Próxima ronda fugaz

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El último recurso [Priv Lys - Dexter]

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Mensaje por Aki D. Arlia Vie 28 Ago 2020 - 14:16

Que alguien le explicase cómo había acabado ahí. Ah, sí, había oído un rumor. Tenía que estar loca por cruzar medio mundo por un rumor, pero por otro lado tampoco tenía nada mejor que hacer. Y si no había mirado mal el mapa, Samirn estaba a una semana de viaje, más o menos. Si todo iba mal, se iría hasta la casita de la que le había hablado Dark y acabaría con su reserva de vino. Hm. Se estaba acostumbrando a eso último y en retrospectiva no parecía la mejor idea. Quizá debería apartarse del líquido rojo por un tiempo.

Bajó a tierra un poco a la defensiva. Había oído hablar de ese lugar, pero nunca había estado allí. Si su fuente, que tampoco era tan fiable, estaba en lo cierto, al este de la isla había una ciudad habitada por gente que podía ayudarle con su pequeño problema. Por lo visto eran capaces de ver en lo más hondo de las personas y averiguar el verdadero deseo de sus corazones. ¿Significaría eso que serían capaces de decirle quién era antes? Su otra teoría era que aquel capitán estaba muy borracho cuando le contó esta leyenda, pero parecía tremendamente convencido. Por otro lado, no podía descartar que fueran un montón de drogatas. O un culto. ¿Secta? ¿Habría una diferencia? Demasiadas preguntas.

Pegó un salto y sacó sus alas, manteniéndose prudentemente a un metro del suelo. Algo había intentado morderle el pie y aunque se había topado con su zapato, no tenía intención de darle otra oportunidad. No debería haberse sorprendido, el puñetero nombre de la isla ya anunciaba lo que se le venía encima. Dangerous. Demonios. Se alzó un poco más para intentar orientarse y acabar con lo que venía a hacer cuanto antes. El este… en realidad no tenía muy claro hacia dónde ir. ¿Seguro que no había dicho oeste? Todo era planicie desbarrada hasta donde le alcanzaba la vista… menos en ese bosque de ahí. O jungla, más bien, esas cosas no eran exactamente árboles… pero por lo menos eran verdes.

Encogiéndose de hombros agarró uno de sus sai y se dispuso a colarse en la jungla. Igual ahí dentro encontraba alguna pista o a alguien buscando víveres. Desde luego parecía más prometedor que la playa en la que se encontraba y por algún lado tenía que empezar.

Se arrepintió de su decisión exactamente veintitrés segundos más tarde, pero ya no había vuelta atrás. Miró con el ceño fruncido al enorme oso negro que tenía delante. ¿De dónde rayos había salido? Le había parecido que se había materializado desde el puñetero suelo, pero eso no tenía sentido. Sintió como una liana le tocaba el hombro de forma sugerente y lanzó un tajo hacia atrás, irritada. No era la primera vez y empezaba a asumir que por muchas que cortara, la última no llegaría.

-Bueno, vamos allá. No irá mal descargar un poco de energía. ¡Venga, bola de sebo, VEN AQUÍ!

No tuvo que decírselo dos veces y, de alguna manera, dos minutos después estaba rodando por el suelo de la jungla con el oso en un extraño combate de llaves por ver quién retenía a quién. Y la cosa estaba bastante ajustada.


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Mensaje por Dexter Black Miér 16 Sep 2020 - 2:06

Dangerous era una isla que resultaba, como mínimo, peligrosa. Arribor había desembarcado una vez en ella, acompañado de Drake Lars y toda su tripulación, pero la gran parte había muerto en el lugar. Incluso el Lobo, aunque no se conocía su paradero, había desaparecido en esa isla. Y Dexter no era idiota, si el lugar había sido un reto para la única persona capaz de igualarlo hasta la fecha lo más lógico era pensar que él también estaría en apuros si las cosas se torcían. Sin embargo, precisamente debido a la naturaleza de la isla, muchos barcos habían encallado en ella y vertido en mar y tierra tesoros y riquezas. En ese caso él buscaba carbón de las raíces del gran árbol de Zou, de un cargamento perdido hacía, según sus datos, unos veinte años. No obstante, era casi imposible que alguien se lo hubiese llevado y desde luego resultaba más fácil que pedirle a un mink que lo llevase hasta allí.

Sobrevoló la isla desde una altura razonable. No había llevado el barco porque conocía las aguas y el sistema de Secretaria no era suficientemente avanzado como para sobrevivir al Kraken o al gran tiburón. Empezaba a estar fatigado tras el viaje, pero siguió estudiando la superficie durante un rato en busca de la zona más segura, un espacio en el que poder aterrizar sin arriesgar la vida, cuando se fijó en una enternecedora escena veraniega: Bajo sus alas, allá abajo, Lysbeth luchaba mano a mano contra un oso en lo que parecía una competición de lucha libre reglada según el instituto más teatrero de Ballywood. Y, aunque pudiera parecer una locura dado que la mujer se estaba literalmente peleando por su vida contra un oso, se trataba del lugar más seguro de toda la isla: Al fin y al cabo, dos tenían más posibilidades que uno.

Aterrizó finalmente sumándose a la llave, atrapando por el cuello al oso que muy pronto cayó inconsciente por falta de oxígeno. Por muy fuerte que fuese el oso no podía competir con años de práctica en artes marciales, y estaba seguro de que si Lys no se había encargado de él era porque sencillamente intentaba de alguna manera divertirse con el animal. Lo cual era loable pero a todas luces mala idea, y si bien no iba a regañarla la miró con severidad durante un par de segundos antes de tenderle la mano para ayudarla a levantarse.

- Parece que al final sí vamos a tener esa cita -saludó.

Tenía mucho que hablar con ella, en especial acerca de los cuchillos que llevaba consigo. Él tenía una teoría, y cada vez más se iba acrecentando. Solo esperaba que fuese un presentimiento equivocado, porque no quería decir nada que pudiese hacerle daño. Sin embargo, también necesitaba saber por qué.



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Mensaje por Aki D. Arlia Miér 16 Sep 2020 - 12:01

Tenía que confesar una cosa. No se encontraba bien. Llevaba mucho tiempo viajando tratando de esquivar las preguntas de su mente y hacía demasiado poco que había decidido enfrentarlas y buscarles una respuesta. Ahora, sin embargo, se había encallado en ese pequeño vacío negro que existe justo antes de llevar a cabo la decisión tomada. Puede que estuviera frenando al oso con pies, manos y toda su fuerza, pero mentalmente se encontraba sentada, abrazada a sus rodillas y… esperando. ¿A qué? No lo sabía. Pero por algún motivo, empezar por algún lado se le antojaba algo muy lejano. Había trabajado mucho para llegar a la conclusión de que no podía huir de su pasado, de que tenía que recuperar sus recuerdos incluso si lo que encontraba le destrozaba. Y se había sentido muy bien una vez lo había decidido pero… ¿cuál era el siguiente paso? No tenía pistas ni caminos que seguir, tan solo un abismo negro que la paralizaba.

Desde luego, el oso estaba intentando con todas sus fuerzas distraerla, pero incluso la mole de pelo y rugidos no podía terminar de arrancarla de esos pensamientos. Por suerte, no estaba sola.

Cayó desde el cielo, un fugaz borrón azul que se materializó encima del oso, terminando de apresarlo y quitándoselo de encima una vez se desmayó por la falta de aire. Perpleja, tomó la mano que le ofrecía y se levantó. No llevaba gorro de paja ni delantal de sugerente mensaje, pero aún así era inconfundible. La pregunta era ¿qué demonios hacía Dexter Black en Dangerous? No era precisamente isla turística y aunque era un lugar ideal para perderse, no podía imaginar qué le habría llevado a él hasta allí. ¿No tenía obligaciones y esas cosas? Creía. ¿A qué se dedicaba estos días? ¿Seguía con la revolución? ¿Iban a conquistar la isla? No tenía sentido, de nuevo, no tenía nada de atractivo, ni siquiera como base estratégica.

Una enésima raíz trató de enroscarse alrededor de su tobillo y con un gruñido de frustración, se agachó para seccionarla y liberarse. Que habían pasado solo unos segundos, por favor. Harta, se subió de un salto al oso inconsciente y se sentó sobre él, mirando a Dexter mientras seguía alerta de sus alrededores. Dudaba que un poquito de altura fuera a mantenerla a salvo mucho tiempo, pero al menos así no tendría que agacharse. Quizá.

-En ese caso espero que hayas traído la cena.- le dijo, esbozando una pequeña sonrisa.- Recuerdo que debería invitar yo, pero como puedes comprobar, estoy un poco escasa en lo que a víveres y romances se refiere.  

Puede que les hubieran concedido un empate en aquel torneo, pero recordaba la situación y sabía que había sido por los pelos. Un poco más y habría mordido el polvo, aunque no le habría molestado mucho. Estaba fácilmente en el top tres de las peleas que más había disfrutado allí. Le había dolido un poco que Arthur no hubiera ganado al final, especialmente después de la que le había liado con la lanza dorada. Todavía la tenía guardada en su barco… junto con un par de cosas más, entre ellas cierta espada. Podía ser un buen momento para devolvérsela. Ella no utilizaba espadas. Clavó los ojos en los suyos, intrigada y sin querer dar nada por sentado.

-¿Qué te trae por aquí?


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Mensaje por Dexter Black Miér 9 Dic 2020 - 18:24

- Yo soy tu cena -bromeó, encogiéndose de hombros-. En verdad no, pero no puede ser tan difícil cazar en este sitio. Si ese oso está vivo tiene que haber algo más pequeño que él que pueda comerse. Y si él pudo cazarlo, nosotros también. ¿No crees?

Le dio un toquecillo en la nariz con su índice. Fugaz, pero suficiente. Realmente, a esas alturas daba igual si se trataba de Lysbeth o de Aki, pero resultaba agradable saber que cabía la posibilidad de que la pelirroja siguiese con vida, y alentador que fuese casi una certeza. Habían pasado por algunas cosas juntos, y aunque se tratase de momentos fugaces los atesoraba con cierto cariño. Además, la pirata era de las pocas personas que él conocía que se habían atrevido a sacrificarlo todo en pos de su libertad, y eso merecía un respeto.

Aunque, siendo sinceros, pesaba más el cariño que le tenía.

- Hace unos años encalló en esta isla un cargamento de carbón de Zou -explicó, respondiendo a su pregunta y cambiando de tema, más por relajar su alborotada mente que por agregar motivos a su llegada. Estaba ahí porque quería, en el fondo, o puede que hubiese ido ese día y no otro porque inconscientemente había elegido seguir un futuro determinado-. Se trata de un combustible único para un proyecto en el que estoy trabajando, y Dangerous parecía más fácil de encontrar que un elefante errante. -Alzó los brazos tímidamente, asomando las palmas con fingida inocencia-. Así que aquí estoy.

Puede que acompañase su explicación de algún cabeceo, e incluso que se subiese él también al oso para recortar la diferencia de alturas que se había levantado entre ellos. No es que se sintiese acomplejado, pero en tanto que era más alto que la mayoría de gente se le hacía extraordinariamente raro mirar a una persona -concretamente a una mujer humana- desde abajo. Si bien había que admitir que Lys levantaba del suelo casi dos palmos más que la mayoría de mujeres, Dexter seguía sacándole dos cabezas de altura.

- Estás más guapa bajita -había dicho al elevarse él también, casi más pensando en la a su vez cabeza que como Lys sacaba a Aki. "Pero es solo una posibilidad", se dijo, y aun sabiendo que no la necesitaba volvió a tenderle la mano, acompañada de una suntuosa reverencia-. ¿Me haríais el honor de acompañarme en mi empresa por el carbón y las dádivas que hallemos por el camino, oh, majestad?

Vale, puede que estuviese haciendo un poco el memo, pero hasta él podía darse cuenta de que ella no estaba bien. Podía ser muy distraído, pero hasta él se percataba de las voces a su alrededor, más cuando eran tan fuertes como la suya. Y tener una voz gritando con tanta potencia implicaba que, aun sin querer entrometerse, la escuchaba llorar.



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Mensaje por Aki D. Arlia Miér 9 Dic 2020 - 20:00

A ver, una cosa estaba clara. Desde luego, estaría más bueno que el oso. El condenado no dejaba de moverse y la carne con sabor a rencor no era lo suyo. Por otro lado, su lógica no era mala. No podía ser tan difícil encontrar comida… aunque tampoco es que tuviera mucha hambre. Entre sus pensamientos y lo extraña que se había vuelto la situación de repente tenía suficiente, gracias.

Alzó una ceja al notar el toquecito en la nariz. ¿Y eso? ¿De dónde había salido? No sabía qué esperaba de este encuentro exactamente, no había tenido tiempo de planearlo precisamente, pero esa confianza le confundía. Se lo había pasado bien en el torneo, pero también recordaba la jugada sucia que le había hecho. Y que no había funcionado, por supuesto. Quizá lo había olvidado, quizá ya no le importaba. O tal vez ella estaba demasiado a la defensiva. Suspiró y tenía toda la intención de enterrar la cabeza en el pelaje del oso cuando se puso a dos patas. Ni corta ni perezosa, se puso de pie sobre su lomo y le dio un tremendo coscorrón en la cabeza.

-¡Que te estés quieto! Tengo más cosas a las que atender.- Dijo, lo segundo en voz baja.

Sus palabras le causaron más curiosidad que otra cosa. Combustible para un proyecto, decía… ¿qué clase de combustible tenían en Zou que no podía conseguir en otro lado? ¿Y qué rayos estaba construyendo que no podía sustituirlo con otra cosa? Poco a poco, su interés por todo aquello que no entendía tiró de ella tratando de arrancarla de la maraña que eran sus propios pensamientos. Sin embargo, antes de que hubiera logrado decidir a qué quería prestarle más atención, el volvió a confundirla y lo que fuera que estaba pensando se deshizo sustituido por una suave sonrisa.

Sí, tenía razón. No estaba acostumbrada a mirarle desde arriba y aunque estaba el oso en medio, le gustaba la perspectiva. Él se alzó hasta ella, que se rió entre dientes. De verdad, no tenía el día para ligoteos… pero tampoco iba a decírselo. Le invitó a irse con él y tenía que admitir que no parecía una mala idea. No era como si fuera a salirse de la isla así que… sería un descanso. Uno pequeñito. Tomó su mano, asintiendo una sola vez.

-Solo un rato. Luego debería volver aquí y terminar lo que he empezado.

Se ahorró la parte en la que en realidad no había empezado y el oso era más un estorbo que parte de la tarea, sacándole la lengua al bicho en su lugar. No se lo tomó bien, pero cuando se lanzó hacia ella la pirata le recibió con una patada, apartándolo de ella.

-Nada de eso, ya hemos jugado bastante.

Dio un paso, pero otra raíz se enroscó en su tobillo. Paró en seco y suspiró, antes de mirar a su inesperado acompañante y señalar hacia arriba.

-¿Qué te parece una búsqueda por los cielos? Me iría bien un momento de calma, la verdad.

Si aceptaba, pasaría a su forma completa y se alzaría de un silencioso aleteo, ascendiendo hasta dejar bajo ella las copas de los árboles y estirarse por primera vez en… horas, en realidad. Demonios, tenía que dejar de procrastinar.

-Y entonces… ¿qué estás construyendo?

Bueno, solo un ratito más.


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Mensaje por Dexter Black Sáb 12 Dic 2020 - 11:26

Arqueó una ceja al ver la pasión furiosa con la que Lys atizaba al pobre oso. Desde luego parecía superada por la situación, aunque de cara al exterior no lo dejase entrever. Además hubo algo en sus palabras que le hizo sospechar acerca de la naturaleza de su viaje, aunque no supo si era buena idea decirlo en aquel momento. ¿Realmente estaba buscando respuestas o simplemente necesitaba algo mucho más concreto? Si bien él solía abstraerse en cuestiones de esa índole, Aki... Lys siempre le había parecido, en general, una persona mucho menos reflexiva. Aunque eso podía deberse al simple hecho de que no la conocía tan bien como creía o que, simplemente, Lysbeth había nacido muy recientemente: Estaba madurando, y ello implicaba, inequívocamente, hacerse preguntas sobre su verdadera identidad. ¿Que podía no ser la pelirroja? Tal vez, pero en ese caso no habría visto su melena roja en una visión de futuro. Y, a pesar de que había excepciones, su fruta... Su dueña.

- Sea lo que sea, terminará mejor si estás descansada. -Tiró de ella levemente cuando tuvo en la palma su mano, acercándola un poco más. Continuó en un susurro, dejando las palabras mágicas en su oído antes de desplegar las alas: -. Por cierto, he limpiado tu cuchillo. Es... Interesante.

La membrana azul celeste se fue recubriendo poco a poco de delicadas escamas brillantes como el zafiro. No solía adoptar su forma completa dado que, al contrario que la de Lys, era bastante más aparatosa -e indudablemente menos sugerente-. Sin embargo era lógico surcar los cielos en una isla donde toda la tierra y el mar querían matarte. En los vientos solo se toparían con palomas vampiro, gaviotas gigantes y pelícanos cachalote, lo cual era indudablemente menos peligroso que... Oh, dios mío. Dangerous era una trampa mortal.

Aun así, el cielo era mucho más seguro por el simple hecho de que no estaban limitados al plano del suelo, por lo que decidió seguir con su plan inicial, el mismo que había atajado al ver a la morena, pero dejó que ella guiase hacia donde quisiese. Aunque ya hubiese peinado algunas zonas, estaba seguro de que en ese momento el camino era más una huida hacia la paz mental que una genuina oferta de ayuda. Y le parecía bien, claro. Él haría lo que pudiese, si es que podía, para calmar los rotos ánimos de Lys. Y si ello pasaba por revelarle el trabajo de su vida, lo revelaría.

- El guantelete negro -dijo, en el aire. Estaba usando sus poderes para crear una pequeña pompa sin viento delante de sus caras, permitiéndoles comunicarse-. Hace unos meses descubrí que extrañas propiedades se han adherido al carbón de mi fragua. Lo he estudiado y puedo afirmar que soy capaz de construir un arma que replique mis poderes. Una pareja para este. -Mostró el guantelete plateado de su mano derecha-. Pero mejor; forjado con los mejores materiales, puesto todo mi empeño, toda mi pasión... Un arma que lleve mi alma, y así no olvidar nunca quién soy.

Siguió planeando junto a ella, en su ruta, atento al suelo. Un barco encallado debía estar por la costa, pero en esa isla nunca podía saberse. Había demasiados terremotos y animales grotescos como para dar eso por hecho. Y no lo haría.



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Mensaje por Aki D. Arlia Dom 13 Dic 2020 - 17:07

Dejó escapar un pequeño suspiro al sentir como tiraba de ella. De repente, se encontraba muy cansada.

-Sí… supongo que tienes razón.

Fue a decirle algo más al oír lo del cuchillo, pero ya se estaba alzando. Fue con él y en pocos segundos se encontraban lejos del oso y de la isla. En el aire también había criaturas molestas, pero era bastante más sencillo evitarlas y por fin notó como empezaba a relajarse un poco. Echó a volar sin rumbo fijo ni caer en que ella estaba guiando.

-Me alegro de que te guste, pero preferiría que me lo devolvieras. Así podría volver a tener el juego completo, que ya lo había dado por perdido.

No era extraño, al fin y al cabo no había planeado volver a reunirse con él. Tras el Torneo cada uno había ido por su lado y había asumido que así quedaba todo. De todas formas, tenía que admitir que le gustaba saber que había conservado el cuchillo. Fácilmente podría haberlo tirado y ahora tenía la oportunidad de recuperarlo. Desde luego era mucho mejor así.

Escuchó con curiosidad la historia del segundo guantelete. Era interesante y quería saber más, pero no pudo evitar esbozar una sonrisa algo amarga ante la última frase.

-Venga ya.-Dijo en voz baja.- Eres Dexter Black. Tu nombre se susurra por los cuatro confines. No dudo que será una creación impresionante, algo solo tuyo, pero… tu alma no está ahí. No vas a olvidarte de quien eres, porque cualquiera a tu alrededor podría recordártelo.

Al fin y al cabo… ¿no era eso lo que buscaba ella también? Fama, aventuras, historias… era lo que se había pedido, como mínimo. No estaba segura de haberlo conseguido. Pero incluso si recuperaba sus recuerdos… no creía que fuera a sentirse decepcionada. Si acaso un poco menos perdida.

De repente, vio algo que definitivamente le llamó la atención. Era un barco, o los restos de uno, pero no estaba en la costa. Ni siquiera en tierra. Estaba encallado entre las copas de tres enormes árboles.

-Sabes, no quiero saber cómo demonios ha llegado eso ahí… pero apostaría a que es lo que estás buscando.

Había sido buena idea ir por las alturas. Puede que no fuera el barco que él buscaba, no dudaba que más de uno había encallado en esa isla, pero desde luego no había muchos que hubieran llegado tan arriba y desde luego quería saber algo más de esa historia. Sonriendo con un poco más de ganas, se adelantó y le hizo una señal para que la siguiera.

-Esto sí que es un aterrizaje forzoso. ¿Cómo rayos se sostiene? Esos árboles tienen que estar sufriendo…

Llegó a la cubierta y sin cambiar de forma se posó con todo el cuidado del mundo, medio temiendo que se fuera a derrumbar en cuanto lo tocase. Sin embargo eso no pasó y triunfal aguardó por Dexter para entrar a las entrañas de la embarcación.

-A ver qué tiene que contarnos.


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Mensaje por Dexter Black Mar 15 Dic 2020 - 21:13

- Puedo devolvértelo, si me dices de dónde lo has sacado.

Había dos opciones: O no lo sabía, en cuyo caso la idea de la Aki amnésica cobraba más fuerza, o se los había encontrado por ahí, junto al cadáver de la pelirroja -de forma más o menos literal-. Pero al mismo tiempo, la pelirroja estaba viva en un futuro, por lo que su muerte no era una variable a tener en cuenta. Al menos, no si no tenía en cuenta la variable Byakuro, aunque todo aquello perfectamente podría ser un efecto de su "primera" fruta, la de ilusión, lo que hacía francamente más perturbador que le hubiese pedido la logia de tinta en su momento, y... Se estaba yendo por las ramas. Lo importante era la pelirroja. Bueno, la morena.

- ¿Y qué me convierte en Dexter Black? -preguntó, curioso-. ¿Lo que dicen de mí? No parece una forma muy sana de asumir una identidad, ¿no crees? Quien quiera recordarme quién soy si lo olvido... ¿Qué podrán decirme? ¿Que de un golpe puedo devastar ciudades? ¿Que el chasquido de mis dedos podría frenar una batalla? Mitificado, en el peor de los sentidos; más temido que idolatrado, pero en ambos casos sin haberse preguntado nunca quién es el hombre tras el dragón.

Las palabras de Lys denotaban unos demonios, pero Dexter también arrastraba los suyos. Como la marea, iban y venían en una danza absurda. El Guantelete Negro era una pieza forjada sobre un carbón que había ardido miles de veces para él, una fragua en la que había puesto todo su corazón. En ella había renacido Nadia tras romperse, y había reforjado el Filo del Destino. En su interior había creado las... Un momento.

- ¿Has cuidado de mi espada? -Una apuesta arriesgada, tal vez demasiado. En sus visiones, la hoja fiordiana estaba en manos de la pelirroja, y ello implicaba que si ya la poseía... Era ella. Pero tampoco debía atosigarla, aunque deseaba de todo corazón ver su cara de sorpresa si había acertado.

No volvió al tema anterior. Estaba claro que Lys no lo entendía, pero tampoco era un tema tan importante como para ponerse pesado con él. Además, habían logrado divisar un barco. No era el que buscaba, de hecho se parecía muy poco a cualquier nave mink que hubiese visto hasta el momento, pero no había visto ninguna nave mink fuera de un libro, así que valía la pena explorarla aunque fuese solo por un instante.

Aterrizó junto a ella y guardó sus alas, doblándolas a la espalda mientras se iban fundiendo con ella. Si bien ella había sido grácil y cuidadosa, él apoyó los pies con altivez y seguridad, marcando el paso tranquilo pero firme con el que desde hacía muchos años avanzaba por el mundo.

- Apostaría mi camisa a que tiene que ver con la seta.

Había escuchado hablar de la seta, un alimento tan delicioso que toda la isla lo veneraba. También se rumoreaba que Arribor había perdido la cabeza por ella y ese podría perfectamente ser su barco, aunque no entendía aun así cómo habría llegado hasta el lugar. Lo que tampoco entendía era por qué se habían encontrado en ese lugar con la probablemente única criatura no hostil de toda la isla: El Alce fiestero. Aunque en espacios menos laicos se le solía llamar Alce navideño.

Tenía cuernos verdes y una larga barba blanca, una nariz roja y una brillante mancha en el pelo con forma de estrella. Sus pezuñas eran doradas, su almizcle olía a incienso quemado y estaba seguro de que aquella enorme boñiga tenía la misma textura que la mirra.

- ¡Aki, es nuestro día de suerte!

Si algo sabía del Alce fiestero era que coleccionaba carbón para dárselo a los chicos malos, así que lanzó un escupitajo al suelo. El alce, por desgracia, lo ignoró.

- Parece que no he sido lo bastante malo.



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Mensaje por Aki D. Arlia Miér 16 Dic 2020 - 20:26

Lysbeth frunció el ceño, confusa.

-El cuchillo es mío, siempre lo ha sido. Igual que el resto.-Se levantó un momento la falda, apenas unos centímetros en el lateral para poder enseñarle la liga que sujetaba los cuchillos restantes.- ¿A qué te refieres?

De que era un hombre extraño no tenía ninguna duda. Hablaba como si no pudiera devastar ciudades de un golpe, cosa que tenía bastante clara que era cierta. No tenía pruebas, pero sí suficientes indicios. Aún recordaba su combate. De todas formas, entendía a lo que se refería pero no estaba de acuerdo.

-Te daría la razón… salvo por un pequeño detalle. Cuando hablo de gente no me refiero a cualquier paisano. Si te fueras, hay gente que te buscaría. Que velaría por ti y te perseguiría. No sé qué te dirían esas personas, pero seguro que ningún mito o leyenda.

No podía explicar qué le hacía estar tan segura de que el dragón tenía a esa clase de personas a su lado. Quizá simplemente la posibilidad de que no las tuviera le resultaba impensable. ¿Cuántas cosas había vivido alguien como él? Cueste más o menos, los vínculos terminan apareciendo. Puede que desperdigados por los mares, pero claramente debía tener gente que se preocupara por él.

Se había preguntado a menudo si ella tendría alguien así. Si habría alguien que siguiera buscando a su antiguo yo o si habría dado cuenta también de eso. Si habría habido alguien, a secas. No estar segura le dolía, pero también sabía que incluso en su dolor, no estaba sola. Bueno, ahora lo estaba, pero ahora lo necesitaba. Y una vez acabara su búsqueda, se le ocurrían varias personas con las que querría compartir lo que encontrara. Hasta qué punto lo averiguaría una vez supiera la verdad, pero se consideraba afortunada solo por poseer eso. Era algo delicado y especial.

Aterrizaron mientras le hacía una nueva pregunta, que provocó una sonrisa traviesa. Oh, entonces sabía que la tenía ella. ¿Habría un localizador en el arma? Por algún motivo no terminaba de extrañarle.

-Está en mi barco, a salvo. No tengo problema en devolverla, realmente no es mi arma favorita. Siento que no llegara a su destino, hubo circunstancias… excepcionales, de por medio.

No, en realidad no. La había interceptado con toda la cara del mundo, pero eso no quedaba tan bonito.

Avanzaron por la embarcación y de repente, se encontraron con una criatura misteriosa y preciada: El Alce Navideño. Lys se llevó una mano a la boca para sofocar una carcajada al verlo, pero no tuvo  mucho éxito. Por toda respuesta, de repente una piedra negra aterrizó contra su frente dejándola manchada de hollín.

-¡Eh!

Se agachó para recoger el pedrusco, más divertida que indignada. ¿En serio? ¿Le había tirado carbón por reírse de él? Había oído las leyendas acerca de ese ser en el poblado, pero no se imaginaba que fueran reales.

-Yo seré una niña mala, pero con esa barba invita a meterse con él. Aunque es lindo, tengo que admitirlo. En cualquier caso...ten. Yo no le veo nada de especial, pero intuyo que sabes más de carbón que yo.

Le dio el pedrusco, antes de intentar acercarse más al Alce. Lo coleccionaba, ¿no? Incluso si ese no era el que buscaban, podía tener alguno más escondido que le sirviera al dragón. Sorprendentemente, cuando se acercó la joven el animal se dejó acariciar mansamente… tras tirarle otro pedazo, que esta vez esquivó. Mientras rebuscaba bajo su barba, miró a Dexter de reojo y dijo con voz suave:

-Por cierto… entiendo que no nos conocemos mucho, pero creo que no tengo un nombre tan difícil de recordar. Aunque si es un apodo cariñoso déjame decirte que tienes mucho que mejorar ahí.- Añadió con una pequeña sonrisa.

No tenía claro por qué le había llamado Aki. No sabía quién sería. Igual era alguna chica morena, parecida a ella. En cualquier caso era una falta de respeto y un tanto molesto. No lo suficiente como para cabrearse en serio, pero sí para dejárselo caer. Al fin y al cabo, que el Alce no lo considerase un comportamiento digno de carbón no implicaba que Lys opinase lo mismo.


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Mensaje por Dexter Black Jue 14 Ene 2021 - 20:04

- Eso me imaginaba.

Le costó decidir las palabras que sobrevendrían. ¿Debía decírselo? ?Que creía quién era ella, que estaba seguro de que le sobraban centímetros y le faltaba fuego en ese cabello de carbón? No tenía derecho a desvelarle algo que ella había decidido olvidar, aunque ella misma lo buscase tan desesperadamente. Porque, sí, aun sin pretender escucharla, podía escuchar las dudas de su voz torturada. Tal vez no tenía ningún derecho a violar la voluntad de Aki, pero Aki no tenía derecho a negarle la verdad a Lysbeth. ¿En qué posición lo dejaba todo aquello? Tal vez no pudiese decírselo abiertamente; tal vez ni siquiera debiese devolverle un cuchillo que, ante cualquier ojo atento, pertenecía a la pelirroja. Tal vez se estuviese preguntando demasiadas cosas sin sentido.

- A veces los árboles no te dejan ver el bosque. -Se bajó ligeramente los pantalones, dejando ver un liguero azul de encaje. En él un único cuchillo reposaba, perfectamente pulido y cuidado, totalmente refulgente. Sí, siempre llevaba el liguero por si se la encontraba, ¿algún problema?-. Pero si estos cuchillos están contigo desde que tienes memoria... Tal vez debieras escuchar lo que te dicen, ¿no?

Iba a quitarse el cuchillo y entregárselo, pero el fantástico alce fiestero tuvo a bien considerar que Lysbeth era una niña mala. Dexter desechó los pensamientos impuros que se le venían a la cabeza -frente a los cuales, tal vez no Lysbeth, pero desde luego Aki era una niña muy mala- para analizar con la mirada el pedazo de carbón. Era especial, sin duda, pero no era el que buscaba. El carbón de Zou tenía la curiosa cualidad de poseer un color azulado, como si poseyese una gran cantidad de cobre en su interior. Sin embargo, eso no significaba necesariamente que no hubiese más carbón en la guarida del alce, y desde luego cabía la posibilidad de que les lanzase más si se portaban mal.

- ¡Vamos, A...!

Cayó en la cuenta de que estaba a punto de llamarla Aki. Por segunda vez. Parecía no agradarle demasiado, y entendía su punto. Pensaba que la estaba confundiendo con otra persona, pero nada más allá de lo normal: Se conocían de hacía tiempo, aunque ella no lo supiera. Suspiró, mientras decidía qué debía hacer.

- No es un mote, es tu nombre. Por eso te ha llegado mi espada, y por eso está en tus cuchillos. Y... Por eso yo te conozco más de lo que tú a m...

Un golpetazo lo tiró contra el suelo. El alce había rugido -si es que a semejante alarido se le podía llamar así-, para acto seguido lanzarle una gigantesca piedra de carbón azul a la cara. No supo cómo sentirse, pero desde luego estaba claro que se estaba comportando mal. O, por lo menos, que no se estaba comportando bien.

Aun así en aquella ocasión ignoró el carbón y se dispuso a evitar los siguientes ataques del cérvido. No paró de lanzar toda una colección de distintas variedades del combustible, a cada cual más rara y con mayor fuerza, pero eso no le detuvo:

- Yo sí te recuerdo. -Ya lo había arruinado. Ahora, solo podía seguir adelante-: Pero da igual tu nombre, porque solo tú decides quién eres. Y qué decides olvidar. Lo hicieras por lo que lo hicieses, estuvo bien, si lo necesitabas.

Rompió con el puño el carbón que se dirigía a su cara a velocidad vertiginosa. Este se rompió en mil pedazos, mostrando un color blancuzco en su interior.

- ¿Carbón dulce? -Miró a Lys-. ¿Eso es que he sido bueno?

O eso, o al animal no le quedaba más carbón.



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Mensaje por Aki D. Arlia Vie 15 Ene 2021 - 20:27

Por un segundo, creyó que se le estaba insinuando. Pero el pensamiento llegó y se fue, tan rápido como sus ojos captaron el brillo del metal. Le costó refrenar su mano y tras la emoción inicial una sonrisa traviesa acudió a sus labios. Encaje azul, en lugar del negro habitual. No le sentaba mal y la idea de que el dragón hubiera llevado la liga todo ese tiempo para no olvidarse del arma le divertía y le conmovía a partes iguales.

Escuchó lo que le dijo con atención y aunque de nuevo estuvo tentada de alargar la mano, mientras el alce le lanzaba un pedazo de carbón ella agarró uno de los cuchillos que todavía le quedaban. Le dio vueltas en las manos con rapidez y experiencia. No pasó mucho tiempo hasta que sus ojos se agrandaron y clavó la mirada en el hombre. Aki. Aki D. Arlia. No se había equivocado de persona, ¿verdad?

No tardó en confirmárselo. Apenas pudo soltar un par de frases sin que el alce volviera a tirarle carbón, pero fueron más que suficientes.

-Pero robé tu espada. La intercepté.

No lo dijo como un reproche, sino intentando atar cabos. Si era para ella, o para quien había sido, ¿cómo sabía él que acabaría igualmente en sus manos? Desde su punto de vista no era más que una gran coincidencia, demasiada como para tener valor por si sola. El problema, pensó volviendo a clavar los ojos en el acero que sostenía en las manos, es que no estaba sola. Esas diminutas letras grabadas gritaban silenciosamente la verdad y no tenía más remedio que rendirse y aceptarla. Con cuidado, se arrodilló en el suelo del barco. Necesitaba pensar con claridad.

El alce seguía duchando a Dexter con carbón, pero eso no le impidió seguir hablando. Lys, ¿Aki?, frunció el ceño. De acuerdo, tenía un nombre. No tenía un rostro. No tenía una historia. De hecho… algo no cuadraba.

-No tiene sentido. Tienes que haberte confundido.

Esta vez si, aprovechó que se había acercado y alargó la mano tratando de recuperar su arma, examinándola si lo conseguía. Al final, confundida y cansada, sacó una nota de su bolsillo. La llevaba encima desde el principio, por supuesto. No era algo que pudiera dejar por ahí tirado. Era el único mensaje que tenía de su antiguo yo y había tratado por todos los medios de vivir según lo que se había pedido a sí misma.

-No tiene sentido.- Repitió, mirándole.- Eres Dexter Black. Hay una razón por la que hice lo que hice, sea lo que sea. Vivir, crear una historia que sea solo mía. Una historia digna de ser contada.- Añadió en un susurro. Eso no lo ponía en la carta, pero de alguna manera era lo que más anhelaba. Sabía que era así, sin más. No era un recuerdo, era el fantasma de una certeza que no podía ser eliminada. Sonrió, un tanto triste.- Eres Dexter Black.- Repitió.- Si de verdad me conoces, si me conociste… ¿acaso no sería esa una gran historia? ¿por qué iba a querer olvidarla?

Había fuego en su mirada, una mezcla de ira y amargura, pero no tardó en apagarse. Apretó el papel, guardándolo de nuevo en su bolsillo. Sabía que su argumento era bastante tonto. Toda la situación lo era; no podía creer que en ningún momento se le hubiera ocurrido mirar sus propios cuchillos. Tampoco que Aki no hubiera pensado en esconderlos, pero claro… al fin y al cabo eran la misma. Todavía sonriendo, un tanto incrédula, se acercó al alce. Ya no le quedaba carbón, pero le tendió un cachito del que había roto Dexter y en seguida le tuvo lamiendo de su mano. Le acarició el lomo un tanto distraída, antes de volver a hablar.

-No se si alguno de los que te ha lanzado es el que buscabas, pero si es así de agresivo con todos los malos debe de tener una buena reserva en algún lado.- Dudó un poco, pero al final se encogió de hombros.- ¿Quieres buscarla y probar suerte?



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Mensaje por Dexter Black Sáb 16 Ene 2021 - 22:01

Quiso reír, pero en su lugar bufó, mostrando una sonrisa cansada. Era complicado explicar para sí mismo el punto hasta el que sus revelaciones eran certeras, mucho más de cara a terceros. ¿Cómo justificaba que veía el futuro? Que predecía y exploraba miles de posibilidades, eligiendo siempre la más probable... Que sabía manipular, hasta cierto punto, su destino. En consecuencia, el de todo aquel que estaba ligado a este. De una u otra forma, Aki lo estaba.

- No sé cómo te hiciste con ella, solo sé dónde y cuándo debía estar. Y estuvo. -Se encogió de hombros-. Aun si no hubiese elegido el día y el momento correctos, el destinatario adecuado la recibió. Sin saberlo... Seguramente sin valorar todo lo que significaba, seguramente ajena a que había recibido un regalo y no robado una curiosidad.

Obvió que no sabía que ella tenía la espada. No hasta que ella había actuado con total naturalidad al respecto. Lys era, al fin y al cabo, exactamente igual que Aki. Libre de sus circunstancias, claro, y había florecido de una forma levemente distinta. Podía tal vez notarse en algunas actitudes, pero su carácter era prácticamente igual: Juguetón, coqueto, encantador... Se había dado cuenta en un momento de furia durante el Torneo del Milenio, apagado por una revelación fugaz de su propia mente. Era curioso, visto en retrospectiva, que la misma frialdad que había demostrado en medio de su enfado fuese opacada en un momento tan tranquilo, pero eso tan solo le hizo gracia. Si hubiese hecho que Lys, sin buscar respuestas por sí misma, se hubiese visto como una persona diferente, probablemente no lo hubiese soportado. Aunque en realidad acababa de pensar casi lo mismo. En fin, qué se le iba a hacer.

- Yo no me confundo. No en estas cosas. -Se acercó a ella, lentamente. Tenía la mano negra por el carbón, pero aun así la posó en su cintura-. Puedes teñirte el pelo, camuflar tus facciones, manipular tu forma... Pero oléis exactamente igual. Como el fuego de flore silvestres.

No era el cuerpo que había tenido entre sus brazos, pero pertenecía a la misma persona. Era una máscara, un traje que la protegía, un disfraz que tarde o temprano debía caer por su propio peso. Y tenerla tan cerca... Recordaba lo mismo que pensaba el día que se reunieron, una reflexión que botaba por su mente con la misma fuerza. ¿Qué habría pasado si no estuviesen los dos tan destrozados al cruzarse? Ella había sido la primera en romperse, y él... Bueno, él había hecho muchas tonterías. Dejarse atravesar el corazón tal vez la más grande.

- Nos conocimos cuando ya querías dar un vuelco a tu vida. Fui un epílogo a las legendarias aventuras de Aki D. Arlia, la mujer que derritió el corazón de un almirante, la pirata que huyó de Impel Down... Señora de Samirn, libertadora de Síderos... -Clavó los ojos en ella, casi frente con frente, lo suficientemente alejado como para que no pensase que iba a hacerle nada, pero lo bastante como para que no tuviese más remedio que mirarle a la cara-. Una historia que no todo el mundo se molestó en conocer, de cuento perdido en librería de segunda mano, pero única y espectacular. Si Aki quería darte una nueva vida nunca fue para tener algo propio. No sé sus motivos, pero ella ya era increíble. La gran historia la viví yo al conocerla.

Se separó. Ya había invadido suficientemente el espacio de Lysbeth; tampoco estaba seguro de que fuese necesario seguir cuando todo lo que le causaba era un ardor violento. Ella se acercó al alce, acariciando su lomo. Este se mantuvo quieto, consciente de que no le quedaba más carbón en las inmediaciones, y aguantando con esfuerzo el "crac" de su corazón al partirse cuando la vio tan derrotada, asintió.

Cogió consigo el carbón de Zou igualmente. No tenía por qué decirle que ya tenía lo que buscaba, no cuando ella necesitaba tomar un respiro. Buscar le vendría bien, y con un poco de suerte habría otros carbones igual de raros en donde fuese que el alce los escondía.

- ¿Crees que esta es su guarida? -preguntó, acercándose hacia las escaleras a la bodega-. Podría ser solo un refugio temporal; está cerca de costa y montañas, así que igual llega mucho material desde el mar. Pero estos animales son de terrenos gélidos, ¿no debería estar mucho más hacia el interior?

Bajó por ellas, sabiendo que en cualquier caso era más fácil comprobar en ese instante si se trataba de la guarida y no viajar hasta las peligrosas cumbres nevadas del centro antes de tener noticia debida. Lo primero que vio fue un trineo, pero lo demás fue, simplemente, impactante.



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Mensaje por Aki D. Arlia Dom 17 Ene 2021 - 13:37

No entendía a qué se refería con lo de la espada, pero no podía sino creerle. Diría que era un regalo un tanto extraño dado que era un arma que no utilizaba, pero quizá hubiera algo que estaba pasando por alto. Al fin y al cabo, tras cogerla la había guardado en su barco y no le había prestado más atención. Y él no parecía la clase de persona que hacía las cosas sin pensar.

Su mano cubrió la de él en cuanto le rozó la cintura. No para apartarla, sino para anclarse ella. Todo su mundo se sacudía y amenazaba con tirarla. En medio de las olas, Dexter era el único que parecía tener alguna certeza. Por un segundo le pareció que la electricidad la recorría, pero la sensación pasó tan pronto como apareció. Escuchó sus palabras y se mordió el labio, pensativa. Quería preguntar exactamente qué tipo de relación habían tenido, pero no tenía ni idea de qué respuesta esperaba o quería escuchar.

Le parecía que lo estaba viendo por primera vez. Todos los recuerdos del Torneo eran a la vez borrosos y más nítidos que nunca. Recordó su funeral y dio un respingo, sacudida por la imagen del revolucionario gritándole al mundo. Pero no estaba allí, sino delante de ella, contándole su propia historia. No tenía claro lo que estaba sintiendo. ¿Era demasiado ajeno o demasiado cercano? ¿Un desconocido, un viejo amigo, un quizás o un suspiro?

Se apoyó en el alce mientras las palabras que él había ido tejiendo poco a poco cobraban sentido y no pudo evitar fruncir el ceño. ¿Un Almirante? ¿De los de la marina? ¿En serio? ¿Sería por eso que había acabado en Impel Down? Vale que a veces se arriesgara con su fruta, pero eso parecía absurdo incluso para ella. A no ser que sus poderes no estuvieran involucrados, en cuyo caso…

Suspiró y se montó en el alce, recostándose tranquilamente de espaldas sobre el animal. Este giró la cabeza y le dio otro cachito de carbón de caramelo para asegurarse de que no iba a tirarla. Esbozó una diminuta sonrisa mientras se cubría los ojos, saturada.

-No tengo claro si te has inventado la mitad de esas leyendas, pero mentiría si dijera que no son cosas que me enorgullecería de hacer.

El problema era… que incluso si todo eso era cierto, la gran incógnita seguía ahí. ¿Por qué? ¿Qué era lo que tanto quería olvidar que valía la pena tirar todo eso en el camino? Que Dexter estuviera ahí, contándole todo eso, implicaba que sí había dejado gente atrás. Su corazón se encogió, preguntándose a cuántos habría abandonado sin explicaciones. No era algo de lo que supiera cómo disculparse. Afortunadamente, tampoco era algo que tuviera que hacer justo ahora.

-No creo que sea una guarida, sino más bien un lugar de paso. Aunque el cómo baja o se transporta, no lo tengo claro…

Aún montada en el animal, bajó las escaleras detrás de él. No podía dejar de mirarle, pero no le preocupara que notase sus ojos clavados en su nuca. Después de semejantes revelaciones, era lo normal. Vio el trineo y su boca formó una ‘’o’’ perfecta al ver… los paquetes. Regalos, por todas partes, envueltos en brillantes papeles.

-No sé qué esperaba, pero desde luego no era esto. ¿Deberíamos abrirlos?

Se bajó del animal y se acercó a uno, pero el alce le lanzó otro a la cabeza. Lo esquivó por milésimas de segundo y se llevó las manos a las caderas. Por lo visto que se le hubiera acabado el carbón no era excusa para dejar de castigarles. Y al parecer esos regalos no eran para ellos. La pirata volvió a suspirar y se apoyó contra una de las paredes. No era capaz de distraerse del todo.

-Supongo… que antes de irme no te di ninguna explicación. ¿Me equivoco? - Lo preguntaba, pero estaba bastante segura de la respuesta. Antes de poder detenerse, le miró y siguió hablando sin pensar demasiado.- Exactamente, ¿cómo nos conocimos? ¿Quién era para ti? Es todo… demasiado y absurdo, pero… me gustaría saber más.


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Mensaje por Dexter Black Dom 17 Ene 2021 - 16:47

Los ojos de Dexter brillaban ante el tesoro que acababan de encontrar. Allá donde miraba pilas y pilas de regalos, perfectamente envueltos y organizados. Por los suelos, por las paredes... Hasta por el techo había algunos colgados, de todas las formas y tamaños. Pequeñas montañas de detalles, enormes cajas apiladas... Los lazos rojos y las etiquetas verdes, la decoración con bolitas de cristal, las hojas de abeto pegadas con delicadeza. Todo lo que una navidad fantástica debía tener.

Sin embargo, no tenía sentido. Era demasiado pronto para navidad. O, quizá, tenía más sentido precisamente por eso. Si el alce fiestero formaba parte de las fiestas y realmente repartía regalos para todo el que lo mereciese, era una tarea que requería meses de planificación. Tenía mucho mérito para una bestia ser capaz de hacer esa clase de tarea manual sin pulgares oponibles -o, en este caso, sin dedos- y hablaba muy bien de sus habilidades con la lengua y la cola. ¿Lengualidades? Dexter se agachó para examinar las etiquetas mientras Lysbeth cotilleaba también y descubrió el punto débil del animal: La caligrafía. Pudo leer en una muy rudimentaria escritura nombres que conocía, y si bien la ortografía era impoluta apenas podía intuir los nombres de Zane en una suerte de consolador gigante -debía ser una espada enfundada-, alguna clase de piedra para Osuka y lo que seguramente fuese un peluche para la hija de Mura, ese vástago del mal que se había adueñado de la casa de Akagami. Todavía escuchaba sus quejas a miles de kilómetros de distancia, pero poco más que le divertía.

- No son para nosotros, pero desde luego hay gente que no iba a notar la falta, ¿no crees? -Agitó uno mientras sonreía con malicia. En la etiqueta ponía "Ivan Markov", que curiosamente estaba escrito con capitales en una perfecta grafía gótica, como si una recargada e insólitamente ominosa atmósfera se apoderara de todo lo que rodeaba al vampiro... Salvo el Cubo de Estrellas, claro.

Aun así un alce fiestero, los chistes malos de Dexter y la posibilidad de un hurto a alguien que ni siquiera se enteraría no parecían suficiente distracción para la mente atribulada de Lys, que seguía volviendo al mismo tema que le rondaba la mente desde hacía demasiado. En esa ocasión preguntaba sobre la relación que les unía, qué era el uno para el otro, qué significaba ella para él... Y no sabía responder. Nunca se lo había planteado; un día había entrado por su puerta y se había ido tras una oferta memorable en todos los sentidos. ¿Pero había sido algo más? ¿Era una pregunta que no había necesitado o que había preferido ignorar? Tal vez ambas cosas, o es que en el momento tenía una respuesta tan clara como el mejor cristal, pero igual de frágil.

Sí, era como cristal. Porque se había terminado rompiendo.

- Nos conocimos al final de la guerra de Síderos. Estabas dispuesta a enfrentarte a mí si era necesario cuando entré al salón del trono. Cuando... -Rio. La situación había sido ridícula. Él entrando en la sala, directo al Gran Asiento, mientras ella sacaba los cuchillos. Una declaración de poder, un discurso maléfico... "¡Era broma!". Se habría merecido la puñalada de la pelirroja-. No intimamos mucho en esa época. Tú ibas de aquí para allá, yo estaba obsesionado con recuperar una vida que en el fondo no me gustaba... Y un día te presentaste en mi casa. Me hiciste entender que ibas a desaparecer, nos acercamos más de lo que cabría esperar... Sabíamos que sería una única vez, que lo siguiente eras tú saliendo por mi puerta y que daba igual lo que pasara entonces, porque no significaba nada. Tal vez por eso nos permitimos bajar la guardia.

Nunca lo había visto desde ese prisma, pero el futuro era más previsible a medida que una persona estaba más cerca de él. Dicho de otras palabra, cuanto más dentro de él estaba alguien, más fácil se le hacía percibirla, más clara era su voz en los cantos confusos del destino. Quizá que la hubiese podido seguir con tanta precisión decía más que cualquier otra cosa; quizá haberla descubierto implicaba que había algo más que ninguno estaba listo para asumir. O tal vez no significaba nada, eso solo lo sabía el futuro. Y él, que lo veía, era consciente de lo traicionero que este se volvía cuando uno deseaba algo.

- Fuiste lo que busqué durante años sin saberlo, y llegaste demasiado tarde como para impedir que te marchases. Cuando te reconocí en el torneo... Pensé que era una segunda oportunidad para disfrutar de ti otra vez. Pero no era justo con ninguno. -No, no lo era-. Supongo que en cierto modo no eras nadie y fingimos que sí. ¿Pero y si lo eras y fingimos que no? -rio, nervioso-. Al final del día tú necesitabas desaparecer y yo... Bueno, no ligarme otra vez. Pero aquí estamos.

El alce le lanzó un regalo a la cara. Al parecer sí había un regalo para él, o al menos para un tal "Duxturr Vlack". Hasta con faltas de ortografía se lo había escrito. Lo abrió y, en el interior, más carbón. Pero del bueno. Indignado, miró al animal frunciendo el ceño.

- ¡Oye!



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Mensaje por Aki D. Arlia Dom 17 Ene 2021 - 18:35

Miró con curiosidad el regalo que sostenía Dexter antes de sonreír con travesura en la mirada:

-Estoy segura de que esa persona en concreto recibe suficientes regalos como para pasar por alto uno. Pero por otro lado, no creo que dentro haya nada que pueda interesarte.

Los regalos parecían todo cosas pequeñas, detalles para… bueno, para un montón de gente. Era demasiado pronto para navidad, pero si el alce planeaba recorrer todo el mundo tenía sentido que empezase pronto. Había muchos regalos, pero muy pocos en comparación a toda la gente que existía. Le quedaba mucho trabajo. A juzgar por el paquetito que el dragón tenía en las manos, cierto noble iba a recibir un peluche en forma de cabeza de ajo. Hm. Bueno, no iba a juzgar los gustos de nadie pero ahora tenía curiosidad por ver el suyo.

Iba a empezar a buscar, pero se detuvo. ¿Cómo estaría? ¿Lysbeth o… Aki? Por un momento miró al alce con sospecha, pero en seguida Dexter volvió a distraerla. Se quedó sentada entre los regalos escuchando el relato de su primer encuentro, con una pequeña sonrisa nostálgica bailándole en los labios.

-La verdad es que… suena a algo que haría yo. Es una pena que no lo recuerde. Espero poder hacerlo, en algún momento.

Siguió hablando y la historia se fue revelando entre ellos. Complicada, fugaz y llena de matices. No le costaba entrever todo lo que había en los espacios de sus palabras, pero no sabía cómo sentirse al respecto. Apoyó la cabeza en las rodillas, sobre sus manos, y sonrió con tristeza.

-Debía de confiar mucho en ti para decirte que me marchaba. Estaba convencida de que no se lo había dicho a nadie.

Su declaración era bonita. No admitía nada, pero lo insinuaba todo y la imaginación de la pirata corría a toda velocidad. Tanta que no habría sido capaz de explicar en qué estaba pensando exactamente. Le miró y le miró y al final decidió levantarse. Iba a acercarse a él cuando se topó con un pequeño paquetito rojo a nombre de ‘’Lysiana Ardiente’’.

-Y ya son tres los nombres que me quedo. Creo que este va a pasar a ser mi favorito.

Mientras Dexter se indignaba con su carbón, ella descubrió… más carbón en el suyo. Negro, enorme y… extrañamente brillante. Tentativa, se lo llevó la boca y sonrió al notar el azúcar en la lengua. Se giró hacia el alce divertida.

-Mala, pero no mucho ¿eh? De acuerdo, te lo acepto.

Se acercó hacia el dragón y partiendo el carbón que le había tocado a ella, le ofreció un cacho con una sonrisa.

-Me gustaría tener algo mejor que decirte. Estoy segura de que me guardé muchas cosas antes de irme. Ahora mismo… es complicado. Mentiría si dijera que no me atraes, pero no creo que eso sea lo que quieres oír. Desde luego no es como quiero corresponderte.

Siguiendo un impulso, le colocó una mano en la cara y le acarició un poco mientras volvía a morderse el labio.

-Voy a recuperar mi memoria. Y una vez lo haya hecho, antes o después, te encontraré o me encontrarás. No sé qué ocurrirá entonces, pero como mínimo puedo prometerte no olvidar este día. Y mi palabra no es algo que de a la ligera.

Algo dentro de sí le decía que se estaba arriesgando. Que esta no era una persona con la que fuera sensato involucrarse, no hasta esos niveles. Pero por otro lado, estaba diciéndole la verdad. Y ella no era de las que se echaba atrás por un poco de riesgo. Si acaso, lo perseguía y esta vez… no iba a ser diferente.


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Mensaje por Dexter Black Lun 18 Ene 2021 - 18:43

Podía indignarse con el animal, pero este había acertado de lleno. No sabía con qué mecanismos contaba para descubrir las necesidades o, en su defecto, los caprichos de la gente a la que agasajaba, pero el hecho es que lo hacía. El carbón del gran árbol de Zou era casi una joya, una rareza que había surgido durante un incendio hacía quién sabe cuánto tiempo en las entrañas de la gran ciudad mink. Se trataba de un mineral extraordinariamente duro para lo que cabría esperar, casi más como un diamante combustible que como grafito, a juzgar por la resistencia que oponía a ser rallado. Su olor era... Extraño. No entendía cómo un carbón podía guardar pigmento azul, mucho menos cómo había podido absorber cobre, pero esa habilidad sintetizadora que escondía el carbón era la que necesitaba aprovechar para descargar el Zafiro Negro sobre el arma sin destruirla en el proceso; un catalizador imprescindible.

Recorrió con las manos el material, tratando de imbuir su voluntad levemente a través de él. Una pequeña sombra de la descarga final salió, más que suficiente para constatar que estaba frente al material adecuado, cuando Lysbeth se acercó a él. Le costó no responder con cierta soberbia, pero en su lugar tan solo sonrió, aceptando el azúcar. No se esperaba la caricia, sin embargo, y se dejó recorrer las mejillas por sus dedos mientras iba con los ojos en busca de su mirada. No entendía del todo esa caricia, tampoco por qué se mordía el labio. Aunque lo que más le chocaba era esa extraña promesa que cerró, con broche de oro, el encuentro más raro que los dos estaban teniendo.

Soltó el carbón por un instante, irguiéndose hasta estar a su altura y un poco más. Daba igual Aki o Lysbeth, seguía habiendo una notable distancia entre sus cabezas. No así entre sus miradas, que chocaban con inesperada fuerza. Había demasiadas cosas mal en aquello, mucho que de algún modo u otro estaba mal o no del todo bien. Ni siquiera podía prometer de verdad que fuese a recordar aquella conversación... Y, tal vez que no lo hiciese fuera lo mejor. ¿Acaso él podía prometerle algo? Si ella lo buscaba y él no aparecía, si para ella dejaba de ser demasiado tarde pero para él seguía siéndolo... ¿Entonces qué?

- Mentiría si dijese que no me atraigo -dijo, mirándose detenidamente. Luego le devolvió los ojos-. Seguramente tú tampoco esperases escuchar eso, pero ya debes estar harta de que te lancen piropos.

Una cosa de la que Dexter siempre había estado orgulloso era su sentido del humor, estúpido y al mismo tiempo certero, en cierto modo. No tenía mucho más que decirle, más allá de un "tal vez" que podía perderse en el tiempo si no se andaban con cuidado o un "demasiado tarde" que cualquiera de los dos podría proclamar. Tal vez Aki no había sentido nada aquella noche; tal vez él exagerase el sentimiento en la nostalgia de una compañía... O tal vez todo lo contrario. Quizá le estaban quitando demasiado hierro. Pero, al final, no dejaba de ser una suerte de comedia.

- No tienes que prometerme nada -dijo, finalmente-. Te lo agradezco, pero si estás decidida a recuperar tus recuerdos... Todo eso es para ti. Solo espero que no te arrepientas.

A veces a él también le habría gustado olvidar. Tantas cosas en la mente... Demasiado peso de amistades perdidas y corazones rotos, mucha responsabilidad... Demasiado estrés. Aki no solo había querido olvidar, se había asegurado de que nadie la recordase, de empezar de cero. Aki no había pensado en Lys, o tal vez había pensado demasiado. Esperaba de veras que no tuviese que pasar el resto de su vida recordando que como Lys estuvo cerca de ser feliz.

- Y, pase lo que pase, sabes que puedes contar conmigo. ¿Vale?



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Mensaje por Aki D. Arlia Lun 18 Ene 2021 - 20:19

Sus ojos no se apartaron, pero él sí que lo hizo. Estaba igual de cerca que antes, sin embargo. Tenía que mirar hacia arriba para perderse en su mirada, pero la postura se sentía natural en ella. ¿Qué fue lo que le delató? No se movió un centímetro, su expresión no cambió y, aún así, pudo sentir cómo se apartaba de ella. Solo un poco. Solo un quizás. Pero también un suficiente.

No podía decir que estuviera decepcionada. Una vez más, confundida era la palabra. No entendía lo que se le pasaba por la cabeza, pero la suya estaba demasiado llena como para preguntar. ¿Tenía importancia? No podía saberlo. Supuso que eso sería problema de Aki, una vez regresara. No es que ella se fuera a ir a ninguna parte, pero sabía que una vez diera el paso, nada sería igual.

-Nunca hay suficientes.- le dijo con una sencilla sonrisa. Fuera lo que fuera que había sucedido, algo se había interpuesto entre ellos e iba a respetarlo. No le conocía lo suficiente como para intentar nada más y tampoco estaba segura de querer, siquiera. Si en algún momento supo lo que quería, estaba oculto con todo lo demás. Rescatar esos recuerdos y las sensaciones que pudieran ir atadas a ellos le intimidaba, pero había demasiadas cosas en juego. Su cordura, por ejemplo, que empezaba a flaquear a ratos. Aunque quizá eso último se debiera solamente a su impaciencia.

Se encogió de hombros ante su respuesta. Podía sentir el frío que emanaba, pero sabía que no iba dirigido a ella. No exactamente, al menos.

-Tarde. Y… tengo bastante claro que me voy a arrepentir. Ya me estoy mentalizando.- Volvió a sonreírle, esta vez de forma más natural. Lo sabía de sobras, al fin y al cabo.

Había una razón, muy probablemente Razones, en plural, por las que había tomado la decisión de olvidar. Iban a venir una detrás de otra a martirizarla y no tenía forma de esperárselas, pero iba a recibirlas con los brazos abiertos. También había una serie de Razones por las que había decidido recordar, al fin y al cabo. No tenía sentido quejarse, solo podía seguir hacia delante.

-Descuida.- Dijo, dándole una palmadita en el pecho.- De una forma u otra, estaré bien.

Bajó la mirada y sonrió al ver el carbón que el alce le había regalado. Era negro y azul, un azul muy parecido al de los ojos del dragón.

-Eso es lo que buscabas, ¿no? Ahora puedes acabar tu proyecto. Enhorabuena.

Volvió a subir por la escalera del barco y se apoyó en la barandilla. Las copas de los árboles se extendían como un tupido tapiz verde y marrón hasta donde alcanzaba la vista. Seguramente aquel era el punto más seguro de todo Dangerous. Se alegraba de haberlo encontrado. Aguardó a que él subiera también y sin darse la vuelta, le dijo con tranquilidad:

-¿Te apetece un vuelo de vuelta hasta los barcos?


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Mensaje por Dexter Black Mar 19 Ene 2021 - 18:12

Fue... Raro. No sintió que hubiese sido culpa suya, pero de alguna forma toda la cercanía que tenían se rompió de golpe. Unos toques en el pecho, marcando las distancias, una frase inocente que levantaba un muro extraño entre los dos. Sabía que lo había provocado, pero no entendía aún cómo lo había hecho, qué había podido decir... Aunque realmente, lo importante era cómo lo había podido decir. ¿Era eso?

Pensó en disculparse, ¿pero por qué? Ni siquiera sabía qué había hecho, cómo había pasado. Tampoco si había sido él. Pero quizá ella estuviese pensando lo mismo. "Ya tengo todo lo que quiero", repitió con amargor mirando los pedazos de carbón en su mano. ¿Era eso verdad? No quería nada más, tan solo completar el guantelete negro y portarlo con orgullo, un sueño que nadie podía negarle, quizá. Nunca nadie podría robarle la vida, nunca sería abandonado por este... ¿Y si quería algo más?

No lo sabía.

Tal vez debería haber corrido tras ella, continuar donde todo se había vuelto confuso y extrañamente agradable, romper cualquier barrera que se interpusiese entre ambos con un cabezazo confiado. Pero no podía prometerle que cuando sus recuerdos volviesen ella sintiese nada; y aprovechar su incertidumbre para sembrar el caos en esa cabeza pelirroja -por mucho que su cabellera fuese morena en ese momento- era, cuanto menos, vil y rastrero. Diría que hasta repugnante. Aunque en algunos aspectos, alguna gente diría de él que era así.

- Cuando dejas de creértelos -respondió, desde su espalda-. Si te digo mil veces que deslumbras como el sol, en algún momento pensarás que exagero. Y no puedo permitir eso, porque la realidad es que eres increíble.

No dijo que era fuerte, aunque para sobrellevar su amnesia tenía que haberlo sido. No dijo valiente, aunque para aceptar que debía cometer ese error tenía que serlo. Fue una simple observación, una ojeada a la genuina genialidad de Aki que veía en Lys, porque no hacía falta más. Quizá decirle que era fuerte podía ayudarla, aunque dudaba que sirviese de algo cuando, seguramente, en ese momento solo necesitase apoyo y alguien que la comprendiese. Él nunca había perdido la memoria, pero se había visto en encrucijadas entre el dolor y la ansiedad. Por eso recogió sus carbones y avanzó hasta ella.

- El destino tiene formas caprichosas de proceder -comentó, ya a su lado-. La espada para Aki D. Arlia la recibió Lysbeth Ardian. Yo buscaba esto, pero estabas tú esperándome. No es como si fuese a tirar el carbón al suelo y darte el beso de tu vida, pero... -En realidad, estuvo a punto de hacerlo-. Pero supongo que podemos tener una segunda cita Aki, tú y yo cuando te hayas arrepentido suficiente.

Desde la cubierta se veía el panorama. Seguramente fuese igual de precioso que cuando habían volado en un primer lugar, pero no le apetecía volar más. Quería conocer al menos un poco el suelo de la isla. Y eso iba a hacer.

- ¿Cuánto hace que no pisas el suelo? -preguntó, genuinamente interesado-. Podríamos dar un paseo por el lugar más peligroso del mundo. Es la cita que nos merecemos, al fin y al cabo.



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Mensaje por Aki D. Arlia Mar 19 Ene 2021 - 21:29

Sonrió, escuchando el piropo a su espalda. ¿Había sido así también la primera vez? Lo esperaba, pero por algún motivo no terminaba de creérselo. Era bonito, una buena frase y una mejor intención. Le habría gustado rezagarse, darse la vuelta y jugar un poco más, ver hasta dónde podían llegar ambos. En realidad, que se sintiera tentada de hacer eso decía bastante; Lys no era alguien que se diera al amor fácil en ninguna de sus variantes. Intuía que Aki tampoco, aunque la frase sobre el almirante le había dejado llena de preguntas que se estaba esforzando por apartar.

No recordaba haberse enamorado nunca. No estaba segura de que fuera capaz. Y si bien lo que dejaba bajo la cubierta del barco, rodeado de regalos, no era amor, era consciente de que podía convertirse en un capricho. Y si algo era, era caprichosa. Dexter le interesaba lo suficiente como para acercarse más, pero ¿qué valor tenía? Por lo que él decía, ya lo había hecho una vez. ¿Sumaba? ¿Se sobreescribía? Era incapaz de imaginarse cómo se sentiría una vez todo regresara. Lo más sensato era no añadir leña al fuego.

Llegó a su lado y siguió hablando. Contempló el carbón con curiosidad, a sabiendas de que él la estaba mirando a ella.

-¿Esperándote?- Soltó un pequeño bufido, mitad divertido mitad exasperado.- Ha sido una suerte que me encontraras. Si hubiera sabido que tenías respuestas para mis preguntas, te habría buscado antes.

Si le habría encontrado o no, era un misterio. Pero si lo de la espada no había sido una casualidad, dudaba que su encuentro sí lo hubiera sido. No le molestaba, aunque no terminaba de entender cómo había pasado. Le gustaría saberlo y se anotó mentalmente preguntarle en otra ocasión. Ahora mismo había demasiadas preguntas más importantes que esa, pero desde luego iba a volver a ella. Si había alguna forma de tenerla localizada, necesitaba saberla por… por más razones de las que seguramente era moralmente aceptable. Sí, cada vez entendía mejor por qué le había tocado carbón. Al menos el suyo estaba rico.

Una segunda cita, dijo. Los ojos de la pirata relucieron por un momento, mientras sonreía con tristeza. Ya había habido una primera, entonces. ¿O se refería al Torneo? Esperaba que no. Que no fuese muy dada a los coqueteos serios no implicaba que no tuviera estándares. No muchos, los justos como para preferir que no hubiese sangre involucrada. A poder ser.

Pensó que iba a quedar así, pero volvió a sorprenderla. Volvió a bufar antes de sonreír con picardía y se llevó una mano a la nuca para empezar a trenzarse la larga melena. Allí a donde iban era mejor llevar el pelo recogido y aunque un par de mechones se escaparon, por lo menos evitaría que se quedara enganchada en… bueno, en todas partes.

-Lo cierto es que pisé el suelo unos segundos antes de que me encontraras. Ya sabes, antes de subirme al oso y todo eso. Sin embargo… no suena mal.

Nada mal, en realidad. Otra cita… la primera para ella, al menos de momento. Esperaba recordarla como tal y si acababa con dos primeras en la cabeza, se consideraría afortunada. Sabía que acababa de decidir no echar más leña al fuego pero… ¿quién sino ella se iba a llevar la contraria a sí misma?

-Me parece bien. Una primera cita a medida de la situación, sin ninguna duda. Pero para eso… primero tenemos que bajar.

Sin más dilación, se subió de un ágil salto a la borda del barco y dio la vuelta, sosteniéndose apenas en la punta de sus tacones con un equilibrio envidiable. Se agachó un poco, lo justo para quedar cara a cara con el dragón y sonreírle con picardía.

-Y teniendo eso en cuenta… te espero abajo.

Le guiñó un ojo y tras erguirse, se dejó caer hacia atrás. Sabía que tenía un par de decenas de metros para hacer el tonto y conservar la epicidad antes de tener que sacar las alas y prever la consecuencia inmediata de su impulsividad; abrirse la crisma. Eso hizo con calma, usándolas a modo de paracaídas para agarrarse a un árbol considerablemente más bajo e ir saltando de rama en rama hasta tocar el suelo.

Miró a su alrededor mientras aguardaba a que Dexter llegara, evaluando el lugar. Una jungla tremendamente espesa, algo oscura y, a todas luces, siniestra.

-Si, definitivamente no había un lugar mejor.


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Mensaje por Dexter Black Miér 20 Ene 2021 - 17:12

- No confío en algo tan abstracto como la suerte -dijo, tranquilamente, sin dejar de observar el bosque que se extendía bajo ellos. Raleaba alrededor de las montañas, y un valle muerto les daba la bienvenida con polvorienta sonrisa unos cientos de metros más allá de la densa espesura-. Solo creo en lo que puedo ver. El cielo, el mar... Las respuestas que yo pudiera darte están ahí porque se ven. Al menos, si sabes mirar.

No era difícil unir los cabos, aunque no había demasiadas personas a lo largo del mundo capaces de ver el futuro. De entre quienes lo veían, dudaba que muchos lo estudiasen con la misma obsesión que él. Sin embargo, dudaba ser el único que había apreciado los patrones comunes entre ambas mujeres: Misma fruta del diablo, mismo estilo de combate y, aunque entendía que sin un olfato extraordinario era casi inapreciable, mismo aroma. No necesitaba clarividencia para ver a Aki dentro de Lys; solo observar. Porque la realidad era que, más allá de las portadas, el libro seguía siendo el mismo. Sí, para crear a Lys se habían arrancado unas cuantas páginas, pero la aventura seguía escribiéndose para las dos mientras luchaba por recuperarlas.

¿Pero qué pensaría la pelirroja al volver? Se había marchado para no ser encontrada, quería desaparecer. Lysbeth podía vivir en un trance entre el sin saber y el vacío, ¿pero estaría agradecida cuando supiese los motivos detrás de su marcha? Cuando recordase por qué quería borrar su existencia, o bien entendía el infierno por el que la morena había pasado o cargaba contra el primero que había querido darle una respuesta.

Aunque, por otro lado, Aki no era más que recuerdos.

La decisión solo podía tener que ver con el dolor, con un inmenso dolor que estaría lejos de poder asimilar. Una suerte de suicidio, pero dejando una parte de sí que disfrutase la nueva vida que le regalaba. Tal vez ambas entendieran el punto de la otra. Quizá se enfadaría con él, pero también querría darle las gracias.

Demasiadas incógnitas.

- La primera es esta. -Devolvió su sonrisa y dobló la apuesta guiñándole un ojo-. La segunda primera, en realidad.

Había esperado a que Lys se dejase caer antes de decir aquello último. La reunión en el Colmillo no había sido estrictamente una cita, pero considerarlo de otra manera resultaba cuanto menos extraño.

Mientras escuchaba el aire romperse con la caída de Lysbeth, Dexter decidió imitarla. Podía medir la distancia hasta el suelo, pero si llegó a calcularla alejó de su mente ese conocimiento para simplemente lanzarse al vacío. Cerró los ojos, también, dejando que el viento impactase contra su cuerpo. Sus gestos fueron relajándose poco a poco mientras una sensación de serenidad lo absorbía por completo, y entonces notó que ella se había detenido.

Contó hasta tres y dio una voltereta en el aire, cayendo arrodillado. El suelo se agrietó levemente bajo su cuerpo, pesado, en contraste con el delicado descenso entre las ramas de la pirata. Aun así se quitó el polvo de la ropa sin prestar mayor atención al detalle y comenzó a caminar.

- Luego me dirás que no te llevo a sitios bonitos -bromeó, apartándole unas hiedras con cierta caballerosidad.

Lo único con lo que no contaba era con que hubiese una piedra justo ahí.



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Mensaje por Aki D. Arlia Miér 20 Ene 2021 - 20:23

-Creo que ha quedado bastante claro que no sé mirar.- Dijo con una pequeña sonrisa. No iba a castigarse por lo de las armas. Si hubiera descubierto el nombre antes de decidir que quería recuperar sus recuerdos, no tenía muy claro qué habría hecho. Y no estaba segura de querer saberlo; era mejor así.

Y de todas formas, eso no explicaba cómo le había encontrado. ‘’Solo creo en lo que puedo ver’’. ¿Acaso podía verla a ella? No. Se lo habría dicho. Esperaba, al menos. Y si no… no se lo iba a decir aunque preguntara, al fin y al cabo. Se dio cuenta de que la respuesta a esa pregunta le intimidaba. De momento, viviría con la incógnita. Lo prefería. Por otro lado, no era como si no tuviera con qué mantenerse entretenida.

La morena saltó cuando Dexter aterrizó a su lado, levantada por la fuerza con la que había aterrizado el dragón. Regresó al suelo sonriendo, sorprendida y divertida por su ímpetu.

-Ten cuidado o no quedará isla por la que pasear.

En cuanto dieron un par de pasos, se perdieron en la espesura. Poco sol llegaba a la parte más densa de Dangerous y ambos se encontraban en la penumbra. Entre luces y sombras, Lysbeth hizo una pequeña reverencia entre burlona y elegante cuando Dexter le apartó las hiedras para que pasara.

-Descuida, desde que replantaste los árboles que el cabezahueca de Zane se cargó en el torneo supe que eras un amante de las plantas.

Le miró con sorna mientras lo decía, cosa que resultó ser un error casi al instante. Estuvo a punto de tropezar con la enorme, gigante y poderosa roca que había al otro lado de las hiedras y se detuvo solo en el último segundo, echando una mano hacia atrás para impedirle a él continuar y estamparla contra la piedra.

Tras reírse, se apartó a un lado para asegurarse de esquivar la roca y echó mano a su cintura, agarrando el cuchillo que él le había devuelto. Con él cortó de tres certeros movimientos otra maraña de hiedras, revelando un estrecho pasaje.

-Dejame sugerirte otra… senda.- comentó mientras se hacía a un lado con elegancia. Dejaría que pasara primero antes de seguirle.

No tardaron demasiado en volver a encontrarse en la penumbra. La jungla les contemplaba inmutable y silenciosa mientras paseaban con tranquilidad, esquivando zarzas, más hiedras y toda suerte de plantas que trataban de impedirles avanzar. Pese a eso, la pirata se encontraba a gusto. Estaba empezando a ser capaz de apartar todo lo que le preocupaba de su cabeza. Solo por un rato. Solo hasta que acabaran de vuelta en las playas. Pero mientras estuvieran a salvo bajo los tupidos árboles, no tenía sentido pensar en ello.

Todo se volvió más espeso y sin darse cuenta apoyó una mano en la espalda del dragón. Para no separarse, quizá para que fuera más despacio. No estaba segura, pero en cuanto vio dónde la había posado decidió dejarla ahí. Siguió caminando en silencio, disfrutando de la extraña jornada. De una forma u otra, se alegraba de haberle encontrado.


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Nivel 110: Sigilo (11) Agilidad (9) Fuerza (9) Resistencia (7) Destreza (6)

Haki observación 9
Haki armadura 7
Haki del rey 3

Súcubo: De forma pasiva, Lys es irresistiblemente atractiva. Su aura, sin manipular, invita a tratar de seducirla por cualquier medio posible.


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Terror de los siete mares
Aki D. Arlia

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Mensaje por Dexter Black Dom 31 Ene 2021 - 16:11

- Dexter uno, Dangerous cero -dio por respuesta. No era como si Dangerous fuese el destino turístico preferido de nadie, así que un par de grietas no se iban a notar demasiado. Mucho menos, cubiertas por la espesura.

La reverencia de Lys no había tardado en llegar, en parte agradecida en parte burlona, cargada de sátira tanto como sus palabras. Era cierto que se había molestado ante el maltrato de Zane a la vegetación durante el Torneo del Milenio, también que había tomado por solución -antes de incrustar la cabeza del pollo en un tocón- hacer que resurgiese vida en la arena. Allí, Lys le había tirado un árbol a la cabeza y un cuchillo al pecho. Le había quemado la ropa, carbonizado parte de su mandil de cuero y terminado de tener un comportamiento irresponsable con el que había terminado haciéndole descubrir la verdad tras su melena negra: Bajo el carbón ardía fuego.

Propuso otro camino, sin embargo. El suyo habría sido mejor, o más directo, si se hubiese tratado de un camino, pero la piedra siempre lo dificultaba todo. No sabía cómo había llegado hasta ahí y no se le ocurría cómo podía haberlo hecho de forma natural, a pesar de que en esa isla todo era posible. De hecho, podrían haberla desmigajado, pero tal vez hubiese sido inapropiado para una primera vez. Al fin y al cabo, demostrar que se era duro como una piedra solía reservarse para la tercera.

Siguió tras ella por el camino estrecho que había abierto. No lo había hecho apartando las hiedras, sino cortándolas, pero no tardarían en volver a crecer. No era como si estuviese deforestando a golpe de fuego por el capricho de pasear, así que tampoco iba a molestarse demasiado. Además, tras haber desestabilizado tanto su mente tal vez no fuese la mejor de las ideas quejarse porque hubiese roto un par de plantas colgantes.

Ella le dejó pasar delante, y Dexter avanzó. Podría haber ido a su altura, dado que el camino permitía que angostamente los dos caminasen mano a mano. Sin embargo optó por abrir camino. De niño solía caminar y correr por los bosques no tan tupidos de su isla, y en cierto modo estaba acostumbrado. No a Dangerous, cuya espesura era más negra de lo que uno podía imaginar y los estímulos a los que se veía sujeto su olfato tantos que no podía contarlos, pero sí el bosque. El bosque, al final, era bosque. Y aunque no conocía ese, podía ir abriendo camino apartando ramas y arbustos, reconociendo algún que otro camino y evitando, a veces casi por los pelos, a las víboras que moraban entre la vegetación. Seguramente no pudiesen atravesar su dura piel, pero tampoco quería arriesgarse estando el hospital más cercano a un mar de distancia.

Aun así, no había mejor lugar para una primera cita. No al menos para ellos.

- ¿Todo bien? -Quiso asegurarse cuando notó su mano en la espalda.

Sí, todo bien. Y tras eso, mucho mejor.



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