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La forma de vida definitiva [Priv. Justice Riders][Rol de Brigada]

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Mensaje por Zuko el Lun 7 Sep 2020 - 18:31

Hacía un día bonito en Dressrosa. Zuko caminaba por la plaza, luciendo como siempre su larga capa de vicealmirante... atrayendo miradas. Después de todo, aquel no era el marine de alto rango que solía caminar por aquellas calles. Koneko tenía una misión importante en Wano, por lo que en su ausencia le habían mandado al dragón patrullar las calles de Dressrosa y estar por el cuartel en caso de que se necesitase algo. No vino solo, por supuesto, pues decidió traerse a miembros de confianza de su flota y a unos cuantos soldados nuevos que podrían continuar con su instrucción.

El sonido de la música de guitarra y zapatos de tacón chocar contra un suelo de madera llegó a sus oídos, procedente de un lugar al que los habitantes de Dressrosa llamaban "tablao" en mitad de la plaza, haciendo las veces de espectáculo callejero. Si bien Zuko estaba de trabajo podía permitirse el lujo de pararse unos segundos a observar. Después de todo, la ciudad estaba tranquila y el resto de su brigada tenía órdenes similares. Una especie de tiempo libre en el que pueden hacer turismo, entrenar o estar tranquilos... aunque atentos a cualquier llamada. A Zuko le gustaba llamarlo "la patrulla relajada".

No sabía muy bien donde se encontraban ahora. Tan solo sabía que Eric había tomado a Aoi como una especie de protegida personal y se la había llevado para "entrenarla". Ciertamente, no se fiaba un pelo de las cosas que el shandiano le pudiese enseñar, sin embargo... confiaba en que no sería nada extremadamente nocivo. Seguía confiando en él, a pesar de sus rarezas y tendencias destructivas.

—Oficial.

Zuko se giró ante el llamado. Era un civil, un hombre vestido de manera bastante elegante, con el pelo bien peinado, el rostro bien afeitado... Parecía alguien inquietantemente correcto. El dragón centró su atención en él, después de todo era un civil pidiendo hablar con un marine. Era su trabajo.

—Vicealmirante Zuko —se presentó—. ¿Va todo bien?

—Oh, sí. No se preocupe. Tan solo quería darle la bienvenida a Dressrosa y... darle esto.

Llevó la mano al interior de su bolsa y sacó lo que parecía ser un folleto. Se lo tendió al vicealmirante, se despidió y se marchó. Zuko, extrañado, bajó la mirada hacia el folleto que había cogido. Los colores granate y naranja parecían reinar, y había un dibujo de un sol tras unas colinas en un atardecer... ¿O era un amanecer? Frente al sol, haciendo sombra, había una silueta de un animal con cuernos y, debajo de todo, rezaban las palabras:

"¿Qué vas a hacer cuando él vuelva?"

Para los que estén en el Cuartel:
Es un día tranquilo en Dressrosa. No hay muchos problemas reportados, más allá de dos vecinos que se han peleado por alguna estupidez... Y bueno, también han aparecido por toda la ciudad varios panfletos y posters con un amanecer dibujado, un extraño animal y unas ominosas palabras, pero... Nadie ha denunciado eso. ¿Valdrá la pena pararse a investigarlo? Y bueno... Todo parecía estar tranquilo, hasta que un hombre entró por la puerta, casi echándola abajo.

Respira con profundidad. La poca tela que queda de su camiseta blanca está rasgada y manchada de sangre, aunque él mismo no parece tener heridas. Coge al primer recluta que ve del uniforme.

—¡Los ha devorado! ¡A todos! ¡¡Hay un monstruo en Greenbit!!



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Mensaje por Kenzo Nakajima el Lun 7 Sep 2020 - 19:56

El Contraalmirante había acudido a Dressrosa junto a los demás miembros de su brigada a petición de Zuko, a quien le había sido encomendada la vigilancia de tan importante enclave durante la ausencia de su habitual guardián, el Almirante Koneko. A Kenzo el usuario de la fruta de hielo nunca le había caído bien. En las pocas veces que se habían encontrado habían mostrado tener dos visiones radicalmente opuestas de la justicia y, de hecho, en una ocasión el brazos largos había llegado a insubordinarse. Insultó al Almirante a gritos, dejando muy claro que no respetaba la desidia y la poca dureza con la que trabajaba. El hecho de que al tratarse de un magnífico combatiente hubiera podido apresar en el pasado a muchos criminales de enorme poder y prestigio no le hacía mejor servidor de la justicia, pues era tan blando que había dejado escapar a muchos más. Entre ellos al despreciable agente que traicionó al Gobierno Mundial y secuestró Water Seven, a quien a cambio de devolver la ciudad medio devastada había permitido marchar en libertad. No soportaba a las personas como aquella, tan tendentes a dialogar y colaborar con enemigos que rozaban la traición en muchas ocasiones.

Sin embargo debía reconocer que aquel país que en su momento había liberado de la tiranía pirata era realmente divertido. Su estilo de vida, lleno de fiestas, cánticos, música de guitarra, gritos, comida y bebida le recordaba a su vida anterior. El circo ambulante podía haber hecho mucho dinero en Dressrosa, e incluso era un lugar en el que podrían haberse retirado. Le había gustado tanto, que hasta había comenzado a practicar ritmos y punteos de lo que allí llamaban "flamenco" con su preciada guitarra.

No obstante pese al permanente jolgorio apenas había habido altercados. De hecho no habían tenido nada de trabajo desde su llegada. Lo único ligeramente preocupante entre lo acontecido era la aparición de varios pequeños carteles que reflejaban una extraña criatura en el amanecer y en el que aparecían unas palabras ciertamente tétricas. Dado que, pese a su aparición, no había ocurrido nada, habían decidido no prestarles excesiva atención por el momento, pero sí que habían puesto a algunos hombres a trabajar en ello.

Todo aquello cambió cuando irrumpió en el Cuartel un hombre vestido con una camiseta blanca rasgada por múltiples puntos y llena de sangre. Parecía tremendamente alterado, y gritó nada más entrar en el edificio algo sobre un monstruo en Green Bit que había devorado a alguien.

El marine, cuyos instintos se activaron por completo, no se dio cuenta de que, pese al mal estado de su ropa, el hombre estaba intacto y se dirigió corriendo hacia él para preguntarle:

- ¿Cómo que un monstruo? ¿De qué clase de monstruo se trata y a quién ha devorado?

Debía recoger cuantos más datos pudiera antes de reunir un contingente de efectivos y poner rumbo a Green Bit para averiguar que ocurría realmente, pues fuera lo que fuera lo que estaba pasando podía ser potencialmente muy peligroso.
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Mensaje por Iulio el Lun 7 Sep 2020 - 20:24

Tranquilidad. ¿Qué valor podría tener el rato de calma del que estaba disfrutando? Aquello era impagable, y cada día lo tenía más claro. Hubiese cedido con gusto mi sueldo durante toda la vida con tal de poder vivir permanentemente rodeado de semejante paz. No habíamos tardado demasiado en regresar a Dressrosa después de la... ¿misión? que había llevado a cabo junto a Aoi.

En aquella ocasión era por un motivo muy diferente, y es que el Almirante Koneko, quien habitualmente protegía la isla, había tenido que marchar hacia Wano. Zuko había sido seleccionado para mantener el orden en la zona mientras tanto y siempre y cuando no se le reclamase en otro lugar. Se avecinaban tiempos convulsos, pero mientras no me tocase a mí vivirlos de primera mano sería algo a lo que no le prestaría demasiada atención. Bostecé y me giré en mi hamaca para contemplar la inmensidad de Dressrosa.

La gran pared rocosa que rodeaba la población me había servido de refugio perfecto. La distancia o la altura no eran un problema para mí, por lo que había seleccionado un pequeño risco como lugar en el que fijar el gran trozo de tela blanca. A saber cuántos metros me separaban del suelo, pero allí el sol y las nubes se sentían más cercanas que nunca. El rumor de Dressrosa se comportaba casi como el arrullo de las olas y, en definitiva, podía afirmar sin lugar a dudas que estaba en el paraíso.

Había conseguido dormirme a primera hora de la mañana, pero incluso yo me veía obligado a despertar de vez en cuando. Varias horas habían transcurrido después de que me asentase tan cerca de los cielos para alejarme del mundo y las obligaciones, por lo que suponía que más pronto que tarde algún miembro de la brigada se pondría en contacto conmigo. Nunca había entendido el origen de la obsesión por tenerme localizado cuando no había nada que demandase mi atención, pero había terminado por hacerme a ello.

―¿Qué será hoy? ―pregunté en voz alta, girándome de nuevo para fijar la vista sobre una nube que en cierto modo recordaba a un collar de macarrones. Como si fuese una respuesta de la naturaleza a mi pregunta, una nutrida bandada de pájaros cantó al unísono justo al pasar bajo la misma―. Bueno, mientras no me llamen tendré más paz de la que he tenido en mucho tiempo.

Con paz quería decir en realidad pereza y desidia, por supuesto, pero términos como aquéllos eran demasiado fuertes y ofensivos como para que los usase para calificarme a mí mismo.
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Mensaje por Hamlet el Mar 8 Sep 2020 - 18:47

Aquel día me levanté especialmente alegre. No era costumbre para mis compañeros verme en semejante estado de ánimo, lo sabía, y me pregunté por qué no sonreía más. La razón de mi animosa actitud era mi reciente ascenso al rango de comandante, así como las numerosas medallas con las que había sido condecorado por mi servicio en la caza pirata. Ahora me hallaba en el mismo rango que algunos de mis compañeros -por ejemplo, Kenzo, a quien consideraba ya todo un amigo-, y, pese a saber que el orgullo y la arrogancia no son más que bajas pasiones capaces de corromper hasta al soldado más servicial, no podía evitar pensar en lo que pensarían mis padres de mí. Seguramente, a Padre ya no le parecería mal que abandonase el negocio familiar.

Ya no debía llevar el uniforme de soldado, y aunque me alegré por ello, pues me parecía poco elegante, pronto me surgió la duda respecto al como debía de vestir. Estaba claro que, habiendo ejemplos como Zor-El, no juzgarían en exceso mis vestimentas, mas no por ello dejaría descuidar las formas y los usos que hacen de la Marina la organización más respetable en los mares. Dejándome guiar por el instinto, decidí vestir una camisa blanca con una corbata roja, remangándome para poder actuar con mayor facilidad en el caso de que la situación lo requiriera, y completaría el atuendo con un formal chaleco de algodón gris, del mismo color que los pantalones, así como unos puntiagudos y relucientes zapatos negros.

-Y ahora, esto -me dije en voz alta.

Con un rápido movimiento, dispuse sobre mis hombros la capa de la Justicia que portaban los marines de los rangos más altos. Siendo tan ligera como era, noté mis hombros más cargados. Era de esperar, pues abanderar la justicia no es cosa menor, y me estaba atribuyendo una enorme responsabilidad. A partir de ahora, debía controlarme y evitar actuar impulsivamente como en ocasiones anteriores, o de ello dependería la imagen de la Marina. Aun así, sonreí.

Había algo en Dressrosa que no me terminaba de gustar. Quizás fuera el constante ambiente festivo, o el hecho de que fuera un conocido dominio de un Shichibukai corrupto en épocas pretéritas. En cualquier caso, decidí mantenerme en el cuartel. No podía cuestionar el trabajo del Almirante Koneko como oficial a cargo de la ciudad, pero tampoco estábamos de turismo. El Vicealmirante Kasai gustaba de conceder tiempo de descanso al grupo, y yo pretendía usarlo para adelantar trabajo. Quedaba algo de papeleo por hacer, y cuanto antes lo terminase, antes podría dedicar mi tiempo a labores menos prosaicas.

La tranquilidad del día se quebró cuando un vecino de la ciudad irrumpió en el cuartel, desesperado, gritando algo sobre un monstruo. Me levanté como una exhalación del escritorio y me acerqué a aquel herido hombrecillo, que se agarraba a un recluta del mismo modo en el que un marino se aferra al mástil de la vela mayor en una noche tormentosa. Kenzo ya se había adelantado y cuestionaba al ciudadano por ese "monstruo". Observé al tipo con un cierto grado de escepticismo y luego a Kenzo. Desde luego, un monstruo no sería, pero alguien que actuara como tal... Aquello era más que probable.

-Reuniré a todos los que pueda, Kenzo. ¿Debería llamar al Vicealmirante?

Aquella pobre víctima me demostraba una vez más que la Justicia nunca descansa. Solo espera al próximo desastre.
Hamlet
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Mensaje por Azumane Aoi el Mar 8 Sep 2020 - 21:36

Aoi paseaba por las calles de Dressrosa sin prestar mucha atención hacia dónde se dirigía.
Aquella era su segunda visita a la ciudad en poco tiempo, ya que había pasado unos días anteriormente en una misión conjunta con su superior el Contraalmirante Iulio o, como ella lo llamaba para sí, el Rubiales.

Si bien no había pasado excesivo tiempo en las calles de la ciudad capital de aquella isla de tamaño más bien pequeño, sus pies la conducían casi por inercia a los lugares más frecuentados con curiosa exactitud, y es que la marine estaba acostumbrada a visitar lugares nuevos y caminar por calles extrañas y encontrar bares y tabernas con pintas poco amigables sin mucho esfuerzo. Era parte de su trabajo previo cuando aún residía en Ba Sing Se, o eso se decía ella.

Para ser completamente honestos, Aoi no estaba patrullando por amor al arte, y tampoco porque se lo hubiese ordenado nadie. Lo cierto era que el Comodoro Eric o, como lo llamaba ella, el Salvaje del Poncho, se había empeñado en que quería convertirse en su instructor y enseñarle a pelear. La joven artista marcial no tenía ningún problema con ser entrenada, y tampoco con el shandiano, pero Eric la había retenido en el cuartel desde que habían llegado, así que había aprovechado un momento de despiste de su superior para escaquearse y huir como si se la llevase el viento.

Sus pies la detuvieron a la entrada de una taberna con aspecto pintoresco. La puerta y las ventanas estaban abiertas de par en par, y la música procedente del interior la había atraído cual flautista de Hamelín casi sin darse cuenta.
La joven se adentró en el local, para descubrir a un montón de gente apelotonada frente al escenario de la taberna, donde una mujer con vestido de lunares y mantón a la espalda cantaba a pleno pulmón, acompañada en exclusiva de la guitarra de un hombre sentado al fondo del escenario, y las castañuelas que ella misma utilizaba.

La cultura de Dressrosa era extremadamente distinta a la de Aoi, por lo que le encantaba presenciar aquellos espectáculos y absorber toda la información que podían retener sus ojos grises. Algunas de las mujeres que Aoi había visto bailando por la calle también vestían aquellos atuendos alegres y con pinta de incómodos, pero las bailarinas no cantaban, y mucho menos de aquella manera tan asombrosa. Hacía relativamente poco que Aoi se había interesado por la música a nivel profesional, y empezaba a tener clases de piano con uno de sus compañeros de Marineford tras haber hecho un trato con él, pero solo podía imaginar el nivel de horas y talento necesario para rasgar las cuerdas de la guitarra con aquella precisión a aquella velocidad apabullante, o mantener aquella nota alta durante tantos segundos sin quedarse sin aliento.

―¿Marine? ―aquella palabra la retrajo de su ensimismamiento, devolviéndola a la realidad. Un hombre joven le sonreía con picardía. Llevaba una bandeja en la mano, por lo que supuso que sería un camarero―. ¿Por qué llevas un uniforme tan raro?

―Es el chándal de entrenamiento. No me gusta el uniforme... ―respondió ella con una media sonrisa nerviosa, tirando de la chaqueta blanca y colocándose el pañuelo azul que se había atado al cuello.

―Es la primera vez que te veo por aquí. ¿Eres nueva en el cuartel? ―la muchacha asintió con la cabeza en respuesta―. Déjame que te invite a una cerveza. Como bienvenida ―le ofreció el camarero, antes de guiñarle un ojo y desaparecer entre la multitud de espectadores, sin darle oportunidad de negarse.

En el cuartel no dejaban de recordarle que no podía beber alcohol en horas de servicio... Pero era de mala educación negarse ahora que el muchacho había ido a buscarle la cerveza, ¿no?
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Mensaje por Eric Zor-El el Miér 9 Sep 2020 - 18:35

Con la salida del sol por el horizonte de aquella isla tan estrafalaria que llamaban desde la rosa, o algo parecido, el salvaje se levantó y se fue directo al lugar en el que Aoi, su nueva aprendiz, estaba alojada y pasando la noche. Cada uno de los miembros de la brigada tenía su propia habitación, y eso era algo que no le gustaba a Eric, dado que para hacerle entender a la joven novata los pequeños matices y los intrincados caminos que depara el sendero de la madre loba era necesario vivir juntos.

Después del desayuno, Aoi se había marchado de allí

—Otra vez marchar esa op’luymi —gruñó entre dientes, mas no le molestó. La libertad y hacer tu propio camino también era una de la madre loba. El libre albedrío de la naturaleza. «Ser buena aprendiz», pensó con el pecho inflado de orgullo.

Cogió algo de dinero y se fue del cuartel. Había mucho alboroto, pero no tenía tiempo para estar viendo que ocurría. Otro marine se encargaría de ello, como el nuevo contraalmirante bombilla. En el fondo Eric se alegraba por Iulio, pero le molestaba no haber entrado en la promoción de ascenso a contraalmirante.

Aquella gran aldea era preciosa, completamente decorada con círculos de papel superpuestos que llamaban guirnaldas, luces, y música por todas partes. Pasó por una tienda y vio algo que le encantó: ponchos de distintos colores. Entró en ella y pidió dos: uno azul con lunares blancos para él y otro blanco con lunares azules para Aoi.

¿Solo te va’ lleva eso do’? —le dijo el tendero.

—No querer más —respondió Eric.

—¡Ay que grasioso habla el payo acanelado este! —alzó la voz—. ¿Tas dao’ cuenta Maricarmen?

—Yo no hablar gracioso —dijo el salvaje, ligeramente mosqueado—. ¡Ah! Y dar tela negra, como para cinturón.

Nonina —saltó en seguida el hombre, cogiendo un trozo de tela negra de unos diez centímetros de ancho y un largo de un par de metros—. Son seis mil berries. La sinta es gratis

—Tomar, y quedar con vuelva.

El salvaje se fue de allí en busca de su aprendiz. Estuvo más de una hora dando vueltas por las cercanías al cuartel, sobre todo en espacios libres por si estaba entrenando. Sin embargo, entonces pensó en la clase de persona que era Aoi y comenzó a buscar en tabernas. Finalmente, la encontró bebiendo una jarra de cerveza.

—¡Cadete! —le dijo—. ¿Qué hacer bebiendo cerveza sin mi? —le preguntó, ligeramente indignado. Que bebiera le daba igual, ¿pero sin él? Eso no se hacía—. Tomar regalo… Poncho nuevo y resplandeciente.

En la cara de Eric se dibujó una amplia sonrisa, que con su aspecto rudo parecía la cara de un loco. Luego, sacó la cinta de la bolsa y se la enseñó a la marine.

—Si querer aprender y controlar los agudos sentidos de la madre loba has de sentir y no ver con los ojos. Los ojos engañar muchas veces, y la madre loba enseñar que Huiito’mobu ser la esencia de los sentimientos.

Y le vendó los ojos.
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Mensaje por Blacco Giacco el Jue 10 Sep 2020 - 21:01

Bajé del barco que me llevaba a Dressrosa, cortesía de la marina. Hacia un día espléndido, el sol estaba bien arriba en el cielo, calentando ligeramente las cabezas de todos los transeúntes que paseaban cerca del puerto. Allí la gente era alegre, cantarina y bailonga: eran todo felicidad, ¡Que envidia!

La razón de mi visita a Dressrosa era que hace poco recibí una invitación por parte de mis superiores, para probar a ver si valía para estar en nada más y nada menos que los Justice Riders, la brigada de héroes mas prestigioso de toda la marina. Todo esto estaría bajo la supervisión de Zuko, uno de los mejores vicealmirantes de la marina. Cuando la recibí, no me lo podía creer ni un poco, hasta pregunté si se habían confundido...

Una vez bajé del barco, un compañero me dio una dirección a un alojamiento en el centro de Dressrosa, y también me dio el horario para empezar mañana con la brigada. Lleno de emoción, cogí todo y me fui directo hacia el centro de la ciudad. Por el camino, pregunté a un par de señoras demasiado majas sobre el hotel PALMITAS, y ellas me dieron la dirección además de una charla de media hora de porqué el recepcionista rompió con la hija de la panadería MIGUITAS. Debería de haberla cortado, pero se le veía muy feliz contándomelo, demasiado...

Al llegar, me recibieron como a un ciclista famoso en todo el mundo. El recepcionista, del cual sé demasiado de su vida sin que él lo sepa, me recibió cogiéndome el equipaje y acompañándome a mi cuarto sin dejar que haga más esfuerzo.
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Mensaje por Lykanrock94 el Mar 22 Sep 2020 - 17:09

Roncando como si se tratase de un cerdo estaba yo en la habitación del Cuartel de la marina quese encontraba en Dressrosa. Recientemene había ingresado en la Marina y me habían asignado en la flota de los Justice Riders, la cual estaba liderada por el Vicealmirante Zuko, al cual no tenía el gusto de conocer, aún. Me desperte sobresaltado, me puse mis ropajes de siempre y la gorra de la marina.

- Mierda, mi primer dia de trabajo y llego tarde... La que me espera no va a ser pequeña. -Salí como un espúnin de la habitación. Mi instrucción iba a empezar y llegaba tarde así que debía encontrar al Vicealmirante lo más pronto posible. Iba corriendo por los pasillos del cuartel y eso provocó que me chocase contra un compañero marine. Al chocar caí de culo al suelo.

-Ouchh!! Perdona, iba con mucha prisa y ni te vi. Por casualidad no sabrás donde está el Vicealmirante, mi instrucción comenzará en breves y llego tardísimo.

- Si, dijo que iba a patrullar por la ciudad. Relájate, no ha habido reportes peligrosos salvo unos vecinos que pelearon nada más. Lo unico relevante son esos carteles de ahí y el hombre ensangrentado de allí que ha dicho algo sobre un monstruo en Green Bit. -Dijo el marine.

- Espera, para el carro. Demasiada información. ¿Hay algun superior en el Cuartel?

- Creo que si, creo que están el Contraalmirante Kenzo y el Comandante Hamlet. Son aquellos de allí, el de la capa y el que tiene vendado todo el cuerpo.

-Debo darme prisa. -Me levanté y comencé a correr hacia ellos. Una vez llegué, hice el saludo marine y me presenté.

- Recluta Masaru, ¡presente!. Preparado para instrucción, ¿cuáles son sus órdenes? -Estaba mas recto que el palo de la bandera de la marina. Era mi primera vez como Marine, me había dormido el dia de la instrucción y también era mi primera vez frente a mis superiores. Estaba demasiado nervioso, tal vez era por la posible regañina, por ser mi instrucción o por ambas cosas.
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Mensaje por Zuko el Mar 22 Sep 2020 - 20:50

Miró detrás del panfleto, esperando que en el reverso hubiese algún tipo de información esclarecedora sobre el asunto. Sin embargo, lo único que vio fue el nombre de una plaza y una hora del día, para la cual quedaban... unos diez minutos. Arqueó la ceja y miró en dirección al tipo que le había dado aquello, pero ya se había esfumado. Parecía que lo había clavado con el tiempo, si es que su objetivo era llevar al vicealmirante a ese lugar y a esa hora. O tal vez fuese el miembro de un extraño grupo religioso y quería que un alto cargo asistiese a una de sus reuniones.

El trabajado del panfleto parecía profesional y, como ya se había dado cuenta, por las paredes de toda la ciudad habían aparecido varios de esos panfletos colgados, anunciando el retorno de... algo. ¿O alguien? La curiosidad de Zuko podía con él, ciertamente, y la posibilidad de que fuese una trampa se le hacía cada vez menos peligrosa. Si, seguramente lo fuese, pero... El dragón había salido de situaciones increiblemente peliagudas. ¿Qué más podrían hacerle? Dobló el panfleto, se lo guardó en el interior de la chaqueta, y se dirigió a aquella plaza.

Llegó a tiempo. Varias docenas de personas estaban allí, de pie, mirando hacia un escenario de madera. Sobre el mismo había de pie un hombre, vestido con una larga túnica roja con capucha, de la cual asomaba una larga barba blanca. El hombre levantaba los brazos y gritaba, con cierto entusiasmo.

—¡Él volverá! ¡Queda poco! ¡Volverá y tomará su legítimo lugar en el trono! ¡Su bota sobre nuestra espalda nos dará la disciplina que necesitamos!

—¡Cállate, puto loco! —gritó alguien tirándole un tomate que falló su objetivo.

Zuko suspiró. Aquello no era más que un loco gritando locuras. Sintiéndose algo decepcionado, se dio la vuelta para marcharse. Sin embargo, en cuanto lo hizo, sintió un pinchazo en el cuello. Antes de que siquiera pudiese llevarse la mano al lugar ya se había vuelto todo negro. Y antes de que el cuerpo de Zuko hubiese caído al suelo, ya había desaparecido de la vista de todo el mundo, sin dejar rastro, como si nunca hubiese estado allí.

Eric y Aoi:
No dejáis de oír gritos fuera. A un viejo gritando algo de que alguien volverá y tomará su legítimo lugar en el trono o algo así. También oís gritos de gente descontenta con este señor y sus locuras. En ese momento veis (o al menos Eric, que no tiene los ojos vendados) a un hombre bajar las escaleras, dejando el piso de arriba de la taberna. Es tan alto como Zuko, lleva una gabardina marrón de cuero grueso, con polvo en las zonas más bajas. Lleva un bigote bien cuidado, con las puntas alzadas, y una perilla dividida en dos. Su ojo izquierdo está cubierto por un parche y, a su espalda, lleva lo que parece ser un rifle de caza, así como un colgante que lleva colmillos de varios animales que tú, Eric, puedes reconocer. Algunos son de lobo.

Y bueno, no os habríais fijado en él de no ser por el hecho de que os ha hablado.

—Disculpad. No creo que sea buena idea vendarle los ojos en una taberna como esta. Hay gente muy peligrosa —dice sonriendo. Entonces parece hacer ademán de marcharse, sin embargo, antes de hacerlo, coloca una mano sobre el hombro de Eric. Eric, parece que sea incapaz de hacer ningún ruido, y jamás podrías haber visto venir que iba a colocarte la mano en la espalda—. Les aconsejo que se pasen por el Coliseo en unas horas. Dicen que va a haber... dragones.

Y se marchó.
Iulio:
—Hoy es lunes —contesta alguien a tu pregunta.

Hay alguien pegado a la rocosa pared, como si fuese capaz de vivir adherido a una pared. Es pequeño, debe medir poco más de metro y medio. Es muy delgado, tiene los ojos enormes y no deja de mirarte, sin cambiar la expresión en ningún momento. No eres capaz de discernir si es chico o chica, aunque... No te da tiempo a discernir mucho más, pues enseguida, como una lagartija, empieza a retorcerse, moviéndose por la roca hasta meterse en un delgado agujero que había en la rocosa pared.
Equipo Monster Hunter - Kenzo, Wyrm, Masaru:
—F... Fuimos porque... para ver a los enanos. ¡Los de la leyenda! ¡Dicen que hay enanos en Greenbit pero solo hay un monstruo! ¡Por favor, hagan algo! Cuando quise darme cuenta... la sangre de mi amigo me salpicó y allí estaban sus cuerpos, mutilados, devorados... ¡He visto las tripas de mi mejor amigo!

El tipo respira rápido, muy rápido, y entonces... se desmaya. Si decidís marchar hacia Greenbit, con refuerzos o solos, no os será difícil encontrar un rastro de pisadas humanas que os llevan hasta una parte del camino, bastante profundo en aquel extraño bosque, donde están los cadáveres. La imagen es grotesca. Hay unos tres, aunque ninguno tiene el rostro reconocible. Ninguno está completo y todos tienen el pecho abierto, devorados por dentro. Tal vez sea la paranoia, pero... ¿no oís algo moverse entre las hojas?
Blacco:
Fuera del hotel no está nada tranquilo. Hay muchísima gente mirando a un señor gritar cosas apocalípticas sobre el retorno de alguien. Algunos del público incluso le tiran tomates y... Espera, ¿ese alto de allí no es el vicealmirante Zuko? Podrías ir a presentarte y saludarle ante tu llegada, tal vez tenga órdenes que dart... Vaya, ha desaparecido. Que raro, jurarías que hace un parpadeo estaba allí, y no lo has visto alejarse.



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Mensaje por Iulio Ayer a las 2:37

―¿¡Pero qué coño!? ―exclamé, sobresaltado y a punto de caer de mi hamaca. Ésta se bamboleó como un maltrecho bote de remos en medio de una tormenta, pero conseguí estabilizarla antes de regalar mi atención al emisor de la voz que me había asustado. Era un hombre bajito y... bueno, muy raro. Lo cierto era que con una apariencia y actitud tan peculiares cualquier descripción estaba de más. ¿Lunes? Tendría que creérmelo―. ¿Y tú quién e...?

Pero mi pregunta nunca llegó a ser finalizada, `pues el hombrecillo se escabulló cual reptil entre las rocas y me dejó con la palabra en la boca. ¿Acaso había un complot mundial que desconocía para que todo el mundo me hiciese lo mismo sin importar su procedencia o condición?

Abandoné mi lecho con cautela y calma, colocando mis pies sobre una delgada cornisa que permitía moverse algunos metros a aquella altura. No lo hacía por miedo a caer, pues lo cierto es que no me asustaba precipitarme al vacío, sino por curiosidad y suspicacia con respecto a aquel sujeto. Cuando alcancé el lugar en el que había desaparecido pude comprobar que una grieta de considerable tamaño le había servido de camino. Alguien de mi tamaño no cabría por ahí, pero estaba seguro de que no tendría problema para internarme por ella en mi forma etérea.

―Chicos ―dije antes de tomar una decisión―, ¿sabéis si en Dressrosa hay algún lagarto que hable y viva entre las rocas que rodean la ciudad?

La pregunta se antojaba tan estúpida y surrealista que casi me daba vergüenza hacerla. Aguardé por alguna respuesta al otro lado del Den Den Mushi con el que acababa de establecer comunicación. Mientras tanto, mis ojos no dejaban de recorrer la insondable oscuridad que había engullido al enjuto sujeto.

―Así que estaba en las piedras, señor ―respondió entonces... ¿quién era? Lo cierto era que daba igual―. Llevábamos un buen rato preguntándonos cuál sería su paradero. Nos alegra saber que está bien. ―¿Era sorna lo que había en su voz? Quizás, pero lo pasé por alto―. No, contralmirante Cornelius, no hay registros de ninguna criatura viva que se ajuste a esa descripción.

―De acuerdo, muchas gracias ―contesté, cortando la comunicación y, sin que sirviera de precedente, dejándome llevar por la curiosidad. ¿Quién sabía? Estirar un poco las piernas podría venirme bien. Coloqué una mano frente a la oquedad, dejando que ésta brillase e iluminase lo que había ante mí. Era una suerte de minúsculo pasadizo esculpido por la madre naturaleza, excepcionalmente recto para no haber sido esbozado por la mano del hombre. Tras unos segundos en los que medité mis posibilidades, me desvanecí para adoptar mi forma etérea y me dispuse a recorrer la estrecha senda.
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