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Incertidumbre [Pasado][Privado]

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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 8 Ene 2021 - 20:08

Lo tengo todo guardado aquí en la cabeza… Bueno, más o menos. Descubrir que Arthur podría estar vivo no me ayudó a entender la otra parte importante del trato con Lucius Spendragon. Tuve que aceptar porque no hay otro camino que seguir, además tampoco es que los criminales sentenciados a muerte tengamos muchas opciones. No recuerdo todos los detalles de la conversación, pero sé lo que tengo que hacer para regresar a Yhardum: conseguir información fundamental sobre el Ejército Revolucionario.

Tengo mis motivos para estar en el puerto de Downs, espiando desde el tejado de una casa el enorme buque con una gaviota como insignia. El hombre al que he observado por horas es el capitán Martin Bullet. No me gustaría tener un enfrentamiento contra un monstruo que supera los dos metros de altura. Además, por experiencia puedo decir que los calvos con barba pelirroja son personas complicadas de manejar. Las cicatrices en su rostro me dicen muchas cosas, pero la más importante es que ha estado en el campo de batalla. No buscaré pelea con ese soldado, mucho menos si lo único que debo hacer es robar unos documentos que comprometen el prestigio del Ejército Revolucionario.

Una semana atrás estuve en Rosmandia, un enorme reino para nada parecido a Yhardum en el que se desató el caos por culpa de un pirata obsesionado con las orgías. Pero la verdadera rebelión fue orquestada por un miembro del Ejército Revolucionario. Fue difícil secuestrarlo, pero tras un combate muy duro lo conseguí. Nunca había torturado a nadie para sacar información y no soy ninguna genio para hacerlo bien la primera vez. Gracias al orfanato se me ocurrieron ideas brillantes y, luego de cortarle por séptima vez una tetilla, descubrí que el alcalde de Downs tiene en su poder un documento importantísimo.

También he espiado a Elton Burners. Como todo el mundo le trata de señor supongo que es alguien querido y respetado, pero yo no le llamaré así. Es otro ricachón del montón. Vale, la fortuna que tiene es por la venta de sustancias ilegales, contrabando de información privilegiada y tráfico de armas, pero eso no le quitan los aires de grandeza que lleva. Cuánto le gustan los trajes negros con destellos esmeraldas, una combinación demasiado rara. Cabello rubio bien peinado (yo no gasto ni dos minutos en peinarme), ojos azules sin ojeras ni marcas a los lados, y unos labios finos como los de una mujer. Yo diría que es más peligroso que el capitán Bullet. Los criminales no están obligados a seguir ningún código moral ni de conducta; son impredecibles.

—Oscurecerá dentro de dos horas… Iré a comer algo para no desaprovechar la oscuridad —susurro sin ser demasiado consciente de lo que hago.

Es increíble que las calles de Downs sean tan limpias y ordenadas. ¡No hay un solo bache en el suelo! El mundo exterior es impresionante… Bueno, en realidad cualquier cosa es mejor que los suburbios de Yhardum. Me gustan las casas de piedra y madera que hay por aquí. Si fuera millonaria, seguramente coleccionaría casas. Tendría una en cada isla y les pondría nombre para cumplir con el papel de ricachona excéntrica. El mercado central también es otra maravilla de Downs. ¡Jamás había visto tanta comida en un solo lugar! Vale, debo comprarla porque si no me caen los guardias, pero el secreto está en no ser descubierta.

Todo ladrón que no está tras las rejas sabe que lo más importante es crear una distracción mientras tomas lo que quieres. He juntado un montoncito de paja en un rincón del mercado junto a unos barriles de madera que he rociado en alcohol. Es fácil hacer fuego cuando sabes cómo hacerlo. Pronto se arma un incendio que llama la atención de la gente, pero a mí me importa que un solo hombre se mueva: el de los panecillos rellenos de algo muy dulce y de color café. Hago un rápido movimiento cuando empieza a alejarse del puestecillo y rápidamente echo uno, dos, tres y hasta diez panecillos dentro de la bolsa. Y ahora es momento de correr.

—¡Oye, tú! ¡Maldita ladrona, regresa aquí! —me grita cuando se da cuenta, pero jamás me atrapará: sólo faltan quince minutos para el atardecer.
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir Mar 12 Ene 2021 - 20:11

Después de pasar un tiempo en Hallstat, decidí viajar un poco por el North Blue. Con suerte, podría encontrar a mi hermana mayor trabajando. Había llegado a una isla llamada Downs, no tenía mucha buena fama según las malas lenguas. Si eras un criminal, aquella era tu isla. Drogas, prostitución, venta de armas, cualquier cosa que estuviera relacionada con el mercado negro se podía encontrar allá. Nada más llegar a la isla, pude ver un ejemplo de lo interesante que era la isla. Un niño robándole a uno de los pasajeros de un barco para después huir por los callejones de la ciudad. Aquel hombre solo pudo cagarse en su estampa. No pude evitar una sonrisa ante la mala fortuna de aquel tipo.

No sabía que hacer, así que decidí dar vueltas sin rumbo. Si encontraba una pelea callejera o algo divertido me podría meter. Me puse a mirar el puerto con desinterés, solo habían barcos normales. De comercio y de turismo. Nada que mereciera realmente la pena. Hasta que... mis ojos se toparon con algo verdaderamente dignos. Un barco de la Marina. ¿Qué hacían los azules en territorio de criminales? Aquello podría ser emocionante. Me escondí entre unas cajas cuando pasó una pareja de soldados rasos. Parecían estar hablando de algo sobre el alcalde.

- Los miembros de las altas esferas le han pedido al capitán Bullet que se reuniera con el alcalde Burners para algo sobre una negociación - Dijo uno de los reclutas al otro.

- Oh, ¿será que el alcalde está interesado en afiliarse al Gobierno Mundial? -

- Ni idea, pero parece que la reunión es importante. Ojalá poder acompañar al capitán, pero tenemos que proteger el barco los que nos quedamos atrás -

Vaya, vaya. Parecía que el Gobierno Mundial quería hacer un trato. ¿Qué podía hacer yo? Bueno, tenía ganas de marcha así que iba a ver que tan bien entrenados estaban los soldados del capitán. Me levanté de las cajas y grité llamando la atención.

- ¡Ey, marines! ¡Venid a por mí que me aburro un poco! ¡Soy una pirata con una recompensa!

Al verme, gritaron por refuerzos y así comencé a correr por el puerto. Iba a intentar dividir sus fuerzas y e ir barriéndolos poco a poco.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Miér 13 Ene 2021 - 4:12

Un pobre mercante jamás atraparía a una inquisidora como yo. Imposible, eso no sucedería ni en cien años. Disfruto del panecillo dulce debajo de un puente. Las ratas me observan desde las rendijas de los acueductos, esperando el momento para degustar las migajas que caen al suelo. Si no tuviera tantos panecillos, habría cogido cada miga y la habría guardado en un frasquito para después, pero hoy puedo darme ciertas libertades. Tengo nueve bocadillos en la bolsa, suficiente comida para más de una semana. Conseguir alimento en esta ciudad es muy sencillo, aunque debo ser prudente. No mostraré mi rostro por el mercado dentro de un buen tiempo.

Le echo un vistazo al reloj de bolsillo: oficialmente ha comenzado el atardecer. Tengo un plan, uno que he estado labrando durante estos días. No es perfecto, está lleno de falencias y alguien medianamente listo se habrá dado cuenta de mis intenciones, pero es lo que tengo. Tendré que apañármelas con esto. He dicho más de una vez que soy una trabajadora diligente y excepcional, es la única manera de ganarse el pan y sobrevivir. Y como la inquisidora modelo que soy, por supuesto que no he estado perdiendo el tiempo. Vale, he dormido hasta las siete de la mañana y me he tomado unos días de vacaciones, pero mi cuerpo lo necesitaba. Como sea, he espiado muchísimas conversaciones de marines, criminales y piratas. Nunca nadie sospecha de la niña vagabunda que pide monedas en el puerto.

Pues resulta que el alcalde tiene una preciosa mansión de verano en las profundidades de la isla, sumergida en el bosque y junto a un lago de aguas turquesas. Lo más importante: esta noche se celebrará una reunión muy importante en ese lugar. He hecho uno que otro cálculo y dentro de quince minutos partirá el carruaje del alcalde. Para entonces quedarán tres horas para el comienzo de la reunión, es decir, tengo ese lapso para conseguir los documentos y huir. Me gustaría decir que es el tiempo suficiente, pero no he investigado el edificio e iré un poco a ciegas.

—Hora de trabajar —susurro para mí misma. Cuando me levanto las ratas se abalanzan a por las migajas del pan; incluso se pelean entre ellas. Ay, qué recuerdos. En los suburbios de Yhardum la gente es así.

Como no me interesa el primer carruaje no tiene sentido dirigirme hacia la casa del alcalde. No, a mí el que me interesa es el de los marines. Si bien habrá más gente vigilando, también me será más fácil colarme. Así que, una vez más, tomo rumbo al puerto. Uso las calles secundarias y evito las aglomeraciones. Algunos dicen que hay un virus o algo así, pero yo lo hago solo porque no quiero que el mercader me vea.

Sin embargo, justo cuando estoy a nada de llegar alguien me toma del cuello de la chaqueta. Levanto la mirada y veo a un enfadado vendedor de panecillos. Me da un golpe en la cabeza que me saca lágrimas y comienza a regañarme. Pero no cuenta con una rápida patada en los testículos. Cuando consigo zafarme echo a correr como si me persiguiera el Diablo. Ahora que me doy cuenta… ¿Por qué estoy corriendo tras unos marines? Por alguna razón la persecución es más grande de lo que debería. Los marines persiguen a una mujer fea, yo persigo a los marines y un mercader lastimado me persigue a mí.

—¡Ayuda! —grito casi con desesperación—. ¡Me persigue un hombre! ¡Quiere hacerme cosas de adultos!

Si algo he aprendido en este extraño viaje, es que hacerse la víctima siempre funciona. Por alguna razón, la gente de este lugar no desconfía mucho de los niños y hasta los defienden. En Yhardum los usan para prostitución, tráfico o entrenamiento. A algunos nobles excéntricos les gusta cortar cuerpecitos.
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir Dom 17 Ene 2021 - 20:57

Mi plan se me había ido un poco de las manos, lo reconocía. Pensé que solo me seguirían los marines estacionados en el muelle, pero pronto la marea azul cobró fuerza en las calles de la ciudad. ¿Por qué era así? Bueno, al menos no me aburriría. Continué corriendo por los callejones, intentando dar esquinazo a los marines. O al menos intentándolo. Los malditos parecían cucarachas, salían de todas partes. Aquello me dio que pensar. Si alguna vez me enteraba de que por la zona donde estuviese había un capitán o rangos superiores, tendría cuidado del número de soldados que le acompañaran. Ahora solo podía correr aunque no me gustara. Pero la superioridad numérica andaba en mi contra. Lo único que podía ser era retrasar el avance de los reclutas con triquiñuelas.

Haciendo uso del poder que los dioses me habían otorgado, cree pequeñas y delgadas barreras de oro sólido a las alturas de la cabeza y de los pies para que se dieran de hostias. Obviamente solo podría hacer eso si tenía el tiempo justo antes de que me alcanzaran y que no me vieran. De lo contrario las trampas no tendrían sentido. El primer grupo de marines cayó de bruces en el siguiente callejón, no tenía tiempo de descansar. Seguí con mi escapada. Esta vez, había dado con un muro sin escapatoria. Solo había una puerta de madera que a saber a donde conducía. Aprovechando que los marines se habían quedado atrás, forcejee la puerta. Dando un golpe seco, la puerta cedió, amenazando con caerse.

Me encontraba dentro de lo que parecía ser un viejo almacén. Habían numerosas cajas por todas partes y un fuerte olor a viejo se expandía por el lugar. Además, habían varias estanterías con... bueno, cosas de almacenaje. Intenté buscar un escondite adecuado por el lugar antes de que llegaran los azulitos. Caminando por lo que parecía ser un suelo de madera, noté como crujía y se hundía el suelo por una zona alejada de la puerta. Con curiosidad, me acerqué al suelo para examinarlo. Era una tabla falsa que daba hacia abajo. Con rapidez, la quité y me adentré en lo que parecía ser una caída no tan grande. Habría como casi dos metros para tocar el suelo. Cuando estuviera lista, volvería a tapar el escondite.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Miér 20 Ene 2021 - 2:09

Corro como un rayo. No es que de pronto me haya transformado en uno, sólo quiero decir que voy muy rápido. Voy como un rayo, ¿entiendes? Esquivo cajas y postes, pero un hombre que va con un carro de madera llenísimo de coles se cruza en mi camino. Lo esquivo porque puedo, aunque el hombre que me persigue no tiene la misma suerte. ¡Crash! Nunca he oído que un choque suene así, pero creo que se entiende. El hombre de las lechugas está llorando en el suelo, quejándose porque un mamerto le ha estropeado la venta de la semana. Je, por fin puedo decir que soy libre. Ahora sólo tengo que terminar el trabajo.

Sin embargo, ¿dónde mierda se supone que estoy? ¿Y qué hace esa señora gorda metiéndose en el almacén? Me bastaría un grito para alertar a los soldados de las gaviotas, pero tampoco quiero meterme en problemas. Un marine se asoma para ver el callejón y nuestras miradas se cruzan. Unos dirán que ha sido un solo segundo, pero a mí me ha aparecido una eternidad. Rápidamente, y porque quiero zafarme de esta caótica situación cuanto antes, apunto con un dedo delator hacia el almacén.

—La señora gorda se ha metido aquí —le digo, pero no me escucha. Es más: me ignora y luego echa a correr. No me sorprendería encontrarme con un mundo de mierda por culpa de soldados como este. Si es que son unos inútiles… Esta señora con problemas de sobrepeso (o igual es todo músculo) jamás hubiera escapado de la Santa Inquisición. Ahora mismo le estaríamos metiendo ratones por la chocha para que cante.

Maldiciéndome por no ser capaz de contener mis impulsos, entro al almacén y mis ojos no tardan en acostumbrarse a la oscuridad. Todo está en orden. ¿Acaso esta señora es una hechicera o algo? No está por ningún lado y la física dice que es imposible que un gordo quepa en un agujero pequeño como ese. Camino con curiosidad, observo la habitación con detenimiento. Me freno cuando mis pisadas se sienten huecas, no por culpa de las gastadísimas botas que llevo, sino porque hay algo aquí abajo. Piso con más fuerza y entonces le doy una patada.

—¿Una trampilla? ¿Qué hace algo así en este almacén?

Mi instinto de supervivencia me dice que regrese, pero una parte de mí quiere saber lo que hay. ¿Y si encuentro dinero? ¡Con mil berries podría comer un mes! No, no, hacerse ilusiones nunca está bien. Al final uno termina con el corazón dolido por imaginarse cosas que jamás sucederán. Retiro el tapete con el pie y encuentro la manija para abrir la puerta. Calculo una distancia de dos metros hasta el suelo. Con cuidado de no caer (porque la muerte está donde uno menos lo imagina) coloco mis manos en el borde y entonces me lanzo a la oscuridad.

—Hola —saludo a la mujer obesa—, ¿por qué corrías de los marines?
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir Miér 10 Feb 2021 - 18:28

El lugar que daba la trampilla parecía estar cavado en la misma tierra. Parecía ser un túnel. ¿Pero quien había cavado esto? ¿Sería un simple túnel para guardar cosas o era más una red de túneles? No me extrañaría que fuera lo segundo, es decir, estaba en una maldita isla donde el crimen es abundante. Solo un bobo pensaría que alguien cavaría un agujero en el muelle por gusto. Me quedé quieta y agazapada en la penumbra esperando que los marines no me encontraran. Había sido una estúpida por armarme de bravado cuando eran tantos. No me gustaba huir, pero esperaba que al menos alguno hubiera caído en las trampas. Fue entonces, cuando sentí unas ligeras pisadas en la madera.

Eché la mano a mi hacha y me preparé por si algún genio encontraba mi escondite. Cuando aquella persona bajó, me sorprendió que fuera tan bajita. Parecía un microbio. Cuando me preguntó por qué huía de los marines, decidí no atacarla y mantenerme en guardia. No parecía ser de ellos aunque no veía mucho por lo oscuro que estaba todo. Por la poca luz que había, parecía ser un niño aunque tenía una voz como femenina.

- Pues bueno, me metí en problemas una vez con el Gobierno y bueno, ahora me buscan - Si aquel niño - niña se atrevía a avisar a los marines para ver si conseguía algo de la recompensa por mi cabeza, usaría el poder de mi fruta para atraparla o al menos intentarlo - ¿Y tú que haces siguiéndome, si puedo saberlo? - Era raro que me hubiera seguido solo para preguntarme del por qué me escondo de los gaviotas.

¿Quién era aquella persona? La curiosidad me podía. Aunque también me daba curiosidad a donde llevaban los túneles. Así que por mero aburrimiento y para alejarme de los marines, le propuse a la desconocida ir por los túneles. Parecía raro, hasta siniestro, Conocer a alguien que te sigue y luego proponerle ir de expedición por terrenos oscuros y misteriosos. Pero bueno. Mejor era que quedarse en un sitio donde revolotean soldados del Gobierno.

- ¿No tienes curiosidad por saber donde conducen estos túneles? Soy nueva en la isla pero he oído cosas sobre contrabando y robo por estos lares. Si encontramos algo de valor podemos repartirlo a partes iguales a cambio de que no me delates a las autoridades. ¿Te parece? - Posiblemente aquella persona me tomaría como alguien que está intentando llevarla a una trampa, era lógico - El nombre es Helga, por cierto -
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Mensaje por Anna Bloodfallen Vie 12 Feb 2021 - 19:43

¿Una señora gorda que se ha metido en problemas con el Gobierno Mundial? Bueno, todavía no entiendo cómo funciona el mundo, pero creo que la gente peligrosa tiene “recompensas” por sus cabezas, las cuales puedes cobrar. Sin embargo, he de recalcar «peligrosa». Yo si es que no se por qué siempre termino en estos problemas, pero prefiero curiosear en estos túneles que volver a encontrarme con el pesado del mercader ese.

—No lo sé —respondo, encogiéndome de hombros. ¿Por qué he seguido a esta señora?—, pero también me estaban siguiendo a mí. Y este parece un buen escondite.

Estaría bien encontrar algo de valor en estos oscuros túneles, pero la verdad es que lo dudo. Además, tampoco es como si tuviera tiempo que perder. La reunión se celebraré dentro de tres horas y necesito esos documentos. Creo que a Lucius le complacerán. Aunque supongo que puedo echar un vistazo rápido, después de todo, no traigo dinero y necesito comer. Por buena que sea robando cosas no estaría mal dejar de meterme en situaciones peligrosas.

—Está bien, vamos. Si encontramos algo nos lo repartimos —contesto al cabo de un rato. No confío en esta mujer, no tengo ninguna razón para hacerlo, pero lo cierto es que me encuentro en ventaja: todo está oscuro—. Yo soy Victoria.

Y así, comienzo a caminar por el único camino posible. Húmedo, medio nauseabundo y oscuro. Puedo ver el camino con cierta dificultad, aunque las protuberancias del suelo no suponen un obstáculo para mi vista nocturna. Hago un gesto para que la mujer se detenga, pero dudo que pueda verme, así que me hago a un lado por si sigue avanzando. Hay unas escaleras al frente, unas que bajan. Supongo que ahí abajo todo estará increíblemente oscuro, pero lo cierto es que hay un atisbo de luz. Es sutil, pero puedo notarlo.

Desciendo con cuidado las escaleras, creo que ya he tenido suficientes accidentes con estos inventos del demonio, y termino en un túnel más ancho y largo que el anterior. Cada cierto tramo hay arcos que conducen hacia… ¿Hacia dónde exactamente? Como sea, he descubierto de dónde proviene la luz que había visto: una antorcha. Maldita sea, he perdido la ventaja por si esta señora decide traicionarme. Acabamos en una habitación circular con sin ninguna aparente salida y con un enorme “botón” en el interior.

—Bueno, a ver… ¿Y ahora qué hacemos? Podemos volver por donde hemos venido y usar uno de los arcos para ver qué hay.
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir Sáb 27 Feb 2021 - 2:46

La muchacha parecía encontrarse desubicada, me dio la impresión que no comprendía bien el rollo del Gobierno Mundial. Y más cuando no sabía la razón del por qué me siguió hasta el almacén. Aunque parecía que yo no era la única que se había metido en problemas. Al menos las dos estábamos metidas en el ajo de algo, así que me relajé un poco porque eso descartaba el hecho de que fuera una Marine. Y también aceptó el hecho de explorar conmigo aquella zona. No sabía si eso era bueno o malo, pero a lo mejor tenía suerte y podría hacer una nueva amiga. Se presentó como Victoria, nombre curioso. Aún no me acostumbraba a nombres como aquellos. En mi tierra eran nombres como Hilda o Eivar. Nombres fuertes y con carisma.

Así pues, la llamada Victoria fue la primera en caminar por el oscuro pasillo. Andamos un poco hasta que noto que deja de caminar por la pequeña silueta que se alza ante mí. Realmente era como un tapón. Habían unas escaleras que bajaban y una extraña luz al fondo. Dejé que pasara primero la chica, no me daba buena espina el caminar con una desconocida en un lugar oscuro. Temía que me apuñalara por la espalda o me rajara el cuello sin darme cuenta. Me limité a seguir a la chica, manteniendo mis ojos encima de ella. Bueno, o al menos intentar localizarla por la escasa luz que había a través de su silueta y de las pisadas. Al final, nos encontrábamos en un callejón sin salida donde había una antorcha.

- Hmm... pues si me preguntas. Creo que es muy sospechoso el que este camino sea el único que tenga una antorcha además tiene este botón... - Por alguna razón tengo la necesidad de pulsarlo, llámalo curiosidad o simplemente por gusto - Apártate, veré si es una trampa, después de todo, el venir aquí fue mi idea -

Protegiéndome con mi escudo, apreté el botón y me preparé para lo que pudiera pasar. Para mi alivio, solo era un botón normal y corriente que abría una puerta secreta. Otro pasillo pero esta vez estaba lleno de antorchas y parecía ser estar construido en tierra. Como si fuera una excavación. Miré a mi compañera y encogí los hombros. Esta vez, lideré yo el cowboy con el escudo en alto. Mientras avanzamos, pensé en dar conversación. Era un poco incómodo el estar jugando a los aventureros con alguien que no conocía de nada y encima se quedaba callada.

- Bueno, ¿y de donde eres? Yo soy de una isla del Paraíso llamada Vinland, famosa por sus guerreros - Si no quería conversación me mantendría callada, si quisiera, le preguntaría por cosas como del por qué huía o para que se encontraba en la isla.

Después de caminar por el túnel de tierra, por fin se alzaba la salida. Nada más salir, me impresionó que acabáramos en un bosque. Enfrente había un lago enorme y , a la lejanía, una mansión se alzaba sobre una colina. ¿Tan lejos nos habíamos alejado de la ciudad? Me quedé mirando el paisaje esperando que saliera mi compañera. Me tentaba ir a inspeccionar la mansión, pero quería ver que quería hacer a continuación.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Miér 3 Mar 2021 - 3:45

¡Qué buena idea se le ha ocurrido! ¡Sí, toquemos todos el botón para nada sospechoso! ¿Cree que el escudo le salvará del inminente derrumbe? ¿O acaso piensa que podrá cortar con su hacha a las mil y un ratas que aparecerán por las rendijas tan bien ocultas? Yo creo que lo mejor es revisar todo cuidadosamente para no encontrarnos con sorpresa, pero esta mujer está obsesionada con la aventura y el peligro. Yo soy distinta. Puede que siempre acabe en situaciones como esta, pero no es mi culpa. Así estoy configurada; al menos intento evitarlas dentro de lo posible…, dijo la que decidió acompañar a una mujer armada y desconocida.

—De acuerdo, estaré en la salida por si de pronto la habitación empieza a inundarse y morimos ahogados, deseando no haber presionado ese botón…

Mis ojos bien adaptados a la oscuridad observan a la mujer, atentos por si algo fuera a pasar, y siento que el tucum, tucum de mi corazón resuena por todo el lugar. Una gota de sudor se desliza por mi mejilla. Trago saliva. Quiero gritarle que espere un momento, pero las palabras no salen de mi boca. Y entonces suena ese click. Estoy preparada para correr por si algo malo pasa. Uno, cinco, diez… Espero cerca de un minuto. Nada. Mi instinto me dice que es seguro, pero la otra parte irracional me pide que espere un poco más. Entrecierro los ojos como queriendo ver cualquier detalle de que algo va mal. Nada. Por fin suelto un suspiro de alivio.

Nos encontramos en un túnel sostenido de manera rudimentaria. Las vigas de madera están puestas estratégicamente, aunque igual me da miedo continuar por este camino. ¿Y si de pronto fallan? No me gustaría morir enterrada, preferiría estirar la pata mientras duermo. Sin embargo, la curiosidad me gana y mis pies siguen hacia delante. ¿A nadie le parece que las antorchas iluminen convenientemente el lugar? Igual alguien estuvo aquí hace poco y no estamos considerando la opción de que esto sea una trampa. Al menos la mujer es la que va delante, y parece confiar mucho en su escudo.

—Soy de un pequeño pueblo de Rosmandia, ni siquiera debes conocer su nombre —miento descaradamente. No confío en esta mujer para contarle la verdad—. Todo es tan monótono que me aburrí y me aventuré a este nuevo mundo, pero no pensé que sería tan difícil conseguir comida… Robé un par de panes y tuve que correr porque me descubrieron.

Bien, he hablado más de la cuenta y empiezo a sentirme cansada, pero creo que he elaborado una historia decente y creíble. Victoria, la aventurera fracasada. Suena bien, ¿verdad? Nadie importante se metería con alguien así, y puedo ocuparme de los típicos matones que se burlan de los débiles. He silenciado a más de una decena; uno más, uno menos… Me da un poco igual. Ahora bien, esta mujer dice ser de Vinland, una tierra de guerreros. Tiene sentido, es decir, huele peor que pescador… Y también lleva un hacha y un escudo.

—¿Y a ti por qué te persiguen? —le pregunto solo para no quedar mal. Si es que uno debe esforzarse.

El camino resulta tan largo como aburrido. Hablar no es mi fuerte, me gusta mucho más el silencio, pero tal vez consiga obtener información importante. Nunca se sabe cuándo te encontrarás con un revolucionario encubierto. No parece ser el caso, pero esa es la idea. Luego de una larga charla con mi nueva mejor amiga llegamos al final del túnel, encontrándonos frente a un frondoso bosque azotado por el amanecer.

—¡La reunión…!

He perdido demasiado tiempo en esta basura de aventura. Si es que no sé por qué lo hago. La buena noticia es que veo una mansión sobre un acantilado. Medir distancias no es mi fuerte, pero imagino que podré estar ahí en media hora. Quizás más, quizás menos. Siento que nada me está saliendo bien, pero no puedo echarme hacia atrás en este momento. Debo recuperar esos documentos y ver lo que desprestigia al Ejército Revolucionario.

—Bueno, yo me voy a la mansión. Un gusto, señora guerrera —me despido y empiezo a caminar hacia allá, pero algo me dice que acabará siguiéndome…
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir Lun 8 Mar 2021 - 2:44

La muchacha no parecía ser muy habladora, y parecía estar hecha un manojo de nervios en situaciones peligrosas. Aunque bueno, era lo normal en la gente corriente. Yo me había embarcado ya en diferentes aventuras de todo tipo y había cosas que, si las contaba, a la gente le parecería una persona... extravagante. De todos modos, logré que me diera un poco de información. No me gustaba estar acompañada de desconocidos. Me comentó que venía de una isla llamada Rosmandia. Como dijo ella, no me sonaba nada. Una muchacha que quería explorar el mundo, ¿eh? Al menos eso teníamos en común. Y la pobre andaba hambrienta. La habían perseguido por robar pan. En que mundo vivíamos donde alguien que roba para poder comer era perseguido igual que un asesino. No la conocía de nada y de hecho, temía por si me intentaba matar, pero me recordaba a Kaya.

- Si quieres, después te invito a comer. No te voy a hacer daño, así que no tienes que temer que te haga algo. Eso sí, si me atacas o traicionas, ya es otra cosa - La miro seriamente para luego volver a mi sonrisa norteña - A mi me persiguen porque soy boba y me presenté delante de un par de marines riéndome de ellos. No esperaba que fueran a haber tantos en un solo barco. Y encima mi cabeza tiene precio. Pero quiero hacerme más conocida en el mundo de la piratería, así que son riesgos que una debe tomar - Me encojo de hombros y miro el precioso paisaje del Sol del ocaso reflejado en el lago.

Pareció que se acordó de algo que tenía que hacer, pues murmulló algo sobre una reunión y se dispuso a ir corriendo hacia la mansión que se alzaba imponente al pie de un acantilado. No iba a dejarla ir tan fácilmente, la curiosidad me impulsaba a seguirla. En aquel lugar seguro que había algo que robar. Aunque ahora que me acordaba... iba a ver un capitán y parte de su séquito en el interior de la mansión. Aquello me daba mala espina. La muchacha no parecía ser apta para el combate cuerpo a cuerpo con esa figura. Decidí ayudarla en lo que fuera que iba a hacer.

- ¡Espera, déjame ayudarte! En esa mansión se haya un capitán de la Marina y varios de sus hombres. Sin contar, claro, la seguridad del pez gordo que vive ahí. Quizás podamos colaborar. Tu quieres algo y yo te puedo ayudar. Con la condición que me dejes invitarte a comer algo - Dije amablemente aunque dijera que no la acompañaría igual porque soy así de cabezota.

Después de una larga caminata, una vez más, llegamos a pocos metros de la mansión. Realmente era grande. Tenía tres pisos, sin contar probablemente el sótano. En la puerta principal, se encontraban seis marines custodiándola. Parecían ser simples reclutas, pero había aprendido a no armar barullo porque solo dos personas podrían convertirse en más. Desde los arbustos, era incómodo observar la casa en busca de alguna entrada. Fui a observar si había alguna entrada lateral o algo. Pero el jardín que había en el exterior de la casa me dificultaba la tarea con tanto arbusto y árbol. Por fin la vi, una puerta de roble macizo custodiada por otra pareja de reclutas marines. Se me ocurría una idea para dejarnos entrar, pero íbamos a tener que ser rápidas.

- Puedo crear una distracción, pero hay que correr a la puerta antes de que vuelvan a ella - Dije acercándome a la puerta escondiéndome entre los arbustos y lo que podía.

Cuando llegué lo suficientemente cerca, usando mi Fruta del Diablo, creé una moneda de oro y la lancé contra la pared un poco más alejada de los marines. Conseguí llamarles la atención, ya que fueron a inspeccionar que había sido aquello. Hice una seña a Victoria par que saliera por patas.

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Mensaje por Anna Bloodfallen Jue 11 Mar 2021 - 16:59

¿Cuánto debería confiar en una mujer que dice ser pirata y que, encima, tiene una recompensa por su cabeza? No entiendo del todo bien cómo funciona este sistema de “cacería de humanos”, pero supongo que está relacionado con el Gobierno Mundial. Otra cosa loca del mundo exterior. Y ahora dice que me ayudará a infiltrarme en la mansión del alcalde a cambio de que le permita invitarme a comer. ¿Esto no es un poco raro? Esta mujer es demasiado amable y está arriesgándose demasiado por nada. Si es una enemiga de los gaviotas, dudo que esté haciendo esto para traicionarme, pero aún no puedo confiar en ella. Es… extraña.

—Bueno, pero si te atrapan no podré hacer nada para ayudarte —le advierto desde un principio. Luego no quiero lloriqueos—. Y lo mismo conmigo. Si me atrapan, huye y no te arriesgues por mí.

Infiltrarse con una mujer tan grande no es lo mejor del mundo, pero tengo algo pensado para ella. No hace falta decírselo porque se da cuenta ella sola: hará de distracción. Como soy menudita y pequeña puedo colarme por casi cualquier parte, además soy más sigilosa que un gato. Cuando lanza la moneda de oro (¿de dónde la ha sacado…?) y me hace la señal, comienzo a moverme. Dejo que los gaviotas pasen primero y entonces me escabullo. Atravieso rápidamente la puerta, encontrándome en el interior del vestíbulo. Usar una de las entradas principales no ha sido propio de un plan maestro, pero ha funcionado. Me escondo detrás de una estatua y observo el interior del edificio.

Suelo alfombrado y una larga escalera que se bifurca al final. Hay un montón de estatuas y cuadros costosos en las paredes de mármol blanquecino. También veo un montón de objetos de oro; seguramente le interesen a la pirata, pero a mí no. Sí, necesito dinero, pero es más importante infiltrarme en la reunión. Y hablando de esta, comienzo a moverme. Avanzo pegada a la pared y entonces doy un gran salto, sujetándome de la barandilla de la escalera. Identifico dos fuentes cercanas de café; por el aroma, por supuesto. Una proviene del primer piso donde debe estar la cocina, y la otra… Sí, ahí debe celebrarse la reunión.

Continúo rápida y sigilosamente. Miro hacia el techo y veo una rendija, entonces lanzo un gancho (típica herramienta de espía) y la saco de golpe. Puedo parecer delgadita y débil, pero la verdad es que tengo más fuerza que un adulto promedio. Y soy mucho más ágil, muchísimo más. Me escabullo por los conductos de ventilación, pareciéndome curioso y conveniente que una estructura como esta los tenga. Y entonces llego a la habitación donde se celebra la tan esperada reunión.

—Entonces, ¿tienes lo que te he pedido? —pregunta el hombre de la Marina.

—Sí, es un archivo multimedia que involucra directamente al Oficial Augustus Makintosh y al Teniente Prometeo —responde el alcalde—. Te lo pasaré una vez firmes estos documentos, por supuesto.
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir Mar 16 Mar 2021 - 2:10

Bueno, el plan había colado. La chica logró pasar por la puerta y entrar. Ahora me tocaba a mi. Lancé otra moneda un poco más lejos para que los guardias marines no se voltearan. Intentando ir rápido pero sigilosamente, me colé yo también. El contenido del interior era perfecto. Cuadros, estatuas, tesoros guardados en vitrinas y demás cosas de ricos que solo las tienen a la vista y nunca hacen nada con ellas. No veía con la vista a mi compañera. Suponía  que había ido por una gran escalera que había al fondo. Fui avanzando cautelosamente. Y no podía evitarlo, así que metí algunas cosas de valor en la saca. Un huevo adornado con joyas que había en una estantería, una corona con diamantes y algunas joyas de valor. Todo iba perfecto hasta que vi un objeto brillar como el sol. No sabía si realmente brillaba así o era mi avaricia que me traicionaba. Pero había un diamante del tamaño de mi cabeza en una vitrina en una habitación que tenía la puerta abierta.

Mi ansias de dinero se apoderó de mí y fui hacia ella. Con la mala suerte de que había un grupo de marines custodiando la sala y me acabaron viendo nada más entrar. Me miraron con sorpresa al igual que yo  a ellos. Durante unos pocos segundos parecía que el tiempo se había congelado. Hasta que por fin reaccionaron y comenzaron a correr hacia mi. Hui de la estancia y fui corriendo por el pasillo metiéndome en otras salas. Llamando la atención de varios marines más y del servicio de la mansión. Tuve que usar las estatuas que habían en los pasillos para intentar frenar el avance de mis perseguidores. Las tiré al suelo y mas de una se rompieron. Era una pena, seguro que podría venderlas a buen precio.

-¡Detened a la intrusa! - Gritaban los marines - ¡Avisad al capitán de que tenemos un problema! - Aquello me llamó la atención, no me convenía de que tocaran los ovarios con un pez gordo dentro de la casa, debería salir fuera a enfrentarme a él.

Me giré y lancé un puño de oro sólido que golpeó a un par de marines para luego coger una lámpara de aceite y tirarla sobre el suelo. Aquello despejaría un poco el sitio de marines y ocasionaría una buena oportunidad a mi compañera. El lugar comenzó a arder con rapidez. Debía encontrar un sitio con ventanas para salir de ahí. Me había perdido de tanto correr y el lugar era enorme. Derribé la puerta de una habitación que tenía al lado. Era una pequeña oficina llena de libros y de algunos objetos de valor. Y había justo lo que andaba buscando. Una ventana. Ante el sonido de los marines llegando para intentar apagar el fuego, corrí y salté por la ventana. No sin antes tirar estanterías para impedir el paso por la puerta, rompiendo algunos cuadros y joyas. Había acabado en el jardín otra vez.

- ¡Estoy aquí, sucias gaviotas! ¡¿A que no me cogeis?! ¡He robado varias joyas! - Grité para que me oyeran y vinieran a por mí enseñando el huevo raro que había cogido.

Justo algunos marines que estaban por los jardines comenzaron a venir con la intención de apresarme. Nerviosos por romper el huevo. Parecía que era algo muy valioso.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Lun 22 Mar 2021 - 18:01

Guardo esos nombres para mí. A juzgar por los puestos que ocupan deben ser miembros importantes. Si tengo suerte algún día podré secuestrarlos y hacerles preguntas sobre el Ejército Revolucionario, pero paso a paso. Primero debo apropiarme de ese “archivo multimedia”. En la habitación de la reunión hay dos personas: el alcalde y el hombre de la Marina. Lo más importante es ocultar mi rostro en todo momento; no necesito una recompensa por mi cabeza. Es un poco vergonzoso, pero me quito la parte de arriba de mi traje y me tapo la cara. De no ser por el sujetador andaría con el rostro tapado y las chichis al aire. Maravilloso.

Le doy una patada a la rendija y caigo en la habitación, sorprendiendo a ambos por igual. Aprovecho ese valioso segundo de sorpresa y ataco al hombre de la Marina, saltando rápidamente hacia su cuello. Mi cuchillo se clava en él y un grito ahogado escapa de su boca. Me mira con furia e intenta defenderse, pero una segunda puñalada va directo a su pecho. Me apoyo en su pecho para dar una voltereta hacia atrás y ataco al alcalde, aunque el hombre está mejor preparado que su compañero. Mi daga ha perforado su antebrazo, pero no lo pude matar de primera.

—¡¿Quién mierda eres?! ¡Soldados, tenemos una intrusa! —El hombre me mira como pidiéndome por favor que no le haga daño—. ¡E-Espera, tengo dinero! ¿Eso es lo que quieres? ¡Déjame vivir y te daré lo que quieras! O eso diría un maldito cobarde. —El alcalde se desabrocha la corbata y levanta los puños, sonriendo—. Pulverizaré tus músculos, pequeña rata.

Los primeros puñetazos me son fáciles de esquivar porque puedo mantener la distancia y consigo prever sus movimientos, pero el problema está en que no puedo atacar. Se defiende bien y siempre tiene la guardia en alto. La diferencia de alturas juega un factor importante. Me da un derechazo que consigo bloquear con mis dagas cruzadas, pero el impacto me echa hacia atrás y me golpeo contra una estantería. Una lluvia de libros; genial. Intenta conectar con la zurda, pero soy más rápida que él y uso este momento para contraatacar. Paso por debajo de su brazo y ejecuto cuatro rápidos cortes entre sus costillas. Se lleva la mano a las heridas por acto inconsciente, intenta atacarme y entonces hago emerger una estaca de sangre de mi pie, atravesándole el cuello.

—Maldito inútil.

Registro la habitación antes de que lleguen los refuerzos y no tardo en encontrar el documento secreto. Luego le echaré un vistazo, cuando pueda. Es hora de salir de esta mansión.
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir Mar 23 Mar 2021 - 0:23

Los marines se mostraban nerviosos y el humo se tornaba más denso a medida que el fuego de antes se iba expandiendo más. Estaba rodeada de reclutas de la Marina pero temían romper los tesoros que había robado. Fue entonces, cuando un hombre con una cicatriz con forma de x en la cara apareció. Poseía un cabello castaño recogido en una coleta y de ojos dorados. Tenía el uniforme base de la Marina pero extrañamente con los colores invertidos. Los reclutas parecieron tranquilizarse al verle, irradiaba confianza en si mismo. Se quedó de brazos cruzados mirándome de arriba a abajo.

- Soy el teniente Gerald Greed de la Marina. Te has metido en un problemón al haber entrado sin permiso en la mansión del alcalde además de haber robado sus tesoros de coleccionista. No solo lo digo por el Gobierno, sino también porque no sabes quien es el alcalde... - Termina con una sonrisa - Me gusta que tengas pelotas, mujer. Llevaba semanas sin algo de acción de verdad -

- ¿No es un poco raro que un oficial alabe a una criminal, teniente? Me esperaba una actitud más seria - Contesté con un tono burlón.

- Mea culpa, "Loba Roja" - Me quedé de piedra con sus palabras - Si, te conozco. Me gusta estar al tanto de las nuevas promesas de la piratería. Algunas son un gran entretenimiento además de un buen calentamiento para los premios gordos - Comenzó a crujir los puños - De hecho, te propongo un duelo solo de mi contra ti. Si ganas, puedes irte. Si gano yo, acabas en prisión. ¿Te parece? -

- Pero señor, es una pirata que... - El teniente no dejó terminar a uno de los reclutas, mirándole con ira y haciendo que se quedara callado.

- Asumiré la responsabilidad ante el capitán, no es la primera vez que pasa - Comentó calentando el cuerpo - ¿Y bien, loba? -

- ¿Un duelo contra un marine? Venga. Pero no creas que soy tan tonta. Los tesoros me los quedo encima - Dije poniéndome la bolsa de una manera que no me estorbara el combate.

El marine resopló pero, enseñando los dientes, se acercó a mi en cuestión de segundos preparado para lanzarme un golpe directo al estómago. Por suerte, logré esquivarlo para devolverle el saludo con una patada descendente a su cabeza. Con gracia, bloqueó el golpe con la mano izquierda. Parecía que estábamos parejos en cuanto a habilidad. Aquello me hizo sonreír de grata forma. Un rival a la altura. Di un paso hacia atrás para recomponer mi postura, sin embargo, mi rival no me quería dejar. Se abalanzó una vez más y me golpeó con su puño derecho la mejilla izquierda. No me quedé quieta, pues le devolví el golpe con el puño contrario a su mejilla derecha. Empezamos a lanzarnos golpes a la cara el uno al otro. La sangre salpicaba en la hierva y el sonido de los puñetazos retumbaba. Los reclutas miraban con asombro como dos bestias se partían la jeta.

- Nada mal, pirata... - Dijo el teniente con un hilo de sangre saliéndole de la boca.

- Tu tampoco lo haces mal para ser un gaviota... - Contesté escupiendo el líquido rojo para volver una vez a un intercambio de golpes.

Una patada mía conectó con su hombro derecho y pareció haberle hecho daño debido a su gesto en la boca. Sin embargo, este respondió con un rodillazo al estómago que me hizo doblarme un poco. No iba a poder derrotar a aquel tipo solo con fuerza física. Tenía pinta de que si continuábamos así, los dos acabaríamos cayendo y sería un empate.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Jue 25 Mar 2021 - 16:50

Luego de registrar la oficina del alcalde, tomo prestada las prendas del capitán aunque debo recortarlas para que me queden relativamente bien. A ver, parezco una vagabunda asquerosa y sin estilo, pero no hay de otra. Abandono la habitación con los documentos en mano, encontrándome en un gran pasillo. Ah, los documentos son en realidad una pequeña tableta de plástico con un papel mal pegado. «Video prohibido». Si no he usado la rendija para escapar es porque no cabe el saco que llevo. Encontré cosas que brillan y parecen caras, como esta pequeña estrella de ocho puntas. Igual termino vendiéndolo todo en el mercado negro.

Todo el caos que proviene de la primera planta es por culpa de la señora musculosa. Seguro que está reventando a la gente con su hacha pesada. No quiero involucrarme en esa pelea, pero tampoco la dejaré sola. Si hay algo que odio más que la burocracia, son las deudas morales. Si ella me ha ayudado a robar los documentos, yo le pagaré ayudándole a salir de aquí. Sí, puedo ser una rata sucia y traicionera, pero incluso yo tengo un código personal que seguir.

Avanzo rápidamente por el pasillo y genero un poco de sangre para manchar tanto mis ropas como mi cara. Tengo un plan. Desde el descanso de la escalera puedo ver la violenta escena donde todos se revientan entre todos. No, mentira. Solo es la señora guerrera peleando con uno de los gaviotas. Yo no me meteré ahí, quiero vivir. Sin embargo, puedo ocuparme de los gaviotas para facilitar la huida. Esto será difícil…

Tomo una gran bocanada de aire y entonces anuncio:

—¡El capitán está muerto! ¡Los fugitivos le han robado y se han marchado por el balcón! ¡Aún podemos…! —Caigo sobre mi rodilla derecha y me toco el estómago. Un poco de drama siempre va bien—. ¡Aún podemos vengar al capitán! ¡Los ladrones se han marchado por los jardines!

Los marines se miran entre sí; están dudando. Suelto un chasquido con la lengua, esperando que todo esto funcione. Si bien la gorra de gaviota oculta mi rostro, no tardarán en verme y eso definitivamente no me lo puedo permitir. No obstante, los soldados pronto se ponen en marcha. Algunos suben la escalera y otros salen por la puerta principal. Bien, una sola mentira ha dividido la fuerza enemiga. Uno de ellos me pregunta si estoy bien y le respondo que sí, levantándome.

—Seguiré a esos hijos de perra… ¡Mataron al capitán! —gruño al final, bajando la escalera.
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir Sáb 3 Abr 2021 - 2:50

El teniente y yo continuábamos reventándonos la cara el uno al otro. La sangre salpicaba por doquier. Aunque ya teníamos la cara con moratones y nuestros cuerpos se mostraban ya al borde del cansancio, nuestras sonrisas delataban nuestro gusto por la pelea. Nos dimos un cabezazo a la vez, cara a cara, nuestros ojos observaban los del otro con un gran fulgor. Duró poco, pues volvimos a intercambiar golpes una vez más. Le propiné una patada ascendente a la mandíbula, la recibió pero contraatacó con un puñetazo a mi estómago. Aguanté como pude mi dolor y pronto volví a pasar al contraataque. No quería usarlo, pero era necesario si quería acabar pronto. Usando mi fruta, envolví mis puños con oro sólido y le dediqué una sonrisa juguetona. Eso le iba a doler que te cagas.

- Una usuaria de fruta, ¿eh? Debí haberlo sabido, ¡dame con todo lo que tengas! - Gritó cuando los dos nos abalanzamos hacia el otro.

Yo le solté una hostia en la barbilla que parecía haber roto un hueso por el contacto y el una patada a mi costado derecho que por poco me parte las costillas de no ser por la armadura. Ninguno de los dos se atrevió a caer al suelo. Aún no. Nuestra llama era aún fuerte como para ser apagada tan rápidamente. Pero nuestra diversión fue interrumpida cuando una recluta gritó que el capitán había sido asesinado. Aquello puso a los marines en pánico. Y no solo era eso, sino que la mansión comenzaba a arder con más fuerza que antes.

- Vaya, parece que te estás conteniendo conmigo si has asesinado al capitán. De todos modos, me temo que hemos de posponer nuestra pelea. Tengo que rendir culto al cádaver y asistir al alcalde. Hasta más ver, Loba. Te has salvado esta vez - Después de despedirse de mi, ordenó a los demás reclutas el intentar apagar el fuego y salvar al alcalde.

- Hasta más ver, teniente Greed. Muero de ganas de que volvamos a cruzar puños - Agarré la bolsa y me dispuse a mirar por los alrededores del jardín a ver si veía a mi compañera. Esperaba que hubiera logrado salir a tiempo de que el asunto con el fuego hubiera ido a más.
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Mensaje por Anna Bloodfallen Sáb 3 Abr 2021 - 21:05

Cuando la batalla termina entre el teniente y la mujer musculosa, Helga, decido salir de mi escondite. Ya me quité las prendas que robé hace un rato y, según mis cálculos, los marines no tienen forma de dar conmigo. Pensarán que todo esto es responsabilidad de mi compañera, así que la recompensa le caerá a ella y no a mí. Eso espero. Y hablando de Helga, madre mía cómo está. Parece que le han reventado la cara entera a puñetazos, ¿seguro que está bien? ¿No debería ir al hospital o algo…? Puedo ofrecerme a entablar dedos rotos, eso se me da bien.

—Bueno, ¿nos vamos? —le pregunto en un susurro sin dejar de estar pendiente de mi alrededor. Las presencias están lejos y parece que, por el momento, no estamos en peligro.

Decidí pasar la noche en el bosque, de alguna manera intuía que los marines buscarían a los culpables en la ciudad y, si bien no tenían forma de dar conmigo, cargaba un suculento botín lleno de especias y cosas brillantes que parecían caras. Desde entonces han pasado cinco días y procuré vender todo lo robado en el mercado negro. Estoy acostumbrada a esas cosas, así que no fue difícil para mí. Invertí en esta cosa que se llama… Caracoproductor. Es una especie de caja plástica con un pequeño caracol dentro que proyecta imágenes y sonidos.

Balanceo las piernas mientras estoy sentada en el borde del puerto. Las saladas gotas de las olas que golpean la piedra salpican en mi rostro y algunas se meten en mi boca. El video se va reproduciendo poco a poco. Veo un escenario oscuro y de pronto dos figuras son iluminadas. ¿Esos son el teniente Prometeo y el oficial Augustus Makintosh? ¿Qué hacen en un estadio de fútbol? ¡¿Y por qué están bailando de esa manera tan… humillante?! Espera, ¿sabes qué? A la mierda, no quiero seguir viendo esto. ¡No tiene ningún sentido! Pero me lo quedaré de todas formas; es un buen material para futuras extorsiones.

Guardo el documento en un bolsillo y camino en dirección al punto de encuentro. Es hora de despedirme de la señora que me ayudó a robar esta cosa. No estoy segura de si habrá valido la pena, pero tengo la esperanza de que a Lucius le gustará.

—Esto… Gracias —le digo, saludándole con la manita—, por ayudarme. Sí, gracias por eso. ¿Estarás bien? Las Gaviotas te están buscando y parece que son buenas encontrando gente. No me gusta deber favores, así que, si necesitas ayuda, ahí estaré. Pero será una sola vez y nada que sea mortal, ¿de acuerdo? —Le estrecho la mano—. Hasta luego, señora.
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Mensaje por Helga Eiríksdóttir Dom 4 Abr 2021 - 2:43

La pelea con el teniente me había dejado exhausta, pero al menos tenía las fuerzas necesarias para poder caminar. Me encontré a la chica entre la maleza, por suerte había logrado huir a tiempo. Había logrado infiltrarse en un lugar lleno de marines, incluso había un jodido capitán dentro y había logrado salir como si nada. Aquello hizo que mi respeto hacia ella aumentara en gran medida. De hecho, estaría bien el preguntarle por truquitos por si algún día yo tuviera que hacer lo mismo. Aunque yo era muy grande y no me gustaba esconderme, prefería entrar en acción como había hecho con el jodido teniente. Me agradaba haber encontrado a un gaviota que no fuera tan aburrido como los demás. Ante la pregunta de la escurridiza mujer, era hora de irse y alejarse antes de que los marines volvieran.

Pasamos la noche en el bosque, atentas a la posible expedición de algún marine. Luego, nos separamos unos días. Ignoro que es que lo habrá hecho, pero supongo que habrá logrado el coger alguno de los tesoros de la mansión. Por mi parte, intenté mantener un perfil bajo hasta que pasara toda la conmoción. En la ciudad no se paraba de hablar sobre el ataque a la mansión y sobre la muerte de un capitán de la Marine. Hablaban sobre una mujer pelirroja que había sido la causante. Vaya, parecía que era posible que me endiñaran la muerte del capitán. Esa chica realmente sabía lo que hacía, pero no me agradaba adjudicarme un mérito que no me correspondía. Vendí las joyas y las cosas que había logrado mangar a un prestamista del mercado negro de confianza. Era un conocido de mi hermana y me hizo precio.

Después de unos días, era hora de ir al punto de encuentro después de las mareas se tranquilizaran. Allí estaba Victoria. Parecía que después de todo, si que le había causado una buena impresión. Era agradable contar con una nueva amiga. Me recordaba de cierta forma a la tía del parche en el ojo. Me preguntaba que habría sido de ella.

- No es nada, siempre es divertido meterse en problemas. La vida sería muy aburrida - Sonreí devolviéndole el saludo - Y no te preocupes por las Gaviotas, como piensan que fui quien mató al capitán a lo mejor me cogen miedo y me dejan tranquila un tiempo. Recordaré ese favor y yo te pagaré con la comida que te prometí antes. ¡Hasta que nos volvamos a ver, pequeñaja! - Me despedí de ella mientras me preparaba para abandonar la isla y embarcarme en la siguiente aventura que me esperara.

Helga Eiríksdóttir
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