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La luna y el mar [Privado][Pasado]

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Mensaje por Prometeo el Lun 26 Oct 2020 - 17:20

Había entrado hacía tres días en la primera parte del Grand Line. De acuerdo a Nick, la Ruta del Futuro era la mejor alternativa para la división revolucionaria, pues la influencia del Gobierno Mundial era más bien escueta. Los hombres a bordo del Vapor Justice tenían como objetivo llegar al Nuevo Mundo lo antes posible: algo importante estaba sucediendo. Y no, no se trataba de la boda del Señor Gelatina, sino algo mucho más serio. Dentro de las próximas horas deberían estar en las costas de Bloothe, una isla que llamaba especialmente la atención de Prometeo. Había escuchado que allí sucedían eventos astronómicos muy particulares y se sentía como un niño a punto de abrir un regalo.

Tanto el teniente como sus subordinados aprovechaban los tiempos de viaje, entrenando cada vez más duro. Desde su participación en el Archipiélago de Sabaody entendió que era débil, que había un largo camino por recorrer, que le hacía falta la fuerza para ayudar a sus compañeros. Se había estado esforzando como nunca antes al punto de incluso caer desmayado producto del excesivo entrenamiento, pero nada le paraba: estaba casi obsesionado con volverse más fuerte. Y poco a poco lo iba consiguiendo.

—¡Por ningún motivo dejaré que te vistas por tu cuenta, Prometeo! —sentenció Luna cruzada de brazos y mirándole con el ceño fruncido, casi fulminándole con sus hermosos granates negros.

El revolucionario no entendía muy bien cuál era la manía que tenía su compañera con la ropa, pero prefería hacer caso para evitarse problemas. La mujer de curvas sensuales había elegido una camisa negra con retoques dorados, además de una chaqueta del mismo tono y una capa roja para cuidarse del frío. Se decía que Bloothe era muy helado. Prometeo no había dejado a un lado los aretes en forma de sol. Vestía unos cómodos pantalones negros medio ajustados que terminaban de darle un toque elegante. Si fuera por él, se hubiera puesto las chanclas que tenía en el armario, pero Luna se opuso tajantemente.

—Bien parece tu madre o tu novia diciéndote lo que tienes que ponerte, Prome —se burló Nick desde el pasillo con una sonrisa picarona.

—Qué va, sólo lo hago para que no parezca un vagabundo sacado de un manga de bajo presupuesto. Así te ves mucho más guapo, Prometeo —le dijo Luna, esbozando una sonrisa mucho más amable—. No dejaría que pasearas por la ciudad llevando un ridículo poncho arcoíris.

Prometeo se limitó a sonreír, nervioso, mientras se rascaba la cabeza.

—Por cierto, hemos llegado. Es hora de desembarcar, vamos —agregó Nick antes de marcharse.
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Mensaje por Miko el Lun 2 Nov 2020 - 22:00

El destino tenía formas realmente curiosas de empujar a la gente hacia delante. Por ejemplo, la perdida de sus padres había hecho que Miko decidiera tomar aún más en serio su camino como alguien que ayudaría a otras personas a su manera, así como abrió de nuevo a las gentes de Samia al mundo de fuera, trayendo tanto el comercio como los peligros… Y también fue esa apertura la que se llevó a su mejor amigo al basto mundo. Volviendo años después para llevársela a ella solo para dejarla a su suerte. Aunque no podía culparle por hacerlo, ella hizo lo mismo al no irse con él. No había rencor. Además, esa separación no había sido solo algo malo. Con ello había podido conocer a otras personas y tomar decisiones sin tener que discutir por ellas… Aunque no todas sus decisiones habían sido buenas —para sí misma—. Por ejemplo, en aquel momento se encontraba en una situación bastante complicada.

La liebre de los vientos —El regalo de tío Sean para ella y su amigo antes de marchar—, se encontraba en aquel momento cabalgando sobre las olas que agitaban su casco con fuerza, golpeando a uno y otro lado con fuerza, en una corriente que amenazaba con romper en mil pedazos el navío si la albina no mantenía su rumbo tal y como estaba previsto para poder «escalar» la cumbre roja que servía de entrada a la Grand Line. Algo que ni siquiera su padre había llegado a realizar en sus años como navegante de la empresa comercial de su abuelo. Y ahora ella pretendía enfrentarse a semejante titán… ¿Por qué? Como no podía ser menos, por ayudar a otras personas que le habían insistido en que necesitaban cruzar a como diera lugar para llegar a una isla de la que ella no había oído hablar —no es que la chica hubiera oído hablar de muchas islas, más allá de las mencionadas en el diario de vitacora de Ayden, cuya lectura aún tenía a medias. Aunque empezaba a olerse por la forma cuidadosa en la que elegía sus palabras y la diferencia de detalle en comparación con los primeros meses de que le ocultaba algo, pero ya se lo preguntaría la próxima vez que cruzasen caminos. De momento, su preocupación se encontraba en pasar aquel tramo para poder llevar a estos desconocidos a su destino.

¿Qué es algo que hubiera aceptado hacer una persona normal? Seguramente… No. Había que estar muy mal de la cabeza para acceder a que un grupo de seis personas a la que apenas conocía por haberles salvado de un aprieto por el simple hecho de haber estado pasando por ahí, viajase en su barco con ella. Pero Miko no era una persona normal, sino una heroína que se jactaba de tender la mano a cualquiera que lo necesitase sin esperar nada a cambio. Por suerte, las personas, si bien sus pintas no parecían las más… legales o aceptables, se mostraron bastante más amigables de lo que cualquiera pudiera pensar. Aunque Kike no estaba muy de acuerdo con ello. De hecho, le recordaba un poco a una versión más tímida de Ayden en cierto sentido. Para empezar en la forma en que había recriminado a la chica que no sacase más beneficio que el de que pagasen sus propios gastos: agua, comida, y cosas para acomodarse en una misma habitación, después el tener que ayudarla a cocinar y hacer el resto de tareas en el barco. Si no se quejaba más era porque le había sacado del lugar en el que vivía trabajando para una panda de ladrones y… simplemente no podía enfadarse con ella, era demasiado amable, así que tenía que suspirar, resignarse y aprovechar que él también contaba con su hospitalidad. Sabía de sobra que a la hora de la verdad la chica podía ponerse sería y hacer que cualquiera que le tomase el pelo de más acabara en el suelo como hizo con Robert cuando la conoció.

Como fuera, una vez pasado el salto de agua de la Reverse Mountain, solo haría falta unas cuantas semanas de travesía usando aquella extraña brújula que le habían prestado para llegar a su destino, Bloothe. Ninguno de los sureños sabía absolutamente nada sobre la isla, pero Miko confiaba en su instinto para guiarse, y aquel Loge Pose. Además, ¿qué mejor información que añadir a su nuevo diario de bitácora que los mapas e indicaciones que sacaría ella sola? Estaba totalmente emocionada.

Ya habían llegado arriba del todo. El barco planeó por el cielo antes de volver a caer de forma más o menos brusca en las feroces aguas que se agitaron, salpicando en cascada toda su cubierta, antes de ir apaciguándose poco a poco, generando un enorme arcoíris que sacó una mueca de admiración a la mayor. ¿Qué podía salirle mal a partir de ahí?

►Diez días después◄

El viaje se hizo más pesado de lo que Miko hubiera podido esperar, y es que la vida de un navegante se volvía mucho más complicada cuando también tenía que hacer de cocinera para más de tres personas mientras se aseguraba de que mantenía las velas y en su sitio, que el viento no cambiaba y el rumbo seguía fijo según el cachivache ese. Habían pasado por el borde de una tormenta, y el susto ni le había dejado disfrutar de la experiencia de que un monstruo marino pasase por al lado de su preciado barco. Pero nada de eso había sido peor que darse cuenta, una vez se hubieran quedado ella y el muchacho que la acompañaría en sus viajes solos, de que no tenían forma de salir de la isla. Habían llegado con el Loge pose de otra persona, uno que marcaba directamente a esa isla y que habían tenido que devolver, así que ahora —atrancados en el puerto de apariencia poco acogedora de la isla— tenían que encontrar la forma de hacerse con otro de estos objetos, pero uno que les sirviera para navegar a otros lugares y, si acaso, una forma de seguir otra ruta.

—Tal vez haya una tienda donde los vendan —propuso Miko, intentando que la mirada de reproche de Kike no le afectara demasiado.

—Sabes que nos hubiéramos podido ahorrar estos problemas si me hubieras hecho caso, ¿verdad? —La mujer agachó sus orejas poniendo cara de pena. Que alguien tres años más pequeño que ella le estuviera riñendo no le hacía especial gracia, pero tenía razón.

—Ya lo sé… Pero si no hiciera este tipo de cosas tampoco nos hubiéramos conocido… Y tú ahora estarías en una cárcel —Le recordó. El chico le miró azorradamente—. ¿O preferirías haberte ido con Abigail?

—Claro que no… Entre la tontorrona amable y señora con cara de profesora malhumorada está claro que prefiero estar contigo, pero… La próxima vez hazme caso.

—Te haré más caso, lo prometo… —dijo, haciendo un puchero por lo de tontorrona, insulto que no discutiría porque no podía negárselo en ese momento. Miró a su DDM. No lo había tocado en un tiempo—. Creo que voy a hacer una llamada…

—¿Vas a llamar a la rubia? —El chico se sobresaltó, poniéndose alerta. Lo digo en serio, Miko. No me quiero ir con ella. La mayor se echó a reír.

—No, no. Voy a llamar a un amigo para que me de algún consejo…

El teléfono empezó a sonar como marcando, tardando un rato largo el otro lado en contestar, con un tono que resultaba… Raro. Es decir, la forma de hablar de Ayden sonaba distinta al contestar, como si estuviera atontado al otro lado o algo por el estilo. Además, juraría que podía escuchar risitas femeninas de fondo que hicieron que la chica arquease una ceja.

—¿Ayden? Soy Miko… Puedes… ¿Puedes hablar un momento? —El chico pareció cambiar su actitud al escuchar eso, precipitándose hacia otro lugar para poder hablar a paso rápido tras pedir que le dieran un momento.

—¿Miko? Claro, ¿ha pasado algo?

—Bueno, puede que haya metido un poco la pata…

La chica le explicó toda la situación: como había acabado cruzándose con ese grupillo, que le habían pedido ayuda para llegar a otra isla y como no debería serle problema a ella llevarles por no tener un rumbo fijo, el viaje y todo hasta quedarse en la isla de destino sin tener forma alguna de marcharse ni saber nada del lugar. También le dio el nombre de la isla que no pareció hacerle mucha gracia. Con esa poca información le dijo lo que ya sabía, que necesitaba un Loge Pose, que lo comprara ahí, alguien debía venderlo —si no fuera porque Miko nunca lo haría le hubiera propuesto seguramente que, si no lo vendían que robara otro, pero no iba a pasar—, y que tuviera mucho cuidado con ayudar a personas en esa isla, porque la mayor parte de la población seguramente fueran personas malas. «personas como los que mataron a tus padres» advirtió en tono serio. La albina palideció por un momento, quedando en silencio y cortando la conversación antes de que el rubio pudiera siquiera plantearse el rectificar la forma en que le había dicho eso.

—Está bien, gracias. Ya te avisaré si consigo algo, adiós. —Colgó la llamada y miró a su acompañante—. Voy a tener que salir para buscar un chisme de esos, quizás un mapa y provisiones. Según me han dicho quizás sea peligroso dejar en esta isla en concreto el barco sin vigilancia. ¿Te quedas a hacer guarda o nos arriesgamos y vienes conmigo? No hay mucho que nos puedan robar.

—Me quedo mejor, alguien tiene que cubrirte las espaldas. ¿Qué te ha dicho, por cierto? —preguntó, señalando con un movimiento de cabeza al caracol.

—Nada que no supiéramos ya.

—Vaya ayuda.

—Bueno… ten cuidado, ¿vale? Mancharía mi nombre de héroe que te pasara algo en mi guardia. Prometo no tardar.
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Mensaje por Prometeo el Mar 3 Nov 2020 - 1:19

Cuando subió a la cubierta se llevó una gran sorpresa que le dejó sin palabras tanto a él como a Luna. A pesar de que solo fueran las cuatro de la tarde todo estaba increíblemente oscuro. Había escombros flotando en la costa, como si el oleaje hubiera tragado las construcciones cercanas a esta. Sin embargo, lo más impresionante era la enorme luna que estaba tan cerca que daba la impresión de poder alcanzarla con solo estirar la mano.

Los ojos del revolucionario brillaban maravillados ante la presencia de la luna, como si fuera la cosa más hermosa que habían visto alguna vez. Y no era el único que se sentía atraído hacia ella. Tanto Luna como Nick no podían gesticular palabra alguna: estaban completamente atrapados por el orbe plateado que flotaba en el firmamento. Los haces de luz se filtraban a través de las nubes que eran arrastradas por el viento, conduciéndolas hacia el noroeste. Sin embargo, pese a lo fantástico que resultaba el paisaje en Bloothe lo cierto era que había un ambiente tenso.

Prometeo carecía de los conocimientos astronómicos pertinentes para afirmar con completa seguridad cualquier cosa, pero era de cultura general entender que la cercanía de la luna tenía incidencia directa e importante sobre el nivel del mar. Y esta estaba tan cerca que no era de extrañar un aumento del oleaje, afectando las construcciones costeras. Por algo los escombros, ¿no? Desde el punto de vista del revolucionario, el fenómeno astronómico podía maravillar a todo el mundo, pero no borraba el desequilibrio de los sistemas involucrados. Dejando a un lado el impacto negativo sobre la vida humana, había mucha flora y fauna envueltas en toda esa situación.

—Tú sabes más que yo de estas cosas, Prome. ¿Qué crees que pueda ser?

El homúnculo le miró confuso. ¿Acaso había dicho alguna vez que era astrónomo? Fuera así o no, tampoco importaba demasiado: no tenía la respuesta. Escapaba de su entendimiento y no quería abrir la puerta de las infinitas posibilidades para entregar una explicación inconsistente.

—No lo sé, pero creo que lo podremos averiguar en la ciudad. Es probable que haya gente que necesita ayuda, así que hay que estar atentos.

—A la orden, capitán —contestó Nick, haciendo el saludo militar a modo de broma. Sabía lo mucho que le incomodaba a Prometeo, pero lo hacía para molestarle. Era demasiado serio y un poco de diversión en su vida estaría bien.

Por fortuna, Nick era un gran navegante y no tuvo ningún problema en acercar el Vapor Justice al improvisado muelle. Realmente no había demasiadas cosas que desembarcar, ni siquiera pensaban quedarse demasiado tiempo, aunque a Prometeo le gustaría saber lo que estaba sucediendo en Bloothe. Bueno, por saberlo lo sabía: sólo hacía falta mirar el cielo. Pero todo tenía que tener una explicación y de cierta manera le dejaría inquieto irse sin obtener una respuesta.

—Oye, Prome, antes de que te vaya déjame decirte una cosa: ten cuidado allá fuera. Estas calles son territorio de una banda pirata y por el momento no necesitamos problemas. Debemos intentar llegar al Nuevo Mundo en una sola pieza, ¿verdad? —mencionó Nick, deteniendo a su capitán en el puente.

—Sí, tienes razón. Tendré cuidado, gracias por advertirme.

—Jo-der, a veces eres demasiado formal. No pasa nada si te sueltas un poco, ¿sabes?

Prometeo le miró extrañado. ¿A qué se refería exactamente a soltarse? No podía hacerlo, es decir, sus huesos estaban unidos los uno a los otros y también estaban los músculos. No había manera de que pudiera soltar- Oh, espera. Lo tenía, sí.

—Oh, estás hablando metafóricamente. Está buena esa, ja —contestó el revolucionario, forzando una risa extraña, seca y escandalosa en partes iguales.

—Esto… Mejor sigue siendo el de siempre. ¡Buena suerte!

Lo primero que vio Prometeo al abandonar el Vapor Justice fue una pareja de hombres que vestían túnicas negras, todo muy normal: salvo los jodidos sombreros en forma de anillo. El revolucionario sintió compasión por ellos, esperando que Luna no los viera llevar algo así porque si no los haría sufrir. Al parecer Prometeo no era el único sin sentido de la moda, ¿eh?

—Seguro que si preguntamos tendremos respuestas —dijo Luna con las manos en la cintura—. Las tabernas siempre son un cúmulo de información y rumores, deberíamos buscar una.
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Mensaje por Miko el Lun 9 Nov 2020 - 19:10

Lo primero que llamó la atención a Miko al salir a la calle fue el cielo. No había tenido oportunidad de fijarse antes, y tampoco es que la luz del sol lo hubiera permitido cuando llegaron a media mañana. Lo cierto es que habían ido más a ciegas de lo que a la albina le pudiera gustar, siguiendo las indicaciones de sus acompañantes una vez pudieron otear la isla en el horizonte, así que, concentrada en eso se daba cuenta de que sus conocimientos sobre el lugar eran muy precarios, por no decir inexistentes más allá de la advertencia de Ayden. Negó con la cabeza, apartando esas preocupaciones de su cabeza y mirando el crepúsculo de tonos violetas, decorados por una enorme Luna que parecía querer tragarse la isla. No era algo que hubiera estudiado, pero si algo sobre lo que podría preguntar más adelante o quizás contar un relato.

Después de unos segundos más de observación, se fijó en lo que se encontraba frente a sus narices. Bajando del barco al puerto, no pudo evitar notar un cierto… Desnivel. Era como si aquel puerto normalmente no llegara al agua, como si estuviera hecho para emergencias de mareas increíblemente altas. ¿Por qué? Bueno, la calle bajaba en una inclinación brusca al poco de separarse del lugar, y los puertos solían estar al nivel del mar. Eso podía ser peligroso para un barco grande si la marea descendía bruscamente… Tendría que darse prisa por si las moscas. Sus temores se confirmarían bajando unos cuantos metros calle abajo, donde el agua del mar se filtraba como en un cuenco, incluso con la penumbra no era difícil distinguir lo que parecían ser tejados de casas medio hundidas, todo gracias a sus ojos de bestia. Contuvo un momento la respiración. Esperaba que nadie hubiera salido mal parado de eso porque, si había un terreno con el que no pudiera ayudar ese era el agua. Sus habilidades eran muy útiles, sí. Pero no podían hacerle frente a un terreno en el que no se podía mojar —valga la redundancia—. Más allá de ese trecho, las luces de las calles y casas contrastaban con el contraste que suponía esa pequeña cuenca. De hecho, estando tan mal organizado, se le ocurría a Miko que quizás llevara así años y simplemente las casas aún siguieran ahí construídas. Le tendría que preguntar a algún local. Con esa idea y su camino cortado aparentemente por ese lado, solo le quedaba volver sobre sus pasos y adentrarse en la ciudad. Quizás fuera muy tarde para encontrar ninguna tienda abierta, algo que había aprendido durante sus primeros meses de viaje y leyendo las notas de su mejor amigo. Pero al menos las tabernas y posadas podían aún seguir abiertas. Claro que si todos los piratas eran como los había descrito Ayden en alguna ocasión…

—Hubiera sido buena idea preguntar por más consejos… o incluso traer a Kike después de todo… —se lamentó, llevando la mano a su bolsillo, sacando de este un pequeño caracol que le devolvió la mirada. Se le hacía raro usar a un ser vivo como un instrumento—. ¿Tú qué crees? ¿Debería llamar para pedir ayuda? —Como era de esperarse, el caracol no hizo nada más allá de quedarse mirándola. Miko suspiró—. Supongo que mejor no. Gracias por escucharme. Vamos. —Volvió a guardar el caracol en su bolsillo y convirtió sus orejas en las largas y blancas orejas de una liebre. Sus ojos brillaron sutilmente con el reflejo de la luna en la noche— Solo tendremos que seguir el ruido.

Y, efectivamente, con seguir el sonido fue suficiente para que la música de taberna captara su atención tras diez minutos de caminatas. La chica desvaneció sus rasgos animales, que desaparecieron tan rápido como habían aparecido, y se acercó al establecimiento que, suponía, debía ser un bar por los cristales de las enormes ventanas y el cartel sobre la puerta. Claro que antes de entrar, prefirió tener la prudencia de asomarse por detrás del cristal para observar el interior. La gente bebía, reía, gritaba, cantaba. Esto le dibujó una leve sonrisa de nostalgia. Aunque eran más brutos que en Samia y no tenían ese factor «familia» que era lo que más le gustaba de su casa. Tomandose unos segundos para adecentarse, se colocó el pelo, recogiéndolo en una coleta, se aseguró de que su camiseta blanca de mangas largas estuviera estirada y sus vaqueros oscuros tuvieran en sus bolsillos todo lo que pudiera necesitar: Su DDM, su escaso dinero, papel y un bolígrafo, o al menos un lápiz. Hecho eso, salió de su escondrijo para dirigirse a la puerta con la clara decisión de acercarse a la barra, preguntarle al tabernero por alguna tienda que vendiera cosas de navegación —Porque inocente y tonta no eran lo mismo— y tomar algo que no tuviera alcohol ni carne, para que no le pusiera mala cara por irse sin pagar.
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Mensaje por Prometeo el Lun 9 Nov 2020 - 23:35

Los pies se hundían como mínimo un par de centímetros en el barro, ensuciando los zapatos de todos aquellos que caminaban por la ciudad. El panorama era desolador, no sólo había una multitud de familias abandonadas a la mano de Dios, sino también una profunda destrucción por culpa de la subida de la marea. Los únicos que no parecían afectados eran los piratas que controlaban Bloothe. Destacaban sobre la demás gente por los tatuajes en forma una tortuga mordiéndose la cola, algo así como una insignia que les posicionaba en un lugar más favorable en comparación al resto.

—Tsk, estoy segura de que viven como reyes y no trabajan un puto día —espetó Luna con el ceño fruncido, dedicándoles una mirada fulminante a la pareja de piratas que merodeaba por la zona costera—. Vamos, Prome, hay que averiguar lo que está pasando aquí porque imagino que quieres ayudar, ¿verdad?

El revolucionario asintió sin desviar la mirada hacia Luna. Jamás se perdonaría abandonar a toda esa gente que lo estaba pasando fatal. Lo habían perdido todo, pero esperaba que aún guardasen algo de esperanza en sus espíritus. Si no eran los piratas ni el Gobierno Mundial, Prometeo, en nombre del Ejército Revolucionario, haría todo lo posible y más por ayudar.

Caminaron sin llamar la atención en busca de una taberna donde conseguir información. Al menos el tabernero tendría una versión interesante sobre lo sucedido en Bloothe. Ninguno de los revolucionarios esperaba que un cantinero tuviera las respuestas a un fenómeno astronómico de esas magnitudes. Prometeo pensaba que el Gobierno Mundial debía destinar más recursos a la investigación que a una cacería sin sentido de criminales que no suponían un mal para nadie. Vale, entendía que había hombres crueles y malvados que merecían un castigo, pero ¿más de mil millones de berries por una sola cabeza? ¡Estaban locos! ¡Todos locos! Con ese dineral podrían financiarse varios proyectos.

Al cabo de unos varios minutos de deambular por la desolada ciudad los revolucionarios acabaron frente a un edificio de piedra. Tenía un enorme cartel sobre la puerta con una jarra de cerveza hecha de madera, anunciando el tipo de local que era. A pesar del ambiente tétrico y triste de la ciudad, el interior de la taberna se oía muy animado, como si en Bloothe no estuviera sucediendo nada fuera de lo normal. Prometeo empujó la puerta y permitió que Luna pasara primero.

La habitación no tenía nada excepcional, la verdad. Mesas, sillas y una barra, un pequeño escenario donde había un par de borrachos intentando tocar una melodía y al fondo unas escaleras que conducían a los cuartos de arriba. Había por lo menos unas veinte personas allí dentro. Bailaban, reían y festejaban. Lo curioso era que la mayoría tenía una tortuga tatuada en el pecho. Bastó un intercambio de miradas con Luna para saber quiénes eran esos hombres. El suelo de madera rechinaba con las pesadas pisadas de Prometeo, temiendo que este eventualmente cediese ante su peso. El revolucionario se acercó a la barra, pero se detuvo a esperar que una mujer de aspecto muy distinto al del resto de los presentes acabase de conversar con el tabernero.

—No sé si habrá visto el estado de la ciudad, pero definitivamente no es un buen lugar para buscar una tienda de navegación —comentó Luna en voz baja, acercándose al albino.

—Esta ciudad parece no ofrecer nada bueno… Esperemos allí sentados, Luna, tampoco es que estemos apurados —propuso el homúnculo, esbozando una sonrisa tierna mientras apuntaba una mesa con su índice—. ¿Crees que el tabernero me preste la cocina si se lo pido por favor?

—A los chicos guapos no se les puede decir que no.
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