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[Misión Épica-Paraíso] Un regalo del cielo.

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Mensaje por StaffOPD el Vie 21 Ago 2020 - 7:09

Contratante: Agente Markov.

Descripción de la misión: ésta es una información a la que muy pocos tienen acceso, pero aquellos con fuentes verdaderamente fiables saben que Nimbus Hubble ya no está interesado en Nueva Ohara… al menos no tanto como antes. El motivo es simple, aunque desconocido. Al parecer ha encontrado algo que sustituye a cualquier indagación que tuviese que hacer en el firmamento, revelándose como la verdadera fuente de conocimiento que tanto ha buscado.

Objetivo: averiguar en cuál de sus escondites de Jaya se encuentra el pequeño cofre en el que guarda el misterioso objeto y robarlo sin importar los métodos.

Recompensa: conocimiento único y técnica épica a elaborar por quienes cumplan con la misión.
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Mensaje por Kusanagi el Vie 21 Ago 2020 - 7:59

La mano del agente mantenía el firme agarre sobre el cuello de la camisa de aquel pirata, evitando que cayera al suelo mientras su ojo esmeralda se mantenía clavado en aquella alimaña. Parecía completamente exhausto, sin el más mínimo ápice de voluntad por seguir combatiendo y, de hecho, al borde del desmayo. Tampoco le había dado tan fuerte, ¿o sí? Bueno, quizá se hubiera emocionado un poco, pero es que llevaban sin algo de acción desde que partieron de Nueva Ohara y no había sabido medir la intensidad del momento. Suspiró pesadamente, soltando su agarre y dejando que el hombre se desplomase sobre el suelo.

Hizo girar a Yūjō en su mano, envainándola con cierta precisión casi sin prestar atención a lo que estaba haciendo. Buscó con la mirada a Diana —Abigail— y se encogió de hombros.

—Pues parece que aquí tampoco vamos a encontrar nada —sentenció, echando un rápido vistazo por la sala.

Allá donde mirasen había subordinados de Nimbus esparcidos, ya fuera sobre muebles rotos, el suelo e incluso alguna ventana. Estaba bastante seguro de que la beata se estaría sintiendo mucho más a gusto a esas alturas de la misión, sin tener que andarse con tantas sutilezas. Eso sí: seguían yendo de incógnito para no llamar en exceso la atención de camino a las distintas localizaciones que Isaac y Michael les habían facilitado. Porque sí, el condenado criminal contaba con varios refugios a lo largo y ancho de toda Jaya y, incluso sin estar él presente, parecía que se los encontrarían bastante bien protegidos. Bueno, más o menos; no es que aquellos bucaneros fueran la fuerza de élite del bajo mundo precisamente. No obstante, habían sacado en claro que, fuera lo que fuese aquello con lo que había dado el jefe, no se encontraba allí.

Se paseó una última vez por el lugar, asegurándose de que no hubieran pasado por alto alguna suerte de falso fondo o un discreto recoveco, sin mucho éxito.

—Lo bueno es que parece que los chicos no nos han metido. —Trataba de buscar el lado positivo, como siempre, así que acompañó sus palabras con una leve sonrisa. Acababan de empezar, así que habrían tenido mucha potra de haber dado con Nimbus en el primer intento—. Por lo que sabemos, quedan al menos otros tres sitios donde podría estar escondiéndose ese malandrín y está claro que, si es tan valioso para él lo que sea que tiene, lo tendrá consigo.

Se rascó la nuca. A simple vista podía parecer que su proceder sería bastante sencillo: visitar uno por uno los distintos escondites del cabecilla hasta dar con él y su tan preciado tesoro. Sin embargo, no podían dedicarse a arrasar con todo lo que se cruzase en su camino o terminarían por llamar la atención de aquella gente. Si se daban cuenta de que alguien había averiguado la localización de los refugios rodarían cabezas pero, más allá de eso, cundiría el pánico, Nimbus se asustaría y, muy probablemente, saldrían de Jaya como almas que lleva el diablo. Si eso ocurría, volverían a perderle la pista y podrían pasar meses —si no años— hasta que volvieran a dar con un rastro fiable que les llevara hasta él... y seguro que le tocaría investigar a él, con un compañero mucho menos agradable o eficiente.

—Quizá haya que calcular mejor el siguiente disparo —sugirió, clavando su mirada en el pirata al que había dejado caer—. Aún quedan tres, pero nuestro amigo podría echarnos una mano, ¿no?

Se acercó nuevamente hasta aquella sabandija, agarrándole por la camiseta y arrastrándolo hasta una de las paredes, dejando que se sentara apoyando la espalda contra esta. Era el único que permanecía consciente después de la pequeña fiesta que se habían montado junto con la cazadora y él, así que tan solo de él podrían sacar algo en claro.

—Oye, ¿por qué no nos dices dónde está tu jefe? —sugirió, acuclillándose frente a él mientras apoyaba el final de la vaina sobre el suelo, frente a él—. Tus compis parecen demasiado agotados como para enterarse de lo que nos puedas decir... y te ahorrarás la furia de Diana. Ya has visto cómo se las gasta.

Ladeó el rostro, sonriéndole con complicidad a la cazadora.


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Vie 21 Ago 2020 - 20:35

No habían llegado a abandonar Jaya. El Cipher Pol no tardó mucho en conseguir información nueva, no sabía de dónde pero su objetivo ahora no era el propio Nimbus como tal, sino su último "descubrimiento", algo escondido en un pequeño cofre que, a su vez, estaba oculto en uno de los múltiples escondites de Nimbus en Jaya. En esta ocasión no se le había especificado que tuviera que ser sigilosa, pero mantuvo la identidad de "Diana" porque... bueno, los piratas locales se pondrían bastante nerviosos si se dejaba ver con su aspecto habitual de cazarrecompensas.

Llevaba las mismas vestimentas de la otra vez, pero esta vez  llevaba encima su siempre fiel rifle de diales Assiah, era el arma que menos llamaba la atención y la menos conocida de su repertorio, estando su arco guardado en su espalda. El revólver era más pequeño, sí, pero lo había usado en casi todas sus cazas y sus efectos delatarían su identidad casi al momento.

Si tuviera que recurrir a su armamento de emergencia... bueno, sus habitantes podrían usarlo. Mientras entregara a la justicia a todo aquel que viera su poder no tendría que preocuparse de nada.

Además, tenía un as bajo la manga que ni su compañero de trabajo conocía.

No lo harán, si saben lo que les conviene —dijo, metiendo un nuevo cargador de balas en Assiah. Estaba haciéndolo funcionar sin diales, y aunque eso era echar por la borda la mitad de su potencial facilitaba el que nadie pudiera terminar de identificarla.
Evidentemente no estaba contenta con el uso de la violencia, pero no le quedaba otra opción. Ahora, por lo menos, tenía cierta libertad para utilizar armamento con el que estaba mucho más cómoda y al que estaba más acostumbrada.

No nos hagas hacerte daño, hijo, no es mi hobby favorito —diría al pirata que Kus tenía acorralado contra la pared. Éste la miró, tragó saliva por lo que acababa de decir el agente y se quedó unos segundos en silencio. Parecía que iba a hablar, pero su entereza era mayor de la que esperaba, más tratándose de un criminal que probablemente vendería a sus seres queridos por cuatro duros.

—No sé qué creéis que soy, pero no soy un chivato.

Acto seguido trató de forcejear de nuevo con el agente, en un fútil intento de sobrevivir y poder contarle a su jefe lo que estaba ocurriendo en Jaya. Tenía claro que no iban a sacar nada del criminal, y probablemente no sacarían nada de ninguno; fuera quien fuera el tal Hubble, debía tener algo gordo para que casi nadie pensara en la posibilidad de venderlo para librarse del destino que les tendría preparado el Gobierno.

No va a servir de nada preguntar a esta gente, quizá ni sepan exactamente dónde está —dijo. Acto seguido se llevó la mano al bolsillo y echó mano de un papel que tenía dibujada una versión un poco burda de la ciudad. Era una de las razones por las cuales se había paseado por la ciudad durante el tiempo que llevaban allí, sus dotes de navegante eran útiles incluso en tierra firme. No había ninguna casa marcada, pero las indicaciones que había recibido sobre el aspecto externos de los escondites eran suficientes como para poder localizarlos en cualquier mapa, por burdo que fuera.

Tenemos que darnos prisa, en cualquier momento se darán cuenta de que está pasando algo. Inmovilízalo o haz con él lo que quieras y vámonos.

Dicho aquello, dejó al agente libertad para hacer lo que quisiera. Se asomó fuera para asegurarse de que no había nadie cerca observando, guardó adecuadamente sus armas y salió tranquilamente. Este primer refugio parecía más un piso franco que otra cosa, era demasiado... "vulnerable". Si ella fuera Hubble, utilizaría algún método para esconderse que fuera algo más sofisticado.

En busca del primero de los tres refugios que faltaban por registrar. Este estaba a un pequeño paseo de distancia. Esperaría a que saliera el agente y luego irían a registrarlo. A Nimbus le quedaba poco tiempo de libertad, siempre y cuando no la cagaran.
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Mensaje por Kusanagi el Lun 24 Ago 2020 - 18:56

Suspiró en cuanto vio que el pirata intentaba escapar, viéndose obligado a agarrarle del hombro y a emplear el tekkai para que le fuera completamente imposible moverse. Era jugar con ventaja, claro, pero sería un método más eficaz y menos desagradable que golpearlo para que volviera a comportarse bien. Apenas tuvo que mantenerse en aquella posición unos pocos segundos hasta que su nuevo amigo decidió desistir. Como bien decía la beata, lo único claro era que no iban a sacar nada de aquella gente. Dudaba que su lealtad se moviera por la admiración, así que ese Nimbus debía contar con recursos más que suficientes como para que toda su organización le tuviera miedo. Eso no jugaba a su favor.

—Eso mismo estaba pensando —coincidió, mirándola de reojo antes de soltar al criminal y mover su brazo con rapidez.

La verdad es que lo que acababa de soltarle no era una caricia precisamente, pero al menos se quedaría tranquilo durante unas horas y podría amordazarle sin demasiadas complicaciones. Buscó rápidamente algo con lo que atarlo de pies y manos, dando tras unos pocos segundos con una corta soga que serviría a la perfección. Lamentablemente no tendrían tiempo de ocuparse de todos los presentes, aunque por su estado habría asegurado que ninguno de ellos tendría ganas de ponerse en pie durante un buen rato.

Una vez concluida su pequeña labor, se aproximó hasta Abigail tras esperar prudencialmente a que le confirmase que no había moros en la costa. Después de todo, por mucho que hubieran pasado a la acción de una forma mucho menos discreta que en las últimas semanas, estaba claro que no podían estropear completamente su fachada. Después de todo, seguían encontrándose en una de las islas más conflictivas del Paraíso, donde la mayor parte de la población estaba relacionada con piratas o formaban parte de estos. Por suerte para ambos, las calles parecían despejadas a aquella hora y pudieron salir de allí con toda la calma del mundo, como si nada hubiera pasado en el interior de aquel edificio. Jugaban un poco a contrarreloj, pero nada a lo que no estuvieran acostumbrados ya en cierto modo.

—Me aventuraré a decir —comenzó a hablar, buscando relajar un poco la tensión del momento— que la señal más clara que tenemos es toparnos con algún matón duro de roer. Si tan importante es lo que sea que ha encontrado, dudo mucho que lo haya dejado en manos de incompetentes. Al menos, yo no me arriesgaría a que toda esta búsqueda estuviera en manos de esos tíos —refiriéndose a los que custodiaban el refugio.

Era un comentario positivo y negativo a la vez, y es que si bien les serviría para asumir que iban en la dirección correcta, también les obligaría a exprimir sus capacidades más a fondo. Si les tocaba ponerse serios con guardianes más eficaces... bueno, probablemente tuvieran que pedir una evacuación de Jaya al verse obligados a echar por los suelos su tapadera. Por lo menos contaba con Abigail, que era prácticamente un seguro como compañera de misión.

—Deberíamos estar ya cerca, ¿no?

Apenas les había llevado cerca de quince minutos llegar hasta la ubicación que la cazadora había marcado en el mapa, y es que parecía que aquellos escondites debían estar relacionados de alguna manera. Probablemente tuvieran algún pasadizo que los conectase o estuvieran comunicados vía den–den —cosa que deseaba poder descartar, ya que en un descuido por su parte podrían haber dado el aviso—. Fuera como fuese, deberían tratar de limpiarlo de forma rápida y eficaz, como ya habían hecho con el anterior.

El edificio en cuestión era relativamente más seguro que su predecesor, y es que al menos contaba con un par de plantas, contraventanas de madera protegiendo los diferentes huecos y algún que otro grupo —fácilmente reconocibles— protegiendo el lugar. A lo largo de su estancia en Jaya se habían dado cuenta de algo, y es que parecía que Nimbus tan solo operaba con miembros de bandas muy concretas. Por suerte, los piratas tendían a enorgullecerse de su familia criminal, acostumbrando a llevar tatuajes, colgantes o insignias que los relacionaban con sus respectivos capitanes. Por lo que podía verse desde una distancia prudencial, al menos siete de estos agradables sujetos patrullaban cerca.

Acercó la mano a la empuñadura de su katana, acariciando su pomo.

—¿Haces los honores en esta o prefieres algo más sutil? —La miró de reojo—. Te dejo elegir.


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Miér 26 Ago 2020 - 20:09

Tenía razón en eso. Cuanto más fuertes fueran los guardianes de los refugios más probabilidades tendrían de dar en el blanco. Cabía la posibilidad de que fueran señuelos, pero si la información del Cipher Pol era cierta... no pensaba que Nimbus pudiera permitirse el más mínimo fallo.

También habría que pensar en la posibilidad de que vea venir un asalto —ya había fracasado dos veces en sus intentos de asaltar Nueva Ohara, cualquiera en su lugar habría imaginado que el Gobierno lo terminaría encontrando tarde o temprano. Sin embargo, la beata no sabía qué podría hacer si ya "sabía" que iban a por él, así que terminó dibujando una copia del mapa, refugios marcados incluidos, en su propia fortaleza y dejó a Amara con el mapa, era bastante más avispada que ella, igual se le ocurría algo.

Por cierto, si nos vemos acorralados deja que centre su atención. Tú asegúrate de ir a por el objetivo, revelar mi identidad es menos arriesgado que revelar la tuya —dijo. Después de todo el agente era él, y también era el más indicado para una misión de recuperación que la cazadora, podía moverse rápido, sin ser visto ni oído. Ante un guardia que tuviera la capacidad para retenerlos, lo mejor sería dejarle el combate a ella para asegurarse de que Nimbus no huía o, por lo menos, para asegurarse de que no se llevaba lo que habían venido a buscar.

Quedan un par de callejones —respondió.

Con la tontería, habían pegado un pateo curioso que había durado un cuarto de hora. Supo que estaba en el lugar indicado cuando vio que se juntaban bastantes miembros de una de las bandas que reconocía por los carteles de sus líderes, su fama previa y que, bueno, la cazadora tendía a investigar a una cantidad absurda de piratas para deliberar a cuál debía cazar y a cuál no. Aquel grupo entraba en el "sí".

Son los Piratas de Devaney —murmuró, alejándose un poco y metiéndose en uno de los callejones. Le hizo señas a su compañero para que fuera con ella —. Su capitán es Tom "Buitre"  Devaney, lleva unas semanas en mi lista y por lo que he podido investigar ha asaltado varias ciudades costeras a lo largo de la Ruta del Rey salvo Water Seven, nunca super adivinar el por qué esa fijación... supongo que fue para conseguir canales seguros para el Bajo Mundo, de lo contrario no sé por qué cedería sus hombres a Nimbus —explicó brevemente lo que sabía de la tripulación que defendía el siguiente refugio de Nimbus Hubble. Ya que estaba allí aprovecharía para conseguir algo de información sobre el capitán y la banda principal.
Sí, son ellos, algunos llevan tatuado lo que creo que es un buitre con un trébol —comentó, mirando de reojo. Si su información era correcta —y habitualmente lo era, se trataba de una cazadora bastante minuciosa en sus investigaciones— se trataba de una gente que no aceptaría la rendición —No van a rendirse... voy a entrar primero, asegúrate de ocultar el ruido, por favor —pidió.

Desde el mismo callejón podía ver el edificio, pero habían demasiados... tenía que distraerlos.

Ponéos en posición. Uno de vosotros que dispare el Revólver de los Seis Caminos con la bala gaseosa, necesito una distracción —dijo la copia de la monja, que ya se había manifestado en el interior de su propia dimensión. Se repartieron todos por todas partes, cada uno con un arma y esta vez sin usar diales, usarían pistolas, rifles, arcos y flechas, nada más por ahora, no debían gastar las cargas de los diales.

Sé que vuestra forma de trabajar es muy discreta y sigilosa, pero se me da bastante mal —intentó sonreir pero no pudo, ojalá pudiera trabajar sin la necesidad de usar la violencia, ojalá.

Extendió su mano y abrió una ventana allí, haciendo de paso que su Territorio activo fuera el mínimo imprescindible, un metro. Desde allí uno de sus habitantes disparó el famoso revólver, pero no lo dispararía al lugar más visible, no. Disparó hacia uno de los rincones donde estaban patrullando dos de los siete piratas. Así, y si Kusanagi neutralizaba el sonido de la detonación inicial, el gas se expandiría y los piratas empezarían a insultarse entre sí, llamando la atención del resto. Algunos de ellos se alarmaron por el gas, pero no tardaron mucho en verse envueltos en una pelea entre ellos mismos detonada por los insultos que se dedicaban.

Ahora —la morena de mentira corrió hasta el edificio, lo bordeó y saltó por una de las ventanas, rompiéndola con su propio cuerpo e irrumpiendo en el interior al tiempo que los dos que no estaban pegándose entraron para avisar al resto, que debían ser otros trece piratas para un total de veinte.

Una vez más, su Territorio de la Shiro Shiro no Mi se desplegó. El habitante del revólver volvió a disparar, pero esta vez disparó una bala de polímero contra la puerta de salida para asegurarse de que no salía nadie. Abigail sacó su rifle Assiah y se preparó para lo que venía.

La sutileza no era lo suyo, no. Intentaba mantener su identidad bajo control, pero no tenían tiempo para florituras.
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Mensaje por Kusanagi el Sáb 29 Ago 2020 - 19:22

—Descuida —le dijo—, yo me ocupo.

Es muy probable que, de haber sido el primer encargo junto a la beata, no se hubiera planteado aquello ni de broma. Después de todo, la cazadora no dejaba de ser una civil y, por bien que hiciera su trabajo, debía asegurarse de que saliera sana y salva de aquel operativo. Sin embargo, tras tres misiones juntos, le había quedado claro que la rubia contaba con recursos más que de sobra para salir adelante —o para acercar su propia muerte, según el momento—. No sabía cómo sería en su caso, pero él había desarrollado una confianza plena en su compañera, así que no pondría pegas.

—Menudo coco tienes. ¿Te sabes los nombres de todos los capitanes del Grand Line o qué? —le dijo, con tono jocoso, tratando de relajar un poco los ánimos—. Sea cual sea el motivo, está claro que tienen que tener algún trato con Nimbus, y con la importancia que parece tener este hombre en el bajo mundo... bueno, no sería de extrañar que peleen con uñas y dientes para conservar la paga. Al menos, eso es lo que nos dejaron ver en el último refugio.

Observó a todos los presentes, cerciorándose de identificar sus presencias. Había demasiados como para realizar un ataque frontal y esperar que nadie reparase en lo que iba a suceder allí. Ni siquiera sus habilidades serían capaces de ocultar la fiesta que se montaría, así que lo mejor sería trazar un plan que, por lo menos, neutralizase a parte de ellos. Por suerte o por desgracia, le había dicho a Abigail que tenía total libertad para elegir cómo debían resolver aquel asalto, algo que atrajo resultados mucho más agradables para la mente del agente de lo que esperaba.

—No te cortes —le aseguró, dedicándole una sonrisa cómplice—. Me aseguraré de que no hagamos el menor de los ruidos.

Pudo ver cómo una puerta se abría en su mano al tiempo que el área que proyectaban los poderes de la shiro–shiro se desplegaba. Se apresuró en concentrarse, influyendo en cualquier sonido que pudiera entrar dentro de su alcance y, en especial, en aquellos que iba a producir la beata. El resultado fue que el disparo quedó silenciado, aunque no los insultos que empezaron a proferir los piratas una vez el gas empezó a hacer su efecto. Ya había visto el uso de aquella herramienta en Nueva Ohara, cuando se enfrentaron al Gyojin y al brazos–largos que habían ido a secuestrar al pobre Centauri. Quizá debiera sugerirle a sus superiores que empezaran a hacer uso de ese tipo de artilugios; por cómicos que fueran, su utilidad era más que evidente.

Kusanagi llevó la mano a su katana, siguiendo a su rubia favorita disfrazada de morena hacia el interior del edificio. Acababan de irrumpir en una de las bases de Nimbus como si nada, aunque la entrada quedó sellada tras un nuevo disparo de su compañera. Pudo contar, sin tener en mente a los piratas que se encontraban peleándose entre ellos fuera, a un total de hasta diez bucaneros de la peor calaña. No parecían especialmente fuertes o, al menos, no más que los del escondite anterior, pero la diferencia de números estaba ahí y no eran piratas de los mares cardinales precisamente. No tardaron en apuntarles con sus diversas armas, lanzándose a la carga hasta tres de ellos.

—Supongo que es tarde para pediros que os rindáis, ¿no?

Desenvainó a Yūjō, desviando en el mismo movimiento un tajo que estuvo a nada de alcanzar su cuello, aparentemente. A continuación ladeó el cuerpo, asegurándose de que la estocada que el segundo de sus agresores le había lanzado pasara entre su brazo y costado, apretándola entonces en un agarre y activando su tekkai mientras giraba por pura inercia, partiendo la hoja en dos. La maza del tercero rebotó contra su cráneo gracias a la tenacidad que le había conferido el rokushiki, tras lo que el agente deshizo sus efectos y lanzó tres rápidos tajos que derribaron al grupito. Ninguno recibió heridas letales, pero sí unas que no tenían buena pinta.

Cargó a continuación, suponiendo que Abigail le prestaría fuego de cobertura. Cuanto antes de deshicieran de aquellos maleantes, antes podrían ponerse a buscar.


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Dom 30 Ago 2020 - 9:38

No tenía tiempo de contestar, los piratas se apresuraron a cargar contra ellos en cuanto los vieron aparecer. Kusanagi —al que veía por primera vez con una espada en la mano— decidió ocuparse de los tres que cargaban hacia él. No preguntaría porque estaba casi segura de que era algún secreto gubernamental, pero sentía curiosidad por las aptitudes físicas sobrehumanas que demostraba. Ya había visto ese estilo antes, el mismo día que se registró como cazadora, pero no entendió nada. Durante la carrera lo volvió a ver hasta en dos ocasiones, en los agentes que interceptaron a Bernard y en Tangerine, que la interceptó a ella.

Dejó eso a un lado y se centró en darle fuego de cobertura. Para eso estaban sus habitantes, pues ella tenía otros problemas que resolver, como tres de los piratas que también decidieron cargar contra ella.

No os preocupéis por mí, dadle cobertura —dijo, indicando a sus habitantes que no quería protección para ella. Tampoco es que Kusanagi necesitara protección, pero no podían estar seguros de que ninguno de ellos pudiera utilizar haki y prefería prevenir a curar.

Cuando tuvo a los tres encima la beata activó su Mantra. Gracias a su particular afinidad con este tipo de haki su capacidad para predecir era mayor a la de la gente normal. Pudo "ver" dónde y cuándo recibía los golpes con antelación suficiente como para preparar su cuerpo. Dado que moverse alteraría la puntería de los que estaban en su interior, la única opción aceptable para mantener el fuego de cobertura era no moverse del sitio.

El primer golpe fue un puñetazo que iba dirigido a su sien pero que detuvo con la frente, haciendo uso de la absurda resistencia natural de su cuerpo para reducir los daños recibidos. Al segundo, que trató de cortarla con un sable a la altura del torso, lo golpearía en la garganta con la culata del rifle, echándolo para atrás un par de metros. Para el tercero aprovechó el movimiento del rifle para volver a sujetarlo y le disparó en un pie, así, cuando el pirata acabó agachándose por puro reflejo, Abi pudo dejarlo inconsciente golpeándolo de nuevo con la culata en la cabeza.

Mientras Abigail se ocupaba de los suyos, sus habitantes prestaban fuego de cobertura al agente, que no dudó a la hora de volver a cargar.

Para mantener la norma de no matar sus habitantes solo utilizaron armas de fuego normales y, dentro de sus posibilidades, apuntaban a zonas no vitales. Así, la salva de balas que cayó sobre los piratas que no estaban frente a Kusanagi, impidiendo que se viera rodeado. El resto no tardaron mucho en caer, incluídos los de la entrada, que les atacarían una vez consiguieran volver a entrar en el edificio.

Cuando la escaramuza finalizó volvió a concentrar su Mantra para leer las emociones de alguno de ellos y... alguno que otro ya debía saber quién se escondía detrás de la peluca morena, porque su valentía de antes se había transformado en miedo.

Hazme un favor y adelántate con la búsqueda, voy a aprovechar para conseguir algo de información. Cuando acabemos aquí iré a por Devaney.

Los siguientes cinco minutos los pasó interrogando al único pirata que había quedado consciente y aunque consiguió sacarle la localización de Devaney terminó por llevárselo dentro de la fortaleza para seguir el procedimiento habitual. Lo utilizaría de cebo para atraer a Devaney cuando lo encontrara. Ahora, tras ese pequeño paréntesis, era momento de continuar la búsqueda.

También está vacío, ¿verdad? —preguntó.

La única habitante que no participaba en las reyertas, Amara, continuaba trabajando en el mapa, tratando de encontrar alguna señal que les dijera cuál era el verdadero refugio de Nimbus.
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Mensaje por Kusanagi el Lun 31 Ago 2020 - 22:03

Envainó a Yūjō en el preciso instante en que el último de los piratas caía al suelo, provocando que el sonido de un golpe seco lo inundara todo. Bueno, en realidad no fue así, y es que el agente se había encargado de reducir la intensidad sonora en la estancia durante su corto baile. Podría haber silenciado cualquier sonido, pero aquello habría entorpecido no solo a los criminales, sino a ellos mismos. Después de todo, su sentido del equilibrio podría fallar y, además, les convenía poder escuchar para saber de dónde venían los enemigos, todo por la inferioridad numérica en la que se encontraban. Fuera como fuese, la incursión había salido bien y podían considerar que ese refugio estaba limpio.

Bajó la mirada y comenzó a palparse el cuerpo, en especial la zona del costado donde había tenido contacto con aquella espada. Sabía bien que, a causa de la adrenalina, muchas personas no se percataban de estar heridos hasta que el subidón del momento se desvanecía. Por suerte para él, parecía que tan solo se le había rajado parte de la oscura chaqueta.

—Podría haber sido peor —supuso, lamentándose un poco porque su imagen fuera a ser algo menos pulcra. Vale, era la ropa de su alter–ego, pero no dejaba de ser cara.

Cuando la cazadora le habló, el pelirrojo ladeó el rostro para buscarla con la mirada. Se estaba acercando a uno de aquellos granujas y, al parecer, iban a tener una no muy agradable charla. Por un lado lo entendía: aquellas misiones no formaban parte de su trabajo habitual y, tarde o temprano, tendría que volver a la caza de piratas y convictos. Seguía sin estar de acuerdo con que se pudiera negociar con las vidas humanas, incluso si se trataba de las de aquellos maleantes, pero podía comprender las circunstancias de la beata y que, a fin de cuentas, no era ni de lejos lo peor que había en su gremio. Así que, con esto en mente, se limitó a asentir tras su petición, retomando la búsqueda del dichoso tesoro de Nimbus. Se ayudó de la función P.O.L.O. integrada en su ojo artificial, obteniendo un mapeado bastante preciso del edificio, por si hubiera algún compartimento secreto o salas ocultas. No parecía ser el caso.

No le llevó más de cinco minutos patearse ambas plantas, dando con la decepcionante sensación de no haber encontrado nada —otra vez—. Parecían estar dando palos de ciego, y es que ni siquiera había dado con algo que pudiera servirles de pista. De hecho, ni siquiera sabían de qué se trataba ni si estaría guardado en un cobre, en un frasco o cualquier otro tipo de recipiente. ¿Era sólido, acaso? Lo mismo se trataba de algún tipo de ungüento, por decir algo.

Regresó finalmente junto a la morena de pega, asintiendo ante su pregunta y encogiéndose de hombros.

—Nada de nada. Empiezo a pensar que esto está siendo una pérdida de tiempo —sentenció con algo de frustración—. Tal vez haya algo que se nos esté escapando, pero no se me ocurre nada.

Quizá estaban siguiendo el hilo equivocado, resultando evidente en esos momentos que, de tener algo tan importante entre manos como para enfrentarse directamente al Cipher Pol, no se arriesgarían a dejarlo en refugios que cualquier miembro de la organización podía llegar a conocer. Porque sí, el paradero de Nimbus iba cambiando según el día, pero los edificios no se movían... o eso esperaba. Pero no, no tendría ningún sentido que la base del criminal se fuera desplazando por la isla: alguien se habría dado cuenta en una isla tan pequeña como Jaya.

—Estoy abierto a cualquier sugerencia ahora mismo, la verdad —le dijo, plantándose a su lado—. De todos modos, está claro que, por ahora, nos toca seguir buscando. Quizá podamos averiguar algo en otro lugar. ¿Cuál es el siguiente más próximo?

Se imaginaba que Amara sería la que estaría con el mapa, así que lo dijo en voz alta —sin saber realmente si aquello suponía alguna diferencia— para que, tanto si era ella como si se estaba ocupando la monja, le escucharan. Al parecer, el siguiente punto se encontraba algo más alejado, a las afueras de la ciudad principal. Kusanagi hizo una mueca, denotando cansancio.

—Cuando acabemos con esto voy a cogerme vacaciones, en serio —se quejó—. Y te invitaré a algo por las molestias. No sé cómo será normalmente para ti, pero dudo que sea un muermo de este tamaño.

Tras decir esto se asomó por una de las ventanas, asegurándose de que no hubiera nadie fuera. Al parecer, por allí tan solo pasaban los hombres de Nimbus y sus afiliados, por lo que la zona se encontraba completamente despejada. Quizá fuera por miedo a meterse en líos o simple respeto territorial. En cualquier caso, era perfecto para ellos. Salió por la destrozada entrada —la cual habían logrado despejar el resto de piratas antes de entrar a ayudar a sus compañeros— y se dispuso a liderar la caminata hacia las afueras.


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Mar 1 Sep 2020 - 11:16

Podrían pensar que era mala suerte que se encontraran todos los refugios vacíos, pero tenía que ser otra cosa. Ya de por sí resultaba extraño que un criminal tan minucioso dejara sus refugios a la vista. Podría estar escondido, ¿pero dónde? el agente tampoco había detectado ninguna trampilla ni nada parecido que pudiera indicar un sótano secreto o algo de ese estilo.

Amara, ¿algún avance? —preguntó tras las palabras del agente.
—No quiero haceros demasiadas ilusiones, seguid como hasta ahora y ya te informaré si encuentro algo, Abi.
Habrá que seguir de momento —murmuró —. El siguiente está en las afueras, junto al bosque —comentó antes de empezar la caminata junto al agente.

Intento no pensar en si me aburre o no, pero se parece bastante a la fase de investigación —respondió al agente. Dada la naturaleza turbia de su trabajo consideraba que estaba fuera de lugar divertirse o aburrirse, era algo que hacía y ya está, se divertía en los ratos que tenía libres y poco más. Seguramente fuera por la vida de convento, pero la beata se contentaba con poquita cosa.

Sin más que hacer hasta que encontraran alguna nueva pista, el dúo de incógnito se movió hasta el siguiente refugio, situado en las afueras. Se encontraba algo apartado de la ciudad principal, de forma que pudieron llevar a cabo el registro de una forma un poco más "directa" que en el anterior. En esta ocasión el número de piratas era bastante inferior —se trataba de una cabaña de caza—, pero eran notablemente más fuertes. Eran lo bastante fuertes como para tener que sacar otra pieza más del arsenal que la identificaba como Abi: los diales que podía acoplar a su rifle. Se vio obligada a utilizar diales de rayo para mantener a su parte de los piratas bajo control, rindiéndose al sexto disparo eléctrico.

Hay un sótano, Shawn —indicó Abi una vez el refugio estuvo limpio de indeseables.

En una de las esquinas de la cabaña se podía ver una trampilla que, una vez abierta, dejó ver unas escaleras y un sótano bastante oscuro. Concentró su Mantra, sin poder detectar ninguna presencia ahí abajo. Estarían a salvo, pero sin ver ni torta estaría difícil. Sin saber si el agente tenía o no visión nocturna, Abi decidió utilizar una de las lámparas de aceite que había sobre la única mesa del edificio. Bajó al mencionado sótano, encendió la lámpara, y... parecía una bodega normal y corriente.

Conforme avanzaba veía barriles, así como grandes piezas de carne animal colgadas en ganchos.

¿Será su refugio de descanso? Parece que está curando carne y envejeciendo vino —dijo, examinando después las paredes por si hubiera algún tipo de mecanismo secreto que abriera un pasadizo o algo así —. ¿Encuentras tú algo? —preguntó, todavía inspeccionando detenidamente las paredes.

Mientras tanto, en el interior de la dimensión-fortaleza, una frustrada Amara se peleaba con el mapa y las copias de éstos. En la mesa se podían ver todas las copias, cada una con unos dibujos distintos que intentaban poner de manifiesto alguna clase de patrón que les permitiera localizar... algo. Tenía toda la pinta de que el siguiente refugio estaría vacío también, y a ese paso acabarían huyendo con lo que fuera que tuvieran que llevarse.

Se dio dos bofetadas para despejarse, puso todos los mapas sobre la mesa y los miró uno a uno.

—¿Qué tienen en común todos estos patrones? —se preguntó. ¿Se cruzaban las mismas líneas en el mismo punto? No, no era un enigma tan simple... ¿o sí? todavía no informaría a Abi, pero estaba pensando en una posibilidad en concreto.
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Mensaje por Kusanagi el Jue 3 Sep 2020 - 23:28

Dibujó una mueca en sus labios. Quizá no había sido la mejor manera de formular aquella pregunta, pero no podía volver hacia atrás. Por ello, se limitó a asentir ante la respuesta de la cazadora. La verdad, entendía que no se divirtiera; no cumplía con el perfil de su oficio, dándose cuenta el agente de que la beata no era una persona ambiciosa en exceso, tampoco cruel y ni siquiera rencorosa. Al menos, habría jurado que su mano no la guiaba una intensa necesidad de venganza, sino que realmente parecía querer desempeñar aquella tarea con el único propósito de limpiar los mares y, de paso, conseguir un sustento para ella y sus protegidos. Seguía pensando que alistarse en la Marina habría sido una opción mucho más apropiada —porque el Cipher Pol no, evidentemente—, pero no podía juzgarla: contaba con una libertad que la estricta jerarquía militar no le habría brindado. Además, una vez entras en la armada gubernamental, debes seguir las instrucciones de tus superiores al pie de la letra o, de desobedecer, ser sometido a un consejo de guerra. La agencia no era mucho mejor en ese sentido, menos aún durante los últimos años con los innumerables casos de traición y las cuantiosas deserciones.

Fuera como fuese, tras haber errado en el blanco nuevamente, se dirigieron al tercer refugio. Esta vez se hallaba en las afueras de la ciudad, internándose en los bosques. Por un momento, temió que la cabaña a la que se dirigían hubiera sido en realidad el mismo edificio donde se refugiaba Isaac. Sus dudas, sin embargo, se esfumaron al ver que el edificio era mucho más pequeño, aunque bastante más cuidado y ostentoso. Estaba bien escondido, y es que sin unas indicaciones no habrían dado con él en, por lo menos, una semana. ¿Sería allí donde Nimbus guardaba su preciado tesoro?

No tardaron demasiado en limpiar el lugar, esta vez con una ofensiva mucho más directa. Los oponentes habían visto mermado su número, pero su capacidad de combate era sensiblemente superior. ¡Hasta le obligaron a emplear sus habilidades sónicas en forma de ataques! Aquella gente estaba completamente incivilizada, y es que más de uno había ido a matar contra la pareja infiltrada. Por suerte, ninguno fue rival para Abigail o Kusanagi, logrando su rendición tras unos frenéticos minutos. Aquella vez no contaban solo con heridos, sino también con piratas que habían depuesto las armas. Habían sido más sensatos que sus compañeros, al menos.

El pelirrojo suspiró.

—Yo voy ahora. Alguien tiene que encargarse de asegurar a estos señores —le indicó, tomando del sitio cualquier cosa, ya fuera soga o tela, que le sirviera para amordazar a los criminales.

No le llevó demasiado, aunque uno de ellos trató de huir en el último momento y se vio obligado a noquearlo. Era una lástima, ya que, de no moverse, aquella violencia no habría sido necesaria.

Cuando bajó y su compañera le preguntó, se apresuró a activar el mapeado de su ojo cyborg para asegurarse de que no hubiera ningún rincón escondido o salas contiguas, pero el lugar era lo que era: una casa de caza, con algunas provisiones y que, probablemente, formaría parte del negocio de Nimbus. Finalmente negó con la cabeza, encogiéndose de hombros.

—No parece haber nada —concluyó—, y los de arriba no tienen ni idea de dónde está su jefe... o me han dejado claro que, de tenerla, no soltarán prenda. Podemos probar con el mismo truco de la otra vez pero, sinceramente, ni me agrada la idea ni creo que asustarles un poco vaya a servir de algo. Esta gente es... de otra pasta. Una de dos: o son leales a Nimbus o, por el contrario, Nimbus les tiene cogidos por los huevos a todos.

Se rascó la nuca, dándole vueltas al problema que se planteaba ante ellos. Llevaban tres de los cuatro refugios revisados, sin rastro del objetivo. De hecho, por más que se empeñasen en ser meticulosos y escarbar en cada rincón, ni siquiera obtenían información alguna sobre las demás localizaciones. Aquel hombre lo tenía todo tan medido que ni sus propios hombres sabían darles indicaciones. Cabía la posibilidad de que sus dos contactos les hubieran mentido, pero la verdad es que lo dudaban. Ambos tenían motivos más que de sobra como para delatar a su jefe y, más allá de eso, razones de más para confiar en ellos y apostar por una vida mejor, lejos de la violencia y la depravación del bajo mundo.

—¿Cómo van con el mapa? —le preguntó a la rubia, esperando porque Amara y los demás hubieran dado con algo a esas alturas—. No tengo problema en ir a buscar en el siguiente refugio, pero me da que va a ser una pérdida de tiempo tan grande como los otros tres. Quizá se nos haya pasado algo...


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Vie 4 Sep 2020 - 14:19

No creo que ninguno lo sepa. Es un hombre que ha atacado una instalación del gobierno a sabiendas de que sería defendida —dijo, apoyando la idea de Kus de que no iban a conseguir nada si seguían así. Llegados a ese punto estaba segura de que ambos iban a llegar a la misma conclusión tarde o temprano: todos los refugios eran señuelos. Dudaba mucho que sus contactos hubiesen mentido, probablemente ni siquiera ellos supieran dónde estaba realmente el lugar donde residía Nimbus.

Volvamos a la ciudad, quizá una pausa nos ayude —propuso mientras subía de vuelta a la cabaña. Sin fijarse en los piratas salió y echó a andar de nuevo hacia Mock Town, el único asentamiento habitado de toda Jaya.

Dice que lo más seguro es que haya algún patrón, pero aún no lo ha encontrado. Probablemente el siguiente esté vacío y su escondite real esté en algún otro lado —explicó. La muchacha encargada del mapa continuaría su labor mientras ellos dos descansaban un poco en uno de los locales de la ciudad.
Vamos a tomar algo, necesito pensar un poco —Wild Cherry, escogió ese bar un poco al azar y porque las mesas de las ventanas tenían vistas a una de las plazas.

Pidió algo de cola para beber y, si el agente no ponía pegas, se sentarían a descansar y a ver cómo podían continuar. Sin embargo, hubo un detalle en las vistas que tenía que le llamaba muchísimo la atención. Como navegante se había tomado su tiempo en aprender multitud de datos sobre muchas islas del Grand Line, llegando ya a conocerse al dedillo la mitad de las rutas que usaban los piratas. La ruta en la que estaban ahora, La ruta del Rey, era una de ellas.

Jaya era una isla que se dividió en dos hace siglos, siendo la otra mitad Skypiea, el proceso por el cual se quedó pegada a una isla del cielo ya existente era desconocido para ella, pero eso no importaba. Lo importante era que la isla se había dividido y, por tanto, el efecto del agua del mar sobre ella era mucho más intenso de lo normal, especialmente por tratarse de una isla de pequeño tamaño que apenas contenía Mock Town, un bosque y las ruinas de un faro.

¿Sabías, Shawn, que es totalmente inútil intentar excavar un poco tan cerca del mar? El agua salada se acaba filtrando, arruinando el pozo y las cosechas. Es la razón por la cual no cultivábamos en el convento, todo se echa a perder por la sal —dijo, sin apartar la mirada de la ventana. Estaba observando la plaza donde, en lugar de una fuente o una estatua, se encontraba un pozo un tanto grande, con una campana sobre éste. Seguramente la campana se utilizara en tiempos antiguos para anunciar toques de queda o evacuaciones si venían piratas.

Amara, ¿puedes usar nuestra posición actual? te la señalo —la copia de Abigail habló y marcó la posición en la que estaban en uno de los mapas —. ¿Alguno de los patrones cuadra?

Tras preguntar, la Abigail del mundo exterior sacó su propia copia del mapa y siguió las instrucciones de su habitante. Hasta el momento habían tratado de triangular la posición de "algo", pero quizá habían enfocado mal el asunto. Después de unos diez minutos probando más patrones —llegaron a unir los refugios en orden ascendente y descendente del número de guardianes— llegaron a uno que tenía bastante sentido y que, además, confirmaba las sospechas de la monja sobre lo extraño de que hubieran mantenido el pozo intacto.

Astuto.

Bebió lo que le quedaba de un trago, dejó unas monedas para pagar lo de los dos y salió fuera. Caminó hasta el pozo y sacó otra moneda. Tenía las sospechas, una posible confirmación, y una corazonada. Dejó caer la moneda dentro del pozo y esperó. La mera existencia de ese pozo no tenía sentido, a menos que...

Cling

Un sonido seco, no había agua.

Muy astuto.

Dejar una buena cantidad de refugios como señuelo y no informar a nadie del verdadero. Así, si los barrían, asumirían que Nimbus había escapado y no seguirían buscando. Sin embargo, el criminal no había contado con la verdadera identidad de Diana.

Nadie puede huir de mí por mucho tiempo, Hubble. Nadie —susurró. Acto seguido saltó para meterse dentro del pozo, utilizando sus manos para ir descenciendo sin hacerse daño por la caída. Una vez llegó abajo del todo pateó el suelo con fuerza, abriendo una trampilla por la cual volvió a caer.

Aterrizó y miró a su alrededor. Una sala con algunos Den Den Mushi y en una de las mesas había una taza de café que todavía humeaba. Miró hacia arriba, ¿cuánto había bajado? ¿veinte metros quizá? era suficiente para quedar por debajo de toda Mock Town. Se apartó un poco para que el agente pudiera bajar y, en cuanto estuvieran los dos, podrían empezar a barrer el que tenía toda la pinta de ser el verdadero refugio de Nimbus en Jaya.

No esperaba algo tan parecido a un búnker —murmuró.
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Mensaje por Kusanagi el Dom 6 Sep 2020 - 22:11

Parecían haber llegado a la misma conclusión, y es que asaltar el último de los refugios tan solo sería morder otro anzuelo más. Después de todo, dudaba que hubieran tenido tan mala suerte como para fallar tres veces seguidas con un veinticinco por ciento de posibilidades de errar. Aunque bueno, él era el agente que había ido a fijarse, de toda su división, en la única infiltrada de la Armada Revolucionaria. Si había alguien a quien no le sonriera la fortuna, ese era él.

Trató de alejar aquellos pensamientos de su mente en cuanto la cazadora le propuso volver a la ciudad. Quizá, con algo de beber a mano, se les refrescasen las mentes y pudieran dar con algo que hubieran pasado por alto. Con esto en mente la siguió, deteniéndose un momento antes de salir al exterior de la cabaña para activar su comunicador. Asaltar los refugios era una cosa pero, si querían ganar algo de tiempo antes de que descubrieran su tapadera, deberían asegurarse de que aquellos criminales no pudieran delatarlos. Porque sí, ellos conservaban sus identidades ficticias —quizá con menor fiabilidad en el caso de la beata—, pero nada les impedía dar sus descripciones y que los matones de Nimbus se pusieran a darles caza. Tendría gracia, ¿no? Los cazadores siendo cazados. En realidad no la tenía, pero mejor prevenir que curar.

—Agente Yu —se presentó, activando su comunicador y empleando sus poderes para que nadie pudiera escuchar la conversación—. Se han neutralizado tres de los cuatro refugios, dos de ellos en Mock Town. Solicito que se prepare un equipo de extracción, por si las cosas se complican, así como equipos de limpieza que escolten a los criminales neutralizados.

Aguardó silencio, esperando cerca de veinte segundos hasta que tuvo la confirmación. Tan solo necesitó nombrar las zonas de los escondrijos, ya que la agencia contaba con todos los datos que habían recabado hasta el momento. Hecho esto, regresó con Abigail y se encaminó hasta un bar de nombre peculiar, el «Wild Cherry».

Se pidió una pinta, en contraste con el refresco de su compañera. Estaba bien que uno de los dos tuviera peculiaridades, pero prefería no llamar demasiado la atención pidiéndose algo sin alcohol. Después de todo, ¿quién iba a amonestarle por beber si formaba parte de la misión? No pasaría nada por unos pocos tragos. La morena de mentira empezó a hablar justo cuando se llevó la jarra a los labios, haciendo que el pelirrojo dirigiera su mirada a través de la ventana. No tenía conocimientos geológicos más allá de lo que pudiera haber leído de pasada en alguna ocasión; después de todo, él era físico. Fue por esto por lo que escuchó con atención a Abigail, dejando que siguiera con su ilustrativo discurso hasta que, sin previo aviso, pagó las consumiciones y se apresuró a salir. Tuvo que apurar su copa para no perderla.

—¿Astuto? —preguntó el parcheado, alcanzándola—. ¿Qué se te ha ocurrido?

Tan solo necesitó ver que se plantaba frente al pozo de Mock Town para entender de qué iba todo eso. Dibujó una sutil sonrisa en los labios, la cual se borró al ver que ni siquiera se paraba a mirar por si alguien más los veía. Aún no había anochecido, aunque cualquiera que se encontrara lo suficientemente cerca parecía estar distraído en sus quehaceres. Suspiró. «Esta mujer me va a provocar un infarto un día de estos», pensó, asegurándose de que la cazadora había aterrizado bien y saltando al interior tras ella.

—Era imposible que se nos ocurriera algo así. ¿Cuánto tiempo les habrá llevado construir esto sin que nadie se entere? —Murmuró, acercándose hasta la taza humeante para oler. Parecía café. ¿Quizá aquello fuera un simple puesto de vigilancia?—. No puede ser la entrada principal, de todos modos. Me juego lo que quieras a que esto tiene salida al mar. Una cala o algo parecido. —La miró de reojo—. Vigila por si viene alguien, no tardaré nada.

Recorrió rápidamente la estancia, consiguiendo una hoja de papel y un carboncillo. Volvió a activar su dispositivo P.O.L.O., dejando que el escáner comenzara a formar un mapeado preciso del lugar. Lo cierto es que, al estar bajo tierra y con tanto muro, resultaba incluso más sencillo que las ondas del dispositivo se propagaran por las cavidades excavadas en la base de la isla. Pocos segundos después, tenía un plano del lugar que se aseguró de calcar sobre el folio con bastante destreza. Sus habilidades como dibujante debían servir para algo.

—Ten —le dijo al fin a su compañera, cediéndole el mapa—. Parece que solo hay una salida de este cuarto... y lleva a una sala más grande, algo así como una zona común. No creo que podamos evadir eso, así que el sigilo va a durar poco si nos topamos con alguien allí. No creo que tengas problema alguno con eso, ¿no?

No le hacía mucha gracia tener que recurrir a la violencia, pero parecía que no iba a quedarles más remedio. Ya habían lidiado con ello en tres refugios, no pasaría nada por otro más. Algo le decía, sin embargo, que los anteriores no habrían sido sino un pequeño calentamiento: allí tenían que estar los más cercanos a Nimbus, y eso implicaba gente fuerte y de confianza.

—Vamos.

Se aproximó hasta la única salida del sitio, la cual daba a un largo pasillo que se alejaba durante varias decenas de metros del lugar. Lo más seguro era que, de existir otra entrada, aquella base tuviera la mayor parte de sus instalaciones lo más cerca posible de la costa, lo suficientemente camuflada como para que nadie reparase en ella. Así que, si su compañera no se oponía, recorrerían el largo pasillo hasta dar con un portón doble. Podía escuchar voces al otro lado, pero no tenían forma de ver qué había más allá de la entrada. Inspiró para soltar el aire con calma, llevando una mano a la empuñadura de Yūjō.

—¿Lista? —preguntó, mirándola de reojo—. A la de tres. Una, dos, y...

La puerta se abrió antes de contar tres hacia ellos, con brusquedad y casi golpeando al agente, plantándose frente a ellos un hombre corpulento que les sacaría a ambos dos cabezas fácilmente. El grandullón se apresuró en lanzar un golpe con algo similar a una cachiporra contra él, teniendo el tiempo justo como para agacharse y que esta le pasara por encima, golpeando el muro de su izquierda y agrietándolo gracias a la fuerza de su impacto. Kusanagi proyectó una poderosa onda sónica contra él, lo suficientemente potente como para lanzarlo por los aires hacia atrás varios metros. Frente a ellos, varios individuos con las mismas pintas que el primero se encontraban armados y dispuestos a plantarles cara.

—Creo... que nos pillado —comentó, desenvainando su espada.


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Mar 8 Sep 2020 - 10:53

Ya había desechado el sigilo. Habían encontrado lo que parecía ser el verdadero escondite de Nimbus y, para asegurarse de que llegaban a tiempo, la cazadora había decidido que lo más óptimo era abandonar la sutileza y recurrir a todo su armamento cuanto antes, hiciera el ruido que hiciera. Aceptó el mapa y lo guardó, lo estudiaría rápido en cuanto tuvieran un momento de paz.

Si hay una cala no está cerca, o hay demasiados muros cortando el viento del mar —lo más seguro era que aquellas instalaciones subterraneas dieran a alguna cala algo lejana a Mock Town para evitar a los curiosos.

Estaban a punto de atravesar la única salida cuando la puerta se abrió bruscamente antes de poder entrar. Kus repelió al primer individuo que trató de atacarlo con una onda sónica pero, por desgracia, no sería el único adversario que encontrarían allí. Miró a los individuos presentes pero no reconocía a ninguno, y tampoco llevaban ninguna marca o insignia que permitiera relacionarlos con ningún criminal o pirata que conociera.

Diría que estos sí son hombres de Nimbus —dijo, llevando la mano al bolsillo para acoplar a su rifle uno de sus diales láser.

Rendíos —exigió y, para dar fuerza a sus palabras, disparó un láser desde su rifle que perforaría el hombro de uno de aquellos hombres. Aquella visión terminó de refrescar la memoria de algunos de los criminales, que cuchichearon algo antes de lanzarse al ataque como el primer individuo.

Las ventanas de su cuerpo se abrieron. La mayoría de criminales fueron recibidos por una lluvia de balas que los dejaría incapacitados a todos salvo a uno que permaneció quieto y que, al parecer, no había recibido daños.

—Y por eso os digo que no podéis abandonaros porque os estén pagando un sueldo.

—Haki —murmuró Abigail. Era una de las pocas cosas que, junto a otros frutos demoníacos, eran capaces de resistir su artillería.

—Hm, no esperábamos esto —dijo, quizá se refería a... ¿ya había averiguado quién era? Daba igual. No iban a salir de ahí intactos, solo les esperaba el calabozo y estaban ocultos de la vista del público así que... daba igual que supiera quién era en realidad.

El individuo procedió a atacarla con un ataque frontal envuelto en haki para evitar el daño de las balas. No tenía caso intentar acribillarlo, de forma que optaría por algo más defensivo mientras esperaba que Kus le diera el apoyo necesario. Movió el brazo derecho, el que llevaba puesto un extraño guante, para levantar un pequeño muro de nubes de hierro. Se apartó inmediatamente después, pues su Mantra la avisó de que el puño fortalecido del criminal podría atravesar sus defensas con relativa facilidad.

¡Necesito algo de ayuda por aquí! —exclamó. Por desgracia su Armadura apenas estaba desarrollada y aunque su cuerpo era muy resistente, no valía para nada aguantar golpes si iba a resistir el contraataque.

Tenía algo que probablemente podría tumbarlo, pero también era probable que se llevara la mitad del refugio con él y que eso entorpeciera más aún la misión. Disparó de nuevo un láser, esta vez apuntando a su rodilla izquierda. Intentaría cortarle el movimiento para facilitarle el trabajo al agente. Por desgracia pudo esquivarlo, aunque no del todo, consiguió llevarse parte de la carne de su muslo. No le impediría moverse, pero al menos sí había podido reducir su movilidad.
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Mensaje por Kusanagi el Jue 10 Sep 2020 - 13:07

Su «pequeño empujón» parecía haber resultado suficiente como para hacer retroceder a aquella mole de músculos, pero no pareció impresionar en absoluto a sus nuevos amigos. Si bien no sentía que aquellos hombres fueran a resultar, en general, un problema, al menos contaban con el suficiente valor como para no amedrentarse ante la exigencia de la cazadora. No podía culparles, y es que la ficticia ventaja del número tendía a insuflar valor en aquellos que la poseían. Por desgracia para ellos, su compañera se aseguró de enseñarles lo equivocados que estaban, llevando a cabo un despliegue de artillería que incapacitó a la mayoría de los allí presentes. A todos, menos a uno de ellos.

Kusanagi frunció el ceño. Había visto con lujo de detalles cómo todos y cada uno de los disparos se habían estrellado contra el cuerpo del maleante, dejándolo intacto. Incluso pudo percibir un sutil brillo metálico cubriendo su piel. Abigail estaba en lo cierto, ese hombre conocía el haki y era capaz de usarlo a voluntad. Eso podía llegar a ser un problema, en especial para él, quien no acostumbraba a tener que enfrentarse a gente ducha en el uso de la voluntad como arma. Era algo que, casi siempre, le confería una superioridad absoluta, resultando bastante complicado que sus oponentes le hicieran besar la lona al no poder tocarle. Llevaba sin tener que lidiar con algo así desde el enfrentamiento con el gyojin y el brazos–largos de Nueva Ohara, pero algo le decía que sus próximos rivales resultarían ser huesos bastante más duros de roer que esos dos. Sintió la necesidad de mover la mandíbula, recordando el último puñetazo que se había llevado en el West Blue.

Desenvainó finalmente su espada en cuanto vio que el criminal se abalanzaba contra la beata. Sin duda, tras todo aquel despliegue, habían terminado de descubrir su verdadera identidad. Probablemente hubieran asumido que él, acompañándola, no sería sino otro cazador más que la estaba ayudando en aquel trabajo. Después de todo, nadie que no gastase parte de su sueldo en la Pirate's Playboy reconocería el rostro de Shawn Vane.

El maleante se deshizo de las nubes endurecidas sin demasiado esfuerzo con apenas un puñetazo. No le sorprendía su uso, sino que Abigail contara con los extraños diales de las islas del cielo. Tendría que preguntarle después. Su nuevo amigo parecía dispuesto a continuar con su ofensiva tras deshacerse del obstáculo, preparando un nuevo puñetazo envuelto en su armadura que, para desgracia del matón, no llegaría a su objetivo. El pelirrojo se interpuso entre ambos en apenas un parpadeo, frenando el ataque con el filo de su katana. El aire pareció distorsionarse a su alrededor, algo que ocurría a menudo por la propia naturaleza de su voluntad. Usarla de forma ofensiva no era su especialidad, pero pudo notar el filo de la espada cortar la piel del criminal. «No te has preparado mucho más que tus compañeros», pensó, antes de hacer fuerza para desviar el brazo del tipo, trazando en el proceso un corte que recorrió sus nudillos.

Antes de que pudiera reaccionar, y aprovechando la confusión que acababa de invadir a su oponente, se aseguró de agravar el estado de su pierna trazando un limpio corte que, esta vez sí, penetró su muslo limpiamente. Con un gruñido de dolor, el subordinado de Nimbus hincó rodilla y se llevó una mano a la herida sangrante, pero no se detuvo ahí. Con la libre trató de alcanzar al agente, un golpe que fácilmente pudo esquivar, salvo por el detalle que, de este, surgió una potente onda de choque que, para sorpresa del pelirrojo, pudo golpear su cuerpo de logia.

Kusanagi salió despedido varios metros, llevándose consigo algunas de las mesas que había en la sala común mientras endurecía sus músculos con su tekkai. Si bien le había alcanzado, el impacto no había sido directo ni con toda la fuerza que a su amigo le habría gustado imbuir en él. Como respuesta, y para hacerle ganar algo de tiempo a la cazadora, trazó dos tajos cruzados en el aire que proyectaron una onda cortante, directa hacia el matón.

—¡Todo tuyo!

No iban con toda la potencia que le habría gustado proyectar en ellas, pero tampoco veía la necesidad de partir por la mitad al canalla. Era más fuerte que los demás, de eso no cabía duda, pero no sería nada con lo que no pudieran lidiar entre los dos. El golpe, sin embargo, había dolido un poco. No estaba muy acostumbrado a recibir de aquella forma y se notaba, pero no podía hacer demasiado al respecto: estaba en la naturaleza de sus propios poderes. ¿Quizá debiera pedirle a Markov algo más de entrenamiento después?

A veces se sentía un poco masoca.


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Vie 11 Sep 2020 - 18:14

¿Qué hacer cuando el oponente tenía Haki? En esa situación solía estar en desventaja, especialmente porque su Armadura apenas estaba desarrollada. En esos casos, por desgracia, tenía que ser sustancialmente más letal y aprovechar los tipos de daño de los que el haki no protegía tan bien, como los daños ambientales y elementales. Tenía sus métodos para tratar con ese tipo de gente y, con algo de suerte, no lo mataría.

El intercambio de golpes entre el agente y el criminal acabaron con el segundo siendo incapacitado. Por desgracia no era un oponente normal, no podía confiarse solo porque hubieran podido hacer que se pusiera de rodillas. De nuevo cargó su láser y descargó el último sobre la pierna que aún no había sido dañada. Las quemaduras, junto a las heridas que ya le había provocado el espadachín, terminaron de tumbarlo. En ese estado no podría moverse y, de todas formas, no tenían tiempo para comprobar cómo estaba.

Rápidamente agarró el mapa de nuevo, localizó su propia posición y trazó el camino hasta lo que debía ser la salida. Eso, según su intuición, debía ser la salida a la costa, tanto por la amplitud como por la orientación. Sabía distinguir los puntos cardinales sin apenas esfuerzo por sus dotes como navegante, y la única costa sin habitantes que coincidía con el plano era la del camino que iba a seguir.
Ya me contarás cómo has hecho un plano tan preciso en tan poco tiempo —comentó, interesada. No obstante, no podían quedarse a charlar ahí —. Si esto tiene salida al mar hay que darse mucha prisa, se nos acaba el tiempo —dijo antes de echar a correr, mirando de vez en cuando el plano.

Tuvo que atravesar algunas salas pero pasó como si fuera un tornado. Sus ventanas se abrían al entrar en la sala y las balas salían por todas partes, incapacitando a la mayoría y asustando a los restantes. En la siguiente pasó más o menos lo mismo, pero en la tercera fue interceptada por lo que tenía que ser una mole, porque chocó y salió despedida hacia atrás.

Tch, no tengo tiempo de tratar contigo —murmuró, alzando la mirada para encontrarse con uno de esos usuarios de frutas relacionadas con animales. Este era... ¿qué era? Medía dos metros y medio, tenía una musculatura absurda, una piel de aspecto tosco y grisácea. En su cabeza tenía un par de cuernos que tenían bastante mala pinta y, en general, un aspecto como de "reptil" pero al mismo tiempo no.

¿Qué diablos eres? —preguntó, cambiando su dial láser de Assiah por uno de hielo. Las balas no iban a penetrar en esa piel tan fácilmente, primero tendría que reblandecerla.
—Da igual lo que sea. Has metido las narices donde no debías... cazadora.

Chasqueó la lengua. Su Shiro Shiro no Mi la había delatado. En fin, eso solo significaba que no tenía que mantener más el papel de civil. Activó su Territorio y disparó pero, como había previsto, la piel tan dura del dinosaurio hacía que las balas no terminaran de perforar su piel.

Usad diales —comunicó a su equipo de habitantes. Así, interrumpieron su ataque para ir a buscar los diales láser y de fulgor, los únicos que podrían hacer algo contra una bestia así.
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Mensaje por Kusanagi el Dom 13 Sep 2020 - 20:20

El grandullón terminó de ceder una vez Abigail se aseguró de inutilizar su otra pierna, logrando que besara el suelo entre gimoteos de dolor. Era un oponente duro, pero nada que pudiera suponer un desafío demasiado elevado para la implacable pareja, siempre y cuando se mantuvieran juntos. Para qué mentir, no había sido una pelea justa, pero no se encontraban en posición de comportarse con honor. Si ya sabían que alguien se encontraba asaltando el refugio secreto de Nimbus, lo más probable es que estuviera preparando algún transporte para largarse de allí con su preciado tesoro, algo que no podían permitir. Con esto en mente, se apresuró en situarse junto a su compañera y observó el mapa de soslayo, sonriendo ante su pregunta.

—Te lo contaré cuando acabemos. Prometido.

Como bien había recalcado, no tenían tiempo que perder, lo que les llevó a comenzar su avance por el búnker a toda velocidad. A decir verdad, sentía algo de reparo ante la idea de explicarle el motivo. Por norma general, se aseguraba de mantener en secreto la existencia de su ojo artificial, haciéndose pasar en todo momento por un tuerto normal y corriente. Estaba tan acostumbrado a llevar puesto el parche que, muchas veces, ni siquiera recordaba que se encontraba ahí, si bien las funciones de la prótesis podían penetrar el material del mismo. No se trataba de vergüenza por su pérdida o de complejos; sus motivos para no explicarle a nadie la existencia del implante resultaban variados. Por un lado, hablar de ello llevaba implícito tener que contar cómo perdió el ojo, un suceso que aún en esos días le resultaba traumático —perder un ojo no es una sensación agradable—. Por el otro, aquella herramienta suponía en muchas ocasiones una ventaja con la que nadie contaba y, al mismo tiempo, una forma de identificarle con facilidad. Más allá de todo esto, una razón más personal que se afianzaba en sus recuerdos le obligaba a intentar no pensar en ello. Habían pasado cerca de quince años, pero esos pensamientos seguían trayéndole reminiscencias de momentos pasados que le producían sensaciones agridulces. Fuera como fuese, una promesa era una promesa y, tras la intensidad de los últimos meses, no veía por qué no confiarle su secreto a Abi.

Al margen de esto, se vio obligado a centrar su atención en lo que ocurría a su alrededor, y es que estaban avanzando a un ritmo frenético con tal de impedir cualquier huida posible. La cazadora llevaba a cabo un despliegue de fuego de cobertura tan increíble como terrorífico, dejando incapacitados a prácticamente la totalidad de los presentes. Kusanagi tan solo tenía que preocuparse por unos pocos sujetos en cada sala, neutralizándolos con rapidez antes de pasar a la siguiente. A esas alturas de la operación, entendía bastante bien los motivos por los que la agencia había decidido contar con su ayuda. Sin embargo, su convicción estaba alcanzando niveles mayores tras semejante despliegue de capacidad bélica.

Su avance siguió así durante las tres siguientes salas, siendo en esta última donde se toparían con otro obstáculo más, uno que no esperaban poder sortear con la misma facilidad que el anterior. Frente a ellos, una mole de piel dura como la roca, grandes cuernos y completamente musculada, considerablemente más alta que la pareja, se interponía en su camino. La beata había salido despedida hacia atrás por la fuerza del impacto. Por las palabras del extraño reptil, parecían haber terminado de deducir su identidad.

—Tienes razón, da igual lo que seas —respondió el pelirrojo, intentando ganar algo de tiempo para la cazadora—. Vas a apartarte igual, por las buenas o por las malas.

Su cuerpo titiló, justo antes de desaparecer y materializarse por encima del criminal. El aire volvió a distorsionarse alrededor de su cuerpo cuando proyectó su voluntad por el filo de Yūjō, empleando toda la fuerza de sus brazos en un veloz tajo descendente que, para su sorpresa, se topó con unos cuernos imbuidos en la oscuridad azabache de la armadura. El choque provocó que la sala temblase y que algunos muebles se volcaran, pero el acero no logró hacer mella en la dura cornamenta de su rival. Lo siguiente que pudo ver fue un puño del tamaño de su cabeza dirigiéndose hacia su rostro. La rapidez con la que activó su tekkai fue irrelevante en aquella ocasión, viéndose superado con creces por el espíritu del dinosaurio y su descomunal fuerza, hasta el punto de perder toda visión por un instante, estrellándose violentamente contra uno de los muros del búnker.

«Mierda. Tenemos un problema», masculló para sus adentros, recorriendo su propia cara con la mano libre mientras escuchaba un intenso pitido taladrando su oído del lado que había recibido el impacto. El rokushiki le había permitido salvar buena parte de su colisión contra la pared, y es que la había penetrado varios centímetros. De haber mantenido su cuerpo normal, muy probablemente se habría convertido en un pegote pelirrojo contra el hormigón. Usó su espada como apoyo, levantándose tras un gruñido.

Escupió a un lado, notando el sabor ferroso de la sangre ocupar su boca.

—Voy a necesitar que uses algo más grande contra este tío —sugirió el agente, poniéndose en guardia.

Tenían un problema, y es que la sala era demasiado pequeña como para marear a esa cosa. Estuviera donde estuviera, no le supondría mucha complicación alcanzarle y, para más inri, era más ducho en el uso del haki que él, y es era más afín al mantra que a esa modalidad. Si podía aprovechar su velocidad, podrían intentar tumbarlo por simple desgaste, pero necesitaba más espacio para que eso fuera posible. La cala, sin embargo, debía estar más allá de aquella puerta que custodiaba. La bombilla acababa de encendérsele.

—Abi —la llamó, viendo cómo el grandullón se abalanzaba contra él—. Suprímele.

Gracias al kami-e, fue capaz de apartarse de la trayectoria de aquel nuevo puñetazo con relativa facilidad, y menos mal, porque había terminado de destrozar aquella parte de muro. Esa cosa tenía la fuerza necesaria para derrumbar las instalaciones de Nimbus si quería, así que tendría que andarse con ojo. Si la cazadora era capaz de frenarle, él conseguiría el espacio que ambos necesitaban.


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Lun 14 Sep 2020 - 13:24

Ojalá pudiera resolver aquel conflicto sin violencia. El lagarto aquel, aparte de una fuerza altísima también tenía un haki notablemente superior al suyo propio, lo que haría su defensa algo mucho más complicado. Había podido incluso golpear al agente, que ya ni se molestaba en usar el nombre falso.

Después de que el dinosaurio fallara su golpe, éste decidió cambiar de objetivo a uno aparentemente más sencillo. La cazadora ya era conocida, para bien y para mal. Y parte de lo que se conocía de ella era que a pesar de su potencial armamentístico su agilidad y velocidad no eran las mejores del gremio. Por esto, el criminal se abalanzaría sobre ella, propinándole un puñetazo cargado con haki. El propio haki de la cazadora trató de actuar, pero siendo mucho más débil, su armadura se rompió y salió despedida contra otra de las paredes de la sala. Sin contar con algo como el Tekkai del agente, los destrozos que causó fueron bastante mayores. Por suerte se había asegurado de cerrar su fortaleza a tiempo, por lo que sus habitantes no sufrieron ningún daño.

Los escombros cubrieron a la beata, y al principio no pareció que fuera a salir de ahí.

Lo reconozco, eres fuerte —se escuchó mientras algo de luz se escapaba de entre los escombros —Lo siento, pero no puedo terminar este encargo como Diana —usó sus fuerzas para empujar algunos de los escombros, los suficientes para poder salir.

Tosió sangre. Su aspecto había cambiado radicalmente. Su pelo y ojos habían vuelto a su color normal y su ropa aparentemente había cambiado por un vestido largo de combate, con placas en sus guantes, principio de la falda y el torso. Además, unas alas hechas de energía espiritual y un halo medio quebrado habían aparecido también. Las heridas más evidentes estaban en su cabeza, todavía escupía sangre y además debía tener alguna brecha porque corrían algunos hilos rojos que bajaban por su frente.

Tch, no he podido activarlo a tiempo... es la primera vez que uso esto en combate —murmuró mientras guardaba su rifle y sacaba el arco. Después de la carrera había conseguido desarrollar algo bastante "especial", una manifestación de su propia identidad que se reflejaba en ese aspecto angelical y cuya energía espiritual era tan densa que aumentaba enormemente sus capacidades defensivas.

Sus habitantes ya estaban preparados con los diales y con el lanzallamas. La visión de la cazadora estaba aún nublada por el impacto pero se mantuvo en pie incluso tras recibir el golpe. Daba igual qué clase de animal fuera ese, no sería capaz de hacer que sus rodillas o su espalda tocaran el suelo.

La bestia se lanzó a por ella con otro puñetazo, pero en esta ocasión activó su Mantra y su habilidad asociada, el Territorio Celestial. Con la predicción que le daba pudo colocar bien su cuerpo para amortiguar parte del golpe. No se molestó ni en tratar de usar la armadura. Dolía horrores, pero sus defensas aumentadas fueron suficientes para poder resistir los golpes sin retroceder más de quince centímetros. A pesar de sus esfuerzos para defenderse los golpes acababan penetrando, y es que estaba bastante segura de que al día siguiente tendría los brazos llenos de moratones. Quizá movido por la frustración, intentó realizar un golpe demasiado amplio. Se movió para esquivarlo y avanzó con rapidez hasta llegar al lado de Kus mientras preparaba una flecha brillante en su mano.

¡A mi señal, preparadlo todo! —exclamó cuando se encontraba a unos siete metros del dinosaurio, que ya estaba comenzando una embestida para acabar con los dos.

Disparó el proyectil al rostro del Zoan y lo detonó a un metro de sus ojos, quedando ellos dos a salvo por estar a más de cuatro metros de la detonación lumínica. La flecha estalló en un flash de luz como si se tratara de una granada cegadora. Detuvo la carga de la bestia, que se llevó las manos a los ojos para tratar de solucionar su ceguera repentina.

¡Tenéis dos segundos, quiero fuego concentrado para debilitar su piel! —ordenó mientras abría de nuevo todas las compuertas.

Esta vez no atacarían con plomo sino con luces y colores. Dispararon el dial de láser restante, así como los dos de fulgor que guardaba siempre en su interior. Además, otro de sus habitantes utilizó el lanzallamas con el modo de disparo concentrado, todos apuntando al mismo sitio. El resto de habitantes sí atacaron con balas con el objetivo de ayudar a debilitar su torso, donde estaban apuntando todos.

Abi, por su parte, estaba cansada para seguir atacando tan pronto. Tendría que esperar un poco para recuperar fuerzas. Si conseguía ablandar y debilitar su piel con todo ese fuego y calor... la técnica que le enseñó Markov debería ser suficiente para finiquitarlo. Eso si no se comía otro golpe como el primero, no aguantaría otra tanda como esa. Tampoco podía esperar demasiado, si se enfriaba su cuerpo no sería capaz de utilizar el arco.
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Mensaje por Kusanagi el Lun 14 Sep 2020 - 23:20

Tras esquivar el que habría sido su segundo puñetazo, Kusanagi llegó rápidamente a la conclusión más obvia. El usuario zoan era irremediablemente más fuerte y resistente que ellos, pero no contaba con la velocidad suficiente como para alcanzar al agente si este ponía todo su empeño en evadir sus golpes. El plan era sencillo y factible: servir de distracción y ganar tiempo para que Abigail sacara la artillería pesada y pudiera retenerle en el sitio, una idea sin fisuras salvo por el pequeño detalle de que nada obligaba al criminal a centrarse únicamente en él. Tras asumir que sería tedioso alcanzar a su objetivo, aprovechó un descuido del pelirrojo para cambiar de blanco y lanzarse directamente contra la cazadora. Pudo notar la vibración en el aire justo cuando aquel puñetazo alcanzó a su compañera, haciendo que se estrellara con violencia contra uno de los muros del búnker. Sus ojos se abrieron como platos al contemplar aquella escena, temiendo por la integridad física de la beata y lo que ocurriría si no era capaz de retener a aquella bestia.

—¡Abi! —rugió, frunciendo el ceño mientras pasaba a toda velocidad por un lateral del dinosaurio.

Aquello se repitió hasta en cinco ocasiones, dibujando en menos de un segundo las cinco puntas de la Estrella del Oeste. En su movimiento, el agente había lanzado cinco poderosos tajos desde distintos ángulos, los cuales lograron penetrar de forma superficial la dura piel de su oponente, obligándole a centrar su atención en el espadachín. Podía sentir aún la voz de Abigail tras él, por lo que seguía con vida pese al brutal impacto. Entre ella y el coloso se encontraba él, dispuesto a emplear todos sus recursos con tal de protegerla.

El contrario gruñó con rabia, fijando su atención en el agente antes de que este volviera a abalanzarse contra él. Esta vez no fue un cuerno lo que contuvo su espada, sino el propio antebrazo del reptil, cuya armadura cubría su piel. Sin embargo, el resultado también fue distinto al de la primera vez, y es que en el momento del impacto, una infinidad de cortes se proyectaron más allá de la espada, llenando de heridas superficiales al guardián de Nimbus antes de que este terminara de ejercer fuerza para echarle a un lado violentamente. Tuvo que girar en el aire, recuperando el control sobre su centro de gravedad y cayendo con gracilidad sobre el suelo pero, para cuando quiso retomar su ofensiva, algo más llamó la atención de los dos hombres. Los escombros que cubrían a Abigail cedieron y, de estos, una luz manó envolviendo el cuerpo de la cazadora. Si un momento antes los ojos de Kus se habían abierto de más por puro terror y miedo, ahora lo hacían con asombro y admiración. Quizá fuera aquella la imagen más cercana a lo celestial que había presenciado nunca, llevándole algunos segundos volver en sí, con una leve sonrisa que se borró casi al momento. La bestia se había vuelto a abalanzar contra ella, pero en aquella ocasión el golpe no logró surtir el mismo efecto.

A decir verdad, lo que ocurrió durante los segundos siguientes sería algo que, aún a día de hoy, es incapaz de explicar con exactitud. La monja angelical hizo un despliegue de habilidades cercanas a lo sagrado, proyectando luz desde su propio arco sin emplear munición alguna. El torrente de disparos que la siguió una vez volvió a ponerse a su lado resultaba impresionantemente efectivo, y es que creía comprender ahora hasta dónde llegaba el potencial bélico de su compañera. Aun así, casi tenía la certeza de que se guardaba algo más bajo la manga... ¿o el vestido?

—No soy el único que va a tener que dar explicaciones luego —le dijo, centrando su atención en su objetivo.

Fue capaz de percibir con precisión el punto exacto en el que los habitantes de Abigail estaban centrando su fuego, logrando con ello mantener en el sitio al criminal. Quizá no fuera suficiente como para acabar con él, pero le debilitarían y podrían aprovechar para dar el golpe de gracia. Ella había cumplido su parte, de modo que no podía permitir que todos los daños recibidos fueran en vano. Con esto en mente, cerró los ojos por un momento y se concentró, sintiendo la presencia que empuñaba entre sus dedos, comenzando a verter su propia voluntad en ella.

«Yūjō, préstame tu fuerza».

En el momento en que su espíritu imbuyó la espada, pudo sentir cómo su presencia conectaba con la de ella, forzándole a estrechar el vínculo con su haki. La naturaleza de la katana era caprichosa, pero albergaba un poder increíble en su interior que, a cambio, tan solo pedía su lealtad hasta el final de la batalla. Se trataba de un movimiento arriesgado pero, si lograba acertar los golpes precisos, quizá no tuvieran que lamentarse después. La oscura hoja del arma comenzó a centellear, variando su tonalidad en un amplio espectro cromático al tiempo que el aire volvía a distorsionare alrededor del agente, con aún más intensidad que antes. La sujetó con ambas manos esta vez, dejando el guardamanos algo atrasado, con el acero cerca de su rostro y la punta del filo direccionada hacia el hombre de Nimbus. Su cuerpo vibró en cuanto salió disparado hacia el frente, tan rápido como sus facultades sónicas le permitían y, aunque el dinosaurio trató de cubrirse, el arma se hundió en la carne con facilidad, penetrando su armadura. Pese a ello, el coloso no parecía dispuesto a ceder, y fue entonces cuando Kusanagi gritó, proyectando hacia el frente una potente onda de choque. El impacto fue tal que lanzó a ambos hombres hacia el frente, haciéndoles atravesar la puerta que se encontraba detrás del lagarto con esteroides, saliendo hacia la cala.

Cuando el humo y la arena que levantaron se despejó, el agente pudo observar cómo allí se encontraban unos pequeños muelles donde, amarrada, aguardaba una pequeña embarcación. No había nadie más allí, pero el barco parecía preparado para partir en cuanto alguien se pusiera al timón. Tal vez les hubieran interrumpido antes de que lograsen huir, lo que significaría que el gigantón era el último recurso defensivo para proteger el tan valioso tesoro de Nimbus. Su poderío resultaba mucho menos intimidante ahora que el cuerpo del criminal reposaba sobre el suelo, inmóvil. El pelirrojo suspiró, hincando una rodilla en el suelo y usando la aún centelleante espada como apoyo.

—¿De dónde sacarán a esta gente...? —murmuró, llevándose la mano libre a la mandíbula, aún entumecida. Volvió a escupir cuando cayó nuevamente en el regusto de la sangre.

Su rostro se ladeó, así como su torso, buscando con la mirada a Abigail para dedicarle una sonrisa triunfal y enseñarle un pulgar alzado. Por desgracia, la sensación de júbilo no duró demasiado y, pese a que su mantra le advirtió del inminente peligro, no fue capaz de reaccionar a tiempo. La montaña que conformaba el cuerpo del triceratops se encontraba erguida ahora sobre él, no sabiendo el espadachín cómo había llegado hasta él con tanta rapidez. Alzó la espada tan rápido como pudo, intentando protegerse, pero el monstruoso puño de la bestia hizo ceder sus brazos y se hundió junto a él en el suelo, logrando que tosiera sangre y que sintiera cómo algunas partes de su cuerpo dejaban de estar donde debían. Un alarido se propagó a lo largo de la cala.


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Mar 15 Sep 2020 - 13:19

Era algo que normalmente ninguno de sus oponentes tenía en cuenta cuando se enfrentaba a ella. Abigail nunca peleaba sola. Sus poderes demoníacos podían parecer extremadamente fuertes, pero la realidad era que, por sí sola, su poder era totalmente inútil. La Shiro Shiro no Mi, en un sentido romántico, representaba el poder de la unión y de la vida, pues solo brilla cuando está llena de gente. Una fortaleza vacía era inofensiva, una llena de vida era una fuerza a temer.

La combinación de los diales de láser y fulgor de Abigail y las habilidades de Kusanagi fueron suficientes para enviar al agente y al dinosaurio fuera del refugio, a la cala donde esperaba una pequeña embarcación. Según su Mantra... no había nadie más. ¿Nimbus había huído ya? Abi avanzó hasta la cala también. Al ver que el gigantón se había quedado en el suelo la monja decidió avanzar hasta la embarcación después de comprobar que Kus estaba bien.

Sin embargo, antes de poder llegar, su propio Mantra se activó.

¡Cuidado! —exclamó, aunque su propio aviso también llegó tarde. La bestia prehistórica todavía no había caído y había dejado caer un brutal ataque sobre el agente.

La cazadora se apresuró para actuar, si tardaba mucho acabaría matándolo.

¡Más Allá y balista, ya, quitádselo de encima, no importa si tenéis que volarle la cabeza! —ordenó, sabiendo que esas armas eran más sencillas de controlar y no harían daños en el agente incluso si fallaba. No había terminado de entrar en pánico, pero temía que su compañero pudiera morir si no hacía algo urgentemente, tendría que recurrir a su último recurso, más letal que su lanzallamas: el rifle que había bautizado como Más Allá.

Amara se encargó de disparar el francotirador Más Allá, el viejo rifle roto que tenían por ahí y que escondía una potencia de fuego que superaba a cualquier otra arma de las que tenía Abigail. Apuntó a la cabeza del dinosaurio y, a pesar de la potencia del rifle, la piel del reptil y el haki impidieron que muriera en el acto. No obstante, el hombre de Nimbus subestimó la potencia del disparo y utilizó una forma más débil de haki para no cansarse. Fue suficiente para impedir una herida mortal pero no logró mitigar todo el daño. Con una potencia de fuego ocho veces superior a otros rifles, el proyectil del rifle impactó con muchísima fuerza, suficiente para provocarle una contusión en la cabeza y una pequeña fractura craneal. Gruñó, dejó a Kus en el suelo y pasó a cargar contra Abi.

La balista se disparó también, aunque el proyectil directamente se partió contra el cuerno.

Al ver que se acercaba decidió jugársela una vez más con lo que había aprendido de uno de los instructores del Cipher Pol. Cerró su fortaleza para proteger a sus habitantes. El híbrido de dinosaurio agarró su cabeza y apretó mientras continuaba la carga, esperando poder estamparla contras las rocas de la cala para poder acabar con ella.

Ni se te ocurra ponerme los dedos encima —murmuró, cabreada. A medio camino apoyó los pies fuertemente en el suelo, frenando en seco el movimiento del dinosaurio de Nimbus. No pudo aguantar mucho porque aún no había podido desarrollar bien su fuerza estática, pero sí aguantó el tiempo suficiente para poder preparar su arco, sin ninguna clase de proyectil.

La carga volvió a comenzar, esta vez levantándola del suelo para que sus pies no fueran ningún problema. Estaba dispuesto a estrellarla contra el suelo, pero fue tarde, ya había preparado el arco. Disparó el arco sin flecha y de éste surgió un proyectil que, por la cercanía, el triceratops fue incapaz de ver. La potencia del disparo, que superaba con creces la técnica del Cipher Pol a la que recordaba, fue tan alta que tras impactar en su pecho —donde le habían herido ya— hizo que el Zoan Prehistórico saliera despedido hacia atrás, obligándolo a soltar a Abigail. Debido al peso del triceratops no recorrió toda la distancia, pero calculó que debía haberlo repelido unos quince metros al menos. Había apuntado a propósito al lugar que ya habían herido y reblandecido, si no estaba muerto no debía faltarle mucho para estarlo, como mínimo debía haber perforado hasta su estómago.

¿Puedes acabar tú? —exclamó, si es que Kus todavía seguía consciente.

Abi necesitaba algo de descanso. Su forma celestial aún seguía activa, pero sus brazos estaban ya hechos polvo. Si el agente había perdido la consciencia se encargaría ella misma de rematarlo, o... ¿las esposas? le habían cedido unas esposas de kairoseki, podrían apresarlo para sacar la localización final de Hubble, si es que sabía algo.
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Mensaje por Kusanagi el Jue 17 Sep 2020 - 23:44

Después de ese momento, nunca llegaría a estar del todo seguro sobre cuántos golpes había recibido de parte de aquella bestia. Quizá solo fuera uno, aunque por el dolor que sentía habría jurado que fueron muchos, muchos más. En algún momento dejó de golpearle y, con ello, la presión contra el suelo desapareció, siendo sustituida por un intenso dolor a la altura del hombro izquierdo. Se sentía algo aturdido, lo que quizá le permitía ignorar en parte aquella sensación y mantenerse consciente, si bien siempre había sido una persona con cierta tolerancia al mismo. Eso sí, intentar mover el brazo resultaba imposible, y es que lo más seguro era que se lo hubiera desencajado.

Podía escuchar los disparos y el ruido del combate, aunque la cabeza le daba vueltas tras haber recibido un golpe tan fuerte. Lo raro era que no se le hubiera fracturado algún hueso, pero parecía que no tendría que preocuparse por nada que no fuera el hombro. Bueno, eso y todas las contusiones y heridas que le habían surgido, por no hablar de la sangre que había escapado de su boca. La verdad es que, en el peor de los casos, debía tener alguna hemorragia interna. «No pienses en eso ahora, Kusanagi», se reprendió a sí mismo, haciendo acopio de fuerza de voluntad, apretando los dientes y poniéndose en pie. Fue entonces cuando se dio cuenta de que su espada se le había escapado de las manos, localizándola un par de decenas de metros a lo lejos. Después de haber interrumpido el flujo de su voluntad sobre ella, Yujo ya no querría volver a ser empuñada en lo que restaba de día, por lo que acababa de perder la única arma que portaba consigo, reduciendo su capacidad de combate drásticamente.

Fuera de eso, parecía que Abigail había logrado zafarse finalmente del dinosaurio, empleando una técnica que fácilmente reconoció como una variante del propio rokushiki que se enseñaba en el Cipher Pol. Aquel shigan potenciado en forma de disparo de arco era, de lejos, uno de los movimientos más impresionantes que había visto nunca, y si bien parecía haber puesto en jaque al criminal, no parecía haber terminado de hacerle ceder.

—Puedo intentarlo... —musitó, sin verse con la capacidad de decirlo muy alto, como si le doliera el simple hecho de abrir la boca.

Hizo acopio de todas las fuerzas que le quedaban, así como de la voluntad que tenía, se armó de coraje, apretó los dientes al notar el pinchazo en su hombro y, dejando el brazo herido muerto, echó hacia atrás la pierna. Alrededor de la misma comenzó a producirse un zumbido, uno que comenzó a intensificarse al tiempo que el aire vibraba. Lo siguiente sucedió con rapidez, y es que el agente hizo uso de una de sus últimas herramientas, una mejora del rankyaku que el propio agente Markov le había ayudado a desarrollar durante los entrenamientos junto a la cazadora. La potencia de aquella técnica era tal que, más allá de dividir en dos lo que quedaba del cuerpo del hombre de nimbus, propagó los daños del corte hasta provocar heridas por el resto de su piel. Poco importaba en realidad, teniendo en cuenta que lo había partido por la mitad.

El suelo se tiñó de rojo, un color que para nada provocaba satisfacción alguna en el parcheado, pero a esas alturas de la operación parecía que no les quedaba más remedio que cortar por lo sano. Así que, una vez acabaron con ello, se dejó caer de rodillas al suelo, sosteniéndose el hombro herido.

—Puedes... ¿Puedes ir a comprobar si está ahí? —Preguntó, intentando mantenerse tan entero como podía, pero el dolor era terriblemente intenso—. Luego voy a necesitar que me eches una mano, pero la misión es prioritaria.


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Vie 18 Sep 2020 - 16:59

Abi estaba molida. Apenas le quedaban fuerzas para desviar la mirada cuando Kusanagi terminó de finiquitar el trabajo con un movimiento tan efectivo como bestial. Bastante más que excesivo pero... dado que corrían peligro de muerte no le diría mucho al respecto, tampoco es que ella se hubiese contenido mucho.

Tu instructor conoce cosas muy letales —comentó mientras deshacía su propia técnica. Su pelo regresó a la normalidad, sus vestimentas volvieron a ser las de antes y perdió todo rastro de la ilusión de armadura que había formado antes.
Ahora mismo —dio unos pasos hacia el barco, pero se lo pensó por unos segundos. No, solo serían unos segundos, y ahora mismo el agente no corría tanto peligro. Se apresuró y se subió a la pequeña nave, metiéndose rápidamente en el interior. No podía notar ninguna presencia, pero tras medio minuto de rebuscar, consiguió encontrar algo extraño.

Era un... ¿doble fondo? Parecía un poco descuidado, pero supuso que pensaría que después de montar todo ese tinglado con tantos refugios falsos, un laberinto bajo la ciudad y un mercenario que podría rivalizar con los piratas más fuertes del Paraíso no iba a llegar nadie hasta el tesoro. Se trataba de un pequeño cofre, no parecía gran cosa pero era lo único que se podía llevar de allí. Además, sus brazos dolían mucho como para seguir tirando cosas.

Salió de la nave asegurándose de pisar sobre arena y se dirigió al agente de nuevo. Se sentó junto a él y le enseñó lo que había encontrado.

Imagino que será esto, no había nada más dentro. Nimbus no está, quizá decidiera irse sin el cofre cuando irrumpimos, tal vez el plan era que este nos eliminara y reencontrarse en otro lado —dijo la beata. No se le ocurría mucho más, una decisión rápida para salvar el pellejo, aunque eso supusiera dejar atrás temporalmente lo que llevaba tanto tiempo buscando.

Vamos ahora con tu hombro, antes de que me abandonen mis fuerzas —dijo. El agente estaba en peor estado que ella y su hombro estaba hecho unos destrozos. Primero empujaría despacio al agente para tumbarlo y asegurarse de que se quedaba ahí.
Necesito que estés quieto, no sé tanto de esto como para colocártelo bien al vuelo —continuó, agarrando su muñeca izquierda con la mano derecha para colocar su brazo en noventa grados. Sostuvo su codo con la otra mano para asegurarse de que no se movía. Empezó a girarle el brazo despacio mientras empujaba hacia el codo.
No queda mucho —animó momentos antes de dar un último empujón con el que acabaría recolocándole el brazo en su sitio.

Tienes que ser un poco más duro. Puedes levantarte ya —hablaba mientras le daba un par de palmadas en la cabeza.

Abi había dejado el cofre frente a ellos y... bueno, con eso ya habían acabado, ¿no? faltaba que el agente avisara a sus superiores si es que no lo había hecho ya. Necesitaba un descanso, un médico, y volver a Whiskey Peak a por su barco, que hacía siglos que no lo veía.
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Mensaje por Kusanagi el Sáb 19 Sep 2020 - 19:17

Sí, Markov era conocedor de un amplio surtido de medios para quitarle la vida a un hombre, incluso fuera del rokushiki. Su caso, de hecho, era bastante particular. Por Issei sabía de la existencia del Cipher Pol 9, aquella división secreta a la que se le asignaban las operaciones más delicadas del Gobierno Mundial. Lo que también descubrió, con el tiempo, es que el moreno había estado a punto de ser reclutado por los asesinos de élite de la agencia, aunque rechazara el puesto al final. El cargo de Markov, de hecho, era un tanto peculiar, y es que ni siquiera se encontraba entre el directivo del CP8. Por el contrario, se había convertido en alguna especie de instructor, así como un coordinador de menor categoría en cuanto a los asuntos más mundanos de esa sección de la agencia. El porqué de ello seguía siendo un misterio para el agente, después de aquellos nueve años.

—Abi, está bien —aseguró, mirando de reojo a la cazadora al ver que dudaba—. Ve.

No, la verdad es que no estaba bien. Kusanagi no era el tipo de agente que pudiera estar acostumbrado a recibir daños, y es que sus particulares capacidades le facilitaban evitar casi cualquier tipo de daño en todo momento. Contaba, pese a ello, con un cuerpo resistente y un aguante envidiable, pero no podía decir que estuviera hecho al dolor. Cualquiera lo diría, siendo evidente la pérdida de su ojo.

Tomó aire con calma, procurando sentarse sobre la arena mientras mantenía aquella parte del cuerpo completamente inmóvil, con la mano contraria haciendo de sujeción para evitar hasta el menor de los movimientos en su brazo. La verdad es que habían terminado hechos un desastre, no solo él, pero si habían logrado recuperar lo que fuera que Nimbus estaba protegiendo, habría merecido la pena. ¿Lo había hecho? Llevaban cerca de un mes haciendo trabajo de campo, yendo de aquí para allá, cambiando de mares, recibiendo órdenes directas de Markov y, en definitiva, dando caza al criminal. No sentía ninguna presencia más en la cala, más allá que la de algunos animales y la de su compañera, por lo que el delincuente no podía estar allí. Resultaba una lástima no haber podido capturarle ahora que estaban tan cerca, pero no podía pedir más que acabar aquella última misión con éxito. «Última misión», repitió el pelirrojo en su cabeza, sonriendo con resignación. Parecía mentira que hubieran llegado ya al final.

El pelirrojo alzó la mirada al escuchar la voz de Abigail, observándola al sentarse a su lado y echando un vistazo al pequeño cofre que sostenía.

—Es posible que le pudiera la presión. Saber que dos agentes estaban tan cerca de alcanzarle ha debido ponerle de los nervios —comentó, animado, empujando suavemente el recipiente para que lo mantuviera consigo—. Quizá sea mejor así. No sé cómo será, pero no estamos en las mejores condiciones para perseguir a nadie.

Aquel último pensamiento le hizo reírse, gesto que le dolió horrores y hasta le hizo toser. Probablemente, su hombro no era la única zona afectada por los golpes de aquel animal, así que sería mejor no forzarse demasiado. Su sonrisa se borró, sin embargo, cuando la rubia le indicó que se tumbara. Todos sus sentidos se pusieron en alerta, sabiendo el agente lo que iba a llegar a continuación: un dolor inevitable. No le hacía mucha gracia la idea, pero no podía ir por ahí con un brazo colgando y, al final, había sido él quien le había pedido ayuda con eso. Fue por eso que se dejó hacer, apoyando la espalda sobre la arena hasta quedar boca arriba, dejando que la cazadora manipulase su brazo.

—No te preocupes —le indicó, inspirando profundamente mientras se mentalizaba para lo que se le venía encima—. Haz lo que debas.

«¿Que no se preocupe, Kus? ¡¿Que no se preocupe?!», se recriminó a sí mismo en el momento en que comenzó a hacer girar su brazo izquierdo, cerrando con fuerza el puño y apretando la mandíbula hasta hacer que sus dientes rechinasen. Muchas palabras negativas surcaron la mente del agente mientras se dejaba hacer, haciendo acopio de todas las fuerzas que le quedaban —que no eran muchas— para no armar un espectáculo frente a su compañera. Estaba apretando los ojos y, por momentos, sentía que el mundo le daba vueltas. Al final, no pudo contener un gemido de dolor cuando llegó el último empujón, pudiendo escuchar y sentir un intenso «clac» en el momento en que su hombro volvió a donde pertenecía.

—¡Agh! Mierda —despotricó, aún sin valor para erguirse—. Más duro, ¿eh? Cómo se nota que no eras tú quien... —comenzó a reprocharle, con el ceño fruncido, pero la imagen del puñal en el costado de Abigail regresó a su mente y  su expresión se relajó—. Olvida lo que he dicho. Y gracias.

Tras recibir aquella suerte de gesto cariñoso por parte de la beata, se sujetó a ella con suavidad para ayudarse a erguirse, procurando aún no hacer fuerza con el lateral izquierdo. No se sentía del todo seguro, aún le dolía y su cuerpo se mostraba reacio a moverse ante la idea de volver a resentirse. Una vez se encontró sentado a su lado, se la quedó mirando por unos segundos y terminó sonriendo de forma maliciosa.

—Me dices a mí, pero tú estás hecha un desastre también.

En realidad, le preocupaba que el combate hubiera hecho mella en la cazadora más allá de lo que alcanzaba a ver a simple vista. Tan solo esperaba que, de ser así, tuviera la confianza de contárselo y no hacerse la dura delante de él. Habían salido de otras peores, ¿no?

Su ojo esmeralda se clavó en el pequeño cofre, observándolo con recelo. La curiosidad por ver qué contenía era más que evidente en él, pero lo abriría hasta que llegasen sus superiores para la extracción. Por el contrario, decidió evadir la tentación para levantarse y caminar hasta el último lugar donde había visto su espada. Tirada en la arena, pudo sentir con tocarla un extraño sentimiento de rechazo, lo que le hizo reírse sin motivo aparente. «Siento haberte soltado», dijo en su mente, como si Yūjō pudiera entenderle, escucharle o estar viva de verdad siquiera. Tras esto la devolvió a su vaina, notando al momento cómo se sellaba en esta. No podía culparla, y es que había dejado de brindarle su voluntad antes de haber terminado el combate.

Regresó junto a Abigail, activando su comunicador.

—Aquí el agente Yu —comenzó, como si hablara solo—. El blanco ha escapado, pero hemos recuperado la carga. Esperamos extracción en...

Procuró dar una aproximación lo más detallada posible sobre su posición, ayudándose de la cazadora para que se los confirmara. Se sintió tentado de volver a alzarle el pulgar una vez terminó de hablar, esta vez sí, victoriosos, pero prefirió no correr riesgos; no se sentía con fuerzas suficientes como para sobrevivir al carácter de la monja si no se lo tomaba bien. Además, por el momento, no le había regañado, así que sería mejor dejarlo estar.

—Creo que dejaré mis preguntas para otra ocasión, y guardaré la respuesta sobre lo del mapa también. Así quedará pendiente que nos volvamos a ver, ¿no? —Le dijo con calma, algo resignado pero animado, poniéndose en pie al ver cómo una discreta embarcación se aproximaba a lo lejos—. Parece mentira que llevemos tanto tiempo fuera, ¿no crees? —Le tendió la mano buena, queriendo ayudarla a ponerse en pie—. ¿Seguro que no te interesa unirte? No nos vendría mal más gente como tú, y menos a mí —le dijo, en un tono que denotaba con evidencia que estaba bromeando. Una última antes de despedirse—. Ha sido un placer trabajar contigo, Abi.


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Mensaje por Abigail Mjöllnir el Dom 20 Sep 2020 - 14:45

Solo necesito descanso y un zumo —dijo, bromeando.

Más duro y un poco menos quejica, se atrevería a decir. Se encogió de hombros al escucharlo, sí, bueno, también estaba hecha polvo, pero no podía hacer nada al respecto, solo recibir atención médica y reposar antes de volver a la acción. Ya se acercaba la embarcación... porque eran los del gobierno, ¿no?

Recogió el cofre y se ayudó de Kusanagi para poder levantarse.

No, no puedo, lo siento —respondió, una vez más. Después movió el brazo derecho, el que no sujetaba el cofre, y rodeó la nuca del muchacho, como una especie de "abrazo" que no le haría sufrir por no tocar su brazo herido —. Si algún día te cansas de la agencia solo tienes que encontrarme, siempre viene bien un asistente, y prácticamente no tengo papeles que te puedan confundir —dijo antes de separarse del agente.

Iba a ir a la embarcación, pero antes de nada le entregó el cofre a Kus.

Eres el encargado de la misión, deberías entregar esto tú —avanzó unos metros hacia la embarcación, donde ya se veía a un agente del Cipher Pol esperándolos —. No hables en pasado, anda. Quizá volvamos a trabajar juntos en el Nuevo Mundo, o antes si os volvéis a ver sin efectivos —propuso, y es que tenía pensado trasladarse allí en cuanto acabara un par de "proyectos" o tres que tenía pendientes. Igual que le había pasado al inicio de sus aventuras de cazadora, el mar estaba empezando a quedársele pequeño. Necesitaría fortalecerse antes, pero si quería ir a por los criminales más sanguinarios y mandar un verdadero mensaje tenía que viajar hasta el Nuevo Mundo.

—¿Dónde la dejamos? —preguntó el agente que la recibió en la embarcación.
Whiskey Peak, hace siglos que no veo mi barco.

No había tenido un momento de tranquilidad desde el fin de la condenada carrera. Apenas tuvo tiempo de regresar a Whiskey Peak cuando la llamaron desde el Gobierno para el primer trabajo en el West Blue y, a partir de ahí, fue encargo tras encargo y llevaban ya... cuánto, ¿semanas? ¿habían llegado al mes? Necesitaba descansar, recuperarse, luego acordaría con Kus lo de tomar algo y después volvería a su rutina habitual.

Se dirigió al interior de la embarcación mientras su compañero entregaba el cofre de Nimbus Hubble, dando por finalizada aquella misión. Según le dijeron, los dos —Abigail y Kusanagi— serían recompensados por haber llevado a cabo la misión de forma satisfactoria y que cuando se reunieran con el Agente Markov les informarían de lo que hubieran podido averiguar.

Se metió en su camarote y, por suerte, el gobierno tuvo la amabilidad de recoger su ropa. Se cambió mientras le daba vueltas a lo que acababa de hacer con el arco. El instructor no quiso dar apenas información, pero aquella habilidad era una aplicación de las habilidades secretas de sus agentes. Recordó instantáneamente sus encuentros con agentes del Cipher Pol a lo largo de la carrera e incluso aquel al que conoció cuando se inscribió como cazadora. Endurecían su cuerpo, saltaban por el aire, su velocidad era inhumana, ¿el movimiento ese de Kus con sus piernas era otra de esas habilidades?

Ya le preguntaría. Por ahora a la beata le esperaba un largo y merecido descanso. Pero eso sería después de saber cuál sería su recompensa y después de saber qué demonios estaba buscando Hubble con tantas ganas.
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