Próxima ronda fugaz

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Las obras del Búho y la Liebre [Navidad] [Priv. Miko]

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Mensaje por Abigail Mjöllnir Mar 8 Dic 2020 - 11:30

Sus viajes nunca cesaban. Ya había aprendido a moverse de forma impecable por casi todos los mares, y los viajes entre el Grand Line y los Mares Cardinales ya no tenían ningún secreto para Abigail, que se desplazaba entre ellos usando rutas comerciales poco conocidas. Su última parada había sido en el South Blue y aún no había salido de allí. Había decidido viajar un poco más con aquella muchacha que había conocido en uno de los encargos menores que había aceptado. Cada una iba con su embarcación pero viajaban juntas.

Había conocido a aquella joven apenas unos días antes, cuando coincidieron en un encargo bastante sencillo que consistía en recuperar el caballo del oficial marine a cargo y llevar ante la justicia al responsable. Aquel encargo había dado un giro cuando las dos descubrieron que detrás de aquel incidente había un desalmado ofreciendo cobijo a cambio de cometer fechorías para él. En lugar de simplemente entregar al muchacho que se había llevado al caballo decidieron hacer algo más "justo": entregar al cabecilla y darles a los demás la oportunidad de salir de aquella vida de criminalidad ahora que aún no tenían precio por su cabeza.

Ya se ve Domica en el horizonte —dijo, reconociendo la isla al momento en cuanto vio en el horizonte el extensísimo puerto que tenía.

En su dimensión aún estaban los ahora ex-bandidos a los que había prometido dar libertad cuando estuvieran en la siguiente pista, y aún seguían debatiendo sobre qué debían hacer. Hablaban con los habitantes actuales de Abi para tratar de averiguar más sobre ella y así poder decidir si se quedaban con ella o no. Uno de ellos estaba en la embarcación de Miko, así que no se preocupó demasiado.

A pesar de su extensión sus habitantes viven casi exclusivamente de la pesca debido a las historias sobre las bestias de la isla. Puede parecer un desperdicio, pero ese miedo les ha convertido en los mejores navegantes y marineros de este mar. Y deben tener el mejor puerto de todos los mares cardinales —explicó brevemente lo que sabía de la isla. Un día podría explorar Domica y descubrir qué clase de fauna había realmente en la isla, así como si los temores de los habitantes de la misma eran reales o infundados. Eso, no obstante, era algo que haría otro día.

Aquel día no era realmente especial, pero sí que estaban a punto de entrar en una época especial y personal para la cazadora. No tomaría ningún encargo violento, quería... solo quería pasar esos días tranquila.

Miko, ¿sabes algo de la Navidad? —preguntó de la nada.

Tenía algo en mente y estaba casi segura de que Miko aceptaría sin dudarlo, pero primero quería saber cuánto sabía y, si no lo conocía, explicarle esa parte de sus creencias. No con la intención de convertirla sino para darle el contexto necesario para entender la petición que quería hacerle cuando llegaran a puerto y comprobara una cosa.
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Abigail Mjöllnir

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Mensaje por Miko Jue 10 Dic 2020 - 18:19

Sendos barcos surcaban entre las olas, ya en el horizonte de la isla de Domica, aproximándose prestos al que sería su destino tras varios días de viaje que habían servido en parte para que Miko y su nueva… ¿Amiga? Aunque estaba segura de que rondaban más o menos la misma edad, la mujer tenía una forma de tratarla que resultaba casi maternal. Pero sí, amiga sonaba mejor en su boca que ahijada o algo por el estilo, teniendo en cuenta la diferencia de edad. Lo cierto es que su encuentro había sido meramente fortuito, pero por lo menos la albina debía estar agradecida por la aparición de alguien como la cazadora en sus viajes. No solo estaba resultando una sorprendente maestra de navegación, sino sobre la vida en general. Y en cierto modo estaba bien compartir con alguien, aunque fuera por corto tiempo, una charla amistosa. El barrullo en cubierta era algo que había echado de menos tras la marcha de Ayden, aunque fuera más en forma de caracolófono. Pero también estaba Kike, el chico que había decidido quedarse con ella. Así que ya era más que solo hablar tirada en su cama de vez en cuando con su amigo, por breves que fueran a resultar esos instantes.

Ahora, mientras manejaba el timón, a la rubia se le ocurrió hacer una pregunta curiosa desde el otro lado del DDM, sobre si la albina sabía que era la navidad. Bueno, conocía la palabra, claro. Las personas que habitaban Samia eran descendientes de viajeros que mantuvieron algunas de sus fechas y costumbres, y esta era una de ella. De hecho, hasta a Kike le sorprendió una pregunta como esa, aprovechando para burlarse de la monja por sus palabras. Miko le reprendió.

—Bueno, claro. Quiero decir, no puedo decir que no haya escuchado la palabra Navidad, o que no se celebre nada por esas fechas, aunque dudo que tengamos en Samia las mismas costumbres que en otros lados —dijo, con la amabilidad que acostumbraba. En Samia no había nada religioso y, aunque los niños solían creer que alguien disfrazado les traía juguetes a los niños buenos y se llevaba a los malos para comérselos. Lo que realmente hacía especial esa comida era la fiesta que se celebraba. Cada habitante o familia cocinaba una importante cantidad de comida y en la plaza se levantaba una carpa con un enorme hueco en el centro para colocar una fogata y que nadie entrara en frío. Se celebraba una cena todos juntos. Era un momento de compartir, su Navidad. Y así se aseguró de presentársela a Abigail—. La verdad es que esta va a ser la primera vez que no celebre la navidad con todos en mi hogar… Me pregunto si me echarán de menos. —. Un deje de nostalgia se escapó de sus labios a modo de suspiro. Si hubieran esperado un poco más… ¿Cuánto era un poco más? Podrían haberla celebrado Ayden y ella juntos con su familia tras tanto tiempo. «Ese idiota». Se quejó en su mente, antes de caer en que no estaba escuchando a Abi, ni le había preguntado de vuelta. Y eso no podía ser, quería saber cómo la celebraría ella—. ¿Y tú, Abi? ¿Cómo era la navidad en tu casa? ¿Qué solíais hacer para celebrarla? —preguntó con tono animado. Las fechas estaban próximas y, aunque Abi tenía a su «familia» quizás…— Oye, ya que vamos a llegar a Dominica, podríamos quedarnos unos días y celebrarla juntas… Si te parece bien. La verdad es que no me gustaría celebrarla sola.

Y tras pactar lo que vieran mejor, colgarían. Tal vez fuera mejor prepararse para ello una vez pisaran tierra. Además, sería un desperdicio si la albina no podía aprovechar el momento para maravillarse con uno de los mejores puertos del South Blue. Su padre le había hablado de este lugar en sus viajes… De hecho, estaba casi segura de que no solo le había hablado de este lugar, sino que había algo más esperándola en Dominica. Algo relacionado a su familia paterna. ¿De dónde sino iba a ser una de las más respetadas familias mercaderes del este Blue?

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Mensaje por Abigail Mjöllnir Vie 11 Dic 2020 - 15:59

Ignoraría las burlas del muchacho, no sabía que aquellas costumbres se extendían más allá de su propio islote. Eso realmente le ahorraría bastantes explicaciones. No obstante, primero debía escuchar a la joven, que le presentó lo que debían ser sus navidades, o la festividad equivalente en su isla natal por la falta de religión. Sonrió al imaginarla. Escenas como esa eran las que motivaban su trabajo. Debía asegurarse de mantener los mares a salvo para que gente como Miko pudiera vivir una vida tranquila sin más miedos que los de sus propios obstáculos.

Por supuesto que te echan de menos —aseguró.

Sus navidades... bueno, eran únicas a su manera debido a la curiosa familia que tenía.

Eran más animadas cuando era niña. Me he criado en un convento de casi clausura, así que he celebrado todas mis navidades con mis hermanas y la Madre Superiora, sin nadie más —empezó. No tenía la intención de contarle toda su vida por ahora, así que se limitaría a responder a su pregunta sin más —. Cuando era niña, entre otras cosas. Nos sentaban en la capilla y, con un plato de galletas para cada una, nos contaban cuentos durante casi todo el día. No podíamos pecar de gula así que las raciones no eran muy distintas del resto del año. Después de los cuentos cantábamos, a veces villancicos, a veces cánticos de nuestra fe. Cuando las niñas crecimos dejaron de ser tan animadas, y pasamos a simplemente abandonar por un día o dos nuestras obligaciones para hacer cualquier otra cosa  dentro del monasterio. Te sorprendería lo ocupada que puede llegar a ser la vida de clausura casi total.

Hizo una pausa. Miko le daba muy buenas sensaciones pero no podía abrirse tan rápido, no a menos que preguntara directamente, todavía tenía sus heridas abiertas de una forma más literal de lo que le gustaría admitir y no estaba aún en condiciones para enseñarlas. No había movido el micro del Den Den Mushi, por lo que su propia respiración aún podría escucharse. ¿Se acordarían de ella aún? Se había ido de una forma bastante fea, pero aún pensaba que había hecho lo correcto.

La petición de Miko sorprendió a la cazadora, que tuvo que pensar su respuesta. No consideraba que ella misma, ahora mismo, fuese digna de cualquier atisbo de felicidad, pero sería peor arrebatarle ese deseo a la joven y a su nueva familia. Después de todo... era una época de dar. Si lo veía así, lo importante era que les diera felicidad, no lo que pudiera recibir.

Por supuesto, Miko.

Volvió a hacer una pausa. Estaban acercándose cada vez más al puero y tendrían que prepararse para atracar.

Voy a colgar, ya falta poco para llegar a puerto —dijo. Luego colgó el Den Den Mushi y empezó los preparativos.

Aún así , celebrarlo solo con Miko no le parecía demasiado... no sabía cómo explicarlo. Hacía tiempo que no ejercía de beata. Quizá... quizá pudieran hacer algo por la gente de Domica.
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Mensaje por Miko Vie 11 Dic 2020 - 17:44

—Creo que se de alguien que lo hubiera pasado muy mal con solo un platito de galletas —comentó con tono animado cuando dijo lo de la clausura y sus limitaciones. La verdad es que no se podía imaginar unas navidades tan… Grises, por mucho que a la mayor no le molestase. No podía juzgarla, después de todo lo mismo hubiera sido ella la que hubiera tenido una navidad del estilo o podría ni siquiera haber tenido navidad según el lugar donde se encontrara—. Cuando eramos pequeños, yo y mi mejor amigo también teníamos una tradición, con otros chicos. Hacíamos regalos caseros. Ayden, que se llamaba… Bueno, se sigue llamando, vaya. Solía hacer figuritas de madera para nosotros. La verdad es que lo tenía fácil. Su padre era el carpintero de la isla. Yo, por otro lado, nunca he sido buena para esas cosas… Así que le pedía a mi madre que me ayudara a hornear galletas para todos. Al hacerme mayor pasé de hacer solo para mis amigos a hornear cantidades enormes y ofrecerlas a los clientes de la taberna que rentaba como muestra de buena voluntad.

La conversación retomó una vez en tierra, siguiendo el hilo de lo que había estado comentado antes. De hecho, pensándolo bien, seguramente Abigail al haber estado en un convento nunca hubiera hecho cosas como recibir regalos o darlos ella misma. Tal vez esa fuera una buena ocasión, o eso pensó ella mientras amarraba el barco al puerto. Hecho esto y pagando de su escaso dinero para dejarlo ahí, se adelantó en ir ella a buscarla, no sin antes preguntarle a su «tímido» nuevo amigo si quería venir.  Kike se negó, aunque no sabía si por estar receloso de la rubia, por sus viejos compañeros o simplemente quería disfrutar de su nuevo cuarto quedándose completamente solo. «Bueno, por si tardo tienes comida lista para calentar y comer hecha por mí en la cocina», le había dicho antes de salir del barco con su cálida sonrisa de oreja a oreja. Cuando miraba así a otras personas casi parecía que hasta sus ojos sonreían, figuradamente, claro.

La liebre se precipitó los escasos diez metros que la separaban del cabo en el que uno de los miembros de la tripulación de Abi amarraban el barco, buscando con la mirada a la mayor a la mayor por todos lados hasta que al hombre le dio por indicarle que estaba tapada por parte del barco. La menor le dio las gracias y se apresuró a su lado.

—Oye, Abi, te parece que vayamos a… —Detuvo sus palabras en seco al percatarse de que tanto la rubia como otra mujer la miraban en silencio. Las había interrumpido seguramente—. Perdón, iba a… mejor espero a que terminéis de hablar —dijo entonces, rascándose la nuca. Esperaría a que le dieran la vez antes de volver a lo que quería decirle a la rubia—. La verdad es que estaba pensando, ya que es nuestra primera vez celebrando una navidad así, podríamos hacer cosas de ambas partes. Y te iba a decir si quieres ir a comprar conmigo… Podría preparar comida deliciosa para todos… bueno, creo que estaría buena, a la gente de Samia le gustaba mi comida. Y seguro que en este lugar también celebran la navidad. A lo mejor hay puestos o algo. Podemos buscar ideas para hacer algún detallito a tus tripulantes y a los chicos que recogimos.

Dicho esto, esperó a su respuesta, dando pequeños saltitos en el sitio, levantando los pies para ponerse de puntilla y otra vez quedar abajo, repetidamente, debido a la emoción. Si accedía, la agarraría del brazo y tiraría suavemente de ella para que se dirigieran al pueblo. Había que aprovechar la mañana.
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Mensaje por Abigail Mjöllnir Dom 13 Dic 2020 - 12:12

Ella sola era perfectamente capaz de hacer todo el amarre, pero estaba adoptando la costumbre de dejar que sus habitantes lo hicieran también para ir enseñándoles como funcionaba todo el oficio de navegante. No obligaba a ninguno a permanecer con ella así que quería asegurarse de que, si alguna vez decidían volar del nido, sabrían navegar y tratar su barco con cariño.

Después de llegar a tierra firme Abi se paró un momento a hablar con Amara.

Quiero que os toméis estos días de descanso, ¿vale? habéis trabajado mucho, díselo al resto, solo lo indispensable y ya —fue diciendo. Mientras hablaba fueron interrumpidas por Miko, pero no le dio demasiada importancia a la interrupción, casi habían acabado de hablar así que no tardó mucho en quedarse totalmente libre.

La idea de Miko sonaba bastante bien, aunque tendrían que buscar algún sitio para preparar toda esa comida. Era verdad que podían usar la dimensión interna de Abi, pero... ella no podría estar "de verdad" si lo hacían así.
Por mí está bien, pero somos muchos. Habrá que buscar un sitio donde quedarse —sus barcos no estaban pensados para casi una veintena de personas, necesitarían reservar algo grande si querían hacer una celebración, o quizás acampar a las puertas de la ciudad.

Vamos, vamos —dijo ante la enternecedora insistencia de la civil.

Es mejor que yo no me acerque a la cocina, aunque sí puedo pescar la cena —dijo mientras iban revisando los puestos. No estaba totalmente segura de si era la misma celebración, pero sí que se notaba que estaban de festividades allí también. Tenían la lonja habitual pero además, algo alejado para evitar que se mezclaran los olores, también habían más puestos de... bueno, de todo tipo. Había comida, pero también juguetes y dulces —. Una vez hace años confundí azúcar con sal y desde entonces me dejaron a cargo de la vigilancia nocturna y el comercio —explicó. No fue precisamente el momento más brillante de su vida.

Ah, no te preocupes por el coste. Necesito bastante dinero de todas formas para poder alimentarlos a todos así que no te cortes, si cocinas tú los ingredientes los pago yo. Algo que les haga justicia... ¿qué podría ser? —por desgracia era mala con todo eso, no se le ocurría gran cosa. Se había criado sin esa cultura de regalar, así que lo pasaba "mal" para ponerse a pensar en cómo funcionaba todo eso.

Sentía que podría llevarles un detallito como decía Miko, pero si era manufacturado... bueno, se especializaba en armas pero tenía conocimientos generales de ingeniería y un poquito de cada cosa. ¿Juguetes como las figuras de madera que había mencionado? Eran un poco mayores para eso.

Ahora que lo mencionaba, ¿Ayden? Así se llamaba el cazador que conoció en Hallstat... luego preguntaría un poco más.
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Mensaje por Miko Mar 15 Dic 2020 - 12:19

Los ojos rubíes de la albina refulgían con el brillo de las luces de los puestos. Su nariz olfateaba encantada con casi todos los olores de deliciosa comida que le incitaban a probar todo lo que vendían en los puestos, claro que era consciente que hasta el plato más apetecible lo echaría de lado si era obvio a la vista que llevaba carne. Era lo único que podía lamentar sobre sus peculiares poderes. Aunque todo lo que fueran dulces era seguro para ella, sin contar las calorías, así que podría disfrutarlo igual. La liebre no tardó mucho en empezar a cruzarse con la gente sin pudor alguno, como una niña ilusionada.

—Claro, claro. Yo no tengo problemas, estoy acostumbrada a cocinar para muchos comensales —aseguró, parando en seco de repente, como si hubiera caído en algo—. Pero… no creo que en mi cocina quepa todo lo que queremos usar… Mi barco no es tan grande. Aunque si me puedes hacer hueco, solo para preparar la comida, me aseguraré de hacer cosas deliciosas. Ah, también deberíamos probar cosas de los puestos, nos puede dar ideas sobre que preparar... —Siguió explicando, haciendo una pausa cuando la mayor habló, soltando una carcajada sin malicia ninguna. De hecho, podría resultar casi contagiosa—. No tienes que preocuparte, Abi. Simplemente hay que probar un poco de cada bolsa si no estás segura de que es sal o azúcar. La textura y color puede resultar a veces muy similar —dijo intentando animarla, continuando con su paseo.

Era una suerte que hubieran llegado varios días antes de la celebración para poder preparar algo, porque los problemas parecían aflorar con cada paso que daban: Abi tenía razón, eran muchas personas que juntar en un mismo lugar, y aunque ella no tuviera problemas con hacer una acampada, la noche era fría en invierno, incluso estando en el South Blue, así que sería mejor encontrar un sitio agradable para pasarla.

—Lo de la fiesta… No creo que a ninguna taberna de fuera de Samia le guste la idea de dejar celebrar una fiesta privada sin ser ellos quienes organizan y preparan… ¿Tal vez podamos encontrar otro lugar?  Algún recinto que no se use o que tenga sitio de sobra y que no les resulte problemas que los usemos… —Miko agachó las orejas, preocupada y pensativa, aunque volvió a retomar la conversación cuando la beata empezó a plantearse que podría regalar—. Lo de hacer las cosas a mano era algo nuestro porque en Samia no hay tiendas como tal… o no había. Eramos más rudimentarios… Pero vaya, lo importante de un regalo es la intención, Abby. Demostrar el cariño y aprecio que les tienes. Tal vez algo que vaya a juego con los gustos de tu gente. Si me vas contando yo te puedo ayudar a decidir, también me gustaría mandar regalos… Aunque no sé si sabré enviarlos, no lo he hecho antes. —Se rascó la nuca. Era vergonzoso, pero no sabía usar el correo para mandar cartas, tampoco si podría enviarlos sin saber la ubicación del remitente… Aunque podría llamar a Ayden por DDM y preguntarle, esperaba.

Y así, pasaron las siguientes horas paseándose por el mercadillo, comprando comida para probarla, eligiendo algún que otro regalo… Incluso adornos por petición de Miko, pues ella no tenía dinero que gastar apenas. Pero como decirle que no a esa carita risueña como la de una niña pequeña. Al final de su pequeño paseo lo único que no habían resuelto aún era el tema principal. ¿Dónde celebrarlo? A Miko se le ocurrió que, aparte de preguntar por ahí, podría buscar un lugar alto y divisar los edificios más grandes. A lo mejor ahí tenían suerte de que la gente respondiera en esas fechas con amabilidad y les dejaran festejar dentro. Divisó tres casas especialmente grandes.
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Mensaje por Abigail Mjöllnir Dom 20 Dic 2020 - 13:01

Ojalá hubiese sabido eso hace diez años —respondió. Ahora ya le daba bastante igual, con lo básico se apañaba ella y sus habitantes se defendían bien en el tema de cocina. Viendo que Miko no tenía problema en cocinar para tantos, lo único que quedaba era decidir el menú y el tema de los regalos, seguramente lo más difícil para la cazadora.

Hm —no lo decía, pero había algo que le daba miedo. No sabía exactamente cómo demostrar ese cariño y aprecio porque en el fondo temía que su gente la odiara por haberlos defraudado, o por haberlos alejado de su hogar. Por otra parte no quería ser distante y quería seguir el consejo de Miko.
Sobre enviar cosas, si no utilizas algún servicio de mensajería por barco tendrá que ser el sistema por carta, pero así no puedes enviar nada que no quepa en un sobre. A mí me llegó no hace demasiado una carta sin que yo tenga una dirección fija, así que supongo que no es necesario saber eso —realmente no estaba segura de si se podía, pero no perdía nada por probar a mandar algo al nombre de Ayden y que llegara bien.
Sobre qué les gusta, pues... sé que a Amara le gusta mucho el Shogi, dice que es algo que le viene de familia porque sus raíces están en Shimotsuki —comentó, empezando por la que consideraba su mayor confidente dentro del grupo que habitaba su interior. Aquella joven era avispada y tenía un pensamiento lógico admirable. Todo lo que fueran puzzles o juegos estratégicos se le daban bastante bien. Seguiría comentándole sobre el resto de los jóvenes que vivían dentro de ella, por si se le ocurría algo.

Pasarían algunas horas eligiendo, probando y comprando cosas como adornos y al menos un detalle para cada uno. Si por ella fuera les habría hecho algo, pero su ingeniería estaba destinada a la caza, no había practicado tanto para crear cosas útiles fuera de su trabajo. Fue bastante divertido, y le vendría bien salirse de su papel de cazadora por unos días. También le ayudaría a rebajar el estrés de estar constantemente en guardia y de estar trabajando constantemente, resultaba agotador a la larga y ese respiro sería magnífico para su salud mental.

¿Puede ser en la que sea más alta? Me recordará un poco más a mi hogar —preguntó. Se conformaría con cualquier lugar que encontraran, pero si pudiera ser un sitio en el que poder subirse al final a recordar sus viejas guardias nocturnas... ese caprichito la haría feliz, poder subirse a algún lado alto tras la cena y recordar un poco la vida tranquila y pacífica que tenía en aquel entonces.

Habían puesto sus ojos en tres casas, una de ellas le resultaba especialmente atractiva por su tejado, más clásico que el resto y que se asemejaba más al de su antiguo convento. No tenía su torre de la campana pero... le serviría igualmente. Ahora bien, ¿cómo conseguir que les dejaran usar esa vivienda? Tenía sus preferencias, claro, pero no podían "elegir". Esperaba que el espíritu navideño fuera suficiente, pero si eso no funcionaba podría usar el lenguaje universal de los berries.

Quedaba ir y, bueno, intentar que les alquilaran una de esas tres por unos días.

¿Quieres que comprobemos primero las tres antes de decidir algo?
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Mensaje por Miko Lun 4 Ene 2021 - 23:21

«La más alta», repitió Miko en su cabeza. Lo cierto era que para haber conseguido aquella vista panorámica había recurrido a sus poderes y saltado rápidamente a lo alto de un tejado, así que quizás fuera buena idea usar sus habilidades un poco más. De base, su vista no sería muy diferente a la de una persona promedio, pero cambiando sus ojos por los de una liebre era capaz de agudizar un poco más este sentido. Incluso sin eso era probable que hubiera distinguido la más alta, pero no los detalles para guiarse hasta ahí. Escudriño su sendero un par de minutos más, antes de asentir para sí misma y volver con la rubia.

—Ya que la más alta parece también la más grande, ¿qué tal si preguntamos ahí primero? Podemos revisar todas, pero sería descortés ir a una y luego dejarles colgados si nos aceptaban en la otra que nos interesa más —propuso la liebre, desvaneciendo las facciones de su cuerpo que recordaban a un animal para volver a ser la chica de antes.

Si a Abby le parecía bien, no tardaría en poner rumbo a su primera parada, divagando mientras tanto sobre un par de cosas: El regalo de Ayden, la forma en que se suponía que podría mandar el correo, la comida que prepararían. Habían comprado un poco de todo y no en poca cantidad, así que podría hacer comida tanto vegetariana para ella como con otro tipo de cualidades. Tenían carne de cordero, pescado fresco, frutos del mar, patatas en cantidad que utilizaría para cocinar sus conocidas “boxty” —el plato típico de su isla—, y si se pasaban por el barco para ir a buscar a los demás para la cena podría usar también de aderezo su sirope casero. Tenía bastante confianza en su comida, así que esperaba que les gustara a los habitantes de la mujer, a Kike y a la propia Abigail. Mientras caminaban iba hablándole, explicando que le gustaría hacer. De paso hablaba sobre su isla natal. Le habló de la taberna de su abuela, de Charlie y Rumi, su mentor y su mejor amiga. También indagó más en Ayden, describiendo al chico como un villano.

—Es un tonto. Sabes, cuando yo era pequeña los dos soñábamos en irnos juntos de viaje, de aventuras, como en las historias que nos contaba mi padre cuando estaba vivo… —Una sonrisa triste asomó en su rostro ante su mención, pero intentó no darle muchas vueltas. Sus padres no serían felices si supieran que aún no había superado la perdida—. Y sin que tuviéramos tiempo de crecer lo suficiente se marchó sin más. Bueno, yo sabía que iba a irse… pero no pude detenerle. Pasamos nueve años sin volver a saber nada de él. Y encima cuando por fin pudimos volver a vernos, cuando íbamos a cumplir lo de viajar juntos, ese sueño apenas pudo durar dos meses. —Movió la mano con desdén, haciendo una mueca con el ceño fruncido. Aún estaba mosqueada por eso. Pero, de nuevo, no pudo retenerle—. Dijo que tenía trabajo y que era uno que no podría hacer conmigo cerca. Y en los diarios que me dio sobre su viaje… siento que me oculta cosas… Es frustrante, como si no confiara en mí… —Musitó, antes de caer en que estaba hablando demasiado, momento en que se abochornó y cortó sus palabras casi en seco— Perdón, te debo estar aburriendo Abby… —se disculpó, añadiendo una última cosa sobre el chico—. Pero a pesar de todo, sigue siendo mi mejor amigo, y mi héroe.

Después dejó que le contara ella si quería, amenizando su caminata hasta el enorme edificio. Visto de cerca era un poco… Tétrico, si lo comparaban con el resto de las casas. Grande, de piedra oscura y a la entrada, en el muro que rodeaba el jardín del mismo, se leían las palabras: “Orfanato de Domica para niños sin hogar”. A Miko se le erizo la piel por un momento. Aquel lugar parecía un sitio desagradable… aunque quizás se lo pareciera porque no había ninguno en su isla. Ella había sido la única niña huérfana en mucho tiempo y no se la llevaron a ningún lugar apartado, así que.

—Oye, Abi… ¿Son buenos… son buenos los orfanatos? —preguntó duditativa.
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Mensaje por Abigail Mjöllnir Vie 8 Ene 2021 - 11:24

Una liebre... era lo que era, ¿no? Ese tipo de poderes en concreto no era algo que viera a menudo, si no recordaba mal solo había visto al pájaro de fuego aquel en English Garden y poco más. La cazadora esperaría pacientemente a que regresara.

Me parece bien, espero que tengamos suerte —respondió. No pasaba nada si no  podían quedarse en esa, era algo más... personal, un pequeño capricho suyo. También era verdad que era una mejor opción que las otras si era más grande, no eran pocas personas, eran unas... casi treinta personas, debía ser grande.

Por lo que escuchaba se notaba que Miko había tenido una vida sencilla pero entretenida, en poco tiempo había escuchado sobre su isla natal y sobre lo que debía considerar su familia, más allá de sus lazos paternos. En cierto momento habló de Ayden, el muchacho que había conocido mientras investigaba a las hermanas Asagiri no mucho antes de conocer a la propia Miko.

"Un trabajo que no podía hacer con ella cerca", claro. Había tenido oportunidad de comprobar de primera mano el carácter y personalidad de Miko. Era cazador, algo bastante incompatible con el carácter inocente de aquella liebrecilla.

Lo conocí mientras rastreaba a un par de piratas —comentó. Quizá otros, aquel muchacho incluído, pensarían que era mejor mantenerla alejada de la verdad pero... Abi consideraba que las mentiras piadosas no eran tan piadosas. Por otra parte, comprendía por qué le había mentido, se iba a preocupar una barbaridad pero... independientemente del oficio que eligieran iban a correr el riesgo de ser atacados.

Hey, no te disculpes por ser tú misma —comentó primero —. Yo diría que no quiere preocuparte, aunque creo que no lo está consiguiendo —no le diría nada sobre el oficio de Ayden si Miko no le preguntaba, consideraba que era tarea y deber del cazador el ser sincero con su amiga. No era un enemigo, por lo que no era necesario ni aceptable mentirle.

Por su parte, dado que muchas de sus historias no eran precisamente agradables, Abigail se entretuvo contándole anécdotas variadas de su tiempo en el monasterio, incluyendo el pequeño incidente con la repostería y la sal que le valió el puesto permanente de vigía y mercader del convento para mantenerla alejada de las cocinas.

No tengo mucho más que contar, era una vida muy... rutinaria, y me gustaba —omitió que lo echaba de menos, no valía la pena quejarse ahora.

Durante su camino se toparon con un orfanato. Oh, ¿ese era el lugar? No era un sitio especialmente brillante. No hacía tanto que había salido de su propia isla natal y en esa solo había un monasterio así que... lo que sabía de los orfanatos era lo que había oído decir a mercaderes.

Depende de quién los dirija, pero ten en cuenta que es donde reúnen a niños locales sin familia, no creo que tengan la moral muy alta —respondió —. Ya que vamos a preguntar podemos aprovechar para animarles un poco. No creo que hagan falta posesiones materiales para ser feliz, pero un par de juguetes no les harían daño, y si edulcoro alguno de mis trabajos podrían divertirse —propuso. Aún podía correr con más gastos, y aquello merecería la pena. El qué harían exactamente... primero tendría que ver en qué situación estaban los niños.

Respecto a lo de edulcorar, pues... si quitaba la parte en la que los criminales perdían la vida la verdad era que sus historias de cazadora ganaban muchísimo como material literario apto para menores.
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Mensaje por Miko Vie 8 Ene 2021 - 19:35

La albina abrió sus ojos como platos cuando la mayor de las dos dijo que conocía a Ayden, deteniendo su paso de forma frenética con la boca entre abierta por la sorpresa. Sus primeras palabras fueron de… ¿Duda? ¿Negación? Le costaba creer que el chico hubiera podido estar metido en una investigación sobre… Espera, ¿piratas? Las ideas empezaron a pasar atropelladamente en su cabeza de la sorpresa y alegría porque su amigo se hubiera cruzado con alguien tan amable y capaz como era la beata al enfado y la preocupación. Enfado porque eso no se lo había contado, preocupación porque se hubiera metido en algún lío.

—¿En serio? Espera, ¿conoces a MÍ Ayden? Es decir, no “mí” de que sea algo que me pertenece, sino de que es mi amigo de la infancia. ¿Estás segura de que es el mismo? Perdón, es que… No me lo esperaba… ¿Y cómo coincidisteis? Has dicho que estabas siguiendo la pista a unas piratas… —Sus palabras se atropellaban según la chica preguntaba. Era normal, aquello había pillado completamente por sorpresa a la coneja— ¿Fue hace tiempo dices? Entonces… —Apretó los labios dibujando una fina línea con ellos. Sus ojos parecían a punto de echarse a llorar al darse cuenta de que era una de esas cosas que había omitido por completo en su diario— ¿Crees… Crees que podrías contarme como os conocisteis? Solo quiero saber que no andaba metido en ningún lío si es él... —pidió en tono bajo, sonriendo tristemente ante la afirmación de que no tenía que pedir perdón por su forma hiperactiva de ser al ganar algo de confianza. Si aceptaba a hacerlo anotaría el hablar con el rubio la próxima vez que pudieran verse en persona.

Se calmó un poco después de dejar claro ese tema, volviendo a las celebraciones que pretendían realizar aquel día y a las anécdotas de la monja. La verdad es que esa forma de vida que narraba tampoco sonaba tan mal. Aunque ella hubiera sido de las que no hubieran podido estar quieta en un solo lugar. No se hubiera escaqueado de su trabajo ni de las guardias, pero hubiera vivido falta de esa libertad que tanto le gustaba de su pacífica isla.

La caminata acabó y llegó el momento de llamar a la puerta. Con la explicación que acababa de darle la rubia casi parecía que aquel lugar ganaba papeletas, al menos para ella.

—Estaría bien poder animar las fiestas a esos niños. ¿No crees, Abi? Yo sé lo que es sentirse sola por no estar con tu familia. Cuando mis padres murieron… Recuerdo que si no acabé ahogada en toda esa tristeza y soledad fue gracias a Ayden y su familia, que me acogieron en su casa. Además, asegurarse de que los niños sonríen es el trabajo de un héroe también. Vamos a preguntar —exclamó intentando aumentar los ánimos de ambas para vencer a los nervios. Su convicción heroica podría perforar a través de ellos. Es por ello que se adelantó a su acompañante y llamó a la puerta, siendo recibida entonces por una mujer que le sacaba casi dos cabezas, algo no muy reseñable tampoco. La chica de enormes orbes rojos carraspeó, llevando sus manos a la espalda, con los dedos entrelazados—. Buen… Buenas tardes. ¿Es usted la encargada del orfanato? ¿Tendría un momento que poder compartir con nosotras?

La mujer de mirada severa se quedó observando a la mejor. Era mucho más mayor que Miko o Abigail, seguramente doblara en edad sobradamente a ambas. Sin embargo, el niño que se asomaba desde detrás de sus faldas aferrándose a ella con una mezcla de miedo y curiosidad le hacía pensar a la joven que debía tratarse de una muy buena persona. El niño fue el primero en hablar, llamando a la mujer “Nana”.

—Nana… ¿Quiénes son? ¿Han venido a llevarse a alguien…? —Preguntó el chico sin apartar la vista de la liebre, quien no tardó en agacharse y sonreírle.

—Timmy, haz el favor de entrar de nuevo adentro. Te vas a resfríar —le instó la mujer antes de volver a fijar la atención en Miko, que se volvió a incorporar para que no la mirara desde tan abajo—.  Dudo que haya nada que pueda interesarles en este humilde lugar, pero sí. Claro. No tengo motivos para cerrarles la entrada señoritas…

—Miko, mi nombre es Miko Connell. Esta es mi acompañante Abigail. Lo cierto es que somos solo un par de viajeras de paso, pero que queríamos… Bueno, necesitábamos un lugar donde nos pudieran alojar para poder celebrar estas festividades aún lejos de casa… Y también porque queríamos hacer una buena obra de navidad, si les parece bien. Nos gustaría celebrar estas fiestas con usted y los niños del orfanato. Todos los gastos correrían a nuestra cuenta, claro… Si… Si le parece bien…

Ahora solo quedaba que Abi se presentara también. A lo mejor a ella le hacía más caso por ser más madura o tener una de esas tarjetas identificadoras del gobierno. Pero a la albina no se le pasaba por la cabeza ningún motivo o situación en la que nadie pudiera desechar ese tipo de oferta por parte de unas desconocidas que llamaban a su puerta. Ese era el nivel de ingenuidad de la chica.
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Mensaje por Abigail Mjöllnir Miér 13 Ene 2021 - 14:27

Un muchacho rubio, más o menos de mi estatura, de ojos amarillentos, cejas un poco densas. ¿Algo así te suena? —preguntó mientras hacía gestos para estimar la altura del cazador, que solo era un pelín más alto que ella.

Quizá la había preocupado con lo de las piratas, así que se apresuraría a sacarla de sus dudas para que pudiera tranquilizarse cuanto antes.

Nada peligroso, esas piratas se habían marchado de Hallstat hacía un tiempo y estaba investigándolas porque atacaron a inocentes sin motivo, quería saber cómo lo hicieron —hizo algo de memoria. Qué más... ah, quería saber cómo se habían conocido exactamente —. No tiene mucho misterio, me lo encontré hablando con el jefe de la seguridad de la ciudad y me uní a la conversación. Luego bajamos a hablar con los testigos y no mucho más, fue un día bastante tranquilo, que yo recuerde —esperaba que asegurándole que no se habían metido en problemas podría tranquilizar a la joven.

Según lo que veamos dentro podríamos hacer algo más que animarles las fiestas —tenía una pequeña idea en mente, pero para poder estimar una cantidad tenía que ver el interior. No quería alarmar a Miko con las cifras tan exorbitadas que manejaba Abigail gracias a su trabajo así que aún no se lo contaría.

Fueron recibidas por una mujer alta, no era una anciana pero debía rondar los cincuenta aproximadamente. Junto a ella había un niño aferrado a la falda larga de la que, suponía Abi, sería la mujer a cargo del orfanato.
Llevarse a alguien... por desgracia no podía, sus viajes eran demasiado peligrosos. Ya se sentía mal por arrastrar a sus habitantes y estaban todos entrando en la veintena, como para llevar a un infante.

Cuando Miko acabó de presentarse llegó el turno de Abi.

Yo soy Abigail Mjöllnir, viajera y una cazadora del Gobierno. Además de lo que ha dicho mi compañera estaría interesada en conseguir juguetes para estos niños y... ¿puedo preguntar cómo van de comida? —preguntó.

—Bueno, son bastantes bocas que alimentar así que vamos algo justos. No pasarán hambre pero quisiera darles lo que merecen —se la veía preocupada y es que si eran muchos niños iba a costar trabajo mantener el orfanato en buenas condiciones. Le costaba trabajo a ella mantener a sus habitantes... no quería imaginarse cómo sería llevar un orfanato.

¿Sabe? No somos muy distintas —sonrió, pensando que había tenido una idea buena para alegrarles el año —. Entonces... ¿le importa si pasamos aquí un par de días? Usted podrá relajarse, se encargará Miko de la comida. Nosotros decoraremos.

Se lo pensó un poco porque estaba tratando con desconocidas, pero la buena predisposición, el que fueran a hacerse cargo de los gastos y que iban a darles una buena comida terminó por ablandarla lo suficiente como para permitírselo.

—Está bien, pueden quedarse.

Dicho aquello, Abigail usó su poder de nuevo para hacer que todos sus habitantes salieran de su fortaleza.

—¡Aah! Qué... ¿qué ha sido eso?
No tiene que asustarse, son como esos niños, solo que más crecidos. No tienen padres o un sitio al que regresar —empezó. Tras esto se giró para mirar a Amara. Si había estado escuchando ya se habría imaginado lo que quería que hiciera —. ¿Has cogido suficiente?

—Un fajo entero debería ser suficiente, ¿no?

Quería que fuera una sorpresa, así que se acercó a Amara para susurrarle lo que había pensado. Un fajo entero de billetes de diez mil berries... cuánto podría ser, ¿un millón tal vez? más que suficiente para una comida cuantiosa y para una señal.

Consígueles comida para un año. Compra lo que necesite Miko con eso y lo que sobre lo ofreces como señal para conseguir un año de suministros, cuando nos vayamos a ir pasaremos a pagar el resto y a asegurarnos de que lo envían. Cuando estéis más alejados se lo comentas a Miko, quiero que sea una sorpresa —diría.
Miko, compra lo que necesites, no te cortes, incluso si necesitas un carro para traerlo todo. La mitad de vosotros id con ella para ayudarla con las bolsas.

La menor probablemente necesitaría saber cuántos niños habían para alimentar así que dejaría que hiciera las preguntas necesarias. Cuando se fueran, dejaría que Nana le indicara por dónde pasar al orfanato.

Iba a deshacerse de bastante dinero, pero era por una buena causa.
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Mensaje por Miko Miér 13 Ene 2021 - 21:48

La albina dibujó una mueca cuando las descripciones de la rubia —que casaban a la perfección con las de su mejor amigo— terminaron de confirmarle que, efectivamente, el chico había acabado metido en semejantes berenjenales. La buena noticia era que este se encontraba bien y no sufrió ningún daño o peligro. Lo que no podía dejar de rondar por su cabeza era el motivo. Entendía que Abigail investigara criminales. Ya habían tenido su conversación y, aunque no compartía la idea de cazar a otras personas, había visto que la mujer era algo así como una heroína pagada por el gobierno… Lo del pago por vidas humanas —o de cualquier ser vivo— no terminaba de gustarle.

—Entonces… ¿Ambos estabais investigándolas? ¿O él simplemente estaba de paso y te ayudó?  —preguntó. Siendo honestos, no imaginaba a la beata memorizando el nombre y la apariencia de otras personas con las que nada hubiera tenido que ver más allá de un encontronazo por la calle, por lo que debería asumir que el chico le ayudó en la investigación… Por razones distintas a las que podría haber hecho ella, conociéndole…—. Es… Ayden… ¿Sabes si trabaja en lo mismo que tú? —Fue su última pregunta respecto al tema. Aunque de decirle que sí le pediría que no le comentara al chico que la había conocido aún. Quería hablar sobre un par de cosas cuando pudiera volver a encontrarse con él.

De vuelta al orfanato, los pensamientos que hubieran podido estar rondándole por la cabeza sobre su amigo y los problemas en los que se había metido se esfumaron para permitir que se concentrara en lo que tenían que hacer. Por suerte, su cándida sonrisa, las palabras de Abby y los argumentos de ambas fueron más que suficientes para que pobre mujer accediera a aceptar su hospitalidad a cambio de compartir su techo con ellos unas cuantas noches.

La albina se apresuró a adentrarse en el establecimiento mientras Abigail hablaba con sus subordinados, pidiendo a Nana que le enseñara las instalaciones. Por su parte, ella podía dormir al raso perfectamente, pero necesitaba ver donde iban a poder hacer la comida —y a cocinarla— además de saber cuántas bocas tendrían que alimentar. La parte buena era que tenía pensado el menú para la fiesta de navidad y podría pensar en un desayuno improvisado para el día siguiente. Pero lo mismo repetir platos no era del gusto de los niños. Estaba acostumbrada a hacer recetas diferentes para cada día de la semana en el restaurante, así que supuso que podría tomar nota mental de la rutina que había mantenido durante tantos años para apañar algo con los mismos ingredientes base que tenían ya.

—Solo una pregunta más, Nana —anunció la chica—. ¿Cuántos niños son? ¿Y hay alguno intolerante o alérgico? Si tienes una lista me vendría bien para preparar comida que se adapte a ellos también.

—Claro… Bueno, tenemos un par de celiacos y una niña que es intolerante a los lácteos… Y son cuarenta y siete niños. No son muchos, pero el orfanato es pequeño y tenemos poca gente a cargo… —La mujer suspiró—. Normalmente no habría tantos niños sin familias, pero desde que hubo un fuego cruzado en Dominica… —explicó la mujer. Al parecer, la placa de «orfanato» se puso unos tres años atrás. Antes aquel edificio estaba mejor cuidado, era más colorido y servía como escuela, pero los asaltos de piratas y la intervención de los marines acabaron en una cruenta pero rápida batalla tras el saqueo que dejó a varios niños sin padres. La mujer que antes era una maestra había cuidado de ellos desde entonces como si fueran sus hijos.

—Sabe, es usted una gran mujer… Yo también perdí a mis padres cuando era pequeña por un «accidente» involucrado con piratas. Fue por tener gente como usted cerca que pude seguir adelante y recuperarme de aquello. Creo que para estos niños usted debe ser una heroína, señorita Nana.

Unas cuantas palabras después, la voz de Abigail llamando por Miko hizo que esta regresara a su lado. Al parecer Amara —la segunda de Abby— y una parte de sus chicos la acompañarían para ir a comprar la comida. En total iban a ser unas ochenta, noventa personas; así que tendrían que comprar dos veces la cantidad de comida que ya tenían, y eso sin contar los ingredientes para hacer la misma comida sin usar nata o leche entera, harina sin glúten y otras tantas cosas. Esperaba que en el mercado de la ciudad tuvieran esos ingredientes… Y no dejar sin dinero a la rubia.

—¿De verdad no pasa nada? Es bastante dinero… Es decir, si fuera mío no tendría problemas, pero… —Amara cortó sus palabras.

—Sí, supongo que es mucho dinero, pero es lo que quiere hacer Abigail, así que no hay problema. La rubia gana mucho dinero de sus cazas, así que está bien. Quiere hacer algo por esos niños. ¿No decías tú lo mismo?

—Claro que sí, es solo que no quiero que parezca que me aprovecho… —suspiró—. En mi isla no hace falta pagar así por los ingredientes, trabajamos como una pequeña comunidad en la que todo es de todos, entonces…

—Eso suena muy bien… Pero me temo que el mundo de fuera no es así. De todos modos, no te preocupes e indícanos lo que necesitamos.

—Bien…

Pasadas varias horas, regresaron acompañados de un par de carros cargados de comida. Era ya entrada la tarde, y lo cierto es que el hambre empezaba a atacar al estómago de la chica. Una suerte que la cocina estuviera ya preparada para ella. Haría el almuerzo para todos y tras un descanso empezaría el trabajo de verdad.
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Mensaje por Abigail Mjöllnir Vie 15 Ene 2021 - 16:17

Investigábamos los dos. Sobre su trabajo... creo que es algo que debes preguntarle a él directamente. Tendrá sus motivos para no decirte nada pero creo que la honestidad debe ser la base de cualquier relación de amistad —respondió. Ese asunto realmente era entre Miko y Ayden, debían hablarlo y el muchacho debía dejar de intentar tener a la liebre en una burbuja, incluso si eso la preocupaba.

La historia que contó Nana terminó de convencerla para el último regalo que les haría antes de volver a sus viajes. De paso también serviría para que Miko viera el potencial oculto de una profesión tan aparentemente egoísta como la de cazador de criminales.

Recordad —dijo a sus habitantes, que ahora mismo eran los ex-bandidos que había recogido y los jóvenes de Ilusia que habían decidido ir con ella —. Esta es la realidad de los piratas, bandidos y criminales. Nos manchamos las manos de sangre para que esto no se repita —los que una vez fueron bandidos a la fuerza empezaron a comprender el punto de vista de Abi y, una vez el resto se fue a comprar, ellos se pondrían manos a la obra con la decoración.

Por suerte en el orfanato también tenían decoraciones navideñas, probablemente por los intentos de Nana de animarles el año a pesar de sus pérdidas recientes. Así, se pusieron manos a la obra enseguida para ponerse a decorar el recinto. Mientras deocraban el interior, los críos empezaron a perder el miedo y ganaron en curiosidad, acercándose a Abi y sus habitantes bajo la atenta mirada de Nana.

¿Queréis ayudarme? —pidió, con una sonrisa amable.

De momento sin atreverse a hablar, se limitaron a asentir con la cabeza y a ayudar, primero de forma más tímida. Después de una hora ya estaban algo más sueltos y cómodos con la presencia de la cazadora y su gente, llegando a hablar con ellos y preguntarles un montón de cosas.

—Nana dice que eres cazadora.
Yep, lo soy —respondió mientras terminaba de colocar unos adornos en las ventanas.
—¿Entonces eres fuerte?
Un poquito —respondió, riendo un poco por aquella curiosidad —. ¿Por qué lo preguntas?
—¿Podrías conmigo? —preguntó y, acto seguido, le saltó encima, colgándose de la capucha de su hábito para intentar tumbarla.
—¡Kyle, por favor, vas a hacerle daño! —reprendió Nana.
No se preocupe, aún le falta crecer un poco para hacerme daño —respondió la beata que, sin inmutarse demasiado  por el peso del muchacho continuó decorando.

Por desgracia, aquella iniciativa se hizo un tanto popular entre algunos de los niños, que se habían propuesto jugar o interrumpirla, todavía no estaba segura de cuál de las dos.

Para cuando Miko volvió se encontraría al resto de acompañantes de Abi terminando de decorar lo que quedaba del orfanato y a la propia beata inclinándose un poco hacia atrás, jugando un poco con... un niño colgado de pelo negro de su capucha, una niña rubia colgada de su brazo derecho, otra colgada de su brazo izquierdo y otros dos agarrándola de los pies.

¡Hey, sois casi tan fuertes como yo, casi me voy al suelo! —dijo, para luego mirar a Miko y Amara. La de pelo negro, aquella que consideraba segunda al mando, empezó a reirse.
Son más duros que algunos de los hombres malos que he atrapado, ¿sabes?
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Mensaje por Miko Sáb 16 Ene 2021 - 11:11

La respuesta de Abigail sobre que tendría que hablar las cosas con Ayden no había terminado de encajarla bien. No porque no quisiera decírselo. Estaba de acuerdo en que era algo que tendría que decirle el propio chico cuando tuvieran ocasión de volver a encontrarse… Lo que sí que lastimó un poco a la albina fueron las siguientes palabras que dijo: «La honestidad debía ser la base de cualquier amistad». ¿Cómo debía tomarse esas palabras? Aún les daba vueltas a ratos, mientras miraban alguna tienda o hacían cola para comprar y pagar las cosas. Y no pudo ocultar del todo un suspiro dos que se escaparon de sus labios. Sentía como si algo muy pesado se hubiera acomodado en su pecho. ¿Significaba eso que no conocía tan bien a su amigo como creía? Ella siempre le había confiado todo a él, incluso tras nueve años sin verle. ¿Por qué él ya no podía hacer lo mismo?

Pese a ese sabor amargo en su boca no podía, de todos modos, dejar que su desanimo se notase si pretendía hacer que los niños pasaran unas navidades alegres y divertidas: «Ahora eres la heroína Miko, no Miko a secas, ¿recuerdas? Tienes que comportarte a la altura de las expectativas que te has puesto». Se recordó según volvían. La entrada del orfanato le reconfortó en cierta medida. En especial el barrullo que se escuchaba en el interior. Parecía que ya estaban más animados, algo que le sacó una sonrisa.

Sus ojos se abrieron como platos al ver que la beata se encontraba en esa cómica postura, con varios niños enganchados por su cuerpo. Se le escapó una carcajada. A su padre le solían hacer ella, Ayden y sus otros amigos lo mismo para jugar. Era el mejor cuenta-cuentos del pueblo y los niños le adoraban, después de todo.

—¿Necesitas ayuda con ellos? —Preguntó la chica de rubíes relucientes, al tiempo que dejaba dos bolsas en el suelo y se acercaba a la rubia—. Hola niños. ¿Os lo estáis pasando bien con Abby? —Preguntó mirando a todos por partes. Eran simplemente adorables. Aunque se notaba que aún no se acostumbraban a las visitas. Estos solo asintieron—. ¡Eso es genial! Y decidme… ¿No os gustaría jugar conmigo también? —Preguntó, dejando ver sus largas orejas blancas sobre su cabeza. Sabía que los poderes de usuarios podrían asustar a la gente normal, pero solo unas orejitas de conejo a lo mejor las veían como si se tratase de un truco de magia. Los niños se quedaron boquiabiertos.

—Hala… —Se le escapó a la chica que colgaba de uno de los brazos de la beata, soltándose de este para acercarse a Miko, quien se agachó para quedar a su altura— ¿Son de verdad? ¿Puedo… Puedo tocarlas?

—Claro pequeña, y sí, son de verdad, así que no tires de ellas muy fuerte —dijo, asintiendo antes de bajar un poco más la cabeza, dejándose hacer—

—¡Qué chulas! —Dijo la niña, acariciando estas, primero con cuidado, luego con un poco más de ganas, como si fueran de peluche—. Señorita… esto… ¿cómo te llamas?

—Me llamo Miko, ¿y tú, pequeña?

—Aria.

Los juegos continuaron así por un rato más mientras los habitantes de Abigail seguían las instrucciones de Nana, dejando la comida en la cocina, donde luego a la liebre le tocaría ponerse manos a la obra para poder ofrecer a los niños una cena que no iban a olvidar. Pero hasta que el momento del trabajo la reclamara, la chica se quedó jugando con los niños y con Abby. Estos se turnaban entre ambas mujeres, subiendo encima de la espalda de Miko a ratos, que les cargaba a caballito y saltaba con ellos muy alto, muy alto; con cuidado de no romper nada al bajar y la Mujer fortaleza a la que solo les faltaba dejarles entrar a jugar dentro de su templo espiritual.

—Oye, Miko. ¿Tú también eres una cazadora como Abby? Los cazadores… No dan tanto miedo como pensábamos.

—No, no lo soy… Aunque hay cazadores que son muy buenos y no dan nada de miedo, como Abi. Pero yo soy más como… ¿Un héroe? O en eso me gustaría convertirme, para hacer sonreír y cuidar de niños tan buenos como vosotros.
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Mensaje por Abigail Mjöllnir Miér 20 Ene 2021 - 16:31

Su pequeño teatro llegó a su fin cuando apareció Miko para echar una mano con los muchachillos, que parecían embelesados por los rasgos de liebre que tenía. Tenía buena mano con los niños, mucho mejor que Abi, seguramente porque era más cercana a ellos y más... parecida, por decirlo de alguna manera.

Aún faltaban un par de días para el momento navideño así que los habitantes, la familia de Abigail, se pusieron a seguir las instrucciones y peticiones de Nana para hacer la vida de los infantes un poco más cómoda. Llenaron las despensas, arreglaron algunas tuberías y también revisaron y arreglaron el calefactor de leña. Algunos se dedicaron a cortar leña durante un día para que así tuvieran bastante para algunas semanas como mínimo, no cortarían más porque la madera se les podría pudrir antes de llegar a usarla.

Abigail por su parte puso sus conocimientos básicos de "ingeniería" para fabricar al menos un juguete para cada niño. Eran más como puzzles mecánicos sencillitos, eso junto con los colores serviría para que estuvieran entretenidos una buena temporada. Durante unos minutos apartó a Amara de sus quehaceres para hablar de lo que le había pedido cuando fueron a la compra.

¿Cómo salió lo que te pedí?
—Bien, encontramos a un mercante que está visitando a su familia esta semana. Aceptó lo que nos sobró como señal y si llegamos a los tres millones traerá suministros semanalmente al orfanato.
No tengo ni tiempo ni ganas de regatear, me vale. Cuando nos vayamos nos pasaremos ahí.

Conversaron un poco más, anotó la dirección y nombre del orfanato; y la siguiente petición fue que intentara averiguar, de la forma más sutil posible, la cantidad de gastos que tenían normalmente. Ya habían solucionado el tema de la comida pero faltaba la ropa, la educación, y la infraestructura del orfanato en sí. Nana parecía alguien de fiar que velaba por el bienestar de los niños así que podía darle el dinero directamente.

El reloj continuó avanzando sin parar y llegado cierto momento del día se asomó a la cocina.

¿Te puedo ayudar, Miko? Ya hemos arreglado prácticamente todo —dijo. Entre ese "prácticamente todo" también se incluía envolver los regalitos y etiquetarlos con cada uno de los nombres. Más o menos había podido conocerlos de forma más o menos superficial y creía haber diseñado algo bastante personal para cada uno.

Faltaría echar una mano a Miko en lo que necesitara y empezar con la cena.
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Mensaje por Miko Jue 21 Ene 2021 - 11:04

Un suspiro de resignación había escapado sus labios cuando tocó ponerse manos a la obra. Después de haber estado jugando con los niños, cualquiera pensaría que la razón sería el tremendo trabajo que implicaba cocinar durante tantos días seguidos para tantas personas. Bueno, debía reconocer que no era lo mismo ir haciendo los pedidos que iban surgiendo uno a uno a tener que poner la comida en la mesa para tantas personas a la vez. Le vendría bastante bien algo de mano de obra. Pero, lo que de verdad le escamaba a la albina no era sino el hecho de tener que limitarse únicamente a la cocina. No quedaba otra, y es que por mucho que hubiera querido ayudar a decorar, envolver regalos o similares… La niña era una negada para todo ese delicado trabajo manual. El artesano del grupo siempre había sido Ayden.

Miko bajó la mirada, llevando la mano instintivamente al colgante de madera que siempre portaba. Era algo tosco, sí… Pero fue uno de los regalos de cumpleaños que le dio su amigo cuando eran pequeños, hecho por él. Un colgante con forma de liebre tallado en madera por sus manos. No pudo evitar esbozar media sonrisa.

—Bueno, cada quien ayuda con lo que mejor se le da, Miko —se dijo a sí misma antes de volver a guardarlo bajo la camiseta y recoger su larga cabellera en una coleta alta, se ajustó el delantal traído del barco y se puso manos a la obra.

Lo primero que haría sería dejar preparados los ingredientes para todo. La carne y el pescado se encontraban en la nevera y, para asegurarse de que se mantuvieran frescos ahí se quedarían mientras ella separaba en grandes bandejas los ingredientes que iba cortando. Algunos más básicos de la comida como el pimiento y la cebolla tenían varias bandejas distintas. Todo eso lo prepararía en la suerte de comedor que usaban cuando aquel lugar tenía la función únicamente de ser un colegio para los niños, así que estaba preparado para ese tipo de trabajos, con varios fogones, carritos para llevar la comida, hornos y demás. Lo único que le fallaba, de nuevo, eran manos que pudieran servir para ocuparse de todos los platos a la vez. Tenía a Kike, el chico que había preferido viajar hasta ahí con ella. Lo cierto era que, aunque reacio al principio, había conseguido convencerle para que fuera con ellos al orfanato a ayudar… Aunque fuera solo porque su comida le había gustado más de lo que se pudiera esperar. Cuando Abby llegó, ambos estaban teniendo una «pequeña discusión». Aunque decir que la albina discutía era un poco fuerte. Era más una charla de madre explicándole porque necesitaba su ayuda y no podía rechazar su petición, apelando a la sensibilidad del chico. Las pocas trampas que podía hacer ella también.

Cuando Abby abrió la puerta la liebre alzó la vista, clavada hasta el momento en el chico que se encontraba sentado sobre un taburete y pelando patatas para su plato estrella. Había aún unas cuantas bolsas por pelar y cortar. La chica de piel morena sonrió al ver entrar a la beata.

—¿Han quedado bonitos? La verdad… Me hubiera gustado poder ayudar, pero no… Bueno, se me dan muy mal las cosas manuales. Nosotros estábamos aquí terminando de preparar los ingredientes… Cuando esté listo solo tocará cocinarlo todo… Me vendría ayuda, no tengo veinte manos y para servir todo a la vez… —explicó al tiempo que se ponía a su altura y tiraba de ella—. Si quieres puedes ayudarme, pasa, pasa. Justo iba a hacer mientras Eric pelaba las patatas una pequeña sorpresa para los niños. ¿Me ayudas? Ya está la masa hecha, solo hay que darle forma y meterlas al horno. Vamos a hacer galletas de jengibre —dijo mientras la arrastraba hacia dentro de la cocina, guiándola entre montones de ingredientes listos para la elaboración. Al contrario que el resto de comida, las galletas se podían hacer por rondas, tardaban poco en hornearse y luego había que dejarlas enfriar, así que podrían ocuparse de eso y terminar los otros preparativos mientras se horneaban, además, así el horno estaría caliente para poder preparar después el plato principal de la velada —aunque como era cárnico ella no lo iba a probar, por lo que necesitaría que la beata fuera además de su asistente, su catadora, como hacía su amiga Rumi cuando trabajaban juntas en la taberna, en Samia.

Les llevo al final otras cuatro horas, pero ya todo estaba listo y solo quedaba preparar la mesa de navidad y que empezara la fiesta.

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Mensaje por Abigail Mjöllnir Sáb 23 Ene 2021 - 19:12

Espero que sí. No soy la mejor juguetera pero creo que se divertirán —respondió. No tenía tanta imaginación para cosas mundanas, pero había tenido ayuda para la lluvia de ideas y creía haber podido crear algo bastante entretenido para cada uno. Entre puzzles y juegos varios estaba segura de que no habría mucho lugar a quejas.
Hey, cada uno dentro de sus posibilidades, yo no habría podido preparar todo esto ni de broma, suelen cocinarse ellos lo suyo —comentó antes de meterse dentro de la cocina. Lo mínimo que podía hacer era echarle una mano y... por el amor del cielo, ¿tantos ingredientes habían?

Uy, galletas.

Asintió con la cabeza y siguió las indicaciones que le diera Miko al pie de la letra, comportándose básicamente como la pinche. Los deseos de la liebre eran órdenes. Por suerte Abi tenía un sentido del tiempo bastante preciso y el horno estuvo encendido exactamente el tiempo que le dijo Miko, quizá con unos cinco segundos de margen de error. El tiempo pasó, pasó mientras iban preparando y finalmente, tras cuatro horas, podían terminar los últimos preparativos.

¡Hey, echadnos una mano con la mesa! —pidió la monja, que empezó a hacer circular los platos y los cubiertos. La propia Abi puso parte de su vajilla para que cupiera absolutamente toda la comida. Así, poco a poco, con mucha coordinación y con mucho amor, acabaron poniendo la mesa sin tener ninguna clase de accidente mortal ni para ellos ni para la comida.

Después de sentarse, Abi esperó por si alguno de los presentes tenía alguna clase de ritual para estas cenas. Ella, por su parte, no diría nada. No necesitaba bendecir nada, la alegría que se respiraba en esas mesas -porque eran tantísimos que tenían que usar bastantes mesas- era suficiente.

Nana, ¿por dónde se sube al tejado? Me llamó la atención la especie de torre en miniatura que tiene este edificio —fue lo que le había llamado la atención del orfanato en un primer lugar. Tenía aquella especie de... torre, o atalaya, o campanario, un punto alto al que poder subirse y contemplar y vigilar los alrededores.

—Pues por las escaleras, tienes que pasar por la puerta que está cerrada con llave, la cerramos para evitar que subieran los niños. Después te la presto.

Con eso hablado, la cena fue bastante bien. Por su parte, Abi intentó amenizarla y darles algo de emoción a los niños hablando de sus viajes. Eso sí, se aseguró de suavizar los detalles más escabrosos para que fueran aptos para menores. Les contó sus inicios como cazadora, cómo llevó ante la justicia a unos maleantes que se dedicaban a hacer daño a mascotas para conseguir cosas de sus dueños. También les habló de English Garden y de cómo ayudó a salvar a una gente que habían secuestrado para ponerlos a trabajar en condiciones horribles; así del día en el que ayudó a los marines a recuperar lo que habían robado en una de las aldeas de Lyneel.

No contó su trabajo más sonado porque... no había manera de suavizar eso y todavía estaba algo afectada. Dejó que el resto hablara y riera, sin dejar hueco para historias tristes o llenas de desesperación, no era el momento de nada así, debía darles un respiro de su realidad.

Cuando acabó la cena ayudó a llevar todos los cacharros a la cocina y se puso a fregar al pie del cañón.

¿Podéis encargaros de los niños un poco más? Cuando acabe aquí voy a subir arriba. Necesito algo de tiempo —pidió.

Cuando acabaron de fregar, Abi se hizo lo que parecía ser un sandwich y se dirigió directamente hacia el lugar que le había dicho Nana. Abrió aquella puerta y continuó subiendo escaleras. Subió, subió, subió... hasta que llegó al final del camino. Se movió para poder sentarse en el bordillo, sus pies colgando en el vacío y su mirada puesta en el horizonte.

Lejos quedaba el jolgorio y alegría que se respiraba ahí abajo. En aquel momento y lugar solo estaba Abi que, por una vez en meses, no tenía a nadie dentro de su dimensión castillo. Se quitó la chaqueta y la dejó a un lado, dejando ver la melena rubia que llegaba hasta su cintura. Sacó un cigarrillo, un mechero e, inundada por los recuerdos, empezó a fumarlo.

No tardó más de veinte segundos en toser.

Sigue sin gustarme.
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Mensaje por Miko Sáb 23 Ene 2021 - 20:51

Lo cierto era que tener a la rubia de ayudante había sido una gran ayuda para ella y el pobre niño que había decidido quedarse con ella después de lo del caballo. Seis manos siempre eran mejor que dos, y al emplatar, las manos de todos los acompañantes de la beata fueron una verdadera bendición. Y es que, aún con toda la ayuda acabaron agotados. Kike por su parte, no fue capaz de recuperarse hasta que se sentó en la mesa, al principio algo asqueado con la idea de comer. Había visto demasiadas patatas para toda una vida, pero no tardó en pasar página cuando el olor de la comida hizo rugir su estómago y salivar el paladar. Engullendo la que era, probablemente, la mejor cena de su vida. La albina sonrió al ver como devoraba la comida, sentado a su lado. El resto de comensales parecían estar encantados también. Había podido ver a varios niños teniendo la misma reacción, alguno de ellos casi echándose a comer. Esto asustó al principio a la albina que pensó que, quizás, no les había gustado, antes de escuchar con su fino oído sus murmullos sobre lo bueno que estaba. Se le enterneció —aún más si cabe— el corazón. Hacer feliz a la gente era por lo que quería ser un héroe, después de todo.

Las horas pasaron entre festejos e historias de tiempos pasados: primero sobre las aventuras de Abigail, algo que sin duda quedaría apuntado en su bitácora de viaje junto a las memorias de aquella última semana, así como en sus propios recuerdos. Luego de la rubia, les vino el turno a otros de sus compañeros y, cuando todos habían terminado de comer y algunos decidieron recoger la mesa, le tocó a ella. Lo cierto es que le gustaba contar historias, así que no tenía inconveniente con ello, pero le había molestado un poco que no contasen con su ayuda para el aseo también. Tampoco le dio muchas vueltas, considerando su trabajo dejar tranquilos a los niños antes de que se fueran a la cama. En su caso, les contó una de las historias que su padre solía narrar cuando Ayden se quedaba a dormir. La historia en concreto tenía varias partes y hablaba de un aventurero cuyo barco naufragaba en los mares de más allá de los blue.

—Habiendo perdido su barco y cualquier forma de orientarse, el hombre acabó tirado en las blancas arenas de una extraña isla. Extraña porque las cosas que parecían estar cerca en realidad estaban muy lejos, pero el tardó mucho en percatarse de ello. ¿La razón? Esa isla era ocho veces más grande de lo normal. Era una tierra en la que cualquier humano normal parecería del tamaño de un ratón…  

Y así la velada se fue calmando hasta bien entrada la noche y los ojos de los niños fueron cerrándose acompañados de bostezos. Miko ayudó a Nana a acomodar a cada uno en sus habitaciones, algo en lo que colaboraron también los compañeros de la rubia, cargándolos en sus regazos y arropándolos bajo la promesa de que «santa» les traería muchos regalos si se dormían, porque se habían portado muy bien. Una vez hecho el paripé y los regalos quedaron bajo el árbol, cada quien hizo más bien lo que quiso. Algunos charlar y beber, aunque controlándose, otros simplemente se fueron a la cama. Miko, por su parte, se quedó sentada con una manta por encima frente a la chimenea de la que era la sala común del orfanato, observando el crepitar del fuego con el caracolófono que le regaló Ayden antes de marcharse en sus manos. A parte de ese el chico se había asegurado de proporcionar uno a cada quien de las personas importantes para ellos en la isla —debían ser algo común y barato—. Así que, al verse sola, no pudo sino empezar a llamar uno por uno: a Rumi, ahora casada con el mejor amigo de Ayden, a Sean y Ayda, a su abuela, incluso a Charlie. Conversaciones que se alargaron en mayor o menor medida y se sellaron con un «te echamos de menos» y la respuesta de «y yo a vosotros».

Solo le quedaba una llamada más por hacer antes de ir a dormir después de aquello. Pero el caracol sonó tres veces y Ayden no contestaba. Al final, aquella ausencia era la que más le afectaba. Supuso que volvería a llamar mañana, intentó no darle vueltas o poner excusas: Es tarde, se habrá ido a dormir… Lo mismo está en uno de sus trabajos… Pero al final, ni todo lo comprensiva que podía ser evitó que se le escapara un sollozo.

Al final, acabó por salir a dar un paseo, perdiéndose por los pasillos del edificio hasta llegar a la puerta de la que estaban hablando Abi y Nana antes. Supuso que la mujer ya habría bajado, así que se animó a subir un rato cargando con la manta sobre los hombros todavía.

«Vale, Miko. Solo tomar un poco el aire y a la cama. Mañana toca empacar».
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Mensaje por Abigail Mjöllnir Lun 25 Ene 2021 - 13:04

Ojos puestos en el mar. Echaba de menos aquella vida, mucho. Apreciaba y quería a su gente como si fuera su propia familia pero... echaba demasiado de menos pasar las noches ahí arriba, en el campanario, observando el mar sin que pasara absolutamente nada. Contar las estrellas, hablar con alguna de sus hermanas que no podía dormir por cualquier motivo.

Su silencio se rompería con los pasos de alguien que subía. Exhaló el humo del cigarro y giró el rostro para ver que se trataba de la civil, Miko.

Hey Miko. ¿Querías ver un poco? Es una isla bonita —saludó, haciendo algo de hueco por si quería sentarse con ella.

Agachó la mirada. Era consciente de que no había sido muy... amable, desde que acabó la cena. Tenía sus motivos, claro, pero eso no excusaba su comportamiento seco cuando se puso a fregar.
Oye, Miko. Perdona si he estado... ¿distante? ¿amargada? no sé cuál sería la mejor palabra, pero no ha estado bien por mi parte —se disculpó —. ¿Sabes? Antes de salir al mar mis noches eran así, todas ellas. Subía al campanario a vigilar y me encontraba yo sola con mis pensamientos, la luna y el mar —mordió el sandwich, haciendo una pausa hasta que tragó —. Una de mis hermanas me hacía un sandwich exactamente igual que este para que no estuviera con el estómago vacío. Pedí un sitio alto por esto, quería recordar tiempos más... pacíficos —continuó comiendo al terminar de hablar. Aún no había explicado el por qué de su actitud reciente, pero ya llegaría.

Antes he contado mis victorias, pero no mis fracasos. ¿Has visto la marca de quemadura que tiene Amara cerca del cuello? Al menos diez de ellos tienen marcas parecidas —empezó de nuevo —No voy a contarte los detalles porque quiero que puedas dormir, pero estoy así porque contar mis historias me ha hecho recordar a quienes no pude salvar —dio una profunda calada al cigarrillo, con el ataque de tos que correspondía —. Me expulsaron de mi hogar por culpa de este poder maldito, fui incapaz de proteger a otros e incapaz de protegerme a mí misma. Aún llevo en la espalda la señal de ese fracaso y de mi propia debilidad. Recordé todo eso y... lo siento, no pude alegrar el gesto —después de soltar el humo y toser otro poco, volvió a comer del sandwich hasta terminárselo. Ahora sería un buen momento para cambiar un poco el tema y, con suerte, alegrar un poco la conversación.

Es cierto lo que decías sobre lo deshumanizante que es mi oficio pero... eso tiene ciertas ventajas —aparentemente cambió de tema al oficio de cazador, lo que habían hablando durante el encargo en el que se habían conocido —. Convertiré los crímenes de los piratas que he cazado en la esperanza de estos niños. Nana es una buena mujer. Por eso he decidido darles como regalo suministros para todo un año, de los cuales Amara ya ha pagado una parte cuando fue contigo a comprar, y... le daré a Nana unos veinte millones de belis más para mejorar la vida del orfanato —explicó, dejando clara su intención de entregarles parte de su fortuna actual. Sabía que el dinero como tal no daba la felicidad, pero podía utilizarlo para mejorar las instalaciones y, si nadie los adoptaba, por lo menos tendrían una vida mejor hasta que fueran mayores para independizarse o seguir ayudando allí.

Tosió otro poco y decidió apagar el cigarrillo de una vez. Su imagen digna se venía abajo por momentos, dejando paso a una mujer triste que, para dar confianza, ocultaba sus secretos, sus derrotas y sus miedos; y que torturaba su cuerpo con tabaco en aras de la redención. A pesar de lo que le había dicho, había otra cosa que la hacía sentirse así, pero no pensaba admitir ese terror que sentía.
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Mensaje por Miko Miér 27 Ene 2021 - 12:21

La albina dio un paso hacia atrás cuando se percató de que Abigail se encontraba todavía ahí, sentada en el borde del campanario. Lo pudo suponer por el —para ella— extraño olor del tabaco que le hizo arrugar la nariz, aun estando a la espalda de la mayor. Por un momento se planteó volver sobre sus pasos, suponiendo por lo silenciosa que solía ser al andar que no se habría percatado de su presencia. No fue ese el caso, escuchando de repente el saludo de la mujer.

—Hola, Abi, esto… Perdona, supuse que ya habrías ido a dormir —dijo, a punto de disculparse y dar media vuelta para bajar e irse a dormir o salir a dar una vuelta por otro lado, pero al notar que le hacía hueco decidió aceptar la invitación silenciosa de la mujer—. Es un lugar bonito, sí. Mucho más grande que los dos asentamientos que hay en Samia, y con muchas luces —acertó a señalar la menor, antes de quedarse callada con la cabeza ladeada observando a la beata.

«No sabía que estaba sintiéndose así…», pensó para sus adentros, mirándole con sus ojos levemente teñidos de preocupación. Pese a todo, decidió que era mejor para ella que dejara salir todo aquello que le estaba molestando en vez de cortarla y decirle que daba igual. Los sentimientos amargos era mejor soltarlos para aliviar la conciencia y el corazón, eso lo sabía bien. Cuando terminó de hablar, de disculparse… De hablar sobre sus frustraciones y derrotas, no pudo sino abrazarla, acercándose un poco más a ella para poder rodearla con sus brazos y tirar suavemente de ella contra sí misma. Quizás si lo hubiera hecho una persona más alta le hubiera resultado más reconfortante a la rubia, pero Miko era bajita, y esa cabeza que le sacaba no podría superarla por magia, así que… Tendría que conformarse con eso y aguantar sin quejarse mucho porque la liebre empezara a acariciarle la cabeza como si fuera una niña pequeña.

—Debió haber sido muy duro, ¿verdad, Abi? Es frustrante… No poder volver a ver a tus personas queridas, eso lo puedo entender… También el sentirte impotente por no poder haber hecho más. No tienes que disculparte conmigo, tampoco me había molestado o sentado mal… Y sabes, sí sirve de algo, yo creo que eres una gran persona. Siento que mis palabras en aquella ocasión no fueron las mejores… Todavía no me gusta la idea de que se cace a otras personas, pero no creo que tú seas inhumana. De hecho, la ayuda que has… que hemos dado aquí, gran parte de es gracias a ti… Y estoy segura de que estos niños también lo piensan, que eres su heroína. Y eres una persona muy fuerte, ¿lo sabías? Pero ser siempre fuerte es difícil, así que… si quieres puedes apoyarte en mí por ahora, y en quienes se han quedado contigo— Le diría, en un tono muy suave, apartándose al poco para dedicarle una sonrisa, sin apartar la mirada. Sentía que era su forma de ayudarla, aunque lo más probable era que sus palabras sonasen a hueco para la cazadora.  

Tras aquello, intentaría amenizar la conversación salvo que la caza-recompensas quisiera terminar de soltar el lastre que llevaba adentro. Dejaría pasar las horas. En cierto modo le ayudaba aquello a ella también, a no pensar en las dudas o preocupaciones que se habían acumulado en su cabeza. No necesitaba dormir, por ella podían quedarse ahí arriba hasta que las primeras luces asomaran en el horizonte, el momento de preparar las cosas para partir.

—Sabes, Abi, me alegro mucho de haber coincidido contigo… Espero que me puedas considerar tu amiga en adelante, si te parece bien.
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Mensaje por Abigail Mjöllnir Jue 28 Ene 2021 - 22:42

No podía dormir sin subir antes aquí arriba.

Necesitaba desahogarse de vez en cuando, liberar esa energía. No podía hacerlo con sus habitantes porque... porque tenía miedo de lo que pensaran de ella de verdad. Agradeció en silencio que Miko no la cortara, así como el abrazo.

No, yo pienso lo mismo sobre mi oficio —estaban de acuerdo, pero tenía sus motivos para hacer lo que hacía en lugar de haberse dedicado a la Marina, entre ellos poder hacer cosas como lo que haría en cuanto bajara de allí —. Gracias, Miko —agradeció, quizá de una forma demasiado escueta, pero no se sentía capaz de extenderse mucho ahora mismo —. La fuerza es demasiado compleja para mí —murmuró. ¿Músculo? ¿Mente? ¿Corazón? Lo único realmente fuerte que tenía era su fuerza de voluntad —. Solo soy una mujer que busca el perdón, y proteger a su familia —no podía considerarse heroína, aunque si esos niños pensaban así no sería ella quien les rompiera la ilusión. Solo era una humana más. Con sus virtudes, defectos y limitaciones pero eso, solo era una humana más del montón.

Por supuesto, el sentimiento es mutuo. Me alegra que un alma tan pura piense así de mi.

Decidió quedarse en pie las siguientes horas por algunas razones. La primera era para hablar un poco más con Miko. La segunda era para hacer tiempo. Llegaba el momento de dejar los regalos en el salón principal y el dinero en la caja fuerte del orfanato. Avisó a Miko antes de bajar para que la ayudara, así no tendría que hacer tantos viajes.

Con todos ya dormidos, iría a su propia habitación para recoger los regalos que había repartidos en dos sacos, uno para Miko y otro para ella. Abi, además, agarraría la bolsa en la que ya había dejado preparado el dinero que les regalaría. Sería ir al salón y colocarlos todos en la mesa que habían usado para comer esos últimos días, todos bien colocaditos.

Ahora la caja fuerte —murmuró, dirigiéndose con paso lento y sigiloso hasta la oficina de Nana, donde guardaba todos los documentos y la caja fuerte. Estaba cerrada... no sabía abrirla, así que dejaría la bolsa con el dinero directamente sobre el escritorio. Además, dejaría una nota. No es que tuviera mucho interés por el reconocimiento, pero quería dejarle un regalo también, y de paso darles un motivo para confiar en los viajeros que demostraran tener buen corazón.

"Para Nana. Eres la madre de estos niños, les das esperanza y luz para afrontar su futuro. Por favor, acepta este donativo. Utilízalo para mejorar sus vidas.

Feliz Navidad. Atentamente, Abigail y Miko."

Hizo un rápido nudo y lazo con una cuerda y, entre la cuerda y la bolsa, dejó la nota para que la encontrara nada más entrar. Se aseguró de indicar que era de las dos, no era una nota demasiado extensa ni emotiva pero... era lo más que podía hacer Abigail.

Vale... con esto bastará. Es de parte de las dos y no aceptaré un no por respuesta, Miko, sé que si pudieras lo harías también, eso es suficiente para mí.

Lo siguiente era preparar su propia salida de la isla. Pasó las siguientes horas preparando el poco equipaje que tenía, poniendo a punto su equipo y preparando el efectivo que necesitaba para terminar de pagar los suministros que había acordado, así como un poco extra por si le cobraban por usar el puerto.

A la mañana siguiente dedicó la primera hora a ver cómo los críos se ponían a abrir regalos. Era bonito ver sus caras al ver los juguetes y puzzles, no podía mentir. Sus habitantes se despidieron de los niños y entraron todos en la fortaleza. Oh, cierto... lo que había prometido a los ex-bandidos. Su manifestación interna apareció en la fortaleza.

¿Y bien? Es el momento de decidir. ¿Vivís una vida libre, segura y ganándoos la vida de forma honesta?, ¿u os quedáis conmigo y me ayudáis a hacer de los mares un lugar seguro para estos niños? —preguntó. Mientras tomaban su decisión, Abigail se despidió también y se dirigió hacia la salida, aunque antes se giró hacia Miko.

Toma esto —le tendió un papel con un número —. Si te haces con un Den Den Mushi y necesitas ayuda, o simplemente hablar, no dudes en llamarme, si no estoy haciendo nada peligroso responderé. Espero que nos volvamos a ver, Miko —dijo antes de darle un besito en la frente —. Ah... todos han decidido quedarse. Hice bien en hacerte caso, nunca pierdas tu alma, es muy valiosa.

Empezó a andar, pero sonrió de forma algo traviesa y alzó la voz una vez más.

¡Nana, no me he olvidado de ti, te hemos hecho dos regalos, pero uno llegará en unos días! —avisó, alzando la voz. Ahora sí debía irse, lo más seguro era que rechazara el donativo, era demasiado dinero para alguien normal —. Nos vemos, Miko. Me voy antes de que intente devolverme el dinero —se despidió de nuevo, se giró y echó a andar hacia el puerto.

Una vez allí, Amara le ayudaría a localizar al hombre con el que había negociado.

Aquí está el resto. Con eso son tres millones, suficiente para cubrir un año de comida. La comida debe llegar al menos una vez por semana. Si no es suficiente solo tiene que llamarme y le haré llegar más dinero, pero no se le ocurra mentirme, no se lo perdonaría —por suerte, el mercader sí había viajado suficiente para saber quién era y no pensaba que fuera a mentir para sacar cuatro duros más.

Ahora sí, era el momento de abandonar la isla. Una vez llegó a un acuerdo final con el mercader según el cual suministraría alimentos al orfanato de forma semanal durante todo un año, Abi se dirigió hacia el muelle, hacia su pequeño pero confiable velero. Una vez arriba hizo todos los preparativos y, tras despedirse de la isla, se marchó en busca de un nuevo objetivo, satisfecha con lo que había ocurrido durante las últimas dos semanas.

No lo sabía en ese momento, pero sus propios habitantes tenían una sorpresa para ella dentro de la fortaleza.
Abigail Mjöllnir
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Cazador del Nuevo Mundo
Abigail Mjöllnir

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Mensaje por Miko Vie 29 Ene 2021 - 10:47

—Sabes Abi, yo creo que ser un «héroe» no es algo tan grandioso o glorificado. Son las acciones las que deberían definir ese título. Hay muchos más héroes en el mundo de lo que te puedas imaginar. Por ejemplo, a mí me parece que tanto tú como Nana lo sois—. Explicó ante su negativa inicial. No iba a darle más vueltas o a obligar a la mujer a que creyera en sus palabras tampoco. Simplemente, dejarían que las horas pasasen hasta que llegara el momento tan esperado para los niños: La hora de los regalos.

La liebre siguió a su compañera bajando por la escalera de caracol del campanario hasta volver al pasillo y juntas se encaminaron al cuarto que le habían dejado prestado para descansar durante la última semana, donde lo que le parecía una montaña de regalos quedaba amontonado a un lado, recubierto con llamativos papeles de colores y coronados con lazos y serpentinas. Lo cierto es que la boca de Miko se entre abrió al pasar el umbral de la puerta y tuvo que taparse la boca con las manos para evitar que se le escapase un gritito de emoción. Cuando las apartó se pudo ver una amplia sonrisa de oreja a oreja decorar sus labios.

—Son geniales —aseguró antes de ir a ayudar a la rubia que había empezado a meter los regalos en dos sacos, seguramente para que la menor también pudiera aportar su granito de arena… O eso pensó en primera instancia, pero tras lo que habían hablado era consciente de que sus poderes era algo que la mujer despreciaba. Claro que la albina no tenía esa consciencia sobre una deidad, el bien y el mal encarnado… Y ni siquiera le había dado importancia al nombre de «fruta del diablo», pero prefirió no opinar al respecto. Sabía que por sus poderes la habían alejado de su hogar, y ese dolor era más que suficiente como para que alguien no quisiera utilizar sus habilidades, ¿no?—. Muy bien… ¿Los colocamos por huecos? ¿Uno en cada sitio? —preguntó una vez llegaron al comedor.

Una vez acabaron, por un lado, siguieron al otro: La oficina de Nana. Lo cierto es que sí que se sentía como una especie de duendecillo navideño ayudando a Santa —en este caso a Abigail—, repartiendo regalos a los niños que habían sido buenos. No había carbón en sus sacos, solo dinero y regalos, buena voluntad y mucho cariño en todo aquello… Que se traduciría en la mañana seguramente en ojeras como los ojos de un mapache. Ya no había sido solo el trasnochar aquel día, sino todo el cansancio acumulado con el trabajo que habían estado haciendo. Mientras que Kike se veía casi como una rosa, cuando tocó despedirse lo cierto era que la inocente albina estaba un poco ida, a punto de caerse del sueño. Nada que no pudiera solucionar con su famosa receta de sirope casero, pero seguramente se echase una cabezadita una vez hubiera marcado el rumbo a seguir por su barco y se encontrasen en alta mar. Al menos por el momento tenía fuerzas suficientes para despedirse de la rubia y aceptar su número de DDM de manera oficial. Ya habían usado uno de esos aparatos antes, sí, pero solo había sido un préstamo de la mujer durante su travesía… Ahora eran amigas, así que había suficiente confianza como para darle su número directamente.

—Claro… en cuanto suba al barco me aseguraré de llamarte para que puedas guardar mi número de teléfono también, Abby —Afirmó, abochornándose un poco cuando dijo otra vez lo de su «alma pura». Si la rubia no se consideraba una heroína, ella no creía que su alma tuviera nada de especial, pero no diría nada al respecto—.  Y, por favor, ten mucho cuidado en tus viajes, ¿vale? No me gustaría que os pasase nada, ni a ti ni a tu familia —pidió, correspondiendo a su muestra de afecto con otro abrazo. No, la chica seguía sin llevar bien las despedidas, pero no era tan llorica como para dejar que se notara, en su lugar, se despidió agitando la mano con una sonrisa en el rostro según se alejaban y tras unos minutos hizo lo propio, se aseguró la mochila a la espalda y decidió ir primero a enviar una carta y su regalo de Navidad, tal y como le habían explicado, para que le llegara a Ayden. Hecho esto, se despediría de aquel lugar.
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