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Cuánto tiempo, prima [priv. Arik y Elina]

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Mensaje por Arik Landvik el Dom 30 Ago 2020 - 1:20

Siempre estaba bien disfrutar de una comida deliciosa. Especialmente si era una plato de tagliatella con salsa picante y pollo. Más aún si era pasta fresca recién hecha ese mismo día. Y Arik realmente disfrutaba de una comida bien preparada. No estaba ahí, sin embargo, solo por placer, sino también por negocios. Así pues, cuando el camarero le dejó una nota al rellenarle la copa de vino, el asesino le guiñó coquetamente el ojo. Estaba de buen ver. No tenía claro si le interesaban los hombres, pero tampoco le importaba. El lanzaba semillas y si germinaban, las aprovechaba.

- Invita la casa - dijo el camarero.

No parecía que estuviese dispuesto a seguirle el juego, pero igualmente el pelirrojo le miró descaradamente el culo mientras se alejaba, antes de coger el papel y echarle un vistazo. Su objetivo era una mujer joven fugada de un coliseo de Dressrosa. Sus contratantes querían un castigo ejemplar y a cambio le pagarían una suma muy generosa. Pero claro, no estaba en ese asunto por el dinero, sino por la diversión de la caza. Sonriendo, se guardó la nota y se llevó la copa a los labios. Bebió sin contenerse, dando un trago generoso antes de continuar devorando su plato. La combinación del ligero picor con los trocitos de carne y la pasta era enloquecedora, tanto que acabó dando un suspiro de placer.

- Debería venir a comer aquí más a menudo. Y comer otros platos - dijo, mirando al camarero y logrando ponerlo realmente incómodo.

Dejó el dinero en la mesa con una buena propina y salió del local, caminando con una amplia sonrisa. Nada podía mejorar más un día de caza que buenas vistas, comida deliciosa y buen vino. Ah, sí. Tabaco. Echó mano a su pitillera, se llevó uno de sus cigarros caros, los de ocasiones especiales, a la boca y lo encendió con el zippo. Disfrutando de su pitillo, caminó por las calles de Water Seven y recorrió sus puentes disfrutando de las vistas y su bonita arquitectura. Tenía un aire similar a la zona vieja de Domica, pero más grandioso y elegante. No solo hizo turisteo, sino que por el camino fue haciendo preguntas para localizar a la gladiadora fugada. Al fin y al cabo, no había tantos pelirrojos. Destacaban lo suficiente, por lo general, como para poder encontrarlos preguntando. Finalmente la vio a lo lejos. Su pelo llameante destacaba entre la multitud.

- Te tengo - sonrió para sí y echó una humareda.
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Mensaje por Elina Landvik el Dom 30 Ago 2020 - 1:32

Elina había llegado aquella misma mañana a Water Sevent, seguía en busca de su hermana Ilje, aunque había logrado dar con Aria en Jaya su otra hermana seguía desaparecida y eso era algo que la tenía realmente nerviosa. Un suspiro salió de sus labios mientras rebuscaba entre callejones y tiendas a gente que pudiera identificar a sus hermanas. Por todos los demonios, los pelirrojos siempre llamaban la atención, había mil leyendas sobre la gente que poseía ese color de pelo y la mayoría eran malas. Por eso estaba segura de que la gente la miraba con cierto recelo, eso y que bueno, tenía una cicatriz enorme en la cara y la apariencia de ser una mujer peligrosa.

— No se preocupe, gracias por su tiempo, lamento haberle molestado — Elina tuvo que respirar hondo para no hundir su puño en la cara de aquel hombre. Había sido de lo más grosero y mal educado cuando ella simplemente le había preguntado si por un casual había visto a una joven pelirroja parecida a ella y que joder, encima tenía unas adorables orejas de conejo sobre la cabeza. Ilje era reconocible de aquí al otro lado del Grand Line y aún así no conseguía encontrar pista alguna sobre ella. ¿Dónde se metía esa mujer cuando la necesitaban? Se empezaba a desesperar y eso no era bueno, pensar que su hermana había podido sufrir cualquier accidente la estaba volviendo loca.

Pero no podía perder la esperanza, no ahora, no tras encontrarse nuevamente con Aria, no tras recuperar su libertad. Ahora más que nunca tenía que tener la cabeza fría y seguir buscando a sus seres queridos, después averiguaría si alguno más de su familia había logrado salir con vida de aquella isla. No las tenía todas consigo, ya estaba sudando tinta para encontrar a sus hermanas y encontrar al resto podría ser una completa odisea, aún así estaba completamente dispuesta a intentarlo. Si había algo que tenía la pelirroja era un profundo sentido de unidad familiar, desde que era una niña sus padres le habían enseñado que la familia es realmente importante, no solamente aquella con quien compartes sangre si no la familia que uno elige.

Siguió caminando por las calles en busca de alguien que pudiera ayudarla, pero por alguna razón sentía una mirada sobre ella que no le gustaba. Desde hacía tiempo notaba que la perseguían y sinceramente le molestaba. No sabía si eran paranoias suyas o no, pero teniendo en cuenta lo ocurrido con Konrad no le resultaría extraño en absoluto que los esclavistas del coliseo hubieran enviado a alguien a secuestrarla nuevamente o incluso a matarla. Aquellos hombres eran lo suficientemente rencorosos como para preferir su muerte antes de que la mujer fuera libre. Pero había luchado mucho por conseguir aquella libertad y no permitiría que nadie pudiera quitársela. Decidió caminar entonces algo más rápido hacía un lugar apartado por si tenía que pelear, no quería poner en riesgo la vida de inocentes.
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Mensaje por Arik Landvik el Dom 30 Ago 2020 - 2:00

Parecía que la chica se había puesto tensa. ¿Habría notado su presencia y su sed de sangre? Por un milisegundo su mano se tensó y estuvo a punto de dirigirse a su chaqueta en busca del cuchillo, pero se contuvo. Aquí no. Aún no. No era el momento. Echó a caminar disimuladamente tras ella, observando sus movimientos y su figura. No iba muy bien vestida, de hecho sus ropas eran viejas. Le llamó la atención la cicatriz de su ojo izquierdo, que no parecía precisamente de un accidente doméstico. Sin duda debía ser la gladiadora fugada. Era hermosa además. Lástima que tuviese que darle caza. Aunque el contrato no decía que no pudiera primero capturarla, ¿verdad? Se relamió los labios. Podía pasárselo muy bien antes de cumplir con su trabajo. Aún no tenía claro qué le haría tras capturarla. Simplemente le había nacido aquel capricho.

- Cumplid siempre con los impulsos de vuestro interior, pues reprimirlos es negar vuestro ser - murmuró.

La pelirroja se alejó del canal principal y se metió en una serie de calles secundarias poco transitadas. ¿Estaba buscando una zona apartada donde pelear? Si así era, que así fuese. La siguió durante un momento, manteniéndola siempre lo bastante cerca como para verla doblar las esquinas, lo justo para saber por dónde se había ido, ni un metro más cerca. Sin embargo por el camino, viendo sus movimientos se dio cuenta de que no quería herirla más de lo necesario. Prefería capturarla intacta. Si había de ser destruida... prefería hacerlo lentamente. Quebrar primero su mente antes que su cuerpo. Por otro lado, no se veía con ganas de una sesión de tortura. ¿Igual divertirse con su cuerpo? Tal vez, tal vez. Pero no era tampoco de lo que tenía ganas ahora. Simplemente se había encaprichado con hacerla su prisionera. Luego ya decidiría cómo aprovecharlo.

Finalmente decidió hacer su movimiento. En lugar de acercarse desde atrás, aprovechó que estaban en una zona que él más o menos conocía para adelantarse por otros canales, avanzando al trote. Se dirigió a una plazoleta por la que la pelirroja debería pasar según sus cálculos. Era pequeña, con una fuente en el centro. Se sentó en esta y sacó su flauta de pan, empezando a tocarla. Su intención era atraerla. Luego una vez allí, se ocuparía de que su música se encargase de ella. Su boca danzó por las cañas de la flauta, con sus dedos moviendo diestramente el instrumento, haciéndolo vibrar lo justo para cambiar su sonido.

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Mensaje por Elina Landvik el Dom 30 Ago 2020 - 2:16

Se remetió entre las calles de aquella ciudad, correteando de un lado a otro buscando el lugar indicado para poder pelear con quien fuera que la estuviera siguiendo. ¿Qué haría una vez lo encontrase? No es que quisiera desmembrarlo allí mismo, no, primero intentaría hablar con él pero si no era capaz de hacerle entrar en razón y que le dejara en paz, entonces tendría que tomar medidas para darle una buena lección. Suspiró de forma larga justo en el momento en que comenzó a escuchar lo que parecía ser una flauta o algo parecido, aquella música por un momento la desconcertó bastante.

No estaba del todo segura de si debía o no acercarse, pero tampoco podía seguir huyendo todo el tiempo de sus perseguidores. Había aprendido en Dessrosa que era mejor deshacerse de aquellos que quisieran interponerse en su camino antes que seguir huyendo. Terminaban encontrándola siempre y tampoco quería poner en peligro a sus hermanas por que esos tipos pudieran dar con ella cuando estaba a su lado. Sería algo completamente innecesario y tampoco se perdonaría el ponerlas en peligro por no ser capaz de afrontar sus problemas por mucho que estos se empeñasen en seguirla a cualquier lugar al que fuera.

Desenvaino entonces las dos espadas y lentamente se acercó al lugar del cual provenía aquella música. Encontró entonces lo que parecía ser una placita o algo parecido, pudo ver en el centro una fuente y sentado en esta a un hombre pelirrojo con un parche en un ojo que sostenía aquel instrumento del cual provenían aquellas notas. Debía admitir que la música era maravillosa, pero no era momento para pararse a escuchar melodías, tenía que averiguar que quería aquel hombre de ella. — ¿Eras tú quien me estaba siguiendo? ¿que es lo que quieres? — dio un par de pasos al interior de la plazoleta mientras sostenía con fuerza los mangos de sus espadas.

Se notaba que estaba lista para luchar en cualquier momento aunque tampoco tenía una sed de sangre insaciable como muchos otros gladiadores o mercenarios. Ella simplemente quería que aquella gente la dejara en paz y si no conseguía hacerlo de una manera lo haría de otra. Si realmente iban a seguir siguiéndola y persiguiéndola como perros rabiosos tendría que acabar con ellos, muerto el perro se acabo la rabia, una vez no hubiera más perseguidores todo ese asunto tan molesto para la mujer terminaría.
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Mensaje por Arik Landvik el Dom 30 Ago 2020 - 2:43

Era una mujer de armas tomar. No dudó en entrar con sus armas desenvainadas en la plazoleta y encararle abiertamente. De los pocos transeúntes presentes, la mayoría escogió largarse o refugiar en sus casas, mientras que apenas dos curiosos y un perro ladrándoles quedaron presentes. El pelirrojo se limitó a dejar de tocar, mirarla y dedicarle una sonrisa amable y cálida. Bajó la flauta de pan y le dedicó su expresión más falsa e inocente. ¿Por qué iba él, una persona que se había encontrado en el camino, ser quien estaba siguiéndole? No iba a soltar algo así tan fácilmente.

- ¿Seguiros, señorita? - se rió con una voz clara, casi musical - Si me pusiera a perseguir a jóvenes guapas por la calle a mi edad, probablemente la guardia de la ciudad me llevaría arrestado.

Inocente como un pajarillo y venenoso como una serpiente. Aparentar normalidad y seguir los preceptos falsos del común, de esa gente engañada, era su disfraz. Era el lobo aproximándose a los corderos disfrazado con sus pieles. Y aquella corderita, aunque armada de acero, era su próxima presa. Ahora que la tenía frente a él tenía que lograr mantener su atención y que no se fuera. Con esas palabras, si no añadía algo más, a lo mejor se iba. En cambio si era cuidadoso a lo mejor lograba que se calmara y se quedara.

- Si algo quiero es mostrar mi arte al mundo. De hecho, os noto cansada. ¿Habéis dormido bien últimamente? No dudo que alguien como vos tiene sus problemas y enemigos, pero con los sentidos embotados a veces uno ve amenazas donde no las hay. ¡Relajaos! No corréis peligro con el bueno de Arik - volvió a sonreír - Escuchad mi canción y disfrutad. Tal vez con menos estrés podáis ver las cosas con más perspectiva. Más relajada podréis estar más atenta.

Alzó su flauta de pan y empezó a tocar, combinando la canción con su voz. Empezó a cantar una historia de unos hombres pobres que intentaron entrar en una ciudad llevando consigo a un bebé jorobado, pero que fueron atacados por los guardias. Había un truco en su música, pues no era una canción inocente. En su forma de tocar y las notas imprimió un tono concreto, y cambió parcialmente la melodía original, de manera que formaban una diferente. Una cuyo objetivo era despertar el cansancio, relajar a la gente e invitar al sueño. Y efectivamente la gente a su alrededor, instigados por el dulce sonido y la bella voz del pelirrojo comenzaron a caer en el encantamiento. El perro dejó de ladrar y se tumbó en el suelo, bostezando. Los hombres comenzaron a cabecear. Incluso la gente en sus casas empezó a dormirse.

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Mensaje por Elina Landvik el Dom 30 Ago 2020 - 2:55

Tal vez realmente estaba siendo un poco exagerada, es cierto que podría estar viendo fantasmas donde no había nada realmente, pero ¿quien podría culparla? Después de la vida que había tenido que vivir cualquier cosa era una amenaza. Elina por un momento bajo un poco las espadas, no tenía por que ponerse tan a la defensiva aunque aún no las envainaba. Después de todo era una mujer desconfiada y no estaba segura de querer confiar en aquel pelirrojo que tenía delante. Sin embargo aquella música era cautivadora y le apetecía quedarse a escuchar un poco más.

Sintió su cuerpo totalmente relajado de repente, se sentía en calma pero aún no soltaba las espadas, era algo que tenía muy interiorizado y le costaba soltar sus armas. Pero no podía negarse que la joven estaba totalmente relajada y sosegada. Por un momento incluso pensó que sería capaz de quedarse completamente dormida en aquel mismo lugar. Sin embargo, un flash vino a su memoria, cinco niños jugando juntos entre dos casas, cinco niños que formaban parte de la misma familia. Sus risas llenaban de felicidad ambas casas y siempre habían compartido mucho cariño entre ellos.

Sus ojos se iban cerrando lentamente, lo único que le dio tiempo a pronunciar antes de caer de rodillas al suelo por el cansancio fueron unas leves palabras — prometo que también os encontrare a vosotros...Arik...Kol... — eran los nombres de sus dos primos, aquellos dos chiquillos que siempre estaban junto a las tres hermanas. Nunca entendería por que tuvieron que romper la felicidad que reinaba en sus vidas, nunca podría comprender por que se habían empeñado en destruir a su familia y no solo la suya, si no muchas otras que convivían en aquella isla donde habían nacido.

Termino por caer de rodillas al suelo, con las espadas mas o menos sujetas aunque de forma mucho más leve mientras sus ojos terminaban de cerrarse. Realmente aquello podría resultar un completo problema, sus sentidos le decían que no debía dormir, que algo no estaba bien, pero no podía evitarlo. Aquella hipnótica melodía era suficiente para provocar que su mente quedara completamente en blanco y que su cuerpo se relajara al extremo de simplemente querer dormir y dejarse llevar completamente por el reino de Morfeo. Aquello era una terrible equivocación y realmente esperaba que aquel maldito pelirrojo no fuera uno de esos desgraciados que trabajaba para los esclavistas.
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Mensaje por Arik Landvik el Dom 30 Ago 2020 - 3:16

Sus palabras causaron una nota disonante en la melodía. Durante apenas un instante vaciló y estuvo a punto de perder el ritmo. Pero el instante pasó y continuó tocando. Era un profesional al fin y al cabo, no iba a parar la canción hasta haber terminado su espectáculo. Y así pues, una vez hubo terminado, observó a la chica durmiendo en el suelo frente a él. Había caído totalmente en su trampa, y sin embargo... ¿quién era? Había dicho su nombre y el de su hermano. No podía ser azar. ¿Era esa una prueba de que Lantla existía? ¿Había decidido guiar a su Voz a alguien de su pasado? ¿O tal vez hacia alguien que necesitaba la iluminación? Seguía teniendo un trabajo, pero ya no le interesaba cumplirlo. Antes quería averiguar quién era esa mujer y qué tenía que ver con él, y luego decidiría su destino. Así pues se la cargó al hombro y echó a andar. Como no era la mejor idea ir por las calles con una mujer inconsciente, evitó sitios transitados en su recorrido hasta su escondite.

Una vez dentro, depositó suavemente a la chica en el sofá para evitar que despertara. Tras eso le quitó con cuidado las espadas y la cacheó en busca de otras, encontrando cuchillos pequeños escondidos en diferentes partes de su ropa. Sin embargo hubo algo que llamó poderosamente su atención: un colgante de Jormungander, la serpiente mitológica de las historias de su isla natal. ¿Era realmente ella de Vingólf? Observó con más detenimiento el colgante y vio que tenía un nombre escrito en runas: Elina. Por un momento el mundo pareció detenerse y una oleada de frío recorrió su cuerpo. Recuerdos de llamas, sangre y gritos acudieron a su mente. Se apartó de la chica y apretó los puños. No podía ser. Inspiró hondo tratando de relajarse. Encontraría sus respuestas una vez ella despertara. Había la posibilidad de que no fuese ella.

Guardó las armas en un arcón y se dirigió a la cocina. El pequeño apartamento constaba únicamente de una habitación y una estancia que combinaba sala de estar, cocina y comedor. Encendió el fuego y se puso a calentar agua. Prepararía un té y unos aperitivos. Tenía pastas, pero puestos a tener un reencuentro (si era el caso), prepararía algo más. No era un cocinero profesional, pero tenía cierta mano para aquellas cosas. Así pues sacó algo de salmón de la nevera, troceó unas verduras, cogió nori y se puso a preparar sushi.
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Mensaje por Elina Landvik el Mar 1 Sep 2020 - 23:51

No sabía que había ocurrido, tan solo recordaba haber hablado con un chico pelirrojo sentado en una fuente. Pero ahora en su mente veía nuevamente aquellas escenas, los gritos que ella y sus hermanas habían dejado salir de sus gargantas en el momento en que habían perdido a su madre, cuando se las llevaron de la isla. Recordó el dolor de los golpes en la casa del esclavista, vio el rostro de su hermana desencajado cuando a ella le clavaron la espada en el vientre. Su primera lucha en el coliseo y la ultima. Vio la sangre de Konrad manchando sus manos.

Y al recordar el rostro del hombre que amaba lleno de sangre barro y lágrimas, sonriendo como si todo estuviera bien mientras la ayudaba a clavar su espada en su pecho fue lo que la hizo despertar sobresaltada. Miro a su alrededor y al no reconocer el lugar en el que estaba y ver que no tenía sus armas se levanto de aquel sofá y se puso en guardia rápidamente. No le gustaba en absoluto aquella confusión que sentía ¿donde estaba? y ¿quien la había llevado hasta allí? Gruño bastante molesta con la idea de verse atrapada nuevamente. Si una cosa tenía clara Elina es que prefería morir antes que volver a ser presa.

Escuchó entonces el sonido de cacharros moviéndose o algo parecido. Siguió el sonido esperando encontrar a quien fuera el que la había llevado hasta allí. Pudo ver a través de la puerta que era aquel pelirrojo o al menos eso parecía de espaldas. Vio un cuchillo sobre la mesa y no dudo en tomarlo mientras se colocaba a su espalda y colocaba el cuchillo en su cuello apretando ligeramente, lo suficiente para que supiera que no estaba bromeando con aquella amenaza. Iba totalmente en serio y si las cosas se ponían complicadas Elina no dudaría en cortar el cuello de aquel hombre en aquella misma cocina.

— ¿Quién eres y que demonios quieres de mi? — aquella pregunta sonó como un gruñido, estaba molesta se notaba y también confundida por que la había tenido dormida completamente y podría haberla atado amordazado y podría haber hecho con ella lo que quisiera. Sin embargo la había dejado allí sin nada que la retuviera aunque si que le había quitado sus armas. Pero sus años en el coliseo y lo sucedido con Konrad le había enseñado que no podía tener confianza con alguien tan fácilmente y menos después de ver su capacidad para dejarla dormida tocando una maldita flauta.
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Mensaje por Arik Landvik el Miér 2 Sep 2020 - 4:15

Tras preparar las verduras, antes de cortar el pescado, puso a cocer arroz. Mientras este se hacía se puso a silbar alegremente una melodía y empezó afilar el cuchillo del pescado. Cuando el agua empezó a hervir, decidió seguir el ritmo del burbujeo y empezó a improvisar con los silbidos, inventándose una canción nueva y acompañándola con el ruido del afilado. Eso fue hasta que se dio cuenta de que iba a acabar estropeando los cuchillos si seguía dándoles tanta caña, así que paró, dejó la piedra de afilar en la encimera y empezó a cortar el salmón. ¿Le gustaría el sushi a aquella mujer? A lo mejor estaba adelantándose mucho y resultaba no estar emparentado con él. Bueno, a las malas tendría un cadáver y un aperitivo. Qué más daba.

- Hmm~ hmm~ welcome to the hotel...

Mientras cantaba la siguiente canción que se le vino a la mente, escuchó un movimiento tras él, en el sofá. Parecía que su huésped se había despertado. La única señal visible de que se había puesto en guardia fue una ligera tensión en sus hombros, que pronto desapareció. La chica estaba desarmada y él era usuario de akuma no mi. Entonces escuchó el ligerísimo ruido del acero contra madera. Oh, mierda. Se había olvidado guardar uno de los cuchillos de cocina. Bueno, ese no lo había afilado. Buena suerte haciéndole algo más que un rascazo con él. Por otro lado podía igualmente golpearle con el mango en la nuca, y eso no sonaba divertido. Sin dejar de trabajar, fingiendo no haber notado sus movimientos, valoró sus opciones: podía intentar defenderse y probablemente desembocar en una pelea, podía encararla e intentar hablar con ella... o podía evaluarla y decidir en base a lo que hiciera qué hacer de ella. No creía que fuese intentar asesinarlo de primeras. O, en su ego, que fuese a ser capaz.

- Es de mala educación apuntar con un arma a tu anfitrión - comentó tranquilamente al notar el cuchillo contra su cuello - Además, si me degollas ahora vas a echar a perder el sushi. ¿Tienes idea de lo que cuesta encontrar un pescado decente?

Como si fuese lo más normal del mundo, siguió cortando salmón con el cuchillo al cuello y echó un vistazo al arroz. Aún le quedaba un poco. Mientras trabajaba, convirtió su antebrazo derecho por debajo de la manga en un pequeño xilófono. Como llevaba aún la chaqueta del traje no se le notó mucho el ligero aumento de volumen, aunque si ella era observadora (y esperaba que no), tal vez se percatase de ello. En caso de que las cosas se pusieran feas, simplemente usaría su música para volver a salir de la situación. Esta vez de una manera más explosiva. Sería una pena, porque si montaba jaleo en su escondite tendría que largarse de allí. La norma número uno de un asesino es que su guarida tenía que ser un lugar discreto y seguro. Había sido una mala idea a todas luces meter a una extraña sin atar allí... pero qué diablos. No estaba tan apegado a aquel sitio.

- Agradecería que me dijeras tu nombre. Es un poco incómodo que me amenacen con matarme sin al menos saber quién - sí, y sólo sí, ella daba su nombre, apretaría la mano del cuchillo hasta tener los nudillos blancos y tras un momento, susurraría - Arik.
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Mensaje por Elina Landvik el Miér 2 Sep 2020 - 23:31

Aquella situación era de lo más incomoda, no sabía quien era aquel tipo ni que quería de ella y que fuera tan condescendiente, que se lo tuviera tan creído la estaba poniendo de los nervios. Tenía unas ganas tremendas de darle un buen golpe y dejarlo seco para irse de allí. Pero las cosas eran demasiado complicadas y ninguno de los dos querían ceder al parecer. Elina no estaba conforme con su actitud y desde luego no estaba conforme con que la hubiera secuestrado, pero ahora tenía claro que podía ser peligroso y que no volvería a caer tan fácilmente en sus engaños.

— Elina — le dijo su nombre, por que bueno, si no la había matado antes era por algo y aunque no se fiaba de él en aquel momento quería saber que demonios estaba pasando. Cuando escucho el nombre de Arik sintió su cabeza aún mas confundida que antes. Era pelirrojo, tenía el mismo nombre que su primo, pero aún no podía estar segura, no, necesitaba algo más para asegurarse de que aquel tipo era su primo — ¿cual es tu apellido, de que isla provienes? dime algo que me sirva para creer esto — ella tenía cinco años cuando ocurrió todo pero aún tenía en su memoria recuerdos maravillosos de su familia y los atesoraba muchísimo.

Espero una respuesta por parte de aquel chico pelirrojo. Si realmente le demostraba que era su primo alejaría el cuchillo de su cuello y lo dejaría caer al suelo. ¿Era posible que al fin hubiese encontrado a alguien de su familia? Estaba emocionada pensando en esa posibilidad pero no bajaba la guardia, aún necesitaba cerciorarse de que ese hombre fuera realmente quien decía. Si él era Arik Landvik significaba que había una posibilidad de encontrar al resto, de encontrar a Kol, de que su otro primo siguiera con vida, incluso de que alguien más de su familia continuara viviendo. Pero tampoco quería hacerse demasiadas ilusiones aún, no quería llevarse una decepción.

Llevaba años soñando con un momento así, con un reencuentro familiar que la reuniera nuevamente con alguien de su pasado. Con alguien importante, alguien que le demostrase que el mundo no era tan grande como parecía y que aún tenían la posibilidad de reunirse y de devolverle su vieja gloria a la hermosa isla donde nacieron. Quería retomar su isla, quería reconstruirla, quería darle una lección a esos malditos marines que habían destrozado su hogar. Y estaba segura o casi segura al menos de que sus familiares querrían lo mismo o al menos la ayudarían, siempre habían sido una familia muy unida.
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Mensaje por Arik Landvik el Jue 3 Sep 2020 - 0:56

¿Por qué no sentía más alegría? ¿Felicidad? ¿Ánimos? Lo que fuese en lugar de esa sensación agridulce y sobrecogedora. Tal vez fuese que eran demasiadas cosas que asumir a la vez. Tal vez era que se había acostumbrado a su pequeña burbuja y a ignorar el pasado. Tal vez simplemente los recuerdos aún dolían demasiado. Al fin y al cabo, a diferencia de Elina, cuando ocurrió todo era lo bastante mayor como para recordar vívidamente cada momento de esa noche. Y sin embargo, cuando había vuelto al mar había pensado a menudo en buscar a su familia y descubrir qué había sido de ella. Si su sacrificio había servido de algo. Si Kol seguía vivo. Y ahora al menos tenía ocasión de volver a hablar con su prima. Era ella. Ahora lo veía claro. ¿Quién si no? Volvió su brazo normal, se dio media vuelta sin importarle el cuchillo y la miró a los ojos:

- Mi nombre es Arik Landvik, de Vingólf. Hace catorce años mi isla fue atacada por la Marina. Mataron a mi padre delante mía y me hicieron esto - se señaló el parche - Me separaron de mi familia y mi vendieron como esclavo.

Una parte de él casi deseó que fuese un error. Que ella no fuese su prima. Aún no estaba listo para ello. Pero otra parte de él sabía que sí lo era y quería abrazarla. Pero hacía demasiados años que no se veían y aún no sabía cómo reaccionaría realmente a que se la hubiese llevado a su guarida secuestrada. Tal vez descubrir su identidad no fuese suficiente para lograr una reacción favorable por su parte. Puede que sí hubiese debido dejarla atada... y entonces ella dejó caer el cuchillo. Una parte de él chilló internamente al pensar en todo el tiempo que iba a pasar afilando el cuchillo y arreglando las melladuras. Sin embargo no mencionó nada al respecto, le apoyó la mano en el hombro y dijo:

- Has crecido mucho, Elina. Te has convertido en una guerrera bella y fuerte.

Le apretó ligeramente el hombro y volvió a girarse. Sacó el arroz del fuego y se puso a terminar de preparar el resto de ingredientes mientras se enfriaba. Probablemente para otros hubiese sido un reencuentro frío, pero él era así. Demasiadas emociones con las que lidiar de golpe. No se sentía preparado. Además de que hacía demasiados años que no se veían. Hubiese sido un poco raro abrazarla de repente.
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Mensaje por Elina Landvik el Dom 6 Sep 2020 - 16:22

Soltó el cuchillo dejando que este hiciera un sordo sonido en cuanto toco suelo. Después dejo que su primo hablase, que le agarrase el hombro de aquella forma mientras veía en su rostro o en sus ojos aquel sentimiento extraño que debía estar inundando su corazón. ¿Acaso no se alegraba de verla? ¿De saber que estaba viva? No entendía del todo bien como se podía sentir Arik en aquel momento, pero teniendo en cuenta que tras todo lo que habían vivido seguramente él habría sufrido lo suyo, no podía culparle.

Sin embargo, ella si estaba contenta de verle, demasiado contenta por haber encontrado al fin un trozo de esa familia perdida. Le cogió de los hombros y le hizo girar de nuevo hacía ella y no tardó más de un segundo en darle un fuerte abrazo, uno de esos abrazos que por alguna razón te hacen sentir protegido, te hacen sentir en casa. — Me alegra tanto saber que sigues vivo primo, pensé que ese día os había perdido a todos... — Elina realmente lo había pasado mal pensando que solo quedaban ellas tres o que incluso ahora solo quedaba ella.

Pero no, los Landvik siempre habían sido una familia fuerte y como tal habían sobrevivido. Tras abrazarlo durante un rato, se alejo un poquito de él pero sin terminar de soltarlo todavía — tengo muchas cosas que preguntarte y supongo que tu también a mi — llevo una de sus manos al rostro de su primo acariciando con cierta ternura su mejilla y con el dedo pulgar justo debajo de su parche. — Te prometo que se lo haremos pagar...les haré pagar todo lo que te hicieron, todo lo que nos han hecho sufrir — pagarían por su familia, por su isla, por sus hermanas, por sus primos, por el ojo perdido de Arik.

Los responsables de hacerles vivir una vida llena de pesar y calamidades, a todos y cada uno de ellos les haría pagar lo que les hicieron. Marines, esclavistas, todos ellos vivirían el mismo infierno que ellos habían habitado durante todos esos años. Realmente estaba feliz de ver a su primo y al mismo tiempo estaba asustada por si él no quería saber nada más de ella. Entendería que Arik no quisiera revivir el dolor, el pasado que habían dejado atrás, pero por mucho que ella quisiera dejar eso atrás no podría hacerlo sabiendo que los responsables estaban viviendo sus vidas tranquilamente, totalmente impunes tras lo ocurrido. Una vez pagaran por sus actos, Elina podría vivir en paz.
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Mensaje por Arik Landvik el Lun 7 Sep 2020 - 21:44

Al principio le tomó por sorpresa con el abrazo. Instintivamente se tensó y estuvo a punto de alejarla, pero no lo hizo. Su entrenamiento estuvo a punto de jugarle una mala pasada. Sin embargo tras la resistencia inicial, su compostura se quebró y le devolvió el abrazo, juntándose a ella. Toda la barrera de los años de distancia y el dolor del recuerdo se quebró, desbordándose en un mar de gritos internos. Lloró en silencio, con las lágrimas rodando desde su ojo sano por su rostro. Habían pasado tantos años... Él también había pensado que había perdido a su familia para siempre. Lo había creído durante años, hasta saber que Vingólf seguía en pie y que había habido supervivientes. En el momento en que ella se apartó, aprovechó para rápidamente secarse las lágrimas antes de que las viera.

- Sí... pero espera. Voy a terminar el sushi y hablamos mientras comemos. He preparado también té. ¿Lo quieres solo, con leche, con azúcar?

Necesitaba aprovechar el momento de terminar la comida para aclararse los pensamientos. No quería mostrarse débil ante su prima. Había entrenado durante largos años entre otras cosas precisamente para acabar con las vidas de los que se la arrebataron a su padre. Así pues se calmó mientras preparaba las cosas. Recogió el cuchillo del suelo y lo dejó en la encimera para afilarlo más tarde.

- En ese mueble hay palillos y vajilla, y en ese salsa de soja, wasabi y jengibre encurtido. ¿Puedes ir poniendo todo en la mesa mientras termino?

Una vez terminó, llegó a la mesa el sushi y el té, sirviendo una taza a cada uno. Entonces se sentó en su asiento. No tenía claro cómo empezar a hablar... así que lo mejor sería desde el principio, ¿no? Pero tampoco quería contarle toda su historia sin saber qué había sido de ella. Además estaba especialmente preocupado por el tema de los lanistas de Dressrosa. ¿Por qué había acabado de gladiadora? ¿También la habían vendido como esclava? Mezcló en su plato un poco de wasabi y soja y procedió a mojar la primera pieza en la mezcla.

- Eres consciente de que te buscan, ¿verdad? - la miró con seriedad - Antes de saber que eras tú, había aceptado un contrato de un lanista del Coliseo de Dressrosa. Te quieren muerta. Por suerte para ti, antes de cumplir un contrato suelo tomarme mi tiempo para divertirme con mis víctimas. Y como mencionaste mi nombre antes de dormirte, decidí no atarte. Supuse que me conocías de algo.
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Mensaje por Elina Landvik el Mar 8 Sep 2020 - 13:55

El abrazo de su primo la hizo sentir mejor, mucho mejor. El momento anterior había sido demasiado frío para su gusto, aún así sentía que Arik guardaba sus distancias. No le podía reprochar nada ni quejarse, después de todo no conocía la historia de su primo. No sabía que horrores había tenido que pasar tras ser llevado de su isla. Un suspiro tenue salió de los labios de Elina mientras asentía y le dejaba terminar la comida. Por su parte puso la vajilla, los vasos, los palillos y los acompañantes del sushi para que los dos pudieran comer.

— Con un poco de azúcar por favor — con una cucharada bastaba, nunca le había gustado el té con leche y normalmente lo tomaba con miel pero si su primo tenía azúcar con azúcar estaba bien. Una vez terminó de preparar la comida los dos se sentaron a degustar la comida. Sabía que la estaban buscando, claro que lo sabía aunque no entendía por que tanta insistencia, sobretodo teniendo en cuenta que el coliseo de Dessrosa ya había sido desmantelado. Al menos la parte en la que bueno, los esclavos ya no eran utilizados para luchar en ese coliseo.

— Lo sé, se que me están buscando y no entiendo por que siguen buscándome, el coliseo se desmantelo hace tiempo, ya no se usan esclavos. Pero supongo que la idea de que alguien se les escapara mancha su reputación — gruño un poco mientras sus músculos se tensaban pensando en que aún mandarían a mas gente a buscarla. Bufo un poco y comenzó a comer. Definitivamente aquello estaba riquísimo, Elina estaba aprendiendo a disfrutar de la comida, sobretodo ahora que comía algo más aparte de la basura que les daban de comer a diario en el coliseo.

— Arik, no se lo que has tenido que pasar, imagino que debió ser duro y difícil, pero ven conmigo, únete a mi en la búsqueda de nuestra familia, reconstruyamos nuestra isla y hagamos pagar a esos marines lo que nos hicieron — era una propuesta muy arriesgada por su parte, pero ahora que le había encontrado no quería dejarlo de nuevo. No quería perderle de vista, quería que su familia se reuniera, que todos estuvieran nuevamente juntos. Aria, Arik, Illje, Kol, todos los miembros que sabía que de alguna forma seguían con vida, los reuniría de nuevo. Puede que fuera una locura pensar así, pero Elina lo había decidido y no permitiría que su objetivo se viera empañado de ninguna forma.
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Mensaje por Arik Landvik el Miér 9 Sep 2020 - 20:01

- ¿Que no usan esclavos? No sé, Eli, ¿realmente crees que esa gente renunciará a lo que es? Ha sido la base de su poder durante generaciones. Dudo que eso vaya a cambiar de repente, como mucho pasarán a llevarlo en secreto y de manera más discreta. Fingir que los gladiadores son voluntarios o algo similar.

No estaba muy al corriente de todo el asunto de Dressrosa y cómo funcionaba el coliseo, pero tampoco creía que si los mismos lanistas seguían al mando y tenían el poder como para perseguir a una antigua gladiadora por dejar su puesto, ¿por qué iban a dejar de usar gladiadores esclavos? Era mucho mejor usar una propiedad que pagar a un hombre libre. Siguió comiendo su parte del sushi preguntándose cuánto tiempo llevaba Elina huyendo, y si habría acabado en el coliseo hacía mucho tiempo. ¿Habría sido su primer destino como esclava? ¿O la habrían mandado primero a otro sitio? Mientras cavilaba al respecto, ella comenzó hablar de nuevo, haciéndole una propuesta que le pilló totalmente por sorpresa. Se quedó en silencio unos instantes, valorando sus opciones.

- Quiero devolverles el daño que nos han causado multiplicado por diez. Quiero enseñarles tal nivel de dolor que me acaben suplicando que les mate y, cuando llegue ese punto, negarles la muerte. Quiero arruinar sus vidas y ver a sus familias arrastrarse frente a mí, rogando por el perdón, y negárselo. Quiero quemar y aniquilar cualquier clase de esperanza en el futuro que puedan tener, sumirlos en la desesperación y luego darles una leve esperanza que arrancar de sus decrépitas manos - sus palabras supuraban un odio y furia tan profundos y fríos como el océano - No voy a mostrar piedad. No voy a ser clemente. No voy a comportarme como la gente espera en un "humano". Los mares correrán rojos allá por donde pase y todos susurrarán mi nombre con miedo. ¿Estás dispuesta soportar viajar con alguien así, prima? ¿A cargar con el mismo estigma que yo con orgullo? Y más aún, ¿estás dispuesta a no meterte en mi camino cuando llegue el momento? Si es así, tienes mi palabra de que iré contigo.

Tal vez fuese la decisión precipitada. No sabía realmente nada de su prima, solo que era familia suya y que había sido gladiadora. No sabía si era una compañera hábil o digna, si estaría dispuesta a apoyar o al menos mirar hacia otro lado cuando actuase, si no miraría con asco la persona en que se había convertido. Todo eso no importaba de todos modos. Elina era su familia y había sufrido también a manos de esa gente. Si estaba dispuesta a aceptar sus condiciones, viajaría a su lado.
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Mensaje por Elina Landvik el Vie 11 Sep 2020 - 22:26

Podía entender sus sentimientos, porsupuesto que podía, después de lo que habían hecho con ellos, aquello que su primo deseaba era cuanto menos de lo más normal. No podía negar aquello que él quería, jamás se interpondría en su camino pues ella más que nadie podía comprender su deseo de acabar con todos y cada uno de los que habían tenido algo que ver con la desgracia ocurrida en su isla. Ella misma había quemado la casa de los esclavistas con todos ellos dentro, con familia, con amigos dentro, no le importaba, tan solo había dejado salir a los esclavos. Los demás habían ardido junto a la casa y todo lo que había en su interior.

— ¿Crees que podría impedirte cobrarte una venganza que nos merecemos cobrar? Nosotros no somos los responsables de lo que ocurra con esa gente, ellos fueron quienes sellaron su destino al aceptar aquella masacre, deberán pagar y la sangre solo se puede pagar con sangre — Elina estaba dispuesta a acabar con todos y cada uno de ellos, poco le importaba lo que pudiera pasar después. Vengaría su isla, su familia, les obligaría a vivir el terror de ser completamente borrados del mapa, de ver a sus seres queridos perecer a manos de aquellas personas a las cuales habían arruinado su vida con anterioridad.

Y cuando sus ojos estuvieran llenos de terror y solo pudieran suplicar por una clemencia que jamás iba a llegar, entonces, los mataría a ellos. Pero primero quería verlos sufrir, quería ver la desesperación y el terror reflejado en sus ojos, en su voz, en cada movimiento de su moribundo y desecho cuerpo. Pagarían por todo por lo que les habían obligado a pasar. — Aquí y ahora, esto es una promesa que te hago primo, todos aquellos que tuvieran que ver con la caída de nuestra isla, con la muerte de nuestros seres queridos, con todo el sufrimiento que hemos pasado en esta vida, sufrirá y morirá — era una promesa que estaba completamente dispuesta a cumplir y aunque tuviera que mancharse las manos con la sangre de todos ellos así lo haría.

Después de todo sus manos no estaban limpias, hacía tiempo que habían sido manchadas con sangre de inocentes, con sangre de gladiadores, con sangre de desertores. La mujer había vivido demasiado y tal y como estaban las cosas estaba dispuesta a continuar manchando sus manos de sangre con tal de hacer pagar la que había sido derramada aquel día que quedo marcado en sus pupilas como el sello a fuego que se le coloca al ganado. Nunca podría olvidar aquello y tampoco quería hacerlo, era algo que le daba fuerzas para seguir luchando, para continuar persistiendo. El mundo era un lugar gobernado por gente corrupta y podrida y purgaría a todos aquellos desgraciados, los haría pagar con metal y fuego.
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Mensaje por Arik Landvik el Dom 13 Sep 2020 - 8:48

Sonrió al escuchar a su prima. Había en sus palabras odio y furia, lo mismo que sentía él. Aunque hubiesen sido apartados de su isla natal y en el caso de ella a una edad muy temprana, parecía no haber olvidado lo que significaba ser de Vingólf y ser un Landvik. Estaba contento de que pensase como él y no fuera meterse en el camino de su venganza. Las emociones puras y fuertes debían ser libres y arder, tal y como enseñaba Lantla. No había nada más verdadero, sincero y humano que expresarse. Expresar el amor, la ira, el odio, la tristeza, el valor, la espiritualidad... mostrarse desnudo al mundo, sin secretos. Hacer que todos te contemplasen tal y como eres, hasta el punto en que la luz de la verdad les hiciese arder en sus fétidos trajes de apariencias y mentiras. Para la diosa los artificios y engaños no ocultan lo que realmente somos en el fondo. Y mostrarse ante la diosa tal cual eran era un acto de adoración. Un rezo. Un momento íntimo y de entrega.

- Si hay algo que he aprendido en estos años, prima, es que las palabras dicen mucho pero muestran poco. La sangre y los actos hablan con más fuerza y certeza.

Sacó su cuchillo de caza y extendió su brazo izquierdo. Con movimientos diestros y precisos, comenzó a cortarse la piel lo bastante profundo como para que fuese a dejar marca, pero evitando cortar alguna arteria principal. Sabía bien que cortando lo bastante profundo en el brazo, podía matarse a alguien desangrado. Lo había hecho una vez. Su cuchillo trazó unas runas en el antiguo alfabeto de Vingólf: ᚺᛖᚹᚾ, hevn, que significaba venganza. Tras eso la miró a los ojos, giró el cuchillo para sujetarlo por la hoja y le tendió el mango.

- Tienes el mismo odio que yo. Has sufrido como yo. ¿Tienes también esa determinación? Yo estoy dispuesto a ello. Has hablado, pero ahora respáldalo con tus actos, y te seguiré a dónde haga falta.

Esperó con paciencia. Era, en parte, una prueba. Quería medir el talante de Elina, analizar su forma de pensar, sus valores y todo en ella. En realidad, no había una respuesta correcta. Negarse a dejarse una marca en la piel también era una opción aunque no se lo hubiera dicho. Por descontado apreciaría más que estuviese en la misma tónica que él y aceptase libremente y de buen grado formalizar su mutuo juramento con sangre. Pero en el fondo, todo lo que estaba haciendo era ver en quién se había convertido su prima. Si iban a embarcarse en esa empresa juntos, necesitaba saber con quién lo estaba haciendo. ¿Era un método extremo? Sí. Y por eso le serviría para sacar información. Sometidos al dolor físico, la amenaza de la mutilación o poniendo a prueba sus valores, la gente suele sacar a relucir quienes realmente son. Tras tenderle el cuchillo dejó la mano extendida, con intención de finalizar el juramento con un apretón si ella hacía su parte.

- Y al respecto de todo esto... supongo que tendrás algo más que palabras. Tienes un plan o una idea de cómo reuniremos las fuerzas que necesitamos, ¿no?
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Mensaje por Elina Landvik el Dom 13 Sep 2020 - 16:46

Podía ver la determinación en la mirada de Arik, el odio reflejado en aquella pupila que aún conservaba. Ella compartía sus mismos sentimientos, quería venganza, quería que todos aquellos que habían tenido algo que ver con la muerte de su gente pagara. Es cierto que era joven cuando todo aquello sucedió, pero los Landvik siempre habían sido una familia muy unida, se protegían entre ellos, se cuidaban y siempre estaban juntos. Aquellos perros no sabían donde se habían metido al destruir aquello que más querían. Elina vio como saco el cuchillo y escuchó sus palabras mientras contemplaba como movía aquella hoja por su brazo.

Quedaría una buena cicatriz después de eso y ella lo sabía de sobra, tenía unas cuantas en el cuerpo. No sabía que ponía en su brazo, suspiro cuando su primo le entrego el cuchillo, no dudo en tomarlo un solo instante pero después se le quedo mirando con cierta intensidad. — Me arrancaron de nuestra isla demasiado joven primo, temo que no recuerdo como escribir nuestra lengua — podía recordarla, aún podría hablar en su lengua nativa pero ni escribir ni leer y aunque aquello le molestaba enormemente no podía hacer nada por el momento para evitarlo.

Sin embargo, le entrego el cuchillo y se remango para dejar el brazo al descubierto, el mismo que su primo había garabateado con aquella punta y se lo ofreció. — Para demostrar mi determinación y para demostrar mi confianza en ti y en nuestra familia, en nuestro objetivo, adelante — dejaría que fuera su primo quien grabase aquellas letras en su piel, quien atravesara su carne para asegurarse de que dejaría una marca claramente visible que perduraría una vez cerrada pues se convertiría en una cicatriz que la acompañaría el resto de su vida. Esa sería la promesa con su primo Arik y no le importaba tener que marcarse el cuerpo entero con tal de que su familia estuviera con ella y a salvo.

Dejaría entonces que Arik hiciera lo que quisiera con su brazo y después simplemente sellarían aquel pacto que los dos habían realizado en aquella habitación — ¿podrías enseñarme? el idioma de nuestra tierra — Elina por desgracia para ella había sido instruida más bien poco, por su familia hasta los cinco años y por sus hermanas hasta que se separaron, después de aquello no tuvo a nadie más que le explicara nada, los gladiadores del coliseo tampoco es que tuvieran mucha idea de nada, así que no había podido aprender más de lo que ya le habían inculcado.
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Mensaje por Arik Landvik el Lun 21 Sep 2020 - 18:11

No se había esperado esa respuesta, aunque supuso que debería haberle sido evidente. Cuando los secuestraron de su isla, Elina no era más que una niña pequeña. En cualquier caso, la decisión seguía siendo lo que había estado esperando, o más bien deseando. Primero se cubrió con un paño limpio su herida, para evitar ir dejando sangre por todos lados. Con una sonrisa por respuesta cogió el cuchillo, limpió la hoja con la servilleta y se levantó, dando la vuelta a la mesa para ponerse del lado de ella. Le indicó que colocase el brazo contra la tabla. Procuraría ser cuidadoso como en su caso para no cortar arterias, pero tampoco delicado. El dolor era una parte del proceso. Dejó que el filo se deslizase por su piel, trazando con precisos cortes las mismas runas que ahora tenía en su brazo.

- Puedo enseñarte las runas de Vingólf. El habla de nuestra gente la tengo un poco más oxidada, y de todos modos, todo el mundo habla ya la lengua común. Pero te enseñaré cómo se escribe.

No había tenido muchas ocasiones de practicar su lengua nativa en las últimas décadas. En cambio había pasado mucho tiempo escribiendo runas. Prácticamente todo lo que había escrito en los últimos años para sí mismo había sido en runas. ¿Por qué? Por un lado el componente de melancolía y añoro era fuerte. Pero por otro, las runas de Vingólf no eran muy conocidas fuera de la isla. Escribir recordatorios o mensajes para sí mismo que casi con toda seguridad un ojeador casual no reconocería era mucho más seguro que usar la lengua común. En ocasiones había usado el idiomas de Vingólf, pero como incluso en su isla se hablaba casi más la lengua común, lo tenía oxidado y acaba escribiendo en un batiburrillo mezclando palabras y gramática de ambos idiomas, en un caos lingüístico difícil de descifrar.

- Dime prima, ¿cuál es tu plan? ¿Cómo pretendes reunir más gente y fuerzas? ¿Bajo qué bandera navegaremos?

La miró con su único ojo brillando como si ardiese con fuego propio. Al fin iba a hacerlo. ¿Por qué no lo había hecho hasta ahora, organizar su venganza? Porque no había tenido las herramientas o las fuerzas. Pero dos personas podían trabajar mucho más eficientemente que una. Su prima y él juntos podrían reunir a otros bajo su bandera, o conseguir los nombres y localizaciones de los responsables y hacerlos desaparecer en la oscuridad de la noche.
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Mensaje por Elina Landvik el Mar 22 Sep 2020 - 16:32

Permitió que su primo le marcara el brazo, que el cuchillo se pasease por su piel y rasgara esta además de su carne. La sangre no tardo en hacer su aparición paseándose por su brazo cayendo a la mesa, no le importaba una herida más, no le importaba una cicatriz más. Sobretodo teniendo en cuenta que esa era una promesa con Arik y eso para ella valía mucho más que cualquier otra cosa. Tal vez en un futuro aprovecharía esa cicatriz para repasarla con tinta y convertirla en un tatuaje, algo más bonito que una cicatriz pero estaría allí, bajo la tinta. Igual que la cicatriz que tenía en su vientre.

— Me gustaría aprender primo, te agradecería que me enseñases — por que sinceramente quería sentirse nuevamente cerca a su isla, de su gente, de sus costumbres. Un suspiro largo salio de sus labios una vez su primo termino y se coloco un paño frío sobre la herida para taponar un poco la sangre. No tardaría demasiado en dejar de sangrar pero era mejor que no dejara que toda aquella habitación se llenase de sangre. Escucho las preguntas de su primo y lo medito por un momento, tenía un barco, tenía una especie de tripulación por decirlo de alguna manera y si, había algo que todos compartían así que podían usarlo.

— Primero tenemos que reunir a una tripulación fuerte, por ahora tenemos un galeón y una tripulación que se encarga de llevarlo, pero tenemos que encontrar a mas gente, pero podemos hacerlo en las diferentes islas que visitemos, por ahora tengo pistas sobre uno de los marines que estuvieron implicados en el desastre — no solo había encontrado los papeles de sus hermanas en la casa del esclavista, también había encontrado papeles y cartas que había compartido con diversos marines. Al parecer estaban metidos en ese negocio y estaban de mierda hasta el cuello. Ahora bien, había que encontrar a la aguja en el pajar pero no sería difícil para ellos.

— Seremos los Akage no Kaizoku y nos encargaremos de demostrarle a esos malditos marines que se equivocaron con nosotros — ahora que contaba con su primo se sentía mucho mejor, sabía que estaba de acuerdo con ella, que estaba dispuesto a viajar a su lado para demostrarle al mundo que se habían equivado con ellos, que ahora pagarían por el daño que habían hecho no solo a su familia si no a todos los habitantes de su isla. Vingólf renacería más fuerte que nunca y se convertiría en su sede central, en el lugar del cual partirían todos sus planes, era momento de reunir fuerzas y darles una lección.
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Mensaje por Arik Landvik el Miér 23 Sep 2020 - 6:45

Al principio su respuesta no le satisfizo. Le había preguntado bajo qué bandera pretendiendo saber qué iban a ser. Mercenarios, revolucionarios, simplemente vengadores al margen de la ley... pero cuando al fin dijo el nombre del grupo al que pertenecerían esbozó una sonrisa. ¿Piratas, eh? No había pensado en convertirse en pirata, pero no era una idea que le desagradase. Además tenían ya galeón y tripulación. No estaba mal. Parecía que su prima había hecho los deberes en su ausencia. Se alejó de la mesa y se dirigió al arcón donde había guardado sus armas. Las recogió y se volvió a acercar a Elina, dejando sus cuchillos frente a ella. Luego volvió a su sitio, se sentó y cogió su taza de té. El brazo escocía que daba gusto, pero no hizo amago. Lo aguantaría y aceptaría como muestra de su determinación de vengarse.

- Así que me has preparado todo, ¿eh? Me haces un honor, aceptaré gustoso el manto de capitán - comentó en tono solemne.

Luego se rió animadamente, dando a entender que solo bromeaba. Se le hacía irónica la idea de que fuese la pequeña Elina, la más joven de la familia, la que fuese a convertirse en la capitana. Sin embargo el mundo daba muchas vueltas y las situaciones más extrañas acababan volviéndose realidad. No podía decir que le desagradase el resultado. Arik no era un líder, ni tampoco un seguidor. Era un hombre independiente que simplemente había aceptado su papel bajo el gran plan de su diosa. Y como alguien que había consagrado su vida a aprender y perfeccionar la profesión del asesino, sabía seguir órdenes. Además era lo bastante sensato como para estar dispuesto a cumplirlas y ser capaz de acatarlas por un objetivo común. Cogió sus palillos y los alargó hacia una de las piezas de sushi, mojándola en la soja con wasabi antes de comerla.

- Piratas seremos pues. Nunca esperé navegar bajo la bandera negra, para ser sincero, pero sea pues. Un asesino mata por dinero. Un pirata también - se encogió de hombros - No creo que cambie mucho mi estilo de vida, aunque no esperes que me ponga a fregar cubiertas - se acomodó en la silla, echándose hacia atrás - Por otro lado, mi motivo para matar no es el dinero en sí. Eso es un efecto secundario agradable que me permite comprarme cosas como esta - señaló el pescado con los palillos - Pero el motivo real por el que mato es porque se me da bien. Porque soy bueno en ello y desperdiciar mi don sería insultar a mi Diosa.
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Mensaje por Elina Landvik el Miér 23 Sep 2020 - 18:20

Arqueo una ceja ante las palabras de su primo, no iba a dejar que el tomara sin pedirlo al menos lo que había conseguido. Aunque en realidad ella se lo había quitado a Claude, pero él se había marchado sin decir nada así que bueno, técnicamente no es robar si él lo había abandonado todo sin decir ni siquiera adiós. Por su parte suspiro y dejo salir una leve risilla justo en el momento en que su primo comenzó a reírse. Arik siempre había sido así, le gustaba molestarla y hacerla de rabiar, aunque se querían mucho y siempre se habían cuidado y protegido los unos a los otros desde que eran niños.

— ¿Tu diosa? algún día tendrás que contarme tu historia primo, tu conoces más o menos la mía supongo, pero yo no se nada de lo que te paso estos años — y si algo tenía claro la pelirroja es que quería conocer perfectamente lo que le había sucedido a su familia durante aquel tiempo separados. Por que si era necesario, no le importaba alargar un poco más la lista de nombres a asesinar y estaba segura de que Arik tras lo que había dicho, estaría más que encantado de hacer lo mismo y dedicarse a matar a todas aquellas personas que habían metido las narices donde no debían.

Mientras esperaba una respuesta fuera cual fuera, Elina comenzaría a comer, aunque siendo sinceros los palillos se le estaban resistiendo como los mil demonios. ¿Cómo diantres se usaban esas cosas? miro a su primo en busca de un poco de auxilio, al menos que le explicara como diantres se usaban para que pudiera comer o terminaría comiendo con las manos. Por su parte no le importaba en absoluto, estaba acostumbrada, pero tal vez para él fuera algo tosco por su parte. Si se lo explicaba cogería los palillos para continuar intentando comer poco a poco, si no, pues cogería los sushis con una mano mojaría en la salsa esa oscura y probaría llevándose una poderosa sorpresa al saborear aquello, estaba realmente rico.

— Esto esta bastante bueno, ¿que es? — no es que hubiese prestado mucha atención a lo que estaba haciendo en la cocina antes la verdad. La herida en el brazo escocía, pero no le importaba, estaba tan acostumbrada a ese tipo de heridas que para ella era una más aunque esta tuviera un significado mucho más importante y profundo que el resto de sus heridas o cicatrices. Estaba deseando partir de allí junto a Arik para continuar buscando a su familia, para reunirlos a todos y poner rumbo a Vingólf, quería comprobar el estado en el que se encontraba su isla natal y comenzar a asentarse allí para reconstruirla poco a poco y tomarla como suya.
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Mensaje por Arik Landvik el Jue 24 Sep 2020 - 0:50

- Te lo contaré, descuida. Es una historia que requiere tiempo de todos modos, porque me gustaría hacerle justicia, y no me gustaría quedarme aquí más tiempo del necesario. No tengo maneras de saber a ciencia cierta que no nos han visto. Y si nos han visto las personas incorrectas, es posible que antes de que acabe el día estén reclamándome tu cabeza.

Las posibilidades de que eso ocurrieran eran realmente bajas, entre otras cosas porque dudaba que los lanistas de Dressrosa tuvieran agentes allí. Y aunque fuera el caso, que le estuvieran vigilando o les hubiesen visto por pura casualidad se le antojaba difícil. De hecho si tuviesen gente allí, no tendrían que haberle contratado a él para matar a Elina. Pero también era consciente que las posibilidades no siempre jugaban de la manera que parecía más lógica. Y era parte de su profesión ser paranoico en ocasiones y buscar doble sentidos y situaciones improbables. En cualquier caso, quería contarle su historia. Si había gente a la que quería hablar de Lantla y mostrar el verdadero camino era a su familia.

- Las piezas de arroz y pescado se llaman sushi. Estas son nigiri, maki, uramaki y hosomaki - fue señalando cada pieza al nombrarlas - La salsa es salsa de soja, y esta pasta verde es wasabi. Pica, pero está buena. Te recomiendo mezclarla con la soja. Es un tipo de comida del East Blue. Es también popular en Wano por lo que tengo entendido.

Acabó su parte del sushi y se puso a recoger su parte de los platos y dejarlos en el fregadero. Tras eso empezó a recoger lo imprescindible y ponerlo en la maleta de viaje. Era el momento de movilizarse... ¿pero a dónde? ¿Ya con Elina? No, aún no. Tendría que terminar los trabajos y contratos pendientes antes de reunirse con ella definitivamente y empezar a viajar juntos. Aún tenía un par de asuntos para los que le habían contratado, como la Bestia Roja o la casa de Bloothe.

- Sé que te prometido viajar juntos - comenzó a decir mientras hacía la maleta - Pero tengo que cumplir mis últimos contratos antes de empezar a viajar juntos. Dame tres semanas y nos reuniremos en la isla que me digas. Considérame ya parte de tu gente, prima.

Era una pena no poder irse ya mismo juntos, pero si desaparecía de escena dejando contratos incompletos, tendría mucho que explicar a gente muy poco comprensiva. Era mejor limpiar los platos antes de dejar el puesto.
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Mensaje por Elina Landvik el Jue 24 Sep 2020 - 1:04

Atendió a sus explicaciones y asintió cuando le explico que su historia necesitaba tiempo y que se la contaría pero en otro momento. No iba a presionarle, además no estaban del todo seguros en aquel lugar. Era mejor terminar aquella reunión o al menos marcharse a otro sitio. Guardo sus cuchillos arrojadizos en sus respectivos lugares y sus espadas para luego terminarse su porción de comida. Realmente aquella cosa estaba bastante buena, ya le diría a su primo que se lo preparase en alguna otra ocasión, quería volver a disfrutar de aquel sabor una vez más.

De nuevo, un miembro más de su familia que tenía cosas que hacer antes de comenzar su viaje juntos. Podía llegar a entenderlo, pero eso no significaba que doliese menos. Suspiro de forma larga mientras se levantaba y rebuscaba entre sus cosas, saco un papelito donde apunto el número de su den den mushi y se lo entrego a su primo. — Me pondré en contacto contigo para indicarte la isla donde nos veremos, avísame si necesitas cualquier cosa primo — esperaba poder encontrar al resto de integrantes de aquella familia antes de nada. Illje, Aria, Kol, Arik, todos tenían que estar a su lado para comenzar su viaje o al menos la gran mayoría.

— Ten cuidado, espero volver a verte pronto — una vez tuvo todo recogido y estaba lista para partir se acerco a su primo para darle un nuevo abrazo, no quería despedirse de él de alguna forma fría o poco familiar. Tras aquel abrazo se separo de él y simplemente salieron de aquella habitación para marchar cada uno por su lado intentando no ser vistos, despejar cualquier sospecha sobre sus personas para poder continuar con su camino. Había encontrado a Arik, pero aún tenía pelirrojos que buscar y tenía que poner rumbo a una nueva isla.

Cualquiera que supiera las cosas que rondaban por la cabeza de aquella joven podrían pensar que estaba totalmente loca. Apenas tenía diecinueve años y ya tenía un plan para reunir a su familia, destruir a los marines que arrasaron su isla, reconquistar esta misma y hacerla renacer de sus cenizas. Era apasionada y determinada esas eran unas de sus mejores cualidades y las explotaría al máximo para conseguir sus objetivos. Poco a poco su tiempo entrenando y buscando estaba dando sus frutos y solo tenía que continuar por el camino que había elegido sin permitir que nadie quisiera dominar nuevamente su vida.
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