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[CAPÍTULO] Un brillo cegador [Wano]

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Mensaje por Arthur Silverwing el Miér 21 Oct 2020 - 0:30

El hombre pez recibió mi golpe y acabó lo suficientemente bien como para devolver la ofensiva con su arma. De nuevo, y tal como había hecho con el golpe anterior, interpuse el escudo delante de este, la capa cristalina mas la matriz que consolidaba el metal absorbieron bien el impacto, aunque era más fuerte que el anterior y lo notaba recorrer todo mi cuerpo, haciendo que todas mis articulaciones se estremeciesen. Mis pies se despegaron del suelo y salí despedido unos metros hacia un lado. Esta fuerza era suficiente, el escenario estaba listo y las piezas se habían movido a las casillas que les correspondían, era el momento. Si había llegado hasta aquí no era porque estuviera la que parecía ser su líder, porque estaba cerda de la fortaleza o porque pudiera tener un duelo emocionante. Este sitio era el centro, mi estrategia sólo podría salir bien si todos los puntos críticos quedaban a mi alcance.

Concentré la fuerza en mis piernas para dar un único paso explosivo, Force Step era un desplazamiento pensado para pillar desprevenido al oponente con una velocidad arrolladora. Enarbolé mi arma colocando la hoja por encima del escudo, alineándola con mi línea de visión, pero lo que parecería una estocada no era sino una manera de proteger la verdadera amenaza, tratando de apartar su arma con la mía y dejar su pecho al descubierto. Con la mayor fuerza que pude ejercer traté de golpear su pecho con el escudo, a mitad de trayecto activé su mecanismo, las dos placas metálicas frontales se abrieron dando paso a un pequeño ariete con punta de kairoseki, pero el verdadero peligro no residía en este, sino en que al impactar golpearía con la misma fuerza que había estado absorbiendo el escudo. Planté mis pies en el suelo y procuré que el golpe fuera ascendente a la hora de golpear, de salir bien había calculado que ejercería bastante más fuerza que el peso de aquel Gyojin, no importaba lo resistente que fuera, si ejerces una fuerza mayor a su peso hacia arriba está vinculado a ascender.

Saliera volando o no, era el momento de concentrar el calor que había absorbido en la punta de mi arma, la cual empezó a brillar con el fulgor del sol. La giré en el aire y la clavé en el suelo, concentrándome para que el calor que antes había tomado retornara al entorno, aunque concentrada en varios puntos. El agua y la humedad atrapados bajo tierra sublimarían de pronto, transformándose en vapor a gran velocidad y expandiéndose, la capa de hielo que había formado Al era dura y no podía fundirse, pero eso sólo lograba que no absorbiese temperatura y pudiera calentar más agua bajo tierra, además de formar una dura tapadera que mantendría la presión hasta el punto crítico. Si mis planes habían salido como pensaba la presión se liberaría de forma explosiva en forma de vapor bajo la sirena, varios de los pozos junto a las líneas enemigas y el Gyojin de haberse alejado lo suficiente. La onda de choque juntada al vapor ardiente sería suficiente para desgarrar la carne y partir huesos, sin contar los fragmentos de hielo que saldrían disparados al romperse. Con esta ayuda las tropas podrían centrarse más reagruparse y enfrentarse a los refuerzos, tal y como había planeado.

- No sé cuando te he dado la equivocada impresión de que esto es un duelo. Aquí no hay honor, no hay gloria, sólo muerte, ruina y destrucción. Esto es una guerra, no voy a ignorar mi trabajo sólo porque encuentre a alguien fuerte y tú no deberías hacerlo tampoco.

Ahora sólo quedaba esperar que los demás ayudasen a las tropas con los refuerzos. Teníamos esa posibilidad en mente desde que armamos el campamento falso, estaba jugando mis cartas alrededor de esa condición, pero habían llegado antes de lo esperado y sin que dieran señales de vida unos minutos antes de llegar. Sospechaba que mi trabajo aquí no había terminado, pero me bastaba con que hubiese aliviado la carga sobre los hombros del resto para encargarse de los refuerzos.

Resumen:
Trato de mandar a volar al gyojin enemigo, libero la temperatura acumulada bajo tierra para generar géiseres explosivos bajo la sirena y las tropas enemigas, tratando de aprovechar la ventaja de táctica para liberar presión sobre mis aliados y que puedan enfrentarse mejor a los refuerzos.


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Datos relevantes:

Fuerza 11,Resistencia 10, Velocidad 9, Instinto Salvaje 7

Sentido térmico: Arthur puede captar la temperatura y sus cambios a su alrededor.
Aura de Violencia: Arthur emite constantemente un aura ofensiva que captan todos los usuarios de mantra.

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Arthur Silverwing
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Arthur Silverwing

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Mensaje por Lance Kashan el Miér 21 Oct 2020 - 1:21

El cielo en Wano era… bueno, convulso. Como la tierra, para ser sinceros, pues no era muy difícil encontrar batallas por aquí y por allá con solo echar un vistazo al terreno que dejábamos atrás en el vuelo de la moto. Tzar se fijaba en cada uno, tratando de encontrar personajes relevantes y que pudiéramos reconocer, mientras que yo me concentraba en la ruta —no muy complicada porque en el cielo no acostumbraban a poner rotondas o curvas—. Aun así, la vista del mink no daba para mucho más que simplemente saber que había gente allí, y a la altura en la que conducía era ya un decir. Lo único que por allí se asomaba eran los inmensos cuerpos erguidos de los reyes marinos que asolaban Wano y que, de una forma u otra, conseguían ponerse rectos para tratar de devorar la moto de un bocado. A pesar del esfuerzo abdominal, me era tan fácil como simplemente desviarme un poco de la ruta para esquivar y seguir, no teniendo tanta suerte Tzar, ya que se comía el terrorífico olor de la boca de un bicho como aquel de lleno por su condición de zorro.

Poco a poco, bastante más veloz y eficientemente que si hubiera ido a pata junto al mink, el palacio terminó presentándose al frente, adornado por decenas de puntos que oscilaban del color negro al dorado y que correteaban de aquí para allá. Y, a juzgar por la marea que se veía a lo lejos, tras la estela que dejaba atrás Hugin, me podía hacer una idea de cuál era la razón de todo el revuelo; me habían visto los gyojins bajo las órdenes de la reina Hipatia, habían designado un objeto volador no identificado en su territorio y, en vista de que no me alcanzarían por más que corriesen, pues terminaron limitados a dar la voz de alarma a los guardias de la puerta o algo. O simplemente eran así de animados todos los días, quién sabe. ¿Qué había sido poco sigiloso y estiloso el irrumpir en la zona así? Bueno, estaba claro, pero me parecía una forma más fácil y menos problemática que verme frenado decenas de veces por distintas tropas del reino de los tritones, siendo amenazado cada vez hasta que me explayase lo suficiente como para que se convenciesen de mi verdad. Lo que había conseguido con esto era atraer a todas las tropas que harían eso mismo a mi objetivo y, aunque quizás podía ser más complicado, seguramente perdiera menos el tiempo, los nervios y fuera más fácil recurrir a cualquier alto cargo que estuviera en el interior de la estructura.

Sin ser una sorpresa, los guardias se dispusieron en la puerta para frenarme con sus escudos y tuve que reaccionar para no terminar estampado en la madera y el acero de todos.

— Prepárate para montarte en la moto si tienen la cabeza demasiado dura —Casi susurré a Tzar mientras confiaba en que entendiera la idea. Toqué el anillo y, todavía a una distancia en la que no podrían distinguir mucho más que una masa, la pistola de agua salió y terminó en las manos del mink—. Póntela a la espalda, anda. Te servirá si acaso.

Frené en seco, derrapando ligeramente la parte trasera hasta quedar en posición horizontal y descender suavemente hasta un par de metros por encima del terreno. Levanté las manos y con las descargas comencé a hacerla bajar hasta que las ruedas tocaron el suelo, momento en el que toqué el anillo y aquel vehículo se apagó. Procuré mostrar en todo momento las palmas y cómo ambos carecíamos de armas —ya que todas estaban guardadas en sus respectivos anillos, mientras que el mink se aprovechaba de sus dotes naturales—, y en cuanto noté que el ambiente no era excesivamente tenso —un ápice por debajo de esa medida— para no terminar con una lanza clavada en el pecho, abrí la boca tras la máscara para responder la cuestión:

— Soy Sif, shichibukai, pero ahora mismo vengo en calidad de aliado y amigo de Hipatia. Ella me ha… —Fui a meter la mano en la ropa para extraer el Den Den Mushi que conectaba con la misma, pero primero hice el amago para ver si estaban dispuestos a que lo hiciera. De no ser así, simplemente volvería a mi postura. Lo último que me interesaba era crispar los nervios de unos soldados que ya de por sí estaban nerviosos—… llamado con la petición de que viniera para encargarme algo importante. Supuse que ya os habría hecho llegar mi presencia en el lugar así que tomé la vía más rápida hasta aquí para satisfacer sus deseos. Pido mis más sinceras disculpas si he podido ser percibido como una amenaza o problema, pero vengo con la mejor de las pretensiones, y vuestra reina podrá confirmarlo de preguntarle —Traté de aclarar en el tono más convincente de mi arsenal, aparentando ser completamente inofensivo. Con suerte, actuarían bien.

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Volar y tratar de convencer a los pececiglios glú-glú.
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Mensaje por Katharina von Steinhell el Miér 21 Oct 2020 - 7:22

Cuando llegó a la bóveda entendió por qué Alexandra se había quedado tan atrás: ¡¿Cómo iba a ver sin una jodida antorcha?! A veces se olvidaba de que el resto era tan… ¿humano? Por un momento pensó en sentir un poco de pena por ella (se veía poco digna caminando entre las sombras, casi como una vieja borracha después de visitar un sexclub), pero entonces recordó la clase de mujer que era y borró ese pensamiento de golpe. No iba a sentir lástima por la cómplice de una secuestradora de infantes; es más: le gastaría una buena broma. ¿O acaso se olvidaba de lo que le había dicho en la Isla Gyojin? Si así era…, bueno, ya era hora de que conociera a su capitana, ¿no?

Mientras Alexandra revisaba las ropas en el suelo, casi como una ciega (y borracha) buscando las llaves de su apartamento, Katharina pensó que sería buena idea incluir un poco de… música en el ambiente. Oh, y elefantes adictos al bacon. Por puro dramatismo, y también por querer ser una buena showoman, sacó la Varita Mágica de Burbruja y la agitó solo una vez para generar la ilusión de una especie de gas rosado elevándose de las prendas estudiadas por la pirata. La idea era que este le llegase al rostro para que todo lo demás tuviera un poco de sentido. Solo un poco.

Ánimas del terror:

La bruja agitaba la varita como si estuviera orquestando la sinfonía del terror. El primer elefante rosa apareció seguido de una movidita canción con tanto ritmo que obligaba a menear la cabeza. El sonido de la trompeta, el ambiente de suspenso y el no saber qué mierda eran esos jodidos elefantes con el rostro de Alexandra y trozos de bacon en las manos, seguramente sorprenderían a la pirata. Oh, y pronto se pondrían a cantar. Ja, el musical del horror. Si intentaba correr hacia un lado, los elefantes le perseguirían; escucharía la música allá donde fuera. Y, si le daba por golpearles porque igual era un poco violenta, explotarían en pequeños elefantitos con el rostro de Kaya, pero todos calvos.

Dependiendo de la reacción de Alexandra estallaría en carcajadas y luego haría desaparecer las ilusiones. Y, una vez todo hubiera vuelto a la seria normalidad, respondería su comentario.

—Hay unas huellas que… Espera, mejor hago un poco de luz. —Chasqueó los dedos y enseguida aparecieron unas pequeñas pero luminosas bolas de fuego azul. Tendría cuidado de no acercarlas a nada que pudiera arder con facilidad—. No es lo más recomendado, pero supongo que servirá. Antes de que perdiera mis poderes podía conjurar pegatinas luminosas por lo que la oscuridad no suponía problemas para mí. En fin, no veo rastros de sangre por ninguna parte por lo que, sea quien sea, no debería estar herido. —Se acercó a las prendas, aguzó el olfato, volviéndolo mucho más sensible que el de un perro, y olfateó estas—. ¿Ningún aroma…? No huelo ningún olor corporal: esta ropa no ha sido usada, al menos no en el último tiempo. ¿Y por qué está… desgarrada? Puede que al final sí se trate de una bestia.

Katharina dejó que la pirata hiciera las observaciones pertinentes mientras se fijaba en las ratoneras gigantes que había a su alrededor, ya con el olfato vuelto a la normalidad. ¿Qué mierda era eso…? No, pregunta equivocada: ¿Qué hacían allí? Alexandra pudo haberse roto un hueso (o haber perdido directamente una extremidad) en caso de haber activado una de esas trampas… Dejando las bromas a un lado, había que tener cuidado. La bruja siguió las huellas y entró al túnel. ¿Por qué habían desaparecido a medio camino? Nada podía desaparecer porque sí: debía tener alguna explicación. «Quizás la criatura ya no necesitaba caminar… ¿Se habrá transformado en algo? ¿Habrá volado? No tendría sentido hacerlo en un lugar tan estrecho como este», reflexionó para sí misma.

—Deberíamos seguir este camino. Antes de que se me olvide… Intenta comunicarte con los chicos e infórmales de nuestra situación. —Lo bueno de ser la jefa era que podía dar órdenes—. Iré yo delante; te confiaré mi espalda.

En caso de que su compañera se mostrase conforme con la decisión de continuar por el corredor oscuro, Katharina quemaría el suelo con la intención de marcar una cruz (por si luego necesitaban volver por el mismo camino) y tomaría la delantera.

Avanzó sin prisa, deteniéndose a estudiar el túnel. ¿Columnas de hormigón y madera podrida…? Lo sensato sería mantener las esferas candentes alejadas de las vigas. Tras una caminata en silencio, las hermosas princesas de Wano llegaron a una habitación similar a la anterior. Un estilo similar, ¿eh? Con sus conocimientos de historia y su instrucción como arquitecta intentaría determinar la edad del salón. Luego, prestaría atención al mobiliario: era perfecto para crear antorchas, aunque sin aceite el fuego no duraría demasiado… Se lo propondría a Alexandra, pero igual prefería quedarse con las esferas candentes.

—Aquí sería muy oportuno decir: «¿Sabes cómo se hacen las cosas en la madre Russuam?». ¡Boom! De una patada echo abajo el muro, pero no me apetece morir aplastada. —Se paseó un poco por el salón, escaneó la zona con mantra y luego se detuvo—. Hay voces cerca de nosotras, aunque llegar hasta ellas no será trabajo fácil principalmente porque no parece haber ningún camino.

La bruja estudiaría las paredes e intentaría encontrar alguna manera de seguir adelante. El sonido del agua llamaba su atención, aunque no sabía bien por qué. ¿Habría una cascada subterránea? ¿O se estaban dirigiendo hacia el este y, de alguna manera, el río que separaba Kuri de la Capital tenía un conducto bajo tierra? Bueno, podía pasarse la tarde imaginando posibles escenarios: lo que necesitaba era encontrar respuestas, así que las buscaría.

Resumen:
Trolear a Alexandra, o intentarlo, vaya. Crear fuegos fatuos para iluminarle el camino a la señora Holmes. Opinar, llegar a la siguiente habitación e inspeccionarla.
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Señor de la Piratería
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Mensaje por Yarmin Prince el Miér 21 Oct 2020 - 12:14

A veces a la gente le perdían sus gestos. A Zaina, por ejemplo, era tan fácil leerla como a un libro abierto, aunque el idioma en el que se comunicaba no fuese de este mundo. Habría esperado que su poder la afectase de una forma tan profunda que ignorase la mínima fracción de segundo en la que su ego se había herido, pero aunque se trataba de una reacción inesperada, no así era sorprendente. Aunque, a decir verdad, ¿había algo que pudiese sorprenderle a aquellas alturas? Estaba en medio de Wano negociando con una "emperatriz" a la que acababa de apuntar con su arma. Y por si eso fuera poco, la negociación iba por buen camino. Ella no lo sabía, claro, pero iba por buen camino.

Desde su llegada había estado observando cada mínimo ademán, cada arruga de su rostro, cada línea de expresión. Conocía sus tics, sus muecas, e incluso podía darse cuenta de cómo curvaría sus labios al sonreír. El hombre calamar por su parte no le interesaba demasiado en ese momento, aunque no lo perdió de vista por si acaso: Si podía ver a través de su fruta o detectar algo más allá de sus bondades mediante el uso de algún sentido extraordinario bien podía ser un enemigo formidable, aun si se mantenía quieto y dormido por ahora. En cualquier caso, su objetivo era Hipatia, e iba a exprimir hasta la última gota de información que incluso el mínimo ademán revelase. Además, seguía buscando entre su lenguaje verbal y no verbal cualquier rastro de ambiciones o querencias; aunque seguramente tuviese que sacárselo a la fuerza.

Hipatia tenía miedo. Podía enmascararlo tras esa nube de orgullo, pero había caído en la cuenta de que esa vez no estaba Yarmin ahí para salvarlo de Black, sino que era el propio Yarmin quien había desenfundado el arma. ¿Y si hubiese disparado? ¿Debía llegar hasta ahí su vida y luego terminar? Tantos proyectos sin concluir a causa de, simplemente, tener un ejército tan disgregado. En cierto modo todo eso le hacía pensar que solo ganaban por la fuerza del número, lo cual no sería tan raro si, atendiendo a los ríos de la Capital, tenían cifras tan grandes. De alguna forma controlaban un segundo ejército de Reyes Marinos que se sumaba al de los hombres pez, pero sin disciplina y organización no valían nada. Nada.

– Si me permitís la osadía, majestad –replicó Yarmin educadamente, envenenando su voz hasta convertirla en un dulce cebo almibarado de calma y quietud–, hasta ahora soy la única persona que ha demostrado que no desea mataros. Debo disculparme porque mis métodos han sido demasiado expeditivos, pero buscaba ilustrar un hecho sencillo: La seguridad es lo primero. Aceptaré cualquier reprimenda por no aceptar vuestra orden de inmediato, pero os ruego me dejéis explicarme.

Su genuflexión hincó rodilla y clavó cabeza. Con la mano en el corazón, esperó durante unos segundos mientras el corazón de la reina se ablandaba... Si es que podía llegar a hacer algo así. De hecho esperaba más un frío cálculo de pros y contras antes de decidir si le dejaba permanecer en el lugar, aunque nunca podía saberse dado que Hipatia seguía siendo una mujer en mayor o menor medida impredecible.

– Veréis, Su Majestad –diría, quitándose el polvo del pantalón–, la seguridad es un problema en este palacio, pero no es el más grave ni tampoco el más urgente. Vuestras tropas están cargando con tácticas básicas y predecibles, y vuestras patrullas parecen poco más que batidores sin conocimiento del terreno. Habéis conseguido llegar, pero por el este avanzan dos hombres que pueden congelarlo todo a su paso y por el oeste pronto llegarán dos que podrían reducir a cenizas toda esta tierra. –Berthil y Zane D. Kenshin no tardarían en llegar para reclamar sus dominios, aunque Yarmin era consciente de una cosa–. Puede que contéis con que a ellos les importa este país y vos tenéis a toda la capital de rehén, pero eso solo podrá salvaros de uno de los dos. Tener a Kurookami bajo el palacio tampoco os dará una baza. –En realidad dudaba que estuviese allí; Ivan no habría sido tan estúpido–. Más bien es una bomba de relojería, aunque estoy seguro de que todo eso ya lo sabéis.

Dudaba que se hubiese parado a pensarlo detenidamente, pero estaba claro que como mínimo había dedicado unos minutos de su tiempo a pensar en los peligros a los que se enfrentaba. Se sentía impune, desatada y poderosa, lo que le hacía dar pasos en falso aunque, si bien enturbiaba su visión, no la cegaba por completo. O eso se podía entender de que necesitase recalcular sus fuerzas antes de dar una respuesta. Aun así, había demasiados factores a tener en cuenta y ella no los había tenido; estaba seguro.

– Sin embargo, puede que no sepáis tan bien como yo los números de la Marina a los que yo sí tengo acceso, al conocimiento de las tripulaciones que os acechan a las que he tenido más tiempo de estudiar, y además… Sé cómo piensa vuestro marido. –Augustus Makintosh era un hombre inocente, cómico, despistado y puede que un poco idiota, pero no era estúpido. Si bien constantemente vivía bajo ese manto de sórdido infantilismo en los momentos que despertaba era un enemigo tan temible que el propio Anders D. Thawne había reportado dificultades contra él–. Ahora mismo avanza sin descanso hacia la Capital de la Flor, imponiéndose a cualquier cosa que tope en su camino, solo para llevaros de vuelta a casa. –En realidad seguramente se hubiese distraído con cualquier cosa, pero era obvio que tarde o temprano llegaría al lugar–. Tenéis muchos frentes abiertos, majestad, y aun si sois consciente de todos ellos no conocéis el terreno ni a qué os enfrentáis. Da igual el número de vuestras fuerzas si no podéis sacarle el máximo partido, e incluso sumando a Iulius C. Tzar… Casi podría augurar que si no coordináis vuestros esfuerzos uno más uno no va a sumar dos esta vez, majestad.

Contuvo su sonrisa golosa mientras se mantenía en la posición, ojos fijos en ella. Darse la vuelta habría hecho urgir a cualquier persona, pero heriría el orgullo de cualquier miembro de la realeza. En su lugar, hizo una leve inclinación de cabeza y finalizó su discurso:

– Sería muy triste para todos ver que un plan tan perfecto se vaya a pique por desconocer el equilibrio de fuerzas. Creo que no os merecéis eso, Majestad.

Resumen:
Usar mi lengua de serpiente ahora que no hay calamar.


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Mensaje por Alexandra Holmes el Miér 21 Oct 2020 - 15:24

Había menos luz de la que había imaginado y por algún motivo, probablemente por el estrés producido por no poder mencionar el nombre de Eugenio, había olvidado usar sus propios poderes para crearse una fuente de luz personal.

Como no veía, pues tampoco pudo ver bien ese supuesto gas. Al principio la ilusión le resultó "creíble", es decir, pensó que sí estaba siendo atacada y, de forma instintiva, propinó un fuerte puñetazo a esa cosa rara.

¡AAAAH! ¡Fuera, bicho! —exclamó mientras golpeaba. Luego cayó en la cuenta de que tenían su cara y sostenían trozos de bacon. Eso era algo que solo conocían los de su banda, por lo que se rindió y, como quien aguanta a un llorica, aguantó estoicamente el chaparrón.

¡No es el momento de vacilarme, Kath! —exclamó, aunque pronto se llevó la mano a la boca —. Para una vez que intento ser seria —hizo un mohín y dejó que su capitana iluminara el lugar un poco. La ropa que había encontrado estaba desgarrada... No lo detectaría por el olor, pero ahora que sí tenía visibilidad usó algo de su ojo de sastre para darse cuenta de que no era una prenda que hubieran vestido recientemente.

Hm... entrecerró los ojos. Podría haber sido atacada, pero eso no explicaba que no hubiera nada de sangre. Fuera lo que fuera ese desgarro, no se había producido por un ataque. Descartó el efecto de alguna Akuma de tipo Zoan, por algún motivo las frutas del diablo respetaban la ropa. Sin embargo, sí existía un tipo de transformación no relacionada con las habilidades demoníacas que no respetaba la ropa. Pero eso... eso no tenía sentido. Wano era un país de samurais... bah, seguramente fueran teorías conspiranoicas suyas.

Si la ropa está desgarrada pero no hay sangre está claro que no ha sido por un ataque. Aunque la hayan movido de sitio habría quedado sangre en las prendas y, aunque se haya lavado, el tejido no parece que esté debilitado, solo está en desuso —expuso —. Tú eres la que mejor ve aquí, ¿ves algo raro que parezca fuera de lugar? —preguntó. Tenía una teoría salvajísima sin pies ni cabeza pero que podía explicar gran parte de lo que les rodeaba.

Cuando ella misma realizó sus experimentos y se transformó, su propio cuerpo se distorsionó y agitó con violencia. De haberse convertido en algo más grande, estaba segura de que sus ropas se habrían desgarrado. Era una teoría loquísima que según lo que sabía de Wano no se sostenía pero... era viable. ¿Cuánto? No mucho, pero si lo suficiente como para no descartar la idea. En ese caso tendría sentido que fuera subterráneo, mucha gente veía esa ciencia como una afrenta a la naturaleza, especialmente cuando se utilizaban factores linaje para obtener cualidades animales.

¿Eh? Sí, claro. Kaya... Kaya... ah, ya me acuerdo del número —sus teorías la habían distraído un poco, pero no lo suficiente como para perder de vista y de oído a su capitana. De entre los pliegues y bolsillos de su kimono sacó el Den Den Mushi que sisó meses atrás durante su fuga de prisión. Vale... Kaya era la que debía tener otro.

Hizo la llamada y esperó a que la pirata descolgara -si es que había "señal" ahí abajo-. Si conseguía realizar la llamada, informaría a Kaya. No podía estar segura de si estaba con alguien o no, así que no daría ningún nombre ni ningún dato que pudiera identificarlos.

¿Está encendido esto? Vale, escucha, nos hemos movido al sur, hemos estado en una aldea que había sido arrasada por completo. Ahora estamos en una especie de túneles que dan muy mal yuyu y no sé cuándo saldremos a la superficie. ¿Vais bien por ahí? —diría a través del caracol. Si la conversación continuaba atendería a lo que Kaya pudiera decir antes de colgar e ir con la capitana. Si no se conseguía realizar la llamada pues... lo mismo, iría con ella tras guardarse el caracol..

Las bolas de fuego las acompañaron durante el trayecto, dándoles visibilidad a las dos pero más a la científica. Tendría que terminar arreglando el tema de la visión nocturna tarde o temprano... ya se haría unas gafas para eso, no estaba segura de poder modificarse la vista de forma dinámica aún.

En cuanto a la sala nueva, había mobiliario viejo... Aunque el primer pensamiento fue el de la antorcha, tuvo un segundo pensamiento intruso. ¿Y si había algo dentro? Primero se llevó la mano a una de las mangas del kimono. Era una lástima tener que romperlo pero era necesario para poder mantener el fuego durante algo más de tiempo. Se arrancó primero una manga y luego la otra, entregándole uno de los trozos de ropa a Katharina.

De los muebles, buscó el que menos pinta tenía de tener cosas dentro y le arrancó una pata de cuajo. Así, envolvería la punta con la manga del kimono y le haría un nudo para mantenerla en el sitio. No necesitarían aceite si utilizaban la tela del kimono. Usó su propio fuego para encenderla. Los kimonos eran típicamente de seda y, para ventaja de la científica, la seda de rizo grueso como la de ese kimono ardía lentamente: tardaría un rato largo en quedarse sin luz.

Su propio Mantra, ahora activo, la avisó también de las "voces" que decía Katharina. Presencias cerca pero inaccesibles por estar la pared en medio.
Quizá a ese lado se llegue por otro pasillo, ¿no vas a derribarla? —dijo, pensando que esa era una de las opciones. La corriente de agua se escuchaba también con fuerza, pero no podían verla. ¿Estaría todo detrás de la misma pared?

Hecho eso, solo quedaba investigar los muebles. Si había cajones los abriría, buscaba... ¿qué buscaba? indicios de algo. Buscaba jeringuillas, equipo médico rudimentario y, sobretodo, cualquier cosa que pudiera reconocer como material biológico. También revisaría las alacenas, estanterías, todo lugar donde pudiera haber algo guardado.

Si ves algo que sea... de ciencia, avísame; y si encuentras algo que tenga sentido usarlo con animales pero no con humanos también. Desde que vi la ropa desgarrada sin sangre hay algo que lleva rondándome la cabeza. Antes de hacer saltar las alarmas quiero estar segura. Espero estar equivocándome... —dijo, aunque su última frase fue más un murmuro que otra cosa.

resumen:

» Flipar un poco por la ilusión y regaña a Kath por su mal sentido de la oportunidad.
» Examina mejor la ropa y encuentra similaritud con lo que podría ser una transformación ajena a cualquier Akuma no mi.
» Intenta hacer una llamada a Kaya para comentarle cómo va la movida.
» En la sala nueva, se hace una antorcha con uno de los muebles y parte de su kimono.
» Usa Mantra (Nivel 3) para detectar las presencias, pero se dedica más a rebuscar por los muebles buscando material biológico que refuerce su teoría del laboratorio biológico subterráneo, que aún no revela a Kath.
Alexandra Holmes
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Canalla incondicional
Alexandra Holmes

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Mensaje por Aki D. Arlia el Miér 21 Oct 2020 - 17:10

Por lo visto la chica tenía hambre, aunque después de haber estado al borde de la muerte tampoco iba a culparla. Ni siquiera estaba segura de que estuviera completamente fuera de peligro, por más empecinada que estuviera en irse por su cuenta. La temeridad era una mala costumbre, ella lo sabía bien.

Le siguió, sin más. ¿Qué iba a hacer? ¿Protestar? Buena suerte, pequeña.

-No era una pregunta, es lo que va a pasar. Estabas tirada en el suelo moribunda, si de verdad crees que puedes llegar a tu destino por tu cuenta eres o inocente o demasiado orgullosa y ambas acabarán contigo de nuevo en el suelo. Vamos contigo. Venga, pongámonos en marcha. Cuanto antes mejor.

No iba a mentir, no le hacía demasiada gracia quedarse en el barco. El fantasma de Xella y de su pasado todavía le respiraba en la nuca y aunque estaba más que segura de que podían localizarla en cualquier punto de esa isla, se sentiría más a gusto una vez se hubiera apartado del Loreley. Quería a ese barco y sabía que la diana la tenía ella; una vez se fuera, no tendrían motivos para tocarlo. O al menos, eso esperaba.

Llegaron a cubierta y el espectáculo que antes todavía se estaba formando había escalado en una desgracia. El barco de ese pirata se había hundido sin remedio y los restos de su tripulación se hallaban enzarzados en una dura lucha contra otros piratas. Había un gyojin llorando por la pérdida y aunque le recorrió un escalofrío al verlos allí esforzándose, se forzó a apartar la vista y calmar la ira que le inspiraba la vista. Por supuesto, del pollo no había ni rastro. Por algún motivo, no le sorprendía. Todavía recordaba cómo casi se había cargado a medio estadio combatiendo contra ella. No parecía alguien muy consciente de sus alrededores.

Lysbeth guió a Shinobu y a la niña y esquivaron el tiroteo, atravesando el pueblo allí donde las balas ya no llegaban. El sonido de la guerra no se apagaba, pero como mínimo estaban avanzando. Ahora la cuestión era la siguiente, ¿cómo salir de allí? Había incendios por todas partes. La gente se estaba preparando para huir y un hombre incluso se ofreció a llevarlas a las tres. Lysbeth miró a su carromato: comida y armas. Lo imprescindible para sobrevivir en tiempos de guerra. Negó suavemente con la cabeza, imitando a la jovencita.

-Nos las apañaremos. Buena suerte.

Siguiendo las indicaciones de Nanako, encontraron un paso que se hundía en los bosques y la montaña. Lysbeth frunció el ceño al verlo, pero echó a andar sin pedir explicaciones. Iba a ser un viaje largo y aunque preferiría ir volando, entendía que así llamarían más la atención. De momento lo mejor era ser discretas, aunque todavía había muchas cosas que no entendían. Mientras avanzaban, se dirigió a la niña con curiosidad.

-Dime, ¿por qué te están buscando todos? ¿Quién es tu padre, pequeña?

Intuía que por ahí debían ir los tiros. ''La última esperanza de Wano''… era probable que fuera la única descendiente de alguna familia poderosa, pero tampoco tenía forma de estar segura. En cualquier caso, de momento seguiría sus indicaciones. En cuanto se cansara, las cargaría a las dos y avanzarían deprisa sobre los árboles. Si algo tenía claro era que no iba a dejar que la noche se les echara encima mientras todavía estaban en el bosque.

resumen:

evitar el tiroteo, ir por el camino entre los bosques y montañas diciendole al del carromato que no pasa nada y preguntarle a Nanako por su padre


Datos relevantes:

Nivel 110: Sigilo (11) Agilidad (9) Fuerza (9) Resistencia (7) Destreza (6)

Haki observación 9
Haki armadura 7
Haki del rey 3

Súcubo: De forma pasiva, Lys es irresistiblemente atractiva. Su aura, sin manipular, invita a tratar de seducirla por cualquier medio posible.


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Aki D. Arlia
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Lobo de mar
Aki D. Arlia

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Mensaje por Rainbow662 el Miér 21 Oct 2020 - 17:31

-¿Qué? Que si... Oh, sí, estaremos... estaremos bien, Xandra. En cuanto nos ocupemos de un... esto... asuntillo. Puede que nos retrasemos un poco. Dile a Kath que vamos a librarnos de... -No me puedo creer, y apuesto a que el Den Den Mushi tampoco, que vaya a pronunciar estas palabras-... Vamos a librarnos de Zane D. Kenshin.

Cuelgo antes de que alguien al otro lado de la línea telepática del caracol me recuerde lo mala idea que es esto. Es decir, normalmente si una se encuentra con un Yonko que está achicharrando a un montón de gente desarmada y herida sin motivo aparente, daría la vuelta, y más si se le considera responsable de lo sucedido en esta isla.

Admito que el momento ha sido raro. La luz de las llamas nos ha atraído como a polillas, aunque personalmente yo creía que sería un incendio sin más. Pero ese cabello rojo, el torso al descubierto, las espadas al cinto, el poder llameante... Todo cuadra con la descripción de Kath del que antaño fuera su capitán. Toparse con uno de los piratas más peligrosos del mundo sería un tremendo obstáculo en cualquier otra situación, pero esto es Wano, y aquí hemos venido a jugar. Es una pieza importante en el tablero, por lo que no está de más quitársela de en medio. De algún modo.

-Vale, Ino, ahora hay que seguir para adelante. Si nos vamos a lo mejor le da por quemarnos también.

Solo creo eso en parte, claro, porque apuesto a que no está tan loco como para perseguir a... Oh, venga, ¡acaba de lanzar un chorro de fuego a esa señora! Bien, ya estoy un poco más segura de que va a matarnos. En fin, más motivo para no mostrarse como presas delante de él. Hay que echarle agallas para que la bruja consiga su ansiado puesto. No puedo evitar preguntarme qué tiene de especial ser Yonko, pero no seré yo quien le diga que paso de colaborar. El orgullo pirata es la única justificación para estas cosas, tan poderosa como estúpida.

Me acerco a Kenshin mientras exprimo todo mi ingenio para inventar una trola coherente. Lo bueno de mentir a alguien tan famoso y del que tanto habla Kath cuando bebe es que sé muchas cosas sobre él. Creo que colará.

-Hola. ¡Hola! -repito un poco más alto. Un comienzo clásico aunque elegante-. ¿Sois... eres...? ¿Es usted Zane Kenshin? -Bien, ahora deja que te corrija con lo de la D., así entrará en la conversación-. Llevamos mucho tiempo buscándole, ¿sabe? El gran salvador de Wano. Tenemos grandes esperanzas puestas en usted, ¿sabe? -No repitas tanto “¿sabe?”, idiota. Y ahora espero que sin parche y vestida con kimono no se imagine que soy una pirata buscada-. Soy... Okadaya -Si a la zombi de papel le valían los nombres al revés, a mí también-. Este es Shinosuke, mi... mi sirviente. Somos parte del grupo que ha partido para encontrarle, señor, ¿sab...? Eso. Nuestro grupo está formado por samuráis y gente de todo tipo. Hemos aprovechado todo este caos para escabullirnos de la capital para buscarle y ayudarle a poner fin a todo esto.

Espero que a este memo le agrade este cebo. Todos los hombres quieren ser héroes, más aún si son idiotas. Ahora a ver a dónde lo mandamos...

-Nosotros venimos de Ringo. Nos enteramos de que la Marina ha hecho un trato con esos... con esos kappa para echar a todos los piratas de la isla. -Como veo que me voy a quedar en blanco, toso un par de veces para ganar tiempo. Y ahora, el gran final-. Nos llegaron noticias de que los demonios pez escoltan a su líder para reunirse con los almirantes, seguro que para hacer un gran ataque conjunto. ¡Tiene usted que detenerlos, señor Kenshin!

Como tenga que llamarle “señor” otra vez creo que voy a potar. Espero al menos que acceda a alejarse de Kuri y no moleste. No necesitamos más grandes piratas rondando por aquí. Con suerte, algún almirante se lo quitará de encima o lo tendrá entretenido.

-Por desgracia he perdido mi Den Den Mushi. Si me deja el suyo puedo avisar de su llegada a nuestros aliados y pedir mejores indicaciones. Con sus poderes será coser y cantar eliminar a los líderes enemigos antes de que se encuentren con esos extranjeros de blanco.

Una bonita sonrisa y fin. Solo falta que me deje su único medio de comunicación con su banda y me libre de él. Para eso necesito algo sutil... así que me giro hacia Inosuke y le digo con la mímica más disimulada que puedo que se coma al caracol. Eso debería bastar si es que se lo ha tragado y nos da su comunicador.

Ya solo nos quedaría salir vivos de esta.

Resumen. Dedicado a Zane el quemaviejas:
Kaya suelta la más despreciable sarta de mentiras jamás contada para engañar a Zane y que se vaya a Ringo a freír espárragos. Y a que se pegue con algún marine si eso.
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Mensaje por Jack Suzume el Miér 21 Oct 2020 - 19:14

Mi idea funcionó al principio, y muchos de los miembros del ejército enemigo se convirtieron en bajas, sin embargo, duró poco dado que los gyojins usaron el agua que tenían cerca para frenar y en parte disolver las escamas de azúcar. Al ver aquello retiré las escamas de forma que no pasasen o esquivando el agua en la medida de lo posible y volviendo a hacer una nube con estas.

Cuando hice esto extendí una mano hacia ellas y de mi mano surgieron hilos a los que les acoplé las mismas capacidades que tenían las escamas de dureza y tenacidad. Su defensa no serviría de forma efectiva dos veces con aquello. De pronto escuché como Galhard alentaba a las tropas invitándolos a todos a mi celebración. “¿Pero qué demonios? ¿le había invitado y no me acordaba o ha sido cosa del pequeño Gal?” dije mirando hacia el lado opuesto al que se encontraba el vicealmirante mencionado “Bueno, a ver cómo se lo explico a Luthien ahora.” Añadí mirando hacia el mismo sitio.

Apenas un segundo tras decir aquello escuché explosiones que cuando miré se convirtieron en geiseres. Aquello debía de ser cosa de Arthur. Nadie tenía un elemento tan explosivo como él. El ruido proveniente de la retaguardia llamó mi atención y al mirar pude comprobar que nos estaban atacando. Estábamos rodeados y aquello se había puesto muy feo, bueno, más de lo que ya estaba. Subido en mi nube ascendí unos metros y volé a máxima velocidad hacia nuestra retaguardia que se había convertido ahora en una segunda vanguardia. Conmigo se movió toda la nube de escamas.

Mientras lo hacía hice que los bordes de las escamas estuviesen más afilados con apenas unos granos de azúcar. Cuando estuve lo suficientemente cerca de las tropas enemigas moví la nube hacia uno de los flancos y comencé a hacer una barrida con todas las escamas manteniéndolas unidas a mi con hilos acoplados desde arriba para que hubiese menos interferencia con lo que hubiese por medio, es decir, los cuerpos de los gyojins.

resumen:
Recuperar las escamas, unirlas a mí con hilos con dureza y tenacidad igual que las escamas, escuchar lo que dice Gal, ver lo que hace Arthur, ir a la retaguardia a defender a las tropas. Hago un barrido con las escamas (Para cortar a los gyojins nuevo) con estas unidas a mi con el hilo (mientras estén unidas a mí no se deshacen en líquidos).
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Mensaje por Inosuke Dru-zan el Miér 21 Oct 2020 - 19:16

Pobre Acinóm. La recordaré siempre, o al menos hasta que me olvide de ella. Lo cierto es que me hubiera gustado que nos hiciera de guía, pero a Kaya se le cruzaron los cables y la mató. No me dio tiempo ni a sanarla. Mayor motivo para no hacer enfadar a Kaya. Katharina podía considerarse una especie de bruja, pero Kayadako era realmente La Bruja.

¿Qué decir Xanxan? —pregunté cuando Kaya estaba hablando con el caracol mágico. Algún día tendría que estudiar las propiedades de su concha, seguro que me servirían para algún ritual chamánico. Y también me gustaría probar su carne, tal vez fuera saludable. También me sonaba algo sobre los usos de la baba de caracol, pero no lo recordaba bien.

Obviando a Xandra y el caracol, enfrente nuestro había aparecido El Pelirrojo. El Capitán de la tripulación que habíamos derrotado en la carrera. Qué recuerdos. Aquello sí que era divertido, y no este juego mental que me estrujaba a cada paso. ¿Por qué estaba allí El Pelirrojo? ¿Por qué estaba solo? ¿Por qué estaba quemando aldeanos? Al final tendría razón la difunta Acinóm y los aldeanos y la culpa sí que sería suya.

Ja, quemar a Ino si querer. Si hacer, yo cortar —le digo a mi compañera antes de acercarnos.

Y al poco me quedo estupefacto. ¿Pero qué diantres está diciendo Kaya ahora? ¿Tiempo buscándole, salvador de Wano? ¿Qué bicho le había picado? Y seguramente querría que le siguiera la corriente, así que no paraba de asentir ante cada una de sus locuras, a cada cual peor. «Fenomenal, yo ser sirviente ahora. Encima, si decir no acabar aplastado como parche. Qué mala suerte tener» pienso mientras sigo asintiendo. Menos mal que tenía la cabeza de jabalí puesta, o mi rostro hubiera demostrado absoluto descontento.

Por último Kaya le pide su caracol mágico. ¿Esos movimientos? ¿Por qué se lleva la mano a la boca? ¿Quiere que me lo coma? Así si, sin cocinar ni nada. Bueno, he comido cosas peores, así que no me importa. Si me llega a dar el caracol, me lo como sin ningún problema.

¿Tú saber meter sol en tarro? —pregunto en un acto de curiosidad al pelirrojo—. Chica que morir y aldeanos del norte decir que piratas quemar pueblo y meter tarro en sol. Meter sol en tarro. Un tal Nihsnek. ¿Tú conocer? ¿Y saber quitar mancha? Mayordomo Misterioso tocar a mí y mancha crecer en cuerpo. Ser incómodo.

Resumen:
Asentir a todo lo que dice Kaya, comerme el Den Den en el caso de que nos lo de y hablar despreocupadamente con el Yonkou.
Inosuke Dru-zan
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Azote del paraíso
Inosuke Dru-zan

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Mensaje por Señor Nat el Miér 21 Oct 2020 - 19:27

La batalla era caótica, pero guardaba un cierto componente de danza en ella. Arthur llevaba el peso del formidable hombre pez, mientras él se ocupaba del grueso en una decisión táctica que habían hablado ya no pocas veces. Jack debía hacerse cargo del frente abierto, cubriendo el espacio de la cuña mientras desde la retaguardia Galhard daba el apoyo que tanto necesitaban en esos momentos. Pero no era suficiente.

Los gyojin se arremolinaban a su alrededor, picando -o intentándolo- el hielo de las piernas de su cascanueces, aprovechando que no podía ver desde tan alto una cosa que quedaba totalmente a sus pies. Sin embargo, no estaban teniendo demasiado éxito dado que, a medida que una parte de ese cuerpo era destruida, se reemplazaba inmediatamente, dejando únicamente más hielo en el campo de batalla, más material con el que trabajar. De hecho, cada vez que un peñasco se desgajaba del enorme cuerpo helado, este se extendía a través de firmes raíces por todo el campo de batalla, acompañado de la música, intentando atrapar en su helado abrazo a los gyojins que anduviesen cerca. Sin embargo, el principal motivo por el que había ido hasta allí seguía en pie: La perforadora, la última que había sobrevivido, se alzaba imponente junto a uno de esos lagos artificiales, uno de los pocos que no había conseguido congelar. "Mierda".

Se habría dirigido a ella, pero de los lagos congelados comenzó a brotar agua, levantando los gigantescos tapones de varios metros de profundidad que la cubrían para asaetar sin misericordia al cada vez más mermado ejército. Tuvo que pensar rápido, y sin dudar se concentró en helar toda la humedad del aire, congelando así el agua que se fue, de golpe y explosivamente, transformando en una masa de hielo que reventó. Al menos, en su mayoría. Ahora podía centrarse en...

No, no podía, porque cómo no iban por detrás de ellos. De alguna forma les habían hecho una pinza y ahora los peces estaban también frente a la retaguardia que, por motivos lógicos, estaba de espaldas a ellos. Soldados heridos, tropas de apoyo, cadetes y reclutas... Demasiada gente que no podía hacer frente al ejército gyojin por sí sola. No podían enfrentarlos a todos, y Jack había abandonado la zona para unirse a la contienda. Solo quedaba Galhard para hacerles frente, pero el cadete no sería suficiente para hacerse cargo de la defensa.

- ¡Jack, ocúpate de la máquina! -gritó, haciendo que todo el gran coloso estallase, junto a él, en millones de partículas de polvo.

La ventisca del sur poseía un color rojizo, más intenso en el centro del vendaval, y avanzaba incesante por entre hordas y hordas de enemigos, tratando de rodearlos y abrazarlos hasta, en su helado abrazo a más de cien grados bajo cero, convertirlos en pequeñas estatuas de hielo. Sin embargo no congeló toda la humedad, pues habría resultado fatal también para sus propias tropas, y simplemente avanzó hecho una masa heterogénea de polvo y viento hasta que recuperó su forma, creando un grueso muro que cubría toda la línea de retaguardia, evitando el acceso de los recién llegados a sus hombres. Si querían hacerlo, primero tendrían que pasar por encima de él.

El muro comenzó a elevarse, y por el suelo también se extendió una capa blanca mientras el ambiente se resecaba y un fino polvo blanco empezaba a caer. De nuevo optaba por congelar la humedad, pero en esa ocasión ningún marine estaba en la zona que la perdía. Con su hielo a más de doscientos grados bajo cero, la temperatura del ambiente caería de golpe en varios grados. Sin humedad, los tritones, más susceptibles a la deshidratación, verían mermadas sus fuerzas tan deprisa que ni siquiera podrían moverse. Además...

- Ha sido un error intentar esto.

Todo el hielo estalló de golpe en una ola tan brutal y poderosa que trató de engullir al ejército en forma de millones y millones de hojas cortantes de mínimo tamaño. Eran filos mínimos, pero si lograban hacer sangre la congelarían también, bajando aún más la temperatura de esos humanoides que, si se dejaba guiar por la anatomía de un pez, debían tener la sangre muy fría. Era una condena a muerte de cientos de personas que no lo merecían, pero si no lo hacía sus hombres morirían. Y prefería la conciencia manchada por asesino que por negligente.

Resumen:
Congelar a las tropas de la espalda.


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Mensaje por Galhard el Miér 21 Oct 2020 - 20:09

Toda acción tomada por Galhard había resultado en un fracaso, aunque el vicealmirante había puesto todo su empeño en apoyar a las tropas las bajas fueron cuantiosas, aquello provocó que por unos instantes el novel marine se sintiese abrumado, estaba conociendo la crudeza de la guerra y debía cargar con sus fracasos.

Las balas de sus enemigos habrían impactado directamente en el marine de no ser por la intervención de sus guardaespaldas, los cuales cumplieron su función. La improvisada barrera de escombros hecha a modo de barricada por Claude y Caleón sirvió de cobertura al marine, haciendo que aquellas balas rozasen solo su brazo izquierdo antes de ser jalado por Caleón, dejando al marine completamente cubierto por la barrera, devolviendo de paso su mente al campo de batalla y liberando su consciencia del choque que había sufrido al ver el horror de la contienda y sus propios fallos.

Clementio no tardó en llegar donde los tres hombres se reunían y dando una bofetada al vicealmirante le hizo reaccionar aún más. Sí, sus planes habían fallado y sí, debería cargar en su consciencia con la muerte de algunos soldados de los que le acompañaban pero si no mantenía su mierda junta aquel número crecería más y más.

La pericia mostrada por Arthur en el enfrentamiento contra aquel Gyojin sumada a las palabras del mismo le recordaron a Galhard que en este lugar sus ideales de gloria, honor y justicia debían ser reprimidos en pos de la supervivencia.

Dados los resultados estaba claro que su función actualmente no era la de rematar a los ya más que visiblemente agotados combatientes iniciales, ahora debía hacerse cargo de la amenaza que se abalanzaba contra ellos por la retaguardia.

El contingente marine era cada vez más escaso y a diferencia de los hombres pez, ellos no tendrían hombres de refresco e incluso aunque sofocasen la línea del puerto no podían esperar que los defensores de aquella edificación pudiesen prestarles apoyo.

La cúpula de Jack, fuente de protección que tenían los marines se había visto quebrada, tan solo los elementos del terreno y los escombros que recogían, hielo, rocas y azúcar por igual podían hacer de pequeños trozos de cobertura.  Las tropas estaban agotadas y un choque contra gyojines completamente frescos eran de las últimas cosas que podrían soportar.

-Bien...- El marine tomó aire Esto es a vida o muerte, la vanguardia inicial ha quedado en manos de nuestros superiores, nosotros enfrentaremos una amenaza igual, hora de darle una calurosa bienvenida a las huestes del mar, somos marines y nuestra voluntad crece en la adversidad.- Con una mente refrescada por las sacudidas de sus guardaespaldas Gal pudo analizar con más rapidez lo que estaba sucediendo, las tropas aunque habían sufrido bajas considerables habían logrado reunirse en un contingente y cuando el vicealmirante novel iba a dar una orden de acción Jack sobrevoló en su nube los refuerzos enemigos.

-Como era de esperar, en el momento justo contamos con el mejor movimiento- Dijo para él, contemplando como Jack devastaba un flanco de los hostigadores.

Caballeros, aquellos que estén heridos habrán de demostrar su temple, que dos pequeños grupos mantengan en alto sus rifles, el primer grupo disparará al flanco que el Vicealmirante Jack está atacando... La segunda división de tiradores abrirá fuego al extremo opuesto de la formación enemiga. ¡Que sus rifles debiliten la formación! Gritó señalando los lugares donde los soldados dirigirían su fuego.

-Aquellos que tengan aún la fuerza suficiente para correr y también los heridos que deseen cenar en el mas allá con el orgullo de que sus vidas hayan cambiado la corriente de la batalla seguirán mis pasos y los de mis guardaespaldas.- El marine dio una pausa dramática, tratando con ello de evocar un sentimiento de determinación en la mermada tropa. -¡Cargaremos de frente contra esos desquiciados frenando su embestida con nuestra fuerza!- Gritó desenfundando su sable y junto a sus tres guardaespaldas corrió liderando la carga a la espera que los soldados le siguiesen, sabía que era mejor dejarle el flanco a Jack que meterse en medio de aquellas escamas que podrían producir fuego amigo.

La idea inicial del marine habría sido cargar y adelantarse con un soru para abrir la línea enemiga valiéndose de su técnica del ascenso feroz pero la voz de Al le detuvo en su impulso y ordenó el cese de la embestida de las tropas. El Almirante concentró sus fuerzas en quien iba a ser objetivo de la carga.

-¡Camaradas! ¡¡Cambio de planes!! Dejemos la retaguardia a Koneko y Jack... Nuestro objetivo no será otro que apoyar a Arthur y tumbar su último juguete. ¡Perforemos sus planes!- Gal retrocedió y corriendo hacia donde había lanzado su zippo volvió a dar instrucciones a las tropas. -Los dos grupos de tiradores, que el primero dispare a la perforadora, nuestros fusiles no serán lo suficiente para dañar la maquina pero entorpeceremos su función, que el segundo abra fuego a los hombres pez que la custodian.- Tomó aire mientras con su mano indicó a Caleón que recuperase su Zippo.
-¡Los demás! Cargad conmigo hacia la perforadora, Clementio hora de pelear contra tus congéneres- Dirigiendo la carga decidió que era hora de tomar venganza contra aquellos que habían frenado sus intenciones iniciales. Esta vez, manteniendo su carga unida y sin separarse del grupo lanzó su técnica de "Flecha feroz" contra la maquina, provocando un disparo de energía condensado con su sable que tendría la potencia suficiente para dañar o atravesar el metal de aquella construcción.

Solo faltaría ocuparse de los gyojines protectores, si es que no se lanzaban en un impulso suicida a parar su disparo. Esta vez no habrían monedas pero sí un combate cuerpo a cuerpo contra aquellos malditos que aún se mantenían en pie de guerra.

Cuando la carga llegó junto a él a la perforadora decidió golpear a uno de los gyojines restantes con un Rankyaku mientras Claude, Clementio y los soldados enfrentarían junto a él a los demás. -Como entraría una hamburguesa ahora...-



resumen:

-Galhard es cubierto por la barrera hecha por sus hombres, obligado a ponerse en una posición evitando ser alcanzado completamente por los proyectiles enemigos y recibiendo daño superficial en su brazo izquierdo.
-Es sacado de su shock por sus guardaespaldas y deja atrás sus ideales de honor comprendiendo el horror de la guerra gracias a la terrible escena que contempló y las palabras de Arthur
-Organiza lo que queda de tropas para enfrentar a los refuerzos que han llegado junto a Jack, dividiendo el fuego de apoyo en dos grupos, uno que merme más el flanco atacado por Jack y otro que apoye su carga.
-Insta a los soldados que aún tengan la voluntad de luchar que carguen junto a él y alimenta su determinación con unas palabras.
-Frena su empeño y ordena un alto a la táctica que se iba a llevar a cabo.
-Decide centrar sus esfuerzos en la última perforadora que queda en pie para apoyar a Arthur en la vanguardia y permitir que la retaguardia quede en manos de Jack y Al.
- Redirige a las tropas hacia la construcción ordenando fuego de apoyo y lanzando una técnica con la potencia de perforar el acero contra la máquina carga contra los defensores que queden en pie.
-Desea un amborgesa.
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Mensaje por Noximilien el Miér 21 Oct 2020 - 20:28

Tres piratas cayeron a plomo por las ondas cortantes, pero en aquella horda de criminales que se arremolinaban alrededor de Nox y Vile hacían parecer aquellos enemigos caídos gotas en un océano. Por suerte habían desviado sus miradas hacia los Arashis y dejado de molestar a la mayoría de campesinos. Los había enfadado, pero Nox estaba más enfadado incluso después de las palabras.

- Y en vez de robar un barco y que os falte mar para huir, ¿os dedicáis a aterrorizar a los pueblerinos? ¿Sois tan mala gente que no os importa seguir banalizando aun con el castigo que os iba a caer, o es que tenéis la inteligencia suficiente como para no cagaros encima?

Cuatro disparos le atravesaron de lleno, pero donde debía haber orificios ensangrentados, no había nada. Literalmente. Como un queso gruyere, cuatro agujeros estaban distribuidos por el torso y donde tenía que haber carne desgarrada, solo había un polvo mineral blanquecino, aunque el término más correcto sería simplemente sal. Aquellas falsas heridas se fueron regenerando de forma siniestra, como un hombre de arena albina. Cuando el último de los agujeros se cerró, fulmino la mirada a los saqueadores y se crujió el cuello con un sonoro ruido. ´

- Definitivamente, tenéis la inteligencia suficiente como para no cagaros encima.

La forma del enmascarado se disolvió hasta que formo un montón de sal en el suelo, que no permaneció mucho tiempo inmóvil, pues se dirigió como una serpiente cazadora a la pelota de enemigos. En el centro de esta, el montón estallo y se arremolino sobre los saqueadores como una tormenta de arena. Causando la confusión de los pobres desgraciados, Nox cazaría uno por uno a cada uno todos los contrincantes que pudiera, recomponiéndose y disolviendo su cuerpo cada vez que repartía un espadazo.

Resumen:
Enseñarles que a un logia no se le dispara a base de hostias

cosis:
Salt Storm: La sal que genere da vueltas alrededor suyo en un radio de 50 metros, provocando una tormenta de sal que arreciara a sus enemigos
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Mensaje por Zane D. Kenshin el Miér 21 Oct 2020 - 21:05

El dedo acusador de aquel civil parecía clavarse en el espíritu del pirata como si de un pincho se tratase, mas eso pasó a un segundo en el momento en el que menciono a su difunto padre. En los ojos del pirata pudo notarse un gran enfado, que dejó ver la forma en la que apretaba su puño. En otras circunstancias le había golpeado un puñetazo en la cara e iniciado una trifulca callejera, pero no era el momento ni el lugar. «Nota metal: darle una hostia cuando todo acabe», pensó.

—Trato hecho —le dijo—. Por cierto, ¿cómo puedo referirme a ti? Porque mirada acusadora número uno es demasiado largo —le preguntó—. Voy a intentar acabar con el fuego, ¿Vale? Así podremos respirar algo más tranquilos. Tú si puedes intenta agrupar a un buen número de hombres y mujeres capaces y de confianza para hacer un cordón por un posible ataque.

Pero entonces, justo en el momento en el que se disponía a desplegar sus alas y sumergirse en la zona más ardiente, apareció una chiquilla de cabellos violáceos junto a un individuo con un tanto peculiar. «¿En serio lleva la cabeza de un guarro en su cabeza?», se preguntó, pensando que tenía un imán para la gente rara. Quiso hacerse a un lado, sin embargo, la joven se puso frente a él y se puso a hablarte.

Atendió a sus palabras, pero había algo raro en su discurso: lo primero, y lo más extraño, era que, desde su marcha, como había podido comprobar, la gente no le tenía como un héroe o un libertador, aunque seguramente, o eso esperaba, debía tener algún grupo de personas que continuara confiando en él. Y lo segundo era que le sonaba la cara de aquella muchacha. La había visto en los periódicos, pero, ¿qué había hecho para salir en él? En fin, a saber.

Se disponía a contestarle, pero en ese momento el cabeza de cerdo abrió la boca.

—Oye, ¿a tú amigo le ha dado un aire o algo así? —le pregunto, con cierta seriedad—. Ahora mismo no tengo tiempo para tonterías, señorita Okadaya. Así que, si queréis ayudar, haced lo que ese señor de ahí os diga —señaló al civil con el que había estado hablando acaloradamente—, que ahora tengo que parar el fuego que se expande por esta región de la isla.

Sin embargo, nuevamente algo le interrumpió, su den den mushi comenzó a sonar y no dudó en contestar, ya que seguramente fuera Berthil.

—Aquí Zane —contestó, esperando que le respondieran, mientras continuaba pensando de que le sonaba aquella muchachilla.

Resumen:
Hablar con el civil + hablar con Kaya e Inosuke + contestar al den den
Zane D. Kenshin
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Mensaje por Shinobu Yamamoto el Miér 21 Oct 2020 - 21:12

Esbozo una sonrisa de oreja a oreja y los ojos se me iluminan cuando me entero de que Aki-san nos acompañará en nuestro viaje. Y ya puedo decir nuestro: por ningún motivo dejaré que Nanako-chan vaya sola; ya se lo he dejado muy claro. Como la niña está herida lo mejor será llevar medicina, así que pregunto a la señorita si puedo coger algunas hierbas medicinales; estoy segura de haber visto un par por aquí. Como sanadora no debería tomar los frascos con cápsulas dentro, pero la curiosidad me gana y, luego de buscar un bolso para echar las cosas, meto todo lo que me llama la atención.

Nanako-chan parece caminar… bien. Recibió una herida muy profunda que dejaría a cualquier samurái tendido en la cama como mínimo un par de semanas, pero esta valiente niña avanza sin importarle el dolor. Incluso está comiendo, animada. Abro la boca para protestar ante sus palabras, pero Aki-san lo hace por mí. Sonrío. Tengo la impresión de que es una mujer con carácter. ¿De qué parte de Fuji será? Si bien he recorrido el país de extremo a extremo no conozco todos los lugares de este; alguno se me habrá pasado. La ropa que viste, la forma en que pelea, el cómo habla… Cuando la veo caminar por el pasillo y comienzo a pensar un escalofrío recorre mi espalda; algo dentro de mí me dice que no quiero conocer la respuesta.

Estiro los brazos cuando salgo a cubierta y luego miro hacia los lados. Hombres peleando por allá, rugidos de tubos de metal por acá, y… ¡¿Qué es ese monstruo de ahí?! ¡¿Un kappa?! ¡¿Qué hace una de esas abominaciones por aquí?! Es horrible, eso lo puedo asegurar. ¡¿Y por qué está llorando?! E-Espera, no. Estoy segura de que lord Matsumoto cazó al último de ellos: todos deberían estar muertos. Aunque este pudo haber sobrevivido y se hizo amigo de esos hombres de allí… ¡Ay, no entiendo nada! Tengo el deber sagrado de purgar a los yokais de este mundo, pero no puedo abandonar a Nanako-chan.

«Esto es lo único que puedo hacer», me digo a mí misma mientras busco la sal entre mis cosas. Siempre traigo un poco conmigo: es el mejor arma contra espíritus y yokais. Lanzo un puñado al cielo en dirección al kappa llorón, junto las manos en señal de oración y rezo a Izanagi-sama por el alma de la criatura; entonces, acelero el paso para alcanzar a Aki-san, pero se me hace difícil seguirle… Sobre todo cuando echa a correr. Hago un gran esfuerzo por esprintar lo más deprisa que puedo, y cuando se detiene descanso sobre mis rodillas, tomando bocanadas y bocanadas de aire.

—Siento que… la vida se me… escapa… en cada respiro…, poco a poco… —digo más para mí misma que para las demás. Tengo el rostro sudoroso y estoy segura de que ya he comenzado a oler mal. Mientras Aki-san responde amablemente a la propuesta del buen hombre, yo recupero el aliento.

Así que iremos por las montañas, después de todo. Me parece la opción más… sensata. Creo que Nanako-chan es importante para lo que está sucediendo y sospecho que alguien le busca. Si esa persona es peligrosa, podemos poner en riesgo las vidas de la gente del carromato. Ir solo nosotras tres será mucho más seguro para todos.

—Uhm… No lo pregunté antes porque estábamos ocupadas, pero… ¿Qué región de Fuji es esta? —les pregunto mientras le sigo el paso a Aki-san—. El paisaje se me hace familiar pero a la vez no. ¿Qué ha pasado con lord Hitoshi? Creí que la guerra había terminado con la erradicación del clan Konoe, pero esos hombres siguen luchando…

resumen:
Orar por el alma del kappa llorón, seguir a Aki-san y hacer unas preguntas.
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Mensaje por AEG93 el Miér 21 Oct 2020 - 21:15

Su ataque, pese a que fue parcialmente efectivo, no lo fue por completo ya que su enemigo consiguió limitar el impacto y fue capaz de levantarse poco después para continuar plantando cara a los samuráis. Sus dos compañeros trataron de atacar, siguiendo su ritmo, pero aunque eran hábiles y capacitados guerreros se notaba que no se acercaban al poder del semigyojin.

Este, sin embargo, vio cómo el hombre pez al que acaba de tumbar comenzaba un nuevo ataque apenas había terminado de levantarse. Concentrando agua en torno a su lanza, la lanzó hacia el joven espadachín como si de una sierpe formada por el líquido elemento se tratase. Como era lógico aquella técnica le recordó vagamente a su propia técnica característica, aunque a un nivel mucho menos poderoso. Por ello, cuando aquel extraño pitido en sus oídos le advirtió de lo que se avecinaba, supo exactamente lo que tenía que hacer. Aún no era el momento de mostrar su mejor arma, aquellos no eran enemigos lo suficientemente poderosos como para ser dignos de tal muestra de respeto.

Por lo tanto el joven comenzó a acumular agua en torno a sí mismo y, con su espada en la mano izquierda, se propulsó hacia delante en el aire girando sobre su propio eje en una espiral infinita. El agua le rodeó y avanzó con él, dando lugar a un arma mortífera. Su voz, mientras sus pies se despegaban del suelo en dirección a su adversario, pudo escucharse en los alrededores diciendo:

- Gyojin Bushido: Tomerarenai Senpu.

Se trataba de una de sus dos técnicas más poderosas, y la había lanzado con el objetivo de acabar de una vez por todas con los dos gyojin restantes. Aquellos molestos esbirros de la usurpadora ya se habían entrometido en su camino demasiado tiempo. Debía encontrar a su familia para asegurarse de que estaban a salvo y, posteriormente, acabar con la vida de Hipatia Stix. Su reinado del terror había concluído.

Resumen:
- Tratar de terminar el combate de una vez para poder buscar a mi familia y después irme a por Hipatia.
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Shichibukai
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Mensaje por Akane D. Murasaki el Miér 21 Oct 2020 - 21:25

Si por fuera estaba como un carámbano de hielo por dentro de la pelinaranja ardía el mismísimo infierno en rabia. Que ¿cómo podía? ¿En serio? ¿Se lo estaban diciendo puto enserio? Para empezar, es una asesina. TODOS se supone que son asesinos. Pobrecito. No pensaban lo mismo de los niños que habían matado. Sus ojos ardieron en rabia mirando a ambos, aunque su semblante apenas se arrugó. Suspiró. Admitía que lo de los zapatos podía no ser un detalle tan obvio. ¿Pero y sus armas? Al igual que su bolsa, todo estaba limpio. No, si al final iba a ser mejor matarlos a todos tras tirar a las dos chicas de los pelos. Aunque de momento toda su ira la canalizó mediante palabras.

—Por favor. El que sienta pena o no ¿va a cambiar el hecho de que hay un asesino? Creo que no —se quejó ante esa acusación. No tenéis pruebas más allá de mi frialdad. Algo que creo que vosotros también teníais cuando os mandaron asesinar a un puñado de niños hace unas horas. De hecho, lo disfrutasteis. Así que, ¿qué prueba que intente mantener la calma en un momento como este?  ¿Sería mejor que me hubiera puesto a tirar de los pelos a Anna? Porque la verdad es que ganas no me faltan. Y lo de «fingir que dormía». —Miró a Julia, avanzando unos pasos hacia ella para encararla—. ¿Alguna vez te has mareado en un barco o en un carro? Porque salí corriendo a tomar aire para evitaros el desagradable espectáculo de verme vomitar. Ya estoy mejor, todo lo bien que se puede estar tras ver a un muerto, gracias por preguntar. Aunque sí, aquí está mi sobre —dijo antes de echarse la mano al obi de su kimono y sacarlo, para que todos lo vieran. Me parecía más seguro llevarlo encima en todo momento. Quizás solo sea cuestión de tener más experiencia o profesionalidad.

Tras decir esto retrocedió, esperando a ver si tenía que seguir defendiéndose o si iban a pasar a ataques más verbales. Sin embargo, todos tuvieron que hacer un tiempo muerto cuando el conductor que, de nuevo, había pasado de sus preguntas, se dirigió a la delantera del vehículo con una frialdad que superaba a la de ella. Eso solo demostraba o lo imprescindibles que podían llegar a ser para su jefe, como temía, o la idea que debía haber empezado a rondar la cabeza de los otros, de que él podía ser el asesino. Claro que su fino oído le indicaba que las dos zorras del grupo se habían amotinado en su contra. Pero ya lo pagaría con ellas cuando pudiera.

Tras este silencio incómodo, Marco, el mastodonte de larga cabellera triguera, se aseguró de sacar el cadáver fuera del carro, tirándolo frente a ellos, por suerte sin caer encima de sus cosas. Los sobres faltantes eran cuatro, aunque de nuevo, la posibilidad de que otro de los presentes fuera el asesino no se había desvanecido. Ahora, todos podían al menos ver que las marcas en el cuerpo no coincidían con sus armas, ¿no? Tendría que agradecer que al menos uno del grupo tuviera dos dedos de frente. Aunque su convicción no terminaba de convencerle. Apartando la mirada cuando el cadáver quedó a la vista de todos, la morena solo volvió a levantar cabeza cuando el hombre se dirigió a ella directamente, indicando que debía cachearle. Su cara debió ser un cuadro cuando insinuó lo de meterle mano.

—No te preocupes, te aseguro que no tengo interés alguno en hacer eso —aseguró, antes de ponerse a su lado. La diferencia de altura era considerable, así que se aseguró de primero revisar el tren inferior de su cuerpo: calzado y calcetines por si había algo dentro, palpar subiendo por sus piernas por encima del pantalón, bolsillos en caso de tenerlos. Se aseguró de evitar la zona viril por razones obvias—. ¿Puedes agacharte? —Después cachearía tanto sus brazos como los bolsillos externos e internos que pudiera tener y diría en voz alta si había o no encontrado algo sospechoso. Al acabar, volvió a dejar ver su sobre, que había regresado a su Obi tras restregárselo a Julia por la cara y lo dejó dentro de su bolsa. También se quitó el Haori y se lo cedió a Marco, para que pudiera mirar dentro si quisera. Sin este, su quimono estaba falto de mangas así que, a simple vista tampoco había mucho que revisar—. Espero que tú tampoco aproveches para manosearme —comentó con acidez. Con sus brazos al desnudo, se aseguró de sujetarse el pelo en una suerte del moño, sin apartar las manos de este, de modo que no molestara, pero también sirviera su postura para ocultar que no era su pelo natural, y sin apartar la mirada de dónde había guardado su sobre. Volvería a soltarse el pelo al acabar, ajustándose la ropa—. ¿Ahora puedo recoger mis cosas del suelo?

Si se lo permitían, recuperaría sus cosas y las guardaría, volviendo a cerrar su bolsa. Obviamente el sobre volvería a donde lo tenía guardado para evitar que alguien intentara robárselo ahora que había quedado expuesto. Y se quedaría a la espera, vigilando como revisaban sus pertenencias entre sí los demás. Aunque si tenían que chequearse entre todos, seguramente le tocaría esperar para poder hacer esto. En todo caso, no bajaría la guardia, tanto por si notaba algo raro como en caso de que la presencia del conductor se alejara. Si era el traidor… Tenía que evitar que los demás le mataran hasta saber para quien estaba trabajando. No quería que matasen a alguien del bando de Akagami, pero tampoco le vendría mal un aliado del CP, de modo que sus intenciones se mantenían igual que al principio, con sus hilos aún fluctuantes en el aire, pero ahora abarcando más rango. De hecho, si el conductor hacía por moverse, pretendía atarle.

Resumen:
• Defenderse de las acusaciones de Julia y los lloros del otro sobre compañerismo.
• Enseñar la carta y dejar los reproches cuando el conductor se vuelve a la cabecera del carro de forma tan fría.
• Cachear a Marco tras ponerle mala cara por el comentario de meter mano. Al acabar decir lo que ha podido o no encontrar. No terminar de fiarse de él de todos modos.
• Sacar el sobre otra vez, guardarlo en su bolsa, quitarse el Haori para que lo examinen y sujetarse el pelo para que no moleste en el chequeo (y que no se note que no es su pelo). Una vez la chequean preguntar si puede guardar sus cosas o si tiene que esperar a que termine el chequeo.
• Aclarar que en ningún momento a dejado de usar su percepción, de hecho ahora está usando su ámbito de mantra que es como un radar con un radio de 50 m y sus ha ampliado el radio de sus hilos por si el conductor se aleja de manera sospechosa. Sigue preparada para tener que matar a los demás en caso de descubrir al infiltrado y atrapar al susodicho.
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Señor de la Piratería
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Mensaje por Vile Spectre el Miér 21 Oct 2020 - 21:37

Los civiles abandonaron el lugar como una exhalación. "Gracias por dejarnos en la estacada" pensó Vile. El músico miró a su compañero, que todavía mostraba un envidiable temple y una fuerza de voluntad incuestionable, encarando a los piratas de C. Zar sin miedo alguno e incluso atreviéndose a echarles en cara su falta de inteligencia. "No hagas que te acribillen, infeliz".

Por desgracia, este pensamiento llegó muy tarde, puesto que ya múltiples disparos se dirigían en su dirección. Nox, impertérrito, se interpuso, haciendo gala de sus habilidades, lo que le permitió ignorar por completo el daño que le habrían causado las armas de los lacayos del Yonkou. Tan impávido como cuando empezó a insultarles, se repuso de las minúsculas heridas que había recibido y siguió atacándoles verbalmente. Vile arqueó una ceja. Le habría gustado ser quien insultara a sus oponentes.

Sin pensárselo mucho -pues tampoco lo necesitaba, en tal situación- se transformó en una bestia atroz y comenzó un asalto inmisericorde contra las tropas del Yonkou, repartiendo ataques a diestro y siniestro. No queriendo apartarse de la diversión, Vile se acercó al remolino de sal, con su arma en alto.

-Nox, ¿nunca escuchas a Marc? -preguntó con tono mordaz-. ¡Antes de sazonar, hay que cortar la carne!

Dio un paso rápido antes de dejar caer su arma a una gran velocidad, creando una onda cortante vertical que dirigió contra el remolino de sal. Continuó su ofensiva con un ataque similar, pero en horizontal, logrando que ambas ráfagas de aire afilado formasen una cruz que chocase contra el torbellino salado. Sabía que Nox no resultaría afectado en lo más mínimo, así que... ¿Para qué preocuparse?

Resumen:
Castigar a los esbirros de C. Zar por no aprenderse la lección de Nox.
Vile Spectre
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Azote del paraíso
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Mensaje por Ivan Markov el Miér 21 Oct 2020 - 22:52

"Blackhole... ¿qué diablos estás haciendo?" Lo peor no era que estuviese montándose un teatrillo barato, sino que estaba colando. La mirada de Berthil le causó muy malas sensaciones. Ahora desconfiaba aún más de él, aunque al menos le debió creer lo suficiente como para ordenar encadenarlo. Pero aquello no le cuadraba. ¿Por qué estaba Blackhole en esa situación? No habían pasando suficiente tiempo separados como para que se hubiese metido en ninguna pelea, y con todo lo que había visto... ¿se había simplemente desgastado a base de hacer sprint salvaje a través de medio Kuri? Menudo chalado. Por otro lado, ¿qué hacía ahí? ¿Sembrar la semilla de la discordia? ¿Se habría imaginado que su objetivo era en realidad Berthil? Maldita sea... la cosa se complicaba. Y para colmo Berthil se marchaba dejando que fuese su gente la que lo encadenase. No se fiaba de que Blackhole no fuese a hacer alguna jugada, así que decidió aguardar a ver él mismo cómo lo encadenaban.

Se quedaría en su escondite, oculto entre las sombras, mientras esperaba. Si todo salía bien y lo encadenaban sin problemas, sería el momento de irse. No es que le pareciese que fuese la mejor idea dejar a Blackhole con esa gente. Podía comerles la oreja o reventar en cualquier momento sus ataduras y marcharse. Sin embargo no era el niñero de aquella gente, ni tampoco creía que fuesen a aceptar que aprovechase su indefensión para ejecutarlo. Y por otro lado probablemente aún tuviese fuerzas para defenderse llegado el caso. Los Arashi también se retiraban. Para retirarse se alejó discretamente por la pared de la taberna hasta la parte trasera, donde se convertiría en murciélago y marcharía volando hacia los bosques. No tenía claro dónde encontrar a la Marina, así que se dirigiría hacia el interior de Wano. Lo último que sabía era que tras desembarcar en Ringo habían ido hacia el sur.

Se dirigiría a la zona entre la Ciudad de las Flores y Hakumai, alzando el vuelo para ver más lejos. Un enorme ejército de chalados de blanco no debía ser tan difícil de ver, ¿verdad? Una vez los tuviera a la vista contactaría telepáticamente con los ghouls que tuviese por la zona, dando una orden mental:

- Escoged a los más sigilosos de vosotros. Quiero que os situéis cerca del ejército marine, ocultos y a la espera. A medio kilómetro o más si es necesario para que no os detecten. Manteneos a la espera de nuevas órdenes y que nadie os vea.

resumen:
Vigilo a Blackhole un rato y me marcho volando a buscar a los marines (si Blackhole no la lía en cuanto Berthil marche, en ese caso me quedo). Una vez volando doy órdenes telepáticas a varios de mis no muertos.[/i]

Ivan Markov
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Guerrero del Nuevo Mundo
Ivan Markov

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Mensaje por Prometeo el Miér 21 Oct 2020 - 22:58

Era la primera vez que alguien hablaba con tanta furia en frente de Prometeo. El corazón le dio un brinco, giró bruscamente la cabeza hacia el oficial y sus manos comenzaron a temblar. ¿Lo peor? El homúnculo no tenía idea de lo que hablaba. El señor Gelatina jamás se habría alterado de esa manera, aunque parecía que estaban hablando de un amigo del señor Sumisu. Y creía que era un hombre tranquilo. Quizás fue el miedo el que no le permitió entender la mitad de lo que el revolucionario dijo en su discurso cargado de emoción.  ¿De qué compromiso hablaba? ¿Y por qué no podía hacerle ninguna pregunta como esa? Prometeo tenía claro una sola cosa: ese hombre daba miedo, y no quería estar con él. ¿Cómo alguien podía ser tan cruel con un chico que llevaba gorra de béisbol y lentes en forma de estrellas? ¡Osuka Sumisu no tenía alma!

Únicamente porque estaba conmocionado por el discurso del revolucionario no se movió de allí: parecía una verdadera estatua que vigilaba la puerta. Se volteó lenta y temblorosamente hacia el grupo de hombres. ¿Le harían pagar por las palabras de su superior? Estaban callados y algunos miraban el suelo con expresión de frustración e impotencia, pero las miradas pronto lo buscaron a él. La situación y el miedo le paralizaron por completo: no tenía idea de qué decir. Sin embargo, la sabia imagen del señor Gelatina apareció en su cabeza como un ser de luz: «¡Las respuestas están en EL MANUAL!». Eso era, sí. EL MANUAL decía que había que permanecer sereno como una trucha, y que todo buen guerrero lleva siempre un postre extra. Espera, ¿eso tenía sentido…? Qué va, ¡por supuesto que lo tenía! Augustus Makintosh era un hombre listo: jamás escribiría nada sin sentido.

Tomó aire e infló el pecho para luego dejar escapar un largo suspiro en un intento de tranquilizarse. ¿Qué clase de revolucionario podía abandonar a los hombres que buscaban recuperar el país? En ese momento comprendió más que no había acto más revolucionario que hacer lo que dictaba su corazón. Reemplazó la expresión temerosa y débil por una sonrisa cálida y esperanzadora. ¿Acaso debía abandonar la esperanza sólo porque así lo creía un hombre triste y solitario?

—No soy el indicado para hablar de honor cuando ni siquiera sé lo que significa, así que no los insultaré hablando de algo que conocen mejor que yo. Pero sí puedo hablar de la esperanza pues, si algo he entendido desde que soy un hombre libre, es que eso significa ser parte del Ejército Revolucionario. No estoy de acuerdo con la visión negativista del oficial Sumisu, no forma parte del espíritu revolucionario: nosotros creemos que podemos hacer posible lo imposible. —Prometeo se detuvo para recoger los restos de la taza de té y luego continuó hablando sin saber muy bien lo que estaba diciendo—. Insisto: los milagros existen. Creo que si nos sentamos y consideramos nuestras posibilidades llegaremos a buen puerto. Carezco de la autoridad del oficial Sumisu, pero como teniente del Ejército Revolucionario cuento con mi propio escuadrón y estaremos encantados de ayudarles.

— No sé si eso le gustará a tu jefe, muchacho. —Masahisa te mira con severidad—. No parecía muy cómodo en este lugar, y podrías ganarte una buena reprimenda. Además, sin Hitomi-sama nada de lo que hagamos habrá valido de nada

—Es probable, sí. Pero ¿qué sentido tendría ser revolucionario si no puedo elegir las causas por las que pelear? —le preguntó, devolviéndole la mirada—. Si Hitomi-sama es tan importante para esta lucha, entonces es momento de recuperarla.

— ¿No tenéis algo así como una gran causa a la que dedicáis vuestra vida? —dice, devolviéndote la pregunta—. Ella podría estar muerta en estos momentos, y si no lo está ahora tal vez en el infierno que vivimos no tarde en hacerlo.

—No lo sé, señor —respondió, despreocupado y encogiéndose de hombros. Se había unido al Ejército no ppr decisión propia—, pero mi gran causa personal es proteger y ayudar a la humanidad. Hoy no será el día en que traicione mis principios. —Tomó una pausa y adoptó una pose pensativa—. Hasta que no encontremos su cuerpo no podemos darla por muerta… ¿Qué hacemos en esta taberna cuando podemos buscar a Hitomi-sama? ¿Qué es lo último que se supo de ella?

—En fin, muchacho... Tal vez tengas razón. Pero no podemos ir a buscarla todavía, ni dejar todos el local. Aún faltan siete personas por llegar, y nuestra responsabilidad está en este pueblo cuando la noche caiga.

—¿Qué sucede al llegar la noche, señor? —preguntó con la curiosidad propia de un niño.

— No deberías contárselo, Masahisa —interrumpe un hombre desde la puerta. El recién llegado parece bastante sucio, pero sus heridas son apenas superficiales—. Podría ser un espía.

— Es un crío, Nakamura —dice él, restándole importancia con un ademán—. Por la noche se espera la llegada de un hombre importante al castillo, uno de los principales responsables de toda la situación en Wano. Es nuestro deber acabar con él a cualquier precio.

—Creo que lo entiendo. —Mentira, no sabía a qué se refería exactamente. ¿Qué era eso de acabar con cierto hombre?—. Permítame colaborar en la búsqueda de Hitomi-sama, entonces. —Sí, eso sonaba menos agresivo que lo otro—. Pero antes de cualquier cosa… Algunos de sus compañeros parecen heridos y, sea cual sea la misión que tienen en mente, no está bien que marchen con esas heridas. Puedo sanar a sus amigos, señor Masahisa.

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Mensaje por Marc Kiedis el Miér 21 Oct 2020 - 23:12

El Emperador del Mar manifestó que al parecer el núcleo de todos los problemas era una villa llamada Itadakimas, por lo que en principio ese debía ser el próximo destino para Therax y Marc. Sin embargo apenas un instante después hizo su aparición un hombre de gran tamaño, sin nada que envidiar al de Marc, y tez oscura que proclamó que Kibi era el lugar mas importante para alguien.

Berthil, como soberano del país y preocupado por el bienestar de este, no dudó en anunciar que se dirigiría allí en persona, por lo que recaía en los dos oficiales de los Arashi la tarea de solucionar los posibles problemas que pudieran haber surgido en Itadakimas. El semigigante pensaba que era lo lógico, pues el Yonkou, como gobernante, tenía sus deberes. Ellos, no obstante, tenían también los suyos, pues como hermanos que eran estaban obligados a arreglar lo que uno de ellos involuntariamente había roto. Se dirigió al Emperador del Mar antes de partir, diciendo con tono alegre y una sonrisa de oreja a oreja en el rostro que reflejaba el más puro optimismo:

- Suerte en Kibi, Berthil. Nosotros nos encargaremos de Itadakimas.

Una vez dicho eso, el semigigante aceptaría gustosamente la oferta de su nakama. Era cierto que en aquel momento necesitaban actuar con la mayor celeridad posible, y aunque su nube de mozzarella era más que rápida no podía siquiera compararse con las vertiginosas velocidades que alcanzaba el rubio en pleno vuelo, incluso cargando con alguien tan pesado como él.

Por lo tanto el cocinero recorrería los cielos de Wano junto a su amigo dispuesto a luchar por recuperar la paz en el país y el honor de su capitán. Cuando aterrizaran desenvainaría a Kotai-Hi, cuyo ardiente filo brillaría amenazador, deseoso de entrar en batalla.

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Desear suerte a Berthil e irme con Therax a Itadakimas.
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Lobo de los 7 mares
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Mensaje por Osuka Sumisu el Miér 21 Oct 2020 - 23:32

Continúo su camino al castillo con o sin la compañía de Prometeo. No había sido un buen inicio de relación entre los dos revolucionarios. Así era la vida, no todo era un camino de rosas. Tras salir de la zona humilde, las casas y locales iban teniendo mejor pinta y se notaba más el poder adquisitivo. No le gustaba pasar mucho rato en aquellas zonas medio aburguesadas. Fuera o dentro de Wano, seguro que había más de un pijo.

Cuando se cruzo con otros seis ronins que se dirigian a la tamerna, le apetecío sentarse un momento y tranquilizarse. Quizá se había pasado un poco con aquella gente. Quizá la frustración del revolucionario se había apoderado de el. Desde que Annie se había ido con Therax y Edward cada vez se distanciaba más de él, Zane era el único amigo cercano que le quedaba. A lo mejor por eso se crispo tanto a la hora de defenderlo. Hasta ahora no se había dado cuenta de que era tan dependiente.

Definitivamente se iba a disculpar, especialmente con Prometeo.

Llevo a las puertas del fortificado castillo. Desde luego, era una buena fortaleza, ya que había estado en un montón y había asediado otro montón. Era curioso como ellos no usaban murallas de por sí, sino la elevación como fortificación natural. Llegar al castillo debía de ser como escalar una montaña. A la entrada, un samurái desarmo su espada y le prohibió la entrada con malas palabras.

- Eso de gaijin ha estado feo, creo. Aunque no he venido con los ronins, si eso te tranquiliza. Sinceramente me dan igual lo que hagan. Además, no hace falta que entre en el castillo. Si tu daimio o alguno de sus diplomáticos puede venir aunque sea asomándose en la muralla para hablar, me vale.-hizo una pausa, pensando que le faltaba algo para terminar de convencerlos-. Ah por cierto, para que veas que no solo soy un bocazas.

Chasqueo los dedos y el suelo bajo sus pies se estremeció. Durante los primeros treintas segundos no ocurrió nada, pero luego fue otro cantar cuando sonó el crujido de la roca. De todas las direcciones detrás del oficial; Guerreros de piedra surgidos del suelo avanzaban con pesados pasos, caminando como marionetas casi rotas, pero que sin embargo formaban formaciones perfectas cuando se agrupaban. En un momento debía haber un centenar de aquellos entes pétreos, inamovibles e desarmados al contrario que en su aparición de Gray Rock.

- Como ves, ninguno vamos armados, aun. Sé que para un samurái atacar a alguien desarmado es deshonroso, incluso tus rivales son tan particulares. –miro de reojo a su kanabo, que se había puesto en la espalda, asegurándose que seguía así. Volvió a mirar al samurai y levanto los brazos para reafirmar su condición de desarmado-. Te lo vuelvo a pedir. Avisa a tu señor. La Armada Revolucionaria tiene una oferta para el.
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Mensaje por StaffOPD el Vie 23 Oct 2020 - 1:44

Normas del capítulo:


  • Se moderará lunes y jueves entre las 22:00 y las 23:59.
  • No se puede postear los lunes o jueves antes de la moderación.
  • Hay un reloj que marca el tiempo restante. Cuando acaba los temas se cierran.
  • Está prohibido metarrolear, powerrolear y demás actitudes tóxicas.
  • A más riesgo, más premio.
  • Como es tradición, el barco de Sons of Anarchy se hundirá en algún momento.
  • Cada post debe ocupar entre 250 y 1.200 palabras. Si no se está en estos límites, el post podría ser ignorado.
  • Es responsabilidad de un usuario comunicarse con la gente con la que interactúa.
  • Si un post tiene más de 15 faltas ortográficas por párrafo podría ser ignorado.
  • Hacer un resumen de acciones relevantes es obligatorio independientemente de la extensión.
  • La ley del plot no es a prueba de idiotas.


Moderación

1 - La siesta del guardián:
Tus hombres empiezan a rebuscar por toda la casa, desvalijando las despensas y desordenando absolutamente todo en busca de un gato, pero al final lo único que encuentran es un poco de pelo atascado en la ducha y pegatinas de ojos saltones, pero hacen una figurita de un animal cuadrúpedo muy mona y ligeramente inquietante. Por otro lado, un libro de extraño título queda tirado a tus pies durante la búsqueda, aunque lo que ves en el cielo… ¿No está esa roca voladora algo más cerca que hace un rato? Aunque para qué preocuparte, es solo una piedra. Tu fiable instinto te dice que al final tendrá la cabeza de un chihuahua.

Despiertan a la señora metiéndole el “gatito” en la boca, que se levanta de golpe escupiendo, atragantada, la bola de pelo. En segunda instancia echa uno de los ojos, que al parecer se le había quedado pegado en la garganta.

– ¿Esto os parecen modales? ¡No tenéis ni un poco de educación! ¡Tratar así a una pobre dama mientras termina de cocinar! Por cierto, ¿queda algo de sal?

Echa un vistazo a su alrededor y se topa con la casa manga por hombro, mirando horrorizada el desastre que habéis organizado.

– ¡Mi casa! ¡Mi preciosa casa! ¡Esto está peor que cuando mi Irvin asaltó la licorería de Venici! ¿Qué habéis hecho?

Parece un poco nerviosa, pero está despierta. Tal vez puedas preguntarle las cosas antes de seguir rumbo a la aventura, o hagas algo para arreglar el desaguisado.
2 - Itadakimas!:
– Se supone que uno de los hombres más fuertes que defendía Wano –contesta Berthil, con cierto deje de decepción–. Aunque si está así… O me voy a encontrar sorpresas en la capital o me han cobrado demasiado.

El hombre gruñe, agotado, pero le van poniendo las cadenas.  Cuando Marc le desea surte hace una leve inclinación de cabeza y también se marcha, seguido de una larga cola de tripulantes. El terreno de Wano es amplio, y los ríos difíciles de usar en naves grandes a causa de los puentes, posibles monstruos, las hordas de reyes marinos que invaden las aguas… Esas cosas. Así que en lo que partís, podéis ver que la mitad de los presentes en el lugar avanza en hileras de dos, perfectamente organizados. Más que piratas, parecen un ejército profesional.

El vuelo por su parte resulta tranquilo, si bien el clima de guerra se puede observar en cada punto al que miréis. La diferencia es que cuanto más al este y al norte podéis percataros de que los piratas vienen a sustituirse por hombres pez que, más que masacrar y rapiñar, establecen sus bases en los pueblos. Pero vamos a Itadakimas…

Parece un lugar bastante tranquilo mientras lo sobrevoláis, con una serie de fortificaciones y colores que lo hacen parecer una suerte de bol de comida: Muralla de madera, edificios y calles blancas, techos coloridos… Casi dan ganas de comérselo. Sin embargo, pese a todo, no parece haber nada que huya de la normalidad, a excepción de que no hay nadie en las calles. Si utilizáis vuestro haki de observación será fácil percataros de que sí hay gente en el lugar, pero también que se respira miedo. La mayor parte de las presencias poderosas -si se les puede llamar así- vienen de una taberna, pero también hay otra cosa, y es que bajo vuestros pies podéis encontrar un sinfín de carteles de Zane D. Kenshin y Therax, así como muchos otros con la imagen de Zane pero con el nombre equivocado. Deben ser viejos, pero hay tantos criminales distintos con la cara de Zane…
3 - El festival del terror:
Katharina, tu broma no ha estado bien. Es decir, mira a la pobre Xandra, le podría haber dado un parraque. En fin, mientras avanzáis por el túnel, si tenéis un mínimo de percepción espacial y podéis sumar uno y uno os daréis cuenta de que las salas por las que pasáis tienen, pese a los extraños giros de los pasillos, un cierto sentido: Pertenecen a un asentamiento previo, enterrado tras cientos de años de historia -puede que miles-. Si pensamos con lógica, cada nuevo túnel comunicará con una estancia, y cada nueva estancia irá dándoos la silueta del lugar. Sin embargo… Kath, no hay puertas ocultas.

Xandra, tu búsqueda es en mayor o menor medida infructuosa. Los muebles son viejos y renquean al abrirse, quedándose una puerta en tu mano al tirar de ella, pero no parece que igualmente tenga mucho uso. Te topas con libros de teología tan ajados que probablemente si los tocas se hagan polvo, algunas piezas de metal extremadamente oxidadas y lo que en algún momento fue un resto orgánico, pero tras tanto tiempo no sabes si es una cebolla, un trozo de pan, o cenizas casualmente amontonadas. También te encuentras con una pequeña cómoda que, antes de tocarla, percibes que sus tiradores no tienen tanto polvo. Al abrirlo encuentras más ropa, también ajada, y un extraño túnel que va hacia abajo, aunque se escucha con más fuerza el agua y pese al fuego veis todo negro.

Sin embargo, Katharina, si estudias detenidamente una de las paredes podrás hacer un cálculo… Con un poco de suerte, si tiras por ahí no se te venga el techo encima, pero queda en dirección contraria a las voces, que empiezan a alejarse. Tal vez quieras probar suerte con otro de los túneles de la sala de la gran bóveda, o asumir el riesgo… Sin embargo, nada te garantiza que después de entrar seas capaz de salir si tiras abajo parte de los muros.

Nota: Con ratoneras me refería a caminos de ratones, no a trampas. Perdón por la confusión.
4 - Las muchachas Oni-chan:
Evitáis sin mucha dificultad el tiroteo que se recrudece entre los Arashi y la banda de piratas, que parecen dispuestos a acabar con los hermanos de la tormenta sin la más mínima piedad, aunque no parece que vaya a resultarles particularmente sencillo.

Cuando os negáis al ofrecimiento del hombre este sonríe, cabizbajo. Parece un poco disgustado con vuestra negativa, pero tampoco dice nada porque… Bueno, porque tampoco es que termine de importarle demasiado. Sin embargo, todo el tiempo que estáis cerca de él intenta taparse el rostro y esconderse tras Shinobu, aunque no parece hacerlo del todo bien dado que se le sale media cara por detrás de su cintura. En cualquier caso, abandonáis la carretera para adentraros en un camino pedregoso que os llevará entre bosques y montañas.

– No soy hija de nadie –responde con seriedad–. Probablemente a estas horas esté muerto, como Yoshio. Y… Esto no es Fuji, Shinobu-san, es Kuri. El monte queda allí.

Señala con el dedo una altísima montaña que se puede ver fácilmente, estimas, desde cualquier punto del archipiélago. Seguramente te suene, al fin y al cabo siempre ha estado ahí, ¿verdad? De todos modos, tras eso sigue caminando intentando mantener el ritmo que Aki marca, pero resulta casi imposible moverse con esa gracilidad y al poco tiempo acaba agotada. La pelirroja va a cogeros en brazos, ¿pero seguro que es la mejor opción para la enferma?

En cualquier caso, si optáis por ir rápido llegaréis al final del bosque relativamente pronto, con el sol en su zénit, y deberéis tomar una decisión: La muchacha está dubitativa, y puede ser tomar la carretera principal hacia el este, ahora mismo vacía, o tomar un nuevo paso montañoso que asciende por una elevada loma. Subir este último resultaría sencillo y seguro que podéis obtener una perspectiva razonable de las minas de Udon y sus múltiples villas y pueblos. Si vais despacio… Bueno, un par de personas se detienen delante de vosotras, envueltas en negras túnicas y un aspecto lamentable.

– ¿Una monedita, mis buenas señoras? Tenemos hambre, y frío… No os imagináis lo duro que es vivir en este país en los días que corren.
5 - Okadaya, El gran salvador de Wano y el negro:
– Puedes llamarme Akita –concede, finalmente. Sigue mirándote con cierto desprecio y resquemor, pero algo es algo–. Montaré una guardia, pero eso no ha impedido que vengan una vez.

Mientras te separas para intentar apagar las llamas te interrumpe una pareja un tanto extraña: Una muchacha con marca de moreno en un ojo y un hombre cerdo que se va volviendo más y más negro por momentos. Aunque seguro que de esto ya te habías dado cuenta, dado que lo has visto.

Inosuke, parece que la tinta te ha cubierto casi por completo, pero empieza a levantarse en algunas zonas. No resulta particularmente molesto, pero  parece que algo va a suceder muy pronto… Por su parte, no parece que Kaya haya sido capaz de engañar a Zane quien… Bueno, os pone a hacer tareas. Parece que no ha caído en vuestra elaborada trampa y hasta os pone a currar. ¡Que le preguntéis al tipo, dice! Y se va a hablar por teléfono, el muy maleducado.

– Hola, pelirrojo. –Su voz no te suena, pero por cómo te habla parece conocerte. Es una voz vieja, de mujer, muy profunda y grave–. ¿Te lo estás pasando bien en Wano? Me pareció que te gustaría ver cómo todo se hunde en el caos antes de que me ruegues con clemencia la muerte. –Puedes notar cómo relame sus labios antes de proseguir–. Tentarte fue demasiado fácil, pero nunca pensé que realmente introducirías a mis propios hombres hasta el corazón de la isla. Eres un hombre muy malo, Kenshin, y antes de caer, voy a hacer que lo pierdas todo.

Jo, cómo están las cosas. Por ahora no parece que esté sucediendo nada más por aquí, pero lo de apagar los fuegos sigue pareciendo buena idea. O ayudar a la gente. Hay muchos que, pese a su aparente buen estado, yacen agotados contra el suelo.  
6 - Luka:
Te han tirado sal encima. Ten cuidado, si ahora te echan limón podría ser letal.
7 - Curso de cocina fácil para todos con cheff Vile y pinche Nox:
Vile, una bala te ha rozado el hombro, deberías tener más cuidado. No parece que vaya a ser un impedimento, pero escuece un poco. Dejando esto de lado, los piratas abren los ojos de par en par, aterrados ante la visión del formidable poder logia de Nox. Siguiendo con la rueda del infortunio, por otro lado, los tajos del hombre máquina provocan una serie de gritos, que se transforman en aullidos de dolor cuando Vile lanza su onda cortante. Si no fuese porque están dispersos, esta habría dado a todo el mundo.

Pero un hombre detiene el tajo al pirata. Sale despedido hacia atrás sin soltar su sable y cae de pie, aunque de pura casualidad. Mira aún desde dentro con odio la nube y se prepara para el siguiente ataque, esperando poder reaccionar a él.

– ¡Somos piratas! –grita, elevando la voz hasta que se le puede escuchar en medio pueblo–. ¡No sé qué os habréis creído, pero queríamos llevarnos todo lo que pudiéramos por el castigo de vuestro capitán!  –Como probablemente Zane os haya contado, encadenó y desnudó a bastantes piratas para convertirlos en esclavos–. ¡Pero os vais a enterar!

Comienza a hacer girar su sable a gran velocidad, creando un torbellino que disipa gran parte de la sal de Noximillien. Descubrís dos cadáveres desecados, así como cuatro personas más con serias heridas pero que, sin embargo, cargan sus pistolas de nuevo. Solo que esta vez, todas las balas tienen un brillo extraño y van a por Nox. De impactar generarán una fuerte explosión, así que yo tendría cuidado.
8 - Al cocherito leré, había un muerto leré:
No parece que nadie se sienta muy convencido con tu argumentación. Las mujeres ponen cara de repulsión y puedes ver en Danio un semblante extremadamente serio, casi sepulcral.

– Hay una diferencia fundamental –te explica mientras cacheas a Marco–. Tú has sido la primera en ver el cuerpo, y te has mostrado totalmente apática. Como si supieras que te lo ibas a encontrar en cualquier momento. –No encuentras nada en el hombre, aunque tal vez hayas dejado la evidencia sin palpar a causa del pudor. En cualquier caso, nadie sería tan guarro para guardar nada ahí, ¿verdad?–. Por otro lado, aun si hubiésemos disfrutado con esa masacre, que no todos hemos disfrutado… Una cosa muy distinta es matar a un enemigo, por pequeño o joven que sea, y otra muy distinta es acabar con la vida de un amigo y quedarse tan ancha.

Marco comienza a cachearte, de forma totalmente rigurosa, pero a pesar de lo invasivo notas una frialdad quirúrgica en sus manos, extraordinariamente profesional. Tal vez sea médico, o esté acostumbrado a realizar esta clase de tareas. También cabe decir que toca lo mínimo imprescindible, en puntos clave atendiendo al tamaño y grosor del sobre, evitando la entrepierna pero pasando momentáneamente un puntero por entre tus glúteos.

– Limpia –expresa, recogiendo el instrumento y dejándolo de vuelta en su bolsa–. Si ha sido ella, ha escondido muy bien las evidencias. Recógelas, sí. ¿Los demás?

Julia se pone nerviosa de pronto.

– A mí no me tocas con esas manazas, pervertido. –Se sube al coche la primera, cerrando de un portazo. Todos se quedan mirándola, y aunque Julia sigue dedicándote miradas suspicaces incluso ella sabe que esa actitud no es normal.

Aun así, al mismo tiempo, el cochero grita desde la parte de delante:

– Vámonos ya, o se va a hacer tarde.

Los demás os cacheáis entre todos, y parece que estáis limpios. Anna es extremadamente insidiosa mientras te cachea, y hasta te llega a doler un pellizco en la espalda que disimula con un “perdón” nada convincente. En cualquier caso, parece que la lista de sospechosos se reduce a dos.

– Aunque aún no podemos descartar que el asesino no tenga los sobres –explica Marco, una vez dentro. No parece prestar la menor atención a Julia–. Es decir, podría haberlo dejado en el propio cadáver, bajo los cojines, en una tabla suelta del techo…

El carro, si no se lo impides, empezará a moverse de nuevo camino a la Capital de la Flor.
9 - Masahisa y su pupilo:
Todos se miran entre ellos, con cierta gravedad. Masahisa no quiere contar nada hasta que no hayan llegado todos, y aun si solo falta uno, parece que le cuesta sobremanera explicarse. Aun así, lo intenta:

– No creo que puedas encontrarla. Kuri está a casi dos jornadas de camino, y yo casi no pude atravesar vivo Udon con los piratas en casi cada pueblo. Ir a por ella es una tarea suicida, más para alguien que no conoce el terreno. Y, además, si está viva no habrá dejado de moverse, ¿cómo pretendes rastrearla?

La verdad es que las palabras del ronin pesan a medida que vas curando a sus compañeros. Todos tienen numerosas heridas, pero lo curioso es que comparten una: La del cuello. Todos en su cuello tienen un leve corte cerca de la yugular, no muy profundo, pero en algunos casos con atisbos de infección. En cualquier caso, ninguno te deja tratar esa en concreto, y se apartan si lo intentas. Y cuando por fin llegas a la última tanda, la puerta vuelve a abrirse. Un hombre completamente de negro salvo por un obi granate y un kasa ya bastante desgastado entra en el local. Al contrario que los demás parece bastante limpio, y su mirada es socarrona. Sin embargo, parece amistoso.

– Vaya, sabía que habíamos perdido el honor, pero jamás habría imaginado que con ello íbamos a perder nuestro orgullo. –Pone la mano sobre el hombro de Masahisa, que palpa su mano afectuosamente–. Entonces, ¿ya estamos todos?

Todos asienten, y aunque el recién llegado te observa no pregunta sobre tu identidad, tan solo se sienta junto a Masahisa y espera a que el hombre comience a hablar de lo sucedido:

– He perdido a Hitomi-sama tras pasar el puente de Kuri. Nos atacaron, y la hirieron –explica–. De alguna forma atravesaron mi cuerpo y dieron con el suyo; deben haber utilizado alguna clase de poder demoníaco, porque nuestras heridas eran gemelas. –Hace el gesto de mostrarla, pero se da cuenta de que ya no está ahí–. Pero es una niña dura; salió corriendo tras ello mientras yo me enfrentaba a nuestros perseguidores. Ahora no sabemos dónde está, ni si está, pero de haber seguido con ella habríamos muerto.

Las miradas de todos parecen tristes, pero el último en aparecer razona:

– Aun si Hitomi-sama ha muerto, es nuestro deber recuperar para ella la Capital de la Flor. Y, para eso, debemos acabar antes con los traidores que ostentan el poder en Hakumai.

– Mientras Yoshida viajaba al norte avistó hombres de la gaviota –explica Masahisa–. Podrían ser unos buenos aliados, pero tratarán de imponerse a nosotros si triunfamos. Pase lo que pase, vamos a perder algo.

Bueno, Prometeo, parece que algo se está cociendo. Osu sigue ahí fuera, pero esta gente está empezando a discutir un montón de cosas. Es tu responsabilidad, o tu derecho, hacer que se organicen de alguna forma. Hazlo por el Señor Gelatina. Por cierto, ¿notas un temblorcillo en el suelo? ¡Notas un temblorcillo en el suelo!
10 - ¿Pedro Lomán? Así solían llamarme… Soy Gandalf el Blanco:
El hombre te observa con los ojos como platos, negándose a creer lo que está sucediendo y sintiéndose francamente preocupado mientras las hordas de roca empiezan a rodearlo. Si antes te apuntaban arqueros, ahora salen de cada torreón ballesteros listos para asaetarte al primer indicio de violencia. Sin embargo, y sin ningún ánimo apaciguador, el orgulloso guerrero responde a tu bravata:

– Un usuario de fruta del diablo nunca está desarmado, gaijin –dice, recuperando la compostura–. No sé si esperas que por usar un método de extorsión tan deshonroso me aterrorice y te abra las puertas, pero antes pasaré por el sepukku que tú por encima de mí.

Coloca su arma en una posición defensiva, con el filo mirando hacia arriba y la hoja trazando una diagonal descendente. Parece pensado para un contraataque, aunque quién sabe a qué se debe esa postura. Lo que sí puedes saber es que, tal vez, no haya sido la mejor de las ideas iniciar una batalla en una situación tan desventajosa. Sin embargo, es hora de luchar por la gloria de la Revolución y tomar el castillo.
11 - Sifchibukai:
Parece que te escuchan atentamente, y aunque parecen mantener una postura cauta mientras llevas la mano al bolsillo, confiados de su propia seguridad dejan que saques el pequeño caracol. En el momento en que eso sucede, sin embargo, un altísimo y escuálido gyojin anguila grita:

– ¡Lo has robado! Devuelve eso ahora mismo, humano. No hay forma de que la Emperatriz comparta eso con un subser como tú.

– ¡Silencio, cabo Peter! –ordena el que parece el líder, un gyojin pez martillo–. Nadie sería tan estúpido de llegar hasta aquí con una invitación falsa que podemos comprobar en un par de minutos. Ni siquiera un humano sería tan osado.

Parece que la tropa de élite está bastante de acuerdo en que es razonable que hayas sido invitado, pero sin embargo envían a un muchacho al interior del castillo. Se trata de una especie de paje, un tritón con cola plateada que va sobre s propia esfera acuática. Rápidamente se pierde en el castillo y vuelve al cabo de unos minutos, diciéndole algo al oído al líder de ese grupo.

– Está bien, humano. La reina ha confirmado tu invitación. Pero solo la tuya. –Señala al mink–. El perro se queda ahí, junto a los gatos. Eustass te guiará.

De la puerta principal sale un hombre pez que puedes identificar como un pez víbora. Es gigantesco, de más de siete metros, y tiene el brazo herido, pero se mantiene recto con orgullo. Es difícil discernir su cabeza, pues no tiene cuello, y sus escamas son de un color ciruela, con cierto aspecto gelatinoso.

– Espero que este sea más amable que el otro –comenta, haciéndote un gesto para que entres tras él.

Lleva un tridente a la espalda y te escolta hasta una gloriosa antesala. Puedes darte cuenta de que toda la decoración wanokuni ha sido sustituida por objetos marinos y joyas del mar, restos de pecios, etc…

– Ahora espera aquí –te dice–. Su Majestad te atenderá cuando estime.

Se oyen voces al otro lado de la puerta. Podrías esperar o colarte como un niño malo. Aunque si te portas mal igual te tratan mal…
12 - Kiritsu:
Wow… Pues parece que los nenes se han enfadado un poco, ¿no? Veamos, empezando por Arthur, ha escogido el mejor momento para realizar su ofensiva. El pez grandote recibe por completo el impacto del ariete y una sensación diferente en el extremo del escudo te indica que también has conseguido perforar su carne con la punta de kairoseki. Él ya está en lo alto cuando un gigantesco géiser nace debajo de los pies del enemigo ―los que no están en combate mano a mano con tus propios hombres y Al, me imagino, porque si no habrías achicharrado a un buen puñado de aliados―.

De cualquier modo, los gritos de dolor de los seres de las profundidades enseguida son engullidos por el sonido de muerte del vapor. Todos salvo uno, claro, y es que nuestra querida y misteriosa sirena ha recibido la onda de choque, pero no parece tener quemadura alguna en su piel mientras, con una violenta contusión en el rostro, sale despedida hacia el mar más allá de los edificios del puerto. Aterriza con estrépito en éste y, poco después, un tentáculo acuático cobra forma y rescata al gyojin grandullón ―éste sí, visiblemente quemado― antes de que toque tierra. ¿¡Pues no se acaban de escapar, los muy cobardes!?

En cuanto a Jack, se da la vuelta para proteger la retaguardia. Las bajas en el bando enemigo son bastante notables, aunque han llegado en formación y, al contrario que vuestros primeros enemigos, se han podido defender mejor de un ataque que en cierto modo esperaban ―no cómo sería, pero sí que vendría―.

Yéndonos con Galhard, al fin consigue destruir el último ariete infernal que tantos problemas os estaba dando. Quedaban algunos gyojines supervivientes, pero, esta vez sí, teníais superioridad numérica y no han sido capaces de defenderlo.

Para Al… Hielo, hielo por todas partes. Las huestes enemigas quedan congeladas en un cuadro tan bello como macabro. Quizás sea porque el paisaje no es el más bonito y el sol no os baña con sus rayos, pero si así fuese se podría decir que las estatuas heladas son hasta bellas.
Los gritos de victoria de quienes defendían el puerto se hacen audibles a lo lejos, aclamándoos como salvadores. Veremos si piensan lo mismo en frío, cuando recapaciten y valoren con más intensidad que sois marines. En fin, ¿cuál será vuestro siguiente paso?
13 - Ryuu:
El Nonerenai Senpu funciona de una santa vez, ¡sí señor!, y los gyojines caen abatidos al fin. La sangre de tus congéneres mancha al suelo junto a ti y tus amigos de la infancia, que jadean y repasan sus numerosas heridas en un intento de identificar cuál es la primera que necesita atención. Ahora que ha pasado la batalla puedes ver el terror en sus rostros, y es que incluso en los más valientes e instruidos samuráis aparece este viejo enemigo del hombre cuando la situación lo propicia.

―Cuando el maestro y tu familia huyeron nadie les siguió, pero unos minutos después vimos cómo una patrulla pasaba de largo junto a la villa y seguía adentrándose en Kuri. Por la dirección que llevaban podrían dirigirse a la costa, pero no puedo asegurarlo.

―Creo que lo mejor es que vayamos contigo. Algún día tendremos que reconstruir el pueblo, pero por el momento no queda nada ni nadie que defender por aquí…

Incluso la casa del maestro y el dojo están en llamas, por cierto, si es que pasas cerca de los mismos mientras comienzas a recorrer el camino que decidas tomar.
14 - Yarmin:
Hipatia mira al calamar de soslayo mientras poner sobre el tapete tu trenzada prosa. El gesto del disparo aún pesa en su memoria y su conciencia, y algo me dice que es algo que no olvidará, pero ante la ausencia de consejos del calamar no hay quien expulse tus palabras de su psique. Aunque con sus condiciones, claro:

―Quizás podrías asesorarnos, siendo así, aunque como me entere de que hay un solo dato que no compartes conmigo tendrás serios problemas, mi querido amigo ―dice con sorna―. De cualquier modo, tu poder sobre mis hombres será nulo, y cualquier cosa que pretendas hacer con respecto a todo este asunto ―Un poco vago eso de asunto, ¿no te parece?― tendrá que ser supervisada por Oc o por mí. No sé qué le habrá pasado… ―añade. Quizás suponga que son achaques de la edad, porque no parece darle más importancia al hecho de que esté dormido.

En ese preciso instante entra en la estancia un pequeño gyojin que se mueve en el interior de una esfera de agua. Se acerca con sumisión y devoción a Hipatia, susurrándole algo al oído que provoca que alce las cejas.

―¡Que pase, que pase! ―dice entonces―. Creo que esta conversación tendrá que seguir en otro momento, mi querido amigo. Siéntete libre de moverte por aquí según gustes, aunque otros amigos te acompañarán para que no te pierdas.

Sí, el señor No-Black y un par de gyojines más aparecen, te flanquean y te sacan de la estancia por una puerta diferente a la que usaste para entrar. Zaina te acompaña, claro está.
15 - Aibán:
Blackhole es encadenado sin mayores incidencias y la reunión que acabas de presenciar toca a su fin. Cada uno se va por su lado, dispuesto a hacer sus labores, y tú te escabulles como una sombra en una noche oscura. Hay humo en la distancia. Seguramente llamaría tu atención el humo que sale de un pintoresco puerto que ha sido testigo de… Bueno, ya lo verás si pasas cerca, y es que en caso de que el azar te haga pasar a una distancia razonable podrás ver una colección de estatuas de hielo con forma de gyojins.

Queda en tu mano acercarte o no para averiguar qué ha sucedido ahí y las posibles repercusiones, por supuesto. Sea como sea, tus no-muertos comienzan a moverse en busca del objetivo que les has señalado para cumplir tus órdenes.

De cualquier modo, si te aproximas lo suficiente podrás distinguir a un destacamento marine bastante mermado en cuanto a números. Me da a mí que varias de las figuras que forman parte de él pueden sonarte…
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Mensaje por Ivan Markov el Sáb 24 Oct 2020 - 20:08

Mientras dejaba atrás Udon y se preparaba para buscar el ejército marine, una columna de humo proveniente de la costa atrajo su atención. Era lo bastante grande como para plantearse que algo serio había pasado por ahí. Sin más pistas de la localización de los marines, decidió aproximarse al lugar y echar un vistazo desde el aire, mientras daba una orden mental a sus ghouls para que se redirigieran hacia allí y se reposicionasen por la zona, manteniéndose fuera de la vista. Aprovechó una corriente de aire que soplaba hacia el mar y y simplemente reposicionó sus alas para que el viento le hiciese el trabajo, girar y dirigirse hacia el sitio. Bajo él se encontró lo que parecían estatuas cristalinas. El hecho de que tuviesen formas vagamente humanoides que se podían relacionar con gyojins era indicativo de que probablemente era alguna clase de habilidad. Descendió un poco y se acercó a una, descubriendo que no era lo que creía. Estaban congelados.

- Jo-der...

Hacía frío. Aunque el sol daba sobre ellos, sentía igualmente todo su cuerpo temblar por la temperatura. Volvió a pasar a un aspecto humanoide, adoptando con su polimorfia un aspecto diferente, convirtiéndose en un hombre de melena larga y lisa y rasgos propios de Wano, pero pasando a su forma completa para evitar que el frío le molestase o hiciera daño. Hielo y un ejército de gyojins congelado... se le ocurrían muy pocas personas capaz de causar una barbaridad como aquella. Tal vez Katharina antes de que sus poderes disminuyeran. Pero el primer nombre que se le venía a la cabeza era Al Naion. Por un lado era señal de que iba por buen camino. Por otro... aquel era un poder terrorífico. En cualquier caso le acababan de dejar un ejército de cadáveres listo para la siembra. No podrían moverse mientras siguieran congelados, pero no iba a decirle que no a semejante regalo. Sin embargo cuando iba a empezar a ejercer su poder, percibió unas Voces de gran poder cerca de él.

- Correcto... hora de negociar.

Se envolvió en su capa para ocultar la armadura y se alejó del puerto, aproximándose al origen de dos de las voces. Voces que conocía, pues aunque hubiese sido un único encuentro, ambas brillabas con luz propia, intensa y particular. Y porque nunca se olvidaría del engendro medio cefalópodo medio tiburón que Jack Suzume había creado en mitad de Gray Rock. Aquella cosa había sido una mezcla de locura y genialidad en perfecto equilibrio. Una vez los tuvo a la vista, caminó hacia ellos hasta quedar a unos cinco metros. No muy lejos en dirección al puerto también sentía otras voces poderosas, una de ellas con el poder de causarle verdadero terror. Él, Smileyman, estaba allí. La Sonrisa de la Justicia, la expresión capaz de hacer llorar a los niños. Si no se andaba con cuidado, acabaría en problemas. No podía enfrentarse al pulpurón, a un Almirante y a Smileyman a la vez. Oh, también estaba Galhard. Bueno, a él ya le convencería de perdonarle, o algo.

- ¿Almirante Koneko? Traigo un mensaje para usted.

resumen:
Pues mayormente llegar, adoptar un aspecto diferente al mío al salir de forma de murciélago e ir a hablar con Al.
Ivan Markov
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Mensaje por Yarmin Prince el Sáb 24 Oct 2020 - 20:29

Algo se estaba saliendo de control. Pese a sus esfuerzos, y pese a todo lo que había dicho, el disparo parecía tener un peso mucho mayor a todo lo demás. Había cedido, sí, pero solo con el hombre calamar fuera de juego y con sumo recelo por su parte. O bien tenía un orgullo tan desmesurado que su disparo lo había herido profundamente o bien la voluntad de la mujer era excepcionalmente fuerte, lo cual tampoco podía descartar teniendo en cuenta que parecía haber nacido para gobernar y conquistar. Miró a Zaina igualmente, con una sonrisa de ilusión. Aun con un sinfín de limitaciones, habían obtenido lo que buscaban. Trabajando un poco duro podían acabar haciendo que la reina lo olvidase todo, solo necesitaba darle la mano en algún momento y todo saldría según lo planeado. Aunque para eso ahora debían separarse.

- Gracias, su majestad, por esta oportunidad que nos habéis brindado -pronunció con una genuflexión relajada-. Llamadme cuando requiráis, pero he de advertiros que el tiempo juega en nuestra contra. -En realidad aquello era cierto, aunque sin más datos acerca del terreno no podía dar ninguna clase de información-. Espero nuestra nueva reunión ansioso.

Abandonó la sala por una puerta lateral, escoltado por dos hombres pez además de Moloch. Zaina iba con él, y Shadow oculto y silencioso entre las sombras, afortunadamente sin decir nada que pudiese ponerlos en un aprieto. Aun así, Yarmin se sentía muy inseguro mientras aquella aberración continuase junto a ellos, o más bien junto a él. Ahora que la mujer de ojos esmeralda iba a marcharse para iniciar la fase dos podía respirar tranquilo: Odiaba a ese puto gato. Sin embargo, la marcha de Zaina respondía no solo a una cuestión táctica, sino de seguridad. Desde fuera ella no estaría tan expuesta al riesgo que estar entre filas enemigas suponía, así como él no tendría que dar explicaciones si llegado el momento debía hacer la llamada al Gobierno Mundial.

Fue hablando con ella en tono casual, sin decir nada importante, hasta que llegaron a la puerta exterior. No fue difícil convencerlos de que la mejor rastreadora de información debía estar en el exterior consiguiéndola, aunque realmente ella ejercería casi exclusivamente de intermediaria con los agentes del Servicio Secreto que se iban desplegando. Habían discutido la posibilidad de que ella fuese quien quedase en palacio, de modo que Yarmin obtuviese información por partida doble, pero habían llegado a la conclusión de que era mejor tener control sobre las gentes y capacidad para mentir, si eso llegase a ser necesario.

- Informes cada treinta, Reina -le dijo. Y, casi con tristeza, dijo dos palabras que codificaban algo que tal vez no pudiese decirle en algún tiempo-. Ten cuidado.

De haberle dicho otra cosa tal vez ellos se hubiesen dado cuenta de que su aparición como pareja no había sido un vodevil, y no pensaba dejar que lo supiesen. Ella asintió y se dio la vuelta, yéndose sin despedirse. No sabía cuánto pasarían separados, pero se le encogió el corazón al verla partir. De todos modos, tenía mucho por hacer, y se detuvo frente a una ventana.

- Es un lugar muy curioso, Wano -dijo, invitando a Moloch a acompañarlo-. Cada isla que rodea a la capital con un clima, y aquí todo resulta tan apacible...

No podía verlo, o por lo menos no con los ojos. La altura le permitía vislumbrar los vastos ejércitos de la reina, acampados en las calles, pero una serie de puntitos amenazaban con surgir. De los callejones y espacios recogidos, gatos callejeros parecían atraídos por los peces. Él no podía verlo, pero era capaz de percibir a través de ellos los objetivos susceptibles. Apenas se podía también escuchar, pero poco a poco la ciudad fue siendo víctima de veinte gatos que liberó por ahí, explorando los rincones para encontrar al mayor número de víctimas posible. maullando una dominación que probablemente le otorgase un pequeño grupo al que sí darle órdenes, aunque Su Majestad no tenía por qué saberlo.

- Por cierto, señor Moloch, ¿qué puede decirme del caballero Oc? -preguntó-. Parece un poco excéntrico.

Resumen:
Liberar mi despertar (21 gatos de 110 consumidos por ahora) para intentar controlar a las tropas yo mismo. Despedir a Zaina para que si yo la lío no esté en peligro y preguntar a Moloch sobre el calamar telépata.


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Mensaje por Señor Nat el Sáb 24 Oct 2020 - 21:49

Algunos soldados aclamaban, pero Al agachó la cabeza. Aquello había sido una masacre. Arthur había calentado el ambiente en vanguardia, mientras él había atacado con vehemente determinación la retaguardia, convirtiéndola en un páramo helado que, pese al brillo arcoíris del sol en los cristales más delicados, gritaba "perdición" furiosamente.

- Bueno, por lo menos ya no nos intentarán hacer otra pinza -comentó, con cierta tristeza.

- Pero señor, esto era una estrategia de yunque y martillo -dijo un recluta herido a su espalda-. Lo enseñan el primer año de academia.

- ¿Y en qué año te enseñan a no recibir tiros en la pierna? -preguntó él, un poco a la defensiva, sin darse cuenta de lo que podía suponer para el soldado escuchar aquello de su superior-. Oh, perdón. Deja que te ayude con eso.

La herida no parecía demasiado grave, así que si lo trataba en el momento tal vez podría seguir peleando en unas horas y lo que era más importante: Podría ayudar a otros. Le quitó los restos de hielo, limpió la herida, se aseguró de que todo estuviese en su sitio y cosió rápidamente, mientras le daba órdenes precisas para que, una vez dejase de dolerle, fuese a dar apoyo a los heridos como estos más necesitasen.

Justo iba a ponerse manos a la obra con otro de los reclutas heridos cuando una voz resonó a su espalda. Giró la cabeza y observó, aún agachado, a un habitante de Wano referirse a él. Le sorprendió mucho el cabello blanco, pero teniendo en cuenta que había visto gente con el pelo de todos los colores lo dejó pasar. Lo que le escamó un poco más, no obstante, fue que apareciese tranquilamente de donde acababan de desatar una tormenta de azúcar y muerte. ¿Cómo había sobrevivido? Más importante aún, ¿qué hacía entre los gyojins? ¡No! Más importante aún, ¿por qué lo llamaba Koneko?

- Me ha llamado Koneko -susurró al oído a Jack mientras se acercaba al desconocido-. Sea quien sea es un hijo de puta.

Porque sí, a Al no le gustaban los gatos. Los odiaba. Muy poca gente se atrevía a llamarlo así en la Marina, como mucho enviados de Hyoshi y dentro del Gobierno Mundial algún que otro agente del Cipher Pol... Y ese hombre no tenía pinta de marine. Manteniendo el grado de sana paranoia que Arthur deseaba para mantenerlos a salvo, se puso en el peor caso posible y actuó en consecuencia. O lo intentó; aquel día había evitado ponerse su Príncipe Alberto por precaución, así que no podía saber si era un yokai. Aunque no tenía claro qué era exactamente un yokai ni por qué si no había funcionado con el licántropo hombre gato en la Aguja debía funcionar en aquel momento.

- Saludos... Humano -dijo, con tono suspicaz-. ¿Qué mensaje traes, oh espíritu?

Mierda. Acababa de confirmarle que sospechaba de él. Qué horror.

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