sería su historia, no conocía del todo bien la vida de aquel joven, tan solo sabía que era uno de los chiquillos de los Griffith y bueno, también sabía que no es que tuvieran solamente uno, después de todo se dedicaban a entrenarlos para que heredaran el liderazgo de la casa.

Debía ser un chico dedicado para poder sobresalir entre el resto de aquellos elegidos para enfrentarse en una lucha absurda de poder. Para ella ser de una familia noble no era tan divertido, después de todo ella era una hija bastarda y en cierta forma se habría quedado solamente en eso si la esposa principal de su padre no hubiera sido estéril. Pero como aquella mujer no podía darle hijos el hombre había decidido legitimarla a ella. De todos modos, que su madre falleciera y no le diera un varón a su padre también había sido en cierta forma un golpe de suerte para ella, pues estaba segura de que si tiempo después su madre le hubiera dado un hijo varón a su padre, ella hubiera quedado relegada a un simple objeto de intercambio, una muñeca que exponer y que entregar a algún noble a cambio de una dote.

Dejo de pensar en eso cuando vio el sonrojo en el rostro del pelirrojo y le escucho tartamudear de esa forma. Aquel tartamudeo acompañado por el sonrojo en su rostro que rivalizaba en intensidad con el rojo de su cabello la hizo sonreír suavemente. Una vez estuvo sentada en la mesa y con él delante hizo que sonara una campanita, rápidamente Leo apareció ante ellos con sus enigmáticos ojos miel del mismo color dorado que los de su hermana, parecían puros ámbares. — Leo querido, ¿puedes avisar para que nos suban un poco de té? y dile a María que si queda alguna de sus deliciosas galletas de mantequilla que ponga un platito en la bandeja, gracias — María era la cocinera de la mansión desde que ella era una cría. Actualmente era una mujer que casi rondaba los sesenta, tendría unos cincuenta y seis o siente años. Su hija, Sophia también cocinaba como los ángeles y era ella quien ayudaba a su madre en la cocina y quien heredaría su puesto cuando su progenitora no pudiera seguir trabajando.

Leo asintió y marcho para avisar a cocina, sonrió nuevamente cuando vio aquel juego de manos para hacer aparecer el bolígrafo y la libreta ¿Estaba intentando impresionarla? Estuvo tentada a aplaudir aquel juego de ilusiones pero por el momento se mantendría en su papel de chica buena y preocupada por su legado familiar. — Por supuesto, verá, hace dos días cuando regrese a casa tras ir al taller de costura pude ver que una de las mesas del vestidor estaba completamente revuelta, habían forzado los cajones y se habían llevado varias de las joyas, lo que más me sorprende es el hecho de que no se llevaran nada mas — puso una cara de preocupación bastante evidente. Lilith era buena actriz, aunque tampoco le gustaba demasiado abusar de ese tipo de mentiras, podrían ser descubiertas fácilmente así que solía mantenerse lo mas serena posible, pero en aquel momento lo necesitaba.

— Le seré sincera, las joyas no poseen un gran valor monetario, hay vestidos en ese vestidor que valen en doble o el triple de lo que puedan sacar por esas joyas, pero poseen un gran valor sentimental para mi, son las joyas que mi padre le regalo a mi madre antes de que yo naciera y me gustaría mucho recuperarlas — de alguna forma querían dejarle caer que seguramente sería alguien que quisiera hacerle más daño sentimental que monetario. No era un robo común, había sido alguien que quería herir a aquella jovencita de alguna forma y habían optado por robarle unos objetos de su madre. — Se trata de un medallón y un broche de plata con un rubí, como el digo, no eran lo más costoso de ese vestidor — suspiro un poco, parecía pensativa, ¿cómo podía describirle mejor las joyas para que fuera más sencillo para él hacerse una idea de las mismas? Fue entonces que recordó un detalle bastante interesante.

— Creo que..., deme un momento por favor — se levantó y paso por una de las puertas laterales. Mientras ella estaba fuera llamaron a la puerta y Leo abrió para dejar pasar a la camarera con la bandeja con el té y las pastas de mantequilla. Lilith no tardó mas de un minuto en volver con algo entre las manos. Era un marco de foto — muchas gracias Sophie — le dedico una sonrisa a la joven que se inclino ante ambos antes de marcharse. Lilith tomó asiento nuevamente y le tendió el marco para que pudiera ver la foto — son esas, mi madre las llevaba el día de mi bautizo — esperaba que ahora pudiera hacerse una imagen mas visual de como eran las joyas aunque la verdad no se veían demasiado bien ya que en la foto no se apreciaban demasiado.

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Mensaje por Liam D. Griffith Lun 22 Jun 2020 - 14:59

La señorita indicó a uno de sus ayudantes, aquel de ojos fieros y decididos, que avisase a las que suponía que serían las doncellas cocineras de la mansión para que preparasen nuestra bebida y algo de comer. No sé realmente porque no me había esperado que aquel lugar, de tal calibre como se podía discernir desde lejos, tendría personas encargadas de su manutención con dedicadas labores. Exactamente igual que en el chalet de los Griffith, aunque en la escuela de entrenamiento también habíamos tenido a mujeres cuyo talento, más que cocinar bien, había sido cocinar para un batallón, algo igual o más loable por más que a mí me diera arcadas en según qué días. El chico se marchó de la habitación sin más dilación y sin mediar palabra, escuchando tras sus pasos el entornar de la puerta y su cierre.

Tras esto, Lilith se decidió a comenzar a informarme acerca del suceso, empezando a apuntar yo con la mayor de las velocidades para no obligarla a ralentizar su discurso: «Robo premeditado, dirigido y concreto a las joyas». Elevé la mirada, encontrándome con la agonía de una mujer que ha perdido lo que es suyo y que, en un rostro como aquel, llegaba hasta a escocer el corazón a pesar de no estar implicado más que a nivel profesional. Finalmente, continuó, provocando que mis ojos se clavasen en el papel nuevamente: «Joyas de herencia, ¿por qué? Medallón y broche de plata con un rubí». Entonces, le di la vuelta al bolígrafo y plaqué el pulsador contra la libreta, guardando la punta y llevándolo nuevamente al bolsillo mientras me fijaba en lo escrito, meditando.

De mi ensimismamiento me liberó la chica de cabellos fríos nuevamente, pidiéndome paciencia y dejando atrás su asiento para marcharse de la habitación con cierta premura. Entonces, volví a mi trabajo sin preguntarme acerca del paradero de la muchacha; era libre de hacer lo que gustase y tendría un momento libre para reflexionar acerca de los hechos. Entonces, comencé a golpear con suavidad el dedo índice derecho contra la página, como si tratase de hacer que las palabras salieran disparadas o me respondiesen a la fuerza.

— Tenían menos valor… —susurré para mí mismo, pensando en voz alta—. ¿Y si no es un robo? —Volví a rescatar en ese momento el birome y lo dispuse a escribir, dejando plasmadas en tinta las palabras que recitaba simultáneamente—. Posible venganza, robo para hacer daño emocional únicamente —El problema recaía en que esta afirmación planteaba más incógnitas de las que pudiera resolver—. ¿Por qué alguien querría herir en los sentimientos a una chica como esta? No parece problemáti…—estaba mascullando cuando, repentinamente, entró el que Lilith había bautizado como Leo dejando la puerta abierta para que una señorita que portaba una bandeja no encontrase dificultades—. Huelen maravillosamente bien, señorita. — Dije mientras miraba de reojo a la chiquilla para que el rubor no se apoderase de mis mejillas. No mentía; las pastas realmente alimentaban con solo llegar a mis fosas nasales. La chica agradeció con un gesto y dispuso el plato en la mesa, fijándome yo en ellas y paladeándolas únicamente con el olfato. Por educación a Lilith, esperaría a que la señorita llegase para comenzar a probarlas junto al té—. ¿Puede ser que algunas lleven margarina como…—elevé el dedo, buscando la que pensaba que podía ser la culpable—… esta? —señalé finalmente a una esquina y, luego, a otras dos más dispuestas a su alrededor. La chica asintió con cierta sorpresa notable en los ojos y, como perdiendo parte de la desconfianza que la había invadido al hablar por vez primera conmigo, comenzó a charlar conmigo acerca del plato de una forma realmente entretenida. Entonces, terminó volviendo Lilith, momento en el que le agradeció y, antes de que se marchase, le dediqué unas palabras, cerciorándome de las escuchase—. Tiene una cocinera realmente espléndida —y la puerta se cerró.

La encantadora señorita tomó nuevamente asiento y me tendió lo que llevaba en las manos: una foto enmarcada en un fino y bello rectángulo de madera tallada. Entonces, me dejó claro que en aquella fotografía podía ver a su madre y, más concretamente, las joyas robadas sobre ella. Asentí, tratando de buscarlas ávidamente hasta que pude posarme en dos leves puntos rojos que, muy a mi pesar, difícilmente se discernían de la ropa o el fondo. Achiné los ojos progresivamente, tratando de fijarme en los detalles para hacerme una idea de qué era aquello que debía buscar —más que la definición que me había hecho la mujer frente a mí—, pero a pesar de mi saludable vista era incapaz de dar más de mí.

— Perdone… —dije, girando el marco para que ella se pudiera fijar, aunque seguramente lo hubiera hecho en el camino—. ¿No tendría usted una fotografía en la que se viera mejor? Por más que me duela admitirlo, no las distingo bien con esta —clavé mis ojos en el marco con cierto matiz de furia por presentar un problema cuando todo estaba yendo tan bien en la reunión—. Si no, no se preocupe, estoy completamente seguro de que con la definición que me dio las podré encontrar. No creo que haya demasiados rubíes enjoyados a lo largo y ancho de Arabasta, ¿no? —Quizás simplemente estaba aseverando algo que no tenía forma de confirmar. No sería la primera ciudad donde cada uno de los ricos y burgueses tenían joyas para repartir, pero quería mostrarme optimista ante el encargo—. Por el otro lado… ¿Ha reparado usted los cajones? Me gustaría, si no es así echarles un vistazo para poder fijarme en cómo han sido forzados —La miraría nuevamente, bolígrafo en la misma mano de siempre—. Por último, y no quisiera importunarla con la pregunta, pero, ¿tiene alguna relación que usted considere mala? Es decir, aunque suene terriblemente mal, ¿considera a alguien en mente como para poder haber cometido el crimen? —Debía de ser alguien que tuviera presente en su vida y con el que se hubiera peleado, ya que un ladrón cualquiera no se limitaría a coger dos joyas. Además, era una mansión, no tenía que ser fácil infiltrarse sin alarmar a nadie.
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Mensaje por Lilith Blair Mar 23 Jun 2020 - 1:59

Ante las palabras de Liam sobre lo esplendidas que eran sus cocineras solamente pudo asentir. Ambas mujeres eran maravillosas y desde luego disfrutaba mucho de su trabajo ya que ella era un completo desastre en lo que a comida se refiere. En más de una ocasión ambas habían intentado enseñarle a hacer algo y no había manera. Quemaba la elaboración mas sencilla y habían tenido incluso que cambiar electrodomésticos enteros por que la señorito Lilith los dejaba completamente inservibles. Por ese mismo motivo había aceptado hará unos años que no es apta para la cocina y que era mejor para todos que se mantuviera alejada de ella para evitar cualquier tipo de desastre que pudiera provocar un incendio en la mansión y arruinar por completo el edificio y de paso la vida de los que vivían en ella.

Cuando le entregó la foto al muchacho, dejo que este se fijara tanto como quisiera. Mientras eso ocurría, los ojos amatista de la joven se dedicaron a perfilar completamente su rostro. Era un chico muy apuesto, facciones delicadas pero varoniles, unos ojos brillantes, de un tono rojizo, rosaceo tal vez, no podía verlos lo suficientemente bien por que estaba un poco lejos teniendo en cuenta que se encontraba al otro lado de la mesa. Tal vez en otra ocasión tuviera la suerte de poder acercarse más para distinguir ese hermoso tono que tanto llamaba su atención. También se fijo en su pelo, pelirrojo, de un rojo ardiente y apasionado, no era en absoluto apagado, brillaba bajo las luces como una fragante llama que ejercía una fuerza poderosa que no te permitía apartar los ojos.

Pero se obligo a hacerlo, sin embargo estos volvieron a fijarse en su rostro, mas específicamente en sus labios, tal vez una señorita decente no se dedicase a ver ese tipo de cosas en un hombre que acaba de conocer, pero bueno, quienes conocemos su historia sabemos que Lilith no es una señorita decente, al menos no del todo. El porte del chico era algo que llamo su atención igualmente, su andar, casi parecía que iba bailando por la sala, elegante pero sin ser pomposo ni desagradable. Se podría decir que el joven había logrado llamar la atención de la madame y eso, siendo sinceros, no sabría decir con certeza si es bueno o es malo, al menos para el chico claro.

Pestañeo un par de veces cuando el chico volvió a dirigirla la palabra y la foto. Entendía perfectamente que no pudiera ver las joyas en aquella imagen, era demasiado pequeña. — Me temo que no tengo otra fotografía con esas joyas, mi madre no solía usarlas mucho y ella murió cuando aún era pequeña — por un momento puso una expresión triste en el rostro y luego suspiro intentando calmar sus recuerdos o mejor dicho sus pensamientos — pero puedo hacer algo incluso mejor, eso espero al menos — le dedico una dulce sonrisa mientras abría un cajón y sacaba una hoja en blanco algo gruesa y un lapicero. La colocó sobre la mesa y comenzó a pasar el lápiz por el papel en trazos suaves pero muy precisos poco a poco iba recreando la silueta de ambas joyas hasta que se puso a sombrear.

— Disculpe si tardo un poco, he visto las joyas muchas veces pero en ocasiones es difícil memorizar algo concreto — pasados unos minutos le paso la lamina al chico para que pudiera ver el dibujo y decidir si era suficiente para poder tener una idea de como eran. Pensó entones en las palabras que le había dirigido y en las sospechas que el joven heredero de los Griffith tenía sobre el posible ladrón — bueno, ha decir verdad, podría decirse que tal y como describe usted la situación mi tío podría tener motivos, siempre quiso que su hijo fuera el heredero de la empresa de mi padre ya que no tenía hijos varones, pero al ser yo la heredera sus planes no llegaron a buen puerto ¿pero de verdad cree usted que él podría hacer algo así? — en realidad su tío era capaz de eso y mucho más y ella lo sabía, pero no había sido aquel hombre quien se había llevado las joyas, aunque las enconarían en su casa, después de todo, ella lo había dispuesto todo así.

Asintió a su petición de ver los cajones — pedí expresamente que los dejaran tal y como estaban para no entorpecer la investigación, por aquí por favor — se levantó de la silla y nuevamente espero a que él hiciera lo mismo, era un hombre bastante alto y eso era algo que le agradaba a la jovencita. Le indico que la siguiera y entonces caminó hacía una de las puertas laterales, tuvieron que pasar por algunos pasillos y entonces llegaron a la habitación de ella, completamente arreglada y maravillosa, grande y exquisitamente decorada. Entonces le llevo hasta la puerta de la derecha, una puerta doble corredera que al abrirse daba paso a un enorme vestidor del tamaño de la propia habitación de la joven o incluso aún más grande. Había vestidos majestuosos de telas e hilos preciosos de una calidad excepcional y en cajones y vidrieras las joyas que los acompañaban. Le señalo entonces los cajones que habían sido forzados y se aparto ligeramente para permitir que pudiera investigar tranquilo.
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Mensaje por Liam D. Griffith Jue 25 Jun 2020 - 13:39

Chasqueé la lengua en un volumen realmente bajo en cuanto me reveló que no podría enseñarme ninguna otra fotografía acerca de las joyas y, en lo profundo de mí, sabía que era lo lógico. «Liam, no me seas gilipollas, si tuviera una mejor no te habría traído esa, ¿no crees?», pensé para mis adentros, martirizándome hasta cierto punto por si la había hecho sentir mal o incapaz de ayudar. Aun así, la mueca de tristeza dio paso a una de tranquilidad, seguridad y hasta dulzura en cuanto me hizo mención de que era capaz de hacer algo mejor. «¿Cómo que hacer…?», medité, tratando de buscar una respuesta. Y ella, sin hacerse de rogar, me la dio en los segundos siguientes: extrajo papel y lápiz y, poniendo lo primero sobre la mesa, se dispuso a realizar trazos, trazos y más trazos como si pasease el lápiz por la superficie. La madera danzaba de aquí para allá, guiada por las suaves y finas manos de la señorita y, en consecuencia, dando forma a un dibujo que no tardó demasiado en terminar. Para cuando terminó, me encontraba apoyado con ambos codos sobre la mesa, mirando fijamente al lienzo y el mentón apoyado sobre mis palmas, dejando entrever una sonrisa hasta infantil por el espectáculo. Era innegable que la muchacha tenía arte y talento dentro de ella.

— Está maravillosamente bien —Me quedé observando el diseño durante unos largos segundos, memorizando la forma como buenamente podía. Mi memoria no era prodigiosa pero supuse que me haría el apaño—. ¿Le molesta si lo guardo para poder revisarlo más tarde? — Supuse que no habría problema, por lo que lo doblé cuidadosamente y lo introduje en el bolsillo interior derecho de la chaqueta. De no ser así, simplemente se lo devolvería. Ella entonces volvió a hablar y fijé mis ojos en sus labios, bien marcados y rojizos, aclarando la situación que tenía con su tío y cómo era aquel que tenía peor relación con ella. Asentí a la pregunta, sin duda alguna—. Le sorprendería saber cómo puede ser la gente. Una cara plagada de sonrisas que luego clavan afilados cuchillos a la mínima —Le sonreí al finalizar, para quitarle hierro al asunto pero aclararle en el camino que así era el mundo por más que a mí me pesase. Una muchacha de casa rica, aparte de la muerte de sus padres no debería haber visto más de la suciedad del mundo, y en parte me alegraba por ella. Se vivía mejor de esa forma.

En cuanto pedí poder examinar los cajones de los que fueron sustraídas las joyas no tardó más de cinco segundos en levantarse e indicarme que hiciera lo mismo, mencionando que no quiso tocar nada de la escena para no molestar en la posterior investigación. Sinceramente, me esperaba que ya lo hubieran arreglado en el lapso de tiempo que transcurrió desde el hecho hasta mi llegada, pero estaba claro que habían sido prudentes y tomaron la decisión correcta durante la espera. Dejé el asiento atrás, irguiéndome en toda mi altura mientras seguía a la mujer paso a paso sin adelantarla pero tampoco atrasarme.

Unos pocos pasillos aclararon lo grande que podía ser aquella casa, ya que no parecía tener fin y cada tabique daba paso a otro más grande. Cada pasillo, a varios más que seguramente se terminaran ramificando. De todas formas, con la guía de Lilith no tardamos en alcanzar una puerta de elegante marco que nos dio paso a la que, por su decoración, supuse que era la habitación de la chica de la casa. Por tamaño podía combatir con la que eran las habitaciones reales de English Garden o el domicilio de una persona normal, aunque esta estaba mejor decorada e indicaba a todas luces que había dinero en la casa. Parecía esforzarse en decir que lo más barato de aquel lugar eran aquel par de joyas engarzadas, por lo que me reafirmaba en mi creencia de que el robo era la excusa y no el objetivo. Con suerte, el ladrón no habría vendido el botín con el único propósito de extorsionar a la muchacha o que le fuera imposible recuperarlas por encontrarlas en el mercado. Olí el perfume a mujer y mis mejillas se tornaron rojas, tratando de mirar a todos lados para esconder la reacción de la chiquilla, por la cual podría ser tildado de ''poco profesional'' o incluso ''pervertido''. Un escalofrío estremeció mi columna al imaginar un periódico con mi nombre y cualquiera de aquellos dos adjetivos, o algo mucho peor, lo que me inspiró a mantenerme serio y no caer en pensamientos ajenos a mi propio trabajo como marine.

Las puertas se abrieron de par en par para poder entrar al vestidor y la seguí, descubriendo una estancia que hacía palidecer la anterior. Estaba bien surtida la chiquilla, especialmente teniendo en cuenta que aquellos tejidos se mostraban a simple vista lejanos de lo cotidiano, simple o barato. Ahí podía estar —quizás en cada uno de ellos— mi sueldo anual o más aún, pero cada uno tenía un rol y el de ser envidioso no era el mío. Me señaló con aquel dedo índice las consecuencias de aquel robo y me fijé en aquellas maderas cuya cerradura se andaba de capa caída:

— Sí, no hay mucho margen de error —dije adelantándome a ella para fijarme en lo que había venido a buscar y, ya de paso, no verla a ella y no sufrir el rubor más tiempo—. No parece una cerradura realmente compleja, para ser sinceros… —Rocé con los dedos diestros el metal de un cajón contiguo, en buen estado, mirándolo con suma atención—. Con una ganzúa se podrían abrir de par en par, sin destrozar la protección. Más silencioso, más efectivo y nadie prometería que te percatases del robo hasta pasado el tiempo suficiente como para permanecer del mapa —Suspiré, dándole forma a mi idea—. Me reafirmo: quien haya estado aquí quiere hacerte daño. Solo ha roto la cerradura para que sufras cada vez que la veas y te des cuenta de la pérdida lo antes posible. Es la única razón por la que alguien dispuesto a entrar aquí no se prepararía de antemano —Una ganzúa era diminuta, no sería problema alguno portarla en un bolsillo, así que simplemente había decidido que su modus operandi sería aquel tan concreto y poco ortodoxo entre ladrones de calibre.

Me paseé con suavidad por el vestidor, tratando de no parecer un fisgón ni un cotilla; estaba investigando de forma profesional. Buscando pistas de aquí para allá, cerca de los vestidos, alrededor de las joyas: en cualquier lado. Pero nada, estaba impoluta. Quizás habrían limpiado y arrastrado cualquier posible evidencia que pudiera encauzar la investigación o simplemente el ladrón era más listo de lo que parecía, en cuyo caso sería terrorífica la idea de seguirle el rastro.

— ¿Han limpiado la habitación…? —La respuesta, de una forma u otra, no me aportaba nada sustancial, así que tardaría poco en hacer la siguiente—. ¿Tienen guardia nocturna? —dije mientras me acercaba a la ventana y me asomaba para ver la altura. Obviamente no era el objetivo más fácil, pero aun así alguien tremendamente ágil podría llegar y hacerlo todo. Me propuse mirar las bisagras que se encargaban de permitir su apertura y cierre y una sonrisa creció en mi rostro—. ¿La ventana siempre ha estado así o es cosa de estos días…?
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Mensaje por Lilith Blair Vie 26 Jun 2020 - 0:37

Se preguntaba si aquel plan surtiría el efecto deseado, después de todo, la mujer no tenía más que dejar que el marine siguiera las pistas hasta encontrar las joyas en el lugar deseado. Pero había tantas cosas que podrían salir mal y tantas otras que podrían salir bien, después de todo, Lilith era alguien que disfrutaba mucho de los juegos y en aquel momento estaban jugando una partida de lo mas compleja y elaborada. Fuera como fuese, si conseguía quitarse a su tío de en medio o no, al menos ella quedaría completamente libre de cualquier sospecha, todo estaba dispuesto para que así fuera y eso si que lo tenía completamente bien atado.

Permitió que el marine entrase en su habitación y después pasara hasta el vestidor para comenzar a inspeccionar y a investigar sobre lo ocurrido con sus joyas. Sabía de sobra que esas cerraduras no eran demasiado buenas, pero se hizo la sorprendida — creo que mandare cambiar las cerraduras de toda la casa por unas un poco mas...sofisticadas — su voz sonaba un poco preocupada y angustiada, no quería que nadie pudiera volver a entrar en su casa, aunque seamos sinceros, nadie había entrado en su casa, pero por ahora tenía que seguir haciendo aquella obra de teatro en la que no solo era protagonista, si no que era quien narraba y movía los hilos de las marionetas.

Cada vez se alegraba más de haber conseguido que el chico de los Griffith acudiera a su llamada, parecía un chico bastante tierno y el sonrojo que vio en su rostro por el rabillo del ojo cuando entro en su habitación logró sacarle una sonrisa algo juguetona. Aquel chico no sabía donde se había metido, pues es cierto que Lilith podía ser una mujer dulce y tierna, pero el mundo le había enseñado que no podía permitir que pudieran hacerle lo mismo que le hicieron a su pobre madre. Conocía su historia por que las cocineras y las criadas se la habían contado miles de veces, una mujer noble encantadora que había sido vendida por su propio marido para pagar unas deudas y que había terminado de esclava, que había tenido suerte en caer en manos de su padre, aunque ella no estaba del todo segura de que eso fuera cierto.

Cuando el chico le pregunto sobre la ventana salió de su ensoñación para prestarle completa atención — ¿la ventana? ¿le ocurre algo a la ventana? — se acerco para ver a que se refería el chico, aunque lo sabía o tal vez no, León se había encargado de preparar algunas de las "pruebas" que iba a encontrar el marine cuando se pusiera a investigar así que la joven no conocía todas los detalles al menos no a la perfección. — Si claro, siempre tenemos seguridad en la mansión, como usted puede entender la casa es bastante jugosa para los ladrones aunque es la primera vez que alguien entra...bueno, ahora que lo pienso la segunda aunque eso fue cuando mi difunto padre aún vivía — la joven le mostró un rostro un poco compungido.

Después de todo, tenía que fingir que le daba pena la muerte de su padre aunque en realidad no le daba pena en absoluto. Aquel hombre la había utilizado y ahora mismo ella solo quería vivir la vida a su manera, tal vez no fuera la mejor de todas, pero para ella era una vida completamente digna y se enorgullecía del trabajo que hacía con sus chicas. Hablando de eso, tendrían que tener cuidado, pues si el chico tenía que investigar durante varios días Lilith no podría ir a sus locales por lo que León tendría que vigilar que todo fuera bien junto con Bianca. Suspiro levemente — si necesita hablar con alguien de seguridad puede preguntarle a Leo, mi guardaespaldas, es mi jefe de seguridad y es quién controla todo —  su voz sonó bastante dulce y calmada mientras que meditaba en que más podía decirle al joven.

— Disculpe, pero tengo la sensación de que va a tener que estar unos días en Arabasta y no quisiera que tuviera que estar yendo y viniendo, la casa es muy grande y si le parece bien creo que sería totalmente correcto que se quede en una de las habitaciones si así lo desea — le dedico una preciosa sonrisa intentando convencerlo, sus argumentos eran convincentes y si él se quedaba, podía estrechar su relación con él para llegar al punto clave de la historia, empezar a hablar de intereses en común y descubrir si el chico tenía conocimientos sobre las frutas del diablo y sobre el libro que tenía su familia y que ella tanto deseaba leer.
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Mensaje por Liam D. Griffith Lun 29 Jun 2020 - 23:17

«¡Ding, ding, ding!», exclamó una campana dentro de mi cabeza. Aunque tener un instrumento en el interior del cráneo no solía ser una práctica para nada recomendable, en este caso era algo realmente positivo: tenía una pista, un hilo del que poder tirar con suavidad hasta que toda la madeja se deshiciera y me dejasen ver qué había en el centro. La bisagra parecía estar repleta de un polvo plateado, más parecido a la purpurina que al metal, pero tenía buen ojo para diferenciar ambos y aquello era inequívocamente un metal precioso. Tantos años con los Griffith me habían permitido ver cientos sino miles de objetos hechos de este material, ya que era algo realmente valorado y simbólico dentro de la caballería.

Por el otro lado, afirmó a mi pregunta acerca de la seguridad. De hecho, desde aquella ventana podía fijarme en uno de los guardias que caminaba de aquí para allá, así que la había realizado más bien por decoración y por continuar con la conversación. Era ilógico tener la propiedad de un hogar como era este y no tener el dinero o la consciencia suficiente como para contratar a unos cuantos encargados de su bienestar. Supuse que realizaban distintos turnos para que a ninguna hora se mantuviese sin nadie, así que la noche era tan peligrosa como el día por más que las sombras te resguardasen. A menos que pudieras ser algún conocido de la familia y tu presencia no alarmase a la guardia… Quizás había alguien que no hubiera dado toda la información pertinente al llegar, pero para ello me tendría que comunicar con los debidos profesionales y realmente dudaba que aquellos que realizaban la ronda nocturna no estuvieran dormidos durante la diurna. Por experiencia, sabía que aquellos horarios eran duros para uno mismo.

— Así que Leo, ¿eh…? — dije mientras abría la ventana y miraba al exterior, enarcando una ceja al acercarme más al polvo que no había cedido con el movimiento. Con un veloz movimiento lo llevé todo a una bolsa transparente que saqué de mi bolsillo derecho, preparada con antelación, ya que los trabajos sobre robos solían conllevar un trabajo de investigación previo—. Hablaré con él más tarde, sí. Me gustaría encontrarme con sus chicos y poder intentar refrescarles la memoria de aquella noche, aunque tras estos días quizás no guardan recuerdo alguno…

Apoyé ambas manos en el marco de la ventana, asomando medio torso a través para fijarme con toda la posibilidad que me aportaba mi altura el techo. Quería encontrar alguna pista más que me facilitase el futuro, pero mis ojos no daban para más y no parecía tener nada más a mano. Entonces, escuché la voz de Lilith tras de mí y mis muñecas cedieron por un segundo, amenazando con caerme por el tejado y despeñarme. Aun así, logré mantener el temple y recuperar la postura en cuestión de un par de segundos, como si nada hubiera sucedido. De todas formas, evitaría mirar hacia atrás para no demostrar el rojo intensísimo que había cubierto toda mi cara y que era fácilmente notable en las orejas.

— B-Bueno… Una p-propuesta… Interesante, sí. Eso —Aclaré mi garganta como pude, clavando mis ojos en el final del techo, desde uno podría bajar o subir a este—. Realmente me ahorraría… Trabajo —Tragué saliva. En el fondo no quería aceptar su ofrecimiento, pues sabía desde el ya que no todo saldría tal y como me gustaría y la vergüenza a la que me exponía no era poca, pero también quedaba en el otro lado de la balanza el hecho de que la Marina no me pagaba el hostal y no había traído una mísera moneda. «Liam, la mansión es gigante como ella dice. Nadie te promete que te la encuentres…» pensé, mintiéndome a mí mismo. Estaba por completo seguro de que el destino, siendo tan jocoso como solía, me la lanzaría en la puerta del cuarto en el momento en el que buscase el baño—. Sería un placer. —Aparenté la mayor compostura posible en la última frase, mirando hacia atrás en cuanto el rubor desapareció en parte y dedicándole una sonrisa agradecida. Entonces, de un rápido movimiento, saltaría como un gato a través de la ventana para quedarme colgado al otro lado y comprobar la altura en mis propias carnes, seguramente sorprendiendo a la mujer. Buscaba, desde aquella posición tan comprometida, apoyos o soportes para subir desde el suelo, ya que esa ventana debía de ser la culpable de la entrada del ladrón. Si salía a buscarme, respondería—. No se preocupe, señorita. Son gajes del oficio —Mis pies se movían de aquí para allá, buscando dónde pisar para subir, y ahí estaba: el marco de la ventana inmediatamente inferior. De un veloz movimiento, sin tocarlo para no arriesgarme a hacerle daño a la propiedad de Lilith, flexioné mis brazos para subir y entrar por la ventana, frenando con los brazos extendidos como si saliera de la piscina de estar la muchacha allí, tratando de no chocar—. Con permiso… —Haciendo un último esfuerzo me deslizaría al interior, mirando a la chica—. Bueno, parece una certeza que quien fuera que entró tenía claro qué hacer y cómo operar, y esa ventana es la que le dio entrada a su hogar —dije mientras me acercaba a cerrarla—. Dicho lo cual, creo que lo más fácil sería aguardar a la noche para hablar con sus guardias nocturnos, señorita. Me gustaría escuchar sus testimonios, así que si necesita alguna asistencia entretanto, aquí estoy dispuesto a ayudarla. Si no, me encantaría ver el cuarto que me prestará durante mi estancia —Giré instintivamente la cabeza un par de grados, sonriéndole con toda la amabilidad que podía concentrar en una mueca como aquella.
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Mensaje por Lilith Blair Jue 2 Jul 2020 - 17:11

Aquel chiquillo parecía realmente preparado para la investigación que debía realizar para averiguar quien había robado las joyas de la princesita. Pero claro, lo que él no sabía es que todo había sido orquestado de alguna forma por la misma joven que lo había contratado. Pero aquello debía permanecer como un secreto ahora y siempre, después de todo si en algún momento lo averiguaba las cosas se podrían poner demasiado complicadas para ella y eso era algo que no le interesaba en lo más mínimo. Por el momento permitió que el chico fuera recogiendo las muestras que quisiera y que cotilleara todo cuanto quisiera. Se notaba que estaba en buena forma por como sus músculos se movían con cada una de sus acciones.

Lilith se deleito por un momento con el movimiento de su espalda, pero tuvo que salir de sus pensamientos en el momento en que Liam pareció ceder hacía delante. No pudo evitar el preocuparse, no tenía ganas de que nadie se despeñara en su jardín, si eso ocurría tendría que dar demasiadas explicaciones, sobre todo si encima era un marine. Aunque fuera cabo siendo heredero de una familia de nobles estaba segura de que le traería demasiados problemas, investigaciones y asuntos demasiado turbios que pondrían en riesgo su modo de vida y todo aquello que tenía planeado. Por ese motivo con cierta preocupación intento sujetar al chico por el brazo cuando sus muñecas parecieron ceder y después le soltó con un ligero rubor en las mejillas, ¿fingido? es posible, tal vez no, ¿quien sabe?

— Lo siento mucho, pensé que...tenga cuidado por favor — después dio un paso atrás y nuevamente vio con cierta intriga como salía por la ventana para ver si era o no posible el subir desde la otra. Por su parte se acerco un poco a la ventana para asegurarse de que estaba bien, de nuevo fingiendo una cara de preocupación por si le había ocurrido algo, pero rápidamente le sonrió al ver que se encontraba bien. — Debo decir que se encuentra usted en una forma magnifica — después se aparto un poco para que pudiera entrar sin problemas de nuevo en la habitación que había sido convertida en vestidor. Asintió ante sus peticiones, era lógico que quisiera hablar con sus guardias del turno de noche, pero tal y como él había dicho tendría que esperar a esta noche, sus muchachos estaban dormidos y no era momento para molestarlos ya que tendrían que trabajar en unas cuantas horas.

Cuando el pelirrojo acepto su invitación a hospedarse en la mansión Lilith sonrió de lo más complacida — fantastico, en ese caso mandare de inmediato a que preparen una de las habitaciones ¿quiere algo en especial para cenar esta noche?  — después de todo, además de marine, ahora Liam se había convertido en su invitado y no había nada que le gustara más a la mujer de largos cabellos y ojos amatistas que agasajar a sus invitados con todo cuanto podía y más, sobre todo con aquellos que podían reportarle un gran beneficio si las cosas salían tal y como ella quería. Dejo entonces que el chiquillo siguiera investigando un rato más mientras le preparaban la habitación, pidió aposta que fuera en la misma planta donde estaba la suya, de alguna forma tendría que conseguir encuentros "fortuitos" entre ambos, aunque desayuno, comida y cena seguramente los compartirían. Una vez la habitación estuvo lista le indico nuevamente que la siguiera, salio de su habitación y siguió el pasillo a mano derecha unas cuantas habitaciones hasta que llegaron a una puerta al fondo del pasillo.

— Espero que sea de su agrado, si necesita cualquier cosa no dude en pedirla por favor, siéntase como en casa  — le dedico una dulce sonrisa y dejo que entrase en el cuarto y cerró la puerta para que lo explorase a gusto. Mientras él estuviera explorando la habitación ella volvería a su despacho para seguir revisando algunas cosas, después de todo no podía dejar un trabajo por otro. Por que si, en aquel momento el chico de los Griffith era un trabajo para ella, debía ganárselo cuanto antes para obtener lo que quería aunque puede que aquel juego le terminase aportando algo más que solamente información sobre las Akuma no mi.
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Mensaje por Liam D. Griffith Vie 17 Jul 2020 - 17:43

¿Había causado cierta preocupación en la mente o corazón de la señorita…? Bueno, era lo lógico, ¿no? A nadie le agradaba ver despeñarse a alguien de su propiedad, menos aun cuando se trataba de un marine; le traería problemas a la conciencia y, seguramente, a la cartera. Pero bueno, prefería pensar en que este había sido, más que otra cosa, un gesto de solidaridad y amabilidad, por lo que se lo agradecí antes de hacer nada, igual que también di gracias al halago que me dedicó, sonrojándome y por poco evitando el perder el agarre y caer al suelo —el cual no estaba precisamente cerca—.

— No, nada en particular… —No era nadie realmente exigente con el ''nivel'' de la cocina, como tanto se esforzaban en distinguir los platos los chefs de alta cocina. Había comido desde lo más simple y popular, como unas patatas fritas, hasta lo más sofisticado que la despensa de los Griffith me pudo ofrecer en su momento—. Con que esté bien cocinado, cualquier platillo será perfecto y, ya conociendo a su cocinera… Estoy seguro de que será así. —Hice un amago de reverencia, el cual corregí en cuestión de segundos. No debía ser tan pomposo en esta situación, menos cuando iba a dormir en la mansión de aquella que me había reclamado—. Confío en su gusto.

«¿Tendrán una distinta gastronomía en el desierto?» medité, llevándome el pulgar y el índice al mentón mientras apoyaba el mismo codo en el otro brazo. El tiempo era distinto en English Garden y en Arabasta, así que era de sentido común —y menos mal— el hecho de que la cocina debía ser radicalmente diferente. Con la temperatura que la arena manejaba, debía de ser difícil tragar un plato caliente, mientras que los fríos serían de agradecer, algo de lo que distaba mucho de mi isla natal. Sería interesante probar nuevos sabores, eso lo tenía por seguro. Esperaba que, siendo un invitado de tan lejos, la señorita buscase sorprenderme con alguna especialidad, ya que yo desconocía qué pedir y no quería ser tildado de ignorante en el camino.

Terminé dándole un último repaso general a la habitación, tratando de investigar hasta cada última mota de polvo, frustrándome al quedarme tal y como empecé. «Liam, Liam, Liam… Ibas bien, ¿qué ha pasado?», me reproché. Había encontrado varias pistas en cuestión de minutos, las cuales me daban hasta vía libre para emprender una búsqueda seria, pero hasta ahí llegué. Parecía que el ladrón tenía tan claro lo que quería que se había limitado a hacer eso mismo, sin pasearse por la habitación ni buscar nada más. El tejado estaba completamente limpio —todo lo que podía al estar en el exterior—, aunque no por ello significaba que no hubiera habido pisadas en ningún momento. Algo decepcionado conmigo mismo y casi con el mobiliario —por más que no tuvieran la culpa—, miré de reojo a la albina, que me había llamado y parecía tener la habitación ya dispuesta para su uso. Guardando todo el instrumental en la ropa, comencé a seguirla.

Puerta tras puerta, avanzamos por un pasillo que no se distanciaba demasiado del de la dueña de la casa, por lo que la escena que me había imaginado, en la que nos encontrábamos en mitad de la noche, no tenía tantos obstáculos para convertirse en una realidad. Suspiré silenciosamente mientras clavaba mis ojos en la madera de la puerta, pensativo.

— No se preocupe, señorita Blair —Le sonreí de oreja a oreja al ver lo sofisticado de la habitación, a pesar de ser una de tantas—. Juro no darle demasiados quebraderos de cabeza —Reí suavemente, esperando cierta complicidad de parte de la mujer, aunque ya había demostrado que era ciertamente seria en todos los aspectos—.

Poco tardó hasta que cerró la puerta una vez estuve dentro y escuché sus pasos desvanecerse en la lejanía de la casa. Bueno, parecía que era mi ''tiempo libre'' hasta que llegase la hora de la cena, que, a pesar de desconocer cuál sería la costumbre del hogar, estaba seguro de que dejarían clara en el momento. Me senté lentamente en la cama, mirando por la ventana que me ofrecía la sala sin llegar a ver nada. No me fijaba en las formas o figuras, ni en los colores; estaba ensimismado. En mi cabeza, todas las pistas que había obtenido hasta ese preciso instante se disponían en un tablero. No uno de juego, sino una simple lámina de madera o corcho con varias chinchetas que lo cruzaban de esquina a esquina. Me acerqué al escritorio que me ofrecía la habitación, metiendo los dedos en varios bolsillos mientras sacaba todo lo que había recogido y lo dejaba caer sobre esta.

— Esto, esto y esto… —Suspiré, viendo que no eran pocas las pistas que me ofrecía la investigación—. Liam, que te sirva esa cabezota que tienes… —Me revolvía el pelo una y otra vez, como si aquello sirviese para airear el cerebro y hacerlo funcionar mejor. Pero no, no llegaba a ninguna conclusión distinta a la que ya hubiese alcanzado en el proceso. Parecía algo tan obvio y tan claro que no me llegaba a fiar. Había leído infinidad de novelas negras y tomado parte en algunos menesteres de la familia, por lo que este mundillo no era realmente nuevo para mí, y todo solía ser mucho más…—. Complicado. — Uno casi diría que el mundo le arrojaba lo necesario para realizar el trabajo, pero tendría primero que esperar a la noche para poder asegurar nada. La verdad la dirían los guardas.


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Mensaje por Lilith Blair Sáb 25 Jul 2020 - 23:24

Sus pasos la llevaron hasta su despacho mientras el pelirrojo disfrutaba del lugar que se convertiría en su habitación el tiempo que pasase en su mansión. Por el momento las cosas salían bastante bien, pero sabía que si se lo daba todo demasiado mascado comenzaría a sospechar que las cosas salían demasiado bien. Era normal, después de todo las cosas de la nobleza siempre traían consigo más problemas de los que realmente parecían en un inicio. Hizo llamar a Leo y le aviso de que sus hombres deberían estar preparados para las preguntas que realizara el marine aquella noche, pues estaba segura de que el pelirrojo no querría dejar pasar la oportunidad de interrogarlos cuanto antes y ella no se lo impediría.

Después de todo, estaba deseando recuperar aquellas joyas tan importantes para ella. Un tenue suspiro salio de sus labios mientras se disponía a continuar con sus trabajos. Revisar tanto papeleo se le hacía eterno, por suerte, a su lado se encontraba la preciosa Bianca que desde aquel día se iba a convertir en su ayudante y secretaria. Le enseñaría todo lo que debía hacer para poder ayudarla y manejar de forma correcta los negocios tal y como ella hacía aunque por supuesto la ultima palabra siempre era de la mujer de violácea cabellera.

Aunque era la hermana de Leo y se conocían desde hace años, se notaba que estaba nerviosa, la señora nunca le había pedido algo tan importante y el miedo a fallarle era tal que en ocasiones se preguntaba si realmente sería capaz de hacerlo. Sin embargo, Lilith intentaba de todas las formas posibles que la muchacha estuviera tranquila y que no se dejara llevar por el temor a hacerlo mal, ella confiaba en las capacidades de la morena. Después de todo prácticamente había sido ella quien los había acompañado durante su formación, cuando llegaron a sus manos los dos hermanos eran personas que apenas habían tocado un libro, no sabían leer ni escribir y tan solo seguían ordenes de forma ciega por pura supervivencia.

Lilith les había mostrado un nuevo camino, una nueva forma de hacer las cosas, les había dado una vida digna y por eso la servían de forma completamente incondicional. Las horas pasaron más rápido de lo que realmente pudiera parecer y una joven de albinos cabellos y ojos azules llamo a la puerta del pelirrojo para indicarle que era hora de bajar a cenar. Lilith fue avisada del mismo modo por la misma muchacha minutos antes para que estuviera en la mesa antes de que llegase su invitado, era de mala educación hacerle esperar así que ella debía estar primero en la mesa. Había mandado preparar unos maravillosos manjares dignos de las mesas de los mas poderosos de Arabasta. Rfissa, Quzi, Shawarma y una lista bastante amplia de platos habían sido colocados perfectamente sobre la mesa como todo un banquete, aunque con unas cantidades menores ya que solo comerían dos personas.

También había encargado preparar algunos postres típicos e incluso alguna que otra bebida por si su invitado deseaba poder degustarlas. Espero por el pacientemente hasta que lo vio bajar y le recibió con una amplia sonrisa, la joven es cierto que era algo seria, pero la vida le había enseñado que era mejor tener precauciones, aunque entendía que con el joven si quería ganárselo, debía mostrarse algo más accesible y menos regia — espero que encontrases la habitación agradable y lamento si el hecho de estar en la misma planta que mi habitación te incomoda, no pensé en ello, pero debo confesar que últimamente me da un poco de miedo que pueda volver a entrar en la habitación mientra duermo — agacho un poco la cabeza mostrando el temor en su voz, definitivamente aquella joven era una verdadera actriz que más valía tomar precauciones con ella.
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Mensaje por Liam D. Griffith Miér 29 Jul 2020 - 17:45

Suspiré, clavando por última vez los ojos sobre las pruebas, terminando por cerrarlos mientras meditaba una última vez sin llegar a certeza alguna. Entonces pegué un respingo, consecuencia de que tocasen a la puerta repentinamente. Seguramente hubiera podido escuchar los pasos acercarse, pero estaba tan inmerso en mi propio trabajo que todo había desaparecido durante unos largos minutos a mi alrededor. Miré un reloj que reinaba sobre la pared, bastante clásico para el aspecto general de la casa, y me di cuenta de mi error. ¿Minutos…? Me acerqué a la puerta, moviendo la manilla hacia abajo y apartándome para dejar paso a la puerta.

— Está preparada la cena, señor —Acto seguido, realizó una pomposa reverencia que, en mi caso concreto, no era para nada necesaria. Estaba acostumbrado a ese tipo de trato tan caballeroso, pero no acostumbraba a recibirlo fuera la propia English Garden. Asentí entonces, sonriente.

— Si es tan amable de guiarme… —Me quité la chaqueta entonces, dejándola atrás para estar más cómodo a la hora de la cena y no tener calor. Cerré con la llave de la que me hicieron propietario y comencé a seguir atentamente los pasos de la ama de llaves que había sido designada para llevarme al comedor.

Los pasillos se fueron quedando atrás al ritmo que avanzábamos, hasta llegar a una gran sala capaz de igualar al comedor de los Griffith. Con el de la Academia no sucedía lo mismo, ya que ese estaba pensado para albergar a decenas de chiquillos y se relacionaba más con un gigantesco pabellón que con una elegante sala, para ser sinceros. De todas formas, aquel lugar tampoco parecía funcionar de comedor, teniendo en cuenta la abundante decoración que tenía. Siquiera los más elegantes restaurantes que había podido pisar —siempre de la mano de mis familiares— llegaban a la suela de los talones a aquella habitación que parecía la exhibición de un museo más que cualquier otra cosa. Las lámparas de araña brillaban no por las bombillas, sino por discretas joyas engarzadas y su increíble diseño; el mantel estaría formado de mejor tejido que mi uniforme y los cubiertos podrían asesinar a un hombre lobo con solo estar en la misma ciudad. Aun así, a riesgo de sonar maleducado, lo que más hizo mis ojos brillar fue la abundante procesión de comida que dejaba claro el porqué de la reunión. De un extremo a otro de la mesa se erigían platos y más platos, menudos pero numerosos, como si hubieran condensado la cultura gastronómica del lugar en un único punto. Mis ojos brillaron dorados, mis pupilas se dilataron e inconscientemente me relamí en cuanto el olor atacó mis fosas nasales.

— Con esta cena ya me considero pagado, creo yo… —Como las normas de etiqueta de English Garden me habían mostrado, tomé la silla contraria a la señorita y me senté con la mayor de las suavidades—. Quien tuviera un festín así cada noche… Solo con el aroma puedo jurar que todo está delicioso —Ya en posición, arreglé la servilleta y me aseguré de que todos los cubiertos estuvieran ahí. Entonces la mujer intervino, haciendo mención al incidente—. ¡No, no se preocupe en lo más mínimo! Soy capaz de ponerme en su lugar y, sinceramente, haría lo mismo, así que no hay problema alguno —Negué con las manos, tratándole de dar algo más de peso a mis palabras—. Soy un marine y, como tal, su protección es mi deber, así que puede dormir segura de que no le sucederá nada —Puse por unos instantes la diestra en mi pecho, justo encima del corazón, jurando por lo que más me importaba. Y es que ahí dentro portaba mi vida, mis palabras, mi orgullo y mis creencias—. Entonces, si no le es molestia, volvamos a la mesa… —Hice el amago de tomar un cubierto, bajando mi mano hasta la plata, pero justo en cuanto toqué el frío metal, llegué a una conclusión no poco importante—. ¿Se es creyente en esta casa? Para no tocar el alimento antes de bendecirlo… —Hiciese lo que se hiciese, acataría las normas y creencias. Al ser ateo, me limitaría a cerrar los ojos y quedarme callado, respetando su forma de ser y esperando hasta que el acto terminase. Solo entonces volvería a hablar—. Con permiso… —Tomé el tenedor y fijé mis ojos en todos y cada uno de los platos que me saludaban animadamente—. Algunos los reconozco, pero otras son completas sorpresas… —Una mueca de las más pura y completa ilusión se pintó en mis labios y ojos, disfrutando la mesa con olfato y vista mientras la boca se me hacía agua. Clavé el tenedor y con la mayor de las educaciones llevé el alimento al plato, catándolo poco después mientras cerraba los ojos y disfrutaba de la explosión de sabores que tan común era en las islas desérticas. En este tipo de entornos se solía aprovechar mejor el conjunto de las especias, por lo que muchas veces la base dejaba el protagonismo a lo picante, la cúrcuma, el curry y un sinfín de sabores que no aparecían en English Garden—. Permítame felicitar a su cocinera. Tiene una mano excelente y me encantaría que me mostrase cómo cocinar este plato —Lo miré fijamente, sin saber muy bien cómo referirme a él. Era la primera vez que lo veía y tenía toda mi curiosidad—. Bueno, ya aprovecharé mañana para colarme en la cocina antes de la cena, no se preocupe. Tengo cierta afición por la cocina. Por otro lado… —Solté el tenedor para mirarla y hablar con ella de forma educada, teniendo la boca completamente vacía—. … Cuénteme sobre usted, si no es mucha molestia. ¿Cómo es la vida de una mujer de negocios, señorita Lilith?
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Mensaje por Lilith Blair Miér 5 Ago 2020 - 15:10

Parecía que el hombre había quedado fascinado con la mesa que habían preparado sus cocineras. Desde luego tenía unas trabajadoras magnificas, no solamente en su casa, también en todos y cada uno de sus negocios. Le gustaba pensar que las personas que estaban junto a ella se esforzaban en hacer un buen trabajo por que disfrutaban de lo que hacían y por que bueno, le debían mucho a Lilith. Ella no esperaba que la tuvieran un miedo absurdo e irracional, no sus trabajadores, aunque su respeto. No esperaba menos de ellos, pues sabían que ella los cuidaría y buscaría lo mejor para todos siempre y cuando ellos cumplieran con su parte. La relación de la madame con sus trabajadores era sencilla, eran dos caras de la misma moneda, ella les ayudaba a ellos y ellos a ella.

Una sonrisa dulce hizo aparición en sus labios cuando el hombre comenzó a hablar sobre la comida, le gustaba ver que había acertado a la hora de suponer que le gustaría probar los platos típicos de aquella maravillosa y exótica isla. — Estoy más que segura de que tanto María como Sophia estarán encantadas de enseñarle tanto cuanto quiera y de dejarle probar en la cocina — después de todo habían sido ellas quienes habían intentado que la señora aprendiera a hacer algo, pero por desgracia las tres se habían dado cuenta de que la más joven era completamente desastrosa en cuanto entraba en la cocina. Era imposible conseguir que Lilith hiciera algo medianamente comestible así que simplemente habían tirado la toalla en el momento en que casi quema la cocina entera.

Por desgracia no se le pueden dar bien todos los artes por lo que era mejor continuar con sus pinturas y dejar que las profesionales se hicieran cargo de la deliciosa comida. — Me deja mucho más tranquila sabiendo que no le incomoda que las habitaciones estén cerca — cuando preguntó si en la casa eran creyentes rápidamente negó con la cabeza. ¿Creer en Dios? Imposible, eso no entraba dentro de sus posibilidades, después de todo los milagros no existían y no había un destino escrito ni un propósito que se deba cumplir por orden divino, tan solo una vida que vivir como mejor se pudiera — no, no tenemos costumbre de rezar ni nada por el estilo así que por favor, adelante, disfruta — dejo que él tomara el primer bocado y después ella se sirvió un poco en su plato para ir comiendo tranquilamente.

Por un momento pensó en que forma debía usar para responder aquella pregunta ¿cómo era la vida de una mujer de negocios? compleja — complicada me temo, el ser mujer en un mundo de hombres y teniendo en cuenta mi edad son todo impedimentos, pero no me doy por vencida, no puedo permitir que todo el trabajo de mi padre y de mi fallecido esposo quede en nada — de nuevo opto por usar la actitud de una joven a la que la vida la había golpeado demasiadas veces y que simplemente luchaba por seguir adelante y mantenerse a flote en un mar de tormentas. No le gustaba demasiado hablar sobre ella misma, pero por suerte se tenía la historia demasiado bien construida.

Sin embargo buscaría cambiar de tema de forma sutil — León me indico que si lo deseas después de cenar, antes de que se lleve a cabo el cambio de guardia puedes hablar con los muchachos — tal vez hablar de ese tema conseguiría desviar un poco su atención aunque algo le decía que aquel hombre volvería a preguntar sobre ella en algún momento. Sobretodo tal vez después de saber que con la edad que tenía ya era viuda. Era un dato que solía sorprender mucho a la gente, después de todo por mucho que su esposo fuera mayor que ella seguía siendo un hombre joven y aparentemente "sano" hasta que comenzó a enfermar y termino por morir. Pero dejaría que fuera él quien plantease las preguntas, de este modo era más sencillo guiar la conversación hacía un puerto más pacifico para ambos.
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Mensaje por Liam D. Griffith Dom 9 Ago 2020 - 17:43

Me alegré demasiado en cuanto me comentó que las dos cocineras principales de la casa —madre e hija— estarían dispuestas a darme un par de clases acerca de la gastronomía típica del lugar, algo que no desaprovecharía lo más mínimo. Seguramente se me reflejase en el rostro, quizás con una tonta sonrisa que llegaba a pecar de infantil o un pequeño brillo en los ojos, ya que, a pesar de no ser demasiado profesional el hecho de entrar a la cocina de una afectada, era mi pasión. Si podía conciliar la cocina con realizar el trabajo que la marina y ella misma habían solicitado, estaría encantado; podría hacerlo todo el tiempo que fuera necesario. Y, por suerte —aunque fuera capaz de aguantarlo de ser necesario—, aquella chica parecía ser agnóstica o atea de pleno, algo que me evitaría tener que acatar según qué costumbres que me pudieran pillar inadvertido.

Finalmente, contestó a la pregunta que le había realizado. Sentí cierta pena por ella, a pesar de ser incapaz de ponerme en su lugar —por más empatía que tuviera, no me imaginaba cuál podía ser su situación—. Traté de no reflejarlo en mi rostro para que la dueña de la casa no se entristeciese o pensase que sentía lástima, pero sí que agradecía no estar en su situación, especialmente teniendo en cuenta que los Griffith no eran una sociedad de mujeres precisamente. Había alguna compañera, especialmente las que sobresalían entre tanto hombre, pero no era la costumbre. Aun así, me gradué con varias de La Academia y, siendo sinceros, me generaban un sentimiento tal de respeto y temor que evitaba enfadarlas a toda costa. Yo podía haber salido todo lo preparado que quisiera, incluso ser el primero de ellos, pero eso no quitaba que en un duelo barriesen el suelo con mi cara de ponerse serias. Por el otro lado, viendo que había enviudado con solo esa edad sobre los hombros… Solo hacía falta mirar alrededor, especialmente a los muebles, para que una idea se viniera a la mente: matrimonio de conveniencia. En English Garden sucedían a pares, únicamente entre familias ricas o que tenían intereses afines y, a juzgar por la situación, parecía que con Lilith había sucedido lo mismo, esta vez con un resultado anticipado. No podría jurar si para bien o para mal, ya que el ser obligado a jurar fidelidad a un desconocido no solía significar amor entre ambos, pero el tono en su quebradiza voz me aclaró que no era el caso.

— No es agradable saber que en todos los mares sucede lo mismo… —dije, dejando el tenedor sobre el plato mientras apoyaba los codos en la mesa, justo antes de que me cortase al comenzar a hablar nuevamente—. O-Oh, sí, me… encantaría —aclaré, algo extrañado de lo repentino de aquel comentario. Es decir, esperaba seguir hablando sobre el mundo de los empresarios y de las injusticias, pero parecía ser que tenía otros temas más importantes entre manos, y era obvio. Me había llamado para conseguir sus joyas de vuelta, no para filosofar mientras cada uno estaba a un lado de la mesa. De golpe fui consciente de dónde estaba y no tardé en sentir cómo el rubor se iba apoderando de mis mejillas y rostro al completo, por dos simples razones: quizás me había sobrepasado al preguntar y aquel comportamiento no era el propio de un marine profesional. Trataría de dejar de lado toda información privada que no fuera estrictamente necesaria para el caso, aunque por la cocina sí que me pasaría fuera de horas de trabajo—. ¿P-Por qué a los previos al cambio de… de guardia? —tartamudeé con cierta dificultad, aunque tratando de ocultarlo lo más orgullosamente posible. Aquella situación, el no poder hablar correctamente, me avergonzaba, retroalimentando aquella situación tan terrible. Suspiré, tratando de centrarme al respirar con tranquilidad—. ¿Lo… —Carraspeé, tratando de ocultar el fallo—…Lo normal no sería tratar de hablar con aquellos guardias de noche, no los anteriores? Bueno, ciertamente pudo ser a cualquier hora… —Comenté, frotándome la barbilla mientras pensaba. No tenía por qué ser un robo nocturno, sino que también podía haber sucedido a lo largo de la penumbra que embargaba la tarde y la noche mismas. Sería igual de importante asegurarme con ambos. Y, de esa forma, me quedaría saboreando los distintos platos, tratando de distinguir cada ingrediente y apuntándolos en mi cabeza para probarlos en otro momento, algo reticente a hablar.
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Mensaje por Lilith Blair Vie 21 Ago 2020 - 18:30

Realmente parecía que el chico estaba completamente ilusionado con la idea de entrar en la cocina a descubrir cosas nuevas. Había conseguido despertar en ella cierta curiosidad ¿cómo se le daría al muchacho la cocina teniendo en cuenta el interés que mostraba en ella? Una sonrisa leve adornó sus labios al ver el brillo en los ojos del pelirrojo. Realmente aquel muchacho parecía tan adorable, despertaba en ella dos sentimientos completamente contradictorios. Uno de ellos era el de querer protegerlo, el otro era un sentimiento mucho mas siniestro y turbio, las ganas de enturbiar su alma, de ensuciarlo y convertirlo en alguien completamente diferente a lo que era ahora.

¿Cual de los dos ganaría al final? Eso es algo que en este momento ni ella misma sabe. Por el momento se centraría en mantener el plan tal y como lo había preparado, tenía que conseguir que aquel muchachito confiara en ella, ganarse su afecto. De esa manera, podrían entablar una relación de amistad y después conseguiría todo cuanto quisiera de él. Se notaba que era bastante ingenuo y eso era algo de lo que Lilith podría aprovecharse bastante. — Creo que no has entendido a que me refería, hablaras con los muchachos que estaban esa noche de guardia, pero antes de que tomen sus posiciones, no es bueno para ellos que los distraigamos con preguntas mientras ejercen su trabajo ¿no crees? — después de todo no quería hombres distraídos, eso siempre traía problemas.

Normalmente los intrusos se lo pensaban dos veces antes de entrar en su casa, después de todo en el bajo mundo la conocían bien por mucho que ocultase su rostro. Tenía sus propios métodos para que supieran que no debían meterse con ella. Además, si alguno entraba, sus chicos se encargaban de sacarlo y de darle unas tiernas caricias para que le quedase claro que no podía volver a entrar. Pero aún así no quería que sus chicos estuvieran distraídos bajo ningún concepto, en esa casa había cosas lo suficientemente interesantes como para querer entrar a robarlas aún a costa de la propia vida.

— De todos modos si deseas hablar con los de la tarde y los de la noche la mejor hora es que la que acorde con León, puedes hablar con los de la noche antes de que entren a trabajar y con los de la tarde según salen — medito por un momento la idea y luego simplemente volvió a centrarse en degustar la comida que tenía por delante. La verdad es que sus cocineras eran unas verdaderas maravillas. Estaba disfrutando de la comida, pero ahora era su momento de descubrir más cosas sobre el joven Griffith — bueno, yo conté un poquito sobre mi, pero siento cierta curiosidad por ti ¿como llegaste al seno de la familia Griffith? Según tengo entendido suelen hacer una especie de selección o algo así ¿es cierto eso? — era momento de empezar a saber más de él, de demostrarle que sentía curiosidad por su persona y comenzar con esa danza que debían realizar dos personas para llegar a intimar un poco, para conseguir primeramente una "amistad".
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Mensaje por Liam D. Griffith Sáb 22 Ago 2020 - 13:47

Me sonrojé. ¿Qué podía hacer más que aquello, que era lo que me gritaba mi mente y apresuraba mi alma? «Genial, Liam. Ya has vuelto a hacer el gilipollas de nuevo. Haz el favor de centrarte y hacerlo bien, joder ya.» era lo que mi cabeza me dijo en forma de riña. Desde que había salido de mi habitación había sufrido una montaña de emociones, especialmente con bajos a ras de suelo —cuando la cagaba— y altos inundados de nubes —al tomar la comida—. Y, como toda montaña rusa que se preciara, me terminó mareando, aunque no físicamente. No pecaría de dejar la comida del chef a medias, pues no me perdonaría no apreciar un menú hecho especialmente para mí, pero estaba en un punto en el que no tenía muy claro cómo continuar más allá de hincar el tenedor en uno y otro plato y llenarme el estómago.

Aun así, por el otro lado, no me sentía mal a nivel profesional; la señorita se había encargado de ajustar los horarios para que pudiera pasarme por los chicos que irían a hacer la tanda de noche antes de que se pusieran manos a la obra. Aquello me daba cierto margen para comenzar a hacer preguntas y guiar mi investigación por un devenir u otro, así que como marine estaba saliendo todo bien por más que como visitante no. Aun así, por sus gestos, si no los leía de mala manera, podía advertir que no estaba prestando atención al error que había cometido más allá de señalármelo de una forma realmente neutral, así que supuse que ella no le estaba dando importancia siquiera. Ahogando los malos sentimientos en una especie de esferas que por el sabor estarían bien especiadas y hechas a partir de carne de cordero. Cayó una y luego la siguió otra, mientras me centraba tanto en el sabor que el resto de pensamientos eran empujados hasta desaparecer, un método que me había servido siempre que estaba ante una situación tensa, aunque no siempre uno tenía un plato de comida cuando se ponía nervioso.

Ella entonces retomó la charla, ofreciéndome también entrevistar a los que deberían terminar de trabajar justo en el instante en el que los que me interesaba entrarían. Era algo que me ahorraría esperas innecesarias, suponiendo que dicho personal no rotase de día a día, aunque sería algo completamente inútil. Al fin y al cabo, los que se pasaban la nocturnidad trabajando ya tenían un horario hecho, contrario al resto de los humanos, por lo que sería una pérdida de recursos que cambiaran sus costumbres. Asentí, entusiasmado, esperando para hablar pues noté cómo sus dos finos labios se separaban nuevamente para intervenir una última vez. Y, ahora, para terminar de batearme fuera de juego, se interesaba por mi vida cuando ella misma se había apresurado a cambiar el tema de conversación cuando este trataba de ella. «¿Quiere que nos conozcamos o no…?» me debatí en mi cabeza, terminando por decidirme por cumplir las peticiones de la señorita. Al fin y al cabo, trabajaba para ella en esos precisos instantes y en la Academia nos habían enseñado que el deber de un guardia no era solamente detener a un enemigo sino también calmar a un aliado. Debíamos de ser amables y satisfacer al cliente para que no se sintiera incómodo o molesto bajo ninguna circunstancia, así que eso mismo haría sin espera:

— Bueno, en los Griffith se lleva a cabo una costumbre un poco… —Abracé con la palma de la mano la empuñadura del estoque, apretando para notar el escudo con el tacto—… curiosa. Como en otras casas nobiliarias, pero es minoría —Dejé el tenedor en su lugar, comenzando a gesticular con ambas manos—. Cuando la cabeza de la familia decide que su momento ha llegado, se da lugar a la Elección. No es que Erasmo vaya a morir o dejar de ser increíblemente fuerte, sino que necesita que alguien de la próxima generación se comience a cultivar para cumplir su rol en el futuro. Así, los oficiales de la familia saquean el crédito de la familia… —Me reí levemente—… y con ese dinero adoptan niños de cierto margen de edad de toda la isla —La palabra más correcta era comprar, como había pasado conmigo, pero no era cuestión de dejar mal a la familia que representaba. Al fin y al cabo, a pesar de las formas, era la que me había llevado a donde estaba y la que ponía todos sus esfuerzos en cultivarme—. Los entrenan para seleccionar lo mejor de lo mejor y aquellos que alcancen la cumbre al final de la Academia serán los que conformen la siguiente generación de oficiales. Es un proceso caro, lento y cansado tanto para educadores como para educados, pero resulta ser la forma más útil que ellos han encontrado y la que trasciende generaciones. Obviamente no todo se decide por fuerza, inteligencia o-- —La miré a los ojos, un poco inseguro y levemente ruborizado—. Perdona, espero no haberte aburrido. Cuando hablo de mi familia se me suelta la lengua… —Me empecé a reír a carcajadas, pero evitando faltar a la educación a la mesa.
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Mensaje por Lilith Blair Vie 28 Ago 2020 - 15:58

Aquel sonrojo que lleno sus mejillas le pareció tierno y adorable. Se imaginaba que la vida de aquel muchacho no habría sido sencilla si había sido "adoptado" por los Griffith y entrenado hasta la saciedad hasta alcanzar la cima. Pero esa inocencia y esa ternura que albergaba en su corazón y en su alma era algo que conseguía que la mujer se interesase en el pelirrojo. Realmente la capacidad humana para sortear peligros y diversos traumas o acontecimientos era asombrosa, la diferencia que existía en unos y otros. Por eso le interesaba tanto averiguar más cosas sobre aquel joven, pues ella tampoco había tenido una vida sencilla y aunque podría decirse que dentro de lo que cabe Lilith no era una mala persona, tampoco podemos decir que tiene un alma limpia.

Dejó que Liam comiera cuanto gustase, que disfrutara de la comida que habían preparado expresamente para él y entonces se dedico a escuchar la historia sobre su familia. Lilith sonrió levemente — ¿aburrirme? en absoluto, me gusta mucho conocer las costumbres de la nobleza de otras partes del mundo y también me esta gustando mucho conocer más sobre ti — aquella sonrisa que mostraba en su rostro se convirtió en una dulce y encantadora. Una vez terminaron con la cena Lilith le indico que por favor la siguiera mientras seguían hablando un poco más sobre su familia y sus métodos — debo suponer entonces que los niños "adoptados" ¿son huérfanos o niños que no quieren en sus familias? no creo que una familia noble entregue a un hijo querido sin oponer resistencia— pareció darse cuenta entonces de lo que había dicho y paro en seco de caminar para mirar al pelirrojo.

— Lo siento, no es que quiera insinuar que tu familia no te quería o algo parecido, perdona, debería pensar mejor las cosas que digo — se mordió un poco el labio en señal de arrepentimiento. Aunque bueno, Lilith sabía perfectamente lo que había dicho y el por que lo había hecho. No había nada mejor que sacar el dolor de una persona a flote para comprender sus pensamientos y sentimientos, para acercarte más a esa persona y para mostrarte como alguien confiable en quien esa persona puede apoyarse y puede confiar. Puede que fuera un poco cruel manipular al muchacho de aquella forma, pero en aquel momento la madame necesitaba que el heredero de la casa Griffith confiase en ella, después de todo tenía muchas cosas que averiguar y lo haría gracias a él y a su familia.

Después de disculparse continuaron el camino hacia la zona donde los guardias se preparaban para hacer su trabajo. León les aviso de que entraría la jefa con un marine que necesitaba hacerles unas preguntas y rápidamente se formaron todos esperando indicaciones o las preguntas del chico. La verdad es que parecían un pequeño ejercito bien instruido para proteger a la señorita Lilith. Aquellos hombres eran la seguridad privada de aquella casa desde hacía años e incluso eran familias que servían a su padre antes incluso de que ella naciera. Le tenían un inmenso cariño a la chica y un respeto sin igual.
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Mensaje por Liam D. Griffith Sáb 29 Ago 2020 - 20:22

Comí de un plato, luego otro. Probé de todos los sabores que podía ofrecer aquella cena, tan completa como diversa y preparada por las dos muchachas que ya había visto a la tarde. Mi paladar fue viajando de una punta a otra de Arabasta, degustando y disfrutando cada uno de los gustos que podía provocar cada zona. Siempre tratando de no parecer maleducado frente a la señorita Lilith, pude pasarme de comilón dejando vacíos algunos platos y picoteando del resto, pero estaba tan centrado y encantado por los ingredientes que me era incapaz despegarme de la cena. Cada vez que me reponía en la silla y soltaba los cubiertos, tomando distancias de lo que se me planteaba enfrente, el olor se encargaba de llamarme y embriagarme lo suficiente como para dejar vacía otra cerámica. Cuando realmente estuve saciado y seguro de haber catado todo lo que me ofrecían, tratando de evitar el tema de lo comilón que había sido, me repuse, limpiándome los labios con una servilleta educadamente.

En ese momento, ya cuando se antojaba el final de la comida y el comienzo de mi trabajo, Lilith pareció interesarse un poco más en mi historia y en lo que portaba a la espalda, dejando en claro que no estaba para nada aburrida de mi charla y que quería ahondar en aquello. Sacó, más concretamente, el tema acerca de mi familia y de cómo podía haber sido adoptado fuera la situación que fuera, aunque algo me dejaba claro que había malentendido hasta cierto punto la situación. Se apresuró a sacar conclusiones, que no tenían por qué estar mal, para luego retroceder aquel paso adelante que había dado disculpándose. «Está confiada en lo que dice para no pensarlo dos veces…» pensé para mí mismo, viendo cómo se preocupaba a través de un simple gesto.

— ¡No, no, no te preocupes lo más mínimo! —Me apresuré a aclarar, gesticulando con las manos para negar—. Entiendo que no había mala intención en lo que has dicho, así que no te preocupes —Suspiré, cerrando los ojos un instante para luego abrirlos y centrarme en el vaso de agua que se había servido justo frente a mí—. Quizás he podido darte la impresión equivocada o expresarme mal. Los chicos que los Griffith adoptan, como soy yo, no vienen de casas nobiliarias. Somos, bueno, plebe, como allí se dice. Gente normal, común y corriente, por eso mismo no existe una dificultad intrínseca en reclutarlos. Sin ir más lejos, yo procedo de una familia de recursos un poco reducidos y, sinceramente, estoy mejor con los Griffith —Me podía costar un poco hablar de ese tema en ocasiones, pero cada día era algo que tenía un poco más aceptado. Al fin y al cabo, con mi padre no había encontrado un futuro nada bueno y de esta forma había traído bienestar a mis dos familias: la biológica y la adoptiva. O la que me compró, aunque fuera un dato irrelevante.

No tardamos en levantarnos de la mesa al son que un par de criados se acercaban a recoger todos y cada uno de los platos que había devorado. Seguí a la señorita, que no se ralentizaba un solo paso, hasta que volvimos a la entrada que había atravesado aquella misma mañana y la dejamos atrás, buscando a dos guardias que estaban apostados allí mismo. Estaban bien organizados, así que solo necesitaron ver a Lilith para hacer cuadro y prestarse a dar declaración.

— Encantado, Liam Griffith. ¿Usted es…? —dije, tendiéndole la mano, que se apresuró a corresponder—. Vale, Mikael… La señorita Lilith y yo hemos estado hablando acerca del robo, y me gustaría que me aclarase si pudo ver algo aquel día.

Se apresuró a dar toda la información de la que pudo hacer memoria con todo lujo de detalles y, cuando supe que había terminado de decir lo que sabía, me limité a pasar al siguiente, haciendo una ronda en la que finalmente pedí declaración a todos los chicos presentes. Curiosamente, todos los testimonios eran exactamente iguales —de los nocturnos, ya que los de tarde no habían visto nada— y, aunque diferían en algunos detalles menores irrelevantes, el grueso de la historia era el mismo en todos. A excepción de aquel que había hecho guardia en la esquina opuesta a la que comentaban, todos habían escuchado algo caer desde la esquina de la casa, pero no habían visto nada al fijarse en el sitio. Y, curiosamente, aquella esquina era exactamente donde vivía la mujer de la casa.

— Señorita Lilith, ¿escuchó usted el ruido? —Aunque decían haber omitido la información al pensar que podía ser irrelevante o una simple imaginación colectiva, donde unos habían sugestionado a otros, era un detalle demasiado importante como para omitirlo—. Por otro lado, se hace tarde y creo que poco más podremos hacer por hoy.
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Mensaje por Lilith Blair Mar 1 Sep 2020 - 18:16

Dejó que Liam fuera quien preguntase lo que quisiera y en el momento que quisiera, además de que eligió el mismo al guardia al que se dirigiría primero. No quería que pensara que ella estaba condicionando de alguna forma lo que sus hombres pudieran o no decir. En aquel momento ella tenía que quedar simplemente relegada a un segundo plano mientras el marine hacía sus preguntas. Se notaba que era un chico bastante dedicado, que quería ayudar y hacer que Lilith se sintiera mejor. Una vez que sus guardias terminaron de darle las explicaciones necesarias al marine se giro hacía ella para preguntar.

— No, si te digo la verdad esa noche no escuche nada — se notaba que la idea de que hubieran subido por su ventana la ponía aún más nerviosa. ¿Realmente había tenido alguien en su habitación y nadie se había dado cuenta? Aunque en verdad Lilith no solía estar en su casa por la noche, solía estar en su local principal, en el más grande que tenía en Arabasta para controlar todo lo que ocurría en este y en los demás. Pero ella tenía que continuar en su papel de chica preocupada y asustada a la que habían robado en su propia casa y que esperaba que no volviera a suceder. Tal y como ella misma había dicho, seguramente era alguien que conocía bien la casa y a los guardias de lo contrario era complicado entrar con la seguridad que tenía.

Asintió y dejo que sus muchachos fueran a cubrir sus puestos mientras ella miraba al pelirrojo y a León — supongo que por hoy es suficiente, será mejor que vayamos todos a descansar — le dedico una cálida sonrisa a Liam y después se dispuso a ir a su habitación — me alegra mucho tenerte aquí Liam, me siento más tranquila, gracias por quedarte — tras aquellas palabras se alejaría de él para volver a su habitación. Mientras ellos hablaban había enviado a Bianca junto con dos de sus mas fieles y leales guardias al local para que se hiciera cargo de todo mientras ella no estaba. Después de todo no podía dejar la casa aquella noche con el marine rondando por el lugar, no quería levantar sospechas.

Fue una noche tranquila, Lilith trabajaba en su habitación con una iluminación suave para que no se supiera que estaba despierta mientras de vez en cuando llamaba a Bianca para verificar que estaba todo bien. Después de todo tenía algunos otros negocios que atender, iban a abrir una nueva sucursal de sus tiendas de ropa en Arabasta y pensaban en ampliar el mercado a otras islas próximamente. Poco a poco expandiría sus imperios para convertirse en alguien realmente poderoso, aunque expandir los negocios legales no era si no una simple tapadera para cubrir los ingresos que recibía de los prostíbulos y de la falsificación de las joyas.

Había que tener las cosas bien atadas y así paso la noche, se fue a dormir sobre las cuatro de la mañana confiando en que Bianca lo haría todo maravillosamente bien y que si necesitaba cualquier cosa la llamaría. En el momento en que Liam despertase, le esperaría una sirvienta para indicarle que le esperaban en la cocina. Las cocineras al enterarse del interés del joven en sus platos habían decidido llamarle para hacer con él el desayuno y tal vez el almuerzo de la señorita, dependiendo de la hora a la que la joven abriera los ojos. Después de todo, todos en la casa sabía que solía quedarse hasta tarde trabajando aunque ella intentaba ocultarlo.
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Mensaje por Liam D. Griffith Jue 3 Sep 2020 - 0:51

La señorita de la casa parecía estar segura de no haber escuchado nada durante la noche en la que sucedieron los hechos, así que podía asegurar que o tenía un sueño realmente profundo —en contraste a lo que era su apariencia frágil y delicada—, o los guardias tuvieron una alucinación conjunta. Sonaba muy complicado de ocurrir, pero podía ser algo tan simple como que uno le pareciera escuchar aquella caída y simplemente compartiese aquella información con otros a su alrededor, sugestionándolos en el proceso y haciéndoles pensar que había sucedido una cosa que era total y completamente falsa. Independientemente de aquello, también podían ser ambas suposiciones —las mías— falsas, y que los movimientos de aquel ladrón fueran tan sofisticados que el impacto contra el suelo fuera nimio hasta el punto de que únicamente los más cercanos se percatasen del suceso. Aquello era apilar una suposición sobre otra, como si pudiera adivinar lo ocurrido en base a imaginaciones y no pruebas, pero de poco en poco sería capaz de encarrilar mi investigación hasta algún punto significativo. El hecho de no encontrar una historia realmente fiable y desveladora era un golpe a mi autoestima, que confiaba en que pudiera resolver el caso de forma perfecta. Pero, de ser ese el caso, la guardia simplemente podría haber compartido aquella escena y recuerdo con la señorita de la casa o el encargado sobre ellos, ¿no es así? Había sido ingenuo de mi parte. Así, cuando la señorita Lilith dio el beneplácito a mi ofrecimiento de retirarnos, enfilé camino hacia la que era mi habitación y, entrando con la mayor de las tranquilidades, me limité a dejarme caer con suavidad sobre el colchón y dormir como si no lo hubiera hecho en meses.

╔═══════ ≪ °❈° ≫ ═══════╗
A la mañana siguiente…
╚═══════ ≪ °❈° ≫ ═══════╝

Era difícil imaginarme en el puesto que ocupaba actualmente la señorita; el estar al cargo de una casa y llevar a cabo unos negocios y otros no era precisamente lo mío. Resultaba un poco irónico viniendo del que tenía que ser sucesor de una casa nobiliaria, como si renegase del futuro, pero simplemente estaba acostumbrado a una vida más propia de un plebeyo —como recluta o alumno— que a la que debería estar llevando Erasmo Griffith o sus oficiales más cercanos. Fuera del campo de batalla o de la cocina no era muy fan de dar órdenes, así que distaba mucho de lo que ellos querían hacer de mí.

Madrugué como siempre y, a riesgo de poder molestar a alguien en la casa por culpa de pulular por allí a deshoras, me vestí como un paisano y abrí la puerta, encontrándome a una sirvienta al otro lado, aguardando visiblemente mi llegada. «¿Cuánto llevará ahí quieta…?» pensé automáticamente, sabiendo que era ese tipo de cosas que no se preguntaban por simple consideración con el encargado. Solo fue capaz de pronunciarme una frase antes de hacer camino hasta otro pasillo alejado del que me había marcado como destino: la cocina.

No tardé demasiado tiempo en llegar a la misma gracias a mi orientación y mayormente a mis recuerdos del día pasado, presentándome frente a aquellas dos mujeres —la joven y la más mayor—, que me dieron los buenos días enérgicamente.

— Buenos días, señoritas. ¿Se me reclamaba? —Ambas asintieron, dando un paso adelante la joven.

— Sí, la señorita nos dio noticia de que estaba interesado en nuestra cocina así que hemos decidido invitarle a preparar el desayuno junto a nosotras… —Una miró a la otra, rodeadas de ollas y sartenes—… y quizás el almuerzo.

Con una creciente sonrisa entre los labios, me puse un delantal que me acercaron y las seguí a ambas, atento a cualquier tipo de indicación que me dieran para poder seguirles el rastro y no ser una carga. Los ingredientes, a pesar de ser solo tres personas en la cocina, volaban de aquí para allá con una delicadeza extrema, dejando a su paso platos típicos de zonas desérticas como era Arabasta. En cuestión de media hora estaban hechos todos los menús y los tres nos sentamos a comer, en corrillo, en vista de que Lilith no hacía su tan aclamada aparición:

— ¿Cómo es trabajar aquí, señoritas? —dije, llevándome justo después una cucharilla a la boca y bebiendo un pequeño trago de leche.

— Un verdadero placer. Le debemos casi devoción a nuestra señorita, así que es, bueno, mucho mejor que un trabajo normal y corriente. Cocinamos como queremos y disfrutamos de su hospitalidad, además de que nuestra familia haya mantenido un trato muy cercano con la suya a lo largo de los años.

Entre desvaríos y comentarios mundanos, la mañana no tardó en acortarse más de lo previsto y, una vez más en solo aquel día, me vi conectado a los fogones, esta vez preparando un almuerzo en el que las dos cocineras me pedían la mayor de las sofisticaciones. Me limité a poner todo de mí en el plato, tal y como solía hacer siempre, saliendo poco después a presentar todo lo logrado en el comedor conexo. Un tercio de aquella comida estaba preparada por mí, y el restante se lo dividían aquellas dos mujeres.


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Mensaje por Lilith Blair Mar 8 Sep 2020 - 18:31

Al final durmió hasta el mediodía, realmente era lo normal para la señorita y por eso había enviado a su sirvienta para que Liam estuviera entretenido en la cocina al menos un tiempo. Después una vez se levanto y tras tomar una ducha se arregló y descendió hasta el piso de abajo donde le indicaron que el caballero de los Griffith seguía metido en la cocina. Sonrió imaginando al chico todo el día entre fogones, parecía que realmente disfrutaba estando entre aquellas paredes entre ingredientes y utensilios de cocina. Por su parte simplemente dio unos cuantos pasos y se asomó a la cocina a ver que estaba sucediendo.

Madre e hija reían encantadas mientras le explicaban la forma de hacer las cosas que ellas tenían en la cocina y además alentaban al joven a hacer algún plato de su tierra natal para que Lilith lo probase. La joven sonrió al ver tanta alegría en su casa, es cierto que es lo que más le gustaba de la gente que trabajaba para ella, era gente alegre que disfrutaba lo que hacía y eso era lo que quería para todos sus empleados. Tanto los empleados de los negocios limpios como los empleados que se encargaban de sus negocios turbios. Después de todo había gente para todo y ella simplemente aprovechaba las dos caras de la moneda.

Entró a la cocina con una encantadora sonrisa para saludar a los tres cocineros — buenas tardes a todos, lamento mucho no haber estado antes, pero anoche me quede hasta tarde terminando unos papeles — se lamentó por no haber podido estar en el desayuno, pero las dos mujeres rápidamente negaron para que la señorita no se sintiera mal. La mas mayor de las dos mujeres se acercó a un armario y saco un bote de cristal donde guardaba unas galletas con pepitas de chocolate. Le tendió una a su señora y entonces le sirvió una taza de té. En aquella casa siempre había té preparado, frío y caliente y en ese caso le sirvió una taza de té con hielo que había sido endulzado previamente con un poco de miel.

— Gracias, siempre sabes lo que me apetece — sonriendo dio un mordisco a la galleta y después un sorbo al té mientras dirigía su mirada entonces a Liam. Pudo verlo lleno de harina, chocolate, realmente había estado disfrutando de su tiempo en la cocina. Sin poderlo evitar, la joven madame se acerco al pelirrojo y extendió una mano hasta que con uno de sus dedos toco su mejilla y luego llego ese mismo dedo a su boca saboreando lo que había recogido en su mejilla — mmm espero que esto signifique que el postre llevara chocolate — se rió un poquito más y se alejo del chico, tampoco quería ser demasiado atrevida, pero le había salido casi de forma inconsciente.

Antes de que pudiera decir algo más sonó el timbre de la puerta, Lilith se extraño pues aquel día no esperaba a nadie pero tendría que ver de quien se trataba. Se excuso un momento con los presentes y fue a ver quien llamaba junto a León, una vez llevaron al imprevisto invitado hasta la presencia de la madame esta pudo ver de quien se trataba. Desde luego parecía un noble o al menos un criado de una casa noble y preguntaba por el joven heredero de los Griffith. Hizo que una de las sirvientas fuera a la cocina a llamar a Liam y le indicase que le buscaban, pero que se adecentara un poco antes de presentarse, no quería que pudiera sufrir algún regaño por parte de su familia por verle lleno de harina.
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Mensaje por Liam D. Griffith Lun 14 Sep 2020 - 0:08

Llevamos la comida al comedor, caliente a más no poder —pues había sido preparada casi al completo hacía escasos minutos y ardía—, colocando la mesa de mis sueños. La ordenaba acorde a lo que yo había aprendido de modales con los Griffith que, aunque no habían sido pocos, se referían más a cómo comer que a cómo colocar la mesa, así que no tardé en hacerle una que otra pregunta al dúo de mujeres. Cubiertos bien ordenados sobre sus servilletas de tela bordada, vasos colocados de forma milimétrica en el punto central de la mesa, bocabajo, y muchas florituras que hacían de una mesa de madera un espectáculo digno de presenciar. Aquello no solo soportaba la comida encima —tarea que cumplía a las mil maravillas—, también exponía los platos y los hacía brillar por sí mismos, como si cada uno de ellos fuera una obra de arte. Que, de hecho, lo eran, aunque realmente efímeras y que se disfrutarían una vez.

— La señorita estará por bajar —comentó la mujer más mayor, mirando con tranquilidad el reloj que coronaba la cocina, justo al lado del fregadero—. Así además se enfriará la comida.

— ¿Suele bajar a estas horas, saltándose el desayuno? —Los Griffith me habían inculcado que aquella parte del día era la más importante para comenzar con buen pie, pero cada uno tenía sus costumbres y no había venido a cuestionarlas.

— Sí. Realmente se esfuerza por llevar adelante aquello que le dejaron atrás, así que no es de extrañar que uno se asome al pasillo donde está su cuarto y vea una fina raya de luz bajo la puerta. Es muy trabajadora y estamos orgullosos de ella —recitó su boca, sonriente a más no poder y con los ojos de una madre que mira a su hijo en la actuación de final de curso del colegio. «Sí que es querida por los suyos…» me dije para mis adentros, sonriendo junto a la mujer.

Una de ellas estaba lavando los cacharros mientras los otros dos le hacíamos compañía y hablábamos un poco de todo sin profundizar en nada más que la gastronomía, cuando una de ellas miró al frente como un perro. Se asomaron los cabellos pálidos de la señorita de la casa, sonriente y fresca como una rosa, excusándose con lo que ya me había comentado la mujer. Parecía ser casi una rutina en aquella casa y eso únicamente hablaba bien de Lilith. La mujer libre, tras escuchar cómo se disculpaba por no haberse presentado hacía horas para tomar el desayuno con nosotros, se limitó a recoger un tarro de galletas y ofrecerle una junto a un té.

Mientras comía del regalo, giró su cuerpo con suavidad para clavar sus pupilas en mí e inspeccionarme de arriba abajo, acortando distancias sin medir palabra. Yo di un paso minúsculo hacia atrás por instinto, sin saber muy bien qué necesitaba o si iba a algún lado y debía de apartarme, pero su forma de actuar me dejaba muy claro que si quería algo era conmigo. Su mano se adelantó con la gracilidad y parsimonia de un gato y yo me obligué a no moverme para cumplir los designios de una muchacha que me estaba rozando con el dedo y me quitaba una mancha de la cara. Se llevó consigo un trozo de chocolate del postre que habíamos preparado. «Qué atenta...» pensé, pero solo me hizo falta mirarla un segundo más para descubrir que se llevaba aquel cacao a la boca y lo saboreaba bien, alegrándose de que el ingrediente entrase en el menú y riéndose. Yo… Me congelé. El color se me subió a las mejillas y en mi cara solo pudo notarse que mis ojos buscaban una salida, mientras que el resto del cuerpo estaba completamente inerte. Parpadeaba, tragaba saliva y respiraba. Me concentré lo suficiente como para hacer casi una reverencia a su comentario, dejando conocer que sí que lo habíamos utilizado.

Sonó el timbre de la puerta y la chica se retiró, momento en el que respiré por primera vez tras aquel eterno momento, suspirando con fuerza para respirar luego con cierta velocidad. «Mi corazón… mi corazón…», grité para mis adentros mientras me llevaba la diestra al pecho. Me había dado algo por unos instantes, ya que en ningún lado de mi imaginación se me podría haber ocurrido que haría algo así. Pude relajarme un segundo ante la risa de las dos mujeres, que solo frenó en cuanto un minuto después se asomó una sirvienta a la estancia:

— Señor Liam, le reclaman en la entrada —dijo, parca en palabras mientras esperaba a que la siguiera.

Eso mismo hice, no sin antes quitarme el delantal, echarme un poco de agua en la cara para retirar manchas y golpear mi ropa para quitar arrugas, atravesando el camino desde el comedor hasta la puerta que había atravesado ayer tarde. Al fondo estaba Lilith, junto a alguien con gafas de sol y un rapado al uno, que soportaba un estoque bajo su zurda con un emblema que bien reconocía. Este, en cuanto me vio, levantó la mano con una sonrisa.

— ¡Alec! —se escapó de mi boca en cuanto supe quién era. Le tendí la mano por la emoción, sujetándola y pegándonos ambos para darnos un leve abrazo—. ¿Qué haces aquí, tí-- —Se me fue la mirada hacia la mujer, volviéndome a poner recto mientras las mejillas se coloreaban—. ¿Qué haces aquí de todos los lugares?

— Ya veo que no pierdes costumbres, eh… —dijo despreocupadamente, dándome un codazo y despejándose la garganta con una sonrisa—. Bueno, parece que… —Acercó su cara a mí, susurrando—… se ha visto comprometida la seguridad de nuestro hogar. Han robado unos pocos documentos, entre ellos algunos complicados… Por eso… —Se alejó entonces un paso, llevándose la mano a la espalda y metiéndola en una gran mochila—… hemos decidido que cuides de lo tuyo. Ya sabes, eso —Alec era uno de los pocos que se habían graduado conmigo y, aunque no era con quien mejor me llevaba, sí que habíamos logrado dejar de lado las disputas por el puesto y tratarnos decentemente, al menos de puertas para fuera—. Será más seguro de esa forma, creo, ya que nadie sabrá que la tienes.

— Ehm… —No sabía muy bien qué decir, ya que era una información repentina que me descolocaba. «¿No podrían habérmelo comentado por Den Den Mushi…? ¿O temían que alguien interfiriera?» pensé, tomando la pequeña caja que me ofrecía y pegándola a mi pecho—. Gracias Alec, cuidaré la frut-- —Me callé repentinamente, sabiendo que Lilith estaba cerca, pero siendo tan buena como era no le daría más importancia al asunto—. Gracias. ¿Quieres quedarte a comer lo que he preparado, si a la señorita no le imp—

— ¡Que va, que va! —gritó, negando con ambas palmas—. Tengo que volver a casa cuanto antes, me necesitan de guardia. Al fin y al cabo, no me quedó atrás en fuerza en la comparación —Se rió estruendosamente, sacándome también unas cuantas carcajadas. Le choqué entonces los cinco y se dio la vuelta.

— ¡Buen viaje de vuelta, Alec!

— ¡Y tú ojalá subas pronto en la marina, Liam!

Y se marchó por la gran puerta, abierta por un criado.

— Perdona la espera. Ahora sí que sí, podríamos comer, que se van a enfriar los platos y sería una verdadera pena…
Liam D. Griffith
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