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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Jue 15 Oct 2020 - 22:18}

Era de buena mañana en Whiskey Peak. De hecho, el sol apenas había comenzado a despuntar por el horizonte. Sin embargo, la gente en esa isla no se tomaba ni un momento de descanso. Entre trabajo y trabajo, los cazadores necesitaban disfrutar de sus vidas, regocijarse con sus premios. Eran, literalmente, el reflejo de la expresión «solo se vive una vez». Por ese mismo motivo a la albina no le sorprendió que La taberna feliz estuviera abierta a esas horas. ¿Estaría Hilda atendiendo ya? Esa mujer ya entrada en años parecía no saber lo que significaba dormir. Regenta de la taberna, ex cazadora experimentada e hija de cazadores de una familia que había llevado en esa isla casi desde que se fundó la ciudad. Si había una figura autoritaria en aquel descontrol de lugar era ella.

La puerta se abrió con un chirrido cuando Hazel la empujó, haciendo sonar la campanita que colgaba a la entrada y que, rara vez se podía escuchar salvo que tuvieras el mejor oído del mundo, debido al constante barrullo del lugar. Esa era una de aquella vez histórica en las que el olor a alcohol y era sustituido por el del café recién hecho y las tortitas con sirope. Hazel esbozó media sonrisa.
—El trabajo te acabará matando —dijo, adentrándose en el lugar. Por las mesas había algún que otro moribundo y borracho cazarrecompensa de poca monta, al igual que en tirados en el suelo. Hazel, hizo el ademán de no pisarlos. Aunque no iba a ir dando saltitos como un cabrito para ello, si alguno se llevaba un pisotón en las manos o en los huevos sería su culpa. «Que se jodan», pensó ante la idea, terminando de llegar a la barra. Su bolsa calló sobre el suelo con el pesado sonido del dinero, entre sus piernas, sus armas a un lado, y un bonito arbusto decoraba ahora la barra. Era su pequeño premio por no haber dejado en el sótano al cazador ese de las islas del demonio esas, desierto-trópico.

—Bueno, jovencita, de algo hay que morir —contestó la risueña mujer. Hazel contestó con un bufido rodando los ojos. La mujer era demasiado alegre para su agrado. Pero la conocía desde que su difunta maestra se la llevo tras cobrar una recompensa que ella había “cazado” sin querer. Tampoco podía ponerle muchas pegas en esa época. A cambio le dio comida, ropa y una mísera parte del total. «Y me dejó quedarme el estoque de la cerda de la capitana», se recordó. Su ceño se frunció al pensar en eso, moviendo la cabeza negativamente. Ni siquiera estaba escuchando lo que la mayor le estaba preguntando.

—No tengo muchas ganas de hablar ahora, Hilda. Estoy cansada —se excusó.

—Ya veo… ¿Entonces no te interesa un pequeño botín que pueda tener para ti? —Preguntó, azuzando su curiosidad.

—…Yo no he dicho eso. Sabes que siempre estoy dispuesta a ir a por una nueva presa. —La mujer sonrío con complacencia—. ¿Supongo que primero puedo desayunar...? Y contarte un poco de el viaje de mil demonios al que me mandaste.

—Veinte millones en un viajecito no deberían haber sido para tanto.

—¡Qué más quisiera! Saqué solo quince millones. Qui-ce. Y todo porque me crucé con un monigote emplumado —se quejó, aunque su rostro se suavizó al poco. El chico al final no había estado taaaan mal. Así que supuso que sería su pequeña excepción. Pero si no se quejaba frente a ella un poco de él la molestaría con ideas estúpidas.

—Así que un chico, ¿eh? Pues lo mismo te viene bien.

—Disculpa, ¿qué?

Sí, fue uno de esas mañanas que empezaban con una calma poco común. Y por eso no duró mucho. Un golpe seco contra la mesa dado por la albina con sus dos manos mientras gritaba azorrada que le parecía increíble semejante absurdez. ¿Ella? ¿Hacer equipo con otros cazadores? Ni en los sueños más húmedos de la mujer. O eso le gritó a la cara antes de que esta amenazase con darle esa información tan reservada que se había guardado para la albina a otro grupito por su propio bien.

—¡Y una mierda!

Al final, la única opción que le quedó a Hazel fue aceptar pedir ayuda a otro cazador, de su elección. Así, el DDM que el pichoncito le había entregado sonó antes de lo esperado. La llamada fue breve y la información la justa y necesaria. Tenía información sobre una banda pirata que se había adentrado en El Paraíso hacía un par de meses. Siguiendo su recorrido, se sabe que han acabado en una isla no muy lejos de Whiskey Peak, pero que la gente con dos dedos de frente solía evitar. Si estaban ahí seguramente se encontrasen con sus fuerzas mermadas —eso si seguían vivos— Como fuese, su recompensa conjunta eran unos cuarenta millones, repartidos entre las cabezas de su capitán, su mando derecha y su contramaestre. Eso sin contar lo que pudieran requisar de su barco. Dicho eso, le dio una semana al rubio para, si aceptaba, encontrarse con ella en la Isla cactus, desde donde podrían ir sin más paradas hasta Little Garden, la isla en cuestión de su cacería.

Casi dos semanas después, la isla despuntaba frente a sus ojos, con una playa corta, un muro de enormes árboles se encontraba frente a sus ojos. Los chillidos de los animales se escuchaban a ratos, seguidos de un silencio que ponía la piel de gallina a los navegantes que habían accedido a llevarles y que les recogerían a cambio de una porción del botín si seguían convida. A buen recaudo, Hazel llevaba entre sus pertenencias un Eternal Pose, regalo de Hilda, que apuntaba a su hogar y que podría quedarse si completaban con éxito su trabajo.

—Una vez en tierra no hay marcha atrás, pollito —Recordó con tono burlón a Ayden. Lo cierto es que, quizás algo a maldad, no le había contado al chico muchos detalles sobre la isla. Según había escuchado ella su mayor preocupación quizás no fueran los piratas, sino la fauna prehistórica que vivía en ese pequeño trozo de tierra. Esperaba que no se enfadase mucho cuando lo descubriera.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Sáb 17 Oct 2020 - 13:34}

—Espera, espera... ¿Puedes repetirlo? —preguntó con no poca burla en su tono, esbozando una irritante sonrisa que, por suerte, la cazadora no podría ver—. ¿Que necesitas mi qué? No se escucha bien.

Claro que se había escuchado bien, pero no iba a dejar pasar la oportunidad de hacer que Hazel tuviera que arrastrarse un poco más por su ayuda. Lo último que se habría esperado aquella mañana al despertarse era que la albina fuera a contactar con él, tras un lapso de tiempo tan escaso después de su último encuentro, nada más y nada menos que para pedirle ayuda con un nuevo trabajo. Se habían separado en buenos términos —tal vez en unos bastante más que buenos, si se le permitía opinar— pero, dada la naturaleza competitiva e individualista de ambos cazadores, no esperaba que fueran a ponerse en contacto tan pronto. De hecho, tal fue su sorpresa que a punto estuvo de escupir la bebida en mitad de aquel resort de Isla Vacaciones. La gente del lugar le miró raro, tanto porque casi se ahogase como por toser sin control tras ello.

—Bueno, supongo que podría hacer un hueco en mi apretada agenda, Copito —comentó, con toda la hipocresía de la que era capaz de hacer gala—. Me has pillado algo ocupado —mintió— pero puedo hacerte un hueco, por ser tú. ¿Me cuentas un poco?

Evidentemente, lo único que interrumpía aquella llamada era el descanso que se había tomado después de un mes de búsqueda, investigaciones y persecución tras Black y White. Con ambos entregados y una buena cantidad de berries en sus bolsillos le pareció apropiado tomarse unos días de descanso. ¿Qué mejor sitio que la famosa isla de las vacaciones y el reposo? Pero sí, ya iba siendo hora de moverse un poco o terminaría relajándose en exceso. Además, su renombre no iba a verse incrementado si no hacía otra cosa más que beber mojitos, disfrutar del sol y de todo tipo de placeres terrenales para compensar las últimas semanas de hambruna y falta de resguardo por las noches. Una pena, pero a ese ritmo terminaría por fundirse todos los ahorros.

La albina no le dio demasiados detalles en la llamada, aunque supuso que le contaría un poco más una vez se reunieran en Whisky Peak. A grandes rasgos, parecía que una tripulación pirata en ciernes había cometido la insensatez de adentrarse en el Paraíso sin la suficiente experiencia y, como no podía ser de otro modo, habían naufragado —o eso decían los rumores—. Para Ayden aquello se traducía como dinero fácil, salvo por el pequeño detalle de que la isla en cuestión era nada más y nada menos que Little Garden. No había estado nunca, ni siquiera cerca, pero no había que ser muy avispado para enterarse de los rumores e historias que corrían alrededor de ese sitio: criaturas que se creían ya extintas, vegetación de épocas pasadas, un pronunciado clima tropical... todo cuanto necesitaba saber para entender el peligro que suponía poner un solo pie allí. Sin embargo, un trabajo es un trabajo, y no sería él quien se negase a una incursión así por miedo. Sería una de las pocas personas que se hubieran adentrado en el lugar para salir con vida y, no contento con eso, con un buen montón de millones en el bolsillo. Su mayor preocupación debía ser la fauna, ¿no? Unos pocos lagartos hormonados no podían suponer mucho problema.

Su reunión con Hazel no se hizo esperar demasiado, llegando a Whisky Peak en algo menos de una semana. Por suerte Isla Vacaciones no estaba muy alejada de Cactus Island, así que el trayecto fue corto. Tuvo que soportar, cómo no, una cálida y agradable bienvenida —nótese la ironía— por parte de su socia, aunque la cosa no fue a más afortunadamente. ¿Quizá se hubiera pasado con las burlas? No, lo más probable es que la mala leche de la mujer hubiera aflorado de todos modos. Fuera como fuese, tras tomarse un día de descanso por el viaje y atender a los detalles que vio adecuado darle al rubio, ambos partieron del lugar rumbo a Little Garden.

—No te preocupes. Si no te dejé quedarte con todo el premio en Great Palm, esto no será una excepción —respondió, dedicándole una sonrisa cargada de malicia antes de observar el trecho que les separaba de la costa.

La isla estaba deshabitada y, como no podía ser de otro modo, carecía de puerto, por lo que la nave que les acompañaba se encontraba a cierta distancia de la playa para no encallar y terminar naufragando junto a los piratas. De hecho, no les costó demasiado encontrar su barco completamente destrozado sobre la arena. Una jolly roger que no era capaz de identificar aún ondeaba en los restos del palo mayor. Las opciones eran dos: usar un bote para acercarse al lugar o que Ayden pusiera de su parte para llegar. No había una distancia inabarcable y, siendo sinceros, no se sentía muy cómodo en una barca que podría volcar con la más mínima ola que surgiese.

Teniendo esto en cuenta le tendió la mano a la albina, justo en el momento en que dos majestuosas alas de tono carmesí surgían a su espalda.

—¿Un viajecito?

Cargar con ella no sería complicado y sus plumas tenían la fuerza suficiente como para impulsarles a ambos. Una vez tomara su mano la cogería en brazos, asegurándose de que estuviera bien sujeta antes de salir volando hasta la playa. Tardarían apenas unos minutos en pisar la blanca arena, a unos metros del naufragio. Cómo no, aquel debía ser el punto de partida de su investigación, así que Ayden se aseguró de depositar a la cazadora en el suelo antes de deshacer sus poderes y encaminarse al lugar.

—Parece que alguien no aprendió a aparcar —se mofó, observando los restos de la nave mientras buscaba alguna entrada en el casco—. Si no encontramos los cuerpos aquí nos tocará buscarles en la selva, pero puede que encontremos alguna pista entre los restos.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Sáb 17 Oct 2020 - 19:20}

El momento que debía haber sido de esplendor para el chico se tornó en una mofa de una forma u otra por parte de la albina. Intentando no reírse demasiado, tomó su mano dedicándole una sonrisa similar a la que el propio chico había puesto al decir que no la había dejado quedarse con toda la recompensa. Siendo justos había sido ella quien había decidido salvarle en vez de simplemente largarse con las cabezas —nunca mejor dicho—, pero bueno.

—Pff… ¿Te da miedo un poco de agua, pichoncito? —preguntó al tiempo que tomaba se mano, evitando así que la soltara o se fuera sin ella—. Claro —asintió a su ofrecimiento, y una vez la tomó en brazos se aseguró de aferrarse bien a él, rodeando su cuello con ambos brazos por encima de sus hombros. El rubio agitó sus alas carmesíes y en un pestañeo ya estaban volando en el cielo. Los ojos de Hazel refulgieron, abiertos como los de una niña. Era su primera vez tan alto y, tenía que reconocer, que era bastante impresionante. Lo suficiente como para que mantuviera la boca cerrada hasta quedar posada de nuevo en la orilla, seguida de Ayden. —Tengo que admitir que es bastante impresionante —comentó de forma casual, adelantándose unos pasos hacia delante. Aprovechando los segundos que tardase en girarse el chico para hacer un silencio antes de seguir hablando—. Me refiero a eso de volar, claro. —Volteó entonces, esperando a que se acercara para, antes de que se pusiera a su altura parase frente a él, con ponerse un poco de puntillas podía lograr estar a la misma altura que él—. Por cierto… —rió, con las caras muy pegadas para ponerle nervioso, o intentarlo al menos, con sus siguientes palabras—. Es la primera vez que me llevan en volandas como toda una princesita. Me siento halagada. No esperaba que fueras todo un príncipe azul, pichón. ¿Quieres que sea tu princesita? Podría premiártelo, por esta vez… —Y tras decir eso y ver su reacción se apartaría riendo. —Bueno, volvamos al trabajo. —Esta vez sí, su camino iría directo a los restos del navío.

No tardaron mucho en llegar, más allá de lo que le hubiera intentado o no recriminar el cazador por su broma, pero lo cierto es que lo que vieron era un desastre de pies a cabeza. Aunque al barco no le quedaba precisamente cabeza. Estaba partido por la mitad, con la popa en tierra y la proa a medio hundir, a unos quince metros adentrándose en el mar, en una zona rocosa. La albina hizo una mueca. Claro, no había huellas tras tanto tiempo. Pero no todo estaba perdido, o eso quiso creer. Si era su barco lo mismo encontraba algo buceando y la otra parte podía estar en la parte que quedó junto a la arena. También podían encontrar algo en la orilla a parte de maderos rotos. Y, si no estaban ahí dentro, como decía Ayden, estarían en tierra. Tenían algo de recompensa, no podían haberse muerto sin más. Al menos los importantes.

—Supongo que es buen momento para demostrar el buen equipo que hacemos, ¿verdad? —dejó caer la albina antes de mirar al cielo, poniendo mala cara. Estaba soleado, y eso implicaba que se pasaría un buen rato tratándose quemaduras del sol una vez volviera a casa si se quedaba mucho rato expuesta. Pero un par de días bañándose en after sun merecían la pena por cuarenta millones de recompensa. Quizás más si encontraban uno o dos cofres de oro y nunca antes había podido bañarse en aguas prehistóricas. Con esa idea, empezó por quitarse la suerte de chaqueta que llevaba puesta, de mangas largas y cerrada por debajo del pecho, dejando su vientre al descubierto hasta la cintura, donde un pantalón corto de tiro alto cubría el resto de su cuerpo hasta mitad de los muslos —prenda que seguiría a la chaqueta y a sus botas y calcetines, dejando al descubierto un bikini sencillo, negro, con algún adorno fucsia. Tras eso, clavó las fundas de sus espadas en la arena, justo junto a su ropa y dejó el resto de sus pertenencias al lado. Lo único que llevaría consigo a explorar serían un par de cuchillos atados a su pierna con una correa hecha de neopreno negro. Antes de meterse en el agua se aseguraría de recoger su pelo por si acaso. Tenía que apuntar en su lista de compras pendientes un par de diales con aire para ese tipo de cosas—. Como tú no puedes nadar será mejor que sea yo quien investigue el otro trozo —explicó—, tú asegúrate de que mis cosas no desaparecen mágicamente o haré que te tragues tus plumas. —Y, dicho eso, se adentró en el agua andando hasta que el agua le cubrió por la mitad del cuerpo, momento en el que se metió bajo el agua para empezar a nadar hasta la embarcación, desapareciendo del alcance visual de Ayden.

«Bien, veamos que tesoros encontramos hoy».


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Lun 30 Nov 2020 - 12:49}

Apenas tuvo tiempo de dar un par de pasos tras pisar tierra —arena, en realidad— antes de que la cazadora decidiera incordiarle un poco tras su pequeño viaje aéreo. De verdad, ¿no era capaz de morderse la lengua ni por un instante? Su andar se detuvo cuando vio que se detenía frente a él, logrando alcanzar la altura del rubio únicamente al ponerse de puntillas, lo que le hizo trazar un esbozo de sonrisa. Tras esto la escuchó y no pudo sino alzar una ceja por sus palabras. Empezó a hablar de príncipes y princesas, en un burdo intento de sacarle de quicio que, lejos de acertar en su objetivo, tan solo sacó de él un suspiro desganado y un rodar de ojos antes de volver a clavar su mirada de rapaz en ella.

—La próxima vez recuérdame que te deje caer al agua —le indicó, manteniéndose serio durante unos instantes, sonriendo con burla después—. No veo material de princesa por aquí, lo siento.

La dejaría con la palabra en la boca, rodeándola y continuando su camino con el único objetivo de devolverle las burlas y molestarla un poco. De esos juegos ambos se sabían las reglas, así que iba lista si esperaba derrotarle con ellos. Fuera como fuese, no era el momento de empezar otro tira y afloja, y es que su primera pista se encontraba justo frente a ellos y harían bien en poner todos sus sentidos sobre ella.
El barco se encontraba semi–hundido, con la parte de atrás sumergida parcialmente en el agua y la frontal estrellada contra la costa en una posición algo artificial. Tal vez fuera tan solo su impresión, pero tenía la sensación de que se habían buscado las mañas para introducirla algo más en la arena, redireccionándola hacia arriba un poco. «¿Cómo van a haberse tomado esa molestia, Ayden? No digas tonterías», se reprendió, negando con la cabeza en silencio mientras descartaba la idea. Las respuestas llegarían a él tarde o temprano, y sería mejor que se diera prisa si no querían pasarse una eternidad allí.

Miró de soslayo a su compañera cuando volvió a hablar, justo en el momento en que sus prendas comenzaban a caer una tras otra. No le dio mucha importancia; después de todo, ya la había visto con mucha menos ropa, así que tampoco estaba descubriendo nada nuevo. Parecía tener la intención de darse un chapuzón y, en realidad, no era para nada mala idea. Él no tenía los medios para investigar aquella mitad de la embarcación por aquella caprichosa maldición que suponía ser usuario, así que la albina podría sacarle partido a su condición. De eso iba trabajar en equipo, ¿no? De repartirse tareas para volver más eficiente su labor. No estaría mal cooperar por una vez, aunque al final iba a tener que cobrarle un plus a Hazel por las molestias: para alguien que acostumbraba a trabajar solo era un esfuerzo extra —no tan grande en realidad—, y esas cosas había que pagarlas.

—¿Quién se las va a llevar? ¿Un cangrejo prehistórico? —Una risa acompañó a sus palabras, justo antes de que el muchacho extendiera el brazo hacia el montón de armas y ropa, surgiendo de la misma un buen puñado de plumas que se arremolinaron junto a los pertrechos de su compañera hasta comenzar a formar una estructura similar a la de una jaula. Sus plumas eran resistentes y, salvo que las quemasen, aguantarían—. Ya está. ¿Contenta?

Una vez se fuera a nadar con los peces, Ayden se aproximaría a la apertura más cercana del casco para adentrarse en el mismo, no sin antes desenvainar una de sus espadas y ponerse en tensión. Lo más seguro era que no estuvieran allí después de tanto tiempo pero, ¿quién podía asegurárselo? Sería mejor andarse con pies de plomo.

El interior resultó, de hecho, misteriosamente confortable para algo que se había estrellado contra una isla. Su ojo de carpintero no tardó demasiado en detectar tablones que habían sido desmontados a mano con bastante evidencia y reposicionados en otros sitios; algunas zonas se encontraban habilitadas para servir de habitaciones y, en general, habían adaptado el sitio para poder hacer vida allí. Sin embargo, cualquier evidencia de que alguien había vivido allí era sutil y endeble, como si llevaran mucho tiempo sin pisar por allí: todo estaba sucio, las algas crecían aquí y allá y, en general, no había rastro de actividad reciente. Debían haberse marchado mucho antes de su llegada, aunque el cazador no llegaba a entender el porqué.

—Tal vez encontraran un sitio mejor en la selva —se sugirió a sí mismo, justo antes de darle una patada a algo que no había visto en la penumbra—. ¿Hmm?

Forzó la vista un poco, recogiendo al final lo que parecía ser una especie de diario. Sopló para quitarle la arena y el polvo antes de abrirlo; parte de los apuntes estaban mojados y sucios, pero era relativamente legible. Tras echarle un primer vistazo dio con que se trataba de una bitácora y, afortunado él, las últimas notas no tenían tanto tiempo. Lo cerró y se dispuso a salir de allí, sentándose una vez fuera sobre su jaula de plumas mientras esperaba a que Hazel emergiera desde algún punto del agua. Mientras tanto revisaría las notas para poder partir en cuanto se reuniera con él. Algo interesante debía haber entre aquellas páginas.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Mar 1 Dic 2020 - 14:09}

—A lo mejor me preocupa más que algún depravado prehistórico decida meter la mano y robarme la ropa interior para vete tú a saber qué, más que un cangrejo —contestó ella, tratando no hacer caso a la burla del rubio. Cuando «aseguró» su equipo se limitó a asentir y se dirigió al mar con presteza. El sol ardía sobre sus cabezas, al igual que sobre la arena que quemaba más de lo que a la chica le gustaría reconocer. Por eso mismo, el frío de la espuma de mar golpeando sobre la orilla fue una sorpresa agradable al empezar a adentrarse en el mar. Por lo menos el agua podía calmar el dolor que le provocaban los días tan despejados.

No se lo pensó mucho, una vez se hubiera adentrado hasta que el agua le cubriera la cadera, se zambulló bajo el agua, con los ojos abiertos y empezó a otear el fondo. La falta de civilización —y por ello de residuos—, así como la mar en calma, ayudaban a que sus ojos pudieran alcanzar a ver más hondo de lo que esperaba. Aunque para bajar más tendría que volver a salir a tomar aire. Tenía buena capacidad pulmonar, pero no tanta como para pasearse por el fondo marino como le diera la gana. Tras consumir el tiempo máximo que sus pulmones le permitían, volvió a asomar la cabeza, hinchando de aire su pecho. Tomó unas cuantas bocanadas más, inspirando todo lo que volvía y volvió a bajar.

El repetir este proceso le permitió acercarse a la parte “hundida” del barco mientras se aseguraba de no dejar sin rastrear las zonas colindantes. Cuerdas, el ancla del barco, tablones de madera y otros objetos provenientes del barco se encontraban esparcidos sobre el lecho marino. Observando estos, la idea de que parte del botín hubiera podido caer al mar no pasó desapercibida en la mente de la albina, que se tomaría algo más de tiempo buscando, encontrando en una de sus zambullidas, entre rocas, lo que parecía una esquina que despuntaba entre la piedra y la arena, de una caja no muy grande. No sabiendo que podría contener y conteniendo su curiosidad, volvió a subir, tomando nota mental de donde la había visto para volver a por ella una vez se hubiera adentrado en los restos del barco.

La entrada a este fue más o menos sencilla. Aunque a primera vista no lo parecía. El barco habías sido partido en dos, literalmente, con una ruptura irregular que había dejado algún que otro hueco debido a como había sido desgarrado. Y ese trozo había encallado entre montículos de pierda que ascendían hasta despuntar en la superficie. El agujero más grande estaba principalmente tapado por esta piedra, aunque en la base marina había un hueco considerable por el que podría colarse. Los peligros se reducían entonces a que el barco se le callera encima resbalándose de su precario soporte o que no hubiera forma de ascender rápido hasta una bolsa de aire. La oscuridad del interior también sería un problema. Aunque si se filtraba un mínimo deje de luz sabría por dónde avanzar.

Esa fue su suerte, y es que con solo asomar un poco la cabeza, por la parte más destrozada había sido capaz de ver lo que asemejaría a un túnel que daba hasta el nivel de tierra firme, o eso parecía. No se lo tuvo que pensar mucho para impulsar el resto de su cuerpo, ayudándose con las manos, hasta el interior del cascarón de madera, ascendiendo con cuidado hasta poder sacar la cabeza y tomar aire. La parte de arriba del casco estaba bastante destrozada. No tanto por el accidente, sino porque le faltaban trozos de madera considerables. Quizás fuera su imaginación, pero parecía que los habían quitado. Aunque, de nuevo, nunca se sabía.  Lo malo era que en esa zona no iba a encontrar nada. Con la luz en penumbra, vió que una de las paredes que separaban lo que debió haber sido la recamara de la habitación del capitán ahora servía de rampa, con varias cosas caídas y rotas en el suelo. Bueno, al menos no había ningún cuerpo maloliente en fase de descomposición en esa sala. De hecho, a parte de la rampa con el hueco de una puerta, lo más salvable de los objetos que hubiera podido encontrar era un escritorio destrozado: las patas rotas, restos de cristales y manchas negras, entre otras cosas. La silla se había perdido, y de hecho la mesa estaba como partida de forma cóncava, igual que la mayoría de cajones. Aunque hubo dos que quizás por la forma de la mesa, no habían cedido del todo, eso sí, estaban llenos de agua. Los restos de un globo de cristal roto con una aguja imantada descansaban en el interior de uno de los dos cajones, a su lado lo que parecía un catalejo y un guardapelo que quizás pudiera tener una foto, o algo importante. De momento lo guardaría. Los papeles se habían estropeado en su mayoría, aunque había un par de mapas hechos de pergamino, los cuales enrolló para poder llevarse junto al guardapelo y el catalejo. En el segundo cajón, solo una llave que, quizás, valía la pena llevar por si abría el cofrecillo que había encontrado antes.

Con mejor equipo se hubiera podido plantear buscar más, quizás, pero con sus escasos recursos no valía la pena arriesgar, así que, afianzando sus nuevas pistas, decidió volver a descender, ir en busca del cofre, no más grande que una caja de zapatos y regresar nadando a la orilla, quedando un momento tumbada en esta, con la respiración agitada tras tanto forzar el aguantar bajo el agua y casi sin parar de nadar. El sol quemándole la piel por un momento casi le dio igual de hecho. Una vez repuesta, haría el favor de buscar a su compañero con la mirada y, si no se percataba de su presencia primero, iría hasta donde se debería encontrar, sobre sus pertenencias.

—¿Algo interesante por ahí, Pollito?


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Miér 23 Dic 2020 - 20:20}

Su mirada de rapaz alternaba entre las páginas de la bitácora y las aguas próximas a la costa, esto último tratando de localizar a ratos la nívea cabellera de su compañera. La mar estaba en calma, así que no debía haber ningún riesgo excesivo en practicar algo de buceo siempre y cuando no se adentrase demasiado, pero era de conocimiento común —incluso para alguien que no podía sumergir más de la mitad de su cuerpo allí— que cualquier inmersión conllevaba un riesgo palpable. En cualquier caso, si había accedido a trabajar con Hazel era porque, además de tolerar su presencia, era conocedor de sus capacidades; no tenía por qué preocuparse. Además, tampoco podría ser de mucha ayuda si le pasaba algo así que, en resumidas cuentas, más le valía poder apañárselas sola.

Supuso que le llevaría bastante más tiempo que a él explorar su parte del naufragio, por lo que sería de mayor utilidad que fuera avanzando en la lectura de aquel cuaderno en lugar de quedarse a la espera.
Una cosa estaba clara: quien fuera el autor del escrito o bien estaba borracho o precisaba de unas cuantas lecciones sobre caligrafía. ¿Cómo era posible que alguien escribiera en su mismo idioma y, aun así, le costara tanto entender lo que ponía? Bueno, tal vez no fuera el más indicado para juzgar, pero aquella tarea le habría resultado mucho más sencilla si el culpable se hubiera tomado la redacción con más calma. El lamentable estado del documento tampoco ayudaba. Por suerte para él, las primeras páginas —y las más desgastadas— no parecían contar dato relevante: la tripulación parecía haber cruzado la Reverse Mountain pocos meses atrás, encontrándose tras ello con infinidad de obstáculos que habían desembocado en aquel incidente. Marines, bandas piratas que se sustentaban con el saqueo indiscriminado de novatos, algún que otro impedimento a causa del caótico clima que reina en el Paraíso... entre otras cosas. Casi parecía que un tuerto les hubiera mirado.

—Por fin —susurró una vez llegó a lo que le interesaba: su estancia en Little Garden—.

Lo siguiente fue cuanto pudo rescatar del documento entre borrones de tinta y páginas deterioradas:

«Día uno, llegada a la isla misteriosa: hemos perdido a varios hombres, pero cerca de tres cuartas partes de la tripulación continúan con nosotros. No parece haber rastro de civilización cerca de la costa. Al menos parece que hemos perdido de vista al desgraciado de Bones y sus perros.

Día dos: hemos logrado estabilizar la mitad frontal del Lady Anne en la costa. Parece que pasaremos bastante tiempo a su resguardo. Mañana mandaremos un grupo a explorar el interior de la isla.

Del tercer al séptimo día es ilegible.

Día ocho: la tormenta se ha llevado parte de los víveres que nos quedaban. El grupo de exploración aún no ha vuelto... y ya no queda agua. ¿Por qué se acaba todo menos el ron? Si la cosa sigue así tendremos que largarnos de aquí.

Día nueve: seguimos a la espera. Si mañana no hemos recibido noticias, iremos a buscar a Jack y al resto.

Día diez: el grupo ha vuelto... pero hemos perdido a Jack. Parece que la isla está plagada de monstruos. ¿Los dinosaurios no se habían extinguido? Al menos han encontrado agua en una zona alejada de los depredadores. El camino hasta allí parece peligroso en vistas de que se han comido a la mitad del grupo. Tampoco parece que haya muchas más opciones. Mañana nos reuniremos para decidir... al menos han traído un poco.

El día once es ilegible.

Día doce: Partimos ya. Dejaré la bitácora aquí por si alguien ha sobrevivido y consigue volver. He anotado las indicaciones para llegar a la zona segura en la última página del cuaderno. Jack, viejo amigo, ojalá sigas ahí fuera.»


Ayden comenzó a pasar las páginas entonces, buscando la última de las páginas donde, efectivamente, había algunas indicaciones. Al no disponer de un mapa topográfico de la isla, todas parecían guiarse con referencias y lugares que podrían resultar reconocibles para alguien que acabase de llegar a Little Garden. Al menos parecían contar con nociones sobre los ejes cardinales, así que no debía ser excesivamente complicado seguirlas. Lo preocupante sería, en cualquier caso, la fauna local y hasta la vegetación si le daba por pensar. Después de todo, ¿qué clase de obstáculos podían encontrarse en una isla atrapada en la prehistoria? No entraba en sus planes convertirse en el desayuno de un lagarto gigante.

Fuera como fuese, el movimiento en la costa le sacó de sus pensamientos, localizando rápidamente a Hazel tirada no muy lejos de la orilla. Parecía cansada y no era para menos. ¿Cuánto tiempo había estado saliendo y entrando en el agua? Cerró entonces la bitácora y alzó la vista al cielo: estaba completamente despejado, por lo que el Sol arrojaba sus rayos sin impedimento alguno sobre ellos. Extendió el brazo izquierdo con la palma de la mano hacia arriba, comenzando a manar de esta un sinfín de plumas rojas que se desplazaron rápidamente hasta alcanzar a la albina. En pocos segundos todas ellas conformarían algo similar a un parasol, solo que mucho más grande y denso que, mientras no sufriera ninguna distracción, seguiría a la cazadora para protegerla de su mayor enemigo.
Hecho esto esperaría a que llegara hasta él, aún sentado sobre la jaula de plumas que protegía las pertenencias de su compañera.

—He dado con algún hilo del que tirar —aseguró, obviando el pequeño gesto que acababa de tener con ella como si careciera de importancia—. Parece que nuestros amigos estaban intentando escapar de cierto matón, un tal Bones. Tuvieron éxito, pero el precio a pagar fue naufragar aquí. No tuvieron mayores incidentes a partir de ahí salvo algunas pérdidas por el naufragio y la desaparición de parte de un grupo que mandaron de expedición. A las dos semanas tuvieron que largarse de aquí por falta de víveres... pero parece que sabían a dónde dirigirse. —Tras la breve explicación, el rubio le lanzó el cuaderno para que lo cogiera al vuelo con una sonrisa ladina—. En la última página hay algunas indicaciones para llegar a una supuesta zona segura. ¿Te ves capaz de orientarte con ellas?

No necesitaba escuchar su respuesta para ser conocedor de esta, pero al menos le daría la oportunidad de vanagloriar sus propias capacidades. Una vez lo hiciera se dejaría caer y desharía la jaula de plumas, permitiéndole así recuperar sus cosas pero manteniendo el peculiar parasol. Ya lo desharía una vez se adentrasen en la espesa vegetación.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Lun 28 Dic 2020 - 20:43}

La respiración de la albina tardó sus buenos minutos en calmarse. Sus pulmones ardían, subiendo y bajando mientras tomaban todo el aire que podían. Aún jadeaba y tenía el cuerpo entumecido por el cansancio. Seguramente, cuando se levantase sus piernas dolerían como si le hubieran clavado miles de agujas. Pero bueno, había sufrido cosas peores que unas agujetas. Se apartó el pelo de la frente, echándolo hacia atrás con las manos. El sol era… Odioso. Y precisamente por ser tan odioso el gesto del rubio no pudo sino sacarle una sonrisa. No lo diría con palabras, pero sí que pensó un pequeño «gracias» en su cabeza, dedicado para él. Unos minutos después, tras terminar de recuperar sus fuerzas, se levantó y puso en marcha hasta quedar al nivel del rubio, quien le lanzo un diario casi a la cara. Esta lo cogió con su mano libre, pues bajo el brazo de la otra llevaba la cajita y, entre sus dedos aferrados la llave, los pergaminos y el colgante.

—Bueno, me alegra que al menos uno de los dos haya encontrado algo —afirmó, con los ojos aún cerrados con fuerza por el susto de que le fuera a impactar el sucio cuaderno en la cara, desapretando los labios—. Yo por mi parte no he tenido tanta suerte. Casi todo lo que había en ese trozo estaba entre la arena y no parecía muy valioso. Lo más llamativo ha sido esto —señaló, dando un par de toquecitos con la mano que sujetaba la bitácora sobre la caja de madera labrada. Quitando la suciedad, parecía bastante bonita—. Pesa un poquitín así que lo mismo hay algo gracioso. Ah, también encontré una llave, un guardapelo y… mapas, pero con lo que has dicho dudo que nos sirvan. Tal vez le podamos dar uso a este catalejo, eso sí—. Dejó caer las cosas sobre la arena, menos la caja y el catalejo que se podían romper y después se sentó ella, buscando entre las últimas páginas de la bitácora las indicaciones mencionadas por el rubio. Lo cierto era que quien las hubiera visto a simple vista pensarían que era un garabato de algún crío de no más de tres años, o quizás una obra de arte abstracto. Pero echándole MUCHA imaginación, la albina creyó poder descifrar la mayor parte de los jeroglíficos—. Voy a estudiar esto un poco más… Cuando esté listo te aviso. Si quieres puedes revisar las cosas que he sacado del barco mientras.

Dicho y hecho, no tardó en buscar un palo con la punta rota de tal forma que sirviera para dibujar surcos en la arena y empezar a trazar. Supuso que el símbolo que bien parecía una aleta dorsal de tiburón mal hecha era el casco del barco en tierra, y las dos cosas enormes podían ser esas montañas a lo lejos. Había también un montón de piedras que parecían un risco, una cosa deforme que debía ser un lago, pero que no marcaba el destino, y unos… ¿árboles? Que hacían una forma como de estrella. Seguramente según como estuvieran posicionados al mirar supuso que se vería así el cruce de sus troncos en perspectiva. Luego, las flechas al margen de página indicaban el camino, si lo primero era ir hacia adelante el resto de pasos eran a simple vista muy sencillos. El problema era que… No habría pistas de los pasos de los piratas en la jungla. Criaturas más grandes que los humanos merodeaban la isla, así que era fácil que sus huellas hubieran quedado tapadas. Volvió a hacer una mueca: «Habrá que arriesgarse». Dijo para sí misma. No podía mostrarse desconfiada ahora. Menos tras el momento de gloria que acababa de darle su pollito. Si dejaba que lo cambiara por una burla iba a tener que aguantar eso el resto de su vida por su parte, y eso sí que no.

—Vale, creo que ya lo tengo. Esto puede tornarse en un trabajo muy fácil o un puto problema, pero puedo guiarnos con esto. ¿Tú cómo vas por ahí? ¿Ves algo interesante? —Ahora que había acabado con lo de resolver las pistas, podía tomarse su descanso de verdad, escurriendo primero su corta cabellera entre sus dedos y volviendo a vestirse. Aprovecharía el parón para cambiarse con ropa seca, no muy gruesa, pero que protegiera bien su piel del sol y los posibles mosquitos gigantes de la selva. Si algo sabía de la isla era que lo único “pequeño” de esta era su nombre. Mientras esperaba por Ayden, aprovecharía a comer su primera ración de comida, consistente en una pieza de fruta y un trozo de pan con carne. Eran raciones pensadas para aguantar, no un banquete. Cuando acabasen podrían poner rumbo, lo mejor sería, además, aprovechar el día para que no les pillaran las bestias de noche.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Dom 17 Ene 2021 - 21:38}

Se quedó observando lo que traía con ella una vez estuvo a su altura, clavando su mirada de rapaz sobre todo en la caja que portaba consigo. Parecía alguna especie de cofre o intento de ello que, si bien presentaba los materiales peligrosamente gastados, aún se conservaba íntegra. Esto denotaba dos cosas: la primera, que la manufactura debía ser buena si había podido sobrevivir a un naufragio y a pasarse semanas sumergida en la costa, probablemente con más de un meneo a causa del oleaje; lo segundo, que el contenido no debía resultarles muy valioso si no lo habían recuperado tras dos semanas acampados en la costa o que, al menos, no habían tenido los medios para hacerlo. No era por desmerecer la habilidad como nadadora de la albina, pero supuso que si lo había encontrado en menos de una hora no debía encontrarse en ningún punto excesivamente inaccesible.

—Claro, tenemos tiempo de sobra —confirmó, encogiéndose de hombros mientras tanto—. Total, si a estas alturas no están muertos dudo que suponga mucha diferencia que invirtamos unos pocos minutos de más. Déjame que le eche un ojo al cofre.

Dicho esto generó un buen puñado de plumas más, y por puñado nos referimos a que creó una carpa en miniatura lo suficientemente grande como para proteger a ambos del Sol, empleando en esta las plumas que habían servido de parasol a su compañera durante ese pequeño rato.

Una vez Hazel soltó el pequeño tesoro submarino, Ayden extrajo del interior de sus ropas una ganzúa de apariencia simple pero que le sirvió para abrir la cerradura en apenas unos pocos segundos, sin aparente esfuerzo. Sus años como ladrón le habían dado cierta habilidad al tratar con aquellas cosas, aunque lo cierto era que su herramienta no era una simple varilla de metal: se trataba de algo muy próximo a convertirse en una llave maestra. Casi se pudo apreciar un brillo de emoción en sus ojos cuando se escuchó el oxidado «clic» del mecanismo, justo antes de levantar la tapa. Esta luz no duró mucho en su mirada, siendo sustituida por una mueca en su rostro al visualizar el contenido: una bolsa con berries, algunos documentos cuyo contenido se había echado a perder por culpa del agua filtrada, una brújula que parecía funcionar aún —aunque aún tenía algo de líquido dentro— y un puñal. ¿Por qué había un puñal ahí?

«Qué desperdicio» se dijo, pillando el dinero para guardarlo en el petate que había traído con provisiones. También se quedó la brújula, aunque esta se la daría a la chica por si fuera útil para orientarse en aquella isla. El puñal, por otro lado, estuvo a punto de desecharlo, aunque decidió conservarlo en un último momento únicamente cuando vio algo grabado en este: un nombre. «Débora».

—No hay mucho —miró de reojo a la albina—. Algo de dinero, documentos echados a perder, una brújula y este puñal. Ten. —Extendió el brazo para ofrecerle el aparato—. No sé si servirá de algo al no saber los puntos cardinales en ese mapa, pero menos es nada, supongo.

Hecho esto se puso en pie y jugueteó un poco con el arma. Pese a llevar ni se sabe el tiempo ahí abajo no se había oxidado, así que los materiales no debían ser del todo malos. ¿Que si esperaba hacer algo con ella? No especialmente, y es que ni siquiera planeaba llevársela con él. El único motivo que tenía para portarla consigo era que, sin duda, debía tener algún significado para uno de los piratas, y eso implicaba que, tal vez y solo tal vez, pudiera aprovecharlo de alguna forma a su favor.

—Muy bien exploradora Hazel, quedo en sus manos —comentó con una mezcla de ánimo y mofa, deshaciendo rápidamente la improvisada carpa para que el Sol sirviera de aliciente en la albina y pudieran apresurarse un poco. Mientras tanto ajustó el puñal en una corresa a la altura de su muslo, sobre el pantalón—. Cada día que tardemos en encontrarles será una oportunidad de meterme contigo.

¿Que si aquellas palabras buscaban algo más que meterse con ella? Evidentemente no. Después de lo ocurrido en Great Palm parecía que la actitud de estos dos se había suavizado algo; lo suficiente para ser capaces de cooperar al menos, pero las rencillas seguían ahí y aprovechar cualquier excusa para atacar al otro parecía casi una necesidad, al menos para el rubio. Se dejaría de tonterías, sin embargo, una vez se adentrasen en la densa jungla, desenvainando sus dos espadas en cuanto puso un solo pie en esta. No tenía muy claro qué podrían encontrarse allí, pero estaba claro que cualquier criatura que se cruzase con ellos sería algo que nunca antes habrían visto, siempre y cuando los rumores que escuchó de camino fueran ciertos.

—Hablaron sobre un área peligrosa de camino a la zona segura —le recordó, hablando en un tono tranquilo y algo bajo—. Tengamos cuidado a partir de aquí.

No tardarían mucho en comenzar a adentrarse, y las primeras dos horas de trayecto resultarían insufriblemente tranquilas. Se podía escuchar el ruido de algunas fieras de fondo, pero nada que pudiera resultar terrible para ninguno de los dos cazadores. Llegados a ese punto, Ayden empezaba a pensar que los marineros se habían compinchado con su compañera para tomarle el pelo durante toda la travesía. Eso pensaría, al menos, hasta toparse con una huella descomunal en una zona que se mostraba ligeramente diferente, como si alguien o algo hubiera causado pequeños estragos allí.

—Demasiado tranquilo, ¿no? —inquirió él, mirándola de reojo—. Espera, ¿notas eso?

Procuró mantenerse quieto para asegurarse de que no había sido cosa suya y, efectivamente, no lo fue. Un leve temblor estaba propagándose por el suelo, cada vez más intenso. Algo se estaba acercando. Algo grande.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Miér 20 Ene 2021 - 15:45}

No pudo evitar mirar con cierto escepticismo a su compañero cuando le ofreció el pequeño aparato. ¿Una brújula?  Si los rumores eran ciertos y aquellos piratas habían llegado de uno de los Blue eso cuadraba aún más la historia. Seguramente en la bitácora que sostenía en su siniestra se narrasen los sucesos de cómo habían quedado desprovistos de una guía segura debido a las peculiaridades de este mar. Ella no era navegante, pero al nacer en el Grand Line su maestra le explicó en su tiempo que las brújulas normales se volvían inútiles aquí.

—¿Estás seguro de que nos servirá de algo, Pollito? —preguntó tras un momento inicial de duda. Lo cierto era que no necesitaba respuesta, como quedó claro al decir sus siguientes palabras al chico, sin esperar que respondiera—. Fíjate bien. Si no recuerdo mal, en los Blue se puede navegar usando una brújula como esa, pero en el Paraíso dejan de funcionar. Si es una brújula normal, la aguja debe estar dando vueltas como una loca. Supongo que es algo que solo saben de base las gentes de dentro del Grand Line y los navegantes que saltan de un lado al otro del mundo —sentenció. Aunque su voz, para sorpresa del rubio, no contenía burla o inquina ninguna. ¿Por qué debería? Ella misma había sido ignorante de muchas cosas en el pasado. Además, estaba demasiado concentrada en memorizar la ruta que se suponía que iban a seguir. Tenía el plano mental pero no sabía en qué punto encontraría cada una de las señales marcadas, le faltaba conocer el tiempo que pasarían caminando, así que no podía permitirse el lujo para burlarse, no como su despreocupado compañero—. Muy gracioso. Tal vez deba empezar a cobrarte por quedar en mis expertas manos.

Tras esa breve explicación y su bien merecido pero corto descanso les tocó empezar a moverse, con las prisas del chico que había decidido quitar esa pequeña protección que ofrecían sus plumas a la albina a modo de instigación para que se moviera también. La chica frunció el ceño. ¿Para qué seguir tratándola bien? No, no. Vamos a tocar los ovarios a la que tiene unos mínimos conocimientos de supervivencia en ese tipo de terrenos. Qué genio. Como fuera, si se cruzaban con algún lagarto agresivo y se veían en las de perder siempre podía… No, no le caía tan mal como para dárselo de comer a uno de esos animaluchos de haber otra opción.

Como fuera, o para mal desde su punto de vista, no se habían cruzado aún con ningún peligro de la naturaleza extinta pese a llevar dos horas caminando. ¿Por qué para mal? Bueno, la presencia de animales en la naturaleza suele denotar que no tienen motivos para estar escondidos, y en aquella isla las cosas debían ser iguales. Existirían los cazadores y los cazados. Al ser criaturas grandes en comparación a los cazadores, además, las presas serían mucho más grandes que ellos por norma general, así que si veían animales estos no saldrían corriendo al cruzarse con ambos o escucharles… No si eran herbívoros y escaparían solo si se acercaba un depredador. O eso era lo que había supuesto la albina. Siguiendo esta misma regla de dos, si había una zona en la que no había ninguna presencia lo más probable era que fuese por miedo. Solo con pensar eso no pudo sino acelerar el paso, solo para acabar «cayendo» en un hueco de unos veinte centímetros de profundidad, no muy grande. Una huella. «Mierda», se quejó para sus adentros. Sus ojos buscaron al rubio justo cuando este habló. «¿Una zona de peligro en la ruta?». El suelo empezó a temblar ligeramente, a intervalos cortos. Las pequeñas piedrecitas sobre la tierra empezaron a vibrar y desplazarse sutilmente sobre el suelo. Hazel se guardó la bitácora en el primer hueco seguro que encontró entre sus prendas y desenvainó una de sus espadas, agarrando con la mano libre la muñeca del chico.

—Vamos, si es lo que creemos estamos muy expuestos aquí —ordenó, tirando de él para que se apartaran del camino y se colasen entre la maleza—. Tengo una teoría… ¿Sabes algo sobre los territorios de los depredadores? Es probable que estemos cerca de su cueva o nido, o lo que sea que tienen estos animales —Su voz era de un tono bajo, aún sin soltarle mientras buscaba un hueco entre la maleza donde poder esconderse—. Joder, es que ya podrían haber puesto en la puñetera guía esta los tiempos en los que era seguro pasar… —maldijo por lo bajo—. Los animales suelen tener sus propios horarios bastante bien definidos… Pero bueno, si no nos huele podríamos pasar cuando… cuando se vaya… —Se tambaleó un momento, clavando su espada en el suelo. Habría sido la fátiga de antes, nada más.

Un rugido y pasos aún más fuertes empezaron a sonar y hacer temblar la tierra. Pasos que pronto pasarían por delante de ellos, clavándose sobre la tierra y levantando a su paso el polvo al hundirse. Un animal de piel escamada de color verde oscuro. De momento no les había visto… Solo necesitaban algo de suerte. Pero parecía que si había notado su olor. La chica retrocedió poco a poco hacia atrás según el animal acercaba la cabeza. Apretó la empuñadura de su espada en la mano. A una mala podían acertar a los ojos, eran enormes. Si se acercaba antes de que abriera sus fauces… y luego salir corriendo a unas muy malas.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Mar 26 Ene 2021 - 19:25}

Durante los minutos previos de entrar a la jungla que ocupaba casi la totalidad de Little Garden, Ayden se había sentido un tanto estúpido y abochornado por el tema de la brújula. Lo cierto es que no se había fijado hasta ese momento, y eso que llevaba bastante tiempo fuera de casa —años, de hecho—. Sí, sabía que para navegar por las aguas del Grand Line se necesitaba un tipo de brújula especial, las archiconocidas Log Pose, pero ignoraba que lo mismo ocurriera en las propias islas que componían las diferentes rutas. Si ni siquiera funcionaban en tierra firme, ¿cómo demonios se orientaban? Tal vez los exploradores hubieran descubierto otras vías o dispusieran de herramientas adaptadas a esa pequeña franja del mundo; quién sabe. El caso es que, como uno de esos misterios que la humanidad tardaría eones en resolver, Hazel pareció optar por no burlarse de él durante su explicación en lo más mínimo. ¿Habría pillado algo mientras estaba sumergida en el agua? «Es la opción más probable», se habría dicho a sí mismo reflexionando al respecto mientras caminaban por la isla.

Como fuese, allí estaban, en aquella zona particularmente tranquila del lugar, centrando todos sus sentidos en tratar de averiguar la dirección de la que venían aquellos temblores. Lo único que podían tener claro es que estaban siendo producidas por un animal; uno exageradamente grande, de hecho. Si sería depredador o presa era un dato que no tardarían demasiado en averiguar, aunque el rubio prefería no verse en la necesidad de dialogar con la criatura sobre sus preferencias alimenticias. Casi dio un respingo cuando notó la mano de su compañera aferrándole la muñeca y tirando de él, aunque no protestó en exceso y decidió seguirla hasta algún sitio donde poder esconderse.

—No me jodas —soltó, mirándola con cierto pánico—. No seré un entendido sobre animales pero, como lo que sea que está viniendo tenga un nido cerca, estamos jodidos independientemente de si nos quiere comer o no. Dudo mucho que esos lagartos gigantes no se pusieran agresivos con los intrusos de su época.

De hecho, también existía la posibilidad de que no solo se encontraran con el padre o la madre de aquellas hipotéticas crías, sino también con su pareja... o su manada. La idea le hizo sentir un para nada agradable escalofrío recorrer su espalda hasta la nuca. No, no había llegado tan lejos para convertirse en la merienda de un bicho extinto o para morir aplastado bajo sus patas. Ni de coña.

Tan solo salió de sus cavilaciones cuando notó a la albina perder el equilibrio, aunque no le dio mayor importancia. Llevaban un buen rato caminando y el terreno era, cuando menos, complicado, teniendo que apartar y cortar plantas casi a cada paso que daban. Tal vez se hubiera tropezado con algo que hubiera por el suelo. Esperaba que ninguno de los dos corrieran la misma suerte si les tocaba salir como almas que lleva el diablo.
Fue de este modo como acabaron agazapados tras algunos matorrales, observando el chico con cierto pánico en su mirada el tamaño de aquella mole de músculos, escamas y dientes. «No, no parece que le gusten las ensaladas», se dijo, conteniendo la respiración por un momento. Aquella cosa se había puesto a olisquear el aire, como si hubiera captado el olor de algo que no le encajaba; algo que no podía ser otra cosa más que ellos, evidentemente. ¿Por qué tenía tan mala suerte? ¿No había más desgraciados en el mundo? Bueno, si acababan en el estómago de esa bestia se aseguraría de culpar de todo a Hazel... como si aquello sirviera de algo.

El tontosaurio, como lo llamaremos a partir de ahora, comenzó a aproximar poco a poco su hocico hacia ellos, como si siguiera el aroma que la pareja pudiera desprender. Pudo ver cómo la chica echaba mano de sus espadas, aunque algo le decía que aquello no iba a ser suficiente como para pararlo. No se oponía a dejar sin uno de sus dos ojos al animal, pero a lo mejor eso no lo detenía. ¿Qué había escuchado una vez de los marineros sobre los tiburones? Algo así como que, de ser atacados por uno, lo mejor era golpearles la nariz para espantarlos. Si sus suposiciones no era erróneas, un animal con el olfato tan desarrollado como para detectarlos debía contar con una nariz sensible. El verdoso clavó su mirada en ellos entonces, gruñendo, justo en el momento en que comenzaba a abrir las fauces lo suficiente como para poder llevarse a ambos de un solo bocado.

—¡Hazel! —gritó, pegándose en un momento a la espalda de su compañera.

La rodeó con ambos brazos, uno a la altura del vientre y el otro poco más abajo del pecho, al tiempo que de su espalda nacían aquel par de majestuosas alas rojizas que tanto caracterizaban al cazador. Alzó el vuelo con ella lo suficientemente rápido como para evadir la dentellada de aquella cosa, alejándose por el aire mientras generaba más y más plumas que se dirigieron directas hacia las fosas nasales del animal. Varias de ellas lograron colarse en su interior, haciendo que la bestia comenzara una suerte de estornudos que les hicieron ganar algo de tiempo; el suficiente como para poder posarse ambos en la copa de uno de aquellos enormes árboles. Tal vez fuera preferible salir de allí, pero volar en un lugar con tanta vegetación no era tan fácil como pudiera sonar.

—Eso... —comenzó, jadeando un poco por la adrenalina del momento y el esfuerzo repentino—. Eso ha estado cerca. No creo que esa cosa escale, ¿no?

Miró con una leve sonrisa a la mujer, riéndose levemente. Habían rozado la muerte con los dedos, de modo que casi parecía una reacción natural de su cuerpo para hacerse a la idea y poder continuar. El tontosaurio, mientras tanto, parecía haber logrado expulsar aquellas molestas plumas, comenzando a tomar cierta distancia mientras los observaba con no muy buena cara. ¿Se daría por vencido?


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Jue 28 Ene 2021 - 0:27}

Todo le dio vueltas en el momento en que el chico la levanto por los aires de forma sorpresiva, y no fue para menos. La albina estaba poniendo todos sus sentidos en un único ataque con la intención de perforar el ojo del animal antes de que le diera tiempo a reaccionar para mover la cabeza y abrir sus fauces. Que no pudiera llegar a intentar devorarles… Y de normal lo hubiera conseguido, estaba casi segura de ello. Pero cuando el malestar causado por la fátiga —si es que solo era eso— golpea tu cuerpo, tus facultades tienden a fallar. Quizás fuera por eso mismo que no se quejó demasiado, no se puso a gritar como una loca al emplumado para alertar a media selva de que estaban en la copa de aquel árbol, sino que simplemente se limitó a aferrar con toda la fuerza que podía la empuñadura de su espada. Había estado a punto de aflojar el cierre de su mano sobre esta, todo a causa de un momento de debilidad. Y ella no podía mostrar esa debilidad que la caracterizaba desde que nació. No, no hablamos de la física. Había quedado bastante claro con su primer encuentro y con todas las cicatrices a sus espaldas que su cuerpo era endemoniadamente resistente en lo que a su aparato locomotor se refería… No, aquí hablábamos de sus defensas, su sistema inmunológico.

—No… No creo que pueda trepar con ese cuerpo —acertó a decir entre jadeos, contestando a una pregunta que había sonado distante en su cabeza que empezaba a embotarse. Apretó los dientes y los ojos a partes iguales y trató de hacer por despejarse. «Céntrate, joder. No vas a morir de forma tan estúpida, ¿no?», se regañaba a sí misma mientras hacía por tomar una postura más cómoda, todo lo que podía mientras el chico aún la sujetaba.

Era bastante complicado, teniendo en cuenta que los árboles no eran solo gruesos y frondosos, sino que contaban con troncos muy resbaladizos debido a la humedad de la selva tropical. De nuevo, odiaba los trópicos, aunque ese era más asequible que el de la isla de Great Palm. Pero el resumen era que los troncos se encontraban llenos de musgo que trepaba por su superficie y hacía demasiado fácil resbalar. Eso sumado a que nuestro tontosaurio había decidido —una vez fue capaz de quitarse las plumas de la nariz a base de resoplidos— usar la cabeza y sus desproporcionadamente pequeñas patas delanteras para sacudir el árbol, hacía muy difícil el no caerse.

—Oye, pollito. Si no vas a poder cargarme y alejarme de aquí será mejor que me sueltes o nos caeremos los dos, no parece que vaya a ceder —avisó la chica, justo antes de una sacudida más fuerte que se vio seguida de un sonoro «Crack» bajo sus pies. Aquella bestia parta acababa de romper el árbol y este no tardó en empezar a ceder hacia la cara opuesta del tronco, precipitándose hacia el suelo. Fue ahí donde la albina falló en mantenerse sujeta con su única mano libre y sus pies se resbalaron, precipitándose hacia la boca abierta del lagarto. Lo siguiente fue muy rápido: Ayden intentó en un primer instante sujetarla, pero ella se zafó de él. No podrían huir si se convertía en un lastre para el rubio así que hizo lo posible, para escurrirse de entre sus brazos, incluso es posible que hubiera arremetido un codazo hacia la boca de su estómago. Esa parte estaba difusa.

«No quiero morir, no así. ¡No me vas a matar, lagarto estúpido!», bramó en sus adentros según se precipitaba como si el tronco fuera un tobogán. Buscó apoyar sus pies en este para cambiar la posición de su cuerpo, encogerse sobre sí misma y propulsarse ella solita hacia la boca del animal, procurando evitar los colmillos de este que se rasgaron por la zona de sus hombros y parte de sus piernas al entrar en su boca. Esta no era tan grande como parecía al principio, así que sería capaz de, haciendo algo de fuerza, quedarse presionando la lengua de la criatura mientras su espada se clavaba en la garganta del animal, no terminando de ceder aún.

—Vamos, joder… Muerte. Por qué no te mueres y ya —gimoteaba la albina. El cuerpo de la criatura empezó a caerse hacia atrás, trastabillando y la chica hizo aún más fuerza, centrando todos sus intentos en que su espada se volviera más dura, que sobrepasara la resistencia de carne, piel y hueso. La inercia ayudó cuando la bestia soltó un grito ahogado y cayó al suelo de espaldas, claro. Pero estaba segura de que había notado algo más.

El caso es que aún el bicho estaba vivo, y ella acaba de hacerse otra bonita herida por ese motivo. La hoja de su espada se dobló por encima de sus capacidades cuando el tontosaurio, que era en realidad un tiranosaurio, empezó a mover la cabeza de un lado a otro con fuerza y la hoja partida cortó parte del antebrazo derecho de la chica. No llegó al nervio, al menos, pero era una herida muy fea. Un precio muy bajo por seguir viva. La adrenalina hizo que ignorara el dolor mientras que volvía a clavar el trozo que se había quedado en su mano, esta vez atravesando la cabeza del animal desde el paladar hacia arriba. El ser quedó muerto a los pocos segundos, con los ojos en blanco, y ella fue capaz de empujar forzosamente la parte superior de su cabeza haciendo palanca con las piernas, para salir a rastras. Estaba jadeando, su pelo sucio por las babas y ella llena de cortes y sangre. Pero lo pero era que ese enfrentamiento seguramente solo haría empeorar su salud. Al menos esperaba poder apurar el paso hasta la primera zona segura que contaba, en teoría, con un lago de agua potable.

—Bueno… No era la gran… la gran cosa tampoco —Dijo, intentando hacerse la dura mientras se tambaleaba en dirección al tronco del árbol. Se estaba mareando. «Mierda»—. Deberíamos… Darnos prisa… Antes de que venga otro… A la zona segura… —Apretó el puño bajando la cabeza, no tardó en reparar en su brazo y tirar la mochila que llevaba al suelo, buscando entre sus pertenencias una tela que apretar sobre la herida para hacer un torniquete. Lo trataría mejor luego, pero por ahora debería bastar.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Sáb 30 Ene 2021 - 20:33}

Bueno, habían logrado zafarse de aquella bestia por el momento, así que no había ido del todo mal si tenemos en cuenta que podrían haber acabado en el estómago de aquella cosa. El subidón de adrenalina había sido tal que ni siquiera se había dado cuenta de que aún mantenía sujeta a la albina entre sus brazos, y menos mal, porque de haberla soltado dudaba que no se hubiera resbalado; se habría esforzado tanto para nada.

—Bueno, dame un momento para pensar algo. Si esa cosa no va a subir no hay prisa, ¿no? —contestó él con cierta protesta en su tono, sin dejar de mirar al animal desde arriba.

Aquella criatura, no pudiendo estarse quieta, decidió sacudir el árbol no solo con su cuerpo, sino también con la cabeza y aquellos minúsculos brazos —por llamarlos de alguna forma— que tenía. Tal vez estos últimos no tuvieran excesiva fuerza, pero no se podría decir lo mismo del resto de su ser una vez placó el tronco hasta partirlo. Su improvisado refugio se estaba precipitando contra el suelo lentamente, cada vez más y más inclinado, lo que hizo que ambos cazadores resbalaran y que Hazel se zafara de su agarre. Intentó volver a sujetarla con una mano, pero se aseguró de que no pudiera llegar hasta ella.

—¡¿Pero qué cojones haces, zumbada?! —le gritó, ayudándose de las alas para separarse del tronco.

Trató de estabilizarse en el aire lo más rápido que pudo pero, por mucho que pudiera moverse en cierta medida como uno, seguía siendo una persona con alas y no un pájaro. Evitar estrellarse contra el suelo le costó un tiempo precioso, suficiente como para que la cazadora se escapara de su alcance y se precipitara directamente contra las fauces del tiranosaurio. El rubio, mientras tanto, maldijo para sus adentros mientras desenvainaba sus espadas cortas, dispuesto a abalanzarse contra la bestia para intentar evitar la prematura muerte de su compañera. Por desgracia o por suerte, aquel choque de fieras —porque no podía definir a esa mujer de otra forma— concluyó antes de que pudiera siquiera llegar hasta ellos, decantándose la más pequeña de los dos como ganadora. El precio que tuvo que pagar, sin embargo, no parecía insignificante a simple vista: su arma se había roto, mientras que presentaba algunos cortes y rasgaduras de su ropa, siendo lo más preocupante la fea herida que recorría su antebrazo como si alguien le hubiera propinado un fuerte tajo.

El chico frunció el ceño y aterrizó a su lado, siguiéndola al ver que no parecía tener la menor intención de detenerse.

—¿Estás loca? —inquirió dos pasos por detrás de ella—. ¿Cómo se te ocurre lanzarte así contra esa cosa?

No pretendía mostrar excesiva preocupación, pero después de todo ese tiempo no podía decir que Hazel le fuera completamente indiferente. No se soportaban, sí, pero tampoco podía ir por ahí permitiendo que se matara por descerebrada. Además, si le ocurría algo tendría que tirar de ella porque, por mucho que así lo creyera ella, no iba a dejar a nadie abandonado en un sitio como ese. No haría el mismo calor que en las desérticas islas del archipiélago de Great Palm, pero ese sitio era un infierno más; uno muy verde.

Se quedó observando mientras la albina arrojaba sus cosas al suelo y extraía del zurrón algunos vendajes para tratarse esa herida, algo que resultaba insuficiente hasta para un ojo clínico inexperto como era el de Ayden. Aquello apenas serviría para detener el sangrado, asumiendo que debía ayudar mínimamente en contener la hemorragia. El problema, sin embargo, iba más allá. Se notaba que estaba mareada, y ya había visto suficientes señales como para darse cuenta de que algo no iba del todo bien. Primero aquel tropiezo, luego los mareos en la copa del árbol y, ahora, el casi no poder andar. Sí, estaba herida, pero había pasado tan poco tiempo que era imposible que hubiese perdido suficiente sangre como para estar así. Algo no iba bien.

—Hazel —la llamó, plantándose a su lado y tomando la bolsa de la chica, colgándosela él—. Vamos a buscar algún sitio en el que podamos parar. Está claro que no estás bien —la acusó, señalándola antes de que pudiera siquiera llevarle la contraria—. No quiero escuchar ni una sola queja. Descansaremos en el primer sitio seguro que encontremos, ¿entiendes? No voy a dejar que la palmes aquí.

Tras esto extendió el brazo, ofreciéndole la mano para que la sujetara y así ayudarla a erguirse. Ya había envainado sus armas, así que tras esto guiaría su brazo para que lo pasara por sus hombros y le usara de apoyo. Con el escándalo que habían montado y el cadáver de aquella cosa aún fresco, los depredadores no debían suponer ninguna amenaza; acababan de llevarles comida a domicilio, después de todo.

—No te equivoques con esto —indicó después, sin mirarla mientras caminaba con ella a cuestas—. Si te pasa algo no tengo forma de encontrar el camino de vuelta. Ni de coña voy a quedarme aquí atrapado como esos piratas. Ahora cállate... y guíame hasta esa zona segura.

Escucharía sus protestas, aunque llegado cierto punto ni siquiera se molestaría en replicarle. No iba a dejarla allí, y punto. Una vez dejara de quejarse —si es que lo hacía—, seguiría sus indicaciones sin dudarlo ni un momento para poder salir del territorio de los depredadores, siempre con afiladas plumas oscilando a su alrededor. Aquellas no eran normales, sino que se asemejaban a cuchillos lo suficientemente afilados y veloces como para hacer daño... incluso a bestias como aquella.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Sáb 30 Ene 2021 - 23:04}

La albina maldijo una vez más mientras se dejaba caer, arrastrando la espalda contra el árbol en el que se estaba apoyando para curar su herida. Había vislumbrado algo. Por un momento, mientras se peleaba con aquella criatura. No sabía que era, pero gracias a eso el lagarto gigante estaba muerto y ella no. En cuanto a la herida… Bueno, era más que consciente de que el torniquete que se estaba haciendo no bastaría. Las vendas se mancharían con su sangre por el camino, así como con otras cosas del entorno. Le tocaría cambiarlas cuando pudiera, y cambiarse a sí mismas. Ya lo sabía. Encima su cabeza empezaba a doler como si se la martillearan. Las quejas y los reproches del rubio tampoco ayudaban. ¿Qué si estaba loca? Bueno, tal vez a simple vista el lanzarse así a las fauces de un monstruo no fuera lo más inteligente, pero su piel parecía demasiado dura para cortar desde fuera, los tejidos internos, por otro lado, eran en su mayoría más suaves, blandos. Ese principio no cambiaba independientemente del animal.

—No había forma de escapar de él, Ayden —le replicó ella. Si ni siquiera había sido capaz de alejarles más o quedarse volando. No, escapar por aire era complicado, por tierra no iban a ganarle en velocidad. Aún con su cabeza nublándose eso habías sido lo mejor—. ¡Joder! —se quejó, apretando la venda hasta el punto en que le cortara la circulación, apretándola con la mano libre mientras tiraba del otro lado con los dientes—. Lo mejor que podíamos hacer era apuntar a sus zonas blandas: Los ojos, la nariz y la boca… —Siguió explicando, jadeando un poco. Al final daba igual lo que dijera, el chico valoraba tanto su vida que le costaba lanzarse al peligro y ella se lanzaba al peligro porque sabía que el huir de él no iba a salvarla. Eran dos caras opuestas, pero los dos querían lo mismo, sobrevivir.

«Si tan solo tuviera un cuerpo más sano… Esto no sería nada». Se lamentó en silencio, justo cuando el emplumado usaba su dedo acusador sobre ella. Lo gracioso, esa era su intención también. Salir de ese lugar, detenerse en el afluente de agua potable, limpiar sus heridas… Solo tenía que aguantar sin desplomarse hasta ese punto y preparar una medicina con las plantas secas que llevaba consigo. Por lo menos aún no tenía fiebre, ¿no?

—No soy imbécil, ¿sabes? Se quejó mientras hacía por reincorporarse. No tuvo que coger su mochila, aunque no tenía problemas— Igual que con lo de mi arma… ¿Te crees que llevo más de una solo por quedar bien? Por favor… —Dejó escapar un gruñido cuando la agarró, obligándola a apoyarse contra él. Había dicho algo de que solo la mantenía con él porque no iba a perder su forma de salir de la isla. Eso empezaba a tener más sentido. Por un momento casi se había preocupado de que algo estuviera mal en la cabeza de su compañero. Claro, ¿para qué más se iba a preocupar alguien por ella? La única que lo hacía era la loca de Hilda… Y en parte sentía que se debía por haber sido acogida por su maestra, ya fallecida—. Como sea, tampoco pensaba agradecerte esto. Podría caminar yo sola perfectamente —aseguró, mientras se apoyaba en él para dar sus pasos, uno después de otro. Irían mucho más lentos ahora. Pero por suerte los ruidos peligrosos decidieron mantenerse alejados de ellos.

Les tomó solo una hora más de camino llegar a lo que parecía ser una poza de agua, en una zona más rocosa que se veía desprovista de tanta vegetación cubriéndolo todo. Cerca había lo que parecía la entrada a varias cuevas, algunas más pequeñas y altas, otras más grandes. Y, para su suerte, una de tamaño mediano al ras del suelo en la que se veían restos de civilización. No parecía haber nadie más, así que lo más seguro era que o no hubiera nadie en casa, o ese asentamiento lo hubieran cambiado por uno mejor. Poco importaba mientras les hiciera el apaño. Quitando la condición de la albina, la noche estaba al caer.

En ese punto, parecía que Hazel se encontraba mejor. Tal vez solo necesitase calmarse un poco. Quizás y solo quizás solo hubiera sido un susto y el cansancio acumulado en su cuerpo le hubiera jugado una muy mala pasada. Ayden suponiendo que era el caso, pero que por si acaso sería mejor no arriesgar su seguridad, decidió soltarla junto con su equipaje en el linde del bosque y adelantarse primero a la cueva, solo para asegurarse de que no había nadie en casa que pudiera pillarles por sorpresa.  

La albina por su parte decidió aprovechar y sentarse en el suelo para abrir su mochila y buscar entre sus cosas lo que necesitaba. Tenía bastantes preparados de plantas secas, en bolsitas con su correspondiente etiqueta de uso: fiebre, dolor de estómago, antinflamatorio, sedante… Iba más preparada que a Great Palm, eso desde luego. Pero en el último momento acabó por dejarlo todo en su lugar, alertada por el chico que le decía que «podía salir».

—Espera solo cinco minutos más… —Se dijo a sí misma, cargando ambas mochilas a su espalda tras volver a cerrar la suya. Iba bien, solo le quedaba dar tres pasos más y estaría a la altura del rubio. Sus palabras se escuchaban alto y claro, sin problema… Y de repente el temido mareo le golpeo como si alguien le hubiera pegado una bofetada. Se tambaleó por un momento según notaba sus fuerzas flaquear y frío, a causa de la fiebre repentina. En tan solo un momento, su mundo se apagó y todo se quedó negro.

«Mierda».


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Miér 3 Feb 2021 - 19:21}

«Que podría andar solita. Los cojones», mascullaba para sus adentros sin emitir el menor de los ruidos y, aparentemente, sin prestarle demasiada atención; su mirada recorría los alrededores en busca de potenciales depredadores que los vieran como presas. Por suerte para ambos, durante aquella larga hora que les llevaría el salir del territorio de aquellas bestias y adentrarse en lo que, se suponía, sería la zona segura, no vieron a ninguno de estos animales. El olor a sangre y carne fresca que habría dejado el tontosaurio debía haber actuado como baliza para media selva y eso, de hecho, les había dado la oportunidad de cruzar el lugar sin demasiados incidentes. Eso, claro, si no tenían en cuenta cómo había quedado el antebrazo de Hazel tras semejante tajo. Al menos parecía ir encontrándose mejor después de aquel susto.

El terreno fue cambiando poco a poco, reduciendo la espesura de la vegetación y disminuyendo la densidad a medida que se acercaban a una zona más rocosa: una especie de claro donde debía desembocar parte del agua de algún río cercano, formando una poza considerablemente grande que les suministraría una fuente de agua —siempre y cuando la hirvieran previamente, claro—, así que parecía el sitio ideal para asentarse y dejar que la cazadora se lamiera las heridas. Fue desde el linde de la propia selva donde pudieron identificar algunas aperturas en la roca, localizando sin mucho esmero más de una cueva que podría servirles de refugio mientras tanto. Podían ver los restos de lo que alguna vez debió ser un campamento, de modo que lo más coherente era pensar que si aquellos túneles se encontraban tan a la vista sería porque los piratas los hubieran despejado previamente. La pregunta ahora era: ¿seguirían por allí? No parecía haber arabastienses en la costa, pero sería mucho más prudente que uno de los dos fuera a confirmarlo.

Como no podía ser de otro modo, el explorador sería él en esta ocasión.

—Espera aquí mientras tanto. No tardaré —le indicó a la albina, mirándola de reojo antes de desenvainar una de sus espadas y aproximarse con cautela a la entrada.

No le costó demasiado darse cuenta de que aquello debía haber sido abandonado mucho tiempo atrás. Tal vez el campamento lo hubieran levantado durante la primera expedición, esa en la que perdieron a tanta gente, aunque bien podría haber sido un asentamiento temporal una vez todos se hubieran puesto en marcha. No había sobrevivido toda la tripulación, pero aquellas cuevas seguían siendo insuficientes para dar refugio a todos.

—Tal vez ella pueda ver algo más que yo —susurró, acuclillándose en los restos de lo que alguna vez fue una fogata, ya convertida en ceniza y pequeños fragmentos de madera carbonizados.

Definitivamente, si esa gente aún usaba aquel sitio para algo, llevaban mucho tiempo sin visitarlo. Seguían jugándosela un poco, pero no creía que fueran a tener tan mala suerte como para que, justo a su llegada, esas ratas decidieran volver a echar un vistazo. Por si acaso se mantendría alerta.

Tras realizar aquella pequeña inspección del lugar salió de la cueva, envainó la espada y alzó el brazo para llamar la atención de su compañera mientras se iba acercando hasta ella tranquilamente. Pudo observar cómo se cargaba al hombro ambos petates, demostrando en cierta medida que debía encontrarse mucho mejor... o no. Fue casi como un presentimiento, pero algo no estaba del todo bien y en pocos segundos podría confirmarlo. Vio cómo la mirada de Hazel se perdía en algún punto ilocalizable a su espalda, terminando por poner los ojos en blanco, trastabillando y dejándose caer en lo que parecía un nuevo mareo o, más bien, un desmayo. Uno en toda regla, de hecho.

—¡Hazel! —Gritó, acortando la distancia que los separaba con rapidez para sostenerla entre sus brazos antes de que se derrumbara, evitando así la caída y posibles contusiones—. ¡Joder! ¿Es que no eres capaz de pedirme ayuda o esperar un poco? ¿No ves que...? —Pero no terminó la frase. Enmudeció al ver que la albina no reaccionaba y que, lejos de intentar erguirse de nuevo, caía como un peso muerto contra él.

«Mierda», masculló, alzándola en volandas y dejando ambos equipajes allí tirados. Ya volvería a por ellos después. Por el momento se aseguró de adentrarse rápidamente en la cueva con ella, generando por el camino una cantidad de plumas rojizas lo suficientemente grande como para poder formar una suerte de manto que hiciera las veces de colchón provisional; ya recolectaría materiales después. Porque sí, no tenía pinta de que fueran a poder abandonar el sitio pronto; no con la chica en ese estado. Fue así que, una vez el manto estuvo completamente formado, se aseguró de tenderla sobre este con cuidado, acomodándola antes de salir corriendo a por las bolsas y volviendo con ellas a cuestas.

—Vale, a ver, piensa rápido... —se decía a sí mismo, con gesto preocupado y no especialmente tranquilo. No tenía ni la más mínima idea de cómo ayudarla, pero si algo había aprendido de ver cómo cuidaban a gente que perdía el conocimiento era que debían asegurarse de que se mantuvieran frescos y bien hidratados. De hecho, solo por si acaso, se quitó el guante para apoyar la mano en la frente ajena. Estaba ardiendo—. No te muevas de aquí —le dijo al momento, como si eso fuera posible.

Rebuscó entre los restos del campamento, no tardando en dar con un pequeño cubo no demasiado sucio que le serviría. No tardó en cogerlo y correr hacia la orilla de la poza, llenándolo de agua y volviendo junto a la albina mientras procuraba no derramar el líquido. Lo dejaría apoyado a un lado, rebuscando entonces en su propio equipaje. Siempre llevaba consigo algunos trozos de tela virgen, por lo que pudiera ocurrir, y en aquella ocasión el uso sería bastante evidente. Procuró enrollar varios de ellos para formar uno más grueso, a modo de gasa, y lo sumergió en el agua fría, escurriéndolo y usándolo para refrescar un poco a la chica tanto por su rostro como por el cuello y la nuca.
Aquello no podía haber sido fruto del combate con el tiranosaurio, de modo que las posibilidades eran dos: o había cogido algo en lo que llevaban —cosa que descartó casi al momento, ya que apenas habían transcurrido unas pocas horas desde su llegada— o, por el contrario, se trataba de algún efecto por la condición de la albina. No era médico, pero sabía que su condición hacía que el Sol pudiera ser especialmente dañino para ella. ¿Tal vez aquello tuviera el mismo origen? De ser el caso, seguro que llevaba algo para contrarrestar aquellos brotes. «Espero», se dijo en su propia mente, echando mano a la bolsa de Hazel.

Sería ahí donde encontraría algunas bolsitas etiquetadas, como si fueran remedios para diferentes dolencias. Localizar la que rezaba «Fiebre» no le llevó mucho tiempo e incluso le hizo esbozar una sonrisa esperanzadora. Sacó la misma y se aproximó a su compañera, no sin antes haberse quitado la chaqueta, acuclillándose a su lado.

Aproximó la mano a su hombro y la empujó suavemente, poco antes de darle suaves palmadas en la cara, intentando que reaccionara.

—Hazel, necesito que despiertes. Tienes que tomarte esto —le indicó, aún con alarma en su tono—. Vamos, por favor.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Miér 3 Feb 2021 - 22:30}

Todo su mundo pareció distorsionarse. Un leve mareo y, de repente, todo se había vuelto negro. Aunque para la chica fue solo un momento en el que su alrededor se oscurecía, como un parpadeo algo más largo. Aunque en el exterior debieron sucederse como poco quince minutos antes de que consiguiera volver en sí… Más o menos. Las palmaditas suaves sobre sus mejillas y que la azuzaron consiguieron sacarle una suerte de gruñidos mientras apretaba en su mano con fuerza lo que quedaba de su camiseta, hecha girones tras su pelea contra el dinosaurio. Como si intentase aferrarse a la comodidad del sueño, antes de empezar a abrir sus ojos de nuevo. Estaba escuchando algo de tomar, y estaba segura de reconocer la voz que la llamaba, pero no era capaz de vislumbrar aún la figura del rubio. Para ella, todo lo que la rodeaba eran una suerte de borrones.

Lo más claro que pudo escuchar cuando por fin focalizó la mirada fue su propio nombre, saliendo alto y claro de la boca de su compañero. Quizás fuera por estar todavía muy ida, pero, inevitablemente, su mano se encaminó a la mejilla ajena, pasando por esta un momento, antes de apartarla. Estaba Débil así que ese simple gesto ya le costaba.

—Debo seguir dormida... —balbuceó, a punto de volver a cerrar sus ojos. Ni siquiera estaba segura de que estaba diciendo. Se encontraba fatal. Solo quería dejar de encontrarse así, que aquella ¿habitación? Ni siquiera sabía donde estaba y aquello la sobresaltó. Obviamente, no escuchó las palabras que el chico repetía «tienes que tomarte esto». Pero el pánico hizo que por un momento hiciera de tripas corazón, se incorporara bruscamente y buscase sus espadas. Fue ahí cuando el dolor y el malestar volvieron a atacar, provocano que se encogiera sobre sí misma. No... Eso no era un sueño—. Ugh... —Dejó escapar una suerte de quejido. Como una bestia herida. Fue en ese momento que las palabras del chico llegaron a sus oídos. Le miró, cansada. Mucho más débil de lo que nunca hubiera dejado que nadie —salvo quizás su maestra— la hubiera podido ver. Si estuviera más despierta se hubiera preguntado cosas... Y seguramente se hubiera negado a aceptar su ayuda. Pero en su lugar solo se fijó en él con sus ambarinos ojos empezando a ponerse vidriosos y luego a la medicina. Asintió levemente con la cabeza, antes de hacer por cojer las plantas secas y levantarse. No llegó a hacer ninguno de estos, en su lugar, apoyó la cabeza en el hombro ajeno mientras su mano caía sobre la del chico de mirada rapaz, sobre la bolsita. —Hay... Hay que mezclarlo primero... —Apretó los ojos tras decir eso, inspirando y luego soltando aire de forma agitada— Tengo... Tengo un mortero en mi bolsa... Y agua... Por favor... —Pidió con tono lastimero.

Podría decirse que había gastado todas sus fuerzas en decir aquellas pocas palabras, no quedandole otra que esperar que «devolviera» el favor que le hizo a él en su día. ¿De verdad podía esperar tanto? Para empezar no sabía ni por qué le ayudó ella a él en aquella ocasión. Como fuera, era eso o rezar por que lo que hubiera pillado no durara mucho, porque no había sido cosa del Sol, no. Simplemente a la chica se le sumaban muchas condiciones desafortunadas: El albinismo era una de ellas, claro. Pero a parte, y esta no se la había comentado a su compañero, tenía un sistema inmunológico de mierda y se había sobreforzado. Eso sumado a un lugar tan «extraño» la convertía en el caldo de cultivo perfecto para cualquier bicho microscopico.

Como fuera, tras sus palabras no le quedó otra que volver a acomodarse sobre su improvisada cama, intentando de forma vaga no perder el conocimiento. No sería esa su suerte, pues acabaría teniendo varias fases de pasar del sueño a la vigía, atacada por la fiebre y lo que se estuviera gestando en ella. Entre sueños, murmuraba cosas... Algunas eran sobre su pasado, sollozos como el que había tenido en alguna pesadilla. Otros eran muestras de ella siendo considerada o preocupandose... Se lamentaba por que la viera de esta forma, le pedía perdón al rubio por los inconvenientes. Y otra suerte de cosas que nunca soltaría ni estando borracha. También tenía momentos menos agradables en los que le reprochava que no hubiera seguido sin ella. Que solo era un lastre en ese estado. Que la comida no les iba a llegar como se quedara cuidandola... Y así hasta ser capaz de descansar un poco habiendo tomado la medicina si es que el Pollito no se hartaba de ella antes de terminar para poder ofrecersela.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Dom 14 Feb 2021 - 21:56}

El tono alarmista del chico parecía haber calado en la albina quien, de un modo u otro, logró atinar a abrir los ojos para ver qué quería. No parecía ser infundado: apenas era capaz de mantenerle la mirada y apreciaba señales más que claras de que se encontraba completamente desvalida y sin fuerzas. Tanto le llamó la atención que no reparó siquiera en cómo su mano se aproximaba hasta su mejilla, no hasta que notó el tacto de esta. Hasta sus dedos parecían arder en comparación a su propia temperatura, por lo que debía ser mucho más grave de lo que quisiera creer. Cómo no, aquello tan solo hizo que Ayden se sintiera aún más inquieto. No podía permitir que Hazel muriera; ya no por egoísmo o interés —que, evidentemente, lo había: tenía que salir de aquella jungla—, sino porque no quería tener que cargar con la muerte de la mujer en la conciencia. Además, de un modo u otro, su dinámica como compañeros funcionaba. Pese a su desastroso encuentro inicial y a las constantes pullas que volaban por parte de ambos, no podía negar —aunque sí ocultar— que le caía bien.

La sostuvo con su mano libre del brazo para tirar suavemente y así ayudar a que se reincorporase un poco, lo suficiente como para quedar sentada con la cabeza en el hombro del rubio. Apenas la escuchaba con un hilo de voz, pero fue más que suficiente para entenderla.

—Está bien, yo me ocupo —aseguró, ayudándola a acomodarse nuevamente en aquel improvisado colchón de plumas—. No te fuerces... me apañaré.

«Mortero, agua, mezclar las hierbas. Lo tienes», se dijo a sí mismo mientras se apartaba de su lado para seguir buscando en el zurrón de la albina, localizando rápidamente la herramienta, el agua que habían preparado para la cacería y un recipiente donde mezclar ambas cosas. En el momento en que sostuvo todo esto entre sus manos tan solo sentía pánico, pensando que, tal vez, la vida de su compañera dependiera de que fuera capaz de realizar correctamente aquella tarea. Debía ser simple, ¿pero y si no? ¿Y si no usaba una cantidad suficiente y la mezcla resultaba ineficaz para aplacar la fiebre? Fue entonces, con estos pensamientos rondando su mente, que se forzó a negar con la cabeza y sacarlos de ella. Todo estaba bajo control.
Dispuso todo cuanto necesitaba sobre el suelo y se puso manos a la obra, tomando en primer lugar las hierbas medicinales y echando un buen puñado en el interior del mortero, comenzando a molerlas poco a poco, con energía y sin detenerse por un solo instante. Hecho esto tomó el recipiente vacío y echó el ingrediente en su interior, vertiendo después suficiente agua como para que la mezcla no fuera densa. Tan solo restó usar la maja para diluirlo bien antes de volver junto a Hazel, procurando no desperdiciar ni una sola gota.

Se puso de rodillas a su lado.

—Creo que lo tengo —indicó, apoyando la mano en su hombro y azuzándola suavemente por si había quedado dormida—. Bebe.

No podría sino suspirar con cierto alivio una vez logró que la albina ingiriera el preparado antes de volver a tumbarse. Tan solo le restaba descansar y esperar porque la medicina surtiera efecto, pero él tenía que hacer algunos preparativos mientras tanto. Dejó todo a un lado para mantener localizado cuanto necesitaba —por si tuviera que preparar otra dosis— y buscó su chaqueta a continuación, extendiendo esta por encima de la mujer. Sabía que estaba ardiendo, pero no podían arriesgarse a que una variación en la temperatura agravara su estado. Además, tenía entendido que sudar venía bien para la fiebre.

Tomó sus espadas tras asegurarse de que su compañera estuviera correctamente acomodada y salió al exterior. No tenía ni la más mínima idea de qué había pillado, pero estaba claro que tendrían que pasar allí un tiempo y, por ello, debía conseguir algunos recursos para poder pasar la noche, calentar agua y cocinar. También tendría que cazar por culpa de aquel improvisto, aunque de momento tirarían de las raciones que habían preparado para el viaje. De este modo se aseguró de recolectar palos, partir algunos trozos de madera, hojas y, en general, todo cuanto le servía a él para hacer su trabajo. Tal vez el trabajo constante en la carpintería de su padre fuera a serle útil, después de todo. Fue así como terminaría preparando una lumbre, rodeada por piedras para delimitar el fuego y con un soporte hecho a base de palos que podrían utilizar para cocinar. Las grandes hojas de los árboles cercanos servirían para confeccionar una suerte de camas más cómodas que sus plumas y, en general, invertiría las siguientes horas en adecuar aquel improvisado refugio para ambos. Tan solo debía asegurarse de echarle un vistazo a Hazel de vez en cuando.

—Vale, ya está todo —murmuró, echando un rápido vistazo por la cueva una vez logró encender la fogata; una tarea que le llevó sus buenos veinte minutos de esfuerzo y dedicación.

Estaba anocheciendo, aunque aquella zona debía ser segura según las anotaciones de la bitácora. Esperaba que el fuego sirviera para mantener alejadas a las alimañas que quisieran acercarse a curiosear.

Fue así como terminó dejándose caer a un lado de la albina, justo encima de uno de los lechos de hojas que había preparado para que ambos pudieran descansar, con ella ya reposando sobre el que le correspondía. Pese al paso de las horas seguía bastante débil y, de hecho, no parecía reaccionar por el momento. A lo largo de la tarde había podido escuchar sus delirios, algunos divertidos y otros no tanto. Pasaba de blasfemar a apiadarse de sí misma; del sollozo a la ira; de darle las gracias a llamarle poco menos que imbécil. En cualquier otra situación se habría asegurado de atesorar aquellas frases para echárselas en cara, pero en ese instante la preocupación podía más que su inherente malicia. De este modo se quedó allí, sentado, con su mirada clavada sobre la chica y todos sus sentidos centrados en ella por si detectaba cualquier ápice de mejora o, en su defecto, de empeoramiento. Ni siquiera mientras comía algo o se entretenía tallando dejaba de prestarle atención. Tanto fue así que, llegado cierto punto, se vio capacitado no de escuchar su respiración, sino de sentirla. Podía notar cómo su pecho subía y bajaba con cada inspiración y exhalación incluso cuando no estaba mirando. Poco después su concentración llegaría a tal punto que hasta escucharía cada latido de su corazón, siendo tal la preocupación que tenía porque la situación pudiera descontrolarse.

Los minutos pasaron y las horas los siguieron, pero Ayden continuaba allí, con las piernas cruzadas y su atenta mirada sobre Hazel. Resultaba extraño y, a la vez, familiar, porque jamás se había fijado a ese nivel en la albina. No en su físico, no hablamos de eso. Notaba una conexión con ella que le resultaba imposible explicar, como si por un momento todo cuanto era ella estuviera siempre presente para él. Una suerte de voz que le susurraba, pidiéndole agua cuando tenía sed o que avivara las llamas de la hoguera para protegerse del frío. Lo raro estaba en que su compañera no era quien hablaba y, a la vez, sí. Simplemente la entendía, y hasta sus respiraciones parecieron sincronizarse por un instante. Cerró los ojos por un instante, descansando la vista, pero siguió viéndola allí, frente a él. ¿Tal vez también hubiera pillado algo? ¿Estaba alucinando? Quería creer que no era eso ya que, de una forma u otra, le servía para cuidar de ella con mayor eficacia. Recordaba haber sentido algo similar la primera vez que trabajaron juntos; no con ella, sino con aquel desgraciado momentos antes de recibir aquel disparo. ¿Lo único en común? El instinto de supervivencia, con la diferencia de que, en aquella ocasión, este actuaba en favor de la cazadora.

Bajó la mirada hacia el trozo de madera que sostenía en su mano, aún sin una forma concreta, y siguió tallándolo con calma. Ya no la miraba, pero esa voz seguía presente para él. Se aseguraría de atender a sus susurros.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Miér 17 Feb 2021 - 17:52}

No fue hasta la madrugada siguiente que la mujer se dignó a abrir los ojos, completamente lúcida, quiero decir. Se había pasado desde su primer desmayo las horas tumbada en aquella suerte de refugio, con momentos entre el sueño y la vigía, en los que la fiebre no le permitía mantenerse en pie por mucho que intentara por pura cabezonería recomponerse, volviendo a despertarse, aguantando unos minutos a lo mucho, antes de volver a desfallecer. Por suerte en aquella ocasión no estaba sola.

No era la primera vez que le pasaba, el ir a un trabajo y enfermarse… Incluso antes de eso. Desde pequeña su salud no había sido la mejor. Algo que podía pasar desapercibido cuando se quedaba mucho tiempo en un mismo lugar o se mantenía en lo que ella había denomindado «zonas seguras». Lugares en los que la temperatura y el clima eran similares a lo que estaba habituado y por tanto le ofrecían una cierta inmunidad a su cuerpo, la que le faltaba a su sistema inmunitario. Poca gente era conocedora de esta situación suya, claro. Los piratas para los que trabajó, su maestra, Hilda… Tal vez por eso mismo esta última no quiso permitir que Hazel fuera sola, aunque solo estuviera cuidando de la pupila de una vieja amiga. A la cazarrecompensas ni se le pasó por la cabeza hasta ese momento.

Sus ojos se fueron abriendo poco a poco, adecuandose a la penumbra de la cueva, alumbrada pobremente gracias a la lumbre preparada por el chico, cuyas llamas empezaban a apagarse y al sol que despuntaba lejos en el horizonte, clareando el azul oscuro del cielo con el amanecer. Según iba volviendo en sí, lo primero que vió fue la figura del rubio. Su silueta tumbada sobre una cama de hojas igual que la de ella. Estaba casi segura de que no estaba así la otra vez… Hizo por incorporarse un poco, lo justo para quedar sentada sobre las hojas, notando entonces entre sus manos la chaqueta de Ayden, apretandola un poco más entre sus dedos, acariciando. ¿Se había preocupado de tenerla abrigada? Su labio se torció en una mueca. «¿Por qué?». La pregunta era lo unico claro en el rebortijo de pensamientos que se pasaban por su cabeza en ese momento. Miró entonces al chico. Lo cierto era que ella misma podía notar el frío que hacía pese al fuego que ya se estaba apagando. Aunque claro, la fiebre también influía en ello.

—Ayden…  —le llamó con un hilo de voz, sin mucho resultado. Seguramente estuviera exhausto, por su culpa—. Te vas a resfriar tú también así, idiota… —murmuró antes de incorporarse, echandose la chaqueta del cazador por encima. Todo le dio vueltas por un momento al hacerlo. Pero al final fue capaz de mantenerse en pie por si misma y avanzar a pocos hasta la hoguera. Había varios troncos preparados para echar al fuego y quedaban suficientes brasas «por suerte», por lo que no tardó en remover con un palo entre ellas para asegurarse de que desprendieran el calor suficiente como para prender el nuevo montón de leña puesto por ella antes de volver junto al chico, a las camas. Pero no volvió a tumbarse sin más, no… En su lugar, acercó un poco la suerte de ramas y hojas y consolidaban su colchón al de el rubio y se pegó a él, queriendo darle un poco de su calor también. ¿Una muestra de gratitud? No… Solo se estaban utilizando mutuamente, eso debía ser…—. No es nada más que eso…

Tras aquello, pasaron aún otros tres días antes de que la albina pudiera decir que se encontraba «bien». No en plenas facultades, no sana como un roble. Pero sí lo suficientemente bien como para poder ayudar a mantener el refugio… Y para pelear o ir de caza, pero su compañero no quería verlo así: Hazel seguía recayendo cuando parecía encontrarse mejor por querer forzarse. Eso era algo que Ayden no tardaría en descubrir. De hecho, el tercer día lo dejó clarísimo.

—Yo también puedo ir a cazar. De hecho, sin mí lo más probablees es que te coma un tontosaurio de esos. ¡Y tú no sabes leer los apuntes de los inútiles estos! Dejame acompañarte —se quejó una vez más mientras perseguía hasta la salida a «su pollito». Quien repitió su negativa, dejandola sola. La mujer bufó, cruzada de brazos frente al umbral de su refugio—. Ayden, no podemos seguir perdiendo así el tiempo —le recriminó, a sabiendas de que usaría eso en su contra para decirle que por eso necesitaba descansar más.

¿Se quedó en el refugio al final? Sí. ¿Descanso? Está claro que no. Ya que no quería hacerle caso, decidió que buscaría algo que solo ella pudiera hacer. Su medicina se estaba acabando… Y también necesitaba darse un baño. Uno de verdad, no que el chico cogiera un cubo con agua y le restregase un trapo por el cuerpo. Su herida iba a acabar infectandose. Joder, aún le dolía. No había tenido tiempo para tratarla de verdad… Y por algún motivo, parecía que sería un buen momento.

Lo primero que haría sería buscar entre sus pertenencias para ver la cantidad de hierbas medicinales que le quedaban. Huelga decir que no llevaba tanto como para poder durar meses o semanas estando mal, solo para hacer un apaño… Y el rubio había gastado de más para bajar su fiebre. No se lo echaría en cara, aquello la había salvado de empeorar por una posible infección. Tenía para poder tratarse la herida y poco más. Al menos no había gastado ni una gota del mejunge que estaba probando, basado en la planta que consiguieron en Great Palm, la cual contaba con propiedades anestesicas.

—Hará el apaño —Aseguró, como si necesitara creerselo y empezó a traer agua con el cubo que se encontraron en el mismo refugio, dejandolo sobre el fuego para que se calentara, mientras ella iba a asearse, quedando totalmente desnuda, vendas incluidas. Lo cierto era que… Resultaba desagradable de ver, La cicatriz estaba supurando pus amarilla por la zona del corte. Nada que no pudiera retirarse con un trapo y mucho cuidado, al menos. Después del aseo, en el que casi trastabilla y se cae más veces de las que nunca reconocería, le llevó unas tres horas terminar de limpiar la herida, desinfectar y coser —pues no se había cerrado en ningún momento—. Se planteó gastar menos tiempo, simplemente cauterizando la herida. Pero era su brazo dominante y no iba a arriesgarse a un daño mayor cuando no se estaba desangrando: los puntos de sutura deberían ser suficientes.

Al acabar… Una persona normal hubiera parado ahí, tomando un descanso, comiendo… Pero ella no podía simplemente quedarse quieta esperando a que Ayden regresase. Menos cuando había algo rondando su cabeza: Ese brillo oscuro que cubrió su espada. Fue solo un momento, pero aquello le salvó la vida. Le salvó porque ella de verdad quería sobrevivir, como en la cacería anterior que compartieron juntos. ¿Podría volver a hacerlo? ¿Tenía que estar en peligro para ello? Bueno, si era el caso ya lo estaba. Es decir, se encontraba al borde del desmayo al poco que hacía un esfuerzo en una isla con depredadores gigantes y recursos reducidos. Si no era un momento para poner a prueba su cabezonería y voluntad, ¿entonces cuando? Buscó sus espadas, las que seguían intactas y decidió usar una de las columnas de roca de aquel entrante en la piedra para que hiciera de oponente hasta que sus fuerzas volvieron a fallarle y acabó desfalleciendose de nuevo… Justo tras haberlo conseguido.

Se volvió a despertar horas después, tumbada de nuevo en su cara y con el chico a su lado, mirandola. «Siento que me va a caer otra bronca».

Al fondo de la cueva, la roca tenía varios arañazos y un único corte algo penetrante. Su espada estaba intacta.


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Mar 20 Abr 2021 - 0:27}

Había perdido la cuenta de la cantidad de veces que se había visto forzado a suspirar durante los últimos tres días. ¿Era posible siquiera tener tantos motivos para hacerlo y tan continuados? Él mismo se consideraba una persona cabezota, algo que más de uno había tenido que sufrir, pero lo de la albina era un nivel superior. No estaba seguro de qué le agotaba más: tener que encargarse de mantener el refugio, discutir cada dos por tres con su compañera porque esta quisiera esforzarse de más o el hecho de tener que estar constantemente vigilándola porque poco o nada importaba que ganara dichas discusiones; siempre ignoraba el resultado y hacía lo que le venía en gana.

El rubio frunció el ceño mientras la miraba desde poco más allá del umbral de la pequeña cueva. Sus ojos se mantenían fijos en el semblante de Hazel que, lejos de estarse quietecita, le miraba con reproche al tiempo que intentaba nuevamente exponerse en exceso.

—La respuesta sigue siendo no —concluyó tajantemente, justo antes de darle la espalda y comenzar a caminar hacia la espesura de la jungla. Cuando escuchó su último argumento ni siquiera se molestó en mirarla para contestar: tan solo alzó la voz—. ¡Por eso tienes que descansar!

Para cuando gritó aquellas últimas palabras ya se había alejado del pequeño claro que daba lugar a la entrada de la cueva. En realidad, por más que quisiera engañarle para que la llevase con ella, no corría especial peligro ni yendo solo. Aquella era una zona segura, sí, pero no implicaba que hubiese ausencia de fauna: durante los últimos días pudo localizar a pequeños mamíferos que, de una u otra forma, sobrevivían allí, protegidos de los grandes depredadores de la isla. También había insectos, aves y algunos reptiles inofensivos, de modo que la única complicación que se podría encontrar era... bueno, que no tenía ni idea de cazar. A esto se le sumaba que, además, debía seguir pendiente de la albina. ¿Y cómo lo hacía? Siguiendo pendiente de aquella voz que parecía captar su atención en todo momento. No estaba seguro de los motivos, pero tras tanto tiempo no podía estar alucinando. Una de dos: o se había vuelto loco o había descubierto... algo. No sabía explicarlo; simplemente podía percibir la presencia de Hazel si se concentraba en ello y tener una noción sobre cómo se encontraba. La desventaja era que hacerlo requería de buena parte de su atención, así que la cacería se prolongaría bastante más de lo necesario.

Las horas pasaron y, al final, tuvo que volver al refugio bastante más tarde de lo esperado: estaba atardeciendo y pronto dejaría de verse un pimiento más allá de la fogata. Si no quería pasar la noche perdido en aquella condenada selva donde ya de por sí le costaba orientarse, lo mejor sería regresar antes de que anocheciera. Por suerte había conseguido varias piezas que servirían para suplir algunas comidas. Sin embargo, resultaba evidente que el día no podía transcurrir con tranquilidad, ni siquiera cuando había salido victorioso de aquella lucha contra la propia naturaleza. La voz de Hazel redujo su intensidad drásticamente de un momento para otro, lo que provocó que a nada estuviera el cazador de sufrir un vuelco al corazón. Aún podía notar su presencia, pero la notaba apagada en comparación a momentos antes. Por ello aceleró el ritmo, cargado aún con sus presas abatidas pero desenvainando una de sus espadas por lo que pudiera haber ocurrido. ¿Tal vez hubiera sufrido un ataque? ¿Los habrían localizado?

Un suspiro de desdén hizo eco en el refugio una vez los ojos del halcón vislumbraron las marcas en una de las rocas y el cuerpo de la albina tendido en el suelo.

—Vas a acabar conmigo... —se quejó, dejando las cosas rápidamente junto a la fogata para llevar a Hazel en volandas y depositarla sobre el lecho que le servía de cama.

Una vez se aseguró de que estuviera protegida del frío y acomodada allí, estable pese a su inconsciencia, regresó junto al fuego para preparar la comida. Esperaba que al menos aquel desvanecimiento de la mujer no durara toda la noche. Necesitaba comer algo.
Sería con esto en mente que el rubio comenzaría a cocinar parte de las bestias que había logrado abatir, siendo estas un par de roedores que no supo identificar. Los reptiles los dejarían para el día siguiente porque, según su propia coherencia, quizá tardasen más en ponerse malos. Nunca había sido un cocinitas, eso sí, así que aquella tarea le resultó tanto o más tediosa que la propia caza para conseguir un resultado no muy alejado del fracaso. Sabían horriblemente mal e incluso se le habían chamuscado un poco, pero al menos eran comestibles. Dejó pinchadas las piezas de carne junto al fuego para que no se enfriasen y, sin más, esperó.

Hazel tardaría una media hora en volver en sí misma, momento que Ayden aprovecharía para mirarla con severidad. No le dijo nada en un primer instante, sino que dejó que terminara de recuperarse antes de siquiera moverse. Se acercó a la hoguera, cogió uno de los animales trinchados y se lo ofreció a su paciente. En silencio.

—No quiero escuchar ni una queja —le advertiría una vez aceptara la comida—. No pienso separarme de ti hasta que te hayas recuperado del todo. Y más te vale empezar a hacerme caso o... no sé —suspiró, derrotado—. Algo se me ocurrirá. Por ahora come un poco, anda...

Y así siguieron pasando los días...


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[Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) Empty Re: [Ayden-Hazel] Lo que se hace por un par de botas (pasado-privado) {Mar 20 Abr 2021 - 12:51}

Le tomó unos minutos volver en sí, algo que se estaba volviendo una costumbre desagradable. Otro desmayo y esta vez en pleno entrenamiento, al menos tendría suerte si su compañero no hubiera llega… Oh. La albina no necesitó más que notar el abrigo sobre su cuerpo para darse cuenta de que lo había hecho, quedando su mirada clavada en el techo. Estaba cansada hasta para discutir con él alguna excusa y… Quizás muy en el fondo sabía que así no iban a ninguna parte. Era una bestia con cerebro, aunque por cabezonería no se había parado a usarlo tanto como debería. Iba siendo hora de ceder un poquito y descansar como bien le había pedido su compañero.

Al igual que Ayden, ella se quedó en silencio, procurando evitar esa mirada acusatoria que le lanzaba, ese «te lo dije» o «nunca me haces caso». Simplemente se sentó sobre su improvisado colchón que seguía pegado al del rubio pese a todo, con las piernas cruzadas, esperando y observándole mientras iba a por lo que parecía ser la cena. Iba a decir algo en algún momento de todo eso. Una disculpa, una promesa de que no volvería a haber más quejas de niña pequeña… Y quizás lo hiciera más adelante. En el momento no pudo, o más bien, el propio Ayden le robo esa oportunidad al ponerle delante esa pobre excusa de cena. ¿Acaso se había cansado de ella y pretendía matarla?

«No quiero quejas dice…» se quejó en sus adentros mientras hacía de tripas corazón para coger la brocheta, al menos le había quitado bien el pelaje, pero… Su cara era un jodido cuadro, una mezcla entre asco, pena e incredibilidad. ¿De verdad tenía que comerse eso? Tuvo que contener una arcada. ¿Había por los menos limpiado a esas alimañas de vísceras? Al final tragó saliva y cogió aire y decidió aguantar la respiración para, por una vez en todo lo que llevaban conociéndose, no poner queja ninguna al respecto. El rubio tenía suerte de que en su infancia sus comidas no fueran mucho mejores, porque cualquier otra persona le hubiera vomitado encima. Se libró también por la abundante cantidad de agua que fue bebiendo, acompañando cada dos bocados que daba. Deberían premiar su habilidad para soportar esa infracción culinaria, la verdad. Ella tampoco era cocinera, pero tenía las mínimas nociones para hacer algo quizás soso o insípido… Pero de asqueroso a insípido había unos cuantos buenos pasos.

—Por favor —pidió—, la próxima vez… Deja que te dé un par de nociones para cocinar la carne—. No era una queja, pese a sus caras… Bueno, era una queja maquillada de consejo más bien—. Y sobre lo otro… —Bajó la mirada—. Lo siento, solo quería que nos diéramos prisa para que no tuvieras que gastar tiempo cuidándome, pensé que así sería mejor, pero creo que solo he causado más retrasos. Prometo… —habló entre dientes en esta última parte— hacerte caso hasta que me recupere. Al menos he conseguido curar mejor mi herida. —Y enseñó su brazo con su venda limpia—. Puedes probar a soltarla si quieres, me llevó un rato, pero limpié la herida y la cerré. No son mis mejores puntos porque soy diestra, pero… Tal vez pueda enseñarte a ti también a hacerlo, para ocasiones futuras —comenta. No sé si la próxima vez pueda dejarlo tanto tiempo esperando.

Al final, pasó casi una semana desde su llegada a la isla hasta que Hazel volviera a estar a punto. Fueron otros tres días y tres noches de cuidados, de tener que soportarse… Y en parte de estrechar lazos mutuamente, algo a lo que al menos ella no estaba acostumbrada. Una cosa era cazar y otra tener conversaciones o a una persona centrada en que se pusiera mejor. En su infancia la hubieran dejado a su suerte a morir. La única persona que había velado por ella de alguna forma fue solo su maestra… Aunque quizás eso fuera restarle mucho mérito también a la tabernera de Cactus Island.

Como fuera, con energías renovadas, su brazo casi recuperado y unas ganas inimaginables de salir de aquella endemoniada isla, la cazadora se encontraba ahora revisando el mapa y sus apuntes otra vez. Habían acumulado víveres en sus petates, agua en las cantimploras de ambos —hervida previamente, claro— y solo quedaba ponerse en marcha aprovechando los primeros rayos de luz. Como había estado demasiado tiempo fuera de combate, no había podido hacerse al patrón de las bestias que vagaban la isla, así que había usado toda la información que había podido exprimirle al Pollito sobre sus jornadas de caza y lo que había visto para trazar su ruta por el bosque. Si lo había calculado bien, llegarían a la noche a la base de los piratas, todo era no tener más sorpresas de tontosaurios enfadados.

—Tendremos que hacer descansos cortos, Pollito. Podemos parar aquí, aquí y aquí —explicaba mientras señalaba en su improvisado mapa—. Tres paradas como mucho, a no ser que quieras que pasemos la noche acurrucaditos en un árbol. Pero reservemos esa opción para los casos en que nos ataque algún animal demasiado grande para derivarlo. Si llegamos a la noche tendremos que ver que tan cansados estamos. En lo personal, me gustaría poder acabar con ellos mientras duermen, pero si son muchos no podremos evitar el combate… Y con las fuerzas mermadas por la caminata no sería buena idea… ¿Quizás atacarles antes de que vayan a por provisiones y luego ocuparnos de los que cuiden el campamento? Nos tocará ir viendo sobre la marcha. Si estás listo podemos marcharnos ya.



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