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[CAPÍTULO] Un brillo cegador [Hallstat]

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Mensaje por StaffOPD el Vie 2 Oct 2020 - 1:25

Normas del capítulo:


  • Se moderará lunes y jueves entre las 22:00 y las 23:59.
  • No se puede postear los lunes o jueves antes de la moderación.
  • Hay un reloj que marca el tiempo restante. Cuando acaba los temas se cierran.
  • Está prohibido metarrolear, powerrolear y demás actitudes tóxicas.
  • A más riesgo, más premio.
  • Como es tradición, el barco de Sons of Anarchy se hundirá en algún momento.
  • Cada post debe ocupar entre 250 y 1.200 palabras. Si no se está en estos límites, el post podría ser ignorado.
  • Es responsabilidad de un usuario comunicarse con la gente con la que interactúa.
  • Si un post tiene más de 15 faltas ortográficas por párrafo podría ser ignorado.
  • Hacer un resumen de acciones relevantes es obligatorio independientemente de la extensión.
  • La ley del plot no es a prueba de idiotas.


Moderación

Los vientos de la incertidumbre azotan Hallstat sin piedad. Esta enorme isla lleva mucho tiempo dividida y los rumores que la invaden aseguran que esa grieta está a punto de convertirse en una brecha insalvable que se llevará consigo todo lo que atrape.

Los Markov.

Los Varenos.

Los  Kalaikoi.

Estas tres facciones llevan pugnando por hacerse con el trono desde hace ya demasiado tiempo. Antaño las guerras civiles y los ataques al amanecer eran el deber de cada día. La noche invariablemente traía consigo nuevos cadáveres que enterrar y nuevos heridos a los que cuidar. Si bien la nobleza continuaba atrincherada en sus tierras y castillos, los ciudadanos de a pie sufren todavía a día de hoy la pobreza provocada por las reyertas.

No obstante, hace unos meses, algo cambió. Los Kalaikoi se retiraron definitivamente a sus tierras en el norte, cediéndole el terreno a sus dos contestantes. Sin embargo, en lugar de recrudecerse, la batalla se detuvo. Las habladurías aseguran que sin su reina no son nadie, pero es cierto que más de uno ha desaparecido tras afirmar tal osadía. Por otro lado, en los rincones de la isla, allí donde no hay oídos indiscretos, se asegura que los Varenos, lejos de rendirse, están preparando el golpe final bajo la mano de su señor, Anthony Reichkrieg. La tensión crece con cada día que pasa sin noticias y la población puede notarlo.

La capital de Hallstat, Astelia, ha logrado mantenerse neutral hasta ahora atrincherada tras sus murallas, la última línea de defensa. Por sus escondrijos y recovecos, la gente lleva días repitiendo un rumor de lo más peculiar. ¿Alguien ha visto a Iliana? Eso parece, perdida por las planicies del norte. ¿Leyenda o realidad? Otros juran haber visto unos extraños caballos de hierro atrincherándose al oeste de la capital. ¿Qué está ocurriendo?

Queridos, habéis llegado en el momento justo. Hallstat y Astelia os abren sus puertas, pero tened cuidado con lo que se oculta en el interior. Podéis encontrar todo lo que habéis venido a buscar… o fracasar en el intento.

Sin más dilación… que se abra el telón.
 
Helga y Laxus - 1:

Ah, es un maravilloso día en Hallstat. El sol se alza mientras atravesáis las puertas de la capital, Astelia. Habéis venido buscando fama, fortuna, un nuevo lugar en donde labraros un nombre. No son malos objetivos. Habéis llegado por vuestra cuenta, pero los viajes en carro a la capital no son ilimitados, por lo que os ha tocado compartir el viaje. El conductor os deja en una plazoleta no muy lejos de la entrada Oeste y os tiende la mano en busca de una propina. A vuestro alrededor, Astelia os observa con desapego. Al fin y al cabo, los habitantes de este lugar tienen bastantes más cosas de las que preocuparse que de un par de recién llegados.

El mundo es vuestro, chicos. Desde atracar al conductor a ir a visitar a una de esas amables señoras que están tendiendo la ropa en sus balcones o buscar un lugar en el que compartir una buena cerveza, ¿por dónde queréis empezar?
Shiro y Yoldin - 2:

Qué de vueltas tiene la vida. Apenas está amaneciendo en Hallstat y ya habéis conocido a alguien. Shiro, te presento a Yoldin. Yoldin, te presento a Shiro. Habéis compartido uno de esos viajes en carro hasta la capital, Astelia, ciudad de oportunidades. Al fin y al cabo, no son ilimitados y los conductores tienen que hacer valer el paseo. Ah, pero la capital no solo es famosa por sus oportunidades. Para amenizar el viaje el conductor os cuenta los rumores de una plétora de chiquillos encocados que por lo visto están haciendo una desgracia de los suburbios de la ciudad. Se llaman a sí mismos los Piratas de Antoine y su fiereza y escasez de escrúpulos llama la atención.

Os deja en una calle estrecha y os desea suerte en vuestros quehaceres. También os pone la mano en busca de una propina. ¡Bienvenidos a Hallstat, chicos!  
Ravenous Hounds - 3:

Ah, qué bonito día hace. Está amaneciendo y os encontráis… en algún punto de Novoród, la región al suroeste de la capital famosa por la noble casa de los Markov. Hay una niebla espesa por todas partes y no veis un burro a tres pasos. Deberíais haber atracado un poco antes en el puerto, porque para cuando llegasteis todos los carros que hacen el camino a la capital diariamente ya se habían terminado. Sin embargo, no todo son malas noticias. Veis una forma oscura frente a vosotros y al acercaros un poco más, podéis ver una gran casona antigua. Tiene al menos cuatro pisos, 3 alas además de la central y unos grandes jardines. La puerta de los mismos está abierta, si queréis adentraros. No hay luces encendidas, pero podéis oír el relinchar de un caballo…
Alistar y Brianna - 4:
¡Menudo viaje! Llegásteis a Hallstat en busca de respuestas y, sorprendentemente, no os ha costado mucho encontrarlas. Eso es, claro está, si os creéis la palabra del conductor del carro. Él y otros de su profesión aguardan en los puertos de la isla para llevar al interior a los recién llegados. Os ha escuchado hablar y ha decidido dejaros caer que conoce la residencia secundaria de los Byrne. No está lejos de la capital y sin que podáis replicarle, ha decidido el rumbo él solito.

Os deja frente a una enorme casona de aspecto antiguo y algo abandonado. Al hombre se le ha olvidado deciros que lleva inhabitada por lo menos  7 u 8 años. Eso sí, una vez os deja en el suelo os tiende la mano buscando una propina.

Bienvenidos a Hallstat, niños.
Velkan - 5:
Hallstat… ¿la has echado de menos? Ella a ti no. O eso parece, porque está igual que siempre… o casi. No te cuesta detectar la tensión que hay en el ambiente por todas partes.

Por suerte para ti, te han invitado a una fiesta. La gente noble seguiría bailando en el fin del mundo, siempre y cuando los que ardieran estuvieran detrás de los muros, ¿no es así? En cualquier caso, puede ser una buena ocasión para enterarte de qué demonios está ocurriendo. Al fin y al cabo, los murmullos que llegan al resto del mundo no son precisamente tranquilizantes.

Un carro de caballos te recoge en el puerto. Hm. Ese servicio es nuevo. Pero te lleva a donde necesitas ir y las puertas de la mansión se abren para ti. Apenas está amaneciendo, pero ya hay montañas de delicados pasteles, una orquesta tocando y gente hablando y bailando con bastante ánimo. ¿Y estas energías? Reconoces a varios de los nobles del lugar, pero por el momento parecen dejarte a tu aire. Bienvenido.
Teufel - 6:

Ah, Hallstat. Hogar del misterio y la depravación. Es el lugar perfecto para conseguir ampliar tus negocios. Por supuesto, el primer paso es llegar hasta la capital. Todo el mundo sabe que allí es donde abunda… bueno, casi cualquier cosa, siempre que sepas buscar en el rincón adecuado.

Un conductor de carro de caballos bastante avispado os pesca en el puerto tan pronto ponéis un pie en la isla y os deja algo más allá de la puerta norte de la capital, Astelia. En una plazoleta algo amplia, con una gran fuente en el centro. En una de las esquinas del lugar, una joven de belleza tan inmaculada que parece una muñequita de porcelana se retoca el maquillaje de forma distraída. El conductor extiende la mano, buscando una propina.
El Oído de la Revolución, Bô Thyjo y Samvel Legacy - 7:

A la atención de Tomoe Asakura:

Los rumores de la situación en Hallstat son preocupantes. Debido a la falta de efectivos deberás ir sola y aprovechar esta circunstancia para no llamar la atención. Necesitamos un informe acerca de lo que esté ocurriendo ahí. Sospechamos que la marina puede estar infiltrada en una de las facciones tratando de hacerse con el trono, pero carecemos de más datos. Es importante averiguar también el estado de la población; uno de nuestros contactos nos ha confirmado una epidemia de drogadicción en la capital.

Preste atención a todo lo que escuche y vea. Sea fuerte y será recompensada.  

Pues te han destinado a Hallstat. Llegas al puerto y hay varios conductores de carros de caballos que se dirigen hacia el interior. No tardan en llenarse y al final solo queda uno. Parece que te va a tocar compartirlo.

Samvel, Bo, cielos, bienvenidos a Hallstat. Esta isla es una tierra de oportunidades para todo aquel que quiera hacerse un nombre y todo el mundo sabe que Astelia, la capital, es el lugar perfecto para empezar. Parece que nada más empezar ya estáis haciendo amigos. Alguien debería contratar más conductores de carros.

Llegáis tras un no corto trayecto y el hombre os deja más allá de la entrada este de la ciudad, en una amplia calle. Extiende la mano con una sonrisa, buscando una  propina.
Los Ojos de la Marina - 8:

A la atención de Lord Khâmul, Dwight Hart y Anastasya Seleznyova:

La marina está preocupada por la situación en Hallstat. Los rumores que llegan bien valen la pena comprobar qué se está cociendo en el interior de la isla. Algunas de nuestras fuentes aseguran que en la capital hay revolucionarios infiltrados aguardando para prestar su apoyo a una de las facciones, pero desconocemos cual.

También hemos oído hablar acerca de una gran epidemia de drogas entre los más jóvenes de la capital. Ambos asuntos merecen nuestro tiempo y recursos, por lo que se os ha mandado a actuar en nombre de la marina. Cadetes Hart y Seleznyova, estarán a las órdenes del Sargento Khâmul en todo momento. Confiamos en su discreción y buen hacer. No olviden rellenar un informe al regresar.

Llegáis al puerto y os recoge un carro de caballos reservado previamente por la marina. Tras un largo trayecto os deja en una pequeña plaza de la zona sur de la capital. Extiende la mano con una sonrisa, buscando una propina. ¡Bienvenidos a Hallstat!
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Mensaje por Velkan Byrne el Vie 2 Oct 2020 - 3:21

Hallstat sangraba. En el momento en que puso el primer pie en el puerto lo vio. Casas en mal estado de conservación, una escasa afluencia de barcos mercantes, tensión en las calles y poca actividad en las calles. La pobreza era evidente, tanto en los negocios cerrados como en las ropas desgastadas de los ciudadanos y la cantidad de mendigos. Y luego estaba la tensión en el aire... estaba seguro de que si gritaba fuerte, no menos de cinco personas darían un respingo del susto. El caballero suspiró, notando repentinamente el peso de la responsabilidad en sus hombros. Nunca debería haber abandonado su tierra a su suerte. En el momento en que tomó sus votos de caballero, juró proteger el reino con su vida. ¿Y qué había hecho en cuanto la reina desapareció y los traidores empezaron a luchar por las migajas? Exiliarse e irse a luchar como cazador de recompensas en tierras lejanas. Era una desgracia como caballero.

Portaba su armadura de la Orden de las Hojas Palatinas, aunque teñida de negro. En el momento en que sus antiguos compañeros de armas traicionaron a la reina, renunció a las enseñas de la Orden, arrancó la heráldica y tiñó su armadura plateada de negro. Años de viajar por el mundo habían desgastado la pintura, pero había pasado los días anteriores a su llegada arreglándola y dándole una nueva capa de pintura negra. Como cazador le daba igual su aspecto, pero ahora que retornaba a su tierra como heredero a la baronía de Kelia y caballero de la reina debía cuidar sus apariencias. Había cogido el anillo con el sello de la baronía y lo había colocado en la misma cadena que el colgante de plata de una cabeza de cuervo, el animal del escudo de armas de los Byrne. Se puso el colgante por encima de la armadura para mostrar su origen. Al cinturón llevaba un crucifijo colgado del lado izquierdo, una serie de estuches pequeños con diferentes objetos útiles y un cuchillo de caza. Finalmente, de su espalda colgaban dos lanzas, una de color amarillo y la otra roja, y una mochila de viaje.

Cuando el carro de caballos apareció frente a su barco, justo cuando terminaba de hablar con el jefe del puerto para que vigilasen su velero, le dirigió una mirada neutra que ocultaba una rabia sorda. Aquel despliegue de medios era propio de los nobles del sur. En Kalakia eran gente más austera y los nobles tendían a ser más parcos y estar en contacto con el pueblo. En cambio la nobleza del sur tendía a ignorar los males del pueblo y disfrutar de sus banquetes y bailes de salón así el reino estuviera ardiendo. Como estaba pasando. Pero tenía que ir; debía enterarse de cómo estaba la situación en el reino antes de tomar partido. Debía discernir si los rumores sobre la reina eran ciertos, quiénes luchaban en el bando de los Markov y por qué su gente se había retirado tras las montañas. Solo tenía un objetivo claro: el traidor Anthony debía morir. Con ese pensamiento en mente, entregó el equipaje a un siervo, no así sus armas, y se montón en el carro.

música de la estancia:

Una suave música de cuerda sonaba de fondo mientras los nobles socializaban y disfrutaban de las viandas. En cuanto el Caballero Negro entró en la estancia, como correspondía a la etiqueta, se quitó el casco y lo mantuvo contra su costado, agarrado con la mano izquierda. Avanzó entre los sirvientes que iban de un lado a otro, rechazando copas de vino y platos delicados. Su estómago rugía de hambre, pero tras ver el estado de la nación, la idea de ponerse a comer como un gorrino con aquella escoria le hacía arder por dentro. Sin embargo tras un quejoso rugido de su estómago, decidió que no por pasar hambre iba a solucionar los problemas de Hallstat, y decidió coger un trozo de pastel de carne y comerlo. Las necesidades fisiológicas habían vencido al orgullo. Qué le iba a hacer. No podía luchar hambriento. Por algún motivo, sin embargo, extrañó las insípidas y secas raciones de combate del ejército. Miró a su alrededor y reconoció a algunos de los presentes, aunque ninguno se molestó en aproximarse a saludarle.

- Hogar, dulce hogar - susurró, con un suspiro - Chico, esto va a ser peor que la aventura del Morfeo.

Supuso que el ostracismo social era el pago de haber desaparecido de la vida política del país durante años para vivir aventuras. Aún en el caso de que no lo hubiesen visto mal (al fin y al cabo, no parecía que les importase la guerra), tanto tiempo fuera de los círculos nobiliarios era una buena manera de acabar aislado de los grupos de compañeros, las conjuras y los grupos de opinión. Y aunque eso era un alivio para alguien como él que odiaba los juegos de corte, ahora sería una desventaja. Finalmente decidió acercarse a lord Kein, un viejo conocido de la capital. Por algún lado habría que empezar, y al menos su trato con él siempre había sido cortés. Lord Kein siempre había sido más próximo a los grupos castrenses que otros cortesanos.

- Mi señor - dijo con una cortés inclinación - Ha sido un largo tiempo, pero agradezco a los dioses nuestro reencuentro. ¿Qué noticias hay de la tierra?

resumen:
- Llego y me indigno por el estado de Hallstat.
- Un resumen de las cosas que llevo conmigo encima.
- Al llegar a la fiesta, como un trozo de pastel.
- Me acerco a hablar con lord Kein, un viejo conocido, y le pregunto por novedades.
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Mensaje por Tomoe Asai-Asakura el Vie 2 Oct 2020 - 8:52

Había recibido una misiva durante sus travesías en el East Blue. Dirigida a ella desde la revolución, la carta decía que debía ir a Hallstat para comprobar las sospechas de los altos cargos. Por lo visto, sospechaban o temían que el Gobierno estuviera infiltrado en una de las facciones del hasta ahora reino independiente de Hallstat, seguramente con la intención de usurpar el trono y declarar una alianza con el Gobierno Mundial. Sin embargo, ese no era el detalle que más preocupaba a la espadachina. Por supuesto, era importante destapar los tejemanejes de la sección más oscura del gobierno, pero la epidemia de drogadicción en la capital resultaba incluso más preocupante.

Otro aspecto preocupante era la batalla por el trono. El hecho de que se hubiera detenido por completo tras la retirada definitiva de los Kalaikoi resultaba... perturbadora. Un reino no aguantaría mucho más en un estado de guerra civil perpetua, y el repentino silencio era algo que no auguraba nada bueno.

Investigar sin llamar la atención —susurró antes de llegar al puerto.

Antes de tocar tierra Tomoe se prepararía. Se echó la odachi a la espalda y se colocó su katana en la cintura, en un costado. En el otro se ató un cuaderno de momento vacío con una correa, así se aseguraría de no perderlo y, en el lomo del cuaderno, había hecho un pequeño compartimento donde había metido un par de lápices. Además de la odachi, en la espalda, a la altura de la espalda baja, llevaba una pequeña bolsa que de momento estaba vacía y que pensaba utilizar para guardar cualquier prueba que encontrara tanto de la epidemia de drogadicción como de los posibles movimientos del gobierno.

Había optado por sus ropas habituales, pero esta vez había elegido la falda corta. Si se veía metida en un combate iba a necesitar una libertad de movimiento que su falda larga no le concedía con tanta facilidad.

Ahora sí estoy lista —murmuró, ajustándose los lazos que decoraban su pelo.

Llegaría al puerto y los carros de caballos volaron, apenas tuvo tiempo de subirse a uno que estaba casi lleno. El primer pensamiento sería evidente: "No son humanos". Al menos uno de ellos no lo era del todo y tenía extremidades que parecían robóticas, el otro era... extraño. Tomoe no era doctora, pero sus conocimientos arqueológicos eran suficientes para poder detectar un diseño de esqueleto que no era puramente humano, al menos no humano de tiempos modernos. No haría preguntas incómodas, es más, no hablaría mucho de momento, debía concentrarse y mentalizarse para calmar los nervios.

El trayecto fue largo y Tomoe lo dedicó a meditar en silencio, así haría tiempo y, al mismo tiempo, se preparaba mentalmente para lo que pudiera ocurrir, además de fortalecer su propia determinación. El viaje terminó en la capital, Astelia. Más concretamente, en la parte Este de la ciudad.

Bajó del carro y se dirigió hacia el conductor. No tenía prácticamente nada de dinero pero consiguió sacar unas cuantas monedas rascándose los bolsillos. Se las entregó al conductor, quedándose ella sin un duro, y aprovecharía para empezar su trabajo.

Muchas gracias por traernos, buen señor —dijo, haciendo una reverencia de agradecimiento —. Perdone que pregunte pero, ¿hay algo que deba saber sobre Astelia? —preguntó, con suerte antes de que se marchara. Ya conocía el dato de la drogadicción así que no fue tan directa. Además, una pregunta así llamaría menos la atención que si iba demasiado al grano. Quizá hubiera algún rumor más, pero tampoco intentaría sonsacarle mucho.

Investigaría y, si los gobernantes de Hallstat eran incapaces de mantener la situación bajo control... lo incluiría en su informe después de arreglar todo lo posible del estropicio. En cuanto a la gente que iba con ella en el carro, desconocía sus intenciones pero suponía que serían buenas. ¿Conocerían ellos también la situación actual de Astelia y el trono de Hallstat?

resumen:

Se prepara antes de llegar con su equipo de defensa e investigación. Luego sube al carro y permanece en silencio (está ocupada concentrándose y esas cosas) hasta que llegan a Astelia. Al bajar del carro, le da una propinilla con las monedas que consigue encontrar y pregunta si hay algo que deba saber sobre la capital.

De momento no socializa, no sabe cómo (?).
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Mensaje por Lord Khâmul el Vie 2 Oct 2020 - 12:49

Hallstat no había sido ni de lejos el lugar más tranquilo del mundo. Ya en el propio cuartel había recibido todo tipo de noticias sobre los problemas internos que había en dicho lugar. Ahora parecía ser que la Marina al final se iba a mojar en el conflicto de Hallstat. Como era de suponer empezaron a cruzarse los despachos y quién iba o no a acudir a aquel sitio endemoniado.

El doctor Velik, mi benefactor,  me dio la buena noticia de que había sido elegido para acudir a la isla en el nombre de la Marina. Iría en calidad de sargento, algo que me había costado lograr y que ahora me gustaba que se me reconociera. No tardé mucho en embarcar en el navío que me llevaría hasta la isla, y de allí a la propia capital. Esta era el único lugar neutral al conflicto, y a pesar de que la palabra neutral pueda hacer alusión a " ni con unos ni con otros" se sabía de sobra que tarde o temprano todo tiene un precio...incluso la lealtad de la capital.

Me asignaron dos cadetes bajo mi mando, que me acompañarían a la capital para llevar a cabo una serie de investigaciones. Por un lado tratar el conflicto interno de la isla, pero por otro lado, y como principal misión, encontrar el origen  y los causante de la  gran epidemia de drogas entre los más jóvenes de la capital.  Como marines ambos asuntos merecen nuestro tiempo , y como representantes de la Marina esperaba, yo al menos, no fracasar.

Cuando desembarqué fui llevado junto a mis dos compañeros a un carruaje previamente reservado por nuestra gente. Yo portaba mi armadura y máscara de siempre, dejando solo escuchar mi respiración a través del respirador. Mi espada estaba atada a mi cinturón y tuve que apartarla y colocarla sobre mis rodillas para poder entrar en el carruaje adecuadamente. Pero antes, y ante mis dos compañeros saludaría con un aceno de cabeza a ambos y entraría.

Tras esto, y un largo trayecto sin hablar con mis acompañantes  llegamos a la capital de Hallstat. Concretamente llegamos al sector sur de la ciudad,  donde había una pequeña plaza.

Bajé del carruaje y coloqué nuevamente mi espada atada a mi cinturón, y cuando me di cuenta el cochero me pedía una limosna. No era amigo de dar propinas a gente por hacer su trabajo, pero por una vez...no iba a pasar nada. Así que me llevé el guante al cinturón y saqué de uno de sus pequeños bolsillos un par de berries, los cuales, le lancé para que lo cogiera.

Dicho esto me quedaría mirando hacia la plaza, pensativo, a la espera de que mis cadetes bajaran del carruaje, y así, poder empezar a trabajar. Parecía que la misión no iba a ser fácil y que se requeriría hablar con distintas personas de la ciudad para saber más sobre esas drogas...conocer a los vendedores, donde la  almacenan, como llega a la isla, porqué solo es para los jóvenes...vamos, todo.

Resumen:


-Digo lo que pienso sobre la misión.

-Me preparo y llego a la capital junto a  mis compañeros, pero no hablo todavía con ellos salvo por un saludo con la cabeza.

-Llego a la plaza donde nos deja el carruaje y espero que ambos estén listos para continuar, pero sin decir palabra alguna de momento, pero a su vez pensando en el siguiente paso a dar.


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Mensaje por Samvel Legacy el Vie 2 Oct 2020 - 16:46

El North Blue había sido un mar amable, aunque no muy generoso. Sin haber encontrado a ningún pirata o criminal en otras islas, Sam optó por viajar hasta la famosa Hallstat. El día que en el que se había despedido de Noige para perseguir su sueño ya quedaba atrás, y los ahorros que tenía los había ido gastando poco a poco para subsistir. De momento, tenía suficiente para mantener su estancia en aquella isla, pero más le valía encontrar algún trabajo pronto.

Había escuchado los rumores. Una guerra civil, múltiples bandos, muchas muertes... Quería verlo por sí mismo. De ser como decían los viajeros, probablemente encontrara trabajo. Hombres que aprovechan las inclemencias de la guerra para robar, saquear e incluso matar, desertores que huyen de su deber, enemigos por quienes se pagaría una buena suma. Incluso entre los enemigos de la corona podría encontrarse algún criminal de renombre. Sin embargo, Sam sabía que donde había guerra, había devastación. No quería ni imaginar cuántas personas habrían perdido su vida durante el conflicto, ni cuantos niños pasarían hambre. Si su ayuda podía servir para detener el conflicto, mejor.

Cuando llegó a la isla, desembarcó y echó un vistazo. Un puerto sencillo, bastante rudimentario, aunque con bastante actividad. En parte le recordaba a su isla natal, Cheiser, la isla de los cazadores. Si resultaba ser así, allí estarían tan pocos avanzados en lo referente a la tecnología como en su hogar de nacimiento. Lo más probable es que recibiera miradas de extrañeza allí por donde fuera. Obviando ese detalle, debía alcanzar el núcleo de la isla: Astelia, la capital. Había varios carros tirados por caballos que parecían dirigirse hacia el interior. Después de negociar con uno de los conductores, consiguió pasaje, aunque tuvo que compartirlo con otras personas. Entre ellas se encontraba el salvaje que había conocido hacía no mucho. Se llamaba Bô, y lo poco que sabía sobre él era que le gustaba cazar. También había una mujer que no conocía, a quién intentó presentarse.

H-Hola, s-soy Sam —dijo entrecortadamente. Se encontraba nervioso ante su presencia—. ¿Q-Qué te trae p-por aquí?

A pesar de sus intentos, la joven se mantuvo en silencio, concentrada en sus pensamientos. Intentó mantener un diálogo con su otro compañero, el salvaje ataviado con pieles, pero dada su falta de inteligencia era un poco difícil. No era mala persona, pero sí un poco complicado. Al final desistió y también se mantuvo en silencia. El trayecto se le hizo bastante largo, tal vez porque así era, pero cuando llegó a su destino se sintió feliz.

Al bajar vio como la mujer le daba propina al conductor, que había extendido su mano pidiendo un aguinaldo. Tras hacerlo la mujer, Sam cogió unas pocas monedas con su mano robótica y se las entregó al conductor, con la misma intención que ella: sacar información.

Tome, buen señor, por su trabajo —dijo, esperando a que respondiera la pregunta de la muchacha—. ¿Y no sabrá usted por casualidad a donde debería dirigirse un joven cazarrecompensas en esta ciudad, verdad?

Tras las indicaciones del hombre, se dirigió nuevamente a la mujer, ahora más relajado. Con una sonrisa sincera en sus labios, preguntó si quería acompañarle a él y al salvaje.

Señorita, ¿querría acompañarnos? La isla se encuentra inmersa en una guerra civil, y a pesar de estar a salvo tras estos muros, la guerra podría no tardar en alcanzarnos. Puede ser peligroso para alguien que viaja solo —miró hacia los lados intentando disimular su sonrojo—. Mi compañero y yo solo somos dos, pero somos fuertes. Podemos ayudarnos mutuamente.

Resumen:
Llega a la isla, se sube en el carruaje, intenta socializar, le da un propina al conductor a la vez que le pregunta a donde debería dirigirse un cazarrecompensas en la ciudad y le ofrece su ayuda a la chica que le acompaña.
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir el Vie 2 Oct 2020 - 17:03

Por fin volvía a mi hogar adoptivo después de volver del Paraíso. Había hecho una nueva amiga además de conseguir algo de dinero y una recompensa sobre mi cabeza. Recién había empezado mi vida como una pirata con una recompensa de 14.000.000. Ahora volvía a Hallstat debido a unos rumores de los que me habló mi hermana sobre que iba a pasar algo. Con sed de aventuras y buscando más fama, no me lo pensé dos veces y volví a esa tierra dividida. Cuando llegué a la isla, compartí carruaje con un hombre un tanto extraño. Intenté buscar tema de conversación mientras el conductor nos llevaba a la capital de reino, Astelia. Esperaba que no hubiese cambiado, era una ciudad majestuosa a pesar de todo.

-Me llamo Helga, vengo del Paraíso y tengo una chabola en los bosques en esta isla. Vengo otra vez a mi segundo hogar a buscar algo de aventuras ¿Como te llamas y que te trae a Hallstat? - Dije con una sonrisa esperando ampliar mi círculo social.

Entonces me di cuenta de que estábamos atravesando las puertas de la ciudad. Seguía tan bella como recordaba. El conductor nos llevó hasta una plazoleta y quería algo de dinero. Suspiré y le di unas 5 monedas. Recién llegaba y ya me pedían dinero. La pregunta a continuación era la siguiente: ¿a donde ir? La gente nos ignoraba y hacían sus quehaceres. Llegué a la conclusión que lo mejor sería acercarse a alguna taberna local a preguntar por rumores o trabajo.

- No sé tú, pero me muero por beber algo después de un viaje tan largo. Vayamos a un lugar donde nos puedan quitar nuestra sed - Tomé la iniciativa esperando que mi acompañante aceptara, de no ser así, ya nos veríamos en otro lugar de la ciudad.

Busqué entre los edificios hasta encontrar alguna taberna o parecida, en caso de que la encontrara, entraría y me dirigiría a la barra.

Resumen:
Llegar a la ciudad, pagar al conductor y buscar una taberna en busca de rumores o trabajo
Helga Eiríksdóttir
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Mensaje por Bô Thyjo el Vie 2 Oct 2020 - 17:36

Había pasado poco tiempo desde que finalizó mi anterior viaje para emprendernos en uno nuevo, solo que esta vez había sido de manera voluntaria. Tras haber llegado al Paraíso en unas condiciones extrañas y haber conocido lo que para mí era una mujer todavía más extraña, Bô había decidido ignorar mis consejos de coger un puñetero viaje normal en un barco para salir del Paraíso y así poder volver a casa, solo para decidir que lo mejor era volver a meterse en un barco aleatorio. Esta vez el capitán del mismo había decidido encerrarnos a los dos, a cuerpo y a conciencia en una caja, para después dejarnos sueltos en Hallstat, probablemente abandonándonos a nuestra suerte en el primer puerto en el que fue consciente de nuestra presencia.

Así fue como me vi en un segundo episodio de lo que probablemente en el futuro podría llegar a llamarse "Resacón en Hallstat". En cuanto el Bô Thyjo abrió la caja con el uso de su sobrehumana fuerza comenzaron a llegar las preguntas. ¿Dónde estábamos? ¿Cómo es que no nos habían matado? Y la que para mí fue la más contradictoria... Si sencillamente podía haber roto la caja en cualquier momento... ¿Por qué cojones esperó a que nos soltasen en una isla aleatoria? Finalmente llegué a la conclusión de que aquella era mucha paja mental para comentarle a un sub-ser que apenas tenía inteligencia para decir cuatro palabras. Así que me dejé llevar.

Aquella mentalidad de mono con apariencia de atractivo humano cuya complexión física musculosa ascendía sobre los dos metros de altura y que tan solo estaba ataviada con harapos, tales como una falda de piel de jabalí, una chaqueta abierta y zapatos de la misma tela, cuyos suministros de viaje yacían envueltos en piel de jabalí enredados en la punta de un palo al que él consideraba una lanza solo que esta no tenía punta... Había decidido caminar en busca de una salida, o al menos eso es lo que parecería desde el punto de vista exterior, ya que dentro de su cabeza yo estaba gritándole todos los insultos que le había enseñado y me faltaban por enseñarle, motivo por el que se mostraría cabizbajo.

"- Animal ¡Puto animal! ¡ERES UN PUTO SUB SER QUE NO ERES CAPAZ DE PENSAR! ¡UN PUTO GILIPOLLAS! ¡ANORMAL! ..."

En su trayecto vio a varias personas montarse en diferentes carros, y en mitad de aquella gran cantidad de insultos Bô pareció percibir el olor de una fémina, así que se dirigió inmediatamente hacia aquel carro y se sentó junto con ella, sin meditar palabra, tan solo permaneció contemplándola, al menos hasta que llegó el cyborg, siendo ese momento en el que le retiró durante escasos segundos la atención para exclamar las siguientes palabras.

- ¡HOLA HIERRO! ¡VEO QUE TÚ TAMBIÉN TENER DIFICULTADES PARA HABLAR!-

Dijo haciendo alusión a su tartamudeo para luego volver a fijar la mirada en Tomoe y así no apartarla en todo el viaje, resumiéndose este en insultos de su conciencia y en la sensación de que este transcurriese rápido, debido lo que le alegraba la vista aquella mujer.

Para cuando todos descendieron de aquel carro los gritos ya habrían cesado, ya que Woruka habría decidido resignarse y cruzarse de brazos mentalmente, siguiéndole el gesto Bô a los demás a la hora de entregar un presente al dirigente de los carros, siendo el obsequio un kilo de carne que sacaría de su bolsa y pondría sobre la palma ajena, mostrando una amplia sonrisa. Yo ante aquello decidí no opinar, no lo haría en mucho tiempo, puesto que estaba mosqueado con aquel hombre.

- ¡GRACIAS POR VIAJE!-

Exclamó y acto seguido escuchó las palabras del señor hierros, asintiendo fervientemente ante la idea de que la muchacha permaneciese junto con ellos.

Resumen:

Saliendo desde el Paraíso en un barco aleatorio y llegando en una caja al puerto de Hallstat, Bô tuvo que soportar la humillación de tener a su conciencia, Woruka, gritándole lo pésima que había sido su opción de viaje aleatoria en lugar de coger un barco rumbo a casa.

En su trayecto en busca de una salida para volver a casa olió el aroma de una mujer y quedó prendido de ello, se montó en un nuevo carro "aleatorio" junto con Tomoe, llegando poco después al mismo Samvel. Permaneciendo callado en todo el trayecto del mismo.

Al llegar imita el gesto que realiza todo el mundo de ofrecer un obsequio al conductor del carro, solo que debido a que es una persona incivilizada y no entiende demasiado sobre lo que es una propina, además de no poseer dinero, le entrega un kilo de carne como recompensa.


Última edición por Bô Thyjo el Sáb 3 Oct 2020 - 18:21, editado 2 veces
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Mensaje por Keiran T. Farraige el Vie 2 Oct 2020 - 18:09

El ceño de Keiran llevaba fruncido desde hacía un buen rato, alejando a sus propios tripulantes de la posibilidad de acercarse a tratar de averiguar qué pasaba por la mente de su capitán. A su entender, tenía motivos más que suficientes como para justificar su mal humor, uno que había sustituido buena parte de la emoción por pisar aquellas tierras desconocidas que había albergado durante las últimas semanas. Para empezar, la entrada en el North Blue había resultado ser un total fiasco, y es que el pirata no había llegado a navegar nunca por aguas ajenas al Grand Line o a las bravas corrientes que custodiaban Northumbria. Aquel mar era distinto, y por distinto él lo entendía como aburrido. Fácil, sencillo, sin plantear desafío alguno a sus dotes de navegación o a la tripulación en general. ¿Cómo iban a albergar en el norte a toda una familia digna de mención si ni siquiera el frío clima era capaz de causarle impresión alguna? Su espíritu, cargado de ambición, contaba siempre con un hambre voraz por todo cuanto sirviera para satisfacer su narcisista necesidad de mostrarse por encima de los demás; al menos, esperaba que Hallstat y los Markov fueran capaces de cambiar su visión.

Porque sí, habían recorrido un largo camino para llegar hasta el afamado reino norteño, guiados por la promesa de un jugoso botín y, en última instancia, por el afán ególatra del pelirrojo. Las últimas semanas no habían resultado tranquilas para la recién nombrada tripulación de los Ravenous Hounds, llegando hasta sus oídos una amplia variedad de noticias que, cuanto menos, habían servido para captar su atención. La primera de ellas y, probablemente, la que más les concernía, no era sino la inesperada suma que el Gobierno Mundial había ofrecido por la cabeza del capitán. Bueno, quizá lo de «inesperada» no es del todo fiel a la realidad, pero aquella cifra quedaba bastante lejos de las predicciones más ambiciosas de Keiran. Una buena nueva a su entender, aunque conllevara cargar con una amenaza mayor a su espalda. Las adhesiones de Alexander, Izanami y Adam habían ayudado a aliviar aquel peso y, por supuesto, los rumores sobre la situación en Hallstat mitigaron la sensación de peligro, sustituyéndola por el hambre dorado del dinero. Al parecer, la isla se encontraba sumida en el más absoluto caos gracias a las disputas nobiliarias que la recorrían de norte a sur y eso, por fortuna para ellos, tan solo implicaba una oportunidad perfecta para dejarse caer por allí y sacar tajada del momento.

—Que los demás se queden aquí —le había indicado el pirata a su segunda, ajustándose su colosal mandoble a la espalda mientras tanto, con su oscura chaqueta entreabierta y ataviado con sus ropas habituales—. Roman y los chicos podrán ocuparse de custodiar el barco. Adam e Izanami vienen con nosotros tres. Rose... que haga lo que más le apetezca.

Dejaría que Cassandra y Napolean dieran las indicaciones pertinentes, aprovechando él para descender de un salto hasta los muelles y adelantarse un poco. Y con poco quiero decir que ni siquiera se aventuró más allá del puerto. «¿Pero qué mierda de clima es este?», inquirió él, forzando la vista para intentar ver más allá de la espesa niebla sin mucho éxito. Había sido un milagro poder atracar allí sin comerse la orilla o, más bien, había precisado de centrar toda su atención al timón para no darle motivos a la Pendragon de querer reclamarle más responsabilidades.

Suspiró, aguardando a que sus oficiales, su cocinera loca y su niño asalvajado le alcanzasen antes de continuar adentrándose en la isla. Había que ser positivos: si el conflicto había escalado tanto, estaba seguro de poder encontrar allí alguna clase de entretenimiento y, más importante, podrían aprovechar para desvalijar todo cuanto vieran sin demasiados miramientos. Si alguien se interponía en su camino, tan solo tendría que separarle la cabeza del cuerpo. Pan comido. Lo importante, en cualquier caso, era llegar a la capital y ver qué se cocía por allí. Por lo que sabían, era uno de los pocos sitios intactos y, muy probablemente, su camino directo para conocer a algún miembro de esa infame familia. Desgraciadamente, parecía que todos los carruajes habían partido ya hacia Astelia y no quedaba ninguno que pudiera acelerar su viaje hasta allí. Tampoco era un gran inconveniente, y es que dudaba que alguno de ellos pudiera con el peso de su contramaestre. Quizá la enorme finca que se erguía poco más adelante sirviera para encontrar algo acorde al grupo. El sitio debía pertenecer a una familia pudiente, ¿no? Seguro que contaban con algún carruaje al que dar uso.

—Diría que no hay nadie en casa —comentó, una vez frente a las puertas de los jardines, esbozando una sonrisa—. ¿Qué os parece si lo averiguamos? Seguro que las buenas gentes de Hallstat no tendrán inconveniente en ayudarnos.

Y si lo tenían, tampoco es que fueran a tener más remedio. Así que empujó la verja, adentrándose en el lugar sin muchos miramientos, buscando cualquier luz o indicio de que pudiera haber alguien cerca de ellos. La única pista a seguir, más allá de allanar la propiedad, era el relinchar de aquel animal. Si había caballos existía la posibilidad de encontrar carruajes o algo similar, aunque la probabilidad de toparse con alguien más también aumentaba. Después de todo, un lugar así no podía estar abandonado.

Resumen:
• Resumir un poco las últimas semanas en alta mar y explicar la desilusión del pobre Keiran con los norteños y sus aguas.

• Darle algunas indicaciones a sus compañeros para que parte de la tripulación se quede custodiando el barco mientras ellos avanzan.

• Allanar, como no podía ser de otro modo, la finca y buscar el ruidoso caballo para ver si encuentran algún transporte o medio de ir hasta la capital que no suponga caminar demasiado.
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Mensaje por Cassandra Pendragon el Vie 2 Oct 2020 - 21:30

Cassandra no estaba contenta. Y, aunque no era fácil que lo estuviese, en este caso tenía sus motivos. El capitán los había hecho desviarse de su camino y dirigirse al North Blue, y ahora se encontraban en una isla que no pertenecía al Gobierno Mundial y parecía estar sumida en algún tipo de guerra política. A la princesa no le sonaban de nada ninguno de los nombres que había oído, así que había asumido al momento que se trataba de nobles menores, sin importancia ni relevancia de ningún tipo. Como parte de su instrucción diplomática la habían obligado a aprenderse los nombres y apellidos de todos los monarcas y figuras políticas relevantes, con las que podía encontrarse en algún momento, o con las que tenía opción de entablar algún tipo de tratado de colaboración. Ninguna de esas familias estaba en al lista.

De todas formas, la aristócrata no tenía más remedio que seguir a su capitán, aunque todavía no se hubiese acostumbrado a aquello de recibir órdenes. Mirando el lado positivo, siempre podían aprovecharse del caos que parecía cubrir aquella isla para sacar algún tipo de beneficio, e incluso podría practicar sus habilidades de cartografía, o quizá descubrir algún artefacto interesante. Cabía incluso la remota posibilidad de que aquella isla guardase algún secreto relativo a la aparición de un segundo sol en el cielo, aunque Cassandra lo dudaba.

Así pues, se enfundó en su abrigo de piel y se aseguró de que las espadas quedaban bien sujetas en sus caderas antes de disponerse a dar las órdenes pertinentes a la tripulación.

—Ya habéis oído al capitán. Os quedaréis aquí y os encargaréis de aseguraros que el barco sigue en una pieza para cuando regresemos. Rose, querida, te dejo al cargo de vigilar a estos rufianes —indicó, antes de usar su silbato para llamar la atención de su mascota, la cual descendió desde lo alto de la cofa para posarse sobre su brazo extendido—. No creo que puedas sernos de mucha ayuda con esta niebla, así que quédate aquí a menos que te llame —le dijo a Calisto, su águila real. El pájaro emitió un suave chillido de comprensión y regresó a la cofa.

La niebla sería sin duda un problema. No solamente dificultaba su visión en lo referente a encontrar la capital, sino que los situaba en desventaja en caso de sufrir una emboscada de cualquier tipo, o ser atacados por simples bandidos locales. No tenía duda de que el semigigante y Keiran podrían apañárselas sin problemas aunque recibiesen un golpe o dos, pero Cassandra prefería evitar magulladuras en su piel, de ser posible. Por no pensar en la posibilidad de que se le encrespase el pelo con semejante concentración de humedad.

La joven descendió hasta el puerto para reunirse con el pelirrojo, que ya había bajado, esperando que Alexander, Izanami y Adam la siguiesen. Se suponía que debía haber carruajes que llevasen a los visitantes directamente hasta Astelia, pero el puerto parecía estar completamente desierto, por lo que debían buscarse la vida. Keiran no tardó en identificar un edificio de dimensiones medianamente grandes y sugerir entrar en la propiedad. No era tan grande como un castillo, pero la construcción era lo suficientemente extensa como para indicar que allí vivía gente con dinero.
La mansión parecía deshabitada, o quizá los inquilinos aún no se habían despertado, por que no escapaba la luz por ninguna de las ventanas visibles a través de la niebla. Teniendo en cuenta que estaba amaneciendo, la probabilidad de que hubiese gente en su interior aún dormida era alta, pero el capitán de los Ravenous Hounds tenía un especial gusto por meterse donde no lo llamaban y armar alboroto, así que su subcapitana no se negó a su propuesta.

—Quizá podamos encontrar los establos del recinto si seguimos el sonido de los relinchos —opinó la noble—. A menos, por supuesto, que prefieras entrar en la mansión y ver si hay alguien despierto que nos puede resultar útil.

Tras aquellas palabras, la platina siguió a su compañero hacia el interior de los jardines frontales de la edificación, con una mano casualmente apoyada sobre la empuñadura de una de sus espadas y mirando con cautela a su alrededor en un intento por discernir algún dato de utilidad en aquellas condiciones climatológicas. Lo que estaba claro, al menos para ella, era que debía haber gente en el edificio. Así que no era cuestión de si se encontrarían a alguien, sino de cuándo.

Resumen:

- Establecer el estado de ánimo de Cassandra en relación a los acontecimientos, explicando su frustración.

- Dar órdenes a la tripulación de que se queden en el barco, y su mascota de que no se mueva de la embarcación a menos que sea llamada.

- Internarse en los terrenos de la mansión junto al capitán, siguiendo el sonido del caballo y ojo avizor a su alrededor por si se topan con alguien.
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Mensaje por Brianna Byrne el Vie 2 Oct 2020 - 21:47

Había acudido a Hallstat en busca de respuestas sobre su familia. Al ser secuestrada a una edad muy temprana Brianna apenas había pasado tiempo junto a su familia. No sabía absolutamente nada sobre ellos y la verdad es que sentía una gran curiosidad por los Byrne. No tanto por su padre, que era un hombre realmente despiadado y horrible, si no por comprobar si el resto de la familia era igual o había alguien que se pudiera salvar. Tenía realmente mucha curiosidad, quería saber quien era y de donde venía, pues conocía su nombre pero no el pasado de su familia y la verdad es que siempre había sido alguien curioso y quería aprender más.

Tras bajar de su velero junto a Alistar y el maravilloso Kodlak fueron recogidos por una especie de carruaje de caballos. El caballero que lo conducía tras escuchar su conversación les indico que existía una mansión de los Byrne no demasiado lejos de allí y puso rumbo directamente hasta ella. Por un momento quiso decirle que cambiara de rumbo pero en aquel momento la verdad es que tampoco le molestaba demasiado acabar en la puerta de algún familiar. Aunque se la notaba nerviosa, le daba un poco de miedo pensar que no la quisieran recibir o que no la creyeran al decir que era una Byrne. Pero si no lo intentaba pues seguramente nunca averiguaría lo que quería. Le daba mucha pena la situación actual de Hallstat y al mismo tiempo le preocupaba como terminaría todo, ¿Ivan sabría la que se estaba armando en su isla natal?

Dejo que el hombre los llevara hasta la mansión y entonces una vez allí Brianna le dio una propina por el viaje con una sonrisa y entonces llamó un par de veces a la puerta. Esperó pacientemente y al no recibir respuesta arrugo un poquito la nariz, se acerco a una de las ventanas para intentar mirar por los cristales a ver si era capaz de ver lo que había en su interior. — Parece que no hay nadie, ¿que hacemos Alistar? — le miro de reojo, ella podía abrir la puerta sin más, con su akuma ninguna puerta era un problema realmente. Esperó a la respuesta de Alistar y si él le decía que abriese, abriría una puerta para que ambos pudieran pasar a la mansión, estaba nerviosa y bastante animada también con la idea de que pudieran encontrar información sobre su familia, aprender algo nuevo, saber algo más sobre todo aquello que desconocía sobre los Byrne.

Resumen:
BriBri llega con Alistar y Kodlak y tras darle una propina al cochero llama, al no recibir respuesta se pregunta si debe o no entrar y espera que Alistar de su opinión, si dice que si, abrirá una puerta para entrar en la mansión


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Mensaje por Dwight Hart el Vie 2 Oct 2020 - 22:04

Otro en su situación probablemente hubiese languidecido al contemplar los lóbregos paisajes y el constante olor a humedad que Hallstat podía ofrecer, pero ese no iba a ser el joven Hart. A pesar del enrarecido aire debido al moho que procedía del interior de la calesa, el marine se encontraba especialmente alegre y es que no era para menos, pero el porque de este buen humor tendría que esperar.

Por fortuna o por desgracia, cuando se apearon en su lugar de destino,su inmediato superior, un señor con bronquitis crónica y probablemente viudo a juzgar por sus prendas, se le adelantó hacia el servicial cochero, dándole un par de tristes berries. Mas por quitárselo de encima que por que realmente sincera que había hecho bien su trabajo.

Una propina tan baja solo podía significar que una cosa, un insulto. Aquello era casi peor que no haberse dignado a darla así que, antes de que aquello pudiera llegar a suponer un problema, en cuanto este se retiró del cochero se aproximó y se echó mano al bolsillo trasero de su pantalón en busca de su cartera. Un retal de cuero que seguramente en otra vida hubiese dado el pego por un morral el cual, por lo que fuera, resultaba sorprendente ligero. No había dinero en su interior, pero eso no fue suficiente para eclipsar sus buenas intenciones. Tomándose unas confianzas que nadie le había dado, se acercó aún más al cochero, procurando quedar de espaldas a sus compañeros.

- Eh tío – comentó bajando la voz mientras se tapaba la boca de tal forma que nadie pudiera leerle los labios – Dicen que aquí en Astelia estáis, bueno ya sabes, probando nuevo producto y eso – explicó, mientras la misma mano que cubría su boca se frotaba contra su mejilla y oreja, casi como si este no tuviera control sobre sus nervios – Iría yo mismo, pero no me la puedo jugar a que me trinquen los “barqueros” – inquirió, realizando un mas que sutil movimiento de su barbilla en dirección a sus compañeros. Era sorprendentemente fácil actuar como un yonki cuando se tenía tal “talento” natural.

Mientras hablaba, su otra mano dejo un peculiar papel sobre la de aquel hombre. El papel, lejos de ser dinero, se trataba de una tarjeta de la ficticia corporación HelgAngliRooT, un nombre tan falso como la dirección y numero de contacto de la misma. Además, una hoja de olivo permanecía pegada sobre esta, sujetada por una descuidada cinta de celo sobre la que podía verse una torpe huella dactilar de un tinte marrón. Una autentica guarrada como propina, sí. Pero, el simbolismo lo era todo en aquel ambiente y Dwight había visto lo suficiente como para tratar de tú a tú con los camellos locales.

Si se omitían las letras minúsculas podía leerse claramente el apellido del marine que, cualmente era el mismo que el de Rommel Hart, progenitor de este y mecenas del hampa en el south Blue. Así mismo, el diseño de la tarjeta era idéntico al mismo que hace cuarenta y tres años realizara por primera vez en su historia HartRad & Co, la cadena de Herbolarios que el honorable señor Hart presidia. Así mismo, la hoja de olivo representaba la intención de prosperar en el comercio y, la huella dactilar, en este caso tintada de sangre, se trataba de un juramento de paz. En el pasado, los propios criminales empleaban sus propias huellas como gesto de buena fe pues, en caso de incumplir su palabra, estas podrían ser empleada para inculpar en un delito a la otra parte sin repercusiones mayores. Sin embargo, no quedaban mafiosos tontos u honestos así que no era mas que un formalismo dentro del mundillo.

- Muéveme eso y tendrás tu propina, colega.

Puede que el nombre de su familia no le abriera puertas en el norte, pero no perdía nada por intentarlo. En cualquier caso, tanto si el cochero aceptaba a llevar su mensaje como si no, este se alejaría del lugar como si aquella conversación nunca hubiese tenido lugar. De hecho, ojalá y nunca hubiese tenido que emplear su apellido pues detestaba todo lo que este representaba, pero era lo menos que podía hacer para conseguir un hilo del que poder tirar.

- Nada como volver a estirar las piernas ¿verdad? – preguntó afable mientras se estiraba ruidosamente y nuevas arrugas aparecían en su ya arrugado uniforme – ¿Alguna idea de donde empezar? Los jóvenes somos muy de bares yo creo que…

resumen:

Tras un deslumbrante paseo por el insulso paisaje de Hallstat, Dwight baja de la calesa junto a Khâmul y Anastasya. Sin embargo, al ver la insultante propina que su superior le da al cochero, trata de calmar las aguas no vaya a ser que ya empiecen echándose a los locales en su contra. Aprovechando la cercanía con el cochero, trata de usarle de puente para contactar con los posibles camellos locales a cambio de una propina mas jugosa mediante un mensaje en la  jerga del hampa, pues a fin de cuentas es hijo de un criminal y algo sabe, aunque no le guste. Tras esto, finge como si no hubiera pasado nada y propone buscar droga de bar en bar.
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Mensaje por Lilith Blair el Vie 2 Oct 2020 - 22:15

La verdad es que nunca se le había pasado por la cabeza ir hasta Halstat, pero le habían dicho que en aquel lugar podría encontrar negocios interesantes y la madame no perdía ocasión de hacerse con un negocio lucrativo. Bajo del barco vestida con uno de sus precioso vestidos con bordados, parecidos a kimonos pero sin llegar a serlos, sus preciosos adornos, su kiseru encendido en su boca fumando un poco aquel maravilloso tabaco de olor a flores. Además de todo aquello, llevaba su velo puesto y a Allaidh consigo, por supuesto no pensaba dejar a su pequeño lobito solo en Arabasta mientras ella andaba de fiesta por aquí y por allí.

León estaba con ella también pero por el momento se quedaba a su lado como un buen guardaespaldas. Una vez bajo de barco respiro un par de veces de forma honda y entonces vio una carroza que le resulto interesante y que quería llevarlos a la capital. Sonrió tranquilamente bajo el velo y se acerco poco a poco al conductor. Dejo que León se quedara con Allaidh a una distancia prudencial para que la chica no terminase asustada al ver semejante grupo acercarse a ella. Se había encontrado o esperaba encontrarse con Morgoth en aquella isla, aunque aún no estaba segura de por que motivo se habían reunido allí. Esperaba que el chico se fuera explicando poco a poco y le contase lo que hubiese hecho durante el tiempo separados.

Una vez que supo el lugar exacto donde podía llevarlos el conductor Lilith le indico a sus chicos que se acercasen y tras subir al carro dejo que el hombre los llevara hasta la capital. Tras bajar del carruaje la madame le entrego una generosa propina y entonces se fijo en una jovencita de lo más pispireta que estaba arreglándose el maquillaje. Nuevamente dejo a León con Allaidh para que no la pudieran asustar cuando se acercasen y fue la joven de violáceos cabellos quien tomo la iniciativa. — Disculpa que te moleste, somos nuevos en la isla y la verdad es que no estoy segura de donde tengo que ir, me temo que estoy algo perdida. ¿Serías tan amable de indicarme donde puedo encontrar una posada o un lugar donde comer? — la verdad es que en aquel momento quería ver el modo de actuar de la joven, su modo de hablar e incluso cualquier gesto que hiciera podría ayudarla para saber a que extracto social pertenecía aquella mujer.

Resumen:
Lilith llega a Hallstat con León y Allaidh, se reencuentra con Morgoth y se deja llevar por el carruaje y se acerca a la mujer para preguntarle un par de cosas algo absurdas para ver si averigua un poco más sobre ella con su forma de hablar o su comportamiento.
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Lilith Blair

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Mensaje por Napolean el Sáb 3 Oct 2020 - 14:11

El camino desde el paraíso hacia el mar del norte fue abrupto y complicado, aún más cuando su pulgoso capitán era el encargado del timón. Bromas aparte, aunque no lo pareciese era un buen navegante. Sabía manejar aquel barco como si fuera una extensión más de su propio cuerpo, y eso era algo que Alexander agradecía con toso su ser, pues le permitía poder tomar vino y delicias de queso sin miedo a que se derramara nada.

Y allí se encontraba, día tras día, sobre una improvisada tumbona, agrandada con los poderes mágicos que aquella fruta le había otorgado en el pasado, viviendo la vida como nunca lo había hecho. Vestido únicamente con unos calzones de color blanco con franjas blancas y azules, dos rodajas de pepino sobre los ojos y una mesita de madera, sobre la que reposaba una botella de setenta y cinco centilitros de un vino blanco, un delicioso crianza de uva moscatel relativamente dulce. «Una delicia para el paladar», se decía Napo con cada sorbo que daba.

Durante el viaje, el sol había tostado ligeramente su piel, otorgándole un salubre moreno que resultaba aún más el intenso y bello color azul de sus ojos, expresivos y penetrantes. Siendo sinceros, últimamente el pirata semigigante tenía el guapo subido, tal y como solía decir su abuela, aunque su ego pareció aumentar en una proporción aún mayor, llegando a atravesar la atmósfera y situarse junto al astro rey, el cual, por alguna razón, desde que habían entrado en el mar del norte se había dejado ver muy poco. Era un lugar frío, más nublado que soleado, y muy aburrido.

Estaba en su camarote, organizando sus pertenencias, cuando alguien dio el grito de tierra a la vista. Asomó la cabeza sutilmente por la única ventana de la estancia y apenas podía ver nada, una espesa niebla estaba cerniéndose sobre el barco a pasos agigantados. Era consciente de que dentro de poco tendrían que bajar del barco, es por eso que se fue a la ducha, se dio un buen lavado y comenzó a vestirse. Se puso un traje clásico que emulaba, casi a la perfección, el uniforme del ejercito real de Mythil, compuesto por un pantalón blanco con detalles dorados, un chaleco rojo sobre una camisa blanca, y una casaca azul con solapas blancas, botones y hombreras de tonalidad aurea y con las mangas adornadas con hilo rojoSu calzado eran unas botas de caña, fabricadas con piel, de color negro.

A su espalda puso su cañón de una mano, su rifle y en su cinturón sus dos revólveres; todo adaptado a su tamaño, claro está.

—¡Sacre bleu! ¿El enclenque viene con nosotros? —preguntó el pirata, arqueando los ojos, incrédulo antes las palabras de Keiran—. Al menos dadle algún abrigo al petit Adam. ¡Ah! ¡Y traedme una bandera con el emblema de la banda!

Guardó la bandera entre sus pertenencias, mientras el barco atracaba. Ya todos estaban listos, así que bajaron uno a uno del barco, aunque Alexander fue el último en hacerlo, ya que hizo un recuento de las botellas de vino que aún quedaban en el navío.

—Hay un total de seis botellas de vino en la bodega, sin contar las tres que tengo en mi camarote para ocasiones especiales —comentó en voz alta, con tono intimidante y un brillo siniestro en su mirada—. Cuando vuelva espero que siga así, ¿entendido? Si no os espera la misma suerte que al pobre de Paulie.

Y dicho aquello, bajó junto al resto de la banda. Izzy, como ya era costumbre, se subió en su hombro izquierdo, permaneciendo allí sentada mientras el resto caminaba. Fue una caminata corta, pues se toparon de frente con un caserón bastante grande, incluso para ser obra de unos humanos.

—¿Y qué si hay gente? —preguntó Alexander, dibujando en su cara una pícara sonrisa—. Siempre se puede llegar a un acuerdo. ¡Ah! Y si hay caballos tenemos que buscar algún carromato para que yo vaya detrás, que la diferencia de tamaños es notoria.

Avanzó con cautela, observando todos los rincones de la casa y los jardines, buscando algún indicio de personas. De haberlas, simplemente, haciendo gala de su encanto natural y su preciosa sonrisa, los miraría y los saludaría cordialmente, para luego tratar de tener una conversación distendida y conseguir algo de asistencia.

Resumen:
Tomar el sol, beber vino, ducharse, llegar a la isla, caminar hasta el caserón y observar cosas.
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Mensaje por Izanami Reiko el Sáb 3 Oct 2020 - 19:27

— Así afilaba, así así… —tarareaba mientras pasaba los cuchillos de cocina por la piedra para no dejarlos en un estado tan lamentable como el que había descubierto esta mañana. Los había usado durante un buen tiempo y su filo siempre había permanecido impoluto, hasta que llegué a este barco y dejó de serlo. ¿Por qué? Bueno, algo en la nariz me decía que no era lo mismo cocinar para mí misma o para otra persona más que para una banda entera de maleantes glotones. Para mi sorpresa, todos excepto Cassandra y su sirvienta no se atragantaban con los platos y, peor aún, Napo comía a veces menos que Keiran a pesar de su tamaño. Pero bueno, era porque se embotaba a vino antes de comer. Y después, y en medio... — ¿Ya estás? —le pregunté al cuchillo sin esperar que me respondiese, tomando una hoja de papel y cortándola de un tajo rápido. Lo guardé junto al resto en la bolsa que tenía para todos, reluciendo el acero capaz de rebanar lo que se le pusiera por delante. La cerré pegando ambos velcros entre ellos y me la ajusté a la cintura, dejándola caer sobre el muslo.

Estiré un poco la falda para quitar las arrugas de estar sentada cómodamente e hice lo mismo con la camisa y la corbata, dándome un toque presentable que no me venía para nada mal. La cola no tardó entonces en serpentear a lo largo de mi pierna hasta afianzarse ahí y desaparecer tras la ropa y las alas, bueno, estaban bajo la camisa para empezar. Me estiré con ganas, dejando ver la parte más baja del vientre mientras dejaba escapar un suave gemido y entonces noté los crujidos en la espalda, arrebatándome una sonrisa del gusto. Miré alrededor enérgicamente como si fuera una gacela que se cree acechada por un león, viendo a todos los que había en cubierta, ocupados con su propio trabajo. Busqué con cuidado a Keiran, pero supuse al no encontrarlo de inmediato que estaría ocupado con el tema de no estrellarnos contra nada antes de llegar al destino. Encogiéndome de hombros me acerqué a uno de sus tantos hombres:

— Oye, ¿cuánto ha dicho el capitán que vamos a estar metidos en Hallstat? —Se me escapó la mirada hacia aquella niebla que nada tenía que envidiar al más denso puré de patatas. Ya nos había engullido hacía tiempo, aunque cada vez se intensificaba más y más, recordándome al ambiente en Mary Geoise. Él no tardó en responder que no más de dos semanas, yéndose a seguir haciendo lo que fuera que lo tuviera ocupado y dejándome con la palabra en la boca y una ceja enarcada. Sin mucho más que hacer, me limité a corretear de estribor a babor mientras cotilleaba todo lo que había allí, hasta que parecimos llegar a un destino en el que no veía más allá de unos metros. La parte buena era que no tendría que llevar un dichoso parche ni nada por el estilo ya que la luz llegaba escasamente a la tierra, así que ya tenía excusa para ir feliz sin sentirme una tuerta.

Tarde o temprano, empezamos a preparar la llegada a puerto y el capitán dio órdenes. En cuanto dijo que los demás nos quedaríamos allí hice el cuadro con desgana, ya que me aburriría sin poder hacer nada. Al fin y al cabo, ni me dejaban experimentar con los tripulantes y no quería terminar siendo arrojada por la quilla. Aun así, tras recibir varias miradas de desaprobación por mi gesto de broma, Keiran retomó el discursito para dejar claro que tanto el niño desnudo como yo también iríamos con ellos y me lancé a darle un abrazo, pero me tropecé con un martillo fuera de sitio y caí mientras escuchaba cómo seguían dando órdenes. Al menos el capi se había dado la vuelta tras aquello y no me había visto… ¿no? Me levanté con velocidad, aparentando que nada había sucedido mientras esperaba a que nos fuéramos, tamborileando el cinturón con nervios. El pelirrojo tomó camino y llegó a las tablas del puerto, seguido de Cassandra y de Napoleon, momento que aproveché para tomar carrerilla y desde la cubierta saltar, aterrizando en el hombro del semigigante y sentándome con toda la naturalidad del mundo.

— Menos mal que hoy llevo francesitas y no tacones, eh —dije, riéndome y poniéndome cómoda pero mirando al frente, ambas manos apoyadas a cada lado y dando suaves pataditas con los pies que se alternaban—. ¡A la aventura! —exclamé mientras señalaba al horizonte y, más pronto que tarde, aunque dudo que por mis palabras, comenzó la caminata sin tener yo muy clara la dirección.

No tardamos más de un par de minutos en ver cómo se plantaba una casa de un tamaño más —mucho más— que decente frente a nosotros, aunque eso era lo que podíamos advertir por la sombra y la figura. Los caballos se oían relinchar al fondo, así que supuse que podía ser una casa de ricos, una escuela de hípica o alguna cosa de aquel estilo. Y todos parecieron tener un pensamiento de colmena acerca de asaltar aquel lugar, balanceándome en el hombro de Napoleon mientras sonreía. Sonaba divertido, eso era lo mínimo. Cuando escuché el comentario de mi compañero acerca de los caballos y su tamaño, le froté el pelo con suavidad de no deshacerle aquel maravilloso peinado que siempre llevaba y le dije al oído:

— Me puedo encargar de que midas menos para que te puedan llevar, por eso no te preocupes… —Y me eché a un lado para mirarle a la cara y sonreírle mientras cerraba los ojos—. Si está todo dicho, ¡vamos! —Y me eché hacia el frente con cuidado de sujetarme bien para no caer en un intento de que avanzasen hacia el edificio. Con suerte habría alguien que nos entretuviese y, aunque sonase contradictorio, no hubiese nadie que me pusiese pegas a la hora montarme en un caballo—. ¡Me pido la yegua blanca de lunares! —¿Habría alguna?

Resumen:
Afilo cuchillos, me pongo cuchillos en el cinto, me monto en el hombro de Napo, le susurro como su Pepita Grilla y me pido la yegua blanca que obviamente habrá allí dentro.
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Mensaje por Anastasya el Sáb 3 Oct 2020 - 23:09

Hacía mucho que Anastasya no regresaba a su mar de procedencia, al North Blue. La sensación de nostalgia y orgullo le inundaba el pecho, especialmente cuando la habían encomendado a una zona tan peligrosa como lo era Hallstat, sentía que las recientes misiones la habían ayudado a desenvolverse con algo más de soltura y esperaba estar a la altura de las circunstancias. Por supuesto, la noche anterior procuró mantenerse en su camarote repasando toda la información que le ofrecían los informes, tanto el que había recibido personalmente como los que había solicitado ella sobre la isla, y más o menos se había hecho una idea general.

Parecía que el conflicto político era la principal causa por la que estaban allí, y no descartaban que el ejército revolucionario estuviese ofreciendo apoyo a una de las facciones que se disputaban por el trono. La capital de Hallstat, Astelia, era el único punto que se mantenía neutral a la reyerta, y su intuición le decía que por esa razón era un sitio de vital importancia estratégica, ya fuera para los revolucionarios como para la marina. También estaba ese asuntillo de las drogas… Le costaba creer que hubiese una epidemia de droga entre la población joven y sin duda era preocupante. Si a ella le costaba con el alcohol, no quería imaginar lo que era sentir eso en el cuerpo…

Anastasya dejó los informes bien colocados sobre la mesa de su camarote, apagó las luces y se metió en su cama, preparada para la misión del día siguiente…

La atmósfera que se respiraba en Hallstat la hacía sentir cómoda, por muy contraproducente que fuera viendo las condiciones en las que se encontraban los ciudadanos con los que llegaba a cruzarse. La humedad y el frío iban mejor con ella, y su piel agradecía no tener que estar bajo el sol picante. Sabía que la marina había contratado a un carruaje reservado de manera exclusiva para ellos, y que estaba bajo el mando del sargento Khâmul. En cuanto llegó al punto acordado se encontró con sus compañeros, cuyas primeras impresiones fueron de lo más variopintas. Lo primero que sintió fue cierta preocupación por el estado en el que se encontraba el sargento, que parecía tener cierta dificultad para respirar, mientras que el otro muchacho, Dwight Hart si mal no recordaba, no le dio la impresión de ser alguien serio, aunque ella no quería juzgar a nadie por sus apariencias.

Asintió con la cabeza a modo de saludo y con una sonrisa subió al carruaje.

El viaje en trayecto fue más ameno de lo que pudo esperar. En cuanto bajaron, Anastasya se percató de como el sargento le lanzaba un par de berries con cierta desgana al cochero, ella le miró por un segundo y desde el fondo de su corazón, deseaba poder darle el suficiente dinero como gesto de buena fe por parte de la marina, y estaba segura de que el hombre ya había recibido una buena suma de dinero por sus servicios al ser contratado exclusivamente para ellos, por lo que se acercó hasta él y con una sonrisa le entregó 500 berries, después le despidió con educación y le deseó un buen día.

Pero su tímida sonrisa se borró por un momento cuando por el rabillo del ojo se percató de esa conversación tan privada que mantenía Dwight con el conductor. No le hacía mucha gracia que actuaran con secretismos en una misión tan importante como lo era esa, donde se movían entre enemigos, pero tras unos segundos sopesando lo dejó estar y volvió a encarar al sargento, que se mantenía en silencio. Anastasya no quería llamar la atención, por lo que para esta ocasión utilizó su indumentaria normal y no el uniforme reglamentario, aprovechando su abrigo para mantener oculto su rifle.

En cuanto Dwight se les acercó de nuevo, propuso al grupo ir de bares para intentar conseguir información sobre las drogas. Anastasya no tenía mucha tolerancia al alcohol, y preguntar por drogas mientras bebía zumo de naranja no parecía lo más adecuado.

—Tengo que decir que yo no me llevo muy bien con el alcohol, pero no me importaría actuar con discreción. En cualquier caso, y si al sargento Khâmul le parece bien, podríamos reservar alguna habitación en alguna posada como punto de referencia, por si nos separamos.

Al sargento le pareció una buena idea, por lo que Anastasya ya sabía por donde empezar.

resumen:
-Anastasya repasa los detalles de la misión la noche anterior y se reúne con sus compañeros al día siguiente.
-Le entrega 500 berries al cochero como gesto de buena fe por parte de la marina.
-Explora las calles de Astelia en busca de algún sitio asequible en el que poder alojarse.
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Mensaje por Morgoth el Dom 4 Oct 2020 - 18:52

Llegar a la isla de Hallstat no fue ningún problema. El capitán que me llevó hasta la isla me informó más o menos el cómo estaban las cosas en aquella isla. Varios clanes luchando por conseguir el dominio de la isla. Pero a mi no me interesaba eso. Solo sacar algún beneficio económico e información sobre lo le pasó a mi maestro.

El desembarco fue rápido, dado que solamente yo fui el que lo hizo. Por su parte, los marines cargaron algunos víveres y acto seguido partieron de nuevo.

-Bueno, a ver por donde empiezo ahora – le dije poniendo los brazos en jarra.

Mientras miraba alrededor pude ver a alguien conocido. La joven de la isla de las Flores. Junto a su séquito de guardaespaldas y su mascota. No sabía si acercarme, nuestra separación en aquella isla había sido brusca y me había demostrado que en ocasiones me tocaría matar para salvar a alguien, llevar a cabo un bien mayor o simplemente salvarme a mí mismo. Y eso lo había vuelto a comprobar en la isla de los barcos naufragados. El contador de personas que había matado en poco tiempo había subido bastante y lo que consideraba una derrota a lo que me había enseñado Sung, y lo peor es que viendo cómo se desarrollaban las cosas me comenzaba a dar igual.

Un carruaje se paró delante de la chica y ella sus hombres se subieron. Avancé al trote hasta el carruaje y me subí en la parte trasera, sentándome donde iban los bártulos de equipaje. Durante el viaje me pude fijar en que los olores provenientes de prácticamente de todos lados tenían colores extraños y no muy gustosos, justo lo contrario a lo que había visto en la capitán de la Isla de las Flores. Solo se salvaba el muy ligero rastro que iba dejando el carruaje con el olor de Lilith.

Cuando paró el vehículo bajé de él al igual que hicieron sus ocupantes. Por su parte, León y el lobo se quedaron esperando a que Lilith hablase con una mujer que andaba hablando con otra mujer. Me acerqué a ellos por detrás y con un rápido movimiento me coloqué frente al lobo.

-¿Quién es un buen chico? ¿Quién es un buen chico? Tuu. A que sí. Uy uy uy, pero que bueno es este lobo. – Dije mientras comenzaba a acariciarle por debajo de la mandíbula y detrás de las orejas como si estuviese tratando con un cachorro de perro.

Esperaba que no me hiciese nada, o por lo menos que reconociese mi olor. Para saludar al resto ya habría tiempo, igual que el ponernos al día de lo que había pasado mientras no nos veíamos.

resumen:
Llegar a Halsstat subirme al carruaje y acariciar al lobo de Lilith
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Mensaje por Adam el Dom 4 Oct 2020 - 18:55

Los últimos días habían sido extrañamente extraños para el joven Adam. No solo había abandonado su pequeña cueva a la que llamaba hogar, situada en aquella isla tan cálida en algún lugar de los que sus semejantes llamaban “Grand Line”, sino que en el cielo había emergido otro inmenso brillo igual al que había estado observando tanto tiempo alzarse y ocultarse en las playas de arena finas donde tantas horas había estado tumbado. Aun así, Adam no estaba alarmado como cabría estarlo, ya que para él aquello no era más que otro extraño suceso ajeno a lo que el consideraba su mundo, y es que desde aquel día en el que aquel extraño pelirrojo había llegado a la isla todas las concepciones que él tenía de la vida habían cambiado radicalmente.

Para empezar, había descubierto lo que aquellos que lo habían sacado de su particular paraíso llamaban barcos, aquellas enormes estructuras de madera que se movían por la fuerza del sopló del aire. También había descubierto la inmensidad del extenso mar que rodeaba su diminuto mundo, resultando ir mucho más lejos de donde alcanzaba su vista, donde al parecer de igual forma que su hogar, se encontraban desperdigadas no solo decenas, sino centenares de islas. Cada una con sus montañas, ríos árboles e incluso climas e incluso habían atravesado un dónde el agua ascendía hasta el mismísimo cielo para una vez en lo alto descender al mundo terrenal, algo que más tarde recordaría como Reverse Mountain.

Aunque lo que más había sorprendido al joven niño de cabellos rubio platino, era de lejos la gran cantidad de semejantes que convivían en su mundo. Y es que, aunque esa experiencia no le resultará tan traumática como la primera vez que vio a otro ser de su especie, el número de humanos que existían el mundo había superado cualquier expectativa que pudiera haber imaginado.

Fuera como fuera, aquel coctel de nuevas experiencias había desembocado en una mezcla de sentimientos para el salvaje, por un lado se encontraba abrumado por la gran cantidad de cambios a los que se había visto inmerso, por otro lado sentía un temor natural a verse que se había desplazado de la cima de su mundo piramidal ¿Si había tanta gente en el mundo, igual que había alguien capaz de haberlo hecho morder el polvo, habría alguien capaz de hacer morder el polvo a aquellos hombres que lo habían sometido? Pero a pesar de estas sensaciones, Adam sentía una imperiosa necesidad por saber que se encontraba más allá del velo que acaba de apartar de su vista, y es que una inmensa felicidad recorría su cuerpo cada vez que veía o descubría algo nuevo.

Por ahora se encontraba anonadado por el último descubrimiento que había hecho, una sustancia blanca que caía del cielo igual que la lluvia, algo que al tocarlo con sus manos las enrojecía para finalmente convertirse en agua a los escasos segundos. Y es que la nieve, que era como lo llamaban su camada, era lo más ocupado le había tenido en los últimos tres días, tanto que se había pasado los dos primeros tirándose y jugando a realizar formas sobre los escasos centímetros que se habían acumulado en la cubierta.

A pesar de la nieve, el niño no se sentía afligido por ir prácticamente desnudo, y es que a pesar de que su piel se encontraba ligeramente rosada a consecuencia de las inclemencias del norte, no parecía afectarle mucho más allá, menos aún si bebía de aquel extraño agua que guardaban en ese lugar que llamaban bodegas. A pesar de ello aún no había terminado de comprender porque el agua de fuera de su hogar en ocasiones le hacía arder la garganta y en otras ocasiones le ponía muy contento, tanto le había gustado aquel extraño agua que cada día que pasaba por la noche se arrastraba hasta lo más profundo de aquella estancia a probar los contenidos de esas extrañas botellas de colores vivos. Afortunadamente para Adam, unos días atrás, uno de los marineros le había enseñado a descorchar las botellas a cambio de romper una puerta de un minibar, por lo que ya no tenía que tirar la botella al suelo y lamer el suelo para probar aquellos adictivos néctares.

A pesar de todo, Adam estaba llegando a un punto que se estaba comenzando a cansar, hacía varios días que no pisaba tierra y aquello le incomodaba, ya que poco a poco, el barco se le estaba haciendo cada vez más y más pequeño. Afortunadamente para el niño, esa misma mañana habían llegado a un extraño lugar, y aunque Adam no podía ver más allá de dos palmos delante suya, se encontraba emocionado por lo que prometía ser una nueva aventura con sus compañeros. Por lo que tras pimplarse de un último trago lo que le restaba de aquella botella y lanzarla al mar, se aproximó a la donde iban a poner la pasarela, donde comenzó a moverse inquieto, realizando múltiples estiramientos tanto de brazos como de piernas.

Tras haberse estirado bien, y dar un par de cachetadas en los mofletes para terminar de centrarse, espero inquietó a que bajarán siguiendo la estala del hombre que lo había tumbado y que tan fervientemente seguía, a su lado se encontraba Cassandra, a la que Kerian le había dicho que tenía que obedecer; lo mismo se aplicaba para Napolean, el cual era un humano muy, muy grande. A su hombro iba sentada otra miembro de la manada a la que todo el mundo se refería como Izanami, la cual el caía especialmente bien ya que le preparaba el cuenco de donde comía.

Adam continuó avanzando inquieto, moviéndose de un lado para otro alrededor del grupo, observando cada nimio detalle que pudiera llamarle la atención, los cuales no eran pocos. De un momento a otro comenzó a deslumbrar lo que sus compañeros llamaban edificios, otra extraña invención de sus iguales que habían hecho para evitar vivir en cuevas, algo que le había sorprendido por partida doble ya que antes pensaba que la gente vivía en barcos. Tras unos pocos segundos comenzó a escuchar un nuevo sonido que a la vez le resultaba ligeramente familiar. Completamente desconcertado, Adam se lanzó a toda prisa dispuesto a descubrir el origen del relinche y ver que nueva sorpresa le deparaba la vida.

resumencillo:

Adam como niño salvaje que es flipa con cosas mundanas y no tan mundanas durante el viaje, por lo que es contexto.

Al acompañar a su grupo y escuchar al animal, sale corriendo en dirección al sonido deseoso de descubrir el origen del mismo, dejando atrás a su grupo.
Adam
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Mensaje por Alistar Reep el Dom 4 Oct 2020 - 19:32

Hallstat le resultaba extrañamente familiar, aunque no tenía recuerdo alguno de haber estado allí. O al menos eso creía... La vida del lobo era nublada si íbamos demasiado hacia el pasado. Tanto que tuvo que asumir su edad aproximada, pues no tenía ni idea del año en que nació. Aún así la sensación estaba allí. Familiaridad y... miedo. Tendría que haber pasado miedo en aquel lugar durante su vida olvidada, pero... ¿Cuánto tiempo? ¿Sería esa su isla natal? No... Aunque sentía familiaridad no sentía conexión alguna con aquella tierra. Su corazón pertenecía a Greenlyn, eso lo tenía claro.

Brianna si que era de allí, en cambio. Alistar había accedido a acompañar a su amiga a buscar respuestas, a servir de espada protectora. Aunque no sabía como de útil podía ser en aquella situación. No se fió en ningún momento del tipo del carromato, pero se mantuvo callado sobre ello durante el viaje, que lo hizo a lomos de Kodlak siguiendo el carromato, para vigilar los exteriores. Sabía que a Brianna solían buscarla con métodos poco pacíficos y dudaba que al conductor le importase lo suficiente como para avisarles si pasaba algo antes de huir despavorido dejándolos atrás.

Finalmente llegaron y Alistar bajó de lomos del lobo. Había que estar ciego para no darse cuenta de que aquella mansión llevaba descuidada años. El olfato de Alistar le indicaba que la única vida que había habido allí en años era la de animales extraviados que buscaban refugio bajo su techo antes de continuar con su camino. Aún así Brianna pareció esperanzada, pues llamó a la puerta. Tal como Alistar esperaba, nadie respondió. Antes de continuar olfateó el aire junto a Kodlak, en busca de olores sospechosos. De intrusos o, en el peor de los casos, sangre reciente. Una vez se hubiese asegurado de que todo iba aparentemente bien, desenfundó su espada por precaución.

—Entremos.

Resumen:
Llegar con Bri al casoplón, olisquear cual chucho sabueso y decirle que entremos
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Mensaje por StaffOPD el Lun 5 Oct 2020 - 23:41

Normas del capítulo:


  • Se moderará lunes y jueves entre las 22:00 y las 23:59.
  • No se puede postear los lunes o jueves antes de la moderación.
  • Hay un reloj que marca el tiempo restante. Cuando acaba los temas se cierran.
  • Está prohibido metarrolear, powerrolear y demás actitudes tóxicas.
  • A más riesgo, más premio.
  • Como es tradición, el barco de Sons of Anarchy se hundirá en algún momento.
  • Cada post debe ocupar entre 250 y 1.200 palabras. Si no se está en estos límites, el post podría ser ignorado.
  • Es responsabilidad de un usuario comunicarse con la gente con la que interactúa.
  • Si un post tiene más de 15 faltas ortográficas por párrafo podría ser ignorado.
  • Hacer un resumen de acciones relevantes es obligatorio independientemente de la extensión.
  • La ley del plot no es a prueba de idiotas.


Moderación

1 - Helga:
El conductor recibe tu propina con una elaborada reverencia y una gran sonrisa, antes de volver a subirse al pescante y largarse tranquilamente. Tu acompañante parece un tanto seco, quizá no le ha sentado bien el viaje.

En cualquier caso, empiezas a caminar y no tardas en encontrar una taberna en una esquina. El cartel de madera anuncia orgulloso ''El Martín pescador''. Entras y te encuentras un logar espacioso, bastante hogareño. No hay mucho ruido, un par de personas en las mesas bebiendo y jugando a las cartas, además de un par de hombres conversando en voz baja en la barra.

Hay sitio para ti, por lo que llegas sin problemas y se te acerca un camarero algo serio.

-Ah, señorita, bienvenida. ¿Qué desea?

Uno de los hombres de la barra te mira y comenta que es una suerte que hayas entrado, dado que está a punto de llegar la Hora Blanca. Si te giras a la puerta verás que efectivamente, una niebla espesa ha empezado a rondar por los callejones. Menos mal que te has guarecido, porque en breve no se va a poder ver un burro a tres pasos. El compañero de este, sin embargo, bufa y te señala con la mano.

-No sé por qué le dais cancha. ¿No veis cómo va vestida? Esta mujerzuela viene buscando problemas, ¡nos va a arruinar el día, joder!
2 - Shiro y Yoldin:
¿Algo de vergüenza? Una señora os mira con curiosidad desde un balcón, pero no tarda mucho en volver a meterse en casa. Una niebla espesa está empezando a inundar la ciudad y si no os movéis, pronto os resultará complicado ver hacia dónde os estáis dirigiendo.
3 – Ravenosos Houndos:

Os adentráis en la propiedad y volvéis a escuchar un relincho. Adam sale corriendo y entonces todo pasa muy deprisa. Dais un par de pasos más y de repente el suelo cede bajo vosotros. Napo, Cassandra, Reiko, habéis caído. Tras un breve momento de pánico, aterrizáis en un suave montón de paja en medio de una nube de polvo. No es un agujero, es el comienzo de un… ¿túnel? Está a oscuras, pero unos metros más adelante podéis ver el principio de una larga alfombra roja oscura, llena también de polvo. Por la dirección deducís que llega hasta el caserón y de hecho si lo seguís, encontraréis al final unas escaleras que dan a la planta baja de la casa. Subir no parece lo más factible, son al menos tres metros en vertical sin mucho a lo que agarrarse más que… bueno, tierra.

Arriba, vuestro capitán tiene una decisión que tomar. Podría bajar y unirse a vosotros… o ir en busca de Adam, que ha hecho un nuevo amigo. O no.

Adam, cielo, enhorabuena, ¡has encontrado los establos!

Hay al menos cuatro preciosos ejemplares de varios colores y te miran con curiosidad. Vas a acercarte cuando un chico se interpone entre los caballitos y tú. Va montado en una hermosa yegua blanca y te mira con my malas pulgas. No debe tener más de 15 o 16 años, pero lleva un martillo en la mano y antes de decir nada te intenta arrear en la cabeza con él.

-¡Intrusos! ¡Largo de la mansión de mis señores!
4 - Byrne y Lobito:
El cochero recibe la propina con una enorme sonrisa y una reverencia, antes de volverse al pescante y largarse, dejándoos ahí. Por algún motivo, Kodlak parece aliviado. Llevaba un buen rato gruñendo. Pero en fin, aquí estáis porque habéis venido. Y entráis.

Os encontráis en un gran recibidor con una enorme escalera en el centro. Pese a que no hay luz y los muebles están cubiertos con sábanas, está claro que en su día debió de ser una gran mansión llena de elegancia. Ahora, sin embargo, todo lo cubre el polvo. Podéis ver en la pared de la izquierda un cuadro bastante grande de… la madre de Brianna. En la pared de la derecha, se encuentra su padre. Y al fondo, sobre las escaleras, más grande que ninguno y dominando la estancia, un cuadro enorme de dos personas algo ancianas, de talante bastante regio. Se miran el uno a la otra con dulzura y claramente son los señores de la casa. No te cuesta mucho descifrar que deben de ser tus abuelos.

A vuestra izquierda hay una puerta que va a dar a un gran comedor. Si rodeáis la escalera, encontraréis varias puertas que van a dar a lo que era la cocina y las habitaciones del servicio. Si la subís, llegaréis a los dormitorios de los dueños de la casa, la biblioteca y las salas de esparcimiento. ¿Qué haréis?
 5 - Señor Armadura Reciclada:

Velkan, lord Kein parece aburrido. Bebe vino tinto de una copa larga y de vez en cuando come canapés de gambas con expresión ausente. Te observa cuando te inclinas y tarda un par de segundos en reconocerte. Por un momento sonríe, antes de mirar a la habitación con algo que está a medio camino entre la exasperación y… la aceptación.

-Supongo que ninguna que no se haya propagado ya por todos los mares, hijo. Se acerca el final. Ya era hora, por otro lado. Qué le vamos a hacer. Por lo menos nos iremos bailando.

Te pide que le disculpes y tras zamparse otra gamba y tirar el resto del canapé, se va a la pista de baile. Una dama con un enorme vestido le estaba haciendo señas para bailar y se une a ella con una sonrisa en la cara. ¿De verdad esto es normal a las 8 de la mañana?

Antes de que hagas nada más, te das cuenta de que a ti también te están haciendo señas. Pero no es ninguna mujer sino un hombre en una armadura… similar a la tuya. La suya en lugar de negro tiene un tinte cobrizo bastante regio, pero desde luego la reconoces. Tras hacerte una última seña, se mete por una puerta al fondo de la sala y comienza a bajar las escaleras.
6 - Teufel:
El cochero recibe la propina con una elaborada reverencia y una gran sonrisa. Se queda mirando un poco a Morgoth y a los animales, además de a la charla que está teniendo lugar en la esquina. Tras unos segundos, decide subirse en el pescante y se marcha… sin perder la sonrisa.

Lilith, cuando te acercas a la mujer notas que es guapa. Extraordinariamente guapa. No tiene ni un pelo fuera de su sitio y aunque se está examinando el maquillaje es más que obvio que no hay nada que arreglar. Lleva un coqueto vestido, elegante y claramente hecho a medida. O eso parece, porque no hay ni una sola arruga. Verdaderamente, parece una muñequita. Te escucha un tanto ida y no parece muy interesada en lo que le dices hasta que se fija en tu acompañante. Al instante una sonrisa de revista aparece en su cara, se inclina y te posa la mano en el brazo de forma bastante… íntima.

-Por supuestísimo. El salón de Madame Spirelli, La estrella Naciente no está lejos de aquí. Tienen un menú de desayuno delicioso, estoy segura de que les encantará.

Sin más dilación comienza a caminar para guiaros. Todavía le hace ojitos a Morgoth y le dedica una sonrisa de vez en cuando. Se mueve con seguridad y elegancia, pero también se asegura de mover bastante las caderas. No tardáis mucho en llegar al salón que os decía, que por fuera no parece más que un edificio algo austero con un precioso y sutil dibujo de estrellas en la fachada. Si entráis os encontraréis en un lugar de iluminación acogedora y una miríada de mesitas redondas de mantel violeta desperdigadas por el cuarto. Hay otras mujeres igual de hermosas paseando de aquí allá atendiendo a algunos clientes. Al fondo hay una barra en la que un joven bastante mono está secando vasos y preparando todo para la jornada.

Nadie parece asustado o sorprendido de ver a vuestras mascotas, pero todos os sonríen brevemente al entrar.
7 -  Los amigos de la Revolución:

Tomoe, el cochero te dedica una pequeña reverencia cuando le das las monedas y ante tu pregunta se estira y esboza una sonrisa un tanto… extraña. Parece que le divierte tu pregunta.

-Astelia es una buena ciudad, señorita. Si hay algo que quiera seguro que puede encontrarlo en alguna esquina. Tan solo tenga cuidado, no vaya a ser que algo la quiera a usted.

Repite su reverencia con Samvel y acepta las monedas, contándolas mientras responde todavía con esa sonrisa insidiosa en los labios.

-Bueno, caballero, eso depende… No dudo que Astelia tenga presas de su calibre, pero no me atrevería a elucubrar acerca de su lugar de reunión. En cualquier rincón oscuro podría pasar de ser el cazador… a la carne.

No parece inmutarse ante Bô, pero sí que hace gala de unos reflejos sorprendentes y para cuando le pones la carne en la palma ha sacado un pañuelo de tela de algún lado para recogerla. Te dedica la misma reverencia que a los otros dos y procede a terminar de envolverla en el pañuelo.

-Oh, ha sido un… placer.

Se ríe entre dientes y regresa a su carro, marchándose y dejándoos allí. De repente, la niebla llega a la ciudad y comienza a extenderse por sus calles perezosamente. Pronto no podrá verse a tres pasos de distancia. ¿Hacia dónde iréis?
8 - El orgullo de la marina:

El cochero recibe con una elegante reverencia y una amplia sonrisa tanto las monedas que le da el Sargento como las de Anastasya. A ella, además, le dice sin dejar de sonreír:

-Tenga usted también un buen día, señorita. Mientras dure, por lo menos.

Está a punto de volver a subirse al carro cuando Dwight se le acerca. Tras escucharle, toma la tarjeta y se la guarda en el bolsillo interior de la chaqueta antes de responderle, sin perder la sonrisa en ningún momento.

-No tengo ni idea de qué me habla, caballero. Si está nervioso, quizá quiera tomarse un té relajante en alguna cafetería. Hay varias en el barrio colindante, no muy lejos de aquí. Si le sirve una taberna puede encontrar una en cualquier esquina, aunque tal vez la cerveza no sea lo más… adecuado, dada su condición. Pero quien sabe, quizá encuentre a alguien que sepa ayudarle. Le deseo lo mejor.

Sin más, se monta en el pescante y se marcha siempre sonriente. Miráis alrededor y, efectivamente, veis una taberna en la otra punta de la plaza. Por otro lado, justo detrás de vosotros se encuentra una humilde posada: El viejo cuervo. Y menos mal que está tan cerca, porque de repente una niebla espesa empieza a formarse e inundar las calles de Astelia. Dentro de poco no podrá verse nada a tres pasos.
debería aclarar:
El cochero no ha sido contratado exclusivamente para vosotros, sino que estaba esperando en el puerto a que llegaran… extranjeros. Los llevan al interior y regresan a los puertos para ganarse el sueldo. O al menos eso parece. Disculpad la confusión.
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir el Mar 6 Oct 2020 - 1:12

Como me temía no pareció que mi acompañante me siguiera, parecía ausente. De todas formas anduve por la ciudad hasta que, al doblar una esquina, apareció una posada. Me fijé en el nombre de la misma en su cartel de madera. "El Martín Pescador". Curioso nombre para una taberna pero supongo que era un nombre dentro de lo normal. Sin más dilación, entré al recinto esperando encontrar algo que hacer y ganar algo de dinero además de renombre. Por dentro el garito parecía hasta acogedor, me daban ganas de pasarme casi todo el día ahí pero no vine por asuntos de placer. Habían unas cuantas personas repartidas por el lugar, algunas estaban jugando a las cartas. Hmm... realmente no debería acercarme a ellos. Acabaría jugando con ellos y perdiendo mi dinero. Esperaba que mi amor por el dinero fuera más fuerte que mis ansias de juego. Así que intenté controlar mi ludopatía. También habían hombres bebiendo en la barra y parecían hablar de algo en voz baja.

Me acerqué a una mesa cercana a la barra, para oír los cuchicheos  de aquellos hombres. Se me acercó un camarero dándome la bienvenida y me toma la orden. Me llevé la mano a la barbilla, pensativa. Hacía tiempo que no bebía aguamiel. Era hora de probar la calidad de aquella taberna. Cabría la posibilidad de que fuera uno de mis lugares para ir a beber favoritos si el alcohol era bueno. Pedí una jarra de aguamiel y estuve disimulando para oír la conversación. Fue entonces cuando uno de los paisanos me comentó que era una suerte que había entrado antes de la Hora Blanca. Miré por la ventana y una extraña niebla comenzó a cubrir la calle.

El comentario del otro hombre me sacó de mis casillas. Pero intenté echarle en cara sus prejuicios.

-Solo porque vaya vestida como en mi tierra no quiere decir que me ponga ahora a quemar este local. Vine en busca de aventuras, así que si no me pagan para hacer algo no voy a hacer nada. Así que tranquilo, amigo - Dije con una sonrisa forzada - ¿Podrían decirme algo acerca de esa niebla? ¿Siempre ha pasado esto o es reciente? - Pregunté ante la posibilidad de encontrar algo que hacer.

Resumen:
Entrar a la taberna, pedir algo de beber y hablar con los hombres de la barra acerca de la niebla


Última edición por Helga Eiríksdóttir el Mar 6 Oct 2020 - 20:49, editado 1 vez
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Mensaje por Tomoe Asai-Asakura el Mar 6 Oct 2020 - 15:56

No había conseguido demasiado. El cochero tenía una actitud extraña y las palabras que le dedicó tanto a ella como al otro muchacho habían sido demasiado crípticas. Lo único que podía deducir de ahí es que había algo en las calles, ¿literal o figuradamente? no lo sabía, pero el cochero lo había dejado "claro", había algo ahí que podía ir a por ellos en cualquier momento.

Se rascó la cabeza, concentrada. Bueno, eso no cambiaba nada. Su deber seguía siendo el mismo y su objetivo no había cambiado lo más mínimo.

Sam, ¿verdad? De tu amigo no sé nada aún —dijo, una vez se marchara el cochero. Había estado escuchando durante su pequeña meditación de antes, aunque no hubiese contestado al momento. También le había dado propina al hombre, y supuso que eso significaba que era como mínimo amable. Al otro no lo conocía pero... qué remedio, ¿no? Además, si eran cazadores le venía bien tenerlos cerca, observarlos, pues cabía la posibilidad de que, en un futuro, intentaran ir a por ella.

Podéis llamarme Tomoe —se presentó, sin dar su nombre completo. El cazador no lo había hecho, no debería pasar nada por imitarle.Ayudarse mutuamente... personalmente lo dudaba, sus objetivos debían distar muchísimo de los de un cazador. Aceptaría porque le vendría bien la escolta, pero no podía perderse de vista.

Debía observar, ayudar y recabar toda la información posible sobre las facciones de Hallstat. No tenía poder para detener la guerra por sí misma por lo que no tenía sentido meterse en berenjenales demasiado intensos. Pensaba eso, pero también estaba segura de que su carácter acabaría jugándole alguna mala pasada tarde o temprano.

Está bien, pero no me desviaré si no es totalmente necesario, hay algo que necesito hacer aquí sí o sí —aceptó con esa condición porque no pensaba ir detrás de nadie sin un motivo. No dijo nada de aquella velada forma de subestimarla, era natural, no se conocían de nada.

Desde donde estaban, el Este de la capital, Tomoe avanzaría hacia el interior de la ciudad. Veamos... en la misiva decía que se había confirmado una epidemia de drogadicción, quizá debería empezar por ahí. Sería buena idea, también, compartir ese dato con sus improvisados compañeros, así evitaría que, si se encontraban con alguien drogado, lo confundieran con un enemigo y le hicieran demasiado daño.

Estad atentos —pidió —. En esta ciudad hay una oleada de drogas, lo que ha mencionado el cochero podría estar relacionado con la repentina subida de drogadictos. No matéis a nadie si no es extremadamente necesario, son civiles aunque estén drogados; y aún así procurad hacer el menor daño posible, no soy una asesina —explicó, revelando la información que tenía pero sin decir su fuente —. No conozco el efecto de la droga, solo que se ha extendido rápidamente por la capital.

Tenía sus motivos para contar eso. El primero de ellos era el ya mencionado, que quería evitar muertes innecesarias. El segundo era que quizá alguno de ellos dos podría ayudar en esa investigación, no estaba relacionada con las facciones de Hallstat por lo que no podrían deducir su alineamiento revolucionario. El tercero era que acabarían enterándose tarde o temprano, sería mejor avisarlos ahora, antes de que se lleven alguna mala sorpresa.

Pronto la ciudad empezaría a verse invadida por una especie de niebla. La visibilidad iba reduciéndose poco a poco y no tardarían demasiado en no ver más allá de sus narices. Dónde ir, dónde ir... la verdad era que prefería evitar los callejones, eran los sitios donde normalmente se corría más peligro pero, al mismo tiempo, era donde sería más probable encontrarlos. Porque esos drogadictos no irían por las calles centrales, ¿no? Pensándolo bien, si cada vez tenían menos visibilidad, ¿qué importaba de momento por dónde caminara?

De momento continuaría por la calle más amplia, donde tendría una mayor libertad de movimiento y donde, si se torcía la investigación, podría hacer un uso en condiciones de su odachi.

resumen:

» Escuchar al cochero creepy
» Presentarse ante los cazadores.
» Informarles de lo de la epidemia de drogadicción para que no se carguen a ningún yonki sin querer.
» No ver un carajo y seguir por la calle más amplia que total, ya que no ve se va por el sitio más ancho.
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Mensaje por Samvel Legacy el Mar 6 Oct 2020 - 18:40

¿Eran cosas suyas o el conductor había hecho un chiste? Carne, claro, como el presente de Bô. Le pareció cómico durante un breve instante, pero enseguida frunció el ceño cuando se dio cuenta de que había desperdiciado el dinero. De la boca de aquel hombre no salió ni una pizca de información útil, ¿o sí? Escuchó como la joven recibía un consejo que él mismo podría haberle dicho, pero le pareció atisbar un pequeño matiz en la suya que intentaría tener presente. Aquello de "cualquier rincón oscuro" sonaba intrigante, y quizás se refiriera a un lugar en concreto, o tal vez no. Cómo se había marchado, no podía descubrirlo.

Es un placer, Tomoe —dijo amablemente con un sonrisa. Por suerte había superado su fase de timidez inicial, pero nada podía arrebartarle el color rosáceo de las mejillas—. Mi compañero se llama Bô, y parece que le caes bien.

Miró a los lados, mientras sopesaba la condición de la joven. No le costó mucho aceptarla, cosa que indicó asintiendo con la cabeza. Tenía claro que no iba a obligar a nadie a hacer algo que no quería, pero por el momento sería buena idea permanecer todos juntos. La ciudad en aquel momento le recordaba a la calma antes de la tormenta; en cualquier momento llegaría el temporal.

La chica empezó a caminar hacia el interior de la ciudad, a lo que Sam alertó a su compañero y comenzó a seguirla.

Bô, vamos con esta chica. Cuantos más seamos, mejor —no esperó la respuesta de su compañero, estaba convencido de que les seguiría.

La calle estaba empezando a llenarse de una fina capa de niebla, pero poco a poco parecía empezar a ser mayor. Probablemente pudiera perder de vista a alguno de sus compañeros si se separaban demasiado. La humedad se iba apoderando del ambiente, y Sam temía que pudiera afectar a su cuerpo. En principio la lluvia, las salpicaduras e incluso meter un brazo o una pierna en el agua, no le habían provocado ningún problema hasta el momento, pero no quería ponerse a prueba en aquella ciudad.

¿Drogas? ¿En la ciudad? Es un mal momento para que se expanda una ola de drogadicción —dijo pensando en la guerra que se avecinaba. Levantó la mirada hacia Tomoe pero volvió a bajarla, nuevamente sonrosado—. Pero estaremos bien. Y tranquila, no pretendemos matar a nadie. A pesar de ser cazarrecompensas, nunca busco la muerte de nadie. Hasta el mayor criminal del planeta se merece seguir viviendo, aunque sea encerrado en una celda escarmentando de sus errores. Y por cierto, si acabas de llegar, ¿cómo sabes sobre esta nueva droga? ¿Te interesa descubrir su origen?

Siguió andando, mirando hacia los lados buscando cualquier cosa que le llamara la atención. Llegaría un momento en el que ya no llegaría ni a observar a alguien que estuviera caminando en la misma calle, así que entrar en una taberna o local sería una opción sensata, donde además podría buscar información preguntando a los nativos.

Creo que seguir en la calle con este clima no nos va a ayudar mucho, no al menos sin saber a dónde nos dirigimos. Podríamos entrar en una taberna y preguntar a los clientes y camareros, que en esos lugares suele correr la información. ¿Qué opinas, Tomoe? ¿Y tú, Bô?

Además, seguía pensando en el rumor que había escuchado sobre los extraños caballos de hierro, ¿De qué se podría tratar? La isla no era demasiado avanzada en cuanto a tecnología, y sonaba a una descripción que podría haber hecho él mismo antes de conocer mundo. De haber seguido su corazón, muy probablemente hubiera ido en busca de ese rumor, pero primero necesitaba trabajar y conseguir dinero. Qué duro era vivir para el cyborg.

Resumen:
Acompañar a Tomoe, temer que se filtrara la humedad en su cuerpo robótico y ofrecer alternativas a caminar sin rumbo por la calle en mitad de la niebla.
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Mensaje por Keiran T. Farraige el Mar 6 Oct 2020 - 21:15

La comitiva de oficiales, junto con Izzy y Adam, parecían estar de acuerdo en adentrarse en aquella propiedad como si fueran Luffy por su casa y obtener lo que necesitasen para proseguir con su camino hacia la capital. En realidad, era el proceder más coherente a seguir para la tripulación que capitaneaba el pelirrojo: por allí no parecía haber nada interesante —y, de haberlo, no podrían darse cuenta con aquella endemoniada niebla—, necesitaban algo con lo que ahorrarse una caminata hasta Astelia y, además, el sitio parecía desprotegido y a merced de los piratas. ¿Qué podía salir mal? Bueno, quizá una inesperada bienvenida por parte de las buenas gentes de Novoród. Adam se libró de la inesperada caída gracias a su temeridad, al igual que Keiran, quien se había adelantado unos pocos metros antes de que el suelo cediera bajo los pies de sus compañeros.

Se giró rápidamente, acercando la mano hasta la empuñadura de su mandoble como acto reflejo ante la posibilidad de una emboscada. La tensión se esfumó rápidamente, justo en el momento en que vio el cuerpo de Alexander emerger destacablemente más allá del hoyo. No parecía que aquella medida de seguridad estuviera hecha para semigigantes.

—¿Todos bien? —preguntó, enfocando la mirada en su contramaestre antes de asomarse por la apertura y comprobar que la caída había sido amortiguada. No pudo evitar reírse por lo cómico de la situación—. Habría estado bien un cartel de advertencia, ¿no?

Se llevó una mano a la cadera, manteniendo una sonrisa tras sus últimas palabras. El peligro estaba descartado y, con la ayuda de su compañero, no tendrían problemas en volver a subir si así querían; después de todo, la profundidad no era suficiente ni para que el coloso pudiera hacer una buena dominada. Pese a ello, parecía haber algo más ahí abajo, como una prolongación de aquella oquedad. Si contaban con paja para proteger a las víctimas de la caída, probablemente la intención no fuera tanto la de eliminarlas, sino apresarlas. Desde su posición no tenía ángulo para ver mucho más allá, así que le tocaría a sus compañeros decidir.

—Mirad si se puede continuar por ahí abajo. A lo mejor nos encontramos algo interesante. Si no, sacad vuestros culos de ahí —les indicó, dándose media vuelta—. Voy a ver si alcanzo a Adam. Es un peligro dejar al chaval por ahí suelto.

Y, quizá, aquel riesgo era lo que más le gustaba de su tripulante más reciente. Lo que menos esperaba encontrarse en aquella isla deshabitada era al joven de cabellos platinos, más cerca de comportarse como una bestia territorial que como un humano al uso. La agresividad que demostró se equiparaba a su imprudencia y, por mucho que sintiera cierto aprecio por aquellas cualidades, sería mejor atarlo en corto antes de que les metiera en algún lío. Bastantes iban a provocar ellos ya. Con esto en mente aceleró el paso, llegando a trote hasta lo que parecían ser los establos de la mansión, encontrándose con su niño salvaje, los caballos que buscaban y un inesperado anfitrión que intentaba golpear la cabeza del rubio como si fuera una pelota de croquet, justo en el momento en el que llegó. No le preocupaba que aquel jinete pudiera poner en aprietos al chico, pero tampoco permitiría que atacasen a un integrante de su tripulación impunemente.

Su sonrisa se cargó de malicia, dejando que los hechos se desarrollasen antes de intervenir.

—Es de mala educación recibir así a los invitados, ¿sabes? —Auto–invitados, más bien—. ¿Qué te parece si dejas en paz a mi compañero y así yo no tengo que reventarte la puta cabeza? —Tan diplomático como siempre—. Me importan una mierda tus señores y su mansión. Necesitamos transporte y es muy temprano para matar a alguien. ¿Estás al cargo o tengo que pedírselo a alguien más?

Que a ver, siendo honestos, le daba completamente igual tener que desperdigar los sesos del chico por los jardines si se le antojaba necesario. De hecho, casi prefería que se interpusiera en su camino para tener la excusa perfecta, pero prefería asegurarse de cuánta gente había allí antes de sacar a Ocras de paseo.

Resumen:
» Reírse por la caída de Izanami y sus oficiales en aquél hoyo.
» Sugerirle a sus compañeros que averigüen si se puede avanzar por ahí abajo y, si no, que se busquen las mañas —Napo— para volver a subir.
» Salir detrás de Adam hasta llegar a los establos y, tras presenciar el intento de agresión del jinete a su tripulante, invitarle «amablemente» a que se tranquilice y les ayude con el transporte. Ya que está, le pregunta si está al mando o hay alguien más allí, para saber si está solo.
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Mensaje por Yoldin Sutade el Mar 6 Oct 2020 - 22:58

Hallstat de nuevo. El punto de partida, la primera casilla. Y ni siquiera había pasado mucho tiempo desde que había visitado la isla medieval bajo la identidad de Apolo. Se había imaginado la vuelta al reino de una manera mucho más épica y poética: un chaval que salió al mar siendo un don nadie y volvía al lugar que le vio dando sus primeros pasos convertido en todo un curtido héroe. Pero nada más lejos lo único que había conseguido ganar en su viaje había sido una mayor amargura. Y una fruta.

Rumiando estos pensamientos había pasado todo el viaje en el carro que le llevaría hasta Astelia rebotado, acurrucado en una esquina envuelto en su capa, tapándose el rostro con una capucha y sin querer inmiscuirse mucho en la vida de aquel chaval de pelo blanco que viajaba con él que parecía acompañarle en el sentimiento, con que se hundió más en sus pensamientos proporcionalmente a los dedos en sus bolsillos hasta que palpó con ellos su valioso tesoro.

Deslizó las yemas por los remolinos que se formaban en la piel de ese pomelo y sintió un escalofrío recorriéndole la espina dorsal recordando los maliciosos ojos del ser que se la había dado. Había dicho que contenía el poder para derrotar al Ladrón de Islas, exactamente lo que había estado buscando pero la duda le carcomía. Sabía que al comerla no habría vuelta atrás y no sabía qué cambios sufriría, ni siquiera si el ser le había dicho la verdad.

El conductor, aburrido por el profundo silencio que se había apoderado de su vehículo trató de comenzar una conversación casual mencionando los disturbios que estaban ocasionando una panda de indeseables en la ciudad pero para toda respuesta Yoldin se arrebujó en su capa y siguió atrincherado tras sus pensamientos.

Aún así pilló algo de lo que el parlanchín conductor decía y poco a poco le picó la curiosidad. No solía ser muy belicoso pero quería probarse a si mismo que aquellas semanas no habían sido en balde. Y si de paso les robaba el botín a esos indeseables mejor que mejor.

Al llegar a su destino se apeó del vehículo, se colgó su gran mochila y a Quebrantaolas de la espalda y se retiró la capucha para observar mejor la ciudad. Su primera impresión era que nada había cambiado: el olor a orín que inundaba hasta el último rincón de la ciudad, la gente al borde de un ataque de nervios caminando de aquí para allá, las casas amenazando con desplomarse a la mínima oportunidad... Pero deteniéndose un poco más se podía apreciar sutiles cambios. Había más guardias en las calles, las personas caminaban más cabizbajas y con una nota si no de miedo de cautela en los ojos... Hasta el tiempo parecía más sutilmente amenazador con ese mar de niebla abrazando cada vez más edificios...

Finalmente el ángel se dirigió al albino que le había acompañado durante el viaje y resultaba ser mucho más bajo que él mismo. Ahora quería observar algo de esos piratas y quizás medirse las fuerzas, pero necesitaría a alguien para cubrirle las espaldas y el algo le decía en esos ojos carmesíes que el chaval no andaba desprovisto de destrezas.

—Oye chico, ¿conoces bien la ciudad? Quiero echarle un vistazo a los maleantes que nos ha mencionado.

Temía parecer un interesado y por supuesto ir de frente con la verdad no era precisamente su estilo, así que a ver si haciéndose el turista despistado conseguía que el chaval le acompañase.

Resumen:

>Estar callado pensando en la fruta que le dio el genio de Sideros, la cual lleva consigo.
>Hacerse el turista despistado para que Shiro le acompañe a ver a los piratas que les mencionó el cochero.
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Mensaje por Izanami Reiko el Mar 6 Oct 2020 - 23:21

De pronto, toda la tierra y la isla en general frente a mí se alzó, como disparada al cielo, hasta que unos segundos después me tragó y me llevó a la oscuridad. O bueno, seguramente hubiera sido todo más normal y físicamente posible y fuéramos solo nosotros quienes hubiéramos caído, ¿no? Bueno, nunca lo sabría. Un grito realmente agudo de sorpresa se me escapó y luego una suave risa mientras la gravedad hacía su trabajo, que se apagó en cuanto toqué el suelo, o lo que para mí lo era en aquellos momentos. Por suerte, a diferencia de Cassandra o Napo, que se habían dado de bruces contra un suelo cubierto de paja a conciencia, yo había encontrado un refugio para mi cuelo en el pecho de Napo, ya que me había llevado encima en el momento del movimiento repentino.

No tardé, gracias a mi posición ventajosa, en ser la primera en levantarse y quitarse un poco del polvo de encima, todavía sobre el semigigante, hasta que me percaté de que estaba allí y bajé de un salto a la plataforma de broza que a ellos le había servido de cuna.

— Perdona, ¿peso? —pregunté sin saber muy bien si esperaba respuesta o era algo que lanzaba al aire sin más. Al fin y al cabo, llevaba a todos lados esas armas que seguramente pesasen más que yo, así que confiaba en que yo fuera una mosca para él, igual que Adam. Que, ahora que caía en el salvaje, no me hizo falta hacer más de un paneo para fijarme en que ni él ni el capi, aunque eso se explicaba fácilmente teniendo en cuenta cómo de alejados estaban en el momento en el que la isla se había movido. Aun así, con aquel vistazo a nuestros alrededores sí que pude constatar lo que sí que había: unas paredes robustas de tierra y un gran corredor frente a nosotros que nos daba la bienvenida con un tapiz rojo lo suficientemente elegante como para plantearme el tomarlo. Una pena que el polvo la hubiera cubierto por completo y ahora necesitase un buen lavado…

Los ojos no tardaron de acostumbrarse por completo a la oscuridad que plagaba aquel lugar y, fijándome en nuestro nuevo cielo, pude fijarme como la niebla empezaba a caer con la mayor lentitud hacia el agujero, prometiendo rellenarlo con facilidad en cuestión de minutos. Aun así, su tamaño en cuestión de profundidad no era realmente un problema, sobre todo sabiendo que ni podría suponer un obstáculo para el más grande hombre a bordo del barco. Yo, sabiendo que ellos podían hacer lo que buenamente querían —ya que Cassandra podría utilizar a Napo de escalera para ir a buscar a Keiran y asegurarse de que Adam no estuviera matando a los caballos a puñetazos o algo—, simplemente me escurrí entre ambos de forma que entrase al túnel con cierta velocidad. Sonreí al ver las escaleras en la profundidad de aquel lugar, teniendo que cerrar la boca con velocidad en el instante en el que el polvo entró, acumulándolo en la saliva y escupiendo a una esquina para que no me molestase más de la cuenta.

— ¿Tan difícil es limpiar de vez en cuando…? —dije, susurrando con cierto tono de amenaza en mis palabras, como si fuera a rebanar el cuello de aquel que había osado no coger la escoba en tanto tiempo. Me gustaban los lugares higiénicos y cuidados y aquel lugar era, claramente, el antónimo. Solo le faltaba la mierda de los caballos por todos sitios para ser incluso peor y no lo diría dos veces para que no lo escuchara el universo.

Con una velocidad para nada desdeñable, avancé hacia las escaleras, con más rapidez si cabía tras escuchar cómo Keiran nos alentaba a continuar para investigar el lugar. Por la dirección, igual a la que estábamos siguiendo antes de llegar allí, tenía que llevar a la gigantesca casa frente a nosotros, ¿no? Solo quedaba descubrir el por qué esa gente tendría aquella estructura fuera, por qué en ese punto y no en otro y para qué nos daba la opción de adentrarnos en la que se suponía que sería su hogar. ¿Quizás quien fuera que vivía allí se sintiera solo…? Porque entonces habría que hacerle compañía y eso significaba subir los escalones con velocidad para buscar al pobre que lo estuviera pasando mal.

Resumen:
Caer, sonreír y correr por las escaleras, como mi profe me dijo que no hiciera.
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