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Mensaje por Thyra Astraie Sáb 1 Ago 2020 - 13:43

Thyra siguió caminando resignada, esperando llegar a la mejor refinería de la isla. Su plan en Pucci había salido a la perfección y ahora debía continuar por la senda del Futuro; sin embargo, el destino le había deparado atracar en Yellow Spice. La muchacha no conocía nada de aquella isla, solo que al bajar del barco en el que se había colado una densa niebla la embriagó y cuando quiso darse cuenta, el barco en el que se había colado se había ido sin ella. Podría haber sido un buen olor, pero para nada era así. Olía a óxido, a carbón, a petróleo... Thyra quería abandonar cuanto antes aquella ciudad pues su cuerpo era débil y con tanta contaminación podía enfermarse. Solo con soportar el nauseabundo olor tenía ganas de echarse al mar y salir de allí nadando, pero menos mal que no era tonta porque el mar poseía toxicidad al parecer.

Por si fuera poco, nada más llegar había un gran aviso sobre las peculiaridades de Yellow Spice. Para empezar la fauna constaba de ratas mutantes, apenas se veían personas por las calles y estaba totalmente prohibido estar al aire libre cuando había tormenta y llovía, pues también era ¡lluvia ácida! ¿Es que no podía haber algo decente en esa isla? Thyra estaba molesta. Se había metido en la boca del lobo y no tenía ni idea de cómo salir. Aquí no podía timar ni robar a nadie, precisamente ¡porque no había nadie! La ciudad parecía estar casi abandonada a no ser que estuvieran escondidos.

Si bien había leído en un mapa turístico, uno de los pocos que quedaban, la mayor actividad con personas era hacia el norte en las zonas de las fábricas. Sin embargo, no sabía como orientarse ni como leer un mapa. Por lo que estuvo dando vueltas en círculos durante un buen rato. Malhumorada, acabó tirando el mapa al suelo y caminando por donde más le parecía hasta que finalmente pareció abandonar la ciudad. No era fácil, nada fácil. Pero si conseguía llegar a las fábricas al menos podía hablar con alguien aunque sea y de paso pues robar, porque tampoco tenía dinero para escapar y colarse en un barco no parecía algo sencillo. Los únicos que veía venían cargados de piratas y no se atrevía a colarse en ellos. Suficiente había tenido con Orion Miles.

Y comenzó a llover. Thyra miró al cielo con el ceño fruncido. La lluvia ácida no era buena, comenzaban a caer gotas sueltas por lo que echó a correr. Debía llegar lo antes posible o encontrar un refugio, si no aquello dañaría su piel y su cabello. ¡Lo que le faltaba! Perdida y demacrada, no podía permitirlo.
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Mensaje por Yuu Z. Blade Dom 2 Ago 2020 - 11:10

Al parecer, últimamente los contratos de asesinato ya no eran la prioridad de Yuu. Su visión empresarial estaba planeando demasiadas cosas a corto plazo, y necesitaba moverse. Por eso mismo, el mercenario le había dicho a algunos de sus informantes que le fueran facilitando información acerca de las mafias y bandas criminales de Paraíso. Tras su último trabajo, se dio cuenta de que no debía de esforzarse demasiado en buscar negocios vacíos o reflotar otros con mano de hierro. De eso ya se habían encargado los diferentes criminales que habitaban los mares, y la mayoría ya estaban ocupados por estas bandas organizadas. Desde joyerías hasta fábricas, en las sombras siempre parecía que el Bajo Mundo controlaba gran parte de los negocios. Yggdrasil necesitaba activos, así que… ¿Qué mejor manera de conseguir activos que avasallando a mafias que no tienen nada que hacer contra ellos? Yuu sabía el poder que estaba acumulando la organización, y además, era consciente de que él solo podía camelarse a un alto cargo de cualquier mafia de mierda para avasallarlo.

Por eso mismo, y por esa confianza en sí mismo, viajó solo a Yellow Spice. A sus oídos llegó una información cuanto menos jugosa. Corrían los rumores de que había una fábrica abandonada, a las afueras de la zona norte de la isla, que parecía seguir produciendo clandestinamente. Nadie parecía hacer nada al respecto, por puro miedo a recibir una bala en la cabeza. Y los marines no parecían siquiera tener presencia en la isla, por lo que si había alguien produciendo allí estaba completamente asegurado de que nadie iba a hacer nada. Al menos, nadie que que no fuera Yuu. Él mismo se encargaría de llegar allí y averiguar qué demonios estaba pasando. Sacaría tajada de cualquier cosa que estuvieran haciendo, y el futuro negocio que estaba planeando vería plantada la primera semilla.

Allí llegó, cayendo en picado desde el Ragnarok a las afueras del núcleo industrial norte de la isla. Su paracaídas le otorgó un aterrizaje completamente perfecto, y Yuu por fin podía empezar a moverse. Iba preparado hasta las trancas, con una gruesa gabardina negra, unas botas altas negras, un sombrero de ala larga negro y una máscara de gas que cubría la parte inferior de su rostro. No quería respirar el aire contaminado de aquella isla ni exponerse a enfermedades innecesarias. Ni tampoco mojarse con la lluvia ácida que parecía estar empezando a caer cuando llegó, así que antes de emprender su camino hacia la fábrica creó un paraguas metálico que se apoyó en el hombro. Cubierta ya la comodidad  del mercenario para danzar por aquella isla, era el momento idóneo para empezar con la operación.

Por lo visto, justo a unos kilómetros de su posición, se hallaba la zona industrial. El humo que todo aquel complejo desprendía se alzaba hacia los cielos. «Qué puto desastre de isla. Es fea de cojones», pensó el mercenario, mientras empezaba a caminar hacia la supuesta ubicación de la fábrica. Más o menos, y tras las indicaciones aproximadas del informante que le facilitó la localización del negocio, no estaba muy lejos de su posición. Eso sí, al parecer llegar le iba a costar destripar a las ratas mutantes que se hallaba viendo a lo lejos. De hecho, cortarlas casi sería una mala idea. Quizás con una patada podría partirles todas las costillas de una. Sí, aquello sonaba demasiado bien.
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Mensaje por Thyra Astraie Dom 2 Ago 2020 - 15:38

Corrió a lo máximo que le permitían sus piernas, hasta el punto de sentirse cada vez más cansada. Por suerte solo caían gotas sueltas, pero en cualquier momento se pondría a llover a mares. Si eso ocurría estaba acabada, ni siquiera se había traído la ropa adecuada para un lugar como este. A veces le daban ganas de pegarse un puñetazo así misma por bajarse de aquel barco, si fuera un poco más lista ya estaría en Banaro disfrutando de los bolsillos de las buenas gentes que allí habitaban.

Se detuvo un momento para coger aire apoyando sus manos en un árbol cuya corteza era muy peculiar. Se notaba la contaminación hasta en la flora local. En cuanto tomó el aire suficiente comenzó a caminar otra vez, mirando al cielo. Parecía que había sido solo una advertencia las gotas de agua, pero no podía perder tiempo. A lo lejos ya se veían multitud de luces de las fábricas y refinerías. Parecían una gran ciudad moderna, pero al contrario, eran todo fábricas.

Sin embargo unos crujidos en las hojas secas del suelo captaron su atención y más tarde unos gruñidos. Se giró, retrocediendo hacia atrás para ver quién la seguía y en ese momento se temió lo peor. Los Quicksheen, la banda de Orion Miles la había encontrado y que mejor manera que deshacerse en un lugar que no habitaba nadie.

Pero a la luz salieron tres ratas gigantes mutantes. Thyra suspiró aliviada sabiendo que no era quién pensaba, pero a su vez estaba un poco en peligro. Esas ratas eran un poco menos de su altura y encima eran tres, ya podía echar a correr hasta las fábricas a ver si las despistaba, pero por la apariencia de estas parecían estar hambrientas.

La muchacha comenzó a correr sorteando árboles y arbustos secos, por un lado escuchaba a las ratas chocarse torpemente contra esto último y quizás eso fuese su baza para dejarlas atrás, pero enseguida volvían a recobrar la marcha. Llegó un momento en que las piernas de Thyra ya no podían más hasta que a lo lejos divisó una figura humana, un tanto extraña. Parecía ir de negro, pero aceleró un poco más hasta llamar su atención.

-¡Eh, tu! ¡Espabila, hay amigos que buscan comida! - gritó intentando captar su atención.

La muchacha llegó hasta él derrapando en el suelo y levantándose al momento. Tras eso sacó su látigo, pero no pudo evitar fijarse en la máscara del hombre. Daba miedo, pero quizás podía sacar algo de él en aquel momento. Estiró el látigo hasta enrollarlo a un árbol, tiró para ver si estaba bien sujeto y se agarró a su arma para balancearse y darle a una de las ratas una patada en la cabeza que la echaría fuera de juego. Bajó de un salto, recogiendo su látigo de nuevo y se situó al lado del hombre que imponía, preparada para enfrentarse a las otras ratas.
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Mensaje por Yuu Z. Blade Lun 10 Ago 2020 - 15:48

Aquel lugar estaba en un estado absolutamente deplorable. ¿Cómo podían incluso haber ratas mutadas de ese tamaño? Yuu no lo comprendía. Por suerte, de momento, no le había atacado ninguna. Al mercenario no le quedaba mucho para llegar a la fábrica objetivo, así que con suerte quizás no tendría que combatir contra aquellos engendros que tanto asco le daban. Pero bueno, cuando pensaba que todo estaba saliendo bien, un grito llegó a sus oídos. Volteó su cabeza por la parte en la que no tenía el parche, y divisó una figura femenina en la lejanía, corriendo hacia él. Por lo visto, estaba siendo perseguida por una serie de ratas. El parcheado no daba crédito al espectáculo. Detuvo su marcha y vio como la mujer hacía alarde de su aparente habilidad con el látigo, realizando una serie de acrobacias con un árbol cercano y derribando a una de sus perseguidoras. Incluso se detuvo al lado de Yuu cuando acabó, como si esperara que le ayudase. Justo en ese momento, lo de pegar patadas no le apetecía.

—Llevo cinco minutos caminando y no me he encontrado con ninguna puta rata —volteó su cuerpo para mirar hacia la muchacha y a sus admiradoras—. Vienes tú, preciosa —apuntó el piropo, tras haberle visto el rostro—, y me traes a dos. Y encima, querrás que te ayude. Guarda el arma y estate quietecita, anda —levantó la mano y creó dos bloques enormes de metal encima de las ratas. Conectó dos de sus dedos a estas e hizo un gesto con el brazo para que estos bloques descendieran a gran velocidad. ¿El problema? Desaparecido. ¿Las ratas? Bueno, ahora eran alfombras. Yuu hizo desaparecer los cubos, dando visual de lo que les había pasado. Y bueno, efectivamente, ahora parecían más unas alfombras horrendas a un par de ratas del tamaño de jodidos perros—. De nada. Hasta más ver, guapa —suspiró, y volvió a lo que de verdad le atañía.

Se dio la vuelta y siguió su camino hasta la zona de las fábricas. Solo esperaba por favor que aquella mujer no le diera más problemas. Estaba buena, pero Yuu tenía que hacer su trabajo y eso era mucho más importante siempre. Le siguiera o no, él acabaría llegando por su propia mano hasta la zona indicada. Allí no había nadie salvo trabajadores de las fábricas. Las calles estaban un tanto desiertas, solo siendo transitadas de vez en cuando por algunos vehículos de transporte que llevaba mercancía. Quizás encontrar el lugar objetivo sería un tanto difícil, pero tenía que ponerse a ello.
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Mensaje por Thyra Astraie Mar 11 Ago 2020 - 13:02

Thyra se quedó boquiabierta ante el trato del desconocido. ¿Encima que se libraba de una rata? No, si lo peor es que tendría que soportar aún los comentarios de aquel hombre. La muchacha sabía protegerse a sí misma sin ayuda de nadie; de hecho, tenía pensado deshacerse ella sola de las tres ratas gigantes. Lo había logrado con una, ¿por qué no con las otras? Se cruzó de brazos, enfurruñada y acomodó el látigo a su cinturón.

Quizás ella sola no hubiera podido contra las ratas mutantes, pero no les tenía miedo solo necesitaba una estrategia para deshacerse de ellas y tiempo. Algo de lo que había carecido completamente. Necesitaba mejorar, aun no era fuerte y de no ser por aquel hombre hubiera caído seguramente ante las ratas, pero jamás reconocería que era débil ante alguien.

Thyra abrió los ojos como platos al ver las habilidades del desconocido. ¿Cómo había hecho aquello? Le parecía alucinante. ¡Las ratas ya no estaban! Ahora eran alfombras feas, muy feas. Se acercó a verlas de cerca y se agachó, pasando la mano por encima para acariciarlas. Curioso, pensó sorprendida. Se levantó de nuevo y se dirigió hacia el muchacho para agradecerle la ayuda; sin embargo, él no parecía muy conforme con haberla ayudado tan solo por sus respuestas.

A pesar de que no hacía más que halagarla en cuanto a su aspecto se cruzó de brazos. No le gustaba nada aquella actitud, pero se contuvo de responderle de mala manera. Aun así, él también le parecía bastante guapo, pero no era momento de pensar en esas cosas. Aquello solo podía empeorar las cosas, si había convertido en alfombras a unas ratas, ¿qué sería capaz de hacerle a ella que era mucho más débil que los bichos mutantes? Cuando se iba a acercar a él del todo este se giró y la dejó allí, sin más.

-¡Eh! - Le gritó de nuevo, acercándose a él corriendo y quedándose a su lado. Miró de frente viendo en el horizonte la zona industrial-. ¿Vas a las fábricas? Si es así, déjame ir contigo. Sé luchar y lo que has hecho con esas ratas... ¡es alucinante! Además... necesito salir de esta isla, y no tengo manera. Por favor, déjame ir contigo, ¡no te daré problemas! - Por las pintas que llevaba parecía alguien con poder, si podía sacar algo de beneficio por ir con él era bien recibido -. Me has salvado la vida de esas ratas y estoy en deuda contigo, y lo estaré más si me acoplo a ti así que cuando todo termine te deberé un favor. ¿Qué te parece?
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Mensaje por Yuu Z. Blade Miér 12 Ago 2020 - 9:37

Yuu lo intuyó, y acertó. Aquella rubia acabó siguiéndolo y molestándolo. Al parecer… Era una joven que no tenía manera de salir de la isla, por lo que pidió ayuda al mercenario. Visto lo visto, y según ella, sabía desenvolverse más o menos en combate. Yuu no lo dudaba, pero seguía pareciéndole una molestia. Antes de seguir buscando la fábrica, se paró en seco y se volteó a verla de arriba a abajo. No confiaba en nadie, y menos en esa mujer. No obstante, acababa de ofrecer su alma al mismísimo diablo.

—Qué insistente… —llevó su mano libre a la parte trasera de su cabeza, rascándose el pelo. Se quedó pensando en si podría servirle para aquella operación. Él solo podía con ello, pero rechazar un favor no era algo que Yuu pudiese ignorar tan fácilmente. Sobre todo, cuando no dicen de qué se trata—. En cuanto acabe con lo que tengo entre manos, mi parte será sacarte de la isla, ¿no? Ya que me lo pintas así… El favor que me debas te saldrá caro, pequeña. Pero venga, qué cojones… No quiero que interfieras en mis asuntos, así que mantente calladita y no me arruines los planes, ¿estamos? —volvió a voltearse, esta vez para empezar a caminar hacia la supuesta fábrica. Si las indicaciones de su informante eran correctas, no tardarían más de cinco minutos en llegar. Lo que no sabía es si habría seguridad, pero dudaba que fuera siquiera un problema.

Como predijo, en cuatro minutos exactos se plantaron ante la fábrica abandonada. No había nadie, pero sí que se escuchaban los motores de dentro y el humo saliendo de las chimeneas. Sorprendido de la poca sutilidad que tenían, se acercó a la entrada de la fábrica. La verja gigante de metal estaba cerrada con un candado bastante roñoso, por lo que parecía que no habían entrado allí en mucho tiempo. Si querían seguir produciendo clandestinamente, era obvio que no querrían usar la puerta delantera, pero… ¿Por qué demonios eran tan poco sutiles? En fin, como tampoco era un trabajo que requiriera de sigilo, Yuu flexionó las piernas y dio un gran salto que le hizo pasar al otro lado de la verja. Iba a ir por delante a ver qué cojones estaba pasando allí, e iba encargarse personalmente de que aquella fábrica acabara siendo suya. Abrió de una patada la puerta que daba acceso al interior de la fábrica, sorprendiendo a un par de hombres que cayeron al suelo de la impresión.

—¡Ah! ¡¿Quién coño…?! ¡¿Quién coño eres tú?! —dijo uno de ellos, que parecía más mayor por su voz, mientras sacaba una pistola y apuntaba a Yuu.

—¿Qué pasa, Bob? —se asomó otro por el borde de una de las máquinas. Sorprendido al ver la figura del mercenario, se le abrieron los ojos como platos— ¡Eh, tú! ¡No puedes estar aquí!

—¡Oh, venga ya! —hizo desaparecer el paraguas—. ¡Vosotros tampoco, joder!

—¡Eh, eh, eh! ¿Qué son esos gritos, panda de inútiles? —alzó la voz un señor de avanzada edad en la segunda planta de la fábrica. Por lo que Yuu vio cuando levantó la cabeza, era un hombre gordo vestido con una camisa blanca desabrochada, con el pelo del pecho al descubierto. Su voz sonaba rara, puesto que tenía un puro metido en la boca—. ¡Eh! ¿Quién eres tú? ¡Chicos, apuntadle!

—¡Ya lo estamos haciendo, jefe! —dijo uno de ellos, mientras seguía apuntando a Yuu.

—Eh… Escuchad… ¿Acaba de hacer desaparecer su paraguas o es cosa mía, chicos? —comentó otro, empezando a tener miedo.

—¿Ya habéis acabado de hablar, pedazo de gilipollas? —se quitó el sombrero y la máscara de gas, haciéndolos desaparecer. Sí, todo lo había creado él menos la ropa que llevaba puesta.

—¡No me jodas! ¡No, no, no! ¡¿Qué hace el jodido…?! ¡¿Qué hace el jodido The Maker aquí?! ¡¿Quién te ha mandado a por nosotros, eh?!

—Vuestra puta madre, no te jode. Bajad las putas armas, solo quiero hablar con vuestro jefe.

—Vaya panda… ¡Tú! —el jefe de aquellos tipos señaló a Yuu con el índice—. ¿Qué asuntos te traes?

—Asuntos que nos benefician a ambos. Nadie me ha pagado por mataros a todos, de momento. Solo quiero hablar contigo y llegar a un acuerdo.

—¿Llegar a un acuerdo de qué? ¿Sabes quiénes somos?

—No tengo ni puta idea. Pero tenéis algo que me interesa, y seguro que yo tengo algo que os interesa.

—¡Jefe! ¡¿Disparamos?! —gritó el que más aterrorizado estaba.

—¡No, joder! ¡Bajad las armas! ¡Todos al puto segundo piso! ¡Parad la producción!  ¡Tú! ¡¿The Maker, no?! Sube aquí arriba por esas escaleras, ¡pero recuerda que te estamos vigilando! ¡No hagas nada raro! —gritó el jefe.

—Menuda panda de gilipollas… —murmulló, mientras suspiraba. Antes de subir, miró hacia la puerta a ver qué demonios había hecho aquella mujer. Si había pasado e iba detrás de él… Quizás acabase en problemas. Explicar quién era y qué hacía allí era algo que no estaba preparado para decirles a aquellos imbéciles, pero probablemente se tragarían cualquier mentira.
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Mensaje por Thyra Astraie Jue 13 Ago 2020 - 19:47

Thyra sonrió al ver como el desconocido accedía a ayudarla a sacarla de la isla. No era la primera vez que hacía tratos con gente turbia y aquel tío no parecía tan turbio, pero no podía confiarse. Si tenía oportunidad de perderlo de vista en cuanto saliera de Yellow Spice no dudaría en dejarlo atrás. Se trataba de sobrevivir, además, ¿qué favor podría prestarle ella? Apenas tenía contactos de momento y si fuera fuerte, pues aún, pero es que solo sabía luchar. El desconocido era alguien importante y a no ser que quisiera un favor a largo plazo, dudaba poder ayudarle en algo.

Brillante asintió con desgana a lo de permanecer en silencio. Seguían sin gustarle los modales del desconocido y ni siquiera conocía su nombre, con las prisas no hubo oportunidad siquiera de presentarse por lo que aprovechó la oportunidad en el trayecto a la fábrica aunque este duró muy poco. No estaba en sus planes ir a una fábrica así; de hecho, ella quería robar una cualquiera pero si el hombre la sacaba ya no tendría intención en robar.

-Por cierto, soy Thyra - dijo, para romper un poco el hielo aunque no tuvo tiempo de preguntarle por su nombre.

Imaginó que su comentario pasó completamente desapercibido al ver que el desconocido escalaba por una verja como si nada. Brillante parpadeó un par de veces muy seguidas, él al ser alto no tendría problemas pero aquella verja era bastante alta para Thyra. Con suerte podría apoyarse en los barrotes de hierro horizontales y estirarse bastante para dar el paso.

La muchacha se alarmó al escuchar todo el griterío por lo que dio un salto para apoyarse en los barrotes y subir, cuando casi había logrado subir toda la verja e iba a pasar al otro lado escuchó un arma recargarse. Thyra miró a los desconocidos que la apuntaban con una escopeta mientras que dentro seguía escuchando el jaleo. Pensó en huir, pero las probabilidades de recibir un tiro eran aun mayores. Bajó con dificultad y se dejó caer de un salto.

Se puso de pie y se quedó mirando a los dos hombres que la apuntaban. Mediante una seña con la cabeza la hicieron pasar con las manos en alto por la misma puerta donde pasó su acompañante. Cuando le vio se le iluminaron los ojos. Empezaba a arrepentirse de ir con ella, ¿y si la dejaba allí tirada? Nada bueno le harían por colarse en una fábrica clandestina.

-¡Otra que no puede estar aquí! - Exclamó uno alterado.

-¿Esta va contigo o es otra que viene a hacer negocios por su cuenta? - A Thyra le repugnó la pregunta de uno de los peones de la fábrica, sobre todo con la mirada que puso al hablar.

De buena gana habría sacado el látigo para alejar a los que la apuntaban de ella, pero llevaba las de perder por la cantidad de gente. Bajó las manos y se acercó lentamente hacia la escalera donde estaba su acompañante.

-Voy con él - señaló con el semblante malhumorado -. Y ahora bajad las putas armas, solo venimos a negociar.

No sabía si la creerían o si la apuntarían todavía más, pero por si fuera poco todos miraron al desconocido como The Maker, del cual Thyra no tenía ni idea de quién era, pero esperaba que al menos la apoyara con lo que dijo o si no todos los viajes desde que pudo salir de Bloothe serían en vano. Se giró y miró al muchacho directamente a los ojos, a la espera de su respuesta.
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Mensaje por Yuu Z. Blade Vie 14 Ago 2020 - 17:03

Y, efectivamente, la mujer le había podido seguir. Los hombres la habían descubierto con facilidad, pues también fue de frente sin miedo alguno. Yuu no sabía si es que los tenía bien puestos o realmente pensaba que iba a protegerla. En cualquier caso, ya estaba ahí. Era su culpa por haberla traído allí, así que tendría que lidiar con aquellos hombres para que la dejaran en paz. Suspiró y se encendió un cigarro al mismo tiempo que la mujer le señalaba y advertía a los otros de que iba con él.

—Va conmigo, sí —miró al supuesto jefe de todos ellos.

—Vaya día, joder… —se quejó el viejo—. ¡¿No os he dicho que bajéis las putas armas?! Hasta que no hable con estos dos os quiero mansos, y como estos dos hagan algo ya os aviso yo para que les voléis la puta cabeza, ¿estamos?

—Entendido, Don Lebowski —bajó el arma uno de los que estaba apuntando a la chica. Al parecer los tenía bien amaestrados.

—Thyra, ¿no? —miró a la chica, acordándose vagamente del nombre que le había mencionado antes de subir la verja. Hizo una breve pausa para darle una calada a su cigarro y siguió hablando—. Sube, anda. Detrás de mí —le hizo un gesto con la cabeza, a la par que dejaba de mirarla y subía al piso donde iba a reunirse con el tal Lebowski. Este entró en un pequeño despacho y se colocó tras un escritorio de madera que no parecía estar en muy buen estado de conservación.

—Sentaos, pues. Si queréis hablar, hablemos —esperó, tomando asiento en una silla medio rota. Los asientos que tomarían el dúo de criminales tampoco es que estuvieran en muy buen estado, pero al menos tenían las cuatro patas enteras y no se caerían. Cuando ambos se sentaron, procedió a seguir hablando—. Te conozco, The Maker. Lo primero que se le viene a la mente a alguien cuando te ve es que has venido a matarle, te lo juro.

—Sí que hablan mal de mí, entonces —se cruzó de brazos, con una mirada altanera y con las piernas abiertas, sentado en la silla—. Pero bueno, como te he dicho… —le dio otra calada a su cigarro, lo que provocó una breve pausa en la conversación—, he venido porque tenéis algo que me interesa.

—Eso he escuchado. Pero lo único que tenemos aquí es, bueno, la fábrica.

—Y tampoco es vuestra, ¿verdad? —miró fijamente al hombre.

—¿Ves las puertas de fuera abiertas de par en par? ¿A alguno de mis hombres fuera? No, no es nuestra. Pero como si lo fuera, ya tú me entiendes.

—Se supone que antes de estar abandonada, esta fábrica producía materiales para la construcción, ¿no? ¿Seguís donde lo dejaron?

—Bueno, bueno… Vienes con el trabajo hecho de casa. Y yo que pensaba que eras un simple asesino.

—Deja de asumir cosas y responde, viejo.

—¡Eh! —dio un golpe en la mesa, agrietando aún más el mueble en la zona de impacto—. ¡A mí me hablas con respeto! ¡No toleraré otra puta falta de respeto haca mí en esta fábrica! Puedes saber qué coño se hacía aquí, pero no sabes con quién estás tratando.

—Tranquilo, hombre, tranquilo… —dijo, con una calma pasmosa en su cuerpo—. Vale, vamos a ir por ahí… ¿Lebowski, no?

—Don Lebowski, para ti.

—Don Lebowski, vale —las ganas del mercenario de cortarle la cabeza a ese hombre aumentaron por momentos. Quizás el trato no salía del todo bien si el viejo seguía intentando imponerse ante Yuu de aquella manera—. Lo dicho, ¿seguís donde lo dejaron?

—Seguimos, sí. Pero antes de seguir hablando quiero saber tus intenciones, ¿está claro?

—¿Sabes lo que pasa, Don Lebowski? Que mis intenciones pueden variar dependiendo de lo que vaya saliendo de tu boca. Pero bueno, te las diré. Venía decidido a negociar con quienes fuera que estuvieran en esta fábrica clandestina. Necesito materiales para un proyecto y comprar una fábrica directamente me parecía excesivo. Comprarlos también, la verdad. Y como esta fábrica estaba abandonada y nadie parecía querer acercarse, me pareció perfecta para empezar.

—Entonces… Me estás diciendo que has venido a adueñarte de esta fábrica. ¿O me he perdido? —arqueó una ceja.

—Ese era el plan. Pero visto lo visto, primero quería ver qué tramabais.

—Ah, qué bien —dijo, con un tono claramente irónico—. Pues si quieres te cuento todo lo que tramamos y, ya de paso, ¡te doy el control de toda la fábrica! ¿Suena a buen trato, verdad? —siguió, a la par que abría un cajón y ponía en alerta a Yuu—. ¿Pero quién coño te crees que eres, capullo? —sacó una pistola y apuntó al mercenario. Por detrás se oyó el sonido de un arma, puesto que al parecer uno de sus hombres también estaba apuntando a Thyra.

—No has escuchado lo que tenía que ofrecerte a cambio. Quizás el puto respeto me lo tendrías que deber tú, ¿no? —dijo, con un tono calmado, aguantándose la ira dentro.

—¡No me hace falta, hijo de puta! ¡Si crees que siquiera voy a plantearme darte esta fábrica o cualquier mierda, estás muy equivocado! —gritó, muy nervioso. Al parecer, pese a su aparente cargo, la calma no era algo que contemplara aquel viejo.

—Te doy unos segundos para calmarte y bajar las armas, si no queréis hacer esto por las malas, ¿vale? —apagó el cigarro en el cenicero de encima del escritorio, seguro de que no iba a dispararle. O al menos, de que no iba a acertar— Venga, Don Lebowski. Seguro que estás deseando escuchar la oferta que tengo para ti. No tienes ni idea de quién soy, aunque parezca que lo sepas.

—No me hace falta escuchar nada. Me lo has dicho todo ya, y no voy a permitir que acabes con lo que tanto me ha costado conseguir.

—Venga, hombre… ¿Me vas a hacer moverme del sitio para hacerte entender que mi oferta es buena? Va, sabes que puedo poner contra las cuerdas a todos tus hombres y a ti en poco menos de un minuto. ¿Tan difícil es hablar un rato sin una puta pistola en la mano? —miró fijamente el gatillo del arma del mafioso. Creó un puñal que bajó rápidamente para atravesar la mano del hombre y, rápidamente, giró su cuerpo para crear un grueso muro que cubriría la entrada por completo y salvaría a Thyra del disparo, dado que el hombre se vería afectado por la inercia del muro. Tras esto, Yuu creó una pistola en su mano y ahora él quien apuntaba al anciano—. Bueno, ahora mejor.
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Mensaje por Thyra Astraie Dom 16 Ago 2020 - 17:18

Thyra no entendía nada de nada. El alboroto seguía sin cesar hasta que el más viejo del lugar mandó a todos calmarlos. Suspiró aliviada al ver como apartaban dos de las escopetas que apuntaban hacia su cabeza. ¿Pero en qué momento accedió a participar en esto? Empezaba a arrepentirse. Puede que el hombre con el que iba fuera un experto en ese mundo, pero ella aun no sabía nada. No conocía nada de las fábricas salvo que en la mayoría había numerosos asuntos turbios sobre el bajo mundo.

La muchacha subió hasta acercarse a su acompañante, el cual mientras fumaba la llamó por su nombre y la mandó seguirlo. Brillante aceptó y subió los escalones de dos en dos, hasta que llegaron a una estancia muy amplia aunque no por ello mejor. El yayo se llamaba Lebowski y tenía muy mal humor, pero aun así los mandó sentarse. La muchacha miró la silla que le tocaba y parpadeó varias veces.

Esta chirriaba con tan solo arrastrarla y nada más sentarse sintió como si se fuera a caer. La fábrica estaba en un estado bastante lamentable, ¿por qué quería esta si había otras mejores que seguramente también estuvieran igual? La joven se mantuvo en silencio ante las negociaciones y lo único que descubrió es que el muchacho con el que iba lo llamaban The Maker, pero no conocía a nadie así con ese nombre. Por otro lado, comenzaba a pensar que fuera un asesino a sueldo, como lo fue ella en su día, pero Thyra no quería regresar a aquella vida. Si tenía que matar, no tendría problema en hacerlo, pero prefería centrarse en el robo y el contrabando en vez de arrebatar vidas por gusto de otros.

La maleante se sobresaltó al ver como las negociaciones se convertían en un griterío otra vez. Las cosas no pintaban bien y aunque confiara en The Maker, temía por no salir con vida de aquella fábrica. Cuando don Lebowski sacó su arma del cajón Thyra se levantó, llevando la mano al látigo dispuesta a arrebatársela; sin embargo, escuchó recargarse un arma detrás suyo.

Cuando se iba a girar, su compañero no dudó en crear un muro entre ella y la bala. Cuando escuchó el disparó su corazón se aceleró demasiado y por si fuera poco, la mano con la que don Lebowski sujetaba la pistola ahora estaba atravesada por una daga. La sangre se esparcía por toda la mesa y Thyra se echó hacia atrás. Aquel desconocido que le había salvado ya la vida dos veces era cuanto menos extraño. Creaba cosas de la nada sin ningún problema. La maleante sentía admiración y miedo a la vez.

La muchacha se apartó para recoger el arma del hombre tirado en el suelo por culpa de la inercia del muro. No era más que una escopeta vieja, pero era un peligro en las manos equivocadas. Se acercó a la puerta y apoyó la oreja, escuchando bullicio en el piso inferior. No tardarían en venir los hombres de Lebowski si no se daban prisa.

-¿Cuánta gente hay aquí? - preguntó Thyra acercándose a ambos con el ceño fruncido. El dueño de la fábrica no hacía más que quejarse del dolor, por lo que harta, sacó el látigo y de un movimiento lo enrolló al cuello de este, acercándolo hacia ella hasta tirarlo sobre el escritorio -. He preguntado que cuanta gente está aquí, que yo sepa la daga no está en tus oídos.

Pero no respondió.

-Vaya mierda de dueño que no sabe ni a cuantos trabajadores tiene - La rubia miró a The Maker -. Van a subir en cualquier momento si no hacemos algo y aunque seas muy fuerte, no sé yo si podremos contra toda esa gente - Después apretó más el látigo, como si intentara estrangular a Lebowski -. ¿De verdad te renta morir por una fábrica? Llega a un acuerdo y no te pasará nada, o por lo menos si eres un buen líder y tienes aprecio a tus hombres, no dejes que corran el mismo destino que tú.
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