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[CAPÍTULO] Un brillo cegador [Wano]

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Mensaje por Zaina Nitocris el Dom 4 Oct 2020 - 23:42

Nuestro hombre de cabellos plateados y orbes de oro tenía algo en mente, algo que ella no quería discutir y que confiaba era increíble o como mínimo, ingenioso. Por eso tal vez se pasó los días en Wano de vacaciones, paseando a sus mascotas, disfrutando con la fauna local y un montón de cosas de las cuales no voy a dar detalle. Lo importante era mezclarse con el ambiente, disfrutar de la situación y pensar en la cantidad de cosas que iban a tener que arreglar y hacer.

Comenzó a vestirse y prepararse para lo siguiente, su ropa tradicional, su velo negro opaco y su túnica negra cruzada al hombro. Una imagen serena, tranquila y regia, aunque el aire travieso y felino se escapara de aquellos orbes esmeralda.- Vamos cielo, tenemos cosas importantes que hacer.- Un gesto de su cabeza y todos sus felinos estaban listos para aquello, con Shadow rascándose la barriga montándose encima de Jade, pendiente a todo lo que pasaba o podía pasar. -Espero que tengáis un plan en mente...O tengáis algo en la mente, en general.-Un movimiento serio de su mirada y Shadow se acurruca para volverse invisible, causando que ella niegue ante sus palabras.- Esta bola de pelo.- Suspiró finalmente, comenzando a caminar para empezar toda aquella obra de teatro.

Nuestro hombre comienza a contarle una pantomima que sabe desde hace bastante, una de esas charlas sobre pájaros que él adora mientras ella solo piensa en que uno de esos sería buena cena para sus gatos. Pasa su brazo por el de su pareja, mientras bosteza de forma tranquila hasta que los detienen. El salto le hace saltar a él, pero sólo causa que ella pestañee de manera lenta y calmada. Empezó la charla sobre lo que habían traído, ella con un gesto hizo que Jade se acercara, se sentara e inclinara la cabeza como símbolo de saludo.

-Como pueden ver está muy bien entrenada, todo es poco para complacer a su majestad.- Una sonrisa felina que no se deja ver por el velo, pero un gesto de ojos tranquilo y sosegado, sabe que las cosas comienzan a ponerse en marcha. Le pregunta sobre la emperatriz, sobre el Shogun y negó lentamente.- No lo sabía, sería una pena devolver a semejante espécimen.- Jade alzó el pecho con orgullo, moviendo la cola con felicidad ante las palabras y dando un bonito espectáculo. La dama del desierto no pudo evitar sentirse como si estuviera en alguna clase de show, pero bueno, siempre había sido una muy buena actriz.

Era el momento de ponerlo en práctica.

Resumen + Aclaración:
Resumen: Bla bla bla, planes con Yarmin, le sigue el juego de la esposa domadora, hace que Jade demuestre lo bien entrenada que está y sigue con sus animalitos a su espalda.

Aclaración: Pendiente de saber nivel de experiencia y animales del moderado, en caso de concederse, Malik estará en el cielo volando, el bebe de rey marino o la reina marina no estarán presentes en el capitulo.
Zaina Nitocris
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Mensaje por StaffOPD el Lun 5 Oct 2020 - 23:40

Normas del capítulo:


  • Se moderará lunes y jueves entre las 22:00 y las 23:59.
  • No se puede postear los lunes o jueves antes de la moderación.
  • Hay un reloj que marca el tiempo restante. Cuando acaba los temas se cierran.
  • Está prohibido metarrolear, powerrolear y demás actitudes tóxicas.
  • A más riesgo, más premio.
  • Como es tradición, el barco de Sons of Anarchy se hundirá en algún momento.
  • Cada post debe ocupar entre 250 y 1.200 palabras. Si no se está en estos límites, el post podría ser ignorado.
  • Es responsabilidad de un usuario comunicarse con la gente con la que interactúa.
  • Si un post tiene más de 15 faltas ortográficas por párrafo podría ser ignorado.
  • Hacer un resumen de acciones relevantes es obligatorio independientemente de la extensión.
  • La ley del plot no es a prueba de idiotas.


Moderación

1 - Arashi no kyoudai:
Los rayos de sol no hacen sino ennegrecer más el entorno, definiendo con más fuerza la figura de la gigantesca serpiente marina y proyectando una sombra mucho más dura e intensa, generando una pronunciada oscuridad que impide a todos ver momentáneamente, si no fuera por la luz del propio hombre pez y las llamas del pelirrojo, que efímeramente hacen que se pueda ver en toda su esencia el color ciruela de su piel gelatinosa y la talla de una mandíbula casi incongruente. Casi parece que pueda tragarse a un hombre adulto sin dificultad, y su cabeza parece unirse al tronco sin dejar lugar a un cuello perceptible. Aunque lo verdaderamente monstruoso es cómo, sin dudarlo, interpone la mano entre la hoja de Zane y él.

La mano se ennegrece por completo, y si bien el fuego logra quemarlo el corte apenas hace que la espada tintinee con furia, vibrando. Quien parece tener un poco más de suerte con su golpe es Therax, que rota por su cabeza y, aunque resbala por las escamas húmedas, logra abrir un leve surco del que emana un débil hilo de sangre. Pese a todo, sigue sonriendo como si acabasen de darle un masaje, y toma el tridente de su espalda.

– Dejadme que os explique cómo funcionan las negociaciones –suelta, apoyando la cabeza de su arma sobre la cubierta que cruje bajo el peso–. Si el cazón este responde a mi oferta, pero vosotros me atacáis… ¿Cómo esperáis que la valore?

Sin apenas esperar tras eso clava a fondo su tridente en la madera y lo saca violentamente en un movimiento de abanico, reventando parte del casco y terminando en un giro completo tratando de golpear tanto a Therax como a Zane. De forma completamente sincronizada el gigantesco animal saca la cola en la popa del barco, liberando una poderosa ola que se dirige a la nave.

– Por cierto, declino la oferta. Esto nunca ha sido una negociación.
2 - Señor Gelatina:
Mira que hay gente desagradecida en este mundo. No solo no te dan las gracias cuando los vas rescatando, sino que aun por encima algunos cogen y se quejan con expresiones tan desagradables como “maldita sea”, “gracias, feo” o “mi ciática”. No es como si te pagaran lo que estás haciendo, pero no les entra en la cabeza que les estás haciendo un favor. Salvo a ese de ahí. A ese de ahí se la estás devolviendo por lo que pasó aquella vez…

En cualquier caso, entre rescate y rescate -de personas, de bártulos, incluso de un rodillo que se parece a Rudy- las llamas y los cañonazos son cada vez más agobiantes. Apenas puedes concentrarte en tus pensamientos mientras la batalla avanza, tanto que ni siquiera la heladera que se cae de uno de los barcos pirata te llama la atención en un primer momento, aunque… ¡Helados! Por cierto, en otro orden de cosas, dar cabezazos a los barcos no parece una alternativa demasiado funcional para acabar con las naves enemigas, pero tras diecisiete cabezazos logras hacer que el primero de ellos empiece a hundirse. En la bodega de este enorme carguero hay una infinidad de pólvora en barriles, balas de cañón, víveres y algunos libros. ¿Pero y los niños? No hay niños a la vista, ¿pero y si los hay? Por otro lado, aún quedan unos cuantos barcos por hundir, y si bien tu acción heroica ha logrado dar una mínima ventaja aún no vais ganando ni de lejos. Difícil decisión.
3 - Susu y Pulmones:
Hakumai es un lugar bonito, al que parece no haber llegado la guerra. Tal vez por eso la misión que se os ha encomendado resulte tan inusitada. ¿Pretenden que toméis el castillo por la fuerza o es que debéis exponer la penosa situación al daimyo? Muchas preguntas con muy pocas respuestas, aunque en lo que ambos estáis de acuerdo es en que Maki habría intentado lamer uno de esos árboles; su savia parece caramelo. Además la caída constante de las hojas, el crujir de la hojarasca y todo el panorama otoñal… ¿Por qué no habéis ido a ayudar al comandante? Ah, claro, no sabéis nadar. Eso podría resultar problemático.

Pero dejando de lado todo esto y la gigantesca boina -más grande que la de Maki- que os topáis en el suelo, llegáis a un pequeño pueblecito oculto tras unos montículos, haciendo que antes no pudieseis verlo. Parece que el castillo está un poco más lejos de lo que parecía, pero toparse con este pequeño enclave puede que os venga bien en cualquier caso. Fijaos en la actividad boyante del lugar: Humo que sale de las herrerías, música de las tabernas y gente caminando alegremente por la calle. También hay una muchacha que camina cantando algo así como que este día es como todos los demás, y algunos voyeurs le hacen coro. Qué curioso.

Mientras os estáis acercando al pueblo, sin embargo, se os acerca lo que identificáis como un viejo samurái: Armadura vieja y gastada, vaina mellada y barba de bastantes días. Además tiene un solo ojo, pero mirada amable, y una sonrisa que inspira confianza, con una coleta pelirroja guardada en moño.

– Parecéis gente interesante –dice, con voz grave y raspada. Os fijáis en que lleva una petaca al cinturón–. ¿Os importa acercar a este anciano hasta la posada Ryutora? Está al otro lado del pueblo, y tras tanto tiempo caminando ya no sé si aguantaré hasta llegar.
4 - Enana cornuda y Pijama erótico:
Ante la amable oferta de Lysbeth, la niña abre los ojos de par en par, hasta el punto de parecer un muñeco ojiplático.

– ¿Nani? –pregunta, sea lo que sea lo que signifique eso.

Seguramente la jovencita Shinobu sí haya captado el significado, pero también trata de buscar soluciones. La incorporáis hasta que está medio erguida, y podéis observar que la herida más grave es un profundo corte en el lateral de su espalda, desde el omóplato hasta el glúteo, que prácticamente está partido en dos. Tiene más heridas aquí y allá, pero no parece que esas sean tan graves y, de poder curar esta, es probable que se recupere. Sin embargo ninguna de las dos tiene aguja o hilo, así que… ¿Qué vais a hacer? La chica está muy débil, por lo que aun intentando alejarse de la asesina no es capaz de moverse más de un palmo, terminando en el suelo de vuelta.

¿Pero os he dicho ya que la guerra a vuestro alrededor no se ha detenido? Los tubos de fuego y humo siguen restallando y las espadas vuelan como las hachas, clavándose en cabezas y espadas de la gente en medio de la contienda.  Si bien los primeros auxilios de Shinobu parecen ayudar, a ver cómo dejáis a una niña allí y esperáis que sobreviva. De todos modos, parece que no vais a tener que tomar esa decisión vosotras, porque en medio de la refriega un hombre se queda mirándoos durante unos segundos. Tras eso, desenvaina su katana en una carga que busca rematar a la muchacha.

Al mismo tiempo, un par de luchadores que lo detectan  se lanzan tras él, pero están demasiado lejos como para evitarlo. ¿Quién demonios es esta niña?
5 - Sif:
Ambos soldados se miran entre ellos, extrañados de la tranquilidad con la que les hablas. Están acostumbrados a que el término “tropas del terror” se identifique con… Bueno, eso: Terror. El caso es que discuten entre ellos durante un instante hasta que se deciden a comprobar la veracidad de tus afirmaciones.

– Si la llamamos sin motivo nos colgará de los pulgares –dice uno.

– Si de verdad es su amigo y no informamos nos colgará de las agallas, o algo peor.

La discusión es un poco de besugos durante un rato, pero terminan por acordar su llamada a un tal “Dough Manta”, un hombre cercano a la reina pero bastante más… ¿Cercano? ¿Tranquilo? Menos homicida, probablemente. En cualquier caso no te quitan el ojo de encima mientras hablan en clave con él, y poco después de ellos colgar, tu den den mushi suena. Ambos se miran entre ellos, extremadamente sorprendidos. Parecían listos para atacarte, pero si contestas, escucharás la voz inconfundible de la gran reina Hipatia Stix:

– Me preguntaba qué hace por aquí el niño más guapetón del mundo –dice–. Porque ahora se ha hecho mayor, tanto que trabaja para el Gobierno, y… No me gustaría que un amigo tan bueno deje de llevarse bien conmigo.

Ahí la tienes, sutil como una patada en la espinilla. La conversación avanza por parte de ella, al menos hasta que te dice finalmente, sin ningún miramiento:

– Ven a verme. Estoy en el palacio y quiero un buen baño; podrías hacerme compañía, y yo necesito pedirte una cosa. No tardes.

Sin darte opción a contestar, cuelga la llamada. Ambos soldados siguen mirándose entre ellos cada pocos segundos, sin dar crédito a lo que está pasando, pero tras casi un minuto de bocas abiertas y miradas incrédulas, finalmente acceden a dejarte pasar.

– Está bien, te dejaremos pasar –dicen–, pero en las cercanías de la capital los soldados tienen orden de apuntar a matar. –Sonríen con cierta malicia, convencidos de que no serás capaz de llegar–. Nosotros cuidaremos tu barco, amigo de la reina…

Se hacen a un lado para que puedas pasar, pero la situación no parece muy halagüeña a la hora de atravesar los vastos páramos de Hakumai. Por otro lado, puedes ver a tu espalda cómo una vanguardia revolucionaria ha logrado atracar a poco más de un kilómetros de tu posición (consulta moderación de Maki). Si decides avanzar, atraviesas la zona atrincherada y dejas a tu derecha un pequeño pueblo (consulta moderación de Murasaki). Sin embargo, si pasas de largo rodeando el espacio minero, podrás llegar hasta un sencillo torreón de guardia antes del puente a la Capital de la Flor. Si intentas pasar de largo, desde lo alto una voz asomará:

–¡Áruto! ¿Kién fáa? –Es un notable acento de Wano. Curioso, teniendo en cuenta que se está masacrando a los humanos.
6 - Los pecadentos:
En vuestro viaje por el puente charláis, veis el paisaje, disfrutáis del vivero de reyes marinos en que se ha convertido el lecho del río que separa la Capital de la Flor de Kuri… Todo resulta extraño, pero de alguna forma Blackhole parece ignorar deliberadamente todo lo que sucede, sin siquiera bajar la vista por un momento. Además, a medida que avanzáis se le va uniendo alguna gente. A algunos los conocéis, como a Dark Matters o Radio Star, mientras que otros no os suenan de nada, llegando a formar una cohorte de cuarenta personas que se separa por el territorio en cuanto atraviesa el puente, dejando a Blackhole y al Mayordomo observando el lugar.

Cuando Ivan se acerca, Blackhole está de brazos cruzados y lo observa en silencio durante un instante. Tiene una de esas miradas perturbadoras, como si sus irises de tonos naranjas y dorados fuesen fundiéndose en una espiral hacia la pupila. Casi podrías quedarte perdido en esos ojos y no ser capaz de salir nunca.

– ¿Qué hombres pez? –pregunta, sin mirar atrás–. No digas tonterías, Ivan. Si viera a un sucio gyojin pisar la isla que me han contratado por defender, tendría que hacerlo picadillo. Por ahora tenemos que controlar la situación en Kuri, o no habrá campos de cultivo cuando lleguen las vacas flacas.

Camina hasta adelantarse un poco a Katharina. Hay un pirata que se abalanza sobre él, pero con un puñetazo lo manda volando tan lejos que lo perdéis de vista en apenas unos segundos. Probablemente no sobreviva.

– ¡Vamos! –ordena.

Sin embargo, al lado de Inosuke se ha aparecido, antes de que ninguno os deis cuenta, el Mayordomo que estaba… ¿De verdad? En un parpadeo ya está junto al cerdo, apoyándole la mano en el hombro sin perder su elegante postura. Con su voz suave y delicada, con un poco de sorna, responde a las declaraciones del salvaje.

– ¿Le parezco yo un enemigo, mi buen señor? –Tiene una sonrisa despiadada, pero al mismo tiempo dulce y agradable, como si todo fuese a salir bien a su lado–. Solo soy un mayordomo… Un hombre de confianza. Ahora, si me disculpan, mis compañeros parecen necesitar un poco de ayuda.

Se va caminando, elegante cuan bestial es Blackhole. Si miráis el hombro del salvaje, ahora hay una mancha negra en él. No parece que se pueda limpiar, pero tampoco parece algo que vaya a perjudicar al hombre-jabalí a corto plazo. Sin embargo, da la impresión de que crece poco a poco. En cualquier caso, es momento de tomar una decisión: Seguir a Blackhole a la batalla o dar la vuelta ahora que no miran. Ambas opciones parecen igual de peligrosas, aunque el posible riesgo que entrañe para vosotros solo vosotros lo sabéis.

Si optáis por seguir a Blackhole llegáis hasta un pequeño pueblo, ya “pacificado” en el que queda pendiente apagar fuegos y asistir a los heridos [libertad de acción]. Si os dais la vuelta…

¡Grandes carruajes de coral guiados por gigantes cigalas avanzan por las calles de la Capital! Los reyes marinos se alzan del agua, como saludando, y si atravesáis el puente entre vosotros y la ciudad se encuentra ahora un hombre vestido con ropajes propios de Wano. Porta un kimono remangado con fajín a la cintura y dos espadas a la espalda. Si no fuese por su piel azul y escamosa, sus rasgos lo harían parecer perfectamente un habitante wanokuni. Sin embargo, no parece muy fiel a este país.

– Lo lamento, pero la ciudad está cerrada. Órdenes del Shogun.
7 - Murasaki:
El hombre te observa en todo momento, sin quitarte el ojo de encima y entrando tras de ti a la casa. Sin embargo, cuando clavas el cuchillo en el hombre y te giras a él, este se acerca al viejo. El viejo, eso sí, se mantiene gélido. Parece haberte hecho caso, y Meame sonríe.

– Muy bien, pero si no me equivoco conté a cuatro personas aquí.  –Hace una “V” con la mano derecha, juntándola con un dedo izquierdo. Qué forma más rara de contar–. Creo que tendrás que trabajar un poco más, pero…

Saca un gladius de su cintura y se lo clava en el cuello al anciano, hundiéndolo hasta que este se ahoga en su propia sangre y muere.

– Acuérdate de rematar el trabajo, chiquilla. Tenemos órdenes.

Si haces caso y te acercas a la habitación, cuando abras la puerta verás a una mujer ovillada con sus dos criaturitas en una esquina de la habitación, oculta tras un armario pero… También sin salida. Pone las manos por delante, aterrada.

– ¡Por favor, no! ¡Haremos lo que sea! ¡Por favor!

Hay una ventana en la habitación. Podrías ayudarla a huir, pero escuchas pasos a tu espalda y Necabit podría cogerte. De hecho, si se te escapan… ¿No se molestará?
8 - Kiritsu:
Un descanso bien merecido después de tanto trajín, sí señor. Los helados de Jack hacen su función entre las tropas y la bestia de fuego y odio se sienta a descansar. Verle sentado provoca cierta relajación entre todos los marines, cabe decirlo, aunque lo verdaderamente relevante está en lo que tramáis entre bambalinas. Un señuelo, mover la flota ―o parte de ella―, las minas de Udon y la prisión… ¿Qué será lo más efectivo?

En caso de que optéis por llamar a la flota el comodoro Buffles será el encargado de responderos. Podéis escuchar el sonido de la batalla a lo lejos, y es que, aunque hayáis tomado el sector más oriental de Wano, las escaramuzas continúan sucediéndose a vuestras espaldas. El enemigo va con todo y no escatima en recursos.

―Es cuestión de tiempo que venzamos aquí, pero por el momento no podemos movilizar a toda la flota si queremos terminar de asegurar la posición, señor ―dice el comodoro―. Aun así, creo que estamos en disposición de enviar cuatro galeones hacia el puerto. Tardarán algunas horas en llegar, de cualquier modo. ―Buffle queda a la espera de órdenes, por supuesto.

Entretanto, podéis comprobar cómo una figura aparece en la distancia y se va haciendo conforme se acerca a vosotros a gran velocidad. Su uniforme le delata, pero no parece ir en montura alguna que justifique su velocidad. ¡Cómo corre ese marine! Llega a vosotros jadeando y se apoya sobre sus rodillas unos segundos para recuperar el aliento antes de abrir la boca:

―Los grupos de avanzadilla confirman que al menos cuatro contingentes de treinta hombres se mueven por la zona de las minas y la prisión. Están en constante movimiento. Sólo hay un destacamento enemigo en la zona del puerto. Al parecer dejaron el enclave atrás durante su avance hacia la Capital de las Flores y una pequeña resistencia quedó acantonada allí. En estos momentos esa panda de engendros que comanda Hipatia parece estar intentando tomarlo. No sabemos cuánto tiempo aguantarán.
9 - Ryuu:
No son pocas las patrullas enemigas que puedes apreciar en la lejanía durante tu recorrido hacia Pueblo Okobore. Como cabe esperar dada la situación en la que se encuentra Wano, éstas están en busca y captura de grupos considerables de marines que estén intentando hacerse con el control de Udon y Kuri. Es por ello que, si avanzas con cuidado y discreción, podrás sumergirte en la cortina de humo que asola Kuri.

No sé cómo llevarás la geografía de Wano, aunque si tienes suficiente información ye res lo bastante intuitivo llegará un momento en que estimes que te encuentras a algo así de media hora de tu destino. Es precisamente en ese momento cuando escuchas cómo un grito desgarrador parece imponerse al crepitar del fuego que arrasa lentamente con la vegetación local. No puedes ver demasiado a lo lejos, pero sin duda viene de una zona cercana al pueblo. ¿Cómo debe haber gritado esa persona?

En caso de que aceleres para llegar cuanto antes encontrarás un panorama cuanto menos convulso. Los civiles de la zona más pobre de Wano, ante la ausencia de recursos para huir con eficiencia, corren despavoridos de tus congéneres. Estos les persiguen, matan y humillan como haría el peor de los cazadores furtivos con sus presas. Algunos valientes intentan oponer resistencia, pero la superioridad numérica es apabullante y no tardan en caer derrotados. Cualquier pensaría que te encuentras en un campo de batalla en vez de en una masacre, pero nada más lejos de la realidad.

Las espadas y los atuendos de los pocos guerreros del pueblo yacen junto a sus cadáveres y, en el centro del mismo, tus dos amigos se oponen como pueden a un grupo de seis gyojines bastante corpulentos. Las heridas marcan sus cuerpos mires donde mires, y nada hace pensar que tengan en mente dejarles escapar.
10 - Zaina y Yarmin:
La desconfianza es evidente en los ojos de quienes os han interceptado. Tiene sentido, ¿no? Dos personas solas en Wano, demasiado cerca de la Capital de las Flores y con un gato grande como una casa a las espaldas. Dejando a un lado las tendencias autodestructivas del Shogun si quería meter algo así en casa ―así como su megalomanía―, resulta cuanto menos sospechoso.

Una lástima para ellos que la voz del señor delgado se cuele en sus cerebros como un furtivo susurro, que Jade sea un espécimen digno de observar y, en definitiva, que precisamente se hayan tropezado con vosotros. El que parece llevar la voz cantante del grupo, el señor No-Black,  dedica unos segundos a valorar la situación y el que debe ser su hombre de confianza se aproxima para susurrarle algunas palabras al oído.

―De acuerdo, pero al menor movimiento extraño estáis muertos ―termina por responder.

Y os escoltan, sí señor. Varios gyojins cercan a Jade por ser la más corpulenta y apuntan hacia ella unas lanzas un tanto extrañas ―cosas de la gente del mar, supondremos―. Los demás hacen lo propio con los demás y comienza la marcha. Cuando alcanzáis la Capital de las Flores podéis apreciar que es algo así como un campamento de guerra gigantesco. Las tropas de Hipatia se distribuyen por el lugar y las hogueras se han establecido por doquier. Una ingente cantidad de moradores de las profundidades os miran conforme pasáis con unos ojos cargados de odio y desprecio, aunque supongo que ese detalle no os importará demasiado.

Finalmente os detenéis frente al palacio del Shogun, donde os hacen esperar mientras comunican vuestra presencia allí a Hipatia. Tenéis unos minutitos, parece.
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Mensaje por Marc Kiedis el Mar 6 Oct 2020 - 18:34

Las palabras del gigantesco hombre pez habían dejado muy claro que el conflicto era inevitable, y así lo habían entendido su capitán y el segundo de abordo, que rápidamente se habían lanzado a la ofensiva. El grandullón pensó durante un momento que aquel gyojin, pese a su tamaño, no tenía nada que hacer, pues la fuerza de sus dos amigos era temida por todos a lo largo y ancho de los mares.

Sin embargo nada más lejos de la realidad. El tipo mostró un poder más allá de lo imaginable al detener el espadazo de Zane con su mano desnuda y, acto seguido, recibir el golpe de Therax con tan solo un rasguño. El semigigante no se lo podía creer, aquel tipo estaba plantando cara en solitario a dos de las personas más poderosas de los siete mares, y para colmo el descomunal monstruo marino a lomos del cual había hecho su aparición agitó con violencia la cola y generó una enorme ola que se aproximaba al barco peligrosamente.

- Yo me encargo. - Anunció el semigigante, dejando claro a sus amigos que no era necesario que se preocuparan por la ola y que podían centrarse en acabar con el inmenso gyojin.

Así, el cocinero agarró a Kotai-Hi con ambas manos y trazó dos veloces arcos con ella. El filo de su espadón cortó el aire, enviando dos portentosas ondas a través del mismo que portaban todo el calor que emergía de su hoja. Ante ellas una simple ola no tenía nada que hacer, y además era mucho más que probable que pudiesen seguir su trayectoria hacia el engendro marino. Si aquella reina, usurpadora o lo que fuese quería guerra iba a tenerla.

Resumen:
Lanzar dos ondas cortantes ardientes (a 1500ºC) contra la ola y el rey marino para que Zane y Therax tan solo tengan que preocuparse del wotan.
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Mensaje por AEG93 el Mar 6 Oct 2020 - 19:37

Mientras avanzaba tan rápido como podía entre incendios y escombros, el corazón de Ryuu se encogía al ver su tierra natal devastada. Su ira contra la usurpadora crecía por momentos. Si ya la odiaba antes por sus actos en la Isla Gyojin lo que estaba haciendo con Wano le dejaba clara una cosa. Llegaría ante ella y la mataría con sus propias manos de la forma más cruel y brutal que fuese capaz, sin importar si para ello debía empeñar su vida. Aquella despiadada alimaña no merecía otro tipo de trato, y hacía ya tiempo que aquel asunto se había vuelto algo personal para el samurái.

Varias patrullas de la marina se cruzaron en su camino, en la que era la primera vez en la vida del ahora Shichibukai que agradecía la labor del Gobierno Mundial. Estaba claro que actuaba por sus propios motivos egoístas y no simplemente por el bien de las gentes de Wano, pero aún así que hubiera enviado a sus tropas a defender el país era algo de agradecer.

Cuando ya se encontraba cerca de su pueblo un grito desgarrador llenó el aire. El joven aceleró el paso, comenzando a correr en dirección a tan terrible sonido. Y cuando llegó a su punto de origen lo que vio le dejó nuevamente helado. Los habitantes de la zona que quedaban con vida corrían despavoridos, tratando de huir como pudieran de los hombres pez que, sin piedad ninguna, acababan con civiles indefensos sin pestañear. El semigyojin apretó los puños con rabia. No había honor alguno allí, aquellos malnacidos ni siquiera conocían el significado de esa palabra. No eran dignos de llamarse guerreros.

Los pocos guerreros del pueblo parecían haber caído, aunque un nervioso Ryuu no fue capaz de distinguir a primera vista si su maestro o sus dos amigos se encontraban entre los fallecidos. Un pequeño rayo de esperanza iluminó su corazón cuando vio a estos dos últimos, defendiendo su posición frente a seis soldados de la usurpadora.

Tan rápido como fue capaz, el joven aceleró hasta su máximo potencial de forma brusca para detenerse ante uno de los gyojin que hostigaban a sus amigos de la infancia. Simultáneamente desenvainó su espada, trazando con ella un arco que buscaba cortar de raíz la cabeza de uno de los habitantes del mar. Acto seguido, lo consiguiera o no, trataría de meterse en el círculo y se dirigiría a sus dos compañeros de entrenamiento, tratando de darles ánimo y de preguntarles por los demás:

- Kenji, Ryohei. He venido a ayudar. Entre los tres podremos defender el pueblo. ¿Habéis visto al maestro? ¿A mi madre y mi hermana?

En guardia, mientras aguardaba una respuesta por parte de alguno de sus amigos se prepararía para posibles acometidas de los tipos que les rodeaban.

Resumen:
Jurarme que mataré personalmente a Hipatia, llegar al pueblo, intentar decapitar a uno de los gyojin y ponerme a ayudar a mis dos amigos mientras les pregunto por mi madre, mi hermana y nuestro maestro.
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Mensaje por Arthur Silverwing el Mar 6 Oct 2020 - 19:54

Escuché sentado las palabras de Al, descansando un poco la mirada con los ojos tapados por la mano y la cabeza reclinada hacia atrás, sólo un par de minutos, no podía acostumbrarme a estar reposando en medio de una batalla. Galhard había aprendido a lo largo del tiempo las bases de la estrategia, pero las opciones lo estaban desbordando. Estiré la mano y sin mirar le di un capón, un toque disciplinario, nada del otro mundo.

- Nunca se separan las tropas en territorio desconocido. Carecemos de comunicaciones decentes y no sabemos cuantos asentamientos tiene el enemigo hasta la capital. Además, nada de hacer de cebo, y menos si hay experiencias personales de por medio, si tienen al almirante es porque esperan que vayamos a por él, ignorarlo hace que pierda valor como rehén, no podemos dejar que nos haga predecibles... es lo que él esperaría de nosotros.

Tomé el den den mushi para preguntar por la disponibilidad de la flota, en caso de que decidiésemos hacer el puerto una prioridad tomarlo sería lo ideal para poder recibir refuerzos. Pero la situación no había cambiado mucho desde que nos habíamos marchado, ganaban ventaja, pero lentamente, no les daría tiempo a llegar y tomar el puerto y nosotros no podíamos permitirnos esperar en ese sitio para cuando llegasen. Mentalmente recordé la cantidad de naves con las que contábamos y tracé un gráfico con lo poco que había escuchado y los sonidos que se colaban, si seguían con la ventaja que decían los números podían permitir jugar aquella carta.

- Negativo comodoro. Centre las fuerzas en ganar con la menor cantidad de bajas posibles. Código de formación 10, 180, 5. Otra cosa, nos dirigimos hacia el puerto, os estará esperando una cálida bienvenida así que habrá comida para todos. - Corté la llamada, si había entendido el código le había ordenado una formación de media estrella con cinco puntas, mientras mantuvieran un fuego cruzado se asegurarían que al menos una cara tuviera al alcance la borda de un enemigo, asegurando la máxima superficie y daño. La cálida bienvenida hacía referencia a una zona caliente, tenían que esperar enemigos y la comida para todos significaba que abrieran fuego nada más llegar independientemente de si había aliados o enemigos. Si tomábamos el puerto no nos quedaríamos, así que lo mejor sería que se aseguraran desde la seguridad del mar que estuviera libre de enemigos haciendo un bombardeo preventivo sobre la costa antes de llegar.

Tras la llamada llegó otro hombre, corriendo de un lado a otro, debían haber cortado las comunicaciones de su unidad. Informaba de unos 120 hombres en Udon y una comitiva que resistía en el puerto antes los ataques de Hipatia. Por fin teníamos un nombre importante ante nosotros. Sonreí, el camino entonces estaba claro.

- Bueno, creo que sabemos entonces la dirección a tomar. Se acabó el descanso, todo el mundo marchando hacia Hapu. Buen trabajo soldado, descansa... - Me incorporé y le miré a los ojos. - O eso me gustaría decir. Sabes cuando carecemos de comunicaciones y nos encontramos en una zona hostil el procedimiento es, para evitar confusiones, identificarse con un código. Luna Azul... - Lo dejé en el aire, si respondía bien significaba que la información era de fiar, sino, teníamos un problema.

Resumen :
Dar instrucciones a la flota de la estrategia a seguir, sugerir que nos dirijamos hacia Hapu sin más retrasos y preguntarle la identificación y el código al mensajero.



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Datos relevantes:

Fuerza 11,Resistencia 10, Velocidad 9, Instinto Salvaje 7

Sentido térmico: Arthur puede captar la temperatura y sus cambios a su alrededor.
Aura de Violencia: Arthur emite constantemente un aura ofensiva que captan todos los usuarios de mantra.

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Mensaje por Ivan Markov el Mar 6 Oct 2020 - 20:21

Así que sí que había un trato entre los gyojins y la Estrella... ya se lo había esperado, aunque no una confirmación tan clara e indirecta. Se había esperado alguna clase de excusa, mentiras tal vez, incluso rodeos o algo. Además lo que percibió en su olor y latidos del corazón no le transmitían una sinceridad pura, lo que descartaba que hubiesen jugado con su mente para que ignorase la invasión de los habitantes del mar. No, era consciente de ella, y le estaba diciendo indirectamente lo que ocurría. Su contrato le obligaba a defender Wano, así que teniendo alguna clase de trato con Hipatia Styx, estaba simplemente ignorando su presencia. Aquello terminaba de confirmar la sospechas que le había expuesto un tiempo atrás a Katharina: la Estrella Oscura iba a traicionar a Berthil, y probablemente Julius C. Zar estuviese en el complot también.

- Comprendo, le habré dado demasiado ayer al whisky - dijo con una suave risa - Serían unos niños disfrazados de esos bichos que tienen aquí, ¿kappas les llaman?

Se alejó tras eso, volviendo a la altura de su gente. Seguía sin sentirse cómodo con toda aquella situación. Suspiró pesadamente mientras de fondo un pirata que se había acercado demasiado a Blackhole recibía un viaje gratis a la Luna. El aire transportaba un olor acre y otro de humo. Algo estaba ardiendo no muy lejos. Se aproximaban posiblemente a una refriega. En condiciones como esas, serían lógico que empezasen a prepararse. Así pues, pasaría desapercibido que usase sus conectores neuronales. Bien podían pensar que era alguna clase de droga de combate. Metió la mano en uno de los bolsillos internos de su capa y sacó un pequeño estuche negro lleno de jeringuillas azules y verdes. Cada una iba emparejada a otra del color contrario. Cogió una pareja, volvió a guardarse el estuche y miró a su banda.

- Huele a peligro. Creo que nos acercamos al lugar - le tendió la jeringuilla azul a Katharina - Preparémonos todos. Ponte esto.

Preparó su jeringuilla y tras buscarse una arteria en el cuello, se la inyectó mientras su capitana hacía lo mismo. Unos segundos después notó la conexión establecerse. Los pensamientos fluyeron de un lado a otro, y durante el rato siguiente mantuvieron una conversación silenciosa. Valoraron sus posibilidades, la situación actual, los posibles contratiempos que podían surgir y la viabilidad del plan original. Finalmente decidieron descartar el plan con el que habían llegado a la isla y trazaron uno nuevo. No implicaba potencialmente los mismos beneficios que el primero, pero este al menos parecía factible... hasta cierto punto. Seguía siendo potencialmente letal para ellos, pero estando en aquella isla en mitad de una guerra, ¿qué no lo era? Un movimiento cerca de él lo distrajo por un momento de la conversación, y al girarse vio al Mayordomo hablando con Ino y tocando su hombro. Al ver la marca que había dejado sus cejas se torcieron en un gesto de ira, pero las palabras mentales de su capitana le calmaron. No era el momento de iniciar un conflicto. La pelirrosa se le acercó y le ordenó ir a buscar más cadáveres que convertir. El vampiro le dedicó una inclinación de cabeza.

- A sus órdenes, capitana.

Antes de irse, dirigió una última mirada al resto de sus tripulantes, y les dedicó un saludo con la cabeza. No le gustaba dejarles solos con aquella gente, pero Katharina era fuerte. Podría cuidarlos.

- Volveremos a vernos cuando acabe con el encargo de la capitana. No muráis. Tendremos que celebrar cuando hayamos ganado - añadió una suave sonrisa a sus palabras.

Tras eso se giró y se convirtió en un murciélago albino, alzando rápidamente el vuelo y alejándose a toda velocidad. Se metió entre los árboles y tomó algo de distancia entre ellos y el grupo antes de alzarse por encima de las copas y dirigirse hacia su verdadera dirección: las costas de Kuri. ¿Su objetivo? Encontrar al Yonkou Berthil S. Kyrios.

resumen:
Termino la cháchara con Vlacjoul y me voy a hablar con Gatharina. Nos chutamos droguis conectores neuronales y planeamos maldades. Kakarina me ordena ir a conseguir más no muertos y yo me convierto en murciélago y me voy volando, pero en realidad me voy a buscar a Berthil dirigiéndome a las costas de Kuri.
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Mensaje por Señor Nat el Miér 7 Oct 2020 - 0:30

Jack se tomó muy en serio su labor de alimentar al batallón. Armado con su bastón de caramelo se acercó a Al cuidadosamente, y con pulso delicado pero firme penetró en su helado interior. Ni siquiera el hombre de hielo era tan frío como para mantenerse indiferente a cada embate de su compañero, que de manera desenfrenada y cada vez más acelerada iba metiendo y sacando sus dulces, dulces polos uno tras otro. Al principio casi se asustó, llegando a emitir un leve quejido, pero en cuanto se amoldó al movimiento del marine pudo atender a sus demás compañeros, e incluso podría decirse que esa situación, mientras los demás miraban, resultaba en cierto modo agradable. Escuchó a Arthur moviéndose un poco adelante y atrás, ayudando a que Jack llegara más profundo, e incluso atendió a la loca proposición de Galhard para asistir, junto a Arthur, con un capón sobre la cabeza del cadete, golpe que tal vez dio con demasiada fuerza debido a la violencia con la que Jack sacó el último polo al acabar. Casi tuvo ganas de girarse y darle una bofetada a él por grosero, pero se contuvo porque le puso un helado en la mano. Sabía a arándanos. No era su sabor favorito, pero podía tolerarlo.

No obstante, pese a que la idea de Galhard era algo peregrina, había una forma de aprovecharla. ¿Y si el señuelo no fuesen soldados? Simplemente maniquíes, figuras que apenas se moviesen pero que de una forma u otra resultasen llamativas. Se le ocurrió una forma, y aunque resultaría bastante difícil hacer que se moviesen, por lo menos tenían una forma de hacer que se formase un señuelo importante. Con los ojos cerrados se esforzó por hacer surgir un "campamento" de hielo, básicamente una réplica perfecta en hielo de tiendas, soldados y muros de contención, lo justo para hacer parecer que se habían quedado en el lugar unas veinte personas.

- Jack, píntalo todo -ordenó, mientras se acercaba a un par de reclutas ociosos-. Y vosotros, encended un par de hogueras. Si habéis pasado la instrucción deberíais saber dónde deben estar.

Los soldados entonaron un "sí, señor" poniéndose rectos de golpe, y antes de que cantase un gallo ya estaba encendido el fuego. Habían tenido que renunciar a un poco de leña, pero afortunadamente Wano era rico en ese recurso y la seguridad tenía un valor muy superior al que podía tener un árbol. Una vez hecho eso, se giró para comprobar que Jack se hubiese esmerado en darle un aspecto lo más realista posible -aunque sabía que no era ni de lejos profesional-, lo justo como para que alguien se acercase a decir "pero qué coño" y con suerte cogiese un resfriado entre tanto hielo a temperatura invernal. Aunque, a decir verdad, no estaba mucho más frío que el ambiente de Ringo.

- Ahora podemos irnos. -Se puso a la altura de Arthur y avanzó con él-. Camino a Hapu, soldados.

Sin embargo, antes de caminar veinte metros un soldado se interpuso en su camino. Cómo no, Arthur había impuesto una serie de códigos y salvaguardas para mantenerse protegidos de algún espía o intruso. Para el caso, Luna azul era uno que solo conocían los altos rangos de la brigada y unos pocos oficiales al cargo de los barcos más importantes de la ochenta y tres, por lo que si respondía bien estaban casi seguros de que no se trataba de un traidor. Sin embargo, él tenía su propia forma de identificar a estos.

Clavó su Haki de observación en este, e hizo un gesto a Jack para que lo sondara también. Se había especializado en detectar las presencias como si de un radar humano se tratase, y tenía una sensibilidad mucho mayor a la de cualquier otro. Podía oír las voces de cualquier ser, por mucho que las ocultase, por lo que si él podía leerlo y su compañero no, sabría que estaban ante, como mínimo, una persona que se protegía de miradas indiscretas. El segundo paso era leer su mayor miedo, porque, normalmente, el mayor miedo de una persona decía mucho de esta y, por el timbre de su voz, podía detectar si estaba frente a una buena persona o no. Que no era que pensase que su brújula moral era la más adecuada, pero su Haki no se guiaba por sus convicciones sino por las de quien leía, así que dudaba pudiese escapar de su escrutinio.

¿Por qué hacía eso? Porque, si respondía correctamente pero no pasaba alguna de sus pruebas, iba a tenerlo muy vigilado en todo momento. Habían secuestrado a un almirante y hundido tres buques escolta, por el amor de Dios. Tenían que tomarse las cosas en serio, aunque fuese solo esa vez.

Resumen:
Sondear con Haki al pobre infeliz que nos ha llegado y actuar como si Arthur fuese mi superior.


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Mensaje por Yarmin Prince el Miér 7 Oct 2020 - 2:04

Pudo notar su reticencia mientras hablaba. Tenía sentido, la situación resultaba inverosímil en medio de una guerra, aunque acabase de saltar en ese preciso instante. Tras medio día se habrían cruzado con alguien, con quien fuese, que poseyera un den den mushi y les hubiese advertido. La Capital de la Flor sitiada -en ese momento ya tomada-, los distintos bandos avanzando desde la costa... Cualquier persona con medio cerebro se habría dado la vuelta y marchado por el lugar, pero ni pretendía pasar por alguien con cerebro ni iba a desaprovechar su poder de convicción a la hora de llegar hasta Hipatia. Tenía un plan bastante sencillo, pero lo suficientemente firme como para hacerlo funcionar con un despliegue de medios casi nulo y para ello todo lo que requería era ganarse a las fuerzas de la emperatriz. Por tanto, con aquella escolta, consideró que la fase uno de su plan estaba completada.

- No hace falta que se preocupen por el animal -trató de tranquilizarlos. Sabía que eso serviría de poco, pero debía mantenerse en su papel de criador por tanto tiempo como pudiese-. Es dócil como un gato gigante.

Comenzaron a avanzar, haciendo que poco a poco el monte Fuji fuese más y más visible frente a ellos y el palacio del shogun, sobre esa extraña colina y rodeado por el curioso árbol, despuntó sobre los grandes muros de la capital. Era un panorama precioso, y seguramente en otro momento habría disfrutado colándose por los rincones para ver hasta el último detalle del lugar, pero en aquel momento tenía que dar comienzo la fase dos, que era convertir a esa pequeña cohorte de hombres pez en aliados potenciales. Ese era, por lo menos, el preludio de la conformación de su pequeño ejército personal. Al fin y al cabo, si las gentes del mar eran más fuertes y en general mejores que el resto de humanoides, eran una herramienta muy útil para mermar las fuerzas de la Marina. Luego solo tendría que desecharlas, pero primero tenía que conseguir granjearse su amistad.

- Muchas gracias por todo -comentó, de forma casual-, pero aun así... Estaba pensando que seguramente Su Majestad ya haya visto animales mucho más grandiosos. Puede que un leopardo sea suficiente para un señor de la guerra, pero para una emperatriz que puede ver los animales más magníficos puede resultar incluso decepcionante. -Esperaba que ni Zaina ni Jade terminasen molestas ante aquellos comentarios. Esencialmente trataba de crear un vínculo con su escolta usando el mar como pasión común-. Una mujer que puede tener en sus jardines de coral krakens, ballenas, grandes serpientes marinas... El mar siempre ha tenido un don para dar lugar a los seres más formidables.

Dejó caer el tono al final, fingiendo una envidia que realmente no sentía pero esperaba fuese suficiente para hacerlos caer en sus redes. A medida que hablaba iba, cómo no, fijándose en el lenguaje no verbal de los hombres pez para darse cuenta de todo aquello que le pudiera resultar útil, sobre todo de cara a cómo se sentían respecto a la humanidad. No conocía a muchos gyojins, pero todos se movían entre el orgullo racial y el racismo más absoluto. En cualquier caso acabarían perteneciéndole, pero tendría que esforzarse más.

Para ambos casos tenía herramientas, pero cuando entraron en la ciudad fue fácil ver que en esos instantes parecía más un pabellón gigantesco que la legendaria capital del país de Wano. Tiendas de campaña, hogueras, soldados que los miraban con odio... Podía percibir -aunque no hubiese tenido ninguna dote social lo habría visto- que algo muy extraño pasaba para que de forma tan generalizada hubiese un odio tan intenso. Solo podía justificarse de dos formas, y esperaba que fuese un profundo adoctrinamiento antes que hipnotismo en masa, más que nada por la facilidad de romper la mente de esa clase de personas, pero igualmente optó por comentar algo al respecto:

- ¿Por qué nos odian? -preguntó, fingiendo preocupación e incomprensión, en voz baja al hombre pulpo-. ¿Tanto daño les ha hecho este reino?

La respuesta no valía tanto por sí misma sino por cómo contestase, pero la dejó ir. En cualquier caso, una vez llegaron frente al palacio del Shogun tendió la mano para despedirse del hombre pulpo. Si le tomaba la mano canalizaría, mientras se despedía de él, su habilidad serv. El contacto palma a palma evitaría el brillante tono azul, y si no se veía afectado ni siquiera notaría nada. En cualquier caso, le dirigió unas últimas palabras:

- Entonces... ¿Podrá estar luego aquí? Me encantaría verle una vez termine la reunión.

Si su poder había surtido efecto más tarde tendrían al primero de los soldaditos de plomo. Si no... Bueno, sería hora de pensar en otra cosa. De todos modos, mientras esperaba se acercó a Zaina y le dio un beso en la mejilla, acariciando su espalda para acercarla a él.

- Si ves gatos -susurró-, tápate los oídos.

Resumen:
Intentar camelarme a No-Black, dar mimitos a Zaina para advertirla de mis sucios planes, esperar.


Última edición por Yarmin Prince el Miér 7 Oct 2020 - 16:06, editado 1 vez


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Mensaje por Katharina von Steinhell el Miér 7 Oct 2020 - 8:25

Cuando escuchó los nombres de algunos hombres que se integraron al grupo comenzó a divagar en su mente, una idea loca que se le pasó por la cabeza mientras marchaba. Todos tenían algo en común, ¿no? “Blackhole”, “Dark Matters”, “Radio Star”. En su opinión, el único que estaba bien era el del líder de la Estrella Oscura; los otros no sonaban tan imponentes. Les faltaba un poco más de “von”. Dark von Matters. Mucho mejor. En cualquier caso, quizás en castellano no tuviesen demasiado sentido, sin embargo, era una historia distinta cuando se trataba del inglés. Tenía la impresión de que todo estaba relacionado con los cuerpos del cosmos, con la versión más aterradora de la manifestación de las fuerzas del universo. Igual el café que le había dado Kaya tenía algo más que solo azúcar.

Caminar estando alerta de lo que sucedía a su alrededor no era del todo cómodo, pero le permitía cosas como llevar inmediatamente la mano a la empuñadura de Fushigiri cuando vio a un pirata acercarse a su grupo. Su atrevimiento fue purgado por el puño de Blackhole. «Es un monstruo… Solo hay que verlo para saberlo». Relajó los músculos y se acercó al vampiro, buscando su mirada. Cogió la jeringuilla que le ofrecía y luego asintió sin gesticular ninguna palabra. No hacía falta. Imitó a Ivan y se inyectó el contenido, sintiendo inmediatamente esa placentera y loca conexión entre dos mentes. Sabía muy bien cómo funcionaba ese canal de comunicación, pues no era la primera vez que lo usaba; Thawne se lo había explicado hacía bastante tiempo.

Le comunicó sus pensamientos e inquietudes, escuchó con atención las opciones expuestas por Ivan y luego las analizó. Comprendieron que la adaptación jugaba un rol fundamental en cualquier plan, por lo que decidieron modificar el plan original y forjar otro. Iba a proponerle algo cuando sintió la furia fluyendo por las venas de su amigo; y con justa razón. «No hagas nada imprudente. Me ocuparé de este problema», le mencionó a Ivan antes de que hiciese cualquier cosa que los comprometiese. Lo único que Katharina tenía claro era que Inosuke era el enemigo número uno de las conspiraciones.

—Este es un buen momento para engrosar las filas de nuestro ejército, Ivan, necesito que te encargues de ello —le mencionó al vampiro, tomándole suavemente del brazo como queriendo llamar su atención—. Bien sabes que en las batallas con la Marina perdimos muchos zombis. Ahora —Katharina se volteó hacia Blackhole y el Mayordomo—, me gustaría un minuto de su tiempo antes de avanzar —les dijo a los mercenarios, sonando seria pero suave.

Estaba haciendo un gran esfuerzo por no desenfundar la espada y declararles la guerra allí mismo. Lo que acababa de hacer el Mayordomo era una provocación directa, sin embargo, sería más lista y no caería en su trampa. Le importaba una mierda lo que fuese esa mancha, de la misma manera que se la había colocado a Inosuke se la quitaría. ¿O acaso le había dado autoridad a la Estrella Oscura sobre los miembros de The Sinners? Cualquier problema que hubiese con ellos se lo comunicaban a ella. Por el bien de todos los allí presentes sería educada, pero no significaba que no aclararía las cosas entre ellos. Así que, en caso de que Blackhole y el Mayordomo aceptasen una improvisada y corta reunión privada con Katharina, les diría:

—Desde el momento en el que decidí enfrentarme a un Almirante de la Marina y ahuyentar a los perros del Gobierno Mundial de Wano es que estamos juntos en esto. Ivan y yo arriesgamos nuestras vidas en esa batalla; estuve a nada de perder algo más que solo mi ojo izquierdo. Pelearemos a tu lado, Blackhole, de eso no hay duda. Sin embargo —sus ojos pasaron del enorme guerrero al Mayordomo—, el que estemos juntos no significa que puedan poner un dedo sobre uno de mis hombres. —Hizo una pequeña pausa, sabiendo que la sonrisa no desaparecería del rostro de ese hombre—. Sugiero amablemente que retires la mancha del hombro de Inosuke. Creo que los tres estaremos de acuerdo en que es medio idiota, solo hace falta ver la máscara que lleva, y es evidente que aún no domina del todo bien nuestra lengua. El que esté confundiendo las cosas de esta manera es mi responsabilidad, permítanme ocuparme de ello. Por otra parte, agradecería que, cualquier problema que pudiesen tener con algún miembro de mi tripulación, me lo comentasen directamente a mí. Soy buena resolviendo problemas.

Cuando los chicos decidieron confiar en la bruja, se prometió a sí misma que los cuidaría. La única imagen que estaba intentando entregar era la de una capitana preocupada por sus subordinados, lo único que hacía era lo que cualquier líder mínimamente decente haría. Esperaba no haber sonado prepotente ni arrogante, pero lo que había hecho el Mayordomo era algo que no podía dejar pasar. Sucediese o no la reunión, Katharina volvería al grupo de piratas y les ordenaría seguir a Blackhole a la batalla. Ahora que lo pensaba… Era la primera vez que esos idiotas participaban en una guerra. ¿De verdad había sido buena idea llevarlos consigo…? Bueno, mejor que estuviesen al alcance de su mano para protegerlos.

—Inosuke y Alexandra, ustedes dos asistirán a los heridos —les pidió; la gente recordaría los milagros del «monstruo de gelatina» y del «puerco». Eran los que más sabían de medicina en el barco, además. No se imaginaba a Neus arreglándole el hombro a un anciano—. Kaya, tú me ayudarás con el fuego.

En momentos como ese echaba de menos el control sobre la tierra... Hubiera sido maravilloso echar un montón de arena sobre las enormes hogueras. En fin, tampoco podía quejarse habiendo desarrollado Hi o Kyūshū. Con la polimorfia haría crecer una larga cola de zorro y la usaría para succionar las llamas cercanas. Viva la magia, yay.

—A ti te toca jugar con tierra, es lo que las niñas hacen —se burló de Kayadako, esbozando una sonrisa divertida y maliciosa.

Resumen:
Intentar tener una conversación con Blackhole y el Mayordomo, además de pedirle a este amablemente que retirase la mancha del hombro de Inosuke. Sucediese o no, marcharía con Blackhole a la batalla y buscaría apagar los fuegos.
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Mensaje por Alexandra Holmes el Miér 7 Oct 2020 - 10:09

Continuó avanzando, escuchando a Blackhole responder a Ivan. No dijo nada, pero hasta ella los había visto, y eso que habitualmente la tachaban de loca. Blackhole sonaba como su último ex-marido cuando decía que no se había acabado la mermelada cuando el muy hijodeputa había rebañado hasta la última gota. Alexandra era bastante imbécil, pero mantenía cierto grado de cordura que salía a la luz cuando, por ejemplo, veía al armario ropero ese deshacerse de un pirata como si fuera una mosca cojonera. Su temeridad, pues, no le impedía ver que no convenía ponérselo en contra, al menos no de momento; no tenía el aura de pardillo absoluto que tenían los piratas de la gran ruta.

No les juzgó cuando se pusieron a inyectarse cosas, es decir, ¿quién no lo había hecho? Y cada uno llevaba el estrés como mejor le parecía.

¡Joder! —exclamó, dando un brinco de sorpresa, cuando escuchó de repente al mayordomo, ¿desde cuándo estaba ahí?. Cristo bendito, cada vez estaba más convencida de que ese tío era el clon malvado del fiscal. ¡Ni un jodido sonido hacía el desgraciado, con razón no se fiaba de él! No sabía si le darían una paliza en Wano, pero tenía pinta de que ese mayordomo iba a darle un infarto un día de estos. Había puesto algo en Ino, ¿una mancha? Ah... se la habría puesto por lo que había dicho. Vale, había sido un poco -bastante- bocas, pero no era motivo para mandar al cuerno la ropa que tanto trabajo le había costado hacer. Por otro lado, ¿qué era eso? ¿Alguna habilidad demoníaca de esas?

No parecía que estuviera haciéndole daño, así que lo dejó pasar. Además, ya estaba la capitana haciendo de intermediaria, no era necesario hacer nada más.

Taché la palabra "morir" de mi diccionario —respondió, despidiéndose así del vampiro. Si había tachado la palabra morir significaba que no podía morir. Un plan maestro allá donde los haya.

Llegaron a un pequeño pueblo en el que la acción ya se había acabado, donde lo único que quedaba por hacer eran tareas post-batalla como pudiera ser apagar el fuego y ayudar a los civiles heridos. Estaba convencida de que ya habría algún parguelas encargado de hacer esas cosas tan no piratiles como ayudar a la gente, por lo que en un principio tenía pensado continuar su camino.

Pero claro, se le olvidaba que ella era un poco bastante pardilla también.

...

Mierda. Le tocaba ayudar a la gente, casi podía notar las náuseas. Puñetera Katharina, ya se lo haría pagar.

A sus órdenes~ —canturreó antes de dirigirse hacia las personas que hubiera heridas. Alexandra no tenía realmente conocimientos de medicina, pero tenía una idea para poder dividirse el trabajo que, sorprendentemente, no incluía no hacer ni el huevo.
Ino, haz tú los tratamientos médicos, yo puedo recolocar dislocaciones —propuso. Debido a sus propias investigaciones biológicas, casi todas ellas centradas en el cuerpo humano, tenía un conocimiento bastante profundo del organismo humano. Si bien era cierto que no podía atenderlos como un médico de verdad, sí que podía hacer tareas menos "farmacéuticas" como recolocar brazos, hombros y similares.

Así, la doctora que no era doctora en medicina sino doctora en biología, empezó a hacer los tratamientos. Supuso que no quedaría bien hacerlo de forma lenta y con gritos por medio, así que se limitaría a agarrar un palo y a dárselo a los pacientes cuando les tocaba su turno. Esperaba que estuvieran lo bastante mal como para no quejarse del aspecto de su enfermera.

Muerde, te colocaré lo que se haya dislocado —diría. Cuando el paciente de turno hiciera caso y mordiera el palo, sujetaría la extremidad dislocada y la recolocaría tratando de ser lo más rápida posible. En el caso de otros pacientes, necesitaban más algo para calmar el dolor, así que a los que no tenían un dolor muy grande les aplicaba un pequeño masaje terapéutico. No les arreglaba mucho pero por lo menos no lo pasarían tan mal.

En resumen, estaba siendo buena gente. Sí, ya, ya. Terrible.

resumen:

» Flipar cuando aparece el mayordomo de la nada.
» No juzgar a sus jefes por drogarse.
» Hacer caso a la jefa y ponerse a asistir a los heridos -vomita un poco por dentro-. Alexandra, como tiene solo conocimientos médicos limitados derivados de su conocimiento de la biología humana, decide ponerse a recolocar cosas dislocadas y a aliviar el dolor con masajes terapéuticos.
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Canalla incondicional
Alexandra Holmes

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Mensaje por Aki D. Arlia el Miér 7 Oct 2020 - 11:30

De acuerdo, no quería morir. Comprensible, pero en realidad complicaba las cosas porque ella no era médico. Poco podía hacer, a no ser que de repente le cayera un médico del cielo. Por algún motivo, sin embargo, eso fue lo que sucedió.

Era una médica un tanto extraña, pero parecía saber lo que hacía. Era también lo único que parecía saber, ya que por lo demás ni dónde estaba sabía. ¿De dónde había salido? Dejó que examinara a la niña y asintió al ver que recolocaba el torpe vendaje que ella le había puesto. Mejor, sin duda. Tenía la espalda prácticamente partida en dos, ¿estaría intentando escapar de algo? Iba a decirle a la extraña que no tenía ni aguja ni hilo cuando algo llamó su atención. Había un hombre mirándolas fijamente. La guerra no se había detenido ni por asomo, así que… ¿qué miraba ese? Se agachó y colocó una mano en el hombro de la niña. Cambió su dolor por un placer muy débil, suficiente como para que no se desmayara cuando la movieran y luego miró a la médica con decisión.

-Ey, mírame. Mi nombre es Lysbeth Ardian. A mi espalda, en la playa. El barco con las velas azul oscuro y la L enorme. Ve dentro, encontrarás aguja e hilo en el camarote principal. Hay también una cama donde puedes tumbarla sin problemas. Coge lo que necesites, ponla a salvo. Enseguida iré contigo.

Se colocó entre las chicas y el extraño y sacó sus sai. El caos seguía desencadenándose a su alrededor, pero ese hombre estaba fijado en la niña. Empezó a correr y no le costó entender que esa katana había sido seguramente la causante de esa fea herida en la espalda. ¿Por qué? Solo era una niña, no llevaba encima nada de valor. Entrechocó los sai para tratar de frenar el ataque del hombre atrapando su arma entre las suyas y vio como un par de soldados se dirigían hacia él. Frunció el ceño. Empezaba a sospechar que no era una niña cualquiera.

-¿Qué es lo que quieres? Porque vengo a asegurarte que no te lo vas a llevar.

Levantó un pie y lo cubrió en haki de armadura para intentar darle una patada en el estómago y lanzarlo contra los dos luchadores. Por un momento, se preguntó qué ocurriría si hacía que ese hombre se sintiera fascinado por su arma. Se le quedó una sonrisa un tanto traviesa en el rostro, pero en lugar de eso intentó hacer que deseara el suelo. Solo un poco. Lo justo para que continuar peleando le resultara menos apetecible.

-¿Quién es esa niña?

Se lo preguntaba a todos los presentes. En cuanto tuviera las respuestas que quería regresaría con ella y con la médica para ver cómo estaba evolucionando. Tampoco le hacía mucha gracia dejar a dos desconocidas en su barco, pero tal y como estaba la situación acababa de convertirse en el lugar más seguro.


Datos relevantes:

Nivel 110: Sigilo (11) Agilidad (9) Fuerza (9) Resistencia (7) Destreza (6)

Haki observación 9
Haki armadura 7
Haki del rey 3

Súcubo: De forma pasiva, Lys es irresistiblemente atractiva. Su aura, sin manipular, invita a tratar de seducirla por cualquier medio posible.


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Aki D. Arlia
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Lobo de mar
Aki D. Arlia

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Mensaje por Zaina Nitocris el Miér 7 Oct 2020 - 11:43

Yarmin era sorprendente en todos los campos, sin embargo el tema social, manipulador y actor era algo totalmente diferente. Era como verlo convertirse en una persona diferente, poco a poco, para engañar a todo el mundo menos a ella. Ella no podía mentir de esa manera, bueno, no podía mentir en general sobre la mayoría de cosas, pero igualmente la gente no podía mentirle tan fácilmente a la cara. El tema de la escolta, el paseo y la forma en la que cubrían a Jade fue algo que no le extrañó demasiado. Era grande, demasiado comparado con el nivel de un simple humano, poderosa y elegante, aparte de todo el tema de las garras, la cola y el peso destructivo.

-Está entrenada para no herir a cualquiera, no tienen que preocuparse.- Y era cierto, estaba entrenada para matar y asesinar a quien ella quisiera, no al que pasara por al lado o le tocara las narices, aunque Jade era algo orgullosa y respondona.

El lugar era bonito, detalles hermosos, naturaleza extraña para ella que había vivido en un mundo totalmente diferente donde la vida y la muerte coexisten de manera totalmente distinta y única. Fue en ese momento en el que ella andaba a sus pensamientos que Yarmin comenzó a hablar sobre que Jade quizás no era suficiente, tuvo que mirar a la doña para que no se quejara al hombre y acercarse a rascarle el mentón para que no pensara en morderle un pie o algo así. El orgullo de un felino y su dama era delicado, pero eso no quería decir que no pudieran aguantar un par de palabras de esa manera.

La reunión avanzó de manera satisfactoria y miró de reojo a Shadow, que estaba ocultado encima de la mayor con algo de duda. Le hizo un gesto para que bajara, y totalmente invisible bajaría hasta colgarse de su ama y ponerse encima de su hombro. La dama hizo un suave gesto, moviendo la capa para que no se notara el movimiento que hacía el gato invisible al trepar por su ropa hasta el hombro. Una simple mirada, eso es todo lo que necesita para dejarle claro a su compañero que tiene que tener cuidado donde se mete.

Ágilmente y sin hacer ruido salta para caer en el suelo sin mucho problema, de momento está curioseando mientras pasa entre sus otras mascotas. Su pareja se acerca y asiente suavemente ante sus palabras, acaricia su mejilla tras darle un suave beso y sonríe como si nada.- Todo va a salir bien cariño, no tienes que estar nervioso.- Un juego de palabras, un significado ambiguo y la dama simplemente se prepara para lo que puede pasar.

Bueno, nadie dijo que ser acompañante de Yarmin fuera a ser tan fácil.

Resumen:
Le sigue el cuento a Yarmin, asiente , dice que Jade no hace nah, le da advertencias al gato invisible gordete y sigue con el plan, pendiente a liarla.
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Mensaje por Maki el Miér 7 Oct 2020 - 13:53

Qué bien se sentía al volver a trabajar para los suyos. Había dejado muy atrás las dudas morales de la batalla en Terrel, los caprichos de los reyes, los tronos y todas esas tonterías y por fin volvía a luchar por la Causa sin dudas. Lo único que había sacado de todo aquello había sido un gran dolor de cabeza, varios moratones y una armadura súperchula que había pedido que le llevasen. Debía de estar con su equipaje, en el barco que lo había transportado hasta Wano.

Eso le recordaba que no sabía nada de la gente del reino que haía salvado dos veces. Cuando supo que tendría que enfrentarse a su esposa y a su ejército, Maki no las tenía todas consigo en cuanto a poder convencerlos. Era su rey, pero su esposa daba miedo, y no estaba nada seguro de que fuesen a hacerle caso. Por eso mismo había dejado recado al rey Terrel de Terrel, en Terrel, el tipo menos imaginativo para poner nombres del mundo entero, para que sumase sus fuerzas a las de la Revolución. ¿Por dónde andarían? Ya les llamaría luego para enterarse. Antes tenía que seguir con el salvamento.

Maki trató de recordar todo lo que sabía sobre asistencia de emergencia en el mar. Estaba seguro de que en alguno de los cursillos de capacitación de Báltigo le habían explicado lo que debía hacer, pero en aquel momento era joven y orgulloso y no permitía que un humano le dijera cómo comportarse en el agua. Además, estaba enganchado a un curso sobre orfebrería extrañamente fascinante. Así que se limitaba a actuar por instinto. A ese que se ahogaba había que arrojarlo sobre el barco más próximo; a la que intentaba alejarse de un buque que iba a arrollarla, se la lanzaba sobre el siguiente; a aquel otro con un trozo de madera clavado en la espalda... también.

A pesar de sus acciones, los barcos revolucionarios no estaban aún a salvo. Esperaba que no tardasen mucho en llegar a tierra, porque nadar en mitad de una batalla naval era una lata. El agua estaba llena de astillas de madera, balas perdidas y trozos de la jeta de algún tipo que se le metían por la nariz. Estaba seguro de haberse comido un ojo al abrir la boca de asombro cuando vio un bonito pez por allí. Aunque él mismo fuese un pez, el mar nunca dejaba de sorprender a Augustus Makintosh.

Como lo de los cabezazos era un modo bastante lento de acabar con los barcos, decidió cambiar de estrategia. Se acercó a uno de los barcos pirata más cercano a una de las naves revolucionarias -suerte que había exigido a su expedición que pintara una R de Revolución en todas para poder distinguirlos- y se lanzó a toda velocidad a embestir su popa desde un lado para hacer que cambiase su rumbo y con suerte se chocara contra otro.

El problema estaba en que los piratas usaban cañones. Podía oír el ruido que hacían ahí arriba, en la superficie, y ver los fogonazos de luz que causaban con sus detonaciones. Aunque se chocaran seguirían disparando. Qué molesto. ¿No podían solucionar las cosas con un partido de waterpolo o algo más civiliz...? ¿Eso era una heladera? Bah, no era ni por asomo tan guay como la que Maki tenía en su mesilla de noche en el palacio Ryugu. Esa tenía sus iniciales grabadas en oro y podía hacer seis helados de distintos sabores a la vez. Ni punto de comparación con una cualquiera.

Sin embargo, la visión de la heladera avivó el fuego de sus convicciones y reafirmó su determinación. Maki nadó hasta la superficie y empezó a amasar agua a su alrededor, moviéndola y manejándola como la masa de una pizza, para lanzar un buen y potente chorro contra los barcos que acosaban a sus compañeros. Uno tras otro podría acabar con ellos usando solo agua hasta que los soldados de la Revolución llegasen a Wano para imponer justicia.

Resumen:
Cosas de Maki, blablabla, y usar agua para atacar a los piratas hasta que los revolucionarios puedan llegar a la playa.

Kárate Gyojin - Rango 9: Si se da la situación ideal no tendrá problemas a la hora de manipular 500 litros de agua. Es capaz de proyectar las masas de agua con la potencia de cañonazos, pudiendo incluso destrozar la borda de algunos barcos.

PD: Dejo constancia de que Maki ha llamado al ejército de Terrel como refuerzo -véase sus misiones allí-, solo por si puedo usarlo en el futuro, que no quede sacado de la manga.
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Mensaje por Galhard el Miér 7 Oct 2020 - 16:01

Si bien Arthur y Al se encontraban más relajados aquello no salvó al vicealmirante de los capones disciplinarios, esta vez, de extraña forma el de Arthur no fue el más contundente si no el de Al que, siendo colmado por los helados de Jack no midió su fuerza a la hora de darlo. El marine se rascó la cabeza y observó a Arthur quien le dio un consejo muy valioso.

-Si señor- Respondió a su compañero de brigada y superior para él. Por más que tuviese el rango de vicealmirante Gal no solo no cumplía los requisitos necesarios y era consciente de ello y además que siempre consideraría a Arthur su superior dentro del cuerpo.

Las sugerencias habían sido pésimas pero la bombilla que planeaba iluminar en sí mismo fue iluminada en la mente de Al, el cual comentó a Jack de pintar unas figuras de hielo que él haría simulando un campamento. Aquello funcionaría de forma no arriesgada como las ideas que el vicealmirante había disparado.

Arthur por su parte continuó con sus tareas, aquella táctica que mencionó llevó a Galhard a sacar una pequeña libreta apuntando los consejos que dio y información del procedimiento.

Mientras se acababa de formar el campamento señuelo y Arthur terminaba de hablar con aquel comodoro un marine vino con una velocidad propia de un rayo.

Era normal que se levantasen recelos cuando aquel hombre llegó, vale que habían podido desplegar informantes pero en estos horribles lugares nunca sabes si alguien ha sido suplantado y la información entregada se trata de una trampa del enemigo.

-Mmm... Aquello...- Murmuró Gal ante la petición de Arthur de identificarse con un código, fuese como fuere, cierta o no, la información dada por aquel marine aportaba una imagen que si bien no era prometedora permitía poder elaborar una lista de acciones a tomar y como proceder, algo que si bien puede ser positivo puede volverse en tu contra al convertirte en un enemigo predecible.

Así que técnicamente en el puerto había un enfrentamiento con los hombres de la usurpadora... ¿La táctica de antes no podría provocar bajas entre las fuerzas que resisten contra Hipatia? Supongo que ante esta desesperada situación debemos mirar más por nosotros...- Gal aún murmuraba mientras llevaba sus manos a su mentón.

-¡Ya habéis oído las palabras del Contraalmirante Arthur y del Almirante Koneko!- Gritó a los soldados que aún quedaban reposando. -Nuestro camino está decidido y todos los segundos adicionales que se pierdan jugarán en nuestra contra.- Dijo mientras tomaba su equipo y se acomodaba sus pertenencias. -Recordad, el sufrimiento y el cansancio es lo que nos hace estar vivos, el sabor de la victoria y del esfuerzo es el bálsamo que cura todo agotamiento... Somos marines y nuestro espíritu es inquebrantable- Espetó mirando a los soldados que parecían más cansados -Se que haréis que todos estén orgullosos de vosotros.- Mientras terminaba aquellas palabras su trío de guardaespaldas le rodearon.

-Labia no te falta pequeño... Que recuerdos me trae escucharte decir cosas así- Murmuró Caleón al oído de Galhard recibiendo una mirada cansada por parte del marine mientras Clementio se reía entre dientes.

-Bueno, después de todo a nosotros nos persuadió de esa forma... Es más raro verle pelear pero... Más raro se me hace verle siendo quien recibe ordenes... Quien diría que veríamos en acción a los maestros de nuestro capitán. Dijo Claude mientras cargaba la maleta de Clementio y Caleón.

Galhard soltó un sonoro suspiro, resignado a que aquel trío todavía le llamase capitán, al menos, pese a sus comentarios ácidos, se alegraba de tenerles allí, si bien la fuerza de sus protectores se había quedado atrás de la suya y todo marine desplegado en la fuerza de choque debía ser mínimo igual de poderosos o más que ellos nunca sobraban las manos en aquellas situaciones.

-Bueno, rumbo hacia Hapu, vosotros tres no os despeguéis de mí...- Comentó el marine mientras miró a Al analizar de arriba a abajo al marine recién llegado ¿Estaría usando su mantra?.

Resumencillo:
Galhi recibe la disciplina de Arthur y Al, toma nota de las estrategias y consejos de Arthur, ve con buenos ojos la creación del campamento de hielo, se cuestiona un par de asuntos.

Intenta motivar la moral de las tropas y luego es rodeado por su trío de niñeras mientras observa a Al hacerle los jibiris de mantra al marine.
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Héroe de la marina
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Mensaje por Rainbow662 el Miér 7 Oct 2020 - 20:22

Se me ocurre poca gente más siniestra que este Blackhole. El tío es capaz, con una naturalidad que desarma, de hacerse el loco de la forma más escandalosa y poco disimulada que he visto jamás. ¿De verdad va a ignorar a toda esa turba de peces armados hasta los dientes entrando en la ciudad que supuestamente debe proteger? Qué pregunta. En cualquier otro, su rotunda negación de la realidad sería casi desternillante, pero con el mercenario resulta inquietante. Deja implícito que cualquiera que le lleve la contraria se expone a correr la misma suerte que el pobre desgraciado demasiado optimista que acaba de besar una nube impulsado por el enorme puño de Blackhole.

Mi instinto me dice que estar cerca de este chalado no es una buena idea. Claro que me dijo lo mismo sobre Kath. En todo caso, tampoco hay mucho más que hablar. Los piratas siguen a su capitán, y si la bruja pretende seguir con la farsa un poco más, asentiré y sonreiré como la mejor mercenaria posible cuando Blackhole me dé una orden. Es una forma de hablar, por supuesto; no pienso sonreír a este capullo.

La primera impresión que me llevo de Kuri es nefasta. El pueblo al que llegamos está en ruinas, poco más que un jardín humeante regado de muertos. La otra parte de la piratería. ¿De verdad hacía falta atacar a esta gente? Hay que ser de una calaña muy baja para molestarse en tirar abajo casas hechas con paja y madera. Por una vez no le protestaré a Kath sus instrucciones. La ayudaré a apagar los incendios y salvar lo que podamos. Tal vez saquemos algo bueno de todo este teatro.

Como yo no tengo los poderes metamórficos de Kath, me toca apagar el fuego de una forma un poco más tradicional. Echo un vistazo a ver si veo un pozo del que sacar agua, y ya de paso memorizo la posición de los mercenarios desplegados por los alrededores. No dejo de preguntarme si la tropa de gyojins ha comprado a la Estrella Oscura o si simplemente han sido siempre agentes dobles a su servicio. El espadachín de piel azul que ahora custodia el paso a la capital ha mencionado al Shogun, pero el Shogun que respete él no debería ser el mismo que haya habido hasta ahora. ¿Han nombrado ya un nuevo líder para el país? Eso sí que es planificación. Y optimismo. Alguien debería decirles que van a enfrentarse a un Yonkou.

Ja, y nosotros también. Supongo que somos igual de idiotas.

No tardo en aburrirme de echar tierra sobre llamas, sobre todo porque Kath puede hacerlo cien veces más rápido que yo. Así que, como me imagino que las curaciones de Ino y Xan serán más que traumáticas, decido abrir la mochila de las provisiones -cargada con la flor y nata de mi recetario- y repartir la comida entre los supervivientes. Las cosas especiales las guardo para cuando las necesitemos, pero supongo que podemos prescindir de las raciones, la fruta fresca y las galletitas de queso que guardaba para la morsa.

Mientras trabajamos, aguardo el momento en que Blackhole decida ponerse en marcha e ignorar a los heridos -cosa que estoy segura de que ocurrirá- y me preguntó cómo diablos vamos a hacernos con esta isla si no dejan de llegar enormes bichos marinos a cada minuto que pasa.

Espero que Ivan levante un buen ejército de la tumba, porque me da que vamos a necesitarlo.

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Mensaje por Shinobu Yamamoto el Miér 7 Oct 2020 - 20:54

Estoy concentrada estudiando las heridas de la niña cuando un estallido retumba en mis oídos, obligándome a alzar la mirada estando tan alerta como un conejito en mitad de la noche. Cuando un hombre cae muerto frente a mis ojos llego a la primera gran conclusión del día: no tengo idea de qué son estos tubos de metal, pero están hechos para matar personas. Ya tengo claro que son peligrosos y, si quiero salir con vida de esta balla, debo actuar con cuidado.

Me quito el sudor de la frente con la mano izquierda, limpio la misma con la falda de la túnica y entonces continúo examinando el cuerpo de la niña. No es la herida más fea que he visto en la vida, pero esto tampoco me dice demasiado… La longitud del corte me preocupa tanto como la profundidad de este. La posición indica que probablemente este fue causado durante la huida. Atacar a una pobre niña por la espalda… ¿Cuán cobarde hay que ser para hacer algo como esto? Sin importar la razón de la guerra, las únicas muertes «aceptables» son aquellas de los hombres que están preparados para abandonar este mundo. Como sea, ahora mismo no tengo los implementos necesarios para salvar a esta niña y me niego rotundamente a abandonarla.

Volteo la mirada hacia la señorita del pijama erótico cuando me habla. ¿Su nombre es… Rizubesu Arudian? ¿Qué? ¿A qué clan pertenece? Tengo demasiadas preguntas sobre ella, sobre lo que está pasando, sobre la vida… Pero no es el momento de buscar respuestas. Me habla sobre un barco, me dice que allí encontraré lo que necesito para salvar a esta niña. Creo…, creo que no me está mintiendo. Lo bueno de ser un oni es que puedo sentir ciertas cosas, y mi instinto demoniaco me dice que confíe en ella.

—De acuerdo —le digo con firmeza, asintiendo con la cabeza y mirándole con expresión seria—. Déjemelo a mí, Arudian-san. —Estoy a nada de voltearme hacia la chica cuando me doy cuenta de que no me he presentado—. Oh, soy Shinobu Yamamoto, aprendiz de sacerdotisa del templo de Onigashima. —Ahora sí me volteo a la chica—. Estarás bien, te lo prometo. ¿Cómo te llamas?

Primero acomoda a Oni Sakon en mi espalda para que no estorbe, y entonces intento tomar a la chica con el propósito de cargarla en mis brazos hacia la embarcación descrita por Arudian-san. En ese momento escucho el rugido del acero chocar entre sí. Volteo la mirada. ¿Ella está peleando a la par con un samurái…? No, a la par no. Parece ser bastante superior, sus movimientos son ágiles y elegantes, tengo la impresión de que está danzando. Sonrío con admiración; ya me gustaría a mí ser tan femenina como ella. Sacudo la cabeza y me centro en la misión que tengo que cumplir.

Correr en línea recta hacia la embarcación es la ruta más rápida, pero también la más arriesgada. No, debo trazar un camino en zigzag. Miro por última vez a Arudian-san y echo a correr hacia el barco con la intención de encontrar los implementos necesarios para la cirugía. Salvaré como sea a esta chica.  

resumen:
Presentarme y sorprenderme por las habilidades de Rizubesu Arudian. Intentar tomar a la chica y correr hacia el barco.
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Mensaje por Akane D. Murasaki el Miér 7 Oct 2020 - 21:30

Sus ojos se abrieron como platos al ver como su jefe desenvainaba la espada, clavándosela al anciano en la garganta con una sonrisa sádica dibujando sus ojos. Sintió la sangre caliente salpicar sobre su pálida piel y el olor a metal cosquilleó en su nariz. La visión frente a ella era macabra y horrible. Lo había matado. Y lo peor es que ella le había dado falsas esperanzas a aquel hombre de que, si le hacía caso, podría vivir. No era del todo su culpa, y en el fondo sabía que incluso si ella no estuviera en aquel lugar en ese momento otro pirata hubiera tomado su vida. Había sido solo mala suerte. El problema estaba en que le había dejado morir. Podría haber hecho más, pero no lo hizo porque aquello hubiera provocado demasiadas sospechas y más ahora que tenía aquel ultimátum sobre su cabeza: «la próxima vez asegúrate de rematarlos». Y no, con solo esa muerte no se iba a saciar a su capitán de pega ni a su superior. Quedaban cuatro personas en la casa. ¿Cuatro? Le miró con cierta inquina. Solo habían visto al anciano y a la mujer que corría escaleras arriba. Si la mujer hubiera tenido dos dedos de frente ya se habría marchado.

«A no ser que hubiera alguien más de quien tuviera que cuidar». La imagen de Dawn se le vino a la mente. Se mordió el labio, controlando así su rabia al tiempo que apretaba la mano sobre la empuñadura de la Katana. Esperaba equivocarse.

—No lo olvidaré. ¿Tres más? —Preguntó antes de irse pasillo adelante. Si había notado que el hombre seguía vivo y que había más gente como mínimo debía poder escuchar las voces de otros seres vivos. Si fue por eso que descubrió que el hombre estaba aún vivo debería haber ocultado su aura con la propia de ella, expandiéndola. Pero eso solo hubiera servido hasta que le hubiera tocado subir escaleras arriba. Estaba en un callejón sin salida.

Bastó un leve empujón a la puerta entreabierta para que esta terminase de ceder, revelando a la mujer que había ido de forma apresurada a asegurar la seguridad de sus retoños, tal y como tenía la pelirroja. Esta se adentró con pasos sigilosos a la habitación, quedando a la altura de la mujer y los niños. Había solo una ventana. Si querían escapar su única opción era arriesgarse a una mala caída y alejarse lo más rápido que pudieran, cruzando los dedos porque nadie les viera y disparara o quizás algo peor. E incluso si Mura no estuviera ahí el resultado sería igual. La única diferencia era que, si se lo proponía, tal vez tuviera una oportunidad de salvarles arriesgando todo aquello en lo que había trabajado desde que se marchó de Fiordia. Su puesto en la agencia dependía de que llevara a cabo su misión. Pero a ella no le podía importar menos el gobierno. Ahora bien, ese trabajo en concreto podía ayudar también a Berthil si conseguía cortar de raíz a los atacantes de Wano. E incluso si la pelirroja salvaba a esa familia… ¿Cómo se aseguraría de que no les mataran en adelante? ¿Y si la descubrían? Al final, todo se resumía a dos opciones y demasiadas cosas importantes había sacrificado ya como para echarlas a perder por una familia de desconocidos.

Su mano tembló un momento, antes de posicionarse el filo de la hoja sobre el cuello de la mujer. Si podía, aún esperaría a que llegar su jefe. Quizás le pudiera convencer para que se los llevaran como posibles esclavos. No sería lo óptimo, pero seguirían vivos hasta que pudiera liberarles. Si no lo conseguía… Les aseguraría la muerte menos dolorosa posible. Lo que tenía claro era que, hiciera lo que hiciese, sus manos no dejarían de estar manchadas.

—Tengo una pregunta, jefe. ¿No nos sería más útil llevarnos a los niños y las mujeres? Dudo que en el mercado negro nuestro Emperador no pudiera sacar tajada con ellos. —En caso de que le dijera que no, la espada tomaría fuerza y realizaría un tajo horizontal—. Una pena…

Resumen:
Aguantar por poco las formas tras ver el brutal asesinato del hombre. Adentrarse en la casa, encontrándose con la mujer y los hijos y tomar un momento para sopesar sus opciones, llegando a la desagradable conclusión de que, incluso si arriesgaba su tapadera, no iban a ser capaces de sobrevivir en ese ambiente. Plantear la cuestión a su jefe de si no sería útil mantenerles vivos para venderles como esclavos. Sino... Acatar las ordenes por el momento y matar a la madre primero.
Akane D. Murasaki
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Señor de la Piratería
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Mensaje por Zane D. Kenshin el Miér 7 Oct 2020 - 21:56

Con simple ademán de su mano derecha, bloqueo el ataque del pelirrojo casi sin inmutarse. Su mano estaba completamente envuelta de su voluntad, de un negro metalizado tan intenso que hizo ver al pirata que estaba contra un oponente de poder considerable. Eso le hizo mostrar una sonrisa, pues desde el torneo no había encontrado nadie capaz de bloquear uno de sus ataques de esa forma. Sin embargo, eso suponía un ligero problema que, de poder hacerlo, trataría de solucionar con algo de labia, mas era consciente que, seguramente, no solucionaría nada.

—¿Llamas oferta a aparecer frente a mi barco sobre un rey marino del tamaño de una isla y luego dejarlo para el basurero? —le preguntó Zane, echándose hacia atrás unos metros con sus alas—. Tal y como yo lo veo es un ataque directo, no una reunión para parlamentar. Un pirata que se precie lo hace con una buena botella de licor y presentándose primero. Tal y como yo lo veo, lo tuyo ha sido un ataque directo enmascarado como una oferta.

E inmediatamente después, sin haber recibido una respuesta, con un ágil y veloz movimiento, el wotan alzó su colosal tridente y lo clavó sin compasión sobre la preciosa Kin no Otome, la obra maestra que tanto tiempo tardó en conseguir de forma ilícita hacía tantos años, destruyendo su casco. Y por si eso no fuera suficiente, trató de aprovechar el movimiento de su arma para golpearlos.

Ante eso, seguido por sus instintos, el pelirrojo hizo fluir su voluntad a través de la hoja de su espada, y con un elegante movimiento horizontal de su arma, trazó un arco que formó una poderosa barrera de haki de armadura con la que intentó bloquear el ataque del tridente, protegiendo de esa forma tanto a Therax como a él mismo.

—¡Escuadrón marítimo! —alzó la voz Zane—. ¡Código rojo tres! —Esperaba que los gyojins dejaran su orgullo de lado y optaran por coger a Manué, Esme y los okamas y se fueran de allí tan rápido como pudieran. No muy lejos de allí había visto una isla, o quizá podrían abordar algún barco e irse hacia Yukiryu, la idea era que escaparan y estuvieran a salvo—. ¡Marc! —llamó la atención del semigigante—. Usa tu nube y ayuda a Nox, que sería una pena que a su edad se encontrara con la muerte.

Tras eso, volvió a poner su atención ante el horripilante ser de las profundidades que tenía frente a él, clavando la mirada en sus brillantes y tenebrosos ojos amarillos.

—¿Estás seguro de eso? —le preguntó el emperador con cierta arrogancia, al mismo tiempo que guiñaba el ojo a Therax—. Si es lo que realmente tú y tu reina queréis que así sea, pero luego no vengas pidiendo clemencia.

Dicho aquello, desenfundó su segunda espada, cuya hoja también se tornó de negro, y miró fijamente al rey marino, desatando toda su voluntad contra él con la firme y única intención de intentar intimidarlo y lograr que se fuera de allí. Tener cerca a una bestia como aquella era más peligroso, incluso, que el propio ser que tenía frente a él, así que quitárselo de encima sería la primera victoria de que aquella guerra que acababa de comenzar. Una pugna para conseguir llegar a tierra sanos y a salvos, y de esa forma poder ayudar a Berthil en lo que necesitara. A fin de cuentas, había traidores dentro de Wano y tenía que descubrir quienes eran.

A sabiendas de que Therax había sido capaz de ver más allá de un simple guiño, se alzó sobre los cielos metamorfoseándose en un híbrido perfecto entre el demonio que llevaba dentro y un atractivo humano de cabellos rojizos, aumentando exponencialmente todos sus poderes. Esa era la primera vez, desde que consiguió llevar más allá los poderes de su fruta una vez más, que tenía un combate que podía ponerle entre la vida y la muerte. En ese momento no solo sus habilidades mágicas, por llamarlas de alguna forma, eran iguales en su forma híbrida que en la completa, si no que el aumento de sus capacidades físicas también. Era más rápido, más ágil y más resistente.

Y sin pensárselo, se desplazó todo lo rápido que pudo hasta el costado de su oponente, alzando su espada derecha con la intención de realizar un corte vertical, del cual emergería una onda tan afilada como para ser capaz de cortar piedras preciosas como los rubíes o los zafiros sin esfuerzo alguno, tratando de cortar su tridente de utilizarlo. Tras eso, aprovechando un posible bloqueo, lanzaría una llamarada a su cuerpo al mismo tiempo que trataría de cortarle la mano con su espada sobrante.

Resumen:
Hablar con el Wotan, dar alguna orden, tratar de intimidar al rey marino para que se vaya de allí, transformarse en su forma híbrida y atacar.
Zane D. Kenshin
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Mensaje por Lance Kashan el Miér 7 Oct 2020 - 22:17

Parecieron algo descolocados respecto a mi respuesta, intercambiando miradas como si buscasen la tranquilidad que les faltaba en los ojos vidriosos del otro. Fui a abrir la boca nuevamente para reafirmar mi condición de aliado y, en último término, conocido cercano de Hipatia, pero ellos parecieron llegar a una especie de acuerdo y hablaron. «¿Los tiene enseñados de una forma tan rígida…?» pensé, enarcando una ceja mientras escuchaba como no tenían la más mínima idea de cuándo proceder. Al fin y al cabo, las grandes y masivas tropas tendían a ser conjuntos de descerebrados que solo servían para seguir órdenes y actuar como una colmena, y que colapsaban en cuanto tenían que hacer juicios de valor ellos mismos. Los efectivos tomando decisiones no solía ser un suceso muy común en las guerras. Los dejé hacer su espectáculo cómico donde uno proponía una posibilidad y el otro la acallaba con un problema, hasta que llegaron al acuerdo de llamar a un tal ''Manta''. «¿Será el mosquetero que siempre llevaba a su lado?» me dije, suponiendo que no habría cambiado tan rápido de mano derecha. Se pusieron a hablar con él y tras un rato de hacer el paripé, fue mi propio caracol el que requirió mi atención.

Al otro lado del auricular, la voz femenina, convincente y extremadamente ladina de Hipatia resonó, haciéndome rememorar por segundo aquella guerra en el palacio Ryuugu y mi vuelta por primera vez a la isla de los pescaditos tras mi… bueno, ¿éxodo? Sí, era la palabra que menos violenta sonaba de entre todas. La manzana dichosa, esa isla a la que solo podría llegar yo si recuperase la brújula del Ragnarok y la cocinera que supuse que cocinó mal el propio fruto. Pero no, no era momento de recordar ni nunca lo sería, ya que eso era distanciarme de la realidad que me atañía en esos momentos. Tras abstraerme durante unos segundos en los que miré al mar, pupilas vacías de todo sentimiento, retomé el control de mí mismo y procesé la respuesta lo más rápido posible:

— Curiosamente, uno trabaja mejor cuando está bajo la sombra de su enemigo. Ahora puedo hacer todo lo que quiera sin preocuparme de que los marineritos vengan a fusilarme, así que he salido ganando. Y encima me conocen más y últimamente me han llegado pedidos que ni te imaginarías lo bien pagados que están… —dije con cierto tono jocoso que se ahogó finalmente en una suave risa que ella acompañó, quizás –o no- por educación.

Fue una conversación corta, ya que ambos sabíamos que ninguno de los dos era muy de dar vueltas alrededor del punto al que queríamos llegar y a ninguno nos gustaba marear la perdiz. Finalmente sentenció la conversación con algo que, de no llevar máscara, se me habría notado en la cara como un gesto de sorpresa demasiado acentuado, pero que aún con ella puesta Tzar pudo advertir y se le escapó una mueca… curiosa. Mayormente riéndose de mí, o eso leía en ese morro tan abultado. Instantáneamente, antes de que pudiera preguntar qué necesitaba para hacerme el cuerpo o siquiera afirmar que lo haría, los ojos del Den Den Mushi se cerraron como dos escaparates y lo dejé en su sitio. Yo me di la vuelta, mirándolos desde cierta lejanía ya que había tenido que entrar al yate para tomar la comunicación y, ladeando la cabeza, vi cómo ellos estaban tan sorprendidos como yo.

— ¿Y bien? —comenté para agilizar el proceso, ya que parecía que si fuera por ellos, esto seguiría por días y días. Terminaron por unir aquellas dos neuronas que tenían para abrir el camino, ya que de otra forma recibirían una reprimenda gigantesca por parte de su reina, avisándome entonces de que más allá de este punto no recibiría ningún tipo de trato amigo—. ¿Y no podríais avisar de que voy y que quien me toque terminará sin cabeza? —pregunté, elevando las manos y tratando de acceder a la comodidad de pasearme por Wano a través del miedo que inspiraba la reina, pero ellos se terminaron zafando al ritmo de un ''No estamos cualificados para dar tal señal'' o algo por el estilo. Burocracia militar, la peor lacra.

Aproveché que ya estaba allí para encargarme de llevar lo que pudiera necesitar. Iba a ir con la reina y no era difícil saber que pecaba de impredecible y, por encima de aquello, peligrosa, especialmente por sus ''dones'' naturales, si a aquella capacidad se le podía llamar de una forma tan suave. Me metí de lleno en el interior de la nave, dejando atrás nuestras habitaciones —pocas pero lujosas— hasta llegar a la base donde guardábamos todo lo que teníamos en aquellos instantes. Pulsé el anillo que portaba el meñique izquierdo y Casiopeo apareció, dejándola por allí mientras abría un cofre realmente bien sellado y el olor empezaba a inundar la sala. Antes de causarle ningún mal a nadie, apunté y recogí la capa hedionda en el mismo anillo para prepararme contra las posibles mascotas de la señora, mientras que el anillo vacío por portar el traje de Sif llevaría encima la Super Soaker. Sería un problema si tuviera que guardar el disfraz repentinamente, así que antes de entrar simplemente se la dejaría a Tzar. ¿Tenía puntería? Poca. ¿Tendría que apuntar si llegase el momento? Seguramente no mucho.

Salí de allí saludando a aquellos dos hombres y aprovechando que ahora sí que me dejaban pasar, avanzando mientras le hacía un gesto al mink para que me siguiese de cerca. Esperaba que guardasen su palabra y cuando volviera el yate siguiera ahí, junto con Nero. Por otro lado, nuestro camino no fue demasiado preocupante en vista de que no tuvimos ningún contratiempo más grave que un susto. Cada facción parecía tirar para su lado en una situación tan tensa y convulsa como aquella; los revolucionarios avanzaban sin pausa a una distancia considerable y, en cuanto pude ver a Augustus al fijarme mejor, aceleré el paso. «¿Está tratando de conquistar la tierra de su mujer…?» me pregunté, pasando de largo de un pueblo estremecido por la guerra y no vacío de gritos y gente haciendo de las suyas que aprovechaba el caos. Pero no me iba a frenar antes de llegar a mi destino, no, porque además estaba en el palacio y aquello significaba poder. Quizás podría rascar para mí.

La gran capital se erigía ya frente a mí en un abrir y cerrar de ojos gracias a la velocidad de ambos, así que aproveché la inercia para atravesar el puente, pero no tardé en escuchar un grito que me instaba a frenar e identificarme. Levanté las manos, tratando de echarle un vistazo a aquel que coronaba el torreón, especialmente para descubrir su raza y saber de qué bando pecaba.

— ¡Soy Sif, vengo a petición de la señorita Hipatia! —No estaría desprotegido aun así, por lo que me prepararía para esquivar de ser necesario. Aun así, siendo que la mujer estaba allí dentro tan tranquila como para darse un baño y sus tropas se paseaban por Wano, la situación no debía de estar muy lejos de su mano, ¿no? Mejor utilizarla de billete para entrar que ocultarlo o despachar a alguien antes de intentarlo.

Resumen:
Escucho a los truchos, hablo con Hipatia en el DDM del barco y recojo la Capa Hedionda y la Super Soaker. Luego me voy con Tzar al interior de Wano, dejando atrás todas las opciones en post de entrar a la capital utilizando a la señorita Hipatia de ticket de entrada.


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Mensaje por Vile Spectre el Miér 7 Oct 2020 - 22:23

El tiburón, irónicamente, trató de acudir a la ley del parlamento con su congénere, pero el rubiales y Kenshin no parecieron tan dispuestos a dialogar. Vile fue incapaz de reprimir la risilla al ver que el temperamento de los Arashi no Kyoudai permanecía inalterable. No obstante, su feliz reacción se cortó en seco al ver cómo el hombre pez salió mayormente impune de las agresiones de sus camaradas piratas. Aquel bicho había sido lo suficientemente tenaz como para detener en seco el ataque de un Yonkou y de su segundo de abordo.

Tras recibir ambas ofensivas, el bicho no hizo más que burlarse de los piratas y repeler con un movimiento muy simplón a los guerreros voladores. Por otro lado, desvié la mirada para darme cuenta de que la gran sierpe marina se alzaba recia sobre la mar, ensombreciendo la cubierta de la nave. Marc se dedicó a seguir con las 'negociaciones', mientras Kenshin intentaba salvar a su tripulación. No mencionó a Vile ni por un momento, por lo que se figuró que en esta ocasión debería salvarse por sí solo o confiar en la buena voluntad de Marc. En cualquier caso, se preparó mentalmente para nadar unos largos y, con el pie, atrajo hacia sí sus efectos personales.

Pero no dejaría el barco sin un último y espectacular acto. El gyojin todavía le daba la espalda, empecinado en aleccionar a los piratas de Kenshin. No parecía preocupado en lo más mínimo por el maremoto que estaba gestándose, cortesía del Rey Marino que había atraído hasta el Kin no Otome. Sin mucha ceremonia, Vile apuntó silenciosamente a la nuca del hombre pez y disparó su pistola de mecha.

-Ya... -dijo, en voz alta y con un tono soberbio y mordaz-. Como que tus formas han sido las mejores. Por cierto -comentó al aire, cambiando su forma de hablar a una tan calmada que parecía irónica-, yo no me puedo encargar de esa ola. ¿Alguien lo hace o voy preparándome para saltar por la borda?

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Disparo a la espalda del gyojin y me preparo para escapar a nado.
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Mensaje por Osuka Sumisu el Miér 7 Oct 2020 - 22:23

- Ya me llamarás por el apellido cuando sea un jubilado. Prefiero Osu a secas.-le estrecho la escuálida mano, tuvo que hacer el esfuerzo de no hacerle daño, como quien sujeta un huevo. Con su complexión era demasiado débil para la altura que tenía. Como entenderás, con los años he aprendido a proceder un poco… “a mi manera”, por lo que no te preocupes. Sé lo que hago.

El Oficial se había habituado en que los planes y estrategias de la revolución, por decirlo de manera bastante sinuosa, se solían ir bastante por no decir mucho a la mierda. No le quedó otra que aprender de aquellas situaciones a hostias; Gray Rock, el Jinete, etc… No fueron precisamente sus mejores días. Esperaba que Wano fuese diferente; no tenía que estar vigilando que Zane la liara cerca, no había peligro de destrucción inmediata y Thawne ya no pertenecía al gobierno, por lo que no le daría por saco. Que manía le tenía a ese tipo.

Lo que no había esperado fue encontrar un pueblo oculto tras las deformaciones tectónicas de la isla. Aunque sorprendía aún más como el lugar parecía incorruptible de la batalla por venir. No podía evitar las ganas de inmediatamente quedarse una temporada por ahí. Sabía que se iba enamorar de los pueblos de Wano, pero no esperaba que fuese tan rápido.

Se percató de un hombre anciano, habituado con la clásica armadura samurái. Estaba hecho polvo pero aquel atuendo y las armas habían visto más batallas de las que un belicoso le gustaría tener. Su voz cansada pidió si le podían llevar donde sus piernas ya no podían como en sus años mozos seguramente. Igualmente el revolucionario tenía que atravesar el pueblo por lo que no suponía ningún problema.

- Por supuesto abuelo, todo sea por un veterano de guerra.-con un movimiento, se subió al samurái en caballito y no tardó mucho en emprender la marcha.

Desde fuera, la escena debía ser muy graciosa, ya que al revolucionario solo le faltaba ir a cuatro patas para parecer un potro. A Osuka le daba bastante igual, pues la vergüenza por este tipo de cosas ya se le había ido.

- ¿Algún nombre por el que pueda referirme a usted, señor?

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Mensaje por Inosuke Dru-zan el Miér 7 Oct 2020 - 23:20

Poco a poco, a lo largo del trayecto, nuestro grupo había ido volviéndose mayor, como un árbol creciendo del cual surgen ramas nuevas. El problema era que esas ramas no eran amigos. Y algunos un poco estúpidos, como Blackhole, quién no había visto a los hombres pez que estaban ocupando nuestro temporal asentamiento. Yo no le había dado mucha importancia, pero no estaba tan ciego como no haberlos visto. Sí, era fuerte, mucho más de lo que había pensado, pero no tan listo. Nosotros lo éramos más.

Me había equivocado; Ivan le había dado la razón. ¿Qué le pasaba a todo el mundo? Tenemos que poner buena cara a nuestros enemigos, Ivan se estaba volviendo estúpido y además se clavaba algo en el cuello junto a Katharina para salir corriendo. Aquella situación me estaba agotando. No terminaba de comprender las cosas. ¿No sería más fácil derrotarlos y hacernos con la isla a la fuerza? Aunque daba igual mi opinión. Katharina era la capitana, ella mandaba. Y qué diantres, yo confiaba en mi capitana, que a pesar de ser mujer, era más fuerte e inteligente que muchos hombres, incluido yo.

¡Ahh! —exclamo cuando el mayordomo aparece a mi lado, apoyando su fina mano sobre mi musculoso hombro. Cazapeces reaccionó a mi sorpresa saltando sobre la cabeza de jabalí y apoyándose en el otro hombro —. Mayordomo Misterioso, ¿de dónde tú salir?

Cuando se separa de mí, observo el lugar donde había posado su mano. Había dejado una pequeña mancha negra sobre el haori que había hecho Xandra, así que me lo quité para poder limpiarlo cómodamente. Al hacerlo, me fijo en que la mancha había traspasado la tela para impregnar también el kimono, del cuál extraigo los brazos y lo dejo colgando del hakama. «¿Qué haber tocado Mayordomo antes de tocar a mí? Parecer tinta de calamar» pienso cuando vuelvo a posar la mirada sobre mi hombro. La mancha había alcanzado la piel, así que me froté enérgicamente la zona para liberarme de ella, pero no desaparecía.

¡MAYORDOMO! —grito ante la extrañez de la situación, buscando llamar su atención—. ¿Qué ser esto? No irse, quedarse. No gustar a mí.

Sin embargo la mancha parecía inofensiva, así que lo dejaría pasar por el momento. Al poco tiempo, siguiendo las órdenes de la jefa, llegamos a un pueblo que había sufrido los estragos de la guerra. Por cualquier lado había signos de destrucción, muchos aldeanos heridos y humo saliendo de chozas ardiendo. Cuando Katharina nos ordenó a Xandra y a mí que atendiéramos a los heridos, lo hice de buena gana. No me gustaba ver aquella destrucción sin sentido, y mucho menos que personas inocentes sufrieran los caprichos que otros.

Al momento me adelanté hacia los heridos, haciendo un gesto con la cabeza a mi compañera que significaba que que estaba de acuerdo con su procedimiento, y levanté los brazos para llamar la atención de los necesitados de cuidados médicos.

¡Aldeanos, vosotros reunir!. Hacer fila, yo curar. Ser chamán de isla del cielo.

No contaba con mucho material en aquel momento, no había pensado que me hiciera falta, pero me las podía apañar de todas formas. Me quité la cabeza de jabalí, escupí sobre mis manos, frontándolas fuertemente para limpiarlas y comencé con mi trabajo. Tras examinar a los heridos, realizar varios vendajes con ropas rotas y muchos emplastos de barro, los heridos por contusiones, quemaduras y otros daños estaban a salvo.

Esto ya estar, ¿ahora qué tocar? —pregunto sin dirigirme a nadie en concreto volviendo a colocarme la cabeza.

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Ino intenta deshacerse de la mancha, sin exito, dice cosas, y cura a los aldeanos de la villa con sus increíbles y poco ortodoxas habilidades médicas.
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Mensaje por Therax Palatiard el Miér 7 Oct 2020 - 23:36

Había podido notar cómo las escamas del wotan sucumbían ante la potencia de su embestida, pero, cuando interpuso algunos metros entre él y su adversario con un leve aleteo, pudo comprobar que los daños que había sufrido eran poco menos que insignificantes. Un tímido riachuelo, minúsculo en comparación con la envergadura del ser del que manaba, recorría su cuerpo lentamente. Apretó los dientes, consciente de que habían comenzado topándose con un obstáculo difícil de sobrepasar. Pero no se quedarían quietos para dejarle hacer, eso estaba claro.

El tridente del habitante del mar se hundió en el casco y Kin no Otome se vio aún más dañada. Dudaba profundamente que la embarcación saliese de aquélla, pero no ocurriría lo mismo con sus ocupantes. El escuadrón marítimo se puso en marcha para poner a salvo a Esme y Manué. Luka no tendría problema alguno en el mar y Nox podría ingeniárselas para flotar en el aire. En el peor de los casos siempre podría ir a a recogerle antes de que su destino quedase sentenciado. Sin apartar su atención del más veterano de los Hermanos de la Tormenta apreció cómo Marc elegía al colosal monstruo marino como su oponente.

El rubio se ocultó tras la barrera de haki creada por su capitán, buscando así protegerse del portentoso tajo generado por el enemigo para centrarse por completo en la ofensiva. Envainó durante unos instantes a [Byakko para aferrar con ambas manos a Yuki-onna. El guiño de Zane, oculto tras un arrogante gesto de desafío, había sido una señal inequívoca para el domador.

La hoja de su espada segó el aire con un violento gesto, elevándose hacia las alturas en un movimiento que estaba muy lejos de ir dirigido hacia el wotan. Se elevó hacia las alturas, perdiéndose en la distancia y quedando como una acción tan espectacular como inútil. Él sabía que no sería así, pero ¿ocurriría lo mismo con el subordinado de Hipatia Stix?

Aún quieto en su posición, aguardó por la respuesta del morador de lo hondo para reaccionar. El Descamisetado se había lanzado a por él, y Espada meteoro no tardaría en precipitarse sobre su objetivo con un poder mucho mayor si cabía del que el espadachín le había concedido en un primer momento.
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Ocultarme tras la barrera de haki de ane y atacar al wotan con Espada Meteoro.


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Mensaje por Jack Suzume el Jue 8 Oct 2020 - 1:15

No sabía que era lo que había pasado en la pequeña reunión que estaban teniendo Gal, Al y Arthur, pero cuando terminé de dar mi pequeño discurso, el cual había visto que había surtido efecto, pude ver como Arthur y Al le daban un capón cada uno al Vicealmirante. “¿Y esa fiesta a la que no me han invitado? Insultado me hallo, vamos a partir la madre.” Dime girándome hacia donde no había nadie hablando como si nada.

Acto seguido fui corriendo hasta donde se encontraban mis compañeros de brigada y dando un salto le intenté dar otro capón a Gal. Posiblemente me hubiese pasado con el golpe, pero quería sentirme incluido en aquel toque disciplinario, y por lo que había visto cada uno había sido más fuerte que el anterior, y este no iba a ser menos.

-No sé que pasa aquí, pero muy mal hecho Galhard. Ahora sigamos adelante, por donde vamos. – dije mientras miraba a Arthur a la vez que hacía un polo de naranja y lo incrustaba unos segundos en la oreja del Almirante, para luego sacarlo y darle un lametazo. – Mmm, le falta algo.

Saqué algo de ron y lo mezclé con el azúcar del polo.

-Ahora, ahora sí esta bueno.

El Almirante me dio la orden de pintar un campamento que había creado a base de hielo. Se giró y ordenó al resto comenzar la marcha de las tropas y vi como empezaban la marcha hacia el nuevo emplazamiento. “Llevo demasiado tiempo cumpliendo órdenes como debe ser, creo que seré artístico” dije mirando hacia un lado. Tras ver como salían del campamento de hielo comencé a cumplir órdenes. A simple vista el campamento parecía estar pintado igual que el original, sin embargo, si alguna patrulla enemiga pudiese volar podría ver una carita sonriente que guiñaba un ojo y sacaba la lengua.

-Con esto debería bastar – dije para mi mismo a la vez que creaba una nube de azúcar y ponía el mismo rumbo que habían tomado Al y el resto.

Resumen:
Darle un capón mas a Galhard, hacer caso a Al y pintar el campamento, aunque visto desde el cielo parece una carita sonrriente que guiña un ojo y saca la lengua (si, quiero burlarme de quien pase por ahi volando)
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Mensaje por Prometeo el Jue 8 Oct 2020 - 1:17

Partir sin hacer preguntas sobre el plan ni detenerse a esperar al comandante Makintosh no fue la mejor de las ideas, de hecho, estaba pensando en devolverse, pero no quería parecer un novato en frente de los altos mandos del Ejército Revolucionario. Había llegado a un pueblo, sí, y todo lucía tan pacífico que parecía imposible que ahora mismo en Wano se estuviese viviendo una cruenta guerra. El ambiente era alegre y tranquilizador, a Prometeo le gustaría quedarse ahí y conocer las artes culinarias locales; un poco de intercambio cultural siempre era bienvenido. Si algo extraño u oscuro sucedía en el pueblo… Bueno, al homúnculo ni siquiera se le pasaría por la cabeza pensar algo así. Ante sus ojos todo funcionaba a la perfección.

De pronto, su tranquila caminata fue interrumpida por un samurái entrado en edad. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de la experiencia que tenía. La armadura gastada, la vaina mellada y la falta de un ojo… ¿Cuántas batallas había superado? Prometeo, por su parte, no sabía si el oficial Osuka estaría de acuerdo en acompañarlo hasta la posada, pero lo haría de todas maneras. No, espera, el gigantesco revolucionario no tardó en ofrecer su ayuda.

—Por supuesto, señor, cuente con nosotros—contestó Prometeo con una sonrisa amigable en el rostro, ofreciendo su brazo para que sirviese de soporte—. Si usted lo ve oportuno, no me importaría revisar su estado de salud y tratar cualquier dolencia que pudiera tener. Los jóvenes tenemos la obligación moral de asistir a aquellos que han servido durante muchos años al mundo, creo.

Y así lo haría.

En caso de que el samurái le permitiese revisarlo, comprobaría el estado de sus músculos y huesos. Cualquier herida que pudiera tener la sanaría con las Llamas de la Inmortalidad, un fuego azulado increíblemente cálido y reconfortante. Incluso si detectaba alguna enfermedad como una gripe, no le importaría usar sus habilidades de fénix para sanar a ese hombre. Vamos, ¿por qué no decirlo? Ayudar a la gente le hacía inmensamente feliz.

Resumen:
Acompañar al samurái misterioso a la posada y ofrecer atención médica por si lo fuera a necesitar:
Prometeo
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