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El descenso de Orfeo [Moderado nivel 7 - AEG]

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Mensaje por Narrador OP el Mar 29 Sep 2020 - 17:57

Las Puertas de la Justicia ante ti. Un auténtico monumento al poder imperecedero del Gobierno Mundial. Durante siglos han permanecido intactas, sin que nadie logre quebrarlas. Algunos han sabido burlar la vigilancia y penetrar en la Corriente Tarai por otros medios, o lograr engañar a sus vigilantes para cruzar las puertas en secreto. Sin embargo nadie las ha atravesado a la fuerza. Ahora que tienes ante ti el portón de Ennies Lobby comprendes el motivo. Qué clase de manos inhumanas han podido forjar una estructura de tal tamaño se escapa a tu entendimiento. Es una mole de kilómetros de altura, tan descomunal que ha modificado las corrientes frente a ella, formando unos poderosos remolinos que destrozarían cualquier embarcación que intente aproximarse a las Puertas mientras permanezcan cerradas.

Mientras aguardas frente a las puertas con tu embarcación, un navío de guerra marines se acerca a tu posición. Cuando está a unos diez metros, una figura salta desde la borda y aterriza en tu pequeño barco. Es una mujer con el pelo rapado y la gabardina blanca propia de los oficiales marines. Por sus insignias dirías que es al menos capitana o de rango superior. Te observa de arriba a abajo con actitud despectiva, y dice:

- Shichibukai, ¿qué haces aquí? Nadie puede atravesar las Puertas de la Justicia sin permiso. Explícate.

Al cinturón lleva un alfanjón de guarda dorada y enjoyada y una pistola voluminosa de aspecto "clásico", de madera y con cañón terminado en trompetilla. Si no fuese por la excelente calidad de la pieza y que no parece muy vieja, creerías que es un arma de fuego anticuada. Tal vez lo sea y esta mujer sea simplemente nostálgica de las armas antiguas.
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Mensaje por AEG93 el Mar 29 Sep 2020 - 18:43

Por fin el joven samurái estaba más cerca de cumplir su meta. El motivo de haberse lanzado a los mares, averiguar qué había sido de su querido padre y encontrarle, ya era casi una realidad. Tras haber recibido de uno de sus antiguos nakamas la información de que prácticamente con total seguridad se encontraba preso en la cárcel de máxima seguridad de Impel Down, se había marcado como objetivo entrar a formar parte del Ouka Shichibukai. Como miembro de esta prestigiosa aunque polémica institución, que era considerada uno de los grandes poderes del mar, tenía libertad para moverse por tierras gubernamentales. Además, al trabajar para el Gobierno Mundial, resultaría sencillo para él poder acercarse a la prisión localizada en el Calm Belt y, usando su cargo para que se le autorizase la entrada, rescatar a su progenitor. Las consecuencias de aquello serían más que considerables, pero no le importaba. Lo único que quería era que su padre, quien tanto le había querido y enseñado, volviera a ser libre. Era lo menos que podía hacer por él. Se lo debía.

Finalmente se hallaba ante las Puertas de la Justicia. A decir verdad constituían una vista verdaderamente impresionante, capaz de dejar sin palabras a cualquiera. El semigyojin no era capaz, por mucho que lo intentase, de imaginar cómo había podido ser humano alguno concebir aquella monstruosidad y, más aún, colocarla en aquel punto del mar.

Un barco marine se aproximó entonces a su posición. En él destacaba una mujer con galones de oficial de alto rango que saltó desde el navío marine para aterrizar en la diminuta embarcación del Shichibukai. Dejando claro que sabía quién era, le preguntó por el motivo de su presencia allí.

El joven, consciente de que la palabra le abriría el camino de la prisión con mucha más facilidad que la espada, decidió sacar partido de su don natural para caer bien a la gente y parecer una persona de confianza. Es así que, con una galante sonrisa, comenzó a decir:

- Saludos, oficial. Como bien sabe, soy Ryuu Akiyama, miembro de los Siete Guerreros del Mar. ¿Con quién tengo el placer de hablar?
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Mensaje por Narrador OP el Mar 29 Sep 2020 - 19:10

Igual esperabas una respuesta amable, o como mínimo que relajase su gesto adusto y actitud descortés. Al fin y al cabo es lo tuyo, sabes caer bien a la gente y suavizar las tensiones. Y has sido amable. No era un pensamiento ilógico, pero por desgracia para ti, está alejado de la realidad. La marine no se toma bien tus palabras y por un momento aprieta sus labios y su puño derecho se aprieta con fuerza. ¿Qué has dicho para molestarle? A mí no me preguntes, solo soy una amable voz de tu conciencia. Tras un momento respirar hondo y suelta el puño. Aunque ya no parece a punto de pegarte un puñetazo en la cara sigues viendo en su mirada desprecio, pero cuando te habla, su tono es formal y carente de faltas de respeto:

- Comodoro Jana Novak, segunda de la flota de defensa de las Puertas de la Justicia de Ennies Lobby y capitana del Inquebrantable.

Inclina levemente la cabeza a modo de saludo, y aunque lo hace de manera cortés y sin gestos secos o apresurados, algo te dice que está odiando tener que saludarte y ser educada. Tras eso te sostiene la mirada y dice, en un tono totalmente impersonal:

- De acuerdo a las leyes especiales que rigen la Corriente Tarai y las tres Puertas de la Justicia, debo informarle de que no informar al oficial al cargo de la defensa sobre el motivo de su visita cuando se le requiere es considerado un acto sedicioso y penado bajo ley militar, tanto en el caso de civiles como de agentes y cuerpos especiales del Gobierno. Por ello, le insto a informar de inmediato del motivo de su visita, o me veré obligada a reducirle, arrestarle y conducirle ante el tribunal militar de la Torre de la Justicia para juicio sumarísimo.

Tras eso aguarda tu respuesta en silencio. No parece que ese "me veré obligada" lo diga porque no esté deseando hacerlo. Más bien dirías lo contrario.
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Mensaje por AEG93 el Vie 2 Oct 2020 - 17:44

La mujer, dejando claro que pese a su condición de Shichibukai el pirata no le caía bien, se presentó como la Comodoro Jana Novak para, apenas unos segundos después, realizar una disertación acerca de las leyes que rigen la Corriente Tarai que podía resumirse en: o el semigyojin daba un motivo lo suficientemente convincente para justificar su presencia allí o se vería obligada a detenerle. O a intentarlo, pues el samurái dudaba muy seriamente que una simple Comodoro fuera rival para él, la persona que había derrotado al líder del bloqueo marítimo de la Marina en el Archipiélago Sabaody. Algo le decía que aquella mujer no era ni de lejos tan poderosa como el brutal Contraalmirante Slade Nys.

La situación apremiaba, y parecía dejarle solo una salida. La poca inclinación de la oficial al mando por la negociación y su aparente odio hacia todo pirata, incluyendo a los miembros del Ouka Shichibukai, hacían que la única solución que le quedaba fuera inventarse una excusa. Sin embargo, como era presumible que tuviera que acabar llegando a esa situación, había traído su historia ya preparada. En un cometido tan importante no había margen de error, y por ello se había preparado a consciencia para las posibles eventualidades que pudieran surgir durante su camino hacia la gran prisión del Gobierno Mundial.

- Ya que desea saber qué motivos me traen hasta aquí, - contestó sin perder la sonrisa ni siquiera por un instante - no me demoraré más en contárselos. Un importante y poderoso prisionero cuya identidad no me está permitido revelar ha solicitado al Gobierno Mundial la conmutación del resto de su sentencia a cambio de ingresar en las filas del Gobierno Mundial como agente encubierto. Pese a que se trata de un delincuente, no es alguien que haya mostrado nunca odio hacia el Gobierno Mundial, y nuestros superiores están convencidos de que sus habilidades podrían ser de incalculable valor si las pusiera al servicio de la justicia. Es por ello que me envían a mí, dado que conozco personalmente a dicho prisionero, a entrevistarme con él. Quieren asegurarse de que sus motivos son sinceros y no está tratando de engañarnos. Por todo esto solicito formalmente permiso para atravesar las Puertas de la Justicia. Y le ofrezco también mis disculpas por no haber avisado de mi llegada con antelación, pero se me dieron instrucciones de evitar la correspondencia ya que es intención de nuestros superiores que esta tarea se realice con la más absoluta discreción. De hecho sería recomendable que no comentase los motivos de mi visita con sus hombres, ya que cuanta menos gente se entere de esto mayores serán las posibilidades de que, si el prisionero en cuestión es liberado, tenga éxito en su misión.

El pirata miró a los ojos a la oficial. Sabía que tenía un don para la palabra, así como que su atractivo aspecto físico y su permanente sonrisa jugaban un nada desdeñable papel a la hora de convencer a sus interlocutores o, principalmente, interlocutoras, y esperaba que fuera suficiente para que la desconfiada marine aceptase dejarle pasar. Había preparado mucho su historia para resultar lo más convincente posible, y creía que su actuación estaba siendo realmente buena, incluso para alguien con su capacidad innata para ello.
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Mensaje por Narrador OP el Lun 5 Oct 2020 - 2:01

Una serie de emociones se mezclan en el rostro de la marine: sorpresa, incomprensión, desconfianza, suspicacia... ¿es lo que esperabas? Algo te dice que tus palabras le han chocado más de la cuenta. Durante un momento se queda en silencio, sin tener muy claro qué decirte. Abre un par de veces la boca, pero finalmente niega con la cabeza y se aleja un par de pasos.

- La prisión de Impel Down fue destruida hace cuatro años, ¿no lo sabías? Por un ataque combinado de los Blue Rose Pirates y la Revolución. Vienes al lugar incorrecto. Pero si te han dicho que vengas aquí... - frunce el ceño - Esto es irregular. Tengo que llamar a mi superior. Ni se te ocurra mover ni un dedo mientras me voy, estás a tiro y sigues sin tener permiso para estar aquí.

Se aleja de la borda, toma carrerilla hacia esta y pega un salto que hace bambolearse un poco a tu pequeño velero. La ves saltar una última vez sobre el aire antes de caer sobre la borda de su navío y quedar fuera de tu línea de visión. Durante unos minutos que puedes aprovechar para lo que quieras, no sabes nada de la marine. Y quien dice unos minutos, dice una larga media hora antes de que vuelvas a verla llegar de un salto, cayendo ágilmente sobre tu barco. Cuando se incorpora te dirige una mirada neutra y severa, antes de decir:

- Se te ha dado permiso para cruzar las Puertas de la Justicia e ir a tu destino. Deberás dejar tu barco aquí y serás escoltado por un oficial de alto rango.

Si aceptas, llamará a un pequeño bote con el que te llevarán a uno de los barcos que protegen las puertas de la justicia, un navío de guerra de imponente tamaño. En este te espera tu escolta: es mucho más alto que tú, rozando la talla de un semigigante. Su pelo tiene un tono entre rubio oscuro y anaranjado, corto, con un imponente mostacho. Lleva al cinturón una imponente hacha dorada con el filo de color negro azulado. Su gabardina blanca y galones no dejan lugar a dudas sobre su rango, aunque si las había, cuando se presenta deja de haberlas:

- Vicealmirante Bristol Hogan, pequeño Shichibukai - dice tranquilamente mientras te tiende la mano, sonriendo. Su tono es curiosamente amistoso y agradable, a diferencia de su subordinada - Me han dicho que tienes que ir a Impel Down LV, así que seré tu escolta. ¿Listo para partir?
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Mensaje por AEG93 el Lun 5 Oct 2020 - 19:17

La destrucción de Impel Down hacía ya cuatro años a cargo de Dexter Black había sido uno de los eventos más sonados de las últimas décadas, pero dado que multitud de presos considerados peligrosos como su padre habían sido enviados allí con anterioridad era obvio que el Gobierno Mundial había construido una prisión de similares características. El hecho de que nada de esto hubiese sido hecho público ni se hubiera hablado de ninguna otra gran cárcel no había provocado sino un enorme aumento de los chismorreos al respecto, hasta llegar al punto de que multitud de piratas y criminales hablaban de Impel Down como si allí nunca hubiese pasado nada, asumiendo el hecho de que la prisión había sido reconstruida.

Pese a su reacción inicial de sorpresa, la oficial rápidamente abandonó el pequeño bote del pirata para consultar con sus superiores la petición de este. El samurái estaba ligeramente preocupado. Lo más probable era que la mujer no preguntase a alguien de un rango tan elevado que pudiese desmentir con seguridad su historia, pues según sus propias palabras las órdenes venían de muy, muy arriba, pero aún así esa pequeña posibilidad le hacía estremecerse.

Pasó la casi media hora que la oficial tardó en volver tratando de serenarse para no parecer nervioso ante los marines que vigilaban su pequeño navío. Por dentro, sin embargo, los nervios aumentaban con cada minuto que pasaba. ¿Por qué tardaba tanto?

Cuando vio aparecer nuevamente a la Comodoro y escuchó sus palabras suspiró aliviado. Su suspicacia no desapareció, pues obviamente podía estar encaminándose a una trampa, pero la probabilidad de que lo hubiera conseguido no era nada desdeñable. No sin pesar abandonó su diminuto barco, consciente de que probablemente no volvería a verlo. Uno de los muchos sacrificios que, con toda seguridad, iba a tener que realizar si quería sacar a su padre del infierno.

Fue conducido a un buque de guerra de enormes proporciones, donde le recibió un oficial de extraordinaria altura cuya sonrisa y amabilidad al presentarse le desconcertaron. Nada menos que un Vicealmirante, posiblemente con algo de sangre de gigante, pero al menos sus sospechas se confirmaron. Impel Down LV era su destino. No sabía qué significaban aquellas dos siglas, pero parecía que su estratagema había colado. Miró sonriente al marine y, tratando de parecer calmado, le devolvió el saludo:

- Encantado de conocerle, señor Hogan. Me alegro de que haya accedido a escoltarme. Podemos partir cuando usted quiera.

La parte más sencilla de su misión había sido completaba. Ahora quedaba lo más difícil, lograr adentrarse sin despertar sospechas en la prisión y, sobre todo, abrirse camino junto a su padre para escapar de ella. Eso si no estaba siendo conducido a una trampa, claro.
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Mensaje por Narrador OP el Mar 6 Oct 2020 - 2:04

- Entonces, bienvenido al "Céfiro".

El Vicealmirante hace una llamada por den den mushi y las Puertas de la Justicia comienzan a abrirse. El ruido de la colosal estructura moviéndose resuena en todas partes, haciendo vibrar el barco. A medida las puertas se abren, los remolinos empiezan a desaparecer, y el Céfiro se pone en marcha hacia su destino. Para ser un enorme navío de guerra, el barco resulta ser realmente rápido. Tienes la sensación de escuchar un sonido extraño proveniente de las cubiertas inferiores, y en la popa el agua está especialmente agitada. ¿Usará un motor, además de la corriente Tarai, para moverse más rápido? En cualquier caso vuestro viaje es bastante corto, pero tienes veinte minutos para hacer lo que veas conveniente a bordo, aunque sin pasarte. Los marines no te dejarán entrar en las zonas restringidas de la nave. Aunque no hace mal día, no hay buena visibilidad y pequeñas cantidades de bruma que sin embargo evitan que Impel Down quede a la vista... hasta que finalmente la tenéis casi encima.

- Aquí estamos. Impel Down "La Venganza", señor Ryuu - dice Bristol - Esta vez nadie se la va a llevar volando.

A nivel de superficie la prisión resulta amenazadora, pero no espectacular. Lo que tienes frente a ti es un cuartel marine grande de cinco pisos con la enseña del Gobierno Mundial en la fachada. Sin embargo se adivina en la construcción del edificio que este no termina en la superficie, sino que se pierde bajo las aguas. Pero la parte realmente amenazadora del paisaje no es el cuartel, sino los veinte buques de guerra que rodean la prisión. Probablemente no sea un sitio que se pueda tomar por la fuerza... fácilmente al menos. Haría falta una flota considerable con barcos de guerra robustos para lograr sobrepasar semejante bloqueo. En el momento en que Céfiro se aproxima no hacen ademán de cortarle el paso, y de hecho Hogan saluda sonriente a un Vicealmirante en otro barco al pasar al lado.

En el momento en que llegáis a los muelles y despliegan la pasarela, el Vicealmirante Hogan baja contigo y te guía directamente hacia una gran puerta verde. Te das cuenta de que hay tres puertas de acceso: una azul a la izquierda, por donde ves entrar y salir marines; una amarilla a la derecha, donde ves gente con un uniforme color beis y la central verde a la que os dirigís. En el momento en que llegáis se aproximan lo que solo podrías describir como dos latas gigantescas. O mejor descrito, se trata de dos hombres enfundados en servoarmaduras blancas con rebordes rojos. No sabes cuál es el tamaño real de la gente del interior, pero enfundados en estas superan los dos metros y medio. Llevan unos extraños fusiles achatados y voluminosos de un modelo que nunca has visto. Desconoces que clase de munición disparan, pero los cañones son tan amplios que podrías meter tres dedos por ellos.

- Les esperábamos - dice uno de ellos con voz metalizada - Los protocolos de seguridad de la prisión indican que nadie que no sea personal del Gobierno específicamente autorizado puede entrar armado a la prisión. Entreguen todas sus armas.

- Teniente, ¿es esto realmente necesario?

- Todas sus armas, señor Vicealmirante. Lo mismo para el Shichibukai.

Cuatro hombres de los del uniforme beis se acercan. Bristol Hogan se encoge de hombros y tiende su pesada hacha, que ha de ser cogida por dos de los guardias. Los otros dos se te acercan y esperan a que tiendas tus armas, bajo la atenta mirada de los dos guerreros de acero. Si decides aceptar, y el sentido común te dice que no sería sabio negarte, una vez hayas entregado tus armas te registrarán en busca de objetos peligrosos. Solo cuando los guardias dan el visto bueno, se giran por fin los guerreros de blanco a abrir los portones.
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Mensaje por AEG93 el Jue 8 Oct 2020 - 19:57

El ruido de las Puertas de la Justicia al abrirse ante ellos llenó el ambiente. Ciertamente resultaba un espectáculo digno de ser contemplado. Aquella maravilla de la ingeniería cuyo funcionamiento resultaba absolutamente imposible de explicar a ojos del semigyojin abrió un camino en mitad del océano, permitiéndoles pasar a su través.

El Céfiro, el navío comandado por el Vicealmirante Hogan, era increíblemente veloz, más que ningún barco de la Marina que hibera visto hasta entonces. Como buen navegante se sintió intrigado por aquello y, mientras avanzaban por la Corriente Tarai, se dedicó a explorar la embarcación, sin acercarse por supuesto a las zonas que, en principio, le estaban vetadas. Lo que más llamó su atención fue el hecho de que en la popa el agua tras el barco estaba considerablemente más agitada de lo habitual, lo que indicaba que resultaba muy probable que el navío tuviese alguna clase de motor que lo propulsara.

Cuando el viaje finalizó y el Vicealmirante le dio la bienvenida al nuevo Impel Down, al que llamó La Venganza, el joven no pudo evitar sentirse ligeramente decepcionado. A primera vista la construcción no parecía gran cosa, apenas un Cuartel de la Marina algo más grande de lo normal. Sin embargo, si se paraba a mirarlo más en detalle, uno podía darse cuenta con cierta facilidad de que daba la sensación de que el edificio continuaba hacia las profundidades del océano. Y de hecho era lógico pensar que alcanzase una profundidad mucho más que destacable. Aquello tenía sentido, pues permitía al Gobierno Mundial disimular la existencia de una gran prisión a ojos indiscretos al mismo tiempo que otorgaba un espacio casi infinito que aprovechar. Como buen semigyojin, Ryuu era perfectamente consciente de las posibilidades que ofrecían las profundidades del vasto mar.

Lo único que llamaba la atención respecto a otro cuartel era la presencia de unos veinte buques de guerra de gran tamaño guardando su perímetro. Aquello complicaba las cosas, aunque a decir verdad no había esperado menos. Sin embargo ese dato hacía que el hecho de que el navío en el que iba tuviese motor cobrase mayor importancia. Si podía hacerse en su huida con uno de esos barcos sería mucho más sencillo dejar atrás a los poderosos pero lentos galeones que protegían la prisión.

Una vez llegaron Hogan le guió hacia una de las tres puertas de acceso. Había una amarilla, por donde entraba gente con uniformes de color beige que parecían o bien alguna clase de investigadores o bien funcionarios; una azul, que parecía ser la puerta de entrada para los marines, y la puerta central. Esta, de color verde, fue la escogida por el Vicealmirante para que ambos entraran. Allí les recibieron dos extraños guardianes que se encontraban dentro de las estructuras más extrañas que había visto en toda su vida. Iban armados y parecían muy amenazadores.

Cuando les escuchó hablar, el corazón de Ryuu se encogió. Para entrar en la prisión debía entregar sus armas. Por supuesto, habría sido ingenuo pensar que no iban a hacer esa solicitud, pero el hecho de que se hubiese preparado para ello no hizo que doliera menos. Para un samurái desprenderse de su katana era como deshacerse de una parte de sí mismo, no muy diferente a cortarse un brazo. Y más en su caso, pues Kirisame no era solo su fiel compañera de batallas, sino que la había forjado el mismo. Era la niña de sus ojos, su más perfecta creación. Sin embargo nada superaba en importancia a conseguir que su padre fuera de nuevo un hombre libre, por lo que con lágrimas en los ojos y un intenso dolor en su corazón el joven entregó su arma, jurándose en su interior que en su huida volvería a por ella.
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Mensaje por Narrador OP el Dom 11 Oct 2020 - 8:41

Finalmente las puertas centrales se abren, revelando un pasillo largo y de techo elevado, con columnas en las paredes. A los lados del pasillo, cada tres metros, hay un soldado de blanco a cada lado empuñando una alabarda. Se mantienen estáticos mientras pasáis, con sus rostros velados por los cascos. En el momento en que llegáis a la tercera pareja escuchas un ruido a tu espalda: están cerrando la puerta. Por algún motivo, tienes la sensación de que pasará mucho tiempo antes de que vuelvas a pasar por ella.

- Primero tenemos que hablar con el alcaide, chico - te dice Hogan - Él tiene la última palabra sobre cualquier ingreso o egreso de prisioneros, salvo que las órdenes vengan directamente de lo más alto del Gobierno o de los tenryuubitos.

Recorréis el pasillo ignorando diferentes puertas de los lados. Al principio creías que ibas al fondo, a un ominoso ascensor reforzado con barrotes, pero justo antes de llegar a este giráis a la derecha y tomáis una puerta. Hogan te hace dar unos giros y subir por unas escaleras, pasando por diferentes controles de guardias de beis que os dejan pasar, hasta llegar frente a una puerta de caoba. Frente a esta hay un secretario de pelo negro largo y liso con un traje tangzhuang rojo con motivos florales dorados. Está usando una máquina de escribir, y apenas os dirige la mirada cuando os comienza a hablar.

- ¿Tenéis cita con el señor Alcaide?

- ¿No ha llegado el aviso? Estamos aquí en misión urgente. Hace más de media hora que mandamos noticia desde las Puertas de la Justicia.

El secretario levanta al fin la vista de su trabajo y os fulmina con la mirada.

- Ha llegado. Es muy irregular. El Alcaide tiene unos horarios y tiempos que seguir. Por suerte para vosotros está dispuesto a cancelar su siguiente cita por vosotros.

Se levanta alisándose el traje y se aproxima a la puerta. Ceremoniosamente da dos toques en esta y anuncia "su siguiente cita está aquí". Tras unos segundos de silencio la puerta se abre y un grupo de tres jóvenes que no deben llegar ni a la veintena salen. Tienen pinta de estar algo fastidiados. El secretario os hace un gesto seco hacia la puerta, como diciendo "apresuraos". Hogan simplemente suspira y entra. El interior es... diferente a lo que esperabas. Una estancia grande con estanterías llenas de juegos de mesa, libros y cajas de videojuegos perfectamente ordenadas. En el fondo hay una enorme televisión con una consola conectada, en este momento apagada. Junto a esta hay un adolescente de pelo rubio y rostro inexpresivo. Va vestido con unos vaqueros viejos, mocasines y una camisa blanca mal abrochada. Se gira hacia vosotros con un gesto indolente y os saluda con la mano como si nada.

- Ah, sí. Se supone que esto es oficial, ¿no?

Se acerca caminando medio encorvado hacia un escritorio que hay a un lado de la estancia y coge una chaqueta que hay colgando de una silla. Es una gabardina negra con alguna clase de galones que no reconoces y una banda roja en el brazo derecho con una enseña negra inscrita sobre un círculo blanco. Tras fijarte un momento te das cuenta que la enseña representa una L y una V superpuestas. También se pone una gorra de oficial negra con el símbolo del Gobierno Mundial. Entonces se sienta en su silla y apoya los pies en la mesa. Agarra un papel de la mesa sujetándolo por una esquina entre el índice y el pulgar y lo lee con aparente desinterés. Finalmente lo suelta, dejándolo caer al suelo a su lado.

- Lai Office, aunque deberías llamarme Alcaide.

¿Ha sido eso una presentación? Es bastante desmañado y poco formal comparado con los agentes del Gobierno con los que te has cruzado normalmente. Su voz es muy suave, casi suena como un susurro, pero se hace oír pese a todo. Menudo tipo más raro han escogido para guardar la prisión del Gobierno.

- Estás aquí para recoger un prisionero, tengo entendido. Pero antes, ponte cómodo - se quita los zapatos con los pies y te señala con el pie derecho un asiento frente a él - No me han dicho nada sobre el asunto o a quién tienes que sacar. Explícame más sobre el caso.

Mientras le expongas tu situación, él te mirará con aspecto distraído, mordiendo el cuello de la gabardina. Ahora que te fijas, está bastante desgastado. Debe ser algo que haga con frecuencia. Una vez acabas de hablar, de repente dice, mirándote fijamente.

- Por casualidad, ¿no serás jugador de Battlemace 4? A lo mejor podemos echar una partida antes de que bajes.

Si miras a Hogan, verás que este se limita a chasquear la lengua y entornar los ojos, pero no dice nada de la propuesta del Alcaide. Office no parece la persona más responsable que el Gobierno tenga en nómina.
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Mensaje por AEG93 el Lun 12 Oct 2020 - 21:13

Tras abrirse las puertas el Shichibukai pudo comprobar que la vigilancia no disminuía, sino todo lo contrario. Cada escasos tres metros una pareja de guardias vigilaba que nada sucediera. A decir verdad aquel trabajo debía resultar verdaderamente tedioso. Estar continuamente de pie sin que nada sucediera nunca, solo por si acaso ocurría algo. El joven espadachín se imaginaba que mantener la atención todo el tiempo en aquellas condiciones debía de ser prácticamente imposible, aunque fuera simplemente por el aburrimiento.

Cuando casi estaban llegando al ascensor que, según dictaba la lógica, debía ser lo que les permitiría llegar a las celdas de los prisioneros, giraron hacia la derecha. El joven estaba algo desconcertado, pero no dijo nada. Preguntar tan solo haría que pareciera ansioso y, por ende, podría hacer creer al Vicealmirante que tenía algo que ocultar. Por el contrario si se mantenía tranquilo levantaría menos sospechas. Además el oficial había mencionado que antes de nada debían obtener el permiso del alcaide, por lo que probablemente en esa dirección estaría su despacho.

Finalmente llegaron a una puerta a la par elegante y con aspecto de resistente. Junto a ella había un tipo ataviado con un extraño traje de color rojo que, sin casi mirarles, preguntó si tenían cita con el alcaide. Tras la contestación del Vicealmirante y de mala gana, pues al parecer se habían saltado el protocolo, accedió a dejarles pasar.

Lo que encontraron tras la puerta sorprendió enormemente al pirata. Aquella sala estaba llena de grandes estanterías repletas de juegos de todo tipo, desde los clásicos juegos de mesa hasta los más modernos videojuegos. Y al fondo, junto a una televisión conectada a lo que parecía alguna clase de consola, un chico con aspecto de tener no más de quince o dieciséis años les recibió, presentándose como el alcaide Lai Office.

El samurái no salía de su asombro. El Gobierno Mundial había entregado el mando de su prisión más secreta e importante, uno de sus secretos mejor guardados, a un adolescente que parecía dedicarse fundamentalmente a jugar con videojuegos. Sin embargo, tras esa decisión tenía que haber un motivo justificado. El semigyojin había visto lo suficiente como para saber que si alguien ocupaba un cargo así era porque sus aptitudes y su poder compensaban con creces cualquier posible defecto o extravagancia, así que no podía fiarse.

El chico pidió que le expusiera su situación y, mientras tanto, le invitó a jugar con él una partida. Consciente de que lo mejor era ganarse su confianza, el samurái aceptó. Hacía años que no jugaba con ninguna consola, pero al fin y al cabo eso podía incluso jugar a su favor. Si le ganaba probablemente estaría de mejor humor y sería más proclive a aceptar sus peticiones. Por lo tanto, respondió:

- Por supuesto, alcaide. Estoy algo oxidado, pero me parece perfecto echar una partida mientras le explico la situación.

Así, mientras jugaba contra él asegurándose de que era el alcaide quien finalmente resultaba vencedor (lo que probablemente no resultaría muy difícil dada su poca experiencia en ese tipo de juegos), comenzó su relato:

- Verá, hay un prisionero que ha estado desde hace tiempo negociando con mandatarios de muy alto rango del Gobierno Mundial. Un emisario fue enviado a contactar con él y le ofreció unos términos que el recluso, tras pensárselo un tiempo aceptó. Se trata de un procedimiento de alto secreto, y si yo he sido enviado aquí es por mi estrecho vínculo con él. Debo asegurarme por un lado de que pretende cumplir con su parte del trato una vez liberado y, por otro lado, mi presencia probablemente haga que el prisionero confíe más en las buenas intenciones del Gobierno Mundial y en que no va a ser traicionado.

Imaginaba que el siguiente paso lógico sería que el alcaide preguntase de qué prisionero se trataba exactamente, por lo que el samurái preparó su respuesta. Había ensayado a conciencia su historia y no pensaba fallar. La libertad de su padre y ahora también su propia vida dependían de ello.
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Mensaje por Narrador OP el Mar 13 Oct 2020 - 1:44

Os sentáis en unos cojines frente a la televisión y os ponéis a jugar. Battlemace 4 resulta ser uno de esos juegos de peleas. Cada uno empieza en una parte de un laberinto armado solo con un cuchillo y una pistola con seis balas. En el laberinto hay personajes controlados por la IA a los que matar para obtener más armas, armaduras, piezas de equipo y llaves con las que avanzar hacia el centro del laberinto, donde ambos tenéis un duelo para conseguir una gema. Se tarda dos minutos en extraer la gema si el otro sigue vivo, así que de llegar antes que el rival es posible ganar sin pelear. Dejas ganar al Alcaide, aunque es más fácil decir que él te mete una soberana paliza en las tres rondas que jugáis. En las dos primeras consigue la gema cuando tú aún no has superado al primer boss de zona. En la tercera ronda en lugar de coger la gema espera a que llegues al centro del laberinto y procede a darte una soberana paliza antes de coger la gema.

- Para próximas ocasiones no cojas el rayo patificador, hay que pasar demasiado tiempo disparando continuamente antes de que surta efecto. Es útil contra monstruos pero los bosses son inmunes y los otros jugadores no van a quedarse quietos. Si puedes, en lugar de eso llévalo hasta el tercer anillo y véndelo al comerciante. Te da 3.596 drublos, suficiente para comprar tres granadas de vacío y recargar municiones, o si tienes más cosas para vender, un Cañón Delta.

Una vez termináis de jugar, Lai deja cuidadosamente su mando en el suelo. A pesar de que debe ser algo que le divierte, en ningún momento ha sonreído o mostrado mayor expectación que un rostro neutro de absoluta concentración, sin desviar su mirada de la pantalla en ningún momento. Ahora en cambio se gira en su cojín y se queda mirándote fijamente de una manera extremadamente incómoda. Es como si nadie le hubiese explicado cómo relacionarse con otras personas... o si sencillamente le diese igual. Tras mirarte sin pestañear durante unos segundos, empieza a hablar:

- Es curioso que no me haya enterado siendo el Alcaide de estos tratos y este asunto. Supongo que alguien arriba tendrá que responder ante mí por no informarme de lo que se hace en mi prisión.

Sus palabras no muestran furia, molestia o ninguna emoción en general. Es más como si simplemente estuviese dejándolo caer o explicando la situación sin el mayor interés en ella. No alcanzas a adivinar si realmente le ha molestado. Al cabo de un momento suspira y ves algo de cansancio en su rostro.

- En fin, acabemos con las formalidades para que pueda seguir con la Liga de Battlemace 4. Necesito que me digas a qué prisionero vas a extraer. Dame su nombre, motivo de encarcelamiento, recompensa por la cabeza... esas cosas. Te habrán informado antes de mandarte, supongo. Más aún si como me han dicho es un conocido tuyo - durante unos segundos mantiene el silencio de nuevo, mirándote directamente a los ojos - Una vez acabado eso Constance te guiará a su celda. No te preocupes, su voz impone, pero en el fondo es un buen hombre. Me regala pasteles siempre que su esposa se los manda.
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Mensaje por AEG93 el Jue 15 Oct 2020 - 21:02

El Shichibukai se vio obligado a reconocer que aquel videojuego era ciertamente entretenido. No tuvo que esforzarse mucho en dejar ganar al alcaide precisamente, pues este le derrotó con todas las de la ley por un sencillo hecho: era mucho mejor jugador que él. Posteriormente le dio un consejo que más bien parecía la voz de un auténtico experto en la forma más adecuada de jugar a Battlemace 4. El semigyojin lo agradeció adecuadamente respondiendo:

- Le agradezco el consejo, alcaide. Seguro que si sigo sus consejos la próxima ocasión seré capaz de ponérselo mucho más difícil.

Acompañó sus palabras con una sonrisa sincera y un guiño de su ojo derecho, dando a entender que le había gustado mucho jugar con el alcaide y que existía una posibilidad nada desdeñable de que en otra ocasión volvieran a poner a prueba sus habilidades como jugadores. Cada detalle era importante a la hora de hacer que aquel aparentemente joven e inmaduro oficial confiara en él.

Las palabras posteriores del alcaide, claramente contrariado por no haber sido informado de lo que, supuestamente, había ocurrido en sus dominios, dieron la oportunidad a Ryuu de continuar ganándose su simpatía:

- Si me lo permite, y aunque sé que no soy yo la persona responsable de ello, quiero pedirle disculpas por el hecho de que nadie le haya informado hasta ahora. Me parece difícilmente excusable. Supongo que, teniendo en cuenta las altas instancias de las que procede este plan, han intentado llevarlo en el más estricto y absoluto secreto hasta hoy, si todo transcurre como se espera el día de la liberación del prisionero.

Poco después, como era de esperar Lai Office pidió saber el nombre y otros datos del prisionero que en teoría el Gobierno Mundial tenía intención de liberar tras haber alcanzado un acuerdo secreto con él. En ese momento el samurái se puso serio y reunió toda su concentración para, mientras hablaba, mantener una expresión y un tono firmes y lo más neutrales posible:

- El nombre del prisionero es Kenji Akiyama, alcaide. Mi padre. Es un antiguo pirata gyojin que ganó mucha fama en su día debido a su enorme poder y que fue derrotado y capturado por uno de los actuales Almirantes. Su recompensa ascendía a cuatrocientos treinta y nueve millones de berries, obtenida principalmente al derrotar a otros piratas y a marines que en todos los casos sin excepción atacaron primero a él o a alguno de sus hombres por el mero hecho de ser gyojins. Como sabe, en los últimos años el odio hacia las gentes del mar, así como el de ellos hacia los humanos, ha aumentado exponencialmente desde el atentado de Krabbo y aquellos desgraciados terroristas. Sin embargo los tiempos de odio podrían terminar en no demasiado tiempo, y para ello el Gobierno Mundial ha requerido los servicios de Kenji Akiyama. Por todos es sabido que nunca ha albergado odio alguno hacia los humanos y que siempre ha intentado buscar la reconciliación de ambas razas. Prueba de ello es su matrimonio con una humana, fruto del cual nací yo. Por ello planean enviarle como emisario del Gobierno Mundial a la Isla Gyojin para iniciar las conversaciones sobre un posible acuerdo de convivencia y la elaboración de una estrategia de mejora progresiva de las relaciones entre ambas razas. Sin embargo, como se ha acordado ya con una persona de gran poder dentro del Reino Ryugu cuya identidad no me ha sido revelada, la existencia de dicho emisario debe ser secreta para evitar posibles reacciones violentas de quienes no quieren la cooperación. Mi padre debe volver a su hogar como un gyojin más. Dado que nadie sabe que ha estado encerrado aquí estos años se ha elaborado una versión alternativa de lo sucedido para que la explique a sus congéneres cuando sea preguntado al respecto. De ese modo podrá realizar su tarea colaborando únicamente con las personas designadas por el Gobierno Mundial y el trono del Reino Ryugu. El proyecto durará probablemente años, pero es necesario que tenga éxito si queremos evitar que la situación actual desemboque en una guerra entre razas. De hecho mi nombramiento como miembro del Ouka Shichibukai persigue el mismo objetivo. Es de dominio público que soy un mestizo de ambas razas y, por lo tanto, al otorgarme este cargo el Gobierno Mundial ha permitido la presencia de alguien con sangre gyojin en sus filas por primera vez en muchos años. Es un acto con un valor mucho más que simbólico.

Tras estas palabras el joven miró al alcaide, esperando su respuesta. Su historia resultaba perfectamente creíble, o eso pensaba él. La había repasado a conciencia y tenía la sensación de haber resultado muy convincente en el momento de exponerla. No estaba acostumbrado a planear las cosas al detalle, pero dada la importancia que aquello tenía para él había puesto en ello todo su empeño, y esperaba que fuera suficiente. Necesitaba escuchar la aprobación del alcaide para que Constance le acompañase hasta la celda de su padre.
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Mensaje por Narrador OP el Jue 15 Oct 2020 - 23:24

El alcaide te mira con rostro inescrutable durante toda la explicación. Al cabo de un rato, viendo que va para largo, se acomoda y se pone a morderse el pulgar mientras te escucha. Cuando acabas, como ya has notado que acostumbra prolonga el silencio de manera incómoda durante un rato, mirándote fijamente a los ojos. Entonces suelta el suspiro más expresivo que hayas oído nunca y te mira con una mezcla de decepción, frustración y desidia. Su mirada casi parece estar diciendo "no me pagan suficiente para esto".

- Vamos a dejar esta pantomima barata, ¿quieres? Empiezo a sentirme personalmente insultado porque creas que un engaño tan triste y mal elaborado va colarme - se levanta y se aleja unos pasos con bastante calma - Mis órdenes eran conducirte a una trampa y eliminarte, pero porque creíamos que eras un traidor. Ahora veo que simplemente eres idiota. Y más aún por menospreciarme.

Mira hacia un lado de la estancia y hace un gesto con la cabeza. Donde parecía que no había nada una figura aparta una lámina de papel tamaño humano del mismo color que la pintura de la pared. Detrás de esta hay una persona trajeada de negro con una máscara blanca de rasgos anodinos y un sombrero. No alcanzas a ver su piel, porque lelva guantes y el resto de su cabeza cubierta por una tela negra elástica. Como respondiendo a una pregunta silenciosa del Alcaide, comienza a hablar con una voz seca y monótona que parece deformada por alguna clase de ingenio tecnológico, haciendo irreconocible su voz o siquiera si es de hombre o mujer. De hecho su figura es bastante andrógina.

- Tras lo que ha hecho, no creo que estén dispuestos a pactar fácilmente con él. Probablemente haya condiciones estrictas... y una retribución.

- Escúchame, Shichibukai - responde al momento el Alcaide - Aún no nos has traicionado y aún puedes ser útil al Gobierno. ¿Desconoces acaso que un Shichibukai puede negociar con el Gobierno un favor a cambio de sus servicios? ¿O que los miembros de la tripulación de un Shichibukai están protegidos por ley? - parece desmotivarle tener que explicarte esto - ¿No se te ocurrió en ningún momento que podías simplemente, a cambio de tu adhesión al Ouka Shichibukai, solicitar la liberación de tu padre?

Si le prestas atención a la persona de la máscara, verás que mientras el Alcaide Lai habla, saca un den den mushi trajeado y con gafas de sol. Al cabo de un momento esta conversando en voz baja a través de este. Debido a la distorsión de su voz no captas sus palabras, y el que está al otro lado de la línea también susurra para que no se le oiga. Al cabo de un momento, cuando Office deja de hablar, gira su máscara hacia ti y dice:

- Shichibukai Ryuu Akiyama, has cometido crímenes de la mayor gravedad hoy. Expón tu caso ahora y el Gobierno lo valorará. Cabe mencionar que si mientes o intentas engañarnos de nuevo, serás debidamente castigado. No volverá a haber segundas oportunidades. Podemos tolerar la estupidez... una vez. No toleraremos las afrentas abiertas.
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Mensaje por AEG93 el Lun 19 Oct 2020 - 12:19

Lo que ocurrió tras su explicación dejó a Ryuu absolutamente patidifuso. El alcaide soltó un largo suspiro para después admitir que en ningún momento había dado la más mínima credibilidad a la historia del Shichibukai. Ni él ni nadie más, al parecer. Y le habían conducido a una trampa mortal, desarmado y dentro del lugar más seguro del mundo. Mentiría si dijera que esa posibilidad no se le había pasado por la cabeza, pero en el afán de rescatar a su padre no lo tuvo muy en cuenta. Se había dejado engañar como un idiota. Aquello le dolía enormemente en su orgullo, aunque en el fondo no dejaba de tener sentido. No era precisamente una persona a la que se le diera bien trazar planes elaborados, y aunque había creído que en aquella ocasión lo había tenido todo en cuenta parecía que, una vez más, se le había escapado algún detalle.

En ese momento una persona vestida de forma muy extraña hizo su aparición. Al parecer había estado oculto tras una falsa pared durante toda la conversación, sin hacer el más mínimo ruido. Aquella capacidad para pasar desapercibido sumada a su indumentaria, que no dejaba ni un milímetro de su piel al descubierto, hizo pensar a Ryuu que tenía que tratarse de alguna clase de espía o agente secreto del Gobierno Mundial. Y uno muy bueno.

Las palabras de ambos, espía y alcaide, terminaron de dañar su ya maltrecho orgullo. Al parecer, como Shichibukai podía haber pedido al Gobierno Mundial la liberación de su progenitor. Sin embargo ahora, como le advirtieron sus dos interlocutores, no había vuelta atrás. Debía decir la verdad y, con toda probabilidad, hacer alguna clase de favor al Gobierno Mundial si deseaba que su padre fuera liberado. Eso en el mejor de los casos, claro. Si no le creían...

El semigyojin sopesó sus opciones. Miró a diestro y siniestro, tratando de identificar a otros posibles individuos ocultos o la presencia de algún objeto que pudiera utilizar como sustituto de su preciada espada. Sin embargo pronto desechó aquella idea. Tenía que reconocer que se la habían jugado, y su instinto le decía que en aquel momento no tenía ninguna posibilidad de abandonar la prisión con vida por la fuerza. Su única alternativa era negociar si quería cumplir con lo que se había jurado a sí mismo y liberar a su padre de aquel infierno. Así que, con un suspiro de resignación, miró al enmascarado y tomó la palabra:

- Lamento haber intentado engañarles, pero desconocía que hubiese otra opción para cumplir con mi propósito. El motivo por el que me hice a la mar y me convertí en pirata fue encontrar a mi padre, quien repentinamente dejó de venir a visitarnos hace unos años. Estaba seguro de que algo le había ocurrido, y quería averiguar el qué. Finalmente conseguí enterarme de su derrota y captura a manos del actual Almirante Kurookami, y supuse que tenía que haber acabado en Impel Down. Espero que no les moleste, pero nadie en el mundo se cree que la prisión no se haya reconstruido tras el incidente de hace cuatro años. Cosa que mantendré en secreto, por supuesto.

Se detuvo un momento y respiró en un par de ocasiones. Quería tomarse un segundo para observar las reacciones de los dos trabajadores del Gobierno, pues aunque estaba siendo totalmente sincero si no le creían se vería obligado a luchar en una situación de más que franca desventaja. Acto seguido continuó:

- Así pues, en cuanto tuve conocimiento de esto me decidí a entrar en el Ouka Shichibukai para poder tener acceso a la prisión como aliado del Gobierno Mundial y rescatar a mi padre. Deben entender que mi lealtad por encima de todo está, como samurái que soy, para con mi familia y mi honor. No era mi intención intentar hacerles quedar como estúpidos, sino simplemente devolver la libertad a una persona a la que quiero y cumplir con la promesa que me hice a mí mismo cuando me hice a la mar. No sabía que podía simplemente haber pedido su liberación, si hubiera sido consciente de ello habría optado por esa opción sin dudarlo. Al fin y al cabo, ¿para qué arriesgar mi vida adentrándome en el lugar más peligroso del mundo si hubiera sabido que tenía alguna alternativa? De hecho estaré encantado de continuar colaborando con ustedes si ello implica la liberación de mi padre.

Había sido completamente sincero en sus palabras, pues no le quedaba más remedio en aquella situación. Si hubiera tenido su espada... Probablemente no habría sido suficiente para salir de allí con vida, pero había podido plantearse esa opción. Sin embargo estando desarmado... Su vida, y la libertad de su padre, dependían por completo de que aquellas dos personas creyeran sus palabras.
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Mensaje por Narrador OP el Miér 21 Oct 2020 - 1:46

- Decidíos pronto si hay que meterlo en una celda o no. Empiezo a aburrirme - dice Hogan, con un bostezo.

Sin hacer caso al Vicealmirante, los otros dos personajes te observan en silencio, como evaluándote. Bueno, Lai lo hace. En el caso de la persona trajeada no tienes ni idea dado que no ves ni sus ojos. Su máscara tiene unos cristales tintados que te lo impiden. Sin embargo que esté mirando en tu dirección da a entenderlo. Tras un momento, vuelve a hacerse el comunicador del den den mushi a la boca y dice, esta vez en voz alta.

- ¿Ha escuchado, señor, o debo repetir sus palabras?

Entonces el den den mushi comienza a hablar. La voz de la otra persona es masculina, grave y severa.

- He oído, agente 42. Escolte al Shichibukai a Marineford para negociar los términos de liberación de su padre.

- Comprendido. Así se hará, señor - el agente 42 cuelga y se gira hacia Hogan - Vicealmirante, vamos a necesitar los servicios del Céfiro de nuevo. Escóltenos a mí y al señor Akiyama.

- ¿De nuevo? Oh, ya veo - Hogan se estira, pero durante un momento le dirige una mirada enigmática al agente - Ya iba siendo hora de ponerse en movimiento.

- Cuando salgáis decidle a mi secretario que llame al resto de jugadores. Es hora de continuar la Liga - dice Lai.

Sin prestaros más atención, el Alcaide vuelve a sentarse frente a la consola y vuelve a poner el juego. Aunque le dirijas la palabra, no distraerá su atención de la pantalla por un instante, limitándose a asentir o negar con la cabeza o decir monosílabos. El Vicealmirante y el agente salen de inmediato de la sala, escoltándote de nuevo al Céfiro.

Un rato después

Marineford es visualmente más impactante que Impel Down LV. Un enorme castillo central preside la isla, rodeado de varias fortificaciones y cuarteles menores y una ciudad anexa. Tanto en el puerto como en los alrededores hay una cantidad insultante de barcos marines de todos los tamaños, suficiente como para conformar cinco o seis flotas de guerra numerosas. El Céfiro es una de las naves más grandes de la zona, aunque ves varios acorazados de guerra incluso mayores. En el momento en que llegáis al puerto y estás listo para bajar, 42 aparece a tu lado. Durante el viaje no tiene ni idea de dónde ha estado. Malditos espías.

- Sígame, señor Akiyama.

El recorrido hasta el cuartel general es largo, pero curiosamente casi nadie os molesta por el camino pese a haber un gran número de puntos de control y patrullas. En cierto momento una patrulla hace amago de deteneros, pero cuando se están acercando, una mujer trajeada se aproxima al oficial al mando y les detiene. No llegas a captar los pormenores porque están lejos, pero parece que les está dando órdenes de no entorpeceros. Yendo al grano, una vez llegáis al enorme castillo central, 42 te guía por una de las puertas de acceso hasta una estancia que no difiere mucho de una sala de té de alguna mansión de Wano. Puertas correderas, cojines en el suelo y tatami incluidos. La persona que os espera en el interior es... diferente a lo que probablemente hubieses esperado. Es un hombre entrado en años, bajito y de pelo castaño con mechones canosos, con el rostro deformado por una enorme cicatriz de un arañazo que se lo recorre en diagonal. Le falta un trozo de labio superior e inferior por el lugar donde pasa la marca, dejando a la vista permanentemente sus dientes. Además tiene un parche negro que tapa su cuenca ocular derecha, por donde pasa la cicatriz. Lleva un kimono azul y está sentado a la mesa de té, con una enorme nodachi apoyada a su lado.

- Este es el Almirante en Jefe del Gobierno Mundial, Rinkusu Luchs - indica 42 con su voz metalizada - Os dejaré para que parlamentéis.

El Almirante en Jefe es uno de los ases en la manga del Gobierno Mundial. Su historial es terrible; es un auténtico veterano con más de cuarenta años a sus espaldas luchando para el Gobierno Mundial. Logró pasar de ser apenas un oficial subordinado a Vicealmirante a los veintipocos años tras destruir una numerosa banda pirata en solitario y destruir sus barcos con un simple tanto. Fue elegido como Almirante hace veinte años con el título de Aotora, y tras la trágica guerra del East Blue, en la que mató a un Yonkou en persona, Almirante de Flota. Su lista sigue, llegando a su participación en eventos más recientes como la guerra de Mariejoa. Luchs te dirije una mirada que combina el más frío odio con una malévola alegría. Sientes un escalofrío al verle y sabes que esto no empieza bien. Por algún motivo, sabes que a este tipo no le caes bien. Nada bien.

- Expón tu caso, Shichibukai. Mi tiempo es demasiado importante como para malgastarlo en criminales y traidores.
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