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[CAPÍTULO] Un brillo cegador [Wano]

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Mensaje por Maki Mar 1 Dic 2020 - 20:54

Cada mención a ese código era como una puñalada para el comprometido corazón de Maki. Oír a sus propios subordinados, aunque no perteneciesen a la Revolución, blasfemar de tal modo le dolía en lo más hondo. ¿Acaso no había hecho todo lo posible por inculcarles la necesidad de seguir los preceptos revolucionarios? ¿No había dado pan a los pobres y vino a los panaderos? ¿No había organizado bibliotecas ambulantes para adoctrinar adecuadamente a los jóvenes? ¿No había colocado la foto del Sagrado Líder de la Revolución en todas las aulas de todos los colegios?

Llegó como en trance hasta su celda. Estaba tan anestesiado por la decepción que ni se dio cuenta de que los barrotes eran de oro hasta que no le deslumbró su brillo. Pasó un largo tiempo encerrado, dando vueltas como un animal... pues como un animal encerrado. Hizo flexiones, se tatuó una mariposa con un boli. Incluso se planteó acogerse a alguna religión, pero los únicos salvadores divinos que el ideario de Báltigo permitía eran aquellos revolucionarios que salvaban el mundo. Como él. Sin embargo, tanto aburrimiento le llevó a replantearse muchas cosas. Su cerebro empezaba a asimilar todas las consignas que le habían gritado a la cara. ¿Tal vez había estado equivocado durante todo ese tiempo? A lo mejor debía organizar una revolución en su forma de ver las cosas.

Cuando ya llevaba cinco minutos en la celda, decidió fugarse.

Lo primero que necesitaba era un plan... Un momento, no. Ya se había fugado de celdas otras veces y los planes enrevesados nunca funcionaban. Mejor le... Uy qué olorcillo... Sin darse cuenta Maki empezó a salivar. Si no se equivocaba -y su olfato rara vez fallaba cuando se trataba de atinar sobre comida-, debían estar cocinando uno de esos animales terrestres que los humanos usaban para hacer lana y luego comérsela. ¿Un ñu? Estaba casi seguro de que lo llamaban así, pero no era un experto en los animales de la superficie. Eran todos demasiado raros y parecidos. Todos con cuernos, pelo y enormes pitos.

-No te distraigas, Augustus. Hay que trabajar.

Por fin estaba en las entrañas del castillo enemigo. Era la mejor oportunidad de poner en práctica sus habilidades de escapismo, ocultación, robo de comida de la cocina y de enfrentar dramáticamente a su adversario final. Claro que en este caso era su esposa. Y no sabía si Hipatia sabía luchar o no, pero le daba un poco de miedo. La gente no sabía lo loca que estaba. La primera vez que Maki se acostó en su cama de matrimonio se encontró una aguja de coser en la almohada. Ella dijo que no había sido, pero las siguientes seis veces y el hecho de que ella se reía cada vez que se pinchaba ya le hicieron sospechar que no había sido la sirvienta.

Aun así debía atreverse. Por sus chicos -y chicas-, por sus camaradas -y camarados-, por el propio orgullo de su especie, le dio un cabezazo a los barrotes para arrancar la puerta de cuajo, descuajeringar la celda entera y enfrentarse a la maldad más peligrosa que jamás se había interpuesto en su carrera: su matrimonio.

Resumen:
Mucho rodeo para intentar abrir la puerta de un cabezazo.
Maki
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Maki

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Mensaje por Zane D. Kenshin Miér 2 Dic 2020 - 17:15

Hacía mucho tiempo que Zane no se había visto envuelto en una batalla como aquella, si es que podía referirse a lo que estaba haciendo de esa forma, en la que parecía que las apuestas estaban completamente en su contra. Algo había hecho mal a la hora de realizar su ataque, pues su potencia y equilibrio no era la debiera ser. ¿Fallo suyo o influencia del extraño poder de su oponente? Fue la gran cuestión que invadió su mente justo antes de volar alrededor de su contrincante.

Generó una cantidad de fuego relativamente absurda, la cual quemaba y convertía en cenizas casi todo lo que tocaba. Sin embargo, como había ocurrido antes, sus llamas comenzaron a cernirse sobre su contrincante, desapareciendo rápidamente. El bigardo sudaba, pero no tenía daño alguno. Entonces, su respiración volvió a agitarse, resonando en todo el lugar. Era como si la influencia de aquel gigantesco hombre repercutiera de alguna forma que no llegaba a comprender en el lugar en el que se encontraba. Y una luz blanca emergió de su cuerpo, avanzando a gran velocidad y destruyendo todo lo que se ponía a su paso.

«¿Qué coño?», pensó el pelirrojo, viendo como un hombre era prácticamente desintegrado por aquello que había soltado. Agitó sus alas tanto como pudo, tratando de alejarse aún más de aquel sujeto. Le costaba volar por alguna extraña razón, mas eso no impidió que pudiera alejarse lo suficiente como para que la ofensiva de aquel ser, además de hacerle sentirse extraño, le levantara parte del plumaje que envolvía su cuerpo, así como partes aleatorias de la superficie de su piel, que se quedó en carne viva. Era un dolor incómodo, el cual de no ser el usuario de una zoan mitológica y estar alejado, le habría dejado hecho una albóndiga.

Rápidamente, sus habilidades curativas innatas comenzaron a regenerar su piel y sus plumas, haciendo que no perdiera altitud en el vuelo. El pelirrojo no tenía ni idea de como vencer a ese sujeto, y eso le hacía sentirse frustrado, aunque al mismo tiempo le gustaba saber que había alguien tan fuerte con el que poder medirse y de esa forma evolucionar de cierta manera. Pero mientras más lo observaba más monstruoso que parecía, como si estuviera enfrentando a un pozo de oscuridad que lo absorbía todo.

«Aunque cuando lo expulsa todo se vuelve blanco», discurrió por un instante.

Volvió a repasar todo lo que sabía, pero mientras más pensaba menos cosas tenía en claro.

Tenía la esperanza de que golpeara al grandullón, así que aprovecho su velocidad para impulsarse hacia abajo y lanzar una doble onda cortante hacia el suelo, concentrando también su destructiva voluntad para tratar de hacerle perder el equilibrio. No obstante, no podía dejar de pensar en la forma que tenía su enemigo de atacar de esa manera tan devastadora. Tenía un presentimiento, un pálpito que le decía que tenía que forzarle a que atacara de nuevo de esa manera tan destructiva.

Es por eso, que comenzó a girar de nuevo a su alrededor, aunque esta vez comenzó a lanzar pequeñas ondas cortantes, de apenas dos metros de largo y un grosor de cuarenta centímetros, las cuales al acercarse a su objetivo explotarían creando una onda expansiva de un radio de hasta dos metros y medio cada una. Pero eso no era todo, ya que mientras iba girando también iba creando fuego en torno a él.

—¡Arashi No Ken!

«Quizás sea un suicidio, pero tal vez pueda aprovechar el momento en el que desata su poder para acercarme y adentrarme en su zona de acción para hacerle daño»

—¿Eso es todo lo que tienes, bola de discoteca? —le preguntó, haciendo lo que mejor sabía hacer: enfadar a la gente.

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Esquivar su ataque, llegar a una suposición sobre el poder de su oponente y probar su teoría.
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Mensaje por AEG93 Miér 2 Dic 2020 - 18:23

Sorprendentemente Koji parecía tener ciertos conocimientos de primeros auxilios, y en apenas un momento improvisó una inmovilización para la pierna que peor aspecto tenía del maestro con apenas un par de palos y un trozo de tela que sacó de su propio haori. Aquello era digno de admirar, la verdad, y el joven semigyojin miró con orgullo a su amigo de la infancia realizar aquel rudimentario pero aparentemente eficaz procedimiento. No obstante no dejaba de ser algo transitorio y no una solución a las múltiples heridas que presentaba su maestro, por lo que era urgente buscar un médico experto que le atendiera.

Ryohei explicó entonces las opciones que tenían. Al parecer los sanitarios eran un bien realmente preciado en momentos de crisis como aquel, cosa por otro lado completamente lógica, e Hipatia había llevado consigo a la mayoría de los que su ejército había encontrado a su paso y asesinado a los que se habían negado a acompañarla. Dentro de lo muchísimo que odiaba a la reina gyojin y de la absoluta falta de escrúpulos que mostraba en cada una de sus decisiones, el samurái debía reconocer que desde un punto de vista puramente estratégico esa era una maniobra excelente. Sin embargo, su amigo expresó una mínima esperanza de que en Satacho pudieran encontrar a alguien lo suficientemente cualificado.

Ryuu, por desgracia, no compartía ese optimismo. Había estado en Satacho en múltiples ocasiones durante su niñez, pues era un pueblo considerablemente cercano a Okobore. Se encontraba justo al margen de la zona por la que el grueso de las fuerzas de la usurpadora habían pasado y, por lo tanto, era muy probable que hubiera sido arrasada junto al resto de lugares que habían encontrado a su paso. No, allí casi con seguridad no encontrarían nada, y perderían un tiempo muy valioso que su maestro probablemente no pudiera permitirse. Solo tenían una opción.

- Debemos ir a la Capital de las Flores entonces. Probablemente Satacho haya sido también destruida, y si nos desviamos hacia allí y, como parece probable, no encontramos ayuda, perderemos un tiempo precioso. La vida del maestro pende de un hilo, y aunque tal vez no aguante hasta llegar a la capital lo que es seguro es que no resistirá un viaje primero hasta Satacho y después hasta ella. Así que no nos queda más remedio, ¿no creéis?

Dejó que sus amigos, su madre y su hermana reflexionasen apenas unos segundos acerca de sus palabras y, casi inmediatamente después, continuó:

- Vamos, tenemos que ponernos en marcha. No hay tiempo que perder si queremos salvar la vida al maestro.

Si podían encontrar un refugio seguro en las afueras de la ciudad él podía internarse en ella para buscar la ayuda de un médico. Y una vez lo consiguiera y se hubiera asegurado de que su maestro estaba atendido podría volver sus ojos hacia Hipatia y acabar con ella de una vez por todas.

Resumen:
Decidir ir a buscar ayuda a la Capital de las Flores.
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Mensaje por Arthur Silverwing Miér 2 Dic 2020 - 18:31

Oh si claro ¿Qué mejor forma de acabar con la brigada que un gigantesco cubo de rubik tamaño industrial relleno de lava? Que pena que no he traído un cubo de hierro, ah no espera, que todos tenemos podres sobrenaturales capaces de contener esto. Así que supongo que esta trampa no estaba pensada para nosotros, o por lo menos no para hacernos daño, si quisieran hacer eso retransmitirían por todo Wano los nombres de las mujeres que han rechazado a Al. En fin, era hora de ponerse manos a la obra.

- Galhard ¿Sabes que el cuerpo humano está perfectamente diseñado para beber lava, pero sólo una vez? -  Dicho esto lo dejé en un lugar seguro. - ¡Muy bien, voy a encargarme de detener el avance de la lava! Vosotros buscad una salida, la estructura ha cambiado seguro que ahora puede haber un túnel o algo. Os avisaré con tiempo si no puedo contenerlo.

Y tras eso volé a toda velocidad, activando mi Trans Am para aumentar la fuerza de mis músculos y mi velocidad de vuelo, usando el calor para alimentar mi cuerpo. Agarré mi arma y comencé a desplazarme en círculos procurando abarcar todos los puntos  por donde salía la lava. Al llegar al lado podía mi arma en forma de alerón y trataría de proyectar la roca fundida con rápidos movimientos hacia arriba, al tiempo que absorbía el calor de esta para endurecerla al instante. Iría dado vuelta tras vuelta, procurando hacer paredes gruesas en forma de... un cubo gigante. Procurando que fueran más gruesas en la base, como las de las presas. Si esto funcionaba seguiría el tiempo que hiciera falta y elevaría la estructura todo lo posible. Podía simplemente enfriar la roca en los conductos para sellarlos, pero eso era más peligroso, la presión que la impulsaba podría romper los conductos que la llevaban y esta podía salir por otros sitios, haciéndola más difícil de controlar, o incluso podía dañar el conducto que estábamos buscando. Por eso crear un contenedor sería algo más seguro que simplemente poner un montón de tapones. Si la cosa se salía de control más rápido confiaba en que Al o jack pudieran hacer presas o reforzarlas para evitar que la colada de lava nos alcanzase. Esto parecía un movimiento a la desesperada, sacrificando todas las minas para evitar que las aprovechásemos... u ocultar algo, además, así podía parecer perfectamente un suceso natural, total, ¿Qué es lo que queda debajo de la lava fundida?

Calculaba que tendríamos unos minutos, no me importaba cómo buscasen, pero tenían que ponerse manos a la obra. Si nos veíamos muy justos lo enfriaría todo y saldríamos de ese lugar antes de que la lava lo arrasase.

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Sentido térmico: Arthur puede captar la temperatura y sus cambios a su alrededor.
Aura de Violencia: Arthur emite constantemente un aura ofensiva que captan todos los usuarios de mantra.

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Mensaje por Marc Kiedis Miér 2 Dic 2020 - 18:35

El privilegiado cerebro de Therax, como siempre, había llegado a conclusiones que Marc no habría podido ni siquiera imaginar por su cuenta, pero a decir verdad lo que le contó tenía sentido. Era mucha casualidad que aquellos hombres se hubieran atrincherado justo allí. Lo más probable era, como bien dijo su nakama, que alguien les hubiera convencido de hacerlo. Y aquella reina gyojin, que como mencionó el rubio parecía estar en todas las salsas, como el ajo, era una de las principales candidatas.

Cuando Therax preguntó a la señora que parecía la más valiente entre sus conciudadanos acerca de la llegada de aquellos piratas su respuesta dejó al semigigante anonadado. Al parecer alguien había dicho a los lugareños que la familia D Kenshin había invitado al país a aquellos hombres. El semigigante, dolido por aquellas crueles mentiras vertidas contra su amigo y capitán, no pudo sino contestar:

- Zane nunca habría hecho eso. No sé quién se habrá inventado esa historia, pero es una vil mentira. Nuestro querido capitán vino hasta Wano cuando se enteró de que estaba siendo asediada por muchos piratas e intentó echarlos. Él ama su país y nunca permitiría que le pasara nada malo. No sé quien será el culpable ni por qué quiere echarle la culpa a Zane, pero sabed que os han mentido.

Un par de lágrimas cayeron por las mejillas del grandullón mientras hablaba sin que este pudiera hacer nada por evitarlo. Siempre había odiado las mentiras y a quienes las pronunciaban, y su corazón estaba lleno de rabia, tristeza e impotencia porque alguien estuviese provocando tanto mal y además queriendo culpar injustamente a su capitán de ello. Zane no sería la persona más inteligente ni el mejor estratega del mundo, pero era noble y de buen corazón, y aquellas gentes debían saberlo. Él no era el villano de aquella historia, y lo demostrarían. Costara lo que costase.

Resumen:
Emocionarse mientras defiende a Zane de las mentiras de quien haya causado ese desastre.
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Lobo de los 7 mares
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Mensaje por Katharina von Steinhell Miér 2 Dic 2020 - 19:02

¿Qué idiota sin sentido de la belleza osaría burlarse de la majestuosa bestia en la que se había transformado la hechicera? ¡El hipogrifo era una criatura fascinante y hermosa! No había ninguna duda de ello y hasta alguien con el intelecto de una oruga lo entendería. Bueno, no tenía la certeza de que Kaya fuera a comprenderlo, pero igual esforzándose quién sabe. Dejando las profundas reflexiones de lado, la bruja emprendió el vuelo en dirección al océano y en busca de algo que cortar, quemar o destrozar. Cualquier cosa serviría para liberar tanto sentimiento negativo que tenía dentro. Sería maravilloso que el mayordomo estuviera cerca para lanzarle un mar de fuego encima; eso le haría sentirse mucho, mucho mejor.

Voló deprisa porque el ego empezaba a demandar protagonismo, es decir, estando en medio de una guerra aún no había hecho nada. La última vez comandó un ejército de no muertos y, por culpa de cierto hombre cuyo nombre le hacía vomitar, acabó provocando un incendio. Ahora mismo era lo que necesitaba. No necesariamente un incendio, pero si servía para hacerle brillar, ¿por qué no? Como se había quitado un par de preocupaciones de encima (todo gracias a Ivan) podía permitirse dar saltos más… arriesgados. Y por eso volaba en busca de alguien que le dijera dónde encontrar a Julio. Lo que le hacía preguntarse… ¿En serio los Emperadores eran monstruos inalcanzables en términos de fuerza? Conocía solo a uno, Zane, y estaba segura de que podía hacerle frente. Y hasta conseguiría la victoria, de usar correctamente la cabeza. Algo que su excapitán no utilizaba a menudo.

Posiblemente ni siquiera hubiera necesitado la vista de pájaro para ver la horripilante bandera de los piratas de Iulio C. Zar. ¿A quién se le había ocurrido semejante vomitorio? ¿A un pintor ciego y con parkinson? Las espadas no respetaban ninguna simetría, los colores eran horribles y todo parecía muy al azar. Joder, qué vergüenza de Emperador. Pero no estaba ahí para criticar los aborrecibles gustos de un pirata cuya cabeza quería en una pica. O en un frasco con líquidos conservantes; seguro que Alexandra le daría un buen uso. No, no, estaba ahí para pensar en una manera de conseguir las respuestas que necesitaba, y era el momento de comenzar a considerar y descartar ideas.

Infiltrarse en la fiesta y esperar a que todo el mundo estuviera borracho sería la mejor opción, pero odiaba las fiestas y golpearía a alguien a los cinco minutos. Detestaba el repugnante aroma del alcohol. Bueno, los vinos de quinientos mil berries eran una delicia, pero dudaba de que esos piratas asquerosos pudieran comprar algo así. Por otra parte, no tenía la certeza de que sus compañeros supieran mantener un perfil bajo, es decir, solo había que mirar al cerdo. Se le daba un poco de confianza y tocaba culos y tetas. La adición del monstruo rosa malhablado y adicto a la adrenalina a la ecuación tampoco ayudaba demasiado a continuar considerando una idea así.

Evidentemente, ninguno de los piratas de ahí abajo era tan fuerte como la propia hechicera, sin embargo, el número suponía una desventaja sustancial. Un ataque frontal era un boleto directo al más allá, y todavía era demasiado joven para morir. Aún tenía que conocer al amor de su vida, no moriría antes. Sin embargo, si quería llamar la atención y sobrevivir al mismo tiempo… ¿Qué tal un ataque desde el cielo anunciando su llegada? Seguramente saldría a recibirle alguien poderoso al que preguntarle cosas interesantes, como las intenciones de Iulius en Wano. ¿Era un buen plan? No. ¿Arriesgado? En absoluto. ¿Digno de la capitana del circo pirata más infame de todos los mares? Sin ninguna duda.

—Estarán de acuerdo conmigo en que hemos mantenido un perfil demasiado bajo y una postura defensiva en la guerra, ¿verdad, chicos? Es hora de que brillemos, nos lo merecemos. Si vamos a declararle la guerra a un Emperador del Mar lo haremos a lo grande —les comentó sin acostumbrarse a su voz. Normalmente un caballo-pájaro no debería gesticular ninguna palabra, pero había excepciones—. Mi idea es arruinar la fiesta y bombardearlos con un mar de ondas cortantes bañadas en fuego. Probablemente no cause demasiadas bajas, pero servirá para llamar la atención. Si no les apetece, podemos tirar por la infiltración, secuestrar a cualquiera y hacerle preguntas —agregó luego con un tono indiferente. Normalmente es lo que haría, pero como no estaba en una situación normal...—. Kaya, Alexandra, puedo bajarlas antes de que inicie el festival. Decidan ustedes.

En caso de que las piratas decidieran ir a tierra firme, descendería rápidamente y aterrizaría en un lugar medianamente lejos del puerto. En caso contrario… Volvería a su forma humana, pero no sin antes dejar en su espalda las mismas alas para mantenerse suspendida en el cielo. Y también crearía dos grandes apéndices en forma de mano que emergerían de su espalda baja, los cuales servirían como plataformas para que Alexandra y Kayadako permanecieran allí.

Si el grupo se mostraba de acuerdo… Bueno, comenzaría la fiesta. Primero transformaría sus brazos, dotándolos de una fuerza increíble y una apariencia idéntica a la de un minotauro. Todo su cuerpo se volvería más robusto, sacrificando agilidad para ganar aún más poderío físico. Y entonces desenvainaría a Fushigiri, cogiéndola con ambas manos. Descendería hasta estar a unos cuarenta metros del suelo y encadenaría una serie de ondas cortantes bañadas en fuego azul, utilizando el máximo de su capacidad, y las direccionaría hacia todos lados. Una vez finalizada la gran entrada, gritaría:

—¡Yo, Katharina von Steinhell, demando la presencia del Emperador Iulius C. Zar! ¡Tráiganlo inmediatamente y me aseguraré de que reciban una muerte rápida! ¡Esto es una declaración de guerra!

Resumen:
Declarar la guerra, lanzando una lluvia de ondas cortantes ígneas al máximo de mi capacidad y exigir la presencia del Emperador.

Dato importante: Uso la polimorfia para incrementar en dos rangos la Fuerza y sacrifico 3 rangos de Agilidad para dárselos a Fuerza.
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Mensaje por Inosuke Dru-zan Miér 2 Dic 2020 - 19:50

Cuando Katharina terminó su discurso yo me sentía como la persona más feliz del mundo. No podía existir nada que me complaciera más en aquel momento, salvo cazar a una bestia legendaria. La emoción me embargaba y me llenaba de éxtasis, haciendo que en mi rostro apareciera una sonrisa de locura. Hasta la cabeza de jabalí se había deformado, pareciendo burlarse del ejército a sus pies.

¡Ahora sí! —exclamé entre sus compañeros—. ¡Esto volver divertido! ¡Ahora sí!

Para poder observar todo ordené a mi mascota que me mantuviera en el aire, cerca de la capitana. Desde el suelo podía parecer que era yo mismo quién poseía aquellas alas prehistóricas, dotándome de un aspecto más salvaje e inhumano. O al menos eso creía. Si pertenecía a la tripulación de Katharina debía de mantener cierta reputación, y en aquel momento esperaba poder hacer gala de ella.

Cuando Katharina realizó su ataque observó como innumerables ondas azules caían hacia el suelo causando estragos allí donde se posaban. Era un espectáculo sobrecogedor, pero a mí me hizo sentir admiración por mi capitana. Nunca había conocido a nadie más fuerte que ella, ¡y eso que era una mujer! Sin duda se trataba de alguien especial, y aquello me hacía sentir orgulloso, como un padre cuando observar a su hijo cazar por primera vez. Y no solo eso, también me alegraba de poder estar a su lado, y aquellos sentimientos me empujaban a querer ser más fuerte, para poder estar a su altura.

¡GUERRAAAA! ¡GUERRAAAAA! ¡GUERRA ESTAR AQUIIIIIIÍ! —declaré eufórico—. ¡VENIR POR NOSOTROS SI PODER!

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Emocionarse y gritar apoyando a Katharina.
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Azote del paraíso
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Mensaje por Señor Nat Miér 2 Dic 2020 - 20:46

Se había distraído con la nada. Literalmente. El no encontrarse con nadie y la falta de estímulos lo habían hecho abstraerse hasta un punto que ni recordaba era posible, pero todo eso cambió cuando el suelo comenzó a temblar.

Desde un punto de vista teórico, los cascotes cayendo sobre su cabeza no eran el estímulo ideal, pero en términos prácticos toda aventura era mejor si olía a peligro, y eso sí le hizo reaccionar. Como siempre, tarde, pero por fortuna fue lo suficientemente rápido de reflejos como para evitar ser golpeado por la escoria que se derrumbaba en torno a él. Y eso no fue lo mejor, porque como un reflujo infernal se liberó la lava rugiente de quién sabía dónde. Dado que no era geólogo asumió que era natural, pero sospechaba que oscuros poderes se confabulaban ese día en Wano, poderes que muy pronto iban a hacer que el país de Wano colapsase.

- If you like piña co-lavas, and gettin' caught in the rain -empezó a canturrear con calma mientras se alejaba a un ritmo lento de la trampa mortal más tranquila del mundo-. If you are not into yoga...

Continuó la canción mientras dejaba que una púa de hielo perforase la frágil estructura del contraalmirante, apenas en un punto, y comenzó a reforzarla desde ambos lados generando el hielo más frío que era capaz. Si sabía algo de choques térmicos, la lava moriría. O explotaría violentamente, como al echar agua sobre aceite hirviendo, pero para eso se estaba ocupando de blindar la estructura por ambos lados. Además, de ese modo lograba una cosa con la que seguramente la lava no contase: Iba a enfriarse. Y la lava fría era piedra ligeramente licuada. Pero en cualquier caso, aquella era una distracción bastante estúpida que desde luego no iba a dejar que lo apartase de la realidad.

Activó su Haki de observación, tanto para sondar el lugar en busca de alguna presencia, al mismo tiempo que incrementaba su oído y su vista. Tenía un oído agudizado de músico, que podía casi utilizar para rastrear dónde iba rebotando su voz, capaz de llenar casi una isla entera. Si había un túnel era probable que no estuviese en medio, y si bien no podría decir exactamente dónde se encontraba la salida, contaba con poder hacerse un mapa aproximado. Un mapa que iba pintando con su bailoteo de pies sobre la capa de azúcar de Jack. Solo esperaba que funcionase.

- ¡Yes I like piña co-lavas! -El último coro de la canción siempre era el mejor.

Resumen:
Hielo y rastrear con la cancioncita.


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Mensaje por Aki D. Arlia Miér 2 Dic 2020 - 21:01

Aki se acomodó en uno de los asientos y cruzó las piernas mientras escuchaba al hombre. No estaba segura de hasta qué punto debería involucrarse. Había llevado a la niña con los suyos, estaba a salvo, ya no tenía que hacer nada más… en principio, al menos. Ella parecía esperar que les ayudase, pero todavía no tenía muy claro cuál era el objetivo final.

Hablaban de una invasión y una traición, de reina, emperador y shogun. ¿Quién tenía la máxima autoridad? Con tantas figuras de poder y bandos luchando por el control de la misma tierra y gente, no estaba segura de querer apoyar a los primeros que se había encontrado. Sabía que no era la única que estaba allí. Había visto a la banda de Zane y si Prometeo estaba en Wano la Revolución estaba involucrada. Ahora por lo que decían, la marina también. Frunció el ceño, era un campo de batalla bastante complejo.

Esperar a la noche. A la noche, ¿para qué? De acuerdo, había una fiesta. Querían aprovechar la distracción para… hacer algo. Atacar a gente, claramente. De acuerdo, era un plan factible. Pero seguía sin saber exactamente qué pretendían y se había perdido por el camino.

Suspiró. Acababan de traer lo que había pedido para todos y sabía que Hitomi estaba esperando que hiciera algo. No era la única, porque el resto de hombres de la habitación le estaban mirando e incluso la desconocida le había informado de la situación con total tranquilidad.

-De acuerdo.- Decidió en el momento. De momento. - Esto es lo que haremos.

Ella misma se sirvió un vaso de sake y le dio un pequeño sorbo mientras aclaraba sus ideas. Les apoyaría, pero si en algún momento veía que se encontraba en el bando equivocado… no dudaría en cambiar sus colores por los necesarios. No tenía claro cómo lo sabría, pero ahora mismo no podía hacer otra cosa. Irse no le parecía una opción apetecible, no con todo el lugar en guerra. Por lo menos Hitomi tenía el porte de una buena reina.

-En primer lugar, la niña no viene. Hitomi se va y se queda a salvo en algún sitio. En segundo lugar,  conmigo vendrán once personas. Diez guerreros y la joven que sabe de lo que habla. El cómo decidís quién viene y quién se queda, me es irrelevante.

Era un grupo pequeño, pero si lo que querían era pasar desapercibidos de momento era lo mejor. Querían tomar el castillo, ¿no? Eso sí lo había entendido, aunque no estuviera segura de a quién iban a echar del mismo.

-No podéis avisar a la Armada y a la Marina. No a ambos, al menos. Creo que tendréis más probabilidades de que os ayude la Armada. De hecho...- se quedó callada a media frase. Qué demonios, conocía a quien estaba al frente de la Revolución. Apretó los labios, indecisa. No era así como quería hacer las cosas. No pretendía reclamar su ayuda de la nada. Pero recordó el poblado que Shinobu se había quedado a defender y tomó una decisión, algo enervada.- Enviad un mensajero. Dos personas, que se cuiden las espaldas. Lysbeth Ardian necesita la ayuda del Líder de la Revolución. Que pasen ese mensaje a todo revolucionario que se crucen, el que os está complicando las cosas en la puerta el primero. Si tenemos suerte, cuando lo oiga irá a correr la voz y… podremos entrar.

Dio otro trago del sake, sabiendo que luego se bajaría una jarra de agua para compensar. Pero estaba bueno y cuanto más hablaba, más confiada se sentía.

-El factor sorpresa todavía está en nuestro poder, porque no van a reconocernos. Nos disfrazaré y pensarán que somos de los suyos. Estaremos dentro sin que nadie oiga un suspiro. Todo lo que necesitamos es una coartada, pero… seguro que podemos idear alguna. Y una vez dentro, si he entendido bien… rápidos y certeros. Hacernos con el lugar y acabar con quien trate de impedirlo, ¿es así?

Vació el vaso. Era un plan sencillamente complejo. Dudaba que fuera a salir a pedir de boca. Le sorprendería que lo aceptaran a la primera. Pero desde luego, los había tenido peores. No era un mal motivo para arriesgarse.

resumen:
Nefarious plotting is nefarious


Datos relevantes:

Nivel 110: Sigilo (11) Agilidad (9) Fuerza (9) Resistencia (7) Destreza (6)

Haki observación 9
Haki armadura 7
Haki del rey 3

Súcubo: De forma pasiva, Lys es irresistiblemente atractiva. Su aura, sin manipular, invita a tratar de seducirla por cualquier medio posible.


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Aki D. Arlia
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Terror de los siete mares
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Mensaje por Yarmin Prince Miér 2 Dic 2020 - 21:34

Había demasiadas cosas mal en ese razonamiento. Hipatia estaba como una regadera si realmente se había propuesto traer un arma incontrolable para evitar que la ciudad imperial fuese tomada. Encima, los planteamientos de Moloch resultaban inocentes, cuando no totalmente descabellados. Aunque si tenía razón y estaba casi perfectamente controlada entendía que la hubiesen traído. No obstante, por lo que había podido observar no estaba ni de lejos bien controlada. De todos modos, debía reconocer que como mínimo la reina tenía una extraña habilidad para tranquilizar a su pueblo, incluso para fanatizarlo. Casi parecía compartir su fruta. Casi.

Aprovechó el tiempo que tuvo antes de la llegada de la reina, aunque tampoco demasiado. Exploró lo que pudo de las calles, hizo maullar a unos cuantos gatos cada vez que se topaba con un grupo de más de quince soldados y trató de entender todo lo que estaba sucediendo en el lugar, trazando un esquema mental de lo que estaba pasando. Aunque tenía casi por seguro que Moloch no lo contaba todo, también habría jurado era porque simple y llanamente no lo sabía. Lo cual, de nuevo, hablaba muy bien de su reina.

Intentó exprimir todo lo que el oficial sabía a través de preguntas cada vez menos casuales, cuidando las formas pero expresando su preocupación acerca de la situación tan aparentemente descabezada del ejército. No parecía haber una estructura jerarquizada real o un plan de acción, por lo menos no uno que pudiese entrever en sus formaciones, y esperaba que Moloch le explicase todo lo que fallaba en su composición de lugar.

Cuando la "emperatriz" llegó... Yarmin tuvo que disimular la repulsión que le causó su tono. Estaba a una llamada a Koneko de arruinar los planes de la mujer, y si no lo hacía era exclusivamente porque no sacaba ningún rendimiento a hacerlo por el momento. No obstante, presentó la mejor de sus sonrisas e hizo una leve inclinación de cabeza, en señal de respeto.

- No podía dejar un trabajo a medias, majestad. -Clavó los ojos en ella, irguiéndose de vuelta-. No sería nada profesional. Pero si todo esto es una forma de decir que no requerís mis servicios... Podríais haber ahorrado veinticinco vidas solo pidiéndome que me retirase. Y en estos momentos... -Miró su reloj, fingiendo que calculaba algo. En realidad lo traía planificado de casa, y si atendía a los avances de la Marina en los últimos días era evidente que estaba por suceder-. La Marina está a no más de cien kilómetros de aquí. Y vos no tenéis ninguna defensa real preparada contra lo que está por llegar. -Empezó a imitar el tono divertido de la reina-. Eso, si Augustus no llega antes. Tenemos que ponernos a trabajar cuanto antes.

Resumen:
Hacerme el gallito delante de la reina


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Mensaje por Jack Suzume Miér 2 Dic 2020 - 22:29

Nada, el que se cerrasen las puertas no me dio ninguna pista de que fuese a pasar algo. Sin embargo, sí pude ver como las cosas se agitaban por el suelo. Arthur comenzó a hacer cosas raras de las que prefería no saber nada por si acaso me daba algo de trabajo, mientras que, por otra parte, Al comenzó a cantar dado que me llegaba el soniquete de una musiquita.

-¿Piña co-lava? – dije mirando como el Almirante comenzaba a bailar por los restos de azúcar que habían quedado. – Bueno, si el Almirante quiere jugar a The Floor is Lava haré lo posible para que pierda. ¡Esta vez ganaré! – le grité a Al como si de un reto se tratase.

Caminé hasta el centro del techo de la prisión. Colocándome justo encima del pelotón de tropas que estaba seguro que estarían extrañados por lo que estaban viendo. “Es algo evidente. Tu ya lo sabes y no te parece raro porque ya nos has visto actuar, pero para ellos, es la primera vez. Seguro que te quedaste con la misma cara de idiota cuando viste todo el caos que montábamos a pesar de lograr lo que se nos había pedido” dije mirando hacia un lado como si hubiese alguien.

Estiré mi mano hacia el suelo y comenzaron a salir hilos de mi mano que bajaron hasta los soldados y resto de marines, uno para cada uno. Cuando llegaron hasta estos se pegaron al uniforme y formaron una especie de chaleco para sujetarles bien. Hechos los protocolos de seguridad, comencé a subirlos reabsorbiendo los hilos de caramelo. Sin embargo, hubo un fallo en mis planes. Era mucho peso. Me di cuenta rápidamente y junté los pies para formar desde estos un taladro con la máxima dureza y tenacidad que podía y comenzaba a girar para sujetarnos con más fuerza. Además, nos ayudaba a buscar una salida.

resumen:
Jugar a Floor is lava con todos los soldados (los levanto del suelo con unos hilos de caramelo que han hecho un chaleco), para no caerme y buscar una salida hago un taladro en mis pies (que están en el techo) y comenzar a girarlo para hacer un agujero que nos llevará hasta la salida.
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Mensaje por Vile Spectre Miér 2 Dic 2020 - 22:44

Vile palideció al observar unos piececitos humanos sobresaliendo de los escombros, cubiertos de hollín y destrozados de mil maneras. Tartamudeó, y antes de poder señalarlo, la anciana ya se había percatado del infante y se había acercado. Cayó de rodillas y dejó que su lengua trastabillase, incapaz de asumir la realidad. El músico de Arabasta no sabía cómo podía tratar con esa situación. Se sintió extrañamente impotente, aun cuando sabía que aquel asunto no le concernía, así que sacudió la cabeza con exasperación y se limitó a levantarse del montón de escombros y sacudirse las manos en el abrigo.

El estoico Nox se hallaba a su espalda, dispuesto a dirigir a la anciana las palabras de consuelo que Vile era incapaz de hallar. Al mismo tiempo, arrojó una espada en dirección al músico, que la atrapó en el aire con algo de dificultad. No había que ser muy ducho en los asuntos de herrería para darse cuenta de que aquel acero templado era de una calidad superior a lo habitual. Tanto era así, que se sintió avergonzado de llevar su mugrienta dao en el cinto. Si Nox no le exigía de vuelta el arma, no se lo pensaría dos veces a la hora de añadirla a su haber.

Por el camino, el enmascarado le habló de los kappas, una criatura nativa del lugar. Vile no quiso interrumpirle diciéndole que en el desierto de Arabasta raro era ver una de aquellas criaturas, así que se limitó a escuchar. Lo que habían visto anteriormente le había privado de su ánimo burlón. Siguió al carpintero, parecía orientarse mejor que bien por el lugar, y no tardaron en llegar a un puente de madera azul. Aquel lugar también parecía un campo de batalla. ¿Sería ese el famoso encanto de Wano?

En lugar de kappas, un enorme gyojin se alzaba regio al otro lado del puente. Estaba armado, y claramente se sentía superior a los dos piratas, razón por la cual se limitaba a lanzar acertijos con sorna a los bucaneros. Vile podría haber sido lo suficientemente artero como para contestarlas, pero estaba de muy mal humor.

-Pues mira tú por donde, odio las adivinanzas -contestó de forma muy cortante-. Mira, no estamos de humor para estas tonterías, así que déjanos pasar y ahórrate los problemas. Si tus superiores respetan la fuerza y el poder, entonces estarán más que contentos de tenernos ahí.

Manteniendo una expresión seria y serena que contrastaba su comportamiento habitual, dirigió una mano al pomo de su nueva espada, y con la otra apoyó la vaina a modo de bastón en el suelo.

-No me hagas enfadarme más -advirtió, frunciendo el ceño-. No me hagas demostrarte por qué mi cara sale en los periódicos.

Resumen:
Tratar de intimidar al gyojin para que nos deje pasar.



Vile Spectre
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Mensaje por Osuka Sumisu Jue 3 Dic 2020 - 0:09

Pudo oír su dolor cuando clavo su rodilla en el suelo, lo que demostraba que golpear esos puntos funcionaba. Pese al dolor, pudo evitar el daño mayor del cañón de mano, que solo encontró madera astillada y resquicios de piel.

Soltó cierta sorna, que no comprendió hasta que sus brazos eran atrapados por tiras de mimbre, nacidas de las ramas que yacían en el suelo. Como un pulpo que atacaba a una presa, los filamentos le rodaban para devorarle, algo de lo que no se iba a dejar.

La coraza de la armadura empezó a brillar de un rojo cálido hasta el punto de que el mimbre al igual que cualquier madera haría; arder. El mimbre se calcino lo suficiente como para que con el simple movimiento se despedazara y se redujera a cenizas. La liberación fue aparatosa, y no pudo pensar una mejor defensa para la onda de choque que le lanzo. El cañón de mano se abrió como una flor y origino en un gran escudo, recubriéndose de haki. Al impactar, el aun voluble tamaño del revolucionario fue arrastrado hacia atrás varios metros, dejando riscos en el suelo. El escudo ahora mostraba una hendidura que llego hasta la piel, donde había un hilo ensangrentado en el brazo, como un gran corte de papel. Por no contar como se le había adormecido todo el brazo. Soltó un gruñido, mas de cansancio que de dolor. Las espinas que se clavaron por cuerpo y escudo, se prendieron por el calor provocada por aquella capa de roca fundida, dándole al revolucionario una manta de llamas que le daban el aspecto de un demonio.

Aprovecho la cojera de su rival, y la evidente falta de poder esquivar en condiciones, para que dos brazos de piedra, adecuados para el tamaño de su rival, salieran del suelo y le agarrasen por el torso e hicieran un rápido arco hacia atrás, provocando un contundente suplex.

Resumen:
Aquí haciendo un combate de mechas y sin hacer un suplex? Eso estaría feo
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Mensaje por Moderador OPD Vie 4 Dic 2020 - 1:20

Normas del capítulo:


  • Se moderará lunes y jueves entre las 22:00 y las 23:59.
  • No se puede postear los lunes o jueves antes de la moderación.
  • Hay un reloj que marca el tiempo restante. Cuando acaba los temas se cierran.
  • Está prohibido metarrolear, powerrolear y demás actitudes tóxicas.
  • A más riesgo, más premio.
  • Como es tradición, el barco de Sons of Anarchy se hundirá en algún momento.
  • Cada post debe ocupar entre 250 y 1.200 palabras. Si no se está en estos límites, el post podría ser ignorado.
  • Es responsabilidad de un usuario comunicarse con la gente con la que interactúa.
  • Si un post tiene más de 15 faltas ortográficas por párrafo podría ser ignorado.
  • Hacer un resumen de acciones relevantes es obligatorio independientemente de la extensión.
  • La ley del plot no es a prueba de idiotas.


Moderación

Shinobu:
El hombre pone una expresión sorprendida cuando aceptas con tanta facilidad, y muy pronto una sonrisa malévola se dibuja en su rostro.

- Está bien. Verás al Emperador -contesta, inclinando levemente la cabeza-. Pero es la peor persona a la que acudir si buscas clemencia.

Suelta a su víctima, dándole un empujón. Los demás mantienen a sus rehenes cautivos, esperando, mientras él saca una cuerda y se acerca a ti, entrelazándola entre tus muñecas y anudándola. Seguramente podrías romperla fácilmente, es una cuerda normal, ¿pero y los niños?

- ¿Vamos? -te pregunta, dando un ligero tirón a la cuerda. Puedes notar también que hace gestos a dos hombres para que suelten a los suyos y os acompañen. De nuevo, ninguno más suelta a nadie.

Si no te opones, te guían hacia las afueras del pueblo, asumes que hacia el sur, y avanzan en total silencio entre miradas cómplices algunas y lascivas otras. Al final del camino puedes ver el mar, y sobre él decenas de grandes navíos atracados por toda la costa visible. También un centenar de botes en la arena, esperando a que alguien los reclame. Uno de tus escoltas se adelanta, y empieza a empujar uno de ellos, hasta estar casi en la costa.

- Bien -sentencia uno de ellos-. Es hora de poner rumbo a Onigashima.

Oh. Oh. Oh.
Prometeo:
Si Shinobu no se va y sigue negociando puedes darte cuenta de cómo los hombres van intentando replegarse lentamente sobre sus rehenes, presionando con más fuerza sus dagas contra el cuello de los mismos. Sin embargo, también te contestan a tu pregunta:

- En tanto que una criminal de guerra se oculta en esta región, sí es asunto nuestro. No sabemos cómo es, y en todo el pueblo niegan su presencia. O nos la entregan, o todo el pueblo pasará por el cuchillo. No hay otra solución.

Una vez Shinobu se aleja lo suficiente, podrás ver un movimiento coordinado. Los seis hombres que quedan intentan rajar las gargantas de sus rehenes, pero una flecha atraviesa el ojo del que tienes delante antes de que pueda hacerlo. Parece que ya solo quedan cinco, pero mientras la sangre aún está derramándose los demás aprovechan para coger a un rehén más. Pero cunde el pánico.

Tras la primera ronda de ejecuciones surge un sálvese quien pueda en el que mujeres y niños corren por su vida mientras los viejos, a puño descubierto, se preparan para una pelea que no pueden ganar. No avanzan, claro, porque si lo hacen saben qué sucederá, pero se quedan firmes en su posición. Uno de ellos, lo escuchas a lo lejos, ofrece cambiarse por una niña pequeña, pero le niegan con la cabeza.

- Vete, o moriréis ambos -dice, con voz desgarrada en un grito disforme.
Maki:
El cabezazo resuena por todo el castillo, más por los barrotes reventándose contra la pared pero también por su vibración semejante a un tañido molesto. Tu cabeza también tiembla por un momento, y parece que el mundo se mueve incontrolable a un lado y a otro. Ante la falta de una referencia espacial más estable, optas por seguir momentáneamente el olor de la comida que, al final, implica una cocina. ¿No?

Los guardias, de alguna forma inexplicable, parecen no percatarse en primer lugar de tu ausencia, e incluso cuando te cruzas a varios -algunas caras conocidas- te saludan con una breve inclinación de cabeza. Salvo Missy, esa zorra que ha intentado llevarte a la cama varias veces, que te da un cachete en el culo y te guiña un ojo. Sin embargo, cuando llegas a la cocina, te encuentras al cocinero con un mink -muerto, presumes- metido en una olla. Qué bien huele el mink, qué suerte que sea ñu.

- ¡Majestad! -exclama, sin creerse tu visita-. No cgeía que fueseis a venig. Pog suegte estoy pgepagando una sena de picoteo. ¿Queguéis gueunigos con vuestga esposa y espegag en el ggan salón? Esto estagá en un gato.

Si le preguntas te aclarará que tu esposa está dando un paseo por los exteriores de la ciudad. También te va a hablar mucho sobre la interminable lista de ingredientes que tiene su estofado, aunque omite el que sea un mink por alguna razón. Al parecer es algo llamado “carnero”. Pero bueno.
Zane:
- Empieza a aburrirme tanto fuego -dice secamente, mientras de Nuevo la oscuridad engulle tus llamas y, a juzgar por el daño que le hacen, tus ondas.

Poco antes de que tu ofensiva termine, sin embargo, cae una onda cortante del cielo. No es particularmente poderosa, pero sí que parece ser capaz de golpearlo. No puedes distinguir una herida en su cuerpo, pero sí escuchas un gruñido de molestia cuando esta impacta visiblemente en su hombro. No sabrías decir si es un corte o una simple contusión, pero a juzgar por su postura no parece nada grave. Respecto al suelo… Como detalle, no parece que hayas logrado cortarlo bajo sus pies.

Esta vez no espera a que termines de dar vueltas a su alrededor, y antes de que puedas darte cuenta la masa de oscuridad está girando en dirección opuesta a ti, a apenas un par de metros. Jurarías que antes de pestañear ni siquiera se había movido, y todo parece destinado a un choque de trenes.

Intenta agarrarte el cuello con la mano libre, y echarte la cadena por encima al mismo tiempo. Escuchas de nuevo su respiración, y te quita el aliento. También tu cuerpo parece moverse más deprisa hacia él. Piensa rápido.

Lo logre o no, no intentará frenarse y se estrellará contra un edificio, haciéndolo colapsar. Sin daños, saldrá caminando tranquilamente.

- Cualquiera diría que alguien con tu fama tendría recursos -dice, finalmente-. Creí que serías una amenaza, pero solo eres una ladilla.
Marc:
La señora mira a Marc, que le despierta ternura con sus lágrimas de grandullón. Como si ella fuese la más fornida de la relación intenta acoger entre sus brazos al semigigante, susurrándole que todo está bien. La situación se vuelve entre cómica y tierna mientras la mujer intenta relajarlo, pero al final se separa un poco y lo mira a los ojos, respondiendo:

- Pero mi rey, todos conocemos a los Kenshin aquí. -Su voz es protectora, y un poco condescendiente-. Tal vez no tenga malas intenciones, pero ha matado y robado. Es un pirata, al final, como los que acabáis de espantar. Tal vez no sea de los peores, pero tampoco es como si esa gente tuviese razones para mentir. Y porque no has conocido a su padre, ese mocoso era un imposible. Lo que sí…

La mujer entra un momento en su casa, y sale con unos grilletes de cuello y un par de cadenas rotas. Therax seguramente sea capaz de reconocerlas.

- Supuse que podía guardarlas. Las tiraron al suelo nada más llegar; creo que esta fue su carta de invitación. ¿Estás seguro de que tu amigo no ha traído sus líos de delincuente a esta isla?
The Sinners:
¿Alguna vez has escuchado el dicho “díselo con flores”? Tal vez no sea lo más adecuado con tu enemigo, pero desde luego no es peor que lanzar una serie de ondas cortantes con todas tus fuerzas impregnadas en llamas contra un puerto de madera lleno de alcohol. Algunos mueren al instante, partidos en dos o desangrándose durante unos segundos antes del fatal desenlace, pero solo los más afortunados. La gran mayoría se precipitan al agua, bien hundiéndose o intentando flotar en la madera de los muelles, ahora en llamas debido al alcohol de alta graduación y que la madera tiende a ser inflamable, dicen. Para cuando aterrizáis, de hecho, podrían contarse con los dedos de una mano los piratas que siguen con vida en la zona. Sin embargo, de los barcos proviene una presencia aterradora. Seguramente se aproxime a la imperial presencia de Zane, puede que incluso ruja tanto como la de la propia bruja.

Se asoma a cubierta. Es un hombre rechoncho, bajito y de cabello negro. Sus ojos son marrones y su nariz larga, ganchuda y ancha. Tiene una expresión serena y niega con la cabeza antes de dirigirse a vosotros:

- Numquid non vestra cantavit in mores? -dice, con serenidad-. Imperatoris arcum non est superbus ad scortum.

[Para los lingüistas: Si google translator no me ha trolleado, debería poner “¿Estos son los modales de tu tripulación? El emperador no se va a postrar ante una puta arrogante”]

Podéis reconocer a Brutus, el segundo al mando de Iulius, frente a vosotros. Y no parece contento por lo que habéis hecho. Antes de que os podáis dar cuenta, a todos os aparece un profundo corte en el costado, y un cuchillo vuela hacia su mano, recogiéndolo con facilidad.

- Et quia non campester operam detis [No tenéis nivel para vuestra ambición]
Aki:
Todos se quedan mirando para ti por un momento, algunos con más respeto y otros con algo más de lascivia. Pero todos interesados en lo que cuentas, a pesar de que Masahisa parece tener serios reparos en aceptar ese plan. De hecho, una vez terminas, gruñe roncamente por un par de segundos.

- Hay cientos de soldados solo en el interior, por no hablar del primer espada. Ese hombre posee el poder de los demonios, y maneja la madera. El castillo está hecho fundamentalmente de madera. Tenemos que actuar deprisa, sí, pero no hay manera de que funcione con diez personas. Podrían matarnos en cuanto nos descubramos.

- Sin embargo… -La mujer parece reflexionar acerca de lo que estás comentando-. Podríamos asegurarnos de que no mueran de forma honorable. Ya no sois samuráis, al fin y al cabo, ¿no? ¿Por qué no envenenar los barriles? Caerán como moscas.

- El veneno es un arma de mujeres. Ningún hombre que se respete lo usaría.

- Ningún hombre que se respete habría vuelto tras perder a su protegida -le espeta un hombre por la espalda-. Yo estoy de acuerdo con la extranjera. Y si conseguimos un ejército exterior, aunque muramos, Hitomi-sama podrá reinar. ¿No era ese nuestro objetivo? ¿Recuperar el honor a cambio de un ultimo acto de servicio?

El viejo se recuesta sobre su asiento, derrotado.

- Está bien, haced lo que queráis. Yo cuidaré de Hitomi-sama, pues.

Diez hombres se adelantan para ofrecerse voluntarios, mientras tres salen de la taberna para llevar tu mensaje. Parecen bastante veloces; esperemos que lleguen bien.

- Entonces… ¿Nos va a dar ropas, Rizubesu-sama?
Vile y Nox:
El gyojin da un paso adelante, dejando su hacha atrás para encarar a Vile a poco menos de un metro. Es bastante alto, y a esa distancia puedes casi oler la sal de su piel. Resulta imponente, y cuando se cruza de brazos puedes ver que se despliegan una suerte de alas bajo sus axilas.

- Mis superiores respetan MI fuerza y MI poder. Yo decido quién pasa y quién no, y si decides no jugar, es muerte.

Tras eso se queda mirándoos, tratando de mostrar una total superioridad mientras respira tranquilamente.

- Nadie puede pasar por aquí, así que largo.
Osuka:
La madera comienza a arder lentamente, mientras tus manos de piedra toman su cuerpo y estampan al samurái contra el suelo. Su armadura de madera se resquebraja, clavándose las astillas en la espalda del individuo, que tose sangre de golpe, y comienza a ahogarse.

- Aún… Estás lejos… de ganar.

Lo último que oyes de él no sabes si es una risa o una convulsión, pero el hecho es que tras eso yace inerte. Parece que has conseguido derrotarlo, pero las puertas del castillo permanecen cerradas. Los arqueros siguen apuntándote, pero ya no hay nadie que pueda impedirte entrar a la carrera a la fortaleza si es lo que deseas. O podrías ir de vuelta con Prometeo, si es lo que deseas, a la taberna. O buscar un entierro digno a tu primer rival, claro. El caso, y esto sí que debería importarte, es que la gente empieza a cuchichear por todas partes. Si tenías un factor sorpresa definitivamente lo has perdido.
Ryuu:
Rumbo a la Capital de las Flores, de acuerdo. Podrías disfrutar de un paseo cargado de adrenalina, afán de superación y buena compañía de no ser por lo crítico de la situación. Tus dos amigos cargan al maestro como buenamente pueden. Éste, por su parte, hace gala de un estoicismo digno de elogio y apenas se queja en su sopor mientras es transportado por sus pupilos.

En cuanto a tu familia, durante un momento parecen pensarse si acompañarte al epicentro de todo el mal del mundo actualmente es una buena idea, pero finalmente te siguen. ¿Dónde podrían estar más seguras que contigo? Pues no lo sé, pero quizás atraigas algún problema que otro. Ya lo veremos.

De cualquier modo, disfrutáis de un paisaje gobernado por la desolación. Incluso en los lugares más inesperados alcanzáis a encontrar algún rastro de sangre, vegetación quemada o rocas hechas añicos. Es tu hábitat, pero no el de la mayoría de los tuyos, y eso puede verse en sus rostros sin ningún problema.

Sea como sea, conseguís recorrer buena parte del camino sin mayor incidencia. Tal vez no lo sepas en estos momentos, pero hay gente poniendo en serios apuros a las tropas de Hipatia y ésta se ve obligada a gestionar con cuidado su ejército personal.

Sin embargo, como no podría ser de otro modo los avistamientos de enemigos recen en número conforme vais aproximándoos a la capital. No os será demasiado complicado evitar a las primeras patrullas si es que así os lo proponéis, pero en un momento dado llegaréis a una suerte de valle entre varios montes un tanto peculiares. Y digo peculiares porque no tienen pinta de haber albergado alguna vez vegetación alguna. No son muy elevados, pero se caracterizan por tener rocosas paredes y ser bastante escarpados para sus dimensiones. Entre estas paredes hay varias oquedades naturales que podrían actuar como cuevas, pero, desde una posición privilegiada por el momento, podéis distinguir a un grupo de cinco gyojines que, al igual que vosotros, habrán considerado que es un buen lugar en el que establecer un pequeño campamento. Por cierto, la zona está bastante cerca de la Capital de las Flores. Siempre podéis seguir por otra ruta, por supuesto.
Kiritsu:
Una pared de lava solidificada os va rodeando mientras una pequeña exhalación pelirroja le da forma. El magma intenta rebasar las paredes por los lados, pero la agilidad del contralmirante siempre le permite llegar antes, impidiendo que los crecientes muros sean sepultados. Buen trabajo, sí señor.

El haki de observación de Al no logra identificar vida alguna más allá de la de sus compañeros, pero no ocurre lo mismo con su canción. Mientras el frío refuerza los muros generados por Arthur (podéis narrar la interacción entre la lava y el frío como queráis, la canción rebota si descanso por las paredes de las grutas, devolviendo un eco diferente en función del acceso a las profundidades que haya decidido recorrer. Muchos de ellos se apagan por completo y nunca escapan de la tierra, otros regresan agotados y sin apenas fuerzas para alcanzar los oídos del músico. Uno de ellos, por el contrario, puede ser percibido mucho más impetuoso, como si no hubiese encontrado problema alguno para continuar con su camino, como si hubiese encontrado esa ruta en la que tanta fe había puesto vuestro estratega.

Al puede percibir el ruido por encima del borboteo del magma que intenta en vano morder a Arthur, y procede de un túnel sorprendentemente cercano al lugar donde habéis dejado a Galhard. De su interior emana un calor que obligaría a cualquiera a pensarse seriamente si meterse ahí es buena idea. Menos mal que vosotros no sois cualquiera… ni de pensar seriamente… ni de buena ideas. Nótese la broma, jeje.

En cuanto a Jack (sorry, pero por algún motivo había entendido que los marines iban por un camino mientras que vosotros cuatro ibais por otro), consigue proteger a los marines mientras da vueltas sin parar. Sí que es útil ese azúcar… Sea como sea, primero consigues clavarte en el techo, pero pronto encuentras que tus pies consiguen vencer la resistencia poco a poco. No encontrarás problema para salir de ese infierno de lava si es que así te lo propones, pero ten en cuenta que eso te alejará de cualquier ruta subterránea que tus compañeros puedan escoger (en caso de que decidan meterse ahí, claro).
Yarmin:
Efectivamente, Moloch no tiene la menor idea de los asuntos que realmente te interesan en torno a lo que Hipatia tiene entre manos, porque está claro que algo tiene que tener. Sin embargo, sí que controla bastante de lo que concierne al belicismo más puro. Ante tus preguntas va respondiendo con diligencia, aunque podrás comprobar que se asegura en la medida de lo posible de no revelarte formaciones de batalla, número de efectivos destinados fuera de la capital o cómo están distribuidos los hombres dentro de la misma.

Como dato curioso, averiguas que él es un oficial de alto rango (esto ya lo sabías, sí), alguien confiable por completo al compartir cada coma del ideario que Hipatia ha metido en la mente de los hombres del mar, pero no alguien capaz de trazar un pan efectivo a largo plazo. Efectivamente, no son pocos los acuáticos militares que ostentan posiciones por encima de él y, como corresponde a todo ejército que se precie, son ellos junto a la reina quienes se encargan de plantear los posibles escenarios y cómo afrontarlos. Por cierto, ahí viene el repelente orgullo de una autoproclamada soberana:

—¿Ninguna defensa preparada? ¿De verdad piensas que con este insignificante número de hombres y una niña loca me he atrevido a asaltar por la fuerza la Capital de las Flores y plantarle cara a dos Emperadores del Mar y a la Marina? ¿Crees que en unas horas has alcanzado a ver algo? No sé si ofenderme o sentiré decepcionada.

Parece estar a punto de continuar hablando, pero Oc no tarda en extender gentilmente uno de sus tentáculos y tocar su brazo, conminándola a guardar silencio. Casi puedes oír cómo palpita una vena de su sien, pero finalmente hace caso de la advertencia de su más fiel consejero y guarda silencio.

—La Marina, el pelirrojo pervertido o el lagarto llegarán más tarde o más temprano, juntos o por separado, solos o acompañados, y estamos listos para acabar con ellos cuando ese momento llegue, mi querido amigo.

De nuevo ese insoportable retintín en su voz, uno que sacaría de quicio a cualquiera que lo escuchase por segunda vez, uno que parece gritar toda una sarta de improperios y descalificativos lanzados al lugar más doloroso posible. O eso me parece a mí, no sé, pero confío en que podrás tragarte con maestría cualquier emoción que nazca en ti para volver la situación en algo de lo que sacar rédito.
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Mensaje por Maki Vie 4 Dic 2020 - 18:30

Reventar una celda de un contundente golpe justiciero siempre era satisfactorio. La boina le había quedado un poco arrugadilla tras el trompazo, pero estaba entera. Salió de la celda con cuidado de no pisar la reja. No quería hacerla tintinear y llamar la atención de algún guardia con el ruido. Lo cierto era que combatir contra sus propios súbditos no le hacía mucha gracia, así que prefería evitarlo mientras aún hubiese una opción descabellada.

De inmediato puso en práctica lo aprendido en su amplio entrenamiento. La clave para escapar de una mazmorra era actuar como si no estuvieses escapando. Tenía que parecer que estaba allí porque le daba la gana, porque tenía perfecto derecho a estarlo. Estudió la posibilidad de disfrazarse de limpiador, pero no vio ningún carrito de la limpieza sin vigilancia. Bueno, sí, pero el uniforme era verde pistacho, y ese color le hacía parecer paliducho y enfermo. En lugar de eso se limitó a deambular en busca de la salida con total normalidad. Incluso se permitió silbar para que fuese obvio que no tenía nada que ocultar.

Saludó a todo guardia con el que se cruzó. A un par les conocía, pero no recordaba sus nombres. Decidió que los llamaría Uno y Dos hasta que pudiera librarse de ellos. Eran un poco plastas. Peor aún era la acosadora que le tocó el culo. Maki dio un saltito y un gritito muy poco masculino cuando vio sus posaderas atacadas por esa zarpa invasora. A partir de entonces apretó el paso.

Por fin, tras un rato de vagar por aquel castillo tan raro con paredes y puertas como de papel, dio con su objetivo. Pegó una patada a la puerta y puso su mejor cara de héroe.

-¡Se acabó, Hipatia! ¡Ríndete o...!

La cocina.

Bueno, siempre era buen momento para un aperitivo, así que le dio palique al cocinero. Qué bien olía el ñu. Decidió echar un vistazo y tal vez coger un pellizquito o dos sin que nadie se diera cuenta. El problema era que aquel ñu parecía un poco... humano. Más que un animal Maki habría pensado que era uno de esos tipos que se les parecían, como el hombre-cabra que les ponía las espinacas en la cantina y al que le cantaba el aliente. Peluditos, los llamaban en la Revolución.

-Eso... ¿Eso se puede comer? ¿No es una persona? -El cocinero siguió con su cháchara, pero Maki no se quitaba de la cabeza el hecho de que estaban cociendo a gente en esas cocinas. De inmediato se le quitó el hambre-. Que sí, hombre. Míralo, pero si lleva reloj. Ay, no... ¡Sois caníbales!

No estaba seguro de si el término correcto para un pez humanoide comiéndose a un ñu humanoide era canibalismo, pero eso no restó un ápice de dramatismo y genial heroicidad al momento en el que le pegó una patada al perolo para volcarlo.

No tardó en darse cuenta de que así no pasaba desapercibido. Parecía un loco, y nadie con unos principios revolucionarios como los que se había encargado de inculcar en su pueblo hacía caso a un loco, ni siquiera aunque fuese rey. Tendría que disimular, comportarse como un monarca normal y corriente.

-¡Sin mayonesa! -gritó-. ¡¿Cómo podéis cocinar ñu sin mayonesa?! ¡Debe rebosar! -¿Seguiría vivo el pobre ñu? ¿Cómo comprobarlo sin levantar sospechas?- ¡Hay que empezar de nuevo! ¡Y tú, cocinero, hazle el boca a boca al ñu, venga! Eso es, no pongas pegas. Así es cómo me gusta. Que tenga que venir yo a enseñarte a cocinar...

Resumen:
Salvar al ñu sin levantar sospechas.
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Mensaje por Therax Palatiard Vie 4 Dic 2020 - 20:14

Therax asistió en silencio al alegato de Marc en favor de su capitán. La estima en que el grandullón tenía tanto a él como al resto de la banda resultaba cuanto menos enternecedora, casi angelical. No, los Hermanos de la Tormenta no eran seres bondadosos que habían fijado el bien en el mundo como su principal prioridad. Ni siquiera estaban cerca de serlo, pero tampoco eran desalmados que masacraban por simple y mero placer. No obstante, por mucho que le pesase admitirlo había sido su negligencia la que había puesto a aquella gente en apuros y había acabado con la vida del alcalde de Itadakimas.

—No les invitamos, pero es cierto que somos responsables en buena parte de lo que ha sucedido aquí. Esa gente formaba parte del grupo de asaltantes que estaban robando el alimento guardado en los silos después de que acabásemos con esa maldita bombilla. —Señaló al cielo—. Les derrotamos y capturamos, pero nos fuimos de aquí sin pensar en que nada de esto pasaría, que se liberarían y se dedicarían a... Bueno, lo que han hecho. Quiero pediros disculpas en nombre de Zane y el resto de la banda, y os prometo que nada de esto volverá a sucederos mientras estemos aquí para evitarlo.

Nunca se le habían caído los anillos por admitir un error y pedir disculpas por ello. Siempre había sido así y nunca cambiaría en ese aspecto sin importar el puesto que ocupase en la belicosa jerarquía que imperaba en los mares del mundo. Fuera como fuese, parecía que la situación allí al fin había sido solucionada y Wano no se podía permitir que permaneciesen de brazos cruzados. Si no recordaba mal, la geografía de Wano situaba a la villa de Itadakimas en el noroeste de Kuri, por lo que sus pasos debían llevarles hasta el sur para liberar la región del gigantesco campo de batalla en el que se había convertido.

No tenía modo de comunicarse con Berthil para informarle de los avances que habían realizado y Zane debía encontrarse en algún apuro, porque no había respondido a su llamada. El pelirrojo no tendría problemas para enfrentarse a cualquier dificultad que hallase en su camino, así que decidió no preocuparse por él y efectuar su siguiente movimiento.

—Marc, nos vamos hacia el sur —dijo para que se despidiese de la cercana señora.

Una vez lo hubo hecho, esperó a que el semigigante se elevase hacia las alturas en su particular nube de queso y le siguió en cuanto dos alas nacieron en su espalda. ¿Qué sorpresas les depararía Kuri durante su camino? De cualquier modo en caso de que no encontrasen nada que mereciese su atención se dirigirían hacia el epicentro del conflicto: la Capital de las Flores.
Resumen:
Poner rumbo al sur por Kuri y, si no encontramos nada, ir hacia la Capital de las Flores.
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Mensaje por Aki D. Arlia Sáb 5 Dic 2020 - 17:38

Podía ver por sus reacciones que tenía algo más que su atención. No la de todos, eso sí. El hombre al que tanto había estado buscando la niña no parecía tomarla en serio. No solo eso, sino que comenzó a explicarle cómo su plan iba a venirse abajo. Con lo que no contaba era conque… bueno, conque los datos que acababa de darle tan solo lo hacían todo más fácil. Le costó bastante no echarse a reír e incluso intentando contenerse se le escaparon un par de bufidos. Se levantó y chasqueando los dedos pasó a su forma completa con una pequeña sonrisa. Dio una vuelta sobre sí misma, dejando que vieran bien sus alas, su cola, sus cuernos, cada pequeña pista que dejaba claro que ese hombre del que hablaban no era el único con el poder del demonio.

-No te confundas.- Le dijo, mirándole fijamente.- Tu no habías visto a un demonio hasta que he entrado por esa puerta. ¿Madera, dices? - Convocó una pequeña llama de fuego infernal en la palma de su mano  y movió los dedos con aire juguetón.- ¿Acaso te empeñas en ponérmelo fácil? Podría ir yo sola y llamaros una vez el castillo estuviera despejado, pero estoy eligiendo ser amable.

En realidad, prefería ir acompañada. No quería que pensaran que pretendía traicionarles y al fin y al cabo esta era su guerra, no la suya. Venía a ayudar, no tenía por qué hacer ella todo el trabajo. La mujer intervino, sugiriendo otra posibilidad. No era mala idea envenenar el vino, desde luego era eficiente, pero por supuesto el primer hombre tenía algo que decir al respecto. Bufó e iba a responder, pero uno de los guerreros se le adelantó. Sonrió, dejando que lo resolvieran entre ellos. En poco tiempo, tenía a sus diez valientes voluntarios. Antes de prestarles atención, se giró hacia la mujer y le puso una mano en el hombro.

-Debo pedirte algo.-dijo con simpleza.- Quédate con Hitomi tú también. Lo lamento, pero no me fío de ese hombre. Podéis achacárselo a que acabo de llegar, pero si no he entendido mal, ya la perdió una vez y no voy a luchar por una causa perdida. - Le entregó un papelito con su den den mushi escrito y le miró a los ojos mientras seguía.- a la mínima complicación llámame e iré a buscarla. ¿De acuerdo?

Se lo había pedido a ella no solo porque era la única mujer y la única de los presentes que no parecía ligada a nada por honor, sino porque había visto antes lo mucho que le asustaba la gesta. Y por más asustada que estuviera, iba a ir. Alguien así estaba comprometida con la causa, por lo que sería la vigilante perfecta.

Atendió a continuación a sus valientes guerreros. Agarró al que había preguntado por las ropas y con  otro chasqueo de dedos, lo volvió pelirrojo e hizo que le creciera una gran barba. Añadió un precioso traje de satén en lugar de sus ropas de combate y se alejó un paso.

-Como puedes comprobar, tengo algo mejor. Decidme cómo son los enemigos y en segundos os haré parte de ellos. Ropa, rasgos, no escatiméis en detalles. Entraremos como si perteneciéramos al lugar y no sabrán qué les ha golpeado. Iré delante y si de mi depende, ninguno de vosotros deberá temer el perecer en esta batalla.

Deshizo los cambios para no asustarle demasiado y aguardó a que le explicaran cómo debía disfrazarlos. Ella misma adoptaría una apariencia parecida y una vez la noche cayera… atacarían.

resumen:
Mandar a la mujer con Hitomi y el hombre con su numero de den den mushi porsiaca. Disfrazar a los voluntarios y a ella misma para atacar el castillo por la noche.


Datos relevantes:

Nivel 110: Sigilo (11) Agilidad (9) Fuerza (9) Resistencia (7) Destreza (6)

Haki observación 9
Haki armadura 7
Haki del rey 3

Súcubo: De forma pasiva, Lys es irresistiblemente atractiva. Su aura, sin manipular, invita a tratar de seducirla por cualquier medio posible.


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Terror de los siete mares
Aki D. Arlia

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Mensaje por Katharina von Steinhell Dom 6 Dic 2020 - 1:48

—Hmmm, ¿en serio han muerto todos? —preguntó, confusa y decepcionada—. Todo el mundo se ha vuelto tan frágil… ¡Oh, mira! ¡Ahí hay uno vivo! —agregó de inmediato cuando sus ojos vieron a un pobre diablo buscando refugio en el agua.

Descendió rápidamente, aterrizó con suavidad y deshizo la polimorfia. ¿Había más de un superviviente? ¡Qué agradable sorpresa! Seguramente más de alguno sabría dónde se escondía el Emperador Julio. El hombre tenía una cita con la muerte y sería una falta de educación llegar tarde. Esperaba que no fuera tan frágil como los piratas que llevaban su estandarte. Desde el fatídico Torneo del Milenio que no tenía una batalla decente, aunque para entonces no había usado todo su poder. Tuvo que contenerse para no matar a nadie.

—Quiero la ubicación del Emperador Iulius C. Zar —les dijo a sus muchachos con la vista puesta en el horizonte. Tenía un mal presentimiento—. Y recuerden a quién le hemos declarado la guerra.

Sintió una presencia abrumadora que por un momento le hizo replantearse lo que había hecho. ¿Había estado bien atacar deliberadamente a los hombres del Emperador? No había oído demasiado de él, pero sabía que era un líder despiadado. La escandalosa Voz que provenía de uno de los barcos rivalizaba con la de Zane, incluso con la de la bruja. No pudo evitar sentir decepción cuando sus ojos vieron a un hombre bajo y gordito para nada imponente. Le daría un poco de pena cortarle la cabeza a alguien tan patético… Sin embargo, era un error juzgar al enemigo por su apariencia. Era hora de tomar en cuenta los consejos que siempre daba.

—¡Fuera de aquí! ¡Ese hombre es-!

Una mueca de dolor se dibujó en su rostro cuando sintió un dolor agudo en su costado izquierdo, cortando sus palabras. Y entonces vio el cuchillo que volaba de vuelta a la mano del pirata, mostrando suma destreza a la hora de recogerlo. «¿Ha cortado a través de Raikiri? No, imposible. No parece dañada», pensó rápidamente. «¿Una fruta del diablo que le permite ignorar la resistencia de un cuerpo? Es posible, aunque es demasiado pronto para sacar conclusiones».

—Tsk, maldita sea… ¿Están bien? —les preguntó con el ceño fruncido—. Kaya, llévate a Inosuke y a Alexandra. Encuentra la ubicación del Emperador y consigue toda la información que puedas… O haz lo que quieras, pero no mueras. Te lo prohibo. ¡Ahora fuera de aquí!

Las órdenes de la capitana eran absolutas. Ya no se trataba de ninguna situación graciosa en la que pudieran desobedecerle para mostrar cierto grado de rebeldía. Lo único que harían ahí cerca sería estorbarle. Se encargaría de cuidar la retaguardia para que sus chicos pudieran retirarse sin problemas y entonces daría inicio a la verdadera fiesta.

—El último hombre que me llamó puta murió antes de que me viera desenvainar el arma —le diría con la vista clavada en Brutus, dedicándole una mirada digna de una bestia a punto de abalanzarse sobre su presa, mientras caminaba lentamente hacia él—. Omae wa mou shindeiru: Estilo de la Tormenta, Relámpago Fulminante —finalizaría una vez estuviera a la distancia necesaria.

Realizaría un movimiento instantáneo imperceptible al ojo humano, la fuerza sobre el suelo sería tal que lo haría colapsar y en medio de la trayectoria desenvainaría a Fushigiri con la intención de pagarle el favor a Brutus. La hoja maldita ennegrecida por el Endurecimiento y bañada en las frías llamas de Corazón de Fantasma buscaría el dorso del pirata, así como también su cuello para separarlo del resto de su cuerpo. La espadachina aparecería detrás de Brutus y envainaría el arma, dejando que los cortes hicieran efecto.

—Con esto podemos dar por iniciado el combate —agregaría por último, esbozando una sonrisa y preparándose para la batalla. Tenía un plan en mente y comenzaría dentro de los próximos segundos.

Resumen:
Ordenarle a mis chicos que se larguen y luego atacar a Brutus.
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Señor de la Piratería
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Mensaje por Shinobu Yamamoto Dom 6 Dic 2020 - 5:12

Antes de ser capturada por las tropas de lord Hitoshi participé en decenas de batallas, presencié las matanzas más crueles y sufrí en mi carne el precio de la traición. Podía reconocer la maldad sin importar cuán maquillada estuviera. ¿Lo peor? El hombre de Juriasu C. Zaru ni siquiera intentaba ocultarla. Olía la mentira en él. Por mis venas fluía la sangre de Shuten Douji, ¿acaso creía que no identificaría el mal teniéndolo en frente? Por más que intentara negarlo, sabía lo que se avecinaba.

—No busco clemencia ni la necesito. Abrazaré mi propia muerte si con ello puedo salvar las vidas de esta gente —determiné, alzando mis manos para que las atase con la cuerda. Un nudo flojo, fácil de zafar.

Mis sospechas se convirtieron en una detestable realidad cuando el resto de los hombres continuaba amenazando a los rehenes. Los iban a matar. Así era la guerra. Los que tenían las armas no tenían reparos en llevarse las vidas de los inocentes, escudándose tras excusas baratas y estúpidas para no aceptar su deshumanidad. No tenían intenciones de dejar ir a los niños, no cuando buscaban a Hitomi-chan para llevarla ante Juriasu C. Zaru. Un nombre tan horrible como sus soldados. No entendía las razones detrás de la búsqueda, pero seguramente era por temas de poder. Siempre era así.

—No, no me moveré hasta que tus compañeros hayan liberado hasta el último de los rehenes —rechacé tajantemente, manteniéndome en la misma posición—. No tienes una pizca de honor, ¿verdad? Ni siquiera debes conocer la palabra. Pobre alma, contaminada hasta la médula por la maldad del hombre. Libera a los rehenes, no lo volveré a pedir.

Sabía que no cumpliría su palabra: si tuviera intenciones de hacerlo, le habría ordenado al resto que se marchase del pueblo. Mis palabras sólo servían para ganar tiempo, después de todo, había dos valerosos samuráis encargándose de liberar a los grupos periféricos. La única manera de salvar a esa gente era peleando, no había otra opción. Sin embargo, la idea de ver morir a inocentes me estremecía el alma. Ni con mil años de oración encontraría el perdón de mi espíritu.

Esperaría otra sonrisa malvada, un simple «no» por respuesta, cualquier gesto que delatase la negativa por liberar a los aldeanos, y entonces actuaría. Si no tenían intenciones de respetar tanto mi sacrificio como su propia palabra, entonces pondría a descansar sus almas. Me transformaría en un híbrido entre oni y humana al mismo tiempo que jalaría la cuerda hacia mí, intentando atraer al soldado para romper su cráneo con un fuerte cabezazo. No perdería el tiempo y saltaría hacia uno de sus compañeros en un desesperado intento por evitar que capturase a otro rehén. Buscaría cogerle de las piernas para zarandearlo contra el suelo y luego lanzarlo hacia su compañero. ¿Qué había del resto…? El señor pájaro tendría que encargarse, él y los samuráis. Por mucho que desease un mundo ideal en la guerra había bajas. Siempre había bajas.

Resumen:
Negarme hasta que liberen a todos los rehenes y actuar en caso de que no lo hagan, asumiendo el peor de los escenarios posibles.
Shinobu Yamamoto
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Mensaje por Prometeo Dom 6 Dic 2020 - 5:37

Era frustrante que una joven criatura tuviera que sacrificarse por el bien de todo un pueblo, pero era aún peor el que ninguno de los soldados soltase aún a los rehenes. Prometeo frunció el ceño cuando vio que presionaban sus dagas contra sus cuellos. Estaba entre la espada y la pared. ¿Qué haría el comandante Makintosh en una situación así? Probablemente un gesto revolucionario y valiente, pero el homúnculo estaba lejos de ser como el señor Gelatina. Aún no comprendía la importancia del MANUAL, el mismo libro cuyo nombre resonaba con fuerza en su cabeza.

—Como si la muerte de un inocente fuera a solucionar algo —le espetó con la sangre hirviendo, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no abalanzarse sobre él y destrozarlo con sus garras. No, Prometeo era mucho mejor que eso. Se rehusaba a convertirse en una bestia sin humanidad—. Estás al servicio de un hombre que no entiende la vida ni la valora… ¿Qué crees que pase una vez maten a los rehenes? Perderán los escudos humanos que los separa de la furia que estoy sintiendo. Caerán uno por uno y serán enjuiciados por el Ejército Revolucionario —les anticipó, haciendo crecer las llamas azules que emergían de su cuerpo como si estas reaccionasen a su enfado.

La señorita de los cuernos continuaba negociando con los soldados, pero nada parecía ir bien. Prometeo sabía cuando una negociación no iba por buen camino. La diferencia era que estaba acostumbrado a que solo hubiera dinero de por medio, no vidas humanas. ¿Qué podía hacer? ¿Qué alternativas tenía en una situación así? El corazón le latía aceleradamente y sentía un nudo en la garganta. Quería llorar pero al mismo tiempo hacer arder a sus enemigos. ¿Era la maldad propia de la naturaleza humana hablando? ¿Acaso en sus pensamientos, en lo más profundo de su ser, era igual a esos piratas? Quería…, quería que alguien le mostrase el camino. Quería que sucediera un milagro.

En caso de que las negociaciones fueran frustradas y la señorita de los cuernos actuase, intentaría impedir la ejecución de los rehenes. Ignoraría la flecha y la muerte del soldado para reunir una importante cantidad de energía con el propósito de liberar un mar de llamas azules. No quemarían a nadie, pero la reacción natural de todo ser vivo era alejarse del fuego o, como mínimo, mostrarse sorprendido. No lo conseguiría, ¿verdad? Igual habría muertos, igual la sangre comenzaría a escurrir por el suelo dando inicio a una caótica matanza. Rugiría como una bestia enfurecida, sintiendo el dolor de las vidas segadas por la crueldad de los piratas, pero lucharía con más fuerza que nunca sin preocuparse de su enfermedad ni de sus heridas, sin preocuparse si caía en ese momento.

Correría hacia el soldado más cercano y le propinaría un fuerte codazo en la boca del estómago, dejándole sin respiración para entonces golpearle la nuca con la intención de dejarlo inconsciente. ¿Por qué los ancianos no corrían? ¡No tenían oportunidades de vencer! ¡Ninguna! Prometeo entendería en ese momento que donde había maldad también había bondad. Los hombres enfrentarían la muerte para salvar a sus hijos y ese amor era algo que ningún enemigo comprendería ni llegaría a sentir en su vida.

Prometeo escucharía los ruegos de un hombre, ofreciendo su vida a cambio de la de una niña pequeña. Desesperado y frustrado, impotente y casi cegado por la ira, el revolucionario rugiría e ignoraría el dolor en su garganta. Correría lo más deprisa posible e intentaría impedir la ejecución, golpeando un costado del pirata con la fuerza suficiente para mandarlo a volar varios metros, pero conteniéndose para no causarle una herida letal.

—¡DETÉNGANSE! —ordenaría, liberando otra onda de llamas azules con la esperanza de que sanasen las heridas de los aldeanos—. ¡Detengan esta masacre…! ¡Por favor, deténgase!

Resumen:
Atacar e intentar ayudar a cuantos aldeanos pueda. Sufrir por el caos y la masacre venidera.
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Mensaje por Inosuke Dru-zan Dom 6 Dic 2020 - 17:41

La destrucción que había provocado Katharina cubría allí donde mis ojos alcanzaban. Si no había matado a todo el grupo, lo había logrado con la gran mayoría, quedando unos pocos entre miles huyendo de las llamas hacia el agua. Sin tener en cuenta la matanza injustificada, había sido un espectáculo maravilloso, digno de ver. Me encontraba eufórico, lleno de energía, hasta que sentí como clavaban un cuchillo profundamente en mis entrañas. Cuando bajé la mirada, observé el corte sangrante e hice una exclamación de dolor.

¿Qué acabar de pasar? —pregunté, a nadie en concreto, tras ver como el arma volaba hacia la mano del hombre de extraño lenguaje.

Tras las órdenes de Katharina intercambié miradas con mis compañeras. Estaba más preocupado por ellas que por Ivan y Katharina, ya que ellos eran tan fuertes que aquel hombre no les supondría ningún problema. Las chicas, sin embargo, habían recibido las mismas heridas que yo. Debía atenderlas rápidamente, no fueran a complicarse. Mis años de estudio en las artes chamánicas me habían enseñado que más valía prevenir que curar, al menos en lo referente al cuerpo humano.

Hice que Cazapeces volase en dirección a las chicas y, apretando fuertemente los dientes para resistir el dolor del corte cogí a cada una por sus brazos, para alejarlas de lo que próximamente se convertiría en una batalla campal. Al aterrizar, me encargué de sus heridas todo lo bien que pude con lo que tenía a mi alcance. Por suerte algún conservaba las plantas medicinales de una de las aldeas quemadas, y con suerte servirían para disminuir el dolor. Una vez las hubiera atendido a ellas, la haría lo mismo sobre mi herida mientras pensaba que tendría que haber traído conmigo mis ungüentos.

Bueno, ¿ahora qué hacer?

Resumen:
Poner a salvo a Xandra y a Kaya y tratar sus heridas, además de la mía.
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Mensaje por Rainbow662 Dom 6 Dic 2020 - 18:26

Es curioso lo rápido que el ser humano puede pasar de la relajación a la alerta más absoluta. La adrenalina se dispara por mi torrente sanguíneo antes incluso de que mis ojos distingan el cuchillo que ha abierto un agujero por el que puede escaparse. Más incluso que mi propia herida, las de los demás son las que reclaman mi atención. Puedo entender un ataque sorpresa, pero ¿pillar desprevenidos a los dos monstruos que tenemos por líderes? No necesito la orden de Kath para comprender que este partido está por encima de nuestra liga.

El combate empieza a nuestras espaldas cuando tocamos tierra a lo lejos, arrastrados por el dinosaurio domesticado de Inosuke. En otras circunstancias sería todo un ascazo aterrizar en el erial dinamitado en que la bruja ha convertido la fiesta de los piratas del Yonko, pero dado lo particular del día de hoy voy a pasarlo por alto. De todos modos ya me imaginaba algo así. En el momento en que la vi transformarse es un monstruo volador supe que ni en un millón de años sería mínimamente sutil.

Me trago un gruñido cuando presiono el corte con la primera tela medianamente limpia -o no muy manchada de sangre ajena- que he encontrado. Aprieto con fuerza, atándolo en un nudo que no tarda en teñirse de rojo. Es en momento como estos cuando una aprecia la necesidad de un médico de verdad en la tripulación, y no la de un chamán demente.

-Vale. Inosuke, Xandra, hay que hacer hablar a alguno de los que ha quedado entero. No queremos que se escape y avise a su jefe.

No es fácil encontrar a alguien aquí en condiciones de responder preguntas. Tan solo unos pocos han salido indemnes del ataque, lo cual es una suerte. Confío en poder con ellos antes de que causen problemas. Bastante problemático será ya la lucha contra uno de los hombres fuertes del emperador, como para meterse en más problemas. Antes de ponerme a mi labor arriesgo una mirada a la lucha ahí atrás. En cierto modo es positivo que haya aparecido este tipo. Si la jefa no puede con este, tampoco podría con Zar; puestos a elegir, es mejor darse cuenta de esas cosas cuanto antes.

Por mi parte, voy a la caza de algún superviviente. Me lanzo haca el más cercano con la intención de placarlo e inmovilizarlo con un poco de peso bien ejercido. No sé si me queda zumo de la verdad para hacerle hablar, aunque imagino que la amenaza de verse aplastado será un buen aliciente para decirme dónde se encuentran su capitán y sus oficiales. Mierda, más vale que no sea también un pez gordo. Si pierdo más sangre, Ivan empezará a mirarme con hambre.

Resumen:
Lanzarse a un interrogatorio agresivo a uno de los supervivientes.
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Mensaje por Vile Spectre Dom 6 Dic 2020 - 20:10

Vile frunció el ceño al percatarse de que aquel gyojin no iba a hacerle caso. Resopló, e hizo rechinar sus dientes para contener su furia. Dirigió su mirada a Nox. Ni siquiera Kenshin, que era tan diferente de él, se habría dejado contener con las vulgares bravatas de un triste personaje como aquel.

El músico clavó sus ojos en los del hombre pez y respiró con fuerza. No le gustaba sentirse insultado, y mucho menos que otro despreciara su poder. Y eso era cuanto había hecho aquel vigilante, creyéndose superior al joven de Arabasta. Ya no pensaba con claridad: llegaría al otro lado del puente costase lo que costase.

Gruñó –en lugar de lanzar un escupitajo al suelo, pues al menos conservaba esa parte de sus modales-, y espetó de manera cortante:

-Ya veo que no atenderás a razones. Visto lo visto, seguro que tu juego no iba a ser nada de nuestro agrado.

Nuevamente, la mano de Vile superó en velocidad a su pensamiento, nublado como se hallaba por la cólera del momento –aunque la solución no habría diferido en mucho-, y desenvainó su  nueva espada a toda velocidad. Sin pensárselo dos veces, puso toda su energía en sus pies y se impulsó con toda la celeridad que pudo contra el centinela. No emitió ni un solo sonido. No estaba de humor para eso. Bastaría con un corte para transmitir su mensaje.

Si lograba cortar al gyojin y quedar indemne al pasar por su lado, se volvería tranquilamente.

-Has sido un gilipollas por dejar atrás tu arma –declararía Vile con bastante seriedad-. Si esa es la fuerza que respetan tus superiores, no debo sentirme demasiado aterrado. La próxima vez, repásate la página de las recompensas del periódico.
Resumen:
Atacar al gyojin.

Cosas:
Whisper Path: Pasivamente, el pirata es capaz de correr dando pasos tan ligeros que no provocan ruido alguno. Activamente, puede avanzar 20 metros en un solo segundo, difuminándose con el ambiente de modo que aparenta ser únicamente un borrón que se coloca al lado de su enemigo para lanzarle un ataque a traición. La trayectoria de la carrera no puede incluir curvas cerradas, sino que debe de tratarse de un sprint en línea recta o ligeramente curva. Recarga de uso de 2 turnos.
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Mensaje por AEG93 Dom 6 Dic 2020 - 21:14

El camino hacia la Capital de las Flores fue un cúmulo de emociones que se mezclaban unas con otras, predominando en unos momentos cada una de ellas. Una verdadera montaña rusa que hacía que el cerebro de Ryuu no descansara lo más mínimo. Por un lado estaba la alegría de haber podido encontrar al fin sanas y salvas a su madre y su hermana, así como el alivio de haber llegado hasta ellas a tiempo. Por otro lado el orgullo y la devoción que sentía hacia su maestro, que con incomparable coraje se había enfrentado a cuantos enemigos intentaron hacerlas daño hasta llegar al límite de sus fuerzas. También la preocupación por el estado salud de este, pues lo quisieran o no era cuestión de tiempo que, si no conseguían que le viera un médico, su vida se terminase apagando. La emoción de estar nuevamente viviendo aventuras junto a Koji y Ryohei como cuando eran unos niños. Y finalmente la incertidumbre de si su decisión de dirigirse al que probablemente fuese uno de los lugares más peligrosos del mundo en aquellos momentos no acabaría resultando fatal para sus seres queridos.

Aquí y allá eran evidentes los signos de que la violencia de las tropas de Hipatia había llegado también a aquellas zonas. El aire en el ambiente era pesado, y olía a una mezcla de humo y sangre que podría revolver las tripas con enorme facilidad a cualquier persona que no estuviera familiarizada con dichos aromas.

Los enemigos, inicialmente escasos, fueron poco a poco apareciendo con mayor frecuencia, lo que hacía que cada vez resultase ligeramente más complicado pasar desapercibidos. Para cuando llegaron a un abrupto y agreste valle entre colinas rocosas, pareció claro que no iba a ser fácil avanzar más en grupo. Por suerte para ellos aquella zona estaba llena de pequeñas cavernas naturales formadas por la erosión del agua sobre las paredes de las colinas que podían constituir un refugio casi inmejorable. Sin embargo, antes de poder utilizarlas había un problema que atajar. Una pequeña expedición de cinco soldados gyojin parecía haber encontrado también en aquel valle un lugar más que adecuado donde pasar la noche. El joven samurái miró entonces a sus amigos y, en voz baja, les dijo:

- Debemos encargarnos de ellos para evitar ser descubiertos. No podemos permitir que huya ninguno, pues volverían con refuerzos y ese sería el fin del maestro. Debemos acercarnos con mucho cuidado y atacar con velocidad y precisión para acabar con ellos de forma rápida y sencilla. Son más que nosotros, pero contamos con el factor sorpresa y con una fuerza que probablemente no esperen. Id cada uno a por uno, yo me encargo de los otros tres.

En su cabeza el plan era sencillo. Acabarían con ellos de forma rápida y después podrían buscar un hueco donde su madre y hermana y su maestro pudieran quedarse al cuidado de Koji y Ryohei mientras él se dirigía a la ciudad en busca de un médico.

Acercándose poco a poco, tratando de permanecer oculto tras las rocas, el joven extrajo algo de agua del ambiente y la moldeó hasta darle la forma de una copia exacta de sí mismo. Su clon de agua había mostrado en no pocas ocasiones ser una ayuda inestimable. Junto a él el samurái intentaría acercarse a una distancia de unos diez metros de los gyojin sin ser visto. Cuando estuvieran allí, clon y original se lanzarían en un movimiento explosivo en el que alcanzarían su máxima velocidad de golpe hacia dos de ellos y tratarían de segar sus gargantas por sorpresa.

Acto seguido, cuando la atención de los tres restantes se centrara sobre el semigyojin y su copia Koji y Ryohei se abalanzarían sobre dos de ellos. En ese momento el samurái y su copia se encargarían de acabar con el que quedara atacando con decisión con su katana. Si todo salía bien, tendrían un lugar seguro en el que guarecerse hasta que Ryuu encontrase la ayuda que su maestro requería.

Resumen:
Intentar acabar con los gyojin por sorpresa con ayuda de mi "Mizu no Kuron" y de Koji y Ryohei para robarles el "campamento".
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Mensaje por Zane D. Kenshin Dom 6 Dic 2020 - 21:17

«Y a mí me aburre no saber cómo atacarte sin tener que recurrir a eso tan pronto», se dijo para sus adentros, pensando en que quizás la única opción para vencer a esa bestia era desatar todo su poder de forma prematura. Sin embargo, algo en su interior le decía que aún era pronto para usar el poder que le otorgaba el despertar de su fruta del diablo, ya que la guerra en Wano acababa de comenzar. Si había más seres como él no podía permitirse el lujo de quedar exhausto y sin su mejor baza. «Aunque tampoco puedo dejarme vencer a la primera de cambio», pensó.

En ese momento, cuando estaba tratando de hacer perder el equilibrio a su contrincante, una debilitada onda cortante, procedente de su espada meteoro, cayó sobre él. Era mucho más débil de lo que debiera ser, quizás demasiado endeble como para hacer mella en la resistencia de aquel ser, pero había sido capaz de atravesar su defensa, así que era algo positivo. Eso le hizo pensar que tal vez su defensa extraña tenía un punto flaco, concretamente en la parte superior. Había probado a atacarle de frente y por la espalda, así como con una cantidad ingente de fuego, por lo que aún le quedaba tratar de probar por arriba. ¿Podría lograrlo? Esperaba de corazón que sí.

No obstante, que la debilitada espada meteoro hiciera algo de mella en su carne hizo que se enfadara. La espesa oscuridad que envolvía el cuerpo de su oponente comenzó a girar de nuevo sobre él, aunque esta vez tomó la dirección contraria a la que estaba girando el pelirrojo, es decir, al contrario de las agujas del reloj.

De pronto, en un abrir y cerrar de ojos, su enemigo cambió de posición, colocándose frente a él con la intención de agarrarle con una de sus manos, mientras que hacía un movimiento descendente con la cadena que sujetaba con la otra. Ante eso, casi por instinto, aprovechando la velocidad del impulso que tenía, se echó hacia un lado esquivando la mano que se cernía sobre él, girando sobre sí mismo, mientras que usaba la habilidad oculta de Izanami para crear una onda de haki de armadura excesivamente grande, con la intención de bloquear la cadena y bloquear parcialmente la velocidad de su enemigo. La onda emergió de forma horizontal al plato terrestre, abarcando una longitud de ocho metros y un alto de dos metros, que al ser desde el aire sería suficiente como para lograr salir más o menos ileso.

Pero la fuerza bruta de su oponente estaba a otro nivel, y la barrera de haki tan solo lo frenó durante un breve instante, en el que el pirata se puso frente a él, expandiendo su voluntad y tornando su cuerpo completamente de negro metalizado y con sus katanas en cruz trató de detener su paso. La diferencia de altura entre ellos era de apenas un metro, razón por la que Zane se dispuso a descender un poco y ayudarse con los pies y sus alas, mas eso no funcionó si no para reducir un poco su velocidad. Tras él había un edificio, así que endureció su cuerpo y chocaron contra un edificio, que colapsó sobre ellos.

El pelirrojo aún se mantenía en pie, muy cerca de su enemigo, con más polvos que heridas en su cuerpo. Estaba entumecido, pero si algo le dolía era el desprecio que le estaba mostrando.

—Las ladillas pueden ser muy puñeteras —le dijo por experiencia propia, mientras la musculatura de su cuerpo aumentaba considerablemente gracias a su forma de combate, una de las transformaciones que él consideraba como final, cuya fuerza aumentaba exponencialmente durante un tiempo limitado—. Te pican tanto que llega a escocer y te hace desear no haberte metido donde no debías —concluyó.

Zane se encontraba a menos de un metro de su oponente, con las espadas en cruz, así que las abrió con todas sus fuerzas creando un poderoso doble corte y, tras eso, comenzaría el baile:

Los golpes que lanzaría contra el bigardo que tenía en frente serían un tajo a media altura con su zurda, seguido de un movimiento ascendente con su diestra, tratando de cortarle el pecho y parte de la cara con tanta fuerza que lograra levantarlo del suelo. Lo consiguiera o no, trazaría un movimiento circular sobre sí mismo, moviendo sus katanas en círculos y creando a partir de pura fuerza centrífuga una especie de tornado cortante, con el que aprovecharía para elevarse lo suficiente como para caer en picado sobre su oponente, apuntando al lugar en el que la espada meteoro le había dado ¿Su intención? Inutilizarle el brazo que sostenía la cadena mediante un gran tajo, o bien cortárselo de cuajo.

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Defenderme + trazar un plan después de ver cosas + ponerse serio (?)
Zane D. Kenshin
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