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Mensaje por Kia Sekai Dom 9 Ago 2020 - 4:50

De todas las cosas que te esperabas, de las posibilidades, locuras y rarezas que te hubieras podido imaginar, tener un concierto en aquel lugar no era una de ellas. Un marine te escuchó cantar en el puerto y poco después te ha pedido que amenices una cena donde estarán todos los grandes cargos. Es un momento breve, ese hueco entre el postre y el café, para amenizarles el final de la velada y asegurarse de que todos se vayan felices a sus casas.

Genial, vale, al menos te dan la posibilidad de prepararte la canción con la orquesta del lugar, que prepares el piano y el arreglo, no es una locura improvisada y no vas a terminar cortando cabezas. De hecho ni te dejan llevar tus katanas más allá de la sala de personal en la que tienes que cambiarte así que perfecto.

Tres días para el apaño y estas feliz con el resultado, solo es una canción y de todo tu repertorio no sabes la razón de haber elegido eso. La canción que Marianne te enseñó, la que le dedicaste a Tao en una llamada de esperanza patética en búsqueda de la felicidad...Pero te habían pedido algo romántico y alegre, para amenizar la velada llena de flores , adornos y un montón de cosas ostentosas.

Barajas posibilidades delante de tu reducido pero conciso armario. Tienes un par de trajes elegantes, últimamente apuntas más a esa clase de eventos que dan más dinero que a simplemente cantar en tabernas y bares. Es más agradable, pero ahora vuelves a la realidad que tienes delante. Rojo,azul, blanco o negro, las posibilidades delante tuya se resumen a eso y el rojo lo descartas con un escalofrío que te llega desde la punta de los pies, mejor el negro, es más elegante y recatado.

No es especialmente recatado, pero lo es dentro de tu línea. Escote alto, plegado , lineas de tela vaporosa y transparente, cuerdas, lazos. Te han ayudado con los adornos respecto al tema de la cena, te han colocado rosas blancas en el pelo largo y suelto, en el lateral, mezclado con alguna negra. Es largo hasta pasar un poco las rodillas y los guantes facilitan muchas cosas, cubrir tus manos y evitar que se den cuenta de que aparte de pianista, te dedicas a pegarle a la gente y al metal.

El escenario está preparado, los nervios desaparecen en cuanto sonríes con calma y caminas con una elegancia y una tranquilidad que lleva en tu cuerpo desde hace más de diez años. Como una noble, como si no fueras una simple ramera, alzar la mirada, mirar a los ojos a la gente y sonreír, incluso cuando no llega al hielo de tus ojos.- Es un placer para mi amenizar esta noche, espero que disfruten de la pieza.- Agarras el extremo del vestido, te inclinas en una suave reverencia y te acercas al piano mientras todos toman sus posiciones.

Sin embargo la canción empieza solo contigo, tu voz se comienza a alzar mientras toca las primeras teclas del piano y así das paso a esa historia. La melodía comienza suave, como una pregunta o un susurro, una dama queriendo saber que esconde su amado en su corazón, una confesión silenciosa y tímida, una sonrisa enamorada.

Sentimientos que se despiertan y asustan, intensidad, amor y cariño, a medida que la pieza avanza el ambiente parece volverse cálido y confortable para la gente que se encuentra allí presente. Como si estuvieran en un jardín lleno de rosas, disfrutando de un tranquilo té con la brisa jugando con ellos. Para ti es tan fácil, como pintar ese momento en sus cabezas tanto como lo pintas en la tuya.

Finalmente, susurras el final, perdiéndolo entre las teclas de tu piano.- Hey...Quiero verte ahora.- Una sonrisa suave, tranquila, y al acabar con las últimas teclas, te levantas y saludas, dejando a la gente aplaudir. Es una costumbre para ti, una de esas que hacen que la gente sonría y se pregunte muchas cosas. Tomas un par de rosas de tu cintura, le extiendes una a los pequeños que correteaban curiosos, algún que otro amable hombre… Y al importante rubio sentado en la mesa central. Con una sonrisa tranquila, un gesto casi coqueto y no demasiadas buenas intenciones.

Pero en fin, así eres tú.

Luego te despides y te quedas hasta que todo acaba, disfrutando de la parte extra de todo aquello. La maravillosa copa gratis en la barra con los compañeros de canción.

Kia Sekai
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Mensaje por Señor Nat Miér 12 Ago 2020 - 2:33

Desde que había movido la sede de la brigada a la torre de Dressrosa pisaba muy poco Marineford. Sin embargo, por alguna razón, toda la burocracia seguía teniendo que llevarla a cabo en el Cuartel General, razón por la que una o dos veces al mes debía cruzar a bordo del Diamante en bruto la Red Line para presentarse ante su único superior y su, en ese momento, único colega. Muy poca gente sabía de la muerte de Kodama, pero tras varios meses todo el mundo lo daba ya por perdido, así que se consideraba vacante el puesto. "Se habrá aburrido", decían algunos. "Dentro de diez años despertará de la siesta", comentaban otros, sin saber que el roble ahora dormía para siempre. Descansaba en una pequeña isla llena de otros robles, con los que seguramente aun sin fruta del diablo seguiría conversando. Nunca se había llevado bien con él, pero aunque jamás lo diría en voz alta, lo echaba de menos. Solía poner un poco de cordura delante de Douglas y Hyoshi, casi siempre ciegos por un afán justiciero rayano al fanatismo.

Siendo sinceros, no les había perdonado el asesinato de Fred. Treinta años sin delinquir debían significar algo, pero les había dado igual; por eso normalmente evitaba cualquier clase de interacción no esencial con ellos. Sin embargo ese día habían tenido no pocas reuniones con diversos diplomáticos dispuestos a pagar el Impuesto Celestial... Si el Gobierno demostraba quererlo. Y el Gobierno lo quería, claro que sí, eran fuente de materias primas y zonas estratégicas en las que establecer bastiones para proteger otros territorios tanto o más importantes como los enclaves vitales de Water Seven y Sabaody. A Al le daba un poco igual, en realidad, pero el protocolo le obligaba a atender las visitas en la jornada nocturna y aguantar los horribles músicos de los que tantas veces se había quejado. Si habían podido enseñar a un agente del Cipher Pol a tocar el clarinete en un año, podían encontrar a un intérprete con un mínimo de habilidad. Por eso había exigido que esa noche estuviera lo mejor sobre el escenario, o él mismo subiría a partirle la cara a quien fuese y enseñarles a todos lo que era un concierto. Tenía hasta una performance preparada por si acaso.

Como era costumbre para él llevaba sus armas encima a pesar de que le mirasen mal. Hyoshi se abstuvo de reprenderle, y Douglas recibió una cortés respuesta que se podría traducir en un "métete en tus putos asuntos" con tono levemente jovial. Si una cosa le había enseñado Caspio era a no estar nunca a merced de la protección de otros, y lo seguía a rajatabla. También controlaba su espalda de forma constante y evitaba ser el primero en comer. En aquella ocasión, de hecho, ni siquiera probó bocado durante los primeros diez minutos, aunque en parte fue porque estaba atento a los estragos que una banda de pelagatos hacían a la canción que él mismo había compuesto. No supo si esperaban agradarle, pero los atravesó con la mirada a todos y cada uno de ellos.

Pero por suerte llegaron los platos fuertes, y con ellos el candor de una melena rubia que lo iluminó todo con oro y cielo. Su voz era cálida, pero Al pudo discernir el matiz frío oculto en sus palabras. Era calculadora, y aunque por lo que veía de sus manos había dedicado tiempo al piano, había convertido su afición en un negocio que seguramente le daba más dinero que felicidad. Y, si se dejaba llevar por esos dedos largos ocultos tras un guante... Si había decidido entorpecerse así para tocar el piano, esos guantes protegían un secreto. No ocultó su sonrisa.

- ...Y es muy guapa. -Escuchó decir a uno de los diplomáticos-. ¿Cuánto creéis que...?

Por educación Al solo lo fulminó con la mirada, pero el hombre supo que debía callar, y la mujer comenzó su interpretación. Se trataba de una balada de ritmo delicado, casi lento, pero él no estaba tan atento a la canción como a sus movimientos. Su postura era mucho más que correcta, el movimiento de sus falanges era pragmático, sin excesos -él, por su parte, tendía a ser muy dramático mientras tocaba el piano-, y su voz emanaba con fuerza y firmeza, con un suave punto de soprano meloso que no era fácil de alcanzar. Todavía le faltaba algo de práctica, pero era infinitamente mejor a lo que solían llevar. De hecho, estaba al nivel de muchos artistas de filarmónica que había conocido y con los que había trabajado.

Además, era preciosa. Y coqueta.

Alzó las orejas como un zorro cuando escuchó en susurro casi inaudible una proposición más que indecente, confirmada con una rosa y una mirada que, si pudiese matar, Al ya habría estado herido de muerte. Pero el hecho era que, de pronto, había valido la pena ir hasta allí.

- Si me disculpan, caballeros -dijo, mientras se levantaba-, me están esperando.

No iban a detenerlo. Tal como hablaban de las mujeres seguramente hasta comentasen la suerte que tenía, sin reparar en los varios factores de importancia como ser el único que demostraba cierto respeto por su música y, para qué negarlo, ser el más guapo de la mesa. Aunque eso era una reducción simplista, así que mientras se hacía un hueco entre los músicos de la barra dejó frente a ella la rosa blanca.

- Bonita canción -reconoció-. Aunque creo que te habría ido mejor tocando en solitario.

Tenía unos ojos preciosos, aunque había algo en ellos que no terminaba de darle buena espina. De todos modos, era hermosa y tocaba bien. Estaba claro que como mínimo la noche iba a ser espectacular.


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Mensaje por Kia Sekai Jue 20 Ago 2020 - 18:38

Estás ligeramente molesta, en momentos como aquellos quizás es cuando odias que tus oídos sean tan sensibles. Has escuchado a un par de hombres preguntar por tu precio y sabes de sobra que no hablan de cuánto cuesta una pieza tuya. Te incorporas ligeramente, asegurándote que las cuerdas que se cruzan en la espalda de tu vestido cubren por completo aquel par de alas marcadas en tu piel y mueves tu cabello a tu espalda. No hay forma de que nadie haya visto nada y es una de esas pequeñas cosas que te consuelan.

-Madre mia Kia, tienes un saque digno de tu origen.- Te ríes ante eso, el hombre mayor sabe que eres de Kieskaya, te identificó en una mezcla entre tus rasgos y tu forma de beber como si fuera una necesidad. Alguna vez lo había sido para ti, una manera desesperada de matar un frío capaz de cortar tu piel en cientos de trozos.- Es uno de mis muchos dones, aunque no lo considero algo bueno precisamente.- Nunca habías llegado al punto de perder las facultades por el alcohol, nunca te habían tumbado. Era una de esas cosas que tu cuerpo había asimilado para no morir y en silencio se lo agradeces.

Estas de charla, te preguntan si esa última frase de la canción se la has dicho a alguien en especial y te das cuenta de que quizás miraste al rubio, pero no le prestas demasiada atención, simplemente te encoges de hombros. Esa canción había sido dedicada toda su vida a una misma persona, era complicado que fuera a cambiar su destinatario en tan solo una noche.

Un gesto te llama la atención, tu compañera mira a alguien acercarse y para cuando levantas la cabeza de la barra la rosa blanca está delante tuya. Tus orbes de hielo chocan contra sus ojos y simplemente pestañeas.- Es muy poco considerado de su parte decir eso delante de mis compañeros…¿Sabe? -Ladeas el rostro, sonríes de manera zorruna, enseñando esa mueca de travesura y malas intenciones que te acompaña. La mayoría se va, prefiriendo no meterse en aquella especie de duelo que vas a iniciar, ellos no son tontos, saben quién es él.

-¿Puedo ayudarle en algo caballero? ¿No me diga que usted también viene a preguntarme por mi precio? No le veo de los que necesitan pagar para conseguir a una mujer.- Escuchas al barman atragantarse, y no te molestas demasiado en mostrar que te da bastante igual el cargo de la persona que tienes delante. Has llevado a algunos reyes a tu cama con más facilidad de la que aquel hombre ha decidido hablarte. Tomas con calma la rosa entre tus dedos, girándola con calma mientras te terminas la copa, mirándole con esa calma y frialdad que solo parece estar en tus ojos.

La sonrisa de zorro travieso,o tal vez la forma en la que cruzas suavemente las piernas causando que el corte del vestido suba por tus muslos es la sutil diferencia.
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Mensaje por Señor Nat Dom 23 Ago 2020 - 3:29

¿Había sido desconsiderado? Sí. ¿Eran músicos mediocres excesivamente bien pagados? También. Al no solía ser una persona orgullosa, pero la música despertaba en él cierto sentimiento de superioridad que muy poca gente lograba romper o traspasar. Sabía que era la persona más hábil con el violín en la Marina, y probablemente de los mejores violinistas del mundo -si no el mejor-. Tenía unos estándares muy elevados de la música que debían ofrecer los artistas en un restaurante de quinientos mil berries el plato. Esos tipos no los cumplían. Ella, sin embargo... Bueno, le quedaba mucho camino por delante, pero si eso no era talento como mínimo era dedicación. Dedicación muy bien aprovechada.

- Cuando una estrella brilla entre más luces, uno espera que no sea entre candiles moribundos.

¿Era ese el halago más extraño que había hecho nunca? Tal vez. Pidió un mojito al barman, que lo fue preparando mientras él contemplaba la serena belleza de aquella mujer. Cabello rubio en cascada, precioso, y unos ojos azules fríos como el hielo, pero al mismo tiempo cálidos como soles. Le gustaba verlos.El escote era relativamente discreto, pero suficientemente visible como para atraer su mirada un momento, y entre sus manos y caderas dejó que la imaginación volase mientras una sonrisa, levemente perversa, se apropiaba de su rostro.

Sin embargo algo hizo que alzase de nuevo la vista, dejándola flotar en aquellos ojos. ¿De verdad parecía tan desesperado? Es decir, no que no fuese la clase de persona que se quedaba embobado viendo a una chica guapa, ¿pero de verdad parecía la clase de persona que necesitaba pagar? Era joven, atractivo y, hasta donde sabía, simpático. Ya decir encantador era una flor que igual no merecía, pero como mínimo majete. Y tenía referencias, que a... Y a... Bueno, que tenía un montón de referencias. A alguna debía caerle bien. En cualquier caso, ella terminó por aclarar que él no parecía de esos. Y era cierto, porque aunque técnicamente una vez había perdido dinero por practicar sexo, había sido durante un atraco. Así que...

- Asumí que esta mujer en particular no estaba en venta -respondió justo cuando pudo llevarse la bebida a la mano-. Pero si lo estuviera, seguro que ni siquiera yo podría pagar ese precio.

Al llevaba años sin cobrar su sueldo como Marine. Desde la captura de Legan Legim había tirado de los restos del saqueo, los cuales le habrían permitido retirarse y no dar nunca más palo al agua. A veces tenía ganas de hacerlo, pero solía recapacitar a tiempo. Además, donar todo su salario a hospitales y a orfanatos le hacía sentir que sus acciones realmente ayudaban algo, como sus apariciones como Scarfguy delante de niños. En cualquier caso, ahora tenía delante a... Bueno, no sabía a quién, realmente, pero iba a averiguarlo.

- Sin embargo, tal vez merezca su nombre. Es más... Te propongo un juego. Yo tengo que hacerte diez preguntas y tú mentirme en todas ellas. Si en alguna dices la verdad, te invito a cenar. Si consigues mentirme en todas, te invito también a comer. ¿Qué te parece?

No sabía si aquella mujer era muy de juegos, pero dado que compartían la misma sonrisa diabólica asumió que como mínimo ambos estaban igual de locos, lo cual estaba bien. Muy bien, de hecho. Esperaría su respuesta, tal vez dando uno o dos tragos a su bebida, y luego haría la primera pregunta:

- ¿Cómo te llamas?


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Mensaje por Kia Sekai Vie 28 Ago 2020 - 23:36

-Que lo digas de manera más bonita o poética, no te quita lo capullo egocéntrico.- Siempre esa forma de hablar tan despreocupada, brusca y sonriente. Con esa maldita sonrisa en tu cara y una copa nueva entre los dedos. Ese hombre puede ser el Dios de la música en persona, pero eso no quitaba la realidad de tus palabras, ser brusca y arisca con la gente que no se lo merece es una muestra innecesaria de los problemas personales de uno.- Pero oye, cada cual con su personalidad, no soy nadie para juzgarte, yo tampoco soy un amor precisamente.- Eres una zorra de hielo con un montón de nieve por corazón y una ostia bien dada, que te recuerdo amablemente que puede dartela el señor almirante.

Aunque él parece más interesante en darte un azote que otra cosa.

Niegas con algo de diversión, mientras te acabas el chupito con esos aires de calma y diversión que viajan contigo a donde vas, aunque no lleguen a tus ojos.- Pues salgo barata, normalmente me ofrecían como un regalo o algo así.- Realidad, pero lo sueltas con tanta diversión y sarcasmo, con tanta franqueza que hace que la gente no se lo crea, aunque el pobre barman casi vuelve a morirse.- Pero bueno, ahora todo depende de cuánto quieres pagarme por mi actuación...Musical.- Alzas las cejas en un movimiento divertido, mientras simplemente pides otra copa, el barman ha perdido la cuenta de cuantas te ha dado, te invita la casa por la actuación, pero duda que cualquier ser humano estuviera entero con la cantidad que llevas.

Solo tienes que mirarte a los ojos para saber que estás de sobra consciente de todas y cada una de tus facultades.- Como quieras, me da igual.- Te encoges de hombros mientras le escuchas preguntar tu nombre, no eres de las personas que siguen las reglas de los juegos, al menos no como están escritas.- Kia, Kia Sekai, mis ex me llaman Kōri no Yasha.- Lo de demonio de hielo no es mentira, aunque era más común la palabra zorra, pero irónicamente escucharlo decir a todos los hombres a los que te has follado y luego matado, ha creado en ti la ferra confianza de que bueno, es un apodo que finalmente has aceptado y asimilado.

-Al menos es un apodo bonito.
- ¿Lo consideramos así? Pues sí, al menos no has terminado con un nombre triste y fúnebre, si no con algo que elegiste y decidiste mientras manchabas las manos de sangre una y otra vez.
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Mensaje por Señor Nat Sáb 29 Ago 2020 - 1:13

Apartó la vista por un segundo, arqueando una ceja. Definitivamente la chica no estaba acostumbrada a recibir halagos. O eso o se había sentido profundamente ofendida porque formaba parte del grupo. No lo creía, porque conocía a la banda, pero cabía la posibilidad de que fuese una nueva integrante con extraordinario talento. De todos modos, aunque se notó bastante perturbado enseguida recuperó su gesto afable, casi más interesado que antes.

- Y la persona que más sabe de música en la sala -respondió, levantando el dedo muy lentamente. Puede que lo mirase maliciosamente mientras lo decía, pero devolvió la vista a aquellos ojos azules al instante-. Puede que me haya vuelto un poco vanidoso con los años en ese aspecto, pero si eso fuese así, mi halago significaría mucho más.

Era cierto, ¿no? Cualquier persona podía lanzar un piropo, pero muy poca gente lo recibía de alguien que se creía estar por encima. Al no se consideraba particularmente orgulloso, y si bien era cierto que la música despertaba en él cierto sentido del ego, este venía más de ser lo único a lo que siempre había dedicado esfuerzo; lo único que no había conseguido dominar únicamente con su don natural. Era una suerte de orgullo cálido, como de autorreconocimiento, una forma de recordarse que no era solo un inútil con suerte en un puesto demasiado grande para él. Algunas cosas, tampoco muchas, se las merecía. Su fama como músico seguramente la que más.

Concedió con una sonrisa cuando ella aclaró que no era un amor, precisamente, y alzó el vaso, brindando por ello. La gente que era demasiado buena solía acabar apuñalada por la espalda o, peor, apuñalando por la espalda. Prefería mil veces una chica brusca que le hiciese tartamudear por un momento que no a la dulce dama que le dijese "sí, sí, sí" hasta que todo tornase un "no, no, no". Porque, por otro lado, Al también estaba bastante harto de aduladores que solo llegaban para decirle lo bueno. Sin saber lo malo nunca se podía mejorar del todo. Que, aunque tenía poco margen de mejora, aún tenía.

Lo que le dejó un poco más perturbado fue la respuesta a su precio. ¿Barata? ¿Un regalo? Concluido con un chiste Al quiso creer que se trataba de una broma inocente, pero había algo en la serenidad de su rostro que al mismo tiempo gritaba "sálvame", como si quisiera romper la gélida barrera de esos ojos claros para llorar por primera vez en una vida y poder empezar a sonreír.

- Está claro que nadie ha sabido darte el valor que tienes. -Sabía su nombre, lo había escuchado de uno de los músicos instantes atrás, pero contuvo en sus labios las tres letras-. Seguramente, hasta yo esté pensando en una cifra demasiado baja, porque intuyo que puedes hacer una música mucho mejor de lo que has demostrado.

Tal vez él había encontrado la horma de su zapato, pero tampoco iba a quedarse atrás. Era una chica guapa, talentosa y con expresión glacial; probablemente fuese, en algún momento de su vida, un regalo para alguien. Una moza casadera, esperaba, aunque en los mares del Norte y del Este había prostíbulos que sabía, por testimonio de compañeros, que eran otro nivel en todos los sentidos. Al lo dudaba mucho. Nadie daba lo mejor de sí por trabajo, solo por pasión. Y solo una pasión podía avivar suficiente el sexo hasta ser perfecto.

- Pues he ganado -dijo, finalmente, mirando al suelo con cierto dramatismo-. No esperaba que fuese a ser tan fácil, aunque lo del apodo no me lo esperaba. ¿De verdad te llaman así? Porque la verdad, pareces más un ángel.

Tal vez se le ablandara un poco el corazón con ella. Quería conocer su historia, y si la primera noche salía bien, tal vez ser parte de su futuro. Aunque pasar la noche con ella parecía mucho más fácil que alcanzar su corazón. Justo el reto que necesitaba. Tal vez justo lo que él necesitaba: Alguien a quien querer. Aunque era demasiado pronto para hablar de amor, Al supo que el primer pinchazo había dolido porque era una flecha directa a su corazón.


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Mensaje por Kia Sekai Vie 4 Sep 2020 - 19:55

-Eso lo se, me han hablado de tu fama como músico, es la razón de que me contrataran.- El dueño se había puesto nervioso e intranquilo había acudido a ti esperando que tu belleza y tu talento natural calmaran el ansia corta cabezas del dios de la música. Ahora que lo mirabas de cerca tal vez entendías la razón del sobrenombre, pero definitivamente no quieres pensar demasiado en ello.- Su cumplido no es el problema, el ponerme por encima de los demás cuando están delante, es otra cosa.- Le miras de reojo, mientras mueves el vaso entre los dedos, con calma.

El tema del precio te hace crispar un momento el gesto, te han pagado barbaridades por cantar, y has perdido la misma cantidad por culpa de ello. Se convirtió en una obsesión para otra persona y se aseguró de que cada pequeña parte te destrozara.- Hace años que sé que no tengo valor algún, pero mi música aún no pierde el significado.- Aunque esa canción, esa letra, hace años que ha dejado de tener sentido alguno para ti, lo sabes de sobra y no es algo de lo que te arrepientas. Nuestro marine no lo sabe, pero cuando tu vida está en juego, la pasión se vuelve un mecanismo que activas a tu gusto. Casi como todas y cada una de las emociones que se escapan de esos ojos de hielo.

-¿Has ganado? ¿De verdad?...Si tu lo dices.
- Encoges suavemente los hombros, dejando la respuesta en el aire sin que te importe demasiado. El tema de tu nombre es algo que no sabes si quieres tocar, sabes que Sekai si era el apellido que compartía toda tu familia pero el tema de tu nombre es algo totalmente distinto. -Todos los demonios fueron ángeles alguna vez.- Te levantas de la silla con calma, miras al camarero que está de los nervios, sabes de sobra que están por cerrar y tú aún tienes que tomar tus cosas.- Si me disculpa, el restaurante va a cerrar y yo debería ir a por mis cosas.- Pasas por su lado con calma, tras haber dejado aquella flor encima de la mesa.-Si quiere esperarme fuera.- Encoges los hombros, te da igual lo que el hombre decida hacer y sabes de sobra que no puedes librarte.

Por eso te limitas a entrar al vestuario, quitarte el vestido arreglado y toda la parafernalia y cambiarla por algo más sencillo, algo que si eres tú. Cuando cantas con esos trajes, no dejas de sentirte en el pasado, una sensación desagradable y extraña que parece volverse melancólica por un instante. Por eso te pones tu ropa habitual, esa falda demasiado corta, esa camisa demasiado escotada. Te sueltas el pelo sin preocuparte demasiado y simplemente dejas cruzadas las katanas a tu espalda. Es una visión que no tiene nada que ver con la que aquel hombre ha visto.

-Mucho mejor…¿Quieres pasear o algo?
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Mensaje por Señor Nat Miér 23 Sep 2020 - 13:49

- No te confundas -dijo, negando con el dedo-. Si te han contratado para agradarme a mí no soy yo quien te ha puesto por encima de ellos.

Obvió decir que antes de su aparición estaban arruinando con arreglos torpes uno de los temas a los que tenía más aprecio. Lo había compuesto durante su estancia en Dark Dome, y siempre le recordaba esos buenos tiempos en el apartamento de Linde, levantándose para tocar y volviendo cada noche acompañado de músicos que, si bien tal vez no eran tan talentosos como él, ponían la misma dedicación y empeño. Muchas veces los echaba aún en falta, pero había elegido el deber finalmente, y que una de las piezas magnas de la filharmónica sufriese tanto... Le molestaba. Le molestaba mucho.

Sin embargo, que Kia viese con tan malos ojos un halago -por desconsiderado que este fuese con músicos incapaces- no parecía deberse tanto a rebajar el valor de otros, sino a que ella era dotada de uno. Que no tenía ningún valor, decía. Si una mujer bella, mordaz y con talento podía decir eso tan convencida, había algo muy oscuro detrás de ella. No era la clase de expresión que nadie usaría sobre sí misma, ni tampoco un acto de modestia... Simplemente, por algún motivo, se sentía inferior. Resultaba extraordinariamente trágico, más cuando podía ver en ese hielo que lo acuchillaba con la mirada un algo que la hacía, sin lugar a dudas, superior.

- Tasas de pena, la verdad.

A veces, uno no era consciente de su valía. No podía ver su propio talento, se juzgaba más duro que cualquier crítico, se decía cosas que no perdonaría a otros decirle a la cara, cosas que además le dolerían si escuchase a su espalda. El caso de Kia parecía un poco distinto. Parecía que entendía más el insulto que el halago, como un perro de presa criado a golpes. Vivía en un paréntesis de existencia entre la nada, tal vez sintiéndose útil, pero no valiosa. Y aunque tal vez se equivocase de lado a lado, estaba convencido de que aquel carácter frío y condescendiente era producto de un trauma.

- Todos los demonios siguen siendo ángeles -respondió, apartándose de la barra. Si ya los echaban no quería molestar-. Simplemente rechazan algo que creen no merecer.

Dejó dos mil berries delante del camarero y abandonó el local, aún con la mente pensando en la mujer que, potencialmente, acababa de darle largas para poder librarse de él. Aunque entendió la circunstancia, le pareció un poco maleducado. Podría habérselo dicho directamente y no habría puesto pegas. Tal vez ojos de perrito abandonado, aunque estaba seguro de que con ella no funcionarían. Se sentó en un banco a esperar. Total, no tenía otra cosa que hacer hasta que el Diamante en bruto zarpase rumbo al Nuevo Mundo.

Y tardó poco. El vestido se había convertido en un conjunto de dos piezas, y los guantes dejaban al aire unas manos que evidenciaban lo que a su espalda se cargaba. Había algo más en ellas, aunque no sabía el qué, pero eran más recias de lo que habría esperado. Estaba más guapa bajo la luz de la luna, y parecía sentirse bastante más cómoda con tan poca tela y no con el recatado vestido que había presentado durante su actuación. En ambos casos era preciosa, y Al se levantó de inmediato cuando ella ofertó dar un paseo.

Vista allí, de pie, resultaba algo bajita, aunque era algo habitual en casi todas las mujeres que conocía. Lo que no era habitual, o no tanto, era tener esos ojos lupinos con mirada gélida que, sin embargo, lo absorbían por completo. No pudo negar, casi ni siquiera disimular, que ojeó su cuerpo con interés una vez liberado de tanta tela, pero desde luego lo más llamativo estaba en su rostro. Lo había estado todo el tiempo, y seguiría estando cuando le quitase toda la ropa.

- Ambas cosas -retó, ofreciéndole con un ademán ponerse en marcha-. Las damas primero.

Al siempre había estado convencido de que aquella frase era una estrategia de algún crápula para ver culos de cerca. También estaba seguro de que ella respondería que no se trataba de una dama, pero aun así insistiría antes de dejarla avanzar un par de pasos y ponerse luego a su altura. Sentía no poca curiosidad por ella, y por eso en aquella ocasión iba a dejarse guiar hasta donde ella lo llevase.


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Mensaje por Kia Sekai Dom 11 Oct 2020 - 14:05

-Tal vez saben que te pierde una cara bonita, es una posibilidad después de todo.- Alzas las cejas sin decir mucho más, sabes que es una de las muchas razones por las que la gente te contrata y simplemente sigues a lo tuyo.

Sabes de sobra que tasas de pena, de haberlo hecho bien quizás te hubieras dedicado a ello en lugar de bueno, matar a personas y esas cosas, aunque ahora mismo no es momento de pensar en nada de aquello. El tema de los demonios y los ángeles no era así, todos los demonios habían sido ángeles, pero ellos mismos renunciaron y destrozaron sus privilegios arrancándose las alas y ella había sonreído al hacerlo.

Tal vez los demonios no volaran, pero a tu parecer, hacían cosas mucho más divertidas.

Ladeas ligeramente el rostro mientras te mira, no dices nada en concreto pero notas su mirada perderse, no te gusta demasiado la manera en la que mira tus manos, así que simplemente las metes dentro de los bolsillos. Normalmente las llevas vendadas , al igual que las piernas, esta vez no has tenido demasiado tiempo ni te has molestado en ello.- Como no soy una dama, prefiero caminar a tu lado, gracias.- Le miras y una vez comienzas aquel paseo, no puedes evitar alzar la mirada suavemente a la luna.

Niegas de manera leve sin decir nada y prefieres alejar esa clase de pensamientos de tu cabeza, simplemente empiezas una conversación presa de la curiosidad.- Nunca pensé salir de paseo con un Almirante, siempre pensé que si me encontraba con uno sería escapando de él.- Por muchas cosas, realmente no es que tengas una vida demasiado limpia y aunque muchas cosas han sido en defensa propia, no es una excusa. Aunque deseas ver muertos a los piratas, a la Revolución y todo eso, no quita las maldades que has hecho, la mala fama que la gente acabará teniendo de ti.

Incluso aunque en un futuro te unas al gobierno, al final, no sabes cómo puede terminar todo aquello de verdad.- Al menos no quiere matarme... ¿No?- Le miras de reojo, sonríes levemente y sacas las manos de los bolsillos con calma. Te duelen un poco, pero es normal, hace un par de noches te pasaste cuatro días dándole puñetazos a un tronco y aunque te las cubrieras y vendaras, el tocar el piano era incomodo en aquellos casos. Empiezas a frotarlas con tranquilidad, mientras el paseo os lleva por el puerto.

Adoras el mar, tus ojos se pierden en aquellas olas y no puedes evitar acercarte. Es quizás la única cosa que te calma, lo único que te hace darte cuenta de lo pequeña que eres y de lo insignificante que son tus problemas. En aquella parte del paseo es fácil tocar el agua si te agachas un poco, lo haces, disfrutando de la suave sensación entre tus dedos.

¿Quién te diría que pronto deberías renunciar incluso a aquello?
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