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[Misión Definitiva-Nuevo Mundo] En defensa de la Patria

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Mensaje por Katharina von Steinhell el Miér 9 Sep 2020 - 1:55

—¡¡FUEGO!! —ordenó a vivo pulmón cuando el fulgor rojizo de la bengala iluminó su rostro.

Los tiradores tomaron posiciones, acomodaron las armas y dispararon una lluvia de balas sobre los marines. Cientos de voces fueron silenciadas con el primer gatillazo. Y eso no era más que el primer bocado del platillo. A la orden de Spolyart, los cañones de Síderos dispararon unas cápsulas que reventaron en enormes humaredas amarillentas, envolviendo al enemigo en una nube mortalmente tóxica. Los árboles y las plantas permanecían intactos, pero todo ser con pulmones sufría una muerte dolorosa.

Los veteranos reaccionaron lo más rápido que pudieron y salvaguardaron a los más jóvenes, alejándolos del fuego enemigo. Muchos cayeron en el intento. La situación los obligaba a abandonar tierra, pero no abandonarían a sus compañeros. Los hombres de la retaguardia, quienes quedaron atrapados entre el derrumbe y la nube mortal, se movilizaron en socorro de la primera línea. Sin embargo, también había soldados que se lanzaron en arrebatos de ira y valor a partes iguales hacia los hombres de la Estrella Oscura. Se despedirían del mundo honrando el uniforme que llevaban.

Cuando la mayoría de los subordinados de Spolyart alcanzaron buena altura la hechicera supo que era el momento de rematar a los perros de la Marina. Estos golpeaban el aire y subían como mosquitos alejándose del insecticida. Daba pena verlos allí tan acobardados frente a la muerte, pero les esperaba el juicio definitivo antes de que se lo esperasen. Aprovecharía que el grueso del ejército enemigo aún permanecía junto para acabar de una vez con ese lamentable espectáculo, pero para eso necesitaba la ayuda del vampiro. Le estaba exigiendo mucho, sí, pero lo hacía porque sabía que estaría a la altura en toda situación.

—¿Recuerdas cuando matamos al bicho gigante de Tlaseseyan? —le preguntó con una sonrisa maliciosa—. Terminemos esto y vayamos por ese perro de Kurookami.

 Sabía que el vampiro entendería a qué se refería y, si las palabras no eran suficientes, la luz dorada que comenzó a formar frente a sus manos lo sería. Al máximo de su concentración, condensó su propia energía para invadir el cielo de una infinidad de espadas doradas como el sol y mortales con la misma Fushigiri. Estuvieron allí suspendidas solo por un instante visto en cámara lenta por los marines ante la muerte que les esperaba. Pasó un segundo para cuando cayeron sobre el enemigo, atravesando cuerpos, desgarrando la piel y formando un cráter en la tierra. Suerte tuvieron los que estaban lejos del centro, pues tuvieron tiempo de alejarse. Sería una lástima que otra persona hubiese preparado la misma sorpresa.  

Campo de Batalla cubría un espacio proporcional al cansancio que provocaba, además la bruja había estado moviendo y creando ilusiones durante un buen tiempo, por lo que necesitaba descansar para luego volver a la acción. Todo parecía ir de acuerdo al plan, en cualquier caso, así que pronto tendrían la victoria y harían salir a Kurookami de su madriguera cual rata que era. ¿Qué sentiría al combatir con los cadáveres de sus hombres, al verlos moverse sumidos por la voluntad de Markov? Comenzarían ganando la batalla psicológica.


Última edición por Katharina von Steinhell el Vie 11 Sep 2020 - 0:03, editado 1 vez
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Mensaje por Ivan Markov el Jue 10 Sep 2020 - 23:52

Los obuses de la Estrella llovieron sobre la cuenca, liberando nubes de gas tóxico al romperse contra el duro suelo volcánico. El bombardeo fue tan intenso y concentrado que en pocos minutos la cuenca estaba totalmente cubierta del gas venenoso. Las tropas de la Estrella, al retirarse por el aire, habían llamado la atención de algunos marines capaces de moverse de la misma manera, que empezaron a ascender tras ellos a saltos. Tras caer las bombas, el número de marines que intentaban huir por el aire aumentó. Pero no podían permitir eso, y desde luego los tiradores de la milicia, la Estrella y los samuráis no lo consintieron, lanzando una lluvia de flechas y plomo contra los enemigos. Pero eso no iba a ser suficiente. El vampiro frunció el ceño y agarró a Vanator, disponiéndose a lanzar la onda cortante más potente que pudiera crear, cuando Katharina llamó su atención. Al principio la miró desconcertado.

- ¿Qué tiene que ver el monstruo de Tlaseseyan con todo esto?

Entonces Katharina alzó sus manos una luz dorada se alzó desde estas al cielo, y Ivan comprendió: se refería a la técnica que el general del ejército de Tlaseseyan les había enseñado como recompensa por ayudarles a salvar la isla. El vampiro esbozó una sonrisa sanguinaria y levantó a Vanator hacia el cielo mientras la espada se envolvía en llamas azules. Una columna de fuego frío ascendió desde su arma y luego se extendió, como un manto azul circular. Desde este manto comenzaron a salir lentamente unas espadas hechas de hielo puro con el mismo aspecto que Vanator, que se pusieron a la altura de las katanas doradas de Katharina.

- Técnica combinada, Schlachtfeld: Todesregen!

Las espadas cayeron perfectamente coordinadas, como una silenciosa lluvia letal. El radio del ataque era tan extenso y la distancia entre espadas tan escasa que fue una verdadera masacre. La espadas atravesaban a los marines que estaban en el aire y seguían cayendo, explotando las de Katharina y reventando en cientos de afiladas y veloces esquirlas las suyas. Los marines que se había quedado en tierra y que estaban bajo su ataque recibieron un durísimo castigo. Ivan creyó ver al comandante enemigo tambaleándose con varias heridas bastante feas, aunque la figura desapareció entre la niebla tóxica poco después. No muy lejos, sus ghouls daban caza a los marines, que ahora intentaban huir de la cuenca. Tenía menos de los que recordaba, ¿estaban parte de sus ghouls aún en el rango del ataque cuando lanzaron las espadas? Oh, bueno. Daños colaterales. Por todos lados cientos de soldados se desplomaban tosiendo violentamente y escupiendo sangre. Y por encima de ellos, sobre las paredes de la caldera, los soldados emboscados disparaban a placer sobre la Marina.

Y en ese momento fue cuando sonaron cuernos de alarma. Las tropas que se habían quedado fuera del cráter habían empezado a escalar las paredes en busca de los tiradores de la parte superior. Y no eran los únicos. Al noreste y al sur dos batallones de marines salieron de entre los árboles entre gritos de batalla y comenzaron a correr cuesta arriba en busca de los samuráis y soldados de la Estrella. Y así comenzaba la tercera parte de la batalla de Akayama. Y ni Katharina ni Ivan tenían fuerzas para intervenir de momento.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Vie 11 Sep 2020 - 0:34

Las técnicas combinadas de Katharina y Ivan causaron estragos en el campo de batalla, quitaron cientos de vidas y sentenciaron la batalla. Los samuráis se encargarían de cazar las escurridizas ratas que sobrevivieron a la purga, pero el trabajo importante había terminado. La emboscada fue un rotundo éxito que posicionaba en desventaja a las fuerzas enemigas. Cuando Kurookami se enterase de la masacre de Akayama no le quedaría otra opción que salir de su escondite, y entonces la hechicera lo enfrentaría dando todo de sí misma. No obstante, el destino era caprichoso y cruel, impredecible; siempre tenía nuevas sorpresas que enseñar.

De pronto comenzó a sentir decenas de voces que se acercaban rápidamente a la caldera. ¿Qué hacían esos perros asquerosos allí? ¡¿De dónde habían aparecido?! Si no hacía nada los marines terminarían subiendo la pendiente, se encontrarían con los tiradores e iniciaría una nueva masacre; sería un golpe demasiado duro para las fuerzas aliadas. Sin embargo, aún no podía aventurarse y dar apoyo puesto que se estaba recuperando de la técnica recién usada: los samuráis y los mercenarios tendrían que arreglárselas ellos solos, al menos de momento. Por su parte, no tenía más opción que confiar en el liderazgo y las capacidades de los comandantes aliados.

—¿Nos hemos apresurado al atacar…? —se preguntó a sí misma en un susurro—. Dentro de poco podré integrarme a la batalla, pero por el momento necesito recuperar fuerzas… Joder, esta técnica cansa mucho… ¿Te encargas tú del batallón del noroeste?

Sentía una presencia familiar, una voz que destacaba por sobre todas las demás, un aura que rugía desde el sur con la fuerza de un volcán. Si no se equivocaba, esa voz pertenecía al vicealmirante Alessio D. Inferno, el maldito marine con el que se encontró en Doom Island hace unos meses. No debía sorprenderle del todo su presencia en Wano, pues la Marina había enviado a la élite, y definitivamente tanto ese hombre como su hermano pertenecían a esta. La última vez peleó contra él usando todas sus fuerzas, y aun así estuvo a nada de perder. Sin embargo, estaba segura de que se había vuelto más fuerte y era un buen momento para comprobar lo mucho que había progresado desde entonces.

—Las sientes, ¿verdad? Tanto en el sur como en el norte hay enemigos poderosos —le comentó a su amigo, llevando la mano a la empuñadura de Fushigiri—. Esa gente nos daría problemas incluso a piratas como nosotros. Ándate con cuidado, ¿vale?
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Mensaje por Ivan Markov el Vie 11 Sep 2020 - 1:21

El vampiro frunció el ceño y gruñó, furioso. Tantos enemigos sumándose a la batalla y él sin fuerzas para pelear. Schlachtfeld era una técnica poderosa, pero de doble filo. Y ahora, con tanto con él como Katharina fuera de juego, las tropas enemigas avanzaban impunemente. En otra ocasión no lo hubiesen tenido tan fácil probablemente, pero las fuerzas de la Estrella y de Wano no estaban concentradas, sino dispersas a lo largo del borde de la cuenca. En esa situación hacían los que podían por repeler a las tropas que se aproximaban, y ciertamente muchos cayeron por los disparos y flechas mientras intentaban subir la cuesta, pero muchísimo más ascendieron. La marea blanca de marines amenazaba con engullir las líneas emboscadores, ahora convertidos en emboscados.

- ¡Mierda! Yo tampoco tengo fuerzas aún - soltó, impotente.

Decenas murieron en la carga inicial. Los marines habían enviado a lo mejor de lo mejor. Pero la Estrella también tenía sus trucos bajo la manga. Silencioso, sin un grito de guerra ni nada similar, Black Hole salió de su escondite. Uno solo de sus puñetazos bastó para mandar volando al enemigo que tenía delante y generar una onda de choque negra que golpeó y derribó a todos en cono de veinte metros frente a él. Ivan suspiró aliviado y negó con la cabeza. En el lado noreste el poderoso guerrero podría ganarles algo de tiempo. El problema era en el sur, donde un hombre con una Voz poderosa como un volcán lideraba la carga. Irónicamente que muriese gente de la Estrella les beneficiaba: cuantos más cayeran, más tropas tendrían para la verdadera batalla. Sin embargo si todas caían y la Marina triunfaba era un caso diferente.

- Iré al noroeste. Tengo que hacer algo. Tenemos que ganar esta batalla - frunció el ceño - Descuida, estaré bien. Nuestro objetivo es un Almirante, así que no voy a preocuparme por nadie de rango inferior.

Se comenzó a alejar volando y se despidió con un gesto de la mano de espaldas. Sinceramente, no sabía cómo podía intervenir. Aún tenía todos los músculos tensos y estaba recuperando energías tras lanzar Schlachtfeld. Podría defenderse si era atacado... hasta cierto punto. Detener la masacre que todo un batallón marine estaba ejerciendo sobre sus aliados era un asunto totalmente distinto. Y sin embargo, algo tenía que hacer. Y al ver a varios marines retroceder y huir de Black Hole, cayó en lo que tenía que hacer. Aceleró el ritmo ligeramente, reuniendo la fuerza de su voluntad. Se situó sobre el centro de la formación marine y se lanzó en picado hacia abajo a toda velocidad, cayendo sobre uno de ellos con los pies por delante. Durante un momento todo el mundo se giró hacia él. El vampiro era en aquel momento una impresionante figura de ojos color sangre brillantes, envuelta en neblina y con la armadura más impresionante que la mayoría de ellos hubiera visto. El aire comenzó a vibrar y los pedruscos cercanos comenzaron a rodar colina abajo. Entonces liberó todo el poder de su voluntad sin ejercer ningún control sobre él. La inmensa mayoría de los soldados en unos cincuenta metros en torno a él temblaron y se desplomaron inconscientes, mientras que la mayoría del resto quedó temblando de pánico. Solo unos pocos se mantenían en pie.

- Recordad rematar a los caídos, pero dejad las cabezas intactas - dijo a las tropas aliadas.

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Mensaje por Katharina von Steinhell el Dom 13 Sep 2020 - 3:59

Voló lo más rápido que pudo en dirección al sur, viendo cómo los soldados de Wano y los mercenarios de la Estrella Oscura caían ante las fuerzas del Gobierno Mundial. En principio, le beneficiaba que hubiera tantas muertes; más no muertos y menos guerreros de los que ocuparse en el futuro, sin embargo, si morían demasiados acabarían teniendo problemas con la Marina. Tenía que entrar cuanto antes al campo de batalla, ya no podía limitarse a jugar con las ilusiones desde lo alto del cielo. Sería sencillo crear una serie de bolas de fuego y hacerlas explotar, no obstante, provocaría un incendio incontrolable y luego sería imposible recuperar los cadáveres. No, debía ser mucho más… sutil.

Llegó a tierra firme en un suspiro, desenvainó a Fushigiri y corrió hacia el oficial que tenía en frente. Sus espadas se encontraron un par de veces, pero Katharina fue más veloz y acabó atravesándole el corazón. Inmediatamente después empuñó también a Arugoriashito. El uso de las katanas dobles suponía una ventaja contra numerosos enemigos. Sus movimientos eran fluidos como el agua y seguían circunferencias, abarcando un radio impresionante. Se movía con tal velocidad que parecía que estaba en todos sitios y los tiradores enemigos ni siquiera tenían tiempo de apuntar, pues la muerte caía sobre ellos antes de que presionasen el gatillo.

Controlaba a la perfección su respiración para no cansarse; ya había usado demasiada energía en Campo de Batalla. Tampoco estaba usando la polimorfia para volverse aun más poderosa, pero sospechaba que la necesitaría para enfrentarse a Alessio. El vicealmirante de largos cabellos dorados y mirada escarlata avanzaba entre las tropas aliadas, repartiendo puñetazos y patadas. Hacía falta un gran poderío físico para enfrentarse a alguien como Inferno, y ninguno de los samuráis estaba capacitado para un desafío así.

—Me ocuparé yo misma antes de que destroce nuestro ejército —musitó para sí misma.

Creó un portal, una especie de vórtice que distorsionaba el espacio, y lo atravesó para llegar rápidamente hacia el vicealmirante. Apareció encima de él, endureció ambas espadas tornándolas de un negro impoluto y golpeó con todas sus fuerzas. El vicealmirante se protegió con los brazos envueltos en haki, y el choque generó un profundo cráter. Los ojos de Alessio ardieron de furia cuando se encontraron con los de Katharina.

—¿Por qué tenía el presentimiento de que estarías aquí, bruja hija de perra? —preguntó sin ocultar su odio.

—Yo también te echaba de menos —se burló ella, esbozando una sonrisa burlesca—. Si tanto extrañas a tus hombres que murieron en Doom Island, puedes reunirte con ellos cuando mueras.

El puño derecho de Alessio empezó a encenderse y rodearse en llamas, y entonces disparó un torrente ígneo hacia el cielo. Una técnica como esa habría carbonizado a cualquiera, pero la hechicera se había vuelto una experta en contrarrestar las llamas de casi cualquier criatura del mundo. Canalizó su poder a través de las espadas y estas absorbieron el torrente, sorprendiendo al vicealmirante.

—He aprendido un par de trucos, Inferno.
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Mensaje por Ivan Markov el Dom 13 Sep 2020 - 5:32

Fuera del rango de acción de su haoshoku aún había marines débiles (desde su altanero punto de vista) en pie, pero dentro de este solo quedaban cinco marines en condiciones de luchar. Un hombre pelirrojo con un bate metálico lleno de púas, una mujer de pelo morado con traje de monje, otra morena con dos fusiles, un semigigante de piel oscura corpulento y un lancero calvo y bajito. Todos oficiales de alto rango por sus insignias y chaquetas. El olor que desprendían los cinco era a problemas, podía percibirlo. Eran fuertes. Por suerte, ya se sentía mucho mejor. Schlachtfeld dejaba al que lo usaba sin fuerzas los segundos siguientes, pero una vez pasaban podía seguirse combatiendo. De todos modos debería ser cuidadoso, ya no tenía ese as bajo la manga.

- Vaya jaleo... un Conquistador. Deberíamos ir a por ese primero - dijo el semigigante.

- Yo contendré al resto - dijo el lancero - Vosotros eliminadle, y tened cuidado.

- Recordad el Torneo del Milenio - dijo la monje - Este se cura muy rápido. Hay que eliminarle rápido.

Si iban a ir a por él, aceptaría el desafío. Con una sonrisa, movió a Vanator en movimientos amplios circulares, rotándolo sobre su mano en un despliegue de habilidad que no pareció impresionar a sus enemigos. No era extraño de todos modos, si un par de movimientos veloces y diestros fuesen suficiente para sorprenderles, no estarían enfrentándose a él. Los hombres de la Estrella y samuráis cargaron hacia los enemigos, pero fiel a su palabra el marine calvo se adelantó e interrumpió su paso: con un giro del arma generó una corriente de viento que frenó y desequilibró a los soldados, y luego empezó a aguijonearlos y entrar en sus líneas derribando, cortando y perforando los cuerpo de sus enemigos. Mientras tantos el semigigante se había recubierto totalmente en haki de armadura y cargó directo hacia él como una bala de cañón gigante, con la monje y el del bate a sus flancos. Pero entonces alguien más pequeño y veloz impactó contra el enorme marine y se lo llevó consigo, cayendo ambos pendiente abajo. Era Black Hole.

- ¡Yo me ocupo del grandote! ¡Mátalos!

No tuvo tiempo ni a una respuesta, pues los otros dos no se amilanaron. El kenbunshoku le alertó de que el pelirrojo pretendía batearle la cabeza, y que casi inmediatamente después la morena le golpearía en el pecho con la palma desnuda. Ambos ataques iban recubiertos con endurecimiento. No serían un problema serio.El problema era que percibía hostilidad por parte de la tiradora, pero no veía un ataque inminente. Estaba como apoyo... iba a tener que eliminarla la primera. Con Vanator desvió el bate del pelirrojo con la mano derecha, mientras aprovechaba para realizar un contraataque en la misma defensa: una estocada al cuello. Con la mano izquierda creó una barrera de haki usando Vampir Duellant para bloquear la palma. Pero entonces ocurrió: escuchó dos disparos casi a la vez. El primero impactó en el filo de Vanator desviándolo lo justo para que el pelirrojo lo evitase y solo le rasgase la piel. El segundo fue una cuerda que se le ató en la mano de la defensa. Con un tirón se la apartó... y en el momento en que la palma de la monje fue a estrellarse contra el pecho de Ivan, este se deshizo en una nube de niebla.

- ¡Rápido, reunámonos antes de que vuelv... - empezó a decir la tiradora.

No le dejó acabar. Era demasiado peligrosa para dejarla viva. Tenía una puntería proverbial, sabía bien cómo engañar al haki y tenía herramientas curiosas. Y evidentemente trabajaba bien con esos dos. Cuando la morena estaba empezando a hablar, Ivan ya se había rematerializado a su espalda. Los otros dos marines se giraron hacia él, probablemente percibiendo su Voz centrarse en ese punto. La del pelo morado abrió los ojos y fue a dar un grito de alerta. En medio de su frase su presa se percató del peligro, pero cuando estaba girándose hacia él al tiempo que se intentaba alejar de un salto, Vanator golpeó como un rayo, atravesándola de parte a parte y destrozando su corazón. La espada comenzó a succionar su sangre y transferirla al dueño tras activar Ivan el mecanismo.

- ¡SHELLY! - gritó el pelirrojo, desesperado.

- No os preocupéis. Os uniréis a ella junto a todos vuestros camaradas como parte de mi ejército. La muerte final aún no es vuestro destino.

- ¡Monstruo! - gritó la monje. Unas llamas de colores fucsia y azul cian brotaron de sus puños - Te arrastraré ante la justicia. ¡Pondré fin a tus crímenes!
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Ivan Markov

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Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 14 Sep 2020 - 2:39

El enorme vicealmirante, con sus casi tres metros de alto, miraba con desprecio a la espadachina. Si el fuego no funcionaría, entonces la eliminaría con sus puños capaces de destrozar montañas. ¿Cómo olvidar lo que esa chica hizo en Doom Island? Usó a sus compañeros como escudos humanos y cortó decenas de cabezas sin la menor sensibilidad. Era un monstruo, una maldita psicópata sin un atisbo de humanidad, y el destino la había puesto allí para que Alessio pudiera redimirse por sus errores. Fue él quien avisó a las viudas las muertes de sus valientes esposos, fue él quien estuvo en frente de los destrozados hijos que jamás volverían a ver a sus padres. Desde ese momento les suplicaba a los cielos una nueva oportunidad para enfrentarse con Katharina y por fin, luego de tanto tiempo suplicando, tenía lo que merecía: la venganza.

Endureció ambos puños y moldeó la armadura de manera tal que esta formase verdaderas púas tan peligrosas como letales. Su cuerpo, por otra parte, comenzó a emitir una gran cantidad de vapor, técnica ya conocida por la hechicera. Y entonces atacó. Alessio desapareció por solo un instante y reapareció en la retaguardia de Katharina. Lanzó un puñetazo tan violento que, cuando chocó con las espadas de la pirata, generó un cráter enorme. El choque entre voluntades desprendió rayos negros y rojos, agrietó el suelo y provocó que los samuráis débiles de voluntad cayesen desmayados. Lanzó otro puñetazo, esta vez con su mano libre, y golpeó el cielo. Una poderosa onda de choque en forma de cono arrasó con todo lo que tenía en frente, abarcando más de cincuenta metros. Si la bruja no se hubiese deslizado por entre medio de las piernas del marine, habría acabado mal parada.

—Te sugiero que tengas cuidado con lo que haces, vicealmirante, puedes matar a tus compañeros —se burló una vez hubo llegado a su espalda.

Lanzó una onda cortante con cada espada formando una equis y, cuando su oponente bloqueó con ambos antebrazos, arremetió contra él. Soltó un remolino de espadas afiladas y rapidísimas imperceptibles al ojo humano. Meses atrás no habría podido superar la férrea defensa de Inferno, pero su haki de armadura sumado a Corazón de Fantasma habían alcanzado nuevos niveles. Poco a poco hacía retroceder a su oponente y la espadachina se detuvo únicamente cuando hubo encadenado más de treinta espadazos. Tomó una bocanada de aire para continuar con la ofensiva, pero bastó un instante para perder el ventajoso ritmo que llevaba.

El vicealmirante aprovechó el momento y propinó un fuerte derechazo. La espadachina reaccionó a duras penas y en su rostro se dibujó una mueca de dolor cuando uno de los pinchos le rasgó un costado. Intentó contraatacar, pero el marine predijo a la perfección el movimiento de la hechicera e interrumpió su ataque con una patada que la mandó a volar; si no hubiera bloqueado con ambas espadas, seguramente le habría roto las costillas. Amortiguó lo mejor que pudo la primera caída, pero no pudo detener el primer rebote ni tampoco pudo con el segundo. Aterrizó dolorida tras haberse alejado casi treinta metros de su oponente. La sangre le manaba por el cráneo y tenía contusiones (aparentemente leves) en distintas partes del cuerpo.

Por si no fuera castigo suficiente, Alessio apareció inmediatamente frente a la bruja y descargó una ráfaga de puñetazos. Cada golpe por sí solo tenía tanta fuerza como la bala de un cañón, y la bruja sabía que era mala idea intentar bloquearlos todos. Katharina conocía los movimientos del vicealmirante, los había visto varias veces tanto en el pasado como en el enfrentamiento que se llevaba a cabo, y reconocía los patrones detrás de estos. Como si viese el futuro, y en un estado de plenitud mental absoluto, la espadachina esquivó puñetazo por puñetazo sin siquiera moverse de su puesto, haciendo gala de una agilidad que rozaba límites divinos.

Esperó a que su oponente se cansase y, una vez se hubo detenido, preparó el contraataque. Apuntó al vicealmirante con Arugoriashito mientras esta desprendía chispas de electricidad azules.

Descarga del Dragón Blanco —susurró con una sonrisa maliciosa.

La bruja disparó desde la punta de su katana un enorme dragón blanco envuelto en llamas y electricidad que impactó de lleno en el pecho de Alessio. O eso pareció, vaya. Olió la carne quemada y escuchó los gritos de dolor de su oponente. Era prácticamente imposible que un humano sobreviviese a un impacto directo de una de sus habilidades más poderosas, pero ahí estaba el vicealmirante: continuaba de pie con una mirada rebosante de determinación.
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Mensaje por Ivan Markov el Mar 15 Sep 2020 - 4:48

Sintió la sangre palpitando en su interior, caliente y aún rebosante de vida, alimentando su poder. Aquella marine había sido fuerte en vida, y ahora su fuerza potenciaba la suya. Literalmente. Extendió la sangre absorbida a lo largo de su cuerpo, centrándola en su sistema muscular para potenciar su fuerza física. Era una sensación casi... extasiante. Sentía ganas de reventar una roca a puñetazos, de correr diez kilómetros seguidos, de reír, de gritar a vivo pulmón. No le llegaba con lo que había probado. Quería más sangre. ¿En qué momento se había olvidado de todo lo que significaba su akuma? En un pasado había estado tantas horas en su forma completa que casi había olvidado lo que se sentía siendo humano. Ahora la sensación era la contraria. Solo se volvía vampiro para pelear... y ya no salía de caza habitualmente como antes hacía. Y casi tenía la respuesta.

- Oh, sí. Fue por ella.

Una punzada de dolor le recorrió. La agonía de la pérdida y el éxtasis de la alimentación se entremezclaron por un momento, sacudiéndole. Y centró su mirada y todas sus intensas emociones en los dos marines que tenía frente a él. Por un momento casi había perdido de vista en qué lugar estaba. El hombre del bate, con una expresión de rabia y dolor, estaba ya casi sobre él, empuñando su arma y preparándose para golpear su cabeza. Tras él la monje estaba agazapándose. ¿Iba a saltar? Decidió afrontar los problemas de uno en uno. Con toda su recién adquirida fuerza, trazó una filigrana con Vanator, que acabó dirigiéndose hacia el arma del hombre. No se limitó a bloquearla o desviarla: esta vez simplemente cortó a través de ella. La espada partió limpiamente el metal en dos trozos y continuó su camino, trazando un surco en el rostro del pelirrojo que destrozó sus dos ojos.

- Y ahora vas tú.

Miró hacia la otra marine, que había saltado en el aire y se dirigía hacia él. Mientras tanto, el otro había soltado el mango, ahora inservible, del bate y se había llevado las manos a la cara. El corte había sido un poco más profundo que los ojos, creía. Era una herida verdaderamente grave que sangraba a chorros. Y su compañera, con las manos encendidas en esas extrañas llamas cayó sobre él. Ivan puso una guardia alta y le esperó. Pero en lugar de intentar golpearle, la mujer se impulsó con la mano sobre Vanator y cayó a su espalda. El vampiro estaba girándose, esperando tomarla con la guardia baja por su superior agilidad, cuando descubrió con horror que él no era el más hábil. No solo había tenido tiempo a caer bien y ponerse a la defensiva, sino que estaba ya golpeando. Pero si tenía armadura, ¿por qué no estaba yendo a la cabeza? La mujer lanzó una rápida serie de golpes: dos toques con los dedos por brazo y después una doble palmada al pecho. Allí donde golpeó, pese a haber metal de por medio, Ivan sintió un extraño color perforante. Ambos brazos le colgaron muertos, y cuando golpeó su pecho notó tanta presión que creyó que iba a aplastarle contra el interior de su propia coraza. Hubo un destello de luz fucsia y celeste, y las llamas salieron por la espalda del vampiro formando las alas de una mariposa de esos colores. Notando una súbita debilidad, retrocedió unos pasos y cayó de rodillas. Era como si ese golpe hubiese golpeado directamente su interior, arrebatándole parte de su fuerza.

- ¿Qué diablos eres tú?

La mujer apretó sus puños y lo miró desafiante.

- Contraalmirante Yagaan Dorj. Estoy aquí para derrotarte, Ivan Markov. Mis poderes son anatema de los tuyos.

Y no notando que su regeneración estuviera calmando el dolor, supo que tenía razón.


Última edición por Ivan Markov el Vie 18 Sep 2020 - 10:59, editado 1 vez
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Miér 16 Sep 2020 - 22:20

Su cuerpo sufrió un espasmo y de su boca dejó escapar un chorro de sangre, sus ojos inyectados en sangre, rebosantes de furia y determinación a partes iguales, miraban a la pirata quien no podía dar crédito a lo que tenía en frente. ¿Cómo ese hombre podía permanecer en pie? Podía creer que fuese increíblemente resistente al fuego, pues le había visto envuelto en este en más de una ocasión, pero ¿la descarga eléctrica? Su corazón debería haber sufrido un colapso como mínimo, no obstante, ahí estaba: preparado para continuar dando guerra.

—N-No creas que esta vez te perdonaré la vida, Inferno —le dijo la hechicera, mirándole con asombro. Vaya hombre…

El vicealmirante suspiró profundamente y, sumamente concentrado, comenzó a desprender un brillo violáceo. Inmediatamente, la bruja empezó a sentir cómo la temperatura del ambiente disminuía progresivamente. ¿Qué estaba haciendo ese imbécil? Katharina no era idiota, fuere lo que fuere que estuviera haciendo no le dejaría terminar. Estuvo a punto de abalanzarse hacia Inferno cuando una sombra increíblemente grande interrumpió su cometido. Tuvo que hacerse rápidamente hacia un lado para no ser aplastada por un gigantesco garrote de proporciones escandalosas. Se giró y entonces vio a un semigigante de unos cuatro metros, tan robusto como una jodida montaña, que llevaba la capa de capitán en su espalda.

—¡Cuente conmigo, vicealmirante Inferno! —anunció el marine mientras se preparaba para otro ataque—. ¡Pagarás por tus crímenes, Bruja!

«¿Por qué no pueden inventarse una frase más original…?». Sus espadas desprendían un fulgor negro y metálico al momento de bloquear la poderosa arma del semigigante. El suelo bajo sus pies se agrietó superficialmente y un pequeño cráter se formó en torno a ella. Cuánta fuerza tenía esa bestia en piel de hombre… De pronto, la bruja se volvió más robusta e incluso aumentó de tamaño, sacrificando una buena parte de su velocidad para volverse mucho más fuerte físicamente. Acompañada de un rugido, empujó el garrote hacia los cielos y entonces ejecutó un movimiento instantáneo, apareció en la espalda del marine y giró en el mismo aire para convertirse en una especie de cuchilla giratoria. A medida que caía cortaba la espalda del semigigante, dejando tras de sí un río de sangre.

Las tropas marines comenzaban a ganar cada vez más terreno, haciendo retroceder a samuráis y mercenarios. Puede que no fuesen tan buenos espadachines como un guerrero consumado de Wano, pero contaban con armas de fuego y un gran número a su favor. Los comandantes de las fuerzas aliadas estaban demasiado ocupados librando batallas difíciles con los oficiales enemigos. Katharina se enfrentaba a un vicealmirante, Ivan a un contralmirante y los comandantes samuráis a distintos marines con una fuerza envidiable. La batalla se tornaba a favor de la Marina y, si nadie tomaba mayor protagonismo, las tropas aliadas serían vencidas.

Katharina era consciente del estado desfavorable en el que sus aliados se encontraban, sin embargo, estaba demasiado ocupada combatiendo con Inferno. Y por culpa del semigigante no podía deshacerse del vicealmirante. Por su parte, Alessio acababa de terminar los preparativos para hacer uso de una de sus técnicas más poderosas. Hacía un frío inhumano alrededor de él, el suelo comenzaba a escarcharse y sus heridas habían desaparecido. Se le miraba furioso, además. No es que solo hubiese descendido la temperatura del ambiente, sino que se volvió tan rápido que la hechicera no pudo seguirle con la mirada. Y, sin siquiera poder reaccionar, fue alcanzada por Inferno: un puñetazo la envió a volar, rompiéndole dos costillas y sepultándola varias decenas de metros bajo tierra.
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Mensaje por Ivan Markov el Vie 18 Sep 2020 - 11:25

No entendía cómo aquellos ataques podían causarle daño pese a su regeneración. Aquella mujer era realmente peligrosa. Se tambaleó un poco, pero se repuso rápidamente y se puso a la defensiva. Si sus ataques podían causarle daño real, entonces no podía dejar que le golpeara. Tenía los brazos entumecidos y le costaba moverlos, pero aún tenía parte de la sangre de Shelly en su interior. Acudió a sus reservas de sangre y la desplazó a sus brazos y torso primero, luego al resto del cuerpo, aumentando la robustez de los músculos. Yagaan estaba ya lanzándose a por él de nuevo, con sus manos destellando con aquel peligroso destello, pero el pirata alzó a Vanator, bloqueó los puñetazos y le propinó una fuerte patada en el estómago, lanzándola varios metros hacia atrás. Había interpuesto su espada contra las manos desnudas de la marine, y sin embargo parecían intactas. Además de eso había logrado mover los brazos dañados tras aumentar la resistencia de estos. Eso le hizo entender que la naturaleza de los ataques de la Contraalmirante no causaba daño convencional. No rasgaba la piel, destrozaba vasos capilares o laceraba músculos. ¿Era dolor puro, o algo así?

Tenía una idea en mente. No tenía claro si colaría, pero por lo que había podido adivinar, aquella gente conocía la naturaleza de sus poderes por culpa del Torneo del Milenio. Comenzó a reprocharse el haber entrado descuidadamente en un evento como ese a mostrar al mundo sus habilidades. Había sido una mala idea a líneas generales. ¡Y ni siquiera había ganado! Pero no pasaba nada. En el Torneo no había utilizado su nigromancia, así que si todo iba bien, Yagaan Dorj no reconocería lo que estaba haciendo hasta que fuese demasiado tarde. Ella se lanzó nuevamente hacia él, pero esta vez Ivan simplemente se lanzó hacia un lado con una pirueta. Un golpe le rozó el costado, causándole de nuevo esa dolorosa sensación. Aguantó como pudo y se alejó varios metros. Entonces se puso en una pose defensiva, centró su kenbunshoku en la monje y aguardó, mientras una niebla morada surgía de él y empezaba a expandirse. Ella pareció vacilar, mirándole con desconfianza. Retrocedió cuando la niebla se extendió hasta sus inmediaciones, pero luego frunció el ceño y corrió hacia él.

- Has vacilado demasiado tiempo.

Un disparo resonó desde un punto cercano y una bala atravesó la pierna de Yagaan. El cuerpo de Shelly, la marine que había matado poco antes, se levantó empuñando sus fusiles. Ahora era una de sus ghouls. Junto con ella, mercenarios y marines por igual comenzaron a alzarse. Varios de ellos sometieron y ejecutaron al hombre pelirrojo, que pese a haberse quedado ciego logró presentar algo de batalla. Yagaan miró la situación, desesperada, y se dispuso a huir. Fue en ese momento en el que una enorme mole oscura cayó sobre ella desde los cielos, como un meteorito. Black Hole había vuelto. Estaba algo magullado y tenía un ojo morado, pero en general parecía entero

- Ese tipo era duro, pero no era rival para mí - sonrió, mostrando una dentadura ensangrentada - ¿Esto es todo, Markov? Se supone que eres un tipo duro. ¿Ahora colegialas con pelos de colores extraños pueden darte guerra?

- No me toques los huevos - suspiró, pero al momento esbozó una mueca de dolor - Esa cabrona conoce mis poderes y debilidades.

Yagaan estaba aprisionada bajo el pie de Black Hole. Ivan se acercó con Vanator en la mano y, sin mediar palabra, le rajó el cuello. Era demasiado peligrosa para dejarla más tiempo viva. Por lo menos sería una herramienta útil como ghoul. Acto seguido se concentró y comenzó a emitir su energía nigromántica en forma de niebla, levantando más de los caídos. El marine que quedaba de los cinco que le habían desafiado, el lancero, había tenido mucho éxito conteniendo y matando a las tropas de la Estrella. Sin embargo cuando los muertos comenzaron a alzarse y se vio rodeado de enemigos que no morían al atravesarles el pecho o el cuello, la situación cambió y acabó siendo superado por la marea de zombies y ghouls. Ivan por su parte, no se veía en condiciones de seguir peleando eficientemente. Así pues, comenzó a dirigir la defensa del flanco noreste levantando a los caídos. Poco a poco, en una lucha que duró horas, las fuerzas de la Marina fueron flaqueando. Cuando intentaron retroceder, los muertos se levantaron tras ellos cortándoles el paso, y el batallón fue exterminado. ¿Se habría encargado ya Katharina del batallón del sur?
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Vie 18 Sep 2020 - 16:16

La tierra entera se estremeció ante su voluntad, decenas de fisuras se formaron en el suelo a medida que emergía de ese oscuro agujero, e incluso el cielo parecía responder postrado ante ella. Una figura de nueve colas, brazos, dorso y piernas escamosas, mirada fiera y colmillos afilados apareció frente al gigantesco vicealmirante. Katharina desprendía una bruma oscura mientras que sus piernas emitían una especie de vapor. Acabaría ese absurdo combate en un segundo.

Una ilusión de sí misma atacó en primer lugar, desconcertando a Inferno y obligándole a responder con un rápido bloqueo. La bruja siguió la ilusión y apareció en la espalda del hombre, desató una tormenta de espadas y cortó la piel increíblemente resistente del mismo. El vicealmirante se dio vuelta y lanzó un puñetazo acompañado de una columna de fuego. Esquivó con relativa facilidad y luego ejecutó un doble tajo en forma de cascada vertical, cortando la dura coraza que tenía de piel. Cayó con agilidad y entonces sus nuevos apéndices endurecidos al máximo de su poder buscaron el dorso del vicealmirante. Con un movimiento circular, como si estuviera manipulando una esfera de agua invisible, Inferno desvió las colas. Sin embargo, no le dio tiempo a detener la embestida de la veloz espadachina.

Corrió rápidamente hacia su costado izquierdo, realizó una serie de tajos y, antes de que el marine pudiera voltearse para alcanzarla, ya se encontraba en su espalda cortándole otra vez. Se detuvo únicamente cuando fue sorprendida por el semigigante del garrote. ¿Cómo ese imbécil estaba vivo? Esquivó dando una serie de saltos rápidos en zigzag y, una vez hubo dado el último, ejecutó un movimiento instantáneo y apareció justo en la cara del semigigante. Intentó darle una patada para destrozarle el cuello, pero Inferno reaccionó justo a tiempo y evitó la muerte de su compañero.

—¡Largo de aquí, no eres rival para este monstruo! —rugió Alessio y luego dejó caer sobre Katharina una lluvia de puñetazos con la fuerza de un meteorito.

Creó un enorme portal a modo de defensa y redirigió el ataque hacia la espalda de su enemigo, confundiéndole y causándole un profundo dolor. Envainó rápidamente a Arugoriashito y empuñó con ambas manos a Fushigiri; las venas de su cuello, sien y brazos se marcaron enormemente. La espadachina lanzó una onda cortante arrolladora que el vicealmirante apenas pudo esquivar, aunque no sin antes pagar un precio importante. Soltó una mueca de dolor cuando su brazo se separó de su cuerpo.

La demostración de fuerza de Katharina llenó de esperanzas y valor a los hombres de su bando, y pronto comenzaron a sobreponerse a los marines, recuperando el territorio perdido y empujándoles hacia atrás. La bruja se dio cuenta de ello y aprovechó el momento de incertidumbre para rematar a su oponente. Flexionó las piernas, empuñó a Fushigiri hacia atrás e inclinó su cuerpo hacia delante; estaba preparada para saltar hacia su presa como la reina de las cazadoras.

Estilo de la tormenta, Relámpago fulminante.

Desapareció por menos de un instante y su espada bailó a un ritmo divino, encontrando la carne de su víctima. El acero cortó músculos, tendones y huesos; cercenó extremidades y acabó dibujando una ensangrentada línea desde la pelvis hasta el comienzo del cuello. Sin embargo, incluso la misma Katharina se sorprendió de que una de sus técnicas más poderosas no hubiera alcanzado al vicealmirante. ¿Por qué ese estúpido semigigante se había entrometido?

—Retirémonos, vicealmirante… Hoy no… Hoy no ganaremos… —susurró antes de desplomarse.

Requirió una gran voluntad y liderazgo ordenar que sus hombres se retirasen del campo de batalla. Los samuráis tenían de aliada a una de las piratas más poderosas del Nuevo Mundo y, aunque le golpease fuertemente el orgullo, el Almirante era el único que podía ocuparse de ella. Inferno, haciendo valer el sacrificio de su compañero, rugió a vivo pulmón y llamó la retirada. Los marines comenzaron a correr pendiente abajo, aunque no todos tuvieron suerte. Algunos fueron alcanzados por los fusiles de los mercenarios de la Estrella Oscura; otros, por las rápidas y letales espadas de los samuráis. Y decenas, si es que no cientos, de hombres perecieron bajo la mano de Katharina.

Estaba cansada y con el cuerpo dolorido cuando la batalla finalizó, pero la sonrisa en su rostro mostraba su felicidad. Qué bien se sentía matar a esos perros del Gobierno Mundial. Pronto se reunió con su amigo y este se ocupó de convertir los cadáveres; una lástima que el semigigante no fuera de utilidad, pues acabó como una gran bolsa de carne y sangre sin extremidades. Los samuráis, por otra parte, también fueron convertidos por Ivan aunque recibieron la orden de fingir estar del todo muertos. Una estrategia astuta e inteligente. El bando aliado se retiró del cráter, retornó a la base y se tomó un par de semanas para organizar la siguiente y más importante expedición. Entonces, cuando terminaron todos los preparativos marcharon a la base de la Marina.
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Mensaje por Ivan Markov el Dom 20 Sep 2020 - 22:18

La batalla aún se extendió durante varias horas, reduciéndose rápidamente su intensidad de un enfrentamiento abierto y violento a escaramuzas y la persecución de los marines en retirada, pequeños enfrentamientos menores situados en las faldas de la montaña y los bosques cercanos. Casi el completo de los tres batallones marines fue aniquilado, aunque unos pocos cientos lograron huir para volver a su base. Ivan y Katharina tuvieron un merecido descanso, retirándose de la lucha en la última fase y dejándole a la Estrella y los samuráis la tarea de perseguir a los caídos. El vampiro sin embargo no tuvo mucho tiempo para reposar a gusto, pues en cuanto se vio con fuerzas suficientes se levantó para comenzar el proceso de conversión. No acabó ese mismo día, sino que tuvo que dedicar los dos siguientes a convertir a la enorme cantidad de muertos del campo de batalla y reunirse con exploradores que habían encontrado muertos de ambos bandos en diferentes puntos del bosque cercanos a la batalla. Aunque fingió respetar los cuerpos de los samuráis, convirtiéndolos en secreto y ordenando a los no muertos fingir ser cadáveres, convirtió a los caídos de la Estrella y la milicia. Para cuando hubo acabado, había añadido en torno a unos tres mil muertos a su creciente ejército.

Dos semanas después

La batalla de Akayama fue un duro golpe para la Marina, que perdió en un solo día más de dos tercios de la fuerza expedicionaria enviada a Wano, incluyendo varios oficiales de alto rango. Aunque otros lograron escapar, el número de heridos entre ellos era muy alto, y la batalla en lugar de mermar a su vez las fuerzas de su enemigo, las hizo crecer más allá de lo que los marines hubiesen esperado. Y así se llegó a la siguiente situación: en lugar de seguir escondiéndose, durante las dos semanas siguientes la milicia ya la Estrella acosaron a la Marina y les hicieron retroceder posiciones hasta la cabeza de playa donde tenían el campamento principal. Las cada vez más mermadas fuerzas de samuráis fueron reservadas para la batalla final. Los marines, pese a sus dificultades, no parecían en inicio dispuestos a retirarse de Wano... hasta que, pasadas esas dos semanas, el ejército de los muertos se presentó frente a ellos, junto con el grueso de las fuerzas de defensa.

- Los tenemos arrinconados. Expulsarlos será pan comido - dijo Ivan, confiado.

Estaban en un punto alto, una colina previa a la llanura donde se estaba desplegando el ejército. Todo indicaba que iba a ser una masacre en toda regla.

- No te confíes, aún pueden sorprendernos - replicó Spolyar, muy serio - Mira, los navíos de guerra se han acercado a la costa. Intentarán bombardear nuestras posiciones antes de que lleguemos a sus tropas. Seguramente intentarán cubrirse con la artillería mientras esperan a los botes de desembarco para huir.

- No debemos dejarles abandonar la isla. Cada soldado que sobreviva a hoy volverá mañana con refuerzos - añadió el general Takahiro, el líder de la milicia.

- Parece que tenemos trabajo, Kath - comentó el vampiro sonriendo - No podemos dejar que los cañones entorpezcan a nuestros chicos.

Desenfundó la espada y con un grito de guerra, se propulsó a los aires. Volvía a llevar su armadura y la capa negra a la espalda, que se agitó al viento mientras volaba en dirección a la inminente batalla. A una orden mental suya, los no muertos dispararon sus armas y empezaron a avanzar. Una fuerza superior en número a la de los marines comenzó a avanzar sobre ellos. Un ejército que no sentía miedo ni dejaba de avanzar pese a las heridas, las bajas o las amenazas que pudieran encontrarse. Mientras la voluntad de Ivan no dictase lo contrario, su horda seguiría peleando hasta ser exterminada o aniquilar al enemigo. Como Spolyar había predicho, los cañones abrieron fuego. El vampiro blandió a Vanator en varios veloces movimientos y una lluvia de ondas cortantes azules salió al encuentro de un buen número de los proyectiles. No bastaba para pararlos todos, pero confiaba en que su capitana se las apañaría. Entonces un olor a peligro impregnó el aire. Más fuerte que nada que hubiera sentido en Wano.

- Kath, se acerca el pez gordo - dijo repentinamente serio.

Era una figura lejana en el suelo, pero aún así destacaba. De entre las filas de marines surgió uno mucho más alto que el resto, de pelo negro puntiagudo y empuñando una nodachi. Tras contemplar el campo de batalla por un instante, se lanzó con un feroz aullido sobre las filas de mercenarios, samuráis y no muertos, seguido por una manada de feroces perros de guerra. El Almirante Kurookami se había unido finalmente a la guerra.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Lun 21 Sep 2020 - 4:41

Los cuernos de guerra rugían a sus espaldas mientras los guerreros golpeaban con ahínco los enormes tambores que anunciaban el comienzo de la batalla final. Desde la colina podía ver los barcos enemigos y sus colosales cañones apuntando a las fuerzas aliadas. Aún conservaba heridas de la batalla de Akayama y, si bien sus costillas se habían recuperado prácticamente en su totalidad gracias a los esfuerzos médicos de los sanadores regionales, no podía exigirse demasiado, no cuando en el futuro habría combates aun más difíciles. Es por ello que no se había dejado ninguna sorpresa atrás. Katharina vestía la imponente Raikiri, una preciosa armadura de placas rojizas que ofrecía una protección insólita y, mejor todavía, poseía una habilidad que molestaría a cualquier luchador y espadachín.

Lucía seria mientras su mano descansaba en la empuñadura de Arugoriashito, su queridísima guadaña transformada en una katana de vaina plateada con retoques más oscuros. Katharina no era la más robusta ni mucho menos la más alta, sino más bien todo lo contrario, y cualquiera se fijaría primero en los imponentes guerreros que estaban a su lado. No obstante, podía afirmar con casi total seguridad que era la persona más poderosa del campo de batalla.

—Esta vez debo darle la razón a Spolyar: es demasiado pronto para cantar victoria —mencionó con un tono serio y con la vista clavada en el enemigo—. Tenemos ventaja numérica, pero de nada servirá con la poderosa artillería marine. Y es tal como dice el general Takahiro, no podemos permitir que esos perros sobrevivan. Incendiaré sus barcos y neutralizaré sus cañones, sin embargo, alguien deberá ocuparse de Kurookami mientras estoy ocupada —dijo entonces, desviando la mirada hacia el único hombre en el que confiaba.

Si alguien podía hacerle frente a un Almirante, definitivamente ese era el poderoso Ivan Markov, quien incluso ya se había enfrentado a uno en el pasado. La hechicera, por su parte, conservaba un poder destructivo increíble y era capaz de hundir esos molestos buques de guerra en cuestión de minutos, pero era un objetivo difícil de cumplir. Estaría completamente sola sin refuerzos, rodeada de enemigos; sería un blanco fácil para la artillería marine. Sin embargo, alguien debía asegurarse de que los muertos vivientes sirviesen su propósito.

Sin mas dilatación, Katharina creó una serie de portales en el cielo, gigantescas distorsiones del espacio con formas ovaladas y distintos colores. De su espalda surgieron dos grandes alas de cuervo y, entonces, las batió con fuerza y pronto se encontró volando. El vampiro se ocupó fácilmente de los primeros proyectiles y la bruja se encargó de los otros. Como los portales tenían un buen tamaño no necesitaba ser tan precisa. Los movió de tal manera que las balas los atravesaron, y estas fueron redirigidas hacia los barcos enemigos. Y los proyectiles que no consiguió atrapar con sus portales los cortó con una feroz ráfaga de ondas cortantes.

Frunció el ceño cuando sintió una presencia abrumadora, una voluntad que destacaba con supremacía por sobre todas las demás, un aura que rivalizaba incluso con la suya. Las palabras de su amigo no hicieron falta para darse cuenta de que el monstruo que tanto tiempo habían estado esperando acababa de aparecer. Ese gigantesco hombre con un parche en el ojo, cabellos negros y puntiagudos, y porte de un semigigante era Kurookami. Lanzarse sobre él como una fiera no era buena idea, aunque tampoco podía dejarle hacer lo que quisiera. No, debía ceñirse al plan y atacar los buques antes de que estos aniquilasen las fuerzas aliadas.

—Dame un tiempo para ocuparme de los buques marines —le comentó a Ivan—. Encárgate de Kurookami y recuerda: no es necesario arriesgarse. No somos samuráis ni peleamos por honor, juntos lo derrotaremos.

Dicho lo dicho, la bruja generó una veintena de bolas de fuego azul al mismo tiempo que de su cabeza nacían un par de orejas velludas y puntiagudas. De su espalda surgieron nueve colas doradas y sus rasgos faciales se volvieron salvajes. Entonces, voló a toda velocidad como un verdadero misil hacia los barcos de la Marina.
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Mensaje por Ivan Markov el Lun 21 Sep 2020 - 23:15

Al volar hacia Kurookami se dio cuenta de dos cosas. Primero, que el Almirante aunque aparentaba ser de una talla titánica, no alcanzaba el tamaño de un semigigante. Aún así su altura superior y la intensidad de su presencia bastaban para hacer que lo aparentase. Lo segundo fue que los perros que acompañaban al guerrero no parecían perros normales. Ni siquiera realmente perros. Estaban hechos de oscuridad y sus ojos destellaban en tonos sangrientos mientras se abalanzaban sobre sus presas con aullidos de ultratumba. Estaban haciendo pedazos las primeras líneas, y si no hacía algo, la formación flaquearía. En lugar de ir directo hacia el Almirante, dio un quiebro y se dirigió hacia el perro más cercano. Pese a que este, con una agilidad impropia de un animal, intentó echarse a un lado, Ivan cortó su hombro con su espada. Como esperaba eran de una naturaleza etérea, y su arma atravesó oscuridad. Pese a todo pareció dolerle. Mientras aún chillaba de dolor, el pirata cortó la cabeza del perro, destruyéndolo.

- Nos esperábamos la posibilidad de que pudieses traer de vuelta a los muertos, Ivan Markov - dijo Kurookami, avanzando hacia él espada en mano - Pues tu padre ya los usó una vez en nuestra contra. Tan sólo esperábamos que tu juventud jugase en tu contra. Esto parece la Guerra del Norte de nuevo...

- Me subestimaste, Almirante. He tenido años para crecer desde que Kodama me enfrentó en Gray Rock.

- No, Markov. Tú me has subestimado a mí viniendo solo - sus ojos oscuros comenzaron a volverse rojos - Y ahora comprobarás el peso de tu error.

Si antes Kurookami ya era más alto que él, ahora comenzó a crecer enormemente. Su piel se cubrió de espeso pelo negro y su mandíbula se alargó y creció. Un enorme híbrido entre perro negro y hombre se alzaba ante él... pero algo estaba mal. Sus fauces rezumaban humos verdes y su pelaje, oscuridad. Y los otros perros negros ahora le rodeaban. Entonces recordó una conversación con Zero acerca de su tío Kedra, la Pesadilla. Sobre los espectrales poderes de su zoan mitológica, capaces de rivalizar e incluso superar a su propio padre, Drake. ¿Había muerto Kedra? Hacía años que estaba desaparecido.

- Cadejo negro... - murmuró - Así que la Pesadilla al final murió.

- Como lo harás tú. Y tu habilidad pasará a fortalecer las filas del Gobierno en lugar de volver a caer en manos de un miembro de tu condenada familia.

Entonces la espada cayó sobre él, al tiempo que nueve perros fantasmales lo hacían al mismo tiempo. Vanator chocó contra la nodachi del Almirante, con chispas negras por el poder de ambos hakis soltando del choque. Sin embargo Ivan notó al momento un dolor sordo recorrer su cuerpo, y una punzada de terror. Los ojos del cadejo se habían clavado en los suyos, desencadenando en él una sensación de miedo, de pavor primal que no lograba entender. Superando su miedo, desvió la nodachi y le dio un puñetazo en el morro a uno de los perros que se abalanzaban sobre él con el guantelete. Se movió veloz para repeler el asalto de la jauría, pero no podía evitarlos a todos a la vez. Su armadura le protegía de las garras y colmillos, a lo que los perros reaccionaron intentando agarrarlo y estorbar sus movimientos, colgándose de sus piernas y brazos. Tuvo que parar un segundo golpe de la nodachi, a lo que más perros aprovecharon para colgarse. Para cuando el tercer golpe del Almirante se dirigía a él, su movimiento estaba tan impedido que apenas podía moverse.

- ¡SUFICIENTE!

Liberó su voluntad en un estallido de haoshoku en torno a él, tan violento que los perros salieron volando en todas direcciones. Aunque el Almirante era demasiado poderoso para empujarle, sí se vio estorbado y hubo de refrenarse cuando uno de sus perros chocó contra él. Los animales estallaron en volutas de oscuridad y se desvanecieron. Kurookami gruñó y contraatacó con la ferocidad de un animal salvaje. Cuando lanzó su golpe, por un instante hubo un destello rojo y creyó ver en su espada la figura de un feroz lobo. El golpe fue brutal. Aunque no cortó la Coraza del Amo de la Noche, el impacto se transmitió hasta su torso, reventándole varias costillas y echándolo varios metros hacia atrás. Cayó de espaldas, dolorido. Era inhumanamente fuerte. Pero vencería. Le daba igual lo poderoso que fuera, él lo sería más. Con un gruñido, se incorporó y le enseñó los colmillos.

- Dancemos, Kurookami.

El cadejo aulló. Su sombra se alargó varios metros tanto a derecha como a izquierda, y de esta surgieron diez perros de oscuridad nuevos.
Ivan Markov
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Mar 22 Sep 2020 - 0:50

Las esferas de fuego azul siguieron el vuelo de la bruja a toda velocidad y, cuando esta se detuvo justo encima de los buques de la Marina, los fuegos fatuos comenzaron a adoptar formas alargadas y aerodinámicas. Antes de que la tercera ráfaga de cañonazos cayera sobre la playa, la hechicera dirigió las flechas ardientes. La mayoría de ellas explotó en lenguas de fuego al encontrarse con la madera, y no tardaron en empezar a devorarla; otras, sin embargo, encontraron un aburrido final en las aguas de Wano. Los marines se percataron rápidamente de la situación y lucharon para extinguir las llamas al mismo tiempo que Katharina se preparaba para otra lluvia de fuego. No obstante, fue interrumpida por la reacción adecuada de los veteranos de guerra: en pocos segundos fue rodeada por una decena de capitanes.

Empuñando a Fushigiri en ambas manos dio inicio al vals de la muerte. Golpeó fuertemente el cielo con sus alas y voló hacia el marine de enfrente. La espada de la bruja soltó un destello violeta cuando encontró el arma del oponente, haciendo brillar con intensidad la llama espectral de Corazón de Fantasma. Tomó la iniciativa y sus colas convirtieron el cuerpo del marine en un alfiletero, matándolo cuando una de estas le atravesó el corazón. Mientras el cuerpo sin vida del capitán caía hacia las turbulentas aguas, el resto de sus compañeros avanzaba hacia Katharina usando la conocida técnica del Cipher Pol. Si bien ninguno de ellos tenía alas, el Geppou ofrecía sus propias ventajas a la hora de desplazarse por el aire.

Percibió las intenciones de todos sus oponentes y esquivó con una facilidad frustrante cada uno de sus ataques, enseñando una agilidad que rozaba la divinidad. Deslizó su espada por el aire en un movimiento ascendente, cortando en canal el cuerpo de un marine, y luego generó rápidamente una decena de bolas de fuego. Los más rápidos se dieron cuenta de que debían alejarse, pero al menos la mitad del escuadrón de avanzadilla pereció ante las explosiones ígneas. La carne quemada y los gritos de dolor inundaron por un instante el campo de batalla, haciendo más ruido incluso que los disparos de las armas. Su Espíritu de la Conquistadora redujo a nada las flechas que le dispararon los hombres desde la cubierta de los barcos, y entonces respondió educadamente con una ráfaga de ondas cortantes.

Comenzó a reunir energía mágica y formó un enorme pentáculo rojizo que salía de la punta de Fushigiri. Algunos marines se aventuraron en una misión suicida e intentaron detenerla, pero la bruja fue más veloz que ellos y en cosa de un par de segundos disparó una enorme lanza hecha de puro fuego que impactó de lleno en el buque principal de la armada. Hi no Sei explotó en pequeñas bolas incandescentes que hicieron arder la madera. Katharina apenas había comenzado y frente a sus celestes ojos danzaban alegres las llamas que poco a poco alcanzaban alturas más y más peligrosas. Era divertido ver a los marines luchar inútilmente contra estas. Parecían unos verdaderos insectos completamente aterrados frente a la muerte inminente.

A pesar de que su voluntad distorsionaba el entorno de tal manera que incluso los proyectiles perdían casi toda su potencia al pasar cerca suyo, los disparos comenzaban a ser molestos desde el segundo en el que una bala de un rifle le golpeó el hombro. Si no vistiera a Raikiri seguramente el cartucho le habría atravesado y ahora tendría problemas para la espada con ambas manos. Molesta, se dejó caer sobre la cubierta del navío con tanta fuerza que este se desestabilizó al momento de su caída, amenazando con llegar a hundirse.

—¡ESTÁ AQUÍ! ¡LA BRUJA ESTÁ AQUÍ! —anunció uno de los marines con lágrimas en los ojos—. ¡FUEGO!

Los portales actuaron como auténticos escudos y redirigieron las balas hacia el enemigo, cobrando varias vidas en un instante. Fushigiri danzó de allá para acá, dejando tras de sí un rastro de fuego azul que calcinaba rápidamente la madera. Ninguno de sus oponentes tuvo oportunidad contra la espadachina y, a pesar de que algunos consiguieron pasar su defensa, sus espadas no pudieron atravesar a Raikiri. Ninguno salvo un hombre de edad avanzada que peleaba usando únicamente los puños. Se le veía enfadado, sus ojos inyectados en sangre miraban con desprecio a la hechicera mientras sus brillantes manos recubiertas de haki buscaban el cuerpo de Katharina.

Supo que sería mala idea dejarse golpear por él cuando sintió un agudo dolor en el costado. Incluso usando haki, de alguna u otra manera el viejo consiguió atravesar su defensa. Tenía un truco, era evidente. Katharina respondió la lluvia de puñetazos con una devastadora ráfaga de rápidos cortes, imperceptibles ante el ojo humano. Por cada golpe que daba el anciano, la espadachina ya había soltado cuatro. Y en menos de diez segundos terminó cortándole la cabeza.

Luego de aniquilar las fuerzas del barco principal, emprendió el vuelo y reunió una ingente cantidad de energía mágica para formar una imponente bola de fuego que recordaba el mismo sol. Los marines supieron que no tenían nada que hacer y comenzaron a saltar de los buques. La esfera crecía rápidamente y Katharina la dejó caer luego de que fuese tan grande como un gigante. Las llamas redujeron a nada el navío de comando y saltaron hacia los barcos aleñados, provocando un incendio que pronto terminaría por oscurecer todo el cielo. Ahora solo le quedaba tomar un pequeño descanso y pasar una última mano para acabar el trabajo.
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Mensaje por Ivan Markov el Mar 22 Sep 2020 - 1:21

Una vez más, cadejo y vampiro se encontraron. Pero esta vez Ivan no buscó el enfrentamiento abierto y directo. Kurookami era una bestia físicamente, con una fuerza descomunal. En un uno para uno lo hubiese tenido difícil. Pero con aquellos perros de sombras danzando por todos lados era incluso peor. Así pues empezó a explotar su velocidad y agilidad para moverse de un lado a otro, acercándose y alejándose mientras desviaba golpes, contraatacaba, golpeaba y se mantenía todo el rato en movimiento para evitar que los perros volvieran a pillarle de esa misma manera. El truco de la onda de haoshoku no funcionaría dos veces. Dedicó una única mirada a buscar a Katharina. Creyó verla volando por el cielo, con varios destellos rojizos en torno a ella, pero no le dedicó más que una fracción de segundo. Si no terminaba pronto, aquella batalla podía acabar realmente mal.

- ¡Deja de huir y pelea, Markov! ¡Demuéstrame que realmente mereces la pena!

A diferencia de como solía actuar, no se dejó provocar por sus palabras. En su lugar comenzó a centrarse en sus perros. Mientras se desplazaba de un lado a otro, aprovechando los obstáculos, guerreros que acababan en medio de su danza y su velocidad para escurrirse fuera de la vista de Kurookami, se lanzaba ocasionalmente contra alguno de los perros y lo cortaba a la mitad de un golpe. A pesar de su capacidad para escurrirse y ocultarse del haki, sin embargo, Kurookami parecía siempre verle, y acababa girándose hacia él y lanzándole una onda mientras el resto de perros cargaban aullando. Recibió algún golpe de refilón varias de las veces. Aunque su regeneración actuaba, poco a poco las heridas se acumulaban y ralentizaban su poder. Para colmo, cada vez que mataba un perro, este volvía a salir de la sombra del Almirante.

- No me queda más remedio pues - esbozó una mueca feroz - Vierter Mond... ¡Erinia!

Tras agazaparse levemente y tensar sus piernas, se lanzó a una velocidad infernal hacia el cadejo. En su feroz acometida dos de los perros fueron cortados a la mitad por Vanator, y aunque Kurookami le esperaba con la nodachi lista, en lugar de impactar contra él pasó a su lado lanzando un tajo. El Almirante lo frenó, pero a diferencia de en los impactos anteriores, esta vez su espada retrocedió un poco. Ivan se frenó tres metros a la espalda del marine, dándose al momento la vuelta y lanzándose una segunda vez a una velocidad incluso mayor. Los aceros volvieron a encontrarse y el vampiro volvió a pasar de largo... pero esta vez chispas negras brotaron del brazo de Kurookami: había logrado rozarle, aunque no sobrepasar su haki. Necesitaba un impacto más directo. Mientras volvía a girarse para lanzar el tercer ataque, con sombras de varios perros aún deshaciéndose, imbuyó a Vanator de su más poderoso endurecimiento. Vio algo que le llamó la atención a la espalda de él, algo por encima: un portal. Era el momento.. sabiendo ese detalle, antes de la acometida pulsó un botón en el mango de la espada. Entonces se lanzó nuevamente hacia él a una velocidad mucho mayor a la anterior, y casi el doble de la inicial. Hubo un destello negro mientras Vanator trazaba un mortal arco hacia el pecho del Almirante.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Mar 22 Sep 2020 - 2:32

Se concentró en su respiración y poco a poco recuperó las energías que había perdido con la exhibición piromaníaca de antes. Dejó que la energía mágica fluyese por su cuerpo mientras protagonizaba una danza entorno al fuego, más por culto que por otra cosa. Los marines le miraban confusos desde las agitadas aguas, preguntándose qué haría esa maldita pirata. Tanta preparación era innecesaria, pero por qué no darle algo de sabrosura al movimiento que aniquilaría por completo la flota enemiga. Y cuando hubo terminado, Fushigiri rugía en unas llamas increíblemente azules y tan calientes que derretían la madera cercana incluso sin tocarla.

Dio un poderoso salto que terminó por colapsar la debilitada coraza del barco, se encontró en el cielo agitando las alas de cuervo y entonces se colocó en posición. Tenía el cuerpo retraído y sostenía a Fushigiri únicamente con su mano derecha. Tensó cada uno de sus músculos para luego liberar toda esa energía en un arrebato explosivo de pura destrucción. Encadenó una lluvia de ondas cortantes ardientes que, además de cortar los barcos y causar verdaderos estragos, aumentaron la intensidad del incendio. Los marines habían perdido sus navíos. En la batalla de Akayama sufrieron grandes pérdidas y los oficiales más fuertes estaban luchando en tierra con los comandantes del ejército samurái. Allí no había nadie lo suficientemente poderoso como para detener a alguien que estaba a pies de convertirse en Yonkou.

Luego de comprobar que no había forma de salvar un solo barco, se dio la media vuelta y voló en dirección a la playa. Con su mantra entrenado y desarrollado a lo largo de los años buscó la presencia de su amigo. Escuchó una voz agitada y eufórica que le hacía frente a un rugido devastador, un atronador gruñido constante que emulaba gritos de ultratumba. Y así, sus ojos no tardaron en encontrar al Almirante que peleaba con Ivan. Sin dudarlo un segundo, rápidamente creó un portal a su lado, lo atravesó y apareció justo en la espalda del general enemigo. Al mismo tiempo que Vanator se acercaba al pecho de Kurookami dibujando una trayectoria en forma de media luna, Fushigiri rompía el aire en una veloz estocada endurecida al máximo de la capacidad de la espadachina y desprendiendo ese destello característico de Corazón de Fantasma.

Como si lo viera todo, Kurookami reaccionó y actuó sobrepasando todo límite humano. El hombre de tamaño imponente se giró al mismo tiempo que desviaba a Vanator. Mientras el arma del vampiro rasguñaba el pecho del marine, dejando tras de sí un fino corte que evidenciaba la diferencia entre ambos, su mano desnuda frenaba el avance de Fushigiri. En un alarde de fuerza bruta y sin preocuparse lo más mínimo por las heridas recién recibidas, Kurookami cogió la espada de la bruja, ignorando que esta estuviera rodeada en llamas, y alzó a la hechicera para luego lanzarla violentamente contra el suelo. En el momento en que Katharina estuvo a punto de encontrarse con el suelo, fue succionada por un portal y apareció en el cielo mismo.

—Katharina von Steinhell y Ivan Markov juntos… ¡Por fin esto comienza a parecer un combate real!

«¿Qué clase de enfermo se alegra de enfrentarse a dos de los piratas más fuertes del Nuevo Mundo?», se preguntó mientras estudiaba al Almirante desde el aire. Había oído cosas de ese hombre. O monstruo, más bien. Se decía que había nacido para la guerra, un titán cuya piel no podía ser cortada ni por el mejor de los aceros, una bestia que no conocía la derrota. Y la forma en que había reaccionado al sorpresivo ataque de la bruja era motivo para creer en las habladurías de la gente.

—No seas tan engreído, cachorrito.

Katharina desapareció por un instante y reapareció frente al Almirante, empuñando a Fushigiri en una mano y teniendo una bola de fuego azul en la otra. Dirigió esta última hacia su oponente y la esfera candente se transformó en una descarga ígnea que impactó de lleno el cuerpo de Kurookami. Sin embargo, muy lejos de los resultados esperables el Almirante reaccionó sobreponiéndose a las llamas con una sonrisa fiera en el rostro. ¿Se había protegido únicamente con su espada? No, había usado una barrera de haki. Hasta ese momento la hechicera pensaba que únicamente servían para ataques físicos, pero ese hombre definitivamente estaba a otro nivel. Una lástima por la Marina, pues seguía sin ser el más fuerte de la playa.
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Mensaje por Ivan Markov el Mar 22 Sep 2020 - 3:11

Tras desviar a Vanator, un revés de la nodachi apartó al vampiro unos metros hacia atrás. Este derrapó en el suelo, con la boca ensangrentada. Tantos golpes al pecho le estaban haciendo toser sangre, y no ayudaba a la regeneración que le volvieran a golpear una y otra vez en el mismo sitio. Para colmo, no le había hecho más que un corte superficial en el pecho, fruto de la diferencia entre sus hakis. Sin embargo, lejos de desanimarse, el vampiro se incorporó con una sonrisa diabólica. No necesitaba más que eso. Kurookami no debía saberlo, pero el filo de Vanator estaba ahora impregnado en letal veneno de cobra real, el mismo que obtenía él mismo de los colmillos de Cooper-chan. Ese era el botón que había pulsado antes del combate: el que activaba el depósito de veneno de la espada.

- Si tienes tiempo para reír, ¡lo tienes para bailar! - gritó el Almirante, con una carcajada demencial - ¡Demon pack!

Quedaban cuatro perros. Y "quedaban", en pasado, era una buena elección de palabras. Los cuatro explotaron con un aullido y se convirtieron en tres masas de negrura con forma de enormes cabezas de lobo con las fauces abiertas, que surcaron el aire velozmente hacia el vampiro. Este se elevó y trató de evitarlas, pero se giraron para perseguirle. Trazó un corte generando una onda en forma de medialuna azul, destrozando dos... pero las otras le impactaron. Y acto seguido las otras dos se reformaron y le dieron también. O más bien, le envolvieron y atravesaron. Fue una sensación extraña, como ser atravesado por una nube de humo. Menos de medio segundo después, sin embargo, empezó a notar un fuerte dolor por todo el cuerpo: por debajo de su armadura comenzaron a aparecerle heridas abiertas. Garrazos y mordiscos. El vampiro dio un grito de dolor y descendió al suelo, temblando. Entre las juntas de la armadura comenzó a filtrarse sangre, tiñéndola de carmesí.

- Conque esas tenemos... - murmuró - Va siendo hora de despertar al monstruo.

Pese a que su corazón estaba detenido, un latido resonó en su cuerpo. El poder del Despertar surgió desde su pecho y comenzó a desbordarse por todo el interior de su cuerpo. El vampiro creció hasta superar los dos metros de altura con creces. La armadura se acomodó para dejar paso a dos oscura alas de quiróptero. Sus ojos se volvieron del color de la sangre, y todos sus dientes se convirtieron en colmillos. Un aura de oscuridad que rivalizaba con la del cadejo lo envolvió, y sus heridas se cerraron. El ser se alzó alto como era y desafió con la mirada a su enemigo... y este aceptó. En cuanto sus pupilas se encontraron, los ojos de Ivan se volvieron totalmente negros y el vampiro descargó todo el poder de su mente contra este, encerrándole en una ilusión: le haría creer que estaba en un mundo de oscuridad y sombras, donde sus sentidos estaban muy mermados. Lo metería en su mundo: Albtraum.

- Ahora, Katharina. ¡Destrózalo!
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Mar 22 Sep 2020 - 3:53

Recibió un fuerte puñetazo que bloqueó a duras penas con Fushigiri, saliendo disparada hacia atrás. Cayó de espaldas y la potencia del golpe le hizo rebotar, pero pronto se estabilizó usando sus propias colas. ¿Es que acaso todos los marines eran unas putas bestias con fuerza sobrehumana? Se incorporó y luego se quitó la arena del rostro. Se le había abierto la herida que le causó Inferno hace dos semanas y la sangre le manaba por la frente. Si no fuera por Raikiri, probablemente las costillas se le habrían roto otra vez, pero ahora se encontraba preparada para enfrentar a esos jodidos monstruos. Y, al mismo tiempo que comenzaba a correr hacia el Almirante, su amigo era tragado por una horrible masa de sombras.

Kurookami intentó detener la transformación del vampiro, sin embargo, la hechicera apareció en el momento adecuado y desvió de una patada el nodachi. Sin perder el tiempo, creó la ilusión de una decena de manos esqueléticas que buscaban apresarle, pero con un simple barrido de su espada las cortó todas. Katharina había ganado el tiempo suficiente para que su compañero acabase lo que fuese que estuviese haciendo. No sabía del todo bien lo que Ivan había hecho, pero el oponente parecía desconcertado sin tener idea de dónde estaba, así que confió en el vampiro y se preparó para la carga. Flexionó las piernas, tomó una bocanada de aire y las venas de su tren inferior se inflaron.

Estilo de la Tormenta, Relámpago Fulminante.

El suelo colapsó bajo sus pies y se oyó un estruendoso rugido, como si un trueno acabase de golpear la tierra. La espada envuelta en llamas cortó el pecho del Almirante y, cuando se disponía a efectuar el segundo corte, una sensación de miedo paralizó su cuerpo. Por solo un instante sintió que la muerte se posaba sobre ella, solo por un momento sintió que su dorso era atravesado por el nodachi de Kurookami. Desde tiempos inmemorables la duda se había convertido en la némesis de todo guerrero, y Katharina pagó el precio. Guiado por su espíritu de lucha y su insaciable sed de sangre, el marine blandió su acero y este se encontró con el cuerpo de la hechicera. De no ser por Raikiri habría sido una herida mortal. Las placas de metal frenaron en gran parte el ataque, pero la habilidad con la espada del Almirante era sorprendente, tanto que causó daños internos en la bruja.

Tiró un chorro de sangre por la boca al mismo tiempo que la rodilla del Almirante buscaba el rostro de la pirata. Por un instante los cañonazos y los gritos de euforia dejaron de sonar, durante un parpadeo el mundo se transformó en una completa oscuridad, pero, motivada por el odio hacia la Marina, recuperó la consciencia y le dedicó una mirada fulminante a su enemigo. Fue bien recibida por los perros del marine, recibiendo dolorosas mordidas tanto en el hombro como en la pierna izquierda.

—¡Ya basta! —rugió y una onda flamígera desintegró las sombras y carbonizó la arena de la playa, dejando una capa quemada en la superficie de esta.

La esclerótica completamente negra, a excepción de como la tenía antes, indicaba que la técnica de su amigo había funcionado. Y, según sabía, también tenía la capacidad de jugar con la mente de los demás. Si estaba atrapado en la ilusión del vampiro, ¿cómo es que podía seguir luchando sin ningún problema? En serio, los Almirantes eran unos jodidos monstruos que escapaban del sentido común.

«Tranquilízate, Katharina, no temas. Ya has visto sus movimientos, puedes anticiparte a ellos, puedes leerlos y encontrar su punto débil», se dijo a sí misma. Borrando toda expresión facial y concentrándose en el enemigo, la espadachina comenzó a correr en círculos al mismo tiempo que dejaba una copia de sí misma, una ilusión que compartía presencia con ella. Uno de los clones ilusorios se abalanzó sobre Kurookami y dio un salto en el último minuto para dejarle caer una fuerte patada en la cabeza. Con una sonrisa fiera en el rostro, el cadejo negro se protegió con su antebrazo y golpeó la ilusión enviándola a volar. Justo en ese instante, en el que tenía la guardia abierta, Katharina se abalanzó con un movimiento instantáneo, buscó su espalda y trazó una ráfaga de cortes imperceptible. Por fin Fushigiri encontró la carne del Almirante, sin embargo, harían falta cien ráfagas como esa para hacer caer a ese titán de la guerra.
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Katharina von Steinhell

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Mensaje por Ivan Markov el Mar 22 Sep 2020 - 4:34

A pesar de la ilusión, el veneno y los trucos de Katharina, aquella bestia seguía en pie y mayormente entera. Kurookami era un auténtico monstruo. Ivan observó los movimientos de ambos combatientes, pasando a un segundo plano y esperando el momento adecuado para atacar. Y lo encontró. En cuanto Katharina terminó su ataque, el Almirante se preparó para un contraataque cuando la Bruja aún se estaba recuperando. Su nodachi empezó a brillar y mientras la alzaba. Pero el vampiro no iba a permitir que atacase a su capitana, menos que se aprovechase de un momento como aquel. Se deslizó hasta el lugar medio levitando medio corriendo y con la diestra desvió el arma del marine antes de que hubiese podido comenzar bien el movimiento, cuando aún tenía la espada alzada y en una posición comprometedora. Con la mano izquierda levantó a Valak mientras imbuía la daga en haki y llamas azules:

- ¡Dritter Mond, Boreas!

Trazó tres rápidos cortes con el acero: uno a cada brazo de Kurookumi, en los antebrazos, y el tercero surcando su torso en diagonal. De las heridas comenzó a extenderse una capa de escarcha cubriendo los tejidos dañados y las zonas adyacentes. Eso dañaría sus músculos, los entumecería y estorbaría a sus movimientos. O eso pensó. El enorme Almirante recuperó la pose del brazo y descargó el movimiento contra él, lanzándole unos metros hacia atrás una vez más y haciéndole caer sobre varios soldados. Sin saber si eran amigos o enemigos, agarró al más cercano y le mordió el cuello, drenando su sangre ferozmente. Lo dejó caer a un lado tras beber varios tragos. Era marine, creía. No se paró a mirar. De todos modos no había bebido suficiente para matarlo, así que si era aliado, que no se quejara. Aquella victoria debía arrancarse de las manos del enemigo como fuera. Enseñó ferozmente los colmillos al cadejo, que aulló en respuesta.

- ¡Hordes of Hell!

Su sombra se expandió, y de esta salió un auténtico ejército de perros de oscuridad. Eran demasiados, decenas. La batalla se volvió en apenas un instante un caos de garras, ladridos, mordiscos y espadazos. El espadachín pronto se vio rodeado por una enorme cantidad de sabuesos espectrales que intentaban destrozar su armadura para llegar a su cuerpo, o morder su cabeza y destrozarla. Lanzó golpes a diestro y siniestro, usando toda su habilidad y destreza para defenderse y responder con golpes una y otra vez. A pesar de que los perros caían uno tras otro, eran muchos. Pronto se cansaría... pero nuevamente, Kurookami volvió a no darle ocasión ni a desgastarse por sí mismo.

- Demon Pack.

Todos los perros que quedaban rodeando al vampiro se convirtieron en una gigantesca nube de fauces que se abalanzaron desde todos los flancos al vampiro. Este chilló en agonía mientras sentía que cientos de garras y bocas invisibles destrozaban su cuerpo. Hecho gazapos, cayó al suelo mientras su poder se esforzaba por regenerarle. Acudió a sus reservas de sangre para intentar curarse más rápido y evitar volverse un objetivo a exterminar... cuando de repente el Almirante se tambaleó y gruñó. Parecía costarle centrar la mirada. El veneno al fin empezaba a cobrarse su precio.

- Venid aquí - dijo con su voz y su mente - Necesitamos refuerzos para tumbar a esta bestia.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Mar 22 Sep 2020 - 7:01

Todo se oscureció por un instante que pareció eterno, y lo único que vio fueron esos dos ojos rojos que iban a devorarla, esas dos gemas escarlatas que brillaban entre las sombras. Una sensación de miedo volvió a invadir su cuerpo al mismo tiempo que Kurookami dejaba caer con fuerza arrolladora su espada sobre ella. Un estruendoso choque seguido de un intenso olor a sangre le sacó de su trance. El vampiro le acababa de salvar y le dio tiempo para recuperarse. Retrocedió para no estorbarle (era la primera vez que peleaban codo a codo) y se preparó para el ataque.

Los esfuerzos combinados de los piratas estaban dando resultados; las heridas en la espalda del monstruo en piel de hombre así lo demostraban. Sin embargo, todavía estaban muy lejos de alcanzar la victoria. Se había dado cuenta de que jamás vencería en un combate de fuerza bruta, por lo que era hora de cambiar de estrategia. Había analizado su estilo de pelea, esa sonrisa casi sádica que se dibujaba en su rostro cada vez que iba a atacar, esa pequeña apertura que dejaba entre el bíceps derecho y el costado. Sí, sabía lo que debía hacer para ganarle a ese monstruo.

Poco a poco todo a su alrededor comenzó a desaparecer para centrarse en un único oponente. Los fogonazos de los fusiles y los gritos de los soldados dejaron de sonar; sus presencias continuaban ahí como susurros audibles solo cuando el gruñido de la bestia de Kurookami callaba, pero les había dejado de prestar atención. Y entonces los vio. Contempló casi en cámara lenta a esos enormes perros salir de la sombra del Almirante, a esa manada de bestias embravecidas que atacaban en todas direcciones, fijándose en el vampiro con una obsesión espantosa. Pero tampoco se olvidaron de perseguir los sabrosos huesos de la hechicera.

Despegó del suelo incluso antes de que esos monstruitos estuvieran cerca de alcanzarle. Se dio cuenta de que Ivan estaba en problemas, pero también de que el pelotón de sabuesos que le perseguía empezaba a unificarse para dar forma a las fauces de una gigantesca bestia de oscuridad. Sin intenciones de volver a ser humillada por el Almirante, desplegó toda su Voluntad sin restricción ninguna. El monstruo de sombras desapareció, el suelo se agrietó y los soldados cercanos, aliados o enemigos, cayeron desmayados. Y entonces vio a Kurookami tambalearse con dificultades para centrar la mirada. ¿Fueron esos cortes con la daga de recién? No, esos dejaron una capa escarchada en las heridas.

¡¿En serio creéis que cegándome no os encontraré?! ¡Os huelo como las malditas ratas que sois, piratas! —rugió con una sonrisa de oreja a oreja tras recuperar la estabilidad—. ¡¿Creísteis que envenenándome tendríais más oportunidades de vencer?! ¡Venid a por mí, mocosos!

Las sombras que envolvían el cuerpo del Almirante comenzaron a danzar con aún más violencia, y por un momento la bruja creyó ver un ojo intensamente rojo entre ellas. La presión que ejercía su espíritu de batalla competía con la de Katharina, y el choque de voluntades causaba rayos negros que salían disparados en todas direcciones. ¿Qué tan gratificante sería para sí misma vencer a un Almirante en esas condiciones? Le había dicho a Ivan que eran piratas, no gente de honor ni héroes. Sin embargo, al sentir la sed de sangre de Kurookami comenzó a pensar que era una buena oportunidad para medirse con alguien que podía estar a la altura.

Aún sabiendo que no la vería quiso devolverle la sonrisa, y entonces comenzó a correr hacia él. Las espadas se encontraron solo un par de veces hasta que la bruja decidiera cambiar de flanco. Usó la altura de su oponente en su propia contra y le cortó a un costado, cauterizando inmediatamente la herida y causándole un gran dolor. Pero en vez de quejarse o gruñir siquiera, sonrió aún más divertido. Tres de sus colas detuvieron el avance del nodachi y un cráter se formó bajo sus pies. Castigó al Almirante con una lluvia de colazos endurecidos. Como si cada golpe recibido lo hiciera más fuerte, Kurookami alzó una vez más su espada y la dejó caer con brutalidad sobre Katharina. Sin embargo, había visto ya demasiadas veces el mismo ataque; era imposible que cayese en un truco repetido. Giró y dejó que el nodachi simplemente golpease el suelo. Pero jamás imaginó que Kurookami le agarraría de la cara y estrellaría su cabeza contra el suelo.

Si no hubiera endurecido el cráneo a tiempo, quién sabe cómo habría terminado. Sintió el golpe en cada una de sus células y un gemido se escapó de su boca. La bestia en piel de hombre levantó a la bruja y la estampó otra vez, e iba a hacerlo de nuevo si esta no le hubiese agarrado la muñeca.

—Suéltame —le ordenó, generando fuego en su mano. Pasaron un par de segundos para que el Almirante por fin sintiera el dolor, y entonces se alejó preguntándose cuán bestia podía ser un hombre.

Para ser una mocosa lo estás haciendo bien. Es aburrido cuando peleo con alguien que no puede cortarme la piel —dijo “mirando” hacia la hechicera. No podía verla, pero bastaba con olfatearla—. ¡Hagámoslo, mocosa! ¡Uno de los dos morirá acabada la guerra!

Entre carcajadas propias de un lunático, el Almirante se colocó en posición. Sonrió sin mostrar los dientes y alzó el nodachi envuelto en sombras, empuñándolo por primera vez con ambas manos hasta tener los brazos extendidos. La bruja vio a través de sus intenciones y una gota de sudor se deslizó por su sien al mismo tiempo que la espada comenzó a descender.

Shadow of Silence.

El mundo pareció detenerse un instante ante sus ojos y todo guardó silencio, mientras la gigantesca espada de sombras descendía del cielo. Vio su propia muerte en los próximos segundos, los Presagios se la mostraron. «Aún no es tiempo de morir», le susurró una voz en su cabeza. Como si alguien de repente le hubiese dado play a la película, todo volvió a moverse. El suave manto de oscuridad cortó tanto el cielo como la tierra, dejando una fisura que se extendía cientos de metros, interrumpida únicamente donde se encontraba ella.

Las rodillas le temblaban y tenía todo el rostro ensangrentado; es más, toda su armadura estaba cubierta de sangre. Todo fue demasiado rápido incluso para alguien con sus capacidades. De un momento a otro tuvo la onda cortante encima suyo, y solo tuvo tiempo de conjurar una débil versión de la Barrera Mágica. Esta detuvo una parte del poder de Shadow of Silence; del resto se encargó Fushigiri. Por fuera podía verse horrible, pero por dentro no estaba tan mal. O eso quería creer. Y, por si no fuera suficiente, el Almirante se abalanzó para rematar a su presa.

Llegó hasta ella en solo un instante y descendió su hoja con la velocidad de un rayo. Katharina se echó hacia atrás, aunque no fue lo suficiente rápida. La punta del acero se deslizó por su ojo izquierdo y la bruja soltó un alarido cuando sintió el corte. Dominada por la furia, el dolor y el odio que sentía hacia la Marina, concentró toda su Voluntad en un solo ataque. Antes de que Kurookami cerrarse la guardia, la espadachina respondió con una estocada que llevaba todo su Espíritu de la Conquistadora. Fushigiri completamente endurecida atravesó el pecho del Almirante y un torrente de puro fuego salió disparado desde dentro de este.

Huh… Esto duele… ¡Bien hecho, mocosa! —volvió a rugir Kurookami con una sonrisa ensangrentada y de oreja a oreja, dispuesto a continuar con la pelea.
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Mensaje por Ivan Markov el Miér 23 Sep 2020 - 2:22

La regeneración no implicaba no sentir dolor. Y lo sentía, mucho. Se levantó con esfuerzo mientras sus heridas se cerraban, tratando de ignorar los quejidos de su cuerpo. No podía rendirse, aún cuando se había dado cuenta de la diferencia entre ambos. Aún cuando siempre había un escalón más que dar. Un paso más que recorrer. Siempre había alguien por encima, alguien a quien superar. Pero aunque la frustración lo invadiera y su poder nunca pareciera suficiente, siempre volvía a levantarse. Algún día sería él quien llegase a la cima del mundo y mirase todo desde arriba. Tal vez entonces mirase a los infinitos cielos y decidiera seguir ascendiendo, sin más meta que ser cada mejor. Pero por ahora, la cima era su objetivo. Y Kurookami, un objetivo más. Reunió la sangre en su interior, moviéndola por su cuerpo ahora hacia los músculos, aumentando su fuerza física. Dejó caer unas gotas de la sangre que se filtraba desde su guante izquierdo sobre la hoja de Vanator. Entonces apretó la empuñadura de la espada y esta prendió en llamas azules.

- Dritter Mond... - susurró de nuevo.

Katharina seguía combatiendo contra el Almirante, habiéndole tomado el relevo. La Bruja era tan hábil con la espada como con la magia, poniéndole en duros aprietos. Pero Kurookami era un monstruo con una resistencia inhumana y fuerza descomunal. A pesar de que su capitana se movía con la elegancia, precisión y agilidad de una bailarina, pero con la letal violencia de un guerrero, empezaba a flaquear. Y entonces ocurrió: la espada del marine alcanzó el rostro de su capitana, cortando en el proceso su ojo izquierdo. Aún así Katharina siguió su ataque impactándole con una estocada en el pecho de la que salieron llamaradas. Tras reírse, Kurookami se echó hacia atrás arrancándose el acero del torso.

- ¡KAAAATH!

Se lanzó hacia ella mientras el hombre perro alzaba su nodachi. Tanto la espada del cadejo como la del vampiro se volvieron totalmente negras cuando usaron su endurecimiento. La del marine comenzó a brillar con chispas rojas, preparando una onda con la que pensaba golpearlos a ambos. Ivan ya no pensaba en aquel hombre como en un obstáculo. Era la persona que había mutilado a su mejor amiga. Ahora era personal. Las llamas de Vanator aumentaron de intensidad mientras cargaba y lanzaba su golpe directo al arma del Almirante. Y ambas hojas se encontraron, al tiempo que sus Voluntades. El choque entre ambos generó una onda de choque tan violenta que el resto de guerreros en cincuenta metros fueron violentamente derribados al suelo. Un fuerte vendaval azotó el campo de batalla y olas se alzaron en la costa. Las nubes se oscurecieron y rugieron. Y con un crujido, Vanator y la nodachi se agrietaron y se partieron.

Durante un momento su mundo se detuvo. Dedicó medio segundo a contemplar los restos de la espada bastarda en su mano, su compañera durante más de un lustro. La espada de su familia durante siglos. ¿Cuántas vidas había segado? ¿Cuántas protegido? ¿Y cuántos la habían empuñado antes que él? Había sido antes de él la espada de su padre y la de incontables Markov. Se decía que el primero de ellos la había encontrado en una cueva de Hallstat y la había usado para unificar la isla. Si la leyenda era cierta, ¿cuánto tiempo hacía que Vanator estaba en el mundo? Pero como a todas las cosas, le había llegado su final. Su lucha milenaria había llegado a su fin. Tras dedicarle ese breve instante, soltó un suspiro y dejó caer la hoja rota. Kurookami no había dedicado ni un momento a llorar la pérdida de su arma, que dejó caer tan pronto como se quebró, y alzó su zarpa con intención de destrozar al vampiro con su gigantesca mano como si fuese una mosca especialmente molesta. Pero la mano izquierda de Ivan estaba en pose de empuñar un arma. Hubo un destello y una hoja fantasmal, de metro y medio de largo y con una calavera en el centro de la guarda, se formó en esta. Antes de que Vanator terminase de caer, la nueva hoja ya estaba ascendiendo. Y, lejos de ir a por la mano ennegrecida por el haki, iba en otra dirección.

- Zweiter Mond, Hades.

La espada fantasmal atravesó y cortó la carne de Kurookami, cercenando su antebrazo en dos partes. Mientras el lobo aullaba de dolor, su zarpa perdió el brillo del haki y cayó al suelo, inofensiva.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Miér 23 Sep 2020 - 4:36

La resistencia de Kurookami escapaba de todo entendimiento humano: ninguna bestia, por muy poderosa que fuera, era capaz de sobrevivir a esas heridas. Le acababa de atravesar el pecho con Fushigiri y, por si no fuera ya suficiente, disparó un torrente ígneo mucho más caliente incluso que el propio magma de las profundidades de la tierra. Aun así, el hombre, que ya nada tenía de uno, permanecía de pie y no solo eso: tenía fuerzas y energías para continuar peleando.

El Almirante alzó una vez más su arma y la espadachina se dispuso a esquivar, pero sus piernas flaquearon. No quería hacerlo, pero tampoco tenía otra opción: tendría que bloquear. Fushigiri se volvió tan negra como las sombras que danzaban alrededor del marine. Katharina escuchó un grito desgarrador al mismo tiempo que el arma de su oponente descendía. Y ahí apareció. Se cubrió el rostro por puro instinto cuando Vanator chocó violentamente con la espada de Kurookami. Resistió como buenamente pudo la poderosa onda de choque originada por el rugido entre metales. Nuevamente había sido salvada por su mejor amigo.

Se mordió el labio, frustrada. A pesar del largo camino que había recorrido, aún no era suficiente para vencer a ese titán. ¿Había peleado mal? ¿O es que no se había esforzado suficiente? Mientras el vampiro se jugaba la vida luchando contra esa bestia las dudas le aquejaban en su mente. Apretó con fuerza la empuñadura de Fushigiri. Cada músculo de su cuerpo aullaba de dolor, pero este no se comparaba lo más mínimo al odio que sentía por el Gobierno Mundial, por esos hijos de puta que mataron a Freya. Encarnó todo el sufrimiento que sintió cuando la vida de su hermana se esfumó en sus brazos. Protegida tras la espalda de Ivan, su propio cuerpo comenzó a desprender una bruma oscura que producía una indescriptible sensación de vacío. Tomó una bocanada de aire, aguantando el dolor que le producía el respirar, y repitió el proceso una y otra vez, recuperando poco a poco las energías que había perdido.

«Sabes lo que debes hacer», resonó una voz en su cabeza. «Siempre lo supiste».

La sangre chorreaba por su ojo mutilado al mismo tiempo que hacía uso de la polimorfia para hacer una última jugada. Sería un todo o nada. Las venas de sus brazos se ensancharon mientras los músculos de estos crecían hasta alcanzar el tamaño de un verdadero ogro. De su cabeza surgieron dos cuernos puntiagudos, similares a los de un demonio. Y entonces, decidió sacrificar parte de su agilidad para incrementar su fuerza bruta. No sería un ataque de su estilo, pues carecería de elegancia y precisión, rapidez y fluidez. El fulgor carmesí de Fushigiri representaba su espíritu indomable, su voluntad inquebrantable, su orgullosa alma.

Justo después de que Ivan le cortase el brazo en dos, Katharina corrió lo más deprisa que pudo hacia Kurookami con la espada hacia atrás, como si estuviera a punto de realizar un Iai. Se detuvo a medio metro de su dorso y entonces dibujó un barrido en forma de media luna, recitando el nombre de la técnica que le había enseñado Gaefhal: Guillotina. El enfurecido Almirante intentó bloquear con sus garras, pero falló. Fushigiri pasó de largo, cortándolas, y entonces se encontró con su piel. Se deslizó por la carne y provocó una herida muy profunda cuya sangre salpicó el rostro de la hechicera.

La bestia retrocedió, tambaleándose. El combate parecía haber terminado… O eso le hubiera gustado creer. Lejos de caer, Kurookami rugió tan fuerte que agrietó el suelo, desmayó a todo hombre cercano y pasó de desprender un mar de sombras a rodearse de un aura dorada con un rostro cadavérico que recordaba la misma muerte. Katharina no podía dar crédito a lo que sus ojos veían, pero entendía lo que había detrás del Almirante: una omnipotente voluntad que se negaba a perder. Y en términos de voluntad, la heredera de los von Steinhell jamás perdería.

Imitó el rugido de su oponente e ignoró sus heridas, se sobrepuso al dolor y dejó de pensar. Motivada por el calor del combate, simplemente se abalanzó hacia el enemigo. Movió con brutalidad la espada de abajo hacia arriba y viceversa, trazó cortes diagonales y disparó una ráfaga de ondas cortantes. Pero por cada ataque que realizaba también recibía daño. Los perros de oscuridad de Kurookami mordían sus carnes; sus garras maltrechas, arañaban las zonas donde la piel se veía. Ambos parecieron prepararse para un último choque de voluntades, pero, en vez de seguirle el juego, Katharina retrocedió y cortó la coordinación de la caótica danza de muerte de su oponente. Entonces, sus colas buscaron cada una de sus extremidades para apresarle.

—¡AHORA, IVAN!
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Mensaje por Ivan Markov el Miér 23 Sep 2020 - 5:24

Ivan asintió al aviso de Katharina y preparó a Hades para un último golpe con el que sentenciar al marine. Empuñando la hoja fantasma a dos manos, la situó hacia atrás apuntando al suelo, preparándose para generar una onda cortante con lo que le restaba de haki. Eso fue hasta que llegaron los perros. Una auténtica horda comenzó a brotar de la sombra de Kurookami, abalanzándose sobre él y su amiga. Frunció el ceño y sin cambiar de intenciones, empleó los últimos restos del aumento de poder de su sangre, ya desvaneciéndose, para lanzar el golpe. Una medialuna azul atravesó las filas de perros en dirección al Almirante. Pero este tenía un último as bajo la manga. Aulló de una manera diferente a las anteriores. Si hasta ahora habían sido aullidos de dolor, rabia o júbilo, ahora era un aullido... de liberación. Ivan no encontraba otras palabras para definirlo. El Almirante apartó a Katharina de un fuerte golpe y comenzó a crecer hasta superar los cinco metros de altura. La onda chocó contra su pecho, causándole una herida más. No suficiente para tumbar el ser que era ahora. Las garras que le había cortado Katharina en su mano izquierda volvieron a brotar.

- ¡Lo admito! ¡Sois de los tipos más duros que me he cruzado! Contaré esta historia a mis nietos. El día en que Steinhell y Markov cayeron frente a su abuelo.

Mientras Kurookami reía, una ráfaga de fuego automático resonó por encima de sus ferales risotadas. Varias balas le impactaron en la cara, otras en el hombro y cuello. Gruñendo se giró hacia su nuevo enemigo. Una marine morena de piel pálida, rostro inexpresivo y con el uniforme desgarrado y ensangrentado le apuntaba con dos fusiles de asalto. Entre los desgarrones de su ropa podía verse una herida de una puñalada a la altura de su corazón. Acto seguido llegó un semigigante de piel oscura corriendo a una velocidad inusitada para su tamaño, y le dio un poderoso puñetazo en la herida de su pecho. Tenía el mismo rostro inexpresivo y heridas que, aunque parecían curadas, debían ser mortales. Kurookami gruñó y retrocedió.

- Comodoro Shelly, capitán Rass... ¿qué os pasa? - olfateó el aire y gruñó - Ya entiendo.

- Sí, están muertos - dijo Ivan, dando voz a sus pensamientos - Y ahora tendrás el placer de ser derrotado por tus subordinados.

Kurookami rugió y comenzó a convocar más de sus perros, mirando a Ivan con odio en la mirada. Ya no quedaba nada del luchador orgulloso y despreocupado que disfrutaba hasta en lo más duro del combate. Una oleada de miedo recorrió al vampiro, pero supo que no provenía de él mismo. Se lo estaba implantando el cadejo en la mente. ¿Cómo no iba a reconocer esa clase de poder cuando él mismo podía hacerlo? Y Zero había tenido la cortesía de hablarle de esa habilidad de su tío Kedra. Sostuvo la mirada al Almirante, conteniendo el terror que le gritaba que huyese. Y antes de que el cadejo y sus perros pudiesen ir a por él, el semigigante llamado Rass le atizó una serie de directos a la cara rematados por un gancho ascendente. Los fusiles de Shelly cantaron y los perros de oscuridad comenzaron a estallar. El propio Ivan sacó una de sus pistolas de la capa y disparó a uno que se acercó demasiado. Y en ese momento llegaron el resto. Un marine calvo atravesó una pierna del Almirante con una lanza, mientras que uno pelirrojo llegó con una maza y lo derribó de un certero golpe en la cabeza. En el suelo, Kurookami volvió a forma humana, ensangrentado y destrozado. Entonces una mujer de pelo morado y bajita se acercó a él y lo miró.

- Contraalmirante... ¿tú también?

Ella no contestó. Su puño derecho brilló con llamas celestes y fucsia y le dio un único golpe. Y entonces, la Voz del Almirante se durmió. Kurookami estaba inconsciente. Ivan finalizó su Despertar, volviendo a forma humana y dejándose caer, agotado. Venenos, ilusiones, puñaladas, fuego... y solo estaba inconsciente. Menudo monstruo. Aquel combate había sido una locura.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Miér 23 Sep 2020 - 6:31

Pensó que todo el resentimiento y el odio que sentía desaparecerían cuando por fin viera caer a esa maldita bestia en cuerpo de hombre, pero no fue así. Creyó que gozaría cuando viera al Almirante ser abatido por sus propios subordinados. Cuán equivocada estuvo. El calor de la batalla, su posición como capitana, el hecho de que cada vez estuviese siendo más humana… Quién sabe por qué acabó sintiendo tristeza al ver el brillo apagado en los ojos de un hombre que lo dio todo. Había ganado, sí. Junto a su mejor amigo había vencido a uno de los monstruos más fuertes del mundo entero, y aun así no se sentía satisfecha. Quizás se dio cuenta de que, después de haber estado buscándola por tanto tiempo, la venganza no era algo que realmente quería.

Con la voz dormida del Almirante y sin el apoyo de los cañones, las tropas marines comenzaron a retroceder rápidamente frente a la estampida de muertos vivientes. La horda no se detenía por muchas balas que recibiera. Daba igual cuán herida resultase, mientras los zombis y ghouls tuvieran extremidades para continuar avanzando, sencillamente lo harían. La batalla de Akayama no fue ni la mitad de sangrienta en comparación a la de la costa de Kuri. Y no pasó demasiado tiempo desde que el Almirante cayó para que todos sus hombres fueran aniquilados. Ese día, las aguas se tiñeron de rojo y, de no ser por la arena, seguramente la sangre llegaría hasta los tobillos. Cientos de oficiales perecieron para, luego de unos días, ser convertidos por el vampiro. Y más pronto que tarde serían usados en la batalla final.

—Encadénenlo, póngalo en un lugar seguro y traten sus heridas. Un Almirante nos vale mucho más vivo que muerto —ordenó la hechicera luego de envainar a Fushigiri. Estaba cansada y dolorida, pero aún podía permitirse estar de pie. La capitana de los Sinners no caería frente a tantos hombres—. Una vez más estoy en deuda contigo, compañero. Esta vez ha sido una batalla muy dura, ¿eh? —le comentó con una sonrisa medio apagada a Ivan, quien estaba recostado en el suelo—. Hasta que finalmente conseguimos vencer a Kurookami…

Al otro día…

Tuvo una pelea infernal con la sanadora, una mujer robusta y sin un atisbo de delicadeza. ¿Cómo podía tratarle las heridas con tal brutalidad? ¡Encima ahora parecía una maldita momia! Tenía un par de costillas rotas, una contusión medianamente ligera en el cráneo y una serie de cortes que requirieron incontables puntos en total. Las jodidas vendas le apretaban tanto las tetas que en cualquier momento moriría asfixiada. Sin embargo, nada se comparaba a la pérdida de su ojo izquierdo. Ya le preguntaría a Kaya cuál era la gracia de usar un jodido parche. Adiós, vista panorámica… Igual podría ingeniárselas y colocarse un ojo en la frente con algo de polimorfia, pero tampoco iba a negar que el parche le quedaba de puta madre. Le daba ese toque intimidante y de chica ruda que le hacía falta. A ver si ahora la gente dejaba de reírse de ella.

Anunció sin suavidad su llegada a la tienda donde Spolyar estaba reunido con sus hombres de mayor confianza. Era la hora de la recompensa, ¿no? Había sido la tarea más dura que había hecho en su vida, así que merecía un premio como ningún otro. Rechazarlo directamente levantaría sospechas, pues Katharina no era conocida por ser una chica altruista ni benevolente. No, debía mantener esa fachada de que todo lo hacía por interés personal, por querer sacar una buena tajada del pastel. Y, por qué no, llevárselo completo.

—Nadie en esta tierra puede negar que hemos hecho un buen trabajo en Akayama y aquí en las costas de Kuri. Hemos vencido y capturado al Almirante Kurookami de quien, por cierto, nosotros nos ocuparemos de ahora en adelante —le mencionó al líder de los mercenarios—. Espero que sigamos trabajando codo a codo como lo hemos hecho hasta ahora, Spolyar —acabó, ofreciéndole una mano amistosa para despedirse.


Última edición por Katharina von Steinhell el Miér 23 Sep 2020 - 17:14, editado 1 vez
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